Genara Castillo Córdova
III. PLATÓN (427-347)
Fue discípulo de Sócrates, quien le impactó profundamente, no sólo por su agudeza
intelectual sino especialmente por la autenticidad de su vida. Sería muy joven cuando
asistiría a la muerte de Sócrates. Al escándalo de ver que una sociedad condenaba a
morir precisamente al hombre que más amaba la verdad, se añadiría el ejemplo de su
maestro: la convicción –hecha vida– de que sólo merece la pena vivir si es conforme a
la verdad, cuya búsqueda justifica una vida y es la actividad más propiamente humana
que se pueda realizar.
Pero Justamente por ese regalo recibido del ejemplo de una vida realmente
auténtica, que amaba apasionadamente la verdad, Platón se propone continuar la
empresa socrática de penetrar con las armas de la razón en lo más profundo de la
realidad que nos rodea y ascender por ella a la serena contemplación de la verdad.
Este empeño ganó para la filosofía a uno de los grandes espíritus de la humanidad:
Aristoclés, llamado familiarmente por sus compañeros Platón.
Platón nace el año 427 a. C. y muere en el 347. Pertenece a la nobleza más antigua
de Atenas. Funda la Academia en el 387 la "Academia". Su obra es todavía muy
estudiada en la actualidad. Es autor de veinticuatro diálogos (contando sólo los de
reconocida autenticidad). Para un primer acercamiento a Platón es útil la lectura, al
menos, de los siguientes: Apología de Sócrates, Crátilo, El Banquete, Fedón, Menón,
La República, y las Leyes.
Platón supo expresar su pensamiento con la belleza del mito y de la fantasía; lo cual
le permite difundir la idea de que la realidad es de tal riqueza que sólo queda expresarla
a través del arte, por lo que consciente también de su condición de filósofo –amante de
la sabiduría–, huyó siempre del dogmatismo y del sistema cerrado, para atenerse a la
actitud humilde del poeta que se expresa por analogías y comparaciones.
Éste es un gran mérito de Platón ya que después de descubrir la verdad, el
problema, mejor dicho, la tarea es ¿cómo expreso esto que he visto? Se suele decir
que la claridad es la cortesía del filósofo, pero lo que se puede llegar a inteligir es a
veces, sumamente rico y complejo, y a veces nos parece que nos faltan palabras para
expresarlo, lo cual requiere una praxis especial para exponerlo, tratando de no
desfigurar aquello que se quiere comunicar. Saberle cantar a la verdad es todo un arte
y a veces es muy difícil. Por ejemplo, a veces uno lo comprueba cuando se trata de
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explicar cómo es aquella persona maravillosa que se conoce y al final las palabras se
nos caen de las manos, nos resultan insuficientes. Probablemente la felicidad
imperecedera será cantar, ante la presencia de la Realidad más plena.
Otro mérito de Platón es haber sido coherente intentado poner en práctica su
filosofía moral en la vida política de aquel entonces. Esto le lleva a intervenir en los
asuntos de la Polis, para poner a prueba sus ideas. Toma parte en la guerra de Corinto.
Entre el 399 y el 388 se dedica a viajar. Intenta hacer realidad sus ideales ético-políticos
en Siracusa, a través del tirano Dionisio I. Sin embargo, fracasa y está a punto de ser
vendido como esclavo. Después de volver a Atenas y fundar la Academia, intenta de
nuevo plasmar sus ideales ético-políticos en Siracusa, esta vez a través de Dionisio II,
pero vuelve a fracasar. Sin embargo, todo ello le sirvió para aprender y madurar su
filosofía política.
Las líneas fundamentales de su pensamiento son:
1. Interpretación platónica de la realidad.
En cuanto a la interpretación de la realidad Platón recibió la herencia de los
Filósofos metafísicos: Parménides y Heráclito. A partir de ellos se podría
preguntar: ¿Cómo es la realidad, única (permanente), como dice Parménides
o cambiante, como dice Heráclito?
Platón se pregunta, pues, ¿qué es la realidad? Es la pregunta por el ser por
el principio radical de lo real, en definitiva se pregunta por el ser. Y en esa
línea va a proseguir. Lo que de entrada no considera es que el principio
fundamental sea como sostiene Heráclito, la movilidad universal o el continuo
cambio.
Según Platón, y como veremos después, podemos tener experiencia tanto
de lo cambiante como de lo permanente, lo primero se encuentra en el
ámbito del conocimiento sensorial y lo segundo en el ámbito del
conocimiento intelectual, lo único es que considerará que son dos mundos
aparte.
