EL JOVEN RICO - MARCOS 10:17-22.
Base Biblica: (Marcos 10:17-22)
Versiculo clave: Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda,
vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme,
tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas
posesiones." Marcos 10: 21.
Introducción: Aquí vamos a ver a un hombre joven que confiaba en sí mismo y en sus
propios recursos, razón por la que rechazó a Cristo.
TEMA I. El anhelo del joven. "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida
eterna?"
Sin embargo, a pesar de tener tantas buenas cualidades, el joven comprendía que le faltaba
algo. En su corazón seguía habiendo un vacío que no podía ser llenado con ninguna de las
cosas que había alcanzado en la vida. Lo que le faltaba era la salvación, o como él lo
expresa, la vida eterna.
¿Qué concepto tenía el joven de la vida eterna?
Este hombre era un judío conocedor del Antiguo Testamento, por lo tanto, su concepto de
la "vida eterna" lo habría formado a partir de él. Pero lo cierto es que en comparación con
el Nuevo Testamento, en el Antiguo no era mucho lo que se decía acerca de la vida eterna.
Tal vez uno de los pasajes más claros, y que este hombre seguro que conocía bien, lo
encontramos en el profeta Daniel:
(Dn 12:2) "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados,
unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua."
Para los judíos del tiempo de Jesús que creían en la "vida eterna", ésta se asociaba con la
"resurrección" de los muertos.
Lo que este hombre deseaba, era poder seguir disfrutando en la resurrección de lo que
poseía en esta vida. Este era el mismo concepto que los fariseos tenían de la resurrección.
Para ellos la nueva vida de resurrección sería la perpetuación de la actual (Mr 12:18-27).
El Señor tendría que corregir este grave error y mostrarle en qué consistía realmente la vida
eterna: (Jn 17:3) "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios
verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado."
¿Cómo pensaba que podía obtener la salvación?
Por la manera en la que formuló su pregunta, resultaba evidente que él creía que podía
alcanzarla por sus propios esfuerzos: "¿qué haré...?", preguntó. Tal vez pensaba que tenía
que hacer un último esfuerzo, alguna obra especial que le diera el empujón final para entrar
en la salvación.
No tenía la seguridad de la vida eterna.
Y esta es siempre la inseguridad que acompaña durante toda su vida a aquellos que creen
que la salvación depende de sus "buenas obras". Nunca saben si han hecho las suficientes y
si han sido de la calidad necesaria para recibir la salvación, por eso la duda nunca
desaparece. El joven pensaba que había cumplido todos los mandamientos, pero sin
embargo, se sentía perturbado, sin paz en el corazón y lleno de ansiedad, de ahí la pregunta:
"¿Qué más me falta?".
"¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios"
El Señor empezó por analizar la forma en la que el joven usaba el término "bueno". Para
ello hizo la siguiente afirmación: "Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios". De aquí se
desprenden dos conclusiones fundamentales:
La primera deducción lógica es que el joven no era bueno. Por mucho que se
esforzara, nunca lo iba a ser. Sólo Dios es bueno.
Y queda otra cuestión, quizá la más importante, ¿era Jesús bueno? ¿Qué quería
decir el joven cuando le llamó "bueno"? Según esta afirmación, Jesús sólo podía ser
"bueno" si era Dios, ¿era esto lo que el joven quería decir?
El concepto que el joven tenía de sí mismo.
El creía que podía ganar la vida eterna haciendo "algo más". En el fondo se creía bueno y
pensaba que estaba a la altura de lo que Dios demanda del hombre, por eso el Señor tuvo
que recurrir a la ley para que actuara como un espejo en el que se pudiera mirar y ver su
pecado: "Los mandamientos sabes...".
El Señor citó varios mandamientos que trataban principalmente de nuestras relaciones con
nuestros semejantes. Era lógico; si no amaba a su prójimo a quien veía, indudablemente
tampoco amaría a Dios a quien no veía (1 Jn 4:20).
"Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud"
La respuesta del joven no se hizo esperar: "todo esto lo he guardado desde mi juventud".
Pero, ¿era verdad?
Este era un error común entre los judíos del tiempo de Jesús: se conformaban con un
cumplimiento externo de la ley, algo que reprendió duramente el Señor a lo largo de todo el
Sermón del Monte (Mt 5-7). Veamos un par de ejemplos:
(Mt 5:21-22) "Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare
será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será
culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el
concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego."
(Mt 5:27-28) "Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que
cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón."
"Entonces Jesús, mirándole, le amó"
Era una mirada de amor. Este detalle es muy importante, porque lo que luego le iba a
mandar, a pesar de lo duro que le podía resultar y parecer, era fruto del amor de Dios.
También había mucho de compasión por aquel joven en el que veía una extraña mezcla de
fervor e ignorancia.
TEMA II: "Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres"
¿Cuánto le faltaba al joven para tener la vida eterna?
Al joven le faltaba una sola cosa, precisamente la única que es necesaria para tener la
salvación: (Hch 16:30-31) "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en
el Señor Jesucristo, y serás salvo"
El momento de la verdad
El Señor le estaba llevando hasta una encrucijada: ¿Creería en él y le obedecería? Por
supuesto, se trataba de creer en Cristo como Dios. Y también había llegado el momento
cuando tendría la oportunidad de demostrar cuánto amaba realmente a su prójimo. ¿O tal
vez amaba más sus riquezas?
