POLITICA
El materialismo dialéctico de Marx trata de aplicar las leyes dialécticas de Hegel a sus tesis
materialistas, pero al mismo tiempo se opone al idealismo de este porque afirma que los fenómenos
sociales se explican desde la economía y no desde las ideas. Pero la realidad económica no es rígida
sino dinámica y según Marx se caracteriza por la lucha de elementos contrarios. Todo este proceso
está regulado por leyes que determinan su evolución. La historia se desarrolla de forma dialéctica en
base a contradicciones y síntesis tanto en el idealismo como en el materialismo de Marx.
En el planteamiento de Marx la sociedad cambia dialécticamente por la lucha entre las clases sociales
siguiendo las leyes dialécticas. La evolución de estas luchas es consecuencia de las fuerzas
económicas y las relaciones de producción, llegando a la conclusión de que la realidad es
esencialmente contradictoria. Todos los fenómenos de esta son el resultado de la lucha de elementos
contrarios, que al reconciliarse dan lugar a una evolución, un progreso gradual y continuo.
En el sistema que propone Marx también se produce una reconciliación final con el triunfo de la
sociedad comunista. Según Marx las ideas son dependientes de las condiciones económicas por lo
que en su teoría no queda lugar para la acción de una conciencia libre, al margen de su contexto
económico.
Las sociedades van evolucionando dialécticamente. El hombre se realiza a través del trabajo y
mediante este el ser humano transforma y humaniza la naturaleza, haciéndola suya.
La historia es concebida como el desarrollo de los distintos modos de producción que se van
sucediendo. El paso de un modo de producción a otro se produce de la siguiente manera: 1. Cada
forma de producción conlleva escisiones internas debido a la existencia de intereses opuestos en su
seno (las distintas clases sociales tienen intereses contrarios). Esta es denominada por Hegel como
tesis. 2. Estas contradicciones dan lugar a una revolución. Lo que Hegel denominaba antítesis. 3. La
revolución produce una nueva forma social con distintas relaciones entre clases, entre las que se
producirán más adelante nuevas contradicciones (síntesis).
Cada sociedad está además estructurada conforme a un determinado modo de producción. En la
base de la sociedad se encuentra la infraestructura económica que a su vez está compuesta por las
fuerzas productivas y las relaciones de producción. Las fuerzas productivas son las materias primas
de las que se espera obtener un producto; la actividad del trabajador y los medios para realizar el
trabajo.
Los seres humanos tienen entre sí determinadas relaciones de producción en función de si son
propietarios o no de los medios de producción, llegando a la conclusión de que los propietarios se
abastecen de estos, siendo así una sociedad clasicista: esclavista, feudal y capitalista. A medida que
las fuerzas productivas se van desarrollando, las ya existentes son sustituidas.
Sobre esta base económica se monta la superestructura, a su vez se pueden distinguir dos niveles:
la jurídico-política, es decir, el Estado, formado por el conjunto de instituciones y normas que regulan
el funcionamiento de la sociedad, el cual es empleado por las clases poderosas sobre los dominados.
Por otro lado, la estructura ideológica se refiere a las ideas, costumbres, representaciones y
comportamientos propios de una sociedad. Sin embargo, estas condicionadas por la estructura
económica, la cual es contradictoria ya que anularía el papel de la lucha social y política.
El capitalismo según Marx está abocado al fracaso y a su autodestrucción, a causa de la explotación
de los obreros por parte de los capitalistas, y la consecuente lucha de clases. El proletariado ha
soportado la explotación capitalista a causa de la ideología que justificaba dicha explotación. Sin
embargo, poco a poco se van dando las condiciones para que los obreros tomen conciencia de clase
e inicien una lucha revolucionaria contra esta sociedad injusta.
Según Marx, a lo largo de la historia de la humanidad se han sucedido distintos modos de producción.
El primero de esos modos de producción es el comunismo tribal primitivo. Este modo de producción
se desarrolla y da lugar al sistema feudal, que se transforma luego en el modo de producción
capitalista.
Marx pronostica una revolución donde pasando primero por un periodo intermedio de dictadura del
proletariado, se logrará la desaparición de las clases sociales y del Estado como poder político
dominante. El capitalismo dejará paso al modo de producción socialista, dejando de lado la opresión.
