Sentencia del TC sobre derecho a educación
Sentencia del TC sobre derecho a educación
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TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
EXP. N. O00607-2009-PA/TC
LIMA
FLA VIO ROBERTO JHON LOJAS
En Lima, a los 15 días del mes de marzo de 2010, la Sala Segunda del Tribunal
Constitucional, integrada por los magistrados Mesía Ramírez, Beaumont Callirgos y Eto
Cruz, pronuncia la siguiente sentencia.
ASUNTO
Recurso de agravio constitucional interpuesto por don Flavio Roberto Jhon Lojas
contra la sentencia de la Quinta Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima, de
fojas 234, su fecha 10 de septiembre de 2008, que declaró fundada, en parte, la demanda
de amparo.
ANTECEDENTES
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más aún cuando brinda un servicio público, razón por la cual, entiende vulnerado su
derecho a la educación.
En tal sentido, alega que no se está frente a un acto arbitrario en la medida que su
conducta se encuentra respaldada por el artículo 62 de nuestra Carta Magna, los
artículos 1402 y 1426 del Código Civil, y el artículo 6 del Reglamento General de
Estudios. Asumir lo contrario importaría una transgresión a lo dispuesto en el artículo
62 de nuestra Constitución, que establece imperativamente que los términos
contractuales no pueden ser modificados por leyes u otras disposiciones de cualquier
I clase.
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Solicita, en consecuencia, que la demanda sea declarada improcedente en virtud de
lo dispuesto por el numeral 1) del artículo 5 y e ículo 38 del Código Procesal
Constitucional, pues se trata de una controversül/de o gen contractual que debió ser
ventilada en el fuero civil. ..
Expresa, por otro lado, que resulta de apli aClOn la causal de improcedencia
\
establecida en el numeral 2) del artículo 5 del CÓ go Procesal Constitucional, debido a
l que existe otra vía idónea y específica para la pr ección de los derechos supuestamente
vulnerados, como es el cumplimiento por arte del demandante de las normas
administrativas de la Universidad o la suscri ión de un fraccionamiento, con lo que se
restituiría al demandante del goce de todos los servicios educativos a los que se ha
obligado, incluido su derecho a rendir los exámenes correspondientes.
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Sostiene, además, que lo pretendido por el demandante es que mediante la vía del
amparo se modifique arbitraria y unilateralmente los términos contractuales a los que se
ha obligado, desconociendo lo establecido en el artículo 62 de nuestra Carta Magna, lo
que a su vez, perjudica los derechos de sus trabajadores, que dependen económicamente
de ella.
Finalmente asevera que a pesar de que sus notas no fueron del todo satisfactorias y
vivir en una zona residencial como La Molina, fue recategorizado. Sin embargo, perdió
dicho beneficio debido a su bajo rendimiento académico.
FUNDAMENTOS
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I STC 06730-2006-
2 PI SARELLO, ardo : " Del Estado social legislativo al Estado social con stitucional: por una
protección comple " e los erechos sociales", en lsonomía, N° 15 , octubre del 2001 , pp. 95-96 .
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12. Si bien en un sentido general puede decirse que la educación del estudiante
universitario debe ser garantizada en cuanto a su continuidad, pues es obligación
del Estado proveer el servicio de modo continuo; en el caso de que el servicio
educativo sea brindado por particulares dicha obligación adquiere un matiz
distinto, pues la prestación de ervicio está ligada a un contrato de naturaleza
privada donde el centro ed ~n este caso, la universidad- se obliga a
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carácter marcadamente compulsivo que presenta la medida, sobre los intereses del
discente refleja, pues, la alta efectividad de la norma contenida en el reglamento
de la universidad sobre la interrupción del servicio educativo.
hecho de no poder rendir 199 exámene sean estos parciales, de unidad o finales,
deja al estudiante en t~l/'desventaj que difícilmente pueda considerarse que
superaría satisfactoria~nte el ciclo ae estudios, con la consiguiente pérdida del
tiempo invertido en/ os estudios delantados, el registro desaprobatorio de las
notas por causas n6 académica y la interrupción del proceso de aprendizaje
técnico y científico. Si a ell,6 sumamos que, según el Reglamento de la
Universidad emplazada, también se le impedía al estudiante moroso el ingreso al
campus universitario, ello representa en la práctica una interrupción abrupta del
cicl,O de estudios, que afectaría gravemente la continuidad intrínseca al servicio
educativo garantizada como un contenido básico del derecho a la educación.
