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Tutela por Cláusula Penal en Arrendamiento

El documento presenta el caso de una acción de tutela promovida por una empresa contra una sala civil y un juzgado por sentencias que la condenaron a pagar una cláusula penal. La Corte establece que no se vulneró la garantía invocada dado que la decisión del tribunal se basó en una hermenéutica respetable y aplicación fundamentada de las normas.

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Tutela por Cláusula Penal en Arrendamiento

El documento presenta el caso de una acción de tutela promovida por una empresa contra una sala civil y un juzgado por sentencias que la condenaron a pagar una cláusula penal. La Corte establece que no se vulneró la garantía invocada dado que la decisión del tribunal se basó en una hermenéutica respetable y aplicación fundamentada de las normas.

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LUIS ALONSO RICO PUERTA

Magistrado ponente

STC328-2021
Radicación nº 11001-02-03-000-2021-00068-00
(Aprobado en Sala de veintisiete de enero de dos mil veintiuno)

Bogotá, D.C, veintisiete (27) de enero de dos mil


veintiuno (2021).

Decide la Corte la acción de tutela promovida por HH


Grupo Empresarial S.A.S. contra la Sala Civil del Tribunal
Superior de Medellín y el Juzgado Décimo Civil del
Circuito de la misma ciudad; trámite al que se vincularon
los intervinientes en el declarativo n° 2018-00594.

ANTECEDENTES

1. Mediante abogado, la actora reclamó la protección


de su derecho al debido proceso, el cual estimó trasgredido
con las sentencias –de primera y segunda instancia- de 6 de
junio de 2019 y 31 de julio de 2020, mediante las cuales los
falladores accionados acogieron la demanda de cumplimiento
contractual que se formuló en su contra.
Radicación nº 11001-02-03-000-2021-00068-00

2. En síntesis, reprochó que en virtud de dichas


providencias resultó condenada a pagar la cláusula penal
pactada en un contrato de arrendamiento (en la que ella
fungió como arrendadora), pese a que (i) en ese negocio
jurídico no se pactó un plazo para cumplir la obligación de
entrega del inmueble; (ii) no se suscribió el acta a cuyo
otorgamiento (mediante escritura privada autenticada ante
notario) se supeditó tal desalojo, como solemnidad «ad
sustancian actus»; y (iii) los demandantes no probaron la

constitución del establecimiento comercial (hotel) que iba a


operar en el predio, de lo cual también dependía el
nacimiento de la susodicha obligación.

Agregó que, en primera instancia, se le había


condenado al cumplimiento forzoso del contrato, junto con el
pago de la cláusula penal y, pese a que ese fallo solo fue
apelado por ella, el tribunal decidió, de oficio, excluir la
primera de esas prestaciones y mantener únicamente lo
atinente al pago de perjuicios, con lo cual trasgredió el
principio de congruencia que restringe la actividad del juez
de apelación.

3. Pide, en consecuencia, que se dejen sin efecto las


sentencias de ambas instancias o, en subsidio, la de segundo
grado, y que se ordene al tribunal dictar un nuevo fallo en el
que se limite a resolver los específicos reparos que ella elevó
como apelante única.

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Radicación nº 11001-02-03-000-2021-00068-00

RESPUESTA DE LA ACCIONADA Y VINCULADOS

El Juzgado Décimo Civil del Circuito de Medellín envió


copia de las audiencias surtidas en el juicio que aquí interesa
y la magistratura convocada dijo estarse al contenido de la
providencia materia de censura.

CONSIDERACIONES

1. Problema jurídico.

Corresponde a la Corte establecer si el tribunal


convocado lesionó la garantía fundamental invocada en el
libelo introductor, al resolver la segunda instancia del
proceso declarativo que incumbe a esta actuación, en los
términos plasmados en la sentencia que ahora censura el
accionante.

Lo anterior, en tanto que, si bien el reclamo involucra la


providencia de primera instancia dictada por el Juzgado
Décimo Civil del Circuito de Medellín, fue la dictada por su
superior jerárquico funcional la que definió el asunto. Al
respecto, ha señalado la jurisprudencia que:

«(…) aunque el quejoso enfila su ataque contra la decisión de


primera instancia, en esta sede constitucional es inane detenerse en ella,
pues, al haber sido apelada y estudiada por el ad quem, fue sometida a
la controversia que legalmente le corresponde ante el juez natural de tal
manera que la valoración sobre si se lesionaron los derechos
fundamentales invocados debe hacerse frente al pronunciamiento
definitivo, so pena de convertir este escenario en una instancia paralela

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a la ya superada» (CSJ STC, 2 may, 2014, rad. 00834-00,


reiterada en STC2242, 5 mar. 2015).

