0% encontró este documento útil (0 votos)
56 vistas41 páginas

1530 4

Es bueno leerlo. Animo

Cargado por

riverocesar455
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
56 vistas41 páginas

1530 4

Es bueno leerlo. Animo

Cargado por

riverocesar455
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
dejado, amor mio, ahora os busco, ni quiero a otro que a Vos. Y para que posea vuestra gracia, renuncio to- dos los bienes y gustos de la tierra, renuncio también a mi vida. Vos habéis dicho que amais a los que os aman. Yo os amo, pues; amadme Vos. Aprecio mas vuestro amor que el ser duefio de todo el mundo. Jestis mio, yo no quiero perderos mas, pero no puedo fiarme de mi, en Vos confio. Ea pues, estrechadme con Vos y no per- mitdis que me haya de separar mas de Vos. {Oh Maria, Vos me habéis hecho hallar a Dios, a quien perdi al- gtin tiempo, alcanzadme asimismo la santa perseve- rancia, para lo cual también os digo con san Buena- ventura: En ti, Sefior, esperé, jamds seré confundido: In te, Domine, speravi, non confundir in eternum. Ejemplos del nifio Jesus. En las crénicas cistercienses ™ se refiere, que via- jando en la noche de Navidad cierto monje de Brabante, al pasar por un bosque sintié un gemido como de nifio recién nacido; se acercé hacia donde ofa la voz, y vid un hermoso infantito en medio de la nie- ve, que temblando todo de frio lloraba. Movido a com- pasion el religioso, enternecido se aped, prontamente, 74 Dia 24 Nov. -151- de su cabalgadura; y aproximandose al niiio, dice: jOh hijito mio! ;c6mo te hallas aqui tan abandonado en medio de esta nieve, a llorar y morir? Y entonces oyo que le respondia: jAy de mi! gc6mo puedo dejar de llo- rar mientras me veo tan abandonado de todos, y que ninguno me recoge ni tiene compasién de mi? Y dicho esto desaparecié el nifio, dandonos a entender que él era el Redentor, quien con tal visién quiso reprender la ingratitud de los hombres, los cuales viéndolo naci- do en una gruta por amor de ellos, le dejan Ilorar sin que ni aun lo compadezcan. Il. Cuenta el Pelbarto ” que cierto militar estaba lleno de vicios, pero tenia una mujer devota; la cual no habiéndolo podido reducir, al menos le recomendé que no dejase de rezar todos los dias una Ave Maria delan- te cualquier imagen de uestra Sefiora. Un dia, yendo este tal a pecar, pasé por una iglesia, entré casualmen- te en ella, y viendo la imagen de la santa Virgen le rez arrodillado el Ave Maria; y enseguida ;qué es lo que vio? Vio al nifio Jestis en brazos de Maria, todo herido, que arrojaba sangre. Entonces dijo: ;Oh Dios! qué barbaro ha tratado de tal manera a este Nifio? «Vosotros sois, respondié Maria, pecadores, los que 75 Stellar. lib. 12, part. ult. ¢.7. - 152- tratais asi a mi Hijo». Luego el militar arrepentido le pidié le alcanzase perd6n, llamandola madre de mise- ricordia; y la Sefiora dijo: Vosotros, pecadores, me Ila- mais madre de misericordia, mas no dejais de hacer- me madre de dolores y de miseria. Pero el penitente no decayé de dnimo, siguié rogando a Maria que in- tercediese por él. La bienaventurada Virgen se volvié al Hijo y le pidié el perd6n para aquel pecador. El Hijo parecia que repugnase; pero al punto le dijo Maria: Hijo mio, no me separaré de tus pies si no perdonas a este afligido que se encomienda a mi. Entonces res- pondié Jestis: Madre mia, yo jamas os he negado cosa alguna; zdesedis para este el perd6n? sea, pues, perdo- nado, y en sefial del perd6n que yo le doy, quiero que él mismo venga a besarme estas heridas. Fue el peca- dor, se acercé, y asi como las besaba se cerraban las heridas. De alli, saliendo de la iglesia pidié perdén a su mujer, y de comtn consentimiento dejaron ambos el mundo y se hicieron religiosos en dos monasterios donde terminaron la vida con una santa muerte. Ill. Refiere el P. Patrignani ”°, que hubo en Mesina un noble joven, llamado Domingo Ansalone, el cual so- lia visitar frecuentemente en cierta iglesia una ima- 76 Tom. IV, ej. 11. - 153 - gen de Maria, la cual tenia en brazos al nifio Jestis de relieve, del que estaba enteramente enamorado. Lue- go Domingo se puso a la muerte. Pidié a los padres con muchisimo deseo que le trajesen a su amado nifio, y no pudieron menos de darle este consuelo. Con lo cual todo contento, colocé la imagen en su misma cama, y siempre la estaba mirando afectuosamente, y de cuando en cuando vuelto luego al nifio le decia: Jestis mio, tened piedad de mi, y después dirigiéndo- se a los presentes: jMirad (les decia), mirad qué her- moso es este mi sefiorito! En la tltima noche llam6 a sus padres, y delante de ellos dijo primeramente al santo Nijfio: Jess mio, yo os dejo mi heredero; y des- pués suplicé al padre y a la madre, que de cierta pe- quefia suma de dinero que él tenia le hiciesen cele- brar nueve misas después de su muerte; y con lo res- tante hicieran un hermoso vestidito a su nifio here- dero. Antes de espirar, pues, alzando los ojos con ros- tro alegre, dijo: ;jOh cuan bello es! joh cudn bello es mi Sefior! y asi diciendo espiré... IV. Refiere el P. Nadasi ”, que habiéndose introducido en un monasterio la devoci6n de enviar por turno a las religiosas la imagen del nifio Jestis un dia a cada una, 77 Hebdom. 16 Pueri Jesu. - 154- alguna de aquellas virgenes, a quien tocé su vez, des- pués de haber estado en larga oracién durante el dia llegada la noche tomé6 la imagen y la encerré en un pequefio armario. Mas apenas se habia puesto a des- cansar, cuando el santo Nifio daba golpes a la puerta de aquel armario: levantose al instante de la cama la religiosa, y colocando nuevamente la imagen sobre el altarcito, hizo oracién un gran rato. Después volvié a encerrarlo; pero el Nifio volvié a golpear. Otra vez ella le sacé a fuera, y siguié en orar. Finalmente cansada del suefio, y tomada del Niifio la licencia, se acosté en la cama y durmié hasta hacerse de dia, y despertando bendijo aquella noche pasada en santa conversacién con su amado. Vv. Se halla escrito en el Diario dominicano, a 7 de oc- tubre, que predicando santo Domingo en Roma, habia alli una pecadora llamada Catalina la Bella. Recibié esta un rosario de la mano del Santo, y comenzé a re- zarlo; pero no dejaba su mala vida. Un dia