Profesorado de Lengua y Literatura
I.S.F.D.Y.T. N°35, Vicente D´Abramo
Cátedra: Tutorías y Orientación Docente.
Docente: Carabajal, Patricia.
Curso: 4to.
Trabajo Práctico Grupal N°1: Informe “Pasar al frente”
Alumnas:
Kravanja, Micaela.
Racedo, Antonella.
Villareal, Marisa.
Año Lectivo: 2024
En este trabajo haremos un aporte significativo acerca del rol docente, el rol institucional y la
importancia del trabajo colaborativo, en este caso, respecto al acompañamiento de los alumnos
del establecimiento Colegio Nacional Domingo F. Sarmiento, perteneciente a Recoleta,
CABA.
Comenzaremos por el primer punto de este recorrido de análisis y en el que se centra el
informe: el trabajo colaborativo entre equipo directivo, docentes, colaboradores externos,
familias y alumnos, y no menos importante, el rol de tutor dentro de la institución.
Citamos nuestro texto de trabajo de clase “Gestión de la tutoría escolar”: “la creación de
espacios de trabajo conjunto permite a los equipos de tutores planear estrategias innovadoras
para anticipar los conflictos y las situaciones que surgen cotidianamente en la escolaridad”.
Viel, pág.41, 2009. En base a esto y a lo visto en el video “Pasar al frente”, podemos advertir
que el trabajo en equipo es clave para una nueva visión de la escuela tal como la conocemos.
En esta nueva escuela inclusiva, no hablamos de inclusión como “diversidad”, sino como
posibilidad. Esta posibilidad de la que hacemos mención tiene que ver más específicamente
con el espacio que el colegio les brinda a aquellos alumnos considerados distintos, o
disruptivos. Esos alumnos que suelen ser excluidos, no solo del sistema educativo, sino de la
sociedad en varios de sus ámbitos. Ante esta problemática, la escuela Sarmiento (en este caso)
ofrece un lugar de contención, acompañamiento y orientación, distinto a lo que las escuelas
normales o de educación secundaria tradicionales ofrecen. No se trata de disciplinar, sino de
corregir, ayudar, sostener, y guiar la trayectoria escolar del alumnado. Es en este momento
donde el trabajo en equipo aflora. Aunque hay docentes cumpliendo su rol de docentes, también
se posicionan desde su función de tutores, ya que se ocupan de los estudiantes fuera del horario
escolar, crean equipos de apoyo, redes de contención, ensamblan disciplinas artísticas con otras
instituciones, etc.
En el Colegio Nacional D. F. Sarmiento, los docentes se “corren” de su lugar de educadores
y se posicionan como tutores “faro”, es decir, se dedican a estar presentes con los alumnos
mediante su paso por el colegio. Esto es posible, en parte, gracias a la resolución
N°560/05/SED, que incluía la función tutorial en la Planta orgánico-funcional (POF). También
debemos recordar que el video observado es posterior a la crisis del año 2001, un suceso
trascendental para la República Argentina, donde también se vio afectado el sistema educativo
de la Nación y el funcionamiento del mismo colegio Sarmiento, contexto que redireccionó el
foco de la educación.
La ley Federal de Educación del año 1993 modificó la estructura del sistema educativo
sustituyendo el nivel primario y secundario por la Educación General Básica y el nivel
Polimodal. La obligatoriedad de la escuela secundaria sólo se extendía a los dos primeros años
y las tutorías no estaban incluidas, de modo tal que el vínculo con los alumnos no era más que
un vínculo de enseñanza aprendizaje de tipo conceptual, contenidista. En el colegio Sarmiento,
los docentes cuestionan y rompen con este enfoque conductista e individualista de la enseñanza
y destacan particularmente la importancia de no reproducir el contexto social del afuera
adentro, ya que eso formaría parte de una actitud “hipócrita”, puesto que la escuela debería
ofrecer aquello que la “sociedad no brinda”. La idea de este proyecto que la escuela Sarmiento
llama “equipo de apoyo”, es un puente entre docentes con docentes y docentes con alumnos.
