0% encontró este documento útil (0 votos)
48 vistas39 páginas

Tejido Adiposo: Salud y Enfermedad

Cargado por

juli vazquez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
48 vistas39 páginas

Tejido Adiposo: Salud y Enfermedad

Cargado por

juli vazquez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

UNIVERSIDAD DE SEVILLA

FACULTAD DE FARMACIA

EL TEJIDO ADIPOSO EN LA SALUD


Y LA ENFERMEDAD

María Hernández Moreno


Universidad de Sevilla

Facultad de Farmacia

GRADO EN FARMACIA

TRABAJO FIN DE GRADO

Trabajo de revisión bibliográfica

El tejido adiposo en la salud y la enfermedad

María Hernández Moreno

Tutora: María Luisa Calonge Castrillo

Departamento de Fisiología

Publicación: Junio de 2021


RESUMEN
El tejido adiposo ha sido considerado un tejido inerte de almacenamiento energético, sin
embargo, actualmente se ha demostrado su implicación en la regulación del metabolismo.
Así, los adipocitos segregan factores y sustancias con acciones paracrinas y endocrinas,
que influyen en el control de la ingesta y del metabolismo. Un exceso del aporte
energético, que supere la capacidad de almacenamiento del tejido adiposo puede
desencadenar la aparición de obesidad, considerada la principal causa del desarrollo de
resistencia a la insulina y de diabetes mellitus tipo 2. Las personas obesas normalmente
tienen problemas de salud asociados como hipertensión, hiperlipidemia y diabetes, que
desencadenan el síndrome metabólico, aumentando el riesgo de sufrir una enfermedad
cardiovascular.
Desde hace unos años se sabe que los componentes del tejido adiposo poseen propiedades
útiles para su uso terapéutico. En este trabajo se describen una serie de aplicaciones de
las células madre derivadas del tejido adiposo (ASC, “adipose stem cells”) que son
relativamente fáciles de conseguir y presentan una alta plasticidad para diferenciarse en
distintos tipos celulares. Además, se ha descrito su importancia inmunosupresora e
inmunomoduladora.
El uso de las ASC en terapias regenerativas representa un nuevo camino para detener la
progresión degenerativa de las enfermedades gracias a la diferenciación de estas células
en diferentes tipos celulares. Dada su importancia inmunomoduladora se ha investigado
su posible utilidad en pacientes con la COVID-19 con síndrome de dificultad respiratoria
aguda.
Aunque el uso de estas células parece ser un hecho esperanzador existen limitaciones que
hacen que sea necesario seguir con la investigación para mejorar su utilidad en la
terapéutica.

Palabras claves: tejido adiposo, adipocitos, obesidad, diabetes, ASC, COVID-19.


ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN……………………………………........................................ 1

1.1- El tejido adiposo…………………………………………………………… 1

1.2- Tipos de tejido adiposo y funciones……………………………………….. 2

1.3.- Heterogeneidad celular……………………………………………………. 5

1.4.- Distribución del tejido adiposo en el organismo………………………….. 8

1.5- El tejido adiposo en la enfermedad………………………………………. 10

1.6- El tejido adiposo en la salud……………………………………………… 11

2. OBJETIVOS…………………………………………………………………... 13
3. METODOLOGÍA ………..…………………………………………………… 13
4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN………………………………………………. 14

4.1.- Influencia de la obesidad en la aparición de resistencia a la insulina……. 14

4.2.- Relación entre la distribución del tejido adiposo en humanos y la


enfermedad…………………………………………………………………….. 18

4.3.- Consecuencias metabólicas tras una liposucción………………………... 19

4.4.- Uso de células madre derivadas del tejido adiposo en el tratamiento de


enfermedades………………………………………………………………….. 20

4.5.- Ventajas e inconvenientes del uso de ASC………………………………. 25

5. CONCLUSIONES……………………………………………………………… 26

6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS………………………………………...... 28
1. INTRODUCCIÓN

1.1.- El tejido adiposo

El tejido adiposo es un tejido conectivo especializado atípico ya que contiene muy poca
matriz extracelular. Sin embargo, tiene su origen en células mesenquimales derivadas del
mesodermo durante el desarrollo embrionario, las mismas células que dan lugar a los
otros tejidos conectivos (Megías et al., 2019).

Hasta los años ochenta, fue un tejido poco estudiado ya que se pensaba que era un almacén
inerte de energía. La alta prevalencia de la obesidad ha centrado la atención en la función
de los adipocitos y, se ha sugerido que la disfunción del tejido adiposo es el mecanismo
central para el desarrollo de la obesidad y de las enfermedades metabólicas asociadas
(Longo et al., 2019). Se ha demostrado que las células del tejido adiposo se ven
implicadas en multitud de procesos fisiológicos que intervienen en el control del
metabolismo, mediante procesos de señalización celular y secreción de factores
paracrinos y endocrinos, como por ejemplo la adipsina, una adipoquina que influye en el
mantenimiento de la función de las células beta del páncreas (Lo, 2014), la proteína
estimulante de la acilación implicada en el almacenamiento de lípidos (Richard et al.,
2020), el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-alfa), las interleuquinas y la resistina
implicadas en procesos inflamatorios, la adiponectina que regula el metabolismo
energético y la leptina, que actúa como un “adipostato” informando al sistema nervioso
central de la cantidad de grasa y ayuda a controlar el peso corporal (Rolla, 2003).

Además, los adipocitos son muy sensibles a la insulina y están implicados en la regulación
de los niveles de glucosa en sangre. La insulina estimula la captación de glucosa por los
adipocitos y regula el metabolismo lipídico, aumentando la lipogénesis y disminuyendo
la lipolisis (Longo et al., 2019).

Entre los descubrimientos más significativos en las dos últimas décadas de investigación
sobre los adipocitos podemos destacar que además de liberar hormonas endocrinas, el
tejido adiposo segrega una variedad de moléculas de naturaleza diversa, incluyendo
exosomas probablemente implicados en la secreción de lípidos cuando sobrepasan los
niveles de almacenamiento del adipocito; miRNA, que regulan la adipogénesis; lípidos y
citocinas proinflamatorias, como las interleucinas IL-1 e IL-6 que actúan de forma

1
paracrina y endocrina para modular las respuestas inmunes locales y sistémicas (Richard
et al., 2020).

Debido a la heterogeneidad celular que presenta este tejido y a la amplia distribución del
mismo en nuestro organismo se descubrió que la función desempeñada variaba según la
localización y el tipo de célula presente (Richard et al., 2020). Por todo ello es importante
diferenciar los distintos tipos de tejido adiposo.

1.2.- Tipos de tejido adiposo y funciones

En una primera clasificación se puede diferenciar el tejido adiposo blanco o unilocular


(TAB) con adipocitos que contienen una gran gota de grasa y, el tejido adiposo pardo,
marrón o multilocular (TAM) con adipocitos conteniendo muchas gotas pequeñas de
lípidos. En la Tabla 1 se resumen las principales diferencias entre ambos tipos de tejidos
(Megías et al.,2019).

Tabla 1. Diferencias entre tejido adiposo o grasa blanca y tejido adiposo o grasa parda
(Megías et al.,2019).

El tejido adiposo blanco o unilocular es el más abundante de los tejidos grasos en los
mamíferos. Forma parte del tejido subcutáneo o hipodermis, donde forma una capa
denominada panículo adiposo cuya distribución por el organismo varía dependiendo de
diversos factores como el sexo o la edad (Junqueira y Carneiro, 2015). Es el depósito más
abundante de energía del cuerpo y, además, sirve de protección y de aislante mecánico.