se le apare- cié Jestis, primero en forma de joven, y después se transformé en un gracioso nifio, mas con una corona de espinas sobre la cabeza y con la cruz sobre las es- paldas, derramando lagrimas de los ojos y sangre del cuerpo, el cual dijola: Basta; no mas, Catalina, basta; deja de ofenderme mas, mira cudnto me cuestas; pues -155- que yo he comenzado desde nifio a padecer por ti, y no dejaré de padecer hasta la muerte. Catalina fue pron- tamente a encontrar a santo Domingo, se confes6 con él, y dirigida por él mismo, después de haber distribui- do todo lo que tenia a los pobres, y haberse encerrado en una angosta celda murallada, se redujo a una vida tan fervorosa y merecié tales favores del cielo, que el Santo qued6 admirado. Y finalmente visitada por Maria santisima logro una felicisima muerte. VI. Se dice en la vida del P. Zucchi de la Compaiiia de Jestis, devotisimo del nifio Dios, de cuyas imagenes él se servia para ganar muchas almas al Sefior, que un dia dié una imagencita de estas a una sefiorita, la cual por otra parte era de costumbres inocentes, pero esta- ba lejos de pensar en hacerse religiosa. La doncella acept6 el regalo; pero en seguida sonriendo dijo: ;Qué he de hacer yo, pues, de este nifio? El Padre respon- dié: Nada mas que colocarlo sobre el pasamano 0 cla- vel que usais (deleitabase la dama mucho en taifier). Hizolo ella asi, y teniendo siempre delante aquel nifio, se Ilegaba a mirarlo muy a menudo, y de mirarlo co- menzo a sentir algiin movimiento de devoci6n; de alli se encendié en deseos de ser mejor, de modo que el ins- trumento le servia mas para orar que para tajfier. Fi- nalmente se resolvié a dejar el mundo y hacerse reli- -156- giosa; y al punto toda alegre fue a contar al P. Zucchi que el nifio le habia atraido a su amor, y separdndola de los afectos terrenos la habia hecho suya toda. Entré religiosa, y se entregé a una vida de perfeccién. Vil. La venerable sor Juana de Jesis y Maria, franciscana, mientras que un dia meditaba la persecu- cin de Jestis por Herodes, oyé un gran ruido como de gente armada que seguia a alguno, y luego vid un her- mosisimo nifio todo azorado que huia, y le decia: Jua- na mia, aydame, y sdlvame. Yo soy Jestis Nazareno, huyo de los pecadores que me quieren quitar la vida y me persiguen peor que Herodes. Sdlvame tt ”*. Canciones al nifio Jestis en el pesebre. 18 Del estrellado cielo descendiste, Y en pobre fria gruta ti naciste. jOh divino Infante mi amante! Yo te veo aqui temblar... jOh Dios humanado! Y cuanto te costé el haberme amadol... 78 Ap. P. Genov. serv. Dol. di Maria. -157- iAh! Ti que eres del mundo el Creador, iFalto de todo estas aqui, Sefior...! jOh Infantito hermoso, precioso! Cuanto mas te miro aqui De todo falto ahora, tanto mas tu pobreza me enamora... De Dios Hijo, las delicias de su seno Las truecas por dormir sobre vil heno... jAh! dulce amor de mi Sefior, {Quién aqui te transporté?... jOh Jestis nifo!, Por qué asi padecer? jpor mi carifio!... Mas, si es tu voluntad aqui sufrir, éA qué viene el llorar? 4a qué el gemir? jAh! Rey amado y adorado, iYa se yo por qué gemis!... jOh! no; no es por dolor Que gemis y llorasis, es por amor... Tu lloras porque ves que soy ingrato, Y gimes porque ves que te maltrato... Mas en mi pecho ya te estrecho iOh mi Dios, mi Rey, mi bien! Y en adelante Amor yo te prometo el mas constante. - 158 - Tu duermes, o mi Dios, mas entre tanto Vela tu corazén amanite y santo... jAh! jtiernecito Corderito! 4En qué piensas me dirds? jOh amor inmenso! En morir por tu amor, respondes, pienso... Si en morir piensas ya recién nacido Por mi, ,podré no amarte, 0 mi querido? jOh Maria, esperanza mia! Si amo poco a tu Jestis, Dame tt, tu vivo amor, Y siempre le amaré con vivo ardor. 28 iOh mi dulce Jestis, cudnto te quiero, ;Pues tan digno te hiciste de mi amor...! Por ti quiero morir, asi lo espero, jPues por mi td moriste, o mi Sefior...! Adios al mundo digo, pues prefiero iVivir, morir por ti, o mi Salvador...! Amote, 0 mi Jestis, que eres mi amante, iY por hacerte amar naciste infante...! Tus miembros tiritando estan de frio, Y esta tu coraz6n de amor ardiendo; Amor te transformé en hermano mio, -159- Amor te atorment6 por mi muriendo; Amor desarma aqui tu poderio Prisionero entre fajas jah! gimiendo... Amor te espera al fin constante y fuerte, Hasta morir por mi con dura muerte... Si tanto, pues, me amaste, o caro Infante, {Habra amor para amarte suficiente? Del pesebre a la cruz ni un solo instante Dejome de me amar tu pecho ardiente... {Te bastard, Sefior, que en adelante? {Te quiera con amor el mas ferviente? Asi lo exiges ti, y yo te prometo Que de mi amor seras el solo objeto. — 160- MEDITACIONES PARA OBSEQUIAR AL CORAZON DE JESUS COMPUESTAS POR SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO, PROLOGO DEL AUTOR ” La devocién de todas las devociones es el amor a Jesucristo, pensando a menudo en el amor que nos ha tenido y nos tiene aquel amable Redentor. Se lamenta, y con razon, un devoto escritor, al ver que muchas per- sonas se aplican, a practicar diversas devociones, y descuidan esta; cuando en verdad el amor a Jesucristo debe ser la principal, o mas bien la inica devocién de un cristiano. De este descuido, pues, nace que las al- mas adelantan tan poco en la virtud, y contindan mar- chitandose en los mismos defectos, cayendo, frecuen- temente en culpas graves; porque atienden poco a ad- quirir el amor de Jesucristo, que es aquel lazo de oro que une y estrecha las almas con Dios. 79 Se ha omitido en él lo perteneciente al origen y propagacién de esta devocion. —161- A este solo fin ha venido el Verbo eterno al mundo; para hacerse amar. Y el eterno Padre a este fin tam- bién le ha enviado al mundo; para que nos manifesta- se su amor, y de esta. manera atrajese a si el nuestro: protestandonos, que en tanto nos ama, en cuanto no- sotros amamos a Jesucristo: que ademas nos dara sus gracias, siempre que se las pidamos en nombre de su Hijo; y entonces nos admitira en la eterna bienaventu- ranza, cuando nos encuentre conformes a la vida de Jesucristo: conformidad que nosotros jamas la conse- guiremos, ni aun la desearemos, si no nos aplicamos a considerar el amor que nos ha