Una evaluación del impacto social es un proceso de investigación, planificación y manejo del
cambio o consecuencias sociales (positivas y negativas, previstas y no previstas) que surgen de las
políticas, planes, desarrollos y proyectos. El foco central de una EIS es los impactos importantes de
los proyectos y desarrollos más allá de los impactos sobre los recursos naturales.
Ejemplos de impactos
sociales incluyen (Vanclay, 2003):
El estilo de vida de las personas – es decir, la forma en que viven, trabajan, juegan e interactúan
entre sí cotidianamente.
Su cultura – es decir, sus creencias compartidas, costumbres, valores e idioma o dialecto.
Su comunidad – su cohesión, estabilidad, carácter, servicios e instalaciones.
Sus sistemas políticos – el grado en que las personas son capaces de participar en las decisiones
que afectan su vida, el nivel de democratización que están teniendo y los recursos previstos para
ello.
Su salud y bienestar – la salud es un estado de completo bienestar físico, mental, social y
espiritual, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.
De los ejemplos mencionados anteriormente, es evidente que la EIS debe contemplar no solo las
cuestiones sociales, sino también los impactos ambientales y sus interacciones. Por ejemplo, si el
proyecto planificado afecta la disponibilidad de agua y tierras para la producción local de
alimentos, también causa impactos sociales, como el aumento de precios de los alimentos, la
necesidad de viajar largas distancias para comprar y/o cultivar alimentos.
En general, una EIS requiere una estrecha colaboración con los miembros de la comunidad, así
como
otras partes interesadas y expertos. Por lo general cubre las siguientes áreas específicas para
identificar
los impactos y medidas de mitigación (Estado de Queensland, 2013):
Participación de la comunidad y las partes interesadas
Administración de la fuerza laboral
Vivienda y alojamiento
Contenido del sector empresarial e industrial local
Salud y bienestar de la comunidad.
Durante la EIS, se suele esperar que el proponente pueda (Estado de Queensland, 2013):
Identificar grupos de partes interesadas y comunidades afectadas por el proyecto.
Recopilar datos de referencia que cubran temas sociales clave de las comunidades afectadas, por
ejemplo la historia de la comunidad, comunidades indígenas, cultura y eventos clave que han
configurado el desarrollo económico y social, industrias clave en la actualidad y en el pasado (si
es relevante); presiones o vulnerabilidades experimentadas por estos sectores de la industria.
Proporcionar una visión general de la legislación y políticas gubernamentales que complementen
las medidas de mitigación de los impactos sociales que están directamente relacionados con el
proyecto.
Explicar los métodos utilizados para recopilar información, incluyendo una descripción de cómo
participaron las comunidades de interés durante el desarrollo de la EIS.
Identificar posibles impactos sociales directos y predecir la importancia de los impactos y la
duración y el alcance de cada impacto.
Enumerar las medidas de mitigación propuestas.
Describir el marco de monitoreo que informa a las partes interesadas acerca del avance de la
implementación de las medidas de mitigación y las implementaciones generales del proyecto.
Para realizar una valoración del impacto de un proyecto o de unas actividades en concreto, es
imprescindible conocer y entender el contexto en el que se desarrollan. Se trata de intentar
comprender el comportamiento del área estudiada y como ha podido ser afectada por dichas
actividades
La evaluación de impacto social (EIS) actualmente se concibe como el proceso de
identificación y gestión de los temas sociales de los proyectos de desarrollo,
incluyendo el involucramiento de las comunidades afectadas a través de procesos
participativos de identificación, evaluación y gestión de los impactos sociales. Si
bien aún se la emplea como mecanismo para predecir el impacto y como
instrumento para que se consideren esos impactos sociales antes de que las
entidades regulatorias decidan expedir permisos o licencias, es igualmente
importante su función como parte de la gestión continua de los impactos sociales
durante todo el ciclo del desarrollo del proyecto, desde su concepción hasta la
etapa posterior al cierre. Como en toda disciplina, la EIS constituye una
comunidad de práctica con su propio paradigma de teorías, métodos,
antecedentes, entendimientos y expectativas. Más que cualquier interpretación de
diccionario de las palabras “evaluación”, “impacto” y “social”, la “evaluación de
impacto social” debe entenderse dentro del paradigma implícito de la EIS. Dicho
paradigma se plasma y se articula en los Principios internacionales para la
evaluación del impacto social y en el presente documento.
