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Decretos de la Congregación General 36

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DOCUMENTOS

CONGREGACION GENERAL 36
OCTUBRE-NOVIEMBRE 12 2016
INDICE

Carta de promulgación (2017/01) 3

Proemio histórico 5

Decreto 1: Compañeros en una misión de reconciliación y de justicia 19

Decreto 2: Un gobierno renovado para una misión renovada 30

OTROS DOCUMENTOS:
Testigos de amistad y reconciliación. Mensaje orante para aquellos
jesuitas que trabajan en zonas de guerra y conflicto 40

Asuntos confiados al Padre General 46


Cartas interprovinciales de Roma
Protección y seguridad de menores
Revisión de las fórmulas

Modificaciones de Constituciones 701 704 47


Revisión de la Norma Complementaria 362 48
Revisión de la Norma Complementaria 396 49

DOCUMENTACIÓN COMPLEMENTARIA

Discurso del Santo Padre Francisco a los miembros de la 36ª Congregación


General de la Compañía de Jesús. 50

“TENER CORAJE Y AUDACIA PROFÉTICA”. Diálogo del Papa Francisco con


los jesuitas reunidos en la Congregación General XXXVI 57

Palabras de agradecimiento al P. Adolfo Nicolás, S.J. 69

Homilía del P. Bruno Cadoré, o.p. 74

Homilía del P. James E. Grummer, s.j. 77

homilía del p. Arturo Sosa, S.J. 15 de octubre de 2016 80

Homilía del P. Arturo Sosa, S.J. Clausura de la CG 12 de noviembre 82

Lista de participantes 84

2
Congregación General 36a: promulgación de los decretos 2017/01

2017/01

A TODA LA COMPAÑÍA

Queridos Hermanos el Señor:

P .C.

La promulgación de los decretos de la Congregación General 36a es un paso


importante en el proceso de discernimiento de nuestra vida y misión como
compañeros de Jesús, un proceso iniciado ya al momento de convocar la CG 36a.
Cada uno de nosotros, las comunidades de la Compañía y las obras apostólicas
se dispusieron a percibir la llamada que nos hace hoy el Señor ante el clamor de
los pueblos de la tierra por una vida más humana. Las Congregaciones
Provinciales fueron un momento en el que se escuchó, con apertura de mente y
espíritu, esa llamada. Sus aportaciones, junto a los numerosos postulados
recibidos, permitieron continuar la reflexión para preparar el discernimiento común
de la Compañía de Jesús reunida en Congregación General.

Hemos vivido una experiencia de discernimiento alimentada por la preparación


previa, el diálogo fraterno con el Santo Padre Francisco, la oración y reflexión
personal de cada uno de los congregados, la oración comunitaria, la eucaristía y el
trabajo de toda la asamblea. La convicción de la estrecha relación entre nuestra
vida y misión, para poder encarnar verazmente la promoción de la justicia, a través
de la búsqueda de la reconciliación en todas sus dimensiones como exigencia de
nuestra fe, se apoderó de las deliberaciones durante las seis semanas de la CG
36a. Los decretos reflejan este espíritu y las consecuencias que se derivan para
nuestras estructuras de gobierno.

Mediante esta carta, cumpliendo la decisión tomada por la Congregación General


36a en su sesión final, el 12 de noviembre de 2016, y de acuerdo al no 142 de la
Fórmula, tengo el gusto de promulgar sus decretos que entran en vigencia en esta
misma fecha.

Comienza así la fase más comprometedora del proceso de discernimiento del


cuerpo de la Compañía de Jesús y de aquellas personas con las que compartimos
la misión. Los decretos de la CG 36a son una invitación a entrar en la fase de la
elección de nuestra vida como jesuitas y de nuestro modo de proceder en la
misión. Son una invitación a elegir este camino y ponernos, sin condiciones, a la
entera disposición de Quien nos llama. El éxito de la Congregación está en los
frutos que se produzcan en nuestra conversión personal, los cambios necesarios
en el estilo de nuestra vida comunitaria y la disponibilidad a ser enviados a las
periferias o fronteras de la humanidad actual a compartir la alegría del evangelio.

3
Sólo confirmando que tenemos puesta toda nuestra esperanza en el Señor
estaremos en capacidad de buscar y hallar su voluntad para ponerla por obra,
como testigos del amor de Dios a todos los seres humanos. María, nuestra Madre,
y su esposo José mostraron a los sencillos de corazón la maravillosa revelación
de Dios en Jesús, el recién nacido por obra del Espíritu Santo. A ellos pidamos
que nos muestren a su Hijo y abramos nuestro corazón a esta maravillosa
revelación para ponernos enteramente a su servicio.

Roma, 6 de enero de 2017 Fiesta de la Epifanía del Señor


(Original: español)

4
PROEMIO HISTÓRICO

Introducción histórica

1. La fase previa
En su carta del 20 de mayo de 2014 (2014/08), el P. General Adolfo Nicolás
informó a toda la Compañía de su intención de convocar, ese mismo año, una
Congregación General. Señaló que, tras haber recibido la opinión favorable de los
Asistentes ad providentiam para realizar una consulta formal sobre la convocatoria
de una Congregación General, había informado de su propósito al Papa
Francisco. El P. Nicolás explicó que había consultado a los Provinciales y a los
Asistentes ad providentiam conforme al procedimiento previsto en la Norma
Complementaria 362. Habiéndole éstos mostrado su aprobación para convocar
Congregación General, anunciaba la cancelación de la reunión de Provinciales
previamente prevista en Yogyakarta para enero de 2015.

En la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre de 2014, el P.


Nicolás convocó formalmente la Congregación General 36. En su carta a la
Compañía universal, indicó que las Congregaciones Provinciales deberían haber
completado sus tareas antes del 31 de julio de 2015, de modo que la primera
sesión plenaria de la Congregación pudiera empezar en Roma el 3 de octubre de
2016, fiesta de San Francisco de Borja. Además de animar a las Congregaciones
Provinciales a tratar todos los postulados que se pudieran recibir, el P. Nicolás
invitó a sus miembros a reflexionar sobre las tres llamadas más importantes que el
Rey Eternal dirige hoy a la Compañía universal. Igualmente instaba a todos los
jesuitas y comunidades a orar por la preparación que había de culminar en la
Congregación General.

Ya antes de la convocatoria oficial de la Congregación, el P. General estableció


siete grupos de trabajo en el seno de la Curia General, para facilitar los
preparativos de la Congregación. Una Comisión para los Postulados integrada por
Robert Althann (ZIM), Joaquín Barrero (ESP) y Rigobert Kyungu (ACE) y presidida
por Antoine Kerhuel (GAL) con la misión de organizar los materiales remitidos por
las Congregaciones Provinciales antes de la reunión del Cœtus prævius. Antoine
Kerhuel (GAL), Lisbert D’Souza (BOM) y Daniel Huang (PHI) debían organizar y
preparar el trabajo oficial del Cœtus prævius antes de la llegada de éste a Roma.
Patrick Mulemi (ZAM), James Grummer (WIS) y Gabriel Ignacio Rodríguez (COL)
se ocuparían de tratar los asuntos concernientes a la comunicación. Como
responsable de la Comisión de Logística, Arturo Sosa (VEN) convocó a varios
miembros de la comunidad de la Curia, Lauro Eidt (BRA), Robert Danieluk (PMA),
Jesús Rodríguez (UCS), y Gian Giacomo Rotelli (ITA), para organizar los detalles
relativos a la manutención, alojamiento e integración del grupo de Electores y
Miembros de la Congregación. Ignacio Echarte (ESP) se hizo cargo de la
Comisión de Secretaría, con Miguel Cruzado (PER) y Tomasz Kot (PME), para

5
planificar y supervisar la infraestructura tecnológica y de secretaría para la
Congregación. Severin Leitner (ASR) coordinó la Comisión de Liturgia que con
José Magadia (PHI) y Fratern Masawe (AOR), debía prever la confección de
albas, estolas y ornamentos para los congregados; la organización de las liturgias
eucarísticas plenarias y diarias, así como la elección de Clemens Blatter (GER) de
la dirección de las oraciones matutinas de cada día. Tras el trágico fallecimiento
del P. Leitner, James Grummer (WIS) asumió la dirección de este comité. Daniel
Huang (PHI) y Douglas Marcouiller (UCS), dirigidos por Thomas McClain (CDT),
se encargaron de los procedimientos, presupuestos y aspectos económicos de la
Congregación. El P. Grummer ayudaría a coordinar las tareas de las comisiones
para evitar solapamientos.

Respondiendo a la CG 35, que decidió “la presencia de un número adecuado de


Hermanos como electores”, los Superiores Mayores y los miembros electos de
cada Conferencia eligieron a su vez a un Hermano entre los propuestos por las
Congregaciones Provinciales. Resultaron hermanos Electores Ian Cribb (ASL) por
CAP-Asia Pacífico, Stephen Power (BRI) por EUR-Europa, Thomas Vaz (BOM por
JCS-Asia Meridional, Guy J. Consolmagno (MAR) por JCU-Canadá y EE.UU.,
James Edema (AOR) por JES- África y Madagascar, así como Eudson Ramos
(BRA) por PAL-América Latina.

2. La fase preparatoria

Conforme al número 13 de la Fórmula, y tras haber consultado a los Presidentes


de las Conferencias y al Consejo General, el P. General designó los miembros del
Cœtus prævius, convocándolos a una reunión el 31 de agosto de 2015 con el fin
de completar los preparativos inmediatos para la Congregación General. Los
miembros del Cœtus prævius eran: el P. Nicolás (ex officio); como moderador,
Douglas Marcouiller, (UCS, Consejero General); Paul Béré (AOC, Profesor del
Instituto de Teología de la Compañía de Jesús, Abiyán), Jorge Cela (ANT,
Presidente de la CPAL), John Dardis (HIB, Presidente de la CEP), Stefan
Dartmann (GER, Rector del Colegio Germánico- Hungárico, Roma), David
Fernández (MEX, Rector de la Universidad Iberoamericana, México), Thomas
Greene (UCS, Rector de la Casa de Estudios Bellarmine, St. Louis), Timothy
Kesicki (CDT, Presidente de la JCU), Michael Lewis (SAF, Presidente de la
JESAM), Antonio Moreno (PHI, Provincial), George Pattery (CCU, Presidente de la
JCSA), Francis Xavier Periyanayagam (MDU, Director del Loyola College de
Ingeniería de Chennai), y Mark Raper (ASL, Presidente de la JCAP).

El Cœtus prævius se reunió del 31 de agosto al 12 de septiembre de 2015 para


organizar, clasificar, evaluar y seleccionar los temas y postulados que debían ser
abordados por la Congregación General o el P. General (FCG 13 §13). Tras atenta
consideración de los 146 postulados, 242 llamadas y 20 temas recibidos por el
Cœtus prævius para su revisión y puesta en práctica, éste pudo notar que de las
Congregaciones Provinciales del mundo entero se desprendía un interés especial

6
por la integración. En cada región, los jesuitas abogaban por una mayor
integración de la respuesta de la Compañía a los desafíos apostólicos del
momento: atención al medio ambiente humano, social y natural; solidaridad con
los migrantes y otras personas vulnerables; así como la construcción de una
nueva cultura del diálogo y la reconciliación. Al mismo tiempo las Congregaciones
Provinciales pedían a la Compañía que integrara de modo más hondo su
experiencia espiritual con su vida comunitaria como amigos en el Señor y con su
servicio apostólico. Este énfasis en la integración movió al Cœtus prævius a crear
dos comisiones: una que se centró en la llamada a renovar la vida y misión de la
Compañía, y otra en el desafío de buscar un gobierno renovado para una misión
renovada.

El P. Nicolás, informando a la Compañía universal de la labor del Cœtus prævius


(3 de octubre de 2015), presentó un sumario de las respuestas que las Provincias
y las Regiones habían dado a la pregunta: “Meditando sobre la llamada del Rey
Eterno ¿cuáles discernimos que son las tres llamadas más importantes que el
Señor dirige hoy a toda la Compañía?”. Particularmente, pidió además a todas las
comunidades y obras de la Compañía que reflexionaran en oración sobre el
resumen que les enviaba, para participar espiritualmente en el proceso de
discernimiento de la Congregación General. Anunció también que, por deferencia
con la opinión del Santo Padre, el Cœtus prævius había confiado al P. General
unos pocos postulados que instaban a reconsiderar los grados para el estudio de
opciones en la celebración de los últimos votos.

3. La fase inicial
La Fórmula de la Congregación General, aprobada por la CG 35, indica que los
trabajos de la Congregación General comienzan cuando el Presidente de cada
Conferencia convoca a todos los Congregados de su Conferencia (FCG 14 §1).
Reuniéndose por su cuenta y en distintos momentos, todas las Conferencias
comenzaron la fase inicial de la CG 36 a lo largo de los meses de octubre y
noviembre de 2015. Los Miembros de las Conferencias de Asia Meridional y de
África-Madagascar se reunieron una segunda vez. Tal como pedía la Fórmula, en
las reuniones de su Conferencia los miembros convocados analizaron el material
que les envió el Cœtus prævius, debatieron el estado de la Compañía y otros
asuntos pertinentes, y además compartieron información sobre quién podía ser
elegido P. General. Eligieron asimismo a uno de ellos para hacer parte de las
siguientes comisiones: (1) La Comisión Coordinadora de la Congregación General;
(2) la Diputación sobre el De Statu Societatis; (3) la Comisión encargada de
preparar la temática relacionada con “La Renovación de la Vida y Misión de la
Compañía”; y (4) la Comisión para estudiar lo concerniente a “Un Gobierno
Renovado para una Misión renovada” (FCG 14 §6).

El P. General, como miembro ex officio de la Comisión Coordinadora, presidió sus


sesiones. Los seis miembros elegidos en sus reuniones por las Conferencias
completaban la comisión: Paul Béré (AOC), Jorge Cela (ANT), Stefan Dartmann

7
(GER), Timothy Kesicki (CDT), Antonio Moreno (PHI), y George Pattery (CCU).
Inmediatamente después de la elección de los miembros de la Comisión
Coordinadora, el P. Nicolás convocó su reunión inicial, que tuvo lugar durante la
primera quincena de diciembre de 2015, en Roma. Cuando los grupos de trabajo
constituidos por el P. General comenzaron a enviar los frutos de su trabajo a la
Comisión Coordinadora, ésta, en el ejercicio de sus funciones, comenzó a tomar
decisiones sobre los detalles de la Congregación.

La Comisión Coordinadora procedió a nombrar varios moderadores: de la


Diputación sobre el estado de la Compañía Agbonkhianmeghe Orobator (AOR); de
la Comisión para la Renovación de la Vida y Misión de la Compañía Francis
Gonsalves (GUJ); y de la Comisión sobre un Gobierno Renovado al Servicio de
una Misión Renovada Miguel Cruzado (PER). En previsión de las reuniones que
las comisiones tendrían en el mes de enero de 2016 redactó algunas directrices
que ayudasen a cada grupo a cumplir su cometido. Insistió en la importancia de
que se trabajase desde una perspectiva de Compañía universal, más que regional
o provincial; que se estudiasen y debatiesen los temas muy a fondo, e subrayó la
importancia de buscar la integración pretendida por el Cœtus prævius. La
Comisión Coordinadora también animó a las comisiones a que consultaran a
expertos en caso de necesitar mayor información sobre un tema. Cada comisión
era libre de preparar el texto de un posible decreto, si así lo creía necesario.

La Comisión Coordinadora constituyó una Comisión para los Postulados, que


moderaba Douglas Marcouiller (UCS) y que contaba con Rigobert Kyungu
Musenge (ACE), Bienvenido F. Nebres (PHI), Alfonso Carlos Palacio Larrauri
(BRA), Francis Parmar (GUJ) y Nicolas Standaert (CHN). Este grupo prestó un
servicio invaluable al estudiar los 29 postulados personales remitidos por jesuitas
o grupos de jesuitas después de la primera sesión del Cœtus prævius y los 9
postulados remitidos por miembros de la Congregación antes de que ésta
concluyera sus trabajos.

La Comisión Coordinadora constituyó también una Comisión Jurídica conforme a


lo dispuesto en la Fórmula (FCG 15 §2, 7°): Robert Geisinger (CDT), Thomas
Greene (UCS), Francis Kurien (HAZ), Michael Lewis (SAF), Benoît Malvaux (BML,
moderador) y Luis Javier Sarralde Delgado (COL). Este grupo dio explicación de
las modificaciones que se habían introducido en la Fórmula desde la última
Congregación General, propuso algunos puntos a la decisión de la Congregación,
ofreciendo su consejo jurídico, en diferentes ocasiones.
Aprovechando reuniones previstas con anterioridad, la Comisión Coordinadora
pudo encontrarse varias veces: a finales de febrero, mediados de agosto y finales
de septiembre, continuando así su planificación y coordinación de la Congregación
General.

La Diputación sobre el Estado de la Compañía incluía a los cuatro Asistentes ad


providentiam, Lisbert D’Souza (BOM), James E. Grummer (WIS), Federico
Lombardi (ITA) y Gabriel Ignacio Rodríguez (COL), junto con un miembro elegido

8
por cada Conferencia: John Dardis (HIB), Agbonkhianmeghe Orobator (AOR),
Bernardinus Herry Priyono (IDO), Sebasti L. Raj (MDU), Mark Ravizza, (CFN) y
Arturo Sosa (VEN).

Fueron elegidos para la Comisión sobre la Renovación de la Vida y Misión de la


Compañía: Stephen Curtin (ASL), José Ignacio García Jiménez (ESP), Francis
Gonsalves (GUJ), Ludovic Lado (AOC), John McCarthy (CDA) y Luis Rafael
Velasco (ARU).

Poco después de las reuniones por Conferencias, las comisiones fueron invitadas
a tener su primera reunión en Roma. Tres grupos tuvieron ocasión de encontrarse
simultáneamente en la Curia General entre el 13 y el 16 de enero de 2016: la
Diputación sobre el estado de la Compañía, la Comisión Jurídica y la Comisión
sobre Vida y Misión. La Comisión sobre Gobierno y Misión mantuvo su reunión
entre el 27 y el 30 de enero. Todas las comisiones tuvieron ocasión de encontrase
con el P. General para hacerse más conscientes de sus responsabilidades y
conocer la perspectiva de la Comisión Coordinadora. Los tres grupos que
coincidieron en sus reuniones tuvieron la oportunidad de orar y estar juntos,
haciendo más intensa la sensación de que la Congregación estaba en marcha y
que avanzaba, ya antes de la primera sesión plenaria.

Durante las reuniones iniciales, la Diputación y las comisiones organizaron sus


agendas de trabajo para los meses siguientes, entre enero y septiembre, de modo
que les fuera posible estudiar, hacer consultas, discernir y redactar, antes del
comienzo de la fase plenaria de la Congregación. Todos los grupos pudieron
preparar algún documento provisional para someterlo a consideración y recibir
comentarios de los Electores y Miembros de la Congregación. El sistema
electrónico desplegado por la Curia General facilitó mucho esta labor.

El P. Nicolás prestó su apoyo a un buen número de iniciativas prácticas que


agilizaron el funcionamiento de la Congregación. Para lograr que en la
Congregación se usara la menor cantidad de papel posible, el P. Ignacio Echarte
(ESP) y el Sr. Kenneth Yong (responsable de la tecnología de la información en la
Curia), aprovechando las últimas innovaciones tecnológicas, diseñaron un sistema
de trabajo que resultó muy eficaz. Para lograr la mayor seguridad posible en el
aula, el Sr. Fabrizio Salis (del equipo de la Curia) prestó su asesoramiento al P.
Echarte y al P. Sosa coordinando un enorme proyecto de renovación que incluía la
instalación de un nuevo sistema de calefacción y aire acondicionado, y lograba el
mejor rendimiento posible de la tecnología inalámbrica reorientando la disposición
de los asientos. A pesar de problemas imprevistos y retrasos inesperados, todo
estuvo listo para tener sesiones de entrenamiento antes de la primera asamblea
plenaria. Estas sesiones ayudaron a que los congregados pudieran familiarizarse
con el sistema de traducción simultánea, con el acceso a la documentación
electrónica, el método de votación y de comunicación electrónica. Durante el
trascurso de la Congregación, Edward Fassett (CFN) se ganó el aprecio de todos
por su heroica paciencia ayudando a los no iniciados en tecnología a superar las
más variadas dificultades.

9
El 2 de octubre por la tarde, cientos de jesuitas y amigos de la Compañía se
unieron a los miembros de la Congregación para una concelebración eucarística
en la iglesia del Gesù, que Washington Paranhos (BRA) se encargó de preparar y
coordinar como maestro de ceremonias. Vlastmil Dufka (SVK) fue el director del
coro que mantuvo el tono de oración, logrando la plena y activa participación de
todos los presentes. El P. Bruno Cadoré, O.P., Maestro de la Orden de
Predicadores, presidió y predicó con elocuencia y simpatía. En forma inspiradora,
invitó a todos a proceder “entre el deber de interpelar continuamente a la
Compañía a intentar la audacia de lo ‘improbable’, y la voluntad evangélica de
hacerlo con la humildad de aquellos que saben que, en este servicio al que el ser
humano entrega toda su energía, ‘todo depende de Dios’”.

4. Primeras sesiones plenarias


La primera sesión plenaria de la Congregación General 36, con la presencia de
todos los Electores, se inició el lunes 3 de octubre con el himno Veni Creator
Spiritus y la oración de apertura. El P. Nicolás informó a continuación a los
Electores de haber nombrado al P. James E. Grummer (WIS) Vicario para presidir
todo el proceso hasta la elección de un nuevo P. General. El P. Grummer hizo
entonces la presentación de los traductores, los amanuenses y el equipo de apoyo
técnico; expresó a todos ellos, en nombre de la Congregación, su gratitud
anticipada por la importante contribución que iban a prestar a los trabajos de la
Congregación a lo largo de las semanas siguientes. La Congregación aprobó
unánimemente la presencia del equipo de apoyo y se declaró a sí misma plena y
legítima.

El P. Grummer presentó la agenda diaria que la Congregación había de seguir


normalmente hasta el final. Todos los días se comenzaba a las 09:00 a.m. con una
oración de la mañana, preparada cuidadosamente por Clemens Blattert (GER).
Éste, acompañado de Gabriel Côté (GLC, Elector), José Yuraszeck (CHL,
estudiante en la Gregoriana), y, en alguna ocasión, escolares de San Saba, en
Roma, hicieron el acompañamiento musical. Diferentes miembros de la
Congregación dirigían la oración en diversas lenguas, y se terminaba siempre con
la bendición impartida en la lengua vernácula del que había presidido la oración.
Dos sesiones por la mañana y otras dos por la tarde, cada una de unos 75
minutos, precedían a la liturgia eucarística de la tarde que se celebraba en cuatro
lugares diferentes, en castellano, italiano, francés e inglés de modo que cada uno
podía elegir la lengua que prefería.

El Vicario advirtió que la gozosa novedad de algunas cosas como la Fórmula, el


aula, la tecnología y las relaciones con hermanos de todo el mundo debía
acompañarse por la conciencia de que la diversidad de puntos de vista y de
valores podrían suscitar algunas tensiones que el enemigo de natura humana
trataría de explotar para minar nuestra consolación y paz. Sugirió que ayudaría
mucho a todos, durante el prolongado periodo de discernimiento en común, la

10
insistencia de Ignacio en los Ejercicios de tener grande ánimo y liberalidad [5], de
reverencia [3] y evitar toda distracción [20].

Los Electores aprobaron mediante votación electrónica secreta la propuesta de


que Agnelo Mascarenhas (GOA) asumiera interinamente la secretaría de la
Congregación hasta la elección del Secretario de la Congregación. Acordaron
también los Electores que Paul Béré (AOC) y Jorge Cela (ANT) desempeñaran el
oficio de Escrutadores en la votación sobre la renuncia del P. General, conforme a
lo previsto en la FCG 46 §2. La Congregación pasó entonces a subsanar cualquier
deficiencia que hubiera podido acaecer en las Congregaciones Provinciales o en
cualquier otro momento.

A la luz de FCG 31, §3, la Congregación confirmó por unanimidad que las normas
sobre confidencialidad que había dictado el P. General para el equipo de
comunicación debían aplicarse a todos. Por lo tanto, los nombres de los oradores,
los resultados numéricos de las votaciones y cualquier cosa todavía por resolver o
que podía cambiar antes del final de la Congregación General, debía mantenerse
en secreto. Timothy Kesicki (CDT) y John Dardis (HIB) recibieron el encargo de
trabajar con el equipo de comunicación organizado por el P. Patrick Mulemi (ZAM),
para ir publicando la información que pareciese adecuada.

Una vez que la Congregación concluyó estos asuntos, el P. Nicolás presentó su


renuncia, haciendo una relación sencilla y humilde de su estado de salud,
recalcando su deseo de que la Compañía pueda contar con el liderazgo que
necesita para servir a la Iglesia. Una vez que éste hubo abandonado el aula,
Gabriel Ignacio Rodríguez (COL) informó sobre el parecer de los Asistentes ad
providentiam en lo tocante a la salud del P. Nicolás, y el Vicario invitó a los
Electores a formular las preguntas que se estimaran oportunas. Puesto que
ninguno suscitó otros puntos sobre las razones en pro o contra de la renuncia
presentada, la Congregación se concedió un breve momento de oración antes de
proceder a la votación secreta con papeletas, por medio de la cual se aceptó su
renuncia. Cuando el P. Nicolás regresó al aula, fue recibido con una larga y sonora
ovación por parte de los presentes puestos en pie, mostrando de este modo su
gratitud por el servicio que había prestado a la Compañía. A continuación el P.
Federico Lombardi (ITA) expresó su agradecimiento al P. Nicolás en nombre de
toda la Congregación y de la Compañía, entregándole como regalo un icono
diseñado por Marko Rupnik (SVN). El P. Nicolás agradeció por su parte a la
Congregación y a toda la Compañía el afecto y el apoyo recibidos durante el
transcurso de su mandado; con lo que llegó a su fin una sesión histórica que
conmovió hondamente a todos los que en ella participaron.

Durante la primera sesión de la tarde, el Vicario informó a la Congregación que el


Santo Padre había enviado su bendición para la Congregación y para la elección
de un nuevo P. General, y que el Papa Francisco tenía intención de reunirse con
los Miembros de la Congregación el 24 de octubre. La Congregación aprobó a
continuación la propuesta del Vicario para que Lisbert D’Souza (BOM), Asistente
Regional de Asia Meridional y Asistente ad providentiam, pronunciara una

11
exhortación el día de la Elección. El Vicario entonces dedicó algunos minutos para
explicar que, al menos en 10 diferentes ocasiones, a lo largo de los días
siguientes, algunos debates prepararían a los Electores para el discernimiento que
constituye el corazón de la Congregación. Estos debates, en 20 grupos pequeños,
permitieron familiarizarse con los materiales preparados para la Congregación
(especialmente el documento De statu Societatis), disponerse a la elección del
Secretario de la Congregación y de sus ayudantes, y conocerse mutuamente en
mayor profundidad. La conversación en grupos permitió la presentación de los
miembros entre sí, el conocimiento del movimiento de espíritus suscitado por los
materiales en estudio, y la localización de temas importantes que merecían ulterior
consideración por parte de todos.

Más tarde, durante la misma sesión, en nombre de la Diputación sobre el estado


de la Compañía, Agbonkhianmeghe Orobator (AOR) expuso cómo se había
preparado del informe, los temas principales que abordaba, así como algunas
sugerencias para su uso en los debates. Finalmente, tras una breve pausa, los
Miembros de la Congregación se dividieron en 20 grupos pequeños para revisar la
Relatio prævia y las Llamadas.

A lo largo de los tres días siguientes, aunque tuvieron lugar en el aula varias
presentaciones de importancia, la Congregación trató sus asuntos principalmente
en grupos pequeños. En estos grupos se debatió la situación actual del mundo, la
situación presente de la Iglesia, la promoción de vocaciones y la formación, la
misión universal de la Compañía en una sociedad global, la situación de la vida
comunitaria, el liderazgo como servicio, la colaboración, y los desafíos que tendrá
que afrontar la Compañía en los próximos diez años. En una sesión de la tarde, el
moderador de la comisión sobre Renovación de la Vida y Misión de la Compañía,
Francis Gonsalves (GUJ), explicó el modo cómo la comisión había llevado a cabo
su labor, presentando a continuación la versión más reciente de un posible
decreto. La tarde siguiente, el moderador de la comisión sobre el Gobierno al
Servicio de una Misión Renovada, Miguel Cruzado (PER), presentó de modo
semejante una visión general del documento a su cargo.