2. Procedencia de la tutela contra providencias


judiciales.

Acorde a los criterios jurisprudenciales de esta


Corporación, se ha dicho y reiterado, en línea de principio,
que la tutela no procede contra las decisiones o actuaciones
jurisdiccionales, toda vez que en aras a mantener incólumes
los principios que contemplan los artículos 228 y 230 de la
Carta Magna, al juez constitucional no le es dable
inmiscuirse en el escenario de los trámites ordinarios en
curso o terminados, para variar las decisiones proferidas o
para disponer que lo haga de cierta manera.

Por regla de excepción, se tienen aquellos casos en


donde el funcionario ha incurrido en un proceder arbitrario
y claramente opuesto a la ley, o ante la ausencia de otro
medio efectivo de protección judicial, eventos que luego de un
ponderado estudio tornarían imperiosa la intervención del
juez de tutela con el fin de restablecer el orden jurídico.

3. Caso concreto – razonabilidad de la decisión


cuestionada.

Al revisar la determinación sometida a escrutinio de


esta Corte, mediante la cual la magistratura convocada
confirmó, en su mayoría, el fallo estimatorio de primera
instancia (excluyendo la obligación de entrega que en primer

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grado se le había impuesto a la demandada), no logra


advertirse la vulneración de la garantía fundamental
invocada, en razón a que tal decisión obedeció a una
hermenéutica respetable de los elementos de juicio que
obraban en la foliatura, así como a una aplicación seria y
fundamentada de las normas y la jurisprudencia que regulan
la materia.

Para convenir en ello, es importante anteponer que, si


bien es cierto, como lo alega la convocante, que el artículo
328 del Código General del Proceso impone a los jueces de
apelación una limitante argumentativa, en cuya virtud tales
falladores deben circunscribir su actividad jurisdiccional a
estudiar los específicos reparos que la parte impugnante le
hubiere formulado al fallo de primera instancia, también lo
es que tal regla no es absoluta, puesto que el mismo precepto
contempla la posibilidad de que la misma tenga que
modularse con motivo de «las decisiones que deba adoptar de oficio,
en los casos previstos por la ley», tal como lo ha reconocido esta

misma Corporación frente a casos semejantes al que hoy se


estudia (STC21818-2017, STC235-2020, entre otros).

Hecha la anterior anotación, conviene memorar ahora


que en el fallo materia de censura, la magistratura encartada
comenzó precisando que, «estudiado el clausulado del contrato de
arriendo de inmueble comercial, aportado al proceso (folio 21 a 31), se
observa que en la cláusula cuarta se pactó: “CUARTA. ENTREGA: LOS
ARRENDATARIOS recibirán de manos del ARRENDADOR, el inmueble
objeto del presente contrato cuando se realice la entrega material del
inmueble. Dicha fecha debe realizarse un acta de entrega material
debidamente notariada, la cual será adjuntada al presente contrato y se
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suscribirá un “OTRO SI” modificando la fecha de iniciación del presente


contrato”. El Artículo 1979 del C. C. consagra: “Derecho de retracto y
existencia de arras. Si se pactare que el arrendamiento no se repute
perfecto mientras no se firme escritura, podrá cualquiera de las partes
arrepentirse hasta que así se haga o hasta que se haya procedido a la
entrega de la cosa arrendada; si intervinieren arras, se seguirán bajo
este respecto las mismas reglas que en el contrato de compraventa”
Claramente se observa que, en la cláusula cuarta del contrato de
arriendo de inmueble comercial, no se pactó que “el arrendamiento no se
repute perfecto mientras no se firme escritura”, por tanto no puede la
parte demandada poner a decir el contrato una cosa distinta a la
pactada, pues lo que acordaron las partes fue que al momento de la
entrega debía “realizarse un acta de entrega material debidamente
notariada” y suscribir un “otro sí”; y si bien, el acta es un documento
privado, como lo afirma el apelante, no puede equipararse a un pacto de
realizar el contrato de arriendo mediante escritura, pues el contrato de
arriendo se realizó y legalizó mediante documento privado que se aportó
al plenario, y revisado el mismo cumple con los requisitos de existencia
y validez, tal como lo analizó el A-quo en su sentencia, por tanto nació a
la vida jurídica, surgiendo así las obligaciones de las partes, siendo en
el contrato de arriendo, y como se repite, la principal obligación del
arrendador, la de entregar el inmueble, y la del arrendatario la de pagar
el valor de la renta, motivo por el cual, al no haberse pactado que el
arrendamiento no se repute perfecto mientras no se firme escritura, no le
era dable a la demandada hacer uso de la figura de retracto a que se
refiere el artículo 1979 del C.C.».

