LA LOGICA DEL SIGNIFICANTE
Ira. conferencia
1. La lógica del significante
Es la prim era vez que tom o la palabra en B uenos Aires y es para
mí un placer, pues aunque sin duda ustedes no lo saben, Buenos A i
res es en París una ciudad legendaria como ciudad lacaniana y me
siento contento de poder constatarlo con m is propios ojos. '•
Es tam bién la prim era vez que hablo en público después de la
muerte de Jacques Lacan. A quí, a lo largo de esta sem ana de trabajo,
tendré que experim entar qué es hablar, trabajar, pensar, después de
la muerte de Lacan.
El título de este sem inario “La lógica del significante”, no fue de mi
elección. Por el contrario, responde a la elección de los m iembros de
una Comisión de organización que los representaron ante mí, a qu ie
nes les agradezco el trabajo realizado.
Acepté este tem a pues m e trae buenos recuerdos: bajo esa bandera
entré en la enseñanza de Lacan. Para ustedes, empero, representa al
parecer ciertas dificultades pues es un punto de encrucijada en la en
señanza de Lacan. Q uizá es el único tem a a partir del cual se puede
obtener, si no una vista panorám ica de su enseñanza, al m enos una
visión transversal de la misma, diría en toda su extensión.
Esta ventaja tiene un precio: las significaciones comunes del p si
coanálisis, ésas gracias a las cuales reconocen que se les habla de psi
coanálisis, están poco presentes cuando se habla de este tema. Si se
les habla del Edipo, de la histeria, de la pulsión o del falo, están h a
8 Jacques-Alain Müler
bituados a pensar que se les habla de psicoanálisis. En cambio, tra
tándose de la lógica del significante no están habituados a pensar que
está relacionada con el psicoanálisis.
Supongo, ya que me han pedido que hable de este tema, que con
fian en que se relaciona con la experiencia psicoanalítica y que puede,
a veces, aclararla. —
Dispongo de cuatro reuniones y no me hago ilusiones sobre el te
rreno que puedo cubrir durante las m ismas. No me propongo hacer
un tratado de lógica del significante sino darles algunos atisbos de la
misma en ciertos puntos. Esto es lo que le conviene a esta lógica, dar
algunos atisbos, pues no forma un cuerpo homogéneo; no es una dis
ciplina. Diré, sin temor, que la lógica del significante parasita la lógica
m atem ática - y exige que se tengan algunas nociones de lógica m ate
m ática- incluso hurga en sus basureros. —
Lógica del significante como sintagm a es un verdadero pleonasmo.
Hablando estrictam ente, sólo hay lógica del significante; toda lógica
implica en sí m ism a una desvalorización del significado; por esta ra
zón una form ación lógica, en el sentido de Lacan, le es indispensable
al psicoanalista.
La desvalorización del significado que im plica toda lógica se obser
va ya en la lógica antigua, se observa desde los albores de la lógica.
Sin embargo, dicha lógica antigua, allí reside su diferencia con la
nuestra, sigue aún atada a la gram ática y, p or ende, atada a la lengua,
a la lengua hablada.
Debe llam arse lógica en su sentido estricto -en este punto la po
sición de Lacan es la del lógico m atem ático- a aquella que realizó su
escisión respecto a la gramática. Esto hace que se justifique hablar de
lógica sólo a partir de Boole.
La teoría de Aristóteles que, unida a la de Freud, es una de las lec
turas más importantes de Lacan, no la borró completamente pese a
la fonnalización que entraña. Partió, en el fondo, de elem entos sim
ples, la dem ostración y la dialéctica, y gracias a ellos obtuvo ese efecto
que se conoce bajo el nombre de silogism o. —
La desvalorización del significado se aprecia ya en los ejem plos de
los estoicos; esas reflexiones sobre temas tan importantes como “si es
de día entonces es de día”. Este ejem plo desde el punto de vista del sig
nificante es m uy interesante y además no es obvio. La implicación
“si...entonces” en sí misma sigue siendo sumamente interesante,
cualquiera sea el valor intrínseco de significación de las proposicio
nes que se sitúan entre estas conectivas.
