Interaccionismo simbólico y Goffman
Temas abordados
Interaccionismo simbólico y Goffman
Temas abordados
El interaccionismo simbólico es una corriente que otorga un peso específico a los significados sociales que las personas
asignan al mundo que les rodea. Las personas actúan con respecto a las cosas e inclusive frente a las personas, sobre la
base de los significados que unas y otras tienen para ellas. Dichos significados son productos sociales que surgen durante
la interacción.
El interaccionismo simbólico trata de comprender lo social a través de la comunicación y es considerada una forma de
pensamiento microsociológica. A muy grandes rasgos, lo que el Interaccionismo Simbólico sugiere es que las personas nos
definimos de acuerdo al sentido que adquiere ‘el individuo’ en un contexto social específico; cuestión que depende en
gran medida de las interacciones que entablamos.
Herbert Blumer fue quien acuñó en 1938 el término interaccionismo simbólico, ligándolo a la interactuación a través de
símbolos, a la producción de sentido y a los procesos selectivos que caracterizan la interacción.
El enfoque o modelo dramatúrgico de Erving Goffman es una manera de interpretar la interacción social en la cual se
propone la idea de que toda interacción es una actuación o papel representado hacia el otro o los posibles observadores.
Las interacciones sociales y nuestra estructura social no son más que la representación de los roles que tenemos
interiorizados de manera que terminan formando parte de la propia identidad.
En cualquier situación social que las personas lleven a cabo se está interpretando algún tipo de rol, el cual va a ir cambiando
en función de los contextos interactivos. La persona muestra un tipo de información concreta de sí mismo según la
situación y la intención, con lo que va a provocar respuestas diferentes según cómo sea interpretado por su semejante.
Como en el teatro, en toda interacción existen unos límites conductuales preestablecidos, un guión a interpretar ante los
demás.
La idea básica de este modelo es que el ser humano trata de controlar la impresión que genera en los demás a partir de
la interacción de cara a acercar dicha impresión a su yo ideal. En cada contacto se representa un esquema de actos a partir
de los cuales puede expresar su punto de vista respecto a la realidad y la interacción a la par que pretende modificar la
evaluación ajena.
El modelo dramatúrgico de Erving Goffman parte de una concepción propia del interaccionismo simbólico, en el que lo
mental y lo situacional influyen en la realización de la conducta y la construcción de la psique a partir de la construcción y
transmisión de significados compartidos referentes a los símbolos empleados en el contexto interactivo.
Cuando un individuo llega a la presencia de otros, estos tratan por lo común de adquirir información acerca de él o de
poner en juego la que ya poseen. La información acerca del individuo ayuda a definir la situación, permitiendo a los otros
saber de antemano lo que él espera de ellos y lo que ellos pueden esperar de él. Así informados, los otros sabrán cómo
actuar a fin de obtener de él una respuesta determinada. Para los presentes, muchas fuentes de información se vuelven
accesibles y aparecen muchos portadores (o «vehículos de signos») para transmitir esta información.
Pueden confiar en lo que el individuo dice sobre sí mismo o en las pruebas documentales que él proporciona acerca de
quién o qué es. Si conocen al individuo o saben de él en virtud de experiencias previas a la interacción, pueden confiar en
suposiciones sobre la persistencia y generalidad de rasgos psicológicos como medio para predecir su conducta presente y
futura.
Durante el período en que el individuo se encuentra en la inmediata presencia de otros, pueden tener lugar pocos
acontecimientos que proporcionen a los otros la información concluyente que necesitarán si han de dirigir su actividad
sensatamente. Por ejemplo, las actitudes, creencias y emociones «verdaderas» o «reales» del individuo pueden ser
descubiertas solo de manera indirecta, a través de sus confesiones o de lo que parece ser conducta expresiva involuntaria.
Del mismo modo, si el individuo ofrece a los otros un producto o un servicio, con frecuencia descubrirán que durante la
interacción no habrá tiempo ni lugar inmediatamente disponible para descubrir la realidad subyacente. Se verán forzados
a aceptar algunos hechos como signos convencionales o naturales de algo que no está al alcance directo de los sentidos.
El individuo tendrá que actuar de manera de expresarse intencionada o involuntariamente, y los otros, a su vez, tendrán
que ser impresionados de algún modo por él.
La expresividad del individuo (y, por lo tanto, su capacidad para producir impresiones) parece involucrar dos tipos
radicalmente distintos de actividad significante: la expresión que da y la expresión que emana de él.
El primero incluye los símbolos verbales —o sustitutos de estos— que confiesa usar y usa con el único propósito de
transmitir la información que él y los otros atribuyen a estos símbolos. Esta es la comunicación en el sentido tradicional
y limitado del término.
El segundo comprende un amplio rango de acciones que los otros pueden tratar como sintomáticas del actor,
considerando probable que hayan sido realizadas por razones ajenas a la información transmitida en esta forma.
El individuo, por supuesto, transmite intencionalmente información errónea por medio de ambos tipos de comunicación;
el primero involucra engaño, el segundo, fingimiento. Si se toma la comunicación en ambos sentidos, el limitado y el
general, se descubre que, cuando el individuo se encuentra en la inmediata presencia de otros, su actividad tendrá un
carácter promisorio. Los otros descubrirán probablemente que deben aceptar al individuo de buena fe, ofreciéndole,
mientras se encuentre ante ellos, una justa retribución a cambio de algo cuyo verdadero valor no será establecido hasta
que él haya abandonado su presencia.
Este puede desear que tengan un alto concepto de él, o que piensen que él tiene un alto concepto de ellos, por ejemplo.
Independientemente del objetivo particular que persigue el individuo y del motivo que le dicta este objetivo, será parte
de sus intereses controlar la conducta de los otros, en especial el trato con que le corresponden. Este control se logra en
gran parte influyendo en la definición de la situación que los otros vienen a formular, y él puede influir en esta definición
expresándose de modo de darles la clase de impresión que habrá de llevarlos a actuar voluntariamente de acuerdo con
su propio plan.
“De los dos tipos de comunicaciones mencionadas —las expresiones dadas y las que emanan del individuo—, en este
informe nos ocuparemos sobre todo de la segunda, o sea de la expresión no verbal, más teatral y contextual,
presumiblemente involuntaria, se maneje o no en forma intencional.”
Los otros pueden dividir lo que presencian en dos partes: una parte que al individuo le es relativamente fácil manejar a
voluntad, principalmente sus aseveraciones verbales, y otra sobre la cual parece tener poco interés o control, derivada
sobre todo de las expresiones que él emite. Los otros pueden usar entonces los que se consideran aspectos ingobernables
de su conducta expresiva para controlar la validez de lo transmitido por los aspectos gobernables. Esto demuestra una
asimetría fundamental en el proceso de comunicación, en el cual el individuo sólo tiene conciencia de una corriente de
su comunicación, y los testigos, de esta corriente y de otra más.
Dado el hecho de que es probable que los otros verifiquen los aspectos más controlables de la conducta por medio de los
menos controlables, se puede esperar que a veces el individuo trate de explotar esta misma posibilidad, guiando la
impresión que comunica mediante la conducta que él considera informativa y digna de confianza.
Este tipo de control sobre la parte del individuo restablece la simetría del proceso de comunicación, y prepara la escena
para una especie de juego de la información —un ciclo potencialmente infinito de secreto, descubrimiento, falsa
revelación y redescubrimiento—
• Secreto: Las personas guardan cierta información sobre sí mismas, manteniéndola oculta a los demás para
controlar su imagen pública. Este tipo de interacción es asimétrica (a favor del actuante) ya que solo uno controla
o conoce la totalidad de la información
• Descubrimiento: En algún momento, parte de esa información oculta puede ser descubierta por otros, rompiendo
el secreto. Este descubrimiento puede ser intencional, como cuando una persona elige revelar esa información a
alguien más, o puede ocurrir de manera no planeada, a través de filtraciones, chismes o investigación por parte
de otras personas. El descubrimiento rompe el secreto y hace que la información antes oculta se vuelva conocida
por otros, por lo tanto, la interacción se vuelve simétrica otra vez
• Falsa revelación: Ante el descubrimiento, la persona puede intentar presentar una versión modificada o parcial
de la verdad con el objetivo de controlar la narrativa y gestionar la impresión que los demás tienen sobre esa
información. La falsa revelación puede ser una estrategia para minimizar el impacto negativo o estigmatizante de
la verdad completa. La interacción vuelve a ser asimétrica.
• Redescubrimiento: Con el tiempo, esa información falsamente revelada o modificada puede ser cuestionada o
descubierta nuevamente, lo que reinicia el ciclo de gestión de la información, lo que lleva a un ciclo continuo en
el intento de manejar la percepción de los demás sobre esa información.
Se espera que cada participante reprima sus sentimientos sinceros inmediatos y transmita una opinión de la situación que
siente que los otros podrán encontrar por lo menos temporariamente aceptable. El mantenimiento de esta apariencia de
acuerdo, esta fachada de consenso, se ve facilitado por el hecho de que cada participante encubre sus propias necesidades
tras aseveraciones que expresan valores que todos los presentes se sienten obligados a apoyar de palabra. Además, hay
por lo general en la formulación de definiciones una especie de división del trabajo. A cada participante se le permite
establecer las disposiciones oficiales experimentales en lo referente a asuntos vitales para él pero que no presentan
importancia inmediata para los otros, por ejemplo, las racionalizaciones y justificaciones por las cuales él da cuenta de su
actividad pasada.