Continuó puntualizando que «Ahora bien, como quiera que el


contrato de arrendamiento es consensual, es decir, que se perfecciona
con el solo acuerdo de las partes sobre la cosa y el precio, lo cual está
plenamente determinado en el contrato de arriendo comercial objeto de
este proceso, al pactarse que se entregaría en arriendo un inmueble
denominado “Hotel Poblado Manila” y que, el canon mensual de arriendo
es la suma de TREINTA Y UN MILLONES DE PESOS ($31.000.000)

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mensuales, motivo por el cual, perfeccionado el contrato, no queda


ninguna duda para la Sala, que el mismo nació a la vida jurídica. Y es
que, no cabe duda que el contrato de arrendamiento se perfeccionó ante
la presencia del acuerdo sobre la cosa y el precio consignada en el
documento suscrito el 28 de diciembre de 2017. Así las cosas, lo
expresado en la cláusula cuarta de la citada convención en forma alguna
se erigió en la alegada solemnidad ad sustancian actus, como lo precisó
con razón el fallador de primera instancia que, a su vez hiciera inviable
el derecho de retracto de que trata el artículo 1979 del C.C.; y es que, el
sentido común indica que en esta índole de acuerdos es útil para las
partes el elaborar un acta de entrega que se aprovecha para señalar el
comienzo de la ejecución del contrato, consignar el inventario de los
bienes entregados y su estado, siendo la oportunidad para dejar
constancia de las observaciones que surjan respecto de los bienes objeto
del arrendamiento. En el caso sub judice se indicó, en la cláusula en
comento, que el acta de entrega sería adjuntada al contrato como un
“OTRO SI” “modificando la fecha de iniciación del presente contrato”.
Siendo que, se modifica lo existente, por tanto, si el contrato no hubiere
existido desde su realización, no había lugar a pactar modificación
alguna a algo que no existía; así concluimos que, la función del acta, no
era por tanto, dar inicio al contrato. En este orden de ideas, este primer
cargo de Violación del artículo 1979 del C.C., está llamado a no
prosperar».

En referencia al iter contractual del negocio jurídico


objeto del litigio, anotó que «son dos los contratos aportados como
prueba documental con la demanda, a saber, en primer lugar, un
contrato llamado memorando de intención y entendimiento (folio 17 a 20),
contrato preparatorio para la realización de un contrato de
arrendamiento, o de promesa de celebrar un contrato de arriendo futuro,
atendiendo que el inmueble objeto del contrato estaba en construcción
(así se indica en la cláusula primera), memorando firmado el 27 de
noviembre de 2015, entre la demandada HH GRUPO EMPRESAIRAL
SAS, como promitente arrendador, y WILSON ANTONIO LOBO ROSO
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como promitente arrendatario, el cual tiene como objeto de contrato el


inmueble denominado “Hotel Poblado Manila”, en donde se pacta en la
cláusula cuarta, como fecha de entrega del inmueble para su
adecuación, a partir del mes de marzo de 2017, y en la cláusula séptima
se acuerda, firmar el contrato de arrendamiento el 25 de marzo de 2017;
y en segundo lugar, un contrato de arrendamiento de inmueble comercial
(folio 21 a 31) celebrado el 28 de diciembre de 2017 entre HH GRUPO
EMPRESARIAL SAS como arrendadora y LUIS FERNANDO LOBO ROSO
Y JAIRO LOBO ROSO, como arrendatarios, y Wilson Antonio Lobo Roso
y José David Lobo Roso, como codeudores; el cual tiene como objeto, el
mismo “Hotel Poblado Manila”, en el cual se pacta en la cláusula DECIMA
TERCERA: “El presente contrato anula todo convenio anterior relativo al
arrendamiento del mismo inmueble y solamente podrá ser modificado
por escrito suscrito por las partes”, es decir, que cualquier contrato que
se hubiere firmado con anterioridad a este, relativo al arriendo del mismo
inmueble (como el memorando de intención), desaparece del mundo
jurídico, por tanto y tal como lo afirma el Juez A-quo, lo que se demanda
es el contrato de arriendo suscrito en diciembre 28 de 2017, ya que la
pretensión formulada es el cumplimiento del contrato de arriendo
comercial, y esto es así, por cuanto la promesa de celebrar un contrato
deja de tener vigencia cuando se realiza el contrato prometido, además
que, como ya se dijo, se pactó expresamente que se anulaba todo
convenio anterior relativo al arrendamiento».

