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Retrato de mi abuelo querido

El documento describe a un abuelo de 70 años que disfruta de paseos diarios, lectura y convivir pacíficamente a pesar de tener una aversión a los pelos largos.

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Daniela RM;
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MI ABUELO

Mi abuelo tiene setenta años de edad. Es un hombre de estatura media, algo encorvado ya por el
peso de los años. Tiene el pelo cano, orejas amplias, nariz ganchuda, ojillos grises y boca grande
con labios finos. Anda demasiado inclinado hacia delante y con la vista fija en el suelo, como si
buscase algún objeto perdido.
Tiene un carácter tranquilo y pacífico. Su plan de vida es muy sencillo: se levanta temprano,
desayuna, se da un paseo y regresa a la hora del aperitivo. Le gusta leer un poco antes de comer y,
otras veces, después de la comida. A continuación, el paseo de la tarde. Es buen andarín, se
recorre calles y calles incansablemente. No le importa pasar un día y otro por las mismas plazas,
los mismos edificios y los mismos escaparates. Después, la cena, la televisión y a la cama.
Solo tiene una manía: no puede ver pelos largos. Pero es que para él, pelo largo es el que llevan,
por ejemplo, los reclutas. Dejando a un lado esta manía, el abuelo es un hombre con el que se
puede convivir de maravilla. Para mí es la mejor persona que jamás he conocido y le tengo
muchísimo cariño. No sé lo que haría si no lo viera más.
MI ABUELO

Mi abuelo tiene setenta años de edad. Es un hombre de estatura media, algo encorvado ya por el
peso de los años. Tiene el pelo cano, orejas amplias, nariz ganchuda, ojillos grises y boca grande
con labios finos. Anda demasiado inclinado hacia delante y con la vista fija en el suelo, como si
buscase algún objeto perdido.
Tiene un carácter tranquilo y pacífico. Su plan de vida es muy sencillo: se levanta temprano,
desayuna, se da un paseo y regresa a la hora del aperitivo. Le gusta leer un poco antes de comer y,
otras veces, después de la comida. A continuación, el paseo de la tarde. Es buen andarín, se
recorre calles y calles incansablemente. No le importa pasar un día y otro por las mismas plazas,
los mismos edificios y los mismos escaparates. Después, la cena, la televisión y a la cama.
Solo tiene una manía: no puede ver pelos largos. Pero es que para él, pelo largo es el que llevan,
por ejemplo, los reclutas. Dejando a un lado esta manía, el abuelo es un hombre con el que se
puede convivir de maravilla. Para mí es la mejor persona que jamás he conocido y le tengo
muchísimo cariño. No sé lo que haría si no lo viera más.
MI ABUELO

Mi abuelo tiene setenta años de edad. Es un hombre de estatura media, algo encorvado ya por el
peso de los años. Tiene el pelo cano, orejas amplias, nariz ganchuda, ojillos grises y boca grande
con labios finos. Anda demasiado inclinado hacia delante y con la vista fija en el suelo, como si
buscase algún objeto perdido.
Tiene un carácter tranquilo y pacífico. Su plan de vida es muy sencillo: se levanta temprano,
desayuna, se da un paseo y regresa a la hora del aperitivo. Le gusta leer un poco antes de comer y,
otras veces, después de la comida. A continuación, el paseo de la tarde. Es buen andarín, se
recorre calles y calles incansablemente. No le importa pasar un día y otro por las mismas plazas,
los mismos edificios y los mismos escaparates. Después, la cena, la televisión y a la cama.
Solo tiene una manía: no puede ver pelos largos. Pero es que para él, pelo largo es el que llevan,
por ejemplo, los reclutas. Dejando a un lado esta manía, el abuelo es un hombre con el que se
puede convivir de maravilla. Para mí es la mejor persona que jamás he conocido y le tengo
muchísimo cariño. No sé lo que haría si no lo viera más.

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