Tras la oración de la mañana del cuarto día de la Congregación, 6 de octubre, el


Vicario notificó que algunos Electores habían solicitado que se pospusiera la fecha
de la elección, propuesta inicialmente para el 11 de octubre. Mencionó hasta qué
punto era importante examinar las mociones de cada uno en pro y contra de
retrasarla. Tras un breve tiempo de oración y después de haberse tomado juntos
en trabajo de examinar las razones a favor y en contra de la propuesta, los
Electores decidieron por enorme mayoría que la murmuratio comenzaría el lunes
10 de octubre. Los Electores pasaron entonces a reunirse en grupos pequeños
para discutir el documento De Statu.

En la sesión plenaria de primera hora de la tarde, los Electores pudieron formular


preguntas sobre el informe De statu. El P. Orobator (AOR), moderador de la
diputación, organizó las respuestas. Durante la última sesión del día, cuatro

12
redactores de los pequeños grupos - Francis Xavier Periyanayagam (MDU), José
Ignacio Garcia (ESP), Paulin Manwelo (ACE) y Thomas D. Stegman (WIS) -
hicieron un resumen sobre los desafíos que habría de afrontar la Compañía en los
próximos diez años. Los Electores pudieron hacer comentarios y presentar sus
reflexiones hasta el momento de la interrupción, para ir a celebrar la eucaristía en
diversos idiomas.

El 7 de octubre, quinto día de la Congregación, todos sus miembros atravesaron


en peregrinación la Puerta Santa con ocasión del jubileo extraordinario de la
Misericordia, y concelebraron la eucaristía en el Altar de la Cátedra de la Basílica
de San Pedro. Bienvenido Nebres (PHI), el más antiguo en Compañía de todos los
congregados, presidió y predicó en una tranquila y madrugadora ceremonia
mientras en el exterior diluviaba. Tras la oración de la mañana habitual en el aula,
los congregados se reunieron en grupos por Asistencias con el propósito de
preparar dos ternas: una para la elección del Secretario de la Congregación, y la
otra para la elección de sus Ayudantes.

Durante la primera sesión de la tarde, el Procurador General de la Compañía,


Benoît Malvaux (BML), explicó los cambios más importantes en la Fórmula
introducidos por iniciativa de la CG 35 en su decreto 5, núm. 2-4. Hechas algunas
aclaraciones, los miembros de la Congregación aprobaron por unanimidad la
revisión de la Fórmula para la Congregación General. El Vicario explicó a
continuación las razones por las que los Asistentes ad providentiam y la Comisión
Coordinadora habían considerado que los cambios introducidos en la Norma
Complementaria 326 no respondían a los requisitos que hubieran hecho necesario
debatir el asunto antes de la Elección del P. General. Nadie hizo una
representación ante esta decisión. Tras un breve debate, los Electores aprobaron
la composición de la Comisión Coordinadora.

En la última sesión de la jornada, los Electores se reunieron para la votación


electrónica secreta en la que elegirían el Secretario de la Congregación y sus
Ayudantes.

Resultaron elegidos Luis Orlando Torres (UCS) como Secretario de la


Congregación, Agnelo Mascarenhas (GOA) como primer Ayudante y Francisco
Javier Álvarez de los Mozos (ESP) como segundo Ayudante. Tras una breve
oración de acción de gracias por el hecho de que las Asistencias hubieran
propuesto tantos y tan excelentes candidatos con independencia de su origen, la
Congregación levantó su sesión para celebrar la eucaristía en diversos idiomas.

Tras la oración inicial de la sexta jornada de Congregación, el P. Grummer


anunció que la Comisión Coordinadora había decidido como método para la
aprobación de las actas de la Congregación (FCG 32), la designación de tres
Electores con tal misión: Jean-Marc Biron (GLC), Nicolas Standaert (CHN) y Scott
Santarosa (CFN) revisarían las actas de cada día y las aprobarían en nombre de
todos los congregados. El Vicario pidió a continuación a Francois-Xavier Dumortier

13
(GAL), a Francisco Javier Álvarez de los Mozos (ESP) y a Devadoss
Mudiappasamy (MDU) que narraran su experiencia personal en el proceso de
recoger información, murmuratio, antes de la elección del P. General. Otros
Electores que también habían asistido a anteriores Congregaciones Generales
añadieron pequeñas observaciones que ayudaron a los presentes a entender
mejor cómo proceder.

Después de una breve pausa, el P. Grummer leyó los nombres de quienes


integraron la comisión de ambitu. Además del Vicario, debía estar en ella el
Elector más antiguo en Compañía de cada Asistencia: Paramasivam Stanislaus
Amalraj (JCS), Jorge Carvajal Cela (ALS), John K. Guiney (EOC), Michael Lewis
(AFR), Federico Lombardi (EMR), Anto Lozuk (ECO), Bienvenido F. Nebres (ASP)
y Alfonso Carlos Palacio Larrauri (ALM). A continuación presentó algunos puntos
para la reflexión y la oración antes de dar comienzo a la fase de la Elección. Estos
puntos permitieron un examen de la primera semana de la Congregación para que
los Electores pudieran reconocer en profundidad las gracias recibidas. Después de
celebrar la Eucaristía en los grupos lingüísticos, los Electores disfrutaron un día y
medio de reposo.

5. La fase de Elección
El lunes 10 de octubre el proceso de elección del P. General empezó con una
exhortación del Vicario. El P. Grummer recordó a los Electores la densidad
especial de estos cuatro días. Lo describió como un tiempo de recogimiento
reverente y de hondo respeto por cada persona y por el modo como Dios trabaja,
para que todos busquemos su voluntad con creciente confianza. Con el fin de
crear y facilitar una atmósfera de oración, se dejó expuesto el Santísimo
Sacramento en la Capilla de San Francisco de Borja durante todo el día.

El viernes 14 de octubre, día de la elección, empezó a primera hora con una


celebración de la Misa del Espíritu Santo, presidida por el Vicario que también
pronunció la homilía. Le acompañaban en el altar Lisbert D’Souza (BOM) y
Tomasz Kot (PMA), el más antiguo y el más reciente de los Asistentes Regionales.
Concluida la eucaristía, los Electores se dirigieron en procesión hacia el aula,
donde entonaron el Veni Creator Spiritus. Durante veinte minutos, Lisbert D’Souza
pronunció una exhortación recordando a los Electores algunos textos clave de las
Escrituras y de las Constituciones. Conforme al número 75 de la Fórmula, todos
permanecieron en oración y silencio durante el tiempo restante hasta completar
una hora.

Cumplido lo prescrito en la Fórmula, Arturo Marcelino Sosa Abascal (VEN),


delegado para las Casas Internacionales de Roma, fue elegido trigésimo primer
Superior General de la Compañía de Jesús. Inmediatamente después, el Vicario
leyó el decreto que certificaba la elección, y Antonio Spadaro (ITA) informó al
Santo Padre. Acto seguido

14
entró en el aula el equipo para la comunicación, que debía grabar la profesión de
fe del P. General, el tradicional homenaje que rinden todos los Electores y la
felicitación de todos los jesuitas presentes en la Curia. A continuación, en la
Capilla de San Francisco de Borja, en acción de gracias se entonó el Te Deum. El
día siguiente, por la mañana el P. Sosa presidió la Eucaristía de acción de gracias
en la iglesia del Gesù. Durante su homilía animó a los presentes, no solo a vivir la
“audacia de lo improbable” mencionada por el P. Cadoré, O.P., en la misa
inaugural, sino la “audacia de lo imposible”, acogiéndose a las palabras del
arcángel Gabriel cuando anunció a María: “Nada es imposible para Dios”.

6. La fase ad negotia
En la primera sesión de la fase ad negotia – tiempo para el tratamiento de asuntos
concretos - de la Congregación General 36, los Electores dieron la bienvenida
formal a tres nuevos miembros nombrados previamente por el P. Nicolás: Michael
J. Garanzini (UCS), Secretario de Educación Superior), José Alberto Mesa (COL,
Secretario de Educación) y Thomas W. Smolich (CFN, director del Servicio Jesuita
a Refugiados). El Secretario, P. Torres, advirtió que la Conferencia de América
Latina precisaba elegir un sustituto para reemplazar al P. Sosa en la Diputación
sobre el estado de la Compañía.

El P. Sosa presentó unas indicaciones iniciales sobre el gobierno y planteó


algunas cuestiones preliminares sobre las cuales deseaba que los Miembros de la
Congregación le dieran su parecer. Anunció también que, de acuerdo con FCG 88
§7, el P. Nicolás había decidido abandonar la Congregación y pasar algún tiempo
en España antes de asumir un nuevo destino en la Provincia de Filipinas.

La Congregación dedicó 23 días a tratar de una gran variedad de asuntos, usando


formatos muy diversos. Los debates en grupos pequeños ofrecían excelente
ocasión a los congregados para profundizar su comprensión y apreciación de las
vivencias y formas de pensar de unos y otros, en un amplio espectro de temas; las
reuniones por conferencias dieron luz sobre puntos de vista regionales y las
sesiones plenarias brindaron el foro para alcanzar un punto de vista más universal.
Los redactores de los pequeños grupos trabajaron asiduamente para poder
ofrecer valiosos y matizados resúmenes de sus discusiones para llevar adelante la
labor de la Congregación. Los autores y editores de los borradores de los textos
propuestos pusieron en ellos muchas horas de esfuerzo para ajustarlos a las
exigencias de la Congregación.

El P. General daba a conocer con frecuencia el nombramiento de nuevos


Provinciales, muchos de los cuales se encontraban en el aula. También anunció
su intención de nombrar a Antoine Kerhuel (GAL) Secretario de la Compañía. Tras
agradecer a Ignacio Echarte (ESP) sus años de servicio en Roma como Secretario
y, antes, como Delegado de las Casas Internacionales de Roma, el P. Sosa indicó
que el traspaso del cargo al nuevo Secretario tendría lugar a comienzos de 2017.

15
También, la preparación de ternas para seleccionar Asistentes Regionales y para
elegir Asistentes ad providentiam y un Admonitor, requirió, de todos los miembros
de la Congregación, reflexión personal, diálogo, cuidadosa atención y la
participación activa. Tras haber consultado a los miembros de cada Asistencia y a
los Consejeros Generales, el lunes 31 de octubre, el P. Sosa hizo público el
nombramiento de los primeros miembros de su equipo. Fueron elegidos Asistentes
Regionales Victor Assouad (EOC), Joaquín Barrero Díaz (EMR), Vernon D'Cunha
(ASM), Lisbert D’Souza (ASM), Daniel P. Huang (ASP), Tomasz Kot (ECO),
Douglas Marcouiller (CUS), Fratern Masawe (AFR), Claudio Paul (ALM) y Gabriel
Ignacio Rodríguez (ALS). Designó también a José Magadia (PHI) Consejero
General de Formación y a John Dardis (HIB) Consejero General para el
Discernimiento y la Planificación Apostólica.

Tras cuatro días, en los que se recogió información a través de conversaciones


personales, el viernes 4 de noviembre, la Congregación eligió los Asistentes ad
providentiam: John Dardis, Vernon D’Cunha, Douglas Marcouiller y Fratern
Masawe. La Congregación determinó a continuación que Douglas Marcouiller
fuese el Admonitor del P. General.

7. La visita del Papa


Quizás, el día más importante de la fase ad negotia de la Congregación fue el de
la visita del Papa Francisco: el lunes 24 de octubre. Las recomendaciones del
Papa de pedir con insistencia la consolación, de dejarnos conmover por el Señor
puesto en cruz en su persona y en su pueblo, y de actuar con Buen Espíritu como
hombres de discernimiento que sienten con la Iglesia, resonaron con fuerza en la
mente y el corazón de todos los presentes en el aula aquella mañana. Al discurso
preparado por el Santo Padre siguió una sesión de preguntas y respuestas. Fue
profundamente conmovedor su testimonio personal sobre la importancia de la
consolación, la compasión y el discernimiento en el servicio del Señor y de su
Iglesia. El carácter fraterno de su mensaje y la cercanía del Papa sirvieron de
inspiración y dieron nuevos ánimos a la Congregación para continuar su trabajo.

8. Compañeros en una Misión de Reconciliación y Justicia


La Comisión de Vida y Misión de la Compañía intentó analizar los procesos,
causas y consecuencias que vinculan la vida comunitaria de la Compañía con la
realidad apostólica de la ecología, las migraciones, el fundamentalismo y el
servicio a los pueblos indígenas. Estudió con detalle más de 75 postulados y 6
temas que habían remitido las Provincias. La Comisión y la Congregación
tomando en serio su trabajo, llegaron a estudiar 6 borradores y 173 propuestas de
enmienda antes de aprobar la versión final del decreto Compañeros en una misión
de reconciliación y justicia.

Haciendo memoria de la experiencia de los primeros compañeros en Venecia,


mientras discernían qué hacer, cuando la situación política desbarató sus planes

16
de marchar a Jerusalén, la Congregación puso de relieve que las comunidades de
la Compañía deben tener en nuestros días unas características que les hagan
capaces de discernimiento apostólico en común. Es así como los miembros de
nuestras comunidades, encendidos en la pasión de dar testimonio del Evangelio,
podrán participar en la misión de Cristo Reconciliador, como lo señala San Pablo
en 2 Corintios 5,18. De este modo todos los ministerios y obras de la Compañía
tendrán un renovado fervor para servir a la reconciliación con Dios, de la
humanidad entre sí y de ésta con la creación.

9. Renovación del Gobierno para una Misión Renovada


La comisión que trabajó sobre la renovación del Gobierno para una Misión
renovada, al iniciar sus tareas, se basó en los 68 postulados y 5 temas remitidos
por las Congregaciones Provinciales, y posteriormente, en otros postulados que
fueron llegando antes de que finalizara la Congregación General. La comisión
pidió ayuda a varios grupos de trabajo y otras personas que hicieron notables
contribuciones a su reflexión. El documento resultante Un gobierno renovado para
una misión renovada subraya el carácter central de la misión de la Compañía en
cualquier estructura y procedimiento, y en cualquier instancia de gobierno. Las tres
características esenciales del gobierno actual en la Compañía son el
discernimiento, la colaboración y el trabajo en red. Por eso es tan importante que
sean creados, a todos los niveles de organización de la Compañía, los medios y
condiciones de posibilidad que ayuden a desarrollar estas tres características. El
decreto hace al P. General, y a quienes trabajan con él en Roma, seis
recomendaciones; dos a las Conferencias de Superiores Mayores; tres a los
Superiores Mayores de Provincias y Regiones, y dos a los Superiores Locales.

Por otra parte, la Congregación encargó tres asuntos importantes al P. General: la


renovación de la organización y estructura de las Casas Interprovinciales de Roma
(Domus Interprovinciales Romanæ); la promoción, dentro de la Compañía y sus
ministerios, de una consistente cultura de protección y salvaguarda de menores; y,
una revisión de las Fórmulas de la Congregación General, la Congregación
Provincial, la Congregación de Procuradores y de la Congregación para elegir un
Vicario General.

Finalmente, la CG 36 modificó las Normas Complementarias 362 y 396 para lograr


una mayor precisión en el lenguaje y para clarificar su práctica; añadió además
notas explicativas a los números [701] y [704] de las Constituciones, para
adecuarlos al Código de Derecho Canónico vigente.

10. Testigos de Amistad y Reconciliación


El último decreto asumido por la Congregación General consistió en una carta y
una oración por los jesuitas que viven en zonas de guerra y conflicto. John Dardis
(HIB), Jean-Baptiste Ganza Gasanana (RWB) y Dany Younès (PRO) formaron
parte de una comisión especial que elaboró el texto con los sentimientos y deseos

17
de la Congregación General, que anhelaba expresar su solidaridad con todos los
que dan testimonio del Príncipe de la Paz en lugares altamente conflictivos.

11. Conclusión de la Congregación General 36


El 11 de noviembre, los miembros de la Congregación decidieron que sus trabajos
llegarían a su fin al día siguiente. Se dio comienzo entonces, en clima de oración,
a una evaluación de la Congregación en su conjunto. Una reflexión por
Asistencias, en grupos pequeños y personal – hábilmente organizada por Pablo
José Alonso Vicente (ESP), Mark A. Ravizza CFN) y Antonio F. Moreno (PHI) -
ayudó a todos a agradecer las bendiciones recibidas a lo largo de los dos últimos
años y a formular sugerencias sobre posibles mejoras que se podrían introducir en
futuras Congregaciones.

Aunque cualquier miembro podría haber presentado intercesiones pidiendo a la


Congregación que introdujeran cambios estimados necesarios en los decretos,
nadie lo hizo. En consecuencia, y tras el tiempo de la oración matinal, que fue más
prolongado en esta última mañana, la Congregación determinó que el P. General y
los Asistentes ad providentiam podían firmar las actas finales de la Congregación.
Así mismo, la Congregación determinó que el P. General podía introducir las
correcciones que estimara necesarias “según la mente de la Congregación y con
el voto deliberativo de aquellos padres de la Curia General que tienen derecho a la
Congregación por razón del cargo” (FCG 140 §4, 2°). A continuación el P. General
y el P. Torres dieron las gracias a los miembros de la Congregación y a todos
aquellos cuyas oraciones y cuyo trabajo habían ayudado de diversos modos a su
buen desarrollo. Finalmente, los miembros dieron por terminado su trabajo y
votaron levantar definitivamente la sesión, entonando el Te Deum en acción de
gracias por tantas bendiciones recibidas.

Los miembros de la Congregación, los jesuitas de Roma y numerosos amigos de


la Compañía de Jesús se reunieron en la iglesia de San Ignacio a las 16:00 para
celebrar una Eucaristía de acción de gracias y cantar juntos el Te Deum. El P.
General en su homilía insistió en la necesidad del discernimiento en solidaridad
con los demás, especialmente con los pobres, mientras la Compañía discurre por
el mundo para para proclamar el Evangelio. Textos en latín, italiano, español,
inglés, polaco, portugués, rumano, japonés, francés, cingalés y árabe, junto con
rituales congoleños e indios, hicieron visible en esta Eucaristía la universalidad de
la Iglesia. A continuación, se celebró una recepción en la Universidad Gregoriana.

Concluyó así la trigésima sexta Congregación General de la Compañía de Jesús


el 12 de noviembre de 2016, al término de 35 días de trabajo.

(Original: inglés)

18
Decreto 1

Compañeros en una misión de Reconciliación y de


Justicia

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por
Cristo, y nos encomendó el ministerio de la reconciliación. (2 Cor.,
5:18)

1. La Compañía de Jesús ha deseado siempre conocer y seguir la voluntad de


Dios sobre ella. Esta Congregación General toma sobre sí una vez más esta tarea.
Lo hace desde el corazón de la Iglesia, pero con los ojos puestos en la
humanidad, “que hasta ahora está gimiendo con dolores de parto”1. Por una parte
contemplamos la vibración de la juventud que busca una vida mejor, el gozo de
muchos ante la belleza de la creación y las múltiples formas en las que muchos
ponen sus propias cualidades al servicio de los demás. Sin embargo, también
vemos que nuestro mundo enfrenta hoy múltiples carencias y desafíos. En
nuestras mentes permanecen las imágenes de poblaciones humilladas, golpeadas
por la violencia, excluidas de la sociedad y marginadas. La tierra soporta el peso
del daño que le hemos causado los seres humanos. Nuestra misma esperanza
está bajo amenaza y su lugar han venido a ocuparlo el miedo y la rabia.

2. El Papa Francisco nos recuerda que “no hay dos crisis separadas, una
ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”2. Esta
crisis única, que subyace tanto a la crisis social como a la ambiental, tiene su
origen en el modo como los seres humanos usamos - y abusamos - de la
población y las riquezas de la tierra. Es una crisis con profundas raíces
espirituales; mina la esperanza y el gozo que Dios proclama y ofrece en el
Evangelio, y afecta también a la Iglesia y a la Compañía de Jesús.

3. Pero si contemplamos la realidad con los ojos de la fe, con la visión a la que
nos ha habituado la Contemplación para alcanzar amor3, advertimos que Dios
actúa en el mundo. Reconocemos las huellas del trabajo de Dios, del gran
ministerio de reconciliación que Dios ha comenzado en Cristo, y que se realiza en
el Reino de justicia, paz e integridad de la creación. La CG 35 se hizo consciente

1 Romanos 8, 22.
2 Laudato si’, 139
3 EE.EE. [236].

19
de esta misión4. La carta sobre la reconciliación del P. General Adolfo Nicolás5 y el
magisterio del Papa Francisco6 han dado a esta visión una elementos centrales en
nuestra misión de reconciliación. Más que preguntarnos qué debemos hacer,
queremos comprender el modo como Dios nos invita - junto a muchas otras
personas de buena voluntad - a participar en esta gran empresa. Solos, nos
reconocemos pequeños, débiles y pecadores. Sin embargo, con el salmista
suplicamos, “muéstranos Señor tu misericordia, y danos tu salvación”7. Por ello,
nos invade, no obstante, la alegría al reconocernos pecadores que, por la
misericordia de Dios, somos llamados a ser compañeros de Jesús y
“colaboradores de Dios”8.

4. No somos los primeros en buscar luz para conocer a qué nos llama Dios. La
historia de los primeros compañeros en Venecia9 representa una imagen poderosa
y un paso importante en la formación de la Compañía. Los compañeros vieron en
aquella ocasión cómo se frustraban sus planes de marchar a Tierra Santa. Esto
les llevó a discernir más profundamente lo que el Señor quería de ellos. ¿A dónde
los estaba guiando el Espíritu? A medida que discernían cómo dar nueva
orientación a su vida, se reafirmaban más en lo que ya habían experimentado
como fuente de vida: compartir una vida en común como amigos en el Señor;
estar muy cercanos a los pobres; predicar con gozo el Evangelio.

5. Eran sacerdotes a la vez instruidos y pobres. Para los primeros


compañeros, vida y misión, radicadas en una comunidad de discernimiento,
estaban profundamente interrelacionadas. Nosotros, jesuitas de hoy - sacerdotes,
hermanos y miembros en formación - que compartimos la misma misión, estamos
llamados a un estilo de vida semejante. Porque nos mueve el amor a Cristo,
cuando reflexionamos y oramos sobre cada uno de estos elementos,
experimentamos la íntima unidad que existe entre vida, misión y comunidad de
discernimiento.

6. Esta Congregación General encuentra consolación y gozo al retornar a


estas raíces, en una visión integral de quiénes somos, así como al reconocer que
son muchos los que, como nosotros, son llamados a trabajar con Cristo.
Volvamos, pues, ahora a nuestras raíces: primero a la comunidad de
discernimiento, posteriormente a nuestra vida de fe, y por fin a la misión que brota
de ambas. También la vida en pobreza y la cercanía a los pobres de los Primeros

4 Cf. GC 35, D. 3, “Desafíos para nuestra misión hoy”. Con estas palabras la CG 35 ampliaba el
mensaje de la CG 32, D. 4, n. 2. “La misión de la Compañía de Jesús hoy es el servicio de la fe,
del que la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta, en cuanto forma parte de la
reconciliación de los hombres exigida por la reconciliación de ellos mismos con Dios”.
5 P Adolfo Nicolás, “Respuesta a las cartas Ex Officio de 2014,” Acta Romana Societatis Iesu Vol.

XXV (2014): 1039-1045.


6 Cf. Evangelii Gaudium, 226-230, 239-258 y Misericordiae Vultus.

7 Salmo 85,8
8 1 Corintios 3,9
9 Autobiografía 93-95

20
Compañeros en Venecia tienen que marcar nuestras vidas10. Aquella pobreza que
genera creatividad y nos protege de lo que limita nuestra disponibilidad para
responder a la llamada de Dios. Una pobreza que nos mueve continuamente a
reflexionar sobre cómo podemos vivir más simplemente con menos. En nuestra
oración suplicamos poder entrar cada vez más hondamente en aquella gran
tradición mística que nos legaron nuestros Primeros Padres, que supone siempre
una gracia, pero siempre también un desafío. En último término, pedimos con
insistencia la gracia de saber cómo podemos tomar parte en el gran ministerio de
la reconciliación, sabiendo que, como nos recuerda el Papa Francisco, nuestra
respuesta quedará siempre incompleta11.

Una comunidad de discernimiento con horizontes abiertos

7. Durante su estancia en Venecia los compañeros no se mantuvieron siempre


juntos; se dispersaban para atender a diferentes tareas. No obstante, en esta
etapa vivieron la experiencia de formar un único grupo y de permanecer unidos en
el seguimiento de Cristo, aun teniendo actividades muy diversas. También
nosotros, jesuitas de hoy, nos entregamos a formas de apostolado variadas, que
con frecuencia exigen especialización y consumen mucha energía, pero si
olvidamos que somos un cuerpo, unidos en y con Cristo12 , perdemos nuestra
identidad como jesuitas y la capacidad de dar testimonio del Evangelio. Más que
nuestras competencias y habilidades, lo que da testimonio de la Buena Noticia es
la unión entre nosotros y con Cristo.

8. Cada uno de nosotros, entonces, debería desear constantemente que nuestro


propio trabajo apostólico se desarrolle, sea estimulado y ayudado a dar fruto
gracias al apoyo y aliento de sus hermanos. La misión la recibimos siempre de
Dios en la Iglesia, a través de los Superiores Mayores y Superiores Locales, en la
práctica de la obediencia en la Compañía, que incluye nuestro discernimiento
personal13. Cuando la misión no recibe el apoyo del cuerpo de la Compañía corre
el peligro de languidecer. En estos tiempos de individualismo y competitividad, es
necesario hacer presente que la comunidad juega un papel muy especial, al ser
lugar privilegiado de discernimiento apostólico.

9. La comunidad es el espacio concreto en el que vivimos como amigos en el


Señor. Esta vida en común está siempre al servicio de la misión, pero dado que la
unión fraterna proclama el Evangelio, es misión en sí misma14.

10 NC, 143, 159-160. La pobreza es para nosotros madre (Constituciones, 287) y muro
(Constituciones, 553).
11 Entrevista al Papa Francisco, Civiltà Cattolica 2013 III: 449-477.
12 Constituciones, 813.
13 CG35,D.4
14 GG 35, D. 2, n. 19 y D. 3, n. 41 y P. Peter-Hans Kolvenbach, “Sobre la vida de comunidad”, nn. 2
and 10, Acta Romana Societatis Iesu, Vol. XXII (1998): 279-280, 288. Cf. NC, 314-330 3

21
10. En nuestra vida de comunidad debemos crear espacios para el encuentro y el
compartir. Así propiciaremos que la comunidad se convierta en un espacio de
verdad, alegría, creatividad, perdón, y de búsqueda de la voluntad de Dios. De
este modo la comunidad puede llegar a ser lugar de discernimiento.

11. El discernimiento comunitario requiere que cada uno de nosotros desarrolle


algunas cualidades y actitudes básicas: disponibilidad, movilidad, humildad y
libertad, habilidad para acompañar a otros, paciencia y voluntad para escuchar
respetuosamente y para que podamos expresar la verdad uno al otro.

12. Un instrumento esencial que debe animar el discernimiento comunitario es la


conversación espiritual. Por conversación espiritual entendemos un intercambio
caracterizado tanto por la escucha activa y receptiva, como por la expresión de
aquello que nos toca más hondamente; ella intenta tomar en consideración los
movimientos espirituales, individuales y comunitarios, con el fin de elegir el camino
de la consolación que fortifica la fe, la esperanza y la caridad. La conversación
espiritual crea un ambiente de confianza y de apertura en nosotros y en los
demás. No debemos privarnos de este tipo de conversación en comunidad, ni en
las otras situaciones en las cuales se debe tomar una decisión en la Compañía.

