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Medieval

Las guerras medievales se caracterizaban principalmente por los asedios a castillos y ciudades fortificadas, así como por tácticas de guerra de desgaste como el pillaje. Las batallas campales eran menos comunes e involucraban el uso combinado de infantería, caballería y arqueros, con un énfasis en factores como la moral y el liderazgo.

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Medieval

Las guerras medievales se caracterizaban principalmente por los asedios a castillos y ciudades fortificadas, así como por tácticas de guerra de desgaste como el pillaje. Las batallas campales eran menos comunes e involucraban el uso combinado de infantería, caballería y arqueros, con un énfasis en factores como la moral y el liderazgo.

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Por guerra medieval se entiende el tipo de guerra librado en el período histórico de la Edad

Media, definida por las características propias del tipo de enfrentamientos librados en esta
época, basados en el control de plazas fuertes. La visión tradicional de las guerras europeas de
la Edad Media sostenía que los caballeros eran los dueños de los campos de batalla. Estos se
lanzarían a la carga diezmando y arrollando a la infantería campesina que encontraban a su
paso, mientras sus afines corrían a su encuentro para decidir el resultado del enfrentamiento.

Según esta versión, el poder de los jinetes acorazados a caballo habría acabado cuando la
infantería, gracias a las armas de fuego y a las técnicas de formaciones compactas
de piqueros y alabarderos, recobró su poder en la batalla. Esta visión, alimentada por el arte y
las crónicas de la época, mostraba a los nobles combatiendo a caballo e ignorando a los
plebeyos y campesinos que luchaban a pie. Todo esto ha demostrado ser falso, pues las tropas
de infantería eran una parte importante de los ejércitos medievales. Estas tropas luchaban
cuerpo a cuerpo y a modo de tropas de artillería (con arcos, ballestas y más tarde con pistolas).
La infantería jugaba un papel crucial en los asedios contra posiciones fortificadas.

Las guerras medievales se resumen en asedios y guerra de desgaste. Esta última variante,
consistente en operaciones de pillaje llamadas cabalgadas, algaradas o algaras, lograba
objetivos tan variados como el debilitamiento y la desestabilización política de los rivales,
ganancias de botín, abastecimiento de tropas, etc. Los enfrentamientos entre ejércitos en
campo abierto eran infrecuentes. Eran más comunes y decisivas las maniobras para tomar
castillos y ciudades mientras se evitaban batallas que supusieran pérdidas elevadas. Los
soberanos llegaron incluso a prohibir a sus ejércitos entablar batallas que pudiesen resultar
decisivas.1 En las pocas ocasiones en que podía tener lugar una batalla campal, resultaba
probable que la victoria fuera para el bando que hiciera mejor uso de los componentes
principales del ejército medieval: la tropa de infantería, la caballería y los arqueros junto con la
primitiva artillería. Otros factores de importancia eran la moral, el liderazgo, la disciplina y
la táctica, así como el conocimiento del terreno.

Características

La estrategia militar de la Edad Media consistía principalmente en controlar las fuentes de


riqueza y, por lo tanto, en la capacidad de los ejércitos para ocupar tierras. En los inicios de la
época, se trataba casi exclusivamente de arrasar o defender los campos y las huertas, puesto
que los caudales procedían de las tierras de labranza y de los pastos. Durante la Baja Edad
Media, el resurgimiento y crecimiento de las urbes conllevó a que éstas se convirtieran en
centros de riqueza gracias al comercio derivado de las cruzadas y gracias a la artesanía.

La parte más importante de las guerras medievales radicaba en la toma y el dominio de


los castillos, ya que en estos recaía la defensa de las tierras, además del control de la población
de los alrededores. También las ciudades fortificaron sus muros con su crecimiento, y así, en la
Baja Edad Media, la defensa y conquista de las ciudades resultó mucho más importante que
controlar los castillos.

Los ejércitos maniobraban para tomar fortificaciones importantes y devastar las cosechas, o
bien para evitar que el enemigo perpetrara ese tipo de ataques. Únicamente tenían lugar
batallas campales cuando se buscaba aniquilar al ejército enemigo o poner fin a la devastación.
Un ejemplo de este tipo de enfrentamientos es la batalla de Lechfeld, que tuvo lugar en el
año 955 y donde se batieron los germanos contra invasores magiares provenientes de
la Europa Oriental. La victoria decisiva de los germanos, liderados por Otón I, puso fin a
posteriores incursiones de los magiares. Otros ejemplos más conocidos son la batalla de
Hastings, en 1066, donde los anglosajones fueron derrotados por
los normandos, flamencos y bretones de Guillermo el Conquistador en su intento de poner fin
a su invasión. En la década siguiente a la batalla, los normandos dominaron Gran Bretaña. La
victoria de los francos en Tours en 732 frente a los sarracenos detuvo, en cambio, a los
invasores.

Este tipo de maniobras fueron muy comunes en la Guerra de los Cien Años. Las batallas
de Agincourt, Poitiers y Crécy, libradas entre Francia e Inglaterra, fueron las mayores tentativas
francesas para frenar las invasiones inglesas. Los franceses fueron derrotados en los tres
combates, por lo cual continuaron las invasiones. El control de Francia por parte de los
ingleses, no fue, sin embargo, permanente, y al fin y al cabo, los franceses les vencieron en la
guerra. En Oriente Próximo, las Cruzadas supusieron un intento fracasado por parte de
los cristianos de tomar y controlar puntos estratégicos en Tierra Santa para dominar la zona.
Aunque lograron tomar Jerusalén, los cruzados fueron finalmente expulsados.

Los ejércitos medievales

A diferencia de los ejércitos nacionales de la época moderna, la organización de los


ejércitos feudales era mucho más simple. Hasta finales del siglo XV no existieron regimientos o
divisiones permanentes. Los pueblos bárbaros que invadieron el Imperio romano marchaban y
combatían a pie y con espadas y hachas. Estos grupos rara vez podían ser descritos como
auténticos ejércitos, pues se trataba de bandas armadas con tácticas y estrategias muy escasas
y limitadas. Las actividades militares que llevaban a cabo estos grupos solían tener como
principales cometidos hacerse con alimentos y otros botines de guerra. Las batallas consistían
en luchas entre hordas que combatían cuerpo a cuerpo sin ningún orden. Con la llegada
de Carlomagno, aparecieron los primeros ejércitos. El de los francos, creado por Carlos
Martel y mejorado por sus sucesores, se componía de infantería y caballería armada. La
caballería pesada dio origen a los caballeros medievales como los conocemos. En sus
campañas, Carlomagno se enfrentó muy pocas veces contra enemigos organizados.

Con la aparición del feudalismo siglos después, al convocarse un ejército feudal, los vasallos se
desplazaban hasta el lugar de encuentro con los caballeros, arqueros y hombres de armas que
se habían solicitado. En el punto de reunión, los distintos contingentes de tropas eran
reagrupados según su función. Los caballeros marchaban junto a los escuderos y los arqueros
con la infantería. Las unidades especiales, a saber ingenieros y artillería de sitio, eran
normalmente expertos contratados para la campaña. Un ejemplo es la
artillería otomana usada en el bombardeo contra Constantinopla, que fue manejada por
mercenarios cristianos. En la historia de Occidente, la Edad Media representa un período en el
que se consolidaron las razones principales para justificar la muerte violenta, el uso de la
fuerza y la destrucción masiva de los adversarios. Fueron las sociedades de Europa, de Asia
Menor y Lejano Oriente entre otros, en este período de la historia de la humanidad quienes
desarrollaron principios morales y religiosos para legitimar la guerra como las cruzadas
cristianas y el yihad islámico, o las conquistas de Gengis Khan. La necesidad de exculpar y de
potenciar una actividad aberrante y pecaminosa acabó generando un complejo entramado de
representaciones mentales. Las ideas y códigos de comportamientos, elaborados con el fin de
hacer aceptables actividades nocivas, surgieron normalmente a partir de la aplicación a la
guerra de nociones procedentes del derecho y de la religión, que cristalizaron en torno a dos
grandes conceptos ideológicos: el de guerra justa y el de guerra santa.

Desde el siglo XIV, los mercenarios eran soldados respetables. Estos guerreros formaban
compañías que solían ser utilizadas por señores ricos o por ciudades que los contrataban.
Algunas de estas compañías se especializaban en un tipo específico de combate. Por ejemplo,
en el año 1346, 2000 ballesteros genoveses lucharon al servicio del rey de Francia en la batalla
de Crécy. Otras compañías aunaban contingentes de todas las clases. Solían ser descritos en
términos del número de lanzas de las que disponían. Una lanza equivalía a un soldado. Una
compañía de 100 lanzas representaba a un centenar de combatientes. Este sistema dio origen
al término freelance.

El inicio de los ejércitos modernos permanentes se encuentra en el año 1439, cuando el


rey Carlos VII de Francia creó las Compañías Reales de Ordenanza, formadas por caballeros o
por soldados de infantería, que eran pagadas con el dinero procedente de los impuestos. Cada
compañía se componía por una dotación establecida de hombres. Quien escogía su armadura
y las correspondientes armas solía ser el monarca.

Organización[editar]

La mayor parte de las batallas tenían una disposición establecida, en la que los dos bandos se
preparaban en el campo de batalla antes de comenzar el enfrentamiento. Las operaciones y las
sumas y pactos para el encuentro no eran frecuentes. De esta manera, antes de empezar cada
batalla existía una preparación de todas las unidades sobre el terreno, lo cual evitaba el
desorden de un enfrentamiento mezclado entre caballeros, infantería ligera, unidades a
distancia como arqueros o ballesteros y demás participantes en la batalla. Además los
generales y los señores que mandaban los ejércitos lo hacían para después atribuirse el mérito
de la victoria del ganador.

Las tácticas militares

Durante el periodo decimonónico los teóricos de la guerra intentaron amoldar sus criterios
tácticos y estratégicos a las campañas militares del pasado. Lógicamente, al aplicar a la Edad
Media una interpretación de los enfrentamientos basada en criterios operativos propios del
periodo napoleónico, la impresión que se tuvo es que no había ningún principio táctico que
valiese la pena aprender. Para estos analistas, la caída del Imperio Romano y la llegada del
feudalismo supuso un grave retroceso en el arte de la guerra. En palabras de Oman, la
organización feudal de la sociedad hizo de cada noble un guerrero, pero no puede decirse que
lo convirtiera en un soldado. El coraje llegó a tener tanto valor como la disciplina, de ahí que
los principios tácticos y estratégicos sufrieran un fuerte retroceso. Para este autor, una
combinación de arrogancia y estupidez caracterizaron la forma de proceder de un ejército
feudal. Pero en contra de esta opinión, como señalan autores de la talla de Philippe
Contamine, un estudio crítico de las fuentes que narraron estos enfrentamientos nos permite
vislumbrar la existencia de un conjunto de normas operacionales que evidencian,
precisamente, que los ejércitos de la Edad Media se rigieron por toda una serie de principios
tácticos.2

En la Alta Edad Media, las batallas consistían en desordenadas luchas entre bandas armadas y
desordenadas; más adelante estos enfrentamientos evolucionaron hacia batallas mucho más
complejas. Esta evolución se debió en parte al desarrollo de diferentes clases de armas y de
tropas y al perfeccionamiento en su uso. Los ejércitos de la Alta Edad Media consistían en
grupos de infantería, pues salvo los sarracenos y los visigodos, así como los nómadas de
la Europa del Este, ningún pueblo había desarrollado ese tipo de soldados. Al desarrollarse la
caballería pesada, los mejores ejércitos fueron las hordas de caballeros. La tropa de infantería
quedó relegada a arrasar tierras de labranza y a realizar el trabajo pesado en los asedios. No
obstante, en el campo de batalla este tipo de soldados corrían riesgos respecto a ambos
bandos, al buscar los caballeros el enfrentamiento con sus rivales en combates individuales.
Esto era así solamente al principio del periodo, tiempo en el que la infantería se formaba con
siervos y campesinos sin ninguna preparación. Los arqueros fueron también de gran utilidad en
los asedios, pero eran aún más vulnerables ante la caballería en el campo de batalla, pues
corrían el riesgo de ser arrollados.

Ya para la Baja Edad Media se asistirá a un periodo de gran originalidad táctica, en el que se
entremezclará el uso de la tradicional caballería con un creciente auge de las tropas de
infantería, más la irrupción de las armas de fuego.2

En los últimos años del siglo XV, los comandantes habían logrado estabalecer una disciplina
entre sus caballeros y habían conseguido que sus tropas se cohesionasen. En el ejército inglés,
los caballeros acabaron mostrando a regañadientes su respeto a los arqueros después de que
estos demostraran su gran valor en los campos de batalla de la Guerra de los Cien Años. La
disciplina de la tropa mejoró al haber más hombres que luchaban por dinero y menos que lo
hicieran por el honor y la gloria. En Italia, los soldados mercenarios adquirieron mucha fama
por largas campañas en las que apenas se derramó sangre. Para esa época, los soldados de
todos los rangos eran activos de valor que no convenía desaprovechar a la ligera. Los
ejércitos feudales que buscaban la gloria eran ahora ejércitos profesionales con mucho más
interés por vivir para disfrutar de la paga.

La caballería
En los campos de batalla medievales fue predominante el uso de la caballería pesada.3
Normalmente, esta caballería se organizaba en tres cuerpos o divisiones, que eran lanzadas
una detrás de la otra al combate. La primera oleada debía abrir paso entre
el ejército enemigo o romper sus líneas para que las demás oleadas pudieran hacerlo. Si el
enemigo huía, comenzaba la persecución y masacre de sus tropas en retirada. A la hora de la
verdad, los caballeros se movían individualmente en detrimento del plan establecido por
su comandante. La gloria y el honor eran casi los únicos intereses de los caballeros, y por ello
maniobraban con el fin de hacerse con las posiciones de primera fila en los ataques. La victoria
del ejército en el campo de batalla era un objetivo secundario al de su propia gloria. Los
caballeros se lanzaban al ataque tan pronto como vislumbraban al enemigo, desbaratando
la estrategia de su jefe.

En algunas ocasiones, los líderes del ejército desmontaban a sus caballeros para poder
controlar sus ataques. Esto era bien recibido por las tropas de infantería, que en la melé tenían
pocas esperanzas de salir bien paradas. Esto aumentaba el vigor del combate y la moral entre
la soldadesca. De combatir a pie, los caballeros, junto con los soldados de a pie, combatían
detrás de estacas u otro tipo de defensas diseñadas para frenar y desbaratar las cargas de
caballeros enemigos.

A finales de la época medieval, el poder y la fuerza de la caballería pesada, y por lo tanto su


utilidad, se encontraba al mismo nivel que el de la infantería y los tiradores. Para entonces ya
se había probado la inutilidad de cargar contra una tropa disciplinada y bien emplazada. Las
reglas de los combates habían cambiado. Las estacas, trincheras y otras trampas se utilizaban
astutamente para protegerse de las cargas de caballería. Atacar una fila cuantiosa
de piqueros y arqueros resultaba una masacre para los caballeros. Estos se vieron entonces
obligados a combatir a pie o a esperar el momento preciso para atacar. Por lo tanto, las
devastadoras cargas de principios del periodo eran posibles, pero únicamente cuando el
enemigo rompía filas y huía, se encontraba sin orden o estaba al descubierto y sin opciones de
defensa.

Caballeros[editar]

Un caballero medieval era generalmente un soldado montado y acorazado, a menudo


relacionado con la nobleza o la realeza, aunque (especialmente en la Europa del Norte) los
caballeros también podían provenir de las clases más bajas, e incluso podían ser personas
libres. El coste de su armadura, caballos y armas era grande; esto, contribuyó gradualmente,
entre otras cosas, a transformar al caballero, por lo menos en la Europa Occidental, en una
clase social distinta de otros guerreros. Durante las Cruzadas, las órdenes militares de
caballeros lucharon en la Tierra Santa.

Caballería pesada[editar]

La caballería pesada, armada con lanzas y un variado surtido de armas de mano,


desempeñaron un papel importante en las batallas de la Edad Media. La caballería pesada se
nutría de caballeros ricos y de nobles que podían permitirse el equipo y los
nobles escuderos empleados por los nobles. La caballería pesada era la diferencia entre la
victoria y la derrota en muchas batallas importantes. Sus cargas atronadoras podían romper las
líneas de la mayoría de las formaciones de la infantería, haciéndoles un activo valioso a todos
los ejércitos medievales.

Caballería ligera[editar]

La caballería ligera constaba generalmente en jinetes con armas ligeras, que podían consistir
en lanzas, jabalinas o armas de proyectil, tales como arcos o ballestas. Utilizaron a la caballería
ligera como exploradores, escaramuzadores o fuera de los flancos. Muchos países
desarrollaron sus propios estilos de caballería ligera, tales como los arqueros
montados húngaros, los jinetes españoles, los ballesteros montados italianos y alemanes y
los currours ingleses.

La infantería[editar]

Durante la Alta Edad Media, la principal (y casi única) táctica de los soldados de infantería, que
componían la principal fuerza de los ejércitos de la Alta Edad Media, suponía aproximarse al
enemigo y descargar hachazos sobre él. Los francos disponían de hachas arrojadizas
llamadas franciscas (de ahí el nombre del pueblo4). El poder de la caballería pesada, que
apareció en tiempos de Carlomagno, relegó a la infantería a un segundo plano, más que nada,
porque no se trataba de una tropa bien instruida y con disciplina. En los primeros
ejércitos feudales, la infantería se componía de campesinos mal armados y sin instrucción.

Las primeras defensas contra la caballería surgieron de manos de los anglosajones. Consistía
en colocar a los hombres juntos y con los escudos juntos para formar una barrera que frenase
a la caballería y los protegieses de los arqueros. Así combatieron los anglosajones
en Hastings y, de hecho, frenaron el ataque de la caballería normanda. En las zonas donde era
dificultoso formar tropas de caballería pesada, especialmente en regiones de terreno más bien
accidentado, como Escocia o Suiza, y en las ciudades independientes, la infantería
experimentó un cierto resurgimiento. Debido a sus necesidades, encontraron modos de
organizar ejércitos eficaces que incluyeran muy poca caballería. Se probó que los caballos no
se lanzarían contra una barrera de estacas o de lanzas. Una formación de lanceros podía frenar
a la caballería noble de mucho más poder, y ello por una pequeña parte del coste del
mantenimiento de la caballería pesada.

Los escoceses emplearon círculos de lanceros durante las guerras de independencia que se
produjeron a finales del siglo XIII. William Wallace se valió de ella en Falkirk5 y Robert Bruce
en Bannockburn. Descubrieron que esa formación, llamada schiltron, era de gran
eficacia. Robert Bruce solo presentó batalla a los caballeros ingleses en zonas pantanosas, lo
que impedía prácticamente la carga de sus enemigos.

Los suizos ganaron mucho renombre en el combate de picas. Se puede decir que revivieron la
antigua falange macedonia de Alejandro Magno y llegaron a adquirir una buena pericia en el
combate con largas armas de palo. Su táctica consistía en formar un escuadrón de piqueros.
Las cuatro filas exteriores sujetaban las picas a una misma altura, apuntando más hacia abajo.
Ello creaba una eficaz defensa contra la caballería. Las filas de la retaguardia usaban armas de
palo para acuchillar a los enemigos que se acercaban a la formación. Los suizos se habían
especializado hasta tal punto que eran capaces desplazarse sin romper la formación con
relativa rapidez. Gracias a ello pasaron también a ser una tropa de ataque.

La única forma eficaz de disolver los compactos cuadros de piqueros era la artillería,
principalmente cañones, que rompían las filas de las formaciones de soldados aglutinados.
Los castellanos fueron los primeros en lograrlo. Las tropas castellanas del Gran
Capitán combatían también a los piqueros con una tropa de espadachines provistos con
rodelas. Se trataba de soldados ligeros que se escurrían entre las picas y atacaban
directamente a los piqueros. Las fuerzas del Gran Capitán fueron las primeras en combinar, en
una misma formación, picas, espadas y armas de fuego; como resultado se obtuvo una
formación capaz de batir a diferentes armas en varios terrenos, ya fuera en defensa o
atacando. Por ello algunos consideran a Gonzalo Fernández de Córdoba como el primer
estratega moderno.

Armas de la guerra medieval

Los asedios[editar]

Un enfrentamiento militar típico de asedio en el medievo se daba cuando un ejército sitiaba


el castillo del oponente. Si éste estaba bien defendido, las opciones se limitaban a establecer
un asedio con la finalidad de rendir la fortaleza por hambre, o a utilizar máquinas de asedio
para destruir las defensas fortificadas. A veces los propios sitiadores se veían forzados a
defenderse de ataques que venían en ayuda de la ciudad.

Los diseños medievales incluyen la catapulta (la cual a su vez incluye el onagro), la balista (o
ballesta) y el trabuquete. Estas máquinas utilizaban energía mecánica para lanzar grandes
proyectiles para destruir las murallas. En Europa, la catapulta la inventó Dionisio I de
Siracusa en el año 399 a. C.[cita requerida] También se usaron el ariete y la torre de asedio. Otra
forma de combatir era con largas escaleras apoyadas sobre la pared, pero no sobre
fortificaciones de altas dimensiones, y además este método no daba defensas al escalador. De
hecho, en la propia torre de asedio, torre de madera con ruedas que permitía a los atacantes
escalar las murallas y a la vez protegerse de las flechas enemigas, había una serie de escaleras
puestas como para subir una torre cualquiera, y en el último piso una puerta de madera, de
forma que al juntarse un gran número de soldados abrían la puerta, que se apoyaba sobre el
muro, y los soldados salían a masacrar a los enemigos. Normalmente, era después de esto
cuando se utilizaban más escaleras para que un mayor número de soldados se internaran en
la fortaleza y se abrieran paso para abrir las puertas, para entrar con el mayor número de
refuerzos, como la caballería.

Otra arma muy importante era el trabuquete, que tenía mayor radio de alcance que la
catapulta, y se solía utilizar sobre todo en Asia para mandar animales (incluidas las personas)
muertos por enfermedad, para hacer más posible que los sitiados se rindieran, y esto
provocaba epidemias. De hecho, se dice que cuando un ejército mongol sitió la ciudad
genovesa de Kaffa en la región de Crimea, mandaron cuerpos infectados por una enfermedad,
y debido a que los itálicos basaban su poder en el comercio, la enfermedad se extendió por
toda Europa con gran facilidad. Esa enfermedad fue la Peste Negra de 1347.

Había otras tácticas, como prender fuego alrededor de las murallas para intentar descomponer
el cemento que sujetaba a las piedras unas con otras, o en ocasiones incluso se minaban los
cimientos con túneles excavados bajo las murallas.

Para defender Constantinopla, Los bizantinos, como tenían el mayor puerto de Europa,
tuvieron que defenderse por mar, creando la flota más poderosa de la época, y con ayuda de
un invento solo conocido por ellos llamado "fuego griego".[cita requerida]

La guerra naval[editar]

Las batallas navales son menos conocidas por ser menos frecuentes, ya que normalmente se
intentaba detener al enemigo tras dejar su embarcación (lo que demuestra un gran retraso en
este aspecto, pues ya los egipcios descubrieron la eficacia de detener a los enemigos por el
mar). Sin embargo, también se dieron varias batallas navales, y fueron tan sangrientas o más
que las terrestres.

Al principio de la Edad Media, los árabes tenían un gran poder naval, asolaron Sicilia en el 652
y derrotaron a la armada bizantina en el 655.

El Imperio bizantino fue famoso por su superioridad naval. Su flota, tras la caída del Imperio
romano de Occidente, controló el Mar Mediterráneo, especialmente durante la Edad de Oro
de Justiniano I, además de disponer de una flota que patrullaba el Danubio. Hay que entender
que tener una importante flota era crucial para defender Constantinopla, la capital, pues tenía
el puerto más importante de Europa, posiblemente del mundo, en su época de esplendor. Sin
embargo, sufrió una temprana derrota contra tropas árabes en el 655. La capital la salvaron
gracias a un invento secreto que solo ellos conocían, el fuego griego, una mezcla de diferentes
compuestos químicos que al entrar en contacto con el agua, ardía y prendía así los barcos
enemigos. El navío modelo de la flota bizantina era el dromon, evolución de
los trirremes clásicos. Es un barco de remo, similar a la galera, de un solo mástil.
El velamen era latino (de vela cuadrada) como herencia de las técnicas de navegación
precedentes.

Con el renacimiento macedónico que tuvo lugar en el siglo XI, la flota volvió a recuperar su
papel predominante en el Mediterráneo Oriental, aunque no alcanzó su anterior poder. En los
últimos estertores del imperio, ya reducido a un puñado de ciudades portuarias, los restos de
su poder naval fueron clave para conservar dichas posiciones hasta el último sitio de
Constantinopla.

Cuando el poder árabe en el Mediterráneo empezó a declinar, las ciudades


comerciales italianas de Génova, Pisa y Venecia fundaron redes comerciales y construyeron
armadas para protegerlas y ser la nueva potencia naval. Al principio las armadas lucharon
contra los árabes (en Bari en 1004, en Mesina en 1005), pero después se encontraron
peleando contra los normandos que habían llegado hasta Sicilia, y finalmente el uno contra el
otro. Los genoveses y los venecianos tuvieron cuatro guerras navales, en 1253–1284, 1293–
1299, 1350–1355 y en 1371–1378. La última guerra finalizó con una victoria decisiva
para Venecia, lo que le permitió disfrutar durante casi un siglo de la dominación comercial del
Mediterráneo antes de que otros países europeos comenzasen a explorar hacia el sur y el
[Link] el norte de Italia, especialmente en las guerras entre el ducado de Milán y Venecia,
grandes flotas operaban en los ríos, dando lugar a diversas batallas navales.6

Los vikingos, que asolaron Europa con sus drakkar, embarcaciones largas, estrechas, livianas y
con poco calado y con remos en casi toda la longitud del casco (con una vela en versiones más
modernas), no es que sus barcos fueran poderosos, pero eran muy maniobrables, y por ello
podían internarse y atacar poblaciones remontando ríos como el Sena, el Támesis o el Tajo. Los
nórdicos también lucharon en muchas batallas navales entre ellos mismos. Esto se hacía
normalmente atando los barcos de ambos bandos uno contra el otro, luchando así
esencialmente una batalla terrestre sobre el mar. Sin embargo, el hecho de que el lado
perdedor no podía escapar fácilmente, significaba que las batallas tendían a ser muy duras y
sangrientas. La Batalla de Svolder es quizás de las más famosas. El rey inglés Alfredo el
Grande construyó una flota con la que les derrotó.

En el norte de Europa, por otro lado, por la Guerra de los Cien años, el casi continuo conflicto
entre Inglaterra y Francia raramente conlleva una actividad naval más sofisticada que el
transporte de los caballeros a través del canal de la Mancha, y quizás el tratar de atacar esos
transportes. La Batalla de Dover en el 1217, entre una flota francesa de 80 barcos bajo el
mando de Eustaquio el Monje y una flota inglesa de 40 bajo el mando de Hubert de Burgh, es
notable por ser la primera batalla registrada usando las tácticas de los barcos de vela, con la
victoria del primero en la misma, que sin embargo fue derrotado después.

El uso de la pólvora[editar]

Artículo principal: Pólvora

La pólvora es un polvo explosivo utilizado en balística, en particular pólvora negra, una mezcla
explosiva de un 75% de nitrato potásico, un 15% de carbón y un 10% de azufre
aproximadamente. La pólvora fue el primer explosivo conocido; su fórmula aparece ya en el
siglo XIII, en los escritos del monje inglés Roger Bacon, aunque parece haber sido descubierta
por los chinos, que la utilizaron con anterioridad en la fabricación de fuegos artificiales. Es
probable que la pólvora se introdujera en Europa procedente del Oriente Próximo. Berthold
Schwarz, un monje alemán de comienzos del siglo XIV, puede haber sido el primero en utilizar
la pólvora para impulsar un proyectil. Sean cuales sean los datos precisos y las identidades de
sus descubridores y primeros usuarios, lo cierto es que la pólvora se fabricaba en Inglaterra en
1334 y que en 1340 Alemania contaba con instalaciones para su fabricación. Sin embargo,
sabemos que, ya en 1326, el municipio de Florencia tenía cañones. Al año siguiente, las armas
de fuego también están presentes en el castillo de Gassino, cerca de Turín, mientras que poco
después los Visconti de Milán tienen armas de fuego.7 El primer intento de utilización de la
pólvora para minar los muros de las fortificaciones se llevó a cabo durante el sitio de Pisa en
1403. En la segunda mitad del siglo XVI, la fabricación de pólvora en la mayoría de los países
era un monopolio del Estado, que reglamentó su uso a comienzos del siglo XVII. Fue el único
explosivo conocido hasta el descubrimiento del denominado oro fulminante, un poderoso
explosivo utilizado por primera vez en 1628 durante las contiendas bélicas que se
desarrollaron en el continente europeo.
BATALLA NAVAL

Durante la Edad Media se desarrollaron una serie de batallas navales en el Mediterráneo,


aunque con menos frecuencia que en épocas posteriores y que al inicio del periodo buscaban,
principalmente, el abordaje de las embarcaciones enemigas.

