NAUFRAGIOS
NAUFRAGIOS
I n t r o d u c c i ó n y n o t a s d e : V a n i n a M a r í a Te g l i a
Colaboración en el dossier: Elena Altuna, Julián Carrera y Emir Reitano
Edición coordinada por Daniela Evangelina Chazarreta
Introducción y notas de: Vanina María Teglia
Colaboración en el dossier: Elena Altuna, Julián Carrera y Emir Reitano
Núñez Cabeza de Vaca, Alvar
Naufragios / Alvar Núñez Cabeza de Vaca ; coordinado por Daniela Evangelina
Chazarreta. - 1a ed. - Quilmes : Caligrafías, 2012.
(Nuestra América / Daniela Evangelina Chazarreta)
CD-Rom.
ISBN 978-987-28035-1-3
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del co-
pyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o par-
cial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la fotocopia
y el tratamiento informático.
Primera edición
ISBN 978-987-28035-1-3
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Edición digital del mes de Agosto
Liminar
Daniela Evangelina Chazarreta.................................................5
Lámina 1.................................................................................9
Introducción
Vanina María Teglia................................................................11
La mirada puesta en los viajes: biografía de Álvar Núñez........17
Ediciones consultadas de Naufragios - Bibliografía citada........23
Criterios que rige esta edición.................................................27
Cronología de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca......29
Lámina 2...............................................................................33
El Texto..................................................................................35
Naufragios..............................................................................37
Lámina 3...............................................................................43
Capítulo I..............................................................................45
Capítulo II.............................................................................51
Capítulo III............................................................................53
Capítulo IV............................................................................55
Capítulo V.............................................................................61
Capítulo VI............................................................................66
Capítulo VII..........................................................................67
Capítulo VIII.........................................................................73
Capítulo IX............................................................................77
Capítulo X.............................................................................81
Capítulo XI............................................................................86
Capítulo XII...........................................................................88
Capítulo XIII.........................................................................91
Capítulo XIV.........................................................................93
Capítulo XV...........................................................................97
Capítulo XVI.......................................................................100
Capítulo XVII......................................................................104
Capítulo XVIII.....................................................................109
Capítulo XIX.......................................................................115
Capítulo XX.........................................................................118
Capítulo XXI.......................................................................120
Capítulo XXII......................................................................123
Capítulo XXIII.....................................................................130
Capítulo XXIV.....................................................................132
Capítulo XXV......................................................................135
Capítulo XXVI.....................................................................137
Capítulo XXVII...................................................................139
Capítulo XXVIII..................................................................142
Capítulo XXIV.....................................................................146
Capítulo XXX......................................................................151
Capítulo XXXI.....................................................................157
Capítulo XXXII...................................................................161
Capítulo XXXIII..................................................................166
Capítulo XXXIV..................................................................168
Capítulo XXXV...................................................................172
Capítulo XXXVI..................................................................175
Capítulo XXXVII.................................................................178
Capítulo XXXVIII...............................................................182
Lámina 4.............................................................................187
Dossier.................................................................................189
El Naufragio: Alteridad e Identidad Cultural.
Elena Altuna........................................................................191
América y el mundo en el siglo XVI - La formación del imperio
español.
Julián Carrera, Emir Reitano................................................ 203
Liminar
Daniela Evangelina Chazarreta
La colección “Nuestra América” de la editorial Caligrafías
inicia su derrotero con un primer volumen correspondiente
a las crónicas de Indias, textos fundamentales y fundantes de
la literatura latinoamericana; en este caso particular, se trata
de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Con este paso
deseamos abrir y dar cuenta de lecturas sobre los textos que,
abordados interdisciplinariamente, enriquezcan la crítica literaria
con sus aportes y especificidad.
En cuanto a la diagramación, el texto propiamente cuenta
con la introducción de una especialista en la materia, Vanina
María Teglia que, además, hace una profusa y erudita anotación
de la relación de Álvar Núñez Cabeza de Vaca.
Quisimos, incluso, agregar un dossier que amplíe el contexto
cultural colonial, apuntando, primeramente, las complejas
significaciones de los naufragios en las crónicas y el modo en que
ello se proyecta sobre las imágenes de los propios cronistas; de
ello trata el artículo “El naufragio alteridad e identidad cultural” a
cargo de Elena Altuna. Otro hito en la reposición del contexto son
los diversos aspectos socio-históricos que implican la conquista y
colonización americana, sus características, factores y actores, que
hayan cuerpo en el artículo “América y el mundo en el siglo XVI.
La formación del imperio español” de Emir Reitano y Julián
Carrera.
Agradecidos profundamente a los colaboradores por su
generosidad, predisposición y seriedad en el trabajo efectuado,
damos inicio, entonces, a las lecturas del texto.
7
Americae Sive Novi Orbis. Nova
Descriptio, Abraham Ortelius, 1595
Introducción
Vanina María Teglia
Introducción
13
participaron en el proceso conquistador, desfilaron en pos de una
quimera. Pero no era todo ambición de enriquecimiento. En la
época, se pensaba que podía “alcanzarse el cielo con las manos”
–el perdón de Dios y el paraíso celestial– si se hallaban riquezas
para el rey y para promover la expansión de la fe.
Luego, con el transcurrir de los hechos (y de los naufragios),
los objetivos pasaron a ser otros: el maíz, por caso, con el que se
puede fabricar pan, considerado por los pueblos occidentales un
alimento noble y propio de culturas desarrolladas. Luego, junto
a los indígenas, persiguieron desesperadamente otro objetivo: las
tunas, único alimento en algunas zonas del desierto. Para hacerse
de ellas, cientos de hombres nómadas de la región esperaban la
época de maduración y cosecha. Encontradas finalmente, las
tunas los hacían felices: se llenaban con ellas la barriga hasta
que les quedaba “bien grande”, quizás en compensación por el
hambre y la pobreza de los restantes nueve meses de espera.
Otras cuestiones surgen del encuentro entre españoles e
indios. Los nativos saben que hay cosas “venidas del cielo”: con
esta expresión, aluden a todas las cosas extrañas a ellos mismos
y cuyo origen desconocen. Entre los guajes2, los chamanes y
ciertos fenómenos de la naturaleza como los huracanes, también
Álvar Núñez, como “caído” del cielo, es considerado por ellos
como “hijo del Sol”. Todo lo que era diferente de ellos tenía que
asumir su diferencia entre ellos: es decir, debía ser sojuzgado y
esclavizado, o ser superior y tener amplia libertad. Cabeza de Vaca,
como juguete del destino elegido por los nativos, es obligado a ser
esclavo, llevado luego a ser mercader y, por último, forzado a ser
chamán o médico curandero muy respetado por los indígenas. En
algunas ocasiones, es tanto esclavo como chamán. Se evidencian,
en Naufragios, a pesar de la distancia con que fue escrito respecto
14
de los hechos,3 momentos de pasaje y traslado asumidos por su
protagonista. El primero es el que le sucede cuando, luego de un
naufragio, es despojado de sus bienes y de sus ropas por el embate
violento del mar hasta quedar desnudo sobre la costa americana.
Los cambios y las transformaciones del protagonista Cabeza de
Vaca se dan obligadas por la fuerza de la naturaleza y, también,
por los naturales de la tierra. Incluso, Núñez llega a simular4 ser lo
que los indios desean de él: un poseedor de “virtudes” para curar
y matar: mimetiza los rituales médicos nativos y chamánicos, o
se enoja con los indios y los amenaza de muerte como si pudiera
traerla con sólo desearlo. Los indios deciden sobre su destino y
su apariencia.
Al tiempo que Cabeza de Vaca y sus compañeros son
transformados por el deseo de los indios, también éstos son
modificados por la mirada europea. Se operan dos cambios
significativos en ellos comentados en esta crónica. En primer
lugar, incorporan a sus creencias la religión cristiana en desmedro
de sus propias religiones o, en muchos casos, elaboran formas
de sincretismo religioso que les permiten conservar de manera
diferenciada sus antiguas devociones. Por esto, en Naufragios, el
autor narra cómo los indios piden ser bautizados en la religión
cristiana y clavan cruces en todas sus villas. En segundo lugar,
por pedido de los españoles, los indios bajan de las sierras –en
las que se refugiaban de los españoles– y comienzan a poblar
los lugares “llanos”. El significado en español de esta frase es
bastante diferente del que puede entenderse hoy, ya que el
15
desierto, para el español de aquellos años, no implicaba una
geografía de tierra infértil y un ambiente seco sino que se refería
a los lugares deshabitados y sin edificaciones, “despoblados”. Si
los indios comienzan a “poblar”, esto significa que abandonan
su nomadismo y comienzan a afincarse en los valles. Adoptan,
de esta manera, las formas de vida y producción sedentarias, tal
como prefieren sus colonizadores, y renuncian a las posibilidades
de una vida serrana.
Indios y españoles, a partir de su encuentro, cambian su
relación con la naturaleza y con el más allá sobrenatural. Los
primeros truecan sus modos de producción y su arquitectura:
“hacían iglesias y cruces, y llevaron [a los españoles] a sus casas”,
explica Álvar Núñez al final de su relato. Los segundos transforman
lo que nosotros –lectores occidentales– corrientemente conocemos
como las necesidades básicas: la alimentación, la forma de dormir
y de vestir. Cada uno cumple la utopía del otro: el tener villas de
cristianos sujetas económica e ideológicamente al imperio en el
caso de los indios; y el tener “virtudes” mágicas para curar y dar
la vida en el de los españoles. Al menos, ninguna de estas dos es
la utopía de hombres como Nuño de Guzmán, que se servían
del saqueo y la masacre de los nativos para el apoderamiento del
botín indígena. Naufragios –entre otras cuestiones– es un texto
sobre la aculturación en varios niveles y sobre cómo narrarla. Esta
edición crítica del texto de Álvar Núñez de la colección “Nuestra
América” (editorial Caligrafías), en sus notas editoriales y en sus
artículos elaborados por importantes ensayistas contemporáneos,
pone de relieve la cuestión fundante de la aculturación, cuyos
múltiples discursos atraviesan todas las identidades americanas y,
en particular, la heterogénea identidad latinoamericana.
16
La mirada puesta en los viajes: biografía de Álvar Núñez
17
entre los años 1488 y 1492. Fue el tercero de seis hijos. Sus padres
fallecieron aproximadamente en 1505. Participó en acciones
militares españolas que se enfrentaron con las provocaciones de
Luis II de Francia, como el sitio de Bolonia en el que Cabeza de
Vaca acompañó al conde de Alberto y la batalla de Rávena de
1512 en la que participó alistado en la armada del rey Fernando
el Católico. No está documentado, sin embargo, por qué motivos
y antecedentes fue elegido para tales episodios. Fue nombrado
también alférez de Gaeta, Nápoles (territorio perteneciente al
imperio español en aquella época) y luego, camarero al servicio
del duque de Medina Sidonia. Allí, paradójicamente, sirve a los
Guzmanes, que habían sido acérrimos enemigos de su abuelo
Pedro de Vera. Algunos biógrafos destacan su participación en
la revuelta de los comuneros –en la toma del Alcázar de Sevilla
en defensa del entonces joven monarca Carlos V– y su posterior
servicio contra los franceses en Navarra.
Sin embargo, dos fueron los acontecimientos más
importantes y decisivos en su vida: la expedición a la Florida y
su viaje a la ciudad de Asunción como Adelantado del Río de
la Plata. No resumiremos aquí todo lo que sucede en la vida de
Álvar Núñez en su estancia al sur de Norteamérica, el lector podrá
informarse leyendo los capítulos de Naufragios. Sólo brindaremos
algunos detalles. Cabeza de Vaca era parte de la armada de
Pánfilo de Narváez, que contaba con cinco navíos y 600 hombres
aproximadamente. En estos territorios, Álvar Núñez recorrió lo
que hoy se conoce como Texas y Nuevo México hasta llegar a
Culiacán el primero de mayo de 1536. Según estima Trinidad
Barrera (1985), fueron aproximadamente 18.000 kilómetros los
que, luego de varios naufragios en el mar Caribe, Cabeza de Vaca
caminó junto a los otros tres sobrevivientes desde 1527 a 1537.
Cuando Álvar Núñez, Andrés Dorantes, Alonso del Castillo y
18
Estebanico llegan a Nueva España, los primeros tres escriben, en
1536, una relación muy escueta de los hechos que les sucedieron
entre los indios y la envían a las autoridades virreinales. De esa
relación, se ha perdido la mitad de sus folios, pero se conserva la
primera parte que narra –en tercera persona– los acontecimientos
equivalentes a los primeros dieciséis capítulos de lo que será
Naufragios. Su nombre completo es Relación del viaje de Pánfilo de
Narváez al Río de las Palmas hasta la punta de la Florida, hecha por
el thesorero Cabeza de Vaca (año de 1527). Se cree que hubo una
versión posterior de 1537 ampliada (y hoy perdida) que envió
Álvar Núñez desde La Habana a la Real Audiencia de la ciudad
de Santo Domingo de la isla Española, días antes de su regreso
a España. A pesar de la pérdida de este texto, afortunadamente
Gonzalo Fernández de Oviedo, el cronista oficial de la Corona
española, tuvo acceso al manuscrito, probablemente a fines de
1530 y principios de 1540, y escribió varias páginas que resumen
los acontecimientos. A pesar de que, en ellas, Oviedo dejó su
impronta en muchos comentarios, en este texto se revelan las
voces de los tres autores originales (Núñez, Dorantes y Castillo),
mucho más que en el posterior y más personalista Naufragios. La
Historia General y Natural de las Indias de Fernández de Oviedo,
en donde aparecen los hechos referidos a Cabeza de Vaca, fue
publicada en el siglo XIX.
En 1537, Álvar Núñez regresa a España y allí recibe la
noticia de que el emperador Carlos V ya había nombrado a un
nuevo adelantado para las tierras que él conoció: Hernando de
Soto. Éste asumiría la gobernación de Cuba y de toda la región
comprendida entre Cape Fear (hoy en Carolina del Norte)
y el río de las Palmas en Nueva España (México). Esto afectó
profundamente a nuestro protagonista, pues deseaba el cargo
para sí mismo y retornar inmediatamente a las Indias. Por este
19
motivo quizás no aceptó la invitación de De Soto de integrar
su armada. Para su regocijo, el 18 de marzo de 1540 firma una
capitulación por el que es nombrado gobernador, segundo
adelantado y capitán general del Río de la Plata, Paranaguazú y
sus anexos. Es probable que las virtudes de Núñez relatadas en la
Relación conjunta –que así es como se la conoce– de 1537 y que
fue enviada a Santo Domingo hayan tenido mucho peso en esta
decisión del emperador. En aquellos territorios, Cabeza de Vaca
tenía como misión socorrer a los posibles supervivientes de la
expedición de Pedro de Mendoza (1487-1437), quienes fueron
atacados por los indios guaraníes en 1536 en la primera Buenos
Aires fundada por este capitán. Con este propósito, Cabeza de
Vaca parte en 1540 de la ciudad de Cádiz –luego de tan sólo 28
meses de estadía en España entre uno y otro viaje– y llega a la
isla brasilera de Santa Catalina el 29 de marzo de 1541. Desde
allí, tarda cinco meses en llegar por tierra al fuerte de la ciudad
de Asunción del Paraguay, sede de la gobernación del Río de la
Plata, el 11 de marzo de 1542. Allí dirige la primera expedición
española que conoce y describe las Cataratas del Iguazú, y que
explora el curso del río Paraguay. Gestiona misiones de paz entre
los indios que se hallaban enemistados, intenta corregir los abusos
cometidos contra los indios y fuerza a los españoles residentes a
pagar los impuestos requeridos por la Corona española.
Sin embargo, a causa de enfermedades contraídas en esa
región que lo obligan a ausentarse en varias ocasiones de su
cargo como gobernador y por varias diferencias con capitanes y
colonos españoles establecidos allí, su autoridad es rechazada y es
reemplazado en la gobernación por Domingo de Irala el 25 de
abril de 1544. Álvar Núñez es apresado en Asunción por un año y
luego es enviado a España –encadenado– el 7 de marzo de 1545.
Quizás sus políticas de colonización protectoras de los indios lo
20
perjudicaron frente a las autoridades locales. Pupo-Walker (1992:
36) recoge comentarios sobre Cabeza de Vaca en los textos de
Ulrico Schmidel y Díaz de Guzmán. Éstos sugieren que Álvar
carecía de astucia política y de los dones necesarios para la labor
administrativa y planificadora. Más allá de esto, se sabe que, al
llegar a las costas de Brasil, la carabela que transportaba a Cabeza
de Vaca preso atraviesa una gran tormenta que algunos oficiales
abordo interpretaron como represalia divina ante las injusticias
cometidas contra este antiguo gobernador, legítimo representante
de la Corona.5 En España, se lo acusa principalmente de abuso
de poder y se le imputan treinta y seis cargos en su contra: entre
ellos, el haber abandonado a trece hombres cuando iba camino de
Asunción. Su abogado defensor no encontró pruebas a su favor
entre sus seguidores en Paraguay. El Consejo de Indias, que le
abre juicio a fines del mismo año de 1545, finalmente lo declara
en libertad pero le quita la gobernación y le prohíbe su retorno
al Nuevo Mundo. Todo el proceso abarca unos largos ocho años
en total de interminables litigios. Para ese entonces, el cronista
Oviedo describe que lo vio “pobre y fatigado” (1959: II-190).
Mientras, en 1542, se publica en la ciudad de Zamora una
edición de su viaje a Norteamérica previa a Naufragios, escrita
únicamente por Álvar Núñez pero, al parecer, impresa sin su
consentimiento (Pupo-Walker, 1992:71) con el título: La relación
que dio Álvar nuñez cabeza de vaca de lo acaecido en las Indias
en la armada donde iba por gobernador Pánfilo de Narváez desde
el año de veinte y siete hasta el año de treinta y seis que volvió a
Sevilla con tres de su compañía. En 1555, reside en Sevilla y él
mismo publica en Valladolid –quizás por consejo de Fernández
de Oviedo– la versión que hoy leemos de Naufragios, quizás para
reivindicarse personal e históricamente. Su título original es
21
Relación y comentarios del gobernador Álvar Nuñez cabeza de vaca,
de lo acaecido en las dos jornadas que hizo a las indias. Los publica
junto con el relato de sus días en Asunción (los Comentarios),
escritos por su secretario Pedro Hernández, quien fue testigo
de los hechos ocurridos en Paraguay. Pasa sus últimos años en
Sevilla y se le atribuye haber asumido el hábito de monje y la
presidencia del Consejo de Indias, aunque no hay documentos
que lo confirmen. Su fecha de fallecimiento también es incierta:
de 1556 a 1559.
22
Ediciones consultadas de Naufragios:
Bibliografía citada
23
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26
Criterios que rige esta edición
27
introdujimos exámenes específicos de las modulaciones del
narrador-personaje Álvar Núñez y señalamientos acerca de
tópicos y recursos narrativo-descriptivos. Por último, dado que el
autor de Naufragios ha prestado especial atención al cuidado de la
escritura, esta edición asume una perspectiva de análisis crítico-
literario para elaborar sus notas editoriales.
28
Cronología de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza
de Vaca
29
1532-1533: Reencuentro en Tierra Firme de Núñez con
Dorantes, Castillo y Estebanico entre los indios mariames de
filiación coahuilteca, que también se sirven de ellos como esclavos
(caps. XVII y XIX).
Relato intercalado de Esquivel (caps. XVII y XVIII).
30
El 2 de junio, parte de Cuba con rumbo a España (cap. XXXVII).
El 1ro. de julio su embarcación se aproxima a las islas Azores
(portuguesas) en la costa africana. Episodio de los corsarios
franceses (cap. XXXVII).
El 9 de agosto, arriba a Lisboa (cap. XXXVII).
31
el Nuevo Mundo
según Sebastián Münster,
1540
El texto
Naufragios1
Álvar Núñez Cabeza de Vaca
Proemio2
Sacra, cesárea y católica Majestad3
1 El texto de Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la
Frontera, circa 1488/92– Sevilla, circa 1556/59) que presentamos aquí se basa
en la edición publicada en Valladolid en 1555. Existen versiones anteriores,
hipotextos de esta publicación. De acuerdo con los estudios fundamentales
de Enrique Pupo-Walker (1992), una primera probanza previa fue escrita en
Cuba en 1527 antes del desembarco en la Florida de la armada de Pánfilo de
Narváez. Luego de todo el periplo por el sur de lo que hoy es Estadios Unidos
y norte de México, los sobrevivientes de la expedición escribieron un breve
informe en 1536 en Nueva España que fue publicado en parte posteriormente
(véase Presentación en esta edición). Luego, otro texto más extenso, la Relación
conjunta, fue enviada desde La Habana a la ciudad de Santo Domingo en
Haití. Esta última crónica ha desaparecido, pero fue reproducida por el cronista
oficial de Indias de la Corona española, Gonzalo Fernández de Oviedo, en su
Historia General y Natural de las Indias. Como se explica en la Presentación de
esta edición, en 1542, se publica una edición previa a Naufragios (al parecer,
impresa sin el consentimiento de Álvar Núñez) y, en 1555, la versión de
Valladolid, que tuvo mayor trascendencia dentro del corpus de crónicas de
Indias. La denominación “naufragios” no aparecía en el título del texto sino
en el encabezado de las páginas del libro. para explicar este desplazamiento,
no descartamos un buscado aprovechamiento editorial del impacto que el
género tuvo en los lectores. Las novellas de “rescates y naufragios” resultaban
muy atractivas en la época. Tanto es así que la Historia General de Oviedo,
publicada en parte en 1535, incluyó un libro completo sobre naufragios en
el Nuevo Mundo (para una definición del género y una comparación entre
crónicas de Indias que relatan naufragios, véase el artículo de Elena Altuna
en el Dossier de esta edición). La edición de Andrés González Barcia de 1749
lo titula “Naufragios” por primera vez, y así aparece en todas las ediciones
posteriores.
2 Según la Retórica de Quintiliano, el proemio es: “la parte que está
colocada antes de pasar al verdadero argumento que ha de tratarse” (Mortara
Garavelli 1991: 70). En la retórica clásica, corresponde a la primera parte
de un texto o exordio, que, por lo general, buscaba el aval del destinatario y
exponía el plan de la obra y los motivos de su publicación. En la historiografía
renacentista, el proemio remitía usualmente a las exigencias de verdad de la
Historia, a las fuentes documentales que sirvieron al autor para reconstruir los
hechos (cuestión que no se ve reflejada en este proemio de Cabeza de Vaca)
y, finalmente, con el tono de la falsa modestia, ofrecía una serie de disculpas
anticipatorias respecto de las impericias del autor para escribir.
3 Álvar Núñez dedica este relato a Carlos I (1500-1558), rey de
España de 1516 a 1556. En aquel entonces, el imperio español comprendía las
comunidades de Castilla, Aragón, Navarra, islas Canarias, las Indias, Nápoles
y Sicilia. Por haber sido hijo de Felipe el Hermoso y nieto de Maximiliano I
de Austria, fue nombrado, además, emperador Carlos V del Sacro Imperio
Romano-Germánico en 1520, título por el que heredó los Países Bajos y los
territorios austríacos. Como nieto de los Reyes Católicos, Carlos fue educado
para gobernar según los principios del catolicismo. Cesárea significa “cosa
37
Entre cuantos príncipes sabemos haya habido en el mundo,
ninguno pienso se podría hallar a quien con tan verdadera
voluntad, con tan gran diligencia y deseo hayan procurado los
hombres servir como vemos que a Vuestra Majestad hacen hoy.4
Bien claro se podrá aquí conocer y que esto no será sin gran
causa y razón, ni son tan ciegos los hombres, que a ciegas y sin
fundamento todos siguiesen este camino, pues vernos que no sólo
los naturales a quienes la fe y la subjeción obliga a hacer esto,
mas aún los extraños trabajan por hacerle ventaja.5 Mas ya que
el deseo y voluntad de servir y a todos en esto haga conformes,
allende la ventaja que cada uno puede hacer, hay una muy gran
diferencia no causada por culpa de ellos, sino solamente de la
fortuna,6 o más cierto sin culpa de nadie, mas por sola voluntad
y juicio de Dios; donde nace que uno salga con más señalados
servicios que pensó, y a otro le suceda todo tan al revés, que no
pueda mostrar de su propósito más testigo que a su diligencia,
y aun ésta queda a las veces tan encubierta que no puede volver
por sí. De mí puedo decir que en la jornada que por mandado de
Vuestra Majestad hice de Tierra Firme,7 bien pensé que mis obras
perteneciente al imperio” (DAut 1729: 294-1), puesto que “César” era el
título que se les otorgaba a los emperadores romanos, entre los cuales Julio
César (100 a.C.-44 a.C.) fue el primero.
4 En la dedicatoria y en este primer párrafo, comienza la laudatio
o panegírico al destinatario de la obra, el rey en este caso. La tradición del
discurso de alabanza está muy presente en la Edad Media en la que había gran
necesidad de poemas de alabanza y encomio a los grandes señores, así seglares
como eclesiásticos (véase E. R. Curtius 1955: 226). El tópico de la laudatio,
aquí, elogia al monarca como máxime merecedor de obediencia y vasallaje.
5 “Los naturales”: la expresión se refiere a los nacidos bajo la soberanía
del Rey español. En cambio, “los extraños” alude a los extranjeros y,
probablemente, a los nuevos súbditos ganados en esta expedición de Álvar
Núñez.
6 Las fuerzas motoras de la Historia para los hombres del siglo XVI
eran la Providencia Divina, el propio carácter humano y la Fortuna (véase E.
M. W. Tillyard 1984). Las influencias de las estrellas y de los planetas eran
las responsables de las tiránicas decisiones de la Fortuna. En la literatura, era
constante la imagen de la rueda que beneficiaba a algunos y perjudicaba a
otros. Núñez se escudaba detrás de la Fortuna como principal motivadora del
fracaso de su expedición. Su mención en el proemio tiene la función de crear
cierto clima de suspenso (Pastor 1983) y se articula con una serie de presagios
“funestos” que se despliegan a lo largo del relato.
7 En general, “Tierra Firme” designaba a las tierras continentales
diferenciadas de las insulares. El uso plural, “tierras firmes”, aparece en las
Capitulaciones de Santa Fe (ordenanzas que los Reyes Católicos dieron a
38
y servicios fueran tan claros y manifiestos como fueron los de mis
antepasados8 y que no tuviera yo necesidad de hablar para ser
contado entre los que con entera fe y gran cuidado administran
y tratan los cargos de Vuestra Majestad, y les hace merced.9
Mas como ni mi consejo ni diligencia aprovecharon para que
aquello a que éramos idos fuese ganado conforme al servicio de
Vuestra Majestad, y por nuestros pecados permitiese Dios que
de cuantas armadas a aquellas tierras han ido ninguna se viese
en tan grandes peligros ni tuviese tan miserable y desastrado fin,
no me quedó lugar para hacer más servicio de éste, que es traer a
Vuestra Majestad relación10 de lo pedir que en diez años que por
muchas y muy extrañas tierras que anduve perdido y en cueros,
pudiese saber y ver,11 así en el sitio de las tierras y provincias de
Cristóbal Colón para fijar los propósitos de la empresa de descubrimiento y el
destino de sus inversiones). Wilcomb E. Washburn (1962) observó que, en los
siglos XV y XVI, “tierra firme” designaba tierras desconocidas o sobre las que
se tenía escasa información.
8 Núñez se jactaba de descender de un héroe de la reconquista de
España del siglo XIII, de apellido Cabeza de Vaca. Además, según la edición
de Enrique Pupo-Walker (1992: 179), aquí el cronista alude principalmente
a su abuelo paterno Pedro de Vera, quien tuvo un papel fundamental en la
conquista de las islas Canarias (véase Presentación a esta edición).
9 Nótese que, desde el proemio, se subraya el papel principal que
tuvo el narrador-personaje Cabeza de Vaca en los acontecimientos, lo que se
contrapone con el tópico de la modestia afectada, recurrente en los proemios
del género historiográfico.
10 La “relación” era una “narración o informe que se hacía de alguna
cosa que había sucedido” (DAut 1737: 556-1). En el ámbito forense, remitía
a un breve y sucinto informe –escrito u oral– presentado al juez sobre los
hechos implicados en un proceso judicial. En el contexto de las crónicas
de Indias, tenía el sentido de “relato/informe solicitado por la Corona”. De
esta manera, la relación era tanto la narración de lo que se ha visto y vivido
como la respuesta a un pedido oficial. Si bien las instrucciones reales no eran
totalmente homogéneas, acostumbraban requerir un informe con los nombres
de las poblaciones, el detalle de sus primeros conquistadores, las regiones en
que hubiese metales preciosos, la cantidad de tributo que podrían pagar al Rey
los indígenas conquistados, las tierras que podrían ser pobladas por españoles
y el estado de la hacienda y la justicia ya impartidas por la Corona en esa
región (Mignolo 1992: 70-72); véase también González Echevarría (1984).
En este sentido, Álvar Nuñez pondera el valor documental de su texto: su
aporte como información geográfica y etnográfica, útil para la estrategia
conquistadora y evangelizadora de la región. Por lo general, las relaciones
no exigían un proemio, pero quizás Cabeza de Vaca debió incluir uno para
justificar el fracaso de la expedición en la que participó y, de esta manera,
propiciar la escucha benevolente del rey.
11 La escritura en los Naufragios se despliega a partir de la constatación
y la confesión del fracaso de las conquista de los territorios que comprendían la
39
ellas, como en los mantenimientos y animales que en ella se crían,
y las diversas costumbres de muchas y muy bárbaras naciones
con quien conversé y viví, y todas las otras particularidades que
pude alcanzar y conocer, que de ello en alguna manera Vuestra
Majestad será servido: porque aunque la esperanza de salir de
entre ellos tuve, siempre fue muy poca, el cuidado y diligencia
siempre fue muy grande de tener particular memoria12 de todo,
para que si en algún tiempo Dios nuestro Señor quisiese traerme
a donde ahora estoy, pudiese dar testigo de mi voluntad, y servir
a Vuestra Majestad. Lo cual yo escribí con tanta certinidad,13 que
aunque en ella se lean algunas cosas muy nuevas14 y para algunos
muy difíciles de creer, pueden sin duda creerlas: y creer por muy
cierto, que antes soy en todo más corto que largo,15 y bastará
Florida (primer objetivo de la expedición). La oposición tópica que estructura
el texto aquí es la disyunción entre las armas y las letras o, con otro nombre,
la pluma y la espada, cuyo antecesor es el de la fuerza y la sabiduría (Curtius
1955: 256-258), para la que los hechos grandiosos y heroicos son llevados
cabo por unos hombres y referidos por otros. Sobre la frase “no tuviera yo
necesidad de hablar”, Silvia Molloy (1987: 427) interpreta que Núñez remite
a esta tradición que considera que los grandes hechos suscitan la elocuencia
de los historiadores. El cronista Cabeza de Vaca, en cambio, se ve obligado él
mismo a relatar lo que ha visto y vivido en tierras indígenas. Esto transforma
el texto en un servicio en sí mismo, explicitado en el proemio que condiciona
la lectura de la crónica en este sentido.
12 Memoria, aquí, puede significar tanto la “potencia del alma en la cual
se conservan las especies de las cosas pasadas y por medio de ella nos acordamos
de lo que hemos percibido por los sentidos”, como “libro, cuaderno, papel u
otra cosa en que se apunta o anota alguna cosa para tenerla presente y que
no se olvide: como escribir alguna Historia.” (DAut 1734: 537, 1-2). Para
Margo Glantz (2006), la memoria sirve a Álvar Núñez, a lo largo de todo su
trayecto entre los indios, para recordar siempre su origen civilizado y español-
occidental. Una vez reintegrado a la civilización, la memoria le servirá para
escribir su relación y presentarla como servicio al Rey.
13 Con la Modernidad y el Renacimiento, aparecen muy lentamente las
obsesiones acerca de lo verdadero, el estilo del individuo y la jerarquización de
lo visto y lo experimentado por el sujeto (Martin Jay 2007). La Historia y la
ficción no estaban tan distanciadas una de la otra como sucedió posteriormente.
Por esto, el relato historiográfico del siglo XVI debía enfatizar la verdad de
lo que narraba para diferenciarse de los relatos fabulosos como los Libros de
caballerías y los Libros de viajes maravillosos.
14 Lo novedoso solía estar vinculado con lo maravilloso. La mirabilia,
era el conjunto de las cosas admirables y sin explicación clara. Primaba el
criterio de lo “curioso” en el que se aunaban el exotismo, a veces las grandes
dimensiones o la abundancia y el atributo de belleza. Véase Jacques Le Goff
(1984).
15 El tópico de la brevitas critica la abundancia superflua de palabras o
de episodios. En la Edad Media, era regla que todo buen poeta debía expresarse
40
para esto haberlo ofrecido a Vuestra Majestad por tal. A la cual
suplico la reciba en nombre del servicio, pues éste solo es el que
un hombre que salió desnudo pudo sacar consigo.16
con pocas palabras. La fórmula típica era: “decir pocas, de entre las muchas
cosas que podrían decirse”. La brevedad era utilizada también por ciertos
textos literarios como pretexto para omitir algunos episodios y permitirse la
expansión de otros.
16 La retórica clásica ordenaba que todo discurso se iniciara con un
prólogo o exordio que sirviera para que el juez o el público fueran más benévolos,
atentos y dóciles ante las palabras del orador. La captatio benevolentiae –primer
momento del exordio– era el recurso de afectación de la modestia por medio
del cual el orador declaraba su propia impericia en el tema y, de este modo,
inclinaba la simpatía natural del auditorio. Álvar Núñez no se declara incapaz
para escribir, pero se confiesa “desnudo”, solo con su palabra y su relación.
La representación de la desnudez es poderosa en este texto y contrasta con
la desnudez atribuida usualmente a los amerindios por la mayoría de los
conquistadores y las crónicas de Indias desde los escritos de Cristóbal Colón.
La imagen de los españoles desnudos se irá enriqueciendo a lo largo de los
Naufragios, literalmente y en sentido metafórico.
41
ITINERARIO Aproximado
DE ÁLVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA
Capítulo I
En que cuenta cuándo partió la armada, y los oficiales y
gente que en ella iba
45
Alonso Enríquez, contador; Alonso de Solís, por factor de
Vuestra Majestad y por veedor;23 iba un fraile de la Orden de San
Francisco por comisario, que se llamaba fray Juan Suárez, con
otros cuatro frailes de la misma Orden.24 Llegamos a la isla de
Santo Domingo,25 donde estuvimos casi cuarenta y cinco días,
proveyéndonos de algunas cosas necesarias, señaladamente de
caballos. Aquí nos faltaron de nuestra armada más de ciento y
cuarenta hombres, que se quisieron quedar allí, por los partidos
y promesas que los de la tierra les hicieron.26 De allí partimos y
llegamos a Santiago (que es puerto en la isla de Cuba),27 donde
en algunos días que estuvimos, el gobernador se rehízo de gente,
de armas y de caballos. Sucedió allí que un gentilhombre que
se llamaba Vasco Porcalle,28 vecino de la villa de la Trinidad,29
asumía también la responsabilidad de relatar a la Corona todo acerca de las
riquezas y los tesoros hallados. El Alguacil era el encargado de custodiar la
justicia; el Mayor era primer heredero del Gobernador Mayor (DAut 1726:
205-2). Los cargos que le fueron otorgados por el Rey a Álvar Núñez eran de
una jerarquía elevada y constituyeron la base que legalizó, de alguna manera,
las decisiones determinantes que asume a lo largo de la expedición.
23 Veedor: en la milicia, es lo mismo que inspector. (DAut 1739: 430-1)
24 Nótese que, de los seiscientos hombres que conformaban la armada
aproximadamente, se menciona únicamente a los de mayor jerarquía y a los
frailes. Entre éstos, el autor de esta crónica con su apellido más distinguido:
Cabeza de Vaca.
25 Se refiere a la isla que Cristóbal Colón llamó La Española en su
primer viaje a las Indias (hoy isla de Haití). Durante los años en que los
actuales países de la isla –Haití y República Dominicana– fueron colonias,
La Española también fue llamada Santo Domingo y Saint-Domingue, por su
capital homónima. Según la investigación de Pupo-Walker, la armada de De
Narváez llegó a esta isla hacia el 27 de septiembre de 1527.
