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Catecismo

Dios creó al hombre y le dio la vida sobrenatural. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y le dio la vida sobrenatural a través del bautismo. El bautismo borra el pecado original y hace a los hombres hijos de Dios y miembros de su Iglesia.

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Catecismo

Dios creó al hombre y le dio la vida sobrenatural. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y le dio la vida sobrenatural a través del bautismo. El bautismo borra el pecado original y hace a los hombres hijos de Dios y miembros de su Iglesia.

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Dios creó al hombre y le dio la vida sobrenatural

Todas las cosas fueron hechas por Dios, que es nuestro Creador y nuestro Padre. Dios
es un ser espiritual, todopoderoso, creador, salvador, no tiene principio ni fin, es decir
es eterno, infinitamente bueno, dueño y señor de todas las cosas. Dios nos ama
intensamente y por eso nos dio la vida y desde un principio quiso que fuéramos felices.

Él nos creó a su imagen y semejanza. Esto quiere decir que nos parecemos a Él,
aunque no físicamente, pero sí tenemos sus virtudes, como por ejemplo: somos
capaces de amar, de ser buenos, etc.

Para Dios cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, nos conoce muy bien, nos
conoce por nuestro nombre y nos quiere a cada uno en particular. Nos ayuda y
siempre está con nosotros. Dios nos creó con cuerpo y alma que no se pueden
separar. Las dos cosas van juntas.

Nosotros nos podemos comunicar con Dios hablándole de nuestras cosas, de nuestras
alegrías, de nuestras tristezas, de nuestras preocupaciones o problemas. Él siempre
está con nosotros aunque no lo veamos. Él nunca nos deja, siempre y cuando nuestra
conducta sea buena, sin faltas contra Él o contra los que nos rodean. Dios nos da la
vida sobrenatural porque cuando convivimos con Él, estamos en vida de gracia y esto
nos hace superiores.

Dios nos invita a pertenecer a su gran familia, la Iglesia. Para poder pertenecer a la
Iglesia es necesario que nos bauticen. El Bautismo es el primer sacramento que
recibimos y que nos abre las puertas a la vida de gracia y a la Iglesia.

La Iglesia es la comunidad a la que pertenecemos todos los bautizados que creemos en


Jesucristo, el Hijo de Dios. Y en todas sus enseñanzas, no podemos aceptar unas y
rechazar otras.

El día de nuestro Bautismo, Dios vino a nuestra alma, comenzamos a ser hijos
de Dios. Por medio de él, Cristo nos da la bienvenida a la vida de gracia.

El Bautismo nos borra el pecado original, que es el pecado que cometieron nuestros
primeros padres, Adán y Eva. Nos hace hijos de Dios y miembros de su familia, la
Iglesia. Nos comunica las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Y nos abre las
puertas para recibir los demás sacramentos. Debemos de sentirnos muy felices de ser
hijos de Dios.

Hemos dicho que el Bautismo es la puerta de entrada para formar parte de la gran
familia de Dios, pues hay otros sacramentos, instituidos por Cristo, que nos ayudan a
continuar en vida de gracia. Ellos son el alimento del alma, cuando los recibimos nos
acercamos más a Dios, nos santificamos.

Dios quiere que vivamos como hijos suyos


Muchas veces sentimos ganas de tomar algo que no es nuestro, o de decir mentiras.
En algunas ocasiones lo hacemos, pero en otras no lo hacemos porque sabemos que
está mal. Y el no hacerlo cuesta más trabajo que el actuar mal, si nos olvidamos de la
promesa que tenemos de obedecer a Dios.
Dios creó a nuestros primeros padres, Adán y Eva, y cuando los creó les puso una
condición para que pudieran vivir para siempre felices en el Paraíso.

La condición era que no comieran del árbol del bien y del mal. Esta promesa que
hicieron Adán y Eva, era una promesa de obediencia a Dios, pero ellos quisieron
hacerse como dioses y no la cumplieron y fueron arrojados del paraíso. Esto es lo que
llamamos el pecado original.

Cuando nosotros fuimos bautizados, también hicimos unas promesas, que fueron
hechas por nuestros padrinos y papás.