En este sentido, la guerra medieval en el mar presentaba muchas similitudes con las
desarrolladas en el periodo clásico, flotas de galeras, usualmente con esclavos en los remos),
que buscaban chocar o acercarse a las embarcaciones enemigas para que los marineros
pudiesen luchar en cubierta.

Debido a la vulnerabilidad de este tipo de embarcaciones y la gran dificultad que presentaba


su uso en aguas diferentes al Mar Mediterráneo por ser más revueltos y con mucho más
viento, comenzaron a surgir barcos más grandes, apoyados en su propulsión con velas.

Las embarcaciones continuaron evolucionando hasta parecerse a grandes fortificaciones


flotantes, presentando torres tanto en su proa como en la popa, aunque les hacía inestables,
aunque sus victorias contra las embarcaciones más ligeras les hicieron predominar en los
siguientes siglos.

La flota bizantina

La flota bizantina era famosa por su enorme superioridad en las aguas del Mediterráneo, algo
crucial en su desarrollo para poder defender su capital, Constantinopla, que tenía en ese
momento el puerto más importante de Europa.

Sin embargo, en el año 655 sufrieron una importante derrota a manos de los árabes, aunque
pudieron salvar Constantinopla utilizando un invento secreto que sólo poseían en Bizancio: el
fuego griego.

El Fuego Griego

Hace un tiempo hablamos del fuego griego, una sustancia especialmente inflamable que, al
entrar en contacto con el agua, ardía, provocando la destrucción inmediata de las
embarcaciones que no tenían escapatoria al verse envuelta en llamas.

u tripulación tampoco tenía escapatoria pues, según los relatos de la época, el fuego griego
continuaba ardiendo bajo el agua, lo que hacía que nadie pudiese soportar un ataque de estas
características.

Los drakkar son las emblemáticas embarcaciones vikingas con las que asolaron Europa.
Consistían en embarcaciones muy ligeras, largas y estrechas, y con remos que abarcaban casi
todo el casco.

Si bien no eran embarcaciones poderosas, eran extremadamente maniobrables y con ellas


podían acceder a sitios que con navíos más grandes no era posible, lo que les llevó a atacar
poblaciones en los ríos Sena, Támesis o Tajo.

El nacimiento de las potencias italianas

Cuando tanto los árabes como Constantinopla perdieron su hegemonía en el mar entrando en
declive, las ciudades italianas de Venecia, Génova y Pisa comenzaron a formar diferentes
redes comerciales a través del Mediterráneo, construyendo armadas tanto para protegerse
como para convertirse en potencias.

En sus inicios, las armadas lucharon contra los árabes como en las batallas de Bari y Mesina,
para luego defenderse de los Normandos que habían alcanzado Sicilia.

Finalmente, el enfrentamiento se dio entre ellos en siglos posteriores, siendo especialmente


famosos los enfrentamientos entre Génova y Venecia quienes se enfrentaron en cuatro
ocasiones, siendo Venecia la vencedora y quien se convertiría en potencia en los siguientes
siglos.

Los cañones en las embarcaciones

En la Edad Media era muy difícil situar cañones a bordo, aunque en ocasiones se encontraba
alguno en algunas de las torres de las embarcaciones más grandes.

Generalmente eran pequeños cañones antipersona, pues los mayores hacían que los barcos
fuesen más inestables y tanto su velocidad como precisión de fuego les hacían poco útiles.

Hacia finales de la Edad Media esto cambió con la aparición de las puertas de armas situadas
en las paredes laterales de las naves.

Esto permitió que se instalasen cañones justo encima de la línea de flotación, los cuales al
estar situados más abajo, permitían una gran estabilidad del barco.

A su vez, el poder tener una línea completa de cañones reducía el problema de la precisión,
siendo de mucha utilidad para las batallas navales que se producirían al final de este período.

El buque más importante de este estilo lo encontramos en el Mary Rose, de Enrique VIII, su
buque insignia y que contaba con 30 armas en cada uno de sus lados, con una velocidad de
disparo muy superior a lo que visto hasta ese entonces.

Este tipo de embarcaciones inspiró a la armada española, que diseñó un tipo de embarcación
que marcaría toda la Época Moderna: el galeón.
Tácticas navales modernas[editar]

Artículo principal: Tácticas navales modernas

Como ocurre con todas las otras formas de guerra en la actualidad, las tácticas navales
modernas descansan sobre el principio de «disparar y moverse». El éxito real de la potencia de
fuego depende de un buen reconocimiento y en la adopción de buenas posiciones de disparo.
El movimiento es un componente muy importante del combate moderno; una flota naval
actual ha de poder desplazarse, en consecuencia, varios cientos de kilómetros en un solo día.

En la guerra naval la clave consiste en detectar al enemigo, al tiempo que se trata de evitar el
ser detectado por el enemigo. Se gasta mucho tiempo y esfuerzo en negar al enemigo la
oportunidad de que pueda detectar las propias fuerzas.

También es fundamental el concepto de espacio de batalla: una zona alrededor de una fuerza
naval, dentro de la cual un comandante confía en detectar, perseguir, combatir y destruir las
amenazas, antes de que éstas puedan llegar a convertirse en peligrosas. Esta es la razón de
que una armada prefiera el mar abierto. La presencia de tierra (líneas de costa) y la topografía
del fondo comprimen el espacio de batalla, limitando las oportunidades para maniobrar. Estos
factores hacen que sea más fácil para el enemigo el predecir la localización de la propia flota, y
hacen más difícil la detección de las fuerzas enemigas. En aguas poco profundas, la detección
de submarinos y minas es especialmente problemática.

El escenario que fue el foco de atención de los planificadores navales norteamericanos durante
la Guerra Fría fue el enfrentamiento entre dos flotas modernas y bien equipadas en alta mar,
en un eventual choque de los Estados Unidos con la Unión Soviética. La máxima consideración
fue otorgada a los CVBG (grupo de batalla de portaaviones).

En el combate naval moderno existe la posibilidad de lanzar o recibir un golpe mortal, desde
una distancia de hasta 600 millas náuticas (1100 kilómetros). Esta es un área enorme para ser
explorada por los medios de reconocimiento disponibles. La respuesta a este problema, de
doble filo, es la guerra electrónica.

Los submarinos son la mayor amenaza para las operaciones ofensivas de los CVBG, debido a la
gran capacidad que tienen los modelos modernos para pasar inadvertidos, gracias a medios
técnicos tales como las capas anti-eco o los motores a chorro de agua, totalmente silenciosos.
Esta habilidad para la ocultación es la principal ventaja del submarino. La extensión de las
operaciones navales hacia aguas poco profundas ha incrementado mucho la amenaza
submarina. La sola sospecha de que pueda haber un submarino en un área determinada,
puede obligar a una flota a gastar grandes recursos para eliminarla, ya que los efectos de
destrucción que produciría un submarino no detectado podrían ser catastróficos.

El arma clave en el combate naval moderno es el misil. Este puede lanzarse desde la superficie,
bajo el mar o desde unidades aéreas. Con las velocidades de los misiles actuales, que pueden
alcanzar hasta Mach 4, el tiempo del choque puede ser sólo cuestión de segundos. La clave
para una defensa exitosa consiste en destruir las plataformas de lanzamiento antes de que
consigan disparar, eliminando de un solo golpe una o más amenazas de misil. Esto no siempre
es posible, por lo que los recursos de guerra antiaérea necesitan ser equilibrados entre las
batallas aéreas interiores y exteriores.

Historia[editar]
La humanidad ha practicado la guerra en el mar desde hace, por lo menos, 3000 años hasta el
momento presente (desde el I milenio a. C.). Aparentemente, la guerra terrestre no depende
del dominio del mar, pero nada sería más alejado de la verdad. Los transportes terrestres,
hasta la llegada de los sistemas ferroviarios en el siglo XIX, eran extremadamente
dependientes de los sistemas fluviales y del transporte marítimo. Los ferrocarriles
determinaron el fin de esta dependencia, y fueron cruciales en el desarrollo económico del
mundo moderno (industrialización) en el Reino Unido, los Países bajos y el norte de Alemania.
Los ferrocarriles posibilitaron el movimiento masivo de mercancías y personas en tierra firme,
sin el cual la Revolución industrial no habría podido alcanzar su pleno desarrollo. Antes
de 1750, personas y bienes viajaban por mar (o en tierra por vías de agua interiores), pues los
viajes por tierra (con vehículos hipomóviles) eran lentos, fatigosos y muy caros. Así que los
ejércitos, con sus exorbitantes necesidades de provisiones, munición y forraje (pues dependían
de los caballos para moverse) estuvieron atados a los valles fluviales y a las zonas cercanas a
las costas durante gran parte de la historia. La razón es obvia, pues el medio de mantener
aprovisionados a los ejércitos eran los barcos, que traían todo lo necesario para su
funcionamiento y supervivencia (gran cantidad de mercancías) por mar o por los ríos.

De la Prehistoria y las primeras épocas de la Historia Antigua nos han llegado numerosas
referencias sobre la guerra en el mar. Destacan especialmente en las leyendas homéricas:
la Ilíada, sobre la Guerra de Troya, y su continuación, la Odisea. El Imperio persa —fuerte y
unido, pero sin un poder marítimo propio— no pudo vencer a los débiles y desunidos griegos,
debido al poder de la flota ateniense. Reforzada por las flotas de otras polis (ciudades) más
pequeñas, siempre consiguió frustrar los intentos persas de subyugar a las polei (ciudades-
estado griegas). El poder y la influencia de las civilizaciones fenicia y egipcia, los de
la púnica (basada en Cartago), e incluso los de Roma, dependieron en gran medida de su
respectiva capacidad de controlar los mares (talasocracia). También la República de
Venecia consiguió destacar sobre sus rivales entre las ciudades-estado de Italia, por su
desarrollo naval. Pero su pujanza comercial se eclipsó por el declive del Mediterráneo en la
Edad Moderna (las grandes rutas del comercio internacional se desarrollaron lejos de Venecia,
en el océano Atlántico).

Algo similar le sucedió al poderío del Imperio otomano, ligado a la decadencia de la Ruta de la
Seda y del Mediterráneo en general, durante los siglos XVII y XVIII. En otras épocas, el dominio
del mar dio una gran relevancia a pueblos pequeños y comparativamente atrasados: durante
tres siglos (del VI al IX), los hombres del norte, llamados comúnmente vikingos, asaltaron,
saquearon e infestaron las costas europeas, llegando incluso a la Rusia central, a Ucrania y
a Constantinopla. Remontaron los grandes ríos tributarios del Mar Negro, el Danubio, el Don y
el Volga, y cruzaron innumerables veces el estrecho de Gibraltar, considerado entre los
grandes reinos europeos del momento, centrados en el Mediterráneo y menos avezados en los
viajes oceánicos por el Atlántico, como las Columnas de Hércules, la puerta hacia un mar
indómito, desconocido y lleno de peligros.

La mayor parte de las batallas navales famosas de la historia nos han legado testimonios
materiales directos, como pecios (restos de una embarcación) procedentes de naufragios, que
son objeto de estudio por parte de una disciplina científica específica, la arqueología
submarina. Un ejemplo importante de proyecto de investigación arqueológica submarina
reciente, aunque no muy conocido, es el estudio de los naufragios de diversos barcos en
el océano Pacífico, los barcos de guerra japoneses hundidos durante la batalla de Midway.
Remeros del Mar Mediterráneo

La primera batalla naval registrada en documentos escritos está datada hacia el


año 1210 a. C. aproximadamente: Suppiluliuma II, rey de los hititas, se enfrentó con sus naves
a una flota procedente de Chipre, la derrotó e incendió los barcos chipriotas en el mar.

Relieves asirios de cerca del 700 a. C. muestran barcos fenicios en una batalla, con dos niveles
de remos. Los soldados combaten sobre una especie de puente o cubierta por encima de los
remeros, y los barcos muestran una especie de espolón que sale desde la proa. No hay ninguna
mención escrita acerca de táctica o estrategia correspondiente a esta época, que se haya
conservado hasta nuestros días.

Los reyes y héroes griegos que aparecen en las leyendas de Homero (siglo viii a. C.
aproximadamente), usaban sus barcos para transportar sus ejércitos, pero hacían la guerra en
tierra firme. Pero en el año 664 a. C. se sabe de una batalla naval que hubo entre Corinto y una
de sus colonias, la ciudad de Corcira.

Las Guerras Médicas, en el siglo v a. C., fueron los primeros conflictos históricos de los que se
conocen operaciones navales a gran escala. Por lo que cuentan los textos históricos, no sólo
hubo en estas guerras sofisticados choques entre flotas y escuadras, con docenas
de trirremes en cada bando, sino también operaciones anfibias y combinadas de fuerzas de
tierra y mar. Parece improbable que estos avances bélicos fuesen el producto de una sola
mente, o incluso de una generación; lo más probable es que el período de evolución y
experimentación de tales medios y sistemas de combate simplemente pasó inadvertido para la
historia escrita.

Las Guerras Médicas formaron un largo episodio de la Historia Antigua, que comenzó con la
aparición de los ejércitos de los persas o medos (de donde viene el nombre de Guerras
Médicas) en Asia Menor (actual Turquía). Después de algunas batallas iniciales, los persas
derrotaron a los griegos de las ciudades costeras de Asia Menor, región conocida como Jonia.
Sometida la Jonia, los persas se decidieron a invadir la Grecia
continental. Temístocles de Atenas, líder político y militar de la ciudad, estimó que los griegos
serían superados en número por los persas en tierra, pero que Atenas podría protegerse a sí
misma construyendo una flota de galeras (que en las crónicas griegas clásicas aparecen como
los "muros de madera" de la ciudad), empleando los recursos obtenidos de la explotación de
las minas de plata de Laurión, propiedad de Atenas, para financiarla.

La primera campaña de los medos, en el 492 a. C., fue abortada porque la flota persa
(compuesta de barcos jonios, sirios y fenicios principalmente) se dispersó y hundió en una
tormenta. La segunda, iniciada en el 490 a. C., capturó algunas islas en el Mar Egeo, situado
entre Jonia y Grecia, antes de desembarcar en la península griega, cerca de Maratón. Los
griegos, conscientes de su inferioridad en tierra, atacaron a los persas realizando una apuesta
muy arriesgada, pero rechazaron el desembarco. La victoria, anunciada por uno de los
soldados atenienses que participó en la batalla, fue celebrada en Atenas como un triunfo
histórico, y dio origen posteriormente a la prueba atlética de la maratón (que recorre una
distancia equivalente a la que media entre Maratón y Atenas, algo más de 42 km).

La segunda campaña de los medos, bajo el rey Jerjes I de Persia, comenzó diez años más tarde
(480 a. C.), y repitió el modelo que había seguido la primera campaña. El ejército persa siguió
el camino del Helesponto, mientras que la flota de barcos jonios, fenicios y sirios lo seguía
bordeando la costa. Cerca de Artemisio, en un estrecho canal entre la Grecia peninsular y la
isla de Eubea, la flota griega le cerró el paso, y aguantó los múltiples ataques de la escuadra de
Jerjes. Los barcos al servicio de los persas pasaron a través de la primera línea de barcos
griegos, pero después fueron flanqueados por la segunda línea griega. La derrota del ejército
griego en tierra, en el desfiladero de las Termópilas, forzó la retirada de los griegos, y Atenas
evacuó a su población a la cercana isla de Salamina, en previsión de que los persas asediasen y
conquistasen la ciudad.

La subsiguiente Batalla de Salamina fue una de las acciones más decisivas de la Segunda
Guerra Médica. Temístocles atrapó a los persas en un canal, entre la península griega y la
propia Salamina, demasiado estrecho para que la flota persa pudiese hacer que prevaleciera su
superioridad numérica, y lanzó un ataque con todas sus fuerzas. Su embestida tuvo éxito: 200
barcos de los persas fueron frenados por solo 40 barcos griegos. Pese a la derrota, Jerjes
conservaba todavía una flota más numerosa que la de los griegos, pero se retiró por motivos
ajenos al enfrentamiento, y Atenas se salvó. A partir de ese momento, la guerra cambió de
signo, los persas fueron derrotados en tierra, en Platea en el año siguiente, y regresaron a Asia
Menor, dejando que los griegos continuasen libres. Hacia el final de la
guerra, soldados atenienses y espartanos atacaron y quemaron la flota al servicio de los
persas, varada en tierra, en Mícala, y liberaron muchas de las ciudades jonias previamente
sometidas por Jerjes.

Durante los siguientes cincuenta años, los griegos dominaron el Egeo, pero volvieron a sus
tradicionales enfrentamientos internos. De hecho, las Guerras Médicas habían supuesto una
breve etapa de unión entre las diversas polis helénicas (=griegas), que solían hacerse la guerra
mutuamente. Después de múltiples guerras menores de las que poco conocemos, en
el 431 a. C., las tensiones acumuladas dieron lugar a la Guerra del Peloponeso, librada entre
la Confederación de Delos, liderada por Atenas, y la Liga del Peloponeso, dirigida por Esparta.
La estrategia naval tuvo una importancia crítica; Atenas, con los fondos de la Confederación de
Delos, se construyó un nuevo recinto defensivo, con un corredor amurallado (los Muros
Largos) que unía la ciudad con su puerto, El Pireo. Al abrigo de estas defensas, planteó la
guerra confiando en su flota de guerra para mantener un flujo constante de suministros,
mientras el ejército espartano asediaba la ciudad amurallada. Esta estrategia funcionó, aunque
el prolongado hacinamiento de los atenienses asediados contribuyó a extender una
gran epidemia que causó la muerte a muchos de ellos en el 429 a. C.

Hubo un buen número de batallas navales entre galeras, como las


de Patras, Naupacto, Pilos, Siracusa, Cinosema, Cícico, o Notio. El final de la guerra, prolongada
y funesta para ambos contendientes, llegó con la derrota los atenienses
en Egospótamos (405 a. C.) en el Helesponto. Los atenienses, que habían varado su flota en la
playa, fueron sorprendidos por la flota peloponesia, que desembarcó al ejército espartano e
incendió los barcos enemigos. La derrota fue de tal magnitud que Atenas, agotada por los
muchos años de guerra transcurridos, se rindió a Esparta al año siguiente (404 a. C.)

Las flotas de guerra jugaron un papel importante en las complejas guerras de la época
helenística, en que fueron protagonistas los reyes griegos sucesores de Alejandro Magno.

Roma nunca fue una potencia con vocación marítima, pero tuvo que aprender a luchar en el
mar, y rápidamente, en las tres guerras púnicas que libró contra Cartago. Mediante la
invención del corvus, Roma desarrolló la técnica de agarre y abordaje de los barcos enemigos
por los soldados de sus propias naves. La flota de guerra romana creció gradualmente cuando
Roma se fue involucrando cada vez más en las rivalidades políticas del Mediterráneo. Durante
las guerras civiles romanas destacó la batalla de Accio (en el 31 a. C.), en la que participaron
cientos de barcos, muchos de ellos quinquerremes, dotados de catapultas y torres de asedio.
Sin embargo, en la época del Imperio romano no hubo enfrentamientos navales de relieve,
sino sólo ocasionales campañas de supresión de la piratería.

La Antigua China[editar]

En la Antigua China, las primeras batallas navales conocidas tuvieron lugar durante el período
de los Reinos Combatientes (481 a. C.-221 a. C.), un período en el que diversos señores de la
guerra, con poder de ámbito regional, se combatían unos a otros, mientras proclamaban su
lealtad al soberano teórico, perteneciente a la Dinastía Zhou. La guerra naval en la China de
este antiguo período se caracterizaba por lo que se describía como "enganchar y grapar". Las
tácticas de choque eran realizadas con barcos que se llamaban "los que golpean el estómago"
y los "que chocan".1 Documentos de la posterior Dinastía Han atestiguan que en la Era de los
Reinos Combatientes se habían usado barcos ge chuan (barcos daga-hacha, o barcos alabarda).
Se piensa que esto es una descripción simple de barcos que llevaban soldados con alabardas,
con forma de daga-hacha, como armas personales. Sin embargo, el escritor chino Zhang Yan,
de la posterior Era de los Tres Reinos (siglo III d. C.), afirmaba en sus escritos que los Reinos
Combatientes chinos llamaban a los barcos de este modo porque las hojas de las alabardas se
fijaban y colocaban realmente en el casco del barco. Su finalidad era desgarrar el casco de otro
barco cuando embestía, para acuchillar a los enemigos que habían caído por la borda y
estaban nadando, o simplemente para poder limpiar el camino de cualquier animal peligroso
que el barco pudiera encontrar durante la navegación (los antiguos chinos realmente creían en
los monstruos marinos, ver los escritos de Xu Fu para más información).

Qin Shi Huang, el primer emperador de la Dinastía Qin (221 a. C.-207 a. C.), debió gran parte de
su éxito en la tarea de unificar China (específicamente el sur de China) al poder naval. Sin
embargo, nunca llegó a establecer una armada imperial (véase, más adelante, la Sección de
Asia Medieval). La era de la Dinastía Zhou fue conocida por el uso de puentes de pontones,
pero fue durante la Dinastía Qin, y más tarde durante la dinastía Han, cuando fueron
ensamblados grandes puentes de pontones permanentes y usados para propósitos bélicos (el
primer registro escrito de un puente de pontones en Occidente lo constituyen las relaciones
sobre los trabajos de supervisión del griego Mandrocles de Samos sobre un puente de este
género, durante la campaña militar del emperador persa Darío I sobre el Bósforo).

Durante la dinastía Han (202 a. C.-220 d. C.), los chinos descubrieron el uso del timón popel,
montado en la popa de los barcos para hacer virajes. En la Época Han diseñaron un nuevo tipo
de barco, el junco. Durante la última fase de la dinastía Han, en el período de los Tres Reinos,
hubo grandes batallas navales, como la Batalla de los Acantilados Rojos, que testimoniaron el
progreso de la guerra naval en el Lejano Oriente. El estratega militar chino Zhuge Liang,
del Reino de Shu, debió su fama a un ataque de proyectiles de fuego que lanzó en la citada
batalla contra la enorme flota naval del primer ministro Cao Cao.

En cuanto a las exploraciones oceánicas, el primer marino chino que exploró el océano
Índico (alcanzó Sri Lanka y la India por mar) fue el monje budista Fa Xian, de principios
del siglo V d. C. (aunque anteriormente se habían establecido lazos diplomáticos y comerciales
por tierra con Persia y la India, a comienzos de la Época Han). Sin embargo, la influencia
marítima y naval china no se dejaría sentir plenamente en el Océano Índico hasta la Edad
Media.
La Edad Media[editar]

Las invasiones bárbaras del siglo iv y posteriores, sucedieron mayormente por tierra, pero hay
menciones de una flota vándala luchando con los romanos, y una derrota de una
flota ostrogoda en Senigallia en el Mar Adriático.

En el siglo vii, las flotas árabes comienzan a hacer su aparición, asolando Sicilia en el 652, y
derrotando a la Armada bizantina en el 655. Constantinopla se salva en la Batalla de
Syllaeum en el 678 por la invención del fuego griego, una forma temprana de lanzallamas que
devastó los barcos de la flota que asediaba la ciudad. Este fue solo el primero de muchos
encuentros.

En el siglo viii los vikingos comienzan a hacer su aparición, aunque su estilo normal es aparecer
rápidamente, saquear, y desaparecer, preferiblemente en lugares no defendidos. El
rey Alfredo el Grande de Inglaterra construyó una flota y fue capaz de derrotar a los daneses.

Los nórdicos también lucharon muchas batallas navales entre ellos mismos. Esto se hacía
normalmente atando los barcos de ambos bandos uno contra el otro, luchando así
esencialmente una batalla terrestre sobre el mar. Sin embargo, el hecho de que el lado
perdedor no podía escapar fácilmente, significaba que las batallas tendían a ser muy duras y
sangrientas. La batalla de Svolder es quizás la más famosa de estas batallas.

Cuando el poder árabe en el mar Mediterráneo empezó a declinar, las ciudades


comerciales italianas de Génova, Pisa, y Venecia se apresuraron a aprovechar la oportunidad,
fundando redes comerciales y construyendo armadas para protegerlas. Al principio las
armadas lucharon contra los árabes (en Bari en el 1004, en Mesina en el 1005), pero después
se encontraron peleando contra los normandos que se habían trasladado a Sicilia, y finalmente
el uno contra el otro. Los genoveses y los venecianos lucharon cuatro guerras navales, en
el 1253–1284, 1293–1299, 1350–1355, y en el 1371–1378. La última guerra finalizó con una
victoria decisiva para Venecia, lo que le permitió disfrutar durante casi un siglo del dominio
comercial del Mediterráneo antes que otros países europeos comenzasen a explorar hacia el
sur y el oeste.

En el norte de Europa, el casi continuo conflicto entre Inglaterra y Francia raramente conlleva
una actividad naval más sofisticada que el transporte de los caballeros a través del canal de la
Mancha, y quizás el tratar de atacar esos transportes. La Batalla de Dover en el 1217, entre
una flota francesa de 80 barcos bajo el mando de Eustace el Monje y una flota inglesa de 40
bajo el mando de Hubert de Burgh, es notable por ser la primera batalla registrada usando las
tácticas de los barcos de vela.

Asia Medieval (China, India, Japón y Corea)

La dinastía Sui (581-618) y la dinastía Tang (618-907) de China estuvieron envueltas en muchos
asuntos navales acerca de las políticas triples de gobernar la Corea medieval (Tres Reinos de
Corea), así como los combates de bombardeo naval sobre la península desde el período Asuka,
por el reíno de Japón. Un factor prominente en el repentino declive y colapso de la dinastía Sui
fue su financiación con fondos del estado de las Guerras Goguryeo-Sui, donde los chinos
reunieron una flota naval enorme que al final no tuvo éxito. La subsiguiente dinastía Tang de
China hizo una política exterior diferente, ayudando a la dinastía Silla (véase también Silla
unificada) en expulsar los ejércitos y fuerzas navales de los japoneses (véase Batalla de
Baekgang), y en conquistar a los otros rivales de los coreanos, Baekje y Goguryeo en el
año 668. Además, la dinastía Tang china tenía relaciones comerciales marítimas, tributarias, y
lazos diplomáticos con las regiones que hoy en día son, Sri Lanka, India, Irán islámico y Arabia,
así como con Somalia en el África Oriental. Desde el Reino de Aksum en la moderna Etiopía, el
viajero árabe Sa'd ibn Abi-Waqqas navegó desde allí hasta la china Tang durante el reinado
del Emperador Gaozong de Tang. Dos décadas más tarde, volvió con una copia del Corán,
estableciendo la primera mezquita islámica en China, la Mezquita del Recuerdo en Cantón. Lo
que siguió fue una rivalidad creciente entre chinos y árabes por el control de las rutas
marítimas comerciales del océano Índico. En su libro Flujo Cultural entre China y el Mundo
Exterior, Shen Fuwei escribe que los mercaderes marítimos chinos en el siglo ix, estaban
desembarcando regularmente en Sufala en África Oriental para contratar comerciantes de
clase media árabes.2

La dinastía Chola de la India medieval, fue un poder marítimo dominante en el océano Índico,
un comerciante marítimo ávido y una entidad diplomática con la china Song. Rajaraja Chola I
(reinó desde el 985 al 1014) y su hijo Rajendra Chola I (reinó entre el 1014 y el 1042), que
formaron parte del reino drávida en el sur de la India, enviaron una gran expedición naval que
ocupó partes de Birmania Malaya, y Sumatra. Mientras que muchos creen que los Cholas
fueron los primeros gobernantes registrados en tener una flota naval en el subcontinente
indio, hay al menos dos evidencias que citan el uso de armadas. Narasinja Varman Pallava I
transportó a sus tropas a Sri Lanka para ayudar a Manavarman a reclamar su
trono. Shatavahanahas fue conocido por poseer una armada que fue ampliamente desplegada
para influenciar el Sureste de Asia. Lo que no es conocido es la extensión de su uso. Algunos
argumentan que no hay evidencia para apoyar la guerra naval en un sentido contemporáneo.
Otros dicen que los barcos llevaban de manera rutinaria grupos de arqueros para mantener
alejados a los piratas. Sin embargo, desde que se conoce que los árabes usaban catapultas,
nafta, e inventos instalados en sus barcos para prevenir grupos de abordaje, uno puede
concluir razonablemente que las armadas Chola, no transportaban solamente tropas sino que
también proveían apoyo, protección, y capacidades de ataque contra objetivos enemigos.