La evaluación de impacto social surgió en los años 1970, al mismo tiempo que la
evaluación de impacto ambiental (EIA), y originalmente intentó emular a la EIA
tanto como fuera posible. A menudo, la EIS se elaboraba como parte de la EIA, en
general de manera incorrecta. Con el tiempo la EIS se separó debido a una mayor
comprensión de las diferencias fundamentales que existen entre los aspectos
sociales y los aspectos biofísicos; además, porque la tarea principal de la EIS
debería ser mejorar la gestión de las cuestiones sociales (en vez de únicamente
influenciar decisiones de tipo se hace/no se hace) y, por último, porque su
efectividad para mejorar los resultados para las comunidades afectadas se
maximizaría si fuera relevante para los proponentes (autores de proyectos del
sector público y privado) que inician e implementan proyectos. Sin embargo, dada
la interconexión de aspectos ambientales, sociales y de la salud, merece la pena
realizar evaluaciones integradas, y en el sector privado ya es práctica corriente la
evaluación de impacto ambiental, social y en salud (ESHIA, por sus siglas en
inglés). No obstante, los impactos sociales comienzan mucho antes de que se
requiera la aprobación del proyecto, como los rumores acerca de un posible
proyecto. Por consiguiente, la gestión de los aspectos sociales (y por lo tanto la
EIS) debe iniciarse tan pronto como sea posible una vez que se conciban los
proyectos.
Una diferencia clave entre la EIS y la EIA es el creciente hincapié, en la EIS, en
mejorar los beneficios de los proyectos para las comunidades afectadas. Si bien
persiste la necesidad de garantizar que los impactos negativos sean efectivamente
identificados y mitigados, también tiene valor la revisión de los proyectos y
actividades complementarias para asegurar mayores beneficios para las
comunidades. Esto es necesario para que el proyecto obtenga “licencia social para
operar” y también porque intentar minimizar el daño (el enfoque tradicional en la
EIS) no garantiza que los actores locales acepten el proyecto o que el proyecto no
cause de hecho un daño significativo. El aumento de los beneficios en un proyecto
cubre una variedad de medidas, a saber: modificación de la infraestructura para
asegurar que también satisface las necesidades de la comunidad local; provisión
de fondos de inversión social local para apoyar procesos de desarrollo social
sostenible, con el fin de establecer planes de desarrollo comunitarios estratégicos;
un compromiso genuino para maximizar oportunidades para el contenido local
(esto es, empleo para la población local y compras locales) al permitir que
empresas locales suministren bienes y servicios; y capacitación y apoyo a la
población local. En los casos en que para llevar adelante un proyecto se deba
reasentar a la población, es fundamental garantizar que, luego del reasentamiento,
se restablezcan y se mejoren sus medios de subsistencia.
Con el fin de obtener la licencia social para operar, es importante tratar a las
comunidades con respeto. Las instancias de participación comunitaria deben ser
significativas, transparentes y constantes desde las fases tempranas de cualquier
intervención, lo cual es un aspecto esencial para ganar confianza y respeto. Los
valores y los principios clave de la EIS se especifican en los Principios
internacionales para la evaluación del impacto social y comprenden: el objetivo de
la EIS y del proyecto debe ser contribuir al empoderamiento de grupos vulnerables
en la comunidad, se debe aplicar una perspectiva de género en todas las
evaluaciones, y el respeto por los derechos humanos debe respaldar todas las
acciones. El creciente discurso sobre empresas y derechos humanos, en particular
con la adopción de los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las
Empresas y los Derechos Humanos, significa que el respeto por los derechos
humanos hoy es una responsabilidad fundamental de los proyectos de desarrollo
del sector privado.
Con tantos impactos sociales y ambientales interpretables en términos de
derechos humanos, la EIS tendrá cada vez más relevancia. Por una parte, las
poblaciones afectadas son titulares de derechos protegidos por ley y, por otra
parte, la EIS puede demostrar el valor que tiene para las empresas al reducir su
exposición al riesgo y permitirles cumplir con las normas internacionales y/o
adoptar buenas prácticas a medida que evolucionen con el tiempo.
Idealmente, la EIS en conjunto con una ESHIA exhaustiva deberían cubrir los
desafíos más significativos en el área de derechos humanos asociados a un
proyecto.