13. En este mundo nuestro, que conoce tanta división, pedimos a Dios que ayude
a nuestras comunidades a ser verdaderos “hogares” para el Reino de Dios. Nos
sentimos llamados a superar lo que nos separa. La sencillez de vida y un corazón
abierto ayudan a que nos preocupemos unos por otros. Es más, vivir juntos como
amigos en el Señor nutre nuestra vocación y puede animar a otros a entrar en la
Compañía.

14. Es claro que la actitud de escucha del Espíritu en nuestras relaciones debe
incluir a los compañeros de trabajo. No pocas veces ellos nos enseñan esa
apertura al Espíritu. Su palabra y su entrega enriquecen con frecuencia algunos
discernimientos que conciernen a la misión.
15. Resulta vital subrayar la constante importancia que los Primeros Compañeros
daban a la cercanía real a los pobres. Los pobres nos obligan a volver sin cesar a
lo que es esencial en el Evangelio, a lo que en realidad da vida, a reconocer que
mucho de lo que tenemos no es más que una carga. El Papa Francisco nos
recuerda que estamos llamados a descubrir a Cristo en los pobres, a prestarles
nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a
interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a
través de ellos15. Esta actitud va contra corriente de lo que es normal en el mundo,
en el que, como dice Qohelet, “la sabiduría del pobre se desprecia y nadie hace
caso de sus consejos”16. Junto a los pobres podemos aprender lo que significan
esperanza y valentía.

15 Cf. Evangelii Gaudium, n. 198.


16 Eclesiastés 9,16.

22
16. En nuestras comunidades y ministerios escuchamos la llamada a redescubrir
la hospitalidad para con los extranjeros, los jóvenes, los pobres y los que padecen
persecución. El mismo Cristo es maestro de esta hospitalidad.
Hombres de ardiente pasión por el Evangelio.

17. Nuestros Primeros Padres fueron capaces de discernir juntos la llamada que
como grupo Dios les dirigía, porque habían tenido experiencia de la gracia de
Cristo que les hacía libres. El Papa Francisco nos urge a pedir con insistencia esa
consolación que Cristo está deseando darnos17. La reconciliación con Dios es
primero, y sobre todo, una llamada a la profunda conversión, de cada jesuita, y de
todos juntos.

18. Una pregunta que confronta hoy a la Compañía es por qué los Ejercicios no
nos cambian tan profundamente como podríamos esperar. ¿Qué aspectos de
nuestra vida, nuestro trabajo o nuestro estilo de vida están impidiendo que
permitamos que la gratuita misericordia de Dios nos transforme? Esta
Congregación está seriamente convencida de que Dios está llamando a la
Compañía en su conjunto a una renovación espiritual. Ignacio insta a cada jesuita
a que “procure tener ante los ojos mientras viva, primero a Dios”18. Por eso los
medios que nos unen directamente con Dios han de ser estimados y puestos en
práctica más que nunca: los Ejercicios Espirituales, la oración diaria, la Eucaristía
y el Sacramento de la Reconciliación, la dirección espiritual y el Examen 19 .
Tenemos que hacer nuestros aún más profundamente, el don de los Ejercicios,
que compartimos con tantas personas, especialmente con la familia ignaciana20, y
las Constituciones que son el alma de nuestra Compañía. En un mundo que
pierde el sentido de Dios, nosotros debemos buscar una más profunda unión con
Cristo en los misterios de su vida. A través de los Ejercicios, nos apropiamos del
estilo de Jesús, de sus sentimientos y de sus opciones.

19. En el corazón de la espiritualidad ignaciana se da un encuentro transformador


con la Misericordia de Dios en Cristo que nos mueve a una generosa respuesta
personal. La experiencia de la misericordia con la que Dios mira nuestras
debilidades y nuestro pecado nos hace humildes y nos llena de gratitud,
ayudándonos a convertirnos en ministros de misericordia para con todos 21 .
Inflamados en la misericordia de Cristo, podremos comunicarla a los que
encontremos en el camino. Esta experiencia fundante de la misericordia de Dios
ha sido siempre fuente de aquella audacia que la Compañía ha portado como
marca, y que es nuestro deber preservar.

17 Alocución del Papa Francisco a la GC 36, 24 de octubre de 2016.


18 Fórmula del Instituto (1550), 1.
19 Constituciones, 813.
20 CG35,D5,n.29.
21 Alocución del Papa Francisco a la CG 36, 24 de octubre de 2016.

23
20. “Misericordia”, nos recuerda el Papa Francisco “no significa algo abstracto sino
un estilo de vida que consiste en gestos concretos más que en meras palabras”22.
Para nosotros jesuitas, la compasión es acción y una acción discernida en común.
Más aún, sabemos bien que no existe auténtica familiaridad con Dios si no
permitimos que tanto la compasión como la acción nos lleven al encuentro con el
Cristo que se revela en los rostros doloridos y vulnerables de la gente, y,
naturalmente, en los sufrimientos de la creación23.

En misión con Cristo el Reconciliador

21. Como preparación para la Congregación General 36, el P. Adolfo Nicolás invitó
a la Compañía a iniciar un proceso de búsqueda para escuchar “la llamada del
Rey Eterno, y discernir las tres llamadas más importantes que el Señor dirige hoy
a toda la Compañía” 24 . Nuestras Provincias y Regiones respondieron a esta
invitación a través de sus Congregaciones Provinciales y Regionales. Con
frecuencia y con fuerza fue emergiendo la llamada a participar en la obra de
reconciliación que Dios está realizando en nuestro mundo herido. Lo que la CG 35
había localizado como las tres dimensiones de esta labor de reconciliación25, es
decir, la reconciliación con Dios, la de unos con otros y la de los seres humanos
con la creación, ha adquirido nueva urgencia. Esta reconciliación es siempre obra
de la justicia; una justicia discernida y formulada por las comunidades y contextos
locales. En el centro de la obra de la reconciliación de Dios se encuentra la cruz
de Cristo y también nuestra participación en ella. Esta misión puede conducir al
conflicto y a la muerte, como lo hemos testimoniado en la vida de muchos de
nuestros hermanos. Aunque hablamos de tres formas de reconciliación, en
realidad, las tres son una única acción de Dios, interrelacionada e inseparable.

1a Llamada: la Reconciliación con Dios

22. Al acogerla, la reconciliación con Dios nos enraíza en la gratitud y nos abre a
la alegría.
El Papa Francisco escribe, “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida
entera de los que se encuentran con Jesús. (...) Con Jesucristo siempre nace y
renace la alegría” 26 . Anunciar y compartir el Evangelio sigue siendo para la
Compañía la razón de su existencia y su misión: que Jesucristo sea conocido, que
sea correspondido en su amor, y que el amor de Cristo sea fuente de vida para
todos. Él sigue siendo la fuente de gozo y esperanza que ofrecemos a los demás.
Por eso la Compañía debe responder de manera más decisiva a la llamada de la
Iglesia a una nueva evangelización, poniendo un énfasis especial en el servicio a y
con los jóvenes y las familias.

22 Alocución del Papa Francisco a la CG 36, 24 de octubre de 2016.


23 Cf. Mateo, 25, 31-46.
24 P. Adolfo Nicolás, “Convocatoria de la Congregación General 36,” Acta Romana Societatis Iesu,
Volumen XXV (2014): 1098.
25 CG35,D.3
26 Evangelii Gaudium, 1

24
23. Una contribución especial que los jesuitas y la familia ignaciana ofrecen a la
Iglesia y a su misión de evangelización es la espiritualidad ignaciana, que facilita la
experiencia de Dios y en consecuencia puede ayudar considerablemente en los
procesos de conversión personal y comunitaria. El Papa Francisco afirma una y
otra vez que el discernimiento debe desempeñar un papel muy especial en la
familia, entre los jóvenes, en la promoción vocacional y en la formación del clero27.
La vida cristiana se hace cada vez más personal a través del discernimiento.

24. La proclamación del Evangelio se hace en contextos muy diferentes: a) en


muchas culturas la secularización es un desafío de primer orden que exige
creatividad, especialmente para atraer e iniciar a las generaciones jóvenes en la fe
cristiana; b) en un mundo cada vez más plural, el diálogo interreligioso, en sus
múltiples formas, sigue siendo una necesidad, no siempre fácil y con el riesgo de
incomprensiones; c) en muchas partes del mundo la Compañía es llamada a
responder al reto de fieles que abandonan la Iglesia en búsqueda de sentido para
sus vidas y de espiritualidad; d) con el fin de ayudar a muchos a profundizar en su
comprensión del Evangelio en los diferentes contextos culturales, con sus
problemas y sus esperanzas, los jesuitas debemos seguir dando importancia a los
estudios teológicos y escriturísticos; estos estudios deben asumir el
acompañamiento de los pueblos, desde lo más profundo de sus tradiciones
espirituales.

2a Llamada: la Reconciliación de la humanidad

25. A lo largo de nuestra preparación para esta Congregación, como cuerpo


universal con una misión universal 28 , hemos escuchado relatos sobre las
escandalosas formas de sufrimiento e injusticia que padecen millones de
hermanos y hermanas nuestros. Al reflexionar sobre todo ello escuchamos a
Cristo que nos convoca de nuevo a realizar un servicio de justicia y de paz,
sirviendo a los pobres y excluidos, y ayudando a construir la paz. Desde muchas
Provincias y Regiones, entre las diversas formas de sufrimiento, tres aparecen con
mayor consistencia:

a) [26.] Los desplazamientos de población (refugiados, migrantes y desplazados


internos). Ante las actitudes de hostilidad hacia estas personas, nuestra fe invita a
la Compañía a promover dondequiera que sea, una más generosa cultura de la
hospitalidad. La Congregación reconoce la necesidad de promover una
articulación internacional de nuestro servicio a los migrantes y refugiados,
encontrando formas de colaboración con el SJR.

b) [27.] Las injusticias y desigualdades que viven los pueblos marginados: Junto a
un enorme crecimiento de la riqueza y el poder en el mundo, se da un enorme y

27 Cf. Amoris Laetitia, 296-306.


28 CG35,D.2,n.20.

25
continuo crecimiento de la desigualdad. Los modelos de desarrollo dominantes
hoy día dejan a millones de personas, especialmente a jóvenes y a personas
vulnerables, sin oportunidades para integrarse en la sociedad. Los pueblos y las
comunidades indígenas, como son los dalits y los tribales de Asia Meridional,
representan un caso paradigmático de este tipo de grupos. En muchas partes del
mundo son las mujeres las que viven esta injusticia de modo particular. Estamos
llamados a apoyar a estas comunidades en sus luchas, reconociendo que
tenemos mucho que aprender de sus valores y su valentía. La defensa y
promoción de los derechos humanos y de una ecología integral constituyen un
horizonte ético que compartimos con muchas personas de buena voluntad, que
buscan también responder a esta llamada.

c) [28.] El fundamentalismo, la intolerancia y los conflictos étnico-religioso-


políticos, son fuente de violencia: En muchas sociedades se da un creciente nivel
de conflicto y polarización, que frecuentemente origina una violencia que resulta
tanto más escandolosa, en cuanto encuentra justificación en convicciones
religiosas deformadas. En estas situaciones, los jesuitas, junto con todos aquellos
que buscan el bien común, están llamados a contribuir, desde su tradición
religioso-espiritual, a la construcción de la paz a nivel local y global.

3a Llamada: la Reconciliación con la creación

29. El Papa Francisco ha subrayado la conexión fundamental que existe entre la


crisis ambiental y la crisis social que vivimos actualmente 29 . La pobreza, la
exclusión social y la marginación tienen conexión con la degradación del
ambiente. No se trata de crisis independientes sino de una única crisis que es
síntoma de algo mucho más profundo: el modo equivocado como están
organizadas nuestras sociedades y nuestras economías. El sistema económico
actual, con su enfoque depredador descarta tanto los recursos naturales como las
personas30. Por esta razón el Papa Francisco insiste en que la única solución
adecuada es una solución radical. La orientación del desarrollo debe ser cambiada
para que éste sea sostenible. Los jesuitas estamos llamados a prestar ayuda en la
sanación de un mundo herido31, promoviendo una nueva forma de producción y de
consumo que coloque la creación en el centro.

30. El desafío polifacético de ocuparse de nuestro hogar común, exige de la


Compañía una respuesta también polifacética. Comencemos por cambiar nuestro
estilo de vida personal y comunitario, adoptando un proceder que sea coherente
con nuestro deseo de reconciliación con la creación. Tenemos que acompañar y
permanecer cercanos a los más vulnerables. Nuestros teólogos, filósofos y otros
intelectuales y expertos deben contribuir a hacer un análisis riguroso de las raíces

29 Laudato si’, 139.


30 “Por una economía global justa: construir sociedades sostenibles e inclusivas” Promotio Iustitiae
121.
31 “Sanar un mundo herido” Promotio Iustitiae 106.

26
y soluciones de la crisis. El compromiso de la Compañía con regiones como la
Amazonía y la Cuenca del Congo, esenciales reservas ambientales para el futuro
de la humanidad, debe ser apoyado. Hemos de gestionar nuestras inversiones
económicas de modo responsable. Y no podemos olvidar celebrar la creación,
dando gracias por “tanto bien recibido”32.

Hacia una renovación de nuestra vida apostólica.

31. Todos nuestros ministerios deben buscar construir puentes, para promover la
paz33. Para lograrlo tenemos que alcanzar una comprensión más profunda del
misterio del mal en el mundo y del poder transformador de la misericordiosa
mirada de Dios que trabaja por hacer de la humanidad una familia reconciliada y
en paz. Con Cristo, estamos llamados a estar cercanos a toda la humanidad
crucificada. Junto a los pobres podemos contribuir a crear una familia humana a
través de la lucha por la justicia. Quienes tienen cubiertas todas las necesidades y
viven lejos de la pobreza también necesitan el mensaje de esperanza y
reconciliación, que los libera del miedo a los migrantes y los refugiados, a los
excluidos y a los que son diferentes, para abrirse a la hospitalidad y a la paz con
los enemigos.

32. La Congregación hace una llamada a toda la Compañía a renovar nuestra vida
apostólica tomando como base la esperanza. Necesitamos, más que nunca, ser
portadores de un mensaje de esperanza que nazca de la consolación de habernos
encontrado con el Señor Resucitado. Esta renovación centrada en la esperanza se
refiere a todos nuestros apostolados.

33. No queremos proponer una esperanza simplista o superficial. Por el contrario,


nuestro aporte, como insistió siempre el P. Adolfo Nicolás, tiene que distinguirse
por su profundidad: una profundidad en la interiorización, y “una profundidad en la
reflexión que nos permita comprender la realidad con más hondura y ser más
eficaces en el servicio” 34 . Para conseguirlo es necesario que los jesuitas en
formación reciban una preparación intelectual sólida y encuentren ayuda para
crecer en integración personal.

34. Nuestras obras educativas a todos los niveles, y nuestros centros de


comunicación e investigación social, tienen que ser una ayuda para la formación
de hombres y mujeres comprometidos con la reconciliación, que sean capaces de
superar los obstáculos que a ella se oponen y proponer soluciones. El apostolado
intelectual debe ser fortalecido para ayudar a transformar nuestras culturas y
nuestras sociedades.

32 Ejercicios Espirituales, [233].


33 Fórmula del Instituto (1550), 1: “Y también manifiéstese preparado para reconciliar a los
desavenidos”.
34 Padre Adolfo Nicolás, “Carta sobre la formación académica de los nuestros”, Acta Romana
Societatis Iesu, Vol.XXV (2014): 933.

27
35. Dada la magnitud y la interconexión de los problemas que enfrentamos es
importante apoyar e impulsar una creciente colaboración entre los jesuitas y entre
las obras de la Compañía por medio de redes. Las redes internacionales e inter-
sectoriales son una oportunidad para reforzar nuestra identidad, pues nos hacen
compartir recursos y compromisos a nivel local, para así servir juntos a una misión
universal.

36. La colaboración con otros es la única manera que tiene la Compañía de


realizar la misión que se le ha encomendado. Esta asociación en la misión incluye
a aquellos que profesan como nosotros la fe cristiana, a los que pertenecen a
religiones diferentes y a mujeres y hombres de buena voluntad que, como
nosotros, desean colaborar en la obra reconciliadora de Cristo. En palabras del P.
General Arturo Sosa, los jesuitas “están llamados a la misión de Jesucristo, que no
nos pertenece en exclusiva, sino que compartimos con muchos hombres y
mujeres consagrados al servicio de los demás”35.

37. En todo lo que hacemos deseamos seguir al Papa Francisco, que nos urge a
promover dinámicas de transformación personal y social. “Se trata de privilegiar
las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad”36. El discernimiento
orante debería ser nuestro modo habitual de acercarnos a la realidad, cuando
queremos transformarla.

38. Conscientes de la urgencia del momento presente y de la necesidad de


implicar a toda la Compañía y sus obras en la respuesta a estas llamadas, la
Congregación pide al P. General que, trabajando en estrecha unión con las
Conferencias y las Provincias, defina con claridad objetivos y directrices para
nuestra vida apostólica actual.

Conclusión

39. Desde Venecia, Ignacio y sus compañeros se trasladaron a Roma, para dar
forma allí al cuerpo apostólico de la Compañía y desarrollar una extraordinaria
actividad misionera. Lo hicieron bajo el Romano Pontífice, que confirmó su
carisma. Esta Congregación General ha experimentado, de forma semejante, la
gracia de ser confirmada, apoyada y enviada por el Papa Francisco. El Santo
Padre ha subrayado que no podemos conformarnos con el statu quo de nuestros
ministerios. Nos ha impulsado una vez más al magis, a “ese plus” que llevó “a
Ignacio a iniciar procesos, a acompañarlos y a evaluar su real incidencia en la vida
de las personas”37.

40. En la fe, sabemos que, a pesar de las dificultades y problemas de nuestro


tiempo, Dios no cesa de trabajar por la salvación de todos los pueblos y aun de

35 Homilía del Padre General Arturo Sosa, 15 de octubre de 2016


36 Evangelii Gaudium, 223.
37 Alocución del Papa Francisco a la CG 36, 24 de octubre de 2016. Cf. Evangelii Gaudium 223:
“Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios”.

28
toda la creación. Creemos que Dios continúa su obra de “reconciliar el mundo
consigo en Cristo”38. Escuchamos la urgente llamada a unirnos al Señor en la
atención a los más necesitados y a extender la misericordia de Dios allá donde la
injusticia, el sufrimiento y la desesperación parecen desbaratar el plan divino.
Pedimos el valor y la libertad de tener “la audacia de lo ‘improbable’”, en nuestra
respuesta a la llamada de Dios “con la humildad de quien sabe que, en este
servicio en el que los seres humanos comprometemos toda nuestra energía, ‘todo
depende de Dios’” 39 . “Mirad, ¡éste es el tiempo favorable, éste el día de
salvación!”40.

(Original: inglés)

38 2 Corintios 5, 19.
39 Homilía del P. Bruno Cadoré, O.P. en la Misa de apertura de la CG 36.
40 2 Corintios 6, 2

29
Decreto 2
Un gobierno renovado para una misión renovada

Introducción
1. La misión apostólica está en el mismo corazón de la Compañía. Desde sus
primeros días, el discernimiento ha guiado el desarrollo del gobierno para un
mejor servicio y apoyo a la misión de la Compañía, la Missio Dei. El gobierno,
en la Compañía, es personal, espiritual y apostólico. Cada Congregación
General es fuente de inspiración que guía el desarrollo del gobierno en apoyo
de la misión, según vayan cambiando las circunstancias, y la atención a las
personas comprometidas en esa misión del modo más apropiado a los
tiempos.
2. La CG 35 formuló recomendaciones útiles para orientar el gobierno de la
Compañía, de las cuales muchas han sido implementadas. Al revisar los
avances realizados, la CG 36 señala varios aspectos que necesitan más
atención y clarificación. En primer lugar, la CG 36 desea fomentar importantes
rasgos de nuestro modo de proceder que son relevantes hoy. En segundo
lugar, la Congregación reconoce las vías de renovación que se han
emprendido en el gobierno de la Compañía, a diversos niveles, desde la CG
35. En tercer lugar, la CG 36 formula clarificaciones y recomendaciones para el
continuo discernimiento apostólico y planificación.

Modos de proceder apropiados para nuestro tiempo

3. El discernimiento, la colaboración y el trabajo en red ofrecen tres importantes


perspectivas en nuestro actual modo de proceder. Dado que la Compañía de
Jesús es un “cuerpo internacional y multicultural” en un complejo “mundo
fragmentado y dividido”1, la atención a estas perspectivas ayuda a perfilar el
gobierno, haciéndolo más flexible y apostólicamente más efectivo.

4. Discernimiento: este precioso don de Ignacio es parte integral de nuestra vida


personal y de nuestra vida apostólica como cuerpo. Comienza con la
contemplación de Dios que trabaja en nuestro mundo y nos permite sacar más
fruto al unir nuestros esfuerzos a los designios de Dios. El discernimiento es “lo
que nos enraíza en la Iglesia, en la que el Espíritu actúa y reparte su diversidad
de carismas para el bien común” 41 . Según nuestro modo de proceder, el
discernimiento es el fundamento para la toma de decisiones de toda autoridad

1 CG35,D.3,n.43.
2 Papa Francisco. Discurso a la CG36, 24 de octubre de 2016.

30
legítima. En la preparación de esta Congregación hemos tenido una
experiencia de discernimiento que comenzó en las Provincias y Regiones y nos
ayudó a identificar los desafíos más importantes de nuestra misión hoy, y
nuestras respuestas a la Buena Nueva de Jesús3. Este proceso de
discernimiento ofrece la base espiritual que hace posible nuestra planificación
apostólica.

5. Dada la magnitud y complejidad de los contemporáneos desafíos que se


plantean a nuestra misión, y la disminución de los números de nuestra mínima
Compañía, el discernimiento es más esencial que nunca para la eficacia
apostólica4. El discernimiento consistente y participativo es el modo de
asegurar que la continua planificación apostolica – incluyendo ejecución,
seguimiento y evaluación – sea parte integrante de todo ministerio de la
Compañía. Conociendo la crisis de autoridad en la cultura contemporánea
(familia, educación, política, religión), la práctica del discernimiento es un don
que podemos ofrecer a otros. Si vivimos el discernimiento podremos transmitir
su práctica a los demás. Cuando se comparte, en espíritu de discernimiento, se
llega a una perspectiva común. Formar colaboradores para la misión significa,
en primer lugar, que nosotros estemos formados para el discernimiento.

6. Colaboración: la CG 35 declaró que “la colaboración en la misión... expresa


nuestra verdadera identidad como miembros de la Iglesia, la
complementariedad de nuestras diversas vocaciones a la santidad, nuestra
mutua responsabilidad por la misión de Cristo, nuestro deseo de unirnos a las
personas de buena voluntad en el servicio de la familia humana y la llegada del
Reino de Dios”5. La CG 34 había pedido ya que “Todos los colaboradores en la
obra deberían ejercer la corresponsabilidad y comprometerse en el proceso de
discernimiento y toma de decisiones compartida, cuando sea oportuno”6. La
CG 36 reconoce el papel decisivo de quienes colaboran en la vitalidad de la
misión actual de la Compañía y expresa su gratitud a todos cuantos
contribuyen y desempeñan papeles significativos en el servicio de sus obras y
ministerios. Nuestra misión se hace más profunda y nuestro servicio se hace
más amplio a través de la colaboración entre todas las personas con las que
trabajamos, especialmente aquellas inspiradas por la espiritualidad ignaciana.

7. Aun constatando avances notables en la colaboración a lo largo y ancho de la


Compañía, reconocemos que siguen existiendo obstáculos. Algunos pueden
venir de nuestra falta de imaginación y valentía; otros pueden originarse en
inhibiciones impuestas por los contextos sociales o incluso en prácticas
habituales del clero local. Una dificultad especial podría provenir de la falta de
una genuina colaboración entre jesuitas - individuos, instituciones,

3 Cfr. P. Adolfo Nicolás. CG 36, la llamada del Rey Eternal: una meditación (2015/15: 3 de octubre
de 2015).
4 Cfr. P. Adolfo Nicolás. “CP70. De statu S.J.” Acta romana Societatis Iesu XXV, 2 (2012) p. 535.
5 CG35,D.6,n.30.
6 CG34,D.14,n.13.

31
comunidades, Provincias o Conferencias. Necesitamos un discernimiento
inclusivo y una continua planificación y evaluación de nuestros esfuerzos para
superar los obstáculos y para que se normalice la participación de los
colaboradores en la misión, en los diversos niveles de actividad apostólica y en
el gobierno de la Compañía. Es importante así mismo discernir a qué
proyectos, iniciativas o actividades, emprendidas por otros, podríamos ofrecer
nuestro apoyo, sea éste humano, técnico, intelectual o económico.

8. Trabajo en red: la colaboración lleva naturalmente a la cooperación entre


redes. Las nuevas tecnologías de la comunicación crean formas de
organización que hacen más fácil la colaboración. Hacen posible que se
movilicen aquellos recursos humanos y materiales que sostienen la misión y
logran superar las fronteras nacionales y los límites de Provincias y Regiones.
El trabajo en red, que tan frecuentemente se menciona en los documentos de
nuestras recientes Congregaciones Generales, se construye cuando se
comparte una misma visión y presupone una cultura de la generosidad, abierta
a la colaboración con otros y el deseo de celebrar sus logros. Las redes
dependen también de personas que sean capaces de aportar su visión y su
liderazgo para una misión en colaboración. El trabajo en red, cuando está bien
concebido, establece un sano equilibrio entre la autoridad y la iniciativa local.
Fortalece las posibilidades de cada lugar concreto y fomenta una sana
subsidiariedad, asegurando al mismo tiempo que la misión adquiera un sentido
unitario desde una autoridad central. Logra que la voz de cada lugar se haga
oír con más prontitud y rapidez.

9. Los órganos de gobierno de la Compañía ya están favoreciendo el


establecimiento de redes. Dependiendo de su alcance y escala, son los
Provinciales, las Conferencias o la Curia General los que facilitan, fomentan,
acompañan y evalúan las redes internacionales e intersectoriales. En las redes
de la Compañía se entrecruzan la creatividad y la iniciativa propias del trabajo
en red, con la autoridad que confía la misión. Las redes logran unir la
dimensión “horizontal” con la “vertical” de nuestras obras y nuestro gobierno. El
trabajo en red refleja también el actual movimiento hacia una mayor
sinodalidad que promovió el Vaticano II.

Revisión de los pasos dados desde la CG 35

10. El Decreto 5 de la CG35, “Gobierno al servicio de la misión universal”, expresó


el deseo de que el Superior General hiciera un seguimiento inmediato de
algunos asuntos. Este deseo se concretó en directrices, recomendaciones y
sugerencias precisas. Las directrices incluyeron la entera revisión de las
Fórmulas para las Congregaciones General, Provincial y de Procuradores, y la
instrucción de efectuar una revisión completa del gobierno central. Las
recomendaciones pidieron el establecimiento de instrumentos aptos para
promover un buen gobierno por medio de la evaluación regular de los
superiores y de las instituciones apostólicas; el desarrollo de una estrategia
para mejorar la comunicación interna y externa de la Compañía; y, una

32
reflexión sobre las estructuras provinciales y regionales con vistas a adaptarlas
a las realidades actuales.

Las sugerencias que debían seguirse incluyeron la petición de buscar formas


para que los recursos económicos pudieran ser más equitativamente
desplegados para la solidaridad en el servicio a una misión internacional. Otra
petición fue poner en marcha en la Compañía programas para la formación en
el liderazgo.

11. Cada uno de estos encargos recibió importante atención; se dedicaron tiempo
y recursos a estas temáticas y es patente un sustancial progreso. La CG 36
expresa su profunda gratitud al P. Adolfo Nicolás y a todos los que tomaron
parte con su esfuerzo en estas realizaciones.

12. Esta Congregación quiere señalar tres temáticas que requieren ulterior
reflexión e intervención:
a. La Compañía debe seguir mejorando sus procesos de discernimiento,
haciéndolos cada vez más coherentes, es decir, más capaces de identificar
y responder a los desafíos a nivel global, en un modo que integre los
niveles de gobierno local, provincial, de conferencia y central. La Compañía
debe seguir desarrollando caminos, a cada nivel, para implementar,
monitorear y evaluar los resultados de las decisiones tomadas.
b. La amplitud y profundidad de nuestros procesos de planificación y revisión
(por ejemplo, del gobierno central y de las estructuras de las Conferencias)
necesitan una mayor atención y desarrollo.
c. Algunas de las peticiones del Decreto 5 de la CG 35 (por ejemplo, la
comunicación, el compartir los recursos económicos o el desarrollo del
liderazgo) han encontrado respuesta, pero todavía son tareas en curso que
requieren atención.

