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Hitler: Líder Nazi y su Ascenso al Poder

Adolf Hitler fue un líder político alemán que estableció un régimen totalitario en Alemania entre 1933 y 1945, abogando por la supremacía de la raza aria y perpetró el Holocausto. Nació en Austria pero se identificó como alemán. Logró convertir al partido nazi en una fuerza política de masas y fue nombrado canciller de Alemania en 1933, estableciendo una dictadura de partido único.
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Hitler: Líder Nazi y su Ascenso al Poder

Adolf Hitler fue un líder político alemán que estableció un régimen totalitario en Alemania entre 1933 y 1945, abogando por la supremacía de la raza aria y perpetró el Holocausto. Nació en Austria pero se identificó como alemán. Logró convertir al partido nazi en una fuerza política de masas y fue nombrado canciller de Alemania en 1933, estableciendo una dictadura de partido único.
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Adolf Hitler: Un austriaco con el corazón alemán

Adolf Hitler fue un dirigente político de origen austrohúngaro, que lideró la Alemania nazi entre 1933 y 1945. Se lo
considera una de las figuras clave del siglo XX, ya que estableció un régimen totalitario de partido único que abogó por
la supremacía de la raza aria y perpetró el Holocausto, el genocidio de aproximadamente 11 millones de personas,
entre los que se encontraban judíos, discapacitados, homosexuales, testigos de Jehová, socialistas, comunistas y
gitanos .
Hitler nació el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, una pequeña ciudad de la frontera entre Austria y Alemania. Su
padre, Alois Hitler, era un aduanero austriaco, y su madre, Klara Pölzl, era su prima. Hitler tuvo una infancia difícil,
marcada por la autoridad y la violencia de su padre, y la muerte de varios de sus hermanos. Su educación fue escasa y
autodidacta, pues apenas recibió instrucción formal. En 1907 se trasladó a Viena, donde aspiraba a ser pintor, pero
fracasó en el examen de ingreso a la Academia de Bellas Artes. Durante su estancia en la capital austriaca, malvivió
como vagabundo y se empapó de las ideas nacionalistas y antisemitas que circulaban en el ambiente político y cultural
de la época. En 1913 huyó a Múnich para evitar el servicio militar en el ejército austrohúngaro, y al año siguiente se
alistó voluntariamente en el ejército alemán, con el que combatió en la Primera Guerra Mundial.
Hitler participó en varias batallas, como la de Ypres, la del Somme y la de Arrás, y fue condecorado por su valor y su
obediencia. Sin embargo, la derrota de Alemania en 1918 le causó una profunda frustración y resentimiento, y le hizo
abrazar la teoría de la «puñalada por la espalda», según la cual los políticos de la República de Weimar habían
traicionado al pueblo alemán al aceptar las humillantes condiciones del Tratado de Versalles, que imponía a Alemania
duras reparaciones de guerra y la pérdida de territorios y colonias. Hitler se dedicó entonces a la política, ingresando
en un pequeño partido ultraderechista, el Partido Obrero Alemán (DAP), que pronto pasó a liderar y a transformar en
el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), más conocido como partido nazi. Este partido se declaraba
nacionalista, antisemita, anticomunista, antiliberal, antidemócrata, antipacifista y anticapitalista, y se inspiraba en el
fascismo de Mussolini, que había llegado al poder en Italia en 1922. El partido nazi se alimentaba de los temores y las
frustraciones de las clases medias alemanas, que sufrían los efectos de la crisis económica, la inflación y el desempleo.
En 1923, Hitler intentó dar un golpe de Estado en Múnich, conocido como el putsch de la cervecería, pero fracasó y fue
arrestado y condenado a cinco años de prisión, de los que solo cumplió nueve meses. Durante su encarcelamiento,
escribió su libro autobiográfico y programático, Mi lucha (Mein Kampf), en el que exponía su visión del mundo y sus
planes para Alemania. En este libro, Hitler defendía la superioridad de la raza aria, que consideraba amenazada por la
degeneración y la mezcla con otras razas inferiores, especialmente los judíos, a los que culpaba de todos los males de
Alemania y del mundo. También proclamaba la necesidad de expandir el territorio alemán hacia el este, para conseguir
el “espacio vital” (Lebensraum) que permitiera el desarrollo y la prosperidad de la nación alemana. Asimismo,
expresaba su odio hacia el comunismo, al que consideraba una conspiración judía, y su rechazo a la democracia, al
pacifismo y al humanismo.