En el siglo xii, fue creada la primera armada permanente china, por la dinastía del sur Song, el
cuartel general del almirantazgo estacionado en Ding-hai. Esto sucedió después de la conquista
del norte de China por el pueblo Yurchen (véase Dinastía Jin) en el 1127, mientras que la corte
china huyó hacia el sur desde Kaifeng a Hangzhou. Equipados con la brújula magnética y el
conocimiento del famoso tratado de Shen Kuo (sobre el concepto del norte verdadero), los
chinos se convirtieron en los expertos de la navegación de su tiempo. En el plazo de tiempo de
un siglo convirtieron una flota de 11 escuadrones de 3.000 marinos en una armada de 20
escuadrones y 52.000 marinos. Empleando embarcaciones de rueda de paletas y lanzando
bombas de pólvora desde fundíbulos sobre las cubiertas de sus barcos, los chinos se
convirtieron en un formidable enemigo para la dinastía Jin durante los siglos XII y XIII (véase
también la Batalla de Caishi y la Batalla de Tangdao). Con una armada poderosa, China dominó
el comercio marítimo a través del Sureste Asiático también.

Hasta el año 1279, los chinos fueron capaces de usar su poder naval para defenderse contra
los Jin del norte, hasta que finalmente los mongoles conquistaron toda China. Después de la
dinastía Song, la dinastía Yuan de origen mongol de China fue una poderosa fuerza marítima
en el Océano Índico. El emperador Yuan Kublaikan intentó invadir Japón dos veces con flotas
enormes (compuestas de ambos, mongoles y chinos), en el 1274 y otra vez en el 1281, ambos
intentos no tuvieron éxito (véase Invasiones de los mongoles a Japón). Cimentándose en los
logros tecnológicos de la anterior dinastía china Song, los mongoles también
usaron cañones tempranos sobre las cubiertas de sus barcos.

En el siglo xv, le fue asignado al almirante de la dinastía china Ming, Zheng He la formación de
una flota masiva para varias misiones tributarias en el extranjero, navegando por las aguas
del Pacífico sureste y del océano Índico. Durante sus misiones marítimas, la flota de Zheng se
encontró peleando en multitud de ocasiones contra los piratas. La flota de Zheng también se
vio envuelta en un conflicto en Sri Lanka, de lo cual el Rey de Ceilán viajó posteriormente a la
China Ming para realizar una disculpa formal ante el Emperador.

A últimos del siglo xvi, Toyotomi Hideyoshi del Japón del período Azuchi-Momoyama reunió
una flota enorme para asaltar a la dinastía Joseon de Corea, cuando este último monarca
rehusó el permitir que los ejércitos japoneses invadiesen a la China de la dinastía Ming vía la
península de Corea, como plataforma de lanzamiento. Durante las invasiones japonesas de
Corea (1592-1598), los japoneses emplearon inteligentes tácticas a corta distancia en tierra
con los arcabuzes (véase Oda Nobunaga), pero también confíaron en el fuego de mosquetes a
corta distancia en los enfrentamientos navales de estilo "agarre y abordaje". Los japoneses
tuvieron éxito cuando capturaron primero el puerto coreano de Busán, la capital en el hoy en
día Seúl cayó ante sus fuerzas, y después procedieron a moverse hacia el norte, hacia el
interior de la península de Corea. La ayuda militar enviada por el Emperador chino Wanli de la
dinastía Ming, apoyó a los coreanos, pero el alcance superior de los cañones coreanos, así
como las brillantes estrategias navales del almirante coreano Yi Sun Sin, fueron los principales
factores que se aunaron en la derrota final de los japoneses. El Almirante Yi cortó de manera
efectiva las posibles líneas de suministro japonesas, que habrían ido desde el Mar
Amarillo hasta China, y debilitando de manera importante la fuerza japonesa así como
debilitando su moral en varios choques importantes (de los cuales muchos consideran la
derrota más crítica de los japoneses a la Batalla de Hansando).

Velas e imperios

La Baja Edad Media fue importante, ya que en ese tiempo se desarrollaron los cogs y
las carabelas, barcos capaces de sobrevivir en las duras condiciones del océano abierto, con
sistemas de seguridad y una tripulación experta capaz de hacer una rutina de los largos viajes.
Además, los barcos aumentaron desde 100 toneladas hasta 300 toneladas de desplazamiento,
suficiente para llevar cañones como armamento y todavía ser capaces de transportar una
carga que dejase beneficios. Uno de los barcos más grandes de su tiempo, el "Gran Harry"
desplazaba unas 1.500 toneladas.

Los viajes de descubrimiento eran de naturaleza fundamentalmente comercial más que militar,
aunque algunas veces esta línea se difuminaba, ya que el gobernante de un país no estaba por
encima de financiar la exploración buscando un beneficio personal, ni era ningún problema el
recurrir al poder militar para asegurar ese beneficio. Más adelante, las líneas se fueron
separando gradualmente, ya que la motivación del gobernante yacía en la protección de la
empresa privada para que así pudiesen pagar más impuestos.

Como egipcios chiítas-Fatimidas y Mamelucos, el Imperio otomano islámico-sunita centrado en


la Turquía moderna, dominó el este del Mar Mediterráneo. Los turcos otomanos construyeron
una armada poderosa, rivalizando con la ciudad-estado de Venecia durante las Guerras
otomano-venecianas (1499-1503). Aunque fueron derrotados dolorosamente en la Batalla de
Lepanto (1571) por la Liga Santa (1571), los otomanos reconstruyeron rápidamente su fuerza
naval, y posteriormente defendieron con éxito la isla de Chipre, para que se mantuviese en
manos otomanas. Sin embargo, con la consiguiente Era de los Descubrimientos, Europa llegó a
pasar de lejos al Imperio otomano, y puenteó con éxito su dependencia en el comercio
terrestre mediante el descubrimiento de las rutas marítimas alrededor de África y hacia las
Américas.

La primera acción naval en defensa de las nuevas colonias fue solo diez años después del
legendario desembarco de Vasco da Gama en la India. En marzo de 1508, una fuerza
combinada Guyaratí/Egipcia sorprendió a un escuadrón portugués en Dabul, y solo
consiguieron escapar dos barcos portugueses. Al febrero siguiente, el Vizrey portugués
destruyó a la flota aliada en Diu, confirmando así la dominación portuguesa del océano Índico.

En 1582, la Batalla de la Isla Terceira en las Azores, en la cual una flota española derrotó a una
fuerza francesa mucho mayor, suprimiendo así una revuelta en las islas, lo que la convierte en
la primera batalla que se luchó en medio del Océano Atlántico.

En 1588, Felipe II de España envió su Armada Invencible para subyugar a Isabel I de Inglaterra,
pero el mal tiempo obligó a la Armada Invencible a regresar a Cádiz y Sevilla.

En el siglo xvii, la competición entre las flotas comerciales inglesas y holandesas llegó a su
culmen en las Guerras Anglo-Holandesas, las primeras guerras realizadas enteramente sobre el
mar. La más memorable de estas batallas fue la Batalla de Medway, en la que
el Almirante Holandés Michiel de Ruyter navegó por el río Támesis, y destruyó gran parte de la
flota británica.

El siglo xviii se convirtió en un incesante y continuo cúmulo de guerras mundiales, cada una
más grande que la anterior. En el mar los británicos y franceses fueron rivales amargos; los
franceses ayudaron a los vacilantes Estados Unidos en la Guerra de Independencia de los
Estados Unidos, pero su propósito estratégico era el capturar territorio en la India y en
las Indias Occidentales. En el Mar Báltico, el último intento para revivir al Imperio Sueco
condujo a Gustavo III a la Guerra Ruso-Sueca (1788-1790), con su gran final en la Batalla de
Svensksund (1790). La batalla no tuvo rival en cuanto a tamaño hasta el siglo xx, fue una
victoria decisiva táctica Sueca, pero su resultado estratégico fue pobre (debido a la pobre
actuación del ejército y a la previa falta de iniciativa de los suecos) y la guerra acabó sin ningún
cambio territorial.

Con el cambio de gobierno debido a la Revolución francesa la lucha pareció intensificar la


rivalidad más que disminuirla, y las Guerras Napoleónicas incluyeron una serie de batallas
navales legendarias, culminando en la Batalla de Trafalgar en 1805, en la que el
Almirante Horatio Nelson rompió el poder de las flotas francesa y española, pero perdió su
propia vida en el intento.
De la madera y el viento al acero y el vapor

Trafalgar marcó el comienzo de la Pax Britannica del siglo xix, caracterizado por una paz
general en los océanos del mundo, bajo los pabellones de la Armada Real. Pero fue un período
de intensa experimentación tecnológica; la máquina de vapor en los barcos apareció en
los años 1810, una metalurgia mejorada y una técnica nueva en la máquinas produjeron
cañones más grandes y mortales, y el desarrollo de los obuses explosivos, capaces de demoler
un barco de madera de un solo disparo, requirieron en su momento la adición de la coraza de
hierro.

Aunque el poder naval chino durante las dinastías Song, Yuan, y Ming convirtió a China en un
poder marítimo mundial de importancia en el este, la dinastía Qing careció de una armada
oficial permanente como tenían dinastías anteriores. Estaban más interesados en invertir
fondos en aventuras militares más cercanas a su casa (la propia China), así como en Mongolia,
el Tíbet, y Asia Central (la moderna Xinjiang). Sin embargo, hubo considerables conflictos
navales durante la dinastía Qing, antes de las Guerras del Opio (como la Batalla de Penghu, o el
conflicto contra Koxinga). El insignificante esfuerzo naval que los Manchúes chinos realizaron
contra los barcos británicos más avanzados y propulsados con vapor durante la primera de las
Guerras del Opio en los años 1840 fue dolorosamente derrotado. Esto dejó a China abierta a la
virtual dominación extranjera (por parte de las potencias europeas y después de Japón)
mediante esferas de influencia sobre regiones chinas para obtener una ganancia económica.

La famosa batalla entre el CSS Virginia y el USS Monitor durante la Guerra Civil
Estadounidense fue el primer duelo entre naves acorazadas, lo que significó el advenimiento
de un cambio de era en la tecnología naval. La primera acción de flotas entre naves acorazadas
se luchó en 1866, en la Batalla de Lissa (1866) entre las armadas de Austria e Italia. Debido a
que el momento decisivo en la batalla ocurrió cuanto el buque insignia austriaco, el Erzherzog
Ferdinand Max hundió con éxito al buque insignia italiano Re d’Italia mediante una colisión
intencionada, en las décadas subsiguientes cada armada en el mundo se concentró
principalmente en la colisión intencionada como su táctica principal, teniendo también en
cuenta la campaña naval de la Guerra del Pacífico entre la coalición de Bolivia y Perú contra
Chile en el cual el blindado Peruano Huascar resultó, desde el combate de Iquique un
quebradero de cabeza para la escuadra Chilena, paradójicamente superior en número, blindaje
y armamento a la Peruana, hasta que el Huascar fue capturado frente a Antofagasta tras una
trampa tendida por la escuadra Chilena.

Cuando se acercaba el final del siglo, el familiar y moderno acorazado empezó a emerger; un
barco acorazado de acero, enteramente dependiente del vapor, y que llevaba un gran número
de obuses montados en torretas situadas a lo largo de la línea central de la cubierta principal.
El diseño definitivo se alcanzó en 1906 con el HMS Dreadnought (1906), que evitaba
totalmente los cañones pequeños, porque sus cañones principales eran suficientes para poder
hundir cualquier barco existente en su tiempo.

La Guerra Ruso-Japonesa y particularmente la Batalla de Tsushima en 1905, fue el primer test


de los conceptos nuevos, con el resultado de una asombrosa victoria japonesa, y con la
destrucción de docenas de barcos rusos.

Con la llegada del barco de vapor, se hizo posible crear grandes plataformas de cañones, y
proveerlas de una gran protección acorazada. Los acorazados tipo Dreadnought y sus
sucesores fueron los primeros barcos capitales pesados que combinaban tecnología y poder de
fuego en una plataforma móvil de armas. Sin embargo, en la primera mitad del siglo xx, los
estrategas y planificadores navales, fallaron en tener en cuenta el efecto del poder aéreo sobre
la efectividad y uso de los grandes buques capitales, como los acorazados.

La Primera Guerra Mundial enfrentó a la vieja Armada Real contra la nueva armada de
la Alemania Imperial, culminando en 1916 con la Batalla de Jutlandia (El futuro no pudo verse
cuando el portahidroaviones HMS Campania se perdió la batalla.)

Entre guerras, apareció el primer portaaviones, el HMS Argus. Muchas naciones firmaron
el Tratado Naval de Washington y desguazaron muchos de los acorazados y cruceros que
estaban construyendo en sus astilleros, pero las tensiones crecientes de los años 1930,
recomenzaron los programas de construcción, con barcos incluso más grandes que antes;
el Yamato, el acorazado más grande jamás construido, desplazaba 72.000 toneladas, y
montaba cañones de 18.1 pulgadas (460 mm).

Sobre y bajo la superficie[editar]

La victoria de la Marina Real Británica en la Batalla de Tarento fue un momento clave, ya que
fue la primera muestra real del poder naval aéreo. Después del 7 de diciembre de 1941,
cuando los Estados Unidos de América entraron en la Segunda Guerra Mundial, el
hundimiento del HMS Prince of Wales (53) y del HMS Repulse (1916) marcaron el final de la
era del acorazado, y la nueva importancia del avión y de su transporte, el portaaviones.
Durante la Guerra del Pacífico, los acorazados y cruceros estuvieron gran parte de su servicio
bombardeando posiciones costeras, mientras que los portaaviones fueron las estrellas en las
batallas claves del Mar del Coral, Batalla de Midway, Batalla del Mar de Filipinas, y en la
fundamental Batalla del Golfo de Leyte, que fue la batalla naval más grande de la historia.

El poder aéreo permaneció clave en todas las flotas durante todo el siglo xx, pasando a los
aviones propulsados a chorro desde portaaviones cada vez más grandes, y armados con misiles
teledirigidos y con misiles de crucero.

Tan importante como lo anterior fue el desarrollo de los submarinos para viajar por debajo del
mar, al principio con inmersiones cortas, pero más tarde fueron capaces de pasar semanas y
meses bajo el agua propulsados por un reactor nuclear. En ambas Guerras Mundiales, los
submarinos (U-Boots en Alemania) ejercieron principalmente su poder hundiendo barcos
mercantes mediante torpedos, así como otros buques de guerra. En los años 1950 la Guerra
Fría inspiró el desarrollo de los misiles balísticos, cada uno cargado con docenas de misiles
armados con cabezas nucleares y con órdenes de lanzarlos desde el mar en caso del ataque de
otra nación.

Tres conflictos navales importantes tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo xx, de los
cuales dos fueron de flota contra flota.

Uno tuvo lugar en 1971, la tercera y última de las Guerras Indo-Pakistaníes, en la


que Bangladés obtuvo su independencia de Pakistán con ayuda india.

Once años después, la Guerra de las Malvinas en (1982) en particular, mostró la tremenda
vulnerabilidad de los buques modernos ante los misiles a ras del agua modernos, como
el Exocet. Un impacto de un Exocet hundió al HMS Sheffield, un moderno destructor antiaéreo.
Demostró a la vez la utilidad de los submarinos modernos, los cuales pueden atacar sin ser
detectados, a diferencia de los buques de superficie. Se aprendieron importantes lecciones
acerca del diseño de los buques, control de daños y los materiales de construcción de barcos
en este conflicto. Cabe recalcar que este conflicto fue el único posterior a la Segunda Guerra
Mundial en enfrentar a dos Armadas compuestas cada una con portaaviones y submarinos.

La tercera guerra naval importante tuvo lugar entre Irán e Irak desde 1980 a 1988. No
presenció ninguna gran batalla entre flotas, pero sí una serie de ataques a barcos mercantes
de manera rutinaria, por primera vez desde 1945. También se vio la acción de superficie más
grande desde la Segunda Guerra Mundial, cuando buques de la Armada de los Estados
Unidos atacaron los muelles de petróleo iraníes para castigarlos por sus acciones en la guerra.
Buques navales iraníes intervinieron, lo que resultó en la Operación Mantis Religiosa.

En el momento actual, las grandes guerras navales parecen ser asuntos muy infrecuentes,
siendo la función principal de las armadas modernas, el explotar su control de las rutas
marítimas para proyectar su poder sobre la costa. La proyección de poder ha sido la principal
característica naval de los conflictos como la Guerra de Corea, la Guerra de Suez, la Guerra de
Vietnam, la Confrontación Indonesia-Malasia, la Guerra del Golfo, la Guerra de Kosovo y
ambas campañas en la Guerra contra el terrorismo en Afghanistán e Irak. Se intenta evitar el
choque de grandes flotas debido a la modernización de los sistemas de armas, que hoy en día
harían de cualquier combate naval una batalla pírrica para el vencedor (más allá de la
tecnología, hay que tener en cuenta que cualquier buque en el mar es un objetivo
extremadamente expuesto). Es, a día de hoy, casi impensable que dos naciones con Armadas
poderosas choquen en combate, debido al enorme riesgo que ambas asumirían y a la enorme
cantidad de recursos que cada una perdería.
Mejora en las comunicaciones

Casi diríamos que ha sido la base de todo lo demás. En la Edad Media y posiblemente antes,
era muy difícil para los comandantes pasar órdenes o actualizaciones con relativa inmediatez.
Los soldados tenían que esperar (y rezar) a que sus estrategias iniciales fueran acertadas a
medida que avanzaban. La introducción del telégrafo a partir de 1800 permitió a las fuerzas
terrestres reconocer y reaccionar ante situaciones cambiantes, influyendo tanto en las
decisiones ofensivas como en las defensivas. Fue el principio de la nueva guerra.

La guerra química

Las municiones y las armas no han dejado de evolucionar. De hecho, durante más de 2.000
años las guerras se han dirimido con todo tipo de armamento donde se incluía cierto tipo de
ataque químico. Por ejemplo los espartanos tenían sus pozos envenenados por los atenienses
sobre el 600 a.C, mientras que Gengis Khan catapultaría el ardor del azufre sobre las murallas
fortificadas en el 1200 d.C.

Aún así, no fue hasta que las tropas alemanas lanzaron el gas venenoso sobre las fuerzas
aliadas en Bélgica en 1915 cuando fuimos testigos del potencial mortal que podían tener este
tipo de ataques. Incapaces de reconocer lo que estaba sucediendo, los soldados se
derrumbaron y crearon una pila casi instantánea de casi 1.000 cuerpos. Al final de la guerra se
contabilizaron 90.000 muertes y un millón de heridos graves, todos atribuidos al gas mostaza y
derivados. Aquello fue tan bestia que la mayoría de las principales potencias del mundo
firmaron el Protocolo de Ginebra que prohibía su uso en combate.

La revolución industrial

No podía faltar, por supuesto. Lo cierto es que cuando las armas se hacían a mano su número
era limitado, pero con el advenimiento de la fabricación en grandes fábricas los soldados
tenían más acceso a armas mortales de gran alcance. Una auténtica revolución.

Napalm

Ya lo decía Robert Duvall en Apocalipsis Now, “me encanta el olor a Napalm por la mañana”.
La sustancia fue utilizada de forma masiva en la guerra de Vietnam, un compuesto que fue
desarrollado originalmente durante la Segunda Guerra Mundial que agregó una eficacia mortal
a los funcionamientos de los bombardeos.

El uso extensivo del napalm derivó en un número de bajas significativas. Cuando se desplegaba
durante las explosiones la sustancia gélida y alquitranada quemaba y se quedaba ardiendo
pegada en la piel, creando así heridas severas que causaron un sufrimiento prolongado.

El modelo napoleónico

Napoleón era famoso por instituir su acercamiento a la batalla: el hombre quería que sus
soldados se armaran en la batalla y mataran a tantos como fuera posible, y lo hacía con muy
poca preocupación por lo que se podría ganar (o no) estratégicamente.

Lo cierto es que de modelo de “pura destrucción” le dio la victoria, pero también llevó a un
número de bajas incalculables a ambos lados de cualquier conflicto al que se enfrentó.
Napoleón asumió desde el principio que las muertes ocurrirían en ambos lados. Su enfoque ,
conocido como “aniquilación”, se llevó a cabo hasta la Segunda Guerra Mundial.
rebelión Heiji

En 1156, la muerte del emperador Toba desencadenó una guerra entre facciones de la
nobleza, la llamada guerra Hogen. Cuatro años más tarde se produjo otro cruento conflicto por
el control del trono imperial, la conocida como

. Ambas crisis revelaron a la corte imperial japonesa su propia debilidad y el decisivo poder de
la clase de los samuráis para dirimir sus disputas.

ENFRENTAMIENTOS POR EL PODER

Las guerras Hogen y Heiji sirvieron para afilar las espadas ante un conflicto aún más grave,
las llamadas guerras Genpei (1180-1185). La denominación procede de la primera sílaba del
nombre de los dos bandos de samuráis que se enfrentaron en ese conflicto: los Genji (o
Minamoto, en lectura japonesa) y los Heike (o Taira). Estos últimos se habían hecho con el
poder tras la rebelión Heiji, y desde aquel momento su líder, Kiyomori, no había cesado de
maltratar a la nobleza y a la corte imperial. Finalmente, éstas buscaron socorro en el otro gran
clan samurái, el de los Genji, los perdedores en la última crisis y que seguían lamiéndose las
heridas en las provincias orientales del país. El líder de los Genji, Yoritomo, con la ayuda de su
primo Kiso y de su hermanastro Yoshitsune, así como de otros clanes aliados, terminó por
enarbolar la bandera de la rebelión contra los Heike y emprendió una guerra que duraría cinco
años.

Uno de los protagonistas de este conflicto fue Yoshitsune, el mencionado hermanastro de


Yoritomo. Las crónicas se explayan en sus acciones de inaudita osadía. Una vez, por ejemplo,
descendió al frente de treinta jinetes por un despeñadero de cincuenta metros de altura, «con
los ojos cerrados» para no ver la sima. Así pudo tomar por sorpresa a los guerreros Taira en su
campamento, una acción que le dio la victoria en la batalla de Ichi-no-tani, en marzo de 1184.
Al año siguiente, Yoshitsune se lanzó a una confrontación naval con los Taira, en Yashima, al
sur del país. Se hizo a la mar en una noche de tormenta, tras obligar a punta de flecha a los
marineros a que los llevaran a la orilla donde se encontraba el enemigo, pudiendo así,
impulsados por un viento huracanado, cubrir en cuatro horas una travesía que habitualmente
exigía tres días; tal fue el inicio de la batalla de Yashima, que concluyó también en un triunfo
de los Minamoto. Los Heike se vieron obligados a replegarse al sur, llevando consigo, como
emblema de su legitimidad, al heredero imperial, Antoku, un niño de ocho años.

Poco después de la batalla de Yashima, las dos flotas enemigas se avistaron en las aguas del
estrecho de Dan-no-ura, entre las grandes islas de Honshu y Kyushu, al sur del país. Iban a
librar la batalla más decisiva y famosa de la historia de Japón. La flota de los Genji, al mando
de Yoshitsune, estaba formada por tres mil naves, mientras que la de los Heike, tras las
defecciones de algunos clanes, sumaba mil navíos y varias decenas de embarcaciones
[Link] aparición de una inmensa nube sobre la flota de los Heike y los bancos de delfines
que nadaban a su alrededor se interpretaron como signos de mal augurio para los rivales de
los Genji.

EL COMIENZO DE LA BATALLA

La batalla empezó con un intercambio de flechas al que siguió el combate cuerpo a cuerpo.
Según las crónicas, «los samuráis de los dos ejércitos lanzaron sus gritos de guerra y ¡qué
formidable estruendo produjeron! Diríase que su eco llegó a la mansión del dios Bonten, en el
alto cielo, y a la del rey Naga, en el profundo mar». Inicialmente, la batalla parecía inclinarse en
contra de los Genji; pero la estrategia de Yoshitsune y el súbito cambio de marea producido a
media tarde resultaron desastrosos para la flota de los Heike. El mar pronto se tiñó de rojo
por la sangre de los samuráis abatidos, mientras sus líderes, de dos en dos y cogidos de la
mano, compañeros de armas, hijos y padres, se arrojaron al mar con sus pesadas armaduras:
preferían morir antes que sufrir la ignominia de caer prisioneros.

Entre estas víctimas voluntarias se encontraba la viuda de Kiyomori, el señor de los Heike, que
se lanzó resueltamente al mar desde el barco llevando en los brazos a su nieto, el emperador
niño Antoku, en una de las escenas más dramáticas de la historia japonesa. Todavía hoy,
dicen los japoneses, los caparazones de los cangrejos pescados en Dan-no-ura presentan
toscas líneas que parecen reproducir el rostro angustiado de los suicidas. Lo más importante,
en todo caso, fue que bajo las aguas de Dan-no-ura quedó sepultado para siempre el poder
político de la corte imperial. Desde entonces, hasta la entrada de Japón en la corriente de la
modernidad en el siglo XIX, el samurái y sus valores señorearon el país.

El fin trágico del héroe

Yoshitsune, vencedor en Dan-no-ura y de la guerra Genpei, se convirtió a sus 26 años en el


samurái más famoso del país, pero no pudo saborear su triunfo mucho tiempo. Pronto surgió
una disensión entre él y su hermano mayor y líder del clan, el cruel Yoritomo. En efecto,
Yoshitsune había intimado con la nobleza de la capital, hasta el punto de haber contraído
matrimonio con una joven de esa clase y haber aceptado distinciones de la familia imperial;
todo ello, sin pedir permiso a su hermano y jefe de su clan como establecía el código del
vasallaje en esa época. Para Yoritomo, aquello era una traición imperdonable y decidió
castigarla ordenando una persecución implacable contra su hermano. Así, el destino del joven
vencedor de las guerras Genpei, inmortalizado por la literatura posterior, consistió en vagar
durante tres años como fugitivo por mar y montaña, siempre acosado por los samuráis del
líder del clan.

La persecución del joven héroe llegó a su fin en el río Komoro, en el norte del país. Allí,
Yoshitsune, con su familia y un pequeño grupo de nueve seguidores, se vio rodeado por una
gran fuerza de ataque de unos 30.000 hombres. No había escapatoria posible. Uno tras otro,
los escasos partidarios que le quedaban fueron cayendo. Al final, apareció ante los
perseguidores una figura enorme y solitaria, con su armadura negra plagada de flechas
enemigas: era el fiel Benkei, un monje guerrero que había acompañado a Yoshitsune en
todas sus aventuras y que resistía como un león malherido a fin de dar tiempo a su señor
Yoshitsune a cumplir su deber de samurái: quitarse la vida. Los atacantes lo vieron inmóvil,
esperando su asalto sin inmutarse; sólo cuando la brida de un caballo, al acercarse, derribó su
cuerpo descubrieron que el temible Benkei había muerto hacía tiempo. Yoshitsune,
entretanto, después de rezar el Sutra del Loto y componer un poema de despedida, ejecutó el
seppuku, el suicidio ritual característico de los samuráis, no sin antes haber quitado la vida a
su esposa y a su hija. Tenía treinta años. A partir de entonces pasó a ocupar un lugar
distinguido en la larga lista de héroes trágicos tan queridos para el pueblo nipón. Y es que,
extrañamente, en la mística del heroísmo japonés nada se valora más que el fracaso final.

LA GUERRA, INSPIRACIÓN POÉTICA

Las guerras Genpei forman el núcleo narrativo de la principal fuente histórica sobre los
primeros samuráis: el texto anónimo titulado Heike Monogatari, «El cantar de los Heike», un
poema épico que puede compararse con la Ilíada de Homero. Los cientos de guerreros que,
como Yoshitsune, desfilan en esta obra muestran los rasgos que caracterizarán a los samuráis
durante toda su historia: obsesión y orgullo por el nombre, miedo visceral a la deshonra,
destreza militar, desdén por la muerte y absoluta lealtad a su señor.

La asociación entre el suicidio y el honor, ilustrada por el ejemplo de Yoshitsune y de los


cientos de samuráis Heike que se arrojaron a las aguas de Dan-no-ura, forma parte de la
armadura espiritual del guerrero japonés. El samurái Wada no Yoshinori escribía en la Historia
de los hermanos Soga, un breviario del código del antiguo samurái de finales del siglo XII: «El
código de los samuráis dicta que la vida sea considerada menos importante que una mota de
polvo; en cambio, el aprecio por el propio honor debe ser tenido en más peso que el mayor
tesoro del mundo». En el Azuma kagami, obra histórica sobre los sucesos de los siglos XI y XII,
el cronista utiliza una frase interesante para referirse a este menosprecio por la muerte:
«Lograron el poder de la muerte del guerrero». Una frase que parece indicar que estos
hombres poseían la entereza de morir y así triunfar sobre la muerte. Tan deshonroso era ser
capturado en combate como seguir vivo en la misma batalla en la que el señor del samurái
había perecido.

Para saber más

Los samuráis. J. Clements. Crítica, Barcelona, 2010.


La nobleza del fracaso. Ivan Morris. Alianza, Madrid, 2010.
Samuráis. La historia de los grandes guerreros de Japón. S. Turnbull. Libsa, Madrid, 2006.
HOSHIN KANRI: PLANEACIÓN ESTRATÉGICA JAPONESA PARA TODOS

Todos reconocemos que los japoneses son simples y directos y no echan rollo. Cuando
hablamos de planeación estratégica y de indicadores nos interesa lograr el resultado, no
perdernos explicando el por qué no pudimos.

