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Modernidad y Posmodernidad: Análisis Crítico

Este documento resume tres textos sobre la modernidad y la posmodernidad. El primer texto de Berman analiza las tres fases de la modernidad y sus características. El segundo texto de Harvey explora la transición de la modernidad a la posmodernidad y cómo el posmodernismo cuestionó la modernidad. El tercer texto de Bobbio discute las bases filosóficas del igualitarismo.
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Modernidad y Posmodernidad: Análisis Crítico

Este documento resume tres textos sobre la modernidad y la posmodernidad. El primer texto de Berman analiza las tres fases de la modernidad y sus características. El segundo texto de Harvey explora la transición de la modernidad a la posmodernidad y cómo el posmodernismo cuestionó la modernidad. El tercer texto de Bobbio discute las bases filosóficas del igualitarismo.
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RESUMEN PCPC- TEORICO

LA CONDICION MODERNA: Modernidad, modernización y modernismo.

Berman “Todo lo solido se desvanece en el aire” prefacio e introducción.


Berman trata de examinar las dimensiones del significado, los horrores, las ambigüedades y las
ironías de la vida moderna. Para eso, se apoya en una serie de autores, entornos sociales y
espaciales, obras en construcción y demás, llegando a la conclusión de que la modernidad es un
mundo en el que todo lo solido se desvanece en el aire, es decir, un mundo que no deja de
cambiar.

Presenta a la modernidad como un conjunto de experiencias y dice que ser modernos es


encontrarnos en un entorno que nos promete muchas cosas a las que al mismo tiempo amenaza
con destruir. Plantea que ser modernos es vivir en una vida llena de paradojas y contradicciones,
es estar dominados por las organizaciones burocráticas que cuentan tanto con el poder de
controlar como de destruir y que son las que nos permiten a la vez ser revolucionarios por
hacerles frente. También dice que es imposible captar y abarcar las potencialidades del mundo
moderno sin terminar odiando y luchando contra sus realidades más perceptibles, por eso plantea
que la seriedad moderna debe expresarse a través de la ironía que penetra en la vida de millones
de personas corrientes. La modernidad es lineal, racional y progresiva.

La vida moderna se vio alimentada por muchas cosas, entre ellas: los grandes descubrimientos en
las ciencias físicas que han cambiado nuestra imagen del universo y nuestro lugar en él; la
industrialización de la producción que transforma el conocimiento científico en tecnología, crea
nuevos entornos humanos mientras destruye los viejos, acelera el ritmo de vida, genera nuevas
formas de poder colectivo y lucha de clases; las alteraciones demográficas; el crecimiento urbano;
los sistemas de comunicación de masas; los estados y el capitalismo mundial.

Berman dividió la modernidad en 3 fases:

1- La primera comienza en el siglo XV con el descubrimiento de América, donde se da el


quiebre con el feudalismo, y termina a finales del siglo XVIII con la revolución francesa que
marca un quiebre. Es en esta donde las personas comienzan a experimentar la vida
moderna. En esta etapa dios existe en el pensamiento. Se da el renacimiento, 1er
movimiento artístico de la modernidad que muestra los cambios. También aparece el
humanismo que defiende la importancia del cuerpo humano y vuelve central al hombre,
mostrando por primera vez el cuerpo desnudo. Como personajes importantes podemos
nombrar a galileo (científico de la modernidad) ya que se basa en datos empíricos e
instrumentos para probar sus teorías generando un quiebre con la etapa anterior ya que
los saberes de aquella época estaban amparados con la iglesia, y Rousseau (filosofo de la
modernidad), es el primero en utilizar la palabra modernidad como tal.
2- Esta segunda etapa comienza con la ola revolucionaria de 1790. Plantea Berman que, con
la revolución francesa y su repercusión, surge el público moderno y la ciudad moderna
(urbanismo, aparición de grandes avenidas, centros comerciales, grandes edificaciones,
máquinas de vapor, fabricas, vías, sistema de comunicación de masas etc.). Es una época
revolucionaria en todas las dimensiones (política, social y personal). Termina con la 1er
guerra mundial (1914-1945), la cual logra poner de manifiesto la crisis. En esta 2da etapa
dios comienza a correrse del pensamiento, lo que permite que el hombre se revele. Surge
el iluminismo, movimiento intelectual de la modernidad basado en la razón, gracias a este
el hombre deja de confiar en el tutor (dios) y comienza a confiar en su razón. Como
respuesta al iluminismo surge el romanticismo que va a perdurar en la 3er etapa.
Personajes importantes: Marx y Nietzsche ya que son dos autores que pueden ver la
modernidad como tal mediante su crítica hacia la misma y así pensar por sí mismos.
3- En esta tercera fase que termina con la caída del muro de Berlín, el proceso de
modernización se expande para abarcar todo el mundo y la cultura del modernismo
triunfa en el arte y en el pensamiento. A su vez, se va rompiendo en una multiplicidad de
fragmentos lo que genera que la idea de la modernidad pierda su viveza, resonancia, su
profundidad y capacidad de organizar dando un significado de vida a las personas, lo que
genera que se esté en una edad moderna que perdió el contacto con sus raíces. En esta
3er etapa se da la tecnociencia, la globalización y el impresionismo que apunta a la
sensibilidad generando un quiebre con la concepción clásica del pensamiento del arte y
pone el eje en el artista. En esta etapa se pierde la capacidad de critica que caracteriza a la
segunda.

