UNIDAD 2
ADOLESCENCIA
¿QUE ES SER ADOLESCENTE?
De acuerdo con el Comité de Derechos del Niño, la adolescencia es “un período
caracterizado por rápidos cambios físicos, cognoscitivos y sociales, incluida la madurez
sexual y reproductiva; la adquisición gradual de la capacidad para asumir
comportamientos y funciones de adultos, que implican nuevas obligaciones y exigen
nuevos conocimientos teóricos y prácticos”. La adolescencia es una etapa entre la niñez y
la edad adulta, que se caracteriza por profundas transformaciones biológicas, psicológicas
y sociales, muchas de ellas generadoras de crisis, conflictos y contradicciones. No es
solamente un período de adaptación a los cambios corporales, sino una fase de grandes
determinaciones hacia una mayor independencia psicológica y social. Es difícil establecer
límites cronológicos para este período; de acuerdo a los conceptos convencionalmente
aceptados por la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia es la etapa que
transcurre entre los 10 y 19 años, considerándose dos fases: la adolescencia temprana
(10 a 14 años) y la adolescencia tardía (15 a 19 años).
Pensamos la adolescencia también como una etapa con enorme potencialidad, de
cambios positivos, inspirados por la importante capacidad de los adolescentes para
aprender rápidamente, experimentar nuevas y diversas situaciones, desarrollar y utilizar el
pensamiento crítico y familiarizarse con la libertad, ser creativos y socializar. Es decir,
los/as adolescentes como actores estratégicos para el desarrollo de la sociedad.
Diferencia entre pubertad y adolescencia
La pubertad es un proceso biológico: durante dicho proceso se desarrollan los
caracteres sexuales secundarios, la maduración completa de las gónadas y glándulas
suprarrenales, así como la adquisición del pico de masa ósea, grasa y muscular y se logra
la talla adulta. La adolescencia en cambio, no solo se relaciona con cambios físicos sino
también psicológicos, emocionales y sociales. La adolescencia se inicia con la pubertad.
1) CARACTERISTICAS GENERALES DE LA ADOLESCENCIA
Cambios corporales y fisiológicos
Crecimiento corporal, dado por aumento de peso, estatura y cambios de la forma y
dimensiones corporales.
Aumento de la masa y fuerza muscular y de la fuerza muscular, también se
produce un incremento y maduración de los pulmones y el corazón, teniendo por
tanto un mayor rendimiento y recuperación más rápida frente al ejercicio físico.
El incremento de la velocidad de crecimiento, los cambios en la forma y
dimensiones corporales, los procesos endocrino-metabólicos y la correspondiente
maduración, no siempre ocurren de manera armónica, por lo que es común que
los adolescentes presenten torpeza motora, incoordinación, fatiga, trastornos del
sueño, los cuales a su vez que pueden generar trastornos emocionales y
conductuales de manera transitoria.
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El desarrollo sexual está caracterizado por la maduración de los órganos sexuales,
la aparición de los caracteres sexuales secundarios y el inicio de la capacidad
reproductiva.
Los cambios hormonales influyen generando: cambios de humor, irritación,
aumento del deseo sexual.
Cambios psicosociales
Cambios en la personalidad: búsqueda del sí mismo y de su identidad. En
relación a esto, el adolescente va elaborando su propia escala de valores en
correspondencia con su imagen del mundo.
Necesidad de independencia. Desapego del núcleo familiar y búsqueda de
mayor tendencia grupal. Los pares pasa a tener una importancia fundamental:
el grupo actúa como sostén y soporte, muchas veces los amigos ayudan a
afrontar las conflictivas propias de la edad (Ej.: discusiones con los padres,
miedos a no gustarle a otro, etc.). El grupo de pares resulta fundamental para
la construcción de la propia identidad.
Relaciones conflictivas con los padres que oscilan entre la dependencia y la
necesidad de separación de los mismos. El adolecente busca distanciarse de
su familia, por eso es habitual que se vuelvan críticos de ellas, poniendo en
entredicho normas familiares.
Cambios en la sexualidad: Manifestaciones y conductas sexuales con
desarrollo de la identidad sexual. En esta etapa se configura el pasaje del auto-
erotismo a la heterosexualidad o a homosexualidad.
Contradicciones en las manifestaciones de su conducta y constantes
fluctuaciones de su estado anímico.
