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Libertad de imprenta en el siglo XIX

Este dossier presenta cuatro estudios sobre la libertad de imprenta en el siglo XIX en México, un periodo caracterizado por las tensiones entre el reconocimiento de esta libertad y su regulación para proteger el orden. Los artículos analizan momentos específicos o periodos amplios para mostrar cómo se definieron y aplicaron las leyes en la materia, así como las diferencias entre la legislación y la práctica.

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Libertad de imprenta en el siglo XIX

Este dossier presenta cuatro estudios sobre la libertad de imprenta en el siglo XIX en México, un periodo caracterizado por las tensiones entre el reconocimiento de esta libertad y su regulación para proteger el orden. Los artículos analizan momentos específicos o periodos amplios para mostrar cómo se definieron y aplicaron las leyes en la materia, así como las diferencias entre la legislación y la práctica.

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Historia mexicana

ISSN: 0185-0172
ISSN: 2448-6531
El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos

Gantús, Fausta
La libertad de imprenta en el siglo XIX: vaivenes y tensiones de su regulación. Presentación.
Historia mexicana, vol. LXIX, núm. 1, Julio-Septiembre, 2019, pp. 93-114
El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos

DOI: 10.24201/hm.v69i1.3916

Disponible en: [Link]

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DOSSIER

LA LIBERTAD DE IMPRENTA
EN EL SIGLO XIX:
VAIVENES Y TENSIONES
DE SU REGULACIÓN.
Presentación

L as libertades de expresión y de imprenta están estrechamen-


te unidas y forman parte de un binomio indisociable en el
que se entrelazan y complementan.1 Constituyen un aspecto
fundamental de la vida política del país desde que éste se formó,
tras independizarse de España –y en estricto sentido le antece-
de–, que se ha desarrollado en el tiempo llegando hasta nuestros
días. Gracias a ellas el debate público ha sido posible y, a su vez,
son parte integral de ese mismo debate, enfocado en su defensa
o su impugnación, según el caso. Ambas libertades han sido
usadas políticamente por diversos actores, por las autoridades
y representantes de los tres poderes –Ejecutivo, Legislativo y
Judicial–, por los miembros de la oposición al gobierno y por los
críticos del sistema. Así, políticos, intelectuales, artistas, aboga-
dos, impresores y ciudadanos en su conjunto se han posicionado
a favor o en contra de su existencia y de su reglamentación, amén
de haberlas ejercido para sus fines e intereses, o haberse visto

1 Agradezco las lecturas y comentarios a este texto de Elisa Cárdenas, Lau-


rence Coudart, Florencia Gutiérrez y Matilde Souto y de los integrantes del
Seminario de Historia Política del Instituto Mora.

HMex, LXIX: 1, 2019 93


94 Fausta Gantús

constreñidos por sus términos. El debate sobre el tema es vasto


y de vigencia renovada.
Otro binomio indisociable es el de la libertad de imprenta y
su regulación, esto es, los límites que se le imponen, los cuales
incluyen la censura –previa o posterior–, controles formales e in-
formales, reglamentaciones, restricciones, prohibiciones y aun la
represión –legal o extralegal– con diversos grados de violencia.
Las legislaciones, así como las diversas estrategias de control
sobre la imprenta, en general, y la prensa, en particular, consti-
tuyen un eje vertebral y revelador de los proyectos e intereses
de partidos y grupos políticos, cualquiera que sea su filiación o
ideología. Especialmente de aquellos que actúan como gobierno,
pero también de aquellos que en el espacio público se sitúan
como su contraparte, y de la sociedad política toda, pues el cru-
ce de esos proyectos e intereses en su conjunto, sus tensiones y
equilibrios, son los que dan cuerpo al Estado-nación, definen
las identidades colectivas derivadas del mismo, conforman y
renuevan lenguajes políticos, articulan procesos democratiza-
dores o modernizadores. En fin, que regulación y control de la
imprenta son herramientas privilegiadas para actuar en política.
Las discusiones sobre el tema se proyectan en el tiempo mar-
cando periodos de gran agitación política en la esfera pública.
Los usos políticos de la libertad de imprenta son variados e
impactan significativamente en el conjunto de las sociedades; su
regulación misma los entraña.2 Así encontramos, por un lado,
a quienes demandaban –y demandan– su respeto y observancia
2 En los últimos años de vida colonial, esto es, a partir de la emisión de la
Constitución de Cádiz en 1812, se usó el término libertad política de imprenta
para diferenciarla de la libertad religiosa. Esta diferencia se mantuvo en la
primera Constitución mexicana, la de 1824, que garantizó la “libertad política
de imprenta”, y continuó en la centralista Ley Constitucional de 1836. El
cambio se operó en 1857, cuando la nueva Constitución garantizó la “libertad
de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia”. Fernando Gómez de
Lara, Manuel González Oropeza, David M. Vega Vera y Javier Zenteno
Barrios, Estudios sobre la libertad de prensa en México, México, Universidad
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 95

