Guatemala: una
interpretación
histórico-social
Carlos Guzmán - Bockler
Jean - Loup Herbert
GUATEMALA:
UNA INTERPRETACIÓN
HISTÓRICO-SOCIAl
por
CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
y
JEAN-LOUP HERBERT
u y p c n u m l ' V" t a j e { ( t i
A n t « o p o r, r> O o j
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siglo
veintiuno
editores
sa
M ÉXICO
ARGENTINA
ESPAÑA
siglo veintiuno editores, sa
I y e n G A B R IE L M A N C E R A , 66
M E X IC O 12, D. F.
siglo veintiuno de españa editores, sa
I yen E M IU O RUBÍN, 7
M A D R I D -1®, E S P A Ñ A
sigb veintiuno argentina editores, sa
I T A C U A R r 1271
- B U E N O S A IR ES. A R G EN TIN A
primera edición, 1970
segunda edición, 1971
tercera edición, corregida, 1972
© siglo xxi editores, s. a.
derechos reservados conforme a la ley
impreso y hecho en méxico
printed and made in mexico
INDICE
PREÁMBULO 1
I LA SOCIEDAD PRECOLONIAL. LA SOCIEDAD AUTOC
TONA GUATEMALTECA ANTES DE LA COLONIA,
por Jean-Loup H erbert 5
II EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL,
por Carlos Guzmán Bóckler 33
III ENSAYO DE EXPLICACIÓN TEÓRICA SOBRE LA
REALIDAD SOCIAL GUATEMALTECA, p o r Jean-
Loup H erbert 51
IV LAS RELACIONES ECOLÓGICAS DE UNA ESTRUC
TURA c o l o n ia l , por Jean-Loup H erbert 61
V LAS CLASES SOCIALES EN GUATEMALA, p o r
Jean-Loup H erbert 94
vi el l a d in o : un ser f ic t ic io , p o r Carlos
Guzmán Bóckler 101
V II EXPRESIONES IDEOLÓGICAS DE LA LUCHA DE
CLASES : DE LA DISCRIMINACIÓN RACIAL IN S T I
TUCIONAL A SU M IXTIFICACIÓN; EL INDIGE
N ISM O, por Jean-Loup H erbert 122
V III LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO EN
la Gu a t e m a l a d e h o y , por Carlos Guzmán
Bóckler 165
ANEXO. ESTADÍSTICAS GENERALES 191
BIBLIOGRAFÍA 198
[Vil]
PREAMBULO
Como cualquier producción social este libro está
estrecham ente relacionado con el medio colectivo
en el cual ha sido elaborado; de allí la insistencia
sobre ciertos temas o conceptos que puede parecer
a algunos lectores —sobre todo si no son guatemal
tecos— un poco exagerada; sin embargo nos pareció
necesario subrayar con cierto hincapié los aspectos
que por razones históricas, ideológicas, políticas o
científicas han sido dejados en una oscuridad intere
sada; en particular, la orientación muy unilateral
dada a la ciencia social en Guatemala ha dejado pre
juicios, ilusiones, lagunas y hasta tabúes que mol
dean la opinión colectiva; por esto insistimos en los
temas siguientes:
a ] elaboración de un esquema general sobre la
sociedad precolonial que sirva de base a hipótesis
y estudios particulares que a su vez perm itan pro
fundizar este esquem a;
b \ formación de la estructura colonial y su des
arrollo hasta hoy como eje de la dialéctica social;
c] definición histórico-social del "indígena” y el la
dino como herm anos enemigos, productos de esta
dialéctica ;
d ] centrar la problem ática de la investigación so
bre el grupo ladino, por ser el detentador del poder,
para superar la actitud indigenizante según la cual
sólo el "indígena” presentaría problemas. Enfoque
que rompe con el planteam iento habitual que por
una obsesión enajenada se concentra exclusivamen
te sobre "la comunidad indígena” ;
2 PREÁMBULO
e] profundizar los aspectos concretos y específi
cos de la situación colonial pasada y presente en
G uatem ala; es decir, que consideramos que los datos
económicos y políticos que sirven usualm ente para
describir una sociedad dependiente y “subdesarro-
llada” son am pliam ente conocidos; que no querra-
mos repetirlos no quiere decir que no los tomemos
en cuenta, sino al contrario, que los consideramos
admitidos y, como se verá, están implícitos en todo
el texto. El economismo, que une el m arxismo vulgar
y la tecnocracia internacional, y perjudica tanto la
ciencia social, ha hecho olvidar las manifestaciones
concretas de la estructura económica que se desarro
llan al nivel ecológico, ideológico, racial, a los cuales
nos dedicamos particularm ente por form ar parte de
la tram a real y vital de la totalidad social.
Desde un punto de vista metodológico tomamos
una posición conscientem ente opuesta a las defor
maciones culturalistas, em piricistas —es decir, abs
tractas— y tratam os de aprehender la totalidad so
cial en una form a genética y estructural para explicar
sus procesos, rupturas, ambigüedades y contradic
ciones. Esperamos dar una contribución a la corrien
te cada vez más definida de la ciencia social latino
am ericana en la cual participan en form a distinguida
R. Stavenhagen, Cardoso, Faletto, González Casano-
v a ... que reflejan y expresan el movimiento de li
beración política y social de esta parte del continente
y son parte de la liberación del Tercer Mundo y en
particular de su ram a africana por su proximidad
histórica; por esto reconocemos tam bién nuestra
deuda con autores como G. Balandier, A. Memmi,
J. Kenyatta y F. Fanón, esperando de esta m anera
superar las dificultades y amenazas del colonialismo
científico.
Este libro reúne varios ensayos —ya que nos pa
rece imposible dar una explicación completa, defi
nitiva, de la realidad social guatemalteca, aunque
sí es una m eta— que son el producto del trabajo
realizado por los autores tanto en la sección de
Ciencias Sociales de la Facultad de Derecho de la
Universidad de San Carlos como en el Centro de Es
PREÁMBULO 3
t u d i o s de Población de la m ism a; las investigaciones
se llevaron a cabo en la prim era y la puesta a prueba
—mediante la docencia— en el segundo.
Guatemala, julio de 1969
CARLOS GUZMÁN BOCKLER y JEAN-LOUP HERBERT 1
1 Los ensayos que siguen son el resultado de investigacio
nes y docencia empezados desde febrero de 1967, mediante la
participación financiera de la Universidad de San Carlos y el
gobierno francés (a título de "experto sociólogo" de la direc
ción de la Cooperación del Ministerio de Asuntos Exteriores) a
razónde 50 % por cada institución. El trabajo de investigación
a nivel nacional —más intensamente en la parte occidental del
país— no hubiera sido posible sin el apoyo moral y amistoso
del doctor Rafael Cuevas del Cid, Decano de la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales, y del licenciado Carlos Guzmán
Bockler, a los cuales quiero dejar constancia pública de mi
gratitud y reconocimiento por la absoluta libertad en la cual
este trabajo —obra común— ha sido posible.
CAPÍTULO I
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL.
LA SOCIEDAD AUTOCTONA GUATEMALTECA
ANTES DE LA COLONIA
JEAN-LOUP HERBERT
Por ser uno de los componentes de la situación colo
nial que se va a establecer a p artir de 1524 en Guate
mala, es metodológicamente necesario estudiar la so
ciedad autóctona a la llegada de los españoles. Sería
imposible apreciar las consecuencias de esta llegada:
destrucción, evolución y ocasionalmente el grado de
fusión o intercam bio entre las dos sociedades, sin
considerar ese factor esencial. La discusión de con
ceptos como aculturación e integración, la aprecia
ción de la dinámica social actual, no pueden ser
analizados dejando a un lado una de las raíces his
tóricas de estos fenómenos. Sin embargo, hasta la
fecha se ha excluido de lo histórico, propiam ente di
cho, lo prehispánico, al considerarlo como un ele
m ento pasivo, dejando lo dinámico al componente
español. A estas razones se agrega otra más in
mediata y urgente: la necesidad de criticar los pre
juicios impuestos por la conciencia colonizadora;
al establecer una dominación sobre otros continen
tes, los países europeos elaboraron un sistem a de
justificación ideológica, que dejó huellas profundas
en la vida social de los pueblos dominados ( estudia
remos más adelante en detalle esta ideología). Basta
abrir cualquier crónica colonial de Guatemala —con
excepción de muy pocas—, para encontrar una sobre
abundancia de térm inos peyorativos para designar
la sociedad autóctona, tales como "anim al”, "salva
je ”, "bárbara”, “politeísta", “pagana”, "infiel”, posi
blem ente "no civilizada” y, resumiéndolos todos, "in
dígena”.
[5 ]
6 JEAN-LOUP HERBERT
Paralelismo entre conservador e intelectual de
izquierda “ezquizofrénico" [Fanón]
Estos prejuicios se pueden m anifestar incluso en
un nivel aparentem ente superior. Todos los coloniza
dores han justificado su penetración violenta a tra
vés de una supuesta decadencia y disgregación de las
sociedades que colonizan.
Cuando los españoles emprendieron la conquista de
las tierras insulares y continentales de América, estos
pueblos se hallaban en plena decadencia. Habían existido
en épocas más o menos remotas grandes civilizaciones
como lo demuestran las ruinas monumentales, civiliza
ciones que habían desaparecido (?), subsistiendo los des
cendientes de ellas sin formar naciones, entregados a
luchas feroces los unos contra los otros, hablando di
versas lenguas y practicando distintos ritos más o menos
absurdos y cruentos de religiones primitivas. [Villacor-
ta.] [Subrayados nuestros.]
Encontram os consideraciones de esta índole inclu
sive en autores tan profundos en el estudio de Guate
mala como Cardoza y A ragón:
Se debe también este sojuzgamiento total y totalitario
a que Jas culturas guatemaltecas hallábanse en decaden
cia de cerca de mil años.
El texto de Villacorta es particularm ente represen
tativo de los prejuicios que se escuchan tanto en la
calle como en centros de estudio, incluso verbaliza-
dos por profesionales tales como m aestros de prim a
ria, de educación media y universitaria. Esto no de
be extrañar si tomamos en consideración que el
autor mencionado ha escrito el único texto de his
toria general de Guatemala, habiendo sido, además,
en los años treinta, prom otor de una enorme labor
editorial hasta la fecha sin comparación, y anim ador
de la Sociedad de Historia y Geografía; prestigio per
sonal que explica el mal uso de térm inos señalados
anteriorm ente.
La cita de Cardoza dem uestra cómo las representa
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 7
ciones colectivas pueden influir en el pensam iento
aun de escritores de tal dimensión. En ella se con
centran tres equivocaciones que se tom an como cri
terio de valoración:
1. La supuesta decadencia considera sólo ciertos
fenómenos como el desarrollo del pensam iento abs
tracto-matemático y adolece de una obsesión esteti-
zan te; en cambio se pasan por alto fenómenos tales
com o. el grado de desarrollo de las fuerzas producti
vas; la dinámica de las estructuras sociales, e tc ....
2. La anulación de cerca de mil años en un solo
momento que corresponde a la inexplicable "desapa
rición” en una especie de noche histórica, procedi
m iento que nos perm itim os calificar de esquizofré
nico, tan arraigado en la mayoría de los historiadores
que, contradiciendo los principios más elementales
de la metodología histórica, interpolan datos de la
arqueología de la época clásica con observaciones de
los cronistas españoles del siglo xvn.1
3. Cardoza habla de "las culturas guatem altecas”,
suponiendo una pluralidad que toda nuestra argu
mentación tratará de refutar. Es tam bién arm a del
colonizador convertir en una serie de pedazos in
conexos la sociedad colonizada, a fin de dominarla
mejor.
De m anera general el colonizador ha tratado siem
pre de borrar la m em oria colectiva del colonizado
para establecerlo en un tiempo fuera del tiempo,
aniquilándolo y desvitalizándolo, en un proceso de
reificación m agistralm ente descrito por Fanón:
E l en tro n iza m ien to del rég im en c o lo n ia l n o en tra ñ a la
m u erte de la cu ltu ra a u tó cto n a , sin o m á s bien el fin b u s
cado es m á s u n a con tin u a a g o n ía para m o m ifica rla , apri
sionarla, en q u istarla, c o n g ela rla h a sta el e x o tism o y el
tu rism o.
Como fundam ento del análisis de esta sociedad
-.os parece posible afirm ar su unidad, a pesar de una
1 Así se observa una bifurcación en la enseñanza en nues
tros países, que estudia con criterios arqueológicos, folklóri
cos. etc., el período prehispánico y reserva el criterio histórico
8 JEAN-LOUP HERBERT
aparente diversidad, debida principalm ente a que el
español trató de resaltar diferencias tribales, hablan
do por ejemplo de cultura mam, quiché, zutujil, etc.,
pero, como veremos, esta apreciación es en general
equivocada puesto que el grado de desarrollo social
era muy sim ilar [ver más adelante estructura ur
bana].
La existencia de varios grupos sociales no implica
que sean radicalm ente d istintos; solamente la antro
pología cultural, por un proceso de reducción a un
solo nivel de la realidad social e incluso escogien
do sólo algunos rasgos de ese nivel, pudo sostener
que la diversidad de grupos sociales significa diver
sidad de culturas (como si el hecho de que Nueva
York y Los Ángeles tengan dos organizaciones admi
nistrativas distintas significase que no pueden for
m ar parte de una misma sociedad norteam ericana).
Sin embargo, ya el mismo Bartolomé de Las Casas
reconoce que
las leyes susodichas eran como si se dijera comunes,
poco más o menos, por muchas de aquellas provincias
y también las otras costumbres según que se ha podido
colegir por los religiosos que por ellos han andado pre
dicando y confesando... Arriba queda dicho que la reli
gión. .., el regimiento y gobernación y policía y leyes de
toda la Nueva España, por más de ochocientas leguas
en tomo es toda cuasi una, dentro de las cuales se com
prenden las provincias de Guatemala y Nicaragua...
A pesar de la unidad afirm ada entre la Nueva Es
paña y Guatemala, nos impusimos la norm a de argu
m entar exclusivamente con datos que se refieren a
este último territorio, y más particularm ente al área
quiché. En lo cualitativo, los quichés representaban
la fuerza política unificadora y cuantitativam ente
eran la población mayoritaria.
En lo que sigue tratam os de ahondar la tesis vis
lum brada por unos pocos autores. Flores Alvarado
escribe:
y de las ciencias sociales a los períodos posteriores con exclu
sividad ; esto como consecuencia de un supuesto no confesado
y acaso inconsciente: que el tiempo propiamente histórico co
mienza con la conquista.
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 9
Los pueblos herederos de la cultura maya, que resi
dían en la región que hoy llaman Guatemala, se encon
traban en la última fase del estado de desarrollo social
gentilicio, donde la organización de un estado tribal
(ciudad-Estado) estaba en proceso de formación como
consecuencia de la desintegración de sus relaciones gen
tilicias patriarcales.
Insistim os sobre el carácter transitorio de ese pe
ríodo; momento de transición significa luchas, rup
turas, desajustes, desigualdades de desarrollo de las
formas sociales, no la "decadencia” a que se hace
mención por contraste con períodos de cristaliza
ción, tales como el de Tikal, que son un punto de
referencia nostálgico hacia el pasado. Metodológica
m ente significa que esa sociedad no encaja dentro
de ningún tipo ideal, ya que por su situación tran
sitoria solamente puede ser explicada dentro de un
concepto dinámico y móvil por las características
preponderantes de dicha sociedad.
Nivel de producción
La sociedad inm ediatam ente anterior a la conquista
había llegado a un nivel de producción ya complejo
tanto en m ateria agrícola como mineral y artesa-
nal. Los principales productos vegetales eran, como
hoy, maíz, calabaza, frijol y chile, muy abundantes
en Guatemala. Este panoram a ha sido descrito con
exactitud por Amalia Cardos de Méndez.
En las tierras cálidas abundaba el cacao. "La pro
vincia de Soconusco tiene m ás de cuarenta pueblos y
e sta n c ia s... cójese mucho cacao en m ucha cantidad,
porque los indios de esta provincia tienen mucha
m ilpa.” Entre estos pueblos se destacan Zapotitlán
v San Luis, "pueblo de mucho cacao" [Juan de Pi
neda]. Ligada al cultivo del cacao encontram os la
vainilla, que usaban como bebida y planta medicinal,
además de numerosos productos tropicales que com-
r'.etaban esa dieta principalm ente vegetariana. . .el
-ueblo de Petapa es muy pasajero, que por él van a
la provincia de los Izalcos, H onduras y Nicaragua;
10 JEAN-LOUP HERBERT
cójese de él mucho maís, axí, frijoles, chián” [Pine
da]. Se conocieron tam bién: achiote, camote, yuca,
chicozapote, mamey colorado, aguacate, p a p a y a ...
Hay que dejar un lugar especial a la miel, por su
alto >poder alimenticio y por ser un ingrediente del
licor ritual.
Cazaban y comían tam bién varios anim ales: cone
jo, pavo del monte, armadillo, jabalí, codorniz, igua
na, paloma, c u le b ra ... y se pescaban cangrejos, ro
balos, pulpos, tortugas. Estos animales podían tener
tam bién otros usos como aprovechamiento del cuero
para indum entaria, adornos, etcétera.
Se explotaban varias especies de m adera: ceiba,
caoba, chicozapote, c e d ro ... que servían para cons
trucción de casas, canoas, bancos, ídolos, medica
mentos, etc. Entre las fibras textiles se destaca el
algodón. "En algunos lugares de Guatemala, espe
cialmente en la costa de Zapotitlán, había mucho
algodón” [Diego de Landa], Como colorante de esos
textiles se usaba el añil (tam bién usado por las mu
jeres para teñir el cabello), “que abunda en todo
aqueste reino” [Ximénez].
Para term inar con los productos vegetales hay que
hacer mención especial del henequén, que se usaba
para cercas de cultivos, para la construcción de te
chos, combustible, puntas de flechas, cuerdas, redes,
hamacas, tejidos, bebidas, una especie de papel, etc.
Tan im portante fue ese producto que dio nom bre al
pueblo quiché ( “muchos magueyes").
En cuanto a los productos m inerales se sabe que
el cobre más puro se extraía de Guatemala, lleván
dose hacia Chichén Itzá para fabricar hachas y ador
nos. La existencia de oro es indudable en Guate
mala [Ximénez], aunque probablem ente en poca
cantidad, como lo dem uestra la furia de Pedro de
Alvarado al no encontrarlo en abundancia. La cele
bridad de Guatemala en cuanto a riqueza mineral,
provenía sobre todo de su turquesa —“traen esta
piedra de hacia Guatemala” [Sahagún]—, y el jade,
todavía muy abundante y que procedía, según Saha
gún, sobre todo de Zacapa. También de suma impor
tancia para la vida cotidiana era la obsidiana, usada
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 11
para fabricar instrum entos cortantes de utilidad bé
lica, casera y quirúrgica. Ésta, lo mismo que la pie
dra volcánica, procedía sobre todo de la región de
los altos de Guatemala. Esta últim a servía tanto para
la escultura como para la cocina (piedra de m oler)
como puede com probarse todavía en Nahualá. La sal
era explotada en la costa de Guazacapán, de m anera
muy organizada. "Para hacer la sal, cuecen la tierra
que baña la m ar con sus crecientes, en ollas, con
gran cantidad de leña y así sacan la salm uera para
hacer la sal, a costa de mucho trabajo y salud"
[H errera y Tordesillas].
También era Guatemala la productora de los tres
elementos prim ordiales de la liturgia; además del
jade ya mencionado, las plumas de quetzal y el pom
o copal, que se llevaban de Verapaz a México. "Cojen
copal y mucha cantidad de plumas para hacer sus
bailes y m ytotes” [Pineda]. También de Verapaz pro
cedía el liquidám bar, usado en la fabricación de
cosméticos. "Las arboledas que tienen son árboles
de liquidám bar” [Pineda].
En resumen, sobre un territorio relativam ente pe
queño como Guatemala, había una producción diver
sificada y abundante de todos los productos esen
ciales y en particular de los que servían de moneda
(cacao, cobre, plumas, piedras preciosas, conchas,
etcétera).
Técnicas de producción
La tecnología estaba desarrollada en form a muy des-
r^al; basándonos en el criterio parcial del dominio
je los metales, podríamos clasificar esta .sociedad
:: mo neolítica o de barbarie media, según la tipo-
'.c*gía de Morgan, ya que conocían solamente la téc
nica de fundición de minerales destinados primor-
ta im e n te para la guerra y trabajos artesanales, pero
muy poco para la producción agrícola. Dos extrañas
debilidades tecnológicas deben m encionarse: la au
sencia de bestias domesticadas como fuerza propul
sora —los animales domesticados eran exclusivamen
te de corral— y la no aplicación del principio de la
12 JEAN-LOUP HERBERT
rueda (que sí conocieron), lo que redunda en muy
bajo nivel en cuanto a la multiplicación y transfor
mación de la energía y su sustitución por la fuerza
hum ana esclava. En relación a las técnicas agrícolas
observamos sim ultáneam ente la existencia de culti
vos extensivos e intensivos. “Estas huertas de cacao
están ellas en llano y otras en lomas y otras en la
deras, conforme a las tierras que los pueblos tien en ;
son tierras de regadío de veras, e rie g a n .. . " [Pine
da]. Esta utilización racional del riego implica un
exacto conocimiento meteorológico y astronómico,
ya que la carencia de agua no fue problem a en Gua
temala, sino su distribución en el año. La roza cons
tituía la técnica fundam ental del cultivo extensivo.
De acuerdo con la riqueza de la tierra volcánica
guatemalteca en relación con la presión demográfica
y el uso de algunos fertilizantes vegetales, esta téc
nica no nos parece tan desastrosa como se ha queri
do considerarla. Los instrum entos de labranza fue
ron el azadón de bronce, la macana (palo con punta
de obsidiana) y un arado rudim entario. En cambio,
como veremos más adelante, dentro de la organiza
ción m ilitar, la tecnología para fines bélicos estaba
más desarrollada, como consecuencia de la etapa
social por la cual atravesaban en ese m omento (pre
dom inantem ente m ilitar).
La división del trabajo
Esta composición de la producción determinó una
división del trabajo más compleja que la que se ob
serva en las anteriores sociedades teocráticas.^ Se
hace notar el increm ento de las actividades m anua
les que se desarrollaban dentro de las m urallas, con
forme a la expansión de la ciudad, ya que había
nacido un grupo urbano que empezaba a oponerse
y a vivir del grupo campesino propiam ente dicho.
Si bien es cierto que el arte de hilar y tejer era
propio de las mujeres, alrededor de ese noble olicio
se desprenden num erosas actividades que van desde
el cultivo, el transporte y el comercio del algodón. El
tejido tuvo funciones no sólo de indum entaria sino
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 13
de decoración en las casas, palacios, templos, tea
tros, bailes, etc. (m antas, huípiles, capas de sacer
dotes, dignatarios, cortinas y otros). Además de su
aspecto utilitario, queremos señalar el significado
filosófico y profundam ente religioso de esa escritura
implícita en el tejido, cuyos diseños y colores pue
den vincularse aún ahora con una procedencia anti
quísima.2 A la par con este arte se da la plumería,
que es tam bién una especialización con técnicas
propias (caza, conservación, preparación, manufac
tura y comercio). La cestería posee tam bién este
doble carácter, a través de esta puesta en relación
que constituye de por sí el acto de entretejer, que
es, además de una artesanía, un arte. Además de la
utilidad obvia de las cuerdas, redes, canastas, sanda
lias, etc., debemos subrayar que la palabra pop (^pe
tate, estera) significa también el prim er mes, la auto
ridad, la tradición y es símbolo de lo que une.3
Es sabido que la alfarería maya-quiché era la más
desarrollada de América. Aparte de la fabricación
de comales, ollas, tinajas, platos, esta actividad se
relacionaba tam bién con la vida urbana y religiosa:
decoración de m urales, cuartos, salas, templos, ins
trum entos de música, escultura de dioses.
En fin, todo lo que se refiere al desarrollo de la
urbanización va ligado directam ente a los trabajos
de arquitectura, albañilería, pintura, cerámica y las
tareas de ingeniería de comunicaciones, rellenos, m u
rallas y otros, que dem uestran una alta habilidad
2 Basándonos en el extraordinario libro de Díaz-Bolio,
La serpiente emplumada, eje de culturas, deseam os demos
trar en un próximo estudio cómo las mujeres "indígenas
guatemaltecas siguen expresando, con prodigiosa autenticidad
y fidelidad, la profunda filosofía esotérica de la Serpiente en
los diseños de sus tejidos, eso a pesar de la presión que ejer
cieron los encomenderos que querían usar el vestido como
una especie de uniforme que les permitiera reconocer a las
rersonas que estaban bajo su policía. Pensamos que el tejido
autóctono actual, lejos de constituir un ejemplo de "acultura-
jo n " —como varios autores lo sustentan—, demuestra una
esencial permanencia de creencias esotéricas (podría consti
tuir la mejor ilustración del últim o párrafo de ese capítulo:
La religión esotérica americana”).
3 Ver capítulo sobre la religión.
14 JEAN-LOUP HERBERT
constructiva. También podríam os nablar de grupos
consagrados a tareas que llamaríamos hoy intelec
tuales, como comediantes, bailarines, músicos, es
critores, médicos, h isto ria d o re s ...; esa división de
las actividades tanto manuales como intelectuales
era social y económicamente sancionada. "Esos ofi
ciales de los oficios ganaban bien de com er” [B arto
lomé de las Casas].
Relaciones comerciales
La especificación de los trabajos manuales determi
na una mayor concentración urbana y su división
con el campo se ve reforzada por la actividad co
mercial. La relativa complejidad de producción tanto
agrícola como artesanal permitió el desarrollo de
los intercambios en todo el territorio mesoameri-
cano. El incremento del comercio fue a la vez causa
y resultado de num erosas guerras para el control y
la defensa de vías de comercio. Las principales de
estas rutas fueron:
1. Yucatán-Altiplano guatemalteco, a través de Pe-
tén Itzá.
2. Xicalango-Petén-Honduras-Panamá, por vía te
rrestre o m arítim a. Recordamos a propósito que
ésta fue la ru ta que siguió Cortés cuando su expedi
ción m ilitar contra Olid, cuando en Tabasco y Xica-
lango le fue proporcionado un m apa de la región y
su travesía.
...Diéronle mercaderes, que entendido el intento de
Cortés, le mostraron un lienzo tejido de algodón pin
tado, el camino hasta Naco y Nito en Honduras y hasta
Nicaragua, poniendo la gobernación de Panamá con to
dos los ríos y poblaciones que habían de pasar, y las
ventas a donde ellos hacían jornadas, cuando iban a
las ferias [Herrera y Tordesillasl.
3. Chiapas-Altos de Guatemala-Petapa-Salvador.
4. Bocacosta del Pacífico - Soconusco - Zapotitlán -
Guazacapán-El Salvador, con un entronque vital ha
cia Utatlán e Iximché. (P arte de este camino fue la
ru ta de Pedro de Alvarado.)
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 15
Transitaban por estas vías tanto hombres como
mercancías. " .. .todo esto muy barato y abundante,
que sería muy largo de contar, por lo cual ha sido
aqueste reino muy frecuentado y rico de comercio,
que podía com petir con los más opulentos, aunque
el día de hoy, por las calamidades de los tiempos, se
halla algo corto" [Ximénez]. Ésta es una evidencia
de que la conquista menguo la actividad comercial.
Los principales productos de "exportación” de
Guatemala e ra n : algodón, cacao, copal, liquidám bar,
añil, jade, turquesa, lava volcánica, plumas y sal.
Aparte de estas transacciones a larga distancia exis
tió otro comercio regional. Ximénez, hablando de
Verapaz, dice:
... tenían los señores gran cuidado en que hubieran gran
des y muy solemnes y ricas ferias y mercados... daban
maíz por frijoles y frijoles por cacao, traían sal por
especias que era el axí o chile, también se trocaban car
nes y caza por otras cosas de comer; conmutaban man
tas de algodón por oro y algunas hachuelas de cobre y
oro por esmeraldas y turquesas y plum as...
“La existencia de un intenso tráfico comercial no
sólo entre las ciudades sino entre las diversas zonas
del área maya y aun con otras regiones” [A. Cardos
de Méndez] determinó necesariam ente la form a
ción de una unidad de cambio: una moneda. Las
alm endras de cacao fueron las más usadas, lo que
favorecía al quiché, gran productor de cacao y
además de productos raros como objetos de cobre,
conchas, piedras preciosas, plumas, asimismo con
valor de moneda. Los mecanismos m onetarios esta
ban ya elaborados. En sus transacciones los m erca
deres "fiaban, prestaban y pagaban cortésm ente y
sin u su ra” [Landa]. El respeto de los contratos y
de los precios era regulado por un juez especial en
cada mercado, que simbólicamente se hallaba cerca
del templo. En efecto, la influencia religiosa alcan
zaba la vida comercial. El dios Ek-chuah, dios del
comercio, era el espíritu del cacao (m oneda). El
comercio, oficio hereditario, perm itía llegar a un alto
nivel en la jerarquía social y dar paso a la formación
16 JEAN-LOUP HERBERT
de una nobleza reciente, que competía con la tradi
cional. Desde luego, los m ercaderes vivían en las
ciudades, donde organizaban fiestas al regreso de
sus viajes, estaban exentos de tributos y poseían
privilegios especiales. Organizados en gremios es
probable que presionaran la estructura política del
Estado, lo que com probaría nuestra tesis original
de la sociedad guatemalteca en esta fase crítica (pero
fecunda) en que concurren varias estructuras en
formación, en pugna con otras anteriores.
Esclavitud
Ya habíam os visto que, por la debilidad de los me
dios de transporte, se hacía necesario el empleo de
la fuerza hum ana para asegurar la vida comercial.
De ahí que el esclavo fuera instrum ento y objeto de
comercio. Pero el esclavo sirvió tam bién en los tra
bajos agrícolas y domésticos y, finalmente, como
víctima de los sacrificios rituales; "com praban tan
tos esclavos o esclavas para el sacrificio... si para
sacrificar los compraban era en defecto de no los
tener en guerra tom ados” [Las Casas]. Además de
la compra y de la guerra, se podía devenir esclavo
por castigo. La esclavitud estaba ya bastante entro
nizada. "Los hijos que nacían de estos esclavos, aun
que estuviesen casados con m ujeres libres eran es
clavos . . . El que m ataba a su esclavo ninguna pena
tenía” [Las Casas]. Sin embargo, parece que la con
dición de esclavo no era definitiva.
Tenencia de la tierra
Los factores estudiados: existencia de un régimen
de esclavitud, de un gremio de m ercaderes, el des
arrollo de los oficios manuales, indican la presencia
de luchas sociales, paralelas a un proceso de acumu
lación de riqueza. "Tenían los señores proveído que
hubiese solemnes y ordinarios mercados, po rq u e. . .
estas gentes, que todas son paupérrimas y que haya
entre ellas algunos ricos" [Las Casas]. Esa concen
tración de riqueza asume tam bién formas de propie
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 17
dad territorial privada, en particular en las planta
ciones de cacao y de frutales. Forzando los términos
se podría decir que estos poseedores de cultivos de
cacao, siendo este producto moneda, eran una espe
cie de banqueros. Es lógico suponer que esta propie
dad individual era atributo de los jefes de grandes
casas, algunos altos funcionarios y capitanes. "Tam
bién tenían los señores sus tierras que llaman las
realengas que arrendaban a los que eran pobres”
[Las Casas]. Desde luego subsistía sim ultáneam ente
un sistema de tenencia más colectivo: tierras del
Estado para el sostenimiento de la guerra o del culto
y repartición de parcelas individuales a través de la
adm inistración del calpuli. Las num erosas guerras
de conquista, con el consiguiente repartim iento del
botín a los capitanes, determ inaron la formación
de una nueva nobleza guerrera, dueña de tierras,
que debilitaba al grupo de los señores de estos
calpuli.
Organización política
El inicio de un proceso de acumulación de trabajo
(esclavos), riqueza (com ercio) y tierra, agregado a
las necesidades de defensa y conquista, implica un
proceso de concentración y centralización del poder,
que no elimina completam ente todas las formas de
organización gentilicia.
Al m omento de la conquista el poder suprem o se
repartía entre varias fuerzas sociales en pugna, que
cobraba a menudo formas de violencia. "Fueron cua
tro hermanos, el prim ero reinaba, el segundo fuese
príncipe, el tercero capitán general y el cuarto ca
pitán segundo” [Rom án]. Estos cuatro herm anos se
aseguraron un poder hereditario, no sin discrepan
cia, porque si bien los dos capitanes debían respe
to al "rey”, no le eran subordinados, lo que afirma
el carácter cívico-militar de ese poder supremo. El
"rey” no daba ninguna decisión de cualquier orden
jurídico-militar, agrícola, religioso, sin consultar a
un consejo perm anente de dignatarios: “ ...e ra n
como los oidores en la Audiencia Real” [Las Casas].
18 JEAN-LOUP HERBERT
Para el culto divino llamaban al sacerdote mayor y
"a los más enseñados y experimentados de los otros
espirituales m in istro s; si de las cosas de guerra eran
requeridos los capitanes y hom bres que se habían
hallado y visto en aquellos peligros y así hacían las
otras todas m aterias” [Las Casas].
Esto dem uestra a la vez el poder unificador del
"rey” y una especialización del poder conforme a los
diversos asuntos del gobierno. Si bien estamos lejos
de un poder teocrático, el sacerdote conservaba m u
cho prestigio; escogido entre los señores del consejo
por ser el más “prudente y dirigente", tenía el oficio
m ás estimado y reverenciado, así del "rey o señor
suprem o como de los señores inferiores y de todos
los demás" [Las Casas]. Esta especie de consejo de
Estado, que form aba una adm inistración perm anen
te, incluía a los m inistros de justicia —oficiales o
alguaciles— encargados del tributo y los “mayor
domos para andar y rep artir las sem enteras” y en
fin los "prefectos de los pueblos”, que representaban
al "rey” fuera de la capital. Desde luego este grupo
burocrático tenía alto prestigio, recibía honores y
privilegios —en particular, no pagaba tributos.
Paralelam ente a ese poder central, sobrevivía la
organización de las grandes casas, de las cuales se
encontraban sólo en Utatlán hasta veinticuatro. "Ha
bía en Utatlán ciertas cabezas de linaje y familias
nobles como solares conocidos que se llamaban
la gran casa" [Las Casas]. Estos jefes de familia
tenían sus “vasallos reunidos", constituían una espe
cie de "senado” de notables, que en el caso de asun
tos graves se reunían en la capital, en particular
"cuando algún señor era tir a n o ... aquellos que eran
cabezas de fam ilia... comunicaban sus quejas y
agravios a los principales de la ciudad y del reyno
y si hallaban en ellas aparejo y que les querían en
su propósito ayudar, juntábanse todos y m atábanlo
y tomábanle sus m ujeres e hijos por captivos y toda
su hacienda sin dejar cosa salva" [Las Casas], Lo
que evidencia claram ente un paralelism o del sistema
y una subordinación de los jefes de familia al poder
central, lo cual se ve comprobado cuando se estudia
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 19
el sistema de tributación. " .. .si eran tributos, estos
cabezas de familia juntaban cada uno lo que les
tocaba, lo llevaban a aquel cacique principal y éste
con su señor el rey” [Rom án]. Este uso frecuente
de los térm inos "principal” y "cabeza de fam ilia”,
que encontram os en Bartolomé de las Casas, y que
subsiste todavía, pone de m anifiesto este carácter
de transición y superposición que venimos seña
lando. Lo corrobora la agonía a que estaba sometido
en ese momento el calpuli, no sólo por las presiones
externas, sino por un proceso interno de descom
posición. Erik Wolf lo concibe como un clan pira
midal, que m antiene cierta relación de parentesco
a veces mítica, pero del cual la riqueza, el prestigio y
el poder son repartidos de m anera muy desigual,
es decir, que ya pierde su carácter de asociación
clásica para volverse una unidad territorial admi
nistrativa. Aunque m antenía cierta unidad local en
los aspectos religioso, administrativo, judicial y mi
litar, posee ya la flexibilidad suficiente para adap
tarse a una sociedad encauzada en rum bo bélico
como totalidad. Observamos que algunos resabios
de esa organización se m antienen hasta la fecha. "La
parcialidad permanece distinta del cantón con el cual
es frecuentem ente confundida”, leemos en Robert
M. Carmack.
La organización militar
La existencia de las órdenes de los caballeros águila
y de los caballeros tigre y las trece divisiones de
guerreros a que se hace referencia en el Metnorial
de Sololá, ponen de m anifiesto el alto grado de des
arrollo m ilitar de la sociedad autóctona'; existía
un ejército perm anente y jerarquizado ya que había
"ciertos grados de oficios menores en que prim ero
se experimentaban, por m anera que cuando llega
ban a subir en el estado de prefecto o de teniente
ya eran de m adura edad” [Las Casas]. Existían te
nientes que m andaban a las "fronteras”.
Las arm as prim ordiales fu ero n : el arco y la flecha,
la lanza, la macana, lanzones, rodelas, escudos, hon
20 JEAN-LOUP HERBERT
das, c e rb a ta n a s... fraguaban proyectos o realizaban
tram pas a base de zanjas con puntas escondidas,
camuflages, nidos de abispas, etc. En cuanto a la
estrategia, Bernal Díaz del Castillo menciona que
era la misma que la de los españoles, es decir, "divi
dir, rodear, flanquear".
Organización jurídica
La base fundam ental del derecho civil y penal de
esta sociedad es la unidad familiar, monogámica
—"que no adulterasen con m ujer ajena, que no
fornicasen ni llegasen a m ujer sino a la que fuese
suya” [Las Casas]—, Pfttrilineal —"el parentesco
sólo se atribuía a los hom bres" [Las Casas]— y "pa-
trilocal” —"las m ujeres nunca m ás volvían entre
sus parientes, aun ni m uerto el m arido se casaban
con su herm ano o algún pariente" [Las Casas], La
aparición de la herencia confirma el carácter ya fa
m iliar que evidencia la desaparición de la gens
de esta sociedad: "Viéndose ya cercano de la m uerte
repartía entre sus hijos y m ujer y herm anos y los
parientes que tenía". A pesar de esto, subsistía la
tolerancia a la poligamia, resabio de la anterior for
m ación: ''Los señores tenían muchas m u je re s ...
pero verdád es que siempre se tenía respeto al hijo
de la prim era". El adulterio no era castigado en
form a muy drástica ni siquiera entre el pueblo. Se le
corregía la "prim era vez de palabra” [Las Casas],
después de varias amonestaciones podía dar lugar
hasta la esclavitud, sin embargo, "los que eran bue
nos hombres, pacientes, no decían a su señor el pe
cado de su m ujer" [Las Casas].
La adm inistración de la justicia estaba ya centra
lizada y jerarquizada. "Tenían la jurisdicción limi
tada que el señor les concedía y no más y así co
nocían de las causas de poca sustancia, y con todo
lo demás se acudía a la corte y suprem o tribunal”
[Las Casas]. El asesinato —salvo el de! señor en con
tra de su esclavo— era castigado con la m uerte del
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 21
culpable; el hurto, con la esclavitud o la m uerte,
sobre todo si se trataba de tierra; pero había en
cuanto a este últim o delito toda una variedad de
penas conforme a su magnitud.
Sociología urbana
La conformación urbanística refleja claram ente la
organización social. Tanto la ubicación como el as
pecto global de las ciudades revela su carácter pri
m ordialm ente m ilitar. Rodeadas de barrancos pro
fundos, reforzadas por m urallas, los españoles no se
equivocaron al calificarlas de fortalezas.
"Una muy num erosa coronación de defensores,
que usando por sus troneras de las saetas hacían
aquella gran plaza defendida y real alcázar asegu
rado: Tenía por mayor seguridad a sus costados
cuatro cubos capaces y muy fuertes que defendían
el poderse avanzar a sus m urallas" [Fuentes y Guz-
m án]. Sin embargo, en contraste con esta imagen
exterior de Utatlán, capital de los quichés, dentro
de las m urallas se desarrollaba una compleja vida
social, política y religiosa: “En el centro de la real
habitación de aquellos r e y e s ..., más vecinas las ca
sas de los nobles y aquellos personajes que compo
nían el consejo, después en tom o de esas casas
seguían por calpuli o barrios y los plebeyos de aque
lla gran república con que se constituía un numeroso
y considerable p u e b lo ... que sólo de esta admirable
corte de Utatlán el rey Tecún Umán sacó setenta
y dos mil guerreros contra los españoles” [Fuentes y
Guzmán]. Como se ve, toda la estructura social pro
yecta una disposición rigurosa en el espacio, jera r
quizada, del centro hacia la periferia. Los caracteres
administrativos y educativos revelan, respectivamen
te, la complejidad y la finalidad claram ente m ilitar.
"Muchas particulares oficinas entre todas el semi
nario en donde desde la edad de cuatro a la de doce
se criaban y recibían educación de cinco mil ni
ñ o s ... con sesenta preceptores” [Fuentes y Guz
mán]. En otra parte este mismo historiador habla
de una educación espartana, subrayando así el ca
rácter comunitario, ascético y cuya finalidad pri
22 JEAN-LOUP HERBERT
mordial se orienta hacia la guerra. El cronista es
pañol parece tan impresionado por el aspecto m ilitar
y el palacio real, que no menciona los templos, pirá
mides, juegos de pelota y mercado.
En Mixco Viejo, otra im portante ciudad, fundada
a principios del siglo x m , considerada tanto centro
religioso como m ilitar, según el arqueólogo Lehmann,
poseía "nueve templos y numerosos altares, dos pa
tios de juego de pelota, num erosas habitaciones
construidas en el interior de la ciudad, que podrían
albergar a varios millares de personas” (de ocho a
nueve m il). Esa fortaleza natural, cuyos barrancos
fueron recortados y reforzados de potentes m ura
llas, había establecido sobre cada prom ontorio un
barrio o calpidi con pirám ide y plataform a de obser
vación. Evidencia la dinámica de esta ciudad el que
apenas dos siglos después de fundada, cuando llega
ron los españoles, encontraran pirám ides con tres
capas (3 épocas constructivas superpuestas).
Por último, en Iximché, ciudad construida sola
m ente setenticuatro años antes de la llegada de los
españoles, el arqueólogo Guillemin observa una m ar
cada estratificación social: “Un foso artificial sirve
de protección y divide clases. . . prevalecía un es
píritu fe u d a l... [?] con un centro ceremonial y
aristocrático, dejando afuera de los m uros la extensa
área que ocupaban los plebeyos".
La existencia de esas fortalezas, Utatlán, Zaculeu,
Iximché, Mixco Viejo, etc., no debe hacem os olvi
dar que "había num erosísimas y grandes ciudades
y poblaciones con magníficos y decorosos edificios”
[Fuentes y Guzmán]. Esos pueblos siempre fueron
llamados recios por los conquistadores. “Recios por
lo num eroso que eran, pues había poblaciones de
ocho mil y diez mil casas" ( Quezaltenango, Toto-
nicapán, Santa María Chiquimula, Pochuta, Cobán,
Rabinal, Nebaj, Uspantán, etc., en la actualidad).
De ahí que podamos inferir que esta sociedad
estaba en una fase de urbanización y concentración
de población, ya que había alcanzado la etapa del
surgim iento de las ciudades multifuncionales.
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 23
Observaciones demográficas
La evaluación de la población que vivía en el te
rritorio guatemalteco en 1524 requiere un estudio
especial que, a nuestro entender, no existe. Sin em
bargo, creemos que la presentación lógica de datos
convergentes sobre la estructura social nos perm ite
evaluar con más exactitud las observaciones tan
contradictorias de los cronistas españoles. Bernal
Díaz —por orgullo m ilitar— y Las Casas —por apa
sionamiento— son llevados a exagerar. El prim ero
da la cifra de 5 000 000 de habitantes para toda la
capitanía, el segundo menciona la m uerte de 5 000 000
sólo en Guatemala (F. Oviedo recuerda 2 000 000 de
indios desaparecidos en Nicaragua). Fuentes y Guz-
mán, que se basa en los autores anteriores, exagera
seguram ente cuando afirm a que Utatlán podía poner
en pie de guerra 1 400 000 guerreros. Sin embargo,
hay unanim idad en los cronistas: todos se quedan
asom brados —por eso la exageración— de la densi
dad de la población en los Altos y en la costa del
Pacífico de Guatemala, lo que corrobora nuestra te
sis sobre la estructura social. Observadores más
recientes no llegan tampoco a un acu erd o : Brasseur
de Bourbourg habla de 300 000 habitantes en la ciu
dad de U tatlán; Sapper evalúa en 5 500 000 la pobla
ción de Centroamérica. Reaccionando a esas cifras
enormes Kroeber propone la cifra de 500 000 habi
tantes; Rosenblat, que ha llevado a cabo el estudio
más metódico hasta la fecha, llega a la conclusión
de 800 000 para toda la Capitanía. Sin embargo, nos
parece que ese autor no se ha detenido particular
m ente sobre el caso centroam ericano y tiende a in
terp retar siem pre de m anera restrictiva los datos
exagerados de los cronistas. En vista de todo lo an
terior y de los cálculos posteriores a la conquista,
nos inclinamos a pensar que la población centro
am ericana en el m omento de la conquista era por lo
menos de 1 000 000 de habitantes.
24 JEAN-LOUP HERBERT
La religión
No sólo por ser instrum ento ideológico de dominio
del conquistador, sino por su origen histórico, la
Iglesia católica que vino a América —salía de un con
flicto de cerca de ochocientos años con el Islam —
encontró natural calificar de pagana, idolátrica, poli
teísta, etc., la religión de la población autóctona de
América. Debemos subrayar, en prim er lugar, que
los quichés sabían muy bien diferenciar la religión
de la brujería. "Cualquiera que era brujo o bruja, lo
quemaban y llamábanlo en su lengua ‘balam ’, que
quiere decir ‘tigre’, porque el demonio se revestía
en ellos. . . por sus leyes bien los castigaban porque
los ahorcaban o les daban g a rro te .. . " [Las Casas].
Aun un observador superficial del altiplano guate
malteco sabe que esa distinción perdura hoy en
día; están los sacerdotes, por una parte, Chuck’
Ajau, y por otra los brujos, que son "dos cosas bien
distintas”, según palabras textuales de un informante
campesino. El valor de la moral de esa religión no
puede ser puesto en d u d a ; existía el ayuno y la peni
tencia : “El sacerdote podía vivir ocho o nueve meses
apartado, no comiendo sino grano de maíz seco por
tostar y frutas, ni entraba en su casa, ni conversaba
con n a d ie ... H abía una penitencia tan áspera que
no puede ser creída” [Las Casas].
