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Nietzsche: Muerte de Dios y Superhombre

El documento resume las principales ideas de Nietzsche sobre la muerte de Dios, el nihilismo, el superhombre y la voluntad de poder. Explica que para Nietzsche, Dios no existe realmente y que su muerte es necesaria para que el hombre pueda crear sus propios valores. También habla sobre el superhombre como aquel que se libera de las doctrinas impuestas para establecer sus propios valores.
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Nietzsche: Muerte de Dios y Superhombre

El documento resume las principales ideas de Nietzsche sobre la muerte de Dios, el nihilismo, el superhombre y la voluntad de poder. Explica que para Nietzsche, Dios no existe realmente y que su muerte es necesaria para que el hombre pueda crear sus propios valores. También habla sobre el superhombre como aquel que se libera de las doctrinas impuestas para establecer sus propios valores.
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Colegio Santa María del Carmen - Alicante

2º Bachiller – Historia de la Filosofía


Profesora: Marina Aznar Gomis
Nietzsche

CRÍTICA DEL CONCEPTO DE DIOS / LA MUERTE DE DIOS

En La gaya ciencia aparecen dos doctrinas fundamentales: el anuncio de la “muerte de Dios”


y la doctrina del “eterno retorno de lo mismo”. La muerte de Dios es la declaración de la no
existencia de un mundo trascendente. El hombre no está sometido a un dios que domina la
intimidad de su conciencia: el hombre debe estar solo sometido a sí mismo.
Cuando Nietzsche predica la muerte de Dios no quiere decir que Dios haya existido y después
haya muerto. Nietzsche nunca creyó en la existencia de Dios. Esta tesis señala simplemente que la
creencia en Dios ha muerto:
—Nietzsche considera que Dios no crea al hombre sino el hombre a Dios.
—Para Nietzsche la creencia en Dios es una consecuencia de la vida decadente, la idea de Dios
es un refugio para los que no pueden aceptar la vida.
—Nietzsche considera que estamos ante un acontecimiento actual: no explica las razones
históricas que han dado lugar a la creencia en Dios ni a la no creencia, pero estamos en un tiempo
histórico clave ya que estamos asistiendo a su necesario final.
Cuando Nietzsche se refiere a Dios se refiere al dios de la religión, particularmente del
cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirle, porque en realidad Dios no es una
entidad sino un lugar, una figura posible del pensamiento que representa lo Absoluto. Dios es la
metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien.
Todo aquello que sirve a los hombres para dar un sentido a la vida es semejante a Dios: la
Naturaleza, el Progreso, la Revolución, la Ciencia.
Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto quiere indicar que los hombres viven
desorientados. Esta experiencia de sentirse desorientado es necesaria para empezar un nuevo modo
de vida. Con dicha “muerte” podemos vivir sin lo absoluto, en la “inocencia del devenir”. De ahí
que la muerte de Dios sea la condición para la aparición del superhombre.

EL NIHILISMO

El nihilismo es la presencia de la muerte de Dios que lentamente se había ido apoderando de


la cultura europea. La muerte de Dios es algo necesario si la cultura quiere superar sus erróneos
fundamentos metafísicos y alcanzar un nuevo sentido que acabe el desatino de la filosofía griega y el
cristianismo.

EL SUPERHOMBRE

Así habló Zaratustra es el libro más importante de Nietzsche en opinión del propio autor. Está
escrito contra el estilo bíblico, lleno de metáforas y alusiones. El protagonista es Zaratustra, una
especie de mago solitario y lleno de voluntad, heroico: un superhombre (Übermensch), además de
ser imagen del propio Nietzsche. Nietzsche intenta levantar, sobre el “último hombre” (el hombre