tenido Jesucristo. Este es, pues, el objeto a que se dirige la devocién al Cora- z6n de Jess; la cual no es otra cosa que un ejercicio de amor hacia tan amable Sefior, honrando principal- mente su corazon como el lugar donde reside el amor, tratandolo no por si separadamente sino unido a la santa humanidad, y por consiguiente a la divina per- sona del Verbo. MEDITACION I. Corazon amable de Jests. Quien da a conocerse amable en todas las cosas, necesariamente se hace amar. jOh! jsi nosotros estu- viésemos atentos a conocer las bellas prendas que con- curren en Jesucristo para ser amado! Todos nos halla- - 162- riamos en la dichosa necesidad de amarlo. Porque zqué corazén puede encontrarse mds amable que el de Je- sts? coraz6n todo puro, todo santo, todo Ileno de amor hacia Dios y hacia nosotros; no siendo otros sus de- seos que los de la divina gloria y nuestro bien. Este es aquel coraz6n en quien halla Dios todas sus delicias, todas sus complacencias. En él reinan todas las per- fecciones, todas las virtudes: un amor ardentisimo a Dios su Padre, unido a la mayor humildad y respeto que puedan darse una suma confusién por nuestros pecados, de los cuales él se ha cargado, juntamente con la confianza de su Hijo tiernisimo: un sumo abo- rrecimiento a nuestras culpas, unido a una viva com- pasi6n de nuestras miserias: una extremada pena, junta con una perfecta conformidad a la voluntad divina. Asi es que en Jesucristo se halla todo cuanto puede hacerle amable. Algunos hay que son atraidos a amar a los demas por la belleza, otros por la inocencia; aque- llos por las costumbres, estos por la devoci6n. Mas si hubiese una persona en la que estuviesen reunidas to- das estas y otras virtudes, ;quién podria dejar de amar- la? Si aunque de lejos tengamos noticia de hallarse un principe extranjero, bello, humilde, cortés, devoto, lle- no de caridad, manso con todos? que vuelve bien al que le hace mal; aun sin conocerle, y sin que él nos conozca, al fin nos enamoramos de él y nos vemos obli- gados a amarle; Jesucristo, pues, que tiene en si mis- mo todas estas virtudes y cada una en un grado per- — 163 - fecto, que ademas nos ama tiernamente, ,cémo es po- sible que sea poco amado de los hombres, y no sea todo él objeto de nuestro amor? jOh Dios! {Que Jestis siendo el solo amable, y ha- biendo dado tantas muestras de su amor hacia noso- tros, sea el solo desgraciado (digamoslo asi), que no, puede llegar a verse amado de nosotros, como si no fue- se bastante digno de nuestro amor! Esto es lo que hacia llorar a las Rosas de Lima, a las Catalinas de Génova, a las Teresas y Magdalenas de Pazzis, las cuales conside- rando esta ingratitud de los hombres, exclamaban con lagrimas: El amor no es amado, el amor no es amado... Afectos y stiplicas. Mi amable Redentor, ,qué objeto mas digno podia vuestro eterno Padre mandarme que amase fuera de Vos? Sois la belleza del paraiso, el amor de vuestro Padre; y en vuestro corazon tienen su asiento todas las virtudes. jOh corazén amable de mi Jestis; Vos cierta- mente merecéis el amor de todo los corazones, y pobre e infeliz aquel que no os ama. Tal, pues, joh Dios! ha sido mi corazon en todo aquel tiempo que no os he amado: Pero no quiero seguir en seros tan infiel. Yo os amo, y quiero siempre amaros, 0 Jestis mio. Sefior, hasta aqui me he olvidado de Vos, y ahora qué espe- ro? Espero acaso obligaros con mi ingratitud a que no os acordéis absolutamente de mi y me abandonéis? ~164- No, mi amado Salvador, no lo permitais. Vos sois obje- to del amor de un Dios, y zno habréis de serlo del amor de un miserable pecador, cual soy Yo? |Oh hermosa llama que ardes en el coraz6n enamorado de mi Jestis! jah! enciende en mi pobre coraz6n aquel santo y di- choso fuego que desde el cielo vino Jestis a encender sobre la tierra. Reducid a cenizas y destruid todos los afectos impuros que viven en mi corazon y le impiden ser todo suyo. Haced que no viva mas que para amar solamente a Vos, mi Dios y Salvador. Si un tiempo os he despreciado, sabed que ahora sois mi nico amor. Yo os amo, yo Os amo, yo os amo, ni quiero amar a otro que a Vos. Mi amado Seifior, no os desdeiiéis de aceptar por amante un coraz6n que os ha causado amarguras. Sea vuestra gloria hacer ver a los Angeles que arde de amor por Vos un coraz6n que algun tiem- po os ha esquivado y vilipendiado. Virgen santisima Maria y esperanza mia, ayudadme, y rogad a Jestis que con su gracia me haga cual él, mismo desea. MEDITACION IL. Corazon amante de Jestis. jOh si comprendiésemos el amor para con nosotros que arde en el coraz6n de Jestis! Tanto nos ha amado, que si se uniesen todos los hombres, todos los Angeles y todos los Santos con todas sus fuerzas, no compon- - 165- drian la milésima parte del amor que nos tiene Jesus. El nos ama inmensamente mas que nosotros mismos, pues nos ha amado hasta el exceso; de cuyo amor ma- nifiesto en su pasién hablaron anticipadamente Moi- sés y Elfas en el monte, y después se consumé en Jeru- salén. Porque en verdad jqué mayor exceso que morir un Dios por sus criaturas? Con esto él nos ha amado hasta el extremo, como nos dice san Juan: Cum dilexisset suos, in finem dilexit eos. Nos ha amado des- de la eternidad; de modo que no ha habido momento en ella en que Dios no haya pensado en nosotros, y no nos haya amado a todos y cada uno en particular, ha- biendo elegido para nuestra redenci6n una vida peno- sa y una muerte de cruz. De aqui es que nos ha amado mas que a su honor, mas que a su reposo, y mas que a su vida; pues todo lo ha sacrificado para mostrarnos el amor que nos tiene. Y esto ,no es exceso de caridad que hara pasmar a los Angeles y al paraiso por toda una eternidad? El mismo amor le ha Ilevado aun a es- tarse con nosotros en el Sacramento como en trono de amor; porque alli permanece en la apariencia de un poco de pan, encerrado en un copon, donde parece quede en un Ileno aniquilamiento de su majestad, sin movimiento y sin uso de los sentidos. Asi que, alli po- dria decirse, que no hace otro oficio sino el de amar a los hombres. El amor hace desear la continua presen- cia de la persona amada, y este amor y deseo hizo a Jesucristo quedarse con nosotros en el Sacramento. ~ 166 - Pareci6é muy