Derechos Humanos- Universidad Nacional del Sur
UNIDAD X
GUIA DE ESTUDIO
PROTECCIÓN ESPECÍFICA DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
1. INTRODUCCIÓN GENERAL
Alrededor del 15% de la población mundial vive con una discapacidad, es decir, en el
seno de nuestra familia o de las familias vecinas, conformada por dos o tres
generaciones, de cada siete integrantes, en promedio, al menos uno convive con
algún tipo de discapacidad. No es un dato menor porque el grupo representa, así, la
mayor minoría del mundo. Y la cifra va en aumento, debido al crecimiento y el
proceso de envejecimiento de la población, los avances de la medicina y a su vez, la
presencia de enfermedades crónicas, algo de lo que hemos hablado al tratar las PAM.
Otro hecho de significativa importancia es que la discapacidad forma parte de la
condición humana: casi todas las personas hemos tenido o tendremos algún tipo de
discapacidad transitoria o permanente en algún momento de nuestras vidas. Se
estima que en los países donde la esperanza de vida es superior a los 70 años, en
promedio alrededor de 8 años de nuestra vida, la transitaremos con algún tipo de
discapacidad.
Además, es importante resaltar que la discapacidad tiene una incidencia más alta en
las mujeres que en los hombres. Las mujeres y las niñas con discapacidad
experimentan múltiples formas de discriminación, debido al género y a la
discapacidad, a lo que suelen sumarse otros factores, como la pobreza, la calidad de
migrante, el ámbito rural, etc. Es de tanta importancia el tema que ha motivado una de
las primeras Observaciones Generales del Comité sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad, la número 3, en el año 2016.
Otras de las cuestiones asociadas es la educación. Según la UNESCO, el 90% de los
niños y niñas con discapacidad no asiste a la escuela. La tasa mundial de
alfabetización de personas adultas con discapacidad llega solamente al 3%, y al 1%
en el caso de las mujeres con discapacidad, según un estudio del PNUD de 1998.
El ámbito laboral también plantea datos de importancia. Según estima la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), unas 386 millones de las personas en
edad de trabajar tienen discapacidad. Los datos generales de la Encuesta Mundial de
Salud indican que las tasas de empleo son menores entre los varones y mujeres que
presentan una discapacidad (53% y 20%, respectivamente) que entre los varones y
mujeres sin ella (65% y 30%, respectivamente).
Además, la discapacidad se presenta de manera desproporcionada en ciertos
grupos en situación de vulnerabilidad. Los resultados de la Encuesta Mundial de
Salud indican que la prevalencia de la discapacidad es mayor en los países de
ingresos bajos que en los países de ingresos más elevados. Las personas con pocos
ingresos, sin trabajo o con poca formación académica tienen mayor riesgo de
discapacidad. En consecuencia, las personas con discapacidad presentan tasas más
altas de pobreza que las personas sin discapacidad. En promedio, las personas con
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discapacidad y las familias con un miembro con discapacidad tienen mayores tasas de
privaciones -como inseguridad alimentaria, condiciones deficientes de vivienda, falta
de acceso a agua potable y salubridad, y acceso deficiente a atención de salud y
poseen menos bienes que las personas y familias sin una discapacidad.
Si nos atenemos a los datos de Argentina, observamos, según el último Censo
Nacional de 2010, que más de cinco millones de personas vivían por entonces con
una discapacidad permanente, lo que representa el 12,9 por ciento del total de la
población. Eran más mujeres que varones (14 a 11,7 por ciento), viviendo mayormente
en áreas urbanas y se trata del grupo con mayor analfabetismo (del total de más de 10
años, el 6,5 por ciento no sabe leer ni escribir -en comparación con la población
general donde sólo el 1,9 por ciento es analfabeta y está focalizado en algunas áreas,
en particular en población adulta mayor-). De las encuestas surge que 2.241.897
personas son consideradas Población Económica Activa (PEA); de ellas, el 44,6 por
ciento (2.095.240) está ocupada. En su mayoría, son dependientes (el 60,1 por
ciento), seguidos por cuentapropistas (27,5), patrones (7,5) y trabajadores o
trabajadoras familiares (5). Datos más recientes surgen del Estudio Nacional sobre el
Perfil de las Personas con Discapacidad, realizado en el año 2018, disponible aquí.