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positivista, pragmático, objetivo, científico), una nueva filosofía del amanecer: es decir, anunciar al
superhombre. El superhombre será aquél capaz de hacer predominante su voluntad de poder y
garantizar así los valores.
La concepción del superhombre propuesta por Nietzsche se refiere al hombre capaz de
superarse a sí mismo y a su naturaleza. Es decir, se trata de aquel ser humano que rompe con las
tradiciones morales, impuestas por el cristianismo, a fin de alcanzar la libertad de su esencia. Así el
hombre libre puede establecer sus propios valores y determinar aquello que considere bueno o
malo desde su percepción.
Cuando el hombre se libera de todas las influencias y doctrinas que le han sido impuestas,
y busca desde su estado de pureza y voluntad establecer su propio proyecto de vida según sus
valores da origen al superhombre y se descubre la verdad de la existencia. Para lograr este estado
de superación y de transformación a superhombre se debe experimentar una serie de metamorfosis
espirituales y de la naturaleza del hombre:
 El camello: simboliza al hombre europeo que sigue la moral tradicional, por lo que soporta
grandes cargas. Por tanto, debe luchar y alcanzar otros aspectos propios de la existencia
humana.
 El león: se refiere al hombre revolucionario que se enfrenta a la esclavitud moral.
 El niño: se refiere a la pureza desde la cual se establecen los nuevos valores.
En este sentido, el superhombre es una representación del nihilismo.
*Añadir nihilismo
Así el hombre se libera de toda doctrina y sustituye a Dios por él mismo. Es un ser que
tampoco sigue los planteamientos morales y éticos propuestos por los filósofos griegos Platón y
Aristóteles.
Las características del superhombre según Nietzsche son:
 La trasformación a superhombre requiere de poder sobre sí mismo.
 Se debe ser crítico de los valores sobre los cuales piensa regir su vida.
 El hombre debe tener la capacidad de expresar su propia voluntad.
 Se trata de una transformación constante.
 El hombre debe ser creativo, auténtico y con coraje.
 Se debe sustituir a Dios por el superhombre, por ello debe olvidar los valores morales
impuestos.

EL VITALISMO Y LA VOLUNTAD DE PODER

En Más allá del bien y del mal aparece la voluntad de poder con una ética de la vida en la que
el fuerte domina al débil. La moral que uno asume depende del tipo de persona que uno es.
La voluntad de poder es una metáfora de la que se sirve Nietzsche para expresar su visión del
mundo y del hombre. Según la cosmología el mundo es voluntad de poder, es decir, lo real es un
conjunto de fuerzas desiguales y distintas entre sí que dominan y son dominadas en una lucha
incesante que les impide alcanzar el equilibrio. Nietzsche define esta fuerza como voluntad de
poder.
La ciencia moderna, según Nietzsche, en lugar de buscar la cualidad de estas fuerzas busca la
cantidad de las mismas. A través del mecanicismo, de la cuantificación y matematización de los
fenómenos, la física moderna ha tratado de anular las diferencias entre las fuerzas que componen al