En conjunto, los participantes contribuyen a una sola definición total de la situación, que implica no tanto un acuerdo real
respecto de lo que existe sino más bien un acuerdo real sobre cuáles serán las demandas temporariamente aceptadas (las
demandas de quiénes, y concernientes a qué problemas). También existirá un verdadero acuerdo en lo referente a la
conveniencia de evitar un conflicto manifiesto de definiciones de la situación. Me referiré a este nivel de acuerdo como
a un «consenso de trabajo». Se debe entender que el consenso de trabajo establecido en una escena de interacción será
de contenido muy diferente del consenso de trabajo establecido en un tipo de escena diferente. Independientemente de
tales diferencias de contenido, la forma general de estos arreglos de trabajo es, sin embargo, la misma.
Al notar la tendencia de un participante a aceptar las exigencias de definición hechas por los otros presentes podemos
apreciar la importancia decisiva de la información que el individuo posee inicialmente o adquiere sobre sus
coparticipantes, porque sobre la base de esta información inicial el individuo comienza a definir la situación e inicia líneas
correspondientes de acción.
A medida que avanza la interacción entre los participantes, tendrán lugar, como es natural, adiciones y modificaciones de
este estado de información inicial, pero es imprescindible que estos desarrollos posteriores estén relacionados sin
contradicciones con las posiciones iniciales adoptadas por los diferentes participantes, e incluso estar construidos sobre
la base de aquellas.
ESTRATEGIAS DEFENSIVAS-PREVENTIVAS: Encontramos que se emplean de continuo prácticas preventivas para evitar
estas perturbaciones, y también prácticas correctivas para compensar los casos de descrédito que no se han podido
evitar con éxito. Cuando el sujeto emplea estas estrategias y tácticas para proteger sus propias proyecciones, podemos
referirnos a ellas como «prácticas defensivas»; cuando un participante las emplea para salvar la definición de la situación
proyectada por otro, hablamos de «prácticas protectivas» o «tacto». En conjunto, las prácticas defensivas y protectivas
comprenden las técnicas empleadas para salvaguardar la impresión fomentada por un individuo durante su presencia
ante otros. Se debería agregar que si bien podemos mostrarnos dispuestos a aceptar que ninguna impresión fomentada
sobreviviría si no se empleasen las prácticas defensivas, estamos quizá menos dispuestos a ver cuán pocas impresiones
sobrevivirían si aquellos que las reciben no lo hicieran con tacto.
INTERACCIÓN CARA A CARA: la interacción (es decir, la interacción cara a cara) puede ser definida, en términos generales,
como la influencia recíproca de un individuo sobre las acciones del otro cuando se encuentran ambos en presencia física
inmediata. Una interacción puede ser definida como la interacción total que tiene lugar en cualquier ocasión en que un
conjunto dado de individuos se encuentra en presencia mutua continua; el término «encuentro» (encounter) serviría para
los mismos fines.
ACTUACIÓN: Una «actuación» (performance) puede definirse como la actividad total de un participante dado en una
ocasión dada que sirve para influir de algún modo sobre los otros participantes. Si tomamos un determinado participante
y su actuación como punto básico de referencia, podemos referirnos a aquellos que contribuyen con otras actuaciones
como la audiencia, los observadores o los coparticipantes.
Cuando un individuo desempeña un papel, solicita implícitamente a sus observadores que tomen en serio la impresión
promovida ante ellos. Se les pide que crean que el sujeto que ven posee en realidad los atributos que aparenta poseer,
que la tarea que realiza tendrá las consecuencias que en forma implícita pretende y que, en general, las cosas son como
aparentan ser.
En un extremo, se descubre que el actuante puede creer por completo en sus propios actos; puede estar sinceramente
convencido de que la impresión de realidad que pone en escena es la verdadera realidad. Cuando su público también se
convence de la representación que él ofrece —y este parece ser el caso típico—, entonces, al menos al principio, solo el
sociólogo o los resentidos sociales abrigarán dudas acerca de la «realidad» de lo que se presenta.
“He estado usando el término «actuación» para referirme a toda actividad de un individuo que tiene lugar durante un
período señalado por su presencia continua ante un conjunto particular de observadores y posee cierta influencia sobre
ellos”
PAPEL O RUTINA: La pauta de acción preestablecida que se desarrolla durante una actuación y que puede ser
presentada o actuada en otras ocasiones puede denominarse «papel» (parí) o «rutina».
RELACIÓN SOCIAL: Cuando un individuo o actuante representa el mismo papel para la misma audiencia en diferentes
ocasiones, es probable que se desarrolle una relación social.
ROL SOCIAL: la promulgación de los derechos y deberes atribuidos a un status dado, podemos añadir que un rol social
implicará uno o más papeles, y que cada uno de estos diferentes papeles puede ser presentado por el actuante en una
serie de ocasiones ante los mismos tipos de audiencia o ante una audiencia compuesta por las mismas personas.
FACHADA: la parte de la actuación del individuo que funciona regularmente de un modo general y prefijado, a fin de
definir la situación con respecto a aquellos que observan dicha actuación. La fachada, entonces, es la dotación expresiva
de tipo corriente empleada intencional o inconscientemente por el individuo durante su actuación. Para empezar, será
conveniente distinguir y designar las que parecen ser partes normales de la fachada:
• MEDIO: que incluye el mobiliario, el decorado, los equipos y otros elementos propios del trasfondo escénico, que
proporcionan el escenario y utilería para el flujo de acción humana que se desarrolla ante, dentro o sobre él. En
términos geográficos, el medio tiende a permanecer fijo, de manera que los que usan un medio determinado
como parte de su actuación no pueden comenzar a actuar hasta haber llegado al lugar conveniente, y deben
terminar su actuación cuando lo abandonan. Solo en circunstancias excepcionales el medio se traslada con los
actuantes, por ej. Cortejo fúnebre.
• FACHADA PERSONAL: para referirse a los otros elementos, aquellos que debemos identificar íntimamente con el
actuante mismo y que, como es natural, esperamos que lo sigan dondequiera que vaya. Como parte de la fachada
personal podemos incluir: las insignias del cargo o rango, el vestido, el sexo, la edad y las características raciales,
el tamaño y aspecto, el porte, las pautas de lenguaje, las expresiones faciales, los gestos corporales y otras
características semejantes. Algunos de estos vehículos transmisores de signos, tales como las características
raciales, son para el individuo relativamente fijos y durante un período de tiempo no varían de una situación a
otra. Además, algunos de estos vehículos de signos —como la expresión facial— son relativamente móviles o
transitorios y pueden variar durante una actuación de un momento a otro. Tiene 2 componentes, «apariencia»
(appearance) y «modales» {manner), de acuerdo con la función que desempeña la información transmitida por
estos estímulos.:
o APARIENCIA: se refiere a aquellos estímulos que funcionan en el momento de informarnos acerca del
status social del actuante. Estos estímulos también nos informan acerca del estado ritual temporario del
individuo, es decir, si se ocupa en ese momento de alguna actividad social formal, trabajo o recreación
informal, si celebra o no una nueva fase del ciclo estacional o de su ciclo vital.
o MODALES: se refieren a aquellos estímulos que funcionan en el momento de advertirnos acerca del rol
de interacción que el actuante esperará desempeñar en la situación que se avecina. Así, modales
arrogantes, agresivos, pueden dar la impresión de que este espera ser el que inicie la interacción verbal y
dirigir su curso. Modales humildes, gentiles, pueden dar la impresión de que el actuante espera seguir la
dirección de otros o, por lo menos, de que puede ser inducido a hacerlo.
A menudo esperamos, como es natural, una coherencia confirmatoria entre la apariencia y los modales;
esperamos que las diferencias de status social entre los interactuantes se expresen, en cierta medida, por medio
de diferencias congruentes en las indicaciones que se hacen del rol de interacción esperado. Pero es evidente que
la apariencia y los modales pueden tender a contradecirse mutuamente, como cuando el actuante que parece ser
de condición superior a su auditorio actúa de una manera inesperadamente igualitaria, o íntima, o humilde, o
cuando un actuante que lleva vestidos correspondientes a una posición elevada se presenta a un individuo de
status aún más elevado.
Además de la previsible compatibilidad entre apariencia y modales esperamos, como es natural, cierta coherencia
entre medio, apariencia y modales. Dicha coherencia representa un tipo ideal que nos proporciona una forma de
estimular nuestra atención respecto de las excepciones e interesarnos por ellas.
Goffman plantea que los elementos que componen una rutina específica no están restringidos a esa rutina única.
sugiere que ciertos elementos de la fachada social tienen una amplia aplicabilidad y pueden extenderse a una
gama diversa de situaciones sociales.
Los aspectos que conforman esta representación de uno mismo, como la vestimenta, la decoración o los modales,
pueden ser compartidos entre diferentes esferas de la vida, lo que demuestra la versatilidad y la capacidad de
estos elementos para adaptarse a diversas situaciones sociales.
• IDEALIZACIÓN: tendencia de los actuantes a ofrecer a sus observadores una impresión que es idealizada de
diversas maneras. Así, cuando el individuo se presenta ante otros, su actuación tenderá a incorporar y ejemplificar
los valores oficialmente acreditados de la sociedad, tanto más, en realidad, de lo que lo hace su conducta general.
Una vez obtenida la dotación de signos adecuada, y familiarizados con su manejo, puede ser usada para
embellecer e iluminar las actuaciones diarias de cada uno con un favorable estilo social. Como un ejemplo más de
dichas rutinas idealizadas, ninguno tiene tanto encanto sociológico como las actuaciones de los mendigos
callejeros, dichas impresiones tienen un aspecto idealizado, porque si el actuante ha de tener éxito debe ofrecer
el tipo de escenario que materialice los estereotipos extremos de desastrada pobreza del observador.
