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NAUFRAGIOS

Este documento presenta la introducción a la obra Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. La introducción contextualiza la obra y su autor, describiendo la expedición de Narváez que llevó a Cabeza de Vaca a recorrer territorios del sur de Norteamérica durante más de diez años, adoptando costumbres de los pueblos indígenas. También resume brevemente el contenido de la obra.

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NAUFRAGIOS

Este documento presenta la introducción a la obra Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. La introducción contextualiza la obra y su autor, describiendo la expedición de Narváez que llevó a Cabeza de Vaca a recorrer territorios del sur de Norteamérica durante más de diez años, adoptando costumbres de los pueblos indígenas. También resume brevemente el contenido de la obra.

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Edición coordinada por: Daniela Evangelina Chazarreta

I n t r o d u c c i ó n y n o t a s d e : V a n i n a M a r í a Te g l i a
Colaboración en el dossier: Elena Altuna, Julián Carrera y Emir Reitano
Edición coordinada por Daniela Evangelina Chazarreta
Introducción y notas de: Vanina María Teglia
Colaboración en el dossier: Elena Altuna, Julián Carrera y Emir Reitano
Núñez Cabeza de Vaca, Alvar
Naufragios / Alvar Núñez Cabeza de Vaca ; coordinado por Daniela Evangelina
Chazarreta. - 1a ed. - Quilmes : Caligrafías, 2012.
(Nuestra América / Daniela Evangelina Chazarreta)
CD-Rom.

ISBN 978-987-28035-1-3

1. Relatos de Viajes. I. Chazarreta, Daniela Evangelina, coord. II. Título


CDD 910.4

Fecha de catalogación: 25/07/2012

Colección “Nuestra América”, volumen 1.

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del co-
pyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o par-
cial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la fotocopia
y el tratamiento informático.

© 2012,De los autores de la introducción, notas y artículos, 2012


© 2012, Caligrafías
© 2012, Ilustración de tapa Laura Cáceres

Coordinadora de ilustradores y área de historia del arte: Leticia Nápoli.

Primera edición
ISBN 978-987-28035-1-3
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Edición digital del mes de Agosto

Diseño y Maquetación digital


Manuel Páez DCV mvp@[Link]
La Plata, Argentina
Índice

Liminar
Daniela Evangelina Chazarreta.................................................5

Lámina 1.................................................................................9

Introducción
Vanina María Teglia................................................................11
La mirada puesta en los viajes: biografía de Álvar Núñez........17
Ediciones consultadas de Naufragios - Bibliografía citada........23
Criterios que rige esta edición.................................................27
Cronología de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca......29

Lámina 2...............................................................................33

El Texto..................................................................................35
Naufragios..............................................................................37

Lámina 3...............................................................................43

Capítulo I..............................................................................45
Capítulo II.............................................................................51
Capítulo III............................................................................53
Capítulo IV............................................................................55
Capítulo V.............................................................................61
Capítulo VI............................................................................66
Capítulo VII..........................................................................67
Capítulo VIII.........................................................................73
Capítulo IX............................................................................77
Capítulo X.............................................................................81
Capítulo XI............................................................................86
Capítulo XII...........................................................................88
Capítulo XIII.........................................................................91
Capítulo XIV.........................................................................93
Capítulo XV...........................................................................97
Capítulo XVI.......................................................................100
Capítulo XVII......................................................................104
Capítulo XVIII.....................................................................109
Capítulo XIX.......................................................................115
Capítulo XX.........................................................................118
Capítulo XXI.......................................................................120
Capítulo XXII......................................................................123
Capítulo XXIII.....................................................................130
Capítulo XXIV.....................................................................132
Capítulo XXV......................................................................135
Capítulo XXVI.....................................................................137
Capítulo XXVII...................................................................139
Capítulo XXVIII..................................................................142
Capítulo XXIV.....................................................................146
Capítulo XXX......................................................................151
Capítulo XXXI.....................................................................157
Capítulo XXXII...................................................................161
Capítulo XXXIII..................................................................166
Capítulo XXXIV..................................................................168
Capítulo XXXV...................................................................172
Capítulo XXXVI..................................................................175
Capítulo XXXVII.................................................................178
Capítulo XXXVIII...............................................................182

Lámina 4.............................................................................187

Dossier.................................................................................189
El Naufragio: Alteridad e Identidad Cultural.
Elena Altuna........................................................................191
América y el mundo en el siglo XVI - La formación del imperio
español.
Julián Carrera, Emir Reitano................................................ 203
Liminar
Daniela Evangelina Chazarreta
La colección “Nuestra América” de la editorial Caligrafías
inicia su derrotero con un primer volumen correspondiente
a las crónicas de Indias, textos fundamentales y fundantes de
la literatura latinoamericana; en este caso particular, se trata
de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Con este paso
deseamos abrir y dar cuenta de lecturas sobre los textos que,
abordados interdisciplinariamente, enriquezcan la crítica literaria
con sus aportes y especificidad.
En cuanto a la diagramación, el texto propiamente cuenta
con la introducción de una especialista en la materia, Vanina
María Teglia que, además, hace una profusa y erudita anotación
de la relación de Álvar Núñez Cabeza de Vaca.
Quisimos, incluso, agregar un dossier que amplíe el contexto
cultural colonial, apuntando, primeramente, las complejas
significaciones de los naufragios en las crónicas y el modo en que
ello se proyecta sobre las imágenes de los propios cronistas; de
ello trata el artículo “El naufragio alteridad e identidad cultural” a
cargo de Elena Altuna. Otro hito en la reposición del contexto son
los diversos aspectos socio-históricos que implican la conquista y
colonización americana, sus características, factores y actores, que
hayan cuerpo en el artículo “América y el mundo en el siglo XVI.
La formación del imperio español” de Emir Reitano y Julián
Carrera.
Agradecidos profundamente a los colaboradores por su
generosidad, predisposición y seriedad en el trabajo efectuado,
damos inicio, entonces, a las lecturas del texto.

7
Americae Sive Novi Orbis. Nova
Descriptio, Abraham Ortelius, 1595
Introducción
Vanina María Teglia
Introducción

Los indios platicaban entre


sí diciendo que nosotros
veníamos desnudos y
descalzos, y ellos [los otros
españoles] vestidos y en
caballos y con lanzas.
(Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Naufragios, cap. XXXIV)

Pasados más de diez años de la expedición que lo obligó


finalmente a atravesar bosques, desiertos y sierras, naufragios,
esclavitud y redención mágica entre tribus indígenas al sur de
Norteamérica,1 el soldado y cronista Álvar Núñez Cabeza de
Vaca recuerda perfectamente su experiencia. Al narrarla, aún
comprende y se identifica con la radical otredad en la que cayó en
aquellos días. De funcionario de la Corona española (tesorero y
alguacil mayor) de la armada de Pánfilo de Narváez, en convivencia
con los indios, se transformó y adoptó prácticas diferentes de las
occidentales. Si bien es cierto que simuló algunas de ellas para
conseguir autoridad entre los indios, adoptó auténticamente
relaciones diversas con su entorno. Así, al fin de su periplo,
Cabeza de Vaca come carne cruda, duerme en el suelo y prefiere
andar desnudo, porque todo esto le “sienta mejor”. Al principio,
los hombres de De Narváez –y, entre ellos, Álvar Núñez–,
buscaban la Tierra del Oro. Unos indios, por medio de señas y
de algunas pocas palabras que los españoles conquistadores ya
“comprendían”, les insinuaron que había grandes cantidades del
metal precioso en la región de Apalache. Embargados de ilusiones
de riqueza y distinción, estos españoles, como muchos de los que

1 Álvar Núñez, junto a sus compañeros españoles, recorrieron varios


territorios comprendidos entre la península de la Florida y la ciudad mexicana
de Culiacán.

13
participaron en el proceso conquistador, desfilaron en pos de una
quimera. Pero no era todo ambición de enriquecimiento. En la
época, se pensaba que podía “alcanzarse el cielo con las manos”
–el perdón de Dios y el paraíso celestial– si se hallaban riquezas
para el rey y para promover la expansión de la fe.
Luego, con el transcurrir de los hechos (y de los naufragios),
los objetivos pasaron a ser otros: el maíz, por caso, con el que se
puede fabricar pan, considerado por los pueblos occidentales un
alimento noble y propio de culturas desarrolladas. Luego, junto
a los indígenas, persiguieron desesperadamente otro objetivo: las
tunas, único alimento en algunas zonas del desierto. Para hacerse
de ellas, cientos de hombres nómadas de la región esperaban la
época de maduración y cosecha. Encontradas finalmente, las
tunas los hacían felices: se llenaban con ellas la barriga hasta
que les quedaba “bien grande”, quizás en compensación por el
hambre y la pobreza de los restantes nueve meses de espera.
Otras cuestiones surgen del encuentro entre españoles e
indios. Los nativos saben que hay cosas “venidas del cielo”: con
esta expresión, aluden a todas las cosas extrañas a ellos mismos
y cuyo origen desconocen. Entre los guajes2, los chamanes y
ciertos fenómenos de la naturaleza como los huracanes, también
Álvar Núñez, como “caído” del cielo, es considerado por ellos
como “hijo del Sol”. Todo lo que era diferente de ellos tenía que
asumir su diferencia entre ellos: es decir, debía ser sojuzgado y
esclavizado, o ser superior y tener amplia libertad. Cabeza de Vaca,
como juguete del destino elegido por los nativos, es obligado a ser
esclavo, llevado luego a ser mercader y, por último, forzado a ser
chamán o médico curandero muy respetado por los indígenas. En
algunas ocasiones, es tanto esclavo como chamán. Se evidencian,
en Naufragios, a pesar de la distancia con que fue escrito respecto

2 El guaje, como se verá en el texto, era un elemento religioso fabricado


con calabazas ahuecadas que se rellenaban con piedras.

14
de los hechos,3 momentos de pasaje y traslado asumidos por su
protagonista. El primero es el que le sucede cuando, luego de un
naufragio, es despojado de sus bienes y de sus ropas por el embate
violento del mar hasta quedar desnudo sobre la costa americana.
Los cambios y las transformaciones del protagonista Cabeza de
Vaca se dan obligadas por la fuerza de la naturaleza y, también,
por los naturales de la tierra. Incluso, Núñez llega a simular4 ser lo
que los indios desean de él: un poseedor de “virtudes” para curar
y matar: mimetiza los rituales médicos nativos y chamánicos, o
se enoja con los indios y los amenaza de muerte como si pudiera
traerla con sólo desearlo. Los indios deciden sobre su destino y
su apariencia.
Al tiempo que Cabeza de Vaca y sus compañeros son
transformados por el deseo de los indios, también éstos son
modificados por la mirada europea. Se operan dos cambios
significativos en ellos comentados en esta crónica. En primer
lugar, incorporan a sus creencias la religión cristiana en desmedro
de sus propias religiones o, en muchos casos, elaboran formas
de sincretismo religioso que les permiten conservar de manera
diferenciada sus antiguas devociones. Por esto, en Naufragios, el
autor narra cómo los indios piden ser bautizados en la religión
cristiana y clavan cruces en todas sus villas. En segundo lugar,
por pedido de los españoles, los indios bajan de las sierras –en
las que se refugiaban de los españoles– y comienzan a poblar
los lugares “llanos”. El significado en español de esta frase es
bastante diferente del que puede entenderse hoy, ya que el

3 En su primer viaje a las Indias, Álvar Núñez recorre el sur de


Norteamérica desde el año 1527 al de 1536. Al regresar a “tierra de cristianos”,
escribe y reescribe sus Naufragios hasta 1555, que publica junto a sus
Comentarios.
4 La simulación quizás también sea una de las formas de resistencia
propias de los indios ante el poder español. Son varias las quejas, en la época de
la colonia, que documentan cómo los indios “contrahacen” –es decir, simulan–
la religión cristiana y las formas de sociabilidad y de expresión occidentales
como medio de evasión de la coerción virreinal y del poder colonial.

15
desierto, para el español de aquellos años, no implicaba una
geografía de tierra infértil y un ambiente seco sino que se refería
a los lugares deshabitados y sin edificaciones, “despoblados”. Si
los indios comienzan a “poblar”, esto significa que abandonan
su nomadismo y comienzan a afincarse en los valles. Adoptan,
de esta manera, las formas de vida y producción sedentarias, tal
como prefieren sus colonizadores, y renuncian a las posibilidades
de una vida serrana.
Indios y españoles, a partir de su encuentro, cambian su
relación con la naturaleza y con el más allá sobrenatural. Los
primeros truecan sus modos de producción y su arquitectura:
“hacían iglesias y cruces, y llevaron [a los españoles] a sus casas”,
explica Álvar Núñez al final de su relato. Los segundos transforman
lo que nosotros –lectores occidentales– corrientemente conocemos
como las necesidades básicas: la alimentación, la forma de dormir
y de vestir. Cada uno cumple la utopía del otro: el tener villas de
cristianos sujetas económica e ideológicamente al imperio en el
caso de los indios; y el tener “virtudes” mágicas para curar y dar
la vida en el de los españoles. Al menos, ninguna de estas dos es
la utopía de hombres como Nuño de Guzmán, que se servían
del saqueo y la masacre de los nativos para el apoderamiento del
botín indígena. Naufragios –entre otras cuestiones– es un texto
sobre la aculturación en varios niveles y sobre cómo narrarla. Esta
edición crítica del texto de Álvar Núñez de la colección “Nuestra
América” (editorial Caligrafías), en sus notas editoriales y en sus
artículos elaborados por importantes ensayistas contemporáneos,
pone de relieve la cuestión fundante de la aculturación, cuyos
múltiples discursos atraviesan todas las identidades americanas y,
en particular, la heterogénea identidad latinoamericana.

16
La mirada puesta en los viajes: biografía de Álvar Núñez

Pocos datos de la vida de Álvar Núñez se conocen antes de su


partida a las Indias y esto, en parte, porque los registros oficiales
contienen muchos homónimos de Núñez que suelen confundir
a los biógrafos. Se sabe que tuvo ancestros bastante famosos. El
apellido Cabeza de Vaca, al parecer, fue dado por el rey Sancho
como distinción de nobleza a uno de los ancestros de Álvar por
participar en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. Esto por
la rama materna; por la paterna, su abuelo, don Pedro de Vera,
se destacó en la reconquista de Granada y en la conquista de
las Canarias. Estas islas fueron un importante antecedente para
el arribo de los españoles en Indias y sus conquistas, pues, en
ciertas características, se asemejan bastante. Fueron motivo de
varias disputas entre portugueses y españoles. Fray Bartolomé de
las Casas describió a sus habitantes de manera similar a como
representó a los amerindios: como la “gente más inocente del
mundo”, que vivía una felicidad casi paradisíaca. Por otra parte,
Enrique Pupo-Walker (1992: 24) ha corroborado que, entre
los miembros fundadores del Consejo Real Supremo de Indias,
figuraba el maestro Luis Cabeza de Vaca, conde de Pernia que,
además, fue obispo de Canarias. Quizás este vínculo familiar
haya influido en el envío de Álvar a las Indias.
La falta de precisión biográfica se aplica, también, a sus
datos de nacimiento. Pocos registros parroquiales contienen las
iglesias de Jerez de la Frontera, lugar de donde él mismo afirma
ser oriundo. Esta ciudad pertenece al municipio de Cádiz dentro
de la comunidad de Andalucía. Muy cerca de allí, se encuentran
las ciudades de Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, desde donde
partía la mayoría de las expediciones de ultramar. En cuanto al
nacimiento de Núñez, los biógrafos calculan que debió haber sido

17
entre los años 1488 y 1492. Fue el tercero de seis hijos. Sus padres
fallecieron aproximadamente en 1505. Participó en acciones
militares españolas que se enfrentaron con las provocaciones de
Luis II de Francia, como el sitio de Bolonia en el que Cabeza de
Vaca acompañó al conde de Alberto y la batalla de Rávena de
1512 en la que participó alistado en la armada del rey Fernando
el Católico. No está documentado, sin embargo, por qué motivos
y antecedentes fue elegido para tales episodios. Fue nombrado
también alférez de Gaeta, Nápoles (territorio perteneciente al
imperio español en aquella época) y luego, camarero al servicio
del duque de Medina Sidonia. Allí, paradójicamente, sirve a los
Guzmanes, que habían sido acérrimos enemigos de su abuelo
Pedro de Vera. Algunos biógrafos destacan su participación en
la revuelta de los comuneros –en la toma del Alcázar de Sevilla
en defensa del entonces joven monarca Carlos V– y su posterior
servicio contra los franceses en Navarra.
Sin embargo, dos fueron los acontecimientos más
importantes y decisivos en su vida: la expedición a la Florida y
su viaje a la ciudad de Asunción como Adelantado del Río de
la Plata. No resumiremos aquí todo lo que sucede en la vida de
Álvar Núñez en su estancia al sur de Norteamérica, el lector podrá
informarse leyendo los capítulos de Naufragios. Sólo brindaremos
algunos detalles. Cabeza de Vaca era parte de la armada de
Pánfilo de Narváez, que contaba con cinco navíos y 600 hombres
aproximadamente. En estos territorios, Álvar Núñez recorrió lo
que hoy se conoce como Texas y Nuevo México hasta llegar a
Culiacán el primero de mayo de 1536. Según estima Trinidad
Barrera (1985), fueron aproximadamente 18.000 kilómetros los
que, luego de varios naufragios en el mar Caribe, Cabeza de Vaca
caminó junto a los otros tres sobrevivientes desde 1527 a 1537.
Cuando Álvar Núñez, Andrés Dorantes, Alonso del Castillo y

18
Estebanico llegan a Nueva España, los primeros tres escriben, en
1536, una relación muy escueta de los hechos que les sucedieron
entre los indios y la envían a las autoridades virreinales. De esa
relación, se ha perdido la mitad de sus folios, pero se conserva la
primera parte que narra –en tercera persona– los acontecimientos
equivalentes a los primeros dieciséis capítulos de lo que será
Naufragios. Su nombre completo es Relación del viaje de Pánfilo de
Narváez al Río de las Palmas hasta la punta de la Florida, hecha por
el thesorero Cabeza de Vaca (año de 1527). Se cree que hubo una
versión posterior de 1537 ampliada (y hoy perdida) que envió
Álvar Núñez desde La Habana a la Real Audiencia de la ciudad
de Santo Domingo de la isla Española, días antes de su regreso
a España. A pesar de la pérdida de este texto, afortunadamente
Gonzalo Fernández de Oviedo, el cronista oficial de la Corona
española, tuvo acceso al manuscrito, probablemente a fines de
1530 y principios de 1540, y escribió varias páginas que resumen
los acontecimientos. A pesar de que, en ellas, Oviedo dejó su
impronta en muchos comentarios, en este texto se revelan las
voces de los tres autores originales (Núñez, Dorantes y Castillo),
mucho más que en el posterior y más personalista Naufragios. La
Historia General y Natural de las Indias de Fernández de Oviedo,
en donde aparecen los hechos referidos a Cabeza de Vaca, fue
publicada en el siglo XIX.
En 1537, Álvar Núñez regresa a España y allí recibe la
noticia de que el emperador Carlos V ya había nombrado a un
nuevo adelantado para las tierras que él conoció: Hernando de
Soto. Éste asumiría la gobernación de Cuba y de toda la región
comprendida entre Cape Fear (hoy en Carolina del Norte)
y el río de las Palmas en Nueva España (México). Esto afectó
profundamente a nuestro protagonista, pues deseaba el cargo
para sí mismo y retornar inmediatamente a las Indias. Por este

19
motivo quizás no aceptó la invitación de De Soto de integrar
su armada. Para su regocijo, el 18 de marzo de 1540 firma una
capitulación por el que es nombrado gobernador, segundo
adelantado y capitán general del Río de la Plata, Paranaguazú y
sus anexos. Es probable que las virtudes de Núñez relatadas en la
Relación conjunta –que así es como se la conoce– de 1537 y que
fue enviada a Santo Domingo hayan tenido mucho peso en esta
decisión del emperador. En aquellos territorios, Cabeza de Vaca
tenía como misión socorrer a los posibles supervivientes de la
expedición de Pedro de Mendoza (1487-1437), quienes fueron
atacados por los indios guaraníes en 1536 en la primera Buenos
Aires fundada por este capitán. Con este propósito, Cabeza de
Vaca parte en 1540 de la ciudad de Cádiz –luego de tan sólo 28
meses de estadía en España entre uno y otro viaje– y llega a la
isla brasilera de Santa Catalina el 29 de marzo de 1541. Desde
allí, tarda cinco meses en llegar por tierra al fuerte de la ciudad
de Asunción del Paraguay, sede de la gobernación del Río de la
Plata, el 11 de marzo de 1542. Allí dirige la primera expedición
española que conoce y describe las Cataratas del Iguazú, y que
explora el curso del río Paraguay. Gestiona misiones de paz entre
los indios que se hallaban enemistados, intenta corregir los abusos
cometidos contra los indios y fuerza a los españoles residentes a
pagar los impuestos requeridos por la Corona española.
Sin embargo, a causa de enfermedades contraídas en esa
región que lo obligan a ausentarse en varias ocasiones de su
cargo como gobernador y por varias diferencias con capitanes y
colonos españoles establecidos allí, su autoridad es rechazada y es
reemplazado en la gobernación por Domingo de Irala el 25 de
abril de 1544. Álvar Núñez es apresado en Asunción por un año y
luego es enviado a España –encadenado– el 7 de marzo de 1545.
Quizás sus políticas de colonización protectoras de los indios lo

20
perjudicaron frente a las autoridades locales. Pupo-Walker (1992:
36) recoge comentarios sobre Cabeza de Vaca en los textos de
Ulrico Schmidel y Díaz de Guzmán. Éstos sugieren que Álvar
carecía de astucia política y de los dones necesarios para la labor
administrativa y planificadora. Más allá de esto, se sabe que, al
llegar a las costas de Brasil, la carabela que transportaba a Cabeza
de Vaca preso atraviesa una gran tormenta que algunos oficiales
abordo interpretaron como represalia divina ante las injusticias
cometidas contra este antiguo gobernador, legítimo representante
de la Corona.5 En España, se lo acusa principalmente de abuso
de poder y se le imputan treinta y seis cargos en su contra: entre
ellos, el haber abandonado a trece hombres cuando iba camino de
Asunción. Su abogado defensor no encontró pruebas a su favor
entre sus seguidores en Paraguay. El Consejo de Indias, que le
abre juicio a fines del mismo año de 1545, finalmente lo declara
en libertad pero le quita la gobernación y le prohíbe su retorno
al Nuevo Mundo. Todo el proceso abarca unos largos ocho años
en total de interminables litigios. Para ese entonces, el cronista
Oviedo describe que lo vio “pobre y fatigado” (1959: II-190).
Mientras, en 1542, se publica en la ciudad de Zamora una
edición de su viaje a Norteamérica previa a Naufragios, escrita
únicamente por Álvar Núñez pero, al parecer, impresa sin su
consentimiento (Pupo-Walker, 1992:71) con el título: La relación
que dio Álvar nuñez cabeza de vaca de lo acaecido en las Indias
en la armada donde iba por gobernador Pánfilo de Narváez desde
el año de veinte y siete hasta el año de treinta y seis que volvió a
Sevilla con tres de su compañía. En 1555, reside en Sevilla y él
mismo publica en Valladolid –quizás por consejo de Fernández
de Oviedo– la versión que hoy leemos de Naufragios, quizás para
reivindicarse personal e históricamente. Su título original es

5 Véase Historia crítica de los mitos de la conquista americana (1929) de


Enrique de Gandía.

21
Relación y comentarios del gobernador Álvar Nuñez cabeza de vaca,
de lo acaecido en las dos jornadas que hizo a las indias. Los publica
junto con el relato de sus días en Asunción (los Comentarios),
escritos por su secretario Pedro Hernández, quien fue testigo
de los hechos ocurridos en Paraguay. Pasa sus últimos años en
Sevilla y se le atribuye haber asumido el hábito de monje y la
presidencia del Consejo de Indias, aunque no hay documentos
que lo confirmen. Su fecha de fallecimiento también es incierta:
de 1556 a 1559.

22
Ediciones consultadas de Naufragios:

(1536) Relación del viaje de Pánfilo de Narváez al Río de las Palmas


hasta la punta de la Florida, hecha por el thesorero Cabeza de Vaca
(año de 1527) [A.G.I. Patronato 20, nro. 5, Ramo 3].
(1555) La relación y comentarios del gobernador Álvar Núñez
Cabeza de Vaca de lo acaecido en las dos jornadas que hizo a las
Indias. Valladolid.
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Andrés González Barcia, Madrid.
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(1985) Naufragios. Edición, introducción y notas de Trinidad
Barrera, Madrid, Alianza.
(1989) Naufragios. Edición, introducción y notas de Juan
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(1992) Naufragios. Edición, introducción y notas de Enrique
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26
Criterios que rige esta edición

Para confeccionar esta edición, nos servimos de los


Naufragios publicados en Valladolid en 1555 y digitalizados por
la Biblioteca Digital Hispánica, pues los manuscritos originales
se hallan perdidos y la edición príncipe zamorana de 1542 fue
impresa sin autorización de Álvar Núñez y contiene muchos
errores. Hemos actualizado la ortografía, la acentuación, el uso de
mayúsculas y minúsculas, la división de palabras, y, en ocasiones,
la sintaxis del siglo XVI y algunos arcaísmos. En nota al pie,
cotejamos algunos episodios fundamentales con la versión que
elaboró Gonzalo Fernández de Oviedo para su Historia General
y Natural de las Indias, según la edición de Juan Pérez de Tudela.
Como se explica en esta edición, este cronista oficial se basó en
una relación hoy perdida y escrita principalmente por Cabeza de
Vaca, pero también por Andrés Dorantes y Alonso del Castillo.
Para aclarar el significado de algunos términos del español
del siglo XVI (o las acepciones que han caído en desuso), nos
hemos servido del Diccionario de Autoridades (DAut) de la Real
Academia Española, lo que repone un interesante y diferente
contexto lingüístico muy necesario para que los lectores
contemporáneos puedan comprender cabalmente las obras de
esta época. En el resto de las notas –abundantes por cierto–, se
explicitan algunos datos del contexto histórico y situacional, así
como, también, precisiones culturales, temporales y espaciales
para las que nos han sido de utilidad todas las ediciones críticas
de Naufragios consultadas, en especial, la minuciosa y completa
de Enrique Pupo-Walker (1992). Hemos identificado –a pesar
de la dificultad– las principales tribus nativas que habitaban lo
que hoy es el sur de Estados Unidos y norte de México. También,

27
introdujimos exámenes específicos de las modulaciones del
narrador-personaje Álvar Núñez y señalamientos acerca de
tópicos y recursos narrativo-descriptivos. Por último, dado que el
autor de Naufragios ha prestado especial atención al cuidado de la
escritura, esta edición asume una perspectiva de análisis crítico-
literario para elaborar sus notas editoriales.

28
Cronología de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza
de Vaca

1527: En el mes de junio, salida de Sanlúcar de Barrameda con


la armada de Pánfilo de Narváez y llegada a las Indias (Santo
Domingo, isla de la Española) en el mes de agosto (cap. I).

1527-1528: Estadía en la isla de Cuba y padecimiento de una


fuerte tormenta o huracán que dejó 50 muertos, pérdidas de
provisiones y de dos embarcaciones. (caps. I y II).

1528: Llegada a la costa de la Florida, cerca de la bahía de Tampa,


el 14 de abril (caps. II y III).
Ingreso tierra adentro hasta al extremo norte de la península,
cerca de lo que hoy es Tallahassee, en búsqueda de la tierra de
Apalache (caps. IV-VIII).
En Aute, los sobrevivientes de la esforzada expedición construyen
embarcaciones para dirigirse a Nueva España (México) (caps.
VIII- XIX).
Separación de los navíos y desaparición de la embarcación de
Pánfilo de Narváez, por lo que Núñez debe asumir la capitanía.
Desembarco forzoso en la isla de Mal Hado (Galveston) (cap. X).
Los sobrevivientes se hallan entre las tribus de los indios
carancaguas, al este de lo que hoy es el estado de Texas. Construyen
nuevas embarcaciones que naufragan inmediatamente (caps. XI
y XII).

1529: Álvar Núñez y algunos sobrevivientes permanecen entre


los indios carancaguas en la isla de Mal Hado y sus territorios
próximos (caps. XII-XVI).
Los carancaguas les exigen que se comporten como chamanes
(físicos) (cap. XV).
Los sobrevivientes españoles parten (entre ellos Dorantes, Castillo
y Estebanico) y dejan –enfermos– a Cabeza de Vaca, Alaníz y
Lope de Oviedo con los indios (cap. XVI).

1529-1531: Núñez permanece como esclavo entre tribus de


filiación carancagua y luego con los cados (carrucos) (cap. XVI).
Se hace mercader entre los indios (cap. XVI).

29
1532-1533: Reencuentro en Tierra Firme de Núñez con
Dorantes, Castillo y Estebanico entre los indios mariames de
filiación coahuilteca, que también se sirven de ellos como esclavos
(caps. XVII y XIX).
Relato intercalado de Esquivel (caps. XVII y XVIII).

1534: Los cuatro sobrevivientes huyen de los indios mariames y


llegan a los avavares en las proximidades del río Colorado (cap.
XX).

1534-1535: Hacen curaciones entre indios coahuiltecas y


continúan su huida a “tierra de cristianos” con dirección este-
oeste y luego hacia el sur atravesando ríos, meseta y sierras (cap.
XXI-XXXII).
Episodio de la “epifanía” de Núñez en las proximidades desérticas
del valle del río Llanos (cap. XXI).
Resucitación del indio y relato intercalado del mito de Mala Cosa
(cap. XXII).
Comienzan los saqueos a las tribus perpetrados por los indios que
acompañan a los españoles (cap. XXVIII).
Curación del indio de la flecha en el pecho (cap. XXIX).
Unos indios los reciben llorando. Núñez y sus compañeros
ingresan a territorio de tribus de filiación uto-azteca. Unos indios
los reciben de espaldas y con los ojos bajos (cap. XXX).
Los españoles vuelven a alimentarse de maíz y comienzan a
evangelizar a “sus” indios (cap. XXXI).
Llegan al “pueblo de los corazones”. Reciben las primeras noticias
acerca de las conquistas de Nuño de Guzmán (cap. XXXII).

1536: Reencuentro con españoles (compañía de Diego de


Alcaraz) cerca de Sinaloa y Ocoroni (cap. XXXIII y XXXIV).
Arriban a la región de Culiacán y se encuentran con el alcalde
Melchor Díaz (cap. XXXV).
El 1ro. de abril llegan a la villa de Culiacán y se reúnen con el
gobernador de Nueva Galicia, Nuño de Guzmán (cap. XXXVI).

1537: Luego de descansar en México y pasado el invierno, Álvar


Núñez pasa a la ciudad de Veracruz (cap. XXXVII).
Entre mayo y abril, Cabeza de Vaca viaja a la Habana (cap.
XXXVII).

30
El 2 de junio, parte de Cuba con rumbo a España (cap. XXXVII).
El 1ro. de julio su embarcación se aproxima a las islas Azores
(portuguesas) en la costa africana. Episodio de los corsarios
franceses (cap. XXXVII).
El 9 de agosto, arriba a Lisboa (cap. XXXVII).

31
el Nuevo Mundo
según Sebastián Münster,
1540
El texto
Naufragios1
Álvar Núñez Cabeza de Vaca

Proemio2
Sacra, cesárea y católica Majestad3
1 El texto de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la
Frontera, circa 1488/92– Sevilla, circa 1556/59) que presentamos aquí se basa
en la edición publicada en Valladolid en 1555. Existen versiones anteriores,
hipotextos de esta publicación. De acuerdo con los estudios fundamentales
de Enrique Pupo-Walker (1992), una primera probanza previa fue escrita en
Cuba en 1527 antes del desembarco en la Florida de la armada de Pánfilo de
Narváez. Luego de todo el periplo por el sur de lo que hoy es Estadios Unidos
y norte de México, los sobrevivientes de la expedición escribieron un breve
informe en 1536 en Nueva España que fue publicado en parte posteriormente
(véase Presentación en esta edición). Luego, otro texto más extenso, la Relación
conjunta, fue enviada desde La Habana a la ciudad de Santo Domingo en
Haití. Esta última crónica ha desaparecido, pero fue reproducida por el cronista
oficial de Indias de la Corona española, Gonzalo Fernández de Oviedo, en su
Historia General y Natural de las Indias. Como se explica en la Presentación de
esta edición, en 1542, se publica una edición previa a Naufragios (al parecer,
impresa sin el consentimiento de Álvar Núñez) y, en 1555, la versión de
Valladolid, que tuvo mayor trascendencia dentro del corpus de crónicas de
Indias. La denominación “naufragios” no aparecía en el título del texto sino
en el encabezado de las páginas del libro. para explicar este desplazamiento,
no descartamos un buscado aprovechamiento editorial del impacto que el
género tuvo en los lectores. Las novellas de “rescates y naufragios” resultaban
muy atractivas en la época. Tanto es así que la Historia General de Oviedo,
publicada en parte en 1535, incluyó un libro completo sobre naufragios en
el Nuevo Mundo (para una definición del género y una comparación entre
crónicas de Indias que relatan naufragios, véase el artículo de Elena Altuna
en el Dossier de esta edición). La edición de Andrés González Barcia de 1749
lo titula “Naufragios” por primera vez, y así aparece en todas las ediciones
posteriores.
2 Según la Retórica de Quintiliano, el proemio es: “la parte que está
colocada antes de pasar al verdadero argumento que ha de tratarse” (Mortara
Garavelli 1991: 70). En la retórica clásica, corresponde a la primera parte
de un texto o exordio, que, por lo general, buscaba el aval del destinatario y
exponía el plan de la obra y los motivos de su publicación. En la historiografía
renacentista, el proemio remitía usualmente a las exigencias de verdad de la
Historia, a las fuentes documentales que sirvieron al autor para reconstruir los
hechos (cuestión que no se ve reflejada en este proemio de Cabeza de Vaca)
y, finalmente, con el tono de la falsa modestia, ofrecía una serie de disculpas
anticipatorias respecto de las impericias del autor para escribir.
3 Álvar Núñez dedica este relato a Carlos I (1500-1558), rey de
España de 1516 a 1556. En aquel entonces, el imperio español comprendía las
comunidades de Castilla, Aragón, Navarra, islas Canarias, las Indias, Nápoles
y Sicilia. Por haber sido hijo de Felipe el Hermoso y nieto de Maximiliano I
de Austria, fue nombrado, además, emperador Carlos V del Sacro Imperio
Romano-Germánico en 1520, título por el que heredó los Países Bajos y los
territorios austríacos. Como nieto de los Reyes Católicos, Carlos fue educado
para gobernar según los principios del catolicismo. Cesárea significa “cosa

37
Entre cuantos príncipes sabemos haya habido en el mundo,
ninguno pienso se podría hallar a quien con tan verdadera
voluntad, con tan gran diligencia y deseo hayan procurado los
hombres servir como vemos que a Vuestra Majestad hacen hoy.4
Bien claro se podrá aquí conocer y que esto no será sin gran
causa y razón, ni son tan ciegos los hombres, que a ciegas y sin
fundamento todos siguiesen este camino, pues vernos que no sólo
los naturales a quienes la fe y la subjeción obliga a hacer esto,
mas aún los extraños trabajan por hacerle ventaja.5 Mas ya que
el deseo y voluntad de servir y a todos en esto haga conformes,
allende la ventaja que cada uno puede hacer, hay una muy gran
diferencia no causada por culpa de ellos, sino solamente de la
fortuna,6 o más cierto sin culpa de nadie, mas por sola voluntad
y juicio de Dios; donde nace que uno salga con más señalados
servicios que pensó, y a otro le suceda todo tan al revés, que no
pueda mostrar de su propósito más testigo que a su diligencia,
y aun ésta queda a las veces tan encubierta que no puede volver
por sí. De mí puedo decir que en la jornada que por mandado de
Vuestra Majestad hice de Tierra Firme,7 bien pensé que mis obras
perteneciente al imperio” (DAut 1729: 294-1), puesto que “César” era el
título que se les otorgaba a los emperadores romanos, entre los cuales Julio
César (100 a.C.-44 a.C.) fue el primero.
4 En la dedicatoria y en este primer párrafo, comienza la laudatio
o panegírico al destinatario de la obra, el rey en este caso. La tradición del
discurso de alabanza está muy presente en la Edad Media en la que había gran
necesidad de poemas de alabanza y encomio a los grandes señores, así seglares
como eclesiásticos (véase E. R. Curtius 1955: 226). El tópico de la laudatio,
aquí, elogia al monarca como máxime merecedor de obediencia y vasallaje.
5 “Los naturales”: la expresión se refiere a los nacidos bajo la soberanía
del Rey español. En cambio, “los extraños” alude a los extranjeros y,
probablemente, a los nuevos súbditos ganados en esta expedición de Álvar
Núñez.
6 Las fuerzas motoras de la Historia para los hombres del siglo XVI
eran la Providencia Divina, el propio carácter humano y la Fortuna (véase E.
M. W. Tillyard 1984). Las influencias de las estrellas y de los planetas eran
las responsables de las tiránicas decisiones de la Fortuna. En la literatura, era
constante la imagen de la rueda que beneficiaba a algunos y perjudicaba a
otros. Núñez se escudaba detrás de la Fortuna como principal motivadora del
fracaso de su expedición. Su mención en el proemio tiene la función de crear
cierto clima de suspenso (Pastor 1983) y se articula con una serie de presagios
“funestos” que se despliegan a lo largo del relato.
7 En general, “Tierra Firme” designaba a las tierras continentales
diferenciadas de las insulares. El uso plural, “tierras firmes”, aparece en las
Capitulaciones de Santa Fe (ordenanzas que los Reyes Católicos dieron a

38
y servicios fueran tan claros y manifiestos como fueron los de mis
antepasados8 y que no tuviera yo necesidad de hablar para ser
contado entre los que con entera fe y gran cuidado administran
y tratan los cargos de Vuestra Majestad, y les hace merced.9
Mas como ni mi consejo ni diligencia aprovecharon para que
aquello a que éramos idos fuese ganado conforme al servicio de
Vuestra Majestad, y por nuestros pecados permitiese Dios que
de cuantas armadas a aquellas tierras han ido ninguna se viese
en tan grandes peligros ni tuviese tan miserable y desastrado fin,
no me quedó lugar para hacer más servicio de éste, que es traer a
Vuestra Majestad relación10 de lo pedir que en diez años que por
muchas y muy extrañas tierras que anduve perdido y en cueros,
pudiese saber y ver,11 así en el sitio de las tierras y provincias de
Cristóbal Colón para fijar los propósitos de la empresa de descubrimiento y el
destino de sus inversiones). Wilcomb E. Washburn (1962) observó que, en los
siglos XV y XVI, “tierra firme” designaba tierras desconocidas o sobre las que
se tenía escasa información.
8 Núñez se jactaba de descender de un héroe de la reconquista de
España del siglo XIII, de apellido Cabeza de Vaca. Además, según la edición
de Enrique Pupo-Walker (1992: 179), aquí el cronista alude principalmente
a su abuelo paterno Pedro de Vera, quien tuvo un papel fundamental en la
conquista de las islas Canarias (véase Presentación a esta edición).
9 Nótese que, desde el proemio, se subraya el papel principal que
tuvo el narrador-personaje Cabeza de Vaca en los acontecimientos, lo que se
contrapone con el tópico de la modestia afectada, recurrente en los proemios
del género historiográfico.
10 La “relación” era una “narración o informe que se hacía de alguna
cosa que había sucedido” (DAut 1737: 556-1). En el ámbito forense, remitía
a un breve y sucinto informe –escrito u oral– presentado al juez sobre los
hechos implicados en un proceso judicial. En el contexto de las crónicas
de Indias, tenía el sentido de “relato/informe solicitado por la Corona”. De
esta manera, la relación era tanto la narración de lo que se ha visto y vivido
como la respuesta a un pedido oficial. Si bien las instrucciones reales no eran
totalmente homogéneas, acostumbraban requerir un informe con los nombres
de las poblaciones, el detalle de sus primeros conquistadores, las regiones en
que hubiese metales preciosos, la cantidad de tributo que podrían pagar al Rey
los indígenas conquistados, las tierras que podrían ser pobladas por españoles
y el estado de la hacienda y la justicia ya impartidas por la Corona en esa
región (Mignolo 1992: 70-72); véase también González Echevarría (1984).
En este sentido, Álvar Nuñez pondera el valor documental de su texto: su
aporte como información geográfica y etnográfica, útil para la estrategia
conquistadora y evangelizadora de la región. Por lo general, las relaciones
no exigían un proemio, pero quizás Cabeza de Vaca debió incluir uno para
justificar el fracaso de la expedición en la que participó y, de esta manera,
propiciar la escucha benevolente del rey.
11 La escritura en los Naufragios se despliega a partir de la constatación
y la confesión del fracaso de las conquista de los territorios que comprendían la

39
ellas, como en los mantenimientos y animales que en ella se crían,
y las diversas costumbres de muchas y muy bárbaras naciones
con quien conversé y viví, y todas las otras particularidades que
pude alcanzar y conocer, que de ello en alguna manera Vuestra
Majestad será servido: porque aunque la esperanza de salir de
entre ellos tuve, siempre fue muy poca, el cuidado y diligencia
siempre fue muy grande de tener particular memoria12 de todo,
para que si en algún tiempo Dios nuestro Señor quisiese traerme
a donde ahora estoy, pudiese dar testigo de mi voluntad, y servir
a Vuestra Majestad. Lo cual yo escribí con tanta certinidad,13 que
aunque en ella se lean algunas cosas muy nuevas14 y para algunos
muy difíciles de creer, pueden sin duda creerlas: y creer por muy
cierto, que antes soy en todo más corto que largo,15 y bastará
Florida (primer objetivo de la expedición). La oposición tópica que estructura
el texto aquí es la disyunción entre las armas y las letras o, con otro nombre,
la pluma y la espada, cuyo antecesor es el de la fuerza y la sabiduría (Curtius
1955: 256-258), para la que los hechos grandiosos y heroicos son llevados
cabo por unos hombres y referidos por otros. Sobre la frase “no tuviera yo
necesidad de hablar”, Silvia Molloy (1987: 427) interpreta que Núñez remite
a esta tradición que considera que los grandes hechos suscitan la elocuencia
de los historiadores. El cronista Cabeza de Vaca, en cambio, se ve obligado él
mismo a relatar lo que ha visto y vivido en tierras indígenas. Esto transforma
el texto en un servicio en sí mismo, explicitado en el proemio que condiciona
la lectura de la crónica en este sentido.
12 Memoria, aquí, puede significar tanto la “potencia del alma en la cual
se conservan las especies de las cosas pasadas y por medio de ella nos acordamos
de lo que hemos percibido por los sentidos”, como “libro, cuaderno, papel u
otra cosa en que se apunta o anota alguna cosa para tenerla presente y que
no se olvide: como escribir alguna Historia.” (DAut 1734: 537, 1-2). Para
Margo Glantz (2006), la memoria sirve a Álvar Núñez, a lo largo de todo su
trayecto entre los indios, para recordar siempre su origen civilizado y español-
occidental. Una vez reintegrado a la civilización, la memoria le servirá para
escribir su relación y presentarla como servicio al Rey.
13 Con la Modernidad y el Renacimiento, aparecen muy lentamente las
obsesiones acerca de lo verdadero, el estilo del individuo y la jerarquización de
lo visto y lo experimentado por el sujeto (Martin Jay 2007). La Historia y la
ficción no estaban tan distanciadas una de la otra como sucedió posteriormente.
Por esto, el relato historiográfico del siglo XVI debía enfatizar la verdad de
lo que narraba para diferenciarse de los relatos fabulosos como los Libros de
caballerías y los Libros de viajes maravillosos.
14 Lo novedoso solía estar vinculado con lo maravilloso. La mirabilia,
era el conjunto de las cosas admirables y sin explicación clara. Primaba el
criterio de lo “curioso” en el que se aunaban el exotismo, a veces las grandes
dimensiones o la abundancia y el atributo de belleza. Véase Jacques Le Goff
(1984).
15 El tópico de la brevitas critica la abundancia superflua de palabras o
de episodios. En la Edad Media, era regla que todo buen poeta debía expresarse

40
para esto haberlo ofrecido a Vuestra Majestad por tal. A la cual
suplico la reciba en nombre del servicio, pues éste solo es el que
un hombre que salió desnudo pudo sacar consigo.16

con pocas palabras. La fórmula típica era: “decir pocas, de entre las muchas
cosas que podrían decirse”. La brevedad era utilizada también por ciertos
textos literarios como pretexto para omitir algunos episodios y permitirse la
expansión de otros.
16 La retórica clásica ordenaba que todo discurso se iniciara con un
prólogo o exordio que sirviera para que el juez o el público fueran más benévolos,
atentos y dóciles ante las palabras del orador. La captatio benevolentiae –primer
momento del exordio– era el recurso de afectación de la modestia por medio
del cual el orador declaraba su propia impericia en el tema y, de este modo,
inclinaba la simpatía natural del auditorio. Álvar Núñez no se declara incapaz
para escribir, pero se confiesa “desnudo”, solo con su palabra y su relación.
La representación de la desnudez es poderosa en este texto y contrasta con
la desnudez atribuida usualmente a los amerindios por la mayoría de los
conquistadores y las crónicas de Indias desde los escritos de Cristóbal Colón.
La imagen de los españoles desnudos se irá enriqueciendo a lo largo de los
Naufragios, literalmente y en sentido metafórico.

41
ITINERARIO Aproximado
DE ÁLVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA
Capítulo I
En que cuenta cuándo partió la armada, y los oficiales y
gente que en ella iba

A 17 días del mes de junio de 152717 partió del puerto de


Sant Lúcar de Barrameda18 el gobernador Pánfilo de Narváez,19
con poder y mandado de Vuestra Majestad para conquistar
y gobernar las provincias que están desde el río de las Palmas
hasta el cabo de la Florida,20 las cuales son en Tierra Firme; y la
armada que llevaba eran cinco navíos, en los cuales, poco más
o menos, irían seiscientos hombres. Los oficiales que llevaba
(porque de ellos se ha de hacer mención) eran éstos que aquí se
nombran: Cabeza de Vaca,21 por tesorero y por alguacil mayor;22
17 No es seguro que haya sido esta fecha, quizás sea una referencia al
calendario juliano (antecesor del gregoriano implantado en 1582). Por esto, es
probable que la armada haya partido, en cambio, el 7 de junio de 1527.
18 Sanlúcar de Barrameda: puerto de Cádiz en la comunidad de
Andalucía (España). Se encuentra en la desembocadura del río Guadalquivir.
Como era antepuerto de la ciudad de Sevilla, de Sanlúcar partía la mayoría
de las expediciones españolas de descubrimiento y conquista hacia América –
como la de Magallanes-Elcano– y era el lugar en donde la Casa de Contratación
hacía el último control. Todo esto transformó a la ciudad en el siglo XVI.
19 Pánfilo de Narváez participó de las expediciones de conquista de las
islas de Cuba y Jamaica, a las que accedió por ser pariente de Diego Veláquez,
adelantado y primer gobernador de Cuba. Éste lo envió, en 1520, a arrestar a
Hernán Cortés, que había desobedecido órdenes y burlado las jerarquías para
conquistar México. Sin embargo –al contrario de lo previsto–, De Narváez fue
derrotado y preso en Veracruz durante dos años. Una vez libre, en 1527, Carlos
V le encargó la conquista de La Florida y le otorgó el título de adelantado y
gobernador.
20 La región era muy extensa, pues comprendía los territorios que van
desde lo que hoy se conoce como la península de la Florida –descubierta por
Juan Ponce de León en 1513– hasta –según se cree– el río Soto la Marina (en
el estado de Tamaulipas, México).
21 En esta instancia, Álvar Núñez se refiere a sí mismo en tercera persona
como si escribiera un secretario o escribano, a pesar de que, a continuación,
lo hace en primera persona. Este uso, común en epígrafes y prólogos en el
género historiográfico de la época, tendía a conformar una figura enunciadora
indiscutible, que suscitaba una apología del héroe. El mismo efecto, aquí, se
incrementa con el hecho de que Cabeza de Vaca se nombra en primer lugar
entre los oficiales de la armada de Narváez.
22 El tesorero era el “ministro diputado para la custodia y distribución
del tesoro Real o particular” (DAut 1739: 269-2). El que ocupaba este cargo
en una expedición y armada –tanto como el que nombraban Veedor del Oro–

45
Alonso Enríquez, contador; Alonso de Solís, por factor de
Vuestra Majestad y por veedor;23 iba un fraile de la Orden de San
Francisco por comisario, que se llamaba fray Juan Suárez, con
otros cuatro frailes de la misma Orden.24 Llegamos a la isla de
Santo Domingo,25 donde estuvimos casi cuarenta y cinco días,
proveyéndonos de algunas cosas necesarias, señaladamente de
caballos. Aquí nos faltaron de nuestra armada más de ciento y
cuarenta hombres, que se quisieron quedar allí, por los partidos
y promesas que los de la tierra les hicieron.26 De allí partimos y
llegamos a Santiago (que es puerto en la isla de Cuba),27 donde
en algunos días que estuvimos, el gobernador se rehízo de gente,
de armas y de caballos. Sucedió allí que un gentilhombre que
se llamaba Vasco Porcalle,28 vecino de la villa de la Trinidad,29
asumía también la responsabilidad de relatar a la Corona todo acerca de las
riquezas y los tesoros hallados. El Alguacil era el encargado de custodiar la
justicia; el Mayor era primer heredero del Gobernador Mayor (DAut 1726:
205-2). Los cargos que le fueron otorgados por el Rey a Álvar Núñez eran de
una jerarquía elevada y constituyeron la base que legalizó, de alguna manera,
las decisiones determinantes que asume a lo largo de la expedición.
23 Veedor: en la milicia, es lo mismo que inspector. (DAut 1739: 430-1)
24 Nótese que, de los seiscientos hombres que conformaban la armada
aproximadamente, se menciona únicamente a los de mayor jerarquía y a los
frailes. Entre éstos, el autor de esta crónica con su apellido más distinguido:
Cabeza de Vaca.
25 Se refiere a la isla que Cristóbal Colón llamó La Española en su
primer viaje a las Indias (hoy isla de Haití). Durante los años en que los
actuales países de la isla –Haití y República Dominicana– fueron colonias,
La Española también fue llamada Santo Domingo y Saint-Domingue, por su
capital homónima. Según la investigación de Pupo-Walker, la armada de De
Narváez llegó a esta isla hacia el 27 de septiembre de 1527.
26 La expedición a la Florida de De Narváez –según este relato de
Álvar Nuñez– comienza de esta manera: con la deserción de gran parte de sus
hombres, que abandonaron el servicio prometido a la Corona española.
27 Santiago de Cuba fue fundada en 1515 por Diego Velázquez al sureste
de la isla (lugar estratégico para el envío de expediciones de descubrimiento y
conquista a tierra continental), funcionó como capital de Cuba a partir de ese
año y hasta 1556.
28 Vasco de Porcalle fue otro personaje de renombre en la historia de
la Cuba colonial, fundó las ciudades de San Juan de los Remedios y Baracoa.
Contribuyó con la financiación de la expedición de Hernando de Soto a la
Florida, posterior a la de Pánfilo de Narváez. La edición de Roberto Ferrando
de los Naufragios (1984) explica que Porcalle estaba resentido con De Narváez
en este momento relatado por Cabeza de Vaca, porque no lo había elegido, en
1520, como adelantado para el “descubrimiento” de las ciudades de México,
puesto finalmente otorgado a Hernán Cortés.
29 También fundada por Diego Velázquez a principios de 1514, la villa

46
que es en la misma isla, ofreció de dar al gobernador ciertos
bastimentos30 que tenía en la Trinidad, que es cien leguas del
dicho puerto de Santiago. El gobernador, con toda la armada,
partió para allá; mas llegados a un puerto que se dice Cabo de
Santa Cruz, que es mitad del camino, parecióle que era bien
esperar allí y enviar un navío que trajese aquellos bastimentos; y
para esto mandó a un capitán Pantoja que fuese allá con su navío,
y que yo, para más seguridad, fuese con él, y él quedó con cuatro
navíos, porque en la isla de Santo Domingo había comprado un
otro navío. Llegados con estos dos navíos al puerto de la Trinidad,
el capitán Pantoja31 fue con Vasco Porcalle a la villa, que es una
legua de allí, para recibir los bastimentos; yo quedé en la mar con
los pilotos, los cuales nos dijeron que con la mayor presteza que
pudiésemos nos despachásemos de allí, porque aquel era muy mal
puerto y se solían perder muchos navíos en él; y porque lo que allí
nos sucedió fue cosa muy señalada, me pareció que no sería fuera
del propósito y fin con que yo quise escribir este camino, contarla
aquí.32 Otro día de mañana comenzó el tiempo a no dar buena
señal, porque comenzó a llover, y el mar iba arreciando tanto, que
aunque yo di licencia a la gente que saliese a tierra, como ellos
vieron el tiempo que hacía y que la villa estaba de allí una legua,
por no estar al agua y frío que hacía, muchos se volvieron al navío.
En esto vino una canoa33 de la villa, rogándome que me fuese
de la Trinidad se encuentra en el centro de la costa sur cubana.
30 Bastimento: la provisión competente que se previene para comer,
sustentar y mantener una casa, ciudad, plaza, ejército, armada, etc. de los
víveres y vituallas necesarias. (DAut 1726: 571-1)
31 Juan Pantoja acompañó a De Narváez en su primera expedición a
México y residió en Ixtlahuaca. Véase la edición de Pupo-Walker (1992: 183).
32 Aquí comienza una digresión en el relato que, en este caso, parece
más bien cooperar con la construcción de un clima de suspenso narrativo. La
amplificación contradice la cualidad de la brevedad en la escritura y “se usa
para mantener la tensión (o la atención) en el espectador” (Mendiola 2003:
328). Según El arte retórica de Juan Luis Vives, ineludible para los escritores de
la primera mitad del siglo XVI español: “La digresión es útil para enseñar, para
persuadir, para retener y también para la insinuación” (2003: 219), además
de transmitir enseñanzas morales (Mendiola 2003: 325), aunque no es éste el
caso.
33 Canoa: vocablo taíno autóctono de la lengua que hablaban las etnias
arawaks que habitaban las Antillas. Las canoas sorprendieron en gran medida
a los conquistadores europeos –de las que ofrecieron extensos testimonios en
Europa– por la originalidad de su hechura (un tronco vaciado simétricamente

47
allá y que me darían los bastimentos que hubiese y necesarios
fuesen; de lo cual yo me excusé diciendo que no podía dejar los
navíos. A mediodía volvió la canoa con otra carta, en que con
mucha importunidad pedían lo mismo, y traían un caballo en
que fuese; yo di la misma respuesta que primero había dado,
diciendo que no dejaría los navíos; mas los pilotos y la gente me
rogaron mucho que fuese, porque diese prisa que los bastimentos
se trajesen lo más presto que pudiese ser, porque nos partiésemos
luego de allí, donde ellos estaban con gran temor que los navíos
se habían de perder si allí estuviesen mucho.
Por esta razón yo determiné de ir a la villa, aunque primero
que fuese dejé proveído y mandado a los pilotos que si el Sur,
con que allí suelen perderse muchas veces los navíos, ventase y se
viesen en mucho peligro, diesen con los navíos al través y en parte
que se salvase la gente y los caballos. Y con esto yo salí, aunque
quise sacar algunos conmigo, por ir en mi compañía, los cuales
no quisieron salir, diciendo que hacía mucha agua y frío y la villa
estaba muy lejos; que otro día, que era domingo, saldrían con la
ayuda de Dios, a oír misa. A una hora después de yo salido la mar
comenzó a venir muy brava, y el norte fue tan recio que ni los
bateles osaron salir a tierra, ni pudieron dar en ninguna manera
con los navíos al través por ser el viento por la proa; de suerte que
con muy gran trabajo, con dos tiempos contrarios y mucha agua
que hacía, estuvieron aquel día y el domingo hasta la noche.
A esta hora el agua y la tempestad comenzó a crecer tanto,
que no menos tormenta había en el pueblo que en el mar,
porque todas las casas e iglesias se cayeron, y era necesario que
anduviésemos siete u ocho hombres abrazados unos con otros
para podernos amparar que el viento no nos llevase; y andando
entre los árboles, no menos temor teníamos de ellos que de las
casas, porque como ellos también caían, no nos matasen debajo.
En esta tempestad y peligro anduvimos toda la noche, sin hallar
parte ni lugar donde media hora pudiésemos estar seguros.
Andando en esto, oímos toda la noche, especialmente desde
el medio de ella, mucho estruendo grande y ruido de voces,
al que se le daba forma de bote) y por la rapidez que los indios alcanzaban con
ellas en sus desplazamientos en el Caribe insular. Los españoles –Colón uno de
los primeros– solían traducir el término con el español “almadía”.