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universo creando un modelo de naturaleza dominado por la idea de equilibrio y orden. Frente a
esta visión mecanicista, Nietzsche ofrece otro modelo metafórico, que subraya el carácter desigual,
cualitativo y caótico de las fuerzas que constituyen el mundo y consecuentemente el carácter caótico
del universo mismo. Desde la perspectiva de Nietzsche, el ser, la naturaleza, no es esa realidad
acabada, perfecta, simple e inmutable que entiende la razón humana sino voluntad de poder. El ser,
que es voluntad de poder, es un perpetuo devenir, una pluralidad de fuerzas siempre cambiantes,
que ofrecen infinitas posibilidades de análisis e interpretación. Las interpretaciones de la metafísica
o de la ciencia no son las únicas, hay más que son igualmente válidas.
La realidad es voluntad de poder y también el hombre es voluntad de poder. Lo humano es un
conjunto de fuerzas (las pasiones, los deseos, la razón), que buscan crecer, desarrollarse y ser más.
Estas fuerzas que forman al hombre, no alcanzan tampoco el equilibrio y la armonía por lo que ser
hombre supone un microcaos. La razón en el hombre no es la fuerza dominante que se impone
siempre a las demás, sino una fuerza más, que se expresa en el hombre, junto con las otras fuerzas
como el irracionalismo dominando a veces y otras siendo dominada. Si la razón no es la fuerza
dominante, no se puede hablar de un yo, de un sujeto. La idea de yo es un invento para hacer que
los hombres se sientan culpables de su fortaleza u orgullosos de su debilidad.
Para la voluntad el poder no es una meta, no aspira ni codicia el poder porque es el poder
quien quiere la voluntad. La voluntad de poder en el hombre es la creadora de valores, de teorías,
de ficciones, de obras de arte. Ciencia, arte, moral son productos de la voluntad de poder. Todo lo
que el hombre hace, lo hace para crecer y desarrollarse, ser más. Nietzsche definió a la voluntad de
poder como la virtud que da.
La voluntad de poder no es ni buena ni mala, está más allá del bien y del mal, da sentido,
valor y justificación a todas las cosas. Todas las creaciones humanas han surgido de la voluntad de
poder. Pero la voluntad de poder se ha debilitado en la cultura occidental debido al cristianismo y
ha caído en el nihilismo.

CRÍTICA DE LA MORAL Y LA RELIGIÓN

Moral y religión son dos elementos que buscan someter a los hombres a determinadas pautas
de comportamiento social. Una sociedad será mucho más ordenada si se apoya en alguna moral y
determinada religión. Esta interpretación la realiza Nietzsche a partir del significado que otorga a
la voluntad de poder.
En Más allá del bien y del mal aparece la voluntad de poder con una ética de la vida en la que
el fuerte domina al débil. La moral que uno asume depende del tipo de persona que uno es.
Nietzsche describe el cristianismo como una moral para esclavos, frente a la moral del maestro, del
hombre noble y poderoso. El maestro oprime al esclavo; pero el esclavo contrataca de un modo
subrepticio: acentúa la conciencia de culpa del maestro, lo convierte en su propio esclavo a través
de la compasión. Según Nietzsche, el Imperio romano, aquejado de aburrimiento, aceptó esta moral
de esclavos por sus elementos mitológicos que daban un sentido aparente a la vida. Los únicos
valores son los de los señores y los de los esclavos. Los valores de los señores son la soberbia, la
fuerza, la creatividad, la energía, se enfrentan a una vida sin normas. Los valores de los esclavos
son la humildad, la compasión, la debilidad, el gregarismo, es decir, todos los valores cristianos.
Según Nietzsche las religiones son el invento humano en el que se ha expresado la voluntad de
poder, son expresión de una fuerza débil que trata de imponerse de modo indirecto. Los sacerdotes
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son los más inteligentes, los más sagaces, los más falsos, según Nietzsche, porque tratan de imponer
su voluntad de poder de una forma subrepticia. Los judíos y después los cristianos vencieron a la
fuerza de los romanos con la debilidad de su religión. Para explicar esto Nietzsche parte de la
inexistencia de Dios. Si Dios no existe la forma de comportamiento de los cristianos se interpreta
mediante la expresión de voluntad de poder.

CRÍTICA DE LA RACIONALIDAD Y LA CULTURA OCCIDENTAL

Nietzsche está convencido de que la historia de Occidente basada en la racionalidad, la