Es posible que los actuantes intenten incluso dar la impresión de que su porte y capacidad actuales son algo que
siempre han poseído y de que nunca han tenido que abrirse camino dificultosamente a través de un período de
aprendizaje. En todo esto, el actuante puede recibir asistencia tácita del establecimiento en el cual ha de actuar.
Así, muchas escuelas e instituciones anuncian rígidos requisitos y exámenes de ingreso, pero de hecho quizá
rechacen a muy pocos candidatos.
Un actuante tiende a encubrir o dar menor importancia a aquellas actividades, hechos y motivos incompatibles
con una versión idealizada de sí mismo y de sus obras. Además, el que actúa produce a menudo en los miembros
de su auditorio la creencia de que está relacionado con ellos de un modo más ideal de lo que en realidad lo está.
Los actuantes tienden a fomentar la impresión de que la actuación corriente de su rutina y su relación con su
auditorio habitual tienen algo especial y único. Se oculta el carácter rutinario de la actuación (el actuante mismo
no tiene, por lo general, conocimiento de cuan rutinaria es en realidad su actuación) y se acentúan los aspectos
espontáneos de la situación.
• TERGIVERSACIÓN: Si bien esta tendencia del auditorio a aceptar los signos coloca al actuante en la situación de
ser interpretado equivocadamente y lo obliga a hacer uso de un cuidado expresivo en relación con todo lo que
hace cuando se encuentra ante su auditorio, así también esta tendencia a la aceptación de signos coloca al
auditorio en la situación de ser engañado y conducido a conclusiones erróneas, porque hay pocos signos que no
puedan ser empleados para atestiguar la presencia de algo que no está realmente allí. Y es evidente que muchos
actuantes tienen una gran capacidad y motivo para tergiversar los hechos; solo la vergüenza, la culpa o el temor
les impiden hacerlo.
Como integrantes de un auditorio, es natural que sintamos que la impresión que el actuante trata de dar puede
ser verdadera o falsa, genuina o espuria, válida o «falsificada». Esta duda es tan común que, como se señaló, con
frecuencia prestamos especial atención a rasgos distintivos de la actuación que no pueden ser manejados
fácilmente, permitiéndonos así juzgar la confiabilidad de las sugestiones más tergiversables de la actuación. Y
aunque, de mala gana, permitamos que ciertos símbolos de status establezcan el derecho de un actuante a un
cierto tratamiento, siempre estamos listos a abalanzarnos sobre fallas de su armadura simbólica a fin de
desacreditar sus pretensiones.
Cuando pensamos en aquellos que presentan una falsa fachada o «solo» una fachada, en aquellos que fingen,
engañan y defraudan, pensamos en una discrepancia entre las apariencias fomentadas y la realidad. En cualquier
momento de su actuación puede producirse un hecho que los sorprenda, y contradiga en forma manifiesta lo que
han reconocido abiertamente, provocándoles una inmediata humillación y a veces la pérdida definitiva de su
reputación. Con frecuencia sentimos que un actuante honesto puede evitar precisamente estas terribles
eventualidades, que resultan del hecho de ser sorprendido flagrante delicio en un acto patente de tergiversación.
Cuando preguntamos si una impresión fomentada es verdadera o falsa, queremos preguntar en realidad si el
actuante está o no autorizado a presentar la actuación de que se trata, y no nos interesa primordialmente la
actuación en sí. Cuando descubrimos que alguien con quien tratamos es un impostor y un fraude cabal,
descubrimos que no tenía derecho a desempeñar el papel que desempeñó, que no era un beneficiario acreditado
del status pertinente. Damos por sentado que la actuación del impostor, además del hecho de tergiversarlo a él
mismo, incurrirá en falta también en otros aspectos, pero con frecuencia su simulación se descubre antes de que
podamos hallar alguna otra diferencia entre la actuación falsa y la legítima que esta finge.
Quizá lo más importante de todo sea lo siguiente: debemos notar que una falsa impresión mantenida por un
individuo en cualquiera de sus rutinas puede constituir una amenaza para toda la relación o rol, del cual la rutina
solo constituye una parte, porque un descubrimiento desacreditable en cierto ámbito de la actividad de un
individuo arrojará dudas sobre los numerosos campos en los cuales quizá no tenga nada que ocultar. Del mismo
modo, si el individuo sólo tiene una cosa por ocultar durante una actuación, y aun si la probabilidad de revelación
solo se da en una oportunidad o fase particular de la actuación, la ansiedad del actuante bien puede extenderse
a la totalidad de la actuación.
• MISTIFICACIÓN: el auditorio cooperará con frecuencia actuando de modo respetuoso, con una consideración
temerosa por la sagrada integridad que se imputa al actuante. Cualquiera que sea su función para el auditorio,
sus inhibiciones dan al actuante la oportunidad, limitada, de crear una impresión de su propia elección y le
permiten funcionar, para su bien o el del auditorio, como protección o amenaza susceptible de ser destruida por
una inspección minuciosa. El auditorio percibe misterios y poderes secretos detrás de la actuación, y el actuante
percibe que sus principales secretos son insignificantes. Como lo demuestran innumerables leyendas populares y
cuentos de iniciación, el verdadero secreto existente detrás del misterio es, con frecuencia, que en realidad no
hay misterio ultimo; el verdadero problema es impedir que también el público se entere de esto.
parece haber dos modelos de los basados en el sentido común, de acuerdo con los cuales formulamos nuestras
concepciones de la conducta: la actuación real, sincera u honesta, y la falsa, que consumados embusteros montan
para nosotros, ya sea con la intención de no ser tomados en serio, como en el trabajo de los actores en escena, o
con la intención de serlo, como en el caso de los embaucadores. Tendemos a ver las actuaciones reales como algo
que no ha sido construido expresamente, como producto involuntario de la respuesta espontánea a los hechos
en su situación. Y tendemos a ver las actuaciones ideadas como algo industriosamente armado, con un detalle
falso tras otro, ya que no hay realidad de la cual podrían ser respuesta directa los detalles de conducta.
o REALIDAD: se refiere a los aspectos auténticos y genuinos de la vida diaria. Estos pueden ser los
sentimientos reales, las experiencias personales y los comportamientos auténticos de las personas. Por
ejemplo, los pensamientos íntimos, las emociones genuinas o las reacciones no ensayadas a eventos
inesperados se considerarían elementos de la "realidad". Existen muchos individuos que creen
sinceramente que la definición de la situación que acostumbran proyectar es la realidad real. En este
informe no intento examinar su proporción en la población, sino más bien la relación estructural entre su
sinceridad y las actuaciones que ofrecen. Si una actuación ha de tener efecto, será bueno que los testigos
puedan creer en todo sentido que los actuantes son sinceros. Esta es la posición estructural de la
sinceridad en la secuencia de los acontecimientos. Los actuantes pueden ser sinceros —o no serlo, pero
estar sinceramente convencidos de su propia sinceridad—, pero este tipo de sentimiento respecto del rol
no es necesario para que la actuación sea convincente.
Aquí se infiere que una actuación honesta, sincera, seria tiene una conexión con el mundo verdadero
menos sólida de lo que se podría suponer a primera vista. Y esta inferencia se verá reforzada si
observamos una vez más la distancia que media por lo general entre las actuaciones muy honestas y las
muy artificiosamente elaboradas.
o ARTIFICIO: se refiere a los elementos construidos, las actuaciones y las representaciones que las personas
utilizan en sus interacciones sociales. Estos aspectos artificiales pueden incluir la manera en que uno se
viste, actúa o habla para proyectar una imagen específica de sí mismo. Es la presentación consciente y
controlada que se hace para dar una impresión particular a los demás. Esto señala que, si bien las personas
son por lo general (que aparentan ser, dichas apariencias podrían, no obstante; haber sido dirigidas. Hay,
entonces, una relación estadística entre las apariencias y la realidad, que no es ni intrínseca ni necesaria.
De hecho, dadas las amenazas imprevistas que juegan sobre una actuación, y la necesidad (que se
considerará más adelante) de mantener la solidaridad con los compañeros de actuación y cierta distancia
respecto de los testigos, advertimos que una incapacidad rígida para alejarse de la propia perspectiva
interna de la realidad puede a veces comprometer la actuación del sujeto. Algunas actuaciones son
llevadas a cabo exitosamente con completa deshonestidad, otras con completa honestidad; pero ninguno
de estos dos extremos es esencial para las actuaciones en general ninguno de los dos es, quizás,
aconsejable desde el punto de vista dramático.
ESTABLECIMIENTO SOCIAL: Un establecimiento social es todo lugar rodeado de barreras establecidas para la percepción,
en el cual se desarrolla de modo regular un tipo determinado de actividad. A mi juicio, todo establecimiento social puede
ser estudiado provechosamente desde el punto de vista del manejo de las impresiones. Dentro de los muros de un
establecimiento social encontramos un equipo de actuantes que cooperan para presentar al auditorio una definición dada
de la situación. Esta incluirá la concepción del propio equipo y del auditorio, y los supuestos concernientes a los rasgos
distintivos que han de mantenerse mediante reglas de cortesía y decoro.
Observamos a menudo dos regiones: la región posterior, donde se prepara la actuación de una rutina, y la región
anterior, donde se ofrece la actuación. El acceso a estas regiones se halla controlado a fin de impedir que el auditorio
pueda divisar el trasfondo escénico y que los extraños puedan asistir a una representación que no les está destinada.
Vemos, asimismo, que entre los miembros del equipo prevalece una relación de familiaridad, suele desarrollarse un
espíritu de solidaridad, y los secretos que podrían desbaratar la representación son compartidos y guardados.