13. Al reflexionar sobre estas realidades desde la perspectiva del discernimiento,


de la colaboración y del trabajo en red, la CG 36 formula las siguientes
recomendaciones:

Recomendaciones

Al Padre General y al gobierno central


14. La CG 36 pide al P. General que revise el proceso - iniciado por la CG 347 y
proseguido por el P. Peter-Hans Kolvenbach8 - de evaluar cómo se llevan
adelante nuestras actuales preferencias apostólicas y que proponga, si fuere
oportuno, otras nuevas. El discernimiento de tales preferencias debería contar
con la más amplia participación posible de toda la Compañía, así como de
quienes están involucrados con nosotros en nuestra misión. Con tal fin, como

7CG34,D.21,n.28.
8 Cfr. P.-H. KOLVENBACH, S. I., “Souhaits de Noël et de Nouvel An : Nos préférences
apostoliques” (1 de enero de 2003), AR 23,1 (2003) 31-36.

33
lo indica la CG 359, el P. General y el Consejo deben establecer
procedimientos para evaluar los complejos y largos procesos de planificación
apostólica a todos los niveles y promover el uso continuo del discernimiento y
de la planificación.

15. La CG 36 insta al P. General a que lleve a término la revisión integral del


gobierno central de la Compañía, pedida por la CG 3510 e iniciada por el P.
Adolfo Nicolás. En particular, esta revisión debería situar varios elementos de
gobierno en su relación con el P. General, su Consejo, los Asistentes
Regionales, los Secretarios Sectoriales, los Presidentes de Conferencias, los
Superiores Mayores y los Superiores locales, concretando las competencias de
cada uno, la complementariedad de sus roles en el servicio de la misión de la
Compañía y en su relación con la persona y gobierno del Padre General. Dicho
proceso debe incluir la elaboración de una estrategia de comunicación, tal
como indicaba el Decreto 511. Para esta revisión, en línea con lo que proponía
la CG 35, se anima al P. General a que “haga uso del mejor asesoramiento
profesional disponible dentro y fuera de la Compañía”12.

16. La CG 36 pide al P. General que estudie el gobierno de las redes de la


Compañía y otros tipos de obras que sobrepasan la extensión de una Provincia
o una Conferencia. Así como se ha promovido el trabajo en red para potenciar
la colaboración dentro y fuera de la Compañía13, es necesario reflexionar sobre
cómo y desde qué nivel puede la Compañía ejercer su gobierno sobre las
redes jesuíticas. Del mismo modo, la Compañía debería desarrollar modelos
de gobierno apropiados para aquellas obras que tienen carácter global en su
misión y servicio.

17. La CG 36 pide al P. General que revise y evalúe los procesos de


reestructuración de Provincias y Regiones ya acometidos, de modo que pueda
aplicar lo aprendido a otros procesos de reconfiguración presentes y futuros.

18. La CG 36 afirma que, teniendo en cuenta nuestro compromiso con la pobreza,


diversas estrategias financieras, oportunidades e implicaciones deben tomarse
en consideración en la planificación apostólica y en la toma de decisiones a
todos los niveles de gobierno en la Compañía. El Ecónomo y otras personas
cualificadas y competentes deben prestar su ayuda en dicho proceso. En este
contexto, la CG 36 pide al P. General que realice la revisión de los Estatutos de
la pobreza religiosa en la Compañía de Jesús y de la Instrucción sobre la
administración de bienes, prestando particular atención al uso de los
contemporáneos instrumentos financieros y a las normas sobre las fuentes y
usos del Fondo Común.

9 CG35,D.3,n.40.
10 CG 35, D. 5, nn. 9-14.
11 CG35,D.5,n.13.
12 CG35,D.5,n.14.
13 CG34,D.21,nn.13-14yCG35,D.6,n.29.

34
19. La CG 36 solicita al P. General que continúe los pasos dados por el P. Adolfo
Nicolás para promover una mayor solidaridad de recursos humanos,
institucionales y económicos en la Compañía, con el fin de lograr una mayor
eficacia apostólica. Específicamente, la Congregación le pide que:
a. Prosiga y lleve a su cumplimiento el proceso de Solidaridad en la
Formación.
b. Revise los objeticos y el funcionamiento del FACSI para promover más
eficazmente la misión universal de la Compañía al servicio de quienes
sufren mayor necesidad.

A las Conferencias de Superiores Mayores

20. La CG 36 pide que las seis Conferencias, descritas por la CG 35 como “una
iniciativa significativa en la estructura de gobierno de la Compañía”14, realicen
un estudio sobre su modo de proceder, usando las indicaciones del Decreto 5
de la CG 3515 como base para una autoevaluación; estas autoevaluaciones
deberán ser revisadas por el P. General. Reconociendo lo que les diferencia
por su historia, contexto y estilos en la toma de decisiones, tal autoevaluación
deberá conseguir, por lo menos, los siguientes cuatro resultados:

a. Mayor coherencia entre los estatutos de las Conferencias, especialmente


en aspectos como la naturaleza vinculante de los acuerdos y la autoridad
del Presidente en la toma de decisiones en relación con la
corresponsabilidad de los Superiores Mayores16.
b. Un proceso de continuo discernimiento apostólico y planificación en la
Conferencia, que incluya al Presidente en la planificación apostólica de las
Provincias y Regiones, y en el facilitar la preparación de jesuitas para
apostolados internacionales.
c. La clarificación de su capacidad para poseer recursos para la formación y
para propósitos apostólicos.
d. Un esbozo de cómo pueden colaborar los Presidentes con el P. General en
el discernimiento y animación de la misión universal de la Compañía, y de
cómo extender el horizonte de la toma de decisiones más allá de los
confines de las Provincias y Conferencias.

21. La CG 36 insta a las Conferencias a revisar la implementación de las


“Orientaciones para las relaciones entre el Superior y el Director de Obra”17. A
este propósito se debe tener en cuenta el creciente número de directores laicos
en las obras de la Compañía, y adaptar las “Orientaciones” conforme lo exija la
realidad de cada Conferencia. También deben evaluar el grado de aplicación

14 CG35,D.5,n.14
15 CG 35, D. 5, nn. 17-23.
16 CG35,D.5,n.20c.
17 Acta romana Societatis Iesu XXII, 3 (1998) pp. 383-391.

35
del Decreto 6 de la CG 3518 en lo que respecta a la colaboración con otros, y
desarrollar y valorar estrategias para promover esta colaboración en la
Conferencia. El reducido número de jesuitas, la proliferación de iniciativas
apostólicas de la Compañía, la cada vez más activa y bienvenida participación
de colaboradores, como el creciente rol de la participación laical en la Iglesia
requiere una mayor reflexión y acción en lo que toca a la colaboración. El
Padre General debe estar informado sobre las estrategias que se siguen, y
aprobar la actualización de las “Orientaciones”.

Al gobierno provincial y regional

22. La CG 36 pide a los Superiores Mayores para asegurar que el discernimiento


y la planificación apostólica en sus Provincias o Regiones esté en consonancia
con las preferencias apostólicas de la Compañía y con el discernimiento y la
planificación apostólica de la Conferencia a la que pertenecen, de modo que
las preferencias de misión que establece la Compañía universal se tengan en
cuenta en las obras de sus Provincias y Regiones19. El discernimiento y las
decisiones que toman los Superiores Mayores sobre las obras de su Provincia
o Región, deben tener en cuenta el influjo que ejercen sobre la flexibilidad y
movilidad necesarias para la misión universal de la Compañía, especialmente
dentro de sus Conferencias. Un compromiso de este tipo da más capacidad al
P. General para llevar adelante la misión global, y refuerza la
corresponsabilidad de los Superiores Mayores en el servicio de la misión
universal de la Compañía.

23. La CG 36 insta a los Superiores Mayores a promover entre los jesuitas a nivel
local la integración de vida y misión, en el contexto de la disminución del
número de jesuitas, del aumento del compromiso de otras personas y del
crecimiento de la vitalidad apostólica. Los Superiores Mayores deben insistir en
la formación de jesuitas que sean capaces de crecer en esta cambiante
realidad. También se anima a los Superiores Mayores a crear y apoyar
dinámicas que cimienten la unión entre jesuitas, fortalezcan la relación entre
éstos y colaboradores, fomenten la animación apostólica y promuevan
iniciativas de colaboración intersectorial. Estas iniciativas podrían incluir
reuniones de Superiores de una misma ciudad o zona, redes o plataformas
apostólicas, comisiones de ministerios u otras estructuras de acompañamiento
mutuo. A la vez, la CG 36 hace un llamamiento a los Superiores Mayores para
apoyar los procesos que generan libertad para dejar obras que ya no son
sostenibles o esenciales para nuestra misión, y para clarificar las relaciones
jurídicas que existen con obras que han pasado a ser más de carácter
ignaciano que jesuita.20

18 CG35,D.6,n.29.
19 CG 35, D. 5, n. 20, c.3.
20 CG 35, D. 5, n. 20, c.3.

36
24. La CG 36 pide a los Superiores Mayores que aseguren que la primera
responsabilidad de un Superior local es animar la comunidad de jesuitas que
se la ha confiado21. Para implementar apropiadamente la NC 35122 es clave
proporcionar una adecuada formación a los Superiores locales y darles una
carga de actividades apostólicas manejable.

Al gobierno local

25. La CG 35 declaró que “el buen hacer del Superior local es esencial para que la
comunidad jesuita tenga vitalidad apostólica”23. El liderazgo apostólico del
Superior local está condicionado hoy por la importancia que se dé a la
promoción del discernimiento, la colaboración y el trabajo en red. La CG 36
insta a los Superiores locales a que ejerzan su servicio a las comunidades
desde esas tres perspectivas, de modo que éstas se promuevan a todos los
niveles de la misión: local, provincial, de conferencia y universal.

26. La CG 36 invita a los Superiores y Directores de obra, así como a todos los
jesuitas y colaboradores en la misión, a promover profundos hábitos de oración y
discernimiento como preludio y acompañamiento de la planificación continua,
como a fortalecer las relaciones interpersonales y la colaboración en la
implementación de los planes. Todo esto implica fomentar un espíritu de
disponibilidad y confianza entre nosotros y con todos aquellos que sirven a la
Missio Dei.

Conclusión: volver a imaginar y buscar el bien mayor y más universal

26. Si nuestro gobierno es capaz de inspirar la renovación de nuestro servicio a la


misión, con mayor discernimiento, colaboración y trabajo en red, la gracia de
Dios puede ponernos más cerca de su cumplimiento.

28. El Papa Francisco nos recordó que nuestro “modo de proceder” es un proceso,
un camino. “Me gusta tanto esta manera de ver de Ignacio a las cosas en devenir,
haciéndose”24. Sacamos provecho, indicaba el Papa Francisco, de “unir
tensiones”25 como contemplación y acción, fe y justicia, carisma e institución,
comunidad y misión. Somos peregrinos. Nuestro camino implica afrontar las
tensiones creativas que conlleva la diversidad de personas y obras en la
Compañía. Para buscar el progreso en el seguimiento del Señor, la Compañía
debe constantemente volver a imaginar y discernir cómo nuestras estructuras de
gobierno pueden servir mejor, a la misión que nos ha sido confiada.
(Original: inglés)

21 Cfr. Norma complementaria 351.


22 CG35,D.5,n.38.
23 Cf.CG35,D.5,n.33.
24 Papa Francisco, Alocución a la GC 36
25 Ibíd.

37
Apéndice: recomendaciones y resultados clave del Decreto 5 de la CG 35

Este apéndice no lo abarca todo; es simplemente una evaluación concisa de las


peticiones hechas por la CG 35 al gobierno ordinario. Quiere mostrar la
importancia de la rendición de cuentas y de la evaluación.

Fórmulas (nn. 2-6): se ha realizado una revisión integral de las Fórmulas de la


Congregación General, de la Congregación Provincial y de la Congregación de
Procuradores. Se deberá hacer una ulterior revisión de las Fórmulas en el curso
de un año a contar desde fin de la CG 36.

Revisión integral del gobierno central (nn. 7-11): esta revisión se llevó a cabo con
bastantes resultados concretos: descripciones de los puestos de trabajo de los
miembros del equipo de la Curia, una estructura de comités para planificación
apostólica y consulta, así como Secretariados para el servicio de la Fe y la
Colaboración. La falta de un proceso de evaluación y las actuales inquietudes
acerca del discernimiento apostólico en el gobierno central sugieren aspectos que
requieren una continua atención.

Eficacia y equidad económica (n. 12): se han puesto ya en marcha procesos que
prometen resultados significativos.

Estrategia para la comunicación (n. 13): se han conseguido considerables mejoras


en la comunicación interna del gobierno; en un campo que cambia
constantemente, se requiere continuo discernimiento para lograr una
comunicación más eficaz con un mundo más amplio.

Herramientas para la evaluación (n. 15): se ha actualizado la Practica Quædam;


se han desarrollado nuevas herramientas para revisar la implementación y la
rendición de cuentas; se están usando ya nuevas evaluaciones para los últimos
votos.

Conferencias (nn. 17-23): la CG 35 proporcionó una revisión completa de la


estructura, del papel del Presidente de Conferencia y de los procesos de toma de
decisión en esta dimensión del gobierno de la Compañía, todavía en vías de
desarrollo. El n. 18 c. 2 pidió a las Conferencias adaptar sus Estatutos a la luz de
la CG 35, tarea que se ha llevado a término. Sin embargo, las preocupaciones
sobre las Conferencias puestas de manifiesto en la CG 36 sugieren la necesidad
de continuar la reflexión sobre ellas y su evaluación.

Estructuras Provinciales (nn. 24-28): En el n. 26, la CG 35 encargó a una comisión


reflexionar sobre las Provincias y sus estructuras, con el fin de dar pautas para la
creación, reconfiguración y supresión de Provincias y Regiones. El trabajo de la
comisión ha logrado un avance significativo en el cambio de las estructuras de las
Provincias y Regiones en todo el mundo.

38
Obras apostólicas (n. 29): se han desarrollado herramientas para evaluar las
instituciones apostólicas en función de su contribución a la misión.

Formación para el liderazgo (nn. 30-32): se han dado notables pasos adelante
mediante programas iniciados por las Conferencias para jesuitas y colaboradores
laicos.

Superiores locales (nn.33-39): estos párrafos enuncian principios, desafíos y


recomendaciones para el liderazgo local. Las cartas ex officio y otras fuentes
sugieren que, debido a otras responsabilidades, muchos Superiores locales
encuentran dificultades para hacer de la animación de la comunidad local su
primera responsabilidad (38).

Superiores y Directores de obra (nn. 40-42): la relación entre el Superior y el


Director de obra(s) puede ser un punto neurálgico, especialmente ahí donde
todavía no es común el liderazgo laico en las obras de la Compañía. El n. 40
ordenó la adaptación de las Orientaciones para la relación entre el Superior y el
Director de obra al contexto local y en diálogo con el Superior Mayor.

39
OTROS DOCUMENTOS

Testigos de amistad y reconciliación


Mensaje orante
para aquellos jesuitas que trabajan en zonas de guerra y conflicto

“Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre


compasivo y Dios de todo consuelo, que nos consuela en
cualquier tribulación, para que nosotros, en virtud del
consuelo que recibimos de Dios, podamos consolar a los que
pasan cualquier tribulación. ... Nuestra esperanza acerca de
vosotros es firme, pues sabemos que como compartís
nuestros sufrimientos, así compartiréis nuestro consuelo”.
(2 Cor. 1: 3-4, 7)

Desde la última Congregación General, no dejamos de contemplar desgarradoras


situaciones de conflicto en diversas partes del mundo. La triste letanía incluye Siria y
Sudán del Sur, Colombia y la Región del los Grandes Lagos en África, la República
Centro Africana, Afganistán, Ucrania, Irak y muchos otros lugares. La pérdida de vidas
humanas, así como el desplazamiento masivo de personas, ha provocado una situación
devastadora de alcance mundial, que afecta especialmente a los que se encuentran
trabajando en las fronteras. Con profundo afecto y solidaridad a nuestros compañeros
jesuitas que viven y trabajan en situaciones de violencia y de guerra les dirigimos este
mensaje.

Queridos compañeros y amigos en el Señor,

Los jesuitas congregados en la CG 36 deseamos enviar un mensaje de apoyo a


nuestros hermanos, que trabajan en las fronteras de la guerra y la violencia, codo
con codo con otros valientes compañeros entregados al mismo empeño
apostólico. Sabemos que arriesgan sus vidas a diario para conquistar, con
humildad y sin desmayo, la paz y la reconciliación tan anheladas por Jesucristo y
que hoy parecen imposibles. Desde aquí agradecemos el amor y el apoyo que
reciben de sus familias y de tantos amigos que les ofrecen día a día su aliento y su
ayuda.

Llegue también nuestro saludo y gratitud, a través de nuestros compañeros


jesuitas, a los hombres y mujeres del Servicio Jesuita para los Refugiados (SJR) y
a todos los que con ellos llevan adelante nuestra misión en aquellas Provincias y
Regiones donde los conflictos son más intensos y difíciles. Sin su contribución,
nuestra misión se vería gravemente empobrecida. Sabemos hasta qué punto,
compartiendo los mismos peligros, las mismas amenazas y violencias, se han
estrechado entre todos fuertes vínculos de amistad, de oración y de solidaridad.

40
Comprendemos bien que, repartidos en lugares distantes de este mundo, en
ocasiones se sientan olvidados y al margen de lo que suscita el interés de los
medios de comunicación. Por eso nuestro mensaje desea enviar a todos y cada
uno nuestro recuerdo y nuestra oración, y quiere pedir a toda la Compañía que
haga otro tanto. Les sabemos firmes en las fronteras más difíciles, reconociendo
en los que sufren el rostro de Jesús, siempre fiel, amigo y compañero.

Levantamos el corazón a Dios para agradecerle el testimonio de amistad y


esperanza que constituyen para nosotros. Nos llena de gratitud saber que de las
personas a cuyo servicio trabajan les llueven innumerables bendiciones, que
significan una gran riqueza también para la Compañía. No están solos; forman
parte de este cuerpo apostólico nuestro cuyo único consuelo es ser puestos con el
Hijo en sus sufrimientos y en su gloria. Su “oblación de mayor estima”1 hace más
fuerte y eficaz a la Compañía en todo el mundo.

Reciban nuestro agradecimiento, amigos nuestros en el Señor, porque su


consagración a la misión de Cristo, les lleva a aceptar la pobreza con Cristo pobre,
y no pocas veces la humillación con Cristo humillado. Hacen suyas, sin duda, las
palabras de San Pablo:

¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la
persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? ... Pero
en todo esto salimos de sobra vencedores gracias a aquel que nos amó. (Rom 8:
35, 37)

Son muchas las cosas que les ha dado la formación de la Compañía. Les ha
preparado para luchas difíciles y les ha hecho capaces de saber extraer lo mejor
de cada situación. Pueden afrontar confiadamente dificultades y peligros, aunque
siendo muy conscientes de que esas dificultades y esos peligros erosionan su
espiritualidad y liman su afectividad. Por eso, en esas fronteras tan amenazadas
donde trabajan, son de importancia tan fundamental el discernimiento, el cuidar
unos de otros y la solidaridad. Todavía, cuando les invada la impotencia al
contemplar continuamente historias de dignidad herida, o cuando la falta de
sentido mine su interior, tienen como recurso hacer memoria de Jesucristo, víctima
de esa misma impotencia pero con su esperanza puesta en el Padre. Él será su
sostén. Él, que les llamó un día, permanece fiel y trabaja para hacer nuevas todas
las cosas.

Hermanos, la Compañía de Jesús es una Compañía de amor y de comunión de


mentes y corazones2, por eso llevamos sus nombres grabados en nuestro
corazón. Somos un grupo de amigos en el Señor. Deseamos tener noticias suyas,
saber de sus esperanzas y sus frustraciones, discernir juntos la mejor forma de

1Ejercicios Espirituales [97]


2 “... y también por me parecer que Compañía de Jesús quiere dizir Compañía de amor y
conformidad de ánimos ...” Francisco Javier, carta a Ignacio (12 de enero de 1549) § 5 (MHSI,
Carta 70, p. 8).

41
hacer real nuestra solidaridad. Queremos también hacer llegar hasta cada uno de
ustedes noticias nuestras para que sepan de nuestros triunfos y nuestros fracasos
y así les sea posible alegrarse con nosotros, sufrir y orar con nosotros3.

También nosotros nos sentimos muchas veces impotentes ante las mil complejas
causas de las guerras y la violencia. Son causas que parecen estar, y están casi
siempre, absolutamente fuera de nuestro control. Pero sean las que sean esas
razones, los que las padecen acaban siendo siempre los más pobres de los
pobres. Elevemos unidos nuestro grito de protesta contra la injusticia y el
sufrimiento de tantos inocentes.

Testimonio radical en todos los continentes

Aprovechamos esta ocasión para hacer pública mención del humilde testimonio de
los que han dado la vida en acto de servicio. La lista4 no puede olvidar a Frans van
der Lugt, jesuita sacerdote holandés que trabajaba en Siria y fue asesinado en
Homs el año 2014; a los Jesuitas y sus dos colaboradoras de El Salvador en 1989;
y, más recientemente, tantos otros en diferentes continentes. Es el testimonio del
poder del Evangelio, de la bella y dolorosa fragilidad de la existencia humana, de
la entrega al servicio de la amistad, y de que es necesario confesar, incluso con la
muerte, que el sufrimiento, el riesgo y la valentía forman parte de nuestra vida
como jesuitas y de nuestra vocación cristiana.

Recordamos a Paolo Dall’Oglio, sacerdote jesuita italiano, secuestrado en Siria en


julio de 2013, y aún en paradero desconocido; pedimos a Dios que pueda regresar
a estar con nosotros y con su familia. Damos gracias a Dios por la liberación de
Prem Kumar, sacerdote jesuita de la India, secuestrado en Afganistán y retenido
durante 8 meses.

Conversión de mentes y corazones

Sólo el Espíritu de Dios es capaz de cambiar las actitudes que engendran y


alimentan el conflicto. Por eso la Congregación invita a los jesuitas de todo el
mundo a la oración. A que pidan la conversión de la mente y el corazón, tanto en
la oración personal como en la celebración de la Eucaristía, y que inviten a otros a
que también lo hagan. Invitamos además a todas las Provincias a que luchen por
la paz con los medios que estén a su alcance: redes sociales, centros sociales,
instituciones educativas, parroquias o publicaciones. Recordamos por último las

3 “Después en Malaca me dieron muchas cartas de Roma y de Portugal, con las quales tanta
consolatión recebí y recibo [todas las vezes que las leo,] y son tantas las vezes que las leío, que
me parece que estoí yo allá, o vosotros, charíssimos Hermanos, acá do yo estoí, y si no
corporalmente, saltem in spíritu.” Francisco Javier, carta a sus compañeros de Europa (10 de
noviembre de 1545) § 2 (MHSI MX I, Carta 52, p. 300)
4 Una lista completa de los asesinados desde 1974 se puede encontrar en Promotio Iustitiae 117

42
palabras del Papa Paulo VI: “Si deseamos la paz, trabajemos por la justicia”5.
Esas palabras nos recuerdan que cuando trabajamos por la justicia en el mundo,
estamos tomando parte en la lucha por la paz.

Una misión en el corazón de nuestra vocación de jesuitas.

La lucha por la justicia, por la paz y por la reconciliación, nos remiten a las raíces
de la Compañía expresadas en la Formula del Instituto. La Congregación General
ha insistido en ello, considerando que hoy es algo tan relevante - y urgente - como
lo era cuando nuestros Primeros Compañeros fundaban la Compañía de Jesús.
Esta presencia en la frontera de la guerra y la paz, es misión que nos toca a todos
como jesuitas: novicios, escolares, hermanos, sacerdotes. Es propia de los que
trabajan en un ministerio activo y de los que, ya retirados, se encuentran en
nuestras enfermerías. Nos atañe, ya trabajemos en una parroquia o enseñemos
en una facultad de teología, en un colegio, en un centro de espiritualidad o en
cualquier otro ministerio. Es una misión que nos llama a una vida de comunidad
más intensa, a sanar nuestras heridas y a una verdadera conversión, conscientes
de que, en última instancia, la raíz de los conflictos está en un corazón humano
internamente dividido.

El Señor Resucitado trae esperanza, sanación y consuelo

Nuestros corazones pueden estar divididos, pero “Dios es más grande que
nuestros corazones”6. El Espíritu de Dios actúa en este mundo nuestro. El Espíritu
de Jesús Resucitado, que puede cambiar las situaciones que parecen más
desesperadas, puede sanar y traer nueva vida donde la necesidad lo reclama.
Sabemos que nuestra fe puede superar cualquier oscuridad, que nuestra
esperanza puede construir puentes y que nuestro amor puede sanar; pero somos
conscientes de que no hay soluciones fáciles. Se hacen presentes a menudo con
crudeza en nuestras vidas la cruz del Viernes Santo y el silencio expectante del
Sábado Santo. Por eso necesitamos que salga a nuestro encuentro el Señor
Resucitado como Consolador y como Amigo. Y nuestro deseo es extender esta
amistad a todos los que se ven afectados y atormentados por los conflictos, sin
olvidar a los que consideramos nuestros enemigos. No tenemos más armas que
las de nuestra amistad. Ella es la defensa contra la dinámica de la violencia. La
amistad nos reúne como amigos en el Señor y nos llama a amar y a servir en toda
ocasión, unidos a tantos amigos con los que colaboramos, celebramos y
proclamamos el Evangelio. Aun en los momentos en que afrontamos grandes
desafíos y aparentes derrotas, seguimos soñando con ayudar a recrear un mundo
diferente, porque hemos conocido “a Aquel que tiene poder para realizar todas las

5 Paulo VI. Mensaje para la celebración del Día de la Paz, 1o de enero de 1972, AAS 63 (1971),
868
6 I Juan 3: 20

43
cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar”7. Por eso nos
mantenemos firmes, “calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz”8.

Corazones inflamados – Predicar la Buena Noticia donde existe mayor


necesidad.

El trabajo en las fronteras no se hace sin riesgo de la propia vida. Llevándolo a la


práctica hacen ustedes actual algo que pertenece al corazón de nuestra vocación
de jesuitas: aquel deseo, que vivieron con tanta creatividad y pasión Francisco
Javier y los primeros compañeros, de ir y predicar la Buena Noticia allí donde los
riesgos y las necesidades fuesen mayores.

Al escribir este mensaje, nos sentimos unidos a todos en el manantial de nuestra


vocación. Nuestro corazón se inflama con el mismo fuego que el Señor vino a
traer a la tierra9 y esto nos llena de consuelo. Al sentir la compasión que a todos
ustedes les afecta, también nosotros nos sentimos movidos a una compasión que
se traduce en el fuerte propósito de cambiar la dolorosa realidad que dan a
conocer a diario los medios de comunicación. Compartimos su anhelo de lograr la
reconciliación que desea Cristo y que nuestro mundo necesita con urgencia. Nos
ponemos a los pies de la Cruz, como lo hacen ustedes, y buscando cómo mejor
amar y servir, cómo trabajar mejor por el cambio, cómo ser mejores transmisores
del Espíritu del Señor en este mundo herido. Desde estos hondos y grandes
deseos, reconociendo humildemente nuestra limitación y conscientes de nuestra
pequeñez en esta mínima Compañía, hacemos la siguiente oración:

Señor, Dios nuestro,

Venimos ante Ti para orar por nuestros hermanos que te sirven en las
fronteras de la violencia y de la guerra.

Ponemos bajo tu protección a nuestros compañeros que trabajan en Siria y


Sudán del Sur, en Colombia y en la Región de los Grandes Lagos de África,
en la República Centro Africana, en Ucrania, Irak y muchos otros lugares.
Junto con tantos compañeros de misión, comparten las consecuencias de la
guerra y de la violencia con millones de mujeres, hombres y niños.
Concédeles tu consuelo. Sé para ellos su fuerza.

