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Antibióticos: Mecanismos y Resistencia

Este documento trata sobre los antibióticos, incluyendo su origen, definición, mecanismos de acción, resistencia bacteriana y selección. Explica que los antibióticos son sustancias producidas por microorganismos que tienen actividad antimicrobiana y pueden ser bactericidas o bacteriostáticos dependiendo de su mecanismo.

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Antibióticos: Mecanismos y Resistencia

Este documento trata sobre los antibióticos, incluyendo su origen, definición, mecanismos de acción, resistencia bacteriana y selección. Explica que los antibióticos son sustancias producidas por microorganismos que tienen actividad antimicrobiana y pueden ser bactericidas o bacteriostáticos dependiendo de su mecanismo.

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Universidad de Guayaquil

Facultad Piloto de Odontología

Farmacología Terapéutica

Tema: Antibióticos

Grupo 3 – Integrantes:

Alban Alisson

Arias Rosmary

Morales Josiel

Oleas Jorge

Docente

Dr. Christian Villamar Páez

Quinto Semestre -5-7

Ciclo I 2024 – 2025


Acción de los antibióticos

Perspectiva de la medicación antimicrobiana

La actividad de un agente antiinfeccioso está definida por su espectro

antibacteriano, es decir, el conjunto de microorganismos patógenos que se ven afectados

por las concentraciones del antibiótico sin causarle toxicidad.

Origen y definición

Antibiótico

Sustancia química producida por un microorganismo, que desarrolla una

actividad antimicrobiana. Su origen puede ser:

• Natural o biológico. Se obtiene de cultivos de microorganismos que pueden ser

hongos o bacterias.

• Semisintético. A partir de un núcleo básico de un agente obtenido de forma

natural, se modifican algunas de sus características químicas, para mejorar sus

propiedades, por ejemplo, aumentar su actividad, ampliar su espectro de acción,

facilitar su administración o disminuir los efectos indeseables.

Quimioterápico

Compuesto obtenido

totalmente por síntesis química y

que desarrolla actividad

antimicrobiana.

Antimicrobiano
Es un término que incluye los compuestos obtenidos de forma natural o

biosintética, así como los conseguidos totalmente en el laboratorio. Un agente

antimicrobiano debe cumplir tres condiciones como mínimo: poseer actividad

antimicrobiana, desarrollarla a bajas concentraciones y ser tolerado por el huésped.

Actividad antiinfecciosa

Los agentes antimicrobianos se

comportan de diversas maneras: como

bactericidas y bacteriostáticos.

Como bactericidas

Producen la muerte de los microorganismos responsables del proceso infeccioso.

Pertenecen a este grupo los antibióticos β-lactámicos, aminoglucósidos, rifampicina,

vancomicina, polimixinas, fosfomicina, quinolonas y nitrofurantoínas.

Como bacteriostáticos

Inhiben el crecimiento bacteriano, aunque el microorganismo permanece viable,

de forma que, cuando se suspende el tratamiento, puede volver a recuperarse y

multiplicarse.

El hecho de que un agente sea bactericida o bacteriostático depende de su

mecanismo de acción y, por tanto, de su estructura, pero también contribuyen

paralelamente otros factores: • Concentración alcanzada en el sitio de la infección.

• Tipo de germen.

• Tamaño del inóculo.

• Tiempo de acción.

• Fase de crecimiento de la bacteria.


Así, los β-lactámicos sólo son bactericidas en la fase de crecimiento activo de la

bacteria, mientras que las polimixinas son bactericidas en cualquier fase. Un antibiótico

bacteriostático puede comportarse como bactericida en determinadas condiciones

favorables. Esto ocurre con los macrólidos.

Actualmente, existen tres categorías de antimicrobianos:

Los que producen una acción bactericida poco relacionada con la concentración,

como es el caso de los β-lactámicos y los aminoglucósidos, con los que se obtiene la

máxima acción bactericida cuando se alcanzan concentraciones de 5 a 10 veces

superiores que las CMI. El aumento en la concentración por encima de esto no se

acompaña de mayor actividad ni de mayor duración del efecto post antibiótico.

• Los que poseen actividad bactericida concentración dependiente, como los

aminoglucósidos y el flúor quinolonas.

• Los que se comportan como bacteriostáticos: macrólidos, tetraciclinas y

cloranfenicol, entre otros.