También practicaban la abstinencia: “Había de
apartarse su cama de la de sus m ujeres sesenta y
ocho días". También agrega Bartolomé que esa reli
gión era por "sus profetas y teólogos y adivinos,
aprobada y predicada, y por sus sacerdotes con
grande y adm irable devoción y penitencia y ejem
plos de honestidad ejercitada”. E inclusive practi
caron la confesión: "Cada uno que caía malo luego
se confesaba sus pecados diciéndole al médico que
lo curaba, o al sacerdote o hechicero, o los mozos se
confesaban a sus padres o la m ujer a su m a rid o ...
antes de m orir confesaban por pecado haber que
brantado cualquiera de su cuaresm a”. Finalmente, en
lo que concierne al problem a de los sacrificios hu
manos, debemos agregar otra cita más de Bartolomé
de las C asas: "Durante todo ese tiempo de su peni
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 25
tencia ofrecían sacrificios de todas las cosas excepto
hombres".4
Demostrado el rigor ascético de esta religión, se
hace necesario interpretar sus aspectos más esen
ciales. Hemos creído que su intuición central es el
tiempo, considerado como un infinito anterior y
posterior. Ese sin lím ite conduce, lógicamente, a pen
sar en la inminencia de la destrucción de todo lo
existente. De ahí ese tem or sagrado a la desaparición
total del mundo, que según esta cronología ha ocu
rrido ya tres veces. El conocimiento del infinito
ilimitado desemboca en el pensam iento del eterno
presente. No es casual entonces que como nos con
taba un descendiente actual, al estar en presencia
del Dios-mundo, o Dios-volcán, cuyo a lta r es el vol
cán Santa María, se siente que el tiempo se detiene
tres días en un solo instante. "Había entre ellos
noticia del diluvio y el fin del m undo" [Bartolom é
de las Casas].
Estrecham ente ligado a esa m editación sobre el
tiempo está el pensam iento del orden cósmico. Hoy,
todavía los sacerdotes maya-quichés consagran en
las cum bres de los cerros-pirámides el ideograma
cósmico fundam ental de toda la América autóctona.
"Después de medido en los cuatro ángulos, los
cuatro rincones, se trabajó la cuerda en el cielo y en
la tie rra ” [ Pop W uj].* Según la explicación de Gi-
rard, las cuatro esquinas del cuadrángulo cósmico
corresponden a los puntos extrem os del horizonte
visible donde se detiene el sol en su regular oscila-
■* Encontramos una visible contradicción al texto citado
"n la página 16 y que hace referencia a los sacrificios huma
nos. Las Casas se muestra confuso al respecto, queremos
recordar que sobre este tema existe la polém ica abierta;
ahora bien, esta polémica no es m ás que el reflejo de que
una cultura no es igual en todas sus expresiones. Puede exis
tir una sociedad poseedora de expresiones culturales alta-
—.ente civilizadas y a la par de estas expresiones producir
Trigos barbáricos, los que en ningún m om ento pueden ser
: j- a d o s com o elem entos determ inantes de todo el sistem a
r_!rural, mucho menos ser justificadores dé invasiones co
loniales.
* Y no Popol Vuh, según los estudios de Adrián I. Chávez,
fundador de la Academia Maya-Quiché.
26 JEAN-LOUP HERBERT
ción anual (punto de la eclíptica). Esa cosmogonía
se vuelve teogonia gnóstica po r la afirmación de la
unidad o "ley del centro” [L aurette Séjoum é]. El
quinto punto, o quincunce, es lugar del fuego, de la
serpiente, de la piedra sagrada, fuerza de conver
sión de la m ateria en luz, "transfiguración de la
opacidad en transparencia” [Séjoum é].
Desde luego, la pirám ide (en su defecto, el cerro
o volcán) traduce arquitecturalm ente esa visión,
combinando la horizontalidad del cuadrilátero en
su base, con el triángulo del eje de su verticalidad
escalonada. "Hay algo m ás curioso: la idea de una
pirám ide rectangular engendra un concepto nume
ral continuo, por ejem plo: el ‘uno’, es la misma pi
rám ide; el ‘dos’, las dos figuras geométricas (la
base y un lado); el ‘tre s’, los lados del triángulo;
el 'cuatro', los lados de la base; el ‘cinco’ los picos
de la pirám ide o los planos de la pirám ide” [Adrián
I. Chávez], El acento sobre este concepto de la
unidad se pone de m anifiesto en los diferentes sig
nificados de la palabra "pop” que quiere decir si
m ultáneam ente, en quiché: nom bre del prim er meo,
de la autoridad (A j pop), del libro del tiempo o his
toria [Pop Wujl, que identifica esotéricamente la
cronología, la sabiduría, la tradición, el pensam ien
to, por ser símbolo de la unión.
La manifestación esotérica de este pensamiento
cosmogónico perm ite la elaboración del calendario.
"Estas gentes tenían sus años y meses y semanas, y
dos m aneras de años: uno pequeño y otro grande;
el pequeño era de trece-veinte días y cada veinte
hacía un m es; el grande contenía dieciocho veintes”
[BartolOqié de las Casas]. Además de esos ciclos,
otros historiadores, como Fuentes y Guzmán, men
cionan el año de cincuenta y dos años en Utatlán,
fecha que daba lugar a grandes fiestas y recubri
m iento del suelo. Varios sacerdotes actuales m an
tienen esa tradición, así como la de los cinco días
negros con que finaliza el año de trescientos sesenta
días, en una especie de terro r sagrado y agradeci
m iento porque el m undo continuará. La semejanza
de este pensam iento con el de los kogis colombianos
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 27
pone de m anifiesto la unidad americana. Los kogis
consideran el dualismo antagonista como polaridad
vital (corazón del cielo, Dios-mundo para un Qui-
ché), sin embargo ese concepto dualista se ampli
fica luego en una estructura de cuatro puntos. El
concepto estático, bidimensional, horizontal se di
vide en cuatro segmentos: puntos del horizonte.
Pero el esquem a en cuatro puntos conduce a un
quinto: el centro, el que se escoge para hablar a
los dioses. La etapa siguiente del esquem a es tridi
m ensional: siete puntos de referencia: cénit, nadir,
centro, más los cuatro puntos del horizonte” [G.
Reichel-Domatof f ] .5
Desde luego, el m anejo de tal conocimiento im
plica un alto conocimiento m atem ático; la falta de
información no perm ite saber si se había m antenido
el alto nivel alcanzado por los mayas clásicos, sin
embargo se sabe que los quichés m anejan un siste
ma de num eración de 1 a 19 que form a la unidad
superior, la veintena ( juinal), y la siguiente unidad
( ju m u x), que comprende cuatro veintenas.
El único en reconocer el monoteísm o de la socie
dad autóctona fue Bartolomé de las Casas: "Creían
en un dios creador de todo.” Pero más allá de esa
afirmación, nos explicamos el furor de los españoles
a consecuencia del esoterism o de esta religión, en
parte, porque España, poco antes de la conquista,
acababa de expulsar a los judíos de su territorio, y
en América vino a encontrarse nuevamente con el
rantasma de la Tradición. En nombre de! Nuevo
Testamento, los españoles quisieron aniquilar la bi
blia am ericana y universal contenida en el Pop Wuj,
cue contradecía abiertam ente el carácter demasiado
hum ano de la religión que propagaba el fanatism o
español.
El carácter altam ente antropocéntrico de la reli
gión cristiana lim ita lo sagrado a una dimensión
5 Para hablar de la religión nos apartamos de nuestra
norma, ya que en esa m ateria nos parece provechoso e in
dispensable apuntar la unidad americana que puede ser una
:e las bases de su identidad actual. De abí el interés de las
comparaciones entre Guatemala, México y Colombia.
28 JEAN-LOUP HERBERT
visible, irreductible al infinito esotérico m aya; de
ahí deriva una concepción muy distinta de la ley
del Universo, que para el maya-quiché incluye el
concepto de justicia y una ética colectiva subordi
nada. Al contrario de como el cristiano ve las no
ciones de responsabilidad y culpabilidad, según pa
labras de un intelectual indígena del altiplano gua
temalteco. Corrobora esto la afirmación de un cam
pesino que sabía que "Dios volcán no quería a San
Miguel, porque m ató a la culebra” ; ingenua intui
ción de la irreductibilidad entre la espada española
y la serpiente emplumada. Esta última, como la
piedra y el fuego, "gran vehículo del m undo”, son
símbolos claves que se oponen sim étricam ente a la
simbología católica. La misma disposición especial
del rito establece una verticalidad de arriba hacia
abajo, que se opone tam bién frontalm ente a la as-
censionalidad de la religión del conquistador.®
El cuentista Francisco Méndez, en una de sus na
rraciones en que se refiere al nahual, últim o con
cepto de esta religión, no puede menos que decir
que hasta Dios mism o "tam bién tiene su nahual”.
Paralelam ente a esa religión esotérica se m ante
nían tam bién aspectos mágicos y totémicos, que fue
ron, irónicamente, los asimilados por la religión
católica m ediante la formación de las cofradías. Por
supuesto, luego de más de cuatro siglos de destruc
ción, aparecen form as sincréticas y agonizantes. Re
cordamos a un inform ante que nos decía que "Don
Volcán necesita carne hum ana bien tostadita”.
Esta descomposición se inicia en la colonia, por
ejemplo la Siguanaba, Cadejo, la Llorona, etc. [Pepe
Batres M ontúfar, Tradiciones de Guatemala.']
6 El sacerdote católico tiende los brazos hacia el cielo
en signo de invocación de lo Divino, busca la luz sagrada en
el cielo, negando la horizontalidad terrestre; el sacerdote
maya, después de haber saludado los cuatro puntos del hori
zonte "trae” el cielo sobre la tierra —en su centro— en una
actitud corporal de arriba hacia abajo, en una búsqueda
siempre m ás intensa de lo que liga, une.
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 29
Esta descripción analítica de la sociedad autóctona
anterior a la conquista puede parecer demasiado es
tática. Por eso nos parece necesario ver en seguida
su dinámica global, es decir, considerarla en su tem
poralidad. Tem poralidad histórica que sus propios
m iem bros registraban. "E ntre otros oficios y oficia
les que habían eran los que servían de cronistas
e historiadores” [Bartolom é de las Casas]. Lejos
de ser, como se ha querido hasta la fecha, una so
ciedad "fría”, sin historia, sin política, era, po r el
contrario, una sociedad que se encontraba en plena
efervescencia, una sociedad en convulsión evolutiva
hacia la afirm ación de una unidad superior: el Es
tado. No solam ente porque tenía escritura y libros
de historia m erece calificarse de civilizada, sino
porque todos los rasgos que hemos destacado —exis
tencia de oficios m anuales, comerciantes, esclavos,
guerreros, propiedad privada, poder central, ciuda
des, moneda, vías de comunicación, monogamia, mo
noteísmo— confluyen en el mismo sentido.
La población autóctona que encontraron los espa
ñoles en Guatemala se había form ado y afirm ado
en su deam bular desde Tula y en sus luchas contra
los pipiles y mames para, finalmente, asentarse or-
gullosamente en Utatlán (1343), Iximché (1463) y
otros numerosos lugares. Esa época heroica se desa
rrollaba entre grandes movimientos de población.
Comercio, esclavitud, guerras exteriores y luchas in
testinas, luchas de palacio, intrigas, revolución, des
titución de reyes, etc., todo lo que le da-una tonali
dad com parable a la de la época homérica. (¿Po
dría el Rabinal Achí ser visto bajo un enfoque simi
lar al de la tragedia clásica griega?) "Entonces co
m enzaron la revolución contra el Rey Quikab las
gentes del Quiché; y fue la causa de la lucha de la
propia familia del r e y ... habiendo habido por ese
tiempo una conjuración de la gente del Quiché con
tra los guerreros que sostenían al rey, y empezaron
por darles m uerte a todos aquellos que ocupaban
los prim eros rangos cerca del je f e ... y el populacho
asaltó las casas de dichos jefes que fueron asesina
d o s . . . ” [Memorial de Sololá]. ¿Quién puede dar
30 JEAN-LOUP HERBERT
m ejor explicación histórica de las convulsiones po
pulares de las cuales nace una "dem ocracia m ilitar”
(prim era fase del estado), que la contenida en este
breve párrafo? Incluso, como en cualquier historia
de un pueblo, no falta lo trivial.
“Un accidente trivial dio origen a la segunda su
blevación de los q u ich é s... una m ujer cakchiquel
fue ultrajada en Gumarcaj por soldados de la guar
dia de palacio” [Villacorta]. Y el rey desesperado
aconsejó a sus dos hijas: "Abandonad esta ciudad
al populacho revoltoso. . . i d a donde podáis esta
bleceros a Iximché." La guerra partía del Estado
m ilitar, disolviendo el Estado gentilicio. . . "pues esta
comarca inspiraba terro r en todas las siete tribus
y sus guerreros llevaron la guerra en todas direc
ciones y por tanto fue grande la gloria del rey Qui-
kab". Se vuelve entonces irónico pensar la vida de
esa sociedad en el contexto de la comunidad prim i
tiva, viviendo a ritm o de una naturaleza feliz y en
un espacio cerrado. El reconocimiento de esa reali
dad desvirtúa tanto la idea de una supuesta deca
dencia como de un comunismo primitivo, o de una
sociedad cerrada e idílica.
El estudio de esa sociedad está amenazado por tres
errores teóricos:
1. La desafortunada división del trabajo científico
entre etnólogos e historiadores tiende a reservar la
metodología histórica a sociedades occidentales y
usar la metodología ahistórica de la etnología para
las sociedades "indígenas" o "arcaicas". Sólo la re
ferencia a la vida política, las revoluciones, y las
contradicciones del poder político en la sociedad
quiché debería desvirtuar radicalm ente ese enfoque
erróneo.
- 2. La confusión a m enudo inconsciente entre so
ciedad "indígena" y sociedad tribal, reforzada por
el abuso que hizo la antropología del concepto de
comunidad. En el caso que nos interesa, la existen
cia de un poder central que controla un vasto terri
torio, los múltiples intercam bios económicos, la exis
tencia de ciudades rectoras de la vida social invali-
LA SOCIEDAD PRECOLONIAL 31
dan totalm ente la aplicación de ese concepto a la
sociedad precolonial y su uso muy lim itado en la
época colonial y poscolonial.
3. Un exagerado socialismo utópico ha podido ha
cer creer en las form as colectivas e incluso com unis-.
tas de tenencia y uso de la tierra. Tampoco esa
posición nos parece correcta (ese erro r podría ex
plicar en parte el fracaso del "ejido” m exicano);
la indudable existencia de la propiedad privada, la
esclavitud, los grupos comerciantes, guerreros, fun
cionarios, son pruebas suficientes para afirm ar que
el calpuli se encontraba en una fase de desintegra
ción muy avanzada y que la sociedad quiché había
alcanzado formas sociales superiores.
Indudablemente resulta difícil, si no imposible, de
finir esa sociedad en una sola palabra; ‘‘neolí[Link]
perior” por la técnica, ‘‘m ercantilista” por su grado
de desarrollo comercial, "prim itiva” por resabios de
organización gentilicia, altam ente "civilizada” por su
cultura, historia, artes, m atemáticas, religión. Todos
esos conceptos son usados y son insuficientes, ya
que se basan sobre un aspecto unilateral, nos pa
rece más conveniente decir que los distintos nive
les^ de esa sociedad se encontraban en fases de desa
rrollo desiguales dentro de una dialéctica única que
evolucionaba hacia la afirmación de una sociedad
cuya extensión territorial iba ensanchándose bajo la
autoridad de un estado dominante militar.
Frente a esa dinámica transitiva y abierta la co
lonización va a congelar el tiempo, a encerrar en
"reducciones” el espacio, a rom per las comunicacio
nes comerciales, a brutalizar las relaciones sociales,
a deprim ir la producción agrícola o, en todo caso,
a desviarla hacia la m etrópoli; a destruir el poder
político y a im poner una religión extraña. En una
palabra, asistim os a una desvitalización organizada,
que se traduce en una reificación de la historia,
tanto por parte del español como por parte del la
dino contem poráneo. Por experiencia personal de
trabajo de campo, hemos observado que para que
el grupo "indio” recupere su identidad, se despierte,
se vuelva actor de su historia, se debe reanudar el
32 JEAN-LOUP HERBERT
hilo del tiempo en el m omento en el cual fue cor
ta d o . Solamente a través de este proceso puede
ponerse en m archa la historia guatemalteca» como
totalidad. Y ya vemos que dentro del grupo autóc
to n o se reanuda la tradición de esos cronistas e his
toriadores que, según Bartolomé de las Casas
tenían noticias de los orígenes de todas las cosas así
tocantes a la religión y dioses y ciudades, cómo comen
zaron los reyes y señores y sus señoríos y modos de
sus elecciones y sucesiones; de cuántos y cuáles señores
habían pasado; de sus obras y hazañas y hechos me
morables buenos y malos, de cómo, bien o mal, go
bernaron.. .
CAPÍTULO I I
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL
CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
INTRODUCCIÓN
A cuatro siglos y medio de distancia de la iniciación
del sistema colonial sobre el cual se asientan las
bases de la estratificación social que aún perduran
en Guatemala, las representaciones colectivas, los
mitos, las ideologías, las creencias y los prejuicios
generados por dicho sistema —con m iras a justifi
carlo— parecen haber cobrado vida propia.
La conquista española enfrentó a dos grupos hu
manos provistos, cada uno de ellos, de una concep
ción diferente del m undo y de la vida, de una capa
cidad desigual en el m anejo de la técnica y de un
sistema de valores divergente. Consecuentemente,
cada grupo en particular contaba con su propia or
ganización social, económica y política. El choque
inicial dio como resultado la victoria m ilitar espa
ñola y el consiguiente aplastam iento del elemento
autóctono. De este hecho violento nace una serie
de relaciones que ya no serán más patrim onio de
cada uno de los grupos sino que los envolverán a
ambos, acercándolos y separándolos sim ultáneam en
te. A p artir de entonces, las m utuas relaciones des
cansarán sobre la fuerza del vencedor, quien tratará
de im poner sus m aneras de actuar y pensar, sobre
todo, con el afán de justificar el sistem a desigual
creado por él.
En el caso particular de Guatemala, gl sistema
colonial se apoyó —en sus aspectos fundam entales—
en la explotación de la tierra, trabajada por mano
de obra esclava, cuantiosa y reclutada entre la po
blación aborigen. La explotación m inera no llegó
[33 ]
34 CARLOS GUZMÁN BÓCKUER
a revestir caracteres im portantes, por lo que la eco
nomía fue esencialmente agrícola. El soporte ideo
lógico inicial fue, preponderantem ente, religioso, por
cuya causa la acción m isionera no sólo sobrevivió
a la m ilitar sino que contribuyó a echar las bases
de una Iglesia com prom etida cuyas enseñanzas (ya
que ella monopolizó la educación) dieron vida a las
creencias y representaciones colectivas que habrían
de intentar la justificación del sistema.
Tal justificación del colonialismo —así como las
contradicciones del mismo— se basa en una serie de
simplificaciones que, para el elemento hum ano fa
vorecido por la dominación colonial, han llegado a
adquirir la categoría de verdades indiscutidas e in
discutibles. Así, la "historia patria" es, en su mayor
parte, descriptiva: excenta de interpretaciones; par
cial: sus relatos suponen siem pre la presencia de
un personaje colectivo a cuyo cargo se encuentra el
papel principal, personaje que, sucesivamente, se
llama peninsular, criollo, mestizo y, actualm ente,
ladino; tras él, como comparsa, a veces visible, pero
siem pre en segundo plano, otro personaje colectivo:
el indio; valorativa: lleva ínsita la afirm ación de la
superioridad del blanco (y sus derivados) frente al
in d io ; y superficial: es incapaz de e n tra r al análisis
de las causas profundas en todos los órdenes puesto
que si lo hiciera tendría que replantearse desde sus
mismos inicios. En suma, se tra ta de una historia
alienada, es decir, de una m em oria colectiva secta-
rizada, de un instrum ento ideológico de dominación
susceptible de agudizar las contradicciones que la
han generado en vez de resolverlas.
SEMBLANZA HISTÓRICA
11 E l español que vino a América
Una de las simplificaciones que han servido de base
a la ideología en que descansa el sistem a colonial
consiste en afirm ar que, al m omento de acaecer la
conquista, la población indígena del actual territorio
de Guatemala se encontraba en decadencia, de suer
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 35
te que la llegada de los españoles la sacó de ese su
puesto atraso y la encaminó por la senda del pro
greso y la civilización occidental, rescatándola del
paganismo y cristianizándola. En el capítulo ante
rior J. L. H erbert se encarga de refutar lo relativo
a la decadencia. Al efecto, es conveniente traer a
cuenta que, en la m ente del ladino actual, priva la
idea de que tales españoles poseían una única es
tructura étnica, lingüística, religiosa y valorativa; se
les presenta en su deslum brante aspecto de vence
dores, de conquistadores, y se dice muy poco sobre
su conformación humana, su heterogeneidad, sus
vacilaciones y sus angustias.
Por ello estimamos conveniente ver y analizar a
ese español en su dimensión de hom bre, con el ob
jeto de ubicarlo en España, antes de que América
fuera descubierta para los europeos; seguirlo en su
viaje hacia estas tie rra s ; contem plarlo en el momen
to épico de la conquista; y estudiarlo, ya en rela
ción perm anente con el elem ento aborigen, en el
curso de la colonización.
Nos interesa en particular aislar y destacar aque
llos elementos que contribuyeron a crear el sistema
de valores en tom o al cual los térm inos España y los
españoles cobraron un sentido vital para quienes,
en el curso de la historia, llegaron a considerarse
como nacionales de la prim era y como copartícipes
de un nosotros singularm ente estructurado y perfi
lado. Nos interesa tam bién señalar el ahondamiento
de las grietas que resquebrajan a ese nosotros los
españoles en el m omento mismo en que alcanzan su
dimensión imperial y, por ende, el giro que toman
los valores iniciales, esta vez sectarizados en prove
cho de algunos y en desmedro de otros. Finalmente,
nuestro estudio tiende a dem ostrar cómo el sistema
valorativo de aquellos españoles que llevan a cabo
la conquista, a causa del cambio de las condiciones
económicas inherentes a la colonización que sobre
vendrá inm ediatam ente, perderá las bases de hecho
en que se apoyaba, se deform ará y dará nacimiento
a otro sistem a valorativo cuya m eta consistirá en
justificar el orden de cosas creado en las Indias.
36 CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
Indudablem ente, en la actualidad son los plantea
mientos de Américo Castro los que con mayor soli
dez y rigor contribuyen a esclarecer la historia es
pañola. Sin los antecedentes que él sum inistra
quedarían muchos vacíos y falsas interpretaciones
sobre las Indias y sobre los actuales países latino
americanos. De ahí que las bases fundam entales de
este capítulo descansarán, en gran parte, sobre sus
agudas reflexiones.
A través de un depurado razonamiento, Castro si
túa el antecedente del español en la época en que la
invasión m usulm ana de la península ibérica se es
trellaba, allá por el siglo vm , contra la resistencia
tenaz de los pueblos que habitaban las zonas mon
tañosas del norte. Tratábanse de pueblos disímiles
en cuanto al origen étnico, lingüístico e histórico,
cuyo único denominador común era la profesión de
la fe cristiana. El hecho singular que ellos realiza
ron consistió en la resistencia organizada en contra
del invasor, hecho que contrastó con los com porta
m ientos de los pobladores anteriores, quienes, a tra
vés de los siglos, vieron desfilar por su territorio a
otros invasores: iberos, celtas, cartagineses, rom a
nos y visigodos, que sucesivamente y con largos in
tervalos ocuparon el suelo, se asentaron en él y
crearon form as particulares de vida colectiva.
El em puje avasallador del Islam se estrelló con
tra la energía de esos pueblos del norte, iniciadores
de un largo proceso que en la historia ha dado en
llam arse la reconquista, cuyo comienzo y desenvol
vimiento m arcan el principio de una serie de inter-
relaciones que, más adelante, van a contribuir a
m oldear un tipo de hom bre que, en el siglo xx, se
dará a sí mismo el apelativo de cristiano, es decir,
un denom inador común usado con dimensión polí
tico-colectiva, para enfrentarlo a los m usulmanes
cuyo nom bre político-colectivo tenía una dimensión
religioso-política.
El enfrentam iento del al-Andalus islámico con los
reinos cristianos trajo para estos últim os una serie
de consecuencias decisivas: prim ero, en la form a
ción de la lengua: "El nacim iento y la im portancia
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 37
adquirida por el dialecto castellano durante los si
glos ix y x (que no hubiera sido como fue sin el
al-Andalus), explica la fragm entación del habla de
tradición romano-visigoda” [Américo Castro, Los es
pañoles : cómo llegaron a serlo, Madrid, Taurus, 1965,
pp. 116 y 117]; luego, la concepción y la práctica
de la guerra sa n ta : "Ante todo la guerra (o contra
los moros o contra los cristianos) se convirtió en el
tem a prim ordial para quienes abrían su conciencia
a la vida entre los siglos v i i i y x i i i " [ Ibídem , pp. 108
y 109]. El autor citado condensa en los siguientes
párrafos todo lo significativo de dicha posición:
La obligación de la guerra forzó al cristiano a adaptarse
a la forma material y espiritual en que aquélla era prac
ticada por el enemigo. De ahí que al batallar en nom
bre de Mahoma, correspondiese el combatir en nombre
de Santiago... llbídem, p. 1091.
Combatir en nombre de una creencia sobrenatural (no
simplemente ayudado por una fuerza sobrenatural) fue
una novedad entre hispanocristianos, no conocida de
los visigodos ni de los romanos. Y no una novedad
aislada y ocasional, sino articulada a un sistema de va
lores dominantes y estructurantes. Prueba de ello es
que el cristiano peninsular prefirió entender el mundo
d esd e su creencia, y no desde su pensamiento, en el cual
fu e más riguroso que el musulmán, capaz a veces, en
su mejor momento, de cultivar la matemática y la as
tronomía. Esto quedó reservado a los españoles de
origen judío en el siglo xvi, hasta que la asfixia provo
cada por el casticismo lo hizo imposible [Ibídem, pp. 110
y 1113.
En el al-Andalus —cuyas form as de cultura eran
muy superiores a las de los cristianos— se dio am
plia cabida en los quehaceres intelectuales a los ju
díos, por lo que, a m edida que las tierras fueron
reconquistadas, éstos pasaron a ocupar posiciones
similares al lado y al servicio de los príncipes cris
tianos. Por otra parte, sea en movimientos masivos,
sea en form a individual, muchos mozárabes (cris
tianos arabizados) fueron abandonando el al-Andalus
para establecerse en los reinos cristianos. Allí per
38 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
m anecieron tam bién muchos musulmanes converti
dos al cristianismo. De suerte que el saber de todos
ellos, unido a su especial concepción del m undo
(m uy orientalizada) y al dominio de ciertas técnicas,
les dieron un lugar decisivo en la formación de lo
que, a p artir del siglo x m , va a empezar a llamarse
España y los españoles.
La vida de esa nueva realidad llamada España y
de ese hom bre llamado español se teje en las inter-
relaciones de las tres castas de creyentes que con
tribuyen a fo rm a rla : islámica, judía y cristiana. En
tre eilas privará un equilibrio nacido en parte de la
división del trabajo (dom inio de las técnicas y de
ciertas form as de organización social, por parte de
los m usulm anes; cultivo de las ciencias, la filosofía
y las finanzas, por parte de los judíos; y ejercicio
de las funciones de mando, así como de las tareas
guerreras, por parte de los cristianos) y, en parte
también, de la conformación de un sistema valorati
vo que involucrará, en representaciones colectivas
comunes, creencias aportadas por cada una. Entre
tales representaciones colectivas destaca la toleran
cia religiosa, aportada por el Islam y testim oniada
en form a gráfica e imperecedera en el epitafio de
Fernando III, el Santo, cuyos restos descansan en
la catedral de Sevilla, ciudad que conquistó en 1248.
Dicha convivencia duró unos 700 años y fue más
que un simple estado de hecho; significó el proble
ma clave de la historia española. El epitafio en
mención está redactado en cuatro lenguas: latín,
castellano, árabe y hebreo. Según lo destacó por
prim era vez Américo Castro [La realidad histórica
de España, México, Porrúa, 1966, pp. 38 v 39], el
texto latino difiere de los tres re sta n te s; el prim ero
expresa una política con respecto a las tres castas
de creyentes, y los demás son expresión de otra. La
Iglesia m anifestó por medio de frases duras para
con sus enemigos la form a especial en que enten
dió el triunfo del rey Fernando, pero se cuidó de
plasm ar sus apreciaciones en una lengua que estaba
únicam ente al alcance de los "clerici” y no del vulgo
de los cristianos, los moros y los judíos. Las otras
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 39
tres versiones apenas difieren en aspectos formales
y todas coinciden en los de fondo: la tolerancia y el
espíritu de convivencia que ligaba a las tres castas.
Cristianos, m oros y judíos vivieron dentro de un
trenzado de las tres castas hasta fines del siglo xv.
Sin embargo, en la medida en que la reconquista
fue cubriendo más y más territorios ganados al moro,
la tensión entre las castas fue haciéndose más evi
dente. La casta cristiana reclam aba para sí, ya no
las funciones señoriales y guerreras sino la direc
ción total de las actividades, lo cual implicaba el
relegamiento a un segundo plano de las otras dos.
Las castas empezaron a ser sentidas en form a aguda
y para establecer las diferencias entre sus respecti
vos miembros cobró vida, al menos en la casta cris
tiana, la idea de su linaje espiritual, de su "limpieza
de sangre”, la cual establecía una separación taiante
entre el cristiano viejo y el cristiano nuevo. El pri
mero tenía acceso a funciones sociales negadas a
quienes no lo fueran. Contrariam ente, las tareas in
telectuales llegaron a considerarse propias de la
casta judía y por tal razón fueron desatendidas por
quienes temían hacerse sospechosos a la Inquisición.
La casta cristiana ensalzaba sus quehaceres y des
preciaba, por indignos, los que habían venido ejer
ciendo el m oro y el judío. Tal proceder desemboca
ría inevitablemente en el rom pim iento del equilibrio
entre las castas y en el predominio de la casta
cristian a:
Elemento decisivo para la casta cristiana, lo que le hizo
al fin triunfar contra el infiel y contra el correligiona
rio, fue la estima y el culto de lo que llamaría ‘la di
mensión imperativa’ de la persona. Si el hispano-judío
se destacaba por su aguda inteligencia y el moro por su
industriosidad constructiva y laboriosa, el cristiano se
esforzó en el cultivo del esfuerzo heroico y batallador
[Castro, Los españoles. .., p. 123].
La ruptura del equilibrio que aunó y separó a las
tres castas se produce al concluir el siglo xv; desde
entonces se empieza a delinear la imagen que el es
pañol ha de presentar en los tiempos sucesivos,
40 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
pero es el siglo xvi el que lo verá alcanzar su máxima
dimensión histórica —historiable, al decir de Castro
[ Ibídem , p. 99]— ; es el m omento en que se esclare
cerán los valores con que pondrá pie en el suelo
americano. Terminados los largos años de convi
vencia y tolerancia religiosa, el cristiano viejo va
a adoptar una conducta que le llevará a insospecha
das alturas épicas al mismo tiem po que le cerrará
los caminos que conducen el razonar sistemático, el
cultivo de las ciencias y el m anejo de las técnicas.
1492 es el año más significativo: el 2 de enero los
Reyes Católicos tom an Granada y consuman la de
rro ta m ilitar de los moros, en agosto se decreta la
expulsión de los judíos, y en octubre las naves de
Colón tocan tierra en la América insular. La suerte
del imperio que de ahí surgirá va a depender de
estos tres hechos.
La casta cristiana seguirá valorando grandem ente
el creer como sustituto del pensar y a las aficiones
intelectuales de los hispano-hebreos (ya conversos
en el siglo xvi) responderá con la desgana cultural.
Para destacarse del converso, del cristiano nuevo,
exaltará la pureza de sangre del cristiano viejo, des
deñará la riqueza secularizada y de clase media
—propia del español judío— , a la cual tendrá por
vil, y reconocerá como única riqueza significada la
eclesiástica o la nobiliaria. Las ideas correspondien
tes a la hidalguía y a la grandía ocuparán el sitial
más alto en la constelación valorativa del cristiano
viejo, las creencias religiosas desembocarán en un
catolicismo sin paralelo en Occidente y, para su
salvaguarda, se erigirá la Inquisición. De m anera
que, cuando el Imperio despunta, sus gobernantes
han renunciado ya a la posibilidad de m anejarlo sir
viéndose de los conocimientos científicos, tecnoló
gicos y financieros cuyo increm ento demandaba tal
empresa y, como contrapartida, fusionarán los inte
reses de la casta cristiana con los de la Iglesia, de
donde surgirá el papel de esta últim a como deten
tadora del poder político.
Para ilustrar sobre la intolerancia con que culmi
na el siglo xv y principia el xvi, Américo Castro [Los
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 41
españoles... pp. 99-103] contrasta el epitafio de los
Reyes Católicos, sepultados en la Capilla Real de
Granada, con el de Fem ando III el Santo, antes
aludido. A juicio suyo, el breve texto del p rim e ro 1
constituye el asiento de la intransigencia posterior,
es una clave explicativa que m arca la divisoria de
las aguas históricas de E spaña; en él no hay alusión
al papel desempeñado por cada casta en la estruc
turación de la nación española y ni siquiera a los
logros políticos más destacados del reinado de Fer
nando e Isabel (unión de los reinos, anexión del de
Nápoles, descubrim iento de América, etc.); como
dice Castro, tal epitafio "es una versión inquisitorial
de su reinado" y refleja el triunfo de la casta mili
ta r de los cristianos dentro de un horizonte más
oriental que occidental que será el que habrá de
encuadrar a la m onarquía española, unitaria y Cató
lica, dentro de una legalidad religiosa, superestatal
e inconm ovible: el Tribunal del Santo Oficio de la
Inquisición, el cual funcionará hasta 1820 y prohi
jará un despotismo político-social que acercará a
España más a la estructura de los pueblos orienta
les, judíos o m usulmanes, que a los occidentales.
Consecuencia de la ru p tu ra del equilibrio entre
las castas es la aparición de la crítica a la vida
española llevada a cabo po r los escritores hispano-
judíos Alonso de Cartagena, Juan de Lucena, Fer
nando de la Torre, Alonso de Palencia, H ernando del
Pulgar, etc. Los conversos siguieron practicando las
tareas que su casta había venido ejecutando; por
ello eran marginales en la sociedad, lo cual les dio
pie para criticarlo. “Alonso de Palencia discierne con
gran justeza que el español ‘desdeña las cosas más
provechosas’ y ‘juzga ser cosa indigna, si no alcanza
los lugares más altos de los fechos’ ( Tratado de la
perfección del triunfo militar, 1459) . . . Con tal dis
posición de vida fueron superadas situaciones críti
cas y angustiosas. Y superadas o no, gracias a ellas
i "Femando de Aragón e Isabel de Castilla, marido y mu
jer siempre concordes, llamados Católicos, yacen en este
sepulcro de mármol. Derribaron el poder de la secta maho
metana, y redujeron la obstinación de la herejía [judaica].”
42 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
se originaron las obras más valiosas y perm anentes
de la civilización española. Desde Hernán Cortés,
Pizarro y sus parejos, hasta los misioneros y explo
radores de California a fines del siglo xvm , la his
toria de las Indias fue un continuo intento de supe
r a r lo insuperable" [Castro, op. cit., p. 124]. [El
subrayado es nuestro.]
Para una sociedad que coloca en los lugares más
altos a quienes han hecho de las virtudes m ilitares
y de la antigüedad en la práctica de la fe cristiana
sus valores supremos, no puede haber aventura más
tentadora que la conquista de América, en la cual
iba a desplegar a cabalidad sus dotes guerreras al
mismo tiempo que a enfrentar, derrotar y cristiani
zar a otros infieles. Si los m usulmanes llevaron a
cabo la guerra santa para islamizar, la casta cris
tiana española repitió dicha guerra santa, pero esta
vez para cristianizar. La conquista es la culmina
ción de la gesta épica española, no americana. No
son sino las ideologías surgidas con posterioridad
—justificadoras del sistem a desigual que es* la colo
nización las que van a tra ta r de confundir a los
hispanoamericanos haciéndoles creer que la gesta
tam bién es suya y que m arca un am anecer glorioso
en sus vidas. Se han tratado de b o rrar esas situa
ciones "críticas y angustiosas” que mencionáramos
líneas antes y se ha logrado dar la imagen de un
conquistador español inconmovible, hecho de una
pieza, tanto espiritual como éticamente. Se han en
sombrecido las profundas desgarraduras de su alma
al par que las grandes diferencias que lo sep arab an :
Hace mucho llamé la atención sobre unas frases de
Gonzalo Fernández de Oviedo, inadvertidas hasta en
tonces: ¿Quién concertará al vizcaíno y al catalán, que
son de tan diferentes provincias y lenguas? ¿Cómo se
avemán el andaluz con el valenciano...? Porque, si bien
era evidente que cuantos iban a las Indias ‘eran vasallos
de los reyes de España’, no había manera de armo
nizarlos en un buen acuerdo. (.Historia general y natu
ral de las Indias, lib. n , cap. 13). Arribaron en cierta
ocasión a las costas de Nueva España, unas gentes cuya
identidad se ignoraba. Al preguntárseles quiénes eran,
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 43
respondieron: Cristianos somos, y vasallos del Empe
rador don Carlos, y españoles" (Ibídem, lib. xx, cap. 12).
O sea, en primer lugar, cristianos; en segundo, vasallos
de un monarca; y, final y no primariamente, españoles
Ubídem, pp. 80 y 811.
2] El español en América
Terminada la fase m ilitar de la conquista la dim en
sión imperativa de la persona se extingue con los
conquistadores. Quienes los siguen —los coloniza
dores— pasan a ejercitar tareas tenidas por viles
por la casta cristiana y son menospreciados por ésta.
Es im portante tener presente que el valer de la vida
del hombre esencial castizamente castellano signifi
caba más que el ser y el tener de las personas, por
lo que los poseedores de riquezas adquiridas en las
Indias, al volver a España, ponían en riesgo su cas
ticismo cristiano [Castro, op. cit., pp. 189 y 190].
Y lo han de haber puesto en riesgo tam bién en las
propias Indias; de hom bres de valer pasaron a ser
hombres de tenér, de guerreros devinieron explota
dores : de riquezas m ineras, agropecuarias y hum a
nas (los indios esclavizados). Lo que contribuyó
a form ar la casta cristiana: la épica castizamente
personalizada, imperial y conflictiva, no se da en
las Indias. En ellas surge la explotación despiadada
del grupo vencido, el comercio y la vida muelle.
El sino guerrero del conquistador periclitó y con él
su m orada vital traída de la Península. E® su lugar
surgió el encomendero: torvo personaje que, pri
mero, para salvar sus almas, cristianizaba a los in
dios,' y luego, contra toda regla cristiana, disponía
Je ellos como si fueran bestias. Ahí term inó lo que
quedaba del equilibrio cristiano-judío-islámico de su
m ente: la guerra santa ya no lo es más, y pasados
los años de la conquista tampoco es guerra, es ex
plotación.
La actividad intelectual es relegada, con muchas
reservas, a ciertos miembros de la élite en quienes
se asoma por vez prim era el conflicto que durará
hasta nuestros días: la pretendida expresión de un
pensamiento propio que no es sino el reflejo de mO'
44 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
délos traídos de fuera. Simultáneamente, la nega
tiva a pensar y su sustitución por el creer se irá
abriendo campo en la medida en que el régimen
colonial vaya dando vida a sus injusticias y a las
justificaciones de las mismas, desde luego insoste
nibles desde un punto de vista puram ente racional.
El fahatism o será la herencia que esos días aciagos
dejarán, hasta nuestros días, a los grupos herede
ros de los privilegios coloniales (criollos, mestizos,
ladinos). Por su parte, la intransigencia —ya cla
ram ente expresada en el epitafio de los Reyes
Católicos— se entronizará igualmente entre los
peninsulares y sus descendientes.
\jLa pretendida pugna entre encomenderos, po r un
lado, y evangelizadores y representantes de la Co
rona, por el otro, que, según se ha afirmado, dulci
ficó la explotación personal a que fueron sometidos
los indios y salvaguardó para los mismos los dere
chos que les concedieron las leyes de Indias, se ve
ensombrecida y postergada, en los hechos, por la
dinámica misma de la colonización, dinámica que,
a la vez, crea y es creación del complejo coloniza-
dor-evangelizador-explotador cuyos logros se verán
claram ente en el creciente proceso de acumulación
de riquezas (principalm ente de tierras de los in
dios) y el consiguiente despojo de los vencidos. [Ver
Vicens Vives, Historia de España y América, Barce
lona, 1961, tom o Iii, pp. 412-418.]
De suerte que la contradicción inicial entre colo
nización y cristianización, denunciada por los pri
m eros evangelizadores, será resuelta en favor de la
prim era sin que por ello se abandonen los aspectos
externos de la segunda. La traída de esclavos ne
gros reforzará esta situación y contribuirá a alejar
más todavía cualquier intento de llevar a cabo un
actuar cristiano (a la m anera como el cristianism o
era entendido en Occidente). La Iglesia desempe
ñará, en las Indias de entonces y en los países latino
americanos de hoy, un papel político preponderante
cuya principal tarea consistirá en elaborar y m ante
ner las ideologías justificativas de la dominación y
de la explotación, sobre todo en aquellas regiones
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 45
en que el propio sistema colonial impulsa y m an
tiene segregaciones económicas con m áscara de dis
criminación racial, como es el caso que ejemplifican
los indios y los ladinos.
Como consecuencia de la colonización hubo, pues,
un cambio de supuestos económicos acompañado
de una ruptura de los patrones valorativos, los que
desde entonces no encontraron sustituto en el sis
tema axiológico del peninsular, y cuyos efectos se
agudizaron, en orden creciente, en el criollo y en el
mestizo. Sin embargo, tocaron muy poco al indio.
A p a rtir de ahí, el explotador (sea peninsular, crio
llo o mestizo) tira sobre el indio un velo de despre
cio que, en realidad, encubre únicam ente el desprecio
inconfesable que, muy en el fondo, siente por sí
mismo. Como bien ha dicho J.-L. H erbert, "el indio
es la medida exacta de las limitaciones del ladino".
Al no sentirse alguien, el ladino crea al indio y m an
tiene su imagen como la de un ser inferior. Típico
proceso sustitutivo de una carencia por otra, ya que
habrá, en el murtdo del ladino, indios, en tanto el
prim ero se siga considerando ladino; y seguirá exis
tiendo la ficción del ladino en tanto éste busque sus
propios perfiles en la siem pre inalcanzable m eta de
los modelos extranjeros o extranjerizantes. Así, ate
naceado por esta doble contradicción, su m undo le
parecerá siempre estéril y las fugas de ese mundo,
aun las geniales —como las de Miguel Ángel Astu
rias—, estarán fatalm ente matizadas de un querer
expresar lo que es de otros (en este caso, lo supues
tam ente mágico, mítico y esotérico del m undo maya)
sin poder encontrar lo que es propio, si lo hay ex
plícito, o explicitarlo a través de una tom a de con
ciencia.
Por otra parte, el concepto de pureza de sangre
se ve desvaído en las Indias. Al ser trasladado a
América, es utilizado en el sentido inicial (antigüe
dad en la profesión de la fe cristiana) para que la
aventura colonial sea sólo patrim onio de la casta
cristiana; de ahí que se prohibiera la venida de cris
tianos nuevos. Pero ya en tierra am ericana es usado
para explicar las supuestas desigualdades entre pen
46 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
insulares e indios, vale decir entre explotadores y
explotados, pero nunca expresado en tal form a sino
en la que contrapone a hom bres blancos y hom bres
de color, luego de un período en que se dudó si
estos últimos pertenecían al género humano. A "teó
ricos”, como Juan Ginés de Sepúlveda corresponde
el haber sentado las bases sobre las cuales han
descansado todos los colonialismos posteriores: el
racismo. En tal virtud, ya - en tierra americana
el concepto de pureza de sangre, matizado de racis
mo, es usado para m antener la situación colonial.
El criollo y más tarde (paradójicam ente) el m esti
zo, le añaden el componente del tipo español física
m ente perfecto (equivalente al de blanco físicamente
perfecto) y, con el correr del tiempo, el del tipo que
m ás se le asemeje. Consiguientemente, la sangre,
de ser "simple vehículo para la pureza del espíritu”
[Castro, op. cit., p. 205], se vuelve sustancia de valor
absoluto.
LA SITUACIÓN COLONIAL COMO PROCESO DE ALIENACIÓN
Al tomar conciencia de sí mismo, como pensamiento
humano o como individualidad, el hombre no puede
separarse de los objetos, bienes y productos. Aunque
se distingue de ellos e inclusive se les opone, tal cosa
no puede suceder más que en una relación dialéctica:
en una unidad. Pero he aquí que, en el curso de este
desarrollo, ciertos productos del hombre adquieren inevi
tablemente una existencia independiente. Inclusive lo
más profundo y esencial de sí mismo; su pensamiento
y sus ideas le parecen originadas fuera de él. Las for
mas de su actividad, de su poder creador, se liberan del
sujeto humano, y éste comienza a creer en su existencia
independiente. Estos fetiches —que van desde las abs
tracciones ideológicas y el dinero hasta el Estado polí
tico— parecen vivientes y reales, y lo son en cierto sen
tido, ya que reinan sobre lo humano. El ser humano
que se desarrolla no puede, pues, separarse de ese "otro”
de sí mismo constituido por los fetiches. Además los
bienes sin los cuales no existiría ni por una hora, y que
sin embargo no son "él”, se hallan indisolublemente
ligados al ejercicio de sus funciones y sus poderes. La
libertad no puede consistir en la privación de los bie
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 47
nes, sino, por el contrario, en su multiplicación. La rela
ción del hombre con los bienes no es, pues, esencialmente
una relación de servidumbre, salvo en una sociedad
donde los bienes son sustraídos a las masas humanas y
acaparados por una clase que se apoya en una organiza
ción y un fetichismo adecuados. La relación del ser
humano con los fetiches difiere por lo tanto de su rela
ción con los bienes. La relación dialéctica del hombre
con los bienes se resuelve normalmente, y en todo mo
mento, mediante una toma de conciencia del hombre
como vida propia y goce apropiado de su vida, como
poder sobre la naturaleza y sobre su propia naturaleza.
Pero la relación del hombre con los fetiches se mani
fiesta como enajenación de sí y pérdida de sí; es esta
relación la que el marxismo llama alienación. Aquí el
conflicto no puede resolverse más que mediante la des
trucción de los fetiches, mediante la supresión progre
siva del fetichismo y la recuperación por el hombre de
los poderes que los fetiches dirigieron contra él: me
diante la superación de la alienación [Henri Lefébvre,
El marxismo, Buenos Aires, e u d e b a , 1964, pp. 43 y 441.
La aparición de una estratificación social de tipo
colonial da principio cuando la superioridad m ilitar
y técnica del español desgarra la sociedad autóc
tona. Sin embargo, serán las form as específicas de
tenencia y explotación de la tierra, surgidas de esa
prim era confrontación, las que, a la larga, van a per
durar. Tras el despojo de las tierras indígenas el
conquistador abrirá el capítulo propio de las "ca
ballerías”, las "peonías" y las "encomiendas" que,
desde un principio, llevan en sí mismas el germen
de una segmentarización que envuelve en un sis
tema desigual a los propios españoles (entre quienes
crea posiciones de superioridad e inferioridad, refle
jo de la estratificación peninsular) y a los indígenas
(a quienes, a través de la esclavitud, coloca en el
sitio más bajo y, preponderantem ente, destina a ta
reas agrícolas).
Quedan así echadas las bases sobre las cuales
descansará una serie de representaciones colectivas,
creencias, m itos e ideologías que tendrán como m eta
común la búsqueda de las justificaciones de tal ré
gimen desigual. Ello será posible en la m edida en
48 CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
que se robustezcan las bases económicas de este
último, al p ar que se deteriore el sistem a de valores
sobre el cual descansó el em puje avasallador de la
“guerra santa" española. Tal sistema de valores per
derá su eficacia y cederá el paso a esas representa
ciones colectivas, creencias, mitos e ideologías jus
tificativas de la aventura colonial en su totalidad.