Tras su salida de la cárcel, Hitler reorganizó el partido nazi y lo convirtió en una fuerza política de masas, con una
estructura jerárquica y una poderosa maquinaria de propaganda. El partido nazi contaba con una milicia paramilitar,
las Sturmabteilung (SA), que se encargaba de intimidar y agredir a los opositores políticos, y con una guardia personal
de Hitler, las Schutzstaffel (SS), que se convertiría en una organización clave del régimen nazi. Hitler se rodeó de fieles
colaboradores, como Joseph Goebbels, Hermann Göring, Heinrich Himmler, Rudolf Hess y Martin Bormann, entre
otros. El partido nazi se presentó a las elecciones de 1928, 1930 y 1932, obteniendo un creciente apoyo popular, hasta
convertirse en el partido más votado. Sin embargo, Hitler no logró formar gobierno, debido a la oposición de los otros
partidos y del presidente Paul von Hindenburg, que le negaba el cargo de canciller.
Finalmente, tras una serie de negociaciones y presiones, Hitler fue nombrado canciller el 30 de enero de 1933,
formando una coalición con el Partido Nacional del Pueblo Alemán (DNVP), de tendencia conservadora y nacionalista.
Una vez en el poder, Hitler se dedicó a eliminar toda oposición y a establecer una dictadura de partido único.
Aprovechando el incendio del Reichstag, el parlamento alemán, que atribuyó a los comunistas, Hitler promulgó el
Decreto del Incendio del Reichstag, que suspendía las libertades civiles y permitía la detención y la persecución de los
opositores políticos. Poco después, Hitler consiguió que el parlamento aprobara la Ley Habilitante, que le otorgaba
poderes legislativos extraordinarios y le permitía gobernar por decreto, sin control parlamentario ni judicial.
Hitler prohibió los demás partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones independientes, y sometió a los medios
de comunicación, la cultura, la educación y la religión a la censura y al control del Estado. Hitler creó también la
Gestapo, la policía secreta del régimen, que se encargaba de vigilar y reprimir a los disidentes, y los campos de
concentración, donde se encerraba y torturaba a los enemigos políticos, los judíos y otros grupos considerados
indeseables. Hitler se hizo con el control absoluto del Estado y del partido, y se autoproclamó Führer (caudillo) de
Alemania, tras la muerte de Hindenburg en 1934. Hitler eliminó también a los posibles rivales dentro de su propio
partido, como Ernst Röhm, el jefe de las SA, al que mandó asesinar durante la llamada Noche de los Cuchillos Largos,
en 1934.
Hitler inició una política de rearme y de expansión territorial, que desafió las restricciones impuestas por el Tratado de
Versalles. Hitler se retiró de la Sociedad de Naciones y de la Conferencia de Desarme, y rechazó el Tratado Naval de
Washington, que limitaba el tamaño de la flota alemana. Hitler reintrodujo el servicio militar obligatorio, aumentó el
número de efectivos del ejército y creó la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana. Hitler también estableció alianzas con
otros países fascistas o autoritarios, como Italia y Japón, con los que formó el Eje Roma-Berlín-Tokio. Hitler llevó a cabo
una serie de anexiones y ocupaciones de territorios vecinos, como el Sarre, Renania, Austria, los Sudetes,
Checoslovaquia y Memel, con el pretexto de unir a los pueblos de habla alemana o de proteger sus intereses. Hitler
contó con la pasividad o la complicidad de las potencias occidentales, que adoptaron una política de apaciguamiento
ante las demandas de Hitler, con la esperanza de evitar una nueva guerra. Sin embargo, Hitler no se conformó con
estas concesiones, y siguió con sus planes de conquista y provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial, al invadir
Polonia el 1 de septiembre de 1939, lo que provocó la declaración de guerra de Francia y el Reino Unido. Hitler se lanzó
entonces a una serie de campañas militares, utilizando la táctica de la blitzkrieg (guerra relámpago), que consistía en
un ataque rápido y coordinado de las fuerzas terrestres, aéreas y navales, que sorprendía y desorganizaba al enemigo.