Por último, este Colegiado debe ser enfático en señalar que la solución brindada al
caso sub-examine no debe interpretarse, en modo alguno, como una puerta de
entrada al incumplimiento de las obligaciones y deberes que propio estudiante
asume con la universidad. Dentro de éstas, se encuentr cIar está, el deber de
estar al día en el pago de la pensión de estudios; ob!" ación ue debe apreciarse
no sólo desde la perspectiva de una relación co tractua privada de carácter
económico, sino que debe considerarse dentro del context más amplio del deber
de colaboración y cooperación que el estudiante tiene c n la universidad, con la
cual comparte no sólo un interés meramente pecun' rio y de intercambio de
contraprestaciones, sino un conjunto de relaciones m 's amplias que involucran la
formación humanista y personal y que otorgan la universidad su verdadera
esencia de "comunidad académica". Así, c ando el estudiante cumple
adecuadamente su obligación de estar al día en el pago de la pensión no sólo
asume y cumple la obligación contractual establecida, sino que cumple su deber
de colaborar con la buena y adecuada marcha de la universidad. La exigencia de
una educación de calidad, planteada a la universidad privada, debe corresponderse
así con la exigencia del pago oportuno de las pensiones que, como parte de su
compromiso con la comunidad universitaria, le corresponde al estudiante, máxime
si la reclamada excelencia académica (profesores de nivel adecuado,
infraestructura apropiada, bibliotecas y demás servicios) es sostenida, en gran
medida, por los ingresos provenientes de las pensiones de estudios.
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15. La educación es un b' reciado en muchos aspectos. En nuestros países, en vías
de desarrollo, cons 't ye o sólo parte primordial e inescindible de la formación
personal, sino un medio -el más importante- para aspirar a una sociedad más justa
e igualitaria. Allí donde la educación haya llegado con sus raíces de cultura y
humanidad, de ciencia y tecnología, los hombres podrán declararse libres y más
humanos, no sólo para luchar por su propia superación, sino para procurar
soluciones colectivas que permitan a más personas disfrutar de los derechos que la
Constitución recoge. En la tarea de hacer a la sociedad más humana y más justa,
por medio de la educación, las empresas privadas juegan un rol trascendental.
Ellas no deben perder nunca de vista que tienen frente a sí un derecho esencial
para el desarrollo de todo ser humano y primordial para alcanzar la justicia que
tanto reclaman nuestros países. Por ello, su labor no debe desarrollarse sólo en la
búsqueda de un mero interés económico, sino que debe representar ese espíritu de
solidaridad y humanidad que toda institución universitaria tiene como esencia
misma de su función social y educativa.
\ 17. Conforme se aprecia en autos, el Juez del Trigésimo Cuarto Juzgado Civil de
Lima, quien conoció el presente proceso a nivel de primera instancia, omitió
actuar conforme a las reglas establecidas imperativamente en el artículo 22 del
Código Procesal Constitucional. En efecto, pese a que la sentencia emitida con
fecha 13 de diciembre de 2007 tuvo un resultado estimatorio y, por tanto, obligaba
a su actuación inmediata conforme al régimen procesal establecido en el citado
artículo 22, el Juez constitucional permitió que la entidad demandada persistiera
en su actitud so pretexto de haber perdido jurisdicción.
/ 18. Así pues, este Tribunal considera necesario enfatizar que, a diferencia del modelo
procesal que recogía la derogada Ley N.O 23506 Y normas conexas, el Código
ocesal Constitucional ([Link].) -vigente desde elide diciembre de 2004-,
H incorporado en su artículo 22, segundo párrafo, el régimen de actuación
ediata de sentencias estimatorias para los procesos constitucionales de la
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19. Sin embargo, toca ahora a este Colegiado precisar con mayor detalle los alcances
de dicha figura procesal toda vez que, si bien el legislador ha reconocido
positivamente su existencia, no ha hecho lo mismo en relación a sus presupuestos
procesales; generándose así un vacío que este Tribunal está llamado a cubrir.
