Ciudadanía
Empecemos por definir que es la ciudadanía y qué significa ser ciudadano o ciudadana en nuestra sociedad.
Un ciudadano o ciudadana es una persona o un grupo que pertenece a una comunidad política, social y
económica.
Nuestras sociedades humanas, o por lo menos parte de ellas, se fueron organizando en torno a la figura de
un Estado, y este juega un papel fundamental como agente de cambio o de reproducción de los roles
sociales de hombres y mujeres, así como en la reproducción o disminución de las desigualdades sociales.
Además, es desde el Estado que se determina el marco de derechos de los ciudadanos y ciudadanas, por
lo que hablar de ciudadanía implica hablar de los derechos que tienen los ciudadanos y ciudadanas. Estos
y estas tienen la posibilidad de participar en los beneficios de la vida en común y de disfrutar de derechos
civiles, políticos y sociales, respetando los derechos de las demás personas y contribuyendo al bien común.
En la vida cotidiana encontramos muchas veces la idea de que los derechos sólo existen en el papel y que
es muy diferente su intención y su aplicación. Sin embargo, la definición de los derechos y su aplicabilidad
en la vida de las personas por ellos cobijadas, no pueden ser disociadas de la participación de los sujetos
en la ciudadanía, tanto a escala individual como colectiva.
El ejercicio de la ciudadanía se encuentra así articulado con la posibilidad de regulación y control de un
Estado y con la posibilidad de incidencia directa en la regulación del sistema económico. En una democracia
participativa y no sólo representativa, son las mismas sociedades que tienen el poder de tornar efectivas las
decisiones del Estado, de lograr ejercer los mecanismos de control y de construcción de políticas públicas
a nivel local y global.
¿Qué es Ciudadano?
El concepto de ciudadano hace alusión a quien ejerce su ciudadanía, condición que caracteriza a la
antedicha categoría cívica y que puede definirse como una serie de reconocimientos expresados en
derechos y obligaciones, tanto individuales como sociales.
En el ámbito cotidiano usamos la palabra ciudadano para hacer referencia a las personas que viven en
una ciudad. Esta superposición de ideas surge en el concepto histórico del término, que aludía a los
habitantes de la denominada ciudad-estado.
En el caso de la Antigua Grecia, la definición no los incluía a todos, puesto que se limitaba a los hombres
libres que habían nacido en la ciudad. Las mujeres, los esclavos y los extranjeros, por lo tanto, estaban
fuera de esa categoría. De este modo se reproducía una aristocracia (“gobierno de los mejores”), y la
ciudadanía a eso se limitaba.
En el caso del Imperio Romano, existían distintos grados de ciudadanía con privilegios, siendo algo más
inclusiva que la griega. Sin embargo, tal vez el momento cumbre en esta evolución fue la Revolución
Francesa de 1789, en la que las ideas de libertad, igualdad y fraternidad incluían a todos los hombres
nacidos en el país, sin importar su condición social (excepto los criminales). La ‘Declaración de los
Derechos del Hombre y el Ciudadano’, algunos años después, significó la consolidación de esta
ampliación del término.
La cuestión de la ciudadanía de las mujeres y su igualdad con los hombres llegaría mucho tiempo
después, y sería mucho más variable según cada país, con ampliaciones como el derecho a voto, o la
igualdad en las condiciones de trabajo. Sin embargo, cabe destacar que aun hoy en día en ciertos países
no se les reconocen los derechos fundamentales de la ciudadanía a las mujeres.
En suma, el concepto de ciudadano fue modificándose a lo largo del tiempo: pasó de aludir a la
pertenencia a una clase social o una relevancia dentro de una comunidad al solo hecho de haber nacido
dentro del territorio de un país.
En términos jurídicos se habla a menudo de ciudadanos que pertenecen a una nación específica. Se trata
de un vínculo que crea capacidades y obligaciones, y que según la legislación de cada país varía. En
algunos casos se admite la ciudadanía para los hijos de ciudadanos, aun sin que hubieran nacido en el
país. De ese modo, hay muchas personas en el mundo que tienen dobles ciudadanías, las que les otorgan
las mismas condiciones que los nacidos en el lugar (ciudadanos nativos).
La Democracia y la Ciudadanía
El término “democracia” proviene del griego antiguo. Fue acuñado en Atenas en el siglo V antes de Cristo a partir
de las palabras “demos” (pueblo, población) y “kratos” (gobierno, poder, autoridad), es decir, un gobierno del pueblo.