Entre los actuantes y el auditorio se establece un convenio tácito para actuar como si existiese entre ambos equipos un
grado determinado de oposición y de acuerdo. En general, pero no siempre, se acentúa el acuerdo y se minimiza la
oposición. El consenso de trabajo resultante tiende a ser contradicho por la actitud que asumen los actuantes hacia el
auditorio cuando este se halla ausente, y por la comunicación impropia cuidadosamente controlada que los actuantes
transmiten mientras el auditorio está presente. Advertimos que se ponen de manifiesto roles discrepantes: algunos de los
individuos que son aparentemente miembros del equipo de actuantes o del auditorio —o extraños— obtienen
información acerca de la actuación, y aun de las relaciones del equipo que no son manifiestas y que complican el problema
de la puesta en escena de la representación. A veces se producen disrupciones a través de gestos impensados, pasos en
falso y escenas, con lo cual se desacredita o contradice la definición de la situación que se quiere mantener.
Los actuantes, el auditorio y los extraños aplican técnicas para salvaguardar la representación, ya sea tratando de evitar
probables disrupciones, subsanando las inevitables o posibilitando que otros lo hagan. Para asegurar el empleo de estas
técnicas, el equipo tenderá a elegir miembros leales, disciplinados y circunspectos, y un auditorio que se comporte con
tacto. Estos rasgos y elementos constituyen el marco de referencia característico, a mi juicio, de gran parte de la
interacción social que se desarrolla en los medios naturales de nuestra sociedad angloamericana. Es un marco formal y
abstracto, en el sentido de que puede ser aplicado a cualquier establecimiento social; no es, sin embargo, una mera
clasificación estática. Se relaciona con problemas dinámicos creados por la motivación que conduce a sustentar la
definición de la situación proyectada ante otros.
• En primer lugar, las abominaciones del cuerpo, las distintas deformidades físicas.
• Luego, los defectos del carácter del individuo que se perciben como falta de voluntad, pasiones tiránicas o
antinaturales, creencias rígidas y falsas, deshonestidad. Todos ellos se infieren de conocidos informes sobre, por
ejemplo, perturbaciones mentales, reclusiones, adicciones a las drogas, alcoholismo, homosexualidad,
desempleo, intentos de suicidio y conductas políticas extremistas.
• Por último, existen los estigmas tribales de la raza, la nación y la religión, susceptibles de ser transmitidos por
herencia y contaminar por igual a todos los miembros de una familia
Un individuo que podía haber sido fácilmente aceptado en un intercambio social corriente posee un rasgo que puede
imponerse por la fuerza a nuestra atención y que nos lleva a alejarnos de él cuando lo encontramos, anulando el llamado
que nos hacen sus restantes atributos. Posee un estigma, una indeseable diferencia que no habíamos previsto. Daré el
nombre de normales a todos aquellos que no se apartan negativamente de las expectativas particulares que están en
discusión.
Son bien conocidas las actitudes que nosotros, los normales, adoptamos hacia una persona que posee un estigma, y las
medidas que tomamos respecto de ella, ya que son precisamente estas respuestas las que la benevolente acción social
intenta suavizar y mejorar. Creemos, por definición, desde luego, que la persona que tiene un estigma no es totalmente
humana. Valiéndonos de este supuesto practicamos diversos tipos de discriminación, mediante la cual reducimos en la
práctica, aunque a menudo sin pensarlo, sus posibilidades de vida. Construimos una teoría del estigma, una ideología para
explicar su inferioridad y dar cuenta del peligro que representa esa persona, racionalizando a veces una animosidad que
se basa en otras diferencias, como, por ejemplo, la de clase social. En nuestro discurso cotidiano utilizamos como fuente
de metáforas e imágenes términos específicamente referidos al estigma, tales como inválido, bastardo y tarado, sin
acordarnos, por lo general, de su significado real. Basándonos en el defecto original, tendemos a atribuirle un elevado
número de imperfecciones y, al mismo tiempo, algunos atributos deseables, pero no deseados por el interesado, a
menudo de índole sobrenatural.
El individuo estigmatizado tiende a sostener las mismas creencias sobre la identidad que nosotros; este es un hecho
fundamental. La sensación de ser una «persona normal», un ser humano como cualquier otro, un individuo que, por
consiguiente, merece una oportunidad justa para iniciarse en alguna actividad, puede ser uno de sus más profundos
sentimientos acerca de su identidad.
Podemos ya señalar el rasgo central que caracteriza la situación vital del individuo estigmatizado. Está referido a lo que
a menudo, aunque vagamente, se denomina aceptación. Las personas que tienen trato con él no logran brindarle el
respeto y la consideración que los aspectos no contaminados de su identidad social habían hecho prever y que él había
previsto recibir; se hace eco del rechazo cuando descubre que algunos de sus atributos lo justifican. Será posible intentar
corregir directamente lo que considera el fundamento objetivo de su deficiencia; es el caso de la persona físicamente
deformada que se somete a la cirugía plástica, del ciego que recurre al tratamiento ocular, del analfabeto que intenta una
educación reparadora, del homosexual que ingresa en psicoterapia.
Se enfoca en cómo la aceptación, o la falta de ella, se convierte en un desafío significativo para aquellos que son
estigmatizados por la sociedad. El individuo estigmatizado enfrenta una situación donde las personas con quienes
interactúa no le ofrecen el respeto y la consideración que su identidad social convencional o no marcada habría sugerido
o anticipado. Este individuo, en su interacción social, experimenta un eco de rechazo que se origina en la percepción de
que algunos de sus atributos justifican este trato diferencial.
Goffman plantea que, en respuesta a este estigma percibido, el individuo estigmatizado a menudo intenta corregir
directamente lo que percibe como la base objetiva de su diferencia.
Este libro, sin embargo, se interesa específicamente por el problema de los «contactos mixtos», o sea en los momentos
en que estigmatizados y normales se hallan en una misma «situación social», vale decir, cuando existe una presencia
física inmediata de ambos, ya sea en el transcurso de una conversación o en la simple copresencia de una reunión informal.
La misma previsión de tales contactos puede, naturalmente, llevar a normales y estigmatizados a organizar su vida de
modo tal de evitarlos.
Cuando normales y estigmatizados se encuentran frente a frente, especialmente cuando tratan de mantener un encuentro
para dialogar juntos, en muchos casos, son estos los momentos en que ambas partes deberán enfrentar directamente
las causas y los efectos del estigma. El individuo estigmatizado puede descubrir que se siente inseguro acerca del modo
en que nosotros, los normales, vamos a identificarlo y a recibirlo. Para la persona estigmatizada, la inseguridad relativa al
status, sumada a la inseguridad laboral, prevalece sobre una gran variedad de interacciones sociales. La incertidumbre del
estigmatizado surge no solo porque ignora en qué categoría será ubicado, sino también, si la ubicación lo favorece, porque
sabe que en su fuero interno los demás pueden definirlo en función de su estigma.
Y siempre siento lo mismo con la gente honrada: aunque sean buenos y agradables conmigo, en el fondo ven en mí nada
más que a un criminal. Aparece en el estigmatizado la sensación de no saber qué es lo que los demás piensan «realmente»
de él.
Es probable que durante los contactos mixtos el individuo estigmatizado se sienta «en exhibición», debiendo llevar
entonces su autoconciencia y su control sobre la impresión que produce hasta extremos y áreas de conducta que supone
que los demás no alcanzan. Puede también percibir que se ha debilitado el habitual esquema que permite interpretar los
acontecimientos cotidianos. Cuando fijamos nuestra atención (por lo general nuestra vista) en el defecto de la persona
estigmatizada cuando, en suma, no se trata de una persona desacreditable sino desacreditada, es posible que esta sienta
que el estar presente entre los normales la expone, sin resguardo alguno, a ver invadida su intimidad, situación vivida con
mayor agudeza, quizá, cuando los niños le clavan simplemente la mirada.
En lugar de retraerse defensivamente, el individuo estigmatizado puede intentar establecer contactos mixtos mediante
baladronadas agresivas, pero esto puede provocar en los demás una serie de respuestas impertinentes. Considero
entonces que los individuos estigmatizados al menos aquellos «visiblemente» estigmatizados deben tener razones
especiales para sentir que las situaciones sociales mixtas tienden a una interacción incontrolablemente ansiosa
Se sugirió al comienzo que podía existir una discrepancia entre la identidad virtual y la real de un individuo. Cuando es
conocida o manifiesta, esta discrepancia daña su identidad social; lo aísla de la sociedad y de sí mismo, de modo que
pasa por ser una persona desacreditada frente a un mundo que no lo acepta. En ciertos casos, como en el del individuo
que nació sin nariz, puede descubrir a lo largo de su vida que es el único de su especie, y que todo el mundo está en contra
de él. Casi siempre, sin embargo, advertirá que existe gente sensible dispuesta a adoptar su punto de vista en el mundo
y a compartir con él el sentimiento de que es humano y «esencialmente» normal, a pesar de las apariencias y de sus
propias dudas. Hay que considerar, en este último caso, dos categorías.
El primer grupo de personas benévolas es, por supuesto, el que comparte su estigma. Conocedoras por experiencia
propia de lo que se siente al poseer ese estigma en particular, algunas de esas personas pueden enseñarle las mañas del
oficio y ofrecerle un círculo de lamentos en el cual refugiarse en busca del apoyo moral o del placer de sentirse en su
elemento, a sus anchas, aceptado como alguien Entre sus iguales, el individuo estigmatizado puede utilizar su desventaja
como base para organizar su vida, pero para lograrlo deberá resignarse a vivir en un mundo incompleto
En el estudio sociológico de las personas estigmatizadas, el interés se centra, por lo general, en el tipo de vida colectiva,
cuando esta existe, que llevan aquellos que pertenecen a una categoría particular. Es evidente que en ellos se encuentra
un catálogo bastante completo de tipos de formaciones y funciones grupales. EJEMPLOS: clubes de ayuda mutua
(Alcohólicos anónimos), asociaciones nacionales, redes de ayuda mutua, instituciones auxiliares, comunidades religiosas,
etc.
