Psicosis en la Infancia y Sujeto
Psicosis en la Infancia y Sujeto
Bienvenidos.
Voy a retomar primero que nada, algo que ustedes estuvieron trabajando
recientemente y que nos va a orientar para pensar la constitución subjetiva:
Se trata de la Afirmación Primordial y del Nombre del Padre. Ustedes saben que
hay un momento de entrada del sujeto en la estructura, y uno se podría preguntar
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cómo se articula un momento mítico -donde el lenguaje entra en el cuerpo-, con lo
histórico del sujeto. Esta es una pregunta que me parece que no se puede
terminar de contestar porque hay una dimensión de lo enigmático en esto, de
cómo es el encuentro del cuerpo de un niño con el lenguaje. Para que un niño
acceda a ser sujeto tiene que poder dejar de ser objeto. El niño nace inicialmente
en una posición y tiene que acceder a poder ser un sujeto. Cuando estamos en
este punto, ustedes ya un poco lo vienen trabajando, hay una afirmación
primordial que pone en juego la entrada de los significantes, y a propósito de esto,
les voy a contar una leyendita, que es en realidad una crónica que hizo Salimbene
de Adám, un cronista del medioevo. Quizás ustedes hayan escuchado hablar de
cuestiones que tienen que ver con el marasmo, con como niños que nacen en
situaciones de desamparo absoluto, alojados en instituciones, sin contar con un
deseo particularizado de alguien que haga las veces de Otro primordial, y que
mueren pese a ser objeto de cuidados elementales.
Entonces, les decía, hay una crónica de un cronista medieval, Salimbene de Adán,
que cuenta que Federico II, estoy hablando del año 1220, hizo un experimento.
Porque él se preguntaba cuál era la lengua “verdadera” del ser humano; entonces
pensaba que si se dejaba a los niños sin las palabras del otro, sin los cantos del
otro, se iba a poder saber cual era el “verdadero” lenguaje de los seres humanos,
qué lenguaje iban a hablar cuando lo hicieran. Estos experimentos científicos, que
hoy en día se siguen haciendo con niños en el colmo de la segregación, ya en esa
época se hacían. Y esta pregunta de Federico II, que también pone en juego la
segregación en relación a cuál sería la verdadera lengua, porque la pelea era,
bueno, ¿hablaría latín, alguna lengua romance, hablaría hebreo? Como una
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aspiración a que “la lengua verdadera es la mía.” Esas peleas clásicas por la cosa
nacional. La cuestión es que Federico II ordena a las nodrizas y ayas que
amamanten a los niños sin hablarles ni cantarles, sin dirigirles ninguna mirada. Y
lo que reporta este cronista medieval es que todos esos niños murieron. Nosotros
tenemos la experiencia dramática de chicos que nacen en situaciones así, y esto
pone en juego la vida o la muerte y en caso de supervivencia, la entrada o no en la
estructura. Entonces nos queda bien claro hasta qué punto no basta con satisfacer
necesidades, que no se trata del objeto de la necesidad, sino de todo un deseo
que se transmite y que pone en juego el trabajo de varias generaciones.
En las Jornadas sobre la Infancia Alienada, en esta sesión de clausura que les
comentaba, Lacan después de escuchar dos días presentaciones de diversos
analistas con las más diversas orientaciones respecto del trabajo con niños,
plantea por un lado que se pasó los días escuchando y en ningún momento
escuchó hablar del goce y de la relación sexual. Y plantea entonces algo
fundamental, que debe ser me parece una premisa en la práctica con niños, y es
que el analista no puede consentir a que el niño quede gozado. Algo de esto es lo
que vamos a situar ahora en este cuadro. Entonces, en este punto donde sí
operan, entran significantes, pero no todos, -sabemos que siempre alguna
forclusión de significantes hay, no pueden entrar todos en el aparato-, pero cuando
lo simbólico opera sabemos que opera el nombre del padre.
Entonces habrá verwerfung de muchos significantes, pero para que haya neurosis
es condición que el Nombre del padre está en juego. Cuando el Nombre del Padre
opera, tenemos dos respuestas posibles del niño, y cuando no opera tenemos una
tercera respuesta posible. Esto es lo que plantea Lacan en Dos notas sobre el
niño. Y lo retoma Eric Laurent en el texto que les nombraba.
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DM
Pero sobre el deseo de la madre va a intervenir el Nombre del padre, y es por esa
operación del Nombre del padre, de la metáfora paterna, que el niño va a poder
contar con una significación fálica. En la medida en que el niño (x) entra en la
significación fálica puede producir su propio síntoma, su modo de responder. Pero
para que esto suceda, hay algo que nos va a quedar claro: Tiene que haber
operación del Nombre del Padre. Tiene que funcionar la metáfora paterna.
NP . DM= NP. 1
DM x f
En cambio, donde hay forclusión del nombre del padre, encontramos lo que
podríamos escribir de este modo:
GM
Hay que aclarar que decir que el niño queda capturado en el goce materno, es un
modo de decir que no hubo entrada del padre en tanto nombre. No se trata
necesariamente de la persona de la madre, ni del padre. Siempre aclaramos esto,
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¿no? No es que se trata de la persona de la madre o de la persona del padre, esto
puede tomar diferentes opciones. Se trata de funciones.