El modo de producción socialista se basa en la abolición de la propiedad privada y en la defensa de
un régimen de propiedad colectiva. En esta nueva sociedad los individuos recuperarán su humanidad
y los vínculos cooperativos de épocas pasadas.
DIOS
A través de la aplicación del conocido como método genealógico, Nietzsche desmantela que en el
origen de Occidente se halla el miedo de los “filósofos-momia” al devenir y al cambio. Para refugiarse
de este constante flujo de lo real, han necesitado crear ultramundos ficticios gobernados por la razón
como el mundo de las Ideas platónico, las categorías del entendimiento kantianas o la fe cristiana.
De esta manera, la filosofía, la religión, la moral y todas aquellas invenciones metafísicas de
Occidente se han convertido en un símbolo de decadencia.
En “Así habló Zaratustra”, pregona la muerte de toda instancia absoluta propia del mundo metafísico,
que queda materializado en la figura de Dios. Así pues, cuando Nietzsche condena a Dios a muerte,
también condena a todo aquello que sirve al hombre occidental para dar un sentido a la vida. Para e
el filósofo, la creencia en Dios es un síntoma de vida decadente y de la incapacidad de aceptar la
vida en su dimensión trágica. La idea de Dios se convierte en un refugio para los que no pueden
aceptar la vida. Nietzsche contempla a Dios como la amenaza más grande que existe contra la vida
porque hace que los seres humanos crean en otras vidas y rehúyan esta, que es la real.
Solo logrando su muerte, los individuos pueden deshacerse de la creencia en otros mundos y amar
solamente este. Hasta el momento, los diversos intentos de eliminar a Dios que se han realizado han
resultado en fracaso, porque han eliminado a Dios, pero lo han sustituido por otras realidades
igualmente ilusorias. Este es el caso de la Ilustración, que lo sustituyó por la razón o de Hegel, que
reemplazó a Dios por el Estado. En este sentido, la propuesta nietzscheana es más radical que las
que se habían dado anteriormente: pretende eliminar a Dios sin sustituirlo por ninguna otra cosa, de
manera que el hombre se convierta en Dios. Con la muerte de Dios, se produciría la transmutación
de todos los valores que hasta la fecha han regido en Occidente y su sustitución por la voluntad de
poder.
Como se ha mencionado anteriormente, Dios actúa como refugio para aquellos que son incapaces
de darle sentido a la vida. Muerto Dios, la civilización occidental y con ella, la metafísica, la moral y
la filosofía se quedan sin fundamento y están abocadas a lo que Nietzsche califica como nihilismo
pasivo. En efecto, con la desaparición de Dios, el hombre occidental no tiene con qué darle sentido
a la vida y es conducido hacia la pasividad y el pesimismo. El nihilista pasivo no cree en ningún valor;
todo valor es posible solo si Dios existe y Dios no existe.
Nietzsche rechaza el nihilismo pasivo porque conduce a la desesperación, repudia la vida y la llena
de nuevos ídolos. En la triple metamorfosis, la cultura nihilista queda representada en la figura del
camello, símbolo de obediencia ciega y humillación. Sin embargo, el nihilismo tiene también una
vertiente que Nietzsche califica positiva: el nihilismo activo.
El nihilismo activo consiste en la destrucción completa de todos los valores y su sustitución por otros
radicalmente nuevos. Es la afirmación de la voluntad de poder y del eterno retorno y una fase
necesaria para la aparición de una nueva moral y del superhombre. En la triple metamorfosis, está
encarnado por el león: es crítico, destructor y anuncia la muerte de Dios. Aunque es capaz de
derrumbar los cimientos de la cultura occidental, no puede crear nuevos valores porque su
resentimiento hacia el camello se lo impide.
El proceso al que Nietzsche ha dado comienzo con la muerte de Dios culmina con la aparición de la
figura del superhombre. Simbolizado por el niño, frente al hombre racional y temeroso, es un hombre
intuitivo y racional. Es un ser libre y fuerte que ama la vida y crea valores a partir de su propia
voluntad. Poderoso, perspectivista, alegre y pasional, es capaz de liberarse de ataduras culturales y
sociales para promover la afirmación de la vida en el eterno retorno. Siendo así el ser que superará
todos los errores y limitaciones del hombre racional.