Dios, también creó unos seres espirituales, a quienes llamó ángeles. Uno de esos
ángeles tuvo envidia de Dios y quiso tener todos los poderes de Dios. Entonces
desobedeció a Dios y fue expulsado de la presencia de Dios y de ser un ángel bueno se
convirtió en un ángel malo.A este ángel malo y a todos los que lo siguieron y fueron
expulsados, los llamamos demonios.

Como los ángeles malos quisieron ser como Dios y no pudieron, se dedicaron a hacer
el mal. Ellos son los que nos tientan para que hagamos cosas malas, nos aconsejan
mal, nos invitan a romper la ley de Dios. Es decir, la tentación es la invitación que nos
hace el demonio a hacer cosas que están mal, cuando las aceptamos, pecamos; pero si
no hacemos caso de la tentación cada día seremos mejores. Cuando aceptamos la
tentación, estamos expulsando a Jesús de nuestro corazón.

Si queremos ser amigos de Dios y vivir en amistad con Él, debemos de rechazar
siempre al demonio y sus tentaciones, y para lograrlo contamos con las gracias del
Bautismo. No olvidemos que para vencer las tentaciones contamos con la ayuda de
Dios. Ya hemos visto que Él nunca nos deja solos. Por muy difícil que nos parezca, lo
podemos lograr. Basta con que estemos decididos a hacerlo.

Los Mandamientos de la Ley de Dios


En todos los hogares, en todas las familias hay unas reglas, unas leyes que hay que
obedecer. Estas reglas las ponen en la casa los papás porque son los que tienen la
autoridad y como nosotros amamos a nuestros padres, las cumplimos. Igual pasa con
nuestra vida en comunidad, existen unas leyes que son impuestas por la autoridad
para que la convivencia entre todos sea mejor. Estas normas son las que nos enseñan
el camino a seguir para vivir en paz y armonía, para saber cómo no hacerle daño a los
demás.

Jesús, cuando se hizo hombre, nos enseñó el camino para lograr nuestra salvación.
Pero nosotros ya teníamos una guía para llegar al cielo. Dios nos la había dado hacía
muchos años.

El pueblo de Israel, era el pueblo elegido de Dios. Este pueblo vivió muchos años
siendo esclavos en Egipto. Para sacarlos de la esclavitud, Dios escogió a Moisés para
que los llevara a la tierra prometida. Camino a la tierra prometida, Moisés subió al
Monte Sinaí para escuchar lo que Dios quería. Ahí, Dios le entregó a Moisés dos tablas
de piedras que contenían los diez Mandamientos de la Ley de Dios. En ellas estaba
escrito todo lo que teníamos que hacer para llegar al [Link] mandamientos son un
regalo de Dios, que nos hacen posible llegar al cielo si los cumplimos.
Los tres primeros mandamientos nos dicen cómo tenemos que comportarnos con Dios,
para corresponder al amor de Dios, que nos creó:

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas


Este mandamiento nos dice que Dios debe de ser lo más importante en nuestra vida y
que debemos amarlo más que nada. Nos manda a creer, confiar y amar a Dios porque
es nuestro Padre y Creador.
2. No tomarás (jurarás) el nombre de Dios en vano.
Nos obliga a respetar el nombre de Dios y todas las cosas o personas consagradas a
Él. No debemos de usar el nombre de Dios por gusto, sino con respeto. También
debemos respetar al sacerdote porque es un representante de Cristo .
3. Santificarás las fiestas.
Nos manda a el domingo al Señor y todos los días de fiesta para alabar a Dios y
descansar. Hay que ir a Misa, pero, también hay que aprovechar el tiempo para rezar,
para estar en familia. No es un día para no hacer nada, o para emborracharse, o
pasarse viendo la televisión únicamente. Se debe de tener a Dios presente.

Jesús nos dio un mandamiento nuevo: Amar al prójimo como a sí mismo. El


que ama a su prójimo es aquél que siempre está dispuesto a ayudar a los demás.

