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Primera Guerra Carlista y sus Consecuencias

La primera guerra carlista comenzó a favor de los carlistas y dominaron el País Vasco y Navarra. Tras la muerte del general carlista Zumalacárregui, la situación se equilibró hasta que el general Espartero obtuvo la victoria de Luchana en 1839, lo que llevó al Convenio de Vergara y el fin de la primera guerra carlista.
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Primera Guerra Carlista y sus Consecuencias

La primera guerra carlista comenzó a favor de los carlistas y dominaron el País Vasco y Navarra. Tras la muerte del general carlista Zumalacárregui, la situación se equilibró hasta que el general Espartero obtuvo la victoria de Luchana en 1839, lo que llevó al Convenio de Vergara y el fin de la primera guerra carlista.
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Desarrollo de la primera guerra carlista

La guerra comenzó a favor de los carlistas, con el general Zumalacárregui, que constituyó un
gran ejército que consiguió dominar allá mayor parte del País Vasco y Navarra, Carlos
estableció su corte en Elizondo (Navarra), y en 1834 la trasladó a Vergara (Guipúzcoa)otros
focos fueron el Pirineo catalán y el Maestrazgo, junto con el general Cabrera, conocido como
“el tigre del maestrazgo”.
Tras la muerte de Zumalacárregui, tras ser herido en el asedio de Bilbao, se equilibró la
situación gracias a las mejoras de los recursos liberales y la llegada del general Espartero, jefe
de los isabelinos que consiguió la victoria de Luchana, que permitió levantar el asedio del
Bilbao. Los carlistas consiguieron grandes éxitos,como las expediciones de Miguel Gómez, o la
toma de Morella por Cabrera (1838), pero la imposibilidad de ganar la guerra provocó fuertes
tensiones entre los partidarios de Carlos Maria Isidro, lo que provocó que Maroto (general
carlista) firmara con Espartero el Convenio de Vergara en 1839, que suscribía la reconciliación
entre ambos bandos; reconocía los empleos, grado y condecoraciones de los carlistas. Se
aceptó a la reina Isabel y se firmaron los fueros del País Vasco y Navarra, además del
reconocimiento de pensiones de viudas y huérfanos en ambos bandos. Don Carlos abandonó
España, aunque Cabrera protagonizó la resistencia en el Maestrazgo sin éxito hasta 1840.
Finalizada la 1° Guerra Carlista, se asentó el liberalismo en España y se creó un nuevo ejército
clave para el liberalismo.

Los gobiernos de María Cristina


Al asumir la regencia, María Cristina confirmó como primer ministro a Cea Bermúdez, en cuyo
breve mandato se aprobó la actual división provincial española, obra de Javier Burgos. Excepto
Navarra al no ser reconocida provincia hasta la Ley Paccionada (1841). El inicio de la guerra
carlista y el apoyo de los liberales a la causa isabelina propiciaron la llegada al poder de
Martínez De la Rosa, antiguo diputado de las Cortes de Cádiz, que representaba el sector más
conservador del liberalismo.
Su nombramiento supuso el compromiso entre la corona y los liberales, concretado en el
Estatuto Real de 1834, que se trataba de una carta otorgada que no hacía referencia a la
soberanía nacional, ni a los derechos fundamentales, únicamente permitía el establecimiento
de unas Cortes formadas por dos cámaras y con escasas competencias. La cámara alta la
formaban personalidades designadas por la reina, entre nobles y burgueses adinerados, y la
cámara baja era elegido por sufragio restringido. El estatuto real reflejó los principios del
liberalismo moderado, partidario del acuerdo con la corona y defensor de los valores del
liberalismo doctrinario. En el desarrollo de la 1° Guerra carlista llevó a la reina a un
acercamiento a los progresistas y nombró en 1835 jefe del gobierno a Juan Álvarez Medizabal.
La desamortización de Mendizábal se propuso sanear la hacienda, erradicar la deuda pública, y
crear una clase de propietarios para afianzar el régimen liberal, se centró en las propiedades de
la Iglesia. Por medio de disposiciones legales fueron disueltas las comunidades religiosas,
excepto las dedicadas a la enseñanza y a la beneficencia. El estado confiscó sus bienes y los
sacó a subasta pública. La desamortización constituyó un fenómeno irreversible en el campo
español y marcó una gran distancia entre el progresismo español y la Iglesia.
La sustitución de Mendizábal por Istúriz (1836), provocó la protesta de los progresistas, que
promovieron la sargentada de la Granja, que obligó a la regente a jurar la Constitución de1812,
tras esto el gobierno progresista convocó elecciones a Cortes, que elaboraron la constitución
de 1837.