2
Se ha demostrado que es un tejido muy dinámico implicado en la regulación de procesos
fisiológicos y metabólicos. Así, los adipocitos maduros del TAB se ven implicados en
procesos como la síntesis de triglicéridos (TAG), la captación de glucosa, y la lipolisis
(Fig. 1); de tal forma que cuando existe un exceso de energía se produce la acumulación
de la misma en estas células en forma de triglicéridos, estimulando la lipogénesis (Esteve
Ràfols, 2014). En cambio, en una situación de escasez energética o de incremento del
gasto, el TAB tiene la capacidad de movilizar los depósitos de lípidos gracias a la acción
de la lipoproteína lipasa que hidroliza los triglicéridos liberando ácidos grasos los cuales
son llevados a los tejidos y oxidados para la obtención de energía (Esteve Ràfols, 2014).

Además, las células adiposas del TAB son muy sensibles a la insulina y están implicadas
en la regulación de los niveles de glucosa del organismo. La insulina estimula la captación
de glucosa en los adipocitos y, a su vez, favorece el aumento de las reservas de lípidos,
favoreciendo la síntesis de triglicéridos y disminuyendo su lipolisis (Richard et al., 2020).

Fig. 1. Funciones de los adipocitos del tejido adiposo blanco. (Adaptada de Richard et al.,
2020).

Otra función desempeñada por el TAB es actuar como un órgano endocrino ya que sus
células sintetizan y liberan sustancias implicadas en el control del metabolismo. Se ha
profundizado en el estudio de tres hormonas: la leptina, la adiponectina y la resistina,
producidas por los adipocitos y que regulan varios procesos del organismo como la
ingesta de alimentos, la sensibilidad a la insulina y la respuesta del sistema inmune. La
alteración de la expresión de estas hormonas en determinadas situaciones puede llevar a
una disfunción metabólica sistémica y dar lugar a patologías como la obesidad, la diabetes
3
y diversas complicaciones metabólicas asociadas (Richard et al., 2020). En la Tabla 2 se
resumen los receptores, tejidos diana, las principales acciones metabólicas y otros
procesos en los que están implicados estas hormonas, así como los cambios que
experimentan durante la obesidad.

Tabla 2. Receptores, tejidos diana, principales acciones metabólicas y otros procesos en


los que están implicadas las hormonas liberadas por el tejido adiposo blanco, así como los
cambios en la expresión de dichas hormonas en la obesidad. (Adaptada de Richard et al.,
2020).

El tejido adiposo pardo o multilocular es el más abundante en los mamíferos tras el


nacimiento o durante periodos de hibernación. Está implicado en la metabolización de los
ácidos grasos produciendo calor mediante su oxidación, por lo que es fundamental para
el mantenimiento de la temperatura corporal. Este tejido está muy inervado y
vascularizado, siendo un tejido muy activo (Cinti, 2017).

Se ha descrito que la actividad de este tejido está inversamente relacionada con la edad y
con el índice de masa corporal. Por otro lado, también se ha observado que existe relación
de su actividad con la estación del año, siendo mayor cuando las temperaturas son más
bajas y menor cuando aumentan (Au-Yong ITH et al., 2009).

4
1.3.- Heterogeneidad celular

El tejido adiposo se compone de diferentes tipos de células. Las células más abundantes
son los adipocitos, células grandes especializadas en la acumulación de lípidos. Estos
adipocitos se diferencian según su contenido (ver Fig. 2) en: adipocitos blancos,
adipocitos pardos, adipocitos beige y adipocitos rosa (Giordano et al., 2014).

Fig. 2. Tipos de adipocitos. (Adaptada de Richard et al., 2020).

Los adipocitos blancos son los más abundantes en el tejido adiposo blanco o
unilocular. Son células de gran tamaño con el núcleo desplazado por una gran vesícula
de grasa y con pocas mitocondrias en el citoplasma. Estos adipocitos se forman en el
embrión a partir de células procedentes del mesénquima, los lipoblastos. Se va
produciendo la unión de gotículas de grasa dentro de estas células hasta formar una única
gota característica de las células del tejido adiposo blanco (Junqueira y Carneiro, 2015).

En cambio, los adipocitos pardos provienen de células mesenquimales que antes de


acumular grasa adquieren propiedades de células epiteliales y glándulas endocrinas
(Junqueira y Carneiro, 2015). Estas células son el tipo de adipocito más abundante en el
tejido adiposo marrón o multilocular y presentan múltiples vesículas o gotículas donde
se acumula la grasa, un núcleo más o menos concéntrico y mayor cantidad de
mitocondrias. Estas células contienen una mayor proporción de una proteína
5
transmembrana denominada termogenina o Uncoupling protein-1 (UCP-1) en las
mitocondrias (Junqueira y Carneiro, 2015), que actúa como desacoplante mitocondrial y
aumenta la producción de calor, ya que es un transportador de protones que permite que
los protones vuelvan a la matriz mitocondrial sin generar ATP (Fig. 3). Con ayuda de esta
proteína los adipocitos marrones son capaces de usar la energía procedente de los lípidos
para poder realizar la termogénesis, producir calor y así poder sobrevivir en condiciones
de temperaturas más bajas (Cinti, 2017).

Fig. 3. Funcionamiento UCP-1 (Adaptado de Rodríguez et al., 2002).

Cuando animales y humanos se exponen a temperaturas muy bajas tienden a incrementar


la cantidad de tejido adiposo marrón debido a un “oscurecimiento” del tejido adiposo
blanco, proceso que según varios estudios se produce por una transdiferenciación de
adipocitos blancos en adipocitos marrones. Sin embargo, la población de adipocitos
obtenidos es nueva, denominando a estas nuevas células adipocitos beige o brite (Cinti,
2021).

Los adipocitos beige son aquellos que comparten características típicas de los blancos y
de los marrones y que se suelen observar en el tejido adiposo blanco subcutáneo. Estos
adipocitos se pueden formar a partir de la diferenciación de adipocitos blancos existentes
o provenir de un subconjunto distinto de preadipocitos. Aunque pueden tener su origen
en adipocitos blancos, suelen actuar como un tipo de célula termogénica. Se produce un
pardeamiento del tejido adiposo blanco formando este tejido con propiedades típicas del
tejido adiposo marrón (Richard et al., 2020).

6
Los adipocitos rosas (Fig. 2) se describen por primera vez en 2014 cuando se observaron
en el TAB subcutáneo de ratones en gestación y durante el periodo de lactancia. Son
células que pueden derivar de adipocitos blancos que adquieren características de células
epiteliales con la formación de alvéolos secretores de leche que le aportan ese color
característico. Estas células se ven involucradas en la secreción de componentes de la
leche; y, además, secretan leptina, donde parece realizar una función importante en la
prevención de la obesidad de las crías (Giordano et al., 2014).

Sin embargo, no se ha demostrado la existencia de adipocitos rosas en los seres humanos


(Corina-Sosa et al., 2020)

La plasticidad de los adipocitos puede abrir nuevas líneas de investigación sobre nuevas
dianas terapéuticas para el tratamiento de la obesidad y sus consecuencias, o para el
tratamiento de otras enfermedades como el cáncer (Richard et al., 2020).

Los diferentes tipos de adipocitos provienen de un proceso de diferenciación en el que, a


partir de células madre pluripotentes se obtienen células con características específicas de
los distintos tipos de tejido adiposo y otros tipos de células mesenquimales (Fig. 4)
(Richard et al, 2020).

Fig. 4. Diferenciación de las células del tejido adiposo y otras células mesenquimales
(Adaptado de Soler-Vázquez et al., 2018).

Las células madre mesenquimales (“mesenquimal stem cells” MSC) son células
capaces de diferenciarse en adipocitos, osteocitos, condrocitos, miocitos y cualquier
célula de tejidos con origen mesodérmico (Esteve Ràfols, 2014). Según el esquema
representado en la Fig. 4 los preadipocitos que darán lugar a adipocitos blancos y

7
marrones proceden de linajes distintos. Los preadipocitos marrones presentan una firma
miogénica compartiendo progenitor con las células musculares, su precursor contiene el
marcador MyF5+. En cambio, los preadipocitos blancos provienen de la diferenciación
de células pluripotentes que carecen de dicho marcador (MyF5-). De los preadipocitos
blancos pueden diferenciarse los adipocitos blancos y los beige (Megías et al.,2019). Si
bien los adipocitos beige pueden diferenciarse a partir de los blancos, como ya hemos
explicado anteriormente (Richard et al., 2020).

