Entender: La Labor Policial
Entender: La Labor Policial
LA LABOR POLICIAL
Recursos para activistas de derechos humanos
Anneke Osse
Edición española a cargo de:
EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL (EDAI)
Valderribas, 13
28007 Madrid. España
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Publicado originalmente en inglés en 2006 con el título Understanding policing.
A resource for human rights activists
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© Reservados todos los derechos. Esta publicación tiene derechos de autor, si bien puede ser
reproducida por cualquier medio, sin pago de tasas, con fines educativos o para llevar a cabo
acciones de protección y promoción de los derechos humanos, pero no para la venta. Los titulares
de los derechos de autor solicitan que se les comuniquen los usos mencionados con el fin de
evaluar sus efectos. Para la reproducción de este texto en cualquier otra circunstancia, su uso en
otras publicaciones o su traducción o adaptación, deberá obtenerse el permiso previo por escrito de
la editorial, y podrá exigirse el pago de una tasa.
5
Prólogo
Julio Torales
Presidente
Amnistía Internacional Paraguay
6 Entender la labor policial
Prefacio
Los buenos policías no son enemigos de los derechos humanos; todo lo contrario, son sus
principales defensores. Todavía recuerdo con emoción en varias partes del mundo cómo poli-
cías denunciaban, con riesgo de perder su puesto de trabajo y a veces la vida, a compañeros
que expulsaban ilegalmente a inmigrantes o torturaban a detenidos, o cómo militares se nega-
ban a ejecutar órdenes ilegales de sus mandos.
Los malos policías, que son aquellos que cometen abusos o actúan con un corporativismo
mal entendido, o los malos mandos políticos y profesionales de las fuerzas de seguridad que
los permiten o los ignoran, se arriesgan a que desde Amnistía Internacional los señalemos
como violadores de derechos humanos.
Ahora bien, no debemos perder de vista que la defensa de los derechos humanos forma
parte del núcleo central del trabajo de las fuerzas de seguridad y que éstas desempeñan un
papel fundamental para garantizar su respeto.
Por lo tanto, los policías deben esperar de Amnistía Internacional siempre lo mismo, sin sor-
presas: una rigurosa labor de denuncia pero también colaboración cuando la policía está empe-
ñada en la consecución de una sociedad respetuosa de los derechos humanos.
En efecto, la sociedad ha delegado en los funcionarios de las fuerzas de seguridad poderes
únicos como el uso de la fuerza, o la capacidad para realizar detenciones. Y para cumplir satis-
factoriamente con esta delegación de poderes, las fuerzas de seguridad deben actuar con trans-
parencia y enfocar la defensa de los derechos humanos como elemento inherente a su trabajo
profesional, ni más ni menos, y este comportamiento debe concretarse, por ejemplo, en la
prohibición absoluta de la tortura o la detención ilegal. Así, las violaciones de derechos huma-
nos y los comportamientos contrarios a los mismos por parte de algunos policías son síntomas
claros de un ejercicio no profesional de los poderes especiales que la sociedad les ha conferido.
La colaboración eficaz, entre todas y todos nosotros y las fuerzas de seguridad, en temas de
interés mutuo hace necesario también que nos interesemos por conocer cómo es el trabajo de
estas fuerzas «por dentro», las dificultades que encuentran en su día a día y su opinión sobre la
mejor forma de llevar a cabo sus tareas y su relación con la sociedad. Debemos lograr que
nuestras preocupaciones sean conocidas, pero al mismo tiempo es fundamental que les conoz-
camos. Debemos ser capaces de elaborar sugerencias y recomendaciones que de hecho sirvan
para mejorar el trabajo policial y, al mismo tiempo, la protección de los derechos de las perso-
nas; tenemos que comenzar un diálogo que incluya normas y protocolos de actuación policial,
la responsabilidad del policía, la rendición de cuentas, la formación, la colaboración con la
sociedad civil, y la reforma de las fuerzas de seguridad.
Es nuestra responsabilidad denunciar los abusos que cometen policías, pero también lo es el
trabajar para que las personas que integran las fuerzas de seguridad se impliquen en la defensa
de los derechos humanos. Recuerdo en Holanda aquella comisaría; por la mañana los policías
patrullaban el barrio y por la tarde los mismos agentes escribían cartas a gobernantes tortura-
dores. Son las dos caras de una misma moneda: policías defendiendo derechos.
Esteban Beltrán
7
Agradecimientos
Este libro de recursos no existiría de no haber sido por la ayuda de muchas personas. Un grupo
de retroalimentación, integrado por reconocidos expertos de diversas regiones del mundo, ha
dedicado mucho tiempo a formular sus comentarios sobre cada capítulo. Deseamos dar las
gracias de forma especial a las siguientes personas:
Además de estas personas, ha habido otras en Amnistía Internacional y en los ámbitos poli-
cial y especializado que han realizado aportaciones a este libro de recursos. Nunca insistiremos
lo suficiente en el valor de todas estas contribuciones. Queremos mencionar en particular a:
Otto Adang, Tim Cahill, Francis Campbell, Claudio Cordone, Quirine Eijkman, Rob Geurtsen,
Denise Graf, Karl-Heinz Grundböck, Kees Hindriks, Martha Huggins, Alenka Jerse, Gerbrig Klos,
Blaz Kovac, Marco Leidekker, Philip Luther, Liz Mottershaw, Vivienne O’Connor, Tim Parritt,
Collette Rausch, Mary Rayner, Ed Rees, Darius Rejali, Brian Ruane, Rob Ruts, Gita Sahgal, Cris-
tina Sganga, Niels Uildriks, Koosje Verhaar, Jos Verpaalen, Doris Weidig, Lucia Withers, Walter
Witzersdorfer, Brian Wood y Katarina Zidar. Por último, un agradecimiento especial a Emma
Gardner, que ha realizado un formidable trabajo de edición para este libro de recursos.
Esta edición del libro de recursos incluye algunas modificaciones y actualizaciones menores.
Además de las personas mencionadas, queremos dar las gracias a Andrés Vázquez, Julio Tora-
les, Cristina Legge, Amnistía Internacional España y al Programa de Movilización de AI por su
ayuda para preparar esta edición española.
Ni que decir tiene que un libro de recursos como el que ahora presentamos nunca está ter-
minado de verdad. La recopilación de instrumentos y documentos útiles es un proceso perma-
nente. En todo el mundo se llevan a cabo continuamente nuevos estudios y proyectos para
mejorar la función policial. Este libro de recursos espera contribuir a esas iniciativas. Queremos
invitar a quienes utilicen este libro a compartir sus experiencias con nosotros y a ponerse en
contacto con nosotros si tienen conocimiento de nuevas iniciativas que no se han descrito
todavía para que podamos incorporarlas en una edición posterior, en publicaciones indepen-
dientes o en una versión en línea del libro de recursos. Pueden ponerse en contacto con noso-
tros en [email protected].
Anneke Osse
Amsterdam
8 Entender la labor policial
El vocabulario de los derechos humanos está en constante evolución. Nuevas realidades obli-
gan a buscar nuevos nombres para las cosas. Los medios de comunicación globalizados difun-
den ideas y palabras con creciente rapidez, lo que significa enriquecimiento pero también con-
taminación. Con harta frecuencia, ya nos viene dado el uso extendido de términos importados
de otras lenguas, casi siempre del inglés. En esta carrera contra el reloj, el traductor debe
encontrar maneras de transmitir el mensaje del autor con la mayor precisión, claridad y univoci-
dad posibles, teniendo además en cuenta los parámetros que nos fijan el lenguaje corporativo y
el discurso de la comunidad internacional.
El presente libro no es una excepción. La autora, consciente de estas realidades, nos ha alla-
nado el camino salpicando el texto de útiles «notas sobre terminología» que, en consulta con
ella, hemos adaptado a las características del idioma español. Invitamos a quienes estén intere-
sados en el tema a que lean dichas notas, así como el glosario que se incluye en el Apéndice E.
Con todo, hay términos, e incluso conceptos, que no viajan con soltura de un idioma a otro,
de una cultura a otra. Entender la labor policial nos ha planteado, por ejemplo, el desafío de
transmitir en una expresión económica y sencilla el significado del preventive detention inglés,
tan parecido y sin embargo tan distinto del de la detención preventiva en español, o la necesi-
dad de explicitar las múltiples connotaciones que encierra el accountability inglés, que el espa-
ñol rendición de cuentas no consigue encarnar. Asimismo, hemos roto con la práctica de no
traducir arrest como arresto, impuesta en su momento por usos locales ya obsoletos; emplea-
mos aquí, como hace el original inglés, los términos arresto y detención tal como los define el
Conjunto de Principios de la ONU para la Protección de Todas las Personas Sometidas a Cual-
quier Forma de Detención o Prisión.
Por último, cabe notar que hemos hecho, también en consulta con la autora, pequeñas adap-
taciones del texto que tienen en cuenta los marcos de referencia culturales de los países de
habla hispana. En esto, como en todo el resto de nuestra labor, nos hemos guiado siempre por
el objetivo de la eficacia comunicativa. Esperamos que este trabajo haya servido para transmitir
con fidelidad la voz de la autora a los destinatarios de esta edición.
Cristina Legge
9
Contenidos
Resumen 24
Conclusiones 34
Parte I. Introducción 39
1. Los derechos humanos y la policía 41
Apéndices 277
Notas 328
11
Índice
Prólogo 5
Prefacio 6
Agradecimientos 7
Contenidos 9
Índice 11
Resumen 24
Conclusiones 34
Parte I. Introducción 39
Parte II. Alcanzar los objetivos del mantenimiento del orden público 51
Alcanzar los objetivos del mantenimiento del orden público:
Introducción 52
2.2. El orden 55
2.2.1. El derecho a la seguridad y el deber de mantener
el orden 55
2.2.2. El Estado de derecho: una condición previa
para el orden 58
2.3. La responsabilidad del Estado 59
2.4. Los sistemas de seguridad y justicia 62
2.4.1. Introducción 62
2.4.2. El sistema de seguridad 62
2.4.2.a. Los militares 63
2.4.2.b. Las agencias de seguridad interna 66
2.4.2.c. Los proveedores de seguridad privados 68
2.4.3. El sistema de justicia penal 69
2.5. ¿Orden o desorden? 71
2.6. El estado de excepción 72
2.6.1. La suspensión de los derechos humanos en aplicación
del estado de excepción 72
2.6.2. ¿Restringir o suspender? 74
2.6.3. Derechos absolutos 74
2.6.4. El terrorismo 75
2.7. Resumen 77
Notas 328
Introducción a Entender la labor policial 19
Introducción
La policía es uno de los organismos del Estado que más críticas recibe de Amnistía Internacio-
nal y de muchas otras organizaciones de derechos humanos. En el informe Vidas destrozadas,
publicado en 2003, Amnistía Internacional afirmaba que había indicios convincentes de que la
mayoría de las víctimas [de tortura] eran personas sospechosas o condenadas por delitos
comunes, y que la mayoría de los torturadores eran agentes de policía que recurrían a la ame-
naza y la violencia armada para someter a sus víctimas.1
Se han documentado innumerables ejemplos de violaciones por parte de la policía de los
derechos básicos de las personas a las que debería servir, desde la tortura y otras formas de
trato cruel, inhumano y degradante hasta impedir el ejercicio del derecho legítimo de reunión y
asociación, poner en peligro la igualdad en el acceso a la justicia y no proteger los derechos
básicos, en particular los de grupos vulnerables como las mujeres y los menores. La policía ha
desatendido, ignorado y tratado sin respeto el derecho básico a la vida, la libertad y la seguri-
dad en todas las regiones del mundo.
Lo contrario también es cierto: la policía ha efectuado contribuciones positivas al pleno
disfrute de los derechos de las personas. La policía ha impedido la comisión de delitos, ha
garantizado que las personas puedan manifestarse con seguridad en defensa de sus dere-
chos, ha facilitado la consecución armoniosa de transiciones políticas, ha investigado a
compañeros que han cometido delitos de toda índole, ha denunciado irregularidades en que
han incurrido sus superiores y ha brindado su apoyo a reformas políticas y legales.
Debido sin duda a que la policía viola los derechos humanos y también los protege, la
relación entre muchas organizaciones de derechos humanos (incluida Amnistía Internacio-
nal) y la policía se caracteriza a menudo por la ambigüedad. En muchos casos, los defenso-
res de los derechos humanos tienden a sentirse un tanto incómodos con los asuntos rela-
cionados con la acción policial, y en numerosos casos con toda razón, como demuestra el
texto citado supra. Los defensores de los derechos humanos tienden a centrar la atención
en la conducta indebida de la policía, en vez de hacerlo en fortalecer a la policía con el fin de
prevenir violaciones de derechos humanos en el futuro. Un estudio realizado por Amnistía
Internacional Países Bajos en el que se examinaban las recomendaciones de Amnistía Inter-
nacional en materia de acción policial llegó a la conclusión de que muchas de éstas todavía
«sólo abordan aspectos operativos concretos de la acción policial, sin hacer referencia a la
cuestión más general de la rendición de cuentas democrática».2 Para ello es necesario pose-
er conocimientos especializados sobre «la policía» como institución y sobre la «acción poli-
cial» como función, algo a lo que este libro de recursos espera contribuir.
20 Entender la labor policial
son aplicables en todo el mundo y deben utilizarse a modo de indicadores para evaluar el cum-
plimiento de los derechos humanos por los organismos de todo el mundo.
Recursos utilizados
Entender la labor policial se basa en una serie de trabajos realizados en el seno de Amnistía
Internacional hasta la fecha. No pretendemos repetir lo que ya se ha publicado, pero con fre-
cuencia nos remitiremos a informes y materiales existentes que están disponibles en el movi-
miento de Amnistía Internacional. Este libro de recursos aspira a reunir la investigación, la
acción y las experiencias y los conocimientos relativos al trabajo con la policía que existen en
todo el movimiento y basarse en ellos para aumentar la relevancia y la eficacia de la organiza-
ción en este campo.
Dado que este libro de recursos pretende ser una herramienta práctica para activistas de los
derechos humanos que trabajan en este campo, hemos recopilado informes y referencias de
otras ONG y otras entidades que a nuestro juicio serán de utilidad como bibliografía comple-
mentaria. Siempre que ha sido posible, hemos indicado cómo se puede acceder a recursos de
utilidad a través de Internet.
En lo que se refiere a las normas de derechos humanos, nos centramos en los instrumentos
de la ONU y no nos remitimos a las normas regionales, con la única excepción de las normas
adoptadas dentro de la jurisdicción del Consejo de Europa, ya que este organismo, incluido su
Programa «Policía y Derechos Humanos», ha publicado una cantidad importante de materiales
interesantes en este campo. Se hará referencia en particular al «Código Europeo de Ética de la
Policía», basado en la «Declaración sobre la Policía» de 1979. Téngase en cuenta que la mayo-
ría de las normas de la ONU que tienen una importancia directa para la acción policial, como el
Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, el Conjunto de
Principios para la Protección de Todas las Personas Sometidas a Cualquier Forma de Detención
o Prisión y los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los
Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, reciben el calificativo de «legislación blan-
da», ya que son declaraciones y principios no vinculantes, es decir, no son de obligado cumpli-
miento por parte de los Estados.
Debe tenerse en cuenta que Entender la labor policial no adopta una perspectiva legalista,
sino que analiza las posibilidades de una acción policial respetuosa de los derechos humanos
en la práctica. Esto significa que iremos más allá de las normas internacionales. Examinaremos
cómo pueden aplicarse las normas, dando por sentado que las mejores prácticas pueden ser de
interés para el análisis de los organismos policiales de todo el mundo por parte de los defenso-
res de los derechos humanos. Téngase en cuenta que, dado que centramos nuestra atención en
la acción policial respetuosa de las normas de derechos humanos, no nos ocuparemos de los
abusos cometidos por la policía como tales. Además, nuestro objeto de atención es «la acción
policial en general». No se tratarán por separado los grupos que requieren una atención especí-
fica, como las mujeres, las personas refugiadas y los menores.
Resumen
El área de la acción policial y los derechos humanos constituye un campo de estudio dinámi-
co y en constante evolución. En los últimos años, el discurso de los derechos humanos ha
ampliado su atención para incluir no sólo las funciones negativas del Estado y sus agentes en
cuanto violadores de derechos humanos sino también las obligaciones positivas del Estado.
Esto brinda la oportunidad de que se vea a la policía como protectora de los derechos huma-
nos. Al mismo tiempo, se ha desarrollado la idea de que los funcionarios del Estado, incluida la
policía, no son los únicos que cometen abusos contra los derechos humanos, sino que también
los cometen actores no estatales. Tanto la policía como los defensores de los derechos huma-
nos se esfuerzan por conseguir que las sociedades disfruten de seguridad y tranquilidad, una
idea que ha abierto la posibilidad de que la policía y las ONG trabajen juntas en vez de oponerse.
La idea de que la policía y las ONG trabajen juntas está erizada de dificultades. Los agentes de
policía suelen tener una perspectiva diferente de la que adoptan la mayoría de los defensores de
los derechos humanos. En ocasiones emplean un lenguaje diferente para hablar de la misma
cuestión y llegan a conclusiones diferentes en relación con la causa y el efecto. En unas ocasio-
nes esto es el resultado obvio de los diferentes papeles que desempeñan en la sociedad; en
otras, puede ser el resultado de supuestos estereotipados. Este libro de recursos tiene como
objetivo ofrecer información general sobre cuestiones relativas a la acción policial para los
defensores de los derechos humanos que se proponen emprender tareas en este ámbito.
En todos los países hay uno o más organismos policiales. Por lo general, en todos estos países
la acción policial supone el mantenimiento del orden y la prevención y detección del delito. Pero
la policía no es el único organismo del Estado que actúa en este campo, y el logro de estos
objetivos tampoco es responsabilidad exclusiva de la policía. Recae sobre el Estado la respon-
sabilidad última de mantener el orden en el territorio sobre el que tiene control efectivo. Los
Estados han contraído esta responsabilidad en virtud del derecho internacional, sobre la base
de que el orden y la seguridad son condiciones indispensables para que las personas disfruten
plenamente de todos sus derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos. Ade-
más, los Estados son responsables del mantenimiento del orden, ya que éste es de vital impor-
tancia para la continuidad del Estado: el desorden puede amenazar en última instancia con per-
turbar la existencia misma del Estado. El derecho a la seguridad, tal como se establece en la
Declaración Universal de Derechos Humanos, se refiere al deber del Estado de proporcionar
seguridad y mantener el orden. Los Estados deben garantizar que sus agentes hacen cumplir
las normas de derechos humanos (es decir, evitan abusar de sus poderes en el desempeño de
Resumen 25
sus obligaciones) y protegen los derechos humanos (es decir, garantizan activamente la seguri-
dad física y mental y el libre ejercicio de los derechos y libertades fundamentales para todas las
personas que residen dentro del territorio sobre el cual el Estado tiene jurisdicción efectiva).
Los conceptos de orden y desorden no son totalmente neutros. Un Estado y su ciudadanía
pueden no estar de acuerdo en cuanto a qué constituye orden y desorden. Hay, sin embargo,
principios fundamentales recogidos en el derecho internacional que regulan cómo los Estados
deben garantizar el orden y tratar el desorden y con los cuales las prácticas policiales deben ser
congruentes. En particular, el orden debe basarse en el Estado de derecho. Establecer y mante-
ner el Estado de derecho es el medio legítimo primordial de que dispone un Estado para garan-
tizar el orden. Observar el Estado de derecho significa que el gobierno está obligado por la ley,
que hay igualdad ante la ley, que las sentencias judiciales son previsibles y efectivas y que los
derechos humanos son un elemento esencial. Con ese fin, los Estados establecen sistemas e
instituciones como leyes integrales, tribunales que funcionen adecuadamente y jueces y encar-
gados de hacer cumplir la ley independientes. Las personas que trabajan dentro de este campo
de la seguridad y la justicia, incluida la policía, pueden percibir en ocasiones que la ley (y los
derechos humanos) impone restricciones a su trabajo, pero en realidad lo cierto es lo contrario:
la ley hace posible que hagan su trabajo.
El sector de la seguridad comprende organismos cuyas funciones coinciden parcialmente a
veces con las de la policía: en particular las fuerzas militares y los servicios de inteligencia. Es
importante que las diferencias estén bien definidas, y que la policía esté claramente separada de
los militares. El sector de la seguridad también incluye actores no estatales, como los provee-
dores de seguridad privada. El sistema de justicia penal es responsable de la investigación cri-
minal, el enjuiciamiento y la imposición de condenas, así como de la ejecución de las senten-
cias. Comprende instituciones como la policía, el ministerio público, la judicatura y los servicios
de libertad condicional y penitenciarios.
La eficacia de los sistemas de seguridad y justicia en su conjunto depende de la calidad de
las distintas entidades que los integran: la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, y
todos afectan a la policía directa o indirectamente. Es fundamental para la eficacia del sistema
de seguridad que los diferentes organismos dispongan de directrices e instrucciones claras
acerca de sus respectivos objetivos que también especifiquen sus diferentes posiciones y líneas
de rendición de cuentas, así como sus puntos de contacto (las funciones y responsabilidades
de la policía suelen exponerse en una Ley de Policía). Los defensores de los derechos humanos
tienen que ser conscientes del papel y las responsabilidades de los diferentes organismos de
seguridad y justicia dentro de los sistemas establecidos para mantener el orden, a fin de dirigir
con eficacia su investigación y sus actividades de campaña. Para evaluar las operaciones poli-
ciales e identificar a los responsables de deficiencias en materia de derechos humanos, es
esencial comprender y evaluar todo el sistema en el que la policía actúa y del que depende,
tanto según se establece en la ley, las normas y las políticas, como según se aplica en la prácti-
ca. No se puede, ni se debe, exigir a la policía responsabilidades por actos de conducta indebi-
da, comunicación institucional incorrecta, falta de coordinación, lagunas en las políticas, etc.,
que sean responsabilidad de otros «socios» en el campo de la seguridad y la justicia. En cam-
bio, sí se puede, y se debe, exigir responsabilidades a la policía por su propio papel en estos
procesos.
Todos los integrantes del sector de la seguridad y la justicia actúan bajo la autoridad nacional
y dentro de la soberanía nacional. La mayoría son instituciones del Estado (las excepciones
obvias son los proveedores de seguridad privada, aunque también ellos están obligados por la
legislación nacional) que reflejan la realidad, la cultura política, la historia, la población y la eco-
26 Entender la labor policial
En algunos casos estas funciones están repartidas entre varios organismos distintos (por
ejemplo, en los países donde existe una policía judicial o de investigación separada), mientras
que en otros un único organismo policial centralizado o descentralizado desempeña estas fun-
ciones. La acción policial orientada a los derechos humanos requiere que la población tenga
acceso a al menos estas tres funciones de la acción policial (aunque la policía puede desempe-
ñar funciones adicionales como la lucha contra incendios, el control de fronteras, la protección
de funcionarios diplomáticos, etc.). Para ello, la policía debe disponer de recursos adecuados,
incluidos los económicos y de personal.
Para desempeñar estas funciones, la policía puede adoptar diferentes metodologías, emana-
das de las distintas filosofías de la acción policial. Existen dos perspectivas generales subya-
centes que sustentan estas filosofías. La primera perspectiva es la de la policía como instru-
mento del control del Estado, y se basa en el supuesto de que si los Estados controlan
adecuadamente sus territorios, ese control se traducirá en «orden público» y garantizará la
seguridad de las personas que viven dentro de su jurisdicción. Esta «perspectiva de fuerza», o
perspectiva vertical, se observa con claridad en los estilos autoritarios de acción policial que
emplean muchos organismos policiales. La otra perspectiva es la de la policía como proveedora
de servicios a las comunidades en sus propias áreas. Esta perspectiva «de servicio», o perspec-
tiva horizontal, se observa en el «trabajo policial en la comunidad» y sus derivados: acción poli-
cial orientada a los problemas y acción policial basada en la información (aunque el segundo
aspecto puede verse también en la acción policial autoritaria). La acción policial en situaciones
de crisis es un tanto distinta, ya que refleja la incompetencia del Estado para mantener el orden
en vez de su competencia para cumplir con su obligación fundamental de mantener el orden.
La característica fundamental del trabajo policial en la comunidad es que las comunidades
participan en la identificación de los problemas de delincuencia y desorden y en su solución, a
partir del supuesto de que la policía no puede hacerlo sola. En la mayoría de los países esto sig-
nifica una forma totalmente nueva de percibir el papel de la policía, así como sus responsabili-
dades y capacidades. Este tipo de trabajo exige que la policía entable contacto activamente con
sus comunidades, se centre en la prevención del delito y no en la detección, estudie por qué la
población reclama los servicios de la policía y tenga como objetivo atajar las causas subyacen-
tes en vez de los síntomas. Pero también exige una transformación organizativa, en la que se
descentralicen la estructura de mando y las funciones de toma de decisiones (al fin y al cabo, la
receptividad a las comunidades no se puede desarrollar a partir de un solo nivel central), y se
Resumen 27
Aunque no todos los países los reconocen, estos principios de independencia operativa ocu-
pan un lugar fundamental en la acción policial. La posesión de poderes policiales, así como
cierto grado de discrecionalidad respecto a cuándo utilizarlos, es de vital importancia para una
acción policial eficaz. El trabajo policial nunca puede captarse plenamente en reglas y normas
que prescriban exactamente cuándo hacer qué. Dado que la policía actúa en un escenario com-
plejo en el que están en juego muchos intereses, debe estar en condiciones de mantener el
equilibrio entre estos intereses y formarse su propio juicio profesional, aunque, como es lógico,
debe rendir cuentas siempre de éstos. La policía debe ganarse el «derecho a la independencia
operativa» a través de su servicio a la comunidad, de una conducta lícita y no arbitraria y de su
eficacia, todo lo cual impulsa a la población a tener confianza en ella. La confianza pública
depende en gran medida de que la policía rinda cuentas y sea transparente en lo que hace y en
cómo lo hace. La confianza pública es una condición previa de la independencia operativa, pero
lo contrario también es cierto: la independencia operativa puede aumentar la confianza de la
población en la policía. Lamentablemente, en muchos países la realidad es muy distinta, ya que
la policía carece de competencia para formarse juicios profesionales en situaciones difíciles y
no está dispuesta a rendir cuentas de sus decisiones y acciones. Asimismo, en muchos países
las élites políticas intentan utilizar a la policía para salvaguardar sus propios intereses y no pue-
den o no están dispuestas a ejercer un control legítimo y efectivo, aunque restringido, sobre la
policía.
La policía tiene encomendados amplios poderes que pueden tener efectos trascendentales
sobre las vidas de las personas y que, en caso de utilizarse de forma indebida, pueden conducir
a graves violaciones de los derechos humanos. Por este motivo las normas internacionales han
establecido límites a estos poderes. Una acción policial orientada a los derechos humanos sig-
nifica acción policial conforme a estas normas internacionales. Significa tratar de evitar el uso
de la fuerza, pero poder y estar dispuesta a usar la fuerza de manera lícita y proporcionada
cuando sea estrictamente necesario y rendir cuentas de su uso después.
La policía tiene a su disposición muchos medios distintos de usar la fuerza, que varían de
unas jurisdicciones a otras. La mayoría de los policías portan algunos instrumentos de coerción
como esposas, una porra o un arma de fuego. Las situaciones que hacen necesario el uso
intencional de medios letales se presentan con escasa frecuencia en la acción policial cotidiana;
de hecho, la mayor parte del trabajo policial no requiere ninguna clase de uso de la fuerza.
Cuando es necesario recurrir a la fuerza, la policía debe comenzar empleando el método menos
violento, y sólo de forma gradual aumentar la fuerza cuando sea estrictamente necesario para
lograr un objetivo policial legítimo. El uso de armas de fuego debe ser notificado en todo caso.
Todo uso de la fuerza debe ser siempre legítimo. Dentro del marco legal, las consideraciones
tácticas orientan qué tipo de fuerza se utiliza y cómo se utiliza en una situación concreta. La
policía debe recibir periódicamente formación en el uso de la fuerza y en técnicas de desescala-
da (incluidos conocimientos especializados sobre comunicaciones) a fin de reducir al mínimo el
riesgo de usar la fuerza. Esto es especialmente importante en situaciones que implican un gran
número de personas.
El control policial de las reuniones públicas, como manifestaciones, marchas y concentracio-
nes –también llamado gestión del orden público– es una situación especial de la acción policial.
El derecho de reunión y asociación pacífica es un derecho básico que la policía está obligada a
facilitar. El factor decisivo en el control policial de las manifestaciones y de otros actos públicos
Resumen 29
radica en la preparación. La policía debe reunir información de antemano sobre las personas
participantes y sus objetivos y, siempre que se sea posible, debe entablar contacto con quienes
organizan el acto para identificar riesgos y causas de tensiones antes de que se intensifiquen.
La preparación debe incluir también cuestiones tácticas como la indumentaria que se vestirá, el
equipo de comunicación que se portará y la idoneidad del despliegue de organismos policiales
adicionales (por ejemplo, unidades especializadas como agentes con perros y policía a caballo).
El uso de la fuerza suele dejarse a la discreción de la policía. No es fácil decidir cuánta fuerza
es proporcionada, y de hecho esta decisión puede requerir una evaluación independiente. Las
situaciones en que se causen lesiones graves o muertes deben notificarse siempre a autorida-
des independientes y ser revisadas por ellas (por ejemplo, las autoridades judiciales o un orga-
nismo independiente para la presentación de denuncias contra la policía). Para que los supervi-
sores garanticen la detección y el control de toda tendencia al uso de fuerza excesiva o
innecesaria por parte de los llamados «agentes en riesgo», los registros detallados sobre el uso
de la fuerza por agentes individuales deben incluir incidentes como la resistencia violenta al
arresto, las lesiones en los contactos entre la policía y la población y el uso de armas de fuego.
La acción policial orientada a los derechos humanos significa también llevar a cabo arrestos
y detenciones en caso necesario. Estas acciones deben ajustarse siempre a los principios de
derechos humanos, los más importantes de los cuales son la no arbitrariedad, la presunción de
inocencia, los «juicios justos» y la prohibición absoluta de la tortura y otros tratos crueles,
inhumanos o degradantes. Las personas detenidas corren más riesgo de sufrir abusos policia-
les durante el periodo inmediatamente posterior al arresto y la detención, por lo que se conside-
ra que la supervisión por parte de comités independientes que visiten periódicamente los luga-
res de detención constituye una importante medida preventiva. Debe quedar claro que el arresto
y la detención sólo son legítimos cuando se llevan a cabo en el marco de la ley; las acciones
policiales que causan daños adicionales (como el uso de grilletes), o que desembocan en casti-
gos adicionales (como el hecho de obligar a una persona a ingerir alimentos que van en contra
de su religión) están prohibidas, ya que la persona en cuestión sigue disfrutando de la presun-
ción de inocencia, por lo que sólo puede ser sometida a aquellas restricciones que sean necesa-
rias para la investigación en curso.
En algunos casos la detención se lleva a cabo por razones administrativas (por ejemplo, de
orden público) o preventivas. Esto recibe el nombre de «detención administrativa». En los últi-
mos años se ha manifestado preocupación por el aumento del número de disposiciones legales
que facilitan la detención administrativa o la detención sin cargos con fines preventivos para
hacer frente al terrorismo. Estas medidas van acompañadas a menudo de detención en régimen
de incomunicación y propician la comisión de violaciones de derechos humanos.
La policía que no impide o previene comportamientos criminales desatiende los derechos de
las demás personas, y en particular de las víctimas. La detección del delito es una de las funcio-
nes policiales fundamentales. Los principios de derechos humanos relacionados con la investi-
gación criminal incluyen la presunción de inocencia, la prohibición de la tortura y otros tratos
crueles, inhumanos o degradantes, el derecho a no declarar en contra de uno mismo y el dere-
cho a la intimidad. La investigación criminal –que busca la verdad sobre un delito en particular–
puede implicar todo un abanico de métodos de investigación con fines de recopilación de infor-
mación, como registros domiciliarios, escuchas telefónicas y otras formas de vigilancia. Estos
métodos pueden constituir una intromisión grave en la vida privada de las personas.
En general, la policía debe seguir el principio de «subsidiariedad», lo cual significa que debe
tratar de emplear los métodos menos intrusivos posible a tenor de las circunstancias. Debe
haber una escala de salvaguardias que se vayan haciendo más estrictas a medida que la intru-
30 Entender la labor policial
sión aumenta. Las técnicas forenses pueden proporcionar información útil y objetiva sobre un
delito, haciendo innecesarios otros métodos de investigación. La información forense puede
encontrarse a menudo en la escena del delito, por lo que resulta fundamental la pericia de la
policía en el manejo de la escena del delito. Las decisiones relativas a qué métodos de investi-
gación se utilizan están sujetas ante todo a la ley, y algunos métodos se consideran ilícitos.
Dentro del marco legal, han de tomarse después decisiones tácticas acerca de qué método utili-
zar y cuándo. Pero la policía debe saber también cómo utilizar de forma profesional y legítima
un método determinado. Las habilidades sociales y técnicas son «instrumentos de investiga-
ción» importantes.
Esto sucede especialmente con las entrevistas a sospechosos, pese a la existencia de mitos
persistentes pero erróneos en el seno de la policía sobre la posesión de un «instinto visceral»
para llevar a cabo entrevistas a sospechosos o identificar a una persona que miente. Las inves-
tigaciones no han corroborado este supuesto. Las entrevistas a sospechosos requieren un uso
profesional e inteligente de la información recogida en una investigación criminal, lo que vuelve
innecesario el uso de toda presión indebida sobre la persona detenida. Toda intención de utilizar
las entrevistas a los sospechosos para cualquier objetivo distinto del de recabar información
sobre el delito, es decir, con el propósito de castigar a un detenido o generar miedo, es poco
profesional y, lo que es más importante, ilegal, y en consecuencia debe impedirse.
Cuando se pretende prevenir violaciones de derechos humanos y aumentar la profesionali-
dad en el área de la investigación criminal, son fundamentales las leyes y los procedimientos
que cumplan las normas internacionales de derechos humanos, junto con una formación ade-
cuada, así como la vigilancia y evaluación constantes de las experiencias prácticas.
La conducta indebida de la policía, desde los delitos menores hasta las violaciones graves de
los derechos humanos, nunca debe quedar impune, y deben adoptarse medidas para impedir
que vuelva a producirse. La policía debe rendir cuentas de sus acciones, pero debe recibir igual-
mente una «preparación» adecuada (incluidas directrices, capacitación y medios) que le permi-
ta llevar a cabo sus acciones con profesionalidad y de conformidad con las normas de derechos
humanos. En ausencia de esa «preparación», las personas responsables de no preparar ade-
cuadamente a la policía (como los formadores policiales, los mandos y los responsables de la
toma de decisiones) también podrían verse obligadas a rendir cuentas. Es fundamental estable-
cer mecanismos de rendición de cuentas eficaces, tanto para los agentes de policía a título indi-
vidual como para la institución policial.
La rendición de cuentas, un concepto al que hacen referencia habitualmente los defensores
de los derechos humanos, es una cuestión compleja en la que intervienen muchos actores. El
hecho de que este concepto no tenga un nombre preciso en muchos idiomas significa que hay
que poner cuidado al ocuparse de él. Pedir la aplicación de sistemas de rendición de cuentas
que se observan en otras jurisdicciones no siempre resultará útil, y puede incluso ser contra-
producente en un país determinado. Para promover mejoras importantes en la rendición de
cuentas, los defensores de los derechos humanos deben conocer la estructura y el funciona-
miento del sistema de supervisión y rendición de cuentas en un país determinado. Toda evalua-
ción de las estructuras de rendición de cuentas en el país objeto de estudio requiere una evalua-
ción inicial de qué mecanismos se utilizan, y en segundo lugar de cuál es su eficacia antes de
que se puedan hacer recomendaciones pertinentes para resolver los problemas e impedir que
vuelvan a producirse.
Resumen 31
Una rendición de cuentas eficaz debe constituir siempre un equilibrio del poder y la influen-
cia entre los diversos actores que intervienen. Del mismo modo que es inaceptable conferir
todos los poderes y la discrecionalidad totalmente a la policía, dependiendo por completo de su
juicio profesional, es igualmente inaceptable conferir todos los poderes para controlar a la poli-
cía a otra institución u organismo únicos, al margen de que sea la élite política, el ejecutivo, la
comunidad o cualquier otro actor. De ese modo se sustituiría sin más el destinatario de la con-
fianza: ¿cómo podemos estar seguros de que los órganos ejecutivos, o las instituciones políti-
cas, el Parlamento, los foros comunitarios, etc., son más fiables (es decir, actúan en interés
público y no por intereses partidistas, particulares o de su propia comunidad) que la policía?
Precisamente por este motivo es necesario un sistema en el que la supervisión y el control
estén repartidos entre las comunidades y sus representantes, las autoridades ejecutivas y las
instituciones legales (incluida la ley) además de la propia policía.
Los mecanismos de rendición de cuentas deben incorporar instrumentos que garanticen el
cumplimiento de las políticas, normas y leyes relacionadas con la acción policial. Con este fin,
estas políticas, normas y leyes deben ser lo más claras y lo menos ambiguas que sea posible.
Los instrumentos de rendición de cuentas también pueden incluir procedimientos para la pre-
sentación de denuncias y procedimientos disciplinarios y criminales en casos de presunta con-
ducta indebida. La rendición de cuentas debe abarcar un elemento prospectivo, a priori, y un
elemento retrospectivo, a posteriori, de la acción policial; esto significa que debe incluir una
evaluación de las orientaciones que se imparten a la policía antes de una operación y de cómo
se vigila y evalúa a la policía después. Todo esto debe ser apoyado, en la teoría y en la práctica,
por la dirección policial. Una cadena de mando eficaz y una dirección dedicada a establecer un
espíritu de respeto de los derechos humanos son un requisito previo indispensable para hacer
respetar las normas de derechos humanos. Para que los mecanismos de rendición de cuentas
externos sean eficaces, el compromiso interno, y en particular de la dirección policial, es una
condición previa esencial.
La acción policial respetuosa de los derechos humanos comienza con la selección de las per-
sonas adecuadas para ser agentes de policía y la exclusión de las que no respetan los valores y
las actitudes de los derechos humanos. Algunas características –y en particular los criterios y
valores morales elevados– deben ser inherentes en las personas; otras, en cambio –en particu-
lar las aptitudes prácticas y los conocimientos–, pueden enseñarse (con bastante facilidad). La
captación, la selección y la formación del personal son igualmente importantes cuando se
intenta establecer un organismo policial que respete y proteja los derechos humanos.
Captar a un sector representativo de la sociedad y de éste seleccionar a las personas que
poseen criterios y valores morales elevados es un desafío fundamental para las organizaciones
policiales. La representación debe darse en todos los niveles dentro del organismo policial. Para
lograr la representación deben fijarse y mantenerse objetivos para la captación de grupos étni-
cos, minorías y mujeres, y deben evaluarse las causas de los bajos niveles de captación de
minorías y mujeres. De hecho, las políticas de captación y los criterios de selección, así como la
cultura y los símbolos policiales, deben evaluarse de manera continua en cuanto a su potencial
efecto discriminatorio con el fin de alentar a los miembros de las diversas comunidades a soli-
citar su ingreso.
La formación de los nuevos policías debe ajustarse a los principios de derechos humanos,
tanto en la teoría como en la práctica. La evaluación de los programas de formación desde una
perspectiva de derechos humanos debe garantizar lo siguiente:
– La capacitación policial básica debe tener la duración suficiente para que los aspirantes
asimilen conocimientos, aptitudes y actitudes.
– La formación debe coincidir con lo que se espera de futuros agentes de policía. Si la recep-
tividad a la población se considera importante, no tiene sentido aislar totalmente a los aspiran-
tes de las comunidades locales en recintos y hacer que se relacionen únicamente con agentes
de policía.
– La formación en leyes y procedimientos debe garantizar que los agentes pueden relacionar
estas materias con el trabajo policial diario una vez han terminado su capacitación.
– La formación de la policía debe incluir diversas materias. Entre ellas deben figurar cuestio-
nes como la conciencia de género y cultural, la no discriminación y el papel de la policía en la
sociedad.
– La formación de la policía debe continuar después de la capacitación básica. Los agentes
de policía deben ser reevaluados periódicamente en sus aptitudes policiales, especialmente en
el uso de la fuerza.
mitir la crítica. A partir de experiencias en el seno de Amnistía Internacional, se han extraído las
lecciones siguientes:
– Toda actividad de trabajo con la policía debe basarse siempre en la información: un análisis
contextual adecuado debe ser siempre el punto de partida sobre la base del cual pueden desa-
rrollarse una estrategia y un plan de proyecto que definan los objetivos y las actividades que
pueden desarrollarse. Esta evaluación debe incluir un análisis de lo que otras ONG están hacien-
do en este campo.
El trabajo sobre cuestiones relacionadas con la labor policial debe basarse siempre en un
análisis sólido, que implique un análisis contextual y un autoanálisis, que conduzca a la formu-
lación de los principales motivos de preocupación a partir de los cuales sea posible desarrollar
una estrategia de intervención. Emprender ese análisis –que vaya más allá de un enfoque direc-
to de las violaciones de derechos humanos– puede no ser siempre fácil para los defensores de
los derechos humanos, que están deseosos de intervenir. De hecho, el punto de partida para la
mayoría de los defensores de los derechos humanos estará en las cosas que van mal y no en
las que van bien. Este libro de recursos sugiere que, una vez tomada la decisión de emprender
tareas en cuestiones relacionadas con la labor policial –que en la mayor parte de las situaciones
se basará en motivos de preocupación relacionados con los derechos humanos–, es de vital
importancia «dar un paso atrás» y comenzar con un análisis centrado en lo que se exige a la
policía que haga (tal como se contempla en la legislación nacional y otras normas y reglas por
las que se rige la policía), en qué contexto judicial y social actúa y cómo es su organización
interna. A partir de este análisis, así como de una estimación realista de los recursos de que
disponen, los defensores de los derechos humanos pueden desarrollar una estrategia de inves-
tigación, acción y posible relación de trabajo.
Este libro de recursos tiene como objetivo ayudar a hacer estas evaluaciones proporcionando
a los activistas de derechos humanos una herramienta para llevar a cabo un análisis, así como
información de carácter general sobre la institución policial y la labor policial.
34 Entender la labor policial
Conclusiones
Acción policial y derechos humanos son dos temas relacionados. En los países donde se come-
ten violaciones de derechos humanos, prácticamente en todos los casos la policía está implica-
da de un modo u otro. Entre las violaciones de derechos humanos en las que interviene la poli-
cía figuran el abuso de los poderes (uso ilegítimo de la fuerza, arresto y detención ilegales), por
una parte, y la falta de diligencia debida en el desempeño de las funciones policiales por otra. La
policía puede ser corrupta, estar desmotivada, carecer de interés, haber recibido escasa forma-
ción, etc., todo lo cual se traduce en un organismo policial que no puede o no está dispuesto a
alcanzar sus legítimos objetivos con la diligencia debida. Pero incluso en los países donde la
policía recibe una formación amplia, donde se han desarrollado métodos de captación y selec-
ción avanzados y donde hay abundantes recursos, siguen cometiéndose violaciones de dere-
chos humanos, tal como se documenta en muchos informes de Amnistía Internacional sobre
los distintos países. ¿Por qué sucede así y cómo pueden los defensores de los derechos huma-
nos desarrollar estrategias eficaces y relevantes para la intervención y la relación de trabajo con
la policía?
Comenzaremos con la primera cuestión. ¿Cómo se producen las violaciones de derechos
humanos y cómo persisten? La respuesta variará de un país a otro debido a las diferencias
existentes entre la realidad de cada uno. Por ello, todo intento de intervenir en relación con la
conducta de la policía debe basarse siempre en un análisis y una evaluación contextuales. Con
excesiva frecuencia los consultores y formadores internacionales que se ocupan de los proble-
mas relacionados con la acción policial, por lo general empleados de donantes internacionales,
se limitan a fijarse como objetivo exportar el sistema que conocen de su país. Debe entenderse
siempre con claridad que la policía forma parte del sistema del Estado en todos los aspectos. La
historia del país, su cultura, economía, etc., se reflejan en su legislación y sus políticas, así
como en su práctica operativa y en el lenguaje que se emplea. Una acción policial respetuosa de
los derechos humanos requiere, para su desarrollo, un entorno respetuoso de estos derechos.
Tratar de intervenir en la acción policial, al tiempo que se pasa por alto este simple hecho, rara
vez será eficaz, acaso nunca. Teniendo esto presente, haremos cuatro observaciones específi-
cas sobre las intervenciones en materia de derechos humanos que tratan de mejorar la acción
policial y cómo éstas pueden ser más eficaces.
Primero: con excesiva frecuencia se analiza a la policía aislada, como si fuera posible mejo-
rar la situación de los derechos humanos cambiando sólo este aspecto del sistema de seguri-
dad y justicia mientras los otros aspectos se dejan intactos. Aun cuando este punto se reconoce
a menudo en la teoría, apenas se actúa al respecto en las recomendaciones prácticas. De
hecho, tanto los consultores como los donantes internacionales tienden a centrar la atención en
un solo aspecto del sistema de seguridad y justicia en vez de ocuparse del sistema en su totali-
dad, pasando por alto de este modo las relaciones mutuas entre las diferentes instituciones. En
la práctica, ocuparse de manera aislada de los problemas de la acción policial rara vez es sufi-
ciente para mejorar la labor policial en su conjunto. Toda estrategia de derechos humanos que
pretenda ser eficaz debe comenzar siempre con una evaluación del sistema de seguridad y jus-
Conclusiones 35
ticia más amplio como tal, y a renglón seguido analizar el papel que la policía desempeña en su
seno. Esto debe incluir siempre un análisis del marco legal y de políticas sobre el cual actúan la
policía y los demás organismos de seguridad y justicia y del grado de claridad con que define y
limita los diversos objetivos y los límites operativos de estos organismos. Debe incluir asimis-
mo una evaluación de sus autoridades administrativas y políticas. Cualquier reforma de la poli-
cía requiere compromiso de las autoridades policiales; si no un compromiso activo, al menos
permiso para seguir adelante.
Segundo: en muchos casos, las intervenciones en materia de derechos humanos en relación
con la acción policial centran la atención en las operaciones policiales en que se cometen con
más asiduidad violaciones de derechos humanos. Los programas de reforma policial se centran
a menudo en la aplicación de nuevas filosofías o metodologías, que por lo general implican
alguna forma de «acción policial basada en la comunidad» o incluyen el despliegue de nuevos
medios y armas, y con gran frecuencia la divulgación de nuevas prácticas a través de la forma-
ción.4 Paradójicamente, estas intervenciones tienden a surtir escaso efecto, ya que el hecho de
centrarse en las operaciones policiales tiende a pasar por alto las causas institucionales de las
violaciones de derechos humanos y su persistencia. Esto suele conducir a intervenciones cen-
tradas en los agentes de base y en cómo llevan a cabo la acción policial, pero sin ocuparse de
los mandos y las autoridades policiales. En consecuencia, estos programas de reforma y las
intervenciones relacionadas suelen causar escaso efecto sobre el respeto de los derechos
humanos en la práctica diaria.
Tercero: las intervenciones que intentan ocuparse del contexto institucional de la labor poli-
cial tienden a subrayar la importancia de la rendición de cuentas. Los colectivos de defensores
de los derechos humanos y los donantes internacionales tienden a hacer hincapié en la impor-
tancia de mejorar la rendición de cuentas sin explicar qué es exactamente. El concepto de rendi-
ción de cuentas se malinterpreta con facilidad y resulta difícil (si no imposible) expresarlo con
precisión en muchos idiomas. Los defensores de los derechos humanos tienden a subrayar la
importancia de la rendición de cuentas y los mecanismos de supervisión externos, en algunos
casos a costa de entender que la eficacia de esos mecanismos externos depende del compro-
miso interno de la policía, y muy especialmente de la dirección policial. La rendición de cuentas
externa debe ir siempre acompañada del compromiso interno de rendir cuentas, reflejado en los
mecanismos de rendición de cuentas internos. Para la policía, estos mecanismos internos –los
que afectan a sus posibilidades de ascenso y descenso de categoría, sus salarios y otros bene-
ficios– pueden causar más impacto, ya que pueden afectar de forma más directa a su vida
(laboral). En muchos casos, las violaciones de derechos humanos pueden persistir porque no
existe un mecanismo de corrección interno eficaz y por la existencia de una cultura policial
caracterizada por un «muro de silencio» que impide que se reconozcan e investiguen los abu-
sos contra los derechos humanos. Al mismo tiempo, si se centra la atención de forma exclusiva
en los sistemas internos al tiempo que se pasan por alto los mecanismos externos, se corre el
riesgo de reforzar aún más las normas internas (en vez de cuestionarlas), incluidas las que no
respetan los derechos humanos.
La respuesta es que debe haber un sistema equilibrado de rendición de cuentas en el que
intervengan tanto partes externas como internas que asuman la responsabilidad de la acción
policial eficaz y orientada a los derechos humanos. Si se hace caso omiso de este punto, se
corre el riesgo de volver ineficaces los sistemas de rendición de cuentas. Los mecanismos de
rendición de cuentas externos no son la respuesta per se y pueden convertirse, a su vez, en ins-
trumento de intereses particulares, por lo que se hace necesaria la supervisión de sus operacio-
nes, lo que conduce a una espiral de estructuras de rendición de cuentas. Los defensores de los
36 Entender la labor policial
derechos humanos deben reconocer el importante papel que pueden desempeñar los mecanis-
mos de rendición de cuentas internos y adoptar medidas para evaluarlos. Entre los defensores
de los derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, ha habido una renuencia tradicional
a abordar estos mecanismos internos. Es preciso observar que el hecho de no ocuparse de
ellos entraña el riesgo de desarrollar estrategias para afrontar la rendición de cuentas que pasen
por alto algunas de las causas fundamentales de los problemas.
Cuarto: las intervenciones en materia de derechos humanos incluyen casi siempre la forma-
ción. La policía recibe formación en nuevas metodologías operativas, en cuestiones jurídicas,
en derechos humanos, en el tratamiento de las minorías, etc. Una y otra vez se formulan reco-
mendaciones que subrayan la importancia de mejorar la formación, al parecer en la creencia de
que la formación puede resolver todos los males. Pero no puede, y ello por más de una razón.
En primer lugar, y la más importante, porque muchos problemas de derechos humanos no son
producto únicamente de una capacitación inadecuada sino de la ausencia de normas y procedi-
mientos adecuados en los que basar la formación. Esto no es responsabilidad de los institutos
de capacitación sino de las personas responsables del desarrollo de reglas y políticas y de su
traslado a procedimientos operativos normalizados, en la mayoría de los países el Ministerio del
Interior o de Justicia, o ambos. Otra razón que explica que la formación por sí sola nunca pueda
ser eficaz es que la formación tiende a tener como destinatarios a los agentes de base y no a los
mandos policiales. La formación rara vez comienza con la dirección policial, lo cual es extraño,
ya que la dirección es la responsable de garantizar que la formación se pone en práctica. Nunca
debe subestimarse la capacidad de la dirección de la policía para configurar un espíritu de res-
peto de los derechos humanos, y sus efectos sobre la cultura policial general. La captación, la
selección y la formación son sin duda herramientas muy importantes, pero la medida en que, a
la hora de desempeñar sus funciones, la policía conserva la información y los valores que ha
aprendido durante la capacitación, viene determinada en gran medida por el proceso de sociali-
zación que esas personas experimentan después de la formación. Lo que los agentes de nueva
incorporación ven y experimentan mientras hacen su trabajo determina su pensamiento y su
comportamiento. La capacitación que no está arraigada en un marco más amplio, que no es
objeto de seguimiento en la práctica y que no recibe apoyo visible de la dirección policial, está
condenada a ser ineficaz.
¿Y por qué se habla tanto de la formación como la solución para mejorar el respeto de los
derechos humanos? La respuesta cínica es que tal vez sea porque para abordar la formación no
es preciso llevar a cabo una remodelación a fondo de las políticas fundamentales en materia de
acción policial, no afecta a la realidad diaria, no es políticamente arriesgado (ni para los donan-
tes ni para los receptores) y no cuesta demasiado, mientras que transmite una imagen de com-
promiso con los derechos humanos (lo que explica que con tanta frecuencia se ponga de relie-
ve el número de policías que reciben formación).
Para abordar la acción policial y tratar de influir en el comportamiento de la policía es nece-
sario un conocimiento riguroso de la policía y del contexto en el que actúa. Para entender la
policía y todas las complejidades que intervienen, conocer los conceptos de la labor policial y
las normas relevantes puede ser de utilidad para conseguir un análisis más rico en los países
objeto de la acción y desarrollar una investigación y una estrategia de acción o de relación de
trabajo eficaces e integrales. Ese análisis puede llevar perfectamente a la conclusión de que
para cambiar el comportamiento de la policía pueden ser en efecto más provechosos los cam-
bios legislativos o los cambios en los servicios fiscales o en otros elementos que afectan a la
policía.
© REUTERS / Australian Defence Force / Gary Ramage WB
Parte I. Introducción
© AFP PHOTO / Tim Sloan
1.1. Introducción
Los defensores de los derechos humanos y los especialistas en la materia suelen sostener que
«acción policial buena» significa una acción policial acorde con las normas internacionales de
derechos humanos. Aunque esto es sin duda cierto, debe entenderse que las normas internacio-
nales de derechos humanos sólo ofrecen una orientación limitada para el trabajo policial diario. De
hecho, el buen trabajo policial nunca puede captarse plenamente en las normas y los reglamentos,
por muy numerosos y detallados que sean. La necesaria discrecionalidad que la policía precisa
para desempeñar sus funciones plantea problemas a los defensores de los derechos humanos
que prefieren tener normas claras para medir el comportamiento de la policía. Muchos policías
consideran que los razonamientos de los defensores de los derechos humanos son ingenuos, en
el mejor de los casos, y teóricos, por no decir más, que reflejan la falta de comprensión de su rea-
lidad e imponen una carga poco realista al trabajo policial. Los defensores de los derechos huma-
nos, por su parte, sostienen que la policía utiliza esto como excusa para eludir las críticas.
Policía y derechos humanos son dos esferas que reflejan perspectivas diferentes sobre los
derechos y la seguridad. Aunque las relaciones entre los dos campos pueden parecer obvias,
las diferencias existentes en marcos de referencia fundamentales entre uno y otro pueden pro-
piciar importantes errores de comunicación. En este capítulo analizamos con más detenimiento
la relación existente entre las dos esferas. Comenzamos examinando la policía como grupo pro-
fesional y la función policial como actividad. Aunque a menudo se emplea el término «agentes
de la ley» para designar a los policías, preferimos emplear el término «policías», ya que la fun-
ción policial abarca algo más que la mera tarea de garantizar el cumplimiento de la ley. En el
apartado 1.3 examinamos el campo específico de la función policial y los derechos humanos y
analizamos las novedades que han tenido lugar en esta área en los últimos decenios. Estas
novedades han influido en las personas que trabajan en ambos campos. En el apartado 1.4 exa-
minamos las repercusiones que estas novedades han tenido en la relación entre los represen-
tantes de ambos grupos. Concluiremos con un breve resumen.
La definición de la ONU implica que todos los funcionarios, ya se llamen fuerzas de seguri-
dad, gendarmería o policía militar, que tienen facultades para practicar arrestos y detenciones,
deben ser considerados funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, por lo que deben ate-
nerse a las normas establecidas en el Código de Conducta. Este principio se refleja también en
las Directrices para la Aplicación Efectiva del Código de Conducta para Funcionarios Encarga-
dos de Hacer Cumplir la Ley.5
Es de notar que la definición que ofrece el Código de Conducta de la ONU no hace referencia
explícita a las facultades de la policía para usar la fuerza contra la población (en tiempo de paz).
La facultad de usar la fuerza se considera con gran frecuencia una característica definitoria de la
policía: la policía puede usar legalmente la fuerza para mantener el orden, mientras que en la
mayor parte de las circunstancias otras personas sólo pueden recurrir a ella en legítima defen-
sa. Esto se expresa a menudo diciendo que la policía posee el «monopolio del uso de la fuerza»
en tiempo de paz. Es precisamente este monopolio del uso de la fuerza el que otorga a la policía
su posición especial y delicada dentro del sistema del Estado, por lo que se hace necesario
establecer mecanismos de control adecuados para prevenir los abusos.
La facultad específica de la policía de usar la fuerza tiene su reflejo en el Código Europeo de
Ética de la Policía, que (refiriéndose a la policía como «policía tradicional», confiando –tal vez
con razón– en que todo el mundo comprenda lo que es) afirma que la «característica funda-
mental que se encomienda a todos los organismos oficiales que existen en Europa [es] la facul-
tad de usar la fuerza para mantener el orden público en la sociedad civil».6 A diferencia del
Código de Conducta de la ONU, el Código Europeo de Ética de la Policía excluye explícitamente
tipos específicos de policía formados con fines distintos del de mantener el orden público en la
sociedad civil, como la policía militar, la policía afecta a los sistemas penitenciarios y los servi-
cios de seguridad secretos, así como las empresas de seguridad privadas.7
En la bibliografía pertinente, los nombres «policía» y «funcionario encargado de hacer cum-
plir la ley» se emplean indistintamente. En las normas internacionales de derechos humanos es
más frecuente el uso de la segunda expresión, lo que probablemente conduce a su uso por la
mayoría de los defensores de los derechos humanos. Sin embargo, la propia policía suele pre-
ferir el término «policía», ya que acción policial no es sinónimo de actividades destinadas a
hacer cumplir la ley. Aunque los policías son siempre funcionarios encargados de hacer cumplir
la ley, en la mayoría de los países existen también organismos no policiales cuyos funcionarios
hacen cumplir la ley, por ejemplo los guardias de fronteras o los funcionarios de aduanas. Más
importante aún es el hecho de que la función policial abarque a menudo áreas mucho más
amplias que la mera tarea de garantizar el cumplimiento de la ley. Se acepta generalmente que
las funciones policiales abarcan:8
La expresión labor policial (o acción o trabajo policial) se usa con muchos significados dis-
tintos en mente, aunque se emplea en particular para designar el proceso de «garantizar el cum-
plimiento de la ley» en todos sus aspectos. Debería ser evidente que la policía por sí sola nunca
puede garantizar ese cumplimiento. La labor policial puede abarcar de hecho organismos y enti-
dades distintos de la policía, y en ocasiones incluso se toma como un proceso social en el que
interviene la sociedad civil en general y no como un deber profesional que lleva a cabo un orga-
nismo del Estado. Esa interpretación del concepto de «labor policial» puede crear una confusión
Los derechos humanos y la policía 43
innecesaria, subrayada por el hecho de que no todos los idiomas cuentan con un término preciso
para referirse a él. En consecuencia, utilizaremos una definición sencilla y definiremos la labor
policial como «aquello que la policía hace para garantizar el cumplimiento de la ley».
El concepto de «policía» tiene una larga historia. Su rasgo característico es que su alcance se ha
reducido cada vez más. Es evidente que «policía» y «política» son términos relacionados. Ambos
términos se derivan del latín «politia», que significa «administración civil» o «Estado» y proviene
de las voces griegas «polis» (ciudad) y «politikè» (lo que pertenece a la ciudad-Estado, a la
sociedad civil).9 En un principio el término «policía» abarcaba toda la responsabilidad del Estado,
incluidas las funciones religiosas (allí donde éstas seguían siendo responsabilidad del Estado).
Más tarde el concepto se utilizó sólo para designar las funciones seculares del Estado, y después
sólo para ciertos aspectos de estas funciones del Estado.10 Hasta el siglo XIX el concepto no se
circunscribió a las funciones del Estado que abarcan la protección contra amenazas. Los organis-
mos policiales (a diferencia de la función policial) tal como hoy los conocemos son relativamente
nuevos. De hecho, la primera policía civil pública fue la Policía Metropolitana de Londres, forma-
da por sir Robert Peel en 1829. Otros países siguieron el ejemplo, y la mayoría de las democra-
cias desarrolladas disponen de policía desde hace entre 100 y 150 años, aproximadamente. En
muchos países colonizados la policía fue «implantada» por el régimen colonial, ante todo para
servir a los intereses de la potencia colonial a costa de la población local.
La policía es una institución del Estado, que actúa bajo la autoridad nacional y dentro de la
soberanía nacional. Para muchas personas es la representante más visible del Estado. Puede
actuar en un sistema centralizado o descentralizado, organizada en el ámbito federal, estatal o
provincial, dividida en un organismo judicial o uniformado. De hecho, hay tantos organismos
policiales diferentes como países. La policía está siempre supeditada al Estado y sus habitantes:
siempre será un reflejo del país (o región o localidad) en su cultura política, historia, población
y economía. Esta idea sencilla puede tener enormes consecuencias. La realidad política deter-
mina la acción policial: si el sistema del Estado no ha adoptado los valores democráticos, no es
probable que la policía defienda esos valores. Los agentes de policía provienen siempre de la
sociedad en la que desarrollan su actividad policial, y adoptarán y expresarán actitudes simila-
res (lo cual no debe confundirse con que la policía sea siempre receptiva a las necesidades de
la comunidad). Si las actitudes de la sociedad son hostiles hacia ciertos sectores de la pobla-
ción, es probable que la policía comparta esas actitudes. Si el país registra índices elevados de
corrupción, abuso del alcohol, violencia física, etc., cabe esperar que estos problemas se refle-
jen en el seno de los organismos policiales y que, en consecuencia, atajarlos constituya un
importante desafío y pueda exigir un punto de entrada que no sea la policía. De hecho, «hay que
comprender que las normas que rigen una policía profesional (Estado de derecho, rendición de
cuentas, transparencia de la adopción de decisiones, etc.) son en gran medida universales. Sin
44 Entender la labor policial
En líneas generales, hay dos perspectivas en relación con el papel del Estado respecto de las
personas que tiene a su cargo.12 La primera (napoleónica) se basa en el supuesto de un Estado
fuerte y autoritario en su capacidad para proporcionar seguridad a las personas que viven en su
territorio; se considera que el Estado es quien mejor representa y defiende el interés público.
Los funcionarios del Estado deben llevar a cabo de forma neutral y profesional las obligaciones
del Estado con independencia de quién sea el agente del Estado. Desde esta perspectiva es difí-
cil «pensar en la seguridad fuera del ámbito del todopoderoso Estado-nación».13 La representa-
ción más reseñable de esta perspectiva es Francia, pero los demás países de la Europa conti-
nental y los países de América Latina tienden a compartirla. La otra perspectiva (anglosajona)
se muestra crítica (incluso recelosa) ante la gestión pública de los problemas de seguridad. El
papel del Estado a la hora de proporcionar seguridad se considera igual al de otros actores no
estatales. Los funcionarios del Estado deben entablar relaciones de trabajo con sus comunida-
des, y deben ser representativos de ellas, a fin de garantizar que trabajan en interés de la comu-
nidad. Esta perspectiva se observa en el Reino Unido y en Estados Unidos, así como en muchos
otros países que han recibido su influencia.
La perspectiva que se utilice en cada caso se basará en gran medida en el contexto histórico
de cada país concreto y tendrá su reflejo en los sistemas judiciales en vigor (inquisitivo o acu-
satorio; véase el capítulo 2).
La manera en que la gente percibe el papel del Estado tiene una gran influencia sobre su per-
cepción del papel de la policía. En el primer sistema la policía se considera ante todo el brazo
fuerte del Estado, mientras que en la segunda tradición a la policía se la considera ante todo
proveedora de servicios a la comunidad. Las dos perspectivas son legítimas: en teoría, son
capaces en igual medida de actuar de acuerdo con los principios de derechos humanos o de
violarlos. Sin embargo, la esfera de los derechos humanos está muy influida por el contexto
anglosajón y su preferencia por una policía descentralizada y orientada al servicio, sensible a la
población a la que sirve y representativa de ella. Bien es verdad que esto puede ser de gran uti-
lidad cuando se intenta establecer una acción policial respetuosa de los derechos humanos,
aunque desde luego no es una condición previa. El Estado más formal, que actúa a cierta dis-
tancia de la gente, también puede respetar los principios de derechos humanos. Además, las
personas que introducen conceptos y metodologías de un sistema a otro pueden encontrar difi-
cultades.
Es importante tener presente la distinción entre las dos perspectivas sobre el papel del Esta-
do, así como reflexionar sobre nuestra posición en este sentido. La mayoría de las organizacio-
nes internacionales de derechos humanos están basadas en contextos anglosajones y parecen
haber adoptado su punto de vista en relación con el Estado en consecuencia. Este libro de
Los derechos humanos y la policía 45
recursos se esfuerza por adoptar una posición neutral en esta cuestión, al tiempo que se adhie-
re a las normas internacionales de derechos humanos. Cuando sea pertinente reflexionaremos
sobre los diferentes sistemas y las consecuencias para la función policial.
Como se ha indicado supra, la labor policial abarca más que la mera tarea de hacer cumplir
la ley. En consecuencia, en este libro de recursos se empleará el término «policía» en vez de
«agente de la ley». El término «funcionario encargado de hacer cumplir la ley» se utilizará úni-
camente cuando se haga referencia directa al Código de Conducta para Funcionarios Encarga-
dos de Hacer Cumplir la Ley. Este libro de recursos no se ocupará de funciones policiales adi-
cionales como las relacionadas con las políticas y prácticas de inmigración, asilo y refugiados,
control de fronteras, prisión y detención (distinta de la detención policial) ni de la labor policial
en situaciones de guerra y en campos de refugiados.
Durante decenios los derechos humanos se han considerado desde la perspectiva de un Estado
poderoso y abusivo contra el individuo débil: la población necesitaba protección frente al Estado,
que violaba activamente sus derechos. Conforme a esta perspectiva, los derechos humanos se
entendían ante todo como algo que tenía lugar en la esfera pública. En los últimos años el énfasis
ha cambiado para poner de relieve el hecho de que los derechos humanos no se limitan a los
actos o las omisiones de los funcionarios del Estado contra la población, sino que también abar-
can en igual medida los actos interpúblicos (actos de actores no estatales contra miembros del
público, y de miembros del público entre sí), y para poner de relieve el papel del Estado en la pro-
tección de esas personas en la esfera privada. Tal como el Comité para la Eliminación de la Discri-
minación contra la Mujer afirmó en 1992, «los Estados también pueden ser responsables de actos
privados si no adoptan medidas con la diligencia debida para impedir la violación de los derechos
o para investigar y castigar los actos de violencia e indemnizar a las víctimas».14 La policía es la
principal institución responsable del mantenimiento del orden público y el Estado de derecho.
También es uno de los principales organismos del Estado responsables de la prevención e investi-
gación de los actos delictivos, incluidos aquellos que pueden considerarse abusos o violaciones
de derechos humanos. En consecuencia, la policía debe desempeñar sus funciones con la diligen-
cia debida. Volveremos a ocuparnos de esta cuestión de la diligencia debida en el capítulo 2.
Al mismo tiempo, la idea del Estado poderoso se ha ido erosionando gradualmente: la ciudada-
nía ha reclamado más derechos y los Estados no son tan poderosos en realidad. La policía intenta
a menudo subrayar este punto. Según su razonamiento, el desequilibrio de poder ha pasado del
Estado a sectores de la sociedad como los integrantes de redes de delincuencia organizada y los
grupos terroristas que son conscientes de sus derechos y tratan de «abusar» del sistema en su
beneficio (por ejemplo, demorando juicios, presentando denuncias, apelando ante tribunales
superiores, etc.). Desde este punto de vista, los derechos humanos se consideran un impedimen-
to para una acción policial eficaz. Además, la policía piensa que a esos sectores de la sociedad se
les concede más libertad de acción que a la propia policía. La percepción es que se ha desarrolla-
do una situación sin salida en la que el sistema de derechos humanos, desarrollado para proteger
al individuo «débil», está en realidad debilitando al Estado, y en consecuencia lo que se percibe es
una dicotomía en la que la seguridad ocupa un extremo y los derechos humanos el otro.
Hay otras relaciones relevantes entre la función policial y los derechos humanos. Aunque a
menudo se pasa por alto, vale la pena estudiar la resolución por la que se adoptó el Código de
Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, que afirma que «todo órgano
de aplicación de la ley debe ser representativo de la comunidad en su conjunto, obedecerla y
responder ante ella».15 Esto supone que la policía debería entablar relaciones de trabajo con las
personas a las que debe servir –los miembros del público– a fin de establecer sus objetivos en
un proceso conjunto, al unísono con las personas en cuyo interés debe actuar. Ésta es la única
manera de impedir que la policía se convierta en mantenedora tecnocrática del orden público, o
en algo peor. De hecho, la preocupación de los reformadores de la policía por la «labor policial
profesional» suele pasar por alto la importancia de que el trabajo policial esté «impulsado por
valores», y que uno de estos valores es la empatía y la receptividad hacia las personas a quie-
nes la policía sirve. Aun siendo indispensable, la profesionalidad no es suficiente para garanti-
zar una acción policial respetuosa de los derechos humanos. Al mismo tiempo, una acción poli-
cial receptiva tampoco es una garantía de una función policial que respete los derechos
humanos. La tolerancia de la violencia policial por parte de la opinión pública tiende a aumentar
en situaciones en que se registran altos índices de delincuencia, hasta el punto de que algunos
sectores de la población pueden elogiar la violencia policial por considerar que es «dura con la
delincuencia» (como se observa actualmente en muchos países, pro ejemplo Brasil, Sudáfrica y
Los derechos humanos y la policía 47
Colombia). Esto plantea a los dirigentes policiales y a sus jefes políticos cuestiones complejas
que deben resolverse en cooperación con la sociedad civil.
La policía debe garantizar que otras personas pueden disfrutar de sus derechos, pero a menudo
se descuidan los derechos de los propios agentes de policía, tanto por parte de los defensores de
los derechos humanos como de la policía. Los dirigentes policiales dicen en ocasiones a los policí-
as que no les corresponde disfrutar de los derechos de la población civil porque no son civiles. Es
evidente que esto no es verdad. Como disponen el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, los policías deben dis-
frutar de los mismos derechos que todas las demás personas, lo que incluye tiempo libre, remune-
ración justa, jornada laboral justa, condiciones de trabajo seguras e igualdad de oportunidades en
cuanto a ascensos.16 La única excepción es la que se contempla en el artículo 22.2 del Pacto Inter-
nacional de Derechos Civiles y Políticos, que afirma que los Estados podrán restringir el derecho a
la libertad de asociación de las personas que trabajan en las fuerzas armadas o en la policía, inclui-
do el derecho a fundar sindicatos y afiliarse a ellos (de hecho, ésta es la única mención explícita a la
policía en todo el cuerpo de tratados internacionales de derechos humanos).17
En muchos países, lamentablemente, la realidad de la policía es sumamente dura. Los agen-
tes a menudo trabajan un número excesivo de horas, están mal pagados, llevan a cabo trabajos
peligrosos con escasa o ninguna protección, están mal preparados (tanto en términos de capa-
citación como de medios) para llevar a cabo sus tareas, su posición social es baja y reciben crí-
ticas desde todas partes. De hecho, muchas personas que trabajan en el área de la policía y los
derechos humanos se preguntan cómo puede esperarse que la policía proteja los derechos
humanos cuando no se protegen sus propios derechos. Toda iniciativa que se emprenda para
mejorar el respeto de los derechos humanos por parte de la policía debe incluir la realización de
un análisis imparcial de su situación. En caso necesario, esa clase de iniciativas podrían incluir
la defensa de la protección de los derechos de la policía. Esta cuestión puede resultarles difícil a
los defensores de los derechos humanos, pero es una consecuencia lógica de su trabajo. Ade-
más, todo intento de mejorar la profesionalidad de la policía debe dirigirse a la dirección policial
y obtener su compromiso pleno y visible.
