El modelo de evaluación de Mc Master cuyos parámetros nos dan una visión
panorámica de la familia como sistema. Actualmente consta de 7
parámetros.
1- RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS
Esta dimensión considera la destreza de la familia para lograr la resolución de sus
problemas en una forma que salvaguarde el funcionamiento familiar de una
manera efectiva, pues nos comenta la autora que previamente a las
investigaciones de Westley y Epstein (1969) se consideraba que las familias
ineficientes enfrentaban un mayor número de problemas que las que se
desempeñaban eficazmente; pero ella considera que todas las familias afrontan
casi la misma cantidad de conflictos, aunque las eficientes los solventan, mientras
que las ineficientes no tienen la habilidad para resolverlos.
A continuación, se presenta una tipología de los problemas familiares, los cuales
se subdividen en instrumentales y afectivos. Los problemas instrumentales los
refiere a aspectos mecánicos de la vida diaria (sustento económico, alimento,
ropa, casa, transportación, etc.), entre tanto que los problemas afectivos los
relaciona con aspectos emotivos (coraje, depresión, amor, etcétera). El modelo
comprende siete pasos identificados estratégicamente (Westley y Epstein,1969),
que se deben implementar para llevar a cabo el proceso de resolución de
problemas:
1) Identificación del problema: este paso requiere de la capacidad que posea la
familia para ubicar adecuadamente el problema, ya que usualmente se trasladan
las dificultades existentes hacia campos que constituyen menos peligro, pensando
que éstos son el verdadero problema.
2) Comunicación del problema a la persona adecuada: este paso exige la
destreza de comunicarse con la persona involucrada, ya que los padres,
frecuentemente, se dirigen al hijo, cuando realmente desean hablar con su pareja.
3) Implementar alternativas de acción: este punto apela a la pericia de
plantearse diversas posibilidades de solución, pues según sea el caso los planes
pueden variar en apego a los requerimientos del momento.
4) Elegir una alternativa: este paso demanda la habilidad de escoger la opción
más adecuada para resolver el conflicto, la respuesta a los siguientes
cuestionamientos puede dar la pauta para llevar a cabo la selección, ¿puede la
familia llegar a una solución?, ¿lo hace de una manera predeterminada?, ¿se
informa a las personas involucradas de la decisión?
5) Llevar a cabo la acción: este paso requiere la decisión de la familia para que
implemente la alternativa de solución determinada, las posibilidades son: que haga
lo que decidió, que lo lleve a cabo parcialmente o que no realice acción alguna.
6) Verificar que la acción se cumpla: este paso se refiere al hecho de que la
familia verifique si la acción fue realizada.
7) Evaluación del éxito: este paso radica en llevar a cabo un ejercicio para que la
familia valore el logro obtenido en la resolución del problema y determine si llevó a
cabo un aprendizaje de la situación y ya están aptos para aceptar sus errores. Atri
(2006) menciona que “una familia normal puede tener algunos problemas no
resueltos, sin embargo, no tienen la intensidad y la duración suficientes para crear
mayores dificultades”.
2- COMUNICACIÓN
Esta dimensión se refiere al intercambio de información en la familia. Para efectos
de este análisis la comunicación se clasifica, también, en áreas instrumentales y
afectivas, así como la solución de problemas. Se presume que la habilidad de
lograr la comunicación en un área supone la facilidad de comunicarse en la otra,
sin embargo, algunas familias presentan mayor conflicto para tener comunicación
relacionada con el área afectiva, al mismo tiempo que realizan adecuadamente su
comunicación instrumental; la situación inversa se ha visto en muy pocas
ocasiones. El modelo descrito propone evaluar dos vertientes de la comunicación:
el primero se refiere a la precisión con que el contenido de la información es
intercambiado y se presenta como una comunicación clara, en contraposición con
una confusa; la otra alude a si el mensaje dirigido a la(s) persona(s) adecuada(s) o
si se desvía hacia otra y se plantea como comunicación directa versus una
indirecta; al considerarse estos aspectos como independientes se están
analizando cuatro estilos de comunicación, al respecto la autora proporciona unos
ejemplos (Atri, 2006)
i) Clara y directa: “estoy enojada contigo porque no me haces caso”
ii) Clara e indirecta: “los hombres que no me hacen caso me sacan de
quicio”
iii) Confusa y directa: “hoy te ves fatal”
iv) Confusa e indirecta: “fíjate que ciertos hombres me provocan dolor de
cabeza”
El modelo se centra en la comunicación verbal; asimismo exhorta a estar atento a
la presencia de la comunicación no verbal, primordialmente cuando ésta se
contradice con la información verbal. La comunicación no verbal favorece el
encubrimiento de la información y genera, al mismo tiempo, una comunicación
indirecta.