Seminario: Ijx lógica del significante 9
Tom em os otro ejemplo, más penoso y menos trivial, que Lacan en
fatizó, esa pasión por hacer un silogism o con la m uerte de Sócrates,
que se repite a través de los siglos: “Sócrates es mortal". Esto es preci
samente borrar lo que entraña de pasión la muerte de Sócrates, pues
entre todos los hom bres que son m ortales sabemos que h ay uno, S ó
crates, que precisam ente no murió por ser mortal. Freud también lo
explica: los hom bres no sólo m ueren porque son mortales. Si no nos
percatam os de ello nada podemos hacer con lo que se llam a la pulsión
de muerte. A l inscribir “Sócrates es m ortal" en el silogism o se vuelve
insignificante la pulsión de muerte: cosa que ocurre con todas las sig
nificaciones aprehendidas en la dim ensión lógica.
¿Cuál fue la novación introducida cuando puntué esa expresión de
Lacan de lógica del significante, que hasta entonces había pasado to
talmente desapercibida?
H asta m ediados de la década del '60 parecía que Lacan acentuaba
sobre todo la lingüística moderna de esa época, es decir la lingüística
saussureana, com o ideal de las ciencias humanas. Esta idea la había
traído Lévi-Strauss de su estadía en los Estados Unidos durante la
guerra, donde la había tomado de los cursos de Jakobson a los que
asistió. Lacan, en una primera época, in scribióal psicoanálisis en este
surco. Evidentem ente, esta inscripción no fue masiva, pues mantuvo
también al psicoanálisis en relación con la fenom enología y no dejó de
referirse, en form a precisa, a Heidegger. Esto ya nos indica que la po
sición de Lacan en la cultura contem poránea era más bien única y a
la vez para nada sincrética. Necesitaba todos estos m ateriales para
construir la autonom ía del discurso analítico: en este sentido es es-
tructuralista.
La preferencia por la lingüística es comprensible si pensam os que
Lacan dijo que el inconsciente está estructurado como un lenguaje y
que se supone que la lingüística es la ciencia del lenguaje.
“La lógica del significante", a pesar de su pleonasmo, anunciaba
que la lógica no interesa menos al psicoanálisis. La diferencia entre
lógica y lingüística es que la lógica no pretende tom ar en cuenta los
efectos del significado; se ocupa del significante puro, es decir, del sig
nificante en tanto que no quiere decir nada. Esta es una definición de
base de la obra de Lacan y es, por otra parte, lo que hizo que la ciber
nética fuese de entrada una referencia esencial de su discurso. Fue
el prim er modo en que intentó hacer com prender que el deseo incons
ciente es inmortal, cuando dio el ejem plo de los m ensajes que giran
10 Jacques-Alain Müler
en la m áquina cibernética y que no tienen, en sí mismos, el principio
de su detención.
Observarán que el retorno a Freud no es meramente un retom o a
las fuentes, a los textos, sino una reactualización por parte de Lacan
del conjunto de referencias freudianas y, si hay una referencia au
sente en Freud, ella es precisam ente la referencia lógica. Ausencia
tanto más llamativa si tenemos presente hasta que punto la Viena de
Freud bullía de referencias lógico-matemáticas. Basta recordar lo que
la historia denominó Círculo de Viena. A l parecer, según me dijo
Kreisel, el lógico, Freud tenía en su diván a la herm ana de W ittgens-
tein, quién no logró despertar su interés por el positivism o lógico.
Precisamente, por no tom ar en cuenta los efectos de significado,
la lógica vuelve mucho más puro el efecto de sujeto que, al mismo
tiempo, desconoce, reprim e y, para retom ar un término que parece
haber perdurado en la memoria, sutura. Puede decirse pues que la ló
gica del significante es un estudio del efecto de sujeto en psicoanáli
sis.
La lógica del significante tiene un interés electivo por las paradojas
de la lógica matemática. Lo que m arcó su punto de part ida fue una ca
tástrofe, la de enfrentar una paradoja. Poincaré decía, Lacan lo evo
caba, “la lógica m atem ática no es estéril, engendra paradojas”.
