El Imperio persa (también conocido como imperio aqueménida) fue un imperio de Asia Central que existió entre 550 y
331 a. C. Los persas construyeron el imperio más grande y poderoso de la época, conquistaron a los diferentes reinos de
la Mesopotamia asiática, el Levante, Siria, los pueblos de Anatolia y parte de las ciudades griegas.
Características del Imperio persa
Algunas de las principales características del Imperio persa fueron:
Existió entre 550 y 330 a. C. y dominó Asia Central, Mesopotamia, Palestina, Egipto, Anatolia y parte de Grecia.
Su organización política se basó en la figura del emperador y combinó una administración central fuerte con un el de la
flexibilidad y la tolerancia.
Estuvo liderado por la dinastía Aqueménida, representada por: Ciro II, Cambises II, Darío I, Jerjes, Artajerjes I, Darío III,
entre otros.
Su capital estaba instalada en Persépolis, considerada uno de los máximos emblemas de la civilización persa.
Su territorio estaba dividido en satrapías, que permitían una administración ordenada de la política y la economía
imperial.
Se destacó en el comercio y en el desarrollo de rutas comerciales que permitieron conectar todos los territorios del
imperio.
Su cultura tomó rasgos y tradiciones propias de los territorios conquistados y se caracterizó por el desarrollo de la
arquitectura y el arte.
Ubicación geográfica del Imperio persa
Originalmente, los persas se asentaron en la meseta de Asia Central, en la región que actualmente pertenece a Irán. A
través de campañas militares, comenzaron a conquistar los pueblos de la región y construir un imperio que, en su
momento de máxima extensión, dominó los territorios occidentales de Palestina, Siria, Mesopotamia, Egipto, Anatolia,
Tracia, Macedonia, Armenia hacia el oeste y toda el Asia Central hasta el río Indo, hacia el este.
A su capital, Persépolis, se sumaron otras ciudades importantes que los persas fundaron o conquistaron a lo largo de su
historia, como Ecbatana, Pasargada y Susa.
Actualmente, el Imperio persa correspondería a los territorios de Irán, Irak, parte de Egipto, parte de Grecia, Afganistán,
Pakistán, Armenia, Jordán, Turkmenistán, Omán, Turquía, Siria, el Líbano, Yemen y parte de India.
Historia del Imperio persa
imperio persa
Ciro II logró conquistar todas las tierras de los medos.
Hacia el 1400 a. C., la meseta de Irán comenzó a ser habitada por dos grupos nómades de lengua indoeuropea: los
medos, en el norte, y los persas, en el sur. Estos pueblos hablaban la misma lengua y compartían creencias y
costumbres. Sin embargo, no se reconocían como una identidad común. Durante siglos, el imperio asirio dominó la
región y obligó a medos y persas a pagar tributos. Hacia el siglo VII a. C., los medos se independizaron y fundaron una
fortaleza llamada Ecbatana, que se convirtió en su capital. En 612 a. C., el rey medo derrotó a los asirios e impuso su
dominio a los persas.
Hacia 550 a. C., el rey persa Ciro II organizó una rebelión y logró tomar la capital de los medos. Luego, comenzó una serie
de campañas militares para extender su dominio y conquistó los reinos de Lidia, Babilonia y otras ciudades de la
Mesopotamia asiática. Las regiones de Fenicia y Jerusalén fueron dominadas pacíficamente.
Luego de la muerte de Ciro II el poder persa quedó en manos de su hijo, Cambises II, quien estuvo al mando de la
conquista de Egipto en el 525 a. C. La máxima consolidación del imperio se dio en el reinado de Darío I, quien se encargó
de realizar muchas de las obras que permitieron la interconexión y organización de los territorios y el desarrollo de
ciudades y palacios.
La caída del Imperio persa
imperio persa
El Imperio persa fue conquistado por Alejandro Magno.