En cuanto a la actualidad, por un lado, se puede decir que seguimos viviendo en la modernidad
porque sigue siendo una constante el capitalismo, pero por el otro lado se habla de que nos
encontramos en la posmodernidad porque se da un quiebre en la cosmovisión lógico-racional
después de la creación de la bomba atómica y el holocausto durante la segunda guerra mundial.

HARVEY “La condición de la posmodernidad (Modernidad y modernismo)”


La condición de la posmodernidad es una investigación sobre los orígenes del cambio cultural,
haciendo pie en la aparición y auge del posmodernismo que, nacido alrededor de los años 70, se
conectó con el posestructuralismo, el pos industrialismo y con un arsenal de nuevas ideas. Harvey
plantea al posmodernismo como una cuestión que debe ser esclarecida, es por esto que indaga en
el paso de la modernidad a la posmodernidad. Tratando de ver si se trata solo de un cambio de la
visión cultural o de un verdadero cambio social. Y plantea que, lógicamente, para entender la
posmodernidad, hay que entender a la modernidad.

En el texto se habla de lo efímero, lo fragmentario y lo contingente y Harvey plantea que, si la


modernidad es un cambio constante y si la historia tiene algún sentido, ese sentido debe
descubrirse y definirse dentro de la vorágine del cambio que afecta tanto los términos de la
discusión como el objeto acerca del cual se discute. Por lo tanto, la modernidad no solo supone
una violenta ruptura con alguna o todas las condiciones históricas precedentes, sino que se
caracteriza por un proceso interminable de rupturas y fragmentaciones internas, por eso la
vanguardia ha desempeñado un papel vital en la historia del modernismo al interrumpir cualquier
sentido de continuidad a través de movimientos, recuperaciones y represiones radicales.
El papel de la estética dio una posición especial a artistas, escritores, poetas, filósofos dentro del
proyecto modernista. De ahí todos los movimientos y las vanguardias de principio de siglo que
trataban, a la vez, de buscar una voz propia y de mostrar lo que tenían de artificio las artes,
convirtiéndolas en una construcción auto-referencial más que en un espejo de la sociedad. Plantea
que el artista debía representar lo eterno mediante un efecto instantáneo, apelando a las técnicas
del shock y a la violación de continuidades esperadas, condición vital para transmitir el mensaje
que el artista se propone comunicar. Todo esto con el trasfondo de la mercantilización del arte y la
necesidad de los artistas por vender su arte, es decir, conseguir mantenerse a base de sus ventas.
Por lo tanto, dice que hay que tener en cuenta que el modernismo fue más que una reacción a las
nuevas condiciones de producción, circulación y consumo que un pionero en la producción de esos
cambios. Por otro lado, dice que las raíces de este arte modernista eran urbanas y que los
lenguajes artísticos estaban evidenciando una multiplicidad de voces. A su vez hubo frentes en las
ciencias sociales, por lo que dice que la comprensión se construía a través de la exploración de
múltiples perspectivas y plantea que el modernismo en definitiva adopto al relativismo y la
múltiple perspectiva como epistemología que daría a conocer aquello que aún se consideraba
como la naturaleza de una realidad unificada pero compleja.

