FRACTURAS Y CONSOLIDACIÓN ÓSEA
Una fractura es la ruptura de un hueso. Las fracturas se clasifican según su gravedad, su forma o la
localización de su trazo, o incluso en atención al médico que las describió por primera vez. En
algunos casos, un hueso puede fracturarse sin que se aprecie ninguna rotura. Una fractura por estrés
consiste en una serie de fracturas microscópicas que se presentan sin signos de ninguna otra lesión
tisular. En los adultos sanos, las fracturas por estrés se producen a raíz de actividades repetitivas y
extenuantes tales como correr, saltar o bailar. Estas fracturas son muy dolorosas y también se
producen como consecuencia de procesos patológicos que interfieren en la calcificación ósea
normal como, por ejemplo, la osteoporosis (que se trata en Patología: Desequilibrios homeostáticos,
al final de este capítulo). Alrededor de 25% de las fracturas por estrés comprometen la tibia. Aunque
mediante radiografías comunes muchas veces no puede apreciarse la presencia de una fractura por
estrés, éstas se advierten claramente mediante el centellograma óseo.
El tratamiento de las fracturas varía según la edad, el tipo de fractura y el hueso comprometido. Los
objetivos principales del tratamiento son: el realineamiento de los fragmentos óseos, la
inmovilización para mantener el alineamiento y la restauración de la función. Para que la
consolidación ósea sea adecuada, deben alinearse los cabos óseos. Generalmente, este
procedimiento se denomina reducción. En los casos de reducción cerrada, los cabos óseos se alinean
mediante manipulación, y la piel queda intacta. En los casos de reducción abierta, los cabos óseos
se alinean por medio de procedimientos quirúrgicos y haciendo uso de ciertos dispositivos de
fijación interna, tales como tornillos, placas, clavos, clavijas y alambres. Luego de la reducción, la
fractura debe mantenerse inmovilizada con yeso, cabestrillo, férula, vendaje elástico, dispositivos
de fijación externa o una combinación de los elementos mencionados.
TIPOS FRECUENTES DE FRACTURAS:
EN LA CONSOLIDACIÓN DE UNA FRACTURA, SE VERIFICAN LOS SIGUIENTES PASOS:
1. formación del hematoma fracturaría: Los vasos sanguíneos que atraviesan el trazo de fractura
se lesionan. Se presenta extravasación sanguínea por los cabos vasculares, y se acumula sangre
(generalmente coagulada) alrededor del trazo de fractura. Esta acumulación de sangre, llamada
hematoma fracturario (hemat: sangre; oma: tumor) generalmente se forma entre las 6 y las 8 horas
posteriores a la lesión. Dado que la circulación se detiene en el sitio en el cual se forma el
hematoma fracturario, las células óseas de la región se necrosan y, en respuesta a ello, se producen
edema e inflamación y, como consecuencia, más detritos celulares. Fagocitos (neutrófilos y
macrófagos) y osteoclastos comienzan a remover los tejidos necrosados o dañados en el sitio del
hematoma fracturario y a su alrededor. Esta etapa puede prolongarse varias semanas.
2. formación del callo fibrocartilaginoso: Fibroblastos periósticos invaden el foco fracturario y
producen fibras de colágeno. Además, células periósticas regionales se transforman en
condroblastos y comienzan a producir fibrocartílago. Estos fenómenos conllevan la formación de un
callo fibrocartilaginoso (blando); es decir, de una masa de tejido de reparación formada por fibras
de colágeno y por cartílago que constituyen un puente entre los cabos óseos de la fractura. La
formación del callo fibrocartilaginoso insume alrededor de 3 semanas.
3. formación del callo óseo: En las regiones cercanas a tejido óseo sano bien vascularizado, células
osteogénicas se transforman en osteoblastos, que comienzan a producir trabéculas de hueso
esponjoso. Las trabéculas unen las partes vitales y las necrosadas de los fragmentos óseos
originales. Con el tiempo, el fibrocartílago se transforma en hueso esponjoso y, a partir de ello, el
callo se denomina callo óseo (duro). El callo óseo se mantiene entre 3 y 4 semanas.
4. Remodelación ósea: La etapa final de la consolidación de la fractura es la remodelación ósea del
callo. Las áreas necróticas de los fragmentos óseos originales son gradualmente absorbidas por
osteoclastos. Alrededor de la fractura, el hueso esponjoso es remplazado por hueso compacto.
Algunas veces, la consolidación es tan perfecta que el trazo de fractura es indetectable, incluso en
las radiografías. Sin embargo, como prueba de la fractura consolidada queda un sitio engrosado en
la superficie del hueso.
Si bien la irrigación del hueso es abundante, la consolidación de una fractura a veces tarda meses.
El calcio y el fósforo necesarios para fortalecer el hueso recién formado se depositan gradualmente,
y las células óseas –en general– crecen y se reproducen lentamente. La lentitud de la consolidación
de las fracturas graves también se explica por la interrupción de la irrigación sanguínea.
BIBLIOGRAFÍA
Totora, G y Derrickson B. (2018). Sistema Esquelético: Tejido Óseo en J, Wiley (Ed), Principios de
Anatomía y Fisiología. (15° edición, volumen 07, Paginas 185 - 188). Editorial medica
panamericana.