Con base en lo anterior, resaltó que «si bien es cierto, que


el memorando de intención no fue celebrado por las mismas partes que
realizaron el contrato de arrendamiento comercial, y que este perdió
vigencia cundo se celebró el de arriendo de inmueble comercial, no es
menos cierto que, el hecho que ya ese contrato no esté vigente, y que sus
cláusulas no se puedan aplicar en este caso, no implica que no haya sido
preparatorio del de arriendo celebrado con posterioridad, y que no exista
un vínculo entre el uno y el otro, nótese que surgen varios indicios que
nos llevan esa conclusión, como el hecho que los dos contratos tienen el
mismo objeto que es el “Hotel Poblado Manila”, que pese a que las partes

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no son las mismas, en los interrogatorios que absolvieron estas, dejaron


claro, que la razón por la cual no aparece como arrendador el señor
Wilson (pues este es codeudor en el contrato de arriendo), es porque este
solicitó al señor Hernán Alonso Hernández, se realizara el mismo con los
primos con quienes se había asociado; y nótese como es el mismo señor
Hernán Alonso quien afirma en su interrogatorio que, el memorando de
intención era preparatorio para la celebración del contrato de arriendo
del “Hotel Poblado Manila”; todos estos indicios, nos llevan a concluir
que no se trata de dos contratos separados, pues el objeto de ambos era
el mismo, indistintamente que, con la celebración del contrato de
arriendo, dejara de existir el primer contrato de intención. Así las cosas,
no se observa que exista una indebida vinculación entre el memorando
de entendimiento y el documento de contrato de arrendamiento
comercial, indistintamente, y como se repite, que el memorando de
intención haya perdido vigencia, motivo por el cual este segundo cargo
también está llamado a no prosperar».

A partir de ese entendimiento sobre los antecedentes


del contrato, y su efecto en los términos en que el arrendador
debía entregar el predio objeto de la negociación, manifestó
que «en la cláusula cuarta del contrato de arriendo de inmueble
comercial, antes transcrita, se pactó sobre la entrega del inmueble
arrendado, que la misma se efectuaría al arrendatario “cuando se
realice la entrega material del inmueble”, interpretando el A-quo
que, el verdadero sentido de esta cláusula era que la entrega se
realizaría al arrendador por la empresa constructora, cuando se
terminara de construir (pues el mismo no estaba terminado), para que
este lo entregara a los arrendatarios, y a partir de ese momento iniciaría
a ejecutarse el contrato; es este el motivo por el cual el recurrente afirma
que, el A-quo dedujo del contrato de intención, que no estaba vigente, y
no del de arrendamiento, que la entrega debía realizarse cuando se
terminara la construcción. Planteadas así las cosas, debe la sala entrar
a estudiar la tantas veces mencionada cláusula cuarta, para determinar
cuál es el alcance de la misma, pues esta no es clara».
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Puesto en esa tarea, memoró que «el artículo 1551 del C.C.
consagra: “Definición de plazo. El plazo es la época que se fija para el
cumplimiento de la obligación; puede ser expreso o tácito. Es tácito, el
indispensable para cumplirlo. No podrá el juez, sino en casos especiales
que las leyes designen, señalar plazo para el cumplimiento de una
obligación; solo podrá interpretar el concebido en términos vagos
u oscuros, sobre cuya inteligencia y aplicación discuerden las
partes”. Esta norma, contrario a lo que afirma el apelante si faculta al
Juez para interpretar el contrato, cuando los plazos pactados, son vagos
y oscuros y sobre los que discuerden las partes; como en el caso que nos
ocupa, en donde los demandantes afirman que les debieron hacer
entrega del inmueble inmediatamente se terminara de construir y la
parte demandada afirma que no se pactó fecha para la entrega. Así
tenemos que, con el interrogatorio de parte que absolvió el representante
legal de la demandada y los indicios en su contra que seguidamente
analizaremos, podemos concluir que ciertamente el alcance de la
cláusula cuarta, es que la entrega del inmueble al arrendatario, debía
hacerse por el arrendador, cuando se terminara de construir el mismo».