El término «categoría» es perfectamente abstracto y puede ser aplicado a cualquier conjunto, en este caso a personas
que poseen un estigma particular. Gran parte de los que se incluyen dentro de una determinada categoría de estigma bien
pueden referirse a la totalidad de los miembros con el término «grupo» o un equivalente, tal como “nosotros” o “nuestra
gente”. Del mismo modo, quienes están afuera de la categoría pueden designar a los que están dentro de ella en términos
grupales. Sin embargo, es muy común en esos casos que el conjunto de todos los miembros no constituya un único grupo
en el sentido estricto, ya que no poseen ni una capacidad para la acción colectiva ni una pauta estable y totalizadora de
interacción mutua. Lo que sí sabemos es que los integrantes de una categoría particular de estigma tienden a reunirse en
pequeños grupos sociales, cuyos miembros derivan de la misma categoría; estos grupos están, a su vez, sujetos a
organizaciones que los engloban en mayor o menor medida. También se observa que cuando un miembro de una
determinada categoría entra en contacto con otro, ambos pueden estar dispuestos a modificar su trato mutuo por creer
que tanto el uno como el otro pertenecen al mismo «grupo». Además, en tanto miembro de una categoría, un individuo
puede tener una mayor probabilidad de entrar en contacto con cualquier otro miembro e, incluso, como resultado de ello,
de establecer una relación con él. De esto se desprende que una categoría puede funcionar para favorecer entre sus
miembros el establecimiento de relaciones y formaciones grupales, lo cual no significa, sin embargo, que la totalidad de
sus integrantes constituya un grupo-sutileza conceptual que, en lo sucesivo, no siempre observaremos en este ensayo
En primer lugar, convertir su estigma en una profesión; los líderes nativos están obligados a tratar con representantes
de otras categorías, descubriendo de ese modo que rompen con el círculo cerrado de sus iguales. En lugar de apoyarse
en sus muletas, las utilizan para jugar al golf, y dejan de ser, en términos de participación social, representativos de las
personas que representan.
En segundo lugar, aquellos que presentan profesionalmente el punto de vista de su categoría pueden introducir ciertas
parcialidades sistemáticas en su exposición, por el simple motivo de que están demasiado implicados en el problema como
para escribir sobre él. Aunque cualquier categoría particular de estigma puede tener profesionales que adopten líneas
diferentes e, incluso, subvencionar publicaciones que abogan por programas distintos, existe un tácito acuerdo uniforme
de que la situación del individuo que posee ese estigma peculiar es digna de atención. Sea que se ocupe seriamente del
estigma o que le reste importancia, un escritor deberá definirlo como algo sobre lo cual vale la pena escribir. Este acuerdo
mínimo, aun cuando no haya otros, ayuda a consolidar la creencia en el estigma como base para el autoconocimiento. En
este caso, una vez más, los representantes no son representativos, pues es difícil que la representación pueda provenir
de quienes no prestan atención a su estigma o son relativamente analfabetos.
Aquellos que representan profesionalmente una categoría estigmatizada pueden introducir sesgos o perspectivas
parciales en sus discursos debido a su propia implicación personal en el problema. Aunque puede haber divergencias de
opiniones entre los profesionales que representan una categoría estigmatizada, existe un acuerdo tácito de que la
situación del individuo con el estigma merece atención y es digna de ser escrita o discutida. Este consenso básico sobre la
importancia del estigma ayuda a reforzar la creencia en el estigma como base para el autoconocimiento y la reflexión
sobre la identidad.
Además, Goffman destaca que los representantes de una categoría estigmatizada pueden no ser verdaderamente
representativos de la totalidad de esa categoría. Algunos individuos con estigmas pueden no prestar atención a su estigma
o tener limitaciones para expresarse, lo que puede dificultar su representación. En consecuencia, la representación a
menudo proviene de aquellos que son más conscientes de su estigma y tienen la capacidad de expresarlo, lo que puede
introducir ciertos sesgos en las representaciones de la categoría estigmatizada.
He considerado un conjunto de individuos de quienes la persona estigmatizada puede esperar cierto apoyo: aquellos que
comparten su estigma, en virtud de lo cual son definidos y se definen a sí mismos como sus iguales. El segundo grupo es
el de los SABIOS, es decir, personas normales cuya situación especial las lleva a estar íntimamente informadas acerca
de la vida secreta de los individuos estigmatizados y a simpatizar con ellos, y que gozan, al mismo tiempo, de cierto
grado de aceptación y de cortés pertenencia al clan. Las personas sabias son los hombres marginales ante quienes el
individuo que tiene un defecto no necesita avergonzarse ni ejercer un autocontrol, porque sabe que a pesar de su
imperfección será considerado como una persona corriente.
Un tipo de persona sabia es aquella cuya sabiduría proviene de sus actividades en un establecimiento, que satisface tanto
las necesidades de quienes tienen un estigma particular como las medidas que la sociedad adopta respecto de estas
personas. Un segundo tipo de persona sabia es aquella que se relaciona con un individuo estigmatizado a través de la
estructura social; esta relación hace que en algunos aspectos el resto de la sociedad más amplia considere a ambos como
una sola persona. (Ejemplo: esposa de un enfermo mental, hija de un preso)
En general, la tendencia del estigma a difundirse desde el individuo estigmatizado hacia sus relaciones más cercanas
explica por qué dichas relaciones tienden a evitarse o, en caso de existir, a no perdurar. Las personas que tienen un estigma
aceptado suministran un modelo de «NORMALIZACIÓN» mostrando hasta dónde pueden llegar los normales cuando
tratan a un individuo estigmatizado como si no lo fuera. La normalización es distinta de la «NORMIFICACIÓN», o sea, el
esfuerzo que realiza el individuo estigmatizado para presentarse a sí mismo como una persona corriente, aunque no
oculte necesariamente su defecto.
La persona que tiene un estigma aceptado puede, en realidad, colocar tanto al -estigmatizado como al normal en una
situación incómoda: al estar siempre dispuestos a cargar un peso que no es realmente suyo» pueden arrostrar a los demás
con una excesiva moralidad; al tratar el estigma como una entidad neutral que debe ser considerada de un modo directo
y sin cumplidos, exponen a sí mismos y a los estigmatizados a una interpretación errónea, ya que los normales pueden
vivir esa conducta como agresivas
Por otra parte, el individuo con un estigma aceptado puede descubrir que debe soportar muchas de las privaciones típicas
del grupo que lo admite y que, aun así, no puede gozar de la exaltación de sí mismo, que es la defensa corriente frente a
dicho tratamiento.
Las personas que tienen un estigma particular tienden a pasar por las mismas experiencias de aprendizaje relativas a su
condición y por las mismas modificaciones en la concepción del yo una carrera moral» similar que es, a la vez, causa y
efecto del compromiso con una secuencia semejante de ajustes personales
Una fase de este proceso de socialización es aquella en la cual la persona estigmatizada aprende a incorporar el punto de
vista de los normales, adquiriendo así las creencias relativas a la identidad propias del resto de la sociedad mayor, y una
idea general de lo que significa poseer un estigma particular.
Otra fase es aquella en la cual aprende que posee un estigma particular y esta vez en detalle- las consecuencias de
poseerlo. La sincronización e interjuego de estas dos fases iniciales de la carrera moral crean pautas importantes,
estableciendo la base del desarrollo ulterior y proporcionando un medio para distinguir entre las carreras morales
accesibles a los estigmatizados.
1. Una de las pautas involucra a los que poseen un estigma innato y son socializados dentro de su desventajosa
situación al mismo tiempo que aprenden e incorporan los estándares ante los cuales fracasan.
2. Una segunda pauta deriva de la capacidad de una familia, y en menor grado de una comunidad local, de
constituirse en cápsula de su joven miembro.
3. Los que en un momento tardío de la vida son víctimas de un estigma, o advierten que han sido siempre personas
desacreditables, el primer caso no implica una reorganización radical de la visión de su pasado; el segundo sí,
ejemplifican una tercera pauta de socialización. Son individuos que han realizado un concienzudo aprendizaje de
lo normal y lo estigmatizado mucho tiempo antes de tener que considerarse a sí mismos como personas
deficientes. Es probable que tengan un problema especial en reidentificarse consigo mismos, y una especial
facilidad para la autocensura.
4. Una cuarta parte está representada por aquellas personas socializadas inicialmente en una comunidad alienada,
ya sea dentro o fuera de los límites geográficos de la sociedad normal, que deben luego aprender una segunda
manera de ser: aquella que quienes las rodean sienten como la única real y válida.
Debemos agregar que cuando un individuo adquiere tardíamente un yo nuevo, estigmatizado, las dificultades que
experimenta para entablar nuevas relaciones pueden extenderse en forma lenta a sus vínculos anteriores. Aquellos con
los que se vincula después de adquirir el estigma pueden verlo simplemente como una persona que tiene un defecto;
quienes lo conocen desde antes están ligados a una concepción de lo que fue alguna vez, y pueden, por consiguiente,
sentirse incapaces de brindarle, sea un trato natural, sea una total aceptación familiar.