48
y gran sonido de cascabeles y de flautas y tamborinos y otros
instrumentos,34 que duraron hasta la mañana, que la tormenta
cesó. En estas partes nunca otra cosa tan medrosa se vio; yo hice
una probanza35 de ello, cuyo testimonio envié a Vuestra Majestad.
El lunes por la mañana bajamos al puerto y no hallamos los
navíos; vimos las boyas de ellos en el agua, adonde conocimos
ser perdidos, y anduvimos por la costa por ver si hallaríamos
alguna cosa de ellos; y como ninguno hallásemos, metímonos
por los montes, y andando por ellos un cuarto de legua de agua
hallamos la barquilla de un navío puesta sobre unos árboles, y
diez leguas de allí por la costa, se hallaron dos personas de mi
navío y ciertas tapas de cajas, y las personas tan desfiguradas de
los golpes de las peñas, que no se podían conocer; halláronse
también una capa y una colcha hecha pedazos, y ninguna otra
cosa pareció. Perdiéronse en los navíos sesenta personas y veinte
caballos. Los que habían salido a tierra el día que los navíos allí
llegaron, que serían hasta treinta, quedaron de los que en ambos
navíos había. Así estuvimos algunos días con mucho trabajo y
necesidad, porque la provisión y mantenimientos que el pueblo
tenía se perdieron y algunos ganados; la tierra quedó tal, que
era gran lástima verla: caídos los árboles, quemados los montes,
todos sin hojas ni yerba. Así pasamos hasta cinco días del mes de
noviembre, que llegó el gobernador con sus cuatro navíos, que
34 Quizás se trate de un areíto. Según el prestigioso crítico e historiador
cubano Fernando Ortiz: “Los areítos eran la compleja forma que tomaba
entre los indios el fenómeno social que hoy decimos «fiesta», la cual era entre
ellos una institución de gran importancia. (…) El areíto tenía también una
importante función social de sentido económico. Ante todo, porque era la
manera de formalizar el concierto de las fuerzas individuales para una empresa
de trabajo colectivo, como la tumba de monte, la siembra, la fabricación de
una casa, de un templo, de un batey, de un pueblo o de una gran canoa, la
realización de una gran ceremonia sacro-mágica que asegurase las cosechas
o las lluvias y ahuyentase los desastres como el huracán [vocablo taíno este
último también]” (1993: 45). La realización de los areítos era bastante temida
por los conquistadores españoles (véanse las relaciones de Hernán Cortés o de
Gonzalo Fernández de Oviedo, por ejemplo). Como expresión con función
desconocida por ellos, se les representaban como bacanales de características
dionisíacas, que podían desembocar en sacrificios religiosos y en el tan temido
canibalismo.
35 Probanza se toma aquí por “relación probatoria y legal”, quizás
sea esta probanza que Cabeza de Vaca menciona aquí la primera versión de
Naufragios de Álvar Núñez. Es aludida como prueba de verosimilitud de lo que
se está narrando; sobre éste y otros elementos probatorios a los que recurre el
autor de esta crónica, véase el artículo de Robert Lewis (1982).

49
también habían pasado gran tormenta y también habían escapado
por haberse metido con tiempo en parte segura.36 La gente que
en ellos traía, y la que allí halló, estaban tan atemorizados de lo
pasado, que temían mucho tornarse a embarcar en invierno, y
rogaron al gobernador que lo pasase allí, y él, vista su voluntad y
la de los vecinos, intervino allí.
Dióme a mí37 cargo de los navíos y de la gente para que me
fuese con ellos a invernar al puerto de Xagua,38 que es doce leguas
de allí, donde estuve hasta 20 días del mes de febrero.39

36 En esta tormenta, murieron varias personas y fueron destruidas dos


embarcaciones del total de la armada de De Narváez.
37 Llama la atención cómo, en innúmeras ocasiones, Álvar Núñez utiliza
los pronombres de primera persona (siendo ociosos en español), por ejemplo:
“yo di licencia a la gente para que saliese a la tierra”. Muchas veces, duplica los
pronombres: “Diome a mí cargo de los navíos” y, en otras ocasiones, acompaña
con términos apologéticos de sí mismo referidos a su estoicismo heroico: “yo
di la misma respuesta que primero había dado”, y a su eficacia, diligencia y
saber: “mandó que yo, para más seguridad, fuese con [el capitán Pantoja]”.
38 Puerto de Jagua es hoy uno de los puertos que integran la bahía de
Cienfuegos (Cuba).
39 Esta narración intercalada en este capítulo otorga suspenso y un
tono profético a todo el relato (sobre estos elementos ficcionales, véase Beatriz
Pastor 1983). La componen los presagios (las malas “señales” del clima, pero
también el naufragio como elemento de auspicio negativo para el viaje), las
experiencias con la naturaleza del Nuevo Mundo que transforman radicalmente
a los viajeros (por ejemplo, las personas “desfiguradas” que quedaron “tan
atemorizadas” luego de la tormenta) y el episodio extraño o de inversión (las
barquilla dadas vuelta sobre uno de los árboles). Sobre este tipo de relatos en
Cabeza de Vaca, véase el clásico artículo de David Lagmanovich (1978). Este
episodio digresivo, además, asume ciertas formas de la preterición, por la que se
renuncia aparentemente a tratar ciertos temas, pero, sin embargo, se nombran
y se dan noticias de ellos.

50
Capítulo II

Cómo el gobernador vino al puerto de Xagua y trajo consigo


a un piloto

En este tiempo llegó allí el gobernador con un bergantín que


en la Trinidad compró, y traía consigo un piloto que se llamaba
Miruelo;40 habíalo tomado porque decía que sabía y había estado
en el río de las Palmas, y era muy buen piloto de toda la costa
norte. Dejaba también comprado otro navío en la costa de La
Habana, en el cual quedaba por capitán Álvaro de la Cerda,
con cuarenta hombres y doce de a caballo; y dos días después
que llegó el gobernador se embarcó, y la gente que llevaba eran
cuatrocientos hombres y ochenta caballos en cuatro navíos y un
bergantín. El piloto que de nuevo habíamos tomado metió los
navíos por los bajíos41 que dicen de Canarreo,42 de manera que
otro día dimos en seco,43 y así estuvimos quince días, tocando
muchas veces las quillas de los navíos en seco, al cabo de los
cuales, una tormenta del sur metió tanta agua en los bajíos,
40 Se cree que este piloto Miruelo integró la expedición de Alonso de
Álvarez Pineda en 1519 que, en la búsqueda del estrecho de la Mar del Sur
(Océano Pacífico), exploró las costas del Golfo de México desde Tampico
hasta la Florida (véase Ferrando 1984: 33). Gabriel de Cárdenas (1829: 78)
considera que se llamaba Diego, pero no es algo comprobado. El apellido de
este piloto tiene resonancias trágicas. Pertenecía a una familia de navegantes.
Su tío se llamaba Diego Miruelo y fue muy renombrado. Había explorado
la costa occidental de la península de la Florida en 1516 y rescatado alguna
suma de oro con los indios. A su regreso a la isla de Cuba, expandió la fama de
las riquezas de la región. El licenciado Lucas Vázquez de Ayllón, en 1520, lo
lleva como piloto Mayor en búsqueda de las islas Lucayas para atrapar indios
caribes, pero una tormenta los arroja a la provincia de Chicora en la costa
oriental de la Florida. En 1516, ambos intentan regresar a esta provincia para
recoger perlas: “[Vázquez de Ayllón] salió con grandes esperanzas de ser presto
rico, llevando al mismo Miruelo por piloto mayor, el cual jamás pudo atinar
con la provincia de Chicora que buscaba, de lo cual se entristeció tanto que
enloqueció y murió.” (De Cardenas 1829: 75)
41 Bajío: banco de arena peligroso que suele haber en algunas partes del
mar. (DAut 1817: 114-1)
42 Canarreo: (en Cuba) conjunto de canales marítimos que se
forman próximos a la costa. (DRAE). La referencia de Cabeza de Vaca suele
identificarse, más específicamente, con los cayos de San Felipe.
43 En seco: modo adverbial que vale “fuera del agua”, o de algún lugar
húmedo y así se dice: “esta nave varó en seco”. (DAut 1739: 60-2)

51
que pudimos salir, aunque no sin mucho peligro. Partidos de
aquí y llegados a Guaniguanico,44 nos tomó otra tormenta, que
estuvimos a tiempo de perdernos. A cabo de Corrientes tuvimos
otra, donde estuvimos tres días; pasados éstos, doblamos el cabo
de San Antón,45 y anduvimos con tiempo contrario hasta llegar
a doce leguas de La Habana; y estando otro día para entrar en
ella, nos tomó un tiempo de sur que nos apartó de la tierra, y
atravesamos por la costa de la Florida y llegamos a la tierra martes
12 días del mes de abril,46 y fuimos costeando la vía de la Florida;
y Jueves Santo surgimos en la misma costa, en la boca de una
bahía,47 al cabo de la cual vimos ciertas casas y habitaciones de
indios.

44 Se refiere a la región de Pinar del Río y Artemisa (en el extremo


oriental de Cuba). Hoy ha quedado el nombre Guaniguanico para la cordillera
que atraviesa las dos provincias.
45 El Cabo Corrientes y el Cabo San Antonio son los extremos
occidentales de la isla de Cuba. El primero al sur y el segundo, en la costa
norte.
46 De 1528.
47 Si bien la Florida había sido transitada por varias expediciones de
conquista, sobre todo al momento en que Álvar Núñez escribe su crónica,
en este punto del relato, la geografía comienza a ser presentada de manera
incierta y faltan algunos topónimos. Los estudiosos no se ponen de acuerdo al
desentrañar si esta “boca de una bahía” se refiere a la bahía de Sarasota (Pupo-
Walker) o a Moore Haven (Ferrando).

52
Capítulo III

Cómo llegamos a la Florida

En este mismo día salió el contador Alonso Enríquez y se


puso en una isla que está en la misma bahía y llamó a los indios,48
los cuales vinieron y estuvieron con él buen pedazo de tiempo, y
por vía de rescate49 le dieron pescado y algunos pedazos de carne de
venado. Otro día siguiente, que era Viernes Santo, el gobernador
se desembarcó con la más gente que en los bateles que traía pudo
sacar, y como llegamos a los buhíos o casas que habíamos visto de
los indios,50 hallámoslas desamparadas y solas, porque la gente se
había ido aquella noche en sus canoas. El uno de aquellos buhíos
era muy grande, que cabrían en él más de trescientas personas;
los otros eran más pequeños, y hallamos allí una sonaja de oro
entre las redes.51 Otro día el gobernador levantó pendones52 por
48 Se cree, según hipótesis de Pupo-Walker (1992), que los indios
habitantes de la Florida al sur de Tampa, en aquellos años, eran los calusas,
hábiles para la caza y la pesca.
49 El rescate o trueque era la forma de comercio que solían entablar
los viajeros con los pueblos desconocidos por ellos. En la mayoría de las
crónicas de Indias, el rescate es considerado una práctica primitiva, propia
de culturas arcaicas con las cuales condescendían los comerciantes y
exploradores occidentales. En el proceso de conquista americana, los rescates
fueron estimados como forma pacífica de encuentro entre las culturas y de
intercambio de bienes para la subsistencia, por esto fueron instituidos por la
Corona española mediante regulaciones e instrucciones dadas a los capitanes y
adelantados.
50 Bohío o buhío: los fonemas /bo/, en la lengua taína de las Antillas,
contienen el significado de “circular”. Por esto, “bohío” significa “casa
redonda”. El DRAE actual lo define como “cabaña de América, hecha de
madera y ramas, cañas o pajas y sin más respiradero que la puerta”. Puesto
que los primeros “descubrimientos” en el Nuevo Mundo tuvieron lugar en
las islas del Caribe, diversos términos lingüísticos de la región (tales como
bohío, huracán, areíto y canoa, entre otros) fueron utilizados por los mismos
conquistadores españoles para designar fenómenos y objetos de otros pueblos
del continente americano.
51 Ésta es la primera mención al oro en Naufragios. La mirada de los
cronistas se detiene en las riquezas de los nativos amerindios desde los primeros
textos del corpus de crónicas de Indias (en Cristóbal Colón, por ejemplo).
52 Pendones: la bandera o estandarte pequeño que se usa en la guerra
como insignia, particularmente en los escuadrones y regimientos de caballería.
Se llama también la insignia que tienen las iglesias y cofradías para guiar las
procesiones. (DAut 1737: 202-2)

53
Vuestra Majestad y tomó la posesión de la tierra en su real nombre,
presentó sus provisiones53 y fue obedecido por gobernador, como
Vuestra Majestad lo mandaba.54 Asimismo presentamos nosotros
las nuestras ante él, y él las obedeció55 como en ellas se contenía.
Luego mandó que toda la otra gente desembarcase y los caballos
que habían quedado, que no eran más de cuarenta y dos, porque
los demás, con las grandes tormentas y mucho tiempo que habían
andado por la mar, eran muertos; y estos pocos que quedaron
estaban tan flacos y fatigados, que por el presente poco provecho
pudimos tener de ellos. Otro día los indios de aquel pueblo
vinieron a nosotros, y aunque nos hablaron, como nosotros no
teníamos lengua,56 no los entendíamos; mas hacíannos muchas
señas y amenazas, y nos pareció que nos decían que nos fuésemos
de la tierra, y con esto nos dejaron, sin que nos hiciesen ningún
impedimento, y ellos se fueron.

53 Provisión: se llama asimismo al despacho o mandamiento que, en


nombre del Rey, expiden algunos tribunales, especialmente los Consejos y
Cancillerías, para que se ejecute lo que por ellos se ordena y manda. (DAut
1737: 416-2)
54 El acto de tomar posesión de la tierra “descubierta” era una práctica
común de las expediciones de conquista portuguesas y españolas. Estaba
autorizada por las bulas papales dictadas a lo largo del siglo XV, que procuraban
combatir la “infidelidad” de los pueblos mahometanos, especialmente
representados en el “enemigo turco”. Con este propósito, la bula intercaetera
de 1493 del papa Alejandro VI donó, a los Reyes Católicos, las islas y Tierra
Firme descubiertas por Colón. Los tres elementos de los que se sirvió el capitán
Pánfilo de Narváez para tomar posesión de las costas de la Florida fueron: un
símbolo (aquí, un pendón o bandera), el discurso formal o pregón y la lectura
de provisiones legales. Por último, la ausencia de oposición por parte de otros
(indios y españoles), por la que el capitán es “obedecido por gobernador”.
55 Aquí, el protagonista del relato, Álvar Núñez, recuerda que el
poder asumido por el gobernador Pánfilo de Narváez está condicionado a
la aceptación y aprobación de sus vasallos. La vieja tradición castellana del
pactismo imponía que, entre gobernante y vasallos, existiera una especie de
contrato que generaba, en los últimos, libertades políticas y derechos de
reclamo al superior. Sobre el tema, véase J. H. Elliot (1969).
56 Lengua: se toma por intérprete o traductor. Generalmente, en las
expediciones de conquista, solían ser indios nativos tomados a la fuerza que
aprendían el castellano y que luego eran utilizados para la comunicación con
otros hablantes de la misma comunidad lingüística nativa.

54
Capítulo IV
Cómo entramos por la tierra

Otro día adelante el gobernador acordó de entrar por la


tierra, por descubrirla57 y ver lo que en ella había. Fuímonos
con él el comisario y el veedor y yo, con cuarenta hombres,
y entre ellos seis de caballo, de los cuales poco nos podíamos
aprovechar. Llevamos la vía del norte hasta que a hora de vísperas
llegamos a una bahía muy grande,58 que nos pareció que entraba
mucho por la tierra; quedamos allí aquella noche, y otro día
nos volvimos donde los navíos y gente estaban. El gobernador
mandó que el bergantín fuese costeando la vía de la Florida, y
buscase el puerto que Miruelo el piloto había dicho que sabía;
mas ya él lo había errado, y no sabía en qué parte estábamos, ni
adónde era el puerto;59 y fuele mandado al bergantín que si no
lo hallase, travesase60 a La Habana, y buscase el navío que Álvaro
de la Cerda tenía, y tomados algunos bastimentos, nos viniesen
a buscar. Partido el bergantín, tornamos a entrar en la tierra los
mismos que primero, con alguna gente más, y costeamos la bahía
que habíamos hallado; y andadas cuatro leguas, tomamos cuatro

57 El término “descubrir” tenía más de una acepción en la época, entre


ellas, contaba con el significado de “ejercer dominio y soberanía sobre una
tierra no perteneciente al reino. Así, el Diccionario de Autoridades, define:
“descubrir pueblos y sujetar territorios”, y ejemplifica con la “conquista y
descubrimiento del Río de la Plata” (DAut 1732: 144-1). En la década de
1950, hubo ciertas polémicas –luego revividas y ampliadas en el período
del V Centenario del “Descubrimiento”– en torno al estatuto que autorizó
el propósito de “descubrir” las Indias. Edmundo O’Gorman (en Bataillon
y O’Gorman 1955) cuestionó la suposición del “descubrimiento del Nuevo
Mundo” y propuso que se formulara una nueva ideación que hiciera justicia a
esta realidad histórica.
58 Puede tratarse de la bahía de Tampa en la costa oeste central de la
península de la Florida. Así lo creen Trinidad Barrera (1985) y Pupo-Walker
(1992).
59 La travesía por las tierras del sur de lo que hoy es Estados Unidos se
inicia con el desconocimiento y la desorientación geográfica, algo que marcará
fuertemente el derrotero descripto en toda la crónica. Como su tío (véase
supra la nota 38), este piloto Miruelo tampoco puede retornar a los territorios
descubiertos en sus expediciones anteriores. Pupo-Walker cree que el olvido y
los errores de este piloto llevaron al bergantín al área de Boca Ciega, región de
lagunas muy próximas al mar, pero desconectadas de él por la tierra.
60 Travesar: equivale a “atravesar” o “cruzar”.

55
indios, y mostrámosles maíz para ver si le conocían, porque hasta
entonces no habíamos visto señal de él.61 Ellos nos dijeron que
nos llevarían donde lo había; y así, nos llevaron a su pueblo,
que es al cabo de la bahía, cerca de allí, y en él nos mostraron
un poco de maíz, que aún no estaba para cogerse. Allí hallamos
muchas cajas de mercaderes de Castilla, y en cada una de ellas
estaba un cuerpo de hombre muerto, y los cuerpos cubiertos
con unos cueros de venado pintados. Al comisario le pareció que
esto era especie de idolatría,62 y quemó la caja con los cuerpos.63
Hallamos también pedazos de lienzo y de paño, penachos que
parecían de la Nueva España;64 hallamos también muestras
de oro. Por señas preguntamos a los indios de adónde habían
habido aquellas cosas; señaláronnos que muy lejos de allí había
una provincia que se decía Apalache,65 en la cual había mucho
oro, y hacían seña66 de haber muy gran cantidad de todo lo
que nosotros estimamos en algo. Decían que en Apalache había
mucho, y tomando aquellos indios por guía, partimos de allí;67
61 En esta instancia de la crónica, dos son los objetos más buscados
y preciados por la armada de Pánfila de Narváez: el oro que justifica la
importancia y grandeza de la expedición; y el maíz, que constituye verdadero
alimento para la subsistencia.
62 La idolatría (la adoración religiosa de ídolos o imágenes que eran
concebidos como deidades falsas por el cristianismo) era un tema controvertido
en la Conquista de América, porque, de hallarse como práctica entre los
habitantes nativos, la idolatría autorizaba a llamarlos infieles y a combatirlos
mediante la guerra, como parte de una cruzada más amplia de “lucha contra
influencias y engaños demoníacos”.
63 Se trata de otro episodio extraño (Lagmanovich 1978) inserto en
la crónica de Núñez. Los cuerpos muertos, posiblemente abandonados por
cristianos, no habían sido enterrados tal como se procede en el ritual católico.
La sospecha recae sobre los nativos y sus prácticas idolátricas.
64 El episodio es también recogido –con algunos detalles que omite
Álvar Núñez– en la versión de Gonzalo Fernández de Oviedo: “Asimismo se
hallaron pedazos de zapato e lienzo, e de paño e hierro alguno; e preguntados
los indios, dijeron por señas que lo habían hallado en un navío que se había
perdido en aquella costa o bahía.” (1959: IV-288)
65 Apalache: región que designaba en ese entonces el extremo noroeste
de la península de la Florida y sur del estado de Georgia en torno a la cuenca
del río Apalachicola o río Apalache.
66 El lenguaje por señas recibió posteriormente la denominación de
“lengua de necesidad”. Común en la literatura de viajes y en las crónicas de
Indias, llevó a muchas expediciones a graves errores de interpretación. Los
cronistas Bartolomé de las Casas y el Inca Garcilazo de la Vega revelan estas
malinterpretaciones en muchos episodios de la Conquista.
67 Apalache aquí aparece caracterizado como territorio fabuloso o

56
y andadas diez o doce leguas, hallamos otro pueblo de quince
casas, donde había buen pedazo de maíz sembrado, que ya estaba
para cogerse, y también hallamos alguno que estaba ya seco; y
después de dos días que allí estuvimos, nos volvimos donde el
contador y la gente y navíos estaban, y contamos al contador
y pilotos lo que habíamos visto, y las nuevas que los indios nos
habían dado. Y otro día que fue primero de mayo, el gobernador
llamó aparte al comisario y al contador y al veedor y a mí, y a un
marinero que se llamaba Bartolomé Fernández, y a un escribano
que se decía Jerónimo de Alaniz, y así juntos, nos dijo que tenía
voluntad de entrar por la tierra adentro y los navíos se fuesen
costeando hasta que llegasen al puerto, y que los pilotos decían y
creían que yendo la vía de las Palmas estaban muy cerca de allí;
y sobre esto nos rogó le diésemos nuestro parecer.68 Yo respondía
que me parecía que por ninguna manera debía dejar los navíos
sin que primero quedasen en puerto seguro y poblado, y que
mirase que los pilotos no andaban ciertos, ni se afirmaban en
una misma cosa, ni sabían a qué parte estaban; y que allende de
esto, los caballos no estaban para que en ninguna necesidad que
se ofreciese nos pudiésemos aprovechar de ellos; y que sobre todo
esto, íbamos mudos y sin lengua,69 por donde mal nos podíamos
entender con los indios, ni saber lo que de la tierra queríamos,
y que entrábamos por tierra de que ninguna relación teníamos,
ni sabíamos de qué suerte era, ni lo que en ella había, ni de qué
gente estaba poblada, ni a qué parte de ella estábamos;70 y que
“lugar del oro”. Este tipo de espacio se presenta, por lo general, diferido a
los ojos de los conquistadores y ubicado en un lugar desconocido. En dos
ocasiones de la Conquista Americana, los lugares del oro satisficieron las
expectativas de los conquistadores: el hallazgo de México-Tenochtitlán por
Hernán Cortés y del Tahuantinsuyo incaico por la armada de los hermanos
Pizarro y de Diego de Almagro. Las tierras abundantes en riquezas, como las
de las amazonas, Cíbola, el Dorado, la sierra de Plata, el País de la Canela y la
Ciudad de los Césares son otros de los objetivos míticos que promovieron los
viajes de los conquistadores en el continente americano. Sobre el tema, véase
Juan Gil (1989), Beatriz Pastor (1983) y Sergio Buarque de Holanda (1982),
entre otros. El oro vislumbrado en esta región que describe Núñez atrajo varias
expediciones españolas: la de Juan Ponce de León, la de Hernando de Soto, la
de Fray Marcos de Niza y la de Francisco Vázquez de Coronado, entre otros.
68 La última frase aparece sutilmente diferente en Oviedo: “pidióles
sobre esto su parecer” (1959: IV-288).
69 Sin lengua: sin intérprete.
70 La versión de Oviedo no menciona el desconocimiento de la tierra

57
sobre todo esto, no teníamos bastimentos para entrar adonde no
sabíamos; porque, visto lo que los navíos había, no se podía dar
a cada hombre de ración para entrar por la tierra más de una
libra de bizcocho y otra de tocino, y que mi parecer era que se
debía embarcar e ir a buscar puerto y tierra que fuese mejor para
poblar, pues la que habíamos visto, en sí era tan despoblada y
tan pobre, cuanto nunca en aquellas partes se había hallado. Al
comisario le pareció todo lo contrario, diciendo que no se había
de embarcar, sino que yendo siempre hacia la costa, fuesen en
busca del puerto, pues los pilotos decían que no estaría sino diez
o quince leguas de allí la vía de Pánuco,71 y que no era posible,
yendo siempre a la costa, que no topásemos con él, porque decían
que entraba doce leguas adentro por la tierra, y que los primeros
que lo hallasen, esperasen allí a los otros, y que embarcarse era
tentar a Dios,72 pues desque partimos de Castilla tantos trabajos
habíamos pasado, tantas tormentas, tantas pérdidas de navíos y
de gente habíamos tenido hasta llegar allí; y que por estas razones
él se debía de ir por luengo73 de costa hasta llegar al puerto, y
que los otros navíos, con la otra gente, se irían a la misma vía
hasta llegar al mismo puerto. A todos los que allí estaban pareció
bien que esto se hiciese así, salvo al escribano, que dijo que
primero que desamparase los navíos, los debía de dejar en puerto
conocido y seguro, y en parte que fuese poblada; que esto hecho,
podría entrar por la tierra adentro y hacer lo que le pareciese. El
gobernador siguió su parecer y lo que los otros le aconsejaban. Yo,

como causa para no adentrarse en ella. A pesar de que el mandato real ordenaba
ir del río de las Palmas hasta el cabo de la Florida (véase supra cap. I) –es decir,
de tierra conocida a desconocida–, De Narváez, como señala aquí Núñez,
proponía concretar la travesía en dirección contraria y más arriesgada.
71 Río Pánuco: hoy región de Tampico y río San Juan cuya
desembocadura da al mar Caribe, se encuentra cerca de la ciudad de Veracruz
en México. Consideramos que los hombres de Pánfilo de Narváez estaban
muy desorientados en este punto, puesto que el Pánuco se encuentra a 1.500
kilómetros de la región de la Florida en donde se hallaban. “Pánuco”, en
dialecto huasteca de la lengua náhuatl, significa “lugar de paso”. Roberto
Ferrando considera que su significado refiere directamente a “lugar donde
llegaron los que vinieron por mar” (1984: 37), lo que remitiría directamente a
la embajada de Hernán Cortés y a los primeros españoles llegados a la región.
72 Tentar a Dios: decir algunas cosas como queriendo hacer experiencia
de su poder [del poder de Dios] (…) pedir que haga milagros sin necesidad.
(DAut 1739: 250-2)
73 Luengo: largo, andar largamente.

58
vista su determinación, requeríle de parte de Vuestra Majestad
que no dejase los navíos sin que quedasen en puerto y seguros,
y así lo pedí por testimonio al escribano que allí teníamos. Él74
respondió que, pues él se conformaba con el parecer de los más
de los otros oficiales y comisario, que yo no era parte para hacerle
estos requerimientos, y pidió al escribano le diese por testimonio
cómo por no haber en aquella tierra mantenimientos para poder
poblar, ni puerto para los navíos, levantaba el pueblo que allí
había asentado, e iba con él en busca del puerto y de tierra que
fuese mejor; y luego mandó apercibir75 la gente que había de ir
con él, que se proveyesen de lo que era menester para la jornada.
Y después de esto proveído, en presencia de los que allí estaban,
me dijo que, pues yo tanto estorbaba y temía la entrada por tierra,
que me quedase y tomase cargo de los navíos y de la gente que en
ellos quedaba, y poblase si yo llegase primero que él. Yo me excusé
de esto, y después de salidos de allí aquella misma tarde, diciendo
que no le parecía que de nadie se podía fiar aquello, me envió
a decir que me rogaba que tomase cargo de ello. Y viendo que
importunándome tanto, yo todavía me excusaba, me preguntó
qué era la causa por que huía de aceptarlo; a lo cual respondí que
yo huía de encargarme de aquello porque tenía por cierto y sabía
que él no había de ver más los navíos, ni los navíos a él, y que esto
entendía viendo que tan sin aparejo76 se entraban por la tierra
adentro. Y que yo quería más aventurarme al peligro que él y los
otros se aventuraban, y pasar por lo que él y ellos pasasen, que no
encargarme de los navíos, y dar ocasión a que se dijese que, como
había contradicho la entrada, me quedaba por temor, y mi honra
anduviese en disputa; y que yo quería más aventurar la vida que
poner mi honra en esta condición.77 Él, viendo que conmigo no
74 Es decir, Pánfilo de Narváez, el gobernador.
75 Apercibir: prevenir, disponer, preparar lo necesario. (DAut 1770:
277-2)
76 Aparejo: prevención, disposición, preparación de lo conducente y
necesario para cualquier obra, operación u otra cosa. (DAut 1726: 326-1)
77 El protagonista primero requiere a De Narváez en nombre del rey
español para que no abandone las naves; luego, cuando se prueba la ilegalidad
de este requerimiento, prefiere renunciar a sus convicciones y advertencias de
peligro y fracaso para preservar su honra de vasallo. Cabeza de Vaca asume,
para caracterizarse como personaje, el modelo de vasallo leal y –como narrador
de la crónica– insiste en evidenciar esta condición. La costumbre, leyes y

59
aprovechaba, rogó a otros muchos que me hablasen en ello y me
lo rogasen, a los cuales respondí lo mismo que a él; y así, proveyó
por su teniente, para que quedase en los navíos un alcalde que
traía que se llamaba Caravallo.78

tratados españoles, como las Siete Partidas (compilación temprana de leyes


castellanas), definían la deslealtad y traición al Señor en términos tiranía.
78 Comienza, con mayor insistencia en este capítulo, un proceso de
diferenciación del protagonista (Molloy lo llama “distinciones del yo” [1992:
428]) respecto de las decisiones de Pánfilo de Narváez. El saber, la precaución,
la diligencia –la eficacia como testigo y relator– pero también la valentía y la
seguridad de los actos y palabras de Núñez contrastan con la desorganización
y desconcierto del resto de los integrantes de la armada y, sobre todo, con la
necedad, indecisión y endeble autoridad del gobernador.

60
Capítulo V
Cómo dejó los navíos el gobernador

Sábado primero de mayo, el mismo día que esto había


pasado, mandó dar a cada uno de los que habían de ir con él dos
libras de bizcocho y media libra de tocino, y así nos partimos para
entrar en la tierra. La suma de toda la gente que llevábamos era
trescientos hombres; en ellos iba el comisario fray Juan Suárez,
y otro fraile que se decía fray Juan de Palos,79 y tres clérigos y
los oficiales. La gente de caballo que con éstos íbamos, éramos
cuarenta de caballo; y así anduvimos con aquel bastimento que
llevábamos, quince días, sin hallar otra cosa que comer, salvo
palmitos de la manera de los de Andalucía. En todo este tiempo
no hallamos indio ninguno, ni vimos casa ni poblado, y al cabo
llegamos a un río80 que lo pasamos con muy gran trabajo a
nado y en balsas; detuvímonos un día en pasarlo, que traía muy
gran corriente. Pasados a la otra parte, salieron a nosotros hasta
doscientos indios, poco más o menos; el gobernador salió a ellos,
y después de haberlos hablado por señas, ellos nos señalaron81
de suerte que nos hubimos de revolver con ellos, y prendimos
cinco o seis; y éstos nos llevaron a sus casas, que estaban hasta
media legua de allí, en las cuales hallamos gran cantidad de maíz
que estaba ya para cogerse, y dimos infinitas gracias a nuestro
Señor por habernos socorrido en tan grande necesidad, porque
ciertamente, como éramos nuevos en los trabajos, allende del
cansancio que traíamos, veníamos muy fatigados de hambre y a
tercero día que allí llegamos, nos juntamos el contador y veedor
y comisario y yo, y rogamos al gobernador que enviase a buscar
la mar, por ver si hallaríamos puerto, porque los indios decían
que la mar no estaba muy lejos de allí. Él nos respondió que no
79 Según Pupo-Walker (1992: 194), Juan de Palos era hermano y no
fraile, llegado con fray Juan Suárez a Nueva España el 13 de mayo de 1524.
80 Se trataría del río Suwannee, al norte de la Florida.
81 “Señalar” también tenía los significados de “hacer alguna herida o
señal en el cuerpo, particularmente en el rostro” y, por extensión, “hacer el
amago y señal de alguna cosa sin ejecutarla, como las estocadas en la esgrima”
(DAut 1739: 86-2 y 87-1)

61
curásemos82 de hablar en aquello, porque estaba muy lejos de allí;
y como yo era el que más le importunaba, díjome que me fuese
yo a descubrirla y que buscase puerto,83 y que había de ir a pie
con cuarenta hombres; y así, otro día yo me partí con el capitán
Alonso del Castillo y con cuarenta hombres de su compañía,
y así anduvimos hasta hora del mediodía, que llegamos a unos
placeles84 de la mar que parecía que entraban mucho por tierra;
anduvimos por ellos hasta legua y media con el agua hasta la
mitad de la pierna, pisando por encima de ostiones, de los cuales
recibimos muchas cuchilladas en los pies, y nos fueron a causa
de mucho trabajo, hasta que llegamos en el río que primero
habíamos atravesado, que entraba por aquel mismo ancón,85
y como no lo pudimos pasar, por el mal aparejo que para ello
teníamos, volvimos al real,86 y contamos al gobernador lo que
habíamos hallado, y cómo era menester otra vez pasar el río por
el mismo lugar que primero habíamos pasado, para que aquél
ancón se descubriese bien, y viésemos si por allí había puerto; y
otro día mandó a un capitán que se llamaba Valenzuela, que con
setenta hombres y seis de caballo pasase el río y fuese por él abajo
hasta llegar a la mar, y buscar si había puerto; el cual, después de
dos días que allá estuvo, volvió y dijo que él había descubierto
el ancón, y que todo era bahía baja hasta la rodilla, y que no se
hallaba puerto; y que había visto cinco o seis canoas de indios
que pasaban de una parte a otra y que llevaban puestos muchos
penachos.87 Sabido esto, otro día partimos de allí, yendo siempre
82 Curarse: se tomaba también por “cuidar” y, por extensión,
“preocuparse”.
83 Estas desavenencias entre Cabeza de Vaca y el gobernador no
aparecen mencionadas en la versión de Oviedo.
84 Placel: (término náutico) banco de arena o piedra en el fondo del
mar, pero de bastante extensión y de poca desigualdad en su profundidad.
(DAut 1803: 661-2)
85 Ancón: ensenada pequeña (DRAE).
86 Real: el campo donde está acampado un ejército, rigurosamente se
entiende por el sitio en que está la tienda de la persona Real o del General.
(DAut 1737: 502-2)
87 Se trataría de los indios timucuas o timacuanos. Por información
recogida por Pupo-Walker (1992:60), sabemos que eran comunidades
sedentarias que vivían principalmente del cultivo del maíz; sus jerarquías
estaban determinadas por creencias religiosas y su lengua tenía como base el
muscogui.

62
en demanda de aquella provincia que los indios nos habían dicho
Apalache, llevando por guía los que de ellos habíamos tomado,
y así anduvimos hasta 17 de junio, que no hallamos indios que
nos osasen esperar. Y allí salió a nosotros un señor que le traía un
indio a cuestas, cubierto de un cuero de venado pintado: traía
consigo mucha gente, y delante de él venían tañendo unas flautas
de caña; y así llegó donde estaba el gobernador, y estuvo una hora
con él, y por señas le dimos a entender que íbamos a Apalache, y
por las señas que él hizo, nos pareció que era enemigo de los de
Apalache,88 y que nos iría a ayudar contra él. Nosotros le dimos
cuentas y cascabeles y otros rescates,89 y él dio al gobernador el
cuero que traía cubierto; y así se volvió, y nosotros le fuimos
siguiendo por la vía que él iba. Aquella noche llegamos a un río,
el cual era muy hondo y muy ancho, y la corriente muy recia,
y por no atrevernos a pasar con balsas, hicimos una canoa para
ello, y estuvimos en pasarlo un día; y si los indios nos quisieran
ofender, bien nos pudieran estorbar el paso, y aun con ayudarnos
ellos, tuvimos mucho trabajo. Uno de a caballo, que se decía Juan
Velázquez, natural de Cuéllar, por no esperar entró en el río, y
la corriente, como era recia, lo derribó del caballo, y se asió a las
riendas, y ahogó a sí y al caballo; y aquellos indios de aquel señor,
que se llamaba Dulchanchelín,90 hallaron el caballo, y nos dijeron
dónde hallaríamos a él por el río abajo; y así fueron por él, y su
muerte nos dio mucha pena, porque hasta entonces ninguno nos
había faltado. El caballo dio de cenar a muchos aquella noche.91
88 Según información de Swanton recogida por Pupo-Walker (1992:
60), en la lengua muscogui, “apalache” significaba “gente del otro lado”.
89 En su primer viaje a las Indias, Cristóbal Colón ofreció cuentas y
trozos de vidrio de colores, bonetes colorados y cascabeles a los nativos: “cosas
muchas de poco valor, con que hubieron mucho placer” (Colón 1992: 110).
A partir de ese momento, los conquistadores continuaron creyendo que los
amerindios en general se sentían muy atraídos por este tipo de ofrecimientos.
90 Pupo-Walker (1992: 196) concluye que se trataría del cacique Ochile,
mencionado en las relaciones del Inca Garcilaso, del Hidalgo de Elvas y de
Antonio de Herrera. Núñez no suele identificar con nombre ni individualizar
a ninguno de los indios que encuentra; Dulchanchelín es la única excepción.
Maura (1989) advierte que este nombre fue utilizado luego por Lope de Vega
para uno de los personajes indígenas de su obra El Nuevo Mundo.
91 Nótese el estilo lacónico de Álvar Núñez al relatar aquí episodios
de profundo impacto patético: el encuentro sorpresivo con doscientos indios
luego de no haber hallado ninguno en el camino previo, la posterior pelea
con ellos aparentemente sin causa alguna, luego el encuentro repentino con

63
Pasados de allí, otro día llegamos al pueblo de aquel señor,
y allí nos envió maíz. Aquella noche, donde iban a tomar agua
nos flecharon un cristiano, y quiso Dios que no lo hirieron. Otro
día nos partimos de allí sin que indio ninguno de los naturales
pareciese, porque todos habían huido; más yendo nuestro
camino, aparecieron indios, los cuales venían de guerra, y aunque
nosotros los llamamos, no quisieron volver ni esperar; mas antes se
retiraron, siguiéndonos por el mismo camino que llevábamos. El
gobernador dejó una celada de algunos de a caballo en el camino,
que como pasaron, salieron a ellos, y tomaron tres o cuatro indios,
y éstos llevamos por guías de allí adelante; los cuales nos llevaron
por tierra muy trabajosa de andar y maravillosa de ver, porque en
ella hay muy grandes montes y los árboles a maravilla altos, y son
tantos los que están caídos en el suelo, que nos embarazaban el
camino, de suerte que no podíamos pasar sin rodear mucho y con
muy gran trabajo; de los que no estaban caídos, muchos estaban
hendidos desde arriba hasta abajo, de rayos que en aquella tierra
caen, donde siempre hay muy grandes tormentas y tempestades.
Con este trabajo caminamos hasta un día después de San Juan,92
que llegamos a vista de Apalache sin que los indios de la tierra93
nos sintiesen. Dimos muchas gracias a Dios por vernos tan cerca
de Él, creyendo que era verdad lo que de aquella tierra nos habían
dicho, que allí se acabarían los grandes trabajos que habíamos
pasado, así por el malo y largo camino para andar, como por la
mucha hambre que habíamos padecido; porque aunque algunas
veces hallábamos maíz, las más andábamos siete y ocho leguas sin
toparlo; y muchos había entre nosotros que, allende del mucho
cansancio y hambre, llevaban hechas llagas en las espaldas, de

Dulchalchelín y los indios timucuas, la pena por la muerte de Juan Velázquez


y, finalmente, la cena con carne de caballo. Con respecto a este último tema,
no se identifica quiénes y cómo la comieron (si crudo o cocido) aquella noche.
Cabeza de Vaca recurre a la elipsis (“muchos”) y a la personificación (“el caballo
dio de cenar”). El comer caballos era una práctica rechazada y sólo admisible
por necesidad, tanto como comer perros, gatos, reptiles y animales feroces. A
propósito de un episodio similar, el cronista Fernández de Oviedo comenta:
“Solía yo tener en algo aquella hambre del rey don Johan, segundo de tal
nombre de Castilla (…) hizo matar su caballo y otros por falta de carne (…)
solíame parecer esto una grandísima necesidad.” (1959: III-17)
92 Es decir, el 25 de junio.
93 Los naturales o habitantes nativos de la región.

64
llevar las armas a cuestas, sin otras cosas que se ofrecían. Mas con
vernos llegados donde deseábamos, y donde tanto mantenimiento
y oro nos habían dicho que había, pareciónos que se nos había
quitado gran parte del trabajo y cansancio.94

94 Todo el capítulo sigue el modelo hagiográfico de relato (el de las


Vidas de Santos) en el que el camino –conocido al menos por referencias de
testigos– es interpretado como peregrinación hasta el lugar anhelado. Nótese,
al comienzo de Naufragios, la supervivencia a los “martirios” corporales de los
hombres de De Narváez que les imprime el paisaje; todo concluye en cansancio,
hambre y llagas en el cuerpo. En segundo lugar, los cristianos se sorprenden de
poder evadir a los indios Apalaches, que eran “indios de guerra”. Por último,
el relato narra un estado de gracia: se ven cerca de Dios. Sin embargo, a
diferencia del modelo hagiográfico, los hombres de esta expedición llegan –
aparentemente– a un lugar del oro y no a un lugar santo. Sobre un análisis de
este modelo en todo Naufragios, véase el artículo de E. Pupo-Walker (1987).

65
Capítulo VI
Cómo llegamos a Apalache

Llegados que fuimos a vista de Apalache, el gobernador


mandó que yo tomase nueve de a caballo y cincuenta peones,
y entrase en el pueblo, y así lo acometimos el veedor y yo; y
entrados, no hallamos sino mujeres y muchachos, que los hombres
a la sazón no estaban en el pueblo; mas de ahí a poco, andando
nosotros por él, acudieron, y comenzaron a pelear, flechándonos,
y mataron el caballo del veedor; mas al fin huyeron y nos dejaron.
Allí hallamos mucha cantidad de maíz que estaba ya para cogerse,
y mucho seco95 que tenían encerrado. Hallámosles muchos cueros
de venados, y entre ellos algunas mantas de hilo pequeñas, y no
buenas, con que las mujeres cubren algo de sus personas. Tenían
muchos vasos para moler maíz. En el pueblo había cuarenta casas
pequeñas y edificadas, bajas y en lugares abrigados, por temor
de las grandes tempestades que continuamente en aquella tierra
suele haber. El edificio es de paja, y están cercados de muy espeso
monte y grandes arboledas y muchos piélagos96 de agua, donde
hay tantos y tan grandes árboles caídos, que embarazan,97 y son
causa que no se puede por allí andar sin mucho trabajo y peligro.98

95 Seco: se aplica también a las frutas, especialmente de cáscara dura


como avellanas, nueces, etc., y también a las que se quita parte de la humedad
para que se conserven como higos y pasas, etc. (DAut 1739: 60-1).
96 Piélago: aquella parte del mar que dista ya mucho de la tierra y se
llama regularmente Alta mar. Tiene notable profundidad. Pueden ancorar los
navíos más no se podrían defender de gran tormenta. (DAut 1737: 267-2)
97 Embarazar: impedir, detener, retardar y, en cierto modo, suspender
lo que se va a hacer o se está ejecutando. (DAut 1732: 380-2)
98 A partir de este capítulo y hasta el número X, los hombres de
De Narváez se encuentran en territorio de los Apalaches, entre Tallahassee
y Apalachicola. Pupo-Walker (1992: 60) describe a sus habitantes como
comunidades sedentarias y muy feroces, adeptas a rituales relacionados con
actividades guerreras.