Pero, ellas, a su vez, revertirán sobre las estructuras
reales (económicas y sociales) creadas, y contribui
rán a apuntalarlas.
En otras palabras, el sistem a —en general— tra
tará de apoyarse en la idea —para él básica— de que
existe una desigualdad entre los dos componentes
iniciales del mismo, a s a b e r: vencedores y vencidos,
conquistadores y conquistados, dominadores y do
minados ; y partiendo de esta polarización simplista,
que se esforzará por m antener inalterable en el
fondo, irá haciendo adecuaciones, ajustes, acomoda
mientos, á medida que la dinámica propia de la vida
económica y el m estizaje étnico vayan m atizando
las interrelaciones hum anas y complicando el esque
m a de la estratificación social inicial. La prim era
polarización se apoyará, pues, en un rasgo externo,
en ese entonces fácilmente perceptible: la colora
ción de la piel. Sobre dicho rasgo construirá la pri
m era representación colectiva discrim inatoria y, sin
ningún encadenamiento lógico, derivará a la afirm a
ción de la superioridad del hom bre blanco y la
consiguiente inferioridad de "los indios". Así, que
riendo delim itar la prim era gran separación, crea
firm em ente la unión inextricable entre ambos gru
pos, ya que, para que uno sea superior y el otro sea
inferior, tienen que existir ambos, más bien, coexis
tir, complementarse, depender m utuam ente. Sobre
este hecho descansa la prijnera gran contradicción
del sistema, contradicción que, hasta la fecha, ha
sido incapaz de resolver.
Lejos de buscar la solución a tal contradicción,
el sistema colonial la ha agudizado al esforzarse
por dar a su creación principal —el régimen econó
mico basado en la tenencia desigual de la tierra y en
la explotación de mano de obra agrícola indígena—
EL NACIMIENTO DE LA SITUACIÓN COLONIAL 49
la categoría de un hecho dado, o sea, algo que es
capa a la voluntad, al control, a la conciencia del
hombre que la im pulsó; supone que tal creación ha
llegado a revestir una form a abstracta que se im
pone a quienes componen el sistem a en una form a
inexorable, lo cual trae como consecuencia —tam
bién inexorable— la posición de superioridad de la
raza blanca, supuesto que se traduce en dar al espa
ñol peninsular el rango más alto y a los criollos y
mestizos los rangos inmediatos inferiores, hasta que
—con el correr de los años— llega a englobar a to
dos los "superiores" dentro del apelativo ladino,
como una concesión ante la débil inmigración de
peninsulares y el crecimiento de los grupos m esti
zos. Tal construcción m ental se cierra extrayendo
otra consecuencia —inexorable una vez más— con
sistente en la definitiva inferioridad del "indio”.
Esta representación colectiva toma, como parte
de una ideología justificativa del sistema, una exis
tencia independiente de quienes la pensaron y, tan
to en la m ente de éstos como en la de todos los
favorecidos por ella ( ladinos, en el sentido amplio
que hoy se le da al térm ino), pasa a tener vida pro
pia, lo cual va a favorecer las desigualdades sociales
dentro del propio segmento ladino, ya que la jerar-
quización, que va del arquetipo blanco y rico hasta
el mestizo coloreado y pobre y que adm ite una se
rie de combinaciones interm edias, es inherente a
una concepción de la sociedad que descansa sobre
la existencia de grupos hum anos jerarquizados étni
camente. Por su lado, el segmento indígena —obvia
m ente desfavorecido— no sólo no encajará dentro
de tal esquem a sino [como lo veremos más ade
lante] generará y opondrá sus propias defensas a
tal agresión.
En síntesis, el sistem a colonial, al esforzarse por
crear, con vida independiente de sus gestores hu
manos, un m undo basado en la explotación de la
tierra en beneficio de una minoría, la que a su vez
descansa en la explotación de un grupo hum ano ini
cialmente vencido y despojado, ha dado vida a un
fetiche, en el sentido m arxista del térm ino. Como
50 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
soporte de tal fetiche ha creado los conceptos de
ladino e indio: construcciones m entales a las que
ha dado tam bién una vida independiente de quie
nes las concibieron y que han cobrado el carácter
de abstracciones ideológicas con apariencia real,
cuya realidad es, en cierto sentido, ya que prevale
cen sobre lo humano. Fetiches son también, pues,
los térm inos ladino e indio. Consecuentemente, den
tro del sistem a colonial, la relación m antenida entre
los fetiches y el hom bre se le m anifiesta a este últi
mo como la enajenación de sí mismo, como la pér
dida de sí mismo. Se trata de un claro proceso de
alienación.
CAPÍTULO I I I
ENSAYO DE EXPLICACIÓN TEÓRICA SOBRE
LA REALIDAD SOCIAL GUATEMALTECA
JE A N -L O U P H E R B E R T
A continuación se presenta un esquema sistemático
y jerarquizado de proposiciones, considerando ne
cesario antes de empezar cualquier investigación
concreta sobre un grupo, una región o una época, la
construcción de un modelo para el análisis de la so
ciedad global guatemalteca. Consideramos lo ante
rior tomando en cuenta el hincapié que se ha puesto
en el estudio monográfico, lo que ha orientado la
investigación a explicaciones parciales que han he
cho perder a m enudo la comprensión del conjunto
social.
El ensayo que sigue se sitúa voluntariam ente en
contra de esa tendencia, como si dijéramos, hasta
el otro extremo, y llenará su propósito si logra cen
tra r discusiones teóricas a nivel de estructuras na
cional e internacional.
PROPOSICIONES
Proposición I
La correlación total que existió a principios de la
colonización entre el hecho de ser español y el per
tenecer al grupo dominador y explotador, por una
parte, y, por la otra, el ser natural ( “indígena" ) 1 y
i El térm ino “indígena" forma parte de la relación colo
nial, ya que fue impuesto por el español que no quería lla
mar por su verdadero nombre a la población autóctona, qui
tándole de tal manera su identidad (operación que se realizó
en todos los países colonizados, aun africanos o asiáticos).
Usamos el término “natural” ya que es aquel con el que se
identifica el colonizado; sin embargo, sabiendo la dificultad
[51 1
52 JEAN-LOUP HERBERT
sufrir la dominación y la explotación, sigue siendo
hoy en día esencialmente la m ism a para calificar
los grupos ladino e "indígena". E l antagonismo en
tre esos dos grupos constituye la determinación pri
mera de la estructura social guatem alteca: es el eje
de la dialéctica desde hace cuatro siglos y medio. El
ritm o y la intensidad de la evolución de este anta
gonismo han sido variables —sea violento, sea laten
te— pero sigue moldeando la formación conflictiva
de la conciencia colectiva nacional.
Subproposición: la.
La perm anencia de la situación colonial se ve agu
dizada por la oposición ecológica: ciudad-campo y
tierras altas-tierras bajas, y po r una m arcada ten
dencia hacia una doble endogamia recíproca de los
dos grupos.
Subproposición: Ib.
— La explotación de una m ayoría por la minoría,
sobredeterm inada por las relaciones bioecológicas;
fundam enta la discriminación racial propia de cual
quier situación colonial.
Subproposición: Ic.
El contenido específico de la lucha de clases, en
un contexto de polarización racial, va a entorpecer
la movilidad social reforzando solidaridades a ve
ces más determ inantes que la solidaridad econó
mica, y agudizando la violencia de la lucha social.
También la expresión ideológica cobra una especi
ficidad, ya que el "indigenismo” —tutela, patem a-
lismo, mestizaje, aculturación, integración, ladini-
zación— tiende a justificar la posición del grupo
dominante.
Proposición I I
Este antagonismo interno se origina en la expan
sión de la sociedad occidental —católica— capita-
que habría al imponer en los medios científicos ese térmi
no, escogem os a disgusto la solución de escribir "indígena”
entre comillas.
LA REALIDAD SOCIAL GUATEMALTECA 53
lista; su formación y desarrollo están ligados a la
intensidad de la dominación exterior (conquista, co
lonización, imperialismo, neocolonialismo); el ritmo
de evolución de esa dominación es una tendencia
creciente desde 1524 hasta la fecha y determina el
ritmo y la intensidad de la evolución interna.
Subproposición: lia .
En cierta coyuntura —la oposición entre el colo
nialismo inglés y el español— pudo provocar oposi
ción lim itada de intereses entre los criollos y la
m etrópoli española, provocando la "independencia”,
hecho que nunca amenazó la relación de dependen
cia externa (en este caso, con Inglaterra).
Subproposición: Ilb.
Hoy en día el reforzam iento de la m etrópoli (E s
tados Unidos de América) y el correlativo empo
brecimiento creciente de la sociedad colonizada im
posibilitan definitivamente la repetición de una
"independencia” im pulsada por intereses capitalis
tas "nacionales”.
Subproposición: lie.
La determ inante y peculiar relación de domina
ción externa excluye la posibilidad de un paralelis
mo en el proceso de desarrollo de las dos sociedades
integradas desigualmente en un sistema único. De
ahí que la aplicación literal de cualquier teoría so
cial nacida de la dialéctica de la sociedad dom inante
no se podrá realizar sin tergiversar necesariamente
los conceptos, hasta perder la relación con la reali
dad de la sociedad dominada. La reelaboración de
ciertos conceptos —como "clase social”, "burgue
sía”, "proletariado”, "lucha de clases”, "capitalism o”,
"feudalismo”, "E stado”, etcétera, conduce a la posi
bilidad de someter a discusión el concepto de modo
de producción colonial para calificar la originalidad
de la dialéctica de la acción y el conocimiento social
en un país dominado. Esta proposición viene a
ser un aporte para resolver problemas insolubles
del colonialismo científico.
54 JEAN-LOUP HERBERT
Proposición I II
La expansión colonial — es decir, la integración
al mercado capitalista en form a desigual— empieza
con el colonialismo español, se intensifica con el
inglés y culm ina con el norteamericano; este largo
y único proceso se basa en una transferencia (des
viación) de la riqueza interna hacia una acumula
ción superior en la metrópoli, lo cual refuerza su
poder de dominación y origina la fase superior en
el proceso acumulativo de saqueo —empobrecimien
to—> subdesarrollo, corolario de la concentración
del desarrollo, también acumulativo, en algunos pun
tos del mercado capitalista.
Subproposición: I lla
Por ser único y acumulativo ese proceso, explica
los hechos siguientes:
a] La descomposición del grupo ladino m ediante
una proletarización acelerada (ya empezada duran
te la colonia española); de ahí el surgimiento de
una polarización de clases sociales dentro del mis
mo grupo ladino, concentración de .la poca riqueza
radicada en Guatemala, y empobrecim iento de la
mayoría ladina). Sin embargo, planteam os como
una duda que la lógica del antagonismo ladino-"in-
dígena” (estructura colonial) no fuera más determ i
nante que esa polarización de clases (ladino-pobre
contra ladino-rico).
b ] Los mecanismos de transferencia hacia la me
trópoli imposibilitan una acumulación interna, en
particular el desarrollo industrial, quitando los ci
mientos de una burguesía local nacionalista.
c] Desde su establecimiento, la situación colonial
implica una integración al m ercado capitalista que
se traduce por una acumulación de la fuerza de tra
bajo (encomienda, m andamiento, habilitaciones, con
tratistas, fuerza represiva) y la de tierra (reparti
miento, hacienda, latifundio, plantaciones), trans
formados en capital, el cual es desviado hacia la
metrópoli. Estos mecanismos integraron a Guatema
la desde 1524 a la relación capitalista —estructura
LA REALIDAD SOCIAL GUATEMALTECA 55
dominante— con algunos rasgos de relaciones escla
vistas y feudales.
d] Esa estructura vuelve inaceptable la tesis se
gún la cual un sector capitalista local podría rom
per la supuesta relación semifeudal, ya que la plus
valía absorbida por ese sector es en gran parte
transferida a la metrópoli, agotando y desarticulando
cada vez más la sociedad colonizada.
Proposición IV
El modo de producción colonial —proyección de
los intereses del mercado capitalista da paso a la
—
formación de dos configuraciones sociales específi
cas en las sociedades colonizadas: el monopolio de
las buenas tierras en forma de latifundio, cuya pro
ducción es comercializada por el mercado capitalis
ta, con su corolario, el minifundio, base mínima de
subsistencia de la fuerza de trabajo necesaria al fun
cionamiento del latifundio; y la explotación máxima
de la fuerza de trabajo autóctona con modalidades
variables (esclavitud, feudalismo, salario).
Subproposición: IVa
Tanto la distribución de la tierra como la relación
laboral están altam ente ligadas con la formación
histórica de los grupos ladino e "indígena” y explica
el contenido étnico del antagonismo social.
Subproposición: IVb
El monopolio de la producción que comercializa
el m ercado internacional determ ina un monopolio
de los instrum entos políticos (poderes centrales, lo
cales y fuerza represiva) y de los valores dominantes
(educación, idioma, sistem a jurídico, religión).
Subproposición: IVc
La estructura de la tenencia de la tierra y del po
der social obstaculizan definitivamente el surgimien
to de la mediana propiedad agrícola, base de una
pequeña burguesía rural capaz de im pulsar un pro
ceso de capitalización rural y eslabón de la supuesta
movilidad social.
56 JEAN-LOUP HERBERT
Conclusión
La sociedad autóctona pre-colonial salía de una eco
nomía natural para entrar a la fase de desarrollo de
producción simple de mercancía, que interrum pió la
violenta imposición de la estructura colonial.
Ese hecho dram ático que tiene ya cuatro siglos
y medio de existencia se traduce globalmente en el
empobrecimiento, el subdesarrollo, la deculturación,
la desintegración social; en una sola palabra: la
protetarización.
Se han tom ado dos actitudes frente a esa obser
vación :
a] Admitir que la destrucción de la sociedad pre-
colonial fue total y que no queda nada de lo
que existió, habiendo nacido una nueva socie
dad cuya vanguardia es el ladino o mestizo.
Que el indio perdió la memoria de su identidad
social histórica y el ladino representa el siste
m a de valores de referencia de la sociedad
guatemalteca (ladinización).
b ] El indio ha resistido a su destrucción, defiende
su identidad amenazada, afirm a su solidaridad,
se rebela contra el traum a de la colonización.
Al contrario y paralelamente, el ladino niega
y discrim ina a la mayoría, convirtiéndose en
un interm ediario económico y cultural de las
sucesivas metrópolis.
Optamos por el segundo de los enunciados, que
nos parece más fecundo para entender el violento
antagonismo social del cual se va forjando —con
rupturas, estancamiento, ambigüedades, es decir,
dialécticamente— la nacionalidad guatemalteca. En
esa perspectiva, no pueden ser criterios superficia
les o parciales —como por ejemplo el traje, las cos
tum bres, el uso de tal o cual idioma—, lo que des-
criba al grupo social, sino más bien la ubicación
objetiva y la conciencia histórica que viene de un
proceso tan profundam ente conflictivo.
Tampoco podemos explicar la historia de esos
LA REALIDAD SOCIAL GUATEMALTECA 57
cuatro siglos y medio con una metodología unilineal
y etnocentrista como lo es la ladinización o su for
m a atenuada: la integración, ideología de una ilu
soria vía m edia que reduce la historia a una mezcla
mecánica de rasgos biológicos o culturales.
MODELO DE EXPLICACIÓN HISTÓRICA Y ESTRUCTURAL DE
LA SOCIEDAD GUATEMALTECA
Pretendemos, con la presentación de este análisis,
describir las relaciones fundam entales que determ i
nan la estructura global —con sentido de totalidad—
del país.
El cuadro 1 sintetiza y visualiza las proposiciones
anteriores y perm ite localizar futuros estudios par
ciales en un m arco teórico; lo ideal será llenar to
das las casillas, propósito que se encuentra fuera
del alcance de un investigador; sin embargo, los
caqítulos posteriores profundizan algunos aspectos
correspondientes a las variables siguientes: “For
mación lati-m inifundio” ; "antagonism o social-racial"
en la actualidad y su correspondiente form ación des
de la conquista; queda para estudios posteriores la
narte que toca a la "integración al m ercado capita
lista" y la formación y evolución de la "economía
del subdesarrollo”, que aunque se mencionan algu
nos aspectos de m anera parcial, es necesario com
plem entar el estudio, que deberá ser guiado por la
idea básica de que un fenómeno va íntim am ente
unido al otro, presentando un carácter de integra
ción dialéctica.
El modelo puede com prenderse así:
a] 1524 significa una ruptura violenta, pero no ab
soluta, naciendo en esa fecha la dialéctica colo-
nizador-colonizado o autóctono-extranjero.
b ] 1524-1969, se concibe como un período ú n i c o ,
que ve agudizarse la situación colonial inicial,
pero no revolucionarla. (Se indica con la fle
cha gruesa horizontal de la parte superior).
c] El cuadro se puede leer horizontalm ente; la
58 JEAN-LOUP HERBERT
1
CUADRO
LA REALIDAD SOCIAL GUATEMALTECA 59
hipótesis es que cada variable evoluciona de
m e n o s a m á s con altas y bajas, desde luego
dentro de esa ley de las tendencias. (Se indica
con una flecha diagonal que va de — a + ; altas
y bajas indicadas con — y + en las casillas;
obsérvese que cada vez los plus ( + ) están más
en la parte superior de la casilla, lo que tra
duce una estrangulación progresiva.
d] El cuadro se puede leer verticalmente y descri
be, explicándola, la estructura social en un mo
mento dado; las cuatro variables son conside
radas como las determ inantes; sin embargo, la
prim era es dominante y las otras subordinadas
(flechas verticales continuas) y puesto que una
sociedad es una totalidad, el estudio de cual
quier nivel perm ite desembocar sobre la com
prensión de los otros (métodos de la reciproci
dad de perspectiva, indicado por las flechas
verticales discontinuas).
La lectura vertical y horizontal, simultáneamente
perm ite estudiar en su dinámica la to ta lid a d : la dia
léctica social.
nota: Las hipótesis que sostienen este modelo son
las siguientes:
- ^ a ] el fenómeno de colonización hasta su culmina-\
ción im perialista incluye a la lógica capitalista,
desde 1524, la sociedad guatem alteca en su de
term inación dominante,
b] el lati-minifundio proyecta en el sistem a de la
tenencia de la tierra las necesidades del m er
cado: acumulación de fuerza de trabajo, tierra-
capital para satisfacer la producción de bienes
exportables. El latifundio es parte de la eco
nomía internacional y refleja las relaciones so
ciales correspondientes a esa economía.
60 JEAN-LOUP HERBERT
c] el antagonismo social está basado en las dos
variables anteriores; por esa razón la form a
concreta de la lucha de clases será una oposi
ción colonizador-colonizado que tiene una fuer
te connotación racial.
d] la economía del subdesarrollo es producto de
las tres variables anteriores ( descapitalización
nacional, estructura agraria, relaciones de cla
ses); en ese nivel tam bién la evolución es de
menos a m ás; el criterio del subdesarrollo
creciente es la proletarización creciente del co
lonizado, la dependencia hacia la m etrópoli, la
agudización de la polarización de la tenencia
de la tierra. Lo que dem uestra que entre cada
nivel de explicación hay una relación de cau
salidad circular.
CAPÍTULO IV
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS DE UNA
ESTRUCTURA COLONIAL
JEAN-LOUP HERBERT
OBJETIVOS
Queremos dar una base objetiva a la form ación de
la relación entre los dos grupos ladino e "indígena".
La tesis sostenida se resume esencialmente así: las
relaciones sociales que se forman a través de la te
nencia de la tierra determinan objetivam ente la iden
tidad histórica de esos dos grupos.
El enfoque antropológico ha introducido m ucha
confusión al considerar la definición del ladino y
del "indígena", no sobre las bases de leyes históri
cas, colectivas e irreductibles a la voluntad particu
lar, sino m ás bien como una serie discreta de rasgos
culturales descriptivos e individuales, cuya m ani
festación, evolución y desaparición pudieran ser ex
plicadas por la expresión de deseos personales ("fu
lano se ladinizará cuando cambie de traje, de zapa
tos, de idioma, etc.")
Para nosotros, el sistem a lati-m inifundista consti
tuye el eje de las explicaciones sociales y, en p arti
cular, determ ina el desarrollo de la conciencia social
e individual a las cuales impone su propia lógica.
FUNDAMENTOS TEÓRICOS
La industria es la relación histórica real de la natura
leza y, por lo tanto, de las ciencias naturales con el
hombre. Si la industria es concebida como la manifes
tación esotérica de las facultades humanas esenciales,
la esencia humana de la naturaleza abandonará enton
ces su orientación materialista abstracta o más bien
idealista y se convertirá en la base de las ciencias hu
manas, así como ya se ha convertido —aunque en forme
[ 6 1]
62 JEAN-LOUP HERBERT
enajenada— en la base para la vida humana re a l...
La naturaleza, tal como se desarrolla en la historia
humana, en el acto de génesis de la sociedad humana,
es la naturaleza real del hom bre... La realidad social
de la naturaleza y la ciencia natural humana o la ciencia
natural del hombre son expresiones idénticas [K. Marx,
M anuscritos económico-filosóficos, n i].
La dialéctica del hom bre y la naturaleza por el
trabajo no produce solamente relaciones sociales,
sino que tam bién, en segundo grado, esas relaciones
se “proyectan en el suelo” para form ar el m edio so-
cial-geográfico que a su vez va a sobredeterm inar
las relaciones sociales. La historia hum ana y la na
tural se identifican dialécticamente, es decir, no se
puede reducir la explicación de la una por la otra
(sobre todo por la relación de causalidad mecáni
ca), pero están estrecham ente relacionadas tanto
po r su contradicción como por su producción m u
tua. Tanto la técnica agrícola como el sistem a eco
lógico objetivan ciertas relaciones de producción,
así como las relaciones de producción objetivan y
son determ inadas por las fuerzas productivas. El
hom bre social crea el paisaje del cual se nutre, no
siem pre con satisfacción.
HISTORIA DEL SISTEMA LATI-M INIFUNDISTA
Hoy en día, el 88.4 % de las unidades de producción
agrícola cubren un 14.5 % de la tierra en explotación;
70 000 familias están sin tierra. Dos terceras partes
del territorio guatem alteco se encuentran inexplo-
tadas.
La explicación de esas cifras se encuentra en los
dos círculos concéntricos de opresión que pesan so
bre la historia de Guatemala: el colonialismo exte
rior que proyecta sus exigencias a través de los
mecanismos del colonialismo interno.
Tres tendencias caracterizan la historia de la tie
rra en Guatemala: a ] la ..expropiación por intereses
extranjeros; b] la privatización y mercantilización,
y c] la concentración acumulativa.
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 63
El lati-minifundio resum e la conjugación de esas
tres tendencias.
El prim er acto del colonizador es el de usurpar
el suelo. Apenas un año después del prim er paso del
hom bre europeo sobre la tierra am ericana el Papa
legitimaba el acto de expropiación.
.. .eran infieles, idólatras, sin tener conocimiento alguno
de nuestro verdadero Dios y Creador que mucho menos
de su precioso lujo, ni de la ley evangélica y de Gracia
que vino a predicar al mundo y eso bastará que sólo
por esa causa, cuando faltaran otras, se les pudiera
hacer guerra, y ser legítimamente privados y despoja
dos de las tierras y bienes que poseían, tomándolas en
sí en dominio y gobernación superior los príncipes ca
tólicos que las conquistasen, principalmente, teniendo
para ello licencia del Romano Pontífice [Dr. Juan de
Solórzano Pereira, Política Indiana, 1647].
Siglo y medio después de la conquista, este alto
funcionario de la Corona española codificaba y lega
lizaba lo que había sido un acto de "despojo vio
lento’’. Es interesante observar que serán el Papa y
la religión católica quienes van a legitim ar, utilizan
do el poder de la m onarquía, la "codicia de rique
zas, las m uchas molestias, vejaciones y malos tra ta
mientos, hasta la total destrucción y acabam iento”
[Solórzano], promovidos por los "albores de la era
capitalista”, como señala Marx cuando indica que
"el descubrim iento de los yacimientos de oro y
plata de América, la cruzada de exterminio, escla
vización y sepultam iento en las minas de la pobla
ción aborigen, el comienzo de la conquista y el sa
queo de las Indias Orientales, la conversión del con
tinente africano en cazadero de esclavos negros, son
todos hechos que señalan los albores de la era capi
talista”. En América Latina, la Iglesia fue el m ejor
instrum ento para el establecimiento del Estado ca
pitalista.
Así, aparece desde el inicio la esencia de la estruc
tu ra del poder colonial: coalición del capitalista
—todavía m atizado de m entalidad caballeresca—,
de la institución católica y del Estado de la m etró
poli. Ya está dada la base política para la form a
64 JEAN-LOUP HERBERT
ción del grupo ladino que se definirá cada vez más
por su relación de dependencia a esa estructura de
poder. ,
' La apropiación privada de la tierra, por reparti
m iento estipulado en las capitulaciones reales, era
lógicamente acom pañada por el no reconocimiento
del derecho de propiedad para el “indígena”, cuya
condición "m iserable” no le daba plena capacidad
jurídica y quizás hum ana.
Respaldado por ese poder social, el colonizador,
por el derecho de propiedad absoluta y de venta de
la tierra, se encontraba en la posición óptim a para
empezar el movimiento de concentración hasta la
.monopolización de las buenas tierras; además, si
m ultáneam ente, todo el aparato jurídico de la en
comienda y m andam iento le perm itía acum ular la
fuerza de trabajo necesaria para el aprovechamien
to de la tierra. De tal m anera, la relación laboral
agudizaba la relación de apropiación de la tierra y
configuraba definitivamente una estructura de clase
entre el colonizador y el colonizado.
Tanto la política de reducciones1 (si hubiera te^
nido éxito, hubiera quebrado o proletarizado total
m ente al grupo colonizado) como la innum erable
cantidad de leyes que se proponían dejar tierra al
"indígena”, aseguraron la subsistencia de la fuerza
de trabajo y la capacidad de tributación en favor de
la monarquía, así como de su brazo político: la Igle
sia. Punto de inicio de esa "economía de subsisten
cia” basada en el minifundio, complemento lógico
de la apropiación monopolista.
Esa estructura económica va a ser complementada
por decisiones políticas y m ilitares; al quem ar y
arrasar sistem áticam ente todos los centros urbanos
de la sociedad pre-colonial, el conquistador obligaba
a una especialización agrícola al conquistado, quien
además encontró su m ejor defensa refugiándose en
las m ontañas. La construcción de la capital colonial,
centro burocrático, interm ediario económico, políti
co y social de la m etrópoli, constituye el comple-
1 Formación de grupos concentrados para facilitar el do
minio sobre lo “ indígena".
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 65
m entó necesario de la destrucción de las ciudades
precoloniales. Así, están dadas las bases de la pola
rización profunda entre el campo y la ciudad, re
flejo de la situación colonial. Además, a través de
la destrucción de las ciudades precoloniales, se des-
cerebra la estructura social, política y cultural, lo
que determ inó al “indígena” a ocupar la posición
de campesino, proveedor de fuerza de trabajo, m ien
tras que el español ocupaba la posición privilegiada
de ciudadano; convirtiéndose así la ciudad en forta
leza de la burguesía cosmopolita, y el campo en re
fugio y castigo para el "indígena”.
El colonizador ocupará las vías de comunicación,
(llanuras, costas, puertos), que además, por ser las
tierras más fértiles, serán dedicadas al cultivo de
los productos que necesita la m etrópoli o el coloni
zador (ganado, cacao, añil, azúcar) y, en tierra fría,
los valles servirán para la producción del trigo c
de las verduras que necesita el criollo. Todos los
procesos anteriores, y m ás particularm ente el últi
mo, van a crear esa correlación específica de un;
situación colonial: el colonizador se apropia de la
tierras bajas y de alto rendim iento, y deja al colc
nizado las tierras quebradas altas y de bajo rend
miento. Fenómeno que reforzará la acumulació
del prim ero y el em pobrecim iento del segundo.
Podemos decir que desde el establecim iento c
la colonia, ya todos los parám etros de la situacic
colonial están dados en lo que se refiere a la dist
bución de la tierra y las relaciones ecológicas; ¿
rante los cuatro siglos y medio siguientes todas esl
tendencias se van a agudizar sin cam biar sust;
cialmente.2 Una descripción de esta situación a r
diados del siglo xvil nos lo puede confirm ar:
principales cultivos —todos para la exportado!
eran:
a] el añil, cultivado en toda la región suror
tal, particularm ente im portante por la mano
obra num erosa que _necesitaba y las condicic
de trabajo que la diezmaron. Los mandamiento:
2 E ste fenóm eno se puede observar en forma sintétic
el cuadro del m odelo histórico, estructural, de páginas
cedentes, segunda linea horizontal.
66 JEAN-LOUP HERBERT
"indígenas” de tierra fría para ir a trabajar, de ma
nera más o menos forzada, en los obrajes, fueron
condenados o reglamentados varias veces po r las
leyes españolas pero con poco éxito. Además, de ser
un factor de baja demográfica, el añil proletarizó
a grandes m asas “indígenas” desligadas, a la fuerza,
de sus tierras de cultivo.
b ] el cacao (que el nativo no podía beber) escapó
totalm ente al dominio de los "indígenas" (produc
ción y com ercio); la m ano de obra se iba a "alquilar
en la sierra” [J. de P in ed a]; el cultivo se hacía en
toda la costa desde Guazacapán hasta Soconusco y
el valle del Motagua.
c] la caña de azúcar requería una gran inversión
que sólo la Iglesia —m ayor propietario, prestam is
ta— podía asegurar (Amatitlán, n o rte ); la m ano de
obra estaba constituida tam bién por esclavos ne
gros; la distribución del aguardiente en lugar de
salario tuvo efectos desastrosos para los trab aja
dores.
d] el ganado vacuno era engordado en grandes
haciendas situadas sobre todo en la costa sur y el
Motagua bajo y m edio; el comercio de la carne era
monopolizado por algunas familias criollas. T. Gage
menciona a un hacendado propietario de 40 000 ca
bezas y una com pra de 6 000, lo que da una idea de
la concentración de la riqueza. El ganado perm itió
a ciertos grupos de indígenas protegerse de las vio
laciones de los m andam ientos, repartim ientos de
m ercancías y tributación, poniéndose bajo la pro
tección del hacendado en una relación que anun
ciaba el tipo de mozo colono. Sin embargo esa re
lación social participó tam bién en la proletariza-
ción del "indígena”, aunque en form a más lim itada
si la comparamos con la surgida del cultivo del añil,
cacao y caña.
e] el cultivo del trigo, verduras y crianza de ga
nado lanar representa una intervención de las exi
gencias de la demanda ladina en las tierras frías;
particularm ente, los valles de Chimaltenango y Que-
zaltenango sufrieron el desequilibrio de la economía
existente, ya que el ganado lanar podía perjudicar
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 67
las m ilpas (T. Gage habla de un rebaño de 4 000
cabezas). Quizá sólo las verduras cultivadas en pe
queñas vegas perm itieron un m ejoram iento econó
mico del "indígena".
Todos esos cultivos obedecían a las exigencias del
comercio exterior o a la demanda del grupo m inori
tario colonizador; se puede observar que su ubica
ción geográfica corresponde a los mayores núcleos
de población ladina existente en la fecha. Aparte del
trastorno profundo que causaron estos cultivos en
el equilibrio tierra-hombre-producción, pusieron
siem pre al "indígena” en una posición de clase ex
plotada, constituyendo el inicio del proceso de pro-
letarización de esta clase. Aquellas personas que por
su posición tenían acceso a los medios jurídicos
hacían uso de la composición (legalización de título
de la tierra que carecía de dueño autenticado), con
lo que lograban un mayor monopolio de la tierra;
agregándose a esto la utilización de mecanismos ca
pitalistas como la venta, la subasta pública, y el
rem ate, cuestiones que aceleraron la acumulación
de tierra en manos de los que detentaban el poder
económico. El indígena, por su misma condición
de colonizado, se encontraba en una posición des
ventajosa con respecto a esos mecanismos adqui
sitivos, por lo que, en lugar de adquirir tierra, la
perdía. Por otra parte, la Iglesia, a causa de su
posición política, económica (diezmos), de explota
ción de servicios personales, de control sobre la
población y de las reducciones, pudo convertirse de
m anera rápida en el mayor hacendado capitalista
(monopolizaba la tie rra : en los departam entos de
Verapaz, los dominicos; los franciscanos en Occi
dente, y los jesuítas en los valles de Guatemala y
Am atitlán). Las form as de adquirir la tierra demues
tran que la m ism a está integrada en el circuito de
m ercantilización; su grado de desarrollo social-eco-
nómico no perm itía al "indígena” entrar en la lógica
que determ inaba a la tierra como un producto co
merciable, siendo esto una causa más que lim itaba
su acción dentro del sistem a económico impuesto.
La convergencia de los datos anteriores nos per-
68 JEAN-LOUP HERBERT
rnite afirm ar que las relaciones que dominan toda
la estructura socioecológica de Guatemala, desde la
Colonia, son de tipo capitalista; concretam ente, es
la integración de un país colonial al sistem a capi
talista mundial.
El poder político y económico de la Corona espa
ñola fue determ inante en la forma que presentaran,
de ahí en adelante, la estructura sociaeconómica del
país actual, consiguiéndolo a través de numerosos
mecanismos, tales como la lim itación del comercio
internacional, el control de las vías m arítim as, de
los precios, y sobre todo, la prohibición de ciertos
cultivos (vid, tabaco, algodón); se agrega a esto
el control ejercido sobre la im portación de m aqui
naria para ingenios, la limitación al comercio intra-
colonial, cuestiones que provocaron profundos dese
quilibrios internos, viéndose la sociedad guatem al
teca aprisionada en una compleja red de relaciones
capitalistas y transform ándose, en consecuencia, en
una sociedad empobrecida ("capitalism o del subde
sarrollo” ).
La existencia de form as feudales como la enco
m ienda se explica, dentro del contexto descrito, ya
que era el instrum ento que perm itía al español do
m inar una m ano de obra ilim itada [E. W olf]. Ade
más, el sistem a de repartim iento obligatorio de m er
cancías com prom etía la cosecha y ocasionalmente la
tierra del indígena, la que pasaba a manos de co
m erciantes ladinos y autoridades locales; esto hizo
entrar, a la fuerza, a todas las relaciones económi
cas y comerciales en el circuito m ercantil. Resul
taba tan fraudulento el "intercam bio” de la tierra
o la cosecha por una suma ridicula, una camisa, un
m achete o vino, que la Corona tuvo que intervenir
varias veces para prohibir ese tipo de "negocios”,
pero desde luego, en balde.
En el urbanism o de la Antigua Guatemala se en
cuentra un buen reflejo de esta estructura social;
presenta una gran ostentación de la acumulación de
capital hacia la Iglesia con un sinnúm ero de igle
sias, conventos, colegios; los edificios oficiales que
hospedaban a los funcionarios y todo el formalismo
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 69
burocrático de un Estado capitalista todavía vaci
lante; los solares de estilo colonial de los encomen
deros, hacendados y grandes m ercaderes (dos gru
pos que se pueden confundir); la existencia de un
barrio especial p ara la servidum bre nativa, la que
resulta indispensable a la vida poco industriosa de
una ciudad colonial que no soporta el trabajo ma
nual; un m ercado donde el nativo lleva su subsis
tencia al amo colonial, una artesanía muy lim itada
por las exigencias del m ercado internacional que
tiene que vender sus productos; los oficios son
vendidos a precio baratísim o. Es además la ciudad
un centro de transacción para la exportación-impor-
tación y alm acenam iento de productos; una pobla
ción poco industriosa que se dedica al juego, la co
rrupción, etcétera. Estas características de la ca
pital colonial de Guatemala pueden hacerse extensi
vas a cualquiera de las otras capitales americanas
que fueron dominadas por los españoles y aun en
esta época pueden ser vistas sin necesidad de m u
cho esfuerzo. En el interior del país encontram os
que las cabeceras departam entales son una carica
tu ra de la capital, que tra tan de representar el
orden proveniente del exterior (Totonicapán, Hue-
huetenango como ejem plos). Estas "capitales” colo
niales simbolizan toda una h isto ria : en ellas se pue
de m irar la falta de poder creador del colonizador;
inculto en su m etrópoli, ciego a la topografía y al
paisaje vital de la colonia, no encuentra otro orden
que el form alismo geométrico que, además, refleja
perfectam ente la vacuidad del poder que quiere
im poner a una sociedad que niega, ya que el verda
dero poder no es él, que lo detenta, sino el extran
jero (la Corona española, la inglesa o el imperium
de la democracia liberal). Dos veces enajenado, no
le queda más que im portar estilos, en general, los
que ya no tienen fuerza en su lugar de origen.
No es nuestro propósito hacer toda la historia
de las relaciones ecológicas de Guatemala, sino m en
cionar algunos rasgos sobresalientes. Desde la mi
tad del siglo xvn hasta la m itad del xix el hecho
dom inante será la baja del comercio exterior. El
70 JEAN-LOUP HERBERT
debilitam iento de España perm itirá la penetración
inglesa; la descomposición del proteccionism o es
pañol va a ser muy lenta y cada vez m ás será una
agonía que producirá profundos trastornos en la
economía de Guatemala. La desaparición casi com
pleta de la exportación y, por ende, de la produc
ción de ciertos productos tales como el cacao, el
hule, el cuero, el algodón y el tabaco. H asta el añil
entra en decadencia por la competencia inglesa en
la producción de ese cultivo en la India y po r su
dominio de las vías m arítim as. Del siglo xvm al
xix, la colonia ya no tenía motivo de ser, pues Es
paña había perdido poder dentro del mercado m un
dial y cedía, obligadamente, el paso a Inglaterra. En
1808, un funcionario colonial escribía: "sin el añil
no habría objeto de relaciones entre la m etrópoli y
nosotros”. En esta situación, la tierra queda mono
polizada en forma improductiva. "En las costas hay
sujetos que poseen haciendas de 8, 15, 30 leguas sin
otro interés que la tonta vanidad de tenerlas con no
table perjuicio del bien público” [Bergaño y Ville
gas]. Por otra parte, esas extensas haciendas esteri
lizaban mucha tierra, estabilizando una población de
mozos colonos, especie de regresión feudal debida
a la decadencia en las exportaciones.
Socialmente, esa decaída perm itió a la clase "in
dígena” estabilizarse en el espacio y reconquistar
una cierta identidad y solidaridad social. Consigue
una recuperación parcial del poder, se estructura la
comunidad local, surge bien delimitada la relación
ladino-"indígena”. Este afianzam iento parcial del in
dígena como grupo social le perm itió tener la espe
ranza de conquistar su independencia, de allí que
la época fuera fructífera en levantam ientos violen
tos por parte de los "indígenas” contra los conquis
tadores, culminando con el alzamiento dirigido por
Atanasio Tzul. La Iglesia misma da un paso atrás
frente a la presión ejercida por la resistencia "in
dígena", que se expresaba unas veces pacíficamente
y otras de m anera violenta.
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 71
La introducción de la grana en los años de la
Independencia perm itirá brotes de desarrollo de
una propiedad fam iliar en oriente y sur-oriente
(Chiquimula, Jalapa, Jutiapa, Amatitlán, Sacatepe-
quez, Guatemala), base del poder del caudillo Ca
rrera, cuya política más notable será extender el
poder de la Iglesia. En esa situación de profunda
debilidad económica, las sucesivas leyes de usufruc
to y titulación de tierras (1825, 1829, 1836), no po
dían tener m ucho efecto, salvo en lo que toca a
algunas transferencias de propiedades de la Iglesia
al sector privado.
D urante todo ese período la acción dom inante va
a ser la penetración creciente de los ingleses con el
acuerdo de todos los sucesivos gobernantes ladinos
liberales o conservadores. Esa penetración, que ha
bía empezado en form a de piratería y contrabando
desde el siglo xvi, conduce al establecim iento per
m anente en la costa atlántica, tanto en las desem
bocaduras de los ríos como en las islas (1639, isla de
R oatan). Cuando el presidente liberal Gálvez, en
1834, regala las dos terceras partes del territorio a
una compañía europea, no hace más que consagrar
el monopolio bancario, financiero y comercial que
ejercía Europa sobre Guatemala. Vale la pena sub
rayar que cuando Gálvez d eclara: “Falta una pobla
ción industrial num erosa. . . no cesaré de estim ular
por todos los medios posibles la colonización”, no
piensa en ningún m omento en la mayoría "indígena”
oprim ida en las m ontañas, sino en la población ex
tra n jera : estructura m ental típicam ente colonial. Y
agrega con ingenuidad que el “pueblo indígena pa
cífico e ingenioso puede tener alguna utilidad para
los colonizadores”. En 1859 el tratado sobre Belice
no hará más que legalizar "la situación de hecho”.
Esa presión del colonialismo europeo sobre toda la
franja atlántica va a distorsionar toda la estructura
económica del país hasta convertir ciertas zonas
del norte en un no m an’s land.
72 JEAN-LOTJP HERBERT
DE LA MITAD DEL SIGLO XIX A LA FECHA
Una de las principales y más urgentes necesidades, que
es la de traer capitales extranjeros y grandes corrientes
de inmigración honrada, inteligente y laboriosa, para
explotar los incontables recursos de riqueza que abun
dan en esa tierra [Barrios, 28 de febrero de 1885].
A m itad del siglo xix, Europa no necesitaba grana
para teñir sus tejidos, sino nuevos alimentos para
satisfacer un nivel de vida superior, además bus
caba m ercado para vender su m aquinaria y produc
tos transform ados; como consecuencia de ello, Gua
tem ala empezó a cultivar café y después banano,
así como a im portar ferrocarriles, m aquinaria por
tuaria y de energía eléctrica. De esa m anera se po
dría resum ir ese nuevo pacto en la integración al
m ercado capitalista. La introducción del cultivo del
café, para lo que nos interesa, provocó una mayor
concentración y apropiación de tierra como no se
había visto desde la colonia. Un nuevo círculo ex
tensivo de latifundio va a encerrar la zona de refu
gio "indígena”, quitándole tierras, pero sobre todo,
asfixiándola en una producción de subsistencia que
necesitaba la reproducción simple de la fuerza de
trabajo empleada en la producción cafetalera. La
transferencia de tierra del clero a particulares, en
tre los cuales se encontraban muchos extranjeros,
no cambió sustancialm ente la relación ecológica
(varias compañías extranjeras reciben entre 1000
y 2 500 caballerías; sim ultáneam ente se distribuían
algunas parcelas en municipios “indígenas", irónica
mente, de algunas m anzanas); ese gran movimiento
de redistribución de tierra beneficiaba a los que po
dían com prar, y su posición social les perm itía des
envolverse con facilidad en las relaciones políticas
y jurídicas. A pesar de que se tom aron varias me
didas para lim itar la extensión de tierra, prim ero a
5 caballerías, después a 30 (1891), esas norm as no
pudieron tener aplicación, debido a que el poder so
cial estaba monopolizado; más todavía, era contra
dictorio con las necesidades de m ano de obra que
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 73
obviaron el establecimiento de nom bram ientos y ha
bilitaciones que reproducían, de m anera m ás inten
siva, el trabajo forzoso del tiempo de la colonia.
Podemos, afirm ar que “la revolución liberal” no sig
nifica un paso del feudalismo al capitalismo, sino
que significó la agudización del capitalismo en su
form a colonial.
Rápidamente, en la prim era m itad del siglo xx,
Guatemala se afirm ará como un apéndice de la eco
nomía capitalista obligada a la monoproducción
agrícola; su población "indígena” es convertida en re
serva de m ano de obra, más o menos proletarizada,
para uso del m ercado m undial. La "revolución”
(1944) urbano-ladina y pequeñoburguesa no podría
enfrentarse victoriosamente a las leyes de este m er
cado, debido a que su base social era insuficien
te, por lo que no podía im pulsar una revolución
agraria.
Después de 1954 y el consiguiente fracaso de la
revolución, se sustituye el banano por el cultivo del
algodón y por la crianza de ganado, viéndose nueva
m ente Guatemala obligada a producir lo que no
necesita y su m ano de obra queda puesta al servicio
de los países capitalistas desarrollados.
Esa breve descripción del proceso histórico nos
perm ite afirm ar:
_a] La concentración de la tierra dio comienzo con
la colonia y en ninguna época fue detenida, ya que
este proceso está envuelto en la lógica del m ercado
internacional y ninguna fuerza social fue capaz de
enfrentársele.
b ] Este proceso de concentración corresponde al
funcionamiento dentro del sistema m ercantilista en
m ateria de tie r ra ; desde la colonia, la tierra está so
m etida a un proceso de venta que favorece al que
tiene el poder de compra y mayor acceso a los me
dios jurídicos y políticos de apropiación, incluso al
que tiene posibilidad de utilizar la violencia para
la acumulación de tierra.
c] Estas dos tendencias ponen al español, al ex
tranjero y al ladino en una posición siem pre ven
tajosa con relación al "indígena", quien fue expro-
74 JEAN-LOUP HERBERT
■ ID
Menos <k 2 manzano» p or babitonta rural
De. Z a 3 -9 manzanas por habitante* rural
A manzanas y más por babitonta rural
RELACIÓN ENTRE LA SUPERFICIE DE LAS FINCAS
Y LA POBLACIÓN SEGÚN EL CENSO DE 1950
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 75
CUADRO I
CONCENTRACIÓN Y PULVERIZACIÓN DE LA TIERRA ENTRE
1950 -1964
1950 1964
N úm ero Superficie N úm ero Superficie
República 348 687 5 315 475 417344 4 926 765
Microfincas 74 259 40 822 85 083 46 683
Subfamiliares 233 804 720794 279 796 869 933
Familiares 33 041 715 472 43 656 928 674
Multifamiliares
medianas 7 057 1667 903 8 420 1801168
Multifamiliares
grandes 516 2170484 389 1280 308
fu e n te : Dirección General de Estadística (Censo Agropecua
rio 1964).
n o ta : Microfincas: m enores de una manzana
Subfam iliares: 1 a m enos de 10 manzanas
F am iliares: 10 a m enos de 64 manzanas
Multifamiliares
m edianas: 1 a menos de 20 caballerías
Multifamiliares
grandes: superior a 20 caballerías
OBSERVACIONES
1] La disminución de la superficie entre 1960-64 no encuen
tra explicación válida, ya que es el fenóm eno inverso que
se debería dar por la colonización espontánea o dirigida
(parcelamiento-colonización en el Petén); introducción de
cultivos muy importantes, com o el algodón, que se desarro
llaron en este período; y conquista de tierra por la pre
sión demográfica. De ahí que tenem os una gran duda
sobre la validez de estas cifras, que dan más una idea de
proporción que de valor exacto.
2] En resumen podemos decir que casi un 90% de operado
res manejan un 18.5 °/o de la superficie y un 2 % m ás de
un 60 %. Observamos que la propiedad mediana no re
presenta más del 10 %, es decir, muestra la gran debilidad
de este grupo social cuya extensión es imposible en una
estructura lati-minifundista.
3] La aparente disminución de los grandes latifundios se
debe a la venta de tierra de la United Fruit (para cultivo
de algodón) y la entrega de unas cuantas fincas nacio
nales al sector privado, pero más que todo a una "inexac
ta inform ación”.
76 JEAN-LOUP HERBERT
piado de su tierra antes de conocer el pleno sentido
de la propiedad privada.