La paradoja es el prim er resultado del esfuerzo m oderno de la ló
gica m atem ática por pensar al significante por sí solo, como sin efecto;
un prim er resultado del esfuerzo por darle al campo del significante
una coherencia total. Este esfuerzo tropezó de inm ediato con dos des
garraduras. En prim er término, el esfuerzo de Frege, quien mientras
realizaba la última revisión a su “Tratado", que ya estaba en prensa,
recibió la noticia de que eso no caminaba en una carta de Bertrand
Russell. En otro campo, en el mom ento en que Hilbert afirm a su pro
yecto metam atem ático destinado a dar una consistencia global a la
matemática, éste es, diría, ridiculizado por el descubrim iento de Kurt
Gódel.
Estas dos desgarraduras aún no han sido reparadas; desde en
tonces sabemos que estam os destinados en el orden del significante
a un saber disperso; sabem os que la totalización en este ámbito fra
casa. Estos dos hechos que se producen a treinta años de distancia
entre sí, no son contem poráneos del psicoanálisis por casualidad;
pues se trata en ambos casos de un mismo tejido.
Esto también muestra que hay algo nuevo. Lacan lo usó al inicio
de su enseñanza precisam ente para m ostrar que hay algo que no es
Seminario: La lógica del significante 11
enseñable (el inconsciente estructurado como un lenguaje, pese a que
se im agina exactam ente lo contrario, le da su lugar a lo imposible de
decir, es desde allí desde donde lo imposible de decir puede recibir su
estructura), encuentra su referencia en el Sem inario 11 en elM en ón d e
Platón, donde éste sitúa a la verdad que resiste al saber.
En el fondo, Godel vuelve a adquirir lo mismo, pero con una cons
trucción significante que es una proposición rigurosam ente verdade
ra pero al mismo tiempo indemostrable. El teorem a de G õdel ayuda
a entender de qué se trata el inconsciente de Freud.
Quisiera advertirles acerca del peligro de considerar al psicoaná
lisis como una suerte de lógica del significante aplicada. Su única fun
ción es la de disciplina de la asociación libre.
Para Lacan la lógica m atem ática es la ciencia de lo real porque,
más allá de las articulaciones lógicas, permite captar qué quiere decir
lo imposible. Lo im posible tiene como referencia siem pre una articu
lación significante y el único indicio de lo real es precisam ente lo
imposible.
Agregaré, para finalizar esta introducción, que num erosos con
ceptos de Freud sólo encuentran su equilibrio en Lacan a partir de la
lógica del significante. Ya se trate del concepto freudiano de identifi
cación o del concepto freudiano de repetición, nada se puede captar
sobre ellos sin la lógica del significante y su cuestionam iento del prin
cipio de identidad. En lo tocante al deseo, que en su sustancia no es
nada, sólo tenemos posibilidad, si no de aprehenderlo, por lo m enos
de seguir su huella a través de los rodeos y argucias de la lógica del
significante.
2. “Nada es todo”
El punto de partida más simple es el significante de Saussure. S a
ben, supongo, que ya los estoicos se habían percatado de la diferencia
entre el significante y el significado. Es Saussure, sin em bargo, quien
aísla ese significante paradójico que es el significante que no signifi
ca nada. Hay allí una paradoja, pues su nom bre m ism o parece en
trañar que sostenga y ayude a significar.
En psicoanálisis, la invitación a la asociación libre sólo se sostiene
en el hecho de confiar en que “el significante no significa n ada”, se con
fia en él para que signifique cualquier cosa. Esto se verifica. Confiando
12 Jacques-Alain Miller
en el significante que no significa nada se encuentran las significacio
nes mas esenciales de lo que se suele llam ar “la vida h um ana”.
Lacan localizó en la experiencia analítica el operador maravilloso
que permite que el significante que no significa nada se ponga a signi
ficar cualquier cosa. Ese operador es lo que llamó el sujeto supuesto
al saber, el que no sabe nada, pero basta con que opere en la experien
cia analítica para que, milagrosamente, cuanto menos algo significa
algo, m ás significa algo. Esta es una operación propiamente lógica en
la que se verifica que el significante crea por sus permutaciones, como
dice Lacan, el significado.