Tú, que eres el Padre de la Paz, trae la paz a nuestro mundo. Haz que
crezca en los corazones de quienes deciden los destinos del mundo.
Permite que la paz llegue a todos los habitantes del mundo, sean del credo
que sean. Haz que tu amor sirva de guía al mundo.

7 Efesios 3: 20.
8 Efesios 6: 15.
9 Lucas 12: 49, 20.

44
Recordamos por fin a los que han sido heridos o asesinados mientras
servían a su misión en zonas de guerra. Ellos portan en sus cuerpos las
marcas de la pasión que anima a la Compañía. Que los que están vivos
entre nosotros encuentren consuelo en el pan partido en la Eucaristía y que
los que ya nos han dejado, disfruten de la luz de tu rostro en el Reino de tu
paz.

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

María, Reina de la Paz y Madre de la Compañía, ruega por nosotros.

(Original: inglés)

45
Asuntos confiados al Padre General

CASAS INTERPROVINCIALES DE ROMA

La CG 36 recomienda que el Padre General estudie los asuntos relacionados con


la renovación de la organización y estructura de gobierno de la DIR (Domus
Interprovinciales Romanae), en diálogo con la Comisión Permanente
Interprovincial y los miembros de la DIR.

PROTECCIÓN Y SEGURIDAD DE MENORES


La CG 36 pide al Padre General que, junto con los Superiores Mayores y las
Conferencias, continúe trabajando sobre la forma de promover, dentro de las
comunidades y ministerios de la Compañía, una cultura coherente de protección y
seguridad de los menores, en consonancia con las sugerencias de la
Congregación en cuanto a formación, vida comunitaria, ministerios y gobierno.

REVISION DE LAS FORMULAS


La Congregación General encarga y autoriza al Padre General para llevar a cabo
una revisión de las Fórmulas, aprobar su revisión y comunicar a la Compañía las
Fórmulas revisadas, después de consultar a los Superiores Mayores y de recibir la
aprobación del Consejo General por voto deliberativo. Esta revisión debe estar
completada dentro del año siguiente al término de la CG 36.

(Original: inglés)

46
Modificaciones de Constituciones 701 y 704
(Original: inglés)

1. La Congregación General 36 modifica Const [701] como sigue:

“Cuando no se hiciese así la elección, tendráse la forma siguiente.


Primeramente cada uno de por sí hará oración, [C] y sin hablar con otro
alguno, delante de su Criador y Señor se determinará por las informaciones
que tiene, y escribirá en un papel la persona que elige por Prepósito General, y
fírmelo de su nombre. Y para esto se dé término a lo más de una hora.
Después se junten todos en sus asientos; y el Vicario [D] con un Secretario,
que para este efecto se escoja entre los profesos, y otro que asista,
levantándose proteste no querer admitir a ninguno que no deba, ni excluir
tampoco. [E] Y dé a todos absolución general de todas censuras para tal
efecto de la canónica elección.1 Y después, invocada la gracia del Espíritu
Santo...”

2. La Congregación General 36 modifica Const [704] como sigue:

“E. Absuelve de todas censuras, que no hubiese incurrido por faltas


concernientes a esta elección”.2

1 Derogado por la CG XXXVI (porque las censuras, en el Código de derecho canónico del 1983 y
en el Código de cánones de las Iglesias orientales del 1990, ya no afectan al derecho de elegir).
2 Derogado por la CG XXXVI (porque las censuras, en el Código de derecho canónico del 1983 y
en el Código de cánones de las Iglesias orientales del 1990, ya no afectan al derecho de elegir).

47
Revisión de la Norma Complementaria 362
La CG36 modifica la Norma Complementaria 362 como sigue:

362
§ 1 Aunque el Prepósito General es elegido para toda su vida y no para un
tiempo determinado1, puede en conciencia, según derecho, renunciar a su
cargo por una causa justa y proporcionada2 que lo haga definitivamente no
apto para las tareas propias del mismo3.

§ 2 Si el Prepósito General juzgase oportuno renunciar a su cargo, bien sea


espontáneamente, después de haber oído a los Asistentes ad providentiam,
bien porque éstos se lo hayan indicado, pedirá en secreto el voto de los
Asistentes ad providentiam, de los otros Consejeros Generales, y de los
Superiores Mayores de toda la Compañía sobre la suficiente justeza y
proporcionalidad de las causas. Estos votos serán leídos ante los
Asistentes ad providentiam y el Secretario de la Compañía. Si la mayoría
juzga que debe ser convocada la Congregación General para proveer
acerca del gobierno supremo de la Compañía, el Prepósito General debe
convocarla4.

§3. Si la mayoría no juzgase así, el Prepósito General tiene libertad para


hacer lo que en conciencia, según nuestro Instituto, le parezca más
oportuno.

§ 4 Reunida la Congregación General para tratar de otros asuntos, puede el


Prepósito General, por causa justa y proporcionada5 que le haga
definitivamente no apto para las tareas propias del mismo, y oídos los
Asistentes ad providentiam, proponer a la misma su renuncia.

§5. La renuncia al cargo hecha por el Prepósito General no produce efecto


si no es admitida por la Compañía en Congregación General6.

(Original: inglés)

1 Cf. P.IX c.1 [719].


2 Cf. CIC 187-189; Cf. CCEO 967-971.
3 Coll.D.260§1(CG.XXXId.41n.2§1).
4 Coll.D.260§4(CG.XXXId.41n.2§4).
5 Cf. CIC 187-189; Cf. CCEO 967-971.
6 Coll.D.260§5(CG.XXXId.41n.2§5).

48
Revisión de la Norma Complementaria 396
No 396 de las Normas Complementarias se modifica así:
El Prepósito General convoque cada seis años, más o menos, a partir de la
última Congregación General, una reunión de todos los Superiores Mayores
para tratar sobre el estado, problemas e iniciativas de la Compañía
universal y la colaboración supraprovincial e internacional.

(Original: inglés)

49
Discurso del Santo Padre Francisco a los miembros de la
36a Congregación General de la Compañía de Jesús
Aula de la Congregación General – Curia General de la Compañía de Jesús
Lunes, 24 de octubre de 2016

Nota del editor: Se ofrece el texto pronunciado por el Santo Padre. Al


texto preparado se han añadido (en cursiva y entre corchetes [ ]) las
palabras pronunciadas espontáneamente en la Aula.

Queridos hermanos y amigos en el Señor, [Buenos días]:

Al rezar pensando qué les diría, recordé con particular emoción las palabras
finales que nos dijo el Beato Pablo VI al comenzar nuestra Congregación General
XXXII: “Così, così, fratelli e figli. Avanti, in Nomine Domini. Camminiamo insieme,
liberi, obbedienti, uniti nell'amore di Cristo, per la maggior gloria di Dio”1.

También San Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han animado a “caminar de una
manera digna de la vocación a la que hemos sido llamados (Ef 4, 1)”2 y a
“proseguir por el camino de la misión con plena fidelidad a vuestro carisma
originario, en el contexto eclesial y social característico de este inicio de milenio.
Como os han dicho en varias ocasiones mis antecesores, la Iglesia os necesita,
cuenta con vosotros y sigue confiando en vosotros, de modo especial para llegar a
los lugares físicos y espirituales a los que otros no llegan o les resulta difícil
hacerlo”3. Caminar juntos -libres y obedientes- caminar yendo a las periferias
donde otros no llegan, “bajo la mirada de Jesús y mirando el horizonte que es la
Gloria de Dios siempre mayor, el que nos sorprende siempre”4. El jesuita está
llamado para “discurrir -como dice Ignacio- y hacer vida en cualquiera parte del
mundo donde se espera más servicio de Dios y ayuda de las ánimas" (Co 304). Es
que: “Para la Compañía, todo el mundo le ha de ser casa”, decía Nadal5.

Ignacio le escribía a Borja, a propósito de una crítica de los jesuitas llamados


“angélicos” (Oviedo y Onfroy), [una historia linda] porque decían que la Compañía
no estaba bien instituida y que había que instituirla más en espíritu: el espíritu que
los guía -decía Ignacio- “ignora el estado de las cosas de la Compañía, que están

1 PABLO VI, Discorso in occasione della 32a Congregazione Generale della Compagnia di Gesù. 3
de diciembre de 1974. [“Así, así sea, hermanos e hijos. Adelante, in nomine Domini. Caminemos
juntos, libres, obedientes, unidos en el amor de Cristo, para la mayor gloria de Dios”.
(Congregación General XXXII de la Compañía de Jesús, Madrid, 1975). (Nota del editor)]
2 JUAN PABLO II, Discurso a los participantes en la 33a Congregación General de la Compañía de
Jesús. 2 de septiembre de 1983.
3 BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en la 35a Congregación General de la Compañía
de Jesús. 21 de febrero de 2008.
4 FRANCISCO, Homilía en la Iglesia del Gesù. 3 de enero de 2014.
5 MNadal V 364-365.

50
in fieri, fuera de lo necesario (y) substancial”6. Me gusta tanto esta manera de ver
de Ignacio a las cosas en devenir, haciéndose, fuera de lo substancial. Porque
saca a la Compañía de todas las parálisis y la libra de tantas veleidades.

La Fórmula del Instituto es lo “necesario y substancial” que debemos tener todos


los días ante los ojos, después de mirar a Dios nuestro Señor: “El modo de ser del
Instituto, que es camino hacia Él”. Lo fue para los primeros compañeros, y
previeron que lo fuera “para los que nos sigan por este camino”. Así, tanto la
pobreza, como la obediencia, o el hecho de no estar obligados a cosas como rezar
en coro, no son ni exigencias ni privilegios, sino ayudas que hacen a la movilidad
de la Compañía, al estar disponibles “para correr por la vía de Cristo Nuestro
Señor. (Co 582) teniendo, gracias al voto de obediencia al Papa, una “más cierta
dirección del Espíritu Santo” (Fórmula Instituto 3). En la Fórmula está la intuición
de Ignacio, y su sustancialidad es lo que permite que las Constituciones hagan
hincapié en tener siempre en cuenta “los lugares, tiempos y personas”, y que
todas las reglas sean ayudas -tanto cuanto- para cosas concretas.

El caminar, para Ignacio, no es un mero ir y andar, sino que se traduce en algo


cualitativo: es aprovechamiento y progreso, es ir adelante, es hacer algo en favor
de los otros. Así lo expresan las dos Fórmulas del Instituto aprobadas por Paulo III
(1540) y Julio III (1550), cuando centran la ocupación de la Compañía en la fe -en
su defensa y propagación- y en la vida y doctrina de las personas. Aquí Ignacio y
los primeros compañeros usan la palabra aprovechamiento (ad profectum7, cfr. Fil
1, 12 y 25), que es la que da el criterio práctico de discernimiento propio de
nuestra espiritualidad, [lo que más aprovecha].

El aprovechamiento no es individualista, es común: “El fin de esta Compañía es,


no solamente atender a la salvación y perfección de las ánimas propias con la
gracia divina, mas con la misma, intensamente procurar de ayudar a la salvación y
perfección de las de los prójimos” (Ex 1,2). Y, si para algún lado se inclinaba la
balanza en el corazón de Ignacio, era hacia la ayuda de los prójimos; tanto es así,
que se enojaba si le decían que la razón de que alguno se quedara en la
Compañía era “para que así salvara su ánima. Ignacio no quería gente que,
siendo buena para sí, no se hallara en ella aptitud para el servicio del prójimo”
(Aicardo I punto 10 pág. 41).

El aprovechamiento es en todo. La fórmula de Ignacio expresa una tensión: “no


solamente... sino...”; y este esquema mental de unir tensiones -la salvación y
perfección propia, y la salvación y perfección del prójimo- desde el ámbito superior
de la Gracia, es propio de la Compañía. [Esquema que se va repitiendo siempre:

6 6 IGNACIO DE LOYOLA, Carta 51, A Francisco de Borja, julio de 1549, 17 N. 9. Cfr. M. A.


FIORITO y A. SWINNEN, “La Fórmula del Instituto de la Compañía de Jesús (introducción y
versión castellana)”, Stromata, julio-diciembre 1977-no 3/4, 259-260.
7 “Ad profectum animarum in vita et doctrina Christiana” in Monumenta Ignatiana, Constitutiones T.
I (MHSI), Roma, 1934, 26 y 376; cfr. Constituzioni della Compagnia di Gesù annotate dalla CG 34 e
Norme complementari, Roma, ADP, 1995, 32-33.

51
esquema mental de unir tensiones.] La armonización de ésta y de todas las
tensiones (contemplación y acción, fe y justicia, carisma e institución, comunidad y
misión...) no se da mediante formulaciones abstractas, sino que se logra a lo largo
del tiempo mediante eso que Fabro llamaba “nuestro modo de proceder”8.

Caminando y “progresando” en el seguimiento del Señor, la Compañía va


armonizando las tensiones que contienen y producen, inevitablemente, la
diversidad de gente que convoca y las misiones que recibe.

El aprovechamiento no es elitista. En la Fórmula, Ignacio procede describiendo


medios para aprovechar más universalmente, que son propiamente sacerdotales.
Pero notemos que las obras de misericordia se dan por descontadas, ¡¡¡la Fórmula
dice “sin que eso sea óbice” para la misericordia!!! Las obras de misericordia -el
cuidado de los enfermos en las hospederías, la limosna mendigada y repartida, la
enseñanza a los pequeños, el sufrir con paciencia las molestias... - eran el medio
vital en el que Ignacio y los primeros compañeros se movían y existían, su pan
cotidiano: ¡cuidaban que todo lo demás no fuera óbice!

El aprovechamiento, por fin, es “lo que más aprovecha”. Se trata del “magis”, de
ese plus, que lleva a Ignacio a iniciar procesos, a acompañarlos y a evaluar su real
incidencia en la vida de las personas, ya sea en cuestiones de fe, de justicia o de
misericordia y caridad. [Esto de iniciar procesos estaría en contra de estar
ocupando espacios. La Compañía inicia procesos y deja espacios. Es importante,
porque otros religiosos ocupan espacios, los monasterios, pero la Compañía inicia
procesos]. El “magis” es el fuego, el fervor en acción, que sacude dormideras.
Nuestros santos lo han encarnado siempre. Decían de San Alberto Hurtado que
era “un dardo agudo que se clava en las carnes dormidas de la Iglesia”. Y esto
contra esa tentación que Pablo VI llamaba “spiritus vertiginis”, y De Lubac,
“mundanidad espiritual”. Tentación que no es, en primer lugar, moral, sino
espiritual, y que nos distrae de lo esencial: que es ser aprovechables, dejar huella,
incidir en la historia, especialmente en la vida de los más pequeños. “La Compañía
es Fervor” decía Nadal9. Para reavivar el fervor en la misión de aprovechar a las
personas en su vida y doctrina, deseo concretar estas reflexiones en tres puntos
que, dado que la Compañía está en los lugares de misión en que tiene que estar,
hacen más bien a nuestro modo de proceder. Tienen que ver con la alegría, con la
Cruz y con la Iglesia, nuestra Madre; y miran a dar un paso adelante quitando los
impedimentos que el enemigo de natura humana nos pone cuando vamos, en el
servicio de Dios, de bien en mejor subiendo.

1.- Pedir [intensamente] la consolación

Siempre se puede dar un paso adelante en el pedir insistentemente la


consolación. En las dos Exhortaciones Apostólicas y en Laudato si’ he querido
insistir en la alegría. Ignacio, en los Ejercicios, nos hace contemplar a sus amigos

8 Cfr. MF. 50, 69, 111, 114, etc.


9 Cfr. MNadal V, 310.

52
“el oficio de consolar”, como propio de Cristo Resucitado (EE 224). Es oficio propio
de la Compañía consolar al pueblo fiel y ayudar con el discernimiento a que el
enemigo de natura humana no nos robe la alegría: la alegría de evangelizar, la
alegría de la familia, la alegría de la Iglesia, la alegría de la creación... Que no nos
la robe, ni por desesperanza ante la magnitud de los males del mundo y los
malentendidos entre los que quieren hacer el bien, ni nos la reemplace con las
alegrías fatuas que están siempre al alcance de la mano en cualquier comercio.

Este “servicio de la alegría y de la consolación espiritual” arraiga en la oración.


Consiste en animarnos y animar a todos a “pedir insistentemente la consolación a
Dios”. Ignacio lo formula de modo negativo en la 6o regla de primera semana,
cuando dice que “mucho aprovecha el intenso mudarse contra la misma
desolación” instando en la oración (EE 321). Aprovecha, porque “en la desolación
somos muy para poco” (EE 324). Practicar y enseñar esta oración de pedir y
suplicar la consolación, es el principal servicio a la alegría. Si alguno no se cree
digno (cosa muy común en la práctica), al menos insista en pedir esta consolación
por amor al mensaje, ya que la alegría es constitutiva del mensaje evangélico, y
pídala también por amor a los demás, a su familia y al mundo. Una buena noticia
no se puede dar con cara triste. La alegría no es un plus decorativo, es índice
claro de la gracia: indica que el amor está activo, operante, presente. Por eso, el
buscarla no debe confundirse con buscar “un efecto especial”, que nuestra época
sabe producir para consumo, sino que se la busca en su índice existencial que es
la “durabilidad”: Ignacio abre los ojos y se despierta al discernimiento de los
espíritus al descubrir esta distinta valencia entre alegrías duraderas y alegrías
pasajeras (Autobiog. 8). El tiempo será lo que le da la clave para reconocer la
acción del Espíritu. [Una de las expresiones de la alegría profunda es el sentido
del humor. Y creo que es una gracia de Dios que tenemos. A mi entender la
actitud humana más cercana a la gracia divina es el sentido del humor].

En los Ejercicios, el “progreso” en la vida espiritual se da en la consolación: es el


“ir de bien en mejor subiendo” y también “todo aumento de fe, esperanza y caridad
y toda leticia interna (EE 316). Este servicio de la alegría fue lo que llevó a los
primeros compañeros a decidir no disolver, sino instituir la compañía que se
brindaban y compartían espontáneamente, y cuya característica era la alegría que
les daba rezar juntos, salir a misionar juntos y volver a reunirse, a imitación de la
vida que llevaban el Señor y sus apóstoles. Esta alegría del anuncio explícito del
Evangelio -mediante la predicación de la fe y la práctica de la justicia y la
misericordia- es lo que lleva a la Compañía a salir a todas las periferias. El jesuita
es un servidor de la alegría del evangelio, tanto cuando trabaja artesanalmente
conversando y dando los ejercicios espirituales a una sola persona, ayudándola a
encontrar ese “lugar interior de dónde le viene la fuerza del Espíritu que lo guía, lo
libera y lo renueva”10, como cuando trabaja estructuralmente organizando obras de
formación, de misericordia, de reflexión, que son expansión institucional de ese
punto de inflexión donde se da el quiebre de la voluntad propia y entra a actuar el
Espíritu. Bien decía M[ichel de] Certeau: los Ejercicios son “el método apostólico

10 PIERRE FAVRE, Mémorial, Paris, Desclée, 1959; cfr. Introduction de M. de CERTEAU, pág. 74.

53
por excelencia”, ya que posibilitan el “retomo al corazón, principio de una docilidad
al Espíritu que despierta e impulsa al ejercitante a una fidelidad personal a Dios”11.

2.- Dejarnos conmover por el Señor puesto en Cruz

Siempre se puede dar un paso más en el dejarnos conmover por el Señor puesto
en cruz, por Él en persona y por Él presente en tantos hermanos nuestros que
sufren - ¡la gran mayoría de la humanidad! El Padre Arrupe decía que allí donde
hay un dolor, allí está la Compañía [o al menos, tiene que estar].

El Jubileo de la Misericordia es un tiempo oportuno para reflexionar sobre los


servicios de la misericordia. Lo digo en plural, porque la misericordia no es una
palabra abstracta, sino un estilo de vida que antepone a la palabra los gestos
concretos que tocan la carne del prójimo y se institucionalizan en obras de
misericordia. Para los que hacemos los Ejercicios, esta gracia por la que Jesús
nos manda que nos asemejemos al Padre (cfr. Lc 6, 36), comienza con ese
coloquio de misericordia que es la expansión del coloquio con el Señor puesto en
cruz por mis pecados. Todo el segundo ejercicio es un coloquio lleno de
sentimientos de vergüenza, confusión, dolor y lágrimas agradecidas, viendo quién
soy yo -disminuyéndome- y quién es Dios -engrandeciéndolo-, “que me ha dado
vida hasta ahora”, quién es Jesús, colgado en la cruz por mí (EE 61 y anteriores).
El modo como Ignacio vive y formula su experiencia de la misericordia es de
mucho provecho personal y apostólico, y requiere una aguda y sostenida
experiencia de discernimiento. Decía nuestro padre a Borja: “Yo, para mí me
persuado, que antes y después soy todo impedimento; y de esto siento mayor
contentamiento y gozo espiritual en el Señor nuestro, por no poder atribuir a mí
cosa alguna que buena parezca”12. Ignacio vive, pues de la pura misericordia de
Dios hasta en las cosas más pequeñas de su vida y de su persona. Y sentía que,
cuanto más impedimento él ponía, con más bondad lo trataba el Señor: “Tanta era
la misericordia del Signore, e tanta la copia della soavita e dolcezza della grazia
sua con esso lui, che quante egli piu desiderava d’essere in questo modo
gastigato, tanto piu benigno era Iddio e con abbondanza maggiore spargeva sopra
di lui i tesori della su infinita liberalita. Laonde diceva, che egli credeva no vi essere
nel mondo uomo, i cui queste due cose insieme, tanto come in lui, concorressero;
la prima mancare tanto a Dio e l’altra il ricevere tante e cosi continue grazie dalla
sua mano”13. [Lo tomé en italiano porque no lo encontré en castellano].

11 Ibíd. 76.
12 IGNACIO DE LOYOLA, Carta 26 a Francisco de Borja, fines de 1545.
13 P. RIBADENEIRA, Vida di S. Ignazio di Loiola, Roma, La Civiltà Cattolica, 1863, 336. [(...) era
tanta la misericordia del Señor y la muchedumbre de la suavidad y dulzura de su gracia para con
él, que cuanto más él faltaba, y más deseaba ser él castigado de esa manera, tanto era el Señor
más benigno, y con mayor abundancia derramaba sobre él los tesoros de su infinita liberalidad. Y
así decía, que creía que no había hombre en el mundo, en quien concurriesen estas dos cosas
juntas, tanto como en él. La primera, faltar tanto a Dios, y la otra, el recibir tantas y tan continuas
mercedes de su mano. (P. RIBADENEIRA, Vida de San Ignacio de Loyola, fundador de la religión
de la Compañía de Jesús, Barcelona, 1863, pág. 532-533.) (Nota del editor)]

54
Al formular Ignacio su experiencia de la misericordia en estos términos
comparativos -cuanto más sentía faltar al Señor, más se extendía Él en darle su
gracia- libera la fuerza vivificante de la misericordia que nosotros, muchas veces,
diluimos con formulaciones abstractas y condiciones legalistas. El Señor que nos
mira con misericordia y nos elige, nos envía a hacer llegar, con toda su eficacia,
esa misma misericordia a los más pobres, a los pecadores, a los sobrantes y
crucificados del mundo actual que sufren la injusticia y la violencia. Sólo si
experimentamos esta fuerza sanadora en lo vivo de nuestras propias llagas [llagas
con nombres y apellidos], como personas y como cuerpo, perderemos el miedo a
dejamos conmover por la inmensidad del sufrimiento de nuestros hermanos, y nos
lanzaremos a caminar pacientemente con nuestros pueblos, aprendiendo de ellos
el modo mejor de ayudarlos y servirlos (Cfr. CG 32, d. 4 n. 50).

3.- Hacer el bien de buen espíritu, sintiendo con la Iglesia

Siempre se puede dar un paso adelante en hacer el bien de buen espíritu,


sintiendo con la Iglesia, como dice Ignacio. Es también propio de la Compañía el
servicio del discernimiento del modo como hacemos las cosas. Fabro lo formulaba
pidiendo la gracia de “todo el bien que pudiese realizar, pensar u organizar, se
haga por el buen espíritu y no por el malo”14. Esta gracia de discernir, que no
basta con pensar, hacer u organizar el bien, sino que hay que hacerlo de buen
espíritu, es lo que nos enraíza en la Iglesia, en la que el Espíritu actúa y reparte su
diversidad de carismas para el bien común. Fabro decía que, en muchas cosas,
los que querían reformar a la Iglesia tenían razón, pero que Dios no la quería
corregir con sus modos [que ellos proponían].

Es propio de la Compañía hacer las cosas sintiendo con la Iglesia. Hacer esto sin
perder la paz y con alegría, dados los pecados que vemos, tanto en nosotros
como personas, como en las estructuras que hemos creado, implica cargar la
Cruz, experimentar la pobreza y las humillaciones, ámbito en el que Ignacio nos
anima a elegir entre soportarlas pacientemente o desearlas15. Allí donde la
contradicción era más candente, Ignacio daba ejemplo de recogerse en sí mismo,
antes de hablar o actuar, para obrar de buen espíritu. Las reglas para sentir con la
Iglesia, no las leemos como instrucciones precisas sobre puntos controvertidos
(alguno podría resultar extemporáneo), sino ejemplos donde Ignacio invitaba en su
tiempo a “hacer contra” al espíritu anti-eclesial, inclinándose total y decididamente
del lado de nuestra Madre, la Iglesia, no para justificar una posición discutible, sino
para abrir lugar a que el Espíritu actuara a su tiempo.

El servicio del buen espíritu y del discernimiento nos hace ser hombres de Iglesia -
no clericalistas, sino eclesiales-, hombres “para los demás”, sin cosa propia que
aísle, sino con todo lo nuestro propio puesto en comunión y al servicio.

14 PIERRE FAVRE, Mémorial cit. No 51.


15 Cfr. IGNACIO DE LOYOLA, Directorio Autógrafo 23.

55
No caminamos ni solos ni cómodos, caminamos con “un corazón que no se
acomoda, que no se cierra en sí mismo, sino que late al ritmo de un camino que
se realiza junto a todo el pueblo fiel de Dios”16. Caminamos haciéndonos todo a
todos con tal de ayudar a alguno.

Este despojo hace que la Compañía tenga y pueda tener siempre más el rostro, el
acento y el modo de todos los pueblos, de cada cultura, metiéndose en todos
ellos, en lo propio del corazón de cada pueblo, para hacer allí Iglesia con cada
uno, inculturando el evangelio y evangelizando cada cultura.

Le pedimos a Nuestra Señora de la Strada, en un coloquio filial o como de un


siervo con su Señora, que interceda por nosotros ante el “Padre de las
misericordias y Dios de toda consolación” (2 Cor 1, 3), para que nos ponga
siempre nuevamente con su Hijo, con Jesús, que carga y nos invita a cargar con
Él la cruz del mundo. Confiamos a Ella nuestro “modo de proceder”, para que sea
eclesial, inculturado, pobre, servicial, libre de toda ambición mundana. Le pedimos
a nuestra Madre que encamine y acompañe a cada jesuita junto con la porción del
pueblo fiel de Dios al que ha sido enviado, por estos caminos de la consolación,
de la compasión y del discernimiento.

(Original: español)

16 FRANCISCO, Homilía en la Iglesia del Gesù, 3 de enero de 2014.

56
“Tener coraje y audacia profética”
Diálogo del Papa Francisco
con los jesuitas reunidos en la Congregación General XXXVI

El 24 de octubre de 2016 el Papa Francisco tuvo un encuentro con los


jesuitas reunidos en su Congregación General 36. Algunos minutos antes
de las 9 am llegó a bordo de un sencillo coche. Después de saludar al
Padre General y a los otros que estaban esperándolo, se dirigió al Aula de
la Congregación, en la que fue recibido con un largo aplauso. Allí tuvo un
discurso. Tras una pausa, se abrió un espacio de diálogo franco y cordial
con los miembros de la Congregación, que le hicieron diversas preguntas
espontáneas. El Papa no quiso que fueran seleccionadas antes ni tampoco
quiso conocerlas primero. Dio vida así a un encuentro muy familiar que duró
cerca de una hora y media. Al final, Francisco quiso saludar uno por uno a
todos los presentes. A continuación reproducimos las preguntas y
respuestas. En el aula, por sentido práctico, las preguntas se hicieron en
grupos de tres. El texto que sigue reproduce las respuestas del Pontífice en
su integridad y, para comodidad de la lectura, separa las preguntas, que
han sido reproducidas de manera esencial. El texto mantiene el tono y el
significado de la conversación oral.