– Los defensores de los derechos humanos han tendido a pasar por alto la responsabilidad
de la policía en la protección activa de los derechos de las personas mediante la prevención del
delito (incluidos los delitos violentos) y el mantenimiento del orden público. Se han ocupado
sobre todo de los aspectos negativos de la función policial, lo que ha generado dificultades para
establecer relaciones de trabajo con la policía. El distanciamiento resultante entre la policía y los
defensores de los derechos humanos ha limitado el desarrollo de un lenguaje y una compren-
sión comunes. Reconocer las obligaciones positivas del Estado, así como de la policía, puede
significar de hecho la posibilidad de una «agenda compartida» o unos «puntos en común» para
la policía y los defensores de los derechos humanos.
– Los defensores de los derechos humanos han tendido a hacer hincapié en el papel de la
policía en relación con los derechos civiles y políticos al tiempo que pasaban por alto su papel
en el mantenimiento de la estabilidad y el orden para garantizar la realización del disfrute de los
derechos económicos, sociales y culturales por las personas.19
– Esto ha desembocado en una situación paradójica en la que los defensores de los derechos
humanos han tendido a prestar escasa atención a la delincuencia general, que puede haber
constituido una amenaza más grave para el pleno disfrute de los derechos por parte de las per-
sonas que el comportamiento policial. La sensación de inseguridad de la gente se ha convertido
en una cuestión importante en los medios de comunicación en el último decenio. La delincuen-
cia es una grave amenaza para la vida de las personas en todo el mundo. El miedo a la delin-
cuencia, incluso cuando es subjetivo, pone en peligro la sensación de seguridad y tranquilidad
de la gente. Las organizaciones de derechos humanos han tendido a subestimar el efecto que
tiene la delincuencia sobre la vida de las personas, y en ocasiones interpretan erróneamente la
percepción de la gente de que los derechos humanos pueden restar eficacia a los organismos
penales. Resultado de todo ello es que en algunos países los grupos de víctimas se opongan a
los grupos de derechos humanos en vez de buscar la cooperación20 y que en ocasiones «segu-
ridad» y «derechos humanos» se perciban como conceptos opuestos y no como dos caras de
la misma moneda.21 De hecho, en algunos países el gobierno y la policía han logrado conven-
cer a la población de la necesidad de una acción policial dura (lo que a menudo significa más
facultades policiales y menos salvaguardias para su uso legítimo) para ofrecer una sensación
de seguridad.22
– A esto se une el hecho de que tradicionalmente los defensores de los derechos humanos
–incluidos los que trabajan en Amnistía Internacional– han centrado la atención en la violencia
del Estado contra los opositores políticos. Sin embargo, «las nuevas víctimas de los abusos
policiales son delincuentes comunes –tanto autores como víctimas de delitos–, a diferencia del
pasado, cuando las personas a quienes las organizaciones de derechos humanos defendían
eran víctimas de la represión del Estado. Es evidente que la idea de defender a las nuevas “vícti-
mas culpables” incomoda cada vez más [a las organizaciones de derechos humanos], [que] se
enfrentan a las denuncias de los políticos por “mimar” a los delincuentes y deben lidiar con el
argumento de que las políticas de mano dura con la delincuencia implican una contrapartida
Los derechos humanos y la policía 49
Los defensores de los derechos humanos que entablan contacto con la policía para estable-
cer algún tipo de relación de trabajo se encuentran en ocasiones con falta de comprensión por
parte de la policía. En vez de suponer que esto refleja falta de compromiso, debe entenderse
que en determinadas situaciones este malentendido por parte de los agentes de policía –sobre
los derechos humanos en general y su relación con el trabajo policial– es real y en muchos
casos se agudiza porque las (antiguas) autoridades han abusado de la semántica de los dere-
chos humanos. Por ejemplo, en algunos casos los agentes de policía creen que detener a una
persona es una violación de derechos humanos, lo que hace difícil que comprendan cómo las
dos cosas (función policial y derechos humanos) pueden ir juntas. Los defensores de los dere-
chos humanos deben explicar con absoluta claridad qué son los derechos humanos y qué res-
tricciones negativas y obligaciones positivas imponen al trabajo policial. El respeto de los dere-
chos humanos exige ante todo que la acción policial tenga una base legítima, que la acción
propiamente dicha se ajuste a la ley y que la ley se ajuste a las normas de derechos humanos.
Además, el respeto de los derechos humanos exige que la policía investigue y prevenga los
incidentes en que se restrinjan los derechos y libertades de las personas.
1.5. Resumen
La labor policial abarca más que la mera tarea de hacer cumplir la ley. En consecuencia, en este
libro de recursos se empleará el término «policía» en vez de «agente de la ley». La labor policial
abarca la prevención y detección del delito, el mantenimiento del orden público y la prestación
de asistencia a la población. Se cree que estas tres funciones garantizan conjuntamente la segu-
ridad de las personas que viven en el territorio del Estado. Para garantizar la seguridad, la poli-
cía puede restringir legítimamente los derechos de las personas, lo que recibe el nombre de
obligaciones negativas del Estado; pero la policía también tiene la obligación positiva de contri-
buir a crear un entorno en el que las personas se sientan libres y seguras y lo sean. Los agentes
de policía también tienen derecho a beneficiarse de esta obligación positiva del Estado; ellos tie-
nen derecho al ejercicio de los mismos derechos que las demás personas, incluidos los dere-
chos económicos, sociales y culturales.
Los agentes de policía suelen tener una perspectiva diferente de la que se observa en la
mayoría de los defensores de los derechos humanos. A veces emplean un lenguaje distinto para
hablar de la misma cuestión y llegan a conclusiones distintas sobre causas y efectos. En unas
ocasiones esto es el resultado obvio de los diferentes papeles que representan en la sociedad;
en otras, puede ser el resultado de supuestos estereotipados.
© REUTERS / Reinhard Krause
Para muchas personas, la función policial más importante, y la que más relacionan con la acti-
vidad policial, es el mantenimiento del orden público. De hecho, todas las demás funciones
policiales se derivan de ésta.
La policía no es el único organismo responsable del mantenimiento del orden, y tampoco es
el único que actúa en este campo. Hay un conglomerado de asociados implicados, cada uno
con funciones, responsabilidades y poderes diferenciados. En muchos casos sería inadecuado,
pero también ineficaz, entablar contacto con un solo organismo para plantear motivos de preo-
cupación relacionados con la ausencia de orden público. En consecuencia, es esencial entender
qué actores intervienen también en el mantenimiento del orden y qué relación (y dependencia)
mantiene con ellos la policía.
Es esencial asimismo entender qué relación mantiene la policía con el Estado y su ciudada-
nía. ¿Es la policía el brazo coercitivo del Estado o un instrumento para prestar servicio a la
comunidad? Este debate se refleja a menudo en el uso de conceptos diferentes de la policía,
como «fuerza» o como «servicio», respectivamente. La perspectiva que se adopta afecta en
gran medida a la manera en que la policía entabla contacto con la población y a la manera en
que la población entabla contacto con la policía. Los defensores de los derechos humanos tien-
den a percibir a la policía como «fuerza» e intentan que la policía se convierta en «servicio», en
una policía receptiva y que rinda cuentas directamente ante la comunidad. De hecho, la consig-
na «de fuerza a servicio» se emplea a menudo en relación con el trabajo de derechos humanos
con la policía.
Como es lógico, cuando se concede prioridad al servicio al Estado, la policía corre el riesgo
de convertirse en un instrumento de fuerza de la élite poderosa. Por otro lado, cuando se da
prioridad al servicio a las comunidades, la policía corre el riesgo de servir a las necesidades de
unas personas a costa de otras. Por ello la policía necesita cierta libertad para tomar sus pro-
pias decisiones basadas en su profesionalidad (obviamente, con las obligaciones que imponen
la ley y la política establecida). De hecho, cuando se trata de conseguir una acción policial res-
petuosa de los derechos humanos, la cuestión no debe ser si la policía es una fuerza o un servi-
cio, sino cómo se mantiene el equilibrio entre estos dos aspectos de la función policial. La poli-
cía es el brazo fuerte del Estado, y actúa en interés de la población. Dicho de otro modo: la
policía es un servicio que puede usar legítimamente la fuerza para alcanzar sus legítimos objeti-
vos. La manera en que se equilibran la fuerza y el servicio en la práctica está estrechamente vin-
culada con el papel que la policía desempeña en la sociedad. Si se ignora uno de los dos aspec-
tos, la consecuencia inevitable será una acción policial menos eficaz. Así pues, no es apropiado
hablar de «fuerzas policiales» o «servicios policiales». Sugerimos emplear en su lugar el con-
cepto neutro de «organismo policial».
En la Parte II de este libro de recursos se analizan algunas de estas cuestiones. Se examina
qué se le exige a la policía que haga y en qué contexto. En el capítulo 2 se estudian los concep-
tos de «orden» y su contrario, «desorden». En el capítulo 3 se examina cómo la policía puede
dar forma a su responsabilidad de mantener el orden, adoptando diferentes metodologías para
Alcanzar los objetivos del mantenimiento del orden público: Introducción 53
2.1. Introducción
Cierto grado de tranquilidad en la sociedad es una condición previa y necesaria para garantizar
la prosperidad de la población. De hecho, el vínculo entre seguridad y disfrute pleno de los
derechos civiles y políticos y de los derechos económicos, sociales y culturales se reconoce
cada vez más, como se refleja en el hecho de que las iniciativas internacionales de desarrollo se
vinculen con cuestiones de seguridad.24 Para que las personas puedan vivir juntas pacíficamen-
te, surgen normas de comportamiento en el seno de los grupos y entre unos grupos y otros,
que se sostienen de forma natural mediante la socialización y la disciplina informal o pueden
imponerse desde fuera mediante normas formales. En última instancia, corresponde al Estado
la responsabilidad de garantizar un nivel mínimo de orden, y la policía es una de las varias enti-
dades del Estado que tiene encomendada la tarea de hacer efectiva esa obligación. La resolu-
ción por la que se adoptó el Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cum-
plir la Ley se refiere a la «defensa del orden público» como «la naturaleza de las funciones de
aplicación de la ley».25 Una importante condición previa para evaluar de forma adecuada la
práctica policial es la comprensión plena del marco en que actúa la policía, incluidos todos los
aspectos de los sistemas más amplios de seguridad y justicia penal.
Comenzaremos en el apartado 2.2 de este capítulo analizando el concepto de «orden» y su
relación con el «Estado de derecho». El Estado es el responsable último de mantener el orden,
obligación que examinamos en el apartado 2.3. En el apartado 2.4 se examina cómo los Esta-
dos realizan en la práctica su responsabilidad de mantener el orden mediante el establecimiento
de sistemas de seguridad que implican organismos que actúan conjuntamente con un sistema
de justicia penal. Se examina la interrelación entre las diversas entidades, incluidos los actores
no estatales, desarrollando el contexto institucional en el que la policía actúa. El orden puede
definirse como la ausencia de desorden; en el apartado 2.5 se examina el desorden en diferen-
tes manifestaciones. El desorden puede exigir que los Estados instauren el estado de excepción,
que deja en suspenso las normas de derechos humanos y con frecuencia repercute en las acti-
vidades policiales, una cuestión que se examina en el apartado 2.6. Concluimos con un breve
resumen.
2.2. El orden
2.2.1. El derecho a la seguridad y el deber de mantener el orden
El «derecho a la seguridad» («seguro» significa «no afectado por el peligro o el miedo; a salvo,
protegido», y «seguridad» significa «una sensación segura»26) es un derecho básico garantiza-
do en el artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Es un derecho difícil de
garantizar, debido a los muchos factores que intervienen a la hora de proporcionar seguridad.
56 Entender la labor policial
Para garantizar su seguridad, la persona puede requerir factores distintos de los que requiere el
colectivo (como es lógico, teniendo en cuenta que el logro de la seguridad puede entrañar sen-
timientos subjetivos en vez de criterios objetivos). Unos índices elevados de delincuencia, ya
sean reales o percibidos, pueden inducir a las personas a sentirse inseguras e intranquilas y
pueden facilitar la aceptación de un régimen más severo contra la delincuencia que puede poner
en peligro los derechos de los demás.
El derecho a la seguridad está estrechamente relacionado con el «derecho al orden», tal
como se enuncia en el artículo 28 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, lo que
implica que el orden es necesario para que las personas realicen sus derechos y libertades y
cumplan sus aspiraciones. Los preámbulos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políti-
cos y del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales llevan más lejos el
artículo 28: «[...] no puede realizarse el ideal del ser humano libre en el disfrute de las libertades
civiles y políticas y liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que
permitan a cada persona gozar de sus derechos civiles y políticos, tanto como de sus derechos
económicos, sociales y culturales». Una de estas condiciones es un entorno seguro y tranquilo,
en el que haya «orden». La importancia del orden puede basarse también en el artículo 29.2 de
la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los artículos 12, 18, 19, 21 y 22 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos,27 que afirman que ciertos derechos podrán limi-
tarse para satisfacer las justas exigencias de la «seguridad pública, el orden público, la salud o
la moral públicas», en interés de la «seguridad nacional» o por respeto a los derechos o la
reputación de los demás (aunque algunos no pueden limitarse en ninguna circunstancia). El
orden debe mantenerse, ya que redunda en beneficio de todas las personas, y todas deben con-
tribuir pues toda persona «tiene deberes respecto a la comunidad», tal como se afirma en el
artículo 29.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.28
Definiremos el orden como «un estado de armonía pacífica bajo una autoridad constitui-
da».29 Ahora bien, el concepto de orden no es totalmente neutro. Habrá quien afirme que orden
significa ausencia de personas que desobedecen las leyes. Pero otros pueden sostener que el
mantenimiento del orden tiene como objetivo la distribución injusta de los recursos.30 Las per-
sonas que ocupan posiciones de poder tienden a definir el orden como la ausencia de toda
amenaza a su propio poder. Por ello los dirigentes políticos tratan a veces de restringir el dere-
cho de las personas a asociarse y reunirse para impedir que surja cualquier oposición que
pueda cuestionar su posición. La represión de la disidencia se justifica en ese caso como «una
medida necesaria para el mantenimiento del orden».
Los defensores de los derechos humanos pueden sentirse un tanto incómodos con el con-
cepto de orden. El orden puede tener una connotación de conservadurismo y de mantenimiento
del statu quo. No obstante, el orden tal como se contempla en el artículo 28 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos no significa adhesión a las reglas sin tener en cuenta el conte-
nido de esas reglas. De hecho, en una comunidad dominada por bandas el orden se puede
mantener mediante el miedo. Del «derecho a la seguridad» se deduce que debe entenderse que
el orden incluye ausencia de arbitrariedad y previsibilidad respecto de qué reglas y normas se
aplicarán.34 Esto significa que el Estado debería guiarse por los principios del Estado de dere-
cho y de derechos humanos para tener más probabilidades de que efectivamente la armonía se
adquiera y se mantenga de forma pacífica. El «orden» como tal es un concepto vacío. Para que
el orden esté en consonancia con los principios de derechos humanos, debe basarse en el Esta-
do de derecho y llevar al «ideal de que seres humanos libres disfruten de todos sus derechos».
Estado de derecho está estrechamente relacionada con la democracia y los derechos humanos;
de hecho, en muchos documentos de la ONU se afirma que el Estado de derecho, la democracia
y los derechos humanos deben ir siempre juntos porque están estrechamente vinculados. Sin
embargo, existe cierto debate acerca de qué se entiende por Estado de derecho.38 Los formalis-
tas procedimentales sostienen que el término «Estado de derecho» designa simplemente la
existencia de leyes y de un sistema que garantiza el cumplimiento de estas leyes, cualesquiera
que sean el proceso de elaboración y el contenido de esas leyes. Desde este punto de vista las
leyes relativas al apartheid, por ejemplo, no serían contradictorias con los principios del Estado
de derecho.
Otra interpretación del Estado de derecho se centra en las instituciones necesarias para
hacer respetar el Estado de derecho, como leyes integrales, tribunales que funcionen adecuada-
mente y jueces y mecanismos independientes para hacer cumplir la ley. Sin embargo, el Estado
de derecho también puede referirse a la consecución de determinados objetivos, para lo cual
esas instituciones son necesarias aunque insuficientes. Estos objetivos son:39
Esta segunda interpretación normativa del Estado de derecho –con el significado de estable-
cimiento de instituciones que tratan de alcanzar los cinco objetivos– es la que propugnan las
organizaciones de derechos humanos, incluida Amnistía Internacional. Es evidente que los
derechos humanos deben ser un elemento esencial, en tanto que para los «formalistas procedi-
mentales» sería suficiente con los primeros cuatro puntos. Esta postura supone también que la
«mera» defensa del establecimiento de las instituciones del Estado de derecho no es suficiente.
Uno de los objetivos del Estado de derecho es establecer el orden, un orden que después
debe basarse en el Estado de derecho. Establecer y mantener el Estado de derecho es uno de
los medios de que dispone el Estado para garantizar el orden. Huelga decir que la existencia del
Estado de derecho es fundamental para una acción policial basada en los derechos humanos,
ya que define y limita las funciones y los poderes de la policía, ofrece directrices por las que se
rige la conducta profesional y sitúa a la policía dentro del sistema de seguridad más amplio.40
Es evidente que la observancia del Estado de derecho exige un sistema que funcione bien de
leyes que protejan los derechos de las personas, ya sean derechos civiles, culturales, económi-
cos, políticos o sociales. La policía puede afirmar a veces que «las leyes limitan su trabajo»
cuando en realidad lo cierto es lo contrario: la ley hace posible que la policía haga su trabajo.
cia, entre ellas el establecimiento de organismos encargados de hacer cumplir la ley, y asumirá
la responsabilidad de hacer respetar el Estado de derecho y el mantenimiento del orden.
El mantenimiento del orden es también un requisito legal que los Estados deben cumplir. En
virtud del derecho internacional, los Estados son los responsables últimos de mantener y
garantizar la paz y la seguridad dentro de sus territorios para que su ciudadanía pueda disfrutar
plenamente de sus derechos humanos. Esto se deduce del preámbulo de la Declaración Univer-
sal de Derechos Humanos, que afirma: «Considerando que los Estados Miembros se han com-
prometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto
universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre[...]». Este punto se
reitera en los preámbulos del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Cultura-
les y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos: «la Carta de las Naciones Unidas
impone a los Estados la obligación de promover el respeto universal y efectivo de los derechos
y libertades humanos». Amnistía Internacional se esfuerza por garantizar que los Estados cum-
plen con sus responsabilidades en el campo de los derechos humanos en virtud del derecho
internacional. En varios informes, y en concreto en Vidas destrozadas y Hacer los derechos rea-
lidad, la organización se ha ocupado de la responsabilidad del Estado.42 Lo cierto es que el
derecho a la seguridad se corresponde con el deber del Estado de mantener el orden y propor-
cionar seguridad.
El derecho internacional impone obligaciones negativas y obligaciones positivas a los Esta-
dos: los Estados no deben abusar de sus poderes y deben proteger las libertades de las perso-
nas, respectivamente. En Hacer los derechos realidad, Amnistía Internacional hace referencia al
proyecto de artículos sobre la Responsabilidad del Estado por Hechos Internacionalmente Ilíci-
tos, de la ONU.43 De acuerdo con estos artículos, se entiende por acto internacionalmente ilícito
una acción u omisión que es atribuible al Estado y constituye una violación de una obligación
internacional del Estado. El Estado tiene la responsabilidad legal de respetar y aplicar las nor-
mas de derechos humanos dentro de su territorio y en los territorios donde ejerce un control y
una jurisdicción efectivos. Esto incluye la obligación de impedir que funcionarios del Estado y
otros actores cometan violaciones o abusos contra los derechos de las personas y de promover
el disfrute pleno de los derechos humanos. Cuando ciudadanos particulares amenazan con
cometer abusos contra estos derechos, desde luego el derecho a la vida y la seguridad de la
persona, el Estado, en virtud del derecho internacional, tiene la obligación de impedir que eso
suceda. Si los abusos han tenido lugar, el Estado, en virtud del derecho internacional, tiene la
obligación de investigar y procesar de acuerdo con las normas internacionales de derechos
humanos.44 Este principio es la base del concepto jurídico de diligencia debida.45 Los Estados
son responsables y deben adoptar medidas positivas para hacer respetar los derechos de las
personas, y se les pueden exigir responsabilidades cuando no lo hagan. Para nuestros fines en
este libro, de lo anterior se deduce que los Estados son responsables de garantizar la seguridad
mediante el establecimiento y el mantenimiento del orden y la creación de un sistema para
garantizarlo. Los Estados deben garantizar que sus representantes hacen respetar las normas
de derechos humanos, es decir, se abstienen de abusar de sus poderes en el cumplimiento de
sus obligaciones, y deben proteger las normas de derechos humanos, es decir, garantizar acti-
vamente la seguridad básica de todas las personas que viven en el territorio sobre el cual el
Estado tiene jurisdicción efectiva.
El concepto de «Estado» es abstracto. El Estado está representado por «órganos»: «Se con-
siderará hecho del Estado según el derecho internacional el comportamiento de todo órgano del
Estado, ya sea que ejerza funciones legislativas, ejecutivas, judiciales o de otra índole, cualquie-
ra que sea su posición en la organización del Estado y tanto si pertenece al gobierno central
La responsabilidad del Estado en materia de orden público 61
como a una división territorial del Estado. [...] Se entenderá que órgano incluye toda persona o
entidad que tenga esa condición según el derecho interno del Estado».46
Está claro que los organismos policiales, así como los agentes de policía individuales, enca-
jan en la definición anterior de órganos representativos del Estado y, en consecuencia, asumen
la responsabilidad del Estado. Mediante sus objetivos de mantenimiento del orden público y
prevención y detección del delito, la policía es uno de los principales órganos del Estado res-
ponsables de la protección de los derechos humanos. En relación con la diligencia debida, esto
significa que cuando la policía tiene conocimiento, o debería tenerlo, de abusos contra los dere-
chos humanos y no actúa para impedir que se cometan, es responsable en virtud del derecho
internacional. Pero la relación entre la acción policial y la responsabilidad de diligencia debida
del Estado es a menudo más compleja. ¿Con qué grado de determinación debe investigar la
policía ciertos delitos? ¿Y a costa de qué, qué podría pasarse por alto? ¿Son todos los delitos
aptos para la intervención de la policía? El Estado tiene la responsabilidad de dedicar sus mejo-
res esfuerzos a tratar de prevenir toda clase de abusos contra los derechos humanos. Otros
órganos del Estado distintos de la policía pueden ser de hecho más eficaces y estar mejor equi-
pados que la policía.
Aunque la responsabilidad del mantenimiento del orden recae en los Estados, es evidente
que éstos no siempre son eficaces a la hora de proteger la seguridad de su población o de ofre-
cer un sistema de seguridad eficaz, tal como se documenta en muchos informes de Amnistía
Internacional. La laguna de seguridad resultante en muchos países se llena mediante grupos
armados o parapoliciales que amenazan con sustituir a las instituciones del Estado como los
principales proveedores de seguridad, lo que de hecho contribuye a menudo al aumento de la
inseguridad y señala o causa una situación de desorden. En algunos países, fuerzas de seguri-
dad privadas intervienen en la esfera de la seguridad, con resultados diversos.47
Amnistía Internacional adopta la postura de que el Estado no tiene por qué monopolizar el
sector de la seguridad, y que hay margen para «ordenamientos» no estatales, como las iniciati-
vas de seguridad generadas por la comunidad (que también pueden estar al margen del proce-
so legal formal). Al mismo tiempo, la organización está convencida de que el Estado es el res-
ponsable último si alguno de estos «ordenamientos», como el sector de la seguridad privada o
los grupos parapoliciales, comete abusos contra los derechos humanos.48 La paradoja es evi-
dente: si el Estado no es eficaz a la hora de proporcionar seguridad a toda su población, surgen
otros actores, pero con la condición de que el Estado podrá regular (y regulará) la eficacia y la
equidad y preferentemente podrá intervenir (e intervendrá) en caso necesario, lo cual era exac-
tamente el problema en primer lugar.49 La cuestión de los proveedores de seguridad privados
se examina con más detenimiento en el apartado 2.4.
Téngase en cuenta que en algunos países, sobre todo en África aunque no sólo en ese conti-
nente, la idea de que el Estado mantenga la seguridad es ajena a la cultura y las tradiciones
autóctonas. En estos países, los sistemas de justicia tradicional apoyan a veces a las comunida-
des locales en el mantenimiento del orden y la resolución de conflictos. En muchos casos la
justicia tradicional abarca cierto tipo de función judicial en virtud de la cual determinadas perso-
nas (elegidas o jefes hereditarios) resuelven los conflictos y problemas que pueden poner en
peligro la armonía pacífica de la comunidad. Esto puede afectar a disputas conyugales, robos,
violencia, etc. En algunos países el establecimiento de un sistema judicial formal conforme a las
normas internacionales de derechos humanos que sea accesible a todas las personas está sen-
cillamente demasiado lejos. En esos países, donde los organismos oficiales pueden estar situa-
dos a cientos de kilómetros de distancia, por lo que es necesario viajar durante días para
denunciar formalmente un acto delictivo, el sistema tradicional puede colmar el vacío e impedir
62 Entender la labor policial
la impunidad. No obstante, debe tenerse en cuenta que en muchas situaciones los sistemas tra-
dicionales son discriminatorios contra mujeres y menores de edad.50
Todos los Estados desarrollan diversas instituciones y entidades con el propósito de mantener
el orden y garantizar la seguridad. Estas instituciones y entidades constituyen sus sistemas de
seguridad y justicia. En la mayor parte de los casos, si no en todos, la legislación define sus
objetivos, estructuras y atribuciones. Para dirigir lo que esos organismos hacen y cómo lo
hacen se utilizan leyes, normas y reglamentos, políticas nacionales y locales y códigos operati-
vos. Tal como se reconoce en la resolución por la que se adoptó el Código de Conducta para
Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, la aplicación efectiva de la ley depende de un
«sistema de leyes bien concebido, aceptado popularmente y humanitario».51 En la mayoría de
las jurisdicciones, los actores no estatales que actúan en la esfera de la seguridad, como las
empresas privadas, están obligados por la ley del mismo modo que cualquier otro ciudadano.
La policía es sólo una de las varias instituciones del Estado en las que recae la responsabili-
dad de mantener el orden. La policía tiene una responsabilidad limitada en lo relativo al restable-
cimiento del orden público pues sólo está equipada y formada para hacerlo hasta cierto punto.
Los sistemas de seguridad y justicia de un país coinciden en parte y se refuerzan mutuamen-
te. El mantenimiento efectivo del orden ayudará a prevenir la delincuencia, y un sistema de jus-
ticia penal eficaz respaldará el mantenimiento del orden. En este apartado nos ocuparemos de
aquellos actores que intervienen en el área de la seguridad y la justicia con los que la policía
coopera y de los que depende.
En muchos países los militares tienen (mucho) más prestigio y recursos que la policía (en
ocasiones incluso su autoridad prevalece de hecho sobre la de la policía), por lo que en ocasio-
nes la policía carece de medios y recursos suficientes. Esto puede tener consecuencias espe-
cialmente negativas en países en proceso de transición, donde la delincuencia tiende a aumen-
tar mientras se desmantela el antiguo sistema de seguridad (normalmente de tipo militar) y el
nuevo (normalmente de tipo civil) no se ha establecido todavía de forma adecuada. Un ejemplo
de esta situación es Nigeria: «En Nigeria, como en otros Estados en proceso de transición, los
militares abandonaron la escena con sus chalecos antibalas, vehículos de altas prestaciones,
seguros de vida y motivación más elevada. La policía que los sucedió carecía de recursos y el
gobierno no se dio prisa para equiparla plenamente. No transcurrió mucho tiempo antes de que
las consecuencias se advirtieran en las calles en forma de aumento de la delincuencia».57
Aun cuando el principal cometido de los militares es responder de las amenazas «exterio-
res», en ocasiones se recurre a ellos para restablecer el orden público cuando los disturbios
(internos) son violentos y permanentes. La Ley de Fuerzas de Policía de Sudán de 1999
(artículo 8), por ejemplo, disponía que cuando se declarara el estado de excepción, el presiden-
te podía reintegrar a las fuerzas de policía en las Fuerzas Armadas Populares, y a partir de ese
momento actuarían sometidas a las leyes y reglamentos de esas fuerzas armadas. En situacio-
nes de desorden o disturbios internos, así como en situaciones de emergencia en las que es
necesario actuar con firmeza y rapidez, las tácticas militares, incluidas su autoridad estricta y su
mínima discrecionalidad, pueden percibirse como más eficaces que las tácticas policiales. De
hecho, las unidades policiales formadas para desempeñar tareas antidisturbios suelen presentar
más rasgos militares que otros departamentos policiales. Lo mismo ocurre a la inversa. Las
unidades militares de mantenimiento de la paz que llevan a cabo funciones policiales en situa-
ciones de posconflicto adoptan en algunos casos tácticas de la policía civil como el estableci-
miento de relaciones con la comunidad y la realización de patrullas sin portar armas ni cubrirse
con cascos.
64 Entender la labor policial
De hecho, en algunos países, por ejemplo en muchos de América Central y América del Sur,
la distinción entre policía y fuerzas armadas no está tan clara. La acción policial civil y las fun-
ciones militares se confunden cuando los soldados desempeñan funciones policiales sin tener
en cuenta las circunstancias, como una parte normal de sus funciones, y a veces los Estados
deciden desplegar (parte de) la policía civil junto con los militares. Además, en algunos países a
la policía se le exige que desempeñe funciones militares cuando así se le ordene, simplemente
porque los regímenes confían más en la policía que en los militares.58 En algunas ocasiones a
la policía incluso se le ordena desempeñar funciones militares fuera del territorio del Estado.
Por ejemplo, entre 1997 y 2002 el gobierno de Angola envió a miembros de la Policía de Inter-
vención Rápida, de carácter paramilitar, a Congo Brazzaville para luchar como combatientes
militares.59
Definir con claridad la separación entre seguridad interna y defensa nacional es prioritario
para lograr una acción policial democrática y el respeto de los derechos de la ciudadanía. No
sólo debe haber una separación clara de funciones sino que cuando los militares desempeñan
funciones militares y viceversa debe haber criterios claros que definan cuándo y cómo y duran-
te cuánto tiempo desempeñarán esas funciones. En particular, debe conocerse con claridad en
virtud de qué procedimientos legales y operativos desempeñan los militares funciones policia-
les y utilizan los poderes policiales, con especial énfasis en los procedimientos que regulan el
uso de la fuerza y los medios de fuerza disponibles.
Los paramilitares
En muchos países hay fuerzas policiales paramilitares, a menudo por intereses políticos y no
por intereses públicos.60 Amnistía Internacional ha documentado numerosos ejemplos de fuer-
zas paramilitares responsables de uso excesivo de la fuerza. En muchas situaciones estas fuer-
zas paramilitares no han recibido capacitación como policías pero desempeñan funciones poli-
ciales y disponen de poderes policiales. El término «paramilitar» es ambiguo. En el contexto de
algunos países, se emplea para designar a grupos armados no estatales (tanto si actúan con la
aprobación tácita del Estado como si lo hacen sin ella), mientras que en otros constituyen una
parte oficial del aparato de seguridad del Estado. Las personas que llevan a cabo investigacio-
nes sobre los sistemas de seguridad deben ser conscientes de las complejidades de las estruc-
turas de mando de todo grupo «paramilitar», así como de las complejidades conexas que rode-
an las cuestiones relativas a la rendición de cuentas.
La militarización de la policía
En la mayoría de los países la policía es civil por naturaleza y origen, y está adscrita a los Minis-
terios de Interior o Justicia, no al de Defensa.61 Algunos países, como Francia, Turquía y Chile,
poseen sistemas dobles en los que organismos de tipo «gendarmería», provenientes de los
La responsabilidad del Estado en materia de orden público 65
militares y que en ocasiones continúan dentro de la jerarquía del Ministerio de Defensa pero
sometidos a autoridades civiles (locales), actúan junto a la policía civil. En muchos países la
policía presenta fuertes rasgos militares: viste uniforme de combate, patrulla en grupos, se rige
por un sistema de graduaciones de tipo militar (general de la policía en vez de director general)
y vive en recintos separados.
La militarización de la policía puede manifestarse en muchos aspectos, como por ejemplo:
En la teoría y en la práctica se considera que, sin lugar a dudas, la mejor práctica es que la
policía esté lo menos militarizada posible, ya que una policía más militarizada tiende a ser
menos receptiva a las necesidades de la comunidad (como consecuencia de la cultura y de los
métodos) y tendrá dificultades para establecer relaciones con la población.62 Por este motivo
incluso en épocas de desorden se recomienda que las responsabilidades básicas de imposición
de la ley permanezcan en manos de organismos encargados de hacer cumplir la ley civiles
durante el máximo tiempo posible.63 Una vez dicho esto, algunos autores sostienen que cierta
falta de delimitación de funciones puede estar indicada en entornos frágiles, ya que «la militari-
zación puede hacer que la policía sea más violenta, pero las estructuras jerárquicas y la discipli-
na que lleva asociadas pueden constituir también una posible herramienta para controlar la bru-
talidad y garantizar cierto grado de seguridad pública».64
«La ausencia de delimitación clara entre la policía y el ejército es un problema grave en muchos
países de la jurisdicción de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La Comisión se
ha ocupado de la cuestión reiteradamente, afirmando que “un Estado no debe permitir que las
Fuerzas Armadas influyan en las acciones de las instituciones policiales”. También ha afirmado
que “dado que las Fuerzas Armadas carecen de formación adecuada para controlar la seguridad
interna, es responsabilidad de una fuerza de policía civil eficaz y respetuosa de los derechos
combatir la inseguridad, la delincuencia y la violencia internamente”. Además de señalar las
diferencias en cuanto a formación militar y policial en su Informe Anual de 1998, la Comisión
recomendó que “las Fuerzas Armadas no sean empleadas en la tarea de hacer cumplir la ley
‘particularmente en áreas tales como la investigación de crímenes comunes y la ejecución de
arrestos’, que por su especialidad, complejidad y su contacto con la sociedad, debe ser respon-
sabilidad de un cuerpo policial debidamente instruido y especialmente respetuoso del Derecho”.
66 Entender la labor policial
De acuerdo con la Comisión, cuando los Estados autorizan intervenciones militares en asun-
tos de seguridad interna, confunden los conceptos de seguridad pública y seguridad nacional.
Ni el abuso de los “estados de excepción” ni el aumento extraordinario de la delincuencia justifi-
can la intrusión de los militares en asuntos relacionados con la seguridad interna. Otro aspecto
preocupante de la militarización es el uso continuado de la jurisdicción militar en casos de con-
ducta indebida, incluso cuando los soldados desempeñan funciones policiales. Por su parte, las
fuerzas policiales siguen estando profundamente militarizadas en sus estructuras organizativas
y sistemas educativos, y en sus mecanismos de control y disciplinarios.»65
utiliza por motivos políticos. El hecho de que las agencias de seguridad no suelan estar dis-
puestas a revelar ni sus fuentes de información ni la propia información, que a menudo es «cla-
sificada», puede menoscabar las normas relativas al proceso debido en juicios penales. Por otra
parte, si la policía comienza a utilizar sus relaciones con la comunidad para recoger información
de índole política corre el riesgo de perder la confianza de sus comunidades. Esto es así sobre
todo en el caso de la inteligencia relacionada con el terrorismo. Para algunos, el terrorismo
implica actos delictivos, aunque de motivación política, y para otros tiene la consideración de
acto puramente político. En consecuencia, ambas pueden tener interés en recoger información
sobre terroristas.
En el seno del Consejo de Europa, las características generales de los servicios de seguridad
interna de los Estados miembros se han identificado y definido en años recientes.67 El Grupo de
Especialistas en Servicios de Seguridad Interior (PC-S-SEC), que examinó esta cuestión, llegó a
la conclusión de que la existencia de un servicio de seguridad interna se basa en el principio
fundamental del derecho internacional que afirma que los Estados tienen derecho a proteger su
seguridad nacional (que puede definirse en la legislación nacional), lo que a su vez se justifica
por el principio según el cual la soberanía nacional requiere protección. La seguridad nacional
se considera la columna vertebral de la soberanía nacional. Los servicios de seguridad interna
contribuyen a la protección de los derechos humanos; forman parte del Estado constitucional y
actúan sometidos al ordenamiento jurídico. Esto significa que el funcionamiento de un servicio
de seguridad interna no tiene como único fin proteger la seguridad nacional sino también prote-
ger y garantizar los derechos humanos de la ciudadanía.
El Grupo de Especialistas llegó también a la conclusión de que todos los servicios de seguri-
dad interna están arraigados en sus respectivos marcos legales nacionales, ya sea en la Consti-
tución, en leyes específicas o en leyes que regulan otros organismos gubernamentales a fin de
salvaguardar la aplicación del Estado de derecho. De tal modo, deben organizarse y actuar
basándose en reglas establecidas por ley. En este sentido se consideró como principio general
que todas las normas legislativas deben someterse al proceso parlamentario normal de elabora-
ción de las leyes, que por naturaleza es un procedimiento público. Esto significa que toda dis-
posición legal por la que se establecen servicios de seguridad interna debe ajustarse al principio
de legalidad.
El Grupo de Especialistas determinó que una de las funciones de los servicios de seguridad
interna puede ser la de prevenir amenazas de carácter delictivo grave y que la información que
obtienen los servicios de seguridad interna puede ser de gran ayuda para los organismos
encargados de hacer cumplir la ley. El Grupo de Especialistas llegó a la conclusión de que,
puesto que una de las funciones de los servicios de seguridad interna puede ser la de ayudar a
los organismos encargados de hacer cumplir la ley, está justificado –como sucede en algunos
Estados miembros del Consejo de Europa– que dichos servicios se organicen dentro de un
organismo encargado de hacer cumplir la ley. El Grupo de Especialistas reconoció que las fun-
ciones y los poderes para hacer cumplir la ley y para recoger inteligencia son independientes
pero complementarios y que corresponde a cada Estado miembro decidir la mejor manera de
68 Entender la labor policial
Los sistemas de justicia penal se basan generalmente en uno de los dos sistemas judiciales
siguientes: el sistema acusatorio del derecho consuetudinario de tradición anglosajona y el sis-
tema inquisitivo del derecho civil de tradición romana:
– En virtud del sistema inquisitivo del derecho civil, la policía y el ministerio público, así
como los jueces, se consideran «servidores de la ley» neutrales y objetivos que trabajan para
encontrar la verdad objetiva. El juez instructor o el juez de indagaciones preliminares, con la
ayuda del fiscal, es el principal responsable de la investigación criminal y participa activamente
en la determinación de los hechos del caso, mientras que uno o más jueces se encargan del jui-
cio. El sistema se centra en el acusado.
– En virtud del sistema acusatorio del derecho consuetudinario, ambas partes (defensa y
acusación) tienen la misma posición en el juicio, y durante el juicio se las considera partes igua-
les en la búsqueda de la verdad («subjetiva»). El juez, en ocasiones con la asistencia de un jura-
do, tiene el cometido de mediar y de salvaguardar el proceso judicial, como árbitro imparcial
entre las dos partes. En el caso del fiscal, la finalidad de la investigación es obtener información
que convenza al juez o al jurado de que existen pruebas suficientes para procesar y declarar
culpable al acusado.
Como es lógico, en la práctica estos sistemas no se aplican en formas tan puras, y con bas-
tante frecuencia se da una mezcla de fase preliminar inquisitiva y fase de juicio acusatoria. En
términos muy generales, podría decirse que el Reino Unido, Estados Unidos y la mayoría de los
países de la (antigua) Commonwealth británica tienden a regirse por un sistema moderadamen-
te acusatorio, en tanto que la mayoría de los países de la Europa continental y de América Lati-
na y los países que estuvieron bajo la influencia de la Unión Soviética se rige por un sistema
moderadamente inquisitivo.
Las diferencias entre los sistemas se traducen en los diferentes papeles que desempeña el
fiscal, lo que a su vez afecta a la policía. En el sistema inquisitivo, la investigación tiene lugar
bajo la autoridad del juez de instrucción con la ayuda de la fiscalía. El fiscal abre la investiga-
ción, la dirige y presenta las conclusiones al tribunal. La otra parte –la persona sospechosa y su
representante letrado– es bastante pasiva, y por lo general no realiza activamente investigación
alguna por sí misma (sin embargo, puede solicitar al juez de instrucción que lleve a cabo deter-
minadas acciones, como por ejemplo que escuche a «nuevos» testigos que pasaron inadverti-
dos para la acusación). El papel de la acusación puede correr a cargo de un fiscal (parte en el
juicio) o de un juez de instrucción o juez de indagaciones preliminares (imparcial), como por
ejemplo en Francia, Italia y Bélgica. En los países donde rige este sistema de derecho de tradi-
ción romana existe a menudo una policía judicial independiente que desempeña funciones de
investigación criminal en nombre del fiscal. En su condición de agentes judiciales, los policías
judiciales están separados de otras funciones policiales, como la prevención del delito y el man-
tenimiento del orden público. En este contexto, la «otra» policía recibe el nombre de «policía
preventiva».
En el sistema acusatorio, en cambio, la policía lleva a cabo la investigación, bajo su propia
autoridad, y presenta los resultados al fiscal, que los presenta al tribunal. De este modo se
reduce de forma sustancial el papel del fiscal pero se aumenta la importancia del papel de la
policía. En estos países suele haber un solo organismo policial que tiene encomendadas todas
las funciones policiales, aunque dentro del organismo suele haber departamentos de investiga-
ción separados. En el capítulo 7 puede hallarse más información sobre el papel de la policía en
la investigación criminal y el procesamiento.
La responsabilidad del Estado en materia de orden público 71
pongan en peligro la vida del país (véase el apartado 2.6). El derecho internacional humanitario
o las leyes de la guerra son aplicables en situaciones de conflicto armado (internacional o no
internacional). En el Apéndice G se ofrece un resumen del derecho internacional humanitario
pertinente.
Cualquiera que sea el nivel de las tensiones en el seno de una sociedad, las funciones de la
acción policial civil continúan, es decir, la policía sigue investigando los delitos, prestando
ayuda (cuando es posible) y manteniendo el orden (donde es posible). La adhesión al Estado de
derecho y la puesta a disposición judicial de los delincuentes, incluso en situaciones de conflic-
to y desorden, son el principal medio de que disponen los Estados para impedir la impunidad
que conduce a un aumento de la desobediencia civil y de la delincuencia (organizada). Una vez
dicho esto, es preciso observar que la responsabilidad del mantenimiento del orden puede
compartirse con organismos del Estado distintos de la policía, o se puede transferir a esos
organismos, durante los estados de excepción, en particular a las fuerzas especiales y a los
militares. En cualquier caso, el derecho internacional de los derechos humanos y el derecho
internacional humanitario encomiendan a los Estados hacer respetar determinadas normas
mínimas, cualesquiera que sean las circunstancias. La discriminación y el trato inhumano no
pueden justificarse en ningún caso por conflictos internos ni por ninguna otra situación de
emergencia pública.
Con arreglo al artículo 4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, los Estados
podrán declarar el estado de excepción y suspender las obligaciones contraídas en virtud del
Pacto, «[e]n situaciones excepcionales que pongan en peligro la vida de la nación y cuya exis-
tencia haya sido proclamada oficialmente». Esta suspensión tiene que ajustarse al principio de
proporcionalidad, ya que sólo está permitida «en la medida estrictamente limitada a las exigen-
cias de la situación» y no podrá ser incompatible con las demás obligaciones contraídas en vir-
tud del derecho internacional ni podrá ser discriminatoria. El Estado Parte deberá informar a los
demás Estados Partes a través del secretario general de la ONU. De estos requisitos se deduce
que la suspensión debe someterse a revisión periódica y debe ser limitada en el tiempo.
Algunos derechos no pueden ser objeto de suspensión, aunque los derechos afectados pue-
den variar según los tratados. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos no permite
la suspensión de:
Los Estados Partes en el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, destinado a abolir la pena de muerte, no pueden suspender esta obligación,
tal como se prescribe en el artículo 6 del Protocolo.
El derecho a un juicio justo puede ser objeto de suspensión, al igual que el derecho a la liber-
tad de reunión, la libertad de asociación, la libertad de expresión y el derecho a la intimidad,
entre otros.
Los Estados pueden declarar el estado de excepción cuando la vida del país esté en peligro.
Pero no siempre se sabe con certeza si la vida del país está en peligro ni de qué naturaleza es el
peligro, o si la amenaza exige que se aplique el nivel de suspensión que se decreta. Muchos
países han aplicado alguna forma de legislación de seguridad, con gran frecuencia en relación
con la amenaza del terrorismo, que otorga poderes y autoridad más amplios a sus respectivos
organismos policiales. Estos estados de excepción de hecho (pero no de derecho) no siempre
se compadecen con el artículo 4 del Pacto, y en tal caso constituyen una violación del derecho
internacional. La declaración del estado de excepción y la aplicación de la legislación de seguri-
dad no siempre se rigen en la práctica por consideraciones objetivas: ¿qué sucede si la gran
mayoría de la población de esa zona no está de acuerdo con la evaluación de la situación que
hace el gobierno y no desea que se promulgue la ley del estado de excepción? ¿Quién decidirá
que la proclamación del estado de excepción es absolutamente imprescindible para conjurar la
amenaza para la seguridad del país o de la provincia y qué fuerza utilizada es necesaria y pro-
porcional a la situación?76
El Comité de Derechos Humanos ha publicado una interpretación detallada y autorizada de
ocho páginas del artículo 4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos en su Obser-
vación general núm. 29.77 Se recomienda a los usuarios de este libro de recursos que se fami-
liaricen exhaustivamente con esta observación y presten especial atención a los aspectos que
tratan de la aplicación de la ley y de las cuestiones relativas al mantenimiento del orden público.
La observación afirma claramente que el «restablecimiento de un estado de normalidad» debe
ser el objetivo primordial de la suspensión. El requisito que impone el artículo 4 de que las
medidas de suspensión se adopten «en la medida estrictamente limitada a las exigencias de la
situación [...] guarda relación con la duración, el ámbito geográfico y el alcance material del
estado de excepción y de cualesquiera disposiciones excepcionales aplicadas en razón de la
emergencia».78 El Comité de Derechos Humanos subraya la importancia del cumplimiento de
los principios de legalidad y del Estado de derecho «cuando son más necesarios».
La suspensión no puede ser incompatible con otras obligaciones contraídas en virtud del
derecho internacional, en particular el derecho humanitario (véase el Apéndice G). El Comité de
Derechos Humanos afirma: «Los Estados Partes no pueden en ningún caso invocar el artículo 4
del Pacto como justificación de actos que violan el derecho humanitario o normas imperativas
de derecho internacional, por ejemplo, la toma de rehenes, la imposición de castigos colectivos,
la privación arbitraria de la libertad o la inobservancia de los principios fundamentales de juicio
imparcial, en particular la presunción de inocencia».79 Otros elementos del juicio imparcial que
deben respetarse son la condición de que sólo los tribunales pueden enjuiciar y condenar a una
persona por un delito y el derecho de acceso a los tribunales para que éstos decidan sobre la
legalidad de la detención.80
74 Entender la labor policial
En general, para que los Estados puedan suspender de forma legítima el ejercicio de dere-
chos humanos deben cumplirse los principios siguientes:
Algunos artículos de los tratados de derechos humanos contienen cláusulas de limitación que
permiten limitar en determinadas circunstancias los derechos que contemplan. Por ejemplo, el
artículo 21 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos protege el derecho de reunión
pacífica. Al mismo tiempo, permite que el ejercicio de este derecho esté sujeto a restricciones,
siempre que se impongan de conformidad con la ley y sean necesarias en una sociedad demo-
crática, para un número limitado de fines. Estos fines son los intereses de la seguridad nacional
o la seguridad pública, el orden público, la protección de la salud o la moral públicas o la protec-
ción de los derechos de los demás. Los artículos que protegen el derecho a la libertad de pensa-
miento, conciencia o religión, a la libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad de
circulación incluyen cláusulas de limitación similares. De hecho, la Observación general núm. 29
del Comité de Derechos Humanos afirma que no todos los disturbios o catástrofes constituyen
una emergencia pública: «[Los Estados] deben poder justificar no solamente que la situación
constituye un peligro para la vida de la nación, sino también que todas las medidas que suspen-
den la aplicación de disposiciones del Pacto son estrictamente necesarias según las exigencias
de la situación».81 En otras palabras, no siempre será necesario declarar el estado de excepción
y limitar los derechos de las personas, ni la declaración del estado de excepción podrá utilizarse
para restringir más derechos de los necesarios para hacer frente a las exigencias de la situación.
Algunos derechos son absolutos por cuanto en ningún caso los Estados pueden decretar su
suspensión ni se pueden limitar en ningún aspecto. Los derechos absolutos son:
2.6.4. El terrorismo
El terrorismo constituye una situación especial en la que los gobiernos afirman a menudo que
está en peligro la vida de un país. En la actualidad se lo considera una amenaza grave para la
seguridad.82 No existe una definición ampliamente aceptada de «terrorismo» que sirva de guía
para el establecimiento de normas internacionales, aunque hay iniciativas para abordar esta
cuestión.83 Amnistía Internacional acoge con agrado las iniciativas para acordar una Conven-
ción contra el Terrorismo, ya que la organización encuentra definiciones imprecisas en la legis-
lación en materia de seguridad que podrían desembocar en la penalización de actividades pacífi-
cas que impliquen el ejercicio de derechos protegidos por el derecho internacional y en medidas
que pongan en peligro los derechos de las personas detenidas por la presunta comisión de deli-
tos contra la seguridad.84
El terrorismo intenta crear desorden y desestabilizar a los Estados. Dado que los gobiernos
tienen el deber de garantizar el orden en su territorio, tienen el derecho y el deber de proteger a
su población contra tales amenazas. Pero los medios que los Estados utilizan para alcanzar este
fin tienen a menudo efectos trascendentales sobre el Estado de derecho. El terrorismo puede
inducir a los Estados a proclamar el estado de excepción. En esos casos, los Estados están
obligados por las condiciones que se exponen supra. En la práctica, sin embargo, los Estados
tienden a abstenerse de proclamar oficialmente el estado de excepción y aplican algún tipo de
legislación de seguridad que con gran frecuencia incluye la ampliación de las funciones policia-
les, la concesión a los organismos encargados de hacer cumplir la ley de poderes adicionales
para efectuar registros, arrestos y detenciones al tiempo que se debilitan las salvaguardias con-
tra el abuso de esos poderes.
Un ejemplo es Malaisia, donde en 1960 el gobierno, en virtud de las disposiciones de la
Constitución de 1957, que permite la restricción de las libertades fundamentales en caso de
subversión grave o de violencia organizada, promulgó la Ley de Seguridad Interna. Esta ley,
tanto si se declara oficialmente el estado de excepción como si no se declara, faculta a la policía
para arrestar sin orden judicial a cualquier persona que a su juicio haya actuado, o «se dispon-
ga a actuar», de una manera que pueda poner en peligro la seguridad, los «servicios esencia-
les» o la «vida económica» de Malaisia. Las personas detenidas pueden permanecer privadas
de libertad durante un periodo máximo de 60 días con fines de investigación, durante el cual el
acceso a abogados, médicos y familiares está sometido a la total discrecionalidad de la policía.
Posteriormente el ministro del Interior, siguiendo las recomendaciones de la policía, puede dic-
tar una orden de detención por un periodo de dos años, renovable indefinidamente. Amnistía
Internacional afirmó en su informe de 2005: «La Ley de Seguridad Interna ha ampliado gradual-
mente, mediante una serie de enmiendas, los poderes ejecutivos, al tiempo que ha desvirtuado
las salvaguardias judiciales concebidas para proteger contra sus abusos. Cuando una persona
ha sido detenida en virtud de la Ley de Seguridad Interna, no dispone de recursos efectivos
76 Entender la labor policial
ciones de derechos humanos. El terrorismo, por su parte, debe entenderse también como una
agresión contra derechos básicos».89
2.7. Resumen
Todo gobierno relativamente estable, ya sea democrático, autoritario o de otra naturaleza, tiene
la responsabilidad de hacer respetar el Estado de derecho y mantener el orden. En consecuen-
cia, adoptará medidas en materia de seguridad y justicia, entre ellas el establecimiento de orga-
nismos encargados de hacer cumplir la ley. El sector de la seguridad incluirá siempre actores
no estatales.
En todas sus funciones, la policía coopera con otras instituciones y entidades de seguridad y
justicia, tanto actores estatales como no estatales, para alcanzar sus objetivos. Además, otras
entidades pueden compartir objetivos con la policía. De hecho, la eficacia del sistema de seguri-
dad y justicia en su conjunto depende de las características de todas las entidades que intervie-
nen: la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, ya que todas las entidades son interde-
pendientes. Para que el sistema sea eficaz, es fundamental que los diferentes organismos
reciban directrices e instrucciones claras sobre sus respectivas funciones que especifiquen asi-
mismo las distintas posiciones que ocupan y sus líneas de rendición de cuentas, así como sus
puntos de interrelación. Un efecto importante de esta interdependencia es el relacionado con la
rendición de cuentas. No se puede ni se debe exigir responsabilidades a la policía por actos de
conducta indebida, comunicación institucional incorrecta, falta de coordinación, lagunas en
materia de política, etc., que sean responsabilidad de otros «socios» en la cadena de seguridad
y justicia. Los defensores de los derechos humanos deben ser conscientes del papel que los
diferentes organismos desempeñan dentro de los sistemas establecidos para mantener el orden
a fin de orientar con eficacia la investigación y las actividades de campaña.
El orden, que hemos definido como un estado de armonía pacífica bajo una autoridad consti-
tuida, no se ve amenazado por que las personas disfruten plenamente de sus derechos, incluido
el derecho de reunión pacífica. De hecho, las manifestaciones no deben entenderse como signo
de desorden. Pero las manifestaciones pueden ser signo de tensiones en la sociedad que pue-
den desembocar en disturbios internos. En situaciones de desorden, los Estados pueden, en
condiciones estrictas, proclamar el estado de excepción. En tales situaciones, algunos derechos
pueden ser objeto de suspensión, pero hay derechos que no pueden ser objeto de suspensión.
Además, algunos derechos son absolutos, lo cual quiere decir que no pueden ser objeto de sus-
pensión y nunca pueden limitarse en modo alguno.
© ANP / David H. Wells
Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley cumplirán en todo momento los
deberes que les impone la ley, sirviendo a su comunidad y protegiendo a todas las
personas contra actos ilegales, en consonancia con el alto grado de responsabilidad
exigido por su profesión.
Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, artículo 1
Al igual que todos los organismos del sistema de justicia penal, todo órgano de
aplicación de la ley debe ser representativo de la comunidad en su conjunto,
obedecerla y responder ante ella.
Asamblea General de la ONU, Resolución 34/169 por la que se adopta el Código de Conducta para
Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979
Las funciones de la policía 79
3.1. Introducción
El Estado es el responsable último de preservar el orden público para que las personas que
viven dentro de su jurisdicción puedan disfrutar al máximo de sus derechos. Amnistía Interna-
cional ha documentado innumerables casos de situaciones en que los gobiernos han incumpli-
do esta responsabilidad y de hecho han contribuido a la falta de orden y seguridad por cometer
violaciones de derechos humanos y no proteger estos derechos.
Numerosos organismos del Estado intervienen, directa o indirectamente, en las tareas necesa-
rias para garantizar el orden. Existe una compleja situación de interdependencia y la policía sólo es
uno de los organismos del Estado que interviene. En este capítulo examinaremos con más deteni-
miento cuáles son los objetivos concretos de la policía en materia de mantenimiento del orden y
provisión de seguridad y cómo los organismos policiales intentan alcanzarlos. Es interesante
señalar que tanto las normas internacionales de derechos humanos como la bibliografía publicada
sobre estos derechos tienden a pasar por alto las funciones policiales y se centran en los poderes
policiales. La importancia de las funciones policiales es aún más relevante si tenemos en cuenta
que pueden constituir un área en la que el diálogo entre la comunidad de derechos humanos y la
policía puede ser sumamente fructífero. Es evidente que pueden producirse violaciones de dere-
chos humanos porque la policía abusa de sus poderes, y este aspecto suele ser el centro de la
atención de los defensores de los derechos humanos. Pero también se pueden violar los derechos
humanos porque la policía no desempeña sus funciones con eficacia. La policía debe hacer lo que
se le exige legalmente que haga y debe llevar a cabo su trabajo de forma correcta y eficaz.
En el apartado 3.2 de este capítulo se examinan las funciones policiales, y en el apartado 3.3
se analizan algunos aspectos organizativos de la aplicación de estas funciones. Para alcanzar
los objetivos, se han adoptado varias filosofías de la actividad policial que incorporan diferentes
niveles de receptividad a la comunidad a la que se sirve. Hay en curso un debate acerca de qué
filosofía es la más eficaz. En el apartado 3.4 examinaremos algunas filosofías que se aplican en
todo el mundo y concluiremos con algunas observaciones evaluativas y un breve resumen.
Téngase en cuenta que la información que se ofrece en este capítulo intenta apoyar a los defen-
sores de los derechos humanos a la hora de formular una opinión informada en un contexto
concreto, y no formular normas universales acerca de cómo deberían ser las cosas. Como es
lógico, no todos los detalles de cómo la policía lleva a cabo su trabajo o de qué recursos dispo-
ne son relevantes para los defensores de los derechos humanos, pero esperamos señalar las
áreas que son especialmente relevantes desde una perspectiva de derechos humanos.
de imposición de la ley, que tienen el deber de mantener la ley y están obligados por la ley.
La policía suele desconocer el derecho internacional y se rige por lo dispuesto en la legisla-
ción nacional. En la mayoría de las jurisdicciones, las funciones policiales se recogen en
una Ley de Policía que expone los objetivos fundamentales que la policía debe alcanzar y
los recursos de que dispone para ello. Estas leyes de policía suelen definir asimismo las
responsabilidades de la policía y sus autoridades, ya que definen qué grado de libertad
posee la policía para establecer prioridades acerca de cómo utilizar sus recursos. Una eva-
luación de la acción policial desde el ángulo de los derechos humanos debe incluir un estu-
dio de esta clase de leyes de policía. En el capítulo 8, dedicado a la rendición de cuentas
policial, se analizan con más profundidad los marcos legislativos dentro de los cuales actúa
la policía.
Aunque las normas internacionales no definen las funciones policiales, en la bibliografía publi-
cada sobre la materia y en la práctica se ha desarrollado con el tiempo una interpretación
común de las principales funciones de la policía en un Estado democrático regido por el Estado
de derecho.90 Son las siguientes:
Las funciones policiales tienen que ver con los objetivos de la policía: ¿para qué está aquí?
No deben confundirse con lo que la policía hace (es decir, las acciones policiales, por ejemplo la
gestión del orden público) ni con los poderes policiales; de ambas cuestiones nos ocuparemos
en la Parte III de este libro de recursos.
Estas funciones se derivan también de diversos principios de derechos humanos perti-
nentes para la actividad policial. La resolución por la que se adoptó el Código de Conducta
para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley afirma que la policía debe ser
receptiva a las comunidades a las que sirve. El artículo 1 afirma: «Los funcionarios encar-
gados de hacer cumplir la ley cumplirán en todo momento los deberes que les impone la
ley, sirviendo a su comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales, en
consonancia con el alto grado de responsabilidad exigido por su profesión». En el comen-
tario de este artículo se aclara: «En el servicio a la comunidad se procura incluir especial-
mente la prestación de servicios de asistencia a los miembros de la comunidad que, por
razones personales, económicas, sociales o emergencias de otra índole, necesitan ayuda
inmediata». En consecuencia, «todas las personas» debe interpretarse como no discrimi-
natorio; «actos ilegales» debe interpretarse como todas las «prohibiciones previstas en la
legislación penal», e incluye además los realizados por personas «que no pueden incurrir
en responsabilidad penal». El artículo 21 de la Declaración sobre los Principios Fundamen-
tales de Justicia para las Víctimas de Delitos y del Abuso de Poder obliga a los Estados a
aplicar políticas de prevención del delito. El mantenimiento del orden público es una fun-
ción policial explícita que se menciona en varios principios, como ya se ha examinado en
estas páginas. En general, es razonable esperar que la acción policial orientada a los dere-
chos humanos abarque, como mínimo, estas tres funciones. En otras palabras: la ciudada-
nía tiene derecho a estos tres servicios.
Las funciones de la policía 81
«Prestación de asistencia»
El Comentario al artículo 1 del Código Europeo de Ética de la Policía dice así:91
Se han dedicado muchos estudios a examinar qué hacen los agentes de policía para alcanzar
sus objetivos.92 Se han propuesto tres categorías diferenciadas:
1. Patrulla: sus fines son prestar asistencia a la población, mantener el orden público y pre-
venir el delito. Patrullar significa moverse a pie, a caballo o en vehículos, vigilando lo que suce-
de y básicamente esperando una oportunidad o una petición de actuación. El trabajo puede
generarse como consecuencia de un aviso por radio (atendiendo solicitudes de la población o
de compañeros y superiores). Los agentes de patrulla suelen desplegarse en una zona concreta;
la organización de los equipos de patrulla tiende a ser geográfica. Los agentes de las patrullas
suelen trabajar en turnos de 24 horas. En la mayoría de los países, la policía es el único orga-
82 Entender la labor policial
nismo del Estado que funciona las 24 horas del día. Esto puede conducir a situaciones en que la
policía asume tareas diversas, como las que son en sentido estricto responsabilidad de otros
(en ocasiones la policía se encarga de personas con problemas mentales, de personas social-
mente desfavorecidas y de otras que necesitan asistencia). Al mismo tiempo, conduce a que la
policía sea «omnipresente», algo que puede en igual medida contribuir a la sensación de segu-
ridad de la gente y disminuir esa sensación.
2. Investigación del delito: su principal objetivo es detectar el delito una vez que tiene lugar,
aunque también se espera que tenga efectos preventivos. En general, los investigadores crimi-
nales («detectives» o agentes del departamento de investigación criminal) trabajan vestidos de
civil y suelen ocupar una posición informal superior en la policía, aunque no necesariamente
poseen rangos superiores. Los departamentos de investigación criminal suelen abarcar zonas
geográficas más extensas y están organizados de acuerdo con categorías de delitos (fraude,
vicio, jóvenes y niños, drogas, homicidio, etc.). Los investigadores criminales suelen trabajar de
día. En la detección del delito intervienen varias disciplinas especializadas, como práctica foren-
se, información criminal, vigilancia, análisis de la información, etc.
3. Tráfico: tiene como objetivo la prevención de delitos y el mantenimiento del orden público
en casos relacionados con el tráfico. Los departamentos de tráfico suelen combinar las funcio-
nes de patrulla con diversas clases de «pruebas» (controles de alcoholemia, cinturones de
seguridad, etc.). Además, suelen realizar investigaciones sobre accidentes de tráfico.
Aunque las patrullas están concebidas para que surtan efectos preventivos sobre la delin-
cuencia, en la práctica los efectos son sumamente limitados. Con gran frecuencia las patrullas
permiten a la policía intervenir en situaciones de conflicto y potencialmente pacificarlas utilizan-
do la «intervención de autoridad»93 (de autoridad porque la policía puede usar sus poderes, aun
cuando lo haga con escasa frecuencia) y de ese modo mantener el orden público. De hecho, en
muchos países las patrullas parecen utilizarse ante todo para demostrar literalmente el poder
del Estado, en particular cuando los agentes que patrullan visten uniformes de combate y apa-
recen fuertemente armados. Es difícil formular observaciones generales sobre esta cuestión, ya
que está estrechamente vinculada con la confianza de la población en la policía, así como con
valores culturales y acontecimientos históricos. En unos países la gente aprecia ver el poder del
Estado, ya que contribuye a su sensación de seguridad; en otros el efecto es precisamente el
contrario. Los efectos guardan una relación estrecha con la situación de determinados grupos o
personas en la sociedad. Determinados individuos o grupos son objeto regularmente de los
«perfiles» de la policía, o experimentan enfrentamientos agresivos regulares con la policía
(como sucede en las favelas, asentamientos de infraviviendas de Brasil94), por lo que ante la
presencia policial su reacción será diferente de la de quienes no han vivido esas experiencias
negativas. Una vez dicho esto, las patrullas en sí mismas son bien recibidas en el sentido de
que exigen que la policía salga de sus comisarías y recintos y facilitan los contactos con la
comunidad. Obviamente, esto depende hasta cierto punto de cómo se lleva a cabo la patrulla, si
con la intención de infundir miedo o inspirar confianza. Por ello las patrullas deben tener lugar
preferentemente a pie, siempre que sea posible, y no en vehículos, ya que los policías a pie son,
literalmente, más accesibles y menos intimidadores.
En general, los efectos de las acciones de la policía para prevenir la comisión de actos ilega-
les son limitados. La policía –tanto los agentes de patrullas como los investigadores crimina-
les– suele enterarse de sólo una pequeña proporción de los actos ilegales que se cometen. La
mayoría de las demandas a la policía (del público y de las autoridades) guardan relación con el
mantenimiento del orden público o con la prestación de ayuda y asistencia en situaciones de
Las funciones de la policía 83
emergencia. Con todo, «[los dirigentes de las organizaciones encargadas de hacer cumplir la
ley] tienden a dar prioridad a la prevención y la detección del delito. Tal énfasis puede sorpren-
der, dados el éxito y la eficacia limitados […] en este aspecto particular. […] El servicio a la
comunidad, la protección de las víctimas y la prevención de más casos de victimización son
retos que, al parecer, son menos atractivos para la aplicación de la ley que el tradicional juego
de policías y ladrones».95
Teniendo presente lo anterior, es interesante señalar cómo los organismos policiales utilizan
sus recursos en las tres categorías (patrulla, investigación criminal y tráfico). ¿Qué porcentaje
de los policías trabaja en investigaciones criminales y cuántos patrullan? ¿Cuántos se dedican a
funciones de relaciones con la comunidad? Si, por ejemplo, el 50 por ciento trabajan en la
investigación criminal –que es una función menos receptiva de la policía–, habrá menos recur-
sos para potenciar las relaciones con la comunidad y desarrollar la receptividad a la comunidad.
La distribución de los recursos policiales viene determinada asimismo por la función de la poli-
cía a la que el ejecutivo político asigna mayor importancia.96 En algunos países los gobiernos
conceden más importancia a las funciones relacionadas con el mantenimiento del orden público
en comparación con las funciones de investigación del delito simplemente porque los gobier-
nos se sienten más amenazados por lo que sucede en el frente del orden público que por lo que
sucede en el frente del delito. Por ejemplo, se tiene noticia de que en la India se retira periódica-
mente a agentes de policía del trabajo de investigación criminal para encomendarles misiones
de orden público cuando surge una emergencia de orden público (de hecho, éste ha sido un
factor importante en la defensa de la separación del personal de orden público del personal de
investigación criminal en las comisarías de policía de ese país).
Conforme pasan los años las patrullas se consideran cada vez más una forma bastante ineficaz
de organizar la capacidad policial. Muchos organismos policiales están buscando formas de
organización más eficaz. Esto suele significar la reducción del número de vehículos de patrulla a
un mínimo absoluto y que un solo agente patrulle en cada vehículo. En realidad se trata de un
ejercicio matemático; es posible deducir cuántos vehículos se necesitan para cubrir una zona
determinada garantizando al tiempo la disponibilidad de la policía dentro de un periodo determi-
nado. De este modo se pueden reducir los costos de la actuación policial, o la policía puede
hacer otras cosas, como trabajo de prevención del delito.
La mayoría de los organismos policiales disponen también de una unidad de control de dis-
turbios o unidad de orden público. En algunos casos los agentes que trabajan en estas unida-
des proceden de otros departamentos, como las unidades de patrulla, y se recurre a ellos cuan-
do se los necesita. En otras jurisdicciones hay unidades de control de disturbios
independientes, a menudo bastante aisladas, que en general dedican mucho tiempo al ejercicio
físico y la capacitación. Al parecer, la ventaja de la segunda forma de unidad es que resulta en
84 Entender la labor policial
un aumento de la profesionalidad. Pero en algunos casos esas unidades se consideran más vio-
lentas, más propensas de lo estrictamente necesario a utilizar la fuerza, ya que tienden a estar
más militarizadas y menos familiarizadas con la población, por ejemplo cuando se ocupan de
manifestaciones. Por otra parte, cuando la policía local se ocupa de las muchedumbres y los
disturbios, en ocasiones se percibe que favorece a determinados grupos y que utiliza fuerza
excesiva contra otros. Es imposible determinar un modelo preferible, ya que depende de
muchos factores. En el capítulo 5 examinaremos con más detalle las tácticas de gestión del
orden público.
A la policía se le exige que desempeñe las tres funciones básicas (mantenimiento del orden
público, prevención y detección del delito y prestación de asistencia), pero pueden añadirse
otras funciones, como por ejemplo:
Siempre que estas tareas no entren en conflicto entre sí, se basen en la ley y no superen la
autoridad de la policía (como en el caso en que se agregan, por ejemplo, tareas militares), no
hay motivos para oponerse a la adición de otras funciones. Algunas de las tareas adicionales,
como la lucha contra incendios y algunas funciones administrativas, pueden en realidad ser úti-
les para mejorar las relaciones de la policía con la comunidad. Como es lógico, las tareas adi-
cionales no deben afectar a las funciones policiales básicas, y sólo los agentes que realizan
tareas para las cuales se necesitan poderes policiales especiales deben ser autorizados a usar
esos poderes. También es necesaria una capacitación adecuada. Además, las tareas adicionales
no deben propiciar la retirada de recursos (económicos) de las funciones policiales básicas. En
algunos países, las funciones «extraordinarias», como la protección de personalidades y las
brigadas antiterroristas, reciben proporciones relativamente abundantes del presupuesto gene-
ral a costa de funciones de actuación policial básicas como el mantenimiento del orden público
y la investigación criminal.
nizador. Los países con una historia violenta de golpes de Estado prefieren a veces los organis-
mos policiales de reducidas dimensiones, mientras que los países con sistemas centralizados
fuertes tienden a disponer de organismos policiales centralizados bajo un estricto control cen-
tral. En cualquier caso, una acción policial satisfactoria comienza con disponer de suficientes
recursos, incluido personal, para llevar a cabo el trabajo. Es imposible hacer declaraciones
prescriptivas definitivas acerca de cómo deberían organizarse los organismos policiales y de
cuáles son los recursos necesarios (con el fin de garantizar el respeto de los derechos huma-
nos), y tampoco es responsabilidad de los defensores de los derechos humanos hacerlo. La
información que se ofrece en este apartado pretende más bien apoyar a los defensores de los
derechos humanos a la hora de formular una opinión informada en una situación concreta.
En algunos países, como Malta, Malaisia y la Federación Rusa, hay un único organismo policial
centralizado en el que recae la responsabilidad de todas las funciones policiales, por lo general
adscrito al Ministerio del Interior, aunque en algunos casos rinde cuentas ante este Ministerio y
el de Justicia. En esos organismos todas las funciones se llevan a cabo bajo la autoridad de
este organismo único (aunque en departamentos separados), en todos los casos rindiendo
cuentas ante un director general central de la policía.