breve tiempo a este Sefior el haber estado por solos treinta y tres afios entre los hombres en esta tierra; por lo que, para atestiguar su deseo de perma- necer siempre con nosotros, estimé necesario hacer el mas grande de todos los milagros, cual fue la institu- cién de la Eucaristia. Pero la obra de la redencién se habia cumplido; los hombres habian sido reconcilia- dos con Dios; 4a qué, pues, quedarse sobre la tierra en este Sacramento? ;Ah! es porque Jestis no sabe sepa- rarse de nosotros, diciendo que con los hombres halla sus delicias. Este amor le ha inducido finalmente a hacerse el alimento de nuestras almas para unirse con nosotros y hacer de nuestros corazones y del suyo una misma cosa, como nos lo asegura por aquellas pala- bras: El que come mi carne en mi mora, y yo en él ®, jOh pasmo! joh exceso del amor divino! Decia un sier- vo de Dios: Si alguna cosa pudiera destruir mi fe acer- ca del misterio de la Eucaristia, no seria la duda de como el pan se convierte en carne, ni cémo Jestis esta a un mismo tiempo en muchos lugares y en todos re- ducido a tan corto espacio; porque responderia que Dios todo lo puede. Mas si se me pregunta, ;como amé tanto a los hombres, que haya llegado a hacerse su co- mida? no tendria otra cosa que responder sino que esta es una verdad de fe superior a mi inteligencia, y que el amor de Jestis no puede comprenderse. 80 Joan. VI, 57. - 167- jOh amor de Jestis! haceos comprender de los hom- bres, y haceos amar. Afectos y suiplicas jOh corazon adorable de mi Jestis! corazon enamo- rado de los hombres, coraz6n creado de intento para amar a los hombres. ;Ah! y cémo podeis ser tan mal correspondido y vilipendiado de los mismos? ;Ah! mi- serable de mi, que he sido también uno de estos ingra- tos! no os he sabido amar. Perdonadme, Jestis mio, este gran pecado de no haber amado a Vos, que sois tan amable y tanto me habéis amado; ,qué tenéis mas que hacer para obligarme a amaros? Yo veo que por haber renunciado un tiempo a vuestro amor, mereceria ser condenado a no poder ya mas amaros. Pero no, mi caro Salvador, dadme todo otro castigo menos este. Concededme la gracia de amaros, Y después dadme cualquiera pena que merezca. Mas ,cémo puedo te- mer castigo alguno cuando oigo que seguis intimandome el dulce y precioso precepto de amaros a Vos, mi Sefior y mi Dios? Si quereis, pues, ser amado por mi, yo no quiero tampoco amar a otro que a Vos. jOh amor de mi Jestis! Vos sois mi amor. ;Oh corazon inflamado de Jesus! inflamad también el mio. No per- mitdis que en lo venidero haya de vivir ni aun por un momento privado de yuestro amor. Dadme antes la muerte, destruidme, no hagais ver al mundo esta ho- — 168 - rrenda ingratitud, que yo, tan amado de Vos y des- pués de tantas gracias y luces que me habéis concedi- do, haya de nuevo de despreciar vuestro amor. No, Jestis mio, no lo permitdis. Espero en la sangre que por mi habéis derramado, que yo siempre os amaré y Vos me amaréis, y que este lazo de amor entre mi y Vos no se rompera jamas y durara en la eternidad. jOh Madre del amor hermoso, Maria! Vos, que tanto de- sedis ver amado a Jestis, ligadme, estrechadme con vuestro Hijo, pero estrechadme tanto que yo no pueda verme nunca separado de este Sefior. MEDITACION II. Corazon de Jestis deseoso de ser amado. Jestis no tiene necesidad de nosotros; Con nuestro amor y sin él es igualmente feliz, poderoso; y esto hizo decir a santo Tomas: «Jesucristo porque nos amé de- sea tanto nuestro amor, como si el hombre fuese su Dios, y la felicidad suya dependiese de la del hombre». El santo Job se pasmaba, y decia: gQué cosa es el hom- bre, para que le engrandezcas, o por qué pones sobre él tu corazén *'? ;Cémo un Dios desear y buscar con tanta premura el amor de un gusano? Gran favor habria sido que Dios solamente nos hubiese permitido amarle. Si 81 Job, VII, 17. — 169- un vasallo dijese a su rey: «Sefior y 0 os amo», hubiese pasado por un temerario. Pues {qué se dijera si el Rey hablase a su vasallo en estos términos: «,yo quiero que me ames?» A esto no se abajan los principes de la tie- rra; pero Jestis del cielo es el que nos pide con tanto empefio nuestro amor, y con tanto apremio nuestro corazon, diciéndonos: Dame, hijo, tu corazén: Praebe, fili mi, cor tuum *. Y si alguna vez se ve desechado de un alma, él no se marcha, sino que se coloca fuera la puerta del corazén, y llama y golpea para entrar, y le ruega que abra, llamandola esposa y,hermana: «Abre- me, hermana mia, esposa mia», le dice. En suma, Je- stis halla sus delicias en verse amado de nosotros, y todo se consuela cuando un alma le dice y le repite con frecuencia: «Mi Dios, yo os amo». Todo esto es efecto del grande amor que nos tiene, porque quien ama, necesariamente desea ser amado. El corazén pide el coraz6n, el amor busca amor. {Para qué ama Dios sino para ser amado? dice san Bernar- do; y antes lo dice Dios mismo: {Qué te pide el Sefior Dios tuyo sino que le temas y le ames **? Por esto nos hace saber que é1 es aquel buen pastor, quien encon- trando la oveja perdida llama a todos para que se con- gratulen con él: nos hace saber también que él es aquel padre que cuando vuelve un hijo perdido a sus pies, no solo le perdona, sino que le abraza tiernamente. Nos 82 Prov. XXIII. 83 Deut. X, 12. -170- dice iltimamente: que quien no le ama queda conde- nado a, la muerte; y al contrario, él que le ama, mora en el y le posee. Luego ztantos ruegos, tantas instan- cias, tantas amenazas y promesas no nos moverdn a amar a Dios, que tanto desea ser amado de nosotros? Afectos y stiplicas. Amado Redentor mio, os diré con san Agustin, Vos me mandais que os ame, y si no os amo me amenazais con el infierno; pero, ,qué infierno mas horrible, que desgracia mds grande puede sucederme que ser priva- do de vuestro amor? Si queréis, pues, aterrarme, amenazadme solamente con que he de vivir sin amaros, porque esta sola amenaza me espanta mas que mil in- fiernos. Si en medio de sus llamas pudiesen los conde- nados arder en vuestro amor, el infierno se convertiria en un paraiso; y si al contrario los bienaventurados en el cielo no pudiesen amaros, el paraiso vendria a ser un infierno. Asi san Agustin. Veo ya, mi amado Jestis, que yo