RITUALIZACIÓN DE LA FEMINEIDAD
Goffman nos procura por primera vez una apreciación de su interés por la imagen, y muy particularmente por la imagen
fotográfica de revistas o de publicidad. Goffman no dice que estas imágenes reflejen fielmente su sociedad. Tampoco dice
que no puedan enseñarnos mucho sobre ella. Son escenificaciones de escenificaciones, puesto que sus autores, para
producirlas se sirven forzosamente del «idioma ritual» de la sociedad. Una novela no tiene más que una relación
convencional con su sociedad de referencia, pero tampoco sale de ninguna parte. Por tanta pue- de ofrecer a los sociólogos
documentación interesante. Goffman presenta una muestra análoga con la fotografía de gran consumo pública,
estudiando con precisión de etólogo las exhibiciones (displays) que las mujeres deben cumplir espontáneamente» en
sociedad o deliberadamente para el fotógrafo publicitario (ritualización de primer grado), (ritualización de segundo grado,
o hiperritualización).
Erving Goffman reflexiona sobre el uso de fotografías como herramienta para el análisis social y destaca la complejidad
en el estudio de las imágenes fotográficas.
Goffman comienza señalando que la naturaleza ontológica de los temas presentados en las fotografías es bastante mixta.
Afirma que cualquier intento de establecer jerarquías o estructuras ontológicas sobre la realidad representada en las
imágenes probablemente fracase. Además, sugiere que las fotografías comerciales, por ejemplo, pueden estudiarse
tomando muestras aleatorias de revistas, registrando los títulos y períodos, sin enfocarse en nada que no esté dentro de
esa muestra. Este enfoque busca asegurar que la colección de fotografías sea representativa.
Sin embargo, Goffman advierte que esta representatividad de las imágenes por sí sola no revela aspectos cruciales sobre
la vida real que las fotografías pretenden capturar. Señala la limitación de comprender qué aspectos de la vida real
representan realmente las fotografías y cuál es su impacto social en la realidad que supuestamente representan. Añade
que esta limitación es común a todas las fotografías, incluyendo las que él mismo utiliza en su análisis social.
Luego, Goffman señala que la representatividad de las imágenes disminuye a medida que se acumulan los datos. Esta
disminución no invalida la efectividad de ilustrar un tema, pero no demuestra nada sobre lo que realmente se puede
descubrir en las imágenes o en el mundo real. Además, menciona que su método de análisis guarda similitudes con otros
enfoques utilizados para el estudio de imágenes.
Los temas que quiero examinar plantean tres cuestiones de metodología general que no deben confundirse: el
descubrimiento, la exposición y la prueba. Sólo me importan ahora las dos primeras, como pretextos para explotar, sin
gran esfuerzo, las particularísimas ventajas que ofrece la fotografía, y que son las siguientes:
Destaca un tipo de prácticas conductuales que él denomina "cortos comportamientos". Estos actos poseen una forma
material bien definida, pero sus efectos sociales o su significado pueden resultar vagos en parte. Además, se cumplen
completamente en un corto lapso de tiempo y en un espacio limitado. Goffman identifica la utilidad de la fotografía en la
grabación y reproducción de estos "cortos comportamientos" mediante magnetofonías, magnetoscopios y cámaras.
VENTAJAS DE LA FOTOGRAFÍA.
Goffman enfatiza que la fotografía permite al investigador establecer una relación completamente nueva con los datos de
su estudio. Destaca el potencial de la fotografía para facilitar el macroanálisis, ya que las imágenes son ahora más baratas
y fáciles de reproducir, particularmente en forma de diapositivas. Una vez se ha reunido una colección de fotografías, el
investigador puede seleccionar, organizar y reorganizarlas con facilidad. Esto facilita la realización de pruebas y errores,
contribuyendo significativamente a revelar patrones, proporcionar ejemplos, ilustraciones simples o extraídos de casos
reales.
La capacidad social de la vista es enorme y, el acuerdo de los videntes, impresionante: dos factores que puede explotar el
investigador. Le ofrecen, en efecto, la posibilidad de considerar claramente figuras conductivas que la insuficiencia de
talento literario no le permitirla citar solo por medio de las palabras
En una colección de ejemplos en imágenes (trátese de ilustraciones o de representaciones de casos reales) sobre un tema
común. Hay más que un simple procedimiento para asegurarse de que el fenómeno estudiado aparezca claramente a la
vista del espectador. Más frecuentemente, bastarían uno o dos ejemplos. Además, en contra de las ideas tradicionales
sobre la muestra, el tamaño de la colección no tiene, de ninguna manera, la finalidad de mostrar el predominio de tales o
tales casos dentro de la muestra, ni (por extensión) dentro del terreno del que ésta se saque. Se trata de algo muy
diferente. Porque el interés de tener diversos ejemplos en imágenes de un tema único es que aporten un abanico de
distintos planos contextuales secundarios que vengan a aclarar diferencias ocultas, aun mostrando un trazo único
La profundidad y la amplitud de esas diferencias contextuales son lo que produce sensación de estructura, de orden único,
fundamental a las desviaciones superficiales. Mientras que, para los métodos tradicionales, las diferencias entre partidas
que contabilizar en cuanto representativas de una misma cosa son causa de engorro, y en proporción del grado a la
diferencia, lo contrario es cierto del análisis mediante imágenes, que consiste precisamente en fundir en un todo estas
desviaciones aparentes
sea cual fuere su deseo de rodear de cambios un tema determinado, no por ello puede dejar de cumplir las exigencias de
la imaginación escénica -conveniencia, inteligibilidad, etc.-, mostrando así forzosamente la posibilidad y la manera de
hacer concordar diversos elementos para que «expresen» lo mismo. El que un conjunto de publicidades pueda manifestar
una estructura fundamental común es, pues, un artificio enteramente producido por la misma idea publicitaria, y el
investigador no hace sino descubrir lo que de entrada se ha compuesto deliberadamente. Pero, en todo caso, el conocer
los medios por los que el publicita- rio logra encontrar diversos disfraces a sus estereotipos nos informa sobre las maneras
posibles de escoger y modelar documentos sacados de escenas reales con el fin de provocar la interpretación que se
desea.
¿QUÉ UTILIDAD TIENEN LAS FOTOGRAFÍAS ILUSTRATIVAS DE LA CONDUCTA RELACIONADA CON EL SEXO?
Las fotografías ilustrativas de la conducta relacionada con el sexo (social) que yo he coleccionado así de manera no
aleatoria pueden tener como utilidad, por otra parte, refrescarnos las ideas sobre es puntos: los estilos de
comportamiento relacionados con el sexo, Ja manera como la publicidad presenta de ellos una visión finalmente sesgada
vas reglas de producción escénica particulares de la forma fotográfica.
“Mi interés se dirige ante todo al primer punto, pero los textos que acompañan a mis fotografías abordan todas las
cuestiones que éstas puedan plantear. Precisaré, de todos/ modos, que el punto esencial de la exposición es la idea de los
publicitarios sobre la manera de representar con beneficio a las mujeres. Por tanto, tendré que aventurarme a
generalizaciones poco fundadas, con solo el mérito de versar principalmente sobre la manera como el sexo se representa,
no sobre su escenificación real.”
¿QUÉ PROPONE PARA ADQUIRIR CONCIENCIA DEL ESTEREOTIPO? (RELACIONAR CON MORENO SARDÁ).
Con otras palabras, aun si los documentos aquí presentados no pueden considerarse representativos del comportamiento
relacionado con el sexo en la realidad, y ni siquiera de la publicidad en general, ni de tal publicación en particular, no
obstante, me parece que puede emitirse sobre ellos un juicio negativo de cierta importancia, a saber, que en cuanto
imágenes no se las advierte como nada de excepcional ni anormal. Siendo esto así, para adquirir conciencia
inmediatamente del estereotipo, bastará imaginar, en cada fotografía, qué resultaría de haberse cambiado los sexos.
Teniendo presente esta posibilidad, el lector estará en situación de hacer sus propios comentarios y de formarse una idea
sobre los méritos posibles de los míos. (Relacionar con la técnica para verificar la opacidad androcéntrica del discurso)
Una última reserva: en su inmensa mayoría, las publicaciones presentan inocentemente escenas ficticias cuyos sujetos,
los personajes, no tienen nada en común con los modelos profesionales que posan para la ocasión se ofrece la imagen de
unas modelos vestidas de enfermeras, que posan en una reproducción de entorno médico
Podré caer en semejante simplificación, hablando de los sujetos de una fotografía como si se tratase de ejemplificaciones,
le imágenes tomadas de la realidad. Pero la complicación se debe a que posar para la publicidad implica casi
invariablemente una titularidad de sexo, haciendo las modelos femeninas de personajes femeninos y, los modelos
masculinos, de personajes masculinos. (la misma titularidad se observa en cuanto a los grupos de edades.)
Toda explicación sobre el sexo en la publicidad termina por llegar al punto en que, en cierto sentido, modelo y personaje
no son más que uno. Porque si, ciertamente, el publicitario que escenifica una enfermeras no nos presenta el registro
fotográfico de tal personaje; dicho de otra manera, no nos muestra la imagen auténtica de una verdadera enfermera, en
todo caso nos hace ver una mujer verdadera, al menos, en el sentido corriente de la palabra «verdadero». Cuando sale
del estudio, la modelo deja de ser «enfermera», pero sigue siendo mujer.
FOTOGRAFÍA – ESTEREOTIPO DE SEXO: SIEMPRE “DOS CASILLEROS”: MUJER – HOMBRE O MUJER- MUJER.
Unas palabras, para terminar, sobre las fotografías mismas. Advirtamos en primer lugar que en ellas se ve a mujeres tomar
actitudes «femeninas», no sólo ante hombres, sino también ante otra mujer, lo cual nos empuja a pensar que los
estereotipos relacionados con el sexo en fotografía, al menos se basan en la noción de un espacio con dos casillas y que
lo importante es rellenar estas casillas con sujetos diferenciados en su papel, pero no necesariamente opuestos en su
identidad sexual.