Sin embargo, las funciones policiales tal como se examinan en el apartado anterior no tienen
que ser desempeñadas por el mismo organismo único. De hecho, muchos países disponen de
organismos separados para la investigación criminal (que a menudo reciben el nombre de poli-
cía de investigación o policía judicial); para el mantenimiento del orden público (a menudo
denominados unidades de patrulla); policía especializada en manifestaciones y control de
muchedumbres (llamados a menudo escuadrones antidisturbios o unidades de control de dis-
turbios); y para el control del tráfico (departamentos de policía de tráfico). Estos organismos
distintos suelen tener sus directores generales exclusivos, que generalmente rinden cuentas a
su vez ante el ministro correspondiente o sus subordinados inmediatos. En algunos otros
países, como por ejemplo Chile, Francia y Turquía, hay también un organismo de gendarmería,
vinculado al Ministerio de Defensa.
86 Entender la labor policial
Los países con estructura federal tienden a reflejar esta circunstancia en sus organizaciones
policiales. En muchos casos tienen diversos organismos policiales distintos (Brasil, Argentina),
unos centralizados (policía federal) y otros descentralizados (policía estatal o provincial), que
abarcan áreas geográficas diferentes. Téngase en cuenta que en ocasiones estos organismos
provinciales actúan de manera sumamente centralizada. En otros países federales, como Bélgi-
ca y Estados Unidos, hay un conglomerado de organismos policiales municipales, que van
desde un solo agente en una pequeña localidad hasta unos 40.000 en la ciudad de Nueva York.
Y, para complicar aún más las cosas, algunos países disponen también de una «policía admi-
nistrativa», que a menudo posee menos poderes y disfruta de una categoría inferior y trabaja en
el ámbito municipal, y por lo general sólo debe rendir cuentas en el ámbito municipal (por
ejemplo, ante el alcalde o el consejo municipal).
De hecho, la policía se organiza generalmente de acuerdo con dos principios distintos: geo-
gráficamente o conforme a criterios funcionales (o una combinación de ambos). Cualquiera de
estos dos principios, o ambos, puede ser centralizado o descentralizado. Sin embargo, en la
mayoría de los Estados suele haber una policía con estructuras y rangos casi militares, por lo
general centralizada, con procesos de adopción de decisiones de arriba abajo.
En una estructura centralizada, los agentes rinden cuentas siguiendo la línea de mando inter-
na, hasta el nivel más alto (generalmente el ministro), que a su vez rinde cuentas ante el Parla-
mento. En una estructura descentralizada, los agentes suelen tener un grado muy superior de
libertad para adaptar sus recursos (de tiempo, además de económicos) a las circunstancias
locales. Por ejemplo, en Rusia (una estructura centralizada), el gobierno central establece los
objetivos que los agentes deben cumplir para toda la policía (tanto los departamentos de inves-
tigación como las ramas uniformadas) en todo el país y evalúa periódicamente si en efecto se
cumplen sus objetivos. Estas evaluaciones suelen ser cuantitativas, con objetivos fijados por
cifras y porcentajes.97 En una estructura descentralizada como la de Estados Unidos, el sheriff
local –una figura elegida en el ámbito local– posee un alto grado de discrecionalidad en lo rela-
tivo a decidir de qué asuntos se ocupa y de cuáles no.
La organización de las diferentes funciones policiales en organismos policiales separados, a
menudo con centros de capacitación distintos, suele conducir a la especialización. Hay quien
cree que de este modo se aumenta la profesionalidad y la calidad. Sin embargo, puede surgir la
competencia entre los diversos organismos. Por ejemplo, en Sudáfrica se ha introducido desde
finales de la década de 1990 un nuevo organismo encargado de hacer cumplir la ley (los llama-
dos «Escorpiones») bajo la autoridad del director nacional de la Fiscalía General. La intención
era crear un órgano de investigación (policial) más profesional sin la carga del pasado del
apartheid y alentar a los investigadores a colaborar más estrechamente con el servicio de la fis-
calía en la investigación del delito.98 Se captó personal mejor educado y formado y se le pagó
más que a los miembros del Servicio de Policía de Sudáfrica. El éxito de los Escorpiones y las
mejores condiciones de que disfrutan han generado resentimiento entre los miembros del Ser-
vicio de Policía de Sudáfrica y los políticos (la investigación de la corrupción ha sido uno de los
principales focos del trabajo de los Escorpiones).
Establecer alas separadas de las fuerzas de seguridad para que se ocupen de asuntos
concretos de orden público también constituye motivo de preocupación por otra razón.
Estas «unidades policiales especiales» tienden a poner un gran énfasis en alcanzar ciertos
objetivos concretos y tienden a estar menos reguladas que la policía «normal». Dado que a
menudo están separadas de las funciones policiales normales y tienen menos interacción
con la población, con frecuencia resultan ser responsables de algunas violaciones de dere-
chos humanos.
Las funciones de la policía 87
Además, la existencia de otros organismos con funciones que coinciden parcialmente puede
complicar la rendición de cuentas, ya que puede hacer más difícil averiguar qué organismo es el
responsable de llevar a cabo qué acción. De hecho, en muchos países es difícil saber dónde
denunciar un tipo concreto de delito y saber qué organismo es responsable de qué aspectos de
la prevención del delito y el orden público. Un ejemplo es Sudán, donde los Servicios de Seguri-
dad Positiva (amn al-ijaabi), un organismo de seguridad con poderes para arrestar, detener e
interrogar, y la Policía Popular (Shurta Sha’abia), un organismo que se ocupa de los delitos
relacionados con el código indumentario, el orden público y el consumo de alcohol, actúan
junto con las Fuerzas de Policía de Sudán. Estos dos organismos se dedican a cuestiones ideo-
lógicas. Pero la policía sudanesa tiene encomendado también «preservar la ética, las costum-
bres y el orden público, instar a que se observe buena conducta y prevenir la mala y asegurar la
rendición de cuentas».99 Por otra parte, la multiplicidad de organismos también puede ayudar a
la rendición de cuentas mutua, mejorando de ese modo la rendición de cuentas general.
La existencia de organismos policiales separados puede hacer que los contactos de algunos
organismos con la comunidad sean deficientes, ya que algunas funciones policiales suponen sim-
plemente menos contacto con las comunidades, por ejemplo las funciones relacionadas con
desórdenes públicos. Sin embargo, los contactos con la comunidad son esenciales para todos los
aspectos de la buena actuación policial, ya que el público es una fuente importante de información
sobre el delito y cuestiones de orden público en general. Por este motivo hay quien afirma que las
funciones policiales son indivisibles y que dividirlas entre organismos distintos se traducirá siem-
pre en pérdida de calidad y eficacia de la policía. Una desventaja concreta de la separación de los
organismos policiales refleja una característica típica de la cultura policial: los organismos policia-
les tradicionalmente no están dispuestos a compartir información, por lo que cada organismo
tiende a recoger su propia información. Esto puede desembocar en un exceso de registro de datos
(que afecta a cuestiones relativas a la privacidad) y en duplicación (que afecta a la eficacia).
¿Centralizar o no centralizar?
En toda organización las personas son el factor decisivo para garantizar su éxito o fracaso. El
personal policial es el principal recurso disponible para alcanzar los objetivos de la policía; es
también el más visible, ya que la policía tiende a vestir de uniforme.100 Cuando se evalúa la poli-
cía desde un punto de vista de derechos humanos, es útil tener cierto conocimiento de cuántos
policías se emplean dentro de un país concreto y de qué relación mantienen con las personas a
las que sirven. Los procedimientos de captación y selección, la formación (tanto básica como
en el ejercicio del puesto) y los procedimientos que se siguen para los nombramientos, los tras-
lados y los ascensos son elementos esenciales cuando se examinan cuestiones relativas al per-
sonal. Estos elementos se examinarán por separado en el capítulo 9.
otros todas las personas que trabajan en la policía, incluidas las que desempeñan funciones
administrativas, las encargadas de la formación y las que trabajan en los departamentos de
recursos humanos, son policías (llamados personal «ejecutivo»). En consecuencia, para inter-
pretar correctamente determinados números de agentes de policía es necesario determinar a
quién se incluye exactamente en las cifras y qué clase de funciones desempeñan. Cuando se
intenta establecer la proporción de hombres y mujeres es importante tener presente que el
porcentaje de mujeres tiende a ser mayor en las funciones de tipo civil que en los rangos eje-
cutivos, y en consecuencia no dice mucho acerca de cómo la policía refleja realmente a la
población a la que sirve.
Otro factor relevante para la interpretación de las cifras relativas a la policía es el número de
organismos encargados de hacer cumplir la ley distintos que hay y si están incluidos en las
cifras. Por ejemplo, si hay tres organismos adicionales que poseen poderes policiales y están
organizados separados de la policía –por ejemplo, Control de Fronteras, Aduanas y Unidades
contra el Fraude–, deberían incluirse para conseguir una evaluación realista. De hecho, los que
poseen poderes policiales están a menudo «ocultos» dentro de otras organizaciones, lo que
complica los requisitos de la rendición de cuentas.
A modo de ejemplo: los Países Bajos tienen unos 16 millones de habitantes. La mayoría de las
fuentes dirían que en este país hay unos 50.000 empleados policiales, lo que arroja una propor-
ción de 1 a 320. En total, unos 10.000 agentes llevan a cabo funciones de investigación crimi-
nal. De estos 50.000 policías, unos 15.000 son personal no policial civil. El 28 por ciento, apro-
ximadamente, de los policías son mujeres; sin embargo, aproximadamente el 18 por ciento del
personal ejecutivo está integrado por mujeres, mientras que las mujeres constituyen más o
menos el 50 por ciento del personal civil.102
En total hay unas 24.000 personas más que trabajan en otros organismos no policiales pero
realizan funciones policiales (incluidas las unidades especiales, como Investigación Fiscal,
Aduanas, Investigaciones sobre Bienestar Social, etc., pero también agentes de patrulla no poli-
ciales). De este modo la proporción sería de 1 a 216. Estas 24.000 personas tienen poder para
arrestar, aunque normalmente limitado a su esfera especializada (como los delitos fiscales).
Algunas de estas 24.000 personas portan material para el uso de la fuerza, en algunos casos
armas de fuego. Desde el punto de vista de los derechos humanos, lo importante es cuántas
personas tienen poderes policiales especiales, en particular el poder de usar la fuerza.
la policía. También en Brasil, como en muchos otros países, las comisarías de policía tienden a
estar lejos de las comunidades a las que se supone que sirven, lo que limita aún más el estable-
cimiento de relaciones con la comunidad y refuerza la imagen negativa que pobladores y policí-
as tienen los unos de los otros.
En resumen, las cifras relativas a la policía, cuando están disponibles, no suelen distinguir
entre personal policial y personal «no ejecutivo», y no revelan si otros organismos (como los
organismos de seguridad) tienen funciones policiales similares, ni tampoco revelan dónde está
radicada la policía. Es importante tener cuidado cuando se interpretan las cifras.
Las cuestiones relevantes para los defensores de los derechos humanos son las siguientes:
En muchos países puede resultar difícil acceder a esos datos. En otros, pueden encontrarse
sin más en Internet.
ción policial, ya que sus preocupaciones tienden a pasar inadvertidas y cuando se dirigen a la
policía es frecuente que encuentren indiferencia o algo peor.107
La falta de representatividad no afecta sólo a la actuación policial «fuera» del organismo. En
el ámbito interno, la composición sesgada del personal conduce a menudo a hostigamiento e
insultos contra los agentes de policía pertenecientes a minorías y otros grupos vulnerables den-
tro del organismo policial. A menudo se documenta que la cultura dominante es muy poco
receptiva a los cambios y las actitudes duras tienden a prevalecer.
Los materiales de formación producidos por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos sobre derechos humanos para la policía afirman que actua-
ción policial representativa significa que la policía debe garantizar que su composición es sufi-
cientemente representativa de la comunidad a la que sirve. Los grupos minoritarios deben estar
adecuadamente representados en los organismos policiales mediante políticas de captación
imparciales y no discriminatorias, y mediante políticas concebidas para permitir a los miembros
de esos grupos desarrollar sus carreras en los organismos. Junto con su composición numéri-
ca, la policía tiene que considerar la composición cualitativa del personal. Esto significa que la
policía debe tener la disposición y la capacidad necesarias para llevar a cabo una actuación poli-
cial democrática en un sistema político democrático.108
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que las expectativas de que el aumento del número de
mujeres y de miembros de minorías conducirá automáticamente a la reducción de las violacio-
nes de derechos humanos es una grave simplificación. De hecho, las investigaciones han
demostrado que en determinadas situaciones los agentes recién incorporados, sean del origen
que sean, se apresuran a adoptar el código de comportamiento dominante en la práctica, en
algunos casos a costa del respeto a los demás.109 La cultura policial tiende a ser un factor
importante que no se puede pasar por alto. Aumentar la sensibilidad hacia la diversidad puede
ser de hecho una manera más eficaz de mejorar el respeto de los derechos humanos por parte
de la policía que propugnar la representación numérica. Volveremos sobre estas cuestiones de la
cultura policial en el capítulo 9; la representatividad se examina también en los capítulos 8 y 9.
Los recursos deben ser suficientes para permitir a las fuerzas policiales desempeñar sus funcio-
nes de manera profesional.110 La policía debe disponer de viviendas, material, medios de trans-
porte y uniformes adecuados para desempeñar sus funciones de forma adecuada, y debe haber
recursos suficientes para impartir formación a los agentes de nueva incorporación tanto en la
teoría como en la práctica. Además, los policías tienen derecho a percibir una remuneración justa
y sus condiciones de trabajo generales deben adecuarse a las normas internacionales.
El artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales establece
el derecho de toda persona al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias, lo que
incluye como mínimo un «salario equitativo» y unas «condiciones de existencia dignas para ellos
y para sus familias». Las Directrices para la Aplicación Efectiva del Código de Conducta para
Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley incluyen la afirmación siguiente: «Se dará a
todos los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley una remuneración suficiente y condi-
ciones de trabajo adecuadas». En un reducido número de casos, Amnistía Internacional ha for-
mulado observaciones sobre los salarios de los agentes de policía y ha recomendado que se
aborde el problema de los salarios insuficientes. A menudo estas afirmaciones se basan en indi-
cios de corrupción generalizada en el seno de la policía, a la que se recurre para completar unos
salarios exiguos. En el informe de Amnistía Internacional sobre Timor Oriental se afirma: «La cul-
92 Entender la labor policial
tura de todo servicio de policía está estrechamente relacionada con las condiciones en que sus
agentes trabajan y con la atención que se presta a sus derechos, lo que a su vez afecta a la
manera en que los considera la comunidad».111 El informe recomienda que «los salarios de los
agentes de policía deben estar en un nivel tal que estén protegidos frente a presiones económi-
cas y para que ofrezcan un nivel de vida razonable y reflejen el trabajo importante y en ocasiones
peligroso que la policía realiza. Los niveles salariales deben revisarse periódicamente».112
Se debe seguir el principio de igualdad de salario por igual trabajo, es decir, no debe haber dife-
rencias basadas en el origen étnico u otros factores, y los salarios deben abonarse a tiempo (o al
menos regularmente). No debe existir la necesidad de que la policía complemente su trabajo con
otros medios para conseguir ingresos, ya sea mediante la corrupción, la delincuencia o aceptando
trabajos adicionales, en ocasiones en empresas de seguridad privada, lo que puede generar ten-
siones entre los dos aspectos (por ejemplo, cuando los policías comienzan a utilizar sus recursos
policiales –uniformes y armas– para desempeñar funciones privadas). La defensa de mejoras en
esta área puede ayudar de hecho a establecer el diálogo sobre los derechos humanos.
Sin embargo, es preciso subrayar con firmeza que percibir salarios exiguos y trabajar en condi-
ciones precarias nunca puede justificar las violaciones de derechos humanos, como la policía
siente a veces la tentación de afirmar. La policía de muchos países hace frente a escasez de recur-
sos y esto se utiliza a menudo para justificar su éxito limitado en la provisión de seguridad y para
excusar violaciones de derechos humanos. En este sentido merece la pena señalar que una Obser-
vación general del Comité de Derechos Humanos afirma que las personas privadas de libertad
deben ser tratadas con humanidad y respeto de su dignidad, un derecho que «no puede depender
de los recursos materiales disponibles en el Estado Parte».113 Aun reconociendo la difícil situación
en que muchos agentes de policía deben actuar, debe quedar claro que la falta de recursos nunca
puede justificar violaciones de derechos humanos por parte de funcionarios del Estado.
Los recursos se dedican con frecuencia al uso de la fuerza y no a medios para prevenir la
fuerza, como la capacitación en habilidades de comunicación y sociales con el objetivo de desac-
tivar situaciones de conflicto. De hecho, el incremento de los recursos económicos no garantiza
una actuación policial orientada a los derechos humanos, como puede comprobarse en situacio-
nes en que los gobiernos han modernizado sus organismos policiales aumentando su movilidad
y comunicación y proporcionándoles armas y equipos sofisticados y modernos. En algunas
situaciones esto sólo facilita a los organismos policiales la tarea de la represión. Cómo los
gobiernos asignan prioridades en materia de financiación de los diversos aspectos de la actua-
ción policial, pero además cómo asignan los recursos para la actuación policial dentro de sus
presupuestos generales, son aspectos importantes. En el clima actual, muchos países pueden
conceder prioridad a la seguridad nacional y la asignación de recursos para fuerzas antiterroris-
tas especializadas en detrimento de la actuación policial ordinaria en el ámbito local. Los gobier-
nos deben aportar recursos adecuados para la actuación policial, a fin de garantizar la seguridad
de su ciudadanía. Un aspecto importante de la asignación de recursos es la disponibilidad de
material de investigación sobre la práctica policial y la financiación de las reformas que dicha
investigación identifica como necesarias, incluidos los programas de formación. En muchos
países, los organismos policiales no han sido objeto de reforma durante decenios, y no parece
existir financiación gubernamental para investigación, análisis y reformas. Aunque muchos orga-
nismos no gubernamentales llevan a cabo investigaciones sobre la actuación policial, sus peti-
ciones de reforma pueden ser desatendidas si no se dispone de recursos económicos para finan-
ciar no sólo las investigaciones oficiales sino también las reformas propiamente dichas.
Un aspecto relacionado que debe vigilarse es la corrupción en la financiación de la actuación
policial una vez que se establecen los presupuestos, cómo se supervisa la gestión de las finanzas
Las funciones de la policía 93
de la policía y qué mecanismos de rendición de cuentas existen para ello. En muchos casos, el
dinero asignado para determinados aspectos de la actuación policial se desvía a otros aspectos.
La corrupción
La actuación policial en situaciones de crisis se define como «actuación policial represiva conti-
nuada en la que los agentes se centran en el orden y el control de la violencia».115 En vez de ser
una filosofía propiamente dicha, se caracteriza por la ausencia de ella. Se observa generalmente
en países (en algunos casos en proceso de transición), o en regiones dentro de los países, en
proceso de desintegración o de desestructuración y donde el Estado corre el riesgo de perder el
Las funciones de la policía 95
La acción policial autoritaria suele alinearse con los sistemas políticos autoritarios pero puede
persistir después de la transición a la democracia. «Generalmente, la policía o el gobierno esta-
blecen prioridades para la actuación policial sin tomar en consideración las necesidades de la
población ni las preferencias de la ciudadanía.»117 La policía tiende a actuar unilateralmente y a
hacer lo que considere mejor. La atención suele centrarse en el control de la población, en vez
de buscar una asociación. La actuación policial autoritaria siempre va unida a los sistemas cen-
tralizados, en los que los agentes de la escala básica disponen de escasa discrecionalidad en lo
relativo a cómo pasar sus días y los mandos locales tienen escaso poder para decidir cómo uti-
lizar los recursos. Una subcategoría de esta clase de actuación policial podría llamarse «actua-
ción policial política», en la que los políticos fijan las prioridades de la actuación policial, lo que
limita gravemente la independencia operativa de la policía.
En virtud de estos sistemas de actuación policial, los derechos humanos tienden a conside-
rarse una carga adicional que impone límites a la policía. «Aunque es posible establecer algu-
nos arreglos legales formales para satisfacer las presiones u obligaciones internacionales […]
la formulación de las normas de derechos humanos normalmente tiene en realidad escasas
repercusiones».118 La actuación policial autoritaria, al ser tan poco receptiva a la población, se
ve gravemente obstaculizada por la falta de contactos entre la policía y la población, y por tanto
por la falta de acceso a la información. De hecho, hay ocasiones en que «prestar asistencia a la
población» no se considera una función policial. En consecuencia, la población puede percibir
que esta clase de policía tiene escasa legitimidad y la policía puede tener problemas para hacer
respetar las normas en materia de rendición de cuentas.
El trabajo policial en la comunidad puede definirse como «un esfuerzo de colaboración entre la
policía y la comunidad que identifica problemas de delincuencia y desorden e implica a todos
los elementos de la comunidad en la búsqueda de soluciones para esos problemas».119 Se basa
en el supuesto de que la policía no puede controlar la delincuencia y el desorden por sí sola
sino que necesita el apoyo de las comunidades para garantizar la seguridad. Los objetivos del
96 Entender la labor policial
trabajo policial en la comunidad incluyen: la prevención y detección del delito, la reducción del
miedo al delito y la mejora de las relaciones entre la policía y la comunidad. Estos objetivos se
alcanzan mediante tres esfuerzos:120
La idea básica del trabajo policial en la comunidad es formar asociaciones para la resolución de
problemas. Esto puede hacerse de diversas maneras con diversos fines.121 La forma más bási-
ca es la mejora de las relaciones entre la policía y la población para suavizar las tensiones
mutuas. Ligeramente más progresivo es el cultivo de unas mejores relaciones con la comuni-
dad para controlar la delincuencia. Aún más progresiva es la búsqueda activa de aportaciones
populares y de la colaboración del público para prevenir el delito y mejorar los servicios policia-
les. La forma más avanzada es la forja de una asociación estratégica entre la policía y la pobla-
ción, para trabajar para conseguir comunidades libres de delitos y con una calidad de vida ele-
vada, en las que ambas partes compartan el poder de adoptar decisiones.
– Vigilancia por barrios a cargo de los propios vecinos auspiciada por el departamento de policía.
Las funciones de la policía 97
bable que el concepto que se emplee también refleje el papel policial que la sociedad percibe.
En general pueden observarse dos perspectivas cuando la policía decide entablar contacto
con las comunidades. La primera refleja la ambición de la policía de ser más receptiva a las
necesidades de las comunidades y aumentar la influencia de la población en las prioridades de
la policía. La policía trata de mejorar el servicio a la comunidad. En la segunda perspectiva, la
policía pretende entablar relación con las comunidades para conseguir el acceso a información
que éstas poseen. La policía trata de utilizar a las comunidades sobre todo como consideración
táctica.
Como es obvio, la distinción nunca es tan estricta; la policía siempre tratará de mejorar su
acceso a la información que posee el público, y en toda democracia la policía siempre entende-
rá la necesidad de ser receptiva a la población en general.
El trabajo policial en la comunidad se considera a veces una función policial y no una filoso-
fía integral de la actuación policial. Esto suele conducir a «unidades de trabajo policial en la
comunidad» aisladas dentro de la policía, que en general se concentran en la prevención del
delito y en la prestación de asistencia a la población. Sin embargo, cuando se lo considera una
filosofía, como se pretendía, el trabajo policial en la comunidad está integrado en todos los
aspectos de la actuación policial, incluidas la detección del delito y la gestión del orden público.
De hecho, el trabajo policial en la comunidad tiene que ver con el cambio de percepción del
papel de la policía en la sociedad, por lo que exige cambios fundamentales tanto dentro del
organismo policial como fuera, en su cooperación con otros organismos y con la población en
general. Esta filosofía se aparta de la idea de la policía como el organismo dominante que aplica
su propia agenda o la agenda de quienes están en el poder.
El trabajo policial en la comunidad se considera a veces una «actuación policial blanda»,
pero esto no refleja la realidad. Los delitos se cometen en las comunidades, y sus autores son
personas que viven en las comunidades. Los residentes pueden poseer información decisiva
que resulte esencial para un trabajo policial eficaz. Cuando se adopta el trabajo policial en la
comunidad, los agentes de policía siguen siendo responsables de mantener el orden, prevenir y
detectar el delito y prestar asistencia a la población. Además, conservan sus respectivos pode-
res policiales, incluidos los poderes de arresto y detención y el poder de usar la fuerza.
Hay que ser siempre cauteloso al trasladar prácticas de un contexto a otro. La esencia
misma del trabajo policial en la comunidad es que debe estar en consonancia con la realidad
local. Esta realidad varía de un país a otro, pero también dentro de cada país. Lo que funciona
en un suburbio de Buenos Aires no tiene por qué funcionar en Atenas o en el norte de Ghana.
No obstante, los elementos esenciales del trabajo policial en la comunidad, que abarcan la
receptividad a los motivos de preocupación de la población y la búsqueda de soluciones con-
juntas, son un elemento definitorio decisivo. Organizar sin más la policía sobre una base local
no es suficiente para satisfacer los criterios.
En la abundante bibliografía publicada sobre el trabajo policial en la comunidad se describen
algunas de las mejores prácticas en esta esfera.124 Muchos informes de Amnistía Internacional
también hacen referencia a experimentos en pequeña escala de aplicación del trabajo policial en
la comunidad. La forma concreta en que el trabajo policial en la comunidad se pone en práctica
presenta inmensas variaciones. Un documental de la BBC describió la aplicación del trabajo
policial en la comunidad en una favela de Río de Janeiro, Brasil. Después de protestas generali-
Las funciones de la policía 99
zadas como consecuencia de actos de brutalidad policial, los dos objetivos principales eran res-
tablecer las asociaciones con las comunidades e identificar los problemas a los que éstas hací-
an frente.125 El jefe de la policía afectado basaba su enfoque en tres principios: desarme («antes
de que sea posible introducir el trabajo policial en la comunidad, hay que excluir a los hombres
armados»), alto a la delincuencia juvenil y fin de la corrupción interna. Un aspecto importante
del caso de Brasil era unir a dos comunidades, una de clase media y una favela; la primera bus-
caba protección frente a la segunda, y por tanto actuación policial represiva contra ella. Abordar
esta falta de solidaridad y de comprensión era uno de los objetivos de este proyecto.
Algunos países, como Sudáfrica y Uganda, disponen de los denominados «foros de policía
comunitaria» (Sudáfrica) o «consejos locales» (Uganda), que actúan en el ámbito de las comi-
sarías de policía y en los que están representados los miembros de las comunidades locales.
Estos foros participan en las decisiones sobre prioridades policiales y en algunos casos inter-
vienen de forma más activa en la actuación policial. A los gobiernos locales de la estructura de
consejos locales de Uganda se les ha encomendado, entre otras, la responsabilidad del orden
público.126 Estas estructuras se introdujeron tras la guerra civil para prevenir un vacío de orden
público después de haberse erradicado el antiguo orden de los jefes locales. Entre las responsa-
bilidades de los consejos locales figuran movilizar a las comunidades locales en asuntos de
orden público, hacer respetar la ley a través de la policía local, recoger datos sobre delincuencia
y gestionar tribunales. Aunque estos consejos locales han cosechado un éxito notable en lo
relativo a prevenir la aparición de formas ilegales e informales de actuación policial (incluidos
los grupos parapoliciales) y han logrado que se alcance cierta sensación de orden, su funciona-
miento no está exento de problemas. La corrupción y la falta de conocimientos legales son los
más visibles, y han causado frustración en el seno de los organismos policiales profesionales
de Uganda.
Un proyecto de trabajo policial en la comunidad que ha merecido una atención considerable
es el desarrollado por el Departamento de Policía de Nueva York a mediados de la década de
1990 aplicando la «teoría de las ventanas rotas». El proyecto se basaba en el supuesto de que
intervenir para prevenir y eliminar la pequeña delincuencia conduciría gradualmente a la reduc-
ción de los delitos violentos graves; si se rompe una ventana, los jóvenes delincuentes y otras
personas se sentirán menos inhibidos para romper otra. Se aplicó una política de «tolerancia
cero» hacia la delincuencia, y la policía arrestaba a personas que cometían delitos menores.
Aunque, según los informes, las estadísticas sobre la delincuencia mostraron una reducción
tanto en los delitos leves como en los graves, y al parecer esta política mejoró la sensación de
seguridad de algunas personas, también condujo a algunas acciones policiales sumamente
represivas para con ciertas comunidades. La Unión Neoyorquina para la Defensa de las Liberta-
des Civiles ha informado a este respecto: «Este sesgo racial en las prácticas policiales tuvo
lugar durante un periodo en el que el Departamento de Policía de Nueva York había iniciado una
estrategia que implicaba el enjuiciamiento agresivo de los denominados delitos contra la “cali-
dad de vida”».127
Las prácticas de trabajo policial en la comunidad son de hecho muy variadas en el mundo y
no siempre reflejan los principios tal como se han formulado supra. Veamos el ejemplo de
Mozambique.128 Según la información de que dispone Amnistía Internacional, el sistema de tra-
bajo policial en la comunidad adoptado en Mozambique es dirigido por la oficina de relaciones
públicas de la Policía de la República de Mozambique y supone el establecimiento de consejos
de trabajo policial en la comunidad. Los miembros de los consejos son seleccionados por los
dirigentes de las comunidades locales, y los miembros de la policía se seleccionan a partir de
listas de voluntarios. Los miembros no perciben remuneración, pero se alienta a que recauden
100 Entender la labor policial
– Sobornos y extorsión por parte de agentes de la policía comunitaria, muchos de los cuales
son desempleados.
– Uso de esposas y posesión y uso de armas de fuego.
– Detenciones de sospechosos en situaciones que no constituían delito flagrante.
– Uso de la tortura u otros tratos o castigos crueles, inhumanos o degradantes y también
informes de ejecuciones extrajudiciales.
– Los mandos policiales deben estar dispuestos a cumplir este principio (de abajo arriba)
tanto en la teoría como en la práctica. La aplicación necesita el apoyo pleno, primero de la
dirección de la policía y después de los escalones inferiores de la jerarquía. Los departamentos
especiales, incluidas las unidades de detectives, pueden resistirse a la aplicación, pues exige un
cambio en sus metodologías de trabajo. En consecuencia, la aplicación debe ser bien comuni-
cada.
– El trabajo policial en la comunidad exige la descentralización de la adopción de decisiones
en materia de prioridades y recursos. En consecuencia:
– El trabajo policial en la comunidad requiere agentes de gran calidad y bien formados, capa-
ces de entablar contacto con las comunidades y evaluar sus necesidades y de «trasladar objeti-
vamente» esas necesidades a iniciativas de organización. Pero esto no significa que se limiten a
hacer sin más lo que la gente quiera que hagan. De hecho, los índices elevados de corrupción y
el escaso desarrollo de la profesionalidad son factores con los que hay que tener la máxima
cautela cuando se aplica el trabajo policial en la comunidad.
– Debe haber un sistema de recompensas y ascensos que refleje los objetivos del trabajo
policial en la comunidad. Los agentes deben recibir recompensas por sus esfuerzos en el traba-
jo policial en la comunidad (en vez de ser motejados de «trabajadores sociales» o incluso, en
algunos casos, de «niñeras»). La evaluación del desempeño en el marco del trabajo policial en
la comunidad puede ser más difícil, ya que los problemas a los que la policía hace frente pue-
den ser más complejos. Pero la medición de los efectos del trabajo policial en la comunidad
(evaluación del impacto) puede ser decisiva para garantizar recursos futuros. La mejor forma
de medir el éxito es en función de la capacidad de la policía para conseguir un cambio de actitu-
des y comportamiento por parte tanto de la policía como de la población, para promover la
comprensión mutua, aumentar la interacción amistosa y en última instancia facilitar una coope-
ración estrecha.
– La conducta indebida por parte de agentes de policía debe abordarse de forma adecuada y
sin demora. Las conclusiones de las investigaciones (internas) sobre las denuncias deben
comunicarse a las comunidades pertinentes.
– El trabajo policial en la comunidad debe ser preferentemente una estrategia de la actuación
policial en vez de asignarse dentro de una unidad aislada. No obstante, comenzar con una uni-
dad separada puede ayudar a convencer a quienes se resisten a la aplicación.
– Continuidad. Dado que la aplicación del trabajo policial en la comunidad requiere un com-
promiso firme y visible de la dirección de la policía, éste debe continuar después de un cambio
de dirección. Los nuevos mandos deben estar dispuestos a dar continuidad a las políticas que
sus predecesores han iniciado en vez de iniciar otro experimento.
– Para que la aplicación tenga éxito, es esencial asimismo la disposición para cooperar por
parte de quienes están fuera del ámbito de la policía. Por ejemplo:
– Sindicatos. Aunque la cooperación de los sindicatos tal vez no sea indispensable, su
resistencia puede generar graves problemas. Los países donde existen sindicatos de
policía deben involucrarlos en los debates sobre la aplicación del trabajo policial en la
comunidad.
– Políticos y otros formadores de opinión, incluidos los medios de comunicación. Cuando
se entiende como un experimento social, y no como una actuación policial buena, la
aplicación puede llevar a la competencia por los recursos y a expectativas acerca de lo
que una actuación policial buena entraña.
– Otros organismos dentro de la esfera de la seguridad. El trabajo policial en la comunidad
no se circunscribe a los organismos policiales sino que abarca una política de seguridad
102 Entender la labor policial
global. La cooperación entre organismos es esencial; será preciso que otros organismos
se ocupen de los problemas que quedan fuera del alcance del organismo policial. Otros
organismos municipales pueden estar mejor equipados para resolver ciertos problemas
considerados más prioritarios en la agenda de la comunidad; por ejemplo, la presencia
de basura en las calles puede ser una molestia importante para la gente pero no es una
responsabilidad de la policía. Sin embargo, el organismo responsable puede no estar
dispuesto a ocuparse de lo que él percibe como un resultado de los proyectos de trabajo
policial en la comunidad, y por ende un asunto que no es de su incumbencia. Como
norma: «Si el trabajo policial en la comunidad es un programa del departamento de poli-
cía, fracasará. El trabajo policial en la comunidad debe ser un programa de la ciudad».130
– ¡Una población receptiva! Es preciso buscar y mantener activamente el compromiso de
la comunidad. Si las comunidades perciben a la policía como enemigo, si desconfían de
la policía, si las personas que viven en las comunidades tienen miedo de represalias de
miembros de bandas, o si simplemente no les importa, tendrán dudas a la hora de coo-
perar. De hecho, en muchos países, numerosas comunidades, en particular las integra-
das por personas socialmente excluidas y económicamente desfavorecidas, se mostra-
rán reacias a responder a las iniciativas de la policía para entablar contacto y se
preguntarán seriamente si la cooperación redundará en su interés. Para establecer la
confianza es necesario un esfuerzo sincero y constante a largo plazo por parte de la poli-
cía. En algunos países, la opinión pública se hace oír enérgicamente en favor de prácti-
cas policiales que suponen abusos contra los derechos humanos, lo que alienta a la poli-
cía a que sea más represiva. De hecho, el trabajo policial en la comunidad puede requerir
esfuerzos para elevar la conciencia pública en relación con los principios de derechos
humanos en general y sobre las prácticas policiales en particular.
Actuación policial orientada a los problemas (a menudo conocida por la sigla POP) significa
recoger información sobre problemas relacionados con la zona en vez de investigar un delito
concreto cometido por un delincuente concreto. «El enfoque POP en su integridad exige un pro-
ceso sistemático de identificación y análisis de problemas, seguido de una intervención adecua-
da y una evaluación posterior».132 En consecuencia, la actuación policial orientada a los proble-
mas requiere un enfoque proactivo, no reactivo, a largo plazo. La actuación policial orientada a
los problemas, que al principio fue un nuevo método de trabajo desarrollado en la década de
1980, desembocó en un cambio radical en la forma de pensar, del «delincuente» al «problema
global», y se convirtió en una nueva filosofía.
Las funciones de la policía 103
La actuación policial orientada a los problemas surgió a partir del trabajo policial en la comu-
nidad: la cooperación con otros asociados en materia de seguridad en la comunidad, como
escuelas, centros comunitarios, centros de viviendas subsidiadas, organizaciones cívicas, etc.,
resultó fundamental para resolver los problemas que más preocupaban a la población. Éstos no
se limitaban necesariamente a los delitos ni la policía era el organismo más obvio para resolver-
los. De hecho, la sensación general de inseguridad de la gente puede verse muy afectada por
cosas como que las farolas de las calles no funcionen, la presencia de basura en las calles, los
graffiti, jóvenes holgazaneando, etc. Este enfoque interorganismos constituye también la princi-
pal debilidad de la actuación policial orientada a los problemas: supone un nivel comparable de
calidad en todos los organismos y entidades (estatales y no estatales) que intervienen y una
disposición «profesional» neutral de todos ellos para atajar los problemas. Lamentablemente,
con gran frecuencia la realidad dista mucho de ser así. Al margen de esto, la cooperación con
tal variedad y diversidad de organismos y entidades puede dificultar la implantación de políticas
coherentes.
Un trabajo policial en la comunidad «bueno» debe adoptar un enfoque orientado a los pro-
blemas: es decir, uno y otro deben ir juntos. Sin embargo, «en la práctica tiende a dominar la
actuación policial orientada a los problemas, por lo que es la policía la que define los problemas
que han de abordarse».133 La actuación policial orientada a los problemas es más «fácil» de lle-
var a cabo que el trabajo policial en la comunidad, ya que medir sus resultados es más fácil y
no está vinculada a la existencia de una comunidad claramente definida, con expectativas claras
y dispuesta a colaborar con la policía. Ésta es también la desventaja de la actuación policial
orientada a los problemas: puede reafirmar la impresión de que la policía puede resolver la
delincuencia por sí sola (sin cooperar con las comunidades) y confirmar el papel pasivo de la
comunidad.134
La actuación policial orientada a los problemas tiene que ver en esencia con la eficacia; tiene
que ver con la manera en que las autoridades y la policía pueden organizar sus recursos para
conseguir efectos óptimos en beneficio de la ciudadanía. Todos los agentes de policía entienden
que al final no tiene sentido responder a las mismas llamadas una y otra vez sin abordar el pro-
blema subyacente. En consecuencia, la actuación policial orientada a los problemas no tiene
desventajas, salvo que puede conducir a la policía a hacerse cargo de un número excesivo de
actividades, como en el caso del trabajo policial en la comunidad. En épocas de problemas
(índices de delincuencia elevados, inseguridad pública, etc.), esto se vuelve fácilmente en con-
tra de la policía, por lo general cuando políticos y medios de comunicación comienzan a cues-
tionar cómo utiliza la policía sus recursos y cómo se establecen las prioridades, lo que general-
mente lleva en última instancia a denuncias de que la policía es «blanda con la delincuencia».
El «material» con el que la policía trabaja es la información. La policía recoge información, pero
también lo hacen muchos otros organismos y autoridades. De hecho, en estos tiempos de tec-
nologías de la información, recogida de datos y gestión de conocimientos, la policía ha com-
prendido que «es probable que la adquisición, el desarrollo y el uso de información sobre delin-
cuentes serios y reincidentes sea un camino eficaz para desbaratar o poner fin a sus
actividades».135 La información puede recogerse a través de fuentes abiertas o encubiertas y
mediante contactos con la comunidad. La actuación policial basada en material de inteligencia
ha evolucionado con el tiempo para incluir toda actuación policial orientada por el análisis inteli-
gente de la información. Al igual que la actuación policial orientada a los problemas, la actua-
104 Entender la labor policial
ción policial basada en la inteligencia se derivó del trabajo policial en la comunidad: al estable-
cerse contactos más estrechos con las comunidades se puso de manifiesto la inmensa cantidad
de información disponible. Al fin y al cabo, los delincuentes también viven en las comunidades
y gran parte de los delitos se cometen en las comunidades. La mejora de las relaciones con la
comunidad conduce a mejorar el acceso a la información y en consecuencia es una condición
previa de vital importancia para una actuación policial buena en todos sus aspectos.
La actuación policial basada en la inteligencia también tiene que ver en esencia con la mejora
de la eficacia. Pero también tiene algunas repercusiones más fundamentales. Además del
aumento del volumen de información que se recoge, también puede cambiar la naturaleza de la
información recogida. La mejor parte de la información que se recoge y se utiliza es informa-
ción de «fuente abierta», que está disponible para cualquier persona. Aunque podría haber
reglas estrictas de privacidad en materia de almacenamiento de datos, no está claro cuáles son
las consecuencias de la recogida de todos estos datos, por ejemplo en relación con ciertos gru-
pos minoritarios. La policía puede convertirse en algo parecido a los organismos de seguridad
que recogen información de índole política en vez de criminal. Esto puede desembocar en últi-
ma instancia en la reinstauración de organismos policiales del tipo Securitate, máxime cuando
la policía comienza a utilizar la mejora de sus contactos con las comunidades para recoger
información política. De hecho, el trabajo policial en la comunidad que recurre a métodos basa-
dos en la información puede llevar a «dos pasos atrás» y no a «un paso adelante».
La «guerra contra el terror» declarada tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001 no es
obviamente una filosofía de la actuación policial. Sin embargo, ha tenido consecuencias impor-
tantes para la actuación policial y las filosofías de la actuación policial en muchas regiones del
mundo. Ha llevado la jerga militar («guerra») al área del delito; es decir, a un área de la que
deben ocuparse los sistemas de justicia penal, entre ellos la policía. Mientras que el trabajo
policial en la comunidad tiene una base firme en la premisa de que la policía es un servicio a la
población, la «guerra contra el terror» se aparta de este supuesto, ya que trata de legitimar la
imposición de límites a las salvaguardias judiciales contra los abusos del poder del Estado.
Algunos países, en particular los que tienen antecedentes de actuación policial autoritaria,
adoptan fácilmente el vocabulario de la «guerra contra el terror», y de ese modo justifican la
actuación policial autoritaria y pasan por alto las legítimas demandas de aumento de la rendi-
ción de cuentas ante las comunidades.
Hasta la fecha la «guerra contra el terror» ha legitimado cada vez más la elección como obje-
tivo de miembros de ciertos grupos dentro de la sociedad (aplicación de «perfiles») y ha hecho
uso de los poderes policiales sin rendición de cuentas. En algunos casos, la «guerra contra el
terror» parece haber alentado una redefinición del marco de los derechos humanos por parte de
quienes ocupan posiciones de poder, haciendo que violaciones de derechos humanos como la
tortura sean métodos de investigación «aceptables». En la actualidad, las posiciones parecen
haberse polarizado, con los partidarios de la «guerra contra el terror» en un lado y los defenso-
res de los derechos humanos en el otro. En esta dicotomía se corre el riesgo de que se perciba
a los defensores de los derechos humanos como defensores de los terroristas, lo que dificulta
Las funciones de la policía 105
aún más su eficacia. Desarrollar un «enfoque antiterrorista orientado a los derechos humanos»
será de hecho uno de los principales desafíos del próximo decenio. Téngase en cuenta que en el
capítulo 2 también se incluye un apartado sobre el terrorismo.
Es evidente que en la práctica estas filosofías de la actuación policial no están separadas con la
nitidez que se sugiere en estas páginas. Algunos organismos policiales tienen características de
actuación policial en situaciones de crisis, aunque los países en los que actúan no estén en cri-
sis. Muchos presentan rasgos de actuación policial autoritaria. Es notable cuántos han adoptado
el vocabulario del «trabajo policial en la comunidad», aunque sólo una pequeña minoría ha adop-
tado realmente la intención original de la filosofía. Da la impresión, en cambio, de que ha sido la
influencia de expertos y asesores extranjeros, junto con los fondos extranjeros, lo que ha ayuda-
do a que la filosofía del trabajo policial en la comunidad gane popularidad con tal celeridad.
En términos generales, se puede afirmar que existen dos perspectivas subyacentes generales
que sirven de base a las filosofías que hemos examinado en los subapartados anteriores. La
primera perspectiva subyacente es la de la policía como instrumento de control del Estado. Se
parte del supuesto de que si los Estados controlan adecuadamente sus territorios, el control se
traducirá en «orden público» y garantizará la seguridad para la mayoría de las personas que
viven dentro de su jurisdicción. Esta «perspectiva de fuerza», o perspectiva vertical, se observa
claramente en los estilos autoritarios de actuación policial. La otra perspectiva subyacente es la
de la policía como proveedor de servicios a las comunidades de sus respectivas zonas. Esta
perspectiva de servicio, horizontal, se observa en el trabajo policial en la comunidad y sus deri-
vados: la actuación policial orientada a los problemas y la actuación policial basada en la inteli-
gencia (aunque la segunda también puede observarse en la actuación policial autoritaria). La
actuación policial en situaciones de crisis es un tanto distinta, ya que muestra la incompetencia
del Estado en el mantenimiento del orden en vez de su competencia en el cumplimiento de su
obligación fundamental de mantener el orden.
El «trabajo policial en la comunidad» es sin duda el preferido por los defensores de los dere-
chos humanos por su receptividad a la sociedad civil. Las Directrices de la ONU para la Preven-
ción del Delito subrayan la importancia de involucrar a las comunidades en la prevención del
delito.136 Para subrayar la importancia de la receptividad hacia las comunidades, y para evitar
discusiones semánticas sobre qué es lo que el trabajo policial en la comunidad supone exacta-
mente, los defensores de los derechos humanos (incluida Amnistía Internacional), tienden a
referirse a «actuación policial basada en la comunidad». Una vez dicho esto, es preciso señalar
que sigue habiendo algunos dilemas y dificultades en relación con el trabajo policial en la
comunidad que requieren atención:
constructiva entre la policía y la población en Estados Unidos, pero en los países autoritarios
puede utilizarse con fines de cooptación y de reglamentación de arriba abajo».137
– La actuación policial basada en la comunidad sigue dando a entender la existencia de una
comunidad claramente delimitada que tiene ideas claras y coherentes acerca de lo que quiere y
está dispuesta y puede entablar contacto con la policía. ¿Pero qué es la comunidad y quién la
representa? ¿Cómo se puede prevenir la exclusión? ¿Qué sucede con los subgrupos a los que
se discrimina?
– Una cuestión relacionada tiene que ver con la manera de poner en práctica el «servir a la
comunidad», o la «receptividad a la comunidad». ¿Cómo se sirve mejor a la comunidad? ¿Es
suficiente con hacer sin más lo que la comunidad quiere para servirla? ¿Qué sucede si la comu-
nidad pide actos ilícitos? Como siempre, la policía deberá encontrar el equilibrio entre ser ope-
rativamente independiente, formarse juicios basados en la profesionalidad de la policía, que exi-
gen cierto grado de confianza de la población, y escuchar a las comunidades. Al final,
corresponde a la policía, en ocasiones incluso a un solo agente de policía, decidir qué es lo
mejor. De hecho, el principal dilema para el trabajo policial en la comunidad es cómo mantener
el equilibrio entre un enfoque neutral (equitativo e imparcial) y las emociones y actitudes de la
comunidad.
– ¿Cómo se puede garantizar que el trabajo policial en la comunidad no aumenta la corrup-
ción?
– El trabajo policial en la comunidad es la actuación policial máxima, y confiere a la policía
un papel importante en la consolidación y el apoyo a las comunidades, con sólidos vínculos con
el «paradigma de la diligencia debida» que se examina en el capítulo 2. Sin embargo, maximizar
la función policial para incluir tareas para las que no se requieren poderes policiales (y para las
cuales la policía no ha recibido la capacitación adecuada) puede conducir a que la policía crezca
aún más, aumentando de ese modo el número de personas a las que se conceden poderes para
arrestar y detener y para usar la fuerza. De hecho, esa ampliación puede entrañar que la policía
se haga cargo de funciones de otros organismos gubernamentales, desdibujando de ese modo
la línea que las delimita. También puede conducir a que la policía se haga cargo de un número
excesivo de actividades y cree expectativas demasiado elevadas entre la población, que en últi-
ma instancia lleven a la frustración y la decepción.
Aunque la actuación policial autoritaria puede parecer incompatible con los derechos huma-
nos, no tiene por qué conducir a violaciones de derechos humanos, ya que se puede llevar a
cabo de manera profesional. Esto depende de la legislación que regule la actividad policial, del
compromiso político con los derechos humanos, de los procedimientos disciplinarios internos
y de muchos otros factores. Cuando hay compromiso político con los derechos humanos, la
cadena de mando interna funciona adecuadamente y la policía ha recibido una formación ade-
cuada y actúa bajo una supervisión estrecha, la actuación policial autoritaria, pero disciplinada,
puede ser de hecho la filosofía óptima para no pocas realidades. Esto es así especialmente en
contextos donde se registran índices elevados de corrupción. Aunque en algunos países los
organismos policiales autoritarios son más violentos, en ocasiones son también menos corrup-
tos y, por lo tanto, «preferidos» por la población como la opción menos negativa. Esto se
observa en varios países en los que hay varios organismos policiales: los organismos más mili-
tarizados, que suelen tener características más autoritarias y estar centralizados y lejos de las
comunidades, son a veces más respetados y valorados, ya que se los considera más fiables y
menos influidos por intereses locales de carácter personal o partidista, de hecho en unas oca-
siones a costa de «estar cerca de las comunidades» y en otras incluso a costa de ser más vio-
lentos.
Un ejemplo es la India,139 donde la actuación policial es responsabilidad de los gobiernos
estatales (en una estructura federal) y el gobierno central no tiene en principio jurisdicción algu-
na en asuntos policiales. Sin embargo, existen algunos organismos policiales centrales que
pueden intervenir en los estados (aunque sólo cuando se solicite su ayuda, es decir, cuando la
fuerza de policía de un estado concreto se considera incapaz de hacer frente con eficacia a una
situación, en particular un problema de orden público). En general, se dice que la gente confía
más en estos organismos policiales centrales que en las fuerzas de policía de sus respectivos
estados, ya que se los considera mejor entrenados y equipados que las fuerzas de policía esta-
tales y, es más, se percibe que son más justos e imparciales a la hora de afrontar problemas de
orden público. Su desempeño en el control de disturbios entre comunidades, por ejemplo, se
considera generalmente menos parcial que el de las unidades policiales de ciertos estados.
Estos organismos centrales están más militarizados y son más autoritarios que las unidades de
policía estatales. La mayoría son unidades armadas y normalmente ni siquiera portan material
policial no letal como porras. En esa medida son más proclives a usar la fuerza o armas de
fuego. Se los considera menos corruptos porque no desempeñan tareas policiales normales
que ofrecen oportunidades de ganar dinero.
Para los defensores de los derechos humanos es importante conocer las diversas filosofías
de la acción policial que se aplican y cómo pueden afectar a principios de derechos humanos
como la legalidad, la obligación de rendir cuentas y la receptividad. Las diversas filosofías pue-
den diferir bastante en lo que se refiere a los dos últimos principios. Las filosofías del trabajo
policial en la comunidad por su misma naturaleza son (más) receptivas a las comunidades a las
que se sirve, y en general están más abiertas al escrutinio público que los estilos autoritarios.
No es probable que la observancia del principio de legalidad se vea muy afectada por la filosofía
que se aplica: la corrupción y las violaciones de derechos humanos se observan en todas. Sin
embargo, las filosofías más autoritarias se combinan a menudo con leyes más estrictas, que
amplían los poderes de la policía y reducen los mecanismos de rendición de cuentas.
El nombre que la policía da a la filosofía que utiliza no siempre refleja los verdaderos méto-
dos de trabajo que se ponen en práctica. Los defensores de los derechos humanos deben pro-
curar no verse inmersos en lides semánticas y retóricas sobre qué filosofía utilizar; tampoco
deben decir a la policía qué sistema utilizar. En cambio, deben comprobar qué hace la policía en
108 Entender la labor policial
tanto en cuanto guarda relación con cuestiones de derechos humanos. Esto significa que deben
propugnar que la policía:
– sea receptiva a las comunidades a las que sirve y rinda cuentas ante ellas;
– sea representativa de las comunidades a las que sirve y sensible a las necesidades de los
grupos vulnerables en el seno de esas comunidades;
– combine eficacia y legitimidad;
– garantice la realización de las tres funciones policiales básicas;
– trabaje de conformidad con la ley, incluido el derecho internacional de los derechos huma-
nos, y utilice medidas proporcionales a los fines que persigue.
La policía debe ser consciente de la evolución de la sociedad y adaptar sus métodos de tra-
bajo en consecuencia con una mirada crítica a los efectos de todo cambio para los derechos
humanos. Con este fin, es necesaria una vigilancia constante de la evolución de la sociedad y
sus efectos sobre las expectativas de la comunidad en relación con la actuación policial. Cuan-
do la policía ha establecido relaciones satisfactorias con la comunidad, «mantenerse en contac-
to» con la sociedad es una consecuencia lógica.
3.5. Resumen
En este capítulo hemos examinado con más detenimiento la policía como principal organismo
encargado de garantizar la seguridad y mantener el orden. La policía tiene el cometido de llevar
a cabo tres funciones. Son las siguientes:
4. La independencia operativa
4.1. Introducción
Como hemos visto, los Estados son responsables del mantenimiento del orden y la seguridad
dentro de sus territorios. Del principio de igualdad (artículo 1 de la Declaración Universal de
Derechos Humanos) se deduce que los Estados tienen la responsabilidad de garantizar la segu-
ridad de todas las personas por igual. Es esencial que los sistemas establecidos por los Estados
para mantener el orden y la seguridad actúen en beneficio de todas las personas, en vez de tra-
tar de complacer a algunas. No obstante, en muchos países las injerencias políticas y la discri-
minación hacen sumamente difícil (si no imposible) la acción policial orientada a los derechos
humanos, como parte de sus sistemas generales de seguridad y justicia.
La policía tiene que estar en condiciones de desempeñar sus funciones de forma no arbitra-
ria e imparcial. Para ello necesita cierto grado de autonomía. Pero esta autonomía nunca puede
ser total, ya que a la policía se le conceden poderes que pueden afectar gravemente a los dere-
chos de las personas y podrían inducirla a ejercer un poder incontrolado dentro del Estado.
Para que esto no suceda, hay que conceder a la policía cierto grado de autonomía, garantizando
al mismo tiempo una transparencia total en sus acciones. Lo que se denomina «independencia
operativa» es una característica compleja pero básica de la acción policial que requiere un deli-
cado equilibrio. La existencia de un grado excesivo de autonomía puede propiciar acciones poli-
ciales abiertamente violentas. Una autonomía demasiado escasa puede inducir a la policía a tra-
tar de satisfacer los intereses partidistas (étnicos, religiosos o de otra índole) de quienes están
en el poder en vez de los intereses de todas las personas.
Quienes lean este capítulo deben consultar también el capítulo 8, «La obligación de rendir
cuentas», pues las cuestiones relativas a la independencia operativa y la rendición de cuentas
de la policía están indisolublemente unidas.
Las instituciones del Estado están por definición estrechamente relacionadas con el poder del
Estado, y la policía no es una excepción a esta regla. La policía es el brazo fuerte del Estado.
112 Entender la labor policial
Rinde cuentas ante el Estado, depende del Estado y debe hacer cumplir las leyes del Estado tal
como las formulan quienes ocupan el poder (mediante elecciones o de otro modo).
El Estado debe servir al interés público. Esta idea se refleja en el artículo 1 del Código Interna-
cional de Conducta para los Titulares de Cargos Públicos, que afirma: «Un cargo público, tal
como se define en el derecho interno, es un cargo de confianza, que conlleva la obligación de
actuar en pro del interés publico. Por consiguiente, los titulares de cargos públicos serán ante
todo leales a los intereses públicos de su país tal como se expresen a través de las instituciones
democráticas de gobierno».140 Es evidente que esto reviste especial relevancia para los funciona-
rios del Estado que desempeñan funciones de orden público a los que se conceden poderes
especiales, como el poder de arrestar y detener y el de usar la fuerza. Poseer el control de estos
poderes es una poderosa fuente de influencia que puede utilizarse fácilmente de modo indebido
para fines distintos del interés público. De hecho, en algunos países, en vez de servir a las comu-
nidades, la policía sirve a los intereses partidistas, étnicos, religiosos o de otra índole de quienes
están en el poder, lo que en ocasiones se traduce en abuso de los poderes de la policía, obstruye
el crecimiento de la policía como organización profesional y subvierte el Estado de derecho.141
En general, la policía refleja las actitudes y los valores que practican quienes están en el
poder. Si esas personas muestran falta de respeto por los principios fundamentales del Estado
de derecho, es improbable que prospere una acción policial respetuosa de los derechos huma-
nos. «Las acciones de la policía, por “democráticas” que sean, no son determinantes del creci-
miento democrático. De hecho, la relación causal discurre precisamente en la dirección opues-
ta: el gobierno democrático es más importante para la reforma de la policía que la reforma de la
policía para el gobierno democrático. La reforma de la policía es una condición necesaria, pero
no suficiente, para el gobierno democrático. La cola no puede mover al perro.»142
Una vez dicho esto, para que los Estados cumplan con sus responsabilidades de forma eficaz
e imparcial, la lealtad de sus funcionarios al interés público, representado por el Estado, es una
condición previa. Crear y mantener esa lealtad no siempre es tarea fácil. ¿Cómo pueden los
Estados garantizar la lealtad al interés público, tal como exige el Código Internacional de Con-
ducta para los Titulares de Cargos Públicos, en vez de a los intereses del grupo (étnico, religio-
so, cultural) del que procede el funcionario público, por ejemplo? La situación de la policía en
Basora (Irak), constituye un ejemplo de las complejidades que concurren. Un periodista de The
New York Times hizo la siguiente descripción: «La política (y la vida diaria) de Basora está cada
vez más bajo el control de grupos religiosos chiíes, desde el relativamente dominante Consejo
Supremo de la Revolución Islámica en Irak hasta los belicosos seguidores del clérigo rebelde
Moktada al-Sadr. Captados entre la misma población de hombres con deficiente educación y
subempleados que engrosan las filas de estas organizaciones, muchos agentes de policía de la
escala básica de Basora mantienen una doble lealtad a la mezquita y al Estado. En mayo, el jefe
de policía de la ciudad declaró a un periódico británico que la mitad de los 7.000 hombres de su
fuerza estaban afiliados a partidos religiosos. Esta estimación podría ser optimista: un joven
agente iraquí me dijo que “el 75 por ciento de los policías que conozco están con Moktada al-
Sadr; es un gran hombre”. [...] “Nadie confía en la policía –me dijo un periodista iraquí–. Si
nuestros nuevos ayatolás hacen una seña, miles de policías saltarán”».143
Un principio básico de derechos humanos dice que el Estado y los órganos estatales deben ser
receptivos a las comunidades a las que sirven. Esto se refleja en muchas normas internaciona-
les, como la resolución por la que se adoptó el Código de Conducta para Funcionarios Encarga-
La independencia operativa 113
dos de Hacer Cumplir la Ley, que afirma: «Al igual que todos los organismos del sistema de jus-
ticia penal, todo órgano de aplicación de la ley debe ser representativo de la comunidad en su
conjunto, obedecerla y responder ante ella».144 Este principio también se refleja en la bibliogra-
fía publicada sobre policía y derechos humanos. En un estudio en el que se analizan 500 docu-
mentos sobre reforma policial y «democratización de la policía», se definieron cuatro normas
para la acción policial democrática, la primera de las cuales dice así: «La policía debe conceder
la máxima prioridad operativa a servir a las necesidades de los ciudadanos individuales y de los
grupos privados».145
Ser receptivo a la población no significa que la policía tenga que hacer sin más lo que la
gente quiera que haga. Supone que la policía es capaz de hacer una evaluación imparcial de qué
respuesta sirve al interés público general y qué respuesta sirve específicamente a una comuni-
dad en particular. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Dere-
chos Humanos, una acción policial receptiva garantiza que:146
Sir Robert Peel fundó en 1829 la Policía Metropolitana de Londres, que reflejó la idea de policía
pública. Los «Nueve Principios de Peel» se citan con frecuencia. El séptimo principio afirma:
«Mantener en todo momento una relación con el público que haga realidad la tradición histórica
de que la policía es el público y que el público es la policía; los policías sólo son miembros del
público a quienes se paga para que dediquen atención a tiempo completo a obligaciones que
incumben a todos los ciudadanos, en interés del bienestar y la existencia de la comunidad».148
La acción policial por consentimiento público cumple otro objetivo, de carácter más operati-
vo. La policía depende de la gente para obtener información –como las denuncias de delitos– y
114 Entender la labor policial
de la disposición de las personas para actuar como testigos. Dado que la policía depende de la
población para su desempeño profesional, debe ser consciente de la legitimidad que tiene ante
la población. La legitimidad «implica que a la policía le conceden cierto grado de monopolio
[para proporcionar seguridad y usar la fuerza por ese motivo] los miembros de la sociedad que
tienen poder para autorizarlo», que pueden ser «el sistema legal, la comunidad, el Estado, la
propia organización policial o la élite política».149 Los distintos modelos de acción policial pue-
den diferir en cuanto a la base de su legitimidad. Una forma de garantizar esa legitimidad es ser
receptivo a las necesidades de la comunidad, mostrar un criterio imparcial y profesional y ser
eficaz a la hora de garantizar la seguridad. Además, al prestar asistencia a las personas que lo
necesitan, la policía también aumenta su reputación. De hecho, la policía desempeña funciones
para las cuales los poderes policiales no son estrictamente necesarios con el fin de garantizar la
aceptación pública en caso de que necesite usar esos poderes.
La legitimidad se refleja en la confianza que la población tiene en la policía. La confianza
pública es una condición previa para la independencia operativa, y es el resultado de que la poli-
cía sea eficaz y rinda cuentas. Hacer un seguimiento de la confianza pública es esencial. Como
es obvio, la confianza pública se ve muy influida por la percepción que la población tiene de la
eficacia de la policía en la prevención del delito y el mantenimiento del orden. Pero la eficacia en
sí nunca es un parámetro suficiente para evaluar a la policía. Acción policial respetuosa de los
derechos humanos significa acción policial eficaz y legítima.
La ausencia de confianza pública como resultado de corrupción policial, discriminación, vio-
lencia policial, falta de recursos o comportamiento general carente de profesionalidad es un
grave problema para muchos organismos policiales en todo el mundo. Si no hay confianza
pública, la gente tiende a recurrir a los sistemas de justicia tradicionales e informales o a la
seguridad privada, y con frecuencia florece la actividad parapolicial. Es cierto que en muchos
países la policía no desempeña sus funciones de forma lícita (en el supuesto de que llegue a
desempeñarlas). En las situaciones en que su legitimidad está en entredicho y la confianza
pública es débil, la policía se ve obligada a recurrir a medios alternativos para garantizar el cum-
plimiento. Esto lleva a menudo a un círculo vicioso en el que la policía recurre a la fuerza para
buscar el cumplimiento, lo que lleva a menos confianza pública, lo que tiene como resultado
más fuerza policial, y así sucesivamente. La acción policial carente de profesionalidad, por
ejemplo la que se manifiesta en el manejo incompetente de una manifestación, tiene a menudo
como consecuencia un uso excesivo de la fuerza, lo que a su vez es un ejemplo de acción poli-
cial no profesional. De hecho, una acción policial mala se refuerza a sí misma y se vuelve cada
vez peor.
La confianza pública puede variar de unos grupos a otros y de unas comunidades a otras. La
satisfacción con la policía está estrechamente relacionada con factores como la pobreza y los
índices de delincuencia. Cuanto más pobre es la zona y más alto el índice de delincuencia,
menos satisfecha suele estar la gente. Las minorías suelen tener experiencias más negativas de
la policía que las personas pertenecientes a los grupos dominantes. Hay muchos motivos para
ello y los expertos estudian desde hace tiempo las relaciones entre causa y efecto.150 En gene-
La independencia operativa 115
ral, las investigaciones han revelado que la gente quiere que la policía sea receptiva a sus nece-
sidades y esté disponible siempre que se la necesite. Sin embargo, en situaciones de altos índi-
ces de delincuencia, la gente tiende a querer que la policía sea dura con la delincuencia y está
dispuesta a aceptar una acción policial represiva, siempre que se dirija contra otros.151
La confianza pública está estrechamente relacionada con la manera en que la gente percibe el
uso de la fuerza por parte de la policía. «No hay acuerdo en cuanto a la finalidad más general de la
violencia policial en la sociedad moderna: si es necesaria para controlar a los sectores de la pobla-
ción que no acatan las leyes de la sociedad y emplean la violencia, o como instrumento del Estado
para mantener una distribución no equitativa de los recursos de la sociedad moderna. Este con-
traste se pone de manifiesto a menudo cuando la policía mata a un ciudadano. Para muchas per-
sonas pertenecientes a comunidades minoritarias, estos incidentes son ejemplos de injusticia
social y opresión, mientras que para otras son “daños colaterales” del trabajo policial.»152
El hecho de que la acción policial sea una actividad política no quiere decir que la policía se
limite siempre a hacer lo que los políticos le ordenan que haga. La distancia entre la policía y
sus partes interesadas debe ser lo bastante amplia para prevenir la corrupción pero lo bastante
corta para «estar en contacto», es decir, ser receptiva. La policía recibe sus poderes del Estado,
representado por los políticos en el Parlamento y en los ministerios, y debe «ganarse» su uso
de la población. De hecho, la acción policial exige un delicado equilibrio entre hacer lo que la
gente quiere que se haga –es decir, servir a las comunidades–, servir a quienes están en el
poder y que en última instancia controlan a la policía, y decidir con autonomía qué se debe
hacer para mantener el orden y garantizar la seguridad, es decir, formarse un criterio profesio-
nal y neutral sobre lo que se debe hacer. La figura siguiente simboliza los diversos intereses
que entran en juego:
La figura muestra con claridad asimismo las líneas de rendición de cuentas de que dispone
la policía, que se examinarán con más detalle en el capítulo 8. La policía tiene que mantener una
116 Entender la labor policial
distancia suficiente respecto de todas las partes para poder desempeñar sus funciones de
forma objetiva e imparcial, es decir, profesional, de conformidad con (el espíritu de) la ley. Sin
embargo, debe trabajar siempre bajo la autoridad de las otras partes, es decir, rendir cuentas
ante las otras partes. Resolver este dilema es una de las pruebas fundamentales que deben
superarse para evaluar el papel de la policía en una sociedad.
La acción policial requiere un acto de equilibrio entre el Estado y la población. Ni hacer sin más
lo que el Estado quiere, ni seguir sin más los deseos de la población garantizará una acción
policial en interés público. Para garantizar la imparcialidad (política) y la neutralidad, y por tanto
la adopción de decisiones profesional, lícita y no arbitraria por parte de la policía –en otras pala-
bras, para poder actuar en interés público–, la dirección policial debe ser autorizada (y equipa-
da) para disponer de cierto grado de autonomía para decidir, dentro del marco presupuestario y
legal establecido, cómo asigna los recursos y cómo responde a las situaciones de orden públi-
co. Esto se llama independencia operativa. La independencia operativa plantea un problema
fundamental desde la perspectiva de los derechos humanos, pero como se ha afirmado supra,
el requisito es inherente a la acción policial profesional, en contraposición a la acción policial
política. Sin embargo, en su condición de organismo armado, dotado de cierto grado de auto-
nomía, la policía requiere alguna forma de control.153 La independencia ha de ser limitada, tanto
por la ley y las políticas (la policía no puede hacer lo que le plazca) como por el requisito de la
rendición de cuentas.
No debe haber poderes policiales sin rendición de cuentas. Por eso hay quien prefiere no utili-
zar el término «independencia» y sustituirlo por el de «responsabilidad». Por ejemplo, la Comi-
sión Patten, responsable de formular las reformas de la policía en Irlanda del Norte a finales de
la década de 1990, sugirió el uso del término «responsabilidad operativa» en vez de «indepen-
dencia operativa» para subrayar que la policía nunca debe estar exenta de escrutinio. «Respon-
sabilidad operativa significa que el director de la policía tiene el derecho y el deber de tomar las
decisiones operativas, y que ni el gobierno ni la Junta de Asuntos Policiales deben tener dere-
cho a ordenar al Director de la Policía cómo debe realizar una operación. Esto no significa, sin
embargo, que la gestión de un asunto operativo por el director de la policía deba estar exenta
de investigación o revisión a posteriori por cualquier persona. Esto no debe suceder nunca.»154
La Comisión Patten llegó a la conclusión de que si bien todas las personas a las que consultó
coincidieron en la importancia de la independencia operativa, ninguna pudo proponer una defini-
ción clara de ella, y la Comisión tampoco encontró una definición en legislación alguna. Sin
embargo, el artículo 15 del Código Europeo de Ética de la Policía explica el concepto de manera
clara y atinada: «El servicio de policía debe beneficiarse de una independencia operativa suficien-
te frente a otros órganos del Estado en el cumplimiento de las tareas que le incumben y de las
cuales debe ser plenamente responsable». El comentario a este artículo dice así: «La policía per-
tenece al poder ejecutivo. No puede ser totalmente independiente del Ejecutivo, del que recibe
instrucciones. Sin embargo, en la ejecución de las tareas que tiene encomendadas la policía debe
La independencia operativa 117
cumplir la ley y, además, se le confía discreción. En el ejercicio de sus poderes, la policía no debe
recibir instrucciones de índole política. La independencia operativa debe aplicarse a toda la orga-
nización. Esa independencia es una característica importante del Estado de derecho, ya que su
fin es garantizar que las operaciones policiales se realizan de acuerdo con la ley y, cuando sea
necesaria la interpretación de la ley, que ésta se hace de forma imparcial y profesional. La inde-
pendencia operativa exige que la policía responda plenamente de sus acciones y omisiones».155
Para que la población y el Estado «concedan» independencia operativa a la policía, ésta debe
mostrar activamente su disposición y capacidad para responder de sus actos (a posteriori) y
para cumplir con las políticas y las leyes formuladas para orientar las acciones policiales de
antemano (a priori). La independencia operativa debe ir siempre unida a mecanismos eficaces
de rendición de cuentas. Sólo entonces la policía podrá desempeñar sus funciones con eficacia
y aumentar la confianza pública. Los tres principios, o conceptos, están interrelacionados:
4.3.3. Discrecionalidad
una multa. Pero también puede decidir emitir un «último aviso», que en ocasiones es más efi-
caz que una multa. Otro ejemplo se produce en el supuesto de que unos vándalos arrasen un
edificio escolar. La policía puede decidir arrestarlos por ello, pero también podría decidir remitir
a esos jóvenes a programas de trabajo social, o conversar con sus padres, o tratar de organizar
una mediación u otras acciones que no impliquen poderes policiales, ni habilidades policiales
específicas, ni dependan del derecho penal. Este ejemplo muestra que los márgenes para que la
policía actúe con discrecionalidad dependen del sistema legal de un país determinado, de la
confianza que la policía tiene con el público y del nivel de profesionalidad, del grado de forma-
ción que ha recibido para encontrar soluciones alternativas y remitir a organismos alternativos,
o de hasta qué punto tiene acceso a soluciones u organismos alternativos.
Debe tenerse en cuenta que en extensas zonas del mundo la policía no goza de independencia
operativa.157 En muchos países, el tipo de control que se ejerce sobre la policía hace que ésta esté
supeditada al ejecutivo político, lo que en ocasiones induce a la inacción de la policía cuando
debería haber acción o a la acción cuando no debería haberla. Por ejemplo, en la India, país que se
rige por un sistema de gobierno federal, la Ley de Policía confiere «superintendencia» sobre la
policía a los gobiernos estatales. Pero la palabra «superintendencia» no se ha definido en la ley, lo
que permite injerencias políticas en el trabajo policial que a menudo desembocan en el uso indebi-
do de los poderes policiales y conducen a violaciones de los derechos de la ciudadanía. En algu-
nos países, aun cuando se confiera la superintendencia al jefe de la fuerza de policía, está someti-
da a las instrucciones impartidas por el ejecutivo político, que son vinculantes y deben cumplirse.