El mito de entreguerras que se denominó heroico, se vinculó a la técnica y al progreso, al mito de


la maquina funcional y la eficiencia, pero dice que el modernismo universal o alto exhibió una
relación más confortable con los centros del poder dominantes de la sociedad. Plantea una
sospecha: la pugna por encontrar un mito apropiado se apaciguo cuando el sistema de poder
internacional adquirió relativa estabilidad. Entonces dice, El arte, la arquitectura, la literatura del
alto modernismo, se convirtieron en artes y prácticas de establishment, en una sociedad donde
predominaba, en los planos político y económico, la versión capitalista corporativa del proyecto de
desarrollo de la Ilustración para el progreso y la emancipación humana.

La arquitectura glosaba el poder y el capital, creando al mismo tiempo viviendas alienadas para la
clase obrera; las obras de las vanguardias, que surgieron como un revulsivo para su época y como
un desafío, fueron canonizadas e instauradas en las universidades como parte del canon. En
Estados Unidos triunfó el expresionismo abstracto, un arte carente de crítica o significado, anclado
en una estética vana y respaldado por el establishment y el capital, deseoso de usar la cultura para
validarse. El modernismo dejó de ser revolucionario y se puso al servicio de la industria cultural,
sirviendo de propaganda al sueño americano. Esa fue el caldo de cultivo para los movimientos
culturales (y antimodernistas) de los 60, eminentemente urbanas y que acabaron conquistando
Chicago, París, Praga, México.
BOBBIO “Igualdad y libertad”
Bobbio, en el apartado “el igualitarismo y su fundamento”, se adentra en la discusión sobre las
bases filosóficas y morales del igualitarismo, es decir, la corriente del pensamiento que defiende
la igualdad como un valor fundamental en la sociedad donde todos o casi todos los hombres han
de ser tratados de la misma manera en todos o casi todos los aspectos. El autor explora las
diferentes perspectivas desde las cuales se puede fundamentar el igualitarismo y examina sus
implicaciones, llegando a la conclusión de que, aunque el igualitarismo es un principio atractivo, su
aplicación práctica puede ser compleja y generar tensiones con otros valores como la libertad
individual o la eficiencia económica.

A su vez, distingue entre las doctrinas igualitarias y las doctrinas inigualitarias en el contexto de la
discusión sobre igualdad y desigualdad en la sociedad. En cuanto a las doctrinas igualitarias
plantea que:

 Son aquellas que defienden la igualdad como un valor fundamental en la sociedad.


 Estas doctrinas buscan reducir o eliminar las desigualdades sociales, económicas y
políticas entre los individuos.
 Suelen argumentar a favor de políticas redistributivas y medidas que promuevan la
equidad y justicia social.
 Las doctrinas igualitarias pueden basarse en diversos fundamentos, como la igualdad
moral, la igualdad de oportunidades, la igualdad de resultados o la igualdad política.

Mientras plantea acerca de las doctrinas inigualitarias que:

 Son aquellas que aceptan y en algunos casos justifican las desigualdades en la sociedad.
 Sostienen que la desigualdad es inevitable o incluso beneficiosa para el funcionamiento de
la sociedad.
 Argumentan que las diferencias individuales en talento, esfuerzo o contribución justifican
las desigualdades resultantes.
 Algunas de estas doctrinas pueden incluso abogar por la preservación de ciertas jerarquías
sociales o económicas, argumentando que son necesarias para el orden social o el
progreso humano.

Bobbio examina críticamente ambas posturas, reconociendo que tanto las doctrinas igualitarias
como las inigualitarias tienen argumentos válidos y pueden ser difíciles de reconciliar. Destaca que
la cuestión central radica en encontrar un equilibrio adecuado entre la igualdad y la libertad, así
como entre la justicia distributiva y otros valores sociales.