26 La expedición a la Florida de De Narváez –según este relato de
Álvar Nuñez– comienza de esta manera: con la deserción de gran parte de sus
hombres, que abandonaron el servicio prometido a la Corona española.
27 Santiago de Cuba fue fundada en 1515 por Diego Velázquez al sureste
de la isla (lugar estratégico para el envío de expediciones de descubrimiento y
conquista a tierra continental), funcionó como capital de Cuba a partir de ese
año y hasta 1556.
28 Vasco de Porcalle fue otro personaje de renombre en la historia de
la Cuba colonial, fundó las ciudades de San Juan de los Remedios y Baracoa.
Contribuyó con la financiación de la expedición de Hernando de Soto a la
Florida, posterior a la de Pánfilo de Narváez. La edición de Roberto Ferrando
de los Naufragios (1984) explica que Porcalle estaba resentido con De Narváez
en este momento relatado por Cabeza de Vaca, porque no lo había elegido, en
1520, como adelantado para el “descubrimiento” de las ciudades de México,
puesto finalmente otorgado a Hernán Cortés.
29 También fundada por Diego Velázquez a principios de 1514, la villa
46
que es en la misma isla, ofreció de dar al gobernador ciertos
bastimentos30 que tenía en la Trinidad, que es cien leguas del
dicho puerto de Santiago. El gobernador, con toda la armada,
partió para allá; mas llegados a un puerto que se dice Cabo de
Santa Cruz, que es mitad del camino, parecióle que era bien
esperar allí y enviar un navío que trajese aquellos bastimentos; y
para esto mandó a un capitán Pantoja que fuese allá con su navío,
y que yo, para más seguridad, fuese con él, y él quedó con cuatro
navíos, porque en la isla de Santo Domingo había comprado un
otro navío. Llegados con estos dos navíos al puerto de la Trinidad,
el capitán Pantoja31 fue con Vasco Porcalle a la villa, que es una
legua de allí, para recibir los bastimentos; yo quedé en la mar con
los pilotos, los cuales nos dijeron que con la mayor presteza que
pudiésemos nos despachásemos de allí, porque aquel era muy mal
puerto y se solían perder muchos navíos en él; y porque lo que allí
nos sucedió fue cosa muy señalada, me pareció que no sería fuera
del propósito y fin con que yo quise escribir este camino, contarla
aquí.32 Otro día de mañana comenzó el tiempo a no dar buena
señal, porque comenzó a llover, y el mar iba arreciando tanto, que
aunque yo di licencia a la gente que saliese a tierra, como ellos
vieron el tiempo que hacía y que la villa estaba de allí una legua,
por no estar al agua y frío que hacía, muchos se volvieron al navío.
En esto vino una canoa33 de la villa, rogándome que me fuese
de la Trinidad se encuentra en el centro de la costa sur cubana.
30 Bastimento: la provisión competente que se previene para comer,
sustentar y mantener una casa, ciudad, plaza, ejército, armada, etc. de los
víveres y vituallas necesarias. (DAut 1726: 571-1)
31 Juan Pantoja acompañó a De Narváez en su primera expedición a
México y residió en Ixtlahuaca. Véase la edición de Pupo-Walker (1992: 183).
32 Aquí comienza una digresión en el relato que, en este caso, parece
más bien cooperar con la construcción de un clima de suspenso narrativo. La
amplificación contradice la cualidad de la brevedad en la escritura y “se usa
para mantener la tensión (o la atención) en el espectador” (Mendiola 2003:
328). Según El arte retórica de Juan Luis Vives, ineludible para los escritores de
la primera mitad del siglo XVI español: “La digresión es útil para enseñar, para
persuadir, para retener y también para la insinuación” (2003: 219), además
de transmitir enseñanzas morales (Mendiola 2003: 325), aunque no es éste el
caso.
33 Canoa: vocablo taíno autóctono de la lengua que hablaban las etnias
arawaks que habitaban las Antillas. Las canoas sorprendieron en gran medida
a los conquistadores europeos –de las que ofrecieron extensos testimonios en
Europa– por la originalidad de su hechura (un tronco vaciado simétricamente
47
allá y que me darían los bastimentos que hubiese y necesarios
fuesen; de lo cual yo me excusé diciendo que no podía dejar los
navíos. A mediodía volvió la canoa con otra carta, en que con
mucha importunidad pedían lo mismo, y traían un caballo en
que fuese; yo di la misma respuesta que primero había dado,
diciendo que no dejaría los navíos; mas los pilotos y la gente me
rogaron mucho que fuese, porque diese prisa que los bastimentos
se trajesen lo más presto que pudiese ser, porque nos partiésemos
luego de allí, donde ellos estaban con gran temor que los navíos
se habían de perder si allí estuviesen mucho.
Por esta razón yo determiné de ir a la villa, aunque primero
que fuese dejé proveído y mandado a los pilotos que si el Sur,
con que allí suelen perderse muchas veces los navíos, ventase y se
viesen en mucho peligro, diesen con los navíos al través y en parte
que se salvase la gente y los caballos. Y con esto yo salí, aunque
quise sacar algunos conmigo, por ir en mi compañía, los cuales
no quisieron salir, diciendo que hacía mucha agua y frío y la villa
estaba muy lejos; que otro día, que era domingo, saldrían con la
ayuda de Dios, a oír misa. A una hora después de yo salido la mar
comenzó a venir muy brava, y el norte fue tan recio que ni los
bateles osaron salir a tierra, ni pudieron dar en ninguna manera
con los navíos al través por ser el viento por la proa; de suerte que
con muy gran trabajo, con dos tiempos contrarios y mucha agua
que hacía, estuvieron aquel día y el domingo hasta la noche.
A esta hora el agua y la tempestad comenzó a crecer tanto,
que no menos tormenta había en el pueblo que en el mar,
porque todas las casas e iglesias se cayeron, y era necesario que
anduviésemos siete u ocho hombres abrazados unos con otros
para podernos amparar que el viento no nos llevase; y andando
entre los árboles, no menos temor teníamos de ellos que de las
casas, porque como ellos también caían, no nos matasen debajo.
En esta tempestad y peligro anduvimos toda la noche, sin hallar
parte ni lugar donde media hora pudiésemos estar seguros.
Andando en esto, oímos toda la noche, especialmente desde
el medio de ella, mucho estruendo grande y ruido de voces,
al que se le daba forma de bote) y por la rapidez que los indios alcanzaban con
ellas en sus desplazamientos en el Caribe insular. Los españoles –Colón uno de
los primeros– solían traducir el término con el español “almadía”.
48
y gran sonido de cascabeles y de flautas y tamborinos y otros
instrumentos,34 que duraron hasta la mañana, que la tormenta
cesó. En estas partes nunca otra cosa tan medrosa se vio; yo hice
una probanza35 de ello, cuyo testimonio envié a Vuestra Majestad.
El lunes por la mañana bajamos al puerto y no hallamos los
navíos; vimos las boyas de ellos en el agua, adonde conocimos
ser perdidos, y anduvimos por la costa por ver si hallaríamos
alguna cosa de ellos; y como ninguno hallásemos, metímonos
por los montes, y andando por ellos un cuarto de legua de agua
hallamos la barquilla de un navío puesta sobre unos árboles, y
diez leguas de allí por la costa, se hallaron dos personas de mi
navío y ciertas tapas de cajas, y las personas tan desfiguradas de
los golpes de las peñas, que no se podían conocer; halláronse
también una capa y una colcha hecha pedazos, y ninguna otra
cosa pareció. Perdiéronse en los navíos sesenta personas y veinte
caballos. Los que habían salido a tierra el día que los navíos allí
llegaron, que serían hasta treinta, quedaron de los que en ambos
navíos había. Así estuvimos algunos días con mucho trabajo y
necesidad, porque la provisión y mantenimientos que el pueblo
tenía se perdieron y algunos ganados; la tierra quedó tal, que
era gran lástima verla: caídos los árboles, quemados los montes,
todos sin hojas ni yerba. Así pasamos hasta cinco días del mes de
noviembre, que llegó el gobernador con sus cuatro navíos, que
34 Quizás se trate de un areíto. Según el prestigioso crítico e historiador
cubano Fernando Ortiz: “Los areítos eran la compleja forma que tomaba
entre los indios el fenómeno social que hoy decimos «fiesta», la cual era entre
ellos una institución de gran importancia. (…) El areíto tenía también una
importante función social de sentido económico. Ante todo, porque era la
manera de formalizar el concierto de las fuerzas individuales para una empresa
de trabajo colectivo, como la tumba de monte, la siembra, la fabricación de
una casa, de un templo, de un batey, de un pueblo o de una gran canoa, la
realización de una gran ceremonia sacro-mágica que asegurase las cosechas
o las lluvias y ahuyentase los desastres como el huracán [vocablo taíno este
último también]” (1993: 45). La realización de los areítos era bastante temida
por los conquistadores españoles (véanse las relaciones de Hernán Cortés o de
Gonzalo Fernández de Oviedo, por ejemplo). Como expresión con función
desconocida por ellos, se les representaban como bacanales de características
dionisíacas, que podían desembocar en sacrificios religiosos y en el tan temido
canibalismo.
35 Probanza se toma aquí por “relación probatoria y legal”, quizás
sea esta probanza que Cabeza de Vaca menciona aquí la primera versión de
Naufragios de Álvar Núñez. Es aludida como prueba de verosimilitud de lo que
se está narrando; sobre éste y otros elementos probatorios a los que recurre el
autor de esta crónica, véase el artículo de Robert Lewis (1982).
49
también habían pasado gran tormenta y también habían escapado
por haberse metido con tiempo en parte segura.36 La gente que
en ellos traía, y la que allí halló, estaban tan atemorizados de lo
pasado, que temían mucho tornarse a embarcar en invierno, y
rogaron al gobernador que lo pasase allí, y él, vista su voluntad y
la de los vecinos, intervino allí.
Dióme a mí37 cargo de los navíos y de la gente para que me
fuese con ellos a invernar al puerto de Xagua,38 que es doce leguas
de allí, donde estuve hasta 20 días del mes de febrero.39
50
Capítulo II
51
que pudimos salir, aunque no sin mucho peligro. Partidos de
aquí y llegados a Guaniguanico,44 nos tomó otra tormenta, que
estuvimos a tiempo de perdernos. A cabo de Corrientes tuvimos
otra, donde estuvimos tres días; pasados éstos, doblamos el cabo
de San Antón,45 y anduvimos con tiempo contrario hasta llegar
a doce leguas de La Habana; y estando otro día para entrar en
ella, nos tomó un tiempo de sur que nos apartó de la tierra, y
atravesamos por la costa de la Florida y llegamos a la tierra martes
12 días del mes de abril,46 y fuimos costeando la vía de la Florida;
y Jueves Santo surgimos en la misma costa, en la boca de una
bahía,47 al cabo de la cual vimos ciertas casas y habitaciones de
indios.
52
Capítulo III
53
Vuestra Majestad y tomó la posesión de la tierra en su real nombre,
presentó sus provisiones53 y fue obedecido por gobernador, como
Vuestra Majestad lo mandaba.54 Asimismo presentamos nosotros
las nuestras ante él, y él las obedeció55 como en ellas se contenía.
Luego mandó que toda la otra gente desembarcase y los caballos
que habían quedado, que no eran más de cuarenta y dos, porque
los demás, con las grandes tormentas y mucho tiempo que habían
andado por la mar, eran muertos; y estos pocos que quedaron
estaban tan flacos y fatigados, que por el presente poco provecho
pudimos tener de ellos. Otro día los indios de aquel pueblo
vinieron a nosotros, y aunque nos hablaron, como nosotros no
teníamos lengua,56 no los entendíamos; mas hacíannos muchas
señas y amenazas, y nos pareció que nos decían que nos fuésemos
de la tierra, y con esto nos dejaron, sin que nos hiciesen ningún
impedimento, y ellos se fueron.
54
Capítulo IV
Cómo entramos por la tierra
55
indios, y mostrámosles maíz para ver si le conocían, porque hasta
entonces no habíamos visto señal de él.61 Ellos nos dijeron que
nos llevarían donde lo había; y así, nos llevaron a su pueblo,
que es al cabo de la bahía, cerca de allí, y en él nos mostraron
un poco de maíz, que aún no estaba para cogerse. Allí hallamos
muchas cajas de mercaderes de Castilla, y en cada una de ellas
estaba un cuerpo de hombre muerto, y los cuerpos cubiertos
con unos cueros de venado pintados. Al comisario le pareció que
esto era especie de idolatría,62 y quemó la caja con los cuerpos.63
Hallamos también pedazos de lienzo y de paño, penachos que
parecían de la Nueva España;64 hallamos también muestras
de oro. Por señas preguntamos a los indios de adónde habían
habido aquellas cosas; señaláronnos que muy lejos de allí había
una provincia que se decía Apalache,65 en la cual había mucho
oro, y hacían seña66 de haber muy gran cantidad de todo lo
que nosotros estimamos en algo. Decían que en Apalache había
mucho, y tomando aquellos indios por guía, partimos de allí;67
61 En esta instancia de la crónica, dos son los objetos más buscados
y preciados por la armada de Pánfila de Narváez: el oro que justifica la
importancia y grandeza de la expedición; y el maíz, que constituye verdadero
alimento para la subsistencia.
62 La idolatría (la adoración religiosa de ídolos o imágenes que eran
concebidos como deidades falsas por el cristianismo) era un tema controvertido
en la Conquista de América, porque, de hallarse como práctica entre los
habitantes nativos, la idolatría autorizaba a llamarlos infieles y a combatirlos
mediante la guerra, como parte de una cruzada más amplia de “lucha contra
influencias y engaños demoníacos”.
63 Se trata de otro episodio extraño (Lagmanovich 1978) inserto en
la crónica de Núñez. Los cuerpos muertos, posiblemente abandonados por
cristianos, no habían sido enterrados tal como se procede en el ritual católico.
La sospecha recae sobre los nativos y sus prácticas idolátricas.
64 El episodio es también recogido –con algunos detalles que omite
Álvar Núñez– en la versión de Gonzalo Fernández de Oviedo: “Asimismo se
hallaron pedazos de zapato e lienzo, e de paño e hierro alguno; e preguntados
los indios, dijeron por señas que lo habían hallado en un navío que se había
perdido en aquella costa o bahía.” (1959: IV-288)
65 Apalache: región que designaba en ese entonces el extremo noroeste
de la península de la Florida y sur del estado de Georgia en torno a la cuenca
del río Apalachicola o río Apalache.
66 El lenguaje por señas recibió posteriormente la denominación de
“lengua de necesidad”. Común en la literatura de viajes y en las crónicas de
Indias, llevó a muchas expediciones a graves errores de interpretación. Los
cronistas Bartolomé de las Casas y el Inca Garcilazo de la Vega revelan estas
malinterpretaciones en muchos episodios de la Conquista.
67 Apalache aquí aparece caracterizado como territorio fabuloso o
56
y andadas diez o doce leguas, hallamos otro pueblo de quince
casas, donde había buen pedazo de maíz sembrado, que ya estaba
para cogerse, y también hallamos alguno que estaba ya seco; y
después de dos días que allí estuvimos, nos volvimos donde el
contador y la gente y navíos estaban, y contamos al contador
y pilotos lo que habíamos visto, y las nuevas que los indios nos
habían dado. Y otro día que fue primero de mayo, el gobernador
llamó aparte al comisario y al contador y al veedor y a mí, y a un
marinero que se llamaba Bartolomé Fernández, y a un escribano
que se decía Jerónimo de Alaniz, y así juntos, nos dijo que tenía
voluntad de entrar por la tierra adentro y los navíos se fuesen
costeando hasta que llegasen al puerto, y que los pilotos decían y
creían que yendo la vía de las Palmas estaban muy cerca de allí;
y sobre esto nos rogó le diésemos nuestro parecer.68 Yo respondía
que me parecía que por ninguna manera debía dejar los navíos
sin que primero quedasen en puerto seguro y poblado, y que
mirase que los pilotos no andaban ciertos, ni se afirmaban en
una misma cosa, ni sabían a qué parte estaban; y que allende de
esto, los caballos no estaban para que en ninguna necesidad que
se ofreciese nos pudiésemos aprovechar de ellos; y que sobre todo
esto, íbamos mudos y sin lengua,69 por donde mal nos podíamos
entender con los indios, ni saber lo que de la tierra queríamos,
y que entrábamos por tierra de que ninguna relación teníamos,
ni sabíamos de qué suerte era, ni lo que en ella había, ni de qué
gente estaba poblada, ni a qué parte de ella estábamos;70 y que
“lugar del oro”. Este tipo de espacio se presenta, por lo general, diferido a
los ojos de los conquistadores y ubicado en un lugar desconocido. En dos
ocasiones de la Conquista Americana, los lugares del oro satisficieron las
expectativas de los conquistadores: el hallazgo de México-Tenochtitlán por
Hernán Cortés y del Tahuantinsuyo incaico por la armada de los hermanos
Pizarro y de Diego de Almagro. Las tierras abundantes en riquezas, como las
de las amazonas, Cíbola, el Dorado, la sierra de Plata, el País de la Canela y la
Ciudad de los Césares son otros de los objetivos míticos que promovieron los
viajes de los conquistadores en el continente americano. Sobre el tema, véase
Juan Gil (1989), Beatriz Pastor (1983) y Sergio Buarque de Holanda (1982),
entre otros. El oro vislumbrado en esta región que describe Núñez atrajo varias
expediciones españolas: la de Juan Ponce de León, la de Hernando de Soto, la
de Fray Marcos de Niza y la de Francisco Vázquez de Coronado, entre otros.
68 La última frase aparece sutilmente diferente en Oviedo: “pidióles
sobre esto su parecer” (1959: IV-288).
69 Sin lengua: sin intérprete.
70 La versión de Oviedo no menciona el desconocimiento de la tierra
57
sobre todo esto, no teníamos bastimentos para entrar adonde no
sabíamos; porque, visto lo que los navíos había, no se podía dar
a cada hombre de ración para entrar por la tierra más de una
libra de bizcocho y otra de tocino, y que mi parecer era que se
debía embarcar e ir a buscar puerto y tierra que fuese mejor para
poblar, pues la que habíamos visto, en sí era tan despoblada y
tan pobre, cuanto nunca en aquellas partes se había hallado. Al
comisario le pareció todo lo contrario, diciendo que no se había
de embarcar, sino que yendo siempre hacia la costa, fuesen en
busca del puerto, pues los pilotos decían que no estaría sino diez
o quince leguas de allí la vía de Pánuco,71 y que no era posible,
yendo siempre a la costa, que no topásemos con él, porque decían
que entraba doce leguas adentro por la tierra, y que los primeros
que lo hallasen, esperasen allí a los otros, y que embarcarse era
tentar a Dios,72 pues desque partimos de Castilla tantos trabajos
habíamos pasado, tantas tormentas, tantas pérdidas de navíos y
de gente habíamos tenido hasta llegar allí; y que por estas razones
él se debía de ir por luengo73 de costa hasta llegar al puerto, y
que los otros navíos, con la otra gente, se irían a la misma vía
hasta llegar al mismo puerto. A todos los que allí estaban pareció
bien que esto se hiciese así, salvo al escribano, que dijo que
primero que desamparase los navíos, los debía de dejar en puerto
conocido y seguro, y en parte que fuese poblada; que esto hecho,
podría entrar por la tierra adentro y hacer lo que le pareciese. El
gobernador siguió su parecer y lo que los otros le aconsejaban. Yo,
como causa para no adentrarse en ella. A pesar de que el mandato real ordenaba
ir del río de las Palmas hasta el cabo de la Florida (véase supra cap. I) –es decir,
de tierra conocida a desconocida–, De Narváez, como señala aquí Núñez,
proponía concretar la travesía en dirección contraria y más arriesgada.
71 Río Pánuco: hoy región de Tampico y río San Juan cuya
desembocadura da al mar Caribe, se encuentra cerca de la ciudad de Veracruz
en México. Consideramos que los hombres de Pánfilo de Narváez estaban
muy desorientados en este punto, puesto que el Pánuco se encuentra a 1.500
kilómetros de la región de la Florida en donde se hallaban. “Pánuco”, en
dialecto huasteca de la lengua náhuatl, significa “lugar de paso”. Roberto
Ferrando considera que su significado refiere directamente a “lugar donde
llegaron los que vinieron por mar” (1984: 37), lo que remitiría directamente a
la embajada de Hernán Cortés y a los primeros españoles llegados a la región.
72 Tentar a Dios: decir algunas cosas como queriendo hacer experiencia
de su poder [del poder de Dios] (…) pedir que haga milagros sin necesidad.
(DAut 1739: 250-2)
73 Luengo: largo, andar largamente.
58
vista su determinación, requeríle de parte de Vuestra Majestad
que no dejase los navíos sin que quedasen en puerto y seguros,
y así lo pedí por testimonio al escribano que allí teníamos. Él74
respondió que, pues él se conformaba con el parecer de los más
de los otros oficiales y comisario, que yo no era parte para hacerle
estos requerimientos, y pidió al escribano le diese por testimonio
cómo por no haber en aquella tierra mantenimientos para poder
poblar, ni puerto para los navíos, levantaba el pueblo que allí
había asentado, e iba con él en busca del puerto y de tierra que
fuese mejor; y luego mandó apercibir75 la gente que había de ir
con él, que se proveyesen de lo que era menester para la jornada.
Y después de esto proveído, en presencia de los que allí estaban,
me dijo que, pues yo tanto estorbaba y temía la entrada por tierra,
que me quedase y tomase cargo de los navíos y de la gente que en
ellos quedaba, y poblase si yo llegase primero que él. Yo me excusé
de esto, y después de salidos de allí aquella misma tarde, diciendo
que no le parecía que de nadie se podía fiar aquello, me envió
a decir que me rogaba que tomase cargo de ello. Y viendo que
importunándome tanto, yo todavía me excusaba, me preguntó
qué era la causa por que huía de aceptarlo; a lo cual respondí que
yo huía de encargarme de aquello porque tenía por cierto y sabía
que él no había de ver más los navíos, ni los navíos a él, y que esto
entendía viendo que tan sin aparejo76 se entraban por la tierra
adentro. Y que yo quería más aventurarme al peligro que él y los
otros se aventuraban, y pasar por lo que él y ellos pasasen, que no
encargarme de los navíos, y dar ocasión a que se dijese que, como
había contradicho la entrada, me quedaba por temor, y mi honra
anduviese en disputa; y que yo quería más aventurar la vida que
poner mi honra en esta condición.77 Él, viendo que conmigo no
74 Es decir, Pánfilo de Narváez, el gobernador.
75 Apercibir: prevenir, disponer, preparar lo necesario. (DAut 1770:
277-2)
76 Aparejo: prevención, disposición, preparación de lo conducente y
necesario para cualquier obra, operación u otra cosa. (DAut 1726: 326-1)
77 El protagonista primero requiere a De Narváez en nombre del rey
español para que no abandone las naves; luego, cuando se prueba la ilegalidad
de este requerimiento, prefiere renunciar a sus convicciones y advertencias de
peligro y fracaso para preservar su honra de vasallo. Cabeza de Vaca asume,
para caracterizarse como personaje, el modelo de vasallo leal y –como narrador
de la crónica– insiste en evidenciar esta condición. La costumbre, leyes y
59
aprovechaba, rogó a otros muchos que me hablasen en ello y me
lo rogasen, a los cuales respondí lo mismo que a él; y así, proveyó
por su teniente, para que quedase en los navíos un alcalde que
traía que se llamaba Caravallo.78
60
Capítulo V
Cómo dejó los navíos el gobernador
61
curásemos82 de hablar en aquello, porque estaba muy lejos de allí;
y como yo era el que más le importunaba, díjome que me fuese
yo a descubrirla y que buscase puerto,83 y que había de ir a pie
con cuarenta hombres; y así, otro día yo me partí con el capitán
Alonso del Castillo y con cuarenta hombres de su compañía,
y así anduvimos hasta hora del mediodía, que llegamos a unos
placeles84 de la mar que parecía que entraban mucho por tierra;
anduvimos por ellos hasta legua y media con el agua hasta la
mitad de la pierna, pisando por encima de ostiones, de los cuales
recibimos muchas cuchilladas en los pies, y nos fueron a causa
de mucho trabajo, hasta que llegamos en el río que primero
habíamos atravesado, que entraba por aquel mismo ancón,85
y como no lo pudimos pasar, por el mal aparejo que para ello
teníamos, volvimos al real,86 y contamos al gobernador lo que
habíamos hallado, y cómo era menester otra vez pasar el río por
el mismo lugar que primero habíamos pasado, para que aquél
ancón se descubriese bien, y viésemos si por allí había puerto; y
otro día mandó a un capitán que se llamaba Valenzuela, que con
setenta hombres y seis de caballo pasase el río y fuese por él abajo
hasta llegar a la mar, y buscar si había puerto; el cual, después de
dos días que allá estuvo, volvió y dijo que él había descubierto
el ancón, y que todo era bahía baja hasta la rodilla, y que no se
hallaba puerto; y que había visto cinco o seis canoas de indios
que pasaban de una parte a otra y que llevaban puestos muchos
penachos.87 Sabido esto, otro día partimos de allí, yendo siempre
82 Curarse: se tomaba también por “cuidar” y, por extensión,
“preocuparse”.
83 Estas desavenencias entre Cabeza de Vaca y el gobernador no
aparecen mencionadas en la versión de Oviedo.
84 Placel: (término náutico) banco de arena o piedra en el fondo del
mar, pero de bastante extensión y de poca desigualdad en su profundidad.
(DAut 1803: 661-2)
85 Ancón: ensenada pequeña (DRAE).
86 Real: el campo donde está acampado un ejército, rigurosamente se
entiende por el sitio en que está la tienda de la persona Real o del General.
(DAut 1737: 502-2)
87 Se trataría de los indios timucuas o timacuanos. Por información
recogida por Pupo-Walker (1992:60), sabemos que eran comunidades
sedentarias que vivían principalmente del cultivo del maíz; sus jerarquías
estaban determinadas por creencias religiosas y su lengua tenía como base el
muscogui.
62
en demanda de aquella provincia que los indios nos habían dicho
Apalache, llevando por guía los que de ellos habíamos tomado,
y así anduvimos hasta 17 de junio, que no hallamos indios que
nos osasen esperar. Y allí salió a nosotros un señor que le traía un
indio a cuestas, cubierto de un cuero de venado pintado: traía
consigo mucha gente, y delante de él venían tañendo unas flautas
de caña; y así llegó donde estaba el gobernador, y estuvo una hora
con él, y por señas le dimos a entender que íbamos a Apalache, y
por las señas que él hizo, nos pareció que era enemigo de los de
Apalache,88 y que nos iría a ayudar contra él. Nosotros le dimos
cuentas y cascabeles y otros rescates,89 y él dio al gobernador el
cuero que traía cubierto; y así se volvió, y nosotros le fuimos
siguiendo por la vía que él iba. Aquella noche llegamos a un río,
el cual era muy hondo y muy ancho, y la corriente muy recia,
y por no atrevernos a pasar con balsas, hicimos una canoa para
ello, y estuvimos en pasarlo un día; y si los indios nos quisieran
ofender, bien nos pudieran estorbar el paso, y aun con ayudarnos
ellos, tuvimos mucho trabajo. Uno de a caballo, que se decía Juan
Velázquez, natural de Cuéllar, por no esperar entró en el río, y
la corriente, como era recia, lo derribó del caballo, y se asió a las
riendas, y ahogó a sí y al caballo; y aquellos indios de aquel señor,
que se llamaba Dulchanchelín,90 hallaron el caballo, y nos dijeron
dónde hallaríamos a él por el río abajo; y así fueron por él, y su
muerte nos dio mucha pena, porque hasta entonces ninguno nos
había faltado. El caballo dio de cenar a muchos aquella noche.91
88 Según información de Swanton recogida por Pupo-Walker (1992:
60), en la lengua muscogui, “apalache” significaba “gente del otro lado”.
89 En su primer viaje a las Indias, Cristóbal Colón ofreció cuentas y
trozos de vidrio de colores, bonetes colorados y cascabeles a los nativos: “cosas
muchas de poco valor, con que hubieron mucho placer” (Colón 1992: 110).
A partir de ese momento, los conquistadores continuaron creyendo que los
amerindios en general se sentían muy atraídos por este tipo de ofrecimientos.
90 Pupo-Walker (1992: 196) concluye que se trataría del cacique Ochile,
mencionado en las relaciones del Inca Garcilaso, del Hidalgo de Elvas y de
Antonio de Herrera. Núñez no suele identificar con nombre ni individualizar
a ninguno de los indios que encuentra; Dulchanchelín es la única excepción.
Maura (1989) advierte que este nombre fue utilizado luego por Lope de Vega
para uno de los personajes indígenas de su obra El Nuevo Mundo.
91 Nótese el estilo lacónico de Álvar Núñez al relatar aquí episodios
de profundo impacto patético: el encuentro sorpresivo con doscientos indios
luego de no haber hallado ninguno en el camino previo, la posterior pelea
con ellos aparentemente sin causa alguna, luego el encuentro repentino con
63
Pasados de allí, otro día llegamos al pueblo de aquel señor,
y allí nos envió maíz. Aquella noche, donde iban a tomar agua
nos flecharon un cristiano, y quiso Dios que no lo hirieron. Otro
día nos partimos de allí sin que indio ninguno de los naturales
pareciese, porque todos habían huido; más yendo nuestro
camino, aparecieron indios, los cuales venían de guerra, y aunque
nosotros los llamamos, no quisieron volver ni esperar; mas antes se
retiraron, siguiéndonos por el mismo camino que llevábamos. El
gobernador dejó una celada de algunos de a caballo en el camino,
que como pasaron, salieron a ellos, y tomaron tres o cuatro indios,
y éstos llevamos por guías de allí adelante; los cuales nos llevaron
por tierra muy trabajosa de andar y maravillosa de ver, porque en
ella hay muy grandes montes y los árboles a maravilla altos, y son
tantos los que están caídos en el suelo, que nos embarazaban el
camino, de suerte que no podíamos pasar sin rodear mucho y con
muy gran trabajo; de los que no estaban caídos, muchos estaban
hendidos desde arriba hasta abajo, de rayos que en aquella tierra
caen, donde siempre hay muy grandes tormentas y tempestades.
Con este trabajo caminamos hasta un día después de San Juan,92
que llegamos a vista de Apalache sin que los indios de la tierra93
nos sintiesen. Dimos muchas gracias a Dios por vernos tan cerca
de Él, creyendo que era verdad lo que de aquella tierra nos habían
dicho, que allí se acabarían los grandes trabajos que habíamos
pasado, así por el malo y largo camino para andar, como por la
mucha hambre que habíamos padecido; porque aunque algunas
veces hallábamos maíz, las más andábamos siete y ocho leguas sin
toparlo; y muchos había entre nosotros que, allende del mucho
cansancio y hambre, llevaban hechas llagas en las espaldas, de
64
llevar las armas a cuestas, sin otras cosas que se ofrecían. Mas con
vernos llegados donde deseábamos, y donde tanto mantenimiento
y oro nos habían dicho que había, pareciónos que se nos había
quitado gran parte del trabajo y cansancio.94
65
Capítulo VI
Cómo llegamos a Apalache
66
Capítulo VII
De la manera que es la tierra
67
Dos horas después que llegamos a Apalache, los indios que
allí habían huido vinieron a nosotros de paz, pidiéndonos a sus
mujeres e hijos, y nosotros se los dimos, salvo que el gobernador
detuvo un cacique de ellos consigo, que fue causa por donde
ellos fueron escandalizados;105 y luego otro día volvieron en pie
de guerra, y con tanto denuedo y presteza nos acometieron, que
llegaron a nos poner fuego a las casas en que estábamos; mas
como salimos, huyeron, y acogiéronse a las lagunas, que tenían
muy cerca; y por esto, y por los grandes maizales que había, no
les pudimos hacer daño, salvo a uno que matamos. Otro día
siguiente, otros indios de otro pueblo que estaba de la otra parte
vinieron a nosotros y acometiéronnos de la misma arte que los
primeros y de la misma manera se escaparon, y también murió
uno de ellos. Estuvimos en este pueblo veinte y cinco días,106 en
que hicimos tres entradas por la tierra y hallámosla muy pobre
de gente y muy mala de andar, por los malos pasos y montes
y lagunas que tenía. Preguntamos al cacique que les habíamos
detenido, y a los otros indios que traíamos con nosotros, que
eran vecinos y enemigos de ellos, por la manera y población de
la tierra, y la calidad de la gente, y por los bastimentos y todas las
otras cosas de ella. Respondiéronnos cada uno por sí, que el mayor
pueblo de toda aquella tierra era aquel Apalache, y que adelante
había menos gente y muy más pobre que ellos, y que la tierra era
mal poblada y los moradores de ella muy repartidos; y que yendo
adelante, había grandes lagunas y espesura de montes y grandes
desiertos y despoblados. Pregutámosles luego por la tierra que
estaba hacia el sur, qué pueblos y mantenimientos tenía. Dijeron
que por aquella vía, yendo a la mar nueve jornadas, había un
pueblo que llamaban Aute,107 y los indios de él tenían mucho
propias de la naturaleza europea: “encinas y pinos y robles, palmitos bajos,
de la manera de los de Castilla”; pero, ante la evidente novedad del paisaje
americano, la descripción pierde precisión y recurre a la perífrasis: “vimos un
animal que trae los hijos en una bolsa”.
105 Escandalizar: en lo antiguo, se tomaba muchas veces por alborotar,
causar tumultos e inquietudes. Ej.: de tal manera se escandalizaron todos los
pueblos, oída la muerte de Trajano, que no pareció sino que se dejaba a todo
el mundo sin dueño. (DAut 1732: 552-2)
106 Aproximadamente, del 27 de junio al 19 de julio de 1528.
107 Según Pupo-Walker (1992), se trataba de un caserío situado cerca
de la desembocadura del río Apalache, al que quizás el Hidalgo de Elvas llama
68
maíz, y que tenían frísoles y calabazas, y que por estar tan cerca
de la mar alcanzaban pescados, y que éstos eran amigos suyos.
Nosotros, vista la pobreza de la tierra, y las malas nuevas que de
la población y de todo lo demás nos daban, y como los indios nos
hacían continua guerra hiriéndonos la gente y los caballos en los
lugares donde íbamos a tomar agua, y esto desde las lagunas, y tan
a salvo, que no los podíamos ofender, porque metidos en ellas nos
flechaban, y mataron un señor108 de Tezcuco109 que se llamaba
don Pedro, que el comisario llevaba consigo, acordamos de partir
de allí, e ir a buscar la mar y aquel pueblo de Aute que nos habían
dicho; y así nos partimos al cabo de veinte y cinco días que allí
habíamos llegado.110 El primero día pasamos aquellas lagunas y
pasos sin ver indio ninguno, mas al segundo día llegamos a una
laguna de muy mal paso, porque daba el agua a los pechos y había
en ella muchos árboles caídos. Ya que estábamos en medio de ella
nos acometieron muchos indios que estaban escondidos detrás de
los árboles porque no les viésemos; otros estaban sobre los caídos,
y comenzáronnos a flechar de manera que nos hirieron muchos
hombres y caballos, y nos tomaron la guía que llevábamos,
antes que de la laguna saliésemos, y después de salidos de ella,
nos tornaron a seguir, queriéndonos estorbar el paso; de manera
que no nos aprovechaba salirnos afuera ni hacernos más fuertes
y querer pelear con ellos, que se metían luego en la laguna, y
desde allí nos herían la gente y caballos. Visto esto, el gobernador
mandó a los de caballo que se apeasen y les acometiesen a pie.
El contador se apeó con ellos, y así los acometieron, y todos
entraron a vueltas en una laguna, y así les ganamos el paso. En
Ochete.
108 Señor: es decir, gobernador, rey o cacique.
109 Texcoco: villa del estado de México cercana a la capital del país y
situada en el valle del Anáhuac. Al llegar Hernán Cortés a Texcoco en 1519,
gobernaba Cacamatzin y la ciudad era aliada de los mexicas, con centro de
poder en Tenochtitlán.