o exigían –exigen– que la libertad sea irrestricta, acusando al


gobierno, y a quienes están a favor de su acotamiento, de poner
trabas e imponer límites, someter y reprimir a quienes no están
de acuerdo con el sistema imperante. Por el otro, a quienes
–principalmente las autoridades, aunque no exclusivamente,
porque también los propios periodistas, intelectuales y políticos
de todo orden– han buscado –y buscan– acotar los márgenes de
esa libertad aduciendo la necesidad de proteger el interés común,
el orden, la legalidad, la estabilidad institucional, la paz colectiva,
la autoridad del Estado. En términos del desarrollo de la prensa
y de la conformación y consolidación de los estados nacionales
latinoamericanos, el siglo xix se caracterizó por ser el de las
tensiones entre el reconocimiento de la libertad de imprenta y
expresión, entendida como base fundamental de los sistemas
republicanos y del liberalismo, y su identificación como un
factor que atentaba contra los poderes establecidos, trastocando
el orden, como un factor de disolución. Las consideraciones res-
pecto a la libertad de prensa oscilaban entre hacerla el estandarte
del progreso o mostrarla como un peligro para la estabilidad y
la paz nacional.
En este dossier, por medio de cuatro estudios –unos foca-
lizados, otros de más amplio espectro–, nos ocupamos de la
libertad de imprenta –y de la de expresión, que va estrechamente
asociada a ésta–, en la centuria decimonónica, tratando de acer-
carnos a aspectos poco estudiados, como son el de su legislación
y el de las tensiones entre libertad y orden que trajo apareja-
do y que definió gran parte de los debates sobre su regulación.
En sus colaboraciones, Abraham Chimal, Laurence Coudart,
Fausta Gantús y Víctor Villavicencio se adentran en momentos
específicos o periodos más o menos amplios, según el caso, para
mostrar cómo se fueron definiendo y aplicando las leyes en la

Nacional Autónoma de México, Corte Constitucional de Guatemala, 1997,


pp. 17-34.
96 Fausta Gantús

materia en determinadas coyunturas, mostrando también las


diferencias entre la letra de la ley y la práctica.
Cabe precisar que lo poco que sabemos sobre legislación de
imprenta se refiere a las disposiciones federales y que práctica-
mente desconocemos lo sucedido en los estados. La Constitu-
ción de 1824 dejó en las entidades federativas la responsabilidad
de proteger esa libertad, y cada una la garantizó de forma par-
ticular.3 La de 1857, aunque no lo hizo de manera expresa en la
materia de libertad de imprenta, reconoció la capacidad de cada
Estado para emitir leyes para su gobierno interior.
En general, los trabajos producidos sobre la libertad de im-
prenta, ya aludan a ella de manera referencial, ya centren su aten-
ción en el tema mismo, asumen que su regulación es un asunto
de carácter federal, y prácticamente ninguno se detiene en las
posibles disposiciones de los estados en la materia. Y ello es así,
no por estar en el entendido de que las leyes locales no pueden
contravenir las de carácter federal, sino porque lo cierto es que ni
siquiera nos hemos dado a la tarea de preguntarnos por las reali-
dades estatales en lo que toca a la legislación de prensa. Éste es un
tema que la historiografía mexicana no ha desarrollado porque
quizá aún sabemos tan poco sobre el marco nacional que la ex-
ploración de los particulares se ha quedado pendiente. Lo cierto
es que los estudios de caso en la materia están aún en ciernes.

* * *

Durante el siglo xx, el marco constitucional que regula a la


imprenta en México (1917-2017) se mantuvo sin cambios. En
1917 se promulgó una nueva Constitución y se emitió una Ley
de Imprenta –también conocida como Ley sobre Delitos de
3 Reynaldo Sordo Cedeño, “La libertad de prensa en la construcción del
estado liberal laico, 1810-1857”, en Margarita Moreno-Bonett y Rosa María
Álvarez Lara, El Estado laico y los derechos humanos en México: 1810-2010,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012, t. I, p. 137.
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 97

Imprenta–, misma que, aunque reformada en varias ocasiones,4


continúa vigente hasta la actualidad, y reglamenta a la imprenta
y la libertad de expresión.5
En la Constitución los artículos que garantizan lo relativo
a la libertad de expresión y de imprenta continúan siendo el
6º y el 7º, respectivamente, igual que en la de 1857. En la carta
fundamental promulgada en 1824 se señaló en el artículo 50,
fracción iii, como facultad “exclusiva” del Congreso general
“Proteger y arreglar la libertad política de imprenta, de modo
que jamás se pueda suspender su ejercicio, y mucho menos
abolirse en ninguno de los Estados ni territorios de la federa-
ción”. En tanto en el artículo 161, fracción IV, se estipuló como
“obligación” de los estados: “Proteger a sus habitantes en el
uso de la libertad que tienen de escribir, imprimir y publicar sus
ideas políticas, sin necesidad de licencia, revisión o aprobación
anterior a la publicación; cuidando siempre de que se observen
las leyes generales de la materia”.6 En lo que toca a la libertad
de expresión, el artículo 6º estipuló en 1917 que: “La manifesta-
ción de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial
o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los
derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el o ­ rden
público”. Con lo cual se mantuvo prácticamente idéntico al de
1857, salvo por el tiempo verbal que pasó de “no puede ser”
a “no será”, y porque se suprimió el término “crimen” que
acompañaba al de delito. Este artículo, sin embargo, sufrió una

4 La última reforma es de 4 de noviembre de 2015, que derogó el artículo 27

de la Ley de 1917.
5 Un par de estudios, aunque no son los únicos, centrados en leyes de imprenta

en el siglo xix, son: Florence Toussaint Alcaraz, Periodismo, siglo diez y


nueve, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2006 y Carolina
Martínez Quintero, “Ley Lares: ‘Hay que acallar a la prensa anárquica,
poco inteligente y hostil’ (1853-1855)”, tesis de licenciatura, México, Univer-
sidad Nacional Autónoma de México, 2013.
6 Constitución Política de la República Mexicana, de 1857. Constitución Fede-

ral de los Estados Unidos Mexicanos, de 1824.


