Principios del Derecho Informático
Principios del Derecho Informático
ESCUELA DE DERECHO
DERECHO PROCESAL CIVIL II
PARTICIPANTES: MATRÍCULAS:
El derecho informático o derecho de la informática es un conjunto de principios y normas que regulan los
efectos jurídicos de la relación entre el derecho y la informática.1Esta actividad involucra aquello referente a
la contratación informática, delitos cometidos mediante su uso, relaciones laborales a que ella da lugar, litigios
sobre la propiedad de programas o datos, etcétera.2
Terminología
El término Derecho Informático (Rechtsinformatik) fue acuñado por el Dr. Wilhelm Steinmüller, académico
de la Universidad de Ratisbona de Alemania, en los años 1970.3 Sin embargo, no es un término unívoco, pues
también se han buscado una serie de términos como Derecho Telemático, Derecho de las Nuevas Tecnologías,
Derecho de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Derecho de la Sociedad de la
Información, Iuscibernética, Derecho Tecnológico, Derecho del Ciberespacio, Derecho de Internet y Derecho
Digital.
Surgimiento del derecho informático
Los conceptos de tecnología y sociedad de información son antecedentes necesarios del derecho informático,
con la finalidad de regular el comportamiento en un ámbito tecnológico. Actualmente el derecho informático
no es muy específico en sí, sino que lo abordan las materias de derecho penal, derecho civil y derecho
comercial.
Desde la aparición de la computación como un fenómeno, ésta ha sido benéfica en las distintas áreas de la
ciencia y la cultura, debido a las TICs quienes producen los intercambios de información. Sin embargo, la
aparición de actos delictivos a través de la informática ha devenido en la creación de esta rama del derecho. 4
En derecho penal se afronta un reto en cuanto la sanción y clasificación de los delitos, ya que el delito se
define como una conducta que es sancionada por las leyes de defensa social. No obstante, debido a su
novedad, el derecho aún no prevé muchos actos informáticos ilegales como delitos o el castigo por la misma
causa.
Derecho Informático dentro de las demás ramas del derecho
El derecho informático cuenta, al igual que las demás ramas de derecho, con sentencias de tribunales y
razonamientos de teóricos del derecho. Las fuentes del derecho informático afectan a las ramas tradicionales
del derecho:
En el Derecho Público
El Derecho Informático afecta a distintas disciplinas dentro del Derecho. Este hecho, suscita un debate teórico
sobre si estamos ante una nueva disciplina jurídica o si, por el contrario, se trata de un sector de normas
dispersas pertenecientes a diferentes disciplinas jurídicas.
Para poder hablar de autonomía de una rama del derecho se precisa la existencia de una legislación específica
(campo normativo), un estudio particularizado de la materia (campo docente), investigaciones y doctrinas que
traten la materia (campo científico) e instituciones propias que no se encuentren en otras áreas del derecho
(campo institucional), con la finalidad de que se dé un tratamiento específico de estos conocimientos
determinados.
Una parte de los autores defienden que en el Derecho Informático existe legislación específica basada en
leyes, tratados y convenios, que protegen al campo informático con la finalidad del control y aplicación lícita
de los instrumentos informáticos (campo normativo). Dispone, además, de instituciones propias que no se
encuentren en otras áreas del Derecho (campo institucional) tales como el contrato informático, el documento
electrónico, el comercio electrónico, delitos informáticos, firmas digitales, habeas data, libertad informática,
entre otras, que llevan a la necesidad de un estudio particularizado de la materia (campo docente), dando como
resultado la investigaciones, doctrinas que traten la materia (campo científico). Es, por tanto, un Derecho
autónomo con instituciones propias que se encarga de brindar soluciones legales a los problemas planteados
por el avance científico en el ámbito de su competencia.
De otro lado, se sostiene la postura que anula la autonomía del Derecho Informático desde el punto de vista de
que en cada rama jurídica la actividad informática se encuentra presente, rechazando así la integración de
normas en un cuerpo aislado. Niega la autonomía del Derecho Informático en virtud de que no existe claridad
respecto a su área jurídica de influencia; es decir, como el Derecho Informático tiene relación con otras
disciplinas jurídicas como el derecho civil, penal, laboral, administrativo, etc., y es a través del espectro
normativo de estas la forma en que pueden incluirse las conductas y problemáticas jurídicas del impacto
tecnológico. Por último, esta corriente argumenta la falta de autonomía del Derecho Informático en virtud de
su constante y necesaria recurrencia a los principios jurídicos de otra rama para la solución de los casos
concretos.
El derecho informático abarca las ciencias jurídicas que se encarga de observar el comportamiento en el
ámbito informático que afecte a la sociedad; por eso se necesita una correcta implementación y regularlos
adecuadamente.5
La informática legal es el estudio y análisis jurídico que la ciencia jurídica debe realizar para su aplicación
correcta, y esto se define como el conjunto de técnicas destinadas al tratamiento lógico.
La informática jurídica existe para modernizar el derecho según la forma en que avance la tecnología.
Casi coetáneamente con la anterior nace el Instituto Latinoamericano de Alta Tecnología, Informática y
Derecho (ILATID), organización que desde 1984 reúne en los países de América Latina y el Caribe a
profesionales del Derecho que cooperan en proyectos de investigación y desarrollo conexos con aspectos
legales de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.