Los otros siete mandamientos nos enseñan a cómo portarnos con nuestro prójimo:
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
Este mandamiento nos manda honrar y respetar a nuestros padres y a todas las
personas que Dios les dio autoridad sobre nosotros para que sean nuestras guías,
enseñándonos y cuidándonos.
5. No matarás
Nos obliga a respetar la vida de los demás y la nuestra, porque la vida es el don más
precioso que tenemos y no nos pertenece a nosotros, sino a Dios que nos la dio. Por
ello debemos de cuidar nuestra salud y la de los demás.
6. No cometerás actos impuros.
Aquí nos manda a ser puros de cuerpo y alma. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo, por lo que debemos de cuidar su limpieza interior y la de nuestra alma, que es
un gran tesoro.
7. No robarás.
Nos manda a respetar las cosas de los demás y darle buen uso a nuestras propias
cosas. También nos obliga a hacer buen uso de todas las cosas de la Creación. Nunca
nos está permitido tomar las cosas que no nos pertenecen, ni causar daño a las cosas
de los demás.
8. No dirás falso testimonio, ni mentirás.
Para obedecer este mandamiento debemos de ser honestos, nunca decir mentiras y
tampoco hablar mal de los demás, especialmente si lo que decimos es mentira.
9. No consentirás pensamientos, ni deseos impuros.
Nos pide ver las cosas con los ojos de Dios, para ello es necesario mucha limpieza de
corazón.
10. No desearas las cosas ajenas.
Este mandamiento nos manda a ser generosos y no tener envidia de los demás. Para
ello, debemos de ser felices con lo que tenemos y trabajar para conseguir las cosas
que deseamos.

Si cumplimos con estos Mandamientos, vamos por buen camino para alcanzar la
salvación. Si perseveramos en ellos, seguramente la alcanzaremos.
La Iglesia y sus mandamientos
Jesús fundó una gran familia que es la Iglesia y dejó a un hombre como jefe y cabeza
de ella. Y escogió a Pedro, uno de sus discípulos, como jefe.

El día de nuestro Bautismo, Dios nos invitó a pertenecer a esa familia que es la Iglesia.
Por eso todos los bautizados pertenecemos a esa gran familia.

En la Iglesia, como en cualquier familia, todos somos muy importantes, pues todos
somos hijos de Dios, todos somos hermanos. La Iglesia está formada por todos
nosotros y cada quien tiene una función especial dentro de ella, la cual debemos de
cumplir para que la Iglesia sea fuerte. Cada quién tiene que cumplir con la parte que le
corresponde por amor a Dios.

En la Iglesia tenemos nuestros pastores. Cuando Jesús escogió a Pedro, este se


convirtió en el primer Papa. También hoy tenemos un Papa que es el jefe de la Iglesia
y que junto con los obispos y los sacerdotes lo ayudan a gobernar. Ellos nos ayudan a
nosotros a ser santos y a estar cerca de Dios, por medio de los sacramentos y sus
enseñanzas. La verdadera Iglesia, fundada por Cristo tiene cuatro características:
Es una, santa, católica y apostólica.

Cuando Cristo fundó la Iglesia, le dio poderes especiales a los apóstoles para que la
cuidaran, la dirigieran y les brindó toda su ayuda. Por ello, a lo largo de 2,000 años, la
Iglesia ha marcado el camino para llegar al cielo, como Madre y Maestra que es.

Nosotros debemos obedecer a la Iglesia porque obedecerla es obedecer a Cristo, ya


que ella representa a Cristo aquí en la tierra.

Para ayudarnos en nuestro camino hacia la salvación, nos ha dado los Mandamientos
de la Iglesia, que son cinco:
1. Oír Misa entera todos los domingos.
Hay que ir a Misa y participar con mucha atención
2. Confesarse por lo menos una vez al año.
Se necesita confesarse cuando menos una vez al año, aunque es mejor hacerlo con
frecuencia para así poder combatir el pecado más fácilmente. También se nos pide la
confesión antes de comulgar si existe pecado grave.
3. Comulgar en tiempo de Pascua.
Nos manda a comulgar por Pascua, aunque debemos comulgar con frecuencia.
Comulgando es la forma en que estamos más unidos a Jesús.
4. Guardar ayuno y abstinencia cuando lo manda la Iglesia.
La Iglesia nos pide que hagamos sacrificios ciertos días del año, especialmente en
Cuaresma para ir creciendo en el amor a Dios y al prójimo.
5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.
la Iglesia tiene muchas necesidades espirituales y materiales. todos podemos ayudar,
ya sea con sacrificios, oraciones o con limosnas.