98 Fausta Gantús

reforma sesenta años después, en 1977, cuando se adicionó en


su parte final: “el derecho a la información será garantizado por
el Estado”; sin embargo, sería hasta 2002 cuando esta reforma
se tradujera en una ley que la regulara.
En julio de 2007 al artículo se le incorporaron siete fracciones
relacionadas con el derecho de acceso a la información. Final-
mente, en noviembre del mismo año el artículo se reformó de
nuevo para incluir lo relativo al derecho de réplica.7 De esta
forma, el artículo 6º garantiza en la actualidad la libre manifesta-
ción de las ideas pero también otros dos aspectos: el derecho de
réplica, relacionado con los efectos de la difusión y los medios
de comunicación mediante los cuales se dan a conocer opinio-
nes; y con el acceso a la información, que atañe principalmente
a las políticas gubernamentales respecto al manejo de la docu-
mentación oficial.
En el caso del artículo 7º en 1917 se asentó:

Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cual-


quier materia. Ninguna ley ni autoridad pueden establecer la previa
censura, ni exigir fianza a las autoridades o impresores, ni coartar
la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la
vida privada, a la moral y a la paz pública. En ningún caso podrá
secuestrarse la imprenta como instrumento del delito.
Las leyes orgánicas dictarán cuantas disposiciones sean nece-
sarias para evitar que so pretexto de las denuncias por delito de
prensa, sean encarcelados los expendedores, ‘papeleros’, operarios
y demás empleados del establecimiento donde haya salido el escrito

7 “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial


o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de
tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de ré-
plica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la infor-
mación será garantizado por el Estado”. Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, de 1917.
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 99

denunciado, a menos que se demuestre previamente la responsabi-


lidad de aquellos.8

La redacción del artículo se ha mantenido sin reformas des-


de entonces.9 Cabe señalar que el contenido del artículo en
su primera parte es exactamente igual al de 1857, aunque se le
adicionó la prohibición de incautar las imprentas. El cambio
importante está en la parte final del artículo, que en 1857 esta-
blecía: “Los delitos de imprenta serán juzgados por un jurado
que califique el hecho, y por otro que aplique la ley y designe la
pena”; y que había sido reformado en 1883 quedando asentado
que: “Los delitos que se cometan por medio de la imprenta
serán juzgados por los tribunales competentes de la Federación
o por los de los Estados, los del Distrito Federal y territorio de
la Baja California, conforme a su legislación penal”.10 En tanto,
en 1917 se precisó que se emitiría una ley orgánica para regular
el ejercicio de la imprenta. Éste no es un cambio menor, pues la
reforma de 1883 dejaba sometido al imperio de los tribunales
de orden común y sujetos a los códigos penales vigentes –en la
Federación y los estados– los delitos cometidos por medio de
la imprenta.11 Con la nueva Constitución se garantizaba la exis-
tencia de una ley específica para arbitrarlos y juzgarlos, misma
que fue emitida el 9 de abril de ese año.

8 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de 1917.


9 Consideramos las reformas publicadas al 17 de agosto de 2011, que son las
más recientes que pudimos ubicar.
10 Constitución Política de la República Mexicana, de 1857. Para seguir las pro-

puestas de modificación y la reforma del artículo 7º a partir de su emisión en


1857 véase el anexo 3: “Artículo 7º constitucional: propuestas, aprobación y
reforma”, en el artículo de Gantús en este dossier.
11 En particular los artículos 49 fracc. III, 644, 648, 656, 657, 658, 660, 785, 786,

839, 909, 910, 1110 del Código Penal para el Distrito Federal y Territorio de la
Baja California sobre delitos del fuero común, y para toda la República sobre
delitos contra la Federación, 1872.
100 Fausta Gantús

Es significativo que tras un siglo como el xx, marcado por el


desarrollo y expansión de los medios de información y comu-
nicación, desde el cine y la radio hasta la internet, pasando por
la televisión, la Constitución mexicana vigente sólo garantiza lo
relativo al derecho de imprimir y de publicar escritos, sin incluir
aún las otras formas –y los demás medios– de expresión y co-
municación. Aunque sabemos que se han dictado algunas leyes
en las diversas materias, tales como la Ley Federal de Radio y
Televisión, que se promulgó en 1960, y fue reformada en 2006 y
en 2012 y abrogada en 2014;12 la Ley Federal de Telecomunica-
ciones y Radiodifusión, emitida en 2014;13 y tuvimos noticia del
intento de ley promovida para prevenir y sancionar los delitos
informáticos en 2015; y hay que señalar que la Ley de Libertad
de Imprenta del 9 de abril de 1917 contempló lo relativo a las
representaciones teatrales, exhibiciones de cinematógrafo y au-
diciones de fonógrafo; lo que llama la atención es la persistencia
de la redacción original del artículo en el texto constitucional.14
Aunque no haremos aquí un análisis de la ley de imprenta
vigente en la actualidad, si hay un par de cuestiones sobre las
que queremos detenernos –aunque en realidad gran parte de la
ley requeriría una crítica puntual, ello rebasa las pretensiones de
este dossier–15 por su estrecha vinculación con temas que fueron

12 Ley Federal de Radio y Televisión, 1960, reformada en 2007. DE: http://

[Link]/fileadmin/_migrated/content_uploads/Ley_Federal_de_
Radio_y_Television.pdf
13 Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, 2014. De: http://