La evaluación de impacto social es un proceso de gestión, no un producto
Los Principios internacionales de la evaluación del impacto social definen a la
evaluación de impacto social (EIS) como “los procesos de análisis, monitoreo y
gestión de las consecuencias sociales voluntarias e involuntarias de
intervenciones planeadas (políticas, programas, planes, proyectos) y todo proceso
de cambio social invocado por dichas intervenciones”. Si bien la EIS se puede
aplicar, y se ha aplicado, en muy diversos contextos, en este documento se
aborda su aplicación en el marco de un proyecto, esto es, la construcción
planeada de nueva infraestructura como aeropuertos, puentes, circunvalaciones,
represas, carreteras, minas, oleoductos, puertos, líneas de transmisión, centrales
eólicas, así como también proyectos comerciales agrícolas y agroindustriales y la
creación de áreas de conservación de la naturaleza. La planificación y la
construcción de tales proyectos pueden causar muchos impactos sociales. Desde
las primeras etapas existe especulación acerca de cómo el proyecto podrá afectar
los precios de los bienes muebles, y puede conducir ya sea a un éxodo de gente
o, a la inversa, al influjo de personas.
Los proyectos pueden crear oportunidades y beneficios para la población, pero al
mismo tiempo también pueden tener efectos perjudiciales. En general, nunca son
uniformemente buenos o malos, sino que existe una distribución diferencial de
costos y beneficios en las comunidades aledañas. Es muy simplista decir que hay
ganadores y perdedores, porque las personas se pueden beneficiar y perjudicar al
mismo tiempo. Es necesario llevar a cabo una buena gestión que garantice que
los beneficios de los proyectos se maximicen y que se eviten, o minimicen, los
impactos negativos de manera constante durante el ciclo del proyecto. La
evaluación de impacto social es un proceso que puede contribuir enormemente a
garantizar el logro de beneficios y la prevención del daño.
Dado que involucra a los procesos de gestión de los impactos sociales del
proyecto y contribuye al valor compartido mediante la mejora de los resultados
para las comunidades locales así como para el autor (empresa o gobierno) del
proyecto, la EIS debería ser elaborada en el marco del proyecto, sea un requisito
legal o no. El esfuerzo invertido en una evaluación de impacto social para
identificar apropiadamente y gestionar los impactos sociales debería ser
proporcional a los impactos y riesgos probables del proyecto. Las actividades para
determinación del alcance deberían permitir al especialista en EIS identificar la
escala relativa de esfuerzo que posiblemente se requiera.
Sería más apropiado elaborar, en lugar de la Declaración de Impactos Sociales
convencional –que en cierto modo es similar a una Declaración de Impacto
Ambiental–, el Plan de Gestión de Impacto Social (PGIS, o SIMP, por sus siglas
en inglés) y otros documentos relacionados, por ejemplo: plan de seguridad y
salud comunitarias, plan de acción de reasentamiento, plan de participación de
actores y plan de adquisiciones locales, lo que en conjunto constituye una serie
integral de medidas y procedimientos para gestionar los problemas sociales que el
proyecto genere. Un Plan de Gestión de Impacto Social (PGIS) describe las
estrategias que hay que tomar durante cada una de las fases del proyecto
(incluida la posterior al cierre) para monitorear, rendir informes, evaluar, revisar y
responder proactivamente al cambio. La gestión adaptativa es parte importante de
la gestión de impactos sociales. Los gobiernos e inversores en proyectos están
requiriendo cada vez más estos planes de gestión de impacto social. En general
se elaboran a la hora de preparar las declaraciones de impacto para obtener las
aprobaciones del proyecto y luego se los actualiza periódicamente. Idealmente,
debería haber correspondencia con los sistemas de gestión interna de la empresa
o, en su defecto, deberían poder alimentarlos; alternativamente, las empresas
podrían incluir un sistema de gestión de impacto social en su planificación general.
Impacto social es todo aquello que afecta a las personas
Los Principios internacionales de la evaluación del impacto social consideran que
los impactos sociales incluyen todos los aspectos asociados con una intervención
planeada (esto es, un proyecto) que afectan o involucran a las personas, ya sea
directa o indirectamente. Específicamente, un impacto social es algo que se
experimenta o se siente, en el sentido perceptual (cognitivo) o corporal (físico) a
todos los niveles, por ejemplo, a nivel de la persona como individuo, de unidad
económica (familia/hogar), de grupo social (círculo de amigos), de lugar de trabajo
(una empresa o entidad de gobierno), o más generalmente de
comunidad/sociedad. Estos diferentes niveles se ven afectados de diferentes
maneras por un impacto o por una acción que causa impacto.