Esta información concreta nos muestra la actualidad de la discapacidad. Y nos lleva
entonces, como sociedad, a abordar los obstáculos y las desigualdades que se
generan para determinadas personas. Una realidad que no nos puede ser ajena, sino
que nos interpela hacia el interior de nuestras familias y reclama del Estado la toma de
medidas urgentes para que todas las personas podamos disfrutar en condiciones de
igualdad nuestros derechos.
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
La Convención fue adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en el año
2006 y luego de ser ratificada por Argentina, obtuvo en nuestro país jerarquía
constitucional en el año 2014. Ella plasma un nuevo modelo de tratamiento de la
discapacidad, dejando atrás primero el modelo de prescindencia, donde se veía a la
persona con discapacidad como una carga y se respondía a ello con políticas
eugenésicas o de exclusión, y luego, el de rehabilitación, que la concebía como un ser
a normalizar o rehabilitar, para lo cual se implementaban políticas paternalistas,
centradas en la institucionalización, en la educación especial, en la caridad, etc.
El modelo social que incorpora, concibe a la persona con discapacidad como persona
titular de derechos, con los mismos derechos que cualquier otra persona sin
discapacidad. Y las respuestas son otras: desinstitucionalización, educación inclusiva,
empleo ordinario, políticas con perspectiva de derechos humanos.
La Convención establece que “Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que
tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al
interactuar con diversas barreras, pueden impedir su participación plena y efectiva
en la sociedad, en igualdad de condiciones con los demás” (art. 1).
Lo trascendente de este concepto de discapacidad es que considera que la dificultad
mayor no se encuentra en las deficiencias, sino en las barreras físicas,
comunicacionales, culturales y actitudinales, que son las que pueden impedir la
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participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con los
demás. No son las personas con discapacidad las responsables de su propia situación
de exclusión, sino las barreras construidas por el resto de la sociedad, las que generan
los verdaderos impedimentos para la igualdad de condiciones con los demás.
E inmediatamente después, en el artículo 2º plantea el problema de la discriminación.
“El término "discriminación contra las personas con discapacidad" significa “…
cualquier distinción, exclusión o restricción por motivos de discapacidad que tenga el
propósito o el efecto de obstaculizar o dejar sin efecto el reconocimiento, goce o
ejercicio, en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades
fundamentales en los ámbitos político, económico, social, cultural, civil o de otro tipo.
Esto incluye todas las formas de discriminación, y, entre ellas, la denegación de
ajustes razonables” (art. 2).
El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en su Observación
General nro. 1 (2014) observó que “La capacidad jurídica es indispensable para el
ejercicio de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y
adquiere una importancia especial para las personas con discapacidad cuando tienen
que tomar decisiones fundamentales con respecto a su salud, su educación y su
trabajo. En muchos casos, la negación de la capacidad jurídica a las personas con
discapacidad ha hecho que se vean privadas de muchos derechos fundamentales,
como el derecho de voto, el derecho a casarse y fundar una familia, los derechos
reproductivos, la patria potestad, el derecho a otorgar su consentimiento para las
relaciones íntimas y el tratamiento médico y el derecho a la libertad” (párr. 8).
Otros conceptos y principios rectores derivados de la Convención
El instrumento establece el concepto de “ajustes razonables”, los cuales se definen
en el artículo 2 de la Convención como "las modificaciones y adaptaciones necesarias
y adecuadas que no impongan una carga desproporcionada o indebida, cuando se
requieran en un caso particular, para garantizar a las personas con discapacidad el
goce o ejercicio, en igualdad de condiciones con las demás, de todos los derechos
humanos y libertades fundamentales… Los Estados partes están obligados a efectuar
las modificaciones o adaptaciones necesarias para que las personas con discapacidad
puedan ejercer su capacidad jurídica”. El Comité, en la Observación General que
comentamos, aborda el tema en su párrafo 34 y expresa “La no discriminación incluye
el derecho a obtener ajustes razonables en el ejercicio de la capacidad jurídica (art. 5,
párr. 3).