—» d] Geográficamente, durante todo este período se
va reforzando la polarización espacial, proyección
rigurosa de la polarización económica.
Con base en estas conclusiones, se puede explicar
la situación actual [véanse el mapa de tenencia de la
tierra y el cuadro i].
CUADRO I I
GUATEMALA: PARTICIPACIÓN DEL SECTOR AGROPECUARIO EN
EL P.G.B., A PRECIOS DE MERCADO
(Millones de quetzales de 1958)
Producto Producto del
geográfico Tasa anual sector agro Tasa anual
Año bruto (por ciento) pecuario (por ciento)
1950 7223 239.4
1951 732.5 1.4 236.4 1.3
1952 747.7 2.1 242.4 2.5
1953 775.3 3.7 251.4 3.8
1954 789.6 1.8 252.8 0.1
1955 809.1 25 248.6 1.7
1956 882.7 9.1 264.9 10.1
1957 932.5 5.6 269.3 1.6
1958 976.1 4.7 286.5 6.4
1959 1 024.2 4.9 309.8 8.2
1960 1049.2 2.4 318.1 2.7
1961 1094.3 4.3 323.6 1.7
1962 1 133.0 3.5 334.9 3.5
1963 . 1241.1 9.5 383.5 14.5
1964 1 298.6 4.6 384.8 0.3
1965 1 355.2 4.4 389.4 1.2
1966 1 424.0 5.1 406.6 4.4
1967 1477.3 3.7 402.9 0.9
Tasa promedio
Anual 1950 -1967 4.3 % 3.4
fu e n te : Banco de Guatemala, Guatemala.
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 77
DESCRIPCIÓN DEL ESTADO ACTUAL DEL SISTEMA LATI-
M INIFUNDISTA
En las zonas rurales se concentran, actualm ente,
por lo menos las tres cuartas partes de la pobláción;
movilizando, por lo menos, al 65 % de la fuerza de
trabajo con una participación de sólo un 30 % en
la composición del producto nacional bruto, el que
de por sí ya es muy bajo. La tasa de crecimiento de
éste es muy lenta; casi nula, si se la relaciona con
la tasa de crecimiento demográfico [ver cuadros II
y III].
CUADRO I I I
GUATEMALA! VALOR DE LA PRODUCCIÓN AGRÍCOLA POR
DESTINO
Años 1950 - 67
(Millones de quetzales de 1958)
Consumo interno Exportación Uso industrial
Años •
Increm ento Increm ento Increm ento
Valor (por c ie n to ) Valor ( por c ie n to ) Valor ( por c ie n to )
1950 63.4 _ 80.6 _ 17.4 _
1951 67.7 6.7 72.8 9.6 17.5 0.6
1952 67.8 0.0 78.4 8.2 18.8 7.4
1953 66.9 1.3 85.1 8.9 18.1 3.9
1954 65.1 2.6 81.6 4.7 18.6 2.8
1955 63.9 1.8 86.6 6.1 18.9 1.6
1956 69.8 9.2 90.4 4.3 20.3 7.4
1957 71.7 2.8 91.6 1.3 21.8 7.4
1958 76.3 6.4 99.9 9.0 21.5 1.4
1959 81 2 6.4 115.8 15.9 22.5 4.6
1960 83.0 22 121.8 5.1 21.9 2.6
1961 85.5 3.0 120.0 1.4 21.1 3.6
1962 88.2 3.1 122.6 2.1 26.4 25.1
1963 1023 15.9 155.2 26.5 29.3 11.0
1964 107.0 43 152.7 1.6 30.1 2.7
1965 108.0 0.9 157.4 3.1 29.2 3.0
1966 109.9 1.8 162.8 3.4 29.2 0.0
1967 112-2 2.1 142.9 12.2 36.5 25.0
Tasa de incre-
mentó medio : 33 3.8 5.1
fx e s te : Banco de Guatemala, Guatemala.
78 JEAN-LOUP HERBERT
Pero, más que todo, es necesario recalcar el papel
decisivo de la producción agrícola en la integración de
la sociedad guatemalteca al m ercado internacional;
esencialmente, Guatemala sigue siendo una sociedad
determ inada en su conjunto por su carácter agro -
e x p o r t a d o r (carácter que se está agudizando más con
los nuevos productos: algodón, carne, azúcar, des
de la década del 60). Estos productos representan
más del 60 % de las exportaciones; más que los fac
tores naturales son la inestabilidad de los precios, las
cuotas y las relaciones comerciales, lo que introduce
un factor perm anente de inestabilidad en la econo
m ía guatemalteca (ejem plo: el cultivo del banano
bajó en más de un 90 % en 5 años, por decisión unila
teral de una compañía extranjera). Tres países —Es
tados Unidos, Alemania y Japón— absorben de un
50 % a un 100 % de la exportación de estos produc
tos (E. U. monopoliza el 100 % de la exportación de
carne y azúcar), lo que elimina totalm ente la posi
bilidad de comercio con América del Sur o el Caribe
(1 % del comercio exterior); se observa que Ta situa
ción no cambió mucho desde la época en que España
prohibía el comercio intracolonial. La contrapartida
de esta situación agro-exportadora es que, aun con
CUADRO IV
NÚMERO Y DISTRIBUCIÓN RELATIVA DE LOS PRODUCTORES
INDÍGENAS SEGÚN TAMAÑO DE LAS EXPLOTACIONES
Productores indígenas
Porcentaje
Tamaño de las Total de sobre el
explotaciones productores N úm ero total
Microfincas 74 270 50 920 68.6
Subfamiliar 233 800 156 790 67.1
Familiar 33 040 16 390 49.6
Multifamiliar mediano 7060 720 10.2
Multifamiliar grande 520 20 3.8
T otal 348 690 224 840 645
f u e n t e : Censo agropecuario de 1950.
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 79
el grado de desnutrición general que puede llegar
hasta "la m uerte por inanición", observada por una
comisión internacional, ¡ Guatemala se ve en la obli
gación de im portar maíz!
El Congreso de los Economistas Guatemakecos,
en 1969, describía, en térm inos que no necesitan co
m entarios, la dependencia externa en la siguiente
form a:
En 1967, la capacidad para importar alcanzó la suma
de 146.7 millones de quetzales en tanto que las impor
taciones ( c i f ) ascendieron a la suma de 252.4 millones
de quetzales, dando por resultado un déficit de 105.7 mi
llones. Para cubrir este déficit el país recurrió a un
endeudamiento por “préstamos oficiales, bancarios y
privados” que llegaron a la suma de 77.4 millones.
A esta cantidad se sumó un monto de "transferencias
netas" de 9.2 millones y finalmente las "inversiones ex
tranjeras" contribuyeron con una cantidad igual a 24.5
millones.
En vista de estas observaciones, no es exagerado
describir las mayorías de los países colonizados
como la reserva de m ano de obra necesaria para el
mercado internacional cuya ley de funcionamiento
es m antener a estas masas a un nivel de superviven
cia al menor costo.
De m anera global, podemos decir que el sistema
lati-minifundista deprime toda la economía nacio
nal por el enorme desgaste de fuerza hum ana que
implica. Los bajos salarios, el bajo poder adquisi
tivo de los mismos, las lacras sociales (m ortalidad,
analfabetismo, desnutrición) encuentran aquí su
raíz; las relaciones sociales de explotación m antie
nen latente una energía hum ana cuya liberación
constituye la única solución del "subdesarrollo".
Tanto la distribución de la concentración de la
tierra por grupo étnico, como su localización, ponen
de relieve la alta correlación ladino-latifundio e in
dígena-minifundio [cuadro IV]. En 1964, el 38 %
de los operadores de fincas eran ladinos (o extran
jeros) y poseían el 75 % de la tierra explotada; el
62 % de los operadores eran "indígenas” y poseían
el 25 % de la tierra cultivada. Los mecanismos de
80 JEAN-LOUP HERBERT
desposesión siguen funcionando, ya que el "indíge
n a ”, sin ninguna protección jurídica, tiene que so
p o rtar la ley del m ercado que poco a poco lo arrin
cona en las tierras inhóspitas, donde se va descom
poniendo —a pesar de una resistencia heroica— la
base de su existencia histórica y social. Ya el 35 %
de la fuerza de trabajo del m inifundio la constituyen
asalariados que están en vía de convertirse en "tra
bajador libre”, desposeído de su últim o m edio de
producción: la m edia hectárea que le quedaba. Otros
sobrevivirán con el comercio am bulante o la pe
queña artesanía (sastrería, m ueblería, cestería, alfa
rería), pero la mayoría representa "el ejército de
reserva del latifundio”, siendo la migración tempo
ral la prueba más objetiva.2
Desde luego en una situación tal, los 20 000 títulos
de tierra repartidos en los últim os 15 años, en for
m a de colonización de nuevas tierras, no puede
equilibrar ni la m itad del crecim iento natural de las
explotaciones; además, esta política de colonización
reproduce muy lógicamente todas las relaciones de
producción de la sociedad global: la propiedad ini
cialmente fam iliar se fracciona muy rápidam ente,
atrae una sobrepoblación, se reconstituyen las rela
ciones de asalariado y de concentración de tierra
en manos de quienes están cerca del poder (m ilita
res, políticos, profesionales), renaciendo de esa ma
nera en una nueva zona jsl lati-minifundismo. Pro
ceso que se encuentra ya en m archa en el Petén y
en los parcelam ientos de la costa del Pacífico, cuyo
único papel es el de abastecer, con productos de sub
sistencia, las necesidades mínimas de los trabaja
dores de los nuevos cultivos de exportación: algo
dón, ganado, h u le ...
-2 Según el estudio de Lester Schmid, el fenómeno de mi
gración temporal incluye 200-250 000 trabajadores (indirec
tam ente más de un m illón de personas); las dos terceras
partes provienen de las tierras altas "indígenas". Como
salario por un periodo de trabajo de 3 m eses recibe entre
,60 y 100 quetzales, de los que el 80 % está ya gastado antes
de regresar a su hogar, a donde llegan con más o menos
20 quetzales, lo cual representa un 20 °/o del ingreso neto
anual medio de esos trabajadores.
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 81
O sea que, en cuanto a la propiedad de la tierra,
como en las relaciones laborales y comerciales, el
lati-minifundismo es un sistema de clases sociales,
polarizado en Guatemala entre ladino e "indígena”.
Aunque éste no es más que un subsistem a dentro
del sistema internacional de clases sociales, ya que
el latifundio desde su prim era etapa —el reparti
m iento español, pasando por la hacienda, la plan
tación y la finca— son parte íntegra del sistem a de
división de trabajo internacional capitalista:
"H istórica y económicamente el sistem a de plan
tación es fundam entalm ente internacional en su ca
rácter. Donde quiera que se lo encuentre, es el
resultado de la em presa y el estímulo exterior, ha
dependido siempre del mercado exterior y está aun
relacionado con la financiación exterior. A causa
de este carácter, la plantación ha estado asociada
con el desarrollo político internacional de los tiem
pos m odernos: m ercantilism o y comercio lib re ; es
clavitud e independencia, capitalismo e imperialis
mo” [Id a C. Greaves, La plantación en la economía
m undial]. Toda la historia de Guatemala confirma
esta afirm ación: desde la exportación de añil, el
financiamiento de los ingenios de azúcar, los efectos
de la depresión del m ercantilism o español en el
siglo xvin, su sustitución por la influencia del capi
talism o liberal inglés que impulsó el cultivo de la
cochinilla y la im portación de tejidos, a su vez sus
tituido por el café controlado por los alem anes; la
penetración norteam ericana motivada por sus ne
cesidades del cultivo del banano y la búsqueda de
un m ercado para su producción in d u strial; la inter
vención político-militar de 1954 que va a abrir el
paso al cultivo masivo del algodón controlado por
Estados Unidos y Japón; correspondiendo el último
episodio en la actualidad al desarrollo de la crianza
de ganado para el mercado norteamericano. La his
toria de Guatemala se podría resum ir en esa lista,
por lo menos en su ritm o vital. Siendo el eje de la
variada producción para el extranjero, el latifundio.
El m inifundio ocupa el 15 % de la tierra cultiva
ble, produciendo el 50 % de la producción de subsis-
82 JEAN-LOUP HERBERT
tencia; y el 0.7 % de productos de exportación.
Para el latifundio las cifras correspondientes son
35 % de producción y 95 % de exportación [cua
dro V]. La correlación minifundio-producción de
subsistencia y latifundio-producción de exportación
va a agudizar las contradicciones debidas a la des
igual distribución de la tierra, y a las relaciones
laborales de explotación.
cuadro v
VALOR DE NUEVE PRODUCTOS SELECCIONADOS — DESTINADOS
PARA CONSUMO INTERNO Y PARA LA EXPORTACIÓN— POR
TAMAÑO CONVENCIONAL DE LAS FINCAS
Productos
de consumo Productos
Tamaño conven interno i Porcen de expor Porcen
cional ( qu etzales) taje tación 2 taje
Microfincas 3 308 034 5% . ___
Subfamiliar 27 844 705 42.6 % 261844 0.7 %
Familiar 11 788 989 18 % 1904 856 5%
Multifamiliar
mediana 14 845 408 22.8 % 22 078 097 57.7 %
Multifamiliar
grande 7608 378 11.6 % 14 032 056 36.6%
1 Maíz, arroz, trigo, hortalizas, caña de azúcar, leche y
derivados.
2 Café, banano.
fuen te: Censo agropecuario de 1950.
Del cuadro anterior se desprende que los mini
C o m e n t a r io :
fundios (m icrofincas y subfamillares) aportan el 47.6 por
ciento de la producción para consumo interno, y solamente
el 0.7 por ciento de la producción exportable. En contraste,
los grandes terratenientes (m ultifam iliares, medianos y gran
des) aportaron sólo el 34.4 por ciento de los productos de
consum o interno, pero el 94.3 por ciento de la producción
agrícola de exportación.
La correlación ladino-latifundio-exportación per
m ite analizar la posición objetiva de este grupo en
su relación con los medios de producción del capi
talism o internacional y su lugar en la división social
internacional del trabajo. Explica su relación de
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 83
enajenación política, social y cultural con el extran
jero, así como la ausencia de verdadero nacionalis
mo (particularm ente evidente en el proceso de des
capitalización hacia el extranjero), su relación con
el "indígena" y la im portancia decisiva de las mino
rías colonialistas extranjeras en la vida política
nacional. Estas m inorías intervienen a través de fi-
nanciamientos, com pra de productos, inversiones,
tecnología, precios, construcción, equipamiento, m a
quinaria necesaria a esa producción, llegando hasta
la operación directa. Esto constituye la base de la
intervención cultural, política, m ilitar y religiosa.
El latifundio está en la encrucijada de tres siste
mas estrecham ente relacionados: sistemas de clase
internacional, nacional y local. Decimos que es una
estructura de clase por la esclavitud, la violencia,
los mandam ientos, las habilitaciones, la encomienda,
las m igraciones; el propietario de los medios de
producción consigue su fuerza de trabajo, de la
cual —debido a la estructura del poder social y po
lítico— va a retirar una plusvalía cuantiosa; los in-
sumos de m aquinaria, fertilizantes e insecticidas, a
pesar de la relativamente baja tecnología, represen
tan gastos superiores a los salarios. Como se oye
corrientemeífte, "un hom bre es más barato que una
m u ía"; el excedente producido es monopolizado para
ser vendido, reinvertido, exportado o gastado en sec
tores no productivos. Por ser desde su inicio "un
instrum ento de fuerza, esgrimido para crear y m an
tener una estructura de clase de propietarios y tra
bajadores” (E. Wolf) el latifundio —cuyo origen es
la desposesión colonialista— se m antiene por la
fuerza: adm inistradores, capataces, caporales, poli
cías privadas son los servidores —legalmente arm a
dos— de este orden de cosas, frente a los trabajado
res, "mozos” desarmados, a los cuales siem pre se
les niega la organización (sindicatos). Las fuerzas
más oscurantistas son movilizadas para m antener
este orden de miedo, representándose a través del
espiritismo, el alcoholismo, el racismo, sin olvidar
la capilla católica, en la cual el papel de propietario
se confunde —ante los campesinos— con el de padre.
84 JEAN-LOUP HERBERT
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 85
CUADRO V I
GUATEMALA: PRÉSTAMOS CONCEDIDOS PARA LA AGRICULTURA
(en miles de quetzales)
1961 1962 1963
1964 1965 1966 1967
Monto % Monto % M onto %
Monto % Monto % M onto % M onto %
TOTAL 33 386.6 100.0 35 443.7 100.0 39446.0 100.0
11 515.4 100.0 39768.3 100.0 36 552.4 100.0 38 441.2 100.0
Café 18 710.8 56.0 14 590.0 41.2 13 358.3 33.9
15 4853 37.3 14530.2 36.5 14 372.5 39.3 14637.7 38.1
Algodón 10116.2 30.3 16 475.1 46.4 19 646.4 49.8
» 454.6 49.3 18 003.1 45.3 15 560.9 42.6 15 639.0 40.7
Caña de azúcar 2 493.9 7.5 1 207.5 3.4 1 829.5 4.6
22925 5.5 3 303.0 8.3 3 196.6 8.8 4105.9 10.7
Maíz 215.5 0.6 208.4 0.6 358.8 0.9
3321 0.8 667.6 1.7 520.0 1.4 458.1 1.2
Trigo 204.8 0.6 179.4 0.5 591.6 15
225.8 0.5 434.0 1.1 454.8 1.3 596.3 á.6
Tabaco 42.9 0.1 55.6 0.2 1 227.2 3.1
Arroz 73.2 0.2 115.5 0.3 165.0 0.5 173.4 0.5
51.7 0.2 59.3 0.2 308.8 0.8
Cacao 32.6 0.1 280.6 0.7 146.6 0.4 54.9 0.1 168.0 0.4
30.7 0.1 8.3 —
153 — 8.2 — 15.2 — 22.9 —
Frijol 53.4 0.2 74.9 0.2 77.3 0.2
Kenaf 101.9 0.2 81.3 0.2 80.7 0.2 66.5 0.2
147.5 0.4 27.5 0.1 239.2 0.6
Otros 149.7 0.4 132.7 0.1 52.7 0.1 34.6 0.1
1321.5 4.0 2 535.1 7.1 1800.3 4.6 2104.4 5.1 2 446.7 6.1 2 088.1 5.7 2538.8 6.5
fu e n te : Boletín estadístico, Banco de Guatemala.
nota: No incluye al Servicio Cooperativo de Crédito Agrícola ,
quetzales. (Antes que todo en parcelamiento de p r o p ie d a d ™ 53*0 (SCICAS)- 9ue en 1967 otorgó Préstamo por 3 650 900
nediana.)
Tanto p o r la desviación de la producción para ciones, como el monopolio de la tierra, la infraestruc
consumo extranjero —la descapitalización— como tura, el crédito [cuadro V I], la fuerza de trabajo,
por Tos bajísim os salarios que implica la relación el poder político, es, a pesar de todo, improductivo,
entre poder local y nacional, el latifundio deprime siendo la base del subdesarrollo del país.
toda la economía nacional y es responsable del enor Del cuadro VII podemos concluir que el valor de
me desgaste de fuerza humana. Se tra ta de justificar la producción del m inifundio (m icrofinca y subfa-
esta pérdida de fuerza diciendo comúnmente que m iliar) es relativam ente superior al del latifundio
el "indígena” es un lastre para la economía nacio (m ultifamiliar, grande y m ediano), ya que, con el
nal, haciendo una burda inversión de la realidad, ya 15 % de la tierra, el prim ero produce el 30 % del
que el "indígena” es la fuerza de trabajo por cuyo valor de la producción agrícola, y el segundo, con
medio el sistema puede existir. el 72 % de la tierra, el 56 %. Eso desde luego es
Teniendo el latifundio favorables todas las condi fácilmente explicable por el uso efectivo de la tierra
según cada sector [cuadro V III],
86 JEAN-LOUP HERBERT
CUADRO VII
VALOR ANUAL DE LA PRODUCCIÓN DE NUEVE PRODUCTOS
SELECCIONADOS POR TAMAÑO CONVENCIONAL DE LAS
FINCAS, PROMEDIO DE PRODUCCIÓN POR FINCA Y
RELACIÓN PORCENTUAL
Prom e Valor
Valor pro dio por bruto
ducción fincas producto
Tamaño conven (en quet Porcen (en quet por hec
cional zales) taje zales) tárea
Microfincas 3 308 034 32 45 116
Subfamiliar 28 106 550 27.1 120 56
Familiar 13 693 845 13.2 414 27
Multifamiliar
mediana 36 923 505 35.6 5232 32
Multifamiliar
grande 21 640 430 20.9 41966 14
TOTAL 103 672368 100.00
fu en te: Censo agropecuario de 1950, precios de la Dirección
General de Estadística.
c o m e n t a r io : Estos datos desvirtúan todas las afirmaciones
sobre la poca rentabilidad del minifundio, "lastre” de la
econom ía en comparación a una supuesta "modernidad'’ del
latifundio, ya que la situación real es exactam ente inversa.
CUADRO V III
USO DE LA TIERRA POR TAMAÑO CONVENCIONAL DE LAS
FIN CA S: DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL SEGÚN SU
UTILIZACIÓN
Exten
Tamaño conven sión Utili Sin No
cional total zada utilizar utilizable
Microfincas 100.00 94.9 _____ 5.1
Subfamiliares 100.00 79.4 14.7 5.9
Familiares 100.00 50.0 41.1 8.9
Multifamiliar
mediana 100.00 492 43.1 7.7
Multifamiliar
grande 100.00 28.5 60.7 10.8
TOTAL 100.00 453 45.8 8.9
FUENTE: CIDA.
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 87
EL LATI-M INIFUNDISM O
R E S U M E N E S T A D ÍS T IC O 1
Latifundio M inifundio
Unidades de p r o d u c c ió n
(1964)2 8 809 365 000
% del total de la tierra cul
tivada (1964) 62.6 °/o (?) 18.7 %
% productores indígenas 3 10% 68 %
Uso efectivo de la tierra 44 % 95%
Producción para exportación 94.3 % 0.7 %
Producción para consumo 34.4 % 47.6 %
Valor bruto de la produc
ción * 42000 quetzales 400 quetzales
Ingreso neto* 20000 325
Capital fijo* 175000 600
Crédito recibido *
(% del total distribuido) 95% 1%
Fuerza de trabajo 200/25 0 000 mi
grantes asala <------------
riados
Medios políticos monopolio ninguno
1 La casi totalidad de los datos provienen de 1950; el censo
agropecuario de 1964 no está analizado y además es de una
confiabilidad lim itada; sin embargo, tanto la explicación
anterior como varias investigaciones demuestran que todas
las tendencias aquí descritas no han cambiado en su esen
cia, sino que se han agudizado.
2 Ver cuadro VI.
3 Ver cuadro VII.
< Ver cuadro VIII.
* Por unidad de producción.
Conclusiones
1. Para la claridad de la explicación no hemos
mencionado hasta ahora la propiedad familiar, con
siderando que el sistema lati-minifundista imposibi
lita el surgim iento de tal configuración social. His
tóricam ente, ha tenido cierta im portancia en el
oriente del país (cacao, ganado, tabaco, cochinilla);
ha servido de asentam iento a núcleos de viejos po
bladores españoles. Hoy en día, es la región de
mayor migración definitiva hacia la ciudad. Este
sistema está condenado al empobrecimiento crecien
88 JEAN-LOUP HERBERT
te, debido al subdesarrollo nacional y al desplaza
m iento en los valles más fértiles por la concentra
ción de tierra.
2. Ya observamos que la creación de propiedad
fam iliar por la política de colonización y parcela-
m iento se veía sometida a la lógica del lati-minifun-
dismo. De todos modos, el objetivo de esta polí
tica es la de complementar la producción de sub
sistencia para m antener la reproducción simple de
la fuerza de trabajo en su mínimo, ya que el mini
fundio no puede seguir el ritm o del crecimiento
natural de la población. Cada vez más esos parcela-
mientos cumplirán el papel de salvar de una futura
m uerte por inanición —ya observada en algunos
lugares— a la mayoría m inifundista y a los traba
jadores agrícolas que representan el 90 % de la fuer
za de trabajo agrícola.
(3y El sistema lati-minifundista se analiza como las
dos caras sim étricam ente opuestas de un solo fenó
m eno: la proyección de un país neo-colonial y de
las leyes del m ercado internacional capitalista.
4. El sistema internacional de división del trabajo,
y de división de clases que le corresponde se refleja,
concretam ente en Guatemala por la polarización so
cial entre ladino e "indígena”.
& La población autóctona de Guatemala es parte
del engranaje internacional de acumulación prim i
tiva que provoca una proletarización de esta pobla
ción, consecuencia de una d e s p o s e s i ó n de su tierra.
6. Este análisis considera que Guatemala está in
cluida —violentamente— desde el siglo xvi en los
mecanismos capitalistas, y nunca pasó por la época
feudal; el sistema lati-m inifundista esencialmente es
capitalista, pero con rasgos específicos debido a las
particularidades de la situación colonial.
7. La descripción de esta estructura dom inante nos
ha perm itido tra ta r como un proceso tíNico toda la
historia de Guatemala, desde la colonia, sin consi
derar que ciertos sectores pudieran ser más o menos
capitalistas (el café menos que el banano, éste me
nos que el algodón). Al nivel de nuestro estudio
estas diferencias son comprendidas como contradic
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 89
ciones secundarias que no perturban en su esencia
la lógica del modelo propuesto [G. Frank],
8. El lati-minifundismo es el eje de la estructura
social que perm ite el estudio de las relaciones con
la metrópoli, las relaciones laborales internas, el ni
vel de la producción y del ingreso, el tipo de con
sumo, el régimen político, la posición de las clases
sociales, la distribución de la población en el espa
cio, el ham bre, etc. Es decir, que envuelve a toda
Guatemala en una sola sociedad global y excluye los
conceptos de "economía dual", economía tradicional
y m oderna, economía cerrada, conceptos que quizá
perm iten una descripción de ciertos aspectos de la
realidad social, pero de ninguna m anera su expli
cación.
Cualquier explicación social que no tome como
punto inicial el acto de la desposesión colonial, nos
parece carente de validez.
GEOGRAFÍA SOCIAL DE GUATEMALA
a] El espacio social guatem alteco está determ inado
por la opresión colonial: vías m arítim as monopoli
zadas por potencias extranjeras, bloqueo de toda
la franja atlántica que provoca una reconquista
por la selva de todo el norte del país, lo que causará
un desequilibrio grave hacia el Pacífico; monopolio
comercial de potencias extranjeras, tanto en las rela
ciones con los países del Caribe, como con los países
centroam ericanos fraccionados, con la complicidad
de los anglosajones; cierre del comercio hacia el
continente sur, desde la colonia; apertura unilateral
y controlada hacia el norte y el este. A eso se agrega
la presión de México y la tom a de Chiapas, lo que
disminuye más la dinámica espacial.
fe] La división internacional del trabajo determ ina
el espacio interior de G uatem ala: un cinturón de lati
fundios siempre en extensión presiona en form a
creciente la zona de tierras altas, que constituirá
una zona de refugio para el colonizado y tam bién una
relación hom bre-tierra totalm ente desequilibrada. La
producción de trigo, ganado, añil, caña, café y baña-
90 JEAN-LOUP HERBERT
no, desplaza al frijol, cacao, maíz y algodón. El cul
tivo de este últim o, desde hace diez años, no es
adecuado para el país. Los fenómenos anteriores
trastornarán las vías de comunicación, el comercio,
los sistemas agrícolas, la alimentación, la demogra
fía, y desde luego todas las formas de solidaridad
social.
c ] La estructura política colonial destruye el es
pacio urbano y su estructura de poder para sustituir
lo por la ciudad burocrática colonial, con sus cabe
ceras departam entales y m unicipales: formas vacías
superpuestas artificialm ente a una textura social des
preciada que “reducirá" los espacios y provocará
una contrarreacción de dispersión en las zonas más
inaccesibles.
d] Frente a la desposesión extranjera, los meca
nismos de preservación de la territorialidad, por la
constitución de “zonas de refugio", cobran una im
portancia vital para salvar la identidad social e his
térica amenazada por el exterior: apego casi religioso
a la tierra ( de ahí una confusión entre los fenómenos
religioso y económico y de la organización del poder,
que no pertenecen esencialmente a la religión maya-
quiché); sacralización del título colectivo de tierra,
comparado con el fracaso de la política de titula
ción privada de la tierra; desconfianza al elemento
exógeno y apego a la solidaridad del grupo con la
aceptación del sistema de cargo y de la jerarquía
fam iliar: regulación de los bienes y seguridad de
transmisión de un patrim onio económico y, sobre
todo, cultural. Dentro de este contexto podemos
explicar la resistencia verdaderam ente extraordina
ria a una dominación económica, cultural, política y
religiosa sistemática desde hace varios siglos.
E L E S P A C IO G U A TEM A LT EC O AL N IV E L DE LAS
R E P R E S E N T A C IO N E S Y LA CONDUCTA
Tratamos de contestar ahora a la pregunta: ¿Cómo
es percibido por la conciencia colectiva el espacio
del territorio nacional? Lo que decimos sobre el nivel
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 91
de la representación no puede ser desligado de lo
dicho anteriorm ente; las ideas colectivas expresan
de una cierta m anera todas las relaciones sociales
y en el caso presente las relaciones del hom bre con
el espacio de su producción.
La vivencia de un territorio colonizado es esquizo
frénica :
<2] Por la opresión im perialista se form a una rela
ción de incomunicación entre lo interior y lo exte
rior-, el espacio exterior ya no es espacio que llama
a una dinámica de conquista, sino que es percibido
como irreductiblem ente am enazador; nada más aje
no al ladino que el espíritu pionero o el anhelo
m arítim o; cuando se entrega al extranjero es de
m anera pasiva, asténica.
fe] A otro nivel, para el autóctono el exterior es
la repetición de la conquista y de su tra u m a ; de ahí
una percepción muy negativa de este espacio ame
nazador : "el m undo de los ladrones”.
c] El cinturón latifundista provoca una asfixia de
la “zona de refugio”, que perm itió a ciertos autores
hablar de "angustia demográfica”, interpretado a su
vez por el ladino como la "olla de presión”.
d] La escisión tajante entre la ciudad-centro del
poder colonial inaccesible que se m anifiesta como
una molestia para “el interior" del país, el cual es
visto por el ladino como una masa sin forma, llena
de fuerzas prim itivas. Este castillo interior es a la
vez la condenación a la especialización agrícola para
el "indígena” y el bastión del colonizado.
e] También el tem or recíproco de la m ontaña
para con la llanura: "la m ontaña b a ja ” y “la costa
enferm a”.
/] El fraccionamiento del territorio nacional en
fincas: espacios socialmente cerrados (antes el tra
bajador que huía se arriesgaba a la m uerte), "impe
rios” donde la ley del propietario en muchos casos
domina a la ley del Estado nacional; circuito eco
nómico cerrado para el trabajador, donde no se
respetan los lím ites entre la vida privada y la pública
( quien ha visto en trar a un adm inistrador de finca
en un rancho de colono sabe lo que eso significa);
92 JEAN-LQUP HERBERT
donde los caminos son privados y estrecham ente
vigiladas. Antes se vendía finca de mozos: tierra y
trabajador bajo la misma ley. La tendencia patoló
gica del colonizador para inventar barreras, fronte
ras inconsistentes, divisiones artificiales de tipo ad
m inistrativo, lingüístico, cultural (el traje) y étnico
para evitar que el colonizado tome conciencia de
[Link]. (Hace treinta años en Guatemala se ha
blaba de más de un centenar de sociedades o "tri
bus".) Desafortunadam ente, esta tendencia ha sido
alimentada y hasta sistem atizada por la antropolo
gía, y su concepto de "comunidad", visto como una
unidad social, cultural, económica y lingüística per
tinente.
g] La creencia de parte del ladino y de científicos
sociales de que el indígena está "aislado” cuando la
observación más elemental de los dos grupos de
m uestra exactamente lo inverso.
En fin, la ignorancia práctica y teórica de la geo
grafía nacional (el indicador más obvio es el grado
de desarrollo de la investigación g eo g ráficas nivel
universitario, salvo una excepción, en manos del
extranjero) es total; viajar o pasear "al interior"
es un castigo (ver la concentración de profesionales
en la c a p ital); lo fascinante para el ladino es salir
"al extranjero”.
Tanto el espacio como el tiem po colonial son de
tipo esquizofrénico; llenos de falsas barreras, de rei-
ficaciones arbitrarias, con vacíos que son una es
pecie de agujeros mentales que im posibilitan a la
persona a com prom eterse y apropiarse de sus dimen
siones básicas —tiempo, espacio— en una relación
libre y activam ente transform adora. Cualquier rela
ción de dominación es enajenante, tanto para el
amo como para el esclavo que la sufre; perturba
la percepción, la comprensión y la intencionalidad,
individual y colectivamente. En la relación colo
nial el colonizador tiende, por todos los medios,
a aniquilar la identidad del colonizado, y eso con la
peor m ala conciencia, ya que el recuerdo de la usur
pación y de la violencia queda muy presente.
LAS RELACIONES ECOLÓGICAS 93
Por eso la revolución agraria, además de sus ob
vias razones técnicas y m orales de justicia social, es
antes que todo un acto de reconstitución de la totali
dad social quebrada tanto en sus relaciones sociales
como en la relación entre el hom bre y la naturaleza,
empezando por su mismo espacio [ver J. Berque].
Una de las justificaciones más profundas de la gue
rra de guerrillas es la de obligar, por su estrategia
y su vivencia cotidiana, a un conocimiento profundo
del espacio nacional, condición prim ordial para for
ja r nuevas relaciones entre los grupos sociales y su
propio tiem po histórico.
CAPÍTULO V
LAS CLASES SOCIALES EN GUATEMALA
JEAN-LOUP HERBERT
i. La relación de explotación existente del ladino para
con el "indígena” constituye la contradicción domi
nante en la estructura de clases:
— a ] El ladino monopoliza la tierra de alta producti
vidad en la costa del Pacífico y del n o reste; de m ane
ra general, existen las correlaciones t ie r r a d e l l a
nura Y RIEGO-PROPIEDAD LADINA/TIERRAS ALTAS, DB BAJO
" i n d í g e n a ” . Cuantitativamen
r e n d i m i e n t o -p r o p ie d a d
te, el 61.6 % de los propietarios de unidades de pro
ducción agrícola son "indígenas” y m anejan el 25 %
de la tierra cultivada; el 38.4% son ladinos y ma
nejan el 75 % [Censo Agrícola de 1964].
fe] El ladino confisca la plusvalía, producto de su
explotación, utilizando la mano de obra "indígena”,
desde el establecimiento de la encomienda, reparti
mientos, habilitaciones, hasta la actualidad, por me
dio de los trescientos mil (300 000) trabajadores que
migran tem poralm ente a los latifundios. El salario
prom edio es de 60 a 100 quetzales por 3 meses de
trabajo.
c] El ladino monopoliza el cré d ito : 90 % del cré
dito agrícola está concentrado en el agro comercial.
82 % del capital agrícola se concentra en la costa y
boca-costa. En la región del Occidente, donde se
concentra m ás de la m itad de la población del país
sobre un tercio del territorio, el 70 % de la población
"indígena" (80% de la población campesina) recibe
el 4 % del crédito nacional.
d] El ladino m antiene una posición de dominación
en los circuitos comerciales, desde la institución del
repartim iento forzoso de mercancías en tiempo de
[94]
LAS CLASES SOCIALES 95
la colonia hasta el dueño de tienda de las cabeceras
en la actualidad. (Centro rector local.)
_e] El ladino monopoliza todos los medios de re
presentación política (gobierno, Congreso, servicios
centrales y locales), fuerzas de represión (soldado
"indígena”/oficial ladino), control jurídico (tribuna
les y abogados) e instrum entos culturales (idioma,
religión, educación, prensa, radio, símbolos naciona
les, etcétera).
/] El ladino defiende su posición de clase por me
dio de una m ultitud de organizaciones que monopoli
za (partidos políticos, cám ara de comercio, indus
tria, agricultura, Banca, asociaciones de cafetaleros,
algodoneros, azucareros, ingenieros, médicos, aboga
dos, Club Rotario, Club Guatemala, Club Americano,
etcétera).
g] El ladino, por esa posición de explotación y
dominación, se encuentra en una relación a n t a g ó n ic a
con el "indígena" (num erosos conflictos violentos:
San Juan Ixcoy, Totonicapán, Patzicía, Patzún, Rabi-
nal, Jalapa, San Pedro, San M arcos.. . ) y discrim ina
ción en actos sociales, religiosos, deportivos y . .. en
todos los gestos y en el vocabulario cotidiano.
-h] El ladino tiene una ideología específica y fun
damental al servicio de su dominación: e l i n d i g e
n i s m o , que a través de sus conceptos ha justificado
esa posición (ladinización), ha entorpecido la toma
de conciencia del explotado ( mixtificación de la in
tegración), y ha obstaculizado su unidad (la comu
nidad como sociedad cerrada).
Conclusión
La apropiación de los medios de producción hasta el
monopolio, el antagonismo, la conciencia de clase
dom inante, la ideología, en fin, l a r e l a c ió n l a d in o /
" in d íg e n a ” c o n s t it u y e u n a " r e l a c ió n de cla se” .
96 JEAN-LOUP HERBERT
ii. Sin embargo, por la situación colonial aún vigen
te, esta relación de clases m anifiesta ciertas especi
ficidades :
a . l a s d i s t i n t a s c a p a s d e la c l a s e l a d in a
a] El hecho de que todos los medios de produc
ción estén monopolizados por el ladino o el extran
jero no significa que todos los ladinos tengan la mis
m a situación; la proletarización del campesino o
artesano ladino ("ladino viejo” ) empezó con la co
lonia, y por la situación colonial, y se m antiene en
la actualidad debido al empobrecimiento de la socie
dad global por el im perialism o; sin embargo, no pen
samos que la determ inación económica sea mecánica
y que aparezca solidaridad de clase entre campesi
nos ladinos pobres y campesinos "indígenas" pobres ;
se puede observar más bien el fenómeno del "blanco
pobre" que caracteriza a todas las luchas de clases
que tienen una correlación racial: el ladino pobre,
amenazado en su posición económica, defiende su
identidad social y cultural ( " s o m o s e s p a ñ o l e s ” , se
puede oír con más frecuencia en el oriente del país
que entre la oligarquía capitalina) y sobre todo
r a c ia l (defensa del blanco; ver quiénes constituyen
los movimientos anticom unistas).
&] La capa ladina monopolizadora de los medios
de-producción no constituye objetivam ente una bur
guesía. El colonialismo-imperialismo produce una
descapitalización del país colonizado que evita el sur
gimiento de una verdadera burguesía (cuyo papel
sería, fundam entalm ente, capitalizar y emprender
un desarrollo industrial); realm ente cumple un pa
pel de interm ediario y depende del m ercado capita
lista internacional (precios mundiales, circuitos de
exportación, inversión extranjera, cuotas, presión
política, etc.). Este fenómeno empezó con todas las
restricciones im puestas por España, siguió con el
"liberalism o” inglés y culmina con la penetración
norteam ericana, alemana, japonesa e israelí que,
definitivamente, cortaron sus alas al intento burgués
de la reform a liberal.
LAS CLASES SOCIALES 97
Esta capa puede definirse como una parte de la
burguesía cosmopolita.
c] La presencia de este tipo de burguesía imposi
bilita el desarrollo de una clase o b rera ; además, por
la m ism a división del trabajo internacional, el des
arrollo de la industria está paralizado, ya que el
colonialismo obliga a una especialización en la agri
cultura o en las m inas; de ahí que, lógicamente, el
papel de la clase obrera no pueda ser más que de
apoyo a un movimiento de liberación que por la mis
ma razón tiene que ser de base campesina. En 1968,
la industria m anufacturera de más de 5 obreros
constituía el 12 % de la mano de obra inscrita en
el i g s s ; los campesinos el 65% . (Respectivamente,
40 000 y 220 000.)
d] En esa descripción, el papel de las capas m e
dias es muy lim itado por su estrechez numérica,
debida a la imposible constitución de una pequeña
burguesía rural en una estructura de lati-minifundio,
y a la imposible transición de la artesanía a la
industria fabril por la penetración siem pre creciente
de productos que vienen de la m etrópoli imperial
(caso de los textiles en el siglo x ix ); además, la
muy lim itada movilidad social ascendente (sien
do muy fuerte la descendente) debida al subdes-
arrollo creciente. Por otra parte, la discriminación
racial no perm ite prever un porvenir dinámico para
esas capas. Estos hechos dem uestran, sobre todo,
conductas de oportunismo, individualismo, servilis
mo a la oligarquía nacional, y entreguism o abierto
al imperialismo, que le resta cualquier consistencia
como clase con una supuesta vocación a representar
la nacionalidad.
Conclusión
Por la situación colonial de cuatro siglos y medio,
el grupo ladino se defiende, más allá de su posición
económica local, por su relación con un sistema
social extranjero (español, francés, inglés, norteam e
ricano, alemán, soviético), hecho que le imposibilita
encontrar una identidad propia, salvo negativamen
98 JEAN-LOUP HERBERT
te : en relación a su amo (extranjero) y discrimi
nando al grupo social autóctono. (E n esta perspec
tiva, el concepto de clase ladina puede parecer
inadecuado, pero por falta de otro, y con las acla
raciones hechas, nos parece indispensable m ante
nerlo.)
B. LAS DISTINTAS CAPAS DE LA CLASE "INDÍGENA”
a] El saqueo colonial e im perialista ha determi
nado un movimiento de proletarización del grupo
autóctono (minas, añil, cacao, ganado, cochinilla,
café, cáñamo, algodón —históricam ente, y de menos
a m ás); de ahí la formación de capas de arrenda
tarios asalariados, comerciantes ambulantes, m igran
tes tem porales, servicios personales, y sobre todo,
colonos de fincas de café en las vertientes sur y
n orte; hasta hoy esas capas han tenido actitudes
variables, que corresponden a su grado de proleta
rización; sin embargo, se puede observar una ten
dencia general a m antener lo más posible su identi
dad de grupo amenazada desde la colonia.
(Esas capas proletarizadas han sido calificadas
por la antropología de "modificadas" o "ladinizadas",
conceptos descriptivos de poca fecundidad y sin nin
gún poder explicativo.)
&] La aparición de una m inoría capitalista comer-
cial y fabril, particularm ente cristalizada en Quezal-
tenango, pero en formación en muchos otros pue
blos; esto puede indicar una actitud de negación
de su grupo: deseo de ladinización (cam bio de nom
bre, idioma, religión, m anera de v i v ir ...) ; sin em
bargo, a menos que se trasladen y diluyan en las
capas medias ladinas de la capital, el sueño de la
integración se ve sumam ente dificultado por la opo
sición del ladino; además, sancionado por el grupo
"indígena”.
A no ser que otros estudios nos contradigan, ob
servamos que esta m inoría puede cum plir un papel
histórico nacionalista (lucha contra la oligarquía
ladina, que objetivam ente le cierra el paso en cuanto
a la acumulación capitalista [tierra, crédito], y des
LAS CLASES SOCIALES 99
arrollo industrial y comercial). Maestros, profesio
nales y técnicos salidos de este grupo ya desempeñan
un papel de nacionalismo agresivo (recuperación de
valores históricos propios).
Conclusión
La existencia de distintas capas dentro de la clase
"indígena” no elimina el hecho fundam ental: consti
tuye la clase más explotada que ha resistido a cuatro
siglos y medio de im perialism o; por eso pensamos
que ello la califica para profundizar el movimiento
de liberación y revolución agraria, ya en m archa.
Adeijiás de esa posición histórica, representa la
mayoría cuantitativa y tiene un profundo sentimien
to de legitimidad de ocupación del suelo que el
ladino no puede tener, por ser heredero del conquis-
tador-usurpador del derecho de propiedad.
CONCLUSIÓN GENERAL
Si históricam ente el ladino se desarrolló en rela
ción a la sociedad capitalista, católica, "occidental”,
siendo un interm ediario de la extensión del m ercado
mundial capitalista, el “indígena” se define históri
camente como el defensor de la tradición autóctona.
Aunque el concepto “indígena” tenga fuerte conno
tación colonialista, contiene el reconocimiento im
plícito del que se identifica plenamente con esta
tierra americana por oposición al que viene de otro
continente.
no se va a resolver por una ilusoria "integración" o
"ladinización" o "aculturación” (todas ideologías que
justifican una supuesta superioridad), sino por una
dialéctica real y objetiva que perm itirá, antes que to
do, al autóctono recuperar su tierra y su historia, de
las cuales ha sido violentamente expropiado desde
la colonia española.
Dentro de esa dialéctica, el ladino puede defender
hasta la desesperación violenta su "identidad" de
ladino, y entonces m antiene una relación colonia
100 JEAN-LOUP HERBERT
lista que a la larga le resta el derecho de vivir
legítim am ente en esta tierra. Si, por el contrario,
acepta e incluso participa en la lucha de r e a p r o p ia -
c i ó n n a c io n a l , cesa entonces de ser l a d in o , ya que
destruye la relación de dominación colonial. En tal
caso, el “indígena” ya no será "indígena” ni el ladino
“ladino”. Habiendo desaparecido la relación colo
nial, únicam ente habrá compañeros revolucionarios.
CAPÍTULO VI
EL LADINO: UN SER FICTICIO
CARLOS GUZMÁN BOCKLER
Cerrar los ojos a lo que con tanta intensi
dad se ha sido... sería tan insensato como
pretender caminar cruzándose las piernas.
Proceder así sería, en efecto, la mejor pre
paración para que los hombres de cualquier
"allende” se encarguen del cuidado de nues
tro vivir colectivo, mediante un alto precio
como es natural.
AMÉRICO CASTRO 1
¿Por qué el ladino de Guatemala no ha sido capaz
de participar en un nosotros los guatemaltecos que
abarque por igual a todos los pobladores del país?
Probablemente, porque ese nosotros carece de exis
tencia real. Las estadísticas —hechas por el ladino—
afirm an la presencia de dos grupos "étnicos” que,
con igual núm ero de individuos cada uno, comparten
el suelo nacional, y callan el hecho, por demás signifi
cativo, de que fuera del grupo ladino una considera
ble cantidad de personas carece de vinculación, o
la siente muy débil, con las nociones Guatemala
y tos guatemaltecos. Más bien, estas dos construc
ciones m entales son percibidas por el ladino como
patrim onio exclusivo de su grupo, el cual —al decir
vulgar— "soporta el lastre del indígena", quien,
según las circunstancias, es considerado o no gua
temalteco. Aunque es obvio, vale la pena afirm ar
que esas circunstancias han sido y siguen siendo
invariablemente desfavorables para el indio. Sin exa
gerar un ápice, puede decirse que el indio es conside
rado guatemalteco para todo lo que le perjudique.
i De la edad conflictiva, Madrid, Taurus, 1963, p. 13.
[ 101 ]
102 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
Por ello, la representatividad de la nación, de lo
nacional y lo patriótico ha sido asum ida por el ladi
no y, a los ojos de éste y del colonizador extranjero,
lo folklórico, lo exótico y lo turístico corre por
cuenta del indio.