Como se concibe al “impacto social” como todo lo que se vincula a un proyecto
que afecta o involucra a cualquier grupo de actores, casi cualquier cosa puede
potencialmente ser un impacto social siempre y cuando se lo valore o sea
importante para un grupo específico de personas. Los impactos ambientales, por
ejemplo, también pueden ser impactos sociales ya que las personas dependen del
medio ambiente para su subsistencia y porque pueden tener apego a los lugares
en los que se localizan los proyectos. Los impactos sobre la salud y el bienestar
de las personas son impactos sociales. La pérdida de patrimonio cultural, de
hábitats importantes o de biodiversidad también pueden ser impactos sociales
porque son valorados por las personas. Por eso la EIS debe abordar todo lo que
sea relevante para las personas y sus formas de vida. Esto significa que no puede
partir de una lista de control de impactos sociales potenciales, sino que debe
identificarlos a partir de una concientización del proyecto y un entendimiento de
cómo el proyecto afectará lo que es importante para sus actores. Aun así, el
recuadro 1 permite tener una idea de lo que son los impactos sociales.
RECUADRO 1: ¿Qué son los impactos sociales?
Los impactos sociales son cambios en uno o más de los siguientes ámbitos:
• La forma de vida de las personas; es decir, cómo viven, trabajan, juegan e
interactúan unas con otras en el quehacer cotidiano;
• su cultura; esto es, sus creencias, costumbres, valores e idioma o dialecto;
• su comunidad; su cohesión, estabilidad, carácter, servicios e instalaciones;
• sus sistemas políticos; el grado al que las personas pueden participar en las
decisiones que afectan sus vidas, el nivel de democratización que está teniendo
lugar y los recursos suministrados para ese fin;
• su entorno; la calidad del aire y el agua que utiliza la población, la disponibilidad
y calidad de los alimentos que consume, el nivel de peligro o riesgo, polvo y ruido
al que está expuesta, la idoneidad del saneamiento, su seguridad física y su
acceso a y control sobre los recursos;
• su salud y bienestar; la salud es un estado de bienestar total desde el punto de
vista físico, mental, social y espiritual, y no solamente la ausencia de enfermedad;
• sus derechos tanto personales como a la propiedad; especialmente si las
personas se ven económicamente afectadas o si sufren desventajas personales
que pueden incluir la violación de sus libertades civiles;
• sus temores y aspiraciones; sus percepciones acerca de su propia seguridad,
sus temores acerca del futuro de su comunidad y sus aspiraciones tanto en lo que
respecta a su propio futuro como al de sus hijos.
Un concepto importante es la distinción entre un proceso de cambio social y un
impacto social. No todos los procesos que inducen cambios en una comunidad
necesariamente causan impactos sociales. Por ejemplo, un modesto aumento en
la población no es necesariamente un impacto social negativo. En muchas
circunstancias puede ser un beneficio conducente al crecimiento económico y al
desarrollo social. Por otro lado, un gran aumento rápido y no planeado de la
población (influjo) asociado con un proyecto puede crear muchos impactos
sociales. En este caso, la EIS deberá resolver cómo garantizar que se anticipe el
proceso inmigratorio, se prepare para ello y se gestione adecuadamente para
minimizar los impactos negativos y maximizar los beneficios potenciales.
Si bien se describe a veces la evaluación de impacto social como una forma social
de la evaluación de impacto ambiental, existen muchas diferencias entre ambas. A
saber: los impactos ambientales tienden a ocurrir a partir de que se mueve la
primera piedra, mientras que los impactos sociales pueden ocurrir en cuanto
comienza a correr el rumor de que algo puede llegar a ocurrir. El rumor lleva a la
especulación y al comportamiento especulativo. En algunas situaciones, como en
el caso de una fábrica socialmente no deseada u otro uso del suelo localmente no
deseado, el rumor, ya sea fundado o no, también puede circular y amplificar los
temores y ansiedades de la población, más allá de que el proyecto se concrete o
no. Temor y ansiedad, como todos los impactos percibidos, son impactos sociales
reales que la población experimenta y no se los debe descartar, sino por el
contrario deben gestionarse de manera efectiva.