Planeamos para:

 Definir objetivos.

 Elaborar planes concretos.

 Encontrar indicadores medibles y entendibles.

 Comunicar eficientemente objetivos y planes al interior de empresas.

 Trabajar en equipo y cumplir los objetivos.

Parecen muchas cosas a la vez. Podrías pensar que toma meses o años adquirir los
conocimientos de planeación estratégica que se necesitan para lograrlo.

Afortunadamente, no es así. Planear no es tan complejo como parece. Ya los japoneses nos
simplificaron el camino con Hoshin Kanri, un método de planeación estratégica y de mejora
que utilizan empresas de todo tamaño, y que bien aprendido, nos permite en poco tiempo
planear estratégicamente.

Para aplicar Hoshin Kanri (*) es necesario utilizar algunas técnicas de calidad japonesa, un buen
entrenamiento en la metodología, sentido común y mucha práctica.

En Hoshin Kanri, como en muchas cosas de la vida, para mejorar es necesario saber lo que
queremos. Si sabemos lo que queremos Hoshin Kanri nos ayuda a conseguir el objetivo.

En cualquier empresa es ideal que la mejora y la planeación estratégica empiecen en la


Dirección General y de allí llegue a las demás áreas, lo cual, a veces no sucede.

Utilizando Hoshin Kanri, sin embargo, podemos mejorar tanto si somos la dirección general
como si somos de mandos medios.

OBJETIVO

Lo que queremos lograr. Debemos definirlo de manera sencilla. El objetivo es lo más


importante, lo que nos va a ayudar a consolidar nuestra empresa, nuestra dirección ó nuestra
gerencia.

META

Valor a lograr para cumplir el objetivo. Es clave en el proceso de planeación fijemos una meta
realista. Para definir nuestra meta es necesario analizar, entre otros factores, el mercado, el
comportamiento de nuestros principales indicadores, y conocer nuestras fortalezas y
debilidades.

ESTRATEGIA

Acciones que vamos a implementar para lograr la meta. Se recomienda que las estrategias
sean 3 ó 4 como máximo, para focalizarnos en las prioritarias. Si tratamos de implementar un
número mayor de estrategias, como cada una se ramifica en varias en las áreas inferiores, es
probable que nuestras actividades sean demasiadas e inmanejables, y nos compliquen en
exceso la supervisión y el seguimiento de las mismas.

INDICADOR

Nos ayuda a supervisar el logro del objetivo en todo el período de tiempo que elegimos. La
periodicidad con la que vamos a generar indicadores dependerá de la periodicidad con la que
queramos supervisar el cumplimiento de las metas. Así, podemos generar indicadores diarios,
semanales, mensuales ó con la periodicidad que nos convenga. El indicador también se conoce
como KPI ó Key Performance Indicator.

PERSONA RESPONSABLE

Es el encargado de implementar, ejecutar y vigilar el cumplimiento de la estrategia. Para


ejecutar la estrategia el responsable deberá diseñar planes de trabajo y probablemente dividir
las acciones a realizar entre las áreas que apoyan. Es importante que el responsable tenga
nombre y apellido.

EJERCICIO:

Pensando en el Hoshin Kanri de una empresa comercializadora, un objetivo concreto sería


incrementar utilidades.

Después de que nuestra empresa comercializadora analizó el mercado, su comportamiento,


sus fortalezas y debilidades, decidió que una meta razonable sería lograr el 4% de incremento
anual en utilidades.

Los números base de la empresa son los siguientes:

 De cada 100 prospectos que contacta cierra 20.

 Costo de venta: 10

 Precio de cada venta al cliente: 12.5

 Utilidad: Venta – Costo = 12.5 * 20 – 20*10 = 50

 Utilidad en porcentaje: 50/250 = 20%

Ejemplos de estrategias para lograr el objetivo:

a) incrementar en 50% la conversión de prospectos a clientes.


b) disminuir en 5% el costo de ventas.

Ejecutando correctamente la estrategia tenemos:

 De cada 100 prospectos cerramos 30.

 Costo de venta: 9.5

 Precio al cliente: 12.5

 Utilidad: Venta – Costo = 12.5 * 30 – 30*9.5 = 90

 Utilidad en porcentaje: 90/375 = 24%

 Incremento de 4% de utilidad.
Y cumplimos así el objetivo propuesto.

Uno de los secretos de comunicación metido de manera natural en Hoshin Kanri es la forma en
la que pasamos o asignamos responsabilidades a las áreas con las que colaboramos.

Pensemos que la comercializadora de nuestro ejemplo tiene solo 3 niveles jerárquicos, siendo
lo dos primeros: Dirección General, el primer nivel; Ventas y Operaciones, en el segundo nivel.

Basado en los números y análisis anteriores mostramos el Hoshin de la Dirección General.

En base al Hoshin de la Dirección General el área de ventas crea el propio:

Finalmente, el Hoshin del área de operaciones quedó de la siguiente manera:


Esto es, las estrategias de la Dirección General se convierten en los objetivos y los indicadores
se convierten en las metas de las áreas subordinadas.

Éstas áreas subordinadas también participan en el proceso de mejora general y elaboran sus
propios planes de trabajo para lograr sus objetivos, y por hacerlo de esta manera, nacen
alineados al objetivo de la dirección general.

Así, siguiendo el proceso, es fácil que las áreas se comuniquen y trabajen en conjunto, ya sea
porque reciben o porque transmiten indicaciones.

En conclusión, Hoshin Kanri es una metodología de planeación estratégica cuya simplicidad y


claridad hace que podemos aprenderla y aplicarla sin importar el tamaño de nuestra empresa.

Hoshin Kanri nos ayuda a ser concretos y focalizarnos en lo importante, a comunicar mejor
nuestros objetivos, a definir y aclarar responsabilidades, y a trabajar en equipo para lograr
nuestros sueños..

Como referencia sin meternos con los Kanjis, aquí el significado de Hoshin Kanri:

 Ho – Dirección

 Shin – Foco

 Kan – Alineación

 Ri – Razón

TE INVITO A QUE APLIQUES HOSHIN KANRI EN TU EMPRESA.

(*) Cursos de Hoshin Kanri en la Asociación de Ex – becarios AOTS – HIDA. Una asociación de
expertos en técnicas de negocios y calidad japonesa cuyo objetivo es ayudar a que las
empresas mexicanas se beneficien de estas técnicas y metodologías japonesas. Algunos de los
instructores más reconocidos por sus logros, traducidos en utilidades para sus clientes, son el
Ing. Marcos Escobedo y el Ing. Sergio Castañeda Ramos. El Ing. Escobedo funge también
como responsable de los programas de capacitación en calidad de AOTS – HIDA.

La Estrategia japonesa para el Norte de China o Estrategia Estatal de Protección del Norte de
China (華北分離工作, Kahoku Bunri Kōsaku) (chino simplificado: 华北五省自治; chino
tradicional: 華北五省自治) es el término general para una serie de maniobras políticas
que Japón emprendió en las cinco provincias del norte de
China, Hebei, Chahar, Suiyuan, Shanxi y Shandong. Fue una operación para separar todo el
norte de China del poder del Gobierno Nacionalista y ponerlo bajo el control o influencia
[Link] [Link]

En China, el asunto se conoce como el "Incidente del Norte de China" correspondiente solo al
tiempo transcurrido entre la serie de "Movimientos Autónomos del Norte de China"
orquestados por el ejército japonés desde mayo de 1935 y la fundación de la Junta Política de
Hebei-Chahar bajo Song Zheyuan en diciembre.1 Es reconocido junto al incidente de
Manchuria, el incidente de Shanghái y el incidente del Puente de Marco Polo.

Desarrollo de la estrategia[editar]

Entre el invierno de 1934 y enero de 1935, se producían con frecuencia enfrentamientos a


pequeña escala entre los ejércitos chino y japonés a lo largo de las líneas de alto el fuego
establecidas por la tregua de Tanggu y el ejército japonés llegó a la conclusión de que
necesitaban eliminar las fuerzas antijaponesas fuera del norte de China.

El 7 de diciembre de 1934 se llegó a una decisión en una reunión del Ejército, la Armada y
los Ministros de Asuntos Exteriores de Japón sobre cuestiones relacionadas con la política
hacia China y se estableció una agenda para asegurarse de que el poder del gobierno chino no
se extendiera al norte de China, estableciendo un gobierno títere pro-japonés y extendiendo
los derechos e intereses económicos de Japón en el área, además de suprimir los sentimientos
anti-japoneses allí. La misma política también fue defendida en la Conferencia de Dalian, una
reunión de agentes de inteligencia que trabajaban en China y Mongolia, y organizada por
el Ejército de Kwantung a principios de enero de 1935.

Así, el Ejército Japonés de Guarnición de China y el Ejército de Kwantung concluyeron dos


pactos con el gobierno nacionalista respaldado por su poderío militar, el Acuerdo He-
Umezu del 10 de junio y el Acuerdo Chin-Doihara del 27 de junio. Los dos acuerdos,
respectivamente, hicieron que los soldados y funcionarios nacionalistas se retiraran de Hebei,
e hicieron que los nacionalistas y el 29.° Ejército semiindependiente se retiraran de Chahar. La
Coalición Wang-Chiang del KMT, que nació en marzo de 1932 con Chiang como presidente de
la Comisión Militar Nacional y Wang como primer ministro, hizo estas concesiones a Japón a
través de su decisión de adoptar la política de "resistimos mientras negociamos", (en
chino, yimian dikang yimian jiaoshe) o la política de ocho caracteres, el nombre con el que
Wang la promovió porque comprendía ocho caracteres chinos. Esto fue parte de su estrategia
más amplia de "primero pacificación interna, luego resistencia externa" o (en chino, xian annei
hou rangwai).2

Formación de gobiernos títere[editar]


En el norte de China, la gente había sido testigo de los notables acontecimientos en
Manchuria mientras aumentaba la insatisfacción entre los ciudadanos y varias camarillas
militares debido a los fuertes impuestos y explotación del gobierno nacionalista. La influencia
de Chiang Kai-shek en el norte de China retrocedió y en junio de 1935 Bai Jianwu lanzó un
golpe de Estado en Fengtai con el objetivo de establecer un gobierno pro-japonés y pro-
Manchukuo.

Las quejas políticas y económicas aumentaron entre las masas y los movimientos por la
autonomía cobraron impulso en lugares como Shandong, Shanxi y Hebei, donde ocurrió
el incidente de Xianghe en octubre en el que los campesinos rechazaron al gobierno
nacionalista en oposición a un aumento de impuestos del KMT y exigieron el autogobierno. El
3 de noviembre de 1935, los nacionalistas emprendieron una reforma monetaria con el apoyo
británico e introdujeron el nuevo estándar de plata y el sistema de gestión de divisas, pero al
recordar la antigua moneda se enfrentaron a tendencias más separatistas cuando los líderes
militares respaldados por los japoneses del norte de China se negaron a entregar la plata.3

El ejército japonés temía que la reforma monetaria fortaleciera el control económico del
gobierno chino sobre el norte de China, e hizo esfuerzos para establecer un gobierno títere
pro-japonés en Hebei y Chahar. Sin embargo, debido a que los japoneses encontraron una
fuerte resistencia del gobierno nacionalista y debido a que varios líderes militares chinos no
respondieron a sus invitaciones, el 25 de noviembre de 1935 establecieron como medida
provisional el Consejo Autónomo de Hebei Oriental, un gobierno bajo Yin Ju-keng que tenía
jurisdicción sobre un área de la provincia de Hebei desmilitarizada por la tregua de Tanggu.

Chiang Kai-shek no reconoció la declaración de autonomía de Yin y el 18 de diciembre de 1935,


para evitar que las otras facciones en el norte de China declararan su independencia de la
misma manera, estableció la Junta Política de Hebei-Chahar bajo Song Zheyuan que
abarcaba Beiping (ahora Beijing), Tianjin y las provincias de Hebei y Chahar. En su discurso,
Song proclamó una política de anticomunismo, amistad sino-japonesa y respeto por la
voluntad del pueblo. Al principio, el Consejo Autónomo de Hebei Oriental pensó que la Junta
Política de Hebei-Chahar era un tipo similar de organismo autónomo y consideró una fusión,
pero esta idea fue abandonada cuando se dieron cuenta de que el Junta Política de Hebei-
Chahar estaba efectivamente bajo el control del gobierno nacionalista y el 25 de diciembre
afirmaron su plena autonomía y organizaron el Gobierno Anticomunista Autónomo de Hebei
Oriental.

Así, a través de las maniobras de Japón, el gobierno nacionalista de China y una variedad de
caudillos chinos, nacieron dos gobiernos autónomos anticomunistas y pro-japoneses en el
norte de China.

El 13 de enero de 1936, el gabinete japonés aprobó la Primera Política Administrativa hacia el


norte de China, que hizo que mantener al norte de China separado del gobierno nacionalista
en la política nacional oficial de Japón. Esta política se reafirmó en las políticas administrativas
segunda y tercera del 11 de agosto de 1936 y del 16 de abril de 1937.

Consecuencias en China[editar]

En China, las frustraciones con las políticas del gobierno crecieron gradualmente.
Cuando Wang Jingwei fue herido en un intento de asesinato en noviembre de 1935, dejó el
gobierno para recuperarse. Sin embargo, en la etapa del Quinto Congreso del Kuomintang el
mismo año, Chiang Kai-shek aún no cerró la puerta a una solución diplomática, afirmando
que "Si el punto de inflexión no ha llegado, no deberíamos hablar de sacrificios. Lo haremos no
aceptamos infracciones de nuestra soberanía nacional, pero hasta ese momento debemos
luchar por las relaciones amistosas y la mediación política y debemos hacer los mayores
esfuerzos por la paz".4

A mediados de abril de 1936, los japoneses decidieron reforzar el ejército de la guarnición


japonesa China y desplegaron tropas en Beiping, Tianjin y Fengtai en mayo y junio. El gobierno
nacionalista notificó a Japón su oposición a la medida y las protestas contra las políticas de
Japón por parte de civiles y estudiantes ocurrieron en Beiping, Tianjin y otras ciudades. El
espíritu de resistencia del pueblo chino hacia Japón aumentó considerablemente y las
escaramuzas ocurrieron repetidamente entre las fuerzas chinas y japonesas en las cercanías de
Fengtai, donde las tropas japonesas acababan de ser estacionadas. Además, los ataques contra
los japoneses en lugares de toda China se hicieron frecuentes. Japón planeó expandir aún más
el estado colchón del norte de China, pero su derrota en la Campaña de Suiyuan solo fortaleció
la voluntad de China para resistir. Después del incidente de Xi'an del 12 de diciembre de 1936,
la detención de Chiang Kai-shek por su subordinado Zhang Xueliang, la República de China y
el Ejército Rojo, con la intermediación del Comintern, concluyó el Segundo Frente Unido y un
cambio definitivo para los nacionalistas. del anticomunismo a la resistencia contra los
japoneses.

Fortalezas y vulnerabilidades rusas

Como todas las potencias que en el mundo han sido, Rusia tiene al mismo tiempo fortalezas y
debilidades. Como parte del análisis deben ser tenidas en cuenta, si bien su importancia no es
necesariamente concluyente, ya que, como se ha señalado anteriormente, una de las
características del pensamiento estratégico ruso es que a menudo parece más dominado por la
voluntad política que por los factores que configuran el escenario, incluidas las
consideraciones presupuestarias. Entre los puntos fuertes de Rusia, destacamos los seis
siguientes:

 Mantiene una descomunal capacidad de disuasión nuclear, un instrumento al que no


está dispuesta a renunciar. Sin armas nucleares, Moscú sería hoy en día un actor
secundario en el tablero internacional.

 Tiene asiento y derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que le


asegura un papel de actor principal en el orden internacional, facilitando el apoyo
diplomático a diversas cuestiones para erosionar el liderazgo estadounidense y
bloqueando las iniciativas políticas que considera negativas para sus intereses.

 Dispone de enormes recursos naturales. Rusia es el segundo mayor productor de gas


natural del mundo y el tercero de petróleo, y tiene las mayores reservas de gas natural
del mundo y la sexta parte de las de petróleo. Esta gigantesca disponibilidad
energética, junto a las conexiones de los oleoductos y gasoductos que controla,
constituye los cimientos sobre los que descansa sólidamente el poder de la Federación
de Rusia.
 Tiene una notable capacidad para influir en la política internacional, basada no solo en
su dominio de las tecnologías de información, también mediante una demostrada
resolución política y audacia para intervenir donde considera que puede extraer una
significativa ventaja estratégica.

 Puede profundizar, en caso necesario, en su actual asociación estratégica con China.


Esta crucial baza se trata más adelante con mayor extensión, dada su especial
significación geopolítica.

 Cuenta con una población que presenta una destacada formación académica. En
particular, tiene un elevado número de ingenieros y científicos, siendo asimismo un
referente cultural a escala global en algunas disciplinas.

Entre sus principales vulnerabilidades, cabe señalar seis aspectos:

 Siendo el país más grande del mundo, la economía rusa es más pequeña que la de
Brasil y diez veces menor que la de Estados Unidos; además está muy poco
diversificada: el 60 por 100 de las exportaciones rusas corresponden a petróleo y gas.

 Según Naciones Unidas, la población rusa, que actualmente es de 145 millones, podría
descender a 121 en el año 2050. Por otra parte, su demografía es particularmente baja
al este de los Urales.

 Aunque quisiera, el Kremlin no puede ignorar a la UE ni la inapelable realidad que


supone la contestación estratégica de la Alianza Atlántica.

 Presenta una reducida implantación política y económica en la región del Indo-


Pacífico, centro de gravedad del mundo.

 Sufre serios problemas sociales. Tiene una baja esperanza de vida, entre el 13 y el 25
por 100 de la población vive en estado de pobreza, mientras que la percepción
negativa de sus ciudadanos sobre el nivel de corrupción está ampliamente extendida.

 Ofrece un limitado atractivo internacional. Su sistema político, fuertemente


autoritario, que algunos han denominado “putinismo”[7], no produce grandes
adhesiones en el mundo, más allá de algunas excepciones mediáticamente
significativas.

Como primera aproximación a esta combinación de fortalezas y debilidades, podemos señalar


que, a pesar de todo, Rusia tiene una influencia mundial superior a la que podría
corresponderle en base a su situación económica y social. Como hemos señalado
anteriormente, esto es debido en gran medida a una calculada audacia estratégica y a un
liderazgo político que le permiten tomar decisiones difíciles, por arriesgadas que resulten.
Moscú no dudó en emplear la fuerza militar en 2008 en Georgia y en 2014 en Ucrania, ni en
intervenir en Siria o en Libia, o en usar medios cibernéticos para desestabilizar diferentes
procesos electorales occidentales. La realidad es que, en nuestros días, Rusia tiene un
protagonismo destacado en algunas de las regiones más conflictivas del planeta, algo que
parece haber logrado sin necesidad de hacer descomunales inversiones[8].

En la arena internacional, la presencia de Rusia ha ido en aumento tras fortalecer sus lazos con
China, Turquía[9], Irán, Siria y Venezuela, afianzando al mismo tiempo su influencia política,
territorial y militar en buena parte de la antigua periferia soviética, aprovechando
oportunamente la errática política exterior de Washington en los últimos años[10]. La
combinación de la aparente apatía de Estados Unidos, inmerso en un mundo dominado por la
competición estratégica entre las grandes potencias, con el consiguiente incremento de la
preocupación de Washington en relación al poder emergente chino han permitido a Moscú
expandir su apuesta geopolítica mediante su giro hacia Asia o interviniendo en Siria y en Libia.
Esto evidencia ante el mundo el desarrollo de las ambiciones estratégicas del Kremlin,
configurando un escenario muy poco frecuente desde la desaparición de la Unión Soviética, un
colapso que, conviene recordar, Putin llegó a calificar como “la mayor catástrofe geopolítica
del siglo XX”.

Debemos destacar por tanto que la gran estrategia de Rusia ha venido ratificándose mediante
sucesivos ejercicios del poder, confirmando la voluntad de Moscú de mantener a cualquier
precio su estatus de gran potencia, su influencia en sus zonas de interés y una reiterada
negativa a aceptar el orden surgido tras la Guerra Fría. Como contrapartida, el uso del poder
militar empleado por Rusia se ha traducido en el distanciamiento de algunos socios y la
amplificación de las tensiones regionales, lo que ha incrementado sensiblemente el umbral de
dificultad de los desafíos estratégicos que Moscú deberá superar en el futuro.

Al margen de esta impresión inicial, la realidad geopolítica de Rusia no resulta determinante


para ser considerada en nuestros días como una gran potencia a escala global. A pesar de sus
innegables fortalezas, es en el fondo una potencia con escaso atractivo político, relativamente
aislada en el concierto mundial, sometida a sanciones internacionales por los sucesos en
Ucrania y con su economía atravesando serias dificultades por los precios de las materias
energéticas y la pandemia del COVID-19. No faltan los analistas que consideran que Rusia, más
allá de su exitoso y reciente “aventurerismo” exterior y su innegable capacidad de
“perturbación continental”, es una potencia declinante[11]. El frecuente calificativo de
revisionista otorgado a la Federación de Rusia, no responde plenamente a sus posibilidades
reales de cambiar sustancialmente el orden mundial, reduciendo de manera decisiva, tal y
como pretende, la hegemonía estadounidense. Recientemente, John Ratcliffe, director de la
Inteligencia Nacional de Estados Unidos, resumió esta realidad al afirmar que “Rusia busca un
lugar en la mesa del orden internacional, pero es China la que quiere ocupar la
presidencia”[12]. No es previsible que la Federación de Rusia pueda desafiar abiertamente en
el futuro a las grandes potencias del siglo XXI, de momento los Estados Unidos de América y,
muy posiblemente, la República Popular China a medio plazo. A mi juicio, principalmente por
las tres razones que se exponen a continuación.

En primer lugar, Rusia precisaría contar con una presencia significativa en la región del Indo-
Pacífico, y la realidad es que no tiene los recursos ni la población ni la capacidad política o
cultura estratégica para confirmarse como una gran potencia en ese decisivo escenario
geopolítico. Las serias desavenencias territoriales[13] entre India y China, escenificadas en un
choque fronterizo en junio de 2020 en el paso de Nathu La, entre la provincia india de Sikkim y
la región china del Tíbet, plantean un desafío fundamental a la política exterior de Rusia, que
tradicionalmente ha mantenido buenas relaciones con la India, en particular como proveedor
de sistemas de armas y de su programa nuclear civil, mientras que China mantiene una
estrecha relación con Pakistán[14], enemigo histórico de la India. El afianzamiento de la
asociación estratégica entre China y Rusia es visto con preocupación en India, donde voces
autorizadas[15] ya consideran que Pekín representa su principal amenaza. Buena prueba de
ello es que Nueva Delhi está fortaleciendo sus relaciones con Estados Unidos para
contrarrestar el auge de China en el océano Índico. El incremento de la rivalidad estratégica
entre China e India en la región del Indo-Pacífico es una tendencia camino de su consolidación,
y la relación entre Rusia e India se verá afectada por esta realidad[16]. Tarde o temprano,
Rusia tendrá que resolver una ecuación políticamente problemática, ya que cualquier elección
será estratégicamente arriesgada para Moscú. En definitiva, una de las consecuencias de la
intensificación de la competición estratégica entre las grandes potencias es que está
convirtiendo en una quimera la posibilidad de que Rusia pueda mantener una estrecha y
fructífera relación al mismo tiempo con la India y con China.

En segundo lugar, aunque Rusia es una gran potencia en términos militares, económicamente
es una potencia media; su PIB es ligeramente superior al de España, según el Banco Mundial.
Esta cruda realidad genera serias dudas sobre el realismo de un nivel de ambición muy alto,
que exigiría entre otras cosas embarcarse en la creación de un potente instrumento militar,
fundamentalmente naval, a escala global[17]. Aunque Rusia es el segundo país exportador de
sistemas armas del mundo, solo superado por Estados Unidos[18], para Moscú mantener un
elevado gasto en Defensa podría tener efectos desastrosos —como es de sobra sabido, la URSS
terminó desapareciendo, entre otros motivos, por su desmesurado y continuo gasto
militar[19]—. El presupuesto de Defensa ruso es ocho veces inferior al de los Estados Unidos y
su población es nueve veces inferior a la de China. Sus únicas soluciones serían un aumento
muy significativo de sus ingresos merced a un súbito y consolidado incremento de los precios
del gas y del petróleo, o expandir rápidamente su cartera de clientes, dos posibilidades que no
resultan practicables a corto plazo. Pensar que Rusia puede enviar con rapidez su ingente
producción de petróleo y gas a otros lugares distintos de los destinos actuales no es realista.

Por último, Rusia no puede desconectarse de Europa, ya que un buen número de asuntos de
importancia política y económica para el Kremlin se deciden en Bruselas, y en asuntos
económicos las relaciones de Rusia con el conjunto de Asia son todavía relativamente
reducidas. A pesar del proclamado giro ruso hacia el continente asiático, la conclusión de un
reciente informe, que lleva por título Russia in the Asia-Pacific: Less Than Meets the Eye, es
que “Rusia es y seguirá siendo un poder europeo”[20]. Moscú tampoco puede ignorar la
contestación a su política exterior por parte de Estados Unidos, ejercida en gran medida
mediante la fuerza política y militar que representa una Alianza Atlántica que ya cuenta con 30
estados miembros. Aunque está por ver cuál será la política exterior de la nueva
Administración en Washington, no parece previsible una gran modificación de la actual
contestación estratégica a las aspiraciones rusas. Sirva como muestra que el pasado 3 de
diciembre, Jens Stoltenberg presentó públicamente el resultado del encargo realizado a un
grupo de reflexión para que elevara una serie de recomendaciones destinadas a fortalecer la
dimensión política de la OTAN. El documento lleva por título NATO 2030: United for a New
Era[21], y en el mismo los expertos concluyen que Rusia seguirá siendo “la principal y más
probable amenaza militar para la OTAN”, proponiendo continuar la doble vía de aproximación
basada en la disuasión y el diálogo iniciada hace años con el conocido Informe Harmel[22].

Como señalaba recientemente el profesor Josep Baqués, “resulta muy complicado adivinar de
qué modo Rusia sería capaz de hacer frente a tanto imperativo geopolítico”[23].

Objetivos de la gran estrategia de Rusia

Para clarificar los grandes objetivos estratégicos de Rusia, entre las numerosas fuentes
disponibles hemos seleccionado tres, que más allá de la terminología utilizada coinciden en
términos generales en la descripción de los principios que orientan la gran estrategia de Rusia.

Comenzamos reseñando el documento oficial Estrategia de Seguridad Nacional de la


Federación de Rusia que el presidente Vladimir Putin promulgó el 31 de diciembre de 2015, y
que señala los intereses nacionales, las prioridades estratégicas y las amenazas a las que Rusia
debe hacer frente[24]. Aunque la mayor parte del texto se centra en cuestiones de ámbito
interno, destacamos tres de los intereses nacionales a largo plazo junto a las prioridades
estratégicas que en relación a ellos se mencionan en el documento[25]: “refuerzo de la
defensa, asegurando la inviolabilidad del orden constitucional, la soberanía, la independencia y
la integridad territorial; crecimiento de la economía e incremento de la competitividad, y
consolidación de la posición de la Federación de Rusia como una potencia mundial en un
mundo policéntrico”.

La segunda fuente corresponde a la Junta de Jefes de Estado Mayor de Estados Unidos, que en
mayo de 2019 publicó un extenso informe que llevaba por título Russian Strategic
Intentions[26]. En su primer capítulo, el doctor Jeremy W. Lamoreaux identifica los tres objetivos
esenciales de la gran estrategia de Rusia: “ser reconocida como una gran potencia; el
predominio sobre su esfera de influencia; y deteriorar la influencia global de Estados Unidos y
si es posible reducirla”.

En tercer lugar, el profesor Andy Akin[27] considera que la gran estrategia de Rusia se define por
tres elementos principales: “crear un balance de poder más favorable a sus intereses en el
actual orden internacional, defendiendo un mundo policéntrico; expandir el acceso a nuevos
mercados para obtener financiación y exportaciones de petróleo, gas y sistemas de armas
tratando de eliminar o reducir las sanciones internacionales que sufre tras la anexión de
Crimea en 2014, y ejercer una autoridad activa en los estados vecinos que conforman su zona
de influencia, controlando la acción de sus gobiernos e incluyendo la promesa de proteger a
las poblaciones rusas en el exterior”.

De lo anterior, podemos concluir que los tres objetivos primordiales y la inmediata


consecuencia en cada caso de la gran estrategia de la Federación de Rusia pueden ser los
siguientes:

 Ser reconocida como una gran potencia, lo que exige contar con suficientes recursos.

 Predominar sobre sus zonas primordiales de interés; esto implica mantener una firme
influencia política en los estados que configuran su “vecindario próximo”.

