STALKING (172 TER)
I. Bien jurídico protegido
La ubicación sistemática de un concreto tipo delictivo en la estructura del Libro II del Código
penal suele ser utilizada como indicador del bien jurídico que con su regulación se tutela. En ese
sentido, el tipo relativo al acoso se contempla en el Capítulo III («de las coacciones») del Título VI
(«delitos contra la libertad») del Libro segundo del Código penal, siendo, por tanto, el bien
jurídico protegido la libertad de obrar del sujeto, tanto en su fase de decisión como de ejecución,
así como el derecho a vivir tranquilo y sin zozobra. No se busca humillar o envilecer a la víctima
(acoso moral), sino generar en ésta un sentimiento de temor, inseguridad, desasosiego o
atosigamiento, entre otros, repercutiendo de forma notable en el actuar de la víctima, llegando a
condicionar sus costumbres o hábitos (acoso psicológico).
Asimismo, aunque el bien jurídico principalmente afectado por el delito de hostigamiento es,
como hemos dejado sentado, la libertad, también pueden verse lesionados otros como el honor,
la integridad moral o la intimidad, en atención a los concretos actos en los que el acoso se
materialice.
II. Sujetos activos y pasivos
El delito de acoso se configura como un delito común, es decir, que puede ser cometido por
cualquier persona como lo atestigua el uso de la fórmula «el que» para referirse al sujeto activo y
el vocablo «persona» para referenciar al sujeto pasivo. Víctimas de este delito únicamente lo
pueden ser las personas físicas, no siendo admisible que se produzca respecto de personas
jurídicas, las cuales carecen de «un sentimiento de cotidianeidad o de seguridad que quede
alterado, ni pueden sentir temor o sensación de atosigamiento», resultado típico exigido en la
descripción del precepto. Las características de la víctima y la relación existente entre las partes
resultarán de interés, como veremos, para la configuración de las modalidades agravadas del
acoso.
III. Tipo objetivo
Este delito se vertebra alrededor de cuatro elementos consistentes en: a) la perpetración de
actos de acoso; b) que esa actuación sea insistente y reiterada; c) que el sujeto activo no se halle
legitimado para hacerlo; d) que produzca una grave alteración de la vida cotidiana de la víctima.
La concurrencia del tipo penal dependerá, como ya adelantamos, de los factores circunstanciales
presentes en cada caso. Para ello debe valorarse, por una parte, el contenido, la reiteración y la
prolongación en el tiempo de las conductas realizadas y, por otra, su idoneidad para llegar a
afectar seriamente al equilibrio psíquico del sujeto pasivo, al suponer una intromisión indeseada
en su vida generadora de un estado de presión psicológica que desemboque en la adopción de
cambios sustanciales en la forma de conducirse o relacionarse socialmente en su vida diaria.
1. Modalidades de conducta
a) La vigilancia, la persecución o la búsqueda de la cercanía física de la víctima, que constituyen las
tradicionales conductas de acoso.
b) El establecimiento o intento de establecimiento de contacto con la víctima a través de cualquier
medio de comunicación (cartas, llamadas telefónicas, sms, mensajes a través de redes sociales —
Whatsapp, sms, Telegram, Facebook, Instagram, Twitter, correos electrónicos, etc.) o, incluso, por
medio de terceras personas.
c) El uso indebido de los datos personales de la víctima para la adquisición de productos, la
contratación de servicios o la puesta en comunicación con ella de terceras personas. Pese a que
pudiera pensarse que existe una coincidencia entre las conductas descritas en el apartado segundo
—establecimiento o intento de establecimiento de contacto por medio de terceras personas- y la
aquí referida —puesta en comunicación con ellas de terceras personas—, nada más lejos de la
realidad. Mientras que en el primer caso es el propio acosador quien remite los mensajes a la víctima
utilizando a terceras personas, en este último, aquél se limita a facilitar los datos personales de la
víctima —por ejemplo, publicando la foto y los datos personales de su expareja en una página de
contactos sexuales o publicitando el teléfono de la víctima en anuncios de supuestas ventas de
segunda mano — a efectos de que terceras personas con sus continuas llamadas generen su
perturbación.
d) El atentado contra la libertad o el patrimonio, bien de la víctima bien de una persona próxima a
ella.