Los impactos sociales también pueden ser causados por proyectos que crean
falsas expectativas en una comunidad, ya sea que el personal del proyecto
promete intencionalmente y de manera inapropiada cosas que no ocurrirán, o
inadvertidamente mediante una gestión pobre de las expectativas y permitiendo
que los rumores aumenten las expectativas. Por ejemplo, es importante que
quienes lleven adelante el proyecto sean realistas en cuanto a la cantidad y tipo de
empleos que probablemente estén disponibles para la población local. Las
comunidades se pueden sentir “despojadas” cuando los beneficios que han
anticipado que recibirían de un proyecto no se concretan. Esta situación
contribuye a crear falta de confianza en la empresa y a la pérdida de la licencia
social.
La evaluación de impacto social es relevante para todas las fases
del proyecto
La evaluación de impacto social (EIS) es el proceso de gestión de las cuestiones
sociales de los proyectos. Se ajusta a las diversas inquietudes y cuestiones
sociales en diferentes puntos del ciclo del proyecto. El gráfico 1 muestra un ciclo
de proyecto típico e identifica el rol potencial de la EIS en cada fase. Lo que
importa es que en cada fase del proyecto hay un rol para la EIS. Si bien el ciclo de
un proyecto a menudo se representa como un proceso lineal, la realidad no es tan
directa: los proyectos no necesariamente transitan sobre ruedas de una fase a
otra, y pueden detenerse en cierta fase o ir hacia atrás a una fase anterior.
¿Quién encarga las evaluaciones de impacto social? ¿Quién las usa? ¿Quién
las elabora?
La evaluación de impacto social (EIS) puede ser empleada por una gran variedad
de actores con una gran variedad de propósitos. En el modelo convencional (EIA),
si bien el procedimiento exacto variaba según el lugar (jurisdicción), en general las
entidades reguladoras requerían a los proponentes que contrataran a firmas
consultoras privadas para elaborar un informe de EIS/EIA que debía cumplir las
condiciones que esas entidades establecían, y a veces debían pasar por un
proceso de revisión formal por pares. En general existía un período de recepción
de comentarios públicos, durante el cual el consultor debía responder a esos
comentarios. Diversas ONG podían entablar acciones judiciales si se consideraba
que el informe era insatisfactorio. Este modelo no era muy efectivo ya que los
proponentes se sentían resentidos y a menudo no lo tomaban en serio, era
demasiado tarde en el proceso de planificación del proyecto para incidir en este, y
también por la falta de monitoreo por parte de las entidades reguladoras en
relación con cualquier condición habilitante. La EIS ha sido mucho más efectiva en
influenciar el diseño de un proyecto y mejorar los resultados para las comunidades
cuando sus proponentes la han considerado parte clave de sus procesos de
planificación y gestión del riesgo. Aun cuando la mayor parte de los consultores en
EIS defienden a las comunidades, existe un evidente desequilibrio de poder entre
el proponente y la comunidad. Un modelo que se puede aplicar en contextos de
baja confianza entre el proponente y la comunidad consiste en que el proponente
brinde fondos a las comunidades receptoras para que puedan contratar a sus
propios consultores en evaluación de impacto. De esa manera, esa EIS “basada
en la comunidad” permitiría que la comunidad tenga su propia información al
respecto. Se puede decir que este modelo apoyaría un proceso de negociación
que fuera consistente con el espíritu del consentimiento libre, previo e informado.
RECUADRO 2: Las 26 tareas que comprenden la evaluación de impacto
social
Fase 1: Entender los problemas
1. Obtener una correcta comprensión del proyecto propuesto, incluidas todas las
actividades complementarias necesarias para apoyar el desarrollo y el
funcionamiento del proyecto.
2. Aclarar las responsabilidades y roles de todos quienes participan o están
vinculados a la EIS, incluidas las relaciones con los demás estudios
especializados que se han emprendido, y determinar las leyes nacionales o
normas internacionales que deben cumplirse.
3. Identificar el “área de influencia social” preliminar del proyecto, las comunidades
que se verán probablemente afectadas y beneficiadas (cercanas y distantes) y las
partes interesadas.