Pero esto no es el acabóse de la cuestión. El acabóse es que decir
todo conlleva en sí mismo una pérdida. A l respecto hay una oposición
fundamental, estructural, entre el significante y el todo. Freud se per
cató de ello a su modo al situar, más acá de todas las represiones que
pueden ser levantadas en la experiencia analítica, a la represión origi
naria; la cual nunca podía ser levantada. Desde ese lugar “más acá"
ella imanta, atrae la constelación de las represiones secundarias que
el análisis libera. Saben también que al final de La interpretación ele
los sueños sitúa esa función m isteriosa del ombligo del sueño, el pun
to que siem pre estará más acá de toda interpretación; que hace que
ella pueda continuarse indefinidamente sin desem bocar más que en
ram ificaciones siem pre complejas.
Esta función de la represión prim aria puede ser enfocada a partir
de los razonam ientos más elem entales que toman en serio el signifi
cante de Saussure. intentaré m ostrárselos ahora.
El punto de partida propio de Saussure en relación al significante
reside en que éste es en sí mismo un elem ento diferencial, lo que se
llama el principio diacrítico del significante. El significante sólo se
plantea oponiéndose a uno o dos significantes diferentes. La única
existencia de ese significante es esa oposición en sí misma. Se trata
de un elem ento que no tendría ninguna consistencia propia y que sólo
existiría por su diferencia con otros elem entos del mismo t ipo. Es pues
un elem ento no sustancial, que no puede ser descripto por sus pro
piedades intrínsecas, sino tan sólo por diferencia. Entonces es un ele
mento no sustancial sino diferencial. Saussure dice que la lengua no
es sustancial, que está hecha solam ente de diferencias y, por ende,
hablar no es una actividad sustancial sino un propulsarse en un cam
po de diferencias.
Esto produjo en el estructuralismo una pasión por el sistema, ya
que los elem entos sólo pueden aprehenderse en su situación mutua,
Seminario: La lógica del significante 13
sólo pueden aprehenderse en la relación sistem ática y global que
m antienen entre sí. Podría decir que desde este ángulo el estructura-
lismo se presentó como un “todismo".
Lo propio de Lacan es haber diferenciado e incluso mostrado la
oposición esencial que hay entre la estructura y el todo. No hay que
pensar que el no-todo a partir del cual ubica la sexuación fem enina
sea una novedad reciente de Lacan. El no-todo es un principio que es
tá presente desde el inicio de la enseñanza de Lacan, aun cuando no
esté nom brado como tal, y que es esencial para delim itar el concepto
lacaniano de la estructura.
Partim os pues del campo del significante y admitimos, pero radi
calmente, que el único principio de la diferencia de sus elem entos
constitutivos, el único operador del que disponem os es “diferente de”;
podem os tam bién considerarlo como el único predicado del que dis
ponemos. Es un predicado binario, pues para que pueda funcionar en
nuestra lógica se necesita un térm ino anterior y uno posterior, x e s d i
ferente a y.
Saben que cuando hay un conjunto de objetos o elementos y cuan
do se define una operación con ese conjunto de elementos pueden
ocurrir dos cosas; o bien el resultado de la operación es de igual n a
turaleza que los elem entos que form an parte del conjunto o bien su
naturaleza es diferente. Tom em os un ejem plo simple, un conjunto ce
rrado o estable para determ inada operación. Tom em os como campo
de partida los núm eros enteros naturales, si hacen o p era ren ellos la
adición, tienen como único sím bolo +. La hacen operar y obtienen
siem pre núm eros enteros naturales. Puede decirse que el conjunto de
los núm eros enteros naturales es estable para la operación de adición.
Si en lu gar de usar la adición usamos la sustracción nos enfrenta
mos con un problema, pues obtenem os com o resultado algo que ya no
es un entero natural: un núm ero negativo. Por lo tanto, el campo de
los enteros naturales no es estable bajo la operación de'sustracción.
La cuestión reside en saber si es un m onstruo o si hay que extender
el dom inio inicial de los objetos.
Un significante como éste produce enorm es problemas en lo que
se llam a la historia del pensam iento hum ano. Pues bien, nos en con
tramos con núm eros negativos o con núm eros que implican decim a
les, con núm eros que nunca terminan, que son diferentes infraccio
nes al punto de partida inicial del pensamiento. No hablem os de los
problem as que suscita la \2 o más aún la V -l; ellos son las crisis que
el significante le causa al pensamiento.