Para el 530 a. C., el Imperio persa ya se extendía por Asia y por Egipto, y el rey Darío I tuvo que hacer frente a revueltas
que se desarrollaron en diversos territorios. Una de ellas fue la revuelta jónica, llevada adelante por los territorios
griegos de la región de Jonia con el apoyo de otras ciudades griegas. Esta revuelta fue sofocada y terminó con la
devastación de la ciudad de Mileto.
Uno de los máximos objetivos que planteó Darío I fue la conquista del resto de los territorios griegos. En esa época,
Grecia estaba organizada en ciudades-Estados que iban de a poco creciendo en importancia y poderío. Los persas
invadieron por mar, en lo que se conoce como la primera guerra médica, y conquistaron las islas Cícladas, pero luego
fueron derrotados por los atenienses en la batalla de Maratón (490 a. C.).
Luego de la muerte de Darío I, asumió el poder persa su hijo, Jerjes I, quien quiso continuar con la idea de anexar los
territorios griegos. Así se dio inicio a la segunda guerra médica en la que resultaron vencedores los pueblos helénicos, en
batallas como la de Salamina (480 a. C.).
Tras estas sucesivas derrotas, asumió el poder Artajerjes, hijo de Jerjes, y luego quien fue el último rey de Persia: Darío
III. Para este momento, Grecia había sido unificada bajo el poder del macedonio Alejandro Magno, que se puso como
objetivo la conquista del Imperio persa.
Alejandro Magno invadió el Imperio persa y su conquista se desarrolló a lo largo de tres batallas principales: la batalla
del Gránico (334 a. C.), la batalla de Issos (333 a. C.) y, por último, la batalla de Gaugamela (331 a. C.), en la que el
Imperio persa fue derrotado y Alejandro fue erigido como el nuevo rey.
Política y sociedad del Imperio persa
imperio persa
Los pueblos conquistados eran incorporados en las provincias y debían pagar tributo.
El Imperio persa ocupaba un territorio enorme, que integraba regiones y culturas heterogéneas. A pesar de las
rebeliones internas y las crisis políticas que atravesaron los diferentes emperadores de la dinastía aqueménida, el
imperio se mantuvo unido gracias a la combinación de una organización centralizada, fuerte y efectiva con una
administración flexible, que respetaba los usos y costumbres locales.
En el centro de la organización estaba el emperador. Era un imperio teocrático, ya que los persas creían que el poder
había sido otorgado por el dios Ahura Mazda, y no se podía gobernar sin su protección. Sostenían que este dios había
otorgado a Persia la supremacía sobre el resto de los pueblos del mundo.
Los territorios del imperio estaban divididos en veinte satrapías (organización provincial que fue instaurada por el rey
Darío I). Cada satrapía estaba gobernada por un sátrapa designado por el emperador. Este sistema permitía otorgar
uniformidad política dentro de un imperio heterogéneo. Cada satrapía tenía cierta autonomía para la gestión del
territorio y debía pagar tributo al poder central. El nivel de control, autonomía e impuestos que tenía cada satrapía
dependía de su relación con el poder imperial.
Por otro lado, dentro de cada satrapía se reproducía el sistema de control y administración de recursos. A la población
rural local se le asignaban obligaciones económicas: además de tributos y servicios habituales que afectaban la cantidad
de trabajo que podían dedicar a sus propias cosechas, tenían que proveer de alimentos a la corte del sátrapa.
Economía del Imperio persa
La economía persa se basó en la imposición de tributos y el dominio de los recursos productivos locales por parte del
poder central y los diferentes niveles de gobernantes imperiales.
Con la creación del imperio, los persas unificaron regiones de desarrollo económico independiente, que anteriormente
solo estaban unidas entre sí por lazos comerciales, diplomáticos o militares. Al incorporar esta heterogeneidad, el
Imperio persa desarrolló ciertos elementos que afectaron las economías locales de todo el Cercano Oriente:
Unificación fiscal e impositiva. Todas las satrapías debían pagar impuestos al imperio, pero el monto y las características
del tributo dependía de la relación con el poder central.