A modo de ejemplo ilustrativo, en Nigeria, aunque el inspector general de policía (que es el jefe de
la policía) tiene encomendado el mando de la policía sujeto a las directrices del presidente, éste,
de forma sorprendente, tiene encomendado el control operativo de la fuerza.158 El presidente tam-
La independencia operativa 119
bién está autorizado a impartir al inspector general de policía las directrices para mantener y
garantizar la seguridad pública y el orden público que sean necesarias y el inspector general de
policía deberá cumplirlas.159 Otro ejemplo es Uganda, donde, de acuerdo con la Constitución, el
«inspector general de policía estará sometido a las leyes de Uganda y actuará de conformidad con
ellas, excepto en asuntos de políticas, en los cuales el presidente puede impartir directrices al ins-
pector general».160 El problema que plantea esta disposición de la Constitución es doble. Por una
parte, no existe una definición acuñada de qué constituye «asuntos de políticas». Por otra, la dis-
posición no afirma que las directrices del presidente deban impartirse con sujeción al marco de la
ley y dentro de este marco. Esta disposición permite de hecho al inspector general de policía
actuar de conformidad con las leyes excepto cuando recibe directrices de política del presidente.
El Estatuto de la Policía incluye una disposición similar, pero en este caso es el ministro pertinente
quien puede impartir directrices sobre políticas al inspector general de policía, y el Estatuto dice
además que el «inspector general cumplirá esas directrices».161
Otra forma de erosionar la independencia operativa se deriva de la facultad de los gobiernos de
nombrar y destituir o trasladar a los mandos policiales. En muchos países el director general de la
policía y otros mandos reciben el nombramiento del gobierno o del jefe del ejecutivo político y la
ley no dice nada sobre el proceso o los procedimientos de selección; no prescribe directrices para
la designación de cargos, ni establece las condiciones en que los jefes de policía pueden ser desti-
tuidos. A modo de ejemplo ilustrativo, en Costa Rica el gobierno tiene el derecho constitucional de
destituir a los mandos policiales cuando lo estime oportuno. En muchas de esas situaciones, el
jefe del ejecutivo político tiene total discrecionalidad para decidir quién debe dirigir el organismo
policial concreto y durante cuánto tiempo la persona elegida ha de permanecer en el cargo. Esto
significa que los mandos policiales pueden permanecer en sus cargos a voluntad de los políticos.
A los mandos policiales les interesa, por el bien de su carrera profesional, actuar conforme a los
deseos de los dirigentes políticos, aunque esto les induzca a actuar fuera de la ley.
4.4. Resumen
La policía actúa en un escenario complejo en el que hay muchos intereses enfrentados. Limitarse
a satisfacer uno cualquiera de esos intereses nunca será suficiente para una auténtica acción poli-
cial orientada a los derechos humanos ni reflejará la realidad de la policía. La policía es el brazo
fuerte del Estado, y sirve al interés público. Para alcanzar un equilibrio adecuado entre los intere-
ses del Estado y los de la comunidad, la policía necesita independencia operativa para formarse su
propio criterio profesional en situaciones concretas. Disponer de cierto grado de discrecionalidad
acerca de cuándo usar los poderes policiales es una necesidad práctica pero esto plantea el pro-
blema de cómo controlar a la policía. La policía debe probar que merece disfrutar de independen-
cia operativa: debe ganarse la legitimidad ante el público sirviendo a la comunidad. Mediante la
apertura y la transparencia puede mejorar las relaciones con su comunidad y aumentar la confian-
za pública, lo cual constituye una condición previa básica para la independencia. Además, la poli-
cía debe actuar de forma lícita y no arbitraria, y ser eficaz y rendir cuentas en lo que hace.
Lamentablemente, en muchos países la realidad dista mucho de ser así, pues la policía care-
ce de competencia para concluir evaluaciones profesionales de las situaciones y de voluntad (o
confianza) para rendir cuentas de sus acciones después. Esto va acompañado a menudo de la
búsqueda por parte de los poderes políticos de asegurar sus propios intereses en vez del inte-
rés público y de su incapacidad o falta de disposición para ejercer un control legítimo y eficaz,
pero restringido, sobre la policía.
© REUTERS / Atef Hassan OP / Amnistía Internacional
Uno de los aspectos característicos de la policía son sus poderes, en particular los de arresto y
detención, así como el de hacer uso de la fuerza, reconocidos por el derecho internacional y
consagrados en las legislaciones nacionales. Las leyes de policía, los códigos penales, los códi-
gos de procedimiento penal y los llamados procedimientos operativos normalizados son en
general los instrumentos que definen dichos poderes y regulan su ejercicio por parte de la poli-
cía. Así pues, cualquier análisis sobre los organismos policiales de un determinado país debe
partir siempre del estudio de estos documentos, en tanto que estén a disposición del público.
En general, cuanto más prácticas sean estas normativas –los procedimientos operativos nor-
malizados suelen ser mucho más concretos y específicos que las leyes de policía– más difícil
será acceder a ellas y, en algunos casos, ni siquiera se han plasmado por escrito.
Es preciso extremar las precauciones a la hora de formular comentarios generales sobre los
poderes policiales. Los organismos policiales presentan enormes diferencias entre sí, de igual
modo que el alcance de sus poderes (por ejemplo, puede que lleven armas de fuego o no), y
existen tantos ejemplos como países. Este libro de recursos no pretende ofrecer una panorámi-
ca exhaustiva de las realidades policiales.
Los tres capítulos siguientes de este libro de recursos se centran en los poderes y situacio-
nes policiales que con mayor frecuencia conducen a violaciones de derechos humanos amplia-
mente documentadas en informes de Amnistía Internacional. En el capítulo 5 abordamos la
facultad de hacer uso de la fuerza; en el capítulo 6, analizamos los poderes de arresto y deten-
ción, y en el capítulo 7 profundizamos en las investigaciones criminales, con especial hincapié
en las entrevistas con sospechosos. Cada uno de estos capítulos sigue la misma estructura:
empezamos con los principios fundamentales, tal como se enuncian en las normas internacio-
nales de derechos humanos; a continuación, examinamos las lagunas que presentan dichas
normas, o sea, aquello que no dicen; y, por último, estudiamos las (mejores) prácticas para lle-
var a cabo una actividad policial concreta dentro del marco de la ley y de forma profesional.
Orientación profesional
La Asociación de Jefes de Policía (ACPO, por su sigla en inglés), con sede en el Reino Unido y
operativa en Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, dispone de un sitio web informativo que vale
la pena visitar, ya que ofrece manuales y documentos orientativos sobre todo tipo de situacio-
nes policiales, incluido el uso de la fuerza, la labor policial en manifestaciones, el tratamiento de
la violencia en el ámbito familiar, etc. Por su parte, el sitio web de la Asociación Internacional de
Jefes de Policía, con sede en Estados Unidos, facilita menos información sobre normas profe-
sionales, pero incluye numerosos enlaces a otras organizaciones y asociaciones policiales.162
Los poderes de la policía: Introducción 123
El Instituto Estadounidense de la Paz y el Centro Irlandés para los Derechos Humanos163 están
coordinando, en colaboración con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Derechos Humanos y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, un pro-
yecto que trata de desarrollar herramientas que sirvan de ayuda para procesos de reforma legal
en Estados que han sufrido un conflicto. Las herramientas en cuestión son un conjunto de códi-
gos que se centran en la promulgación de leyes penales como forma de lograr una justicia
penal efectiva. Dichos códigos –que consisten en un Código Penal, un Código de Procedimiento
Penal, una Ley de Detención y una Ley de Policía– han sido elaborados por un grupo de exper-
tos de todo el mundo.
Una vez finalizados, los códigos modelo se publicarán en tres volúmenes. El volumen 1, ya
publicado, contiene el Código Penal Modelo, el volumen 2, el Código Modelo de Procedimiento
Penal, y el volumen 3, la Ley Modelo de Detención y la Ley Modelo de Policía (todos contendrán
directrices sobre el uso de los códigos). La publicación de los volúmenes 2 y 3 está prevista
para 2007164.
© REUTERS / Fabrizio Bensch
Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley podrán usar la fuerza sólo
cuando sea estrictamente necesario y en la medida que lo requiera el desempeño
de sus tareas.
Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, artículo 3
El uso de la fuerza por parte de la policía 125
5.1. Introducción
Habitualmente se relaciona a la policía con el material que utiliza para ejercer la fuerza, en parti-
cular esposas, porras y armas de fuego (aunque pueden variar de un país a otro). Sin embargo,
la mayoría de las labores policiales no conllevan el empleo de la fuerza. Son escasas las funcio-
nes en las que puede ser necesario y lícito recurrir a cierto grado de fuerza, o amenazar con su
uso, para alcanzar un objetivo policial legítimo; por ejemplo, para arrestos, prevención de delitos
y gestión de incidentes de desorden público. Dado que el empleo de la fuerza contra la población
propia es una de las medidas más extremas que un Estado puede tomar, existen numerosas nor-
mas destinadas a limitarlo. Una cuestión subyacente a todas ellas es la definición de fuerza legíti-
ma: los agentes deben evaluar rápidamente la naturaleza del peligro y el grado de la amenaza
planteada para elegir la manera más adecuada de abordarlo causando el mínimo daño posible.
El significado preciso de «fuerza» no es siempre evidente, como tampoco está en todos los
casos claro si un acto concreto supone su empleo. Definiremos «fuerza legítima» como cual-
quier fuerza física a la que recurra la policía, desde técnicas de mano abierta hasta el uso de
armas de fuego, para obligar a una persona a actuar o para impedirle que actúe, con el fin de
lograr un objetivo policial legítimo. El artículo 3 del Código de Conducta de la ONU para Funcio-
narios Encargados de Hacer Cumplir la Ley (en adelante Código de Conducta de la ONU) y los
Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios
Encargados de Hacer Cumplir la Ley (en adelante los Principios Básicos) son las normas princi-
pales que tratan sobre el uso de la fuerza y de armas de fuego en la actividad policial. Reco-
mendamos consultar su texto íntegro y familiarizarse con él. Nótese que no es válido invocar
circunstancias excepcionales, como la inestabilidad política o una emergencia pública para jus-
tificar cualquier desvío del cumplimiento de los Principios Básicos.165 Téngase asimismo en
cuenta que tanto el Código de Conducta de la ONU como los Principios Básicos se aplican no
sólo a la policía civil sino también a los miembros de las fuerzas armadas y a los agentes de
seguridad del Estado cuando desempeñan funciones policiales.
En ocasiones, los organismos policiales consideran que las normas de derechos humanos
complican su labor sin tener en cuenta la realidad de su trabajo. La actividad policial puede ser
peligrosa y, en ciertos casos, puede requerir el empleo de la fuerza. Amnistía Internacional
reconoce este hecho –y no se opone al uso legítimo de fuerza razonable– en muchos de sus
informes recientes, como el titulado Armas y mantenimiento del orden: Normas para evitar el
uso indebido, publicado en 2004. Lo mismo puede decirse de los Principios Básicos, que decla-
ran en su preámbulo que «la labor de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley cons-
tituye un servicio social de gran importancia» y reconocen los peligros a los que se enfrentan
los agentes en el cumplimiento de sus deberes. Asimismo, los Principios Básicos subrayan que
es necesario garantizar el bienestar de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y
proporcionar orientación a los funcionarios que intervengan en situaciones en las que se emple-
en la fuerza o armas de fuego.166
126 Entender la labor policial
En el documento Armas y mantenimiento del orden se tratan una serie de factores que favo-
recen el uso abusivo o inadecuado de armas de fuego por la policía, y se formulan sugerencias
para corregirlos.167 Los factores mencionados son los siguientes:
Las razones mencionadas (que no son completamente exhaustivas: por ejemplo, la corrup-
ción es otro factor presente en el uso abusivo de la fuerza y de armas de fuego) se pueden utili-
zar también para explicar el uso indebido de la fuerza en general por parte de la policía. En este
capítulo nos proponemos identificar cuestiones pertinentes a la hora de evaluar el uso policial
de la fuerza y de armas de fuego y de desarrollar estrategias de intervención.
En el apartado 5.2 consideraremos los principios fundamentales relativos al uso de la fuerza y
de armas de fuego consagrados en las normas internacionales. El apartado 5.3 analiza brevemen-
te lo que las normas no dicen. En el apartado 5.4 se examinan en detalle los medios de fuerza a
disposición de la policía. En el apartado 5.5 veremos cómo puede utilizar la policía legítimamente,
en la práctica, la fuerza y las armas de fuego, cómo se debe preparar y qué debe hacer una vez
que ha empleado la fuerza. El apartado 5.6 trata sobre la gestión del orden público como situación
concreta en la que, en ocasiones, se requiere el uso de la fuerza, señala lo que dicen y no dicen las
normas internacionales al respecto, y explica cómo puede la policía gestionar el orden público
dentro del marco de la ley y de forma profesional. El capítulo termina con un breve resumen.
– Proporcionalidad. El uso de la fuerza debe ser proporcional al objetivo legítimo que se pre-
tende conseguir y a la gravedad del delito.168 En la capacitación de los agentes de policía se
debe prestar especial atención a:169
– Los medios que puedan sustituir el empleo de la fuerza, como la solución pacífica de
conflictos, el estudio del comportamiento de las multitudes y las técnicas de persuasión,
negociación y mediación.
– Los medios técnicos (incluidas armas «menos que letales» e indumentaria de protección
para los agentes). Sólo se puede alcanzar la proporcionalidad si la policía tiene a su dis-
posición un amplio abanico de técnicas y material, incluido equipo autoprotector (como
escudos, cascos, chalecos a prueba de balas y medios de transporte a prueba de balas),
«técnicas de mano vacía» y armas incapacitantes no letales.170
El uso de la fuerza por parte de la policía 127
«PLAN»
La policía británica utiliza un acrónimo que engloba los cuatro principios mencionados: «PLAN»
–proporcionalidad, legalidad o legitimidad, rendición de cuentas y necesidad, por su sigla en
inglés–. Tanto el código de conducta de la Asociación Internacional de Jefes de Policía como el
de la Organización Regional para la Cooperación de los Jefes de Policía del África Austral, así
como muchos códigos nacionales incluyen estos principios.
Otros principios generales relativos al uso de la fuerza y de armas de fuego son los
siguientes:
– Penalización de la fuerza ilegítima. Todo uso arbitrario o abusivo de la fuerza y las armas
de fuego debe ser considerado delito.183 Los funcionarios no podrán alegar obediencia a órde-
nes superiores si, en caso de muerte o heridas graves, la orden era manifiestamente ilícita y
tuvieron una oportunidad razonable de negarse a cumplirla. También deberá considerarse res-
ponsables a los superiores que dieron las órdenes ilícitas.184
– Prestar asistencia tras un incidente. Los funcionarios tienen la obligación de prestar asis-
tencia y servicios médicos, a la menor brevedad posible tras el uso de la fuerza, a las personas
heridas o afectadas, y de notificar lo sucedido a los parientes o amigos íntimos de las personas
heridas o afectadas.185
– Instrumentos de coerción. Se pueden utilizar instrumentos de coerción para impedir la
evasión de un preso o, por orden de la dirección de la prisión, tras haber consultado a un fun-
cionario médico, para evitar que el preso se dañe a sí mismo o produzca daños materiales. Su
aplicación no deberá prolongarse más allá del tiempo necesario, y nunca se aplicarán como
sanción. Las cadenas y grillos no podrán emplearse en ningún caso.186
– Responsabilidad de la fabricación y despliegue de armas incapacitantes no letales. Los
Principios Básicos exigen una «cuidadosa evaluación» de la fabricación y despliegue de tales
armas, cuyo uso se controlará con todo cuidado.187 Esta disposición parece responsabilizar
tanto a los proveedores como a los usuarios de las armas de reducir al mínimo el peligro que
puedan correr personas ajenas a los hechos, y de garantizar un control responsable.
El uso de la fuerza por parte de la policía 129
y sólo en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dichos objeti-
vos. El uso intencional de armas letales se debe limitar a situaciones en las que sea estricta-
mente inevitable para proteger la vida, circunstancia poco habitual en el trabajo de la policía
civil. Los agentes deberán identificarse y dar una clara advertencia de su intención de emplear
armas de fuego, con tiempo suficiente para que se tome en cuenta, salvo que al dar esa adver-
tencia se pusiera en peligro de muerte o de daños graves a los agentes o a otras personas o
resultara evidentemente inadecuada o inútil dadas las circunstancias del caso.190 El comentario
al artículo 3 del Código de Conducta de la ONU añade que deberá hacerse todo lo posible por
excluir el uso de armas de fuego, especialmente contra menores de edad.
Subsidiariedad
Como se señaló previamente, la policía debe tener acceso a una gama diferenciada de materia-
les policiales con los que ejercer el grado mínimo de fuerza pertinente en diversas circunstan-
cias, tal como establecen los Principios Básicos. Sólo de esta forma podrá la policía empezar
por el extremo inferior de la «escala de fuerza» e intensificar de forma gradual su uso, en fun-
ción de la situación, con lo que se evitará el uso de fuerza excesiva y se favorecerá el empleo de
fuerza proporcionada.
El uso de la fuerza por parte de la policía 131
Los tipos de fuerza policial pueden variar considerablemente, y son, entre otros, los siguientes:
– Presencia policial como medida disuasoria (como es obvio, no es un medio de fuerza en sí,
pero puede ayudar a evitar su empleo posterior).
– Instrucciones verbales.
– Técnicas de mano abierta, como levantar la palma de la mano o empujar a alguien con la
palma de la mano.
– Técnicas duras de mano vacía, como sujetar a la persona por el brazo, tras habérselo lleva-
do a la espalda.
– Impacto corporal (empujones).
– Esposas u otros instrumentos de coerción.
– Pulverizadores «de pimienta» (oleorresina capsicum), gas lacrimógeno.
– Palos, bastones o porras.
– Armas de electrochoque.
– Balas de plástico o de goma.
– Cañones de agua.
– Perros.
– Armas de fuego.
Amnistía Internacional utiliza este término para armas diferentes a las de fuego. Otros términos
utilizados por organismos policiales son armas «no letales» o «intermedias». El término
«menos que letales» se adoptó tras haberse comprobado que muchas de las armas incluidas
en esta categoría pueden llegar a ser letales.
El Principio 2 de los Principios Básicos anima al desarrollo de armas «no letales» para redu-
cir el riesgo de muerte o lesiones inherente al uso de las armas de fuego u otras armas poten-
cialmente letales. El Principio 3 recomienda que se haga «una cuidadosa evaluación de la […]
distribución de armas no letales incapacitantes a fin de reducir al mínimo el riesgo de causar
lesiones a personas ajenas a los hechos» y que se controle «con todo cuidado el uso de tales
armas».
132 Entender la labor policial
Los dispositivos de control antidisturbios «no letales», como cañones de agua, balas de
goma y plástico y agentes químicos como aerosoles de pimienta y gases lacrimógenos pueden
causar daños graves, e incluso la muerte. Muchas de estas armas, incluidos sus efectos quími-
cos, no se han sometido a evaluaciones independientes, y algunas siguen prestándose, por su
propia naturaleza, a un uso indebido. Un estudio independiente sobre los efectos de las armas
«menos que letales» con respecto a los homicidios policiales demostró que el hecho de dispo-
ner de agentes químicos e instrumentos de coerción, circunstancia a la que se atribuía la reduc-
ción de tales homicidios, no surtía ese efecto.193 Amnistía Internacional insta a los gobiernos a
aprobar directrices estrictas sobre el diseño y empleo de este material y a instaurar mecanis-
mos de supervisión adecuados para garantizar la revisión de dichas directrices y su cumpli-
miento.194
En este documento sólo proporcionaremos una breve explicación de algunos tipos de fuerza.
Quienes deseen más información deberán consultar los documentos indicados.
Las esposas son el medio de coerción más común con el que cuenta la policía. Cuando se utili-
zan correctamente, se colocan en las muñecas, con las manos delante del tronco o a la espalda.
También se pueden utilizar para unir a una persona con otra. En ocasiones, se pueden utilizar
para unir los tobillos. Estos instrumentos no se deben utilizar nunca como castigo, y se prohíbe
el uso de cadenas y grillos.195 El empleo de medios de coerción no debe ser en ningún caso
constitutivo de tortura o malos tratos. Amnistía Internacional se ha referido a diversos métodos
de coerción concretos empleados por la policía, como presas de cuello, el «amarre del cerdo»,
mordazas (a veces utilizadas cuando se expulsa a una persona de un país), drogas sedantes y
esposas. En general, Amnistía Internacional ha pedido a las autoridades que revisen las técnicas
de coerción utilizadas por los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, que prohíban las
que entrañen un peligro considerable para la vida y que, en particular, garanticen una formación
periódica y reiterada sobre el riesgo de asfixia causada por la postura, uno de los principales
cuando se aplican medios de coerción.196
– Gas lacrimógeno
El gas lacrimógeno es admisible en dosis seguras para labores de mantenimiento del orden a
escala nacional en situaciones de control de disturbios, a fin de evitar o contrarrestar la violen-
cia colectiva, por ejemplo para dispersar concentraciones que supongan una amenaza inminen-
te de daños graves a las personas. En espacios reducidos, no se debe utilizar de forma indiscri-
minada.197 Sin embargo, Amnistía Internacional ha documentado casos en los que se ha
utilizado de forma ilícita gas lacrimógeno contra manifestantes pacíficos que no suponían nin-
guna amenaza para la propiedad ni para la policía, llegándose a disparar gas lacrimógeno direc-
tamente contra personas o dentro de propiedades privadas sin razón aparente.198
Cualquier uso posible de aerosoles irritantes con el fin de neutralizar temporalmente a una
persona debe estar sujeto a directrices y limitaciones estrictas. Las sustancias irritantes provo-
can dolor, y se deben utilizar en cantidades y situaciones muy limitadas y controladas. Su uso
debe ser objeto de evaluaciones y supervisión. Amnistía Internacional aboga por la realización
de investigaciones independientes para evaluar hasta qué punto el uso de estos instrumentos
por los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley constituye un peligro para los derechos
humanos, y solicita que su resultado se dé a conocer en publicaciones científicas independien-
tes para facilitar el escrutinio público antes de que los gobiernos autoricen su empleo por las
fuerzas de seguridad. En el documento Mercaderes de dolor se facilita una lista de tipos de
aerosoles irritantes.
Las balas de plástico se utilizan para infligir dolor y neutralizar a una persona que constituye
una amenaza grave o intenta escapar, y está a cierta distancia. Tanto las balas de plástico como
las de goma y las de acero recubiertas de goma pueden ser armas letales, y tienen la capacidad
de causar un sufrimiento cruel e inhumano. En Mercaderes de dolor, Amnistía Internacional
expresó su preocupación por la existencia de informes fidedignos, procedentes de diversas par-
tes del mundo, según los cuales las fuerzas de seguridad utilizaban balas de goma como primer
recurso, y no como último paso antes de recurrir al fuego real.199 Es preciso analizar minucio-
samente la forma y el contexto en que se utilizan las balas de plástico y de goma, así como las
reglas de intervención que rigen su uso. Un problema adicional es la ausencia de marcas de
identificación en los proyectiles de plástico, las balas de goma, las bolsas rellenas de perdigo-
nes y similares, con la consiguiente imposibilidad de efectuar análisis periciales de balística que
determinen qué agente ha apretado el gatillo y en qué circunstancias.
Las armas Taser son armas de mano electrónicas, de efecto incapacitante, que disparan, a una
distancia de hasta siete metros, dos dardos con púas que permanecen conectados al arma por
medio de cables. Estos dardos, similares a un anzuelo, están diseñados para penetrar hasta unos
cinco centímetros en la vestimenta o el cuerpo de la víctima y aplicar una descarga de alto voltaje
y bajo amperaje por medio de cables de cobre aislados. El informe de Amnistía Internacional,
publicado en 2004, sobre el uso de pistolas Taser en Estados Unidos incluye una tabla de la dis-
tribución y despliegue de pistolas Taser por país.200 Si bien las armas de electrochoque pueden
reducir el empleo de fuerza letal, Amnistía Internacional ha documentado decenas de casos en
los que se ha producido la muerte tras haberse sometido a la víctima a armas de electrochoque,
134 Entender la labor policial
por lo que pide que el uso de dicho material se ciña a los requisitos que se imponen al uso de
instrumentos letales.201 Sin embargo, la mayoría de los organismos que utilizan pistolas Taser
en Estados Unidos las siguen asignando a una categoría muy inferior al nivel de fuerza letal. En
algunos organismos se permite el uso de estas armas eléctricas cuando la persona no obedece
las órdenes de un agente. En 2004, Amnistía Internacional pidió que «antes de su autorización
para el uso policial, las pistolas Taser sean sometidas a análisis rigurosos e independientes que
verifiquen su compatibilidad con las normas de derechos humanos». En 2006, la organización
dijo: «A la espera de que se publiquen los resultados de un estudio médico completo, indepen-
diente e imparcial, AI reitera su llamamiento a todos los departamentos y autoridades policiales
para que suspendan el uso de armas Taser o lo limiten estrictamente a situaciones de fuerza letal
en consonancia con lo dispuesto por las normas internacionales. Este tipo de uso debe regirse
por unas directrices y una vigilancia estrictas».202 Amnistía Internacional tiene motivos de preo-
cupación similares con respecto a varias armas incapacitantes.203
Amnistía Internacional también ha recomendado que se prohíba el uso de cinturones parali-
zantes de electrochoque por control remoto.204 Abrochados en la cintura del preso y activados
por guardias a través de un control remoto, los cinturones aplican una descarga de 50.000 vol-
tios en los riñones durante ocho segundos. En Estados Unidos se emplean durante el transpor-
te de presos y durante vistas judiciales.
Pueden emplearse perros para perseguir a un sospechoso que se da a la fuga, para que defiendan
a su cuidador o a sí mismos de un ataque, para desarmar a un sospechoso que esté en posesión
de un arma de fuego o de otro tipo y para custodiar y escoltar a sospechosos tras su arresto.
También se pueden utilizar como medida disuasoria en situaciones de desorden general, como
una aglomeración de aficionados al fútbol exaltados, o para fines de ataque, por ejemplo tras poli-
cías armados con bastones, si éstos no sirven para alcanzar los objetivos de la policía. Los perros
deben permanecer en segundo plano hasta que sean necesarios, antes de soltarlos se debe avisar,
y se deben observar los principios «PLAN» (proporcionalidad, legalidad o legitimidad, rendición
de cuentas y necesidad). Los cuidadores son los responsables últimos de los perros. Téngase en
cuenta que los perros se consideran un medio de fuerza de «grado elevado».205
Las respuestas de la policía deben ser legítimas, necesarias y proporcionadas. Los organismos
policiales, así como los agentes a título individual, pueden ser obligados a rendir cuentas de sus
actos, y deberán demostrar que la fuerza empleada fue necesaria y proporcionada, habida cuenta
de la información o inteligencia disponible, que consideraron sinceramente que era digna de crédi-
to. Amnistía Internacional ha formulado numerosas recomendaciones sobre el uso de la fuerza en
diversas situaciones como, por ejemplo, si se deben practicar arrestos o es preferible dispersar a
la multitud, dado que, en la práctica, el empleo de la fuerza viola con frecuencia los principios de
proporcionalidad y necesidad.206 Existen normas profesionales de carácter nacional que se han
difundido mediante la cooperación internacional y por medio de actividades de formación. Asimis-
mo, existen códigos regionales de conducta (por ejemplo, los del Consejo de Europa o África aus-
El uso de la fuerza por parte de la policía 135
tral), pero (que sepamos) ninguno de ellos dicta normas detalladas con respecto al uso de la fuer-
za y de las armas de fuego. Algunos países disponen, como es natural, de códigos nacionales.
No siempre es sencillo determinar si la fuerza empleada era o no realmente proporcionada.
Además, ¿quién decidirá si el uso de armas de fuego fue arbitrario y excesivo? Normalmente, la
policía es la primera en llegar al lugar de los hechos, y permanece en él hasta que consigue
controlar la situación, por lo que la decisión sobre el uso de la fuerza quedará en gran medida
en sus manos (dentro de los límites de la ley), y dará su propia versión sobre las circunstancias
de la situación que justificaron el uso de la fuerza, en el grado utilizado. A menos que se
emprenda una investigación judicial sobre el uso de la fuerza por la policía, o que se lleve a
cabo una investigación independiente, no será posible averiguar si el uso de la fuerza fue arbi-
trario o abusivo. En algunos países es preceptivo abrir investigaciones judiciales sobre todos
los casos de muerte o lesiones graves ocurridos mientras la persona afectada se encontraba
bajo custodia policial, así como sobre las muertes resultantes de disparos efectuados por la
policía al tratar de dispersar una concentración ilegal.207
A fin de garantizar que la fuerza se utiliza de conformidad con los principios «PLAN» (propor-
cionalidad, legalidad o legitimidad, rendición de cuentas y necesidad, previamente menciona-
dos), es necesario que la ley se ajuste también a dichos principios y que la policía conozca la
ley. Dentro de este marco legal, la policía puede tomar decisiones tácticas sobre el tipo de fuer-
za al que recurrirá en cada situación y para lograr qué objetivos. En general, la policía debe tra-
tar de evitar emplear la fuerza. Sin embargo, en ocasiones es posible prever la necesidad de uti-
lizarla y prepararse para ello. Si se sabe que una manifestación puede volverse desordenada, las
autoridades locales podrán decidir prohibirla en aras del orden público; se trata de un principio
consagrado en varios artículos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (véase
también el capítulo 2). Otro factor que, en ocasiones, puede contribuir a evitar el uso de la fuer-
za es la «presencia visible» de la policía, aunque ésta puede tener a veces el efecto contrario y
conducir al agravamiento de la situación. Por tanto, es esencial que la policía recabe inteligencia
para evaluar riesgos. En cualquier caso, habitualmente se requiere el permiso previo de una
autoridad superior (judicial) para recurrir a medidas de fuerza más extremas.
Incluso en los casos en los que el empleo de la fuerza es legítimo, no siempre es convenien-
te, desde el punto de vista táctico, recurrir a todos los medios de fuerza disponibles. Imagine-
mos una situación en la que se pide a la policía que restablezca el orden en un bar donde un
grupo de personas ebrias y agresivas se ha enzarzado en una pelea. Legalmente, la policía
puede estar autorizada a emplear la fuerza para detener la pelea, pero también es perfectamente
admisible que considere más conveniente proteger a las personas inocentes y deje que los pro-
tagonistas de la pelea agoten su adrenalina, para evitar que la violencia siga aumentando y que
se produzcan lesiones y daños innecesarios (para ambas partes).
Otra consideración táctica relativa al uso de la fuerza es la de los materiales de que se dota a
la policía, tanto para fines generales como para situaciones concretas en las que se puede pre-
ver la necesidad de utilizar la fuerza. El término «materiales» abarca no sólo las armas y el equi-
po autoprotector (incluidos chalecos a prueba de balas), sino también otros medios de fuerza a
los que puedan recurrir (perros, caballos, etc.). Tal vez una consideración táctica incluso más
importante sea el tipo de material de comunicación al que tiene acceso la policía. En ocasiones,
ésta emplea fuerza excesiva porque no encuentra otra alternativa: por ejemplo, cuando sus
miembros no pueden comunicarse entre sí por falta de equipo adecuado.
136 Entender la labor policial
Las directrices de la Asociación de Jefes de Policía de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte esta-
blecen que «para decidir si la acción fue “necesaria en una sociedad democrática” se deberá
demostrar que:
En su Manual of Guidance on Police Use of Firearms, esta asociación enumera los factores
que se deben tener en cuenta al seleccionar las armas correspondientes a las tácticas emplea-
das en una operación concreta:
La policía puede tomar decisiones tácticas dentro del marco legal en el que opera. Como es lógi-
co, también necesita saber cómo aplicar esas decisiones correctamente y conforme a los principios
internacionales de derechos humanos. Para saber cómo utilizar la fuerza, es necesario conocer
otras alternativas al uso de la fuerza. Si la policía conoce sólo técnicas violentas de intervención,
será más probable que emplee fuerza excesiva. Es más, si la policía sabe que «se saldrá con la
suya», tenderá a elegir la solución más sencilla y, con frecuencia, ésta será, en su opinión, la fuerza.
No obstante, no se debe olvidar que en aquellas situaciones en las que no hay un control de la
posesión y abuso de armas de fuego por parte de la población civil, la policía puede tener enor-
mes dificultades para proteger a las personas. En esas situaciones, puede quedar de facto obsole-
ta la norma de aplicar medios no violentos antes de recurrir a la fuerza y a las armas de fuego.210
La selección de agentes que actúan en incidentes violentos debe atender a criterios estrictos,
como la buena forma física, la fuerza emocional, la aptitud para la cooperación y el trabajo en
El uso de la fuerza por parte de la policía 137
Normalmente, se considera que se utiliza un arma de fuego cuando se dispara o se apunta con
ella, y no por el mero hecho de llevarla. Las armas de fuego incluyen las pistolas, los revólveres,
las pistolas automáticas y las carabinas que disparan munición de pistola a corta distancia, así
como los rifles y las carabinas que disparan munición de rifle a larga distancia. Las armas de
fuego pueden ser automáticas o semiautomáticas. En general, en las «labores policiales norma-
les» no es necesario utilizar armas de fuego automáticas, aunque la policía de varios países las
porta. Téngase en cuenta que la policía utiliza a menudo armas de menor velocidad que las fuer-
zas armadas, dado que su entorno táctico es considerablemente diferente. «Las operaciones poli-
ciales se realizan desde una distancia mucho más corta que las militares debido a la necesidad de
las primeras de evaluar si existe peligro de muerte o no y de garantizar la seguridad pública».215
Los funcionarios superiores de policía pueden autorizar el empleo de armas de fuego, pero
sigue siendo responsabilidad de cada agente garantizar que su actuación se ciñe a los princi-
pios «PLAN» (proporcionalidad, legalidad o legitimidad, rendición de cuentas y necesidad). Se
debe avisar claramente y en voz alta de la intención de utilizar armas de fuego, y dar tiempo a
las personas para que obedezcan las órdenes policiales. Dicha advertencia no será necesaria si
fuera inapropiada o inútil dadas las circunstancias. Los disparos de advertencia, incluidos los
disparos al aire, no suelen ser efectivos, y pueden provocar daños colaterales. Además, pueden
hacer creer a las personas en cuestión o a otros agentes que se ha iniciado un tiroteo. Algunos
organismos policiales prohíben estos disparos de advertencia (Amnistía Internacional no adop-
ta ninguna postura concreta al respecto).216 Disparar contra vehículos en movimiento en los
que viajan sospechosos armados es inútil y peligroso. Se recomienda perseguir al vehículo en
cuestión o, si fuera necesario, bloquear por completo la ruta. En cualquier caso la seguridad vial
será una consideración prioritaria.217
Amnistía Internacional ha documentado numerosos ejemplos en los que la policía ha dispa-
rado contra personas en respuesta a su «resistencia». Por ejemplo, el informe sobre Brasil218
publicado por la organización en 2005 ofrece varios ejemplos de «resistencia seguida de muer-
138 Entender la labor policial
te», expresión habitual en muchos países. En Mozambique se repiten los casos de personas
«abatidas cuando trataban de escapar».219 De igual modo, el informe Armas y mantenimiento
del orden de Amnistía Internacional recoge declaraciones de la policía según las cuales las vícti-
mas de sus disparos «se habían visto atrapadas en el tiroteo entre la policía y unos delincuen-
tes». El informe también menciona las declaraciones «sorprendentemente uniformes» de la
policía jamaicana sobre personas de comportamiento sospechoso que, en cuanto se les dio el
alto, sacaron armas de fuego y las dispararon contra los agentes que, a su vez, dispararon, cau-
sándoles la muerte.220 Aunque tirar a matar no es necesariamente ilegítimo, la acción de dispa-
rar debe ajustarse claramente a las normas internacionales previamente mencionadas. Según el
derecho internacional, se debe investigar todo disparo accidental. Sin embargo, pocas veces se
llevan a cabo investigaciones y la policía recurre a excusas para evitarlas, con lo que crea, de
hecho, una situación de impunidad.
Cuando los disparos de la policía producen invariablemente víctimas pero, por lo general, el
número de víctimas entre la policía es relativamente bajo, es importante extremar las precaucio-
nes. Lo normal sería que, de haber tantos tiroteos, hubiera víctimas entre la policía. En el infor-
me de Amnistía Internacional sobre Brasil se presenta el llamado «índice de letalidad» como
unidad de medida para evaluar si se hace o no uso excesivo de la fuerza letal. Este índice con-
siste en la relación entre las personas heridas y las personas muertas a manos de la policía. Un
número elevado de muertes en operaciones policiales indica que la policía está recurriendo en
exceso a la fuerza letal, y que su intención es más matar que arrestar.221
En la mayoría de las situaciones en las que la policía utiliza armas de fuego, el uso intencio-
nado de fuerza letal sería desproporcionado. De hecho, algunas normas nacionales sobre el uso
de armas de fuego exigen a la policía que apunte a partes «no letales» del cuerpo.
Se debe llevar un registro de las decisiones tomadas y las acciones emprendidas en el transcur-
so de un incidente en el que se utilice la fuerza. En el Reino Unido es obligatorio dejar constan-
cia de todas estas decisiones y acciones en un «registro de la comandancia» o «registro de
incidentes», marcando así un «rastro» que se utiliza para evaluar las operaciones y ver qué se
puede aprender de ellas con vistas al futuro, y como prueba en caso de que un incidente dé
lugar a procedimientos disciplinarios o acciones penales.224
Siempre que se introduzca una nueva técnica de fuerza, como el uso de pulverizadores de
pimienta, se deben implantar procedimientos adecuados de presentación de informes, similares
a los utilizados para las armas de fuego. Además, se debe controlar minuciosamente el desarro-
llo y despliegue de dichos medios.
El derecho internacional exige que se emprendan investigaciones sobre los casos en los que la
policía emplee un arma de fuego, o cuando la acción policial tenga como consecuencia la muer-
te o lesiones graves. Además, deberán investigarse aquellas operaciones que reflejen fallos de
mando, o en las que la población haya corrido peligro.225 Los Principios Relativos a una Eficaz
Prevención e Investigación de las Ejecuciones Extralegales, Arbitrarias o Sumarias, de la ONU,
incluyen artículos sobre la investigación de disparos ilegales.226
Habitualmente, la policía se muestra extremadamente contraria a dichas investigaciones y
procura evitarlas. Los compañeros de profesión se pueden sentir incómodos colaborando en
ellas, o incluso ser objeto de presiones para impedir su cooperación. En el capítulo 9 se exami-
na la cultura policial y el llamado «muro azul de silencio», que a menudo supone un grave obs-
táculo para las investigaciones. Pero puede que no sea la policía la única que se resista a ellas;
de hecho, la fiscalía, los medios de comunicación y la opinión pública en general pueden apoyar
140 Entender la labor policial
Además de los principios relativos al uso de la fuerza mencionados en el apartado 5.2, que se
aplican a la labor policial en manifestaciones, existen otros complementarios o más específicos
como los siguientes:
– El derecho de reunión pacífica.229 La policía debe supervisar los actos públicos del tipo que
sean, incluidas manifestaciones políticas o de otra índole programadas, concentraciones públicas
espontáneas (por ejemplo, en respuesta a un incidente) y actos públicos relevantes, como las com-
peticiones deportivas. Debe proteger los derechos de los participantes a reunirse pacíficamente y
proteger la seguridad de todas las personas, incluidas las que no participen en la reunión. Un acto
público puede generar focos de violencia que se pueden acordonar y contener con bastante facili-
dad. Asimismo, puede desembocar, gradual o repentinamente, en una estampida, en disturbios con
empleo de armas improvisadas o incluso en una batalla campal con armas de fuego.
El uso de la fuerza por parte de la policía 141
Tanto los Principios Básicos como el Código de Conducta de la ONU disponen la incorpora-
ción de los principios que contienen a las normativas nacionales. Ahora bien, existen nume-
rosas cuestiones vitales en relación con el empleo de la fuerza y las armas de fuego en situa-
ciones de orden público que las normas internacionales no consideran. Algunas de ellas son
las siguientes:
– ¿Qué criterios se utilizan para determinar si un acto es o no violento? ¿Basta con que se
arroje una piedra o es preciso esperar a que se arrojen diez? ¿Cuándo se llega al grado de vio-
lencia que justifica el uso de un tipo de fuerza concreto y cuáles son esos tipos?
– ¿Cómo adapta la policía los distintos grados de fuerza a diferentes situaciones?
– ¿Qué tipo de fuerza se puede utilizar contra un grupo y no contra individuos (como gas
lacrimógeno o cañones de agua)?
– ¿Qué tácticas se deben utilizar y cuáles no?
– ¿Qué armas se deben utilizar y cuáles no?
Existen varias situaciones de orden público, como incidentes espontáneos causados por dispu-
tas comunitarias o actividades delictivas o policiales; protestas y manifestaciones de grupos de
acción directa o de otro tipo, o bien en el contexto de conflictos laborales; y actos públicos
organizados, como acontecimientos deportivos, conciertos, etc. Cualquiera de estos actos
públicos puede ser lícito o ilícito. Sea como fuere, la respuesta de la policía debe ser legítima,
necesaria y proporcionada. Se podrá convocar a agentes para que rindan cuentas de sus actos
a título individual, y los agentes deberán demostrar que la fuerza empleada fue necesaria y pro-
142 Entender la labor policial
porcionada según la información o inteligencia de que disponían. Por ello, los agentes deben
registrar las decisiones y acciones tomadas en situaciones de control de multitudes.
La labor de gestión del orden público consiste realmente en la gestión de conflictos. La pla-
nificación, la preparación, la comunicación y el liderazgo son principios clave en la gestión del
orden público. Es importante que la policía, en colaboración con otros órganos pertinentes
(gobierno local, servicios sociales, etc.), identifique y aborde las causas y síntomas de un con-
flicto antes de que aumente la tensión. Para ello, será necesario lo siguiente:
Inteligencia:
– Para recabar inteligencia de calidad es necesario, entre otras cosas, identificar los grupos
que podrían estar implicados y obtener datos sobre su fuerza y sus objetivos.
– Tener buenas relaciones con la comunidad facilita la tarea de recopilar inteligencia.
– La información permite a la policía planificar su acción de forma efectiva.
– Se debe recabar continuamente inteligencia durante una operación, de forma que las tácti-
cas se puedan adaptar a la naturaleza mutante de la amenaza.
Preparación:
Incluye la toma de decisiones sobre el número de agentes de policía que se necesitan, su
indumentaria (uniforme ordinario o de combate) y los materiales a su disposición. También se
deberán tomar decisiones sobre el despliegue de servicios auxiliares, como la unidad canina o
la policía montada. Asimismo, la preparación conlleva reducir al mínimo los riesgos posibles y
gestionarlos, en colaboración con otros organismos y representantes comunitarios pertinentes.
Comunicación:
– Comunicación en el seno de la policía: entre otros, con la jefatura y con los agentes desple-
gados para atender la situación de orden público.
– Facilitación y comunicación con los líderes de la concentración: establecer contactos, en
las fases iniciales, con los líderes de la concentración y explicar cómo piensa la policía ayudar-
les a conseguir sus objetivos legítimos, sin dejar de ocuparse de las personas o grupos que
actúen ilegalmente.
renciadas (véase el recuadro infra). Si ello resultara difícil, la reacción de la policía podría cen-
trarse en dispersar la concentración y en rebajar la tensión, de forma que se evitaría recurrir a la
fuerza. Como es obvio, si se necesita emplear la fuerza, deberá hacerse, pero de forma propor-
cionada y dentro de los límites de la ley, con objeto de restablecer el orden y proteger los dere-
chos de la población.
Cadena de mando:
Debe haber una cadena de mando clara para garantizar una estrategia comprensible, una
comunicación eficaz y un registro completo de las decisiones tomadas, de forma que las opera-
ciones se puedan evaluar y que se pueda extraer de ellas un aprendizaje posterior. En su
Manual of Guidance on Police Use of Firearms, la Asociación de Jefes de Policía describe una
estructura de mando de tres niveles:
En cada nivel, los mandos son responsables de mantener la comunicación y llevar un registro
completo de las decisiones y sucesos. Sin embargo, se debe reconocer que, posiblemente, el
mando «bronce», el más cercano a la acción, no siempre podrá llevar registros.233 En cada nivel de
responsabilidad, los mandos deben sopesar los riesgos de actuar y de no actuar (a veces, puede
ser mejor abstenerse de actuar o incluso abortar la operación, en aras de la seguridad pública).
Los principios de la psicología de masas influyen cada vez más en la práctica policial, al incor-
porarse a su capacitación y sus tácticas. Investigaciones recientes234 contradicen la idea, pre-
viamente aceptada, de que las personas pierden su identidad, valores y estándares individuales
en la multitud –que, de hecho, es un supuesto falso aún presente en la capacitación policial de
muchos países–. Hay pruebas de que el individuo adopta más de una identidad social. Cuando
se concentran grupos, sobresale la identidad social del grupo, y cada persona se adapta a las
normas del grupo en cuestión. No es que se conviertan en una masa irracional, sino que los
individuos actúan según los intereses del grupo. Así, defenderán a sus miembros de cualquier
ataque, y actuarán contra los miembros del grupo que se aparten de la norma; por ejemplo,
puede que repriman a una persona que actúa de forma violenta si piensan que la violencia es
perjudicial para los objetivos del grupo (autorregulación). Según estudios, la violencia de masas
no es un fenómeno arbitrario, sino que se produce cuando otro grupo (como la policía) actúa
de forma que el grupo considera contraria a sus valores y estándares o trata de impedir que
haga algo que considera legítimo según dichos valores. Una aglomeración compuesta de más
de un grupo reflejará diferentes objetivos, estándares y valores.
Esta perspectiva sugiere que la policía debería promover la «autorregulación», para lo que
deberá apoyar a las personas que actúan legítimamente, incluso en presencia de personas o
grupos con motivos ilegítimos. Ello supone poner más énfasis en lo siguiente:
144 Entender la labor policial
El uso de las armas «menos que letales» constituye un área difusa en la gestión del orden
público, y no existe consenso al respecto. Los requisitos mínimos para el empleo de armas
«menos que letales» son los siguientes:
– Debe quedar claro quién es la persona autorizada para decidir sobre su despliegue.
– Debe quedar claro que las armas se despliegan para reducir al mínimo los daños y la posi-
bilidad de consecuencias letales.
– El uso de las armas debe ceñirse siempre a los principios de proporcionalidad, legalidad o
legitimidad, rendición de cuentas, necesidad y subsidiariedad.
5.7. Resumen
La policía es depositaria de importantes poderes que repercuten enormemente en la vida de las
personas y que, si se emplean indebidamente, pueden conducir a violaciones graves de los
derechos humanos. Por ello, las normas internacionales han establecido determinados límites
para el uso de estos poderes. La labor policial orientada a los derechos humanos debe ser acor-
de a tales límites, lo que supone tratar de evitar utilizar la fuerza (sin dejar de tener la capacidad
y la voluntad de emplearla de forma proporcionada y legítima, cuando sea estrictamente nece-
sario, y rendir cuentas posteriormente al respecto). Amnistía Internacional y otros defensores
de los derechos humanos entienden que la policía tiene que recurrir, en ocasiones, a la fuerza
para alcanzar un objetivo policial legítimo. De hecho, no siempre es fácil evaluar qué grado de
fuerza resulta proporcionado, y para ello es preciso haber recibido una formación intensiva y
contar con una sólida experiencia. La práctica y experiencia policiales en esta área deben some-
terse constantemente a supervisión y evaluaciones, a fin de mejorar la profesionalidad de la
policía. Para mejorar la profesionalidad de la policía, resulta esencial la rendición de cuentas, lo
que implica transparencia con respecto a los actos y voluntad de reflexionar sobre la forma de
mejorar las prácticas.
© ANP / Jeff Randall
Todo individuo tiene derecho a la libertad y a la seguridad personales. Nadie podrá ser
sometido a detención o prisión arbitrarias. Nadie podrá ser privado de su libertad, salvo
por las causas fijadas por ley y con arreglo al procedimiento establecido en ésta.
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 9.1
Ningún funcionario encargado de hacer cumplir la ley podrá infligir, instigar o tolerar
ningún acto de tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes [...].
Código de Conducta de la ONU para Funcionarios Encargados de Hacer
Cumplir la Ley, artículo 5
El arresto y la detención 147
6. El arresto y la detención
6.1. Introducción
El derecho a la libertad es uno de los derechos más importantes de la persona,235 y la privación
de libertad, uno de los actos más invasivos que el Estado puede llevar a cabo contra su propia
población. Al mismo tiempo, la privación de la libertad personal es uno de los medios más
habituales de que se sirve el Estado para combatir el crimen y mantener la seguridad interna de
un país. El derecho a la libertad no es absoluto, pero la aplicación legítima de los poderes de
arresto y detención se limita a circunstancias concretas, que el derecho debe definir adecuada-
mente y que exigen una posterior rendición de cuentas. En el comentario al artículo 1 del Códi-
go de Conducta de la ONU para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley (en adelante,
Código de Conducta de la ONU) se identifica a los funcionarios encargados de hacer cumplir la
ley con las facultades concretas de arresto y detención. Dado que el Código de Conducta de la
ONU emplea una definición amplia de «funcionarios encargados de hacer cumplir la ley», queda
implícita la idea de que se puede autorizar a arrestar y detener a otras autoridades, distintas de
la policía. De hecho, la mayoría de las jurisdicciones cuentan con otros organismos, diferencia-
dos del policial, que tienen facultades para arrestar, como las unidades especiales de investiga-
ción (unidades de lucha contra el fraude y cuerpos especiales de inspección), los funcionarios
de aduanas y los bomberos. Estos funcionarios encargados de hacer cumplir la ley tienen la
responsabilidad de garantizar que se respeta la legislación del Estado al que sirven, para lo que
reciben la autorización correspondiente. El Código de Conducta de la ONU es aplicable a todos
ellos. El artículo 2 del Conjunto de Principios para la Protección de Todas las Personas Someti-
das a Cualquier Forma de Detención o Prisión (en adelante, Conjunto de Principios) exige ade-
más que dichos funcionarios sean «funcionarios competentes o personas autorizadas para ese
fin».
El significado de los términos «arresto» y «detención» no siempre está claro. El Conjunto de
Principios proporciona las siguientes definiciones.
Por «arresto» se entiende el «acto de aprehender a una persona con motivo de la supuesta
comisión de un delito o por acto de autoridad». Debe tenerse en cuenta que el arresto puede
basarse en motivos penales, en cuyo caso un juez debe revisar la decisión, o puede obedecer a
una orden administrativa («por acto de autoridad»). La policía puede efectuar ambos tipos de
arresto.
Por «persona detenida» se entiende «toda persona privada de la libertad personal, salvo
cuando ello haya resultado de una condena por razón de un delito». Los términos «detención»
y «custodia» se utilizan indistintamente. Esta definición incluye la detención administrativa y la
detención sin cargos por motivos de seguridad, y ambas pueden ser efectuadas por la policía.
A menudo se utilizan los términos «arresto» y «detención» de manera intercambiable. De
igual modo, «arresto» se utiliza con frecuencia en conjunción con la entrevista con sospecho-
sos. Es importante distinguir entre los conceptos de «arresto» y «detención». Se puede arrestar
a un sospechoso, pero no siempre es necesario hacerlo. Por otra parte, a una persona arresta-
148 Entender la labor policial
da se la puede detener, es decir, privar de libertad, o se le puede permitir que espere el juicio en
su domicilio.236 En consecuencia, una persona puede estar técnicamente «bajo arresto» sin
estar detenida; su libertad podrá verse restringida con el fin de que esté disponible para la
investigación (lo que, en general, conlleva la prohibición de salir del país). La entrevista con un
sospechoso se puede efectuar antes o después de su arresto, y el arresto puede llevarse a cabo
durante la entrevista. La entrevista con el sospechoso es un método de investigación, mientras
que el arresto es un paso legal con vistas a enjuiciar a una persona.
Por «persona presa» se entiende «toda persona privada de la libertad personal como resulta-
do de la condena por razón de un delito».
En el apartado 6.2 analizaremos lo que dicen las normas internacionales con respecto al
arresto y la detención, para a continuación, en el apartado 6.3, centrarnos en sus lagunas. Los
Estados no siempre detienen a las personas en aplicación de las disposiciones del derecho
penal, o como paso previo con vistas a emprender acciones penales. En este sentido, el aparta-
do 6.4 estudia la detención sin cargos por motivos de seguridad y la detención administrativa.
El apartado 6.5 explica cómo se llevan a cabo los arrestos y detenciones en la práctica policial
dentro del marco de la ley. El capítulo termina con un breve resumen.
Este libro de recursos se centra sólo en la detención bajo custodia policial. Las personas que se
encuentran bajo custodia policial pueden ser recluidas en las instalaciones de detención de las
comisarías de policía, pero también en otros centros designados (como pabellones de una pri-
sión). En esta obra no se estudia el encarcelamiento o prisión, que en ciertos países es responsa-
bilidad de la policía. Además, este libro de recursos hace referencia a detenidos adultos y no abor-
da las normas internacionales relativas a menores privados de libertad. Por último, no se examina
en este capítulo la aplicabilidad de las normas internacionales a otros grupos de personas que no
hayan sido arrestadas y detenidas por cargos penales. La publicación Juicios Justos. Manual de
Amnistía Internacional aborda detenidamente el derecho a la libertad en su primer capítulo. Se
recomienda estudiar la primera parte de dicho manual, que examina los derechos que asisten a
las personas que están en espera de juicio.237 También se tratan minuciosamente las situaciones
de detención en el documento de Amnistía Internacional Contra la tortura. Manual de acción.238
– No arbitrariedad. «Nadie podrá ser privado de su libertad, salvo por las causas fijadas por
ley y con arreglo al procedimiento establecido en ésta.»239 El concepto de arbitrariedad no debe
equipararse al concepto de «contrario a la ley», sino que debe interpretarse de una manera más
amplia a fin de incluir elementos de incorrección, injusticia e imprevisibilidad.240 Para que el
arresto y la detención sean legales, es decir, no arbitrarios, éstos deben ceñirse a la legislación
nacional e internacional. Un arresto es ilegal si se arresta a una persona por una acción que
tiene derecho a realizar en virtud del derecho internacional y nacional (como el derecho de reu-
nión, asociación, etc.). Tanto el arresto como la detención deben tener como finalidad la admi-
nistración de justicia: se prohíbe imponer al detenido restricciones que no estén estrictamente
justificadas para los fines de la detención o para evitar que se entorpezca la administración de
justicia.241 Es más, incluso cuando se arresta legítimamente a una persona, si se la mantiene
El arresto y la detención 149
recluida una vez que una autoridad judicial ha ordenado su puesta en libertad, la detención pasa
a ser arbitraria.
– Presunción de inocencia.242 «[L]a presunción de inocencia implica el derecho a ser trata-
do de conformidad con este principio.»243 La detención de las personas que hayan de ser juz-
gadas no debe ser la regla general, pero su libertad podrá estar subordinada a garantías que
aseguren la comparecencia del acusado en el acto del juicio.244 De este principio se deduce que
las personas procesadas deberán estar separadas de las personas condenadas.245
– Derecho a la información. Derecho de la persona a ser informada de las razones de su
arresto o detención, de sus derechos (incluido el derecho a asistencia letrada) y de la acusación
formulada contra ella en un idioma que comprenda.246
– Comparecencia sin demora ante una autoridad judicial.247 La legislación de la mayoría
de los Estados establece plazos precisos y, en opinión del Comité de Derechos Humanos de la
ONU, las demoras no deben exceder de unos pocos días.248
– Derecho a asistencia jurídica. La comunicación del detenido con su abogado debe llevar-
se a cabo en «régimen de absoluta confidencialidad» (podrá ser vigilado visualmente, pero la
conversación no deberá ser escuchada).249
– El empleo de la fuerza debe ser acorde a los principios expuestos en el capítulo 5 de este
libro de recursos. Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley utilizarán la fuerza en la
medida estrictamente necesaria para mantener el orden o por motivos de seguridad personal.
Las armas de fuego se deben utilizar sólo para proteger la vida. Salvo en circunstancias de
necesidad absoluta, los funcionarios penitenciarios no llevarán armas de fuego.250
– Prohibición absoluta de la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.251
Todo Estado debe tomar medidas administrativas eficaces para impedir los actos de tortura.252
Todo Estado está obligado a mantener «sistemáticamente en examen […] las disposiciones
para la custodia y el tratamiento de las personas sometidas a cualquier forma de arresto, deten-
ción o prisión en cualquier territorio que esté bajo su jurisdicción, a fin de evitar todo caso de
tortura».253 Para mantener las disposiciones para la custodia sistemáticamente en examen,
éstas deben quedar plasmadas por escrito y estar abiertas a escrutinio, y se deben comunicar a
los funcionarios pertinentes. Asimismo, la detención debe estar abierta a cualquier tipo de
mejora (en lo relativo a instalaciones, formación de funcionarios penitenciarios, disposiciones
legales, etc.). Nótese que la reclusión en régimen de aislamiento puede equivaler a un acto de
tortura (u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes) y, por tanto, no es aceptable.254
– Derecho a un juicio justo.255 Todo sospechoso tiene derecho a un juicio justo, como
refleja el principio de «igualdad de condiciones» entre las partes en una causa, consagrado
en los artículos 9 y 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. «La igualdad
de condiciones […] significa que ambas partes deben ser tratadas de forma que se garantice
su igualdad en relación a los procedimientos judiciales y su igualdad para exponer su argu-
mentación». 256
– Se harán constar debidamente:257
– las razones del arresto;
– la identidad de la persona arrestada;
– el día y la hora del arresto, del traslado de la persona arrestada al lugar de custodia y de
su primera comparecencia ante el juez u otra autoridad;
– la identidad de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que hayan interveni-
do en el arresto;
– información precisa acerca del lugar de custodia; se deberán tomar medidas concretas
para descartar la posibilidad de detención en régimen de incomunicación.258
150 Entender la labor policial
– Hábeas corpus. La persona arrestada o detenida tiene derecho a interponer una acción
ante una autoridad judicial, para que ésta decida sobre la legalidad o ilegalidad de su arresto o
detención.259
– Juicio sin dilaciones indebidas.260 La detención en espera de juicio debe constituir una
excepción, y ser lo más breve posible. Dado que el juicio se debe celebrar en un plazo razona-
ble, se puede interpretar que la investigación debe llevarse a cabo sin dilación y rápidamente.
– Derecho a comunicarse con el mundo exterior, que comprende los siguientes dere-
chos:261
– Toda persona detenida tendrá el derecho de ser visitada, en particular por sus familiares,
y a comunicarse con ellos, sujeto sólo a condiciones y restricciones razonables (cuando
lo requieran necesidades excepcionales de la investigación).
– Se prohíbe en todo momento la detención en régimen de incomunicación.
– Derecho a notificar a la familia el arresto o detención y el lugar en que la persona se
encuentra bajo custodia.
– Derecho de acceso a un médico.
– Derecho a presentar denuncias por malos tratos y derecho a una indemnización.262 Para
que el recurso sea eficaz, las autoridades competentes deberán investigar las denuncias con
celeridad e imparcialidad.263
– Cadena de mando. Los gobiernos garantizarán un control estricto, con una cadena de
mando claramente determinada, de todos los funcionarios responsables de la captura, arresto,
detención y custodia, así como de todos los funcionarios autorizados por la ley para usar la
fuerza y las armas de fuego.264
– Supervisión. Los lugares de detención serán visitados regularmente por personas califica-
das y experimentadas nombradas por una autoridad competente distinta de la autoridad direc-
tamente encargada de la administración del lugar de detención, y que rindan cuentas ante esa
autoridad. La persona detenida tendrá derecho a comunicarse libremente y en régimen de abso-
luta confidencialidad con las personas que visiten los lugares de detención.265
Existen varias herramientas pertinentes a la investigación de casos de tortura. Una de las más
conocidas es la Guía para la denuncia de torturas, publicada por la Universidad de Essex en
2000.266 Este manual explica cómo documentar denuncias de tortura en el marco del sistema
internacional de derechos humanos y responder a ellas. También dedica algunos capítulos a los
procedimientos y mecanismos regionales.
El Manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tratos o penas
crueles, inhumanos o degradantes, también conocido como Protocolo de Estambul y elaborado
por un grupo de ONG y expertos internacionales, ofrece importantes pautas sobre cuándo y
cómo efectuar dichas investigaciones.267 Esta obra proporciona detallada información médica y
jurídica relacionada con las investigaciones sobre la tortura, y ofrece un conjunto de directrices
internacionales para la evaluación de personas que denuncian tortura y malos tratos, la investi-
gación de casos de presunta tortura y la transmisión de conclusiones a las autoridades judicia-
les o a otros organismos de investigación.
El arresto y la detención 151
Como se comentó previamente, las normas internacionales de derechos humanos exigen de los
Estados el establecimiento de algún tipo de mecanismo para supervisar los lugares de reclusión
de personas privadas de libertad. De estos sistemas, el mejor desarrollado es el del Consejo de
Europa (véase infra), de carácter regional; la ONU ha puesto en marcha recientemente una ini-
ciativa para establecer un sistema similar a nivel mundial.
Naciones Unidas
En 2002, la ONU adoptó el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros Tra-
tos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Su objetivo se define en el artículo 1: «Estable-
cer un sistema de visitas periódicas a cargo de órganos internacionales y nacionales indepen-
dientes a los lugares en que se encuentren personas privadas de su libertad, con el fin de
prevenir la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes».269 Este instru-
mento entró en vigor el 22 de junio de 2006.
Consejo de Europa
Los países bajo la jurisdicción del Consejo de Europa están sujetos al escrutinio del Comité Euro-
peo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes (CPT), que
examina, por medio de visitas, el trato dado a las personas privadas de libertad para reforzar, lle-
gado el caso, su protección contra la tortura y las penas o tratos inhumanos o degradantes
(artículo 1, Convenio Europeo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos
o Degradantes). El Comité envía delegaciones periódicas a los Estados Partes, pero también
puede organizar visitas «ad hoc» adicionales si lo estima necesario. El Comité debe notificar al
Estado interesado su intención de realizar una visita, pero no tiene obligación de especificar el
plazo en que se efectuará la misma, que, en casos excepcionales, puede tener lugar inmediata-
mente después de la notificación. Las objeciones de un gobierno respecto al tiempo o lugar de la
visita sólo pueden justificarse por motivos de defensa nacional, seguridad pública, desórdenes
graves, por el estado de salud de una persona o porque esté en curso un interrogatorio urgente
con relación a un delito grave. En tales casos, el Estado debe tomar inmediatamente las medidas
pertinentes para que el Comité pueda realizar la visita lo antes posible. El Convenio prevé que las
delegaciones tengan acceso ilimitado a los lugares de detención y disfruten del derecho a despla-
zarse sin trabas dentro de los mismos. La delegación se entrevista en privado con personas priva-
das de libertad y se pone en contacto libremente con cualquier otra persona que pueda facilitarle
información. Las recomendaciones que pueda formular el Comité basándose en las observaciones
realizadas durante la visita se incluyen en un informe que se transmite al Estado interesado. Este
informe constituye el punto de partida de un diálogo continuo con el Estado en cuestión.
152 Entender la labor policial
Uno de los principios básicos subyacentes a todos los demás con respecto al arresto es el de
no arbitrariedad. La no arbitrariedad quiere decir que no se debe arrestar, dar el alto o registrar
a una persona por razones discriminatorias, es decir, no se debe dar el alto ni registrar a nadie
por su raza, su etnia, su origen nacional o su religión. Este principio se viola en la práctica en
numerosas ocasiones, como ponen de manifiesto los abundantes ejemplos de aplicación de cri-
terios raciales o étnicos documentados por Amnistía Internacional. En 2004 Amnistía Interna-
cional Estados Unidos publicó un informe exhaustivo sobre esta cuestión, y la Iniciativa Pro-
Justicia de la Sociedad Abierta ha emprendido un proyecto sobre el mismo asunto en
Europa.271 Amnistía Internacional Estados Unidos ha definido el uso de «perfiles raciales» de la
siguiente manera: «Selección por parte de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley
de determinadas personas y grupos como objetivo, basada, incluso parcialmente, en la raza, la
etnia, el origen nacional o la religión, salvo cuando existe información fiable, relacionada con el
lugar y el momento que se investiga, que vincula a personas pertenecientes a los grupos men-
cionados con un incidente o plan delictivo».
Si bien prohíbe claramente la discriminación, el derecho internacional no menciona la aplica-
ción de criterios raciales o étnicos. La labor policial consiste con frecuencia en identificar
correctamente al sospechoso de un delito concreto. Cuando se relaciona a determinadas comu-
nidades con la delincuencia, o con delitos específicos, los policías pueden acabar centrándose
en ellas a la hora de tratar de resolver un caso o de prevenir la delincuencia. Estos estereotipos
conducen a la estigmatización de ciertas comunidades, o de grupos pertenecientes a ellas, y
agudizan la polarización entre la policía y las comunidades. Por otra parte, la policía puede adu-
cir que los estereotipos no se basan por completo en prejuicios, sino que se ven respaldados
por las estadísticas de detención que, a menudo, evidencian la implicación de un porcentaje
relativamente alto de personas de estas comunidades en determinados delitos. A pesar de que
las normas internacionales manifiestan claramente que el arresto y la detención se deben basar
en la legislación y en el principio de presunción de inocencia, la realidad de las estadísticas cri-
minales a las que la policía se enfrenta en su trabajo diario puede conducir a la adopción de una
actitud basada en prejuicios hacia ciertos grupos.
El arresto y la detención 153
Las normas internacionales son bastante específicas con respecto al arresto. Dado que el térmi-
no en sí hace referencia a un momento puntual, no es necesario añadir demasiados comenta-
rios: las normas especifican claramente lo que se debe decir, así como los derechos de la per-
sona arrestada. Sin embargo, tanto en la legislación nacional como en los procedimientos
operativos normalizados es preciso especificar cuestiones como las siguientes:
En relación con la detención, las normas son incluso más precisas. El Conjunto de Principios abar-
ca un amplio abanico de cuestiones relacionadas con la detención, y es muy claro con respecto a
los requisitos de la detención legal. No obstante, es posible que se deban aclarar ciertas cuestiones:
– Las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos (en adelante, Reglas Mínimas)
orientan sobre alimentos, bebida, separación de hombres y mujeres, ocio, tiempo al aire libre,
etc. (Reglas 8- 21). Estas orientaciones también se pueden aplicar a la custodia policial. Con
todo, merece la pena resaltar algunos aspectos:
154 Entender la labor policial
– Mientras está pendiente la investigación, se tiende a observar estas reglas menos estrictamen-
te. No queda claro qué restricciones se consideran aceptables durante este periodo de tiempo.
– De igual modo, la custodia policial se lleva habitualmente a cabo en comisarías de poli-
cía, centros que tienden a contar con las prestaciones mínimas.
– No se hace referencia a centros de detención privados.
– No se especifica qué medidas se deben tomar para impedir el suicidio u otras formas de
autolesión.
probable que el acusado no tenga siquiera conocimiento de que el proceso está teniendo lugar y
no pueda defenderse. Entre las pruebas probablemente se encontrará material inadmisible en un
procesamiento penal (por ejemplo, testimonios que son de oídas, no algo que el testigo haya
visto o escuchado directamente) y la decisión se tomará a partir de pruebas de bajo nivel. Aun-
que se permite la apelación ante un órgano judicial, el proceso sigue implicando con frecuencia
pruebas secretas y testigos anónimos, lo que niega a personas que se enfrentan a acusaciones y
consecuencias extremadamente graves el derecho a defenderse de forma efectiva».275 Por ejem-
plo, con respecto a Israel y los Territorios Ocupados, Amnistía Internacional ha manifestado rei-
teradamente su convicción de que la práctica de la detención administrativa viola los derechos
humanos fundamentales y, a menudo, se utiliza para obviar los requisitos de justicia procesal.276
Asimismo, la organización se ha opuesto a la detención administrativa de inmigrantes ilegales y
de otras personas que no hayan cometido ningún delito común.
Para que la detención administrativa respete los principios de derechos humanos, es necesa-
rio que se lleve a cabo «por las causas fijadas por ley y con arreglo al procedimiento estableci-
do en ésta» que, a su vez, deberá ser acorde a las normas internacionales de derechos huma-
nos. Los dos criterios fundamentales para evaluar su legitimidad son la legalidad de las causas
de la detención y su duración.
En 1982 el Comité de Derechos Humanos de la ONU formuló una observación general sobre
la legalidad de la detención sin cargos por motivos de seguridad: «Incluso en los casos en que
se practique la detención por razones de seguridad pública ésta debe regirse por las mismas
disposiciones, es decir, no debe ser arbitraria, debe obedecer a las causas fijadas por la ley y
efectuarse con arreglo al procedimiento establecido en la ley, debe informarse a la persona de
las razones de la detención y debe ponerse a su disposición el derecho a recurrir ante un tribu-
nal, así como a exigir una reparación en caso de que haya habido quebrantamiento del derecho.
Si, por añadidura, en dichos casos se formulan acusaciones penales, debe otorgarse la plena
protección establecida en los párrafos 2 y 3 del artículo 9, así como en el artículo 14 [del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos]».277
ilegales, como la detención por periodos indefinidos o muy largos, sin que se formulen cargos,
sin que se haga comparecer a los detenidos ante un juez y sin un recurso efectivo para impug-
nar la legalidad de la detención. El segundo es que las definiciones de «terrorismo» y «terroris-
ta» son tan amplias y vagas que se pueden utilizar para atacar a cualquier adversario político,
con lo que, de hecho, se amplía el espectro de personas que pueden ser detenidas y que pue-
den ver limitado el disfrute de sus derechos.
«El mayor riesgo de tortura y otras formas de malos tratos para las personas es en la primera
fase del arresto o la detención, antes de que puedan hablar con un abogado o tribunal. El riesgo
persiste mientras dura la investigación, independientemente de dónde se retenga al sospecho-
so.»280 A pesar de todas las salvaguardias previstas en la legislación y en otras normativas, la
policía sigue cometiendo actos ilegales. La ilegalidad de un arresto puede revestir varias for-
mas, y la más común es de la detener a la persona arrestada bajo custodia sin llevarla ante un
juez u otra autoridad judicial. A menudo, el arresto no queda reflejado en los registros policia-
les. Durante este periodo de detención ilegal es cuando, con mayor frecuencia, se somete a las
personas a tortura y malos tratos. Existen numerosos ejemplos de personas a las que la policía
ha sacado de sus casas, trasladado a la comisaría, recluido ilegalmente y sometido a tratos bru-
tales con el fin de arrancarles confesiones, recuperar bienes robados o extraer dinero; en
muchos casos, se trata de personas pobres y carenciadas. Además, en numerosos países la
policía suele detener ilegalmente a familiares de sospechosos a los que no consigue detener
como forma de persuadir a éstos para que se entreguen.
En los siguientes apartados se analizará cómo se pueden poner en práctica las normas perti-
nentes de derechos humanos para prevenir las violaciones de estos derechos.
sea verbal o física, por parte del afectado. Los agentes de policía deben ser conscientes de ello
y de los sentimientos que puede desencadenar un arresto, como temor, vergüenza, pérdida del
control, ira y agresividad. Dado que el arresto tiende a ser una «situación física» –la policía
«agarra» literalmente al arrestado–, la persona arrestada está extremadamente expuesta a los
abusos.