110 La búsqueda de maíz, otras legumbres y pescado para el
sustentamiento, que los indios timucuas capturados prometen alcanzar en
Aute, reemplaza en este momento a la más ambiciosa búsqueda del oro, no
encontrado entre los apalaches. El cronista Fernández de Oviedo es durísimo
en su comentario sobre Pánfilo de Narváez: “¡Oh temerario desatino! ¿Qué
mayor crimen puede cometer un caudillo que conducir gente a tierra que ni él
ni otro de su hueste haya estado en ella? (…) En verdad que yo estoy muchas
veces maravillado e aun enojado destos capitanes.” (1959: IV-290)
69
esta revuelta hubo algunos de los nuestros heridos, que no les
valieron buenas armas que llevaban; y hubo hombres este día que
juraron que habían visto dos robles, cada uno de ellos tan grueso
como la pierna por bajo, pasados de parte a parte de las flechas de
los indios; y esto no es tanto de maravillar, vista la fuerza y maña
con que las echan; porque yo mismo vi una flecha en un pie de
un álamo, que entraba por él un jeme.111 Cuantos indios vimos
desde la Florida aquí todos son flecheros; y como son tan crecidos
de cuerpo y andan desnudos, desde lejos parecen gigantes. Es
gente a maravilla bien dispuesta, muy enjutos y de muy grandes
fuerzas y ligereza. Los arcos que usan son gruesos como el brazo,
de once o doce palmos de largo, que flechan a doscientos pasos
con tan gran tiento,112 que ninguna cosa yerran.113 Pasados que
fuimos de este paso, de ahí a una legua llegamos a otro de la
misma manera, salvo que por ser tan largo, que duraba media
legua, era muy peor; éste pasamos libremente y sin estorbo de
indios; que como habían gastado en el primero toda la munición
que de flechas tenían, no quedó con qué osarnos acometer. Otro
día siguiente, pasando otro semejante paso, yo hallé rastro de
gente que iba delante, y di aviso de ello al gobernador, que venía
en la retaguardia; y así, aunque los indios salieron a nosotros,
como íbamos apercibidos, no nos pudieron ofender;114 y salidos
a lo llano, fuéronnos todavía siguiendo; volvimos a ellos por dos
partes, y matámosles dos indios, y hiriéronme a mí y dos o tres
cristianos; y por acogérsenos al monte no les pudimos hacer más
mal ni daño. De esta suerte caminamos ocho días, y desde este paso
111 Xeme: la distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la
del dedo índice, que sirve de medida. (DAut 1739: 537-2)
112 Tiento se refiere al sentido del tacto y aquí significa “gran pulso”:
seguridad y firmeza en la mano.
113 La descripción proto-etnográfica de estos indios apalaches responde
al tópico de la mirabilia (véase supra nota 14): la admiración por el gigantismo
de los indios, su desnudez, la proporción de sus cuerpos y sus habilidades para
las prácticas arcaicas o exóticas, sin una explicación clara para el autor del
relato.
114 Nótese la capacidad del personaje Álvar Núñez para prever
estratégicamente errores y fracasos; y del autor para devenir de autor-testigo a
autor involucrado en las decisiones que dirigen la acción de la trama. Sobre la
superposición autobiográfica de narrador y personaje y de sus virtudes, véase
el artículo “Sobre la configuración narrativa de los Naufragios” de E. Pupo-
Walker (1992: 83-102).
70
que he contado, no salieron más indios a nosotros hasta una legua
adelante, que es lugar donde he dicho que íbamos. Allí, yendo
nosotros por nuestro camino, salieron indios, y sin ser sentidos,
dieron en la retaguardia, y a los gritos que dio un muchacho de
un hidalgo de los que allí iban, que se llamaba Avellaneda, el
Avellaneda volvió, y fue a socorrerlos, y los indios le acertaron
con una flecha por el canto de las corazas, y fue tal la herida, que
pasó casi toda la flecha por el pescuezo, y luego allí murió y lo
llevamos hasta Aute. En nueve días de camino, desde Apalache
hasta allí, llegamos.115 Y cuando fuimos llegados, hallamos toda la
gente de él, ida, y las casas quemadas, y mucho maíz y calabazas y
frísoles, que ya todo estaba para empezarse a coger. Descansamos
allí dos días, y estos pasados, el gobernador me rogó que fuese a
descubrir116 la mar, pues los indios decían que estaba tan cerca
de allí; ya en este camino la habíamos descubierto por un río
muy grande que en él hallamos, a quien habíamos puesto por
nombre el río de la Magdalena.117 Visto esto, otro día siguiente yo
me partí a descubrirla, juntamente con el comisario y el capitán
Castillo y Andrés Dorantes y otros siete de caballo y cincuenta
peones, y caminamos hasta hora de vísperas, que llegamos a un
ancón o entrada de la mar, donde hallamos muchos ostiones,
con que la gente holgó;118 y dimos muchas gracias a Dios por
habernos traído allí. Otro día de mañana envié veinte hombres a
que conociesen la costa y mirasen la disposición de ella, los cuales
volvieron al otro día en la noche, diciendo que aquellos ancones
y bahías eran muy grandes y entraban tanto por la tierra adentro,
que estorbaban mucho para descubrir lo que queríamos, y que
la costa estaba muy lejos de allí. Sabidas estas nuevas y vista la
mala disposición y aparejo que para descubrir la costa por allí
había, yo me volví al gobernador, y cuando llegamos, hallámosle
115 El 7 de agosto de 1528.
116 Descubrir, además de poseer el significado de “hallar aquello que
estaba ignorado o escondido hasta entonces”, también tenía el sentido de
“registrar o alcanzar a ver” (DAut 1732: 144-1).
117 Se trataría del río Apalachicola o Apalache, según información
de Hallenbeck recogida por Pupo-Walker (1992). Pero, según cálculos de
Ferrando (1984), ya se encontrarían a orillas del río Alabama y según Barrera
(1985), en el San Marcos.
118 Holgó: se satisfizo comiendo ostras.
71
enfermo con otros muchos, y la noche pasada los indios habían
dado en ellos y puéstolos en grandísimo trabajo, por la razón
de la enfermedad que les había sobrevenido; también les habían
muerto un caballo. Yo di cuenta de lo que había hecho y de la
mala disposición de la tierra. Aquel día nos detuvimos allí.
72
Capítulo VIII
Cómo partimos de Aute
73
delante el tiempo en que desamparaban a su capitán y los que
estaban enfermos y sin poder, y apartarse sobre todo el servicio de
Vuestra Majestad, acordaron de quedar, y que lo que fuese de uno
fuese de todos, sin que ninguno desamparase a otro.
Visto esto por el gobernador, los llamó a todos y a cada uno
por sí, pidiendo parecer de tan mala tierra, para poder salir de ella
y buscar algún remedio, pues allí no lo había, estando la tercia
parte de la gente con gran enfermedad, y creciendo esto cada
hora, que teníamos por cierto todos lo estaríamos así; de donde
no se podía seguir sino la muerte, que por ser en tal parte se nos
hacía más grave; y vistos estos y otros muchos inconvenientes,
y tentados muchos remedios, acordamos en uno harto difícil
de poner en obra, que era hacer navíos en que nos fuésemos. A
todos parecía imposible, porque nosotros no los sabíamos hacer,
ni había herramienta, ni hierro, ni fragua, ni estopa, ni pez,121 ni
jarcias, finalmente, ni cosa ninguna de tantas como son menester,
ni quien supiese nada para dar industria en ello, y sobre todo, no
haber qué comer entretanto que se hiciesen, y los que habían de
trabajar del arte que habíamos dicho. Y considerando todo esto,
acordamos de pensar en ello más de espacio, y cesó la plática
aquel día, y cada uno se fue encomendándolo a Dios nuestro
Señor, que lo encaminase por donde Él fuese más servido. Otro
día quiso Dios que uno de la compañía vino diciendo que él haría
unos cañones de palo, y con unos cueros de venado se harían
unos fuelles, y como estábamos en tiempo que cualquiera cosa
que tuviese alguna sobrehaz122 de remedio, nos parecía bien,
dijimos que se pusiese por obra; y acordamos de hacer de los
estribos y espuelas y ballestas, y de las otras cosas de hierro que
había, los clavos y sierras y hachas, y otras herramientas, de que
tanta necesidad había para ello; y dimos por remedio que para
haber algún mantenimiento en el tiempo que esto se hiciese, se
hiciesen cuatro entradas123 en Aute con todos los caballos y gente
que pudiesen ir, y que a tercero día se matase un caballo, el cual
121 El “pez” denominaba a la resina o sudor que se extraía del pino y que
se utilizaba para calafatear las naves.
122 Sobrefaz: se entiende que se refiere a “superficie” o “apariencia”.
123 Entrada: entre sus acepciones, es también la invasión o irrupción que
se hace en alguna provincia, reino o país, entrando en él con tropas y gentes
para dañarle y ofenderle. (DAut 1732: 509-1)
74
se repartiese entre los que trabajaban en la obra de las barcas y
los que estaban enfermos; las entradas se hicieron con la gente y
caballos que fue posible, y en ellas se trajeron hasta cuatrocientas
hanegas124 de maíz, aunque no sin contienda y pendencias con
los indios.125 Hicimos coger muchos palmitos para aprovecharnos
de la lana y cobertura de ellos, torciéndola y aderezándola para
usar en lugar de estopa para las barcas; las cuales se comenzaron
a hacer con un solo carpintero que en la compañía había, y tanta
diligencia pusimos, que, comenzándolas a cuatro días de agosto,
a veinte días del mes de septiembre eran acabadas cinco barcas,
de a veinte y dos codos cada una, calafateadas con las estopas de
los palmitos, y breámoslas con cierta pez de alquitrán que hizo un
griego llamado don Teodoro, de unos pinos; y de la misma ropa
de los palmitos, y de las colas y crines de los caballos, hicimos
cuerdas y jarcias, y de las nuestras camisas velas, y de las sabinas
que allí había, hicimos los remos que nos pareció que era menester.
Y tal era la tierra en que nuestros pecados nos habían puesto,
que con muy gran trabajo podíamos hallar piedras para lastre y
anclas de las barcas, ni en toda ella habíamos visto ninguna.126
Desollamos también las piernas de los caballos enteras, y curtimos
los cueros de ellas para hacer botas en que llevásemos el agua. En
este tiempo algunos andaban cogiendo mariscos por los rincones
de las entradas de la mar, en que los indios, en dos veces que
dieron en ellos, nos mataron diez hombres a vista del real, sin
que los pudiésemos socorrer, los cuales hallamos de parte a parte
pasados con las flechas; que aunque algunos tenían buenas armas,
no bastaron a resistir para que esto no se hiciese, por flechar
124 Fanega: medida de granos y otras semillas que contiene doce celemines
[celemín: medida de capacidad que equivale a 4,625 litros aproximadamente].
(DAut 1732-2)
125 Son los indios pensacolas, que habitaban penínsulas y canales del
extremo noreste de la Florida. Según información recogida por Pupo-Walker
(1992: 61), su lengua integraba la comunidad lingüística choctaw, aunque
también tenía rasgos de la muscogui.
126 El viaje de peregrinación suponía la superación de los padecimientos
y escollos que la Providencia Divina colocaba en el camino a los mortales
pecadores. La historiografía renacentista española (que puede observarse
muy bien aquí) concibe –sin contradicción– el viaje en términos espirituales
y comerciales o geográficos: la búsqueda de enriquecimiento y de servicio a
Dios eran compatibles. Por este motivo, el naufragio –en ocasiones– puede
entenderse tanto en términos reales como espirituales. Sobre este tema en la
literatura de viajes, véase Ernst Bloch (1983), entre otros.
75
con tanta destreza y fuerza como arriba he dicho. Y a dicho y
juramento de nuestros pilotos, desde la bahía, que pusimos
nombre de la Cruz,127 hasta aquí anduvimos doscientas y ochenta
leguas, poco más o menos. En toda esta tierra no vimos sierra
ni tuvimos noticias de ella en ninguna manera; y antes que nos
embarcásemos, sin los que los indios nos mataron, se murieron
más de cuarenta hombres de enfermedad y hambre. A veinte y
dos días del mes de septiembre se acabaron de comer los caballos,
que sólo uno quedó, y este día nos embarcamos por esta orden:
que en la barca del gobernador iban cuarenta y nueve hombres;
en otra que dio al contador y comisario iban otros tantos; la
tercera dio al capitán Alonso del Castillo y Andrés Dorantes,
con cuarenta y ocho hombres, y otra dio a dos capitanes, que se
llamaban Téllez y Peñalosa, con cuarenta y siete hombres. La otra
dio al veedor y a mí con cuarenta y nueve hombres, y después de
embarcados los bastimentos y ropa, no quedó a las barcas más
que un jeme de bordo fuera del agua, y allende de esto, íbamos
tan apretados, que no nos podíamos menear; y tanto puede la
necesidad, que nos hizo aventurar a ir de esta manera, y meternos
en una mar tan trabajosa, y sin tener noticia de la arte del marear
ninguno de los que allí iban.128
76
Capítulo IX
Cómo partimos de bahía de Caballos
77
gente pobre y miserable. Al cabo ya de estos treinta días, que la
necesidad del agua era en extremo, yendo cerca de la costa, una
noche sentimos venir una canoa, y como la vimos, esperamos
que llegase, y ella no quiso hacer cara; y aunque la llamamos, no
quiso volver ni aguardarnos, y por ser de noche no la seguimos, y
fuímonos nuestra vía. Cuando amaneció vimos una isla pequeña,
y fuimos a ella por ver si hallaríamos agua; mas nuestro trabajo
fue en balde, porque no la había. Estando allí surtos, nos tomó
una tormenta muy grande, porque nos detuvimos seis días sin que
osásemos salir a la mar; y como había cinco días que no bebíamos,
la sed fue tanta, que nos puso en necesidad de beber agua salada,
y algunos se desatentaron134 tanto en ello, que súbitamente se nos
murieron cinco hombres. Cuento esto así brevemente, porque no
creo que haya necesidad de particularmente contar las miserias y
trabajos en que nos vimos;135 pues considerando el lugar donde
estábamos y la poca esperanza de remedio que teníamos, cada
uno puede pensar mucho de lo que allí pasaría. Y como vimos
que la sed crecía y el agua nos mataba, aunque la tormenta no
era cesada, acordamos de encomendarnos a Dios nuestro Señor, y
aventuramos antes al peligro de la mar que esperar la certinidad de
la muerte que la sed nos daba. Así, salimos la vía donde habíamos
visto la canoa la noche que por allí veníamos; y en este día nos
vimos muchas veces anegados, y tan perdidos, que ninguno hubo
que no tuviese por cierta la muerte. Plugo136 a nuestro Señor, que
en las mayores necesidades suele mostrar su favor, que a puesta
del Sol volvimos una punta que la tierra hace, adonde hallamos
mucha bonanza y abrigo. Salieron a nosotros muchas canoas,
y los indios que en ellas venían nos hablaron, y sin querernos
aguardar, se volvieron. Era gente grande y bien dispuesta, y no
traían flechas ni arcos.137 Nosotros les fuimos siguiendo hasta sus
casas, que estaban cerca de allí a la lengua del agua, y saltamos en
78
tierra, y delante de las casas hallamos muchos cántaros de agua y
mucha cantidad de pescado guisado, y el señor de aquellas tierras
ofreció todo aquello al gobernador, y tomándolo consigo, lo llevó
a su casa. Las casas de éstos eran de esteras,138 que a lo que pareció
eran estantes; y después que entramos en casa del cacique, nos
dio mucho pescado, y nosotros le dimos del maíz que traíamos,
y lo comieron en nuestra presencia, y nos pidieron más, y se lo
dimos, y el gobernador le dio muchos rescates; el cual, estando
con el cacique en su casa, a media hora de la noche, súbitamente
los indios dieron en nosotros y en los que estaban muy malos
echados en la costa, y acometieron también la casa del cacique,
donde el gobernador estaba, y lo hirieron de una piedra en el
rostro. Los que allí se hallaron prendieron al cacique; mas como
los suyos estaban tan cerca, soltóseles y dejóles en las manos una
manta de martas cebelinas139, que son las mejores que creo yo que
en el mundo se podrían hallar, y tienen un olor que no parece sino
de ámbar y almizcle, y alcanza tan lejos, que de mucha cantidad
se siente; otras vimos allí mas ningunas eran tales como éstas.140
Los que allí se hallaron, viendo al gobernador herido, lo metimos
en la barca, e hicimos que con él se recogiese toda la más gente a
sus barcas, y quedamos hasta cincuenta en tierra para contra los
indios, que nos acometieron tres veces aquella noche, y con tanto
ímpetu, que cada vez nos hacían retraer más de un tiro de piedra.
Ninguno hubo de nosotros que no quedase herido, y yo lo fui
en la cara; y si como se hallaron pocas flechas, estuvieran más
proveídos de ellas, sin duda nos hicieran mucho daño. La última
138 Estera: tejido grueso de esparto, juncos o palma, etc. formado por
varias fajas o tiras cosidas. (DRAE)
139 Quizás Álvar Núñez identifique la marta cibelina (procedente de
Siberia) con el castor, que suele encontrarse en toda Norteamérica.
140 En medio de las descripciones de pobreza, padecimientos y carencias,
el narrador vuelve por momentos al discurso que claudica ante la riqueza
maravillosa del Nuevo Mundo. El cronista Fernández de Oviedo entendió
de esta manera la mitificación de la manta de marta cibelina en el relato de
Álvar Núñez, pues –un poco exageradamente– la parangonó con los desastres
provocados por la búsqueda del oro: “¡Oh maldito oro! ¡Oh tesoros e ganancias
de tanto peligro! ¡Oh martas cebellinas! (…) cómpranse con sangre e con las
vidas, e aun no las pudieron sacar ni traer de entre aquellas gentes salvajes.”
(1959: IV-299). Beatriz Pastor (1983) fijó dos categorías para estas posturas
contrarias del lamento y la exaltación, recurrentes en las crónicas de Indias:
llamó “discurso del fracaso” a la primera y “discurso mitificador” a la segunda.
79
vez se pusieron en celada los capitanes Dorantes y Peñalosa y
Téllez con quince hombres, y dieron en ellos por las espaldas, y de
tal manera les hicieron huir, que nos dejaron. Otro día de mañana
yo les rompí más de treinta canoas, que nos aprovecharon para
un norte que hacía, que por todo el día hubimos de estar allí con
mucho frío, sin osar entrar en la mar, por la mucha tormenta que
en ella había. Esto pasado, nos tornamos a embarcar, y navegamos
tres días; y como habíamos tomado poca agua, y los vasos que
teníamos para llevar asimismo eran muy pocos, tornamos a caer
en la primera necesidad; y siguiendo nuestra vía, entramos por un
estero, y estando en él vimos venir una canoa de indios. Como
los llamamos, vinieron a nosotros, y el gobernador, a cuya barca
habían llegado, pidióles agua, y ellos la ofrecieron con que les
diesen en qué la trajesen, y un cristiano griego, llamado Doroteo
Teodoro (de quien arriba se hizo mención), dijo que quería ir con
ellos; el gobernador y otros se lo procuraron estorbar mucho, y
nunca lo pudieron, sino que en todo caso quería ir con ellos; así se
fue y llevó consigo un negro, y los indios dejaron en rehenes dos
de su compañía; y a la noche volvieron los indios y trajéronnos
muchos vasos sin agua, y no trajeron los cristianos que habían
llevado; y los que habían dejado por rehenes, como los otros
los hablaron, quisiéronse echar al agua. Mas los que en la barca
estaban los detuvieron; y así, se fueron huyendo los indios de la
canoa, y nos dejaron muy confusos y tristes por haber perdido
aquellos dos cristianos.141
80
Capítulo X
De la refriega que nos dieron los indios142
81
y desde la mar tomamos agua dulce, porque el río entraba en
la mar de avenida, y por tostar algún maíz de lo que traíamos,
porque ya había dos días que lo comíamos crudo, saltamos en
aquella isla; mas como no hallamos leña, acordamos de ir al río
que estaba detrás de la punta, una legua de allí; y yendo, era tanta
la corriente, que no nos dejaba en ninguna manera llegar, antes
nos apartaba de la tierra, y nosotros trabajando y porfiando por
tomarla. El norte145 que venía de la tierra comenzó a crecer tanto,
que nos metió en la mar, sin que nosotros pudiésemos hacer otra
cosa; y a media legua que fuimos metidos en ella, sondeamos146,
y hallamos que con treinta brazas147 no pudimos tomar hondo,
y no podíamos entender si la corriente era causa que no lo
pudiésemos tomar; y así navegamos dos días todavía, trabajando
por tomar tierra, y al cabo de ellos, un poco antes que el Sol
saliese, vimos muchos humeros148 por la costa; y trabajando por
llegar allá, nos hallamos en tres brazas de agua, y por ser de noche
no osamos tomar tierra, porque como habíamos visto tantos
humeros, creíamos que se nos podía recrecer algún peligro sin
nosotros poder ver, por la mucha oscuridad, lo que habíamos de
hacer, y por esto determinamos de esperar a la mañana; y como149
amaneció, cada barca se halló por sí perdida de las otras; yo me
hallé en treinta brazas, y siguiendo mi viaje a hora de vísperas
vi dos barcas, y como fui a ellas, vi que la primera a que llegué
era la del gobernador, el cual me preguntó qué me parecía que
debíamos hacer. Yo le dije que debía recobrar aquella barca que
iba delante, y que en ninguna manera la dejase, y que juntas todas
tres barcas, siguiésemos nuestro camino donde Dios nos quisiese
llevar. Él me respondió que aquello no se podía hacer, porque la
barca iba muy metida en el mar y él quería tomar la tierra, y que
145 Se entiende que se refiere al viento proveniente del Norte.
146 Sondear o sondar: echar la plomada al mar para certificarse de la
profundidad que allí tiene el agua y evitar no dar en algún bajo. (DAut 1739:
151-2)
147 Braza: medida de tanta longitud como la que pueden formar los dos
brazos de una persona abiertos y extendidos, que comúnmente se regula por
seis pies de largo. También, en los navíos, son las cuerdas. (DAut 1726: 674-2)
148 Húmero: el cañón de la chimenea por donde sale el humo. (DAut
1734: 190-2). Aquí equivale aproximadamente a “humareda”.
149 “Como” se entiende aquí y, en muchas ocasiones a lo largo del texto,
con el valor de “cuando”.
82
si la quería yo seguir, que hiciese que los de mi barca tomasen
los remos y trabajasen, porque con fuerza de brazos se había
de tomar la tierra, y esto le aconsejaba un capitán que consigo
llevaba, que se llamaba Pantoja, diciéndole que si aquel día no
tomaba la tierra, que en otros seis no la tomaría, y en este tiempo
era necesario morir de hambre. Yo, vista su voluntad, tomé mi
remo, y lo mismo hicieron todos los que en mi barca estaban
para ello, y bogamos150 hasta casi puesto el sol; mas como el
gobernador llevaba la más sana y recia gente que entre toda había,
en ninguna manera lo pudimos seguir ni tener con ella. Yo, como
vi esto, pedíle que, para poderle seguir, me diese un cabo de su
barca, y él me respondió que no harían ellos poco si solos aquella
noche pudiesen llegar a tierra. Yo le dije que, pues vía la poca
posibilidad que en nosotros había para poder seguirle y hacer lo
que había mandado, que me dijese qué era lo que mandaba que
yo hiciese. El me respondió que ya no era tiempo de mandar unos
a otros; que cada uno hiciese lo que mejor le pareciese que era
para salvar la vida;151 que él así lo entendía de hacer, y diciendo
esto, se alargó con su barca, y como no le pude seguir, arribé
sobre la otra barca que iba metida en la mar, la cual me esperó; y
llegado a ella, hallé que era la que llevaban los capitanes Peñalosa
y Téllez; y así, navegamos cuatro días en compañía, comiendo por
tasa cada día medio puño de maíz crudo. A cabo de estos cuatro
días nos tomó una tormenta, que hizo perder la otra barca, y por
gran misericordia que Dios tuvo de nosotros no nos hundimos
del todo, según el tiempo hacía; y con ser invierno, y el frío muy
grande, y tantos días que padecíamos hambre, con los golpes que
150 Bogar: meter los remos en el agua para que, al impulso de cortarla
con las palas, se mueva y camine la embarcación; lo mismo que remar. (DAut
1726: 637-1)
151 Todo el episodio narrativo, desde la mañana en que las barcas
amanecen desperdigadas en el mar, relata un progresivo aumento de la
irresponsabilidad de De Narváez como gobernador y capitán. Paulatinamente,
desde que éste consulta con Núñez qué cree que debería hacer, el gobernador
se muestra incapaz y descuidado con sus vasallos. Todo concluye en un
comentario acerca del tema del poder: “ya no era tiempo de mandar unos
a otros”. Se quiebran, finalmente, el pacto de fidelidad entre capitán y sus
hombres, y los vínculos institucionales y de rango. Esto contrasta con la
versión de Oviedo: “[El gobernador le dijo] que hiciese lo que pudiese, que
no era tiempo de aguardar a nadie sino que cada uno procurase de escapar la
vida.” (1959: IV-294)
83
de la mar habíamos recibido, otro día la gente comenzó mucho
a desmayar, de tal manera, que cuando el sol se puso, todos los
que en mi barca venían estaban caídos en ella unos sobre otros,
tan cerca de la muerte, que pocos había que tuviesen sentido, y
entre todos ellos a esta hora no había cinco hombres en pie. Y
cuando vino la noche no quedamos sino el maestre152 y yo que
pudiésemos marear la barca, y a dos horas de la noche el maestre
me dijo que yo tuviese cargo de ella, porque él estaba tal, que
creía aquella noche morir. Y así, yo tomé el leme,153 y pasada
media noche, yo llegué por ver si era muerto el maestre, y él me
respondió que él antes estaba mejor y que él gobernaría hasta
el día. Yo cierto aquella hora de muy mejor voluntad tomara la
muerte, que no ver tanta gente delante de mí de tal manera.
Y después que el maestre tomó cargo de la barca, yo reposé
un poco muy sin reposo, ni había cosa más lejos de mí entonces
que el sueño. Y acerca del alba parecióme que oía el tumbo del
mar, porque, como la costa era baja, sonaba mucho, y con este
sobresalto llamé al maestre, el cual me respondió que creía que
éramos cerca de tierra, y tentamos y hallámonos en siete brazas, y
parecióle que nos debíamos tener a la mar hasta que amaneciese.
Y así, yo tomé un remo y bogué de la banda154 de la tierra, que
nos hallamos una legua della, y dimos la popa a la mar. Y cerca
de tierra nos tomó una ola, que echó la barca fuera del agua un
juego de herradura,155 y con el gran golpe que dio, casi toda la
152 Maestre: en la náutica, se llama a la segunda persona del navío, a
quien toca su gobierno después del capitán y cuida de lo económico de él, da
cuenta de todo lo que se carga y descarga. (DAut 1734: 453-1)
153 Al contrario del poder de Pánfilo de Narváez, que se disuelve
paulatinamente, crece en confrontación la figura de Álvar Núñez en
estoicismo y seguridad ante los embates, propia de los personajes heroicos
de la literatura de caballerías. La escena en que éste toma el leme (“timón”)
y todo el capítulo al que pertenece han promovido ricas interpretaciones
entre los estudiosos de la obra de Núñez (Silvia Molloy 1987; Enrique Pupo-
Walker 1992; Beatriz Pastor 1983; entre otros), ya que implican múltiples
resonancias simbólicas. El personaje de Cabeza de Vaca asume, a partir de
aquí, la dirección de la expedición abandonada por De Narváez, al tiempo
que también el protagonismo de los hechos. El narrador se libera totalmente
de su función de testigo de una expedición que otro guió y asume de lleno la
escritura autobiográfica.
154 Banda: se toma también por lado o costado. (DAut 172: 543-2)
155 “Juego de herradura”: Pupo-Walker (1992), con Hallenbeck, estima
que se trata de un antecedente del conocido Juego de Herraduras y, por esto,
la expresión equivale a una distancia aproximada de cuatro metros.
84
gente que en ella estaba como muerta, tornó en sí, y como se
vieron cerca de la tierra se comenzaron a descolgar, y con manos y
pies andando; y como salieron a tierra a unos barrancos, hicimos
lumbre y tostamos del maíz que traíamos, y hallamos agua de la
que había llovido, y con el calor del fuego la gente tornó en sí
y comenzaron algo a esforzarse156. El día que aquí llegamos era
sexto del mes de noviembre.157
85
Capítulo XI
De lo que acaeció a Lope de Oviedo con unos indios
86
les hacía parecer gigantes, y pararon cerca de nosotros, donde
los tres primeros estaban. Entre nosotros excusado era pensar
que habría quien se defendiese, porque difícilmente se hallaron
seis que del suelo se pudiesen levantar. El veedor y yo salimos a
ellos y llamámosles, y ellos se llegaron a nosotros; y lo mejor que
pudimos, procuramos de asegurarlos y asegurarnos161, y dímosles
cuentas y cascabeles, y cada uno de ellos me dio una flecha, que
es señal de amistad,162 y por señas nos dijeron que a la mañana
volverían y nos traerían de comer, porque entonces no lo tenían.
87
Capítulo XII
Cómo los indios nos trajeron de comer
Otro día, saliendo el sol, que era la hora que los indios nos
habían dicho, vinieron a nosotros, como lo habían prometido,
y nos trajeron mucho pescado y de unas raíces que ellos comen,
y son como nueces,163 algunas mayores o menores; la mayor
parte de ellas se sacan de bajo del agua y con mucho trabajo. A
la tarde volvieron y nos trajeron más pescado y de las mismas
raíces, e hicieron venir sus mujeres e hijos para que nos viesen,
y así, se volvieron ricos de cascabeles y cuentas que les dimos, y
otros días nos tornaron a visitar con lo mismo que otras veces.
Como nosotros veíamos que estábamos proveídos de pescados y
de raíces y de agua y de las otras cosas que pedimos, acordamos de
tornarnos a embarcar y seguir nuestro camino, y desenterramos
la barca de la arena en que estaba metida, y fue menester que
nos desnudásemos todos y pasásemos gran trabajo para echarla
al agua, porque nosotros estábamos tales, que otras cosas muy
más livianas bastaban para ponernos en él. Y así embarcados, a
dos tiros de ballesta dentro en la mar, nos dio tal golpe de agua
que nos mojó a todos; y como íbamos desnudos y el frío que
hacía era muy grande, soltamos los remos de las manos, y a otro
golpe que la mar nos dio, trastornó la barca; el veedor y otros
dos se asieron de ella para escaparse; mas sucedió muy al revés,
que la barca los tomó debajo y se ahogaron. Como la costa es
muy brava, el mar de un tumbo echó a todos los otros, envueltos
en las olas y medio ahogados, en la costa de la misma isla, sin
que faltasen más de los tres que la barca había tomado debajo.
Los que quedamos escapados, desnudos como nacimos y perdido
todo lo que traíamos, y aunque todo valía poco, para entonces
valía mucho. Y como entonces era por noviembre, y el frío muy
grande, y nosotros tales que con poca dificultad nos podían contar
los huesos, estábamos hechos propia figura de la muerte. De mí
88
sé decir que desde el mes de mayo pasado yo no había comido
otra cosa sino maíz tostado, y algunas veces me vi en necesidad de
comerlo crudo; porque aunque se mataron los caballos entretanto
que las barcas se hacían, yo nunca pude comer de ellos, y no
fueron diez veces las que comí pescado. Esto digo por excusar
razones, porque pueda cada uno ver qué tales estaríamos.164
Y sobre todo lo dicho había sobrevenido viento norte, de
suerte que más estábamos cerca de la muerte que de la vida.
Plugo a nuestro Señor que, buscando tizones del fuego que allí
habíamos hecho, hallamos lumbre, con que hicimos grandes
fuegos; y así, estuvimos pidiendo a Nuestro Señor misericordia
y perdón de nuestros pecados, derramando muchas lágrimas,
habiendo cada uno lástima, no sólo de sí, mas de todos los
otros, que en el mismo estado veían. Y a hora de puesto el sol,
los indios, creyendo que no nos habíamos ido, nos volvieron a
buscar y a traernos de comer; mas cuando ellos nos vieron así
en tan diferente hábito del primero y en manera tan extraña,
espantáronse tanto que se volvieron atrás. Yo salí a ellos y
llamélos, y vinieron muy espantados; hícelos entender por señas
cómo se nos había hundido una barca y se habían ahogado tres de
nosotros, y allí en su presencia ellos mismos vieron dos muertos,
y los que quedábamos íbamos aquel camino.
Los indios, de ver el desastre que nos había venido y el desastre
en que estábamos, con tanta desventura y miseria, se sentaron
entre nosotros, y con el gran dolor y lástima que hubieron de
vernos en tanta fortuna165, comenzaron todos a llorar recio, y tan
de verdad, que lejos de allí se podía oír, y esto les duró más de
media hora; y cierto ver que estos hombres tan sin razón y tan
crudos, a manera de brutos, se dolían tanto de nosotros, hizo
que en mí y en otros de la compañía creciese más la pasión y la
consideración de nuestra desdicha.166
164 La representación que se detiene particularmente en la modelación de
lo sensible y se sirve del detallismo en esta escena consigue un profundo efecto
de dramatismo basado en la reconstrucción de lo percibido sensorialmente.
165 Se refiere, claro está, a su infortunio (a su mala o poca fortuna).
166 Este último naufragio padecido por Álvar Núñez es altamente
significativo y polisémico. La desnudez, en las crónicas de Indias desde Cristóbal
Colón, usualmente era descripta en los indios como condición incomprensible
y reprobable para la mirada occidental. En esta representación, el nativo era
objeto –y no sujeto– de la percepción de los conquistadores y de su escritura.
89
Sosegado ya este llanto, yo pregunté a los cristianos, y dije
que si a ellos parecía, rogaría a aquellos indios que nos llevasen
a sus casas; y algunos de ellos que habían estado en la Nueva
España respondieron que no se debía de hablar de ello, porque
si a sus casas nos llevaban, nos sacrificarían a sus ídolos; mas,
visto que otro remedio no había, y que por cualquier otro camino
estaba más cerca y más cierta la muerte, no curé de lo que decían,
antes rogué a los indios que nos llevasen a sus casas, y ellos
mostraron que habían gran placer de ello, y que esperásemos un
poco, que ellos harían lo que queríamos, y luego treinta de ellos
se cargaron de leña, y se fueron a sus casas, que estaban lejos de
allí, y quedamos con los otros hasta cerca de la noche, que nos
tomaron, y llevándonos asidos y con mucha prisa, fuimos a sus
casas; y por el gran frío que hacía, y temiendo que en el camino
alguno no muriese o desmayase, proveyeron que hubiese cuatro
o cinco fuegos muy grandes puestos a trechos, y en cada uno de
ellos nos calentaban y, desde que veían que habíamos tomado
alguna fuerza y calor, nos llevaban hasta el otro tan aprisa, que
casi con los pies no nos dejaban poner en el suelo; y de esta
manera fuimos hasta sus casas, donde hallamos que tenían hecha
una casa para nosotros, y muchos fuegos en ella, y desde a una
hora que habíamos llegado, comenzaron a bailar y hacer grande
fiesta, que duró toda la noche, aunque para nosotros no había
placer, fiesta ni sueño, esperando cuándo nos habían de sacrificar;
y a la mañana nos tornaron a dar pescado y raíces, y hacer tan
buen tratamiento, que nos aseguramos algo y perdimos algo el
miedo del sacrificio.167
A partir de esta escena de desnudamiento de Núñez y sus hombres, en cambio,
ellos son los que ingresan en un paulatino proceso de pasaje y transformación:
de sujetos a objetos de las decisiones de los indios y al miedo que éstos les
provocan. También, hacia su propia aculturación iniciada con su desnudez
(“desnudos como nacimos y perdido todo”) que –simbólicamente– los aleja de
sus códigos, de su contexto cultural e ideológico y de sus formas instituidas de
aproximación al Otro. Beatriz Pastor considera que este momento del relato es:
“la culminación del proceso de cancelación del modelo español de conquista”
(1983: 310).