Que haya deseo de la madre en juego, habla entonces de que la madre es una
mujer, y esto también nos permite situar otra cuestión que Lacan critica
primordialmente en esas sesiones de clausura que citábamos: Lacan denuncia
como hay todo un mito del niño y su madre; y como muchos analistas, Winnicott
hablando de la madre suficientemente buena, etc., arman el mito de la madre con
su hijo, y de la armonía de la relación en la madre e hijo, y precisamente Lacan
señala los estragos que puede producir en un niño esa famosa armonía.
Lacan, a diferencia de Mannoni, señala que en realidad lo que hay es, simbiosis
entre dos significantes. Nosotros ya veníamos viendo en la fórmula que escribimos
que DM y NP ya implican dos significantes, por lo menos dos. S1 y S2; en tanto
hay operación del Nombre del padre y por lo tanto hay sujeto, podemos pensar en
la operación de la metáfora que permite que haya síntoma y, entonces,
retroactivamente la significación de la que veníamos hablando. Ahora, ¿qué
sucede en este punto, en la psicosis, donde no hay operación de la metáfora
paterna? Lacan habla de algo que se llama holofrase, que es el S1 y el S2
pegados. Simbiosis de dos significantes.
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produzcan una nueva significación. No opera la metáfora. Y por tanto no hay como
producir significación fálica. Entonces, lo que tenemos es el S1 solo. Cuando
hablamos de los niños autistas a veces decimos: son los niños del S1 solo. De
hecho, lo que van a comprobar en algún momento que trabajen en la clínica es
que los niños autistas o están por fuera de la posibilidad de tomar la palabra o
quizás la toman, pero como una palabra repetitiva con un movimiento
estereotipado, con una dificultad para precisamente contar con la posibilidad de la
operación de la metáfora y la sustitución significante. El punto es entonces que,
cuando estamos en la dimensión del autismo, podríamos decir que para el autista
justamente no está el Otro barrado -porque si algo hace la operación del nombre
del padre es producir la barra en el Otro.
Ustedes saben que es S. Freud quien advierte que el ser humano es el cachorro
que más desamparado nace, que necesita de la asistencia del Otro y que esa es
la fuente de todos los motivos morales, este radical desamparo del cachorro
humano. La fuente de todos los motivos morales en términos de que
permanentemente se juega en el sujeto una elección que implica su relación al
Otro. Cuando a ustedes en algunos teóricos se les hablaba de la ética del
psicoanálisis y la ética del sujeto y que en la misma producción del síntoma, por
ejemplo en la neurosis, se juega una decisión ética. Bueno es muy difícil de
pensar, pero hay un punto donde hay lo que Lacan nombra como “Insondable
decisión del ser”, y es un punto en que el sujeto rechaza o no entrar en la
estructura. Cuando Lacan sitúa en Dos notas sobre el niño esas dos posiciones
tan radicalmente diferentes (y me faltó hablar de una tercera que luego
mencionaremos), la del niño como síntoma de la pareja parental y la del niño
como objeto del fantasma de la madre, como objeto condensador de goce del
Otro; precisamente ahí vemos que hay una diferencia que se puede situar en el
plano del funcionamiento pleno de la metáfora, y que en el autismo y en la psicosis
no lo podemos encontrar.
Entonces, el Otro para el niño autista, o es una pura presencia, o una pura
ausencia. No hay fort-da. No hay juego de por lo menos dos significantes que
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separen los cuerpos, no hay barra. No hay significación fálica. Y el niño entonces
se sitúa más como objeto que como sujeto, está como un objeto más entre los
objetos de lo real. Pensemos en estos términos: lo simbólico no está operando, la
entrada del lenguaje está dificultada, el sujeto no logra tomar la palabra y tomar
posición. Siempre decimos, un neurótico para hablar comete un fallido y dice
“¿Qué dije?” y tiene que dar cuenta de lo que dijo, de su enunciación. Esto no
sucede en la psicosis. No hay posibilidad de una significación compartida, por que
el falo no esta incluido, la metáfora no opera. Por eso vimos en Schreber, cómo se
vuelve necesario armar una metáfora delirante para siginificar el mundo y su lugar
en él.
Autismo
Por eso es tan llamativa la posición de Lacan de señalar, en “Dos notas sobre el
niño”: se trata de respuestas del niño, no se trata solo de qué lugar le otorga el
Otro, sino que también se trata de la respuesta que produce el niño.
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en la tercera, una psicosis”. Pero en ese trabajo también hay la respuesta del niño,
la posición del niño de quedar dando una respuesta de rechazo radical. Tal vez en
el encuentro con el rechazo del Otro. O una respuesta decidida de entrada en la
estructura. La insondable decisión del ser de la que hablábamos.