La Academia Mexicana de Derecho Informático, A.C. (AMDI), es la primera Asociación Civil en México
conformada por abogados, informáticos y académicos interesados en el derecho informático. Es el primer
organismo en México dedicado al estudio, fomento y difusión de los aspectos jurídicos relacionados con
el internet, el comercio electrónico y las tecnologías de la información y comunicación. Fue constituida en
el año 2001 en Monterrey, Nuevo León. Actualmente tiene su base en la Ciudad de México.
La Red Iberoamericana ElDerechoInformá[Link] Nace en el año 2009, con base en Argentina, genera
una Red Iberoamericana de Corresponsales que procura difundir el estudio y ser un centro de información
de la temática y afines. Publica una Revista Digital Gratuita que se edita 3/4 veces por año, y dicta un
posgrado en derecho informático, bajo la Dirección del Abog. Guillermo M. Zamora, con certificación de
la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco de la República Argentina desde el año 2010
hasta junio del 2015 y desde julio del 2015 hasta la Actualidad con certificación de la Universidad
Nacional de Río Negro de la República Argentina. Posee corresponsales en Brasil, México, Ecuador,
Chile, Uruguay, Colombia, Nicaragua, Guatemala y España.-
Publicaciones periódicas
Publicaciones periódicas, por orden de aparición:
Revista Iberoamericana de Derecho e Informática, fundada en 1992 por Valentín Carrascosa López
(UNED, España)
Revista Derecho y Nuevas Tecnologías, fundada en febrero de 1999 por Pablo A. Palazzi, y publicada por
Editorial ADHOC
Revista Derecho y Tecnología, fundada el 2002 por Mariliana Rico Carrillo (Universidad Católica del
Táchira, Venezuela)
Revista Chilena de Derecho Informático, fundada el 2002 por Carlos Reusser Monsálvez (Universidad de
Chile, Chile)
Revista de Derecho, Comunicaciones y Nuevas Tecnologías, fundada el 2005 por Nelson Remolina
Angarita (Universidad de los Andes, Colombia).
Revista Digital [Link], fundada el 2010 por Guillermo M. Zamora (Argentina)
Revista Chilena de Derecho y Tecnología, fundada el 2012 por Daniel Álvarez Valenzuela (Universidad
de Chile, Chile)
En la Unión Europea se planteó de manera concreta, en la década de los años 90, la creación de la llamada “
sociedad de la información y del conocimiento”, como una respuesta al creciente auge de países anglosajones,
como Estados Unidos, en el avance tecnológico y el desarrollo de su economía a partir de nuevas tecnologías.
El planteamiento se concreta en tres documentos iniciales: el libro blanco Delors, el informe Bangemann y el
Libro Verde, en los cuales se propone una nueva economía en Europa, basada en la utilización de tecnologías
digitales que permitan generar valor económico y social en tres frentes: tecnologías asociadas con la
informática, con las telecomunicaciones y con la comunicación digital electrónica. Esta propuesta, que a su
vez tiene como objetivo estructurar Un plan de acción con énfasis en aspectos como la formación de usuarios,
el fomento cultural a través de internet, y la administración pública electrónica, viene siendo objeto de estudio
por diversas entidades, y cada país de la Unión Europea ha definido sus puntos débiles y fuertes en la
consecución de esta meta. De todo este cúmulo de inquietudes, han surgido términos como “autopistas de la
información’ o “sociedad de la información”, referidos a la posibilidad de implementar modernas redes de
comunicación que permitan prestar servicios de transmisión de imagen, datos y voz, por un mismo circuito de
banda ancha, lo que supone mayores posibilidades de conocimiento, apertura de servicios y desarrollo de
actividades.
El término contratación informática define, en general, la contratación que se efectúa sobre bienes y servicios
informáticos.1 En la mayoría de la doctrina Española que trata este tema hay unanimidad en considerar el
objeto informático en los bienes y servicios de este tipo, o bien las prestaciones de las partes que tienen que
ver con el mismo. Sin embargo, estas definiciones aparecen bastante generales frente a la realidad contractual
sobre bienes intangibles en el mundo de hoy.2
Hoy se entienden la informática y el derecho informático como ámbitos diferentes, que van surgiendo y
cuestionando las ideas iniciales sobre el tema. En el punto de la contratación sobre este tipo de bienes, se
pensaba inicialmente que los mismos tenían que ver con los medios de comunicación, acceso a bienes
inmateriales como la energía, en fin,una contratación que, como la informática, le correspondía a unos pocos,
especialmente al Estado, en la prestación de servicios básicos al ciudadano.3 Otros autores entienden dentro
del término “contratación informática›› una doble acepción: en un sentido amplio incluiría tanto la
contratación sobre bienes o servicios informáticos, como la realizada a través de estos medios. En sentido
estricto se limitaría al primero de estos grupos.4 Partiendo de esta información inicial, pienso que el uso de las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación plantea al Derecho problemas en dos sentidos:
• La tecnología como objeto o materia, es decir, delitos contra bienes informáticos ( piratería de software,
interceptación de secretos e información privilegiada sobre software, por ejemplo), contratos cuyo objeto es el
desarrollo tecnológico (desarrollo de un software, mantenimiento del mismo, creación de bases de datos etc.);
trabajo efectuado mediante sistemas informáticos, es decir, sin la presencia física del trabajador (teletrabajo);
la protección de datos personales y del derecho a la intimidad de las personas como consecuencia del uso de la
tecnología (por ejemplo en la creación de bases de datos, caso más conocido en Colombia, las del sistema
financiero); la protección del software como un nuevo tipo de obra literaria bajo los derechos de autor, entre
otros aspectos.