2. La exigencia de una conducta insistente y reiterada
En base a esta exigencia, para resultar punibles esos actos de intromisión ilegítima en la intimidad de
la víctima, es preciso que estos se perpetren, en palabras del propio precepto, de forma insistente y
reiterada. Ello equivale, conforme a lo señalado por la jurisprudencia, a «una reiteración de acciones
de la misma naturaleza que se repite en el tiempo». Estaríamos, por tanto, ante una estrategia
sistemática de persecución integrada por diferentes actos dirigidos al logro de una determinada
finalidad que los vincule entre ellos configurando una unidad de acción
3. Grave alteración de la vida cotidiana de la víctima: resultado típico
La conducta típica antes indicada debe exceder de las meras molestias o de la simple causación de un
sentimiento de desasosiego y obligar a la víctima, como única vía escapatoria, a alterar, de forma
grave, su manera de conducirse o relacionarse socialmente en su vida diaria, aunque sin llegar a la
exigencia de una completa paralización de su vida o que de ello se deriven lesiones psíquicas para la
perjudicada. El delito de acoso se configura, por tanto, como un delito de resultado, requiriéndose
para su consumación la efectiva constatación de esa perturbación en la víctima como consecuencia
de los actos de hostigamiento sufridos .
La amplitud y la subjetividad de esta expresión puede llevar, en principio, a que una misma conducta
sea o no tipificada como acoso en atención a la concreta sensibilidad de la víctima. Y es que, como se
señala en la SAP de Tarragona de 18 de mayo de 2018 (LA LEY 128857/2018), «a la persona que sufre
el acoso no pueden exigírsele comportamientos o reacciones heroicas o que supongan un elevado
coste personal, económico, social. Por eso insistimos en la necesidad de que, caso por caso,
situacionalmente, se examinen y valoren las concretas condiciones personales de la supuesta víctima
(no toda persona reacciona igual ante unos mismos estímulos traumáticos ni dispone de unos
mismos resortes para enfrentarse a los mismos) y los concretos costes emocionales, personales y
sociales que la conducta acosadora le ha irrogado».
Por lo que respecta a la concreción de la forma en que la vida cotidiana de la víctima ha sido
gravemente alterada, además de la propia manifestación de la víctima en este sentido, los órganos
judiciales han ido concretando qué datos periféricos son penalmente relevantes de cara a su
corroboración. Entre ellos, tienen una especial incidencia la petición por la víctima de una orden de
protección, el traslado de ciudad de residencia o del domicilio habitual , el cambio en el puesto o
lugar de trabajo, el requerimiento de tratamiento médico psiquiátrico y farmacológico así como de
atención psicológica, la agravación de sintomatologías previas, la concesión de una baja por
incapacidad temporal por ansiedad, la adopción de medidas de protección al salir a la calle, la
modificación de horarios, la limitación de las salidas de ocio o alteración de los lugares, el cambio de
la puerta o de la cerradura de casa, la necesidad de acompañamiento por terceras personas para los
quehaceres diarios, el cambio del número de teléfono y su bloqueo en las diversas aplicaciones, la
modificación de itinerarios o la necesidad de reducir el círculos de personas con los que la víctima se
relacionaba para minorar las posibilidades de que el acosador la localizara recurriendo a las mismas.
IV. Penalidad
El tipo básico del delito de acoso: pena de prisión de tres meses a dos años o una pena de multa
de seis a veinticuatro meses. Esta pena se impondrá sin perjuicio de las que pudieran
corresponder a los delitos individuales en que se hubieran concretados esas conductas de acoso,
que se castigarán separadamente (concurso real).
V. Circunstancias agravantes
1. Tipo agravado: persona especialmente vulnerable
La pena de prisión a imponer se verá agravada en su límite inferior (de tres a seis meses) cuando
la víctima del acoso sea una persona especialmente vulnerable por razón de su edad,
enfermedad o situación.
2. Tipo hiperagravado: violencia doméstica y de género
El legislador ha contemplado un tipo hiperagravado cuando el ofendido fuere alguna de las
personas a las que se refiere el art. 173.2 CP , es decir, en los casos de violencia doméstica y de
género.
VI. Régimen de procedibilidad
El delito de acoso solo será perseguible mediante la interposición de la previa denuncia por parte
de la persona agraviada o de su representante legal.
Esta condición objetiva de perseguibilidad se ve excepcionada en los supuestos de actos de
hostigamiento perpetrados en el ámbito de la violencia doméstica o de géner.