por mis pecados mereceria ser abandonado de vuestra gracia, y con esto condenado a no poder amaron mas; pero oigo que Vos seguis manddndome que os ame, y siento un gran deseo de amaros. Este mi deseo es un don de vuestra gracia que Vos me dais. Dadme también la fuerza de ejecutar- lo, y haced que de veras y con todo el coraz6n de hoy en adelante os diga y repita siempre: Mi Dios, yo os amo, -171- yo os amo, yo os amo. Olvidaos, Sefior, de los disgustos que hasta aqui os he dado. Amémonos siempre; yo nun- ca os dejaré, y Vos tampoco me dejéis. Amado Salvador mio, vuestros méritos son mi esperanza: Ea pues, ha- ceos amar siempre, y haceos amar debidamente de un pecador que os ha ofendido muchisimo. jVirgen inmaculada Maria, ayudadme, rogad a Jesus por mi! MEDITACION IV. Corazon dolorido de Jests. No es posible considerar cuanto fue poseido del do- lor el coraz6n de Jests en esta tierra por nuestro amor; sin compadecerlo él mismo nos dié a entender que su corazon lleg6 a estar afectado de tanta tristeza, que ella sola habria bastado para quitarle la vida y hacerle morir de puro dolor, si la virtud de su divinidad no hubiese impedido milagrosamente la muerte. El ma- yor dolor que afligié al corazon de Jestis, no fue cier- tamente la vista de los tormentos y de los vituperios que los hombres le preparaban, sino el ver la ingrati- tud de ellos a su amor. Previ6 ya distintamente todos y cada uno de los pecados que habiamos de cometer des- pués de tantas penas, y de una muerte tan amarga e ignominiosa como padeci6. Previé especialmente las horrendas injurias que habian de hacer los hombres a su corazon adorable, que nos dejaba por testimonio de -172- su afecto en el santisimo Sacramento. jOh Dios! y, ;qué ultrajes no ha recibido en él por parte de los hombres? {Quién le ha hollado, quién le ha arrojado a los alba- fiales, quién se ha servido del mismo para hacer obse- quio al demonio...? Y no obstante, la vista de estos desprecios no le impidi6 el dejarnos esta gran prenda de amor. Aborrece Jestis sumamente el pecado, pero su amor hacia nosotros parece que haya superado el odio que tiene al pecado, habiendo querido permitir tantos sacrilegios antes que privar de este alimento divino a las almas que le aman. Y todo esto gno seran bastante para rendirse a amar a un corazon que tanto nos ha amado? ;Acaso Jesucristo no ha hecho cuanto era necesario para merecerse. nuestro amor? jIngra- tos! ;Dejaremos aun abandonado a Jestis sobre el al- tar, como hacen la mayor parte de los hombres? y zno nos uniremos mas presto con aquellas pocas almas devotas que lo saben hacer conocer hasta derretirse de amor como las antorchas que arden al rededor de su sagrado tabernaculo? Alli esta el coraz6n de Jesus ar- diendo de amor por nosotros; y nosotros en su presen- cia no arderemos de amor por Jesus? Afectos y stiplicas. jOh adorado y mi amado Jesus! ved a vuestros piés al que tanto dolor ha causado a vuestro corazon. jOh Dios! y ,c6mo he podido yo llenar de amargura aquel -173- coraz6n que tanto me ha amado, y que nada ha perdo- nado para hacerse amar de mi? Mas, diré asi «Conso- laos, Salvador mio, sabed que mi coraz6n herido por gracia de vuestro santo amor experimenta al presente tanta pena por los disgustos que os ha dado, que qui- siera morir de dolor. ;Oh! jquién me diese, «Jestis mio; sentir aquel dolor de mis pecados que Vos tuvisteis en vuestra vida!». Eterno Padre, yo os ofrezco la pena y aborrecimiento que de mis culpas tuvo vuestro Hijo; y por esto os ruego me deis un sentimiento tan grande de las ofensas cometidas por mi, que me haga vivir siempre afligido, pensando haber despreciado un tiem- po vuestra amistad. Y Vos, Jestis mio, de hoy en ade- lante dadme un horror tal al pecado, que me haga abo- rrecer aun las culpas més ligeras, considerando que os desagradan a Vos, que no merecéis disgusto alguno, sino slo un amor infinito. Amado Salvador mio, aho- ra yo detesto todo aquello que os desagrada, y para lo sucesivo no quiero sino a Vos, y aquello que amais Vos. Ayudadme, dadme fuerza, dadme la gracia de invocaros siempre, 0 mi Jestis, y de repetiros siempre esta siplica «Jess mio, dadme vuestro amor, dadme vuestro amor, dadme vuestro amor». Y Vos, Maria san- tisima, alcanzadme la gracia de rogaros siempre, y deciros: Madre mia, hacedme amar a Jesucristo. -174- MEDITACION V. Corazon piadoso de Jesus. Y jd6nde podremos jamas hallar un corazon mas piadoso y mas tierno que el de Jestis, y que haya teni- do mas compasi6n de nuestras miserias? Vista piedad le hizo bajar del cielo a la tierra. Lo mismo hizole de- cir, que él era el buen pastor venido a dar la vida por salvar a sus ovejas; el que por alcanzarnos perdén a nosotros pecadores, no perdoné a si mismo, y quiso sacrificarse sobre la cruz para satisfacer con su pena el castigo que a nosotros debido era. Esta compasion y esta piedad le hace decir aun al presente como anti- guamente a Israel por su Profeta: ;Por qué habéis de morir? convertios y viviréis *. Pobres hijos mios, ,por qué os queréis condenar huyendo de mi? {No veis que separandoos de mi correis a la muerte eterna? Yo no quiero veros perdidos; no desconfiéis. Siempre que querdis volver a mi, volved y recobraréis la vida: Revertimini et vivite. La misma piedad le hace mani- festar a Jestis que él es aquel padre amoroso, quien, aunque se vea despreciado del hijo, si este vuelve arre- pentido, no sabe desecharlo, sino que le abraza tierna- mente y se olvida de todas las injurias recibidas. No se conducen asi los hombres; los cuales, aunque perdo- 84 Ezech. II -175- nen, no obstante siempre retienen la memoria de la ofensa recibida, y se sienten movidos a la venganza; y si por el temor a Dios la suspenden, cuando menos experimentan una gran repugnancia en conversar y entretenerse con aquellas personas que los han vilipen- diado. ;Ah Jestis mio! Vos perdondais a los pecadores arrepentidos, y no rehusdis daros todo a ellos en la san- ta Comunién, durante la vida presente, y todo tam- bién después en la venidera del cielo por medio de la gloria, sin conservar la mas minima repugnancia de tener entre vuestros brazos aquella alma que os ha ofen- dido, y por toda una eternidad. Y ;dénde puede