La Convención además sienta las bases de los principios rectores que regirán la
materia: a) El respeto de la dignidad inherente, la autonomía individual, incluida la
libertad de tomar las propias decisiones, y la independencia de las personas; b) La no
discriminación; c) La participación e inclusión plenas y efectivas en la sociedad; d) El
respeto por la diferencia y la aceptación de las personas con discapacidad como parte
de la diversidad y la condición humanas; e) La igualdad de oportunidades; f) La
accesibilidad; g) La igualdad entre el hombre y la mujer; h) El respeto a la evolución de
las facultades de los niños y las niñas con discapacidad y de su derecho a preservar
su identidad.
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Nos detenemos brevemente en el concepto de accesibilidad. Aparece en el texto de
la Convención estrechamente asociado al de vida independiente, propugnando la
eliminación de todas las barreras y obstáculos en el entorno físico, el transporte, la
información y las comunicaciones, así como a todo tipo de servicio o instalaciones de
uso público en las zonas urbanas y rurales.
La accesibilidad es una condición previa para que las personas con discapacidad
puedan vivir en forma independiente y participar plenamente en la sociedad en
igualdad de condiciones. La accesibilidad fue objeto de examen en la Observación
General nro. 2 del Comité (2014): “Es importante que la accesibilidad se aborde en
toda su complejidad, incluyendo el entorno físico, el transporte, la información y la
comunicación, y los servicios. … En la medida en que los bienes, productos y servicios
están abiertos al público o son de uso público, deben ser accesibles a todas las
personas, independientemente de que la entidad que los posea u ofrezca sea una
autoridad pública o una empresa privada” (párr. 13).
Lo cual entonces introduce otro de los conceptos más trascendentes de la
Convención, la noción de “diseño universal”. La Observación General nro. 2, en su
párrafo 15 expresa: “La aplicación estricta del diseño universal a todos los nuevos
bienes, productos, instalaciones, tecnologías y servicios debe garantizar un acceso
pleno, en pie de igualdad y sin restricciones a todos los consumidores potenciales,
incluidas las personas con discapacidad, de una manera que tenga plenamente en
cuenta su dignidad y diversidad intrínsecas” y en su párrafo 16 “La aplicación del
diseño universal hace que la sociedad sea accesible para todos los seres humanos, no
solo para las personas con discapacidad”.
Para luego determinar, en el párrafo 28 que “La legislación debe incorporar el principio
del diseño universal, y basarse en él, como se exige en la Convención … y debe
disponer la aplicación obligatoria de las normas de accesibilidad y la imposición de
sanciones, incluidas multas, a quienes no las apliquen”.
Normativa interna
A nivel nacional, la ley 22.431 establece un sistema de protección integral de las
personas con discapacidad. Si bien algunos de sus contenidos se encuentran más
actualizados, aun parte de un concepto ya anacrónico, crea “un sistema de protección
integral de las personas discapacitadas, tendiente a asegurar a éstas su atención
médica, su educación y su seguridad social, así como a concederles las franquicias y
estímulos que permitan en lo posible neutralizar la desventaja que la discapacidad les
provoca y les den oportunidad, mediante su esfuerzo, de desempeñar en la comunidad
un rol equivalente al que ejercen las personas normales”.
Se complementa con la ley N° 24.901 de Sistema de Prestaciones Básicas en
Habilitación y Rehabilitación Integral a Favor de las Personas con Discapacidad
(1997); y la Ley N° 25.504 de “Certificado Único de Discapacidad” (2001). También
existen normas que favorecen la deducción del impuesto a las ganancias, el transporte
gratuito, un cupo laboral en empleo público, licencias y asignaciones familiares,
beneficios jubilatorios, beneficios impositivos para empresas que contraten personas
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con discapacidad, reformas de accesibilidad en el código electoral nacional, entre
otras previsiones.