Un arresto se debe basar en la sospecha razonable y legítima de que la persona ha cometido,
o planea cometer, un delito definido como tal en el marco legal. Este acto debe obedecer a los
principios de proporcionalidad, subsidiariedad, legalidad y necesidad. Para ello, el agente debe
conocer la ley y los procedimientos, adoptar la actitud correcta, estar en posesión de la capaci-
dad necesaria y tener las aptitudes profesionales, técnicas y sociales necesarias. Los agentes de
policía necesitan formación y experiencia para desarrollar la capacidad de distinguir entre dife-
rentes situaciones y adaptar sus reacciones a las circunstancias de la situación a la que se
enfrentan. Se debe proporcionar una formación policial pormenorizada sobre el uso de técnicas
de mano abierta y mano cerrada, y sobre material como esposas y pulverizadores de pimienta,
a fin de que su empleo no provoque tensiones adicionales a la persona arrestada. Habitualmen-
te, se comenta que los oficiales de policía que utilizan fuerza desproporcionada tienden a ser los
que se sienten inseguros o son menos competentes que otros compañeros suyos que utilizan
la fuerza en menor grado. Es importante revisar y evaluar periódicamente cómo se llevan a cabo
los arrestos. En las evaluaciones del desempeño de los agentes se debe discutir con ellos el uso
de fuerza excesiva y las denuncias de uso excesivo de la fuerza, especialmente cuando éstas
son recurrentes. Los métodos y materiales nuevos se deben evaluar y supervisar con cuidado
siempre.
Sólo se debe autorizar a la policía a efectuar arrestos sin orden judicial cuando sorprende a
un sospechoso «en delito flagrante» o inmediatamente después de haberlo cometido, lo que
representa la gran mayoría de los arrestos. No debe pasarse por alto que la expresión «en delito
flagrante» se interpreta de diferentes modos en función de las jurisdicciones. En México, 72
horas después de su comisión, el delito se sigue considerando «delito flagrante», y en Brasil, el
tráfico de drogas se considera un delito permanente, de forma que se pueden efectuar arrestos
en cualquier momento (como es obvio, esa norma no es acorde al espíritu de este principio).
En general, se entiende que el concepto de «en flagrante» puede durar, como mucho, hasta que
hayan transcurrido varias horas desde que se perpetró el delito.
En todas las demás circunstancias se debe obtener una orden judicial, en cuyo caso se
puede planificar el arresto de antemano. A la hora de planificar un arresto, se pueden considerar
las siguientes cuestiones:
Algunas veces, la policía necesita utilizar la fuerza para efectuar un arresto. Por supuesto,
ese uso se debe ajustar a los principios de proporcionalidad, necesidad y legalidad o legitimi-
dad. En principio, la policía debe utilizar siempre la mínima fuerza posible. Si al hacerlo se pro-
ducen lesiones, la policía debe garantizar ayuda y servicios médicos para la persona herida o
158 Entender la labor policial
afectada lo antes posible. Las armas de fuego sólo se pueden utilizar para arrestar a una perso-
na sospechosa de perpetrar un delito especialmente grave que entrañe una seria amenaza para
la vida, y sólo cuando medidas menos extremas resulten insuficientes para lograr dicho objeti-
vo. Este conjunto de circunstancias se da en pocas ocasiones.
A veces se puede prever el uso de la fuerza; por ejemplo, si la policía conoce de anteriores
arrestos a la persona sospechosa o cuando se sabe que está armada. En dichos casos se pue-
den prever medidas especiales a fin de prepararse para el arresto y evitar perder el control de la
situación, como la participación de más agentes, perros, patrullas especiales de arresto, etc.
Para recurrir a estas medidas especiales se debe solicitar la autorización del nivel jerárquico
correspondiente de la cadena de mando (cuanto mayor sea el grado de fuerza que se prevé
emplear, más alto será el nivel).
Patrullas de arresto
Algunos países emplean lo que se conoce como «patrullas de arresto» cuando prevén una res-
puesta violenta. Los agentes desplegados en tales patrullas reciben capacitación exhaustiva en
técnicas de arresto y en formas de enfrentarse a posibles reacciones. Los arrestos que llevan a
cabo dichas patrullas se caracterizan, en general, por su rapidez. Se sorprende desprevenida a
la persona que se pretende arrestar, por ejemplo a primera hora de la mañana o en situaciones
en las que no espera ser arrestada (por ejemplo, cuando conduce por una autopista). En oca-
siones, se le coloca una bolsa sobre la cabeza a fin de desorientarla. Las patrullas de arresto
tienden a utilizar técnicas bastante agresivas, que tienen por objeto prevenir y evitar el uso de
fuerza adicional. Cuando estas patrullas emplean fuerza adicional, deben contar con el permiso
de una autoridad judicial. En los casos en los que se empleen patrullas de arresto, debe quedar
constancia de todos sus actos, a fin de garantizar la rendición de cuentas.
A veces se puede evitar el uso de fuerza adicional mediante un cambio de táctica. En ocasio-
nes, se considera eficaz tomar al sospechoso por sorpresa (por ejemplo, mientras duerme). No
obstante, un arresto planificado debe ser lo menos invasivo posible habida cuenta de las cir-
cunstancias, es decir, no se deben crear tensiones innecesarias. Por ejemplo, si la persona a la
que se va a arrestar tiene hijos de corta edad, se debe analizar cómo evitar arrestarla en su
domicilio. Al margen de consideraciones éticas obvias, también existe una razón práctica para
ello: al evitar tensiones y mostrar respeto hacia el sospechoso, es más probable que éste coo-
pere en el interrogatorio que habitualmente sigue al arresto.
Un sospechoso tiene derecho a conocer sus derechos,282 y la policía debe asegurarse de que
la persona arrestada los conoce y los comprende. En el momento del arresto se le debe infor-
mar de lo siguiente:
– las razones de su arresto y los delitos que se le imputan, en un idioma que comprenda;
– su derecho a no confesarse culpable, no declarar contra sí mismo y guardar silencio;
El arresto y la detención 159
El agente de policía debe llevar al sospechoso ante una autoridad judicial inmediatamente
después del arresto.283 En algunas jurisdicciones, la primera autoridad judicial ante la que com-
parece la persona arrestada es un alto cargo policial con funciones cuasi judiciales que puede
autorizar las primeras seis horas de la detención; posteriormente, se debe llevar al detenido
ante una «verdadera» autoridad judicial independiente de la policía.
A menudo, tras el arresto, se efectúa un registro corporal. «Deben tomarse medidas eficaces
para garantizar que esos registros se llevan a cabo de manera compatible con la dignidad de la
persona registrada. Las personas sometidas a registro corporal por funcionarios del Estado o
por personal médico que actúe a instancias del Estado serán examinadas sólo por personas de
su mismo sexo.»284 Un registro corporal puede efectuarse con fines de investigación, para bus-
car información o pruebas, o como forma de prevenir la violencia si se sospecha que la persona
arrestada puede llevar encima armas u otros objetos que pueden emplearse como tales. De
hecho, existen distintos tipos de registros corporales, con diversos grados de intrusión que,
por tanto, requieren diversos niveles de autorización. El menos invasivo es el consistente en el
cacheo con ropa, seguido del escaneado con ropa. Mucho más invasivo es pedir a la persona
que se desnude para que se efectúe el registro, y el máximo grado de intrusión es el que consti-
tuyen los registros de orificios corporales, que se suelen llevar a cabo cuando se buscan dro-
gas. Nótese que el sitio web de la Asociación de Jefes de Policía, con sede en el Reino Unido y
previamente mencionada, contiene un manual de detenciones y registros en el que se examinan
en profundidad diversos aspectos de los registros.
Se puede exigir responsabilidades a la policía por la forma en la que se ha llevado a cabo un
arresto. Como se especificó en el apartado 6.2.1, la policía debe dejar debida constancia de los
siguientes datos:
Como ya se ha comentado, las Reglas Mínimas incluyen instrucciones específicas sobre aloja-
miento, higiene personal, ropas y cama, alimentación, ejercicio físico y deporte, así como
artículos sobre el personal y la administración de los centros de reclusión, comprendida la
detención policial. En el apartado «Personas detenidas o en prisión preventiva» (Segunda parte,
Sección C), las reglas 84 a 93 establecen principios concretos en relación con la detención poli-
cial. Se recomienda leer detenidamente el texto íntegro de las Reglas Mínimas, y estudiar todo
el Conjunto de Principios para la Protección de Todas las Personas Sometidas a Cualquier
Forma de Detención o Prisión, en relación con la detención policial.
En algunos países, debido a la falta de prisiones, se emplean como tales los centros de
detención policial. Como es evidente, en dichas situaciones estos centros deben cumplir los
requisitos establecidos por el derecho internacional. No obstante, en este libro de recursos nos
centramos en la detención policial previa al juicio.
Cuando una persona ha sido arrestada y permanece bajo custodia policial, aún no ha sido
enjuiciada y, por tanto, todavía se la presume inocente y se la debe tratar como tal. Sólo deben
permanecer en la comisaría de policía los detenidos cuya reclusión en la celda policial se prevé
breve (uno o dos días), mientras que aquellos que, previsiblemente, pasarán más tiempo dete-
nidos, deben ser trasladados a un centro oficial de detención, como un ala independiente de
una prisión. La detención policial no es una medida punitiva, y se debe emplear sólo en función
de las necesidades de la investigación o para impedir que el sospechoso eluda el juicio. Con fre-
cuencia, la detención, es decir, la privación de libertad, va acompañada de la privación de otros
derechos. En particular, corre peligro el derecho a la intimidad, pero también están en juego los
derechos a no sufrir discriminación, a la educación, a la libertad de culto y de expresión y a la
información. A menudo se alega que todo ello es la consecuencia natural de la privación de
libertad. Sin embargo, «tal consideración no es correcta ni permisible. Sólo es admisible la
imposición de las medidas estrictamente necesarias para los fines de la detención o para evitar
que se entorpezca el proceso de instrucción o la administración de justicia, o para mantener el
orden en el lugar de detención».285
La premisa básica de las normas de derechos humanos en general, pero en especial de las
relativas a situaciones en las que la persona se encuentra «a merced» del todopoderoso Estado
(como en el caso de la detención), es que este último debe tratar a quienes se encuentran bajo
su control con humanidad y respeto de su dignidad. Éste es un principio fundamental de aplica-
ción universal, que no puede depender de los recursos materiales disponibles en el Estado y se
debe llevar a la práctica sin distinción de ningún género.286
Algunos de los derechos y obligaciones relativos a la detención policial son los siguientes:
bajo su custodia y, en particular, tomarán medidas inmediatas para proporcionar atención médi-
ca cuando se precise». La persona detenida tiene derecho a un examen médico apropiado a su
ingreso en el establecimiento de detención. Posteriormente, cuando sea necesario recibirá aten-
ción y tratamiento médico gratuitos. Además, tendrá derecho, con sujeción a ciertas condicio-
nes, a una segunda opinión médica. Quedará debida constancia en registros del examen médi-
co, del nombre del médico y de los resultados de dicho examen.290 Se permitirá que el acusado
sea atendido por su propio médico o su dentista, si está en condiciones de sufragar tal
gasto.291
– Se atenderá o dará asistencia adecuada a los menores que estén bajo el cuidado de la per-
sona detenida que, de lo contrario, quedarían privados de supervisión.292
– Se separará a hombres y mujeres en la medida de lo posible. De igual modo, los funciona-
rios encargados de las personas detenidas deberán ser de su mismo sexo, siempre que sea
posible.
– Las personas detenidas tendrán derecho a obtener materiales educacionales, culturales y
de información, y a ser informadas de los acontecimientos más importantes.293
– Las personas detenidas tendrán derecho a manifestar y practicar su religión.294
– A las personas detenidas deberá ofrecérseles la posibilidad de trabajar y de ser remunera-
das por ello.295
– Las personas detenidas podrán alimentarse por cuenta propia procurándose alimentos del
exterior.296
– Las personas detenidas tendrán derecho a usar sus propias prendas personales; si llevan
uniforme, éste será diferente del uniforme de los condenados.297
– Las personas detenidas tendrán derecho a retener objetos personales.298
– Las sanciones disciplinarias que se impongan a la persona detenida deberán ser acordes a
la ley o los reglamentos legales.299
– Los medios de coerción nunca deberán emplearse como sanciones. No deberán emplearse
cadenas y grillos.300
– No se emplearán armas de fuego contra los detenidos, salvo cuando sea estrictamente ine-
vitable para proteger una vida301 (circunstancia poco habitual bajo custodia policial). Se deberá
informar siempre del uso de la fuerza o de armas de fuego, que estará sujeto a supervisión. Si
una persona detenida muere o desaparece durante su detención o poco tiempo después, un
juez u otra autoridad investigará las causas.302 De hecho, algunos países han incorporado a su
legislación nacional el requisito de efectuar investigaciones independientes.
No debe olvidarse que la detención policial puede incrementar el riesgo de suicidio en los
detenidos. Los centros de detención policial no deben facilitarlo y, por tanto, deben eliminarse
los objetos con los que una persona se pueda ahorcar y las ropas que puedan contribuir al sui-
cidio (como cordones de zapatos, cinturones, sábanas, etc.).
162 Entender la labor policial
– Llevar formas de identificación visibles, claras y precisas, y placas con su nombre y cargo
en el momento de arrestar a una persona.
– Preparar un informe sobre el arresto, que deberá ir firmado por un testigo independiente y
refrendado por la persona arrestada, en el que deberán constar la hora y el día del arresto.
– Informar a la persona arrestada de su derecho a que se notifique a un amigo o familiar de
su arresto y del lugar donde está detenida; si el amigo o familiar vive fuera del distrito, la policía
debe notificarle el lugar donde está el arrestado.
– Hacer constar información sobre el arresto en el diario que se lleve en el lugar de arresto y
detención.
– Someter a la persona arrestada, si lo solicita, a un examen médico en el momento del
arresto, y registrar sus lesiones en un informe de inspección, del que la persona arrestada reci-
birá una copia.
– Someter a la persona a un examen médico cada 48 horas mientras permanezca detenida.
– Enviar información sobre el arresto y la detención de la persona a la sala de control policial
de las jefaturas de policía del distrito y el estado.
– Enviar al juez de la zona copias de todos los documentos, incluido el informe sobre el
arresto.
6.6. Resumen
La labor policial orientada a los derechos humanos exige que los arrestos y detenciones nece-
sarios se efectúen de conformidad con los principios de derechos humanos, y en especial con
los de no arbitrariedad, presunción de inocencia, justicia procesal e «igualdad de condicio-
nes», sin olvidar la prohibición absoluta de la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o
degradantes. El periodo inmediatamente posterior al arresto y la detención es el de mayor peli-
gro de abusos policiales para el detenido. Por esta razón, se considera importante, como
medida preventiva, la supervisión de comités independientes que visiten con regularidad los
centros de detención. Debe quedar claro que el arresto y la detención son legales sólo cuando
se llevan a cabo dentro del marco de la ley; se prohíben actos policiales que ocasionen daños
innecesarios (como el uso de grillos) o supongan un castigo añadido (como impedir que la
persona ejerza su derecho a la libertad de religión), ya que se sigue presumiendo que la perso-
na es inocente y, como tal, sólo se la deberá someter a las restricciones necesarias para la
investigación en curso.
Durante los últimos años ha preocupado la proliferación de leyes que facilitan la deten-
ción administrativa y la detención sin cargos por motivos de seguridad como forma de com-
batir el terrorismo. Estos tipos de detención se llevan a cabo, a menudo, en régimen de
incomunicación, y conducen a violaciones de los derechos humanos. Sólo son legales si
respetan los principios pertinentes establecidos en las normas internacionales de derechos
El arresto y la detención 163
Todo funcionario encargado de hacer cumplir la ley forma parte del sistema de justicia
penal, cuyo objetivo consiste en prevenir el delito y luchar contra la delincuencia.
Resolución 34/169 de la Asamblea General por la que se adopta el Código de Conducta de la ONU
para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979
La investigación criminal 165
7. La investigación criminal
7.1. Introducción
Uno de los principales objetivos de la labor policial es detectar el delito. En algunas jurisdiccio-
nes, es la policía misma quien abre una investigación criminal; en otras, se precisa una orden
de la fiscalía. De igual modo, la investigación criminal puede realizarse bajo el mando de una
autoridad judicial (fiscal o juez instructor), o ser responsabilidad de la autoridad policial que,
posteriormente, la remite a la fiscalía con fines de procesamiento.304
El marco legal internacional especifica derechos mínimos y establece garantías de justicia pro-
cesal, definiendo así los límites de los poderes del Estado en relación con su ciudadanía, pero no
orienta sobre la forma de efectuar las investigaciones criminales ni especifica sus objetivos.
En el apartado 7.2 de este capítulo se examinan los principios internacionales de derechos
humanos pertinentes para las investigaciones criminales. En el apartado 7.3 se analizan los
aspectos de las investigaciones criminales que no están previstos en las normas internaciona-
les de derechos humanos. El apartado 7.4 aborda las investigaciones criminales en el contexto
de la práctica policial, y estudia diversos métodos de investigación, así como los factores en los
que se basa la policía a la hora de seleccionar el método que va a seguir. Por ultimo, en el apar-
tado 7.5 nos centramos en la entrevista de sospechosos como método de investigación, ya que
es en esta fase cuando a menudo se producen violaciones de derechos humanos. El capítulo
termina con un breve resumen.
Nótese que este capítulo se centra en las investigaciones policiales de delitos cometidos por
ciudadanos y ciudadanas corrientes. Como es obvio, estos mismos principios se aplican a las
investigaciones sobre delitos (incluidas violaciones de derechos humanos) cometidos por
agentes de policía.
Los agentes de policía responsables de la entrevista del sospechoso deben explicarle estos
derechos antes de la entrevista. En algunas jurisdicciones, esta tarea es (también) responsabili-
dad del juez o del fiscal.
– Juicio sin dilaciones indebidas.320 Dado que el juicio se debe celebrar dentro de un plazo
razonable, se deduce que la investigación debe efectuarse sin demora y rápidamente. En cual-
quier caso, esta norma es relativa, ya que las investigaciones pueden durar varios meses (o
incluso años) y, por tanto, los sospechosos pueden permanecer legalmente en detención previa
al juicio durante mucho tiempo.
– La legislación nacional debe reconocer el derecho a presentar una queja por malos tratos y
otros abusos, y el derecho a una indemnización.321 Las autoridades competentes examinarán
pronta e imparcialmente las quejas a fin de que el recurso sea eficaz.322 Además, el Comité de
Derechos Humanos señala que los Estados deben registrar datos estadísticos sobre el número
de denuncias y el curso que se les ha dado.323
– Registro de las características de las entrevistas y el lugar en el que se llevan a
cabo. Se consignará en registros la identidad de los funcionarios que hayan practicado la
entrevista y la de las demás personas presentes.324 Deberá registrarse la hora y el lugar
de todas las entrevistas, y dicha información también deberá estar disponible a efectos de
los procedimientos judiciales o administrativos.325 Deberán adoptarse asimismo disposi-
ciones contra la detención en régimen de incomunicación. En ningún lugar de detención
deberá haber material alguno que pueda utilizarse para infligir torturas o malos tratos.326
Además, deberá hacerse constar la duración de las entrevistas y la de los intervalos entre
éstas.327
– La no discriminación es consustancial a todos los principios de derechos humanos.
Más concretamente, las mujeres deben disfrutar, en condiciones de igualdad con los hom-
bres, del acceso a la justicia y del derecho a un proceso justo, incluido el derecho a la pre-
sunción de inocencia.328 Las mujeres deben tener acceso directo y autónomo a los tribuna-
les, a rendir prueba testimonial y a la asistencia letrada, particularmente en cuestiones de
familia.329
– Examen y supervisión. «Todo Estado Parte mantendrá sistemáticamente en examen las
normas e instrucciones, métodos y prácticas de interrogatorio.»330 Para cumplir este artículo
de gran alcance, es preciso implantar un método sistemático para las entrevistas policiales, que
se enseñe a los funcionarios pertinentes y se evalúe periódicamente.
– Las normas internacionales exigen al Estado investigar tipos concretos de delitos, como
los siguientes:
– Racismo y discriminación. Los actos de racismo y discriminación se considerarán deli-
tos punibles conforme a la ley y, por tanto, la policía deberá investigarlos.331
– La trata de mujeres y la explotación de las mujeres con fines de prostitución.332
– El abuso, la explotación y los traslados ilícitos de menores.333
– Las ejecuciones extrajudiciales, arbitrarias o sumarias.334
– Las desapariciones forzadas o involuntarias.335
– En la formación se prestará particular atención a las cuestiones de ética policial y derechos
humanos, especialmente en el proceso de investigación.336
– No orientan en relación con cuándo sería lícito considerar sospechosa a una persona.337
– Si bien el sospechoso tiene derecho a asistencia letrada, no se especifica en ningún lugar
que el abogado deba estar presente en el momento de la entrevista.338
– El sospechoso tiene derecho a interrogar o hacer interrogar no solamente a los testigos de
cargo sino también a los testigos de descargo,339 pero no se exige a la policía que busque acti-
vamente testigos de descargo, ni que procure contrapruebas de ningún otro modo.
– Si bien la legislación de la mayoría de los países prohíbe que se usen ante los tribunales
pruebas obtenidas mediante tortura, no se facilitan pautas sobre lo que se considerarán prue-
bas suficientes para determinar la culpabilidad de una persona «más allá de toda duda razona-
ble».340 Desde luego, ésta no es una cuestión policial en sí, pero cuando basta una confesión
para declarar culpable a la persona acusada, puede que la policía trate de extraerla a toda costa.
En esas situaciones, tal vez sea más eficaz captar apoyos en favor de un cambio legislativo que
criticar la actuación policial.
– Tampoco se identifican los métodos de investigación que puede utilizar la policía ni se
establece en qué condiciones debe hacerlo, aparte de las referencias a la intimidad, la libertad,
la presunción de inocencia y el requisito genérico de tratar a la persona con humanidad. La
Observación general 16.8 del Comité de Derechos Humanos incluye ciertos comentarios sobre
la vigilancia electrónica y de otra índole y sobre los registros de las personas y la propiedad que
merece la pena leer.341
El Código Modelo de Procedimiento Penal (véase la introducción de la Parte III de este libro de
recursos) establece que los elementos físicos y mentales de un delito se deben demostrar «más
allá de toda duda razonable» y que recae sobre la fiscalía la carga de probar que dichos elemen-
tos han sido demostrados en el grado necesario (es decir, más allá de toda duda razonable). Asi-
mismo, prevé que una confesión no será admisible como prueba si se puede demostrar que se
extrajo mediante tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes o coacción. El motivo que
subyace a la introducción de esta regla es la observación de que la obtención de confesiones
mediante tortura es una práctica generalizada en los Estados que salen de una situación de con-
flicto. Según otra disposición, los jueces no deben basar su decisión con respecto a la responsa-
bilidad penal de un acusado exclusivamente en la confesión de éste. El tribunal debe disponer de
otras pruebas para respaldar su conclusión sobre la existencia de responsabilidad penal. Ade-
más, se reconoce el derecho del acusado a citar o mandar citar y hacer interrogar a testigos de
descargo. El abogado, ya haya sido contratado por el acusado o le haya sido asignado a éste
mediante el sistema de asistencia letrada gratuita, podrá citar a testigos en defensa del acusado.
La policía no investiga todos los delitos. A veces no se presta atención a un delito porque la
sociedad no lo considera como tal (véase supra), porque ha dejado de serlo (por ejemplo,
La investigación criminal 171
embriagarse en público), porque no es prioritario para la policía (por ejemplo, los delitos leves)
o simplemente porque la policía no tiene tiempo para abrir una investigación.
En algunas jurisdicciones la policía o el ministerio público pueden decidir si abrir o no una
investigación, mientras que en otras se debe iniciar una investigación siempre que la policía
tenga conocimiento de un delito. Asimismo, el papel del fiscal varía según la jurisdicción. En el
sistema acusatorio del derecho consuetudinario, que se aplica en Estados Unidos, el Reino
Unido y numerosas ex colonias británicas, la propia autoridad policial dirige las investigaciones
y, una vez finalizadas éstas, entrega las pruebas a la fiscalía. En el sistema inquisitivo, que se
aplica en Francia y en muchos otros países europeos y latinoamericanos, la policía efectúa la
investigación a las órdenes del fiscal o de un juez instructor que desempeña un papel activo en
la supervisión de la (legalidad de) la investigación y de los métodos empleados antes de llevar
el caso a juicio. En el sistema acusatorio, el papel de la fiscalía se limita a la acusación en sí, es
decir, a llevar el caso a juicio. Téngase en cuenta que las diferencias entre estos dos sistemas
también se han tratado en el capítulo 2.
Crimen organizado
En una cantidad cada vez mayor de países, tanto la policía como la ciudadanía se enfrentan a la
creciente influencia del crimen organizado, que suele estar relacionado con el tráfico de drogas
y de personas, el blanqueo de dinero y el contrabando de armas. Dados los inmensos benefi-
cios que reportan las redes de crimen organizado, quienes participan en ellas hacen enormes
esfuerzos por mantenerlas. El mejor modo para evitar el procesamiento es sencillamente impe-
dir que la policía abra una investigación. La corrupción en esta área es un problema de primer
orden, ya que, en general, las redes de crimen organizado pueden permitirse ofrecer grandes
sumas de dinero, u otros servicios, para sobornar a la policía, a los funcionarios de la fiscalía o
a los testigos. Además, suelen disponer de diversos medios para amenazar tanto a la policía
como a la población en general, y para evitar interferencias en sus actividades. De hecho, la
Convención de la ONU Contra la Delincuencia Organizada Transnacional, adoptada por la Asam-
blea General en 2000, aborda la corrupción y la obstrucción de la justicia, y resalta la consi-
guiente necesidad de proteger a los testigos.342 Las redes de crimen organizado pueden consti-
tuir una amenaza grave para el Estado de derecho, el mantenimiento del orden público y, en
última instancia, la pervivencia del Estado en sí.
– Entrevista de testigos.
– Investigaciones puerta por puerta.
– Reconstrucción del crimen.
– Reconocimiento fotográfico o en una rueda de identificación.
– Registros domiciliarios.
– Entrevistas de sospechosos.
– Registros corporales.
– Intervención electrónica (de teléfono, fax, correo electrónico o Internet).
– Agentes secretos.
– Vigilancia.
– Informantes.
– Pruebas forenses.
tilares, rastros, etc.). A menudo, la recogida de este tipo de información se limita a la escena
del crimen, pero no siempre es así.
En muchos países en desarrollo no se hace un uso habitual de la ciencia forense para ayudar
en las investigaciones, en parte debido a que los agentes de investigación no confían en que los
ayudarán a resolver el caso rápidamente, y en parte por la falta de conocimientos y de recursos
forenses en las comisarías de policía.344 Es más, en algunos países los tribunales no aceptan
información forense como prueba. Los defensores de los derechos humanos recomiendan a
menudo que se incremente el uso de dicha información (es decir, que se refuercen los conoci-
mientos y recursos forenses) a fin de evitar una dependencia excesiva con respecto a las entre-
vistas de sospechosos. En efecto, la información forense tiende a ser más objetiva y menos
susceptible de manipulación. No obstante, depende, como siempre, de su tratamiento policial:
si se busca sólo para confirmar que el sospechoso es el autor del delito (es decir, sólo como
prueba de cargo) no favorece el principio de justicia procesal. Las llamadas pruebas forenses
«mudas» rara vez explican por completo lo que ha ocurrido; se necesita interpretarlas para
explicar las relaciones causa-efecto y, a partir de ellas, establecer la identidad del delincuente
(como se verá en este mismo capítulo cuando se aborden las entrevistas de sospechosos).
En relación con técnicas forenses específicas (como los exámenes médicos), la policía suele
recurrir a la ayuda de expertos. Dichos expertos no son por definición imparciales: a veces tra-
bajan para la policía, y a veces son nombrados por un tribunal. Los expertos pueden estar espe-
cializados en cualquier campo relevante para una investigación concreta, y ser desde profesores
universitarios hasta psicólogos, contables, especialistas en informática y, en algunos casos,
incluso se recurre a grafólogos o expertos en telepatía para obtener nueva información o inter-
pretar la existente. También en este caso, las pruebas forenses se pueden utilizar para orientar
la investigación o para acumular pruebas. Cuando se da el último supuesto, el sospechoso tiene
derecho a solicitar una segunda opinión sobre la interpretación de las pruebas.
La policía actúa dentro de un marco legal que le indica qué actos debe investigar (los especifi-
cados en el Código Penal) y cómo hacerlo (como establece el Código de Procedimiento Penal).
Como se señaló previamente, cuando más invasivo sea un método de investigación (no sólo
174 Entender la labor policial
para la persona sospechosa sino también para su familia y otras personas) más estrictas debe-
rán ser las normativas que se apliquen a la policía.
Dentro de este marco establecido por la ley, la policía toma decisiones tácticas sobre el
método de investigación que espera que sea más efectivo. Aunque legalmente sea aceptable el
empleo de un determinado método de investigación, puede que, desde un punto de vista tácti-
co, no sea conveniente utilizarlo; por ejemplo cuando, al hacerlo, la persona sospechosa pueda
darse cuenta de que la están investigando.
Por último, la policía debe demostrar habilidad a la hora de tomar decisiones tácticas, haber
recibido una buena capacitación en aptitudes sociales, técnicas y legales y evaluar su experien-
cia periódicamente. En otras palabras, puede que un agente de policía esté autorizado para
arrestar a un sospechoso y llevarlo a la comisaría de policía para que se lo entreviste, y que
considere que, desde el punto de vista táctico, es el momento oportuno de hacerlo, pero tam-
bién deberá saber cómo llevar a cabo todo el proceso.
La siguiente ilustración muestra cómo la ley, las tácticas y las aptitudes «enmarcan» las
acciones policiales. La eficacia policial depende de cómo se relacionen estos tres elementos, es
decir, de cómo la policía aplique decisiones tácticas dentro del marco de la ley.
En primer lugar, una entrevista de sospechosos es una herramienta profesional que debe
basarse en una buena investigación y en el uso adecuado de aptitudes de comunicación. Los
«trucos» son a menudo más contraproducentes que beneficiosos.346 El primer objetivo de una
entrevista de sospechosos es recopilar información para esclarecer la verdad. Por tanto, no deja
de ser un método de investigación, como los ya tratados. Sin embargo, muchos agentes de
policía tienden a pensar que su meta consiste en extraer una confesión del sospechoso (al mar-
gen de cuál sea la verdad). Para rebatir esta idea, se puede esgrimir un argumento de peso y
convincente: cuando la persona que confiesa es inocente, el delincuente real sigue en la calle,
con la posibilidad de cometer nuevos delitos. En segundo lugar, la finalidad de la entrevista de
sospechosos no es humillar ni castigar a nadie.
Para que una entrevista de sospechosos consiga su objetivo, es vital que la persona entrevis-
tada declare libremente, sin coacciones o, como establece el Conjunto de Principios, sin que se
menoscabe «su capacidad de decisión o su juicio».347 Durante la entrevista, aún se presume
que el sospechoso es inocente, y debe tratársele como tal.
En ocasiones, los agentes de policía pueden argüir que el uso de la fuerza es necesario –y,
por tanto, proporcionado– en la entrevista de sospechosos para extraer la información pertinen-
te, y alegarán que, en consecuencia, no es constitutivo de «tortura». Obviamente, este razona-
miento nunca es aceptable. No obstante, debe observarse que algunos policías no saben real-
mente cómo obtener información de un sospechoso sin recurrir a la fuerza. Por ello, en el
siguiente apartado se orienta sobre la forma de efectuar una entrevista de sospechosos en el
marco de la ley y de forma profesional. Téngase en cuenta que existen numerosos métodos y
teorías con respecto a la entrevista de sospechosos. Las pautas que se facilitan a continuación
no deben considerarse como una guía exhaustiva, sino como un intento de desmitificar las
entrevistas de sospechosos y de refutar la creencia de algunas personas de que cierto grado de
fuerza es siempre necesario.
Está prohibido «abusar» de la persona entrevistada, como establece el Principio 21 del Con-
junto de Principios. No obstante, una entrevista de sospechosos es, por su propia naturaleza,
una situación extremadamente desagradable para la persona entrevistada que, de por sí, se
sentirá presionada. La policía aprovechará esta circunstancia por motivos tácticos, pero la cues-
tión es determinar cuándo el nivel de presión pasa a ser inaceptable, como ha establecido el
Comité contra la Tortura. El Comité de Derechos Humanos no ha elaborado una lista de actos
prohibidos ni ha establecido distinciones concretas entre actos aceptables y actos inaceptables:
las distinciones dependen de la naturaleza, la finalidad y la severidad del trato aplicado.348 Se
puede obtener más información sobre esta cuestión en la publicación de Amnistía Internacional
Contra la Tortura. Manual de Acción.
Para llevar a cabo una entrevista profesional de sospechosos, la policía recurre a lo que en
ocasiones se conoce como «presión interna» (en contraposición a la «presión externa», que es
la presión infligida por otra persona y que, con frecuencia, conduce a la tortura o a otras formas
de trato cruel, inhumano o degradante). La presión interna es la que el sospechoso acumula en
su interior: en «su cabeza», por así decirlo. Para llevar a cabo una entrevista de sospechosos
con eficacia, el investigador debe tener información suficiente y adecuada que le proporcione
«pistas tácticas». A su vez, éstas se podrán utilizar para incrementar la presión interna del sos-
pechoso. El objetivo de la entrevista es verificar las pistas, conseguir una declaración del sospe-
choso al respecto y obtener nueva información. Por tanto, en última instancia, el «factor de
éxito» de la entrevista de sospechosos reside en la investigación anterior, ya que es en ese
momento cuando el investigador recopila la información (incluidas las pistas tácticas), que se
emplean para orientar nuevas investigaciones. En las entrevistas se enfrenta (oralmente) al sos-
176 Entender la labor policial
pechoso con estas pistas tácticas para comprobar si dice la verdad. Esta táctica incrementará la
presión interna, de forma que las presiones externas (golpes, patadas, encender y apagar las
luces y una lista interminable de actos) serán innecesarias. Si la investigación previa a la entre-
vista no se ha efectuado correctamente, las pistas tácticas serán insuficientes, lo que restringirá
las oportunidades del entrevistador de cuestionar legalmente y de forma profesional al sospe-
choso. Es más, si la investigación se ha llevado a cabo correctamente, en ocasiones se habrá
reunido información suficiente como para prescindir por completo de la entrevista. En efecto,
los agentes de policía tienden a sobrevalorar en extremo el valor añadido que aportan las entre-
vistas de sospechosos.
La preparación de la entrevista, incluida la planificación del momento en el que se empleará
cada pista, es esencial, pero rara vez se tiene en cuenta, ya que la policía tiende a confiar (equi-
vocadamente) en su presunta destreza.349
Este ejemplo muestra los aspectos que abarcan las entrevistas profesionales:
Como es obvio, lo expuesto es claramente una imagen simplificada de las entrevistas de sos-
pechosos, pero pone de manifiesto la esencia de las entrevistas profesionales. Su valor viene
determinado por la cantidad de información recabada por la policía antes de la entrevista en sí.
Cuando ésta no funciona, casi invariablemente se debe a la falta de preparación, lo que supone
la escasez de pistas, de forma que la persona sospechosa puede «salir airosa» con facilidad.
La policía debe recopilar pistas tácticas a lo largo de la investigación criminal, verificarlas,
recabar información complementaria a fin de incrementar el valor de las pistas tácticas (por
ejemplo, cuándo se limpia el banco), prever de qué formas puede la persona sospechosa tratar
de eludir las pistas tácticas que constan en su contra y, a partir de dichas pistas, preparar otras
preguntas para estrechar el cerco. Al llevar a cabo esta preparación, puede que la policía llegue
a la conclusión de que no tiene suficiente información en contra del sospechoso, lo que indicará
que se precisan nuevas investigaciones y que no tiene sentido citar a la persona en cuestión
mientras no esté preparada.
Supongamos que Pedro, el personaje de nuestro ejemplo, es en realidad inocente y que dice
la verdad al responder a las preguntas formuladas para estrechar el cerco. Esto puede facilitar
nuevas pistas tácticas a los investigadores, que tendrán que volver a investigar para verificarlas.
Por el contrario, supongamos que Pedro es culpable y confiesa. Llega a la sala y declara:
«Sí, lo reconozco, he sido yo». Aun así, el trabajo de los investigadores no habrá terminado.
Una buena práctica consiste en preguntar a Pedro qué hizo exactamente, dónde, cuándo, cómo,
por qué, etc. Al fin y al cabo, podría retractarse de su confesión más adelante durante el juicio.
Pero si revela información concreta sobre el delito, que los investigadores han verificado y con-
firmado, no le servirá de nada retractarse. Por otro lado, puede que Pedro sea inocente, pero
que desee asumir la responsabilidad del delito. Una confesión, por sí sola, no será nunca sufi-
ciente para condenar a una persona: debe verse respaldada por otras pruebas.
Existen varias salvaguardias para garantizar que las entrevistas de sospechosos se realizan
correctamente. Algunas de ellas ya se han tratado. Otras son las siguientes:
– Como norma general, un principio de buena práctica es que los entrevistadores tengan el
mismo tiempo de descanso que el sospechoso al que se está entrevistando, y que no sean sus-
tituidos por compañeros más «frescos».
– Los entrevistadores deben dejar constancia de su identidad y de la de las demás personas
presentes.350
– Se debe grabar toda la entrevista (en audio o, preferiblemente, en vídeo).351
– Normalmente, deben participar dos agentes en la entrevista. La representación de los
papeles de «policía bueno» y «policía malo» ha dejado de considerarse profesional. Ambos
deberán comportarse con profesionalidad, es decir, deberán ser amables pero objetivos. Los
actos que ofenden o frustran de cualquier modo al sospechoso no producen ningún beneficio.
Deberá permitírsele que se siente y que coma o beba, según la costumbre local.
178 Entender la labor policial
Las técnicas de entrevistas profesionales, como la descrita, se pueden utilizar con cualquier
sospechoso, ya sea inocente o culpable, y al margen de la naturaleza del delito. Son neutrales y
objetivas, y se pueden aplicar en los casos de agentes de policía sospechosos de violaciones de
derechos humanos, de hombres sospechosos de violencia contra las mujeres en el ámbito
familiar o de personas sospechosas de haber cometido actos de terrorismo. La profesionalidad
a la hora de realizar entrevistas exige que el entrevistador recuerde que la persona puede ser
culpable pero que también podría ser inocente. El entrevistador debe tener confianza en sí
mismo, pero no por ello dejar de estar abierto a opciones alternativas. Si duda constantemente,
será imposible llevar a cabo la entrevista.
«En más de una ocasión, y en más de un país, el CPT ha observado que algunas salas reserva-
das a interrogatorios eran sumamente intimidantes: por ejemplo, eran habitaciones totalmente
oscuras y equipadas con proyectores enfocados hacia el sitio ocupado por la persona interroga-
da. Este tipo de instalaciones no son apropiadas en un servicio de policía.
Además de estar debidamente iluminadas, calefactadas y ventiladas, las salas reservadas a
los interrogatorios deberían estar equipadas de forma que todos los participantes en el proceso
del interrogatorio ocuparan sillas del mismo estilo e igualmente cómodas. El agente encargado
del interrogatorio no debería ocupar una posición dominante (a saber, elevada) ni estar situado
lejos del sospechoso. Además, los colores de la sala deberían ser neutros.
El CPT ha observado que, en algunos países, se venda los ojos a la persona que se encuen-
tra bajo custodia policial, particularmente durante los interrogatorios. Las delegaciones del CPT
han recibido varias explicaciones –a menudo contradictorias– de la policía con respecto al pro-
pósito de esta práctica. A raíz de la información recabada con el tiempo, es evidente para el CPT
La investigación criminal 179
que en muchos casos –si no en la mayoría– se venda los ojos a la persona interrogada para que
no pueda identificar a los miembros de las fuerzas del orden que le infligen malos tratos. Aun
en caso de no producirse malos tratos, vendar los ojos a una persona que se encuentra bajo
custodia –y en particular cuando se le somete a un interrogatorio– es una forma de opresión
cuyos efectos en la persona equivaldrán en muchos casos a malos tratos psicológicos. El CPT
recomienda prohibir expresamente la práctica de vendar los ojos a las personas que se hallan
bajo custodia policial.
No es raro que el CPT encuentre objetos sospechosos en instalaciones policiales, como
palos de madera, palos de escoba, bates de béisbol, varas de metal, trozos de cable eléctrico
grueso, armas de fuego de imitación o cuchillos. La existencia de tales objetos ha conferido
credibilidad en más de una ocasión a las alegaciones presentadas a las delegaciones del CPT
acerca de las amenazas o los golpes con este tipo de objetos que habían recibido las personas
detenidas en tales establecimientos.
Respecto a la existencia de estos objetos, los policías suelen alegar que se les han confisca-
do a los sospechosos y que se utilizarán como prueba. El hecho de que los objetos nunca estén
etiquetados y que muchas veces se hallen desperdigados por los establecimientos (algunas
veces detrás de las cortinas o en los armarios), sólo invita a considerar escépticamente esta
explicación. A fin de evitar especulaciones sobre un comportamiento incorrecto de los policías
y de eliminar las fuentes potenciales de peligro tanto para el personal como para las personas
detenidas, los objetos confiscados para su utilización como prueba deberán etiquetarse correc-
tamente, registrarse y mantenerse en un lugar especialmente reservado para guardar objetos
confiscados. Asimismo, se privará a los establecimientos policiales de todos los demás objetos
que respondan a las características mencionadas anteriormente.»
7.6. Resumen
En este capítulo hemos analizado en mayor detalle la investigación criminal, una de las funcio-
nes principales de la policía. La investigación criminal, que tiene por objeto el esclarecimiento
de la verdad, es una cuestión compleja que exige aptitudes profesionales, sociales, tácticas y
técnicas de los agentes de policía, así como su profunda comprensión de los procedimientos
penales conexos. La presunción de inocencia es uno de los principales principios que protegen
a los sospechosos. La policía debe respetar este principio mientras la persona en cuestión no
haya sido declarada culpable por un juez independiente. Además, los sospechosos tienen dere-
cho a un juicio que reúna las debidas garantías, y la prohibición de la tortura es absoluta, sin
límites de tipo alguno.
La policía puede recurrir a numerosos métodos de investigación, cuya aplicación dependerá
de sus aptitudes, de consideraciones tácticas y de los límites legales. Un campo importante, y a
menudo descuidado, es el que constituye la información forense, es decir, toda aquella informa-
ción física para cuya obtención no se precisa ninguna entrevista (con sospechosos, testigos o
víctimas). Pero el área más olvidada sigue siendo la preparación de la entrevista de sospecho-
sos, que debería formar parte de la investigación en sí. Con harta frecuencia, la policía comien-
za las entrevistas de sospechosos sin contar con información suficiente para cuestionar al sos-
pechoso, lo que la lleva a utilizar medios ilegales de presión hacia el sospechoso, en lugar de
plantearle las conclusiones de una investigación legal.
180 Entender la labor policial
Los principios y métodos de investigación de delitos son siempre los mismos, al margen de
la naturaleza del delito, ya se trate de un presunto ladrón, un esposo violento o un agente de
policía sospechoso de haber cometido violaciones de derechos humanos. Por tanto, las cues-
tiones tratadas en este capítulo pueden servir de ayuda a quienes defienden los derechos huma-
nos a la hora de formular comentarios sobre investigaciones relativas a la conducta indebida de
la policía y sobre la negligencia policial en la investigación de delitos y el resarcimiento de las
víctimas.
© REUTERS / Thierry Roge
La premisa básica en todo este libro de recursos ha sido que para trabajar de manera eficaz en
cuestiones relativas a la función policial y para tratar de mejorar el cumplimiento de las normas
de derechos humanos por parte de la policía, es preciso entender qué es la función policial:
¿qué función cumple la policía en el sistema del Estado? ¿Cuál es su relación con otras institu-
ciones de seguridad y justicia? ¿Cuáles son sus objetivos y cómo puede alcanzarlos? Provistos
de esta información general y de las herramientas necesarias para aplicarla a la policía de cual-
quier país-objetivo, creemos que será más fácil diseñar una estrategia de intervención que esté
concebida específicamente para reforzar la profesionalidad de la policía y que tenga en cuenta la
realidad contextual y profesional.
Muchos autores, programas internacionales de donantes y defensores de los derechos
humanos que tratan de mejorar el cumplimiento de los derechos humanos por parte de la poli-
cía subrayan la importancia de mejorar o potenciar una serie de mecanismos de rendición de
cuentas. Se suele centrar la atención en los mecanismos independientes de supervisión y pre-
sentación de denuncias. El término «rendición de cuentas» parece haberse puesto de moda:
todo el mundo comprende su importancia y coincide en su eficacia potencial. Sin embargo, no
son muchos los que de verdad parecen entender qué es en realidad la rendición de cuentas y
cómo puede lograrse en la práctica. Esto podría deberse perfectamente a la vaguedad del con-
cepto, que engloba varias cuestiones distintas y oculta muchos supuestos variados acerca de la
policía y su función en el Estado.
Otro término de moda que se emplea en relación con la mejora del trabajo policial es «for-
mación». Se habla a menudo de la formación como si fuera la clave del éxito. «¡Si la policía
hubiera sabido qué eran los derechos humanos y cómo podía llevarse a cabo el trabajo policial
de conformidad con los principios de derechos humanos! ¡Si la policía pudiera recibir una for-
mación adecuada, dejarían de cometerse violaciones de derechos humanos!» De hecho, en
muchos informes de Amnistía Internacional se subraya la importancia de la formación de la
policía.
En esta parte de Entender la función policial se intenta hacer un análisis más detenido, a la
par que crítico, de estos dos conceptos tan fundamentales para muchas estrategias de interven-
ción. Examinaremos en detalle estos conceptos y trataremos de poner de relieve sus inconve-
nientes como medio de mejorar sus efectos en cuanto estrategias de intervención en el futuro.
En el último capítulo de este libro de recursos se examinará cómo las ONG de derechos
humanos, tanto las internacionales (entre ellas Amnistía Internacional) como las locales, pue-
den trabajar sobre cuestiones relativas a la labor policial. El capítulo retoma algunas cuestiones
que se trataron en el capítulo 1, e intenta apuntar soluciones a los problemas inherentes que
rodean la relación de trabajo de las ONG con organismos del Estado como la policía. Al final del
capítulo se presenta un enfoque en tres pasos que intenta ayudar a los defensores de los dere-
chos humanos que se plantean la posibilidad de trabajar sobre la función policial a elaborar una
estrategia de intervención eficaz y realista.
© REUTERS / Thomas Mukoya
Cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete a garantizar que
[...] [t]oda persona cuyos derechos o libertades reconocidos en el presente Pacto hayan
sido violados podrá interponer un recurso efectivo.
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 2.3
8.1. Introducción
Los agentes de policía individuales suelen disponer de amplios poderes discrecionales en el uso
de las atribuciones policiales: cuándo utilizar la fuerza y en qué medida, cuándo practicar deten-
ciones, a quién efectuar un registro y a quién no, etc. Esta discrecionalidad en el ámbito indivi-
dual y esta independencia operativa en la esfera institucional son condiciones previas funda-
mentales para un trabajo policial justo y eficaz (tal como se examinó en el capítulo 4). Para
mantener el equilibrio entre estas facultades y prevenir su abuso (por ejemplo, que se utilicen al
servicio de intereses egoístas o partidistas y no en el interés público), es fundamental que la
policía rinda cuentas ante la ley, el Estado y la ciudadanía.
Una definición sencilla de rendición de cuentas es: «Tener que explicar las acciones o la
conducta propias».353 La rendición de cuentas supone «un conjunto de prescripciones normati-
vas acerca de quién tiene la obligación de rendir cuentas, a quién, cuándo, cómo y acerca de
qué».354 La obligación de rendir cuentas está estrechamente relacionada con conceptos como
responsabilidad y exigibilidad, ya que significa relacionar un acto (o la omisión de un acto) con
una persona o una institución. Además, la rendición de cuentas conlleva la exigencia de reme-
diar la conducta indebida. Para que la rendición de cuentas sea eficaz, es necesario que las per-
sonas que han sido víctimas de abusos o negligencias policiales tengan a su disposición proce-
dimientos efectivos de presentación de denuncias y reparación.
«Rendición de cuentas» es la traducción más habitual del término inglés accountability, un con-
cepto cuyos múltiples componentes no recoge en su totalidad.355 La expresión «rendición de
cuentas» procede del mundo de las finanzas; se la relacionaba con dar cuenta de una situación
financiera. Hasta fechas bastante recientes no había sido adoptada en el contexto de los dere-
chos humanos. De hecho, en muchos idiomas el término se traduce como «responsabilidad»,
que no es exactamente lo mismo que rendición de cuentas. En consecuencia, la gente puede no
entender siempre lo que intentan lograr las medidas de rendición de cuentas y puede mostrarse
reacia a debatir la aplicación de tales medidas. Conviene tener en cuenta este punto cuando se
haga referencia al concepto y verificar siempre lo que otras personas quieren decir con «rendi-
ción de cuentas». En ocasiones, el mundo de habla hispana utiliza el neologismo «respondabili-
dad» para representar la obligación de los agentes del Estado de responder de sus actos ante la
sociedad.
186 Entender la labor policial
La rendición de cuentas y la transparencia van de la mano: «La actividad policial debe estar
abierta a observación y ser comunicada periódicamente a personas ajenas a la institución. Esta
exigencia es aplicable tanto a la información sobre la conducta de los agentes individuales
como a las actividades de la institución en su conjunto, especialmente en lo relativo a si la poli-
cía está logrando los resultados esperados de manera rentable».356 Esta transparencia, a la que
dan efecto los procedimientos de presentación de informes, debe ir más allá de los límites insti-
tucionales de la policía. La obligación de rendir cuentas ante instituciones de supervisión, inde-
pendientes de los regímenes gobernantes, que pueden incluir tribunales, asambleas legislativas,
medios de comunicación y juntas de revisión de denuncias, es un pilar importante del trabajo
policial democrático.357 El trabajo policial orientado a los derechos humanos exige que los poli-
cías, tanto a título individual como en calidad de institución, reconozcan la importancia de ser
observados y cuestionados a posteriori por personas ajenas; a la policía no tiene por qué agra-
darle que la sometan a escrutinio, pero debe comprender que es una condición previa de la legi-
timidad.358
La rendición de cuentas policial implica lo siguiente:
– Los agentes individuales en todos los niveles jerárquicos deben rendir cuentas a título indi-
vidual de su propia conducta ante sus supervisores. Su conducta debe estar en consonancia
con la legislación nacional y los códigos profesionales de ética y disciplina. En caso de conduc-
ta delictiva, todos los funcionarios deben rendir cuentas ante las autoridades judiciales.
– Los funcionarios superiores deben rendir cuentas, mediante la presentación de informes,
la supervisión y los procedimientos disciplinarios, de la conducta de las personas que están
bajo su mando.
– El organismo policial debe rendir cuentas ante la sociedad en general de su éxito en el
mantenimiento del orden y la seguridad y en el control de la delincuencia. En cuanto organiza-
ción, la policía debe rendir cuentas ante organismos de supervisión independientes, creados
por ley y abiertos a escrutinio por parte del público, incluidos los representantes elegidos
democráticamente, las ONG y los medios de comunicación.
Para que la rendición de cuentas sea eficaz, es necesario un sistema de múltiples actores
que se mantengan cuidadosamente en equilibrio entre sí. De estos actores, los actores internos
(es decir, los que están dentro de la institución policial) tienden a recibir escasa información de
los defensores de los derechos humanos. Pero el aspecto interno es decisivo para garantizar la
rendición de cuentas, ya que todo mecanismo externo requiere compromiso interno para ser
eficaz. Si los mandos policiales hacen la vista gorda ante la conducta indebida de la policía, las
medidas externas para atajar la conducta indebida surtirán escasos efectos porque se encontra-
rán con obstrucciones en la fase de investigación o de aplicación de las recomendaciones. Esto
se señala en un documento en el que se formulan recomendaciones sobre la reforma policial en
México: «La verdad de las experiencias de dichas entidades ciudadanas es que por sí solas nor-
malmente no pueden tener un impacto suficiente para acabar con los problemas. [...] [La] crea-
ción de una entidad dedicada específicamente a la recepción de quejas sobre la policía [...] es
necesaria [...] pero de poco valdrán sus recomendaciones hasta que no existan sistemas más
adecuados dentro de cada cuerpo policial para cumplirlas».360 Para que un sistema interno sea
eficaz, debe estar respaldado por un sistema judicial competente y un entorno político que sea
al menos permisivo, pero que de preferencia lo apoye y que disponga de mecanismos para ren-
dir cuentas al público (incluidos sistemas para recibir denuncias del público), órganos de
supervisión independientes y comisiones policiales. Los aspectos internos y externos de la
estructura de rendición de cuentas deben reforzarse mutuamente para garantizar el máximo
efecto.
El principal objetivo de este capítulo es aumentar la comprensión de los mecanismos de ren-
dición de cuentas policial en todos sus aspectos:
– tanto las acciones y omisiones de agentes individuales como el desempeño general del
organismo policial;
– tanto los elementos a priori como los elementos a posteriori;
– tanto los mecanismos internos como los externos;
– ... y cómo todos estos aspectos se relacionan entre sí.
Así pues, utilizaremos una interpretación amplia del concepto de rendición de cuentas, en
contraposición a la interpretación más estricta que ha sido habitual entre muchos defensores de
los derechos humanos.
Comenzamos en el apartado 8.2 con un examen más completo de la rendición de cuentas
como un complejo sistema de controles y equilibrios en el que intervienen muchos actores dis-
tintos. A continuación, en el apartado 8.3, presentaremos un resumen de lo que las normas
internacionales dicen acerca de la rendición de cuentas y lo que no dicen. En el apartado 8.4
centraremos la atención en diversos instrumentos de rendición de cuentas policial en la prácti-
ca, clasificados en cuatro áreas distintas. En el apartado 8.5 presentaremos una tabla para eva-
188 Entender la labor policial
luar la rendición de cuentas policial, en la que se agrupan todos los mecanismos que se exami-
nan. La rendición de cuentas tiene que ver con encontrar un equilibrio adecuado entre las dife-
rentes instituciones sobre el terreno. La tabla ayuda a evaluar este equilibrio y a identificar lagu-
nas y puntos débiles. Concluimos con un breve resumen.
En noviembre de 2006, Altus, una alianza global de seis ONG que trabajan en todos los conti-
nentes, organizó la primera Semana de Visitas a Comisarías de Policía. Miembros del público
visitaron la comisaría de policía de su localidad para evaluar la calidad de los servicios disponi-
bles. Más de 1.500 personas visitaron más de 450 comisarías de policía en 23 países de todo el
mundo (Alemania, Bélgica, Benín, Brasil, Canadá, Chile, Corea del Sur, Estados Unidos, Ghana,
Hungría, India, Letonia, Liberia, Malaisia, México, Níger, Nigeria, Países Bajos, Perú, Reino
Unido, Rusia, Sri Lanka y Sudáfrica):
Para esta Semana de Visitas a Comisarías de Policía se formaron pequeños equipos de visi-
tantes (entre tres y ocho personas), con un jefe de equipo, que llevaron a cabo breves visitas
planificadas (de aproximadamente una hora). Después de la visita, se pidió a cada equipo que
compartiera sus impresiones y rellenara un formulario, que después se procesó a través de
Internet (en un sitio web especialmente diseñado al efecto). El formulario constaba de 20 pre-
guntas universales para facilitar el proceso de evaluación, clasificadas en cinco temas: orienta-
ción a la comunidad; condiciones materiales; igualdad de trato al público sin prejuicios por
motivos de edad, género, origen étnico, nacionalidad, condición de minoría u orientación
sexual; transparencia y rendición de cuentas; y condiciones de detención. Altus tiene previsto
organizar una Semana de Visitas a Comisarías de Policía con carácter anual, es de esperar que
en un número cada vez mayor de países.
En 2005, Altus organizó la conferencia internacional «Responsabilización de la Policía y Cali-
dad del Control: Tendencias Globales en el Contexto Nacional». La conferencia examinó un con-
junto de normas y criterios globales en desarrollo. Se presentaron ponencias sobre Brasil,
Chile, Estados Unidos, India, Letonia, México, Reino Unido y Rusia.361
La obligación de rendir cuentas 189
Dado que los sistemas de rendición de cuentas implican a múltiples actores, es preciso esta-
blecer cierta clasificación para analizar y evaluar su eficacia. Para los fines que nos interesan en
estas páginas, centraremos la atención en cuatro áreas distintas de rendición de cuentas:
Estas categorías varían en su distancia respecto de la policía como institución. Como sucede
en toda clasificación, ésta debe entenderse como una herramienta útil y no como un reflejo
estable de la realidad. Las diferentes categorías se superponen: la delimitación entre rendición
de cuentas interna y rendición de cuentas ante el ejecutivo no siempre está clara, ya que de
hecho la policía forma parte del ejecutivo. En algunos países, la policía no puede delimitarse
con claridad del ministerio pertinente, por ejemplo en situaciones en que los agentes dependen
del ministerio a efectos laborales, o cuando el director general de la policía es también un alto
cargo ministerial. Esto afecta a cómo se dirigen las responsabilidades, lo que en ocasiones es
causa de graves problemas relacionados con la independencia operativa. Asimismo, el poder
legislativo es responsable de hacer las leyes en virtud de las cuales actúan el poder judicial y la
policía. Además, el poder legislativo representa al pueblo, por lo que esta categoría se superpo-
ne en gran medida con la de «rendición de cuentas pública». Nuestra propuesta es que esta cla-
sificación se utilice como modelo para analizar y evaluar el complejo campo de la rendición de
cuentas policial, a la que volveremos en el último apartado de este capítulo.
– Ante el ejecutivo:
La dirección policial de la institución y la orientación política que el poder ejecutivo pueden
imprimir a la policía son dos aspectos relacionados pero distintos. En la mayoría de los países la
policía depende del Ministerio del Interior o del Ministerio de Justicia, o de ambos, y debe rendir
cuentas ante estos departamentos y sus inspecciones. El director general de la policía nacional
debe rendir cuentas generalmente ante el ministro del Interior, que a su vez debe rendir cuentas
en última instancia ante el Parlamento. En los sistemas más descentralizados, en muchos casos
el director general de la policía (local) también debe rendir cuentas ante la administración civil en
el ámbito local, como el alcalde o el prefecto, que es el representante local del ejecutivo (en algu-
La obligación de rendir cuentas 191
nos casos, un cargo elegido), que a su vez debe rendir cuentas ante el consejo municipal. Esta
rendición de cuentas incluye evaluaciones del desempeño de la institución policial en su conjun-
to, en las que se mide el éxito de la policía en el logro de sus objetivos básicos.
– Ante el poder judicial (también recibe el nombre de rendición de cuentas legal):
La policía debe acatar la ley y aceptar la independencia del poder judicial. Está obligada a
actuar dentro de las leyes en virtud de las cuales opera y debe usar sus atribuciones conforme a
la Ley de Policía y otras disposiciones legales pertinentes. Los agentes sospechosos de haber
cometido delitos durante el cumplimiento de su deber deben comparecer ante un tribunal para
rendir cuentas de sus actos. También pueden ser demandados en los tribunales civiles.
– Ante el poder legislativo (también recibe el nombre de rendición de cuentas democrática o
política):
La aprobación de las leyes es responsabilidad primordial de los parlamentos, que pueden
cuestionar el desempeño de la policía en general y en relación con acciones concretas.
La rendición de cuentas pública supone que los organismos policiales deben rendir cuentas
ante la comunidad a la que sirven, ya sea directamente o a través de representación. Los exper-
tos, las ONG y los medios de comunicación pueden promover la transparencia y el cumplimien-
to de las leyes y normas, pero la policía no tiene que rendir cuentas ante ellos.
Hay un sitio web interesante sobre rendición de cuentas y supervisión policiales en 16 países
africanos que puede consultarse en http://www.policeaccountability.co.za/Organograms/. Este
sitio incluye gráficos organizativos de organismos policiales en esos países, junto con sus res-
pectivas estructuras de rendición de cuentas. La atención se centra en la rendición de cuentas
dentro del pilar ejecutivo, pero también se presentan los mecanismos independientes cuando
existen.
192 Entender la labor policial
«Cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete a garantizar que:
a) Toda persona cuyos derechos o libertades reconocidos en el presente Pacto hayan sido
violados podrá interponer un recurso efectivo, aun cuando tal violación hubiera sido cometi-
da por personas que actuaban en ejercicio de sus funciones oficiales;
b) La autoridad competente, judicial, administrativa o legislativa, o cualquiera otra autori-
dad competente prevista por el sistema legal del Estado, decidirá sobre los derechos de toda
persona que interponga tal recurso, y desarrollará las posibilidades de recurso judicial;
c) Las autoridades competentes cumplirán toda decisión en que se haya estimado proce-
dente el recurso.»
Jurisprudencia regional
Téngase en cuenta que hay un gran volumen de jurisprudencia, tanto del Tribunal Europeo de
Derechos Humanos como de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sobre el tema de
garantizar la asunción de responsabilidad a título individual de los agentes del Estado (en la
mayoría de los casos, funcionarios policiales) en los casos de malos tratos y homicidios ilegíti-
mos, así como la asunción de responsabilidad de la planificación y el control adecuados de
operaciones concretas y de marcos legales adecuados para el uso de la fuerza y de armas de
fuego.
[...] al igual que todos los organismos del sistema de justicia penal, todo órgano de aplica-
ción de la ley debe ser representativo de la comunidad en su conjunto, obedecerla y respon-
der ante ella,
[...] el mantenimiento efectivo de normas éticas por los funcionarios encargados de hacer
cumplir la ley depende de la existencia de un sistema de leyes bien concebido, aceptado
popularmente y humanitario,
[...] todo organismo de ejecución de la ley [...] tiene el deber de la autodisciplina en plena
conformidad con los principios y normas aquí previstos, y [...] todos los actos de los funcio-
narios encargados de hacer cumplir la ley deben estar sujetos al escrutinio público, ya sea
ejercido por una junta examinadora, un ministerio, una fiscalía, el poder judicial, un ombuds-
man, un comité de ciudadanos o cualquier combinación de éstos, o por cualquier otro órga-
no examinador,
[...] las normas en sí carecen de valor práctico a menos que su contenido y significado,
mediante la educación y capacitación, y mediante vigilancia, pasen a ser parte del credo de
todo funcionario encargado de hacer cumplir la ley.
Además, los artículos 7 y 8 del Código de Conducta exigen que la policía se oponga a la
corrupción y la combata y que se oponga a toda violación del Código de Conducta y la denuncie
internamente o a «otra autoridad u organismo apropiado que tenga atribuciones de control o
correctivas». El comentario al artículo 8 hace referencia a la necesidad de informar de las viola-
ciones dentro de la cadena de mando, pero si no se dispone de otras posibilidades de rectifica-
ción o si éstas no son eficaces, de adoptar otras medidas legítimas sin respetar la escala jerár-
quica y, como último recurso, señalarán las violaciones a la atención de la opinión pública a
través de los medios de comunicación.
comunidades a las que sirve y que debe llevar a cabo su cometido de forma objetiva e imparcial
como representante neutral del Estado.
Los organismos policiales corren el riesgo de tener menos probabilidades de «obedecer a la
comunidad en su conjunto y responder ante ella» si representan a un solo grupo político o
social. Un organismo policial representativo proviene de la sociedad y debe esforzarse por
representar a las mujeres y los hombres de todas las regiones y todos los grupos sociales. En
cualquier caso, debe ser receptivo a las necesidades de todos los sectores de la sociedad y
también rendir cuentas activamente de sus actos ante todos los sectores de la sociedad. Ténga-
se en cuenta que para poder ser receptivo a todos los sectores de la sociedad, la representación
no es necesaria por definición ni es necesariamente suficiente. Los agentes de policía deben
poder y querer aplicar la ley profesionalmente (es decir, de forma imparcial y objetiva), lo que a
su vez debe estar en consonancia con las normas de derechos humanos. También en este
punto habrá quien afirme que la exigencia de representatividad es anticuada, ya que el Estado
debe cumplir con las obligaciones que le son propias de forma neutral y objetiva, por lo que el
origen (étnico, de género, religioso, etc.) de los representantes del Estado es irrelevante. Véan-
se también los capítulos 3 y 9.
Los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funciona-
rios Encargados de Hacer Cumplir la Ley contienen varios principios sobre rendición de cuentas
en relación con el uso de la fuerza y de armas de fuego:
De los 66 artículos que integran el Código Europeo de Ética de la Policía, 23 guardan una rela-
ción directa con la rendición de cuentas. Aun cuando el Código se ha elaborado para los países
comprendidos en la jurisdicción del Consejo de Europa, recomendamos su lectura íntegra. A
continuación haremos un breve resumen de su articulado.
En la Sección II, artículos 2 a 5, se dispone que la policía debe ser establecida por ley. Las
leyes relacionadas con la policía deben estar en consonancia con los tratados internacionales en
los que el país es Parte y deben ser claras y accesibles al público. La policía debe estar someti-
da a la misma legislación que los ciudadanos ordinarios.
En la Sección III, artículo 8, se afirma: «Debe ser siempre posible impugnar ante un órgano
judicial cualquier acto, decisión u omisión de la policía relativa a los derechos individuales».
La Sección IV, artículos 12 a 17, dispone que la policía debe organizarse de tal forma que se
gane el respeto de la población; debe estar bajo la responsabilidad de autoridades civiles; en
circunstancias normales, debe ser claramente reconocible; debe beneficiarse de una «indepen-
dencia operativa suficiente» y debe responder de ella; el personal de la policía en todos los nive-
les «debe ser personalmente responsable de sus actos, de sus omisiones o de las órdenes
dadas a sus subordinados»; debe haber una cadena de mando claramente definida, y «debe ser
posible en todos los casos determinar el responsable superior en última instancia de los actos u
omisiones de un miembro del personal de la policía».
Los artículos 19 a 21 afirman que la policía debe estar dispuesta a proporcionar a la ciudada-
nía información objetiva sobre sus actividades; la organización de los servicios de policía «debe
incluir medidas eficaces propias para garantizar la integridad del personal de policía y su ade-
cuado comportamiento en el cumplimiento de su misión, en particular el respeto de las liberta-
des y de los derechos fundamentales de la persona»; y deben establecerse medidas eficaces
para luchar contra la corrupción.
Los artículos 33 y 34 afirman que cualquier medida disciplinaria que se adopte contra un
miembro de la policía debe ser sometida al control de un órgano independiente o de un tribunal,
y que las autoridades públicas deben apoyar al personal de la policía acusado de forma no fun-
dada en el ejercicio de sus funciones.
En la Sección V, los artículos 38-39 y 46 hacen referencia al deber de la policía de verificar la
legalidad de las operaciones que se propone llevar a cabo, de abstenerse de ejecutar las órde-
nes que sean manifiestamente ilegales y de informar de tales órdenes, «sin temor a cualquier
sanción». El personal policial también debe informar de los actos de corrupción.
La Sección VI se ocupa de la rendición de cuentas en particular. Los artículos 59 a 63 dispo-
nen que la policía responderá de sus actos ante el Estado, la ciudadanía y sus representantes;
que deberá ser objeto de un control externo eficaz; que el control del Estado se repartirá entre
los poderes legislativo, ejecutivo y judicial (véase el recuadro infra); que las autoridades públi-
cas garantizarán procedimientos efectivos e imparciales para la presentación de denuncias con-
tra la policía; que se fomentará la implantación de mecanismos basados en la comunicación y la
comprensión mutua entre la población y la policía; y que se elaborarán códigos de ética basa-
dos en los principios enunciados en el Código Europeo, que serán supervisados por órganos
apropiados.
Por último, el artículo 66 exige que la aplicación del Código sea «objeto de un detenido estu-
dio por parte del Consejo de Europa».
196 Entender la labor policial
El artículo 60 del Código Europeo de Ética de la Policía dice así: «El control de la policía por el
Estado debe repartirse entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial».
El comentario a este artículo afirma:
«Con el fin de que el control de la policía sea todo lo eficiente que sea posible, la policía debe-
rá rendir cuentas ante los diversos poderes independientes del Estado democrático, es decir
los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. En un modelo simplificado, el poder legislativo
(Parlamento) ejerce un control a priori aprobando las leyes que regulan la policía y sus atribu-
ciones. En algunas ocasiones el poder legislativo también lleva a cabo un control a posteriori a
través de «comisiones de justicia e interior» o de «defensores del pueblo», que pueden abrir
investigaciones, de oficio o como consecuencia de denuncias presentadas por el público en
relación con la mala administración. El poder ejecutivo (el gobierno: central, regional o local),
ante el cual ha de rendir cuentas la policía en todos los Estados, realiza un control directo
sobre la policía, ya que ésta forma parte del poder ejecutivo. La policía recibe sus medios eco-
nómicos del presupuesto, cuya decisión corresponde al gobierno (en algunos casos ha de ser
aprobado por el Parlamento). Además, la policía recibe directrices del gobierno en cuanto a la
prioridad general de sus actividades, y el gobierno también establece normativas detalladas
para la actuación policial. Es importante subrayar que el ejecutivo debe confiar a la policía
independencia operativa del ejecutivo en el cumplimiento de sus tareas específicas (véase
también el artículo 15). Los poderes judiciales (que en este contexto comprenden el ministerio
público y los tribunales) deben vigilar constantemente a la policía en su función de integrantes
del sistema de justicia penal. Los poderes judiciales (en este contexto, los tribunales) también
ejercen un control a posteriori de la policía a través de los procedimientos civiles y penales ini-
ciados por otros órganos del Estado y por el público. Es de la máxima importancia que todos
estos poderes del Estado participen en el control de la policía de una manera equilibrada.»
última instancia con el control de la policía y sus acciones. Es necesario un sistema en el que se
dé un equilibrio entre los diversos actores y partes interesadas. En este apartado examinaremos
los diversos instrumentos y mecanismos disponibles.
Las líneas de la rendición de cuentas interna, incluida la jerarquía policial interna, son de la mayor
importancia cuando se intenta lograr el respeto por los derechos humanos. Si hay policías que
quedan sin castigo tras cometer abusos contra los derechos humanos y a sus superiores no les
importa, ¿por qué va a importarles a ellos? La rendición de cuentas interna comienza con un buen
liderazgo: los mandos deben vigilar a sus equipos y a los agentes individuales y llevar a cabo eva-
luaciones continuas. Los mandos policiales deben saber qué hace su gente y expresar con clari-
dad su opinión acerca de cómo debe actuar la policía (antes) y de cómo se ha llevado a cabo una
operación (después). Además, deben cooperar con los mecanismos de supervisión (externos).
La supervisión interna supone ante todo la responsabilidad de la cadena de mando –el pro-
ceso de supervisión permanente–, que presenta un elemento a priori y un elemento a posteriori.
Para tratar la conducta indebida de la policía hay procedimientos disciplinarios (o penales, o
ambos), procedimientos de presentación de denuncias (para tramitar las denuncias presenta-
das por el público) y, desde luego, procedimientos de presentación de informes. A continuación
examinaremos con más detalle algunos de estos elementos.
tes. Sin embargo, señalamos aquí que a veces se pasa por alto el hecho de que el público tam-
bién debe poder presentar denuncias directamente en las comisarías de policía.
Los procesos para la recepción de denuncias deben ser claros y no discriminatorios, y no
deben impedir que las personas que reclaman presenten denuncias en cualquier modo, por
ejemplo:377
– debe existir la posibilidad de presentar denuncias tanto en persona como por teléfono;
– debe existir la posibilidad de presentar denuncias en cualquier comisaría de policía (es
decir, no sólo en las jefaturas);
– se debe exigir al agente de policía encargado que acepte todas las denuncias (es decir, no
debe quedar a su discreción si se acepta o no la denuncia);
– se debe garantizar la seguridad de las personas que presentan denuncias; no se debe ame-
nazar o intimidar a las personas que reclaman para que no presenten una denuncia.
Además, debe ser obligatorio que se guarden registros y que haya sistemas de localización
de todas las denuncias para impedir que los agentes de policía las desechen u oculten.
