Jornada de Pentecostés
“Íntimamente unidos, esperaban la promesa de su Señor”
El Espíritu Santo, es la promesa de nuestro Dios, para nosotros.
1° La importancia de la promesa
(Juan 16, 5-15), Jesús nos dice que nos conviene que él se vaya para enviarlo. El espíritu Santo
es nuestro protector que nos guía por los caminos de la verdad, nos guía a Jesús porque él es la
verdad. Además nos dice que será glorificado por él.
En la sociedad actual, el mundo nos lleva a pensar que hay muchas verdades, cada dia
aparecen nuevas supuestas verdades, y nosotros, aunque tengamos toda la intención de
seguir a Jesus, podemos creer “verdades” que no son ciertas. Podemos pasar años creyendo
cosas que no son la verdadera verdad. Entonces Dios manda al Espiritu Santo para guiarnos,
el es el que nos conduce a la verdad que es el mismo Dios.
(Catecismo) “Para entrar en contacto con Cristo, es necesario ser atraído por el Espíritu Santo”.
“El espíritu Santo, es el que me conduce al hijo, y sólo éste, puede ofrecerme al Padre”.
El catecismo nos muestra un poco, cual es el sentido de la santísima trinidad, y como actúa.
Sabemos que para llegar a Dios, debemos ir a Jesus. El es la imagen viva que nos conduce al
padre, el nuestro maestro para hacer el bien, es nuestra guía para no equivocarnos, es
nuestro salvador.
Jesús es el único camino para llegar al Padre; la entrega de Jesús, es lo único que me alcanza La
Alianza con el corazón del Padre.
En la pascua, Jesús le ofrece mi vida al Padre y en pentecostés el Espíritu hace posible, mi
vínculo con Jesús, sin el espíritu Santo, no es posible ver a Jesús, ver en Jesús al hijo de Dios
que viene a Salvarme. Es el que comunica la fe en el Dios de la Vida.
Asi se va dando este “circuito” Jesus me lleva al padre, pero yo no puedo conocer a Jesus, si
no es inspirado por el Espiritu Santo.
(1 Corintios 12, 3), “Nadie puede decir Jesús es el señor, sino está impulsado por el espíritu
Santo”.
Y este impulso, no es solo la primera vez que me dio a conocer a Jesus, sino que es todos los
días. Jesus es tan grande, que no hay manera de llegar a conocerlo por completo nunca,
todos los días tenemos que pedirle al Espiritu que nos conduca a Jesus, que nos conduzca a
actuar como el, a pensar como el, a amar como el.
El Espíritu santo, es el que le comunica a lo más íntimo de mi ser la vida de Dios y me
transforma en hijo suyo, (Lucas 3, 21-23).
En el bautismo Dios Padre, infunde el espíritu Santo en nosotros, trasciende nuestra naturaleza
y nos concede la identidad de hijos de Dios.
El espíritu es el que nos hace Hijos de Dios, y nos da esa identidad. El diccionario dice que la
identidad es el conjunto de rasgos o caracteristivas de una persona que permiten
distinguirlas de otras. Y la carateristica principal que no regala es la de ser Hijos de Dios,
únicos, con un nombre y un plan perfecto para cada uno.
¿me siento hijo de Dios? ¿Actúo como uno?
(Catecismo) “Es el que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva”.
Canción ante tu presencia.
2° ¿Quién es el Espíritu santo?
“Es la tercera persona de la Santísima Trinidad, y junto con el Padre y el Hijo, recibe la misma
adoración y gloria”.
En la trinidad como en todo el cuerpo, cada uno tiene su lugar y su tarea.
El espíritu es el amor que se tienen el Padre y el Hijo. Es el amor que gesta la comunión entre
el Padre y el Hijo, y éste amor es tan fuerte que se personifica en el Espíritu santo, y se nos
transmite a nosotros para que al participar del mismo amor entre Jesús y su Padre podamos
formar parte de ellos.
El amor de Dios personificado en el Espíritu es el que nos pone en comunión con Dios y con los
hermanos, y es por eso que sin el Espíritu soy incapaz de amar, entregarme confiadamente y
por lo tanto, estar en comunión con Dios.