Platón trata de sugerirnos su pensamiento acerca de la realidad a través de
la belleza de mitos muy sugestivos, con imágenes muy sugerentes. Los
principales son el Mito del Carro Alado, con el que nos expone su teoría de
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las Ideas, que según él constituyen el arjé, y el problema de qué sea la
realidad. El otro es el Mito de la Caverna con el que se expresa cómo están
constituidas las cosas concretas, materiales de este mundo y dónde se
encuentra el conocimiento verdadero. Junto con su planteamiento sobre lo
que es la realidad, está su concepción de lo que es el hombre que es quien
en definitiva va a acceder a esa realidad.
a. La teoría de las Ideas
En el Mito del Carro alado, Platón afirma los siguiente: "el alma es semejante
a un carro alado del que tiran dos briosos corceles –uno blanco y otro negro-
regidos por un auriga moderador" El caballo blanco simboliza el ánimo o
tendencia noble del alma; el negro el apetito o pasión baja, bestial. El auriga
es la razón que debe gobernar el conjunto.
Así, el alma vive en un cielo empíreo, donde existe pura antes de encarnarse
en un cuerpo y descender a este mundo. Aquel mundo celeste es el lugar
propio de las Ideas y junto a ellas el alma se encuentra como en su
"elemento" propio. Allí el alma se dedica a la contemplación de las Ideas.
Es importante entender lo que para Platón significa Idea. Para nosotros la
idea es algo mental, obtenida a partir de la realidad, y expresada en el
concepto que puede atribuirse a varios sujetos que poseen dichas
características comunes. En cambio, para Platón la Idea es algo real.
Eidos significa etimológicamente "lo que se ve", es la esencia universal,
desprovista de toda individualidad material, pero existente en sí, fuera de la
mente. El mundo de las Ideas es donde el alma existió antes de venir a este
mundo. El hombre en sí, la belleza en sí, son ideas subsistentes que existen
en aquel cielo empíreo.
Es de esa realidad de las Ideas que participan todas las demás cosas de
este mundo: "las cosas tienen ellas mismas su esencia estable, no relativa a
nosotros, ni dependiente de nosotros, sino que existen por sí mismas
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conforme a la esencia que les es natural" (Crátilo). La única manera de
acceder a esa realidad es por medio de la contemplación intelectual.
Pero la situación bienaventurada del auriga sufre un accidente causado por
el impulso desordenado del caballo negro y el cochero cae a este mundo,
tomando cuerpo; por lo que éste es visto como un castigo para el alma, que
pierde la contemplación directa de las Ideas que tenía en el cielo empíreo.
Sin embargo, en su nuevo estado no ha olvidado definitivamente aquellas
Ideas que había contemplado antes y cada vez que ve algo “recuerda” un
rasgo similar de lo que contempló en su vida anterior. Encadenado a los
sentidos sólo le queda moverse en un mundo de sombras, ya que sólo se
queda en el nivel de los sentidos. Así, cuando ve una fruta buena, una
persona buena, una acción buena, reconocerá algo de la idea de bondad.
En el Mito de la Caverna, Platón narra la situación de unos prisioneros que
desde niños han estado encadenados en una oscura caverna, obligados a
mirar la pared, en la que se reflejan las sombras de lo que pasa por encima
de ella a través de una luz. Los prisioneros creen que aquellas sombras son
la realidad, hasta que uno de ellos logra, con gran esfuerzo, soltarse de las
cadenas e inicia una escalada hacia el exterior, al hacerlo se da cuenta que
la verdadera realidad está fuera de la Caverna y que lo que ellos han estado
mirando han sido solamente las sombras que aquella proyectaba.
Con este mito Platón representa la condición humana: La Caverna es este
mundo nuestro en que vivimos, la luz que entra por la Caverna es la
proyección de la inteligibilidad de aquella realidad. La realidad que está fuera
de la caverna es el mundo de las Ideas, aquel cielo empíreo en el que
existen las Ideas o arquetipos universales de las cosas que participan su ser
a las cosas concretas, sensibles, que captan nuestros sentidos, y que viene
a ser las sombras que captamos. Así, la idea de árbol existe fuera de este
mundo en sí misma y de ella participa el algarrobo, el pino, etc., en el que
está la esencia de árbol pero no en sí misma sino mezclada con las
particularidades materiales.
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Por tanto, la materia es para Platón algo negativo, oscuro, que da limitación,
individuación a las cosas. Por tanto, no son la realidad, sino sombras,
representaciones sensibles de la auténtica realidad que está fuera de este
mundo.
Por tanto, aún cuando Platón acepta el mundo de lo sensible y de lo
intelectual no llega a unirlos realmente, sino que los separa radicalmente:
uno es el mundo sensible y otro el inteligible, son dos mundos totalmente
diferentes.
b. La existencia de dos mundos:
Según Platón existe una diferencia radical entre el mundo sensible, que es
un mundo de sombras proyectadas sobre el fondo de una caverna oscura y
aquel otro mundo inteligible, aquel cielo empíreo donde existen las Ideas en
sí mismas. Las cosas de este mundo sensible no son más que sombras
efímeras, transitorias, imperfectas que reflejan aquellas Ideas puras,
perfectas, inmutables, etc. Las Ideas son los modelos “ejemplares”, formas
inmateriales, a las que las cosas de este mundo reflejan pálida e
imperfectamente.
