Las invitadas
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Silvina Ocampo
Silvina Ocampo nació en Buenos Aires en 1903, en el seno de
una familia tradicional argentina. Es en la editorial Sur, creada
por su hermana Victoria, donde Silvina publica su primer
volumen de cuentos, Viaje olvi- dado, en 1937. A partir de ese
comienzo de escritora, Silvina Ocampo desarrolló una vasta obra
como narradora principalmente, pero también como poeta y
traductora. ( Cabe mencionar qué las bastardillas se usan
para consignar los libros)
Entre sus publicaciones se cuentan, además de Viaje
olvidado, Enumeración de la patria (poemas, 1942); Espacios
métricos (poe- mas, 1945); Autobiografía de Irene (relatos,
1948); La furia (relatos, 1959); Las invitadas (relatos, 1961); Los
días de la noche (relatos, 1970); Y así sucesivamente (relatos,
1987); Cornelia frente al espejo (relatos, 1988). Publicó además
diversos volúmenes de relatos in- fantiles. En colaboración con
Bioy Casares, su marido, escribió Los que aman, odian (novela,
1946); en colaboración con J.R. Wilcock, Los traidores (teatro,
1956). Junto con Borges y Bioy compiló la cé- lebre Antología de
la literatura fantástica, publicada por primera vez en 1940.
Tradujo a poetas ingleses y franceses (John Donne, Andrew
Marvell, Pierre Ronsard, Gérard de Nerval, Charles Baudelaire,
Paul Verlaine) y a la poeta estadounidense Emily Dickinson. En
1962 ob- tuvo el Primer Premio Nacional de Poesía por su libro de
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poemas Lo amargo por lo dulce. Murió en Buenos Aires en 1993;
desde enton- ces, se han sucedido las ediciones de sus obras, en
español y tam- bién en otros idiomas.
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( Esta oración tiene mucha informacion)
Muchas veces la crítica ha señalado el carácter enigmático
de los relatos de Silvina Ocampo, por lo insólito de las anécdotas
narradas, por el aparente candor del punto de vista, por el
trabajo con el lenguaje. Aunque sin duda hay que ubicarla dentro
del grupo Sur, el fantástico que propone se diferencia netamente
de los de Borges y Bioy: sus textos suelen tener comienzos en
falso, presentar elementos adventicios y culminar en finales
disonantes, que no cierran la intriga reordenando sus elementos
y dándoles un nuevo sentido o significación.
El lector entabla con las ficciones de Silvina Ocampo una
relación ambigua y contradictoria, pues debe interpretar la
presencia de elemen- tos de significado opuesto, la acumulación
de pormenores triviales y aun cómicos, y hasta hechos atroces o
crueles1. En efecto, los relatos de Silvina Ocampo trasuntan un
proyecto literario que es, por momentos, extremadamente libre,
ajeno al rigor compositivo que suele gobernar los textos
fantásticos de la década de 1940 en la Argentina. Esa libertad
des- barata la lógica de nuestra experiencia habitual e introduce
otra, ines- perada, en la que prevalecen lo lúdico y hasta lo
absurdo. Como afirma Adriana Manzini, las ficciones de Ocampo
se caracterizan por la inestabi- lidad de la configuración del
tiempo, del espacio y de los personajes2.
En los textos de Silvina Ocampo aparece una serie de
elementos que remite al relato maravilloso. En primer lugar, el
trabajo con la cau- salidad; la causalidad esperable o posible es
reemplazada por lo má- gico: adivinación, premoniciones, sueños
que prefiguran lo que va a ocurrir, presencia de objetos-
talismanes, evocación del mundo de los
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1 Pezzoni, Enrique, “Silvina Ocampo: orden fantástico, orden social”, en El
texto y sus voces, Buenos Aires, Sudamericana, 1986, pp. 187-216 (187).
2 Manzini, Adriana, “Sobre los límites. Un análisis de ‘La furia’ y otros relatos
de Silvina Ocampo”, en América: Cahiers du critique, Nº 17, 1996, pp. 271-
284 (271).
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sueños. En segundo lugar, el recurso a parábolas, es decir,
relatos en los que los hechos y los personajes representan
nociones abstractas y encierran una enseñanza o moraleja. En
tercer lugar, la presencia de la crueldad; lo físico no está
excluido, sino que es parte importante en lo narrado. Otro
elemento que proviene del relato maravilloso es el inter- cambio
de personalidades o de lugar. Por último, puede mencionarse la
seriación o repetición, es decir, la presencia de estructuras
narrativas que se repiten con una ligera variante.
Las ficciones de Silvina Ocampo introducen elementos
familia- res en un universo extraño y clausurado. El narrador que
proponen suele ser analógico: la alucinación y la locura no están
objetivadas, sino que aparecen condensadas en la forma de
narrar; pero también puede decirse que el narrador es “infantil”:
la escritura suele ser una transcripción de lo que se percibe, que
no está organizada desde el punto de vista conceptual; en otras
palabras, el narrador parece no entender totalmente lo que
narra.
En la literatura de Silvina Ocampo hay, además, un trabajo
con la lengua coloquial; los giros más convencionales, más
cristalizados por el uso, adquieren un sentido inesperado, o
extravagante, o absurdo. Pero también hay una mezcla: en la
prosa de Silvina Ocampo, el habla de las gentes modestas puede
combinarse con el amaneramiento cultista acartonado y el
registro medio de la burguesía. Todos estos elementos tornan
peculiares sus ficciones, y convierten su lectura en una
experiencia extraña, que no rinde sentidos inmediatos ni fáciles
y que, por eso mismo, invita a la relectura.
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P ara las vacaciones de invierno, los padres de Lucio habían pla-
neado un viaje al Brasil. Querían mostrar a Lucio el Corcovado 1, el
Pan de Azúcar2, Tiyuca3 y admirar de nuevo los paisajes a través
de los ojos del niño.
Lucio enfermó de rubéola: esto no era grave, pero “con esa
cara y brazos de sémola”, como decía su madre, no podía viajar.
Resolvieron dejarlo a cargo de una antigua criada, muy
buena. Antes de partir recomendaron a la mujer que para el
cumpleaños del niño, que era en esos días, comprara una torta con
velas, aunque no fueran a compartirla sus amiguitos, que no
asistirían a la fiesta por el inevitable miedo al contagio.
Con alegría, Lucio se despidió de sus padres: pensaba que esa
despedida lo acercaba al día del cumpleaños, tan importante para
él. Prometieron los padres traerle del Brasil, para consolarlo, aun-
que no tuvieran de qué consolarlo, un cuadro con el Corcovado,
hecho con alas de mariposas, un cortaplumas de madera con un
paisaje del Pan de Azúcar, pintado en el mango, y un anteojito de
1 Corcovado: famosa estatua del Cristo Redentor en la ciudad de Río de Janeiro.
2 Pan de azúcar: morro en la ciudad de Río de Janeiro. Tiene aproximadamente
575 metros de altura.
3 Tiyuca: parque nacional brasileño ubicado en el espacio urbano de Río de Janeiro.
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