66
Capítulo VII
De la manera que es la tierra

La tierra, por la mayor parte, desde donde desembarcamos


hasta este pueblo y tierra de Apalache, es llana; el suelo, de
arena y tierra firme; por toda ella hay muy grandes árboles y
montes claros,99 donde hay nogales y laureles, y otros que se
llaman liquidámbares, cedros, sabinas y encinas y pinos y robles,
palmitos bajos, de la manera de los de Castilla. Por toda ella hay
muchas lagunas grandes y pequeñas, algunas muy trabajosas de
pasar, parte por la mucha hondura, parte por tantos árboles como
por ellas están caídos. El suelo de ellas es de arena, y las que en
la comarca de Apalache hallamos son muy mayores que las de
hasta allí. Hay en esta provincia muchos maizales, y las casas
están tan esparcidas por el campo, de la manera que están las de
los Gelves.100 Los animales que en ellas vimos son: venados de
tres maneras, conejos y liebres, osos y leones, y otras salvajinas,101
entre los cuales vimos un animal que trae los hijos en una bolsa
que en la barriga tiene; y todo el tiempo que son pequeños los
trae allí, hasta que saben buscar de comer; y si acaso están fuera
buscando de comer, y acude gente, la madre no huye hasta que
los ha recogido en su bolsa.102 Por allí la tierra en muy fría; tiene
muy buenos pastos para ganados; hay aves de muchas maneras,
ánsares103 en gran cantidad, patos, ánades, patos reales, dorales
y garzotas y garzas, perdices; vimos muchos halcones, neblíes,
gavilanes, esmerejones y otras muchas aves.104
99 Claros: despejados de arboledas.
100 Gelves: municipio español de la provincia de Sevilla en Andalucía.
Recordemos que Álvar Núñez es oriundo de Jerez de la Frontera (en la provincia
de Cádiz), villa también perteneciente a la comunidad de Andalucía. Según
Ferrando (1984) y Barrera (1985), la mención a Gelves alude específicamente
a la zona campestre conocida como isla tunecina de Gelves.
101 Salvajina: fiera o animal montaraz.
102 Se trataría del oposum, zarigüeya o zorra mochilera, pequeño
marsupial americano que abunda en el suroeste de Norteamérica.
103 Ánsar: ave doméstica muy semejante al cisne, aunque algo menor y
de color pardo, lo mismo que ganso o pato. (DAut 1726: 303-1)
104 Las especies vegetales y animales son identificadas según clasificaciones

67
Dos horas después que llegamos a Apalache, los indios que
allí habían huido vinieron a nosotros de paz, pidiéndonos a sus
mujeres e hijos, y nosotros se los dimos, salvo que el gobernador
detuvo un cacique de ellos consigo, que fue causa por donde
ellos fueron escandalizados;105 y luego otro día volvieron en pie
de guerra, y con tanto denuedo y presteza nos acometieron, que
llegaron a nos poner fuego a las casas en que estábamos; mas
como salimos, huyeron, y acogiéronse a las lagunas, que tenían
muy cerca; y por esto, y por los grandes maizales que había, no
les pudimos hacer daño, salvo a uno que matamos. Otro día
siguiente, otros indios de otro pueblo que estaba de la otra parte
vinieron a nosotros y acometiéronnos de la misma arte que los
primeros y de la misma manera se escaparon, y también murió
uno de ellos. Estuvimos en este pueblo veinte y cinco días,106 en
que hicimos tres entradas por la tierra y hallámosla muy pobre
de gente y muy mala de andar, por los malos pasos y montes
y lagunas que tenía. Preguntamos al cacique que les habíamos
detenido, y a los otros indios que traíamos con nosotros, que
eran vecinos y enemigos de ellos, por la manera y población de
la tierra, y la calidad de la gente, y por los bastimentos y todas las
otras cosas de ella. Respondiéronnos cada uno por sí, que el mayor
pueblo de toda aquella tierra era aquel Apalache, y que adelante
había menos gente y muy más pobre que ellos, y que la tierra era
mal poblada y los moradores de ella muy repartidos; y que yendo
adelante, había grandes lagunas y espesura de montes y grandes
desiertos y despoblados. Pregutámosles luego por la tierra que
estaba hacia el sur, qué pueblos y mantenimientos tenía. Dijeron
que por aquella vía, yendo a la mar nueve jornadas, había un
pueblo que llamaban Aute,107 y los indios de él tenían mucho
propias de la naturaleza europea: “encinas y pinos y robles, palmitos bajos,
de la manera de los de Castilla”; pero, ante la evidente novedad del paisaje
americano, la descripción pierde precisión y recurre a la perífrasis: “vimos un
animal que trae los hijos en una bolsa”.
105 Escandalizar: en lo antiguo, se tomaba muchas veces por alborotar,
causar tumultos e inquietudes. Ej.: de tal manera se escandalizaron todos los
pueblos, oída la muerte de Trajano, que no pareció sino que se dejaba a todo
el mundo sin dueño. (DAut 1732: 552-2)
106 Aproximadamente, del 27 de junio al 19 de julio de 1528.
107 Según Pupo-Walker (1992), se trataba de un caserío situado cerca
de la desembocadura del río Apalache, al que quizás el Hidalgo de Elvas llama

68
maíz, y que tenían frísoles y calabazas, y que por estar tan cerca
de la mar alcanzaban pescados, y que éstos eran amigos suyos.
Nosotros, vista la pobreza de la tierra, y las malas nuevas que de
la población y de todo lo demás nos daban, y como los indios nos
hacían continua guerra hiriéndonos la gente y los caballos en los
lugares donde íbamos a tomar agua, y esto desde las lagunas, y tan
a salvo, que no los podíamos ofender, porque metidos en ellas nos
flechaban, y mataron un señor108 de Tezcuco109 que se llamaba
don Pedro, que el comisario llevaba consigo, acordamos de partir
de allí, e ir a buscar la mar y aquel pueblo de Aute que nos habían
dicho; y así nos partimos al cabo de veinte y cinco días que allí
habíamos llegado.110 El primero día pasamos aquellas lagunas y
pasos sin ver indio ninguno, mas al segundo día llegamos a una
laguna de muy mal paso, porque daba el agua a los pechos y había
en ella muchos árboles caídos. Ya que estábamos en medio de ella
nos acometieron muchos indios que estaban escondidos detrás de
los árboles porque no les viésemos; otros estaban sobre los caídos,
y comenzáronnos a flechar de manera que nos hirieron muchos
hombres y caballos, y nos tomaron la guía que llevábamos,
antes que de la laguna saliésemos, y después de salidos de ella,
nos tornaron a seguir, queriéndonos estorbar el paso; de manera
que no nos aprovechaba salirnos afuera ni hacernos más fuertes
y querer pelear con ellos, que se metían luego en la laguna, y
desde allí nos herían la gente y caballos. Visto esto, el gobernador
mandó a los de caballo que se apeasen y les acometiesen a pie.
El contador se apeó con ellos, y así los acometieron, y todos
entraron a vueltas en una laguna, y así les ganamos el paso. En
Ochete.
108 Señor: es decir, gobernador, rey o cacique.
109 Texcoco: villa del estado de México cercana a la capital del país y
situada en el valle del Anáhuac. Al llegar Hernán Cortés a Texcoco en 1519,
gobernaba Cacamatzin y la ciudad era aliada de los mexicas, con centro de
poder en Tenochtitlán.
110 La búsqueda de maíz, otras legumbres y pescado para el
sustentamiento, que los indios timucuas capturados prometen alcanzar en
Aute, reemplaza en este momento a la más ambiciosa búsqueda del oro, no
encontrado entre los apalaches. El cronista Fernández de Oviedo es durísimo
en su comentario sobre Pánfilo de Narváez: “¡Oh temerario desatino! ¿Qué
mayor crimen puede cometer un caudillo que conducir gente a tierra que ni él
ni otro de su hueste haya estado en ella? (…) En verdad que yo estoy muchas
veces maravillado e aun enojado destos capitanes.” (1959: IV-290)

69
esta revuelta hubo algunos de los nuestros heridos, que no les
valieron buenas armas que llevaban; y hubo hombres este día que
juraron que habían visto dos robles, cada uno de ellos tan grueso
como la pierna por bajo, pasados de parte a parte de las flechas de
los indios; y esto no es tanto de maravillar, vista la fuerza y maña
con que las echan; porque yo mismo vi una flecha en un pie de
un álamo, que entraba por él un jeme.111 Cuantos indios vimos
desde la Florida aquí todos son flecheros; y como son tan crecidos
de cuerpo y andan desnudos, desde lejos parecen gigantes. Es
gente a maravilla bien dispuesta, muy enjutos y de muy grandes
fuerzas y ligereza. Los arcos que usan son gruesos como el brazo,
de once o doce palmos de largo, que flechan a doscientos pasos
con tan gran tiento,112 que ninguna cosa yerran.113 Pasados que
fuimos de este paso, de ahí a una legua llegamos a otro de la
misma manera, salvo que por ser tan largo, que duraba media
legua, era muy peor; éste pasamos libremente y sin estorbo de
indios; que como habían gastado en el primero toda la munición
que de flechas tenían, no quedó con qué osarnos acometer. Otro
día siguiente, pasando otro semejante paso, yo hallé rastro de
gente que iba delante, y di aviso de ello al gobernador, que venía
en la retaguardia; y así, aunque los indios salieron a nosotros,
como íbamos apercibidos, no nos pudieron ofender;114 y salidos
a lo llano, fuéronnos todavía siguiendo; volvimos a ellos por dos
partes, y matámosles dos indios, y hiriéronme a mí y dos o tres
cristianos; y por acogérsenos al monte no les pudimos hacer más
mal ni daño. De esta suerte caminamos ocho días, y desde este paso

111 Xeme: la distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la
del dedo índice, que sirve de medida. (DAut 1739: 537-2)
112 Tiento se refiere al sentido del tacto y aquí significa “gran pulso”:
seguridad y firmeza en la mano.
113 La descripción proto-etnográfica de estos indios apalaches responde
al tópico de la mirabilia (véase supra nota 14): la admiración por el gigantismo
de los indios, su desnudez, la proporción de sus cuerpos y sus habilidades para
las prácticas arcaicas o exóticas, sin una explicación clara para el autor del
relato.
114 Nótese la capacidad del personaje Álvar Núñez para prever
estratégicamente errores y fracasos; y del autor para devenir de autor-testigo a
autor involucrado en las decisiones que dirigen la acción de la trama. Sobre la
superposición autobiográfica de narrador y personaje y de sus virtudes, véase
el artículo “Sobre la configuración narrativa de los Naufragios” de E. Pupo-
Walker (1992: 83-102).

70
que he contado, no salieron más indios a nosotros hasta una legua
adelante, que es lugar donde he dicho que íbamos. Allí, yendo
nosotros por nuestro camino, salieron indios, y sin ser sentidos,
dieron en la retaguardia, y a los gritos que dio un muchacho de
un hidalgo de los que allí iban, que se llamaba Avellaneda, el
Avellaneda volvió, y fue a socorrerlos, y los indios le acertaron
con una flecha por el canto de las corazas, y fue tal la herida, que
pasó casi toda la flecha por el pescuezo, y luego allí murió y lo
llevamos hasta Aute. En nueve días de camino, desde Apalache
hasta allí, llegamos.115 Y cuando fuimos llegados, hallamos toda la
gente de él, ida, y las casas quemadas, y mucho maíz y calabazas y
frísoles, que ya todo estaba para empezarse a coger. Descansamos
allí dos días, y estos pasados, el gobernador me rogó que fuese a
descubrir116 la mar, pues los indios decían que estaba tan cerca
de allí; ya en este camino la habíamos descubierto por un río
muy grande que en él hallamos, a quien habíamos puesto por
nombre el río de la Magdalena.117 Visto esto, otro día siguiente yo
me partí a descubrirla, juntamente con el comisario y el capitán
Castillo y Andrés Dorantes y otros siete de caballo y cincuenta
peones, y caminamos hasta hora de vísperas, que llegamos a un
ancón o entrada de la mar, donde hallamos muchos ostiones,
con que la gente holgó;118 y dimos muchas gracias a Dios por
habernos traído allí. Otro día de mañana envié veinte hombres a
que conociesen la costa y mirasen la disposición de ella, los cuales
volvieron al otro día en la noche, diciendo que aquellos ancones
y bahías eran muy grandes y entraban tanto por la tierra adentro,
que estorbaban mucho para descubrir lo que queríamos, y que
la costa estaba muy lejos de allí. Sabidas estas nuevas y vista la
mala disposición y aparejo que para descubrir la costa por allí
había, yo me volví al gobernador, y cuando llegamos, hallámosle
115 El 7 de agosto de 1528.
116 Descubrir, además de poseer el significado de “hallar aquello que
estaba ignorado o escondido hasta entonces”, también tenía el sentido de
“registrar o alcanzar a ver” (DAut 1732: 144-1).
117 Se trataría del río Apalachicola o Apalache, según información
de Hallenbeck recogida por Pupo-Walker (1992). Pero, según cálculos de
Ferrando (1984), ya se encontrarían a orillas del río Alabama y según Barrera
(1985), en el San Marcos.
118 Holgó: se satisfizo comiendo ostras.

71
enfermo con otros muchos, y la noche pasada los indios habían
dado en ellos y puéstolos en grandísimo trabajo, por la razón
de la enfermedad que les había sobrevenido; también les habían
muerto un caballo. Yo di cuenta de lo que había hecho y de la
mala disposición de la tierra. Aquel día nos detuvimos allí.

72
Capítulo VIII
Cómo partimos de Aute

Otro día siguiente partimos de Aute, y caminamos todo el


día hasta llegar donde yo había estado. Fue camino en extremo
trabajoso, porque ni los caballos bastaban a llevar los enfermos, ni
sabíamos qué remedio poner, porque cada día adolecían; que fue
cosa de muy gran lástima y dolor ver la necesidad y trabajo en que
estábamos. Llegados que fuimos, visto el poco remedio que para
ir adelante había, porque no había dónde, ni aunque lo hubiera,
la gente pudiera pasar adelante, por estar los más enfermos, y
tales, que pocos había de quien se pudiese haber algún provecho.
Dejo aquí de contar esto más largo, porque cada uno puede
pensar lo que se pasaría en tierra tan extraña y tan mala, y tan sin
ningún remedio de ninguna cosa, ni para estar ni para salir de
ella.119 Mas como el más cierto remedio sea Dios nuestro Señor,
y de este nunca desconfiamos, sucedió otra cosa que agravaba
más que todo esto, que entre la gente de caballo se comenzó la
mayor parte de ellos a ir secretamente, pensando hallar ellos por sí
remedio, y desamparar al gobernador y a los enfermos, los cuales
estaban sin algunas fuerzas y poder. Mas, como entre ellos había
muchos hijosdalgo y hombres de buena suerte,120 no quisieron
que esto pasase sin dar parte al gobernador y a los oficiales de
Vuestra Majestad; y como les afeamos su propósito, y les pusimos

119 El recurso de la preterición consiste en declarar que se deja de hablar


sobre algo, pero se lo menciona y se describen sus rasgos principales (sobre
éste y otros recursos retóricos, consultamos principalmente el Manual de
retórica de Bice Mortara Garavelli). Sirviéndose de la brevitas (véase supra la
nota 15) y de la preterición, Núñez prefiere evitarle, al lector, el relato de los
padecimientos de los hombres provocados por una naturaleza enemiga. Sin
embargo, a continuación, menciona las dificultades principales que tuvieron.
Con amplia habilidad para la escritura, el autor consigue el efecto retórico de
atraer la atención sobre los hechos que aparentemente deseaba omitir.
120 El hidalgo, noble cuya ascendencia familiar era conocida, por lo
general carecía de títulos, aunque disfrutaba de privilegios y estaba exento de
los pagos exigidos a los villanos. “De buena suerte” significaba también “de
linaje”, es decir, de familia de nobles. Se consideraba que la virtud podía ser
adquirida por medio de la entereza y honradez de la persona, pero, también,
por herencia familiar. Los villanos, en cambio, eran asociados con la corrupción
de las costumbres y con deseos ruines y vulgares.

73
delante el tiempo en que desamparaban a su capitán y los que
estaban enfermos y sin poder, y apartarse sobre todo el servicio de
Vuestra Majestad, acordaron de quedar, y que lo que fuese de uno
fuese de todos, sin que ninguno desamparase a otro.
Visto esto por el gobernador, los llamó a todos y a cada uno
por sí, pidiendo parecer de tan mala tierra, para poder salir de ella
y buscar algún remedio, pues allí no lo había, estando la tercia
parte de la gente con gran enfermedad, y creciendo esto cada
hora, que teníamos por cierto todos lo estaríamos así; de donde
no se podía seguir sino la muerte, que por ser en tal parte se nos
hacía más grave; y vistos estos y otros muchos inconvenientes,
y tentados muchos remedios, acordamos en uno harto difícil
de poner en obra, que era hacer navíos en que nos fuésemos. A
todos parecía imposible, porque nosotros no los sabíamos hacer,
ni había herramienta, ni hierro, ni fragua, ni estopa, ni pez,121 ni
jarcias, finalmente, ni cosa ninguna de tantas como son menester,
ni quien supiese nada para dar industria en ello, y sobre todo, no
haber qué comer entretanto que se hiciesen, y los que habían de
trabajar del arte que habíamos dicho. Y considerando todo esto,
acordamos de pensar en ello más de espacio, y cesó la plática
aquel día, y cada uno se fue encomendándolo a Dios nuestro
Señor, que lo encaminase por donde Él fuese más servido. Otro
día quiso Dios que uno de la compañía vino diciendo que él haría
unos cañones de palo, y con unos cueros de venado se harían
unos fuelles, y como estábamos en tiempo que cualquiera cosa
que tuviese alguna sobrehaz122 de remedio, nos parecía bien,
dijimos que se pusiese por obra; y acordamos de hacer de los
estribos y espuelas y ballestas, y de las otras cosas de hierro que
había, los clavos y sierras y hachas, y otras herramientas, de que
tanta necesidad había para ello; y dimos por remedio que para
haber algún mantenimiento en el tiempo que esto se hiciese, se
hiciesen cuatro entradas123 en Aute con todos los caballos y gente
que pudiesen ir, y que a tercero día se matase un caballo, el cual
121 El “pez” denominaba a la resina o sudor que se extraía del pino y que
se utilizaba para calafatear las naves.
122 Sobrefaz: se entiende que se refiere a “superficie” o “apariencia”.
123 Entrada: entre sus acepciones, es también la invasión o irrupción que
se hace en alguna provincia, reino o país, entrando en él con tropas y gentes
para dañarle y ofenderle. (DAut 1732: 509-1)

74
se repartiese entre los que trabajaban en la obra de las barcas y
los que estaban enfermos; las entradas se hicieron con la gente y
caballos que fue posible, y en ellas se trajeron hasta cuatrocientas
hanegas124 de maíz, aunque no sin contienda y pendencias con
los indios.125 Hicimos coger muchos palmitos para aprovecharnos
de la lana y cobertura de ellos, torciéndola y aderezándola para
usar en lugar de estopa para las barcas; las cuales se comenzaron
a hacer con un solo carpintero que en la compañía había, y tanta
diligencia pusimos, que, comenzándolas a cuatro días de agosto,
a veinte días del mes de septiembre eran acabadas cinco barcas,
de a veinte y dos codos cada una, calafateadas con las estopas de
los palmitos, y breámoslas con cierta pez de alquitrán que hizo un
griego llamado don Teodoro, de unos pinos; y de la misma ropa
de los palmitos, y de las colas y crines de los caballos, hicimos
cuerdas y jarcias, y de las nuestras camisas velas, y de las sabinas
que allí había, hicimos los remos que nos pareció que era menester.
Y tal era la tierra en que nuestros pecados nos habían puesto,
que con muy gran trabajo podíamos hallar piedras para lastre y
anclas de las barcas, ni en toda ella habíamos visto ninguna.126
Desollamos también las piernas de los caballos enteras, y curtimos
los cueros de ellas para hacer botas en que llevásemos el agua. En
este tiempo algunos andaban cogiendo mariscos por los rincones
de las entradas de la mar, en que los indios, en dos veces que
dieron en ellos, nos mataron diez hombres a vista del real, sin
que los pudiésemos socorrer, los cuales hallamos de parte a parte
pasados con las flechas; que aunque algunos tenían buenas armas,
no bastaron a resistir para que esto no se hiciese, por flechar
124 Fanega: medida de granos y otras semillas que contiene doce celemines
[celemín: medida de capacidad que equivale a 4,625 litros aproximadamente].
(DAut 1732-2)
125 Son los indios pensacolas, que habitaban penínsulas y canales del
extremo noreste de la Florida. Según información recogida por Pupo-Walker
(1992: 61), su lengua integraba la comunidad lingüística choctaw, aunque
también tenía rasgos de la muscogui.
126 El viaje de peregrinación suponía la superación de los padecimientos
y escollos que la Providencia Divina colocaba en el camino a los mortales
pecadores. La historiografía renacentista española (que puede observarse
muy bien aquí) concibe –sin contradicción– el viaje en términos espirituales
y comerciales o geográficos: la búsqueda de enriquecimiento y de servicio a
Dios eran compatibles. Por este motivo, el naufragio –en ocasiones– puede
entenderse tanto en términos reales como espirituales. Sobre este tema en la
literatura de viajes, véase Ernst Bloch (1983), entre otros.

75
con tanta destreza y fuerza como arriba he dicho. Y a dicho y
juramento de nuestros pilotos, desde la bahía, que pusimos
nombre de la Cruz,127 hasta aquí anduvimos doscientas y ochenta
leguas, poco más o menos. En toda esta tierra no vimos sierra
ni tuvimos noticias de ella en ninguna manera; y antes que nos
embarcásemos, sin los que los indios nos mataron, se murieron
más de cuarenta hombres de enfermedad y hambre. A veinte y
dos días del mes de septiembre se acabaron de comer los caballos,
que sólo uno quedó, y este día nos embarcamos por esta orden:
que en la barca del gobernador iban cuarenta y nueve hombres;
en otra que dio al contador y comisario iban otros tantos; la
tercera dio al capitán Alonso del Castillo y Andrés Dorantes,
con cuarenta y ocho hombres, y otra dio a dos capitanes, que se
llamaban Téllez y Peñalosa, con cuarenta y siete hombres. La otra
dio al veedor y a mí con cuarenta y nueve hombres, y después de
embarcados los bastimentos y ropa, no quedó a las barcas más
que un jeme de bordo fuera del agua, y allende de esto, íbamos
tan apretados, que no nos podíamos menear; y tanto puede la
necesidad, que nos hizo aventurar a ir de esta manera, y meternos
en una mar tan trabajosa, y sin tener noticia de la arte del marear
ninguno de los que allí iban.128

127 Quizás se trate de la actual bahía de Mobile, según información de


Ferrando (1984: 50) y de Barrera (1985: 88).
128 Consideramos aquí que, al tiempo que aumenta la precariedad de
las instancias vividas por los personajes del relato, crecen paralelamente la
precisión y el detallismo enriquecido de la narración. Con esto último, nos
referimos –en parte– a las enumeraciones que el narrador Cabeza de Vaca
reconstituye por medio de su memoria y a la sólida verosimilitud del relato
creada a partir de las descripciones (de la naturaleza y de los caballos, en este
caso). Todo esto se aviene con lo expuesto en el proemio: ante el evidente
fracaso de los hechos, la relación –el detalle de todo lo visto y experimentado–
se ofrece como servicio a su Majestad.

76
Capítulo IX
Cómo partimos de bahía de Caballos

Aquella bahía de donde partimos ha por nombre la bahía de


Caballos,129 y anduvimos siete días por aquellos ancones, entrados
en el agua hasta la cinta,130 sin señal de ver ninguna cosa de costa,
y al cabo de ellos llegamos a una isla que estaba cerca de la tierra.
Mi barca iba delante, y de ella vimos venir cinco canoas de indios,
los cuales las desampararon y nos las dejaron en las manos, viendo
que íbamos a ellas; las otras barcas pasaron adelante, y dieron
en unas casas de la misma isla, donde hallamos muchas lizas y
huevos de ellas, que estaban secas; que fue muy gran remedio
para la necesidad que llevábamos. Después de tomadas, pasamos
adelante, y dos leguas de allí pasamos un estrecho que la isla con
la tierra hacía, al cual llamamos de San Miguel131 por haber salido
en su día por él; y salidos llegamos a la costa, donde, con las cinco
canoas que yo había tomado a los indios, remediamos algo de
las barcas, haciendo falcas132 de ellas, y añadiéndolas, de manera
que subieron dos palmos de bordo sobre el agua; y con esto
tornamos a caminar por luengo de costa de vía del río de Palmas,
creciendo cada día la sed y la hambre, porque los bastimentos
eran muy pocos y iban muy al cabo133, y el agua se nos acabó,
porque las botas que hicimos de las piernas de los caballos luego
fueron podridas y sin ningún provecho. Algunas veces entramos
por ancones y bahías que entraban mucho por la tierra adentro;
todas las hallamos bajas y peligrosas; y así anduvimos por ellas
treinta días, donde algunas veces hallábamos indios pescadores,
129 Podría tratarse de la que posteriormente se denominó Saint Mark’s
Bay (San Marcos) o, más improbablemente, de la Bahía Apalachicola.
130 Cinta: se suele tomar también por la cintura. (DAut 1729: 354-2)
131 La imprecisión geográfica del relato hace afirmar a algunos editores
(Pupo-Walker, por ejemplo) que la isla referida quizás sea la de San Vicente y,
a otros (Ferrando), que los hombres de De Narváez ya se encontraban en la
desembocadura del río Mississippi.
132 Falca: tabla delgada que se coloca de canto, y de popa a proa, sobre
la borda de las embarcaciones menores para que no entre el agua. (DRAE)
133 Llevar una cosa al cabo: frase que significa “continuarla y proseguirla
hasta fenecerla y concluirla”. (DAut 1729: 30-2)

77
gente pobre y miserable. Al cabo ya de estos treinta días, que la
necesidad del agua era en extremo, yendo cerca de la costa, una
noche sentimos venir una canoa, y como la vimos, esperamos
que llegase, y ella no quiso hacer cara; y aunque la llamamos, no
quiso volver ni aguardarnos, y por ser de noche no la seguimos, y
fuímonos nuestra vía. Cuando amaneció vimos una isla pequeña,
y fuimos a ella por ver si hallaríamos agua; mas nuestro trabajo
fue en balde, porque no la había. Estando allí surtos, nos tomó
una tormenta muy grande, porque nos detuvimos seis días sin que
osásemos salir a la mar; y como había cinco días que no bebíamos,
la sed fue tanta, que nos puso en necesidad de beber agua salada,
y algunos se desatentaron134 tanto en ello, que súbitamente se nos
murieron cinco hombres. Cuento esto así brevemente, porque no
creo que haya necesidad de particularmente contar las miserias y
trabajos en que nos vimos;135 pues considerando el lugar donde
estábamos y la poca esperanza de remedio que teníamos, cada
uno puede pensar mucho de lo que allí pasaría. Y como vimos
que la sed crecía y el agua nos mataba, aunque la tormenta no
era cesada, acordamos de encomendarnos a Dios nuestro Señor, y
aventuramos antes al peligro de la mar que esperar la certinidad de
la muerte que la sed nos daba. Así, salimos la vía donde habíamos
visto la canoa la noche que por allí veníamos; y en este día nos
vimos muchas veces anegados, y tan perdidos, que ninguno hubo
que no tuviese por cierta la muerte. Plugo136 a nuestro Señor, que
en las mayores necesidades suele mostrar su favor, que a puesta
del Sol volvimos una punta que la tierra hace, adonde hallamos
mucha bonanza y abrigo. Salieron a nosotros muchas canoas,
y los indios que en ellas venían nos hablaron, y sin querernos
aguardar, se volvieron. Era gente grande y bien dispuesta, y no
traían flechas ni arcos.137 Nosotros les fuimos siguiendo hasta sus
casas, que estaban cerca de allí a la lengua del agua, y saltamos en

134 Desatentar: turbar el sentido, perder o hacer perder el tiento. (DAut


1732: 111-1)
135 Aquí se utilizan, una vez más, la brevitas y la preterición (véase supra
notas 15 y 118).
136 Plugo: del verbo “placer” (agradar, dar gusto o querer) conjugado en
tercera persona del singular del pretérito perfecto simple.
137 Puede tratarse de pensacolas o de los indios chewasha.

78
tierra, y delante de las casas hallamos muchos cántaros de agua y
mucha cantidad de pescado guisado, y el señor de aquellas tierras
ofreció todo aquello al gobernador, y tomándolo consigo, lo llevó
a su casa. Las casas de éstos eran de esteras,138 que a lo que pareció
eran estantes; y después que entramos en casa del cacique, nos
dio mucho pescado, y nosotros le dimos del maíz que traíamos,
y lo comieron en nuestra presencia, y nos pidieron más, y se lo
dimos, y el gobernador le dio muchos rescates; el cual, estando
con el cacique en su casa, a media hora de la noche, súbitamente
los indios dieron en nosotros y en los que estaban muy malos
echados en la costa, y acometieron también la casa del cacique,
donde el gobernador estaba, y lo hirieron de una piedra en el
rostro. Los que allí se hallaron prendieron al cacique; mas como
los suyos estaban tan cerca, soltóseles y dejóles en las manos una
manta de martas cebelinas139, que son las mejores que creo yo que
en el mundo se podrían hallar, y tienen un olor que no parece sino
de ámbar y almizcle, y alcanza tan lejos, que de mucha cantidad
se siente; otras vimos allí mas ningunas eran tales como éstas.140
Los que allí se hallaron, viendo al gobernador herido, lo metimos
en la barca, e hicimos que con él se recogiese toda la más gente a
sus barcas, y quedamos hasta cincuenta en tierra para contra los
indios, que nos acometieron tres veces aquella noche, y con tanto
ímpetu, que cada vez nos hacían retraer más de un tiro de piedra.
Ninguno hubo de nosotros que no quedase herido, y yo lo fui
en la cara; y si como se hallaron pocas flechas, estuvieran más
proveídos de ellas, sin duda nos hicieran mucho daño. La última

138 Estera: tejido grueso de esparto, juncos o palma, etc. formado por
varias fajas o tiras cosidas. (DRAE)
139 Quizás Álvar Núñez identifique la marta cibelina (procedente de
Siberia) con el castor, que suele encontrarse en toda Norteamérica.
140 En medio de las descripciones de pobreza, padecimientos y carencias,
el narrador vuelve por momentos al discurso que claudica ante la riqueza
maravillosa del Nuevo Mundo. El cronista Fernández de Oviedo entendió
de esta manera la mitificación de la manta de marta cibelina en el relato de
Álvar Núñez, pues –un poco exageradamente– la parangonó con los desastres
provocados por la búsqueda del oro: “¡Oh maldito oro! ¡Oh tesoros e ganancias
de tanto peligro! ¡Oh martas cebellinas! (…) cómpranse con sangre e con las
vidas, e aun no las pudieron sacar ni traer de entre aquellas gentes salvajes.”
(1959: IV-299). Beatriz Pastor (1983) fijó dos categorías para estas posturas
contrarias del lamento y la exaltación, recurrentes en las crónicas de Indias:
llamó “discurso del fracaso” a la primera y “discurso mitificador” a la segunda.

79
vez se pusieron en celada los capitanes Dorantes y Peñalosa y
Téllez con quince hombres, y dieron en ellos por las espaldas, y de
tal manera les hicieron huir, que nos dejaron. Otro día de mañana
yo les rompí más de treinta canoas, que nos aprovecharon para
un norte que hacía, que por todo el día hubimos de estar allí con
mucho frío, sin osar entrar en la mar, por la mucha tormenta que
en ella había. Esto pasado, nos tornamos a embarcar, y navegamos
tres días; y como habíamos tomado poca agua, y los vasos que
teníamos para llevar asimismo eran muy pocos, tornamos a caer
en la primera necesidad; y siguiendo nuestra vía, entramos por un
estero, y estando en él vimos venir una canoa de indios. Como
los llamamos, vinieron a nosotros, y el gobernador, a cuya barca
habían llegado, pidióles agua, y ellos la ofrecieron con que les
diesen en qué la trajesen, y un cristiano griego, llamado Doroteo
Teodoro (de quien arriba se hizo mención), dijo que quería ir con
ellos; el gobernador y otros se lo procuraron estorbar mucho, y
nunca lo pudieron, sino que en todo caso quería ir con ellos; así se
fue y llevó consigo un negro, y los indios dejaron en rehenes dos
de su compañía; y a la noche volvieron los indios y trajéronnos
muchos vasos sin agua, y no trajeron los cristianos que habían
llevado; y los que habían dejado por rehenes, como los otros
los hablaron, quisiéronse echar al agua. Mas los que en la barca
estaban los detuvieron; y así, se fueron huyendo los indios de la
canoa, y nos dejaron muy confusos y tristes por haber perdido
aquellos dos cristianos.141

141 De algunos relatos acerca de la expedición de Hernando de Soto a


la Florida en 1540, Pupo-Walker (1992: 213) recoge el dato de que Teodoro
finalmente no fue asesinado por los indios sino que se unió a ellos ante el
evidente desastre de la expedición de De Narváez.

80
Capítulo X
De la refriega que nos dieron los indios142

Venida la mañana, vinieron a nosotros muchas canoas de


indios, pidiéndonos los dos compañeros que en la barca habían
quedado por rehenes. El gobernador dijo que se los daría con
que trajesen los dos cristianos que habían llevado. Con esta gente
venían cinco o seis señores, y nos pareció ser la gente más bien
dispuesta y de más autoridad y concierto que hasta allí habíamos
visto, aunque no tan grandes como los otros de quien hemos
contado. Traían los cabellos sueltos y muy largos, y cubiertos con
mantas de martas, de la suerte de las que atrás habíamos tomado,
y algunas de ellas hechas por muy extraña manera, porque en ella
había unos lazos de labores de unas pieles leonadas, que parecían
muy bien. Rogábannos que nos fuésemos con ellos y que nos
darían los cristianos y agua y otras muchas cosas; y continuo
acudían sobre nosotros muchas canoas, procurando tomar la
boca de aquella entrada; y así por esto, como porque la tierra
era muy peligrosa para estar en ella, nos salimos a la mar, donde
estuvimos hasta mediodía con ellos. Y como no nos quisiesen dar
los cristianos, y por este respecto nosotros no les diésemos los
indios, comenzáronnos a tirar piedras con hondas, y varas, con
muestras de flecharnos, aunque en todos ellos no vimos sino tres
o cuatro arcos.
Estando en esta contienda el viento refrescó, y ellos se
volvieron y nos dejaron; y así navegamos aquel día, hasta hora de
vísperas, que mi barca que iba delante descubrió una punta que
la tierra hacía, y del otro cabo se veía un río muy grande,143 y en
una isleta que hacía la punta hice yo surgir144 por esperar las otras
barcas. El gobernador no quiso llegar; antes se metió por una bahía
muy cerca de allí, en que había muchas isletas, y allí nos juntamos,
142 El título del capítulo no es del todo apropiado: refiere sólo a la
primera parte del conjunto de lo relatado en él.
143 Puede tratarse del río Mississippi
144 Surgir: dar fondo [o anclar] la nave. Es voz marítima y Covarrubias
dice que pudo tomarse del latino surgere, porque parece que la nave se va
levantando cuando camina a la orilla. (DAut 1739: 191-1)

81
y desde la mar tomamos agua dulce, porque el río entraba en
la mar de avenida, y por tostar algún maíz de lo que traíamos,
porque ya había dos días que lo comíamos crudo, saltamos en
aquella isla; mas como no hallamos leña, acordamos de ir al río
que estaba detrás de la punta, una legua de allí; y yendo, era tanta
la corriente, que no nos dejaba en ninguna manera llegar, antes
nos apartaba de la tierra, y nosotros trabajando y porfiando por
tomarla. El norte145 que venía de la tierra comenzó a crecer tanto,
que nos metió en la mar, sin que nosotros pudiésemos hacer otra
cosa; y a media legua que fuimos metidos en ella, sondeamos146,
y hallamos que con treinta brazas147 no pudimos tomar hondo,
y no podíamos entender si la corriente era causa que no lo
pudiésemos tomar; y así navegamos dos días todavía, trabajando
por tomar tierra, y al cabo de ellos, un poco antes que el Sol
saliese, vimos muchos humeros148 por la costa; y trabajando por
llegar allá, nos hallamos en tres brazas de agua, y por ser de noche
no osamos tomar tierra, porque como habíamos visto tantos
humeros, creíamos que se nos podía recrecer algún peligro sin
nosotros poder ver, por la mucha oscuridad, lo que habíamos de
hacer, y por esto determinamos de esperar a la mañana; y como149
amaneció, cada barca se halló por sí perdida de las otras; yo me
hallé en treinta brazas, y siguiendo mi viaje a hora de vísperas
vi dos barcas, y como fui a ellas, vi que la primera a que llegué
era la del gobernador, el cual me preguntó qué me parecía que
debíamos hacer. Yo le dije que debía recobrar aquella barca que
iba delante, y que en ninguna manera la dejase, y que juntas todas
tres barcas, siguiésemos nuestro camino donde Dios nos quisiese
llevar. Él me respondió que aquello no se podía hacer, porque la
barca iba muy metida en el mar y él quería tomar la tierra, y que
145 Se entiende que se refiere al viento proveniente del Norte.
146 Sondear o sondar: echar la plomada al mar para certificarse de la
profundidad que allí tiene el agua y evitar no dar en algún bajo. (DAut 1739:
151-2)
147 Braza: medida de tanta longitud como la que pueden formar los dos
brazos de una persona abiertos y extendidos, que comúnmente se regula por
seis pies de largo. También, en los navíos, son las cuerdas. (DAut 1726: 674-2)
148 Húmero: el cañón de la chimenea por donde sale el humo. (DAut
1734: 190-2). Aquí equivale aproximadamente a “humareda”.
149 “Como” se entiende aquí y, en muchas ocasiones a lo largo del texto,
con el valor de “cuando”.

82
si la quería yo seguir, que hiciese que los de mi barca tomasen
los remos y trabajasen, porque con fuerza de brazos se había
de tomar la tierra, y esto le aconsejaba un capitán que consigo
llevaba, que se llamaba Pantoja, diciéndole que si aquel día no
tomaba la tierra, que en otros seis no la tomaría, y en este tiempo
era necesario morir de hambre. Yo, vista su voluntad, tomé mi
remo, y lo mismo hicieron todos los que en mi barca estaban
para ello, y bogamos150 hasta casi puesto el sol; mas como el
gobernador llevaba la más sana y recia gente que entre toda había,
en ninguna manera lo pudimos seguir ni tener con ella. Yo, como
vi esto, pedíle que, para poderle seguir, me diese un cabo de su
barca, y él me respondió que no harían ellos poco si solos aquella
noche pudiesen llegar a tierra. Yo le dije que, pues vía la poca
posibilidad que en nosotros había para poder seguirle y hacer lo
que había mandado, que me dijese qué era lo que mandaba que
yo hiciese. El me respondió que ya no era tiempo de mandar unos
a otros; que cada uno hiciese lo que mejor le pareciese que era
para salvar la vida;151 que él así lo entendía de hacer, y diciendo
esto, se alargó con su barca, y como no le pude seguir, arribé
sobre la otra barca que iba metida en la mar, la cual me esperó; y
llegado a ella, hallé que era la que llevaban los capitanes Peñalosa
y Téllez; y así, navegamos cuatro días en compañía, comiendo por
tasa cada día medio puño de maíz crudo. A cabo de estos cuatro
días nos tomó una tormenta, que hizo perder la otra barca, y por
gran misericordia que Dios tuvo de nosotros no nos hundimos
del todo, según el tiempo hacía; y con ser invierno, y el frío muy
grande, y tantos días que padecíamos hambre, con los golpes que

150 Bogar: meter los remos en el agua para que, al impulso de cortarla
con las palas, se mueva y camine la embarcación; lo mismo que remar. (DAut
1726: 637-1)
151 Todo el episodio narrativo, desde la mañana en que las barcas
amanecen desperdigadas en el mar, relata un progresivo aumento de la
irresponsabilidad de De Narváez como gobernador y capitán. Paulatinamente,
desde que éste consulta con Núñez qué cree que debería hacer, el gobernador
se muestra incapaz y descuidado con sus vasallos. Todo concluye en un
comentario acerca del tema del poder: “ya no era tiempo de mandar unos
a otros”. Se quiebran, finalmente, el pacto de fidelidad entre capitán y sus
hombres, y los vínculos institucionales y de rango. Esto contrasta con la
versión de Oviedo: “[El gobernador le dijo] que hiciese lo que pudiese, que
no era tiempo de aguardar a nadie sino que cada uno procurase de escapar la
vida.” (1959: IV-294)

83
de la mar habíamos recibido, otro día la gente comenzó mucho
a desmayar, de tal manera, que cuando el sol se puso, todos los
que en mi barca venían estaban caídos en ella unos sobre otros,
tan cerca de la muerte, que pocos había que tuviesen sentido, y
entre todos ellos a esta hora no había cinco hombres en pie. Y
cuando vino la noche no quedamos sino el maestre152 y yo que
pudiésemos marear la barca, y a dos horas de la noche el maestre
me dijo que yo tuviese cargo de ella, porque él estaba tal, que
creía aquella noche morir. Y así, yo tomé el leme,153 y pasada
media noche, yo llegué por ver si era muerto el maestre, y él me
respondió que él antes estaba mejor y que él gobernaría hasta
el día. Yo cierto aquella hora de muy mejor voluntad tomara la
muerte, que no ver tanta gente delante de mí de tal manera.
Y después que el maestre tomó cargo de la barca, yo reposé
un poco muy sin reposo, ni había cosa más lejos de mí entonces
que el sueño. Y acerca del alba parecióme que oía el tumbo del
mar, porque, como la costa era baja, sonaba mucho, y con este
sobresalto llamé al maestre, el cual me respondió que creía que
éramos cerca de tierra, y tentamos y hallámonos en siete brazas, y
parecióle que nos debíamos tener a la mar hasta que amaneciese.
Y así, yo tomé un remo y bogué de la banda154 de la tierra, que
nos hallamos una legua della, y dimos la popa a la mar. Y cerca
de tierra nos tomó una ola, que echó la barca fuera del agua un
juego de herradura,155 y con el gran golpe que dio, casi toda la
152 Maestre: en la náutica, se llama a la segunda persona del navío, a
quien toca su gobierno después del capitán y cuida de lo económico de él, da
cuenta de todo lo que se carga y descarga. (DAut 1734: 453-1)
153 Al contrario del poder de Pánfilo de Narváez, que se disuelve
paulatinamente, crece en confrontación la figura de Álvar Núñez en
estoicismo y seguridad ante los embates, propia de los personajes heroicos
de la literatura de caballerías. La escena en que éste toma el leme (“timón”)
y todo el capítulo al que pertenece han promovido ricas interpretaciones
entre los estudiosos de la obra de Núñez (Silvia Molloy 1987; Enrique Pupo-
Walker 1992; Beatriz Pastor 1983; entre otros), ya que implican múltiples
resonancias simbólicas. El personaje de Cabeza de Vaca asume, a partir de
aquí, la dirección de la expedición abandonada por De Narváez, al tiempo
que también el protagonismo de los hechos. El narrador se libera totalmente
de su función de testigo de una expedición que otro guió y asume de lleno la
escritura autobiográfica.
154 Banda: se toma también por lado o costado. (DAut 172: 543-2)
155 “Juego de herradura”: Pupo-Walker (1992), con Hallenbeck, estima
que se trata de un antecedente del conocido Juego de Herraduras y, por esto,
la expresión equivale a una distancia aproximada de cuatro metros.

84
gente que en ella estaba como muerta, tornó en sí, y como se
vieron cerca de la tierra se comenzaron a descolgar, y con manos y
pies andando; y como salieron a tierra a unos barrancos, hicimos
lumbre y tostamos del maíz que traíamos, y hallamos agua de la
que había llovido, y con el calor del fuego la gente tornó en sí
y comenzaron algo a esforzarse156. El día que aquí llegamos era
sexto del mes de noviembre.157

156 Esforzarse: darse vigor, ánimo y esfuerzo.


157 Pupo-Walker (1992: 217) cree que Álvar Núñez está errado en los
cálculos y que la diferencia sería de dos semanas.

85
Capítulo XI
De lo que acaeció a Lope de Oviedo con unos indios

Desde que la gente hubo comido, mandé a Lope de Oviedo,


que tenía más fuerza y estaba más recio que todos, se llegase a
unos árboles que cerca de allí estaban, y subido en uno de ellos,
descubriese la tierra en que estábamos y procurase de haber
alguna noticia de ella. Él lo hizo así y entendió que estábamos en
isla,158 y vio que la tierra estaba cavada a la manera que suele estar
tierra donde anda ganado, y parecióle por esto que debía ser tierra
de cristianos, y así nos lo dijo. Yo le mandé que la tornase a mirar
muy más particularmente y viese si en ella había algunos caminos
que fuesen seguidos, y esto sin alargarse mucho por el peligro
que podía haber. Él fue, y topando con una vereda se fue por ella
adelante hasta espacio de media legua, y halló unas chozas de
unos indios159 que estaban solas, porque los indios eran idos al
campo, y tomó una olla de ellos, y un perrillo160 pequeño y unas
pocas de lizas, y así se volvió a nosotros; y pareciéndonos que se
tardaba, envié a otros dos cristianos para que le buscasen y viesen
qué le había sucedido; y ellos le toparon cerca de allí y vieron que
tres indios, con arcos y flechas, venían tras él llamándole, y él
asimismo llamaba a ellos por señas. Y así llegó donde estábamos,
y los indios se quedaron un poco atrás asentados en la misma
ribera, y después de media hora acudieron otros cien indios
flecheros, que ahora ellos fuesen grandes o no, nuestro miedo
158 Quizás se trate de la isla de Galveston en la costa de Texas, según
información de Pupo-Walker (1992) (que Núñez y sus hombres llamarán Isla
del Malhado). Más específicamente, esta isla puede ser identificada con la
pequeña villa de Velasco al sur de Galveston, según Ferrando (1984).
159 Los indios carancaguas eran tribus semi-nómadas localizadas en la
costa e islas de la zona este del estado de Texas. Según Pupo-Walker (1992: 61),
eran comunidades de nativos corpulentos a los que, quizás infundadamente,
se les atribuían prácticas canibalísticas. Su nombre significaba “amante de los
perros”. Sin embargo, según información de Ferrando (1984: 59), Núñez se
refiere a los indios atapacas, y, según Barrera (1985), a los siouxs o dakotas,
tribus guerreras que habitaban el oeste del Mississippi.
160 El perrillo pequeño es animal que aparece continuamente mencionado
en las crónicas de Indias. Quizás se refieran al mapache, mamífero nativo de
Norteamérica.

86
les hacía parecer gigantes, y pararon cerca de nosotros, donde
los tres primeros estaban. Entre nosotros excusado era pensar
que habría quien se defendiese, porque difícilmente se hallaron
seis que del suelo se pudiesen levantar. El veedor y yo salimos a
ellos y llamámosles, y ellos se llegaron a nosotros; y lo mejor que
pudimos, procuramos de asegurarlos y asegurarnos161, y dímosles
cuentas y cascabeles, y cada uno de ellos me dio una flecha, que
es señal de amistad,162 y por señas nos dijeron que a la mañana
volverían y nos traerían de comer, porque entonces no lo tenían.

161 Asegurar: aquí significa “pacificar”, “tranquilizar” y “establecer la paz


donde había discordia”.
162 Llama la atención el concierto y la paz entre indios y cristianos de
esta escena una vez que ya Núñez ha asumido la jefatura de la expedición.
Contrasta evidentemente con los episodios en que los indios flecheros atacaban
continuamente a Pánfilo de Narváez y a sus hombres.

87
Capítulo XII
Cómo los indios nos trajeron de comer

Otro día, saliendo el sol, que era la hora que los indios nos
habían dicho, vinieron a nosotros, como lo habían prometido,
y nos trajeron mucho pescado y de unas raíces que ellos comen,
y son como nueces,163 algunas mayores o menores; la mayor
parte de ellas se sacan de bajo del agua y con mucho trabajo. A
la tarde volvieron y nos trajeron más pescado y de las mismas
raíces, e hicieron venir sus mujeres e hijos para que nos viesen,
y así, se volvieron ricos de cascabeles y cuentas que les dimos, y
otros días nos tornaron a visitar con lo mismo que otras veces.
Como nosotros veíamos que estábamos proveídos de pescados y
de raíces y de agua y de las otras cosas que pedimos, acordamos de
tornarnos a embarcar y seguir nuestro camino, y desenterramos
la barca de la arena en que estaba metida, y fue menester que
nos desnudásemos todos y pasásemos gran trabajo para echarla
al agua, porque nosotros estábamos tales, que otras cosas muy
más livianas bastaban para ponernos en él. Y así embarcados, a
dos tiros de ballesta dentro en la mar, nos dio tal golpe de agua
que nos mojó a todos; y como íbamos desnudos y el frío que
hacía era muy grande, soltamos los remos de las manos, y a otro
golpe que la mar nos dio, trastornó la barca; el veedor y otros
dos se asieron de ella para escaparse; mas sucedió muy al revés,
que la barca los tomó debajo y se ahogaron. Como la costa es
muy brava, el mar de un tumbo echó a todos los otros, envueltos
en las olas y medio ahogados, en la costa de la misma isla, sin
que faltasen más de los tres que la barca había tomado debajo.
Los que quedamos escapados, desnudos como nacimos y perdido
todo lo que traíamos, y aunque todo valía poco, para entonces
valía mucho. Y como entonces era por noviembre, y el frío muy
grande, y nosotros tales que con poca dificultad nos podían contar
los huesos, estábamos hechos propia figura de la muerte. De mí

163 Según Pupo-Walker (1992: 220), se trataría de la patata de ciénagas


(la sagittaria) que se cultiva en la región, pero también puede referirse a la
mandioca.

88
sé decir que desde el mes de mayo pasado yo no había comido
otra cosa sino maíz tostado, y algunas veces me vi en necesidad de
comerlo crudo; porque aunque se mataron los caballos entretanto
que las barcas se hacían, yo nunca pude comer de ellos, y no
fueron diez veces las que comí pescado. Esto digo por excusar
razones, porque pueda cada uno ver qué tales estaríamos.164
Y sobre todo lo dicho había sobrevenido viento norte, de
suerte que más estábamos cerca de la muerte que de la vida.
Plugo a nuestro Señor que, buscando tizones del fuego que allí
habíamos hecho, hallamos lumbre, con que hicimos grandes
fuegos; y así, estuvimos pidiendo a Nuestro Señor misericordia
y perdón de nuestros pecados, derramando muchas lágrimas,
habiendo cada uno lástima, no sólo de sí, mas de todos los
otros, que en el mismo estado veían. Y a hora de puesto el sol,
los indios, creyendo que no nos habíamos ido, nos volvieron a
buscar y a traernos de comer; mas cuando ellos nos vieron así
en tan diferente hábito del primero y en manera tan extraña,
espantáronse tanto que se volvieron atrás. Yo salí a ellos y
llamélos, y vinieron muy espantados; hícelos entender por señas
cómo se nos había hundido una barca y se habían ahogado tres de
nosotros, y allí en su presencia ellos mismos vieron dos muertos,
y los que quedábamos íbamos aquel camino.
Los indios, de ver el desastre que nos había venido y el desastre
en que estábamos, con tanta desventura y miseria, se sentaron
entre nosotros, y con el gran dolor y lástima que hubieron de
vernos en tanta fortuna165, comenzaron todos a llorar recio, y tan
de verdad, que lejos de allí se podía oír, y esto les duró más de
media hora; y cierto ver que estos hombres tan sin razón y tan
crudos, a manera de brutos, se dolían tanto de nosotros, hizo
que en mí y en otros de la compañía creciese más la pasión y la
consideración de nuestra desdicha.166
164 La representación que se detiene particularmente en la modelación de
lo sensible y se sirve del detallismo en esta escena consigue un profundo efecto
de dramatismo basado en la reconstrucción de lo percibido sensorialmente.
165 Se refiere, claro está, a su infortunio (a su mala o poca fortuna).
166 Este último naufragio padecido por Álvar Núñez es altamente
significativo y polisémico. La desnudez, en las crónicas de Indias desde Cristóbal
Colón, usualmente era descripta en los indios como condición incomprensible
y reprobable para la mirada occidental. En esta representación, el nativo era
objeto –y no sujeto– de la percepción de los conquistadores y de su escritura.

89
Sosegado ya este llanto, yo pregunté a los cristianos, y dije
que si a ellos parecía, rogaría a aquellos indios que nos llevasen
a sus casas; y algunos de ellos que habían estado en la Nueva
España respondieron que no se debía de hablar de ello, porque
si a sus casas nos llevaban, nos sacrificarían a sus ídolos; mas,
visto que otro remedio no había, y que por cualquier otro camino
estaba más cerca y más cierta la muerte, no curé de lo que decían,
antes rogué a los indios que nos llevasen a sus casas, y ellos
mostraron que habían gran placer de ello, y que esperásemos un
poco, que ellos harían lo que queríamos, y luego treinta de ellos
se cargaron de leña, y se fueron a sus casas, que estaban lejos de
allí, y quedamos con los otros hasta cerca de la noche, que nos
tomaron, y llevándonos asidos y con mucha prisa, fuimos a sus
casas; y por el gran frío que hacía, y temiendo que en el camino
alguno no muriese o desmayase, proveyeron que hubiese cuatro
o cinco fuegos muy grandes puestos a trechos, y en cada uno de
ellos nos calentaban y, desde que veían que habíamos tomado
alguna fuerza y calor, nos llevaban hasta el otro tan aprisa, que
casi con los pies no nos dejaban poner en el suelo; y de esta
manera fuimos hasta sus casas, donde hallamos que tenían hecha
una casa para nosotros, y muchos fuegos en ella, y desde a una
hora que habíamos llegado, comenzaron a bailar y hacer grande
fiesta, que duró toda la noche, aunque para nosotros no había
placer, fiesta ni sueño, esperando cuándo nos habían de sacrificar;
y a la mañana nos tornaron a dar pescado y raíces, y hacer tan
buen tratamiento, que nos aseguramos algo y perdimos algo el
miedo del sacrificio.167
A partir de esta escena de desnudamiento de Núñez y sus hombres, en cambio,
ellos son los que ingresan en un paulatino proceso de pasaje y transformación:
de sujetos a objetos de las decisiones de los indios y al miedo que éstos les
provocan. También, hacia su propia aculturación iniciada con su desnudez
(“desnudos como nacimos y perdido todo”) que –simbólicamente– los aleja de
sus códigos, de su contexto cultural e ideológico y de sus formas instituidas de
aproximación al Otro. Beatriz Pastor considera que este momento del relato es:
“la culminación del proceso de cancelación del modelo español de conquista”
(1983: 310).
167 Las fiestas, bailes y areítos de los amerindios, a pesar de lo que
creían los conquistadores europeos, eran realizados con diferentes funciones
según la región del continente. En ocasiones, eran rituales que contribuían
con la cohesión de grupo y que invitaban al extranjero, en demostración de
fraternidad, a unírseles (véase supra la nota 34). En otras, por el contrario,
consistían en preparación para la guerra y posterior canibalismo. Usualmente,

90
Capítulo XIII
Cómo supimos de otros cristianos

Este mismo día yo vi a un indio de aquéllos un rescate, y conocí


que no era de los que nosotros les habíamos dado; y preguntando
dónde le habían habido, ellos por señas me respondieron que
se lo habían dado otros hombres como nosotros, que estaban
atrás. Yo, viendo esto, envié dos cristianos y dos indios que les
mostrasen aquella gente, y muy cerca de allí toparon con ellos,
que también venían a buscarnos, porque los indios que allá
quedaban les habían dicho de nosotros, y estos eran los capitanes
Andrés Dorantes y Alonso del Castillo, con toda la gente de su
barca. Y llegados a nosotros, se espantaron mucho de vernos de
la manera que estábamos, y recibieron muy gran pena por no
tener qué darnos; que ninguna otra ropa traían sino la que tenían
vestida. Y estuvieron allí con nosotros, y nos contaron cómo a
cinco de aquel mismo mes su barca había dado al través,168 legua
y media de allí, y ellos habían escapado sin perderse ninguna
cosa, y todos juntos acordamos de adobar169 su barca, e irnos
en ella los que tuviesen fuerza y disposición para ello; los otros
quedarse allí hasta que convaleciesen, para irse como pudiesen
por luengo de costa, y que esperasen allí hasta que Dios los llevase
con nosotros a tierras de cristianos; y como lo pensamos, así nos
pusimos en ello, y antes que echásemos la barca al agua, Tavera,
un caballero de nuestra compañía, murió, y la barca que nosotros
pensábamos llevar hizo su fin, y no se pudo sostener a sí misma,
que luego fue hundida; y como quedamos del arte que he dicho,
y los más desnudos, y el tiempo tan recio para caminar y pasar
ríos y ancones a nado, ni tener bastimento alguno ni manera para
llevarlo, determinamos de hacer lo que la necesidad pedía, que era
invernar allí. Y acordamos también que cuatro hombres, que más
los conquistadores (Fernández de Oviedo, por ejemplo) las interpretaron como
prácticas nativas de rememoración historiográfica o como manifestaciones
dionisíacas irracionales y primitivas.
168 Dar al través: dicho de una nave: tropezar por los costados en una
roca o costa de tierra en que se deshace o vara. (DRAE)
169 Adobar: componer, reparar, aderezar o remendar alguna cosa. (DAut
1726: 89-1)

91
recios estaban, fuesen a Pánuco, creyendo que estábamos cerca
de allí; y que si Dios nuestro Señor fuese servido de llevarlos allá,
diesen aviso de cómo quedábamos en aquella isla, y de nuestra
necesidad y trabajo. Éstos eran muy grandes nadadores, y al uno
llamaban Álvaro Fernández, portugués, carpintero y marinero; el
segundo se llamaba Méndez, y el tercero Figueroa, que era natural
de Toledo; el cuarto, Astudillo, natural de Zafra170: llevaban
consigo un indio que era de la isla.