14 Jacques-Alain Mãler
Ven que a partir de la definición de un grupo de elem entos y de
aplicar sobre éste determ inadas operaciones surgen, regularmente,
objetos imposibles, absurdos, que obligan a cambiar la definición ini
cial del objeto.
Todo un esfuerzo, que se cree filosófico en Lacan, consiste en ex
tender en form a m etódica el dom inio de los objetos adm itidos en psi
coanálisis, precisam ente porque la experiencia con la asociación li
bre, con el significante, determ inó el surgimiento de objetos im posi
bles, nuevos, absurdos respecto a los criterios de la existencia. Hizo
surgir, por ejemplo, un sujeto que se identifica y no a una única cosa
sino a veces a muchas. Para que un sujeto pueda identificarse hay que
adm itir que dicho sujeto tiene una falla en su principio de identidad.
El sujeto freudiano, en tanto sujeto que se identifica, no puede ser el
yo = y o (m oi= moi) del que Fichte hacía el alfa de la filosofia. No es pues
filosofar el hecho de que Lacan intente extender el dom inio de los obje
tos engendrados a partir de la operación analítica. Esto es aún muy
general.
Tom o como punto de partida cuatro elementos a, b, c, d, que son
constantes, y una única operación que es la diferencia. Supongo que
escribí así el principio diacrítico de Saussure. Elementos a, b, c, d.
Operación: * . En este campo m uy elem ental de significantes ¿cómo
puedo definir un elem ento? Basta para definir a, que escriba su dife
rencia con b: a * b, su diferencia con c, a * c y su diferencia con d,
a * d. Lo mismo vale para los otros tres obviamente.
A B C
Gracias a este sím bolo * puedo definir en mi campo inicial cuatro
subconjuntos; cada uno de ellos define un elemento del dom inio ini
cial. Lo curioso es que no tengo el medio, a partir de estos datos ini
ciales, para construir el dom inio inicial que yo tenía. Siem pre me falta
un elemento, un subconjunto definido en relación a mi conjunto ini
cial. Me veo obligado a constatar, por ende, que nunca puedo tener el
conjunto exhaustivo de m is elementos, que hay una distancia entre
el conjunto inicial y los diferentes todos que pueden definirse a partir
de nuestra operación.
Seminario: La lógica del significante 15
Si dispongo de la operación que en la teoría de las clases, ni si
quiera en la de los conjuntos, se llam a reunión, sí puedo obtenerlo.
Tengo por un lado bcd, tengo a, y en su reunión tengo el conjunto
inicial.
Pero, precisamente, si opero sólo con la operación diferencia no
tengo el sím bolo de la reunión. ¿Qué conclusión puedo sacar de esta
observación que no consiste más que en radicalizar el principio saus-
sureano? Constato que no puedo definir un todo, en el campo del sig
nificante, excepto a condición de que un significante no esté en él. A
nivel basal obtengo la estructura de la excepción como esencial al
campo del significante saussureano.
Este sím bolo me permite definir otro símbolo. A partir del m o
m ento en que compruebo que hay cierto núm ero de elem entos que
se diferencian de otros, puedo definir el sím bolo de la pertenencia: e .
Puedo decir que ser diferente de a, tal es el caso de b, c, d, es equi
valente a pertenecer a un conjunto al que llamo A. Es lo m ism o ser d i
ferente de a que ser m iem bro del conjunto A. De este modo, uso este
principio para todo x, Vx, el hecho de que x sea diferente a a es equiva
lente a que x e (pertenezca) al conjunto A. Esto perm ite hacer fu n
cionar en m i campo del significante la teoría elem ental de los
conjuntos.
cb d a b e A
a i A c e A
d e A
Vx, x ^ a o x e A
Esto puede ubicarlos en relación a esa enorm idad que dijo Lacan
una vez: “finalm ente reduje el psicoanálisis a la teoría de los conjun
tos” (hacia 1977-79). No puede tom arse totalm ente en serio, pero per
m ite captar cómo num erosas dificultades en la m ism a teoría analíti
ca, a partir de ejercicios apenas más com plicados que el que acaba
mos de hacer, pueden situarse.
