Importancia del Presente en la Fe
Importancia del Presente en la Fe
ABRIL Y OCTUBRE
1975
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CONFERENCIA GENERAL ABRIL DE 1975
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AHORA ES EL TIEMPO
Por el élder Marvin J. Ashton
Del Consejo de los Doce
En respuesta a un reciente saludo de "¿Cómo van las cosas? una persona que conozco
desde hace mucho tiempo respondió: "Si puedo arreglármelas durante este mes, pienso que
todos estarán bien". Este comentario me hizo recordar que desde que lo conozco, su actitud
siempre a sido la misma. Nunca lo he oído expresar ningún placer o satisfacción con su vida
actual.
Esta breve asociación de ideas trae a la mente una noción universalmente aceptada
respecto a que lo mejor de la vida se encuentra adelante; sobre la próxima colina, o que quizá
la encontraremos dentro de pocos años cuando nos jubilemos, quizá mañana, el mes próximo,
después de cumplir los 16 años o el próximo verano. Es cuando llegamos a estar activamente
empeñados en el pasatiempo de acondicionarnos para creer que la felicidad y el progreso están
siempre en el futuro. Hay cierta resignación al soportar el hoy, mirando hacia el futuro como
una promesa de un mañana mejor.
Para la gente que piensa así, puede que nunca les llegue ese mañana; ya que el futuro
placentero pertenece a aquellos que usan apropiadamente el hoy. Necesitamos encontrar la
abundancia de la vida a medida que la vivimos. ¿Cómo podremos ser felices mañana si
nuestro "hoy" esta lleno de tontas demoras y de infelicidades que nosotros mismos
propiciamos? Generalmente hablando, quienes cuentan diariamente sus bendiciones reciben
más a causa de su gratitud. Una espera constante de un futuro más brillante puede hacernos
perder nuestro bello presente. Algunos emplean demasiado tiempo alistándose para vivir y
encontrar un futuro desconocido, y demasiado tarde descubren que no hay tiempo para vivirlo.
Frecuentemente en nuestra ansia por obtener los gozos del futuro, nos alejamos de nuestros
deseos y necesidades actuales.
Un examen apropiado del momento pasajero probará que él es la vía para encontrarnos
con la eternidad, por eso necesitamos recordar constantemente que la eternidad está en proceso
ahora.
Cuando se dijo el sabio consejo: "los hombres deberían estar anhelosamente consagrados
a una causa justa, haciendo muchas cosas de su propia voluntad, y efectuando mucha justicia"
(D. y C. 58:27), la estructura del tiempo a que se refiere es solamente ahora, hoy y sin demora.
¡Qué poco sabios son aquellos que quieren demorar el arrepentimiento hasta mañana! Con
cada día que pasa, el proceso se hace más difícil. Muchas de nuestras heridas y malos
entendimientos pueden ser aclarados y desechados si los tratamos hoy en lugar de esperar a
resolver todo mañana.
Vivir intensamente cada hora y recoger lo mejor de cada día, es sabiduría. Que poco
sabios somos cuando desperdiciamos nuestro presente siendo que él es el que determina el
significado de nuestro futuro. Deberíamos vivir prudentemente éste día, porque es todo lo que
tenemos. Mientras nuestras familias están con nosotros, debemos tomar tiempo para
desarrollar personalidad, unidad y carácter. Las jovencitas de hoy serán las mujeres de
mañana, los jóvenes de hoy serán los hombres del mañana. La clase de hombres y mujeres que
producimos para el futuro dependerán de cómo se les haya enseñado a usar este día, el
presente. Qué afortunado es un niño que es criado en un hogar donde el amor, el respeto, el
honor, la integridad, y la promisión, sean apropiadamente mostrados todos los días.
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Padres, os invitamos a que gocéis de los frutos de una mejor relación entre padres e
hijos, comenzando ahora mismo. Los padres clasificados por sus hijos como verdaderamente
maravillosos, se ganan esta clasificación por su comportamiento diario más que por las
amenazas, la negligencia o los regalos. No ayudaremos a nuestros hijos a crecer si hacemos
todo por ellos sin pedirles que hagan su parte.
Si tenemos buena salud, debemos gozar; si no, debemos empezar ahora ansiosamente a
tratar de mejorarla. Qué emocionante es ver gente alrededor de nosotros logrando,
conquistando y venciendo, por medio de la apropiada acción diaria, la autodisciplina y el
compromiso total. El progreso y los logros pertenecen a aquellos que han aprendido a usar la
oportunidad de ahora. Nuestras luchas actuales determinarán nuestra posición futura.