 Edificar y conservar un orden internacional multipolar en el que Rusia sea uno de los
centros de poder, lo que requiere reducir la hegemonía estadounidense.

La relación estratégica entre Rusia y China

Como ya se ha apuntado, un asunto primordial en la articulación de la gran estrategia rusa es


que podría intensificar su relación con China en caso necesario, y ello a pesar de la
desconfianza que ha presidido tradicionalmente la relación entre ambas potencias. Moscú y
Pekín comparten su cuestionamiento de los valores y las estructuras occidentales que
configuran un orden internacional[28] que estiman necesario modificar para reflejar la realidad
política del mundo en nuestros días. En términos prácticos, el pensamiento estratégico ruso
considera que el auge de China en Asia disminuirá el poder de Estados Unidos, modificando el
actual orden internacional, que avanzará hacia un mundo multipolar, algo que favorece los
intereses de Moscú. El giro ruso hacia Asia, fundamentado en razones comerciales de apertura
de nuevos mercados para la venta de energía y sistemas de armas, no constituye en realidad
una original y brillante jugada maestra por parte del Kremlin, sino que se debe
fundamentalmente a que, una vez descartada la apuesta por una gran Europa, para Rusia jugar
la valiosa carta de China ha acabado resultando inevitable[29].

Al mismo tiempo que Estados Unidos intensifica su atención hacia la región del Indo-Pacífico,
Rusia ha encontrado en China un socio estratégico para contrarrestar su creciente desapego
hacia Occidente y consolidar las oportunidades económicas de su giro hacia Asia. De
confirmarse el afianzamiento de esta asociación estratégica, su impacto global acabará siendo
enorme[30]. Recordemos que en el año 2016 Zbigniew Brzezinski señaló que “el escenario más
peligroso para la seguridad de Estados Unidos sería una gran coalición entre Rusia y China,
unidos no por la ideología sino por la complementariedad de sus agravios”[31].

A menudo se destaca que Rusia ve con recelo el expansionismo chino, desconfianza que
dificultaría la consolidación de una alianza más profunda, ya que podría traducirse en una
excesiva dependencia política y económica de China que acabaría configurando una relación
asimétrica, contraria a los intereses de Moscú. Tampoco puede asegurarse con certeza el
marcado interés de Pekín en alcanzar un vínculo más estrecho y duradero con Rusia, a la que
percibe justificadamente en un plano de desigualdad económica.

La relación estratégica entre Rusia y China no es sencilla, pues la coincidencia de sus intereses
a largo plazo quizás no va mucho más allá de su deseo compartido por disminuir la hegemonía
estadounidense a escala global y de sus intereses comerciales. Dejando al margen las
rivalidades económicas en Asia Central, sirva como muestra de las complejas relaciones entre
Moscú y Pekín el caso de Siberia. Con sus formidables reservas de petróleo y gas ruso y una
población en franca disminución, mientras que al otro lado de la frontera el número de
habitantes chinos es muy grande, Siberia tiene todos los ingredientes para constituir un gran
punto de fricción en las relaciones entre Rusia y China[32].

El hipotético escenario en el que la actual asociación estratégica integral de coordinación se


convertiría en una alianza militar es a día de hoy una opción poco probable, ya que China
prioriza en general sus intereses económicos sobre los de seguridad y no parece dispuesta a
asumir grandes o innecesarios riesgos de carácter militar[33]. No es fácil saber si un modelo
orientado hacia una mayor cooperación acabará afianzando la asociación estratégica, pero es
interesante subrayar que de momento no se ha visto afectada seriamente por la pandemia del
coronavirus[34].

Predecir la evolución de esta excepcional relación es un asunto ciertamente complejo dado el


elevado número de variables que intervienen. No faltan los analistas que consideran que la
asociación estratégica entre Rusia y China se basa en un pragmatismo instrumental y no en
objetivos comunes a largo plazo, pero tampoco escasean las voces que opinan lo contrario.
Aunque la trascendencia estratégica y económica de la asociación seguirá siendo enorme, es
posible que las noticias sobre la evolución hacia una alianza militar entre Moscú y Pekín sean
algo exageradas. Lo que no puede negarse es que la presente asociación estratégica está
aportando resultados concretos en cuestiones militares, económicas, tecnológicas o
diplomáticas de mutuo interés. Sirvan como ejemplo dos asuntos en los que los intereses de
ambos coinciden claramente: el 2 de diciembre de 2019 se hizo realidad el gigantesco
gasoducto denominado “Power of Siberia”, un logro de relevancia geopolítica[35]; por otra
parte, Rusia es ya el principal suministrador de petróleo de China, superando a Arabia Saudí.

La gran estrategia de Rusia: entre la utopía y el pragmatismo


Una vez identificados los principios generales que orientan la gran estrategia de Rusia y
expuestas algunas consideraciones sobre la asociación estratégica entre Moscú y Pekín, la gran
estrategia de Rusia necesita concretarse en realidades posibles y practicables. Para ello,
podemos partir de tres hechos contrastados. Uno es que la articulación de una gran Europa, es
decir, una mirada prioritaria de Rusia hacia Occidente mediante una mayor integración con los
estados europeos, quedó desechada hace años; otro supone que, tras ese descarte, Rusia, sin
descuidar su “extranjero próximo”, ha modificado sus prioridades estratégicas mediante su
giro hacia Asia, y, por último, resulta ampliamente aceptado que Rusia no puede abarcar toda
Asia con la misma intensidad.

Aunque existen diferentes divisiones de Asia, cuando hablamos del gigantesco continente
asiático, en nuestro caso nos referimos a seis áreas claramente diferenciadas y diferentes: Asia
Septentrional, perteneciente a la Federación de Rusia; Asia Central, formada por Kazajistán,
Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán; Asia Oriental, que abarca China, Mongolia,
Corea del Norte, Corea del Sur y Japón; Asia Suroriental, que incluye la península de Indochina
y los archipiélagos de Indonesia y Filipinas; Asia Meridional, que comprende la península Índica
hasta el Himalaya y Afganistán, y Asia Occidental, que engloba Turquía, el Cáucaso y los países
de Oriente Próximo.

Lo anterior indica que la opción más realista y practicable para Moscú pasa por combinar en
términos generales la gran apuesta que supone su giro hacia Asia, graduando su intensidad
según las diferentes regiones, con un enfoque estratégico centrado en el océano Ártico. La
colosal magnitud geográfica y las evidentes dificultades políticas y económicas de esta gran
estrategia la convierten en una jugada muy ambiciosa, que necesitará ser moldeada y ajustada
según la evolución del escenario internacional, pero parece innegable que el rendimiento
económico de estos dos vastos conjuntos geopolíticos podría colmar las ambiciones
estratégicas de Moscú[36]. En la consolidación de esta gran estrategia, la confirmación de la
aparentemente errática reciente política exterior de Estados Unidos supondría para Rusia una
adicional ventaja si finalmente acabase traduciéndose en el debilitamiento o la disminución en
la prioridad estratégica de la relación entre Estados Unidos y Europa[37], algo que a día de hoy
ya no resulta tan probable como hace pocos años con la llegada de la Administración Trump.

Si asumimos como cierto que el Kremlin no puede abarcar estas seis regiones de Asia con la
misma intensidad y también que no puede sustituir a Estados Unidos como principal
proveedor de seguridad, por ejemplo, en Oriente Medio[38] o en el Indo-Pacífico, podemos
concluir que su interés a corto y medio plazo podría centrarse en Asia Central y en el desarrollo
de Asia Septentrional, aunque sin descuidar en la medida de sus posibilidades al resto del
continente asiático. Teniendo en cuenta el reducido rendimiento estratégico de la Comunidad
de Estados Independientes (CEI)[39], Moscú puede apostar por seguir afianzando la actual
Unión Económica Euroasiática (UEE), creada en 2015, con la esperanza de profundizar la
articulación de un bloque geopolítico de predominio ruso. Aunque se trata de una región que
presenta serias inestabilidades y en la que los intereses chinos van en aumento, constituye un
proyecto políticamente atractivo y practicable y que con sus altos y bajos continúa avanzando.
Sirva como muestra que en enero de 2020 Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Rusia
acordaron eliminar los obstáculos comerciales de la UEE en busca de una mayor integración
del bloque regional.

Para disminuir la hegemonía estadounidense, el Kremlin seguirá apostando por las bazas
políticas que representan la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y, en menor
medida, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). La OCS, creada formalmente en
2001, está compuesta actualmente por Rusia, China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán,
Uzbekistán, India y Pakistán. Aunque no se trata de un bloque militar, su objetivo es fortalecer
la seguridad y la cooperación económica en la región. Como indicador reciente de las
intenciones rusas, durante la reunión del Consejo de Jefes de Gobierno de los Estados
Miembros de la OCS, celebrada el pasado 30 de noviembre, Rusia propuso crear una Gran
Asociación Euroasiática con participación de los países de la OCS, la UEE, la Asociación de
Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y otros estados y asociaciones.

Otro elemento esencial de la gran estrategia rusa descansa en el océano Ártico, una región,
considerada oficialmente de interés prioritario para Moscú, que se complementa
adecuadamente con la búsqueda del afianzamiento de su liderazgo en Asia Central y el
desarrollo de Asia Septentrional. Los enormes recursos energéticos presentes en el Ártico,
tanto en la plataforma continental como en el lecho marino de este enorme océano, cada vez
más descongelado, permitirían el afianzamiento de la posición de Rusia como gran
potencia[40]. Para ello, ha comenzado la construcción de nuevas instalaciones en la región,
junto a una potente flota de grandes rompehielos nucleares contemplados en su Estrategia
Nacional para el Ártico, confiando en el progresivo uso de la Ruta Marítima del Norte[41]. El
pasado 26 de octubre, el presidente Putin aprobó la Estrategia para el Desarrollo de la Zona
Ártica de la Federación de Rusia y la Aportación a la Seguridad Nacional hasta 2035,
completando así el plan del Kremlin en relación al Ártico, confirmando la alta prioridad que
confiere al desarrollo de la región.

Respecto al vecindario occidental y meridional de Rusia, Moscú seguirá buscando mantener su


“colchón de seguridad” que le permita centrarse en sus intereses, situados principalmente en
las direcciones estratégicas este y norte. Lo anterior no significa que vaya a dejar de prestar
atención a su “extranjero próximo”, a su influencia en Oriente Próximo o a sus tradicionales
aspiraciones en el Mediterráneo y su históricamente anhelada búsqueda de “aguas cálidas”,
representada hoy en día por la importante Base Naval de Tartús, en Siria. Un ejemplo reciente
de que Rusia sigue luchando firmemente por el control de sus zonas próximas de interés
estratégico es el caso del Cáucaso. Tras el acuerdo alcanzado el pasado noviembre para poner
fin a la guerra por Nagorno Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, Moscú, que ya tenía fuerzas
militares en Georgia y en Armenia, contará ahora con presencia militar en Azerbaiyán.

Oriente Próximo, es sin duda una región muy importante para Rusia de cara a disminuir la
hegemonía global de Estados Unidos; pero en palabras de la investigadora Mira Milosevich-
Juaristi: “Rusia no tiene una gran estrategia para la región en el sentido de un plan coherente y
a largo plazo para ordenar los intereses nacionales e idear métodos realistas para
lograrlos”[42]. En definitiva, puesto que Rusia no puede abarcar toda Asia, una gran estrategia
centrada en Asia Central, Asia Septentrional y el océano Ártico permitiría a Moscú contar con
suficientes recursos para seguir aspirando a consolidarse como una gran potencia en un
mundo multipolar, reducir la hegemonía global de Estados Unidos y seguir tutelando su
“extranjero próximo”, muy posiblemente en términos de contención estratégica, sin descartar
el empleo de su poder militar en determinadas circunstancias.

Conclusiones

La gran estrategia de Rusia no se basa principalmente en cuestiones ideológicas ni en un


nostálgico deseo de resucitar a la extinta Unión Soviética. Rusia tiene un arraigado sentimiento
de vulnerabilidad, lo que se traduce en la creencia de que en una crisis grave no puede esperar
gran cosa de otros estados. Espoleado por una mentalidad de “fortaleza asediada”, el Kremlin
concede una extrema importancia a contar con una extensa área de influencia que pueda
manejar, especialmente en su “extranjero próximo”, al que busca controlar políticamente y
contener en términos estratégicos.

Los tres principales objetivos de la gran estrategia rusa son: ser reconocida como una gran
potencia en un mundo multipolar; el predominio sobre su esfera de influencia, y deteriorar la
hegemonía de Estados Unidos y si es posible reducirla. Para conseguirlo, la gran estrategia de
Rusia, sin descuidar su “extranjero próximo”, mira hacia las direcciones estratégicas este y
norte tras haber descartado la consolidación de una gran Europa en la que Moscú jugaría un
papel destacado.

Rusia se considera una gran potencia y por ello pretende conseguir el respeto internacional
asociado a esta condición. A pesar de su realidad económica y social, Moscú sigue pensando
estratégicamente en términos globales más que regionales y conserva una significativa
capacidad de proyección de su poder militar; pero no es previsible que pueda desafiar
abiertamente a las grandes potencias del siglo XXI —de momento los Estados Unidos de
América y, muy posiblemente, la República Popular China a medio plazo, con la que la
Federación de Rusia mantiene actualmente una asociación estratégica integral de coordinación
—. A pesar de tratarse de una gran baza geopolítica, una hipotética conversión de la asociación
estratégica entre Rusia y China en una alianza de carácter militar parece poco probable a corto
plazo.

El talón de Aquiles de Rusia está en el Indo-Pacífico, centro de gravedad geopolítico del mundo
en el siglo XXI y una enorme región en la que las capacidades rusas no pueden competir con
China, y mucho menos con los Estados Unidos. En su decidido giro hacia Asia, el Kremlin no
puede abarcar todo el continente con la misma intensidad, pero el afianzamiento del liderazgo
ruso en Asia Central, el desarrollo de Asia Septentrional y un decidido aumento de su
presencia en el Ártico, configuran un nivel de ambición posible y practicable para la gran
estrategia de la Federación de Rusia.

Aunque Moscú se incline por la consolidación de esta gran estrategia, continuará dedicando
plena atención a su “extranjero próximo”, en el que puede aplicar una gran estrategia de
contención, sin excluir una intervención directa en el caso de que las circunstancias sean
claramente desfavorables para sus intereses.
Imperio ruso
El Imperio ruso (en ruso, Российская Империя, Rossíyskaya Impériya) fue un Estado
soberano que existió entre 1721 y 1917. Abarcó grandes zonas de los
continentes europeo, asiático y americano, siendo el sucesor del Zarato ruso.3 La expresión
«Rusia imperial» designa el periodo cronológico de la historia rusa que comprende desde la
conquista de los territorios que se encuentran entre el mar Báltico y el océano Pacífico,
iniciada por Pedro I, hasta el depuesto Nicolás II y el comienzo de la Revolución de 1917.

La capital del imperio fue San Petersburgo (rebautizada en 1914 como Petrogrado a raíz del
inicio de la Primera Guerra Mundial). A finales del siglo xix, el imperio comprendía 22,8
millones de km².45 De acuerdo al censo de 1897, su población alcanzaba las 125 640 000
personas, habitando la mayoría (102,8 millones) en Europa.6 Más de 100 grupos étnicos
diferentes convivían en el imperio —la etnia rusa componía el 44% de la población—. La
religión oficial del imperio era el cristianismo ortodoxo, controlado por el monarca a través
del Santísimo Sínodo Gobernante. Sus habitantes estaban divididos en estratos (clases) tales
como dvoryanstvo («nobleza»), el clero, los comerciantes, los cosacos y los campesinos. Los
nativos de Siberia y Asia Central fueron oficialmente registrados en el
estrato inorodtsy («extranjeros»).

Además del actual territorio de Rusia, en 1917, el Imperio ruso incluía territorios de los Estados
bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), Ucrania, Bielorrusia, la mitad oriental de Polonia (Zarato
de Polonia), Moldavia (Besarabia), Rumania (Valaquia), el Cáucaso (las actuales naciones
de Armenia, Georgia y Azerbaiyán), Finlandia, la mayoría del Asia Central (actuales repúblicas
de Kazajistán, Turkmenistán, Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán) y una parte de Turquía (las
provincias de Ardahán, Artvin, Iğdır y Kars, siendo estos territorios partes de la Armenia turca).
Entre 1741 y 1867, el Imperio ruso también incluía Alaska, al otro lado del estrecho de Bering.
También controló por cierto periodo la región de Manchuria china, la región norte de Irán y la
mitad norte de Hövsgöl (perteneciente a Mongolia)

En 1914, el Imperio ruso estaba dividido en 81 provincias (óblasti) y 20 regiones (gubernias).


Entre los vasallos y protectorados del imperio se incluían el Emirato de Bujará, el Kanato de
Jiva y, tras 1914, Tuvá. Su escudo de armas fue el gran escudo del Imperio ruso, y su himno,
«Dios salve al zar» (Боже, Царя храни). Después del derrocamiento de la monarquía en 1917,
Rusia fue convertida en una república bajo el Gobierno provisional ruso.

Etimología y génesis[editar]

El nombre de Rusia probablemente proceda del nombre del pueblo Rus. Sobre el origen de
dicho término hay varias teorías, pero ninguna de ellas es aceptada por todos. Las versiones se
dividen en históricas, que se basan en autores contemporáneos, lingüísticas y toponímicas. Así,
las principales hipótesis son la histórica bizantina, la indoiraní, la lingüística finesa, la histórico-
toponímica prusiana, además de varias toponímicas. Como ejemplo, en estonio Rootsi están
relacionados con Roslagen, una región costera de Suecia (Ruotsi en finés), mientras que para
otros deriva del nombre que los eslavos daban a los vikingos, o incluso de términos alanos. De
acuerdo con la Crónica de Néstor, el nombre de Rus tiene un origen varego. La etimología de
Rus sigue siendo materia de discusión.78
Alrededor de 860, un varego llamado Riúrik llegó a gobernar Nóvgorod, trasladándose sus
sucesores al sur y extendiendo su autoridad a Kiev. A finales del siglo ix, el gobernador varego
de Kiev ya había establecido su supremacía sobre una vasta zona que gradualmente vino a ser
conocida como Rus. La Rus de Kiev (882-1240) fue el primer estado eslavo oriental, estando
gobernado por la dinastía ruríkida. Sin embargo, la invasión mongola provocó la desintegración
del país en varios principados, entre ellos el Principado de Kiev (1132-1470), cuya importancia
sufriría un notable declive. Entretanto, el Principado de Vladímir-Súzdal (1157-1363) se
convertía en uno de los grandes principados que sucedieron a la Rus de Kiev como principal
potencia eslava oriental. A partir de este último, se formaría el Principado de Moscú (1283-
1547) o «Moscovia» que, luego de varias expansiones territoriales, se transformaría en
el Zarato ruso (1547-1721), con la dinastía Románov llegando al poder en 1613.

En 1721, el zar Pedro I de Rusia se proclamó emperador y modificó el nombre oficial del país
de «Zarato ruso» (Rússkoie Tsarstvo, el país del 'pueblo ruso') al de «Imperio
ruso» (Rossíyskaya Impériya, de carácter multiétnico) y el informal de Rus al
actual Rossíya ('Rusia' en ruso). Entre 1712 y 1918, San Petersburgo fue la capital de Rusia. En
el Imperio ruso, los rusos se denominaron velikorossy ('grandes rusos');
los ucranianos, malorossy ('pequeños rusos'); y los bielorrusos, «rusos blancos» (el
prefijo bielo- se traduce como 'blanco'). Durante los siglos x a xv, en la Rus de Kiev y en los
principados en que esta se desintegró, se hablaba el antiguo eslavo oriental, que dio origen a
los actuales idiomas ruso, ucraniano, bielorruso y rusino.

En los siglos xiii a xvi, los desplazamientos del centro político de los eslavos orientales Kiev-
Vladímir-Moscú se vieron acompañados asimismo por los movimientos de su centro
eclesiástico. Así, el Metropolita de Kiev y toda Rus, Máximo de Kiev, se mudó desde Kiev a
Vladímir en 1299, mientras su sucesor, el Metropolita Pedro de Kiev, se trasladaría de Vladímir
a Moscú en 1325. En 1589, la Iglesia ortodoxa rusa proclamó al Metropolita de Moscú
como Patriarca de Moscú y toda Rus, institución que sería suprimida por Pedro I. Una vez
restituido el Patriarcado de Moscú en 1917, la Iglesia ortodoxa rusa siguió y sigue utilizando el
nombre antiguo del país, Rus.

Historia
Pedro, hijo del segundo matrimonio del zar Alejo I, fue el primero en ser relegado al suelo
político. Como varias facciones de la corte lucharon para controlar el trono, Alejo I fue
sucedido por el hijo de su primer matrimonio, Teodoro III, un chico enfermizo que murió
en 1682. Como resultado de la Revuelta de los Streltsí, Pedro fue hecho co-zar con su medio
hermano, Iván V, pero la media hermana de Pedro, Sofía, mantuvo el verdadero poder. Ella
reinó mientras el joven Pedro se entretenía con juegos de guerra y cabalgaba en el Cuartel
Alemán de Moscú. Estas experiencias lo llevaron a un ávido interés por la práctica militar de
Occidente, particularmente por la ingeniería, artillería, navegación y construcción de barcos.
En 1689, usando tropas que él había entrenado durante sus juegos de guerra, planeó cómo
destronar a Sofía. Cuando Iván V murió en 1696, Pedro se volvió el único zar.

Pedro el Grande consolidó el poder autocrático del zar, y, a su vez, las guerras dominaron la
mayor parte de su reinado. Al principio Pedro intentó asegurar las fronteras del sur con
los tártaros y el Imperio otomano. Sus campañas a un fuerte en el mar de Azov fallaron
inicialmente, pero, después de embarcarse con su nueva armada diseñada por él, Pedro pudo
capturar el tan importante fuerte de Azov en 1696. Para continuar con la guerra contra
el Imperio otomano, Pedro viajó a Europa a buscar aliados. Fue el primer zar en hacer ese
viaje. Pedro visitó Brandeburgo, los Países Bajos (en los cuales, según una teoría, al ver su
bandera, lo inspiró para hacer un esbozo para la suya, la cual sería usada hasta 1914),
[cita requerida]
el Reino Unido y el Sacro Imperio Romano Germánico, durante su llamada Gran
Embajada. Pedro aprendió mucho y alistó a cientos de especialistas técnicos. La embajada fue
corta por el intento de Sofía para reemplazarlo en el trono, pero la revuelta fue aplastada por
Pedro y sus seguidores. Como castigo, expuso públicamente los cuerpos de los participantes de
la revuelta, muertos o torturados, para advertir a los otros, acción por la cual fue llamado el
«Raro».

Pedro fracasó en la coalición europea contra el Imperio otomano, pero durante sus viajes
encontró interés en empezar una guerra contra Suecia, al ser un poderoso Estado en Europa
del Norte. Viendo una oportunidad de acceder al mar Báltico, Pedro hizo la paz con el Imperio
otomano en 1700 y, después, atacó a los suecos en sus posiciones del puerto de Narva, en
el golfo de Finlandia. Aunque el joven rey Carlos XII se probó con sus tropas, las cuales
aplastaron al ejército de Pedro. Afortunadamente para Pedro, Carlos XII no continuó su
victoria con una ofensiva y se enzarzó en las guerras con Polonia.

Este descuido le permitió a Pedro armar un nuevo ejército, combinando las fortalezas del suyo
y las de Occidente. Cuando los dos líderes se enfrentaron otra vez en Poltava en 1709, Pedro
derrotó a Carlos en la célebre batalla de Poltava. Cuando este último escapó al territorio
otomano, Pedro entró de nuevo en guerra con el Imperio otomano. El zar coincidió en
devolver el puerto de Azov a los otomanos en 1711. La Gran Guerra del Norte, que en esencia
fue la batalla de Poltava, continuó hasta 1721, cuando los suecos decidieron firmar el Tratado
de Nystad. El tratado permitió retener los territorios obtenidos por
Rusia: Livonia, Estonia e Ingria. Mediante esta expansión territorial, Pedro adquirió un enlace
directo con Europa Occidental. Como celebración, el zar Pedro I asumió el título
de Emperador (императoр) del Imperio ruso, proclamado en 1721.

Pedro consiguió la expansión de Rusia y su transformación en Imperio bajo ciertas iniciativas


mayores. Creó las fuerzas navales rusas, reorganizó el ejército mediante el sistema europeo,
organizó racionalmente el gobierno y movilizó el financiamiento para los recursos humanos.
Bajo el reinado de Pedro, el ejército que se reclutó fue bajo condiciones de trabajo para toda la
vida, incluyendo a los oficiales de la realeza, los cuales participaban en trabajos de la
administración civil o militar. En 1722, Pedro introdujo la tabla de rangos, que determinaba la
posición o estatus de la persona en su servicio al zar, ya fuera plebeyo o noble. Hasta la gente
más común aparecía en la tabla automáticamente.

La reorganización de Pedro en la estructura gubernamental no pudo ser menos minuciosa,


consiguiendo transformar el gobierno existente en un Estado absolutista liderado por el zar
mismo. Reemplazó los prikazi ('oficinas') por un cuerpo colegiado y creó el Senado
Gobernante para coordinar las políticas del gobierno. Las reformas de Pedro en el gobierno
local tuvieron pocos logros, pero sus cambios le permitieron al gobierno local recolectar
impuestos y mantener el orden. Como parte de las reformas del gobierno, la Iglesia fue
parcialmente incorporada a la estructura administrativa del Estado. Pedro abolió
el Patriarcado y lo reemplazó con un cuerpo colectivo, el Santísimo Sínodo Gobernante,
dirigido por un funcionario gubernamental.
Pedro triplicó los ingresos de la tesorería estatal con una cantidad moderada de impuestos.
Impuso la capitación, o sondeo de impuestos, en todo hombre excepto clérigos y nobles.
También gravó con impuestos el alcohol, la sal e incluso llevar barba. Para proporcionar armas
y uniformes para sus soldados, desarrolló industrias metalúrgicas y textiles.

Pedro quería equipar a Rusia con tecnología, instituciones e ideas modernas. Dotó de una
educación occidental a todos los nobles, introdujo las llamadas escuelas naturales para
enseñar el alfabeto cirílico ruso y aritmética básica, estableció una casa de imprenta y fundó
la Academia de Ciencias de San Petersburgo, la cual fue inaugurada justo antes de su muerte
en 1725, que se convirtió en uno de los mayores institutos de cultura de la Rusia imperial.
También recomendó que los rusos adquirieran ropa, gustos por el arte y costumbres del
Occidente. El resultado fue una profundización en la grieta cultural entre la nobleza y las
masas.

La mejor evidencia de la occidentalización de Pedro fue su ruptura con las viejas tradiciones y
sus métodos occidentales en arquitectura, que lo llevaron a construir la nueva capital, San
Petersburgo, en 1703. Situada en tierra nueva, conseguida de la guerra contra Suecia en
el golfo de Finlandia, en la cual fue ayudado por Dinamarca-Noruega, Polonia-
Lituania y Sajonia. Aunque San Petersburgo asumió su occidentalización, esta fue forzada, por
lo cual no pudo demostrar su individualidad, que Pedro tanto admiraba.

La era de las revoluciones en el palacio

Pedro cambió las reglas de sucesión del trono después de que exilió a su hijo, Alexis, que se
opuso a las reformas de su padre y se presentó como figura de grupos antirreformistas. Una
nueva ley expedida por Pedro I proporcionaba al zar la decisión de elegir a su sucesor, pero
Pedro no lo hizo antes de su muerte en 1725. En las décadas que siguieron, la ausencia de
reglas para la sucesión dejó a la monarquía abierta a intrigas, conspiraciones y varios golpes de
Estado. En adelante, el factor crucial para acceder al trono fue el apoyo de la guardia de élite
del palacio en San Petersburgo.

Después de la muerte de Pedro, su esposa, Catalina I, subió al trono. Pero cuando ella murió
en 1727, el nieto de Pedro fue coronado zar como Pedro II. En 1730, Pedro II sucumbió ante
la viruela, y Ana Ioánnovna, hija de Iván V, que había sido co-zarina con Pedro, ascendió al
trono. El Supremo Consejo Imperial, que colocó a Ana en el trono, le impuso muchas
condiciones. En su lucha contra esas restricciones, Ana tuvo que apoyar a los nobles,
temerosos de que la oligarquía reinara sobre la autocracia. Así, el principio de la autocracia
recibió gran apoyo en ese caótico conflicto por el trono.

Ana murió en 1740, y su joven bisnieto fue proclamado zar como Iván VI. Después de varios
golpes de Estado, fue remplazado por la segunda hija de Pedro: Isabel I de Rusia. Durante el
reinado de Isabel, mucho más efectivo que el de sus predecesores inmediatos, se produjo la
«occidentalización» de la cultura rusa. Entre los eventos culturales más destacados se
encuentran la fundación de la Universidad de Moscú en 1755 y la Academia de Bellas
Artes en 1757, y el surgimiento del primer científico y escolar ruso, Mijaíl Lomonósov.