• Y en otro sentido, el desarrollo de todas las acciones humanas conocidas hasta ahora a través del medio
informático, es decir, el uso de la tecnología como herramienta, no ya como objeto o materia misma de las
conductas humanas. En este sentido, entonces, es posible cometer delitos como el hurto, los daños, la estafa, la
extorsión, por medios informáticos; de igual manera, es posible efectuar contratos y establecer todo tipo de
relaciones negociables a través de los medios informáticos comunicados, lo que ha dado paso al denominado
comercio electrónico o e-commerce; la informática aparece aplicada a los procesos como herramienta de
ayuda en la realización de los mismos, sin que dejen de ser en sí mismos regulados ya por el Derecho, por el
simple hecho de efectuarse a través de un método diferente, y así, piénsese en la regulación de cualquier tipo
de proceso empresarial a través de la tecnología, no teniéndola por objeto a ella. En el primer sentido indicado
arriba es donde se encuentra perfectamente aplicable el denominado DERECHO INFORMÁTICO, 5 no así en
los segundos eventos planteados, en donde el ordenador o computadora constituye simplemente una
herramienta de la actividad humana, ya regulado por el Derecho, y que solamente requeriría de interpretación
en algunos casos. Pero cuando la tecnología y los sistemas informáticos constituyen el objeto mismo de la
relación humana, ya estamos en presencia de un fenómeno nuevo que tiene un objeto específico, no regulado,
que sin duda genera una serie de conflictos especiales no presentados antes, y que ameritan ser atendidos por
el operador jurídico, independientemente de que se predique la informática como una disciplina autónoma, y
que, en consecuencia, se llegue a considerar una rama o no del Derecho, aspecto sobre el cual prefiero no
entrar a opinar en este momento teniendo en cuenta que sería objeto de otro trabajo diferente del propuesto.
EL CONTRATO INFORMÁTICO Bajo este primer encuadramiento sobre lo que entendemos por Derecho
informático y su materia, no es de recibo la expresión omnicomprensiva, que se hace en la doctrina, del
término contratación informática para abarcar en él todo fenómeno que tenga que ver con la informática.
Resulta bastante amplia la definición
que de contrato informático se hace al considerarlo un negocio sobre bienes y servicios informáticos, pues
dentro de estos bienes y servicios informáticos se distinguen: • Bienes materiales, o hardware, conformado por
todos aquellos elementos que constituyen el sistema informático materialmente (ordenador o computadora,
periféricos). • Bienes inmateriales o lógicos, dentro de los cuales se cataloga el software, o programas que
contienen las instrucciones necesarias para que la computadora u ordenador opere. Dentro de este tipo de
bienes también se han incluido las bases de datos y las obras multimedia. Si consideráramos que el contrato
informático es aquel que comprende bienes y servicios informáticos sin distinción alguna, llegaríamos al
absurdo de pensar que la compraventa de una computadora es un contrato informático en razón de su
especialidad como bien informático, lo que habría de llevarnos a concluir que la compra de los primeros
automóviles, bienes desconocidos y especiales en el inicio de su comercialización, sería una venta
automovilística y así cabrían todos los ejemplos respecto de aquellos bienes que desconocemos y nos generan
inquietud por su novedad.6 Expresa el profesor Miguel Ángel Davara: “Hablar de contratos informáticos es
una forma de centrar e introducir un tema, como es la problemática jurídica que se genera alrededor de la
contratación de bienes y servicios informáticos. Pero los contratos informáticos, como tales, con una tipicidad
única y propia, no existen.”7
La perspectiva de encuadrar como contrato informático todo aquel que tiene por objeto bienes y servicios
informáticos sin distinción alguna es realmente un despropósito y, en igual sentido, hablar del contrato
informático como una entidad autónoma. Es tan extenso el marco conceptual, que se pierde la figura misma
del contrato. Es por esto precisamente que se ha afirmado en cuanto a su regulación, que ésta debe
encuadrarse dentro de los tipos de contratos existentes, teniendo en cuenta la finalidad perseguida por las
partes: si se quiere adquirir un bien, entonces compraventa; si se quiere arrendar, entonces arrendamiento; si
se va a adquirir por financiación, entonces podría acudirse a un leasing, y así sucesivamente. Afirmar esto,
respecto del Hardware o bienes materiales con aplicación informática, parece más sensato que afirmarlo
respecto del software o soporte lógico de un ordenador, o respecto de otros bienes inmateriales, considerados
creaciones del intelecto humano. Aunque gran parte de la doctrina española sobre el tema, clasifica los bienes
y servicios informáticos (sin distinción alguna) dentro de los tipos contractuales arriba mencionados, al mismo
tiempo advierten los inconvenientes de dicha adecuación. Al respecto manifiesta el autor antes citado: “Si
seguimos analizando Id contratación informática intentando encontrar una figura determinada que se le pueda
asimilar, estaríamos divagando sin fin.