***

Santo Padre, Usted es un ejemplo viviente de audacia profética. Cómo hace para
comunicarla con tanta eficacia? ¿Cómo podemos hacerlo también nosotros?

El coraje no es solamente hacer ruido, sino saber hacerlo bien. Hace falta saber
cuándo hay que hacerlo y cómo hay que hacerlo. Y también antes que nada se
debe discernir si se debe hacer ruido o no. El coraje es constitutivo de toda acción
apostólica. Y hoy hace falta más que nunca tener coraje y audacia profética. Es
necesaria una parresía aggiornada, la audacia profética de no tener miedo1. Es
notable que esta haya sido la primera cosa que dijo san Juan Pablo II cuando fue
elegido papa: “No tengan miedo”. Recordó todos los problemas de los países del
este y la audacia le llevó a enfrentarlos todos.

¿Cuál es la audacia profética que se nos pide hoy? Sobre esto hay que hacer un
discernimiento y preguntarse dónde se debe encauzar esa audacia profética. Es
una actitud que nace del magis2. Y el magis es parresía. El magis se funda sobre

1 Parresía es una palabra griega frecuente en el texto griego del Nuevo Testamento. Indica el
coraje y la sinceridad del testimonio. Es una palabra muy usada en la tradición cristiana, sobre todo
a los comienzos, incluso como contraria a la hipocresía.
2 El magis (el más, lo más grande) en la tradición ignaciana viene de la célebre máxima “ad
maiorem Dei gloriam” (a la mayor gloria de Dios) y sintetiza un fuerte impulso espiritual. El obrar del
jesuita se caracteriza por este magis, tensión viva que nos recuerda cómo siempre es posible dar

57
el Dios siempre Mayor. Y entonces, mirando a ese Dios siempre Mayor, el
discernimiento se profundiza y busca los lugares donde encauzar la audacia. Creo
que este es el trabajo de Uds. en esta Congregación: discernir “dónde” tiene que
encauzarse el magis, la audacia profética, la parresía.

A veces, la audacia profética se une con la diplomacia, con un trabajo de


convencimiento y al mismo tiempo con signos fuertes. Por ejemplo, la audacia
profética está llamada a Combatir una corrupción muy difundida en algunos
países, como es la de buscar la reforma de la Constitución para permanecer en el
poder, cuando terminan los períodos constitucionales de un mandato. Creo que la
Compañía, en su trabajo de enseñanza y de sensibilización social, tiene que hacer
un buen trabajo de audacia para convencer a todos de que un País no puede
crecer si no se respetan los fundamentos legales que el País mismo se ha dado
para la propia gobernabilidad futura.

Santo Padre, el modo en el que los colonizadores trataron a los pueblos indígenas
ha sido un problema serio. La apropiación de la tierra por parte de los
colonizadores ha sido un hecho grave cuyas repercusiones se sienten hoy. ¿Qué
piensa al respecto?

En primer lugar, es necesario decir que hoy tenemos más conciencia de lo que
significa la riqueza de los pueblos indígenas, justo en la época en que, tanto
política como culturalmente, se los quiere anular siempre más, a través de la
globalización concebida como una “esfera”, una globalización donde todo se
uniformiza. Entonces hoy, nuestra profecía, nuestra conciencia, tiene que ir por el
lado de la inculturación. Y nuestra figura de globalización no tiene que ser la
esfera, sino el poliedro. Me gusta la figura geométrica del poliedro porque es una,
pero tiene caras diferentes. Expresa cómo la unidad se hace conservando las
identidades de los pueblos, de las personas, de las culturas. Esa es la riqueza que
hoy tendríamos que dar al proceso de globalización, porque si no es uniformante y
destructivo.

En el proceso de globalización uniformante y destructor entra la destrucción de las


culturas indígenas, que son en cambio lo que hay que recuperar. Y hay que
recuperarlas con la hermenéutica correcta, que nos facilita esta tarea. Una
hermenéutica que no es la misma que había en la época de la colonia. La
hermenéutica de aquella época era la de buscar la conversión de los pueblos, la
de ensanchar la Iglesia..., y por lo tanto se anulaban las independencias
indígenas. Era una hermenéutica de tipo centralista, donde el imperio que
dominaba era el que de alguna manera imponía su fe y su cultura. Es
comprensible que se pensara así en aquella época, pero hoy es necesaria una
hermenéutica radicalmente diferente. Tenemos que interpretar las cosas de otra
manera: valorando a cada pueblo, su cultura, su lengua. Nos tiene que ayudar

un paso adelante respecto a donde hemos llegado, porque nuestro caminar está en consonancia
con una manifestación siempre más explícita de la gloria de Dios. Con el discernimiento de
espíritus aprendemos a reconocer el bien que habita en cada situación y a elegir lo que conduce al
bien mayor.

58
este proceso de inculturación, que fue cobrando cada vez mayor importancia a
partir del Vaticano II.

De todos modos, quiero hacer referencia a conatos de inculturación que hubo en


los primeros tiempos de las misiones. Tentativas que nacen de una experiencia
como la de Pablo con los “gentiles”. El Espíritu Santo le inculcó muy claro cómo
había que inculturar el Evangelio en los pueblos gentiles. La misma cosa se repite
en la época de la expansión misionera. Pensemos, por ejemplo, en la experiencia
de Mateo Ricci y de Roberto de Nobili3. Fueron pioneros, pero una concepción
hegemónica del centralismo romano frenó esa experiencia, la detuvo. Impidió un
diálogo en el que las culturas se respetaran. Y esto ocurrió porque se
interpretaban con una hermenéutica religiosa lo que eran costumbres sociales. El
respeto a los muertos, por ejemplo, se confundía con una idolatría. Aquí, las
hermenéuticas juegan un papel central. En este momento creo que es importante,
con esta mayor conciencia que tenemos respecto de los pueblos indígenas,
apoyar la expresión, la cultura de cada uno de ellos... y la misma evangelización,
que toca también a la liturgia y llega hasta las expresiones de culto. Y la
Congregación para el culto divino acepta esto.

Termino con un recuerdo que toca a la moral. Cuando era estudiante de teología
se me encargó ser bibliotecario. Revisando un texto mexicano de 1700 más o
menos, sobre moral, hecho con preguntas y respuestas, encontré que una de las
preguntas era: “Si es pecado mortal la unión sexual entre el español y la indígena”.
Y la respuesta del moralista me hizo reír: “La materia es grave, por lo tanto es
pecado grave según la materia, pero dado que la consecuencia de esto traería un
cristiano más para agrandar el reino de Dios, no es tan grave como si fuera en
Europa”.

En su discurso nos ha propuesto claramente una moral que se funda en el


discernimiento. ¿Cómo nos sugiere avanzar en el campo moral en torno a esta
dinámica de discernimiento de las situaciones morales? Me parece que no es
posible detenerse en una interpretación de aplicación subsuntiva de la norma que
se limita a ver las situaciones particulares como casos de la norma general.

El discernimiento es el elemento clave: la capacidad de discernimiento. Y estoy


notando precisamente la carencia de discernimiento en la formación de los
sacerdotes. Corremos el riesgo de habituarnos al “blanco o negro” y a lo que es
legal. Estamos bastante cerrados, en general, al discernimiento. Una cosa es
clara: hoy en una cierta cantidad de seminarios ha vuelto a reinstaurarse una
rigidez que no es cercana a un discernimiento de las situaciones. Y eso es
peligroso, porque nos puede llevar a una concepción de la moral que tiene un

3 Los jesuitas Mateo Ricci (1552-1610) y Roberto de Nobili (1577-1656) fueron verdaderos
pioneros. Misione- ros en China y en India, respectivamente, buscaron adecuar el anuncio del
Evangelio a la cultura y a los cultos locales. Pero esto causó preocupación en algunos y en la
Iglesia se alzaron voces contrarias al espíritu de estos comportamientos, como si fueran una
contaminación del mensaje cristiano.

59
sentido casuístico. Con diferentes formulaciones, se estaría siempre en esa misma
línea. Yo le tengo mucho miedo a esto.

Eso ya lo dije en una reunión con los jesuitas de Cracovia, durante la Jornada
Mundial de la Juventud. Allí los jesuitas me preguntaron qué creía que podía hacer
la Compañía y respondí que una tarea importante de la Compañía era la de formar
a los seminaristas y sacerdotes en el discernimiento.

Nuestra generación, quizás los más jóvenes no, pero mi generación y alguna de
las sucesivas también, fuimos educados en una escolástica decadente.
Estudiábamos con un manual la teología y también la filosofía. Era una escolástica
decadente. Para explicar el “continuo metafísico”, por ejemplo, -me causa risa
cada vez que me acuerdo-, nos enseñaban la teoría de los “puncta inflata”4.
Cuando la gran Escolástica empezó a perder vuelo, sobrevino esa escolástica
decadente con la cual han estudiado al menos mi generación y otras.

Ha sido esa escolástica decadente la que provocó la actitud casuística. Y, es


curioso: la materia “sacramento de la penitencia”, en la facultad de teología, en
general -no en todos lados- la daban profesores de moral sacramental. Todo el
ámbito moral se restringía al “se puede”, “no se puede”, “hasta aquí sí y hasta aquí
no”. En un examen de “audiendas”, un compañero mío, a quien le hicieron una
pregunta muy intrincada, con mucha sencillez dijo: “Pero Padre, por favor, eso no
se da en la realidad! Y el examinador respondió: “Pero está en los libros”.

Era una moral muy extraña al discernimiento. En aquella época estaba el “cuco”,
el fantasma de la moral de la situación... Creo que Bernard Häring5 fue el primero
que empezó a buscar un nuevo camino para hacer reflorecer la teología moral.
Obviamente en nuestros días la teología moral ha hecho muchos progresos en
sus reflexiones y en su madurez; ya no es más una “casuística”.

En el campo moral hay que avanzar sin caer en el situacionalismo; pero por otro
lado hay que hacer surgir la gran riqueza contenida en la dimensión del
discernimiento; lo cual es propio de la gran escolástica. Cuando uno lee a Tomás
o a san Buenaventura, se da cuenta de que ellos afirman que el principio general
vale para todos, pero - lo dicen explícitamente-, a medida que se baja a los
particulares la cuestión se diversifica y se dan muchos matices sin que por eso
cambie el principio. Ese método escolástico tiene su validez. Es el método moral
que usó el “Catecismo de la Iglesia Católica”. Y es el método que se utilizó en la
última exhortación apostólica Amoris Laetitia, después del discernimiento hecho
por toda la Iglesia a través de los dos Sínodos. La moral usada en Amoris Laetitia
es tomista, pero del gran santo Tomás, no del autor de los “puncta inflata”.

4 El Papa hace referencia a teorías y debates de los inicios del 1600 en los que estaban implicados
también jesuitas como Rodrigo de Arriaga.
5 Bernard Häring (1922-1998) religioso redentorista, fue un teólogo moralista alemán y uno de los
fundadores de la “Academia Alfonsiana”. Su obra tuvo un influjo significativo en la preparación y en
el desarrollo del Concilio Vaticano II.

60
Es evidente que en el campo moral hay que proceder con rigor científico, y con
amor a la Iglesia y discernimiento. Hay ciertos puntos de la moral sobre los cuales
solo en la oración se puede tener la luz suficiente para poder seguir reflexionando
teológicamente. Y en esto, me permito repetirlo, y lo digo para toda la teología, se
debe hacer “teología de rodillas”. No se puede hacer teología sin oración. Esto es
un punto clave. Y se tiene que hacer así.

En torno a la Compañía hay muchas leyendas: positivas, de los que nos quieren
bien, y una leyenda un poco negra por parte de quien no nos quiere. A Ud. que
nos quiere y nos conoce bien quiero preguntarle: ¿a qué cosas tendríamos que
prestarle atención?

Para mí es un poco difícil responder, porque es necesario ver de dónde vienen las
críticas. Es un poco difícil porque, en mi situación y en el ambiente en que me
muevo, las críticas a la Compañía tienen prevalentemente un sabor de tipo
restauracionista. O sea: son críticas que sueñan una restauración, la de una
Compañía que quizás ilusionó en un tiempo, porque ese era su tiempo, pero que
ya no ilusiona porque no es este el tiempo de Dios para la Compañía. Creo que
este tipo de argumentación es el que está detrás. Pero la Compañía en
estepuntoaloque tienequeserlefielesaloqueelEspírituledice.

Las críticas también dependen de quién las hace. Yo creo que a veces, hasta el
más malintencionado, puede hacer una crítica que me ayude. Creo que hay que
escucharlas todas y discernirlas. Y no cerrar la puerta a ninguna crítica, porque
corremos el riesgo de habituarnos a cerrar puertas. Y eso no es bueno. Después
de un discernimiento se puede decir: esta crítica no tiene ningún fundamento y
descartarla. Pero tenemos que someter todo lo que vamos oyendo de críticas a un
discernimiento, yo diría, cotidiano, casero, pero siempre con buena voluntad, con
apertura de corazón y delante del Señor.

Vivimos en un mundo caracterizado por las polarizaciones políticas y religiosas.


Ud. de hecho ha vivido experiencias de signo diverso en su vida, como provincial y
arzobispo de Buenos Aires. A partir de su experiencia, ¿qué nos sugiere para
afrontar estas situaciones de polarización, especialmente cuando en ellas están
involucrados hermanos nuestros?

Creo que la política en general, la gran política, se ha degradado cada vez más en
la pequeña política. No solo en la política partidista dentro de cada país, sino en
las políticas sectoriales dentro de un mismo continente. A este tema específico
quise responder -porque se me pidió- con los tres discursos sobre Europa, los dos
de Estrasburgo y el del Premio “Carlomagno”. Los Obispos franceses acaban de
sacar una comunicación sobre la política que retoma o sigue una de hace unos
quince o veinte años atrás, “Réhabiliter la politique” que era muy importante.
Aquella declaración hizo época: dio fuerza a la política, a la política como trabajo
artesanal para construir la unidad de los pueblos y la unidad de un pueblo en
todas las diversidades que hay dentro de ellos. En general, la opinión que escucho

61
es que los políticos están de capa caída. Faltan esos grandes políticos que eran
capaces de jugarse en serio por sus ideales y no le tenían miedo al diálogo ni a la
pelea, sino que iban adelante, con inteligencia y con el carisma propio de la
política. La política es una de las formas más altas de la caridad. La gran política.
Y en eso creo que las polarizaciones no ayudan. Por el contrario, lo que ayuda en
la política es el diálogo.

¿Cuál es su experiencia con los hermanos en la Compañía, en cuanto a su rol y a


cómo se pueden atraer vocaciones de hermanos a la Compañía?

Mi experiencia con los hermanos ha sido siempre muy positiva. Los hermanos con
que me tocó convivir, en mi tiempo de estudiante, eran hombres de mucha
sabiduría. Tenían una sabiduría distinta a la de los escolares o de la de los
sacerdotes. Incluso ahora, hermanos con muchos estudios y que tienen puestos
de dirigencia en las instituciones, tienen un “no sé qué” de distinto a los
sacerdotes. Y creo que esto hay que conservarlo. Esa sabiduría, ese algo
sapiencial que da el ser hermano.
Es más, a mí me impresionaba en los hermanos mayores que conocí, el olfato que
tenían, cuando decían, por ejemplo: “Mírelo mucho a aquel padre, me parece que
necesita especial ayuda...”. Los hermanos que conocí a menudo tenían una
discreción muy grande. ¡Y ayudaban! El hermano se daba cuenta antes que otros
compañeros de comunidad de lo que pasaba. No sé cómo expresarlo, creo que
hay aquí una gracia específica y hay que buscar cuál es la voluntad de Dios sobre
el hermano en este momento y también hay que buscar cómo expresar esto.

Me gustaría oírle decir cuándo se cumplirá la profecía de Isaías: “De sus espadas
se construirán arados...”. En mi continente, África, tenemos ya medios suficientes
para matar diez veces a cada uno de nosotros.

Trabajar por la paz es urgente. Dije, hace más de un año y medio, que estamos en
la tercera guerra mundial, a pedacitos. Ahora los pedacitos se están juntando cada
vez más. Estamos en guerra. No hay que ser ingenuos. El mundo está en guerra y
las consecuencias las pagan algunos países. Pensemos en Medio Oriente, en
África: allí se da una situación de continuas guerras. Guerras que se derivan de
toda una historia de colonización y explotación. Es cierto que hay países que
tienen su independencia, pero muchas veces el país que les dio la independencia
se reservó el subsuelo para sí. África sigue siendo un objetivo de la explotación
por las riquezas que tiene. Incluso por parte de países que antes ni pensaban en
este continente. A África siempre se la mira desde la óptica de la explotación. Y
claramente esto provoca guerras.

Además, en algunos países se agrega el problema de la ideologización, que


provoca fracturas mayores. Creo que trabajar por la paz en esta coyuntura,
además de ser una de las bienaventuranzas, es prioritario. Cuándo llegará la
paz... No sé si llegará antes de la venida del Hijo del Hombre, pero sí sé, en
cambio, que tenemos que trabajar por la paz lo más posible, ya sea través de la
política, a través de la convivencia y de tantas otras formas. Se puede. Se puede.

62
Con las actitudes cristianas que el Señor nos marca en el Evangelio, se puede
hacer mucho, y se hace mucho y se va adelante. A veces esto se paga a precios
muy caros en la propia vida. Pero se va delante de todas maneras. El martirio
forma parte de nuestra vocación.

¿Nos podemos salvar solos? ¿Qué relación hay entre salvación comunitaria y
salvación personal?

Nadie se salva solo. Creo que este principio hay que mantenerlo muy claro: la
salvación es para el pueblo de Dios. Nadie se salva solo. El que pretende salvarse
solo, a través de un camino propio de cumplimiento, termina en ese adjetivo que
Jesús usa tantas veces: hipócrita. Termina en la hipocresía. Salvarse solo,
pretender salvarse solo, en el sentido elitista de la palabra, es una hipocresía. El
Señor vino a salvar a todos.

¿Está bien estudiar teología en un contexto de vida real?

Mi consejo es que todo lo que los jóvenes estudian y experimentan en su contacto


con diversos contextos, sea sometido también a un discernimiento personal y
comunitario y sea llevado a la oración. Debe haber estudio académico, contacto
con realidades, no solo periféricas sino también limítrofes en la periferia, oración y
discernimiento personal y comunitario. Si una comunidad de estudiantes se hace
todo esto, yo me quedo tranquilo. Cuando falta alguna de esas cosas, me empiezo
a preocupar. Si falta estudio, entonces se pueden decir tonterías o idealizar a
veces situaciones de modo simplista. Si falta contexto real y objetivo, acompañado
por quien conoce el ambiente, se pueden dar idealismos tontos. Si falta oración y
discernimiento, evidentemente podemos ser muy buenos sociólogos o politólogos,
pero no tendremos la audacia evangélica y la cruz evangélica que debemos llevar,
como dije al principio.

La Compañía, después de la CG 35, ha recorrido un camino en la comprensión de


los retos medioambientales. Hemos recibido con alegría “Laudato si’”. Sentimos
que el Papa nos ha abierto puertas para el diálogo con instituciones. ¿Qué
podemos hacer para continuar sintiéndonos implicados en este tema?

Laudato si’ es una encíclica en la que han trabajado muchos, y a los científicos
que trabajaron se les pidió que dijeran las cosas bien fundadas y no simples
hipótesis. Mucha gente trabajó en la encíclica; mi trabajo, en efecto, fue el de dar
las orientaciones, dar alguna que otra corrección y después elaborar la redacción
final, esto sí, con mi estilo y retomando algunas cosas. Y creo que hay que seguir
trabajando, a través de movimientos, académicamente y también política- mente.
De hecho, es evidente que el mundo está sufriendo, no solo por el recalentamiento
sino por el mal uso de las cosas y porque la naturaleza es maltratada.

Hay que tener en cuenta también, en la interpretación de Laudato si’, que no es


una “encíclica verde”. Es una encíclica social. Parte de la realidad de este
momento, que es ecológica, pero es una encíclica social. Es evidente que los que

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sufren las consecuencias son los más pobres, los que son descartados. Es una
encíclica que confronta esta cultura del descarte de las personas. Es necesario
trabajar mucho la parte social de la encíclica, porque los teólogos que trabajaron
en ella se preocuparon mucho en ver cuánta repercusión social tienen los hechos
ecológicos. Ayuda mucho que se la vea como una encíclica social.

¿Desea el Papa Francisco una Compañía pobre para los pobres? ¿Qué consejo
nos da para caminar en esa dirección?

Creo que en este punto de la pobreza San Ignacio nos ha superado en grande.
Cuando leemos cómo concebía la pobreza y el voto que hace emitir de no cambiar
la pobreza a no ser para estrecharla más..., tenemos que reflexionar. Lo de San
Ignacio no es solamente una actitud ascética, como sería la de pellizcarme para
que me duela más, sino que es un amor a la pobreza como estilo de vida, como
camino de salvación, camino eclesial, Porque para él, y estas son dos palabras
claves que usa, la pobreza es madre y muro. La pobreza engendra, es madre,
engendra vida espiritual, vida de santidad, vida apostólica. Y es muro, defiende.
Cuán- tos desastres eclesiales empezaron por falta de pobreza, incluso fuera de la
Compañía, me re- fiero a toda la Iglesia en general. Cuántos escándalos de los
que lamentablemente me tengo que enterar, por el lugar en que me encuentro,
nacen del dinero. Creo que San Ignacio tuvo una intuición muy grande. En la
visión ignaciana de la pobreza tenemos una fuente de inspiración para ayudarnos.

El clericalismo, que es uno de los males más serios que tiene la Iglesia, se aparta
de la pobreza. El clericalismo es rico. Y si no es rico en dinero, es rico en soberbia.
Pero es rico: hay en él un apego a la posesión. No se deja engendrar por la madre
pobreza, no se deja custodiar por el muro pobreza. El clericalismo es una de las
formas de riqueza más graves que se sufre hoy día en la Iglesia. Al menos en
algunos lugares de la Iglesia. Hasta en las experiencias más cotidianas. Una
Iglesia pobre para los pobres es la del Evangelio, la del sermón de la montaña del
Evangelio de Mateo y la del sermón de la llanura del Evangelio de Lucas, como
también del “protocolo” según el cual seremos juzgados: Mateo 25. Creo que
sobre esto el Evangelio es muy claro y es necesario caminar en esta dirección.
Pero yo insistiría también sobre el hecho de que sería lindo que la Compañía
pudiera ayudar a profundizar la visión de Ignacio sobre la pobreza, porque yo creo
que es una visión para toda la Iglesia. Algo que nos puede ayudar a todos.

Ud. habló muy bien de la importancia que tiene la consolación. Al reflexionar al


final de cada día, ¿qué cosas le dan consuelo, y qué cosas le quitan el consuelo?

Estoy hablando en familia, así que puedo decirlo: yo más bien soy pesimista,
¡siempre! No digo que sea depresivo, porque no es verdad. Pero sí que siempre
tiendo a mirar la parte que no funcionó. Así que para mí la consolación es el mejor
antidepresivo que he encontrado. La encuentro cuando me pongo delante del
Señor, y dejo que El manifieste lo que ha hecho durante el día. Cuando al final del
día me percato de que soy conducido, cuando me percato que pese a mis
resistencias, hubo una conducción ahí, como una ola que me llevó adelante: eso

64
me consuela. Es como sentir: “Él está aquí”. Con respecto a mi pontificado me
consuela sentir interiormente: “Está bien. No fue una convergencia de votos los
que me metieron en esta baile sino que está Él metido allí”. Esto me consuela
mucho. Y cuando noto las veces en que han ganado mis resistencias, eso me
pone mal y me lleva a pedir perdón. Es bastante frecuente esto... Y me hace bien.
Darse cuenta de que, como dice San Ignacio, uno es “todo impedimento”,
reconocer que uno tiene sus resistencias y que todos los días las ejercita y que a
veces las vence y a veces no. Esta experiencia a uno lo mantiene en su lugar,
quietito. Esto ayuda. Esta es mi experiencia personal, en los términos más simples
posibles.

La exhortación “Evangelii gaudium” es muy inspiradora y nos anima a conversar


más sobre el tema de la evangelización. ¿Qué quiere decir con las últimas
palabras, en las que exhorta a continuar el debate?

Uno de los peligros de los escritos del Papa es que crean un poco de entusiasmo
pero después llegan otros y los precedentes se archivan. Por eso pienso que es
importante ese seguir trabajando, esa indicación final en que se auspicia que se
hagan reuniones y se profundice el mensaje de Evangelii Gaudium: porque en ella
se encuentra todo un modo de encarar diversos problemas eclesiales y la
evangelización misma de la vida cristiana. Creo que te refieres a una exhortación
que está al final y que proviene del documento de Aparecida. En ese pasaje
hemos querido recurrir a Evangelii Nuntiandi, que sigue teniendo la más fresca
actualidad, la misma que tenía cuando salió, y que para mí sigue siendo el
documento pastoral más importante escrito después del Vaticano II. Sin embargo,
no se la menciona, no se cita. Y bien, puede ocurrir lo mismo con Evangelii
Gaudium. Hace unos días leía que haría falta retomar de Evangelii Gaudium el
punto sobre la homilía, porque pasó en silencio. Allí se encuentra algo que la
Iglesia tiene que corregir en su predicación y que, además, la despoja de un
aspecto clericalista. Creo que la Evangelii Gaudium tiene que ser profundizada,
debe ser trabajada en grupos de laicos, de sacerdotes, en los seminarios, porque
es el aire evangelizador que la Iglesia quiere tener hoy. En eso hay que seguir
adelante. No es algo terminado, como si dijéramos “pasó, ahora viene Laudato si’.
Y luego, pasó, ahora está Amoris Laetitia...”. De ninguna manera. Les recomiendo
Evangelii Gaudium que es un marco. No es original, en esto quiero ser muy claro.
Pone juntas Evangelii Nuntiandi y el documento de Aparecida. Si bien vino
después del Sínodo sobre la Evangelización, la fuerza de Evangelii Gaudium fue
retomar esos dos documentos y refrescarlos para volverlos a ofrecer en un plato
nuevo. Evangelii Gaudium es el marco apostólico de la Iglesia de hoy.

La Iglesia experimenta una caída de vocaciones, sobre todo en lugares en los que
se ha sido reticentes en promover las vocaciones locales

A mí me ha pasado en Buenos Aires, como Obispo, que curas muy buenos, más
de una vez, charlando decían: “En la parroquia tengo un laico que ‘vale oro’. Y me
lo pintaban como un laico de primera. Y luego me decían: “¿Qué le parece si lo
hacemos diácono”? Este es el problema: al laico que vale, lo hacemos diácono. Lo

65
clericalizamos. En una carta que recientemente envié al cardenal Ouellet, escribía
que en América Latina, la única cosa que más o menos se salvó del clericalismo
es la piedad popular. Porque, como la piedad popular es una de esas cosas “de la
gente” en la que los curas no creían, los laicos fueron creativos. Quizás haya sido
necesario corregir algunas cosas, pero la piedad popular se salvó porque los curas
no se metieron. El clericalismo no deja crecer, no deja crecer la fuerza del
bautismo. La gracia y la fuerza evangelizadora de la expresión misionera la tiene
la gracia del Bautismo. Y el clericalismo disciplina mal esta gracia y da lugar a
dependencias, que tienen a veces a pueblos enteros en un estado de inmadurez
muy grande. Me acuerdo de las peleas que hubo cuando, siendo yo estudiante de
teología o cura joven, aparecieron las comunidades eclesiales de base. ¿Por qué?
Porque allí los laicos empezaron a tener un protagonismo un poco fuerte y los
primeros que se sentían inseguros eran algunos curas. Estoy generalizando
demasiado, pero lo hago a propósito: si caricaturizo el problema es porque el
problema del clericalismo es muy serio.