El nuevo Código Civil y Comercial de la Nación ha generado modificaciones
importantes, más acordes, por ejemplo, en su art. 31 dispone que la capacidad general
de ejercicio de la persona humana se presume, aun cuando se encuentre internada en
un establecimiento asistencial. Pero algunos conceptos, como la curatela y la figura de
incapacitación, como también ciertas restricciones a la capacidad jurídica, dejan
vestigios de un sistema tutelar, y requieren aún de adecuación legislativa para
verdaderamente consagrar a la persona con discapacidad como persona titular de
derechos.
Por otra parte, el marco regulatorio de los actos discriminatorios en Argentina (ley
23592) no ha incorporado la denegación de ajustes razonables como discriminación
por motivos de discapacidad.
En este sentido, el Comité de Derechos de las Personas con Discapacidad, en ocasión
de examinar el cumplimiento por parte de Argentina de la Convención1, observó con
preocupación que "en la armonización de la Convención con el ordenamiento jurídico
nacional persisten importantes inconsistencias con los principios y mandatos de este
tratado; especialmente, en lo relativo al igual reconocimiento de la persona con
discapacidad ante la ley" (párr. 5). Agregó además que "el hecho de que no toda la
legislación provincial del Estado parte esté armonizada con la Convención, genera
disparidades en la forma en la que a nivel local se entienden los derechos de las
personas con discapacidad y a su efectiva implementación" (párr. 5).
El mayor avance en materia legislativa estará dado por la primera ley posterior a la
ratificación por Argentina de la Convención, la ley de salud mental nro. 26.657. Una
ley que recepta más adecuadamente los compromisos asumidos, aunque no sin
inconvenientes, principalmente en lo relativo a su implementación.
La Agencia Nacional de Discapacidad tiene un acceso directo a la legislación
específica sobre discapacidad, que les dejamos disponible a través de este vínculo.
2. CUESTIONARIO GUIA
A continuación, desarrollamos una serie de preguntas sobre los puntos centrales a los
que deben prestar especialmente atención, para que cada uno/a de ustedes pueda
realizar su propio control de lectura. Como se ha venido señalando, consideren que,
en tanto guía, los interrogantes formulados no agotan los que el tema podría permitir.
1. ¿Cuál ha sido el tratamiento de la discapacidad hasta llegar al abordado por la
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad? ¿qué diversos
modelos o paradigmas se han utilizado? ¿cuáles son las características del modelo
social?
2. ¿Qué conceptos importantes surgen de la Convención antes mencionada? ¿Qué
ejemplos podría dar que impliquen ajustes razonables? ¿Y cuáles que impliquen un
diseño universal?
1
CRPD/C/ARG/CO/1, 19 de octubre de 2012.
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3. ¿Cuáles son las obligaciones específicas que asumen los Estados respecto de las
personas con discapacidad?
4. ¿Qué previsión contiene la Constitución Nacional respecto de las personas con
discapacidad?
5. ¿Qué normativa infraconstitucional regula el tratamiento de la discapacidad en
Argentina?
6. ¿Por qué es importante un enfoque de género en el tratamiento de esta temática y
cuál sería su aplicación específica?
6. ¿Qué otros ejemplos puede dar de regulaciones internas que aún no se encuentren
adecuadas a la normativa internacional en esta materia? ¿Qué mejoras se introducen
en el Código Civil y Comercial y en la ley de salud mental en torno a las personas con
discapacidad?
3. BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA
Para responder a las preguntas planteadas y abordar asimismo el estudio adecuado
del tema, solicitamos la lectura de la siguiente BIBLIOGRAFÍA que se encuentra
accesible en Plataforma Virtual en la sección correspondiente a esta temática.
- PALACIOS, Agustina. El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y
plasmación en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad. Especialmente pp. 103-151, 272-308 y 469-478.
- Corte IDH. Furlan y Familiares vs. Argentina. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2012. Ver especialmente párr.
128-138 y 294-295. Disponible aquí.
- CRPD/C/11/D/8/2012, Caso X vs. Argentina, 2014.