167 Las fiestas, bailes y areítos de los amerindios, a pesar de lo que
creían los conquistadores europeos, eran realizados con diferentes funciones
según la región del continente. En ocasiones, eran rituales que contribuían
con la cohesión de grupo y que invitaban al extranjero, en demostración de
fraternidad, a unírseles (véase supra la nota 34). En otras, por el contrario,
consistían en preparación para la guerra y posterior canibalismo. Usualmente,
90
Capítulo XIII
Cómo supimos de otros cristianos
91
recios estaban, fuesen a Pánuco, creyendo que estábamos cerca
de allí; y que si Dios nuestro Señor fuese servido de llevarlos allá,
diesen aviso de cómo quedábamos en aquella isla, y de nuestra
necesidad y trabajo. Éstos eran muy grandes nadadores, y al uno
llamaban Álvaro Fernández, portugués, carpintero y marinero; el
segundo se llamaba Méndez, y el tercero Figueroa, que era natural
de Toledo; el cuarto, Astudillo, natural de Zafra170: llevaban
consigo un indio que era de la isla.
92
Capítulo XIV
Cómo se partieron los cuatro cristianos
93
gente que allí hallamos son grandes y bien dispuestos; no tienen
otras armas sino flechas y arcos, en que son por extremo diestros.
Tienen los hombres la una teta horadada de una parte a otra, y
algunos hay que tienen ambas, y por el agujero que hacen, traen
una caña atravesada, tan larga como dos palmos y medio, y tan
gruesa como dos dedos; traen también horadado el labio de abajo,
y puesto en él un pedazo de caña delgada como medio dedo. Las
mujeres son para mucho trabajo. La habitación174 que en esta isla
hacen es desde octubre hasta fin de febrero. El su mantenimiento
son las raíces que he dicho sacadas de bajo el agua por noviembre
y diciembre. Tienen cañales, y no tienen más peces de para este
tiempo; de ahí adelante comen las raíces. En fin de febrero van
a otras partes a buscar con qué mantenerse, porque entonces las
raíces comienzan a nacer, y no son buenas. Es la gente del mundo
que más aman a sus hijos y mejor tratamiento les hacen; y cuando
acaece que a alguno se le muere el hijo, llóranle los padres y los
parientes, y todo el pueblo, y el llanto dura un año cumplido, que
cada día por la mañana antes que amanezca comienzan primero
a llorar los padres, y tras esto todo el pueblo; y esto mismo hacen
al mediodía y cuando anochece; y pasado un año que los han
llorado, hácenle las honras del muerto, y lávanse y límpianse del
tizne que traen. A todos los difuntos lloran de esta manera, salvo
a los viejos, de quien no hacen caso, porque dicen que ya han
pasado su tiempo y de ellos ningún provecho hay; antes ocupan
la tierra y quitan el mantenimiento a los niños. Tienen por
costumbre de enterrar los muertos, si no son los que entre ellos
son físicos,175 que a éstos quémanlos; y mientras el fuego arde,
se conoce como Galveston, situada en la parte sureste del estado de Texas.
Pupo-Walker (1992: 226) cree que esta descripción de la isla evoca ciertos
pasajes de la literatura clásica: las desventuras de Ulises a manos de Calipso,
la descripción de la isla de Naxos en la que Teseo abandona a Ariadna y las
referencias a Lemnos y a Icaria de Herodoto. Oviedo (1959: IV-315) asegura
que el nombre de “Mal Hado” para la isla no figura en la Relación conjunta de
1537 y que es un invento de Núñez.
174 Habitación: el lugar o casa donde se mora o vive. (DAut 1734: 105-
2). Los indios carancaguas (o caravaucas) tenían un régimen semi-nómada, tal
como los describe aquí Núñez, y hasta construían casas portátiles (ba-ak).
175 La definición de 1780 que da el Diccionario de la Real Academia
Española –“se llamaba físico muy comúnmente en lo antiguo al médico”–
da cuenta de cómo Álvar Núñez, al menos en este capítulo, caracteriza a la
medicina india como práctica primitiva y arcaica (comparada con la práctica
94
todos están bailando y haciendo muy gran fiesta, y hacen polvo
los huesos. Y pasado un año, cuando se hacen sus honras, todos
se jasan176 en ellas; y a los parientes dan aquellos polvos a beber,
de los huesos, en agua. Cada uno tiene una mujer, conocida. Los
físicos son los hombres más libertados;177 pueden tener dos, y
tres, y entre éstas hay muy gran amistad y conformidad. Cuando
viene que alguno casa su hija, el que la toma por mujer, desde el
día que con ella se casa, todo lo que matare cazando o pescando,
todo lo trae la mujer a la casa de su padre, sin osar tomar ni comer
alguna cosa de ello, y de casa del suegro le llevan a él de comer; y
en todo este tiempo el suegro, ni la suegra, no entran en su casa,
ni él ha de entrar en casa de los suegros ni cuñados; y si acaso se
toparen por alguna parte, se desvían un tiro de ballesta el uno del
otro, y entretanto que así van apartándose, llevan la cabeza baja
y los ojos en tierra puestos; porque tienen por cosa mala verse ni
hablarse. Las mujeres tienen libertad para comunicar y conversar
con los suegros y parientes, y esta costumbre se tiene desde la isla
hasta más de cincuenta leguas por la tierra adentro.
Otra costumbre hay, y es que cuando algún hijo o hermano
muere, en la casa donde muriese, tres meses no buscan de comer,
antes se dejan morir de hambre, y los parientes y los vecinos les
proveen de lo que han de comer. Y como en el tiempo que aquí
estuvimos murió tanta gente de ellos, en las más casas había muy
gran hambre, por guardar también su costumbre y ceremonia; y
los que lo buscaban, por mucho que trabajaban, por ser el tiempo
tan recio, no podían haber sino muy poco; y por esta causa los
indios que a mí me tenían se salieron de la isla, y en unas canoas
se pasaron a Tierra Firme, a unas bahías adonde tenían muchos
ostiones, y tres meses del año no comen otra cosa, y beben muy
mala agua.178 Tienen gran falta de leña, y de mosquitos muy
grande abundancia. Sus casas son edificadas de esteras sobre
muchas cáscaras de ostiones, y sobre ellos duermen en cueros,
alopática occidental).
176 Jasar: “hacer o dar cortaduras en la carne” (DAut 1739: 19-2).
177 Se toma “libertados” por “liberales”.
178 En la versión de Oviedo, es “agua salobre” (1959: IV-295).
95
y no los tienen sino es acaso.179 Y así estuvimos hasta el fin de
abril,180 que fuimos a la costa del mar, a donde comimos moras
de zarzas todo el mes, en el cual no cesan de hacer sus areitos y
fiestas.
179 Puede leerse de esta manera: “los tienen por si acaso”, pero tampoco
esta paráfrasis aclara del todo el sentido. Es frase incomprensible para la
mayoría de los editores.
180 Abril de 1529.
96
Capítulo XV
De lo que nos acaeció en la isla de Mal Hado
97
un Pater Noster y un Ave María, y rogar lo mejor que podíamos
a Dios Nuestro Señor que les diese salud y espirase184 en ellos
que nos hiciesen algún buen tratamiento. Quiso Dios y su
misericordia que todos aquellos por quien suplicamos, luego que
los santiguamos, decían a los otros que estaban sanos y buenos,
y por este respecto nos hacían buen tratamiento, y dejaban ellos
de comer por dárnoslo a nosotros, y nos daban cueros y otras
cosillas.185 Fue tan extremada la hambre que allí se pasó, que
muchas veces estuve tres días sin comer ninguna cosa, y ellos
también lo estaban y parecíame ser cosa imposible durar la vida,
aunque en otras mayores hambres y necesidades me vi después,
como adelante diré. Los indios que tenían a Alonso del Castillo y
Andrés Dorantes, y a los demás que habían quedado vivos, como
eran de otra lengua y de otra parentela, se pasaron a otra parte
de la Tierra Firme a comer ostiones, y allí estuvieron hasta el
primero día del mes de abril,186 y luego volvieron a la isla, que
estaba de allí hasta dos leguas por lo más ancho del agua, y la isla
tiene media legua de través y cinco en largo.
Toda la gente de esta tierra anda desnuda; solas las mujeres
traen de sus cuerpos algo cubierto con una lana que en los árboles
se cría. Las mozas se cubren con unos cueros de venados. Es gente
muy partida de lo que tienen unos con otros.187 No hay entre
ellos señor. Todos los que son de un linaje andan juntos. Habitan
en ellas dos maneras de lenguas: a los unos llaman Capoques, y
y santiguaderas [las que curan con salmos, haciendo algunas cruces y otras
ceremonias]. (DAut 1739: 43-1)
184 Espirar: vale asimismo infundir espíritu: lo que propiamente se dice
del Espíritu Divino y sus soberanos influjos en animar, vivificar y mover las
almas. (DAut 1732: 607-2)
185 Más allá del importante valor etnográfico y antropológico (los
carancaguas desaparecieron a principios del siglo XVIII) de las descripciones
detalladas del capítulo, los comentarios de Núñez demuestran desconfianza
y escepticismo frente a las curaciones chamánicas indígenas. Como era de
esperarse en estos hombres todavía imbuidos en el pensamiento medieval,
Núñez distingue entre lo maravilloso cristiano (el poder milagroso de Dios
para curar mediante el ritual cristiano) y las curaciones mágicas (de origen
diabólico que el medioevo concebía como parte de lo sobrenatural ilícito).
Sobre las distinciones en la Edad Media entre lo maravilloso, lo milagroso y lo
mágico, véase Jacques Le Goff (1984).
186 Abril de 1529.
187 Se entiende que su generosidad hace que repartan todos sus bienes
comunalmente.
98
a los otros de Han;188 tienen por costumbre cuando se conocen
y de tiempo a tiempo se ven, primero que se hablen, estar media
hora llorando, y acabado esto, aquel que es visitado se levanta
primero y da al otro cuanto posee, y el otro lo recibe, y de ahí a un
poco se va con ello, y aun algunas veces, después de recibido, se
van sin que hablen palabra.189 Otras extrañas costumbres tienen;
mas yo he contado las más principales y más señaladas por pasar
adelante y contar lo que más nos sucedió.
99
Capítulo XVI
Cómo se partieron los cristianos de la isla de Mal Hado
100
algo mejor; y porque yo me hice mercader, procuré de usar el
oficio lo mejor que supe, y por esto ellos me daban de comer y
me hacían buen tratamiento y rogábanme que me fuese de unas
partes a otras por cosas que ellos habían menester, porque por
razón de la guerra que continuamente traen, la tierra no se anda
ni se contrata tanto.191 Y ya con mis tratos y mercaderías entraba
en la tierra adentro todo lo que quería, y por luengo de costa me
alargaba cuarenta o cincuenta leguas. Lo principal de mi trato era
pedazos de caracoles de la mar y corazones de ellos y conchas, con
que ellos cortan una fruta que es como frísoles, con que se curan
y hacen sus bailes y fiestas, y ésta es la cosa de mayor precio que
entre ellos hay, y cuentas de la mar y otras cosas. Así, esto era lo
que yo llevaba tierra adentro, y en cambio y trueco de ello traía
cueros y almagra,192 con que ellos se untan y tiñen las caras y
cabellos, pedernales para puntas de flechas, engrudo y cañas duras
para hacerlas, y unas borlas que se hacen de pelo de venados, que
las tiñen y paran coloradas; y este oficio me estaba a mí bien,
porque andando en él tenía libertad para ir donde quería y no era
obligado a cosa alguna, y no era esclavo, y dondequiera que iba
me hacían buen tratamiento y me daban de comer por respeto
de mis mercaderías, y lo más principal porque andando en ello
yo buscaba por dónde me había de ir adelante, y entre ellos era
muy conocido; holgaban mucho cuando me veían y les traía lo
que habían menester, y los que no me conocían me procuraban y
deseaban ver por mi fama. Los trabajos que en esto pasé sería largo
de contarlos,193 así de peligros y hambres, como de tempestades
tan anhelado Pánuco bordeando la costa, Núñez, por estar muy débil, debe
quedarse un año con los carancaguas, que se sirven de él como esclavo. Se
traslada luego con la tribu de los charruco, que Pupo-Walker (1992: 233)
identifica con un clan adyacente a la cultura de los indios cado. Estos últimos
estaban ubicados en el noreste de Texas y suroeste de Arkansas y tenían un
desarrollo bastante avanzado en técnicas de agricultura.
191 Núñez se “transforma” aquí nuevamente a partir de un aprendizaje
que lo beneficia: muchas de las tribus –a pesar de estar en guerra– necesitan
comerciar entre sí, y sólo quienes son ajenos a la comunidad guerrera nativa
y masculina (las mujeres y los extranjeros) pueden desempeñar tal función
neutral y mediadora.
192 Almagra: especie de tierra colorada muy semejante al Bol arménico,
que sirve para teñir o untar diferentes cosas: como las lanas, las tablas y los
cordeles. (DAut 1726: 225-1)
193 Nuevamente Núñez utiliza los recursos de la brevitas y de la preterición.
Hay una elipsis en el relato de las experiencias vividas durante estos cinco o
101
y fríos, que muchos de ellos me tomaron en el campo y solo,
donde por gran misericordia de Dios nuestro Señor escapé. Y por
esta causa yo no trataba el oficio en invierno, por ser tiempo que
ellos mismos en sus chozas y ranchos metidos no podían valerse
ni ampararse. Fueron casi seis años el tiempo que yo estuve en
esta tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban.194
La razón por que tanto me detuve fue por llevar conmigo un
cristiano que estaba en la isla, llamado Lope de Oviedo.195 El otro
compañero de Alaniz, que con él había quedado cuando Alonso
del Castillo y Andrés Dorantes con todos los otros se fueron,
murió luego, y por sacarlo de allí yo pasaba a la isla cada año y
le rogaba que nos fuésemos a la mejor maña que pudiésemos en
busca de cristianos, y cada año me detenía diciendo que el otro
siguiente nos iríamos. En fin, al cabo lo saqué y le pasé el ancón
y cuatro ríos que hay por la costa,196 porque él no sabía nadar, y
así, fuimos con algunos indios adelante hasta que llegamos a un
ancón que tiene una legua de través y es por todas partes hondo; y
por lo que de él nos pareció y vimos, es el que llaman del Espíritu
Santo,197 y de la otra parte de él vimos unos indios, que vinieron
a ver a los nuestros, y nos dijeron cómo más adelante había tres
hombres como nosotros, y nos dijeron los nombres de ellos. Y
preguntándoles por los demás, nos respondieron que todos eran
muertos de frío y de hambre, y que aquellos indios de adelante
ellos mismos por su pasatiempo habían muerto a Diego Dorantes
y a Valdivieso y a Diego de Huelva, porque se habían pasado de
una casa a otra; y que los otros indios sus vecinos con quien agora
estaba el capitán Dorantes, por razón de un sueño que habían
seis años –muchas y variadas seguramente– en los que, paulatinamente, debió
haberse convertido de esclavo en mercader.
194 De 1528 a 1533.
195 Juan Francisco Maura (1989) señala aquí el modelo hagiográfico del
que Núñez se sirve aquí para autorrepresentarse: con las virtudes del sacrificio
y la abnegación que tienen su modelo en la vida de Cristo.
196 Los cuatro ríos son identificados con los que actualmente se llaman:
Oyster Creek (o el Bastrop Bayon), Brazos, San Bernardo y Caney Creek.
197 Todavía hoy la bahía de Matagorda conserva una sección con el
nombre de Espíritu Santo, otorgado por el descubridor Alonso Álvarez de
Pineda en 1519. La observación de Núñez evidencia que los Naufragios –a
pesar del efecto de escritura inmediata propia de la crónica y sus marcas de
oralidad– fue un texto escrito y reescrito varios años después (hasta 1555) de
finalizada la expedición.
102
soñado, habían muerto a Esquivel y a Méndez. Preguntámosles
qué tales estaban los vivos; dijéronnos que muy maltratados,
porque los muchachos y otros indios, que entre ellos son muy
holgazanes y de mal trato, les daban muchas coces y bofetones
y palos, y que ésta era la vida que con ellos tenían. Quisímonos
informar de la tierra adelante y de los mantenimientos que en ella
había; respondieron que era muy pobre de gente, y que en ella no
había qué comer, y que morían de frío porque no tenían cueros ni
con qué cubrirse. Dijéronnos también si queríamos ver aquellos
tres cristianos, que de ahí a dos días los indios que los tenían
venían a comer nueces una legua de allí, a la vera del río; y porque
viésemos que lo que nos habían dicho del mal tratamiento de
los otros era verdad, estando con ellos dieron al compañero mío
de bofetones y palos, y yo no quedé sin mi parte, y de muchos
pellazos198 de lodo que nos tiraban, y nos ponían cada día las
flechas al corazón, diciendo que nos querían matar como a los
otros nuestros compañeros. Y temiendo esto Lope de Oviedo, mi
compañero, dijo que quería volverse con unas mujeres de aquellos
indios, con quien habíamos pasado el ancón, que quedaban algo
atrás.199 Yo porfié mucho con él que no lo hiciese, y pasé muchas
cosas, y por ninguna vía lo pude detener, y así se volvió y yo
quedé solo con aquellos indios, los cuales se llamaban Quevenes,
y los otros con quien él se fue se llaman Deaguanes.200
103
Capítulo XVII
Cómo vinieron los indios y trajeron a Andrés Dorantes y a
Castillo y a Estebanico
Desde a dos días que Lope de Oviedo se había ido, los indios
que tenían a Alonso del Castillo y Andrés Dorantes vinieron al
mismo lugar que nos habían dicho, a comer de aquellas nueces de
que se mantienen, moliendo unos granillos con ellas, dos meses
del año, sin comer otra cosa, y aun esto no lo tienen todos los
años, porque acuden uno, y otro no; son del tamaño de las de
Galicia, y los árboles son muy grandes, y hay un gran número de
ellos. Un indio me avisó cómo los cristianos eran llegados, y que
si yo quería verlos me hurtase201 y huyese a un canto de un monte
que él me señaló; porque él y otros parientes suyos habían de venir
a ver a aquellos indios, y que me llevarían consigo adonde los
cristianos estaban. Yo me confié de ellos, y determiné de hacerlo,
porque tenían otra lengua distinta de la de mis indios.202 Y puesto
por obra, otro día fueron y me hallaron en el lugar que estaba
señalado; y así me llevaron consigo. Ya que llegué cerca de donde
tenían su aposento. Andrés Dorantes salió a ver quién era, porque
los indios le habían también dicho cómo venía un cristiano; y
cuando me vio fue muy espantado, porque había muchos días que
me tenían por muerto, y los indios así lo habían dicho. Dimos
muchas gracias a Dios de vernos juntos, y este día fue uno de los
de mayor placer que en nuestros días hemos tenido; y llegado
donde Castillo estaba, me preguntaron que dónde iba. Yo le dije
que mi propósito era de pasar a tierra de cristianos, y que en
este rastro y busca iba. Andrés Dorantes respondió que muchos
días había que él rogaba a Castillo y a Estebanico que se fuesen
adelante, y que no lo osaban hacer porque no sabían nadar, y
que temían mucho de los ríos y los ancones por donde habían
de pasar, que en aquella tierra hay muchos. Y pues Dios nuestro
201 Hurtar: vale asimismo por desviarse de algún paraje para evitar algún
riesgo o por inadvertencia. (DAut 1734: 194-2)
202 Estos indios con los que se encuentra Núñez hablaban dialecto
coahuilteca.
104
Señor había sido servido de guardarme entre tantos trabajos y
enfermedades, y al cabo traerme en su compañía, que ellos
determinaban de huir, que yo los pasaría de los ríos y ancones
que topásemos, y avisáronme que en ninguna manera diese a
entender a los indios no conociesen de mí que yo quería pasar
adelante, porque luego me matarían; y que para esto era menester
que yo me detuviese con ellos seis meses, que era tiempo en que
aquellos indios iban a otra tierra a comer tunas. Esta es una fruta
que es del tamaño de huevos, y son bermejas y negras y de muy
buen gusto. Cómenlas tres meses del año, en los cuales no comen
otra cosa alguna, porque al tiempo que ellos las cogían venían
a ellos otros indios de adelante, que traían arcos para contratar
y cambiar con ellos; y que cuando aquéllos se volviesen nos
huiríamos de los nuestros, y nos volveríamos con ellos. Con este
concierto yo quedé allí,203 y me dieron por esclavo a un indio con
quien Dorantes estaba, el cual era tuerto, y su mujer y un hijo que
tenía y otro que estaba en su compañía; de manera que todos eran
tuertos. Estos se llaman mariames,204 y Castillo estaba con otros
sus vecinos, llamados iguases.205 Y estando aquí ellos me contaron
que después que salieron de la isla del Mal Hado, en la costa de la
mar hallaron la barca en que iba al contador y los frailes al través;
y que yendo pasando aquellos ríos, que son cuatro muy grandes y
de muchas corrientes, les llevó las barcas en que pasaban a la mar,
donde se ahogaron cuatro de ellos, y que así fueron adelante hasta
que pasaron el ancón, y lo pasaron con mucho trabajo, y a quince
leguas delante hallaron otro, y que cuando allí llegaron ya se
les habían muerto dos compañeros en sesenta leguas que habían
andado; y que todos los que quedaban estaban para lo mismo, y
203 Rolena Adorno (1993: 321) señala, a partir del comentario de Núñez
que aparece más arriba, que la integración del protagonista con estos indios
con los que Andrés Dorantes convivió cuatro años marca el inicio de su viaje
de regreso a las ciudades coloniales de españoles.
204 Los mariames (marianes o mareames) eran clanes nómadas que, en
busca de tunas, nueces y animales para alimentarse, recorrían los lugares que
hoy se encuentran entre las costas de Texas desde el río Brazos hasta la zona de
la frontera con México. Según informa Pupo-Walker (1992: 62), pertenecían
a la amplia rama mesoamericana jocalteca.
205 Mariames e iguaces pertenecen a la familia lingüística de los
coahuiltecs, tanto como los doguenes, mendica, atayos, acubadaos, quitoles,
camoles, quevenes y maliacones, entre otros. Sobre el tema, véase Pupo-Walker
(1992: 62).
105
que en todo el camino no habían comido sino cangrejos y yerba
pedrera;206 y llegados a este último ancón, decían que hallaron
en él indios que estaban comiendo moras; y como vieron a los
cristianos, se fueron de allí a otro cabo; y que estando procurando
y buscando manera para pasar el ancón, pasaron a ellos un indio y
un cristiano, que llegado, conocieron que era Figueroa, uno de los
cuatro que habíamos enviado adelante en la isla del Mal Hado, y
allí les contó cómo él y sus compañeros habían llegado hasta aquel
lugar, donde se habían muerto dos de ellos y un indio, todos tres
de frío y de hambre, porque habían venido y estado en el más
recio tiempo del mundo, y que a él y a Méndez habían tomado
los indios, y que estando con ellos, Méndez había huido yendo la
vía lo mejor que pudo de Pánuco, y que los indios habían ido tras
él y que lo habían muerto; y que estando él con estos indios supo
de ellos cómo con los mariames estaba un cristiano que había
pasado de la otra parte, y lo había hallado con los que llamaban
quevenes, y que este cristiano era Hernando de Esquivel, natural
de Badajoz, el cual venía en compañía del comisario, y que él
supo de Esquivel207 el fin en que habían parado el gobernador
y el contador y los demás, y le dijo que el contador y los frailes
habían echado al través su barca entre los ríos, y viniéndose por
luengo de la costa, llegó la barca del gobernador con su gente en
tierra, y él se fue con su barca hasta que llegaron a aquel ancón
grande,208 y que allí tornó a tomar la gente y la pasó del otro cabo,
y volvió por el contador y los frailes y todos los otros. Y contó
cómo estando desembarcados, el gobernador había revocado el
poder que el contador tenía de lugarteniente suyo y dio el cargo
a un capitán que traía consigo, que se decía Pantoja, y que el
gobernador se quedó en su barca, y no quiso aquella noche
salir a tierra, y quedaron con él un maestre y un paje que estaba
206 Algunos editores (Pupo-Walker, por ejemplo) identifican la yerba
pedrera con la kelp, especie de alga que suele abundar, más bien, en las costas
del Pacífico.
207 El relato, en este punto y en el capítulo siguiente, ha asumido una
estructura de “cajas chinas” de discurso referido indirecto que multiplica los
enunciadores: Núñez narra que le han relatado –quizás fue Andrés Dorantes–
lo que supo de Figueroa, que también escuchó decir a Hernando de Esquivel
sobre el fin que tuvo el gobernador Pánfilo de Narváez.
208 El cronista Oviedo, en su versión sobre este punto, se refiere a la
ensenada de Espíritu Santo (1959: IV-297).
106
malo, y en la barca no tenían agua ni cosa ninguna que comer;
y que a media noche el norte vino tan recio, que sacó la barca
a la mar, sin que ninguno la viese, porque no tenía por resón209
sino una piedra, y que nunca más supieron de él.210 Y que visto
esto, la gente que en tierra quedaron se fueron por luengo de
costa, y que como hallaron tanto estorbo de agua, hicieron balsas
con mucho trabajo, en que pasaron la otra parte; y que yendo
adelante, llegaron a una punta de un monte orilla del agua, y que
hallaron indios, que como los vieron venir metieron sus casas en
sus canoas y se pasaron de la otra parte a la costa; y los cristianos,
viendo el tiempo que era, porque era por el mes de noviembre,
pararon en este monte, porque hallaron agua y leña y algunos
cangrejos y mariscos, donde de frío y de hambre se comenzaron
poco a poco a morir. Allende de esto, Pantoja, que por teniente
había quedado, les hacía mal tratamiento, y no lo pudiendo sufrir
Sotomayor, hermano de Vasco Porcallo, el de la isla de Cuba, que
en la armada había venido por maestre de campo, se revolvió
con él y le dio un palo, de que Pantoja quedó muerto, y así se
fueron acabando; y los que morían, los otros los hacían tasajos;
y el último que murió fue Sotomayor, y Esquivel lo hizo tasajos,
y comiendo de él se mantuvo hasta primero de marzo,211 que un
indio de los que allí habían huido vino a ver si eran muertos,
y llevó a Esquivel consigo; y estando en poder de este indio, el
Figueroa lo habló y supo de él todo lo que hemos contado, y le
rogó que se viniese con él, para irse ambos la vía de Pánuco; lo
cual Esquivel no quiso hacer, diciendo que él había sabido de los
209 Rezón: ancla pequeña, de cuatro uñas y sin cepo, que sirve para
embarcaciones menores. (DRAE 1899: 875-1)
210 La versión del cronista Oviedo es similar en el relato de este episodio,
aunque brinda algunos detalles más: “[el gobernador] se quedó en la barca,
que no quiso saltar en tierra, e quedaron solamente con él un piloto que se
llamaba Antón Pérez, e un paje suyo que se decía Campo; e que así como
anocheció, vino un norte muy recio que los llevó a la mar, que nunca más se
supo de ellos; e que el gobernador iba muy flaco y enfermo e lleno de lepra, e
los que con él iban, no estaban muy recios, por lo cual es de creer que la mar
los comió.” (1959: IV-297). Al menos en esta instancia, Oviedo no insiste en
caracterizar a De Narváez como necio e imprudente.
211 Esta segunda escena de canibalismo –sucedida también a distancia
“prudente” del protagonista Narváez– colabora (tanto como las descripciones
de los padecimientos) con el patetismo de los hechos referidos y con la
tolerancia extrema que denotan los personajes sobrevivientes.
107
frailes que Pánuco había quedado atrás; y así se quedó allí,212 y
Figueroa se fue a la costa adonde solía estar.
108
Capítulo XVIII
De la relación que dio Esquivel
109
eran aquéllos adonde Esquivel había parado, y ellos le contaron
cómo habían tenido allí a Esquivel, y cómo estando allí se quiso
huir porque una mujer había soñado que le había de matar un
hijo, y los indios fueron tras él y lo mataron,217 y mostraron a
Andrés Dorantes su espada y sus cuentas y libro218 y otras cosas
que tenía. Esto hacen éstos por una costumbre que tienen, y es
que matan sus mismos hijos por sueños, y a las hijas en naciendo
las dejan comer a perros, y las echan por ahí. La razón por que
ellos lo hacen es, según ellos dicen, porque todos los de la tierra
son sus enemigos y con ellos tienen continua guerra; y que si
acaso casasen sus hijas, multiplicarían tanto sus enemigos, que
los sujetarían y tomarían por esclavos; y por esta causa querían
más matarlas que no que de ellas mismas naciese quien fuese su
enemigo. Nosotros les dijimos que por qué no las casaban con
ellos mismos. Y también entre ellos dijeron que era fea cosa219
casarlas a sus parientes ni a sus enemigos; y esta costumbre usan
estos y otros sus vecinos, que se llaman los iguaces, solamente, sin
que ningunos otros de la tierra la guarden. Y cuando éstos se han
de casar, compran las mujeres a sus enemigos, y el precio que cada
uno da por la suya es un arco, el mejor que puede haber, con dos
flechas; y si acaso no tiene arco, una red hasta una braza en ancho
y otra en largo. Matan sus hijos, y mercan los ajenos; no dura
el casamiento más de cuanto están contentos, y con una higa220
deshacen el casamiento. Dorantes estuvo con éstos,221 y desde a
217 A partir del testimonio de Andrés Dorantes en la Relación conjunta,
el cronista Fernández de Oviedo refiere en su versión: “los de aquella parte
creen en sueños e matan sus propios hijos por sueños. E dijo este hidalgo
Dorantes que él vio en espacio de cuatro años matar y enterrar vivos once o
doce niños.” (1959: IV-302)
218 La referencia a este libro de Esquivel hace suponer a Pupo-Walker
(1992: 242) que quizás un texto escrito (que podría haber pasado por las
manos de Figueroa, Dorantes y Núñez) haya sido la fuente de los relatos de
este capítulo y del anterior.
219 La sintaxis de Álvar Núñez, por momentos, da cuenta de un vasto
aprendizaje de las lenguas nativas, que evoca en su rememoración de los
acontecimientos.
220 Higa: amuleto con que vanamente se persuadían los gentiles que se
libraban del mal de ojo, y apartaban de sí los males que creían podían hacer
los envidiosos. (DAut 1734: 154-1). La expresión “con una higa deshacen
el casamiento” quizás signifique, como considera Barrera (1985: 115), “con
cualquier pretexto”.
221 Dorantes estuvo con los iguaces en el verano de 1529, con ellos se
110
pocos días se huyó. Castillo y Estebanico se vinieron dentro de
la Tierra Firme a los iguaces. Toda esta gente son flecheros y bien
dispuestos, aunque no tan grandes como los que atrás dejamos, y
traen la teta y el labio horadados.
Su mantenimiento principalmente es raíces de dos o tres
maneras, y búscanlas por toda la tierra; son muy malas, e hinchan
los hombres que las comen. Tardan dos días en asarse, y muchas
de ellas son muy amargas, y con todo esto se sacan con mucho
trabajo. Es tanta la hambre que aquellas gentes tienen, que no
se pueden pasar sin ellas, y andan dos o tres leguas buscándolas.
Algunas veces matan algunos venados,222 y a tiempos toman
algún pescado; mas esto es tan poco, y su hambre tan grande,
que comen arañas y huevos de hormigas, y gusanos y lagartijas
y salamanquesas y culebras y víboras, que matan los hombres
que muerden, y comen tierra y madera y todo lo que pueden
haber, y estiércol de venados, y otras cosa que dejo de contar;223
y creo averiguadamente que si en aquella tierra hubiese piedras
las comerían. Guardan las espinas del pescado que comen, y de
las culebras y otras cosas, para molerlo después todo y comer el
polvo de ello. Entre éstos no se cargan los hombres ni llevan cosa
de peso; mas llévanlo las mujeres y los viejos, que es la gente que
ellos en menos tienen. No tienen tanto amor a sus hijos como
los que arriba dijimos. Hay algunos entre ellos que usan pecado
contra natura.224 Las mujeres son muy trabajadas y para mucho,
porque de veinticuatro horas que hay entre día y noche, no tienen
sino seis horas de descanso, y todo lo más de la noche pasan en
atizar sus hornos para secar aquellas raíces que comen. Y desde que
quedaron los demás sobrevivientes casi cuatro años.
222 Según Hallenbeck, recogido en Pupo-Walker (1992), eran, más
precisamente, antílopes.
223 Alusión a la técnica aristotélica del decoro que debía guardar todo
buen cronista de acuerdo con el modelo historiográfico humanista-renacentista
del siglo XVI. Esta regla rechazaba el exceso en lo descriptivo y la mención a
lo repulsivo, y bogaba por un estilo moderado de adjetivos y adverbios, y de
sustantivos que no “alteraran los ánimos”. Quizás, por esta misma regla del
decoro, no hay en Naufragios ni una sola alusión sexual, salvo a la sodomía,
más bien presentada como dato exótico. Tampoco se refiere, en ninguna
ocasión, a los abusos sexuales, corrientes en los procesos de conquista y en las
guerras entre tribus.
224 Referencia a la sodomía. En la Edad Media y en el Renacimiento de
los países europeos, los sodomitas fueron perseguidos por pecadores.
111
amanece comienzan a cavar y a traer leña y agua a sus casas y dar
orden en las otras cosas de que tienen necesidad. Los más de éstos
son grandes ladrones, porque aunque entre sí son bien partidos,
en volviendo uno la cabeza, su hijo mismo o su padre le toma
lo que puede. Mienten muy mucho, y son grandes borrachos,
y para esto beben ellos una cierta cosa.225 Están tan usados226 a
correr, que sin descansar ni cansar corren desde la mañana hasta
la noche, y siguen un venado; y de esta manera matan muchos de
ellos, porque los siguen hasta que los cansan, y algunas veces los
toman vivos. Las casas de ellos son de esteras puestas sobre
cuatro arcos; llévanlas a cuestas,227 y múdanse cada dos o tres
días para buscar de comer. Ninguna cosa siembran que se pueda
aprovechar; es gente muy alegre; por mucha hambre que tengan,
por eso no dejan de bailar ni de hacer sus fiestas y areitos.228 Para
ellos el mejor tiempo que éstos tienen es cuando comen las tunas,
porque entonces no tienen hambre, y todo el tiempo se les pasa
en bailar, y comen de ellas de noche y de día. Todo el tiempo que
les duran exprímenlas y ábrenlas y pónenlas a secar, y después de
secas pónenlas en unas seras229, como higos, y guárdanlas para
comer por el camino cuando se vuelven, y las cáscaras de ellas
muélenlas y hácenlas polvo. Muchas veces estando con éstos, nos
aconteció tres o cuatro días estar sin comer porque no lo había;
ellos, por alegrarnos, nos decían que no estuviésemos tristes; que
presto habría tunas y comeríamos muchas y beberíamos del zumo
de ellas, y tendríamos las barrigas muy grandes y estaríamos muy
contentos y alegres y sin hambre alguna; y desde el tiempo que
esto nos decían hasta que las tunas se hubiesen de comer había
cinco o seis meses, y, en fin, hubimos de esperar aquestos seis
meses, y cuando fue tiempo fuimos a comer las tunas; hallamos
por la tierra muy gran cantidad de mosquitos de tres maneras, que
225 Alusión al peyote –cactus de los desiertos americanos– que consumían
los indios coahuiltecas y que tiene efectos alucinógenos.
226 Usados, aquí equivale a “acostumbrados”.
227 Conocidas como tipis, son casas movibles.
228 Como se adelantó en la nota 34, Núñez interpreta diversas ceremonias
y rituales indígenas como si fuesen simples encuentros festivos de los nativos.
229 Sera: espuerta [cesta de esparto, palma u otra materia] grande,
regularmente sin asas, que sirve para conducir el carbón y otros usos. (DAut
1739: 94-2)
112
son muy malos y enojosos, y todo lo más del verano nos daban
mucha fatiga; y para defendernos de ellos hacíamos al derredor
de la gente muchos fuegos de leña podrida y mojada, para que no
ardiesen e hiciesen humo; y esta defensión nos daba otro trabajo,
porque en toda la noche no hacíamos sino llorar, del humo que
en los ojos nos daba, y sobre eso, gran calor que nos causaban los
muchos fuegos, y salíamos a dormir a la costa. Y si alguna vez
podíamos dormir, recordábannos a palos, para que tornásemos a
encender los fuegos. Los de la tierra adentro para esto usan otro
remedio tan incomportable y más que éste que he dicho, y es
andar con tizones en las manos quemando los campos y montes
que topan, para que los mosquitos huyan, y también para sacar
debajo de tierra lagartijas y otras semejantes cosas para comerlas.