En algunos países la policía ha establecido los denominados sistemas de alerta temprana, o siste-
mas de intervención temprana, en virtud de los cuales se guardan registros de las denuncias pre-
sentadas contra agentes de policía (tanto del número como del tipo de denuncias) con el fin de
identificar al personal «en situación de riesgo» que sea objeto de numerosas denuncias. En algu-
nos departamentos policiales de Estados Unidos, por ejemplo, estos sistemas de alerta temprana
generan de forma automática un informe para el jefe de policía cuando el número de denuncias
recibidas supera una cifra fijada de antemano. Aun en el caso de que las denuncias sean infunda-
das, la acumulación de un gran número de denuncias contra un agente concreto suele indicar la
existencia de un problema relacionado con el estilo individual de desempeñar el trabajo policial
por parte de ese agente. Los registros también suelen incluir las ocasiones en que un agente con-
creto encuentra resistencia violenta durante una detención, el número de lesiones en los contactos
entre la policía y el público y el número de veces que un agente ha usado su arma de fuego.378
mejorar sus niveles, y el mero hecho de que la gente denuncie demuestra que confía en el siste-
ma. Al fin y al cabo, si la gente no confía en la policía, no es probable que tenga fe en el sistema
de denuncias y, en consecuencia, no se tomará la molestia de presentar una denuncia. De
hecho, el primer resultado de la implantación de un mecanismo de denuncias eficaz es en
muchos casos un aumento del número de denuncias, no un descenso.
¿Denuncia o estrategia?
En algunos casos se presentan denuncias por motivos que no guardan relación con la búsque-
da de la justicia. Presuntos delincuentes pueden presentar denuncias con la intención de frenar
una investigación criminal o de impedirla por completo; una persona a la que se ha impuesto
una multa puede presentar una denuncia para evitar el pago de la sanción; se puede presentar
una denuncia porque una persona cree que no se ha atendido su petición de intervención poli-
cial (por ejemplo, porque la policía no le ha prestado ayuda para cambiar un neumático desin-
flado de su automóvil, algo que obviamente no es cometido de los agentes de policía). Es inte-
resante constatar que en ocasiones la policía también aplica la misma táctica, y presenta una
denuncia contra una persona para impedir que ésta denuncie al agente. La investigación de las
denuncias puede ser una empresa difícil en la que concurren muchos intereses distintos.
Las denuncias infundadas inducen a la policía a resistirse a recibir denuncias, lo que hace
que aumente aún más la distancia entre el público y la policía. Por otro lado, un número elevado
de denuncias infundadas indica efectivamente que podría mejorarse la confianza del público.
Las denuncias infundadas se observan a veces en países que han experimentado la transición
de una función policial autoritaria a una función policial más receptiva. De hecho, podrían refle-
jar el deseo del público de someter a prueba el sistema y buscar la máxima libertad a costa de
la imposición de la ley.379
El Código Europeo de Ética de la Policía reconoce que la policía ha de hacer frente a menudo
a denuncias infundadas e insta a los organismos policiales a brindar apoyo a los agentes acusa-
dos de conducta indebida, incluso a través del sistema judicial.380
«Se debe marcar un límite claro entre infracciones menores e infracciones graves, cuidando
que las “infracciones menores” no sean ni tan amplia ni tan escasamente definidas que eviten
pasar casi todas, con excepción de las más graves, por un proceso disciplinario formal. Por
ejemplo, si un agente deja de investigar adecuadamente un caso por prejuicio racial o político,
esto puede interpretarse como un “mal desempeño” y no como un caso de discriminación.»382
En la mayoría de los sistemas, a los agentes de policía que pueden ser objeto de sanciones
disciplinarias que superan un determinado nivel se les permite designar a una persona para que
actúe en su defensa, ya sea otro agente o un abogado independiente. Los sindicatos policiales,
en los países donde existen, pueden proporcionar asistencia letrada o financiar asesoramiento
legal profesional. Cabría decir que los sistemas que no permiten al acusado elegir a su abogado
defensor violan el derecho a la defensa. Las conclusiones de los procedimientos disciplinarios
por infracciones que superan un determinado nivel se trasladan normalmente a niveles superio-
res de gestión; por ejemplo, el comandante en jefe puede verse obligado a tomar una decisión
definitiva en aquellos casos en que una comisión disciplinaria haya recomendado la suspensión
de empleo o el despido. Debe existir la posibilidad de recurrir. Aunque los procedimientos de
presentación de recursos pueden variar de un país a otro, suelen incluir alegatos por escrito en
los que se refutan las conclusiones de la vista disciplinaria. El Código Europeo de Ética de la
Policía exige que las decisiones disciplinarias se sometan a revisión por un órgano indepen-
diente o un tribunal.383
Los procedimientos disciplinarios deben ser rigurosos e imparciales, a fin de proteger los dere-
chos de la persona denunciante o la víctima y del agente de policía. Deben tener lugar dentro de un
plazo razonable. Es cierto que abundan los ejemplos de procesos disciplinarios fallidos en los que
los mandos policiales permiten que violaciones de derechos humanos queden sin denunciar y sin
202 Entender la labor policial
castigo. Pero lo contrario también es cierto; en algunos casos los procedimientos disciplinarios son
injustos para con el respectivo agente de policía, lo que se traduce en castigos disciplinarios por
presuntos actos de los que hay escasas pruebas. De hecho, muchos sistemas disciplinarios inter-
nos violan los derechos de los agentes de policía. No pocos sistemas internos son mecanismos de
control institucional que los altos cargos policiales utilizan para castigar la insubordinación de per-
sonal policial de inferior rango. En algunos casos se observan graves cuestiones de negación de
derechos y de imposición de castigos antes de que se extraigan conclusiones (por ejemplo, sus-
pensión de empleo y sueldo durante una investigación que se puede prolongar durante meses).
La policía de la policía
Una cuestión importante que ha de tomarse en consideración es quién lleva a cabo las investi-
gaciones contra los agentes de policía. En la mayor parte de las jurisdicciones es la policía la
que investiga los delitos cometidos por sus propios agentes. La investigación penal o discipli-
naria exige competencias específicas, además de experiencia, que normalmente poseen los
agentes de policía. Los órganos de investigación independientes también recurren a menudo a
la competencia de ex agentes de policía. Este hecho no tiene por qué reducir la eficacia de las
investigaciones, ni es sinónimo automáticamente de parcialidad, venganza o impunidad, pero
requiere controles y equilibrios adecuados (es decir, la autorización de la investigación, el pro-
cesamiento y el juicio) que garanticen la imparcialidad y la objetividad.
Protección de testigos
Puede plantearse la necesidad de desarrollar un sistema eficaz de protección de testigos para
las personas que presenten denuncias contra la policía o que actúen como testigos en cualquier
otro procedimiento.
En Brasil se reconoce de forma explícita que la policía se halla en una posición ambigua
cuando tiene que proteger a testigos que prestan declaración contra agentes de policía. Por este
motivo, en cada estado una ONG local gestiona un programa de protección de testigos (llamado
PROVITA) que es supervisado en el ámbito nacional por una ONG nacional. El programa se
financia conjuntamente con fondos estatales y federales. El programa ha cumplido un papel
importante para garantizar que los policías implicados en abusos contra los derechos humanos
–en particular, ejecuciones extrajudiciales y delincuencia organizada– comparecen ante la justi-
cia. Téngase en cuenta que el proyecto tiene como objetivo proteger las «pruebas», no a las
personas. En consecuencia, no se daría protección a los familiares de una persona fallecida a
manos de la policía que pudieran haber recibido amenazas por pedir justicia, ya que no tendrían
pruebas que aportar. La colaboración entre el Estado y la sociedad civil ha sido controvertida
para muchas ONG.
Investigación Investigación
Decide
disciplinaria criminal
Investigación criminal
que tenga atribuciones de control o correctivas». El comentario a este artículo afirma que éste
tiene por objeto «mantener el equilibrio entre la necesidad de que haya disciplina interna en el
organismo del que dependa principalmente la seguridad pública, por una parte, y la de hacer
frente a las violaciones de los derechos humanos básicos, por otra. Los funcionarios encarga-
dos de hacer cumplir la ley informarán de las violaciones a sus superiores inmediatos y sólo
adoptarán otras medidas legítimas sin respetar la escala jerárquica si no se dispone de otras
posibilidades de rectificación o si éstas no son eficaces. Se entiende que no se aplicarán san-
ciones administrativas ni de otro tipo a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley por
haber informado de que ha ocurrido o va a ocurrir una violación del presente Código».
La expresión «autoridad u organismo apropiado que tenga atribuciones de control o correcti-
vas» se refiere a «toda autoridad o todo organismo existente con arreglo a la legislación nacio-
nal, ya forme parte del órgano de cumplimiento de la ley o sea independiente de éste, que tenga
facultades estatutarias, consuetudinarias o de otra índole para examinar reclamaciones y
denuncias de violaciones dentro del ámbito del presente Código».
Denunciar a los propios compañeros es un paso que a la mayoría de los agentes de policía
les resulta extremadamente difícil dar. La cultura policial valora la lealtad, a veces a costa de la
integridad hacia el público (el «muro azul de silencio»).384 Dado que la conducta indebida tien-
de a persistir en situaciones de supervisión ineficaz y en consecuencia siempre implica lideraz-
go ineficaz, en muchos casos los supervisores (que también forman parte de la cultura policial)
tienen un interés personal en mantener oculta la conducta incorrecta. Esto resulta especialmen-
te problemático, ya que generalmente la política exige que la persona que denuncia a un com-
pañero informe primero de las órdenes o prácticas ilegales a través de la cadena de mando, que
es a menudo donde tiene su origen el problema, y sólo permite las denuncias contra compañe-
ros a entidades ajenas al organismo policial cuando se ha constatado la ineficacia de las líneas
de denuncia internas.
Existen disposiciones para impedir que los funcionarios del Estado revelen información de
carácter confidencial. Este extremo se reconoce en el artículo 4 del Código de Conducta para
Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, que afirma: «Las cuestiones de carácter con-
fidencial de que tengan conocimiento los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley se
mantendrán en secreto, a menos que el cumplimiento del deber o las necesidades de la justicia
exijan estrictamente lo contrario». En el comentario a este artículo se afirma: «Se tendrá gran
cuidado en la protección y el uso de tal información, que sólo debe revelarse en cumplimiento
del deber o para atender las necesidades de la justicia. Toda revelación de tal información con
otros fines es totalmente impropia».
El dilema es claro: los sistemas internos pueden impedir la denuncia de irregularidades y
permitir que continúen los abusos, clasificando la información como confidencial. Por este
motivo, el Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, en su
comentario al artículo 8, afirma que podría estar justificado que estos funcionarios, «como últi-
mo recurso y con arreglo a las leyes y costumbres de su país y a las disposiciones del artículo
4 del presente Código, señalaran las violaciones a la atención de la opinión pública a través de
los medios de información para las masas».
Para evitar la persistencia de un código de silencio policial y sus efectos devastadores sobre
la transparencia y la rendición de cuentas, son fundamentales la buena dirección, un sistema
interno e independiente de presentación de denuncias y medidas apropiadas para proteger a los
agentes que denuncien a compañeros. El Código de Conducta para Funcionarios Encargados de
Hacer Cumplir la Ley, en el comentario al artículo 8, afirma: «Los funcionarios encargados de
hacer cumplir la ley que observen las disposiciones del presente Código merecen el respeto, el
206 Entender la labor policial
Lo que sucede una vez concluidas las investigaciones internas no siempre está claro. Al agente
que es objeto de investigación se le puede imponer un castigo, desde una amonestación verbal
(con arreglo a procedimientos disciplinarios) hasta la detención penal (en virtud del derecho
penal). En la mayoría de los casos los abusos se tratan como incidentes aislados. Una vez
resuelto este incidente, una vez eliminada la manzana podrida, se cree que se ha atajado el pro-
blema. Este supuesto rara vez es realista. En muchas situaciones los abusos tienen lugar por-
que el sistema entero de controles y equilibrios, de hecho el sistema entero de rendición de
cuentas (interno), no funcionaba de forma adecuada. La ausencia o insuficiencia de procedi-
mientos operativos o administrativos, la presencia de supervisores negligentes y una cultura
que fomenta los principios de la «fraternidad» en vez de la profesionalidad contribuyen en
muchos casos a los abusos o los causan. De hecho, las personas que investigan los abusos se
encuentran a menudo con toda una serie de fallos sistémicos que han conducido a la persisten-
cia de los abusos. En consecuencia, es fundamental que se extraigan lecciones de las investiga-
ciones basadas en casos que puedan contribuir después a reformar y fortalecer el sistema para
prevenir abusos futuros y poner fin a las malas prácticas.
Téngase en cuenta que «[u]na gran parte de las investigaciones de las organizaciones de
derechos humanos se enfoca en casos particulares y aboga para que se responsabilice a los
involucrados en los abusos. El análisis en materia de derechos humanos también documenta
abusos contra sectores o minorías políticas y étnicas, pero a menudo se tiene poca información
para saber qué aspectos específicos –liderazgo, reglamento, práctica o cultura– son los más
problemáticos que incitan al abuso, y por ende, serían el enfoque de las reformas».386
mayoría de los países estas responsabilidades recaen en la competencia del ministerio perti-
nente, y la policía es responsable de la aplicación y la presentación de informes. Dado que la
supervisión ejecutiva no debe interferir en la independencia operativa, es fundamental que la
ley establezca una delimitación clara de funciones, responsabilidades y relaciones entre la
policía y los ministerios.387
El ejecutivo suele establecer directrices de política, identificando objetivos y metas para la
policía (lo cual suele requerir la aprobación del Parlamento). Una función importante del ejecuti-
vo es formular (o autorizar) códigos de conducta y códigos de disciplina y procedimientos
operativos normalizados que lleven a la práctica la ley (la base reguladora de la rendición de
cuentas):
En la mayoría de los países hay también una inspección general de policía, por lo general
adscrita al Ministerio del Interior. Por ejemplo, en Francia, «[e]n nombre del Ministerio del Inte-
rior, Seguridad Interna y Derechos Locales y el Ministerio para los Territorios de Ultramar, [...]
la IGA [Inspección General de la Administración] ejerce “el nivel más elevado de supervisión”
sobre todo el personal, los departamentos, órganos o instituciones que rinden cuentas a estos
dos ministerios». También «lleva a cabo investigaciones disciplinarias».388 Otro ejemplo es la
Inspección General de Policía en el Reino Unido. Su Declaración de Propósitos afirma: «Promo-
ver la eficiencia y la eficacia de la función policial en Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte
mediante la inspección de las organizaciones y funciones policiales para garantizar el logro y el
mantenimiento de criterios acordados, la difusión de las buenas prácticas y la mejora del rendi-
miento. También para ofrecer asesoramiento y apoyo a los asociados tripartitos (ministro del
Interior, autoridades y fuerzas policiales) y desempeñar un papel importante en el desarrollo de
futuros dirigentes».389
Las inspecciones generales de policía suelen evaluar el desempeño policial y la eficacia de
las estrategias y de las políticas (internas), en muchos casos con periodicidad anual. Algunas
inspecciones no investigan casos individuales sino que tienen como objetivo identificar cons-
tantes de la actividad policial. Muchas de las personas que trabajan en las inspecciones genera-
les de policía son ex agentes de policía, ya que se considera que comprenderán mejor la reali-
dad policial. Aunque sin duda esto es cierto, se recomienda encarecidamente que en las
inspecciones generales de policía haya personal tanto policial como civil, con el fin de facilitar la
transparencia y la rendición de cuentas.
claridad.391 Como es obvio, los agentes de policía también están obligados por el derecho inter-
nacional. Por ejemplo, la prohibición de la tortura es absoluta, y los agentes tienen la obligación
de saberlo. Pero esta prohibición absoluta carece de sentido en muchos países si los agentes
de policía no saben que existe el derecho internacional, y mucho menos que están obligados a
acatarlo. Los agentes no suelen estar familiarizados con el derecho internacional; se rigen por la
legislación nacional, y es responsabilidad de los legisladores nacionales garantizar que la legis-
lación nacional se adecua al derecho internacional.
La actividad policial se rige también por otras disposiciones legales, en particular la llamada
legislación de seguridad (véase también el capítulo 2), que las más de las veces aumenta las
atribuciones policiales y rebaja los criterios de protección de los derechos humanos para las
personas sospechosas de terrorismo.392 La legislación de seguridad debe examinarse en rela-
ción con su capacidad para facilitar la impunidad y obstaculizar el enjuiciamiento criminal o la
concesión de indemnizaciones a la víctima y la presentación de demandas civiles por conducta
indebida de la policía.393
Los policías, como todos los ciudadanos, deben rendir cuentas ante las autoridades judicia-
les. La policía debe aceptar de forma explícita esta independencia de la justicia y acatar las
órdenes judiciales. En todas las jurisdicciones, un sistema judicial independiente e imparcial es
un requisito previo imprescindible para garantizar la celebración de juicios con las debidas
garantías, pero también para atajar la conducta indebida de la policía. En la India, por ejemplo,
los tribunales superiores han dictado varias sentencias importantes que prescriben salvaguar-
dias o directrices para regular la conducta policial durante la detención, la entrevista al sospe-
choso y otras etapas de la investigación (véase el capítulo 6).
El papel del poder judicial es importante no sólo cuando agentes de policía son objeto de
investigación, sino también para dirigir y supervisar las investigaciones policiales. Si es necesa-
ria una autorización independiente para emplear determinados métodos de investigación, la
policía está obligada a actuar en consecuencia. La policía debe también ser transparente en lo
relativo a cómo ha llevado a cabo una investigación para que sus métodos estén abiertos a
escrutinio y revisión judiciales. Por último, la policía debe rendir cuentas ante el fiscal (o el juez
de instrucción) y en ocasiones (en el sistema inquisitivo) trabaja bajo su autoridad.
Investigaciones independientes
en los países donde disfrutan de un amplio grado de libertad. Cualquier violación de derechos
humanos, en cualquier lugar del país donde ocurra, puede ser conocida por el resto del país de
forma inmediata, si los medios se ocupan del caso. Además, algunos medios, en particular los
modernos medios electrónicos, recurren en ocasiones a operaciones encubiertas para sorpren-
der a agentes de policía aceptando sobornos o practicando otras formas de conducta indebida.
Pero también sucede lo contrario: a veces la cobertura de los medios de comunicación es inade-
cuada y selectiva y se guía por el afán de lucro. Además, la parcialidad y la falta de valoración
sensible de los asuntos en cuestión han afectado a la calidad de la cobertura de los medios, a la
selección de temas y a los contenidos. Los efectos de los medios pueden tener dos aspectos.
Los medios pueden hacer una contribución importante a la rendición de cuentas, pero para ello
es necesario que haya medios libres y profesionales, con periodistas bien informados en lo rela-
tivo a la ética y las funciones policiales. Sólo en ese supuesto las informaciones de los medios
sobre violaciones de derechos humanos cometidas por la policía serán una fuente de informa-
ción importante para las autoridades internas o independientes que tienen a su cargo el examen
de las denuncias y para las ONG. El Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer
Cumplir la Ley afirma que puede considerarse que los medios de comunicación cumplen funcio-
nes de examen de reclamaciones y denuncias (véase también el apartado 8.4.1.g).
Las ONG que se ocupan de las violaciones de derechos humanos cometidas por la policía
pueden hacer también una contribución importante a la rendición de cuentas. En el capítulo 10
examinaremos de forma explícita las oportunidades que tienen las ONG de derechos humanos de
influir en la conducta policial. Ahora bien, la relación entre la policía, los medios de comunicación
y los grupos de derechos humanos es complicada (véanse los capítulos 1 y 10). En situaciones
de aumento de los índices de delincuencia, por ejemplo, sobre las cuales a menudo informan
profusamente los medios de comunicación (locales), el público tiende a ponerse del lado de los
políticos y los medios que propugnan políticas de mano dura contra la delincuencia, algunas de
las cuales rebajan los criterios de derechos humanos. La polarización resultante entre los dere-
chos humanos, por un lado, y la seguridad, por otro, puede complicar las demandas de un traba-
jo policial orientado hacia los derechos humanos.404 Conviene subrayar una vez más que un tra-
bajo policial receptivo, potenciado a través de los mecanismos de rendición de cuentas públicos,
no significa que la policía haga sin más todo lo que el público quiera que haga.
En algunos países, como Estados Unidos y el Reino Unido, las instituciones universitarias
llevan a cabo abundantes investigaciones sobre las prácticas policiales y sobre la confianza del
público en los métodos y la filosofía que se utilizan. La concesión de acceso a la información
sobre el trabajo policial a los universitarios que llevan a cabo investigaciones sobre el trabajo
policial es en sí misma un baremo importante para medir la transparencia de la policía.
En algunas ocasiones, la policía hace grandes inversiones en el establecimiento de oficinas
de relaciones públicas. Estas oficinas pueden contribuir a la rendición de cuentas. Además de
responder a las peticiones de información de los medios de comunicación, algunas oficinas de
relaciones públicas de la policía informan periódicamente sobre tendencias de la delincuencia y
ofrecen consejos sobre la prevención del delito. Algunos organismos policiales muestran una
actitud más transparente respecto a sus procedimientos disciplinarios internos y están dispues-
tos a revelar información sobre las investigaciones internas y sus resultados. Esto demuestra
su compromiso con la oposición a las conductas no éticas. Además, los grupos de derechos
humanos o los medios de comunicación pueden cuestionar las afirmaciones policiales. Lamen-
tablemente, también se observa el comportamiento opuesto: oficinas de relaciones públicas
que procuran ante todo evitar toda clase de revelación y mantener alejado al público, incluidas
las ONG.
La obligación de rendir cuentas 213
En el apartado 8.4.1.d hicimos referencia al hecho de que el público debe tener la posibilidad de
presentar denuncias directamente ante la policía. Además, debe haber mecanismos indepen-
dientes que investiguen y vigilen las acciones policiales y ante los que el público pueda presen-
tar denuncias. Esos mecanismos independientes son obviamente necesarios cuando el público
no tiene confianza en la policía, pero aun en los casos en que esa confianza está presente, los
mecanismos independientes son fundamentales para garantizar el escrutinio de la policía (y de
los poderes ejecutivos en general). Los principios para la presentación directa de denuncias
ante la policía que se examinan en el apartado 8.4.1.c son igualmente aplicables a los organis-
mos independientes para la presentación de denuncias.
Los mecanismos de rendición de cuentas independientes pueden dividirse en los que se atie-
nen al cuadro general, lo que incluye la política y la estrategia policiales generales, y los que
examinan las denuncias individuales. Entre los mecanismos independientes figuran los órganos
creados por ley, como las comisiones nacionales de derechos humanos. Estos mecanismos
suelen examinar la conducta indebida de todos los funcionarios del Estado, y la policía sólo es
uno de ellos, pero también pueden ser específicos de la policía, es decir, recibir únicamente
denuncias sobre la policía. Los mecanismos independientes intentan actuar como la voz del
público, garantizando la receptividad de la policía y asumiendo la responsabilidad de sus activi-
dades. Todos estos organismos, aunque financiados por el ejecutivo y autorizados por ley,
deben establecer una posición independiente e imparcial. Los organismos necesitan atribucio-
nes adecuadas para investigar las denuncias y para garantizar la adopción de las medidas
correctivas adecuadas. También exigen recursos suficientes y personal de reputación elevada,
tanto en conocimientos como en competencia.
cuestiones relativas a la protección y promoción de los derechos humanos, en relación con las
disposiciones de carácter legislativo o administrativo, así como las relativas a la organización
judicial, destinadas a preservar y ampliar la protección de los derechos humanos; toda situa-
ción de violación de los derechos humanos de la cual decidan conocer de oficio; la elaboración
de informes sobre la situación nacional en materia de derechos humanos en general o sobre
cuestiones más específicas; señalar a la atención del gobierno las situaciones de violación de
los derechos humanos en cualquier parte del país y hacerle propuestas de medidas encamina-
das a poner fin a esas situaciones y, en su caso, emitir una opinión sobre la posición y reacción
del gobierno. La composición de las instituciones nacionales de derechos humanos debe refle-
jar la pluralidad de la sociedad y garantizar su independencia. Las instituciones deberán exami-
nar libremente todas las cuestiones comprendidas en el ámbito de su competencia, recibir el
testimonio de todas las personas, obtener todas las informaciones necesarias para hacer una
evaluación y dar a conocer sus opiniones y recomendaciones.
Las instituciones nacionales de derechos humanos podrán estar facultadas para recibir y
examinar denuncias y demandas relativas a situaciones particulares. Podrán presentarle casos
los particulares, sus representantes, terceras partes, ONG, asociaciones y sindicatos y cualquier
otra organización representativa. Las instituciones nacionales de derechos humanos podrán tra-
tar de zanjar el conflicto mediante la conciliación o transmitir las demandas a otra autoridad
competente y aconsejar a la persona autora de la demanda sobre los pasos siguientes que debe
dar. Además, podrán formular recomendaciones a las autoridades competentes, en particular
proponer adaptaciones o reformas de leyes, reglamentos o prácticas administrativas, especial-
mente cuando ellas sean la fuente de las dificultades que encuentran las personas demandantes
para hacer valer sus derechos.
A modo de ejemplo ilustrativo, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El
Salvador dispone de oficinas sobre el terreno en todo el país en las que las personas pueden pre-
sentar denuncias. Las oficinas pueden determinar la admisibilidad de las denuncias, realizar investi-
gaciones y formular conclusiones. Tienen derecho a acceder a toda la documentación necesaria de
las autoridades acusadas, y si éstas se niegan a proporcionar la información solicitada, su negativa
permite a la Procuraduría suponer que las denuncias son ciertas. En cada caso la Procuraduría
puede formular recomendaciones sobre cómo impedir que los abusos vuelvan a suceder.406
En 2001, Amnistía Internacional publicó una serie de recomendaciones sobre las institucio-
nes nacionales de derechos humanos, basadas en los Principios de París.407 Recomendamos a
las personas que lean este libro de recursos que consulten ese informe.
Las instituciones nacionales de derechos humanos suelen tener un cometido muy amplio, pero
escasos recursos. Por consiguiente, es importante determinar las prioridades por medio de la
consulta con las personas interesadas y trabajar sobre ellas estratégicamente, asegurándose de
que se logran los objetivos fijados antes de dar por concluido el trabajo sobre el asunto. Las
prioridades deben incluir las violaciones graves de derechos humanos contempladas en el dere-
cho internacional, como ejecuciones extrajudiciales y otros homicidios ilegítimos, tortura,
«desaparición», crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, las institucio-
nes nacionales de derechos humanos deben estar también facultadas para tomar medidas con
respecto a violaciones de otros derechos, en particular de los sociales, culturales y económi-
cos. En consecuencia, las instituciones nacionales de derechos humanos deben tomar como
referencia para su trabajo el derecho internacional, no la legislación nacional.
Las investigaciones deben centrarse tanto en los casos particulares como en las situaciones
más generales, con el objetivo de descubrir las causas fundamentales y los problemas persisten-
tes. Las conclusiones deben ser susceptibles de escrutinio público. Al realizar investigaciones, las
instituciones nacionales de derechos humanos deben utilizar todas las fuentes de información dis-
ponibles. Entre éstas puede haber declaraciones de víctimas, testigos y presuntos autores de vio-
laciones de derechos humanos; informes médicos; expedientes de investigación de la policía;
expedientes judiciales; noticias de los medios de comunicación, e información de ONG, familiares
de víctimas y abogados. Este aspecto es particularmente importante, ya que las investigaciones
que consisten, por ejemplo, en un simple examen de los expedientes de investigación de la policía
existentes pueden dar lugar a una repetición de fallos de investigación, lo que puede fomentar o
facilitar la impunidad. Las instituciones nacionales de derechos humanos deben tener acceso a
competencias adicionales (forenses) y debe permitírseles utilizarlas. Las instituciones nacionales
de derechos humanos deben tener acceso pleno y efectivo a los mecanismos necesarios para
garantizar que los testigos, denunciantes y demás personas que les aportan pruebas reciben pro-
tección apropiada. Las investigaciones podrán iniciarse motu proprio o a partir de una denuncia
del público. El hecho de que se hayan presentado cargos contra un denunciante y esté siguiéndo-
se una causa criminal no debe servir de excusa para que las instituciones nacionales de derechos
humanos dejen de ocuparse de una denuncia o de adoptar cualquier otra medida comprendida en
su mandado para tratar motivos de preocupación en materia de derechos humanos.
Se debe trazar una clara línea divisoria entre las funciones correspondientes a las institucio-
nes nacionales de derechos humanos y el poder judicial. Las primeras han de poder investigar,
pero no deben tener atribuciones judiciales. El resultado de sus investigaciones se debe remitir
sin demora a los órganos judiciales competentes para que tomen las medidas apropiadas. Si la
institución nacional de derechos humanos encuentra indicios de que la policía ha realizado una
investigación no concluyente o insatisfactoria por alguna razón (no ha protegido los derechos
216 Entender la labor policial
humanos), o de que ciertos individuos pueden haber cometido violaciones de derechos huma-
nos o las han ordenado, fomentado o permitido (no han respetado los derechos humanos), los
hechos del caso deben ser investigados con prontitud y de manera efectiva, completa e impar-
cial por las autoridades facultadas para tramitar causas criminales para, si procede, someter a
los responsables a acciones judiciales que respeten el derecho internacionalmente reconocido a
un juicio justo. Las instituciones nacionales de derechos humanos deben tener atribuciones
para recomendar que los superiores sean llevados ante los tribunales por actos cometidos bajo
su autoridad, y se les debe encargar que sigan estrechamente las subsiguientes acciones judi-
ciales sobre el caso vigilando los juicios o, si es necesario, compareciendo ante el tribunal para
exponer cuestiones legales con el fin de presionar para que se tomen medidas judiciales apro-
piadas en un plazo razonable. Si en el curso de su trabajo las instituciones nacionales de dere-
chos humanos encuentran en la ley deficiencias por las que sea imposible hacer rendir cuentas
a esos superiores, deben formular recomendaciones de reforma legal que garanticen que el
derecho interno no facilita la impunidad.
Aunque es importante mantener la independencia de función entre el poder judicial y las ins-
tituciones nacionales de derechos humanos, éstas deben vigilar si se siguen sus recomendacio-
nes. Las instituciones nacionales de derechos humanos no deben quedarse calladas si se hace
caso omiso de las recomendaciones de iniciar investigaciones y enjuiciamientos. En tales
casos, han de continuar pidiendo que las autoridades se ocupen del caso, si es necesario por
medio de publicidad nacional e internacional, o si es posible, solicitando una revisión judicial
para impugnar la decisión del ministerio fiscal. Las instituciones nacionales de derechos huma-
nos no deben ser cómplices de impunidad. El gobierno ha de asumir la obligación de responder
en un plazo razonable a los resultados, conclusiones y recomendaciones específicas del caso,
así como a otras más generales formuladas por la institución nacional de derechos humanos.
La respuesta debe hacerse pública.
En general, los principios que se examinan en el apartado anterior son igualmente aplicables
a organismos concretos para la presentación de denuncias contra la policía. Para que un siste-
ma sea eficaz, es importante que:
– Ha sido víctima de la conducta indebida de una persona que presta servicio en la policía.
La conducta indebida puede incluir el hecho de que un agente de policía o un miembro del per-
sonal policial se comporte con brusquedad o use fuerza excesiva. Podría incluir también el
arresto ilegal o los abusos contra los derechos de una persona.
– Estaba presente cuando tuvo lugar la presunta conducta indebida, o lo bastante cerca para
ver u oír la conducta indebida, y como consecuencia de ella sufrió pérdidas, daños, aflicción o
inconvenientes o estuvo en situación de peligro o de riesgo.
218 Entender la labor policial
– Es amiga o familiar de la víctima de la presunta conducta indebida y sufre aflicción por los
efectos del incidente sobre la víctima.
– Ha sido testigo de la presunta conducta indebida.
– Actúa en nombre de cualquiera de las personas mencionadas supra.
Téngase en cuenta que algunos países –a menudo los que operan en un contexto anglo-
sajón– disponen a veces de organismos de supervisión de la policía independientes que no
intervienen en la tramitación de las denuncias. Un ejemplo es Irlanda del Norte, donde
–siguiendo a la Comisión Patten– se decidió establecer la Junta de Asuntos Policiales de
Irlanda del Norte. Esta Junta no examina las denuncias; para esto existe otra institución, el
Defensor del Pueblo para Asuntos Policiales de Irlanda del Norte. Sin embargo, la Junta de
Asuntos Policiales tiene un mandato amplio que abarca la supervisión general. De hecho, se
ha llegado a decir que la policía de Irlanda del Norte es hoy en día el organismo policial más
estrechamente observado del mundo. Tal como se afirma en su sitio web, la Junta de Asun-
tos Policiales existe «para garantizar la eficacia y la eficiencia de la policía en Irlanda del
Norte». Puede exigir responsabilidades al director de la policía por sus actos y por los del
personal a su cargo, fijar objetivos y metas para el desempeño de la policía (en consulta con
el director de la policía) y vigilar los avances contra éstos, así como vigilar las tendencias y
las constantes de los delitos cometidos en Irlanda del Norte y organizar planes para facilitar
la cooperación del público en la prevención de la delincuencia. La Junta vigila si los siste-
mas –incluidos los procedimientos disciplinarios internos– funcionan adecuadamente, así
como el cumplimiento operativo de la Ley de Derechos Humanos y del Código de Ética. La
Junta también designa a los visitadores independientes y gestiona el Programa Independien-
te de Visitas de Custodia. Además, tiene diversos poderes en el campo de la captación, la
selección y la formación.414
En la tabla que se presenta al final de este capítulo hemos resumido los diversos aspectos de
la rendición de cuentas policial tal como se examinan en los apartados precedentes de este
capítulo.
Las cuatro columnas siguen las cuatro áreas de la rendición de cuentas tal como se exami-
nan en el apartado 8.4:
Dentro de cada columna hemos puesto en negrita las instituciones que trabajan en los cua-
tro campos respectivos. Estas instituciones incluyen:
Bajo estas instituciones hemos enumerado los órganos independientes dentro de ellas,
subrayados. Bajo estas instituciones y órganos hemos dividido, en cursiva, los elementos a
priori y a posteriori de sus responsabilidades en relación con las operaciones policiales. Cuando
procede hemos formulado también lo que las instituciones hacen mientras están en curso las
operaciones («permanente»), como por ejemplo la supervisión de las acciones policiales.
Ejemplo:
Bajo «Rendición de cuentas ante el Estado», hemos puesto la rendición de cuentas ante el
ejecutivo. A continuación hemos puesto, en negrita, el Ministerio del Interior, bajo el cual
hemos puesto la Dirección General de Política y la Inspección General. En cursiva hemos des-
crito sus actividades; qué hacen estas instituciones y qué relación tienen con la rendición de
cuentas. Así, dentro del ejecutivo tenemos al Ministerio del Interior que fija objetivos estratégi-
cos para la policía y decide sobre asignación de recursos. Estas dos actividades tienen lugar
antes de que se produzcan las operaciones policiales, por lo que son actividades a priori. El
Ministerio tiene también una función de supervisión permanente (vigilancia) que tiene lugar
durante las operaciones, y su Inspección puede inspeccionar las políticas y la administración.
Finalmente, el Ministerio puede evaluar, adoptar medidas correctivas, hacer cambios presu-
puestarios, cambiar normas y proponer cambios legislativos después de operaciones policiales
(a posteriori).
Hemos descrito asimismo todas las instituciones que intervienen en la rendición de cuentas
de la policía. Para una comprensión adecuada de la labor policial, como función y como activi-
dad de agentes individuales, debe entenderse que esto tiene lugar dentro de este marco amplio
y complejo en el que intervienen muchos actores distintos y muchos intereses distintos. En
otras palabras, la conducta policial, o los resultados de la labor policial, casi nunca pueden eva-
luarse aislados; un análisis completo de todas estas otras instituciones y de cómo llevan a cabo
sus tareas es fundamental para poder identificar de forma adecuada quién es (co-)responsable
y dónde pueden surtir el máximo efecto las medidas correctivas.
La obligación de rendir cuentas 221
En resumen: la tabla ayuda a los defensores de los derechos humanos a identificar cuál es el
marco en el que opera la policía, si es en efecto «un sistema equilibrado de múltiples actores» y
si éstos intervienen en funciones de supervisión a priori, permanente o a posteriori. La tabla
debe ayudar a identificar dónde están las debilidades si el sistema no está equilibrado adecua-
damente (es decir, quién tiene el máximo poder sobre la policía). Una vez «cumplimentada», la
tabla para el país-objetivo (es decir, tras comprobar si existen las instituciones que se descri-
ben; por ejemplo, ¿hay una institución nacional de derechos humanos?) puede utilizarse para
hacer una evaluación cualitativa del funcionamiento de estas instituciones y estos actores. Este
capítulo ofrece la información complementaria relevante para esta evaluación cualitativa.
8.6. Resumen
La conducta indebida de la policía, desde las infracciones leves hasta las violaciones graves de
derechos humanos, no debe quedar nunca impune. La rendición de cuentas policial sólo será
eficaz si hay una voluntad política y un compromiso del gobierno claros. El establecimiento de
mecanismos de rendición de cuentas eficaces es fundamental. Pero para que estos mecanis-
mos sean eficaces, y para impedir que la sede del poder sea sustituida sin más por otra institu-
ción, es necesaria una estructura que abarque una gama de mecanismos de rendición de cuen-
tas y que refleje una serie de valores: receptividad al público; cumplimiento de las políticas, las
normas y las leyes; respeto al poder judicial; transparencia respecto a los medios de comunica-
ción, el mundo universitario y las ONG; y una actitud abierta y de cooperación hacia los órganos
de supervisión independientes. Es más, todo esto debe contar con el apoyo, en la teoría y en la
práctica, de la dirección policial. Unas líneas de mando eficaces y una dirección consagrada a
establecer un espíritu de respeto de los derechos humanos constituyen un requisito previo
indispensable para hacer respetar las normas de derechos humanos. Además, es necesaria una
evaluación de las directrices y normativas policiales, ya que éstas se promulgaron tanto antes
como después del hecho: la rendición de cuentas debe abarcar tanto elementos a priori como a
posteriori.
222 Entender la labor policial
EJECUTIVO LEGAL
9.1. Introducción
Habrá quien afirme que un trabajo policial respetuoso de los derechos humanos comienza con
la selección de las personas adecuadas para que sean agentes de policía y la exclusión de aque-
llas que no respetan los valores y actitudes relativos a los derechos humanos. Las decisiones
acerca de quién pasa a ser agente de policía y quién no se basan en los criterios de captación y
selección. La selección y la formación son dos caras de la misma moneda, cuyo objetivo es
garantizar que los organismos policiales están dotados de personas capaces y dispuestas a res-
petar y proteger los derechos humanos. Algunos atributos son difíciles de inculcar si no están
ya inculcados en las personas; otros pueden enseñarse sin dificultad. En consecuencia, el desa-
fío para los órganos de selección es reconocer la distinción. La formación está concebida para
garantizar la adquisición de las habilidades profesionales y los conocimientos que no están
todavía presentes y para seguir configurando el comportamiento futuro.
La captación, la selección y la formación se consideran a menudo herramientas importantes
para mejorar el respeto de los derechos humanos en su sentido más amplio.415 Sin embargo,
en la práctica estas herramientas están en muchos casos escasamente desarrolladas, o incluso
faltan por completo, debido a diversas razones pero sobre todo por falta de recursos o por no
comprenderse su importancia. De hecho, algunos países no han desarrollado procesos de cap-
tación y selección, y la formación se reduce a un mínimo absoluto. Los agentes de policía anal-
fabetos siguen sin ser una excepción.
Incluso cuando estos instrumentos se desarrollan de forma adecuada, en muchos casos sus
efectos siguen siendo menores. La práctica policial tiende a ser reacia al cambio y considera las
innovaciones (que suelen acompañar a la formación) con cierta inquietud. Además, muchas
violaciones de derechos humanos no son causadas por una captación, una selección y una for-
mación inadecuadas per se, sino por las políticas y los procedimientos inadecuados que las
guían. En otras palabras, el problema no radica por lo general en una formación demasiado
escasa, sino en no saber qué formación impartir, que es una cuestión que no puede ser resuelta
por las academias de policía sino por las autoridades policiales.
En el apartado 9.2 comenzaremos con un examen de lo que dicen las normas de la ONU
acerca de la captación, la selección y la formación. A continuación, en el apartado 9.3 nos ocu-
paremos de la captación y la selección, y en el apartado 9.4 de la formación. Describiremos
cómo se usan estas herramientas en la práctica y cuáles son los principios generales para su
aplicación como ayuda para mejorar el cumplimiento de las normas de derechos humanos. En
el apartado 9.5 examinaremos críticamente cuáles son los efectos de la captación, la selección
y la formación en la práctica. Concluiremos con un breve resumen en el apartado 9.6. Téngase
en cuenta que tanto la membresía de los capítulos locales de Amnistía Internacional como las
ONG locales suelen centrar sus iniciativas de trabajo con la policía en los programas de forma-
ción en derechos humanos. Esta cuestión se analizará por separado en el capítulo 10, ya que el
presente capítulo se ocupa de la capacitación básica que lleva a cabo la propia policía.
226 Entender la labor policial
médico, de los funcionarios públicos y otras personas que puedan participar en la custodia, el
interrogatorio o el tratamiento de cualquier persona sometida a cualquier forma de arresto,
detención o prisión». El artículo 11 dispone además: «Todo Estado Parte mantendrá sistemáti-
camente en examen las normas e instrucciones, métodos y prácticas de interrogatorio, así
como las disposiciones para la custodia y el tratamiento de las personas sometidas a cualquier
forma de arresto, detención o prisión en cualquier territorio que esté bajo su jurisdicción, a fin
de evitar todo caso de tortura». Es fundamental que los exámenes se incorporen a la formación,
con el fin de prevenir violaciones de derechos humanos.
Las Directrices para la Aplicación Efectiva del Código de Conducta para Funcionarios Encar-
gados de Hacer Cumplir la Ley417 formulan principios generales como los siguientes:
Los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funciona-
rios Encargados de Hacer Cumplir la Ley incluyen un capítulo sobre «Calificaciones, capacita-
ción y asesoramiento» del que forman parte los artículos siguientes:
– Artículo 18: «Los gobiernos y los organismos encargados de hacer cumplir la ley procura-
rán que todos los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley sean seleccionados mediante
procedimientos adecuados, posean aptitudes éticas, psicológicas y físicas apropiadas para el
ejercicio eficaz de sus funciones y reciban capacitación profesional continua y completa. Tales
aptitudes para el ejercicio de esas funciones serán objeto de examen periódico».
– Artículo 19: «Los gobiernos y los organismos encargados de hacer cumplir la ley procura-
rán que todos los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley reciban capacitación en el
empleo de la fuerza y sean examinados de conformidad con normas de evaluación adecuadas.
Los funcionarios que deban portar armas de fuego deben estar autorizados para hacerlo sólo
tras haber finalizado la capacitación especializada en su empleo».
– Artículo 20: «En la capacitación de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, los
gobiernos y los organismos correspondientes prestarán especial atención a las cuestiones de
ética policial y derechos humanos, especialmente en el proceso de indagación, a los medios
que puedan sustituir el empleo de la fuerza y de armas de fuego, por ejemplo, la solución pacífi-
ca de los conflictos, el estudio del comportamiento de las multitudes y las técnicas de persua-
sión, negociación y mediación, así como a los medios técnicos, con miras a limitar el empleo
de la fuerza y armas de fuego. Los organismos encargados de hacer cumplir la ley deben exa-
minar sus programas de capacitación y procedimientos operativos a la luz de casos concretos».
Téngase en cuenta que también puede entenderse que estos principios formulan el derecho
de los agentes de policía a una formación adecuada en el uso de armas de fuego. Los agentes
policiales no sólo pueden violar el derecho a la vida de otras personas, sino también perder su
propia vida como consecuencia de una formación y un equipamiento inadecuados.
228 Entender la labor policial
Una buena labor policial comienza con tener a las personas adecuadas para hacer el trabajo.
Para ello son necesarios unos procedimientos de captación y selección eficaces, que garanticen
que la gente tiene conocimiento de las vacantes y está dispuesta a solicitar su ingreso en la
policía y puede hacerlo. Como es natural, la captación y la selección están estrechamente rela-
cionadas, ya que la captación irá dirigida a los (posibles) solicitantes que cabe esperar que
cumplan los criterios de selección. Sin embargo, la captación y la selección son pasos distintos
en la contratación de nuevo personal, por lo que se examinan por separado en estas páginas.
9.3.2. La captación
hecho tan eficaz, o incluso más, a la hora de mejorar la receptividad a la comunidad. La cues-
tión de la representatividad se examina también en los capítulos 3 y 8.
Una vez dicho esto, los organismos policiales representativos forman parte efectivamente de
la comunidad y es más probable que el público así los considere.419 Amnistía Internacional y
otras organizaciones han hecho con cierta asiduidad llamamientos a la representación según
criterios minoritarios, religiosos, de género y otros en el seno de los organismos policiales con
el fin de atajar la discriminación.420 Tratar de establecer un organismo policial que sea verdade-
ramente representativo de la población significa transmitir mensajes de captación a través de
una amplia variedad de canales, como radio, periódicos, carteles, etc., dirigidos a una audiencia
amplia, y también utilizar los canales que puedan estar dirigidos a grupos específicos, como
periódicos destinados a ciertas comunidades y anuncios en radio. Los mensajes de captación
deben llegar a todos los grupos y comunidades de la sociedad.
De modo más concreto:
– Debe haber representación en todos los niveles dentro del organismo policial.
– Deben fijarse y mantenerse objetivos para la captación de grupos étnicos, minorías y mujeres.
– Deben evaluarse las causas del bajo nivel de captación entre minorías y mujeres.
– Deben tomarse medidas para despolitizar la cultura y los símbolos del organismo policial
con el fin de fomentar la presentación de solicitudes por miembros de comunidades diversas.
– Accesibilidad de las oficinas de captación: deben habilitarse fórmulas para que las perso-
nas residentes en zonas rurales puedan presentar sus solicitudes.
– El proceso de solicitud no debe ser excesivamente costoso; en algunos países se exigen
diversos certificados médicos y administrativos (como la prueba de residencia) cuya obtención
cuesta dinero.
– Las políticas de captación y los criterios de selección deben reevaluarse periódicamente.
Reevaluar las políticas y las prácticas de captación y selección significa que se deben evaluar
sus efectos discriminatorios sobre ciertos grupos, junto con una evaluación de hasta qué punto
son decisivos éstos para llevar a cabo la función policial. Por ejemplo, en muchos países la ley
y todas las políticas y los documentos oficiales se publican en el idioma oficial del país. En con-
secuencia, parece lógico exigir a las personas que ingresan en la policía que comprendan esa
lengua, aun en el caso de que este requisito pueda ser discriminatorio con respecto a ciertos
grupos (étnicos), ya que cabe la posibilidad de que pasar por alto estos criterios lingüísticos
tenga como consecuencia que los agentes de policía no puedan acceder a sus reglamentos y
normativas profesionales y, por tanto, no los cumplan.
El ejemplo de Haití
En Haití, todos las personas que ingresan en la policía deben hablar francés, por lo que para el
80 por ciento de la población es imposible solicitar el ingreso. Ahora bien, en Haití el sistema
legal sigue funcionando en francés y se plantearían auténticos desafíos si los agentes de policía
no pudieran hablar adecuadamente esta lengua. Exigir personas que hablen francés ha creado
cierta diferencia de clases y sesgo urbano en el personal policial (al que desagradaban las
230 Entender la labor policial
misiones rurales y se consideraba mejor que los «paysans», lo cual también es un problema).
Se ha debatido la creación de «agents rurales», pero la idea de crear una fuerza de policía de
segunda clase para ciudadanos de segunda clase ha suscitado controversia.421
En general, debe primar la regla de que rebajar los criterios no es la respuesta. Por el contra-
rio, se debe prestar atención a cómo se puede llegar a estos grupos-objetivo y prepararlos mejor
para que puedan cumplir los criterios. Es evidente que no debe haber discriminación ni a favor ni
en contra de ningún grupo o comunidad como parte de la captación; se debe reclutar a los mejo-
res candidatos entre los disponibles. Además, tal como ya se ha indicado, la policía debe desem-
peñar sus funciones de manera neutral e imparcial. Contar con un organismo representativo
puede ayudar a conseguirlo, pero en realidad no debería ser absolutamente necesario para ello.
Los defensores de los derechos humanos tienden a subrayar la importancia de los organismos
policiales representativos. Hay varios requisitos adicionales (incluidos los que imponen las normas
internacionales) en el sentido de que ciertas tareas policiales deben encomendarse a agentes con-
cretos. Por ejemplo, de la realización de registros corporales deben encargarse, en la medida de lo
posible, agentes del mismo sexo que la persona registrada. Asimismo, las mujeres víctimas deben
tener la oportunidad, en la medida de lo posible, de denunciar los delitos sexuales y otras formas
de violencia ante mujeres policías. También, con el fin de potenciar los contactos con la comunidad,
a menudo se piensa que sería útil que hubiera agentes de esa comunidad concreta en la policía, lo
que implica que estos agentes serían los responsables de tales contactos. Sin embargo, hay en
curso un debate acerca de si se debe pedir de hecho a los miembros de los grupos minoritarios y
vulnerables que ingresan en la policía que desempeñen esas funciones policiales específicas rela-
cionadas con el género o la comunidad. No debe ser la regla general y de hecho puede ser contra-
producente, ya que puede desembocar en la formación de unidades especializadas que se ocupen
de cuestiones delicadas, al tiempo que dejan intacta una cultura policial discriminatoria dominante
en otras partes del organismo policial. Además, puede conducir a estereotipos sobre estos agentes
de policía en particular, a los que se puede llegar a considerar representantes de sus «grupos» en
vez de agentes de policía que intentan hacer realidad sus aspiraciones profesionales individuales.
tica policial y el espíritu de un organismo. En la mayoría de los países, los mandos policiales
siguen una de las dos estructuras de liderazgo siguientes:
Los mandos policiales también son captados fuera del organismo, aunque esta opción sigue
siendo muy poco frecuente. De hecho, los mandos reafirman a menudo valores y prácticas
existentes en vez de tomar la iniciativa en el cambio.
Un tercer problema es el relativo a cómo se pueden estructurar los criterios y procesos para
la captación a fin de que reflejen diferentes aspiraciones y prioridades de la policía. Cuando se
establece un organismo de nueva creación, este hecho en sí mismo plantea enormes desafíos
para una situación en la que es necesario incorporar a un gran número de nuevos agentes al
tiempo que se cumplen los criterios de calidad y profesionalidad necesarios.
9.3.3. La selección
Téngase en cuenta que los criterios de selección pueden ser discriminatorios en sí mismos.
Por ejemplo, los criterios físicos, que exigen una estatura y una fuerza determinadas además de
condición física (por ejemplo, capacidad para correr 100 metros en un número determinado de
segundos), resultan a menudo de más fácil cumplimiento para los hombres que para las mujeres.
Además, los criterios educativos pueden discriminar a los grupos privados de educación. En cier-
tas situaciones esto puede exigir que se rebajen los criterios en el caso de ciertos grupos para
garantizar el cumplimiento de los requisitos de representación, aunque esto puede volverse fácil-
mente en contra de estos grupos («la aceptaron únicamente por ser mujer»), por lo que requiere
que se lo comunique de forma sensible a otros agentes y a la sociedad en general. Por este moti-
vo algunos organismos policiales prefieren impartir formación adicional a los aspirantes que no
cumplan ciertos criterios –por ejemplo, conocimientos lingüísticos– hasta que los cumplan.
Se recomienda además que los agentes pasen un periodo de prueba durante el cual puedan
ser despedidos si no demuestran aptitud y posiblemente si miembros del público aportan infor-
mación creíble sobre abusos cometidos en el pasado o en el presente. Esto es especialmente
importante en situaciones de posconflicto en las que la investigación de antecedentes puede
resultar muy difícil en la práctica.
La captación y la formación de nuevo personal son muy importantes pero no suficientes por sí
solas. Hay otras cuestiones de personal importantes como los nombramientos, los traslados,
las recompensas, los castigos, etc. En muchos países el traslado de agentes de policía es un
«arma» que los políticos usan con frecuencia para persuadir a los agentes de que actúen según
sus deseos. En esos países los mecanismos para conceder recompensas e imponer castigos
también se utilizan a menudo como incentivos o desincentivos para favorecer a los «hombres
propios» y marginar a los honestos.
La influencia política sobre los nombramientos de altos cargos policiales es una realidad en
la mayoría de los países y refleja la realidad del control democrático sobre el ejecutivo (incluida
la policía). Pero puede ser también una manifestación de una independencia operativa débil.
Como mínimo, las políticas de captación, nombramiento, remoción, traslado y ejercicio del
cargo deben ser transparentes, objetivas e imparciales. El conocimiento de las cuestiones relati-
vas a los derechos humanos y el respeto de los principios de derechos humanos en el cumpli-
miento del deber deben ser un elemento importante en la valoración de las personas en el servi-
cio policial. La vigilancia del desempeño –es decir, las evaluaciones del desempeño– debe
llevarse a cabo periódicamente para garantizar que los ascensos son el resultado de los méritos
y no de influencias políticas o económicas ni de otros factores en los que no interviene la com-
petencia policial.
En 1997, el Comité sobre Administración de Justicia, una ONG de Irlanda del Norte, publicó
Human rights on duty. Principles for better policing: International lessons for Northern Ireland.431
En este informe se examinan las conclusiones de las investigaciones sobre la transición policial y
la gestión del cambio en la función policial en Canadá, Bélgica, Países Bajos, Australia, España, El
Salvador y Sudáfrica. El documento incluye capítulos sobre actuación policial y formación repre-
sentativas. En relación con el logro de la representación, hace referencia a diversas estrategias de
captación, retención y ascenso que se utilizan en diferentes países, como por ejemplo:
El informe señala asimismo que los símbolos y los nombres de y dentro de la policía deben
reflejar el compromiso con la representación y la receptividad. El Comité deja en claro, sin
embargo, que no es suficiente con cambiar las reglas y aplicar esas estrategias. Es preciso
abordar también la cultura organizativa, y la legislación en virtud de la cual actúa la policía debe
ser también no discriminatoria e imparcial.
práctica. En la mayoría de las situaciones, el tiempo que el alumno dedica a la formación sobre
el terreno está orientado a aprender cómo realizan su trabajo los agentes en ejercicio. De este
modo, a menudo el aprendizaje se limita de hecho a la imitación. Es (en parte) por este motivo
por lo que resulta difícil cambiar la cultura y la práctica policiales, ya que el paradigma de la
tutoría hace difícil inculcar las nuevas aptitudes y actitudes necesarias cuando se adoptan nue-
vas metodologías. Toda ruptura con el pasado es difícil en ese entorno de aprendizaje. La poli-
cía tiende a ser bastante escéptica en lo que se refiere a la formación y los institutos de forma-
ción, ya que percibe que la teoría no guarda relación con la práctica. Es habitual que a los
nuevos agentes que ingresan en un organismo policial se les diga: «Olviden todo lo que les
enseñaron en la academia». Una vez dicho esto, debe tenerse en cuenta que la formación de la
policía en muchos países ha experimentado cambios importantes en el último decenio, ya que
refleja con creciente frecuencia las iniciativas de trabajo policial en la comunidad.434
En muchos países, la formación teórica incluye materias como derecho, estadísticas sobre
delincuencia, criminología, administración policial, estrategias para el control de multitudes,
estrategias de comunicación, conflictos, desorden social, etc. Pero en ocasiones la parte teórica
de la capacitación policial básica se limita al derecho. Esto se consigue a menudo haciendo que
los alumnos se aprendan de memoria artículos de la Ley de Policía Nacional, del Código Penal y
del Código de Procedimiento Penal que lo acompaña. De hecho, lamentablemente a menudo
están ausentes las explicaciones de las implicaciones del derecho para la práctica policial, por
no hablar de una explicación del «espíritu de la ley». Del mismo modo, la formación teórica en
muchos países tiene lugar en forma de comunicación unidireccional (en vez de ser interactiva)
en la que la persona encargada de la formación explica los principios y los participantes «se
sientan y escuchan».
En muchos países la parte práctica de la capacitación de la policía se centra en los deportes,
la conducción de vehículos, la marcha y la instrucción en el manejo de armas de fuego. La for-
mación en el uso de la fuerza y de armas de fuego se limita con gran frecuencia al uso técnico
de éstas, sin ocuparse de las consideraciones que deben tenerse en cuenta cuando se usa la
fuerza en una situación concreta. Además, la formación policial «práctica» se ocupa a menudo
de situaciones concretas del trabajo policial como la expedición de multas, la regulación del trá-
fico, impartir órdenes al público para que no realice determinadas acciones, etc.
Un aspecto que en ocasiones se maneja mal es el de la formación en concienciación
cultural.435 En muchos países la comunidad es muy pluralista y heterogénea, con una población
diversa en su composición étnica y cultural. Aunque en teoría la policía está obligada a tratar a
todas las personas por igual, en la práctica se produce discriminación. En consecuencia, es
importante diseñar estrategias de formación que ayuden a desarrollar en los agentes de policía
la comprensión y las actitudes exigidas para responder de manera profesional a las necesidades
de la acción policial en una sociedad culturalmente pluralista. Los agentes de policía deben
tener una buena comprensión de la cultura de las comunidades a las que no pertenecen pero en
las que deben desempeñar su labor policial. No deben limitarse a conocer la diversidad cultural
sino también valorar el hecho de que todas las personas tienen los mismos derechos, y que
está prohibida la discriminación de cualquier tipo por motivos de color, casta, religión, etc.
238 Entender la labor policial
Algunos de estos objetivos pueden tenerse presentes cuando se diseñen programas de for-
mación para abordar los problemas de la acción policial en una sociedad pluralista.
Algunos países distinguen entre la capacitación policial básica en las escuelas de policía y la
formación de los mandos en centros superiores de enseñanza para la policía. En bastantes
países es habitual que los mandos cursen estudios de derecho como condición previa. En otros
países todos los aspirantes ingresan en el mismo nivel.
Después de esta capacitación básica, a los policías se les ofrecen a menudo cursos de formación
adicionales sobre diversas cuestiones, entre ellas los derechos humanos. Por lo general, los donantes
internacionales, aunque también las ONG nacionales e internacionales, proporcionan diversos cursos a
los organismos policiales sobre cuestiones como violencia contra las mujeres, integridad y ética, ges-
tión, etc. Se trata a menudo de cursos ad hoc excepcionales en vez de estar integrados en planes y polí-
ticas más generales. En consecuencia, los efectos de estos cursos suelen ser limitados, incluso cuando
afectan a un gran número (esta cuestión se examinará con mayor detenimiento en el capítulo 10).
En Human rights on duty (véase apartado 9.3.4) se enumeran cinco problemas de los métodos
de formación tradicionales:
gramas de formación a la luz de los incidentes concretos en que se haya utilizado la fuerza.
Es importante que la formación en el uso de la fuerza y de armas de fuego, así como la capa-
citación en la gestión del orden público, incluya juegos de roles y otros tipos de métodos de
formación basados en el estudio de casos. Los aspirantes deben ser también capaces de decidir
en la práctica cuándo utilizar qué medios de fuerza, así como de hablar de cómo llegaron a tales
decisiones. Al evaluar la formación de la policía, es importante señalar si se presta atención a
los principios «PLAN» (proporcionalidad, legalidad o legitimidad, rendición de cuentas y necesi-
dad, examinados en el capítulo 5) y a alguna técnica de intervención alternativa.
La formación en el uso de armas de fuego debe ser todo lo realista que resulte posible. En algu-
nos países los instructores usan una metodología en la que se entrega a los reclutas un arma
conectada por láser a una pantalla en la que se proyecta una película que muestra un incidente al
que el aspirante debe responder. El aspirante, que actúa como el agente de policía en esa situación
concreta, debe decidir qué hacer y debe explicar sus decisiones. Por ejemplo, el caso podría con-
sistir en una pelea entre dos individuos armados, uno provisto de un cuchillo y otro de un arma de
fuego. El aspirante puede, por ejemplo, decidir desenfundar un arma, apuntar a los individuos y
disparar. En cada paso (desenfundar, apuntar, disparar) el instructor puede discutir por qué el
aspirante ha decidido hacerlo y qué relación guarda su elección con las normas nacionales e inter-
nacionales de proporcionalidad, necesidad y legalidad. El vídeo muestra también las consecuen-
cias de las decisiones adoptadas. Así, si por ejemplo el aspirante decide disparar, las imágenes
mostrarán (si da en el blanco) a un civil herido o tal vez muerto. Pero, si decidió no disparar, el
vídeo mostrará las consecuencias, que podrían ser que se dispare contra el propio aspirante.
Ningún agente debe portar armas de fuego si no ha recibido formación sobre cómo utilizar-
las y ha superado satisfactoriamente una prueba. Cuando se introduzcan nuevas armas, los
agentes deben recibir nueva formación en consecuencia. La continuidad de su aptitud para
desempeñar estas funciones debe someterse a revisión periódica.
Poblaciones simuladas
veces diversas disciplinas policiales como policía montada, unidades antidisturbios, unidades
caninas, etc. Estas simulaciones suelen registrarse en vídeo y después se evalúan en clase.
Un aspecto que a menudo recibe escasa atención, sobre todo en este contexto, es qué capaci-
tación recibe la policía en la gestión de conflictos. En gran medida, el trabajo policial supone
atender los llamamientos para intervenir en conflictos (menores o mayores). Cuando estas inter-
venciones quedan fuera de control, a veces es necesario recurrir a la fuerza para restablecer el
orden y la tranquilidad. Sin embargo, a menudo la fuerza podría haberse evitado si la policía
hubiera sabido cómo tratar las emociones y cómo pueden degenerar los conflictos. La formación
en comunicación y en habilidades de gestión de conflictos podría servir para este objetivo.
Algunas academias de policía recurren a actores profesionales para formar a los reclutas en
técnicas de investigación. Se pide a los aspirantes que preparen la entrevista con un sospecho-
so, en clase o individualmente, y después se enfrentan al «verdadero sospechoso» (el actor) y
han de realizar la entrevista en su integridad. Todo se graba y después se debate, desde la pers-
pectiva de la comunicación, la táctica y la legalidad.
Asimismo, los aspirantes deben ser capaces de practicar cualquier método de investigación.
Pueden imitarse registros domiciliarios, y las entrevistas con testigos y víctimas pueden efectuar-
se con actores. Todo ello puede practicarse en situaciones «de la vida real» ficticias, en las que
instructores y actores aportan comentarios sobre cómo se pusieron en práctica estos métodos.
La formación en técnicas de investigación debe dejar muy claro que la prohibición de la tor-
tura es absoluta y que los agentes de policía tienen el derecho y el deber de no obedecer las
242 Entender la labor policial
órdenes de sus superiores de que cometan actos de tortura. Debe mantenerse un debate acerca
de qué constituye tortura y qué medidas son aceptables para aumentar la presión sobre un sos-
pechoso (tal como se examina en el capítulo 7). Los métodos de entrevista a sospechosos que
se utilizan en la práctica deben evaluarse periódicamente, y estas evaluaciones deben incorpo-
rarse a futuros programas de formación.
Una vez dicho esto, la capacitación en técnicas de investigación debe dejar claro que la entrevista
con sospechosos sólo es uno entre varios métodos de investigación disponibles. Los aspirantes
deben aprender que existen otros métodos para evitar una dependencia excesiva de las entrevistas
con sospechosos como ejercicio fundamental de recogida de información. Los aspirantes deben
aprender a efectuar registros domiciliarios, registros corporales, localización de testigos, entrevistas
con testigos, ruedas de reconocimiento, la necesidad de respuesta rápida y de investigación inme-
diata de la escena del crimen, el uso de pruebas materiales y pruebas forenses (véase el capítulo 7).
Un tema concreto que a menudo recibe escasa atención en la formación, pero que es decisi-
vo para un procesamiento eficaz, es cómo la policía deja constancia del proceso y las conclu-
siones de su investigación. De hecho, el registro de las conclusiones de manera legítima y que
pueda utilizarse ante los tribunales es fundamental para cumplir las normas relativas a juicios
con garantías y para la rendición de cuentas en términos más generales.
La formación no es obviamente la única respuesta para prevenir violaciones de derechos
humanos en lo que se refiere a investigaciones criminales. Muchas violaciones de derechos
humanos tienen lugar por otras razones, como un sistema judicial y legal inadecuado y la
ausencia de recursos forenses. Estos aspectos no son cuestiones de formación pero los man-
dos policiales y otras autoridades deben abordarlas primero. De hecho, para que la formación
sea eficaz es fundamental el compromiso interno, especialmente de los mandos policiales. Este
compromiso debe garantizar que a los nuevos agentes se les estimula y se les facilita la prácti-
ca de las técnicas y habilidades que acaban de aprender. Con excesiva frecuencia, los nuevos
reclutas no tienen la oportunidad de practicar lo que se les ha enseñado y se les dice que
«hagan lo que hacen los demás», impidiéndose de este modo el cambio.
importante de los programas de formación debe ser cambiar esta percepción.437 Téngase en
cuenta que en el capítulo 10 nos centraremos explícitamente en la cuestión de la formación en
derechos humanos tal como la imparten las ONG de derechos humanos. En este apartado nos
centraremos en los derechos humanos tal como se incorporan a los planes de estudios básicos
de la policía, así como a la formación sobre el terreno.
En 1998, Amnistía Internacional publicó su Guía de 12 puntos para la formación y la educa-
ción en derechos humanos de los funcionarios del Estado.438 Esta guía, aun siendo aplicable a
todos los funcionarios del Estado y no sólo a la policía, resume principios importantes para que
la formación en derechos humanos sea una herramienta eficaz para potenciar la sensibilización
en derechos humanos y el cumplimiento entre los funcionarios del Estado. Es probable que el
principio básico que subyace a los 12 principios sea que la formación en derechos humanos
nunca debe ser una actividad «excepcional» y autónoma. Debe adaptarse al contexto de la
situación (incluso la organizativa), integrarse en el plan de estudios y estar relacionada con la
práctica operativa, y, lo más importante, debe recibir seguimiento en la práctica. Recomenda-
mos a los lectores que tomen nota de estos principios.
13. Los programas de formación en derechos humanos deben incorporar las normas inter-
nacionales, regionales y nacionales de derechos humanos, así como contextualizar esa informa-
ción en el contexto de derechos humanos del país.
14. Los derechos humanos deben integrarse en todo el programa de formación.
15. La formación y la evaluación deben ser un proceso continuo.
Por regla general, es preciso integrar los derechos humanos en toda la formación policial. Dos
palabras son importantes en esta frase: «integrar» y «toda». Entre las personas encargadas de la
formación de la policía se debate si los derechos humanos y la ética policial deben tratarse en
módulos distintos, haciendo posible prestar una atención considerable a estos temas, o integrar
estos temas en lecciones que se ocupen del trabajo policial, como «orden público», «investiga-
ción», «el papel de la policía», etc., con el resultado de que los derechos humanos sean menos
claramente visibles en el plan de estudios, pero se enseñen de una manera más práctica y eficaz.
La formación en derechos humanos podría integrarse, por ejemplo, en lecciones sobre el uso de
la fuerza al tiempo que se debaten los principios de proporcionalidad y necesidad, sin emplear
siquiera la expresión «derechos humanos». El debate continuará sin duda (uno de los problemas
es que si los derechos humanos se integran en otras lecciones, la policía puede ser acusada de no
prestar una atención adecuada a los derechos humanos). La mejor solución tal vez sea hacer las
dos cosas: la policía debe recibir información sobre las normas internacionales de derechos
humanos, sus principios subyacentes y su relación con el derecho nacional, pero también se la
debe dotar de los instrumentos prácticos y conductuales para proteger y promover los derechos
humanos en la acción. Aunque es posible que a menudo no sea necesario emplear el término
«derechos humanos», es importante que toda la policía, desde el nivel más elevado de la direc-
ción, comprenda que los derechos humanos se hallan en el centro del trabajo policial y oigan este
mensaje explícitamente. De hecho, la visibilidad de los derechos humanos o de la ética policial en
el plan de estudios no es una medida de su valor ni de su eficacia. Muchos países han incluido
módulos sobre derechos humanos en sus planes de estudios, lo que da la impresión de que se
dedica mucho tiempo a esta cuestión. Esto no quiere decir nada sobre la eficacia de la formación.
En algunos países la formación en derechos humanos se imparte sólo a los agentes de
nueva incorporación, excluyendo a los compañeros de mayor graduación y a los mandos.440
Como es obvio, los efectos de esa formación se ven gravemente dificultados si los nuevos
agentes observan que sus compañeros de mayor graduación y sus superiores no reciben esa
formación, ni parecen valorarla o practicarla.
La formación de la policía debe reflejar la clase de policía que se desea tener. Si a la policía se le
exige que responda a las necesidades de la comunidad, debe estar en condiciones de entablar
contacto con esa comunidad a través de instructores, voluntarios especializados, o simplemente
porque vive en esa comunidad. Si se espera que la policía ejerza de forma responsable sus pode-
res discrecionales, debe brindársele la oportunidad de experimentar esto en su formación. Para
que la policía sea representativa de su comunidad, los instructores policiales también deben ser
representativos de ésta. Si se espera que la policía responda de sus acciones, los institutos de for-
mación policial deben estar dispuestos a responder de cómo forman a los nuevos agentes.
A continuación se formula una lista de preguntas que pueden ser de utilidad para evaluar la
capacitación policial básica desde una perspectiva de derechos humanos. Las hemos formulado
como preguntas abiertas.
Captación, selección y formación 245
La formación policial debe ofrecerse a todos los agentes de policía que llevan a cabo funciones
de trabajo policial, sin excepciones.
En principio, la respuesta es: cuanto más, mejor. Obviamente, esta respuesta es demasiado
fácil. La duración de la formación oscila entre un par de semanas y cuatro años. Se dice tam-
bién que son necesarios 12 meses para adquirir profesionalidad.441 Parece razonable esperar
que una dosis mayor de formación tenga más probabilidades de lograr los objetivos que los
defensores de los derechos humanos buscan si, y sólo si, esta formación se adecua a los prin-
cipios de derechos humanos. De hecho, cuatro años de formación podrían centrarse perfecta-
mente en habilidades técnicas y pasar por alto los principios y valores subyacentes. En conse-
cuencia, la respuesta a la pregunta relativa a la duración debe ir siempre acompañada de la
respuesta a las preguntas siguientes sobre otros aspectos de la formación policial, como el
contenido, los métodos de enseñanza y los antecedentes de los instructores.
Debe haber equilibrio entre los instructores provenientes de la policía y los instructores no poli-
ciales, ya que los segundos pueden ayudar a impedir que arraigue una cultura policial centrada
totalmente hacia dentro. Estos instructores no policiales pueden ser profesores universitarios y
profesionales de otras áreas (por ejemplo, entrenadores deportivos). Además, la formación
debe ser impartida por diversas personas para que la diversidad de la comunidad a la que se va
a servir se refleje en el proceso de formación propiamente dicho.442 Las personas que imparten
formación a la policía deben ser instructores cualificados, tanto si tienen antecedentes en la
policía como si no los tienen, con conocimientos de los métodos de enseñanza y de cómo
potenciar el traslado a la práctica de los conocimientos y las habilidades.
El público puede contribuir a la formación en varios aspectos: como instructores, como grupos
de retroalimentación que vigilan la formación, como voluntarios especializados para ciertos
cometidos, etc. La formación debe organizarse de tal manera que refleje los principios de
receptividad, representatividad y rendición de cuentas. Es preferible que la formación de la poli-
cía no tenga lugar en recintos cerrados y aislados en los que todas las personas sean policías.