Además, el tejido adiposo se compone de otros tipos celulares entre los que se encuentran
células del estroma vascular como son células madre y preadipocitos, macrófagos, células
endoteliales de vasos sanguíneos y linfáticos, células sanguíneas como neutrófilos y
linfocitos, y fibroblastos (Esteve Ràfols, 2014).

Estas células denominadas no adipocitarias producen hormonas y citocinas que actúan


de forma paracrina sobre los adipocitos cercanos. Desde el año 2000 se sabe que la
principal fuente de producción de una citocina proinflamatoria llamada factor de necrosis
tumoral alfa (TNFalfa), se encuentra en los macrófagos que hay en el tejido adiposo. Este
factor aumenta en enfermedades crónicas como la diabetes mellitus tipo 2, por lo que se
cree que los macrófagos pueden influir sobre los adipocitos adyacentes promoviendo la
aparición de resistencia a la insulina en el tejido adiposo. Por lo tanto, es importante
considerar la presencia de este tipo de células no adipocitarias como fuente de sustancias
con actividad paracrina y endocrina dentro del tejido (Richard et al., 2020).

1.4.- Distribución del tejido adiposo en el organismo

El tejido adiposo blanco tiene un mismo origen embrionario, pero su distribución es


diferente según la especie. En el ser humano hay depósitos subcutáneos en la región de
las nalgas, muslos y abdomen, principalmente. Además, se localiza en otras regiones del
organismo como en la zona retro-orbital, periarticular, intramuscular, pericardial, en la
cara y alrededor de la médula ósea (ver Fig. 5) (Esteve Ràfols, 2014).

El depósito subcutáneo en la región abdominal puede ser superficial o profundo,


presentando diferencias en cuanto a su metabolismo. El tejido adiposo subcutáneo
profundo se relaciona con la fisiopatología de las complicaciones relacionadas con la
obesidad, mientras que el tejido adiposo subcutáneo superficial se asocia más a la función
protectora que se le atribuye al tejido adiposo en nuestro organismo (Esteve Ràfols, 2014).

8
En los humanos también existe un depósito intraabdominal relacionado con la grasa
visceral; que rodea a los órganos, dando lugar a los depósitos: gonadal, omental,
mesentérico, retroperitoneal, abdominal y gluteal. En comparación con el de otros
mamíferos como los ratones en los que resulta complicado detectarlo, el depósito omental
en el ser humano está perfectamente definido (Esteve Ràfols, 2014).

La distribución de la grasa corporal se ve influenciada por el género, haciendo así que


exista dimorfismo sexual. Los hombres suelen tener una mayor acumulación del tejido en
la parte superior del cuerpo, distribución conocida como androide o tipo manzana. En
cambio, en el caso de las mujeres la acumulación es mayor en la parte inferior del cuerpo,
siendo una distribución ginoide o tipo pera. Sin embargo, hay ocasiones en las que se dan
situaciones inversas, existiendo mujeres con una distribución androide y hombres con una
distribución ginoide (Esteve Ràfols, 2014).

Fig. 5. Distribución corporal del TAB y del TAM en humanos (Adaptado de Gesta, et al.,
2007).

La distribución del tejido adiposo marrón en el ser humano varía a lo largo de la vida
(Fig. 5). De esta forma en el feto y en niños recién nacidos podemos encontrar TAM a
nivel axilar, cervical, perirrenal y periadrenal. En los adultos el depósito de este tipo de
TA disminuye notablemente de forma general, localizándose en las regiones paracervical,
supraclavicular y paravertebral, aumentando el depósito de este tipo de tejido adiposo en
personas con feocromocitoma (tumor de las células de las glándulas suprarrenales) o que
se encuentren muy expuestos al frío (Esteve Ràfols, 2014).

9
1.5.- El tejido adiposo en la enfermedad

El correcto funcionamiento del tejido adiposo permite que nuestro cuerpo sea capaz de
ejecutar los procesos necesarios para mantener la salud, por el contrario, un mal
funcionamiento de este tejido puede dar lugar al desarrollo o empeoramiento de diversas
patologías (Longo et al., 2019).

Fig. 6. Diferencia de acumulación de grasa en personas obesas y personas sanas


(https://www.vitonica.com/grasas/diferencias-entre-una-mujer-obesa-y-con-normopeso)

Existen enfermedades asociadas a un exceso de tejido adiposo en nuestro cuerpo, como


la obesidad. En esta patología se produce una acumulación de grasa en tejidos ectópicos
y en depósitos viscerales (Fig. 6), debido a la superación de la capacidad de
almacenamiento de lípidos que posee el TAB. Todo esto conlleva al desarrollo del
proceso conocido como lipotoxicidad, produciéndose como consecuencia una
inflamación local y una disfunción mitocondrial en un lugar específico, que puede
desencadenar una serie de complicaciones asociadas a esta enfermedad, como la
resistencia a la insulina, aumentando la posibilidad de la aparición de diabetes mellitus
tipo 2, o empeorando la patología si ya estaba presente. Todo esto está relacionado con
la aparición o empeoramiento del síndrome metabólico (Fig. 7) (Longo et al., 2019).

10
Fig. 7. Factores implicados en la aparición del síndrome metabólico
(https://www.clinicasdoctorlife.com/portfolio-item/sindrome-metabolico/).

El síndrome metabólico se define como un conjunto de factores de riesgo para el


desarrollo de la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y para las enfermedades cardiovasculares,
que se caracteriza por la presencia de resistencia a la insulina e hiperinsulinismo
compensador, asociados con trastornos del metabolismo de los carbohidratos y lípidos,
cifras elevadas de presión arterial y obesidad (Pineda, 2008).

Además de influir en el desarrollo de estas enfermedades, en las patologías


cardiovasculares como la aterosclerosis y la hipertensión, es normal la presencia de tejido
adiposo perivascular disfuncional con un volumen excesivo y una composición celular
alterada. Esto conlleva a una situación en la que se produce un proceso inflamatorio en el
que se genera estrés oxidativo, acompañado de un aumento de los factores paracrinos
proinflamatorios y una disminución de los factores protectores (Nosalski et al., 2017).

1.6.- El tejido adiposo en la salud

Desde hace unos años se sabe que los componentes del tejido adiposo pueden ser útiles
para su uso terapéutico, por lo que se ha comenzado a estudiar su aplicación en diversos
procesos terapéuticos que llevan a una mejora de la salud.

Uno de los temas más estudiado es el uso de células madre mesenquimales derivadas
del tejido adiposo (“adipose stem cells” ASC) con el fin de que se diferencien en otras
células y poder usarlas para el tratamiento de heridas crónicas, fístulas de Crohn, etc. Tras

11
estos estudios se ha deducido que estas células tienen diversas aplicaciones potenciales
en el área de la cirugía (Locke y Guzik, 2009).

Las células madre derivadas del tejido adiposo (ASC) son células más proliferativas que
las derivadas de la médula ósea o del cordón umbilical y, tienen propiedades
inmunosupresoras capaces de inactivar células T (Mazini et al., 2020) e
inmunomoduladoras (Al-Ghadban y Bunnell, 2020). Originalmente se creía que las
células madre sólo podían diferenciarse en células que tuvieran un linaje celular igual al
del tejido de origen; sin embargo, se descubrió que eran capaces de diferenciarse a lo
largo de linajes mesodérmicos distintos a los del tejido de origen (Fig. 4). Las células
madre derivadas del tejido adiposo son células progenitoras multipotentes, que se pueden
diferenciar fácilmente en multitud de células distintas, haciendo que sean candidatas
perfectas para el tratamiento de enfermedades (Pachón-Peña et al., 2011).