Si estuviese en la teoría de la cuantificación llam ada de segundo
orden, la teoría de prim er orden es aquella en la que nos contentam os
16 Jacques-Alain Miller
con tener variables individuos en el lugar de Vx, podría escribir algo
más complejo como, por ejemplo, para todo conjunto existe al menos
un elem ento 3x, tal que no forma parte de dicho conjunto. Cualquiera
sea el conjunto que definí en el área de los objetos de m i campo, a par
tir del sím bolo de la diferencia, hay al menos un elem ento que no for
ma parte de él. Obtengo así una regla extrem adam ente general:
VE 3x, x £ E
La paradoja es que pese a la sencillez de este procedimiento Lacan
se presenta como un autor difícil, cuando hay páginas y páginas de
Lacan que comentan esto, que no son más difícil que esto, basta con
darse cuenta de ello.
Luego verem os cómo se pueden obtener relaciones más complejas
entre el elem ento y el todo.
Pueden, a partir de todo esto, com prender ese principio de Lacan
que parece tan misterioso: “Nada es todo". La frase: “para todo con
ju nto hay al menos un elemento que no form a parte de él", traduce
precisamente ese “nada es todo”. Ello basta para escribir el derroca
m iento del ideal del todo absoluto, si tom am os en serio el significan
te de Saussure. A l a vez, se trata de un cristal significante que puede
observarse según sus diferentes facetas. Por ejemplo, les da un prin
cipio de límite, pero es un límite que no es absoluto. Supongamos que
realm ente quisiesen llegar a hacer el gran todo con esos elementos,
pueden hacerlo, simplemente en ese m om ento necesitan uno más,
que esté por fuera. Este principio es un principio de límite absoluto,
pero que no recae sobre ningún significante en particular, que recae
sobre el significante en más como tal.
Esto ya nos da idea sobre un concepto de Lacan que éste denominó
correlación antinómica, que figura una vez en sus Escritos. La corre
lación antinóm ica indica que estos dos elementos, el todo y el x que
no form a parte de él, son indisociables y al m ism o tiempo no se puede
reabsorber ese elem ento en el todo que captura. Tienen aquí pues dos
polos que a la vez se llaman, son indisociables y que no pueden reab
sorberse el uno en el otro.
Lo que llam é el uno en más estructural es, de hecho, lo que opera
la totalización. Sólo si tienen un elem ento en más pueden llegar a h a
cer un todo. En un sentido es el elem ento en más el que opera la to
talización. Reunir un conjunto de elem entos no es poca cosa, para h a
cerlo es necesario precisamente un elem ento en más. Esta es una de
las primeras paradojas que la lógica matem ática encontró en su
camino.
Seminario: La lógica del significante 17
3. “La división del su jeto”
Si tom am os ahora la cadena significante, vem os que la concatena
ción significante conlleva siem pre la implicación de un significante en
más, de otro significante que escapa como tal. A l segundo siguiente
se habrá dicho lo que había que decir, sin embargo, el límite del decir
habrá retrocedido igualmente. Pueden observar qué tontería es con
siderar que lo prim ariam ente reprim ido sería tal significante particu
lar que no podría ser dicho o un inefable que escaparía estructural
mente al orden del lenguaje. El límite es mucho más flexible, mucho
más fino. No existe nada que no pueda ser dicho, pero cualquier cosa
que se diga y m ientras se hable, el otro significante como tal sigue in
tacto. No se trata de ningún significante en particular sustancialm en
te, lo cual no im pide que esté allí empujando, atrayendo hacia él a to
dos los demás.
Podem os decirlo de otro modo. Cualquiera sea el conjunto de sig
nificantes que delim iten siem pre faltará uno. Lacan se divierte co
m entando este esquem a a veces con el uno en más y otras habla de
la falta. Pero la estructura de base sigue siendo la misma.
Si el inconsciente escapa, ello no se debe a que sea de naturaleza
diferente a lo que el paciente llega a decir mediante la asociación libre.