170 Poblado de la provincia de Badajoz situado en la baja Extremadura


de España.

92
Capítulo XIV
Cómo se partieron los cuatro cristianos

Partidos estos cuatro cristianos, desde a pocos días sucedió tal


tiempo de fríos y tempestades, que los indios no podían arrancar
las raíces, y de los cañales171 en que pescaban ya no había provecho
ninguno, y como las casas eran tan desabrigadas, comenzóse a
morir la gente, y cinco cristianos que estaban en el rancho en
la costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los
otros, hasta que quedó uno solo, que por ser solo no hubo quien
lo comiese. Los nombres de ellos son éstos: Sierra, Diego López,
Corral, Palacios, Gonzalo Ruiz. De este caso se alteraron tanto los
indios, y hubo entre ellos tan gran escándalo,172 que sin duda si
al principio ellos lo vieran, los mataran, y todos nos viéramos en
grande trabajo. Finalmente, en muy poco tiempo, de ochenta
hombres que de ambas partes allí llegamos, quedaron vivos sólo
quince, y después de muertos éstos, dio a los indios de la tierra
una enfermedad de estómago, de que murió la mitad de la gente
de ellos, y creyeron que nosotros éramos los que los matábamos; y
teniéndolo por muy cierto, concertaron entre sí de matar a los que
habíamos quedado. Ya que lo venían a poner en efecto, un indio
que a mí me tenía les dijo que no creyesen que nosotros éramos
los que los matábamos, porque si nosotros tal poder tuviéramos,
excusáramos que no murieran tantos de nosotros como ellos veían
que habían muerto sin que les pudiéramos poner remedio; y que
ya no quedábamos sino muy pocos, y que ninguno hacía daño ni
perjuicio; que lo mejor era que nos dejasen. Y quiso nuestro Señor
que los otros siguiesen este consejo y parecer, y así se estorbó su
propósito. A esta isla pusimos por nombre isla de Mal Hado.173 La
171 Cañal: el cerco de cañas que se hace en las presas de los ríos o en otros
parajes angostos de ellos para pescar truchas y otros peces. (DAut 1729: 130-
1)
172 Segundo “espanto” de los indios frente a la inesperada irracionalidad
de estos españoles. El primero, en el capítulo XII, se debió a la desnudez en la
que éstos habían caído y a su cambiada apariencia “en manera tan extraña”. El
segundo, al hambre extrema que llega a la práctica de la antropofagia, la que
Núñez comenta con estilo sobrio y conciso.
173 Llamaron “Mal Hado” (mal destino o fortuna) a la isla que hoy

93
gente que allí hallamos son grandes y bien dispuestos; no tienen
otras armas sino flechas y arcos, en que son por extremo diestros.
Tienen los hombres la una teta horadada de una parte a otra, y
algunos hay que tienen ambas, y por el agujero que hacen, traen
una caña atravesada, tan larga como dos palmos y medio, y tan
gruesa como dos dedos; traen también horadado el labio de abajo,
y puesto en él un pedazo de caña delgada como medio dedo. Las
mujeres son para mucho trabajo. La habitación174 que en esta isla
hacen es desde octubre hasta fin de febrero. El su mantenimiento
son las raíces que he dicho sacadas de bajo el agua por noviembre
y diciembre. Tienen cañales, y no tienen más peces de para este
tiempo; de ahí adelante comen las raíces. En fin de febrero van
a otras partes a buscar con qué mantenerse, porque entonces las
raíces comienzan a nacer, y no son buenas. Es la gente del mundo
que más aman a sus hijos y mejor tratamiento les hacen; y cuando
acaece que a alguno se le muere el hijo, llóranle los padres y los
parientes, y todo el pueblo, y el llanto dura un año cumplido, que
cada día por la mañana antes que amanezca comienzan primero
a llorar los padres, y tras esto todo el pueblo; y esto mismo hacen
al mediodía y cuando anochece; y pasado un año que los han
llorado, hácenle las honras del muerto, y lávanse y límpianse del
tizne que traen. A todos los difuntos lloran de esta manera, salvo
a los viejos, de quien no hacen caso, porque dicen que ya han
pasado su tiempo y de ellos ningún provecho hay; antes ocupan
la tierra y quitan el mantenimiento a los niños. Tienen por
costumbre de enterrar los muertos, si no son los que entre ellos
son físicos,175 que a éstos quémanlos; y mientras el fuego arde,
se conoce como Galveston, situada en la parte sureste del estado de Texas.
Pupo-Walker (1992: 226) cree que esta descripción de la isla evoca ciertos
pasajes de la literatura clásica: las desventuras de Ulises a manos de Calipso,
la descripción de la isla de Naxos en la que Teseo abandona a Ariadna y las
referencias a Lemnos y a Icaria de Herodoto. Oviedo (1959: IV-315) asegura
que el nombre de “Mal Hado” para la isla no figura en la Relación conjunta de
1537 y que es un invento de Núñez.
174 Habitación: el lugar o casa donde se mora o vive. (DAut 1734: 105-
2). Los indios carancaguas (o caravaucas) tenían un régimen semi-nómada, tal
como los describe aquí Núñez, y hasta construían casas portátiles (ba-ak).
175 La definición de 1780 que da el Diccionario de la Real Academia
Española –“se llamaba físico muy comúnmente en lo antiguo al médico”–
da cuenta de cómo Álvar Núñez, al menos en este capítulo, caracteriza a la
medicina india como práctica primitiva y arcaica (comparada con la práctica

94
todos están bailando y haciendo muy gran fiesta, y hacen polvo
los huesos. Y pasado un año, cuando se hacen sus honras, todos
se jasan176 en ellas; y a los parientes dan aquellos polvos a beber,
de los huesos, en agua. Cada uno tiene una mujer, conocida. Los
físicos son los hombres más libertados;177 pueden tener dos, y
tres, y entre éstas hay muy gran amistad y conformidad. Cuando
viene que alguno casa su hija, el que la toma por mujer, desde el
día que con ella se casa, todo lo que matare cazando o pescando,
todo lo trae la mujer a la casa de su padre, sin osar tomar ni comer
alguna cosa de ello, y de casa del suegro le llevan a él de comer; y
en todo este tiempo el suegro, ni la suegra, no entran en su casa,
ni él ha de entrar en casa de los suegros ni cuñados; y si acaso se
toparen por alguna parte, se desvían un tiro de ballesta el uno del
otro, y entretanto que así van apartándose, llevan la cabeza baja
y los ojos en tierra puestos; porque tienen por cosa mala verse ni
hablarse. Las mujeres tienen libertad para comunicar y conversar
con los suegros y parientes, y esta costumbre se tiene desde la isla
hasta más de cincuenta leguas por la tierra adentro.
Otra costumbre hay, y es que cuando algún hijo o hermano
muere, en la casa donde muriese, tres meses no buscan de comer,
antes se dejan morir de hambre, y los parientes y los vecinos les
proveen de lo que han de comer. Y como en el tiempo que aquí
estuvimos murió tanta gente de ellos, en las más casas había muy
gran hambre, por guardar también su costumbre y ceremonia; y
los que lo buscaban, por mucho que trabajaban, por ser el tiempo
tan recio, no podían haber sino muy poco; y por esta causa los
indios que a mí me tenían se salieron de la isla, y en unas canoas
se pasaron a Tierra Firme, a unas bahías adonde tenían muchos
ostiones, y tres meses del año no comen otra cosa, y beben muy
mala agua.178 Tienen gran falta de leña, y de mosquitos muy
grande abundancia. Sus casas son edificadas de esteras sobre
muchas cáscaras de ostiones, y sobre ellos duermen en cueros,

alopática occidental).
176 Jasar: “hacer o dar cortaduras en la carne” (DAut 1739: 19-2).
177 Se toma “libertados” por “liberales”.
178 En la versión de Oviedo, es “agua salobre” (1959: IV-295).

95
y no los tienen sino es acaso.179 Y así estuvimos hasta el fin de
abril,180 que fuimos a la costa del mar, a donde comimos moras
de zarzas todo el mes, en el cual no cesan de hacer sus areitos y
fiestas.

179 Puede leerse de esta manera: “los tienen por si acaso”, pero tampoco
esta paráfrasis aclara del todo el sentido. Es frase incomprensible para la
mayoría de los editores.
180 Abril de 1529.

96
Capítulo XV
De lo que nos acaeció en la isla de Mal Hado

En aquella isla que he contado nos quisieron hacer físicos


sin examinarnos ni pedirnos títulos, porque ellos curan las
enfermedades soplando al enfermo, y con aquel soplo y las manos
echan de él la enfermedad, y mandáronnos que hiciésemos lo
mismo y sirviésemos en algo. Nosotros nos reíamos de ello,
diciendo que era burla y que no sabíamos curar; y por esto nos
quitaban la comida hasta que hiciésemos lo que nos decían. Y
viendo nuestra porfía, un indio me dijo a mí que yo no sabía
lo que decía en decir que no aprovecharía nada aquello que él
sabía, que las piedras y otras cosas que se crían por los campos
tienen virtud. Que él con una piedra caliente, trayéndola por el
estómago, sanaba y quitaba el dolor, y que nosotros, que éramos
hombres, cierto era que teníamos mayor virtud y poder.181 En fin,
nos vimos en tanta necesidad, que lo hubimos de hacer, sin temer
que nadie nos llevase por ello la pena. La manera que ellos tienen
de curarse es ésta: que en viéndose enfermos, llaman a un médico,
y después de curado, no sólo le dan todo lo que poseen, mas entre
sus parientes buscan cosas para darle. Lo que el médico hace es
dalle unas sajas adonde tiene el dolor, y chúpanles alderredor de
ellas. Dan cauterios182 de fuego, que es cosa entre ellos tenida
por muy provechosa, y yo lo he experimentado, y me sucedió
bien de ello; y después de esto, soplan aquel lugar que les duele,
y con esto creen ellos que se les quita el mal. La manera con
que nosotros curamos era santiguándolos183 y soplarlos, y rezar
181 Esta escena evidencia cómo los indios atribuyen poderes sobrenaturales
a todo lo que constituye su otredad: a la naturaleza y a los hombres extranjeros,
por ejemplo. Por esto, el animismo por el cual estos indios atribuyen poderes,
alma o virtudes a los objetos se relaciona con la creencia de que Álvar Núñez y
sus hombres poseen poderes curativos.
182 Cauterio: el remedio riguroso de abrir con fuego las partes del cuerpo
que están apostemadas [postema: absceso supurado] y de quemar las llagas y
heridas para restañar la sangre, y hacer otros efectos y curaciones. (DAut 1729:
238-2)
183 Santiguar: hacer la señal de la cruz sobre algún enfermo diciendo
juntamente algunas oraciones o algún Evangelio. Suelen abusar de esto
supersticiosamente los que llaman ensalmadores [que curan con salmos]

97
un Pater Noster y un Ave María, y rogar lo mejor que podíamos
a Dios Nuestro Señor que les diese salud y espirase184 en ellos
que nos hiciesen algún buen tratamiento. Quiso Dios y su
misericordia que todos aquellos por quien suplicamos, luego que
los santiguamos, decían a los otros que estaban sanos y buenos,
y por este respecto nos hacían buen tratamiento, y dejaban ellos
de comer por dárnoslo a nosotros, y nos daban cueros y otras
cosillas.185 Fue tan extremada la hambre que allí se pasó, que
muchas veces estuve tres días sin comer ninguna cosa, y ellos
también lo estaban y parecíame ser cosa imposible durar la vida,
aunque en otras mayores hambres y necesidades me vi después,
como adelante diré. Los indios que tenían a Alonso del Castillo y
Andrés Dorantes, y a los demás que habían quedado vivos, como
eran de otra lengua y de otra parentela, se pasaron a otra parte
de la Tierra Firme a comer ostiones, y allí estuvieron hasta el
primero día del mes de abril,186 y luego volvieron a la isla, que
estaba de allí hasta dos leguas por lo más ancho del agua, y la isla
tiene media legua de través y cinco en largo.
Toda la gente de esta tierra anda desnuda; solas las mujeres
traen de sus cuerpos algo cubierto con una lana que en los árboles
se cría. Las mozas se cubren con unos cueros de venados. Es gente
muy partida de lo que tienen unos con otros.187 No hay entre
ellos señor. Todos los que son de un linaje andan juntos. Habitan
en ellas dos maneras de lenguas: a los unos llaman Capoques, y
y santiguaderas [las que curan con salmos, haciendo algunas cruces y otras
ceremonias]. (DAut 1739: 43-1)
184 Espirar: vale asimismo infundir espíritu: lo que propiamente se dice
del Espíritu Divino y sus soberanos influjos en animar, vivificar y mover las
almas. (DAut 1732: 607-2)
185 Más allá del importante valor etnográfico y antropológico (los
carancaguas desaparecieron a principios del siglo XVIII) de las descripciones
detalladas del capítulo, los comentarios de Núñez demuestran desconfianza
y escepticismo frente a las curaciones chamánicas indígenas. Como era de
esperarse en estos hombres todavía imbuidos en el pensamiento medieval,
Núñez distingue entre lo maravilloso cristiano (el poder milagroso de Dios
para curar mediante el ritual cristiano) y las curaciones mágicas (de origen
diabólico que el medioevo concebía como parte de lo sobrenatural ilícito).
Sobre las distinciones en la Edad Media entre lo maravilloso, lo milagroso y lo
mágico, véase Jacques Le Goff (1984).
186 Abril de 1529.
187 Se entiende que su generosidad hace que repartan todos sus bienes
comunalmente.

98
a los otros de Han;188 tienen por costumbre cuando se conocen
y de tiempo a tiempo se ven, primero que se hablen, estar media
hora llorando, y acabado esto, aquel que es visitado se levanta
primero y da al otro cuanto posee, y el otro lo recibe, y de ahí a un
poco se va con ello, y aun algunas veces, después de recibido, se
van sin que hablen palabra.189 Otras extrañas costumbres tienen;
mas yo he contado las más principales y más señaladas por pasar
adelante y contar lo que más nos sucedió.

188 Eran tribus pertenecientes a los carancaguas que se concentraban al


este de Galveston y pertenecían a la familia lingüística atakapan.
189 Por lo que describe Núñez, estas tribus se vinculaban entre sí
ritualmente por medio del llanto y de las ofrendas de, entre otros medios.

99
Capítulo XVI
Cómo se partieron los cristianos de la isla de Mal Hado

Después que Dorantes y Castillo volvieron a la isla


recogieron consigo todos los cristianos que estaban esparcidos,
y halláronse por todos catorce. Yo, como he dicho, estaba en la
otra parte, en Tierra Firme, donde mis indios me habían llevado
y donde me habían dado tan gran enfermedad, que ya que alguna
otra cosa me diera esperanza de vida, aquélla bastaba para del
todo quitármela. Y como los cristianos esto supieron, dieron a
un indio la manta de martas que del cacique habíamos tomado,
como arriba dijimos, porque los pasase donde yo estaba para
verme; y así vinieron doce, porque los dos quedaron tan flacos
que no se atrevieron a traerlos consigo. Los nombres de los que
entonces vinieron son: Alonso del Castillo, Andrés Dorantes y
Diego Dorantes, Valdivieso, Estrada, Tostado, Chaves, Gutiérrez,
Esturiano, clérigo; Diego de Huelva, Estebanico el Negro,
Benítez. Y como fueron venidos a Tierra Firme, hallaron otro
que era de los nuestros, que se llamaba Francisco de León, y todos
trece por luengo de costa. Y luego que fueron pasados, los indios
que me tenían me avisaron de ello, y cómo quedaban en la isla
Hierónimo de Alaniz y Lope de Oviedo. Mi enfermedad estorbó
que no les pude seguir ni los vi. Yo hube de quedar con estos
mismos indios de la isla más de un año, y por el mucho trabajo
que me daban y mal tratamiento que me hacían, determiné
de huir de ellos e irme a los que moran en los montes y Tierra
Firme, que se llaman los de Charruco, porque yo no podía sufrir
la vida que con estos otros tenía; porque, entre otros trabajos
muchos, había de sacar las raíces para comer de bajo del agua
y entre las cañas donde estaban metidas en la tierra; y de esto
traía yo los dedos tan gastados, que una paja que me tocase me
hacía sangre de ellos, y las cañas me rompían por muchas partes,
porque muchas de ellas estaban quebradas y había de entrar por
medio de ellas con la ropa que he dicho que traía. Y por esto yo
puse en obra de pasarme a los otros,190 y con ellos me sucedió
190 Mientras que trece españoles sobrevivientes deciden ir en busca del

100
algo mejor; y porque yo me hice mercader, procuré de usar el
oficio lo mejor que supe, y por esto ellos me daban de comer y
me hacían buen tratamiento y rogábanme que me fuese de unas
partes a otras por cosas que ellos habían menester, porque por
razón de la guerra que continuamente traen, la tierra no se anda
ni se contrata tanto.191 Y ya con mis tratos y mercaderías entraba
en la tierra adentro todo lo que quería, y por luengo de costa me
alargaba cuarenta o cincuenta leguas. Lo principal de mi trato era
pedazos de caracoles de la mar y corazones de ellos y conchas, con
que ellos cortan una fruta que es como frísoles, con que se curan
y hacen sus bailes y fiestas, y ésta es la cosa de mayor precio que
entre ellos hay, y cuentas de la mar y otras cosas. Así, esto era lo
que yo llevaba tierra adentro, y en cambio y trueco de ello traía
cueros y almagra,192 con que ellos se untan y tiñen las caras y
cabellos, pedernales para puntas de flechas, engrudo y cañas duras
para hacerlas, y unas borlas que se hacen de pelo de venados, que
las tiñen y paran coloradas; y este oficio me estaba a mí bien,
porque andando en él tenía libertad para ir donde quería y no era
obligado a cosa alguna, y no era esclavo, y dondequiera que iba
me hacían buen tratamiento y me daban de comer por respeto
de mis mercaderías, y lo más principal porque andando en ello
yo buscaba por dónde me había de ir adelante, y entre ellos era
muy conocido; holgaban mucho cuando me veían y les traía lo
que habían menester, y los que no me conocían me procuraban y
deseaban ver por mi fama. Los trabajos que en esto pasé sería largo
de contarlos,193 así de peligros y hambres, como de tempestades
tan anhelado Pánuco bordeando la costa, Núñez, por estar muy débil, debe
quedarse un año con los carancaguas, que se sirven de él como esclavo. Se
traslada luego con la tribu de los charruco, que Pupo-Walker (1992: 233)
identifica con un clan adyacente a la cultura de los indios cado. Estos últimos
estaban ubicados en el noreste de Texas y suroeste de Arkansas y tenían un
desarrollo bastante avanzado en técnicas de agricultura.
191 Núñez se “transforma” aquí nuevamente a partir de un aprendizaje
que lo beneficia: muchas de las tribus –a pesar de estar en guerra– necesitan
comerciar entre sí, y sólo quienes son ajenos a la comunidad guerrera nativa
y masculina (las mujeres y los extranjeros) pueden desempeñar tal función
neutral y mediadora.
192 Almagra: especie de tierra colorada muy semejante al Bol arménico,
que sirve para teñir o untar diferentes cosas: como las lanas, las tablas y los
cordeles. (DAut 1726: 225-1)
193 Nuevamente Núñez utiliza los recursos de la brevitas y de la preterición.
Hay una elipsis en el relato de las experiencias vividas durante estos cinco o

101
y fríos, que muchos de ellos me tomaron en el campo y solo,
donde por gran misericordia de Dios nuestro Señor escapé. Y por
esta causa yo no trataba el oficio en invierno, por ser tiempo que
ellos mismos en sus chozas y ranchos metidos no podían valerse
ni ampararse. Fueron casi seis años el tiempo que yo estuve en
esta tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban.194
La razón por que tanto me detuve fue por llevar conmigo un
cristiano que estaba en la isla, llamado Lope de Oviedo.195 El otro
compañero de Alaniz, que con él había quedado cuando Alonso
del Castillo y Andrés Dorantes con todos los otros se fueron,
murió luego, y por sacarlo de allí yo pasaba a la isla cada año y
le rogaba que nos fuésemos a la mejor maña que pudiésemos en
busca de cristianos, y cada año me detenía diciendo que el otro
siguiente nos iríamos. En fin, al cabo lo saqué y le pasé el ancón
y cuatro ríos que hay por la costa,196 porque él no sabía nadar, y
así, fuimos con algunos indios adelante hasta que llegamos a un
ancón que tiene una legua de través y es por todas partes hondo; y
por lo que de él nos pareció y vimos, es el que llaman del Espíritu
Santo,197 y de la otra parte de él vimos unos indios, que vinieron
a ver a los nuestros, y nos dijeron cómo más adelante había tres
hombres como nosotros, y nos dijeron los nombres de ellos. Y
preguntándoles por los demás, nos respondieron que todos eran
muertos de frío y de hambre, y que aquellos indios de adelante
ellos mismos por su pasatiempo habían muerto a Diego Dorantes
y a Valdivieso y a Diego de Huelva, porque se habían pasado de
una casa a otra; y que los otros indios sus vecinos con quien agora
estaba el capitán Dorantes, por razón de un sueño que habían
seis años –muchas y variadas seguramente– en los que, paulatinamente, debió
haberse convertido de esclavo en mercader.
194 De 1528 a 1533.
195 Juan Francisco Maura (1989) señala aquí el modelo hagiográfico del
que Núñez se sirve aquí para autorrepresentarse: con las virtudes del sacrificio
y la abnegación que tienen su modelo en la vida de Cristo.
196 Los cuatro ríos son identificados con los que actualmente se llaman:
Oyster Creek (o el Bastrop Bayon), Brazos, San Bernardo y Caney Creek.
197 Todavía hoy la bahía de Matagorda conserva una sección con el
nombre de Espíritu Santo, otorgado por el descubridor Alonso Álvarez de
Pineda en 1519. La observación de Núñez evidencia que los Naufragios –a
pesar del efecto de escritura inmediata propia de la crónica y sus marcas de
oralidad– fue un texto escrito y reescrito varios años después (hasta 1555) de
finalizada la expedición.

102
soñado, habían muerto a Esquivel y a Méndez. Preguntámosles
qué tales estaban los vivos; dijéronnos que muy maltratados,
porque los muchachos y otros indios, que entre ellos son muy
holgazanes y de mal trato, les daban muchas coces y bofetones
y palos, y que ésta era la vida que con ellos tenían. Quisímonos
informar de la tierra adelante y de los mantenimientos que en ella
había; respondieron que era muy pobre de gente, y que en ella no
había qué comer, y que morían de frío porque no tenían cueros ni
con qué cubrirse. Dijéronnos también si queríamos ver aquellos
tres cristianos, que de ahí a dos días los indios que los tenían
venían a comer nueces una legua de allí, a la vera del río; y porque
viésemos que lo que nos habían dicho del mal tratamiento de
los otros era verdad, estando con ellos dieron al compañero mío
de bofetones y palos, y yo no quedé sin mi parte, y de muchos
pellazos198 de lodo que nos tiraban, y nos ponían cada día las
flechas al corazón, diciendo que nos querían matar como a los
otros nuestros compañeros. Y temiendo esto Lope de Oviedo, mi
compañero, dijo que quería volverse con unas mujeres de aquellos
indios, con quien habíamos pasado el ancón, que quedaban algo
atrás.199 Yo porfié mucho con él que no lo hiciese, y pasé muchas
cosas, y por ninguna vía lo pude detener, y así se volvió y yo
quedé solo con aquellos indios, los cuales se llamaban Quevenes,
y los otros con quien él se fue se llaman Deaguanes.200

198 Pella: la masa que se une y aprieta, regularmente en forma redonda.


(DAut 1737: 193-1)
199 La historia de europeos que llegan al Nuevo Mundo con una
expedición de conquista y que luego deciden quedarse entre los indios y
adoptar sus costumbres y modos de sociabilidad son corrientes en las crónicas
de Indias.
200 Según información de Pupo- Walker (1992) recogida de Fergusson
y de Krieger, estos indios guevenes e iguaces eran comunidades muy próximas
a la cultura carancagua, que hablaba uno de los dialectos coahuilteca. Para
Ferrando (1984), Núñez permaneció con los principales clanes carancaguas y
Lope de Oviedo, con una tribu de filiación túnica, un poco alejada de la costa
y dentro en Tierra Firme.

103
Capítulo XVII
Cómo vinieron los indios y trajeron a Andrés Dorantes y a
Castillo y a Estebanico

Desde a dos días que Lope de Oviedo se había ido, los indios
que tenían a Alonso del Castillo y Andrés Dorantes vinieron al
mismo lugar que nos habían dicho, a comer de aquellas nueces de
que se mantienen, moliendo unos granillos con ellas, dos meses
del año, sin comer otra cosa, y aun esto no lo tienen todos los
años, porque acuden uno, y otro no; son del tamaño de las de
Galicia, y los árboles son muy grandes, y hay un gran número de
ellos. Un indio me avisó cómo los cristianos eran llegados, y que
si yo quería verlos me hurtase201 y huyese a un canto de un monte
que él me señaló; porque él y otros parientes suyos habían de venir
a ver a aquellos indios, y que me llevarían consigo adonde los
cristianos estaban. Yo me confié de ellos, y determiné de hacerlo,
porque tenían otra lengua distinta de la de mis indios.202 Y puesto
por obra, otro día fueron y me hallaron en el lugar que estaba
señalado; y así me llevaron consigo. Ya que llegué cerca de donde
tenían su aposento. Andrés Dorantes salió a ver quién era, porque
los indios le habían también dicho cómo venía un cristiano; y
cuando me vio fue muy espantado, porque había muchos días que
me tenían por muerto, y los indios así lo habían dicho. Dimos
muchas gracias a Dios de vernos juntos, y este día fue uno de los
de mayor placer que en nuestros días hemos tenido; y llegado
donde Castillo estaba, me preguntaron que dónde iba. Yo le dije
que mi propósito era de pasar a tierra de cristianos, y que en
este rastro y busca iba. Andrés Dorantes respondió que muchos
días había que él rogaba a Castillo y a Estebanico que se fuesen
adelante, y que no lo osaban hacer porque no sabían nadar, y
que temían mucho de los ríos y los ancones por donde habían
de pasar, que en aquella tierra hay muchos. Y pues Dios nuestro
201 Hurtar: vale asimismo por desviarse de algún paraje para evitar algún
riesgo o por inadvertencia. (DAut 1734: 194-2)
202 Estos indios con los que se encuentra Núñez hablaban dialecto
coahuilteca.

104
Señor había sido servido de guardarme entre tantos trabajos y
enfermedades, y al cabo traerme en su compañía, que ellos
determinaban de huir, que yo los pasaría de los ríos y ancones
que topásemos, y avisáronme que en ninguna manera diese a
entender a los indios no conociesen de mí que yo quería pasar
adelante, porque luego me matarían; y que para esto era menester
que yo me detuviese con ellos seis meses, que era tiempo en que
aquellos indios iban a otra tierra a comer tunas. Esta es una fruta
que es del tamaño de huevos, y son bermejas y negras y de muy
buen gusto. Cómenlas tres meses del año, en los cuales no comen
otra cosa alguna, porque al tiempo que ellos las cogían venían
a ellos otros indios de adelante, que traían arcos para contratar
y cambiar con ellos; y que cuando aquéllos se volviesen nos
huiríamos de los nuestros, y nos volveríamos con ellos. Con este
concierto yo quedé allí,203 y me dieron por esclavo a un indio con
quien Dorantes estaba, el cual era tuerto, y su mujer y un hijo que
tenía y otro que estaba en su compañía; de manera que todos eran
tuertos. Estos se llaman mariames,204 y Castillo estaba con otros
sus vecinos, llamados iguases.205 Y estando aquí ellos me contaron
que después que salieron de la isla del Mal Hado, en la costa de la
mar hallaron la barca en que iba al contador y los frailes al través;
y que yendo pasando aquellos ríos, que son cuatro muy grandes y
de muchas corrientes, les llevó las barcas en que pasaban a la mar,
donde se ahogaron cuatro de ellos, y que así fueron adelante hasta
que pasaron el ancón, y lo pasaron con mucho trabajo, y a quince
leguas delante hallaron otro, y que cuando allí llegaron ya se
les habían muerto dos compañeros en sesenta leguas que habían
andado; y que todos los que quedaban estaban para lo mismo, y
203 Rolena Adorno (1993: 321) señala, a partir del comentario de Núñez
que aparece más arriba, que la integración del protagonista con estos indios
con los que Andrés Dorantes convivió cuatro años marca el inicio de su viaje
de regreso a las ciudades coloniales de españoles.
204 Los mariames (marianes o mareames) eran clanes nómadas que, en
busca de tunas, nueces y animales para alimentarse, recorrían los lugares que
hoy se encuentran entre las costas de Texas desde el río Brazos hasta la zona de
la frontera con México. Según informa Pupo-Walker (1992: 62), pertenecían
a la amplia rama mesoamericana jocalteca.
205 Mariames e iguaces pertenecen a la familia lingüística de los
coahuiltecs, tanto como los doguenes, mendica, atayos, acubadaos, quitoles,
camoles, quevenes y maliacones, entre otros. Sobre el tema, véase Pupo-Walker
(1992: 62).

105
que en todo el camino no habían comido sino cangrejos y yerba
pedrera;206 y llegados a este último ancón, decían que hallaron
en él indios que estaban comiendo moras; y como vieron a los
cristianos, se fueron de allí a otro cabo; y que estando procurando
y buscando manera para pasar el ancón, pasaron a ellos un indio y
un cristiano, que llegado, conocieron que era Figueroa, uno de los
cuatro que habíamos enviado adelante en la isla del Mal Hado, y
allí les contó cómo él y sus compañeros habían llegado hasta aquel
lugar, donde se habían muerto dos de ellos y un indio, todos tres
de frío y de hambre, porque habían venido y estado en el más
recio tiempo del mundo, y que a él y a Méndez habían tomado
los indios, y que estando con ellos, Méndez había huido yendo la
vía lo mejor que pudo de Pánuco, y que los indios habían ido tras
él y que lo habían muerto; y que estando él con estos indios supo
de ellos cómo con los mariames estaba un cristiano que había
pasado de la otra parte, y lo había hallado con los que llamaban
quevenes, y que este cristiano era Hernando de Esquivel, natural
de Badajoz, el cual venía en compañía del comisario, y que él
supo de Esquivel207 el fin en que habían parado el gobernador
y el contador y los demás, y le dijo que el contador y los frailes
habían echado al través su barca entre los ríos, y viniéndose por
luengo de la costa, llegó la barca del gobernador con su gente en
tierra, y él se fue con su barca hasta que llegaron a aquel ancón
grande,208 y que allí tornó a tomar la gente y la pasó del otro cabo,
y volvió por el contador y los frailes y todos los otros. Y contó
cómo estando desembarcados, el gobernador había revocado el
poder que el contador tenía de lugarteniente suyo y dio el cargo
a un capitán que traía consigo, que se decía Pantoja, y que el
gobernador se quedó en su barca, y no quiso aquella noche
salir a tierra, y quedaron con él un maestre y un paje que estaba
206 Algunos editores (Pupo-Walker, por ejemplo) identifican la yerba
pedrera con la kelp, especie de alga que suele abundar, más bien, en las costas
del Pacífico.
207 El relato, en este punto y en el capítulo siguiente, ha asumido una
estructura de “cajas chinas” de discurso referido indirecto que multiplica los
enunciadores: Núñez narra que le han relatado –quizás fue Andrés Dorantes–
lo que supo de Figueroa, que también escuchó decir a Hernando de Esquivel
sobre el fin que tuvo el gobernador Pánfilo de Narváez.
208 El cronista Oviedo, en su versión sobre este punto, se refiere a la
ensenada de Espíritu Santo (1959: IV-297).

106
malo, y en la barca no tenían agua ni cosa ninguna que comer;
y que a media noche el norte vino tan recio, que sacó la barca
a la mar, sin que ninguno la viese, porque no tenía por resón209
sino una piedra, y que nunca más supieron de él.210 Y que visto
esto, la gente que en tierra quedaron se fueron por luengo de
costa, y que como hallaron tanto estorbo de agua, hicieron balsas
con mucho trabajo, en que pasaron la otra parte; y que yendo
adelante, llegaron a una punta de un monte orilla del agua, y que
hallaron indios, que como los vieron venir metieron sus casas en
sus canoas y se pasaron de la otra parte a la costa; y los cristianos,
viendo el tiempo que era, porque era por el mes de noviembre,
pararon en este monte, porque hallaron agua y leña y algunos
cangrejos y mariscos, donde de frío y de hambre se comenzaron
poco a poco a morir. Allende de esto, Pantoja, que por teniente
había quedado, les hacía mal tratamiento, y no lo pudiendo sufrir
Sotomayor, hermano de Vasco Porcallo, el de la isla de Cuba, que
en la armada había venido por maestre de campo, se revolvió
con él y le dio un palo, de que Pantoja quedó muerto, y así se
fueron acabando; y los que morían, los otros los hacían tasajos;
y el último que murió fue Sotomayor, y Esquivel lo hizo tasajos,
y comiendo de él se mantuvo hasta primero de marzo,211 que un
indio de los que allí habían huido vino a ver si eran muertos,
y llevó a Esquivel consigo; y estando en poder de este indio, el
Figueroa lo habló y supo de él todo lo que hemos contado, y le
rogó que se viniese con él, para irse ambos la vía de Pánuco; lo
cual Esquivel no quiso hacer, diciendo que él había sabido de los

209 Rezón: ancla pequeña, de cuatro uñas y sin cepo, que sirve para
embarcaciones menores. (DRAE 1899: 875-1)
210 La versión del cronista Oviedo es similar en el relato de este episodio,
aunque brinda algunos detalles más: “[el gobernador] se quedó en la barca,
que no quiso saltar en tierra, e quedaron solamente con él un piloto que se
llamaba Antón Pérez, e un paje suyo que se decía Campo; e que así como
anocheció, vino un norte muy recio que los llevó a la mar, que nunca más se
supo de ellos; e que el gobernador iba muy flaco y enfermo e lleno de lepra, e
los que con él iban, no estaban muy recios, por lo cual es de creer que la mar
los comió.” (1959: IV-297). Al menos en esta instancia, Oviedo no insiste en
caracterizar a De Narváez como necio e imprudente.
211 Esta segunda escena de canibalismo –sucedida también a distancia
“prudente” del protagonista Narváez– colabora (tanto como las descripciones
de los padecimientos) con el patetismo de los hechos referidos y con la
tolerancia extrema que denotan los personajes sobrevivientes.

107
frailes que Pánuco había quedado atrás; y así se quedó allí,212 y
Figueroa se fue a la costa adonde solía estar.

212 El Pánuco –a diferencia de lo que comentaron ciertos frailes a


Esquivel– se encontraba todavía a 300 kilómetros al sureste de la región en
donde sucedió este episodio.

108
Capítulo XVIII
De la relación que dio Esquivel

Esta cuenta toda dio Figueroa por la relación que de


Esquivel había sabido; y así, de mano en mano llegó a mí, por
donde se puede ver y saber el fin que toda aquella armada hubo y
los particulares casos que a cada uno de los demás acontecieron.
Y dijo más: que si los cristianos algún tiempo andaban por allí,
podría ser que viesen a Esquivel,213 porque sabía que se había
huido de aquel indio con quien estaba, a otros, que se decían los
mareames, que eran allí vecinos. Y como acabo de decir, él y el
asturiano214 se quisieran ir a otros indios que adelante estaban;
mas como los indios que lo tenían215 lo sintieron, salieron a ellos,
y diéronles muchos palos, y desnudaron al asturiano, y pasáronle
un brazo con una flecha; y en fin, se escaparon huyendo, y los
cristianos se quedaron con aquellos indios, y acabaron con ellos
que los tomasen por esclavos, aunque estando sirviéndoles
fueron tan maltratados de ellos, como nunca esclavos ni
hombres de ninguna suerte lo fueron,216 porque de seis que
eran, no contentos con darles muchas bofetadas y apalearlos
y pelarles las barbas por su pasatiempo, por sólo pasar de una
casa a otra mataron tres, que son los que arriba dije, Diego
Dorantes y Valdivieso y Diego de Huelva, y los otros tres que
quedaban esperaban parar en esto mismo; y por no sufrir en esta
vida, Andrés Dorantes se huyó y se pasó a los mareames, que

213 El capítulo –que en verdad es un relato intercalado en estilo


indirecto– presenta algunas ambigüedades o contradicciones temporales y
geográficas porque Núñez intenta actualizar, en el presente del relato, lo que
Andrés Dorantes le contó.
214 El asturiano era uno de los trece españoles que partieron de la isla de
Mal Hado en busca del Pánuco por la costa (véase capítulo XVI).
215 Los indios quevenes.
216 El cronista Oviedo comenta: “E allí los tomaron por esclavos,
sirviéndose de ellos más cruelmente que un moro lo pudiera hacer.” (1959:
IV-301) y “en topando al pobre Dorantes, se le mostraban muy feroces, e
algunas veces, e aun muchas, venían corriendo a él e poníanles una flecha a los
pechos, flechado el arco hasta la oreja, e después reíanse e decíanle: ¿Hobistes
miedo?” (1959: IV-302)

109
eran aquéllos adonde Esquivel había parado, y ellos le contaron
cómo habían tenido allí a Esquivel, y cómo estando allí se quiso
huir porque una mujer había soñado que le había de matar un
hijo, y los indios fueron tras él y lo mataron,217 y mostraron a
Andrés Dorantes su espada y sus cuentas y libro218 y otras cosas
que tenía. Esto hacen éstos por una costumbre que tienen, y es
que matan sus mismos hijos por sueños, y a las hijas en naciendo
las dejan comer a perros, y las echan por ahí. La razón por que
ellos lo hacen es, según ellos dicen, porque todos los de la tierra
son sus enemigos y con ellos tienen continua guerra; y que si
acaso casasen sus hijas, multiplicarían tanto sus enemigos, que
los sujetarían y tomarían por esclavos; y por esta causa querían
más matarlas que no que de ellas mismas naciese quien fuese su
enemigo. Nosotros les dijimos que por qué no las casaban con
ellos mismos. Y también entre ellos dijeron que era fea cosa219
casarlas a sus parientes ni a sus enemigos; y esta costumbre usan
estos y otros sus vecinos, que se llaman los iguaces, solamente, sin
que ningunos otros de la tierra la guarden. Y cuando éstos se han
de casar, compran las mujeres a sus enemigos, y el precio que cada
uno da por la suya es un arco, el mejor que puede haber, con dos
flechas; y si acaso no tiene arco, una red hasta una braza en ancho
y otra en largo. Matan sus hijos, y mercan los ajenos; no dura
el casamiento más de cuanto están contentos, y con una higa220
deshacen el casamiento. Dorantes estuvo con éstos,221 y desde a
217 A partir del testimonio de Andrés Dorantes en la Relación conjunta,
el cronista Fernández de Oviedo refiere en su versión: “los de aquella parte
creen en sueños e matan sus propios hijos por sueños. E dijo este hidalgo
Dorantes que él vio en espacio de cuatro años matar y enterrar vivos once o
doce niños.” (1959: IV-302)
218 La referencia a este libro de Esquivel hace suponer a Pupo-Walker
(1992: 242) que quizás un texto escrito (que podría haber pasado por las
manos de Figueroa, Dorantes y Núñez) haya sido la fuente de los relatos de
este capítulo y del anterior.
219 La sintaxis de Álvar Núñez, por momentos, da cuenta de un vasto
aprendizaje de las lenguas nativas, que evoca en su rememoración de los
acontecimientos.
220 Higa: amuleto con que vanamente se persuadían los gentiles que se
libraban del mal de ojo, y apartaban de sí los males que creían podían hacer
los envidiosos. (DAut 1734: 154-1). La expresión “con una higa deshacen
el casamiento” quizás signifique, como considera Barrera (1985: 115), “con
cualquier pretexto”.
221 Dorantes estuvo con los iguaces en el verano de 1529, con ellos se

110
pocos días se huyó. Castillo y Estebanico se vinieron dentro de
la Tierra Firme a los iguaces. Toda esta gente son flecheros y bien
dispuestos, aunque no tan grandes como los que atrás dejamos, y
traen la teta y el labio horadados.
Su mantenimiento principalmente es raíces de dos o tres
maneras, y búscanlas por toda la tierra; son muy malas, e hinchan
los hombres que las comen. Tardan dos días en asarse, y muchas
de ellas son muy amargas, y con todo esto se sacan con mucho
trabajo. Es tanta la hambre que aquellas gentes tienen, que no
se pueden pasar sin ellas, y andan dos o tres leguas buscándolas.
Algunas veces matan algunos venados,222 y a tiempos toman
algún pescado; mas esto es tan poco, y su hambre tan grande,
que comen arañas y huevos de hormigas, y gusanos y lagartijas
y salamanquesas y culebras y víboras, que matan los hombres
que muerden, y comen tierra y madera y todo lo que pueden
haber, y estiércol de venados, y otras cosa que dejo de contar;223
y creo averiguadamente que si en aquella tierra hubiese piedras
las comerían. Guardan las espinas del pescado que comen, y de
las culebras y otras cosas, para molerlo después todo y comer el
polvo de ello. Entre éstos no se cargan los hombres ni llevan cosa
de peso; mas llévanlo las mujeres y los viejos, que es la gente que
ellos en menos tienen. No tienen tanto amor a sus hijos como
los que arriba dijimos. Hay algunos entre ellos que usan pecado
contra natura.224 Las mujeres son muy trabajadas y para mucho,
porque de veinticuatro horas que hay entre día y noche, no tienen
sino seis horas de descanso, y todo lo más de la noche pasan en
atizar sus hornos para secar aquellas raíces que comen. Y desde que
quedaron los demás sobrevivientes casi cuatro años.
222 Según Hallenbeck, recogido en Pupo-Walker (1992), eran, más
precisamente, antílopes.
223 Alusión a la técnica aristotélica del decoro que debía guardar todo
buen cronista de acuerdo con el modelo historiográfico humanista-renacentista
del siglo XVI. Esta regla rechazaba el exceso en lo descriptivo y la mención a
lo repulsivo, y bogaba por un estilo moderado de adjetivos y adverbios, y de
sustantivos que no “alteraran los ánimos”. Quizás, por esta misma regla del
decoro, no hay en Naufragios ni una sola alusión sexual, salvo a la sodomía,
más bien presentada como dato exótico. Tampoco se refiere, en ninguna
ocasión, a los abusos sexuales, corrientes en los procesos de conquista y en las
guerras entre tribus.
224 Referencia a la sodomía. En la Edad Media y en el Renacimiento de
los países europeos, los sodomitas fueron perseguidos por pecadores.

111
amanece comienzan a cavar y a traer leña y agua a sus casas y dar
orden en las otras cosas de que tienen necesidad. Los más de éstos
son grandes ladrones, porque aunque entre sí son bien partidos,
en volviendo uno la cabeza, su hijo mismo o su padre le toma
lo que puede. Mienten muy mucho, y son grandes borrachos,
y para esto beben ellos una cierta cosa.225 Están tan usados226 a
correr, que sin descansar ni cansar corren desde la mañana hasta
la noche, y siguen un venado; y de esta manera matan muchos de
ellos, porque los siguen hasta que los cansan, y algunas veces los
toman vivos. Las casas de ellos son de esteras puestas sobre
cuatro arcos; llévanlas a cuestas,227 y múdanse cada dos o tres
días para buscar de comer. Ninguna cosa siembran que se pueda
aprovechar; es gente muy alegre; por mucha hambre que tengan,
por eso no dejan de bailar ni de hacer sus fiestas y areitos.228 Para
ellos el mejor tiempo que éstos tienen es cuando comen las tunas,
porque entonces no tienen hambre, y todo el tiempo se les pasa
en bailar, y comen de ellas de noche y de día. Todo el tiempo que
les duran exprímenlas y ábrenlas y pónenlas a secar, y después de
secas pónenlas en unas seras229, como higos, y guárdanlas para
comer por el camino cuando se vuelven, y las cáscaras de ellas
muélenlas y hácenlas polvo. Muchas veces estando con éstos, nos
aconteció tres o cuatro días estar sin comer porque no lo había;
ellos, por alegrarnos, nos decían que no estuviésemos tristes; que
presto habría tunas y comeríamos muchas y beberíamos del zumo
de ellas, y tendríamos las barrigas muy grandes y estaríamos muy
contentos y alegres y sin hambre alguna; y desde el tiempo que
esto nos decían hasta que las tunas se hubiesen de comer había
cinco o seis meses, y, en fin, hubimos de esperar aquestos seis
meses, y cuando fue tiempo fuimos a comer las tunas; hallamos
por la tierra muy gran cantidad de mosquitos de tres maneras, que
225 Alusión al peyote –cactus de los desiertos americanos– que consumían
los indios coahuiltecas y que tiene efectos alucinógenos.
226 Usados, aquí equivale a “acostumbrados”.
227 Conocidas como tipis, son casas movibles.
228 Como se adelantó en la nota 34, Núñez interpreta diversas ceremonias
y rituales indígenas como si fuesen simples encuentros festivos de los nativos.
229 Sera: espuerta [cesta de esparto, palma u otra materia] grande,
regularmente sin asas, que sirve para conducir el carbón y otros usos. (DAut
1739: 94-2)

112
son muy malos y enojosos, y todo lo más del verano nos daban
mucha fatiga; y para defendernos de ellos hacíamos al derredor
de la gente muchos fuegos de leña podrida y mojada, para que no
ardiesen e hiciesen humo; y esta defensión nos daba otro trabajo,
porque en toda la noche no hacíamos sino llorar, del humo que
en los ojos nos daba, y sobre eso, gran calor que nos causaban los
muchos fuegos, y salíamos a dormir a la costa. Y si alguna vez
podíamos dormir, recordábannos a palos, para que tornásemos a
encender los fuegos. Los de la tierra adentro para esto usan otro
remedio tan incomportable y más que éste que he dicho, y es
andar con tizones en las manos quemando los campos y montes
que topan, para que los mosquitos huyan, y también para sacar
debajo de tierra lagartijas y otras semejantes cosas para comerlas.
Y también suelen matar venados cercándolos con muchos fuegos;
y usan también esto por quitar a los animales el pasto, que la
necesidad les haga ir a buscarlo adonde ellos quieren, porque
nunca hacen asiento con sus casas sino donde hay agua y leña,
y alguna vez se cargan todos de esta provisión y van a buscar
los venados, que muy ordinariamente están donde no hay agua
ni leña; y el día que llegan matan venados y algunas otras cosas
que pueden, y gastan todo el agua y leña en guisar de comer
y en los fuegos que hacen para defenderse de los mosquitos, y
esperan otro día para tomar algo que lleven para el camino; y
cuando parten, tales van de los mosquitos, que parece que tienen
la enfermedad de San Lázaro.230 Y de esta manera satisfacen su
hambre dos o tres veces en el año, a tan grande costa como he
dicho; y por haber pasado por ello puedo afirmar que ningún
trabajo que se sufra en el mundo se iguala con éste. Por la tierra
hay muchos venados y otras aves y animales de los que atrás he
contado. Alcanzan aquí vacas, y yo las he visto tres veces y comido
de ellas, y paréceme que serán del tamaño de las de España.231
Tienen los cuernos pequeños, como moriscas232, y el pelo muy
230 Se refiere a la lepra.
231 Una de las primeras menciones y representaciones en textos de corte
europeo del bisonte americano. Maura (1989: 147), basado en Henry Wagner,
arriesga que, quizás, Núñez haya tomado la descripción de este animal de una
de las relaciones de la expedición de Juan Vázquez de Coronado (1523-1565)
y que la haya añadido posteriormente a Naufragios.
232 Se alude a las ovejas, por contaminación de los términos del sintagma

113
largo, merino,233 como una bernia;234 unas son pardillas, y otras
negras, y a mi parecer tienen mejor y más gruesa carne que las de
acá.235 De las que no son grandes hacen los indios mantas para
cubrirse, y de las mayores hacen zapatos y rodelas; éstas vienen
de hacia el Norte por tierra adelante hasta la costa de la Florida,
y tiéndense por toda la tierra más de cuatrocientas leguas, y en
todo este camino, por los valles por donde ellas vienen, bajan las
gentes que por allí habitan y se mantienen de ellas, y meten en la
tierra grande cantidad de cueros.

“ovejas moriscas”.
233 Merino: tejido de cordoncillo fino en que la trama y urdimbre son de
lana escogida y peinada. (DRAE)
234 Bernia: tejido de lana basto como el de una frazada o manta, el cual
se suele fabricar de uno o de varios colores. (DAut 1726: 597-1)
235 Nueva referencia a la situación de enunciación del autor que alude a
las vacas de España.

114
Capítulo XIX
De cómo nos apartaron los indios

Cuando fueron cumplidos los seis meses236 que yo estuve


con los cristianos esperando a poner en efecto el concierto que
teníamos hecho, los indios se fueron a las tunas, que había de
allí donde las habían de coger hasta treinta leguas; y ya que
estábamos para huirnos, los indios con quien estábamos, unos
con otros riñeron sobre una mujer, y se apuñearon y apalearon y
descalabraron unos a otros; y con el grande enojo que hubieron,
cada uno tomó su casa y se fue a su parte; de donde fue necesario
que todos los cristianos que allí éramos también nos apartásemos,
y en ninguna manera nos pudimos juntar hasta otro año. Y en
este tiempo yo pasé muy mala vida, así por la mucha hambre
como por el mal tratamiento que de los indios recibía, que fue tal,
que yo me hube de huir tres veces de los amos que tenía, y todos
me anduvieron a buscar y poniendo diligencia para matarme,
y Dios nuestro Señor por su misericordia me quiso guardar y
amparar de ellos; y cuando el tiempo de las tunas tornó, en aquel
mismo lugar nos tornamos a juntar. Ya que teníamos concertado
de huirnos y señalado el día, aquel mismo día los indios nos
apartaron, y fuimos cada uno por su parte; y yo dije a los otros
compañeros que yo los esperaría en las tunas hasta que la Luna
fuese llena, y este día era primero de septiembre y primero día de
luna; y avisélos que si en este tiempo no viniesen al concierto, yo
me iría solo y los dejaría. Y así, nos apartamos y cada uno se fue
con sus indios, y yo estuve con los míos hasta trece de luna,237 y
yo tenía acordado de me huir a otros indios en siendo en Luna
llena. Y a trece días del mes llegaron adonde yo estaba Andrés
Dorantes y Estebanico, y dijéronme cómo dejaban a Castillo con
otros indios que se llaman anagados,238 y que estaban cerca de
allí, y que habían pasado mucho trabajo, y que habían andado
perdidos. Y que otro día adelante nuestros indios se mudaron
236 De enero de 1532 a julio de 1533.
237 La expresión equivale a “trece lunas”.
238 Tribu que probablemente también tenía filiación coahuilteca.