El concepto de comunicación considerado en este trabajo contempla aspectos
como el contenido, los mensajes múltiples y la forma como es recibida e
interpretada por el receptor, ya que algunas veces el diagnóstico determinado
exige el análisis de estos aspectos. Se considera que entre más disfrazados se
hallen los patrones de la comunicación familiar, más inefectivo se detectará el
funcionamiento familiar, y cuanto más clara y directa se lleve a cabo la
comunicación, más efectiva será, ya que se ha detectado que la comunicación
confusa e indirecta estimula respuestas confusas.
3- ROLES
Esta dimensión analiza los patrones de conducta, a través de los cuales la familia
designa las funciones familiares a cada uno de sus integrantes, dichas funciones
se clasifican en dos áreas: instrumentales y afectivas, cada una de ellas se
subclasifican en necesarias y no necesarias. Atri (2006) menciona que son cinco
las funciones familiares necesarias, esto es:
i) Manutención económica: contempla tareas y funciones referidas a los
recursos económicos (alimento, ropa, etc.)
ii) Afectividad y apoyo: esta función se refiere específicamente a un rol
afectivo, radica en suministrar cuidados, afecto, confianza y comodidad
a la familia.
iii) Gratificación sexual adulta: a pareja debe lograr satisfacer y
satisfacerse sexualmente, con y al otro cónyuge.
iv) Desarrollo personal: involucra el apoyo a todos los miembros de la
familia, buscando el despliegue de las habilidades para su logro
personal.
v) Crecimiento y satisfacción personal de cada uno de los miembros:
esta función comprende tareas vinculadas con el desarrollo físico,
emocional, educativo y social de los hijos y, también, con los intereses y
desarrollo social y profesional de los adultos.
Con respecto al sistema de manutención y administración se considera que éste
comprende varias funciones, que según Atri (2006) son:
a- Toma de decisiones: esta función requiere del ejercicio de liderazgo, éste
debe realizarse a nivel parental en el núcleo familiar.
b- Límites: éstos comprenden la identificación de los mismos en las funciones
y tareas vinculadas con toda la familia, esto es con los amigos, vecinos,
instituciones, escuelas, etc.
c- Control de conducta: contempla la disciplina de los niños y la definición de
las reglas para llevar a cabo la interacción, inclusive de los adultos que
integran la familia.
d- Economía doméstica: esta función se refiere al manejo de los recursos
financieros, pagos de las deudas, pago de los impuestos, etc.
e- Higiene física y mental: involucra todas las actividades que se deban
realizar para mantener la salud física y mental de los integrantes de la
familia.
f- La asignación de roles: esta función contempla la designación del
responsable que realizará cada una de las actividades mencionadas, sin
abrumar a alguno de ellos, los cuestionamientos que deben ser
respondidos para cumplir con esta función, pueden ser los siguientes: ¿es
clara y explícita la asignación?; si se le asigna un rol a alguien, ¿tiene la
habilidad de cumplirlo?, ¿son dadas fácilmente las reasignaciones?
g- La revisión de roles: esta función comprende la tarea de verificar si se
están llevando a cabo todas las actividades mínimas requeridas para que
funcione adecuadamente la familia y, en caso contrario, si es necesario
analizar las omisiones y valorar la reasignación de las mismas; los
cuestionamientos planteados para esta fase son los siguientes ¿se cumplen
las funciones?, ¿es capaz la familia de llegar a mecanismos correctivos y
de reajuste?