Esta es una idea loca, aunque escape no es de naturaleza estructural
mente diferente a lo que se dice. En este punto adquiere todo su valor
la escritura elem ental que Lacan propuso de la cadena significante:
S, — S 2. Hay uno de ellos al que no podemos ponerle la m ano encima
al m ism o tiem po que al otro. Esto no impide que ambos se escriban
del m ism o modo y que sólo se diferencien por su índice. Tardó años
Lacan m ism o en llegar a esta escritura, en darse cuenta de que podía
abreviar lo que llam aba el discurso y reproducir en m iniatura todas
sus paradojas a partir de S t — S2
Es decir, a partir de la noción que implica el principio de Saussure
de que el m ínim o del significante es dos, porque el significante sólo se
postula oponiéndose, no se puede reflexionar sobre un significante,
siem pre hay que reflexionar sobre al m enos dos. Sj — S2 es, de hecho,
el resum en en Lacan de la lógica del significante. Tam bién lo dice de
este m odo elegante: el significante representa un sujeto para otro sig
nificante. Esta es una definición para desternillarse de risa, porque
define al significante por el significante mismo, que es lo que se llama
habitualm ente un circulo vicioso. Pero dice mucho, precisamente, d i
ce que un significante sólo vale en relación a otro significante, acia-
18 Jacques-Alain Miller
rando que obviam ente el térm ino de valor debe ser definido. Tam bién
puede decirse que el significante sólo existe en relación a otro signifi
cante, y esto ju stificaría esa escritura de Lacan que es la ex-sistencia,
que quiere decir lo que queda fuera de otra cosa, lo que verificam os
precisamente con ese uno en más que ex-siste al conjunto de los otros
significantes.
¿Q ué agrega la definición de significante de Lacan a la de Saussu-
re? Agrega que no basta con imaginarse que un significante sólo vale
para otro significante y que de este m odo se form a una linda cadena
que se transform a en collar. Verificamos, por el contrario, con nues
tra estructura de la cadena significante que los dos significantes, que
no pueden ser pensados por si solos, no son equivalentes, que pre
cisamente no son isótopos, es decir, que no pueden ser colocados en
el mismo lugar, porque hay justam ente una relación de exclusión en
tre el todo y el significante en más, no hay un lugar total que pueda
reunirlos.
La suposición ingenua del estructuralismo grosero es precisam en
te que todos los significantes son isótopos; mientras que si se radicali
za el principio diacrítico de Saussure es palpable que hay una an-iso-
topía significante, que no hay un lugar total de los significantes.
Por eso Lacan utiliza a la vez la sigla A para nom brar el lugar en
el que se podría creer están todos los significantes, y la sigla A para
m arcar que ese lugar total de todos los significantes no existe o incluso
que ese lugar total de los significantes conlleva una falta. La barra so
bre la A se descifra de muchos modos.
En otros términos, tenemos aquí una relación de separación entre
ese todo y el uno en más. En Lacan es variable el uno en más, a veces
es el S2 al que considera un conjunto de significantes en relación al
que S jfigu ra la excepción. A v e c e s S2 remite al saber inconsciente y
S, se distingue, se separa de él o, al contrario, Sj es múltiple. Por ejem
plo, en Aun, Lacan escribe Sj en forma hom ofónica com o essaims, co
mo enjambre y S2 es el significante que hace la excepción. El interés
de estos sím bolos no reside en que siempre signifiquen lo mismo, sino
que guardando relaciones lógicas estables quieren decir cosas dife
rentes.
Evidentem ente, las consecuencias para ese fam oso sujeto repre
sentado por el significante son importantes. Nuestra pequeña lógica,
no del significante sino de significantes, conlleva que no existe en el
lenguaje, en todo lo que puede decirse en todas las lenguas, un signi
ficante sim ple que podría por sí solo representar al sujeto, esto es tam-
Seminario: La lógica del significante 19
bien debido al hecho de que no existe el todo de los significantes. Ta m
bién es esto lo que hace du rar al psicoanálisis -in clu so indefinida
mente. Freud se había percatado de ello, cuando entram os en la vena
de la cadena significante según este principio no hay razón alguna pa
ra que eso se detenga a ese nivel. Por suerte, existe adem ás otra fun
ción que no es ésta, que es la del objeto y la del fantasm a que hace que
exista una pequeña oportunidad de que eso se detenga por algo d ife
rente a la fatiga. La cadena significante dura más tiem po que ustedes,
que están limitados por su biología.