¿CUÁL ES LA MISIÓN DEL PUBLICITARIO? ¿QUÉ LIMITACIONES LE IMPONE EL MEDIO?
La misión del publicitario es disponer favorablemente al espectador ante el producto que ensalza, y su procedimiento
consiste, en general, en mostrar un ejemplar brillante en un marco encantador, con el mensaje implícito de que,
comprando uno, estaremos en el buen camino para vernos en el otro, que es lo que deseamos. Además, es interesante
observar que el elemento encantador suele estar proporcionado por la presencia, en el cuadro, de una elegante mujer
joven, llegada para conceder su aprobación y el esplendor de su persona al producto, trátese de una escoba, un insecticida,
un asiento ortopédico, materiales de recubrimiento, una tarjeta de crédito o una bomba al vacío. Pero todo eso, desde
luego, no es más que publicidad y no tiene demasiado que ver con la vida real. Eso es lo que dicen los críticos de este arte
de la explotación; ingenuos críticos, todo hay que decirlo, que no se enteran de nada en esta vida real.
El publicitario, encomie como quiera su producto, tiene que someterse a las limitaciones del medio que utiliza. Porque,
debiendo exponer algo sensato y fácilmente comprensible, sólo dispone de caracteres de imprenta y de una o dos
fotografías de unos personajes que, aun si parecen estar hablando, se nos presentan callados.
Es cuestión con unas cuantas soluciones evidentes. Así, es posible montar una escena cogiendo a los personajes justo en
pleno acto capaz de compendiar a la vista de todos la secuencia de la que se ha sacado. Una segunda solución consiste en
servirse de escenas que ya son silenciosas y estáticas en la realidad. También es posible disponer los personajes en una
microconfiguración espacial, de suerte que sus posiciones relativas en el espacio indiquen su posición social relativa En
este sentido, observemos de paso que los publicitarios escogen casi siempre tipos positivos, aprobados por todos. Queda,
en fin, el recurso de hacer que posen celebridades. personajes que uno, desde luego, no conoce personalmente, pero de
los que siempre se sabe algo.
FUNCIÓN DE LOS SIGNOS RITUALES Y SITUACIONES DE CEREMONIA TANTO PARA EL PUBLICITARIO COMO PARA LA
SOCIEDAD: PROCEDIMIENTOS BÁSICOS.
Pero el punto esencial al que quiero llegar es que, al fin y al cabo, el trabajo del publicitario, que debe escenificar el valor
de su producto, no es tan distinto a la tarea de una sociedad al llenar sus situaciones de ceremonial y de signos rituales
destinados a facilitar la orientación mutua de los participantes. Uno y otra tienen que contar una historia por medio de
los limitados recursos visuales» que ofrecen las situaciones sociales. Ambos tienen que convertir hechos oscuros a una
forma fácilmente interpretable: y ambos se sirven de los mismos procedimientos básicos: exhibición de intenciones,
organización microecológica de la estructura social. idealización aprobada y exteriorización mímica de lo que puede
parecer una reacción intima.
Dicho esto, no se trata de negar, desde luego, que las exhibiciones de las fotografías publicitarias constituyen un
subconjunto particular de todas las exhibiciones. En general, el publicitario tiene que resignarse a exponer en la
instantánea apariciones mudas e inodoras, limitación que no conocen los ritos de la vida real.
Lo cual plantea la cuestión de las situaciones sociales», definidas como órdenes en que hay personas en mutua presencia
material. Sin embargo, para que la escena pueda interpretarse, hace falta que el sujeto muestre apariencias y actos de
valor informativo, procedimiento, justamente, que, seguimos en las situaciones sociales reales para montar nuestras
propias historias y enterarnos de las historias de los demás. Por tanto, solitarios o no, los personajes de la publicidad se
dirigen implícitamente a nosotros los espectadores.
Es frecuente que el fotógrafo elimine de antemano cualquier ambigüedad pidiendo a su modelo que simule una respuesta
mímica a un fantasma que vagase junto a la cámara, es decir, en realidad, en el espacio que se supone habitamos nosotros
los espectadores.
Se abstiene constante y totalmente de entregarse a comportamientos prohibidos o poco recomendables, aquellos que en
realidad podrían esperarse de una persona segura de su soledad.
FOTOGRAFÍAS COMERCIALES E IDIOMA RITUAL DE UNA COMUNIDAD. LAS DISTINTAS ESCENIFICACIONES DE LA MUJER.
Tras una variedad infinita de configuraciones escénicas, quizá logremos discernir un idioma ritual único y, tras una multitud
de diferencias superficiales, un pequeño número de formas estructurales.
El concepto de "idioma ritual" se refiere a un conjunto específico de signos, comportamientos y simbolismos que se utilizan
en interacciones sociales formales o codificadas para expresar significados, roles y reglas sociales.
Este término se emplea para describir las normas y códigos que rigen ciertas interacciones sociales, como, por ejemplo,
en ceremonias, rituales, situaciones formales, interacciones entre médico y paciente, entre otros contextos. En estas
interacciones, hay reglas particulares sobre cómo comportarse, qué decir, cómo decirlo, qué roles asumir y qué
expectativas cumplir.
El "idioma ritual" incluye tanto las palabras específicas y frases que se usan en estos contextos como las acciones no
verbales, gestos, posturas y cualquier otro elemento simbólico que tenga un significado específico en ese entorno social
particular. Estas pautas son socialmente establecidas y aceptadas, y su uso adecuado es crucial para el mantenimiento del
orden social y para la comprensión mutua entre los participantes en estos contextos formales.
Escenificaciones de la mujer:
• LO MASCULINO Y LO FEMENINO: la mayoría de los anuncios que escenifican hombres y mujeres recuerdan más o
menos francamente la división y a jerarquía tradicionales entre los sexos. Así la mujer aparece mas a menudo en
posiciones de subalterna o de asistida. El hombre, por el contrario, simbolizada su posición superior por su
estatura más alta, se representa en una postura protectora que varía según el lazo social que lo une a sus
compañeras: familiar, profesional o amoroso.
• TACTO: Las mujeres se muestran, con mucha mayor frecuencia que los hombres, tocando ligeramente, con el
dedo o con la mano, los perfiles de un objeto, que abrigan en su seno o le acarician la superficie (a veces, so
pretexto de dirigir su acción). Las vemos también tocarlo apenas, como por miedo a que les dé una corriente
eléctrica. Tenemos ah un tocamiento ritualizado, que conviene distinguir de la variedad utilitaria, la que coge,
maneja y retiene. En cambio, cuando la mujer se toca a sí misma, lo hace, según parece, para hacer sentir hasta
qué punto su cuerpo es algo delicado y precioso.
• LA MUJER OCULTA: Se puede observar una situación social desde lejos o tras una separación, de manera que no
nos vean o nos vean poco, en cuyo caso es posible participar efectivamente en los hechos sin exponernos a que
los demás nos vigilen o nos apostaten. De lo cual se deriva una escisión entre algunas ventajas y algunos
inconvenientes de las interacciones cara a cata.
Hay una versión ritualizada de este comportamiento, que consiste en presentarse, en cierto modo, en el ultima
borde de la situación, o bien al abrigo de cualquier protección, cuando en realidad se está enteramente asequible
a los participantes. Oculta detrás de un objeto Detrás de una persona (con la posibilidad, entonces, de manifestar
algo más que el simple distanciamiento, que puede llegar hasta la traición colusoria a la persona protectora)
• LA MUJER LEJANA: Podemos considerar que el apartar la vista equivale a retirarse de la corriente de comunicación,
y con el fin de recobrar, al abrigo de toda vigilancia directa, el dominio de las emociones. Como. por otra parte,
en tal comportamiento no se trata de fuga, parece implicar cierta sumisión, cierta confianza en la persona origen
del estímulo. La mujer de los anuncios parece a menudo despegada de lo que la rodea (tener la cabeza en otro
sitio), a pesar de estar al lado de un hombre, como si la vigilancia de él, preparado para enfrentarse a todo lo que
pueda ocurrir, bastase por los dos, (A veces, en efecto, el hombre tiene aspecto de estar en guardia.) "A la deriva»,
pues, pero «anclada». Cuanto a los objetos que entonces mira la mujer, son diversos, por ejemplo, mirar as
manos. Los anuncios nos muestran mujeres soñado- ras, sumidas con delicia en comunicaciones telefónicas que
podemos imaginar bastante largas.
• LA MUJER SUMISA: Las representaciones de mujeres y niños acostados o en posturas que sugieren sumisión. Por
ejemplo, anuncios de colchones o ropa de cama pueden mostrar a mujeres y niños en camas, lo que sugiere una
idea de vulnerabilidad y sumisión. Señala que las mujeres suelen ser representadas más a menudo que los
hombres en anuncios acostadas o con flexiones de rodillas tímidas. Estas posturas sugieren una actitud de
sumisión y dependencia del entorno. La imagen de alguien acostado o con flexiones de rodillas denota un cierto
nivel de indefensión y disposición, más que una preparación para enfrentar situaciones sociales. La postura
adoptada parece buscar benevolencia en el ambiente, mostrándose menos preparada para afrontar cualquier
conflicto o desafío que pueda surgir en una interacción. Escribe el papel de la sonrisa como un gesto que suaviza
cualquier hostilidad percibida. La sonrisa puede indicar que no se espera ninguna hostilidad y que se ha entendido
y aceptado el significado de los actos del otro.