En definitiva, las cosas participan de las esencias ideales, cada cosa del
mundo sensible tiene su respectiva Idea en el mundo inteligible. Entre las
ideas existe una jerarquía y la más alta de todas es la Idea de Bien de la cual
todas las otras dependen. Así, el mundo sensible es opuesto al mundo de las
Ideas, sólo asequible a la mente; el mundo del devenir es opuesto al mundo
permanente. ¿Cómo conciliarlos?
2. El conocimiento humano:
Según Platón, el conocimiento sensible no es el verdadero conocimiento. El
alma humana intuye de alguna manera que las cosas de este mundo son un
reflejo muy limitado de la verdadera Idea o realidad, por lo que se ve impelida
a buscar las Ideas de la que participan las cosas de este mundo.
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Esa especie de nostalgia que le impulsa a algo verdadero, real, es una
especie de eros (amor), que le lleva a la contemplación. De él nace un
impulso para recordar, de manera que el conocimiento intelectual para
Platón, es una especie de recordación (anámnesis). Es la teoría platónica de
la reminiscencia.
Por tanto el papel de los sentidos es la de ser un estímulo para que el alma
racional pueda recordar lo contemplado en su vida bienaventurada en un
estado anterior al de su venida a este mundo.
3. El ser humano.
Es fácil entender entonces que de acuerdo al planteamiento platónico, el
hombre es su alma y el cuerpo es una cárcel del alma, una especie de
castigo, ya que la mantiene subyugada.
Como ya vimos en el Mito del Carro Alado, Platón sostiene que el alma es
semejante a un carro alado del que tiran dos briosos corceles. Uno de ellos,
el blanco, simboliza el ánimo o tendencia noble del alma, el negro, la pasión
baja. El auriga es la razón que debe gobernar el conjunto. El alma pre-existe
en aquel mundo celeste, antes de venir a este mundo, pero una vez que el
caballo negro propicia la caída del alma en este mundo y se une a un cuerpo,
cae en desgracia y su gran tarea es la de ascender a la contemplación de las
Ideas.
Para Platón, el hombre es, pues, un alma que hace uso de un cuerpo. En el
alma humana se pueden distinguir tres especies de alma: La intelectual, que
se muestra en el pensar puro y contemplar suprasensible; la irascible, a la
que pertenecen los afectos nobles y la concupiscible que tiende a lo sensible,
a lo inferior o bajo de este mundo.
Con respecto a la inmortalidad del alma, Platón sostiene que existen
argumentos para probar su inmortalidad:
En primer lugar, si el alma humana posee conocimientos innatos, sobre el
bien, la verdad, la belleza, etc., estos conocimientos no han sido adquiridos
por la experiencia sensible que es concreta, singular, muy cercana a los
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aspectos materiales; por lo tanto el alma ha tenido que adquirirlos
anteriormente, ha pre-existido antes, su naturaleza es tal que no pertenece a
este mundo sensible, material, finito, mortal.
En segundo lugar, está la afinidad del alma con las Ideas: Las Ideas son
siempre idénticas en sí mismas. Son simples. Lo opuesto a lo simple es lo
compuesto. El alma no es compuesta, como lo material, por tanto no puede
descomponerse. La descomposición acaece al cuerpo, porque tiene partes,
pero el alma no puede corromperse, ya que al ser simple no tiene partes.
En tercer lugar, de acuerdo con el planteamiento platónico, el alma está
configurada según las ideas. Si no fuera simple no podría medirse ni
contemplar a las ideas que son simples, por ello, el alma tiene una
naturaleza como la de las ideas simples, inmutables, permanentes.
La ética y la Política de Platón son consecuencia de su metafísica y su
antropología. El cometido o gran finalidad del alma que ha caído y se ha
encarnado en un cuerpo es purificarse de la materia y elevarse a la pura y
serena contemplación de las ideas. Para lograr esa purificación es preciso de
la virtud, que es restaurar el gobierno que tenía el auriga, la razón, que tiene
a su cargo lograr la armonía del alma.
Platón distingue las siguientes virtudes éticas: La fortaleza, que corresponde
al apetito noble; la templanza que controla al apetito respecto de los placeres
sensibles y la prudencia que es la que corresponde a la razón, al auriga.
Paralelamente, la política debe constituirse a imagen del hombre. A cada una
de las partes del alma corresponderá una clase de la sociedad: a la pasión o
apetito inferior: el pueblo, encargado de los trabajos materiales y utilitarios y
a los que les correspondería ejercitar la virtud de la templanza; el ánimo
noble correspondería a los guerreros o defensores de la ciudad, que
deberían practicar la fortaleza; y la razón tocaría a los filósofos, que debieran
ser los gobernantes.
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