[Link]/[Link]/camara/Comision-de-Radio-y-Televi-
sion/Ley-Federal-de-Telecomunicaciones-y-Radiodifusion.
14 En 1913 se emitió un reglamento de cinematógrafos y sus adiciones, en tan-

to en 1949 se promulgó la Ley de la Industria Cinematográfica. Sobre el tema


véase Adriana Berrueco García, Nuevo régimen jurídico del cine mexicano,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2009, pp. 1 a 43.
15 Sobre el tema de las libertades de expresión y de imprenta en la actualidad,

a partir del análisis de la Constitución de 1917, véase Juan Ferreiro Galgue-


ra, “Libertad de imprenta en México: hacia una ley federal de comunicación
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 101

centrales en las discusiones del siglo xix. Como puede observar-


se, perduran términos, usados en ambos artículos constitucio-
nales, como “moral”, “vida privada” y “orden público” o “paz
pública”, acompañados de “respeto”, “ataques”, “provocar”
o “perturbar”, que son los límites impuestos a la libertad de
expresión y de imprenta, pero que resultan conceptos proble-
máticos por la ambigüedad que entrañan. Por ello, sin duda, a
través de varios de los artículos de la Ley de Imprenta de 1917
se buscó definir lo que constituye un “ataque” a los mismos.16
Sería largo entrar a discutir este tema aquí, pero lo que queremos
es señalar un asunto importante que atravesó gran parte de las
prácticas y de las discusiones en torno a la libertad de expresión
y al ejercicio de la libertad de imprenta a lo largo del siglo xix.
Como muestra, baste decir que los “ataques a la vida privada”,
consignados y penados en la ley de 1917, se derogaron reciente-
mente, en enero de 2012.17
En efecto, cuestiones como ¿qué se entiende por un ataque a
la moral? resultan difíciles de definir. La moral y la vida privada,
aunque no se explicitara, estaban estrechamente asociadas a la
idea del honor, mismo que tuvo un lugar relevante en la vida
pública y el desempeño político de los actores de época, en
la construcción de la “autoridad política” y en el desarrollo
de la nación.18 También, como lo apunta Laurence Coudart, la
reglamentación que defendía la moral y las buenas costumbres

social”, en Anuario da Facultade de Dereito da Universidade da Coruña, 5


(2001), pp. 289-314.
16 Artículos 1º, 2º y 3º de la Ley de imprenta, o Ley sobre delitos de imprenta,

de 1917.
17 Decreto por el que se derogan los artículos 1º y 31 de la Ley sobre Delitos

de Imprenta, 11 de enero de 2012.


18 Pablo Piccato, La tiranía de la opinión. El honor en la construcción de la

esfera pública en México, México, Instituto Mora, El Colegio de Michoacán,


2015, en particular, pp. 21-155. Fausta Gantús, Caricatura y poder político.
Crítica, censura y represión en la ciudad de México, 1876-1888, México, El
Colegio de México, Instituto Mora, 2009, pp. 290-312.
102 Fausta Gantús

tenía en su base la búsqueda de la cohesión social y nacional.


Y ¿cómo dibujar con nitidez lo que constituía un ataque, una
provocación o una franca perturbación al orden o la paz pú-
blicos? Abierta a la interpretación, la decisión de calificar un
escrito en tales términos se dejaba al arbitrio de los impartidores
de justicia, que podían hacer casi de cualquier crítica contra las
autoridades un llamamiento a la rebelión.19 Entonces, ¿cómo
determinar y cómo proteger el honor y la vida privada?, ¿y
cómo resguardar la seguridad de la nación? Esto es, ¿era necesa-
rio regular la prensa? ¿Cómo hacerlo? ¿En qué términos podían
garantizarse las libertades de expresión y de imprenta al tiempo
que se preservaran los derechos de terceros y la autoridad gu-
bernamental? Este debate marca toda la centuria decimonónica.
Al respecto diversos intelectuales y políticos a lo largo del siglo
expresaron sus opiniones, fijaron sus posiciones y sostuvieron
intensos debates, ya desde el momento mismo de la transición
del régimen colonial a la vida independiente, como lo muestra
Abraham Chimal en su colaboración con la disputa sostenida
entre José María Cos y José Mariano Beristain.20
Esto nos lleva, obligadamente, al tema central del artículo 7º,
a la ley de imprenta y al tema de este dossier: la libertad de im-
prenta, su regulación y aplicación. Asunto complejísimo sobre
el cual las discusiones se han multiplicado a lo largo de los dos
siglos de existencia de nuestro país. ¿Existe la libertad irrestricta,
así, en general? Y, en lo particular, ¿es posible la existencia de la
libertad de imprenta sin ningún tipo de censura? ¿Y lo es sin
ningún tipo de restricción o regulación? En este contexto, es
posible afirmar que la censura limita, pero ¿limitar es censurar?
Mucha confusión hay sobre este punto.

19 Véase, al respecto, el caso de la deuda inglesa y la creación de la figura de la

“psicología” desarrollados por Gantús, Caricatura, pp. 312-383.


20 Para los primeros años del siglo xix véase Susana Ma. Delgado Carranco,

Libertad de imprenta, política y educación: su planteamiento y discusión en el


Diario de México, 1810-1817, México, Instituto Mora, 2006.
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 103

Esfuerzos por entender, analizar y explicar la libertad de


imprenta, así como reflexiones y argumentaciones en el mismo
sentido se han desarrollado desde la historia y el derecho, espe-
cialmente. Las discusiones, como anotábamos antes, han estado
y continúan estando vigentes en la actualidad cuando tratamos
de entender la práctica, el ejercicio, la regulación y los debates de
la libertad de imprenta decimonónica. Como apunta Laurence
Coudart en su colaboración, “la implementación de dicha liber-
tad constituye un problema complejo que no se puede tratar de
manera maniquea o esencialista”.
Para adentrarnos en este punto debemos decir algo, muy bre-
vemente, sobre la censura de la imprenta que, como es sabido,
ha existido y existe de muy diversas formas.21 Lo primero que
queremos hacer es puntualizar una diferencia, que consideramos
fundamental, relacionada con el uso del término tanto por parte
de los actores de la época como por parte de quienes estudian
el fenómeno, que no hemos visto explicitado en ningún trabajo
sobre el tema. Se trata de diferenciar el uso retórico del concepto
censura, de su uso legal y judicial, y aun del práctico.
En estricto sentido, la censura sólo es posible cuando una
obra es sometida a dictamen o evaluación, ya sea de manera
previa a su publicación, o bien una vez publicada, pues requiere
que “se forme juicio de alguna obra o cosa”.22 También censu-
rar es “corregir o reprobar” a algo o a alguien. En tal sentido,