Hitler logró derrotar y ocupar varios países europeos, como Dinamarca, Noruega, Bélgica, Holanda, Luxemburgo,
Francia, Yugoslavia y Grecia, y estableció regímenes colaboracionistas o títeres en algunos de ellos, como Vichy en
Francia o el Estado Independiente de Croacia. Hitler también se enfrentó al Reino Unido, al que intentó someter
mediante una guerra aérea, conocida como la batalla de Inglaterra, pero fracasó ante la resistencia de la Royal Air
Force y la defensa antiaérea británica. Hitler también inició una guerra naval, conocida como la batalla del Atlántico, en
la que los submarinos alemanes (U-boote) atacaban los convoyes de suministros aliados, pero fueron contrarrestados
por la tecnología y la inteligencia de los aliados. Hitler también se alió con Italia y Japón, y entró en guerra con Estados
Unidos, tras el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941.
Hitler cometió varios errores estratégicos que le costaron la guerra. El primero fue invadir la Unión Soviética el 22 de
junio de 1941, rompiendo el pacto de no agresión que había firmado con Stalin en 1939. Hitler pretendía conquistar el
“espacio vital” en el este, eliminar el comunismo y exterminar a los pueblos eslavos, a los que consideraba inferiores.
Hitler lanzó la Operación Barbarroja, que consistía en un ataque masivo y simultáneo por tres frentes: el norte, hacia
Leningrado; el centro, hacia Moscú; y el sur, hacia Ucrania y el Cáucaso. Al principio, el ejército alemán avanzó
rápidamente, infligiendo grandes pérdidas al ejército soviético, que estaba mal preparado y sorprendido. Sin embargo,
la resistencia soviética, el clima extremo, la falta de suministros y la extensión del territorio ralentizaron y detuvieron el
avance alemán, que no logró tomar ninguna de las tres ciudades objetivo. El ejército alemán sufrió una derrota
decisiva en la batalla de Stalingrado, entre 1942 y 1943, donde quedó cercado y aniquilado por el contraataque
soviético. A partir de entonces, el ejército soviético inició una ofensiva imparable, que le llevó a liberar el territorio
ocupado por los alemanes y a llegar hasta Berlín en 1945.
El segundo error de Hitler fue declarar la guerra a Estados Unidos, que se convirtió en el principal proveedor de armas
y recursos de los aliados, y que participó activamente en el frente europeo y en el frente del Pacífico. Hitler tuvo que
hacer frente a la superioridad aérea y naval de los aliados, que le impidieron reforzar sus posiciones en África y en el
Mediterráneo, y que le obligaron a retirarse de estos escenarios. Hitler también tuvo que enfrentarse al desembarco
de los aliados en Normandía el 6 de junio de 1944, conocido como el Día D, que supuso el inicio de la liberación de
Francia y de la invasión de Alemania por el oeste. Hitler no pudo contener el avance aliado, ni siquiera con su última
ofensiva, la batalla de las Ardenas, que fracasó en diciembre de 1944. Hitler se vio acorralado por los aliados, que se
acercaban cada vez más a Berlín, y por los soviéticos, que ya habían entrado en la capital alemana el 21 de abril de
1945.