4. CÓMO ALUDIMOS A LA DISCAPACIDAD?
Es importante que nos tomemos un momento para reflexionar sobre el lenguaje que
utilizamos en torno a la discapacidad, como hemos hecho en torno a género. Algo que
deviene fundamental luego de incorporar los conceptos que hemos intentado
transmitirles a través de estas páginas y que podrán complementar con la bibliografía
propuesta.
La RAE nos ilustra diciendo que “discapacitado” es dicho de una persona “que padece
una disminución física, sensorial o psíquica que la incapacita total o parcialmente para
el trabajo o para otras tareas ordinarias de la vida”. También nos dice que la
“discapacidad” es la condición de discapacitado y que “minusválido” es un sinónimo
aceptado. A esta altura de lo aquí desarrollado, podemos entender el inadecuado
tratamiento que la RAE dispensa a la temática.
En lo cotidiano de nuestros días oímos esos términos, como otros, tales como
impedido, disminuido, lisiado, inválido, sordito, cieguito, incapaz, anormal (a veces no
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directamente pero esa es la otra opción si aludimos a todo el universo como “personas
con discapacidad y personas normales”) y, claro, sus equivalentes en femenino. Un
acápite especial merece la salud mental, con términos tales como “retardado”,
“insano”, “demente”.
El vocabulario que utilizamos debe ser repensado a la luz de los nuevos postulados
que requiere la materia y que hemos introducido en esta guía, premisas que surgen a
partir de la incorporación de la perspectiva de derechos humanos en la temática.
Por ello, si digo “el discapacitado”, estoy aludiendo a la condición más íntima de la
persona, la presento como un ser humano con una limitación. Si alguien es “sordito o
cieguito” subliminalmente nos referimos a él como quien permanece de manera
permanente en la infancia. Si menciono que es “incapaz” estoy privándolo de
capacidad para ejercer derechos, entonces no es capaz de trabajar, de estudiar, de
tomar decisiones, etc. Si pensamos el término “inválido” y se lo aplicamos a una
persona, no requiere de mayores comentarios.
Algunos de estos vocabularios se encuentran en desuso. Pero aparecen otros que se
utilizan con frecuencia, incluso con la intención de no discriminar. Pero las personas
con discapacidad no tienen capacidades especiales ni diferentes, tienen las mismas
que las personas que no tienen discapacidad. Desde el momento en que somos todas
personas iguales en el tratamiento que la ley debe dispensar, porque nuestras
diferencias no se miden en términos de capacidades o necesidades.
Podemos ir incluso más allá. Y analizar si es correcto que digamos “persona que sufre
una discapacidad o que padece una discapacidad”. Porque aquí entra en juego el
propio concepto de discapacidad y nos coloca nuevamente en otra perspectiva: el
problema no está en la persona, sino en la sociedad que no logra eliminar los
obstáculos.
El término adecuado a emplear es persona… con discapacidad, en situación de
discapacidad, que presenta una discapacidad, que vive con discapacidad, que tiene
discapacidad. Hoy por hoy los debates más específicos se dan en torno a si es
adecuado hablar de persona con discapacidad y si no debiéramos pasar directamente
a las restantes alusiones referidas en este párrafo. En cualquier caso, el uso adecuado
del lenguaje es fundamental en el cambio de paradigma que requerimos como
sociedad2.
El cambio de perspectiva se logra en los hechos cotidianos. Y el lenguaje es, sin
dudas, una herramienta que nos permite fomentar el respeto por el otro, por la otra, en
la diversidad, en la construcción de una sociedad más inclusiva, más tolerante, más
empática.
Para finalizar, compartimos con ustedes el video de Constanza Orbaiz “Discapacidad,
poder distinto”.
5. CONSULTAS
2
Encontrarán aquí una guía de la Agencia Nacional de Discapacidad sobre lenguaje adecuado.
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Quedamos a disposición para atender cualquier consulta que surja del estudio de la
presente temática, recuerden tenemos el foro para comunicarnos. Prof. J. Martinez