A ello se debe tam bién que Freud dijese que el deseo inconsciente
era inmortal, en la m edida en que se encuentra enganchado a esta ca
dena significante no hay ninguna razón por la cual deba detenerse.
Quizá por ello se im aginó que Lacan era inmortal, la insistencia de su
deseo, unida a su avanzada edad, creaba para nosotros la idea de una
duración indefinida.
La barrera que nos separa del significante para el que decimos lo
que decimos está a la vez en todos lados y en ningún lado. Este prin
cipio es lo que Lacan llam a la división constitutiva del sujeto. El sujeto
está fundam entalm ente dividido entre el significante que lo represen
ta y el otro significante, anisótopo respecto al primero. Adquirim os así
otro concepto complejo de Lacan: la división del sujeto. No abarca sin
duda todo el tema, pero es una punta a partir de la cual pueden em pe
zar a captarlo.
Como pueden observar h ay que corregir el esquem a que Lacan
propone en “Instancia de la letra”: _S_, pues no existe el S como univer-
s
so total del significante; tenem os S, — S .
Podría, ahora, h acer surgir otras complejidades de nuestra peque
ña lógica. Habría quizá otro m odo de hacer entrar a a en este conjun
to. Tengo b, c y d. Supongam os que fuerzo un poco las cosas porque
quiero verdaderam ente tener aquí todos m is elem en tosy no tener nin
guno en más.
Puedo escribir aquí a, adm itir a a como diferente de a (a ^a). La
bifurcación en la que estam os hace que para construir el todo del sig
nificante o bien necesito uno en más o bien debo adm itir un elem en
to no idéntico a sí mismo.
a * fa\
20 Jacques-Alain Miller
El fam oso sujeto del que se trata, representado por un significan
te para otro significante, es precisamente un elemento de este tipo. Si
Lacan escribe su sujeto con una barra, les invito a leerlo así. El yo
(moi) igual yo (moi) de Fichte es algo de este tipo, un sujeto idéntico
a sí mismo. El sujeto del que se trata en la lógica del significante es,
en cambio, un sujeto diferente de sí mismo y ésta es la lectura que les
propongo de esa barra: un sujeto que cumple esa función de un ele
mento no idéntico a sí mismo. Es esto, precisamente, lo que nos
permite tener la ilusión del saber total que es, en el fondo, el sacrifi
cio del sujeto que habita dicha ilusión.
Para concluir debo encontrar una pequeña escansión, lo cual no
es fácil, pues una articulación lleva aquí a otra y se puede recorrer así
toda la enseñanza de Lacan. Sin su médula, vale decir, sin su clínica.
La hora me obliga a terminar. Para hacerlo y term inar con algo más
cercano a la experiencia analítica, les diré que Lacan no escribe otra
cosa sino el uno en más del universo de discurso, cuando propone es
ta sigla, de apariencia enigmática: S ($). Esta es la escritura del sig
nificante en más del universo de discurso que no hay.
Se ve claramente qué im plica la experiencia analítica de esta lógica
del significante anisotópica. Uno no se analiza por sí solo. Para que
pueda haber psicoanálisis es necesario que haya alguien que simule
el aporte del significante en más; que desde un lugar distinto al de la
asociación libre, donde se hace la concatenación significante, es ne
cesario que desde otro lugar venga al menos un significante.
Esta operación S (#) es lo que se produce cada vez que en sentido
analítico hay una interpretación. Es ilusorio, sólo ex-siste de manera
transitoria. La ilusión de que existiría una clave, una palabra última.
Esto no es verdad. Por eso Lacan podía decir a veces que el psicoaná
lisis era una impostura. Lo es fundamentalm ente porque en todo con
ju nto de significantes hay siempre al menos uno que falta. Sin em
bargo, cada vez que se produce la operación analítica que se llama la
interpretación, su necesidad está determinada por esta lógica ele
mental que acabo de evocarles. La interpretación es una pseudo pa
labra última.