La actividad antibacteriana exige una normalización o cuantificación, que se

consigue mediante los métodos utilizados in vitro para comprobar la susceptibilidad del

microorganismo en relación con el antibiótico. Con estos métodos se define:

• La concentración mínima inhibitoria (CMI). Es la menor concentración de

antibiótico capaz de inhibir el crecimiento de 105 bacterias en 1 ml de medio de

cultivo, tras 18-24 horas de incubación.

• La concentración mínima bactericida (CMB). Es la menor concentración

capaz de destruir o matar 105 bacterias en 1 ml de medio de cultivo, tras 18-24

horas de incubación.
• El punto de corte de sensibilidad. Es la concentración de antibiótico por debajo

de la cual se considera sensible una determinada especie bacteriana.

Mecanismo de acción

Los mecanismos por los que los antibióticos alteran la biología de los

microorganismos son los que a continuación detallamos.

Inhibición de la síntesis de la pared celular

Los antibióticos que se incluyen en este grupo son en general

bactericidas: B-lactámicos,fosfomicina y cicloserina, bacitracina, glucopéptidos

y algunosantituberculosos

Desorganización de la membrana citoplasmática

Polimixinas, anfotericina B y nistatina. La membrana celular constituye una

barrera de permeabilidad y lleva a cabo funciones de transporte activo. Si la integridad

funcional de la membrana se altera, los iones y macromoléculas se escapan y la célula

se lesiona y muere. El empleo de agentes que afectan a la membrana celular en la

terapéutica antiinfecciosa se debe al hecho de que determinadas membranas de algunas

células y hongos se alteran con más facilidad que las de los animales, lo que permite

una actividad quimioterápica selectiva. Las polimixinas son activas frente a bacterias

gramnegativas y actúan como detergentes catiónicos sobre membranas ricas en

fosfatidil-etanolamina y los poliénicos, tales como anfotericina B, nistatina, son activos

frente a hongos.

Inhibición de la síntesis proteica:

Forman parte de este grupo los aminoglucósidos, cloranfenicol,

tetraciclinas, tigeciclina, macrólidos,ketólidos, lincosamidas, isoxazolidinonas,


estreptograminas y otros (ácidofusídico, nitrofurantoína y mupirocina). Los

antimicrobianos que inhiben la síntesis proteica tienen un efecto bacteriostático. Con

excepción de los aminoglucósidos, que son bactericidas, debido a otro mecanismo de

acción.

Inhibición de la síntesis o la función de los ácidos nucleicos:

Los agentes antimicrobianos que actúan sobre los ácidos nucleicos

pueden hacerlo de tres formas: por interferencia en la replicación del ADN,

impidiendo la transcripción y por inhibición de la síntesis de metabolitos esenciales.

Como por ejemplo Las quinolonas actúan inhibiendo la replicación del ADN. La

rifampicina se fija en la subunidad B de la ARN-polimerasa, impidiendo

laformación de esta enzima y del complejo que inicia la transcripción.

Inhibición de la síntesis de metabolitos esenciales:

Las sulfamidas y las diaminopirimidinas (trimetoprima, pirimetamina y

metotrexato) bloquean la síntesis de metabolitos esenciales.


Resistencia bacteriana

Hay bacterias que no son afectadas por ningún antibiótico, bien porque carecen del sitio

de acción o porque son inaccesibles. Esta situación se define diciendo que la bacteria es

insensible o presenta resistencia natural. Otras especies son sensibles al antibiótico, pero

ello no impide que, en determinadas ocasiones, se aíslen variantes que no lo son y que

crecen normalmente en presencia del antibiótico. En este caso se habla de resistencia

adquirida.

Mecanismos generales de resistencia a antibióticos

Los mecanismos por los

que se producen

resistencias se pueden

agrupar en los siguientes:

• Bloqueo del transporte

de antibióticos. De esta

forma, se consigue resistencia a la fosfomicina por pérdida del sistema de transporte del

glicerol-fosfato.

• Modificación enzimática del antibiótico. El cloranfenicol se inactiva por una

acetilación catalizada por una cloranfenicol- acetiltransferasa.