Durante el reinado de los sucesores de Pedro, Rusia desempeñó un mayor papel en Europa.
Desde 1726 a 1761, fue un aliado del Imperio austríaco contra el Imperio otomano, al
cual Francia usualmente apoyaba. En la guerra de sucesión polaca (de 1733 a 1735), Rusia y
Austria bloquearon al candidato al trono polaco. Al mismo tiempo, en una costosa guerra con
el Imperio otomano (1734-1739), Rusia readquirió el Puerto de Azov. El alcance más grande
que Rusia tuvo con Europa fue en la guerra de los Siete Años (1756-1763), la cual tuvo lugar en
tres continentes, entre Francia, el Imperio británico y numerosos aliados de los dos bandos. En
esa guerra, Rusia continuó su alianza con Austria, pero esta cambió a una alianza con Francia
en contra de Prusia. En 1760, las fuerzas rusas estaban a las puertas de Berlín.
Afortunadamente para Prusia, Isabel murió en 1762, y su sucesor, Pedro III, alió a Rusia con
Prusia por su devoción al rey prusiano Federico el Grande.

Pedro III tuvo un reinado corto e impopular. Aunque era nieto de Pedro el Grande, su padre
ostentaba el título de duque de Holstein-Gottorp y fue criado en una familia luterana; por ello,
los rusos lo consideraban extranjero. Haciendo caso omiso de esto y sin ocultar su concepto de
Rusia, introdujo con gran resentimiento ensayos militares prusianos en la milicia rusa,
atacando a la Iglesia ortodoxa y privando a Rusia de una gran victoria que cambiaría la historia
de Rusia y del mundo, estableciendo una repentina alianza con Prusia.[cita requerida] Haciendo uso
de su descontento y temiendo su propia posición, la esposa de Pedro III, Catalina, depuso a su
marido en un golpe de Estado, y su amante Alekséi Orlov lo mató. Por defecto, en junio
de 1762, Catalina se convirtió en Emperatriz de Rusia.

Expediciones oceánicas

Pedro I legó la flota rusa a sus sucesores, pero, de Catalina I a Pedro III, ninguno de los
emperadores de Rusia compartió el gran amor de Pedro hacia el mar. En las décadas que
siguieron a su muerte en 1725, a los sucesores de Pedro les parecía inconcebible que una
exhibición de buques de guerra fuera la mejor manera de demostrar el poder y la estatura de
Rusia al mundo. Ni era prudente juzgar la flota para mantener ningún propósito inmediato: la
flota de Pedro constaba de treinta navíos de línea y centenares de naves complementarias; el
coste de guardar tal fuerza a flote agotaría solamente las cajas del Estado. Aún más increíble
sería poner el plan de Pedro en ejecución para aumentar el tamaño de la flota y realizar su
visión de crear un armada en el mar.

La Gran Guerra del Norte, que duró veintiún años, había servido ya para agotar los recursos y
la Hacienda rusa. Por consiguiente, hubo un período en la reducción de gastos en la flota que
siguió la muerte de Pedro, y fue acompañado por una reducción marcada en la construcción
de nuevas naves y en los números de marineros y oficiales. La escuela náutica y la academia
marítima que Pedro había fundado, sin embargo, continuaron prosperando. Sus estudiantes y
graduados se preservaron realzando las tradiciones de la navegación rusa durante el reinado
de Pedro y de sus sucesores. A partir de 1716 a 1719, los rusos navegaron en una gran lodiá en
el tramo que va desde Ojotsk a Kamchatka, en el territorio que había sido explorado
por Vladímir Atlásov a finales del siglo xvii. Los graduados de 1720 de la academia marítima, el
navegador geodésico Iván Yevréinov y Fiódor Luzhin, exploraron y trazaron las catorce islas
Kuriles. La información que trajeron se convirtió en la base para la expedición bien conocida
del capitán comodoro Vitus Bering. En el invierno helado de 1724, Bering
alcanzó Kamchatka por tierra y a vela, en las naves construidas allí, «a lo largo de la tierra que
conduce al del norte […] para buscar el sitio donde esta tierra converge con América».[cita requerida]

El objeto principal de los navegantes rusos era encontrar un paso desde Rusia a la India y
a China a través del océano Ártico. De 1728 a 1729, Bering navegó a través del Pacífico Norte
en la nave San Gabriel. Entumecido por el frío viento polar, el San Gabriel y su equipo pasaron
por el estrecho entre Asia y América que ahora honra su nombre y navegaron por un mar
entonces no conocido (el mar de Bering), descubriendo esta ruta por segunda vez. Las
descripciones finales del descubrimiento fueron compiladas después por los navegadores Iván
Fiódorov y Mijaíl Gvózdev, que planearon la ruta de su exploración en 1732. La expedición de
Bering descubrió y exploró marítima entre el Pacífico y el mar de Ojotsk vía la primera
expedición en el canal de las Kuriles. Bering registró cuidadosamente para las generaciones
futuras de cartógrafos el sureste y las costas del suroeste de la península de Kamchatka y,
posiblemente de mayor importancia aún, probó de una vez por todas la inexistencia de las
tierras legendarias que fueron formuladas para mentirle a la población al este y al sur de
Kamchatka, así como ocurrió con Cristóbal Colón y su viaje a las Indias (América).

Durante su primera expedición de Kamchatka, Bering no pudo encontrar la ruta a China. Por lo
tanto, en 1733, el gobierno de la emperatriz Ana de Rusia decidió organizar una nueva
exploración a las costas norteñas de Siberia y del Lejano Oriente dotándola de unos medios
humanos y materiales sin precedentes. Bering fue acompañado por un miembro de la vela
determinada de Alekséi Chírikov de la expedición de San Gabriel de Kamchatka. Las otras
separaciones fueron dejadas para buscar la ruta a Japón a lo largo de las islas Kuriles y para
explorar la costa del océano Ártico. La dirección general de la expedición fue confiada al
colegio del Ministerio de Marina.

Las naves precisadas en sus expediciones comenzaron una secuencia de descubrimientos


asombrosos. En 1736-1737, la expedición al mando del teniente Stepán Malyguin rodeó
la península de Yamal y alcanzó el estuario del río Obi. En el mismo tiempo, la expedición
dirigida por el teniente Dmitri Ovtsyn fue enviada más lejos hacia el este, navegado
del estuario río Yeniséi y tras la costa de la península de Guida. Los tenientes Vasili
Prónchischev y Jaritón Láptev exploraron la costa de la península de Taimyr y del estuario del
río Lena. El piloto de esa expedición, Semión Cheliuskin, descubrió y describió la extremidad
norteña del continente asiático. Finalmente, Piotr Lasinius y Dmitri Láptev navegaron a lo largo
de la orilla siberiana del estuario del Lena hasta el río Kolimá. Debido a su escala magnífica y
atrevimiento, este viaje fue llamado «la Gran Expedición del Norte». Muchas áreas geográficas
y aguas fueron nombradas para honrar a los oficiales rusos del siglo xviii que primero los
exploraron: el estrecho de Malyguin y el estrecho de Ovtsyn, la costa de Prónchishchev,
el cabo Cheliuskin y el mar de Láptev.

Al comienzo del verano de 1741, dos barcos, el San Pedro y el San Pablo, salieron del tranquilo
puerto de Petropávlovsk en las islas de Pedro y Pablo, que había sido descubierto durante la
primera expedición de Kamchatka, y, bajo el mando de Bering y de Chírikov, las naves
alcanzaron el continente norteamericano. Desafortunadamente, la segunda expedición de
Kamchatka sería la última de Bering. Al volver de la costa de Alaska, su barco, el San Pedro, se
estrelló cerca de una de las islas Komandórskiye. En esa isla, el navegante prominente cayó
enfermo y murió. Sin embargo, como resultado de la segunda expedición de Kamchatka, la
costa del noroeste de América fue explorada tan bien como las islas Aleutianas y
Komandórskiye; eso llevó a Rusia a la posesión de Alaska, que después sería vendida a Estados
Unidos en 1867 (véase «Compra de Alaska»).

En 1738, las naves del capitán Martin Spangberg fueron las primeras en alcanzar las costas
nororientales de la isla de Sajalín y de Japón, en la gran isla del Hokkaidō. La información que
recolectó durante su expedición ayudó a la compilación de la porción del este del mapa
general del Imperio ruso, elaborado en 1745.
Expansión rusa bajo Catalina II

La extensión imperial obtenida en el reinado de Catalina II trajo al imperio enormes territorios


nuevos en el sur y el oeste, así como la consolidación del gobierno interno. Después de
la guerra de Crimea con el Imperio otomano en 1768, Rusia adquirió por el Tratado de Küçük
Kaynarca en 1774 una conexión directa al mar Negro, mientras los tártaros de Crimea se
convirtieron en un estado independiente de los otomanos. En 1783, Catalina anexionó Crimea.
Tras un nuevo conflicto ruso-turco (1787-1792), el Tratado de Yasi en 1792 amplió el dominio
territorial de Rusia hacia el sureste, llegando al río Dniéster. Los términos del tratado
redujeron las ambiciosas metas del presunto proyecto magno de Catalina: la expulsión total de
los otomanos de Europa y la renovación del Imperio romano de Oriente bajo control ruso.
El Imperio otomano no planteó nuevamente una amenaza seria a Rusia; al contrario, los
gobernantes turcos se vieron forzados a tolerar un aumento de la influencia rusa en
los Balcanes.

La expansión occidental de Rusia bajo Catalina resultó en el reparto9 de Polonia-Lituania.


Polonia, que había sido potencia regional entre los siglos xvi y xvii, empezó a debilitarse
gravemente a lo largo del siglo xviii, mostrando continuas luchas entre su aristocracia y un
creciente desorden interno; una señal evidente del debilitamiento de Polonia ocurrió cuando
cada uno de sus poderosos vecinos —Rusia, Prusia y Austria— intentaron colocar a su propio
candidato en el trono polaco, generando una guerra de sucesión que involucró a toda Europa.
En 1772, Rusia, Austria y Prusia llegaron a un acuerdo informal para anexarse diversas
porciones del territorio polaco, por la cual Rusia recibió las zonas que comprenden la
actual Bielorrusia y Livonia. Después de la «primera partición», Polonia instauró un nuevo
régimen que inició un programa extenso de reformas, incluida una Constitución; esto alarmó a
las facciones más reaccionarias de la aristocracia polaca, que pidió a su vez la ayuda de Rusia.
Usando como excusa el peligro del radicalismo liberal tras la Revolución francesa de 1789,
Austria, Rusia y Prusia reclamaron la abolición de la Constitución del 3 de mayo de 1791.
En 1793, Polonia volvió a ver reducido su territorio tras una invasión conjunta de sus vecinos
que dio lugar a la «segunda partición». Esta vez, Rusia obtuvo la mayoría de Bielorrusia y el
sector de Ucrania situado al oeste del río Dniéper. La partición de 1793 condujo a una
sublevación nacionalista en Polonia contra la influencia de rusos y prusianos, la cual terminó
siendo derrotada por los ejércitos de Rusia y Prusia en 1795, dando lugar a la «tercera
partición» en ese mismo año. El territorio polaco que aún se mantenía independiente fue
repartido por ambos invasores. Consecuentemente Polonia desapareció del mapa político
internacional.

Aunque integrar parte del territorio de Polonia a su imperio significó apoderarse de nuevas
tierras fértiles, esto también creó nuevas dificultades para el Imperio ruso. Al perder
a Polonia como «Estado colchón», Rusia tuvo que compartir frontera desde entonces con dos
grandes potencias: Prusia y Austria, que podrían ser eventuales rivales. Además, el Imperio
ruso llegó a ser más étnicamente heterogéneo que antes, al absorber a una gran cantidad de
etnias, tales como los ucranianos, los bielorrusos o los judíos. Al principio, los ucranianos y los
bielorrusos, que en su mayoría trabajaban como siervos bajo el dominio polaco, cambiaron
poco su situación bajo poder ruso. Los polacos, tradicionalmente católicos y herederos de una
antigua potencia, se resentían a perder su independencia económica y cultural, siendo un
pueblo difícil de controlar, y efectuando a lo largo del siglo xix varias sublevaciones fallidas
contra los rusos. Rusia había suprimido los derechos de los judíos del imperio en 1742 y los
había considerado desde entonces como población extranjera. Un decreto de 3 de
enero de 1792 inició formalmente el régimen de la Zona de Asentamiento, según el cual los
judíos estaban autorizados a residir libremente solo en la parte más occidental del Imperio y
sin acercarse a los grandes núcleos urbanos rusos. Ello inició una etapa de antisemitismo de
Estado que en períodos posteriores del Imperio degeneró en formas de discriminación
violentas, como los pogromos. También a fines del siglo xviii, Rusia suprimió la autonomía
de Ucrania al este del río Dniéper, la de los territorios bálticos y la de varias áreas pobladas
por cosacos. Así, ordenó la supresión de la Sich de Zaporozhia, vulnerando el Tratado de
Pereyáslav de 1654. Con su énfasis en un imperio uniformemente administrado, Catalina II —
aunque era alemana de origen— puso las bases de una política de rusificación que en sus
últimos años de reinado ya se había impulsado, y que sería ejecutada más intensamente por
sus sucesores.

Los historiadores han discutido la sinceridad de Catalina como monarca representativa de


la Ilustración, pero pocos han dudado que creyó realmente en el activismo del «gobierno
dirigido», desarrollando al máximo los recursos del Imperio y haciendo su Administración más
eficaz. Inicialmente, Catalina procuró racionalizar procedimientos del gobierno mediante
modificaciones en las leyes. En 1767, creó la Comisión Legislativa, formada por nobles, grandes
terratenientes y otros aristócratas, para codificar las leyes de Rusia. Aunque la comisión no
formuló un nuevo código legal, la Instrucción a la Comisión de Catalina introdujo a algunos
rusos al pensamiento político y legal occidental.

Durante 1768-1774, en la guerra con el Imperio otomano, Rusia experimentó una agitación
social importante causada por la sublevación de Pugachiov. En 1773, un cosaco del
Don llamado Yemelián Pugachiov declaró ser el destronado zar Pedro III, rechazando la
autoridad de la emperatriz Catalina. Otras comunidades e agrupaciones cosacas, además de
varias etnias turcomanas que sentían el choque del Estado centralizado ruso, junto a
trabajadores industriales en los montes Urales, así como los campesinos que esperaban
escapar a la servidumbre, se unieron mutuamente en una rebelión de alcance masivo. La
preocupación principal del régimen imperial era entonces la guerra contra Turquía, y ello
permitió a los rebeldes de Pugachov tomar control de una gran zona de territorio en la cuenca
del río Volga. No obstante el ejército regular derrotó ferozmente la rebelión en 1774.

La sublevación de Pugachiov alentó la determinación de Catalina para reorganizar la


administración provincial de Rusia. En 1775, dividió Rusia en provincias y distritos según las
estadísticas de la población. Se otorgó a cada provincia una ampliada administración,
destacamentos de policía y un aparato judicial. Los nobles tuvieron que servir no superando el
tiempo establecido para el gobierno central —pues la ley así lo había requerido desde tiempos
de Pedro el Grande—, y muchos de ellos recibieron papeles significativos en administrar
gobiernos provinciales, con lo cual la autoridad imperial confiaba tales puestos a aristócratas
de confianza, obedientes al zar y que aseguraban que el poder central llegase a cada rincón del
Imperio.

Catalina también procuró organizar a la sociedad en grupos sociales bien definidos y


estratificados. En 1785 publicó las cartas a los nobles y señores del pueblo. La Carta de la
Nobleza confirmó la liberación de los nobles respecto del servicio obligatorio y les dio derechos
como clase privilegiada y servidora directa de la autocracia rusa. La Carta de las Ciudades
probó ser más complicada y, en última instancia, mucho menos acertada que la publicada para
los nobles. No se llegó a publicar una carta similar para los campesinos ni para mejorar las
condiciones de la servidumbre.
La «occidentalización» de Rusia continuó durante el reinado de Catalina. Un aumento en el
número de libros y de periódicos también trajo adelante discusiones intelectuales y la crítica
social propia de la Ilustración rusa. En 1790, Aleksandr Radíschev publicó su libro El Viaje de
San Petersburgo a Moscú, un ataque feroz contra el sistema de servidumbre y contra la
autocracia. Catalina, recelosa de la Revolución francesa, hizo que Radíschev fuese arrestado
enviándolo a Siberia. Radíschev ganó más adelante el reconocimiento de padre del radicalismo
ruso.

Catalina terminó de desarrollar muchas de las políticas de Pedro el Grande y fijó las bases para
la expansión imperial del siglo xix. Hizo construir el Palacio Pávlovsk para su hijo Pablo, que
forma parte del Patrimonio Cultural de Rusia. Rusia se convirtió en un país capaz de competir a
la vez que también rivalizar con sus vecinos europeos en las esferas militares, políticas y
diplomáticas. La élite de Rusia acabó por convertirse en el terreno cultural en una de las más
cultas, tal y como sucedía en los países de la Europa Central y Occidental de la época. No
obstante, la organización de la sociedad y del sistema de gobierno, las grandes instituciones
centrales a la administración provincial de Catalina, seguía siendo la misma sociedad dividida
en estratos sociales cuidadosamente delimitados y donde la movilidad social era difícil, tal
como se había previsto desde tiempos de Pedro I, no produciéndose ningún cambio en tal
sentido hasta la emancipación de los siervos en 1861 y, en algunos aspectos, hasta la caída de
la monarquía en 1917. Catalina dio un empuje para la expansión rusa hacia el sur, incluyendo
el establecimiento de Odesa como el principal puerto mercantil ruso en el Mar Negro, con tal
de que sirviese como base para el comercio del grano del siglo xix.

A pesar de tales realizaciones, el imperio que Pedro I y Catalina II habían construido seguía
enfrentando problemas fundamentales. Una élite pequeña de «europeizados», enajenada de
la masa de rusos ordinarios, planteó preguntas sobre la misma esencia de la historia, de la
cultura, y de la identidad de Rusia. Rusia alcanzó su preeminencia militar por confianza en la
coerción y en una economía dirigida por la corte imperial, bastante primitiva y principalmente
basada en el sistema de servidumbre para actividades económicas primarias como la
agricultura, la minería y la ganadería. El desarrollo económico de Rusia era insuficiente para las
necesidades del siglo xviii; estaba muy alejado aún del grado de transformación que la
temprana Revolución industrial causaba en países occidentales. La tentativa de Catalina para
organizar la sociedad rusa en rígidos estamentos corporativos hizo frente al temprano desafío
de la Revolución francesa, que propugnaba una ciudadanía individual. La extensión territorial y
la incorporación de Rusia de un número de aumento de no rusos en el imperio fijaron el
escenario para el problema futuro de las nacionalidades. Finalmente, la primera cuestión de la
servidumbre y la autocracia en los argumentos morales presagiaron el conflicto entre el Estado
y la intelectualidad que llegó a ser dominante en el siglo xix.[cita requerida]

Durante inicios del Ochocientos, la población, los recursos, la diplomacia internacional y las
fuerzas militares Rusia le hicieron uno de los Estados de mayor poderío del mundo. Su poder le
permitió desempeñar un papel cada vez más activo en los asuntos de Europa. Este papel llevó
al Imperio a participar años después en una serie de guerras contra Napoleón, que tenían
consecuencias de gran envergadura para Rusia y el resto de Europa. Después de aceptar
la Ilustración con entusiasmo durante el siglo xviii,[cita requerida] la élite de Rusia se tornó en un
opositor activo de las tendencias de liberalización en Europa central y occidental desde 1789.

Internamente, la población de Rusia había crecido de forma más diversa con cada adquisición
territorial. La población incluía ahora luteranos fineses, alemanes bálticos, estonios y lituanos;
había también católicos lituanos, polacos y algunos letones, ortodoxos bielorrusos y
ucranianos, musulmanes a lo largo de la frontera meridional del Imperio y, en el este, griegos
ortodoxos y de sakartvelos, y miembros de la Iglesia apostólica armenia.

Con la influencia occidental, la oposición a la autocracia rusa fue aumentando. El régimen


reaccionó creando una especie de policía secreta, así como también imponiendo la censura
para acortar las actividades de las personas que abogaban por el cambio o los movimientos
nacionalistas en el interior del Imperio. Y siguió confiando en su economía basada en siervos
como una herramienta destinada a servir como apoyo a las clases altas, al Gobierno y a las
fuerzas militares.

Guerra y paz en Rusia, 1796-1825

Catalina II murió en 1796, y la sucedió su hijo Pablo (r. 1796-1801). Dolorosamente enterado
de que Catalina había considerado en nombrar a su hijo Alejandro como zar, Pablo instituyó
una primogenitura en la línea masculina como la base para la sucesión. Era una de las reformas
que fueron realizadas durante el breve reinado de Pablo I. Él también sostuvo la Compañía
ruso-estadounidense, la cual condujo a Rusia a la adquisición de Alaska. Pablo era generoso
pero volátil, y su generosidad para con los siervos le provocó el tener un gran número de
enemigos.

Como superpotencia europea, Rusia no podía escapar a las guerras que implicaban a la Francia
revolucionaria y napoleónica. Pablo se convirtió en un opositor firme a Francia, y Rusia, unida
junto con el Reino Unido y el Imperio austríaco en la Segunda Coalición, entablaron una guerra
contra Francia. En 1798-1799, las tropas rusas, comandadas por uno de los generales más
famosos del país, Aleksandr Suvórov, realizaron brillantes campañas en la República Cisalpina y
en Suiza. La ayuda de Pablo a la Orden de Malta y la tradición rusa de los caballeros de Malta,
junto con sus políticas liberales hacia las clases más bajas, y el descubrimiento de la corrupción
en la Hacienda, impulsaron al zar a llevar a cabo una reforma que selló su destino, pues el zar
Pablo I fue asesinado en 1801.

El nuevo zar, Alejandro I de Rusia (r. 1801-1825), llegó el trono como resultado del asesinato
de su padre, y en donde se rumoreaba que él mismo había tomado parte en ese asesinato.
Preparado para el trono por Catalina II en la ilustración y el arte, Alejandro también tenía una
inclinación hacia el romanticismo y el misticismo religioso, particularmente en el último
período de su reinado. Alejandro ocupado vanamente con los cambios en el Gobierno central,
provocaron la sustitución de las universidades que Pedro el Grande había instalado con los
ministerios, pero sin un primer ministro que coordinara todo ello. El principal consejero del
zar Mijaíl Speranski, brillante hombre de Estado y un adelantado a su tiempo, propuso una
reforma constitucional extensa del Gobierno. Empero, Alejandro lo despidió en 1812 y perdió
todo interés en dichas reformas.

El foco primario de Alejandro no estaba en la política doméstica, sino en los asuntos


extranjeros y, particularmente, en Napoleón. Temiendo las ambiciones expansionistas y el
crecimiento de Napoleón gracias al gran ejército que logró crear el Emperador francés,
Alejandro firmó una Coalición en su contra, junto a Gran Bretaña y Austria. Napoleón derrotó a
los rusos y a los austríacos en la Austerlitz en 1805 y derrotó a los rusos en
la Friedland en 1807. Alejandro fue forzado a pedir la paz, y por el Tratado de Tilsit, firmado
en 1807, él se hizo aliado de Napoleón. Rusia perdió poco territorio bajo dicho tratado, y
Alejandro hizo uso de su alianza con Napoleón para la extensión adicional. Por la Guerra
Finlandesa él ganó el Gran Ducado de
Finlandia a Suecia en 1809y adquirió Besarabia del Turquía como resultado de la Guerra Ruso-
Turca de 1806-1812.

La alianza ruso-francesa gradualmente se filtró. Napoleón fue referido sobre las intenciones de
Rusia en los estrechos estratégico vitales del Bósforo y los Dardanelos. Al mismo tiempo,
Alejandro vio como el Gran Ducado de Varsovia reconstituía al estado polaco con la suspicacia
de estar controlado por el Primer Imperio francés. El requisito de ensamblar el Bloqueo
Continental ambos imperios contra Gran Bretaña era una interrupción seria al comercio ruso, y
en 1810 Alejandro negó la obligación.

En junio de 1812 Napoleón invadió Rusia con 600.000 soldados — una fuerza dos veces más
grande que el ejército regular ruso. Napoleón esperaba infligir una derrota importante en los
rusos y forzar a Alejandro para demandar la paz. Napoleón empujó las fuerzas rusas hacia
detrás, sin embargo, él se extendió demasiado tiempo. La resistencia rusa fue obstinada, los
miembros de la cual declararon la Guerra Patriótica combinada con el invierno ruso y la
política de tierra quemada trajo a Napoleón una derrota desastrosa: menos de 30 000 de sus
tropas volvieron a su patria. Tras la retirada francesa, los rusos los persiguieron en Europa
central y occidental hasta las puertas de París.

Después de que los aliados derrotaran a Napoleón, Alejandro se conocía como el salvador de
Europa, y él desempeñó un papel prominente en rediseñar del mapa de Europa en el Congreso
de Viena en 1815 En el mismo año, bajo influencia del misticismo religioso, Alejandro inició la
creación de la Santa Alianza un acuerdo flojo que promete las reglas de las naciones implicadas
—incluyendo la mayoría de Europa— al acto según principios cristianos. Más pragmática,
en 1814, Rusia, Gran Bretaña, Austria y Prusia había formado la Alianza Cuádruple. Los aliados
crearon un sistema internacional para mantener el statu quo territorial y para prevenir el
resurgimiento de una Francia expansionista. La cuádruple alianza, confirmada por un número
de conferencias internacionales, aseguró la influencia de Rusia en Europa.

Al mismo tiempo, Rusia continuó su expansión. El congreso de Viena creó la Polonia del
Congreso, país al cual Alejandro concedió una constitución. Así, Alejandro fue el monarca
constitucional de Polonia mientras que era el zar autocrático en la restante Rusia (la primera
constitución rusa data de 1906). Él era también el monarca limitado de Finlandia, que había
sido anexada en 1809 y tenía concedida la categoría de estado autónomo. Rusia 1813 ganaba
territorio en el área de Bakú del Cáucaso a expensas de Persia. Asimismo comienza la Guerra
del Cáucaso. Por el temprano siglo xix, el Imperio también era arraigado firmemente en Alaska.
Los historiadores han convenido generalmente que un movimiento revolucionario fue llevado
durante el reinado de del joven Alejandro I los oficiales que habían perseguido a Napoleón en
Europa occidental se volvieron a Rusia con ideas revolucionarias, incluyendo derechos
humanos el gobierno representativo y la democracia total.

La occidentalización intelectual que había sido fomentada en el siglo xviii por un estado ruso
paternalista, autocrático, ahora incluyó en la oposición la autocracia con demandas para el
desarrollo de un gobierno representativo, las llamadas para la abolición de la servidumbre y,
en algunos casos, idea de un derrocamiento revolucionario del gobierno. Los oficiales eran
insensatos particularmente al ver que Alejandro había concedido a Polonia una constitución
mientras que Rusia permanecía sin una. Varias organizaciones clandestinas se preparaban para
una sublevación cuando Alejandro murió inesperadamente en 1825. Después de su muerte,
había confusión sobre quién lo sucedería porque el siguiente en línea, su hermano Constantino
Pávlovich había abandonado su derecho al trono. Un grupo de oficiales que ordenaban a cerca
de 3000 hombres rechazó jurar la lealtad al nuevo zar, el hermano de Alejandro, Nicolás I de
Rusia proclamó en lugar su lealtad a la idea de una constitución rusa. Debido a que estos
acontecimientos ocurrieron en diciembre de 1825 llamaron los rebeldes decembristas Nicolás
superó fácilmente la rebelión, y los decembristas que seguían estando vivos fueron arrestados.
Muchos fueron exiliados a Siberia.

Rusia bajo Nicolás I

Nicolás I Pávlovich (Николай I Павлович, 6 de julio de 1796 - 2 de marzo de 1855) fue el zar de
Rusia desde 1825 hasta su muerte en 1855. Durante su periodo transcurre la mayor parte de
la Guerra del Cáucaso.