20. Teniendo a la vista dicho cometido, el Tribunal considera que la norma contenida
en el artículo 22 del [Link]. ha de ser objeto de una "lectura desde la
Constitución", como norma procesal constitucional que ella es; ello en el
\ entendido de que las disposiciones del [Link]. deben ser interpretadas y/o
integradas "desde" y "conforme" a la Constitución, de modo tal que resulte
optimizada la finalidad sustantiva a la cual se orientan los procesos
constitucionales (artículo 11 del Título Preliminar del [Link].).
§4.1. Definición.
22. Dentro del contexto del proceso civil, s}iele entenderse por "actuación inmediata
de la sentencia estimatoria" (o "ej ytución provisional") aquella institución
procesal a través de la cual se atribuy~/eficacia a una resolución definitiva sobre el
f9ndo, pero carente de firmeza, cuyós efectos quedan así subordinados a lo que
resulte del recurso interpuesto o por interponer. (CABALLOL ANGELATS ,
Lluís: La ejecución provisional en el proceso civil, Barcelona, Bosch, 1993, p. 47)
23. Como es sabido, la diferencia básica entre una resolución definitiva y otra firme
radica en que respecto de ésta (resolución firme) no cabe, ya, esperar decisión
judicial alguna. En cambio, una resolución definitiva está siempre sujeta a una
posterior revisión pues existe la posibilidad de interponer contra ella un medio
impugnatorio; recurso al cual, por lo demás, el ordenamiento procesal suele
que no debe) ejecutarse. Este es, en buena cuenta, el sentido que cabe atribuir al
clásico brocardo pendente appellatione nihil erit innovandum.
25. Sea como fuere , es obvio que una resolución definitiva no se convierte en firme
como consecuencia de su ejecución provisional. Antes bien, los efectos de esa
ejecución quedan siempre condicionados a lo que resulte del recurso
efectivamente interpuesto o por interponer. De modo que, si la resolución de
segundo grado confirma la resolución recurrida, esos efectos permanecerán; pero
si la revoca, deberá restituirse todo lo percibido y revocarse cualquier efecto que
se haya producido. (CABALLOL ANGELATS , Lluís: op. cit. , pp. 52-53)
28. Por esta razón, bien puede afirmarse que la actuación inmediata, junto a otras
instituciones procesales como las medidas cautelares o las autosatisfactivas,
comparte con ellas un objetivo común: impedir que la duración del proceso se
convierta en una negación anticipada de tutela, sobre todo cuando resulta evidente
que la razón le asiste al demandante y que la parte demandada, abusando de su
derecho a la pluralidad de instancias, cuestiona lo resuelto en primer grado
esgrimiendo argumentos manifiestamente impertinentes con la intención de dilatar
innecesariamente la culminación del proceso.
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30. En efecto, obligado como estaba el juez del siglo XVIII a actuar en forma
subordinada a la ley - sujeción que hallaba su causa en la desconfianza que la
judicatura inspiraba al derecho liberal- , aquél terminaba siendo un "poder nulo"
carente de imperium que no podía dar fuerza ejecutiva a sus decisiones . Ello
explica bien por qué el derecho liberal limitaba los poderes del juez con relación a
la sentencia condenatoria, definiendo taxativamente los medios de ejecución
disponibles y prohibiendo todo tipo de tutela fundada en la "verosimilitud" pues se
identificaba al procedimiento ordinario clásico con el valor de la seguridad
jurídica. No por otra razón la cosa juzgada, a la par que petrificar el contenido de
la decisión judicial, terminó convirtiéndose en el requisito sine qua non para su
ejecución, renovándose así el sentido del clásico principio nulla executio sine
titulo. (MARINONI, Luiz Guilherme: Derecho fundamental a la tutela
\ jurisdiccional efectiva, Lima, Palestra, 2007, pp. 22-32.)
31. Sin embargo, como bien apunta Luiz Guilherme Marinoni, esa separación que el
derecho procesal clásico solía efectuar en fase de ejecución entre sentencia
condenatoria con autoridad de cosa juzgada y sentencia condenatoria recurrida
nos sirve para concluir que " la doctrina clásica asoció la plenitud de la cognición -
inclusive en la fase recursal- con el descubri iento de la verdad, [por ello] acusó
a la ejecución provisoria de ser 19U a anormal. " (MARINONI, Luiz
Guilherme: op. cit. , p. 37.)
32. Pues bien, para este Tribunal no pasa desa ercibido que esta apelación al "dogma
de la verdad" como un efecto dimanant del recorrido íntegro del iter procesal,
denota una perspectiva teórica difícilm te compatible con el diseño del proceso
en un Estado constitucional, pues ella oma al proceso como un fin en sí mismo y
lo antepone a los derechos y valores 5Jlie subyacen en su interior.