Hitler se refugió en su búnker subterráneo, donde se casó con su amante, Eva Braun, el 29 de abril de 1945. Al día
siguiente, Hitler se suicidó de un disparo en la cabeza, y Eva Braun se envenenó con una cápsula de cianuro. Sus
cuerpos fueron quemados por sus colaboradores, para evitar que cayera en manos de los soviéticos. Hitler murió sin
reconocer su derrota, ni mostrar arrepentimiento por los crímenes que había cometido. Hitler fue el responsable de la
muerte de más de 50 millones de personas, entre militares y civiles, durante la Segunda Guerra Mundial, y de la
persecución y el exterminio de millones de judíos y otros grupos en el Holocausto, que llevó a cabo mediante la
deportación, el confinamiento en guetos, el trabajo forzado, la experimentación médica, las ejecuciones masivas y el
uso de cámaras de gas y hornos crematorios en los campos de exterminio, como Auschwitz, Treblinka o Sobibor. Hitler
también fue el causante de la destrucción y el sufrimiento de gran parte de Europa, que quedó dividida y devastada
por la guerra, y que tardó años en recuperarse. Hitler es considerado uno de los mayores genocidas y tiranos de la
historia, y su nombre y su símbolo, la esvástica, son sinónimos de odio, violencia y maldad.
Adolf Hitler no tuvo hijos ni nietos reconocidos oficialmente. Sin embargo, existen algunos descendientes de sus
familiares, como sus sobrinos nietos, que son hijos de su sobrino William Patrick Hitler. Uno de ellos es Alexander
Stuart-Houston, que vive en Nueva York y que se cambió el apellido para evitar la asociación con el dictador. Alexander
Stuart-Houston es el mayor de los descendientes de Adolf Hitler. Sus padres lo bautizaron como Alexander Adolf, pero
él eliminó el segundo nombre de su documentación. Se casó con una mujer de origen judío y tiene tres hijos. En una
entrevista al diario Bild, Alexander Stuart-Houston declaró que no se enorgullece de su origen familiar, que no le gusta
el presidente Donald Trump y que admira a la canciller Angela Merkel. Otros descendientes de Adolf Hitler son los
hermanos de Alexander: Louis, Brian y Howard, que falleció en un accidente de coche en 1989. Los cuatro hermanos
hicieron un pacto de no tener hijos, para que la línea de sangre de Hitler se extinquiera.
Los amigos de Hitler fueron pocas personas que compartieron su ideología, su ambición o su lealtad. Algunos de los
más conocidos fueron:
Benito Mussolini: el líder fascista de Italia, que se alió con Hitler en el Eje Roma-Berlín-Tokio y que participó en la
Segunda Guerra Mundial junto a Alemania. Mussolini admiraba a Hitler y buscaba su apoyo, pero también tenía sus
propios intereses y rivalidades. Hitler le ayudó en varias ocasiones, como cuando invadió Grecia o cuando fue
derrocado por los italianos. Sin embargo, Mussolini fue capturado y ejecutado por los partisanos en 1945, y su cadáver
fue colgado boca abajo en una plaza de Milán12.
Francisco Franco: el dictador español, que se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial, pero que simpatizaba
con Hitler y le prestó ayuda en algunos aspectos, como el envío de la División Azul, una unidad de voluntarios
españoles que lucharon contra la Unión Soviética. Franco se reunió con Hitler en Hendaya, en 1940, pero no llegaron a
un acuerdo sobre la entrada de España en la guerra. Franco se mostró cauto y exigente, y Hitler se sintió frustrado y
decepcionado. Según se dice, Hitler declaró que preferiría que le sacaran una muela que volver a negociar con
Franco13.
Joseph Goebbels: el ministro de propaganda de la Alemania nazi, que fue uno de los más fieles y fanáticos seguidores
de Hitler. Goebbels se encargó de difundir la ideología nazi y de manipular la opinión pública alemana, utilizando todos
los medios de comunicación a su alcance. Goebbels también participó en la persecución y el exterminio de los judíos y
otros enemigos del régimen. Goebbels se suicidó junto a su esposa y sus seis hijos en el búnker de Hitler, el 1 de mayo
de 1945, un día después de la muerte del Führer14.
Eva Braun: la amante y esposa de Hitler, con quien se casó el 29 de abril de 1945, en el búnker de Berlín. Eva Braun
conoció a Hitler en 1929, cuando trabajaba como asistente de Heinrich Hoffmann, el fotógrafo personal de Hitler. Eva
Braun mantuvo una relación discreta y subordinada con Hitler, que no la presentó en público ni le dio ningún papel
político. Eva Braun se suicidó junto a Hitler, envenenándose con una cápsula de cianuro, el 30 de abril de 1945.

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