Atrás de estas simplificaciones (producto de la
alienación que hemos dem ostrado con anterioridad)
está la negativa del ladino a considerar que su vida
form a p arte de una vida colectiva mayor que des
cansa sobre un trenzado de la convivencia y de la
pugna entre su grupo y el grupo indio. Son, precisa
m ente, las vicisitudes de esa convivencia y de esa
pugna las que envuelven y m odelan la existencia
colectiva de ambos. De la exacta comprensión de
este hecho incontrovertible podría haber surgido
un nosotros con ribetes positivos y con dimensión
histórica, susceptible de generar una nacionalidad
genuina. Pero, lejos de ello, el ladino ha hecho de
su vida colectiva una escapada perm anente del indio
y tam bién de la realidad. Si bien esto no lo ha lo
grado ni podrá lograrlo, sí ha conseguido escaparse
a sí mismo, construirse un m undo ficticio que con
lleva la simiente de su propia aniquilación, pues, al
lanzarse desesperadam ente por la senda que condu
ce a los entreguismos, en todos los órdenes, ha ve
nido segando los brotes nacidos de las raíces que
pudieron haberle proporcionado una identidad co
lectiva.
1. Incapacidad para la creación racional
En prim er lugar, vale detenerse en la consideración
relativa a que el ladino heredó de la casta cristiana
española el anteponer el creer al razonar. Si los
miembros de aquella casta se vieron aprisionados
por la idea muy suya de la "honra” y, para afirm ar
su "casticism o” frente a los hispano-hebreos recha
zaron valores muy arraigados en éstos, tales como
la ciencia, el arte de crear riqueza o la eficacia téc
nica [Castro, De la edad conflictiva, pp. 44 ss.], la
pérdida —sin sustituto— de dicha "honra” en el co
lonizador de las Indias no fue óbice para que se
EL LADINO : UN SER FICTICIO 103
mantuviera la actitud negativa frente a los valores
hispano-hebreos. A ello contribuyeron no sólo los
nexos coloniales con la Península sino las exigencias
propias nacidas de las desigualdades del régimen
colonial, cada vez menos español y m ás ladino.
Al razonar sobre las ciencias físicas se suele acom
pañar del razonar sobre todos los demás campos,
incluidos aquellos que son del dominio de las cien
cias sociales, económicas y políticas. Pero, en una
estructura social en la cual aquellos que, por encon
trarse m ejor situados jerárquicam ente y tener la
posibilidad de dedicarse a tareas intelectuales, son
a la vez los favorecidos po r un sistema que descansa
en la explotación de una m ayoría por una m inoría
que, a su vez, se apoya en criterios de discrim ina
ción racial, cualquier intento de racionalización so
bre dicha estructura se enfrenta a la irracionalidad
de la misma al p ar que a la necesidad de m ante
nerla; en tales casos, aun cuando las injusticias
sean justificadas por la minoría, las justificaciones
nunca llegan a ser totales; queda siem pre algo que
no llega a ser enteram ente cubierto y que causa
crisis de conciencia. Para acallar esa m ala concien
cia, el c re e r'(e n mitos, en falsas representaciones
colectivas, etc.) se sobrepone al razonar. De ahí que
ninguna actividad creadora en el pensam iento y en
las ciencias pueda ser dada a luz. En esos campos,
la pasividad será total y su contrapartida será la
dependencia de lo extranjero. En otras palabras,
cuando la racionalización del vivir colectivo no pue
de hacerse a causa de que éste descansa sobre una
irracionalidad percibida o presentida, la posibilidad
de la creación racional se hace imposible en todos
los campos. En el caso del sistema colonial, tal
hecho lo em puja a la dependencia, cada vez mayor,
de la metrópoli.
2. Vasallaje intelectual
El grupo humano que sirve de interm ediario —en el
caso nuestro, el ladino— entre los intereses m etro
politanos y el hom bre colonizado cuyo trabajo hace
104 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
posible la extracción de las m aterias prim as, es el
prim ero en ser captado en la red del vasallaje inte
lectual. A lo largo de su historia va otorgando su
adhesión a la m etrópoli de tum o, según el juego
de los intereses económicos internacionales, los cua
les siguen una dinámica que no corre pareja con los
préstam os en m aterias intelectual, ideológica y de
escalas valorativas. Por ello hay siempre un desajus
te cuando —como en el caso del ladino de Guate
m ala— el interm ediario de la colonización se ve
forzado a servir a varias m etrópolis sucesivamente
(durante casi 300 años Guatemala dependió de Es
paña y estuvo sujeta a su “vivir desviviéndose”,
como dice Américo Castro; y en aproximadamente
150 años ha sufrido penetraciones —económicas,
intelectuales o de ambos géneros— de Francia, In
glaterra, Alemania y Estados Unidos de América).
Estos hechos se reflejan en los órdenes jurídico, edu
cativo, religioso, etc., así como en lo relativo a las
escalas de valores. Cada sistema colonial se impone,
en parte, en estos campos, por lo que, fuera del
m antenim iento del colonialismo interno —que es
constante—, suscita entrecruces entre aspectos di
símiles y m uchas veces antagónicos de las distintas
m aneras de colonizar. El ladino guatem alteco es un
ejemplo claro de tal aseveración: desde la Indepen
dencia ha vivido im portando constituciones políti
cas, códigos, sistemas educativos, libros traducidos,
ideologías políticas, sistemas de organización social
y adm inistrativa, m aneras de pensar y de actuar.
Las élites ladinas se educan en el extranjero o, en
el país, tratando de im itar alguno o algunos modelos
extranjeros.
Indudablem ente, las ideas y los objetos creados
por el hom bre pasan de unos pueblos a otros y
sirven a todos. Ahora bien, lo im portante es cómo
cada pueblo va a servirse de las ideas y de los obje
tos creados por otros. En los pueblos colonizados,
cuya capacidad de creación ha sido anulada, cuando
menos en los campos científico, técnico e intelectual,
este hecho pasa a ser de prim ordial importancia. El
intercam bio con el extranjero sirve m uchas veces
EL LADINO: U N SER FICTICIO 105
ra ra acrecentar la alineación de la conciencia del
colonizado. Tal parece suceder en Guatem ala: para
conocerse a sí mismo, el ladino debe volver la m i
rada a su pasado, hacia la form ación y vida de su
grupo, y hacia el interior de sí m ism o; pero, para
hacerlo, tiene que tom ar ciertas luces de fuera de
su ambiente. Al acercarse a lo extranjero, esto lo
deslumbra y lo apabulla (deslum bró y apabulló a
'.os criollos en 1821) y, como no tiene certeza de su
ser propio, se entrega a lo foráneo. Por esa vía queda
envuelto en un círculo vicioso: para conocerse debe
pasar sus vivencias por el tamiz de los conocimien
tos de las culturas extranjeras y, para enfrentarse
a éstas con éxito, debe conocerse, saber quién es.
3. Deterioro del sentido de justicia
De las form as del vivir español (tom adas por éste
del m oro) podemos observar en el ladino una que
se ha integrado a su concepción valorativa, mas no
a su diario vivir: la idea de cómo hacer justicia.
La ley iba "más ligada a decisiones personales y
concretas que a principios jurídicos abstractos y des
personalizados. Y al proceder así m anifestaba la
huella que el Islam [en el español de la Reconquista]
iba dejando en su conciencia. Desde Juan de Mena
hasta Cervantes, la justicia m oruna ha seducido al
español; justicia personal, nacida a la vista de la per
sona, en un mágico acorde de la palabra y de la
inspiración divina. El español sueña con la justicia
de un juez sacerdote, que absuelve o condena, se
gún las circunstancias, y teniendo en cuenta la
conducta fu tu ra” [Castro, Los españoles: cómo lle
garon a serlo, pp. 172 y 173]. Sin esta luz es imposi
ble com prender por qué las innum erables violaciones
a la ley, contenida en constituciones y códigos, que
se han sucedido a lo largo de toda la historia de
Guatemala. La razón se encuentra en el hecho de que
las constituciones (desde 1823 hasta 1966) son cal
cos de otras hechas en países anglosajones o de
Europa occidental, al igual que los códigos. El des
ajuste entre los principios generales —que inform an
106 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
a dichos cuerpos jurídicos— y el sistem a valorativo
de la sociedad, pretendidam ente nacional y propia
m ente ladina, no condice con una vida norm ad^ abs
tracta y genéricamente sino, al contrario, lleva al
quebrantam iento de los dictados legales, en aras
de la solución personalizada de los casos concretos.
Durante toda la vida, atrás del poder form al conce
dido a los jueces, ha actuado la idea del “juez
sacerdote” personificado en el "señor Presidente”,
el Jefe Político, etc. En los tribunales se convence
m ejor con el "presidentazo” que con el más racional
de los argumentos, extraído de la confrontación del
hecho juzgado con la teoría jurídica y la exégesis
de la ley. Pero, como el "presidentazo” opera de
hecho, el amplio campo que ahí se abre a la arbi
trariedad y a la corrupción completa la idea, genera
lizada en todos los niveles sociales, de que en el país
la justicia carece de m ajestad.
4. Pobreza en la expresión
El ladino que se expresa en español, ¿lo hace iden
tificándose con lo que tal lengua supone?, ¿por qué
da tan poca im portancia al conocimiento de “su ”
lengua, y por qué se expresa tan mal en el hablar
cotidiano?
El español fue la lengua del conquistador, del
dom inador; si el ladino buscara derroteros propios,
trataría de encontrar medios propios de expresión,
trataría de ser “pueblo ‘protagonista’ y rector de su
propia existencia, con una lengua y unos com porta
mientos de su pertenencia y singularm ente estructu
rados” [Castro, Los españoles: cómo llegaron a serlo,
p. 149], El indio, en cambio, ha utilizado la lengua
del conquistador de ayer y del dom inador de hoy
sólo como vehículo de mínimo entendimiento, aten
didas las razones de su posición de explotado y
dadas sus necesidades de supervivencia; pero des
pués de cuatro siglos y medio m antiene sus propias
formas de expresión, reflejo de una estructura men
tal enteram ente propia y, además, firme.
Contrariamente, el descuido del ladino de la lengua
E l LADINO: U N SER FICTICIO 107
e s r ¿ñola indica su débil grado de identificación con
la estructura m ental y valorativa en que se apoya
dicha lengua. Su inactividad para enriquecerla, por
no decir su tendencia a prostituirla, refleja, en parte,
su cnsis de identidad: usa mal la lengua que cree ser
5_ya, desconoce el fondo de la misma, y no intenta
s tete ra buscar un sustituto que sea capaz de ser-
[Link] como medio expresivo.
En las capas más ligadas al colonizador del si-
-■-vx, el inglés es altam ente valorado pero no com-
rre -d id o (en el sentido profundo que una lengua
tiene ; más bien es imitado, parloteado.2 En general,
el ladino que aprende lenguas extranjeras lo hace
r-ara satisfacer intereses personales, casi siempre
económicos. Con tal proceder se entrega al pueblo
que habla tal lengua, se identifica con los intereses
re re á rm e n te colonizadores) de dicho pueblo al
— 5rao tiempo que soslaya la búsqueda de su propia
identidad. En ningún m om ento tra ta de construirse
una personalidad m anifiesta suya, independiente y
t t m s ” [Castro, Ibídem , pp. 149 y 150].
5 Tendeuda a definirse por lo que no es
Quizá sea el terreno político el que m ejor se presta
rara ejem plificar sobre la tendencia m ayoritaria del
la tuno de adherir a los “antis” (definiciones nega
tivas. definiciones a medias o no definiciones): anti-
tus-esta, anticomunista, etc.
Ai fracasar en la búsqueda de una definición
gnu pal y, además, positiva, se ahoga en los “caudi-
II ts ” y políticamente se define como "cabre-
rtsta "arevalista”, “castillo-armista”, etc., con su
1 implem ento inseparable de “anti-cabrerista”, "anti-
cre . alista” . .. Sólo cuando quiere señalar, peyorativa
: aicsatoriam ente, a un contendiente lo destaca
: - m j miembro de un partido, facción o agrupación :
com unista"...
- Un signo de distinción entre las élites ladinas consiste
cel [Link] frases en español con giros, modismos o
urresion es de cuño norteamericano. La pequeña burguesía
r— u r .m e n temen te, en muchos casos, de seguir ese modelo.
108 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
6. Temor a un enemigo imprecisable
Un hecho que no puede dejar de m encionarse es el
referente al giro especial que tom a el "caudillismo"
dentro del grupo ladino, sobre todo en los sectores
de dferecha: la búsqueda de un hombre para gober
nar. Pero, ese hombre no es vislum brado por atri
butos de virilidad ni se identifica con la figura
paternal; más bien, su imagen se confunde con la
del sujeto que humilla, que golpea, que tortura, pre
valido del poder y basado en la arbitrariedad. En
realidad, no se tra ta de ningún hom bre sino de un
sub-hombre. Lo dicho da la clave para deducir en qué
medida se presiente un acoso cuya verdadera fuente
no puede señalarse ni objetivarse; sólo los efectos
salen a la superficie a través de una agresividad
ciega que pone al sadismo como punto de partida
para la defensa y el ataque.
Hay otras representaciones colectivas ladinas que
pueden ligarse con la anterior. Por ejem plo: una
muy difundida por todo el país que consiste en
vaticinar que "cualquier día de estos, los indios van
a b ajar de la m ontaña y nos van a m ata r”. Se tra ta
de una historia muy extendida en los pueblos del
interior y que contrasta, desconcertantem ente, con
las afirmaciones despectivas que salpican la conver
sación cotidiana cuando, por casualidad, se tiene
que m encionar a los indios. El hecho real es que,
en las profundidades de la conciencia ladina, el
indio está inevitablemente presente, pero en la for
m a de una som bra colectiva, recrim inadora y ame
nazante. E sta situación contribuye a m antener esta
ble la crisis de identidad del ladino; su contradicción
es, pues, la estabilidad de su inestabilidad.
7. Supuestas raíces occidentales
No hay que olvidar que los cronistas de la conquista
y de la colonización españolas relatan los triunfos
de la casta de los cristianos viejos y, por ende, su
peditan sus apreciaciones y sus juicios a los valores
im perantes en dicha casta. Durante toda la época
£1 LADINO: UN SER FICTICIO 109
en que existieron las Indias, la historia escrita es
tará destinada a la justificación del sistem a colonial
v padecerá todas las limitaciones im puestas al pen
samiento en la Península, aunadas a aquellas que
triplican el m antenim iento de la estructura social
basada en la segregación económica y racial en tie
rras coloniales.
En su afán de m enospreciar los aportes m oro y
_dío a la form ación de España y los españoles, la
casta m ilitar victoriosa va a buscarse raíces occi
dentales de las que en realidad careció. Esa idea
rus trasm itida a los grupos dominantes en las Indias
y heredada por éstos al ladino actual. Para este
último, tal creencia es fatal porque lo sumerge
—más que a ningún otro— en la confusión. “La Es
paña grande, la perdurable históricam ente, no nació
áe la tradición grecolatina de cultura. Esto aconte
ció en F ra n c ia ... La vida española se inició en otra
:: rm a y se dirigió hacia otros rumbos, hacia Dios,
L-vocado por el clamor de tres religiones” [Castro,
Los españoles: cómo llegaron a serlo, p. 202]. Se ha
llegado a ignorar hechos tan im portantes como éste:
La fusión del Estado con la Iglesia desde el si
glo xvi no fue europea, sino oriental, semítica”
[Castro, loe. ct'í.].
Por otra parte, se ha pretendido afirm ar que si
efectivamente hubo distanciam iento entre España
y el Occidente europeo, tal situación term inó para
la Península y para las Indias en el siglo x v i i i con el
3 L. enimiento de la Ilustración. Efectivamente, ésta
r_e una apertura hacia el pensam iento europeo, pero
se trató de una puesta en contacto de ciertas élites
ccn él. Castro [ Ibídem , pp. 142-147] señala el carác
ter pedagógico” del esfuerzo de los ilustrados, em
peñados en sacar a los españoles de su ruralism o,
pero hace hincapié en sus limitaciones consistentes
en que ninguno de ellos contribuyó fundamental-
—e n te a la ciencia o al pensam iento modernos. Con
c lu y e afirm ando que "Feijoo y otros pusieron a
—uchos de sus com patriotas en la escuela de Euro
pa: pero aprender y saber no es inventar y pro
ducir”.
110 CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
Durante la Independencia y en los años subsiguien
tes, el ladino —a través de sus élites— no cesará
de im portar ideas occidentales ni de creer que por
tal razón se occidentaliza. De ahí que el im pacto de
las ideologías y de los hechos que envuelven a la
guerra de independencia norteam ericana y a la Revo
lución francesa se traduzca en el aplastam iento de
una posible conciencia propia, en aras de lo forá
neo : hay poca reflexión sobre lo leído, no hay selec
ción de argum entos ni intento de adecuación o
rechazo de algunos de ellos; más bien se trata de
trasladar los modelos en form a total, en bloque,
lo cual —en Guatemala— trae como consecuencia
una serie de experimentos fallidos. Baste señalar
para el efecto los Códigos de Livingston, el régimen
de los tres poderes, o los sistemas educativos en
general.
De hecho, la pretendida occidentalización no es
otra cosa que la tom a de posesión de la m ente del
colonizado por el colonizador, ya que junto con las
ideas y los objetos se trasm iten las escalas de valo
res que descansan sobre una superioridad total de
este último, lo cual cristaliza una estratificación in
ternacional según la cual el prim ero ocuparía el
último lugar si no tuviera, dentro de la colonia mis
ma, a otro grupo hum ano que explotar y que "occi-
dentalizar”. De esa posición de interm ediario parece
surgir un alma de lacayo que no es sino el reflejo
de la carencia de identidad; al no encontrarse a sí
mismo, el ladino se entrega a lo extranjero, sin que
esto tenga que ver m ayorm ente con los credos polí
ticos o religiosos. Más bien, los dictados religiosos
y políticos de las élites ladinas son regularm ente
tomados de fu e ra : en el intento de poner en m archa
el American way of Ufe, o bien, en la tentativa de
adecuar mecánicamente la teoría de la lucha de cla
ses (para citar dos ejem plos), el ladino esquiva el
planteam iento correcto de su propia posición frente
al indio y frente al extranjero; ambos aparatos con
ceptuales le han servido para soslayar su papel de
eje de la doble explotación colonial: interna y ex
terna.
EL LADINO : UN SER FICTICIO 111
Dicho de otra m anera, en relación con las situa-
c.m es que implican una tom a de posición intelec-
r_al, referida al existir colectivo actual, no hay el
menor intento de poner en duda la escala valorativa
im portada: se toma a la letra lo dicho en consonan
cia con tales valores y, aun en los casos en que se
ha pretendido estudiar nuestro pasado a la luz de
las teorías m arxistas, muchos entre quienes lo han
.m entado no han podido desligarse de su condición
ce ladinos, de su concepción ladina de nuestra his-
: i ñ a ni de su posición de grupo explotador del indio
en el presente. Es obvio que el marxismo no puede
racer concesiones como la pretendida y de ahí que
ta'es análisis "m arxistas” no esclarezcan nada. Al
vmearse sobre el estudio de la historia, el marxismo
amás se ha apoyado en un punto de partida que
suponga que la vida de un pueblo se analice a la
luz de los valores del grupo (en el caso nuestro,
supuestamente étnico) que domina y explota a otro
rrupo humano. Este hecho, simple y claro, no es,
sin embargo, tenido en cuenta por la gran mayoría
ce "izquierdistas” ladinos. Éstos, por el contrario, en
'.a interpretación de las contiendas entre ladinos
abusivamente tenidas por nacionales) han tratado
servilmente de copiar modelos sacados de otras rea
lidades sociales, occidentales y, casi sin excepción,
colonizadoras.
8. Cristianismo comprometido
La acción m isionera que acompaña a la Conquista
española y que la sobrevive largam ente es la que le
da el sello de guerra santa. El cristianism o que priva
en ésta no es de raigambre occidental sino de evi
dente sim iente alcoránica. Américo Castro,3 para
fundam entar tal aseveración compara las Coplas
a la m uerte de don Rodrigo Manrique, m aestre de
Santiago, escritas por su hijo Jorge en el siglo xv,
con el Alcorán:
s Los españoles: cóm o llegaron a serlo, pp. 179 ss.
112 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
Y pues vos, claro varón, ¡Oh vosotros los creyen
tanta sangre derramastes tes! Guerread contra los
de paganos, no creyentes que .están
esperad el galardón cerca de vosotros..., y
que en este mundo ganas- sabed que Alá está con
tes por las manos; quienes cumplen sus de
y con esta confianza, beres (para con Él). ÍAt-
y con la fe tan eterna corán: xi, 123].
que tenéis,
partid con buena esperan Que combatan en la vía
za de Alá quienes venden la
que esta otra vida tercera vida de este mundo para
ganaréis. (conseguir) la del otro.
A quien quiera que com
bata en la vía de Alá,
muera o venza en la lid,
Nos le concederemos rico
galardón [xv, 74].
Alá ha concedido a quie
nes luchan con su caudal
y con sus vidas un estado
por encima del de los se
dentarios. A todos ha
prometido Alá bien, pero
ha otorgado a quienes lu
chan un galardón supe
rior al de los sedenta
rio s..., y su perdón y
misericordia [iv, 95].
Después de ocho siglos de convivencia y lucha con
el Islam, el cristianism o español está muy distante
del europeo, el cual en ningún m omento concibió
que el derram am iento de sangre del infiel fuera legí
tim o motivo para alcanzar la vida eterna y que tu
viera, p ara tal fin, el mismo valor que la oración.
Sin embargo, en la casta cristiana tal concepción
había tomado plena carta de naturaleza. Por ello, en
América, el "conquistar para cristianizar" tiene un
soporte inconmovible, traído por el español de su
entorno vital en gran parte modelado por el moro.
Pero el entorno vital que el colonizador va a tener
en América es muy diferente. La etapa m ilitar será
muy corta y a continuación vendrán las conversio-
EX LADINO: U N SER FICTICIO 113
res masivas, los bautism os m ultitudinarios que da-
rá n vida a lo que Balandier llama un cristianism o
estadístico,4 que llenará cientos de hojas de los re
gistros parroquiales pero que, desde sus mismos
-rucios, se estrellará con una actitud inesperada —y
a la vez incomprendida— por parte del indio, pro
visto de creencias religiosas sólidas e inescrutables
para el hispano (ver lo atinente en el capítulo I).
Por otra parte, la Iglesia —fundida con el Estado
español estará íntim a y profundam ente ligada a las
acciones política y adm inistrativa. Su acción misio
nera se entrelazará totalm ente con ellas. Su com
promiso con la colonización, hasta sus últim as con
secuencias, será por ello inevitable. De ahí que en
las relaciones de producción creadas por el sistem a
colonial ocupará un lugar preponderante, será uno
áe los grandes terratenientes y dispondrá de m ano de
obra esclava para los cultivos y para la construc
ción de los templos y conventos. Tanto éstos como
los edificios públicos y las grandes casas de los en
comenderos, por o tra parte, llevan, en su form a, la
m arca del final de la búsqueda de la “honra" de
la casta cristiana conquistadora, y el principio de la
inautenticidad que habrá de m arcar las acciones del
criollo, el mestizo y —finalmente— el ladino. El
afán de hacer construcciones grandiosas es, según
lo explica Castro [De la edad, conflictiva, p. 240],
"con m iras a 'm antener honra’, no para hacer pro
paganda, o para seducir a los indios, según suelen
escribir ciertos desorientados". A m edida que la
constelación de valores peninsulares —propios del
cristiano viejo— va desvahiéndose, "la representa
ción de las magnitudes, de las elevaciones, de los
retorcimientos, de las exornaciones” [Ibídem , p. 241]
propias de los estilos llamados m anieristas y barro
cos dejan de tener autenticidad: no corresponden
más al contexto vital que los impulsó. Son sustitui
dos por otras form as anim adas por sentimientos
estéticos inauténticos.
Si todas estas consideraciones no han sido sufi-
* Georges Balandier, Sociologie actueíle de VAfrique Noire,
París, PUF, 1963, p. 49.
114 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
cientem ente explicitadas es porque tanto la historia
de España como la de América "ha sido sometida
a un estatuto de ‘limpieza de sangre’ ” [ Ibídem , p.
111]. No debe olvidarse que los prim eros historia
dores y cronistas de Indias son cristianos viejos;
quienes los siguen en semejantes tareas son penin
sulares o criollos y todos se atienen a una única
escala de valores, la cual, después de haber sido
repetida durante tres siglos, llega sectarizada al la
dino.
La Iglesia m antuvo firm em ente en sus manos el
papel de agente m odelador de la estructura social
colonial y se encargó tam bién de elaborar y m ante
ner la ideología justificadora del sistema. Volcó su
influencia sobre las élites criollas, así como sobre
los mestizos, o sea, que preparó las mentes de los
futuros ladinos. Tanto la educación, en el sentido
más amplio, como la escasa enseñanza escolar, es
tuvieron siempre encomendadas a los clérigos. Ejer
ció, pues, mucho más un dominio tem poral que es
piritual: en tanto que la ideología justificativa del
sistem a colonial tenía una inm ediata y práctica apli
cación, las reflexiones teológicas y las meditaciones
m ísticas cedieron el paso a un catolicismo cultural,
externo, secular, que el ladino actual practica me
cánicamente.
Con respecto al indio, el testim onio del Arzobispo
de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz, quien escribió
a fines del siglo xvm , es bastante elocuente:
La afección a los sacramentos, si hubiera de regularse
por el de la confirmación, es tan poca que solamente
se habrán confirmado, cuando más, doscientas perso
nas. Entre año no se reciben; en peligro de muerte se
pide no más el Santo Óleo, y después de administrado,
se reciben los sacramentos, al menos el viático. Si se
inquiere, ¿por qué se hace así?, no hay otra respuesta
sino porque así quieren los indios.
Esta misma tarde se ha tratado el asunto y mi con
clusión fue: Por eso esta Iglesia la llamo americana,
cuyos legisladores son los indios.
En otra visita me reveló el cura varias idolatrías y me
costó mucho trabajo el que las manifestara, porque
pretextaba que lo matarían. Entre otras cosas declaró
EL LADINO: U N SER FICTICIO 115
la de hacer celebrar misa ciertos días en un altar por
tátil en el centro de la iglesia, con mucho toque de
tempanas y que a la media noche iban en procesión
: on muchas luces a cierto cerro a quemar copales y que
So vio él mismo. Estando escribiendo esto me entró el
rara diciendo que los indios tenían que cantar mañana
ara misa en la sacristía; dije que no se podía, y res-
; rndieron que no siendo en la sacristía, no querían que
se cantara en la iglesia. Éstos son los indios y por eso
se dice que no puede formarse concepto de ellos, pero
el que no falla es querer salir en todo con su antojo,
ccmo salen y hacen lo que quieren; porque como la
renta de los curatos consiste principalmente en lo que
áan ellos; en no haciendo todo como se les antoja di
cen: que no quieren pagar las funciones como lo dicen
er ésta de la sacristía; con cuyo motivo es de temer
cae condescienden a todo los curas por no quedarse sin
renta.5
Lo transcrito refuerza el argum ento relativo al
abandono de los aspectos de fondo del catolicismo
cor parte de la Iglesia colonial así como su firme
•Inserción en las estructuras del poder político. En
tre la aventura colonial, tan reñida con el espíritu
cristiano lato sensu, y la construcción de una vida
espiritual, optó por la prim era, a lo cual se vio
forzada ya que las contradicciones que implicaba el
seguir ambas a la vez eran irresolubles. Así, libre
ce ataduras celestiales, puso todo su empeño en la
práctica de las ceremonias externas, provistas de
boato y espectacularidad, pero en ningún momento
cesó de sum inistrar la ideología m antenedora del
perfil social. Por ello, al advenimiento de la refor
ma liberal —en 1871—, a pesar de haber sido sepa
rada del Estado y de habérsele confiscado los bie
nes y expropiado los latifundios, m antiene su hege
monía, lo cual logra a causa de que la mencionada
reforma sigue descansando en la estructura creada
por el colonialismo interno: opera un cambio en las
5 Los relatos se refieren a las visitas hechas a las parro-
r-ias de Totonicapán y San Cristóbal Totonicapán. Citado
ror J. Daniel Contreras R. en Una rebelión indígena en el
rzrtid o de Totonicapán en 1820 — El indio y la independen-
á a , Guatemala, Editorial Universitaria, 1968, pp. 18 y 19.
116 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
élites dirigentes y en la distribución agraria, echan
do las bases para una nueva burguesía, pero vuel
ve a esclavizar al indio, al que hace servir con
su m ano de obra en la recolección del café, cuyo
cultivo extendido así como su exportación sirven
para a ta r al país con el colonialismo externo, esta
vez representado por las potencias capitalistas sur
gidas de la prim era revolución industrial, las cuales
para hacer m ás expeditas la explotación y el em
barque de las m aterias prim as exigieron la construc
ción de una m ínima infraestructura, así como la
capacitación de ciertos cuadros interm edios y altos
destinados a form ar la burocracia pública y privada
necesaria para la adm inistración de los nuevos in
tereses coloniales.
La Iglesia no tiene dificultades para apuntalar al
“nuevo" orden de cosas porque éste, en los aspectos
básicos relativos a la estructura social y a las rela
ciones de producción que la generan, no ha cam
biado. Dicho orden perm itirá, sí, la aparición de una
pequeña burguesía (copia caricaturesca de las pe
queñas burguesías de la Europa industrializada),
agresiva en cuanto a la búsqueda de un m ejor status
socioeconómico para sus integrantes, pero de clara
raigam bre ladina y urbana, empeñada fieram ente
en el m antenim iento del statu quo y ávida de osten
ta r los símbolos exteriores de prestigio propios de
la aristocracia conservadora semidesplazada y de la
nueva burguesía cafetalera. Esos símbolos los se
guirá sancionando la Iglesia.
Esta Iglesia, integrada por ladinos, con asiento
urbano y prolongaciones m atizadas por un gran sin
cretism o religioso en los pequeños poblados, coad
yuvante en la elaboración de una m oral que se
aviene con la estructura colonial interna y con la
nueva situación colonial externa, es decir, conforme
con que la sociedad global descanse sobre una dis
crim inación económica y racial, ¿cuál es la fe reli
giosa que profesa? A la pregunta, así planteada, no
le podemos dar respuesta ni es nuestro propósito
ahondar en tal aspecto; por otra parte, no estamos
seguros de que quienes form an parte de ella puedan
E l LADINO: UN SER FICTICIO 117
zacerlo. Lo que sí nos interesa es que es esa misma
Iglesia la que proporciona sus bases religiosas a un
considerable núm ero de ladinos. Qué les da y qué
reciben ellos, en lo puram ente espiritual, no sabe
mos quién pueda decirlo. En otros órdenes sí les
da, pero no lo suficiente como para que ellos se
encuentren a sí mismos.
Por otra parte, desde que el principal coloniza
dor externo es Estados Unidos de América, el país
ha visto la llegada —masiva en los últimos tiem
pos— de sectas, pastores, misioneros y dineros des
tinados a la evangelización protestante. Su éxito ini
cial se puede explicar en las áreas de población india
a causa del deseo real de ruptura con el pasado
que allí empieza a privar, según lo apunta J.-L. Her-
bert, y en las áreas ladinas puede deberse a la or
fandad espiritual en que la Iglesia católica m antiene
a sus feligreses, sobre todo cuando son personas
con escasas posibilidades económicas. Pero las fina
lidades de su presencia pueden deducirse sin ma
yor dificultad: a través de la incorporación a comu
nidades religiosas provistas de un fuerte control
sobre sus miembros, y a través tam bién de la pré
dica de doctrinas que canalizan y sublim an la agre
sividad nacida de las desigualdades sociales, se
espera restar sim patizantes a los movimientos que
convulsionan, peligrosam ente para los sistemas colo
niales, a quienes son víctimas de estos últimos. Con
justa razón, al lado de las políticas económica,
diplomática y militar y estratégica que Jorge Gra-
ciarena6 atribuye a Estados Unidos de América en
la actualidad, se puede ubicar una m ás: la política
misionera. No es ocioso m encionar que los misio
neros son portadores del sistem a de valores de su
sociedad de origen (en Guatemala, la casi totalidad
proviene de Estados Unidos de A m érica); muchos
de ellos, además, han recibido entrenam iento pre
vio en los quehaceres propios del "desarrollo de la
comunidad” (am pliam ente cuestionado por H erbert
en otro de los ensayos contenidos en esta obra), sin
« Poder y clases sociales en el desarrollo de América La
tina, Buenos Aires, Paidós, 1967, pp. 26-29.
118 CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
contar aquellos que están ligados directa o indirec
tam ente con los servicios de “seguridad” de su país.
O sea, que todo el aparato está volcado hacia el
m antenim iento de las estructuras sociales tal como
están, con los solos ajustes necesarios para que sea
más funcional al sistema colonial.
Con la puesta en práctica de la política misionera
no se está innovando nada en el esquema de las co
lonizaciones. “Un estudio concreto de esas socieda
des [las colonizadas] no puede hacerse más que
‘situándolas' en relación a esta doble historia [la
de las sociedades colonizadas y la de la dominación
europea]. Es habitual el reconocer que la coloniza
ción ha actuado m ediante el juego de tres fuerzas
difíciles de separar —asociadas históricam ente y vi
vidas como estrecham ente solidarias por aquellos
que las sufren— : la acción económica, adm inistra
tiva y m isionera”.7
Lo anterior dem uestra: 1] que a pesar de que la
colonización de América Latina es la más larga y
completa de los tiempos modernos, las contradic
ciones que encierra causan graves desazones tanto
en los colonizadores internos como en los externos,
pese al extraordinario avance que estos últimos han
experimentado en el dominio de la técnica; y 2] que
la acción m isionera sigue considerándose como un
instrum ento útil para enajenar las conciencias, a pe
sar de todo el aparato m oderno de persuasión di
recta e indirecta desplegado a través de las m oder
nas técnicas de comunicación de masas, dominado
por ambos colonizadores.
En conclusión, los diversos estilos de cristianis
mo puestos en práctica en Guatemala, a lo largo
de toda su historia, han sido y siguen siendo el so
porte de una estructura social segmentarizada y des
igual. Por esa razón, como creencias religiosas, no
pueden ir al fondo de sí mismas si no se quedan
en lo externo, cultual y secular (procesiones, coros,
trabajos comunales, etc.). Consecuentemente, cuan
do el prosélito trata de definirse religiosamente des
cubre que no sabe en qué cree, percibe que no es
7 Georges Balandier, op. cit., p. 8.
EL LADINO : UN SER FICTICIO 119
lo que cree ser. Aun cuando no sea nada corriente
que se realicen procesos de racionalización que des
emboquen abiertam ente en la conclusión tal como
ha sido expuesta, las dudas se presentan en form a
nebulosa y, si —como en el caso del ladino— hay
ausencia de otros elementos form adores de una
identidad colectiva, la sensación de que se carece
de esta últim a se ve agravada.
9. La antropología aplicada, pese a grandes esfuer
zos, no pudo definir al ladino
En otro ansayo, contenido en este mismo libro, J.-L.
Herbert explica esto con amplitud. Aquí sólo traere
mos a cuenta la definición que los antropólogos han
dado de ladino: "Todo habitante que nunca ha vi
vido o ya no vive dentro de la cultura indígena”.8
Nos interesa destacar que la definición está con
cebida en térm inos negativos, es decir, que indica
lo que el ladino no es. A pesar de todos los volú
menes, "field studies”, artículos, etc., no se ha podi
do definirlo. ¿Será porque los métodos de análisis
son insuficientes o porque no es?
10. Carencia de identidad
El ladino supone guatemalteco al indio porque, en
su m entalidad colonialista y colonizada, está situa
do bajo su dominio económ ico; piensa que por ocu
par ambos el mismo territorio y estar este último
reconocido como nación "soberana” en el sistema
jurídico internacional, todos los que lo habitan tie
nen obligación de reconocerse por el apelativo que,
en realidad, sólo corresponde a uno de ellos. Hay
muchos indios que, al ser preguntados al respecto,
no saben o tienen una idea muy vaga sobre lo que
los térm inos Guatemala (como país) y guatemalteco
(como integrante de un “nosotros” ) significan. Y
hay indios tam bién que sabiéndolo no se consideran
involucrados completamente en dichos significados.
8 Citada por Joaquín Noval en Resum en etnográfico de
Guatemala, Guatemala, Editorial Universitaria, 1967, p. 83.
120 CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
¿Por qué? “Porque son ignorantes y malagradeci
dos” sería la respuesta inm ediata de cualquier la
dino. Sin embargo, han transcurrido cuatrocientos
cincuenta años y el ladino de hoy (así como sus an
tecesores: criollos, mestizos, etc.) ha enfilado su
vida sin considerar la del indio como algo diferente
a la de un animal de carga, pese a que ha sobrevi
vido a su costa. Ha creado la ficción llam ada Gua
tem ala y la no m enor de guatem alteco^ pero las ha
creado para él y para el colonizador de fuera. No
obstante quiere —cuando así lo cree conveniente—
que el indio se autoincluya en ese m undo que no le
pertenece; y, el colmo, zahiere al indio por no sen
tirse lo que él creó para sí y no para ser compartido.
El ladino no existe como ser colectivo dotado de
' un proyecto propio, no es aún historiable. A lo sumo,
es "condición y circunstancia posibilitante” [Castro,
op. cit., p. 19] de un ser colectivo que vendrá más
adelante, que posiblemente ya no se autodenom inará
ladino ni quizá guatemalteco, pero que podrá dar
form a a su conciencia y tom ará realidad historiable,
histórica.
Somos un pueblo sin proyecto colectivo (y, en
muchos casos, sin proyecto individual). El futuro
colectivo luce tan impreciso o tan poco atractivo que
todo esfuerzo de supervivencia grupal es conducido
fuera de cánones racionales. Aquel que lo es, por ex
cepción, va directam ente al vasallaje intelectual, mo
ral y físico del colonizador extranjero. Desde la
independencia se ha llevado y traído el tem a de
la venta de las riquezas nacionales y sobre todo en
este siglo se ha enajenado la inmensa mayoría de
ellas (falta entregar lo que todavía no se ha descu
bierto o carece aún de valor comercial). A quien
hace hincapié en el asunto se le señala como dema
gogo y con ello se zanja cualquier discusión. Pero
lo real, lo trem endam ente cierto, es que hemos ena
jenado todo nuestro patrim onio; vivimos de présta
m os; y quienes han podido iniciar actividades pro
pias las han tenido que trasladar a concesionarios
extranjeros (el Mercado Común Centroamericano
es el ejem plo más patente).
EL LADINO: UN SER FICTICIO 121
Lo dicho no significa fatalm ente que nuestro fu
turo colectivo sea la desaparición de la tenue ficción
que nos hace nación "libre, soberana e independien
te dentro de la cual, luego de siglo y medio de
vida, no hemos sido capaces de forjam os a nosotros
mismos. La disyuntiva es clara: o se tom a concien
cia e identidad colectiva propia o lo que hoy llama
mos Guatemala habrá sido sólo un paréntesis no
historiable de un pueblo que va a desaparecer como
tal y que entrará en algún nosotros que hoy no so
mos capaces de delim itar con claridad.
Día a día, con nuestro ahogamiento en el aquí y
en el ahora, volvemos las espaldas al futuro y cerra
mos los ojos a lo inevitable. Muchos participan ju
bilosos en el proceso de contención de nuestra vita
lidad a través de los program as de control de la
natalidad; en su m ente colonizada ya no hay lugar
siquiera para m ás seres hum anos y prefieren su
prim irlos antes que prohijar una redistribución equi
tativa de las riquezas.
Un pueblo se constituye al singularizarse y afirmarse
frente a otros; y el que adquiera luego dimensión his
tórica depende de su justificada pretensión de "ser
más”. . .®
» Castro, La realidad histórica de España, p. 28.
CAPÍTULO VII
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS DE LA LUCHA DE
CLASES: DE LA DISCRIMINACIÓN RACIAL
INSTITUCIONAL A SU MIXTIFICACIÓN;
EL INDIGENISMO
JEAN-LOUP HERBERT
El indigenismo constituye la ideología, desde el
punto de vista propiam ente m arxista, específica de
la clase dom inante en un país de estructura colo
nial; visto como teoría antropológica o como polí
tica oficial no supera el antagonismo social, sino
que más bien lo encubre con mixtificaciones que
perm iten la consolidación de esa dom inación; es
entonces una teoría que expresa falsamente la reali
dad social para m antener una dominación y que refle
ja una fase particular de la dialéctica colonial, en la
que el colonizador ha perdido su buena conciencia
social que le perm itía ser racista o paternalista abier
tamente, por le que tiene que elaborar una metafísica
hum anista aparentem ente igualitaria y generosa de
la que está cuidadosamente eliminada la posición
objetiva, política y económica del antagonismo; en
esa fase de la relación colonial, el colonizado ya no
cree que el amo pueda liberar al esclavo y empieza
a vislum brar que su historia está en sus propias
manos, sin la ayuda o protección de nadie.
Ha sido dem ostrada la alta correlación existente
e n tre :
[ 122 ]
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 123
M IN IF U N D IO LATIFUNDIO
Asalariado (en for Patrono
ma mixta)
Ausencia de capi A cu m u lació n de
tal capital
INDÍGENA' P ro d u c c ió n de LADINO< Producción de ex
subsistencia portación
Trabajo manual T ra b a jo no-m a
nual
Campo Ciudad
Tierras altas Tierras bajas
Sin poder Con poder
Estas correlaciones sim étricam ente inversas ex
presan las relaciones objetivas de un antagonismo
de clases. Reafirmamos la advertencia: el hecho de
que todos los medios de producción estén monopo-
Iizados por el ladino no quiere decir de ninguna
—.añera que todos los ladinos tengan acceso a estos
m edios; de la misma m anera, el hecho de que la ciu
dad-centro de poder esté en manos del ladino no
significa que todos los ladinos vivan en la ciudad;
-escribimos aquí las contradicciones dominantes y
i r term inantes, lo que perm ite después poner en su
lugar las contradicciones particulares y secunda
os. Esta lucha de clase local es la proyección
ce una lucha de clases internacional que caracteriza
la relación colonial (o de dependencia). Esto le va
a dar ciertas particularidades: en prim er lugar su
II atenido racial. Ladino e "indígena” no son cualida
des que se puedan tom ar o dejar, según un volun
tarism o individual, sino son el riguroso producto
de situaciones sociales que tienen sus leyes objeti
vas y su dimensión histórica.
De ahí que la metodología antropológica que quie
re definir estadística, individual y estáticam ente lo
^dino y lo "indígena”, no es aplicable al objeto de
estudio.' De la misma m anera es un contrasentido
De ahí los problemas insolubles que inmovilizaron la
--.vestigación durante mucho tiempo sobre la definición del
124 JEAN-LOUP HERBERT
metodológico querer definir estas dos categorías por
rasgos culturales (individuales o “integrados” ) exclu
yendo las relaciones entre los distintos niveles de la
realidad social. El sofisma según el cual no hay discri
minación racial, sino cultural, proviene de este grave
e rro r'd e metodología (que desde luego sirve a una
posición de clases). El hecho de que los biólogos
o antropólogos estén incapacitados para dar una de
finición de raza, no quita nada a la realidad social
de este concepto. La lógica psicológica del razona
m iento biologista se podría analizar en la siguiente
form a: "No queremos que las diferencias raciales
existan, por lo que construim os una definición de
raza que sirva de base a una dem ostración de la in
existencia de esas diferencias” (erro r que por cierto
necesita una explicación por un psicoanálisis del
conocimiento objetivo necesario al racionalism o pro
gresivo que defendía G. Bachelard). Como cual
quier concepto, la raza es un producto social e his
tóricam ente determ inado, al que los antropólogos
han querido reducir a una realidad estrictam ente
indio y de lo indio. Estas discusiones pasaban por alto los
principios elem entales de la ciencia social, según los cuales la
sociedad tiene una existencia objetiva, colectiva e irreduc
tible a características individuales (Marx, Durkheim). La
eliminación del problema no ha resuelto nada; al contrario,
propició una regresión cuyo producto, particularmente ab
surdo, es el concepto de "no indígena”. Si la sociedad es
una estructura, obviamente es imposible definir aislada
m ente "lo indio” fuera de sus relaciones con el ladino y
recíprocamente. La definición del ladino y del mestizo sigue
siendo un tabú de la ciencia social latinoamericana (al me
nos que sea sintomático el hecho de haber definido al ladino
por una negación; sintomática también la actitud de Richard
N. Adams, quien al escribir un libro sobre la "cultura ladina”
se refiere casi siempre al "indígena” ; hace excepción a esta
actitud A. D. Marroquín en Panchim alco).
Nunca un censo estadístico podrá medir correctamente
la cantidad correspondiente a cada grupo, ya que los crite
rios usados para distinguirlos reflejan posiciones ideológicas,
muchas veces discriminadoras. Además los criterios que per
m iten a cada quien definirse están sumamente supeditados
a la estructura social; la nomenclatura de castas (siglo xvin),
el liberalismo agresivo del siglo xix y la buena voluntad indi
genista del xx son tres sistem as de valores distintos que
cristalizan en identificaciones distintas los grupos que corres
ponden a estructuras globales disímiles.
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 125
biológica o cultural (materialismo vulgar y su recí
proco el idealismo abstracto), error metodológico,
muy común, de reducción abstracta.
Es obvio que tanto el ladino como el "indígena"
perciben mutuamente como de sangre distinta,
aun cuando los prim eros los sistematizan en teorías
absurdas y los segundos lo aceptan para preser-
ar una identidad común, en parte mistificada. La
demostración a contrario sensu existe tam bién; la
ieología del mestizaje queda envuelta dentro de
a lógica racista. De la misma m anera que ser
blanco o negro no califica de ninguna m anera la
conciencia de un hom bre, tampoco el hecho de ser
el producto de un cruce entre dos razas —en sí—
no implica nada en cuanto al grado de conciencia
social, como lo dem uestra el caso mexicano, que
mantiene ideológicamente la exaltación del mestiza-
je, lo que desde luego produce ciertos efectos se
cundarios, al mismo tiem po que un colonialismo
interno tan sistemático que tiene toda la realidad
de una discriminación común y corriente. En Gua
temala, como veremos más adelante, hubo discrimi
nación racial oficial e institucional en tiempo colo
nial; aunque la legislación actual contiene rasgos
discriminatorios no es lo más im portante, ya que
después de cuatro siglos y medio tanto la estruc
tura económica y social como la conciencia colectiva
aseguran la perm anencia de la discriminación sin
necesitar una ayuda institucional; cuando la endo-
gamia y la barrera económica funcionan casi perfec
tam ente no se necesitan leyes ni expresiones abier
tam ente racistas. Lo cual no significa, desde luego,
la ausencia de discriminación, sino más bien su
total establecimiento. Los pocos que han logrado
conseguir los medios socioeconómicos saben dolo-
rosam ente lo que cuesta pasar esta b arrera "invisi
ble". El sin núm ero de actos que se cometen para
anularla —en general sin posibilidad de éxito—
demuestra, por lo contrario, su existencia (el hecho
de que muchos "indígenas” hayan conseguido una
posición económica m ejor al promedio y que sien
tan el deseo, a veces irreprensible, de bo rrar su
126 JEAN-LOUP HERBERT
identidad social borrando su apellido individual
constituye una ilustración de las más terribles de
esta discrim inación). El racismo como producto
social es eminentem ente variable en sus formas y
contenido, y depende de la estructura social que
lo détermina': "el racismo vulgar en su form a bio
lógica corresponde al período de explotación bru
t a l . .. la perfección de los medios de producción
provoca fatalm ente el camuflaje de las técnicas
de explotación del hom bre y por consiguiente de
las formas de rac ism o ... [en ciertos casos] el rigor
del sistema vuelve superflua la afirmación cotidiana
de una superioridad” [Frantz Fanón].