Con respecto a las vocaciones locales digo que la disminución vocacional se


tratará en el próximo Sínodo. Creo que las vocaciones existen, simplemente hay
que saber cómo se las propone y cómo se las atiende. Si el cura siempre está
apurado, si está metido en mil cosas administrativas, si no nos convencemos de
que la dirección espiritual es un carisma no clerical sino laical (que también puede
desarrollar el cura), y si no metemos y convocamos a los laicos en el
discernimiento vocacional, es evidente que no vamos a tener vocaciones.

Los jóvenes necesitan ser escuchados; y los jóvenes cansan. Vienen siempre con
las mismas cosas y hay que escucharlos. Y claro, para eso hay que tener
paciencia, estar sentados y escuchar. Y también creatividad: para ponerlos a
trabajar en cosas. Hoy, las “reuniones” de siempre ya no tienen mucho sentido, no
son fecundas. Hay que lanzar a los jóvenes a actividades de tipo misionero,
catequético, o de tipo social, eso hace mucho bien.

Una vez llegué a una parroquia de la periferia, en una Villa Miseria. El cura me
había dicho que estaba construyendo un salón de encuentros. Y como este cura
también daba clases en la universidad estatal, como ayudante de cátedra, había
suscitado en chicos y chicas entusiasmo y deseo de participar. Cuando yo les vi
era un sábado y estaban trabajando de albañiles: el ingeniero que dirigía todo era
judío, una de las chicas era atea y el otro no sé qué cosa, pero estaban unidos en
un trabajo común. Eso va creando la pregunta: ¿Puedo hacer algo yo por los
demás y con los demás? A los jóvenes hay que ponerlos a trabajar y escucharlos.
Son las dos cosas que yo diría.

No promover vocaciones locales es un suicidio, es directamente esterilizar a una


Iglesia, la Iglesia es madre. No promover las vocaciones es una ligadura de
trompas eclesial. Es no dejar que esa madre tenga sus hijos. Y eso es grave.

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La digitalización es el rasgo típico de esta época moderna. Crea velocidad,
tensión, crisis. ¿Cuál es su impacto en la sociedad de hoy? ¿Cómo hacer para
tener velocidad y profundidad?

Los holandeses, hace treinta años o más, inventaron una palabra: “rapidación”. Es
decir, la progresión geométrica en términos de velocidad; y es esta “rapidación” la
que transforma el mundo digital en una posible amenaza. No hablo aquí de sus
aspectos positivos porque los conocemos todos. Destaco, también el problema de
la liquidez, que puede anular lo concreto. Me contaba alguien hace un tiempo de
un obispo europeo que fue a ver a un amigo empresario. Este le mostró cómo en
diez minutos hacía una operación que daba cierta ganancia. Desde los Ángeles
vendió ganado a Hong Kong y en pocos minutos tuvo una ganancia que le fue
inmediatamente acreditada. La liquidez de la economía, la liquidez del trabajo:
todo esto provoca desocupación. Y el mundo líquido. Se siente un reclamo, un
grito de “volver”, aunque no me gusta la palabra porque es medio nostálgica.
¡Volver es el título de un tango argentino! Existe el deseo de recuperar la
dimensión concreta del trabajo. En Italia el 40% de los jóvenes de 25 años para
abajo, están desocupados; en España el 50%; en Croacia el 47%. Es una señal de
alarma que muestra esta liquidez que crea desocupación.

Agradezco las preguntas y la fluidez, y perdón si se me fue un poco la lengua.

***

El P. Arturo Sosa S. I., Prepósito General de la Compañía de Jesús, al final del


diálogo saludó al Papa con estas palabras: “Santo Padre, al fin de estas dos
sesiones, en nombre de todos los compañeros reunidos en la 36a Congregación
General, quiero agradecerle de corazón su fraterna presencia entre nosotros y sus
jugosos aportes... ¡gracias a Dios porque se le fue la lengua! Gracias por su aporte
a nuestro discernimiento.

Agradecemos habernos confirmado la invitación a vivir a fondo nuestro carisma,


caminando junto a la Iglesia y a tantos hombres y mujeres de buena voluntad,
movidos por la compasión, empeñados en consolar reconciliando, sensibles a
discernir los signos de los tiempos.

Caminar sin ceder a la tentación de quedarnos en alguno de los muchos recodos


bonitos que encontramos por el camino. Caminar movidos por la libertad de los
hijos de Dios que nos hace disponibles a ser enviados a cualquier parte, al
encuentro de la humanidad sufriente, siguiendo la dinámica de la encarnación del
Señor Jesús, aliviando a tantos hermanos y hermanas, como Él, puestos en cruz.

Caminaremos juntos, según el modo nuestro de proceder, sin disolver las


tensiones entre fe y justicia, diálogo y reconciliación, contemplación y acción...
Camino que nos lleva al encuentro profundo con la riqueza humana expresada en
la variedad cultural. Seguiremos nuestros esfuerzos de inculturación para poder

67
anunciar mejor el evangelio y para que resplandezca el rostro intercultural de
nuestro Padre común.

Seguiremos fielmente su consejo de unirnos a su oración incesante para recibir la


consolación que haga de cada jesuita, y de todos los hombres y mujeres que
compartimos la misión deCristo,servidoresdelaAlegreNoticiadelEvangelio.

Con el corazón agradecido queremos ahora saludarlo personalmente.

(Original: italiano)

68
PALABRAS DE AGRADECIMIENTO
AL P. ADOLFO NICOLÁS, S.J.

Querido Padre Adolfo:


Me han encargado que le dirija, en nombre de la Congregación General, y en
cierto modo de la entera Compañía de Jesús, unas palabras de agradecimiento,
con ocasión del final de su servicio como Prepósito General, tras haber sido
aceptada su renuncia.

Se trata de una tarea que la Compañía le confió hace más de ocho años, el 19 de
enero de 2008, en esta misma Aula, con una elección de amplísima mayoría, que
dejó satisfechos a todos los participantes en la Congregación General 35,
convencidos de que, al poner en sus manos la guía de nuestra Compañía, habían
hecho una elección acertada.

Hoy, cuando volvemos la vista a estos años transcurridos en los que usted ha sido
nuestro Padre General, damos gracias al Señor por tanto bien que en ellos ha
brotado para nosotros, para la Compañía de Jesús extendida por el mundo, para
la Iglesia, y para todas aquellas personas a las que se dirige nuestro servicio.

Gracias por su estilo personal. Todos los que le han conocido y han tenido
contacto con usted hablan de su cordialidad, de su espontaneidad y su sencillez
de trato, de su accesibilidad y su relación amigable con todos, ya fueran personas
humildes o de alto rango. Aquellos que han convivido a lo largo de estos años con
usted en la Curia han quedado impresionados por su mirada siempre sonriente,
por su buen humor; no recuerdan haber visto jamás en usted una expresión
distante, sombría, tensa o, menos aún, irritada.

Su participación cordial en los encuentros que ha podido tener con las


comunidades le ha procurado el afecto y la familiaridad, la apertura y la confianza
de todos los compañeros jesuitas a lo largo y ancho del mundo. Todos han
recibido aliento para su trabajo apostólico. Ha sido usted un superior reconocido
con simpatía y al que se ha experimentado cercano y fraterno. Podemos decir, por
qué no, que ha sido un superior amado.

Gracias por su capacidad para dar inspiración a nuestra vida religiosa y a nuestro
compromiso con la misión.

Nos ha recordado usted continuamente el horizonte universal de nuestra misión,


más allá de los estrechos límites regionales, nacionales o de las Provincias; y, nos
ha invitado a practicar una espiritualidad profunda, a evitar los peligros de la
mediocridad y la superficialidad. “Universalidad” y “profundidad” son dos
conceptos que le hemos sentido pronunciar con frecuencia y que no olvidaremos.
Nos ha exhortado a no ser jesuitas “distraídos”, sino a “sentir y gustar las cosas

69
internamente”; a llegar hasta el centro de los problemas, de los desafíos
apostólicos de nuestro tiempo, haciendo uso de la inteligencia, del estudio y del
corazón y, así, mirar al mundo con los ojos de Dios, sabiendo compartir las
alegrías y las angustias, los interrogantes de nuestros hermanos y hermanas,
acompañándoles en la búsqueda y el descubrimiento de los signos de la presencia
y de la voluntad de Dios, o de los movimientos del Espíritu que se ocultan bajo la
corteza de la superficie, de la apariencia exterior de este mundo globalizado y
frenético, marcado por la cultura digital.

Usted nos ha dado ejemplo de una sabiduría serena, expresada en homilías llenas
de imágenes y de propuestas para una reflexión profunda, de invitaciones a ser
coherentes en nuestra vida religiosa y a hacer concreta nuestra conversión
cotidiana. Homilías que nacían de su rica experiencia espiritual y de su vida
apostólica, en las que no raramente se escuchaba el eco de su misión en el
inmenso horizonte de Asia.

Estas características personales y este modo suyo de ser, en manera alguna


dejan en segundo plano su gran compromiso con la acción de gobierno, conforme
a las expectativas que la Compañía había manifestado durante la Congregación
35. En estos años, bajo su guía y con su impulso, ha tenido lugar un gran trabajo
de reestructuración de las Provincias en diversas partes del mundo; con
insistencia ha invitado a los Superiores Mayores a tener visión de futuro y a
discernir sobre el número, quizá demasiado elevado, de obras y ministerios
existentes en el territorio de su competencia; ha animado a las Conferencias de
Provinciales y a sus Presidentes a preocuparse en dar respuesta a aquellos retos
que van más allá de los límites provinciales o regionales.

La Curia general ha sido un banco de pruebas sumamente dinámico y creativo


donde se han experimentado nuevos modos de servir a la Compañía Universal.
No ha sido el suyo un estilo de gobierno individualista y centralizador, sino que ha
tenido la habilidad de saber dejarse ayudar, de implicar a sus más directos
colaboradores en un trabajo común y corresponsable, en equipo. Ha recurrido de
modo frecuente y eficaz a grupos de trabajo y a comisiones, cuando era preciso
afrontar problemas complejos, constituir, reorganizar o promover los Secretariados
y los grupos que trataron del ecumenismo y el diálogo interreligioso, o la
educación secundaria y superior...

Se han reorganizado también el Archivo y el Instituto Histórico. La reestructuración


de los espacios de trabajo los ha hecho más acogedores y funcionales. Los
edificios de la Curia y de Via dei Penitenzieri han sido sometidos a completa
renovación y la misma Aula en que nos encontramos supone un digno
coronamiento para todo este trabajo, llevado a cabo por su equipo de gobierno.

Ha tenido a bien recordarnos que el apostolado intelectual debe seguir siendo una
de las características del servicio de la Compañía a la Iglesia y al mundo, y ha
impulsado eficazmente el compromiso contraído por toda nuestra Orden de

70
mantener las instituciones y las misiones que la Santa Sede le tiene confiadas en
Roma, en bien de la Iglesia Universal.

Ha promovido usted entre nosotros la que podríamos llamar “cultura de la


responsabilidad”. La lengua inglesa gusta mucho de la palabra “accountability”:
rendir cuentas, responder de las tareas y la confianza que se ha depositado en
cada uno. Vale esto para toda responsabilidad, bien sea de apostolado o de
gobierno.

En particular ha logrado usted que la Compañía haya llegado a estar bien


pertrechada para afrontar los casos graves en los que ha sido necesario intervenir
o se ha visto necesario hacerlo, como por ejemplo en el terreno de los abusos con
menores, donde también nosotros, como toda la comunidad eclesial, hemos tenido
que recorrer un doloroso camino de respuesta a los crímenes cometidos, camino
de conversión y de purificación. Queda aún trecho por recorrer si hemos de estar
en primera línea en lo que toca a la prevención y protección de menores, pero no
cabe duda que se ha realizado ya un largo recorrido.

Hay también algunos otros aspectos de su actuación al frente de la Compañía que


no podemos olvidar.

Ha sido grande su esfuerzo y muchos sus viajes, primero para conocer la


Compañía universal, en particular aquellos lugares de los que tenía menos noticia
antes de su elección; después, para estar cercano y hacerse presente, para
animar, participar y conocer todo de forma más profunda. Ha escrito muchas
cartas, ha pronunciado muchos discursos y tenido muchas conversaciones, ha
mantenido innumerables entrevistas en escucha disponible y atenta.

En las innumerables provincias que ha visitado - casi todas - y en los encuentros


en que ha participado, ha sido acogido siempre con gozo y gratitud, como fuente
de inspiración y consejo, tanto por jesuitas como por colaboradores y amigos
nuestros. Se ha entregado siempre sin reservas al servicio de la Compañía
universal, y lo ha hecho generosamente y con alegría. No se pertenecía, sino que
pertenecía al Señor y a su Compañía: en concreto – en los últimos ocho años –
nos ha pertenecido a nosotros. Por ello todos le quedamos agradecidos.

Con ocasión de la Congregación de Procuradores, que se tenía por primera vez


en África, en Nairobi, el año 2012, se esforzó, con su amplia relación sobre el
Estado de la Compañía, por ofrecernos una lectura objetiva y profunda de los
aspectos positivos, y también de los negativos, de nuestra situación, y así
facilitarnos un obligado examen de conciencia. No hemos olvidado aquella aguda
descripción de tres tipos de jesuitas: los plenamente disponibles para la misión, los
que trabajan bien, pero no poseen la libertad que pide el magis ignaciano, y los
que desgraciadamente viven “una gran carencia de libertad”. Aquella relación
constituye todavía hoy un documento precioso y nos ha ayudado a prepararnos
para esta Congregación General que llega ahora a su fase decisiva.

71
Tampoco podemos olvidar la inteligencia con la que, el año 2014, supo aprovechar
la celebración del segundo centenario del restablecimiento de la Compañía, para
reavivar en nosotros el sentido de nuestra extraordinaria historia y de las
responsabilidades que de esa historia se derivan, la conciencia y la auto-
comprensión común de nuestra identidad y de nuestra misión.
Además, su guía alentadora e inspiradora ha sido asimismo muy apreciada más
allá de los límites de la Compañía de Jesús. Fue por un tiempo Vicepresidente y
luego Presidente de la Unión de Superiores Generales. La vida religiosa
masculina, y también la femenina, han sabido estimar y han disfrutado de su
servicio. Los Papas nos han recordado más de una vez que nunca nos haremos
plenamente conscientes de que la Compañía ha jugado siempre un papel de
responsabilidad para con la vida religiosa apostólica en la Iglesia. Usted ha
representado una personificación de esta responsabilidad. No por casualidad le
eligieron los Superiores Mayores como representante suyo en los sínodos de
estos años. Allí sus intervenciones se hicieron notar por su libertad de espíritu, por
su originalidad, su valentía y amplitud de miras, pues manifestaban su amplia
experiencia, su conocimiento de culturas y situaciones de la Iglesia muy diversas,
además de la necesidad de una renovación de la teología de la misión. Tenemos
buenas razones para pensar que el apoyo que recibió el Papa Francisco para
renovar la metodología del Sínodo se debe en parte a usted; no en vano, en los
dos últimos Sínodos dedicados a la familia, fue llamado a formar parte de la
Comisión que trabajó, haciendo un gran esfuerzo de síntesis, en la redacción de la
relación final.

El General nos guía, pero también nos representa en las relaciones con las altas
instancias de la Iglesia y de su gobierno universal. Usted ha puesto mucho
empeño, en primera persona, por garantizar una relación buena y constructiva con
los distintos Dicasterios de la Curia Romana, visitando a sus más altos
representantes con regularidad. Los jesuitas han sentido que estaban en buenas
manos cuando usted se hacía cargo de sus problemas, y saben que usted ha
sabido ponerse de su parte, con claridad y decisión, asumiendo su defensa
cuando ello era justo y necesario. Se han sentido guiados con tranquila seguridad
desde su actitud de servicio no servil, en el espíritu de un leal y adulto sentire cum
Ecclesia, según el deseo de San Ignacio y el estilo de nuestra Compañía.

Finalmente ha sido usted el primer General que se ha encontrado en la situación -


para la gran mayoría de nosotros ciertamente inesperada y difícilmente imaginable
- de asistir a la elección de un Papa jesuita; un jesuita que antes de ser Obispo y
Cardenal había sido Provincial, y había tomado parte, en esta misma Aula, en dos
Congregaciones Generales, y que ahora hemos visto asomarse al balcón de San
Pedro vestido de blanco. Situación históricamente inédita, y sobre cuyas
implicaciones tendremos ocasión de reflexionar en el curso de esta Congregación.
Pero ahora se trata de darle las gracias a usted. Y se las damos de corazón
porque ha sabido, por su parte, establecer desde el principio con el Papa
Francisco una comunicación directa y cordial, de la cual la Compañía entera ha
comenzado pronto a beneficiarse. Lo ha hecho con su característica y discreta
sencillez, que ha evitado a la Compañía y a todos nosotros cualquier tipo de

72
embarazo por la novedad de la situación. La Compañía de Jesús ha seguido
poniéndose, como siempre, a disposición del Papa para ser enviada en misión, a
la vez que sentía con él, en tantos aspectos, esa sintonía espiritual que se deriva
naturalmente de una común identidad y espiritualidad religiosa, y que engendraba
también, posteriormente, un mayor afecto y el deseo de servir al Vicario de Cristo
para el bien de la Iglesia y la humanidad.

Vivir la misión en una Iglesia y con una Iglesia “en salida”, es decir, llamada a
anunciar a Jesús y a servir en las fronteras y las periferias, sintiéndose en camino
con el pueblo de Dios, en solidaridad con los pobres y con todos los que sufren,
buscando y reconociendo a Dios presente y operante en todas las cosas hasta los
confines del mundo y en las profundidades de la historia... Evangelii gaudium, el
gozo de anunciar el Evangelio; tal es la misión de la Iglesia y de la Compañía en la
Iglesia y en el mundo.

Querido Padre Adolfo, usted ha experimentado en su vida esta alegría a la que


nos invita nuestro hermano el Vicario de Cristo. Da prueba de ello su serena
sabiduría.

Gracias por habernos guiado y acompañado hasta este día, y en este espíritu,
como Cuerpo de la Compañía de Jesús.

Gracias y buen camino. Que el Señor siga acompañándole siempre. También le


acompañará nuestra oración.

Roma, 3 de octubre de 2016

P. Federico Lombardi, S.J.


(Original: italiano)

73
HOMILÍA P. Bruno Cadoré, O.P.

Iglesia del Gesù, Roma


2 de octubre de 2016

Lecturas: Hab 1, 2-3 ; 2, 2-4 ; Sal 94 ; 2 Tm 1, 6-8.13-14 ; Lc 17, 5-10

¡Señor, aumenta en nosotros la fe!

Esta insistente petición al Señor es la más bella oración que se pueda imaginar
para «abrir» la celebración de vuestra Congregación General. En el Evangelio que
acaba de ser proclamado, Jesús destaca dos razones por las que dicha oración es
tan apropiada. La fe es necesaria – aunque sea tan modesta en apariencia como
un grano de mostaza – porque se trata de arriesgarse a intentar lo improbable:
«podríais decir a este árbol: arráncate de aquí y plántate en el mar, y os
obedecería». Más aún, la fe es necesaria porque se trata de comprender que,
aunque intentemos lo increíble, debemos arriesgarnos a decir: «somos siervos
inútiles: sólo hemos cumplido nuestro deber». Una asamblea como la vuestra,
enraizada en una tradición de evangelización tan rica, y llena de tantas
experiencias de unos y de otros, se desarrollará sin duda entre el deber de llamar
continuamente a la Compañía a intentar la audacia de lo «improbable», y la
voluntad evangélica de hacerlo con la humildad de aquellos que saben que, en
este servicio donde el ser humano pone toda su energía, «todo depende de Dios».

Pero ¿es posible para nosotros tener esa audacia de lo improbable, esa audacia
del Evangelio, la audacia de vuestro fundador Ignacio que establece su Compañía,
pequeña como un grano de mostaza, en un tiempo de crisis, de necesidad de
fraternidad y frente a desafíos inmensos? Me parece que es la pregunta que
atormenta al profeta Habacuc: «¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me
escuches? ¿Hasta cuándo te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?». Muchos de
ustedes podrían enunciar las maldiciones del profeta que explican la fuerza con la
que interpela a su Dios. Hoy todavía el mundo está desfigurado por aquellos que
acumulan lo que no les pertenece, por aquellos que persiguen antes que nada sus
propios intereses, construyen un mundo sobre la sangre de muchos olvidados que
son manipulados, inventan continuamente nuevos ídolos. Violencias, que
desfiguran el rostro de lo humano en las personas, las sociedades y los pueblos.

Lo más improbable, en este contexto, tal vez no sea derrocar con nuestras manos
humanas y dentro de los límites de nuestra inteligencia y de nuestras
capacidades, tales violencias para poner el mundo un poco más al derecho. Es
necesario, por supuesto, arriesgarse a buscar el modo de remendar lo que está
roto. Pero la verdadera audacia de lo improbable ¿no consiste en hacer oír, en
medio de ese trabajo de «remiendo», la voz de Aquel que, contra viento y marea,
conduce a su pueblo y le da la fuerza de vivir por medio de su fidelidad? Que el
Señor os conceda la gracia, a lo largo de vuestras reflexiones y discernimiento, de

74
dejaros guiar, de dejaros engendrar, por la audacia de dar a entender por medio
de vuestro compromiso, vuestras palabras, vuestras solidaridades, la voz siempre
inesperada de Aquel que espera el mundo, que vence la muerte y establece la
vida, Aquel a quien vosotros buscáis darle la mayor gloria.

Lejos de ser ingenua, esta audacia es realista. El apóstol Pablo, en su segunda


carta a Timoteo, nos ayuda a comprender la razón. Es una audacia realista, en
primer lugar, porque se apoya sobre un primer don: «Reaviva el don gratuito de
Dios», invitación que hace eco a otras formuladas por el Apóstol « Servid al Señor
con celo incansable y fervor de Espíritu, » (Rm 12, 11). «No apaguéis el Espíritu»
(1Te 5, 19), «No lo contristéis» (Ef 4, 29). Probablemente la principal tarea de una
Congregación, como la que iniciáis hoy, consiste en buscar la audacia de lo
improbable en la fidelidad a la obra del Espíritu. Encontrar la fuerza y la creatividad
de la fidelidad en el soplo que nos llega del Espíritu y que nos conduce al
encuentro y a la escucha del otro, que abre en el corazón del hombre el manantial
de la compasión, que consolide la alianza indefectible con aquellos que nos han
sido confiados. Pero la audacia de lo improbable es realista, también, porque
busca continuamente estar al unísono con Aquel de quien Pablo, soportando sus
sufrimientos, fue hecho heraldo, apóstol y doctor, Jesucristo, el Salvador, que hizo
lo improbable cuando destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por
medio del Evangelio (2Tm 1, 9-12). La audacia de la evangelización está orientada
hacia el rostro del Salvador, cuya voz busca hacer oír y cuyo misterio busca intuir.
El misterio de esa voz es que ella tiene como única pretensión la de afirmar que,
en el afrontar humildemente el absurdo, la vida dada puede abrir en este mundo el
camino de un nuevo nacimiento a la vida.

Aumenta nuestra fe, pedían los apóstoles. Pero, ¿cómo surge esta súplica en
ellos? ¿Cómo responderemos en nuestro tiempo a la necesidad urgente de vivir
como hombres de fe, contemplativos en acción, hombres cuya vida será realmente
entregada por los demás? Recordaréis que, en el Evangelio de Lucas, el pasaje
que hoy hemos escuchado es la continuación de una enseñanza de Jesús sobre
la vida entre los hermanos. Es inevitable que surjan escándalos, y debéis estar
atentos para no llevar al pecado a uno sólo de estos pequeños. A continuación,
está la enseñanza sobre el perdón ininterrumpido concedido al hermano, una vez,
siete veces... Y ¡ahí aparece la súplica de los apóstoles! En el fondo, siempre es lo
mismo: como el Reino, lo improbable nunca está lejos de ti. Sí, por supuesto, es la
búsqueda apasionada de abrir en este mundo caminos para la sabiduría, caminos
donde la palabra y los proyectos humanos cobren sentido intentando construir un
mundo hospitalario para el hombre. Pero aquello que puede dar un fuego interior a
esta búsqueda apasionada es la experiencia concreta, a veces banal y con
frecuencia difícil, del perdón. Es experiencia de sobreponerse a la ofensa para dar,
de nuevo, sin condiciones, la vida en abundancia. Esa experiencia que lleva a
descubrir que uno tiene en sí mismo una vida mucho más fuerte, mucho más
bella, que la que uno creía poseer, una vida que encuentra su verdad plena
cuando se desprende de sí misma para ofrecerse al otro. Experiencia de vida
fraterna, cuyo testimonio es tan importante hoy. Creo que no es gratuito si en el
Evangelio de hoy, Jesús continúa con la evocación del simple servidor. ¿De qué

75
es exactamente servidor? De una mesa, mesa de pecadores, mesa de acogida de
todos donde están invitados ciegos y cojos, fariseos y publicanos, adúlteros y
hombres de bien. Ignacio, vuestro fundador, hacía esta oración: «Señor Jesús,
enséñanos a ser generosos, a amarte como lo mereces, a dar sin medida, a
combatir sin temor a las heridas, a trabajar sin buscar reposo, a gastarme sin
esperar otra recompensa que el saber que estamos haciendo tu Santa Voluntad»
¿No es esta una invitación, hoy todavía, a ponernos al servicio de esa mesa?

Mesa de Emaús, donde el simple servidor aprende su oficio dejándose guiar por
su primer compañero, Jesucristo, el Salvador.

¡Señor, aumenta nuestra fe!

(Original: francés)

76
HOMILÍA
P. James E. Grummer, S.J.
Misa del Espíritu Santo Iglesia de Santo Spirito in Sassia, Roma 14 de
octubre de 2016

Lecturas: 1 Cor 12: 3b-7, 12-13 ; Jn 20:19-23

San Ignacio no dejó casi nada escrito sobre el Espíritu Santo, si exceptuamos sus
apuntes personales durante la deliberación sobre la pobreza. Quizás le movía la
prudencia, si tenemos en cuenta que no faltaban entre sus contemporáneos
quienes pensaban que su modo de hablar y de actuar respiraba el aire de los
alumbrados. De nuestras clases de historia en el noviciado recordamos que éstos
eran considerados herejes al pretender que poseían canales directos para
comunicarse con el Espíritu Santo y recibir revelaciones directas de su parte.
Juzgado por las apariencias, San Ignacio, a tenor de lo que él mismo escribe en
1545 al rey de Portugal, había sido indagado por varios Inquisidores en al menos 8
procesos y había pasado 64 días en prisión, por sospecha de herejía.

Precisamente por ser tan escasas las referencias al Espíritu Santo que hace
Ignacio en sus escritos, las pocas citas que encontramos resultan de mayor valor.
En los Ejercicios Espirituales se refiere directamente al Espíritu Santo seis veces,
y cinco de ellas son citas de la Sagrada Escritura que aparecen en los puntos que
se añaden al final como ayuda para meditar los misterios de la vida de Cristo
nuestro Señor. Uno de estos pasajes ofrece puntos para orar sobre el pasaje del
Evangelio que acabamos de escuchar. Permítanme citarles esta mañana el
número 304, porque en los tres puntos que propone Ignacio podemos encontrar
un poderoso lente de aumento que nos permite contemplar al Espíritu Santo, cuya
ayuda imploramos en esta Eucaristía.

(1) “los discípulos estaban congregados (por el miedo a los judíos)”, (2) “se les
aparesció Jesús estando las puertas cerradas, y estando en medio dellos
dice: ‘Paz con vosotros’”, y (3) “les da el Spíritu Sancto diciéndoles:
‘Recebid el Spíritu Sancto; a aquellos que perdonáredes los peccados, les
serán perdonados’”. Se puede ver que el movimiento que propone Ignacio
en estos tres puntos es bastante sencillo: es el itinerario que va del miedo a
la alegría, del don a la misión; el itinerario a recorrer por cada jesuita y cada
Congregación General.