Este acompañamiento consiste en ayudar a los estudiantes a avanzar con sus dificultades de
conocimientos y poder empatizar con las situaciones vinculares de los adolescentes que asisten
al colegio, sus familias y su entorno. Con esto, queremos reafirmar que la presencia de los
docentes al lado de los alumnos no tiene que ser una mera figura del disciplinamiento y la
buena conducta, sino que, además de ofrecer herramientas que tengan que ver con los
contenidos propuestos para la enseñanza, también deben sostener y guiar el camino de los
estudiantes. El punto en cuestión es que este acompañamiento no debe ser en vano, sino que
debe apuntar a algo, tener un objetivo, no solo para el docente, sino para toda la comunidad
educativa. Debe sostenerse en base a la confianza y al resguardo, debe ofrecer la escuela un
lugar seguro a sus alumnos, un lugar de encuentro, de posibilidad. Esto puede lograrse siempre
y cuando el sistema educativo de nuestra Nación quiera “salirse” de lo establecido y pueda
ofrecer algo más a sus estudiantes que sólo exámenes, estigmas y calificaciones.
Atender a las problemáticas de los adolescentes es también atender a sus necesidades y sus
conflictos. El enfoque reactivo es el enfoque que más se utiliza en las escuelas frente a
dificultades emergentes y conflictos con y entre alumnos, pero al mismo tiempo es una
concepción que amenaza la función tutorial debido a que el docente tutor sólo sería necesario
para resolver problemáticas ya existentes. Ahora bien, si el enfoque utilizado por las
instituciones fuese el proactivo, el tutor se anticiparía a los conflictos y trabajaría con
propuestas y actividades de prevención y resolución. Y aquí nos detenemos para resaltar la
actitud del colegio Sarmiento: el conflicto nunca es sinónimo de exclusión. El docente- tutor
desarrolla sus tareas atendiendo las dimensiones sociales y académicas. Es un nexo entre los
problemas vinculares entre estudiantes y profesores, entre las dificultades y los aprendizajes.
Y volviendo nuevamente sobre la bibliografía trabajada en el aula, uno de nuestros textos
incluía la frase “esta escuela secundaria no va más”. ¿Qué queremos decir con esto? Que la
escuela secundaria no debe ser vista como un depósito de personas, de adolescentes
conflictivos, de jóvenes, de niños-adultos que no tienen afán ni interés por su presente ni futuro.
Es relevante cuestionarnos qué tipo de educación queremos para nuestros jóvenes. No se
concreta la idea de formarlos para instancias de estudio superiores, o para oportunidades
laborales si solo dedicamos nuestras horas en el aula para hablarles de la célula, del trinomio
cuadrado perfecto o si limitamos nuestra tarea de enseñanza-aprendizaje a dar análisis
sintáctico. Todos los contenidos que nos propongamos abordar deben estar situados en pos de
un aprovechamiento posterior con una causa, un fin determinado. Deberíamos enseñarles
también a trabajar en equipo, a desarrollar la habilidad de colaborar, de tener en cuenta, de
compartir y de respetar el trabajo, la idea, la opinión o el aporte del otro.
“La prevención y el trabajo del conflicto de toda la comunidad educativa, desde sus distintos
equipos de trabajo, pueden optimizar la convivencia, facilitando el vivir- con, para crecer, ser
mejores personas e integrar una sociedad más justa y humana¨. Abendaño, S. et al. Pág. 16.
2013. Esta meta, en definitiva, será la más adecuada de implementar teniendo en cuenta la
competencia en el mercado laboral o el compañerismo en las universidades. Nadie puede
avanzar sólo, independientemente si es estudiante o empleado. Todos necesitamos de la ayuda
de alguien más. Estimularlos para desarrollar su creatividad, su intelecto, su originalidad, su
pensamiento crítico y analítico, propio, objetivo, los encaminará a tener una posición
determinada ante las injusticias o las fortalezas del sistema en el cual estamos inmersos.
Es indispensable construir equipos de trabajo, de estudio, de investigación (y por qué no
empezar en secundaria) que formen parte de un pensamiento colectivo (y no solo individual,
egocentrista) para debatir, intercambiar y compartir ideas, propuestas, proyectos, etc., en este
mundo de cambios constantes y de desarrollo acelerado.