Permitidme compartir con vosotros un ejemplo de los resultados de la perseverancia y acción.
En las Olimpiadas de 1960, las cuales se efectuaron en Melbourne, Australia, ahí, en la
plataforma de los vencedores, bajo los reflectores estuvo un día una esbelta, alta y rubia
señorita americana. Le fue otorgada una medalla de oro, simbólica del primer lugar en la
competencia mundial; mientras ella estaba allí, algunos jóvenes silbaron y a otros se les oyó
decir:
"¡Esta es una muchacha que lo tiene todo!"
Las lágrimas corrieron por sus mejillas al aceptar ese reconocimiento. Muchos pensaron
que la había conmovido la ceremonia de la victoria. Lo que la mayoría del público ignoraba
fue la historia de su determinación, autodisciplina y entrenamiento diario. A la edad de cinco
años, tuvo poliomielitis. Cuando la enfermedad abandonó su cuerpo, ella ya no podía usar sus
brazos ni sus piernas. Sus padres la llevaban diariamente a una alberca, donde esperaban
pacientemente que el agua pudiera ayudarle a sostener sus brazos mientras ella trataba de
usarlos nuevamente. Cuando al fin logró levantar un brazo fuera del agua con su propia fuerza,
lloró de gozo. Entonces su meta fue nadar a lo ancho de la piscina, más tarde a lo largo y
después darle varias vueltas a la alberca. Siguió tratando, nadando, soportando, día tras día,
hasta que ganó la medalla de oro en el nado de mariposa, uno de los estilos más difíciles.
¿Qué hubiera ocurrido si Shelly Mann a la edad de cinco años, no hubiera sido animada
a luchar, continuar y vencer?
¡Qué gran influencia fueron sus padres que la ayudaron a comprender la importancia del
presente y de la preparación para el futuro!
Al recordar algunas de las bien conocidas enseñanzas del Salvador, la palabra ahora
puede agregarse apropiadamente para recalcar su impacto: "Si me amáis, guardad mis
mandamientos" . . .AHORA (Véase Juan 14:15).
"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura"... AHORA (Véase Marcos
16:15). "Ven, sígueme"... AHORA (Véase Lucas 18:22). Verdaderamente, si amamos a Dios,
debemos servirlo. . .AHORA.
Hay entre nosotros algunos que actualmente, aunque lo nieguen, están hambrientos de
amistad y de actividad en la Iglesia. Ellos nos necesitan y nosotros también, es nuestra
bendición y nuestro deber ayudarlos a encontrar el camino ahora. Todos somos ovejas de Dios
y podemos estar mejor alimentados y guiados si permanecemos unidos. Hoy es el tiempo de
hacerles saber que nos importan y que el Señor los ama, que El está ansioso de perdonar y
darles la bienvenida en el proceso del arrepentimiento. Dios nos da el valor de actuar hoy.
Hay una urgencia hoy para todos nosotros de tomar tiempo para Dios. Sabios son
aquellos que usan los caminos Dios para asegurar su eterno compañerismo mañana. ¡Hoy es el
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tiempo para familiarizarnos y conocer a Dios! Debemos lograr una verdadera abundancia, la
vida debe vivirse plenamente este día en la compañía de Dios.
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Sólo por hoy;
Déjame, tanto obrar con diligencia
Como orar;
Permíteme ser bueno, de hecho y de palabra,
Sólo por hoy;
Permíteme ser lento al hacer mi voluntad;
y pronto al obedecer;
¡Oh! Tenme en tu amoroso cuidado
Sólo por hoy;
Qué no diga yo palabras malas o necias
Sin pensar;
Pon tú un sello en mis labios,
Sólo por hoy.
Así, por el mañana y sus necesidades
No hago oración,
Pero tenme, guíame y ámame, Señor,
Sólo por hoy.
—Sybil F. Partridge "Just for Today" [canción] (New York: Sam Fox Co).
Estas escogidas palabras de Sybil F. Partridge, deben ser una inspiración para todos
nosotros. ¡Qué bendición sería si "sólo por hoy" buscáramos a Dios más que al oro, si "sólo
por hoy" el deseo de poder, las posesiones, las ventajas y la posición mundana, pudieran ser
reemplazadas por propósitos eternos y tesoros celestiales!