33. Antes bien, este Colegiado entiende que todo análisis sobre la lógica del proceso
en un Estado constitucional debe siempre partir de un enfoque finalista o
instrumental del mismo que reivindique en cada caso la trascendencia del derecho
o derechos materiales discutidos en su seno y la prevalencia de su eficaz
protección.
34. Por lo demás, sólo partiendo de un esquema conceptual tal , es que pueden quedar
debidamente justificadas algunas hipótesis en las cuales la ejecución de una
sentencia, aún provisional, aparece como una necesidad imperiosa de cara a la
/ . protección efectiva de los derechos involucrados en la litis .
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. Actuación inmediata y proceso de amparo
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36. Ello explica bien por qué nuestro [Link], junto a la jurisprudencia de este
Supremo Intérprete, reconocen sendas instituciones procesales orientadas, desde
diversos frentes, a hacer del proceso de amparo uno realmente "sencillo y rápido",
tal como ordena el citado tratado internacional. Entre ellas, cabe mencionar los
principios procesales de carácter publicístico que lo informan (art. 111 CPConst), la
cláusula de residualidad (art. 5.2 CPConst), la ausencia de etapa probatoria (art. 9
CPConst), el régimen flexible de la representación procesal (art. 40 del CPConst),
el régimen de las medidas cautelares (art. 15 del CPConst), la institución de la
\ represión del acto lesivo homogéneo (art. 60 del CPConst), la reconversión de
procesos, entre otros.
37. Pero además, este Tribunal ya ha observado que la consagración de los procesos
constitucionales en la Norma Fundamental otorga a éstos un especial carácter que
los distingue nítidamente de los procesos .narios, cuando menos en cuatro
aspectos: 1) Por sus fines, pues a dife cia d los procesos constitucionales, los
ordinarios no tienen por objeto '/hacer aler el principio de supremacía
constitucional ni siempre persiguén la protección de los derechos fundamentales;
2) Por el rol del juez, porque el control d; la actuación de las partes por parte del
juez es mayor en los procesos constitucfunales; 3) Por los principios orientadores,
pues si bien es cierto que estos prin!tpios, nominalmente, son compartidos por
ambos tipos de procesos, es indu9~ble que la exigencia del cumplimiento de
principios como los de publicidad, 'gratuidad, economía procesal, socialización del
proceso, impulso oficioso, elasticidad y de favor processum o pro actione , es
fundamental e ineludible para el cumplimiento de los fines de los procesos
constitucionales; y 4) Por su naturaleza, que es de carácter subjetivo-objetivo,
pues no sólo protegen los derechos fundamentales entendidos como atributos
reconocidos a favor de los individuos, sino también, en cuanto se trata de respetar
I
l'Os valores materiales del ordenamiento jurídico, referidos en este caso a los fines
y objetivos constitucionales de tutela de urgencia." (STC 00023-2005-PIITC, FJ.
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contradecir los fines que persigue el amparo, sino que, además, debe coadyuvar al
mejor desarrollo de los mismos.
39. Más específicamente, este Tribunal ha reconocido en más de una oportunidad que
en el proceso de amparo no se dilucida la titularidad de un derecho, como sucede
en otros, sino sólo se restablece su ejercicio. Ello supone, como es obvio , que
quien solicita tutela en esta vía tiene que acreditar, mínimamente, la titularidad del
derecho constitucional cuyo restablecimiento invoca, en tanto que este requisito
constituye un presupuesto procesal, a lo que se suma la exigencia de tener que
demostrar la existencia del acto cuestionado. Dicho en otras palabras, el proceso
de amparo constituye, en buena cuenta, un proceso al acto, en el sentido de que el
juez no tiene tanto que actuar pruebas, sino juzgar, en esencia, sobre su
legitimidad o ilegitimidad constitucional.
40. Siendo ello así, resulta fácil advertir que el proceso de amparo se presenta más
como un proceso de condena, antes que como uno de cognición o uno de
declaración. En consecuencia, una sentencia de amparo de primer grado que
declara fundada la pretensión del demandante ha de ser entendida, correctamente,
como el resultado de una oportuna evaluación del derecho o derechos implicados
en la litis, realizada además por el juez constitucional que se encuentra más
familiarizado con los hechos del caso; decisión , p r ese motivo, merece ser
ejecutada de inmediato. /
41 . Por todas estas consideraciones, pues, parece claro que la actuación inmediata se
proyecta como una herramienta eficaz para la co secución de aquellos fines que
son inherentes y consustanciales al proceso de a paro.