También se ha investigado la influencia de este tipo de células en el envejecimiento


(Mazini et al., 2020), en la regeneración de cartílago (Rodriguez-Fontan et al., 2016),
en terapias regenerativas (Si et al., 2019) y para el tratamiento de enfermedad
isquémica (Zhao et al., 2017).

Tal es la utilidad de este tipo de células que hasta se han realizado investigaciones sobre
el uso de ASC en pacientes de la COVID-19 (Rogers et al., 2020).

La posible aplicabilidad terapéutica de este tipo de células presenta ventajas, pero también
algunos inconvenientes que se describirán en el presente trabajo (Mazini et al., 2020).

12
2. OBJETIVOS

Dada la importancia de las células del tejido adiposo en la enfermedad y la salud, nos
hemos propuesto realizar una revisión bibliográfica actualizada sobre la implicación del
tejido adiposo en el desarrollo de determinadas enfermedades, así como de su posible
utilidad terapéutica, de acuerdo con los siguientes objetivos:

1. Analizar la implicación del tejido adiposo en el desarrollo de complicaciones en


enfermedades como la obesidad o la diabetes.
2. Estudiar la relación entre la distribución del tejido adiposo en humanos y la
enfermedad.
3. Describir las consecuencias metabólicas que se producen en el organismo tras una
liposucción.
4. Estudiar el uso de células derivadas del tejido adiposo en terapéutica.

3. METODOLOGÍA

Para la realización de este trabajo bibliográfico se han consultado diversas fuentes: libros
de texto, artículos y páginas webs.

En primer lugar, se realizó una lectura de artículos en español y de un libro de texto de


Histología básica para tener una visión general sobre el tema.

A continuación, se procedió a una búsqueda de artículos y revisiones más especializadas


con ayuda de:

● FAMA: Catálogo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla que hace posible


el acceso a artículos completos (https://fama.us.es).
● The National Center for Biotechnology Information (NCBI) apartado de la
Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos que incluye la base de datos
Pubmed (https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/).
● Science Direct (https://www.sciencedirect.com/).

Para facilitar la búsqueda en estas fuentes se han usado palabras claves en Inglés como
“Stem cells”, “Adipocyte”, “Adipose tissue”, “Obesity”, “liposuction”, “adypocite stem
cells” y “Covid-19”, solas y combinadas.

13
A través de las bases de datos se han encontrado numerosos artículos y revisiones de las
que se ha obtenido información relevante sobre el tema en estudio. Se han usado tanto
artículos originales de revistas de alto reconocimiento como revisiones bibliográficas más
actuales. Se eligieron aquellos artículos cuyos resúmenes se adecuaban a los objetivos de
la revisión y que hayan sido publicados en los últimos 10 años, exceptuando aquellos más
antiguos necesarios para entender el origen de diversas investigaciones del ámbito.

Por último, también se ha recurrido a la información de páginas web como la Sociedad


Asturiana de Reumatología (SARE) que aportaron información de utilidad para los
detalles del trabajo.

4. RESULTADOS Y DISCUSIÓN

4.1.- Influencia del exceso de tejido adiposo en la aparición de la resistencia a la insulina

Como hemos descrito en la Introducción, se ha demostrado que en los obesos cuando la


capacidad de almacenamiento de grasa del tejido adiposo subcutáneo es excedida, una
sobrecarga calórica conduce a la acumulación de grasa en tejidos ectópicos, como el
hígado, el músculo esquelético y el corazón, así como en depósitos viscerales. La excesiva
acumulación de lípidos ectópicos conlleva un proceso de inflamación local que puede
ser crónico y desarrollar la aparición de resistencia a la insulina, principal causa de la
aparición de la diabetes mellitus tipo 2 (Fig. 8), normalmente acompañada de una
secreción aumentada de insulina por las células beta disfuncionales, debido a la
acumulación de grasa ectópica en el páncreas, para intentar superar la resistencia. Por lo
tanto, la obesidad es un factor de riesgo crítico para el desarrollo de diabetes tipo 2, o si
ya existía, para el empeoramiento de la enfermedad (Longo et al., 2019).

14
Fig. 8. Influencia de la obesidad en la aparición de diabetes.

Un factor importante para que se produzca resistencia a la insulina y alteraciones


metabólicas es la composición de los macronutrientes que aparecen en la dieta, ya que
una dieta compuesta por una excesiva cantidad de grasas saturadas determina la
acumulación ectópica de los lípidos, teniendo como consecuencia la aparición de
enfermedades hepáticas y cardiovasculares o el empeoramiento de las mismas, si ya
estaban presentes (Longo et al., 2019).

Al producirse una sobrecarga de la capacidad de almacenamiento en los adipocitos se


desarrolla una hipertrofia que hace que la secreción de factores paracrinos, entre los que
destacan las citocinas, se desregule. Esta secreción alterada de citocinas conlleva
inflamación local y adipogénesis alterada en células precursoras produciéndose una
remodelación del tejido adiposo (Longo et al., 2019).

Según Spalding et al., 2008, el número de adipocitos se determina en la infancia por lo


que se cree que el aumento del tamaño de estas células (hipertrofia) es el principal
mecanismo en respuesta a un desequilibrio energético. En una situación crónica de este
balance positivo de energía el tamaño de los adipocitos llega a un punto crítico y se
produce un aumento en el reclutamiento de células precursoras para producir más
adipocitos (hiperplasia) (Fig. 9) (Longo et al., 2019).

15
Fig. 9. Crecimiento del tejido adiposo por hipertrofia o por hiperplasia.

Los datos obtenidos in vivo con ratones obesos obtenidos mediante la dieta, conocidos
como “AdipoChaser”, confirman que tras cuatro semanas existe una hipertrofia del tejido
adiposo visceral, mientras que es necesario un periodo de dos meses para observar
hiperplasia del tejido. En cuanto al tejido adiposo subcutáneo, solo se observó hipertrofia
de las células tras dos meses de administración de una dieta alta en grasas (Wang et al.,
2013). Estas observaciones fueron confirmadas por Kim et al. (2014), mediante la
medición de la adipogénesis en tejido adiposo blanco de ratón. Demostraron que la
hipertrofia de los adipocitos es el mecanismo dominante en la expansión del tejido
adiposo en adultos. Además, encontraron una relación positiva entre el recambio de
adipocitos y la resistencia a la insulina. Según este estudio el recambio de adipocitos se
produce cuando las células que componen el tejido adiposo ven excedida su capacidad de
almacenamiento de grasas ante un aporte excesivo de energía de forma continuada,
mediante la fabricación de nuevas células a partir de células madre (Kim et al., 2014).

El conjunto de células progenitoras que dan lugar a los adipocitos es limitado, es decir,
cuanta más cantidad de adipocitos nuevos se hayan formado menos cantidad de células
madre progenitoras dejará disponible, produciéndose así el envejecimiento del tejido
adiposo seguido, a su vez, por una pérdida de funcionalidad que se asocia a la obesidad
(Kim et al., 2014).

16
McLaughlin et al. (2014), demostraron que los sujetos que presentaban resistencia a la
insulina tenían adipocitos de un tamaño mayor en el tejido adiposo abdominal, en
comparación con el de las células de los individuos que presentaban sensibilidad a la
insulina.

La hipertrofia de los adipocitos se acompaña de un reclutamiento de macrófagos y un


aumento de la apoptosis de los adipocitos induciendo la inflamación del tejido. Estas
células hipertrofiadas tienen una secreción alterada de sustancias quimioatrayentes que
promueven la infiltración de macrófagos en el tejido (Longo et al., 2019).