Cuando tenemos planes o tendencias que están orientadas al dinero, y vemos hacia
adelante todo lo que éste puede comprar, es un buen tiempo para detenernos y preguntarnos si
al ocuparnos en perseguir esto no estamos perdiendo las cosas que el dinero no puede
comprar. En nuestro diario compromiso con el dinero, la acumulación de las cosas mundanas
y el reconocimiento: "Para asegurar un futuro feliz" podemos estar pasando de largo las cosas
que tratamos de encontrar. Algunos que están perdiendo una vida valiosa, mientras continúan
su camino, puede que la pierdan totalmente.
Recordad, el futuro está relacionado con el presente, y lo que hacemos con el presente,
determinará lo que será el futuro. Yo comparto con Alma lo que dice el capítulo 34, versículos
32 y 33: "Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante
Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra... no demoréis el
día de vuestro arrepentimiento." Lo mejor de la vida no está a la vuelta de a esquina, ni cuando
uno va a una misión ni después del matrimonio, ni cuando acabamos de pagar la casa, ni
después que cambia la situación económica, o cuando los hijos ya han crecido. ¡Lo mejor de la
vida es ahora! Hoy es el tiempo para comenzar realmente a vivir, hoy es el tiempo para tener
un buen comienzo para mañana. El futuro pertenece a aquellos que saben como vivir el
presente. No hay días sin importancia en las vidas de los que están anhelosamente
consagrados.
Existe actualmente una tendencia generalizada, de posponer acciones y compromisos,
hasta que la inquietud internacional se calme. Para aquellos que creen eso, podría sugerirles:
“Su negocio” debe ir y va hacia delante, no conoce límites, no conoce barreras de tiempo. El
tiempo propicio para la acción es ahora. Hay una urgencia de que metamos nuestra hoz y
preparemos la tierra para los propósitos del Señor.
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Hermanos y hermanas: Escuchad nuevamente su eterna invitación, sí, a su toque del
Maestro: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban
la red en el mar; porque eran pescadores.
"Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. "Y
dejando luego sus redes, le siguieron" (Marcos 1:16-18, cursivas agregadas).
Que Dios nos ayude a abandonar nuestra negligencia y a seguirlo. Ahora es el tiempo de
servir al Señor. Os doy mi testimonio de que conozco estas verdades mejor hoy que ayer, y os
dejo mi testimonio ahora en el nombre de Jesucristo. Amén.
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EL LIBRO DE MORMÓN ES LA PALABRA DE DIOS
Por el Presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Quórum de los Doce
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"Así que mandaré a mis descendientes que no escriban sobre estas planchas nada que no
sea de valor para los hijos de los hombres" (1 Nefi 6:4-6).
El Libro de Mormon lleva a los hombres a Cristo mediante dos procedimientos básicos:
Primero, habla de Cristo y su evangelio en forma sencilla; da testimonio de la divinidad
del Señor y de la necesidad de un Redentor, así como de que en El depositamos nuestra
confianza. Nos brinda un contundente testimonio de la Caída y la Expiación, de los primeros
principios del evangelio, incluyendo la necesidad de que tengamos un corazón quebrantado y
un espíritu contrito, así como de que pasemos por la experiencia de tener un "renacimiento
espiritual".
Proclama el hecho de que debemos perseverar en justicia hasta el fin, y vivir la vida
moral de un santo.
Segundo, el Libro de Mormón expone a los enemigos de Cristo; confunde las falsas
doctrinas y pone fin a las contenciones. (Véase 2 Nefi 3:12» Fortalece a los humildes
seguidores de Cristo en contra de los malignos designios, estrategias y doctrinas del demonio
en nuestros días. La clase de apóstatas con que cuenta el Libro de Mormón, es absolutamente
similar al tipo de apóstatas de la actualidad. Con su infinito conocimiento del futuro, Dios
modeló la historia que en él se escribiría de tal forma que pudiéramos distinguir el error y
pudiéramos saber cómo combatir los falsos conceptos educacionales, políticos, religiosos y
filosóficos de nuestros tiempos.
Dios espera que utilicemos el Libro de Mormón de varias formas. Debemos leerlo
nosotros mismos -cuidadosamente y con oración- meditando lo que vamos leyendo, tratando
de determinar si se trata de una obra de Dios o la de un joven ignorante. Cuando hayamos
finalizado de leer las cosas que se encuentran en el libro, Moroni nos exhorta a que lo
pongamos a prueba, con las siguientes palabras:
"Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaras a que preguntaseis a Dios el Eterno
Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón
sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por
él. poder de¡ Espíritu Santo" (Moroni 10:14).