\ 46. Así las cosas, este Tribunal considera que una postura favorable a la ejecución de
la sentencia estimatoria de primer grado en el amparo --en lugar de reservarla
exclusivamente para la etapa final del proceso-, protege adecuadamente el
derecho a la tutela jurisdiccional efectiva del demandante, por dos órdenes de
razones: 1) porque la sentencia de primer grado es ante todo una decisión
obligatoria; y 2) porque esa decisión merece una ejecución acorde con el carácter
perentorio y urgente que caracteriza al amparo.
47. En efecto, en cuanto a lo primero, merece d carse que toda decisión judicial, al
margen de su ubicación dentro del iter roce al , es siempre un acto imperativo
emitido por un tercero imparcial a quien Estado le reconoce esa potestad.
(CABALLOL ANGELA TS, Lluís: op. cit. p. 76-77). Por eso, este Tribunal no
comparte aquella opinión según la cual la resoluciones "simplemente" definitivas
no son obligatorias, ni aquella otra que asume que las decisiones judiciales van
adquiriendo madurez conforme trans Oan por las distintas instancias previstas
legalmente. Antes bien, todas las re luciones judiciales son obligatorias. De ahí
que, aún en el supuesto de que dicl acto imperativo no haya de cumplirse como
consecuencia del efecto s~~pensy o del medi? de .~ravamen, . ha de entenderse
correctamente que "la relaclOn se traba con la eJeCUClOn (executlO) , pero el acto no
pierde autoridad ni suficiencia [de manera que] aún cuando el pronunciamiento
fuera revocado, igual tiene vigencia e imperatividad." (GOZAÍNI, Osvaldo
Alfredo: "La ejecución provisional en el proceso civil", en Revista Peruana de
Derecho Procesal, T. I1I, diciembre de 1998, p. 88).
48. Y en segundo lugar, hay que poner de manifiesto que al cumplir una función
básicamente satisfactiva, la actuación inmediata se halla en perfecta consonancia
con el nuevo estado de cosas que se conforma una vez dictada la sentencia de
primer grado favorable al demandante en el amparo . En efecto, en semejante
ntexto, resulta legítimo preguntarse: ¿quién debe soportar la pendencia del
p ceso por la articulación de un recurso : la parte que ya cuenta con una decisión
uien requiere la revisión? Pues bien, el instituto procesal de la actuación
/ ediata no hace otra cosa que asistir a quien ha demostrado, ante el juez de
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49. Todo lo dicho hasta aquí nos permite apreciar, en consecuencia, que la firmeza y
la ejecución son dos conceptos perfectamente escindibles. En efecto, la institución
la cosa juzgada, si bien garantiza que lo decidido en última instancia se cumpla en
sus propios términos, no llega a erigirse como un requisito de inexorable
cumplimiento para la ejecución de las sentencias judiciales, cuando de por medio
se encuentra la defensa oportuna de los derechos fundamentales. En dichos casos,
por tanto, la sentencia de condena recurrida debe ser entendida como un auténtico
\ título de ejecución. (MORENO CATENA, Víctor: La ejecuciónJorzosa, Palestra,
Lima, 2009, pp. 139-140).
50. Y es que el cambio de paradigma que afronta hoy el derecho procesal - y que fuera
reseñado supra-, afecta también a la noción de seguridad jurídica que es
consustancial a la cosa juzgada, que por esa razón ha de entenderse en forma
dinámica y flexible (antes que estática) y debe ser medida por la estabilidad de su
f'\ finalidad , de modo que no se busque más el absoluto de la seguridad jurídica, sino
la seguridad jurídica afectada con un coeficiente de garantía de realidad.
,I (ALVARO DE OLIVEIRA, Carlos Alberto: " recho a la tutela jurisdiccional
~! efectiva desde la perspectiva de los der chos fundamentales", en Derecho
Procesal. XXI Jornadas Iberoamericanas , Fond Editorial de la Universidad de
Lima, Lima, 2008, p. 78).