Además, la hipertrofia de estas células se traduce en un déficit de vascularización que


produce hipoxia local en el tejido. Varias evidencias indican que esta hipoxia se
desarrolla ya que la expansión del tejido adiposo blanco conlleva una reducción de la
perfusión de los adipocitos hipertrofiados y un aumento en el consumo de oxígeno. La
exposición del tejido a una situación de falta de oxígeno induce la regulación positiva de
factores inflamatorios como el HIF-1alfa (factor inducible por hipoxia). Se ha demostrado
que la delección de este factor previene la inflamación y la resistencia a la insulina (Longo
et al., 2019).

Otro suceso que se suma a esta situación es el aumento de la lipólisis basal que presentan
estas células hipertróficas, produciendo un aumento en la liberación de ácidos grasos y
factores que desencadenan una cascada de señalización inflamatoria.

Por otro lado, se ha descrito que hay algunas personas obesas que siguen siendo sensibles
a la insulina y tienen un metabolismo “saludable”, por lo que se denominan “obesos
metabólicamente sanos”. Normalmente estas personas presentan un aumento del tejido
adiposo subcutáneo. Estos pacientes obesos sensibles a la insulina, tras una dieta rica en
grasas sufren un aumento en el número de adipocitos que se hipertrofian produciéndose
un deterioro de la captación de glucosa dependiente de la insulina (Longo et al., 2019).

Otro acontecimiento que aparece en la obesidad e influye en la aparición de la resistencia


a la insulina es la alteración de la adipogénesis, debido a la alteración en la secreción y
actuación de los factores de transcripción implicados en el proceso de diferenciación
desde una célula madre mesenquimal hasta un preadipocito (Longo et al., 2019). Todos
estos factores se ven reflejados en la figura 10.

17
Un estudio in vitro ha demostrado que la inflamación crónica, además de afectar la acción
de la insulina, altera la diferenciación de los preadipocitos al exponerlos a citocinas
inflamatorias (Gustafson y Smith, 2006).

Fig. 10. Factores implicados en la resistencia a la insulina y el síndrome


metabólico asociados a la obesidad (Adaptado de Goossens y Blaak, 2015)

4.2.- Relación entre la distribución del tejido adiposo en humanos y la enfermedad

Según varios estudios la distribución de la grasa en el organismo está asociada a un mayor


o menor riesgo de que se desarrolle resistencia a la insulina, que asociada a otros factores
de riesgo puede desencadenar el síndrome metabólico. Así, la acumulación de tejido
adiposo blanco en la región central del cuerpo, como cintura y abdomen, es un factor de
riesgo determinante en la aparición de enfermedades metabólicas (Longo et al., 2019).

En general, la grasa visceral que se acumula en la parte superior del cuerpo se relaciona
con un mayor riesgo de mal funcionamiento metabólico y resistencia a la insulina,
mientras que la que se deposita a nivel subcutáneo en la región del glúteo y femoral se
relaciona más con una función protectora ante la posible aparición del síndrome
metabólico. Hay estudios en los que se ha demostrado que existe un menor riesgo
cardiovascular en personas con obesidad subcutánea, sin tener en cuenta la presencia
adicional de grasa visceral (Kahn et al., 2019).

18
Los estudios en roedores muestran que la extracción de las almohadillas de grasa visceral
se traduce en una mejora de la acción de la insulina, tolerancia a la glucosa y longevidad.
Mientras que si se extrae la grasa subcutánea se puede producir síndrome metabólico. Sin
embargo, los estudios en humanos obesos a los que se eliminó pequeñas porciones de
tejido adiposo omental (grasa visceral) no dieron como resultado ningún tipo de beneficio
metabólico (Richard et al., 2020).

En general existen diferencias importantes entre roedores y humanos en cuanto a la


distribución del tejido adiposo, que hay que tener en cuenta a la hora de interpretar y
trasladar información de estudios en roedores para su uso en humanos.

4.3.- Consecuencias metabólicas producidas en el organismo tras una liposucción

La liposucción se conoce como un procedimiento en el que se retira un volumen de grasa


subcutánea para conseguir un moldeado determinado del cuerpo. Este proceso hace que
los depósitos de este tipo grasa del organismo se vean modificados, lo que puede afectar
al funcionamiento del tejido adiposo al modificar sus componentes (Escobar Vega et al.,
2014).

La lipoplastia moderna surgió en 1972 y ha sido objeto de diversas investigaciones con


el fin de perfeccionar la técnica y, además, incrementar la seguridad de la intervención y
la repercusión que puede tener en el organismo.

Como ya hemos descrito previamente la síntesis, transporte y acumulación de lípidos en


el organismo es un proceso complejo que está relacionado con el metabolismo de la
glucosa, y que, además, se ve influenciado por el sistema endocrino en gran medida.
Desde que un lípido entra en el organismo hasta que es depositado se ve inmerso en varias
vías metabólicas, en las que actúan múltiples enzimas, hormonas y un conjunto específico
de lipoproteínas plasmáticas que determinan el lugar donde se va a depositar (Chen et al.,
2019).

Según Escobar Vega et al. (2014) en el postoperatorio inmediato de una liposucción, tras
estudiar el comportamiento del organismo y de las fracciones lipídicas, se comprobó una
disminución significativa del colesterol total, que se producía como consecuencia de una
bajada de los valores de lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), lipoproteínas de
baja densidad (LDL), lipoproteínas de alta densidad (HDL) y triglicéridos. Tras siete días

19
de la intervención estos valores aumentaron gradualmente pero no alcanzaron los valores
iniciales que existían antes de la operación, incluso después de 2 meses.

Estas modificaciones tienen como consecuencia un cambio en el metabolismo lipídico


basal. La disminución de las cifras de las lipoproteínas se puede deber a la pérdida de
adipocitos existentes dentro del panículo adiposo subcutáneo como consecuencia del
proceso quirúrgico realizado. Esta operación provoca la ruptura mecánica de la célula
adiposa, y la pérdida de lipoproteínas ricas en colesterol y triglicéridos (Escobar Vega et
al., 2014).

En cambio, existen estudios que contradicen estas observaciones. Según Mentz (2001),
los valores de colesterol, triglicéridos y las fracciones lipídicas estudiadas aumentaron
tras la realización de una liposucción como consecuencia de la necrosis grasa producida,
de los cambios dietéticos de los pacientes en cuestión o debido a un mecanismo
compensatorio para la restaurar la normalidad en el organismo.

La variación de los resultados obtenidos en estos dos estudios puede deberse a la


utilización de técnicas quirúrgicas distintas, a las diferentes características
antropométricas de los pacientes y a la preexistencia de trastornos metabólicos en algunos
casos (Escobar Vega et al., 2014).

En general, se ha descrito una recuperación de los valores de las lipoproteínas hasta


niveles similares a los normales y se ha propuesto que puede ser debido a la recuperación
de los tejidos dañados durante la intervención, como consecuencia de la cicatrización y
reparación tisular (Shiffman, 2010).

4.4.- Uso de células madre derivadas del tejido adiposo en el tratamiento de enfermedades

Como ya hemos descrito en la Introducción, las células madre tienen la capacidad de


renovarse y poder diferenciarse en varias líneas celulares, por lo que a partir de ellas se
pueden obtener células de tejidos concretos que ayuden al tratamiento de patologías.
Debido a las características de estas células su potencial para ser usadas en terapias
regenerativas es ilimitado.

En concreto, las células madre derivadas del tejido adiposo (ASC) se han convertido en
el grupo más prometedor debido a la facilidad con la que se pueden obtener con menor
riesgo para el paciente, siendo el tejido adiposo subcutáneo de abdomen, muslos y brazos
los lugares más comunes para su obtención (Si et al., 2019).
20
Una de las opciones terapéuticas que se han estudiado ha sido el uso de estas células para
la regeneración de cartílago (Rodriguez-Fontan et al., 2016).

El cartílago es un tejido propenso a la degeneración con la práctica de deporte y con el


envejecimiento, teniendo a su vez poca capacidad de reparación por lo tiene tendencia a
sufrir lesiones condrales. Aunque existen muchas terapias biológicas para el tratamiento
de enfermedades degenerativas no se conocen procesos efectivos para regenerar el
cartílago. Las terapias con células madre de diferentes tejidos y la bioingeniería son un
terreno prometedor para el tratamiento de lesiones condrales focales y artrosis
(Rodriguez-Fontan et al., 2016).