ha- Ilarse coraz6n tan amable y tan piadoso como el vues- tro, o mi adorado Salvador? Afectos y stipilcas. Corazon piadoso de Jestis, tened compasién de mi, os digo ahora, y dadme la gracia de decirlo siempre. Jestis dulcisimo, tened piedad de mi. Antes que yo os ofendiese, oh mi Salvador, no merecia ninguna de tan- tas gracias que me habéis hecho. Vos me habéis criado, me habéis dado tantas luces, todo sin algun mérito mio. Mas después que os he ofendido, no sélo no era digno de favores, sino que merecia vuestro abandono y el infier- no. Vuestra piedad ha hecho que esperdseis, y me conservaseis la vida cuando yo estaba en desgracia con Vos. Vuestra piedad me ha iluminado é invitado al per- -176- don. Ella me ha dado dolor de mis pecados, ella el deseo de amaros; y ahora espero ya por vuestra piedad de ha- llarme en vuestra gracia. Ea pues, Jestis mio, no dejeis de seguir usando conmigo de piedad. La misericordia que os pido es que me deis luces y fuerzas para no seros mas ingrato. No, amor mio, no pretendo que me hayais de perdonar si vuelvo a daros las espaldas. Esta, seria una presunci6n que os impediria usar mas de misericor- dia conmigo. Y zqué piedad deberia esperar yo de Vos si ingrato despreciase de nuevo vuestra misericordia y me apartase de Vos? No, Jestis mio, yo os amo, quiero siem- pre amaros, y esta es la misericordia que espero y solici- to de Vos. Os ruego también, 0 madre mia Maria, no permitais que yo haya de separarme de mi Dios. MEDITACION VI Corazon liberal de Jesucristo. Es propio de las personas de buen corazon desear contentar a todos, especialmente a los mas necesita- dos y afligidos. ;,Dénde, pues, se podra encontrar ja- més una persona de mejor coraz6n que Jestis? El, por cuanto es bondad infinita, tiene un deseo sumo de co- municarnos sus riquezas, las cuales, dice, posee para enriquecer a los que lo aman. Y a este fin se ha hecho pobre, dice el Apéstol, para hacernos ricos con su po- breza. A este fin también ha querido quedarse con no- -177- sotros en el Santisimo Sacramento, donde en todo tiem- po esta con las manos Ilenas de gracias (segun fue vis- to por el P. Baltasar Alvarez) para dispensarlas a quien viene a visitarlo. A este fin uiltimamente se da todo a nosotros en la santa Comuni6n para hacernos enten- der que no sabra negarnos sus bienes mientras Ilegue a darsenos todo a si mismo. Asi que, en el corazén de Jestis nosotros hallamos todo bien, toda gracia que deseamos; razon por la que nos dice san Pablo: En to- das las cosas sois enriquecidos en Jesucristo, de mane- ra que nada os falte en ninguna gracia. Y entendamos que nosotros somos deudores al corazon de Jestis de todas las gracias recibidas, de la redencion, de la vo- cacion, de las luces, del perdén, de la ayuda en resistir las tentaciones, del sufrimiento en las adversidades. Si, porque sin su socorro nada podiamos hacer de bue- no. Y si hasta aqui, dice el Sefior, vosotros no habéis recibido mas gracias, no os quejeis de mi, quejaos de que os habéis descuidado de pedirmelas. ;Oh! y jc6mo es rico y liberal el coraz6n de Jestis para todo el que recurre a él! ;jOh cudn grandes son las misericordias que reciben las almas siempre atentas a buscar ayuda en Jesucristoj porque tu, Senor, diré con David, eres suave y apacible y de mucha misericordia para los que te invocan!.** Vamos, pues, siempre a este corazén, pidamos confiadamente, y lo alcanzarémos todo. 85 Psalm. LXXXy, 5. -178- Afectos y suplicas. iAh Jestis mio! Vos no habéis repugnado de darme la sangre y la vida, y zrepugnaré yo de daros mi cora- z6n miserable? No, mi amado Redentor, yo os lo ofrez- co todo, os doy toda mi voluntad; aceptadla y dispo- ned de ella a vuestro placer. No tengo ni puedo cosa alguna; pero tengo este corazon que me habéis dado, del cual ninguno puede privarme. Puedo ser privado del vestido, de la sangre, de la vida, pero nunca del corazon. Con él yo puedo y quiero amaros. Ea, pues, Dios mio, ensefiadme la perfecta abnegacion de mi mismo; ensefiadme lo que debo hacer para llegar a vuestro puro amor, del cual por vuestra bondad me habéis inspirado los deseos. Yo siento en mi una vo- luntad resuelta a agradaros, pero para ejecutarla, es- pero de Vos, y pido la ayuda. A Vos toca, amante cora- z6n de Jestis, hacer todo vuestro mi pobre coraz6n que hasta aqui os ha sido tan ingrato y privado por su cul- pa de vuestro amor. Haced, pues, que esté todo infla- mado por Vos, a la manera que el vuestro esta encen- dido todo por mi: que mi voluntad se halle unida toda a la vuestra, de modo que yo no quiera sino lo que Vos quereis; y de hoy en adelante vuestra santa voluntad sea la regla de todas mis acciones, de todos mis pensa- mientos y de todos mis deseos. Yo espero, Sefior, que no me negaréis vuestra gracia para ejecutar esta mi resolucién que hago hoy a vuestros piés, de abrazar -179- con gusto cuanto dispongais de mi y de mis cosas, asi en vida como en muerte. Feliz Vos, 0 Maria inmaculada, que tuvisteis el corazén siempre y ente- ramente conforme al de Jestis. Ea, pues, Madre mia, alcanzadme que por lo venidero no quiera ni desee otra cosa sino lo que quiera Jestis y querais Vos. MEDITACION VII. Corazon agradecido de Jesus. Es de tal manera agradecido el corazén de Jestis, que no sabe ver alguna obra nuestra, por minima que sea, practicada por su amor, alguna insignificante palabra dicha por su gloria, algun pensamiento deliberado de su agrado, sin darnos a cada uno la merecida recom- pensa. Por otra parte, es tan agradecido, que siempre da el ciento por uno. Los hombres que se precian de tales, si recompensan cualquier beneficio lo hacen una vez, se quitan la obligacién (como suele decirse), y des- pués no piensan mas en ello. Jesucristo no obra asi con nosotros. Todo acto nuestro bueno, hecho por compla- cerle, no s6lo lo recompensa centuplicadamente en esta vida; sino que en la otra lo premia infinitas veces todos los momentos y por toda una eternidad. Y ;quién sera tan descuidado que no haga cuanto pueda por conten- tar este coraz6n tan agradecido? Pero joh Dios! jde qué manera atienden los hombres a complacer a Jesucristo! — 180- Diré mejor, jcémo podemos ser nosotros tan ingratos con este Salvador nuestro! Si él