En primer lugar, porque no existe esa figura en particular que pueda generalizar toda la contratación
informática y, en segundo lugar, porque cada elemento de los que puede componer un bien o un servicio
informático tendría necesariamente un tratamiento distinto. Incluso creemos que no sería razonable buscar un
modelo único de contrato para las contrataciones informáticas que, como más adelante veremos, pueden ser
muy dispares y difieren mucho unas de otras.”8 No cabe duda, pues, de que el problema de la definición
inicial del contrato informático parte de la concepción amplia y genérica que la doctrina hasta ahora, le ha
dado al mismo desde su objeto. Y en este punto cabe hacer dos reflexiones:
• ¿Plantear un objeto diferente permitiría encontrar una definición distinta y, por ende, autónoma del contrato
informático?
¿Cuál es la importancia de plantear una definición diferente del contrato informático a la que, hasta hoy
refiere la doctrina especializada en el tema?
• Es decir, aparte de resultar una discusión académica, ¿tiene alguna aplicación práctica? ¿Interesa al jurista
una construcción diferente del contrato? Hay varios aspectos por los cuales vale la pena esforzarse en el
planteamiento de una construcción autónoma del contrato informático:
1) En primer lugar porque partiendo de su naturaleza jurídica, se puede concluir cuáles son la legislación y las
normas aplicables. La tesis doctrinal hasta ahora presentada, en lo atinente con este punto, concluye: “Los
contratos informáticos están formados por elementos dispares que exigen la mezcla o unión de dos o más tipos
de contratos para poder configurar sus características, siendo su objeto múltiple y diversificado, pudiendo
darse distintas figuras que desequilibrarían cualquier relación tipo que se pueda pensar. Todo ello debido a la
pluralidad de las partes que intervienen y la dispersión de intereses entre ellas, así como a la particularidad de
determinadas cláusulas que forman parte de este tipo de contratos”9. Considero que una aplicación normativa,
partiendo de diversas normas contractuales según el tipo que más se acerca al contrato informático en estudio,
resulta peligrosa y volátil, pues dejaría al arbitrio del operador jurídico, con razones siempre válidas, la
aplicación de las normas que más convinieran a una u otra parte.
2) En un segundo aspecto, resulta exótico para el jurista acudir a normas que regulan un contrato para
aplicarlas a otro supuesto contractual no regulado, es decir, no es posible conjugar normas de un contrato y
llevarlas a otro, salvo que se trate de la aplicación de la analogía como herramienta de interpretación
normativa, en aquellos eventos en los cuales existe identidad de razón entre el supuesto regulado y el no
regulado. Sobre este aspecto nos parece pertinente lo expresado por el profesor Federico De Castro y Bravo:
“Como en todo negocio, hoy que estimar, como tal, el resultado práctico que se proponen alcanzar los
particulares con el convenio (con el propósito económico, según Messina; o con el propósito o intento
empírico, según Jordano). Conforme a la determinación de la causa en el negoció atípico, se averiguará si lo
convenido tiene la unidad propia de ser un solo negocio o si se trata de una pluralidad de negocios, y, en tal
caso, si ellos son entre sí independientes, conexos o subordinados. También habrá de atenderse a ella y a la
legislación correspondiente, cuando se trata de saber si la variante introducida en el negocio le exime de los
preceptos imperativos de una ley. Por lo demás, no parece que sea posible acudir a los remedios propuestos
por las teorías antes reseñadas, pues nada autoriza para la aplicación de las reglas propias o específicas de un
contrato típico a las cláusulas de uno atípico Lo que sí puede aplicarse analógicamente serán las normas
respecto a prestaciones de la misma o semejante naturaleza (por ejemplo vicios de la cosa), así como las
normas sobre cómo entender y completar el contenido délos convenios o reglas de interpretación y las de
eficacia de los contratos.” (Negrillas fuera de texto)10
3) Este espectro de una dimensión tan amplia del contrato podría dar lugar a que la parte identificada en la
práctica como fuerte dentro del contrato pudiere abusar en su clausulado, creando la confusión en el mismo,
de tal suerte que frente a la perspectiva de un conflicto, la resolución del mismo sea demorada y quizás sea
inconveniente. La claridad del negocio es garantía para las partes. Y no se trata en este punto de las posibles
cláusulas ambiguas que una de las mismas pueda incluir dentro del contrato, pues la legislación civil, en punto
de la interpretación contractual ya ofrece una salida para ello. Me refiero al texto total del contrato, cláusulas
claras y expresas pero atinentes a diversos objetos, con normativa dispersa para cada uno de esos objetos y la
duda de qué norma debe prevalecer al momento de un conflicto. Pensemos por ejemplo en el tema del riesgo
sobre la pérdida de la cosa, regulado en Colombia de manera diametralmente opuesta en el Código Civil y en
el Código de Comercio, frente a objetos variados como la
Sol Beatriz Calle D’Alemán REVISTA OPINIÓN JURÍDICA 96 ejecución de una obra (contrato de carácter
civil) combinada con un suministro mercantil de bienes para el mantenimiento de equipos. En el evento de un
conflicto relacionado con la pérdida de la cosa, ¿a qué regulación debemos referirnos? Manifiesta el profesor
Davara en otro aparte de su obra: “Los contratos informáticos, hoy en día, carecen de jurisprudencia y carecen
de costumbre. La doctrina se mueve en un estado de total anarquía, caracterizada por la incertidumbre del
hombre medio frente al problema informático, con la consecuencia, para los sistemas jurídicos, de la falta de
seguridad y la falta de certeza”.11 Es justamente por estas razones, expuestas anteriormente, que, considero,
vale la pena y se justifica plantear la naturaleza jurídica de esta especial contratación y buscar una
aproximación más simple que la expuesta hasta ahora por la Doctrina en España, con el cometido de resultar
más eficaces en la solución de controversias de este tipo.