Sobre el final de la adolescencia, elegirán una ocupación y construirán su
propio proyecto de vida.
Cambios en el pensamiento
Se experimenta una evolución del pensamiento concreto al abstracto. Las
necesidades intelectuales y la capacidad de utilizar el conocimiento alcanzan su
máxima eficiencia. A diferencia del niño, el adolescente puede llevar su
pensamiento a otros límites: es capaz de teorizar, pensar en temas abstractos
(como la religión, el amor, la política, etc.) hacer suposiciones, pensar no solo en
lo que existe sino en lo que podría existir, analizar por qué y cómo son las cosas.
En este período, los jóvenes se hacen más analíticos, comienzan a pensar en
términos simbólicos, formular hipótesis, corregir falsos preceptos, considerar
alternativas y llegar a conclusiones propias.
En este período hace posible un tipo de pensamiento en el que despersonaliza a
los seres humanos, utilizándolos como objetos, como medios para sus
satisfacciones. Este manejo de las personas demuestra una clara inestabilidad
afectiva e indiferencia hacia los demás.
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Pueden ocurrir que se produzcan cortocircuitos en el pensamiento, donde se
observa la exclusión de lo conceptual lógico mediante la expresión a través de la
acción (se vuelven pro momentos más impulsivos), lo que diferencia al
adolescente normal del psicopático, que persiste en este modo de conducta.
2) LOS DUELOS
El duelo por el cuerpo del niño perdido
Consiste en ir aceptando las modificaciones biológicas, ante las cuales puede abrigar
impotencia, ya que no puede hacer nada para frenar estos cambios. El adolescente puede
incluso sentirse despersonificado, se halla incómodo con su cuerpo. Debe adaptarse a su
"cuerpo nuevo", para ello debe modificar su estructura psíquica, para ajustarla a este
nuevo esquema corporal. Esta adaptación al cuerpo nuevo implica un trabajo para el
adolescente, con sus consecuentes inseguridades y fluctuaciones. Es frecuente que el
adolecente pase horas frente al espejo, mirándose, cambiándose… este proceso ayuda a
apropiarse de ese nuevo cuerpo.
El duelo por la infancia y el rol infantil
Durante la infancia, el niño vive en un mundo de fantasía y de despreocupación total. Esto
va acompañado de una relación de dependencia hacia los padres, en la cual vive muy
cómodamente. Dicha identidad de niño dependiente y sin preocupaciones que tiene en la
infancia, entra en crisis con la aparición de los caracteres sexuales secundarios, con el
surgimiento de los primeros cambios en el cuerpo. De pronto todo cambia, su
comportamiento debe corregirse porque le dicen que ya “no es un niño”, pero él se siente
igual que "ayer", cuando dicho comportamiento estaba bien visto. Es ahí que se produce
un desfasaje entre el Yo psicológico y el Yo corporal. Es aquí cuando entra en crisis.
Por otro lado, el niño en su infancia, acepta su relativa impotencia, necesita de otras
personas que cumplan sus funciones yoicas. En la adolescencia, sufre un "fracaso de
personificación". No se da cuenta de cómo debe actuar, ya que no es un niño, pero
tampoco un adulto.
El duelo por los padres de la infancia
El adolescente empieza a separarse de sus padres. Lo que marcará el "fin de la relación
de dependencia" que mantenía con ellos. Es más que obvio que sigue dependiendo de
ellos, no sólo económicamente, sino sentimentalmente, ya que necesitan de la
comprensión y la aprobación de éstos (sentirse aceptado).
Cuando el adolescente es capaz de resolver en forma satisfactoria los tres duelos,
cuando asume una identidad y posición sexual y cuando armar su propio proyecto e vida
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y logra la independencia económica; allí será el fin de su adolescencia. Nos obstante,
en el contexto en el que vivimos actualmente a posibilidad de lograr la independencia
económica se suele retrasar, de esta forma la variable económica termina repercutiendo
en el proceso de la adolescencia.
EN BUSQUEDA DE LA IDENTIDAD
La categoría Identidad ha sido ampliamente trabajada por profesionales de las ciencias
humanas (antropología, psicología, sociología, pedagogía, filosofía), ya que constituye
el elemento representativo del individuo y base para su desarrollo personal.