21 Sobre el tema de la censura y el papel de los censores véase el trabajo de


Robert Darnton, Censores trabajando. De cómo los Estados dieron forma a
la literatura, México, Fondo de Cultura Económica, 2014.
22 Las definiciones de los diccionarios, durante el siglo xix y hasta la actuali-

dad, así lo establecen. Existen diversos diccionarios publicados a lo largo de


los dos siglos que dan cuenta de ello. Sería largo enumerarlos aquí, y anotare-
mos sólo algunos: M. Núñez de Taboada, Diccionario de la lengua castellana,
2 vols., París, Seguin, 1825; Elías Zerolo, Diccionario enciclopédico de la
lengua castellana, 2 vols., París, Garnier hermanos, 1895; Manuel Rodríguez-
Navas y Carrasco, Diccionario general y técnico hispano-americano, Madrid,
Cultura Hispanoamericana, 1918.
104 Fausta Gantús

podemos debatir sobre la pertinencia o no, las razones justi-


ficadas o no, los intereses evidentes u ocultos, del gobierno y
otras instituciones y actores –individuos, corporaciones, par-
ticularmente las religiosas, etc.–, para censurar impresos, pero
hay que evitar achacarle o confundir la censura con los diversos
límites impuestos a la libertad de imprenta, así como llegar al
exceso de considerarla la forma privilegiada para actuar contra
la prensa. Esto es, censurar no es sinónimo de regular, prohibir,
reprimir…, aunque en el uso retórico se equiparen. Como se-
ñala Darnton, “identificar la censura con restricciones de todo
tipo significa trivializarla”.23 Aunque evidentemente la censura
limite, la idea de su existencia es que debe hacerlo con base en un
juicio razonado, fundamentado, que justifique suficientemente
los motivos de la misma. Cabe señalar que aun durante la etapa
colonial, la censura, a pesar de ser previa, no era necesariamente,
o al menos no siempre, concebida como una acción represora
sino como un examen al que debían someterse las obras a fin de
garantizar su contenido.
En principio, la censura en el México independiente no fun-
cionó como estrategia para evitar la publicación de un escrito,
pues a partir de la promulgación de la Constitución de 1824 la
garantía de publicar sin previa censura quedó establecida.24 En
realidad ya en 1810, en el decreto IX, de 10 de noviembre, emi-
tido por las Cortes de Cádiz, se consignó la libertad de “escribir,
imprimir y publicar […] sin necesidad de licencia, revisión o
aprobación alguna anterior”, para las obras de carácter político,
pero manteniéndose la previa censura para las que se ocuparan
de materia religiosa. La Constitución de Apatzingán, de 1914,
en su artículo 40 consignó para los ciudadanos “la libertad de
hablar, de discurrir y de manifestar sus opiniones por medio
de la imprenta”, autorizando la prohibición de los mismos sólo

23 Darnton, Censores, p. 12.


24 Artículo 50, fracc. III, y artículo 161, fracc. IV. Constitución de 1824.
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 105

en casos concretos en que se atacara el dogma, se perturbara la


tranquilidad pública o se ofendiera el honor de un tercero, pero
no aclaró si esa prohibición sería previa a la publicación. En la
línea trazada por Cádiz y Apatzingán, en 1822, en el Reglamen-
to Provisional del Imperio Mexicano se decretó la supresión
de la previa censura para todas las obras excepto para aquellas
que tocaran cuestiones eclesiásticas y de religión, así como
las relacionadas con la monarquía, la figura del emperador y los
principios fundamentales de independencia y unión.
A pesar de los cambios de régimen de gobierno que experi-
mentó el país durante la primera mitad del siglo, la disposición
sobre prohibir la censura previa se mantuvo en los textos fun-
damentales del país, tanto en las Siete Leyes de 1836 como en las
Bases Orgánicas de 1843 y en el Acta de Reformas de 1847. Cabe
señalar que ni siquiera la restrictiva Ley Lares de 1853 impuso la
censura previa. Esto es, en 1824 se inauguró una etapa signada
por el cambio radical del marco de referencia en cuanto al diseño
de la comunidad política y sus principios, que habría de conso-
lidarse en el transcurso del siglo. El Estado mexicano adoptó la
mayoría de las libertades modernas, entre ellas la de imprenta,
en términos políticos; sin embargo, no rompió el víncu­lo con la
religión católica, que se mantuvo como la religión nacional. Así,
en el nuevo régimen, y durante casi toda la primera mitad de la
centuria, la práctica de la censura estuvo ligada a un sistema de
gobierno que reconocía como uno de sus principios constitucio-
nales la religión católica y, por tanto, la protegía. En este régimen
de unicidad religiosa, la censura previa, entendida como una
práctica administrativa del Estado, se prohibió para las ideas y
escritos de carácter político, pero se mantuvo para lo relativo a
las de carácter religioso.25
25 En el Reglamento Provisional Político del Imperio Mexicano, de 1822, en
los artículos 17 y 18, quedó expresamente consignada la prohibición en “ma-
terias de religión y disciplina eclesiástica”. Sería hasta junio de 1856 cuando “el
proyecto de reformas deja por fin libre a la prensa para hablar sobre materias
106 Fausta Gantús