La artrosis es una enfermedad articular que suele afectar a la población envejecida, pero
que también afecta a atletas tras sufrir lesiones. Esta patología se caracteriza por la
presencia de inflamación crónica, lesiones subcondrales y degeneración articular
progresiva (Fig. 11). Esto hace que cuando la enfermedad se encuentra en un estado
avanzado se produzca una pérdida en el rango de movimiento de las articulaciones más
afectadas como la cadera y la rodilla (Rodriguez-Fontan et al., 2016).

Fig. 11. Daño articular causado por la artrosis. (SARE, https://sare.org.es/que-es-la-


atrosis/)

Los tratamientos tradicionales se basan en la administración de fármacos que ayuden a


paliar los síntomas de la enfermedad, pero ninguno de ellos parece detener la progresión
degenerativa, siendo las células madre una buena opción para innovar en este campo.

21
Uno de los tejidos usados para la recolección de células progenitoras es el tejido adiposo.
Las células de este tejido se obtienen por aspirado o liposucción, o extracción quirúrgica
de alguno de los depósitos del tejido. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las
colonias de células madre del tejido adiposo que se forman en un cultivo presentan un
comportamiento y una diferenciación celular distinta a la de las células madre
provenientes de la médula ósea. Según varios estudios las células obtenidas del tejido
adiposo poseen una menor capacidad condrogénica y osteogénica que las obtenidas de la
médula, pero presentan una mayor diferenciación hacia células musculares y
cardiomiocitos. Eso se debe a que tienen una menor expresión del ARN mensajero de
algunos de los subtipos (2,4,6) de la proteína morfogénica ósea (BMP) necesarias para
la diferenciación condrogénica y la producción de cartílago, ya que carecen de expresión
del factor de crecimiento transformante (TGF-beta-1) (Rodriguez-Fontan et al., 2016).

Para poder usar las ASC, en este caso, es necesario un cultivo de sedimentos de
micromasa para aumentar la interacción entre células y producir una matriz extracelular
que se asemeje al cartílago. Este medio de cultivo debe ir suplementado con factor de
crecimiento de fibroblastos básico (bFGF), dexametasona, factor de crecimiento
transformante β1, insulina, ascorbato 2 fosfato y BMP-6. Estos factores condrogénicos
estimularán la producción de los factores necesarios para la diferenciación a condrocitos
(Si et al. 2019).

Hay que tener en cuenta que las ASC recolectadas in vitro, posteriormente deben ser
inyectadas o implantadas en el organismo, para que las células sigan siendo viables es
necesario crear un ambiente ideal de supervivencia, con biomateriales biodegradables que
sirvan de armazón y favorezcan la unión, proliferación y diferenciación en células
especializadas (Si et al., 2019).

Dada la capacidad de las células madre del tejido adiposo de secretar numerosos factores
de crecimiento y citocinas fundamentales para la cicatrización de heridas, su uso en este
campo es otra de las aplicaciones potenciales que poseen. Además, la mejora de la
granulación tisular, el aumento del reclutamiento de macrófagos y la vascularización que
se producen en el tejido las convierten en terapias eficaces. En modelos animales, las
cicatrices inyectadas con ASC mostraron una reducción en la superficie y mejoras en el
color y la flexibilidad en comparación con el grupo de control. Las ASC demostraron a

22
su vez ser útiles para tratar heridas complicadas por isquemia en pacientes con diabetes
(Si et al., 2019).

En otros estudios, se ha demostrado que la infusión intravenosa de estas células es eficaz


en el tratamiento de la enfermedad de injerto contra huésped aguda grave y
refractaria a los esteroides y de trastornos hematológicos e inmunológicos como la
púrpura trombocitopénica idiopática y la aplasia pura de glóbulos rojos, lo que
indica que las ASC pueden tener efectos inmunomoduladores (Si et al., 2019).

La cirugía plástica es un campo en crecimiento con una posición única para la aplicación
de ASC. El injerto de grasa demuestra el potencial regenerativo clínico de estas células.
Hay varios protocolos estándar disponibles para injertos de grasa basados en
procedimientos simples como lipoaspiración, separación por gravedad y filtración o
centrifugación para eliminar impurezas y obtener muestras relativamente puras y de alta
calidad como fuente de ASC (Si et al., 2019).

En un estudio del año 2015 se desarrollaron ASC clínicamente aplicables, que expresaban
genes terapéuticos y se investigó su eficacia terapéutica para el glioma del tronco
encefálico en ratones, estableciendo después una terapia génica basada en células madre,
segura y eficaz y clínicamente aplicable para los gliomas del tronco encefálico (Choi et
al., 2015).

Debido a las características inmunomoduladoras de las células madre del tejido adiposo,
se han realizado estudios sobre su posible uso en el tratamiento de pacientes con la
COVID-19, ya que pueden evitar que se produzca una respuesta inflamatoria excesiva y
además, pueden ayudar a reparar el tejido dañado (Rogers et al., 2020).

La enfermedad por coronavirus se caracteriza por varios síntomas respiratorios como la


dificultad respiratoria, que a menudo se transforman en complicaciones que pueden
desembocar en un fallo multiorgánico. En el transcurso de esta enfermedad se produce
inflamación, edema pulmonar y un exceso de la respuesta del sistema inmune que pueden
llevar a hipoxia y daño pulmonar (Rogers et al., 2020).

El síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) se define por un síndrome


multifuncional que se caracteriza por hipoxemia, daño alveolar e insuficiencia orgánica
múltiple. Varios estudios in vivo en animales y otros ex vivo en humanos demuestran la

23
capacidad de las células madre para inhibir el daño pulmonar, reducir el proceso
inflamatorio, modular la respuesta inmune y depurar el líquido alveolar. (Rogers et al.,
2020). La abundancia de este tipo de células en el tejido adiposo y la facilidad para
obtenerlas las hace ser la opción más prometedora. Las ASC poseen cualidades adecuadas
para el tratamiento de enfermedades pulmonares inflamatorias que las diferencian de
otras células madre; tienen una mayor capacidad proliferativa y una estabilidad más
prolongada en cultivos. Según estudios in vitro, son más resistentes a la apoptosis (Ertas
et al., 2012) y muestran un potencial angiogénico mayor que el de las células obtenidas
de la médula ósea (Kim et al., 2007) siendo eficaces para el tratamiento de lesiones
vasculares isquémicas.

Fig. 12. Alteraciones alveolares producidas por SDRA. (Adaptado de García D.E. et al.,
2020).

La lesión pulmonar que se asocia a este síndrome se produce por una intensa inflamación
seguida de invasión de neutrófilos y macrófagos en el espacio alveolar (Fig. 12), una
respuesta excesiva del sistema inmune que gracias a la capacidad inmunomoduladora de
las ASC puede paliarse. Estas células suprimen la producción de IgG e inhiben la
diferenciación de monocitos en células dendríticas. En comparación con las células
mesenquimales de la médula ósea, se observó una menor producción de interleucinas
inflamatorias (IL-2) y TNF-alfa cuando se cultivaron con células mononucleares. Por otro
lado, al cultivarse con monocitos se observó una mayor producción de IL-10 dando lugar

24
a niveles más bajos de IL-6, y produciéndose con ello una inhibición de la formación de
células dendríticas; siendo más eficaz la inmunosupresión por parte de estas células que
la que se produce con células derivadas de la médula ósea (Rogers et al., 2020).

Los resultados de estos estudios in vivo indican una mejora en el estado de salud de los
pacientes con síndrome de dificultad respiratoria aguda tras la infusión intravenosa de las
ASC (tras no observar mejoría con los diferentes tratamientos que existen en la
actualidad) y sin observarse hasta el momento ningún efecto secundario. Por todo ello se
considera un campo interesante para seguir estudiando (Rogers et al., 2020).