El trabajo policial es un trabajo práctico. Esto no significa que se pueda excluir la teoría pero sí
quiere decir que hay que explicar qué relación hay entre la teoría (incluido el derecho) y la prácti-
ca. En los juegos de rol y en la formación de habilidades, la teoría y la práctica deben ir juntas.
Conocer de memoria las normas pero no ser capaz de relacionarlas con la práctica hace ineficaz la
ley. Los principios jurídicos deben aplicarse a ejemplos prácticos. Deben emplearse técnicas parti-
cipativas, ya que éstas tienden a potenciar el aprendizaje (incluido el traslado de conocimientos y
habilidades de la formación a la práctica). Además, la capacitación de la policía no debe limitarse a
246 Entender la labor policial
enseñar las normas legales (que tratan siempre de las atribuciones policiales) sino que debe
incorporar aquellos aspectos de la actividad policial que no exijan atribuciones policiales o que de
hecho estén concebidos para impedir el uso de esas atribuciones. Un tema importante que a
menudo se subestima es la capacitación en habilidades de comunicación, ya que son estas habili-
dades las que pueden ayudar a mejorar una situación y a prevenir el recurso a la fuerza.
El Comité sobre Administración de Justicia recomienda: «La formación no debe limitarse a los
nuevos agentes sino que debe continuar durante toda la carrera de los agentes de policía. Tiene
que haber un apoyo efectivo de los altos mandos a las buenas prácticas de formación y a la filo-
sofía y las prácticas del aprendizaje de por vida».444
En la mayoría de los países los policías reciben un diploma «vitalicio» al concluir con éxito la
capacitación policial. Pero para algunos aspectos de la acción policial, en especial el uso de la
Captación, selección y formación 247
La evaluación de toda la formación debe ser algo rutinario. Para que sea realmente eficaz deben
intervenir también personas ajenas a la policía.445
Para que sea posible impartir formación sobre los principios de derechos humanos es necesario
conocerlos. Muchos programas de donantes que se centran en la formación se inician con los
denominados programas de formación de los formadores, en los que instructores policiales (por
lo general extranjeros) imparten formación a instructores policiales locales en la formación en
habilidades y metodologías policiales. En ocasiones se invita a instructores policiales locales a
visitar academias de policía de los países donantes para que vean y aprendan cómo se lleva a
cabo la formación en ellas. Todo programa de formación de formadores se enfrenta al problema
de cómo relacionarse con las realidades locales del país destinatario. Los instructores de los
países donantes suelen provenir de un sistema cultural muy diferente, con actitudes muy diferen-
tes hacia la policía y el trabajo policial, y a menudo con recursos mucho mejores. Una vez dicho
esto, es preciso observar que abrir la puerta a otras realidades puede resultar una herramienta útil.
Cultura policial
Una cosa es captar y seleccionar policías en todos los sectores de la sociedad, garantizando de
ese modo que la policía es representativa de la población a la que sirve, y otra muy distinta es
retenerlos. No deben subestimarse los efectos de la cultura policial, con sus características mas-
culinas y de grupos mayoritarios (a menudo) dominantes. Tres aspectos de la cultura policial son
visibles en la mayoría de los organismos policiales de todo el mundo: el «muro azul de silencio»,
Captación, selección y formación 249
«nosotros frente a ellos» y el cinismo policial.447 Estas tres características, junto con el carácter
bastante conservador que a menudo posee la policía,448 hacen que ésta oponga una resistencia
extrema al cambio y contrarrestan los intentos de mejorar las relaciones entre la policía y la
comunidad y la integración de las minorías y las mujeres en los organismos policiales.
«No traiciones a tus compañeros.» El «muro azul de silencio» se refiere al código de silencio
que la policía practica con frecuencia. Este código tiene su origen en la percepción del trabajo
policial como una actividad peligrosa y en la necesidad de una confianza total en los compañe-
ros para sobrevivir (literalmente). En consecuencia, la lealtad es primordial en la policía. Esto
puede conducir a dilemas morales cuando es preciso elegir entre la lealtad y la integridad, por
ejemplo a la hora de decidir si se da a conocer un hecho que sucedió y que era claramente inco-
rrecto o si se sigue siendo leal a los compañeros.449
«No nos comprenden.» Una segunda característica se conoce como «nosotros frente a
ellos»; nosotros es la policía y ellos es el público. El trabajo policial en la comunidad es una de
las nuevas filosofías que ayudarán a acercar a una y otro y a generar más comprensión mutua.
«No es útil de todos modos.» La policía debe hacer frente a diario a difíciles dilemas y elec-
ciones. Es más, debe hacer frente a los resultados y efectos limitados de su trabajo. La delin-
cuencia persiste, a algunas personas no se las captura nunca, y a veces los mandos policiales
parecen estar más ocupados en la gestión de sus propias carreras que en apoyar a las personas
que están bajo su mando. En consecuencia, muchos policías se vuelven cínicos después de
haber trabajado durante algunos años.450
9.6. Resumen
Captar un segmento representativo de la sociedad y de éste seleccionar a las personas que
posean criterios y valores morales elevados es un desafío fundamental para las organizaciones
policiales. Algunos aspectos del trabajo policial no pueden ser objeto de formación y deben ser
inherentes a las personas; otros, en cambio –en particular las habilidades prácticas y los cono-
cimientos– pueden ser objeto de formación. La captación, la selección y la formación tienen la
misma importancia cuando se intenta establecer un organismo policial que respete y proteja los
derechos humanos. Sin embargo, aun siendo sin duda condiciones previas importantes, nunca
son suficientes en sí mismas. La formación que no se aplica en la práctica, la formación que no
está arraigada en un marco de políticas más amplio, la formación que no recibe el apoyo pleno
de la dirección policial, se considera una forma ineficaz de cambiar el comportamiento y, en
consecuencia, es en realidad un desperdicio de recursos. Para cosechar los beneficios de una
buena formación, es necesario que haya métodos de reafirmación y un compromiso visible y
permanente en la práctica, por parte de los agentes de policía de alta graduación pero aún más
de la dirección policial. En consecuencia, la formación de la dirección de la policía necesita una
atención especial y una vigilancia cuidadosa. Además, una evaluación de las causas de la con-
ducta indebida de la policía puede perfectamente llevar a la conclusión de que unas estrategias
de intervención alternativas podrían ser mucho más eficaces que la atención preferente a la for-
mación.
© REUTERS / François Lenoir FLR/SA
10.1. Introducción
Dado que Amnistía Internacional y muchas otras ONG de derechos humanos han centrado su
atención durante mucho tiempo únicamente en la policía como responsable de violaciones de
derechos humanos, la relación entre la organización y la policía se ha caracterizado a menudo
más por la animadversión que por la confianza. En consecuencia, tanto los miembros del per-
sonal como la membresía de Amnistía Internacional se sienten más cómodos en un papel de
oposición que en uno que busque puntos de interés mutuo. Sin embargo, se ha producido un
cambio de paradigma que ha desembocado en que se considere a la policía como protectora de
los derechos humanos en igual medida que violadora de esos derechos. En algunos países,
sobre todo en aquellos en que la policía no está involucrada en violaciones sistemáticas de
derechos humanos, este cambio ha brindado la oportunidad de establecer una agenda común y
de reflexionar sobre el establecimiento de contactos con la policía, la denominada relación de
trabajo con la policía.
En el capítulo 1 examinamos la dinámica del campo de Policía y Derechos Humanos. En
todo este libro de recursos hemos sostenido que cuando se intenta generar cambios en rela-
ción con el trabajo policial, cierto conocimiento básico de las realidades y los dilemas del tra-
bajo policial es una condición previa. En los capítulos 2 a 9 hemos intentado presentar infor-
mación general relacionada con cuestiones del trabajo policial que se puede utilizar para hacer
un análisis contextual de la policía en un país-objetivo, para lo cual se ofrece una herramienta
en el Apéndice A.
En este capítulo nos concentraremos en diversos planteamientos que las ONG de derechos
humanos pueden adoptar, y han adoptado, a la hora de tratar de influir en la conducta de la poli-
cía. Estos enfoques van desde el enfrentamiento hasta la cooperación, sobre la base de una
evaluación de la respectiva situación de los derechos humanos. En el apartado 10.2 comenzare-
mos examinando cómo Amnistía Internacional lleva a cabo sus investigaciones y elabora las
estrategias de intervención que las acompañan. Una de éstas es una estrategia de relación de
trabajo con la policía, que se analizará con más detalle, ya que se trata de un enfoque relativa-
mente nuevo, en el apartado 10.3. Examinaremos los dilemas que plantea la relación de trabajo
con la policía y presentaremos posibles soluciones. La relación de trabajo se caracteriza a
menudo por iniciativas de formación en derechos humanos para la policía. En el apartado 10.4
examinaremos con más detenimiento este tipo concreto de relación. En el apartado 10.5 se pre-
senta un enfoque en tres pasos sobre cómo organizar diversos contactos y decidir cuándo
hacer qué con el fin de influir de manera eficaz en la policía en un país-objetivo. Concluimos
con un breve resumen.
252 Entender la labor policial
Amnistía Internacional es conocida por sus informes temáticos y sobre países y por sus accio-
nes y campañas. En los apartados que siguen explicaremos sucintamente cómo se llevan a
cabo estas actividades, es decir, cómo reúne Amnistía Internacional su información y qué hace
con ella, y qué relación hay entre esto y el trabajo policial. Así pues, este apartado se centra
básicamente en las políticas y procedimientos internos de Amnistía Internacional.
jo policial en países concretos, como Afganistán, Jamaica, los países de la Comunidad de Desa-
rrollo Económico del África Austral, Timor Oriental, Reino Unido, Brasil, Malaisia y Estados Uni-
dos de América, y sobre cuestiones concretas, como el uso de la fuerza y de armas de fuego,
en consulta con expertos policiales.
10.2.3.a. Introducción
A partir de las investigaciones recogidas por Amnistía Internacional, se planean actividades de
seguimiento coordinadas, encaminadas a mejorar la situación de los derechos humanos en el
país-objetivo o conseguir que se lleve a juicio a las personas sospechosas de haber cometido
violaciones de derechos humanos (constitutivas de delito en virtud del derecho internacional).
Las estrategias de investigación, información y acción producidas en el ámbito internacional de
Amnistía Internacional han sido siempre la base de las estrategias de acción y las actividades
nacionales que llevan a cabo las Secciones y Estructuras. A Amnistía Internacional se la asocia
tradicionalmente con el envío de cartas a autoridades de todo el planeta. Es evidente que la
organización dispone de otras técnicas de acción, como la presentación de peticiones, las giras
de oradores, los actos y protestas públicos, la captación de apoyos entre las autoridades del
propio país, los contactos con embajadas, el apoyo de personajes famosos, etc. El Manual de
acción de Amnistía Internacional ofrece una amplia panorámica de las estrategias y técnicas de
acción que utiliza la organización. El Manual afirma: «Aprender a usar los instrumentos adecua-
dos para el trabajo que se aborda forma parte del oficio de las actividades de campaña, del
mismo modo que la elaboración de nuevos instrumentos para nuevos problemas».454 De
hecho, las acciones de campaña, como la investigación, constituyen una competencia en cons-
tante evolución para la cual no existen metodologías fijas.
zan con sus metas cooperan con la organización para mejorar su eficacia. El Manual de acción
incluye un apartado específico sobre el trabajo sectorial con personal militar, de seguridad y
policial en el que se afirma claramente que estas personas pueden ayudar a Amnistía Interna-
cional en su trabajo de campaña. Los policías que son miembros de la organización pueden
ayudar en las actividades de captación de apoyos (por ejemplo, participar en las visitas a emba-
jadas), participar en visitas de investigación y acción, pronunciar conferencias en las academias
de policía nacionales de su país, impartir formación a la membresía sobre cuestiones relativas
al trabajo policial, etc.; en realidad, cualquier actividad en la que la competencia policial sea útil
o la presencia de un agente de policía pueda ayudar a «abrir puertas».
Las Secciones de Amnistía Internacional en países en que la policía no está involucrada en
violaciones sistemáticas de derechos humanos pueden decidir crear Grupos profesionales de
policías que por lo general reciben apoyo administrativo del secretariado de la Sección. En este
momento esta clase de Grupos existen en Alemania, Austria y Países Bajos. Los miembros de
estos Grupos profesionales envían cartas a las autoridades policiales de los países-objetivo,
presentándose como policías preocupados por los abusos contra los derechos humanos come-
tidos por o contra policías. Se espera que recibir una carta de un colega impresionará más y
por lo tanto será más eficaz que recibirla de un «civil».
Es evidente que crear un Grupo profesional de policías no siempre es tarea fácil. Es necesa-
rio dedicar un tiempo considerable a elaborar una comprensión común de los derechos huma-
nos en general y de Amnistía Internacional y su misión en particular, así como de las tareas y
responsabilidades del Grupo policial. Los Grupos profesionales suelen comenzar con uno o
más voluntarios entusiastas; la institucionalización del Grupo dentro de la Sección puede ser a
veces una tarea que supone un desafío y requiere tiempo para garantizar su sostenibilidad.
Es evidente que no es imprescindible que haya un Grupo profesional de policías para movili-
zar a agentes de policía como parte de una campaña. Los agentes también pueden participar a
título individual en una investigación o actividad de campaña concretas. Amnistía Internacional
Países Bajos ha creado con este fin una red de agentes de policía de alta graduación (retirados)
y otros expertos policiales.455
En las situaciones en que se entabla contacto directamente con la policía, las acciones de
campaña tienden a centrarse en el nivel de la dirección policial más elevado por ser el respon-
sable de sus organismos. Sin embargo, a veces dirigirse a los rangos intermedios o inferiores
puede ser también una estrategia eficaz, ya que éstos tienden a ser los niveles donde se come-
ten las violaciones de derechos humanos: recibir cartas de todo el mundo puede ser a veces un
elemento disuasorio contra futuras violaciones.
Hay algunas cuestiones que deben tomarse en consideración cuando se intenta dirigirse a la
conducta policial con acciones y campañas. Entre ellas figuran:
– La presentación de un informe sobre un país. Las cuestiones que deben considerarse son
obviamente dónde hacer la presentación y a quién invitar. Puede ser eficaz invitar a un «agente
de policía amigo» para la presentación. Por ejemplo, en Kenia se organizó una conferencia de
prensa para presentar un informe a la que asistió un agente de policía que había participado en
la visita en la que se basó la investigación para el informe. En países donde están en curso pro-
gramas de reforma de la policía financiados, puede ser eficaz organizar una presentación para-
lela en los países donantes.
– La campaña podría centrarse en:
– Recomendar enmiendas de las leyes y los procedimientos relacionados con el trabajo
policial.
– Recomendaciones centradas en la mejora de la formación de la policía.
– Recomendaciones centradas en las instalaciones de detención de la policía.
– Una división o unidad policial concreta.
– Uno o más tipos de violaciones de derechos humanos cometidas por la policía.
– Tratar un aspecto de, por ejemplo:
– el uso de la fuerza y de armas de fuego, como el registro, la información y la rendi-
ción de cuentas;
– el arresto y la detención, como la supervisión de la detención policial;
– la política de gestión del orden público, como formación inadecuada, planificación
deficiente, dirección deficiente, falta de interés por reducir al mínimo el uso de la fuer-
za, armas y equipos inadecuados, falta de rendición de cuentas.
– Los métodos de acción deben tener efectos óptimos sobre la conducta policial que es
objeto de la acción. Entre los métodos que deben considerarse, además de una carpeta general
de materiales para la acción, figuran:
– La participación de Grupos profesionales de policías, por ejemplo en el envío de cartas.
– La captación de apoyos de un funcionario de policía de alto rango (extranjero).
– La redacción de un memorándum para la dirección policial sobre la aplicación de las
recomendaciones.
– El envío de cartas a:
– la policía directamente;
– las personas que dirigen a la policía (por ejemplo, el Ministerio del Interior);
– las personas responsables de la legislación (parlamentarios);
– los países donantes.
– La captación de apoyos:
– en el país objeto de la acción;
– en los países donantes.
– La formación de coaliciones:
– con ONG (locales);
256 Entender la labor policial
El trabajo de Amnistía Internacional con la policía, a la que se identificó como posible sector
específico en la década de 1970, ha experimentado un desarrollo relativamente escaso en los
ámbitos de la política y la estrategia. Al mismo tiempo, otras áreas del trabajo sobre transferen-
cias militares, de seguridad y policiales, como las transferencias de equipos y formación, han
adquirido un lugar cada vez más destacado en las acciones de campaña de Amnistía Internacio-
nal y han sido el centro de importantes debates y de una clara evolución de la política. En
diciembre de 1987, el secretario general y el Secretariado Internacional difundieron un docu-
mento que abrió un debate en todo el movimiento sobre el trabajo de Amnistía Internacional
con los militares y la policía, que culminó en un documento de política del SI titulado Involving
the Military and Police in Human Rights Work: Suggested Guidelines. Este segundo documento
de política se convirtió en la orientación más elaborada para las Secciones de Amnistía Interna-
cional. En 1998, el SI publicó Diez normas básicas de derechos humanos para funcionarios
encargados de hacer cumplir la ley, un resumen en 10 puntos de las normas internacionales
pertinentes para la policía en el contexto de los derechos humanos, y Guía de 12 puntos para la
formación y la educación en derechos humanos de los funcionarios del Estado. Del mismo
modo que las Suggested Guidelines de 1987, estos documentos han constituido el principal
punto de partida para el trabajo del SI y de las Secciones sobre trabajo sectorial con funciona-
rios e instituciones policiales y militares en los últimos años.
Varias Secciones de Amnistía Internacional han establecido diversas iniciativas de relación
de trabajo con la policía, por ejemplo en España, Irlanda, Eslovenia, Venezuela, Perú y Estados
Unidos. Amnistía Internacional Países Bajos, en el marco de su Programa Policía y Derechos
Humanos, ha ayudado a las Secciones a desarrollar muchos proyectos de esta índole (y ha apo-
yado muchas de las iniciativas del SI) y ha publicado Compilation of six experiences en 2001 y
el documento Lessons learnt en 2003.456 También en 2003 tuvo lugar una revisión de la rela-
ción de trabajo de Amnistía Internacional con los funcionarios encargados de hacer cumplir la
ley, llevada a cabo por el Comité Permanente sobre Investigación y Acción (CP-IA), un comité
dependiente del Comité Ejecutivo Internacional de Amnistía Internacional. La membresía de
Amnistía Internacional que considere la posibilidad de entablar relaciones de trabajo con la poli-
cía debe leer esta revisión.457 Basándose en esta revisión, la Reunión del Consejo Internacional
de Amnistía Internacional celebrada en 2003 decidió a este respecto: «[C]uando se dirijan a fun-
cionarios encargados de hacer cumplir la ley, los miembros podrán utilizar todo el abanico de
técnicas, salvo que su aplicación en un contexto concreto dificulte o limite la capacidad de AI
para denunciar violaciones de derechos humanos».458 Desde entonces éste ha sido el principio
rector de las iniciativas de relación de trabajo con la policía.
La relación de trabajo con la policía no se ha definido claramente en Amnistía Internacional.
La revisión del Comité Permanente sobre Investigación y Acción hace referencia a la «relación
Trabajar sobre la policía y con ella 257
– La policía puede encontrar problemas para respetar los derechos humanos; entablar una
relación de trabajo con la policía puede ayudar a estimular el debate y la reflexión en el seno de
la policía sobre los derechos humanos a fin de mejorar su historial en materia de derechos
humanos.
– La policía opera en un entorno complejo, y a menudo hace frente a altos índices de delin-
cuencia, lo que desemboca en la petición pública de una acción policial «dura con la delincuen-
cia». La relación de trabajo puede ayudar a definir los desafíos en términos de derechos huma-
nos y puede ayudar a alcanzar soluciones innovadoras.
– Cuando la policía respeta los derechos humanos, la relación de trabajo puede ayudar a
Amnistía Internacional a mejorar su conocimiento y su comprensión del trabajo policial.
Países Bajos: Desde 1986 hay un Grupo profesional de la policía en el que unos 150 agentes
policiales –en calidad de voluntarios de Amnistía Internacional– participan asiduamente en campa-
ñas y acciones. Este Grupo profesional fue creado por agentes de policía y es facilitado por
Amnistía Internacional Países Bajos. En 1995 se estableció un Grupo adicional, a petición del
Secretariado Internacional, formado por agentes de policía y expertos –el Grupo de recursos
sobre la policía–, para sistematizar la prestación de asesoramiento sobre el trabajo policial al
movimiento de Amnistía Internacional. En 2000, la Sección estableció el Programa Policía y Dere-
chos Humanos para apoyar a las Secciones y al Secretariado Internacional en sus iniciativas para
influir en la conducta policial y poner en marcha iniciativas de relación de trabajo con la policía.
Austria: A partir de 1999 Amnistía Internacional Austria ha desarrollado una estrategia para
aumentar la sensibilización sobre los derechos humanos en la policía. La Sección estableció un
Grupo profesional de la policía que tiene como objetivo mejorar la sensibilización sobre los
derechos humanos en la policía trabajando sobre casos en los que se han violado los derechos
de otros agentes de policía. De este modo, el Grupo profesional de la policía intenta superar las
posibles tensiones entre la policía y Amnistía Internacional y centra su atención en los derechos
humanos en vez de en las diferencias entre las organizaciones. Amnistía Internacional Austria
también hace gestiones de captación de apoyos en favor de la aplicación de las normas de
derechos humanos en la formación y la práctica policiales. La Sección también participa (infor-
malmente) en la Junta Consultiva para los Derechos Humanos independiente establecida por el
Ministerio del Interior, en la que participan representantes gubernamentales y ONG por igual.
258 Entender la labor policial
La relación de trabajo con la policía se inicia por lo general en las Secciones y no en el Secre-
tariado Internacional. Sin embargo, puede formar parte de una estrategia de país formulada
conjuntamente por el equipo del Secretariado Internacional y por la respectiva Sección o
Estructura. Un ejemplo es Malaisia, donde el equipo del Secretariado Internacional trabajó para
influir en el informe de la Comisión Independiente de Investigación en relación con la reforma
de la policía, y Amnistía Internacional Malaisia llevó a cabo actividades, incluso de relación de
trabajo, tras la publicación del informe de la Comisión. En esa situación las actividades comple-
mentarias en el ámbito internacional y en el nacional pueden añadir valor.
La relación de trabajo implica búsqueda de los puntos en común en vez de las diferencias.
De hecho, la relación de trabajo exige esfuerzos activos y sinceros para definir un programa de
trabajo común. Si la policía utiliza su relación de trabajo para evitar las críticas, si busca la
cooptación en vez de la cooperación, impone una carga a la relación que ninguna ONG puede
permitirse aceptar. Pero lo contrario también es cierto. Si las ONG utilizan su relación de trabajo
para ridiculizar actos policiales, corren el riesgo de perjudicar lo que se ha establecido.
Un primer paso para la introducción de los derechos humanos en el trabajo policial puede
ser debatir sobre los derechos de los agentes de policía. Como se mencionó en el capítulo 1, el
respeto de los derechos humanos comienza desde dentro. Los mandos policiales deben mani-
festar un compromiso inequívoco con los derechos de sus agentes, no concediéndoles impuni-
dad, sino dándoles una remuneración justa y condiciones y medios de trabajo adecuados, pero
también siendo conscientes de la dignidad personal y la posición social de los agentes y respe-
tando sus aportaciones cuando toman decisiones sobre asuntos operativos y de política.
Trabajar sobre la policía y con ella 259
La relación de trabajo con la policía plantea dos dilemas para Amnistía Internacional, como tam-
bién para cualquier organización de derechos humanos:
1. El primer dilema está relacionado con cómo encontrar el equilibrio entre la relación de trabajo
y la crítica. En esencia, tiene que ver con cómo evitar ser cooptado: «Las organizaciones no guber-
namentales dedicadas a proteger los derechos humanos deben aprender a trabajar con la policía,
además de contra ella».460 La relación de trabajo nunca debe poner en peligro la capacidad de la
ONG para denunciar violaciones de derechos humanos, algo que la ONG debe tener claro.
2. El segundo dilema tiene que ver con la función principal de las ONG: los órganos del Esta-
do son los responsables de aplicar las responsabilidades del Estado, y las ONG vigilan y hacen
observaciones sobre este proceso, siendo observadores más que actores. Pero la relación de
trabajo, sobre todo en situaciones en que las ONG apoyan la reforma de la policía, puede desdi-
bujar esta distinción y conducir a situaciones en que las ONG comiencen a desempeñar un
papel más activo y (se perciba que) se apartan de sus función de observación, creándose una
situación en que las ONG tiendan a sentirse menos cómodas.
La combinación de los dos dilemas nos lleva al dilema fundamental de si las organizaciones
de derechos humanos deben seguir criticando, o si deben apoyar (y en qué medida) al Estado
para superar su ineficacia. Las opciones van desde el escepticismo fundamental en relación con
el comportamiento último de las instituciones del Estado hasta una confianza básica en relación
con la capacidad potencial del Estado para resolver los problemas de la sociedad. Es evidente
que el desafío radica en cómo combinar estas dos posiciones; cómo y en qué medida cooperar
sin perder la capacidad de condenar los abusos cuando los agentes los cometan. Las ONG
deben reflexionar sobre qué pueden y qué no pueden hacer exactamente, ya que no intervenir
difícilmente puede considerarse una opción; no lo es, desde luego, cuando los Estados hacen
esfuerzos sinceros para mejorar la situación de los derechos humanos.
Puede ser útil estudiar cómo se tratan estos dilemas en contextos distintos de la actividad
policial, por ejemplo cuando las ONG de derechos humanos (y las ONG de defensa del medio
ambiente) entablan relaciones de trabajo con empresas mercantiles. La relación de trabajo con
la policía tiene muchas semejanzas con la relación de trabajo con las empresas. En algunas
Secciones de Amnistía Internacional hay equipos (a menudo llamados de Relaciones Económi-
cas o de Relaciones Empresariales) que trabajan sobre el mundo empresarial y los derechos
humanos. Los dilemas que se plantean son muy parecidos (cómo establecer la confianza al
tiempo que se mantiene cierta distancia), como también lo es la conducta del destinatario de la
relación de trabajo. A la policía le preocupa (debería preocuparle) la confianza del público del
mismo modo que a las empresas les preocupa (debería preocuparles) su imagen. La policía
puede entablar una relación de trabajo por motivos puramente instrumentales, al igual que las
empresas. Las empresas tienen que aprender a escuchar a sus clientes, así como la policía
tiene que aprender a escuchar a las comunidades a las que sirve.
La matriz siguiente se utiliza en este contexto de ONG que trabajan sobre empresas: ayuda a
definir qué clase de ONG se es, o se quiere ser, en los contactos de relación de trabajo y cómo
esto facilita o dificulta los contactos.461 La matriz distingue entre las ONG que intentan crear o
mantener una distancia clara entre ellas y su objetivo y las que tratan de colaborar, y en segun-
do lugar entre las ONG que discriminan entre las empresas con desempeño bueno y malo y las
que no lo hacen. Esto lleva a cuatro tipos de ONG:
260 Entender la labor policial
Polarizador Integrador
Algunas empresas –sobre todo las que hacen caso omiso de las repercusiones ambientales y
sociales de sus actos, y que sólo responden cuando se las presiona para que lo hagan– requie-
ren un enfoque de tiburón. Necesitarán reglas claras o la amenaza de repercusiones costosas, o
ambas, para que cambien su comportamiento. Otras empresas –por ejemplo, las que adquieren
un compromiso estratégico con el medio ambiente basado en el pragmatismo y la visión– pue-
den beneficiarse de un enfoque de colaboración más de tipo delfín, en el que se exploran
mutuamente las soluciones en las que todos salen ganando. Las amenazas de vergüenza públi-
ca pueden ser contraproducentes; el enfoque debe tratar más bien de apoyar y alentar el com-
portamiento positivo. Sin embargo, las empresas que asumen plena responsabilidad están ya
alineadas muy cerca de ONG elegidas y unen sus fuerzas cuando hacen campaña contra otras
empresas. Es más, las empresas necesitan a las ONG para mantenerlas en contacto: «De
hecho, las ONG y las grandes empresas están hechas las unas para las otras, aun cuando no se
hayan dado cuenta todavía. [...] Todas las organizaciones poderosas, incluidas las grandes
empresas, necesitan un poder compensatorio eficaz para mantener su desempeño efectivo para
su propio beneficio, así como el de la sociedad en general».462 Para que esta relación llegue a
ser fructífera, las empresas deben comprender su potencial para tener efectos positivos sobre
su entorno, y las ONG deben comprender mejor la realidad y la complejidad que entraña dirigir
una empresa mercantil. La conclusión es que las ONG no pueden sobrevivir siendo un polariza-
dor estricto ni siendo un integrador estricto. Es necesario desarrollar un enfoque de dos vías en
el que la ONG adapte su estrategia a la empresa-objetivo.463
Este modelo puede trasladarse a la relación de trabajo con la policía casi exactamente. Algu-
nos organismos policiales tratan activamente de entablar una relación de trabajo con la comuni-
dad a la que sirven en un esfuerzo conjunto para resolver los problemas de la comunidad,
mientras que otros continúan empeñados en gran medida en mantener alejado al público,
incluidas las personas que representan sus necesidades e intereses, por lo que puede ser nece-
sario un enfoque más severo por parte de la ONG que trata de influir en su comportamiento.
El enfoque de las ONG de derechos humanos debe concordar con la conducta y las intencio-
nes de reforma de la policía. En tanto en cuanto la policía no viole los derechos humanos, o dis-
ponga de mecanismos de corrección adecuados para abordar las violaciones, la relación entre
las ONG y la policía no será demasiado difícil. Las cosas cambian, desde luego, cuando, durante
la relación de trabajo, la policía viola derechos humanos y trata de evitar el castigo. Como
norma: si la policía ha cometido violaciones de derechos humanos, debe rendir cuentas de ellas
Trabajar sobre la policía y con ella 261
y ser sancionada en consecuencia. Pero, al mismo tiempo, puede recabar la ayuda de las ONG
para prevenir la repetición de las violaciones. Esto puede plantear un dilema para la ONG, lo que
ha llevado a algunos autores a afirmar que trabajar con la policía puede resultar sencillamente
incompatible con denunciar los abusos policiales.464 En cualquier caso, cuando se entabla una
relación de trabajo con la policía debe estar claro el papel de las dos partes, que deben respe-
tarse de manera abierta y transparente. Si se comete una violación de derechos humanos, la
policía tiene que ocuparse de ella en primer lugar. Sólo después de que la policía haya asumido
la responsabilidad de sus acciones (rendición de cuentas) la ONG podrá continuar con la rela-
ción de trabajo sin ponerse en una situación comprometida.
Cuando se entabla una relación de trabajo con la policía es importante comprender que los
agentes generalmente no utilizarán un vocabulario de derechos humanos, por lo que a menudo no
relacionarán conceptos de «derechos humanos» con su trabajo. Es evidente que el hecho de que
la policía no utilice un vocabulario de derechos humanos (y desconozca las normas internaciona-
les) no significa que automáticamente viole los derechos humanos. De hecho, puede perfecta-
mente estar actuando de conformidad con los principios de derechos humanos. En el mundo uni-
versitario se debate si se debe impartir a los agentes de policía un conocimiento formal de los
derechos humanos como tales, o si se deben «disfrazar» los principios de derechos humanos
bajo el paraguas de la «profesionalidad». Otro concepto que emplean a menudo los practicantes
que tratan de evitar la terminología de los derechos humanos es el de «ética» o «integridad».
Para toda iniciativa de relación de trabajo es útil centrarse en las semejanzas más que en las
diferencias. De hecho, hay muchos puntos en común entre la policía y las ONG de derechos
humanos, como por ejemplo:
– Su trabajo tiene que ver con cuestiones morales; tanto la policía como los defensores de
los derechos humanos trabajan sobre cuestiones que tienen que ver con lo «bueno» y lo
«malo». Una y otros pueden percibir el mundo en juicios morales más que neutrales.
Trabajar sobre la policía y con ella 263
– Tanto la policía como los defensores de los derechos humanos tienen una misión abstrac-
ta que nunca puede cumplirse plenamente. La policía trata de «garantizar la seguridad para
todos», y los defensores luchan por un mundo en el que las «violaciones de derechos humanos
dejen de tener lugar».
– Al ser los objetivos abstractos, hay muchas opiniones distintas sobre lo que la organiza-
ción debe hacer. En el caso de la policía, unos dirán que debe «capturar a los ladrones», mien-
tras que otros dirán que debe trabajar en la prevención del delito. En el caso de las organizacio-
nes de derechos humanos como Amnistía Internacional, la discusión tiene por objeto el alcance
del mandato y la misión.
– Buscar el equilibrio entre un sistema central y un sistema descentralizado; todos los
agentes de policía deben conocer y comprender los problemas de los cuarteles generales que
buscan dirigir su trabajo en la calle. La semejanza con el cuartel general de Amnistía Internacio-
nal (el Secretariado Internacional) y sus estructuras de membresía es sorprendente.
Establecer una «relación de trabajo de bajo nivel» con la policía en un país donde se cometen
sistemáticamente violaciones de derechos humanos requiere cautela y un análisis de riesgos
adecuado para garantizar la independencia e imparcialidad de una ONG. Pero, incluso en tales
circunstancias, entablar relaciones eficaces con la policía es posible y fructífero, como puede
comprobarse, por ejemplo, en Mozambique y Angola. En estos países, donde no hay ninguna
estructura de Amnistía Internacional, los equipos de investigación del Secretariado Internacio-
nal han podido establecer buenos contactos con la policía. Su propósito era mostrar que
Amnistía Internacional comprendía el trabajo policial y los desafíos a los que la policía hace
frente y forjar una relación basada en el respeto mutuo en la que fuera posible mantener deba-
tes constructivos sobre intereses y motivos de preocupación comunes. Siempre es difícil eva-
luar las repercusiones de esta clase de iniciativas, pero lo cierto es que ofrecen una visión de la
situación del trabajo policial en el país y hay motivos para creer que los contactos directos
aumentan las probabilidades de que la policía considere con más detenimiento las recomenda-
ciones de Amnistía Internacional y las toma más en serio.
La Plataforma Europea Policía y Derechos Humanos publicó en 2004 un folleto sobre este tema
en el que participaron policías y ONG (incluida Amnistía Internacional). El folleto se ocupa de
las ventajas y desventajas para las ONG de derechos humanos de establecer relaciones de tra-
bajo con la policía y viceversa. También presenta una plantilla para que la policía y las ONG de
derechos humanos cooperen de forma eficaz:
1. Establecer confianza.
264 Entender la labor policial
En resumen, para establecer una relación de trabajo con la policía es necesaria una reflexión
detenida sobre cómo poner en práctica un doble papel. Hay varias reglas generales:
Hasta aquí hemos examinado la relación de trabajo con la policía esencialmente desde la pers-
pectiva de Amnistía Internacional, ya sea del Secretariado Internacional o de las Secciones y
Estructuras nacionales de la organización. Ahora bien, a veces las ONG locales están en mejor
posición para trabajar con la policía que ONG internacionales como Amnistía Internacional. De
hecho, las ONG internacionales pueden ser más eficaces cuando apoyan y facilitan a las ONG y
a los defensores de los derechos humanos locales que cuando entablan relaciones de trabajo
por sí mismas.
Trabajar sobre la policía y con ella 265
Los dilemas y las soluciones que se examinan en los apartados precedentes son semejantes
a los que se encuentran las ONG locales que pretenden iniciar una relación de trabajo con la
policía. Tratar de entablar una relación de trabajo con la policía puede generar resistencia y
encontrar la oposición de otras ONG y de la membresía de la ONG. En consecuencia, cuando se
considere la posibilidad de entablar relaciones de trabajo es fundamental ser transparente en lo
relativo a objetivos e intenciones en el trabajo con la policía. Es posible que haya ONG locales,
incluidas las que apoyan a las víctimas de la delincuencia, que ya estén trabajando con organis-
mos policiales. De hecho, el trabajo policial basado en los derechos humanos exige que la poli-
cía entable relaciones de trabajo con grupos comunitarios, ya que la policía debe ser represen-
tativa «de la comunidad en su conjunto, obedecerla y responder ante ella».470 En consecuencia,
es importante estar familiarizado con el trabajo de otras ONG en este campo y saber cómo las
que tienen un programa de trabajo de derechos humanos pueden complementarse en vez de
competir entre sí.
Las actividades de las ONG en relación con la policía son en líneas generales de dos tipos:471
1. Las relacionadas con violaciones de derechos humanos cometidas por agentes de policía.
2. Las relacionadas con reformas en el trabajo de la policía como organización.
Estos dos tipos de actividades exigen que las ONG tengan pleno conocimiento de la organi-
zación y el trabajo de la policía, sus leyes, normas y reglamentos, sus planes y programas y lo
que es necesario hacer para introducir mejoras.
El primer grupo de actividades incluye sacar a la luz las atrocidades cometidas por la policía
y ejercer presión sobre el gobierno para que actúe contra ella. La reacción de la policía o del
gobierno ante las denuncias de las ONG suele ser la negación. El gobierno es generalmente rea-
cio a sacar a la luz los abusos de poder de la policía, ya que la oposición podría utilizarlo en su
contra. Sin embargo, cuando la documentación de violaciones de derechos humanos es autén-
tica y está respaldada por pruebas irrefutables, los gobiernos pueden verse obligados a actuar.
La documentación de violaciones de derechos humanos cometidas por personal policial plantea
un desafío importante a las ONG. La tarea es de considerables proporciones no sólo por el
carácter intimidador del trabajo sino a veces también por la falta de competencia. Asimismo,
aunque se trabaje en cuestiones relacionadas con la reforma de la policía, la falta de experiencia
entre las ONG hace difícil que puedan propugnar con éxito alternativas concretas para la rees-
tructuración de la policía o recomendar programas de acción dentro del marco legislativo exis-
tente. En tales situaciones, los gobiernos piensan que aunque las ONG estén preparadas y dis-
puestas a condenar a la policía en cualquier momento, no tienen alternativas que sugerir. Es,
pues, sumamente importante que las ONG adquieran conocimientos sobre el trabajo de la poli-
cía y los mantengan actualizados.
Las ONG de derechos humanos locales que trabajan en un entorno en el que las personas se
sienten inseguras, debido a índices elevados de delincuencia (reales o percibidos), deben hacer
frente a desafíos concretos.472 En situaciones en que se percibe que el Estado ha perdido el
control, el papel de los agentes no estatales se torna importante. Agentes no estatales tan diver-
sos como las ONG de derechos humanos, pero también grupos ciudadanos y empresariales,
empresas de seguridad, grupos parapoliciales y medios de comunicación pueden influir en el
ambiente en que tiene lugar el debate sobre la seguridad. Las víctimas pueden sentir ira y pue-
den formular demandas de castigo –a menudo alentadas por quienes intentan obtener benefi-
cios políticos– que pueden movilizarse con facilidad y rapidez (a diferencia de las soluciones a
largo plazo para la delincuencia que exigen compromiso). Los políticos pueden manipular las
266 Entender la labor policial
cuestiones de seguridad pública para obtener beneficios políticos. Es fácil convencer a las per-
sonas para que se sientan inseguras, preparando de ese modo el terreno para la retórica de «ley
y orden» y las demandas de que el gobierno actúe en consecuencia. Por consiguiente, y con
frecuencia alimentada por la presión de los medios de comunicación, la opinión pública puede
considerar la defensa de los derechos humanos como la defensa de los delincuentes, lo que
desembocará en un aumento de la hostilidad hacia los defensores de los derechos humanos.473
Es más, el público puede llegar a estar tan sobrecargado de «noticias» sobre la seguridad que
es posible que pierda el interés y se retire por completo del debate.
Por todo ello es muy importante que las ONG trabajen de tal manera que no les haga perder
el apoyo del público. Esto no significa necesariamente que deban hacer concesiones en los
principios básicos en que se fundamenta su trabajo. Es una cuestión de diseñar estrategias ade-
cuadas para convencer al público de que el uso de atajos por parte de la policía no resuelve el
problema de la delincuencia ni aumenta la sensación de seguridad.
Dar respuesta a estos desafíos no es tarea fácil. Una estrategia eficaz puede ser cooperar con
los responsables de las cuestiones de seguridad, como la policía, y fijarse como objetivo poner-
los en contacto con la sociedad civil dando a ésta (devolviéndole) la sensación de control sobre
las zonas en que vive. Un estudio llevado a cabo por el Consejo Internacional para la Política
sobre los Derechos Humanos reveló que las ONG de derechos humanos locales han adoptado
las siguientes estrategias y métodos para abordar situaciones de altos índices de delincuencia y
actitudes negativas hacia los derechos humanos:474
– Supervisión. Las ONG han adoptado funciones de organismos de control y han impartido
formación a otros agentes para que también lo hagan. Muchas ONG locales sólo trabajan explí-
citamente en favor de víctimas inocentes, ya que el público tiende a mostrar más simpatía hacia
tales casos. Si la víctima es un «delincuente», tienden a subrayar las condiciones estructurales
que hacen que las personas cometan delitos (bajo nivel educativo, pobreza, etc.) con el fin de
aumentar la comprensión. Si es posible, publican estadísticas de abusos contra los derechos
humanos. Es importante centrar la atención en los casos que pueden transformar la opinión
pública; trabajar en estrecho contacto con los medios de comunicación es un requisito previo.
Establecer contactos con órganos de supervisión «oficiales» puede ayudar a facilitar el acceso a
las autoridades estatales. Además, en algunos países los parlamentarios recaban aportaciones
de las ONG cuando tienen que tomar decisiones sobre políticas y asignaciones de recursos
relacionados con la policía.
– Esfuerzos de cooperación con las autoridades del Estado. Esto puede adoptar muchas
formas, como por ejemplo:
– Trabajo policial en la comunidad. Los grupos de la sociedad civil pueden cooperar con la
policía en programas de trabajo policial en la comunidad ayudando a la policía a mejorar
sus contactos con las comunidades a las que sirve. Téngase en cuenta que el trabajo
policial en la comunidad nunca debe interpretarse en el sentido de que entidades no poli-
ciales asumen responsabilidades policiales, sino que debe tomarse como un esfuerzo en
el que los grupos de la sociedad civil y la policía intentan abordar conjuntamente las
necesidades y preocupaciones de la gente para que la policía pueda responder en conse-
cuencia, con la ayuda de las comunidades. De hecho, el trabajo policial en la comunidad
comienza a partir de la premisa de que la policía nunca puede resolver la delincuencia
por sí sola.
– Protección de testigos y víctimas. El control de la delincuencia se ve obstaculizado por la
falta de disposición de testigos y víctimas a prestar declaración contra grupos delictivos
Trabajar sobre la policía y con ella 267
La iniciativa de entablar relaciones de trabajo con grupos de la sociedad civil puede provenir
también de la policía. La policía puede comprender que para resolver la delincuencia se necesita
la cooperación del público. De hecho, algunos policías de diversas regiones del mundo y de
diversos orígenes comprenden plenamente que no tener acceso a las comunidades es su pro-
blema fundamental. La aspiración de establecer esas relaciones de cooperación con las comu-
nidades señala a menudo el alejamiento por parte del gobierno de periodos anteriores de autori-
tarismo y a menudo se observa en situaciones de reforma en las que el gobierno trata de evitar
adoptar políticas de «mano dura con la delincuencia».
Intervención amplia en el debate sobre seguridad. Para muchos activistas de los derechos
humanos, el debate sobre la seguridad es delicado y complejo y en gran medida inexplorado. La
intervención en este debate exige seguir aumentando la capacidad de acción dentro de los gru-
pos de derechos humanos en relación con cuestiones sobre las que se posee escasa experien-
cia. Es preciso comprender en su integridad las cuestiones de seguridad, incluidos los dilemas
del trabajo policial, para desarrollar una posición que vaya más allá de los principios teóricos.
También exige autorreflexión crítica y disposición para adoptar una actitud positiva hacia la poli-
cía. Centrar la atención en las «buenas prácticas» puede ayudar a establecer contactos con la
policía.
Formación de la policía. Esta cuestión se examinará en detalle en el apartado 10.4 infra.
Las organizaciones que representan a las víctimas de delitos pueden centrar la atención en
las víctimas de la delincuencia en general o especializarse en delitos concretos, como la violen-
cia doméstica contra las mujeres, la violación y la discriminación, o en grupos de víctimas con-
cretos, como las mujeres o determinados grupos étnicos. En algunos países los grupos de víc-
timas y los grupos de derechos humanos se encuentran en oposición. En algunas ocasiones los
grupos de víctimas apoyan las políticas y prácticas de «mano dura con la delincuencia», como
el aumento de la severidad del castigo, las penas preceptivas y los ataques contra los defenso-
res de los derechos humanos en los medios de comunicación. Hay quien cree incluso que es
necesario rebajar los criterios de derechos humanos para combatir la delincuencia. En Brasil,
por ejemplo, la violencia policial indiscriminada contra las personas que viven en las favelas
asoladas por la delincuencia es aceptada e incluso bien recibida por amplios sectores de la
sociedad, que creen, en contra de la evidencia, que los altos índices de homicidios cometidos
por la policía son la única vía eficaz para abordar la delincuencia violenta. Por ello, determina-
dos políticos y medios de comunicación rechazan con frecuencia a los defensores de los dere-
chos humanos por considerarlos «defensores de los delincuentes». En consecuencia, la policía
268 Entender la labor policial
puede sentirse a veces más cómoda con los grupos de víctimas que con los grupos de dere-
chos humanos, lo que fomenta el distanciamiento entre unos y otros.
Las diferentes ONG desempeñan papeles diferentes y la policía realiza funciones diferentes.
La policía puede disponer de unidades de policía comunitaria que tratan de entablar una rela-
ción con sus comunidades, mientras que sus unidades para combatir la delincuencia organiza-
da pueden adoptar medidas severas contra la delincuencia. «En muchas sociedades, en particu-
lar en países más grandes en los que hay una diversidad interna significativa, no es infrecuente
encontrar simultáneamente varios elementos de los dos enfoques [un intento de colaboración y
reacciones duras ante la delincuencia]. Este hecho complica las elecciones de los grupos de
derechos, y agrega muchas zonas intermedias a la decisión de seguir siendo plenamente inde-
pendientes de las autoridades del Estado o de trabajar con ellas para diseñar estrategias de
colaboración conjuntas.»475
Aunque en los últimos 50 años se han registrado grandes avances en la defensa de los dere-
chos humanos, los abusos siguen siendo generalizados y persistentes. Desde una perspectiva
táctica, la comunidad internacional de los derechos humanos ha respondido generalmente de
dos maneras a los abusos contra los derechos humanos:
Estas tácticas han creado el marco para la defensa global de los derechos humanos. Pero así
como aumenta nuestra comprensión de las cuestiones de derechos humanos, también lo hace
la necesidad de reconsiderar las estrategias. Cuantas más tácticas estén disponibles para elegir,
más eficaces serán los esfuerzos para abordar las cuestiones de derechos humanos. Pensar en
términos estratégicos –y elegir la táctica más idónea que se adecue a una estrategia– es el
desafío que tenemos planteado.
El Proyecto Nuevas Tácticas en Derechos Humanos, liderado por un grupo diverso de orga-
nizaciones y activistas internacionales, promueve el uso y la puesta en común de una gama de
tácticas lo más amplia posible. En su sitio web puede consultarse una base de datos y estudios
sobre algunas de ellas: www.newtactics.org.
Una cuestión es si Amnistía Internacional y otras ONG de derechos humanos pueden y deben
apoyar la reforma de la policía, y en caso afirmativo cuáles son los medios más eficaces para
hacerlo. Apoyar la reforma puede ser un medio de establecer un organismo policial que trabaje
Trabajar sobre la policía y con ella 269
dentro del marco de los derechos humanos. La reforma se observa a menudo en países con
antecedentes de brutalidad, corrupción o ineficacia policiales. La reforma se inicia las más de
las veces después de un cambio de régimen, de un régimen autoritario a un gobierno democrá-
tico. Como prueba del nuevo statu quo, el nuevo gobierno intenta demostrar que la policía no
es ya un instrumento de la élite poderosa, sino que ahora servirá a los intereses del pueblo. En
consecuencia, Amnistía Internacional a menudo acoge con agrado los intentos de reforma de la
policía.
El apoyo a la reforma de la policía puede ir acompañado de iniciativas de relación de trabajo,
pero no tiene por qué ser así. El dilema para las ONG de derechos humanos sigue siendo cómo
se puede alentar la reforma de la policía al tiempo que se siguen condenando los abusos. «La
crítica sin tregua hacia la policía puede ser contraproducente; puede distanciar a la policía de
las voces disconformes, hacer que se muestre menos dispuesta a admitir los abusos, desacre-
ditar a los reformadores dentro de la policía como renegados y socavar la disposición de los
agentes de policía a exigir a otros agentes que rindan cuentas. La denuncia de los abusos no
conduce automáticamente a la reforma.»476
Cuando se considere la posibilidad de apoyar la reforma de la policía, deben tenerse presen-
tes algunos puntos. Por ejemplo: ¿quiénes están a favor de la reforma dentro y fuera de la poli-
cía y cuáles son sus historiales? ¿Cómo identificar y apoyar a quienes están a favor de la refor-
ma? ¿Hay acuerdo público sobre la reforma de la policía? En caso contrario, el llamamiento del
sector reformista a la toma de conciencia pública de las cuestiones relativas a la reforma debe
examinarse en primer lugar, ya que a veces el público genera una gran presión para que la poli-
cía sea «dura con la delincuencia». De hecho, «si se piensa que la incidencia de la delincuencia
es inaceptable o va en aumento, se inhibirá la reforma de la policía».477
En 2006, Amnistía Internacional Países Bajos organizó una conferencia sobre el papel de la
sociedad civil y las ONG en la reforma de la policía. Durante la conferencia, representantes de
diversas ONG compartieron sus experiencias y opiniones. Las personas participantes coincidie-
ron en que había margen para un aumento de la cantidad de contacto cooperativo que las ONG
podían tener con la policía, abriéndose de ese modo toda una serie de formas de intervención
innovadoras y posiblemente más eficaces que las que se habían utilizado hasta entonces.
Puesto que cada país y cada situación son diferentes, debe hacerse siempre al principio un
sólido análisis contextual, que también debe ayudar a identificar puntos de entrada o de influen-
cia. Durante la conferencia se examinaron los siguientes puntos de entrada o de influencia posi-
bles para las ONG:
– Buscar asociados que posean «el palo y la zanahoria» (por ejemplo, la Organización para la
Seguridad y la Cooperación en Europa y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo)
en materia de recursos económicos.
– Utilizar los medios de comunicación.
– Tratar de mejorar la calidad del servicio producido en vez de denunciar y culpar.
– Utilizar las ONG locales como palanca para las ONG (inter)nacionales y viceversa.478
– hacer gestiones de captación de apoyos para que los derechos humanos formen parte del
plan de estudios de la policía, para que los derechos humanos se integren y se orienten a la
práctica;
– vigilar, evaluar y hacer observaciones sobre los componentes de derechos humanos de la
formación de la policía;
– reunir a policías y activistas de derechos humanos locales;
– proporcionar asesoramiento e información;
– actuar como voluntarios especializados;
– desarrollar materiales de formación en derechos humanos;
Trabajar sobre la policía y con ella 271
– llevar a cabo proyectos de formación de formadores en los que se imparta formación a los
educadores de la policía sobre los derechos humanos;
– actuar como conferenciantes invitados.
En primer lugar, debe haber una razón para comenzar a trabajar sobre la labor policial. El traba-
jo de Amnistía Internacional suele comenzar a partir de información basada en casos. Basándo-
se en esa información, la organización decide si llevar a cabo investigación adicional y desarro-
Trabajar sobre la policía y con ella 273
llar una estrategia con acciones y campañas o establecer una iniciativa de relación de trabajo.
La relación de trabajo puede iniciarse como parte de una estrategia de acción pero también
puede comenzar sin información de abusos contra los derechos humanos basada en casos,
sobre todo en países sin problemas importantes en materia de derechos humanos. En cualquier
caso, todo trabajo sobre la policía o con ella debe comenzar siempre con un análisis de la poli-
cía en ese contexto concreto, a partir del cual puede formularse una estrategia que pueda des-
pués trasladarse a un plan de proyecto.
1. Análisis contextual
Téngase en cuenta que en el Apéndice A de este libro de recursos se presenta una lista de
preguntas y cuestiones para ayudar a hacer un análisis contextual.
2. Autoanálisis
– Análisis DAFO (de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) de las propias com-
petencias y las metas y ambiciones futuras de la organización.
– Evaluación de lo que otras ONG están haciendo en este campo en ese país.
A partir de este análisis, se podría decidir que es más eficaz dirigirse a autoridades distintas
de las policiales, ya que los abusos policiales pueden ser desencadenados por otros factores,
como la legislación. Si es éste el caso, puede resultar provechoso unir fuerzas con la policía
para mejorar el marco en el que actúa, buscando de este modo un programa de trabajo común.
Es importante identificar áreas de interés conjunto. Éstas no tienen que estar formuladas nece-
sariamente en el vocabulario de los derechos humanos. Como se ha indicado supra, un buen
punto de partida podría ser debatir los derechos de los propios policías.
274 Entender la labor policial
A partir de esta fase de recogida de información debe desarrollarse una estrategia. Esta
estrategia debe elegir entre un enfoque de enfrentamiento y un enfoque más orientado hacia la
colaboración. La elección debe basarse en una evaluación de si en el seno de la policía hay
posibilidades de efectuar cambios. Si no las hay, si no hay puntos de interés común, si la poli-
cía está implicada en violaciones graves de derechos humanos sin que haya apoyo interno para
ponerles fin, la relación de trabajo está fuera de lugar.
Puede ser de utilidad que las Secciones y Estructuras de Amnistía Internacional, así como las
ONG locales, organicen un taller interno en el que pueda profundizarse en el debate de la estra-
tegia y la metodología con las personas implicadas. Invitar a otros asociados, en particular
otras ONG, puede ser útil. Pero esto también puede aplazarse hasta que se haya elaborado una
estrategia interna. Durante el taller, es necesario tratar las cuestiones siguientes:
Puede ser de utilidad incluir la realización de una evaluación de las principales dificultades y
buscar fórmulas para tratarlas. Por ejemplo, si se señala la falta de compromiso de los máxi-
mos dirigentes de la policía, es necesario elaborar una estrategia para abordar este punto.
Hacer uso de agentes de policía de alta graduación «amigos» de otros países puede ser útil, ya
que pueden ser capaces de abrir puertas que de otro modo permanecerían cerradas.
El resultado de este análisis puede ser que una iniciativa de colaboración es demasiado
ambiciosa o sencillamente inadecuada, por ejemplo porque la policía parece estar implicada de
forma sistemática e institucional en violaciones de derechos humanos. También puede desem-
bocar en la conclusión de que otras ONG pueden estar mejor equipadas para entablar una rela-
ción de trabajo con la policía. Téngase en cuenta que cuando esta evaluación de los factores
contextuales para determinar si es posible añadir valor mediante la relación de trabajo lleva a la
conclusión de que no debe ponerse en marcha un programa, esto puede crear cierta incomodi-
dad en las personas que han llevado a cabo el análisis puesto que ya se han gastado unos
recursos considerables (tiempo, compromiso).
A partir de los resultados de los pasos 1 y 2, debe redactarse un plan del proyecto en el que
se formulen los objetivos, los puntos de entrada, las actividades y los recursos necesarios.
Trabajar sobre la policía y con ella 275
El plan del proyecto debe incluir la evaluación de riesgos y cómo se debe abordar el riesgo,
lo que incluye cómo evitar ser «cooptado». Puede ser útil relacionar la iniciativa de relación
de trabajo con otros proyectos y campañas que tengan lugar en Amnistía Internacional,
como la Campaña para Combatir la Violencia contra las Mujeres y la campaña Armas bajo
Control, ya que esto puede ayudar a garantizar la atención a largo plazo y puede facilitar la
creación de más recursos.
Téngase en cuenta que el plan del proyecto puede indicar muy bien que es necesario reco-
ger más información para poder elaborar una estrategia y un plan del proyecto adecuados y
eficaces.
10.6. Resumen
En este capítulo hemos examinado la relación entre las ONG y la policía. Comenzamos con un
examen de las actividades de Amnistía Internacional en relación con los organismos policia-
les, emprendidas tanto por el Secretariado Internacional de la organización como por sus
Secciones. Uno de los métodos utilizados para tratar de influir en la conducta de la policía es
la «relación de trabajo». La relación de trabajo exige una agenda conjunta en la que se espera
que la cooperación sea más fructífera que el enfrentamiento o la oposición. Al mismo tiempo,
la relación de trabajo crea algunos dilemas para las ONG, especialmente el dilema de cómo
trabajar juntos al tiempo que se mantiene una distancia suficiente para permitir la crítica y
cómo mantener los papeles claramente divididos. El capítulo ha ofrecido algunas recomenda-
ciones sobre qué hacer y qué no hacer basadas en experiencias en el seno de Amnistía Inter-
nacional. La relación de trabajo se caracteriza a menudo por los programas de formación, o
por la participación en éstos. El capítulo termina con algunas sugerencias sobre cómo decidir
qué hacer en relación con la relación de trabajo. Toda actividad debe basarse siempre en la
información. De hecho un análisis contextual adecuado debe ser siempre el punto de partida.
A partir de esto, Amnistía Internacional puede desarrollar estrategias eficaces en materia de
derechos humanos para situaciones concretas y formular planes de proyectos que definan
los objetivos y las actividades.
Apéndices
Apéndice A: Herramienta de evaluación y análisis contextual 279
Introducción
En las páginas de este libro de recursos hemos subrayado reiteradamente la importancia de
hacer un análisis riguroso de la policía en un país-objetivo, examinando el marco más general
en que actúa la policía (el contexto del Estado, la esfera de la seguridad y la justicia, los factores
culturales, la legislación, la influencia política, etc.), cómo se confieren poderes a la policía para
el desempeño de sus funciones y qué salvaguardias existen para garantizar que la conducta de
la policía es conforme a las normas internacionales de derechos humanos. Las violaciones de
derechos humanos pueden ser alimentadas por cualquiera de estos factores, aunque por lo
general implicarán una combinación de ellos. La intervención en las acciones policiales requiere
una evaluación que abarque en su integridad el contexto en el que la policía actúa. Esta evalua-
ción es de hecho el punto de partida siempre que se pide al Programa de Policía y Derechos
Humanos de Amnistía Internacional Países Bajos que apoye el desarrollo de estrategias de
derechos humanos en los países-objetivo.
En el capítulo 10 presentamos un modelo en tres pasos que ha de seguirse para ayudar a
tomar decisiones sobre el enfoque más eficaz –de enfrentamiento o de cooperación– para abor-
dar la cuestión o la institución más relevante que sea la causa de la conducta indebida de la
policía. Ésta no tiene por qué ser necesariamente la policía. Puede ser más eficaz dirigirse al
Ministerio del Interior, a la fiscalía o tal vez a los parlamentarios. El modelo en tres pasos es
como sigue:
– Análisis contextual:
– Análisis de la situación; incluidos los informes de país de Amnistía Internacional y otras
ONG sobre la situación actual de los derechos humanos.
– Legislación y políticas en virtud de las cuales actúa la policía (incluidas la Ley de Policía,
el Código Penal, el Código de Procedimiento Penal y otras normas que regulen la función
policial).
– Mecanismos de rendición de cuentas (internos y externos).
– Estructura interna de la policía.
– Autoanálisis.
280 Entender la labor policial
En los apartados siguientes se presenta una herramienta que pretende ayudar a realizar el
análisis contextual. La herramienta consiste en una serie de cuestiones, formuladas en forma de
preguntas, que sugerimos se tomen en consideración como parte de un análisis a fondo de las
causas del comportamiento de la policía y que deberían ayudar a identificar puntos de entrada
para la intervención. A partir de estas cuestiones podrá desarrollarse una estrategia eficaz. Para
ayudar a responder a estas preguntas, remitimos al lector a los capítulos y apartados pertinen-
tes de este libro de recursos.
Reconocemos que esta lista de preguntas es larga, circunstancia que puede surtir el efecto
de disuadir a quienes desean iniciar el trabajo sobre la función policial, ya que para responder-
las puede ser necesario un compromiso significativo. Sin embargo, estamos convencidos de
que el hecho de responder a estas preguntas permitirá que el trabajo futuro sobre la función
policial sea más eficaz, ya que se basará en una posición informada. Debe tenerse en cuenta
que muchas de las preguntas están duplicadas en diferentes apartados. Además, la respuesta a
muchas de ellas les resultará fácil a los activistas de los derechos humanos que están familiari-
zados con el país y su policía.
Localización de la información
No siempre resultará fácil encontrar las respuestas a las preguntas planteadas. En algunos
países la policía mantiene una actitud (bastante) abierta ante las ONG y cabe la posibilidad de
que facilite información de utilidad sobre procedimientos y políticas (internos). En algunos
países es posible acceder a toda la información relevante a través de Internet, en muchos casos
en un sitio web específico de la policía (si bien la fiabilidad de esa información varía). La mayor
parte de la información relacionada con la policía sólo estará disponible en el idioma propio del
país en cuestión.
En algunas ocasiones el problema no es tanto el hecho de que los gobiernos intenten no
revelar la información, sino tratar de desentrañar la terminología que se emplea en un contexto
determinado. Por ejemplo, para describir los procedimientos operativos normalizados se utili-
zan términos diferentes, como «instrucciones», «reglamentos», «códigos operativos» o simple-
mente «reglas». Téngase en cuenta que en algunos países los procedimientos operativos nor-
malizados son confidenciales, ya que esta condición se considera indispensable para las
operaciones policiales. Esto tiene sentido para ciertos aspectos de la actividad policial –por
ejemplo, cómo usa la policía ciertos métodos de investigación tácticamente–, pero no para
muchos otros. Por ejemplo, no hay motivos para que la policía no revele cuáles son sus ins-
Apéndice A: Herramienta de evaluación y análisis contextual 281
trucciones en lo referente al uso de armas de fuego, a cómo llevar a cabo los arrestos y las
detenciones, los registros y las confiscaciones y cualquier otra situación de la acción policial en
que la gente tiene derecho a saber cómo se supone que la policía debe tratarla.
En algunos países, cierta información sencillamente no existe. Por ejemplo, no en todos los
países se hace un seguimiento de la confianza pública en la policía o de los índices de delin-
cuencia, y en algunos no hay políticas explícitas sobre cuestiones relativas a la función policial.
Y aunque en todos los países (de los que tenemos conocimiento) hay una Ley de Policía u otras
disposiciones legales equivalentes, no todos los agentes de policía están familiarizados con
ellas, ni con otras disposiciones legales semejantes como los códigos de procedimiento penal.
Ante la posibilidad de que la información no esté disponible en formato impreso (ni en Inter-
net), en algunos casos es más fácil obtener la información pertinente a través de contactos
directos con la gente mediante entrevistas.
En el ámbito local merece la pena analizar los puntos de entrada siguientes:
Entre las fuentes de información menos evidentes, y a las que en ocasiones no se presta la
atención debida, tanto en el ámbito local como en el internacional, figuran las siguientes:
Un buen punto de entrada puede encontrarse a menudo a través de los institutos de formación,
ya que éstos tienden a mantener cierta distancia respecto de las actividades policiales y con fre-
cuencia tienen más contacto con el mundo exterior. En muchos países hay un solo sistema cen-
tralizado de capacitación de la policía. En otros hay varios institutos de formación diferentes.
En muchos países la investigación sobre cuestiones relativas a la función policial, así como los
estudios de evaluación sobre la confianza pública y la conducta de la policía, se llevan a cabo en
las universidades, por lo general en las facultades de Derecho o Ciencias Sociales.
Existe una nutrida comunidad de formadores y consultores internacionales que colaboran con los
organismos policiales y los institutos de formación de todo el mundo. Estos actores pueden cons-
tituir una fuente valiosa de información y, en consecuencia, merece la pena entablar contacto con
ellos. Asimismo, los institutos de formación tienden a dedicar cantidades importantes de recursos
a proyectos internacionales destinados a apoyar a organismos policiales de otros países.
ONG internacionales
materia de organismos policiales y programas de reforma en muchos países del mundo. Entre
las ONG que merece la pena mencionar de forma explícita figuran las siguientes:
Téngase en cuenta que en el Apéndice F de este libro de recursos se incluye una lista de ONG
que trabajan en el campo de la policía y los derechos humanos con sus respectivos sitios web.
Análisis de la situación
Para emprender una evaluación adecuada de lo que la policía hace, es indispensable efectuar un
análisis del entorno en el que actúa, y ello por dos razones. En primer lugar, el análisis puede
ayudar a identificar el contexto de la conducta indebida de la policía, paso necesario para desa-
rrollar una estrategia de intervención adecuada y apropiada. En segundo lugar, puede ayudar a
identificar puntos de entrada para el cambio. Para evaluar el entorno en que la policía actúa, es
útil comenzar con un estudio de los informes sobre países de algunas ONG, como Amnistía
Internacional y Human Rights Watch. Organismos como la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) y el Programa de las Naciones Uni-
das para el Desarrollo (PNUD), así como los relatores especiales de la ONU, también pueden
proporcionar información de utilidad. Deben tenerse en cuenta las cuestiones siguientes:
Escenarios sociales:
– Gobierno local.
– Condiciones económicas y sociales.
– Costumbres locales, peculiaridades culturales.
– Grupos vulnerables.
– ONG (incluidas las que trabajan sobre cuestiones sociales y económicas).
– Organizaciones religiosas.
El sistema de seguridad:
Legislación
El trabajo de la policía se basa siempre en la ley y está obligado por la ley. La ley define las tare-
as y funciones de la policía, concede y limita los poderes policiales y establece los requisitos de
la rendición de cuentas. La ley también define la relación de la policía con otros organismos del
campo de la seguridad, y en particular con las fuerzas militares. Así pues, toda intervención en
relación con la acción policial debe comenzar siempre con el conocimiento y la evaluación del
marco legislativo en que actúa la policía. La evaluación de la compatibilidad de la legislación
nacional por la que se rige la policía con las normas internacionales de derechos humanos es
también esencial.
La legislación depende de las personas que la aplican. En consecuencia, el análisis de la
legislación debe incorporar siempre un análisis del papel del poder judicial y de su funciona-
miento en la práctica. ¿Son los jueces en verdad independientes? ¿Han recibido formación sufi-
ciente y disponen de medios suficientes para desempeñar sus funciones de forma adecuada?
Estas preguntas se encuentran en el subapartado «Atributos del Estado de derecho» del aparta-
do «Análisis de la situación».
Estudiar los siguientes elementos de la legislación:
– ¿Hay una cadena de mando clara, es decir, está claro ante quién responde cada agente
concreto y viceversa? ¿Ante quién responde el director general de la policía (alcalde, goberna-
dor, ministro)?
– ¿Cómo se fijan los objetivos operativos y se planifican las operaciones?
– Repercusiones en los órganos pertinentes de los ministerios: ¿se hacen sugerencias de
cambios en las normas y en los recursos?
– ¿En qué medida se delega la adopción de decisiones en rangos inferiores?
– ¿Cómo se vigilan y evalúan las operaciones?
– ¿Cómo se vigila y evalúa el comportamiento individual?
– ¿Qué instrucciones reciben los agentes?
– ¿Puede el público presentar denuncias directamente en las comisarías de policía? ¿Las
presenta? ¿Cómo se facilita (o no) esta posibilidad?
– ¿Adoptan los supervisores medidas correctivas en el marco de las normas disciplinarias (o
penales)?
– ¿Responden los agentes y los supervisores ante sus superiores en la cadena de mando?
– ¿Cómo se garantiza y vigila la aplicación de las políticas mencionadas supra? ¿Hay alguna
forma de supervisión interna?
– ¿Hay un departamento de relaciones públicas? ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Cómo fun-
ciona?
– ¿Qué dicen las directrices nacionales en materia de políticas con respecto a las prioridades
y los objetivos de los organismos policiales y de seguridad y qué relación tienen éstas con las
políticas locales?
– ¿Cómo se asignan los recursos?
– ¿Cómo son los procedimientos operativos normalizados? ¿Quién los define y quién vigila
su aplicación?
– ¿Con qué grado de determinación y frecuencia se vigilan las operaciones y la eficacia gene-
ral de la policía?
– ¿Con qué grado de determinación y frecuencia se inspeccionan las políticas y la adminis-
tración de la policía?
– ¿Emprenden reformas legales o administrativas o cambios presupuestarios cuando es
necesario?
– ¿Se adoptan medidas correctivas y cómo?
– ¿Es la policía independiente de los organismos ministeriales desde el punto de vista opera-
tivo?
286 Entender la labor policial
– En los casos de conducta indebida de la policía, ¿cómo se abren y tramitan los procedi-
mientos civiles o penales dentro del sistema judicial? ¿Hay un proceso judicial independiente en
estos casos?
– ¿Quién investiga la conducta indebida de la policía? ¿Dispone el sistema de justicia penal
de mecanismos que garanticen que se lleva a cabo una investigación independiente y eficaz
sobre las denuncias de conducta indebida de la policía (lo cual significa en la práctica garantizar
al menos que los miembros del mismo distrito policial que estuvo implicado en el incidente no
participan en la investigación)?
– ¿Se vigilan las causas penales y las demandas civiles contra la policía? ¿Cómo repercuten
los resultados en la organización policial (es decir, se aprende alguna lección)?
– ¿Cómo se vigilan y autorizan las operaciones policiales que requieren poderes específicos
(como los de arresto y detención, ciertos métodos de investigación, ciertos medios de fuerza)?
– ¿Cómo se vigilan y autorizan las funciones de investigación de la policía?
– ¿Cómo se evalúa el cumplimiento de las leyes y normas que regulan la función policial?
– ¿Qué objetivos han fijado para la policía los órganos legislativos/representativos (incluidos
los parlamentos nacionales, provinciales y locales; los comités parlamentarios/municipales per-
tinentes; los foros comunitarios, etc.)?
– ¿Cómo asignan estos órganos los recursos?
– ¿Con qué grado de resolución y frecuencia vigilan las acciones de la policía?
– ¿En qué nivel de abstracción evalúan la eficacia de la policía?
– ¿En qué se basan sus recomendaciones en lo relativo al presupuesto y los cambios legisla-
tivos?
– ¿Es la policía independiente de los órganos representativos desde el punto de vista operati-
vo? ¿Cuál es el nivel de injerencia política? ¿Hasta qué punto es la policía independiente de la
política de partidos?
– ¿Mantiene un diálogo directo con la policía en lo referente a cuestiones que son objeto de
preocupación?
– ¿Cómo vigila las acciones e inacciones de la policía?
– ¿Puede presentar, y presenta, denuncias contra la policía?
Supervisión independiente
Datos y cifras
– ¿Cuántos organismos policiales distintos hay? ¿Cuáles son sus funciones? ¿De qué mane-
ra (no) cooperan? ¿Es la organización de la policía centralizada o descentralizada? ¿Ante quién
responde la policía? ¿Quién toma las decisiones sobre los objetivos y los recursos de la acción
policial? Trazar un gráfico de la organización de la policía.
– Número de efectivos (hombres/mujeres, minorías étnicas y otras); proporción
policías/habitantes.
– ¿Quién toma las decisiones sobre contratación, ascensos y disciplina? ¿Cuáles son los
procedimientos?
– ¿Viven los policías en recintos separados? ¿Disponen de instalaciones deportivas, etc.
separadas?