A su vez, en el apartado “igualitarismo y liberalismo”, examina las similitudes y diferencias entre


ambos conceptos. En cuanto a las similitudes plantea lo siguiente:

 Ambos el igualitarismo y el liberalismo comparten un compromiso con valores como la


igualdad y la libertad, aunque pueden interpretar estos valores de manera diferente.
 Tanto el igualitarismo como el liberalismo buscan construir sociedades justas y equitativas,
aunque pueden tener concepciones divergentes sobre cómo lograr este objetivo.
 Ambos enfoques reconocen la importancia de proteger los derechos individuales y limitar
el poder del Estado para garantizar la autonomía y la dignidad de los ciudadanos.
En cuanto a las diferencias dice:

 Una diferencia fundamental entre el igualitarismo y el liberalismo radica en su enfoque


respecto a la distribución de recursos y oportunidades. Mientras que el igualitarismo
tiende a priorizar la igualdad en la distribución de bienes y oportunidades, el liberalismo
suele favorecer la libertad individual y la propiedad privada, con un énfasis en los derechos
de propiedad y la libre competencia.
 El igualitarismo puede abogar por intervenciones estatales más amplias para corregir las
desigualdades sociales, económicas y políticas, mientras que el liberalismo suele preferir
un papel limitado del Estado en la economía y la sociedad, confiando más en los
mecanismos de mercado y la autonomía individual.
 Otra diferencia importante es cómo conciben la justicia. Mientras que el igualitarismo
tiende a enfocarse en la justicia distributiva y la equidad, el liberalismo a menudo prioriza
la justicia procedimental y la protección de los derechos individuales, sin enfocarse tanto
en los resultados igualitarios.

Bobbio señala que, a pesar de estas diferencias, el igualitarismo y el liberalismo pueden ser
compatibles en algunos aspectos y pueden incluso complementarse mutuamente en la
construcción de sociedades más justas y libres. Sin embargo, también reconoce que estas dos
corrientes pueden entrar en conflicto en determinadas circunstancias, especialmente en
cuestiones relacionadas con la redistribución de recursos y la regulación estatal. En resumen,
destaca las similitudes y diferencias entre el igualitarismo y el liberalismo, reconociendo que
ambos enfoques comparten ciertos valores fundamentales, pero también tienen divergencias
significativas en cuanto a sus concepciones sobre la igualdad, la libertad y la justicia.

Finalmente, habla acerca del ideal de igualdad que puede ser entendido como una combinación
de diferentes dimensiones de igualdad que se entrelazan para formar un concepto completo de
justicia social. Bobbio no presenta un único ideal de igualdad, sino que examina varias
dimensiones de la igualdad y sus interrelaciones. Así es como el ideal de igualdad, según Bobbio,
abarca diferentes dimensiones, que van desde la igualdad de oportunidades y el trato equitativo
hasta la distribución justa de recursos y la obtención de resultados igualitarios en la sociedad. Este
ideal se basa en la idea de justicia social y en el reconocimiento de la dignidad inherente de todos
los individuos.

En los siguientes apartados (la historia como historia de la libertad, la historia de la libertad, las
tendencias, de la libertad del estado a la libertad de la sociedad, totalitarismo y tecnocracia, las
formas actuales de la no libertad y los problemas actuales) Bobbio explora la relación entre la
historia y la libertad humana, sosteniendo que la historia puede ser comprendida como una
historia de lucha por la libertad en la cual los seres humanos han buscado constantemente
ampliar su autonomía y liberarse de diversas formas de opresión ya que la historia de la libertad
procede a la par de la historia de las privaciones de la libertad, planteando que cada época se
distingue por sus formas de lucha. Así es como la historia de la humanidad puede verse como una
sucesión de luchas por la libertad, en las cuales los grupos sociales y los individuos han desafiado
las estructuras de poder existentes y han buscado ampliar sus derechos y libertades. Este proceso
ha sido gradual y lleno de obstáculos, pero llevo a avances significativos en la expansión de la
libertad humana donde las sociedades humanas han experimentado cambios significativos en su
estructura política, social y económica, impulsados en gran medida por la lucha por la libertad.
Estos cambios incluyen la abolición de la esclavitud, la conquista de derechos civiles y políticos, la
expansión de la democracia y la búsqueda de la igualdad de género y de otros grupos sociales
marginados.