UNA CONSTRUCCIÓN INDEPENDIENTE DEL CONTRATO INFORMÁTICO.
DEFINICIÓN Tal como se ha expuesto entonces hasta ahora, se entiende en la poca doctrina existente que,
sin aceptar la existencia del contrato informático como entidad autónoma, el tema de la contratación
informática es aquel que comprende bienes y servicios informáticos, sin distinción de ninguna clase entre
ellos. Sin embargo, dentro del contexto antes esbozado sobre el derecho informático y lo que constituye su
objeto mismo, podría intentarse una nueva definición del contrato informático que partiera de dos objetivos
básicos: a) Su encuadramiento dentro del derecho informático al tener como objeto de estudio un tipo de
bienes informáticos que directamente le conciernen.12
b) Su utilidad práctica en el mundo empresarial, teniendo en cuenta el desarrollo que hasta ahora ha tenido
este tipo de contratación. Partiendo de estas dos premisas, planteo una definición independiente de contrato
informático como aquel acuerdo de voluntades cuyas prestaciones entre las partes están referidas a bienes
inmateriales susceptibles de digitalización, y a los servicios conexos a éstos que puedan presentarse. Esta
definición incluye, en consecuencia:
• Los acuerdos que tienen que ver con el software en sus distintas fases y aplicaciones: uso, creación,
desarrollo, implementación, propiedad, etc.
• Los acuerdes relativos a las bases de datos, comprénsivos de aspectos como: su creación, fabricación,
acceso, etc.
• Los acuerdos relativos con otro tipo de obras como las multimedia, comprensivos de todos los aspectos
relativos con ellas: propiedad, uso, acceso, creación, fabricación, etc.
ANÁLISIS DE LA DEFINICIÓN PROPUESTA
Lo primero que debe manifestarse es que debe excluirse de la definición del contrato informático, lo que se
entiende como hardware o máquina de computadora, dentro de la clasificación de bienes informáticos.
Como bien material qué es, puede ser objeto de compraventa, suministro, permuta, arriendo, comodato,
leasing, depósito, de opción de compra (en Colombia referido a un contrato inicial de tenencia), etc. Y por el
hecho de que estos contratos típicos y nominados por nuestra legislación contengan como objeto material un
ordenador y/o sus periféricos, no significa que deban llamarse “contratos informáticos”. Serán simplemente
contratos nominados según se trate de uno u otro tipo. Por otro lado, según el conflicto que se presente, su
solución en primera instancia estará ceñida a la ley imperativa que le regula. Así un vicio sobre la cosa
vendida, se encuentra resuelto en materia civil o mercantil como elemento de la naturaleza del contrato, sin
olvidar que las partes podrían así mismo pactar en contrario lo que imperativamente la norma no les prohíba.
Un problema del pago del canon por uso; por la custodia indebida del bien; por un daño sobre el bien en un
préstamo gratuito; por el cambio de la cosa en un leasing financiero, en fin, problemas resueltos en las normas
que regulan estos contratos. ¿Que podría argumentarse en contra de este primer aspecto de la definición
propuesta?