Yo hice tal como Moroni exhorta, y puedo testificaras de que este libro es de Dios v de
que su veracidad es innegable.
Debemos utilizar el Libro de Mormón como fundamento de nuestras enseñanzas. En la
Sección 42 de Doctrinas y Convenios, el señor declara: "Y además, los élderes, presbíteros y
maestros de esta Iglesia enseñarán los principios de mi evangelio que se encuentra en la Biblia
y el Libro de Mormón, que contiene la plenitud de mi evangelio" (D. y C. 42:12).
A medida que leemos y enseñamos, debemos comparar las escrituras del Libro de
Mormón con nosotros, para "nuestro provecho e instrucción" (1 Nefi 19:23).
Debemos utilizarlo para enfrentarnos a los problemas creados con las objeciones que se
formulan en contra de la Iglesia. Dios el Padre y Jesucristo se revelaron a José Smith en una
maravillosa visión. Después de aquel glorioso acontecimiento, José le contó lo sucedido a un
ministro religioso, y quedó sumamente sorprendido cuando el ministro le dijo que no existían
cosas tales como visiones y revelaciones en estos días, que todas esas cosas ya habían cesado.
(Véase José Smith 2:21.)
Esta declaración constituye un símbolo práctico de todas las objeciones que han sido
hechas en contra de la Iglesia por personas que no son miembros de la misma, así como por
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aquellos que son miembros disidentes. 0 sea que ellos no creen que Dios revela su voluntad a
la Iglesia en la actualidad, mediante sus profetas. Todas las objeciones que puedan hacerse, ya
sea que se trate del tema del aborto, el matrimonio plural, la religión diaria, etc., giran
básicamente alrededor del hecho de si José Smith y sus sucesores, fueron y son profetas de
Dios que recibieron y reciben revelación divina. Aquí tenemos entonces, un procedimiento
para hacernos cargo de la mayoría de las objeciones, mediante el uso del Libro de Mormón.
Primero, debemos entender perfectamente la objeción.
Segundo, debemos dar la respuesta tomándola de la fuente de la revelación.
Tercero, tenemos que demostrar cómo la corrección de la respuesta depende realmente
del hecho de si tenemos o no revelación moderna mediante profetas modernos.
Cuarto, debemos explicar que el hecho de si tenemos o no profetas modernos y
revelación, depende en realidad de si el Libro de Mormón es verdadero o no.
Por lo cual, el único problema que el que presenta la objeción debe resolver, es
determinar si el Libro de Mormón es verdadero o no. Porque si el Libro de Mormón es
verdadero, entonces Jesús es el Cristo, José Smith fue su profeta, la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días es verdadera, y se encuentra dirigida en la actualidad por un
profeta que, al igual que los de tiempos antiguos, recibe revelación.
Nuestra principal responsabilidad es declarar el evangelio a la humanidad, y hacerlo
eficazmente, pero no tenemos la obligación de contestar todas las objeciones. Llega el
momento en el cual todo hombre debe tomar decisiones basándose en la fe, y entonces es
cuando debe tomar una posición definitiva.
"Y si no son las palabras de Cristo, juzgad; porque en el postrer día Cristo os manifestará
con poder y gran gloria que son sus palabras; y ante su tribunal nos veremos cara a cara,
vosotros y yo, y sabréis que él me ha mandado escribir estas cosas, a pesar de mi debilidad" (2
Nefi 33:1). Todo hombre debe juzgar por sí mismo, sabiendo que el Señor habrá de tenerlo
por responsable. El Libro de Mormón debe utilizarse como estandarte a los pueblos: "... y mis
palabras resonarán hasta los extremos de la tierra, por estandarte a los de mi pueblo que son de
la Casa de Israel" (2 Nefi 29:2).
Nosotros los miembros de la Iglesia, y especialmente los misioneros, debemos hacer
resonar esas palabras, y ser quienes proclamemos y testifiquemos del Libro de Mormón hasta
los confines de la tierra.
El Libro de Mormón es la gran norma que debemos utilizar; por medio de él se
demuestra que José Smith fue un profeta; contiene las palabras de Cristo, y su gran misión es
la de llevar almas a Cristo, después de lo cual, todas las demás cosas son secundarias. La
pregunta de oro del Libro de Mormón es: "¿Quiere aprender más sobre Jesucristo?" El Libro
de Mormón es el gran descubridor de los que buscan la verdad. No contiene cosas que le
placen al mundo, por lo cual las personas mundanas no se interesan en él. Es, en sí mismo, un
gran tamiz.
