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Doctrinas de Juan

Este documento analiza varias doctrinas presentes en el Evangelio de Juan, incluyendo la divinidad de Jesús, la unión entre el Padre y el Hijo, la vida eterna, la expiación de Cristo y el Espíritu Santo. También discute la necesidad de nacer de nuevo para entrar al reino de Dios.

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Doctrinas de Juan

Este documento analiza varias doctrinas presentes en el Evangelio de Juan, incluyendo la divinidad de Jesús, la unión entre el Padre y el Hijo, la vida eterna, la expiación de Cristo y el Espíritu Santo. También discute la necesidad de nacer de nuevo para entrar al reino de Dios.

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INSTITUTO BIBLICO DESCENTRALIZADO LA

VERDAD

PROFESOR: JONATAN CONTRERAS

"LAS DOCTRINAS EN EL EVANGELIO DE JUAN"

GRADO: SEGUNDO GRADO

NOMBRE: OCEAS MOLINA


INTRODUCCIÓN
En cada generación, el cristiano en el púlpito y en la banca ha tenido necesidad de
contar con una perspectiva clara del evangelio de Juan, el cual es “poder de Dios para
salvación a todo aquel que cree. Es de suma importancia que el evangelio proclamado
y creído sea el de las “buenas nuevas” de Dios, respaldado por su autoridad y las
doctrinas.

LAS DOCTRINAS EN EL EVANGELIO DE JUAN

La divinidad de Jesús como el Hijo de Dios


La revelación de la divinidad de Jesucristo es muy evidente en todas la Sagradas Escrituras.

La Biblia es muy enfática, prolija y consecuente en la enseñanza de esta verdad trascendental.


Sin embargo, desde el mismo origen del cristianismo hasta hoy ha habido quienes han

generado y enseñado doctrinas que niegan la igualdad divina del Hijo con relación al Padre.

Esta negación está basada en razonamientos humanos, pero no en evidencias bíblicas.

Posiblemente estas herejías se han suscitado por el empeño del hombre de hacer lógico y de

fácil razonamiento al intelecto humano el insondable misterio del Dios trino. Es un intento

de hacer explicable lo inexplicable y evitarle conflicto a la limitada y pobre razón del hombre.

Juan 14: 7-11

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis

visto. 8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo

hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto

al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre,

y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que

el Padre que mora en mí, él hace las obras. creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí;

de otra manera, creedme por las mismas obras”

Cuán ligadas están la naturaleza del Padre y del Hijo

Juan 14: 10, 11, 20; 10: 30, 38; 17: 21, 23 2 Cor. 5: 19

“¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las

hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme

que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en

vosotros”

“Yo y el Padre uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. 32

Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me
apedreáis? 33 Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por
la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios. 34 Jesús les respondió: ¿No está escrito
en vuestra ley: ¿Yo dije, dioses sois? 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de
Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), 36 ¿al que el Padre santificó y envió al mundo,
vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? 37 Si no hago las obras de mi
Padre, no me creáis. 38 Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para
que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre”

“para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en
nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he
dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que

sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has
amado a ellos como también a mí me has amado” “que Dios estaba en Cristo reconciliando
consigo

al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la
palabra de la reconciliación”

Vida eterna
Nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, por la gracia de Dios, tenemos la vida
eterna porque Juan dijo: «Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del

Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de
Dios» (1 Juan 5:13). Él no dijo: “para que esperéis de obtener la vida eterna, vosotros que

creéis en el nombre del Hijo de Dios”, como si no poseyéramos ya la vida eterna en nosotros
mismos, pero dijo que escribió estas cosas para hacernos saber que ya tenemos la vida eterna.

El mismo apóstol también dice: «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí

mismo… Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida» (1

Juan 5:10,11,12). Por lo tanto estas palabras confirman totalmente que nosotros que creemos
tenemos la vida eterna.

Entonces nosotros, que somos creyentes en Cristo, tenemos la vida eterna que mora en

nosotros y estamos seguros que cuando moriremos, con tal que retengamos firme hasta ese
día la fe en el Señor Jesucristo, iremos al cielo para vivir con Jesús, porque Jesús dijo: «Yo

soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que
vive y cree en mí, no morirá eternamente» (Juan 11:25,26), y también: «Si alguno me sirve,
sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor» (Juan 12:26). Y «Pero teniendo
el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros

también creemos, por lo cual también hablamos» (2 Corintios 4:13), diciendo como los

apóstoles: «pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al
Señor» (2 Corintios 5:8). Sí, tengamos a este respecto en nosotros el mismo sentimiento que
era en Pablo quien tenía el deseo de partir y estar con Cristo, porque estar con Cristo en el
cielo es muchísimo mejor que vivir en la tierra (Véase Filipenses 1:23).

La expiación de Cristo.
La doctrina de la Expiación es la doctrina más celestial y apasionada, y la que más abre la
mente, que este mundo o universo jamás conocerá. Es esta doctrina la que da vida, aliento y
sustancia a cada principio y ordenanza del evangelio.