Otro punto clave es no colocar a la educación como un servicio, ya que no es un negocio, sino
un derecho humano básico. ¿A qué nos referimos? A que debemos proporcionar, como
educadores, una educación de calidad, y garantizar que esa educación sea para todos. Lo que
no quiere decir que deba ser la misma educación para todos, sino su acceso. Por ende, debe
haber un espacio de “tarea individual, pero al mismo tiempo colectiva” para con el alumno,
que quizá podría entenderse como el aporte significativo de cada actor del sistema institucional,
es decir, un poco de la tarea docente del mismo docente, otro aporte del E.O.E, otro del docente
tutor, otro del equipo directivo, otro y no menos importante, de las familias, y, por último, y
casi el más fundamental, el del alumno. La salida a este sistema educativo tradicional tal como
se lo propone estaría más cerca y podríamos pensar en un sistema educativo más inclusivo,
humano, empático y receptivo, si cambiáramos la visión de la forma en la que educamos.
En el video que observamos, el caso de Franco es un caso particular que bien podría sucederle
a cualquier estudiante, de cualquier colegio, de cualquier estatus social: sabemos que el
consumo problemático de sustancias no hace distinción social, económica ni cultural. Lo que
es destacable es el accionar de los miembros del colegio al que Franco asiste. Se distingue
como al involucrarse con él, abarcan las dimensiones sociales y académicas, enfocándose en
los problemas vinculares y personales, que obviamente, desencadenan en problemas o
dificultades en el aprendizaje, conectándose con la familia, indagando sin invadir el espacio de
sus integrantes, charlando con amigos, novia, allegados, intentado encontrar la solución a la
falta de motivación e interés por la escuela e intentando “sacarlo” de la calle para ofrecerle un
resguardo en el aula. Enseñándole valores, la importancia de reconocerse humanos y con
errores, aprender de eso, pedir perdón y volver a empezar, darle una nueva posibilidad,
demostrarle que no está excluido y darle la oportunidad de poder retomar el camino escolar
desde otro lugar, más ameno y con confianza. Esto queda demostrado con el testimonio de la
mamá de Franco, y con la tarea que hacen en conjunto al IUNA, con la pintada del mural,
donde expresan qué cosas les gustaría incluir en el día a día de su trayectoria educativa. Si bien
el caso de Franco es un caso específico, no es un caso aislado, ni es uno en un millón. Es un
hecho que suele presentarse en muchas escuelas secundarias y con el cual muchos docentes no
saben qué hacer y en muchas oportunidades dan por sentado que no se puede, y deciden el
camino de dejarlos “afuera”. Quizá no con esa intención tan literal, sino que no encuentran o
no tienen los medios para poder resolver el problema, ya que generalmente es algo que no suele
ser resuelto entre todos. Volvemos aquí al docente sobrecargado, o al docente disciplinador,
también puede darse en el docente tutor, y bien sabemos que ese no es el camino para poder
avanzar sobre problemáticas como las de Franco. Tampoco lo es ni lo será nunca la expulsión
del alumno del establecimiento. La escuela debe garantizar un espacio de contención, aún con
las dificultades que se presenten.
Es importante recordar y comprender que el trabajo en comunidad, en conjunto, es clave para
poder avanzar. Si no, sería casi imposible resolver situaciones de la índole que delegando la
responsabilidad a una sola persona. Caeríamos ante la figura de un tutor demandado o de un
docente sobre exigido, agotado. El trabajo entre todos comprende y abarca diversas áreas, se
pueden estimular y motivar a los alumnos involucrando otros actores (como docentes de otros
colegios, o de otras disciplinas) a través de proyectos escolares interdisciplinarios, etc. Se
puede alcanzar a las familias con E.O.E que cuenten con espacio propio y herramientas para
poder involucrarse e involucrar a los padres en las situaciones que se presenten. Contar con el
apoyo de las familias es un pilar altamente necesario para un adolescente, sobro todo en etapa
escolar. La escuela y la familia deben ofrecerle un lugar donde sentirse cómodo si algo le
estuviese ocurriendo.
Hacemos este informe para resaltar el trabajo de este colegio como necesario, ya que es
habitual que en las escuelas normales de Bs As (Provincia y CABA) aún se ofrezca una
enseñanza de tipo tradicional. No hace falta recurrir a estadísticas ni a informes de fuentes
seguras para demostrar en diversas oportunidades cuánto ha fracasado ese modelo de educación
conductista y aislado para con el alumno. Los docentes resultan sobrecargados y las
instituciones se desentienden de las problemáticas que se puedan presentar. Un Estado ausente
y una educación que peligra día a día.