• Que el ordenador no es un simple bien corporal, pues su funcionamiento depende de un software
denominado de arranque o ROM-BIOS que también es un bien inmaterial; entonces hace complejo el bien que
es objeto material de los contratos descritos y, por ende, no tan simple su contratación. Frente a esto considero
que si bien es cierto que existe un software de arranque o funcionamiento en todo hardware para que pueda
cumplir su función, también es cierto que esa destinación especial de ese tipo de software que tienen todos los
ordenadores desde su fabricación, el ROM BIOS, sin el cual no funcionarían dada su entidad de bienes
automatizados, debe considerarse como una unidad y en tal sentido hace parte del bien corporal mismo que a
su vez lo caracteriza con unas especificaciones dadas por dicho software. Respecto de los bienes que
conforman una sola unidad, traemos a colación la norma del Artículo 658 del Código Civil Colombiano, que
reputa inmuebles por adherencia, a los bienes muebles que están permanentemente destinados al uso y
beneficio del inmueble al que adhieren y que no pueden separarse de él sin detrimento. Aunque la norma se
refiere a bienes muebles adheridos a bienes inmuebles, nos resulta pertinente en el caso que nos ocupa hacer
un símil entre el software de arranque del ordenador y éste: ambos están adheridos de tal Forma que el uso y
la destinación del ordenador no tienen ninguna utilidad sin ese software de arranque, y por otro lado, su
separación implicaría un claro detrimento para ambos, pues ninguno sirve sin el otro. Recordemos que los
ordenadores son simplemente máquinas que, dispuestas a cualquier sistema al que se adapte, los automatiza en
su funcionamiento. Pero siguen siendo bienes corporales como cualquier otro. Pensemos por ejemplo en el
automóvil del futuro, dirigido por un computadora. ¿La complejidad del bien hace que estemos en presencia
de contrato informático si se quisiera adquirir, dado el tipo de bien de que se trata? ¿Hace ello cambiar frente
al derecho el tipo de bien que se comercializa? ¿Sigue siendo un automóvil y estará sometido a los contratos
normales que la legislación contempla? ¿O lo llamaremos un contrato informático porque el automóvil está
guiado por un software para que funcione?. En nuestro criterio continúa siendo un solo bien: un automóvil, y
estará sometido a las reglas generales como lo debe estar la contratación sobre hardware o equipo físico de
cómputo. Ahora bien, se dirá igualmente que ese bien corporal sigue siendo desconocido para el hombre de
hoy y ello genera una desventaja frente a los productores, y que, aún frente a un contrato tan simple como la
compraventa, el conocimiento que tiene una de las partes sobre ese bien es menor que el que tiene la otra
parte. Aunque este argumento no tendría incidencia en la propuesta de un contrato informático autónomo
desde el punto de vista jurídico, sí es recurrido por la doctrina para mantener la clasificación de contratos
informáticos efectuada hasta ahora y que, en mi opinión, confunde al operador jurídico.
Es más simple hablar del contrato de que se trata típicamente (tipicidad legal o social) que atribuirle categorías
diferentes que no aportan realmente nada a la solución de un conflicto proveniente de los mismos. No puede
pues ser de recibo el argumento, porque esa sería la historia del hombre a cada paso de su progreso: cada
nueva cosa que genera desconocimiento y ansiedad nos preocupa, y se envuelve en un halo de
“sobreprotección” que, a la larga y frente a los avances tecnológicos, pierde sentido. Opino que lo
trascendental está en la cultura jurídica de resolución de conflictos que como abogados adoptamos, no a la
materia a la cual nos enfrentamos, que siempre será novedosa, incierta, compleja, como la vida misma.
• En un tercer y último aspecto se dirá que muchas veces estos contratos están juntos, es decir, que se
presenta una multiplicidad de objetos porque no se compra solamente, sino que se contrata también
mantenimiento, instalación, arriendo, depósito, en fin, podrían ir juntos muchos de estos tipos contractuales y,
de hecho, de esta situación es que surge su complejidad y la justa razón para que no sean considerados una
entidad autónoma. Esta posición nos lleva a una discusión más complicada en la doctrina civil alrededor de
los contratos complejos o mixtos. Es decir: es posible que estemos en presencia de un solo contrato con
diversidad de prestaciones (que es lo que pretendo plantear frente a bienes inmateriales susceptibles de
digitalización únicamente) o bien en presencia de varios contratos, con objeto independiente pero unidos por
su forma. Este último caso es el que me parece que se presenta, cuando estamos al frente de diversos contratos
típicos, nominados, conocidos, regulados por la ley, pero unidos por las partes en un solo cuerpo. Su
regulación corresponderá a la legislación propia que regula cada institución pues la forma es lo único que los
une por el propósito inicial de las partes, pero su objeto es diverso y además previsto por la ley. Al respecto, y
desde 1953, tienen vigencia las enseñanzas del profesor Jordano cuando dice: “El contrato típico tiene siempre
carácter unitario porque constituye un todo orgánico que de su causa recibe la unidad Lo mismo podemos
decir del contrato atípico, tanto que si falta ese esencial carácter unitario del mismo debe presumirse que se
está frente ante una pluralidad de contratos típicos, que se presentan bajo la falsa apariencia de un todo atípico
resultante de partes atípicas. Determinar cuando se da uno u otro caso (contrato único o concurso de dos
contratos autónomos unidos por un nexo meramente económico) tiene interés práctico ya que se derivan: así si
hay pluralidad de contratos, cuando uno de ellos resulte nulo, no afecta a los demás par razón de su
independencia jurídica; por el contrario cuando el contrato único es nulo, aunque lo sea por uno sólo de sus
elementos, vicia todo el resto del contenido.” 13 (Las negrillas son mías). 1. Un segundo aspecto de la
definición que propongo para la construcción del contrato informático es que se refiere a bienes inmateriales
susceptibles de digitalización, es decir, bienes incorporales susceptibles de traducirse a lenguaje máquina
(binario) para ser tratados por medios informáticos. Y aquí sí encontramos el verdadero vacío de la
contratación informática que propone la doctrina hasta ahora, frente a las normas de derecho privado que
tenemos, primero porque no previo el código civil un tipo de bienes inmateriales de esta naturaleza:
magnitudes analógicas, susceptibles de digitalización, de traducción a un lenguaje binario que permite
automatizar información y tratarla por una máquina y, segundo, porque es tan especial el tipo de bienes al que
nos referimos que no encuadran verdaderamente en ninguna de las figuras típicas o nominadas que
conocemos.14 la creación de software, su desarrollo, su implementación, las obras multimedia, las bases de
datos, en su contenido, formación y funcionamiento, esos son bienes extraños a nuestro derecho y que hoy en
día han sido enmarcados dentro de la propiedad intelectual, como verdaderas creaciones del intelecto humano
susceptibles de protección. Analicemos entonces el concepto de bienes inmateriales susceptibles de
digitalización, desde dos perspectivas que permitan entender intrínsecamente su funcionamiento y su posterior
adecuación contractual: una perspectiva legal y otra desde el punto de vista técnico.