No debemos tomar los Mandamientos de la Iglesia como una serie de obligaciones sino
como ayudas para alcanzar la santidad.

El pecado nos aparta de Dios.


Vimos como Adán y Eva desobedecieron a Dios, comiendo del árbol prohibido y que
por eso perdieron la amistad con Dios. Es decir, cometieron el pecado original y a
partir de ese momento todos los hombres nacemos con él, como herencia de nuestros
primeros padres.

Con el Bautismo se nos borró el pecado original, pero cada vez que cometemos alguna
falta en contra de Dios, perdemos nuestra vida de gracia y ofendemos a Dios. Cuando
no estamos en unión con Dios, perdemos el derecho de poder acercarnos al
Sacramento de la Eucaristía.

Jesús dio su vida para salvarnos, nos amó tanto que hasta murió por nosotros. Por lo
tanto, para corresponder a tanto amor debemos de estar siempre en amistad con Él,
escuchando lo que nos dice, lo que nos enseña para vivir como Él quiere que vivamos
y hacer obras buenas.

Lo único que nos puede alejar de Dios es el pecado, que es una ofensa al amor de
Dios, una desobediencia a Él. El pecado mata nuestra vida de gracia, hace que
vivamos alejados de Dios. Si Dios, nuestro Padre, nos dio la vida por amor y para que
fuéramos felices, estando lejos de Él nunca podremos ser felices.

Hay dos tipos de pecado:


- Mortal: que es el que mata nuestra amistad con Dios, es una ofensa tremenda a
Su amor, es una falta grave ala Ley de Dios y nos quita la vida de gracia. Ejemplo:
Incumplir los mandamientos.
- Venial: es aquél que debilita nuestra amistad con Dios, el alejamiento de Dios no
es total y puede llevarnos a cometer un pecado mortal. este pecado hace que nos
desviemos del camino hacia el cielo. Ejemplo: Burlarse de las personas.

Debemos de estar siempre muy atentos para no caer en las tentaciones y cometer
pecados, porque ellos son los únicos que me pueden apartar de Dios. Si nos
separamos de Dios no daremos frutos.

Aplicaciones en la vida diaria:


- Rezar todos los días un Padrenuestro para pedir no caer en tentaciones.
- Que el primer pensamiento del día sea sobre Dios y ofrecer todo nuestro día.

El sacramento de la reconciliación.
Cuando cometemos un pecado y nos alejamos de Dios, Él siempre nos busca para
perdonarnos, porque quiere que estemos con Él. Dios es nuestro Padre que nos ama y
está dispuesto a perdonarnos siempre. Cuando acudimos a pedirle perdón lo hacemos
muy feliz. Todos nosotros somos muy importantes para Él y lo que más desea es que
seamos felices junto a Él.

Jesucristo, el Hijo de Dios, sabiendo que somos débiles y que en muchas ocasiones nos
alejaríamos de Él por causa del pecado, instituyó un sacramento muy especial para
perdonarnos. Lo instituyó cuando se les apareció a los apóstoles y les dijo: “ A quienes
le perdonen los pecados les quedarán perdonados. A quienes no se los perdonen, les
quedarán sin perdonar” .

Este sacramento se llama Reconciliación, o Penitencia, o Confesión. Y es el sacramento


por el cual recuperamos la vida de gracia y la amistad con Dios.
-Nos recupera la gracia santificante.
-Es el sacramento por el cual se nos perdonan los pecados cometidos después del
Bautismo.
-Nos da fuerzas para luchar contra la tentación.
-Es necesario recibirlo cuando cometemos un pecado mortal.
-Es el sacramento por el cual, por medio del sacerdote, Dios nos perdona los pecados.