En América Latina en general, y más particular
m ente en Guatemala, la discusión alrededor de la
discriminación racial está rodeada por la m ala con
ciencia y muchas veces am parada por el miedo al
tabú; tra ta r del tem a con objetividad constituye
para muchos una insolencia; sin embargo, para
nosotros estas reacciones dem uestran que alcanza
mos el nivel más oscuro y profundo de la formación
de la identidad guatem alteca; oscuridad que en
muchos aspectos entorpece la toma de conciencia
colectiva, decisiva para una verdadera nacionali
dad. Podríamos acum ular referencias para ilustrar
esta conducta ambigua, contradictoria, que en tér
minos más propios indican una típica "falsa con
ciencia” [S artre]. Nos limitamos a mencionar algu
nos ejem plos:
Los ladinos tienden a considerar a los indígenas en una
posición socioeconómica in fe rio r y en realidad como
s e r e s in fe rio re s. Sin embargo esta actitud tiende a es
tar basada en diferencias c u ltu ra le s y no en caracterís
ticas raciales o in n a t a s ... Por fortuna hay un aspecto
de las relaciones étnicas en Guatemala que da esp e
ra n za ; se trata de la falta de prejuicio racial entre
indios y ladinos basado en el pigmento de la piel o en
cualquier otra característica físic a o b io ló g ica [Nathan
L. WhettenL
Sostengo también que existe algún prejuicio basado en
características físicas y biológicas... es parte de la
ideología guatemalteca pensar que aquí no hay prejui-
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 127
¿ o s ra c ia le s en e l p a í s . . . a lg u n o s g u a te m a lte c o s afir-
—¿r. en privado que e s u n a lá s tim a que lo s in d io s n o
c a y a n sid o barridos o in u n d a d o s p or u n a lu v ió n de inm i-
z ra ctes eu rop eos [J. B ie sa n z].
\L im p resión es que en G u atem ala n o e x is te e n fo rm a
rereralizad a u n a actitud mental d iscrim in a to ria h a cia
í. in d íg e n a .. . al in d íg en a se le co n sid era , d iscrim in án -
iz'.o o sin d iscrim in arlo , c o m o u n in d iv id u o so c ia l y
s e : n im ic a m e n te débil, cu ya cultura es inferior... P or
sera parte creo qu e ex iste n a lg u n a s a c titu d es d iscrim i
n atorias, in d iv id u a les y de grupo, que p u d ieran inducir-
r o s al error d e p en sar que e x is te u n a d iscrim in a ció n
racial de m a y o res p rop orcion es [D a v id V e la ].
E stam os d ivid id os solamente por cultura... e x iste n d os
: ; s e s d esd e un p u n to de v is ta cu ltu ra l, so c ia l y eqonó-
~ c o si se q uiere porque lo s g u a te m a lte c o s n u n ca n o s
d istin g u im o s por e l color d e la p iel [J. d e D io s R o sa le s ].
Hn realid ad se id e n tific a al in d io co n lo s o fic io s v ile s
7 con el m á s bajo nivel de c u ltu ra y de v i d a . . . se c to re s
3 e la c la se m ed ia —fo rm a d a p red o m in a n te m en te por
m estizo s— y la c la s e a lta c a si e n su to ta lid a d , lo d is
e m i n a n por su "raza”, au nque se a a d in era d o y p o sea
buen grad o d e e d u c a c ió n ... lo m ism o d e la fu sió n bio-
ijg ic a que de la cu ltu ra e lim in a m o s la palabra "raza”
rara ev ita r co n fu sio n e s y p o r c a recer d e sig n ific a d o
con creto (m e z c la d o s eran lo s esp a ñ o les y m e zcla d o s
eran lo s a b o ríg en es) [M o n te fo r te T o led o ].
In áígen a y la d in o n o d en o ta n p rim o rd ia lm en te grupos
'zciales [s in o ] grupos socioculturales e n lo s cu a le s se
encuen tran a lg u n o s p a ra lelo s históricos co n lo racial.
B á sica m en te la s d iferen cia s e n tre lo s grupos so n so c ia
les y cu ltu r a le s; sin em bargo, a u n q u e n o n ecesaria-
—ente, pudiera haber tam b ién cie r ta s d iferen cia s raciales
Richard N. A dam s.]
Tal d iscrim in a ció n podría se r racial. E l h e c h o de que
La raza y la cultura in d íg en a h a y a n co n serv a d o u n a lto
ir a d o de a so cia ció n du ran te v a r io s sig lo s tien d e a em -
rañar b a sta n te e ste prob lem a. S in em bargo, preferimos
suponer que es cu ltu ra l y so c ia l [Jo a q u ín N o v a l].
X o s p a r e c ió n e c e s a r io h a c e r e s t a e n u m e r a c ió n d e
c ita s, y a q u e e lla s r e v e la n u n a s e r ie d e c o n tr a d ic c io -
128 JEAN-LOUP HERBERT
íes de un autor a otro e incluso opiniones contra
dictorias em itidas por un mism o au to r; confusión
originada por la unilateralidad de enfoques que no
perm ite captar el fenómeno racial en sus interrela-
ciones dialécticas (es necesario agregar que escogi
mos autores representativos: sea por la alta posición
que ocupan en la ciencia guatemalteca, sea por su
rofesión —periodista, alto funcionario de institu
ciones sociales, etc.— sea por la circunstancia en la
cual fue pronunciada la afirmación —Seminario de
Científicos Sociales, 1956, donde estuvo representa
d a la élite de la ciencia social guatem alteca). Desde
luego, contradicciones tan obvias no pueden ser mo
tivadas por falta de preparación científica, sino más
bien reflejan la problem ática de la conciencia co
lectiva, cuando de enfrentarse a ese fenómeno se
trata.
HISTORIA DE LA DISCRIMINACIÓN RACIAL EN GUATEMALA
Los movimientos de liberación nacional africanos
han perm itido el desarrollo de una explicación so
cial m ucho más racional de los fenómenos racistas
que los planteam ientos de la ciencia social de los
países capitalistas, los que, por su misma posición
discrim inadora, se encuentran en la imposibilidad
histórica de tra ta r el tema, como lo dem uestran cla
ram ente las ambigüedades de la antropología social
y cultural. Balandier, Sartre, Fanón, y sobre todo A.
Memmi han establecido "que un país colonial es un
país racista" [Fanón]. Es fácil com probar que toda
la batería de prejuicios racistas y colonialistas apun
tada en E l retrato del colonizador y del colonizado,
de Memmi, fue elaborada en el siglo xvi en América
Latina (prim er continente colonizado por la Europa
capitalista) y se ha repetido hasta hoy sin muchas
modificaciones en todas las sociedades en las que
el europeo entra en relación colonial con una socie
dad "indígena” (lo que establece la equivalencia entre
' ‘indígena-” y colonizado). La Iglesia los calificó de
"infieles", "idólatras", "paganos" y "politeístas”, y
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 129
lo sigue haciendo. Los adm inistradores españoles
!d s vieron como "anim ales’’, "eran antropófagos,
procuraban el aborto, y se juntaban cam alm ente
con sus m adres, hijas, herm anas y con hom bres
y con b ru to s. . . apenas m erecían el nom bre de seres
humanos" [Juan Ginés de Sepúlveda]. El hacen
dado los califica de "torpes", "haraganes”, "libidi
nosos” ; el paternalista espera que un día estos
bárbaros" se convertirán en "civilizados". "Esta
rente conviene tener cuidado como de niños. . .
Vuestra M ajestad tenga entendido que conviene que
los indios amen a los españoles y a falta de am or los
teman y los estim en a cada uno, como un prínci
pe; y los españoles han de am ar a los indios como
a próxim os. . . Gente tan sin conocimiento que to
talmente hay en ellos senda ni centella de razón,
no tienen más de lo exterior del hom bre" [Cartas
de M arroquín, 1539, cuando estaba empeñado en la
reducción de Indios para darle "policía hum ana”].
Siendo gente tan amiga de la vida liberada los
indios, en lo general, tan astutos en el mal, tan
industriosos para ocultarse a sí y a sus cosas de
los españoles; tan hijos de la m entira, tan venga
tivos, tan re n c o ro s o s...” [Fray F. Vásquez, 1538],
Es digno de observar que estas dos últim as apre
ciaciones hechas por clérigos son posteriores a la
declaración del papa Paulo III, quien, después de
casi medio siglo, reconoció en una bula que "los in
dios son verdaderam ente hom bres”. En 1647 el tra
tadista Dr. Juan Solórzano Pereira seguía: "Todavía
no se puede negar que todos los indios, cuando los
descubrimos, en comparación de los nuestros, eran
bozales, y que se hallaron muchos silvestres, y que
andaban desnudos por los campos, como las bes
tias, sin rastro, ni forma de sociedad, ni policía
humana y se comían unos a o tro s ... [practicaban]
'.a idolatría, la sodomía, el incesto, la embriaguez,
etcétera".
En las citas anteriores se puede com prender el sin
número de términos por medio de los cuales se deli-
~iita exactamente la discriminación racial en Gua
temala, términos que indican claram ente que la
130 JEAN-LOUP HERBERT
discriminación quedó perfectam ente estructurada a
partir de esas fechas hasta nuestra época. Este re
trato se ha universalizado sin modificaciones en
todos los países colonizados.2
2 Con las citas que siguen podemos acabar el retrato del
colonizado form ado por el colonizador, o sea del "indígena”
por el europeo capitalista; podríamos decir que el artista
logró de una vez la perfección, ya que desde el siglo xvi no
hubo necesidad de retocarlo; en las historias de las ideolo
gías políticas no se ha dado un lugar suficiente a la in
fluencia española sobre todas las sociedades colonialistas
(Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos de Amé
rica, en particular) que no inventaron nada en esta materia.
G. Fernández de Oviedo: “Naturalmente vagos y viciosos,
melancólicos, cobardes y en general gentes embusteras y
holgazanas. Sus matrimonios no son un sacramento, sino
un sacrilegio. Son idólatras, libidinosos y sodom itas. Su
principal deseo es comer, beber, adorar ídolos paganos y
cometer obscenidades bestiales. ¿Qué puede esperarse de
una gente cuyos cráneos son tan gruesos y duros que los
españoles tienen que tener cuidado en la lucha de no gol
pearlos en la cabeza para que sus espadas no se emboten?”
J. Ginés de Sepúlveda: " . . . esos hombrecillos en los cua
les apenas encontrarás vestigios de humanidad; que no sólo
no poseen ciencia alguna, sino que ni siquiera conocen las
letras ni conservan ningún monum ento de su h isto ria ...
tampoco tienen leyes escritas, sino instituciones y costum
bres bárbaras... comían carne h u m a n a ... cobardes y tími
d o s ... ánim o servil y abatido de estos bárbaros."
Bartolomé de las Casas: "Obedientes, fidelísim os a sus
señores naturales y a los cristianos a quienes sirven. Son
sum isos, pacientes, pacíficos y virtuosos. Seguramente que
estas gentes serían las más bienaventuradas del mundo si
solam ente conocieran el verdadero Dios".
En fin nos parece necesario agregar una cita actual, sólo
para demostrar que el retrato no ha cambiado:
"Puntos generales para explicar la falta de éxito entre las
cooperativas en el Departamento de Chimaltenango. 1) Falta
de dignidad humana: a) Por falta de dignidad humana el
campesino indígena no tiene confianza en emprender nue
vas oportunidades, que incluye contacto personal con ladi
nos. Ni tiene sentim iento de su propio valor. Entonces no
hay motivación de mejorar su vida económica y social,
b) Falta de dignidad humana los lleva a una forma de
egoísmo perverso como mal dispuesto de compartir una em
presa con nuevos socios, c) Falta de dignidad humana los
lleva a divisiones en las comunidades y competencias inúti
les. 2) Fatalism o: Muchas gentes no creen, no entienden que
el control de muchos aspectos de la vida está en sus propias
manos. Si las plagas matan las cosechas de papas— piensan
que es voluntad de Dios, y no luchan por impedir la per-
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 131
Estas fastidiosas y repetidas enumeraciones de
epítetos se encuentran hoy en día; por ejemplo, la
novela de M onteforte Toledo, Entre la piedra y la
sruz recoge con mucha exactitud una antología:
esos desgraciados, partida de huevones, recua de
haraganes, patojo baboso, son mañosos estos des
graciados, esta gente es peor que los animales, esta
gente no tiene sentimientos, indio cabrón, indio mie
doso ; traen enfermedades y empeoran con la pereza
y la suciedad. Acordate que vos sos n a tu ra l... " , etc.
Podríamos agregar expresiones oídas como "per-
. ersos sexuales”, ‘‘son como perros”, “hay que cas
trarlos”, “para componer este salvajismo, hay que
instruir y lim piar al indio”, "no sirven a Guatemala
r.i de abono”, "son falsos”, "m entirosos”, "siempre
iicen sí”, "Guatemala no se puede desarrollar con
esta maldita raza”, etc. Todo esto dicho un sinnúme
ro de veces, en particular por interm ediarios (capo
rales, adm inistradores de fincas, secretarios de mu
nicipalidades). Cuántos sacerdotes conservan la idea
he que su misión es la de civilizar a esos idólatras o
paganos. Todo esto se podría resum ir en dos obser-
. aciones que las concentran a todas: "Indio”, que
en el lenguaje diario es sinónimo d e : necio, bruto,
tonto, animal (idea de inferioridad), y en su caso
extremo da una idea de insulto soez. “Indito”, utili
zando como idea de ser débil, incapaz, pobre. El
rtvestigador social encontrará fácilmente esta rea
ldad, ya que cotidianam ente escuchará este lenguaje
y observará las actitudes que implica.
En círculos intelectuales y políticos los indios
ion la causa del "atraso” del país, el "lastre" para el
desarrollo. Como lo observa Biesanz y lo hemos
dida de las cosechas o prevenir las mismas. 3) Inform alidad,
el modo de la vida: a) No entienden el valor de la planifi
cación y de la sistem atización, b) Aunque las entienden no les
sirven bien, no pueden llevar a cabo sus planes y sistem as
rcrque son m uy irresponsables, impuntuales; no merecen
confianza y dependencia, c) Aunque ellos mism os sean res
ponsables planifiquen y sistem aticen, no funcionan bien por-
r je en casi toda su cultura falta puntualidad o responsabi
lidad (m anifestaciones de inconformidad entre la sociedad
llamada ladina)." Análisis particular del voluntario del cuer
do de paz Donald K elly.
132 JEAN-LOUP HERBERT
oído varias veces, algunos afirm an en privado que
es una lástim a que los indios no hayan sido barridos
o inundados por un aluvión de inm igrantes euro
peos. M. A. Asturias, en 1923, sostuvo en su tesis de
abogado que la solución al problem a "indígena” era
una "emigración europea masiva para mezclarse
con los indios”. Se llega hasta a hablar de la "cas
tración” como una form a de solucionar el proble
ma, siendo su expresión "científica" más exacta los
planes intensivos de planificación familiar. Podría
llenarse, muy fácilmente, un libro conteniendo este
tipo de observaciones, pero esperamos que lo di
cho sea suficiente para afirm ar que, desde la colonia
hasta la fecha, la expresión espontánea de la con
ciencia social es racista. Todo lo dicho ilustra cabal
m ente la definición que da Memmi del racism o:
El racismo es la valorización, generalizada y definitiva,
de diferencias, reales o imaginarias, en provecho del
acusador y en contra de su víctima, para justificar sus
privilegios o su agresión.
Podemos notar que, aparte de los datos presenta
dos más adelante, todos los indicadores elaborados
por el mismo autor se m anifiestan en la situación
guatem alteca: actitudes racistas: incomprensión, pa-
tem alism o, prejuicios desfavorables, repugnancia
física, miedo y desconfianza, desprecio, hostilidad,
odio; y actos racistas: discriminación en el empleo,
la vivienda, segregación física en ciertos lugares o
tiempos, obstáculo al casamiento mixto, provocacio
nes, burlas, explotación, violencia.
Desde luego, la fuerza de la argum entación no
proviene de ejemplos aislados, sino del conjunto y
de su intensidad. Nos atrevemos a decir que, desde
la colonia hasta la fecha, se han dado sucesiva o si
m ultáneam ente la totalidad de las actitudes y actos
mencionados. Lo cual no nos puede extrañar, ya
que (repetim os) el racismo no es rasgo caractero-
lógico metafísico, sino producto de una estructura
social de explotación, en nuestro caso, colonial; y
si hemos reconocido la explotación española como
una de las más profundas y fanáticas por su parti-
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 133
rilar carga religiosa es lógico y obvio que el racismo
■3 ya alcanzado la misma profundidad en la con
tienda colectiva. El hecho de que se haya deten
i d o varias veces la ausencia de discriminación en
C é r ic a Latina, no nos parece un argum ento de
-■eso: al contrario, estas justificaciones verbales
además muy parciales y estereotipadas) encubren
¿ ‘perfección” de la discriminación económica, so
cial y geográfica que por su perfección misma no
necesita ser reforzada con leyes y argumentaciones.
Cuando, a veces, el sistem a no funciona con toda
perfección, aparece, como lo han notado varios auto
res, otro tipo de barreras más explícitas.
NIVEL GEOGRÁFICO, INSTITUCIONAL Y JURÍDICO DE LA
: ISCRIMINACIÓN RACIAL
La descripción y las evidencias, aunque exactas, no
bastan en un estudio sociológico que tiene que ser
explicativo. Según el estudio de Memmi, el coloni
zado tiene que ser haragán para justificar los bajos
salarios, inferior para justificar la misión de protec
ción, perverso para dar una legitimidad a las arm as,
sin necesidad y prim itivo para que se m antenga el
statu quo. Resulta necesario dem ostrar cómo las
relaciones jurídicas e institucionales, desde la colo
nia hasta la fecha, son discrim inadoras y lógicamen
te no hacen más que reflejar la estructura econó
mica y social ya descrita que, a su vez, sirve de
base al sistema de representaciones descrito. Gua
temala, sociedad colonial, nació y se desarrolló con
rasgos segregacionistas. La estructura lati-minifun-
dista determ ina, de hecho, a escala nacional, una
segregación geográfica; la construcción de las ciu
dades españolas m aterializó la segregación con la
existencia de barrios indios. (La nom enclatura ad
m inistrativa de ciudad, villa, pueblo, consagra hasta
la fecha esta segregación.) La política de reducción,
concentración o deportación, ligada a num erosas
'.imitaciones a la libertad de ir y venir, en particular
para los indios encomendados, tendía al mismo re
134 JEAN-LOUP HERBERT
su ltado; sin embargo, el colonizado opuso una resis
tencia irreductible, como lo dem uestran las nume
rosísimas quejas de los funcionarios (hasta hoy)
contra los indios que están “derram ados y dispersa
dos” en los montes. Varias leyes prohibieron que
un indio de un pueblo fuera a otro, y que en los
pueblos de indios vivieran españoles, negros, m esti
zos y m ulatos; se negó a los "indios” vivir fuera de
sus reducciones.
Durante el prim er siglo de la colonia la explota
ción económica fue respaldada por una segregación
profesional: "La composición de clases de la socie
dad colonial presentó una coincidencia con los gru
pos raciales que la form aban" (Severo M artínez);
"El color de la piel decidía en general de la posi
ción social" (Rosenblat). La pureza de sangre era
un requisito para form ar parte de la m ilicia; para
los cargos públicos y eclesiásticos era indispensa
ble. Ningún sacerdote era indio, y con m ucha difi
cultad mestizo (a pesar de las escuelas que hizo la
Iglesia para indios, fue en lo interno sum am ente dis-
crim inadora). Otros oficios, como notarios, oficia
les de audiencia, y ciertos trabajos artesanales esta
ban vedados al "indio" y a veces tam bién al mestizo
y al m ulato; al contrario, el indio era el único obli
gado al trabajo forzado. El monopolio de las arm as
era cuidadosamente establecido en contra del "in
dio” y del m estizo; así tam bién el ingreso a la
universidad se hacía con un alto control discrimi-
nador.
Tal vez sea útil recordar que jurídicam ente la dis
criminación racial fue consagrada; existían dos sec
tores jurisdiccionales, con dos sistemas de sancio
nes; el español o criollo no podía recibir castigo
corporal. El indígena, además de la condición de
esclavo o encomendado, jurídicam ente era vasallo
libre de la corona, pero su estado real era de per
sona r ú s t ic a o m i s e r a b l e con necesidad de tutela o
protección; existía fundam ento jurídico para qui
tarle la capacidad a la propiedad —discriminación
radical en una sociedad capitalista— y después jus
tificar la "protección” de la Iglesia o de la Corona.
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 135
Podemos afirm ar —y daremos num erosas pruebas—
que esta concepción del "indio", visto como ser
m e n o r , si no inferior, sigue vigente en la actitud
de muchos grupos e inspira las políticas de muchas
instituciones.
El producto necesario de la segregación econó
mica, social y jurídica es la segregación sexual; en
1512 se acepta la introducción en América de m uje
res esclavas blancas, para evitar casamientos con
"indias” que son "gente tan apartada de razón”. Si
bien en 1514 se reconoció el derecho de unión mix
ta, se debe notar que fue más que todo para m ora
lizar y estabilizar la situación de las uniones de
hecho; además, este derecho únicam ente acepta la
unión del varón español con la m ujer natural, pero
nunca a la inversa, rasgo característico de una si
tuación colonial de dominación en la relación sexual.
"La iglesia española legitimó diversas uniones de
hecho mixtas pero no las fom entó” ; “muchos de es
tos mestizos fueron a veces el resultado de rapto,
estupro, y de la esclavitud de m ujeres indígenas”
[H. H. Samoyoa G uevara]; la consecuencia de esa
ilegitimidad fue un tratam iento discrim inatorio apli
cado tam bién al mestizo, cuya posición social se
encontraba presionada por los dos grupos, que po
dría ser la raíz de la inestabilidad del ladino.
El empobrecimiento provocado por la crisis eco
nómica del siglo x v i i i agudiza la lucha social, refor
zando la discriminación rac ial; en este siglo se cris
taliza la "pigm entocracia" [Lipschütz], o sea, que
a toda la escala de funciones sociales corresponde
un espectro de colores raciales. Culminó esta m en
talidad con el establecimiento de las num erosísimas
nom enclaturas de casta; estableciéndose una escala
que va de 16 a 64 castas, basadas en sutiles y
absurdos cálculos seudoestadísticos sobre el porcen
taje de composición de sangre de cada uno (juego
de familia que sigue vigente en la actualidad, como
lo dem uestran ciertos estudios sobre el linaje del
presidente Carrera, que según “estudio" de Manuel
Cobos Batres, publicado en un gran periódico en
1951, estaba compuesto de un 10.5 % de “indio”,
136 JEAN-LOUP HERBERT
un 17.5% de negro y [afortunadam ente! según el
autor] un 72 % de e sp añ o l...) . Se sabe tam bién que
la Audiencia certificaba la “pureza o limpieza de
sangre” ; que se podía com prar la sentencia de "que
se tenga por blanco” a pesar de muchos rum ores
sobre casta "vil e infam e” ; de la misma m anera se
flexibilizaba la pigmentocracia por las “gracias al
sacar" que perm itían pasar legalmente de una casta
a otra. Todas estas norm as dem uestran que, al con
trario de lo que la ideología oficial afirma, la colo
nia española llevó la discriminación a un grado de
formalismo tal vez sin comparación en el m undo;
sin embargo, desde luego, es necesario m antener las
diferencias entre los niveles de la realidad social y
observar que, como en muchos otros aspectos del
form alismo español, la realidad contradice propor
cionalmente la exagerada retórica legal; pero no se
pueden negar tampoco las profundas distorsiones
mentales o psicológicas provocadas por esta hiper-
sensibilidad al problem a racial, que tenía al español
fanatizado por su lucha contra los judíos y los ára
bes en la Península. Siendo tan fuerte el prejuicio
cultural, aun cuando esta alta correlación entre la
escala económica y el color de la piel no era absoluta,
existía la conciencia bastante generalizada, aun en
tre los blancos pobres, de su pureza de sangre: "un
blanco, aunque m onte descalzo a caballo, se imagina
ser la nobleza del p a ís. . . Acá todos los españoles,
hasta el más vil y desventurado, quieren ser señores
y vivir por sí, y no servir a nadie, sino ser servidos”
[Hum boldt, en R osenblat]; actitud observable con
facilidad en el oriente del país en nuestros días.
Está por demás m encionar que toda esta construc
ción de una sociedad segregacionista se reflejaba jsn
todos los aspectos de la vida cultural, simbólica y
emocional. El lenguaje, los dichos, hasta la indu
m entaria reflejaba la segregación: "ningún indio sin
licencia puede andar vestido de paño ni al uso espa
ñol, ni tener e s p a d a ... ni andar a caballo, n i ...
n i . . . ” [Ordenanzas de 1625 para los indios de la
V erapaz]; no es inútil subrayar que, después de ha
ber establecido la segregación vestim entaria, en el
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 137
siglo xix el gran esfuerzo de los liberales será el de
quitar el traje "indígena"; form a de agresividad legi-
timizada por los antropólogos que hicieron del traje
un criterio de la "ladinízación”. Establecer una ba
rrera para después pedir al "indígena” que la des
truya, es, en pocas palabras, como lo veremos más
adelante, toda la lógica del indigenismo. La agresi
vidad cultural y religiosa del español, que se creía
portador de la civilización, es conocida: destrucción
sistemática de libros, todo testim onio que pudiera
recordar el pasado (edificios, esculturas, élites inte
lectuales, etc.); destrucción de los bailes, altares,
idioma, artesanía, expresiones artísticas, fanatism o
religioso contra el ritual am ericano; una empresa
de aniquilam iento cultural como ha habido pocas
en la historia y que aún presenciamos a la fecha, en
nom bre de la "civilización cristiana” encargada de
"pacificar estas regiones instigadas por el demonio”,
como lo decía un fraile al salir a la conquista de la
Verapaz.
Hoy en día, la segregación de tipo espacial, pro
fesional y jurídica aparentem ente ha disminuido
—ya que existe de hecho, por la división del trabajo
y el funcionamiento de la explotación económica—,
pero aún se refleja en las escuelas, las fiestas, las
herm andades, en ciertos grupos religiosos y depor
tivos, en instituciones adm inistrativas, municipales
y m ilitares. Esas segregaciones, sin ser instituciona
lizadas, son muy efectivas y son percibidas aguda
mente por el "indígena”. El estudio de P. Van Den
Berghe y B. N. Colby (sobre Chiapas, pero aplicable
a los altos de Guatemala) dem uestra que los dos
grupos se perciben claram ente diferentes; al respec
to encontram os en la novela Entre la piedra y la
cruz, de M onteforte Toledo, cómo se ve el "indígena”
en su posición de discrim inado: "Los naturales de
ben tra b a ja r siempre, vivos y m uertos, yo no sé por
qué, pero así es. Sólo los ladinos pueden vivir sin
tra b a ja r ... ese todo para el indio era esa inquietud
sin form a, el complejo sentir del campesino expolia
do desde siglos, el conjunto de dudas que provocaba
el m undo de los blancos y el odio, sobre todo, el
138 JEAN-LOUP HERBERT
o d io ... el miedo congénito, el miedo que ponía am ar
ga la boca y daba tem b lo res... ¿por qué no cantan
nunca? ¿Por qué no tienen voz?; agobiados por el
calor, minados por el aguardiente y el odio”, frases
asfixiantes nacidas durante la cosecha de café pero
que tienen su eco, tam bién en las tierras fría s : "nos
otros somos de raza pura", "desde cuatro siglos y
medio que nuestra raza está calum niada”, “tal vez
porque somos naturales no nos consideran".
La patología de la nom enclatura de las castas se
ha derrum bado, tanto por la proletarización del “in
dio” como por la del ladino; sin embargo, funda
m entalm ente la endogamia sigue con el acuerdo
tácito de los dos grupos; se observa apenas el 7 %
de casamientos mixtos en el microcosmos de Gua
tem ala que es Quezaltenango, sucede casi siempre
de m anera unilateral y es duram ente reprobada por
las familias. "Yacer con m ujeres blancas no era
parte de las mem orias biológicas de su linaje; desde
hacía cuatrocientos años, sólo las m ujeres indias
pertenecían a los blancos y eso había creado una
sumisión telúrica, una especie de acatam iento a la
fuerza secreta que estaba form ando la nacionalidad
guatem alteca” [M onteforte Toledo, Idem ]. Sólo un
novelista podía alcanzar niveles tan profundos del
ser colectivo y complejo, vislum brando la m anera
en que el racismo se incorporó a la nacionalidad.
Esperam os que podamos ser entendidos: la raza
no existe en sí y por sí, m etafísicamente, sub especie
etem itates ni biológicamente (sería lo m ism o); pero
sí existe un hecho histórico y social que repercute
en las actitudes, actos, emociones y representaciones
hasta involucrar el sexo; de allí su carácter "irracio
nal” para los que quieren reducir el ser social a un
solo nivel —sea exclusivamente cultural, económico
o biológico—. La raza se encuentra en la encrucijada
de este gigantesco fenómeno histórico que fue la ex
presión del capitalismo europeo a nivel universal; el
ser real de este concepto lo constituye el sinfín
de interrelaciones existentes, entre el sexo y los sím
bolos, la naturaleza y las relaciones sociales, la de
mografía y la economía, el fanatism o religioso y la
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 139
tuerza m ilitar, y es un reto a la racionalidad pero
de ninguna manera “irracionalidad".
Partimos de la conquista m ilitar y la explotación
económica, pasam os por la mediación de las clases
sociales y de la configuración ecológica, llegamos
hasta lo sexual: este largo y pesado camino nos pa
rece indispensable para evitar caer en una sistema
tización cómoda, o en un respeto al tabú racial, in-
i ¿misible para un científico social, sobre todo cuando
investiga Guatem ala; el racism o está inscrito en el
sistema colonial: la plusvalía se extrae para la me
trópoli y tiene que surgir a costa de la explotación
violenta del "indígena"; la explotación colonial es
un estado de fuerza para m antener un privilegio
basado en la expropiación y el desprecio.
ESTUDIO CRÍTICO DE LAS IDEOLOGÍAS DOMINANTES
Esta descripción demasiado breve o insoportable
mente larga, según quien la lea, de este ser social
racista, nos da la base necesaria para entender en
qué medida las ideologías indigenistas —mestizaje,
aculturación, ladinización, integración— son .mixtifi
caciones para encubrir la realidad de este ser social.
La misión civilizadora y el racismo del colonizador
son insuficientes para justificar a sus propios ojos
su violencia, que necesita ser eludida m ediante sis
temas de representaciones más elaboradas, las cua
les movilizarán todas las instituciones encargadas de
la distribución de la cultura (educación, historia, en
-articular), los medios de comunicación y hasta las
ciencias sociales que van a sistem atizar estas ideo
logías. La característica de todas consiste en eliminar
la posición objetiva: económica y política; diluir la
historia en un evolucionismo prim itivo y negar la dia
léctica, es decir, la potencia de lo negativo.
EL M ESTIZAJE
El m estizaje parte de la suposición de que el proble
ma está resuelto o en vías de resolución, confundien
do los niveles biológicos, sociales y culturales. El
140 JEAN-LOUP HERBERT
mestizo es la vértebra que articula dos mundos.
En él se com penetran dos pensam ientos distintos:
"encarna el futuro de Am érica"; aunque Cardoza y
Aragón haga esta proclamación, con cierta duda, no
nos deja de sorprender, ya que pocas páginas des
pués describe, como nadie lo ha hecho, la gran
d e c u l t u r a c ió n que sufre Guatemala por esa compe
netración forzada.
El mestizo, pequeñoburgués, se ha inventado una
manera pequeñoburguesa de resolver la dialéctica,
es decir, muy cómoda: la mezcla de dos elemen
tos provoca una unidad superior. Esta lógica de
químico no es la de la historia; según Hegel: la
dialéctica es tam bién el ser para la m uerte. ¿Cuán
to se ha visto a un "indígena” soñar con ser mes
tizo? Ni hablar de ese historiador que discurría
tajantem ente sobre la "fecunda unión o simbiosis" y
sobre la "feliz hibridación de dos culturas", en una
homilía sobre Santiago, "Patrón de España y Améri
ca” ; o ese otro hom bre de letras que preguntaba:
"nadie puede saber el porcentaje de m ente indígena
y m ente occidental que tiene cada guatemalteco, tan
fuerte es la mezcla”, y, al no poder encontrar la
respuesta a su interrogante, concluía "que todos los
guatemaltecos son iguales", hablando algunos mo
m entos después, con gran sentido paternalista de
"nuestros indígenas". La fuerza de esta ilusión es tal
que hasta grandes escritores son víctimas de esta
ideología: "Los hom bres que cuentan en nuestra
tierra americana, desde hace cuatro siglos, son los
mestizos" [M. Á. Asturias], o llegar a esta autosobre-
valoración de M onteforte Toledo: "El complejo mes
tizo-clase media ha provocado e impulsado todos los
cambios progresistas. . . él es el que form a y conso
lida la conciencia de la nacionalidad... es la ideo
logía del mestizo así evolucionado y estabilizado
dentro de la sociedad la que está adquiriendo cons
tantem ente el sector indio a través de la acultura-
ción”. Ya analizamos cómo la confusión de los ni
veles podía hacer caer el concepto de m estizaje en la
lógica ra c is ta ; ¿este acto de buena conducta dado
al mestizo rector de la nacionalidad entraña esta con-
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 141
rasión? ¿Con qué derecho el mestizo se puede de
clarar la pauta de lo nacional, sobre todo cuando
su origen histórico denota al contrario una carencia
¿e identidad? Aceptar la disolución de lo “indio" en
lo “mestizo", ¿no sería reconocer im plícitam ente la
superioridad de un fantasm a? En fin, confundir
el concepto de mestizo con el de clase m edia de
m uestra el m antenim iento de la pigmentocracia, pero
también es notorio que toda la historia de Guate
mala, desde la independencia, registra el fracaso de
esta clase m edia (pequeña burguesía), que culmina
en 1954, definitivamente. [Jaim e Díaz "Rozzoto, El
:caso de la revolución burguesa democrática en Gua
temala].
A nivel cultural el mestizaje no tiene sentido; los
españoles venidos a América no eran lo m ejor de la
cultura castellana: incultos —en su mayoría—, fa
náticos, retóricos, form alistas, tal como lo demues
tran la literatura y el arte colonial; la raíz cultural
autóctona ha sido violentam ente atacada y sigue sien-
do víctima de la agresión racista; el choque de estos
¿os componentes produce hasta la fecha una nega
ción recíproca; si se quiere hablar de cultura activa
—en plan de conquista—, a la cual está enajenada
la burguesía cosmopolita, será la del capitalismo
norteamericano, que sustituyó a la enajenación fran
cesa del siglo xix. Todo eso perm ite dudar mucho
áe la existencia de la fuerza creadora del "mestizo-
pequeñoburgués ”.
En fin, no está dem ostrado teóricam ente que la
conjugación de dos culturas, si es posible y lo duda
mos, sea fecunda. Una cultura no es un ser metafí-
;lco, vive del vigor de las fuerzas sociales que la
producen.
La idea del m estizaje cultural se basa en las apa-
nencias del m estizaje biológico; pero reducir una
saciedad al nivel biológico es más absurdo que cual
quier otra reducción, a pesar de ser frecuente, como
1c vemos en México, que construyó la ideología del
mestizaje con base en razonamientos biológicos, den
tro de una lógica racista; pero de la unión de dos
■tazas iguales, no forzosamente tiene que salir una
142 JEAN-LOUP HERBERT
superior. En el caso de Guatemala esta ideología se
desarrolla con m ucha dificultad por falta de base
re a l: ya lo vimos, la ley es la endogamia y la excep
ción el mestizaje (nacido de la relación violenta, uni
lateral e ilegítim a); si durante la colonia algunos
interm ediarios (caciques, comerciantes, alcaldes, ar
tesanos) lograron franquear la barrera racial e ini
ciar un germen de m estizaje social, debemos aceptar
que el grueso del mestizaje se origina en un movi
m iento de proletarización, acelerado conforme se ha
agudizado el capitalismo del subdesarrollo; desde
los obrajes de añil y las haciendas de ganado hasta
llegar a las fincas de café y de algodón, el "indígena"
ha sido desarraigado de su tierra, de su historia, de
su herencia fam iliar y su tradición, volviéndose un
desheredado, abandonado [E. Wolf], un hijo de nada
[Octavio Paz], condición poco favorable para llevar
adelante una identidad nacional.
Podemos concluir que culturalm ente insostenible,
biológicamente limitada, social e históricam ente de
poca base, la ideología del m estizaje únicam ente per
m ite a la m inoría pequeñoburguesa justificar su
posición social de interm ediaria y olvidarse de la ver
dadera contradicción social, para m antener su opor
tunism o político e individualismo económico. Aún
más, podemos decir que su resorte es racista, elimi
nando toda la identidad problem ática del “indígena”
como ser colonizado.
LA ACULTURACIÓN 3
Así como el m estizaje tiende a una reducción a lo
biológico, el concepto de aculturación orienta uni
lateralm ente lo cultural. Desde su origen, la antro
pología no ha podido superar las limitaciones anali
zadas por Balandier —las que no es necesario repetir
aquí—, aunque se han hecho esfuerzos por superar-
s Queremos dejar constancia de la deuda que contraímos
para con H. Flores A., al escribir este subcapítulo y los dos
Siguientes, ya que él presentó la primera crítica sistem ática
y radical de los conceptos que ahora analizamos, en su En
sayo critico de la estructura social guatem alteca.
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 143
las, tal es el caso de Aguirre Beltrán, el m ejor exposi
tor de esa tendencia. Etimológicamente, el concepto
sufre de un doble defecto: 1] estar compuesto por la
palabra "cultura", cuya definición científica nunca
ha sido encontrada,4 pues es obvio que la definición
científica” más aceptada no tiene ninguna utilidad,
por ser demasiado extensa y descansar sobre una
dualidad filosófica (m ateria-espíritu) positivista, ca
duca actualm ente. La confusión crece cuando se ha
bla de un conjunto integrado de rasgos o de un com
plejo funcional y hasta de un engranaje, m etáforas
groseramente funcionalistas o mecanicistas que a
priori suponen la unidad de la cultura; m anera de
valorizar —falazmente— lo que tal vez se encuentra
en un proceso de desintegración, de agonía o de esen
cial contradicción, olvidando en todo su sistem a de
pensamiento la potencia del negativo. 2] La prepo
sición ac da lugar a malentendidos, como lo demues
tran las sutiles explicaciones de Aguirre Beltrán, que
no logran desbaratar la observación de Malinowski
según la cual esa ac tiene resonancia de ad ( quem );
en un contexto de discriminación y de etnocentris-
mo de un país colonial, esta contam inación es obli
gada, aunque el científico no lo quiera; en el caso
de Guatemala eso conduce a una confusión entre ac
\ ab.¡ Esas áridas discusiones gramaticales reflejan,
en su nivel, estereotipos, prejuicios y confusiones
interesadas. No se podría explicar la acogida de este
concepto entre los no especialistas, si no perm itiera
esas am bigüedades; aun los que lo m anejan con pre
caución son víctimas de la connotación confusa de
este concepto, que tiende a ser el equivalente mo
derno de la "necesidad" de civilizar, instruir, educar,
elevar al "indígena", promovida por los indigenistas
coloniales; por ejemplo, sorprende que el mismo
Aguirre B eltrán pueda calificar de "agentes de acul-
roración" a los adm inistradores de los encomende-
* Por nuestra parte, las pocas veces que usam os el concep
to de cultura lo tomamos en su sentido histórico, que es
también el que se le da .comúnmente, a saber, cultura quiere
ísc ir educación o ilustración, también producción de ideas
y creaciones artísticas (nivel estrictam ente superestructural).
Para nosotros, cultura significa una idea literalm ente amorfa.
'ah = sepa ración, ablación ;a c = contacto, aglutinar ,ad = hacia.
144 JEAN-LOUP HERBERT
ros, los suboficiales, los curas párrocos y los co
m erciantes, cuando obviamente eran todos agentes
de destrucción de cultura.
El mismo autor tiene dudas sobre la fecundidad
del concepto, cuando escribe: "El nacimiento de nue
vas lenguas, como resultado del proceso de acultura-
ción, tom a lugar en el plan estructural de u n o de
los idiomas en contacto y no sobre la total reinter
pretación de la estructura de am bos”. Prueba que,
como en el caso del idioma, hay imposibilidad de
contacto entre dos estructuras cristalizadas, nos pre
guntamos si no será lo mismo para todos los niveles
de la realidad social sólidamente estructurados. Sin
embargo, para nosotros, el mayor sofisma del concep
to analizado radica en el hecho de que quiera expli
car la creación de una obra cultural con una lógica
m ecanicista que obedece a leyes de proximidad, su
perposición, intercam biabilidad —propias de una
geometría en tres dimensiones— que no tiene nada
que ver con las leyes específicas de la creatividad
colectiva.
Para tra ta r de superar estas limitaciones se ha
sustituido la noción de contacto por la de conflicto;
eso constituiría un adelanto, si no cayera al mismo
tiem po en la interpretación pequeñoburguesa de la
dialéctica —tesis, antítesis, síntesis—, sobreentendi
do que la síntesis constituye la resolución milagro
sa de los térm inos contradictorios, "hasta la total
identificación”.
Pero en la dialéctica hegeliana lo negativo define
el fundam ento y la posibilidad del ser y en la histo
ria la potencia del negativo se llama la m uerte, la
violencia, el crim en; por eso Marx vaciló para deter
m inar si la lucha de clases term inaba en la destruc
ción de las dos en pugna o la victoria de una de
las dos, pero nunca concibió la posibilidad de un
punto medio que sería la pequeñoburguesía. En el
antagonismo "indio"-ladino, el justo medio, mila
groso, se llama mestizo. "La pugna entre cultura
europea colonial e indígena hizo posible la emergen
cia de una cultura nueva, la cultura m estiza o mexi
cana. .. la clase media emergente originada por el
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 145
cruzamiento de los tres troncos ra c ia le s.. . fue con
siderada como el instrum ento unificador de la hete
rogeneidad n acio n al... el afianzamiento y conso
lidación de la cultura resultante entre América y
Europa, esto es, de la cultura mestiza llamada en
Perú criolla, en Centroamérica, ladina” [Aguirre Bel-
trán]. Así, por sus mismas presuposiciones, la acul
turación desemboca lógicamente en las contradic
ciones de la ideología del mestizaje, ya estudiada, y
de la ladinización que veremos seguidam ente; ade
más el complemento de la demostración es la idea
del continuum, idea antidialéctica que elimina la
ruptura, la inversión y el salto cualitativo.
En fin, nos podríam os plantear las preguntas si
guientes: ¿Cuáles son esas dos culturas destinadas
a una fusión arm ónica? ¿La tradición "indígena"
agonizante por la dominación colonial? ¿La cultura
europea trasplantada a América y huérfana de su
m adre? ¿Qué podemos esperar de tal m ixtura?
"El mexicano no quiere ser ‘indio’ ni español. Tam
poco quiere descender de ellos, se vuelve hijo de
nada, él empieza en sí mism o” [Octavio Paz], [Link]-
tando esa afirmación al grupo dominante, nos parece
describir con profundidad lo que se quiere evadir
con el concepto de aculturación.
En Guatemala, donde la realidad es demasiado
contraria a la supuesta aculturación, la aplicación
del concepto conduce a grandes equivocaciones. Las
fincas, los repartim ientos, las misiones son inter
pretadas por M onteforte Toledo como instrum entos
de aculturación y al mismo tiempo causa de la po
breza, de la dictadura, de la destrucción cultural y
de la ignorancia. El mismo autor, con cierto grado de
masoquismo, concluye: "No obstante, los españoles
introdujeron en el Nuevo Mundo una verdadera re
volución, que obró como factor de aculturación. La
rueda, los vehículos, los animales de tracción y car
ga, el arado, la irrigación y el a b o n o ... disminuye
ron las diferencias entre los dos grupos étnicos y
estim ularon la fusión que culminó en la cultura que
hoy llamamos ladina". En el extremo, observamos
que el concepto de aculturación invierte toda la his-
146 JEAN-LOUP HERBERT
to n a de Guatemala, perm itiendo, contra toda lógica,
justificar la dominación de una m inoría sobre la ma
yoría.
LA LADINIZACIÓN
"Suprim ir el ladino es suprim ir el guatemalteco",
palabras de un historiador que expresan con cru
deza lo que los defensores de la ladinización nunca
se atrevieron a decir claram ente. La ladinización
como teoría y política descansa en el razonamiento
racista que denunciaba Fanón: el racismo consiste
"en decretar unilateralm ente el valor norm ativo de
ciertas culturas"; ya vimos que sem ejante era la
in t e n c ió n d el " m e s t iz a j e ” ; p u e d e r e s u lta r m á s f a c t i
b le d e fe n d e r u n a s u p u e s ta c u ltu r a la d in a . "La la d in i
z a c ió n e s p r o c e s o m e d ia n te e l c u a l u n in d io s e c o n
v ie r t e e n h is p a n o a m e r ic a n o ” [R ic h a r d N . A d a m s ].
S i b ie n n u n c a s e h a r e c o n o c id o la e x is te n c ia d e u n a
cultura ladina, siem pre se ha definido ésta en refe
rencia a la hispánica, la occidental, la cristiana, en
una palabra, lo que se quiso autodenom inar "nos
otros como partícipes de la cultura occidental. . . Los
países cuya población indígena no ha ido asimilando
los aspectos generales de la civilización occidental
tan efectivamente como parece que debiera suce
der” [Antonio Goubaud C arrera]. Es decir, que
en el fondo la idea de ladinización sigue basada en
la dualidad primitivo-superior, bárbaro-civilizado,
prelógico-lógico, mágico-racional, etc.; en su form a
tecn ó crata: subdesarrollado-desarrollado, tradicio-
nal-modemo, cuyo contenido discrim inador no es
necesario subrayar.
La ladinización es una política de agresión racista,
cómoda para el ladino, explicable desde su punto
de vista, que existe desde la colonia e inexplicable
m ente consagrada por la ciencia oficial. Ya en 1797
apareció la idea a través de un concurso nacional,
cuyo tem a era escribir sobre las ventajas para el
Estado de que todo el m undo se calce y se vista
al estilo español, es decir, se civilice. En 1824 un
EXPRESIONES • IDEOLÓGICAS 147
decreto "invita a los párrocos a extinguir el idioma
de los indígenas"; en 1836, Gálvez, presidente libe
ral, quiere “incorporar el indio no civilizado al Es
tado” y entre otras m edidas obliga a las autoridades
municipales indígenas a llevar el frac; en 1839, el
indio aparece en la constitución como "un ser débil
con falta de capacidad" y por eso necesita protec
ción ; un decreto pide a los gobernadores que vigilen
"que los indios asistan a m isa con decencia” ; en 1851
se establece que "por su debilidad esta clase debe
ser regida con peculiaridad” ; para luchar contra "las
c o s t u m b r e s c a d a v e z m á s c o r r o m p id a s e s n e c e s a r io
p e r s e g u ir su e m b r ia g u e z y h o lg a z a n e r ía ” ( s im u l t á
n e a m e n t e s e r e s t a b le c e n lo s m a n d a m ie n t o s : el c u lt i
v o d e c a fé e n tr a en G u a t e m a la ) ; p o r o tr a p a r te , se
recomienda la educación en idioma español y se pro
híbe al indio "vivir en los m ontes o andar vagando”.