4.5.- Ventajas e inconvenientes del uso de ASC

Debido a la capacidad de diferenciarse en cualquier tipo de célula que poseen las células
madre derivadas del tejido adiposo, existen varias opciones para el uso terapéutico de las
mismas.

Las ASC residen en un microambiente formado por células de soporte presentes en la


matriz extracelular del tejido adiposo. Este ambiente condiciona la actuación de las
células en la reparación de tejidos cutáneos y en el envejecimiento; ya que modulan su
proliferación, diferenciación y migración para restaurar el deterioro celular y contribuir a
la cicatrización de heridas (Mazini et al., 2020).

Su aplicación en este campo se basa en el uso de biomateriales como sustitutos de la piel


que promuevan la diferenciación de las células en células epiteliales. En los sitios donde
hay lesiones se produce el reclutamiento de ASC, seguido de un aumento en la expresión
de células implicadas en el proceso inflamatorio, como los macrófagos y las células
dendríticas promoviendo la proliferación de las células y la cicatrización del tejido
dañado. Según los datos obtenidos es posible optimizar el beneficio terapéutico de las
células madre derivadas del tejido adiposo al combinarlas con citocinas y microARN. Se
demostró que tanto las ASC como otras células, como los fibroblastos dérmicos, son
capaces de modular el microambiente en el que se encuentran, secretando factores de
crecimiento que ayuden al proceso de curación de heridas (Mazini et al., 2020).

Por otro lado, las ASC tienen un uso potencial en la medicina regenerativa que se debe a
la capacidad de diferenciarse en múltiples linajes celulares y al posible trasplante seguro
tanto en entornos autólogos como alogénicos. Otras investigaciones han usado este tipo

25
de células en el tratamiento de la enfermedad de Crohn, la isquemia de extremidades,
úlceras en pacientes diabéticos y las quemaduras.

Otra potencial aplicación es el uso de las ASC para la reducción de arrugas. Sin embargo,
al administrarlas vía intradérmica en piel envejecida, aunque se encontró mejoría, no se
obtuvo el mismo efecto que en jóvenes. Esto se debe a que existe una mayor proliferación
en el caso de los donantes más jóvenes en comparación de las que provienen de personas
mayores (Mazini et al., 2020).

Varios estudios demuestran que las enzimas que producen melanina están moduladas por
la composición de las células de la piel, por lo que una modificación de esta composición,
al introducir en el tejido células madre derivadas del tejido adiposo, puede reflejarse en
un desequilibrio de los factores que intervienen en la secreción de la melanina, que a su
vez están implicados en el envejecimiento, dando lugar a un fallo general del proceso de
creación de nuevas células más jóvenes (Mazini et al., 2020).

A pesar de todas las posibles aplicaciones de estas células, hay que tener en cuenta que
existe una estrecha integración de las ASC con la matriz extracelular del tejido adiposo y
que, además, se caracterizan por estar interconectadas con otras células epiteliales, por lo
que la separación del entorno puede limitar sus posibles usos. Otro factor que puede
reducir la viabilidad de las células es el uso de anestésicos locales, haciendo que la
efectividad del método se vea comprometida. Por último, según varios estudios las ASC
pueden sufrir apoptosis a los pocos días del trasplante según los factores genéticos de
cada paciente (Mazini et al., 2020).

Por último, podemos decir que el mito que existe de la poca utilidad que posee el tejido
adiposo no es más que eso. Gracias a todas las investigaciones sobre este tejido y las
células y hormonas que lo componen se ha descubierto un tejido con múltiples
aplicaciones en la clínica, consiguiendo así una fuente prometedora de células para el
tratamiento y la curación de diferentes enfermedades mejorando las técnicas
tradicionales. A pesar de ello, siguen existiendo limitaciones en el conocimiento de este
tejido y las técnicas usadas, esto hace que los usos terapéuticos estudiados no se lleven a
cabo de forma firme. Por lo que, aunque sea un trabajo esperanzador es necesario la
realización de más estudios que concluyan todos los descubrimientos y que hagan posible
que se dé luz verde para este tipo de terapias.

26
5. CONCLUSIONES
1. El exceso de grasas está implicado en el desarrollo de la obesidad y de la resistencia
a la insulina, contribuyendo al síndrome metabólico.
2. La acumulación de grasa visceral en la parte superior del cuerpo está relacionada con
una mayor incidencia de síndrome metabólico, mientras que la acumulación de grasa
subcutánea en la región inferior del mismo se relaciona con un papel protector del
tejido.
3. Tras la liposucción hay una variación transitoria de lípidos y de lipoproteínas en el
organismo que producen la modificación de rutas metabólicas en las que participan.
4. El uso de células madre del tejido adiposo puede ser de gran utilidad en el tratamiento
de diversas enfermedades.

27
6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Al-Ghadban S, Bunnell B. Tissue-Derived Stem Cells: Inmunomodulatory Effects and


Therapeutic Potential. Physiology. 2020; 35(2): 125-133.

Au-Yong ITH, Thorn N, Ganatra R, Perkins AC, Symonds ME. Brown adipose tissue
and seasonal variation in humans. Diabetes. 2009;58(11):2583–7.

Cinti S. El órgano adiposo: Las consecuencias para la prevención y el tratamiento de la


obesidad. ECOG [en línea]. (Consultado 17 de Mayo de 2021): https://ebook.ecog-
obesity.eu/es/

Chen L., Chen X.W, Huang X., Song B.L, Wang Y., Wang Y. Regulation of glucose and
lipid metabolism in health and disease. Sci. China Life Sci. 62, 1420–1458.

Choi S.A, Lee Y.E, Kwak P.A, Lee J.Y, Kim S.S, Lee S.J, Phi J.H, Wang K.C, Song J.,
Song S.H, Joo K.M, Kim S.K. Clinically applicable human adipose tissue-derived
mesenchymal stem cells delivering therapeutic genes to brainstem gliomas. Cancer Gene
Ther., 22 (2015), pp. 302-311

Clínicas Doctor Life [en línea]. (Consultado en Junio de 2021).


(https://www.clinicasdoctorlife.com/portfolio-item/sindrome-metabolico/)

Corina-Sosa B., Basurto L., Luqueño E., Robledo A., Mendieta-Zerón H., Oros-Pantoja
R. Los colores del tejido adiposo y la relación con la irsina. Cir Cir. 2020; 88(5): 664-671

Cook KS, Min HY, Johnson D, Chaplinsky RJ, Flier JS, Hunt CR, Spiegelman BM.
Adipsin: a circulating serine protease homolog secreted by adipose tissue and sciatic
nerve. Science. 1987;237(4813):402–405.

Ertas G, Ural E, Ural D, Aksoy A, Kozdag G, Gacar G, et al. Comparative analysis of


apoptotic resistance of mesenchymal stem cells iso‐lated from human bone marrow and
adipose tissue. Sci World J. 2012 ;2012:105698.

Escobar Vega H., Bezares Ramos I., Lugo Alonso J., Expósito Jalturin A., León
Rodríguez Y. Cambios en las fracciones lipídicas séricas tras la liposucción. Revista
Cubana de Alimentación y Nutrición. 2014; 40 (2):249-259.

Esteve Ràfols M. Tejido adiposo: heterogeneidad celular y diversidad funcional.


Endocrinol. Nutr. 2014; 61(2):100-112

28
García DE, Julián-Jiménez A, en representación del Grupo de Trabajo Latinoamericano
GTLATINFURG. Actualización de las Recomendaciones de actuación frente a casos de
infección por el Nuevo Coronavirus (SARS-CoV-2). Segundo Documento Agosto 2020.
Disponible en https://flameoficial.com/

Gartner LP, Hiatt JL. Atlas en color y texto de histología. 6ª ed. México: Médica
Panamericana; 2015.