Para poder hacer una buena confesión es necesario que cumplamos unos requisitos:
1. Examen de conciencia. hay que hacerlo en silencio, de cara a Dios revisando que
faltas hemos cometido como cristiano, como hijo, como padre, en el trabajo, etc.
2. Dolor de corazón o arrepentimiento. Debemos de estar arrepentidos de haber
ofendido a Dios que nos ama tanto. Reconocerlo y pedir perdón
3. Propósito de enmienda. Hay que proponerse no volver a cometer las faltas,
poniendo un verdadero esfuerzo.
4. Decir los pecados. Acercarse al sacerdote y decirle todos los pecados cometidos.
Después el sacerdote dirá unas palabras para ayudarnos a ser mejores.
5. Cumplir la penitencia. Al perdonar los pecados, el sacerdote da la absolución y pone
una penitencia como reparación del mal cometido.

La confesión es un acto de humildad, lleno de arrepentimiento. En él le decimos a


Cristo que queremos recuperar su amistad y nuestro lugar en su banquete.

La última cena, institución de la Eucaristía


El Jueves Santo recordamos la cena muy especial en qué Jesús se reunió con sus
apóstoles para celebrar la Pascua, una fiesta muy importante para el pueblo judío.

Al finalizar la cena, Jesús tomó un pan y un cáliz con vino. Diciendo: Tomad y comed
todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes. Tomad y bebed
todos de él, porque este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna
que será derramada por ustedes y por todos los hombres para el perdón de los
pecados. Después les dijo a sus apóstoles: Hagan esto en conmemoración mía. En este
momento queda instituido el Sacramento de la Eucaristía. Ésta es la primera misa que
se celebró. Ahora son los sacerdotes y Obispos los que consagran el pan y el vino, y
celebran la misa.

El Sacramento de la Eucaristía es el sacramento por excelencia, porque bajo las


especies de pan y vino, se encuentra la presencia real de Cristo, de su Cuerpo y de Su
Sangre.

Es el sacramento del amor de Cristo, ya que Él quiso quedarse de manera permanente


con nosotros, instituye el sacramento y se queda con nosotros en el Sagrario. Cristo
quiere que lo visitemos cada vez que podamos en el Sagrario.

En estas visitas a Jesús debemos de decirle lo mucho que lo amamos, agradecerle todo
lo que nos ha dado, adorarle por ser nuestro Dios y Salvador, y pedirle por los demás
y por nuestras necesidades.

En la Última Cena Jesús nos deja un nuevo mandamiento: ámense unos a


otros como Yo los he amado. Si hacemos esto, estamos cumpliendo con el deseo de
Jesús y así somos sus amigos.
El sacrificio de la misa
Cristo en la Última Cena, después de instituir la Eucaristía, les dijo a sus apóstoles,
hagan esto en memoria mía. En la Santa Misa se repite la Última Cena y el sacrificio de
Jesús en la Cruz.

La Misa se divide en dos partes principales:


Liturgia de la Palabra:
- Los elementos principales de la Liturgia de la Palabra son las Lecturas, el Salmo
Responsorial, el Evangelio, la Homilía y la Oración de los Fieles.
- En la Liturgia de la Palabra escuchamos la Palabra de Dios, conocemos la vida de
Cristo por medio del Evangelio y el sacerdote nos explica en la Homilía lo que se ha
leído. Luego, todos juntos nos unimos en oración para pedir por las necesidades de la
Iglesia, en la Oración de los Fieles.

Las lecturas, el salmo y el Evangelio están tomados de la Biblia, que es la palabra de


Dios escrita.

Liturgia de la Eucaristía:
- En la Liturgia de la Eucaristía conmemoramos la renovación del sacrificio de la Cruz.
En el Ofertorio ofrecemos, por amor a Dios, todos los actos de nuestra vida. Y el
sacerdote ofrece a Dios el pan y el vino, en nuestro nombre. Al ofrecernos a Jesús, le
estamos dando nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestros sufrimientos, nuestras
ilusiones, etc.

- El sacerdote convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesús durante la


Consagración, tal como lo hizo Cristo en la Última Cena. Este es el momento central de
la Misa. Debemos estar muy atentos y de rodillas con una actitud de amor y respeto.