115
hacia donde Castillo estaba, e iban a juntarse con los que lo
tenían, y hacerse amigos unos de otros, porque hasta allí habían
tenido guerra, y de esta manera cobramos a Castillo. En todo el
tiempo que comíamos las tunas teníamos sed, y para remedio de
esto bebíamos el zumo de las tunas y sacábamoslo en un hoyo que
en la tierra hacíamos, y desque estaba lleno bebíamos de él hasta
que nos hartábamos. Es dulce y de color de arrope; esto hacen
por falta de otras vasijas. Hay muchas maneras de tunas,239 y entre
ellas hay algunas muy buenas, aunque a mí todas me parecían
así, y nunca la hambre me dio espacio para escogerlas ni para
mientes240 en cuáles eran las mejores.241 Todas las más de estas
gentes beben agua llovediza y recogida en algunas partes; porque,
aunque hay ríos, como nunca están de asiento,242 nunca tienen
agua conocida ni señalada. Por toda la tierra hay muy grandes
y hermosas dehesas,243 y de muy buenos pastos para ganados; y
paréceme que sería tierra muy fructífera si fuese labrada y habitada
de gente de razón.244 No vimos sierra en toda ella en tanto que en
239 Las especies más conocidas de tunas son: blanca, camuesa, cardona,
cabezona, chareña, alfajayuca y cruz.
240 Parar mientes: significa considerar, meditar y recapacitar con
particular cuidado y atención alguna cosa. (DRAE 1791: 566-3)
241 El comentario de Núñez sobre su inmenso placer al comer las tunas
–entre otros a lo largo de estos capítulos– denota ya un profundo proceso de
compenetración con las comunidades indígenas y de mestizaje cultural que
implicó a Núñez. De esta manera lo entiende también el cronista Oviedo con su
característico rechazo de toda forma de otredad: “e allí se tornaron a juntar [se
refiere a Núñez y a los dos sobrevivientes españoles] y encomendándose todos
tres a Nuestro Señor, hobieron por mejor hacer aquello que eran obligados
como cristianos (e como hidalgos que cada uno de ellos lo era) que no vivir
en vida tan salvaje e tan apartada del servicio de Dios e de toda buena razón.
E con esta buena voluntad, como hombres de buena casta determinados,
salieron; e así Jesucristo los guió e obró de su infinita misericordia con ellos
abriéndoles caminos, sin haberlos en la tierra, e los corazones de los hombres
tan salvajes e indómitos.” (Oviedo 1959: IV-304).
242 Asiento: sitio en que está o estuvo fundado algún pueblo o edificio.
(DAut 1770: 359-1). La expresión alude al nomadismo de los mariames,
que recorrían grandes extensiones desde el sureste de Texas hasta el sur de
Oklahoma. También, el Diccionario de Autoridades del siglo XVIII ofrece una
acepción de “asiento” particularmente referida a las Indias: “en Indias, asiento
es el territorio y población de las minas”, lo que evidencia el peso que tuvo la
actividad minera en el trazado del mapa americano.
243 Dehesa: parte o porción de tierra sin labranza ni cultivo, destinada
solamente para pasto de ganados. (DAut 1732: 54-1)
244 Para el pensamiento medieval-renacentista, el hombre caracterizado
como salvaje se hallaba en un peldaño inferior en relación con los hombres

116
ella estuvimos. Aquellos indios nos dijeron que otros estaban más
adelante, llamados camones,245 que viven hacia la costa, y habían
muerto toda la gente que venía en la barca de Peñalosa y Téllez,
que venían tan flacos, que aunque los mataban no se defendían; y
así, los acabaron todos,246 y nos mostraron ropas y armas de ellos,
y dijeron que la barca estaba allí al través. Esta es la quinta barca
que faltaba, porque la del gobernador ya dijimos cómo la mar
la llevó, y la del contador y los frailes la habían visto echada al
través en la costa, y Esquivel contó el fin de ellos. Las dos en que
Castillo y yo y Dorantes íbamos, ya hemos contado cómo junto
a la isla de Mal Hado se hundieron.247

racionales o la “gente de razón”. Justamente, el aprovechamiento de la tierra y


de los recursos, en suma, el control de la naturaleza para el progreso humano,
era considerado un anhelo propio de hombres “superiores”. Sobre este
pensamiento que influyó en la Conquista de América, véase, entre otras, la
fundamental obra de Anthony Pagden: La caída del hombre natural. (1988)
245 Camones o camoles, tribu también de filiación coahuilteca.
246 Los relatos de los fines desastrados de los hombres que habían
constituido la armada de Pánfilo de Narváez, rememorados por testigos a
veces directos, a veces indirectos, tienen matices particularmente trágicos y
ficcionales.
247 Estas recapitulaciones –además de dar coherencia a todo el texto–
señalan el fin del relato de las experiencias de Álvar Núñez a lo largo de más
de seis años de estancia entre los indios del sur de Estados Unidos. A partir
de aquí, se narrarán sólo los últimos dos años de convivencia del protagonista
entre los indios. Los capítulos a partir de aquí, aunque en general más breves,
son más detallados y apelan menos a la elipsis.

117
Capítulo XX
De cómo nos huimos

Después de habernos mudado, desde a dos días nos


encomendamos a Dios nuestro Señor y nos fuimos huyendo,248
confiando que, aunque era ya tarde y las tunas se acababan, con los
frutos que quedarían en el campo podríamos andar buena parte
de la tierra. Yendo aquel día nuestro camino con harto temor
que los indios nos habían de seguir, vimos unos humos, y yendo
a ellos, después de vísperas llegamos allá, donde vimos un indio
que, como vio que íbamos a él, huyó sin querernos aguardar;
nosotros enviamos al negro249 tras él, y como vio que iba solo,
aguardólo. El negro le dijo que íbamos a buscar aquella gente que
hacía aquellos humos. Él respondió que cerca de allí estaban las
casas, y que nos guiaría allá, y así, lo fuimos siguiendo; y él corrió
a dar aviso de cómo íbamos, y a puesta del sol vimos las casas, y
dos tiros de ballesta antes que llegásemos a ellas hallamos cuatro
indios que nos esperaban, y nos recibieron bien.250 Dijímosles en
lengua de mareames que íbamos a buscarlos, y ellos mostraron
que se holgaban con nuestra compañía; y así, nos llevaron a sus
casas, y a Dorantes y al negro aposentaron en casa de un físico,

248 Principios de octubre de 1534.


249 Estebanico había vivido algún tiempo en Azamor (Azemmour de
la Provincia de El Yadida) en la costa africana del Océano Atlántico (enclave
portugués entre 1513 y 1541) y luego fue comprado como esclavo por
Andrés Dorantes. A pesar de la inversión de roles que la estancia entre los
indios les implicó a estos sobrevivientes españoles, todos conservaron el lugar
diferenciado y subalterno de Esteban. Posteriormente a los hechos relatados
en Naufragios, Estebanico clamó a viva voz sus conocimientos sobre las tierras
“inmensamente ricas” de lo que hoy es el sur de Estados Unidos y que él había
conocido. Por esto, emprendió, como guía, un viaje junto a fray Marcos de
Niza en busca de las famosas Siete Ciudades de Cíbola en la que fue asesinado
a manos de los indios.
250 Esta comunidad debió estar asentada en las partes altas del río
Medina o del Guadalupe al sureste de lo que hoy se conoce como el centro
urbano de San Antonio en Texas.

118
y a mí y a Castillo en casa de otro.251 Estos tienen otra lengua252
y llámanse avavares, y son aquellos que solían llevar los arcos a
los nuestros e iban a contratar con ellos; y aunque son de otra
nación y lengua, entienden la lengua de aquéllos con quien
antes estábamos, y aquel mismo día habían llegado allí con sus
casas. Luego el pueblo nos ofreció muchas tunas, porque ya ellos
tenían noticia de nosotros y cómo curábamos, y de las maravillas
que nuestro Señor con nosotros obraba,253 que, aunque no
hubiera otras, harto grandes eran abrirnos caminos por tierra
tan despoblada,254 y darnos gente por donde muchos tiempos
no la había, y librarnos de tantos peligros, y no permitir que
nos matasen, y sustentarnos con tanta hambre, y poner aquellas
gentes en corazón que nos tratasen bien, como adelante diremos.

251 A partir de su fama de médicos curanderos, los indios ya no se los


reparten como esclavos como sucedió en todas las experiencias anteriores. De
esclavos pasan a ser físicos, sin mediaciones y sin ser considerados por los
nativos, en ningún momento, hombres iguales a ellos. Esto marca un cambio
fundamental en las condiciones de vida de estos españoles. Recordemos –por
propia observación de Núñez– que los chamanes tenían mayor libertad dentro
de sus tribus.
252 Según Ferrando (1984: 82), es la lengua toncava.
253 No se comprende cómo es que llegaron, a oídos de los avavares, las
noticias de las curaciones realizadas por los españoles en Mal Hado, salvo que
tuviesen contactos e intercambios con los carancaguas o que el relato haya
elidido ciertas curaciones ejercidas entre los mariames.
254 Por “poblada” se entendía la tierra que fuese habitada por comunidades
sedentarias con edificaciones que conformaran ciudades o villas.

119
Capítulo XXI
De cómo curamos aquí unos dolientes

Aquella misma noche que llegamos vinieron unos indios


a Castillo, y dijéronle que estaban muy malos de la cabeza,
rogándole que los curase; y después que los hubo santiguado y
encomendado a Dios, en aquel punto los indios dijeron que todo
el mal se les había quitado; y fueron a sus casas y trajeron muchas
tunas y un pedazo de carne de venado, cosa que no sabíamos
qué cosa era; y como esto entre ellos se publicó,255 vinieron otros
muchos enfermos en aquella noche a que los sanase, y cada
uno traía un pedazo de venado; y tantos eran, que no sabíamos
adónde poner la carne. Dimos muchas gracias a Dios porque
cada día iba creciendo su misericordia y mercedes; y después que
se acabaron las curas comenzaron a bailar y hacer sus areitos y
fiestas, hasta otro día que el sol salió; y duró la fiesta tres días
por haber nosotros venido, y al cabo de ellos les preguntamos
por la tierra adelante, y por la gente que en ella hallaríamos, y
los mantenimientos que en ella había. Respondiéronnos que por
toda aquella tierra había muchas tunas, mas que ya eran acabadas,
y que ninguna gente había, porque todos eran idos a sus casas,
con haber ya cogido las tunas; y que la tierra era muy fría y en ella
había muy pocos cueros. Nosotros viendo esto, que ya el invierno
y tiempo frío entraba, acordamos de pasarlo con éstos. A cabo
de cinco días que allí habíamos llegado se partieron a buscar
otras tunas adonde había otra gente de otras naciones y lenguas.
Y andadas cinco jornadas con muy grande hambre, porque en
el camino no había tunas ni otra fruta ninguna, llegamos a un
río,256 donde asentamos nuestras casas, y después de asentadas
fuimos a buscar una fruta de unos árboles, que es como hieros;257
255 Publicar: hacer notoria y patente, por voz de pregonero o por otros
medios, alguna cosa que se desea venga a noticia de todos. (DAut 1737: 420-
2)
256 Quizás se trate del río Colorado (Covey), el San Antonio o el San
Marcos de Guadalupe (Hodge).
257 Hiero, yero o yervo: especie de planta pequeña, sutil y de hojas angostas
cuya semilla (que es lo que propiamente llaman Yervos) está encerrada en unas

120
y como por toda esta tierra no hay caminos, yo me detuve más
en buscarla; la gente se volvió, y yo quedé solo, y viniendo a
buscarlos aquella noche me perdí, y plugo a Dios que hallé un
árbol ardiendo, y al fuego de él pasé aquel frío aquella noche, y
a la mañana yo me cargué la leña y tomé dos tizones, y volví a
buscarlos, y anduve de esta manera cinco días, siempre con mi
lumbre y carga de leña, 258 porque si el fuego se me matase en
parte donde no tuviese leña, como en muchas partes no la había,
tuviese de qué hacer otro tizones y no me quedase sin lumbre,
porque para el frío yo no tenía otro remedio, por andar desnudo
como nací. Y para las noches yo tenía este remedio, que me iba
a las matas del monte, que estaban cerca de los ríos, y paraba en
ellas antes que el sol se pusiese, y en la tierra hacía un hoyo y en
él echaba mucha leña, que se cría en muchos árboles, de que por
allí hay muy gran cantidad y juntaba mucha leña de la que estaba
caída y seca de los árboles, y al derredor de aquel hoyo hacía
cuatro fuegos en cruz, y yo tenía cargo y cuidado de rehacer el
fuego de rato en rato, y hacía unas gavillas de paja larga que por
allí hay, con que me cubría en aquel hoyo, y de esta manera me
amparaba del frío de las noches; y una de ellas el fuego cayó en
la paja con que yo estaba cubierto, y estando yo durmiendo en el
hoyo, comenzó a arder muy recio, y por mucha prisa que yo me
di a salir, todavía saqué señal en los cabellos del peligro en que
había estado. En todo este tiempo no comí bocado ni hallé cosa
que pudiese comer; y como traía los pies descalzos, corrióme de
ellos mucha sangre,259 y Dios usó conmigo de misericordia, que
vainillas a manera de las arvejas, y de ellas se hace la harina llamada Ervina.
(DAut 1739: 544-1)
258 A partir de aquí, se refuerza la dimensión mesiánica que aparecía
dispersa en toda la obra. Este episodio –que no aparece en Oviedo– es
altamente alegórico y alude al imaginario cristiano, muy presente en los
hombres occidentales del siglo XVI. El pasaje bíblico fuente es el de la
aparición de Dios a Moisés en una zarza que ardía sin consumirse (Éxodo 3,
12). En él, Moisés encuentra la manifestación sobrenatural yendo “más allá
del desierto”. Por medio de ella, Yahvé le anuncia que debe liberar al pueblo
judío de la aflicción a la que lo tenían sometido los egipcios: “Moisés dijo a
Dios: «¿Y quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?»
Dios le dijo: «Yo estaré contigo y ésta [la zarza ardiente] será la señal de que soy
yo quien te envía. (…) Yo haré que, cuando salgáis, no salgáis con las manos
vacías.»”.
259 La imagen de los fuegos en cruz es también alegórica y tiene
resonancias bíblicas. La “señal” en los cabellos y las heridas en los pies, del

121
en todo este tiempo no ventó el norte, porque de otra manera
ningún remedio había de yo vivir. Y a cabo de cinco días llegué
a una ribera de un río, donde yo hallé a mis indios, que ellos y
los cristianos me contaban ya por muerto, y siempre creían que
alguna víbora me había mordido.260 Todos hubieron gran placer
de verme, principalmente los cristianos, y me dijeron que hasta
entonces habían caminado con mucha hambre, que ésta era la
causa que no me habían buscado; y aquella noche me dieron de
las tunas que tenían, y otro día partimos de allí, y fuimos donde
hallamos muchas tunas, con que todos satisficieron su gran
hambre, y nosotros dimos muchas gracias a nuestro Señor porque
nunca nos faltaba remedio.261

mismo modo, se vinculan simbólicamente con los martirios padecidos en el


camino de peregrinación por los personajes de la literatura de las Vidas de
Santos.
260 El episodio sucede entre octubre de 1534 y junio de 1535. Núñez
se reencuentra con sus compañeros cerca de la cuenca del río Colorado o del
río Nueces, luego de haberse extraviado cerca del valle del río Llanos y sus
afluentes.
261 Luego del fuerte mesianismo del capítulo, éste se cierra con una
simbólica “multiplicación de las tunas”.

122
Capítulo XXII
Cómo otro día nos trajeron otros enfermos

Otro día de mañana vinieron allí muchos indios y traían cinco


enfermos que estaban tullidos y muy malos, y venían en busca de
Castillo que los curase, y cada uno de los enfermos ofreció su arco
y flechas, y él los recibió, y a puesta de sol los santiguó y encomendó
a Dios nuestro Señor, y todos le suplicamos con la mejor manera
que podíamos les enviase salud, pues él veía que no había otro
remedio para que aquella gente nos ayudase y saliésemos de tan
miserable vida. Y él lo hizo tan misericordiosamente, que venida
la mañana, todos amanecieron tan buenos y sanos, y se fueron
tan recios como si nunca hubieran tenido mal ninguno. Esto
causó entre ellos muy gran admiración, y a nosotros despertó que
diésemos muchas gracias a nuestro Señor, a que más enteramente
conociésemos su bondad, y tuviésemos firme esperanza que nos
había de librar y traer donde le pudiésemos servir. Y de mí sé
decir que siempre tuve esperanza en su misericordia que me
había de sacar de aquella cautividad, y así yo lo hablé siempre
a mis compañeros. Como los indios fueron idos y llevaron sus
indios sanos, partimos donde estaban otros comiendo tunas, y
éstos se llaman cutalches262 y malicones, que son otras lenguas,
y junto con ellos había otros que se llamaban coayos y susolas, y
de otra parte otros llamados atayos,263 y estos tenían guerra con
los susolas, con quien se flechaban cada día. Y como por toda la
tierra no se hablase sino de los misterios que Dios nuestro Señor
con nosotros obraba, venían de muchas partes a buscarnos para
que los curásemos, y a cabo de dos días que allí llegaron, vinieron
a nosotros unos indios de los susolas y rogaron a Castillo que
fuese a curar un herido y otros enfermos, y dijeron que entre ellos
quedaba uno que estaba muy al cabo. Castillo era médico muy
262 Cutalches o cutalchiches eran, según lo fundamenta Pupo-Walker
(1992: 269), el extendido y variado clan coahuilteca.
263 Todos pertenecían a la familia lingüística de los coahuiltecas. Los
cutalches habitaban las regiones cercanas a los avavares, según información
de Pupo-Walker. Para Ferrando (1984), en cambio, estaban más bien
emparentados con la familia de los cado-avavar.

123
temeroso, principalmente cuando las curas eran muy temerosas
y peligrosas, y creía que sus pecados habían de estorbar que no
todas veces sucediese bien el curar. Los indios me dijeron que yo
fuese a curarlos, porque ellos me querían bien y se acordaban que
les había curado en las nueces, y por aquello nos habían dado
nueces y cueros; y esto había pasado cuando yo vine a juntarme
con los cristianos;264 y así hube de ir con ellos, y fueron conmigo
Dorantes y Estebanico, y cuando llegué cerca de los ranchos
que ellos tenían, yo vi el enfermo que íbamos a curar que estaba
muerto, porque estaba mucha gente al derredor de él llorando
y su casa deshecha, que es señal que el dueño estaba muerto. Y
así, cuando yo llegué hallé el indio los ojos vueltos y sin ningún
pulso, y con todas las señales de muerto, según a mí me pareció, y
lo mismo dijo Dorantes. Yo le quité una estera que tenía encima,
con que estaba cubierto, y lo mejor que pude apliqué a nuestro
Señor fuese servido de dar salud a aquél y a todos los otros que de
ella tenían necesidad. Y después de santiguado y soplado muchas
veces,265 me trajeron un arco y me lo dieron, y una sera de tunas
molidas, y lleváronme a curar a otros muchos que estaban malos
de modorra,266 y me dieron otras dos seras de tunas, las cuales
di a nuestros indios, que con nosotros habían venido; y, hecho
esto, nos volvimos a nuestro aposento, y nuestros indios, a quien
di las tunas, se quedaron allá; y a la noche se volvieron a sus
casas, y dijeron que aquel que estaba muerto y yo había curado en
presencia de ellos, se había levantado bueno y se había paseado,
y comido, y hablado con ellos, y que todos cuantos había curado

264 Por esta referencia, puede afirmarse que Núñez efectivamente realizó
curaciones entre los mariames.
265 Varios son los estudiosos (Pranzetti, 1993 y Lafaye, 1984, entre
otros) de la obra de Núñez que advierten el mestizaje cultural y religioso
evidente en este modo de curación descripto por el autor. El sincretismo
fusiona la fe cristiana con la superstición indígena de resultados médicos.
Manifiesta un proceso de aculturación que es resultado del encuentro de
las culturas y que modifica los comportamientos. Finalmente, como señala
Jacques Lafaye (1984), la creencia pagana, que solía estar vinculada con las
influencias demoníacas a través de la magia, es causa, en el relato Núñez, del
milagro cristiano. El mestizaje es, también, lo que posibilita la supervivencia y
la libertad.
266 Modorra: accidente que consiste en una gran pesadez de sueño
violento. Especie de letargo, aunque no tan peligroso. (DAut 1734: 585-2)

124
quedaban sanos y muy alegres.267
Esto causó muy gran admiración y espanto, y en toda la
tierra no se hablaba en otra cosa. Todos aquellos a quien esta
fama llegaba nos venían a buscar para que los curásemos y
santiguásemos sus hijos. Y cuando los indios que estaban en
compañía de los nuestros, que eran los cutalchiches, se hubieron
de ir a su tierra, antes que se partiesen nos ofrecieron todas las
tunas que para su camino tenían, sin que ninguna les quedase,
y diéronnos pedernales268 tan largos como palmo y medio,
con que ellos cortan, y es entre ellos cosa de muy gran estima.
Rogáronnos que nos acordásemos de ellos y rogásemos a Dios
que siempre estuviesen buenos, y nosotros se lo prometimos;
y con esto partieron los más contentos hombres del mundo,
habiéndonos dado todo lo mejor que tenían. Nosotros estuvimos
con aquellos indios avavares ocho meses, y esta cuenta hacíamos
por las lunas. En todo este tiempo nos venían de muchas partes
a buscar, y decían que verdaderamente nosotros éramos hijos
del Sol.269 Dorantes y el negro hasta allí no habían curado; mas
por la mucha importunidad que teníamos, viniéndonos de
muchas partes a buscar, venimos todos a ser médicos, aunque en
atrevimiento y osar acometer cualquier cura era yo más señalado
entre ellos, y ninguno jamás curamos que no nos dijese que
quedaba sano. Y tanta confianza tenían que habían de sanar si
nosotros los curásemos, que creían que en tanto que allí nosotros
estuviésemos ninguno había de morir.
267 La eficacia y la diligencia atribuidas por el narrador a sí mismo
como protagonista del relato tienen su punto cúlmine en la concreción de
una resucitación, gracia que el cristianismo sólo consideraba posible en un
santo. Mientras que Castillo era “temeroso” y pecador, el personaje de Núñez
se muestra como elegido por la Providencia Divina por sus capacidades y
entereza moral.
268 Pedernal: piedra dura y como transparente que, herida con el acero,
arroja chispas y por eso usan de ella en las armas de fuego, labrada y cortada a
este intento. (DAut 1737: 181-1)
269 Desde la llegada de Cristóbal Colón a América, los cronistas recogen
estas representaciones idealizadas –no del todo comprendidas, quizás– que los
indios elaboraron sobre los conquistadores. Entre otros, fueron considerados
“hombres venidos del cielo” por los indios antillanos, según el relato de Colón;
Hernán Cortés fue identificado con el dios Quetzalcóatl por los indios mexicas
(o aztecas); Antonio Pigafetta comenta que uno de los indios patagones señaló
con el dedo hacia arriba queriendo significar que entendía que los españoles
provenían del cielo.

125
Estos y los de más atrás nos contaron una cosa muy extraña,
y por la cuenta que nos figuraron parecía que había quince o
diez y seis años que había acontecido, que decían que por aquella
tierra anduvo un hombre, que ellos llaman Mala Cosa, y que era
pequeño de cuerpo, y que tenía barbas, aunque nunca claramente
le pudieron ver el rostro, y que cuando venía a la casa donde estaban
se les levantaban los cabellos y temblaban, y luego parecía270 a la
puerta de la casa un tizón ardiendo.271 Y luego, aquel hombre
entraba y tomaba al que quería de ellos, y dábales tres cuchilladas
grandes por las ijadas con un pedernal muy agudo, tan ancho
como una mano y dos palmos en luengo, y metía la mano por
aquellas cuchilladas y sacábales las tripas; y que cortaba de una
tripa poco más o menos de un palmo, y aquello que cortaba
echaba en las brasas; y luego le daba tres cuchilladas en un brazo,
y la segunda daba por la sangradura y desconcertábaselo, y dende
a poco se lo tornaba a concertar y poníale las manos sobre las
heridas, y decíannos que luego quedaban sanos, y que muchas
veces cuando bailaban aparecía entre ellos, en hábito de mujer
unas veces, y otras como hombre; y cuando él quería, tomaba
el buhío o casa y subíala en alto, y dende a poco caía con ella y
daba muy gran golpe. También nos contaron que muchas veces le
dieron de comer y que nunca jamás comió; y que le preguntaban
dónde venía y a qué parte tenía su casa, y que les mostró una
hendidura de la tierra, y dijo que su casa era allá debajo. De estas
cosas que ellos nos decían, nosotros nos reíamos mucho, burlando
de ellas; y como ellos vieron que no lo creíamos, trajeron muchos
de aquéllos que decían que él había tomado, y vimos las señales
de las cuchilladas que él había dado en los lugares en la manera
que ellos contaban. Nosotros les dijimos que aquél era un malo,
y de la mejor manera que pudimos les dábamos a entender que
si ellos creyesen en Dios nuestro Señor y fuesen cristianos como
nosotros, no tendrían miedo de aquel, ni él osaría venir a hacerles
aquellas cosas; y que tuviesen por cierto que en tanto que nosotros
en la tierra estuviésemos él no osaría parecer en ella. De esto se
holgaron ellos mucho y perdieron mucha parte del temor que
270 Parecer: aparecer o dejar ver alguna cosa. (DAut 1737: 127-1)
271 Escritura paratáctica de Cabeza de Vaca que se sirve del polisíndeton
para remedar la oralidad original de la narración del episodio.

126
tenían.272
Estos indios nos dijeron que habían visto al asturiano y a
Figueroa con otros, que adelante en la costa estaban, a quien
nosotros llamábamos de los higos. Toda esta gente no conocía los
tiempos por el Sol ni la Luna, ni tienen cuenta del mes del año,
y más entienden y saben las diferencias de los tiempos cuando las
frutas vienen a madurar, y en tiempo que muere el pescado273 y
el aparecer de las estrellas, en que son muy diestros y ejercitados.
Con estos siempre fuimos bien tratados, aunque lo que habíamos
de comer lo cavábamos, y traíamos nuestras cargas de agua y
leña. Sus casas y mantenimientos son como las de los pasados,
aunque tienen muy mayor hambre, porque no alcanzan274 maíz
ni bellotas ni nueces. Anduvimos siempre en cueros como ellos,
y de noche nos cubríamos con cueros de venado. De ocho meses
que con ellos estuvimos, los seis padecimos mucha hambre, que
tampoco alcanzan pescado. Y al cabo de este tiempo275 ya las tunas
comenzaban a madurar, y sin que de ellos fuésemos sentidos nos
fuimos a otros que adelante estaban, llamados maliacones;276
éstos estaban una jornada de allí, donde yo y el negro llegamos.
A cabo de los tres días envié que trajese a Castillo y a Dorantes;
y venidos, nos partimos todos juntos con los indios, que iban a
comer una frutilla de unos árboles, de que se mantienen diez o
272 Varios son los elementos de este episodio intercalado que autorizan
una asociación entre las experiencias y el estado en que se encuentran los
sobrevivientes españoles, y las descripciones del personaje legendario de
Mala Cosa. Éste –podríamos aventurar– es casi una parodia de aquellos: sus
curaciones, falta de comida, los pedernales, los tizones de fuego (Gómara
explica de los físicos de esta región: “curan con botones de fuego” [1979: 68]),
los pozos en los que dormían, la barba, el miedo que generaban y lo femenil:
como trabajar arduamente, ser esclavos y mercaderes, propio de mujeres indias.
Para Adorno (1992 y 1993), el mito condensa el miedo de los indios a lo
extranjero. Para Margo Glantz (2006), Mala Cosa es también una proyección
elaborada por los propios españoles sobre sí mismos. Ni este episodio ni el
de la resucitación del indio aparecen en la Historia General de Fernández de
Oviedo.
273 Para los comentaristas de Naufragios como Pupo-Walker (1992: 256),
no está claro el significado de la frase. Pudo referirse a épocas de sequía en que
algunas corrientes de los afluentes quedaban interrumpidas o al invierno, en
que las aguas poco profundas se congelaban.
274 Alcanzar: metafóricamente vale lo mismo que tener, conseguir,
poseer o gozar. (DAut 1726: 180-1)
275 Quizás en agosto de 1535.
276 Los maliacones eran una tribu también de la rama de los coahuiltecas.

127
doce días, entretanto que las tunas vienen. Y allí se juntaron con
estos otros indios que se llamaban arbadaos, y a éstos hallamos
muy enfermos y flacos e hinchados; tanto que nos maravillamos
mucho, y los indios con quien habíamos venido se vinieron por el
mismo camino. Y nosotros les dijimos que nos queríamos quedar
con aquéllos, de que ellos mostraron pesar; y así, nos quedamos
en el campo con aquéllos, cerca de aquellas casas, y cuando ellos
nos vieron, juntáronse después de haber hablado entre sí, y cada
uno de ellos tomó el suyo por la mano y nos llevaron a sus casas.
Con éstos padecimos más hambre que con los otros, porque en
todo el día no comíamos más de dos puños de aquella fruta, la
cual estaba verde; tenía tanta leche, que nos quemaba las bocas; y
con tener falta de agua, daba mucha sed a quien la comía. Y como
la hambre fuese tanta, nosotros comprámosles dos perros277 y a
trueco de ellos les dimos unas redes y otras cosas, y un cuero con
que yo me cubría.
Ya he dicho cómo por toda esta tierra anduvimos desnudos; y
como no estábamos acostumbrados a ello, a manera de serpientes
mudábamos los cueros dos veces en el año, y con el sol y el aire
hacíansenos en los pechos y en las espaldas unos empeines muy
grandes, de que recibíamos muy gran pena por razón de las muy
grandes cargas que traíamos, que eran muy pesadas; y hacían que
las cuerdas se nos metían por los brazos. La tierra es tan áspera y tan
cerrada, que muchas veces hacíamos leña en montes, que cuando
la acabábamos de sacar nos corría por muchas partes sangre, de las
espinas y matas con que topábamos, que nos rompían por donde
alcanzaban. A las veces aconteció hacer leña donde, después de
haberme costado mucha sangre, no la podía sacar ni a cuestas
ni arrastrando. No tenía, cuando en estos trabajos me veía, otro
remedio ni consuelo sino pensar en la pasión de nuestro redentor
Jesucristo y en la sangre que por mí derramó, y considerar cuánto
más sería el tormento que de las espinas él padeció que no aquél
que yo sufría.278 Contrataba279 con estos indios haciéndoles
277 Probablemente, se trate de coyotes domesticados, abundantes en
estas regiones.
278 El paralelismo establecido con la Vita Christi (vida de Cristo) es
innegable.
279 Contrataba: comerciaba o hacía trueques.

128
peines, y con arcos y con flechas y con redes hacíamos esteras,
que son cosas de que ellos tienen mucha necesidad; y aunque lo
saben hacer, no quieren ocuparse en nada, por buscar entretanto
qué comer, y cuando entienden en esto pasan muy gran hambre.
Otras veces me mandaban raer280 cueros y ablandarlos. Y la mayor
prosperidad en que yo allí me vi era el día que me daban a raer
alguno, porque yo lo raía mucho y comía de aquellas raeduras, y
aquello me bastaba para dos o tres días. También nos aconteció
con estos y con los que atrás hemos dejado, darnos un pedazo de
carne y comérnoslo así crudo, porque si lo pusiéramos a asar, el
primer indio que llegaba se lo llevaba y comía. Parecíanos que no
era bien ponerla en esta ventura y también nosotros no estábamos
tales, que nos dábamos pena comerlo asado, y no lo podíamos
tan bien pasar como crudo.281 Esta es la vida que allí tuvimos, y
aquel poco sustentamiento lo ganábamos con los rescates que por
nuestras manos hicimos.

280 Raer: quitar, como cortando y raspando, la superficie de alguna cosa


con instrumentos ásperos y cortantes. (DAut 1737: 482-2)
281 En este punto, los sobrevivientes se han transformado en la otredad
de sí mismos o, más específicamente, en la otredad del autor. Narrador
y personaje, tan compenetrados en las autorrepresentaciones valorativas,
emergen como figuras distintas en el texto, aunque se comprenden a pesar de
la distancia temporal y cultural que los separa al momento de la escritura.

129
Capítulo XXIII
Cómo nos partimos después de haber comido los perros

Después que comimos los perros, pareciéndonos que


teníamos algún esfuerzo para poder ir adelante, encomendámonos
a Dios nuestro Señor para que nos guiase, nos despedimos de
aquellos indios, y ellos nos encaminaron a otros de su lengua
que estaban cerca de allí.282 E yendo por nuestro camino llovió, y
todo aquel día anduvimos con agua, y allende de esto, perdimos
el camino y fuimos a parar a un monte muy grande, y cogimos
muchas hojas de tunas y asámoslas aquella noche en un horno
que hicimos, y dímosles tanto fuego, que a la mañana estaban
para comer. Y después de haberlas comido encomendámonos a
Dios y partímonos, y hallamos el camino que perdido habíamos.
Y pasado el monte, hallamos otras casas de indios; y llegados
allá, vimos dos mujeres y muchachos, que se espantaron,283
que andaban por el monte, y en vernos huyeron de nosotros y
fueron a llamar a los indios que andaban por el monte. Y venidos,
paráronse a mirarnos detrás de unos árboles, y llamámosles y
allegáronse con mucho temor; y después de haberlos hablado,
nos dijeron que tenían mucha hambre, y que cerca de allí estaban
muchas casas de ellos propios, y dijeron que nos llevarían a
ellas. Y aquella noche llegamos adonde había cincuenta casas, y
se espantaban de vernos y mostraban mucho temor; y después
que estuvieron algo sosegados de nosotros, allegábannos
con las manos al rostro y al cuerpo, y después traían ellos sus
mismas manos por su caras y sus cuerpos, y así estuvimos aquella
noche; y venida la mañana, trajéronnos los enfermos que tenían
rogándonos que los santiguásemos, y nos dieron de lo que tenían

282 Aquí, Núñez debe encontrarse en la confluencia entre los ríos


Conchos –afluente del Río Bravo o Grande– y Colorado. El derrotero del
viaje, especialmente a partir de aquí, sigue las rutas elegidas por los indios, las
que los españoles siguen por beneficio propio.
283 Es acertada la hipótesis de Rolena Adorno (1993) sobre la “negociación
del miedo”: ante la amenaza que los hombres blancos y negro representaban
para los indios, las curaciones y el “hacerlos físicos” corroboraban las creencias
nativas y apaciguaban sus temores.

130
para comer, que eran hojas de tunas y tunas verdes asadas. Y por
el buen tratamiento que nos hacían, y porque aquello que tenían
nos lo daban de buena gana y voluntad, y holgaban de quedar sin
comer por dárnoslo, estuvimos con ellos algunos días. Y estando
allí, vinieron otros de más adelante. Cuando se quisieron partir
dijimos a los primeros que nos queríamos ir con aquéllos. A ellos
les pesó mucho, y rogáronnos muy ahincadamente que no nos
fuésemos, y al fin nos despedimos de ellos, y los dejamos llorando
por nuestra partida, porque les pesaba mucho en gran manera.

131
Capítulo XXIV
De las costumbres de los indios de aquella tierra

Desde la isla de Mal Hado, todos los indios que a esta tierra
vimos tienen por costumbre desde el día que sus mujeres se
sienten preñadas no dormir juntos hasta que pasen dos años que
han criado los hijos, los cuales maman hasta que son de edad
de doce años; que ya entonces están en edad que por sí saben
buscar de comer. Preguntámosles que por qué los criaban así,
y decían que por la mucha hambre que en la tierra había, que
acontecía muchas veces, como nosotros veíamos, estar dos o tres
días sin comer, y a las veces cuatro; y por esta causa los dejaban
mamar, porque en los tiempos de hambre no muriesen; y ya que
algunos escapasen, saldrían muy delicados y de pocas fuerzas. Y si
acaso acontece caer enfermos algunos, déjanlos morir en aquellos
campos si no es hijo, y todos los demás si no pueden ir con ellos se
quedan; mas para llevar un hijo o hermano, se cargan y lo llevan a
cuestas. Todos éstos acostumbran dejar sus mujeres cuando entre
ellos no hay conformidad, y se tornan a casar con quien quieren.
Esto es entre los mancebos, mas los que tienen hijos permanecen
con sus mujeres y no las dejan, y cuando en algunos pueblos
riñen y traban cuestiones unos con otros, apuñéanse y apaléanse
hasta que están muy cansados, y entonces se desparten.284 Algunas
veces los desparten mujeres, entrando entre ellos, que hombres
no entran a despartirlos; y por ninguna pasión que tengan no
meten en ella arcos ni flechas.285 Y desde que se han apuñeado y
pasado su cuestión, toman sus casas y mujeres, y vanse a vivir por
los campos y apartados de los otros, hasta que se les pasa el enojo.
Y cuando ya están desenojados y sin ira, tórnanse a su pueblo, y
de ahí adelante son amigos como si ninguna cosa hubiera pasado
entre ellos, ni es menester que nadie haga las amistades, porque
de esta manera se hacen. Y si los que riñen no son casados, vanse
284 Despartir: vale por poner paz entre los que riñen o contienden,
apartándolos y dividiéndolos para que no se ofendan. (DAut 1732: 209-2)
285 Se entiende que, cuando riñen entre miembros de la tribu, no
utilizan armas.

132
a otros sus vecinos, y aunque sean sus enemigos, los reciben bien
y se huelgan mucho con ellos, y les dan de lo que tienen; de
suerte que, cuando es pasado el enojo, vuelven a su pueblo y
vienen ricos. Toda es gente de guerra y tienen tanta astucia para
guardarse de sus enemigos como tendrían si fuesen criados en
Italia y en continua guerra.286 Cuando están en parte que sus
enemigos los pueden ofender, asientan sus casas a la orilla del
monte más áspero y de mayor espesura que por allí hallan, y
junto a él hacen un foso, y en éste duermen. Toda la gente de
guerra está cubierta con leña menuda, y hacen sus saeteras,287 y
están tan cubiertos y disimulados, que aunque estén cabe288 ellos
no los ven, y hacen un camino muy angosto y entra hasta en
medio del monte, y allí hacen lugar para que duerman las mujeres
y niños, y cuando viene la noche encienden lumbres en sus casas
para que si hubiere espías crean que están en ellas, y antes del
alba tornan a encender los mismos fuegos; y si acaso los enemigos
vienen a dar en las mismas casas, los que están en el foso salen
a ellos y hacen desde las trincheras mucho daño, sin que los de
fuera los vean ni los puedan hallar. Y cuando no hay montes en
que ellos puedan de esta manera esconderse y hacer sus celadas,
asientan en llano en la parte que mejor les parece y cércanse de
trincheras cubiertas de leña menuda y hacen sus saeteras, con que
flechan a los indios, y estos reparos289 hacen para de noche.290
Estando yo con los de aguenes, no estando avisados, vinieron
sus enemigos a media noche y dieron en ellos y mataron tres e
hirieron otros muchos; de suerte que huyeron de sus casas por
286 Se cree que Cabeza de Vaca alude aquí a sus probables experiencias
militares en Italia como parte del ejército español que intervino en la batalla
de Ravena de 1512 (véase Presentación en esta edición).
287 Saetera: una ventanilla angosta que hacían en las torres y muralla para
disparar saetas estando ocultos. (DAut 1739: 16-2)
288 Cabe: cerca de, junto a. (DRAE)
289 Reparo: se toma también por cualquier cosa que se pone por defensa
o resguardo. (DAut 1737: 578-1)
290 Toda esta información, si para un lector de hoy pueden ser meros
datos etnográficos de las costumbres de los indios, para un cronista del siglo
XVI enviado a las Indias, en cambio, significaba responder a su obligación
de informar a la Corona española sobre las costumbres guerreras nativas
para avanzar –en un futuro– con el proceso de conquista (pacífica o no).
El ofrecimiento de este servicio era ya un tópico común en libros de viaje,
tratados y relaciones medievales sobre tierras remotas.

133
el monte adelante, y desde que sintieron que los otros se habían
ido, volvieron a ellas y recogieron todas las flechas que los otros
les habían echado, y lo más encubiertamente que pudieron los
siguieron, y estuvieron aquella noche sobre sus casas sin que
fuesen sentidos, y al cuarto del alba les acometieron y les mataron
cinco, sin otros muchos que fueron heridos, y les hicieron huir
y dejar sus casas y arcos, con toda su hacienda. Y de ahí a poco
tiempo vinieron las mujeres de los que llamaban quevenes,291 y
entendieron entre ellos y los hicieron amigos, aunque algunas
veces ellas son principio de la guerra. Todas estas gentes, cuando
tienen enemistades particulares, cuando no son de una familia,
se matan de noche por asechanzas y usan unos con otros grandes
crueldades.

291 Aguenes y quevenes eran clanes afines a la cultura coahuilteca.

134
Capítulo XXV
Cómo los indios son prestos a un arma

Ésta es la más presta gente para un arma de cuantas yo he


visto en el mundo, porque si se temen de sus enemigos, toda la
noche están despiertos con sus arcos a par292 de sí y una docena de
flechas; el que duerme tienta su arco, y si no lo halla en cuerda le
da la vuelta que ha menester. Salen muchas veces fuera de las casas
bajados por el suelo, de arte que no pueden ser vistos, y miran y
atalayan por todas partes para sentir lo que hay; y si algo sienten,
en un punto son todos en el campo con sus arcos y sus flechas,
y así están hasta el día, corriendo a unas partes y otras, donde
ven que es menester o piensan que pueden estar sus enemigos.
Cuando viene el día tornan a aflojar sus arcos hasta que salen a
caza. Las cuerdas de los arcos son nervios de venados. La manera
que tienen de pelear es abajados por el suelo,293 y mientras se
flechan andan hablando y saltando siempre de un cabo para
otro, guardándose de las flechas de sus enemigos, tanto que en
semejantes partes pueden recibir muy poco daño de ballestas y
arcabuces. Antes los indios burlan de ellos, porque estas armas
no aprovechan para ellos en campos llanos, adonde ellos andan
sueltos; son buenas para estrechos y lugares de agua; en todo lo
demás, los caballos son los que han de sojuzgar y lo que los indios
universalmente temen. Quien contra ellos hubiere de pelear ha
de estar muy avisado que no le sientan flaqueza ni codicia de
lo que tienen, y mientras durare la guerra hanlos de tratar muy
mal; porque si temor les conocen o alguna codicia, ella es gente
que saben conocer tiempos en que vengarse y toman esfuerzo del
temor de los contrarios. Cuando se han flechado en la guerra y
gastado su munición, vuélvense cada uno su camino sin que los
unos sean muchos y los otros pocos, y ésta es costumbre suya.
Muchas veces se pasan294 de parte a parte con las flechas y no
292 A par: modo adverbial que vale “cerca” o “inmediatamente” a alguna
cosa o junto a ella. (DAut 1737: 116-2)
293 Los indios norteamericanos podían pelear de esta manera, porque
usaban el arco en posición horizontal.
294 Se pasan: se entiende por “son atravesados”.

135
mueren de las heridas si no toca en las tripas o en el corazón;
antes sanan presto. Ven y oyen más y tienen más agudo sentido
que cuantos hombres yo creo hay en el mundo.295 Son grandes
sufridores de hambre y sed y de frío, como aquellos que están más
acostumbrados y hechos a ello que otros. Esto he querido contar
porque allende que todos los hombres desean saber las costumbres
y ejercicios de los otros, los que algunas veces se vinieren a ver con
ellos estén avisados de sus costumbres y ardides, que suelen no
poco aprovechar en semejantes casos.296

295 Los comentarios acerca de particularidades físicas “diferentes” de


los indios son comunes entre los cronistas de Indias. Fernández de Oviedo
comenta, por ejemplo, que los indios de Centroamérica tenían los cascos de
sus cabezas más gruesos y, por esto, la capacidad para razonar más debilitada.
Antonio Pigafetta y los hombres de la expedición de Fernando Magallanes, por
su parte, estuvieron convencidos de que los indios de la región más al sur del
continente eran tan altos como gigantes.
296 Estas advertencias sobre la eficacia de ballestas, arcabuces, caballos
y el mostrarse sin temor confirman lo que planteamos en la nota 290 sobre
el servicio a la Corona para futuras conquistas. Es, del mismo modo, otro
aprendizaje más del mismo Álvar Núñez sobre los indios, que utiliza para
beneficio propio.

136
Capítulo XXVI
De las naciones y lenguas

También quiero contar sus naciones y lenguas, que desde la


isla de Mal Hado hasta los últimos hay. En la isla de Mal Hado
hay dos lenguas: a los unos llaman de Caoques297 y a los otros
llaman de Han. En la Tierra Firme, enfrente de la isla, hay otros
que se llaman de Chorruco, y toman el nombre de los montes
donde viven.
Adelante, en la costa del mar,298 habitan otros que se llaman
Doguenes, y enfrente de ellos otros que tienen por nombre
los de Mendica. Más adelante, en la costa, están los quevenes,
y enfrente de ellos, dentro de la Tierra Firme, los mariames; y
yendo por la costa adelante, están otros que se llaman guaycones,
y enfrente de éstos, dentro en la Tierra Firme, los iguaces. Cabo
de éstos están otros que se llaman atayos, y detrás de éstos, otros,
acubadaos, y de éstos hay muchos por esta vereda adelante. En la
costa viven otros llamados quitoles, y enfrente de éstos, dentro en
la Tierra Firme, los avavares. Con éstos se juntan los maliacones,
y otros cutalchiches, y otros que se llaman susolas,299 y otros que
se llaman comos, y adelante en la costa están los camoles, y en
la misma costa adelante, otros a quien nosotros llamamos los
de los higos. Todas estas gentes tienen habitaciones y pueblos y
lenguas diversas. Entre éstos hay una lengua en que llaman a los
hombres por mira acá; arre acá; a los perros, xo; en toda la tierra
se emborrachan con un humo,300 y dan cuanto tienen por él.
Beben también otra cosa que sacan de las hojas de los árboles,
como de encina, y tuéstanla en unos botes al fuego, y después que
la tienen tostada hinchan el bote de agua, y así lo tienen sobre el
fuego, y cuando ha hervido dos veces, échanlo en una vasija y
297 Tribus ubicadas entre los clanes carancaguas y coahuilteca.
298 En el golfo de México.
299 Los susolas parecen haber sido una rama de la cultura shoshon,
ubicada al centro y al norte de lo que hoy es el estado de Texas.
300 Puede tratarse del humo alucinógeno del peyote encendido, del
ilex cassine o del tabaco –desconocido en Europa hasta el Descubrimiento de
América y muy preciado por los indios y luego por los europeos.

137
están enfriándola con media calabaza, y cuando está con mucha
espuma bébenla tan caliente cuanto pueden sufrir, y desde que
la sacan del bote hasta que la beben están dando voces, diciendo
que ¿quién quiere beber?301 Y cuando las mujeres oyen estas
voces, luego se paran sin osarse mudar, y aunque estén mucho
cargadas, no osan hacer otra cosa, y si acaso alguna de ellas se
mueve, la deshonran y la dan de palos, y con muy gran enojo
derraman el agua que tienen para beber, y la que han bebido
la tornan a lanzar,302 lo cual ellos hacen muy ligeramente y sin
pena alguna. La razón de la costumbre dan ellos, y dicen que si
cuando ellos quieren beber aquella agua las mujeres se mueven
de donde les toma la voz, que en aquella agua se les mete en el
cuerpo una cosa mala y que dende a poco les hace morir, y todo
el tiempo que el agua está cociendo ha de estar el bote tapado,
y si acaso está destapado y alguna mujer pasa, lo derraman y no
beben más de aquella agua; es amarilla y están bebiéndola tres
días sin comer, y cada día bebe cada uno una arroba303 y media de
ella, y cuando las mujeres están en su costumbre304 no buscan de
comer más de para sí solas, porque ninguna otra persona come de
lo que ellas traen. En el tiempo que así estaba, entre éstos vi una
diablura, y es que vi un hombre casado con otro,305 y éstos son
unos hombres amarionados, impotentes, y andan tapados como
mujeres y hacen oficio de mujeres, y tiran arco y llevan muy gran
carga, y entre éstos vimos muchos de ellos así amarionados como
digo, y son más membrudos que los otros hombres y más altos;
sufren muy grandes cargas.306

301 Referencias al peyote secado, pulverizado y hecho bebida, o al té


negro.
302 Lanzar: se toma también por vomitar (DAut 1734: 361-1)
303 Arroba: es también medida para cosas líquidas, que en algunas partes
se llama cántara o cántaro, y contiene regularmente ocho azumbres [medida
de unos dos litros]. (DAut 1726: 415-2)
304 Se entiende que se refiere a la menstruación.
305 Nuevas referencias –quizás más piadosas– a la sodomía. El término
“amarionado” parece ser un andalucismo.
306 Esta recopilación de nombres y costumbres indígenas no aparece en
la versión del cronista Oviedo. Todo indica que fueron añadiduras posteriores
de Cabeza de Vaca que amplificaron el texto original con valiosa información
etnográfica.

138
Capítulo XXVII
De cómo nos mudamos y fuimos bien recibidos307

Después que nos partimos de los que dejamos llorando,


fuímonos con los otros a sus casas, y de los que en ellas estaban
fuimos bien recibidos y trajeron sus hijos para que les tocásemos
las manos, y dábannos mucha harina de mezquiquez.308 Este
mezquiquez es una fruta que cuando está en el árbol es muy
amarga, y es de la manera de algarrobas, y cómese con tierra, y con
ella está dulce y bueno de comer. La manera que tienen con ella es
ésta: que hacen un hoyo en el suelo, de la hondura que cada uno
quiere, y después de echada la fruta en este hoyo, con un palo tan
gordo como la pierna y de braza y media en largo, la muelen hasta
muy molida; y demás que se le pega de la tierra del hoyo, traen
otros puños309 y échanla en el hoyo y tornan otro rato a moler,
y después échanla en una vasija de madera de una espuerta, y
échanle tanta agua que basta a cubrirla, de suerte que quede agua
por cima, y el que la ha molido pruébala, y si le parece que no está
dulce, pide tierra y revuélvela con ella, y esto hace hasta que la
halla dulce, y siéntanse todos alrededor y cada uno mete la mano
y saca lo que puede, y las pepitas de ellas tornan a echar en aquella
espuerta, y echa agua como de primero, y tornan a exprimir el
zumo y agua que de ello sale, y las pepitas y cáscaras tornan a
poner en el cuero y de esta manera hacen tres o cuatro veces cada
moledura. Y los que en este banquete, que para ellos es muy
grande, se hallan, quedan las barrigas muy grandes, de la tierra y
agua que han bebido; y de esto nos hicieron los indios muy gran
fiesta, y hubo entre ellos muy grandes bailes y areitos en tanto que
307 La versión del cronista Oviedo menciona las curaciones y “milagros”
efectuados por los cuatro sobrevivientes españoles, pero no ofrece más
detalles sobre el tema. “Interrumpe” el relato y retoma el hilo al referirse a los
acontecimientos que se narran en este capítulo de Cabeza de Vaca.
308 Mezquiquez: harina de mezquite. La planta se encuentra
principalmente en las zonas áridas de México y Estados Unidos. Su harina
–importante fuente de proteínas– sirve para hacer pan y, mezclada, para hacer
vino o mermelada. En cambio, Ferrando (1984) y Barrera (1985), en cambio,
creen que se trata de la Inga fagifolia.
309 Puñados de harina.

139
allí estuvimos. Y cuando de noche dormíamos, a la puerta del
rancho donde estábamos nos velaban a cada uno de nosotros seis
hombres con gran cuidado, sin que nadie nos osase entrar dentro
hasta que el sol era salido310. Cuando nosotros nos quisimos partir
de ellos, llegaron allí unas mujeres de otros que vivían adelante;
e informados de ellas dónde estaban aquellas casas, nos partimos
para allá, aunque ellos nos rogaron mucho que por aquel día nos
detuviésemos, porque las casas adonde íbamos estaban lejos, y no
había camino para ellas, y que aquellas mujeres venían cansadas,
y descansando, otro día se irían con nosotros y nos guiarían,
y así nos despedimos. Y dende a poco las mujeres que habían
venido con otras del mismo pueblo, se fueron tras nosotros; mas
como por la tierra no había caminos, luego nos perdimos, y así
anduvimos cuatro leguas, y al cabo de ellas llegamos a beber a un
agua adonde hallamos las mujeres que nos seguían, y nos dijeron
el trabajo que habían pasado por alcanzarnos. Partimos de allí
llevándolas por guía311, y pasamos un río312 cuando ya vino la
tarde que nos daba el agua a los pechos; sería tan ancho como
el de Sevilla, y corría muy mucho, y a puesta de sol llegamos a
cien casas de indios; y antes que llegásemos salió toda la gente313
que en ellas había a recibirnos con tanta grita que era espanto,
y dando en los muslos grandes palmadas; traían las calabazas
horadadas, con piedras dentro, que es la cosa de mayor fiesta,314 y
no las sacan sino a bailar o para curar, ni las osa nadie tomar sino
ellos; y dicen que aquellas calabazas tienen virtud y que vienen
del cielo, porque por aquella tierra no las hay, ni saben dónde las

310 Núñez entiende que los indios los protegen de posibles agresores de
su propia tribu o de otras cercanas, pero también, los indios podrían estar
protegiéndose a sí mismos de los españoles, seres considerados poderosos y
extraños.
311 Las mujeres, al parecer, tenían, entre otras funciones, el encargo de
la comunicación entre las tribus, como se explica en los capítulos finales. El
rol principal y casi exclusivo de los hombres, salvo la de los físicos, parece que
debió haber sido la participación en la guerra.
312 Quizás se refiera al río Conchos o al Colorado.
313 Los nativos-guía que los acompañan, a partir de este momento, avisarán
antes, a las tribus, de la inminente llegada de Cabeza de Vaca y de sus compañeros
314 En Oviedo: “unos calabazos grandes llenos de pedrezuelas con que
ellos hacen sus areitos e músicas.” (1959: IV-306) Se refiere a lo que hoy –en
El Salvador, Honduras y México– se conoce como la planta guaje o huaje.

