Literatura
Los fantasmas de la biblioteca
Thalía Cedeño Farfán*
A
pesar de las lluvias y el embargo ayudarían a escribir mejor
intenso frío, el día que dis- o a mantener una agradable y fluida
pusieron que trabajara en conversación en la vida cotidiana o
la Biblioteca llegué entusiasta. El con los colegas.
sol alumbraba intensamente mi in-
terior. Para quien gusta de libros Cierta vez en que a un joven
es grato estar entre ellos, verlos, que recién ingresaba a la Canci-
tocarlos, escudriñarlos un poco. llería y que había estudiado en el
Recordé a Borges como Director exterior le aconsejé que leyera a
de la Biblioteca en Buenos Aires. buenos autores para mejorar su
Al poeta Arturo Corcuera en la Bi- redacción, me respondió que de
blioteca Nacional de Lima, metido nada servía la Literatura a la Can-
en una oficinita sencilla, equipada cillería. Seguramente, pensé, pero
con máquina de escribir vieja, casi antes de entregar sus borradores al
perdido detrás de un escritorio anti- Director, había que revisárselos, lo
guo. La biblioteca de la Cancillería cual es normal al comenzar la ca-
es pequeña aún, se respira a tinta en rrera. Lo que no resultó tan nor-
las bóvedas. Libros antiguos, nue- mal fue que no ingresara al Servi-
vos, se hallan en perfecta formación cio Exterior sino al cuarto intento.
–igual que soldados- vista al frente, Por supuesto, después de pasar por
en espera de que alguien los solici- la Escuela de Ciencias Internacio-
te. De cuando en cuando la gente nales y obtener el aval del diplo-
nuestra viene a ver las novedades. ma. En fin, la profesión está llena
Los extraños acuden para realizar de anécdotas de jóvenes y mayores
consultas especializadas, muy espe- que llegan a conocer la alquimia de
cializadas, casi como el Servicio Ex- todas las fórmulas elegantes de la
terior, pero, también hay novísimos buena expresión en la diplomacia.
títulos de narrativa contemporánea, “El resto es tillos” -decía un Emba-
de esos que no son necesarios a la jador- Nosotros abríamos los ojos
agenda internacional del país y sin incrédulos.
* Comunicadora Social, Poeta, Canciller del Servicio Externo, MRE.
AFESE 47 295
Thalía Cedeño Farfán
Pasear entre los libros es un ali- huellas de sus pasos que se suman
ciente, un levantar la cabeza y sen- a las de los fantasmas que, noche
tirse entre los sabios de Grecia y del a noche, transitan por la bóveda
mismísimo mundo en un bis a bis de la Biblioteca. Fantasmas cultos,
contemplativo. cultísimos, mueven libros, renue-
ven las páginas, a falta de vivos que
Alberto Revelo cree que hay un lean trasnochados y ausentes, hasta
fantasma que alborota los libros en perderse, como aquel traspapelado
las noches. Tal vez un fallecido ex compañero que, al igual que don
canciller que intenta consultar desde Quijote, decidió ser escritor y poe-
ultratumba alguna fórmula de solu- ta, y abandonó el barco para luego
ción a los problemas internacionales sentarse en el café Encuentros que
del país. queda en una esquina de la calle
Páez. Algunas veces, en las tardes,
Pablo Núñez está convencido, hace lustrar sus zapatos en la vere-
se trata de Homero Viteri Lafronte, da, justo frente a la biblioteca y,
su ilustre paisano. para no perder la costumbre, ex-
trae de una bolsa de papel uno de
Luis Altamirano murmura, no los tantos libros que porta para
es posible, le juro, mi silla la encon- continuar su lectura. Distraerse en
tré al día siguiente por los suelos, al- banalidades no es digno de su jerar-
gunos libros por el piso y yo mismo quía trapense, peor encerrarse en un
he cerrado las puertas y dejado en cubículo de oficina y morirse enco-
orden todo, inclusive puesta la alar- gido de tristeza y frío al igual que
ma. ¿Fantasmas o fantasías? un güirachuro abandonado.
Los muchachos de la limpie- Llego hoy, jueves de abril de
za sienten un viento helado cuando 2008, luego de fastidiarme por el
recorren los pasillos de las estante- intenso tráfico, y me espera Luis Al-
rías. No tienen ninguna duda. Hay tamirano con la misma de siempre.
fantasmas que consultan esos libros. Otra vez el fantasma ha hecho de
Limpian los polvos rápidamente y se la suyas. ¡Véalo, una vez más ha
alejan. Luis les recomienda que ten- tirado el sillón al suelo, hay un libro
gan cuidado porque pueden enojar- en el piso! Efectivamente, el libro
se si involuntariamente los libros se yace en el piso. Alguien ha entrado
acurrucan en los cubos de la basura. –digo- sí, ¿querrán robar? ¿lo han
intentado? ¡imposible –argumenta-
Otros personajes se ocupan de para eso está la alarma a toda prue-
la humedad, de la temperatura, de ba! Las alarmas en este tiempo son
las goteras; y así van dejando las simples juguetes para los amigos de
296
Literatura
lo ajeno. Me atrevo a pensar que, Los fantasmas se ríen a carca-
como en todas las oficinas, cuando jadas y terminamos por convencer-
no están los gatos, los ratones se nos: los que murieron y donaron sus
pasean ¿pero dónde están las cacas, libros a la Cancillería vienen en las
las migajas de papeles? noches, revisan sus libros, escriben
sus páginas…
AFESE 47 297