Y también suelen matar venados cercándolos con muchos fuegos;
y usan también esto por quitar a los animales el pasto, que la
necesidad les haga ir a buscarlo adonde ellos quieren, porque
nunca hacen asiento con sus casas sino donde hay agua y leña,
y alguna vez se cargan todos de esta provisión y van a buscar
los venados, que muy ordinariamente están donde no hay agua
ni leña; y el día que llegan matan venados y algunas otras cosas
que pueden, y gastan todo el agua y leña en guisar de comer
y en los fuegos que hacen para defenderse de los mosquitos, y
esperan otro día para tomar algo que lleven para el camino; y
cuando parten, tales van de los mosquitos, que parece que tienen
la enfermedad de San Lázaro.230 Y de esta manera satisfacen su
hambre dos o tres veces en el año, a tan grande costa como he
dicho; y por haber pasado por ello puedo afirmar que ningún
trabajo que se sufra en el mundo se iguala con éste. Por la tierra
hay muchos venados y otras aves y animales de los que atrás he
contado. Alcanzan aquí vacas, y yo las he visto tres veces y comido
de ellas, y paréceme que serán del tamaño de las de España.231
Tienen los cuernos pequeños, como moriscas232, y el pelo muy
230 Se refiere a la lepra.
231 Una de las primeras menciones y representaciones en textos de corte
europeo del bisonte americano. Maura (1989: 147), basado en Henry Wagner,
arriesga que, quizás, Núñez haya tomado la descripción de este animal de una
de las relaciones de la expedición de Juan Vázquez de Coronado (1523-1565)
y que la haya añadido posteriormente a Naufragios.
232 Se alude a las ovejas, por contaminación de los términos del sintagma
113
largo, merino,233 como una bernia;234 unas son pardillas, y otras
negras, y a mi parecer tienen mejor y más gruesa carne que las de
acá.235 De las que no son grandes hacen los indios mantas para
cubrirse, y de las mayores hacen zapatos y rodelas; éstas vienen
de hacia el Norte por tierra adelante hasta la costa de la Florida,
y tiéndense por toda la tierra más de cuatrocientas leguas, y en
todo este camino, por los valles por donde ellas vienen, bajan las
gentes que por allí habitan y se mantienen de ellas, y meten en la
tierra grande cantidad de cueros.
“ovejas moriscas”.
233 Merino: tejido de cordoncillo fino en que la trama y urdimbre son de
lana escogida y peinada. (DRAE)
234 Bernia: tejido de lana basto como el de una frazada o manta, el cual
se suele fabricar de uno o de varios colores. (DAut 1726: 597-1)
235 Nueva referencia a la situación de enunciación del autor que alude a
las vacas de España.
114
Capítulo XIX
De cómo nos apartaron los indios
115
hacia donde Castillo estaba, e iban a juntarse con los que lo
tenían, y hacerse amigos unos de otros, porque hasta allí habían
tenido guerra, y de esta manera cobramos a Castillo. En todo el
tiempo que comíamos las tunas teníamos sed, y para remedio de
esto bebíamos el zumo de las tunas y sacábamoslo en un hoyo que
en la tierra hacíamos, y desque estaba lleno bebíamos de él hasta
que nos hartábamos. Es dulce y de color de arrope; esto hacen
por falta de otras vasijas. Hay muchas maneras de tunas,239 y entre
ellas hay algunas muy buenas, aunque a mí todas me parecían
así, y nunca la hambre me dio espacio para escogerlas ni para
mientes240 en cuáles eran las mejores.241 Todas las más de estas
gentes beben agua llovediza y recogida en algunas partes; porque,
aunque hay ríos, como nunca están de asiento,242 nunca tienen
agua conocida ni señalada. Por toda la tierra hay muy grandes
y hermosas dehesas,243 y de muy buenos pastos para ganados; y
paréceme que sería tierra muy fructífera si fuese labrada y habitada
de gente de razón.244 No vimos sierra en toda ella en tanto que en
239 Las especies más conocidas de tunas son: blanca, camuesa, cardona,
cabezona, chareña, alfajayuca y cruz.
240 Parar mientes: significa considerar, meditar y recapacitar con
particular cuidado y atención alguna cosa. (DRAE 1791: 566-3)
241 El comentario de Núñez sobre su inmenso placer al comer las tunas
–entre otros a lo largo de estos capítulos– denota ya un profundo proceso de
compenetración con las comunidades indígenas y de mestizaje cultural que
implicó a Núñez. De esta manera lo entiende también el cronista Oviedo con su
característico rechazo de toda forma de otredad: “e allí se tornaron a juntar [se
refiere a Núñez y a los dos sobrevivientes españoles] y encomendándose todos
tres a Nuestro Señor, hobieron por mejor hacer aquello que eran obligados
como cristianos (e como hidalgos que cada uno de ellos lo era) que no vivir
en vida tan salvaje e tan apartada del servicio de Dios e de toda buena razón.
E con esta buena voluntad, como hombres de buena casta determinados,
salieron; e así Jesucristo los guió e obró de su infinita misericordia con ellos
abriéndoles caminos, sin haberlos en la tierra, e los corazones de los hombres
tan salvajes e indómitos.” (Oviedo 1959: IV-304).
242 Asiento: sitio en que está o estuvo fundado algún pueblo o edificio.
(DAut 1770: 359-1). La expresión alude al nomadismo de los mariames,
que recorrían grandes extensiones desde el sureste de Texas hasta el sur de
Oklahoma. También, el Diccionario de Autoridades del siglo XVIII ofrece una
acepción de “asiento” particularmente referida a las Indias: “en Indias, asiento
es el territorio y población de las minas”, lo que evidencia el peso que tuvo la
actividad minera en el trazado del mapa americano.
243 Dehesa: parte o porción de tierra sin labranza ni cultivo, destinada
solamente para pasto de ganados. (DAut 1732: 54-1)
244 Para el pensamiento medieval-renacentista, el hombre caracterizado
como salvaje se hallaba en un peldaño inferior en relación con los hombres
116
ella estuvimos. Aquellos indios nos dijeron que otros estaban más
adelante, llamados camones,245 que viven hacia la costa, y habían
muerto toda la gente que venía en la barca de Peñalosa y Téllez,
que venían tan flacos, que aunque los mataban no se defendían; y
así, los acabaron todos,246 y nos mostraron ropas y armas de ellos,
y dijeron que la barca estaba allí al través. Esta es la quinta barca
que faltaba, porque la del gobernador ya dijimos cómo la mar
la llevó, y la del contador y los frailes la habían visto echada al
través en la costa, y Esquivel contó el fin de ellos. Las dos en que
Castillo y yo y Dorantes íbamos, ya hemos contado cómo junto
a la isla de Mal Hado se hundieron.247
117
Capítulo XX
De cómo nos huimos
118
y a mí y a Castillo en casa de otro.251 Estos tienen otra lengua252
y llámanse avavares, y son aquellos que solían llevar los arcos a
los nuestros e iban a contratar con ellos; y aunque son de otra
nación y lengua, entienden la lengua de aquéllos con quien
antes estábamos, y aquel mismo día habían llegado allí con sus
casas. Luego el pueblo nos ofreció muchas tunas, porque ya ellos
tenían noticia de nosotros y cómo curábamos, y de las maravillas
que nuestro Señor con nosotros obraba,253 que, aunque no
hubiera otras, harto grandes eran abrirnos caminos por tierra
tan despoblada,254 y darnos gente por donde muchos tiempos
no la había, y librarnos de tantos peligros, y no permitir que
nos matasen, y sustentarnos con tanta hambre, y poner aquellas
gentes en corazón que nos tratasen bien, como adelante diremos.
119
Capítulo XXI
De cómo curamos aquí unos dolientes
120
y como por toda esta tierra no hay caminos, yo me detuve más
en buscarla; la gente se volvió, y yo quedé solo, y viniendo a
buscarlos aquella noche me perdí, y plugo a Dios que hallé un
árbol ardiendo, y al fuego de él pasé aquel frío aquella noche, y
a la mañana yo me cargué la leña y tomé dos tizones, y volví a
buscarlos, y anduve de esta manera cinco días, siempre con mi
lumbre y carga de leña, 258 porque si el fuego se me matase en
parte donde no tuviese leña, como en muchas partes no la había,
tuviese de qué hacer otro tizones y no me quedase sin lumbre,
porque para el frío yo no tenía otro remedio, por andar desnudo
como nací. Y para las noches yo tenía este remedio, que me iba
a las matas del monte, que estaban cerca de los ríos, y paraba en
ellas antes que el sol se pusiese, y en la tierra hacía un hoyo y en
él echaba mucha leña, que se cría en muchos árboles, de que por
allí hay muy gran cantidad y juntaba mucha leña de la que estaba
caída y seca de los árboles, y al derredor de aquel hoyo hacía
cuatro fuegos en cruz, y yo tenía cargo y cuidado de rehacer el
fuego de rato en rato, y hacía unas gavillas de paja larga que por
allí hay, con que me cubría en aquel hoyo, y de esta manera me
amparaba del frío de las noches; y una de ellas el fuego cayó en
la paja con que yo estaba cubierto, y estando yo durmiendo en el
hoyo, comenzó a arder muy recio, y por mucha prisa que yo me
di a salir, todavía saqué señal en los cabellos del peligro en que
había estado. En todo este tiempo no comí bocado ni hallé cosa
que pudiese comer; y como traía los pies descalzos, corrióme de
ellos mucha sangre,259 y Dios usó conmigo de misericordia, que
vainillas a manera de las arvejas, y de ellas se hace la harina llamada Ervina.
(DAut 1739: 544-1)
258 A partir de aquí, se refuerza la dimensión mesiánica que aparecía
dispersa en toda la obra. Este episodio –que no aparece en Oviedo– es
altamente alegórico y alude al imaginario cristiano, muy presente en los
hombres occidentales del siglo XVI. El pasaje bíblico fuente es el de la
aparición de Dios a Moisés en una zarza que ardía sin consumirse (Éxodo 3,
12). En él, Moisés encuentra la manifestación sobrenatural yendo “más allá
del desierto”. Por medio de ella, Yahvé le anuncia que debe liberar al pueblo
judío de la aflicción a la que lo tenían sometido los egipcios: “Moisés dijo a
Dios: «¿Y quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?»
Dios le dijo: «Yo estaré contigo y ésta [la zarza ardiente] será la señal de que soy
yo quien te envía. (…) Yo haré que, cuando salgáis, no salgáis con las manos
vacías.»”.
259 La imagen de los fuegos en cruz es también alegórica y tiene
resonancias bíblicas. La “señal” en los cabellos y las heridas en los pies, del
121
en todo este tiempo no ventó el norte, porque de otra manera
ningún remedio había de yo vivir. Y a cabo de cinco días llegué
a una ribera de un río, donde yo hallé a mis indios, que ellos y
los cristianos me contaban ya por muerto, y siempre creían que
alguna víbora me había mordido.260 Todos hubieron gran placer
de verme, principalmente los cristianos, y me dijeron que hasta
entonces habían caminado con mucha hambre, que ésta era la
causa que no me habían buscado; y aquella noche me dieron de
las tunas que tenían, y otro día partimos de allí, y fuimos donde
hallamos muchas tunas, con que todos satisficieron su gran
hambre, y nosotros dimos muchas gracias a nuestro Señor porque
nunca nos faltaba remedio.261
122
Capítulo XXII
Cómo otro día nos trajeron otros enfermos
123
temeroso, principalmente cuando las curas eran muy temerosas
y peligrosas, y creía que sus pecados habían de estorbar que no
todas veces sucediese bien el curar. Los indios me dijeron que yo
fuese a curarlos, porque ellos me querían bien y se acordaban que
les había curado en las nueces, y por aquello nos habían dado
nueces y cueros; y esto había pasado cuando yo vine a juntarme
con los cristianos;264 y así hube de ir con ellos, y fueron conmigo
Dorantes y Estebanico, y cuando llegué cerca de los ranchos
que ellos tenían, yo vi el enfermo que íbamos a curar que estaba
muerto, porque estaba mucha gente al derredor de él llorando
y su casa deshecha, que es señal que el dueño estaba muerto. Y
así, cuando yo llegué hallé el indio los ojos vueltos y sin ningún
pulso, y con todas las señales de muerto, según a mí me pareció, y
lo mismo dijo Dorantes. Yo le quité una estera que tenía encima,
con que estaba cubierto, y lo mejor que pude apliqué a nuestro
Señor fuese servido de dar salud a aquél y a todos los otros que de
ella tenían necesidad. Y después de santiguado y soplado muchas
veces,265 me trajeron un arco y me lo dieron, y una sera de tunas
molidas, y lleváronme a curar a otros muchos que estaban malos
de modorra,266 y me dieron otras dos seras de tunas, las cuales
di a nuestros indios, que con nosotros habían venido; y, hecho
esto, nos volvimos a nuestro aposento, y nuestros indios, a quien
di las tunas, se quedaron allá; y a la noche se volvieron a sus
casas, y dijeron que aquel que estaba muerto y yo había curado en
presencia de ellos, se había levantado bueno y se había paseado,
y comido, y hablado con ellos, y que todos cuantos había curado
264 Por esta referencia, puede afirmarse que Núñez efectivamente realizó
curaciones entre los mariames.
265 Varios son los estudiosos (Pranzetti, 1993 y Lafaye, 1984, entre
otros) de la obra de Núñez que advierten el mestizaje cultural y religioso
evidente en este modo de curación descripto por el autor. El sincretismo
fusiona la fe cristiana con la superstición indígena de resultados médicos.
Manifiesta un proceso de aculturación que es resultado del encuentro de
las culturas y que modifica los comportamientos. Finalmente, como señala
Jacques Lafaye (1984), la creencia pagana, que solía estar vinculada con las
influencias demoníacas a través de la magia, es causa, en el relato Núñez, del
milagro cristiano. El mestizaje es, también, lo que posibilita la supervivencia y
la libertad.
266 Modorra: accidente que consiste en una gran pesadez de sueño
violento. Especie de letargo, aunque no tan peligroso. (DAut 1734: 585-2)
124
quedaban sanos y muy alegres.267
Esto causó muy gran admiración y espanto, y en toda la
tierra no se hablaba en otra cosa. Todos aquellos a quien esta
fama llegaba nos venían a buscar para que los curásemos y
santiguásemos sus hijos. Y cuando los indios que estaban en
compañía de los nuestros, que eran los cutalchiches, se hubieron
de ir a su tierra, antes que se partiesen nos ofrecieron todas las
tunas que para su camino tenían, sin que ninguna les quedase,
y diéronnos pedernales268 tan largos como palmo y medio,
con que ellos cortan, y es entre ellos cosa de muy gran estima.
Rogáronnos que nos acordásemos de ellos y rogásemos a Dios
que siempre estuviesen buenos, y nosotros se lo prometimos;
y con esto partieron los más contentos hombres del mundo,
habiéndonos dado todo lo mejor que tenían. Nosotros estuvimos
con aquellos indios avavares ocho meses, y esta cuenta hacíamos
por las lunas. En todo este tiempo nos venían de muchas partes
a buscar, y decían que verdaderamente nosotros éramos hijos
del Sol.269 Dorantes y el negro hasta allí no habían curado; mas
por la mucha importunidad que teníamos, viniéndonos de
muchas partes a buscar, venimos todos a ser médicos, aunque en
atrevimiento y osar acometer cualquier cura era yo más señalado
entre ellos, y ninguno jamás curamos que no nos dijese que
quedaba sano. Y tanta confianza tenían que habían de sanar si
nosotros los curásemos, que creían que en tanto que allí nosotros
estuviésemos ninguno había de morir.
267 La eficacia y la diligencia atribuidas por el narrador a sí mismo
como protagonista del relato tienen su punto cúlmine en la concreción de
una resucitación, gracia que el cristianismo sólo consideraba posible en un
santo. Mientras que Castillo era “temeroso” y pecador, el personaje de Núñez
se muestra como elegido por la Providencia Divina por sus capacidades y
entereza moral.
268 Pedernal: piedra dura y como transparente que, herida con el acero,
arroja chispas y por eso usan de ella en las armas de fuego, labrada y cortada a
este intento. (DAut 1737: 181-1)
269 Desde la llegada de Cristóbal Colón a América, los cronistas recogen
estas representaciones idealizadas –no del todo comprendidas, quizás– que los
indios elaboraron sobre los conquistadores. Entre otros, fueron considerados
“hombres venidos del cielo” por los indios antillanos, según el relato de Colón;
Hernán Cortés fue identificado con el dios Quetzalcóatl por los indios mexicas
(o aztecas); Antonio Pigafetta comenta que uno de los indios patagones señaló
con el dedo hacia arriba queriendo significar que entendía que los españoles
provenían del cielo.
125
Estos y los de más atrás nos contaron una cosa muy extraña,
y por la cuenta que nos figuraron parecía que había quince o
diez y seis años que había acontecido, que decían que por aquella
tierra anduvo un hombre, que ellos llaman Mala Cosa, y que era
pequeño de cuerpo, y que tenía barbas, aunque nunca claramente
le pudieron ver el rostro, y que cuando venía a la casa donde estaban
se les levantaban los cabellos y temblaban, y luego parecía270 a la
puerta de la casa un tizón ardiendo.271 Y luego, aquel hombre
entraba y tomaba al que quería de ellos, y dábales tres cuchilladas
grandes por las ijadas con un pedernal muy agudo, tan ancho
como una mano y dos palmos en luengo, y metía la mano por
aquellas cuchilladas y sacábales las tripas; y que cortaba de una
tripa poco más o menos de un palmo, y aquello que cortaba
echaba en las brasas; y luego le daba tres cuchilladas en un brazo,
y la segunda daba por la sangradura y desconcertábaselo, y dende
a poco se lo tornaba a concertar y poníale las manos sobre las
heridas, y decíannos que luego quedaban sanos, y que muchas
veces cuando bailaban aparecía entre ellos, en hábito de mujer
unas veces, y otras como hombre; y cuando él quería, tomaba
el buhío o casa y subíala en alto, y dende a poco caía con ella y
daba muy gran golpe. También nos contaron que muchas veces le
dieron de comer y que nunca jamás comió; y que le preguntaban
dónde venía y a qué parte tenía su casa, y que les mostró una
hendidura de la tierra, y dijo que su casa era allá debajo. De estas
cosas que ellos nos decían, nosotros nos reíamos mucho, burlando
de ellas; y como ellos vieron que no lo creíamos, trajeron muchos
de aquéllos que decían que él había tomado, y vimos las señales
de las cuchilladas que él había dado en los lugares en la manera
que ellos contaban. Nosotros les dijimos que aquél era un malo,
y de la mejor manera que pudimos les dábamos a entender que
si ellos creyesen en Dios nuestro Señor y fuesen cristianos como
nosotros, no tendrían miedo de aquel, ni él osaría venir a hacerles
aquellas cosas; y que tuviesen por cierto que en tanto que nosotros
en la tierra estuviésemos él no osaría parecer en ella. De esto se
holgaron ellos mucho y perdieron mucha parte del temor que
270 Parecer: aparecer o dejar ver alguna cosa. (DAut 1737: 127-1)
271 Escritura paratáctica de Cabeza de Vaca que se sirve del polisíndeton
para remedar la oralidad original de la narración del episodio.
126
tenían.272
Estos indios nos dijeron que habían visto al asturiano y a
Figueroa con otros, que adelante en la costa estaban, a quien
nosotros llamábamos de los higos. Toda esta gente no conocía los
tiempos por el Sol ni la Luna, ni tienen cuenta del mes del año,
y más entienden y saben las diferencias de los tiempos cuando las
frutas vienen a madurar, y en tiempo que muere el pescado273 y
el aparecer de las estrellas, en que son muy diestros y ejercitados.
Con estos siempre fuimos bien tratados, aunque lo que habíamos
de comer lo cavábamos, y traíamos nuestras cargas de agua y
leña. Sus casas y mantenimientos son como las de los pasados,
aunque tienen muy mayor hambre, porque no alcanzan274 maíz
ni bellotas ni nueces. Anduvimos siempre en cueros como ellos,
y de noche nos cubríamos con cueros de venado. De ocho meses
que con ellos estuvimos, los seis padecimos mucha hambre, que
tampoco alcanzan pescado. Y al cabo de este tiempo275 ya las tunas
comenzaban a madurar, y sin que de ellos fuésemos sentidos nos
fuimos a otros que adelante estaban, llamados maliacones;276
éstos estaban una jornada de allí, donde yo y el negro llegamos.
A cabo de los tres días envié que trajese a Castillo y a Dorantes;
y venidos, nos partimos todos juntos con los indios, que iban a
comer una frutilla de unos árboles, de que se mantienen diez o
272 Varios son los elementos de este episodio intercalado que autorizan
una asociación entre las experiencias y el estado en que se encuentran los
sobrevivientes españoles, y las descripciones del personaje legendario de
Mala Cosa. Éste –podríamos aventurar– es casi una parodia de aquellos: sus
curaciones, falta de comida, los pedernales, los tizones de fuego (Gómara
explica de los físicos de esta región: “curan con botones de fuego” [1979: 68]),
los pozos en los que dormían, la barba, el miedo que generaban y lo femenil:
como trabajar arduamente, ser esclavos y mercaderes, propio de mujeres indias.
Para Adorno (1992 y 1993), el mito condensa el miedo de los indios a lo
extranjero. Para Margo Glantz (2006), Mala Cosa es también una proyección
elaborada por los propios españoles sobre sí mismos. Ni este episodio ni el
de la resucitación del indio aparecen en la Historia General de Fernández de
Oviedo.
273 Para los comentaristas de Naufragios como Pupo-Walker (1992: 256),
no está claro el significado de la frase. Pudo referirse a épocas de sequía en que
algunas corrientes de los afluentes quedaban interrumpidas o al invierno, en
que las aguas poco profundas se congelaban.
274 Alcanzar: metafóricamente vale lo mismo que tener, conseguir,
poseer o gozar. (DAut 1726: 180-1)
275 Quizás en agosto de 1535.
276 Los maliacones eran una tribu también de la rama de los coahuiltecas.
127
doce días, entretanto que las tunas vienen. Y allí se juntaron con
estos otros indios que se llamaban arbadaos, y a éstos hallamos
muy enfermos y flacos e hinchados; tanto que nos maravillamos
mucho, y los indios con quien habíamos venido se vinieron por el
mismo camino. Y nosotros les dijimos que nos queríamos quedar
con aquéllos, de que ellos mostraron pesar; y así, nos quedamos
en el campo con aquéllos, cerca de aquellas casas, y cuando ellos
nos vieron, juntáronse después de haber hablado entre sí, y cada
uno de ellos tomó el suyo por la mano y nos llevaron a sus casas.
Con éstos padecimos más hambre que con los otros, porque en
todo el día no comíamos más de dos puños de aquella fruta, la
cual estaba verde; tenía tanta leche, que nos quemaba las bocas; y
con tener falta de agua, daba mucha sed a quien la comía. Y como
la hambre fuese tanta, nosotros comprámosles dos perros277 y a
trueco de ellos les dimos unas redes y otras cosas, y un cuero con
que yo me cubría.
Ya he dicho cómo por toda esta tierra anduvimos desnudos; y
como no estábamos acostumbrados a ello, a manera de serpientes
mudábamos los cueros dos veces en el año, y con el sol y el aire
hacíansenos en los pechos y en las espaldas unos empeines muy
grandes, de que recibíamos muy gran pena por razón de las muy
grandes cargas que traíamos, que eran muy pesadas; y hacían que
las cuerdas se nos metían por los brazos. La tierra es tan áspera y tan
cerrada, que muchas veces hacíamos leña en montes, que cuando
la acabábamos de sacar nos corría por muchas partes sangre, de las
espinas y matas con que topábamos, que nos rompían por donde
alcanzaban. A las veces aconteció hacer leña donde, después de
haberme costado mucha sangre, no la podía sacar ni a cuestas
ni arrastrando. No tenía, cuando en estos trabajos me veía, otro
remedio ni consuelo sino pensar en la pasión de nuestro redentor
Jesucristo y en la sangre que por mí derramó, y considerar cuánto
más sería el tormento que de las espinas él padeció que no aquél
que yo sufría.278 Contrataba279 con estos indios haciéndoles
277 Probablemente, se trate de coyotes domesticados, abundantes en
estas regiones.
278 El paralelismo establecido con la Vita Christi (vida de Cristo) es
innegable.
279 Contrataba: comerciaba o hacía trueques.
128
peines, y con arcos y con flechas y con redes hacíamos esteras,
que son cosas de que ellos tienen mucha necesidad; y aunque lo
saben hacer, no quieren ocuparse en nada, por buscar entretanto
qué comer, y cuando entienden en esto pasan muy gran hambre.
Otras veces me mandaban raer280 cueros y ablandarlos. Y la mayor
prosperidad en que yo allí me vi era el día que me daban a raer
alguno, porque yo lo raía mucho y comía de aquellas raeduras, y
aquello me bastaba para dos o tres días. También nos aconteció
con estos y con los que atrás hemos dejado, darnos un pedazo de
carne y comérnoslo así crudo, porque si lo pusiéramos a asar, el
primer indio que llegaba se lo llevaba y comía. Parecíanos que no
era bien ponerla en esta ventura y también nosotros no estábamos
tales, que nos dábamos pena comerlo asado, y no lo podíamos
tan bien pasar como crudo.281 Esta es la vida que allí tuvimos, y
aquel poco sustentamiento lo ganábamos con los rescates que por
nuestras manos hicimos.
129
Capítulo XXIII
Cómo nos partimos después de haber comido los perros
130
para comer, que eran hojas de tunas y tunas verdes asadas. Y por
el buen tratamiento que nos hacían, y porque aquello que tenían
nos lo daban de buena gana y voluntad, y holgaban de quedar sin
comer por dárnoslo, estuvimos con ellos algunos días. Y estando
allí, vinieron otros de más adelante. Cuando se quisieron partir
dijimos a los primeros que nos queríamos ir con aquéllos. A ellos
les pesó mucho, y rogáronnos muy ahincadamente que no nos
fuésemos, y al fin nos despedimos de ellos, y los dejamos llorando
por nuestra partida, porque les pesaba mucho en gran manera.
131
Capítulo XXIV
De las costumbres de los indios de aquella tierra
Desde la isla de Mal Hado, todos los indios que a esta tierra
vimos tienen por costumbre desde el día que sus mujeres se
sienten preñadas no dormir juntos hasta que pasen dos años que
han criado los hijos, los cuales maman hasta que son de edad
de doce años; que ya entonces están en edad que por sí saben
buscar de comer. Preguntámosles que por qué los criaban así,
y decían que por la mucha hambre que en la tierra había, que
acontecía muchas veces, como nosotros veíamos, estar dos o tres
días sin comer, y a las veces cuatro; y por esta causa los dejaban
mamar, porque en los tiempos de hambre no muriesen; y ya que
algunos escapasen, saldrían muy delicados y de pocas fuerzas. Y si
acaso acontece caer enfermos algunos, déjanlos morir en aquellos
campos si no es hijo, y todos los demás si no pueden ir con ellos se
quedan; mas para llevar un hijo o hermano, se cargan y lo llevan a
cuestas. Todos éstos acostumbran dejar sus mujeres cuando entre
ellos no hay conformidad, y se tornan a casar con quien quieren.
Esto es entre los mancebos, mas los que tienen hijos permanecen
con sus mujeres y no las dejan, y cuando en algunos pueblos
riñen y traban cuestiones unos con otros, apuñéanse y apaléanse
hasta que están muy cansados, y entonces se desparten.284 Algunas
veces los desparten mujeres, entrando entre ellos, que hombres
no entran a despartirlos; y por ninguna pasión que tengan no
meten en ella arcos ni flechas.285 Y desde que se han apuñeado y
pasado su cuestión, toman sus casas y mujeres, y vanse a vivir por
los campos y apartados de los otros, hasta que se les pasa el enojo.
Y cuando ya están desenojados y sin ira, tórnanse a su pueblo, y
de ahí adelante son amigos como si ninguna cosa hubiera pasado
entre ellos, ni es menester que nadie haga las amistades, porque
de esta manera se hacen. Y si los que riñen no son casados, vanse
284 Despartir: vale por poner paz entre los que riñen o contienden,
apartándolos y dividiéndolos para que no se ofendan. (DAut 1732: 209-2)
285 Se entiende que, cuando riñen entre miembros de la tribu, no
utilizan armas.
132
a otros sus vecinos, y aunque sean sus enemigos, los reciben bien
y se huelgan mucho con ellos, y les dan de lo que tienen; de
suerte que, cuando es pasado el enojo, vuelven a su pueblo y
vienen ricos. Toda es gente de guerra y tienen tanta astucia para
guardarse de sus enemigos como tendrían si fuesen criados en
Italia y en continua guerra.286 Cuando están en parte que sus
enemigos los pueden ofender, asientan sus casas a la orilla del
monte más áspero y de mayor espesura que por allí hallan, y
junto a él hacen un foso, y en éste duermen. Toda la gente de
guerra está cubierta con leña menuda, y hacen sus saeteras,287 y
están tan cubiertos y disimulados, que aunque estén cabe288 ellos
no los ven, y hacen un camino muy angosto y entra hasta en
medio del monte, y allí hacen lugar para que duerman las mujeres
y niños, y cuando viene la noche encienden lumbres en sus casas
para que si hubiere espías crean que están en ellas, y antes del
alba tornan a encender los mismos fuegos; y si acaso los enemigos
vienen a dar en las mismas casas, los que están en el foso salen
a ellos y hacen desde las trincheras mucho daño, sin que los de
fuera los vean ni los puedan hallar. Y cuando no hay montes en
que ellos puedan de esta manera esconderse y hacer sus celadas,
asientan en llano en la parte que mejor les parece y cércanse de
trincheras cubiertas de leña menuda y hacen sus saeteras, con que
flechan a los indios, y estos reparos289 hacen para de noche.290
Estando yo con los de aguenes, no estando avisados, vinieron
sus enemigos a media noche y dieron en ellos y mataron tres e
hirieron otros muchos; de suerte que huyeron de sus casas por
286 Se cree que Cabeza de Vaca alude aquí a sus probables experiencias
militares en Italia como parte del ejército español que intervino en la batalla
de Ravena de 1512 (véase Presentación en esta edición).
287 Saetera: una ventanilla angosta que hacían en las torres y muralla para
disparar saetas estando ocultos. (DAut 1739: 16-2)
288 Cabe: cerca de, junto a. (DRAE)
289 Reparo: se toma también por cualquier cosa que se pone por defensa
o resguardo. (DAut 1737: 578-1)
290 Toda esta información, si para un lector de hoy pueden ser meros
datos etnográficos de las costumbres de los indios, para un cronista del siglo
XVI enviado a las Indias, en cambio, significaba responder a su obligación
de informar a la Corona española sobre las costumbres guerreras nativas
para avanzar –en un futuro– con el proceso de conquista (pacífica o no).
El ofrecimiento de este servicio era ya un tópico común en libros de viaje,
tratados y relaciones medievales sobre tierras remotas.
133
el monte adelante, y desde que sintieron que los otros se habían
ido, volvieron a ellas y recogieron todas las flechas que los otros
les habían echado, y lo más encubiertamente que pudieron los
siguieron, y estuvieron aquella noche sobre sus casas sin que
fuesen sentidos, y al cuarto del alba les acometieron y les mataron
cinco, sin otros muchos que fueron heridos, y les hicieron huir
y dejar sus casas y arcos, con toda su hacienda. Y de ahí a poco
tiempo vinieron las mujeres de los que llamaban quevenes,291 y
entendieron entre ellos y los hicieron amigos, aunque algunas
veces ellas son principio de la guerra. Todas estas gentes, cuando
tienen enemistades particulares, cuando no son de una familia,
se matan de noche por asechanzas y usan unos con otros grandes
crueldades.
134
Capítulo XXV
Cómo los indios son prestos a un arma
135
mueren de las heridas si no toca en las tripas o en el corazón;
antes sanan presto. Ven y oyen más y tienen más agudo sentido
que cuantos hombres yo creo hay en el mundo.295 Son grandes
sufridores de hambre y sed y de frío, como aquellos que están más
acostumbrados y hechos a ello que otros. Esto he querido contar
porque allende que todos los hombres desean saber las costumbres
y ejercicios de los otros, los que algunas veces se vinieren a ver con
ellos estén avisados de sus costumbres y ardides, que suelen no
poco aprovechar en semejantes casos.296
136
Capítulo XXVI
De las naciones y lenguas
137
están enfriándola con media calabaza, y cuando está con mucha
espuma bébenla tan caliente cuanto pueden sufrir, y desde que
la sacan del bote hasta que la beben están dando voces, diciendo
que ¿quién quiere beber?301 Y cuando las mujeres oyen estas
voces, luego se paran sin osarse mudar, y aunque estén mucho
cargadas, no osan hacer otra cosa, y si acaso alguna de ellas se
mueve, la deshonran y la dan de palos, y con muy gran enojo
derraman el agua que tienen para beber, y la que han bebido
la tornan a lanzar,302 lo cual ellos hacen muy ligeramente y sin
pena alguna. La razón de la costumbre dan ellos, y dicen que si
cuando ellos quieren beber aquella agua las mujeres se mueven
de donde les toma la voz, que en aquella agua se les mete en el
cuerpo una cosa mala y que dende a poco les hace morir, y todo
el tiempo que el agua está cociendo ha de estar el bote tapado,
y si acaso está destapado y alguna mujer pasa, lo derraman y no
beben más de aquella agua; es amarilla y están bebiéndola tres
días sin comer, y cada día bebe cada uno una arroba303 y media de
ella, y cuando las mujeres están en su costumbre304 no buscan de
comer más de para sí solas, porque ninguna otra persona come de
lo que ellas traen. En el tiempo que así estaba, entre éstos vi una
diablura, y es que vi un hombre casado con otro,305 y éstos son
unos hombres amarionados, impotentes, y andan tapados como
mujeres y hacen oficio de mujeres, y tiran arco y llevan muy gran
carga, y entre éstos vimos muchos de ellos así amarionados como
digo, y son más membrudos que los otros hombres y más altos;
sufren muy grandes cargas.306
138
Capítulo XXVII
De cómo nos mudamos y fuimos bien recibidos307
139
allí estuvimos. Y cuando de noche dormíamos, a la puerta del
rancho donde estábamos nos velaban a cada uno de nosotros seis
hombres con gran cuidado, sin que nadie nos osase entrar dentro
hasta que el sol era salido310. Cuando nosotros nos quisimos partir
de ellos, llegaron allí unas mujeres de otros que vivían adelante;
e informados de ellas dónde estaban aquellas casas, nos partimos
para allá, aunque ellos nos rogaron mucho que por aquel día nos
detuviésemos, porque las casas adonde íbamos estaban lejos, y no
había camino para ellas, y que aquellas mujeres venían cansadas,
y descansando, otro día se irían con nosotros y nos guiarían,
y así nos despedimos. Y dende a poco las mujeres que habían
venido con otras del mismo pueblo, se fueron tras nosotros; mas
como por la tierra no había caminos, luego nos perdimos, y así
anduvimos cuatro leguas, y al cabo de ellas llegamos a beber a un
agua adonde hallamos las mujeres que nos seguían, y nos dijeron
el trabajo que habían pasado por alcanzarnos. Partimos de allí
llevándolas por guía311, y pasamos un río312 cuando ya vino la
tarde que nos daba el agua a los pechos; sería tan ancho como
el de Sevilla, y corría muy mucho, y a puesta de sol llegamos a
cien casas de indios; y antes que llegásemos salió toda la gente313
que en ellas había a recibirnos con tanta grita que era espanto,
y dando en los muslos grandes palmadas; traían las calabazas
horadadas, con piedras dentro, que es la cosa de mayor fiesta,314 y
no las sacan sino a bailar o para curar, ni las osa nadie tomar sino
ellos; y dicen que aquellas calabazas tienen virtud y que vienen
del cielo, porque por aquella tierra no las hay, ni saben dónde las
310 Núñez entiende que los indios los protegen de posibles agresores de
su propia tribu o de otras cercanas, pero también, los indios podrían estar
protegiéndose a sí mismos de los españoles, seres considerados poderosos y
extraños.
311 Las mujeres, al parecer, tenían, entre otras funciones, el encargo de
la comunicación entre las tribus, como se explica en los capítulos finales. El
rol principal y casi exclusivo de los hombres, salvo la de los físicos, parece que
debió haber sido la participación en la guerra.