Es el mismísimo amor de Dios padre y dios hijo el que habita en nosotros, y no solo eso, sino
que actúa a través de nosotros. Nos invita a poder expresar ese amor a los demás.
Imaginsense lo grande que es. ¿Amo como ama Dios a los demás?
*Cantamos, “Huesped de mi alma”, y le pedimos a éste amor, que se adueñe y se haga Señor
de nuestra vida, que nada quede fuera de él.
El Espíritu es el que me inquieta y me lleva a buscar la voluntad del Padre.
Es el que me da la gracia de amarla y hace en mí el milagro de ponerla en práctica, (Juan 14,
15-26), y es tan fuerte éste amor que Dios me viene a habitar, y hace nuevas todas las cosas.
El Espíritu es el soplo de Dios que me hace hombre nuevo. Es el amor de Dios que me restaura
y reconstituye como persona.
El espíritu tiene el poder de hacernos hombres nuevos, de empezar de nuevo, de cambiar.
Esta muy de moda el pensar que las personas no pueden cambiar, que uno es asi y siempre
lo va a ser. Pero el espíritu nos puede reconstruir por completo si lo dejamos, no enseña a
amarnos a nosotros mismos, a amar nuestras debilidades y asi fortalecernos para volver a
construirnos, las veces que sean necesarias.
(Romanos 3, 23-24), no hay distinción de personas, todos pecaron y todos están faltos de la
Gloria de Dios. Pero todos son reformados y hechos justos gratuitamente y por pura bondad
mediante la redención realizada en Cristo Jesús.
El hombre, es desfigurado por el pecado, por su historia, por insanidades. Somos privados de la
Gloria, de la vida que Dios pensó para nosotros, nos encontramos en un sin sentido que nos
aplasta. El espíritu viene y me devuelve la Gloria que me fue quitada, me concede la plenitud
de la vida que el Padre pensó para mí desde la eternidad. El Espíritu santo, es el que gesta y
posibilita el paso del hombre viejo a hombre nuevo, a través de un amor restaurador.
(Romanos 8, 1-4), ¿cómo restaura mi corazón?, borra las huellas del pecado y además es la
fuerza que Dios me da para evitarlo. Es el amor el que inclina mi naturaleza hacia Dios. El
espíritu ordena mi interior, pone cada cosa en su lugar, sana y alivia hasta las heridas mas
viejas. El Espíritu me libera de la opresión, de la angustia, de la ambigüedad, el individualismo,
las quejas y las dudas; me libera del sin sentido.
Me defiende, delatando y venciendo todas éstas cosas que me anulan como persona, que
quieren destruir mi identidad, que es ser hijo de Dios.
Soy hijo de Dios, y esto es lo que anhela y reconforta mi alma. Para esto fui creado, para esto
Jesús me dio la vida, no para ser esclavo del pecado, no para estar enfermo y agobiado por mi
historia. “Dios me creó y me pensó para que sea pleno en el amor”, y ésta vida me la alcanza el
Espíritu. (Romanos 8, 31-39), ¿Lo creo?, ¿Lo espero?, ¿Lo busco?.
*Cantamos, “Salmo 139”
3° ¿Dónde habita?
El espíritu santo, habita en el corazón de Dios, y por lo tanto, lo tengo que buscar en la
intimidad con dios y con los hermanos. En la oración, en los sacramentos, en la palabra. Habita
en el corazón de mi corazón, y tengo que animarme a entrar para encontrarlo en lo más
interior del hombre, por eso, debo buscarlo en la intimidad. El Espíritu Santo, también habita
en el corazón comunitario. Es el que pone en movimiento los gestos paternos, la vida de la
palabra que nos hace comunidad.
Por eso, debemos trabajar y ahondar en nuestra conversión, para ser más de Dios, y en Dios
más de los hermanos.
Momento personal:
¿En que necesito que el Espíritu me restaure personalmente?
¿Qué pienso que el Espíritu debe restaurar de la comunidad?