Introducción de la moneda. El darico de plata y de oro se convirtió en la moneda oficial del imperio. Su metal y peso
estaban garantizados por el cuño real.
Dominio de recursos productivos por parte de las autoridades imperiales. El monarca, la familia real, la nobleza, los
sátrapas y los cortesanos persas fueron privilegiados en la distribución y entrega de tierras.
Control estatal de recursos estratégicos. Los diferentes niveles de gobierno imperial buscaron controlar el acceso al agua
y construyeron sistemas de regadío avanzados para mejorar el desarrollo agrícola en las zonas más secas.
Extensión de las rutas comerciales. El Estado desarrolló y mejoró la red de caminos que conectaban las diferentes
regiones. Además, esta unificación permitió el desarrollo de vínculos comerciales con regiones más alejadas y la creación
de rutas hacia el Lejano Oriente y Europa.
Religión del Imperio persa
Imperio persa
Los persas creían que Ahura Mazda protegía al emperador aqueménida.
En cuanto a la religión, los persas profesaban el zoroastrismo, religión que había sido revelada por el profeta iraní
Zoroastro y que planteaba la adoración a un dios supremo: Ahura Mazda.
Los persas creían que el mundo era el lugar donde se enfrentaban las fuerzas del bien y el mal. El bien estaba guiado por
el dios Ahura Mazda, creador del mundo, lo bueno y lo luminoso, y el mal por Angra Mainyu, creador de las tinieblas, lo
negativo y lo oscuro. Sin embargo, para los persas el bien y el mal no eran entes que podían representarse, sino más
bien verdades incorpóreas. Ahura Mazda y Angra Mainyu eran referentes de aquellas fuerzas, pero no las
personificaban.
Para los persas, los seres humanos debían combatir el mal y, de esta manera, ayudar a Ahura Mazda. Creían que si las
personas practicaban la justicia y la virtud, serían juzgadas después de su muerte y recompensadas con la salvación
eterna.
Respecto a la organización religiosa del imperio, los persas mantenían una gran tolerancia con los pueblos conquistados
y permitían que continuaran con sus cultos locales. Por lo tanto, en el territorio imperial convivieron diferentes tipos de
creencias y religiones.
Cultura del Imperio persa
Imperio persa
Las tumbas de los emperadores persas estaban elevadas sobre el nivel del suelo.
El Imperio persa se caracterizó por respetar la cultura y las tradiciones de las regiones dominadas y, en muchos casos,
incorporó varias de estas costumbres.
Arquitectura. Los persas se destacaron en la construcción de palacios, grandes edificaciones amuralladas que solían ser
la vivienda de emperadores o nobles. El palacio de Persépolis, ubicado en el este del país, fue uno de los más
reconocidos y funcionó como la capital del imperio. Los palacios persas se repartieron por los diferentes terrenos
conquistados y estaban decorados con frescos, mosaicos y esculturas.
Arte. Las clases altas de cada región tomaron el estilo artístico persa en la producción de joyas y bienes de lujo.
Adoptaron sus estilos decorativos y sus vestimentas para posicionarse socialmente como parte de la elite.
Ejército. El ejército persa estaba formado por arqueros, caballería, infantería y una gran flota naviera. A medida que el
imperio se agrandó, el ejército incorporó otras técnicas locales.
Sepulturas. Los persas se destacaron por su ritual de sepultura. Tras morir un ser querido no lo enterraban porque
consideraban que los cuerpos contaminaban la tierra. Los cadáveres, entonces, quedaban sobre estructuras de piedra
situadas en altura. A los emperadores, les construían tumbas elevadas sobre el suelo. La decoración de la tumba era
sencilla, pero en su interior el ajuar funerario consistía en un sarcófago de oro, vestimentas de lujo y joyas con piedras
preciosas.
GRAFICA DE CALIFICACIONES DE PRIMER TRIMESTRE
5 6 7 8 9 10
18% 19%
13%
21%
16%
13%