metafísica, Sócrates, el cristianismo, etc., son un error. La finalidad de su crítica es mostrar su
origen y sentido y cómo puede dársele uno nuevo. Pretende desenmascarar la falsedad de la verdad
y transformar todos los valores.
Al pasar del mito al logos, al sustituir las narraciones de héroes mitológicos por la razón, se
nos promete el acceso, a través de la razón, a la verdad, a la justicia, al bien universal. El problema
es que estos conceptos son invenciones que chocan con la experiencia que obtenemos a través de
nuestros sentidos: que todo cambia, que nada permanece estable, que el mundo cambia a cada
instante. La sociedad occidental se basa en el nihilismo. *Añadir nihilismo
En Sobre verdad y mentira, su primera obra de juventud, intenta buscar las raíces de la
cultura en la antigua Grecia con el objeto de levantar un nuevo sentido artístico para la Alemania
de su época. El arte es el único destino posible, el único sentido para la vida del hombre. En
concreto, Nietzsche trata de ver cómo en Grecia las artes aparecen por la difícil convivencia de dos
fuerzas antagónicas.
Siguiendo a Schopenhauer, Nietzsche ve que el origen de las energías del espíritu está en un
potente instinto salvaje que él adscribe a la figura del dios Dionisos. Dionisos representa lo salvaje,
la creación y la jovialidad mientras que el dios Apolo simboliza el orden, la moralidad y la
contención. En la mezcla de ambos ve Nietzsche la constitución del teatro y la música griega. La
historia de Europa será el progresivo dominio del orden de Apolo sobre la sabiduría de Dionisio: un
orden que da origen a la cultura, pero que no elimina lo trágico y terrible del mundo. También
Apolo representa la verdad, pero la verdad como una representación, no el modo en que el mundo
verdaderamente es. La verdad es un conjunto de metáforas. La verdad es el orden, un modo útil de
enfrentarse a lo salvaje y dionisiaco.
Nietzsche se preocupaba por la cultura y los conflictos de su época, pero se desencantó
gradualmente y perdió interés.

CRÍTICA DEL MUNDO METAFÍSICO. LA VERDAD COMO METÁFORA

La realidad se nos presenta como caos. Como afirmaba Heráclito, la realidad no es, sino que
deviene. Esto significa que cada experiencia que tenemos, cada objeto que se presenta ante nosotros
o cada momento que vivimos son únicos e irrepetibles, todo lo existente se renueva en cada
momento a la vez que cambia nuestra percepción sobre los objetos. Esto hace imposible el
conocimiento objetivo de la realidad que se convierte en un enigma indescifrable para los humanos.
En la realidad no hay cosas ni hechos, sino acontecimientos y sucesos que cambian. Por lo tanto,
podemos experimentar la realidad, pero no conocerla.