En lo que toca a la existencia de censura posterior, aun cuando


no se expresara explícitamente, es evidente que, en tanto no esta-
ba prohibida, estaba permitida. En efecto, la censura posterior se
aplicó cuando un escrito violentaba o contravenía las disposicio-
nes que regulaban la libertad de imprenta; se censuraba entonces
con base en la prohibición, en la norma, cuando se incumplían
algunas de las restricciones establecidas en la legislación. Pero
entonces la censura no se ejercía de manera directa por los
representantes del Poder Ejecutivo –como se ha acusado reite-
radamente, y la mayoría de las veces sin fundamento, a lo largo
de estos dos siglos– sino que requería, generalmente, la inter-
vención del Poder Judicial y la consecución del debido proceso,
salvo en los momentos en que privaba en el país una situación
de excepción que permitía al Ejecutivo actuar en tal sentido.
Esto es, para que un escrito fuera “censurado” se requería de
una previa denuncia, presentada por autoridades, funcionarios
–como era el caso de los fiscales o ministerios públicos, según la
época–, corporaciones o individuos, paso obligado sin el cual, en
tiempos de normalidad, no era posible actuar contra un escrito.
Las autoridades del Poder Ejecutivo sólo han podido proceder
de manera directa frente a la prensa en coyunturas bien defini-
das en las cuales, debido a situaciones de riesgo o alteración del
orden en el país, el Poder Legislativo le ha concedido el uso de
facultades extraordinarias y ha suspendido las garantías respecti-
vas a los artículos 6º y 7º constitucionales, como lo muestran las
colaboraciones de Coudart y Gantús. En todo caso, la censura
posterior constituye la excepción y no la regla en el ejercicio de
los derechos de expresión y publicación.

religiosas […] El respeto al dogma católico como uno de los límites a la libertad
de imprenta, que había permanecido en todas las constituciones mexicanas,
incluida la de Cádiz”. Elba Chávez Lomelí, Lo público y lo privado en los
impresos decimonónicos. Libertad de imprenta (1810-1882), México, Miguel
Ángel Porrúa, 2009, p. 264.
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 107

Ahora bien, es posible constatar que la censura posterior se


ejerció en el México decimonónico de varias maneras –aunque,
cabe señalar, tal concepto no se usaba en el lenguaje oficial, ni
legal ni judicial–; esto es, se ejercía mediante la aplicación de
medidas provenientes de alguno de los poderes o mediante la
implementación de recursos legales y jurídicos, pero es necesa-
rio precisar cuáles fueron. Podemos identificar dos estrategias
desarrolladas por las autoridades para “censurar” y evitar la
circulación de algunos escritos. Por supuesto, para que esas
formas de censura, que ahora precisaremos, fueran posibles, la
base imprescindible era la existencia misma de una regulación
de las libertades de expresión y de imprenta, que imponía cier-
tos límites. Esa regulación era dictada por el Poder Legislativo
salvo, como ya hemos apuntado antes, en los casos de estado de
excepción, durante los cuales el Poder Ejecutivo estaba facultado
para ello. Con base en esa legislación, la primera forma de ejercer
la censura la encontramos en el uso de facultades extraordinarias
y suspensión de garantías. La segunda, que es, sin duda, la más
interesante y que evidencia la habilidad desarrollada por las au-
toridades así como el estrecho contubernio entre poderes, es el
procedimiento judicial.26
Existe también otra forma de poner freno a la libertad de
imprenta que, justo en ese uso retórico del concepto, se ha aso-
ciado a “censura”, pero que en los hechos no es tal, ni puede ser
definida como tal, y es la represión extralegal y en algunos casos
francamente violenta.27 Al tratar sobre la prensa se suele usar el
término censura como sinónimo de prohibición y represión,
sin reparar en que son acciones diferentes. La confusión en el
uso del término censura para todo acto de prohibición, restric-
ción o represión de la imprenta, viene de la aplicación misma

26 Gantús, Caricatura, pp. 263-383; y los artículos de Coudart y Gantús


incluidos en este número.
27 Sobre el tema véase Gantús, Caricatura, pp. 271-278.
108 Fausta Gantús

que le daban autores en su época, quienes también asociaban la


censura con la crítica. La existencia de la normativa y las estra-
tegias de contención, así como la violencia, provocan una forma
más de inhibición de la imprenta: la autocensura. Cabe precisar
que en los trabajos reunidos en este dossier nos ocupamos de la
censura política, principalmente. Por censura política entende-
mos aquella que ejercen las autoridades gubernamentales para
tratar de controlar la circulación de ciertas opiniones o infor-
mación sobre sus decisiones, desempeño y actuación en general.
Censura y autocensura ponen en evidencia las preocupaciones
–y contradicciones– que atraviesan a la sociedad política y
dejan al descubierto lo que en cada proyecto de gobierno se
juega; expre­san también las alianzas y confrontaciones entre los
medios impresos –y de comunicación– y los otros actores de la
esfera pública.
Lo que sí podemos constatar es el uso reiterado del procedi-
miento judicial, que llevó en más de una ocasión a suspender o
retirar de circulación un impreso y al encarcelamiento del escri-
tor, editor o impresor –en algunas ocasiones incluido parte del
personal de las imprentas o periódicos–. Esto es, no se procedía
legalmente contra un periódico por disposición del Ejecutivo
–aunque podía ser el promotor de la denuncia–, sino por causa
expresa instrumentada por el Poder Judicial. Proceder en tér-
minos judiciales fue una estrategia que se fue afianzando con el
correr del siglo, y se consolidó después de la reforma del artículo
séptimo ocurrida en 1883, pero estuvo presente también durante
la primera mitad, como lo muestra Víctor Villavicencio en su
colaboración centrada en el año 1840. En todo caso podríamos
hablar, pues, de censura judicial. Los diversos representantes del
Poder Ejecutivo, por su parte, y como lo muestran los estudios
aquí reunidos, tuvieron que recurrir a otras estrategias para li-
mitar, frenar y prohibir –censurar– a los impresos, en particular
a la folletería, en la primera mitad del siglo, y a los periódicos,
en la segunda; en particular se valieron del uso de facultades
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 109

extraordinarias, otorgadas por el Poder Legislativo. Los tres


poderes, parece obvio, se preocuparon siempre por los alcances
e impacto de la letra escrita y su circulación, por ello actuaron,
fuera de manera independiente o, la mayoría de las veces, colu-
didos contra los impresos.