Laing (1961) define a la identidad como “aquello por lo que uno siente que es “él
mismo” en este lugar y este tiempo. Para Erikson la identidad es "La capacidad que
tiene el yo de mantener una mismidad y continuidad frente al destino cambiante".
La identidad refiere a “el patrón de actitudes, pensamientos, sentimientos y repertorio
conductual que caracteriza a una persona, y que tiene una cierta persistencia y
estabilidad a lo largo de su vida de modo tal que las manifestaciones de ese patrón en las
diferentes situaciones poseen algún grado de predictibilidad”. Si descomponemos esta
definición podemos entender la personalidad como:
Un conjunto de características que tiene una persona, relacionadas a su forma de
pensar, de actuar, de sentir, de comportarse.
Estas características siguen un determinado patrón o esquema (es decir, siguen
una línea, guardan cierta relación entre sí).
Como estas características poseen cierta constancia, es decir, tienden a
mantenerse a lo largo del tiempo, uno puede tener una idea de cómo puede llegar
a pensar, actuar, sentir una persona ante determinada situación.
La adolescencia es un momento privilegiado de producción subjetiva; durante ella el ser
humano inicia su recorrida hacia la independencia; por ende, podemos pensar que la
adolescencia es un tiempo de construcción y consolidación de la identidad.
Es importante destacar que la búsqueda de identidad no es un proceso sencillo: acarrea
dudas, crisis, ansiedad, experimentación, cambios… por eso, contar con una red de
apoyo para afrontar este proceso es de suma importancia.
¿QUE ASPECTOS MOLDEAN NUESTRA IDENTIDAD?
Un concepto ligado al de identidad es el de identificación. Desde la psicología y más
precisamente desde el psicoanálisis, y según Laplanche y Pontalis (1971), podemos
definir la identificación como “Un proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila
un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transformará, total o parcialmente,
sobre el modelo de éste. La personalidad se constituye mediante una serie de
identificaciones”. Nos identificamos con otros, es decir, asimilamos las características de
los otros y así vamos conformando nuestra identidad. Las raíces del concepto se pueden
encontrar en los escritos de Freud.
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Lo que queremos decir con esto es que la construcción de nuestra identidad (o
personalidad) se apoya en una serie de identificaciones que vamos internalizando a lo
largo de nuestra vida. Un ejemplo puede ayudarnos a entender esto: un niño pequeño
imitando la risa de su papá, una niña que quiere usar la ropa de su mamá.
EJEMPLO DE IDENTIFICACIÓN
Desde el momento que nacemos, dependemos de otro: hay alguien allí que nos cuida,
nos protege y nos alimenta. Sin ese otro (madre, padre, abuela, tutor, etc.) no podríamos
sobrevivir, y de la misma manera que necesitamos que un otro que nos alimente, nos
arrope, nos proteja; podemos pensar que también necesitamos de un otro que oficie de
referente o soporte para que podamos construir también nuestra identidad.
Podemos considerar que la identidad es un fenómeno subjetivo, de elaboración personal,
cada cual a lo largo de su historia irá construyendo su identidad; ahora bien, debemos
también reconocer que la identidad se construye en interacción con otros y que depende
de otros.
En ese sentido, entonces, contar con referentes estables que se ofrezcan como modelos
para que podamos ir armando los cimientos de nuestra identidad durante la infancia será
fundamental para la consolidación de la misma durante la adolescencia.
Ahora bien, más allá de los primeros referentes, veremos que existen otros
elementos que influyen en el desarrollo de la identidad de un individuo: En cierto
sentido, cada estímulo que experimentamos, consciente e inconscientemente, a lo largo
de nuestra vida tiene un impacto en cómo nosotros formamos y definimos nuestras
propias identidades. Los elementos internos y externos como la sociedad, la familia, los
seres queridos, la etnia, la raza, la cultura en la que nacemos, la geografía, las
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oportunidades, los medios de comunicación, las instituciones que nos atraviesan, los
intereses, la apariencia, la autoexpresión y los eventos de la vida, influyen en la creación y
progresión de la identidad y le aportarán características específicas a nuestra identidad.
Por lo tanto, nuestra identidad es resultado de un proceso complejo. Ahora la pregunta es:
¿Qué factores han influido en la conformación de tu identidad? ¿Podés dar cuenta de ellos?