LOS BIENES INMATERIALES SUSCEPTIBLES DE DIGITALIZACIÓN DESDE LA PERSPECTIVA
LEGAL, Desde esta óptica la mayoría de las legislaciones de corte positivista han encuadrado este tipo de
bienes dentro de la propiedad intelectual, específicamente como DERECHO DE AUTOR. En efecto, en
España encontramos el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (TRLPI), Real Decreto Legislativo
1 de 1996,15 que define, en el artículo, 96 el programa de ordenador como “ toda secuencia de instrucciones o
indicaciones destinadas a ser utilizadas, directa o indirectamente, en un sistema informático para realizar una
función o una tarea o para obtener un resultado determinado, cualquiera que fuere su forma de expresión y
fijación.” Esta expresión comprende también la documentación preparatoria, documentación técnica y
manuales de uso del programa, que, por ende, también gozan de la protección de la ley. A su turno, en
Colombia, la ley 23 de 1982 reguló la materia de la propiedad intelectual y concretamente el tema de los
derechos de autor, normativa interna que hoy está coordinada en su aplicación con la Decisión 351 de la
Comisión Andina de Naciones, que regula el tema para los países andinos, al lado de la Decisión 344 del
Acuerdo de Cartagena que regula, por su parte lo atinente con la propiedad industrial. Nuestro país, al igual
que otros países latinoamericanos, decidió no modificar sus leyes internas sobre derechos de autor en lo
atinente con el tema del software y bienes afines, pues entendió que dentro de la definición de obras literarias
protegidas por el derecho de autor, podía enmarcarse el concepto de programa de ordenador o software. De
allí que en la ley interna colombiana sobre derechos de autor no lo encontremos definido concretamente, no
obstante ser tratado como obra literaria por la misma. Al respecto, el Decreto 1360 de 1989, que reglamenta el
registro de la propiedad intelectual en Colombia, expresa en su artículo primero: “De conformidad con lo
previsto en la Ley 23 de 1982 sobre derechos de autor, el soporte lógico [software) se considera como una
creación propia del dominio literario.” Por su parte, el artículo 3 de la Decisión 351 / 93 de la Comisión
Andina de Naciones, sí define el programa de ordenador de la siguiente manera: “Expresión de un conjunto de
instrucciones mediante palabras, códigos, planes o en cualquier otra forma que al ser incorporados en un
dispositivo de lectura automatizada es capaz de hacer que un ordenador –un aparato electrónico o similar
capaz de elaborar información– ejecute determinadas tareas u obtenga un resultado. El programa de ordenador
comprende también la documentación técnica y los manuales de uso”. Pero hemos dicho que no solamente el
software o programas de ordenador o sistema lógico del ordenador se considera un bien intangible de
naturaleza creativa; también clasifican, dentro de esta categoría, las bases de datos, productos multimedia y,
en el futuro, cuantas obras sean producto de la creatividad humana basada en el uso de los sistemas de
información que, a su vez, se perfeccionan a grandes velocidades.
La Ley Española, TRLPI 1 de 1996, expresa en el artículo 12 lo siguiente: “Son objeto de Propiedad
Intelectual, en los términos del Libro l ,o sea, como derechos de autor, las colecciones de obras ajenas, de
datos o de otros elementos independientes como las antologías y las bases de datos que por la selección o
disposición de sus contenidos constituyan creaciones intelectuales, sin perjuicio, en su caso, de los derechos
que pudieran subsistir sobre dichos contenidos”. Tal como se observa, se incluyen también, como objeto de
protección, las bases de datos en cuanto a la creación de la disposición y estructura de la misma, pues la ley
excluyó la protección sobre su contenido (que puede o no ser objeto de protección por otros derechos). Como
aspecto novedoso, respecto del fabricante de la base de datos, se incluyó en el artículo 133 un derecho
llamado SUIS GÉNERiS que protege el esfuerzo económico o patrimonial efectuado por una persona en la
construcción de la base de datos.