Nicolás careció totalmente de la grandeza espiritual e intelectual del hermano, él hizo su papel,
simplemente pues un autócrata paternal que gobernaba a su gente por cualquier medio
necesario. Experimentando el trauma de la Revuelta Decembrista, Nicolás estaba determinado
para refrenar a la sociedad rusa. En 1826, instauró una sección de policía secreta dentro de la
Cancillería Imperial, la tristemente célebre Tercera sección. Dicha sección, la predecesora de
la Ojrana, creó una red enorme de espías y de informadores. A través de esta, el gobierno
ejercía la censura encargándole el control de la educación, la prensa, la literatura, y todas las
manifestaciones de la vida pública y llegando a intervenir hasta la correspondencia privada del
desterrado poeta Aleksandr Pushkin con su esposa. En 1833 el ministro de Educación, Serguéi
Uvárov, promulgó la doctrina «Ortodoxia, Autocracia y Nacionalismo» como el principio guía
del régimen, en contraposición al revolucionario eslogan francés Liberté, égalité, fraternité. De
esta manera la sociedad rusa debía demostrar lealtad a la autoridad ilimitada del zar, a las
tradiciones de la Iglesia ortodoxa rusay a la nación rusa. Estos principios, lejos de satisfacer a la
población, por el contrario, condujeron a una represión generalizada, a la discriminación de las
nacionalidades no rusas así como de las religiones o confesiones distintas de la confesión
Ortodoxa rusa. Por ejemplo, el gobierno forzó la Iglesia ortodoxa georgiana a aceptar la regla
sinódica de la rusa. Con Polonia ocupada, comenzó la Revolución polaca del 29 de noviembre
de 1830 contra la opresión rusa. En 1832, Nicolás suprimía la Constitución polaca de 1815,
desterrando de ese modo las esperanzas de la sociedad rusa de contar con una constitución
propia, tal y como lo habían exigido los decembristas.

El énfasis oficial en el nacionalismo ruso contribuyó a una discusión sobre el lugar de Rusia en
el mundo, el significado de la historia rusay el futuro de Rusia. Un grupo, los occidentalizadores
(západniki), consideraba que Rusia seguía siendo atrasada y primitiva, carente de constitución,
oprimida por la servidumbre, pudiendo progresar solamente europeizándose más. El otro
grupo, denominado eslavófilo, defendía la especificidad de los eslavos, de su cultura de
comuna (obschina), de sus costumbres, oponiéndose a Occidente y su cultura y costumbres.
Los eslavófilos vieron a la mentalidad eslava como fuente de la integridad de Rusia. Algunos de
ellos creyeron que la obschina rusa, o Mir, ofrecería una alternativa atractiva al capitalismo
occidental y podría hacer de Rusia un salvador social y moral potencial. La eslavofilia pretendía
representar una forma rusa del mesianismo.

A pesar de las represiones de este período, Rusia experimentó un florecimiento de la literatura


y las artes. A través de la obra de Aleksandr Pushkin, Nikolái Gógol, Iván Turguénevy muchos
otros, la literatura rusa ganó estatura y el reconocimiento internacional. El ballet clásico tomó
la raíz en Rusia después de su importación de Franciay la música clásica se estableció
firmemente con las composiciones de Mijaíl Glinka (1804-1857).

Guerra de Crimea

Siguiendo un conflicto en Belén entre los católicos protegidos


por Francia y ortodoxos protegidos por Rusia, las relaciones entre la Rusia Imperial y el Imperio
otomano se encontraban en el suelo hasta la declaración de guerra.

Sin embargo esta riña de monjes en iglesias en la Tierra Santa fue un pretexto. El negocio es
ajustado por los turcos a favor del clero ortodoxo, pero la Rusia requería al sultán de garantías
a favor de todo cristiano ortodoxo del imperio; pero las razones reales fueron ambiciones de
Rusia, ansioso por anexar Constantinopla y el mar de Mármara para alcanzar el mar
Mediterráneo. Siguiendo la negativa de Turcos, el zar invade Moldavia y Valaquia, ocupados en
julio de 1853. Turquía declara la guerra a Rusia el 4 de octubre de 1853. Al Imperio otomano se
le unen entonces franceses, británicos, y sardos. La flota turca es destruida por el escuadrón
ruso en el puerto de Sínope, el 30 de noviembre de 1853.

El 10 de abril de 1854, la flota franco-británica bombardeó durante 12 horas Odesa, el principal


puerto mercantil del sur de Rusia, provocando reacción negativa de la prensa europea, como
buena parte de los vecinos de la ciudad fueron inmigrantes de Europa Occidental. Para
despejar la situación, los aliados decidieron desembarcar en Crimea y atacar la principal base
naval rusa en el Mar Negro, Sebastopol.

Después de su desembarco en Crimea el 14 de septiembre de 1854, los aliados derrotaron a


las fuerzas rusas en la batalla del río Almá el 20 de septiembre, y después empezaron el sitio
de Sebastopol. Durante las batallas se enfrentaron en las batallas de Balaklava el 25 de octubre
y de Inkermán 5 de noviembre.

La caída de la Torre Malájov el 8 de septiembre de 1855, llave de la ciudad, tumba a las manos
de francés, controlada por el mariscal Patrice de Mac-Mahon, notablemente famoso por esta
victoria durante la que él pronunció su famoso «¡Yo estoy allí! ¡Yo permanezco allí!»,
arrastrando en otoño la ciudad. Con el advenimiento del Zar Alejandro II, las conversaciones de
paz comenzaron, concluyendo en el Tratado de París, firmado el 30 de marzo de 1856.

Desarrollo económico

Los siglos XIX tardío y XX fueron tiempos de crisis para el Imperio. No solo la tecnología y la
industria se desarrollaron más rápido en occidente, sino también nuevos, dinámicos y
competitivos poderes en el teatro mundial: Otto von Bismarck unificó Alemania en la década
de 1860, la post-guerra civil estadounidense, hizo que creciera como potencia,
y Japón emergió de la Restauración Meiji. Aunque Rusia se estaba expandiendo gigantemente
sobre Asia Central, rodeando al Imperio otomano, el Imperio persa, el Raj británico y
el Imperio chino, no podía generar suficiente capital para sostener el rápido avance
tecnológico o comerciar con avanzados países una base comercial.
En la última mitad del siglo xix, la economía rusa se desarrolló más lentamente que lo hicieron
en las demás potencias del mundo. La población de Rusia era sustancialmente mayor a la de
los países desarrollados del Oeste, pero la vasta mayoría vivía en comunidades rurales, con
poca tecnología y primitiva agricultura. La industria en general, tuvo una participación mayor
que en occidente, pero en sectores específicos se desarrollaba con una iniciativa primitiva,
alguna de esta extranjera. Entre 1850 y 1900, la población rusa se duplicó, pero se mantuvo
estrictamente rural hasta el siglo xx. La población de Rusia entre 1850 y 1910 tuvo la mayor
tasa de natalidad de todos los grandes poderes y naciones en desarrollo, con excepción de
Estados Unidos.

La agricultura, con la tecnología menos desarrollada, se mantuvo en las manos de las antiguas
familias de siervos y granjeros, que juntos componían cuatro quintos de la población rural. Los
terrenos algunos de más de cincuenta kilómetros cuadrados componían 20 por ciento de las
tierras fértiles, pero pocos de esos terrenos trabajaban eficientemente y a gran escala. Granjas
de pequeña escala y la población rural incrementó la tierra usada para la agricultura de
subsistencia, y la cada vez más numerosa masa de campesinos empobrecidos pedía más
tierras, en el Turquestán los granjeros pedían desviar los ríos Amu Daria y Sir Daria, que
alimentan al mar de Aral, la ley se hizo de la vista gorda y el emperador Alejandro III de
Rusia decreto una ley de protección de los recursos en el territorio ruso, esto ahogó las
expectativas de desviar los ríos, que volvió en los años 60 en la Unión Soviética. Durante la
época soviética se empezó a desviar agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria para regar cultivos
en Uzbekistán y Kazajistán.

El crecimiento industrial era insignificante, aunque inestable, y en términos absolutos no era


extensivo. Las regiones industrializadas de Rusia incluían a Moscú, las regiones centrales de la
Rusia europea, Ingermanland, el mar Báltico, enfocado en Riga, Polonia, el río Don y
el Dniépery los Urales. En 1890 Rusia tenía vías ferrocarrileras y 1,4 millones de empleados de
fábrica. Entre 1860 y 1890, la producción anual de carbón había crecido cerca de un 1200 por
ciento a más de 6,6 millones de toneladas, y la producción de hierro y acero se había duplicado
a más de 2 millones de toneladas por año. El plan estatal se había duplicado, pero, la deuda y
los gastos se habían cuadruplicado, constituyendo el 28 por ciento de los gastos oficiales
en 1891. La exportación era inadecuada para lo que el imperio necesitaba. Hasta que el estado
introdujo tarifas industriales estratosféricas en 1880, esto no pudo financiar el comercio
porque no era suficiente para cubrir las deudas.

Las reformas y sus límites

El zar Alejandro II, que sucedió a Nicolás I en 1855, era un conservador que no vio otra
alternativa más que implementar un cambio. Alejandro inició reformas sustanciales en la
educación, el gobierno, la judicatura y el ejército. En 1861 proclamó la emancipación de casi 20
millones de siervos. Las comisiones locales, que eran los poseedores de las tierras, efectuaron
la emancipación dándoles a los siervos libertad limitada. La antigua servidumbre se mantuvo
en las aldeas, pero requirieron pagos del gobierno casi por cincuenta años. El gobierno
compensó a los terratenientes emitiendo finanzas.

El imperio que había compensado a más de 50 000 terratenientes que poseían más de 1,1 km²
seguirían sin siervos y estos continuarían proveyendo líder políticos y administrativos en el
campo. El gobierno también esperaba que el campesinado produjera suficientes alimentos
para ellos y para la exportación, ayudando así a financiar los gastos, importaciones y la gran
deuda externa. Ninguna de las expectativas del gobierno eran realistas, la emancipación dejó
descontentos tanto al terrateniente como al campesino. El nuevo campesinado pronto se
atrasó en los pagos al gobierno porque la tierra que recibían era pobre y porque los métodos
de ganadería rusa eran inadecuados. Los antiguos poseedores de tierras tuvieron que
venderlas para quedar como solvente, ya que la mayoría no podía manejar la tierra sin los
siervos. Además, el valor de los créditos gubernamentales cayeron de igual modo.

Las reformas en el gobierno local siguieron de cerca la emancipación. En 1864 gobiernos


locales de la parte europea rusa fueron organizados en provincias y en zemstvos o distritos,
que fueron compuestos por los representantes de todas las clases y eran responsables de
escuelas locales, salud pública, los caminos, las prisiones, el suministro de alimentos, y otros
tratos. En 1870 las dumas o consejos elegidos para la ciudad, fueron formadas. Dominado por
los dueños y obligada por los gobernadores provinciales y la policía, los zemstvos y las dumas
aumentaron los impuestos y el trabajo impuesto para apoyar sus actividades.

En 1864, el régimen puso en ejecución la Gran Reforma Judicial. En ciudades importantes,


estableció cortes de estilo occidental con jurados. En general, el sistema judicial funcionó con
eficacia, pero el gobierno careció de las finanzas y la influencia cultural para extender el
sistema judicial a las aldeas, en donde la justicia campesina tradicional continuó funcionando
con interferencia mínima de funcionarios provinciales. El sistema judicial ruso fue moldeado a
las leyes francesas y alemanas contemporáneas. Cada caso tuvo que ser decidido sobre sus
méritos y no sobre precedentes. Seguía habiendo este acercamiento desde que otras reformas
importantes ocurrieron en las esferas educativas y culturales. La ascensión de Alejandro II trajo
una restauración social, de lo cual requirió una discusión pública de ediciones y la elevación de
algunos tipos de censura. Cuando hubo una tentativa de asesinar el zar en 1866 el gobierno
reinstaló la censura, pero no con la severidad del control anterior a 1855. El gobierno también
puso restricciones en las universidades en 1866 cinco años después de que habían ganado la
autonomía los campesinos y siervos. El gobierno central procuró actuar con los zemstvos para
establecer los planes de estudios uniformes para las escuelas primarias y para imponer
políticas conservadoras, pero careció recursos, porque muchos profesores y funcionarios
liberales de la escuela estaban solamente nominados conforme al ministerio reaccionario de la
educación, sin embargo, los logros educativos del régimen fueron mixtos después de 1866.

En la esfera financiera, Rusia estableció el banco del estado en 1866, que dio a la divisa
nacional estabilidad y firmeza. El ministerio de las finanzas apoyó el desarrollo del ferrocarril,
que facilitó actividad vital de la exportación, pero era cauteloso y moderado en sus empresas
extranjeras. El ministerio también fundó el Banco campesino de las Tierras en 1882 para
permitir a granjeros emprendedores adquirir más tierra. El ministerio de asuntos internos
contradijo esta política, sin embargo, estableció el Banco de tierra de los nobles en 1885 para
prevenir ejecuciones hipotecas.

El imperio también intentó reformar a los militares. Una de las principales razones de la
emancipación de los siervos debía facilitar la transición al ejército de reserva, moderno y más
operativo, instituyendo recaudaciones y la movilización territorial en épocas de necesidad.
Antes de la emancipación, los siervos no podrían recibir el entrenamiento militar y después
volver a sus dueños. La inercia burocrática, sin embargo, obstruyó reforma de los militares
hasta que la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) demostró la necesidad de construir un
ejército moderno. El sistema de gravamen introducido por Dmitri Miliutin en 1874 dio al
ejército un papel en la enseñanza de muchos campesinos a leer y en iniciar la educación
médica para las mujeres. Pero el ejército seguía siendo antiguo a pesar de estas reformas
militares. Los oficiales prefirieron a menudo bayonetas a las balas, expresando la preocupación
de que las miras de largo alcance en los rifles inducirían cobardía. A pesar de algunos logros
notables, Rusia no mantuvo paso con progresos tecnológicos occidentales: la construcción de
rifles, de las ametralladoras, de la artillería, de naves, y de la artillería naval. Rusia tampoco
pudo utilizar la modernización naval como los medios de desarrollar su base industrial en la
década de 1860.

En 1881, los revolucionarios asesinaron a Alejandro II. Su hijo Alejandro III comenzó un periodo
de reacción política que intensificó un movimiento contrarreformista que había empezado en
1866. Él fortaleció a la policía de seguridad y la reorganiza en una agencia conocida como
el Ojrana, le dio poderes extraordinarios, y la puso bajo el Ministerio de Asuntos
Interiores. Dmitri Tolstói, el ministro de Alejandro de asuntos interiores, instituyó el uso de
terratenientes que eran inspectores de distrito y él restringió el poder de los zemstvos y las
dumas. Alejandro III asignó a su antes tutor, el reaccionario Konstantín Pobedonóstsev, el ser
el procurador del Santísimo Sínodo Gobernante de la Iglesia ortodoxa rusa e Iván Deliánov
para ser el ministro de Educación. En sus esfuerzos de «salvar» a Rusia del «modernismo»,
ellos reavivaron censura religiosa, poblaciones no-ortodoxas y no rusas fueron perseguidas,
generando antisemitismo, y suprimió la autonomía de las universidades. Sus ataques en los
elementos liberales y no rusos alienaron segmentos grandes de la población. Las
nacionalidades, particularmente los polacos, fineses, letones, lituanos, y ucranianos,
reaccionados ante los esfuerzos del régimen a rusificarlos, intensificaron su propio
nacionalismo. Muchos judíos emigraron o unieron movimientos radicales. Las organizaciones
confidenciales y los movimientos políticos continuaron desarrollando a pesar de los esfuerzos
del régimen para sofocarlos.

Imperialismo en Asia y la guerra contra Japón

En los últimos años del siglo xix y principios del siglo xx, varios países occidentales compitieron
por influencia, comercio y territorio en Asia Oriental. Mientras, Japón se esforzaba por
convertirse en una gran potencia moderna.

La situación geográfica de Japón lo alentó a enfocarse en Corea y el norte de China, lo que


chocaba con los intereses expansionistas rusos. El esfuerzo japonés por ocupar Corea condujo
a la primera guerra sino-japonesa. La derrota china por parte del Japón condujo al Tratado de
Shimonoseki (17 de abril de 1895), por el cual China renunciaba a sus reclamaciones sobre
Corea, cediendo además Taiwán y Lüshunkou (a menudo llamado Port Arthur). Sin embargo, la
presión occidental (por parte de Rusia, Gran Bretaña y Francia) obligó al Japón a devolver Port
Arthur y Manchuria a China (Triple Intervención del 23 de abril de 1895).

Tras la revuelta de los bóxers chinos de 1898, e incumpliendo la promesa hecha al Japón, los
rusos negociaron con China un arrendamiento de 25 años de la base naval, un puerto libre de
hielos para su flota de Extremo Oriente. Mientras tanto, soldados rusos ocupaban Manchuria y
el norte de Corea, amenazando la influencia japonesa en Corea (cuyo gobierno seguía siendo
controlado en la sombra por China, pese a la independencia que le otorgara Japón). El
gobierno coreano concedió a Rusia una base naval próxima a las costas japonesas, en un
intento de ofrecer una doble amenaza a Japón, la de Rusia y la de China.

Rusia aprovechó la desestabilización de la zona y en 1896 se firmó un acuerdo con China para
el uso de Port Arthur como base ubicada al extremo de la península de Kuan-Tong y la parte
extrema de la península de Liao Yang, ahora perteneciente a Manchuria, así como el libre
acceso ruso a todos los puertos chinos. Más adelante, en 1898 los rusos impidieron el uso de
Port Arthur a los mismos chinos, y se empezó a ejercer el control que el Japón había deseado
cuatro años atrás. Esto fue un desafío para el Imperio japonés y provocó la desaprobación de
Inglaterra, quien vio al gigante ruso como una amenaza a sus posesiones británicas y su
provechoso comercio asiático.

Inglaterra, en una hábil maniobra diplomático-estratégica, consiguió la cesión de Wei-Ha-Wie,


un emplazamiento portuario a solo 40 km de Port Arthur, y de este modo se buscó la
neutralización de las pretensiones rusas. Sin embargo, los rusos unían este puerto con
el Transiberiano mediante la construcción de una vía de ferrocarril. Esto hizo pensar a
Inglaterra que Rusia deseaba consolidarse militarmente en la región y buscó la alianza con
Japón.

En 1902, Inglaterra firmó una alianza con Japón, y entre las cláusulas de dicho tratado figuraba
la construcción de unidades navales para Japón que se puso de inmediato en marcha, así como
la aceleración en la entrega de las unidades ya encargadas. Inmediatamente se aprobó un plan
de rearme naval de 200 000 toneladas denominado "Esperanza y determinación" [cita requerida] y se
encargaron a Inglaterra 6 acorazados, 4 cruceros acorazados, 2 cruceros ligeros,
16 destructores y 10 torpederos. Otras unidades fueron encargadas a Francia, Italia e incluso
Alemania y EE. UU. En Japón se empezó la construcción acelerada de 10 torpederos y 8
destructores. Se comenzó un programa de adiestramiento del personal de la Armada Imperial
Japonesa de 15 100 hombres hasta incrementarse a 40 800 marineros y oficiales.

Al considerar que la penetración rusa en Corea y Manchuria suponía un riesgo para su


seguridad nacional, Japón exigió a Rusia que abandonase Manchuria, en cumplimiento de los
acuerdos de 1900. Rusia dilató las conversaciones diplomáticas durante dos años y Japón,
harto de esperar en vano una respuesta, rompió las relaciones diplomáticas el 6 de
febrero de 1904. El recién modernizado Ejército Imperial Japonés se hallaba más que
preparado para enfrentarse a las fuerzas que Rusia había estacionado en Asia al inicio de la
contienda, que representaban solo una pequeña parte de las tropas del zar.

Guerra de 1904[editar]

Para 1904, Japón ya contaba con una serie de bases logísticas distribuidas en el mar Amarillo y
además con unidades navales de primera mano, a diferencia de Rusia que tan solo tenía dos
bases muy distantes y estratégicamente desubicadas: Port Arthur y Vladivostok, así como
unidades navales ya anticuadas. La batalla de Chemulpo fue una batalla naval que se libró el 9
de febrero de 1904 en el puerto del mismo nombre, en Corea. A finales de ese año Japón
contaba con:

 7 acorazados: Asahi, Mikasa, Yashima, Fuji, Shikishima, Hatsuse, Chin-Yen

 8 cruceros acorazados: Asama, Tokiwa, Iwate, Izumo, Azuma, Yakumo, Nishin y Kasuga

 5 acorazados costeros: Fuso, Hei-yen, Chiyoda, Hiyei, Kongo (el primero)

 17 cruceros protegidos
 12 destructores

 100 torpederos

Uno de esos acorazados, el Mikasa, era el más avanzado buque de guerra de su tipo en su
tiempo y había sido entregado en 1902, directo desde los astilleros británicos de Vickers
Shipyard al Japón. El Chitose, otro de las mismas características, fue entregado desde San
Francisco (EE. UU.). Todas estas unidades estaban al mando del almirante Heihachiro Togo.

Por el lado ruso, la situación era bastante diferente. En primer lugar, el adiestramiento era
muy deficiente y la oficialidad era muy mediocre. Las unidades navales no pasaban de ser
anticuados acorazados pasados de moda; la mayoría estaba concentrada en Port Arthur y una
pequeña división en Vladivostok, todas al mando del almirante Aléxiev. Casi la mitad de la flota
estaba además en el mar Báltico.

Unidades rusas en Port Arthur:

 7 acorazados: Petropávlosk, Pobieda, Poltava, Retvizan, Peresviet, Tsessariévitch,


Sevastópol

 4 cruceros acorazados: Bayán, Rossía, Gromoboy, Riúrik

 7 cruceros acorazados: Askold, Bogatyr, Diana, Pallada, Nóvik, Variag, Boyarin

 25 cazatorpederos.

Unidades rusas en el Báltico:

 5 acorazados en construcción: Suvórov, Borodinó, Imperátor Alexánder III, Orel, Slava

 4 acorazados en servicio: Sissoy, Veliki, Navarín, Imperátor Alexánder II, Imperátor


Nikolay I

 8 acorazados costeros

 6 cruceros acorazados

 9 cruceros protegidos

 200 cazatorpederos y torpederos

 14 cañoneros

 12 submarinos

El objetivo japonés era Port Arthur (hoy Lüshunkou, China), situado en la península de
Liaotung, al sur de Manchuria, que había sido fortificado para convertirlo en una base naval
mayor por los rusos. Los japoneses necesitaban controlar el mar para enfrentarse a una
hipotética guerra en el continente asiático. De este modo, su primer objetivo militar fue
neutralizar a la flota rusa anclada en Port Arthur. La noche del 8 de febrero, la flota japonesa,
bajo el mando del almirante Heihachiro Togo, abrió fuego torpedeando sin previo aviso a los
barcos rusos en Port Arthur, dañando seriamente a dos acorazados rusos. Los combates de la
batalla de Port Arthur se desarrollaron a la mañana siguiente. Siguieron una serie de acciones
navales indecisas, en las cuales los japoneses fueron incapaces de atacar con éxito a la flota
rusa protegida por los cañones terrestres de la bahía, y los rusos declinaban abandonar la
bahía hacia mar abierto, descabezados por la muerte del almirante Stepán Makárov el 13 de
abril. Estas acciones proporcionaron cobertura para un desembarco japonés cerca
de Incheon en Corea. Tras el desembarco, invadieron Seúl y ocuparon rápidamente el resto de
la península. Para finales de abril, el ejército japonés al mando de Kuroki Itei se preparaba para
cruzar el río Yalu, en el interior de la Manchuria ocupada por los rusos.

En contrapunto a la estrategia japonesa de lograr victorias rápidas para controlar Manchuria,


la estrategia rusa se enfocó en acciones defensivas destinadas a ganar tiempo para que los
refuerzos llegaran vía Ferrocarril Transiberiano. El 1 de mayo estalla la batalla del río Yalu, en la
cual las tropas japonesas toman por asalto una posición rusa después de cruzar el río sin
oposición. Fue la primera batalla terrestre de la guerra. Las tropas japonesas procedieron a
desembarcar en varios puntos de la costa manchuriana, obligando a los rusos a retroceder a
Port Arthur. Estas batallas, incluida la batalla de Nanshan el 25 de mayo, estuvieron marcadas
por las grandes pérdidas japonesas al atacar posiciones rusas atrincheradas, pero los rusos
permanecieron pasivos y no fueron capaces de contraatacar.

Japón comenzó un largo asedio de Port Arthur, fuertemente fortificado por los rusos. En
agosto parte de la flota rusa intentó escapar de Port Arthur en dirección a Vladivostok, pero
fue interceptada y derrotada en la batalla del Mar Amarillo. El resto de los barcos
permanecieron en Port Arthur, donde fueron hundidos lentamente por la artillería japonesa.
Los intentos por socorrer a la ciudad desde el continente también fracasaron, y después de
la batalla de Liaoyang (24 de agosto-5 de septiembre de 1904), los rusos se retiraron
a Shenyang. El ejército japonés infligió una nueva derrota a los rusos en el río Cha-ho (5 de
octubre-18 de octubre de 1904).

Campaña de 1905[editar]

Véase también: Tratado de Portsmouth (1905)

Port Arthur cayó finalmente el 2 de enero de 1905, después de una serie de asaltos brutales y
gran cantidad de bajas en ambos bandos. Con las espaldas cubiertas, el ejército japonés
presionó hacia el norte de Manchuria. Tras la batalla de Mukden (21 de febrero-10 de
marzo de 1905), expulsan a los rusos de Shenyang.

Mientras tanto, Rusia había enviado la flota del Báltico al mando del
almirante Rozhdestvenski hacia Asia, bordeando el Cabo de Buena Esperanza. El 21 de
octubre de 1904, mientras navegaba en aguas británicas (un aliado del Japón pero neutral en
esta guerra), provocó el incidente del banco Dogger al disparar sobre botes pesqueros a los
que los rusos confundieron con lanchas torpederas. El viaje se demoró tanto que el almirante
Togo hizo planes para interceptar a la flota del Báltico antes de que pudiera recalar en
Vladivostok. Las escuadras se encontraron en la batalla de Tsushima, en el estrecho del mismo
nombre entre Corea y Japón, el 27 de mayo de 1905. Durante la batalla, que duró hasta el 29
de mayo, la flota japonesa, numéricamente inferior pero más moderna y con mayor velocidad
y alcance de fuego, bombardeó a la flota rusa sin piedad, destruyendo sus ocho acorazados. La
flota japonesa contaba entre otros con dos acorazados comprados a Argentina: el Mariano
Moreno (renombrado Nisshin) y el Bernardino Rivadavia (renombrado Kasuga), así como un
crucero comprado a Chile: el "Esmeralda" (rebautizado "Izumi").
El mando ruso en Extremo Oriente, formado por el almirante Yevgueni Ivánovich Alekséyev y
el general Alekséi Kuropatkin, era incompetente y sus tropas, insuficientes. Los refuerzos
llegaban desde la Rusia europea en el ferrocarril Transiberiano de vía única, muy lento e
interrumpido a la altura del lago Baikal. Estas y otras razones, como el ataque por sorpresa del
Japón, implicaron que la guerra resultara en una sorprendente victoria japonesa, lo que le
convirtió en una potencia mundial a tener en cuenta.

Rusia se ve obligada a negociar. El resultado: la humillación de una nación occidental. Se


concluye un armisticio entre los dos gobiernos: aunque los rusos se encuentran muy
debilitados por la Revolución de 1905, las finanzas japonesas están totalmente agotadas y
el Imperio nipón ya no dispone de los medios para destruir completamente al grueso de las
tropas rusas de Extremo Oriente. Se organiza una Conferencia de Paz en Portsmouth (EE. UU.)
el 5 de septiembre de 1905, gracias a la mediación del presidente estadounidense Theodore
Roosevelt. Las cláusulas contienen las siguientes estipulaciones: Rusia debe reconocer la
preeminencia de los intereses del Japón en Corea; ceder al vencedor su arrendamiento de
la península de Liaodong, su base de Port Arthur, el ferrocarril meridional de Manchuria y la
mitad sur de la isla de Sajalín. Ambos países, de común acuerdo, se comprometen a
restituir Manchuria a China. A pesar de la insistencia del Japón, no se prevé ninguna
indemnización.

El descontento popular en Rusia, seguido de la derrota, llevó a la Revolución de 1905. La


guerra terminó gracias a la mediación de los EE. UU. El descontento japonés ante la ausencia
de adquisiciones territoriales condujo a una erosión de los buenos sentimientos hacia Estados
Unidos, constituyendo la semilla para el futuro conflicto con el país americano. La derrota
de Rusia fue recibida con conmoción en Occidente, especialmente a través de Asia. Que un
país no occidental pudiera derrotar en un conflicto bélico a un poder establecido resultó
particularmente inspirador para varios movimientos independentistas anticoloniales alrededor
del mundo. Esta guerra ha sido llamada el "fin del mito del Hombre Blanco". Frente al racismo
de la época, supuestamente por primera vez, una nación "blanca" era vencida por otra raza.

Después de esta guerra, el Imperio nipón adquirió gracias a su Armada Imperial un prestigio
nacional e internacional en lo naval y militar que durará hasta la Segunda Guerra Mundial.
Durante la contienda, el ejército japonés trató bien a los civiles y prisioneros de guerra,
careciendo de la brutalidad y atrocidades que fueran muy difundidas durante la Segunda
Guerra Mundial. Los historiadores japoneses piensan que esta guerra fue un punto decisivo
para el Japón y una clave para entender por qué fallaron militar y políticamente.

