GALATAS 3:10-29.
BIBLIA DE JERUSALÉN.
9 Así pues, los que creen
son bendecidos con Abrahán
el creyente.
10 Porque todos los que vi-
ven de las obras de la ley in-
curren en maldición. Pues
dice la Escritura: Maldito
todo el que no se mantenga
en la práctica de todos los
preceptos escritos en el libro
de la Ley. -
11 Y que la ley no justifica
a nadie ante Dios es cosa
evidente, pues el justo vivirá
por la fe;
12 pero la ley no procede
de la fe, antes bien quien
practique sus preceptos, vi-
virá por ellos.-
13 Cristo nos rescató de la
maldición de la ley, hacién-
dose él mismo maldición
por nosotros, pues dice la
Escritura: Maldito el que
cuelga de un madero.
14 Y esto para que la bendi-
ción de Abrahán llegara a
los gentiles, en Cristo Jesús,
y por la fe recibiéramos el
Espíritu de la promesa.
15 Hermanos, voy a expli-
carme al modo humano: aun
entre los hombres, nadie
anula ni añade nada a un
testamento hecho en regla.
16 Pues bien, las promesas
fueron hechas a Abrahán y a
su descendencia. No dice:
"y a los descendientes",
como si fueran muchos, sino
a uno solo, a tu descenden-
cia, es decir, a Cristo.
17 Y digo yo: Un testamen-
to ya hecho por Dios en de-
bida forma, no puede ser
anulado por la ley, que llega
cuatrocientos treinta años
más tarde, de tal modo que
la promesa quede anulada.
18 Pues si la herencia de-
pendiera de la ley, ya no
procedería de la promesa, y
sin embargo, Dios otorgó a
Abrahán su favor en forma
de promesa.
19 Entonces, ¿para qué la
ley? Fue añadida en razón
de las transgresiones hasta
que llegase la descendencia,
a quien iba destinada la pro-
mesa, promulgada por los
ángeles y con la interven-
ción de un mediador.
20 Ahora bien, cuando ac-
túa uno solo, no hay media-
dor, y Dios es uno solo.
21 Según esto, ¿la ley se
opone a las promesas de
Dios? ¡De ningún modo! Si
se nos hubiera otorgado una
ley capaz de dar vida, en ese
caso la justicia vendría real-
mente de la ley.
22 Pero la Escritura ence-
rró todo bajo el pecado, a
fin de que la promesa fuera
otorgada a los creyentes me-
diante la fe en Jesucristo.
23 Antes de que llegara la
fe, estábamos encerrados
bajo la vigilancia de la ley,
en espera de la fe que debía
manifestarse.
24 De manera que la ley
fue nuestro pedagogo hasta
Cristo, para ser justificados
por la fe.
25 Mas, una vez llegada la
fe, ya no estamos bajo el pe-
dagogo.
26 Pues todos sois hijos de
Dios por la fe en Cristo Je-
sús.
27 Los que os habéis bauti-
zado en Cristo os habéis re-
vestido de Cristo:
28 ya no hay judío ni grie-
go; ni esclavo ni libre; ni
hombre ni mujer, ya que to-
dos vosotros sois uno en
Cristo Jesús.
29 Y si sois de Cristo, ya
sois descendencia de Abra-
hán, herederos según la pro-
mesa.