Hay un caso de Rosine Lefort en este libro que les mencionaba: “El nacimiento
del Otro”, donde hay una niña que se está criando en un hogar , entre otros niños
en situaciones de máximo desamparo y cuando el analista empieza a acercarse a
la institución, la niña que primero no parecía tener el menor registro ni , ni
mostraba el menor interés respecto de ella; en determinado momento cuando la
ve remitirse a otros niños, en plena “invidia”, diría Lacan, la niña queda capturada
en la escena que mira, se fascina y se empieza a enganchar, a partir de ver a R.
Lefort que está asistiendo a otro niño.
Y la analista, a partir de esta mirada vivaz que por primera vez surge en esta
nena, puede ingresar en la vida de esta niña y ahí sí empezar a trabajar con ella,
produciéndose toda una serie de resultados, que hasta ese momento no parecían
esperables. Es un momento muy particular el momento donde en un niño así
surge cierta mirada que lo engancha a la vida, porque mientras tanto permanecía,
como les decía antes, como un objeto más entre los objetos de lo real. Ahí se
produce entonces otra respuesta del niño.
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En la clínica con autismos y psicosis, una cuestión que se hace necesaria
también es el trabajo con el intercambio de objetos. Para que el niño deje de ser el
objeto del Otro, y en esto sabemos que no se trata solo de haya efectivamente un
Otro que lo goce, sino de algo que aprendimos a situar en Schreber también, un
niño que está tomado por la iniciativa del Otro respecto de él. El Otro que se le
arma en estos casos al niño, es siempre otro de goce, y va derechito a tomar ese
hueco. Es una respuesta de quedar ofrecido a llenar el hueco del Otro. Sebi, ese
nene que les contaba, dormía en el hueco de la espalda de la madre. Había como
un huequito donde la madre decía: “Yo no sé cómo hace, pero hay un huequito,
donde se mete”. Por supuesto, ya ahí no había nada que opere separando ese
cuerpo del niño del cuerpo de la madre. Ningun significante que opere. Ahí la
simbiosis significante. Entonces podríamos decir que no hay cuerpo ahí.
Precisamente lo que sucede es que no se constituye un cuerpo verdaderamente, y
los efectos son devastadores: Cuando no opera el Nombre del Padre, la
significación fálica, lo pulsional no se organiza. El goce está totalmente
deslocalizado, no hay agujeros, no se recortan las zonas erógenas. Y esto implica
consecuencias catastróficas, por ejemplo, en lo imaginario, en los niños autistas y
psicóticos también, es todo un trabajo que puedan situar agujeros, continentes,
contenidos. Sebi gritaba desesperado si al lavarse, aproximaba una de sus manos
al desague de la pileta. Como si su mano o todo él se pudieran ir junto con el
agua, por los agujeritos.
Porque en la relación con el Otro, para que verdaderamente haya una operación
del nombre, si hay operación del Nombre del padre, se barra el sujeto, se barra el
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Otro y entonces el niño puede extraer objetos del Otro. ¿Qué quiere decir esto?
Por ejemplo, cuando decimos para el niño el seno es de él, no de la madre, hay
algo que él está pudiendo tomar del Otro y en ese punto hay algo donde él puede
agujerear al Otro, haciéndole falta, incluyéndose en el circuito de la demanda y del
deseo. El niño psicótico probablemente va a gritar aterrorizado ante un plato de
arroz que se querría comer. Tal vez grite “mamá” frente a un plato de arroz, pero
no puede enlazar el objeto de la necesidad con el objeto del amor. Y esto lo deja
en una profunda dificultad, en una coyuntura dramática.
Les había dicho que había algo que no les había mencionado de este lado.
Cuando Lacan habla de dos respuestas del niño dentro del plano de la operación
del Nombre del Padre, una es la respuesta del niño como síntoma de la pareja
parental, independientemente de los modos que se armen las parejas (que se
diversificaron en esta época). Es la respuesta que más marco de intervención da a
un analista, la del niño que en todo caso hace un síntoma: Se hace pis, o hace
mucho lío, o le va mal en la escuela. Bueno, para situar ahí algo que está
pasando respecto de su lugar en la familia: Responde con su síntoma a los
síntomas de los padres. Tiene su síntoma propio, ya situado como sujeto y ahí
está el marco de intervención del analista.
Hay una tercer respuesta posible que hoy solo vamos a mencionar, más adelante
lo trabajarán en clases, en la perversión. Allí hay, como en la neurosis,
significación fálica en juego, pero el niño se queda respondiendo como falo de la
madre y se eterniza en esta posición.
Volvamos a la posición, que nos ocupa hoy, la de la psicosis, la del niño como
objeto del fantasma materno. Hay algo que llama la atención, y sobre todo
después de haber trabajado la demencia precoz con Kraepelin, me parece que
está bueno que lo retomemos, que es como cuando el niño queda situado como
condensador de goce del otro, bueno, su cuerpo queda completamente
desorganizado. ¿Recuerdan diferencias que establecíamos entre esquizofrenia y
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paranoia? Se acuerdan que planteamos una división entre esquizofrenia y
paranoia. Podríamos decir que dentro de la esquizofrenia el autismo es una
posición. Lo que vamos a notar es que del autismo hay salida posible, -ahora les
voy a contar un pequeño fragmento de una película para dar una idea de esto- hay
salida posible del autismo, pero la salida -dicen los Lefort- la salida del autismo es
la entrada en la psicosis. Se acuerdan cuando decíamos con Schreber, parece
menos notorio la enfermedad de un psicótico cuando está en una cuestión más
guardada, más restringida, cuando empieza a armar el delirio es estruendoso.