En respaldo de esta última conclusión, recalcó que «en


el interrogatorio que absolvió el señor HERNAN ALONSO HERNANDEZ
MELLAN como representante legal de HH GRUPO EMPRESARIAL SAS,
se escucha en el audio II lo siguiente: A minuto 6:13 dijo: “El hotel
Poblado Manila fue una obra que hizo la empresa que yo gerencio, se
inició por la época del año 2016, se terminó a comienzos del 2018 y se
tiene rentado hoy a una empresa que se llama Los Patios”. A minuto 6:43
dijo: “Bueno con Wilson nos unía como una intención de negocio como
una buena relación comercial y firmamos esa intención de cuando
termináramos ese edificio de pronto alquilárselo a él”. A minuto
7:57 dijo: “En ese momento hicimos otra intención del negocio, sujeta a
que teníamos que hacer otros perfeccionamientos del mismo, unos
avances materiales, una entrega física, bueno sujetamos ahí otra
intención de negocio a seguirla adelante”. Seguidamente el Juez lee la
cláusula cuarta del contrato y le pregunta: “Esa entrega material del

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inmueble cuando se le iba a realizar a HH GRUPO EMPRESARIAL SAS?”


Y el interrogado no responde. Luego le pregunta: “Cuando terminó de
construirse ese hotel?”, Responde: “En el 2018”; seguidamente le
pregunta: “Para la fecha en que se suscribió este contrato, este que usted
denomina segunda intención, es decir diciembre 28 de 2017, ya había
sido terminado el hotel?” Responde: “NO”; a continuación se le pregunta:
“Iban a firmar una acta de entrega material debidamente notariada?”, y
responde: (Minuto 15:52.) “Si, el día que yo les entregue el hotel a
ellos”. Acto seguido, cuando interroga el apoderado judicial de la parte
demandante, el representante legal de la demandada responde evasivo,
por lo que se le llama la atención por el Juez, so pena de incurrir en
confesión ficta o indicio grave; no obstante lo anterior, Cuando se le
pregunta si recibió un anticipo, igual evade la pregunta y no responde,
por lo que nuevamente le llama la atención el juez y le advierte sobre el
comportamiento y conducta de las partes en el proceso. Le repite la
pregunta, si recibió o no el dinero, y dice que no puede contestar la
pregunta, y el juez ordena tener por confesión ficta, respondida la
pregunta. Frente a la advertida actitud evasiva del representante legal
de la persona jurídica demandada, al absolver el cuestionario formulado
en el interrogatorio de parte, es procedente, en cumplimiento del mandato
contenido en la parte final del inciso primero del artículo 280 del Código
General del Proceso, deducir un indicio en su contra al calificar la
conducta procesal de las partes. Indicio de que la entrega del inmueble
a los arrendatarios se haría cuando se terminara de construir el
inmueble».

Y sobre el mismo particular, agregó que, «en gracia de


discusión, si se entendiera que no se pactó un plazo para la entrega, y
por tanto debe acudirse a la analogía de normas, como lo dijo el A-quo,
para determinar cuál es el plazo para la entrega del inmueble arrendado,
podía válidamente acudirse a las normas del C.C; pues el artículo 822.
Del C. Co. Consagra: “APLICACIÓN DEL DERECHO CIVIL. Los principios
que gobiernan la formación de los actos y contratos y las obligaciones de
derecho civil, sus efectos, interpretación, modo de extinguirse, anularse

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o rescindirse, serán aplicables a las obligaciones y negocios jurídicos


mercantiles, a menos que la ley establezca otra cosa. La prueba en
derecho comercial se regirá por las reglas establecidas en el Código de
Procedimiento Civil, salvo las reglas especiales establecidas en la ley”.
Motivo por el cual no le asiste razón al apelante cunado afirma que no se
pueden aplicar las normas del C.C.».