¿Sos quién te gustaría ser? ¿Tu identidad está acorde a tu deseo o al deseo de alguien más?
Todas estas preguntas y más pueden ayudar a que cada uno de nosotros evalúe si la
construcción de su personalidad es genuina, o no.
Además, más adelante estudiaremos y veremos el impacto que tienen los medios de
comunicación en la construcción de la identidad.
SER ADOLESCENTE DESDE LA PERSPECTIVA JURIDICA
Anteriormente, hemos hablamos de la adolescencia desde las aristas biológicas,
psicológicas y sociales. Hablaremos ahora de la adolescencia desde la perspectiva
jurídica. SER ADOLESCENTE, ES TAMBIEN, SER SUJETO DE DERECHO.
Hasta 1990 en Argentina rigió el “paradigma tutelar” para el abordaje de la infancia y la
adolescencia. Este caracterizó a NNyA como inferiores respecto de las personas adultas
ya que se les consideraba “incapaces” de hacerse cargo de sus propios asuntos. Se
ordenaba que las personas “capaces” tomaran decisiones en su nombre, ya fueran sus
progenitores o el Estado.
Con la ratificación de la Convención de los Derechos del Niño en 1990, y su posterior
incorporación a la Constitución Nacional en 1994, la Argentina adquiere el compromiso de
modificar completamente el abordaje de toda su legislación e incorporar el nuevo
“paradigma de la protección de derechos” que se basa en el enfoque de derechos
humanos. Este modelo impone el reconocimiento de NNyA como sujetos plenos de
derechos, se reconocen como ciudadanos/as con los mismos derechos que todas las
demás personas, e impone deberes especiales a progenitores, al Estado y a la
comunidad, para la garantía de los derechos de esta población. Esto quiere decir que no
se enfoca en actuar sobre los individuos sino frente a la situación en que se encuentran,
para facilitar su desarrollo autónomo y habilitarles de manera directa el ejercicio de sus
derechos.
La Convención de los Derechos del Niño estableció cuatro principios rectores, que deben
ser respetados y deben guiar la interpretación de todas las normas relacionadas con
NNyA. Dos de estos principios son:
Autonomía progresiva:
Este principio es el reconocimiento jurídico de que la niñez y la adolescencia son períodos
de la vida de las personas en que se está consolidando de manera progresiva su
capacidad de discernimiento. Es decir, la habilidad para comprender información, aplicarla
a una situación particular para poder definir alternativas de actuación y, finalmente, tomar
decisiones. Esta capacidad se desarrolla de manera diferente en cada persona
dependiendo del contexto en el que habita, los recursos con los que cuenta (materiales,
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intelectuales y sociales) y sus características individuales. Por ejemplo, una persona a los
10 años puede tener la capacidad para comprender la importancia de tomar una
medicación para recuperar la salud, pero no para consentir una relación sexual o para
realizar una elección vocacional definitiva.
Participación directa:
Se establece en los arts. 12 y 13 de la CDN: “Artículo 12. Los Estados Partes garantizarán
al niño que esté en condiciones de formarse un juicio propio el derecho de expresar su
opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en
cuenta las opiniones del niño, en función de la edad y madurez del niño”.
EL ADOLESCENTE EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
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Los medios de comunicación constituyen una rica fuente de recursos simbólicos con los
que los adolescentes interactúan en la elaboración de la propia identidad. Ahora bien, nos
permitimos hacernos algunas preguntas en relación a la influencia de los medios de
comunicación:
¿Realmente te gusta lo que nos venden?
¿Lo consumimos para ser aceptados?
¿La publicidad nos persuade y manipula?
¿Los medios crean un mundo ideal o real?
¿Están visibilizadas la multiplicidad de formas de ser adolescente?
Al salir a la calle, nos encontramos con carteles, vallas; cuando vamos en el autobús,
escuchamos comerciales con mucha publicidad, y al llegar a casa, encendemos el
televisor o miramos en celular y hay aún más publicidad.
Podemos observar cómo los anuncios publicitarios de cada momento reflejan distintas
formas de vida y las aspiraciones sociales de la mayoría de las personas, y cómo la
publicidad va moldeando la sociedad mostrándoles nuevas ideas acerca de los roles del
hombre y la mujer, nuevos estilos de vida, valores, principios, además, la publicidad va
creando para la sociedad nuevas necesidades por las nuevas variedades de productos
del mismo uso que difunde.