– De qué recursos y medios dispone la policía, incluidos:
– salarios (¿necesitan los policías desempeñar segundos empleos?);
– vivienda (¿viven y trabajan los policías en el mismo lugar?);
– uniformes;
– armas, incluidas armas no letales, y material de autodefensa;
– dispositivos de comunicación;
– medios de transporte: vehículos, otros;
– equipos de tecnologías de la información.
– ¿Cómo se distribuye el presupuesto entre las diferentes actividades? ¿Cuáles son las prio-
ridades presupuestarias? ¿De dónde proceden los recursos?
– ¿Hay una filosofía global de la función policial? En los países en que se ha adoptado el tra-
bajo policial en la comunidad, ¿qué hace la policía? ¿Cómo se lleva a cabo la cooperación con
los grupos comunitarios?
– ¿Cuáles son las políticas formales del organismo policial en relación con:
– las operaciones de dar el alto y registrar;
288 Entender la labor policial
Eficacia
Receptividad
– ¿Es la policía receptiva a las comunidades a las que sirve? ¿Cómo? ¿Coopera la policía
con las ONG (locales)? ¿Con las iglesias y otros actores?
Captación, selección
– ¿Cuáles son los métodos de captación y los criterios de selección? ¿Se reevalúan periódi-
camente las políticas de captación y los criterios de selección?
– ¿Hay criterios específicos para seleccionar a los mandos de la policía?
– ¿Se establecen y mantienen objetivos de captación de grupos étnicos, minorías y mujeres?
– ¿Son imparciales los criterios de captación y ascenso? (Por ejemplo, el proceso de solici-
tud no debe tener un coste excesivo.)
– ¿Cómo afectan a la representatividad? ¿Se evalúan las causas de los bajos índices de cap-
tación entre minorías y mujeres?
– ¿Se evalúa periódicamente el desempeño?
– ¿Qué criterios se siguen para los ascensos?
– ¿Es la policía representativa (mujeres, grupos étnicos y religiosos, edad)? ¿Se logra la
representación en todos los niveles dentro del organismo policial?
Formación
Grupos vulnerables
– ¿Cómo se supervisa a los agentes? ¿Reciben instrucciones claras? ¿Pueden pedir consejo?
– ¿Cuáles son los procedimientos para la presentación de informes y qué se hace con los
informes?
– ¿Con qué frecuencia se llevan a cabo las inspecciones y con qué efectos?
– ¿Cómo se evalúa el uso de la fuerza? ¿Qué efectos tiene después la evaluación en las
directrices para la acción policial, los procedimientos operativos normalizados y la formación?
Analizar las diferentes situaciones en las que se usa la fuerza en función de los principios
«PLAN» (proporcionalidad, legalidad, rendición de cuentas y necesidad), como por ejemplo:
– Practicar un arresto.
– Inmovilizar a una o varias personas peligrosas.
– Restringir los movimientos de personas detenidas u otras que puedan resistirse a la policía
o cuya restricción de movimientos pueda ser necesaria por su propia seguridad (este punto
incluiría el transporte de detenidos).
– Prevenir un delito.
– Controlar muchedumbres.
– Entrar en inmuebles y registrarlos con el fin de arrestar a personas o incautarse de prue-
bas.
– Legítima defensa.
Analizar las diferentes situaciones en que se usan armas de fuego (utilizar las mismas cate-
gorías que se exponen supra).
Buscar constantes de abusos, por ejemplo en diferentes partes de la ciudad o del país, en
diferentes situaciones de actuación policial.
Examinar las estadísticas sobre la delincuencia: ¿cuál es el nivel de la delincuencia violenta?
¿Se usan las estadísticas para «justificar» técnicas de mano dura o el uso político de la policía?
¿Con qué frecuencia los policías se convierten en víctimas de los delincuentes? ¿Cuántos
mueren o resultan heridos mientras están de servicio?
Los puntos siguientes se ofrecen además de los relativos al uso de la fuerza y de armas de
fuego (supra) para ayudar a evaluar los abusos de la policía en el contexto de la gestión del
orden público (control de muchedumbres).
– ¿En qué situaciones usa la policía la fuerza (tipo de incidente, actos de orden público lega-
les o ilegales, número de personas implicadas, nivel de violencia colectiva, en su caso)?
– ¿Se ajustan las leyes que regulan el derecho de reunión a las normas internacionales?
– En relación con situaciones concretas:
– ¿Cuál era la naturaleza del acto de orden público? (Concentración espontánea, grupo de
presión, etc. En el segundo supuesto, ¿cuáles son sus fines y su historia, y cuál es la
política del gobierno hacia ellos?)
– ¿Qué riesgos potenciales planteaba el acto de orden público para las personas que parti-
cipaban en el incidente, incluidos transeúntes y policías?
292 Entender la labor policial
Arresto:
Detención:
Investigaciones criminales
– ¿Quiénes son los responsables de las investigaciones criminales (si son agentes de policía
«generales», o hay un organismo de investigación independiente)? ¿Qué formación reciben?
– ¿Quién puede abrir una investigación criminal?
– ¿Bajo qué autoridad tiene lugar la investigación criminal?
– ¿Cómo trata la policía los escenarios de los delitos?
– ¿En qué fase puede una persona ser identificada como sospechosa?
– ¿Qué clase de métodos de investigación se utilizan, además de las entrevistas a los sospe-
chosos? ¿Cuál es la base legal de su uso? ¿Cómo se rinde cuentas de su uso? ¿Qué sucede
cuando los métodos se usan ilegalmente (por ejemplo, un registro domiciliario)? ¿Se usan los
métodos de forma proporcionada?
– ¿Se dispone de competencias forenses? ¿Qué formación reciben los peritos forenses?
¿Son independientes? ¿Existe la opción de una segunda opinión?
– ¿Hay procedimientos operativos normalizados en relación con la manera de llevar a cabo
las entrevistas a sospechosos? ¿Se dan a conocer las revisiones de las reglas, las instruccio-
nes, los métodos y las prácticas de las entrevistas? ¿Cómo repercute esto en la formación y en
las nuevas instrucciones?
– ¿Qué formación reciben los agentes para realizar entrevistas a sospechosos?
294 Entender la labor policial
Una vez definida la estrategia, se puede redactar el plan del proyecto propiamente dicho, for-
mulando los objetivos y las actividades, así como el calendario.
Esperamos que este enfoque sea de utilidad para formular un proyecto con una base sólida y
que tenga probabilidades de ser eficaz a la hora de tratar de aumentar el cumplimiento de los
derechos humanos por parte de la policía.
Lecturas relevantes
En los últimos años se han publicado algunas obras que tratan de cómo evaluar los organismos
policiales desde una perspectiva de derechos humanos. He aquí algunas:
Publicado en 2000 por un grupo de trabajo conjunto de carácter informal del Consejo de Europa
(en el que participan policías y ONG), este documento expone algunos indicadores pertinentes
para la acción policial orientada a los derechos humanos. Tiene como objetivo ofrecer orienta-
ción básica para la acción policial diaria y, en consecuencia, se dirige a los agentes de policía
directamente y los invita a usarlo para evaluar su propia policía. La «acción policial» se desglo-
sa en siete componentes: valores básicos, personal, formación, práctica de la dirección, acción
policial operativa, estructura y rendición de cuentas. Cada componente se representa en una
declaración que está generalmente acordada para que refleje los principios de la acción policial
profesional. En consecuencia, se formulan «pruebas» cuya finalidad es estimular la reflexión.
Con cada prueba se ofrece un conjunto de indicadores del desempeño para su uso como una
suerte de lista de control para un servicio policial determinado. Esta guía ha sido traducida a
numerosos idiomas europeos, aunque no al español.
The police that we want. A handbook for oversight of police in South Africa
Este manual para evaluar el desempeño de la policía en países que experimentan una transición
democrática fue publicado en 2005 por el Centro para el Estudio de la Violencia y la Reconcilia-
ción de Sudáfrica en colaboración con la Fundación de la Sociedad Abierta de Sudáfrica y la Ini-
ciativa Pro-Justicia de la Sociedad Abierta. The police that we want identifica cinco áreas de la
acción policial democrática y propone medidas clave para evaluar el desempeño en cada área.
Las cinco áreas son: la protección de la vida política democrática; el gobierno de la policía, la
rendición de cuentas y la transparencia; la prestación de servicio para la seguridad, la justicia y
la seguridad; la conducta policial apropiada; y los policías como ciudadanos. Escrito ante todo
para su aplicación en Sudáfrica, este manual sigue las prácticas internacionales en la acción
policial y la supervisión de la policía y puede adaptarse para su uso en otros países por todas
las personas que apoyan y supervisan las reformas de la policía.
296 Entender la labor policial
Measuring progress toward safety and justice: A global guide to the design
of performance indicators across the justice sector
Esta guía fue publicada en 2003 por el Instituto de Justicia Vera y está escrita para jefes de pro-
grama responsables de la mejora de la provisión de seguridad y acceso a la justicia en cualquier
lugar del mundo. Esta herramienta es útil para todas las personas interesadas en la reforma ins-
titucional en el sector de la seguridad. Sostiene que el uso de indicadores concretos debe
depender del proceso concreto de reforma en un país determinado. Esta guía, que examina
todas las instituciones dentro del sector de la seguridad, en el que la policía es sólo una, descri-
be lo que una institución específica se supone que debe hacer, qué indicadores tradicionales se
utilizan para medir el desempeño en esta área, qué indicadores adicionales podrían usarse y sus
fortalezas y debilidades.
El Comité sobre Administración de Justicia de Irlanda del Norte (CAJ) publicó en 1997 un infor-
me de 300 páginas titulado Human rights on duty. Principles for better policing: International
lessons for Northern Ireland. El informe estudia las conclusiones de investigaciones sobre la
transición y la gestión del cambio en la acción policial en Canadá, Bélgica, Países Bajos, Austra-
lia, España, El Salvador y Sudáfrica. Incluye capítulos sobre acción policial representativa y for-
mación, estructura de la rendición de cuentas y transición. Concluye que los problemas de la
acción policial son similares en diferentes países y sus diferencias son más de grado que de
naturaleza. El informe extrae principios reconocidos internacionalmente con los cuales deben
medirse los arreglos de acción policial. El informe puede pedirse a través del sitio web del
Comité, www.caj.org.uk.
Apéndice B: Bibliografía
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304 Entender la labor policial
Periódicos:
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Apéndice C: Documentos de Amnistía Internacional 305
Apéndice C: Documentos
de Amnistía Internacional
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Comunicados de prensa
Naciones Unidas
Todos estos instrumentos pueden consultarse a través del sitio web de la Oficina del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, www.ohchr.org.
Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desaparicio-
nes Forzadas (aún no ha entrado en vigor)
Convenios de Ginebra
– Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949 Relativo al Trato Debido a los Prisioneros
de Guerra (Convenio III).
310 Entender la labor policial
– Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949 Relativo a la Protección Debida a las Perso-
nas Civiles en Tiempo de Guerra (Convenio IV).
– Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 Relativo a la Pro-
tección de las Víctimas de los Conflictos Armados Internacionales (Protocolo I), 8 de junio de
1977.
– Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 Relativo a la Pro-
tección de las Víctimas de los Conflictos Armados sin Carácter Internacional (Protocolo II), 8 de
junio de 1977.
Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas
Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y del
Abuso de Poder
«Plan de Acción de Milán» (Del Séptimo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención
del Delito y Tratamiento del Delincuente. Aprobado por la Resolución A/RES/40/32 de la Asam-
blea General, 29 de noviembre de 1985.)
Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios
Encargados de Hacer Cumplir la Ley
Observaciones generales
Consejo de Europa
Código Europeo de Ética de la Policía
– Recomendación rec(2001)10 y Memorándum Explicativo. Aprobados por el Comité de
Ministros del Consejo de Europa el 19 de septiembre de 2001.
Disponible en inglés en: http://www.coe.int/T/E/Legal_Affairs/
Legal_co-operation/Police_and_internal_security/Documents/Rec(2001)10_ENG4831-7.pdf
Traducción no oficial al español en:
http://www.guardiacivil.org/quesomos/organizacion/organosdeapoyo/gabinete/seci/
cod_etico_policiaeuropeo_castellano.jsp
312 Entender la labor policial
Apéndice E: Glosario
Código de ética Los códigos de ética incluyen en muchos casos cuestiones que
no son directamente pertinentes para los derechos humanos,
como la indumentaria policial, la puntualidad, la prohibición de
fumar, etc. Se cree a menudo que ayudan a la policía a mejorar
su espíritu y orgullo profesionales. Como tales, no suelen tener
rango de ley. Sin embargo, en ocasiones un código de ética
remite a un código de conducta (véase supra).
Diligencia debida Los Estados tienen la responsabilidad legal de respetar y aplicar las
normas de derechos humanos dentro de sus territorios y en los
territorios donde ejercen un control y una jurisdicción efectivos.
Esto incluye la obligación de impedir que funcionarios del Estado u
otros actores cometan violaciones o abusos contra los derechos
de las personas y de promover el disfrute pleno de los derechos
humanos. Cuando ciudadanos particulares amenazan con cometer
abusos contra estos derechos, desde luego el derecho a la vida y
la seguridad de la persona, el Estado, en virtud del derecho inter-
nacional, tiene la obligación de impedir que eso suceda. Si los abu-
sos han tenido lugar, el Estado, en virtud del derecho internacional,
tiene la obligación de investigar y procesar de acuerdo con las nor-
mas internacionales de derechos humanos. Este principio es la
base del concepto jurídico de diligencia debida.
Disturbios internos Situaciones en las que, sin que haya, propiamente hablando,
conflicto armado sin carácter internacional, existe sin embargo,
a nivel interior, un afrontamiento que presenta cierto carácter de
gravedad o de duración y que da lugar a la realización de actos
de violencia. Estos últimos pueden revestir formas variables,
que van desde la generación espontánea de actos de subleva-
miento hasta la lucha entre grupos más o menos organizados y
las autoridades que ejercen el poder. En estas situaciones, que
no degeneran forzosamente en lucha abierta, las autoridades
que ejercen el poder apelan a vastas fuerzas de policía, o bien a
las fuerzas armadas, para restablecer el orden interno. El núme-
ro elevado de víctimas ha hecho necesaria la aplicación de un
mínimo de reglas humanitarias (definición del Comité Interna-
cional de la Cruz Roja).
Escena del crimen Lugar real donde se cometió el delito o donde han de recogerse
pruebas. En consecuencia, puede haber más de una escena del
crimen en un delito (por ejemplo, una persona puede ser asesi-
nada en su casa pero el cadáver puede ser llevado a otro lugar).
La escena del crimen es fundamental para la recogida de prue-
bas, pues es allí donde pueden encontrarse huellas de zapatos,
huellas dactilares, material de ADN como cabellos, etc., que
pueden proporcionar pistas sobre qué sucedió y quién estuvo
presente. En consecuencia, es de la máxima importancia que la
escena del crimen esté protegida mientras la policía lleva a cabo
su investigación.
Estado de derecho Principio de gobierno según el cual todas las personas, institu-
ciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Esta-
do, están sometidas a leyes que se promulgan públicamente, se
hacen cumplir por igual y se aplican con independencia, además
de ser compatibles con las normas y los principios internaciona-
les de derechos humanos. Asimismo, este principio exige que se
adopten medidas para garantizar el respeto de los principios de
primacía de la ley, igualdad ante la ley, obligación de rendir
cuentas ante la ley, equidad en la aplicación de la ley, separación
de poderes, participación en la adopción de decisiones, legali-
dad, no arbitrariedad, y transparencia procesal y legal (defini-
ción de la ONU).
316 Entender la labor policial
Grupo profesional de policía Agentes de policía que son también miembros de Amnistía
Internacional y se organizan en un Grupo para apoyar los objeti-
vos de la organización.
Hábeas corpus Significa que las personas arrestadas o detenidas tienen dere-
cho a recurrir ante un tribunal para que éste pueda decidir sobre
la legalidad del arresto o la detención. Este principio se estable-
ce en el Principio 32 del Conjunto de Principios para la Protec-
ción de todas las Personas Sometidas a Cualquier Forma de
Detención o Prisión. La figura jurídica de «hábeas corpus» varía
en nombre y contenido según el país de que se trate (por ejem-
plo, «recurso de exhibición personal» o «recurso de amparo»,
aunque en algunos países este último se refiere a otro derecho,
el de recurrir contra actos que violen los derechos constitucio-
nales de una persona).
Inquisitivo, sistema En virtud del sistema inquisitivo del derecho civil de tradición
romana, la policía y el ministerio público, así como los jueces,
se consideran «servidores de la ley» neutrales y objetivos que
trabajan para encontrar la verdad objetiva. El juez instructor o el
juez de indagaciones preliminares, con la ayuda del fiscal, es el
principal responsable de la investigación criminal y participa
activamente en la determinación de los hechos del caso, mien-
tras que uno o más jueces se encargan del juicio. El sistema se
centra en el acusado.
«Muro azul de silencio» Metáfora que se emplea a menudo en inglés para describir un
aspecto importante de la cultura policial, que valora la lealtad
por encima de la integridad. Se da por sentado que un policía no
traiciona nunca a sus compañeros, lo cual significa que nunca
debe revelar información alguna sobre conducta indebida a
otras personas, en particular al mundo exterior.
Rendición de cuentas Una definición sencilla de «rendición de cuentas» es: «Tener que
explicar las acciones o la conducta propias». Supone un conjun-
to de prescripciones normativas acerca de quién tiene la obliga-
ción de rendir cuentas, a quién, cuándo, cómo y acerca de qué.
La obligación de rendir cuentas está estrechamente relacionada
con la responsabilidad. Significa relacionar un acto (o la omisión
de un acto) con una persona o una institución. Conlleva la exi-
gencia de remediar la conducta indebida. La rendición de cuen-
tas y la transparencia van de la mano. Para que la rendición de
cuentas sea eficaz, es necesario un sistema equilibrado en el
que intervengan los actores y las instituciones siguientes:
Interna
Ante el Estado
– Ejecutivo
– Legislativo (democrática)
– Judicial (legal)
Pública
Independiente
(Internacional)
Técnicas de mano abierta Técnicas que no requieren el uso de medios como porras
y de mano cerrada o esposas. Las técnicas de mano abierta incluyen, por ejemplo,
apartar a una persona empujándola con la palma de la mano,
literalmente con las «manos abiertas»; las técnicas de mano
cerrada se manifiestan cuando los agentes de policía utilizan los
puños («mano cerrada»), por ejemplo en una pelea. Las técni-
cas duras de mano vacía suponen toda clase de técnicas, inclui-
das técnicas de karate y judo, así como sujetar a una persona el
brazo a la espalda.
www.altus.org
Altus, coalición de seis ONG (entre ellas el Instituto de Justicia Vera; véase infra)
www.cacole.ca
Asociación Canadiense para la Supervisión Civil del Mantenimiento del Orden
www.apt.ch
Asociación para la Prevención de la Tortura
www.parc.info
Centro de Recursos para la Evaluación de la Policía, Estados Unidos
www.unomaha.edu/criminaljustice/police_professionalism.php
Centro de recursos sobre profesionalidad y rendición de cuentas policial, Universidad de
Nebraska, Estados Unidos
www.policeaccountability.co.za
Centro de recursos sobre supervisión y rendición de cuentas policial en 16 países africanos
www.ssronline.org
Centro para la Gestión del Sector de la Seguridad, Universidad de Cranfield, Reino Unido
www.cinat.org
Coalición de ONG Internacionales contra la Tortura
www.icrc.org
Comité Internacional de la Cruz Roja
www.caj.org.uk
Comité sobre la Administración de Justicia
www.ichrp.org
Consejo Internacional para la Política sobre los Derechos Humanos
Apéndice F: Sitios web 323
www.nhri.net
Foro de las Instituciones Nacionales para los Derechos Humanos
www.hrw.org
Human Rights Watch
www.humanrightsinitiative.org
Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth
www.justiceinitiative.org
Iniciativa Pro-Justicia de la Sociedad Abierta
www.vera.org
Instituto de Justicia Vera
www.newtactics.org
Nuevas Tácticas en Derechos Humanos
www.penalreform.org
Reforma Penal Internacional
www.saferworld.org.uk
Saferworld; relación de trabajo con la policía y trabajo policial en la comunidad, entre otros
temas
www.wola.org
Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA)
Consejo de Europa
www.coe.int
Página principal del Consejo de Europa
www.coe.int/t/dg1/LegalCooperation/Default_en.asp
Asuntos Jurídicos, Cooperación Jurídica
www.coe.int/T/E/Human_Rights/Police/
Derechos Humanos, Programa «Policía y Derechos Humanos»
www.coe.int/t/e/human_rights/police/3._european_platform/history%20for%20website.asp#To
pOfPage
Plataforma Europea Policía y Derechos Humanos (La Plataforma no forma parte del Consejo
de Europa pero trabaja para apoyar al Programa «Policía y Derechos Humanos» del Consejo.)
324 Entender la labor policial
Téngase en cuenta que el motivo principal de la inclusión de estos sitios web es el hecho de
que ofrecen información complementaria. Su inclusión no implica un comentario sobre la fiabi-
lidad o utilidad de su contenido.
www.acpo.police.uk
Asociación de Jefes de Policía del Reino Unido
www.sepca-bg.org
Asociación de Jefes de Policía del Sudeste Europeo
www.theiacp.org
Asociación Internacional de Jefes de Policía
www.iawp.org
Asociación Internacional de Mujeres Policías
www.ncjrs.org
Centro de documentación del Departamento de Justicia de Estados Unidos (contiene el texto
íntegro de muchos documentos)
www.cops.usdoj.gov
Centro de promoción y recursos sobre el trabajo policial en la comunidad del Departamento
de Justicia de Estados Unidos
www.cmc.qld.gov.au
Comisión sobre la Delincuencia y la Conducta Indebida, Queensland, Australia (se dedica al
sector público y en especial a la supervisión de la conducta policial)
www.enp.nl
Red Europea de Mujeres Policías
La Organización Regional para la Cooperación de los Jefes de Policía del África Austral
(Southern African Regional Police Chiefs Co-operation Organisation, SARPCCO) y el Grupo
Especial de Jefes de Policía Europeos (European Police Chiefs Task Force, EPCTF) no cuentan
con sus propios sitios web.
Apéndice G: Derecho internacional humanitario 325
Debe tenerse en cuenta que en algunos casos es difícil determinar cuándo se han traspasado
los distintos «umbrales». Por ejemplo, cuándo un disturbio interno ha alcanzado el nivel de
conflicto armado no internacional. En el lenguaje cotidiano los dos conceptos, los de disturbios
y tensiones, suelen utilizarse juntos.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha formulado unas directrices para definir los
disturbios internos: «Se trata de situaciones en las que, sin que haya, propiamente hablando,
conflicto armado sin carácter internacional, existe sin embargo, a nivel interior, un afrontamien-
to que presenta cierto carácter de gravedad o de duración y que da lugar a la realización de
actos de violencia. Estos últimos pueden revestir formas variables, que van desde la generación
espontánea de actos de sublevamiento hasta la lucha entre grupos más o menos organizados y
las autoridades que ejercen el poder. En estas situaciones, que no degeneran forzosamente en
lucha abierta, las autoridades que ejercen el poder apelan a vastas fuerzas de policía, o bien a
las fuerzas armadas, para restablecer el orden interno. El número elevado de víctimas ha hecho
necesaria la aplicación de un mínimo de reglas humanitarias».486
Las tensiones internas suelen abarcar:487
– Las situaciones de tensión grave (política, religiosa, racial, social, económica, etc.).
– Las secuelas de conflictos armados o disturbios internos.
El Comité Internacional de la Cruz Roja ha redactado una lista de características de los distur-
bios y tensiones internos.488 Son las siguientes:
1. arrestos masivos;
2. elevado número de personas detenidas por razones de seguridad;
3. detención administrativa, sobre todo por largos periodos;
4. probable existencia de malos tratos, de tortura o de condiciones materiales o psicológicas
de detención que pueden atentar gravemente contra la integridad física, mental o moral de los
detenidos;
5. mantenimiento de detenidos incomunicados durante largos periodos;
6. medidas de represión para con los miembros de la familia o los allegados de las personas
privadas de libertad arriba mencionadas;
7. suspensión de las garantías judiciales fundamentales, sea por haberse decretado el estado
de excepción sea debido a una situación de hecho;
8. instauración, en gran escala, de medidas restrictivas de la libertad, tales como la relega-
ción, el exilio, la asignación de prisión domiciliaria, los desplazamientos;
9. alegaciones de desapariciones forzadas;
10. multiplicación de actos de violencia que ponen en peligro a personas indefensas (tales
como el secuestro y la toma de rehenes) o propagan el terror en la población civil.
en las hostilidades, incluidos los miembros de las fuerzas armadas que hayan depuesto las
armas y las personas puestas fuera de combate por enfermedad, herida, detención o por cual-
quier otra causa» y dice que «serán, en todas las circunstancias, tratadas con humanidad, sin
distinción alguna de índole desfavorable, basada en la raza, el color, la religión o la creencia, el
sexo, el nacimiento o la fortuna, o cualquier otro criterio análogo». El artículo expone a conti-
nuación algunos actos que están prohibidos en cualquier tiempo y lugar por lo que atañe a las
personas a las que protege. Entre los actos prohibidos figuran el asesinato, la tortura, la toma
de rehenes, los atentados contra la dignidad personal y la imposición de condenas y las ejecu-
ciones sin juicio previo ante un tribunal legítimamente constituido. El artículo 3 común exige
que las personas heridas y enfermas sean recogidas y asistidas, y entre las disposiciones fina-
les figura una que contempla que un organismo imparcial (tal como el Comité Internacional de
la Cruz Roja) pueda ofrecer sus servicios a las partes en el conflicto.
El Protocolo Adicional II a los Convenios de Ginebra consta de 28 artículos y, tal como se ha
indicado supra, es más amplio que el artículo 3 común.489 El artículo 4 afirma que todas las per-
sonas que no participen directamente en las hostilidades, o que hayan dejado de participar en
ellas, estén o no privadas de libertad, tienen derecho a que se respeten su persona, su honor, sus
convicciones y sus prácticas religiosas. Dichas personas deberán ser tratadas con humanidad
sin ninguna distinción de carácter desfavorable. Ciertos actos, como los atentados contra la vida,
la tortura, los castigos colectivos y la toma de rehenes están totalmente prohibidos.
Si un conflicto armado no internacional se convierte en un conflicto armado internacional,
serán aplicables los cuatro Convenios de Ginebra y el Protocolo Adicional I. En caso de conflic-
to armado internacional, la distinción entre combatientes y civiles es importante. En líneas
generales, los miembros de las fuerzas armadas de una parte en un conflicto armado interna-
cional (a excepción del personal médico o religioso) son combatientes, y todo combatiente cap-
turado por la parte contraria es un prisionero de guerra. Esas fuerzas armadas deben estar
organizadas, puestas bajo un mando responsable ante esa parte en lo relativo a la conducta de
sus subordinados y sometidas a un sistema disciplinario interno que haga cumplir las reglas
del derecho internacional aplicables en los conflictos armados. Un civil es toda persona que no
se inscribe dentro de la categoría de combatiente. Las fuerzas de policía civil no son fuerzas
armadas, lo cual significa que las fuerzas de policía civil tienen la condición de civiles y que los
miembros de esas fuerzas tienen la condición de civiles y no combatientes. En consecuencia,
gozan de todas las protecciones que amparan a los demás civiles. En el caso de que una parte
en un conflicto incorpore un organismo paramilitar o de cumplimiento de la ley a sus fuerzas
armadas, lo notificará a las otras partes en el conflicto. En tales casos los agentes de policía
tendrán la condición de combatientes.490
El Protocolo II de los Convenios de Ginebra incluye asimismo (artículo 5) disposiciones rela-
tivas a las personas privadas de libertad por motivos relacionados con los conflictos armados
(no internacionales). Además, otras disposiciones contemplan la protección de las personas
privadas de libertad durante los conflictos armados internacionales.491
328 Entender la labor policial
Notas
17 El artículo 11.2 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de
las Libertades Fundamentales y el artículo 16.3 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos reflejan principios similares.
18 Neild, R., «The new face of impunity», 2002.
19 Amnistía Internacional lleva varios decenios centrando la atención en los derechos civiles
y políticos, pero ha ampliado su misión para incluir los derechos económicos, sociales y cultu-
rales. Véase Derechos humanos para la dignidad humana. Una introducción a los derechos
económicos, sociales y culturales, 2005.
20 Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003. (Resumen en español, titula-
do Delincuencia, Orden Público y Derechos Humanos, disponible en
http://www.ichrp.org/paper_files/114_p_05.pdf.)
21 Ibíd. Véase también Varenik, R., Explorando caminos hacia la Reforma Policial: Seis
Recomendaciones.
22 Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003.
23 Neild, R., «The new face of impunity», 2002.
24 Esto es refrendado claramente por muchos financiadores de reformas policiales y progra-
mas de asistencia a la policía. Véase, por ejemplo, Stone, C., y J. Miller, M. Thornton y J. Trone,
«Supporting Security, Justice and Development: Lessons for a New Era», 2005. El ensayo reúne
lecciones de experiencias de programas de acción policial y justicia financiados por el Reino
Unido en siete países.
25 Asamblea General de la ONU, Resolución 34/169 por la que se adopta el Código de Con-
ducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979.
26 The Concise Oxford Dictionary, 1990.
27 Los derechos a la libertad de circulación, libertad de pensamiento, opinión, reunión y aso-
ciación, respectivamente.
28 Consejo Internacional para la Política sobre los Derechos Humanos (ICHRP), Taking
Duties Seriously: Individual Duties in International Human Rights Law – A Commentary, 1999.
29 The Concise Oxford Dictionary, 1990.
30 Según esta opinión, las leyes tienden a penalizar los actos que más preocupan al electora-
do (de clase media), por lo general actos como hurtos, carterismo, violencia callejera, robos en
viviendas, etc. Los actos delictivos que tienden a ser cometidos por personas de posición aco-
modada, como los delitos fiscales, suelen recibir una atención pública muy inferior y no se con-
sideran una amenaza para el orden de acuerdo con este razonamiento. Muchos autores hacen
esta observación. Véanse, por ejemplo, Chevigny, P., Edge of the Knife: Police Violence in the
Americas, 1995; Smith, B. W., «Structural and organizational predictors of homicide by police»,
2004.
31 Amnistía Internacional, Vidas destrozadas, 2003.
32 Véase www.humansecurityreport.info para el Human Security Report 2005.
33 Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio, Un mundo más seguro:
la responsabilidad que compartimos, 2004.
34 Kleinfeld Belton, R., Competing Definitions of the Rule of Law, 2005.
35 La referencia al registro de los delitos en las normas internacionales de derechos huma-
nos (así como en el trabajo de Amnistía Internacional) se ha limitado en gran medida hasta la
fecha al contexto de la violencia contra las mujeres y la discriminación, en vez de centrarse en
la importancia del registro para garantizar la vigilancia de la «seguridad general» como tal.
36 Instituto de Justicia Vera, Measuring Progress toward Safety and Justice: A Global Guide
to the Design of Performance Indicators across the Justice Sector, 2003.
330 Entender la labor policial
37 El estado de derecho y la justicia de transición en las sociedades que sufren o han sufrido
conflictos, Informe del Secretario General, 2004.
38 Kleinfeld Belton, R., Competing Definitions of the Rule of Law, 2005.
39 Ibíd.
40 Fortalecimiento del Estado de derecho, Informe del Secretario General, 2002.
41 Bayley, D., y C. Shearing, The New Structure of Policing. Description, Conceptualization
and Research Agenda, 2001, p. 30.
42 Amnistía Internacional, Vidas destrozadas, 2003, especialmente el apartado sobre el
deber del Estado de proteger a sus ciudadanos (pp. 80-82); Amnistía Internacional, Hacer los
derechos realidad, 2004, especialmente el capítulo 2; Amnistía Internacional, Los derechos, en
peligro, 2002, sobre legislación de seguridad y medidas relativas al cumplimiento de la ley.
43 Asamblea General de la ONU, resolución 56/83, adoptada el 28 de enero de 2002. Los
artículos se incorporan a la resolución como anexo «sin perjuicio de la cuestión de su futura
aprobación o de otro tipo de medida, según corresponda».
44 Ibíd.
45 Amnistía Internacional, Hacer los derechos realidad, 2004, p. 21; Amnistía Internacional,
Vidas destrozadas, 2003, p. 81.
46 Véase la nota 43. Artículo 4.
47 Goldsmith, A., «Policing Weak States: Citizen Safety and State Responsibility», 2003.
48 Amnistía Internacional Países Bajos, Amnesty International’s recommendations on poli-
cing. A Review and Guide, 2004, p. 17.
49 Véase la nota 47.
50 Reforma Penal Internacional, Access to justice in sub-Saharan Africa: the role of traditio-
nal and informal justice systems, enero de 2001.
51 Asamblea General de la ONU, Resolución 34/169 por la que se adopta el Código de Con-
ducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979.
52 Bayley, D., y C. Shearing, The New Structure of Policing. Description, Conceptualization
and Research Agenda, 2001, p. 2.
53 Véase la nota 51.
54 Bayley, D., Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, 2001, pp. 38-
39.
55 Ibíd.
56 Ibíd.
57 Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003, p. 22.
58 Goldsmith, A., «Policing Weak States: Citizen Safety and State Responsibility», 2003.
59 Amnistía Internacional, Republic of Congo: A past that haunts the future, 2003.
60 Véase, por ejemplo, Amnistía Internacional, Proteger los derechos humanos mediante la
actuación policial. Informe sobre los métodos policiales en los países de la Comunidad de
Desarrollo Económico del África Austral, 1997-2002, 2002.
61 El artículo 13 del Código Europeo de Ética de la Policía exige que la policía esté sometida
a autoridades civiles, y el comentario a este artículo agrega: «Una organización policial bajo res-
ponsabilidad civil tiene más probabilidades de cultivar mejor una profesionalidad policial ade-
cuada para la sociedad civil».
62 Véanse, por ejemplo, O’Rawe, M., y L. Moore, Human rights on duty, 1997; Bayley, D.,
Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, 2001, p. 39; Rover, C. de, Ser-
vir y Proteger, 1998; Crawshaw, R., et al., Human rights and policing. Standards for good beha-
viour and a strategy for change, 1998.
Notas 331
130 Police Executive Research Forum, Community Policing: the Past, Present and Future,
2004, p. 166.
131 Las personas interesadas pueden consultar http://www.popcenter.org.
132 Hale, C., et al., «Uniform Styles II: Police families and policing styles», 2005.
133 Broeck, T. van den, «Keeping up appearances? A community’s perspective on commu-
nity policing and the local governance of crime», 2002, p. 169.
134 Ibíd.
135 Hale, C., et al., «Uniform Styles II: Police families and policing styles», 2005, p. 5.
136 Anexo de la resolución 2002/13 del Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC),
adoptada el 24 de julio de 2002.
137 Bayley, D., Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, 2001, p. 36.
138 Ashby, D. I., «Policing Neighbourhoods: Exploring the Geographies of Crime, Policing
and Performance Assessment», 2005.
139 Basado en una comunicación personal con G. P. Joshi, coordinador del Programa de la
Policía, Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, India.
140 El Código Internacional de Conducta para los Titulares de Cargos Públicos fue adoptado
por la resolución 51/59 de la Asamblea General el 12 de diciembre de 1996. En la resolución se
«recomienda a los Estados Miembros que se guíen por él en su lucha contra la corrupción».
141 Goldsmith, A., «Policing Weak States: Citizen Safety and State Responsibility», 2003.
142 Bayley, D., 2001, Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, p. 13.
143 The New York Times, «Switched Off in Basra», 31 de julio de 2005.
144 Asamblea General, Resolución 34/169, 17 de diciembre de 1979.
145 Bayley, D., 2001, Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, pp. 13-
14. Las otras tres normas son:
– la policía debe rendir cuentas ante la ley, y no ante el gobierno;
– la policía debe proteger los derechos humanos, especialmente los que son necesarios para
la clase de actividad política sin restricciones que constituye el sello distintivo de la demo-
cracia; y
– la policía debe ser transparente en sus actividades.
146 Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Dere-
chos humanos y aplicación de la ley: Manual de capacitación de derechos humanos para la
policía, 1997.
147 Esto recibe a veces el nombre de «contrato social»: el acuerdo del pueblo de delegar
ciertas responsabilidades en el Estado. El pueblo cumple las leyes nacionales y se comporta de
manera disciplinada y acepta la intervención de la policía cuando no lo hace. La policía, por su
parte, accede a cumplir las leyes en virtud de las cuales actúa.
148 Los Principios de Peel pueden consultarse en diversos sitios web.
149 Mawby, citado en Marenin (ed.), Policing Change, Changing Police, 1996, p. 7.
150 Véase, por ejemplo, Davis, R. C., et al., «A cross-national comparison of citizen percep-
tions of the police in New York City and St. Petersburg, Russia», 2004. El informe sobre Brasil
publicado por Amnistía Internacional en 2005 muestra las diferentes expectativas que la gente
puede tener de las acciones de la policía. Véase Brasil: «Entran disparando». La actuación poli-
cial en las comunidades socialmente excluidas, 2005.
151 Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003.
152 Smith, B. W., «Structural and organizational predictors of homicide by police», 2004,
p. 539.
Notas 335
153 Stenning, Philip, The idea of the political «independence» of the police: international
interpretations and experiences, 2004. En este informe el autor examina la relación entre inde-
pendencia y rendición de cuentas desde el punto de vista conceptual y en la práctica, y analiza
la experiencia con esta doctrina en tres jurisdicciones de derecho consuetudinario: Inglaterra y
Gales, Australia y Nueva Zelanda.
154 Comisión Independiente sobre el Servicio de Policía para Irlanda del Norte, A new begin-
ning: policing in Northern Ireland, 1999, párr. 6.21.
155 Código Europeo de Ética de la Policía, comentario al artículo 15, p. 41.
156 Véase www.theiacp.org.
157 El texto de este apartado, incluidos los ejemplos de la India, Nigeria y Uganda, se basa
en una comunicación personal con G. P. Joshi, coordinador del Programa de la Policía, Iniciati-
va de Derechos Humanos de la Commonwealth, India.
158 Artículo 9.4 de la Ley de Policía de 1943.
159 Artículo 10.1 de la Ley de Policía.
160 Artículo 213.4.
161 Artículo 6.2 del Estatuto de la Policía de 1994.
162 Véanse www.acpo.police.uk (apartado policies) y
http://www.theiacp.org/international/index_sp.htm respectivamente.
163 Véanse www.usip.org y www.nuigalway.ie respectivamente.
164 Para más información sobre los códigos modelo, incluida la forma de obtener el volu-
men 1, véase http://bookstore.usip.org/books/BookDetail.aspx?productID=164377.
165 Principios Básicos, Principio 8.
166 Principios Básicos, preámbulo y Principio 21.
167 Amnistía Internacional, Armas y mantenimiento del orden, 2004.
168 Principios Básicos, Principio 5.
169 Principios Básicos, Principio 20.
170 Principios Básicos, Principio 2.
171 Principios Básicos, Principio 11.
172 Código de Conducta de la ONU, artículo 3.
173 Principios Básicos, Principios 6, 11.f y 22.
174 Código de Conducta de la ONU, artículo 8.
175 Principios Básicos, Principio 24.
176 Código de Conducta de la ONU, artículo 8; Principios Básicos, Principio 25.
177 Principios Básicos, Principios 22 y 23.
178 Principios Básicos, Principio 26.
179 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 31, párr. 18.
180 Código de Conducta de la ONU, comentario al artículo 3.
181 Principios Básicos, Principio 4.
182 Código de Conducta de la ONU, artículo 3.
183 Principios Básicos, Principio 7.
184 Principios Básicos, Principio 26.
185 Principios Básicos, Principio 5.
186 Reglas Mínimas de la ONU para el Tratamiento de los Reclusos, Reglas 33 y 34.
187 Principios Básicos, Principio 3.
188 Principios Básicos, Principios 18-21.
189 Principios Básicos, Principio 9, que desarrolla el comentario al artículo 3 del Código de
Conducta de la ONU.
336 Entender la labor policial
221 Amnistía Internacional, Brasil: «Entran disparando». La actuación policial en las comu-
nidades socialmente excluidas, 2005, p. 41.
222 Amnistía Internacional pidió una investigación independiente sobre: cuáles fueron
los términos de las reglas de intervención, como la política que, al parecer, permitía a los
agentes «disparar a matar», es decir, disparar a la cabeza, a los sospechosos de intentar
cometer un atentado suicida con explosivos (el nombre en clave de esta operación, según
informes, fue «Operación Kratos»; cómo se planeó la operación; qué información se había
proporcionado a los agentes de policía y qué órdenes habían recibido; si se había estableci-
do contacto con un oficial de alto rango antes de proceder a la acción; si se hicieron las
advertencias necesarias; y si la actuación de los agentes se había ajustado plenamente a
las normas internacionales de derechos humanos relativas al uso de la fuerza en relación
con las actividades encaminadas a hacer cumplir la ley. Véase Reino Unido: Es preciso que
se investiguen a fondo las circunstancias de los disparos mortales. Esta petición fue reite-
rada en Reino Unido: El homicidio de Jean Charles de Menezes. La justicia debe seguir su
curso, 2006.
223 Amnistía Internacional, Armas y mantenimiento del orden, 2004.
224 Principios Básicos, Principio 22.
225 Asociación de Jefes de Policía, Manual of Guidance on Police Use of Firearms, capítulo
6, apartado 2.
226 Resolución 1989/65 aprobada por el Consejo Económico y Social, 24 de mayo de 1989.
Los Principios 9 a 17 abordan las investigaciones.
227 Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003. En Bratholm, A., «Police
Violence in the City of Bergen: A Marathon Case Concerning the Rule of Law and Human
Rights» se presenta un interesante estudio monográfico sobre la violencia policial en Noruega.
228 Asociación de Jefes de Policía, Manual of Guidance on Police Use of Firearms, capítulo
6, apartado 2.
229 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 21. Este derecho queda tam-
bién recogido en los Principios Básicos. Los Principios 12 a 14 tratan sobre el uso de la fuerza
para dispersar reuniones.
230 Principios Básicos, Principio 13.
231 Principios Básicos, Principios 14 y 9.
232 Este apartado se basa fundamentalmente en los principios recogidos en el Código Euro-
peo de Ética de la Policía y en los manuales de la Asociación de Jefes de Policía de Inglaterra,
Gales e Irlanda del Norte, sobre todo el titulado Manual of Guidance on Keeping the Peace.
233 Asociación de Jefes de Policía, Manual of Guidance on Police Use of Firearms, capítulo
4, apartado 1.
234 Reicher, S., C. Stott, P. Cronin y O. Adang, «An integrated approach to crowd psychology
and public order policing», 2004.
235 Artículos 3, 9 y 29 de la Declaración Universal de Derechos Humanos; artículos 9, 10,
11, 14 y 22 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
236 Al fin y al cabo, se la debe presumir inocente y tiene derecho a la libertad. Artículo 9.1
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; Amnistía Internacional, Juicios Justos.
Manual de Amnistía Internacional, 2000, p. 39.
237 Amnistía Internacional, Juicios Justos. Manual de Amnistía Internacional, 2000. Capítu-
los 1 a 10, con especial hincapié en los capítulos 1, 2, 4, 5, 6 y 10.
238 Amnistía Internacional, Contra la Tortura. Manual de Acción. Capítulos 2, 3, 4 y 5.
239 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 9.
338 Entender la labor policial
240 Véase Amnistía Internacional, Juicios Justos. Manual de Amnistía Internacional, 2000, p.
39, donde se hace referencia a comentarios del Comité de Derechos Humanos sobre el artículo
9.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
241 Conjunto de Principios, Principio 36.
242 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.2; Reglas Mínimas, Regla
84; Conjunto de Principios, Principio 36.
243 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 13, párr. 7.
244 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 9.3.
245 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 10.2.a; Reglas Mínimas,
Reglas 8.b y 85.
246 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículos 9 y 14; Conjunto de Princi-
pios, Principios 13, 14 y 17.
247 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 9.3.
248 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 8, párr. 2.
249 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.3; Conjunto de Princi-
pios, Principios 17 y 18; Reglas Mínimas, Regla 93.
250 Reglas Mínimas, Regla 54.3.
251 Convención de la ONU contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
Degradantes; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 7.
252 Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes,
artículo 2.
253 Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes,
artículo 11.
254 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 20, párr. 6.
255 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.
256 Amnistía Internacional, Juicios Justos. Manual de Amnistía Internacional, 2000, p. 90.
257 Reglas Mínimas, Regla 7; Conjunto de Principios, Principio 12; Principios Relativos a
una Eficaz Prevención e Investigación de las Ejecuciones Extralegales, Arbitrarias o Sumarias,
Principio 6.
258 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 20, párr. 11. La observación
añade: «[Estos] registros [deben estar] a disposición de las personas interesadas, incluidos los
parientes y amigos». A continuación, señala que los Estados Partes «deberán velar por que en
ningún lugar de detención haya material alguno que pueda utilizarse para infligir torturas o
malos tratos».
259 Véase también el Conjunto de Principios, Principio 32.
260 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.3.c; Conjunto de Princi-
pios, Principio 38.
261 Conjunto de Principios, Principios 15, 16, 19, 24, 25 y 26; Reglas Mínimas, Reglas 22,
24, 37, 38, 91 y 92; Código de Conducta de la ONU, artículo 6.
262 Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degra-
dantes, artículos 13 y 14; Reglas Mínimas, Reglas 35 y 36; Conjunto de Principios, Princi-
pios 33 y 35.
263 Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes,
artículo 13; Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 20, párr. 14.
264 Principios Relativos a una Eficaz Prevención e Investigación de las Ejecuciones Extrale-
gales, Arbitrarias o Sumarias, artículo 2; Conjunto de Principios, Principio 24; Principios Bási-
cos, artículo 24; las Directrices para la Aplicación Efectiva del Código de Conducta para Funcio-
Notas 339
narios Encargados de Hacer Cumplir la Ley resaltan la importancia de la existencia de una cade-
na de mando clara.
265 Reglas Mínimas, Regla 55; Conjunto de Principios, Principio 29; Principios Relativos a una
Eficaz Prevención e Investigación de las Ejecuciones Extralegales, Arbitrarias o Sumarias, Principio 7.
266 Giffard, C., Guía para la denuncia de torturas, 2000.
267 Protocolo de Estambul. Manual para la investigación y documentación eficaces de la
tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Presentado a la Alta Comisio-
nada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 9 de agosto de 1999.
268 Resolución 55/89 de la Asamblea General de la ONU, 4 de diciembre de 2000.
269 Resolución 57/199 de la Asamblea General de la ONU, 18 de diciembre de 2002. La últi-
ma actualización sobre países signatarios y ratificaciones puede consultarse en www.ohchr.org.
270 CPT, Normas del CPT. Secciones de los Informes Generales del CPT dedicadas a cues-
tiones de fondo, 2004.
271 Amnistía Internacional Estados Unidos, Threat and Humiliation, Racial Profiling, Domes-
tic Security and Human Rights in the United States, 2004; Iniciativa Pro-Justicia de la Sociedad
Abierta, Justice Initiatives, junio de 2005.
272 Dentro de la jurisdicción del Consejo de Europa, en el caso Fox, Campbell and Hartley v. the
United Kingdom, el tribunal resolvió que toda persona arrestada debe conocer las razones por las
que se la priva de libertad. Se debe informar a toda persona arrestada de las razones de hecho y de
derecho fundamentales de su arresto, en un lenguaje sencillo y asequible, de forma que, si lo estima
oportuno, pueda impugnar su legalidad ante los tribunales. Si bien es cierto que esta información se
debe comunicar «en el más breve plazo», el agente que efectúa el arresto no está obligado a trans-
mitirla en su totalidad en el momento del arresto. La suficiencia del contenido de la información y del
plazo en que se comunica se valorará caso por caso, en función de sus circunstancias especiales.
273 Amnistía Internacional, Israel and the occupied territories: Administrative detention:
Despair, uncertainty and lack of due process, 1997.
274 Véanse Amnistía Internacional, Reino Unido: Información de Amnistía Internacional
sobre el anteproyecto de Ley Antiterrorista de 2005, 2005; Reino Unido: Los derechos huma-
nos, una promesa incumplida, 2006.
275 Amnistía Internacional, Los derechos, en peligro. Leyes de seguridad y medidas relati-
vas al cumplimiento de la ley: motivos de preocupación de Amnistía Internacional, 2002, pp.
14-15.
276 Véanse Amnistía Internacional, Israel and the occupied territories: Administrative deten-
tion: Despair, uncertainty and lack of due process, 1997; Israel y los Territorios Ocupados.
Reclusión masiva de detenidos en condiciones crueles, inhumanas y degradantes, 2002; Servi-
cio de Noticias de Amnistía Internacional 221/05, Israel y Territorios Ocupados: La detención
administrativa no puede sustituir a la debida administración de justicia, 2005.
277 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 8, párr. 4.
278 Resolución 1991/42, del 5 de marzo de 1991.
279 El Grupo de Trabajo presentaba sus informes anuales ante la Comisión de Derechos
Humanos y, de momento, los seguirá presentando ante su sucesor, el Consejo de Derechos
Humanos. Sus informes se pueden consultar en:
http://ap.ohchr.org/documents/dpage_s.aspx?m=117.
280 Giffard, C., Guía para la denuncia de torturas, 2000, p. 18.
281 Rover, C. de, Servir y Proteger, 1998.
282 El Principio 13 del Conjunto de Principios establece que se deben explicar sus derechos
a la persona arrestada.
340 Entender la labor policial
283 «La legislación de la mayoría de los Estados Partes establece plazos más precisos y, en
opinión del Comité, las demoras no deben exceder de unos pocos días.» Comité de Derechos
Humanos, Observación general núm. 8, párr. 20.
284 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 16, párr. 8.
285 Rover, C. de, Servir y Proteger, 1998, p. 243.
286 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 21, párr. 4.
287 Conjunto de Principios, Principio 20.
288 Conjunto de Principios, Principio 12; Declaración sobre la Protección de Todas las Per-
sonas contra las Desapariciones Forzadas, artículo 10; Convención Internacional para la Protec-
ción de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas (aún no ha entrado en vigor),
artículo 17. Además, las Reglas Mínimas disponen criterios mínimos para los traslados, como
el de que no se debe exponer al detenido innecesariamente al público (véase la Regla 45).
289 Código Europeo de Ética de la Policía, artículo 56.
290 Conjunto de Principios, Principios 24-26.
291 Reglas Mínimas, Regla 91.
292 Conjunto de Principios, Principio 31.
293 Reglas Mínimas, Reglas 39, 40, 90; Conjunto de Principios, Principio 28.
294 Reglas Mínimas, Reglas 41-42.
295 Reglas Mínimas, Regla 89.
296 Reglas Mínimas, Regla 87.
297 Reglas Mínimas, Regla 88.
298 Reglas Mínimas, Regla 43.
299 Reglas Mínimas, Reglas 27-32; Conjunto de Principios, Principio 30.
300 Reglas Mínimas, Reglas 33-34.
301 Principios Básicos, Principios 9 y 16.
302 Reglas Mínimas, Regla 44.
303 El texto de este recuadro se basa en una comunicación personal con G. P. Joshi, coordi-
nador del Programa de la Policía, Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, India.
La causa se conoce como «causa D. K. Basu». Se puede encontrar más información en el texto
íntegro de la sentencia: Writ Petition (Criminal) No. 539 of 1986, with Writ Petition (Criminal)
No. 592 of 1987, Decided On: 18.12.1996. D.K. Basu v. State of West Bengal.
304 Artículo 11 de las Directrices de la ONU sobre la Función de los Fiscales: «Los fiscales
desempeñarán un papel activo en el procedimiento penal, incluida la iniciación del procedimien-
to y, cuando así lo autorice la ley o se ajuste a la práctica local, en la investigación de delitos, la
supervisión de la legalidad de esas investigaciones, la supervisión de la ejecución de fallos judi-
ciales y el ejercicio de otras funciones como representantes del interés público».
305 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.2; Conjunto de Principios
para la Protección de Todas las Personas Sometidas a Cualquier Forma de Detención o Prisión
(Conjunto de Principios), Principio 36.
306 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 13, párr. 7.
307 Amnistía Internacional, Juicios Justos. Manual de Amnistía Internacional, 2000, capítu-
los 9 y 16. Nótese que el artículo 55.2.b del Estatuto de Roma (por el que se crea la Corte Penal
Internacional) establece que el hecho de que el sospechoso guarde silencio no puede «tenerse
en cuenta a los efectos de determinar su culpabilidad o inocencia».
308 Convención contra la Tortura; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
artículo 7. La Convención contra la Tortura define la tortura en su artículo 1.
309 Conjunto de Principios, Principio 21.2.
Notas 341
310 Convención contra la Tortura, artículo 15; el Principio 27 del Conjunto de Principios dis-
pone lo siguiente: «La inobservancia de los presentes principios en la obtención de las pruebas
se tendrá en cuenta al determinar la admisibilidad de tales pruebas contra una persona detenida
o presa».
311 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 20, párr. 13.
312 Convención contra la Tortura, artículo 4.
313 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.3.g.
314 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 9.
315 Conjunto de Principios, Principio 9.
316 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 17.
317 Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, comentario
al artículo 4.
318 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 16, párr. 3.
319 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.
320 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.3.c; Conjunto de Princi-
pios, Principio 38.
321 Convención contra la Tortura, artículos 13 y 14; Conjunto de Principios, Principios 33 y
35.
322 Convención contra la Tortura, artículo 13; Comité de Derechos Humanos, Observación
general núm. 20, párr. 14.
323 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 20, párr. 14.
324 Conjunto de Principios, Principio 23.1.
325 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 20, párr. 11.
326 Ibíd.
327 Conjunto de Principios, Principio 23.1.
328 Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer,
artículo 15.
329 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 28, párr. 18.
330 Convención contra la Tortura, artículo 11.
331 Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación
Racial, parte I, artículos 4-6.
332 Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer,
artículo 6.
333 Convención sobre los Derechos del Niño, artículos 11, 34 y 35.
334 Principios Relativos a una Eficaz Prevención e Investigación de las Ejecuciones Extrale-
gales, Arbitrarias o Sumarias.
335 Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forza-
das; Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desaparicio-
nes Forzadas (aún no ha entrado en vigor).
336 Principios Básicos, Principio 20.
337 El artículo 18.1 del Estatuto de Roma establece que el fiscal debe tener «fundamentos
razonables» para comenzar una investigación. Será preciso que se desarrolle jurisprudencia
con respecto a lo que se considera «razonable», si bien existe ya en tribunales regionales y
nacionales.
338 El Estatuto de Roma, en su artículo 55.2, sí prevé que la persona tendrá derecho a «ser
interrogada en presencia de su abogado».
339 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14.e.
342 Entender la labor policial
340 Por ejemplo, el Estatuto de Roma, en su artículo 66.3, dispone lo siguiente: «Para dictar
sentencia condenatoria, la Corte deberá estar convencida de la culpabilidad del acusado más
allá de toda duda razonable», pero no facilita orientaciones adicionales.
341 «Incluso con respecto a las injerencias que sean conformes al Pacto [Internacional de
Derechos Civiles y Políticos], en la legislación pertinente se deben especificar con detalle las cir-
cunstancias precisas en que podrán autorizarse esas injerencias. La decisión correspondiente
competerá sólo a la autoridad designada por la ley a ese efecto, que dará la autorización necesa-
ria tras examinar cada caso en particular. El cumplimiento del artículo 17 exige que la integridad
y el carácter confidencial de la correspondencia estén protegidos de jure y de facto. La corres-
pondencia debe ser entregada al destinatario sin ser interceptada ni abierta o leída de otro modo.
Debe prohibirse la vigilancia, por medios electrónicos o de otra índole, la intervención de las
comunicaciones telefónicas, telegráficas o de otro tipo, así como la intervención y grabación de
conversaciones. Los registros en el domicilio de una persona deben limitarse a la búsqueda de
pruebas necesarias y no debe permitirse que constituyan un hostigamiento.»
342 Resolución A/RES/55/25.
343 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 16, párr. 8.
344 Basado en una comunicación personal con G. P. Joshi, coordinador del Programa de la
Policía, Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, India.
345 Hartwig, M., P. Anders y A.Vrij, «Police Interrogation from a Social Psychology Perspec-
tive», 2005.
346 El contenido de este capítulo se basa, en gran medida, en la experiencia de la autora
como formadora de investigadores criminales en el pasado.
347 Conjunto de Principios, Principio 21.2.
348 Comité de Derechos Humanos, Observación general núm. 20, párr. 4.
349 Hartwig et al., «Police Interrogation from a Social Psychology Perspective», 2005.
350 Conjunto de Principios, Principio 23; Comité de Derechos Humanos, Observación gene-
ral núm. 20, párr. 11.
351 Según las Reglas de Procedimiento y Prueba del Estatuto de Roma (adoptadas del 3 al
10 de septiembre de 2002, ICC/ASP1/3, Regla 112) se deben grabar los interrogatorios en
audio o vídeo.
352 CPT, 12º informe general sobre las actividades del CPT, párrs. 37-39.
353 Chambers 21st Century Dictionary, 1999.
354 Stenning, citado en Bruce, D., y R. Neild, The police that we want: a handbook for over-
sight of police in South Africa, 2004, p. 18.
355 El politólogo Andreas Schedler ha hecho una contribución sustancial al análisis de los
aspectos intraducibles de este concepto en «¿Qué es la rendición de cuentas?», Cuadernos de
transparencia, Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, México, D. F., agosto de 2004.
356 Bayley, D., Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, Departamen-
to de Justicia de Estados Unidos, 2001, pp. 14-15.
357 Lewis, W., y E. Marks, Civilian police and Multinational Peacekeeping – A Workshop
Series. A Role for Democratic Policing, 1997.
358 Bayley, D. H., «The Contemporary Practices of Policing: A Comparative View», 1997.
359 Véase Código Europeo de Ética de la Policía, artículo 60.
360 Varenik, R., Explorando caminos hacia la Reforma Policial: Seis Recomendaciones.
361 Para más información sobre la Semana de Visitas a Comisarías de Policía, véase
www.altus.org, donde también se pueden descargar copias de las conferencias y las ponencias
presentadas en la conferencia de 2005.
Notas 343
362 Bayley, D. H., «The Contemporary Practices of Policing: A Comparative View», 1997,
p. 5. Véase también Stone, C., y H. H. Ward, «Democratic policing: a framework for
action», 2000.
363 En relación con la Ipperwash Inquiry de Canadá, Kent Roach redactó una ponencia sobre
esta cuestión en 2004, titulada «Four models of police-government relationships».
364 Asamblea General, Resolución 34/169 por la que se adopta el Código de Conducta para
Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979.
365 Ibíd.
366 Bayley, D. H., «The Contemporary Practices of Policing: A Comparative View», 1997.
367 Ibíd., «Una fuerza de policía democrática está organizada para ser receptiva hacia abajo;
una fuerza de policía no democrática está organizada para ser receptiva hacia arriba», p. 4.
368 El Plan insta a los Estados a mejorar los «sistemas de justicia penal, para adecuarlos
mejor a las condiciones y necesidades cambiantes de la sociedad y a las nuevas dimensiones
del delito y de la delincuencia». Aprobado por la Resolución 40/32 de la Asamblea General, 29
de noviembre de 1985, párrs. 4-5.
369 Convención contra la Tortura, artículo 2.3: «No podrá invocarse una orden de un funcio-
nario superior [...] como justificación de la tortura». Aunque no se enuncia de forma explícita, la
responsabilidad personal está implícita en los principios 10 y 11 y 24 a 26 de los Principios
Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de
Hacer Cumplir la Ley y en el artículo 5 del Código de Conducta para Funcionarios Encargados
de Hacer Cumplir la Ley.
370 Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funciona-
rios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, principio 24.
371 Código Europeo de Ética de la Policía, artículo 39.
372 Código Europeo de Ética de la Policía, comentario al artículo 20.
373 Bayley, D., Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, Departamen-
to de Justicia de Estados Unidos, 2001.
374 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Controles Internos y Órga-
nos Disciplinarios Policiales» y «Controles Externos Policiales».
375 Ibíd.
376 Entre las excepciones figuran el comentario c) al artículo 3 del Código de Conducta para
Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley y los principios 6 y 11.f de los Principios
Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de
Hacer Cumplir la Ley, que exigen que se haga un informe cada vez que se dispara un arma de
fuego. El Conjunto de Principios para la Protección de Todas las Personas Sometidas a Cual-
quier Forma de Detención o Prisión exige que se consignen en registros los detalles de los inte-
rrogatorios (Principio 23).
377 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Controles Internos y Órga-
nos Disciplinarios Policiales».
378 Ibíd. Véase también www.policeaccountability.org, un sitio web en el que pueden encon-
trarse información y recursos del tipo «mejores prácticas» sobre juntas civiles de revisión,
comisiones de seguimiento de denuncias ciudadanas, juntas de asesoramiento sobre perfiles
raciales, etc. en el territorio de Estados Unidos.
379 Uildriks, N., y P. van Reenen, Policing Post-Communist Societies. Police-Public Violen-
ce, Democratic Policing and Human Rights, 2003.
344 Entender la labor policial
380 Código Europeo de Ética de la Policía, artículo 34: «La autoridad pública debe apoyar al
personal de la policía acusado de forma no fundada en el ejercicio de sus funciones».
381 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Controles Internos y Órga-
nos Disciplinarios Policiales».
382 Ibíd., p. 4.
383 Código Europeo de Ética de la Policía, artículo 33: «Cualquier medida disciplinaria toma-
da contra un miembro de la policía debe ser sometida al control de un órgano independiente o
de un tribunal».
384 Véase, por ejemplo, Reenen, P. van, «Police integrity and police loyalty: The Stalker
dilemma», 1997.
385 Punch, M., «Rotten Orchards: “Pestilence”, Police Misconduct and System Failure», 2003.
386 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Controles Internos y Órga-
nos Disciplinarios Policiales», p. 16.
387 Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, Police Accountability: Too Impor-
tant to Neglect, Too Urgent to Delay, 2005.
388 Traducción al español de un texto tomado del sitio web. Véase
http://www.interieur.gouv.fr/.
389 Traducción al español de un texto tomado del sitio web. Véase
http://inspectorates.homeoffice.gov.uk/hmic/.
390 Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, Police Accountability: Too Impor-
tant to Neglect, Too Urgent to Delay, 2005.
391 El artículo 4 del Código Europeo de Ética de la Policía afirma: «La legislación que rige la
policía debe ser accesible a los ciudadanos y suficientemente clara y precisa; llegado el caso,
debe completarse con reglamentos claros igualmente accesibles a los ciudadanos», y el artículo
5: «El personal de policía está sometido a la misma legislación que los ciudadanos ordinarios;
las únicas excepciones a este principio sólo pueden justificarse para asegurar el buen desarrollo
del trabajo de la policía en una sociedad democrática».
392 Amnistía Internacional, Los derechos, en peligro. Leyes de seguridad y medidas relati-
vas al cumplimiento de la ley: motivos de preocupación de Amnistía Internacional, 2002.
393 Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, Police Accountability: Too Impor-
tant to Neglect, Too Urgent to Delay, 2005.
394 Asamblea General de la ONU, Resolución 34/169 por la que se adopta el Código de Con-
ducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979.
395 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Controles Externos Policia-
les», p. 4.
396 Véase http://www.parc.info/client_files/Special%20Reports/4%20-%20Mollen%20Com-
mission%20-%20NYPD.pdf.
397 Véase http://www.burojansen.nl/traa/e.htm.
398 Véase (en neerlandés y francés)
http://www.dekamer.be/kvvcr/pdf_sections/comm/dutroux/49K0713006.pdf.
399 Véase http://www.archive.official-documents.co.uk/document/cm42/4262/sli-00.htm.
400 Véase http://www.belfast.org.uk/report/fullreport.pdf.
401 Asamblea General de la ONU, Resolución 34/169 por la que se adopta el Código de Con-
ducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979.
Notas 345
422 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la Refor-
ma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Convocatoria y Selección Policial».
423 Ibíd.
424 Centro Internacional para la Justicia Transicional, en colaboración con el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Vetting and institutional reform in countries in
transition: an operational framework, 2004.
425 El estado de derecho y la justicia de transición en las sociedades que sufren o han sufri-
do conflictos, Informe del Secretario General, 2004, párr. 52.
426 O’Rawe, M., y L. Moore, Human rights on duty, 1997, p. 245.
427 Human Rights Watch, Briefing Paper for the Independent Commission on Policing for
Northern Ireland: Recommendations for Vetting the Police Force in Northern Ireland, 1999.
428 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Convocatoria y Selección
Policial».
429 Véase la nota 427.
430 Véase la nota 428.
431 O’Rawe, M., y L. Moore, Human rights on duty, 1997.
432 Eijkman, Q., Around here I am the law! Strengthening police officer’s compliance with
the rule of law in Costa Rica, 2006.
433 Véanse, por ejemplo: Amnistía Internacional, The Democratic Republic of Timor Leste: A
new police service – a new beginning, 2003; Amnistía Internacional, Afghanistan: Police
reconstruction essential for the protection of human rights, 2003; Oficina en Washington para
Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la Reforma de la Seguridad Pública.
Una guía para la sociedad civil. «Convocatoria y Selección Policial».
434 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Convocatoria y Selección
Policial»; Amnistía Internacional, Proteger los derechos humanos mediante la actuación poli-
cial. Informe sobre los métodos policiales en los países de la Comunidad de Desarrollo Econó-
mico del África Austral, 1997-2002, 2002.
435 Este texto se basa en una comunicación personal con G. P. Joshi, coordinador del Pro-
grama de la Policía, Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, India.
436 Oakley, R., Police training concerning migrants and ethnic relations. Practical guidelines,
1998.
437 Basado en una comunicación personal con G. P. Joshi, coordinador del Programa de la
Policía, Iniciativa de Derechos Humanos de la Commonwealth, India.
438 Amnistía Internacional, Guía de 12 puntos para la formación y la educación en derechos
humanos de los funcionarios del Estado, 1998. Téngase en cuenta que aunque las ONG deben
desempeñar un papel fundamental en todas las etapas del programa de formación, esto no sig-
nifica necesariamente que también deban impartir la formación.
439 Amnistía Internacional Países Bajos, Amnesty International’s recommendations on poli-
cing. A Review and Guide, 2004.
440 Amnistía Internacional, Proteger los derechos humanos mediante la actuación policial.
Informe sobre los métodos policiales en los países de la Comunidad de Desarrollo Económico
del África Austral, 1997-2002, 2002.
441 Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Temas y Debates en la
Reforma de la Seguridad Pública. Una guía para la sociedad civil. «Convocatoria y Selección
Policial».
Notas 347
Hemos utilizado la versión empleada por Chris Marsden y Jörg Andriof en «Towards an unders-
tanding of Corporate Citizenship and how to influence it».
462 Ibíd, p. 22.
463 Ibíd.
464 En Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003, se cita al director
de CLEEN, una ONG nigeriana, que afirma: «Es muy difícil que los grupos trabajen desde
diferentes enfoques en cuanto a la relación con el gobierno. Es más eficiente abordar
cuestiones diferentes y mantener un intercambio de información entre grupos de dere-
chos» (p. 36).
465 Conocer los hechos es un punto que se subraya en muchos informes. Véase, por ejem-
plo, PolicyLink, Organized for Change: The Activist’s Guide to Police Reform, 2004.
466 Revisión del Comité Permanente sobre Investigación y Acción, p. 9.
467 Bayley, D., «Law enforcement and the rule of law: is there a tradeoff?», 2002.
468 Neild, R., «The new face of impunity», 2002.
469 Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003.
470 Asamblea General de la ONU, Resolución 34/169 por la que se adopta el Código de Con-
ducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, 17 de diciembre de 1979.
471 El examen de dos tipos de actividades de las ONG se basa en una comunicación perso-
nal con G. P. Joshi, coordinador del Programa de la Policía, Iniciativa de Derechos Humanos de
la Commonwealth, India.
472 Cavallaro, J. L., Crime, public order and human rights, 2003, p. 32.
473 Ibíd.
474 Ibíd.
475 Ibíd., p. 27.
476 Bayley, D., Democratizing the Police Abroad: What to Do and How to Do It, Departamen-
to de Justicia de Estados Unidos, 2001, p. 40.
477 Ibíd., p. 25.
478 El informe sobre la conferencia puede consultarse en www.amnesty.nl/policeandhu-
manrights.
479 Véanse el Manual de acción de Amnistía Internacional y la revisión del Comité Perma-
nente sobre Investigación y Acción. En esta última se afirma: «La organización debe reconocer
sus limitaciones dentro del contexto general de la formación policial, gran parte de la cual inclu-
ye aspectos operativos y conocimientos especializados que van mucho más allá de la capacidad
o la función de AI», p. 10.
480 Amnistía Internacional, Guía de 12 puntos para la formación y la educación en derechos
humanos de los funcionarios del Estado, 1998.
481 Amnistía Internacional Países Bajos, Programa Policía y Derechos Humanos 2000-2003,
Lessons learnt, pp. 9-10.
482 Amnistía Internacional, Proteger los derechos humanos mediante la actuación policial.
Informe sobre los métodos policiales en los países de la Comunidad de Desarrollo Económico
del África Austral, 1997-2002, 2002.
483 Téngase en cuenta que el Equipo de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Inter-
nacional ha preparado un taller para las Secciones y Estructuras que planean trabajo de educa-
ción en derechos humanos (no necesariamente relacionado con la policía).
484 Crawshaw, R., et al., Human rights and policing. Standards for good behaviour and a
strategy for change, 1998.
Notas 349
485 En el sitio web del Comité Internacional de la Cruz Roja (www.icrc.org) se puede solicitar
el texto de un proyecto de código de conducta en situaciones de disturbios y tensiones interio-
res (en «Un mínimo de humanidad en las situaciones de disturbios y tensiones interiores: Pro-
puesta de un Código de Conducta», Revista Internacional de la Cruz Roja, núm. 85, enero-
febrero de 1988), que hace hincapié en normas y valores existentes.
486 Citado por Rover, C. de, Servir y Proteger, 1998, p. 214.
487 Ibíd.
488 Ibíd.
489 El Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 Relativo a la
Protección de las Víctimas de los Conflictos Armados sin Carácter Internacional (Protocolo II),
de 8 de junio de 1977, es de aplicación a las víctimas de conflictos armados no internacionales.
Su articulo 1 afirma: «[el Protocolo II] se aplicará a todos los conflictos armados que no estén
cubiertos por el artículo 1 del Protocolo [I] y que se desarrollen en el territorio de una Alta Parte
contratante entre sus fuerzas armadas y fuerzas armadas disidentes o grupos armados organi-
zados que, bajo la dirección de un mando responsable, ejerzan sobre una parte de dicho territo-
rio un control tal que les permita realizar operaciones militares sostenidas y concertadas y apli-
car el presente Protocolo». Téngase en cuenta que esto significa que el Protocolo no es
aplicable a los conflictos armados en los que no intervienen instituciones estatales ni a los con-
flictos armados en los que participen grupos armados que no ejercen control sobre cierto terri-
torio. El artículo 3, sin embargo, sí se aplica a esta clase de situaciones.
490 Artículo 43.3 del Protocolo Adicional I de 1977 de los Convenios de Ginebra.
491 Por ejemplo, todo el Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949 Relativo al Trato
Debido a los Prisioneros de Guerra (Convenio III); muchas disposiciones del Convenio de Gine-
bra del 12 de agosto de 1949 Relativo a la Protección Debida a las Personas Civiles en Tiempo
de Guerra (Convenio IV); y las disposiciones del Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra
del 12 de agosto de 1949 Relativo a la Protección de las Víctimas de los Conflictos Armados
Internacionales (Protocolo I), de 8 de junio de 1977.