312 Quizás se refiera al río Conchos o al Colorado.
313 Los nativos-guía que los acompañan, a partir de este momento, avisarán
antes, a las tribus, de la inminente llegada de Cabeza de Vaca y de sus compañeros
314 En Oviedo: “unos calabazos grandes llenos de pedrezuelas con que
ellos hacen sus areitos e músicas.” (1959: IV-306) Se refiere a lo que hoy –en
El Salvador, Honduras y México– se conoce como la planta guaje o huaje.
140
haya, sino que las traen los ríos315 cuando vienen de avenida.316
Era tanto el miedo y turbación que éstos tenían, que por llegar
más prestos los unos que los otros a tocarnos, nos apretaron
tanto que por poco nos hubieran de matar; y sin dejarnos poner
los pies en el suelo nos llevaron a sus casas, y tantos cargaban
sobre nosotros y de tal manera nos apretaban, que nos metimos
en las casas que nos tenían hechas, y nosotros no consentimos
en ninguna manera que aquella noche hiciesen más fiesta con
nosotros. Toda aquella noche pasaron entre sí en areitos y bailes,
y otro día de mañana nos trajeron toda la gente de aquel pueblo
para que los tocásemos y santiguásemos, como habíamos hecho
a los otros con quien habíamos estado. Y después de esto hecho,
dieron muchas flechas a las mujeres del otro pueblo que habían
venido con las suyas. Otro día partimos de allí y toda la gente del
pueblo fue con nosotros, y como llegamos a otros indios, fuimos
bien recibidos, como de los pasados; y así nos dieron de lo que
tenían y los venados que aquel día habían muerto. Y entre éstos
vimos una nueva costumbre, y es que los que venían a curarse,
los que con nosotros estaban les tomaban el arco y las flechas; y
zapatos y cuentas, si las traían; y después de haberlas tomado nos
las traían delante de nosotros para que los curásemos; y curados
se iban muy contentos, diciendo que estaban sanos. Así nos
partimos de aquéllos y nos fuimos a otros de quien fuimos muy
bien recibidos, y nos trajeron sus enfermos, que santiguándolos
decían que estaban sanos; y el que no sanaba creía que podíamos
sanarle,317 y con lo que los otros que curábamos les decían, hacían
tantas alegrías y bailes que no nos dejaban dormir.
315 Estos guajes fueron asociados por los indios con los españoles por sus
propiedades “similares”: sirven para areítos y para curar, tienen virtud y vienen
del cielo o de un lugar desconocido.
316 Avenida: impetuosa y súbita creciente del río u arroyo, por el
concurso de muchas aguas que los hacen salir de madre y correr con furia y
precipitadamente. (DAut 1726: 497-1)
317 Cabeza de Vaca vacila entre la comprobación de que, por intervención
divina, las curaciones son efectivas y, por otro lado, son producto de una
sugestión que resuelve psicosomáticamente la dolencia.
141
Capítulo XXVIII
De otra nueva costumbre
142
el mar del Norte;321 y así, por la relación que los indios de esto
nos dieron, creemos que están quince leguas de la mar. De aquí
nos partimos con estos indios hacia estas sierras que decimos, y
lleváronnos por donde estaban unos parientes suyos, porque ellos
no nos querían llevar sino por donde habitaban sus parientes,
y no querían que sus enemigos alcanzasen tanto bien, como les
parecía que era vernos. Y cuando fuimos llegados, los que con
nosotros iban saquearon a los otros; y como sabían la costumbre,
primero que llegásemos escondieron algunas cosas; y después
que nos hubieron recibido con mucha fiesta y alegría, sacaron
lo que habían escondido y viniéronnoslo a presentar, y esto era
cuentas y almagra y algunas taleguillas322 de plata. Nosotros,
según la costumbre, dímoslo luego a los indios que con nosotros
venían, y cuando nos lo hubieron dado, comenzaron sus bailes
y fiestas, y enviaron a llamar otros de otro pueblo que estaba
cerca de allí, para que nos viniesen a ver, y a la tarde vinieron
todos, y nos trajeron cuentas y arcos, y otras cosillas, que también
repartimos. Y otro día, queriéndonos partir, toda la gente nos
quería llevar a otros amigos suyos que estaban a la punta de las
sierras, y decían que allí había muchas casas y gente, y que nos
darían muchas cosas; mas por ser fuera de nuestro camino no
quisimos ir a ellos, y tomamos por lo llano cerca de las sierras,
las cuales creíamos que no estaban lejos de la costa. Toda la
gente de ella es muy mala, y teníamos por mejor de atravesar
la tierra, porque la gente que está metida adentro es más bien
acondicionada,323 y tratábannos mejor, y teníamos por cierto que
hallaríamos la tierra más poblada y de mejores mantenimientos.
Lo último, hacíamos esto porque, atravesando la tierra, veíamos
muchas particularidades de ella; porque si Dios nuestro Señor
fuese servido de sacar alguno de nosotros, y traerlo a tierra de
cristianos, pudiese dar nuevas y relación de ella. Y como los indios
vieron que estábamos determinados de no ir por donde ellos nos
143
encaminaban, dijéronnos que por donde nos queríamos ir no
había gente, ni tunas ni otra cosa alguna que comer, y rogáronnos
que estuviésemos allí aquel día, y así lo hicimos. Luego ellos
enviaron dos indios para que buscasen gente por aquel camino
que queríamos ir; y otro día nos partimos, llevando con nosotros
muchos de ellos, y las mujeres iban cargadas de agua, y era tan
grande entre ellos nuestra autoridad, que ninguno osaba beber sin
nuestra licencia. Dos leguas de allí topamos los indios que habían
ido a buscar la gente, y dijeron que no la hallaban; de lo que los
indios mostraron pesar, y tornáronnos a rogar que nos fuésemos
por la sierra.324 No lo quisimos hacer, y ellos, como vieron nuestra
voluntad, aunque con mucha tristeza, se despidieron de nosotros,
y se volvieron el río abajo a sus casas, y nosotros caminamos por
el río arriba, y desde a un poco topamos dos mujeres cargadas,
que como nos vieron, pararon y descargáronse, y trajéronnos
de lo que llevaban, que era harina de maíz,325 y nos dijeron
que adelante en aquel río hallaríamos casas y muchas tunas y
de aquella harina. Y así nos despedimos de ellas, porque iban a
los otros donde habíamos partido, y anduvimos hasta puesta de
sol, y llegamos a un pueblo de hasta veinte casas,326 adonde nos
recibieron llorando y con grande tristeza, porque sabían ya que
adonde quiera que llegábamos eran todos saqueados y robados de
los que nos acompañaban,327 y como nos vieron solos, perdieron
324 El cronista Oviedo comenta lo siguiente: “trabajaron mucho por los
llevar a la mar, porque allí se pensaban desquitar e satisfacer de lo que les
habían a ellos tomado.” (1959: IV-307)
325 Esta reaparición del maíz se da luego de seis años sin comerlo.
326 Pueden ser los indios ópatas, de la familia lingüística uto-azteca,
ubicados en parte en la cuenca del río Bavispe y hacia el extremo norte de
Sonora; o los indios Pueblos.
327 Oviedo creyó que: “hallaron los indios llorando de devoción”. Esta
consideración responde al tópico de la emoción mística, que resultaba de la
visión de la santidad. Cabeza de Vaca, en cambio, deja bien en claro que los
indios lloraban de tristeza, porque veían el peligro inminente de ser despojados
de todos sus bienes por los saqueadores que acompañaban a los españoles.
Paulatinamente, se ha operado una nueva transformación en estos cristianos.
Al llegar a este pueblo, ni siquiera realizan curaciones y, en cambio, representan
una amenaza. Creemos posible, entre otras hipótesis, que las noticias del
poderío conquistador español (que habían actuado en México especialmente)
ya para estos años se habían extendido entre los indios de Norteamérica
aún no colonizados. El temor al hombre blanco (y al negro) entre los indios
probablemente concluyó en la renuncia anticipada de éstos a toda resistencia
o combate, y también en el aprovechamiento –por parte de algunos– de la
144
el miedo, y diéronnos tunas, y no otra cosa ninguna. Estuvimos
allí aquella noche, y al alba los indios que nos habían dejado el
día pasado dieron en sus casas, y como los tomaron descuidados
y seguros, tomáronles cuanto tenían, sin que tuviesen lugar
donde esconder ninguna cosa; de que ellos lloraron mucho; y los
robadores, para consolarles, les decían que éramos hijos del sol,
y que teníamos poder para sanar los enfermos y para matarlos,328
y otras mentiras aún mayores que éstas, como ellos las saben
mejor hacer cuando sienten que les conviene. Y dijéronles que
nos llevasen con mucho acatamiento, y tuviesen cuidado de no
enojarnos en ninguna cosa, y que nos diesen todo cuanto tenían,
y procurasen de llevarnos donde había mucha gente, y que donde
llegásemos robasen ellos y saqueasen lo que los otros tenían,
porque así era costumbre.
145
Capítulo XXIX
De cómo se robaban los unos a los otros
146
aquello había venido, había fundición y se labraba de vaciado,333
y con esto nos partimos otro día, y atravesamos una sierra de
siete leguas,334 y las piedras de ella eran de escorias de hierro; y
a la noche llegamos a muchas casas que estaban asentadas a la
ribera de un muy hermoso río,335 y los señores de ellas salieron a
medio camino a recibirnos con sus hijos a cuestas, y nos dieron
muchas taleguillas de margarita336 y de alcohol molido,337 con
esto se untan ellos la cara; y dieron muchas cuentas, y muchas
mantas de vaca, y cargaron a todos los que venían con nosotros
de todo cuanto ellos tenían. Comían tunas y piñones; hay por
aquella tierra pinos chicos, y las piñas de ellos son como huevos
pequeños, mas los piñones son mejores que los de Castilla,
porque tienen las cáscaras muy delgadas. Cuando están verdes,
muélenlos y hácenlos pellas, y así los comen; y si están secos los
muelen con cáscaras, y los comen hechos polvos. Y los que por
allí nos recibían, desde que nos habían tocado, volvían corriendo
hasta sus casas, y luego daban vuelta a nosotros, y no cesaban de
correr, yendo y viniendo. De esta manera traíamos muchas cosas
para el camino. Aquí me trajeron un hombre, y me dijeron que
había mucho tiempo que le habían herido con una flecha por la
espalda derecha, y tenía la punta de la flecha sobre el corazón.
Decía que le daba mucha pena, y que por aquella causa siempre
estaba enfermo. Yo lo toqué, y sentí la punta de la flecha, y vi
que la tenía atravesada por la ternilla,338 y con un cuchillo que
333 Vaciar: significa también formar con moldes huecos algunas figuras
con el metal u otra materia que se echa en ellos. (DAut 1739: 406-2)
334 Probablemente, se refiera a la sierra de Sacramento cerca del río Elk
en dirección a Tularosa; información recogida de Hallenbeck por Pupo-Walker
(1992: 279).
335 El río Tularosa o el Colorado.
336 Margarita: lo mismo que perla, aplícase regularmente a las más
preciosas (DAut 1734: 498-2). Para Pupo-Walker (1992: 279), la expresión,
en verdad, alude a cristalizaciones de silicatos que se yuxtaponen en capas
sucesivas, material que abunda en las regiones montañosas de Nuevo México y
Arizona. Para Trinidad Barrera (1985: 144), sin embargo, se trata de polvillos
de pirita (mineral brillante, de color amarillo de oro; es un sulfuro de hierro).
337 Alcohol: piedra mineral, metálica, de color negro que tira algo a azul
resplandeciente y, quebrada, se deshace en unas como hojas o escamas. Se cría
en minas de plata. (DAut 1726: 184-1). “Alcohol” es el nombre antiguo del
sulfuro de plomo.
338 Ternilla: parte cartilaginosa del cuerpo, probablemente aquí el
147
tenía le abrí el pecho hasta aquel lugar, y vi que tenía la punta
atravesada, y estaba muy mala de sacar; torné a cortar más, y metí
la punta del cuchillo, y con gran trabajo en fin la saqué.
Era muy larga, y con un hueso de venado, usando de mi oficio de
medicina,339 le di dos puntos; y dados, se me desangraba, y con
raspa340 de un cuero le estanqué la sangre; y cuando hube sacado
la punta, pidiéronmela, y yo se la di, y el pueblo todo vino a verla,
y la enviaron por la tierra adentro, para que la viesen los que allá
estaban, y por esto hicieron muchos bailes y fiestas, como ellos
suelen hacer. Y otro día le corté los dos puntos al indio, y estaba
sano; y no parecía la herida que le había hecho sino como una raya
de la palma de la mano, y dijo que no sentía dolor ni pena alguna;
y esta cura nos dio entre ellos tanto crédito por toda la tierra,
cuanto ellos podían y sabían estimar y encarecer. Mostrámosles
aquel cascabel que traíamos, y dijéronnos que en aquel lugar de
donde aquél había venido había muchas planchas341 de aquellas
enterradas, y que aquello era cosa que ellos tenían en mucho; y
había casas de asiento,342 y esto creemos nosotros que es la mar
del Sur,343 que siempre tuvimos noticia que aquella mar es más
rica que la del Norte.344 De estos nos partimos y anduvimos por
tantas suertes de gentes y de tan diversas lenguas, que no basta
memoria a poderlas contar, y siempre saqueaban los unos a los
otros; y así los que perdían como los que ganaban, quedaban muy
contentos. Llevábamos tanta compañía, que en ninguna manera
esternón.
339 Esta expresión y la acción de curar demuestran la confianza que
Núñez ha adquirido como curandero.
340 Quizás se refiera a la raspadura: aquello que raspando se quita de la
superficie (DRAE), del cuero en este caso. Cabeza de Vaca obtura la herida del
indio con algo semejante a la carne.
341 Láminas de cobre.
342 Casa de asiento: la expresión se refiere al sedentarismo de estos pueblos
cercanos a la Mar del Sur.
343 Todo el capítulo manifiesta el restablecimiento de favorables
condiciones de vida para los españoles y el paulatino abandono de las tierras
desérticas (en más de un sentido). Junto con esto, se restablecen las ilusiones
de hallazgo de tierras riquísimas: en este caso, tierras de abundante cobre.
344 Se designaba Mar del Sur al Océano Pacífico y Mar del Norte, al
Atlántico.
148
podíamos valernos con ellos. Por aquellos valles donde íbamos,345
cada uno de ellos llevaba un garrote tan largo como tres palmos,
y todos iban en ala;346 y en saliendo alguna liebre (que por allí
había hartas), cercábanla luego, y caían tantos garrotes sobre
ella, que era cosa de maravilla, y de esta manera la hacían andar
de unos para otros, que a mi ver era la más hermosa caza que
se podía pensar, porque muchas veces ellas se venían hasta las
manos.347 Y cuando a la noche parábamos, eran tantas las que nos
habían dado, que traía cada uno de nosotros ocho o diez cargas
de ellas; y los que traían arcos no parecían delante de nosotros,
antes se apartaban por la sierra a buscar venados; y a la noche
cuando venían, traían para cada uno de nosotros cinco o seis
venados, y pájaros y codornices, y otras cazas; finalmente, todo
cuanto aquella gente hallaban y mataban nos lo ponían delante,
sin que ellos osasen tomar ninguna cosa, aunque muriesen de
hambre; que así lo tenían ya por costumbre después que andaban
con nosotros, y sin que primero lo santiguásemos; y las mujeres
traían muchas esteras, de que ellos nos hacían casas, para cada
uno la suya aparte, y con toda su gente conocida; y cuando esto
era hecho, mandábamos que asasen aquellos venados y liebres, y
todo lo que habían tomado, y esto también se hacía muy presto
en unos hornos que para esto ellos hacían; y de todo ello nosotros
tomábamos un poco, y lo otro dábamos al principal de la gente
que con nosotros venía, mandándole que lo repartiese entre
todos.348 Cada uno con la parte que le cabía venían a nosotros
para que la soplásemos y santiguásemos, que de otra manera no
osaran comer de ella; y muchas veces traíamos con nosotros tres
345 De acuerdo con observaciones de Hallenbeck, Pupo-Walker (1992:
281) considera que, en este párrafo y hasta el final del capítulo, el texto narra
un episodio intercalado referido a otra situación temporal en el valle del río
Pecos junto a la sierra del Sacramento.
346 Ir en ala: se dice cuando algún número de gente se ordena en línea
recta o en fila (Pupo-Walker 1992: 281).
347 Venir hasta las manos: frase con que se da a entender que alguna cosa
se logró sin trabajo ni fatiga y por donde menos se pensaba. (DAut 1734: 485-
1) Esta expresión, junto con otras que representan abundancia de comida,
contrasta profundamente con el hambre y la desesperación por la comida
vividos en el desierto norteamericano entre tribus carancaguas y coahuiltecas.
348 A pesar de los saqueos y de los abusos, Cabeza de Vaca representa a
sus indios acompañantes como comunidad equitativa de bienes, con alusiones
al tópico de la Edad de Oro y a sus valores de la justicia y la igualdad.
149
o cuatro mil personas. Y era tan grande nuestro trabajo, que a
cada uno habíamos de soplar y santiguar lo que habían de comer
y beber, y para otras muchas cosas que querían hacer nos venían
a pedir licencia, de que se puede ver qué tanta importunidad
recibíamos. Las mujeres nos traían las tunas y arañas y gusanos,
y lo que podían haber; porque aunque se muriesen de hambre,
ninguna cosa habían de comer sin que nosotros la diésemos.349
E yendo con éstos, pasamos un gran río,350 que venía del norte;
y pasados unos llanos de treinta leguas, hallamos mucha gente
que lejos de allí venían a recibirnos, y salían al camino por donde
habíamos de ir, y nos recibieron de la manera de los pasados.
150
Capítulo XXX
De cómo se mudó la costumbre de recibirnos
151
de sol, y ellos respondiéronnos que por allí estaba la gente muy
lejos, y nosotros les mandábamos que enviasen a hacerles saber
cómo nosotros íbamos allá, y de esto se excusaron lo mejor que
ellos podían, porque ellos eran sus enemigos, y no querían que
fuésemos a ellos; mas no osaron hacer otra cosa. Y así, enviaron
dos mujeres, una suya, y otra que de ellos tenían cautiva; y
enviaron éstas porque las mujeres pueden contratar aunque haya
guerra. Y nosotros las seguimos, y paramos en un lugar donde
estaba concertado que las esperásemos; mas ellas tardaron cinco
días; y los indios decían que no debían de hallar gente. Dijímosles
que nos llevasen hacia el Norte; respondieron de la misma manera,
diciendo que por allí no había gente sino muy lejos, y que no
había qué comer ni se hallaba agua. Y con todo esto, nosotros
porfiamos y dijimos que por allí queríamos ir, y ellos todavía se
excusaban de la mejor manera que podían, y por esto nos
enojamos, y yo me salí una noche a dormir en el campo, apartado
de ellos; mas luego fueron donde yo estaba, y toda la noche
estuvieron sin dormir y con mucho miedo y hablándome y
diciéndome cuán atemorizados estaban rogándonos que no
estuviésemos más enojados, y que aunque ellos supiesen morir en
el camino, nos llevarían por donde nosotros quisiésemos ir. Y
como nosotros todavía fingíamos estar enojados y porque su
miedo no se quitase, sucedió una cosa extraña, y fue que este día
mismo adolecieron muchos de ellos, y otro día siguiente murieron
ocho hombres. Por toda la tierra donde esto se supo hubieron
tanto miedo de nosotros, que parecía en vernos que de temor
habían de morir. Rogáronnos que no estuviésemos enojados, ni
quisiésemos que más de ellos muriesen, y tenían por muy cierto
que nosotros los matábamos con solamente quererlo. Y a la
verdad, nosotros recibíamos tanta pena de esto, que no podía ser
mayor; porque, allende de ver los que morían, temíamos que no
muriesen todos o nos dejasen solos, de miedo, y todas las otras
gentes de ahí adelante hiciesen lo mismo, viendo lo que a estos
había acontecido. Rogamos a Dios nuestro Señor que lo
remediase, y así comenzaron a sanar todos aquéllos que habían
enfermado, y vimos una cosa que fue de grande admiración:353
353 Admiración: el acto de ver y atender una cosa no conocida y de causa
ignorada, con espanto o particular observación. (DAut 1726: 88-1)
152
que los padres y hermanos y mujeres de los que murieron, de
verlos en aquel estado tenían gran pena; y después de muertos,
ningún sentimiento hicieron, ni los vimos llorar, ni hablar unos
con otros, ni hacer otra ninguna muestra, ni osaban llegar a ellos,
hasta que nosotros los mandábamos llevar a enterrar, y más de
quince días que con aquéllos estuvimos a ninguno vimos hablar
uno con otro, ni los vimos reír ni llorar a ninguna criatura; antes,
porque una lloró, la llevaron muy lejos de allí, y con unos dientes
de ratón agudos la sajaron desde los hombros hasta casi todas las
piernas. Y yo, viendo esta crueldad y enojado de ello, les pregunté
por qué lo hacían, y respondiéronme que para castigarla porque
había llorado delante de mí.354 Todos estos temores que ellos
tenían ponían a todos los otros que nuevamente venían a
conocernos, a fin que nos diesen todo cuanto tenían, porque
sabían que nosotros no tomábamos nada y lo habíamos de dar
todo a ellos. Esta fue la más obediente gente que hallamos por
esta tierra, y de mejor condición; y comúnmente son muy
dispuestos.355 Convalecidos los dolientes, y ya que había tres días
que estábamos allí, llegaron las mujeres que habíamos enviado,
diciendo que habían hallado muy poca gente, y que todos habían
ido a las vacas, que era tiempo de ellas. Y mandamos a los que
habían estado enfermos que se quedasen, y los que estuviesen
buenos fuesen con nosotros, y que dos jornadas de allí, aquellas
mismas dos mujeres irían con dos de nosotros a sacar gente y
traerla al camino para que nos recibiesen; y con esto, otro día de
mañana todos los que más recios estaban partiendo con nosotros,
354 Progresivamente, se formó una cadena de simulaciones engarzadas.
Los españoles simulan ser chamanes para sobrevivir. Los indios, timadores
recurrentes según opinión de Núñez, engañan o exageran los poderes y
virtudes de los españoles para atemorizar y someter a las tribus que visitan. Los
españoles, ante decisiones de los indios que rechazan, simulan o engrandecen
su enojo. En tercer lugar, ante lo que los indios creen que ha sido un castigo
por su oposición a los deseos de los españoles –la llegada de la peste–, se
obligan mutuamente, mediante torturas, a ocultar el llanto por sus muertos
y a fingir ante sus “superiores”, los españoles, que nada malo les ha ocurrido.
Todas las simulaciones, finalmente, contribuyen con el engrandecimiento y la
estigmatización del poder atribuido a los hombres blancos y negro.
355 Cabeza de Vaca parece referirse a los jumanos o conchos: pertenecían
a tribus marginales de la familia lingüística uto-azteca y habitaban las zonas
delimitadas por los ríos Grande y Conchos. Algunas de sus comunidades eran
seminómadas y otras, sedentarias; tenían viviendas de adobe y cultivaban maíz
y legumbres.
153
y a tres jornadas paramos, y el siguiente día partió Alonso del
Castillo con Estebanico el negro, llevando por guía a las dos
mujeres; y la que de ellas era cautiva los llevó a un río que corría
entre unas sierras donde estaba un pueblo en que su padre vivía,
y éstas fueron las primeras casas que vimos que tuviesen parecer y
manera de ello. Aquí llegaron Castillo y Estebanico y, después de
haber hablado con los indios, a cabo de tres días vino Castillo
adonde nos había dejado, y trajo cinco o seis de aquellos indios,
y dijo cómo había hallado casas de gente y de asiento, y que
aquella gente comía frísoles y calabazas, y que había visto maíz.356
Esta fue la cosa del mundo que más nos alegró, y por ello dimos
infinitas gracias a nuestro Señor; y dijo que el negro venía con
toda la gente de las casas a esperar al camino, cerca de allí; y por
esta causa partimos; y andada legua y media, topamos con el
negro y la gente que venían a recibirnos, y nos dieron frísoles y
muchas calabazas para comer y para traer agua, y mantas de vacas,
y otras cosas. Y como estas gentes y las que con nosotros venían
eran enemigos no se entendían, partímonos de los primeros
dándoles lo que nos habían dado, y fuímonos con estos; y a seis
leguas de allí, ya que venía la noche, llegamos a sus casas, donde
hicieron muchas fiestas con nosotros. Aquí estuvimos un día, y el
siguiente nos partimos, y llevámoslos con nosotros a otras casas
de asiento, donde comían lo mismo que ellos. Y de ahí adelante
hubo otro nuevo uso: que los que sabían de nuestra ida no salían
a recibirnos a los caminos, como los otros hacían; antes los
hallábamos en sus casas, y tenían hechas otras para nosotros, y
estaban todos asentados, y todos tenían vueltas las caras hacia la
pared y las cabezas bajas y los cabellos puestos delante de losojos,357
356 Es adecuada la observación de Pupo-Walker (1992: 286) acerca de
que Núñez y sus compañeros identifican el desarrollo cultural y la estabilidad
de las comunidades indígenas a partir de su dieta.
357 Esta costumbre parece vincularse con ciertos modos extendidos de
relación social mexica o azteca. El cronista Bernal Díaz del Castillo (1496-
1584) –que participó de la conquista de México de Hernán Cortés– da cuenta
de la distancia obligada que guardaban todos los mexicas con los principales
de su ciudad y, especialmente, con su tlatoani (rey o cacique): “muchos señores
venían delante del gran Moctezuma barriendo el suelo por donde había de
pisar y le ponían mantas porque no pisase la tierra. Todos estos señores ni por
pensamiento le miraban en la cara, sino los ojos bajos e con mucho acato.
(…) E paréceme que el Cortés le daba la mano derecha y el Moctezuma
no la quiso. (…) le iba a abrazar y aquellos grandes señores que iban con el
Moctezuma detuvieron el brazo a Cortés, que no le abrazase, porque lo tenía
154
y su hacienda358 puesta en montón en medio de la casa; y de aquí
en adelante comenzaron a darnos muchas mantas de cueros, y no
tenían cosa que no nos diesen. Es la gente de mejores cuerpos que
vimos, y de mayor viveza y habilidad y que mejor nos entendían
y respondían en lo que preguntábamos; y llamámoslos de las
Vacas,359 porque la mayor parte que de ellas muere es cerca de allí;
y porque aquel río arriba más de cincuenta leguas, van matando
muchas de ellas. Esta gente andan del todo desnudos, a la manera
de los primeros que hallamos. Las mujeres andan cubiertas con
unos cueros de venado, y algunos pocos hombres, señaladamente
los que son viejos, que no sirven para la guerra. Es tierra muy
poblada. Preguntámosles cómo no sembraban maíz;
respondiéronnos que lo hacían por no perder lo que sembrasen,
porque dos años arreo360 les había faltado las aguas, y había sido
el tiempo tan seco, que a todos les habían perdido los maíces los
topos, y que no osarían tornar a sembrar sin que primero hubiese
llovido mucho; y rogábannos que dijésemos al cielo que lloviese y
se lo rogásemos, y nosotros se lo prometimos de hacerlo así.
También nosotros quisimos saber de dónde habían traído aquel
maíz, y ellos nos dijeron que de donde el sol se ponía, y que lo
había por toda aquella tierra; mas que lo más cerca de allí era por
aquel camino. Preguntámosles por dónde iríamos bien, y que nos
informasen del camino, porque no querían ir allá; dijéronnos que
el camino era por aquel río arriba hacia el Norte, y que en diez y
siete jornadas no hallaríamos otra cosa ninguna que comer, sino
una fruta que llaman chacan,361 y que la machucan entre unas
piedras y aún después de hecha esta diligencia no se puede comer,
de áspera y seca; y así era la verdad, porque allí nos lo mostraron
y no lo pudimos comer, y dijéronnos también que entretanto que
nosotros fuésemos por el río arriba, iríamos siempre por gente
por menosprecio.” (Díaz del Castillo, 2005: 221).
358 Hacienda: se llama también los bienes, posesiones y riquezas que uno
tiene. (DAut 1734: 120-2)
359 “Los de las vacas” es otra denominación que Núñez les dio a los
jumanos y conchos, quienes, periódicamente, cazaban bisontes.
360 Arreo: adverbio equivalente a sucesivamente, sin interrupción ni
intermisión. (DAut 1726: 410-1)
361 Puede tratarse de la orko chachacomam, que crece en los valles altos
del departamento de Chuquisaca.
155
que eran sus enemigos y hablaban su misma lengua, y que no
tenían que darnos cosa a comer; mas que nos recibirían de muy
buena voluntad, y que nos darían muchas mantas de algodón y
cueros y otras cosas de las que ellos tenían; mas que todavía les
parecía que en ninguna manera no debíamos tomar aquel camino.
Dudando lo que haríamos, y cuál camino tomaríamos que más a
nuestro propósito y provecho fuese, nosotros nos detuvimos con
ellos dos días. Dábannos a comer frísoles y calabazas; la manera
de cocerlas es tan nueva, que por ser tal, yo la quise aquí poner,
para que se vea y se conozca cuán diversos y extraños son los
ingenios e industrias de los hombres humanos. Ellos no alcanzan
ollas, y para cocer lo que ellos quieren comer hinchan media
calabaza grande de agua, y en el fuego echan muchas piedras de
las que más fácilmente ellos pueden encender, y toman el fuego;
y cuando ven que están ardiendo tómanlas con unas tenazas de
palo, y échanlas en aquella agua que está en la calabaza, hasta que
la hacen hervir con el fuego que las piedras llevan, y cuando ven
que el agua hierve, echan en ella lo que han de cocer, y en todo
este tiempo no hacen sino sacar unas piedras y echar otras
ardiendo para que el agua hierva para cocer lo que quieren, y así
lo cuecen.
156
Capítulo XXXI
De cómo seguimos el camino del maíz
157
las otras todas son de estera de cañas; y de aquí pasamos más de
cien leguas de tierra, y siempre hallamos casas de asiento, y mucho
mantenimiento de maíz, y frísoles, y dábannos muchos venados y
muchas mantas de algodón, mejores que las de la Nueva España.
Dábannos también muchas cuentas y de unos corales que hay
en la mar del Sur, muchas turquesas muy buenas que tienen de
hacia el Norte; y finalmente, dieron aquí todo cuanto tenían, y
a mí me dieron cinco esmeraldas hechas puntas de flechas, y con
estas flechas hacen ellos sus areitos y bailes. Y pareciéndome a mí
que eran muy buenas, les pregunté de dónde las habían habido,
y dijeron que las traían de unas sierras muy altas que están hacia
el Norte365, y las compraban a trueco de penachos y plumas de
papagayos, y decían que había allí pueblos de mucha gente y casas
muy grandes. Entre éstos vimos las mujeres más honestamente
tratadas que a ninguna parte de Indias que hubiésemos visto.
Traen unas camisas de algodón, que llegan hasta las rodillas, y
unas medias mangas encima de ellas, de unas faldillas de cuero de
venado sin pelo, que tocan en el suelo, y enjabónanlas con unas
raíces366 que limpian mucho, y así las tienen muy bien tratadas;
son abiertas por delante y cerradas con unas correas; andan
calzados con zapatos. Toda esta gente venía a nosotros a que los
tocásemos y santiguásemos; y eran en esto tan importunos, que
con gran trabajo lo sufríamos, porque dolientes y sanos, todos
querían ir santiguados. Acontecía muchas veces que de las
mujeres que con nosotros iban parían algunas, y luego en naciendo
nos traían la criatura a que la santiguásemos y tocásemos.
Acompañábannos siempre hasta dejarnos entregados a otros, y
entre todas estas gentes se tenía por muy cierto que veníamos
del cielo. Entretanto que con éstos anduvimos caminamos todo
el día sin comer hasta la noche, y comíamos tan poco, que ellos
se espantaban de verlo. Nunca nos sintieron cansancio, y a la
verdad nosotros estábamos tan hechos al trabajo, que tampoco
lo sentíamos. Teníamos con ellos mucha autoridad y gravedad,
y para conservar esto, les hablábamos pocas veces. El negro les
158
hablaba siempre;367 se informaba de los caminos que queríamos
ir y los pueblos que había y de las cosas que queríamos saber.
Pasamos por gran número y diversidades de lenguas; con todas
ellas Dios nuestro Señor nos favoreció, porque siempre nos
entendieron y les entendimos. Y así, preguntábamos y respondían
por señas, como si ellos hablaran nuestra lengua y nosotros la
suya; porque, aunque sabíamos seis lenguas, no nos podíamos
en todas partes aprovechar de ellas, porque hallamos más de mil
diferencias. Por todas estas tierras, los que tenían guerras con los
otros se hacían luego amigos para venirnos a recibir y traernos
todo cuanto tenían, y de esta manera dejamos toda la tierra en
paz,368 y dijímosles, por las señas porque nos entendían, que en el
cielo había un hombre que llamábamos Dios, el cual había criado
el cielo y la tierra, y que Éste adorábamos nosotros y teníamos por
Señor, y que hacíamos lo que nos mandaba, y que de su mano
venían todas las cosas buenas, y que si así ellos lo hiciesen, les
iría muy bien de ello; y tan grande aparejo369 hallamos en ellos,
que si lengua hubiera con que perfectamente nos entendiéramos,
todos los dejáramos cristianos.370 Esto les dimos a entender lo
mejor que pudimos, y de ahí adelante, cuando el sol salía, con
muy gran grita abrían las manos juntas al cielo, y después las
traían por todo el cuerpo, y otro tanto hacían cuando se ponía.371
159
Es gente bien acondicionada y aprovechada para seguir cualquier
cosa bien aparejada.
la puesta del sol al que veneran, con gran grita, como a dios.
160
Capítulo XXXII
De cómo nos dieron los corazones de los venados
372 Esta Villa de los Corazones (así la llama el cronista Oviedo) suele
estar identificada con la vecindad mexicana de Ures, ubicada a 72 kilómetros
del Pacífico. Así lo cree Pupo-Walker, sin embargo, Ferrando la ubica en la
Mesa de Arizona. Por esta diferencia, éste cree que Cabeza de Vaca, en esta
instancia, se encuentra con indios tarahumaras, mientras que el primero opina
que son pimas (de filiación uto-azteca, nómades agricultores que habitaban el
sur de Arizona y lo que hoy se conoce como el estado de Sonora).
373 Bledo: cierta especie de berros silvestres (…) esta hierba es muy
insípida al paladar, aunque suele comerse guisada y, mientras se cuece, despide
un olor muy agradable. (DAut 1726: 622-2)
374 “Bohío” es término antillano. No pudo haber sido utilizado por
ningún pueblo mexica como cree aquí recordar Cabeza de Vaca.
375 Majar: machacar o quebrantar alguna cosa aplastándola o
desmenuzándola. (DAut 1734: 459-2)
161
y a una jornada de allí� estaba otro en el cual nos tomaron tantas
aguas que porque un río creció mucho, no lo pudimos pasar, y
nos detuvimos allí quince días.376 En este tiempo, Castillo vio al
cuello de un indio una hebilleta de talabarte377 de espada, y en ella
cosido un clavo de herrar; tomósela y preguntámosle qué cosa era
aquélla, y dijéronnos que habían venido del cielo. Preguntámosle
más, que quién la había traído de allá, y respondieron que unos
hombres que traían barbas como nosotros, que habían venido
del cielo y llegado a aquel río, y que traían caballos y lanzas y
espadas, y que habían alanceado dos de ellos.378
Y lo más disimuladamente que pudimos les preguntamos
qué se habían hecho aquellos hombres, y respondiéronnos que
se habían ido a la mar, y que metieron sus lanzas por debajo del
agua, y que ellos también se habían también metido por debajo,
y que después los vieron ir por cima hacia puesta de Sol. Nosotros
dimos muchas gracias a Dios nuestro Señor por aquello que oímos,
porque estábamos desconfiados de saber nuevas de cristianos; y
por otra parte, nos vimos en gran confusión y tristeza creyendo
que aquella gente no sería sino algunos que habían venido por
la mar a descubrir; mas al fin, como tuvimos tan cierta nueva de
ellos, dímonos más prisa a nuestro camino, y siempre hallábamos
más nueva de cristianos, y nosotros les decíamos que los íbamos a
buscar para decirles que no los matasen ni tomasen por esclavos,
ni los sacasen de sus tierras, ni les hiciesen otro mal ninguno,
y de esto ellos se holgaban mucho. Anduvimos mucha tierra, y
toda hallamos despoblada, porque los moradores de ella andaban
huyendo por las sierras, sin osar tener casas ni labrar, por miedo de
los cristianos. Fue cosa de que tuvimos muy gran lástima, viendo
la tierra muy fértil, y muy hermosa y muy llena de aguas y de
ríos,379 y ver los lugares despoblados y quemados, y la gente tan
376 Oviedo informa que esto sucedió próximo a las fechas de
Navidad de 1535.