Los mensajes publicitarios contienen roles sociales que acaban condicionando
nuestra conducta. A menudo, la publicidad perpetúa una serie de estereotipos que
tradicionalmente se han adjudicado a los hombres, las mujeres, los niños o los
ancianos. La publicidad impone un ideal en cuanto a la imagen física, estilo de
vida, propone llegar a la “felicidad” consumiendo los productos y servicios que
difunde, lo que hace que todo aquel que se vea influenciado por la publicidad
intente alcanzar el ideal alejándolo de su propia realidad. Los medios de
comunicación tienen una gran incidencia en la socialización de los jóvenes, pero
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transmiten una imagen estereotipada de los mismos, en la que predominan los divertidos,
dinámicos y superficiales
Siendo los jóvenes y adolescentes un público objetivo susceptible, pero no más
que los niños, se podría hacer una analogía con una esponja, la cual va
absorbiendo todo lo percibido y lo mismo pasa con los jóvenes y adolescentes al
frente de la publicidad. Mientras los jóvenes y adolescentes tratan de definir su
personalidad, la publicidad nos ofrece una serie de roles estereotipados con
mensajes dañinos de nuevos conceptos de moralidad, de religión, de respeto, de
pudor.
Por otro lado, la publicidad propone una juventud dinámica, alegre y con un gran
poder adquisitivo. Para venderles los productos (moda, coches, tecnología) utiliza
varios temas: los estudios, las discrepancias con los padres, la música, la
velocidad y el deporte entre otros. Todos ellos son manipulados por los publicistas
para crear en los jóvenes la necesidad de consumir, muchas veces
innecesariamente. Es necesario que los jóvenes sepan analizar estos trucos
publicitarios para poder tener una actitud crítica hacia la publicidad y evitar ser
influenciado por ella.
LAS ENFERMEDADES QUE MAS AFECTAN A LOS ADOLESCENTES
Embarazos y partos precoces. Las complicaciones relacionadas a la gestación y
alumbramiento adolescente es la segunda causa de mortalidad entre las muchachas de
15 a 19 años en todo el mundo. Cerca del 11% todos los nacimientos a nivel global
corresponden a este grupo de jóvenes.
VIH. Más de dos millones de adolescentes en el mundo viven con el virus. Si bien las
muertes relacionadas con el VIH disminuyeron un 30% con respecto al nivel máximo
registrado hace una década, las estimaciones disponibles indican que las defunciones por
el virus entre los adolescentes están creciendo.
Salud mental. La depresión es la principal causa de morbilidad y discapacidad entre
los adolescentes y el suicidio es la tercera causa de defunción.
Violencia. Es una causa importante de mortalidad. Se calcula que todos los días
mueren 180 adolescentes como consecuencia de la violencia interpersonal. A nivel
mundial, el 30% de las mujeres de 15 a 19 años sufren violencia por parte de su pareja.
Alcohol y drogas. El consumo nocivo de sustancias reduce el autocontrol y aumenta los
comportamientos de riesgo, como las relaciones sexuales no protegidas. Es una de las
principales causas de lesiones (incluidas las provocadas por accidentes de tránsito),
violencia (especialmente por parte de la pareja) y muertes prematuras.
Traumatismos. En 2012, unos 120.000 adolescentes murieron como resultado de
accidentes de tránsito. Los ahogamientos son también una de las principales causas de
mortalidad entre jóvenes; de hecho, al mismo año unos 60.000 fallecieron por esta causa.
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Malnutrición y obesidad. Muchos niños y niñas de países en desarrollo padecen
desnutrición cuando llegan a la adolescencia. Por otra parte, el número de jóvenes con
exceso de peso u obesidad está aumentando tanto en los países de ingresos bajos como
altos.
Sedentarismo. Menos de uno de cada cuatro adolescentes sigue las directrices
recomendadas sobre actividad física, que consisten en hacer ejercicio de moderado a
intenso todos los días durante 60 minutos.
Tabaquismo. Casi todas las personas que consumen tabaco hoy en día comenzaron a
hacerlo cuando eran adolescentes. A nivel mundial, al menos uno de cada diez
adolescentes (de 13 a 15 años) consume tabaco, y en algunas regiones esa cifra es
mucho mayor.