Se puede decir que lo que vamos a hacer hoy y en los próximos días está rodeado
de un cierto temor. Quizás tememos pasar el resto de nuestras vidas reunidos en
pequeños grupos de discusión o ¡sentados en el aula con nuestros auriculares!
Seriamente hablando, puede ser que los inquietantes desafíos descritos en el
informe De Statu nos hayan colmado de temor; problemas del corazón humano,
de la Compañía de Jesús, de la Iglesia y del mundo de hoy, pueden intimidarnos.
Tal vez temamos pedir a uno de nosotros que asuma sobre sí el cargo de General

77
en representación de los demás, o quizás nos atemorice lo que el nuevo General
pueda decirnos sobre nuestro nuevo destino.

Sin embargo, nuestros miedos son tan numerosos como infecundos. Más
substancial es la alegría que acompaña a toda experiencia del Señor Resucitado,
capaz de disipar cualquier miedo que podamos sentir. Cuántas veces, en la vida y
en el trabajo, hemos experimentado al Señor Resucitado con sus manos heridas y
su costado abierto, en el último de nuestros hermanos y hermanas o en el espíritu
quebrantado de nuestros amigos y compañeros en el Señor. La semana pasada
tuvimos la gozosa experiencia del Señor Crucificado y Resucitado,
comunicándonos unos con otros, al reflexionar y orar juntos, como al encontrarnos
con antiguos amigos o hacer amigos nuevos en el Señor. A pesar de nuestros
miedos, o quizá precisamente por ellos, Jesús sabe llenarnos de alegría.

El gozo es solo uno de los dones que recibimos del Señor Resucitado. La semana
pasada hemos recibido el gran regalo de reconocer la acción del Espíritu en la
Compañía, en la Iglesia y en el mundo, en cada corazón humano. Hemos
ahondado nuestro aprecio del don que supone la pertenencia a un grupo
entregado a luchar bajo el estandarte de la Cruz. La Contemplación para alcanzar
amor nos pide que pensemos en todos los bienes que hemos recibido, para
ponerlos luego al servicio de Aquel que nos los entrega con el deseo de sanar y
bendecir este mundo caído. ¡Tantos dones, como incesante flujo de las fuentes de
la Plaza de San Pedro!

Como si no bastasen los dones de la creación, la redención y la santificación, el


Evangelio nos habla del gran don del Espíritu Santo y del don de la reconciliación
que tiene especial significación para una orden religiosa sacerdotal como la
nuestra. Estemos o no ordenados, por el bautismo y la profesión religiosa somos
agentes del Dios de la Misericordia; según la Fórmula del Instituto “preparados
para reconciliar a los desavenidos”. En este Año de la Misericordia, el Evangelio
que acabamos de leer adquiere especial relevancia al recordarnos el deber de
colaborar con el Dios que sale en búsqueda de la oveja perdida; que barre hasta
el último rincón de la casa para encontrar la moneda oculta; que no cesa jamás de
poner sandalias en nuestros pies, ropa en nuestras espaldas y anillos en nuestras
manos.

Nuestra misión esta mañana es elegir un General. Nos encerraremos en la


habitación de arriba, no por miedo, sino para escuchar atentamente el rumor del
Espíritu. No tenemos miedo. Creemos con convicción que el Espíritu guía la
votación y por eso, según el n.84 de la Fórmula, “el elegido no puede rechazar la
elección”. Nuestra misión consiste en escuchar atentamente, pero a la vez en
confiar en que, aun en el caso de que yo necesitase baterías para mi audífono
espiritual, puedo estar tranquilo, porque el Espíritu sabrá encontrar, a través de
este grupo de hermanos, la persona que Él ha elegido. Confiemos en que Jesús
nos va a dar su Espíritu, por más bloqueados que podamos sentirnos.

78
En realidad tengo serias dudas de que haya sido la prudencia la que haya
impedido a Ignacio referirse al Espíritu Santo. Por cierto, la Inquisición jamás le
intimidó, y se sentía lleno de consolación en lo que llamaríamos momentos de
Tercera Semana. Escribiendo al rey de Portugal sobre los procesos de la
Inquisición, decía: “por cuanta potencia y riquezas temporales hay debajo del
cielo, yo no quisiera que todo lo dicho no fuera pasado por mí, con deseo que
mucho más delante pasara, a mayor gloria de su divina Magestad”.

Pienso que Ignacio habló tan poco del Espíritu Santo porque no quería que sus
palabras distrajesen a los que estaban en dudas y a los Inquisidores de las
verdades del Espíritu; quería que experimentasen el gozo, los dones, y la misión
que de Él provienen. El silencio de Ignacio deja espacio para que cada uno
contemple y experimente la acción del Espíritu. Que al celebrar esta mañana la
Eucaristía en este altar, el Espíritu llene nuestro silencio con el gozo y los dones
necesarios para afrontar nuestra misión en el día de hoy, que es elegir a quien el
Señor ha designado.

(Original: inglés)

79
HOMILÍA DEL P. ARTURO SOSA, S.J.

Misa de Acción de gracias Iglesia del Gesù, Roma


15 de octubre de 2016

Lecturas: Eclo 39 : 6-10 (gr) ; Rom 15 : 2-7 ; 16, 17-18. 25-27 ; Mc 13: 33-37

Hace pocos días, en esta misma iglesia del Gesù, donde reposan los restos de
San Ignacio y de Pedro Arrupe, el P. Bruno Cadoré nos invitó a tener la audacia
de lo improbable como actitud propia de las personas que buscan testimoniar su fe
en el complejo contexto actual de la humanidad. Nos instaba a dejar atrás el
miedo y a remar mar a dentro como actitud necesaria para ser al mismo tiempo
creativos y fieles durante la Congregación General.

Ciertamente, la audacia que necesitamos para ser servidores de la misión de


Cristo Jesús sólo puede brotar de la fe. Por eso nuestra mirada se dirige en primer
lugar a Dios, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo, como nos recuerda el
texto del Evangelio que acabamos de escuchar. Y como nos recuerda la Formula
del Instituto, en el n.1: “Procure (el jesuita) tener ante los ojos mientras viva,
primero a Dios, y luego el modo de ser de su Instituto”. Más aún, queremos poner
todo nuestro corazón en sintonía con el Padre Misericordioso, con el Dios que es
solo Amor, el Principio y Fundamento nuestro. El corazón de cada uno de nosotros
y también el corazón del cuerpo de la Compañía.

Si nuestra fe es como la de María, madre de Jesús y madre de la Compañía de


Jesús, nuestra audacia puede ir aún más allá y buscar no solo lo improbable, sino
lo imposible, porqué para Dios nada es imposible, como proclama el arcángel
Gabriel en la escena de la Anunciación (Lc 1,37). Es la misma fe de la Santa de
Ávila, Santa Teresa de Jesús, cuya memoria celebramos hoy. Ella también, sin
miedo, confió en el Señor para emprender lo improbable y lo imposible.

Pidamos, pues, al Señor esta fe, para que podamos hacer nuestras, como
Compañía de Jesús, las palabras de María al responder a la extraordinaria
llamada recibida: he aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Como Ignacio y los primeros compañeros, como tantos hermanos nuestros que
han militado y militan bajo el estandarte de la cruz, sirviendo sólo al Señor y a su
Iglesia, queremos también nosotros contribuir a cuanto hoy parece imposible: una
humanidad reconciliada en la justicia, que vive en paz en una casa común bien
cuidada, donde hay lugar para todos, porque todos nos reconocemos hermanos y
hermanas, hijos e hijas del mismo y único Padre.

Por eso nos reafirmamos en la convicción que tenía San Ignacio al escribir las
Constituciones: Porque la Compañía, que no se ha instituido con medios
humanos, no puede conservarse ni aumentar con ellos, sino con la mano
omnipotente de Cristo Dios y Señor Nuestro, es menester en Él solo poner la
esperanza (Cons. 812).

80
Con la esperanza puesta en Dios y sólo en Él, la Congregación General
continuará con sus deliberaciones y contribuirá a la responsabilidad del buen
gobierno y conservación y aumento de todo el cuerpo de la Compañía (Cons.
719).

Conservar y desarrollar el cuerpo de la Compañía está estrechamente relacionado


con la profundidad de la vida espiritual de cada uno de sus miembros y de las
comunidades en las que compartimos la vida y misión con los compañeros. Al
mismo tiempo es necesaria una extraordinaria profundidad intelectual para pensar
creativamente los diversos modos con los que nuestro servicio a la misión de
Cristo Jesús puede ser más eficaz, conforme a la tensión creativa del magis
ignaciano. Pensar para entender en profundidad el momento de la historia humana
que vivimos y para contribuir a la búsqueda de alternativas que intenten superar la
pobreza, la desigualdad, la opresión. Pensar para no dejar de proponer las
preguntas pertinentes a la teología y para profundizar la comprensión de la fe, que
pedimos al Señor aumente en nosotros.

No estamos solos. Como compañeros de Jesús queremos también nosotros


seguir el camino de la encarnación, haciéndonos semejantes a los seres humanos
que sufren las consecuencias de la injusticia. La Compañía de Jesús podrá
desarrollarse en colaboración con otros, sólo si se vuelve mínima Compañía
colaboradora. Atención a las trampas del lenguaje. Queremos aumentar la
colaboración, no solo buscar a otros para que colaboren con nosotros, con
nuestras obras, porque no queremos perder el prestigio de la posición de quien
tiene la última palabra. Queremos colaborar generosamente con otros, dentro y
fuera de la Iglesia, con la conciencia que surge de la experiencia de Dios, de estar
llamados a la misión de Cristo, que no nos pertenece en exclusividad, sino que
compartimos con muchos hombres y mujeres consagrados al servicio de los
demás.

En nuestro camino hacia una mayor colaboración, con la gracia de Dios, vamos a
encontrar siempre nuevos compañeros que hagan crecer el número, siempre
mínimo por grande que sea, de colaboradores, invitados con otros a formar parte
de este cuerpo. No hay ninguna duda acerca de la necesidad de aumentar nuestra
oración y nuestro trabajo por las vocaciones a la Compañía y de continuar el
complejo compromiso de ofrecerles una formación que haga de ellos verdaderos
jesuitas, miembros de este cuerpo multicultural llamado a testimoniar la riqueza de
la interculturalidad como rostro de la humanidad, creada a imagen y semejanza de
Dios.

Apliquémonos, pues, el día de hoy, las palabras del apóstol Pablo: el Dios de la
perseverancia y de la consolación os conceda tener unos con otros los mismos
sentimientos a ejemplo de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y una sola
voz glorifiquen a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo (Rom 15, 5-6).

(Original: italiano)

81
HOMILÍA
P. Arturo Sosa, S.J.
Misa de Clausura de la Congregación General 36
Iglesia de Sant’Ignazio, Roma
12 de noviembre de 2016

Lecturas : 1 Jn 4, 7-16 ; Sal 144 ; Mc 16,15-20

Al final de una fuerte experiencia de discernimiento suele aparecer en nosotros un


sentimiento de vértigo frente a lo que va a venir después. Sentimos la dificultad de
dar vida a la elección realizada, de convertirnos al modo de proceder que exprese
la decisión que hemos tomado siguiendo el soplo del Espíritu Santo.

Los Ejercicios Espirituales de san Ignacio presentan como transición a la vida


cotidiana la “contemplación para alcanzar amor”. Una contemplación en la que
resuena con fuerza la primera carta del apóstol san Juan que acabamos de
escuchar. Dios quiere darse a conocer como Aquel que es Amor. Por eso se hace
presente en la humanidad enviando a su Hijo, gesto de amor que nos da vida, la
única vida verdadera a la que nosotros aspiramos. Dios Padre pone en práctica
las dos observaciones que nos hace san Ignacio al comienzo de la contemplación:
“el amor se debe poner más en las obras que en las palabras” y “el amor consiste
en comunicación de las dos partes”, en la que cada uno da todo lo que tiene y es.
El Señor se ha entregado totalmente, hasta la muerte en cruz, y está con nosotros
todos los días hasta el fin del mundo, porque nos ha dado su Espíritu. San Ignacio
nos invita a pedir el reconocimiento de tanto bien recibido como motor para que
también nosotros nos entreguemos enteramente para en todo amar y servir a su
divina Majestad.

Esta es la frase que ha guiado nuestras sesiones en el aula de la Congregación.


Cristo en cruz ha estado presente en nuestras tareas para llevar nuestro
discernimiento más allá de nuestros razonamientos, de nuestros gustos o
malestares, para llegar a la consolación que proviene de estar en sintonía con la
voluntad del Padre. Jesús, en la víspera de su pasión, se acercó al monte los
Olivos y luchaba en su oración incluso hasta sudar “como gotas espesas de
sangre” para aceptar las consecuencias de su misión, bastante alejadas de lo que
le gustaba o con las que pudiera estar de acuerdo. Nosotros también nos
quedamos impactados por los testimonios de nuestros hermanos en situaciones
de guerra y así, nos sentimos empujados por el amor para decir juntos: “Tomad,
Señor, y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi
voluntad. Todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis; a Vos, Señor, lo torno;
todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia,
que esta me basta”.
También en esta Congregación General hemos vivido de nuevo esta experiencia
del amor de Dios que se hace presente de modos tan distintos en nuestra vida
personal y en nuestro cuerpo de compañeros de Jesús. Una vez más nos ha

82
sorprendido la abundancia, la variedad y la profundidad de sus dones. Todo lo que
hemos experimentado ha sido gracia, don gratuito y sorprendente.

El proceso de discernimiento de la Compañía reunida en Congregación General


nos pone ante el reto de convertirnos en ministros de la reconciliación en un
mundo que no se ha detenido durante nuestras deliberaciones. Las heridas de las
guerras siguen ahondándose, los flujos de refugiados crecen, los sufrimientos de
los migrantes nos golpean cada vez más, el Mediterráneo se ha tragado decenas
de personas en estas semanas que nosotros hemos pasado juntos. Las
desigualdades entre los pueblos y dentro de las naciones son el signo del mundo
que desprecia a la humanidad. La política, ese “arte” de negociar para poner el
bien común por encima de los intereses particulares sigue debilitándose ante
nuestros ojos. Los intereses particulares, de hecho, enmascarados bajo capa de
nacionalismos, eligen gobernantes y toman decisiones que detienen los procesos
de integración y el actuar como ciudadanos del mundo. La política no consigue
convertirse en el modo humano de tomar decisiones razonables cuando renuncia
a invocar la imposición de los poderosos. El deseo profundo de las madres y de
los niños de todos los rincones del mundo de poder vivir una vida en paz, con
relaciones fundadas en la justicia, parece alejarse en medio de conflictos y guerras
por motivos opuestos al amor que nos puede hacer vivir.

Nuestro discernimiento nos lleva a ver este mundo con los ojos de los pobres y a
colaborar con ellos para hacer crecer la vida verdadera. Nos invita a ir a las
periferias y a intentar comprender cómo afrontar globalmente la totalidad de la
crisis que impide las condiciones mínimas de vida a la mayoría de la humanidad y
pone en riesgo la vida sobre el planeta Tierra, para abrir espacio a la Buena
Nueva. Nuestro apostolado es, por lo tanto, necesariamente intelectual. Los ojos
misericordiosos que hemos adquirido al identificarnos con Cristo en cruz nos
permiten afrontar la comprensión de todo lo que oprime a los hombres y mujeres
de nuestro mundo. Los signos que acompañan nuestro anuncio del Evangelio son
los que corresponden a expulsar los demonios de las falsas comprensiones de la
realidad. Por eso aprendemos lenguas nuevas para comprender la vida de los
distintos pueblos y para compartir la Buena Nueva de la salvación para todos. Si
abrimos nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo y nuestras mentes a la
verdad del amor de Dios no beberemos el veneno de las ideologías que justifican
la opresión, la violencia entre los seres humanos y la explotación irracional de las
reservas naturales. Nuestra fe en Cristo muerto y resucitado nos permitirá
contribuir, con tantos otros hombres y mujeres de buena voluntad, a imponer las
manos sobre este mundo enfermo y colaborar en su curación.

Vayamos, pues, a predicar el Evangelio por todas partes, consolados por la


experiencia del amor de Dios que nos ha puesto juntos como compañeros de
Jesús. Como a los primeros Padres, el Señor nos ha sido propicio en Roma, y nos
envía a todos los lugares del mundo y a todas las culturas humanas. Vayamos
confiados porque Él trabaja a nuestro lado y confirma con signos inéditos nuestra
vida y misión.
(Original: italiano)

83
CG 36: LISTA DE LOS PARTICIPANTES

Apellido, Nombre Título Procedencia Conferencia


Afiawari, Chukwuyenum A. Elector ANW JES
Afulo, Joseph O. Provincial AOR JES
Almeida, Miguel Nuno de Elector POR EUR
Alonso Vicente, Pablo José Elector ESP EUR
Alvarado López, Rolando E. Provincial CAM PAL
Álvarez de los Mozos, Francisco
Elector ESP EUR
Javier
Amalraj, Paramasivam Stanislaus Provincial AND JCS
Assouad, Victor Elector PRO EUR
Barrero Díaz, Joaquín Consejero General CUR EUR
Béré, Paul Elector AOC JES
Biron, Jean-Marc Provincial GLC JCU
Bisson, J. Peter Provincial CDA JCU
Bresciani, Ivan Elector SVN EUR
Bürgler, Bernhard Elector ASR EUR
Calderón Schmidt, Gustavo Elector ECU PAL
Cancino Franklin, Alejandro Patricio Elector MEX PAL
Cariou-Charton, Sylvain Elector GAL EUR
Casalone, Carlo Elector ITA EUR
Castro Fones, Pablo Elector CHL PAL
Cecero, John J. Provincial UNE JCU
Cela Carvajal, Jorge Presidente Conferencia PAL PAL
Chimhanda, Chiedza Provincial ZIM JES
Chirveches Pinaya, Osvaldo A. Provincial BOL PAL
Chiti, Peter Leonard Elector ZAM JES
Chong, Che-chon John Provincial KOR CAP
Chow Sau-yan, Stephen Elector CHN CAP
Ciancimino, David S. Elector UNE JCU
Collins, David J. Elector MAR JCU
Consolmagno, Guy J. Elector JCU JCU
Corcoran, Anthony J. Elector RUS EUR
Correa Jaramillo, Carlos Eduardo Provincial COL PAL
Correia, José Manuel Frazão Provincial POR EUR
Costa, António Virgílio Oliveira e Elector ZIM JES
Costantino, Joseph S. Elector UNE JCU
Côté, Gabriel Elector GLC JCU
Cribb, Ian Elector CAP CAP
Cruzado Silveri, Miguel Gabriel Consejero General CUR PAL
CAP
Curtin, Stephen Elector ASL

84
Cutinha, Jerome Elector JAM JCS
Dardis, John Presidente Conferencia EUR EUR
Dartmann, Stefan Elector GER EUR
D'Cruz, Wendell Elector BOM JCS
D'Cunha, Vernon Provincial BOM JCS
de Roux Rengifo, Francisco José Elector COL PAL
Del Campo Simonetti, Cristián Provincial CHL PAL
Devadoss Mudiappasamy, Elector MDU JCS
Díaz Marcos, Cipriano Elector ESP EUR
D'Mello, Joseph A. Elector KAR JCS
Dobbelstein, Thierry Elector BML EUR
D'Souza, Lisbert Consejero General CUR JCS
D'Souza, Stanislaus Jerome Provincial KAR JCS
Dubovský, Peter Elector SVK EUR
Dumortier, François-Xavier Elector GAL EUR
Echarte Oñate, Ignacio Oficial mayor CUR EUR
Edema, James Elector JES JES
Eidt, João Renato Provincial BRA PAL
Etxeberria Sagastume, Juan José Elector ESP EUR
Fernandes, George Provincial JAM JCS
Fernandes, Stanislaus Elector PUN JCS
Fernández Dávalos, David de Jesús Elector MEX PAL
Francis Xavier Periyanayagam, Elector MDU JCS
Freire Yánez, Gilberto Provincial ECU PAL
Friedrich, Ryszard Elector PMA EUR
Ganza Gasanana, Jean-Baptiste Elector RWB JES
Garanzini, Michael J. Miembro (FCG7) CUR JCU
García Jimenez, José Ignacio Elector ESP EUR
Gartland, James G. Elector CDT JCU
Geisinger, Robert J. Elector CDT JCU
Gonsalves, Francis Elector GUJ JCS
Greene, Thomas P. Elector UCS JCU
Grenet, Jean-Yves Provincial GAL EUR
Grieu, Etienne Elector GAL EUR
Grummer, James E. Consejero General CUR JCU
Guiney, John K. Elector HIB EUR
Hernandez, Jean-Paul Elector ITA EUR
Herry Priyono, Bernardinus Elector IDO CAP
Heru Prakosa, Yoannes Berchmans Elector IDO CAP
Howard, Damian Elector BRI EUR
Huang, Daniel Patrick L. Consejero General CUR CAP
Hurtado Durán, Manuel Gilberto Elector BOL PAL

85
Hussey, Robert M. Provincial MAR JCU
Iznardo Almiñana, Francisco Elector CAM PAL
Janin, Franck Provincial BML EUR
Jebamalai Irudayaraj L., Elector MDU JCS
Jeerakassery, Sebastian J. Elector DEL JCS
Jeyaraj, Veluswamy Provincial CCU JCS
Kajiyama, Yoshio Provincial JPN CAP
Keller, Herbert B. Elector MAR JCU
Kerhuel, Antoine Consejero General CUR EUR
Kesicki, Timothy P. Presidente Conferencia JCU JCU
Kiechle, Stefan Provincial GER EUR
Kolacz, Jakub Provincial PME EUR
Kot, Tomasz Consejero General CUR EUR
Kowalczyk, Dariusz Elector PMA EUR
Kujur, Joseph Marianus Provincial RAN JCS
Kurien, Francis Provincial HAZ JCS
Kyungu Musenge, Rigobert Elector ACE JES
Lado Tonlieu, Ludovic Elector AOC JES
Lamanna, Thomas J. Elector ORE JCU
Lawler, Thomas A. Provincial WIS JCU
Layden, Thomas Provincial HIB EUR
Lee Hua, John Provincial CHN CAP
Lenk, Martin Elector ANT PAL
Lewis, Michael Presidente Conferencia JES JES
Lobo, John Wilfred Elector DAR JCS
Lombardi, Federico Consejero General CUR EUR
Loua, Zaoro Hyacinthe Provincial AOC JES
Lozuk, Anto Elector CRO EUR
Luna Pastore, Alberto Cristóbal Elector PAR PAL
Magadia, José Cecilio Consejero General CUR CAP
Magaña Aviña, José Francisco Provincial MEX PAL
Magro, Patrick Elector MAL EUR
Malvaux, Benoît Oficial mayor CUR EUR
Mangai, Varghese Poulose Elector CCU JCS
Manickam, Irudayaraj Elector GUJ JCS
Manwelo, Paulin Elector ACE JES
Marcouiller, Douglas W. Consejero General CUR JCU
Maruthukunnel, Jose Jacob Elector KER JCS
Masawe, Fratern Consejero General CUR JES
Mascarenhas, Agnelo Elector GOA JCS
Matarazzo, Gianfranco Provincial ITA EUR
McCarthy, John W. Elector CDA JCU

86
McClain, J. Thomas Oficial mayor CUR JCU
McCoy, Brian Provincial ASL CAP
McFarland, Michael C. Elector UNE JCU
Mercier, Ronald A. Provincial UCS JCU
Mesa Baquero, José Alberto Miembro (FCG7) CUR PAL
Migacz, Andrzej Elector PME EUR
Minaku Lukoli, José Provincial ACE JES
Minj, Francis Elector RAN JCS
Minj, Kalyanus Provincial MAP JCS
Minj, Santosh Elector HAZ JCS
Morante Buchhammer, Juan Carlos Provincial PER PAL
Moreno, Antonio F. Provincial PHI CAP
Morgalla, Stanislaw Elector PME EUR
Mumba, Emmanuel Provincial ZAM JES
Mutholil, George Provincial KER JCS
Nebres, Bienvenido F. Elector PHI CAP
Ngo, Chi Van Elector CFN JCU
Nguyên Hai Tính, Francis Xavier Elector VIE CAP
Nicolás, Adolfo P. General CUR CAP
Odiaka, Jude O. Provincial ANW JES
Oh, In-don Francisco Elector KOR CAP
O'Keefe, Joseph M. Elector UNE JCU
Oliveira, Pedro Rubens Ferreira de Elector BRA PAL
Orobator, Agbonkhianmeghe
Elector AOR JES
Emmanuel
Ortmann, Tomasz Provincial PMA EUR
Palacio Larrauri, Alfonso Carlos Elector BRA PAL
Pallippalakatt, Varghese Provincial DUM JCS
Pandikattu, Kuruvilla Elector DUM JCS
Parmar, Francis Provincial GUJ JCS
Pathirana, Angelo Sujeeva Elector SRI JCS
Pattery, George Presidente Conferencia JCS JCS
Paul, Claudio Elector BRA PAL
Paulson, Brian G. Provincial CDT JCU
Peraza Celis, Arturo Ernesto Provincial VEN PAL
Perekkatt, Varkey Provincial DEL JCS
Pham, Hung T. Elector UCS JCU
Pham Thanh Liêm, Joseph Provincial VIE CAP
Power, Stephen Elector EUR EUR
Preston, Dermot Provincial BRI EUR
Pudota Rayappa John Susai Raj, Elector AND JCS
Puig Puig, Llorenç Elector ESP EUR

87
Rabeson, Solofonirina Jocelyn Elector MDG JES
Raj, Susai Elector PAT JCS
Ramos, Eudson Elector PAL PAL
Ranaivoarson, (Pierre André) Provincial MDG JES
Raper, Mark Presidente Conferencia CAP CAP
Rasiah, Jeyaraj Provincial SRI JCS
Ratsimbazafy, Fulgence Elector MDG JES
Ravizza, Mark A. Elector CFN JCU
Ribeiro, Elton Vitoriano Elector BRA PAL
Roca Alcázar, Fernando Elector PER PAL
Rocha, Rosario Provincial GOA JCS
Rodríguez Tamayo, Gabriel Ignacio Consejero General CUR PAL
Ruiz Pérez, Francisco José Provincial ESP EUR
Rutishauser, Christian Michael Elector HEL EUR
Sakuma, Tsutomu Elector JPN CAP
San Juan, Karel S. Elector PHI CAP
Sansare, Bhausaheb Provincial PUN JCS
Santarosa, Scott R. Provincial ORE JCU
Sarmento, Joaquim Francisco da
Elector ETR CAP
Silva
Sarralde Delgado, Luis Javier Elector COL PAL
Sebasti L. , Raj Provincial MDU JCS
Siebner, Johannes Elector GER EUR
Smolich, Thomas H. Miembro (FCG7) CUR JCU
Sosa Abascal, Arturo Marcelino Consejero General CUR PAL
Spadaro, Antonio Elector ITA EUR
Standaert, Nicolas Elector BSE EUR
Stegman, Thomas D. Elector WIS JCU
Stuchly, Josef Elector BOH EUR
Sugiyo Pitoyo, Agustinus Elector IDO CAP
Sunu Hardiyanta, Petrus Provincial IDO CAP
Susaimanickam, Arul Elector KHM JCS
Talos, Marius Elector ROM EUR
Tigga, Boniface Elector PAT JCS
Tigga, Ranjit Elector MAP JCS
Tilve, Alejandro Provincial ARU PAL
Torres Santos, Luis Orlando Elector UCS JCU
Tshering, Kinley Joseph Provincial DAR JCS
Tustonjic, Ante Provincial CRO EUR
Uher, Rudolf Provincial SVK EUR
Vadassery, Jose J. Provincial PAT JCS
Van Drunen, Theo Elector NER EUR

88
Vaz, Dionysius Elector KAR JCS
Vaz, Thomas Elector JCS JCS
Velasco, Luis Rafael Elector ARU PAL
Veramendi Espinoza, Johnny José Elector VEN PAL
Verschueren, Johan Provincial BSE EUR
Vidal González, Javier Provincial ANT PAL
Vitkus, Gintaras Elector LIT EUR
Vizi, Elemér Elector HUN EUR
Weiler, Michael F. Provincial CFN JCU
Xess, Ajit Kumar Elector RAN JCS
Younès, Dany Provincial PRO EUR

89

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