En Colombia, como hemos dicho, tampoco se modificó la Ley 23 de 1982 para incluir las bases de datos
como obras protegidas sino que se entienden incluidas dentro de la definición que, en términos amplios, hace
la ley sobre la obra colectiva. Dice el artículo 5 de la ley 23 de 1982: “son protegidas como obras
independientes, sin perjuicio de los derechos de autor sobre las obras originales, y en cuanto representen una
creación original: B. Las obras colectivas, tales como publicaciones periódicas, antologías, diccionarios, y
similares, cuando el método o sistema de selección o de organización de las distintas partes u obras que en
ello intervienen constituyan una creación original.” En similar sentido se expresa el artículo 2.5 del Convenio
de Berna.16 Por su parte, la decisión 351 de la Comunidad Andina de Naciones, en su artículo 28 expresa:
“Las bases de datos son protegidas siempre que la selección o disposición de las materias constituyan una
creación intelectual” Por ende, también son objeto de protección por la ley de PI (propiedad intelectual) en
cuanto a su forma y estructura, como creación independiente del contenido, sin perjuicio de los derechos que
correspondan a los titulares de los mismos. Respecto de las obras multimedia, entendidas como “(...) una obra
intelectual que incorpora otras obras intelectuales preexistentes, tales como textos, fotografías y dibujos, clips
de video y música, junto al software requerido para transformar dicha información en un producto interactivo
y accesible”17, no obstante la discusión que existe en la Doctrina sobre su regulación legal, es mayoritaria la
posición de otorgarle el tratamiento de una obra colectiva, protegida por el derecho intelectual y que para los
efectos de nuestro estudio, también constituye un bien inmaterial susceptible de contratación informática. La
particularidad de los bienes que consideramos objeto del contrato informático hace que los mismos estén
sujetos a una serie de normas que los protegen y que implican un tratamiento diferente y especial al contrato
que los conlleva. Esa especialidad y autonomía es lo que hace idóneo pensar en una figura contractual
independiente que, estructurada de manera autónoma, brinde a las partes seguridad jurídica y claridad respecto
de la herramienta contractual que regirá sus relaciones.
El desarrollo de la firma digital se enmarca en el ambicioso proyecto de República Digital, que “busca
garantizar el acceso de los dominicanos a las tecnologías de la información y comunicación, con el objetivo
de reducir la brecha digital y brindar mejores servicios a la ciudadanía.”
La norma dominicana que regula la firma digital es la Ley 126-02 sobre Comercio Electrónico,
Documentos y Firmas Digitales, del 14 de agosto de 2002, y su Reglamento de Aplicación (Decreto No.
335-03), donde se considera la ley como:
De acuerdo con el artículo 2 literal i) de esta ley se define como Firma Digital:
El valor numérico que se adhiere a un mensaje de datos y que, utilizando un procedimiento matemático
conocido, vinculado a la clave del iniciador y al texto del mensaje, permite determinar que este valor se ha
obtenido exclusivamente con la clave del iniciador y el texto del mensaje, y que el mensaje inicial no ha sido
modificado después de efectuada la transmisión.
Es el documento digital emitido y firmado digitalmente por una entidad de certificación, que identifica
unívocamente a un suscriptor durante el período de vigencia del certificado, y que se constituye en prueba de
que dicho suscriptor es fuente u originador del contenido de un documento digital o mensaje de datos que
incorpore su certificado asociado;
El artículo 6 equipara el documento administrativo físico que requiere firma al documento digital:
“cuando cualquier norma exija la presencia de una firma o establezca ciertas consecuencias en ausencia de
la misma, se entenderá satisfecho dicho requerimiento en relación con un Documento Digital o un Mensaje
de Datos, si éste ha sido firmado digitalmente y la firma digital cumple con los requisitos de validez
establecidos en la presente ley.”
Al mismo tiempo, equipara la Firma Digital a la firma manuscrita siempre que cumpla con todos los
requisitos establecidos por el artículo 31 de la ley, es decir:
Los artículos 33 y 34 de la antes mencionada ley establecen que cuando una o más firmas digitales hayan sido
fijadas en un mensaje de datos o un documento digital, se presume que las partes firmantes tenían la intención
de acreditar ese mensaje de datos o un documento digital y de ser vinculadas con el contenido del mismo, con
lo que da cabida a cualquier tipo de contrato digital siempre que se cumplan dichas condiciones.
El Decreto No. 335-03, reglamento de Aplicación de la Ley, diferencia la Firma Digital de la Firma
Electrónica que define como:
“Conjunto de datos electrónicos integrados, ligados o asociados de manera lógica a otros datos electrónicos,
que por acuerdo entre las partes se utilice como medio de identificación entre el emisor y el destinatario de
un mensaje de datos o un documento digital y que carece de alguno de los requisitos legales para ser
considerado firma digital” (Artículo 1.17)
En la República Dominicana, los contratos por medios electrónicos pueden usar la firma digital o electrónica,
permitiendo a su vez identificar y vincular una persona con la creación de un mensaje de datos, un acto o un
contrato y que cuenta con su aprobación.
La primera Entidad de Certificación que se constituyó, aprobada por el Indotel, para la República
Dominicana fue la empresa AVANSI, el 28 de septiembre de 2006 (Resolución Nº 166-06)
Como Entidad de Certificación, AVANSI está autorizada a prestar los siguientes servicios relacionados con la
firma digital:
Avansi ha constituido con la autorización de Indotel cinco Unidades de Registro: Dirección general
de Impuestos Internos, Optic, Banreservas, Dirección General de Aduanas y Procuraduría General
de la República.
Resoluciones destacadas
BIBLIOGRAFIA
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