La constitución de 1837
Esta fue elaborada por las Cortes por un Gobierno progresista, tras el episodio de la
“Sargentada de la Granja” que fue un pronunciamiento militar de unos sargentos de la guardia
real en protesta por el cambio de gobierno de Mendizábal a Istúriz, es decir, de progresista a
moderado. Esta constitución está caracterizada por el reconocimiento de la soberanía nacional
y la limitación de los poderes del monarca, el establecimiento de una amplia declaración de

derechos, las Cortes poseían el poder legislativo compartido con el rey y fueron bicamerales
constituidas por el Congreso de los Diputados (elegido por sufragio censitario) y Senado
(nombrado por la reina entre los grandes contribuyentes), y la confesionalidad católica del
Estado. Una vez fue aprobada esta constitución se alternaron los diferentes gobiernos
moderados.

La regencia de Espartero
Una vez fue aprobada la constitución hubo una alternancia de gobiernos moderados,
posteriormente el general progresista Espartero se enfrentó con la regente María Cristina, que
finalmente le nombró presidente del Gobierno. Sin embargo, Espartero reclamó compartir la
regencia, proposición a la que la regente se negó, pero fue obligada a renunciar a sus
funciones, en octubre de 1840. Todo concluyó con Espartero asumiendo la regencia, a la que
impuso un sentido autoritario a su gestión, provocando una ruptura en su partido. La
aplicación de una política económica librecambista ocasionó una protesta generalizada en
Barcelona, cuya industria textil no era capaz de resistir la competencia con los productos
extranjeros, lo que acabó derivando en un motín en la capital catalana (1842), que fue
sofocado por Espartero bombardeando la población. Este episodio desacreditó al regente y
provocó un pronunciamiento de moderados y progresistas, dirigido por el general Narváez.
Espartero renunció a su cargo (agosto 1843) y acabó abandonando el país. Fracasadas las dos
regencias se declaró la mayoría de edad de la reina Isabel II con sólo trece años, meses más
tarde fue nombrado jefe de gobierno el general moderado Narváez.

La constitución de 1845
La constitución de 1845 siguió a la de 1837, aunque introdujo grandes restricciones al no
explicitar derechos como la libertad de imprenta o instituciones como la Milicia Nacional o el
Jurado, y delimitar el carácter compartido de la soberanía entre el rey y las Cortes. Este texto
constitucional fue la estrategia que posibilitó la consolidación del Estado liberal basado en la
centralización. Estas restricciones son propias del gobierno moderado que había en esa época.
Esta constitución le dio a Isabel II el poder ejecutivo con capacidad para nombrar o destituir
ministros, se le reconoce la iniciativa legislativa y potestad para disolver las Cortes, que
quedaron integradas por dos cámaras: Senado con miembros elegidos por la reina y Congreso
de los Diputados elegidos por sufragio censitario. Asimismo, se reconoció el catolicismo como
religión de la nación con la obligación de mantener culto. Cabe destacar que la legislación que
se hizo acorde a la constitución fue igualmente restrictiva. La Ley Electoral de 1846 sólo otorgó
el derecho a voto o condición de elegibles a escaso número de grandes contribuyentes
varones.