Para rem atar esa serie de discriminación institucio
nal se va a atribuir al indio un protector, que lo
pueda "auxiliar para que no se abuse de su igno
rancia"; en 1876, época de triunfo liberal, se piensa
que para "civilizar” al indio se debe "favorecer el
contacto continuo del ladino" y sigue una ley de
habilitación y reglamento sobre jornaleros que iba a
perm itir al indio conocer al ladino en su finca de
café: definición irónica de la aculturación. En 1871,
el presidente liberal Barrios había decretado en
fo r m a d e r e c o m p e n s a q u e d e a h o r a e n a d e la n t e
c ie r to s p u e b lo s d e b ía n s e r la d in o s . E n el m e d io s ig lo
ción típica de la ideología liberal. En el medio siglo
siguiente, una serie de decisiones paternalistas van
a tra ta r de "civilizar” al indio, utilizando sobre todo
medios pedagógicos (institutos y escuelas para ins
trucción de los indígenas). En 1927, para ser alcalde
se discrim ina a los que no vistan y hablen a la usanza
e s p a ñ o la . E n 1934, o tr a v e z s e lu c h a c o n tr a la v a g a n
c ia d el in d io y se d a el d e r e c h o d e p o lic ía a lo s Jin q u e-
ro s y a s u s a y u d a n te s ( d e r e c h o r e a fir m a d o en 1967).
En 1945 la ideología de la integración viene a super
ponerse a la ideología de la ladinización: mezcla
que produce, con la aculturación, el indigenismo.
Esta breve enumeración de decisiones jurídicas, evi
148 JEAN-LOUP HERBERT
dencia en un lenguaje obviamente discrim inador la
relación que existe entre la idea de “civilización” y
los intereses de los párrocos, gobernadores, finque-
ros y detentadores del poder en general. Fuera de
este contexto, la ladinización se vuelve ideología, su
mando a las fallas señaladas de la aculturación otras
más graves.
Demográficamente el movimiento de ladinización
es muy escaso; según cálculos, m ás de un milenio se
necesita para que Quezaltenango se ladinice (en el
caso de que todas las tendencias observadas desde
más de m edio siglo atrás sigan iguales). Todos los
investigadores [S. Tax, R. N. Adams, M. Tum in] han
observado que para pasar la b arrera es necesario
rom per físicam ente con su medio (idea muy discu
tible como lo veremos adelante). Sin embargo, he
mos notado el gran apego a su tierra de parte del
"indígena” —como lo dem uestra la bajísim a migra
ción definitiva— reforzado por una casi total endo-
gamia. Hechos que contradicen la posibilidad de una
ladinización num éricam ente im portante. Si existe en
grado lim itado la ladinización, es decir, el abandono
de la calidad de "indio” no es por voluntad propia,
sino por la dura ley de la proletarización que rige
un' país de subdesarrollo creciente. De allí que esta
ideología sea doblemente m ixtificadora: 1] esconde
la relación de dominación y la existencia de prejui
cios racistas; 2] da a entender que el ladino es la
pauta y el sistem a de valores exclusivo de Guatemala
—etnocentrism o obvio— eliminando la realidad que
indica que la ladinización es proletarización.
Tal vez, m ás que en las otras ideologías ya estu
diadas, la ladinización perm ite ver claram ente las
implicaciones filosóficas erróneas que entrañan. To
das eliminan la negatividad que precisam ente define
la esencia de la relación colonial y afecta dialéctica
m ente, con la misma intensidad, si no en la misma
form a y contenido, a los dos grupos antagónicos en
un proceso de desestructuración, deculturación o
proletarización. Unidos en su destino económico
y tecnológico ("la segregación de las actividades pro
ductivas entre indígenas y ladinos afecta por igual
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 149
el destino de ambos grupos étnicos” {Aguirre Bel
trá n ]), es obvio que tam bién lo están en su form a
de conciencia, es decir sus ideas, creencias y con
ceptos. "La relación entre cada grupo es determ ina
da por su posición en esa dialéctica; m ejor dicho, es
esa dialéctica la que constituye su conciencia”.6
El ladino es el producto de una situación de domi
nación colonial; aplicándosele el pensam iento hege-
liano de la dialéctica del amo y el esclavo, los dos
trágicamente ligados r al enajenar al esclavo el amo
se enajena a sí mismo.
Históricam ente, la enajenación de la conciencia
colonial nace sim ultáneam ente con la form ación de
la burguesía capitalista; las relaciones sociales se
identifican con las relaciones m ercantilistas, consti
tuyendo el m undo de la mercancía, cuyos rasgos
son la dominación, la explotación, la apropiación y
la acumulación.
El ladino, producto de una sociedad im pulsada por
relaciones m ercantilistas, va a reificar todas las con
ciencias y las relaciones entre conciencias.
Para definir al "indígena”, el ladino va a aplicar
le una serie de "afiches” o etiquetas (indum enta
ria, idioma, rasgos culturales); con este proceso lo
transform a en una naturaleza m uerta, en un objeto
abstracto, cristalizándolo en un status idealmente
pasado, fenómeno que corresponde al proceso ge
neral de la a c u m u l a c i ó n en el campo particular
de la cultura.
La aculturación es la creencia, ladina desde luego,
de esa conciencia reificada según la cual otra con
ciencia podría vivir solamente por la a p r o p i a c i ó n de
una cantidad determ inada de rasgos particulares, ne
gando las fuerzas creadoras de esa misma conciencia.
Cuando el ladino quiere transform ar al "indígena”
lo trata como a una cosa ajena, quiere pensar su
futuro en su lugar; lo"ubica en una relación de exte
rioridad, facilitando así su d o m i n a c i ó n y reprodu
ciendo exactamente la conciencia enajenada del
" V er J.-L. H e rb e rt, P roceso de ladin ización .v estru ctu ra
nacional de Guatemala, 1967.
150 JEAN-LOUP HERBERT
ladino. Podemos decir que el retrato del "indígena”
hecho por el ladino es la reproducción sim étrica de
los límites de la conciencia del ladino.
El concepto de ladinización, al exclusivizar uni
lateralm ente un térm ino de la relación dialéctica, la
elude; así proporciona su ideología al grupo domi
nador, justificando su inacción, es decir, amplifican
do su enajenación.
Así, el ladino no puede com prender que solamente
por la ru p tu ra o la inversión de la relación de explo
tación se puede transform ar o liberar la conciencia
del esclavo y al mismo tiempo la del amo.
En Guatemala, hoy día, eso quiere concretam ente
decir —históricam ente— la ruptura de la relación
de dominación y el acceso a la libertad del grupo
dom inado: los "indígenas".
El medio de esa liberación es la redistribución de
las fuerzas productivas y con prioridad la fuerza
de trabajo paralizada por el lati-m inifundio; es decir,
un cambio en las relaciones existentes en los m er
cados internacional y nacional.
El problem a "indígena” es sim ultáneam ente la
transform ación del ladino.
Dialécticamente —a menudo dram áticam ente— el
esclavo puede liberar al amo, liberándose a sí mismo.
La exposición más completa de la ideología de la ladi
nización ha sido hecha por Richard N. Adams, quien
plantea las consecuencias lógicas de un razonamiento
antidialéctico, más bien mecanicista. No vamos a in
sistir sobre las críticas acertadas, hechas por Hum
berto Flores A superficialidad de los criterios (tra
je, idioma, calendario, organización social, curandero,
apellido, temazcal) para construir las categorías de
"indígenas tradicionales", "modificados” y "ladiniza-
dos” que tienen un poder descriptivo muy limitado
y ninguna fecundidad explicativa; la descripción del
"mosaico” de pluralidad de comunidades y culturas
form a parte de la actitud colonialista clásica: agu
dizar las diferencias para dominar.
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 151
Más grave nos parece el respeto al tabú racista,
cuando un sinfín de observaciones del mismo autor
demuestran la existencia de la discrim inación; la poca
atención a la formación histórica del grupo ladino con
duce, incluso, a la desaparición del ladino urbano,
precisamente el dominador, de allí que todas las rela
ciones de poder colonial aparezcan elim inadas; queda,
entonces, el paso abierto para crear ese fetiche con
ceptual, el “contimmm ", que perm ite describir una
supuesta avenida ancha y cómoda que hace al "indí
gena” dejar de ser "indígena"; planteam iento teóri
co alejado de la verdad y contradicho por las obser
vaciones del mism o a u to r: "la sociedad indígena se
opone a la ladinización" [p. 25]; "el ladino sigue con
siderando indígena al que se ladiniza" [p. 26]; "el
cultivo de café destruye la cultura indígena pero
no lo convierte en ladino” [pp. 51, 52, 56]; "cuando
hay acercam iento demasiado amenazante del indíge
na hacia el ladino, éste se apoya sobre diferencias
raciales p ara m antener su posición superior" [pp. 57-
141; "cuando las costum bres no son suficientes para
identificar al otro grupo, los ladinos usarán la raza
para m antener la diferencia" [p. 59]; "la movilidad
al interior del grupo es difícil, necesita una movili
dad física" [p. 61]; "cuando el indígena reúne todas
las condiciones para ser ladino se dice ‘es casi ladino
pero no com pletam ente"’ [p. 61]; "la ausencia de
deseo es m utua para evitar la mezcla” [p. 62]; "el
individuo que cambia en su propia comunidad es un
caso extraordinario” [p. 62]; "la ladinización perso
nal implica cam biar de lugar y varias generaciones"
[p. 63],
Compartimos estas observaciones, pero entonces,
¿cómo m antener la ilusión del c o n tin u u m de la la
dinización frente a tantas observaciones que lo con
tradicen? La razón de tal contradicción a nivel
personal es difícilmente explicable; sin embargo,
nos parece que a veces la podemos vislum brar:
‘ E s d iv e rtid o o b se rv a r que en u n libro lla m a d o E ncuesta
sobre la cu ltu ra d e los ladin os n o a p are zc a n in g u n a o b se rv a
ción so b re el la d in o d e te n to r de los p o d eres (c a p ita lis ta s ,
ba nqueros( b u rg u e se s, sa c e rd o te s , in te le c tu a le s , e tc .).
152 JEAN-LOUP HERBERT
"el paso del indígena al ladino es difícil porque
implica la disolución de la sociedad indígena” ; esta
disolución vista aquí como difícil es descrita como
segura, si no deseada, en otro libro: "No es posible
que la cultura india siga por siem pre incorporando
cambios de tal variedad y magnitud. Más bien tem
prano que tarde, acabará por desquiciarse".
Analizamos a este autor por la posición dominan
te que ocupa en la ciencia social guatem alteca, en
vista de su influencia en varias instituciones (edu
cación, universidad, instituciones de desarrollo so
cial, de investigación, divulgación, partidos políti
cos); esta posición se debe, creemos, a la perfecta
adecuación de esta sistematización contradictoria
con las contradicciones del ladino dom inante: la
mala conciencia ladina le impide ver la realidad
social como es, y necesita construir una explicación
cómoda que le perm ita m antener su posición domi
nante y la ilusión de que, si hay problem a, éste no
le concierne; enajenación ideológica en toda su per
fección descrita por Marx, cuando hablaba del libera
lismo en relación con la burguesía.
LA INTEGRACIÓN
La ideología integracionista no supone que el proble
ma está resuelto, como lo hacen las ideologías ante
riorm ente estudiadas, sino que tiene la voluntad de
resolverlo con declaraciones moralizantes, llamados
a la concordia y a los derechos hum anos; la posición
idealista hace que utilicen un lenguaje inatacable en
principio, pero al sociólogo le resulta de poco inte
rés. En cierto sentido, podríam os economizamos
esta crítica, ya que la ideología integracionista se
despedazó en la m ism a sociedad en que fue elabo
rada: el Poder Negro ha hecho la m ejor crítica a
través de la praxis de la lucha política; a pesar de
esta cruda experiencia, ha sido m ecánicam ente apli
cada en todos los países colonizados donde existe la
discriminación racial.
En principio, “la integración social de Guatema-
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 153
a no exige la eliminación de diferencias culturales
persiguiendo la unidad nacional, tomando como
pauta la del grupo culturalm ente dom inante —no
indígena— y sirviendo de puente de unión el idio
ma español, por lo que el ‘indígena’ tendrá igual
dad de oportunidades dentro de su propia cultura,
evitando conservar indio al indio y sin indigeni-
zar al país. Todo esto basándonos en ajustes m u
tuos entre los dos grupos, por lo que la integra
ción puede ser previa a la ‘desindigenización’ com
pleta” [cuarto Congreso Indigenista Interam ericano,
1959]. Él párrafo anterior refleja la falsa conciencia
social, que en este caso tiende a la m ala fe, y que
desde luego es inm ediatam ente desmentido por la
observación de la praxis integracionista.
A pesar de este lenguaje gris y jesuítico, vamos
a tra ta r de encontrarle un sentido lógico. Aunque
teóricam ente afirm a la posibilidad de la unidad na
cional sin identidad cultural entre los grupos —pro
posición que nos parece de poca consistencia—, nun
ca ha sido m encionada la solución federalista, que
sería la prim era conclusión lógica de la afirm ación;
descartada esa alternativa observamos por lo menos
tres contradicciones en el razonam iento integracio
nista :
1] Supone una falta de integración social.
2] Deja entender, aunque no lo diga claram ente, que
integración quiere decir integración a . ..
3] Nunca se analiza la estructura real actual ni se
habla de los medios para lograrla.
Al suponer la falta de integración social se está
tratando de encubrir la real integración capitalista,
causa de la desintegración-proletarización relativa,
confundiendo fenómenos económicos con fenómenos
culturales. Entre otros, Richard N. Adams construyó
el fantasm a del "indígena’ aislado, fatalm ente con
servador, desconfiado —que-rehuye-el-cambio-en-sí—,
multidividido en sociedades locales, regionales, étni
cas, lingüísticas y culturales. Después de esa cirugía
antropológica, queda abierta la posibilidad de recom-
154 JEAN-LOUP HERBERT
poner una unidad según la idea de los "ingenieros
sociales” (antropólogos, agentes de cambio, promo
tores, trabajadores sociales, desarrollistas de la co
munidad, etcétera).
En contraposición a este retrato típicam ente colo
nialista (separar para dom inar), A. Gunder Frank
concluye: “La expansión y el desarrollo del capita
lismo incorporó inm ediatam ente a la población in
dia desde la conquista dentro de la estructura de
explotación m onopolista... entonces ‘el problem a
indio’ no reside en la carencia de integración cultu
ral o económica en la sociedad. Su problem a, como
el de la mayoría de individuos, radica más bien en su
integración misma, en la estructura y el desarrollo
del sistem a capitalista que produce el subdesarro-
11o en general”. Concluimos, por nuestra parte, que
si existe el "indígena” es porque existe el colonizado,
es decir, que el "indígena” guatemalteco, como el
africano o el asiático, constituye la prim era y últim a
fila "del ejército de reserva” que proporciona mano
de obra al m ercado capitalista.
Integración indica integración de algo, de allí la
contam inación lógica con las expresiones siguientes:
incorporación al Estado, asimilación a la cultura
nacional, integración a la sociedad, etc. Esas form u
laciones implican la existencia de un poder unifica-
dor, legítimo, sin preguntarse a qué intereses sirve
este poder y si son compatibles con el interés ge
neral. Finalmente, caemos en la lógica de presuponer
el problem a ya resuelto, ya que si existiera una
cultura nacional, un Estado legítimo, existiría una
sociedad integrada. Frente a esta contradicción se
busca sin descanso una definición de esta cultura
nacional: "mestiza, hispanoam ericana, iberoam erica
na, latinoam ericana o m oderna”, denominaciones va
cías que reflejan la búsqueda enajenada de una
m inoría; paradójicam ente se espera y se predice la
desaparición de la cultura indígena en esta nada his
tórica: "La integración no requiere que todos los
indígenas se transform en en ladinos. Probablem ente
éste sea su destino” [Joaquín Noval].
Por falta de estudio de la estructura de poder, la
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 155
ideología iutegracionista no puede concebir los me
dios reales para lograrla, de allí una conducta idealis
ta bien conocida: "declaración de principios del
gobierno que reconozca la existencia de los indíge
n a s . . . ” ; "son los m ejores espíritus de la nación
y del Estado los que deben afrontar este problem a y
buscar una solución justa y rápida” [Joaquín No
val]. Por medio de program as educativos y de bien
estar social, ese idealismo político a lo m ejor puede
convertirse en paternalism o de Estado, como es el
caso de México.
En resumen, la ideología integracionista corres
ponde a un grado superior de mixtificación que
explica su logomaquia idealista; a la m edida de
este vacío corresponde el respaldo económico, insti
tucional, con profusión propagandista, con la misión
de aflojar y debilitar la toma de conciencia de un
antagonismo creciente.
EL INDIGENISM O Y LA POLÍTICA INDIGENISTA
Se podría lim itar la discusión sobre la política in
digenista, form ulando las siguientes preguntas: ¿A
cuánto ascenderá en el presupuesto nacional la par
te correspondiente al desarrollo de esa población
atendida por dicha política?-¿Será ayuda efectiva
esa inversión? En el caso de Guatemala, tanto el
presupuesto del Instituto Indigenista Nacional como
'.os circuitos crediticios, de equipam iento colectivo
y de Desarrollo de la Comunidad, reflejan cruel
mente la estructura del poder político y económico
racional. La política indigenista se inspira en una
teosofía basada en las ideologías anteriorm ente des
critas, sin hacer distingos entre ellas; por ejemplo,
: -ando Aguirre Beltrán declara "el indigenismo es
¿eología m estiza” y además habla "de una política
.-¿igenista altam ente norm ativa” nos preguntam os
5: nos están reintroduciendo subrepticiam ente lo que
se critica. "El concepto de program a de aculturación
ad u cid o por prom otores o agentes de cambio cul-
rural” nos parece expresar una "dialéctica dirigí-
156 JEAN-LOUP HERBERT
da". El mism o autor califica a esos agentes de acul-
turación como "interm ediarios” ; esto nos recuerda
curiosam ente que tam bién los españoles buscaron
caciques, principales o interm ediarios para facilitar
su dominación colonial. La promoción de estos agen
tes tiende visiblemente a desarrollar una pequeña
burguesía servil del poder dominante, para consoli
dar la relación de colonialismo interno. La im por
tancia dada a la antropología en esa política no nos
parece garantizar su neutralidad social: form a parte
de la ilusión pedagógica creer que el conocim iento
pueda cam biar una situación social objetiva. La in
fluencia del funcionalismo y del culturalism o no ha
perm itido tampoco el libre desarrollo de una posible
antropología m exicana; según Pablo González Casa-
nova "hasta hoy la antropología m exicana... nunca
tuvo un sentido anticolonialista. . . influida po r la
metodología de una ciencia que precisam ente surgió
en los países m etropolitanos para el estudio y el
control de los habitantes de sus colonias". Guillermo
Bonfil Batalla apunta con certeza que "si en el pa
sado la antropología sirvió al colonialismo, hoy sigue
sirviendo al conservatismo por las razones siguien
tes : rechazo de los grandes cambios, miedo a la des
estructuración, evolución por pequeños cambios, én
fasis sobre la pequeña comunidad, no jerarquización
de las causas, dependencia ideológica y económica".
Esa base antropológica de la política indigenista
indudablem ente le da un carácter profundam ente
conservador.
El indigenismo, por todas las razones menciona
das, sigue teniendo un contenido colonialista; su
filosofía se basa sobre lo que Memmi llama la subs-
tantificación de la diferencia, prim er paso hacia la
deshumanización o enajenación que enuncia la dis
criminación. El Instituto Indigenista Nacional gua
temalteco, en reciente folleto: Por qué es indispen
sable el indigenismo, de m anera extrema, evidencia
ese razonam iento cuando afirm a: "la indispensabi
lidad de un trato muy esp ecial... tom ando en con
sideración la im perm eabilidad de la m ente del in
dígena". Después de esa declaración de principio
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 157
sigue una descripción del "indígena” : "El indio segui
rá, por décadas y por siglos, creyendo en muchos
dioses, tem iendo m uchas fuerzas sobrenaturales y
poderes humanos individuales. . . elemento totalm en
te conform ista, sin mayores ambiciones ni aspira
ciones que lo estim ularan a salir de ese estado de
m arasm o en que se m antiene. . . el indígena se con
virtió en un lastre para el desarrollo social, econó
mico y cultural de los países latinoam ericanos". Lógi
camente la conclusión es: "y después del análisis, se
justifica tam bién un cierto p a te m alism o ... la inte
gración de este grupo étnico a la cultura nacional".
LA DIALÉCTICA COLONIZADOR-COLONIZADO
Las ideologías, el indigenismo, las ciencias sociales
y la historia oficial dom inantes tienden a elim inar
el a n t a g o n i s m o y a negar el r a c i s m o que derivg del
sistema colonial y constituyen la realidad social
del "indio” y del ladino; para nosotros el eje explica
tivo del ser social guatem alteco se encuentra en
esta dialéctica, entre metrópoli-colonia, colonizador-
colonizado, extranjero-autóctono; la condición de su
resolución es la ruptura de la dominación por la
afirmación absoluta del ser histórico dom inado;
el "indígena” varias veces se sublevó contra el do
minador, pero antes que todo opuso una resistencia
inquebrantable, que aún sostiene y que, por sí sola,
es una respuesta a las mixtificaciones integracio-
nistas.
La conquista m ilitar no fue tan rápida como lo
5-ele contar la historia oficial; las cenizas de Tecún
Im án , jefe m ilitar de los quichés, siguen obsesio
nando la m em oria de varios pueblos del occidente
¿el país; simbólicamente, su esqueleto es rescatado
por el pueblo. Si bien es cierto que en menos de dos
a ñ d s los españoles habían arrasado y quemado todas
.Ls ciudades y fortalezas, así como ahorcado, asesi-
- i i o y destruido a los principales jefes m ilitares
“ r.dígenas”, siguieron varios decenios de insumisión
re rmanente, que de m anera periódica se traducía
158 JEAN-LOUP HERBERT
en acciones violentas de rebelión. La sublevación de
los cakchiqueles que se enm ontañaron y varias ve
ces atacaron la capital española; la derrota española
de la zona norte quiché en 1529 (plaza de Uspan-
tá n ); estos "indios indómitos y fieros inquietaban
y movían a los del Quiché”, recibieron un castigo
ejem plar po r su fuerte resistencia de parte de los
españoles que "dieron fuego al p u e b lo ... hicieron
prisioneros a los principales. . . al día siguiente se
herraron todos los vecinos de Nebaj" [Fuentes y
G uzm án]; en 1530 se levantan los chortís en el orien
te del país; y en otras regiones: "Entonces nos
fugamos de la c iu d a d ... comenzaron los cakchique
les a hostilizar a los castellanos. . . abrieron pozos
y hoyos para los caballos. . . ninguno de los pueblos
pagó trib u to ... cinco años y cuatro meses los reyes
estuvieron bajo los árboles, bajo los bejucos" [Ana
les de los cakchiqueles']. En 1556, la "pacificación"
de las Verapaces fracasa, los "indios instigados por
el demonio se alzan” ; en fin, no es inútil recordar
que en el norte del país los choles fueron derro
tados sólo hasta 1695.
Sin embargo, conquistado no significa sojuzgado;
en los informes oficiales de la Colonia y aun de la
independencia es frecuente encontrar este tipo de
inform ación: "E ste pueblo ha sido siem pre levan
tisco y hasta hace pocos años se ha logrado conver
tirlo a la tranquilidad y la paz” (escrito en 1941 por
el intendente de Santa María Chiquimula [Totonica-
p á n ]); la historia de la resistencia "indígena” no
se ha hecho sino más bien se ha escondido; sin em-
embargo, los azares de la lectura proporcionan estas
referencias: 1708, sublevación de Chiapas; 1743, mo
tín en Ixtahuacán; 1760, Santa Lucía U tatlán; 1764,
Tecpan; 1770, Cobán, R abinal; 1803,Cobán; 1813, San
M artín Cuchumatanes, Santiago Momostenango, Ix-
tahuacán; 1818, Santa María Chiquimula; 1820, Toto-
nicapán (Atanazio Tzul fue nom brado rey quiché);
1838, Jum ay; 1839, Ixtahuacán, 1898, San Juan Ixcoy;
1905, Totonicapán; 1944, Patzicía; 1968, Comalapa.
Si en lo m ilitar todas estas rebeliones fueron
aplastadas por la desigualdad de fuerzas, en lo cul
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 159
tural, social y religioso podemos decir que hasta la
fecha el "indígena” ha opuesto una resistencia silen
ciosa, pero compacta. La base de esto es, antes que
nada, geográfica; las tierras altas, quebradas y bos
cosas han facilitado la incomunicación con el poder
dominante, y se constituyó en una "zona de refugio’’
que es tam bién un b astió n ; la resistencia sorda con
tra la política de reducción fue victoriosa: "los in
dios comenzaban a salir de los pueblos en que
vivían, y se volvían a los antiguos asientos que solían
tener, y si se les consentía hacer esto, sería causa
para que se perdiesen, porque no podrían ser adoc
trinados, y fácilm ente se volverían a los ritos e ido
latrías que solían tener, y los pueblos quedarían
deshechos, de que tam bién resultaría dism inuirse
la hacienda r e a l" ..., profunda observación de Reme-
sal, hecha casi un siglo después de la conquista, que
sigue siendo ahora una verdad. La dispersión aísla
de los servicios forzados, del impuesto, de la agre
sión religiosa y m antiene la identidad.
Socialmente el apego vital a la m ilpa asegura la
solidaridad del grupo, al que van a defender los
ancianos encargados de recoger y trasm itir lo que
se salvó de la herencia cultural después del naufra
gio provocado por la destrucción hecha por el con
quistador; de ahí que la defensa de la tierra se hará
colectivamente, a través del poder m antenido por la
gran rotación de cargos y el respeto a la voz com ún;
así se construye esta especie de democracia directa
de la comunidad, cuya jerarquía de poder declara
una guerra prolongada a la jerarquía del poder la
dino. La últim a célula de defensa la constituye la al
dea, el paraje o la familia extensa, con gran respeto
por la autoridad del p a d re ; tan delicado sistema de
sucesión puede m antener la continuidad de la tra
dición frente a cualquier elem ento exógeno (colo
nizador), visto como amenaza y perturbación de este
sistema heroico de preservación, continuam ente pre
sionado por el ladino.
En lo religioso, la lucha va a ser particularm ente
aguda, ya que a m enudo el sacerdote es el único
representante político y cultural del colonizador.
160 JEAN-LOUP HERBERT
Aquí está la explicación de esos conflictos sin tregua
entre el catolicismo y “la idolatría", que es nada
menos que el sistem a de pensar, lo simbólico, las
ideas y los sentim ientos de la población autóctona
de América. El hecho de que perdure hasta hoy en
día la religión maya-quiché, con sus propios sacerdo
tes, tal como lo describe Rafael Girard, con un espíri
tu científico y una respetuosa emoción —desafortu
nadamente demasiado excepcional—, nos parece un
hecho de profunda resonancia. Es realm ente penoso
observar las luchas diarias que está sosteniendo el
clero católico, de mayoría extranjera, en nom bre
de la "civilización”, para perseguir sistem áticam ente
lo que queda de esta religión esotérica americana.
De ahí que surjan fenómenos de desdoblamiento
para escapar a esta persecución, que surjan fijacio
nes, desviaciones religiosas que en todo caso son una
pérdida en relación a la sabiduría precolonial. El
fenómeno cofradía, form a im puesta por el coloni
zador, que poco a poco sirvió para esconder un
contenido tradicional, dem uestra todavía una gran
vitalidad, a pesar de una lucha, m uchas veces vio
lenta, con los nuevos grupos organizados por la Igle
sia desde hace unos veinte años. (Desde el inicio
de 1967, hasta junio de 1969, hemos registrado 24
conflictos violentos entre estos dos grupos —dato
por demás ilustrativo). La aparición del protestan
tism o —form a colonizadora— a fines del siglo xix
ha dado lugar a interesantes fenómenos de recupe
ración psicológica, social y religiosa, ya que se hace
una apropiación y reelaboración selectiva del m is
mo. En 1768, el obispo Cortés y Larraz observaba
con cierto fatalism o: "Ellos no quieren cosa alguna
de los españoles, ni la religión, ni la doctrina, ni las
costum bres". No es difícil oír hoy las mismas re
flexiones, pero sin sacar las conclusiones lógicas que
implican.
La m ujer "indígena”, portadora de la herencia y
la continuidad biológica, ofendida en lo más pro
fundo de su ser carnal por la violencia del hom bre
colonizador, va a m antener, m ás que el hom bre
—éste demasiado implicado en el proceso de prole-
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 161
tarización y explotación—, con una rectitud herm o
sa, la vitalidad del grupo. Al mismo tiem po que de
fiende su propia integridad defiende la integridad
del grupo; su cuerpo de m ujer y de m adre es como
el centro último e indestructible de la resistencia.
Su indum entaria de reina, que al tejerla durante
días y días significa el símbolo de la dignidad (en
medio de la pobreza), entrelaza generaciones con
generaciones. ¿Cómo entender, de o tra m anera, la
agresividad de todos los gobiernos liberales y la ob
sesión de los antropólogos dirigida sobre la indu
m entaria? La m ujer "indígena” guatem alteca, por
su resistencia expresada en el traje, se solidariza
con la m ujer "indígena” árabe, herm ana colonizada.
Esta protección de la tradición, de ninguna m anera
se confunde con lo conservador; en todos los mo
mentos realm ente decisivos de la historia de los paí
ses colonizados, las m ujeres han estado presentes
[ver F. Fanón].
La dialéctica del colonizador y del colonizado no
se limita a sus luchas y resistencias que ya en sí
son victorias, sino tam bién en sus reconquistas. Asis
timos a una muy lenta recuperación del poder eco
nómico de parte del grupo "indígena”, la que se
¿esarrolla sobre un fondo de proletarización. La A
cristalización de clases sociales difícilmente puede
cciirnr nítidam ente dentro del grupo social "indíge-
-i" , ya que la base m inifundista y sobre todo las
-elaciones coloniales internas y externas la entorpe-
:en. Sin embargo, nos parece sum am ente im pór
tente la aparición de lo que llamamos provisional-
—ente, "una burguesía indígena", debido a la situa-
: t en estratégica que tiene en el proceso de liberación
tiacional. Tanto en la producción agrícola, como en
e artesanal, se observa una form ación lim itada de
tr jsvalía que se va acum ulando entre una m inoría
indígena” ; este fenómeno es la base para el desa
m ólo de un capitalismo comercial y, en m enor gra-
cc fabril, entre un grupo “indígena” (particular
mente en Quezaltenango, pero se da en todos los
pueblos: comercio, tenerías, m ueblerías, transpor
tes sastrerías). E sta superación económica abre el
162 JEAN-LOUP HERBERT
acceso a las profesiones, los que eran monopoliza
dos exclusivamente por los ladinos (abogados, eco
nomistas, médicos, técnicos, m aestros y a rtista s); lo
más obvio va a ser una recuperación cultural, que
se m anifiesta a través del deseo de aprender, inte
rés por su propia historia precolonial y de coloni
zado, recuperación de su idioma (m aestros bilin
gües, emisiones radiales en lengua autóctona, pasto
res protestantes y sacerdotes católicos bilingües);
esfuerzos de algunas instituciones y grupos políti
cos, los que con profunda sinceridad, fuera de cual
quier patem alism o, aceptan entablar una nueva re
lación que implica "el suicidio como ladino". Esta
dinámica se ve acompañada por recuperación de
tierras, presión demográfica sobre las vertientes sur
y norte, pero, sobre todo, penetración del "indígena”
en los m ercados de consumo a nivel nacional (par
ticularm ente visible en la costa sur y en la misma
capital). Podemos afirm ar que en general esta mo
vilización económica, comercial y cultural del "indí
gena" contradice abiertam ente la idea de ladiniza-
ción, ya que corresponde y conduce a la recupera
ción y reapropiación, la que desde luego no se hace
en form a folklórica o incitada po r un indigenismo
bien intencionado, sino que es una dinámica real,
de un grupo que empieza su liberación con sus pro
pias fuerzas. El m ejor símbolo de este proceso lo
constituye la fundación de la Academia Maya Qui-
ché, cuya idea nació del grupo "indígena" mismo
y cuya prim era tarea es purificar el idiom a; re
construir una historia nacional, vista por el coloni
zado; facilitar la escritura en el idioma autóctono,
son esfuerzos que culminan con el redescubrim iento
del Pop W uj. Es la prim era vez, desde hace más de
cuatro siglos, que los naturales van a poder hablar
de lo que les es más íntim o de su ser histórico y
espiritual. Desde luego, todo esto es lo más visible,
interesa todavía a una m inoría solamente —la que
tuvo la escasa posibilidad de liberarse en lo econó
mico—, pero refleja una fuerza latente de los po
bres, campesinos sin tierra, asalariados, artesanos
(que ganan un quetzal sem anal), comerciantes am
EXPRESIONES IDEOLÓGICAS 163
bulantes que corren de plaza en plaza para obtener
ganancias de 1 o 2 centavos por venta, m igrantes
tem porales que no pueden vivir si no consiguen el
complemento de 50 o 100 quetzales por tres meses
de trabajo en las fincas exportadoras. Todos estos
síntomas de proletarización hacen más dolorosa la
situación del colonizado que desesperadam ente quie
re salvar su ser histórico; por esta m ism a presión
la "burguesía indígena” no puede "traicionar" y la-
dinizarse; desde luego algunos lo intentan por me
dio del rechazo violento de su idioma, vergüenza de
su familia, identificación caricaturesca con el ladino
o el extranjero, llegando hasta la negación de su
apellido (pero todo esto no hace más que profun
dizar el conflicto y proyectarlo a un nivel psicoló
gico, es decir, patológico). ¿Quién puede creer que
la identidad de uno se lim ita a su apellido? Y, como
•dicen los ladinos, "no deja de ser indio”. Ni hablar
de la situación que se va a crear entre el aladinado
y su propio grupo, que puede llegar hasta el rechazo
absoluto, por lo que se "queda en el aire", recha
zado tanto por el indígena como por el ladino: si
tuación ambigüa, incómoda, que deja esperar cual
quier toma de conciencia (mecanismos analizados y
vividos con claridad por el antropólogo J. Kenyatta,
después jefe de Estado). Pero es la base de estos
mecanismos que nos hacen creer en la actitud "na
cionalista" de esta burguesía; además de la historia
> de las solidaridades fuertes señaladas, por la ra
zón objetiva siguiente: el paso de la acumulación
de capital y de crédito tiene un lím ite; puede de
cirse, está cerrado. Las tierras y sobre toído el cré
dito son monopolizados por el ladino y el extran-
ero; estando, además, los medios políticos y cultu
rales protegidos por el sistema de valores racis
tas, quedan fuera de su alcance. Si bien ^xiste una
relación de clase entre los mismos "indígenas” que
podría hacer creer que se puede hablar solamente
ce proletarios y burgueses, el sistem a colonial, siem
pre vigente en el fondo, da otro contenido histórico
2 estas clases.
La compleja dialéctica existente entre el coloniza-
164 JEAN-LOUP HERBERT
dor y el colonizado no puede ser descrita y menos
explicada por las proposiciones sim plistas de la ideo
logía integracionista. Pensamos que solamente la
descripción dialéctica —nunca acabada— perm ite
contestar a la pregunta que se va afirm ando en este
m omento de la historia de Guatemala: ¿Quién es
el ladino? ¿Quién es el "indígena”? Creemos haber
dem ostrado que no son etiquetas culturales, sino
seres profundam ente sociales e históricos. La posi
ción crítica frecuente en todo este análisis no refleja
m á s . que este m omento de reflexión por el que
atraviesa Guatemala. T ratar de expresarlo con exac
titud y fidelidad es el propósito del científico social;
que de ninguna m anera está autorizado a ser pro
feta. Guatemala será mestiza, ladina, integrada, ame
ricana, latina o india, no sabemos. El sociólogo no
adelanta la dialéctica social, sino más bien la ex
presa con retraso —siempre—, lo único que cree es
que la dialéctica es abierta; una sociedad no tiene
una sola vía sino varias posibilidades no totalm ente
indeterm inadas [H. Lefebvre].
E l s ile n c io d e l in d io e s lo qu e d u ele
n o su n o ch e ta n n eg ra
n o e l p e so qu e lo a p la sta .
LUIS ALFREDO ARANGO
CAPÍTULO V III
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO
EN LA GUATEMALA DE HOY
CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
En su afán por encontrar raíces occidentales, cris
tianas y hasta democráticas, las ideologías surgidas
tanto del colonialismo interno como del externo han
pretendido plasm ar en clasificaciones estáticas, cal
cadas en modelos extraños, las divisiones sociales
creadas por el sistema colonial, tergiversando los
hechos y volviendo las espaldas a la realidad.
Se cree que la única form a posible de análisis del
contexto social guatem alteco tiene que p a rtir de la
comprobación de la presencia de clases (alta, media
y baja), concebidas conforme a los modelos anglo
sajones; o bien, la existencia de burguesías (grande
y pequeña), de proletariado y de campesinado, ex
traídos de una interpretación rígida del marxismo.
Se ha intentado tam bién un régimen clasificatorio
que pretende vernos distribuidos en com partim ien
tos estancos denominados “estratos”, "sectores me
dios”, "com unidades”, etc. Con base en tales crite
rios clasificatorios se ha tratado de com binar —con
poca claridad, por cierto— las dimensiones rural
y urbana. Por esa vía se ha llegado a la elabora
ción de esquemas que concluyen considerando a los
ladinos divididos en clases sociales y a los indios en
pequeñas comunidades diferenciadas por rasgos ex
ternos y superficiales.
Las deformaciones colonialistas de todas esas fal
sas visiones están inscritas en la base m ism a del
sistema colonial y afloran como resultado directo
¿el vasallaje intelectual. La pretendida occidenta-
ización supone que la form ación de nuestro perfil
social es consecuencia directa de los hechos históri-
[ 165 ]
166 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
eos que m odelaron la constitución de las sociedades
europeas occidentales, donde las clases sociales fue
ron el producto del feudalismo (larga etapa cuyas
huellas todavía se hacen sentir allá).1 Sin embargo,
en esta obra se ha dem ostrado que en América nun
ca llegó a existir un régimen feudal y que el colo
nialismo español, desde sus inicios, se desarrolla
dentro del juego del capitalismo, al cual contribuyó
a m oldear en aspectos tan fundam entales como in
suficientem ente destacados hasta la fecha.
La incesante búsqueda de nexos que pongan en
conexión directa las raíces occidentales, con el ele
m ento ladino del país ha servido para proporcionar
la idea de que, tanto dicho elemento como el colo
nizador externo, son continuadores y portadores de
form as de civilización tenidas por incuestionable
m ente superiores, causa y razón del intercambio
cultural y técnico, así como del de norm as e insti
tuciones sociales y sistemas de valores. En ningún
m om ento se afirm a que tal intercam bio no existe
y que, en su lugar, hay únicam ente un flujo inin
terrum pido de dictados que, provenientes de la po
tencia colonizadora, anegan la m ente del colonizado,
quien —a través de interpretaciones burdas e infle
xibles— cree participar en la elaboración de las for
m as culturales im portadas por el hecho de identifi
carse con quienes las imponen.
De ahí el fracaso al intentar las clasificaciones de
la sociedad global guatemalteca. Al aplicar los mo
delos extranjeros surge siem pre un elemento incla
sificable: el indio. Por tal razón se le deja de lado,
teniendo únicam ente el cuidado de localizarlo en la
escala más baja de la estratificación social. En la
m ente colonizada priva el deseo de cristalizar la es
tru ctura social creada por la colonización y, por eso,
prefiere describir, reificar. Por el contrario, si se
pone en m archa un análisis dinámico, puede verse,
con entera claridad, no sólo que la situación colo
nial genera su propia estratificación sino que esta
últim a es el resultado de la interacción, de las apro
1 Peter Heintz, Curso de sociología, Buenos Aires, eudeb a ,
1968, pp. 102-116.
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 167
ximaciones y de las pugnas, llevadas a cabo entre
el grupo dom inante y el dominado. Cuando, como
en el caso de Guatemala, la acción colonial interna
es ejercida por un elemento que, a su vez, es el in
term ediario de la acción colonial externa, la situa
ción de dicho elemento se hace más inauténtica. Por
ser el más atrapado en la red de la dependencia,
sus formas de sentir, de expresarse y de actuar son
imitaciones del modelo foráneo, pero no más que
imitaciones. Por eso las clases altas y medias, las
grandes y pequeñas burguesías nuestras, aunque
presenten similitudes con las de las potencias colo
nizadoras, no son tales clases ni burguesías, en el
sentido histórico que determ inó su surgim iento y
evolución en otros contextos sociales.2 De hecho se
trata de clases y burguesías caricaturescas y típicas
de las sociedades sujetas a un doble proceso de
colonización. El perfil de tales sociedades —en for
ma muy gruesa— podría insinuarse, en orden de
creciente, así: 1] potencia colonizadora, 2] coloni
zados interm ediarios (receptores de la acción colo
nizadora externa y m antenedores de la situación
colonial interna), y 3] colonizados explotados (víc
timas de la acción convergente de los dos tipos de
colonialismo).
El estudio de los colonizados intermediarios re
viste una im portancia especial, por ser ellos, como
se ha expuesto, el eje de la doble explotación colo
nial : interna y externa.
Para el caso que nos ocupa (Guatem ala) es im
portante tener presente que, desde la iniciación de
los nexos con España —dada la form a que revisten
las relaciones de producción, cuya base se consti
tuyó sobre la explotación de la tierra y de la mano
de obra agrícola esclava, hecho que determ inó el
surgimiento de los grupos sociales dom inador y do
minado, al igual que la elaboración de una ideolo
gía discrim inadora y justificativa del sistema— las
bases económicas e ideológicas de la estructura so
2 Con esta salvedad y con el objeto de no crear confusio
nes innecesarias, seguiremos utilizando la terminología en
boga, pero entendida en la forma que acabamos de expresar.
168 CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
cial interna no han sufrido cambio fundam ental al
guno, sino, m ás bien, adecuaciones a las exigencias
de los agentes colonizadores foráneos que, en form a
sucesiva, han actuado sobre tal estructura. Dicho
de otra m anera, las form as específicas que reviste
el colonialismo interno se han m antenido invaria
bles; prueba de ello es que la principal producción
del país sigue siendo agrícola, muy poco diversifi
cada y apropiada para satisfacer intereses que no
son los nuestros, apoyada en el lati-minifundismo
y explotadora de una m ano de obra pésimamente
rem unerada y en creciente proceso de proletariza-
ción; a lo cual debe añadirse la discrim inación que
superpone los ladinos a los indios. Esos hechos y
las representaciones colectivas que de ellos dimanan
son los que no han variado; ambos constituyen la
espina dorsal de lo que aquí llamamos colonialismo
interno; son la esencia fundam ental del sistema, el
cual —desde sus inicios hasta la fecha— no ha sido
puesto en duda nunca, al menos por p arte de los
colonizados intermediarios. Igualm ente, todo pare
ce indicar que tampoco por las potencias coloniza
doras, de cuya estructura tam bién form a parte. Ese
sistema es el que ha recibido, según la época, los
nom bres de Capitanía General del Reino de Goathe-
mala, Provincias Unidas del Centro de América y
República de Guatemala. En el interior de tal sis
tema, los colonizados intermediarios, en diálogo vivo
con las potencias colonizadoras y en diálogo mudo
con los colonizados explotados, se han "ningunea-
do”, según reza la expresión mexicana, es decir, se
han creado un vacío que, en el campo de la vida
pública, acabó por ser ocupado por invasores codi
ciosos, y en la intim idad de la conciencia se aso
ma a los abismos de una soledad insoportable. En
todo momento, las contiendas, salvo las llamadas
"rebeliones indígenas”, se han librado dentro del
sistem a: los regímenes conservadores, la reform a
liberal y sus posteriores form as decadentes, y la re
volución del 20 de octubre de 1944, así como los
gobiernos surgidos de la contrarrevolución antico
m unista de 1954 se han negado a poner en duda el
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 169
sistema, sólo han protagonizado luchas por el poder
en el interior del mismo. No es sino en estos últi
mos años que se han producido algunas tomas de
conciencia que pueden estar aparejando el rechazo
de tan largo orden de cosas, en medio de grandes
angustias, contradicciones y rupturas que, a su vez,
suscitan represiones, em brutecim ientos y congojas,
cuyas form as cobran vida sobre un fondo de san
grienta desesperación.
Dentro de los colonizados intermediarios, a p artir
de la reform a liberal de 1871, hicieron su aparición
dos form as caricaturescas de las burguesías europea
y norteam ericana, que —para adecuam os al lengua
je en uso— llamaremos alta burguesía y pequeña
burguesía, respectivamente. A la prim era le con
viene el nom bre de agro-exportadora, como la llama
Edelberto Torres Rivas,3 y a la segunda, de servi
dumbre, según apunta H um berto Flores Alvarado.4
Nace la burguesía agro-exportadora
Tanto la redistribución de la tierra, a que se ha alu
dido, como la participación en los beneficios de la
exportación, favorecieron y consolidaron a una nue
va burguesía, la cual, en un térm ino aproxim ado de
medio siglo, hizo suyos los niveles de prestigio de la
aristocracia desplazada y se alió a esta últim a, hasta
el grado de form ar en la actualidad el núcleo de la
alta burguesía.
Fue justam ente esa burguesía la que, en las pri
meras décadas de este siglo, otorgó a empresas
monopolistas norteam ericanas las concesiones que
pusieron en manos del capital extranjero la mayor
parte de las riquezas nacionales (energía eléctrica,
ferrocarriles, puertos, tierras para cultivos exten
sos, etc.).
Para» disfrutar de su posición, esa burguesía se
3 Posibilidades y m odalidades del desarrollo en Centroamé-
rica ( un intento de interpretación sociológica), Santiago de
Chile, i u p e s , 1967.
■* La estructura social guatem alteca, Guatemala, "Rum
bos Nuevos", 1968.
170 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
sirvió de gobernantes dotados de poderes absolutos,
que em plearon medios sanguinarios para el m ante
nim iento del orden interno y continuaron la política
de otorgar y renegociar concesiones para asegurar
el favor externo. La consecuencia de tal política
fue la llegada al país, no sólo de productos m anu
facturados sino de elementos culturales (norm as e
instituciones) ajenos, provenientes de las potencias
coloniales, en especial de Alemania y de Estados
Unidos de América.
En o tra parte de esta m ism a obra se dem uestra
que el apelativo de liberal no es el más apropiado
para la reform a, puesto que, en los hechos, propicia
un cambio en las élites agrarias, volviendo, en lo
social, a las épocas de la colonización española, ya
que agrede a los indios en m uchas form as, de en
tre las cuales destaca la movilización masiva y obli
gatoria p ara la atención de los cultivos de café y
para la construcción de ciertas obras de infraestruc
tu ra cuya finalidad es facilitar la penetración de las
nuevas potencias colonizadoras. Prepara el escena
rio que habrá de ocupar la burguesía de servidum
bre, al capacitar los cuadros altos y medios que
habrán de constituir las futuras burocracias pública
y privada que necesita la nueva colonización; y con
diciona el ingreso del país al m ercado internacional
a las exigencias desm esuradas del colonizador ex
terno.