Bueno, podríamos decir lo mismo, en el autismo a veces los papás dicen: es casi
un niño perfecto solo que, -detalle- no interactúa.
Por ej., este nene que yo les contaba, Sebi, descubrieron que algo no andaba
bien porque les empezó a llamar la atención a unos tíos, que caminaba como un
autómata y se podía pasar horas y horas y horas caminando, sin registro de
cansancio, sin registro del dolor. También se producían unas situaciones que son
muy habituales se mordía la mano, aparte de tener esos movimientos de rocking,
en la clínica con la psicosis siempre está el riesgo del pasaje al acto y de la
automutilación. Bueno, Sebi se mordía, tenía completamente lastimada esa mano,
sin que hubiera ningún registro por parte de él de que era su propia mano lo que
estaba mordiendo hasta sangrar, y con una desconexión respecto del propio
cuerpo (porque no lo hay, es necesaria la función fálica, la significación, para
poder tener un cuerpo). Y no hay registro del dolor. Que de ahí se pueda producir
un llamado, que de ahí se pueda enlazar mínimamente al Otro es todo un trabajo.
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pileta porque con el agua se le podía ir la mano, entonces pegaba gritos
aterrorizados. No hay bordes del cuerpo, no hay zonas erógenas localizadas, no
hay un goce localizado que ordene lo que entra y lo que sale del cuerpo.
Por eso decíamos que es tan importante el trabajo con los objetos. Los primeros
objetos que se ponen en juego la relación al Otro son las heces, la mirada, el
objeto oral, la mamadera o el seno, la voz. El niño autista generalmente reacciona
ante la entrada del Otro -cuando el otro intenta y, por ejemplo, limpiarlo, tocarlo,
etcétera-, con una violencia absoluta, porque siente todas las intervenciones del
Otro como algo profundamente intrusivo, de lo cual no puede dar cuenta, que no
tiene como tramitar simbólicamente, precisamente porque la operación de lo
simbólico es completamente deficitaria. Si la operación de lo simbólico es tan
deficitaria, porque está en el lenguaje, pero no dispone de los operadores básicos,
el Nombre del padre, el operador que ordena y localiza; el niño queda expuesto a
una fragmentación profunda en lo imaginario y esto debido a la respuesta de
rechazo profundo respecto del lenguaje y de la inclusión en el Otro. Todo queda
vívido como una intrusión.
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Bueno, decía entonces que la intervención del analista va en la vía de no
consentir a que el niño quede gozado, pero del lado del niño hay una respuesta
efectiva también, para ir a ese lugar. Que no se trata sólo de un Otro que no da
lugar o que da un lugar, este que termina siendo un no lugar; sino que hay una
respuesta del niño, una posición activa del niño en sostenerse en ese rechazo
radical, en el rechazo radical del Otro, del lenguaje, y eso justamente implica que
no pueda haber organización del cuerpo.
Siempre ante un paciente uno se puede preguntar: ¿Qué relación al Otro tiene?
¿Qué relación al lenguaje? ¿Qué relación al cuerpo?, ¿qué relación al semejante?
Puede pasar, por ejemplo en una psicosis infantil, que una niña se llame a sí
misma, como un loro, diga: “Carola”, y se responda: “¿Qué?”. Donde no está en
juego -¿se acuerdan cuando veíamos el tema del mensaje en forma invertida?- la
relación al Otro. Solo lo especular, el doble. No hay distancia, por ejemplo. Laurent
señala la bidimensionalidad en juego, la no tridimensionalidad: Un niño psicótico
puede estar con un autito de juguete en la mano y tratando mientras de agarrar los
autos que ve pasar por la ventanilla en la autopista a 300 metros. No hay noción
de un adentro y un afuera. No hay organizaciones mínimas elementales, en tanto
no opera el Nombre del Padre.
Y hay otra dimensión de la psicosis, más ligada a la paranoia donde, como les
decía antes, en general el desencadenamiento es más tardío pero donde uno
podría situar algunas coordenadas, ya en la infancia de este desencadenamiento
posterior. En Schreber, uno podría pensar en el niño que fue Schreber, y veíamos
que tenía un padre que se dedicaba a “Ser” el padre de la ley, no era un padre que
transmitiera ninguna ley, sino que era un padre que se situaba como el hacedor de
la ley, un padre que enunciaba cómo había que educar a un niño, con que
aparatos había que sostenerlo cuando dormía para que no se tocara ni se
moviera, y el niño en una posición de quedar gozado por el Otro.