* * *

Las investigaciones que tienen como fuente principal a la pren-


sa son incontables, menos son las que se ocupan de ella como
objeto de estudio; buena parte de esos últimos están cruzados
o tienen en su base la legislación de imprenta, referente impres-
cindible para situar y comprender muchos de los problemas
relacionados con el universo de la prensa, los impresos y la
imprentas, pero casi ninguno se adentra en el tema. En los es-
tudios que ocupan la legislación como marco de referencia o en
los que entran de lleno en la materia, o aquellos que se centran
en la discusión sobre las libertades de expresión y de imprenta,
suele privar una gran confusión sobre las leyes y demás dispo-
siciones oficiales que estaban vigentes en cada momento dado.
No pretendemos hacer un recuento historiográfico ni presentar
un estado de la cuestión, pero es importante señalar que, salvo
excepciones, no encontramos libros centrados en la legislación
en la etapa decimonónica.28 Hay varios estudios que atienden al
asunto de la libertad de prensa pero, o no constituye su interés
principal o, sobre todo, no se adentran en el tema en términos de
su legislación. Cabe apuntar que la mayoría de las publicaciones
que se enfocan en la regulación o normativa de la libertad de
imprenta se encuentran dispersas en revistas y libros.
La gran cantidad de disposiciones sobre libertad de imprenta,
que abarcan desde circulares hasta leyes, emitidas por autorida-
des de los poderes Ejecutivo y Legislativo, y aun Judicial, –tanto

28 Una de esas excepciones es el trabajo de Chávez Lomelí, Lo público.


110 Fausta Gantús

en tiempo de normalidad como en periodos excepcionales, en


los que privaron suspensión de garantías y facultades extraordi-
narias–, aunadas a proclamas, planes y manifiestos de sublevados
y pronunciados, que muchas veces afectaron la vigencia y acción
de una disposición, reglamento o ley porque lo modificaron,
suspendieron –temporal o definitivamente–, y que a veces se
superponen unas a otras, hacen muy difícil saber con exactitud
el marco normativo federal vigente en cada etapa, y eso se ve
reflejado en la mayoría de los estudios en la materia publicados
hasta ahora.
Entre los esfuerzos que desde la historia se han hecho en
esos terrenos para tratar de dilucidar y profundizar en la com-
prensión de la legislación de prensa, su papel e importancia, se
encuentra el libro de Elba Chávez Lomelí, Lo público y lo priva-
do en los impresos decimonónicos. Libertad de imprenta (1810-
1882), que procura seguir la evolución de la prensa atendiendo
a la reglamentación, esto es, a las formas que se implementaron
para regularla bajo los diferentes regímenes gubernamentales
de su periodo de estudio, así como a las estrategias empleadas
para controlarla y reprimirla.29 Destaca el minucioso trabajo “La
regulación de la libertad de prensa (1863-1867)” de Laurence
Coudart, que centra su interés en una etapa muy descuidada por
la historiografía de la prensa, que es la del segundo imperio.30
Por su parte, en su libro Caricatura y poder político, Fausta
Gantús dedica un par de capítulos a comprender el proceso de
regulación por medio de la aplicación y modificación del ar­tícu­
lo séptimo constitucional, el uso de facultades extraordinarias y
la estrategia judicial, entre 1867 y 1888.31 Desde el derecho, el
trabajo más abarcador sobre el tema de la libertad de prensa y su
regulación, es el elaborado en coautoría por Fernando Gómez
29 Chávez Lomelí, Lo público.
30 Laurence Coudart, “La regulación de la libertad de imprenta (1863-
1867)”, en Historia Mexicana, lxv: 2 (258) (oct.-dic. 2015), pp. 629-687.
31 Gantús, Caricatura.
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 111

de Lara, Manuel González Oropeza, David Vega Vera y Javier


Zenteno Barrios, Estudios sobre la libertad de prensa en Méxi-
co, en el que hacen un recorrido por la centuria decimonónica
iniciando con Cádiz en 1812 y cerrando con la Constitución
de 1917, deteniéndose tanto en leyes como en discursos y en
argumentaciones jurídicas.32
Ante este escenario y las continuas dudas que surgen al elabo-
rar o revisar trabajos sobre la prensa respecto a la fiabilidad de
los datos asentados, un pequeño grupo de investigadores inte-
resados en el tema nos propusimos la tarea conjunta de tratar de
avanzar un poco en la materia. Dos de los trabajos de este dossier
centran su atención en momentos y situaciones concretas, aten-
diendo a debates –en la esfera pública y en los espacios políticos–
y conflictos suscitados entre diversos actores, promulgación de
disposiciones y leyes, y su aplicación.
El periodo de 1810-1813, que constituye un momento de
transición en el que conviven el régimen colonial con el naci-
miento de la nación mexicana, es objeto de análisis de Abraham
Chimal. El autor se da a la tarea de estudiar las estrategias des-
plegadas por los realistas para frenar la difusión por medio de la
prensa de las ideas insurgentes valiéndose para ello, por un lado,
de la restricción de la libertad de imprenta y, por el otro, de
la confrontación mediante la réplica, esto es, valiéndose ellos
mismos del uso de los impresos. En este contexto, se analizan la
legislación en la materia y los discursos elaborados por ambos
bandos. En su estudio identifica también el surgimiento de un
nuevo tipo de prensa que resultaba a la vez política, periódica
y crítica.
Un par de décadas después, en 1840, signado por el cruce de
intereses políticos en la búsqueda por definir el mejor régimen
para un país que se debatía entre el federalismo y el centralis-
mo y en el que reaparecía la consideración del monarquismo