4. Lograr una buena compresión de las comunidades que podrían verse afectadas
por el proyecto, preparando un perfil o descripción de la comunidad que incluya:
(a) un análisis minucioso de los actores interesados; (b) un examen del marco
sociopolítico; (c) una evaluación de las diferentes necesidades, intereses, valores
y aspiraciones de los diversos subgrupos de las comunidades afectadas, incluido
un análisis de género; (d) una evaluación de su historial de impactos, es decir su
experiencia con proyectos anteriores y otros acontecimientos históricos; (e) un
análisis de las tendencias que se dan en esas comunidades; (f) un examen de los
recursos, fortalezas y debilidades de las comunidades; y (g) como opción, los
resultados de una encuesta de opinión. Por lo general, esta tarea se denomina
elaboración de perfil.
5. Informar plenamente a los miembros de la comunidad acerca de: (a) el
proyecto; (b) proyectos similares en otros lugares, de modo de darles una idea de
cómo podrían verse afectados; (c) cómo pueden participar en la evaluación de
impacto social; (d) sus derechos en materia de procedimientos dentro del marco
regulatorio y de desempeño social del proyecto; y (e) su acceso a los mecanismos
de reclamos y de intercambio de información.
6. Implementar procesos participativos y espacios de deliberación inclusivos de
manera tal de ayudar a los miembros de la comunidad a: (a) entender cómo se
verán afectados por el impacto; (b) determinar la aceptabilidad de posibles
impactos y beneficios propuestos; (c) tomar decisiones informadas acerca del
proyecto; (d) facilitar la visión de la comunidad acerca del futuro deseado; (d)
contribuir a los planes de mitigación y de monitoreo; y (f) prepararse para el
cambio.
7. Identificar las cuestiones sociales y de derechos humanos que podrían ser una
potencial fuente de preocupación (alcance o scoping).
8. Recopilar datos pertinentes para elaborar la línea base para los principales
problemas sociales.
Fase 2: Predecir, analizar y evaluar las vías de impacto posibles
9. Por medio del análisis, determinar los cambios e impactos sociales que
probablemente ocasione el proyecto y sus diversas alternativas.
10. Considerar minuciosamente los impactos indirectos.
11. Examinar de qué manera el proyecto contribuirá a los impactos acumulativos
que padecen las comunidades afectadas.
12. Determinar como los grupos afectados podrian responder a los impactos .
13. Establecer la importancia de los cambios pronosticados (es decir priorizarlos).
14. Contribuir activamente al diseño y a la evaluación de alternativas de proyecto,
incluso la de no continuar.
Fase 3: Desarrollar e implementar estrategias
15. Identificar maneras de tratar los impactos negativos potenciales (utilizando la
jerarquía de mitigación).
16. Desarrollar e implementar maneras de maximizar los beneficios y las
oportunidades relacionadas con el proyecto.
17. Desarrollar estrategias para apoyar a las comunidades a hacer frente al
cambio.
18. Desarrollar e implementar mecanismos adecuados de reclamos y de
intercambio de información.
19. Facilitar un proceso de creación de acuerdos entre las comunidades y el
promotor del proyecto que lleve a la redacción de un Acuerdo de Impactos y
Beneficios (AIB).
20. Ayudar al proponente a facilitar el aporte de información de las partes
interesadas y a redactar un Plan de Gestión de Impacto Social (PGIS) que ponga
en práctica los beneficios, medidas de mitigación, sistemas de monitoreo y
mecanismos de gobernanza que hayan sido convenidos en el Acuerdo de
Impactos y Beneficios (AIB), como asimismo planes para tratar aquellas
cuestiones no previstas que pudieran surgir.
21. Implementar procesos que permitan a los proponentes, a las autoridades
gubernamentales y a las partes interesadas de la sociedad civil poner en práctica
los mecanismos incorporados en el Plan de Gestión de Impacto Social (PGIS) y
los Acuerdos de Impactos y Beneficios (AIB), y desarrollar e integrar sus
respectivos planes de acción de gestión en sus propias organizaciones, establecer
los respectivos roles y responsabilidades mediante la implementación de esos
planes de acción, y mantener un rol permanente en el monitoreo.
22. Ayudar al proponente a desarrollar e implementar planes de desempeño social
permanentes que traten de las obligaciones de los contratistas incorporadas en el
PGIS.
Fase 4: Diseñar e implementar programas de monitoreo
23. Desarrollar indicadores para efectuar un monitoreo de los cambios en el
tiempo.
24. Desarrollar un plan de monitoreo participativo.
25. Examinar de qué manera se implementará la gestión adaptativa y analizar la
implementación de un sistema de gestión social.