377 Hebilla de cinturón.
378 Primeras noticias –no muy positivas– de españoles (a los que los
indios también creen venidos del cielo) referidas a las conquistas de Nuño de
Guzmán.
379 La frase posee un estilo similar al Diario del Primer Viaje de Cristóbal
Colón en cuanto al tema (el paisaje como locus amoenus) y el tono (uso del
polisíndeton).
162
flaca y enferma, huida y escondida toda. Y como no sembraban,
con tanta hambre, se mantenían con cortezas de árboles y raíces.
De esta hambre a nosotros alcanzaba parte en todo este camino,
porque mal nos podían ellos proveer estando tan desventurados,
que parecía que se querían morir. Trajéronnos mantas de las
que habían escondido por los cristianos, y diéronnoslas, y aun
contáronnos cómo otras veces habían entrado los cristianos por
la tierra, y habían destruido y quemado los pueblos, y llevado
la mitad de los hombres y todas las mujeres y muchachos, y
que los que de sus manos se habían podido escapar andaban
huyendo.380 Como los veíamos tan atemorizados, sin osar parar
en ninguna parte, y que ni querían ni podían sembrar ni labrar
la tierra, antes estaban determinados de dejarse morir, y que esto
tenían por mejor que esperar y ser tratados con tanta crueldad
como hasta allí, y mostraban grandísimo placer con nosotros,
aunque temimos que, llegados a los que tenían la frontera con
los cristianos y guerra con ellos, nos habían de maltratar y hacer
que pagásemos lo que los cristianos contra ellos hacían. Mas
como Dios nuestro Señor fue servido de traernos hasta ellos,
comenzáronnos a temer y acatar como los pasados y aun algo más,
de que no quedamos poco maravillados, por donde claramente
se ve que estas gentes todas, para ser atraídas a ser cristianos y
a obediencia de la imperial majestad, han de ser llevados con
buen tratamiento, y que éste es camino muy cierto, y otro no.381
380 Estos hechos fueron perpetrados por el conquistador Nuño Beltrán
de Guzmán (1490-1544). Fue nombrado, en 1528, gobernador de la provincia
del Pánuco y presidente de la Real Audiencia de México para terminar con
los abusos de los conquistadores de Nueva España. En 1529, organizó una
expedición de conquista hacia el noroeste de México que duró siete años y que
es recordada como una de las más brutales de la Historia de la conquista de
América: arrasó varios pueblos y torturó y ejecutó, entre otros, al caltzontzin
(gobernante) michoacano Tangáxoan Tzíntzicha, el más rico de México
después de Moctezuma. Fue deportado, juzgado y preso en España en 1539.
Se dice que murió muy pobre, todavía preso, en 1544.
381 Esta frase hace afirmar a Rolena Adorno (1993) que, en esta última
versión de Naufragios publicada en 1555, tuvo mucho peso el pensamiento
de fray Bartolomé de las Casas, quien, en 1537, escribió uno de sus libros
fundamentales: Del único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión.
El llamado “defensor de los indios” propuso en esta obra ciertas bases para la
evangelización pacífica y la atracción de los indios a la fe cristiana. Podríamos
agregar que también influyeron los antecedentes y la repercusión que tuvo el
Debate de Valladolid (1550-1551) entre Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda
en el que se discutió acerca del derecho a la soberanía de la Corona española
163
Estos nos llevaron a un pueblo382 que está en un cuchillo de una
sierra, y se ha de subir a él por grande aspereza; y aquí hallamos
mucha gente que estaba junta, recogidos por miedo de los
cristianos. Recibiéronnos muy bien, y diéronnos cuanto tenían,
y diéronnos más de dos mil cargas de maíz, que dimos a aquellos
miserables y hambrientos que hasta allí nos habían traído. Y otro
día despachamos de allí cuatro mensajeros por la tierra como lo
acostumbrábamos hacer, para que llamasen y convocasen toda la
más gente que pudiesen, a un pueblo que está a tres jornadas de
allí. Y hecho esto, otro día nos partimos con toda la gente que
allí estaba, y siempre hallábamos rastro y señales adonde habían
dormido cristianos, y a mediodía topamos nuestros mensajeros,
que nos dijeron que no habían hallado gente, que toda andaba
por los montes, escondidos huyendo, porque los cristianos no los
matasen e hiciesen esclavos;383 y que la noche pasada habían visto
a los cristianos estando ellos detrás de unos árboles mirando lo
que hacían, y vieron cómo llevaban muchos indios en cadenas; y
de esto se alteraron los que con nosotros venían, y algunos de ellos
se volvieron para dar aviso por la tierra cómo venían cristianos, y
mucho más hicieran esto si nosotros no les dijéramos que no lo
hiciesen ni tuviesen temor; y con esto se aseguraron y holgaron
mucho. Venían entonces con nosotros indios de cien leguas de allí,
y no podíamos acabar con ellos que se volviesen a sus casas; y por
asegurarlos dormimos aquella noche allí, y otro día caminamos
y dormimos en el camino. Y el siguiente día, los que habíamos
enviado por mensajeros nos guiaron adonde ellos habían visto
los cristianos; y llegados a la hora de vísperas, vimos claramente
que habían dicho la verdad, y conocimos la gente que era de a
caballo por las estacas en que los caballos habían estado atados.
Desde aquí, que se llama el río Petután,384 hasta el río donde llegó
sobre las Indias y acerca de la naturaleza humana del indio.
382 Quizás, se trate del pueblo de San José de las Delicias en las sierras al
noroeste de Sinaloa.
383 Esta imagen (junto con el superlativo “crudelísima” que aparece
unas líneas más abajo) contiene marcadas resonancias lascasianas. La obra
narrativa del fraile suele describir a los indios dispersos en los montes como
animales salvajes, por causa y culpa de las matanzas brutales que perpetraron
los conquistadores españoles en las villas de los nativos.
384 Núñez lo identifica con el río Petatlán (o Petatán) o río Sinaloa.
164
Diego de Guzmán,385 puede haber hasta él, desde donde supimos
de cristianos, ochenta leguas; y desde allí al pueblo donde nos
tomaron las aguas, doce leguas; y desde allí hasta la mar del Sur
había doce leguas. Por toda esta tierra386 donde alcanzan sierras
vimos grandes muestras de oro y alcohol, hierro, cobre y otros
metales. Por donde están las casas de asiento es caliente; tanto,
que por enero hace gran calor. Desde allí hacia el mediodía de la
tierra, que es despoblada hasta la mar del Norte, es muy desastrosa
y pobre, donde pasamos grande e increíble hambre. Y los que por
aquella tierra habitan y andan es gente crudelísima y de muy mala
inclinación y costumbres. Los indios que tienen casa de asiento,
y los de atrás, ningún caso hacen de oro y plata, ni hallan que
pueda haber provecho de ello.
165
Capítulo XXXIII
Cómo vimos rastro de cristianos
166
tomar indios, y que no había por donde ir, porque entre ellos
comenzaba a haber necesidad y hambre. Yo le dije cómo atrás
quedaban Dorantes y Castillo, que estaban diez leguas de allí,
con muchas gentes que nos habían traído; y él envió luego tres
de caballos y cincuenta indios de los que ellos traían; y el negro
volvió con ellos para guiarlos, y yo quedé allí, y pedí que me
diesen por testimonio el año y el mes y día que allí había llegado,
y la manera en que venía, y así lo hicieron. De este río hasta San
Miguel,390 que es de la gobernación de la provincia que dicen la
Nueva Galicia, hay treinta leguas.
167
Capítulo XXXIV
De cómo envié por los cristianos
168
y entre ellas las cinco de las esmeraldas, que no se nos acordó de
ellas;396 y así, las perdimos. Dimos a los cristianos muchas mantas
de vaca y otras cosas que traíamos; vímonos con los indios en
mucho trabajo porque se volviesen a sus casas y se asegurasen y
sembrasen su maíz. Ellos no querían sino ir con nosotros hasta
dejarnos, como acostumbraban, con otros indios; porque si se
volviesen sin hacer esto, temían que se morirían; que para ir con
nosotros no temían a los cristianos ni a sus lanzas. A los cristianos
les pesaba de esto, y hacían que su lengua les dijese que nosotros
éramos de ellos mismos, y nos habíamos perdido mucho tiempo
había, y que éramos gente de poca suerte y valor, y que ellos eran
los señores de aquella tierra, a quien habían de obedecer y servir.
Mas todo esto los indios tenían en muy poco o nada de lo que
les decían; antes, unos con otros entre sí platicaban, diciendo que
los cristianos mentían, porque nosotros veníamos de donde salía
el sol, y ellos donde se pone;397 y que nosotros sanábamos los
enfermos y ellos mataban los que estaban sanos; y que nosotros
veníamos desnudos y descalzos, y ellos vestidos y en caballos
y con lanzas; y que nosotros no teníamos codicia de ninguna
cosa, antes todo cuanto nos daban tornábamos luego a dar, y
con nada nos quedábamos, y los otros no tenían otro fin sino
robar todo cuanto hallaban, y nunca daban nada a nadie.398 Y de
esta manera relataban todas nuestras cosas y las encarecían, por
el contrario, de los otros; y así les respondieron a la lengua de los
cristianos, y lo mismo hicieron saber a los otros por una lengua
que entre ellos había, con quien nos entendíamos, y aquellos que
la usan llamamos propiamente primahaitu, que es como decir
vascongados,399 la cual, más de cuatrocientas leguas de las que
169
anduvimos, hallamos usadas entre ellos, sin haber otra por todas
aquellas tierras. Finalmente, nunca pudo acabar con los indios
creer que éramos de los otros cristianos, y con mucho trabajo e
importunación les hicimos volver a sus casas, y les mandamos que
se asegurasen, y asentasen sus pueblos, y sembrasen y labrasen la
tierra,400 que, de estar despoblada, estaba ya muy llena de monte;
la cual sin duda es la mejor de cuantas en estas Indias hay, y más
fértil y abundosa de mantenimientos, y siembran tres veces en el
año. Tienen muchas frutas y muy hermosos ríos, y otras muchas
aguas muy buenas. Hay muestras grandes y señales de minas de
oro y plata; la gente de ella es muy bien acondicionada; sirven a
los cristianos (los que son amigos) de muy buena voluntad. Son
muy dispuestos, mucho más que los de Méjico, y, finalmente, es
tierra que ninguna cosa le falta para ser muy buena.401
Despedidos los indios, nos dijeron que harían lo que
mandábamos, y asentarían sus pueblos si los cristianos los
dejaban; y yo así lo digo y afirmo por muy cierto, que si no lo
hicieren será por culpa de los cristianos.
Después que hubimos enviado a los indios en paz, y
regraciándoles el trabajo que con nosotros habían pasado,
los cristianos nos enviaron, debajo de cautela, a un Cebreros,
alcalde, y con él otros dos, los cuales nos llevaron por los montes
y despoblados, por apartarnos de la conversación de los indios, y
porque no viésemos ni entendiésemos lo que de hecho hicieron;
donde parece cuánto se engañan los pensamientos de los
hombres, que nosotros andábamos a les buscar libertad, y cuando
pensábamos que la teníamos, sucedió tan al contrario,402 porque
400 Rolena Adorno, a diferencia de Pupo-Walker (1992), considera
que el mayor logro entre los indios de estos españoles sobrevivientes no es la
conversión a la fe cristiana sino la pacificación del territorio bajo dominación
española, que llama “milagro de la pacificación de los pueblos” (1993: 345).
401 La representación del paisaje americano, en este punto, sigue
esencialmente los lineamientos del paraje ameno (locus amoenus): paisaje
hermoso, sus elementos principales son un árbol (o varios), un prado y una
fuente o arroyo; a ellos pueden añadirse un canto de aves, unas flores y, aún
más, el soplo de la brisa (véase esta definición en E. R. Curtius 1955: 280).
En relación con el paisaje americano, los cronistas de Indias suelen reformular
el tópico condicionados por los intereses de toda España puestos sobre las
Indias: el paisaje paradisíaco es, además, productivo por su fertilidad y por su
abundancia de metales preciosos, y el nativo o natural de la tierra es bondadoso
e inclinado a recibir el dogma cristiano.
402 Cabeza de Vaca no los explicita, pero, en esta oportunidad, él y sus
170
tenían acordado de ir a dar en403 los indios que enviábamos
asegurados y de paz.404 Y así como lo pensaron, lo hicieron;
lleváronnos por aquellos montes dos días, sin agua, perdidos y
sin camino, y todos pensamos perecer de sed, y de ella se nos
ahogaron siete hombres, y muchos amigos que los cristianos
traían consigo405 no pudieron llegar hasta otro día a mediodía
adonde aquella noche hallamos nosotros el agua. Y caminamos
con ellos veinte y cinco leguas, poco más o menos, y al fin de ellas
llegamos a un pueblo de indios de paz, y el alcalde que nos llevaba
nos dejó allí, y él pasó adelante otras tres leguas a un pueblo que
se llamaba Culiacán, adonde estaba Melchor Díaz,406 alcalde
mayor y capitán de aquella provincia.
171
Capítulo XXXV
De cómo el alcalde mayor nos recibió bien la noche que
llegamos
172
muchas cosas. Y con estos indios mandamos a otros del pueblo,
que juntamente fuesen y llamasen los indios que estaban por las
sierras alzados, y los del río de Petaan,408 donde habíamos hallado a
los cristianos, y que les dijesen que viniesen a nosotros, porque les
queríamos hablar. Y para que fuesen seguros, y los otros viniesen,
les dimos un calabazo de los que nosotros traíamos en las manos
(que era nuestra principal insignia y muestra de gran estado), y
con éste ellos fueron y anduvieron por allí siete días, y al fin de
ellos vinieron, y trajeron consigo tres señores de los que estaban
alzados por las sierras, que traían quince hombres, y nos trajeron
cuentas y turquesas y plumas, y los mensajeros nos dijeron que
no habían llamado a los naturales del río donde habíamos salido,
porque los cristianos los habían hecho otra vez huir a los montes.
Y el Melchor Díaz dijo a la lengua que de nuestra parte les hablase
a aquellos indios, y les dijese como venía de parte de Dios, que
está en el cielo, y que habíamos andado por el mundo muchos
años, diciendo a toda la gente que habíamos hallado que creyesen
en Dios y lo sirviesen, porque era Señor de todas cuantas cosas
había en el mundo, y que él daba galardón y pagaba a los buenos,
y pena perpetua de fuego a los malos; y que cuando los buenos
morían, los llevaba al cielo, donde nunca nadie moría, ni tenían
hambre, ni frío, ni sed, ni otra necesidad ninguna, sino la mayor
gloria que se podría pensar; y que los que no le querían creer ni
obedecer sus mandamientos, los echaba debajo de la tierra en
compañía de los demonios y en gran fuego, el cual nunca se había
de acabar, sino atormentarlos para siempre; y que allende de
esto, si ellos quisiesen ser cristianos y servir a Dios de la manera
que les mandásemos, que los cristianos tendrían por hermanos
y los tratarían muy bien, y nosotros les mandaríamos que no
les hiciesen ningún enojo ni los sacasen de sus tierras, sino que
fuesen grandes amigos suyos; mas que si esto no quisiesen hacer,
los cristianos los tratarían muy mal, y se los llevarían por esclavos
a otras tierras.409 A esto respondieron a la lengua que ellos serían
408 El Sinaloa.
409 Núñez, por boca de Melchor Díaz, reproduce aquí un resumen de lo
expresado en el texto del Requerimiento redactado por Juan López de Palacios
Rubio en 1514 que debía leerse ante los indios como protocolo, propuesta y
advertencia. Sus temas eran: el poder del Dios creador, que heredan el Papa y,
a través de él, el emperador; el anhelo de reconocimiento de sus autoridades
173
muy buenos cristianos, y servirían a Dios; y preguntados en qué
adoraban y sacrificaban, y a quién pedían el agua para sus maizales
y la salud para ellos, respondieron que a un hombre que estaba
en el cielo. Preguntámosles cómo se llamaba y dijeron que Aguar,
y que creían que él había criado todo el mundo y las cosas de él.
Tornámosles a preguntar cómo sabían esto, y respondieron que
sus padres y abuelos se lo habían dicho, que de muchos tiempos
tenían noticia de esto, y sabían que el agua y todas las buenas
cosas las enviaba Aquél. Nosotros les dijimos que Aquél que ellos
decían, nosotros lo llamábamos Dios, y que así lo llamasen ellos,
y lo sirviesen y adorasen como mandábamos, y ellos se hallarían
muy bien de ello.410 Respondieron que todo lo tenían muy bien
entendido, y que así lo harían. Y mandámosles que bajasen de
las sierras, y viniesen seguros y en paz, y poblasen toda la tierra,
e hiciesen sus casas, y que entre ellas hiciesen una para Dios, y
pusiesen a la entrada una cruz como la que allí teníamos, y que
cuando viniesen allí los cristianos, los saliesen a recibir con las
cruces en las manos, sin los arcos y sin las armas, y los llevasen
a sus casas, y les diesen de comer de lo que tenían, y por esta
manera no les harían mal, antes serían sus amigos. Y ellos dijeron
que así lo harían como nosotros lo mandábamos; y el capitán
les dio mantas y los trató muy bien; y así se volvieron, llevando
los dos que estaban cautivos y habían ido por mensajeros. Esto
pasó en presencia del escribano que allí tenían y otros muchos
testigos.411
174
Capítulo XXXVI
De cómo hicimos hacer iglesias en aquella tierra
175
lo que tenían, y durmieron con ellos allí aquella noche.
Espantados de tal novedad, y de que los indios les dijeron
cómo estaban ya asegurados, mandó que no les hiciesen mal, y así
se despidieron. Dios nuestro Señor por su infinita misericordia,
quiera que en los días de Vuestra Majestad y debajo de vuestro
poder y señorío, estas gentes vengan a ser verdaderamente y con
entera voluntad sujetas al verdadero Señor que las crió y redimió.
Lo cual tenemos por cierto que así será, y que Vuestra Majestad
ha de ser el que lo ha de poner en efecto (que no será difícil de
hacer); porque dos mil leguas que anduvimos por tierra y por la
mar en las barcas, y otros diez meses que después de salidos de
cautivos, sin parar, anduvimos por la tierra, no hallamos sacrificios
ni idolatría.416 En este tiempo travesamos de una mar a otra, y por
la noticia que con mucha diligencia alcanzamos a entender, de
una costa a la otra, por lo más ancho, puede haber doscientas
leguas y alcanzamos a entender que en la costa del sur hay perlas
y muchas riquezas, y que todo lo mejor y más rico está cerca de
ella. En la villa de San Miguel estuvimos hasta quince días del
mes de mayo;417 la causa de detenernos allí tanto fue porque de
allí hasta la ciudad de Compostela, donde el gobernador Nuño
de Guzmán residía, hay cien leguas y todas son despobladas y
de enemigos, y hubieron de ir con nosotros gente, con que iban
veinte de caballo, que nos acompañaron hasta cuarenta leguas; y
de allí adelante vinieron con nosotros seis cristianos, que traían
quinientos indios hechos esclavos. Y llegados en Compostela, el
gobernador nos recibió muy bien, y de lo que tenía nos dio de
vestir; lo cual yo por muchos días no pude traer, ni podíamos
dormir sino en el suelo;418 y pasados diez o doce días partimos
para Méjico, y por todo el camino fuimos bien tratados de los
cristianos, y muchos nos salían a ver por los caminos y daban
gracias a Dios de habernos librado de tantos peligros. Llegamos
a Méjico domingo, un día antes de la víspera de Santiago,419
416 Junto con la idolatría, el tema del sacrificio humano como ofrenda a
los ídolos era también causa de guerra justa para protección de las víctimas.
417 De 1536.
418 En estas costumbres, estos hombres llevan las marcas de la otredad:
la desnudez y el sedentarismo.
419 El 25 de julio de 1536.
176
donde del virrey420 y del marqués del Valle421 fuimos muy bien
tratados y con mucho placer recibidos, y nos dieron de vestir y
ofrecieron todo lo que tenían, y el día de Santiago hubo fiesta y
juego de cañas y toros.
177
Capítulo XXXVII
De lo que aconteció cuando me quise venir
178
a la gente que en ella anda, y toda una noche nos tuvimos
por perdidos, y plugo a Dios que, venida la mañana, cesó la
tormenta y seguimos nuestro camino.427 A cabo de veinte y
nueve días que partimos de La Habana habíamos andado mil y
cien leguas que dicen que hay de allí hasta el pueblo de Azores.428
Y pasando otro día por la isla que dicen del Cuervo,429 dimos
con un navío de franceses a hora de mediodía; nos comenzó a
seguir con una carabela que traía tomada de portugueses y nos
dieron caza, y aquella tarde vimos otras nueve velas, y estaban tan
lejos, que no pudimos conocer si eran portuguesas o de aquellos
mismos que nos seguían, y cuando anocheció estaba el francés
a tiro de lombarda de nuestro navío; y desde que fue obscuro,
hurtamos la derrota por desviarnos de él; y como iba tan junto
de nosotros, nos vio y tiró la vía de nosotros, y esto hicimos tres
o cuatro veces; y él nos pudiera tomar si quisiera, sino que lo
dejaba para mañana. Plugo a Dios que cuando amaneció nos
hallamos el francés y nosotros juntos, y cercados de las nueve
velas que he dicho que a la tarde antes habíamos visto, las cuales
conocíamos ser de la armada de Portugal, y di gracias a nuestro
Señor por haberme escapado de los trabajos de la tierra y peligros
de la mar. Y el francés como conoció ser el armada de Portugal,
soltó la carabela que traía tomada, que venía cargada de negros,
la cual traía consigo para que creyésemos que eran portugueses
y la esperásemos; y cuando la soltó dijo al maestre piloto de ella
que nosotros éramos franceses y de su conserva; y como dijo esto,
metió sesenta remos en su navío; y así, a remo y a vela, se comenzó
a ir, y andaba tanto, que no se puede creer. Y la carabela que soltó
se fue al galeón,430 y dijo al capitán que el nuestro navío y el otro
eran de franceses; y como nuestro navío arribó al galeón, y como
toda la armada veía que íbamos sobre ellos teniendo por cierto que
427 Las tormentas de este capítulo y del primero enmarcan el relato y
señalan claramente los pasajes de una cultura a otra. Luisa Pranzetti (1993)
estima que los naufragios son la puerta que separa un “espacio de naturaleza”
de uno “de cultura”.
428 Se refiere, desde ya, al archipiélago de las Azores en la costa africana.
Pertenecían ya en ese entonces a la Corona portuguesa.
429 La isla de Corvo es la isla más pequeña del archipiélago de las Azores.
430 Galeón: llaman también a los navíos destinados en España para el
comercio y viajes del Perú: son unos bateles grandes de carga. (DAut 1734:
8-1).
179
éramos franceses, se pusieron a punto de guerra y vinieron sobre
nosotros, y llegados cerca, les salvamos.431 Conocido que éramos
amigos; se hallaron burlados, por habérseles escapado aquel
corsario con haber dicho que éramos franceses y de su compañía.
Y así fueron cuatro carabelas tras él; y llegado a nosotros el galeón,
después de haberles saludado, nos preguntó el capitán, Diego de
Silveira, que de dónde veníamos y qué mercadería traíamos; y le
respondimos que veníamos de la Nueva España, y que traíamos
plata y oro. Y preguntónos qué tanto sería; el maestro le dijo que
traería trescientos mil castellanos.432 Respondió el capitán: «Boa
fe que venis muito ricos, pero trazedes muy ruin navio y muito ruin
artilleria, ¡o fi de puta! can a renegado francés, y que bon bocado
perdio, vota Deus. Ora sus pos vos abedes escapado, seguime e non vos
apartedes de mi, que con ayuda de Deus, eu voz porné en Castela».433
Y dende a poco volvieron las carabelas que habían seguido tras el
francés, porque les pareció que andaba mucho, y por no dejar el
armada, que iba en guarda de tres naos que venían cargadas de
especiería.434 Y así llegamos a la isla Tercera,435 donde estuvimos
reposando quince días, tomando refresco436 y esperando otra
nao que venía cargada de la India, que era la conserva de las tres
naos que traía el armada. Y pasados los quince días, nos partimos
de allí con el armada, y llegamos al puerto de Lisbona437 a 9 de
431 Salvar: vale asimismo por evitar algún inconveniente, impedimento,
dificultad o riesgo. (DAut 1739: 34-1)
432 Castellano: especie de moneda de oro de valor de 480 ó 485 maravedís.
(DAut 1729: 221-2)
433 Parlamento pintoresco supuestamente transcripto en lengua
portuguesa muy castellanizada, sobre todo en su ortografía. El habla mezcla de
portugués y de castellano contaminados entre sí era muy común en la época,
por la gran cantidad de interacciones entre ambas naciones.
434 Este episodio de corsarios franceses y portugueses que la nave
española evita tiene mucho de verosímil, puesto que, en la zona de las islas
Azores, las embarcaciones piratas, provenientes de diferentes rutas marítimas,
atacaban constantemente a las armadas comerciantes en su entrada a Europa.
Sin embargo, también tiene mucho de ficción imaginativa en su apariencia.
Como señala Pupo-Walker (1992: 310), la literatura de aventuras, secuestros y
rescates era común en los populares géneros de la narrativa breve italiana de la
época y en la novela bizantina del Renacimiento.
435 La isla Terceira también forma parte de las Azores.
436 Refresco: alimento moderado o reparo (resguardo) que se toma para
fortalecerse y continuar en el trabajo o fatiga. (DAut 1737: 539-1)
437 Lisboa.
180
agosto,438 víspera del señor San Laurencio, año de 1537 años. Y
porque es así la verdad, como arriba en esta relación digo, lo firmé
de mi nombre, Cabeza de Vaca. -Estaba firmada de su nombre, y
con el escudo de sus armas, la Relación donde éste se sacó.439
438 De 1537.
439 Esta fórmula de cierre del capítulo evidencia la intervención de otra
voz secreta en la escritura, probablemente un escribano o amanuense. La
mayoría de lo narrado aquí no aparece en la versión del cronista Oviedo, lo
que implica que, probablemente, haya sido una inserción posterior del autor
con la que pensaba finalizar su crónica.
181
Capítulo XXXVIII
De lo que sucedió a los demás que entraron en las Indias
182
de Hornachos441 se lo había dicho, lo cual antes que partiésemos
de Castilla nos lo había a nosotros dicho, y nos había sucedido
todo el viaje de la misma manera que ella nos había dicho.442 Y
después de haber dejado el gobernador por su teniente y capitán
de todos los navíos y gente que allí dejaba a Carvallo, natural de
Cuenca, de Huete, nosotros nos partimos de ellos, dejándoles el
gobernador mandado que luego en todas maneras se recogiesen
todos los navíos y siguiesen su viaje derecho la vía del Pánuco, y
yendo siempre costeando la costa y buscando lo mejor que ellos
pudiesen el puerto, para que en hallándolo parasen en él y nos
esperasen. En aquel tiempo que ellos se recogían en los navíos,
dicen que aquellas personas que allí estaban vieron y oyeron todos
muy claramente cómo aquella mujer dijo a las otras que, pues sus
maridos entraban por la tierra adentro y ponían sus personas en
tan gran peligro, no hiciesen en ninguna manera cuenta de ellos;
y que luego mirasen con quién se habían de casar, porque ella así
lo había de hacer, y así lo hizo; que ella y las demás se casaron y
amancebaron con los que quedaron en los navíos; y después de
partidos de allí los navíos, hicieron vela y siguieron su viaje, y
no hallaron el puerto adelante y volvieron atrás. Y cinco leguas
más abajo de donde habíamos desembarcado hallaron el puerto,
que entraba siete u ocho leguas la tierra adentro, y era el mismo
que nosotros habíamos descubierto,443 adonde hallamos las cajas
de Castilla que atrás se ha dicho, a donde estaban los cuerpos
de los hombres muertos, los cuales eran cristianos.444 Y en este
441 Hornachos, en la provincia de Badajoz, era, en el siglo XVI, una
región muy poblada de moriscos y de judíos conversos, entre los que se
suponía la existencia de nigrománticos. Pupo-Walker (1992: 138) reconoce,
en este personaje, el linaje de las celestinas literarias, de larga tradición desde
Virgilio a Cervantes.
442 El relato presenta nuevamente una estructura de “cajas chinas” en
la que se multiplican los enunciadores, lo que otorga un tono legendario.
Este estilo se complementa con el tema: un nuevo presagio fatídico e
inesperado (elemento tópico literario como los de los primeros capítulos), que
aparentemente habría predicho todos los naufragios y padecimientos que iban
a suceder. Con esto, se cierra la estructura profética, de espesor ficcional, que
se incrementa en los bordes del relato en desmedro de los “hechos de verdad”
concentrados, en cambio, en los capítulos centrales.
443 Se refiere a la bahía de Tampa en la Florida.
444 Esta recapitulación, hacia el final, de los incidentes de los primeros
183
puerto y esta costa anduvieron los tres navíos y el otro que vino
de La Habana y el bergantín buscándonos cerca de un año; y
como no nos hallaron, fuéronse a la Nueva España. Este puerto
que decimos es el mejor del mundo, y entra en la tierra adentro
siete u ocho leguas, y tiene seis brazas a la entrada y cerca de
tierra tiene cinco, y es lama el suelo de él, y no hay mar dentro
ni tormenta brava, que como los navíos que cabrán en él son
muchos, tiene muy gran cantidad de pescado. Está cien leguas de
La Habana, que es pueblo de cristianos en Cuba, y está a norte
sur con este pueblo, y aquí reinan las brisas siempre, y van y
vienen de una parte a otra en cuatro días, porque los navíos van
y vienen a cuartel.
Y pues he dado relación de los navíos, será bien que diga
quién son y de qué lugar de estos reinos, los que nuestro Señor
fue servido de escapar de estos trabajos. El primero es Alonso
del Castillo Maldonado, natural de Salamanca, hijo del doctor
Castillo y de doña Aldonza Maldonado. El segundo es Andrés
Dorantes, hijo de Pablo Dorantes, natural de Béjar y vecino de
Gibraleón. El tercero es Álvar Núñez Cabeza de Vaca, hijo de
Francisco de Vera y nieto de Pedro de Vera, el que ganó a Canaria,
y su madre se llamaba doña Teresa Cabeza de Vaca, natural de
Jerez de la Frontera. El cuarto se llama Estebanico; es negro
alárabe, natural de Azamor.
DEO GRACIAS
184
el océano atlántico
Por pierre de va ulx, 1613
Dossier
El Naufragio: alteridad e identidad cultural*
Elena Altuna
*El artículo fue publicado en Andando más más se sabe. Convengo Internazionale
“La scoperta dell’ America e la cultura italiana”. A cura di Pier Luigi Crovetto.
Consiglio Nazionale delle Richerche – Università di Genova. Roma: Bulzoni
Editore, 1994: 325-334.
1 Antonello Gerbi: La naturaleza de las Indias Nuevas. Trad. de Antonio
Alatorre, México, FCE, 1978, p. 301.
2 Para un desarrollo en muchos aspectos coincidentes, confrontar el
iluminador trabajo de Pier Luigi Crovetto, Raúl Crisafio y Ernesto Franco: “El
naufragio en el Nuevo Mundo: de la escritura formulizada a la prefiguración
de lo novelesco”. En Amerique Latine / Europe. Contacts / Echanges / Lectures.
Actes du Premier Colloque International du C.R.E.C.I.F. Número spécial du
Palinure, 1985-1986, pp. 30-41.
191
exigencia: la de la escritura ofrecida como servicio “no visto”.
En el extremo opuesto, el naufragio se convertirá en metáfora
de las pruebas enviadas por la divinidad; ello ocurre cuando no
habiendo existido la posibilidad de contacto con otra cultura,
el náufrago mantiene su identidad ideológica, lo que refuerza
entonces los valores españoles y cristianos.3 Nos proponemos
efectuar una somera recorrida por algunos de los textos que dan
cuenta del naufragio como crisis de identidad cultural, figura ésta
que pervive en el imaginario social a través de variantes como la
frontera o la marginalidad.4
1- López de Gómara
192
na gana el trabajo y el dinero”.5 Jefe, rey y Dios conforman la tríada
positiva, de modo tal que la consolidación de la imagen del conquis-
tador se sustenta, a manera de anillos concéntricos, en las otras dos.
Tales imágenes, en tanto valencias máximas, legitiman el enunciado
que, por un momento, queda a cargo de Cortés. Ese hacer persuasivo
de la “Oración”, que busca su efecto en los soldados, a quienes “les
parecía ir, no a guerra, sino a victoria y presa cierta.” (p.25), se focali-
za más tarde en los nativos y está dirigido a lograr una comunicación
efectiva. Es precisamente dentro del marco comunicativo deficiente,
donde se advierte la necesidad de un “intérprete”; Hernán Cortés,
considerando cuánto le importaría tener buen faraute para entender
y ser entendido, rogó al Calachumi le diese alguien que llevase una
carta a los barbudos que decían.” (p. 28); nuevamente se cede paso
en el texto a la voz de Cortés, mediante la transcripción de la carta
dirigida a los náufragos. Llegado Aguilar a la isla, la escena siguiente
es prácticamente similar a todos los relatos de reconocimiento. Dos
o tres signos permiten que el náufrago, desprendiéndose del otro
indiferenciado, se identifique con los españoles:
193
comienzo, le ha sido adjudicada a Aguilar, esto es, la de “lengua”. El
relato que a continuación hace el intérprete de su peripecia, consti-
tuye el reverso infortunado de la “Oración” triunfalista de Cortés,
pero ambos se fundan en una misma axiología. Desde esa posición,
Aguilar “habla” e interpreta la actitud del otro náufrago, Guerrero,
cuyo nombre desaparecerá inmediatamente:
194
pez de Gómara.7 No sólo hay una mayor abundancia de detalles,
dado que ha presenciado el suceso, sino que también, desde el punto
de vista de la elaboración del relato, la exposición es graduada por
medio de fórmulas prolépticas y analépticas8 que permiten la capta-
ción de acciones simultáneas en espacios diferentes, lo que mantiene
el suspenso y dota de dramatismo al episodio. Asistimos primero al
envío de las cartas y el rescate, luego al encuentro entre Aguilar y
Guerrero, en el cap. XVII, retomándose el episodio en el cap. XIX,
con la llegada de Aguilar a la isla. El reconocimiento del náufrago
demora en producirse, ya que “...ni más ni menos era que indio” (p.
69). Sólo cuando dificultosamente dice “Dios y Santamaría e Sevi-
lla”, se lo identifica, aunque su apariencia no permita distinguirlo
de los indígenas. Cortés no se comunica con él sino cuando “...le
mandó dar de vestir camisa y jubón y zaragüelles y caperuza y alpar-
gatos, que otros vestidos no había, y le preguntó de su vida, y cómo
se llamaba...” (pp. 69-70). El interdicto opera, en este caso, sobre el
cuerpo del otro, cuerpo que anula la palabra momentáneamente, ha-
ciendo prevalecer lo indeterminado. Recuperada la identidad cultu-
ral con la vestimenta, el náufrago puede, ahora, asumir la identidad
individual del nombre.
Ahora bien, la figura de Guerrero mantenía ciertas valencias
positivas hasta este momento, ya que de su respuesta a Aguilar (cap.
XVII) se infería una posición hegemónica entre los indígenas, así
como la conservación de rasgos morales y religiosos de su anterior
7 Bernal Díaz lo aclara explícitamente: “Y desta manera que he dicho
se hubo Aguilar, y no de otra, como lo escribe el coronista Gomara, y no
me maravillo, pues lo que dice es por nuevas”. En: Bernal Díaz del Castillo:
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1568). Madrid: Espasa
Calpe, 1968, p. 70. Para un análisis de los “proyectos” escriturarios de López
de Gómara y Bemal Díaz, cfr. Hernández Sánchez Barba, Mario. Historia y
literatura en Hispano-América (1492-1820). Madrid: Castalia, 1978, pp. 45-
56.