Hay un punto donde uno se pregunta si en la clínica con niños, uno visualiza a
veces en la psicosis infantil la verdadera presencia de Otro que lo goza. Sabemos
que en la psicosis del adulto situamos que hay un goce del Otro, pero no se trata
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de que aparezca efectivamente otro en persona gozándolo. Cuando aparece el
significante desarticulado de lo real como lo trabajábamos en Marrana, nos
encontramos con que hay algo que le viene del Otro pero sabemos que no es otro
efectivo que está diciéndole ahí ninguna cosa. En la psicosis infantil a veces
podemos pesquisar efectivamente la posición de Otro que lo goza, pero en
definitiva termina siendo lo mismo, siempre quedar en posición de objeto gozado
por el Otro.
Les voy a comentar brevemente una película del director Jerome Krabbe, que
aquí se llamó “Por amor”. En inglés se llamaba Left Luggage, que quiere decir
equipaje perdido, abandonado, olvidado. La historia transcurre en Bélgica en la
época posterior a la caída del muro de Berlín. Una persona, una muchacha, busca
trabajo, y consigue trabajo como institutriz en la casa de una familia de judíos
lubavitch. Los judíos lubavitch los deben haber visto alguna vez. Son los que
están con trencitas, con sombreros. Tienen una cuestión muy apegada a lo
religioso. Muy estudiosos de la Torá, que es la biblia judía. Bueno, con toda una
serie de costumbres y ritos muy fervientes, y viven una situación donde se
relacionan entre ellos y tienen poco lazo con el resto de las comunidades.
En esa casa donde ella va a cuidar a los niños, hay un niñito que es un autista. El
niño no habla. El niño no habla y empieza ella a salir a pasear con el niño y con
uno de los bebés. Los lleva siempre al lago a mirar los patos. Y un día
repentinamente el niño dice “Cuac”. Bajo la mirada y el entusiasmo de esta
institutriz, esta muchacha que pone un deseo ahí. Pone un deseo ahí, que no es el
deseo de un analista, no tendrá las herramientas para situar ciertas cosas, pero es
un deseo puesto en un lugar donde no lo había. Y el niño empieza a responder de
algún modo a este deseo. La muchacha le regala un pato mecánico. El niño anda
corriendo por todos lados con su pato. Es un autista un poco de película, porque
vieron que en las películas siempre los autistas y los psicóticos tienen sus
particularidades, no son lo que efectivamente uno ve en la clínica, pero bueno, no
importa, permiten orientarse. Y lo que uno va descubriendo a lo largo de la
película es que este niño no tenía ninguna posibilidad de situarse respecto de su
padre, porque no podía leer la Torá, ni hacer las preguntas que se hacen en cierta
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ceremonia de Pascuas judías, y esto hacía que el padre lo desestimara. Esta era
la explicación que el padre daba: no lo contaba como hijo en tanto no era un buen
judío que pudiera leer la Torá, ni podía aprenderse desde chiquito las preguntas
que tenía que hacer en las festividades.
Nosotros podríamos afirmar que seguramente es más bien al revés, que era en
tanto el padre no le otorgaba, por motivos que veremos, el lugar de hijo que pueda
leer la Torá, que él no podía hablar. Son las dos cuestiones.
Como el niño empieza a poder hablar, y con los autistas muchas veces la música
es un modo de poder hablar. La verdad es que en general estos niños rechazan el
mensaje de lo que se dice, pero a veces sí cantan. Aunque no tengan ninguna
posibilidad de involucrarse con lo que esa canción está diciendo. Bueno, este niño
ayudado por la institutriz, se empieza a aprender con música lo que podía poner al
servicio de hacer las famosas preguntas que tenía que hacer en las fiestas de
Pascuas judías.
Pero por supuesto hay un punto en que el niño no puede seguir cantando las
preguntas, se enfurece el padre, se arma un lío bárbaro, porque la institutriz lo
increpa al padre, y lo sigue hasta una habitación de la casa hasta entonces
vedada. Y lo que vamos a descubrir en ese momento de la película es que este
niño que había empezado a poder hablar, a salir del autismo, y a entrar en la
dimensión de la psicosis, tiene un papá que había perdido a su hermano y a su
padre a su vez en los campos de concentración. El hermano del padre era muy
parecido a ese niño. Cuando la muchacha entra en esa habitación, ve la foto y es
patéticamente la misma imagen de ese niño. Y ahí se entera que en realidad los
nazis habían mandado a la cámara de gas al hermano del papá de este niño, y al
papá del papá de este niño, es decir al tío y al abuelo.
Hace falta el trabajo de las generaciones, les decía antes, para que en la tercera
se dé como fruto una psicosis. Porque este hermano del padre y este padre del
padre, se habían negado a escupir sobre la Torá, que era lo que los nazis les
pedían, que escupieran sobre la Torá. Entonces esta negativa a hacerlo implicó
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que los mandaran a la cámara de gas. Bueno, no está dicho pero se desprende de
eso que el papá del niño sí escupió y sobrevivió, pero con consecuencias no muy
sencillas de soportar para él, ni sus sucesores. El rechazo profundo puesto en
este niño está en relación al rechazo de situar alguna responsabilidad posible y
algún lugar posible en una historia verdaderamente dramática. Por eso es
importante pensar las cuestiones no en términos de culpas. A uno se le hace muy
tentador cuando trabaja con niños, enojarse con los papás e ir rápidamente al
punto de la culpa. Una cosa es la responsabilidad y otra es la culpa. Por supuesto
que uno tiene que situar la posibilidad de que se responsabilicen, porque eso es lo
que abre más margen para un niño. Y también de que el niño se responsabilice,
porque la responsabilidad subjetiva está justamente ligada a la respuesta de la
que hablábamos antes. Por eso Lacan es tan activamente firme en declarar que
se tratan de respuestas del niño, de esa insondable elección del ser, donde no se
trata sólo de qué hizo la mamá, qué hizo el papá, sino claramente también, el
rechazo del niño a entrar en la estructura. Y eso abre también a la posibilidad de
intervención del analista.