• Producción de una enzima alternativa, que evita el efecto inhibitorio (bypass). La

resistencia a trimetoprima se consigue al producir una dihidrofolatoreductasa diferente,

que deja sin efecto la inhibición de la dihidrofolato-reductasa normal de la bacteria.

• Expulsión del antibiótico por un mecanismo activo de bombeo.


La tetraciclina se expulsa de forma activa del interior de bacterias resistentes.

• Modificación del sitio de acción del antibiótico. La metilación del ARN 23S en una

posición determinada da lugar a resistencia a los macrólidos, que no pueden fijarse en el

ribosoma y producir así su efecto inhibitorio.

Soluciones al problema de la resistencia

Durante las últimas décadas se han desarrollado nuevos antibióticos, derivados de los

primitivos, con actividad antibacteriana ampliada. Las bacterias han respondido a ellos,

generando nuevas versiones de genes de resistencia.

El conocimiento de los mecanismos de acción sugirió el diseño de fármacos que

paralizasen estos procesos, como por ejemplo los inhibidores de las enzimas

inactivantes de antibióticos. Pero las bacterias evolucionaron y produjeron nuevas

enzimas bloqueadoras, que no eran inactivadas por los inhibidores. Se están

investigando otras alternativas a los antibióticos, mediante la terapia antiinfeciosa, pero

es muy probable que las bacterias ganen también esta batalla. Por ello, es mejor reducir

el uso masivo de antibióticos.

Tenemos que evitar la utilización indiscriminada e inapropiada de estos fármacos, y

procurar tener el mejor conocimiento de los mecanismos de resistencias y de sus bases

microbiológicas y genéticas.
Selección del antibiótico

El aumento progresivo en el número de antibióticos disponibles implica una

mayor dificultad en su empleo, ya que exige conocer al detalle sus distintos aspectos:

actividad antibacteriana, características farmacocinéticas, toxicidad, etc.

Identificación etiológica

Antes de iniciar el tratamiento con antibióticos, hay que asegurar la etiología de

la fiebre, ya que ésta, no siempre es signo de infección y, aunque exista puede ser de

etiología no tratable con antibióticos específicos, como es el caso de las infecciones

virales. Una vez confirmada la fiebre, hay que investigar el microorganismo responsable

por los datos clínicos y por estudios bacteriológicos. En las infecciones graves, mientras

se esperan los resultados microbiológicos, se iniciará el tratamiento empírico con el

antibiótico más eficaz y menos tóxico y se valorará la posibilidad de utilizar una

asociación de antibióticos. Ante los resultados del estudio, se valorará la posibilidad de

cambiar los tratamientos, aunque este cambio sólo debe realizarse cuando la evolución

clínica del paciente no sea favorable. Una vez identificado el germen, teniendo en

cuenta que puede ser blanco de varios antibióticos, habrá que ver su grado de

sensibilidad mediante métodos de valoración, antes señalados. Se dará preferencia a un

antibiótico bactericida sobre otro bacteriostático, se preferirán antibióticos de espectro

reducido, y se tendrá en cuenta su toxicidad.

Localización de la infección

Se trata de conseguir que la concentración del antibiótico en el sitio de la

infección alcance, como mínimo, la concentración mínima inhibitoria que sea adecuada

para el agente infectante. La concentración que alcanza un fármaco en un tejido

determinado depende de varios factores. De ellos, los más importantes son la irrigación
del tejido, la capacidad de difusión del fármaco y la inactivación debida a la presencia

de pus o fibrina. La mala penetración en la barrera hematoencefálica (BHE) impide la

utilización de muchos antibióticos. La mayoría atraviesa con dificultad la BHE, como es

el caso de los antibióticos β-lactámicos, los aminoglucósidos, la eritromicina, la

vancomicina y la anfotericina B. Cuando existe meningitis, la permeabilidad aumenta y

se puede alcanzar concentraciones terapéuticas con algunos de ellos, como es el caso de

penicilina G y cefalosporinas de tercera generación, mientras que con otros, es necesario

recurrir a la administración intratecal o intraventricular, como es el caso de

aminoglucósidos y la vancomicina. En algunas ocasiones, como en el caso de las

infecciones urinarias, la concentración de antibiótico en el lugar de la infección puede

ser muy superior a la alcanzada en plasma o tejido.