Liberalismo es el nom bre con que se encubre el
"neocolonialismo” de fines del siglo xix, al menos
en América, ya que en África por esos mismos tiem
pos la aventura de expansión de las potencias euro
peas no se presenta revestida de ningún pudor. No
obstante, las dos acciones corresponden a un solo
proceso, del cual habrá de surgir, ya en este siglo,
la estratificación internacional que enfrenta a los
países pobres con los países ricos, a los “subdesa-
rrollados” con los "desarrollados”.
Como las élites agrarias conservadoras no fueron
desplazadas sino engrosadas por las agro-exportado-
ras de los liberales, la fusión de ambas se hizo
inevitable, pero —sobre todo en el am biente ur-
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 171
baño— los elementos educados para participar en
el m anejo de las em presas públicas y privadas se
multiplicaron sin que se am pliara en la m ism a me
dida su horizonte ocupacional. Las frustraciones
que de ahí nacieron se fueron acumulando pesada
m ente sin encontrar un asidero ideológico del cual
echar m ano para plantear sus reivindicaciones. A
ellos se fueron sumando quienes se abrían a una
industria incipiente o deseaban m ayor am plitud de
m aniobra en el m anejo de sus relaciones comer
ciales.
Arremete la pequeña burguesía
Todos los elementos recién reseñados encontraron
la coyuntura para actuar con ocasión de la segunda
guerra m undial, la cual obligó a Estados Unidos de
América a m odificar su política latinoam ericana y a
enfrentarse definitivam ente a las potencias del Eje
Roma-Berlín-Tokio. Como consecuencia de la situa
ción internacional, Guatemala no sólo declaró la
guerra a los países fascistas sino que —a pesar de
¡os sentimientos que privaban en los medios guber
namentales de Ubico— tuvo que recibir y difundir
—al menos en los ámbitos urbanos— la propaganda
de las potencias aliadas calcada en las 4 libertades
asentadas en la "Carta del Atlántico”.
El impacto de dicha propaganda se hizo sentir
profundam ente en la pequeña burguesía urbana, a
. 2. cual confirió una ideología, es decir, un elemento
aglutinante en tom o al cual se agruparon todos
aquellos elementos que no tenían posibilidad de as
censo social y económico, a pesar de contar —se
gún su propia apreciación— con la educación nece
saria para ocupar los puestos de m ando. Esa pe
queña burguesía sabía que los límites de su ascenso
citaban m arcados por la alta burguesía (poseedora
ce la tierra) y por los monopolios extranjeros, ínti
c a m e n te ligados a la segunda.
Cuando la victoria aliada en los campos de bata-
l a estaba decidida (25 de jim io y 20 de octubre de
-14), la pequeña burguesía urbana se adueñó del
172 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
poder y, para m antenerse en él, buscó el apoyo de
las clases populares: en el medio urbano prim ero;
en el medio ru ral más adelante. Sus intelectuales
trataron de crear una conciencia de grupo positiva,
que partió de la diferenciación entre los valores
nacionales amenazados (a los cuales trató de dar
form a explícita), por una parte, y los valores aje
nos sustentados por los em presarios extranjeros,
por la otra. Las explicaciones de tal diferenciación
se sirvieron siem pre de los ejemplos puestos por la
desigualdad económica de las ganancias de los mo
nopolios extranjeros frente a las de los ciudadanos
guatemaltecos, así como la explotación a que, por
tal causa, se veían sometidos estos últimos.
El intento de apertura hacia los sectores rurales,
donde la población india es m ayoritaria, se hizo a
través de una tím ida reform a agraria que dejaba
fuera del proceso de cambio a las tierras de las
"comunidades indígenas” con la intención velada
de que sus pobladores siguieran replegados en ellas
y la intención aparente de que nadie denunciara
tales tierras, lo cual era imposible ya que las mis
mas estaban multidivididas entre pequeños usuarios
y eran insuficientes para la cantidad de personas
a las que tenían que servir. Sin embargo, entre el
enorm e contingente de campesinos sin tierra se en
contraban bastantes indios que empezaron a partici
par en el proceso de la reform a agraria hasta que
ésta fue aplastada por las vacilaciones y contradic
ciones de la pequeña burguesía, así como por la in
tervención norteam ericana, cuyas causas y proce
deres son del amplio dominio de la opinión pública
mundial.
Ese prim er contacto de la pequeña burguesía con
el poder sirvió para agudizar sus propias contradic
ciones: 1] la adscripción a una ideología que abría
el camino a los sectores hasta entonces marginados
de la vida política del país, frente al tem or de que
esos sectores asum ieran un papel político activo y,
por consiguiente, la eliminaran de los puestos de
m ando; 2] la necesidad de una redistribución gene
ral de la riqueza frente al deseo de que esa redis
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 173
tribución aum entara más sus ingresos, los que, sin
embargo, con relación a los obtenidos por las clases
populares, eran elevados; 3] la necesidad de la cen
tralización del poder, para darle una dirección uni
taria y sistem ática al cambio, frente a la prolifera
ción de las "autonom ías" (municipal, de la banca,
de servicios públicos y asistenciales, universitaria,
etc.) en los sectores burocráticos, copados en su
casi totalidad por miembros de las clases m edias;
4] la necesidad de controlar la producción y venta
de los artículos de consumo, así como los productos
procedentes de la im portación, frente al ansia de
enriquecim iento a través del comercio "libre” y la
"libre” empresa, que abren amplios caminos de as
censo a las clases m edias; 5] la urgencia de propor
cionar a las grandes mayorías de la población la
dieta, el techo, la educación, las medicinas y los en
tretenim ientos mínimos que le corresponden a un
ser humano, frente a la búsqueda insaciable de "ni
veles exteriores de prestigio” (barrio, casa, autom ó
vil, aparatos eléctricos, educación secundaria en cen
tros privados, educación universitaria, viajes de re
creo, etc.), que confirmen constantem ente su perte
nencia a una clase o capa "distintas"; 6] la necesi
dad de expropiar los latifundios y lim itar la pro
piedad urbana frente a la necesidad de m antener y
garantizar el "derecho de propiedad", para asegurar
el futuro de las capas medias, tanto urbanas como
rurales; y 7] la necesidad de variar fundam ental
mente las bases de la estructura social frente al
¿eseo de ascenso social (considerado como la m eta
principal de la vida en los miembros de las clases
medias), lo cual implicaba el m antenim iento de un
grupo de referencia positivo (la alta burguesía) y
un grupo de referencia negativo (las clases popula
res y su "caso extrem o” : la población "indígena” )
: dicho en otras palabras, la necesidad de m ante
ner el orden de cosas existente para poder disfrutar,
en m ejor forma, de los privilegios que sólo podían
; rresponder a un sector muy reducido de la po
blación.
Desde el punto de vista que aquí nos interesa des
174 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
tacar, la reform a agraria fue el prim er intento en la
historia del país que trató de llevar al medio ru
ral y a la población india un movimiento que podría
haber creado valores nacionales y envuelto a la
m ayqr parte de la población. Pero, cuando en 1954
la intervención norteam ericana y los latifundistas
del país le asestan el golpe de gracia, ambos no es
tán solos; les acompaña un sector m ayoritario de
la pequeña burguesía (la que más que en ningún
otro m omento merece el apelativo de burguesía de
servidum bre). Si, de las contradicciones antes apun
tadas, algunas fueron objeto de conocimiento cons
ciente y otras sólo vislum bradas, intuidas, en el fon
do se trataba de contradicciones dentro del sistema
bicolonial. En cambio, la planteada po r la partici
pación india activa ponía en peligro los cimientos
cuatricentenarios del sistem a: el futuro de [Link]
m onía ladina (aun cuando fuera en el fondo de las
más oscuras nebulosidades) se ponía en duda, y con
ella todos los valores inherentes a la situación colo
nial. No cabe duda que m uchas de las justificaciones
de la acción de la potencia colonial y de los latifun
distas locales se apoyaron en esta tom a de posición
por parte de los miembros de la burguesía de servi
dum bre. La ideología que había servido de punto de
partida para los actos de gobierno resultaba dema
siado peligrosa para ser aplicada en acciones que
com prom etían el statu quo realm ente básico. Si ya
en muchos casos se había dado fuertes tropezones
al ensayar una interpretación mecánica del m arxis
mo, en esta oportunidad, como clase social, la bu r
guesía de servidum bre hizo causa común con la
agroexportadora y con la potencia colonizadora;
unida a las otras declaró su am or ferviente a la
"dem ocracia" y abjuró de los com portam ientos an
teriores, resignando, al mismo tiempo, el m ando en
aquellos mismos poderes que se entronizaran a prin
cipios de siglo.
La prueba m ás palpable de que la burguesía de
servidum bre ya no estaba dispuesta a iniciar la ver
dadera aventura revolucionaria se tuvo en los mo
m entos mismos de la "invasión". Cuando los cam-
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 175
pesióos, favorecidos o en vías de serlo, po r la refor
m a agraria, clam aban po r arm as para detenerla, los
m iembros del gobierno "revolucionario”, las bases
urbanas de los partidos políticos "revolucionarios"
y los sectores urbano-ladinos, en general, se negaron
a confiarles la defensa de la “revolución". Los cua
dros dirigentes se asilaron y desde el exilio conde
naron la intervención extranjera. Los elementos de
dichos cuadros que perm anecieron en el país sufrie
ron las vejaciones con que el sistem a acostum bra
sancionar a sus disidentes, y sobrevivieron. En
cambio, aquellos campesinos —que sí habían aten
tado contra el sistema— fueron inm isericordem ente
perseguidos y exterminados. La venganza, sin em
bargo, era desproporcionada porque la reform a agra
ria había tocado apenas a una m inoría campesina
y el resto no pudo form arse una idea clara de su
significado. Si la situación hubiese sido a la inver
sa, esa habría sido la ocasión p ara una verdadera
crujida de todas las estructuras.5
En otras palabras, la conciencia de grupo y los
valores definidos por los intelectuales de la pequeña
burguesía no tuvieron dimensión nacional porque
se quedaron dentro de los m arcos del sistem a co
lonial; si bien abrieron el fuego contra el colonia
lismo externo y con ello dieron un paso hacia ade
lante, la pesada urdim bre del colonialismo interno
los atrapó.
Escición y violencia
Enfrentada de golpe a todas esas contradicciones,
la pequeña burguesía —en su mayor parte— sintió
5 Este hecho no pasó inadvertido a un agudo observa
dor, Ernesto "Che” Guevara, quien presenció los aconteci
mientos. Años después, al comentar con Ricardo Rojo el
alto grado de combatividad de los campesinos cubanos que
rechazaron a los contra-revolucionarios, decía: "—‘Fíjate’
—me dijo Guevara cuando le trasm ití m is impresiones—
rae si a aquellos campesinos de Guatemala se los hubiera
esclarecido a tiempo, ni Castillo Armas ni nadie, n i los yan-
r jis siquiera, acaban con la revolución agraria’.’’ (Ricardo
Rojo, Mi am igo el Che, Buenos Aires, Editorial Jorge Álva-
rez. 1968, p. 114).
176 CARLOS GUZMÁN BÓCKLER
un alivio cuando la contra-revolución anticom unista
de 1954 se llevó a cabo. Pero, dentro de su seno
quedó abierta una grieta que, ahondándose cada
vez más, dejó de un lado a la mayoría "conform ista”
y del otro a una m inoría inconforme. La prim era
creyó resolver las contradicciones dando un paso
atrás y atrincherándose al lado de la alta burguesía
y los intereses extranjeros; la segunda definió su
propia posición, explícito los valores que consideró
nacionales, los enfrentó a los valores ajenos (en este
caso, los de los representantes de los intereses in
versionistas extranjeros) y a los valores internos que
consideró espúreos (p o r pertenecer a sectores pri
vilegiados de la población), para desem bocar final
m ente en la lucha arm ada, escogiendo para ello la
m odalidad de la violencia m ás factible de sostener
a largo plazo y en inferioridad de condiciones: la
guerra de guerrillas.
En esta controversia, naturalm ente, cada una de
las partes expone abiertam ente sus sim patías po r los
respectivos bloques políticos que, en la hora actual,
disputan la hegemonía del mundo.
Pero, la división apuntada, si bien es tajante con
respecto a los grupos definidos, no involucra a la
totalidad de los m iem bros de la pequeña burguesía.
Hay quienes, replanteando en distintas form as las
tesis de apertura hacia el “pueblo” y adelantando
la idea de la "no violencia”, para la remodelación
de las estructuras sociales, políticas y económicas,
caen de nuevo en las contradicciones y se mueven
dentro de ellas, tratando de resolverlas a través de
medios siem pre parciales y siem pre ocasionales: por
lo regular, procesos electorales en los que no hay
plena libertad para optar a un partido ni para esco
ger un candidato.
El sector obrero y sus contradicciones
El sector urbano de las clases populares está com
puesto por los grupos obreros y los habitantes de
lps barrios marginales.
Los obreros son poco numerosos puesto que la in
dustria es reducida. El proceso de elaboración de
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 177
una conciencia de clase ha m archado lentamente,
quizás a causa de que el movimiento obrero gua
temalteco —que se inicia a p a rtir de 1944— fue, al
principio, una concesión graciosa de la pequeña
burguesía. El Código de Trabajo, en cuya redacción
no participaron representantes obreros, fue prom ul
gado el 1 de mayo de 1947.
Muchos de los líderes sindicales de entonces per
tenecían a la pequeña burguesía o estaban en una
zona fronteriza con ésta, lo cual les perm itió tom ar
la como grupo de referencia positivo al cual ten
dieron a pasar individualmente. Como miembros
de la pequeña burguesía, los líderes en mención se
vieron envueltos en las contradicciones que ya he
mos apuntado, lo cual, en buena parte, contribuyó
para que no pudieran organizar una defensa efec
tiva de su grupo en 1954.
Los obreros actuales se mueven entre la necesi
dad de ganar el salario para sobrevivir y la nece
sidad de organizarse y luchar por m ejores condi
ciones. Quienes optan por la prim era alternativa lo
hacen al precio del sometim iento y el silencio. Quie
nes optan por la segunda se colocan de hecho en el
terreno de las represalias, que van desde la pérdida
del trabajo hasta la pérdida de la vida. E sta alter
nativa brutal am edrenta a un grupo considerable,
pero contribuye a crear conciencia de clase en aque
llos que tienen una perspectiva más amplia de su
situación y de la de su grupo. Son éstos quienes con
mayor estabilidad han empezado a ocupar lugar en
las filas de las “guerrillas".
Los pobladores de las áreas marginales, por su
parte, son víctimas del subempleo o del desempleo,
con todas sus consecuencias. Si bien sus condicio
nes m ateriales de vida lucen m iserables, en muchos
casos, son m ejores que las que tenían antes de lle
gar ahí, procedentes del campo o de las poblaciones
ladinas del interior, o de otros barrios de la ciudad.
Su agresividad es descargada a través de la delin
cuencia común, y, ocasionalmente, participan en la
violencia pero al lado de las fuerzas represivas y al
precio de unos centavos e impunidad.
178 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
La violencia
Los grupos de ladinos rurales habitan el valle del
río Motagua y parte del altiplano oriental del país.
Otros pueblan la costa del m ar Caribe y la “Boca-
costa" del Océano Pacífico. En las tres zonas ha
encontrado acogida el movimiento guerrillero, pero
es en el valle de Motagua y en las m ontañas que lo
lim itan donde se sostuvo por más tiempo. Toda esta
zona tiene poca precipitación pluvial, vegetación es
casa y tierras pobres (dentro de la relatividad, las
m ejores están en los valles y las peores en las lade
ra s; en las prim eras se localizan los latifundios y
en las segundas los m inifundios).
Los “ladinos viejos”, llamados así porque descien
den de los conquistadores españoles con escaso
m estizaje o sin él, son fácilm ente identificables por
su aspecto físico. Es un grupo que basa su prestigio
en el "abolengo” que supone su ascendencia espa
ñola, experim enta condiciones m ateriales de vida
muy pobres y es bastante tradicionalista en lo que
a la explotación agropecuaria se refiere; discrim ina
fuertem ente al indio, a quien considera de una raza
inferior. D urante mucho tiem po ha vivido en la
contradicción que enfrenta su supuesta superioridad
racial a su pobreza real; es decir, que considera
que las dotes que se atribuye no son reconocidas,
en su ju sta medida, por la sociedad global, la cual
lo margina. No obstante, este grupo se percibe a
sí mismo como parte integrante, por derecho pro
pio, de la nación guatem alteca (desde luego, presi
dida por los “ladinos” ).
Dada la pobreza de la tierra y su pésim a distri
bución, esta región es la fuente de emigrantes más
fuerte del país. Las capas bajas emigran a la “boca-
costa” del Pacífico, a la costa del Caribe y a la ciudad
capital, donde se radican definitivamente. Las capas
medias buscan el ascenso social en la explotación
agropecuaria y en el comercio medianos, o bien a
través de la educación m edia y superior, en cuyo
caso emigran tam bién a la ciudad capital acanto
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 179
nándose en los distintos estratos de la pequeña bur
guesía.
Posiblemente, esa antigua sensación de estar pre
teridos en una sociedad a la cual se consideran
fuertem ente ligados, unida a la situación de pobre
za, hayan influido en algunos m iem bros de este
grupo para buscar a través de la lucha arm ada el
cambio de las estructuras que les han sido tan adver
sas. En efecto, las "guerrillas” han operado en esa
región, entre 1962 y 1968, con elementos reclutados
en el propio terreno de lucha, y las partidas para-
m ilitares de "contra-guerrilla” han sido formadas,
en buena parte, en la zona en mención. E sta últi
ma, pues, proporciona, para ambos bandos, muchos
más combatientes que dirigentes.
Las líneas directrices llegaron de la ciudad de
Guatemala y fueron ejecutadas, según el bando, por
"Comandantes guerrilleros" de la pequeña burguesía
urbana y por oficiales del Ejército, tam bién de la
pequeña burguesía urbana. Ambos se sirvieron de
conocimientos técnicos aprendidos sistemáticamen
te, aunque los segundos gozan de la "asesoría téc
nica" de quienes han puesto a prueba, en otros
puntos conflictivos del exterior, los procedimientos
conocidos como “civic action" y "assassination".
La presencia de esos “asesores" y el efecto de los
procedimientos" de pacificación por ellos recomen
dados, desempeñan un papel muy im portante en el
proceso de formación de la "conciencia de grupo
nacional" y de la consiguiente explicación de los "va
lores nacionales" ( definidos frente a los de los extran-
jeros), en el grupo ladino del valle del Motagua. Éste,
como ya se dijo, se siente perteneciente a la na
ción guatem alteca y su problem a se ha fincado en que
no se le ha dado todo el lugar a que cree tener dere
cho, lo cual lo ha em pujado a exigirlo, dándole a su
lucha un cariz netam ente interno. Pero, al tener que
enfrentarse tam bién a elementos extranjeros, se verá
forzado a buscar las diferencias entre tales extrañ
aros y los nacionales; a definir tales diferencias y
a explicitarlas, en proporción al clima de violencia a
que se encuentre sometido. Puede ser que ahí se
180 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
esté gestando un fuerte "etnocentrism o” que más
adelante se expanda y lleve a una sobrevaloración
de lo "nacional” frente a lo extranjero.
Sin embargo, vale la pena detenerse a recapacitar
sobre las causas que detuvieron la lucha arm ada en
esa zona. Indudablem ente, para el aplastam iento des
em peñaron un papel de prim ordial im portancia las
acciones bélicas llevadas a cabo m ediante la interven
ción directa de unidades m ilitares norteam ericanas,
así como su participación indirecta a través de la
"asesoría técnica”, la cual se hizo sentir con gran
intensidad no sólo en las áreas rurales afectadas
sino en la ciudad de Guatemala. Un saldo aproxi
m ado de 6 000 m uertos entre abril de 1967 y abril
de 1968 pone una m arca trágica y angustiosa en la
vida del país.6
Por su parte, las partidas para-militares, sufra
gadas en tina buena cantidad por la burguesía agro-
exportadora y algunos sectores de la burguesía de
servidumbre, contribuyeron a sem brar el terror,
máxime cuando la prensa se dedicó a difundir los
detalles espeluznantes de muchos de los crímenes.
O sea, que la ofensiva que combinó al h orror con
el terror, para quienes la concibieron, fue un éxito.
No deben dejarse de m encionar tam bién las bajas
experim entadas en los cuadros dirigentes de la lu
cha guerrillera. Muchos líderes perdieron la vida
en acciones de guerra o en el suplicio. Evidentemen
te, la formación de sustitutos no es una tarea fácil
ni rápida.
Ahora bien, al ir más a fondo se esclarece una
falla que es propia de la estructura social. Se trata
en este caso del elemento hum ano que, en las filas,
protagonizó los hechos. Ya hemos señalado algunos
detalles que lo caracterizan; ahora agregamos otro:
los cambios de bando fueron bastante corrientes, lo
cual indica que, en muchos casos, la desesperación
llegó antes que la politización. Yendo más lejos cabe
« Ver Eduardo Galeano, Guatemala, país ocupado, Mé
xico, Nuestro Tiempo, 1968; y Comité Guatemalteco de De
fensa de los Derechos Humanos, ¡T error en Guatemala!,
Guatemala, 1968.
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 181
preguntarse si ese elemento hum ano desea en rea
lidad un cambio del sistem a bicolonial o desarrolla
su lucha dentro del mismo. Con los hechos que
tenemos delante, tal vez convenga inclinarse por la
segunda posibilidad, pero sin perder de vista que
la prueba terrible por la que ha pasado bien ha
podido alterar profundam ente su antiguo sistema
de valores y dejado en él la simiente de nuevas
actitudes para con la sociedad. En todo caso, el
haber querido quebrantar el sistem a bicolonial apo
yándose en un elem ento hum ano que ocupa en el
mismo un lugar de privilegio y, por otra parte, no
haber podido com prom eter al otro, desfavorecido
y postergado, indica no haber resuelto las contra
dicciones básicas que el propio sistem a plantea y,
consiguientemente, haber caído en una fa ta l: querer
destruirlo apoyándose en uno de los pilares que más
firm em ente lo m antiene, creer que el ladino existe
como tal, olvidar que él es por la relación dialéctica
que m antiene con el indio, prescindir del hecho que
da vida a cualquier situación colonial: el racismo.
Estas reflexiones explican un hecho en particu
lar, pero no son aplicables a otros lugares don
de los acontecimientos se están desenvolviendo de
m anera muy diferente y donde parece ser que los
mecanismos form adores de una conciencia de gru
po, con pretensión nacional, han sido puestos en
marcha.
Las contradicciones de la burguesía agro-exportadora
Por su parte, la alta burguesía se enfrenta a las
contradicciones que le plantean, por un lado, la ne
cesidad de tecnificar la agricultura, increm entar la
industrialización y activar el comercio, m ediante
la inversión racionalizada, a fin de difundir sus pro
ductos en mercados cada vez más amplios, tanto
internacionales como internos (pues en ello le va
su propia sobrevivencia dentro del país y frente a
las burguesías nacionales extranjeras), y, por el
otro, la necesidad de elevar el nivel de vida de am
plios sectores de la población para crearles la nece
182 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
sidad de com pra y la capacidad de pago necesarias
para el consumo de sus productos, lo cual apareja
una redistribución de la riqueza que lim itaría por
un tiem po largo las ganancias de la alta burguesía.
Esta últim a, además, se debate en una lucha en la
que se enfrentan los viejos terratenientes, los expor
tadores e im portadores de productos con m ercado
creado, por una parte, y los em presarios hoy llama
dos "desarrollistas", que propician el adelanto tecno
lógico (propio del capitalism o) tanto en la explota
ción agrícola como en la industrial, por la otra.
A las anteriores contradicciones hay que agregar
o tra —más grave— que nace del Tratado General
de Integración Económica Centroamericana (suscri
to en Managua en 1960), al tenor del cual los es
fuerzos que durante ocho años había venido reali
zando la c e p a l para dotar a los países de América
Central de los instrum entos propios que le perm i
tieran las vías de un desarrollo económico no com
prometido, se vienen abajo porque el Mercado Co
m ún Centroamericano cae en manos de los Estados
Unidos. Al respecto, el investigador guatemalteco
Isaac Cohén Orantes dice:
¿Cuáles eran las condiciones de los Estados Unidos
para financiar el proceso acelerado?
a. Que el esquema de integración tendiera a la expan
sión del comercio. Este postulado está en total
acuerdo con los principios neoclásicos de la econo
mía. Por supuesto era muy difícil que el esquema no
distrajera el comercio ya que las unidades partici
pantes empezaban a industrializarse y lógicamente
si iban a proteger sus incipientes industrias iban a
tener que dejar de consumir productos importados
aunque fueran más baratos, ya que el objetivo del
programa era la industrialización y el desarrollo,
aunque ello significase algunos sacrificios a corto
plazo.
b. La localización de las actividades productivas (las
inversiones) deberían realizarse, conforme las fuerzas
del mercado lo fueran indicando. Esto da por tierra
con el régimen de industrias de integración, el que
pretendía que las inversiones se realizaran de mane
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 183
ra racional, por medio de una planificación cuida
dosa. Con el objeto de evitar que los países más
desarrollados captaran mayor número de industrias
nuevas, Estados Unidos invoca en contra del ré
gimen el hecho de que provoca el surgimiento de
monopolios, ya que uno de sus atractivos era justa
mente que la empresa pudiera gozar del mercado
integrado exclusivamente durante cierto tiempo y
sujeta a controles en cuanto a precios y normas de
calidad. El régimen, aunque se incorpora al tratado
general, no tendrá la misma vigencia.
c. Con base en lo anterior, el principio del desarrollo
equilibrado, patrocinado por cepal , con el objeto de
g a ra n tirle s a los participantes que todos iban a
beneficiarse, solamente podrá ser aplicado por medio
de la política crediticia, para lo cual los Estados
Unidos apoyan la creación del Banco Centroameri
cano de Integración Económica, desde donde podrán
controlar las inversiones regionales.
d. Por último, la integración regional perderá su senti
do de independencia, ya que los Estados Unidos la
controlarán mediante la formación de una agencia
regional específica. Éste es el precio del incremento
en la asistencia financiera al programa.7
Lo dicho ha traído como consecuencia la afluen
cia de capitales norteam ericanos a las principales
industrias "de integración" y el consiguiente despla
zamiento de los frustrados "capitanes de industria"
centroam ericanos. Muchos de ellos han quedado
como socios m inoritarios de su antigua em presa o
bien como funcionarios "ejecutivos" al servicio de
los nuevos propietarios. Entonces, cabe preguntarse
¿hacia qué desarrollo capitalista nacional se va?, ¿qué
posibilidad de am azar capital tienen los em presa
rios nacionales?, ¿cuál es el porvenir de la "libre”
em presa n acio n al?... Parece que nuestros empre
sarios no han com prendido el juego exacto entre la
potencia colonizadora y el colonizado intermediario.8
7 C entroam érica después de la segunda guerra mundial,
Guatemala, inédito, 1969, p. 28.
* Como dato ilustrativo reproducimos el siguiente cuadro
[Isaac Cohén Orantes, op. cit., p. 29]:
184 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
Si la m eta consiste en realizar el modelo capita
lista y éste sólo perm ite, en la hora actual, que quie
nes se beneficien verdaderam ente de él sean los
em presarios de las metrópolis con exclusividad, la
sustitución de las élites em presariales dé los países
colonizados por funcionarios m etropolitanos parece
ser la consecuencia inmediata. El sistema, pues,
funciona desigualmente. Y la m eta perseguida por
el em presario de la nación colonizada no puede ser
alcanzada jamás.
Violencia y política
En la Guatemala de hoy el sector ladino está vi
viendo una etapa creciente de agudización de sus
propias contradicciones; nunca hasta la fecha las si
tuaciones del diario vivir lo habían arrollado en
form a tan contundente; jam ás había experimentado
una conmoción tan sobrecogedora. Los actos violen
tos se han sucedido con pasm osa rapidez y, en lu
gar de tra ta r de encontrarle sentido a los hechos, se
ha dejado a rra stra r por la irracionalidad, la cual
se ha traducido sea en la pérdida total de la esti
m a por la dignidad de la persona hum ana, sea por
una aparente indiferencia, con el consiguiente reple-
gamiento egoísta, o sea tam bién por el deseo insen
sato de querer reto rn ar a un pasado cuyos valores
quisiera que todavía estuvieran vigentes.
c e n t r o a m é r ic a : Instituciones regionales que reciben asisten
cia financiera de Estados Unidos
Presupuesto de USAID
Año dls. dls.
SDBCA
(Guatemala) 1966 550 000 120 000
ODECA
(San Salvador) 1965 305 000 180000
ESAPAC
(San José) 1966 389 000 118 000
COCESNA
(Tegucigalpa) 1966 270 000 100 000
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 185
Quizás sea en el terreno de las actuaciones polí
ticas donde con más fuerza se puedan m edir tanto la
intensidad de las tensiones como los esfuerzos de
sesperados porque el sistem a colonial interno no
naufrague.
La "defensa” de la democracia, el cristianismo y la
civilización occidental
Así resum en las derechas su posición en los cen
tros urbanos. En ningún m om ento se han preocu
pado por explicarse qué es lo que cada uno de esos
térm inos significa, lo cual es natural porque —como
ya lo dem ostráram os antes—■nunca en el país se ha
tenido la experiencia vital que pudiera conferirles
un significado (aun en los períodos de gobiernos
"dem ocráticos” —y esto vale para las izquierdas
tam bién— jam ás se le pidió al indio que se expre
sara ; el ladino se expresó por él a través de consul
tas "populares” en las que todas las alternativas
eran ladinas).
En el quehacer diario, la derecha reparte sus sim
patías, en prim er lugar, al sistem a bicolonial, con
una adhesión m ás firme hacia el colonialismo in
terno al que considera como algo “natural", algo
dado. Ya dentro del campo estratificado del grupo
ladino adhiere, según los intereses económicos de
que dependa y su grado de aspiraciones, abierta
mente al colonizador externo, indirectam ente a éste
y directam ente a la burguesía agro-exportadora, o
m ediatam ente a los dos anteriores e inmediatamen
te a la burguesía de servidumbre.
Las derechas han utilizado para gobernar las in
fluencias de los políticos norteam ericanos, el poder
político de la Iglesia, las dictaduras m ilitares, los
intelectuales, los profesionales y estudiantes uni
versitarios (en gran cantidad), y una oposición
claram ente perfilada, convenientemente retórica y
prudentem ente dividida en grupos, grupúsculos e in
dividuos que agotan sus energías en dem ostrarse
recíprocamente quién es el más radical. Las dere
chas han contado, pues, con el suficiente y estable
186 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
núm ero de "com unistas” necesarios para m antener
enarbolada la bandera del "anti-comunismo".
Como puede verse, la lucha dentro del sistem a
bicolonial tiende norm alm ente a favorecer a las
derechas. Los tropiezos les han sobrevenido a éstas
cuando el sistem a ha sido atacado o, como en los
últimos años, puesto en duda. Si bien, siem pre han
m antenido un alto grado de agresividad —descar
gada periódicam ente a través de los cuerpos repre
sivos y dirigida contra el indio y los sectores ladinos
desheredados—, ante la crujida que para ellas signi
ficó el movimiento guerrillero, el desbordam iento de
los tem ores fue tal que no les bastó llevar a cabo ase
sinatos masivos e indiscriminados sino que los ma
tizó con una saña asqueante, claram ente patológica.
Ahora, más que nunca, saben que su salvación de
pende del colonizador externo, pero m antienen vi
gentes, tanto en las áreas rurales como en las urba
nas, los procedimientos de terror. Las bases de su
prestigio social se debilitan en la m edida en que
aum enta su inseguridad. Al guatem alteco común y
corriente, acostum brado a ver m orir lentam ente a la
gran m ayoría de sus com patriotas, carcomidos por
la desnutrición, sí le im presiona la m uerte violenta.
¡La izquierda soy yo!
Uno de los más sólidos sostenes que el sistem a bi
colonial tiene en su haber es, paradójicam ente, las
izquierdas colonizadas. Dada la especial form a que
reviste la estructura social, el grueso de los adhe-
rentes a las tendencias de izquierda se localiza no
entre los obreros —cuyo problem a es carecer de una
conciencia de clase suficientem ente extendida— sino
entre los miembros de la burguesía de servidum
bre, de obvia raigambre ladina y urbana. Su prim era
e insalvable limitación se finca en su certeza de que
la igualdad de los hom bres de Guatemala se asienta
en la desigualdad de los grupos sociales que la in
tegran, o sea, que los fundam entos del colonialismo
interno —tal como lo hemos explicado aquí— coin
ciden con los razonamientos que se ponen en el
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 187
punto de partida de cualquier acción. Consiguien
temente, las más radicales doctrinas son distorsio
nadas en acuerdo con los estereotipos que asignan
al ladino un papel rector en la sociedad y al indio
el de "reserva electoral de las derechas”, como reza
algún m anual de capacitación de nuevos m ilitan
tes, o bien el de "grandes mayorías populares", eufe
mismo propio de la retórica usual que, con la
suficiente vaguedad, deja despejado el camino para
que los "verdaderos líderes” puedan —en un futuro
incierto— "incorporarlo" a la "vida nacional” y "ha
cerlo partícipe de los beneficios que conlleva el
desarrollo económico y social". Salvo la cita del
manual, las demás frases no las hemos tom ado de
nadie en particular y, sin embargo, las podemos
poner en boca de cualquiera sin faltar a la verdad.
A tal grado son lugares comunes.
El izquierdismo más ortodoxo combate abierta
m ente al colonizador externo y a la burguesía agro-
exportadora, señala los vicios, las limitaciones y
algunas contradicciones de la pequeña burguesía (o
burguesía de servidum bre). Ataca, pues, frontal
mente a una de las cabezas del sistem a bicolonial y,
en los últimos años, lo ha hecho con las arm as en
la mano. El respeto que tal posición merece no se
va a poner en duda en ningún momento. Lo que
se señala es, salvo casos muy particulares, que está
atrapado en la tram pa que el colonialismo interno
le tiende perm anentem ente a todos los miembros
que lo componen y que consiste en separar a ladi
nos e indios, negándose a ver el juego dialéctico que
surge del alejamiento-acercamiento que durante cua
tro siglos y m edio se viene dando entre ambos.
Esa desgarradura gigantesca que hiere por igual a
los dos grupos es el reflejo prim ario de la distribu
ción inequitativa de la riqueza, de las discrim ina
ciones raciales y de las separaciones clasistas en
que estam os sumidos. No sólo la ha llevado nuestro
país por tantos años sino que cada uno de nosotros
la lleva m etida en el fondo de su conciencia. Para
racionalizar sobre esto parece que el m arxism o no
le ha sido suficiente a la conciencia colonizada.
188 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
Al intentar la búsqueda de las causas que han
conducido a tam aña ceguera nos tropezamos de in
m ediato con lo que hemos llamado el colonialismo
m ental y el vasallaje intelectual. Los dos nacen de
la iijterrelación que se da entre el colonizado y el
colonizador externo, como ya lo dejam os apuntado.
Como tal relación no es igualitaria sino que arranca
de la idea de la superioridad de los objetos, ideolo
gías y sistemas de valores del colonizador, así como
del aniquilam iento de las facultades creativas (en
esos campos) del colonizado, la consecuencia es que
los modelos extranjeros —provengan de donde
provengan— son asidos rígidamente, sin separar
lo que en ellos hay de general o particular e, inva
riablem ente, puestos en práctica con muy poca preo
cupación sobre si en la realidad van a adaptarse o
no a las especiales condiciones de la sociedad re
ceptora.
Al igual que con tantos objetos e ideas, en el te
rreno de las ideologías políticas Guatemala cuenta
con un amplio repertorio de importaciones, reinter
pretaciones y distorsiones. En el caso particular de
la izquierda, la falla fundam ental de interpretación
del m arxismo que hemos señalado es clara. Las
consecuencias son graves: sólo a través de este ra
zonamiento es posible explicarse que las tesis de la
antropología norteam ericana sirvan de base a su
puestas posiciones m arxistas que pretenden expli
car e interp retar —precisam ente— la relación indio-
ladino. Lo dicho es un ejem plo claro de una discu
sión ideológica llevada a cabo dentro del m arco del
sistema colonial interno y no echando a éste por
la borda. Si esto últim o no se hace, el peligro de
que las ideologías provenientes directam ente del co
lonizador externo tom en cuerpo es totalm ente evi
dente.
La falla señalada está en la raíz m ism a del siste
ma bicolonial al grado de transform arse en un feti
che que aliena la conciencia de los hom bres. Pero,
hay otras que derivan de la anterior y que contri
buyen a la enajenación del izquierdista colonizado.
En su m ayoría tales fallas parten de reinterpreta-
LOS COLONIALISMOS INTERNO Y EXTERNO 189
dones del m arxism o salpicadas de las enseñanzas
individualistas y liberales puestas en boga a p artir
de la Reforma Liberal del siglo pasado y destina
das a la preparación de los cuadros altos y medios
que habrían de ser los interm ediarios del colonia
lismo externo. E n las burguesías agro-exportadora y
de servidum bre los dictados individualistas pasaron
a ser valores fundam entales y siguen siéndolo.
De ahí que el pequeño burgués izquierdista no
puede concebirse más que en el centro de las accio
nes; su m ás cercano com petidor es su correligio
nario político; m antiene una pasión perm anente por
las denuncias de desviaciones, traiciones, m aniobras
ocultas. . . ; sus liderazgos están destinados, prim or
dialmente, a ser vistos, adm irados y, secundaria
mente, a tom ar determinaciones, a las cuales no
llega con facilidad y casi nunca toca el fondo de los
problemas porque se enreda en las disquisiciones
de form a, llegando al extremo de confundir los me
dios con los fines; sus batallas políticas son sim bó
licas y, a lo sumo, persiguen el cambio de hom bres
en los puestos visibles; su formación ideológica, en
el m ejor de los casos, abarca algunos textos de la
época de iniciación del marxismo, y en los casos
corrientes, es tom ada de folletos, artículos de re
vista y noticias de periódico; su virulencia verbal
contrasta con su inactividad en la acción, si ésta
comporta riesgos personales; en el fondo, no pone
en duda el sistem a bicolonial y desea secretam ente
que perviva.
Los hechos violentos que han azotado al país han
contribuido a una polarización muy significativa,
la cual se hace sentir, más que en ninguna otra
parte, en los medios universitarios. Ante la alter
nativa clara de optar por un puesto en la lucha
arm ada o declarar no estar dispuestos a poner en
riesgo la vida, muy pocos optaron por cada uno
de dichos caminos abiertam ente. Un grupo conside
rable se entregó a la beligerancia verbal al mismo
tiempo que se acondicionaba en las posiciones de
poder de la burguesía de servidumbre.
Si lo que en verdad prevalece en este izquierdista
190 CARLOS GUZMÁN BOCKLER
son los valores del individualismo, al tenor de los
cuales actúa, no por eso deja de pregonar su adhe
sión a valores de raigam bre socialista. H ará hinca
pié en que él —y no los otros— es el m ás genuiijo
representante de la izquierda. Puede autodefinirse
diciendo: ¡ La izquierda soy y o !
Consideración final
La propia dinámica del proceso violento en que vive
Guatemala hoy día, ha echado a andar una serie
de transform aciones en las escalas de valores co
lectivos e individuales. Puede ser que tales cambios
hagan que en el futuro se tenga una conciencia más
clara del doble campo de acción del colonialismo
y tal hecho contribuya a resolver las contradicciones
básicas que atenacean a sus habitantes.
192 ANEXO
CUADRO I
ESTADÍSTICAS GENERALES
DEMOGRAFIA
Superficie: 108 889 Kin2 (excluyendo el territorio de Belice con
22 900 Km2, detentado actualmente por la Gran
Bretaña).
Población: en 1964, 4 287 700 (en 1969 la población es superior
a 5000000).
Población no indígena en 1964 : 2 660 000; indígena: 1904 000.
Alfabeta: 1201 000 (en 1964).
Analfabeta: 2 044 000 (en 1964).
Distribución por edades en 1964:
0-4 años 17.6 % 15-19 años 10 %
5-9 15.7 °/o 20-24 8%
10-14 12.7 % Mayores 36 %
Tasa de crecimiento demográfico: 3.1 % (intercensal 1950-64)
Esperanza de vida al nacer (1964): 49.09 años
Tasa de natalidad (1967) : 433 por mil
Tasa de mortalidad ( . . . ) : 15.2 por mil
Mortalidad infantil ( . . . ) : 88 por mil
Población de la capital (1966) : 612 000
Densidad media : 42
fu en te: Dirección General de Estadística.
ESTADÍSTICAS GENERALES 193
CUADRO I I
PRODUCTO GEOGRÁFICO BRUTO A PRECIOS DE MERCADO,
POR RAMA DE ACTIVIDAD
Año: 1967 ( miles de quetzales de 1958)
Total 1 477 265 100 %
Comercio al por mayor y menor 419 854 28.4%
Agricultura, silvicultura, caza, pesca 402 854 273 °/o
Industria Manufacturera 220783 14.9 %
Propiedad de vivienda 114 894 7.8 %
Servicios privados 86 561 5.9 °/o
Transporte, almacenaje, comunicaciones 81252 5J°/o
Administración pública y Defensa 69962 4.7 %
Bancas, Seguros, Bienes inmuebles 35 003 2.4 %
Construcción 27 548 1.9%
Electricidad, gas, agua 16731 1.1 %
Explotación de m inas y canteras 1818 0.1 %
nota: Tasa de crecim iento del producto geográfico bruto de
1966-67 = 3.7 %
(de 1960-1966 la tasa promedio fue de 4 3 %)
UN QUETZAL = UN DÓLAR.
fuente: Dirección General de Estadística.
194 ANEXO
CUADRO III
VALOR DE LA PRODUCCIÓN BRUTA EN 1967
(E n miles de quetzales de 1958)
INDUSTRIA MANUFACTURERA 528 903 100 %
Productos alim enticios 192 785 36.4 %
Calzado y artículos textiles 70136 13.3 %
Fabricación de textiles 61538 12.7 %
Metálicos (excepto maquinaria equipo de
transporte) 34395 6.5%
Industria de bebidas 33 919 6.4 »/o
Industria del tabaco 21 318 4%
Productos químicos 21045 4%
Minerales no m etálicos (excepto deriva
dos petróleo y carbón) 16 004 3%
Fabricación muebles 10 880 2.1 %
Otras industrias 61095 11.6 %
AGRÍCOLA 291663 100 %
Café 87 237 29.9 %
Algodón 35 843 123 %
Maíz 32819 11.2 %
Frijol 25 725 8.8 %
Caña 23 391 8%
Frutas 19 539 6.7 %
Hortalizas 17 956 62 %
Banano 11 164 3.8 %
Trigo en granza 4 383 13%
Sem illa de algodón 3 727 13%
Chicle 3 399 12%
Otros 26 476 9.1 %
PECUARIA 152 008 100 %
Ganadería, avicultura y productos
pecuarios 110 026 72.4%
Silvicultura 38 365 25.2%
Caza y pesca 3 617 2.4 %
fu en te: Dirección General de Estadística.
ESTADÍSTICAS GENERALES 195
CUADRO IV
ESTADÍSTICAS LABORALES
POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE ACTIVA DE 7 Y MÁS AÑOS
s e g ú n o c u p a c i ó n e n 1 9 5 0 Y 1 9 6 4 (en millares)
1950 1964
Total 968 100% 1317 100%
Profesionales, técnicos y afines 16 1.6 % 29 2.2 %
Gerentes, administradores, direc
tores 14 13% 25 1.9 %
Oficinistas y afines 17 1.7 % 28 2.1 %
Vendedores y similares 32 33% 55 42%
Agricultores, pesca, caza, made
reros 651 673 % 849 64.5 %
Trabajadores minas y canteras 3 03% 2 02%
Trabajadores en transportes 12 12 % 24 1.7 %
A rte s a n o s , o p e ra rio s d e fá b ric a 135 14.0 % 179 13.6 %
Trabajadores m anuales y jorna
leros 17 1.7% 32 2.4 %
Otros 4 0.4 % 7 03%
fuente: Censo 1950-1964.
TRABAJADORES COTIZANTES AL INSTITUTO DE SEGURIDAD
SOCIAL POR ACTIVIDAD ECONÓMICA ( * )
( trabajadores de patronos particulares)
Año: Febrero 1968
Total 321 681
Agro, silvicultura, pesca 216 282
Minas y canteras 1 378
Industria manufacturera 37 427
Construcción 10 691
Electricidad, gas, agua 3 424
Comercio 19 433
Transportes, almacenaje y comunicaciones 10 736
Servicios 22 310
(*) Aunque estos datos no cubren la totalidad de la po
blación laboral —apenas un 25 °/o— nos parecen los m ás con
fiables y representativos para conocer la estructura profe
sional y el nivel de los salarios.
196 ANEXO
DISTRIBUCIÓN DE LOS SALARIOS MENSUALES DE INSCRITOS
AL INSTITUTO DE SEGURIDAD SOCIAL
(Por estratos, localización y ocupación)
Año: Febrero 1958 y Febrero 1968
Depto. de Gua-
1958 Departamen
1968 témala
tos (1968)
(Capital)
0-19.99 Q. 49.2% 45.2 % 13.3 55.6
20-99.99 Q. 43.2 % 44.9 % 60.4 40
Más de 100 Q. 7.6 % 9.9 % 9.8 4.4
fu en te: Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
Año: Febrero 1968
0-19.99 Q. 20-9999 Q. Más de 99 Q.
Agricultura, silvicultura.
pesca 60.8 % 36.0% 3.2%
Industria manufacturera 13.1 % 693 % 17.6 %
Comercio 17.3 % 49.4 % 333 %
Servicios 11.9 % 64.9 % 23.2 %
Construcción 16.1 % 71.2% 3.8 %
Minas y canteras 31.0% 56.0 % 13.0 %
Electricidad, gas, agua 8.0 % 63.9 % 27.1’%
Transporte, almacenaje.
comunicaciones 6.1 % 57.9 % 36.0 %
fu en te: Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.
ESTADÍSTICAS GENERALES 197
CUADRO V
COMERCIO INTERNACIONAL
BALANZA COMERCIAL
(miles de quetzales)
Exportación ([Link].) Im portación (CIF) Saldo
1963 151512 171 121 — 19 609
1964 164 347 202 109 — 37 762
1965 185 794 228 278 — 42 484
1966 226 120 207 580 — 18 540
1967 197 940 247 291 — 49 351
fu en te: Dirección General de Estadística.
PRODUCTOS EXPORfADOS EN 1967 (F.O.B.)
Café 69 593 352%
Algodón 31493 15.9 %
Azúcar 9 768 4.9 %
Carnes frescas 7 967 4.0 %
Productos vegetales 5 613 2.8 %
Frutas 4 924 2.5 %
Artículos de vestuario 4 322 2.2 %
Tejidos de fibras textiles 4 315 2.2 %
Perfumería, cosm éticos 3 595 1.8%
Tejidos de algodón 3 486 1.8%
Alimentación de animales 3 441 1.7%
Artículos manufacturados de caucho 2 722 1.4%
Otros 46 721 23.6 %
fu en te: Dirección General de Estadística.
PRODUCTOS IMPORTADOS EN 1967 (C .I.F .)
Materias primas y productos inter
medios 86 831 34.4 %
Bienes de consumo 82 234 32.6 %
Maquinaria, equipo, herramienta 48 710 193 %
Combustible, lubricantes 15 725 6.2 %
Materiales de construcción 13 090 5.2 %
Diversos 5 831 2.3 %
fuente: Dirección General de Estadística.
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