Es la reserva espiritual que nutre los manantiales de la fe, que proporciona los poderes
limpiadores hacia las aguas bautismales y que abastece de bálsamo curativo al alma herida.

Es el punto central de la Santa Cena, del templo y de otras ordenanzas del evangelio. Es el
fundamento de roca sobre el cual se basa toda esperanza en esta vida y en la eternidad.

Por definición, la Expiación es la misión preordenada del Salvador. Es ese amor mostrado, ese
poder manifestado, y ese sufrimiento soportado por Jesucristo en los tres sitios principales, a
sable, el Jardín de Getsemaní, la cruz del Calvario y la tumba de Arimatea. Es el acto universal
de suprema sumisión en el que el Salvador sucedió completamente Su voluntad a la de Su
Padre.

La Expiación tiene aún otro objetivo; no es sólo para redimirnos (es decir, para reconciliar la
Caída) sino para perfeccionarnos. La Expiación fue diseñada para hacer más que devolvernos

al punto de inicio, más que “hacer borrón y cuenta nueva”, más que hacernos inocentes. Fue
diseñado para proveernos de inversiones celestiales que nos ayudarían a lograr la perfección

como la de Dios. ¿Cómo se logra eso? Por la Expiación, somos limpiados en las aguas del
bautismo. Gracias a esa limpieza, tenemos derecho a recibir el don del Espíritu Santo; y con

ese don, tenemos derecho a los dones del Espíritu (o sea, conocimiento, paciencia, amor, etc.),
cada uno siendo un atributo de la deidad. Así, al adquirir los dones del Espíritu,

posibilitados por el poder limpiador de la Expiación, adquirimos los atributos de Dios.


El Espíritu Santo.
La doctrina del Espíritu Santo es una doctrina bíblica. La Biblia es la única fuente de donde
nosotros podemos obtener cualquier información con respecto a El. La religión cristiana es la
única que tiene al Espíritu Santo.

A medida que estudiamos la doctrina del Espíritu Santo, téngase en cuenta que Cristo es el
centro de la Biblia, el tema principal de los Escritos Sagrados en su totalidad. Si nosotros
fuéramos a colocar a algún otro en su lugar, el resultado sería una verdadera confusión. El
Espíritu Santo no puede desplazar al Hijo de Dios. El Espíritu Santo no vino a hablar de sí

mismo, sino de Cristo. El individuo que continuamente habla acerca del Espíritu y omite al Hijo
demuestra que realmente no tiene el Espíritu Santo morando en él.

LA PERSONALIDAD DEL ESPIRITU SANTO


A veces cometemos el error de confundir personalidad con visibilidad. La personalidad no es un
atributo del cuerpo; sino un atributo del espíritu. La verdadera persona que es Usted no

ha sido vista por los hombres jamás, porque el cuerpo es una vestidura de su espíritu. Usted no
es un cuerpo sino un espíritu que tiene un cuerpo.

La necesidad de nacer de nuevo.


Una figura retórica que enfatiza que la vida espiritual tiene un inicio cuando recibimos a Jesús;
el comienzo de una nueva relación con Dios, como la de un Padre con su hijo.

Existe mucha confusión acerca de cómo entrar al reino de Dios. Muchas personas tratan de
abrir camino al reino de Dios por medio de las buenas obras, por su modo pensar, hablar o
interpretar cierto rol. Por el contrario.

Jesús enseñó que una persona debe nacer para entrar al reino de Dios. Había un hombre de
los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de
noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede
hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no
puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?

¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús:
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el
reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te

maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y
oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido
del Espíritu. 9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? (Jn 3:1-9).

¿Qué significa *nacer de nuevo, nacer una segunda vez después de nacimiento físico? “Nacer
de nuevo” es una metáfora, una ilustración, comparación o una figura retórica. Jesús usó

nacer de nuevo para enfatizar que la vida espiritual no ocurre así no más. Esta debe tener un
comienzo. Juan nos ha dicho que Jesús es la fuente de la vida espiritual (Jn 1:4). Cuando

recibimos a Jesús, recibimos vida espiritual. Jesús comparó esta nueva vida con el nacimiento
espiritual. En el momento en que recibimos a Jesús ¿Cuáles son las dos verdades que
enfatizan la metáfora “nuevo nacimiento”?

El mensaje de la vida nueva como nuestro Rey, Salvador y Señor, nacemos espiritualmente, y
Dios se convierte en nuestro Padre. Nacer de nuevo enfatiza conceptos importantes como la
vida espiritual y una nueva relación con Dios: la relación de un Padre con su hijo.

CONCLUSION
Como un cristiano evangélico que cree y proclama el evangelio de Jesucristo, es
importante para mí que lo que creo y predico sea las mismas “buenas nuevas” que
predicó Jesús, que comisionó a sus apóstoles y que la iglesia ha predicado en todas
las epocas. Hoy necesitamos escudriñar las doctrinas que nos presenta Juan como
bases fundamentales del evangelio.

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