8 “Y dejaré esto e diré que...”; “Donde lo dejaré, así de los marineros
como esto del Aguilar”; “Y dejemos de hablar en ello, y diré como lo supo el
español que estaba en poder de indios...”. En: Díaz del Castillo, Bernal. Ibid.,
pp. 67-69. Citamos por esta edición.
195
cultura: “Yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique
y capitán cuando hay guerra; íos con dios...” (p. 66). Esta positivi-
dad, sin embargo, queda anulada poco después, cuando Aguilar,
el náufrago rescatado, se posicione como tal por oposición a
Guerrero, a quien se le atribuye el ser “...el inventor (de) que
nos diesen la guerra que nos dieron...” (p. 70). De este modo, se
certifica la traición y el definitivo enfrentamiento de Guerrero
con el bando español. A la transformación del cuerpo (“yo tengo
labrada la cara y horadadas las orejas...”), se le suma la negación de su
ser moral: “En verdad que le querría haber a las manos, porque jamás
será bueno.” (p. 70), dice Cortés. En la versión de Bernal Díaz,
ambos náufragos constituyen el anverso y reverso de una misma
realidad; la reinserción de Aguilar en el espacio institucionalizado
(en la legalidad que el texto propone) requiere la expulsión y
anulación de Guerrero.9
196
cual suplico la resciba en nombre de servicio, pues éste solo es el
que un hombre que salió desnudo pudo sacar consigo.”12, peticio-
na en el Prohemio dirigido al rey.
La diferencia entre este texto y los de Gómara y Bernal
Díaz se funda —obviamente— en el hecho de que es ahora el
propio sujeto de la peripecia quien toma la voz para afirmar una
identidad que sobrevive a la errancia y a la permanencia en cultu-
ras diferentes durante años. El texto de Alvar Núñez parece pro-
poner una lectura inversa de los valores que sostienen a los otros
textos; más precisamente, los núcleos generadores de la escritura
se fundan en aquello que los otros textos niegan: la insistencia
en la desnudez, el sufrimiento del cuerpo sometido al hambre y
a las inclemencias del tiempo, !a antropofagia (“...y cinco chris-
tianos que estavan en rancho en la costa llegaron a tal estremo
que se comieron los unos a los otros hasta que quedó uno solo,
que por ser solo no huvo quien lo comiesse.”, p. 102). Estos in-
contables padecimientos se metaforizan en el “naufragio” como
quiebra de vectores culturales, insinuada a lo largo del texto: la
cobardía e ineptitud del jefe de la armada, Phanfilo de Narváez,
el desengaño sufrido ante la conducta equívoca de los españoles,
al reingresar a su cultura al cabo del peregrinaje.
Sin embargo, la identidad cultural del náufrago se afirmará
(en contraposición con la pérdida de ciertos valores) mediante
procedimientos como la bimembración (“La manera que ellos
tienen en curarse es ésta.../La manera con que nosotros curamos
era santiguándolos...”, p.105), la distancia oscilante producida
por el uso de los pronombres personales yo-nosotros-ellos, que al
semantizarse en el texto se tornan polivalentes (“...y que nosotros
veníamos desnudos y descalços y ellos vestidos y en cavallos y con
lanços, y que nosotros no teníamos cobdicia de ninguna cosa...”,
197
p. 161). Es entonces la identidad cultural que se va reconstruyen-
do a medida que la escritura avanza, la que se ofrece en el Prohe-
mio como “servicio” que aspira al reconocimiento.
198
relato en la tradición del “ejemplo” y del “caso de fortuna”.16
El propósito didáctico-moralizante, acentuado por la pre-
sencia del milagro y, por lo tanto, de lo imitable, actitud que
caracteriza a la hagiografía como “forma simple”, unido al rol
del cronista que testimonia lo visto y lo vivido, hacen de “esta
verdadera narración colmada de milagros” un aviso de fortuna,
un espejo de enseñanza para el cristiano. El hecho de que las na-
rraciones de naufragios sean calificadas como ejemplos o casos nos
permite advertir el punto en que la catástrofe textualizada en las
relaciones coincidirá con la actualización de tipos literarios de
antigua tradición, lo que naturalmente incide en el tratamiento
de la materia narrada. Así, pues, la estructuración en planos,
constituida por un carril narrativo, esto es, el relato de los nau-
fragios ordenado cronológicamente, y un carril didáctico-mora-
lizante, conformado por enunciados no narrativos que expresan
la axiología del texto, proponen una configuración más elabo-
rada que el relato directo de los “trabajos”. Ello ejemplifica las
transformaciones ejercidas sobre el proyecto inicial de Oviedo,
concebido como historia natural, paulatinamente ganada por el
propósito de mantener la memoria de los hechos notables, para
llegar a construir, finalmente, en el Libro L, una gran metáfora
de signo negativo que enseña por su contrario: la del naufragio.
Para deslindar con mayor precisión 1a función que este suceso
adquiere en el texto de Oviedo, revisaremos brevemente dos re-
latos.
En el cap. III se relata la pérdida de una nave cargada de
pasajeros y mercancías en las costas de Tierra Firme: “E dado assi
16 Nominaciones también presentes en el texto: “Y por todo lo que
tenga dicho deste naufragio avreys entendido quán trabaxada é de poca firmeça
es aquesta vida de los hombres, y en este exemplo podreys entender que lo que
passó por el licençiado Çuaço es un tropheo memorable para aprender los
cuerdos é prudentes á comportar los desastres é casos de fortuna, en que andan
obligados los que viven en la tierra, é los que navegan en la mar...” (p. 72). Para
un estudio del “kasus” y de la hagiografía, cfr. André Jolles: Las formas simples.
Trad. Rosemarie Kempf Titze, Santiago: Ed. Universitaria, 1972.
199
el navio al través, los hombres de la mar que en él yban, como
eran más sueltos y diestros en estas cosas y suelen serles tales he-
chos ó acostumbrados más á su provecho que de los passageros
ni del próximo, assi como vieron que yban perdidos é á dar en la
tierra, sacaron presto la barca de la nao é los remos é lançáronse
en ella, sin dexar entrar con ellos ningun passagero...” (p. 252). Se
produce, así, una primera discordancia en el interior de la nave,
entendida como espacio que reproduce las normas de una cul-
tura: ruptura de la jerarquía, abandono de los lugares asignados,
conversión, por tanto, del espacio en antiespacio.17 Tal inversión
de valores requiere de un reordenamiento, el cual se produce, en
el orden cerrado de la crónica,18 por medio de la sentencia del
autor, regida por el principio de la justicia poética: “E assi como
usaron de fraude y engaño é no tuvieron piedad ni misericordia
con los passageros, é no dieron lugar á que ninguno dellos entras-
se en la barca, é se lo defendieron con las espadas arrincadas, assi
acabaron mal é se perdieron, que nunca despues se supo dellos ni
qué se hicieron.” (p. 253).
Otra prueba mayor espera a los atribulados náufragos, y es
el encuentro con “más de trescientos hombres de guerra”, quienes
los cercan y les preguntan si quieren oro. “Los christianos señala-
ban que querian comer, é por su señas desechaban é no querian el
oro.” (p. 253). Si la escena parece poco probable, no lo es dentro
200
de la lógica del relato, estructurado según el modelo clásico de las
pruebas. Superada de esta manera la prueba de la codicia, resta
la prueba suprema: la de la antropofagia. Nuevamente en el mar,
y a la deriva, un grupo de náufragos echa suertes para dirimir el
orden en que se comerán entre ellos, “Y estando en este trabajo,
quiso Nuestro Señor que vieran la nao ques dicha...” (p. 256). Se
instaura de esta manera un equilibrio entre el suceso, ocurrido
efectivamente y certificado por el historiador, y el ordenamiento
narrativo de las partes, mechado por la presencia e interpretación
de signos providenciales; en los momentos de mayor tensión lo
providencial adviene en refuerzo de los valores culturales propios.
La historia del naufragio del licenciado Zuazo ocupa una
posición nuclear en el texto. El relato está dividido en treinta y
nueve parágrafos y abarca no solamente el naufragio y la supervi-
viencia en la isla de los Alacranes, donde la Providencia los libra
a cada paso de una muerte segura, sino además las acciones que,
ya rescatado, cumple Zuazo en la Nueva España, en defensa de
la autoridad de Cortés y del rey, así como la destrucción de un
levantamiento indígena y la propagación de la fe.
La figura del náufrago adquiere aquí la dimensión de lo imi-
table: el licenciado Zuazo “...que sin dubda es un espejo de exem-
plos é miraglos que obró Dios con él...” (p. 45), y su peripecia,
son concebidas como exemplo que conseva los rasgos del relato
hagiográfico, configuración ésta que permite el pasaje de la histo-
ria a la alegoría, ya que: “...ni aun en las novelas de los fabulosos
griegos no está escripta semejante cosa, ni todas las metáphoras
del Ovidio en sus Metamorphoseos no son igual comparación,
sabida la verdad de la historia ó alegoría...” (p. 5).
Así, pues, una doble función posee el relato del naufragio en
el texto de Oviedo: didáctica, porque busca alertar acerca de los
peligros de la navegación; y moralizante, en la medida en que el
201
naufragio ingresa en el orden de las pruebas para convertirse en
metáfora del sufrimiento cristiano; los reveses de la fortuna for-
man de este modo parte de un designio divino, en consonancia
con el carácter universalista de la Historia de Oviedo.
En los casos anteriores, el náufrago está en contacto con una
cultura diferente, en Oviedo no hay pasaje a otra cultura; ello
implica que en Gómara, Bernal Díaz y Álvar Núñez el naufragio
es concebido como crisis de la identidad cultural; sus efectos
son, por tanto, neutralizados, en la medida en que el náufrago es
reinsertado como mediador en el orden institucional en la figura
del “intérprete”, o bien anulados, negándosele su ser español y
cristiano. En Oviedo no hay crisis de la identidad cultural sino
acentuación de los valores de la propia cultura. No obstante
ello, y al constituir el “Libro de los Naufragios2 el último de
su monumental Historia General y Natural de las Indias opera,
intratextualmente, como el reverso del relato triunfalista de la
conquista de las Indias, mostrando los infinitos “trabajos” que
la búsqueda de fortuna ocasiona y los peligros de la codicia. La
figura ejemplar del licenciado Zuazo, prototipo del caballero
cristiano y español representa, en el sistema ideológico que el
texto despliega, el pasaje “de la realidad a la utopía”, como señala
Antonello Gerbi.
202
América y el mundo en el siglo XVI
La formación del imperio español
Julián Carrera
Emir Reitano
203
baja nobleza española, hidalgos, militares y marinos con pobre
instrucción y una modesta condición económica. Predominaron
los hombres solteros provenientes en su mayoría del sur español
(Andalucía, Badajoz y Canarias).
Según los cronistas de la época “los reyes no pusieron más
que papel y palabras”, sin embargo ni la conquista ni la coloni-
zación fueron empresas privadas, siempre estuvieron articuladas
dentro de la Monarquía española y dirigidas por ella. Los jefes de
las expediciones eran depositarios de la autoridad del rey y todo
territorio de las Indias pertenecía a la Corona, por lo tanto nadie
podía realizar acciones sin su expresa autorización. La iglesia ca-
tólica por su parte también tuvo un rol destacado en el proceso
de conquista al justificar moralmente ante Europa, la acción de la
monarquía española en la ocupación y el sometimiento de los te-
rritorios del “nuevo mundo”, y expandir su religión allí a través de
sus agentes. La estrecha relación entre el Vaticano y la monarquía
española se reflejó en la decisión del Papa de delegar en los reyes
católicos amplias potestades para administrar la iglesia y la evan-
gelización en las Indias, lo que se conoce como el “derecho de
patronato”. La intervención de la iglesia se muestra también en
la implementación del “Requerimiento”, documento leído por
los conquistadores a los indígenas que autorizaba por mandato
divino la conquista de las tierras y el sometimiento de aquellos
pueblos que se negaran a ser evangelizados. A través de este ar-
tilugio legal la monarquía y la Iglesia intentaron legitimar la vio-
lencia contra los pueblos indígenas en lo que se dio en llamar la
“guerra justa”. En definitiva para los indios la evangelización fue
una forma complementaria de agresión.
204
La conquista del Caribe
205
modelo colonial español y con sus propios subordinados en las
islas, lo cual precipitó la expulsión del Almirante del comando
de la empresa, y su prisión. Es entonces que en 1499 la factoría
colombina fue remplazada por una gobernación.
Tras esta experiencia fallida como gobernante, Colón se de-
dicó a la exploración, en su tercer y cuarto viaje reconoció parte
del litoral de América Central y una parte de lo que hoy es Co-
lombia y Venezuela. En paralelo, el genovés puso en marcha los
denominados viajes menores que exploraron y colonizaron otras
islas del Caribe con explotación inmediata y violenta.
En 1499 se inició una nueva fase que dejaba atrás el modelo
de factoría por un modelo de colonización. Existían ya cuatro
enclaves principales que reunían a la población colonial de la isla
de Santo Domingo. Estos emplazamientos no eran del todo es-
tables porque los españoles se fueron desplazando de isla en isla
a medida que los recursos se agotaban y se descubrían nuevos
placeres de oro. En 1502 se produjeron los primeros ensayos de
población en La Española, arribaron 1.200 hombres al mando de
Nicolás de Ovando, el primer gobernador. En 1503 se montó el
primer ingenio azucarero lo que refleja una de las características
de la intención colonizadora: la producción. Mientras tanto en
las otras islas se institucionalizan las conquistas con la fundación
de cabildos (1508 en Puerto Rico y 1511 en Cuba y Jamaica)
Los desplazamientos de españoles junto con las enferme-
dades, generaron una abrumadora desestructuración de las po-
blaciones indígenas. En La Española los ciclos de extracción del
oro y los ciclos demográficos fueron cruciales en el ritmo de los
acontecimientos. Importantes yacimientos que fueron localiza-
dos al comienzo de la conquista produjeron riqueza suficiente
para sostener toda la operación de los españoles, empero, hacia
1515 estos yacimientos comenzaron a agotarse. Los españoles
206
a través de la encomienda, (sistema de reparto de indios como
mano de obra otorgado como premio a los conquistadores) tu-
vieron acceso a la fuerza de trabajo suficiente para los yacimientos
de oro durante un breve pero importante lapso. No obstante, el
declive demográfico de la población indígena fue tan acelerado
que el agotamiento de esta energía humana precedió al agota-
miento de los yacimientos. La respuesta a esta situación consistió
en enviar expediciones (llamadas cabalgadas) con el fin de cap-
turar mano de obra esclava en las islas circundantes, mientras
que a su vez continuaba la acelerada ocupación de Puerto Rico,
Jamaica y Cuba en donde inmediatamente se reprodujeron ciclos
similares a lo acontecido en La Española. Así comenzaba a pro-
ducirse un círculo vicioso que devastó a la población caribeña:
los yacimientos o la mano de obra se agotaban rápidamente, los
españoles se trasladaban a otra isla y repetían el mismo proceso
indefinidamente. A tal punto llegó esta desestructuración de la
población caribeña que para el momento de la conquista de Mé-
xico, acaecido entre 1519-1521, la base original demográfica y
minera había desparecido por completo del Caribe. Para 1520 ya
nada quedaba del Caribe que había encontrado Colón en 1492
(Lockhart; Schwartz 1992: 68).
A pesar de todas estas vicisitudes Santo Domingo
conservó por varios lustros el aura de la capital de las Indias. Su
crecimiento como ciudad, la fundación de la primera catedral
americana en 1504, la primera audiencia en 1511 y años más
tarde la creación de la primera universidad en 1538, le otorgó
un lugar de privilegio. Ser el primer asentamiento europeo en el
Nuevo Mundo la convirtió en la primera sede gubernamental y
a todo ello contribuyó un breve auge de la extracción de perlas
en las costas de Venezuela, mientras que la exportación de azúcar
y otros bienes exóticos proporcionaron a la isla una nueva base
207
económica. La importación de esclavos africanos generó un lento
proceso de cambio en la base demográfica caribeña. A su vez, el
caribe continuó siendo por años la base de operaciones para el
abastecimiento y la seguridad de las flotas que iban y venían entre
España y las regiones centrales de Hispanoamérica (Lockhart;
Schwartz 1992: 68).
La institucionalización de la conquista
208
bernación de Veragua la cual se dividió más tarde en Castilla del
Oro, gobernada por Pedrarias Dávila y al sur en La Tierra Nueva
de la Mar del Sur, otorgada a Núñez de Balboa hasta 1519 cuan-
do fue asesinado por orden de Pedrarias. En ese mismo año se
fundó Panamá que se convirtió en capital de Castilla del Oro y
base de lanzamiento de las expediciones hacia el sur, desde donde
partirán Francisco Pizarro y Diego de Almagro para descubrir y
someter más tarde al imperio Inca de los Andes.
Las leyes de Burgos de 1512, constituyeron la primera
expresión normativa que intentó regular las relaciones entre los
españoles y los indios, ante los recurrentes abusos de los colonos
y las encendidas denuncias de los clérigos que acompañaron a los
conquistadores. El principal punto de conflicto lo constituían las
encomiendas, en especial la de los encomenderos absentistas, las
cuales fueron abolidas. No obstante los abusos continuaron.
Ahora bien, los indígenas no fueron víctimas pasivas en este
proceso, algunos caciques iniciaron ataques contra los españoles
e intentaron confederar a todos los grupos sin éxito. La exigencia
del tributo en oro no podía ser cumplida ni era tolerada, lo que
generó mayor resistencia. En Cuba hubo ataques sorpresivos y
quemaron el primer asentamiento español. La primera vez que
se empleó el Requerimiento fue un fracaso pues los indígenas
reaccionaron con violencia.
Con la creación del Consejo de Indias en 1524 se completó
la fase inicial de estructuración institucional de las posesiones
españolas en América y terminó de cristalizar el interés
metropolitano en el control férreo de las mismas. Todo estaba
tan reglamentado y prescrito por ley que hasta se necesitaba una
licencia para cazar jabalíes en alguna remota región del Caribe.
Se aprobaron tantos miles de ordenanzas que sólo con dificultad
209
fue posible codificarlas y publicarlas muchos años después en lo
que se llamó la Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias en
1680. Aquella multitud de leyes siguió creciendo de manera tan
vertiginosa que fracasaron sucesivamente todos los intentos por
poner al día dicha recopilación (Garraty; Gay 1981: 248).
210
ordenar la zona que había caído en la corrupción y anarquía
con el gobierno de Colón. Con Ovando en el gobierno se logró
consolidar la expansión de la población española en las grandes
islas antillanas, fundamentalmente Cuba, Puerto Rico y Jamaica.
Con la expansión y ocupación de las islas, Nicolás de Ovando
se pudo abocar a la expansión continental y de este modo, los
habitantes de Cuba pudieron acumular entre 1516 y 1518
información suficiente para lanzarse a las grandes empresas de la
expansión por tierra firme (Cortés 1985: 9).
La conquista del continente se logró en un plazo demasiado
breve si observamos que, entre el descubrimiento colombino y
la conquista del imperio Inca por parte de Pizarro que marcó el
fin de las grandes conquistas, transcurrieron menos de cincuenta
años (1492-1536). Sin embargo, gobernar semejante imperio no
fue sencillo ni rápido.
211
golfo y se reunió con indios de Cempoala a los que supo atraer.
En Yucatán tuvo un enfrentamiento con nativos y tomó 20 indias
entre las que se encontraba La Malinche quien cumplió un rol
fundamental como traductora. En su marcha hacia Tenochtitlán,
la capital del imperio de la Triple Alianza, venció a los tlaxcaltecas
que luego se convirtieron en aliados clave en la lucha contra los
aztecas. En este sentido, el avance de Cortés se vio favorecido
por el descontento de los pueblos sometidos al imperio azteca.
El emperador Moctezuma envió embajadores con obsequios para
intentar que Cortés desistiera de su conquista pero no tuvo éxito.
El 8 de noviembre de 1519 Cortés entró en Tenochtitlán
donde fue recibido y agasajado por Moctezuma, de quien consi-
guió que se declarase vasallo de Carlos V. Luego lo hizo prisio-
nero con el pretexto de que algunos españoles habían sido asesi-
nados en Veracruz. Cortés, enterado de que había sido enviada
por el gobernador de Cuba una escuadra en su búsqueda, dejó a
Pedro de Alvarado a cargo de sus hombres en Tenochtitlán. Salió
a su encuentro y no sólo los venció sino que los convenció de que
podrían actuar en su favor. Tuvo que volver inmediatamente a
Tenochtitlán ya que los Aztecas se habían sublevado contra Pedro
de Alvarado y en esta gran revuelta murió Moctezuma en cir-
cunstancias poco claras. Los españoles se vieron obligados a una
peligrosa retirada conocida como la Noche triste el 1 de julio de
1520. Cortés, reorganizado volvió a Tenochtitlán al año siguiente
ya con una armada más compleja. Sitió la ciudad, hizo prisionero
a Cauhtémoc, último emperador azteca, y consiguió la rendición
de la ciudad agobiada por el hambre y la peste.
Luego de su conquista, Carlos V lo nombró gobernador,
capitán general y justicia mayor de Nueva España. Pero su
autoridad sobre el gran territorio conquistado no duró mucho,
en 1526 tuvo que entregar la “Vara de mando” a otro gobernador
212
nombrado por la Corona. Posteriormente el emperador creó una
audiencia en 1527, la cual tomó el poder y apresó a Cortés en
1530. En 1531 fue liberado y se le encomendaron expediciones
de exploración pero ya nunca volvió a tener cargos de autoridad
en la tierra que había conquistado. En 1534 se creó el Virreinato
de Nueva España y a partir de esta institución la Corona intentó
mantener el control de ese territorio que le proveería innumerables
riquezas.
La conquista de México transformó de manera abrupta
la imagen del Nuevo Mundo. Hasta que ocurrieron los hechos
de 1519-1521 los españoles habían guardado silencio acerca
de la invasión, dejando esa tarea descriptiva a aventureros y
humanistas. Sin embargo a Europa llegaron las noticias de la
conquista de México por la publicación de las cartas enviadas por
Hernán Cortés al emperador Carlos V. Estas cartas informaban
acerca de los territorios recién adquiridos pero con una narrativa
diferente. Finalmente había aparecido un español que narraba
una historia muy española: su prosa se elevaba a la grandeza de la
ocasión, ofreciendo el espectáculo de un capitán que se apartaba del
calor de la batalla para redactar informes a su real señor (Brading
1991: 40-41).
Desde la perspectiva europea y de la corte imperial, la
habilidad de Cortés para presentar relatos convincentes sobre sus
hazañas fue tan importante como la realización de los mismos
hechos. Su expedición, en parte financiada por el gobernador de
Cuba Diego de Velásquez, había tenido instrucciones estrictas de
limitarse a reconocer las costas sin hacer intento por internarse
en tierra. La fundación y el establecimiento de un Cabildo en
Veracruz en la costa del golfo de México, le otorgó una base legal
y una actitud de total desafío para desvincularse del gobernador
213
de Cuba. No contento con ello, Cortés lanzó una ofensiva contra
el gobernador tildando de “tiránico” su proyecto, afirmando que
lo único que quería era repetir la devastación generada por la
fiebre del oro en las Antillas en las costas continentales, en cambio
Cortés presentaba una imagen suya de un conquistador pacífico y
diplomático, ganando así nuevos reinos para el imperio y para la
fe cristiana (Brading 1991: 40-41).
De este modo las cartas de Cortés tienen la virtud de
alcanzar estimables cotas literarias llegando a tomar aires de
una verdadera novela de caballería, pues en ellas encontramos
fórmulas estructurales típicas de tal modelo literario. Con
habilidad diplomática y artimañas políticas logró Cortés, a través
de sus cinco cartas enviadas a Carlos V entre 1519 y 1526, que
el emperador diera por bueno lo que había sido en principio un
delito de rebelión consagrando con la fuerza del derecho lo que
los hechos pregonaban. Así, la aventura de Cortés estaba repleta
de traiciones, crueldades e ingenio, sin empacho de mentir con
el fin de conseguir sus propósitos de conquista. Sin embargo,
la dominación del territorio que fue bautizado con el expresivo
nombre de Nueva España, nos hace pensar en el enorme alivio
que debió suponer para los españoles el acceso y asentamiento
en las tierras altas y templadas del México central, tras la dura
experiencia impuesta por la agresión ecuatorial de las tierras bajas
y húmedas del Caribe.
En el otro extremo de Cortés y sus cartas de la conquista se
encuentra tal vez Alvar Nuñez y sus “Naufragios” de 1542, autor
y protagonista de una de las más infortunadas expediciones a “la
Florida”, que marcó la desdicha de unos caballeros intrépidos y
aventureros que se adentraron en ella. Desde que en 1512 don
Juan Ponce de León descubrió lo que llamó “La isla Florida” hasta
la expedición de Hernando de Soto que regresó muy malparada
214
a México en 1542, todos los intentos por conquistar esa región
estuvieron signados por el fracaso. La expedición dirigida por
Pánfilo de Narváez en 1527 fue ejemplar en cuanto a imprudencia
y mala dirección. Así, luego de haber tenido éste sus conflictos
en la conquista de Cuba con Diego Velásquez y en su posterior
enfrentamiento con Cortés, en noviembre de 1526 firmó con el
emperador una capitulación gracias a la cual se le concedió la
facultad para descubrir, conquistar y poblar el territorio desde el
río Las Palmas hasta la Florida. La expedición zarpó del puerto
de Sanlúcar de Barrameda en junio de 1527 y con ella partió
también Alvar Núñez en calidad de tesorero y alguacil mayor
(Barriera 1985: 18).
La epopeya de Alvar Núnez, que lo llevó a desplazarse
de costa a costa de lo que actualmente es el sur de los Estados
Unidos, fue la materia argumental de esta crónica denominada
“Naufragios”, en la que el relato de las desdichas en sí mismas
no era el nexo sino que lo era la correcta combinación de lo
informativo y lo literario que caracterizaban a una buena parte de
las crónicas de Indias.
215
Por diversas circunstancias, Pizarro y 13 soldados quedaron
solos en la isla de Gorgona, hasta que siete meses después llegó
Almagro con unos pocos hombres de su tripulación. Con tan
pocos recursos emprendieron la marcha sobre el Perú llegando a
Tumbes, donde residía el inca Túpac Yupanqui. Convencido del
poderío del imperio incaico regresó a Panamá en 1527 en busca
de recursos para poder organizar una expedición de conquista.
Para organizar la empresa Pizarro y Almagro contaban en Panamá
con el apoyo de Gaspar de Espinosa, encomendero de Panamá
que fue el principal inversor de la expedición. A su vez Espinoza
tuvo que encargarse de limar asperezas y aglutinar a Pizarro y
Almagro, porque en 1529 la Corona le había concedido a Pizarro
el derecho a conquistar Perú con el título de capitán general,
este hecho dejó a Almagro en segundo plano y ello incentivó la
enemistad entre ambos conquistadores.
La expedición que salió de Panamá en 1531 era mucho
más reducida que la de Cortés: tres bergantines, 180 hombres
y 37 caballos. Primero se dirigió hacia Tumbes, pero surgieron
dificultades y por poco fracasó, sin embargo los refuerzos llegados
de Panamá al mando de Hernando de Soto permitieron continuar
con la misma. En Tumbes, donde otrora Pizarro y sus huestes
habían sido bien recibidos, fueron atacados, muchos españoles
murieron y la ciudad fue reducida a cenizas por sus habitantes.
Pero la moral de Pizarro se reanimó al enterarse de que una
violenta guerra de sucesión imperial mantenía enfrentados a dos
hermanos, Atahualpa y Huáscar.
Cabe destacar que en el comienzo de la conquista del Perú
todo era incertidumbre, los cronistas españoles inicialmente
hablaron de la gente andina de manera deficiente y confusa. Así,
una relación que narra la captura de una balsa con habitantes
de la costa peruana es el primer documento conocido de la
216
relación entre españoles y habitantes del área andina y fue escrita
probablemente por Bartolomé Ruiz, piloto de la nave que se
encontró con la balsa. Incluso los cronistas que se hallaban en
Cajamarca y presenciaron la captura del Inca Atahualpa, no
usaron siquiera la palabra “Inca” ni pudieron establecer una
lista de gobernantes del Cuzco. Recién los cronistas y autores
que escribieron en la década de 1550, Pedro Cieza de León y
Juan Diez de Betanzos mejoraron y pudieron dejar establecida la
imagen de una historia incaica (Pease 2000: 156-157).
A medida que el pequeño ejército español fue avanzando
hacia el sur aumentaba la tensión. En noviembre de 1532 las
huestes de Pizarro avanzaron sobre Cajamarca y todo parecía
indicar que habían caído en una trampa, pues un ejército de
más de 30.000 hombres estaba acampando en los alrededores
rodeando a los 200 españoles. Sin embargo Pizarro a través de
efectos con trompetas, tambores y descargas de arcabuz, provocó
una fantástica escena que logró impresionar a los incas. En medio
de esa tensión nerviosa logró hacer prisionero a Atahualpa, y
los jóvenes nobles que defendían la litera del Inca, de manera
incomprensible, se dejaron matar sin siquiera utilizar sus armas.
Así, ese ejército de 30.000 hombres se desbandó ante 200
españoles. Desde su prisión Atahualpa dio la orden de ejecutar
a su medio hermano cautivo Huáscar y esto generó mayor
confusión y desorden. Finalmente, los españoles entraron en
Cuzco el 15 de noviembre de 1532 mientras que Atahualpa, por
quien se pagó un fabuloso rescate fue estrangulado en prisión.
Cuando llegó Almagro con los refuerzos los conquistadores se
repartieron el enorme tesoro saqueado en Cajamarca, después de
haber reservado la parte para la corona (Bennasar 1985: 73-74).
Luego de los sucesos precedentes, Pizarro se lanzó a la
empresa colonizadora, tarea que no fue sencilla, fundó la Ciudad
217
de los Reyes, actual Lima, el 28 de febrero de 1535 para asegurar
la comunicación con Panamá; algo más al norte fundó la ciudad
de Trujillo y Diego de Almagro se lanzó a la conquista de Chile,
el último confín del continente.
La conquista parecía un hecho concreto pero el inmenso
territorio americano no pudo ser dominado totalmente por
unos miles de españoles. Incluso en las áreas centrales se vivieron
momentos de tensión, inestabilidad y constante disidencia.
En el Perú, la administración española se había establecido
inicialmente en Cuzco, ahí se repartieron las primeras
encomiendas y también se había instalado la iglesia creándose
el primer obispado, pero mucho antes que se consolidara el
poder virreinal, Pizarro había decidido el traslado a la recién
fundada ciudad de Lima, llevando consigo la administración. A
poco tiempo del traslado a Lima se iniciaron las guerras civiles
entre los españoles que se sucedieron desde 1537 hasta 1548. La
inestabilidad gubernamental española fue moneda corriente en
esa primera etapa del Perú colonial.
En 1536 la primera sublevación sufrida fue la de Manco
Inca (un medio hermano de los Incas asesinados que no acataba
la autoridad española) quien en 1536 con un gran ejército incai-
co inició el sitio de Cuzco que duró varios meses, tras fracasar se
refugió en las sierras y formó el llamado imperio “neoinca” que
recién fue vencido por el virrey Toledo en 1572. Esta experiencia
fue la mayor expresión de resistencia andina durante la conquista.
El imperio tuvo 4 líderes sucesores de Huayna Cápac y mantuvo
una relación de resistencia y negociación con los colonizadores
españoles. Otra manifestación de resistencia fue el Taki Onqoy:
movimiento político religioso iniciado en 1560 que anunciaba el
regreso de los dioses andinos contra el dios cristiano. Si bien se
expandió por amplias regiones y permaneció varios años fue más
218
bien una resistencia cultural ante la intrusión del dios cristiano
que una amenaza real al poder español, no obstante, llegó a con-
vertirse brevemente en una rebelión política que fue rápidamente
reprimida en 1572.
Volviendo a los conquistadores, Almagro había recibido del
Rey la gobernación de Nueva Toledo al sur de Nueva Castilla
asignada a Pizarro. En 1536 se inició el conflicto entre ambos por
el control de Cuzco. A su regreso de Chile, Diego de Almagro se
apoderó de Cuzco en abril de 1537, los pizarristas, al mando de
Gonzalo Pizarro lo derrotaron en abril de 1538 y Almagro fue
ejecutado en Cuzco. Poco tiempo después, en junio de 1540 los
partidarios de Almagro asesinaron a Francisco Pizarro en Lima y
encargaron el mando al hijo de Diego de Almagro quien también
fue ejecutado en septiembre de 1542 junto a sus partidarios. Aquí
no terminaron los sucesos violentos, Gonzalo Pizarro se rebeló
contra la corona cuando ésta decidió limitar los derechos de los
conquistadores encomenderos ligados a las “Nuevas Leyes” de
1542, las cuales establecían, entre otras cosas, la supresión de
las encomiendas hereditarias y de todo trabajo forzado de los
indios. Paralelamente, la Corona en tren de reforzar su control
en la región, creó también el virreinato del Perú y la Audiencia
de Lima. Ante esta enérgica intervención real, los encomenderos
indignados, encabezados por los hermanos Pizarro organizaron
una rebelión.
La llegada del Virrey Blasco Núñez Vela fue mal vista por
los encomenderos pues el nuevo virrey venía a hacer cumplir las
nuevas leyes por lo cual organizó un ejército para combatir la
rebelión, fue vencido por los encomenderos en 1546 en la batalla
de Iñaquito tras la cual le dieron muerte. Gonzalo Pizarro se
convirtió en líder absoluto del movimiento y corrieron rumores
219
de independencia de la Corona española. Si embargo esta última
lejos de darse por vencida organizó un nuevo ejército al mando
del segundo virrey del Perú, Pedro de la Gasca quien derrotó a los
rebeldes en la batalla de Sacsahuman en 1548.
De ese modo se fue socavando la independencia de los
encomenderos con respecto al poder real y poco a poco se fue
organizando un gobierno burocrático virreinal (Pease 2000: 159-
160).
220
figura del corregidor representó el abuso del sistema contra los
indígenas y por ello fue uno de los principales blancos de las
revueltas populares del siglo XVIII. El renombre de Toledo se
debió en buena medida a su intervención en la provisión de mano
de obra para las minas. Aquí surge la expresión “mita toledana”
o “mita potosina” en referencia al gran sistema de repartimiento
de mano de obra indígena que proveía de brazos al principal
centro minero de las Indias en el siglo XVI. La mita o turno,
básicamente consistía en el traslado rotativo de contingentes de
indígenas de distintas comunidades hacia los centros mineros
para trabajar por períodos de un año. Una vez allí el tiempo se
repartía entre una semana de labor intensiva y dos de descanso.
El trabajo era remunerado con un monto de dinero muy bajo que
apenas alcanzaba para la manutención del mitayo en su estancia
en la mina, pagar el tributo y llevar algún resto de retorno a sus
comunidades. No obstante, para aumentar sus ingresos, muchos
mitayos ofrecían sus servicios a cambio de un “salario” en sus
semanas de descanso. En general estas tareas “voluntarias” eran
mucho mejor remuneradas que las propias de la mita. A los indios
que se contrataban voluntariamente se los denominaba “mingas”
y había muchos de ellos que no formaban parte de la mita.
Las reformas toledanas dieron impulso a la producción
minera potosina la cual generó por un lado, un flujo extraordinario
de metálico hacia Europa que estimuló la industria y el comercio
a gran escala, y por el otro, la producción y circulación en vastas
regiones americanas abocadas al abastecimiento del centro minero
ya convertido en una de las ciudades más grandes del mundo.
Estamos precisamente en el momento en que España iniciaba su
período de gloria al convertirse en la principal potencia europea
gracias a las bondades de sus dominios americanos en recursos
metalíferos y a la sistematización de la explotación del trabajo
221
indígena. Sin embargo esa prosperidad no sería perpetua y el siglo
XVII trajo consigo la inevitable crisis y el surgimiento de nuevos
imperios coloniales rivales en el espacio atlántico.
Bibliografía