La política centralista de Isabel II


Este gobierno llevo a cabo una política centralista que se plasmó en la reforma de las leyes
fundamentales y en la estructuración de la Administración Central. Se renovó la Ley Municipal
que dispuso la asignación gubernamental de los alcaldes a las ciudades, mientras que se
promulgó un nuevo código penal (1848) y código civil que significó el establecimiento de un
sistema legal uniforme. Se crearon las siguientes instituciones para convertir la Administración
Central en la base del Estado: Gobernadores civiles como representantes del Gobierno en la
provincia y con funciones electorales, fiscales y económicas; Guardia Civil, cuerpo dedicado a
mantener el orden público, con fines civiles y estructura militar; Banco de San Fernando,
conocido como Banco de España, que contaba con un gobernador y sucursales en varias
provincias, además de tener el derecho de emisión de moneda; Sistema unificado de pesos y
medidas. Asimismo, se produjo una reforma en la Hacienda, creadnos dos impuestos
fundamentales, contribución territorial, aplicada a la propiedad individual agraria y el impuesto
indirecto de consumos, que se imponía a cada producto y provocó números protestas. También
se restablecieron las

relaciones con la Iglesia se restablecieron con el Concordato de 1851 y se le entregaba la


enseñanza además de mantener a los ministros religiosos, a cambio de que no reclamasen
nada de lo perdido en la desamortización. También hubo control de prensa e imprenta.

Causas de la Segunda guerra carlista

Las principales causas de esta Segunda guerra carlista fueron los continuos pronunciamientos
de la oposición progresista antes unos gobiernos de carácter autoritario, además de todas las
elecciones del reinado fueron amañadas por los gobiernos y la negativa del gobierno al que la
reina Isabel II se casara con el pretendiente carlista al trono, llamado Carlos IV por sus
seguidores.
Así estalló la segunda guerra carlista en 1846 con la entrada del general Cabrera en Cataluña,
pero el conflicto no alcanzó las dimensiones del anterior tras el fracaso de las sublevaciones
carlistas en el Maestrazgo, provincias vascas, Navarra,... La guerra finaliza en 1849 con la
amnistía del gobierno a los carlistas. Isabel II acordó matrimonio con su primo Francisco de
Asís, duque de Cádiz. Se casaron en octubre de 1846.

El bienio progresista
En 1854 la acción conjunta de progresistas, moderados avanzados y demócratas consiguió un
cambio en la orientación política del gobierno de España dando lugar a un gobierno
progresista. Los factores que influyeron en este cambio fueron: la llamada vicalvarada que fue
un pronunciamiento del líder de la unión liberal O’Donnell de resultado incierto, ya que los
sublevados se retiraron tras el encuentro con las tropas gubernamentales. Tras este episodio se
publicó el 7 de julio de 1854 el manifiesto de Manzanares elaborado por Antonio Cánovas en el
que los moderados puritanos exigieron el cese de la camarilla, la rebaja de impuestos y nuevas
leyes electorales y de imprenta. Este manifiesto supuso las jornadas de julio donde
constituyeron juntas revolucionarias en varias ciudades de España. Posteriormente las
elecciones de noviembre de 1854, realizadas con una ley electoral menos restrictiva, permitió
la llegada a las Cortes de una mayoría progresista, que nombró presidente a Espartero.
Espartero amplió la libertad de política y la participación electoral, promovió el desarrollo
económico con la ley general de ferrocarriles de 1855, la desamortización de Madoz y la ley de
sociedades anónimas de crédito. También se creó la Constitución de 1856 que no llegaría
entrar en vigor y permitía el libre ejercicio de religiones. Pero el gobierno progresista fue breve,
y Espartero fue sustituido por O’Donnell que restableció la Constitución de 1845.