Edad

La función renal varía con la edad. Así, está disminuida en el prematuro y en el

recién nacido, se normaliza entre los 2 y los 12 meses, y vuelve a disminuir a medida

que el organismo envejece, de ahí que en el anciano se deba vigilar las reacciones, que

son concentración de pendientes, como alteraciones neurológicas, que producen

concentraciones altas de β-lactámicos, la neutropenia de las penicilinas o la ototoxicidad

de los aminoglucósidos. Hay que tener en cuenta la escasa capacidad metabólica del

recién nacido para inactivar el cloranfenicol, y si se administra a dosis infantiles

habituales, puede desencadenar el síndrome gris. También en el neonato, las sulfamidas

pueden competir con la bilirrubina en su fijación a la albúmina, desplazarla y provocar

hiperbilirrubinemia capaz de ocasionar ictericia. Las tetraciclinas, por su avidez por el

tejido óseo y dentario en formación, pueden perturbar el desarrollo y el crecimiento de

estas estructuras. Por estas razones, deben evitarse en el embarazo y lactancia. La

capacidad metabólica del hígado puede estar disminuida en el anciano, así la


hepatotoxicidad provocada por isoniazida aumenta con la edad. Este factor puede

contribuir también a que haya variaciones en las secreciones ácidas del estómago,

condicionando así la absorción de antibióticos que pueden ser inactivados en un pH

ácido. La acidez gástrica en los niños menores de 3 años es menor y la frecuencia de la

aclorhidria se eleva a partir de los 40 años. Por eso, y debido a que la penicilina G es

inactivada con la acidez, la absorción de ésta y de otros β-lactámicos por vía oral puede

estar aumentada en niños pequeños y en una proporción elevada en ancianos.

Embarazo y lactancia

Las penicilinas, cefalosporinas y eritromicina, no son teratógenas y pueden

usarse en el embarazo. El metronidazol y la ticarcilina son teratógenos en animales. Las

tetraciclinas presentan acción sobre huesos y dientes. También pueden provocar

hepatotoxicidad en embarazadas. Los aminoglucósidos pueden llegar a lesionar la

función auditiva del feto, efecto que sólo se ha observado en el caso de la

estreptomicina administrada a madres tuberculosas, en las que el tratamiento es

prolongado. Aunque todos los antimicrobianos pasan a la leche materna, la gran

mayoría se encuentra en menores concentraciones a las del plasma. Aun así, se debe

evitar la presencia de sulfamidas y ácido nalidíxico, por riesgo de producir hemólisis en

lactantes con deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, de cloranfenicol en las

primeras semanas del lactante y de metronidazol por el peligro de toxicidad

neurológica. Las tetraciclinas se absorben con dificultad, pues suelen estar queladas.

Función renal

El impacto de la insuficiencia renal, sobre la eliminación del antibiótico,

depende del grado en que éstos son excretados de forma activa sobre el riñón, ya sea por

filtración, secreción o ambos mecanismos. El hecho de no tener en cuenta la reserva


funcional renal del paciente, es origen de numerosas intoxicaciones por antibióticos. En

este caso, basta con adaptar la dosis al grado de insuficiencia renal. Esto se consigue

mediante la reducción de cada dosis o la prolongación del intervalo interdosis. La

eliminación renal difiere según los antibióticos y, por tanto, conviene distribuirlos en

función de su grado de excreción.

Función hepática

En caso de insuficiencia hepática, habrá que reducir la dosis de los antibióticos

que se eliminan por metabolización en el hígado. Éste es el caso del cloranfenicol, los

macrólidos y las lincosaminas. La vida media de la rifampicina y de la isoniazida está

prolongada en pacientes con cirrosis. La concentración biliar de los antibióticos puede

disminuir en los pacientes con enfermedad hepática o con obstrucción biliar, como es el

caso de la ampicilina y nafcilina.

Peculiaridades idiosincrásicas

Las peculiaridades genéticas o metabólicas influyen sobre el comportamiento

terapéutico o tóxico del antibiótico. Esto ocurre con los pacientes que tienen un déficit

de G-6-PD, en los que pueden ocasionar hemólisis las sulfamidas, la nitrofurantoína, la

furazolidona, las sulfotas, el cloranfenicol y la cloroquina. En los acetiladores lentos, la

isoniazida muestra mayor tendencia a producir neurotoxicidad.

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