52. Se trata, en estricto, de un derecho que nace a partir de una doble realidad: por un
lado, la comprobación de la falibilidad humana, que en el ámbito judicial recae en
la persona del juzgador, y por el otro, el hecho, consustancial a la pretensión de las
partes de no aceptar la resolución que sea desfavorable a sus propios intereses.
(SOLÉ RIERA, Jaume: "El recurso de apelación", en Revista Peruana de Derecho
rocesal, Lima, T. n, marzo de 1998, p. 573).
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p( r otro lado, es bueno remarcar que al igual que el derecho a la ejecución de las
re oluciones judiciales, el derecho a la pluralidad de instancias forma parte del
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57. No obstante, este Tribunal considera que, a diferenc' e lo que sucede con la
actuación inmediata en relación al derecho a la tut a j dicial efectiva, el efecto
suspensivo de los recursos no forma parte del cont nido constitucionalmente
protegido del derecho a la pluralidad de instancias.
58. En efecto, todo recurso de apelación -como ya h os señalado supra- tiene por
contenido necesario la simple revisión de la ecisión judicial por un órgano
superior, pero en modo alguno conlleva un d echo similar a la estimación del
recurso. y es que, en buena cuenta, la subsanación del supuesto error impugnado
constituye tan sólo un efecto probable, mas no de seguro cumplimiento, de los
medios impugnatorios. En esa medida, pues, puede afirmarse que el régimen de
efecto suspensivo de los recursos, al impedir la ejecución de la sentencia apelada,
termina garantizando al demandado un resultado que es sólo contingente y
aleatorio ; lo que contrasta, en todo caso, con el derecho cierto del demandante que
ha sido reconocido en la sentencia estimatoria de primer grado.
59. En cualquier caso, este Tribunal estima que una medida igualmente adecuada al
fin perseguido por el régimen de efecto suspensivo de los recursos, pero menos
lesiva del derecho a la ejecución de las resoluciones judiciales, podría consistir en
la prohibición dirigida al juez de conceder toda aquella actuación inmediata que
o de cosas tal que no pueda revertirse en el futuro, cuando se
ronunciamiento judicial que resuelve el recurso efectivamente
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c) A modo de conclusión.
60. Teniendo a la vista las consideraciones expuestas hasta aquí, este Tribunal no
puede sino concluir que la actuación inmediata de la sentencia estimatoria
constituye una institución procesal de suma importancia y utilidad para la efectiva
concreción del derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, como quiera que ella se
dirige a conjurar daños irreparables, a evitar el abuso procesal de la institución de
la apelación y a (re )asignar al juez de primera instancia un rol protagónico y
estratégico en la cadena de protección de los derechos fundamentales. (MONROY
GÁL VEZ, Juan: "La actuación de la sentencia impugnada", en Revista Peruana
de Derecho Procesal, tomo V, junio del 2002, p. 218).
61. Todo lo cual, sin embargo, no excluye que al momento de abordar el diseño de sus
presupuestos procesales, se dispongan de los necesarios recaudos dirigidos a hacer
de la actuación inmediata una figura procesal plenamente compatible con aquellos
otros intereses que, en el marco de lo dispuesto por la Constitución, también
resulta legítimo proteger.
62. En ese sentido, este Tribunal no puede obviar que en la medida en que la
actuación inmediata puede originar, en ciertos casos, determinadas situaciones
injustas para el demandado, se hace necesario precisar cuál debe ser la
interpretación constitucionalmente adecuad a ículo 22 del CPConst. ; para lo
cual, este Colegiado habrá de tener cuenta tanto la naturaleza misma del
proceso de amparo, en tanto vía de tela urge e, así como también los derechos
fundamentales de la parte emplazada.
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ix. Apelación: la resolución que ordena la actuación inmediata, así como aquella
que la deniega, serán inimpugnables.
xi. Relación con la medida cautelar: una vez emitida la sentencia estimatoria de
'1 primer grado, el demandante podrá optar alternativamente entre la actuación
\
inmediata o la medida cautelar; sin embargo, la utilización de una excluirá la
de la otra.
HARESUEL
2. DISPONER que la Universidad Inca Garci aso de la Vega tenga en cuenta los
fundamentos 2 al 16 de la presente resoluci' respecto al derecho a la educación, a
efectos de no volver a incurrir en vulneraci n de este derecho fundamental.
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BEAUMONT CALLIRGOS 11
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