La desamortización de Madoz
La desamortización emprendida por Madoz, tuvo mayor alcance social que la de Mendizábal, lo
que afectó al resto de los bienes de las comunidades religiosas y al clero secular, así como a las
propiedades del estado y de los ayuntamientos, aunque se paró con el siguiente gobierno, se
reanudó por los unionistas, que firmaron una acuerdo con la Santa Sede para completar la
venta de los bienes expropiados, los ingresos obtenidos por el Estado fueron muy superiores a
los de la anterior desamortización.
Este tuvo una serie de consecuencias, tales como, el Estado convirtió el patrimonio amortizado
De la Iglesia y los Ayuntamientos en bienes nacionales, lo que afectó a los bienes rústicos y
urbanos, también permitió el incremento de las superficies cultivables, lo que provocó una
mayor producción agrícola, por el contrario se redujeron las áreas de pasto de los
ayuntamientos, perjudicando así la ganadería, consolidó la estructura de dominio de la tierra
preexistente y aumentó el número y la extensión de los latifundios, muchos campesinos
perdieron el acceso a pastos, bienes propios y comunales debido a baldíos, también

transformó la fisionomía de las ciudades y modificó las relaciones laborales en el medio rural,
de modo que aumentó el número de campesinos que se convirtieron en jornaleros.

La constitución de 1856
Esta constitución fue elaborada por los progresistas en 1856 y fue conocida como la Non nata
porque nunca llegó a entrar en vigor, tuvo como principal característica el libre ejercicio de
religiones, aunque el Estado se comprometía a mantener el culto católico. Al ser elaborada con
ideales progresistas se establecía la soberanía nacional, con la ampliación de las libertades y
derechos, además de la participación electoral. La permanencia de progresistas en el poder fue
breve, lo que produjo en 1856 la sustitución de Espartero por O’Donnell que decidió la
disolución de la milicia nacional, y por medio de un decreto del restablecimiento de la
Constitución de 1845.

Fin del reinado de Isabel II


La política exterior en la última fase del reinado de Isabel II fue muy atractiva, con la búsqueda
de prestigio en el concierto internacional. Se produjo la intervención en la guerra de África a
causa de unos incidentes ocurridos en la frontera ceutí. El general Juan Prim se convirtió en el
héroe tras los éxitos en la batalla de Castillejos, la toma de Tetuán y la victoria de Wad-Ras; Tras
estos episodios el sultán de Marruecos pidió lla paz y concluyó con la presencia española en
Ceuta y Melilla. Por otro lado, se produjo la participación en la expedición a México al mando
de Prim y Prats, en apoyo a Napoleón III y sus pretensiones de instalar allí un imperio para
limitar la influencia de Estados Unidos.
Y seguido la la expedición española se retiró al poco tiempo al comprobar el escaso apoyo
popular de la iniciativa. Otra intervención fue en ConchinChina de la mano de Francia, donde
se desarrolló la guerra del pacífico cuando el gobierno y yo que se atentaba contra los intereses
económicos. También hay que destacar la incorporación pacífica de Santo Domingo a España
que concluiría tras un conflicto en 1865 con su independencia.
La crisis final
El sistema isabelino entró en crisis debido a diferentes factores, factores económicos, con la
crisis europea de 1866 que afectó a España con la quiebra de bancos, empresas de ferrocarriles
e industrias textiles por la falta de algodón debido a la guerra de secesión estadounidense, de
este modo se puso fin al periodo de crecimiento económico y se incrementó el malestar social,
que se reflejó en la política.
Los factores políticos, a la escasa representatividad del régimen político se unió la acción
represiva de los gobiernos, que apartaron a los progresistas y provocaron la retirad de los
unionistas de la alternancia.
La oposición constituyó el Pacto de Ostende, suscrito por progresistas, demócratas y
unionistas, en el que se comprometían a derribar el régimen isabelino y a convocar una
Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal masculino, solo los moderados se
mantuvieron fieles a la reina.

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