no hubiese derramado més que una sola gota de sangre, una sola lagrima por nuestra salvacion, aun asi le estariamos infinitamente obligados; pues que esta gota y esta lagrima serian tam- bién de un infinito valor ante Dios, para alcanzarnos toda gracia. Mas, Jestis ha querido emplear por noso- tros todos los momentos de su vida, nos ha dado todos sus méritos, todas sus penas, las ignominias, toda la san- gre y la vida; asi que, no una, sino infinitas obligaciones tenemos de amarle. Pero jay de mi! jque nosotros so- mos agradecidos aun con las bestias que nos muestran alguna sefial de carifio, y slo somos ingratos con Dios! Sus beneficios parece que mudan de naturaleza para con los hombres, y vienen a ser malos tratamientos cuan- do en vez de gratitud y de amor solo reportan ofensas e injurias. Iluminad, o Sefior, a estos ingratos para que conozcan el amor que Vos les tenéis. Afectos y stiplicas. jOh amado Jestis! ved a vuestros pies el ingrato. Yo he sido, ciertamente agradecido con las criaturas; tni- camente con Vos no lo he sido, con Vos, digo, que habéis muerto por mi, y no habéis tenido mas que hacer para ponerme en obligacién de amaros. Me consuela y anima el tratar con un corazon de bondad y misericordia infi- nita, que nos protesta olvidarse de todas las ofensas de — 181- quien se arrepiente y le ama. Mi amado Jestis, hasta aqui yo os he ofendido, os he despreciado pero ahora os amo sobre todas las cosas mas que a mi mismo. Decid qué es lo que queréis de mi, que estoy pronto a ejecutarlo con vuestra gracia. Creo que me habéis criado, me habéis dado la sangre y la vida por amor mio: creo también que por mi os habéis quedado en el Santisimo Sacramento; os doy de ello las gracias, amor mio. ;Ah! no permitdis que en lo sucesivo sea yo ingrato a tantos beneficios y testimonios de yuestro amor. Ligadme, estrechadme a vuestro coraz6n, y no permitdis que yo en la vida que me resta haya de daros mas disgustos y amarguras. Bas- ta, Sefior mio, cuanto os he ofendido: ahora quiero amaros. jOh si volviese a recuperar mis afios perdidos! Pero no, que estos no vuelven ya, y poca sera la vida que me queda. Mas, sea poca o mucha, {Dios mio! el tiempo que me resta vivir todo lo quiero emplear en amar a Vos, sumo bien, que mereceis un amor eterno e infinito. Ma- ria, madre mia, no permitdis que Yo haya de ser mds ingrato a vuestro hijo. Rogad a Jestis por mi. MEDITACION VIII Corazon de, Jestis despreciado. No hay mayor pena para un corazén que ama, cual lo es el ver despreciado su amor; y tanto mas cuanto las demostraciones de este amor han sido grandes y a — 182- su vez es grande la ingratitud. Si cada hombre renun- ciase a todos sus bienes y se fuese a vivir en un desier- to, alimentandose de yerbas, durmiendo sobre la tie- rra, castigando su cuerpo con la penitencia, y final- mente se hiciese despedazar por Jesucristo, jqué re- compensa daria a la sangre, a la vida, que este grande Hijo de Dios ha ofrecido por su amor? Si nosotros nos sacrificdsemos hasta la muerte todos los momentos, aun asi no podriamos recompensar en la mas pequefia parte el amor que Jesucristo nos ha manifestado al darsenos en el Santisimo Sacramento. jUn Dios colo- carse bajo las especies de un poco de pan, y hacerse alimento de una criatura! Pero joh! jcual es la recom- pensa que dan los hombres a Jesucristo? {cual es? malos tratamientos, desprecios de sus leyes y sus maxi- mas, injurias tales, que no las harian a un enemigo suyo, a un esclavo, o al peor villano de la tierra. Y {podrémos nosotros pensar en estos malos tratamien- tos, que ha recibido y recibe todos los dias Jesucristo sin sentir pena y sin procurar con nuestro amor co- rresponder al inmenso que nos tiene su coraz6n divi- no? {Podremos ser indiferentes al deseo que nos mues- tra en ese Sacramento de comunicarnos todos sus bie- nes, y darsenos todo a si mismo, estando pronto para recibirnos en su coraz6n siempre que vayamos a é1? Nos hemos acostumbrado a oir nombrar creaci6n, encarnacién, redencién: Jests nacido en un establo, Jestis muerto en cruz; por esto ninguno de tantos be- - 183 - neficios nos causa impresion. ;Oh Dios! Si supiéramos que otro hombre nos habia hecho alguno de ellos, no podriamos menos de amarlo. Solo Dios parece que ten- ga (digd4moslo asi) esta mala suerte con los hombres; quien no teniendo mas que hacer para atraerse el amor de ellos, no puede llegar a este intento; y en vez de ser amado, se ve vilipendiado y pospuesto. Todo nace de la falta que tienen los hombres de amor a este Dios. Afectos y stiplicas. iOh coraz6n de mi Jestis, abismo de misericordia y de amor! ,c6mo a vista de la bondad que conmigo ha- béis usado, y de la ingratitud con que os he correspon- dido yo, no muero y no me deshago de dolor? Vos, Sal- vador mio, después de haberme dado el ser me habéis dado toda vuestra sangre y la vida, entregdndoos a las ignominias y a la muerte por amor mio; y no contento de esto habéis ademas inventado el modo de sacrificaros todos los dias por mi en el sagrado altar, no rehusando exponeros a las injurias que debjais re- cibir y que ya preveiais en el Sacramento de amor. jOh Dios! ,c6mo puedo verme, pues, tan ingrato a Vos sin morir de confusi6n? ;Ah Sefior! poned fin a mis ingra- titudes hiriéndome el coraz6n con vuestro amor y ha- ciéndome todo vuestro. Acordaos de la sangre y de las lagrimas que habéis derramado por mi y perdonadme. jOh! jno sean perdidas para mi tantas penas vuestras! -184- Pero Vos, aunque me hayais visto tan ingrato e indig- no de vuestro amor, no habéis dejado de amarme has- ta en aquel tiempo en que yo no os amaba y ni siquiera deseaba que me amaseis. ;Cudnto mas, pues, debo es- perar yo vuestro amor ahora, que no quiero otro, ni suspiro sino por amaros y ser amado de Vos? Ea, pues, Sejior, satisfaced de lleno este mi deseo; diré mejor este deseo vuestro, porque Vos sois quien me lo dais. Ha- ced que este dia sea el de mi total conversién, de ma- nera que comience a amaros para no cesar jamas. Ha- ced que yo muera en todo a mi mismo para no vivir sino para Vos y para arder siempre de vuestro amor jOh Maria! feliz vuestro corazon, que cual el de Jesus estuvo siempre inflamado del divino amor. Madre mia