26. Realizar una evaluación y una revisión periódica (auditoría).
El objetivo de todos los proyectos debe ser el desarrollo social sostenible
Para operar en un país, las empresas, en particular grandes empresas extranjeras
multinacionales, obtienen un permiso legal específico, pero también necesitan
procurar y mantener la licencia social para operar. Para obtenerla, necesitan
contribuir positivamente con el país y, lo que es más importante, con las
comunidades locales en las que operan, más allá de cualquier tributo o regalía que
se les pueda requerir pagar. Los derechos a acceder a oportunidades lucrativas
provienen de las oportunidades que las empresas brindan y de las inversiones
para contribuir al desarrollo social en el país receptor y en sus comunidades
locales. A cambio, se las considera empresas confiables, socialmente
responsables y “elegidas” para realizar ese proyecto, lo cual es positivo para su
reputación y para acceder a mercados en otros lugares: sin duda una buena parte
de la propuesta de valor compartido.
Para obtener y mantener una licencia social genuina se requiere que el proyecto
reflexione sobre su contribución al desarrollo social. El desarrollo social significa
más que solamente proporcionar unos pocos empleos y brindar fondos para una
nueva escuela o piscina pública: se requiere que el proyecto se asocie con las
comunidades locales para ser una fuerza de cambio social positivo y desarrollo
social beneficioso. Debe ser un proceso participativo de cambios sociales
diseñado para mejorar el bienestar de la comunidad en su conjunto y
especialmente de los grupos vulnerables, desfavorecidos o marginados dentro de
una región. Más que tratarse de beneficios para individuos per se, el desarrollo
social trata de facilitar el cambio en instituciones y en la sociedad para reducir la
exclusión social y la fragmentación, promover la inclusión social y la
democratización, y para fortalecer la capacidad institucional y de gobernanza. El
desarrollo social ve más allá de los problemas y las deficiencias para centrarse en
mejorar las capacidades de las personas y las instituciones y en cómo se las
puede fortalecer. No obstante, las empresas deben ser claras y enfocadas en sus
intervenciones para garantizar que no absorben o usurpan el rol y las
responsabilidades de las autoridades locales.
La inversión social consiste en las contribuciones financieras y en especie que un
proyecto hace a la comunidad local para el desarrollo social. Lo ideal sería que
esos recursos no se desperdiciaran en actividades puntuales y no sostenibles,
sino que contribuyeran de manera concreta al desarrollo social y económico de
mediano y largo plazo. Para esto, debe haber un proceso de evaluación que
seleccione y priorice las opciones de inversión social. El término inversión social
estratégica se emplea cuando, además de apoyar los resultados en materia de
desarrollo social para la comunidad local, existe un claro argumento para que la
empresa ponga los fondos a disposición. Contribuir con los programas de
capacitación que fortalecen las capacidades de la mano de obra local para que
proporcionen trabajo o servicios para el proyecto es un claro ejemplo de valor
compartido.
Los objetivos de desarrollo social apropiados variarán según el contexto particular
de aplicación. Identificar esos objetivos debe ser un proceso participativo guiado
por la comunidad. En términos generales, vale la pena tomar en cuenta los
Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (véase el gráfico 5).
Identificar y evaluar opciones posibles para la inversión social también requiere
pensar sobre las fortalezas y debilidades dentro de una comunidad. Un marco de
referencia empleado comúnmente es el “enfoque de capitales comunitarios” (a
veces conocido como el “modelo de la pirámide”) que apuntala el enfoque de
medios de subsistencia sostenibles (y sus variantes) (véanse el recuadro 3 y el
gráfico 4). El enfoque de los medios de subsistencia sostenibles considera las
capacidades, los recursos para conseguir sustento (activos, capitales) y las
estrategias de sustento (actividades) que las personas emprenden para ganarse la
vida y vivir según eligen hacerlo. En el centro del modelo se encuentra la noción
de que todos los recursos o activos comunitarios se pueden representar como
serie de capitales. La evaluación de las estrategias de inversión social puede tener
en cuenta esos capitales y cómo fortalecer uno o más de aquellos aumenta el
bienestar general en la comunidad.