Además, Bobbio también analiza las diferentes concepciones de la libertad a lo largo de la historia
y cómo estas han influido en los movimientos políticos y sociales. Desde la libertad entendida
como ausencia de coerción hasta la libertad como capacidad de autodeterminación, Bobbio
examina cómo estas visiones han moldeado las luchas por la libertad a lo largo del tiempo y
plantea que el siglo de la libertad fue el conquistado por la burguesía contra los feudales que se
cierra con la 1er guerra mundial.

Bobbio plantea que toda forma de poder puede configurarse como la instauración de una
situación de no-libertad y toda instauración de libertad puede configurarse como la supresión de
una forma de poder. Es así como el poder de uno implica la falta de libertad del otro y la libertad
de uno implica la falta de poder del otro. En las relaciones de poder, un sujeto condiciona a otro y
lo hace no libre. Entre las diferentes formas de poder se destacan: las ideas, los ideales, las
concepciones del mundo (condicionamiento psicológico- poder ideológico); la posesión de la
riqueza (condicionamiento a través de la seguridad por reconocimiento por trabajo prestado-
poder económico); la posesión de la fuerza (condicionamiento mediante coacción- poder político)

En el siglo XX surgieron dos formas de organización política y social que representan desafíos
significativos para la libertad y la democracia: el totalitarismo, que busca el control total del
estado sobre la sociedad utilizando el control ideológico y la censura, y la tecnocracia, que delega
el gobierno en expertos técnicos en lugar de políticos elegidos democráticamente lo que genera
preocupaciones sobre la legitimidad democrática y la participación ciudadana.

A su vez, Bobbio aborda los desafíos contemporáneos que enfrentan las sociedades en relación
con la falta de libertad y los obstáculos para su realización plena. Bobbio examina los problemas
actuales que afectan la libertad individual y colectiva, así como las amenazas que surgen en el
contexto de la sociedad moderna, hacendó pie en la cuestión de la dominación del trabajo sobre
los ciudadanos.
Lowy “Aviso de incendio”
Lowy se centra en una serie de tesis escritas por Benjamín a principios de 1940. Estas, constituyen
un “aviso de incendio”, es decir, una alarma acerca de los peligros de la ideología del progreso,
una premonición de las catástrofes que se avecinaban. Lo que hace Lowy, es analizar en relación a
la historia europea y latinoamericana contemporánea, cada una de ellas para evidenciar la
universalidad y actualidad del pensamiento de Benjamín. Las tesis de Benjamín permiten que
pensemos la historia y la acción política en forma distinta a como han sido concebidas en la
historiografía y la política tradicional. Así mismo, lo que Benjamín denomina como la acción
política revolucionaria, necesitaría de una acción desligada de la violencia para poder romper con
el continuo de la historia. Por último, señala como los límites de pensar la política desvinculada de
la noción del progreso histórico, permite que ésta pueda contribuir al reconocimiento de las
víctimas y olvidados de la historia.

Lowy comienza su texto afirmando, a través del concepto identificación afectiva (concepto
traducido por Benjamín), que Benjamín acusa al historicismo de identificación con los vencedores,
refiriéndose como “vencedor” al terreno de la lucha de clases en la que la clase dirigente se le
impone constantemente a los oprimidos. Esta identificación de la historia con los vencedores,
podría traducirse como que la historia misma siempre está escrita desde la visión de aquellos que
han triunfado y en muy pocos casos por aquellos que han sido derrotados. Esta identificación
empática proviene, según Benjamín, del termino accedía (melancolía). Benjamín critica esta
postura servil de la historia y propone “cepillar la historia a contra pelo” solidarizándose con
aquellos que fueron derrotados por el progreso y la modernidad, aquellos que han quedado atrás
y fueron pisoteados por estas dos concepciones.

Cepillar la historia a contra pelo tiene una doble significación:

1- Histórica: se trata de ir en sentido contrario a la versión oficial de la historia oponiendo así


la tradición de los oprimidos, dándole voz a aquellas versiones poniendo así de manifiesto
cuestiones que deben ser esclarecidas.
2- Política: Plantea que, si la historia sigue siendo concebida de esta manera, se van a seguir
produciendo guerras, catástrofes, nuevas formas de barbarie y opresión. Desde el punto
de vista político, la redención/revolución no acontecerá debido al “normal” desarrollo de
las contradicciones del capitalismo, sino que es necesario un proceso de lucha activo, que
tiene un énfasis político-cultural insoslayable.