El Imperio ruso en la Primera Guerra Mundial

En 1914 y tras el asesinato del Archiduque del Austria-Hungría Francisco Fernando, el cual es
asesinado junto con su esposa, Sofía Chotek, se provoca el estallido de la Primera Guerra
Mundial, en la cual Rusia se unió al bando aliado. Por entonces el Imperio ruso tenía una
extensión de más de 23 millones de kilómetros cuadrados y una población aproximada de 171
millones de habitantes, con un crecimiento demográfico de 1,8 % anual. El gobierno zarista
mandó a movilizar a más de 8 millones de hombres y mujeres, superando al ejército alemán,
que solo era de 3 millones (Alemania tenía entonces alrededor de 50 millones de habitantes,
con un crecimiento demográfico del 1 % anual). Dos tercios del ejército alemán se hallaban en
el frente francés, con lo cual Alemania solo tenía 1 millón de hombres para el frente oriental;
pero aunque el ejército ruso superaba al alemán en proporción de 8 a 1, no estaba bien
entrenado para la guerra. Esa deficiencia se hizo patente en la batalla de Tannenberg, en la
que 250 000 alemanes vencieron a 700 000 soldados rusos. Hay que resaltar asimismo que la
preparación material también era deficiente: de cada dos soldados, solo uno tenía arma; el
otro debía esperar a que mataran al primero para tomar el arma. Para peor, apenas tenían
proyectiles para la mitad de los rifles. Esto supuso una terrible carnicería en los bosques de
Tannenberg, y así durante todo el resto de la guerra los rusos no hicieron más que retroceder.
En 1915, los alemanes volvieron a derrotar a las fuerzas rusas en la Batalla de los Lagos
Masurianos, lo que provocó un descontento social en Rusia.

Desintegración del imperio

En 1917, tras varios fracasos en el frente, aparecieron movimientos revolucionarios marxistas,


el gobierno tuvo que desproteger el frente para detener a los insurrectos, lo cual fue
aprovechado por las fuerzas germanas que avanzaron rápidamente a través de territorio ruso.
Tras la Revolución de Febrero, en marzo de 1917, el zar Nicolás II trató de abdicar en nombre
propio y en el de su hijo, el zarévich Alekséi, en favor de su hermano menor, el Gran
Duque Mijaíl Aleksándrovich. Este último rechazó el trono ante la falta de seguridad de su
persona. Una vez frustrados estos intentos de traspaso de poder, el ejecutivo quedó a cargo
del Gobierno Provisional Ruso que debía durar hasta que se llevaran a cabo elecciones para la
creación de una Asamblea Constituyente. El Gobierno Provisional, conformado por la coalición
entre políticos liberales y socialistas moderados, trató infructuosamente de poner fin a los
graves problemas a los que se enfrentaba el país, enfrascado en la impopular Primera Guerra
Mundial.

Sin embargo, el Gobierno Provisional fue incapaz de darle una solución a los desacuerdos entre
las diferentes facciones que componían el gobierno, ni permitió avanzar en las reformas
sociales y económicas exigidas cada vez con más insistencia por la población organizada bajo
guion leninista, ni asimismo llevó a avances en el fin de la guerra. A mediados del otoño, la
situación de crisis y la debilidad del Gobierno llevaron a la discusión abierta de un cambio de
Gobierno y la formación de uno puramente socialista. Mientras en el campo
los sóviets aceleraban una reforma agraria oficiosa y se independizaban de hecho de la
administración central, en las ciudades crecía el apoyo a la izquierda radical. Cuando
los bolcheviques decidieron tomar el poder a través de los sóviets en el Segundo Congreso
Nacional de los Sóviets, la oposición gubernamental fue mínima. La Revolución de Octubre de
1917 puso fin al periodo del Gobierno provisional y dio paso a uno nuevo, el Sovnarkom.

Tras la Revolución de Octubre, el nuevo gobierno de mayoría bolchevique firmó un tratado de


paz con los alemanes, con el Tratado de Brest-Litovsk poniendo fin a la participación rusa en la
Primera Guerra Mundial. Durante la Guerra Civil Rusa, la organización bolchevique llegó a
extenderse por las regiones del Imperio ruso. Este desmembramiento creó los llamados
Estados presoviéticos, cada uno con su gobierno autónomo bajo una supervisión central,
dando lugar al comunismo soviético; en su mayoría se trató de la aplicación de las fórmulas
económicas y políticas auténticas del socialismo planteado por Marx y Engels, que
principalmente Lenin articuló, adaptó a las circunstancias de las sociedades del Imperio ruso, y
que enriqueció con sus aportes teóricos y prácticos, propiciando el Leninismo.
Geografía

La Rusia Imperial, al ser el tercer imperio más grande del mundo (después del Británico y
el Mongol) contenía muchos territorios y estados. El Imperio ruso en su mayor extensión se
extendía a través de la mayor parte del norte del supercontinente eurasiático por lo cual
controlaba casi todos los tipos de ecosistemas y una gran variedad de paisajes y climas. La
mayor parte del paisaje consiste en llanuras enormes, tanto en la parte europea como en la
parte asiática que son ampliamente conocidas como Siberia y el Turquestán. Estas llanuras son
predominantemente estepa al sur y arbolado denso al norte, con la tundra a lo largo de la
costa del norte. Se encuentran cadenas montañosas a lo largo de las fronteras del sur, como
el Cáucaso, el Tian Shan (el punto más alto de todo el imperio con un medio de 7100 metros) y
el Altái, y en la parte este, como la cordillera Verjoyansk o los volcanes sobre Kamchatka, y
en Alaska las grandes cordilleras con el gigante monte Denali. Notables son los montes
Urales en la parte central que son la división principal entre Europa y Asia.

La Rusia Imperial tenía la costa más extensa del mundo con más de 43 000 kilómetros a lo
largo de los océanos Ártico y Pacífico, así como mares "interiores": el Báltico, el Negro y
el Caspio. Los mares más pequeños son parte de los océanos; el mar de Barents, mar
Blanco, mar Kara, mar de Láptev y mar de Siberia Oriental son parte del Ártico, mientras que
el mar de Bering, el mar de Ojotsk y el mar de Japón (o mar del Este) pertenecen al océano
Pacífico. Las islas principales encontradas en ellos incluyen Nueva Zembla, la Tierra de
Francisco José, las islas de Nueva Siberia, isla de Wrangel, las islas Kuriles y la isla de Sajalín.

Muchos grandes ríos fluyen a través de las llanuras desembocando en las costas rusas. En
Europa estos son el Volga, Don, Kama, Oká, Dviná, Dniéper y el Dviná Occidental. En Asia se
encuentran los ríos Ob, Irtysh, Yeniséi, Angará, Lena y Amur. Los lagos principales incluyen
el lago Baikal, lago Ládoga y lago Onega.

Relieve

El relieve se caracterizaba por el terreno siberiano como una gran planicie a través del
continente asiático. El territorio es recorrido por largos sistemas montañosos como los montes
Urales, las montañas del Cáucaso, que definen la división entre Europa y Asia, en Siberia
los montes Altái, cordillera de Anádyr, cordillera de Chersky, montes Dzhugdzhur, montes
Gidan, montes Koryak, montes Sayanes, montes Tannu-Ola, cordillera Verjoyansk y
los montañas Yablonoi, al sur se encuentra la depresión del Caspio y la llanura de Asia Central.

Fronteras[editar]

Las fronteras administrativas de la Rusia europea, aparte de Finlandia, coincidían con las
fronteras naturales de Europa. En el norte, hacía frontera con el océano Ártico; las islas
de Nueva Zembla, Kolgúyev y Vaigach también pertenecían a Europa, pero el mar de Kara era
incluido en las regiones siberianas. Al este se encontraban las estepas siberianas y kirguizas, de
las cuales Europa está separada por el mar Caspio, río Ural y los montes Urales; sin embargo,
las gobernaciones de Perm, Ufá y Oremburgo, se extendían al otro lado de los Urales. Al sur se
extendía el mar Negro y el Cáucaso, que luego serían separados geográficamente por el río
Manich, que en el postplioceno conectaba el mar de Azov con el mar Caspio. La frontera
occidental era puramente convencional: cruzaba la península de Kola, desde el fiordo de
Varanager al golfo de Botnia; así sobre la costa hasta Niemen donde se adentraba en la
frontera entre Polonia y Prusia (Imperio alemán), Galitzia (Imperio austrohúngaro) y hasta
el río Prut en la frontera con Rumania.

Extensión espacial

Los dos puntos más separados, entre los muchos puntos que el imperio conquistó y/o colonizó
están a 10.000 km en una línea geodésica (es decir, la línea más corta entre dos puntos en la
superficie terrestre). Estos fueron: al oeste la frontera con Brandemburgo, después el Imperio
alemán, cerca de Posnania marcada por el río Varta; y en su expansión por América
(véase América rusa) extendiéndose por la isla de Vancouver (por un tiempo litigada entre
Rusia, la Nueva España y el Reino Unido) y en Alaska la actual ciudad de Ketchikan hasta
(entre 1811-1841) poseer una factoría y fortaleza en la Alta California: el Fuerte Ruso que fuera
el establecimiento más meridional en América.

Por otra parte, Rusia mantenía en el Extremo Oriente asiático las islas Kuriles, a pocos
kilómetros al noreste de la isla de Hokkaidō en Japón, e igualmente en Oceanía hubo algunos
intentos de expansión que fueron frustrados por la acción conjunta de otras potencias
(principalmente Reino Unido, Estados Unidos y Japón); entre esos intentos se cuentan el
efímero protectorado (en 1818) sobre Kauai y el de establecer una colonia en las islas
Bonin durante la segunda mitad del siglo xix. En 1889 el aventurero ruso Nikolái Ivánovich
Ashínov intentó establecer una colonia rusa en África, Sagallo, situado en el golfo de
Tadjoura en el Yibuti actual.10 Sin embargo este intento enfureció a los franceses, que enviaron
dos barcos de guerra en contra de la colonia. Después de una breve resistencia, la colonia se
rindió y los colonos rusos fueron deportados a Odesa.

Sin embargo, el desarrollo excesivo del Imperio ruso empezó a ser inquietante y, algunos, un
siglo antes de Solzhenitsyn, se preguntaban si, de ceder a la llamada de los espacios infinitos,
no corría peligro Rusia de perder sus fuerzas y su alma.

El Imperio ruso manejaba 14 husos horarios, desde Polonia hasta el territorio hoy canadiense
del Yukón.

División administrativa

Antes del ucase de Pedro I de 1708, el territorio ruso se subdividía en uyezds (distritos,
del ruso уезд) y vólosts (pequeños distritos rurales, del ruso волость). En 1708, en orden de
mejorar la maniobrabilidad del vasto Imperio ruso, el Zar Pedro I publicó un ucase (edicto)
dividiendo a Rusia en ocho regiones administrativas llamadas gubernias (gobernaciones).11

La reforma de 1708 no determinó las fronteras de las gobernaciones. En su lugar, se proclamó


que las ciudades dentro de la gobernación y sus tierras adjuntas representaban a la
gobernatura.11 El 29 de mayo (9 de junio en calendario gregoriano) de 1719, Pedro proclamó
otro edicto para remendar las imperfecciones del anterior, dado que las gobernaciones eran
demasiado grandes e inmanejables. Al frente de la gobernación estaba el gobernador, en la
provincia el voivoday en el distrito el comisario.
El Imperio ruso se formó el 22 de octubre (2 de noviembre en calendario gregoriano) de 1721.
El país se dividió entonces en 11 gobernaciones: Azov (capital Vorónezh), Arjangelgorod
(capital Arcángel), Kazán, Kiev, Moscú, San Petersburgo, Siberia (capital Tobolsk), Riga (1713),
Astracán (1717), Nizni Nóvgorod y Reval (1719). Se establecieron nuevas gubernias a medida
que se iban anexando más territorios al imperio.

Con el decreto del 12 (23) de diciembre de 1796 por Pablo I, se produjo una consolidación
temporal de las gobernaciones creadas anteriormente, que se renombraron oficialmente
como virreinatos. Estos cambios fueron revertidos una década más tarde.

En el siglo xix, las demarcaciones administrativas se dividieron en 2 épocas: en la Rusia


europea se mantuvo por 60 años la organización en 51 provincias, creadas dentro de
las gobernaciones generales (excepto en las gobernaturas del Báltico, que incluían tres
provincias). En la segunda mitad del siglo xix y hasta el comienzo del siglo xx se crearon
20 óblasts (regiones), unidades administrativas que se correspondían a las provincias.
Típicamente, las óblasts estaban ubicadas en las áreas fronterizas.

En el año 1914, vísperas de la Primera Guerra Mundial, el Imperio ruso (con capital en San
Petersburgo) estaba dividido en:

 9 gobernaciones generales (incluyendo el Virreinato del Cáucaso).

 78 gubernias (gobernaciones) en total (de las cuales 29 estaban incluidas en las


gobernaciones generales).

 21 óblasts (provincias) en total (de las cuales 18 estaban incluidas en las gobernaciones
generales).

 2 ókrugs (distritos autónomos) en el Cáucaso.

 2 estados vasallos del Imperio (Kanato de Jiva, Emirato de Bujará).

 1 protectorado del Imperio (Tannu Uriankhai).

Gobernación General

La Gobernación General (en ruso: генерал-губернаторство, gueneral-goubernatorstvo) era


una división administrativa del Imperio ruso que agrupaban varios gubernias u óblasts; un
gobernador general dirigía la gobernación general con poderes militares y administrativos.

 San Petersburgo

 Moscú

 Azov

 Báltico

 Bielorrusia

 Vístula

 Galitzia
 Kiev

 Lituania

 Rusia Menor

 Nikoláyev y Sebastopol

 Nueva Rusia y Besarabia

 Oremburgo y Samara

 Pskov y Maguilov

 Riazán

 Siberia

 Estepas

 Finlandia

 Virreinato del Cáucaso

Gubernias

Una gubernia o gobernación (en ruso: губерния; IPA: [gu'bʲɛrnʲɪjə]) (trasliterado en español
como gubérniya, gubernya) era la mayor subdivisión administrativa del Imperio ruso.
Una gobernación estaba regida por un gobernador (en ruso: губернатор, gubernátor).

Esta subdivisión se creó a partir del edicto (ucase) del zar Pedro I de Rusia del 18 de
diciembre de 1708, que dividió a Rusia en ocho gubernias. La subdivisión existió hasta
la Revolución rusa de 1917. Tras de la Revolución de Febrero de 1917, el Gobierno Provisional
Ruso renombró a las gubernias como comisarías gubernamentales. La Revolución de
Octubre no cambió las divisiones administrativas, pero el aparato gubernamental fue
sustituido por soviets gubernamentales (губернский совет).

Características del Imperio Ruso

Las características que definieron al imperio ruso son las siguientes:

 Era regido por una monarquía absoluta e inmovilista.

 La nobleza terrateniente ejercía gran influencia.

 Restricción de las libertades políticas y civiles.

 Su economía estaba basada la mayor parte en la agricultura.


 Su estructura social estaba concentrada en una minoría poderosa y con riquezas, muy
escasas clases medias y una mayoría de obreros y campesinos pobres.

 Había el servilismo de los campesinos.

 Aunque el imperio ruso era grande, Rusia estaba muy atrasada desde el punto de
vista político, social y económico.

 Era el único imperio que no contaba con un régimen parlamentario.

 Inició, a finales del siglo XIX, una industrialización que incitó tensiones sociales graves.

Personas destacadas del Imperio Ruso

Durante los tres siglos del gobierno de la dinastía de los Romanov, asumieron el poder muchos
zares. Sin embargo, los más resaltantes durante esta época fueron:

Pedro I

Mejor conocido como Pedro el Grande, fue uno de los más importes personajes reformistas de
Rusia. Fue un hombre déspota y de carácter muy duro aunque también era poderoso,
brillante y capaz. Convirtió la Rusia antigua en un poderoso imperio. Fundó la ciudad de San
Petersburgo y la convirtió en la capital de Rusia. Realizó un proceso económico, político y
cultural de occidentalización. Reorganizó el ejército y la marina. Cambió por completo el lugar
de Rusia en el panorama europeo y mundial.

Catalina II

Era también llamada Catalina la Grande. En 1762 llega al trono, tras dar un golpe de estado a
su propio esposo el zar Pedro II. Era una mujer superior y perversa, aunque demostró una
gran capacidad política y artística. Bajo su mandato se promovió el comercio, estableció la
tolerancia religiosa y la libertad de prensa, renovó el código civil y mejoró las condiciones de
los siervos. Por último, concedió independencia a las ciudades para la administración de sus
rentas.

Nicolás I

Gobernó desde 1825 hasta 1855 y con él se inició la mayor etapa de expansión imperialista y
represión interior. Ejercía una fuerte influencia en toda Europa. Su política económica
fracasó, pues se endeudó progresivamente. Bajo su mandato convirtió a Rusia en una
potencia de segundo orden.

Alejandro II

Dio inicio a una política liberalizadora, otorgando mayor libertad a las universidades rusas y
a la iglesia católica polaca. Reformó la administración de la justicia. Una de sus más
importantes reformas fue en 1861 con la libertad de los siervos.

Religión del Imperio Ruso

Era un estado oficialmente ortodoxo, con un 71% de la población compuesta por rusos,
bielorrusos, ucranios, rumanos, georgianos, etc. Para 1914 el clero ortodoxo estaba formado
por 84.000 monjes y monjas, 50.000 sacerdotes y diáconos y 130 obispos.
Estos contaban con el 1% de la posesión de la tierra. Existía una gran división entre el clero
regular respetado, rico y bien formado y el clero diocesano campestre, desprestigiados y
empobrecidos.
los vikingos en inglaterra, la guerra entre sajones y daneses

Durante 250 años, los vikingos fueron protagonistas de la historia de Inglaterra: primero
como saqueadores de ciudades, más tarde como jefes guerreros que litigaron con la casa
real sajona por el dominio de la isla y finalmente como reyes de los ingleses

Ataques desde el mar

Esta miniatura muestra a los vikingos daneses camino de Inglaterra en 865. Fue el comienzo
de un ataque que terminó con la muerte de Edmundo, rey de Anglia Oriental. Siglo X. Museo
de Oslo.

La primera gran incursión

En el año 793, los vikingos desembarcaron en Lindisfarne, saquearon el monasterio y dieron


muerte a todos los monjes.

El precio de la paz

Para evitar los constantes ataques vikingos a sus tierras, los reyes de los ingleses tuvieron
que pagar elevadas sumas de dinero. Abajo, cabeza de guerrero vikingo. Museo Histórico
Nacional, Estocolmo.

Ruinas de Clonmacnoise

Fundado en Irlanda, en el siglo VI, este monasterio sufrió en el año 839 el primero de varios
ataques vikingos

Emma, la noble esposa de un sajón y un vikingo

Los reyes Emma y Canuto ante la cruz. Liber Vitae. Siglo XI. Biblioteca Británica, Londres.

afinales del siglo VIII, mientras Carlomagno creaba un inmenso imperio en el continente
europeo, Inglaterra se hallaba dividida en siete reinos surgidos de sajones, anglos y jutos, los
pueblos que habían invadido Gran Bretaña cuando declinaba el Imperio romano. De todos
ellos sobresalía el florecientre reino sajón de Wessex, hasta el punto de que sus monarcas se
creían soberanos de los ingleses. Sus reyes avanzaron hacia el norte, ocupando incluso el
reino anglo de Northumbria, cuyos habitantes "lloraban por su libertad perdida"
convencidos de que para ellos había acabado la historia. Pero no fue así.

En 787, según la Crónica anglosajona, atracaron tres naves en la costa de Wessex y de ellas
salió un grupo de hombres aguerridos procedente del otro lado del mar del Norte. Los
llamaron wicingas, "ladrones del mar", es decir, vikingos, un nombre que los identificaba
perfectamente ya que se dedicaban al pillaje y el saqueo en medio de crueles rituales.
Regresaron cinco años más tarde, en 793, pero ahora a la costa de Northumbria, donde
saquearon el prestigioso monasterio de Lindisfarne, y un año después hicieron lo mismo con
el de Jarrow. En la década de 870, la mayor parte de Inglaterra al norte del Támesis ya
estaba sujeta a los vikingos. Pero aún no habían sucedido los acontecimientos más
memorables de esta historia.

Estos comenzaron en el invierno de 878, cuando los vikingos se internaron por fin en el reino
de Wessex, una decisión que obligó al rey sajón Alfredo a huir a una ciénaga. Fue un
momento crítico, en el que Wessex estuvo al borde del colapso. El reino perduró gracias a la
inteligencia política y militar del rey, que mil años después le valdría la admiración de
Voltaire: "No creo que haya habido nunca en el mundo un hombre más digno de respeto de
la posteridad que Alfredo el Grande".

El monarca expulsó a los vikingos de sus tierras y fundó ciudades a las que rodeó de
fortificaciones, así como mercados a fin de cobrar impuestos que sirvieran para mantener un
ejército permanente y evitar, así, la sorpresa de un ataque de los terribles "ladrones del
mar". Las refriegas eran continuas, habida cuenta de la fuerte instalación de los vikingos en
la costa de Northumberland y la facilidad de navegación desde su bases en el continente. Se
sucedieron años de saqueos y de pactos, y los descendientes de Alfredo tuvieron que elegir
entre la diplomacia o la guerra.

LA RESISTENCIA

En 937, el rey Atelstan, nieto de Alfredo, optó por jugarse el reino en la batalla de
Brunanburh, con resultado inicialmente incierto, pero que a la postre fue un triunfo que
consolidó a los miembros de la dinastía sajona de Wessex como los verdaderos reyes de los
ingleses. Fue tal la resonancia de su triunfo sobre los hombres del norte que los reinos
continentales lo tuvieron como ejemplo a la hora de contener el empuje vikingo en sus
tierras. Lo hizo, sobre todo, el duque de Sajonia Otón el Grande, que con el tiempo se ceñiría
la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. En 929, Otón se casó con Edith, hermana de
Atelstan, para fortalecer los lazos con la emergente Corona inglesa.

Desde su privilegiada posición, Edith contribuyó a la estrategia política de su marido


instándole a fundar el gran monasterio de Magdeburgo, clave de la expansión alemana hacia
el este. Pero también siguió de cerca la política de su hermano Atelstan de fundar la ciudad
fronteriza de Exeter para consolidar su dominio sobre el país de Cornualles y el suroeste de
Gran Bretaña.

En 938, Atelstan se hizo coronar rey en la ciudad de Bath, un lugar famoso por sus reliquias
de santos de época romana, con el deseo de competir –sin lograrlo, naturalmente– con la
brillante aureola de Roma. Convenció a algunos príncipes de dinastías célticas para que
llevaran su manto río abajo en una ceremonia que vista de cerca era más tosca de lo que el
rey de los ingleses había esperado.

Desde luego, Wessex era un reino compacto y Atelstan el rey más poderoso de su tiempo,
aunque había señales de alarma en el horizonte. Por un lado, crecía una fuerte tensión en el
seno de la casa real, entre los herederos al trono; por otro lado, persistía la siempre
inquietante presencia de los vikingos en la frontera septentrional. Ambas circunstancias
convergieron cuando falleció el rey Edgar, nieto de Atelstan, en el año 975. Cuando se reunió
el Witan, la asamblea de hombres sabios más importantes del reino para elegir al heredero
del difunto Edgar, tuvo que escoger entre dos personajes de temperamento muy diferente.

El primero, Eduardo, hijo de la primera esposa del soberano, era un adolescente despiadado
e inestable, cuya candidatura creaba todo tipo de resistencias. El segundo candidato,
Etelredo, era hijo de Elfrida, la segunda esposa del monarca y la mujer más poderosa y
ambiciosa del reino. Etelredo contaba con muchas credenciales para ser coronado, salvo
una: la edad. Tenía siete años. Como era de esperar, el Witan se decantó por Eduardo.
Elfrida se retiró resentida, y desde entonces comenzó a respirarse una atmósfera de guerra
civil. En 978, el rey Eduardo se marchó a la costa para cazar. Allí fue rodeado por hombres
armados que acabaron con su vida. Fue un escándalo porque por primera vez en la tradición
sajona se asesinaba a un rey ungido, lo que llevó la inestabilidad al reino.
La ocasión fue aprovechada por Elfrida para elevar a su hijo Etelredo al trono. Éste pronto
fue sospechoso de asesinato, y, lo que era más grave, la inestabilidad hizo crecer la
sensación de que en poco tiempo podrían volver los vikingos con sus terribles saqueos de
ciudades y aldeas. No era una exageración, ya que en la vecina Northumbria, donde
numerosos aristócratas eran escandinavos, se difundían constantes rumores sobre una
inminente invasión de los reinos sajones.

EL ATAQUE DE HUESO DE CUERVO

La diplomacia intervino para retrasar lo inevitable. Se gastaron grandes sumas en sobornar a


los vikingos para que no atravesasen las fronteras; se prefería pagar ese "rescate" a soportar
sus incursiones, que eran incluso más gravosas económicamente y resultaban más terribles
para la población. Fue entonces cuando apareció en escena el terrible Olaf Trygvasson,
apodado Cracabnbe, "Hueso de Cuervo", un noruego con excelente olfato para el pillaje, que
en poco tiempo dominó las rutas de navegación inglesas con una pericia fuera de lo común.
A comienzos de la década de 990, la fama de Trygvasson era tal que muchos jefes vikingos se
unieron a sus expediciones por las costas de Kent y Essex. En cierta ocasión se reunieron más
de noventa barcos, saqueando y prendiendo fuego a todo lo que salía a su paso.

Fue entonces cuando tuvo lugar la batalla de Maldon, el hecho de armas más importante en
Inglaterra en el primer milenio de la era cristiana. En agosto de 991, Trygvasson acampó
junto la isla de Maldon, al norte del estuario del Támesis, no lejos de la actual Londres. Allí
acudieron los sajones y le retaron a cruzar desde su campamento a tierra firme. Frente a
Trygvasson estaba el conde Britnoth, un sajón elegante de cabello rubio, con un pequeño
séquito de guardaespaldas cubiertos de hierro. La batalla fue encarnizada y sangrienta, al
final de la jornada los sajones huyeron dejando el cadáver del valiente Britnoth, que se había
negado a abandonar el lugar. La derrota no dejó a Etelredo más opción que pagar a Olaf un
fuerte tributo de diez mil libras, el precedente de otros muchos tributos convertidos en
impuestos ordinarios que pasaron a llamarse danegeld.

En 994, el codicioso Trygvasson regresó a por más tributos, atacó Londres y asoló los
territorios adyacentes. De nuevo se le pagó para comprar su retirada, lo que generó el
sobrenombre de Etelredo, un soberano apocado y cobarde al que comenzaron a llamar
Unroed, "el desaconsejado". La ironía era clara: no había reino en Europa que recaudara más
dinero que Wessex, pero Etelredo lo debilitó cada vez más al no tener ningún plan para
frenar las ambiciones vikingas salvo el pago de rescates permanentes.

LOS VIKINGOS, REYES DE INGLATERRA

Olaf no se contuvo a la hora de exprimir el reino, y la gente comenzó a creer que los ataques
de sus huestes eran un presagio de que el final del mundo estaba cerca. A pesar de que el
influyente y culto obispo Wulfstan de Londres afirmó que "nadie sabe ni el día ni la hora" del
fin de los tiempos, el pueblo estaba cada vez más convencido de que la espada flamígera de
los jinetes del Apocalipsis tenía la forma de espada vikinga.

En un significativo episodio, los vikingos quemaron una iglesia en Oxford con todos los
feligreses dentro; habían acudido allí a refugiarse con la esperanza de que Dios les librara de
la muerte. Se produjo un respiro cuando Trygvasson marchó a Noruega con el deseo de ser
coronado rey de aquella tierra. Pero el vacío de poder que dejó en Gran Bretaña pronto fue
ocupado por un jefe tan frío y calculador como él, aunque más cruel. Era danés, se llamaba
Sven y llevaba el apelativo de "Barba de Horquilla". Sin embargo, tras una primera etapa
dedicada al saqueo, Sven cambió de estrategia y decidió apoyar a la casa real sajona con la
intención cada vez menos oculta de crear un reino danés en Gran Bretaña. Al final consiguió
aislar a Etelredo.

Éste envió a su esposa, la culta e influyente Emma, a Normandía, y él languideció en una


especie de exilio interior. A su muerte, en 1016, los vikingos se hicieron con el trono gracias a
la habilidad de su nuevo jefe, Canuto el Grande, hijo de Sven. Su primer gesto fue contraer
matrimonio con la reina viuda Emma y buscar su apoyo en un proyecto político que terminó
por convertir a sus sucesores en reyes de los ingleses, poniendo un broche de oro a la
historia de los vikingos en Inglaterra.

Svinfylking:

Significa "hocico de verraco" y se trataba de una formación en cuña, en forma de V.

La línea se disponía en forma de punta de flecha, con la infantería pesada, más experimentada
en el cuerpo a cuerpo en las primeras líneas (dos hombres en la primera, cuatro en la segunda,
y así sucesivamente) y con arqueros en los flancos o detrás, protegidos por la V. Era uno de las
mejores formaciones existentes en el Arte de la guerra para romper otras líneas enemigas.

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