Gesta S, Tseng Y-H, Kahn R. Developmental origin of fat: Tracking obesity to its source
cell. 2007;131:242-256.

Giordano A, Smorlesi A, Frontini A, Barbatelli G, Cinti S. MECHANISMS IN


ENDOCRINOLOGY: White, brown and pink adipocytes: the extraordinary plasticity of
the adipose organ. Eur. J. Endocrinol. 2014;170(5):R159–R171.

Goossens G. y Blaak E. Adipose tissue dysfunction and impaired metabolic health in


human obesity: a matter of oxygen?. Frontiers in Endrocrinology. 2015. 6(55)

Gustafson, B.; Smith, U. Cytokines promote Wnt signaling and inflammation and impair
the normal differentiation and lipid accumulation in 3T3-L1 preadipocytes. J. Biol. Chem.
2006, 281, 9507–9516.

Junqueira LC, Carneiro J. Histología básica: texto y altas. 12ª ed. Madrid: Editorial
Médica Panamericana; 2015

Kahn C., Wang G, Lee K. Altered adipose tissue and adipocyte function in the
pathogenesis of metabolic syndrome. JCI. 2019; 129(10):3990-4000.

Kim J, Kim HK, Cho HH, Bae YC, Suh KT, Jung JS. Direct comparison of human
mesenchymal stem cells derived from adipose tissues and bone marrow in mediating
neovascularization in response to vascular ischemia. Cell Physiol Biochem.
2007;20:867–76.

Kim, S.M.; Lun, M.; Wang, M.; Senyo, S.E.; Guillermier, C.; Patwari, P.; Steinhauser,
M.L. Loss of white adipose hyperplastic potential is associated with enhanced
susceptibility to insulin resistance. Cell Metab. 2014, 20, 1049–1058.

Lenz M, C.W.Arts I., L.M.Peeters R, M. de Kok T, Ertaylan G. Adipose tissue in health


and disease through the lens of its building blocks. Scientific reports. 2020; 10:10433

29
Liang B CJ, Li T, Wu H, Yang W, Li Y, Li J, Yu C, Nie F, Ma Z, Yang M, Nie P, Gao
Y, Qian C, Hu M. Clinical remission of a critically ill COVID-19 patient treated by human
umbilical cord mesenchymal stem cells 2020. http:// chinaxiv.org/abs/202002.00084.

Liu Y, Sun W, Li J, Chen L, Wang Y, Zhang L, et al. Clinical features and progression
of acute respiratory distress syndrome in coronavirus disease 2019. medRxiv. 2020.

Lo JC, Ljubicic S, Leibiger B, Kern M, Leibiger IB, Moede T, Kelly ME, Chatterjee
Bhowmick D, Murano I, Cohen P, Banks AS et al. Adipsin is an adipokine that improves
β cell function in diabetes. Cell. 2014;158(1):41-53.

Locke M., Windsor J., Dunbar P. Human adipose-derived stem cells: isolation,
characterization and applications in surgery. ANZJSurg.com 2009; 10.1111/j.1445-2197

Longo M., Zatterale F., Naderi J., Parrillo L., Formisano P., Raciti G. et al. Adipose
Tissue Dysfunction as Determinant of Obesity-Associated Metabolic Complications.
International Journal of Molecular Sciences. 2019; 20,2358

Mazini L., Rochette L., Admou B., Amal S., Malka G. Hopes and Limits of Adipose-
Derived Stem Cells (ADSCs) and Mesenchymal Stem Cells (MSCs) in Wound Healing.
International Journal of Molecular Sciences. 2020; 21,1306

McLaughlin, T.; Lamendola, C.; Coghlan, N.; Liu, T.C.; Lerner, K.; Sherman, A.;
Cushman, S.W. Subcutaneous adipose cell size and distribution: Relationship to insulin
resistance and body fat. Obesity 2014, 22, 673–680.

Mediawebsocial. Sociedad Asturiana de Reumatología (SARE) [en línea]. [Consultado


en Mayo de 2021]. Disponible en: https://sare.org.es/que-es-la-atrosis

Megías M, Molist P, Pombal MA. 2019. Tejidos animales. Atlas de histología vegetal y
animal. Recuperado (20 de Abril de 2021) de : http://mmegias.webs.uvigo.es/inicio.html

Mentz H. Serum lipid changes following liposuction. En: Lipogenesis and Lipoplasty
Seminar. Baylor Division of Plastic Surgery. Houston TX: 2001.

Nosalski R., Guzik T. Perivascular adipose tissue inflammation in vascular disease.


British Journal of Pharmacology. 2017 ; 174: 3496-3513

30
Pachón-Peña G, Yu G, Tucker A, Wu X, Vendrell J, Bunnell BA, Gimble JM. Stromal
stem cells from adipose tissue and bone marrow of age-matched female donors display
distinct immunophenotypic profiles. J Cell Physiol. 2011; 226(3):843-51.

Pineda CA, Síndrome metabólico: definición, historia, criterios. Colombia Médica


[Internet]. 2008; 39(1):96-106. Recuperado de:
https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28339113

Richard AJ, White U, Elks CM, RD, and Stephens JM. Adipose Tissue: Physiology to
Metabolic Dysfunction. Endotext [Internet]. Feingold KR, Anawalt B, Boyce A, et al.,
editors. South Dartmouth (MA): http://www.endotext.org/; 2000-.

Rodríguez VM, Macarulla MT, Chávarri M, Portillo MP. Papel de las proteínas
desacoplantes en la obesidad. ANALES Sis San Navarra. 2002; 25 (Supl. 1): 65-77

Rodriguez-Fontan F., Chahla J., Piuzzi N., Payne K., Muschler G., LaPrade R. et al.
Células madre y progenitoras para la reparación de cartílago articular. Revista
latinoamericana de cirugía ortopédica. 2016; 1(2): 66-76

Rogers C., Harman R., Bunnell B., Schreiber M., Xiang C., Wang F. Rationale for the
clinical use of adipose-derived mesenchymal stem cells for COVID-19 patients. Journal
of Translational Medicine. 2020; 18:203

Rolla A. Nuevos componentes del síndrome de resistencia insulínica. Medwave. 2003;


3(9). https://www.medwave.cl/link.cgi/Medwave/PuestaDia/Congresos/999

Shiffman MA. Prevention and treatment of liposuction complications. En: Body


Contouring. Art, Science and Clinical Practice [Editores: Shiffman MA, Di Giuseppe A].
Springer Berlin. Heidelberg: 2010. pp. 553-563

Si Z., Wang X., Sun C., Kang Y., Xu J., Wang X. Adipose-derived stem cells: Sources,
potency, and implications for regenerative therapies. Biomedicine & Pharmacotherapy.
2019; 114: 108765

Soler-Vázquez M., Mera P., Zagmutt S., Serra D., Herrero L. New approaches targeting
brown adipose tissue transplantation as a therapy in obesity. Biochemical Pharmacology.
2018; 155: 346-355.

31
Spalding, K.L.; Arner, E.; Westermark, P.O.; Bernard, S.; Buchholz, B.A.; Bergmann,
O.; Blomqvist, L.; Hoffstedt, J.; Näslund, E.; Britton, T.; et al. Dynamics of fat cell
turnover in humans. Nature 2008, 453, 783–787.

U.S. National Library of Medicine. MedlinePlus [en línea]. 2020. Disponibilidad en:
https://medlineplus.gov/spanish/pheochromocytoma.html. [Consultado en Abril de 2021]

Wang Q.A., Tao C., Gupta R.K., Scherer P.E. Tracking adipogenesis during white
adipose tissue development, expansion and regeneration. Nat. Med. 2013;19:1338–1344.

Zhao L., Johnson T., Liu D. Therapeutic angiogenesis of adipose-derived stem cells for
ischemic diseases. Stem Cell Reserarch & Therapy. 2017; 8:125

32

También podría gustarte