- Más tarde, en la Comunión, recibimos a Cristo bajo las especies de pan y vino. Él nos
dijo Yo soy el pan de la vida. El que coma de este pan tendrá vida eterna. El alimento
a que se refiere Cristo es el de nuestra alma, la Eucaristía, que es la que nos une más
íntimamente a Cristo. Este alimento es el que necesitamos para crecer espiritualmente
y lograr nuestra salvación. Así como necesitamos comer diariamente para que nuestro
cuerpo se alimente, debemos de alimentar nuestra alma con el pan de la vida.

Los efectos de la Comunión son:


- La unión con Cristo y su Iglesia.
- La unión entre todos los cristianos.
- Alimento para nuestra alma.
- Aumenta la vida de gracia.
- Perdona los pecados veniales.
- Nos da fuerzas para rechazar las tentaciones y no cometer pecado mortal.

Para participar activamente en la Santa Misa debemos de escuchar con atención lo que
Dios nos quiere decir, ofrecer nuestra vida a Dios y unirnos a Jesús por medio de la
Comunión. Nuestra actitud siempre debe ser de respeto, tomando las posturas
indicadas de acuerdo con cada momento.

El domingo es cuando celebramos la Resurrección de Cristo, es el día dedicado a Dios,


por eso nos reunimos para celebrar la Misa, rezar juntos y comulgar.
La preparación al Banquete de Cristo
El día del Jueves Santo, Jesús mandó a sus apóstoles a preparar todo para celebrar la
Pascua. Hoy, Cristo nos hace una invitación para participar en la Eucaristía. Para poder
asistir tenemos que, al igual que los apóstoles, preparar todo para tan especial
ocasión.

Cuando recibimos a Jesús por primera vez, el día de nuestra Primera Comunión,
tenemos que preparar muchas cosas:
La vela: que representa la luz de nuestra fe y que debe de alumbrar toda nuestra vida.
Una Biblia: que por ser la Palabra de Dios escrita, nos va a enseñar el verdadero
camino hacia la salvación.
Un rosario: para tener presente a María, nuestra Madre, que nos ayudará a alcanzar la
santidad.
Una cruz: que es la señal del cristiano.

Pero, lo más importante que debemos de preparar es nuestro corazón para la llegada
de Jesús a él. Por ello, es conveniente asistir a un retiro de preparación para la Primera
Comunión. También tenemos que prepararnos estudiando el catecismo, conociendo la
vida de Cristo, alejándonos de todo pecado mortal y confesándonos para estar en
gracia de Dios.

Para poder recibir a Cristo, necesitamos no tomar ningún alimento una hora antes de
comulgar. Esto se llama ayuno eucarístico.

Preparación para la confesión


¿Qué se necesita para confesarse bien ?
 Examen de conciencia: Que consiste en recordar todos los pecados que hemos cometido
desde la última confesión.
 Arrepentimiento: Que consiste en sentir sincero dolor de haber ofendido a Dios; y detestar el
pecado. (Para alcanzar el arrepentimiento hay que pedírselo a Dios)
 Propósito de la enmienda: Que consiste en decidirse firmemente a no volver a pecar; en estar
dispuestos a evitar el pecado, cueste lo que cueste.
 Confesión: Que consiste en decirle al Sacerdote todos los pecados que hemos descubierto en
el examen de conciencia.

Esta confesión de pecados debe ser:


 Sincera: Es decir, sin querer engañar al Sacerdote, pues a Dios es imposible engañarlo.
 Completa: Es decir, sin callarse ningún pecado.
 Humilde: Es decir, sin altanería ni arrogancia.
 Prudente: Es decir, que debemos usar palabras adecuadas y correctas, y sin nombrar personas
ni descubrir pecados ajenos.
 Breve: Es decir, sin explicaciones innecesarias, y sin mezclarle otros asuntos.
Satisfacción: Que consiste en cumplir la penitencia que nos impone el sacerdote, con
la intención de reparar los pecados cometidos. Es obligatorio cumplir la penitencia,
porque es parte del mismo sacramento.
Confesarse con un sacerdote es un modo de poner mi vida en las manos y en el
corazón de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús. (...)

EL SACERDOTE SEÑALA UNA PENITENCIA PARA REPARAR EL


DAÑO CAUSADO. Es una ocasión también para dar gracias a Dios por el perdón
recibido, y renovar el propósito de no volver a pecar.

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