Benjamín plantea a la cultura y a la barbarie como una unidad contradictoria en vez de polos
opuestos. Para ejemplificar esto, Lowy habla acerca de cómo existen ciertos tipos de
arquitectura o pinturas que son monumentos de la cultura y al mismo tiempo son
monumentos de la barbarie que celebran la guerra y la masacre ya que retratan y recuerdan
esto mismo al tener como objetivo el disfrute y conocimiento de las generaciones presentes y
futuras. Plantea Nietzsche que las grandes obras de arte y de civilización solo pueden hacerse
a costa de los sufrimientos y la esclavitud de las masas, a los que Benjamín agrega que son
documentos de barbarie nacidos de las injusticias, opresiones y desigualdades. A su vez,
plantea que la cultura no podría existir en su formato histórica sin el trabajo de esclavos,
campesinos u obreros que luego son excluidos del goce de los bienes culturales. De esta
manera, la clase dominante se apropia de la cultura y la incorpora a su sistema de dominación
social e ideológica, convirtiéndose en un instrumento de las clases dominantes. Es por esto
que Benjamín dice que la cultura debe empezar a contemplarse también desde el punto de
vista de los vencidos y excluidos para lograr evidenciar aquello que se encuentra oculto en la
herencia cultural, integrando así la historia de la cultura a la historia de la lucha de clases.

Para ilustrar un ejemplo de cepillar la historia a contrapelo, Lowy propone el caso latinoamericano
acerca del “descubrimiento de América”, planteando que escribir la historia en sentido contrario
sería rechazar la afectividad impuesta frente a los colonizadores y las potencias europeas,
considerando a los monumentos coloniales como monumentos de barbarie, productos de la
guerra y exterminio.

En su tesis VIII Benjamín confronta dos concepciones de la historia con implicaciones políticas del
presente. En esta expresa su clara intención de pedir cuentas a las diversas concepciones
ideológicas dominantes en Europa durante toda la primera mitad del siglo XX. Ese pedir cuentas, lo
realiza Benjamín a la luz de la forma en la que todas las ideologías, más allá de sus aparentes
diferencias, están prisioneras de la noción de progreso histórico. Benjamín nos dice en la tesis
ocho, que la barbarie del nazismo, la suspensión del estado de derecho y la condición, por tanto,
de estado de excepción, no es una situación puramente coyuntural para los que siempre fueron
excluidos y desarraigados. El problema radica, en que pese a toda la evolución que han tenido la
institucionalización de los derechos humanos en la mayoría de las constituciones de los países,
dichos derechos humanos han estado en gran medida de espaldas de los desarraigados,
marginados y excluidos, de los que llama Benjamín los sin nombres. Los que sabemos viven en los
tugurios, favelas, barriadas y comunas en América Latina. Para estos sin nombres, los llamados
derechos de la democracia liberal están muy lejos de ser un asunto real, su estado de excepción es
permanente porque están expuestos a todo tipo de riesgos, exclusiones y desconocimientos.

En la tesis nueve se manifiesta de una manera clara lo que piensa el autor sobre el tema. En esta
tesis apela a una metáfora representada en la figura de un ángel cuyo vuelo tiene la particularidad
de mirar hacia atrás, y en esa mirada lo que constata son ruinas, escombros y muertos. El ángel
desearía “detenerse, despertar a los muertos y recomponer los fragmentos”. Pero desde el paraíso
sopla un viento huracanado que lo hace ir hacia adelante, cada vez más lejos de las ruinas que
halla en su recorrido, y esto mismo le sucede al hombre preso de la idea del progreso, quien
carece de tiempo para detenerse y recoger los muertos, creciendo con esto las ruinas y las
víctimas. A diferencia del ángel horrorizado por los muertos, los hombres consideramos esas
ruinas como los costos necesarios que han de pagarse si deseamos el progreso en un futuro.

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