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padre es hasta la posibilidad de no ir de cabeza a tirarse al lago. No hay
reconocimiento del borde.
En una institución en la que yo trabajaba había una niña que no soportaba que le
saquen la campera cuando llegaba, se pasaba el día quieta y abrigadísima
aunque hiciera calor, porque la campera era su piel. Para ella sacarse la campera
era terrible, pegaba unos gritos aterrorizados, no había manera de desprenderse
de algo. En tanto no había bordes del cuerpo claramente constituidos, se aferraba
a lo imaginario de esa campera.
Entonces, este ejemplo que les daba de la película sirve también para pensar algo
que Lacan introduce en ese discurso de clausura en las Jornadas sobre la Infancia
Alienada, que es la dimensión de la segregación, que se pueda reducir a un sujeto
a una posición de objeto, por ej en los campos de concentración.
Paranoia e infancia.
Otra cosa que les quería comentar es sobre un caso donde se nota ya en una
primer infancia lo que va a desembocar en una paranoia a futuro, un niño que yo
tuve la oportunidad de atender muy poquito tiempo cuando era muy chiquito y que
después lo vuelvo a recibir ya de grande, brotado. Y ahí se pone en juego otra
dimensión que no es solo la del objeto gozado por el Otro, que efectivamente eso
estaba en juego, sino también “el ser nombrado para”. Hay una dimensión en la
psicosis, que de hecho en la psicosis de los adultos algo pudimos situar, que tiene
que ver con “el ser nombrado para”.
En vez de que haya una prohibición operando sobre la mujer, porque antes
decíamos: el niño y su madre, pero su madre en tanto mujer, y su madre en tanto
mujer que quiere algo que vaya más allá del niño y donde haya una operación que
ponga en juego la circulación del falo, la significación fálica, señalando algo que va
más allá de quedar capturando en su fantasma al niño como condensador de
voces.
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Pero hay otra cuestión que se pone en juego también en la psicosis muchas veces
que es el nombrar a alguien para que sea algo. Un niño que atendí cuando
tendría cuatro, cinco años, lo llegué a ver en ese momento muy poquitas veces,
tenía un nombre del cual después la mamá, muchos años después, pudo contar
porque lo eligió, era un nombre religioso. Los papás eran ateos y en realidad lo
que ella ponía en juego en ese nombre era justamente una especie de desafío.
Porque sin ser católicos ellos en absoluto, le ponían un nombre de un personaje
bíblico no muy querible, y más bien situado como causante de grandes males. Y
ella lo ponía ese nombre en términos casi como de un desafío. Por lo contrario de
lo que la religión católica nombra de ese modo, ella cree, que con este nombre no
solo no va a hundir al mundo, sino todo lo contrario, con ese nombre va a ser un
salvador, va a ser un libertador.
Esto es algo que la madre pudo relatar muchos años después, ¿no? Obviamente
en ese momento en que lo traían al principio, ese niñito cuando tenía cuatro o
cinco años, en ese momento lo traían por señalamiento del jardín. Y una de las
cosas que la maestra de jardín me decía es que ese niño se la pasaba
masturbándose todo el tiempo en la trepadora, que ella no sabía muy bien qué
hacer con eso, si lo dejaba y “lo respetaba” porque a veces está toda esta cuestión
de los derechos del niño, que a veces en cierto discurso pedagógico se extiende a
pensar que hay que dejarlos libremente expresarse. Y yo le decía: “No, no
tratemos de que salga de ahí, que vaya con los demás chicos”. Saquémoslo de la
cuestión autoerótica permanente y del onanismo, y llevémoslo con los demás, a
que juegue. Por otro parte, este niño no podía jugar con armas de juguete porque
la ideología de los papás no lo avalaba en esto, pero el niño se pasaba gritándole
a los demás: “pum! pum! Te mato! Te mato!”. El punto es que el niño no podía
jugar porque el “Te mato! Te mato!” quedaba tan rápidamente connotado con esa
ideología de hierro, por el modo loco de los papás, que no situaban la dimensión
de la metáfora, la dimensión del juego mismo. Quiero aclarar, no se trata de que
no se puedan poner en juego ideologías, y de hecho siempre ponemos en juego
ideologías y creencias en la crianza de los niños, y más vale, porque algo hay que
transmitir. La transmisión simbólica es esencial. Cuando hablábamos de
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alienación y separación de estos conceptos que apenitas esbozamos hoy, bueno
justamente uno tiene que poner, y pone, quiera o no, en juego sus significantes,
sus deseos, sus cuestiones a la hora de criar a un niño.