¿Para quién es este mandamiento?
Algunos se han preguntado si este mandamiento es para todos los ricos. Puesto que no
encontramos un mandamiento general en la Palabra a todas las personas ricas a que hagan
lo mismo, creemos que se trataba de algo específico para este joven, que le serviría para ver
con claridad lo que realmente había en su corazón.
Además, sabemos que hubo algunos creyentes que fueron muy ricos y Dios nunca les
mandó que vendieran sus posesiones para darlas a los pobres, como por ejemplo Isaac (Gn
26:13) y también su padre Abraham.
Dicho esto, no debemos olvidar sin embargo, que el principio que encontramos aquí es de
valor permanente para todos: cuando las riquezas llegan a ser un impedimento para seguir
al Señor, será preciso deshacerse de ellas, de la misma manera que cortamos una mano o un
pie (Mr 9:43-48).
Y por supuesto, nunca debemos considerar que lo que tenemos es nuestro, sino que somos
administradores de los bienes de Dios y que debemos utilizarlos siempre para su gloria.
Podemos quedarnos también con el ejemplo de la iglesia primitiva que en casos de
necesidad extrema no dudaron en vender sus bienes para ayudar a sus hermanos más pobres
(Hch 2:44-45) (Hch 4:34-37).
¿Se habría salvado si hubiera vendido todas sus posesiones?
Notemos que el Señor no le dijo esto en ningún momento. Y además, esto era solo una
parte de lo que Jesús le mandó, porque no olvidemos que a continuación añadió: "Y ven,
sígueme, tomando tu cruz".
"Y tendrás tesoro en el cielo" El mandamiento del Señor puso "el dedo en la llaga". Esta
era la prueba que indicaría cuánto deseaba tener la vida eterna. ¿La anhelaba tanto como
para dejar todo lo que tenía a fin de recibirla?
Sin temor a equivocarnos, podemos decir que la verdadera riqueza del cielo es el mismo
Señor y la posibilidad de conocerle por medio de una comunión íntima, libres ya de todas
las ataduras del pecado (Jn 17:3). ¿Consideraba este joven al Señor Jesucristo como un
tesoro más grande que cualquier otra cosa que pudiera llegar a tener en esta vida?
¿Pérdida o ganancia?
Aparentemente, si vendía todo lo que tenía y se lo daba a los pobres, se quedaría sin nada.
Pero esto no era exactamente lo que el Señor le estaba diciendo. La realidad era que Cristo
le estaba proponiendo cambiar algunas riquezas temporales por otras que eran de mayor
valor y además eternas. Y así es siempre que damos para el Señor, en realidad somos
enriquecidos, aunque aparentemente parezca lo contrario.
TEMA III: "Y ven, sígueme, tomando tu cruz"
El hecho de empobrecerse no basta para alcanzar la vida eterna. De hecho, el requisito
fundamental viene a continuación: "Y ven, sígueme, tomando tu cruz".
Lejos de recibir un consejo, lo que Jesús le dio fue un mandato: "toma tu cruz".
El joven había planteado su salvación pensando en "añadir" buenas obras y méritos a su
vida, pero el Señor le indicó que lo que tenía que hacer era "quitar".
Toma tu cruz.
En la Biblia, la cruz no era simplemente un lugar de sufrimiento, sino de muerte y
ejecución. Por lo tanto, el Señor le estaba mandando "morir". Probablemente nos asuste
este lenguaje. ¿Acaso Jesús le estaba mandando al joven que le acompañara a Jerusalén
para que muriera junto a él en otra cruz? No, no era esto. Lo que le quería decir es que si
quería ser un seguidor suyo, tenía que morir, pero no físicamente. Se trataba de dar muerte
a aquello que hay en nosotros que ofende y desagrada a Dios. Pablo hablaba de
"considerarnos muertos al pecado" (Ro 6:11).
(Mr 8:34) "Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame."
"Él, afligido, se fue triste, porque tenía muchas posesiones"
Desgraciadamente el joven rehusó el camino de la cruz. Había entendido perfectamente lo
que Jesús le estaba demandando para ser un seguidor suyo, y lo rechazó. Decidió quedarse
con sus "muchas posesiones" en lugar de con Cristo.
(Mt 6:24) "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro,
o estimará al uno y amará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas."
Una triste decisión
La semilla de la Palabra había caído en su corazón, pero el engaño de las riquezas la habían
ahogado (Mr 4:19).
Había rechazado a Jesús para quedarse con sus riquezas. Eso era lo que él quería, sin
embargo, no le produjo ninguna alegría, de hecho, "se fue triste". Finalmente nos
preguntamos si era cierto que él "tenía muchas posesiones", o si por el contrario las
posesiones le tenían a él. Lo cierto es que cuando una persona no tiene a Cristo, acabará
siendo esclavo de sus propias pasiones, sean éstas las que sean.
Conclusión: El ejemplo de Cristo.
Con su comportamiento, el joven había demostrado que no estaba dispuesto a dejar sus
posesiones para seguir a Cristo, aunque éste le prometiera riquezas celestiales.
Y ante su desconfianza y rechazo, se alza el ejemplo supremo de Cristo y lo que hizo por
este joven, y por todos nosotros:
(2 Co 8:9) "Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a
vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis
enriquecidos."