140
haya, sino que las traen los ríos315 cuando vienen de avenida.316
Era tanto el miedo y turbación que éstos tenían, que por llegar
más prestos los unos que los otros a tocarnos, nos apretaron
tanto que por poco nos hubieran de matar; y sin dejarnos poner
los pies en el suelo nos llevaron a sus casas, y tantos cargaban
sobre nosotros y de tal manera nos apretaban, que nos metimos
en las casas que nos tenían hechas, y nosotros no consentimos
en ninguna manera que aquella noche hiciesen más fiesta con
nosotros. Toda aquella noche pasaron entre sí en areitos y bailes,
y otro día de mañana nos trajeron toda la gente de aquel pueblo
para que los tocásemos y santiguásemos, como habíamos hecho
a los otros con quien habíamos estado. Y después de esto hecho,
dieron muchas flechas a las mujeres del otro pueblo que habían
venido con las suyas. Otro día partimos de allí y toda la gente del
pueblo fue con nosotros, y como llegamos a otros indios, fuimos
bien recibidos, como de los pasados; y así nos dieron de lo que
tenían y los venados que aquel día habían muerto. Y entre éstos
vimos una nueva costumbre, y es que los que venían a curarse,
los que con nosotros estaban les tomaban el arco y las flechas; y
zapatos y cuentas, si las traían; y después de haberlas tomado nos
las traían delante de nosotros para que los curásemos; y curados
se iban muy contentos, diciendo que estaban sanos. Así nos
partimos de aquéllos y nos fuimos a otros de quien fuimos muy
bien recibidos, y nos trajeron sus enfermos, que santiguándolos
decían que estaban sanos; y el que no sanaba creía que podíamos
sanarle,317 y con lo que los otros que curábamos les decían, hacían
tantas alegrías y bailes que no nos dejaban dormir.

315 Estos guajes fueron asociados por los indios con los españoles por sus
propiedades “similares”: sirven para areítos y para curar, tienen virtud y vienen
del cielo o de un lugar desconocido.
316 Avenida: impetuosa y súbita creciente del río u arroyo, por el
concurso de muchas aguas que los hacen salir de madre y correr con furia y
precipitadamente. (DAut 1726: 497-1)
317 Cabeza de Vaca vacila entre la comprobación de que, por intervención
divina, las curaciones son efectivas y, por otro lado, son producto de una
sugestión que resuelve psicosomáticamente la dolencia.

141
Capítulo XXVIII
De otra nueva costumbre

Partidos de éstos, fuimos a otras muchas casas, y desde aquí


comenzó otra nueva costumbre, y es que, recibiéndonos muy
bien, que los que iban con nosotros los comenzaron a hacer tanto
mal, que les tomaban las haciendas y les saqueaban las casas, sin
que otra cosa ninguna les dejasen. De esto nos pesó mucho, por
ver el mal tratamiento que a aquéllos que tan bien nos recibían
se hacía, y también porque temíamos que aquello sería o causaría
alguna alteración o escándalo entre ellos; mas como no éramos
parte para remediarlo, ni para osar castigar los que esto hacían y
hubimos por entonces de sufrir, hasta que más autoridad entre
ellos tuviésemos; y también los indios mismos que perdían la
hacienda, conociendo nuestra tristeza, nos consolaron, diciendo
que de aquello no recibiésemos pena; que ellos estaban tan
contentos de habernos visto, que daban por bien empleadas sus
haciendas, y que adelante serían pagados de otros que estaban
muy ricos. Por todo este camino teníamos muy gran trabajo,
por la mucha gente que nos seguía, y no podíamos huir de ella,
aunque lo procurábamos, porque era muy grande la prisa que
tenían por llegar a tocarnos; y era tanta la importunidad de ellos
sobre esto, que pasaban tres horas que no podíamos acabar con
ellos que nos dejasen. Otro día nos trajeron toda la gente del
pueblo, y la mayor parte de ellos son tuertos de nubes,318 y otros
de ellos son ciegos de ellas mismas, de que estábamos espantados.
Son muy bien dispuestos y de muy buenos gestos, más blancos
que otros ningunos de cuantos hasta allí habíamos visto.319 Aquí
empezamos a ver sierras,320 y parecía que venían seguidas de hacia
318 Quizás se refiera a la enfermedad de las cataratas o a la enfermedad
de la “blancura de ojos” manifiesta a través de manchas blanquecinas que se
forman en la capa exterior de la córnea de los ojos.
319 Según información recogida por Ferrando (1984), la descripción de
estos nativos responde al tipo shoshon, que ocupaba gran parte de la meseta
norteamericana.
320 Puede aludir a la cordillera Davis, entre la alta y la baja Guadalupe
y casi en lo que hoy es la frontera entre Estados Unidos y México; o, un poco
más al norte y al centro, entre el río Conchos y el Pecos.

142
el mar del Norte;321 y así, por la relación que los indios de esto
nos dieron, creemos que están quince leguas de la mar. De aquí
nos partimos con estos indios hacia estas sierras que decimos, y
lleváronnos por donde estaban unos parientes suyos, porque ellos
no nos querían llevar sino por donde habitaban sus parientes,
y no querían que sus enemigos alcanzasen tanto bien, como les
parecía que era vernos. Y cuando fuimos llegados, los que con
nosotros iban saquearon a los otros; y como sabían la costumbre,
primero que llegásemos escondieron algunas cosas; y después
que nos hubieron recibido con mucha fiesta y alegría, sacaron
lo que habían escondido y viniéronnoslo a presentar, y esto era
cuentas y almagra y algunas taleguillas322 de plata. Nosotros,
según la costumbre, dímoslo luego a los indios que con nosotros
venían, y cuando nos lo hubieron dado, comenzaron sus bailes
y fiestas, y enviaron a llamar otros de otro pueblo que estaba
cerca de allí, para que nos viniesen a ver, y a la tarde vinieron
todos, y nos trajeron cuentas y arcos, y otras cosillas, que también
repartimos. Y otro día, queriéndonos partir, toda la gente nos
quería llevar a otros amigos suyos que estaban a la punta de las
sierras, y decían que allí había muchas casas y gente, y que nos
darían muchas cosas; mas por ser fuera de nuestro camino no
quisimos ir a ellos, y tomamos por lo llano cerca de las sierras,
las cuales creíamos que no estaban lejos de la costa. Toda la
gente de ella es muy mala, y teníamos por mejor de atravesar
la tierra, porque la gente que está metida adentro es más bien
acondicionada,323 y tratábannos mejor, y teníamos por cierto que
hallaríamos la tierra más poblada y de mejores mantenimientos.
Lo último, hacíamos esto porque, atravesando la tierra, veíamos
muchas particularidades de ella; porque si Dios nuestro Señor
fuese servido de sacar alguno de nosotros, y traerlo a tierra de
cristianos, pudiese dar nuevas y relación de ella. Y como los indios
vieron que estábamos determinados de no ir por donde ellos nos

321 Quizás se refiera al Océano Pacífico.


322 Talega: saco o bolsa ancha y corta de lienzo, estopa u otra tela, que
sirve para llevar dentro las cosas de una parte a otra. (DAut 1739: 215-2)
323 Acondicionado/a: usado como adjetivo y con los adverbios bien, mal
u otros semejantes, sirve para explicar la condición o genio de alguno. (DAut
1770: 53-2)

143
encaminaban, dijéronnos que por donde nos queríamos ir no
había gente, ni tunas ni otra cosa alguna que comer, y rogáronnos
que estuviésemos allí aquel día, y así lo hicimos. Luego ellos
enviaron dos indios para que buscasen gente por aquel camino
que queríamos ir; y otro día nos partimos, llevando con nosotros
muchos de ellos, y las mujeres iban cargadas de agua, y era tan
grande entre ellos nuestra autoridad, que ninguno osaba beber sin
nuestra licencia. Dos leguas de allí topamos los indios que habían
ido a buscar la gente, y dijeron que no la hallaban; de lo que los
indios mostraron pesar, y tornáronnos a rogar que nos fuésemos
por la sierra.324 No lo quisimos hacer, y ellos, como vieron nuestra
voluntad, aunque con mucha tristeza, se despidieron de nosotros,
y se volvieron el río abajo a sus casas, y nosotros caminamos por
el río arriba, y desde a un poco topamos dos mujeres cargadas,
que como nos vieron, pararon y descargáronse, y trajéronnos
de lo que llevaban, que era harina de maíz,325 y nos dijeron
que adelante en aquel río hallaríamos casas y muchas tunas y
de aquella harina. Y así nos despedimos de ellas, porque iban a
los otros donde habíamos partido, y anduvimos hasta puesta de
sol, y llegamos a un pueblo de hasta veinte casas,326 adonde nos
recibieron llorando y con grande tristeza, porque sabían ya que
adonde quiera que llegábamos eran todos saqueados y robados de
los que nos acompañaban,327 y como nos vieron solos, perdieron
324 El cronista Oviedo comenta lo siguiente: “trabajaron mucho por los
llevar a la mar, porque allí se pensaban desquitar e satisfacer de lo que les
habían a ellos tomado.” (1959: IV-307)
325 Esta reaparición del maíz se da luego de seis años sin comerlo.
326 Pueden ser los indios ópatas, de la familia lingüística uto-azteca,
ubicados en parte en la cuenca del río Bavispe y hacia el extremo norte de
Sonora; o los indios Pueblos.
327 Oviedo creyó que: “hallaron los indios llorando de devoción”. Esta
consideración responde al tópico de la emoción mística, que resultaba de la
visión de la santidad. Cabeza de Vaca, en cambio, deja bien en claro que los
indios lloraban de tristeza, porque veían el peligro inminente de ser despojados
de todos sus bienes por los saqueadores que acompañaban a los españoles.
Paulatinamente, se ha operado una nueva transformación en estos cristianos.
Al llegar a este pueblo, ni siquiera realizan curaciones y, en cambio, representan
una amenaza. Creemos posible, entre otras hipótesis, que las noticias del
poderío conquistador español (que habían actuado en México especialmente)
ya para estos años se habían extendido entre los indios de Norteamérica
aún no colonizados. El temor al hombre blanco (y al negro) entre los indios
probablemente concluyó en la renuncia anticipada de éstos a toda resistencia
o combate, y también en el aprovechamiento –por parte de algunos– de la

144
el miedo, y diéronnos tunas, y no otra cosa ninguna. Estuvimos
allí aquella noche, y al alba los indios que nos habían dejado el
día pasado dieron en sus casas, y como los tomaron descuidados
y seguros, tomáronles cuanto tenían, sin que tuviesen lugar
donde esconder ninguna cosa; de que ellos lloraron mucho; y los
robadores, para consolarles, les decían que éramos hijos del sol,
y que teníamos poder para sanar los enfermos y para matarlos,328
y otras mentiras aún mayores que éstas, como ellos las saben
mejor hacer cuando sienten que les conviene. Y dijéronles que
nos llevasen con mucho acatamiento, y tuviesen cuidado de no
enojarnos en ninguna cosa, y que nos diesen todo cuanto tenían,
y procurasen de llevarnos donde había mucha gente, y que donde
llegásemos robasen ellos y saqueasen lo que los otros tenían,
porque así era costumbre.

situación: aliarse a los españoles para saquear y controlar la región.


328 Los indios reverencian o admiran a los españoles y, al mismo tiempo,
les temen. Como el mítico Mala Cosa, para los nativos, ellos tienen el poder
de dar y quitar la vida y la salud.

145
Capítulo XXIX
De cómo se robaban los unos a los otros

Después de haberlos informado y señalado bien lo que


habían de hacer, se volvieron, y nos dejaron con aquéllos; los
cuales, teniendo en la memoria lo que los otros les habían dicho,
nos comenzaron a tratar con aquel mismo temor y reverencia que
los otros, y fuimos con ellos tres jornadas, y lleváronnos adonde
había mucha gente. Y antes que llegásemos a ellos avisaron cómo
íbamos, y dijeron de nosotros todo lo que los otros les habían
enseñado, y añadieron mucho más, porque toda esta gente de
indios son grandes amigos de novelas329 y muy mentirosos,
mayormente donde pretenden algún interés. Y cuando llegamos
cerca de las casas, salió toda la gente a recibirnos con mucho
placer y fiesta, y entre otras cosas dos físicos de ellos nos dieron
dos calabazas, y de aquí comenzamos a llevar calabazas con
nosotros, y añadimos a nuestra autoridad esta ceremonia, que
para con ellos es muy grande.330 Los que nos habían acompañado
saquearon las casas; mas, como eran muchas y ellos pocos, no
pudieron llevar todo cuanto tomaron, y más de la mitad dejaron
perdido; y de aquí por la halda331 de la sierra nos fuimos metiendo
por la tierra adentro más de cincuenta leguas, y al cabo de ellas
hallamos cuarenta casas, y entre otras cosas que nos dieron, hubo
Andrés Dorantes un cascabel gordo, grande, de cobre,332 y en
él figurado un rostro, y esto mostraban ellos, que lo tenían en
mucho, y les dijeron que lo habían habido de otros sus vecinos;
y preguntándoles que dónde habían habido aquello, dijéronle
que lo habían traído de hacia el norte, y que allí había mucho,
y era tenido en gran estima; y entendimos que do quiera que

329 Novelas: se entiende por “fábulas” o “fabulaciones”.


330 Los españoles aprovechan la autoridad chamánica y el poder sobre
los indios que los guajes les brindan.
331 “Halda” se entiende por “falda”. La h aspirada es propia de la
ortografía andaluza y toledana.
332 Los indios del sudoeste desconocían la metalurgia. El objeto debió
proceder del Lago Superior, en donde sí hay fuentes de cobre.

146
aquello había venido, había fundición y se labraba de vaciado,333
y con esto nos partimos otro día, y atravesamos una sierra de
siete leguas,334 y las piedras de ella eran de escorias de hierro; y
a la noche llegamos a muchas casas que estaban asentadas a la
ribera de un muy hermoso río,335 y los señores de ellas salieron a
medio camino a recibirnos con sus hijos a cuestas, y nos dieron
muchas taleguillas de margarita336 y de alcohol molido,337 con
esto se untan ellos la cara; y dieron muchas cuentas, y muchas
mantas de vaca, y cargaron a todos los que venían con nosotros
de todo cuanto ellos tenían. Comían tunas y piñones; hay por
aquella tierra pinos chicos, y las piñas de ellos son como huevos
pequeños, mas los piñones son mejores que los de Castilla,
porque tienen las cáscaras muy delgadas. Cuando están verdes,
muélenlos y hácenlos pellas, y así los comen; y si están secos los
muelen con cáscaras, y los comen hechos polvos. Y los que por
allí nos recibían, desde que nos habían tocado, volvían corriendo
hasta sus casas, y luego daban vuelta a nosotros, y no cesaban de
correr, yendo y viniendo. De esta manera traíamos muchas cosas
para el camino. Aquí me trajeron un hombre, y me dijeron que
había mucho tiempo que le habían herido con una flecha por la
espalda derecha, y tenía la punta de la flecha sobre el corazón.
Decía que le daba mucha pena, y que por aquella causa siempre
estaba enfermo. Yo lo toqué, y sentí la punta de la flecha, y vi
que la tenía atravesada por la ternilla,338 y con un cuchillo que
333 Vaciar: significa también formar con moldes huecos algunas figuras
con el metal u otra materia que se echa en ellos. (DAut 1739: 406-2)
334 Probablemente, se refiera a la sierra de Sacramento cerca del río Elk
en dirección a Tularosa; información recogida de Hallenbeck por Pupo-Walker
(1992: 279).
335 El río Tularosa o el Colorado.
336 Margarita: lo mismo que perla, aplícase regularmente a las más
preciosas (DAut 1734: 498-2). Para Pupo-Walker (1992: 279), la expresión,
en verdad, alude a cristalizaciones de silicatos que se yuxtaponen en capas
sucesivas, material que abunda en las regiones montañosas de Nuevo México y
Arizona. Para Trinidad Barrera (1985: 144), sin embargo, se trata de polvillos
de pirita (mineral brillante, de color amarillo de oro; es un sulfuro de hierro).
337 Alcohol: piedra mineral, metálica, de color negro que tira algo a azul
resplandeciente y, quebrada, se deshace en unas como hojas o escamas. Se cría
en minas de plata. (DAut 1726: 184-1). “Alcohol” es el nombre antiguo del
sulfuro de plomo.
338 Ternilla: parte cartilaginosa del cuerpo, probablemente aquí el

147
tenía le abrí el pecho hasta aquel lugar, y vi que tenía la punta
atravesada, y estaba muy mala de sacar; torné a cortar más, y metí
la punta del cuchillo, y con gran trabajo en fin la saqué.
Era muy larga, y con un hueso de venado, usando de mi oficio de
medicina,339 le di dos puntos; y dados, se me desangraba, y con
raspa340 de un cuero le estanqué la sangre; y cuando hube sacado
la punta, pidiéronmela, y yo se la di, y el pueblo todo vino a verla,
y la enviaron por la tierra adentro, para que la viesen los que allá
estaban, y por esto hicieron muchos bailes y fiestas, como ellos
suelen hacer. Y otro día le corté los dos puntos al indio, y estaba
sano; y no parecía la herida que le había hecho sino como una raya
de la palma de la mano, y dijo que no sentía dolor ni pena alguna;
y esta cura nos dio entre ellos tanto crédito por toda la tierra,
cuanto ellos podían y sabían estimar y encarecer. Mostrámosles
aquel cascabel que traíamos, y dijéronnos que en aquel lugar de
donde aquél había venido había muchas planchas341 de aquellas
enterradas, y que aquello era cosa que ellos tenían en mucho; y
había casas de asiento,342 y esto creemos nosotros que es la mar
del Sur,343 que siempre tuvimos noticia que aquella mar es más
rica que la del Norte.344 De estos nos partimos y anduvimos por
tantas suertes de gentes y de tan diversas lenguas, que no basta
memoria a poderlas contar, y siempre saqueaban los unos a los
otros; y así los que perdían como los que ganaban, quedaban muy
contentos. Llevábamos tanta compañía, que en ninguna manera

esternón.
339 Esta expresión y la acción de curar demuestran la confianza que
Núñez ha adquirido como curandero.
340 Quizás se refiera a la raspadura: aquello que raspando se quita de la
superficie (DRAE), del cuero en este caso. Cabeza de Vaca obtura la herida del
indio con algo semejante a la carne.
341 Láminas de cobre.
342 Casa de asiento: la expresión se refiere al sedentarismo de estos pueblos
cercanos a la Mar del Sur.
343 Todo el capítulo manifiesta el restablecimiento de favorables
condiciones de vida para los españoles y el paulatino abandono de las tierras
desérticas (en más de un sentido). Junto con esto, se restablecen las ilusiones
de hallazgo de tierras riquísimas: en este caso, tierras de abundante cobre.
344 Se designaba Mar del Sur al Océano Pacífico y Mar del Norte, al
Atlántico.

148
podíamos valernos con ellos. Por aquellos valles donde íbamos,345
cada uno de ellos llevaba un garrote tan largo como tres palmos,
y todos iban en ala;346 y en saliendo alguna liebre (que por allí
había hartas), cercábanla luego, y caían tantos garrotes sobre
ella, que era cosa de maravilla, y de esta manera la hacían andar
de unos para otros, que a mi ver era la más hermosa caza que
se podía pensar, porque muchas veces ellas se venían hasta las
manos.347 Y cuando a la noche parábamos, eran tantas las que nos
habían dado, que traía cada uno de nosotros ocho o diez cargas
de ellas; y los que traían arcos no parecían delante de nosotros,
antes se apartaban por la sierra a buscar venados; y a la noche
cuando venían, traían para cada uno de nosotros cinco o seis
venados, y pájaros y codornices, y otras cazas; finalmente, todo
cuanto aquella gente hallaban y mataban nos lo ponían delante,
sin que ellos osasen tomar ninguna cosa, aunque muriesen de
hambre; que así lo tenían ya por costumbre después que andaban
con nosotros, y sin que primero lo santiguásemos; y las mujeres
traían muchas esteras, de que ellos nos hacían casas, para cada
uno la suya aparte, y con toda su gente conocida; y cuando esto
era hecho, mandábamos que asasen aquellos venados y liebres, y
todo lo que habían tomado, y esto también se hacía muy presto
en unos hornos que para esto ellos hacían; y de todo ello nosotros
tomábamos un poco, y lo otro dábamos al principal de la gente
que con nosotros venía, mandándole que lo repartiese entre
todos.348 Cada uno con la parte que le cabía venían a nosotros
para que la soplásemos y santiguásemos, que de otra manera no
osaran comer de ella; y muchas veces traíamos con nosotros tres
345 De acuerdo con observaciones de Hallenbeck, Pupo-Walker (1992:
281) considera que, en este párrafo y hasta el final del capítulo, el texto narra
un episodio intercalado referido a otra situación temporal en el valle del río
Pecos junto a la sierra del Sacramento.
346 Ir en ala: se dice cuando algún número de gente se ordena en línea
recta o en fila (Pupo-Walker 1992: 281).
347 Venir hasta las manos: frase con que se da a entender que alguna cosa
se logró sin trabajo ni fatiga y por donde menos se pensaba. (DAut 1734: 485-
1) Esta expresión, junto con otras que representan abundancia de comida,
contrasta profundamente con el hambre y la desesperación por la comida
vividos en el desierto norteamericano entre tribus carancaguas y coahuiltecas.
348 A pesar de los saqueos y de los abusos, Cabeza de Vaca representa a
sus indios acompañantes como comunidad equitativa de bienes, con alusiones
al tópico de la Edad de Oro y a sus valores de la justicia y la igualdad.

149
o cuatro mil personas. Y era tan grande nuestro trabajo, que a
cada uno habíamos de soplar y santiguar lo que habían de comer
y beber, y para otras muchas cosas que querían hacer nos venían
a pedir licencia, de que se puede ver qué tanta importunidad
recibíamos. Las mujeres nos traían las tunas y arañas y gusanos,
y lo que podían haber; porque aunque se muriesen de hambre,
ninguna cosa habían de comer sin que nosotros la diésemos.349
E yendo con éstos, pasamos un gran río,350 que venía del norte;
y pasados unos llanos de treinta leguas, hallamos mucha gente
que lejos de allí venían a recibirnos, y salían al camino por donde
habíamos de ir, y nos recibieron de la manera de los pasados.

349 En este punto, el “santiguar” y soplar han cambiado de función: de


prácticas curativas se han transformado en bendiciones provistas por estos
seres “elegidos”, “hijos del sol”. Como chamanes, se ocupan de lo religioso y
de dar vida como médicos.
350 El río Pecos (Pupo-Walker) o el río Colorado (Ferrando).

150
Capítulo XXX
De cómo se mudó la costumbre de recibirnos

Desde aquí hubo otra manera de recibirnos, en cuanto toca


al saquearse, porque los que salían de los caminos a traernos
alguna cosa a los que con nosotros venían no los robaban; mas
después de entrados en sus casas, ellos mismos nos ofrecían
cuanto tenían, y las casas con ellos. Nosotros las dábamos a los
principales, para que entre ellos las partiesen, y siempre los que
quedaban despojados nos seguían de donde crecía mucha gente
para satisfacerse de su pérdida; y decíanles que se guardasen y no
escondiesen cosa alguna de cuantas tenían, porque no podía ser
sin que nosotros lo supiésemos, y haríamos luego que todos
muriesen, porque el sol nos lo decía. Tan grandes eran los temores
que les ponían, que los primeros días que con nosotros estaban,
nunca estaban sino temblando y sin osar hablar ni alzar los ojos
al cielo. Estos nos guiaron por más de cincuenta leguas de
despoblado de muy ásperas sierras,351 y por ser tan secas no había
caza en ellas, y por esto pasamos mucha hambre, y al cabo de un
río muy grande, que el agua nos daba hasta los pechos, y desde
aquí nos comenzó mucha de la gente que traíamos a adolecer de
la mucha hambre y trabajo que por aquellas sierras habían pasado,
que por extremo eran agras352 y trabajosas. Estos mismos nos
llevaron a unos llanos al cabo de las sierras, donde venían a
recibirnos de muy lejos de allí, y nos recibieron como los pasados,
y dieron tanta hacienda a los que con nosotros venían, que por no
poderla llevar dejaron a la mitad, y dijimos a los indios que lo
habían dado que lo tornasen a tomar y lo llevasen, porque no
quedase allí perdido; y respondieron que en ninguna manera lo
harían, porque no era su costumbre, después de haber una vez
ofrecido, tornarlo a tomar; y así, no lo teniendo en nada, lo
dejaron todo perder. A éstos dijimos que queríamos ir a la puesta
351 Debe referirse a la parte oeste de la sierras del Sacramento, que
cruzaban con dirección sur.
352 Agra, agro o agrio: vale por áspero, escabroso, lleno de peñascos y
breñas: como la montaña, la cuesta y subida de alguna roca. (DAut 1736: 123-
2)

151
de sol, y ellos respondiéronnos que por allí estaba la gente muy
lejos, y nosotros les mandábamos que enviasen a hacerles saber
cómo nosotros íbamos allá, y de esto se excusaron lo mejor que
ellos podían, porque ellos eran sus enemigos, y no querían que
fuésemos a ellos; mas no osaron hacer otra cosa. Y así, enviaron
dos mujeres, una suya, y otra que de ellos tenían cautiva; y
enviaron éstas porque las mujeres pueden contratar aunque haya
guerra. Y nosotros las seguimos, y paramos en un lugar donde
estaba concertado que las esperásemos; mas ellas tardaron cinco
días; y los indios decían que no debían de hallar gente. Dijímosles
que nos llevasen hacia el Norte; respondieron de la misma manera,
diciendo que por allí no había gente sino muy lejos, y que no
había qué comer ni se hallaba agua. Y con todo esto, nosotros
porfiamos y dijimos que por allí queríamos ir, y ellos todavía se
excusaban de la mejor manera que podían, y por esto nos
enojamos, y yo me salí una noche a dormir en el campo, apartado
de ellos; mas luego fueron donde yo estaba, y toda la noche
estuvieron sin dormir y con mucho miedo y hablándome y
diciéndome cuán atemorizados estaban rogándonos que no
estuviésemos más enojados, y que aunque ellos supiesen morir en
el camino, nos llevarían por donde nosotros quisiésemos ir. Y
como nosotros todavía fingíamos estar enojados y porque su
miedo no se quitase, sucedió una cosa extraña, y fue que este día
mismo adolecieron muchos de ellos, y otro día siguiente murieron
ocho hombres. Por toda la tierra donde esto se supo hubieron
tanto miedo de nosotros, que parecía en vernos que de temor
habían de morir. Rogáronnos que no estuviésemos enojados, ni
quisiésemos que más de ellos muriesen, y tenían por muy cierto
que nosotros los matábamos con solamente quererlo. Y a la
verdad, nosotros recibíamos tanta pena de esto, que no podía ser
mayor; porque, allende de ver los que morían, temíamos que no
muriesen todos o nos dejasen solos, de miedo, y todas las otras
gentes de ahí adelante hiciesen lo mismo, viendo lo que a estos
había acontecido. Rogamos a Dios nuestro Señor que lo
remediase, y así comenzaron a sanar todos aquéllos que habían
enfermado, y vimos una cosa que fue de grande admiración:353
353 Admiración: el acto de ver y atender una cosa no conocida y de causa
ignorada, con espanto o particular observación. (DAut 1726: 88-1)

152
que los padres y hermanos y mujeres de los que murieron, de
verlos en aquel estado tenían gran pena; y después de muertos,
ningún sentimiento hicieron, ni los vimos llorar, ni hablar unos
con otros, ni hacer otra ninguna muestra, ni osaban llegar a ellos,
hasta que nosotros los mandábamos llevar a enterrar, y más de
quince días que con aquéllos estuvimos a ninguno vimos hablar
uno con otro, ni los vimos reír ni llorar a ninguna criatura; antes,
porque una lloró, la llevaron muy lejos de allí, y con unos dientes
de ratón agudos la sajaron desde los hombros hasta casi todas las
piernas. Y yo, viendo esta crueldad y enojado de ello, les pregunté
por qué lo hacían, y respondiéronme que para castigarla porque
había llorado delante de mí.354 Todos estos temores que ellos
tenían ponían a todos los otros que nuevamente venían a
conocernos, a fin que nos diesen todo cuanto tenían, porque
sabían que nosotros no tomábamos nada y lo habíamos de dar
todo a ellos. Esta fue la más obediente gente que hallamos por
esta tierra, y de mejor condición; y comúnmente son muy
dispuestos.355 Convalecidos los dolientes, y ya que había tres días
que estábamos allí, llegaron las mujeres que habíamos enviado,
diciendo que habían hallado muy poca gente, y que todos habían
ido a las vacas, que era tiempo de ellas. Y mandamos a los que
habían estado enfermos que se quedasen, y los que estuviesen
buenos fuesen con nosotros, y que dos jornadas de allí, aquellas
mismas dos mujeres irían con dos de nosotros a sacar gente y
traerla al camino para que nos recibiesen; y con esto, otro día de
mañana todos los que más recios estaban partiendo con nosotros,
354 Progresivamente, se formó una cadena de simulaciones engarzadas.
Los españoles simulan ser chamanes para sobrevivir. Los indios, timadores
recurrentes según opinión de Núñez, engañan o exageran los poderes y
virtudes de los españoles para atemorizar y someter a las tribus que visitan. Los
españoles, ante decisiones de los indios que rechazan, simulan o engrandecen
su enojo. En tercer lugar, ante lo que los indios creen que ha sido un castigo
por su oposición a los deseos de los españoles –la llegada de la peste–, se
obligan mutuamente, mediante torturas, a ocultar el llanto por sus muertos
y a fingir ante sus “superiores”, los españoles, que nada malo les ha ocurrido.
Todas las simulaciones, finalmente, contribuyen con el engrandecimiento y la
estigmatización del poder atribuido a los hombres blancos y negro.
355 Cabeza de Vaca parece referirse a los jumanos o conchos: pertenecían
a tribus marginales de la familia lingüística uto-azteca y habitaban las zonas
delimitadas por los ríos Grande y Conchos. Algunas de sus comunidades eran
seminómadas y otras, sedentarias; tenían viviendas de adobe y cultivaban maíz
y legumbres.

153
y a tres jornadas paramos, y el siguiente día partió Alonso del
Castillo con Estebanico el negro, llevando por guía a las dos
mujeres; y la que de ellas era cautiva los llevó a un río que corría
entre unas sierras donde estaba un pueblo en que su padre vivía,
y éstas fueron las primeras casas que vimos que tuviesen parecer y
manera de ello. Aquí llegaron Castillo y Estebanico y, después de
haber hablado con los indios, a cabo de tres días vino Castillo
adonde nos había dejado, y trajo cinco o seis de aquellos indios,
y dijo cómo había hallado casas de gente y de asiento, y que
aquella gente comía frísoles y calabazas, y que había visto maíz.356
Esta fue la cosa del mundo que más nos alegró, y por ello dimos
infinitas gracias a nuestro Señor; y dijo que el negro venía con
toda la gente de las casas a esperar al camino, cerca de allí; y por
esta causa partimos; y andada legua y media, topamos con el
negro y la gente que venían a recibirnos, y nos dieron frísoles y
muchas calabazas para comer y para traer agua, y mantas de vacas,
y otras cosas. Y como estas gentes y las que con nosotros venían
eran enemigos no se entendían, partímonos de los primeros
dándoles lo que nos habían dado, y fuímonos con estos; y a seis
leguas de allí, ya que venía la noche, llegamos a sus casas, donde
hicieron muchas fiestas con nosotros. Aquí estuvimos un día, y el
siguiente nos partimos, y llevámoslos con nosotros a otras casas
de asiento, donde comían lo mismo que ellos. Y de ahí adelante
hubo otro nuevo uso: que los que sabían de nuestra ida no salían
a recibirnos a los caminos, como los otros hacían; antes los
hallábamos en sus casas, y tenían hechas otras para nosotros, y
estaban todos asentados, y todos tenían vueltas las caras hacia la
pared y las cabezas bajas y los cabellos puestos delante de losojos,357
356 Es adecuada la observación de Pupo-Walker (1992: 286) acerca de
que Núñez y sus compañeros identifican el desarrollo cultural y la estabilidad
de las comunidades indígenas a partir de su dieta.
357 Esta costumbre parece vincularse con ciertos modos extendidos de
relación social mexica o azteca. El cronista Bernal Díaz del Castillo (1496-
1584) –que participó de la conquista de México de Hernán Cortés– da cuenta
de la distancia obligada que guardaban todos los mexicas con los principales
de su ciudad y, especialmente, con su tlatoani (rey o cacique): “muchos señores
venían delante del gran Moctezuma barriendo el suelo por donde había de
pisar y le ponían mantas porque no pisase la tierra. Todos estos señores ni por
pensamiento le miraban en la cara, sino los ojos bajos e con mucho acato.
(…) E paréceme que el Cortés le daba la mano derecha y el Moctezuma
no la quiso. (…) le iba a abrazar y aquellos grandes señores que iban con el
Moctezuma detuvieron el brazo a Cortés, que no le abrazase, porque lo tenía

154
y su hacienda358 puesta en montón en medio de la casa; y de aquí
en adelante comenzaron a darnos muchas mantas de cueros, y no
tenían cosa que no nos diesen. Es la gente de mejores cuerpos que
vimos, y de mayor viveza y habilidad y que mejor nos entendían
y respondían en lo que preguntábamos; y llamámoslos de las
Vacas,359 porque la mayor parte que de ellas muere es cerca de allí;
y porque aquel río arriba más de cincuenta leguas, van matando
muchas de ellas. Esta gente andan del todo desnudos, a la manera
de los primeros que hallamos. Las mujeres andan cubiertas con
unos cueros de venado, y algunos pocos hombres, señaladamente
los que son viejos, que no sirven para la guerra. Es tierra muy
poblada. Preguntámosles cómo no sembraban maíz;
respondiéronnos que lo hacían por no perder lo que sembrasen,
porque dos años arreo360 les había faltado las aguas, y había sido
el tiempo tan seco, que a todos les habían perdido los maíces los
topos, y que no osarían tornar a sembrar sin que primero hubiese
llovido mucho; y rogábannos que dijésemos al cielo que lloviese y
se lo rogásemos, y nosotros se lo prometimos de hacerlo así.
También nosotros quisimos saber de dónde habían traído aquel
maíz, y ellos nos dijeron que de donde el sol se ponía, y que lo
había por toda aquella tierra; mas que lo más cerca de allí era por
aquel camino. Preguntámosles por dónde iríamos bien, y que nos
informasen del camino, porque no querían ir allá; dijéronnos que
el camino era por aquel río arriba hacia el Norte, y que en diez y
siete jornadas no hallaríamos otra cosa ninguna que comer, sino
una fruta que llaman chacan,361 y que la machucan entre unas
piedras y aún después de hecha esta diligencia no se puede comer,
de áspera y seca; y así era la verdad, porque allí nos lo mostraron
y no lo pudimos comer, y dijéronnos también que entretanto que
nosotros fuésemos por el río arriba, iríamos siempre por gente
por menosprecio.” (Díaz del Castillo, 2005: 221).
358 Hacienda: se llama también los bienes, posesiones y riquezas que uno
tiene. (DAut 1734: 120-2)
359 “Los de las vacas” es otra denominación que Núñez les dio a los
jumanos y conchos, quienes, periódicamente, cazaban bisontes.
360 Arreo: adverbio equivalente a sucesivamente, sin interrupción ni
intermisión. (DAut 1726: 410-1)
361 Puede tratarse de la orko chachacomam, que crece en los valles altos
del departamento de Chuquisaca.

155
que eran sus enemigos y hablaban su misma lengua, y que no
tenían que darnos cosa a comer; mas que nos recibirían de muy
buena voluntad, y que nos darían muchas mantas de algodón y
cueros y otras cosas de las que ellos tenían; mas que todavía les
parecía que en ninguna manera no debíamos tomar aquel camino.
Dudando lo que haríamos, y cuál camino tomaríamos que más a
nuestro propósito y provecho fuese, nosotros nos detuvimos con
ellos dos días. Dábannos a comer frísoles y calabazas; la manera
de cocerlas es tan nueva, que por ser tal, yo la quise aquí poner,
para que se vea y se conozca cuán diversos y extraños son los
ingenios e industrias de los hombres humanos. Ellos no alcanzan
ollas, y para cocer lo que ellos quieren comer hinchan media
calabaza grande de agua, y en el fuego echan muchas piedras de
las que más fácilmente ellos pueden encender, y toman el fuego;
y cuando ven que están ardiendo tómanlas con unas tenazas de
palo, y échanlas en aquella agua que está en la calabaza, hasta que
la hacen hervir con el fuego que las piedras llevan, y cuando ven
que el agua hierve, echan en ella lo que han de cocer, y en todo
este tiempo no hacen sino sacar unas piedras y echar otras
ardiendo para que el agua hierva para cocer lo que quieren, y así
lo cuecen.

156
Capítulo XXXI
De cómo seguimos el camino del maíz

Pasados dos días que allí estuvimos, determinamos de ir a


buscar el maíz, y no quisimos seguir el camino de las Vacas, porque
es hacia el Norte, y esto era para nosotros muy gran rodeo, porque
siempre tuvimos por cierto que yendo la puesta de sol habíamos
de hallar lo que deseábamos; y así, seguimos nuestro camino, y
atravesamos toda la tierra hasta salir a la mar del Sur; y no bastó
a estorbarnos esto el temor que nos ponían de la mucha hambre
que habíamos de pasar, como a la verdad la pasamos, por todas
las diez y siete jornadas que nos habían dicho. Por todas ellas el
río arriba nos dieron muchas mantas de vacas, y no comimos de
aquélla su fruta, mas nuestro mantenimiento era cada día tanto
como una mano de unto362 de venado, que para estas necesidades
procurábamos siempre de guardar, y así pasamos todas las diez y
siete jornadas, y al cabo de ellas atravesamos el río363 y caminamos
otras diez y siete. A la puesta de sol, por unos llanos, y entre unas
sierras muy grandes que allí se hacen, allí hallamos una gente que
la tercera parte del año no comen sino unos polvos de paja; y por
ser aquel tiempo cuando nosotros por allí caminamos, hubímoslo
también de comer hasta que, acabadas estas jornadas, hallamos
casas de asiento,364 adonde había mucho maíz allegado, y de
ello y de su harina nos dieron mucha cantidad, y de calabazas
y frísoles y mantas de algodón, y de todo cargamos a los que
allí nos habían traído, y con esto se volvieron los más contentos
del mundo. Nosotros dimos muchas gracias a Dios nuestro
Señor por habernos traído allí, donde habíamos hallado tanto
mantenimiento.
Entre estas casas había algunas de ellas que eran de tierra, y
362 Unto: particularmente se toma por la gordura interior del cuerpo del
animal. (DAut 1739: 395-1)
363 Se refiere al río Santa María en Chihuahua o al Rincón de Nuevo
México.
364 Quizás sean casas de indios jumanos y conchos, de indios pueblos o
de indios pápagos. Éstos últimos eran sedentarios y agricultores exitosos en el
valle del río Yaqui, y de filiación lingüística uto-azteca junto con los jumanos.

157
las otras todas son de estera de cañas; y de aquí pasamos más de
cien leguas de tierra, y siempre hallamos casas de asiento, y mucho
mantenimiento de maíz, y frísoles, y dábannos muchos venados y
muchas mantas de algodón, mejores que las de la Nueva España.
Dábannos también muchas cuentas y de unos corales que hay
en la mar del Sur, muchas turquesas muy buenas que tienen de
hacia el Norte; y finalmente, dieron aquí todo cuanto tenían, y
a mí me dieron cinco esmeraldas hechas puntas de flechas, y con
estas flechas hacen ellos sus areitos y bailes. Y pareciéndome a mí
que eran muy buenas, les pregunté de dónde las habían habido,
y dijeron que las traían de unas sierras muy altas que están hacia
el Norte365, y las compraban a trueco de penachos y plumas de
papagayos, y decían que había allí pueblos de mucha gente y casas
muy grandes. Entre éstos vimos las mujeres más honestamente
tratadas que a ninguna parte de Indias que hubiésemos visto.
Traen unas camisas de algodón, que llegan hasta las rodillas, y
unas medias mangas encima de ellas, de unas faldillas de cuero de
venado sin pelo, que tocan en el suelo, y enjabónanlas con unas
raíces366 que limpian mucho, y así las tienen muy bien tratadas;
son abiertas por delante y cerradas con unas correas; andan
calzados con zapatos. Toda esta gente venía a nosotros a que los
tocásemos y santiguásemos; y eran en esto tan importunos, que
con gran trabajo lo sufríamos, porque dolientes y sanos, todos
querían ir santiguados. Acontecía muchas veces que de las
mujeres que con nosotros iban parían algunas, y luego en naciendo
nos traían la criatura a que la santiguásemos y tocásemos.
Acompañábannos siempre hasta dejarnos entregados a otros, y
entre todas estas gentes se tenía por muy cierto que veníamos
del cielo. Entretanto que con éstos anduvimos caminamos todo
el día sin comer hasta la noche, y comíamos tan poco, que ellos
se espantaban de verlo. Nunca nos sintieron cansancio, y a la
verdad nosotros estábamos tan hechos al trabajo, que tampoco
lo sentíamos. Teníamos con ellos mucha autoridad y gravedad,
y para conservar esto, les hablábamos pocas veces. El negro les

365 Nuevamente, Cabeza de Vaca cumple con su servicio al rey, expresado


en el proemio, de informarle acerca de la ubicación de las tierras más ricas de la
región.
366 Quizás raíces de yuca.

158
hablaba siempre;367 se informaba de los caminos que queríamos
ir y los pueblos que había y de las cosas que queríamos saber.
Pasamos por gran número y diversidades de lenguas; con todas
ellas Dios nuestro Señor nos favoreció, porque siempre nos
entendieron y les entendimos. Y así, preguntábamos y respondían
por señas, como si ellos hablaran nuestra lengua y nosotros la
suya; porque, aunque sabíamos seis lenguas, no nos podíamos
en todas partes aprovechar de ellas, porque hallamos más de mil
diferencias. Por todas estas tierras, los que tenían guerras con los
otros se hacían luego amigos para venirnos a recibir y traernos
todo cuanto tenían, y de esta manera dejamos toda la tierra en
paz,368 y dijímosles, por las señas porque nos entendían, que en el
cielo había un hombre que llamábamos Dios, el cual había criado
el cielo y la tierra, y que Éste adorábamos nosotros y teníamos por
Señor, y que hacíamos lo que nos mandaba, y que de su mano
venían todas las cosas buenas, y que si así ellos lo hiciesen, les
iría muy bien de ello; y tan grande aparejo369 hallamos en ellos,
que si lengua hubiera con que perfectamente nos entendiéramos,
todos los dejáramos cristianos.370 Esto les dimos a entender lo
mejor que pudimos, y de ahí adelante, cuando el sol salía, con
muy gran grita abrían las manos juntas al cielo, y después las
traían por todo el cuerpo, y otro tanto hacían cuando se ponía.371

367 Estebanico, por ser negro y originalmente esclavo, conserva las


jerarquías que lo diferencian y distancian de los blancos españoles. Considerado
social y culturalmente un hombre intermedio entre el hombre racional y el
primitivo, media las relaciones entre uno y otro y conserva, de esta manera, la
autoridad de los españoles.
368 Pacificar estrictamente tenía el sentido de establecer la paz entre los
que están en desavenencia o discordia. No es éste el caso, pero, corrientemente,
en el proceso de Conquista de América, se apelaba a la guerra “justa” para
conseguir la pacificación de los territorios.
369 Aparejo: disposición.
370 Núñez y sus compañeros se sirven de su autoridad entre los indios
para la evangelización. En relación con esto, se ha operado una última
transformación en ellos: han trocado el afán de enriquecimiento por el de
educación de los indios en la fe cristiana. Así también lo entiende el cronista
Oviedo en su versión: “Y así se debe creer que la bondad divina remedió sus
ánimas, pues que eran cristianos, y su deseo sería el que era razón que tuviesen:
de ampliar la república cristiana, y servir a su Príncipe, y remediar la pobreza.”
(1959: IV-314).
371 Esta gestualidad descripta en los indios evidencia ya un sincretismo
de religiones. Convencidos por los españoles acerca de la fe y del ritual católico
y cristiano, los nativos unen sus manos para rezar; especialmente a la salida y a

159
Es gente bien acondicionada y aprovechada para seguir cualquier
cosa bien aparejada.

la puesta del sol al que veneran, con gran grita, como a dios.

160
Capítulo XXXII
De cómo nos dieron los corazones de los venados

En el pueblo donde nos dieron las esmeraldas dieron a


Dorantes más de seiscientos corazones de venados, abiertos, de que
ellos tienen siempre mucha abundancia para su mantenimiento,
y por esto le pusimos nombre al pueblo de los Corazones,372 y por
él es la entrada para muchas provincias que están a la mar del Sur;
y si los que le fueren a buscar por aquí no entraren se perderán,
porque la costa no tiene maíz, y comen polvo de bledo373 y de paja
y de pescado que toman en la mar con balsas, porque no alcanzan
canoas. Las mujeres cubren sus vergüenzas con yerba y paja. Es
gente muy apocada y triste. Creemos que cerca de la costa, por
la vía de aquellos pueblos que nosotros trajimos, hay más de
mil leguas de tierra poblada, y tienen mucho mantenimiento,
porque siembran tres veces en el año frísoles y maíz. Hay tres
maneras de venados: los de la una de ellas son tamaños como
novillos de Castilla. Hay casas de asiento, que llaman buhíos,374
y tienen yerba, y esto es de unos árboles al tamaño de manzanos,
y no es menester más de coger la fruta y untar la flecha con
ella; y si no tiene fruta, quiebran una rama, y con la leche que
tienen hacen lo mismo. Hay muchos de estos árboles que son
ponzoñosos, que si majan375 las hojas de él y las lavan en alguna
agua allegada, todos los venados y cualesquier otros animales que
de ella beben revientan luego. En este pueblo estuvimos tres días,

372 Esta Villa de los Corazones (así la llama el cronista Oviedo) suele
estar identificada con la vecindad mexicana de Ures, ubicada a 72 kilómetros
del Pacífico. Así lo cree Pupo-Walker, sin embargo, Ferrando la ubica en la
Mesa de Arizona. Por esta diferencia, éste cree que Cabeza de Vaca, en esta
instancia, se encuentra con indios tarahumaras, mientras que el primero opina
que son pimas (de filiación uto-azteca, nómades agricultores que habitaban el
sur de Arizona y lo que hoy se conoce como el estado de Sonora).
373 Bledo: cierta especie de berros silvestres (…) esta hierba es muy
insípida al paladar, aunque suele comerse guisada y, mientras se cuece, despide
un olor muy agradable. (DAut 1726: 622-2)
374 “Bohío” es término antillano. No pudo haber sido utilizado por
ningún pueblo mexica como cree aquí recordar Cabeza de Vaca.
375 Majar: machacar o quebrantar alguna cosa aplastándola o
desmenuzándola. (DAut 1734: 459-2)

161
y a una jornada de allí� estaba otro en el cual nos tomaron tantas
aguas que porque un río creció mucho, no lo pudimos pasar, y
nos detuvimos allí quince días.376 En este tiempo, Castillo vio al
cuello de un indio una hebilleta de talabarte377 de espada, y en ella
cosido un clavo de herrar; tomósela y preguntámosle qué cosa era
aquélla, y dijéronnos que habían venido del cielo. Preguntámosle
más, que quién la había traído de allá, y respondieron que unos
hombres que traían barbas como nosotros, que habían venido
del cielo y llegado a aquel río, y que traían caballos y lanzas y
espadas, y que habían alanceado dos de ellos.378
Y lo más disimuladamente que pudimos les preguntamos
qué se habían hecho aquellos hombres, y respondiéronnos que
se habían ido a la mar, y que metieron sus lanzas por debajo del
agua, y que ellos también se habían también metido por debajo,
y que después los vieron ir por cima hacia puesta de Sol. Nosotros
dimos muchas gracias a Dios nuestro Señor por aquello que oímos,
porque estábamos desconfiados de saber nuevas de cristianos; y
por otra parte, nos vimos en gran confusión y tristeza creyendo
que aquella gente no sería sino algunos que habían venido por
la mar a descubrir; mas al fin, como tuvimos tan cierta nueva de
ellos, dímonos más prisa a nuestro camino, y siempre hallábamos
más nueva de cristianos, y nosotros les decíamos que los íbamos a
buscar para decirles que no los matasen ni tomasen por esclavos,
ni los sacasen de sus tierras, ni les hiciesen otro mal ninguno,
y de esto ellos se holgaban mucho. Anduvimos mucha tierra, y
toda hallamos despoblada, porque los moradores de ella andaban
huyendo por las sierras, sin osar tener casas ni labrar, por miedo de
los cristianos. Fue cosa de que tuvimos muy gran lástima, viendo
la tierra muy fértil, y muy hermosa y muy llena de aguas y de
ríos,379 y ver los lugares despoblados y quemados, y la gente tan
376 Oviedo informa que esto sucedió próximo a las fechas de
Navidad de 1535.
377 Hebilla de cinturón.
378 Primeras noticias –no muy positivas– de españoles (a los que los
indios también creen venidos del cielo) referidas a las conquistas de Nuño de
Guzmán.
379 La frase posee un estilo similar al Diario del Primer Viaje de Cristóbal
Colón en cuanto al tema (el paisaje como locus amoenus) y el tono (uso del
polisíndeton).