amada, hacedme semejante a Vos. Rogadle a vuestro Hijo, que se goza de honraros con no negaros nada de cuanto le pedis. MEDITACION IX. Corazon fiel de Jesus. jOh! y qué fiel es el bello corazén de Jesucristo con aquellos que llama a su santo amor: Fiel es, dice san Pablo **, el que os ha llamado; el cual también lo cum- plird. Su fidelidad nos da la confianza de esperarlo 86 I Thes. V, 24. - 185 - todo, aunque nada merezcamos. Si hemos desechado a Dios de nuestro corazon, abramosle la puerta, y en- trara al momento segtin su promesa: Si alguno me abriese la puerta, entraré a él *’. Si querernos gracias, piddmoslas a Dios en nombre de Jesucristo, pues él nos ha prometido que las obtendremos. Si somos ten- tados, confiemos en sus méritos, que no permitird nos combatan nuestros enemigos sobre nuestras fuerzas. jOh! jcudnto mejor es tratar con Dios que con los hombres! ;Cuantas veces los hombres prometen, y des- pués faltan, 0 porque mienten al prometer 0 porque después de la promesa mudan de voluntad! No es Dios como el hombre, dice el Espiritu Santo, para que mien- ta, ni como el hijo del hombre para que se mude *. Dios no puede ser infiel en sus promesas; porque no puede mentir siendo la misma verdad, ni puede mu- dar la voluntad, porque todo aquello que quiere es rec- to y justo. Ha prometido, pues, recibir a todo el que viene a él, dar ayuda a quien se la pide, amar a quien le ama, y después {no lo hard? jOh si fuésemos noso- tros fieles con Dios como él lo es con nosotros! Hasta aqui jcudntas veces le hemos prometido ser suyos, ser- virle y amarle, y después le hemos hecho traici6n; y despidiéndonos de su servicio nos hemos vendido por esclavos del demonio! jAh! pidamosle que nos dé fuer- za para serle fieles en lo sucesivo. ;Oh! jfelices noso- 87 Apoe. III, 2. 88 Num, XXIII, 19, — 186- tros si fuésemos fieles a Jesucristo en aquellas pocas cosas que ordena! Este Sefior sera fiel en remunerar- nos con premios muy grandes, y nos hara oir aquello que ha prometido a sus siervos fieles: Muy bien, siervo bueno y fiel, porque fuiste fiel en lo poco te pondré so- bre lo mucho; entra en el gozo de tu Senor ®. Afectos y stiplicas. Amado Redentor mio, joh, si hubiese yo sido fiel con Vos, como lo habéis sido conmigo! Siempre que he abierto mi corazén, Vos habeis entrado a perdonarme y arecibirme en vuestra gracia: siempre que os he Ila- mado habéis corrido a ayudarme. Vos habéis estado fiel conmigo, pero yo he estado muy infiel con Vos; os he prometido serviros, y después os he vuelto tantas veces las espaldas; os he prometido mi amor, y des- pués tantas veces os he negado: como si Vos, mi Dios, que me habéis creado y redimido fueseis menos digno de ser amado que las criaturas, y aquellos mis gustos miserables por los que os he dejado. Perdonadme, Je- sts mio: conozco mi ingratitud y la aborrezco: conoz- co que Vos sois bondad infinita, que mereceis un amor infinito especialmente de mi, que después de tantas ofensas que os he hecho me habéis amado tanto. jPo- bre de mi si me condenase! Las gracias que me habéis 89 Math. XV, 21. - 187- hecho y las sefiales de afecto especial que me habéis mostrado, serian, oh Dios, el infierno de mi infierno. jAh! no, amor mio, tened piedad de mi, no permitais que yo os vuelva a dejar; y que después condenando- me segtin mereciera, hubiese yo de seguir en el infier- no a pagar con injurias y odio el amor que me habéis tenido. Ea, pues, coraz6n enamorado y fiel de Jestis, infla- mad el miserable corazén mio para que arda por Vos como Vos ardéis por mi. Jestis mio, al presente parece que yo os amo, pero os amo poco; haced que os ame conforme es debido y que os sea fiel hasta la muerte. Esta gracia os pido juntamente con la de seguir siem- pre en pedirla. Hacedme morir antes que yo os haya traicién de nuevo. ;Oh Maria, madre mia! ayudadme a ser fiel a vuestro Hijo. — 188- Cancion al Sagrado Corazon de Jesus. Vuela, si, vuela, alma mia, De Jestis al corazén, Y en esta dulce prision Hallaras la libertad. {No ves que por todas partes Te persiguen, pobrecita? Vuela al Arca, 0 palomita, Y hallards seguridad. {Por qué tardas en hacerlo? Deja el mundo y sus embustes, Y otra cosa ya no gustes Que lo que Dios solo da: jOh Jestis! dame acogida En tu pecho amante, amado; Que desecho ya el pecado, Y al mundo aborrezco ya. Nada mas quiero que amarte, Y amandome tti también, En ti solo el sumo bien Podré hallar unida a ti: Y si, encerrada en tu pecho, De morir es ya mi suerte, Tan feliz y dulce muerte Sera vida para mi. FIN. — 189 - INDICE DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN ESTA OBRITA PROLOGO DEL TRADUCTOR.... MEDITACIONES PARA TODOS LOS DiAS DE ADVIENTO HASTA LA NOVENA DEL NACIMIENTO DE JESUCRISTO. Meditacion - VIII Meditacién - IX .. Meditacién - X Meditacion - X Meditacién - XII. Meditacién - XIII Meditacién - XIV Meditacin - XV. Meditacién - XVI Meditacién - XVI Meditacién - XVIII. MEDITACIONES PARA LOS NUEVE DIAS ANTES DE LA NATIVIDAD. Meditacién - I .. Meditacion - IT - 190 -— Meditacién - III Meditacién - IV Meditacién - V Meditacién - VI Meditacién - VI Meditacién - VIII Meditacién - IX .. MEDITACIONES PARA LA OCTAVA DE NATIVIDAD HASTA LA EPIFANIA. Meditacién I - DelNacimiento de Jestis Meditacién II - Jestis nace nifio Meditacién III - De Jestis en fajas Meditacion IV - De Jestis que toma leche Meditacién V - De Jestis sobre la paj Meditacién VI - De Jestis que duerm Meditacién VII - De Jestis que llora. Meditacién VIII - Del nombre de Jess Meditacién IX - De la soledad de Jestis en el establ Meditacién X - De las ocupaciones del nifio Jestis en el establo de Belén... Meditacién XI - De la pobreza del nifio MEDITACIONES PARA LOS DIAS DE LA OCTAVA DE LA EPIFANIA. Meditacién I - De la adoracién de los Magos Meditacién II - De la presentacién de Jestis al templo Meditacién III - De la huida de Jestis 4 Egipto .. Meditacin IV - De la mansion de Jestis en Egipto Meditacién V -De la vuelta de Jestis de Egipto.... Meditacién VI -De la morada de Jestis en Nazaret Meditacién VII - Continia el mismo asunto ...... Meditacién VIII - De la pérdida de Jestis en el templ Ejemplos del nifio Jesis.... —191- 129 131 134 137 140 143 146 148 151

También podría gustarte