Conclusión
La evaluación de impacto social (EIS) debería considerarse como el proceso de
gestión de los aspectos sociales de los proyectos que, para ser eficaz, debe
comenzar a partir del momento en que se concibe un proyecto y extenderse
durante un largo período posterior a su cierre. Aunque inicialmente se entendía
que la EIS era un instrumento regulatorio, el uso contemporáneo ve en ella
múltiples usos. Puede seguir aplicándose en el contexto de la regulación
ambiental nacional o en razón de los requerimientos de los organismos donantes
internacionales, pero también puede emprenderla una comunidad para saber si
debe aprobar un proyecto en un proceso de CLPI, o para saber cómo tratar el
tema del cambio. Las empresas también pueden emprender una EIS como parte
de su responsabilidad de abordar sus impactos sociales y en materia de derechos
humanos y su deseo de obtener la licencia social para operar. A lo largo del
tiempo desde sus orígenes en los años setenta, el objeto primordial de la EIS ha
pasado de estar principalmente enfocada en los impactos negativos de los
proyectos a estar mucho más interesada en la manera en que los proyectos
podrían mejorarse de modo de incrementar los beneficios para las comunidades, y
generar un valor compartido de forma que tanto las comunidades como las
empresas puedan beneficiarse con los proyectos.
La responsabilidad de las empresas de tratar sus impactos sociales también se ha
desarrollado con el transcurso del tiempo. Aunque las empresas aún tienen la
obligación de cumplir reglamentos nacionales, también deben satisfacer las
expectativas de muchos otros actores involucrados, incluidos sus socios en los
proyectos, proveedores de fondos, organizaciones industriales internacionales,
organizaciones sindicales, ONG de vigilancia, la sociedad civil local y las
comunidades locales. Con la expansión de la era digital, las ONG, los actores de
la sociedad civil y las comunidades locales están tomando mayor conciencia de
sus derechos, adquieren más poder y poseen una mayor influencia potencial, más
recursos y más alcance. Además, con el surgimiento del tema de las empresas y
los derechos humanos, existe también una exigencia jurídica internacional y una
legítima expectativa pública de que las empresas cumplan con los principios de los
derechos humanos. Estas diversas expectativas pueden no ser siempre claras,
coherentes o coordinadas, y de hecho podrían ser contradictorias. La EIS puede
ayudar en el tratamiento de las inquietudes de todos los actores involucrados, pero
especialmente en la mitigación del daño y en el incremento de los beneficios.
La evaluación de impacto social tendrá una importancia creciente en el futuro y su
demanda continuará creciendo por varias razones, incluido el aumento de la
inversión en los países en desarrollo. La combinación de instituciones débiles y la
creciente escasez de tierra generan un potencial incremento del conflicto entre las
empresas y las comunidades locales, especialmente cuando los riesgos no se
identifican con anticipación y los planes de mitigación no se han implementado con
suficiente antelación o no se han emprendido en cooperación con los pueblos que
sufren el impacto.
El objetivo del presente documento es colaborar en la determinación de lo que
debería hacerse para tratar los impactos sociales relacionados con los proyectos.
Presenta los criterios definitivos acerca de las buenas prácticas en materia de
evaluación de impacto social, y como tal debería constituir una orientación
utilizada no solo por los especialistas en EIS, sino también por el personal de
desempeño social de las empresas, las autoridades reguladoras
gubernamentales, la comunidad financiera internacional, las ONG y los
representantes de la comunidades afectadas, a fin de debatir y establecer las
expectativas y evaluar el desempeño con relación a la gestión de las cuestiones
sociales que surgen de los proyectos. No obstante, es importante observar que los
especialistas independientes en EIS se desempeñan en una variedad de
contextos y se les encargan una gama de tareas, pero en general no más que un
subconjunto del amplio conjunto de tareas descriptas en el presente documento.
Por consiguiente, lo que es razonable esperar en cualquier situación dependerá en
gran medida de los acuerdos contractuales específicos. Independientemente del
acuerdo contractual en particular, una EIS tiene siempre un deber de diligencia
con respecto al cliente y a la comunidad afectada por el impacto, de modo de
asegurar que se aborden todas las principales cuestiones sociales.
Un punto clave que motiva todo en este documento es que en lugar de ver a la
evaluación de impacto social como un costo para la empresa, debe verse como un
proceso de gestión apropiado y útil que reduce el riesgo y trae beneficios a las
empresas y a las comunidades; en otras palabras, que pone en práctica el
concepto del valor compartido. Así, existe un sólido argumento empresarial para
que se realice en los proyectos una evaluación y una gestión eficaz del impacto
social.