Adicionalmente, las familias efectúan funciones específicas de dicha unidad
familiar, las cuales Atri (2006) las considera como no necesarias, estas son:
i) Funciones adaptativas instrumentales: estas funciones están
relacionadas con las contribuciones al gasto familiar para costear los
estudios de algunos de los miembros, el ahorro familiar, la inversión
para gozar de vacaciones, etc., que realizan diversos integrantes de la
familia.
ii) Funciones adaptativas emocionales disfuncionales: estas funciones
son aquellas que requieren que un miembro se convierta en un receptor
activo de aspectos o atributos negativos de la familia. El “chivo”
expiatorio es un ejemplo de este tipo de función, ya que atrae la
atención hacia si mismo de las tensiones familiares, por medio de
conductas inadecuadas. Por ejemplo, cuando ocurre un conflicto entre
los padres, el hijo responde a él provocando un pleito con su hermano,
lo cual tiene efecto de desviar la atención parental hacia este hijo, que
evita, con su conducta, una situación de peligro para el sistema familiar.
4- INVOLUCRAMIENTO AFECTIVO
Esta dimensión valora, tanto en cantidad como en calidad, el interés que
muestra la familia, como un todo y forma individual, en las actividades e
intereses de cada miembro de la misma. Se identifican seis tipos de
involucramiento (Atri, 2006)
1) Ausencia de involucramiento: no se demuestra ningún interés en las
actividades o el bienestar de los demás.
2) Involucramiento desprovisto de afecto: en este tipo de involucramiento
el interés se vincula específicamente con el aspecto intelectual, no se
relaciona con los sentimientos, que sólo se presentan cuando hay
demandas.
3) Involucramiento narcisista: en este caso se demuestra interés en el otro
sólo si esto favorece a sí mismo y es fundamentalmente egocéntrico.
4) Empatía: en esta situación si se manifiesta un interés auténtico en las
actividades específicas del otro, aun cuando éstas sean diferentes al interés
propio. Este nivel se considera como lo óptimo, ya que conforme el
involucramiento afectivo de la familia se desplaza hacia los extremos se
considera que el funcionamiento familiar se vuelve menos efectivo.
5) Sobreinvolucramiento: en este tipo se muestra un exagerado interés de
uno hacia el otro, e involucra sobreprotección e intrusión.
6) Simbiosis: en este caso se evidencia un interés patológico en el otro; “..la
relación es tan tensa que resulta difícil establecer límites que diferencien
una persona de la otra”, esta situación se ve sólo en relaciones perturbadas
seriamente.
5- RESPUESTAS AFECTIVAS
Esta dimensión se refiere a “la habilidad de la familia para responder con
sentimientos adecuados a un estímulo, tanto en calidad (comprende una amplia
gama de emociones) como en cantidad (está vinculada con el grado de respuesta
afectiva y describe un continuo, desde la ausencia de respuestas hasta una
respuesta exagerada)” (Atri, 2006) Esta dimensión enfatiza las características
individuales, así se proponen dos categorías de afecto; éstos son: los sentimientos
de bienestar, como el afecto, la ternura, el amor, el consuelo, la felicidad, etc., y los
sentimientos de crisis; esto es el coraje, el miedo, la depresión, la tristeza,
etcétera. En el punto sano de esta dimensión se ubican las familias que poseen
capacidad para expresar una amplia gama de emociones con una duración e
intensidad razonable y adecuada al estímulo, aunque hay que retomar las
variables culturales para valorar las respuestas afectivas de la familia.