162
flaca y enferma, huida y escondida toda. Y como no sembraban,
con tanta hambre, se mantenían con cortezas de árboles y raíces.
De esta hambre a nosotros alcanzaba parte en todo este camino,
porque mal nos podían ellos proveer estando tan desventurados,
que parecía que se querían morir. Trajéronnos mantas de las
que habían escondido por los cristianos, y diéronnoslas, y aun
contáronnos cómo otras veces habían entrado los cristianos por
la tierra, y habían destruido y quemado los pueblos, y llevado
la mitad de los hombres y todas las mujeres y muchachos, y
que los que de sus manos se habían podido escapar andaban
huyendo.380 Como los veíamos tan atemorizados, sin osar parar
en ninguna parte, y que ni querían ni podían sembrar ni labrar
la tierra, antes estaban determinados de dejarse morir, y que esto
tenían por mejor que esperar y ser tratados con tanta crueldad
como hasta allí, y mostraban grandísimo placer con nosotros,
aunque temimos que, llegados a los que tenían la frontera con
los cristianos y guerra con ellos, nos habían de maltratar y hacer
que pagásemos lo que los cristianos contra ellos hacían. Mas
como Dios nuestro Señor fue servido de traernos hasta ellos,
comenzáronnos a temer y acatar como los pasados y aun algo más,
de que no quedamos poco maravillados, por donde claramente
se ve que estas gentes todas, para ser atraídas a ser cristianos y
a obediencia de la imperial majestad, han de ser llevados con
buen tratamiento, y que éste es camino muy cierto, y otro no.381
380 Estos hechos fueron perpetrados por el conquistador Nuño Beltrán
de Guzmán (1490-1544). Fue nombrado, en 1528, gobernador de la provincia
del Pánuco y presidente de la Real Audiencia de México para terminar con
los abusos de los conquistadores de Nueva España. En 1529, organizó una
expedición de conquista hacia el noroeste de México que duró siete años y que
es recordada como una de las más brutales de la Historia de la conquista de
América: arrasó varios pueblos y torturó y ejecutó, entre otros, al caltzontzin
(gobernante) michoacano Tangáxoan Tzíntzicha, el más rico de México
después de Moctezuma. Fue deportado, juzgado y preso en España en 1539.
Se dice que murió muy pobre, todavía preso, en 1544.
381 Esta frase hace afirmar a Rolena Adorno (1993) que, en esta última
versión de Naufragios publicada en 1555, tuvo mucho peso el pensamiento
de fray Bartolomé de las Casas, quien, en 1537, escribió uno de sus libros
fundamentales: Del único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión.
El llamado “defensor de los indios” propuso en esta obra ciertas bases para la
evangelización pacífica y la atracción de los indios a la fe cristiana. Podríamos
agregar que también influyeron los antecedentes y la repercusión que tuvo el
Debate de Valladolid (1550-1551) entre Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda
en el que se discutió acerca del derecho a la soberanía de la Corona española

163
Estos nos llevaron a un pueblo382 que está en un cuchillo de una
sierra, y se ha de subir a él por grande aspereza; y aquí hallamos
mucha gente que estaba junta, recogidos por miedo de los
cristianos. Recibiéronnos muy bien, y diéronnos cuanto tenían,
y diéronnos más de dos mil cargas de maíz, que dimos a aquellos
miserables y hambrientos que hasta allí nos habían traído. Y otro
día despachamos de allí cuatro mensajeros por la tierra como lo
acostumbrábamos hacer, para que llamasen y convocasen toda la
más gente que pudiesen, a un pueblo que está a tres jornadas de
allí. Y hecho esto, otro día nos partimos con toda la gente que
allí estaba, y siempre hallábamos rastro y señales adonde habían
dormido cristianos, y a mediodía topamos nuestros mensajeros,
que nos dijeron que no habían hallado gente, que toda andaba
por los montes, escondidos huyendo, porque los cristianos no los
matasen e hiciesen esclavos;383 y que la noche pasada habían visto
a los cristianos estando ellos detrás de unos árboles mirando lo
que hacían, y vieron cómo llevaban muchos indios en cadenas; y
de esto se alteraron los que con nosotros venían, y algunos de ellos
se volvieron para dar aviso por la tierra cómo venían cristianos, y
mucho más hicieran esto si nosotros no les dijéramos que no lo
hiciesen ni tuviesen temor; y con esto se aseguraron y holgaron
mucho. Venían entonces con nosotros indios de cien leguas de allí,
y no podíamos acabar con ellos que se volviesen a sus casas; y por
asegurarlos dormimos aquella noche allí, y otro día caminamos
y dormimos en el camino. Y el siguiente día, los que habíamos
enviado por mensajeros nos guiaron adonde ellos habían visto
los cristianos; y llegados a la hora de vísperas, vimos claramente
que habían dicho la verdad, y conocimos la gente que era de a
caballo por las estacas en que los caballos habían estado atados.
Desde aquí, que se llama el río Petután,384 hasta el río donde llegó
sobre las Indias y acerca de la naturaleza humana del indio.
382 Quizás, se trate del pueblo de San José de las Delicias en las sierras al
noroeste de Sinaloa.
383 Esta imagen (junto con el superlativo “crudelísima” que aparece
unas líneas más abajo) contiene marcadas resonancias lascasianas. La obra
narrativa del fraile suele describir a los indios dispersos en los montes como
animales salvajes, por causa y culpa de las matanzas brutales que perpetraron
los conquistadores españoles en las villas de los nativos.
384 Núñez lo identifica con el río Petatlán (o Petatán) o río Sinaloa.

164
Diego de Guzmán,385 puede haber hasta él, desde donde supimos
de cristianos, ochenta leguas; y desde allí al pueblo donde nos
tomaron las aguas, doce leguas; y desde allí hasta la mar del Sur
había doce leguas. Por toda esta tierra386 donde alcanzan sierras
vimos grandes muestras de oro y alcohol, hierro, cobre y otros
metales. Por donde están las casas de asiento es caliente; tanto,
que por enero hace gran calor. Desde allí hacia el mediodía de la
tierra, que es despoblada hasta la mar del Norte, es muy desastrosa
y pobre, donde pasamos grande e increíble hambre. Y los que por
aquella tierra habitan y andan es gente crudelísima y de muy mala
inclinación y costumbres. Los indios que tienen casa de asiento,
y los de atrás, ningún caso hacen de oro y plata, ni hallan que
pueda haber provecho de ello.

385 Diego de Guzmán cruzó el río Yaqui el 4 de octubre de 1533.


386 Se refiere a la región que conquistó Nuño de Guzmán y que la reina
Juana (Juana la loca) denominó Nueva Galicia: abarcaba principalmente los
estados de los mixtecas. Dentro de sus límites, se encontraban los actuales
estados de Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas y partes de Durango y San Luis
de Potosí. Se consideraba reino autónomo dentro del Virreinato de la Nueva
España.

165
Capítulo XXXIII
Cómo vimos rastro de cristianos

Después que vimos rastro claro de cristianos, y entendimos


que tan cerca estábamos de ellos, dimos muchas gracias a Dios
nuestro Señor por querernos sacar de tan triste y miserable
cautiverio. El placer de que esto sentimos júzguelo cada uno
cuando pensare el tiempo que en aquella tierra estuvimos y los
peligros y trabajos por que pasamos. Aquella noche yo rogué a
uno de mis compañeros que fuese tras los cristianos, que iban por
donde nosotros dejábamos la tierra asegurada, y había tres días de
camino. A ellos se les hizo de mal esto, excusándose por el cansancio
y trabajo; y aunque cada uno de ellos lo pudiera hacer mejor que
yo, por ser más recios y más mozos;387 mas vista su voluntad, otro
día por la mañana tomé conmigo al negro y once indios, y por el
rastro que hallaba siguiendo a los cristianos pasé por tres lugares
donde habían dormido; y este día anduve diez leguas, y otro día
de mañana alcancé cuatro cristianos de caballo,388 que recibieron
gran alteración de verme tan extrañamente vestido y en compañía
de indios.389 Estuviéronme mirando mucho espacio de tiempo,
tan atónitos, que ni me hablaban ni acertaban a preguntarme
nada. Yo les dije que me llevasen a donde estaba su capitán; y así,
fuimos media legua de allí, donde estaba Diego de Alcaraz, que
era el capitán; y después de haberle hablado, me dijo que estaba
muy perdido allí, porque había muchos días que no había podido
387 Álvar Núñez retoma aquí la construcción heroica y el protagonismo
virtuoso de sí mismo atribuyéndose resistencia, valentía y abnegación por el
grupo. Juan Francisco Maura (1989), sin embargo, asegura que Dorantes fue
el que salió en busca de cristianos, dato que recoge de la versión del cronista
Matías de la Mota y Padilla (Historia de la conquista del Reino de la Nueva
Galicia).
388 Se encontraron cerca de Sinaloa y Ocoroni.
389 Los episodios de reencuentro con españoles que se han extraviado en
tierra de indios serán un tópico común y atractivo para el lector de crónicas
de Indias. La transformación física llega al punto de que son confundidos
con indios y no reconocidos salvo por dos instancias fundamentales: la lengua
española y las expresiones religiosas propias del cristianismo. La particularidad
de Naufragios está en que las transformaciones y el reencuentro son narrados
desde el punto de vista del que los ha vivido y no por un cronista externo
observador.

166
tomar indios, y que no había por donde ir, porque entre ellos
comenzaba a haber necesidad y hambre. Yo le dije cómo atrás
quedaban Dorantes y Castillo, que estaban diez leguas de allí,
con muchas gentes que nos habían traído; y él envió luego tres
de caballos y cincuenta indios de los que ellos traían; y el negro
volvió con ellos para guiarlos, y yo quedé allí, y pedí que me
diesen por testimonio el año y el mes y día que allí había llegado,
y la manera en que venía, y así lo hicieron. De este río hasta San
Miguel,390 que es de la gobernación de la provincia que dicen la
Nueva Galicia, hay treinta leguas.

390 Hoy, la villa de San Miguel es la ciudad de Culiacán, capital del


estado de Sinaloa. Fue fundada por Nuño de Guzmán en 1531.

167
Capítulo XXXIV
De cómo envié por los cristianos

Pasados cinco días, llegaron Andrés Dorantes y Alonso


del Castillo con los que habían ido por ellos, y traían consigo
más de seiscientas personas, que eran de aquel pueblo que los
cristianos habían hecho subir al monte, y andaban escondidos
por la tierra, y los que hasta allí con nosotros habían venido391
los habían sacado de los montes y entregado a los cristianos, y
ellos392 habían despedido todas las otras gentes que hasta allí
habían traído. Y venidos adonde yo estaba, Alcaraz me rogó que
enviásemos a llamar la gente de los pueblos que están a la vera
del río, que andaban escondidos por los montes de la tierra, y
que les mandásemos que trajesen de comer, aunque esto no era
menester, porque ellos siempre tenían cuidado de traernos todo
lo que podían. Y enviamos luego nuestros mensajeros a que los
llamasen, y vinieron seiscientas personas, que nos trajeron todo
el maíz que alcanzaban, y traíanlo en unas ollas tapadas con
barro en que lo habían enterrado y escondido, y nos trajeron todo
lo más que tenían; mas nosotros no quisimos tomar de todo ello
sino la comida, y dimos todo lo otro a los cristianos para que entre
sí la repartiesen. Y después de esto pasamos muchas y grandes
pendencias con ellos, porque nos querían hacer, los indios que
traíamos, esclavos,393 y con este enojo, al partir, dejamos muchos
arcos turquescos394 que traíamos, y muchos zurrones395 y flechas,
391 Se cree que, al final de su trayecto, los sobrevivientes españoles estaban
acompañados por indios pimas y ópatas (que habitaban la parte central y este
de Sonora; eran agricultores de filiación lingüística uto-azteca).
392 “Ellos” se entiende por Alcaraz y sus hombres.
393 Obsérvese la distancia con que el autor se refiere a los “cristianos”.
Los españoles sobrevivientes han vuelto transformados y, no siendo indios,
tampoco se identifican –luego de todo su viaje a través de comunidades indias–
con los objetivos, medios y concepciones de los españoles conquistadores. En
ellos, se dieron ciertas etapas de una aculturación por la que perdieron parte
de su identidad occidental.
394 El arco turquesco o turquí (como el usado en Turquía) era de gran
longitud; para disparar con él, se apoyaba verticalmente uno de sus extremos
en el suelo.
395 Zurrón: la bolsa grande de pellejo que regularmente usan los pastores
para guardar y llevar su comida u otras cosas; se extiende a significar cualquier

168
y entre ellas las cinco de las esmeraldas, que no se nos acordó de
ellas;396 y así, las perdimos. Dimos a los cristianos muchas mantas
de vaca y otras cosas que traíamos; vímonos con los indios en
mucho trabajo porque se volviesen a sus casas y se asegurasen y
sembrasen su maíz. Ellos no querían sino ir con nosotros hasta
dejarnos, como acostumbraban, con otros indios; porque si se
volviesen sin hacer esto, temían que se morirían; que para ir con
nosotros no temían a los cristianos ni a sus lanzas. A los cristianos
les pesaba de esto, y hacían que su lengua les dijese que nosotros
éramos de ellos mismos, y nos habíamos perdido mucho tiempo
había, y que éramos gente de poca suerte y valor, y que ellos eran
los señores de aquella tierra, a quien habían de obedecer y servir.
Mas todo esto los indios tenían en muy poco o nada de lo que
les decían; antes, unos con otros entre sí platicaban, diciendo que
los cristianos mentían, porque nosotros veníamos de donde salía
el sol, y ellos donde se pone;397 y que nosotros sanábamos los
enfermos y ellos mataban los que estaban sanos; y que nosotros
veníamos desnudos y descalzos, y ellos vestidos y en caballos
y con lanzas; y que nosotros no teníamos codicia de ninguna
cosa, antes todo cuanto nos daban tornábamos luego a dar, y
con nada nos quedábamos, y los otros no tenían otro fin sino
robar todo cuanto hallaban, y nunca daban nada a nadie.398 Y de
esta manera relataban todas nuestras cosas y las encarecían, por
el contrario, de los otros; y así les respondieron a la lengua de los
cristianos, y lo mismo hicieron saber a los otros por una lengua
que entre ellos había, con quien nos entendíamos, y aquellos que
la usan llamamos propiamente primahaitu, que es como decir
vascongados,399 la cual, más de cuatrocientas leguas de las que

bolsa de cuero. (DAut 1739: 577-1)


396 Este olvido connota, en parte, la pérdida de ambición y codicia,
conseguida luego de las vivencias con la otredad indígena.
397 Efectivamente, la conquista dirigida por Nuño de Guzmán avanzaba
desde el oeste mexicano hacia el norte del continente.
398 Los indios advierten diferencias entre unos y otros españoles,
resultado de las diversas transformaciones vividas por los sobrevivientes.
399 Se trata de la lengua pima u ópata, según Pupo-Walker (1992).
Ferrando (1984) agrupa a todos estos indígenas en el clan Sinaloa. Quizás
Núñez relacione esta lengua con la vasca por su manifiesta independencia y
diferencias respecto de las demás lenguas indoeuropeas.

169
anduvimos, hallamos usadas entre ellos, sin haber otra por todas
aquellas tierras. Finalmente, nunca pudo acabar con los indios
creer que éramos de los otros cristianos, y con mucho trabajo e
importunación les hicimos volver a sus casas, y les mandamos que
se asegurasen, y asentasen sus pueblos, y sembrasen y labrasen la
tierra,400 que, de estar despoblada, estaba ya muy llena de monte;
la cual sin duda es la mejor de cuantas en estas Indias hay, y más
fértil y abundosa de mantenimientos, y siembran tres veces en el
año. Tienen muchas frutas y muy hermosos ríos, y otras muchas
aguas muy buenas. Hay muestras grandes y señales de minas de
oro y plata; la gente de ella es muy bien acondicionada; sirven a
los cristianos (los que son amigos) de muy buena voluntad. Son
muy dispuestos, mucho más que los de Méjico, y, finalmente, es
tierra que ninguna cosa le falta para ser muy buena.401
Despedidos los indios, nos dijeron que harían lo que
mandábamos, y asentarían sus pueblos si los cristianos los
dejaban; y yo así lo digo y afirmo por muy cierto, que si no lo
hicieren será por culpa de los cristianos.
Después que hubimos enviado a los indios en paz, y
regraciándoles el trabajo que con nosotros habían pasado,
los cristianos nos enviaron, debajo de cautela, a un Cebreros,
alcalde, y con él otros dos, los cuales nos llevaron por los montes
y despoblados, por apartarnos de la conversación de los indios, y
porque no viésemos ni entendiésemos lo que de hecho hicieron;
donde parece cuánto se engañan los pensamientos de los
hombres, que nosotros andábamos a les buscar libertad, y cuando
pensábamos que la teníamos, sucedió tan al contrario,402 porque
400 Rolena Adorno, a diferencia de Pupo-Walker (1992), considera
que el mayor logro entre los indios de estos españoles sobrevivientes no es la
conversión a la fe cristiana sino la pacificación del territorio bajo dominación
española, que llama “milagro de la pacificación de los pueblos” (1993: 345).
401 La representación del paisaje americano, en este punto, sigue
esencialmente los lineamientos del paraje ameno (locus amoenus): paisaje
hermoso, sus elementos principales son un árbol (o varios), un prado y una
fuente o arroyo; a ellos pueden añadirse un canto de aves, unas flores y, aún
más, el soplo de la brisa (véase esta definición en E. R. Curtius 1955: 280).
En relación con el paisaje americano, los cronistas de Indias suelen reformular
el tópico condicionados por los intereses de toda España puestos sobre las
Indias: el paisaje paradisíaco es, además, productivo por su fertilidad y por su
abundancia de metales preciosos, y el nativo o natural de la tierra es bondadoso
e inclinado a recibir el dogma cristiano.
402 Cabeza de Vaca no los explicita, pero, en esta oportunidad, él y sus

170
tenían acordado de ir a dar en403 los indios que enviábamos
asegurados y de paz.404 Y así como lo pensaron, lo hicieron;
lleváronnos por aquellos montes dos días, sin agua, perdidos y
sin camino, y todos pensamos perecer de sed, y de ella se nos
ahogaron siete hombres, y muchos amigos que los cristianos
traían consigo405 no pudieron llegar hasta otro día a mediodía
adonde aquella noche hallamos nosotros el agua. Y caminamos
con ellos veinte y cinco leguas, poco más o menos, y al fin de ellas
llegamos a un pueblo de indios de paz, y el alcalde que nos llevaba
nos dejó allí, y él pasó adelante otras tres leguas a un pueblo que
se llamaba Culiacán, adonde estaba Melchor Díaz,406 alcalde
mayor y capitán de aquella provincia.

hombres fueron llevados presos a Culiacán (véase Pupo-Walker 1992: 300).


403 Dar en: vale también cascar, golpear, apalear, castigar, herir: como dar
azotes, de golpes, de palos, de heridas, de estocadas. (DAut 1732: 7-1)
404 Alterar a los indios que estaban en paz o “pacificados” es, aquí,
contravenir las leyes del imperio y deservir al monarca español. Al respecto de
estas diferencias entre Núñez y Diego de Alcaraz, el cronista Oviedo comenta:
“¿Paréceos, lector cristiano, que es contemplativo este paso y ejercicio diferente
de los españoles que estaban en aquella tierra, e de los cuatro peregrinos: que
los unos andaban haciendo esclavos e a saltear e los otros venían saneando
enfermos e haciendo milagros. (…) llamándose cristianos acá han pasado en
busca de este oro y algunos lo hallan por su mal.” (1959: IV-313).
405 Indios aliados de Alcaraz y de Guzmán.
406 Pariente del clérigo Juan Díaz, que participó de la conquista de
México. Melchor Díaz falleció en la expedición de Vázquez de Coronado
cuando se hallaba próxima al río Colorado.

171
Capítulo XXXV
De cómo el alcalde mayor nos recibió bien la noche que
llegamos

Como el alcalde mayor fue avisado de nuestra salida y venida,


luego aquella noche partió, y vino adonde nosotros estábamos, y
lloró mucho con nosotros, dando loores a Dios nuestro Señor
por haber usado de tanta misericordia con nosotros; y nos habló
y trató muy bien; y de parte del gobernador Nuño de Guzmán
y suya nos ofreció todo lo que tenía y podía, y mostró mucho
sentimiento de la mala acogida y tratamiento que en Alcaraz y los
otros habíamos hallado, y tuvimos por cierto que si él se hallara
allí, se excusara lo que con nosotros y con los indios se hizo. Y
pasada aquella noche, otro día nos partimos, y el alcalde mayor
nos rogó mucho que nos detuviésemos allí, y que en esto haríamos
muy gran servicio a Dios y a Vuestra Majestad, porque la tierra
estaba despoblada, sin labrarse, y toda muy destruida, y los indios
andaban escondidos y huidos por los montes, sin querer venir
a hacer asiento en sus pueblos, y que los enviásemos a llamar,
y les mandásemos de parte de Dios y de Vuestra Majestad que
viniesen y poblasen407 en lo llano, y labrasen la tierra. A nosotros
nos pareció esto muy dificultoso de poner en efecto, porque no
traíamos indio ninguno de los nuestros ni de los que nos solían
acompañar y entender en estas cosas. En fin, aventuramos a esto
dos indios de los que traían allí cautivos, que eran de los mismos
de la tierra, y éstos se habían hallado con los cristianos cuando
primero llegamos a ellos, y vieron la gente que nos acompañaba,
y supieron de ellos la mucha autoridad y dominio que por todas
aquellas tierras habíamos traído y tenido, y las maravillas que
habíamos hecho, y los enfermos que habíamos curado, y otras

407 Poblar: erigir o fundar alguna población, avencindándose en ella y


haciéndola habitable. Vale asimismo por llenar u ocupar (DAut 1737: 304-
1). La conquista española de América fue pensada principalmente como
conquista de pueblos más que de territorios. Se entiende que, si los espacios
conquistados quedaban vacíos (a causa de los saqueos de Guzmán, por un
lado, y de la gente que acompañó a Cabeza de Vaca y a los otros en su viaje de
retorno), la conquista, como se pensaba legalmente, no tendría sentido.

172
muchas cosas. Y con estos indios mandamos a otros del pueblo,
que juntamente fuesen y llamasen los indios que estaban por las
sierras alzados, y los del río de Petaan,408 donde habíamos hallado a
los cristianos, y que les dijesen que viniesen a nosotros, porque les
queríamos hablar. Y para que fuesen seguros, y los otros viniesen,
les dimos un calabazo de los que nosotros traíamos en las manos
(que era nuestra principal insignia y muestra de gran estado), y
con éste ellos fueron y anduvieron por allí siete días, y al fin de
ellos vinieron, y trajeron consigo tres señores de los que estaban
alzados por las sierras, que traían quince hombres, y nos trajeron
cuentas y turquesas y plumas, y los mensajeros nos dijeron que
no habían llamado a los naturales del río donde habíamos salido,
porque los cristianos los habían hecho otra vez huir a los montes.
Y el Melchor Díaz dijo a la lengua que de nuestra parte les hablase
a aquellos indios, y les dijese como venía de parte de Dios, que
está en el cielo, y que habíamos andado por el mundo muchos
años, diciendo a toda la gente que habíamos hallado que creyesen
en Dios y lo sirviesen, porque era Señor de todas cuantas cosas
había en el mundo, y que él daba galardón y pagaba a los buenos,
y pena perpetua de fuego a los malos; y que cuando los buenos
morían, los llevaba al cielo, donde nunca nadie moría, ni tenían
hambre, ni frío, ni sed, ni otra necesidad ninguna, sino la mayor
gloria que se podría pensar; y que los que no le querían creer ni
obedecer sus mandamientos, los echaba debajo de la tierra en
compañía de los demonios y en gran fuego, el cual nunca se había
de acabar, sino atormentarlos para siempre; y que allende de
esto, si ellos quisiesen ser cristianos y servir a Dios de la manera
que les mandásemos, que los cristianos tendrían por hermanos
y los tratarían muy bien, y nosotros les mandaríamos que no
les hiciesen ningún enojo ni los sacasen de sus tierras, sino que
fuesen grandes amigos suyos; mas que si esto no quisiesen hacer,
los cristianos los tratarían muy mal, y se los llevarían por esclavos
a otras tierras.409 A esto respondieron a la lengua que ellos serían
408 El Sinaloa.
409 Núñez, por boca de Melchor Díaz, reproduce aquí un resumen de lo
expresado en el texto del Requerimiento redactado por Juan López de Palacios
Rubio en 1514 que debía leerse ante los indios como protocolo, propuesta y
advertencia. Sus temas eran: el poder del Dios creador, que heredan el Papa y,
a través de él, el emperador; el anhelo de reconocimiento de sus autoridades

173
muy buenos cristianos, y servirían a Dios; y preguntados en qué
adoraban y sacrificaban, y a quién pedían el agua para sus maizales
y la salud para ellos, respondieron que a un hombre que estaba
en el cielo. Preguntámosles cómo se llamaba y dijeron que Aguar,
y que creían que él había criado todo el mundo y las cosas de él.
Tornámosles a preguntar cómo sabían esto, y respondieron que
sus padres y abuelos se lo habían dicho, que de muchos tiempos
tenían noticia de esto, y sabían que el agua y todas las buenas
cosas las enviaba Aquél. Nosotros les dijimos que Aquél que ellos
decían, nosotros lo llamábamos Dios, y que así lo llamasen ellos,
y lo sirviesen y adorasen como mandábamos, y ellos se hallarían
muy bien de ello.410 Respondieron que todo lo tenían muy bien
entendido, y que así lo harían. Y mandámosles que bajasen de
las sierras, y viniesen seguros y en paz, y poblasen toda la tierra,
e hiciesen sus casas, y que entre ellas hiciesen una para Dios, y
pusiesen a la entrada una cruz como la que allí teníamos, y que
cuando viniesen allí los cristianos, los saliesen a recibir con las
cruces en las manos, sin los arcos y sin las armas, y los llevasen
a sus casas, y les diesen de comer de lo que tenían, y por esta
manera no les harían mal, antes serían sus amigos. Y ellos dijeron
que así lo harían como nosotros lo mandábamos; y el capitán
les dio mantas y los trató muy bien; y así se volvieron, llevando
los dos que estaban cautivos y habían ido por mensajeros. Esto
pasó en presencia del escribano que allí tenían y otros muchos
testigos.411

(modo pacífico de aceptación del poder español); y finalmente, la amenaza de


la guerra ante la posibilidad del rechazo del poder español representado por
conquistadores y gobernadores en las Indias.
410 Este episodio de renombramiento es sintomático del proceso de
aculturación –incorporación de una nueva cultura que reformula la propia–
iniciado por la colonización.
411 El ritual formal de lectura del Requerimiento exigía la presencia de un
escribano y de testigos.

174
Capítulo XXXVI
De cómo hicimos hacer iglesias en aquella tierra

Como los indios se volvieron, todos los de aquella provincia,


que eran amigos de los cristianos, como tuvieron noticia de
nosotros, nos vinieron a ver, y nos trajeron cuentas y plumas, y
nosotros les mandamos que hiciesen iglesias, y pusiesen cruces en
ellas, porque hasta entonces no las habían hecho; e hicimos traer
los hijos de los principales señores y bautizarlos; y luego el capitán
hizo pleito412 homenaje a Dios de no hacer ni consentir hacer
entrada ninguna, ni tomar esclavo por la tierra y gente que nosotros
habíamos asegurado, y que esto guardaría y cumpliría hasta que
Su Majestad y el gobernador Nuño de Guzmán, o el virrey en su
nombre, proveyesen en lo que más fuese servido de Dios y de Su
Majestad. Y después de bautizados los niños, nos partimos para
la villa de San Miguel, donde, como fuimos llegados,413 vinieron
indios, que nos dijeron cómo mucha gente bajaba de las sierras y
poblaban en lo llano, y hacían iglesias y cruces y todo lo que les
habíamos mandado; y cada día teníamos nuevas de cómo esto se
iba haciendo y cumpliendo más enteramente.414 Y pasados quince
días que allí habíamos estado, llegó Alcaraz con los cristianos que
habían ido en aquella entrada, y contaron al capitán cómo eran
bajados de las sierras los indios, y habían poblado en lo llano, y
habían hallado pueblos con mucha gente, que de primero estaban
despoblados y desiertos,415 y que los indios les salieron a recibir
con cruces en las manos, y los llevaron a sus casas, y les dieron de
412 “Pleitos” significaba también “homenajes”.
413 Llegan a Culiacán el 1ro. de abril de 1536.
414 En esta representación, se ha conseguido una verdadera utopía de
pacificación y conversión cristiana que se reproduce a sí misma y “contagia”.
La fórmula para alcanzar esta felicidad, según el autor, parece ser una suma
de cualidades propias del caballero cristiano en sus ejecutores: astucia y
engaño para asumir el lugar de poder que otorgan los indios, evangelización y
moderación en el ejercicio del poder.
415 En el castellano antiguo, la palabra desierto no tenía el sentido actual:
“territorio arenoso o pedregoso, que por la falta casi total de lluvias carece de
vegetación o la tiene muy escasa.” (DRAE) sino: “lugar, paraje o sitio que está
despoblado de edificios, casas y gentes, y sólo habitado de fieras.” (DAut 1732:
185-2)

175
lo que tenían, y durmieron con ellos allí aquella noche.
Espantados de tal novedad, y de que los indios les dijeron
cómo estaban ya asegurados, mandó que no les hiciesen mal, y así
se despidieron. Dios nuestro Señor por su infinita misericordia,
quiera que en los días de Vuestra Majestad y debajo de vuestro
poder y señorío, estas gentes vengan a ser verdaderamente y con
entera voluntad sujetas al verdadero Señor que las crió y redimió.
Lo cual tenemos por cierto que así será, y que Vuestra Majestad
ha de ser el que lo ha de poner en efecto (que no será difícil de
hacer); porque dos mil leguas que anduvimos por tierra y por la
mar en las barcas, y otros diez meses que después de salidos de
cautivos, sin parar, anduvimos por la tierra, no hallamos sacrificios
ni idolatría.416 En este tiempo travesamos de una mar a otra, y por
la noticia que con mucha diligencia alcanzamos a entender, de
una costa a la otra, por lo más ancho, puede haber doscientas
leguas y alcanzamos a entender que en la costa del sur hay perlas
y muchas riquezas, y que todo lo mejor y más rico está cerca de
ella. En la villa de San Miguel estuvimos hasta quince días del
mes de mayo;417 la causa de detenernos allí tanto fue porque de
allí hasta la ciudad de Compostela, donde el gobernador Nuño
de Guzmán residía, hay cien leguas y todas son despobladas y
de enemigos, y hubieron de ir con nosotros gente, con que iban
veinte de caballo, que nos acompañaron hasta cuarenta leguas; y
de allí adelante vinieron con nosotros seis cristianos, que traían
quinientos indios hechos esclavos. Y llegados en Compostela, el
gobernador nos recibió muy bien, y de lo que tenía nos dio de
vestir; lo cual yo por muchos días no pude traer, ni podíamos
dormir sino en el suelo;418 y pasados diez o doce días partimos
para Méjico, y por todo el camino fuimos bien tratados de los
cristianos, y muchos nos salían a ver por los caminos y daban
gracias a Dios de habernos librado de tantos peligros. Llegamos
a Méjico domingo, un día antes de la víspera de Santiago,419
416 Junto con la idolatría, el tema del sacrificio humano como ofrenda a
los ídolos era también causa de guerra justa para protección de las víctimas.
417 De 1536.
418 En estas costumbres, estos hombres llevan las marcas de la otredad:
la desnudez y el sedentarismo.
419 El 25 de julio de 1536.

176
donde del virrey420 y del marqués del Valle421 fuimos muy bien
tratados y con mucho placer recibidos, y nos dieron de vestir y
ofrecieron todo lo que tenían, y el día de Santiago hubo fiesta y
juego de cañas y toros.

420 Antonio de Mendoza (1490-1452) fue virrey de Nueva España


(México) de 1535 a 1550.
421 Hernán Cortés (1485-1547), conquistador de México.

177
Capítulo XXXVII
De lo que aconteció cuando me quise venir

Después que descansamos en Méjico dos meses, yo me quise


venir en estos reinos, y yendo a embarcar en el mes de octubre,
vino una tormenta que dio con el navío al través422 y se perdió. Y
visto esto, acordé de dejar pasar el invierno, porque en aquellas
partes es muy recio tiempo para navegar en él; y después de
pasado el invierno, por cuaresma, nos partimos de Méjico Andrés
Dorantes y yo para la Veracruz,423 para nos embarcar, y allí
estuvimos esperando tiempo hasta domingo de Ramos, que nos
embarcamos, y estuvimos embarcados más de quince días por falta
de tiempo, y el navío en que estábamos hacía mucha agua. Yo me
salí dél y me pasé a otros de los que estaban para venir, y Dorantes
se quedó en aquél. Y a diez días del mes de abril424 partimos del
puerto tres navíos, y navegamos juntos ciento cincuenta leguas,
y por el camino los dos navíos hacían mucha agua, y una noche
nos perdimos de su conserva,425 porque los pilotos y maestros,
según después pareció, no osaron pasar adelante con sus navíos
y volvieron otra vez al puerto donde habían partido, sin darnos
cuenta de ello ni saber más de ellos, y nosotros seguimos nuestro
viaje, y a cuatro días de mayo llegamos al puerto de La Habana,
que es en la isla de Cuba, adonde estuvimos esperando los otros
dos navíos, creyendo que venían, hasta dos días de junio, que
partimos de allí con mucho temor de topar con franceses, que
había pocos días que habían tomado allí tres navíos nuestros. Y
llegados sobre la isla de la Bermuda,426 nos tomó una tormenta,
que suele tomar a todos los que por allí pasan, la cual es conforme
422 “Dar al través” tiene el sentido de “encallar”.
423 La Villa Rica de la Veracruz fue fundada por Hernán Cortés el 21 de
abril de 1519. Fue un puerto muy importante que se enriqueció en la época
de la colonia.
424 De 1537.
425 Significa que se les estropearon las provisiones, aunque Barrera
(1985) interpreta el término “conserva” como “compañía que se hacen varias
embarcaciones navegando juntas para el auxilio mutuo” (1985: 169).
426 El triángulo de las Bermudas es conocido por ser una región
marítimo-insular en donde ocurren numerosos naufragios.

178
a la gente que en ella anda, y toda una noche nos tuvimos
por perdidos, y plugo a Dios que, venida la mañana, cesó la
tormenta y seguimos nuestro camino.427 A cabo de veinte y
nueve días que partimos de La Habana habíamos andado mil y
cien leguas que dicen que hay de allí hasta el pueblo de Azores.428
Y pasando otro día por la isla que dicen del Cuervo,429 dimos
con un navío de franceses a hora de mediodía; nos comenzó a
seguir con una carabela que traía tomada de portugueses y nos
dieron caza, y aquella tarde vimos otras nueve velas, y estaban tan
lejos, que no pudimos conocer si eran portuguesas o de aquellos
mismos que nos seguían, y cuando anocheció estaba el francés
a tiro de lombarda de nuestro navío; y desde que fue obscuro,
hurtamos la derrota por desviarnos de él; y como iba tan junto
de nosotros, nos vio y tiró la vía de nosotros, y esto hicimos tres
o cuatro veces; y él nos pudiera tomar si quisiera, sino que lo
dejaba para mañana. Plugo a Dios que cuando amaneció nos
hallamos el francés y nosotros juntos, y cercados de las nueve
velas que he dicho que a la tarde antes habíamos visto, las cuales
conocíamos ser de la armada de Portugal, y di gracias a nuestro
Señor por haberme escapado de los trabajos de la tierra y peligros
de la mar. Y el francés como conoció ser el armada de Portugal,
soltó la carabela que traía tomada, que venía cargada de negros,
la cual traía consigo para que creyésemos que eran portugueses
y la esperásemos; y cuando la soltó dijo al maestre piloto de ella
que nosotros éramos franceses y de su conserva; y como dijo esto,
metió sesenta remos en su navío; y así, a remo y a vela, se comenzó
a ir, y andaba tanto, que no se puede creer. Y la carabela que soltó
se fue al galeón,430 y dijo al capitán que el nuestro navío y el otro
eran de franceses; y como nuestro navío arribó al galeón, y como
toda la armada veía que íbamos sobre ellos teniendo por cierto que
427 Las tormentas de este capítulo y del primero enmarcan el relato y
señalan claramente los pasajes de una cultura a otra. Luisa Pranzetti (1993)
estima que los naufragios son la puerta que separa un “espacio de naturaleza”
de uno “de cultura”.
428 Se refiere, desde ya, al archipiélago de las Azores en la costa africana.
Pertenecían ya en ese entonces a la Corona portuguesa.
429 La isla de Corvo es la isla más pequeña del archipiélago de las Azores.
430 Galeón: llaman también a los navíos destinados en España para el
comercio y viajes del Perú: son unos bateles grandes de carga. (DAut 1734:
8-1).

179
éramos franceses, se pusieron a punto de guerra y vinieron sobre
nosotros, y llegados cerca, les salvamos.431 Conocido que éramos
amigos; se hallaron burlados, por habérseles escapado aquel
corsario con haber dicho que éramos franceses y de su compañía.
Y así fueron cuatro carabelas tras él; y llegado a nosotros el galeón,
después de haberles saludado, nos preguntó el capitán, Diego de
Silveira, que de dónde veníamos y qué mercadería traíamos; y le
respondimos que veníamos de la Nueva España, y que traíamos
plata y oro. Y preguntónos qué tanto sería; el maestro le dijo que
traería trescientos mil castellanos.432 Respondió el capitán: «Boa
fe que venis muito ricos, pero trazedes muy ruin navio y muito ruin
artilleria, ¡o fi de puta! can a renegado francés, y que bon bocado
perdio, vota Deus. Ora sus pos vos abedes escapado, seguime e non vos
apartedes de mi, que con ayuda de Deus, eu voz porné en Castela».433
Y dende a poco volvieron las carabelas que habían seguido tras el
francés, porque les pareció que andaba mucho, y por no dejar el
armada, que iba en guarda de tres naos que venían cargadas de
especiería.434 Y así llegamos a la isla Tercera,435 donde estuvimos
reposando quince días, tomando refresco436 y esperando otra
nao que venía cargada de la India, que era la conserva de las tres
naos que traía el armada. Y pasados los quince días, nos partimos
de allí con el armada, y llegamos al puerto de Lisbona437 a 9 de
431 Salvar: vale asimismo por evitar algún inconveniente, impedimento,
dificultad o riesgo. (DAut 1739: 34-1)
432 Castellano: especie de moneda de oro de valor de 480 ó 485 maravedís.
(DAut 1729: 221-2)
433 Parlamento pintoresco supuestamente transcripto en lengua
portuguesa muy castellanizada, sobre todo en su ortografía. El habla mezcla de
portugués y de castellano contaminados entre sí era muy común en la época,
por la gran cantidad de interacciones entre ambas naciones.
434 Este episodio de corsarios franceses y portugueses que la nave
española evita tiene mucho de verosímil, puesto que, en la zona de las islas
Azores, las embarcaciones piratas, provenientes de diferentes rutas marítimas,
atacaban constantemente a las armadas comerciantes en su entrada a Europa.
Sin embargo, también tiene mucho de ficción imaginativa en su apariencia.
Como señala Pupo-Walker (1992: 310), la literatura de aventuras, secuestros y
rescates era común en los populares géneros de la narrativa breve italiana de la
época y en la novela bizantina del Renacimiento.
435 La isla Terceira también forma parte de las Azores.
436 Refresco: alimento moderado o reparo (resguardo) que se toma para
fortalecerse y continuar en el trabajo o fatiga. (DAut 1737: 539-1)
437 Lisboa.

180
agosto,438 víspera del señor San Laurencio, año de 1537 años. Y
porque es así la verdad, como arriba en esta relación digo, lo firmé
de mi nombre, Cabeza de Vaca. -Estaba firmada de su nombre, y
con el escudo de sus armas, la Relación donde éste se sacó.439

438 De 1537.
439 Esta fórmula de cierre del capítulo evidencia la intervención de otra
voz secreta en la escritura, probablemente un escribano o amanuense. La
mayoría de lo narrado aquí no aparece en la versión del cronista Oviedo, lo
que implica que, probablemente, haya sido una inserción posterior del autor
con la que pensaba finalizar su crónica.

181
Capítulo XXXVIII
De lo que sucedió a los demás que entraron en las Indias

Pues he hecho relación de todo lo susodicho en el viaje, y


entrada y salida de la tierra, hasta volver a estos reinos, quiero
asimismo hacer memoria y relación de lo que hicieron los navíos y
la gente que en ellos quedó, de lo cual no he hecho memoria en lo
dicho atrás, porque nunca tuvimos noticia de ellos hasta después
de salidos, que hallamos mucha gente de ellos en la Nueva España,
y otros acá en Castilla, de quien supimos el suceso y todo el fin
de ello de qué manera pasó, después que dejamos los tres navíos
porque el otro era ya perdido en la costa brava, los cuales quedaban
a mucho peligro, y quedaban en ellos hasta cien personas con
pocos mantenimientos, entre los cuales quedaban diez mujeres
casadas, y una de ellas había dicho al gobernador muchas cosas
que le acaecieron en el viaje, antes que le sucediesen; y ésta le dijo,
cuando entraba por la tierra, que no entrase, porque ella creía
que él ni ninguno de los que con él iban no saldrían de la tierra;
y que si alguno saliese, que haría Dios por él grandes milagros440;
pero creía que fuesen pocos los que escapasen o no ningunos; y
el gobernador entonces le respondió que él y todos los que con
él entraban iban a pelear y conquistar muchas y muy extrañas
gentes y tierras, y que tenía por muy cierto que conquistándolas
habían de morir muchos; pero aquéllos que quedasen serían de
buena ventura y quedarían muy ricos, por la noticia que él tenía
de la riqueza que en aquélla había. Y díjole más, que le rogaba que
ella le dijese las cosas que había dicho pasadas y presentes, ¿quién
se las había dicho? Ella respondió, y dijo que en Castilla una mora

440 Es la primera vez que se menciona la palabra “milagro” en el


texto, a pesar de que relata muchos. Los milagros eran la parte, de todo el
complejo de lo maravilloso, que, según Jacques Le Goff (1983), era admitida
y controlada ideológicamente por el cristianismo. A pesar de esto, si seguimos
el razonamiento de Jacques Lafaye (1984), en Naufragios lo sobrenatural se
vuelve llamativamente familiar. Los cronistas contemporáneos (como Gómara
y Oviedo) –que han escrito Historias en las que no escasean las apariciones
maravillosas–, cuando parafrasean a Cabeza de Vaca, omiten varios de los
episodios milagrosos de los que descreen.

182
de Hornachos441 se lo había dicho, lo cual antes que partiésemos
de Castilla nos lo había a nosotros dicho, y nos había sucedido
todo el viaje de la misma manera que ella nos había dicho.442 Y
después de haber dejado el gobernador por su teniente y capitán
de todos los navíos y gente que allí dejaba a Carvallo, natural de
Cuenca, de Huete, nosotros nos partimos de ellos, dejándoles el
gobernador mandado que luego en todas maneras se recogiesen
todos los navíos y siguiesen su viaje derecho la vía del Pánuco, y
yendo siempre costeando la costa y buscando lo mejor que ellos
pudiesen el puerto, para que en hallándolo parasen en él y nos
esperasen. En aquel tiempo que ellos se recogían en los navíos,
dicen que aquellas personas que allí estaban vieron y oyeron todos
muy claramente cómo aquella mujer dijo a las otras que, pues sus
maridos entraban por la tierra adentro y ponían sus personas en
tan gran peligro, no hiciesen en ninguna manera cuenta de ellos;
y que luego mirasen con quién se habían de casar, porque ella así
lo había de hacer, y así lo hizo; que ella y las demás se casaron y
amancebaron con los que quedaron en los navíos; y después de
partidos de allí los navíos, hicieron vela y siguieron su viaje, y
no hallaron el puerto adelante y volvieron atrás. Y cinco leguas
más abajo de donde habíamos desembarcado hallaron el puerto,
que entraba siete u ocho leguas la tierra adentro, y era el mismo
que nosotros habíamos descubierto,443 adonde hallamos las cajas
de Castilla que atrás se ha dicho, a donde estaban los cuerpos
de los hombres muertos, los cuales eran cristianos.444 Y en este
441 Hornachos, en la provincia de Badajoz, era, en el siglo XVI, una
región muy poblada de moriscos y de judíos conversos, entre los que se
suponía la existencia de nigrománticos. Pupo-Walker (1992: 138) reconoce,
en este personaje, el linaje de las celestinas literarias, de larga tradición desde
Virgilio a Cervantes.
442 El relato presenta nuevamente una estructura de “cajas chinas” en
la que se multiplican los enunciadores, lo que otorga un tono legendario.
Este estilo se complementa con el tema: un nuevo presagio fatídico e
inesperado (elemento tópico literario como los de los primeros capítulos), que
aparentemente habría predicho todos los naufragios y padecimientos que iban
a suceder. Con esto, se cierra la estructura profética, de espesor ficcional, que
se incrementa en los bordes del relato en desmedro de los “hechos de verdad”
concentrados, en cambio, en los capítulos centrales.
443 Se refiere a la bahía de Tampa en la Florida.
444 Esta recapitulación, hacia el final, de los incidentes de los primeros

183
puerto y esta costa anduvieron los tres navíos y el otro que vino
de La Habana y el bergantín buscándonos cerca de un año; y
como no nos hallaron, fuéronse a la Nueva España. Este puerto
que decimos es el mejor del mundo, y entra en la tierra adentro
siete u ocho leguas, y tiene seis brazas a la entrada y cerca de
tierra tiene cinco, y es lama el suelo de él, y no hay mar dentro
ni tormenta brava, que como los navíos que cabrán en él son
muchos, tiene muy gran cantidad de pescado. Está cien leguas de
La Habana, que es pueblo de cristianos en Cuba, y está a norte
sur con este pueblo, y aquí reinan las brisas siempre, y van y
vienen de una parte a otra en cuatro días, porque los navíos van
y vienen a cuartel.
Y pues he dado relación de los navíos, será bien que diga
quién son y de qué lugar de estos reinos, los que nuestro Señor
fue servido de escapar de estos trabajos. El primero es Alonso
del Castillo Maldonado, natural de Salamanca, hijo del doctor
Castillo y de doña Aldonza Maldonado. El segundo es Andrés
Dorantes, hijo de Pablo Dorantes, natural de Béjar y vecino de
Gibraleón. El tercero es Álvar Núñez Cabeza de Vaca, hijo de
Francisco de Vera y nieto de Pedro de Vera, el que ganó a Canaria,
y su madre se llamaba doña Teresa Cabeza de Vaca, natural de
Jerez de la Frontera. El cuarto se llama Estebanico; es negro
alárabe, natural de Azamor.

DEO GRACIAS

capítulos otorgan una estructura unitaria al relato y un final a la narración.


Esto era poco común para una crónica, género que, más bien, organiza la
materia narrativa de acuerdo con una cronología y sin un cierre que otorgue
sentido al relato.

184
el océano atlántico
Por pierre de va ulx, 1613
Dossier
El Naufragio: alteridad e identidad cultural*
Elena Altuna

En La naturaleza de las Indias Nuevas anota Antonello Ger-


bi: “El naufragio es la catástrofe que destruye la estructura eco-
nómica y técnica vigente, sin destruir la vida del supérstite (...).
Anula su condicionamiento histórico y jurídico, y hace de él un
simple ser de naturaleza. Es, por consiguiente, el paso más fácil
de la realidad a la utopía, de la sociedad a la naturaleza, del Pa-
sado al Futuro”.1 Esta peripecia, que significa la irrupción en lo
otro del espacio cultural propio, que por imposición del nombre
y bajo la advocación del soberano se asimila, en tanto territorio
conquistado, a lo conocido y determinado, proyecta una sombra
inquietante sobre quien lo padece.
La figura del náufrago se presenta como diferente en el
conjunto de la sociedad conquistadora; de allí que su inclusión
en las relaciones y crónicas requiera de mecanismos escriturarios
precisos que neutralicen su peripecia y lo reinscriban en el
discurso triunfalista.2 Para ello, la voz del náufrago se trasvasará
a una voz autorizada a relatar su infortunio, o bien, en el caso de
mantener su voz, el náufrago deberá someterse a una segunda

*El artículo fue publicado en Andando más más se sabe. Convengo Internazionale
“La scoperta dell’ America e la cultura italiana”. A cura di Pier Luigi Crovetto.
Consiglio Nazionale delle Richerche – Università di Genova. Roma: Bulzoni
Editore, 1994: 325-334.
1 Antonello Gerbi: La naturaleza de las Indias Nuevas. Trad. de Antonio
Alatorre, México, FCE, 1978, p. 301.
2 Para un desarrollo en muchos aspectos coincidentes, confrontar el
iluminador trabajo de Pier Luigi Crovetto, Raúl Crisafio y Ernesto Franco: “El
naufragio en el Nuevo Mundo: de la escritura formulizada a la prefiguración
de lo novelesco”. En Amerique Latine / Europe. Contacts / Echanges / Lectures.
Actes du Premier Colloque International du C.R.E.C.I.F. Número spécial du
Palinure, 1985-1986, pp. 30-41.

191
exigencia: la de la escritura ofrecida como servicio “no visto”.
En el extremo opuesto, el naufragio se convertirá en metáfora
de las pruebas enviadas por la divinidad; ello ocurre cuando no
habiendo existido la posibilidad de contacto con otra cultura,
el náufrago mantiene su identidad ideológica, lo que refuerza
entonces los valores españoles y cristianos.3 Nos proponemos
efectuar una somera recorrida por algunos de los textos que dan
cuenta del naufragio como crisis de identidad cultural, figura ésta
que pervive en el imaginario social a través de variantes como la
frontera o la marginalidad.4

1- López de Gómara

El episodio del rescate de Jerónimo de Aguilar se enmarca entre los


sucesos que tienen lugar en la isla de Cozumel, primera escala en la
conquista de México. La entrada está precedida en el texto por la
“Oración de Cortés a los soldados”: es éste un discurso triunfalista,
que exalta los deseos de honra y fama, sustentados en el provecho al
rey y a Dios, “por cuyo amor —dice Cortés— he puesto de muy bue-

3 En el reducido número de textualidades coloniales que ahora


relevamos, entendemos al “naufragio” como una peripecia que ocurre entre
otros sucesos que hacen de la conquista una acción encaminada a lograr la
apropiación territorial del Nuevo Mundo. Ello significa considerar que de
acuerdo con la perspectiva que se adopte, la identidad estará referida a un
cierto número de cualidades o valores que “identifican” al individuo como
perteneciente a una comunidad. Dialécticamente, la identidad del grupo se
conforma como diferencia frente a lo otro, trátese de otro grupo humano o
de un espacio aún no asimilado a lo mismo de la identidad. El “náufrago”,
en su condición de individuo separado cultural y espacialmente de su grupo,
participa de un conjunto de notas que hacen a “lo mismo” y a “lo otro”.
Como indica Amílcar Cabral, al estudiar la cuestión de la identidad: “La
definición de una identidad individual o colectiva es, pues, al mismo tiempo,
la afirmación y la negación de un cierto número de características que definen
a individuos o colectividades, en función de ciertas coordenadas históricas
(biológicas y sociológicas), en un momento dado de su evolución”. Citado
por Oruno Lara en “La historia y la elaboración de la identidad cultural”.
En: Varios, Historia y diversidad de las culturas. Barcelona: Serbal/Unesco,
1984, pp. 364-365.
4 Textos como el Relato de un náufrago... de García Márquez, El
entenado de Saer, o Ema la cautiva de Aira, recogen en la actualidad esta
experiencia de lo otro.

192
na gana el trabajo y el dinero”.5 Jefe, rey y Dios conforman la tríada
positiva, de modo tal que la consolidación de la imagen del conquis-
tador se sustenta, a manera de anillos concéntricos, en las otras dos.
Tales imágenes, en tanto valencias máximas, legitiman el enunciado
que, por un momento, queda a cargo de Cortés. Ese hacer persuasivo
de la “Oración”, que busca su efecto en los soldados, a quienes “les
parecía ir, no a guerra, sino a victoria y presa cierta.” (p.25), se focali-
za más tarde en los nativos y está dirigido a lograr una comunicación
efectiva. Es precisamente dentro del marco comunicativo deficiente,
donde se advierte la necesidad de un “intérprete”; Hernán Cortés,
considerando cuánto le importaría tener buen faraute para entender
y ser entendido, rogó al Calachumi le diese alguien que llevase una
carta a los barbudos que decían.” (p. 28); nuevamente se cede paso
en el texto a la voz de Cortés, mediante la transcripción de la carta
dirigida a los náufragos. Llegado Aguilar a la isla, la escena siguiente
es prácticamente similar a todos los relatos de reconocimiento. Dos
o tres signos permiten que el náufrago, desprendiéndose del otro
indiferenciado, se identifique con los españoles:

La canoa tomó tierra tras una punta o abrigo, y salieron de


ella cuatro hombres en cueros, excepto sus vergüenzas, con
los cabellos trenzados y enroscados sobre la frente como las
mujeres, y con muchas flechas y arcos en las manos; tres de
los cuales tuvieron miedo cuando vieron cerca de sí a los
españoles. El otro se adelantó hablando a sus compañeros en
lengua que los españoles no entendieron, que no huyesen ni
temiesen; y dijo luego en castellano: “Señores, ¿sois cristia-
nos?” (p. 30).

De este modo, a la vez que emerge la diferencia identificatoria


—lengua, religión y nación—, se articula la función que, desde el

5 Francisco López de Gómara: Historia General de las Indias (1552),


2 vols. Barcelona: Iberia, 1965, p. 24, vol. II. Citamos por esta edición.

193
comienzo, le ha sido adjudicada a Aguilar, esto es, la de “lengua”. El
relato que a continuación hace el intérprete de su peripecia, consti-
tuye el reverso infortunado de la “Oración” triunfalista de Cortés,
pero ambos se fundan en una misma axiología. Desde esa posición,
Aguilar “habla” e interpreta la actitud del otro náufrago, Guerrero,
cuyo nombre desaparecerá inmediatamente:

Yo le envié la carta de vuestra merced, y a rogarle que se vi-


niese (...) Mas él no quiso, creo que de vergüenza, por tener
horadada la nariz, picadas las orejas, pintado el rostro y ma-
nos a estilo de aquella tierra y gente, o por vicio de la mujer
y cariño de los hijos (pp. 31-32).

Así, pues, el relato de Aguilar reemplaza y subsume la voz y


el cuerpo del otro como evidencia de su transformación. Por otra
parte, no se le piden a Aguilar más detalles de su cautiverio que los
que Cortés precisa: si comen carne humana, con lo cual la certeza
de hallarse ante “gente tan inhumana y bárbara” (p. 32) ratifica la
voluntad de conquista. Reinscripto el náufrago en el marco de la
legalidad institucional al fijársele su papel de “lengua”, la acción co-
municativa puede efectivizarse, a la vez que se neutraliza cualquier
otro efecto que su larga estadía entre los indígenas pudiera tener:6 “...
daban gracias a Dios (...) por tenerlo por faraute cierto y verdadero.”
(p.32); “...él fue la lengua y medio para hablar, entender y tener noti-
cia cierta de la tierra por donde entró y fue Hernán Cortés.” (p. 32).