Es destacable que Nietzsche no se contempla a sí mismo como este nuevo modelo de hombre, sino
como el último hombre occidental.
CONOCIMIENTO
La teoría del conocimiento marxista se opone tanto al idealismo como al materialismo. Para el
idealismo (Hegel), la razón es la base del conocimiento, y es el pensamiento del sujeto el que
construye activa e íntegramente el objeto conocido; de esta manera, el idealismo reduce el
conocimiento a pura teoría. En cambio, el materialismo (Feuerbach), entiende el conocimiento como
un proceso puramente contemplativo, en el que el sujeto se limita a asumir los datos sensoriales,
que recibe a través de la experiencia.
Marx mantiene, en cambio, que el conocimiento no es ni pura teoría, ni mera contemplación sensorial,
sino una actividad práctica (praxis), de carácter dialéctico, en la que se produce una constante
interacción entre el hombre, como sujeto sensible y la realidad exterior objetiva, de manera que la
práctica retroalimenta la teoría. Consecuencia de esta interacción, es la formación en el cerebro del
hombre de un reflejo fenoménico del mundo exterior que, sin embargo, no tiene por qué coincidir con
la esencia de las cosas; por eso, el conocimiento científico ha de encargarse de descubrir cuál es la
verdadera realidad de los objetos.
En dicho conocimiento, la mente elabora una teoría a partir de los datos sensibles, cuya verdad o
falsedad ha de evaluarse de forma práctica. Por eso, para Marx, el conocimiento es, ante todo, trabajo
intelectual, porque el simple pensamiento conceptual no pasa de ser simple especulación, mientras
no pruebe su eficacia en la praxis, mediante la transformación efectiva de la realidad. El conocimiento
tiene, por tanto, un componente revolucionario, al tratarse de una actividad crítica, que selecciona
los componentes de la realidad, con la intención de averiguar su estructura objetiva, real.
Pero, además, por su carácter dialéctico y práctico, el conocimiento está, como cualquier otro trabajo
humano, condicionado social e históricamente: no existe el “conocimiento” en sí mismo, como
abstracción, sino que el conocimiento progresa siempre en base a las relaciones de producción que
el hombre despliega a lo largo de su historia.
Existe, pues, un conocimiento espurio, pura ideología, que se limita a permanecer en la superficie de
los fenómenos, sin explicarlos, y un conocimiento dialéctico, que busca entender los procesos
económicos y sociales en profundidad, para transformar revolucionariamente la situación de
alienación que oprime a los trabajadores. Este conocimiento, de carácter revolucionario, es propio
de la filosofía, arma ideológica del proletariado, y es él el que ha de encargarse de transformar el
mundo y la historia.
TEXTO
1ª) Nietzsche aborda en este texto lo que considera el problema más importante de nuestra época:
“la muerte de Dios”: el progreso de la ciencia y la crítica de los ilustrados, como Hume y Kant, han
minado los fundamentos de la fe cristiana, echando por tierra la creencia en el Dios del monoteísmo.
2ª) La pérdida de la fe en el Dios cristiano ha implicado el consiguiente derrumbamiento de todos los
elevados valores sobre los cuales había construido su cultura Occidente. Es lo que Nietzsche
denomina “nihilismo”.
3ª) Para el nihilismo contemporáneo, todos los valores supremos han perdido su valor: al hombre
actual le resulta imposible creer en nada, y esta incredulidad precipita su vida en la “nada” (nihil),
haciendo que la vida carezca de sentido. El nihilismo le Arrieta al hombre las fuerzas para vivir.
4ª) Pero, al final del texto, Nietzsche señala que, aunque el nihilismo tiene una vertiente trágica,
también posee un componente positivo, porque al desaparecer Dios de su horizonte, se le abre al
ser humano la posibilidad de crear nuevos valores, que sustituyan a los caducos valores del pasado,
negadores de la vida.
5ª) Ese hombre creador será, para Nietzsche, más que un hombre, será un “superhombre”, capaz
de llevar a cabo la transvaloración de todos los valores decadentes fomentados por la metafísica, la
moral occidental y el cristianismo, y sustituirlos por nuevos valores que fomenten y eleven la vida.