32 Gómez de Lara, Estudios.


112 Fausta Gantús

como una posibilidad para solucionar la conflictiva situación


nacional, se centra el estudio de Víctor Villavicencio.33 Su interés
está puesto en analizar el ambiente y el debate político en torno
de la libertad de imprenta y la aplicación de las leyes en la mate-
ria con motivo de una publicación a favor del monarquismo que
resultó polémica y controversial y provocó la respuesta tanto
de la propia prensa, en lo discursivo, y de las autoridades, en lo
legal, sobre el ejercicio y los límites de esa libertad y la forma
en que afectaban al sistema de gobierno, y su existencia misma.
Los otros dos artículos, aunque distintos en el manejo de sus
temas y perspectivas, de alguna manera se complementan entre
sí pues reconstruyen los marcos normativos vigentes a lo largo
del siglo, de 1821 a 1883, incluyendo en cada caso anexos con
el detalle de la legislación sobre la materia, los cuales permiten
claridad sobre el punto. Así, Laurence Coudart, a partir del aná-
lisis de las leyes y de las Memorias ministeriales emitidas entre
1821 y 1867, reflexiona sobre los sentidos y usos de la libertad
de imprenta, así como sobre los efectos y alcances de regulación,
poniendo especial atención al papel que juega la censura y cómo
todo esto se relaciona con la “edificación del joven Estado”
mexicano, la conformación de la sociedad política y la amplia-
ción de la esfera pública. Su estudio revela las tensiones entre
los distintos poderes –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– que
conducen a prácticas autoritarias que se quieren centralizadoras,
mediante del recurso de facultades extraordinarias otorgadas al
Poder Ejecutivo para imponer normas legales. De igual modo
expone la permanente iniciativa de los gobiernos, sin importar
la corriente política en el poder, en búsqueda de una suerte de
“institucionalización” de la prensa periódica, pero en realidad

33 Un estudio del mismo caso que analiza Villavicencio, pero centrado en el

papel del impresor, es el de José Miguel Chávez Sánchez, “La polémica que
nunca fue: Ignacio Cumplido y los medios impresos durante la primera mitad
del siglo xix”, tesis de licenciatura en historia, México, Universidad Nacional
Autónoma de México, 2017.
LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN EL SIGLO XIX 113

rebasados por el ineluctable desarrollo mediático y sus propias


contradicciones. En su conjunto este trabajo deja en evidencia
el carácter experimental del periodo.
Fausta Gantús, por su parte, valiéndose de la caricatura polí-
tica como espacio de provocación, analiza las representaciones
que sobre la libertad de imprenta y de expresión se elaboraron
desde el espacio de la sátira visual para reflexionar en torno a la
legislación vigente entre 1868 y 1883. En igual sentido, recons-
truye el escenario periodístico imperante y se adentra en precisar
los marcos normativos vigentes, recurriendo para ello a las leyes,
reglamentos, reformas constitucionales y disposiciones oficia-
les. En su estudio, expone las particularidades de un periodo
de preocupación por el afianzamiento del Estado y de búsque-
da de mecanismos de control sobre la prensa, marcado por el
uso de facultades extraordinarias y suspensión de garantías y la
pretensión de modificar el artículo séptimo constitucional.
Las colaboraciones aquí reunidas son resultado del esfuerzo
conjunto. Los autores trabajamos de manera sistemática por
más de dos años investigando y escribiendo nuestras colabo-
raciones, al tiempo que analizando y reflexionando de manera
colectiva sobre el tema central del mismo.34 Es ese esfuerzo el
que nos permite publicar hoy este dossier con el que esperamos
34 Inició este proyecto con la presentación de propuestas y primeros bosque-

jos en la mesa “Libertades de expresión y de imprenta”, realizada en el marco


del X Encuentro Internacional de Historiadores de la Prensa, celebrado en
Valencia, España, en octubre de 2016 –en ella participaron, además de quienes
conforman este dossier: Joëlle Chassin, Frédéric Johansson, Alicia Salmerón,
Matilde Souto y Regina Tapia. Para que la mesa fuera posible, los integrantes
de la misma fueron convocados desde febrero de ese mismo año a pensar en el
tema y definir sus propuestas. Posteriormente, a lo largo de 2017, nos reuni-
mos en dos seminarios-taller, realizados en junio y septiembre, y discutimos
también nuestros textos en varias sesiones del Seminario de Historia Política,
entre finales de 2017 y principios de 2018. En el segundo seminario taller y en
la sesión extraordinaria del Seminario de Historia Política, contamos con la
valiosa colaboración de colegas que aceptaron la tarea de comentar los textos:
Edwin Alcántara, Arturo Ríos, Catherine Andrews y Matilde Souto.
114 Fausta Gantús

contribuir de manera importante a esclarecer el derrotero y las


vicisitudes de la historia de la libertad de imprenta y sus leyes en
el México decimonónico y de las tensiones políticas provocadas
por la polarización entre la defensa de esa libertad y la necesi-
dad de su regulación justificada en la preservación del orden. Se
trata de una historia que avanza en un terreno poco trabajado,
poniendo atención a las maneras en que se otorga y restringe la
libertad de imprenta y que se constituye imprescindible para en-
tender los marcos legislativos que la posibilitaron o impidieron
a lo largo del siglo xix.

Fausta Gantús
I n s t i t u t o d e I n v e s t i g a c i o n e s D r. Jo s é M a r í a L u i s M o r a

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