Sobre la excepción con la que la demandada intentó


poner en tela de juicio la exigibilidad de la obligación de
entrega que se le cobraba (dada la falta de pago del primer
canon, por parte de los arrendatarios), señaló que «Indica el
recurrente, que conforme a la cláusula 2 y 6 del contrato el arrendatario
debía pagar el canon dentro de los 5 primeros días del mes, en forma
anticipada, por tanto conforme al fallo, desde el 5 de enero de 2018 le
era exigible a los arrendatarios el pago del canon de arrendamiento y en
el proceso no se demostró que los arrendatarios hubieren cumplido, y la
verificación del cumplimiento es un requisito para determinar la
procedencia y establecimiento del cumplimiento de la contraparte, siendo
elemento indispensable para el éxito de una acción como la aquí
planteada, dejando de lado lo dispuesto en el art. 1882 del C.C. Observa
la sala que este cargo igualmente está llamado a no prosperar, toda vez
que no puede dejarse de lado lo dispuesto en el artículo 1882 del C. C.
sobre el tiempo de entrega, pues si el arrendador no ha cumplido con su
obligación de entregar el goce de la cosa arrendada, el arrendatario no
está en mora de pagar el arriendo, conforme lo previsto en el artículo
1609 del C. C.».

En lo concerniente a la posibilidad de acumular las


pretensiones orientadas al cumplimiento forzado del contrato
y al pago de la cláusula penal, indicó que «que le asiste razón al
apelante, pues si se demanda el cumplimiento de la obligación, no puede
pedirse al mismo tiempo la pena, el juez no puede declarar subsistente
el contrato y ordenar el pago de la pena, porque ello iría en contra de la
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intención de la demanda. Así las cosas, tenemos que, el señor Juez a-


quo efectuó una acumulación equivocada de las pretensiones que acogió,
pues a la primera, referida a ordenar el cumplimiento del contrato
(principal), sumó el reconocimiento de la cláusula penal (pedida como
subsidiaria), y sabido es, que las pretensiones subsidiarias se analizan
en defecto de la prosperidad de las principales, lo que es suficiente para
corroborar el yerro en que incurrió, pues al otorgarle prosperidad a la
primera pretensión principal, el campo de acción del señor Juez de
instancia se limitaba a sopesar las demás así rotuladas, no las
subsidiarias».

Ante dicho escenario, arguyó el tribunal que «en la


sentencia recurrida en primer lugar se accede al reconocimiento de la
pretensión principal, ordenando el cumplimiento del contrato celebrado
el 28 de diciembre de 2017 entre la empresa H.H GRUPO EMPRESARIAL
S.A.S., como arrendadora y LUIS FERNANDO LOBO ROZO y JAIRO
LOBO ROZO como arrendatarios (numeral segundo de la parte
resolutiva), y como consecuencia de lo anterior, ordena a la demandada
cumplir con la obligación de entregar al arrendatario la cosa arrendada,
permitiendo la iniciación de la vigencia del contrato (numeral tercero
parte resolutiva). No obstante lo anterior, observa la sala que no es viable
mantener lo dispuesto en la sentencia de primera instancia, en cuanto al
cumplimiento del contrato, esto es, la entrega del establecimiento de
comercio; pero no por lo argumentado por la parte recurrente, sino porque
el inmueble objeto del contrato de arrendamiento, se encuentra en poder
de un tercero en virtud de un nuevo contrato celebrado, lo cual viene
demostrado en el plenario, con la confesión del demandado en su
interrogatorio, y reconocido por el demandante en el libelo introductorio;
motivo por el cual este segundo contrato de arrendamiento celebrado con
terceros prevalece, al haberse hecho entrega del inmueble a estos, y
cualquier entrega posterior no tendrá valor alguno, así lo dispone el
artículo 1980 del C.C.».

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Y con base en ello, coligió, finalmente, que «no estarían