6- CONTROL DE CONDUCTA
Esta dimensión comprende los patrones que considera una familia para manejar el
comportamiento de sus integrantes durante tres situaciones específicas, según Atri
(2006)
a) Situaciones que involucran peligro físico.
b) Situaciones que exigen afrontar y expresar necesidades psicológicas,
biológicas e instintivas.
c) Situaciones que requieren sociabilización (intrafamiliar) entre los miembros
de la familia y con la gente fuera del sistema familiar (extrafamiliar)
Las familias pueden desarrollar cuatro patrones de control para la conducta, según
la autora, son:
1) Control de conducta rígido: los patrones o normas son estrechos y
específicos para esa cultura y existe poca negociación o variación de las
situaciones.
2) Control de conducta flexible: los patrones de control son razonables y
existen la negociación y el cambio, dependiendo del contexto, se considera
que este estilo es el más efectivo.
3) Control de conducta laissez-faire (dejar hacer): en este tipo existen total
lasitud en los patrones de control, a pesar del contexto.
4) Control de conducta caótico: en este patrón se presenta un
funcionamiento impredecible y los miembros de la familia no saben qué
normas aplicar en ningún momento, no consideran la negociación ni hasta
dónde llegar, este tipo es el menos efectivo.
7- FUNCIONAMIENTO GENERAL DE LA FAMILIA COMO SISTEMA
Es decir, como satisfacen sus necesidades y a qué nivel, cómo se organizan y qué
resultados obtienen, si permiten el desarrollo de sus integrantes y del sistema
como tal, o sea si dejan crecer a los hijos y al mismo tiempo crece la familia (hay
padres que desean que sus hijos sean siempre niños y así los tratan)
Una cosa importante, es que tengamos en cuenta, que esto no lo podemos tomar
rígidamente como receta de cocina porque sino caeríamos en la situación de
encuadrar a todas las familias y puede haber familias que sin cubrir estos
parámetros óptimamente, sean completamente funcionales y sus integrantes se
encuentren satisfechos. La funcionalidad la tomaremos desde la propia familia,
tomando en cuenta sus características y recursos. No porque no reúnan lo ideal
de cada punto que vimos, les vamos a poner inmediatamente la etiqueta de
disfuncionales.
Dentro de la composición de la sociedad, la familia ocupa un lugar relevante, como
contexto para la interacción con otros y como plataforma de formación y
lanzamiento, hacia dicha sociedad, de los integrantes más jóvenes de esa familia,
es a partir de estos dos argumentos que la intervención psicoeducativa realiza su
acción considerando una perspectiva intercontextual y formativa. Al respecto,
Arcus et al (1993) menciona que los seres humanos no poseen los conocimientos
innatos acerca de la mayoría de los aspectos básicos del desarrollo y la vida
familiar, natural o social, por esta razón todos los núcleos sociales buscan enseñar
y transmitir sus saberes de una generación a la siguiente.
Esta transferencia de conocimientos se lleva a cabo en el seno del propio lugar,
sin embargo, los vertiginosos cambios sociales han requerido un sinfín de
exigencias a la familia; en el pasado ella era la responsable de educar a sus
sucesores, ya fuera en los aspectos laborales, familiares o religiosos. Los más
pequeños adquirían, por observación o instrucción directa en el hogar, los
contenidos, procedimientos y actitudes valorados socialmente, tanto sobre el
mundo externo a la familia como de la vida interna de la misma, conocimientos
que más tarde reproducían con sus nuevas familias. Posteriormente, las familias
identificaron que diversas instituciones, como la escuela, las sustituyeron
gradualmente en su labor educativa, además de que muchas de ellas se
advirtieron incapaces de realizar tanto las funciones que les concernían antaño,
como las que socialmente continuaban considerándose de su competencia.