• JUEGO DE MANOS: Goffman describe gestos que indican desconcierto o ansiedad. Un ejemplo puede ser una
publicidad que muestra a una mujer mirando su mano como si estuviera sorprendida por algo, o tapándose la
boca con una expresión facial preocupada. Estos gestos sugieren que están mentalmente alejadas de la situación
social que las rodea, lo que las coloca en una posición de dependencia de la benevolencia de otros participantes.
Estos gestos, aparentemente, las dejan vulnerables y a merced del entorno, reforzando roles de pasividad y
dependencia. Puede taparse la cara o la boca con las manos. Estos gestos son descritos como una forma de desviar
momentáneamente la atención del entorno, como un acto de encubrimiento de las propias emociones o
ansiedades.
• LA MUJER DÓCIL: Se describe la dinámica de instrucción, donde los hombres a menudo actúan como instructores
de las mujeres. Por ejemplo, anuncios que muestran a un hombre enseñando a una mujer a usar un producto
tecnológico pueden reflejar esta dinámica. La instrucción tiende a involucrar un elemento de subordinación en el
aprendiz hacia el instructor. Este tipo de relación está cargada de expresiones de deferencia por parte del alumno
hacia el instructor. Es más común ver a hombres enseñando de esta manera a mujeres que a la inversa. Esta
dinámica puede llevar a la percepción de autonomía en el beneficiario, ya que la persona que aprende conserva
cierto control y capacidad para atender a sus propias necesidades. La representación de una persona adulta siendo
alimentada en la boca por otra tiende a adoptar un tono caricaturesco en las imágenes publicitarias. Esta
representación exagerada parece evitar que el espectador relacione esa acción con el comportamiento real de la
persona. Aunque las mujeres se representan con mayor frecuencia en esta postura, curiosamente, en la publicidad
no se les da un tono particularmente cómico a sus acciones.
• LA MUJER NIÑA: Algunas representaciones muestran a las mujeres adoptando comportamientos infantiles para
atraer un trato similar al que reciben los niños. Por ejemplo, anuncios que representan a mujeres riendo o jugando
de manera infantil, lo que puede reflejar esta idea de comportamiento infantil para atraer atención o cuidado.
RITUAL E HIPERRITUALIZACIÓN.
Ciertamente, las fotografías publicitarias se componen de poses estudiadas cuidadosamente para que parezcan
naturalísimas. Pero yo sostengo que las expresiones reales de la femineidad y de la masculinidad proceden también de
poses artificiales, en el sentido etimológico de este término.
¿Qué diferencia hay, pues, desde el punto de vista de los ritos, entre las escenas que nos pinta la publicidad y las escenas
de la realidad? La noción de «hiperritualización» constituye una primera respuesta. En efecto, la normalización, la
exageración y la simplificación que caracterizan los ritos en general se reconocen en las poses publicitarias, pero elevadas
a un grado superior y acordadas a menudo a la puerilidad, la irrisión, etc. Por otra parte, están los procedimientos de
montaje. Una fotografía publicitaria constituye una ritualización de ideales sociales que se ha cortado, suprimido, todo
aquello que obste a su manifestación
La "hiperritualización" es un concepto utilizado por Erving Goffman para describir la exageración o intensificación de los
rituales y conductas sociales. Goffman se enfoca en cómo las interacciones humanas pueden llevarse a extremos en la
ejecución de comportamientos socialmente aceptados o esperados. Este fenómeno puede ser especialmente evidente en
entornos específicos como la publicidad, el entretenimiento o en las representaciones en medios de comunicación.
La hiperritualización implica llevar los rituales sociales a un nivel superior al esperado, a menudo para resaltar o enfatizar
determinadas ideas, comportamientos o roles sociales. Esta exageración puede servir para llamar la atención, comunicar
de manera más efectiva ciertos mensajes, o para satirizar o crear un efecto cómico o dramático.
Por ejemplo, en la publicidad, se exageran los roles de género para atraer la atención del espectador o reforzar
estereotipos culturales. Las representaciones hiperritualizadas pueden intensificar las expectativas sociales y exacerbar la
manera en que ciertos comportamientos, gestos o expresiones se manifiestan en la interacción cotidiana.
EXPRESIONES RITUALIZADAS.
En resumen, tanto en la publicidad como en la vida, queremos poses brillantes, queremos exteriorizarnos; pero en la vida,
buena parte de la película carece de interés. En todo caso, posemos para una fotografía, o cumplamos un verdadero acto
ritual, nos entregamos a una misma representación ideal de carácter comercial que se supone describe la realidad de las
cosas. Cada vez que un hombre real enciende el cigarrillo a una mujer real, su gesto supone que las mujeres son objetos
valiosos, algo limitadas físicamente, a las que conviene ayudar a cada paso. Las expresiones naturales no son diferentes a
las escenas comerciales: se utilizan con el fin de propagar cierta versión de las cosas, y en condiciones al menos tan
dudosas y expuestas como las que conocen los publicitarios.
Así, pues, en general, los publicitarios no crean las expresiones ritualizadas que emplean: explotan el mismo cuerpo de
exhibiciones, el mismo idioma ritual, que todos nosotros los que participamos en situaciones sociales, y con la misma
finalidad, la de hacer interpretable un acto previsto. A lo sumo, no hacen sino convencionalizar nuestras convenciones,
estilizar lo que ya está estilizado, dar un empleo frívolo a imágenes fuera de contexto. En resumen, su chapuza, si se nos
permite, es la hiperritualización.
El estigma puede aislar al individuo socialmente y afectar su autopercepción. Para manejar esto, los individuos pueden buscar apoyo en personas que comparten su estigma o en "sabios" que comprenden su situación. Pueden también tratar de corregir sus "deficiencias" mediante medios como cirugía o educación, o utilizar grupos de apoyo como clubes de ayuda mutua para desarrollar una vida colectiva que ofrezca apoyo moral .
La percepción real de la identidad se basa en los aspectos auténticos y no ensayados de una persona, como emociones y reacciones genuinas. En contraste, la percepción construida de la identidad es cuidadosamente creada a través de artificios para proyectar una imagen especifica a los demás. Esto puede incluir cómo se viste, actúa o habla una persona, buscando afectar la interpretación que otros puedan tener de su identidad. La discrepancia entre estas percepciones puede dar lugar a malentendidos y problemas de sinceridad en las interacciones sociales .
Las principales estrategias incluyen la idealización, donde los actuantes intentan ofrecer una impresión más perfecta de lo que es su realidad; la tergiversación, usando signos que pueden ser interpretados de múltiples maneras, a menudo engañando al auditorio; y la mistificación, que busca mantener un sentido de misterio y respeto hacia el actuante por parte del auditorio .
Las personas estigmatizadas pueden utilizar estrategias como establecer conexiones con aquellos que comparten su estigma, formando redes de apoyo y mutualidad. También podrían recurrir a los "sabios", que comprenden sus experiencias y pueden actuar como puentes sociales hacia el reconocimiento y aceptación. Además, pueden intentar "normificación", presentado aspectos comunes de su personalidad y minimizando el foco sobre su estigma .
La dualidad entre realidad y actuación idealizada impacta significativamente la percepción de sinceridad. Aunque una actuación puede estar diseñada para parecer sincera, el grado de sinceridad real percibido depende de lo bien que las actuaciones enmascaren la realidad. La distancia entre una actuación obsesivamente honesta y otra artísticamente elaborada refuerza la idea de que la sinceridad no siempre se corresponde con la realidad, subrayando lo complejo que puede ser evaluar la sinceridad de un actuante simplemente desde su comportamiento externo .
Las técnicas de "idealización" involucran presentar una versión mejorada de uno mismo, lo cual puede ser eficaz pero corre el riesgo de ser descubierto si la realidad se aleja demasiado de la actuación idealizada. "Tergiversación", por otro lado, consiste en el uso de signos significativos para engañar o manipular interpretaciones sin ser descubierto fácilmente. Ambas técnicas pueden ser limitadas por la habilidad del auditorio para reconocer incongruencias y por las expresiones involuntarias del actuante que revelan la verdad .
El 'artificio' se refiere a elementos construidos y actuaciones que las personas emplean para proyectar una imagen específica de sí mismas. Implica una presentación consciente y controlada de uno mismo para dar ciertas impresiones a los demás. Las implicaciones son que puede crear una distancia entre la realidad percibida por el auditorio y la realidad interna del actuante, afectando la sinceridad de las interacciones sociales .
Los "sabios" son personas que, por su relación especial con individuos estigmatizados, comprenden íntimamente las experiencias de estos y pueden ofrecer apoyo y comprensión. Contribuyen a la normalización al tratar al individuo afectado igual que lo harían con cualquier otra persona, ayudando así a reducir el impacto del estigma y promover la aceptación social. A través de su apoyo, los sabios facilitan que el individuo estigmatizado se sienta aceptado y normalizado en su entorno .
Dentro de un establecimiento social, la "región anterior" es donde los actuantes presentan una actuación hacia el público, siguiendo las reglas de cortesía y decoro para proyectar una imagen deseada. La "región posterior", en cambio, es el espacio donde se preparan y ensayan las actuaciones, lejos de la vista del auditorio. Este control del acceso a las regiones permite a los actuantes proteger secretos y manejar las impresiones dadas al público .
'Normalización' involucra tratar al individuo estigmatizado como si no tuviera ningún defecto, promoviendo un enfoque genuino de aceptación. En cambio, 'normificación' es el esfuerzo consciente del individuo con un estigma para presentarse como corriente, sin necesariamente ocultar su defecto. Mientras que la normalización se centra en la perspectiva y acción de la sociedad hacia el individuo, la normificación es más bien una estrategia personal del individuo para conformarse a las expectativas sociales .