Y el niño va a ser tomado por eso. Después podrá intentar situar su propio deseo
más allá del deseo del Otro, en el caso de que la metáfora paterna opere, desde
luego, y en todo caso podrá separarse y buscar sus modos y en la adolescencia
dirá: “”Mis viejos que son - no sé – radicales y yo que quiero ser peronista…”, no
sé o lo que fuere, las identificaciones más diversas que se les ocurran. “Mi vieja
quiere que me vista siempre de rosa, pero yo, no sé qué”. O “Mi vieja dice que soy
una puta si voy a bailar”. Bueno todas estas cosas. Pero hay una dimensión de
chiste, de juego, de deslizamiento significante que ahí no funcionaba. Y los papas
en ese momento interrumpieron el trabajo analítico con el niño.
Recién cuando el pibe se brotó a los 17 años, él y también los papás se pudieron
avenir a cierto trabajo que permitió que él por el momento lograra separarse de
ciertas significaciones, pero bueno con los rudimentos que implica no contar con el
Nombre del padre. La cuestión del rechazo en este punto, la cuestión de cómo se
sitúa una separación, (crecer por ejemplo) que no sea rechazo.
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Respuesta del sujeto e insondable decisión del ser.
Yo les había dicho que les iba a leer, y me estaba olvidando, una definición de
inconsciente que da Lacan en la “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, que
dice, bueno está hablando de Freud y como Freud sostiene una hipótesis como la
del inconsciente y dice:
El otro día en el teórico se planteaba esa pregunta, esta cuestión del momento
mítico y se planteaba la cuestión de la forclusión del Nombre del padre, remitiendo
a la idea de que forclusión es un término jurídico que sitúa una especie de fecha
en lo jurídico, que si algo no se presentó hasta esta fecha ya no se puede
presentar. Lo que no sucedió hasta cierto momento ya no va a entrar, y a lo sumo
entrará por la vía de la metáfora delirante, diríamos ver el caso de Schreber. Pero
la operación del Nombre del padre ya no se va a poner en juego. No es algo tan
fechable ni tan- no es una cuestión que uno pueda decir “bueno si esto no pasó
hasta los tres años”. No, y esto va situándose en cada sujeto, en cada caso, cada
vez.
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Pero por ejemplo, podríamos pensar en el caso que contaba de la película, eh, el
niño era rechazado por su padre porque no podía leer la biblia, la Torá, y en
realidad ahí uno podría pensar también exactamente al revés. Como el padre no le
otorgaba a ese niño, por ciertas coordenadas terroríficas de su historia, la
posibilidad de pensarlo como alguien que pudiera tomar la palabra y leer la Torá y
hacer estas preguntas de la Pascua judía, el niño quedaba sin acceso a la
palabra. Pero, del lado del niño la respuesta era quedar también confinado al
autismo, bueno, y luego tirándose al lago, no?
Sin embargo, podemos encontrar algunos testimonios de autistas que han logrado
una salida con cierta inserción en el mundo. Les recomiendo en particular un libro
que se editó recientemente, “Alguien en algún lugar”, de Donna Williams, quien
fuera autista y que actualmente trabaja como profesora de autistas. Es muy
impactante cómo ella relata la manera en que se fue armando a si misma con
imágenes y frases tomadas de la tele, de diccionarios; imitando personas con
quienes se cruzó, una chica que veía en la hamaca, dibujitos animados. Y la
manera en que pudo servirse de algunos tratamientos, así como el rechazo tajante
de lo intrusivo de algunos tratamientos que padeció. Porque es fundamental el
respeto por la subjetividad, el ritmo, el modo, el tiempo que hace falta en los
resquicios que el autista ofrece para conectarse.
Pero hay algo… hay algo del sujeto mismo donde uno puede verificar que por ahí
con las mismas coordenadas simbólicas, bueno, no todos los niños de
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determinada familia van hacia la psicosis, por ejemplo. Desde luego que nunca el
lugar de un niño es el mismo del hermano, y que, en cada vez, en cada sujeto se
pone en juego la transmisión de otro modo. Pero de todos modos hay un
encuentro entre el niño y el Otro, entre el cuerpo del niño y el lenguaje, donde el
niño deja entrar o no algo también. Es muy difícil pesquisar eso, y es muy
enigmático, pero en la clínica se verifica muchas veces que, pese a que se van
produciendo ciertos movimientos, hay alguna posición de rechazo ahí, donde es
como si eligiera, pasa que es una elección difícil de precisar, quedar en el lugar
del objeto gozado.
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Fíjense que se podría situar, por ejemplo, cuando habla del deseo de la madre y
Nombre del padre, esto ya pone en juego dos significantes. Podríamos decir, S1 y
S2.