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La cultura occidental ofrece la solución a través de la filosofía. Como la realidad es cambiante
y efímera los sentidos nos engañan, no nos ofrecen un auténtico conocimiento sino una simple
opinión o doxa. Si queremos alcanzar el verdadero conocimiento tendremos que recurrir a la
dialéctica de Platón, a la fe del cristianismo, a la razón de Descartes… que nos permitirán acceder a
una realidad imperceptible por los sentidos: la metafísica. Así se duplica la realidad: por una parte,
el mundo del devenir, pura apariencia; por otra, el mundo del ser, el auténtico. Desde Platón se
mantendrá este dualismo ontológico, con algunas matizaciones a lo largo de la historia de la
filosofía, pero siempre asentado en dos principios: lo que permanece tiene un valor superior a lo
que cambia y la razón es el camino para descubrir y conocer el mundo verdadero. Son los filósofos
los que se han encargado de combatir el cambio.
Para Nietzsche solo hay devenir, multiplicidad y cambio y no hay ningún sentido oculto más
allá del mundo físico. Es un mundo del cual tenemos experiencias diversas por lo que es un mundo
experimentable que va cambiando.
La principal herramienta que el intelecto ha empleado en esa ficción ha sido el lenguaje.
Originariamente el lenguaje tenía un carácter metafórico surgido por la necesidad de expresar las
distintas experiencias. Pero en la cultura occidental se ha olvidado ese sentido metafórico del
lenguaje y se nos ha convencido de que el lenguaje permite expresar en conceptos la esencia fija de
la realidad. Nietzsche reclama un nuevo lenguaje. Hay que admitir que la realidad es caótica y que
la única verdad que podemos alcanzar sin mentirnos a nosotros mismos es que estamos condenados
a no poder alcanzar ninguna verdad. La caverna platónica es un mito y los prisioneros que salen de
la caverna no alcanzan la liberación mediante el acceso a la verdad, sino que no son más que unos
cobardes huyendo despavoridos hacia una ficción ilusoria que les permitirá gozar de un mundo
más cómodo y tranquilo.
No hay percepciones correctas, sino que toda percepción es una interpretación única y
particular del que percibe. Desde el momento en que empezamos a experimentar algo nuestros
sentidos seleccionan una parte de la realidad. Según Nietzsche los empiristas confiaban en la
experiencia sensible para alcanzar observaciones neutrales y objetivas y esto es un error.
Hasta Nietzsche ningún filósofo había cuestionado el valor de la verdad en sí misma. Con
Nietzsche el planteamiento cambia: no hay nada que sea la verdad. Su planteamiento se sitúa, pues,
más allá de la verdad.
Nietzsche se plantea qué pretende el que busca la verdad, no es la verdad o falsedad de los
juicios lo que importa, sino saber hasta qué punto el juicio sobre la verdad favorece la vida, la
conserva o se opone a ella.
La verdad “es aquella clase de error sin el cual una determinada especie de seres vivos no
podría vivir”. El problema es que esa perspectiva se ha impuesto como universal, única y válida
para todos, de forma que cualquier otra perspectiva se considera falsa.
Para Nietzsche no hay una única y verdadera perspectiva, sino que el todo es la totalidad de
perspectivas e interpretaciones. Cada una de esas perspectivas refleja un modo de vivir, una
voluntad de poder propia de cada individuo.

SER Y DEVENIR. APARIENCIA Y REALIDAD O VERDAD

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Para Nietzsche el ser, en oposición al devenir y en unión a la verdad no es que sea derrotado,
si no que no es. Las cosas no son. El ser no es, nada puede ser algo, pues ser implica realidad y
realidad implica que algo pueda estar fijo.
Como la realidad es cambiante y efímera los sentidos nos engañan, no nos ofrecen un
auténtico conocimiento sino una simple opinión o doxa. Si queremos alcanzar el verdadero
conocimiento tendremos que recurrir a la dialéctica de Platón, a la fe del cristianismo, a la razón de
Descartes… que nos permitirán acceder a una realidad imperceptible por los sentidos: la
metafísica. Así se duplica la realidad: por una parte, el mundo del devenir, pura apariencia; por
otra, el mundo del ser, el auténtico. Desde Platón se mantendrá este dualismo ontológico, con
algunas matizaciones a lo largo de la historia de la filosofía, pero siempre asentado en dos
principios: lo que permanece tiene un valor superior a lo que cambia y la razón es el camino para
descubrir y conocer el mundo verdadero. Son los filósofos los que se han encargado de combatir el
cambio.
Para Nietzsche solo hay devenir, multiplicidad y cambio y no hay ningún sentido oculto más
allá del mundo físico. Es un mundo del cual tenemos experiencias diversas por lo que es un mundo
experimentable que va cambiando.
Luego las cosas no son, nunca han sido. Las cosas tienen una apariencia dependiendo del
momento y la perspectiva. Las cosas no son iguales. La verdad necesita que las cosas sean y como
las cosas no son, tampoco habrá verdad y si no hay verdad no hay Dios por lo que Dios no existe y si
no hay Dios no hay moral.
La realidad, la verdad, Dios, la moral, la ética... son falsas. Al no haber realidad las cosas son
aprehendidas por intuiciones, no por razonamientos. Nietzsche pretende la creación de una nueva
especie: el superhombre que permita la vida natural, sin las ataduras de la esclavitud de la moral
cristiana. Surge el nihilismo. *Añadir nihilismo

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