La aceptación de la importancia del rol de la familia en la sociedad, su inserción en
los servicios sociales y sanitarios como componente fundamental que avala la
efectividad de las intervenciones, las cambiantes circunstancias en la
configuración familiar y social, así como la importancia concedida al estado de
bienestar justifican y hacen necesaria la intervención en la familia. La intervención
psicoeducativa en el medio familiar es aquella que busca “incidir en el ámbito
familiar para optimizar los procesos de enseñanza-aprendizaje de los adultos y
niños con respecto a los contextos educativos en los que participan, así como para
enriquecer y ayudar a los individuos y a sus familias a comprenderse mejor a si
mismos en su relación con los otros, en ambientes multifacéticos” (Martín y Solé,
1990)
La intervención psicoeducativa en el medio familiar se aplica desde un enfoque
preventivo (educativo o institucional), con ésta se busca anticipar problemas o
dificultades en los individuos y/o sus familias, pero cuando no existe la posibilidad
de evitar que los problemas surjan, se interviene psicoeducativamente buscando
atenuar las dificultades ya evidentes. Al respecto, toda acción se genera a partir
del análisis de las diversas variables individuales, familiares y contextuales que
estén impactando en el proceso que se intenta mejorar. La intervención en el
contexto familiar (Beavers y Hampson, 1995) se sustenta en las siguientes
consideraciones:
A) Se estima que el enfoque definitivo de un estado de bienestar se sustenta
en la calidad inmejorable de unas sanas relaciones en los ámbitos escolar,
laboral o familiar, considerados como los principales motores sociales.
B) La consideración de que los ambientes en los que interaccionan los
individuos están interrelacionados, evidencia que el bienestar en el ámbito
familiar generará consecuencias en los demás entornos como el escolar o
el laboral y éstos, a su vez, ejercerán su influencia sobre la familia y sus
miembros.
C) Es básico que se demuestre un compromiso social y una evidente inquietud
porque la familia consiga efectuar sus funciones naturales e institucionales
y, en caso de no lograr realizarlo, articular los dispositivos de apoyo y
fortalecerla para que asuma sus funciones. El incesante aumento en la
demanda de funciones que debe llevar a cabo la familia, ha evidenciado el
requerimiento de la participación de los profesionales especialistas para
auxiliar, formar y salvaguardar a la familia y sus miembros. En un contexto
social en el que es incuestionable la importancia del impacto de la
intervención en los procesos familiares y sus consecuencias, la familia es el
centro de atención en los diversos ámbitos profesionales: sanitarios,
educativos, sociales, políticos, etc.
En las intervenciones psicoeducativas grupales se comentan vivencias
personales y se destapan emociones, asimismo se busca eliminar la soledad y
el aislamiento, por ende se desarrollan redes sociales, esto por medio de la
convivencia con otros sujetos que han tenido experiencias más o menos
análogas. Se trata de fortalecer a las familias, por esto durante las sesiones, o
posteriormente, se identifica un vínculo entre la información y la acción. Así, se
considera que las sociedades aportan unos patrones habituales de actuación,
sin embargo cada familia, en relación con su configuración estructural
(números de miembros, sexos, edades, etc.), relacional y de su contexto
sociocultural, deriva su respectiva forma de funcionar y de interpretar la
realidad. Desde la perspectiva de la intervención, es fundamental comprender
la diversidad familiar como un elemento enriquecedor de la sociedad y de las
relaciones entre los profesionales y las familias.
Referencias
Arcus, M.; Schvaneveldt, J. y Moss, J. (1993). Handbook of family life education.
Foundations of family life education. Vol I. Newbury Park: Sage.
Atri, R. (2006). Cuestionario de Evaluación del Funcionamiento Familiar (EFF), en:
Instrumentos de evaluación en terapia familiar y de pareja. Velasco, Campos
M. y Luna, Portilla M., compiladoras. México: Pax.
Beavers, W y Hampson, R. (1995) Familias exitosas. Evaluación, tratamiento e
intervención. Barcelona. Paidós.
Martín, E. y Solé, I. (1990) Intervención psicopedagógica y actividad docente: claves
para una colaboración necesaria. En: Coli, C.; Palacios, J. y Marchesi, A.
(comps). Desarrollo psicológico y educación II. Psicología de la educación.
Madrid. Alianza.
Westley, W. y Epstein, N. (1969). The silent majority. San Francisco: Jossey-Bass.