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Lo que también es muy claro, muchas veces es que un niño autista cuando
empieza a psicotizarse, cuando empieza a entrar en la psicosis, cuando empieza a
salir del autismo se empieza a enfermar. Otitis...por ej, en el punto donde empieza
a entrar por la oreja la palabra de los otros, pero produciendo lastimaduras. Hay
algo precisamente del cuerpo que no está organizado y entonces lo simbólico y el
intento de entrar a lo simbólico produce... entra de un modo que produce efectos
en el cuerpo y a veces efectos catastróficos. Bueno, el tema de enfermarse y
empezar a tener ciertos síntomas, los niños autistas son muchas veces niños que
no tienen enfermedades, que se presentan como muy sanos, sorprendentemente
sanos, por ahí andan mojándose todo el día, pero no se resfrían. Cuando entran,
cuando empiezan a entrar en la relación al Otro, de algún modo, empiezan a
enfermarse. Por el contrario los niños esquizofrénicos, muchas veces son niños
que tienen problemas respiratorios o que tienen una serie de cuestiones
orgánicas. Estos son datos pequeños, pero que son indicios para que se piense,
bueno, qué se pone en juego ahí, en el encuentro entre el lenguaje y el cuerpo.
Entre el Otro que lo goza, o el Otro que pone un deseo ahí y ese cuerpo de ese
Estos niños, desde la perspectiva del DSMIV son conceptualizados como TGD,
trastornos graves del desarrollo. De hecho en este momento hay escuelas
específicas y están armadas desde esta conceptualización. Educación de los
niños autistas-psicóticos y a eso se le agrega algunos síndromes orgánicos, que
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no nos vamos a meter hoy con eso. Y trabajados desde una cuestión apuntando
más a lo reeducativo. Una maestra de una escuela especial a la que atendía, me
contó una situación ante la que se quedó completamente perpleja. Les había dado
a los alumnos la consigna de jugar con un rompecabezas. Y un niño que estaba
en la escuela agarró a los dos compañeros que tenía adelante y les rompió la
cabeza, así… pum. Una cabeza con otra. Y esa maestra, no tenía realmente
elementos para pensar qué es lo que había acontecido. Y bueno, efectivamente,
ahí está la cuestión de la literalidad de la palabra, la dificultad para que la palabra
tenga un deslizamiento significante y pueda operar como metáfora. Romper
cabeza es romper cabezas, no hay más vuelta, no hay ninguna posibilidad de un
plus de sentido, de una producción significante que dé lugar a ningún
deslizamiento posible. Mucho menos a un juego.
Entonces sin duda ese deseo puesto ahí produce efectos y por eso el niño
empieza a hacer una serie de cosas que hasta ese momento eran impensables,
pero, bueno, no hay cómo leer esos efectos y entonces, bueno esa intervención,
por ejemplo, de ver la esvástica y decir “pato”, este, está en las antípodas del
ejemplo que Fabián daba en un teórico, acerca de la película “La vida es Bella”,
en que el padre le está inventando al niño todo el tiempo otra película que lo que
están viendo ahí para despegarlo del horror de los campos de concentración ¿no?
Bueno, por ahí la intervención de esta muchacha en este momento señalando esta
esvástica y diciendo “pato” lo pega nuevamente al horror, ¿no? No produce un S2.
Es de nuevo este S1 que lo deja al niño congelado, pegado al lugar del niño
muerto. Del duelo congelado, no realizado por el padre.
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Les voy a leer de todos modos algunas descripciones más psiquiátricas, por
ejemplo, bueno, algo que comentábamos antes, que es el autismo desde Tustin,
que es un autor que trabaja y describe el autismo en 1972. Bueno, habla de
retraimiento desde la infancia que pueden darse con gritos y crisis y cólera. Dice:
Buena salud física. Cuerpo rígido e insensible. El niño evita el contacto con los
demás. La mirada es vacía, evita mirar a los otros. Se produce o el mutismo o la
ecolalia, que es esa repetición estereotipada, ¿no?, siempre la misma palabra
repetidamente sin deslizamiento significante. Desorientación, desapego. Retraídos
e indiferentes respecto del entorno. Con los órganos sensoriales hipersensibles.
Se fascinan por los objetos mecánicos y emplean objetos autísticos.
Cuando Lacan en Dos notas sobre el niño sitúa la respuesta del síntoma del niño
como síntoma, plantea que hay el interés particularizado del cuidado de la madre y
que hay desde el padre una encarnación del vector de la ley en el deseo. ¿Qué
quiere decir esto? Que hace operar la ley, porque en el autismo y en la psicosis lo
que a lo sumo se puede poner en juego, en el mejor de los casos, es el Otro del
lenguaje, pero no el Otro de la ley. El padre pone en juego la ley en la neurosis,
pero precisamente una ley que se encarna humanizadamente. Es una ley que
pone en juego el deseo, que articula deseo y ley. Justamente lo que los separa de
quedar gozados. Estos niños que a veces vemos hablar como autómatas,
precisamente hay algo de lo que no está humanizado...
Canner, que es otro autor psiquiatra que trabaja el tema del autismo, plantea
también que suelen ser hijos de papás muy inteligentes, muy obsesivos y muy
fríos. He tomado ciertas descripciones psiquiátricas, pero de las que podemos
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hacer uso. Siempre nosotros apuntamos a dar una lectura más estructural y a
situar qué cuestiones se pusieron en juego, en relación al deseo.
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