llamadas a prosperar las pretensiones denominadas como principales
por la parte demandante, imponiéndose entonces entrar al estudio de las
pretensiones subsidiarias; observando la Sala que en cuanto a la
pretensión referente a la imposición de la cláusula penal, esta se
encuentra plenamente justificada en correspondencia con el acreditado
incumplimiento de la sociedad demandada de sus obligaciones
contractuales y por su conducta contractual ajena a la buena fe que
impone el artículo 871 del C. Co., carga que deriva del acuerdo suscrito
por las partes como una valoración plena y anticipada de los perjuicios
a cargo de la parte incumplida. Por otra parte y en cuanto a la pretensión
consecuencial de la subsidiaria relativa a que “Se condene al pago de la
indemnización de perjuicios a los demandados, por los daños sufridos
por los demandantes debido al incumplimiento del contrato de arriendo,
los cuales equivalen a la suma de OCHENTA Y DOS MILLONES
NOVECIENTOS VEINTISEÍS MIL PESOS M/L ($82.926.000) por concepto
de pérdida del poder adquisitivo por la suma pactada cómo cláusula
penal por el hecho del paso del tiempo, esto es, la indexación”; observa
la Sala, que de la lectura completa de las pretensiones se evidencia que
lo realmente reclamado es la indexación o actualización de la cláusula
penal y no la obtención de una indemnización de perjuicios adicional; y
como la indexación, no tiene por finalidad indemnizar un perjuicio, ni
siquiera incrementar o aumentar el valor nominal de una determinada
suma económica; sino, que simplemente pretende actualizar dicho valor
al momento presente, ello no es incompatible con la cláusula penal,
motivo por el cual igualmente debe concederse esta pretensión,
imponiéndose por tanto adicionar la sentencia sobre el particular en el
numeral CUARTO de la parte resolutiva, ordenando la indexación de la
suma a que se condena por CLÁUSULA PENAL, desde el 28 de diciembre
de 2017, data en que se suscribió el contrato de arrendamiento, a la
fecha de esta sentencia».

Ante tales raciocinios, no se observa el desafuero


jurídico que se enrostró a la magistratura encartada. Por el
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contrario, la providencia criticada se basó en una motivación


que no es producto de la subjetividad o el capricho, por lo
que resulta improcedente la intervención excepcional del juez
de tutela, más cuando se tiene claro que no se puede recurrir
a esta vía para imponer al fallador ordinario una particular
interpretación del contexto jurídico escrutado o un enfoque
de la normativa aplicada que coincida con el de las partes,
porque es precisamente en ese campo en donde se expresa
con mayor fuerza su independencia.

Ciertamente, la decisión mencionada conlleva un


criterio razonable que, al margen de que la Corte lo prohíje,
impide el éxito del amparo, pues «el juez de tutela no es el llamado
a intervenir a manera de árbitro para determinar cuáles de los
planteamientos valorativos y hermenéuticos del juzgador, o de las
partes, resultan ser los más acertados, y menos acometer, bajo ese
pretexto, como lo pretende la actora, la revisión oficiosa del asunto, como
si fuese uno de instancia» (CSJ STC, 7 mar. 2008, rad. 00514-01,

STC4198-2016, 7 ab rad. 00052-01); a lo que se añade que


«la adversidad de la decisión no es por sí misma fundamento que le
allane el camino al vencido para perseverar en sus discrepancias frente
a lo resuelto por el juez natural» (CSJ STC, 28 mar. 2012, rad.

00022-01 y, STC4185-2016, 7 ab. rad. 00696-00).

Según lo reseñado, surge palpable que la pretensión de


la accionante se circunscribió a un subjetivo disentimiento
frente a las razones que la autoridad accionada tuvo para
resolver el asunto sometido a su escrutinio, disconformidad
que, se itera, excede el ámbito de la tutela.

En ese sentido, la Sala ha dicho que:


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«(…) el mecanismo de amparo constitucional no está previsto para


desquiciar providencias judiciales con apoyo en la diferencia de
opinión de aquéllos a quienes fueron adversas, obrar en contrario
equivaldría al desconocimiento de los principios de autonomía e
independencia que inspiran la función pública de administrar
justicia y conllevaría a erosionar el régimen de jurisdicción y
competencias previstas en el ordenamiento jurídico a través del
ejercicio espurio de una facultad constitucional, al que exhorta el
promotor de este amparo» (CSJ STC, 15 feb. 2011, rad.

01404-01, reiterado entre muchas otras, en STC, 24.


sep. 2013, Rad. 02137-00 y STC1558-2015).

4. Conclusión.

Se negará la salvaguarda porque la providencia materia


de censura fue motivada y lo pretendido por la querellante es
anteponer su propio criterio al de la magistratura convocada,
finalidad que resulta ajena a la acción de tutela.

DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,


Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de
la República de Colombia y por autoridad de la ley NIEGA el
amparo incoado a través de la acción de tutela referenciada.

Comuníquese lo aquí resuelto a las partes por un medio


expedito. En caso de no ser impugnado, remítanse las
presentes diligencias a la Corte Constitucional para lo de su
cargo.

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