2- Bernal Diaz Del Castillo Diaz

En Bemal Díaz encontramos una versión diferente a la de Ló-

6 “Lo primero que quiere Cortés no es tomar, sino comprender; lo que


más le interesa son los signos, no sus referentes. Su expedición comienza con
una búsqueda de información, no de oro. La primera acción importante que
emprende (...) es buscar un intérprete”. Cfr. Todorov, Tzvetan. La conquista de
América. La cuestión del otro. México: Siglo XXI, 1987, p. 107.

194
pez de Gómara.7 No sólo hay una mayor abundancia de detalles,
dado que ha presenciado el suceso, sino que también, desde el punto
de vista de la elaboración del relato, la exposición es graduada por
medio de fórmulas prolépticas y analépticas8 que permiten la capta-
ción de acciones simultáneas en espacios diferentes, lo que mantiene
el suspenso y dota de dramatismo al episodio. Asistimos primero al
envío de las cartas y el rescate, luego al encuentro entre Aguilar y
Guerrero, en el cap. XVII, retomándose el episodio en el cap. XIX,
con la llegada de Aguilar a la isla. El reconocimiento del náufrago
demora en producirse, ya que “...ni más ni menos era que indio” (p.
69). Sólo cuando dificultosamente dice “Dios y Santamaría e Sevi-
lla”, se lo identifica, aunque su apariencia no permita distinguirlo
de los indígenas. Cortés no se comunica con él sino cuando “...le
mandó dar de vestir camisa y jubón y zaragüelles y caperuza y alpar-
gatos, que otros vestidos no había, y le preguntó de su vida, y cómo
se llamaba...” (pp. 69-70). El interdicto opera, en este caso, sobre el
cuerpo del otro, cuerpo que anula la palabra momentáneamente, ha-
ciendo prevalecer lo indeterminado. Recuperada la identidad cultu-
ral con la vestimenta, el náufrago puede, ahora, asumir la identidad
individual del nombre.
Ahora bien, la figura de Guerrero mantenía ciertas valencias
positivas hasta este momento, ya que de su respuesta a Aguilar (cap.
XVII) se infería una posición hegemónica entre los indígenas, así
como la conservación de rasgos morales y religiosos de su anterior
7 Bernal Díaz lo aclara explícitamente: “Y desta manera que he dicho
se hubo Aguilar, y no de otra, como lo escribe el coronista Gomara, y no
me maravillo, pues lo que dice es por nuevas”. En: Bernal Díaz del Castillo:
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1568). Madrid: Espasa
Calpe, 1968, p. 70. Para un análisis de los “proyectos” escriturarios de López
de Gómara y Bemal Díaz, cfr. Hernández Sánchez Barba, Mario. Historia y
literatura en Hispano-América (1492-1820). Madrid: Castalia, 1978, pp. 45-
56.
8 “Y dejaré esto e diré que...”; “Donde lo dejaré, así de los marineros
como esto del Aguilar”; “Y dejemos de hablar en ello, y diré como lo supo el
español que estaba en poder de indios...”. En: Díaz del Castillo, Bernal. Ibid.,
pp. 67-69. Citamos por esta edición.

195
cultura: “Yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique
y capitán cuando hay guerra; íos con dios...” (p. 66). Esta positivi-
dad, sin embargo, queda anulada poco después, cuando Aguilar,
el náufrago rescatado, se posicione como tal por oposición a
Guerrero, a quien se le atribuye el ser “...el inventor (de) que
nos diesen la guerra que nos dieron...” (p. 70). De este modo, se
certifica la traición y el definitivo enfrentamiento de Guerrero
con el bando español. A la transformación del cuerpo (“yo tengo
labrada la cara y horadadas las orejas...”), se le suma la negación de su
ser moral: “En verdad que le querría haber a las manos, porque jamás
será bueno.” (p. 70), dice Cortés. En la versión de Bernal Díaz,
ambos náufragos constituyen el anverso y reverso de una misma
realidad; la reinserción de Aguilar en el espacio institucionalizado
(en la legalidad que el texto propone) requiere la expulsión y
anulación de Guerrero.9

3- Alvar Núñez Cabeza de Vaca

La extraordinaria experiencia relatada por Alvar Núñez en la


relación que ha llegado hasta nosotros con el título de Naufragios,10
ejemplifica otra función de la catástrofe: la conversión del fraca-
so en triunfo,11 a partir de una escritura que al afirmarse como
“servicio” afirma, correlativamente, la identidad del cuerpo: “A lo

9 Lo que concuerda con el juicio de Diego de Landa: “...y es creíble


que fuese idólatra como ellos.”. Cit. En Todorov, T. Ibid., p. 206.
10 “La tradición, que invariablemente corrige las obras de los escritores,
ha impuesto el nombre de Naufragios, más significativo de la naturaleza de
los acontecimientos allí contenidos, al más general e inocuo de Relación
dado por Alvar Núñez Cabeza de Vaca al relato de sus desventuras en la zona
septentrional de las Indias.” Cfr. David Lagmanovich. “Los Naufragios de Alvar
Núñez como construcción narrativa”. En: Kentucky Romance Quaterly, 25: 1,
1978, p. 26.
11 Tomo la expresión del título del estudio de Lucía Invemizzi-Santa
Cruz, centrado en los componentes retóricos del texto, en: “Naufragios e
infortunios: discurso que transforma fracasos en triunfos”. En: Dispositio. Vol.
XI, nº 28-29, 1986, pp. 99-111.

196
cual suplico la resciba en nombre de servicio, pues éste solo es el
que un hombre que salió desnudo pudo sacar consigo.”12, peticio-
na en el Prohemio dirigido al rey.
La diferencia entre este texto y los de Gómara y Bernal
Díaz se funda —obviamente— en el hecho de que es ahora el
propio sujeto de la peripecia quien toma la voz para afirmar una
identidad que sobrevive a la errancia y a la permanencia en cultu-
ras diferentes durante años. El texto de Alvar Núñez parece pro-
poner una lectura inversa de los valores que sostienen a los otros
textos; más precisamente, los núcleos generadores de la escritura
se fundan en aquello que los otros textos niegan: la insistencia
en la desnudez, el sufrimiento del cuerpo sometido al hambre y
a las inclemencias del tiempo, !a antropofagia (“...y cinco chris-
tianos que estavan en rancho en la costa llegaron a tal estremo
que se comieron los unos a los otros hasta que quedó uno solo,
que por ser solo no huvo quien lo comiesse.”, p. 102). Estos in-
contables padecimientos se metaforizan en el “naufragio” como
quiebra de vectores culturales, insinuada a lo largo del texto: la
cobardía e ineptitud del jefe de la armada, Phanfilo de Narváez,
el de­sengaño sufrido ante la conducta equívoca de los españoles,
al reingresar a su cultura al cabo del peregrinaje.
Sin embargo, la identidad cultural del náufrago se afirmará
(en contraposición con la pérdida de ciertos valores) mediante
procedimientos como la bimembración (“La manera que ellos
tienen en curarse es ésta.../La manera con que nosotros curamos
era santiguándolos...”, p.105), la distancia oscilante producida
por el uso de los pronombres personales yo-nosotros-ellos, que al
semantizarse en el texto se tornan polivalentes (“...y que nosotros
veníamos desnudos y descalços y ellos vestidos y en cavallos y con
lanços, y que nosotros no teníamos cobdicia de ninguna cosa...”,

12 Alvar Nuñez Cabeza de Vaca: Naufragios (1542). Ed. de Trinidad


Barrera. Madrid, Alianza, 1985, p. 63. Citamos por esta edición.

197
p. 161). Es entonces la identidad cultural que se va reconstruyen-
do a medida que la escritura avanza, la que se ofrece en el Prohe-
mio como “servicio” que aspira al reconocimiento.

4- Gonzalo Fernandez de Oviedo

Oviedo dedica su quinquagésimo y último Libro de la His-


toria General y Natural de las Indias a tratar los Infortunios é Nau-
fragios en el Nuevo Mundo.13 En el Prohemio y a lo largo del
texto en varias oportunidades, Oviedo explicita el propósito que
lo mueve a componer su “libro de naufragios”, a saber: “...para
aviso de los que leyeren estos trabajosos sucesos de la mar (...) é
para que los que lo pudieren excusar, no naveguen.” (p. 180).14
Un fuerte didactismo impregna la narración, nominada al-
ternativamente “relación”, “lección”, “infortunio o naufragio”.
Este didactismo se expresa a través de sentencias del autor (frases
breves que califican los sucesos y constituyen apelaciones al lec-
tor), o de moralizaciones (frases extensas de tipo exclamativo con
frecuentes citas bíblicas o de autores latinos),15 que inscriben el
13 Gonzalo Fernández de Oviedo: Historia General y Natural de las
indias (1535-1549). Ed. de José Amador de los Ríos. Asunción del Paraguay:
Guarania, 1945, tomos XIII y XIV. Citamos por esta edición. El “Libro L”
consta de un “Prohemio” y treinta capítulos, de los cuales veintinueve tratan
acerca de diferentes naufragios. El último capítulo está dedicado a la defensa
del uso de la lengua española y del estilo llano.
14 Dice así en el Prohemio: “...que los hombres sepan con quantos
peligros andan acompañados los que navegan.” (p. 243). El “Libro L” actualiza
una vivencia común a esta época de peligrosas travesías marítimas, presentes
en el imaginario social a través de proverbios como el que cita Oviedo: “si
querés saber orar,/ aprended a navegar”.
15 Ejemplos de sentencia: “Lo cual suelen los buenos é semejantes
personas tener en más estimación que todos los bienes desta vida.” (p. 64);
“Paréceos, letor, ques gentil manera la que aveys oydo para buscar este oro
de las Indias? Pues sabed que los menos de quantos acá han venido le han
hallado, é que los más han topado en estas é otras muchas desventuras.” (p.
78). Ejemplo de moralización: “¿Qué vida ni pluma ni lengua puede bastar
para reçitar ó escrebir los peligros desta peregrinación é humana habitación, en
que tan obligados están los que viven en este valle de miserias é de espanto: ni
es vida ni assi se debe llamar sino muerte, en la qual en un momento morimos
por diversos mandamientos é deffetos, é muchas generasçiones de morir han.”
(p. 161).

198
relato en la tradición del “ejemplo” y del “caso de fortuna”.16
El propósito didáctico-moralizante, acentuado por la pre-
sencia del milagro y, por lo tanto, de lo imitable, actitud que
caracteriza a la hagiografía como “forma simple”, unido al rol
del cronista que testimonia lo visto y lo vivido, hacen de “esta
verdadera narración colmada de milagros” un aviso de fortuna,
un espejo de enseñanza para el cristiano. El hecho de que las na-
rraciones de naufragios sean calificadas como ejemplos o casos nos
permite advertir el punto en que la catástrofe textualizada en las
relaciones coincidirá con la actualización de tipos literarios de
antigua tradición, lo que naturalmente incide en el tratamiento
de la materia narrada. Así, pues, la estructuración en planos,
constituida por un carril narrativo, esto es, el relato de los nau-
fragios ordenado cronológicamente, y un carril didáctico-mora-
lizante, conformado por enunciados no narrativos que expresan
la axiología del texto, proponen una configuración más elabo-
rada que el relato directo de los “trabajos”. Ello ejemplifica las
transformaciones ejercidas sobre el proyecto inicial de Oviedo,
concebido como historia natural, paulatinamente ganada por el
propósito de mantener la memoria de los hechos notables, para
llegar a construir, finalmente, en el Libro L, una gran metáfora
de signo negativo que enseña por su contrario: la del naufragio.
Para deslindar con mayor precisión 1a función que es­te suceso
adquiere en el texto de Oviedo, revisaremos brevemente dos re-
latos.
En el cap. III se relata la pérdida de una nave cargada de
pasajeros y mercancías en las costas de Tierra Firme: “E dado assi
16 Nominaciones también presentes en el texto: “Y por todo lo que
tenga dicho deste naufragio avreys entendido quán trabaxada é de poca firmeça
es aquesta vida de los hombres, y en este exemplo podreys entender que lo que
passó por el licençiado Çuaço es un tropheo memorable para aprender los
cuerdos é prudentes á comportar los desastres é casos de fortuna, en que andan
obligados los que viven en la tierra, é los que navegan en la mar...” (p. 72). Para
un estudio del “kasus” y de la hagiografía, cfr. André Jolles: Las formas simples.
Trad. Rosemarie Kempf Titze, Santiago: Ed. Universitaria, 1972.

199
el navio al través, los hombres de la mar que en él yban, como
eran más sueltos y diestros en estas cosas y suelen serles tales he-
chos ó acostumbrados más á su provecho que de los passageros
ni del próximo, assi como vieron que yban perdidos é á dar en la
tierra, sacaron presto la barca de la nao é los remos é lançáronse
en ella, sin dexar entrar con ellos ningun passagero...” (p. 252). Se
produce, así, una primera discordancia en el interior de la nave,
entendida como espacio que reproduce las normas de una cul-
tura: ruptura de la jerarquía, abandono de los lugares asignados,
conversión, por tanto, del espacio en antiespacio.17 Tal inversión
de valores requiere de un reordenamiento, el cual se produce, en
el orden cerrado de la crónica,18 por medio de la sentencia del
autor, regida por el principio de la justicia poética: “E assi como
usaron de fraude y engaño é no tuvieron piedad ni misericordia
con los passageros, é no dieron lugar á que ninguno dellos entras-
se en la barca, é se lo defendieron con las espadas arrincadas, assi
acabaron mal é se perdieron, que nunca despues se supo dellos ni
qué se hicieron.” (p. 253).
Otra prueba mayor espera a los atribulados náufragos, y es
el encuentro con “más de trescientos hombres de guerra”, quienes
los cercan y les preguntan si quieren oro. “Los christianos señala-
ban que querian comer, é por su señas desechaban é no querian el
oro.” (p. 253). Si la escena parece poco probable, no lo es dentro

17 La travesía por mar, vivida como paréntesis penitencial, es estudiada


por Pier Luigi Crovetto en: “ ‘La vida de la galera dela a Dios a quien la
quiera’ ”. Appunti di lettura (Antonio de Guevara, Eugenio de Salazar, Tomás
de Torre). En Studi di iberistica in memoria di Alberto Boscolo. Roma: Bulzoni
editore, 1989, pp. 49-59.
18 “Las crónicas son discursos cerrados que remiten a la persona del
autor como instancia muchas veces legitimadora de su sentido y de su verdad:
no es inusual, por esto, que el cronista incorpore su experiencia al tejido del
discurso como mecanismo que garantiza la autenticidad de lo que dice, con
lo que duplica su presencia y enfatiza consistentemente su autoridad.” Cfr.
Antonio Cornejo Polar: “El comienzo de la heterogeneidad en las literaturas
andinas: voz y letra en el ‘Diálogo’ de Cajamarca”. En Revista de Crítica
Literaria Latinoamericana. Año XVII, nº 33, 1990, p. 192.

200
de la lógica del relato, estructurado según el modelo clásico de las
pruebas. Superada de esta manera la prueba de la codicia, resta
la prueba suprema: la de la antropofagia. Nuevamente en el mar,
y a la deriva, un grupo de náufragos echa suertes para dirimir el
orden en que se comerán entre ellos, “Y estando en este trabajo,
quiso Nuestro Señor que vieran la nao ques dicha...” (p. 256). Se
instaura de esta manera un equilibrio entre el suceso, ocurrido
efectivamente y certificado por el historiador, y el ordenamiento
narrativo de las partes, mechado por la presencia e interpretación
de signos providenciales; en los momentos de mayor tensión lo
providencial adviene en refuerzo de los valores culturales propios.
La historia del naufragio del licenciado Zuazo ocupa una
posición nuclear en el texto. El relato está dividido en treinta y
nueve parágrafos y abarca no solamente el naufragio y la supervi-
viencia en la isla de los Alacranes, donde la Providencia los libra
a cada paso de una muerte segura, sino además las acciones que,
ya rescatado, cumple Zuazo en la Nueva España, en defensa de
la autoridad de Cortés y del rey, así como la destrucción de un
levantamiento indígena y la propagación de la fe.
La figura del náufrago adquiere aquí la dimensión de lo imi-
table: el licenciado Zuazo “...que sin dubda es un espejo de exem-
plos é miraglos que obró Dios con él...” (p. 45), y su peripecia,
son concebidas como exemplo que conseva los rasgos del relato
hagiográfico, con­figuración ésta que permite el pasaje de la histo-
ria a la alegoría, ya que: “...ni aun en las novelas de los fabulosos
griegos no está escripta semejante cosa, ni todas las metáphoras
del Ovidio en sus Metamorphoseos no son igual comparación,
sabida la verdad de la historia ó alegoría...” (p. 5).
Así, pues, una doble función posee el relato del naufragio en
el texto de Oviedo: didáctica, porque busca alertar acerca de los
peligros de la navegación; y moralizante, en la medida en que el

201
naufragio ingresa en el orden de las pruebas para convertirse en
metáfora del sufrimiento cristiano; los reveses de la fortuna for-
man de este modo parte de un designio divino, en consonancia
con el carácter universalista de la Historia de Oviedo.
En los casos anteriores, el náufrago está en contacto con una
cultura diferente, en Oviedo no hay pasaje a otra cultura; ello
implica que en Gómara, Bernal Díaz y Álvar Núñez el naufragio
es concebido como crisis de la identidad cultural; sus efectos
son, por tanto, neutralizados, en la medida en que el náufrago es
reinsertado como mediador en el orden institucional en la figura
del “intérprete”, o bien anulados, negándosele su ser español y
cristiano. En Oviedo no hay crisis de la identidad cultural sino
acentuación de los valores de la propia cultura. No obstante
ello, y al constituir el “Libro de los Naufragios2 el último de
su monumental Historia General y Natural de las Indias opera,
intratextualmente, como el reverso del relato triunfalista de la
conquista de las Indias, mostrando los infinitos “trabajos” que
la búsqueda de fortuna ocasiona y los peligros de la codicia. La
figura ejemplar del licenciado Zuazo, prototipo del caballero
cristiano y español representa, en el sistema ideológico que el
texto despliega, el pasaje “de la realidad a la utopía”, como señala
Antonello Gerbi.

202
América y el mundo en el siglo XVI
La formación del imperio español

Julián Carrera
Emir Reitano

La conquista española de América está repleta de éxitos y


fracasos, de glorias y humillaciones y de profundas contradicciones.
Si las dos primeras décadas del siglo XVI pueden ser llamadas
la época del explorador profesional, las tres siguientes fueron el
período del conquistador profesional, y es que en esos años unos
cuantos miles de soldados se apoderaron de la mayor parte de
las regiones pobladas de América logrando consolidar el primer
gran imperio ultramarino de Europa. De este modo, cuando en
octubre de 1492 las naves procedentes de España comandadas por
un incógnito genovés arribaron al primer territorio del continente
que poco más tarde fue conocido como América, se abrió un
nuevo período en la historia de la humanidad. Hecho que, por
supuesto, sus contemporáneos nunca pudieron dimensionar en
su verdadera magnitud.
América entró en la escena europea con el descubrimiento
de sus riquezas minerales y en pocos años el espacio mediterráneo
fue perdiendo su protagonismo en detrimento del nuevo espacio
atlántico que se abría a los ojos de Europa y el mundo. Mucho
antes de que América tomase sus formas regionales de acuerdo
a los imperios que se asentaron en ella, esta tierra fue poblada,
explorada y conquistada por puñados de hombres, aventureros
que se adentraron en ella en busca de fortuna y ascenso social
dentro de la lógica del Antiguo Régimen. No obstante, en la
mayoría de los casos encontraron la muerte a causa de indios
salvajes, naufragios, rencillas intestinas o enfermedades del
trópico. En líneas generales los conquistadores pertenecían a la

203
baja nobleza española, hidalgos, militares y marinos con pobre
instrucción y una modesta condición económica. Predominaron
los hombres solteros provenientes en su mayoría del sur español
(Andalucía, Badajoz y Canarias).
Según los cronistas de la época “los reyes no pusieron más
que papel y palabras”, sin embargo ni la conquista ni la coloni-
zación fueron empresas privadas, siempre estuvieron articuladas
dentro de la Monarquía española y dirigidas por ella. Los jefes de
las expediciones eran depositarios de la autoridad del rey y todo
territorio de las Indias pertenecía a la Corona, por lo tanto nadie
podía realizar acciones sin su expresa autorización. La iglesia ca-
tólica por su parte también tuvo un rol destacado en el proceso
de conquista al justificar moralmente ante Europa, la acción de la
monarquía española en la ocupación y el sometimiento de los te-
rritorios del “nuevo mundo”, y expandir su religión allí a través de
sus agentes. La estrecha relación entre el Vaticano y la monarquía
española se reflejó en la decisión del Papa de delegar en los reyes
católicos amplias potestades para administrar la iglesia y la evan-
gelización en las Indias, lo que se conoce como el “derecho de
patronato”. La intervención de la iglesia se muestra también en
la implementación del “Requerimiento”, documento leído por
los conquistadores a los indígenas que autorizaba por mandato
divino la conquista de las tierras y el sometimiento de aquellos
pueblos que se negaran a ser evangelizados. A través de este ar-
tilugio legal la monarquía y la Iglesia intentaron legitimar la vio-
lencia contra los pueblos indígenas en lo que se dio en llamar la
“guerra justa”. En definitiva para los indios la evangelización fue
una forma complementaria de agresión.

204
La conquista del Caribe

En esta primera fase de la conquista predominaron la


vacilación y la incertidumbre, los fracasos y las decepciones, los
conflictos internos y los magros botines. Mucho se ha dicho sobre
el primer viaje de Colón: tres carabelas, 87 hombres y un destino
incierto hasta que, el 12 de octubre de 1492, un marinero de la
Pinta llamado Rodrigo de Triana divisó la ensenada de Guanahani
(Islas Bahamas) luego de treinta y tres días de navegación desde
Las Canarias por un mar desconocido.
El regreso tuvo todos los honores luego de que la pequeña
flota recorriera las Bahamas, Cuba y Santo Domingo. Colón
supo descubrir una excelente ruta de retorno, la que fue seguida
por más de trescientos años: la ruta de las latitudes medias donde
dominan los vientos del oeste (Bennasar 1985: 60)
Su segundo viaje señaló los propósitos coloniales de la
corona española, 17 naves y 1.200 hombres, lo que constituía
una verdadera armada organizada a catorce escasos meses de la
primera salida. Entre 1493 y 1499, Colón intentó montar una
empresa comercial monopólica para extraer oro bajo un sistema
que se conoce como el “Modelo de factoría”. Este modelo
consiste en un tipo de asentamiento de enclave que funciona
como puerto, aduana y almacén para establecer intercambios con
los pueblos autóctonos.
Los resultados de esta empresa inicial fueron pobres por la
baja recolección del metal aurífero debida en buena medida a
la débil colaboración de los indígenas y al rechazo de los colo-
nos españoles a trabajar llegaron así los primeros conflictos pues,
ante la brutalidad que dominaba los intercambios implementa-
dos para extraer oro a costa del trabajo de los nativos, los indíge-
nas se levantaron. El modelo de Colón entró en conflicto con el

205
modelo colonial español y con sus propios subordinados en las
islas, lo cual precipitó la expulsión del Almirante del comando
de la empresa, y su prisión. Es entonces que en 1499 la factoría
colombina fue remplazada por una gobernación.
Tras esta experiencia fallida como gobernante, Colón se de-
dicó a la exploración, en su tercer y cuarto viaje reconoció parte
del litoral de América Central y una parte de lo que hoy es Co-
lombia y Venezuela. En paralelo, el genovés puso en marcha los
denominados viajes menores que exploraron y colonizaron otras
islas del Caribe con explotación inmediata y violenta.
En 1499 se inició una nueva fase que dejaba atrás el modelo
de factoría por un modelo de colonización. Existían ya cuatro
enclaves principales que reunían a la población colonial de la isla
de Santo Domingo. Estos emplazamientos no eran del todo es-
tables porque los españoles se fueron desplazando de isla en isla
a medida que los recursos se agotaban y se descubrían nuevos
placeres de oro. En 1502 se produjeron los primeros ensayos de
población en La Española, arribaron 1.200 hombres al mando de
Nicolás de Ovando, el primer gobernador. En 1503 se montó el
primer ingenio azucarero lo que refleja una de las características
de la intención colonizadora: la producción. Mientras tanto en
las otras islas se institucionalizan las conquistas con la fundación
de cabildos (1508 en Puerto Rico y 1511 en Cuba y Jamaica)
Los desplazamientos de españoles junto con las enferme-
dades, generaron una abrumadora desestructuración de las po-
blaciones indígenas. En La Española los ciclos de extracción del
oro y los ciclos demográficos fueron cruciales en el ritmo de los
acontecimientos. Importantes yacimientos que fueron localiza-
dos al comienzo de la conquista produjeron riqueza suficiente
para sostener toda la operación de los españoles, empero, hacia
1515 estos yacimientos comenzaron a agotarse. Los españoles

206
a través de la encomienda, (sistema de reparto de indios como
mano de obra otorgado como premio a los conquistadores) tu-
vieron acceso a la fuerza de trabajo suficiente para los yacimientos
de oro durante un breve pero importante lapso. No obstante, el
declive demográfico de la población indígena fue tan acelerado
que el agotamiento de esta energía humana precedió al agota-
miento de los yacimientos. La respuesta a esta situación consistió
en enviar expediciones (llamadas cabalgadas) con el fin de cap-
turar mano de obra esclava en las islas circundantes, mientras
que a su vez continuaba la acelerada ocupación de Puerto Rico,
Jamaica y Cuba en donde inmediatamente se reprodujeron ciclos
similares a lo acontecido en La Española. Así comenzaba a pro-
ducirse un círculo vicioso que devastó a la población caribeña:
los yacimientos o la mano de obra se agotaban rápidamente, los
españoles se trasladaban a otra isla y repetían el mismo proceso
indefinidamente. A tal punto llegó esta desestructuración de la
población caribeña que para el momento de la conquista de Mé-
xico, acaecido entre 1519-1521, la base original demográfica y
minera había desparecido por completo del Caribe. Para 1520 ya
nada quedaba del Caribe que había encontrado Colón en 1492
(Lockhart; Schwartz 1992: 68).
A pesar de todas estas vicisitudes Santo Domingo
conservó por varios lustros el aura de la capital de las Indias. Su
crecimiento como ciudad, la fundación de la primera catedral
americana en 1504, la primera audiencia en 1511 y años más
tarde la creación de la primera universidad en 1538, le otorgó
un lugar de privilegio. Ser el primer asentamiento europeo en el
Nuevo Mundo la convirtió en la primera sede gubernamental y
a todo ello contribuyó un breve auge de la extracción de perlas
en las costas de Venezuela, mientras que la exportación de azúcar
y otros bienes exóticos proporcionaron a la isla una nueva base

207
económica. La importación de esclavos africanos generó un lento
proceso de cambio en la base demográfica caribeña. A su vez, el
caribe continuó siendo por años la base de operaciones para el
abastecimiento y la seguridad de las flotas que iban y venían entre
España y las regiones centrales de Hispanoamérica (Lockhart;
Schwartz 1992: 68).

La institucionalización de la conquista

La corona española, antes de que finalizara la etapa de


conquista, ya estaba construyendo un sistema administrativo
destinado a controlar este nuevo mundo que todavía distaba mucho
de convertirse en un imperio. Desde los primeros viajes de Colón
se intentó reglamentar todos los asuntos coloniales, la relación
entre la Corona y el individuo que quisiese participar en una
empresa en Indias, se efectuaba mediante la CAPITULACIÓN.
Ésta consistía en un documento de naturaleza contractual
en el cual, por un lado, la Corona autorizaba y estipulaba su
participación en los beneficios y otorgaba derechos al explorador
y éste por su parte se comprometía a financiar la empresa.
Otro modo de intervención de la Corona fue a través de
La Casa de Contratación, institución fundada en 1503, la cual
controlaba todos los intercambios producidos entre España y las
Indias. La gobernación fue la unidad política de los primeros
decenios de la conquista y la corona comenzó con los recortes a la
autoridad de conquistadores-gobernadores creando funcionarios
reales menores.
En 1508 se creó la Gobernación de Uraba (actual Colom-
bia) concedida a Alonso de Ojeda y en 1509 se fundó Santa
María La Antigua (golfo del Darién), el primer asentamiento
continental. Al mismo tiempo se creó en la actual Panamá la Go-

208
bernación de Veragua la cual se dividió más tarde en Castilla del
Oro, gobernada por Pedrarias Dávila y al sur en La Tierra Nueva
de la Mar del Sur, otorgada a Núñez de Balboa hasta 1519 cuan-
do fue asesinado por orden de Pedrarias. En ese mismo año se
fundó Panamá que se convirtió en capital de Castilla del Oro y
base de lanzamiento de las expediciones hacia el sur, desde donde
partirán Francisco Pizarro y Diego de Almagro para descubrir y
someter más tarde al imperio Inca de los Andes.
Las leyes de Burgos de 1512, constituyeron la primera
expresión normativa que intentó regular las relaciones entre los
españoles y los indios, ante los recurrentes abusos de los colonos
y las encendidas denuncias de los clérigos que acompañaron a los
conquistadores. El principal punto de conflicto lo constituían las
encomiendas, en especial la de los encomenderos absentistas, las
cuales fueron abolidas. No obstante los abusos continuaron.
Ahora bien, los indígenas no fueron víctimas pasivas en este
proceso, algunos caciques iniciaron ataques contra los españoles
e intentaron confederar a todos los grupos sin éxito. La exigencia
del tributo en oro no podía ser cumplida ni era tolerada, lo que
generó mayor resistencia. En Cuba hubo ataques sorpresivos y
quemaron el primer asentamiento español. La primera vez que
se empleó el Requerimiento fue un fracaso pues los indígenas
reaccionaron con violencia.
Con la creación del Consejo de Indias en 1524 se completó
la fase inicial de estructuración institucional de las posesiones
españolas en América y terminó de cristalizar el interés
metropolitano en el control férreo de las mismas. Todo estaba
tan reglamentado y prescrito por ley que hasta se necesitaba una
licencia para cazar jabalíes en alguna remota región del Caribe.
Se aprobaron tantos miles de ordenanzas que sólo con dificultad

209
fue posible codificarlas y publicarlas muchos años después en lo
que se llamó la Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias en
1680. Aquella multitud de leyes siguió creciendo de manera tan
vertiginosa que fracasaron sucesivamente todos los intentos por
poner al día dicha recopilación (Garraty; Gay 1981: 248).

El boom de las exploraciones

Mientras se sucedían los hechos narrados precedentemente


en el Caribe, en España don Fernando el Católico convocó la
junta de navegantes de Burgos y en ella se acordó la creación
del cargo de Piloto Mayor cayendo esta responsabilidad en el
florentino Américo Vespucio. Dicho cargo tenía la misión de
enseñar y examinar a los pilotos que navegasen hacia las Indias y
debía también llevar al día un padrón donde figurasen todos los
descubrimientos que se fuesen realizando al estilo de lo que hacía
la corona portuguesa desde 1482. También se decidió la inmediata
preparación de viajes de exploración sobre nuevas regiones en el
Caribe continuando la empresa colombina. Esta nueva creación
configuró y delineó una nueva política descubridora por parte
de España que apuntaba hacia la búsqueda del tan ansiado paso
interoceánico todavía desconocido. Con el descubrimiento del
mar del sur (océano Pacífico) por Vasco Núñez de Balboa en 1513
y más tarde con el paso del estrecho realizado por Magallanes, la
continentalidad de las llamadas Indias pasó a ser una realidad
palpable.
Fue entonces que, hacia 1519, se iniciaron las grandes
empresas de penetración y asentamiento en el continente
americano y la presencia española en las Indias ya no se redujo
prácticamente a las islas del Caribe. Al nombrar el rey a Nicolás
de Ovando como gobernador de La Española, éste se propuso

210
ordenar la zona que había caído en la corrupción y anarquía
con el gobierno de Colón. Con Ovando en el gobierno se logró
consolidar la expansión de la población española en las grandes
islas antillanas, fundamentalmente Cuba, Puerto Rico y Jamaica.
Con la expansión y ocupación de las islas, Nicolás de Ovando
se pudo abocar a la expansión continental y de este modo, los
habitantes de Cuba pudieron acumular entre 1516 y 1518
información suficiente para lanzarse a las grandes empresas de la
expansión por tierra firme (Cortés 1985: 9).
La conquista del continente se logró en un plazo demasiado
breve si observamos que, entre el descubrimiento colombino y
la conquista del imperio Inca por parte de Pizarro que marcó el
fin de las grandes conquistas, transcurrieron menos de cincuenta
años (1492-1536). Sin embargo, gobernar semejante imperio no
fue sencillo ni rápido.

La conquista del mundo mesoamericano y sus crónicas

La isla de Cuba una vez conquistada se convirtió en base


de lanzamiento de expediciones al continente. Las dos primeras
empresas tuvieron un carácter netamente exploratorio, la primera
al mando de Hernández de Córdoba y la segunda al mando de
Juan de Grijalva entre 1517 y 1518. Muy distinta fue la expedición
al mando de Hernán Cortés quien, al igual que sus antecesores,
tenía órdenes de explorar y de rescatar a algunos náufragos de las
empresas anteriores. Haciendo caso omiso de aquellas órdenes
inició la más extraordinaria empresa de conquista que haya
experimentado el continente.
En febrero de 1519 Cortés partió desde Cuba con once na-
ves, 400 soldados españoles y 200 indios, rumbo a México. Ya re-
suelto a profundizar sus objetivos fundó Veracruz en las costas del

211
golfo y se reunió con indios de Cempoala a los que supo atraer.
En Yucatán tuvo un enfrentamiento con nativos y tomó 20 indias
entre las que se encontraba La Malinche quien cumplió un rol
fundamental como traductora. En su marcha hacia Tenochtitlán,
la capital del imperio de la Triple Alianza, venció a los tlaxcaltecas
que luego se convirtieron en aliados clave en la lucha contra los
aztecas. En este sentido, el avance de Cortés se vio favorecido
por el descontento de los pueblos sometidos al imperio azteca.
El emperador Moctezuma envió embajadores con obsequios para
intentar que Cortés desistiera de su conquista pero no tuvo éxito.
El 8 de noviembre de 1519 Cortés entró en Tenochtitlán
donde fue recibido y agasajado por Moctezuma, de quien consi-
guió que se declarase vasallo de Carlos V. Luego lo hizo prisio-
nero con el pretexto de que algunos españoles habían sido asesi-
nados en Veracruz. Cortés, enterado de que había sido enviada
por el gobernador de Cuba una escuadra en su búsqueda, dejó a
Pedro de Alvarado a cargo de sus hombres en Tenochtitlán. Salió
a su encuentro y no sólo los venció sino que los convenció de que
podrían actuar en su favor. Tuvo que volver inmediatamente a
Tenochtitlán ya que los Aztecas se habían sublevado contra Pedro
de Alvarado y en esta gran revuelta murió Moctezuma en cir-
cunstancias poco claras. Los españoles se vieron obligados a una
peligrosa retirada conocida como la Noche triste el 1 de julio de
1520. Cortés, reorganizado volvió a Tenochtitlán al año siguiente
ya con una armada más compleja. Sitió la ciudad, hizo prisionero
a Cauhtémoc, último emperador azteca, y consiguió la rendición
de la ciudad agobiada por el hambre y la peste.
Luego de su conquista, Carlos V lo nombró gobernador,
capitán general y justicia mayor de Nueva España. Pero su
autoridad sobre el gran territorio conquistado no duró mucho,
en 1526 tuvo que entregar la “Vara de mando” a otro gobernador

212
nombrado por la Corona. Posteriormente el emperador creó una
audiencia en 1527, la cual tomó el poder y apresó a Cortés en
1530. En 1531 fue liberado y se le encomendaron expediciones
de exploración pero ya nunca volvió a tener cargos de autoridad
en la tierra que había conquistado. En 1534 se creó el Virreinato
de Nueva España y a partir de esta institución la Corona intentó
mantener el control de ese territorio que le proveería innumerables
riquezas.
La conquista de México transformó de manera abrupta
la imagen del Nuevo Mundo. Hasta que ocurrieron los hechos
de 1519-1521 los españoles habían guardado silencio acerca
de la invasión, dejando esa tarea descriptiva a aventureros y
humanistas. Sin embargo a Europa llegaron las noticias de la
conquista de México por la publicación de las cartas enviadas por
Hernán Cortés al emperador Carlos V. Estas cartas informaban
acerca de los territorios recién adquiridos pero con una narrativa
diferente. Finalmente había aparecido un español que narraba
una historia muy española: su prosa se elevaba a la grandeza de la
ocasión, ofreciendo el espectáculo de un capitán que se apartaba del
calor de la batalla para redactar informes a su real señor (Brading
1991: 40-41).
Desde la perspectiva europea y de la corte imperial, la
habilidad de Cortés para presentar relatos convincentes sobre sus
hazañas fue tan importante como la realización de los mismos
hechos. Su expedición, en parte financiada por el gobernador de
Cuba Diego de Velásquez, había tenido instrucciones estrictas de
limitarse a reconocer las costas sin hacer intento por internarse
en tierra. La fundación y el establecimiento de un Cabildo en
Veracruz en la costa del golfo de México, le otorgó una base legal
y una actitud de total desafío para desvincularse del gobernador

213
de Cuba. No contento con ello, Cortés lanzó una ofensiva contra
el gobernador tildando de “tiránico” su proyecto, afirmando que
lo único que quería era repetir la devastación generada por la
fiebre del oro en las Antillas en las costas continentales, en cambio
Cortés presentaba una imagen suya de un conquistador pacífico y
diplomático, ganando así nuevos reinos para el imperio y para la
fe cristiana (Brading 1991: 40-41).
De este modo las cartas de Cortés tienen la virtud de
alcanzar estimables cotas literarias llegando a tomar aires de
una verdadera novela de caballería, pues en ellas encontramos
fórmulas estructurales típicas de tal modelo literario. Con
habilidad diplomática y artimañas políticas logró Cortés, a través
de sus cinco cartas enviadas a Carlos V entre 1519 y 1526, que
el emperador diera por bueno lo que había sido en principio un
delito de rebelión consagrando con la fuerza del derecho lo que
los hechos pregonaban. Así, la aventura de Cortés estaba repleta
de traiciones, crueldades e ingenio, sin empacho de mentir con
el fin de conseguir sus propósitos de conquista. Sin embargo,
la dominación del territorio que fue bautizado con el expresivo
nombre de Nueva España, nos hace pensar en el enorme alivio
que debió suponer para los españoles el acceso y asentamiento
en las tierras altas y templadas del México central, tras la dura
experiencia impuesta por la agresión ecuatorial de las tierras bajas
y húmedas del Caribe.
En el otro extremo de Cortés y sus cartas de la conquista se
encuentra tal vez Alvar Nuñez y sus “Naufragios” de 1542, autor
y protagonista de una de las más infortunadas expediciones a “la
Florida”, que marcó la desdicha de unos caballeros intrépidos y
aventureros que se adentraron en ella. Desde que en 1512 don
Juan Ponce de León descubrió lo que llamó “La isla Florida” hasta
la expedición de Hernando de Soto que regresó muy malparada

214
a México en 1542, todos los intentos por conquistar esa región
estuvieron signados por el fracaso. La expedición dirigida por
Pánfilo de Narváez en 1527 fue ejemplar en cuanto a imprudencia
y mala dirección. Así, luego de haber tenido éste sus conflictos
en la conquista de Cuba con Diego Velásquez y en su posterior
enfrentamiento con Cortés, en noviembre de 1526 firmó con el
emperador una capitulación gracias a la cual se le concedió la
facultad para descubrir, conquistar y poblar el territorio desde el
río Las Palmas hasta la Florida. La expedición zarpó del puerto
de Sanlúcar de Barrameda en junio de 1527 y con ella partió
también Alvar Núñez en calidad de tesorero y alguacil mayor
(Barriera 1985: 18).
La epopeya de Alvar Núnez, que lo llevó a desplazarse
de costa a costa de lo que actualmente es el sur de los Estados
Unidos, fue la materia argumental de esta crónica denominada
“Naufragios”, en la que el relato de las desdichas en sí mismas
no era el nexo sino que lo era la correcta combinación de lo
informativo y lo literario que caracterizaban a una buena parte de
las crónicas de Indias.

La conquista del sur andino

Francisco de Pizarro había asistido, junto con Núñez


de Balboa, al descubrimiento del mar del Sur y, a las órdenes
de Pedrarias Dávila, a la conquista de Panamá de modo que,
establecido allí, había oído hablar de otro fabuloso imperio. Tres
viajes hizo el conquistador a la aventura y en las condiciones más
hostiles hasta dar con dicho imperio, capturar al inca Atahualpa
y someter a los indígenas (Cortés 1985: 10). Para ello, se había
asociado con Diego de Almagro y Luque para comprometerse a la
conquista del Perú, partiendo el mismo año de 1526 la expedición.

215
Por diversas circunstancias, Pizarro y 13 soldados quedaron
solos en la isla de Gorgona, hasta que siete meses después llegó
Almagro con unos pocos hombres de su tripulación. Con tan
pocos recursos emprendieron la marcha sobre el Perú llegando a
Tumbes, donde residía el inca Túpac Yupanqui. Convencido del
poderío del imperio incaico regresó a Panamá en 1527 en busca
de recursos para poder organizar una expedición de conquista.
Para organizar la empresa Pizarro y Almagro contaban en Panamá
con el apoyo de Gaspar de Espinosa, encomendero de Panamá
que fue el principal inversor de la expedición. A su vez Espinoza
tuvo que encargarse de limar asperezas y aglutinar a Pizarro y
Almagro, porque en 1529 la Corona le había concedido a Pizarro
el derecho a conquistar Perú con el título de capitán general,
este hecho dejó a Almagro en segundo plano y ello incentivó la
enemistad entre ambos conquistadores.
La expedición que salió de Panamá en 1531 era mucho
más reducida que la de Cortés: tres bergantines, 180 hombres
y 37 caballos. Primero se dirigió hacia Tumbes, pero surgieron
dificultades y por poco fracasó, sin embargo los refuerzos llegados
de Panamá al mando de Hernando de Soto permitieron continuar
con la misma. En Tumbes, donde otrora Pizarro y sus huestes
habían sido bien recibidos, fueron atacados, muchos españoles
murieron y la ciudad fue reducida a cenizas por sus habitantes.
Pero la moral de Pizarro se reanimó al enterarse de que una
violenta guerra de sucesión imperial mantenía enfrentados a dos
hermanos, Atahualpa y Huáscar.
Cabe destacar que en el comienzo de la conquista del Perú
todo era incertidumbre, los cronistas españoles inicialmente
hablaron de la gente andina de manera deficiente y confusa. Así,
una relación que narra la captura de una balsa con habitantes
de la costa peruana es el primer documento conocido de la

216
relación entre españoles y habitantes del área andina y fue escrita
probablemente por Bartolomé Ruiz, piloto de la nave que se
encontró con la balsa. Incluso los cronistas que se hallaban en
Cajamarca y presenciaron la captura del Inca Atahualpa, no
usaron siquiera la palabra “Inca” ni pudieron establecer una
lista de gobernantes del Cuzco. Recién los cronistas y autores
que escribieron en la década de 1550, Pedro Cieza de León y
Juan Diez de Betanzos mejoraron y pudieron dejar establecida la
imagen de una historia incaica (Pease 2000: 156-157).
A medida que el pequeño ejército español fue avanzando
hacia el sur aumentaba la tensión. En noviembre de 1532 las
huestes de Pizarro avanzaron sobre Cajamarca y todo parecía
indicar que habían caído en una trampa, pues un ejército de
más de 30.000 hombres estaba acampando en los alrededores
rodeando a los 200 españoles. Sin embargo Pizarro a través de
efectos con trompetas, tambores y descargas de arcabuz, provocó
una fantástica escena que logró impresionar a los incas. En medio
de esa tensión nerviosa logró hacer prisionero a Atahualpa, y
los jóvenes nobles que defendían la litera del Inca, de manera
incomprensible, se dejaron matar sin siquiera utilizar sus armas.
Así, ese ejército de 30.000 hombres se desbandó ante 200
españoles. Desde su prisión Atahualpa dio la orden de ejecutar
a su medio hermano cautivo Huáscar y esto generó mayor
confusión y desorden. Finalmente, los españoles entraron en
Cuzco el 15 de noviembre de 1532 mientras que Atahualpa, por
quien se pagó un fabuloso rescate fue estrangulado en prisión.
Cuando llegó Almagro con los refuerzos los conquistadores se
repartieron el enorme tesoro saqueado en Cajamarca, después de
haber reservado la parte para la corona (Bennasar 1985: 73-74).
Luego de los sucesos precedentes, Pizarro se lanzó a la
empresa colonizadora, tarea que no fue sencilla, fundó la Ciudad

217
de los Reyes, actual Lima, el 28 de febrero de 1535 para asegurar
la comunicación con Panamá; algo más al norte fundó la ciudad
de Trujillo y Diego de Almagro se lanzó a la conquista de Chile,
el último confín del continente.
La conquista parecía un hecho concreto pero el inmenso
territorio americano no pudo ser dominado totalmente por
unos miles de españoles. Incluso en las áreas centrales se vivieron
momentos de tensión, inestabilidad y constante disidencia.
En el Perú, la administración española se había establecido
inicialmente en Cuzco, ahí se repartieron las primeras
encomiendas y también se había instalado la iglesia creándose
el primer obispado, pero mucho antes que se consolidara el
poder virreinal, Pizarro había decidido el traslado a la recién
fundada ciudad de Lima, llevando consigo la administración. A
poco tiempo del traslado a Lima se iniciaron las guerras civiles
entre los españoles que se sucedieron desde 1537 hasta 1548. La
inestabilidad gubernamental española fue moneda corriente en
esa primera etapa del Perú colonial.
En 1536 la primera sublevación sufrida fue la de Manco
Inca (un medio hermano de los Incas asesinados que no acataba
la autoridad española) quien en 1536 con un gran ejército incai-
co inició el sitio de Cuzco que duró varios meses, tras fracasar se
refugió en las sierras y formó el llamado imperio “neoinca” que
recién fue vencido por el virrey Toledo en 1572. Esta experiencia
fue la mayor expresión de resistencia andina durante la conquista.
El imperio tuvo 4 líderes sucesores de Huayna Cápac y mantuvo
una relación de resistencia y negociación con los colonizadores
españoles. Otra manifestación de resistencia fue el Taki Onqoy:
movimiento político religioso iniciado en 1560 que anunciaba el
regreso de los dioses andinos contra el dios cristiano. Si bien se
expandió por amplias regiones y permaneció varios años fue más

218
bien una resistencia cultural ante la intrusión del dios cristiano
que una amenaza real al poder español, no obstante, llegó a con-
vertirse brevemente en una rebelión política que fue rápidamente
reprimida en 1572.
Volviendo a los conquistadores, Almagro había recibido del
Rey la gobernación de Nueva Toledo al sur de Nueva Castilla
asignada a Pizarro. En 1536 se inició el conflicto entre ambos por
el control de Cuzco. A su regreso de Chile, Diego de Almagro se
apoderó de Cuzco en abril de 1537, los pizarristas, al mando de
Gonzalo Pizarro lo derrotaron en abril de 1538 y Almagro fue
ejecutado en Cuzco. Poco tiempo después, en junio de 1540 los
partidarios de Almagro asesinaron a Francisco Pizarro en Lima y
encargaron el mando al hijo de Diego de Almagro quien también
fue ejecutado en septiembre de 1542 junto a sus partidarios. Aquí
no terminaron los sucesos violentos, Gonzalo Pizarro se rebeló
contra la corona cuando ésta decidió limitar los derechos de los
conquistadores encomenderos ligados a las “Nuevas Leyes” de
1542, las cuales establecían, entre otras cosas, la supresión de
las encomiendas hereditarias y de todo trabajo forzado de los
indios. Paralelamente, la Corona en tren de reforzar su control
en la región, creó también el virreinato del Perú y la Audiencia
de Lima. Ante esta enérgica intervención real, los encomenderos
indignados, encabezados por los hermanos Pizarro organizaron
una rebelión.
La llegada del Virrey Blasco Núñez Vela fue mal vista por
los encomenderos pues el nuevo virrey venía a hacer cumplir las
nuevas leyes por lo cual organizó un ejército para combatir la
rebelión, fue vencido por los encomenderos en 1546 en la batalla
de Iñaquito tras la cual le dieron muerte. Gonzalo Pizarro se
convirtió en líder absoluto del movimiento y corrieron rumores

219
de independencia de la Corona española. Si embargo esta última
lejos de darse por vencida organizó un nuevo ejército al mando
del segundo virrey del Perú, Pedro de la Gasca quien derrotó a los
rebeldes en la batalla de Sacsahuman en 1548.
De ese modo se fue socavando la independencia de los
encomenderos con respecto al poder real y poco a poco se fue
organizando un gobierno burocrático virreinal (Pease 2000: 159-
160).

Las reformas toledanas y la gloria de la España imperial

Francisco de Toledo constituye la expresión más acabada


del interés de la Corona española en el férreo control de sus
dominios indianos. Llegó al virreinato del Perú en 1569 con la
firme convicción de pacificar definitivamente la región andina e
implantar una serie de medidas para aumentar la extracción de
riquezas en beneficio de la Corona. En este conjunto de reformas
se destacaron las que afectaban a las poblaciones indígenas, tanto
para mejorar la recaudación tributaria como para regularizar la
provisión de mano de obra a los centros mineros. El tributo era
la obligación que tenía toda la población indígena masculina
entre los dieciocho y los cincuenta años de contribuir a las arcas
reales. La forma de pago fue uno de los puntos más importantes
de las reformas pues el virrey, para evitar los constantes abusos
de los españoles, quería eliminar definitivamente los servicios
personales o tributo en trabajo y consolidar el pago en dinero
o especie. En este sentido, para mejorar la recaudación, además
de confeccionar padrones de indígenas para conocer el número
de tributarios, Toledo implantó la figura del Corregidor, un
funcionario encargado de recolectar el tributo que venía a
desplazar a los encomenderos de esa función. Con el tiempo la

220
figura del corregidor representó el abuso del sistema contra los
indígenas y por ello fue uno de los principales blancos de las
revueltas populares del siglo XVIII. El renombre de Toledo se
debió en buena medida a su intervención en la provisión de mano
de obra para las minas. Aquí surge la expresión “mita toledana”
o “mita potosina” en referencia al gran sistema de repartimiento
de mano de obra indígena que proveía de brazos al principal
centro minero de las Indias en el siglo XVI. La mita o turno,
básicamente consistía en el traslado rotativo de contingentes de
indígenas de distintas comunidades hacia los centros mineros
para trabajar por períodos de un año. Una vez allí el tiempo se
repartía entre una semana de labor intensiva y dos de descanso.
El trabajo era remunerado con un monto de dinero muy bajo que
apenas alcanzaba para la manutención del mitayo en su estancia
en la mina, pagar el tributo y llevar algún resto de retorno a sus
comunidades. No obstante, para aumentar sus ingresos, muchos
mitayos ofrecían sus servicios a cambio de un “salario” en sus
semanas de descanso. En general estas tareas “voluntarias” eran
mucho mejor remuneradas que las propias de la mita. A los indios
que se contrataban voluntariamente se los denominaba “mingas”
y había muchos de ellos que no formaban parte de la mita.
Las reformas toledanas dieron impulso a la producción
minera potosina la cual generó por un lado, un flujo extraordinario
de metálico hacia Europa que estimuló la industria y el comercio
a gran escala, y por el otro, la producción y circulación en vastas
regiones americanas abocadas al abastecimiento del centro minero
ya convertido en una de las ciudades más grandes del mundo.
Estamos precisamente en el momento en que España iniciaba su
período de gloria al convertirse en la principal potencia europea
gracias a las bondades de sus dominios americanos en recursos
metalíferos y a la sistematización de la explotación del trabajo

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indígena. Sin embargo esa prosperidad no sería perpetua y el siglo
XVII trajo consigo la inevitable crisis y el surgimiento de nuevos
imperios coloniales rivales en el espacio atlántico.

Bibliografía

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Pease, Franklin (2000). “Los Andes”, en: Historia General de
América Latina, Paris /Madrid, Ediciones UNESCO.
Ilustración Laura Cáceres

Colección "Nuestra América",


volumen 1.

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