Hoy entendemos a la democracia como un régimen político donde la titularidad del poder la ejerce el pueblo a través
de mecanismos institucionales1 . En el mundo contemporáneo, existen una pluralidad de ideas, concepciones y usos
para el concepto de democracia. En la mayoría de los casos, la palabra “democracia” es usada no solo como forma
de gobierno, sino como sinónimo de libertad, de igualdad, de gobierno de mayoría, de justicia social, de fraternidad,
de participación, de respeto a las minorías, etc.
Por otro lado, la democracia constituye un régimen político que implica no solo una forma de gobierno y estructura
económica social en el que todos los miembros de la nación están llamados a intervenir en su dirección, en pro del
interés común. La idea de democracia implica también valores, actitudes y conductas democráticas. Esto se entiende
así, pues el fundamento de la democracia es el reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Como todas
las personas son merecedoras de respeto y consideración, la forma en que nos conducimos como sociedad debe
respetar la opinión de todos. Las personas son libres, lo que implica que tienen la facultad de decidir y elegir, esta
libertad permite tomar decisiones en forma responsable.
La democracia es reconocida también como la forma de organización social y política que mejor garantiza el respeto,
el ejercicio y promoción de los derechos humanos (Robinson y Zalaquett, 2008). Relación que puede verse en el
artículo 21(3) de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
“La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se debe expresar mediante elecciones auténticas
que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que
garantice la libertad del voto”.
Sin embargo, la democracia, es perfectible, pudiendo profundizarse, o bien, verse afectada, dependiendo de cómo
se configure cada sistema institucional.
Ciudadanía global
Hasta hace algunos años, hacer una afirmación del tipo “ciudadanía global” habría podido ser motivo
de risa, señalamiento de una cierta ingenuidad, rechazo o simplemente de indiferencia. Sin embargo,
los cambios acelerados que hemos experimentado en las dos últimas décadas, nos han puesto de
manifiesto una serie de problematizaciones y fenómenos, en el que la conceptualización tradicional
de ciudadanía ha quedado corta al momento de hacer frente y dar respuestas para enfrentar los nuevos
retos que han emergido. Estas nuevas problematizaciones y dilemas emergen de fenómenos
complejos como:
Las problemáticas de tipo ambiental como el cambio climático y la destrucción de los ecosistemas,
que se evidencian a nivel planetario y que implican pensar nuestra supervivencia como especie
humana.
El incremento exponencial de la tecno ciencia como las Tecnologías de Información y Comunicación
(TIC’s), con los consecuentes impactos en la homogeneización e hibridación cultural y el
surgimiento de dilemas y conflictos asociados a la convivencia. En esta misma vertiente, los
desarrollos genéticos y los dilemas asociados a la bioética y la conservación de las especies.
La globalización económica que amenaza el Estado de derecho, convierte los derechos en
mercancías, genera una mayor pobreza en la denominada relación norte-sur. Relación que, en
muchos casos, ha sido asociada al financiamiento de guerras y a la violación masiva de derechos
humanos en países del sur, que contribuye a un incremento exponencial de los flujos migratorios en
los que las personas huyen de sus países en procura de sobrevivir y mejorar sus condiciones de vida.
Nos damos cuenta entonces, que el concepto de ciudadanía estrictamente entendido como el ejercicio
y exigibilidad de derechos por parte del ciudadano o ciudadana dentro de la lógica de las fronteras
de un Estado y territorio, queda corta al momento de enfrentarnos a los retos que nos imponen las
sociedades actuales en las que vivimos, caracterizadas por una creciente complejidad, interrelación
e interdependencia.
Nos vemos entonces avocados a asumir el reto de hacer una apuesta por el ejercicio de una ciudadanía
global, que nos permita hacer frente a las problemáticas actuales y aventurarnos como protagonistas
en su transformación.
Consideramos la ciudadanía como el ejercicio de la transformación de lo público, en el que las
personas se ven avocadas a movilizarse y participar en la transformación de la vida de la ciudad,
(pero ahora pensada en interdependencia global, es decir, en su relación con otras localidades y sus
colectivos), cuando consideran que una acción es injusta, inequitativa o lesiona algunos de nuestros
derechos, los de otras personas o de algún colectivo específico.
Es decir, la ciudadanía global así entendida, inserta a cada ciudadano y ciudadana en un marco global
y colectivo de co-responsabilidades.