Cualquiera que haya buscado diligentemente el conocimiento de sus doctrinas y
enseñanzas, y que las haya utilizado conscientemente en la obra misional, sabrá a ciencia
cierta que se trata de¡ instrumento dado por Dios a los misioneros para convencer al judío, al
gentil y al lamanita, de la veracidad de nuestro mensaje.
Pero la verdad es que no hemos estado utilizando el Libro de Mormón como deberíamos
haberío hecho. Nuestros hogares no son suficientemente fuertes a menos que lo utilicemos
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para acercar a nuestros hijos a Cristo. Nuestras familias pueden llegar a corromperse por las
tendencias mundanas y sus enseñanzas a menos que sepamos cómo utilizar el libro para poner
en evidencia y combatir las falsedades políticas, de la evolución orgánica, del racionalismo, el
humanismo, etc. Nuestros misioneros no son lo eficaces que deberían y podrían ser, a menos
que hagan resonar sus palabras. Los conversos que se acercan a la Iglesia por motivos
sociales, éticos, culturales o educacionales, no lograrán sobrevivir las pruebas de la vida, a
menos que sus raíces profundicen en la plenitud del evangelio que contiene el Libro de
Mormón. Nuestras clases de la Iglesia nunca estarán llenas del Espíritu a menos que lo
enarbolemos como a un verdadero pendón. Nuestras naciones continuarán degenerándose, a
menos que leamos y atesoremos las palabras del Dios de la tierra, Jesucristo, dejando de lado
tanto la participación como el apoyo a las combinaciones secretas de las cuales el libro de
Mormón nos dice que fueron la causa de la caída de las civilizaciones americanas anteriores.
Algunos de los primeros misioneros de la Iglesia fueron reprobados por el Señor a su
regreso al hogar -Sección 84 de las Doctrinas y Convenios- porque no le habían prestado la
debida importancia al Libro de Mormón. Como consecuencia de ello sintieron la mente
oscurecida. El Señor declaró que esta forma de tratar el libro, había puesto a toda la Iglesia
bajo condenación, aun a todos los hijos de Sión. Y declaró el Señor más adelante: "Y
permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio,
aun el Libro de Mormon." (Véase Doctrinas y Convenios 84:54-57.) ¿Continuamos estando
bajo esa condenación?
La lectura de este libro es una de las mejores formas de persuadir a los hombres para
cumplir con una misión. Necesitamos más misioneros, pero también necesitamos misioneros
mejor preparados procedentes de los barrios, ramas y hogares, donde se conozca y se ame el
Libro de Mormón. Los misioneros se encuentran a un paso de enfrentarse con el gran desafío
—para el que tendrán que prepararse muy bien— de enseñar el evangelio por medio de él.
Necesitamos misioneros que se encuentren a la altura de nuestro mensaje.
Graves son las consecuencias que tendremos como resultado a nuestra reacción al libro
de Mormón.
"Y los que la recibieron con fe, y obraren en justicia, recibirán una corona de vida
eterna;
Mas se tornará en condenación para los que endurecieron sus corazones en incredulidad,
y la
rechazaron. Porque el Señor Dios lo ha hablado" (D. y C. 20:14-16).
¿Es verdadero el Libro de Mormón? Sí. ¿Para quién es? Para nosotros.
¿Cuál es su propósito? El de llevar a los hombres a Cristo.
¿Cómo logra su propósito? Dando testimonio de Cristo y poniendo en evidencia a sus
enemigos.
¿Cómo debemos de utilizarlo? Debemos lograr un testimonio de él, debemos enseñarlo,
enarbolarlo como un estandarte y proclamar sus verdades.
¿Hemos estado haciéndolo? No como deberíamos.
¿Habrá consecuencias eternas que dependan de nuestra reacción a este libro? Sí, ya sea
para nuestra bendición o para nuestra condenación.
Todo Santo de los Últimos Días debería hacer del estudio de este libro, el propósito de su
vida. De otro modo está poniendo en peligro su alma, descuidando aquello que puede darle
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unidad espiritual e intelectual a toda su vida. Existe una gran diferencia entre un converso
edificado en la roca de Cristo a través del Libro de Mormón, que permanece aferrado a esa
barra de hierro que le sirve de constante guía, y otro que no lo está.
Hace más de un cuarto de siglo, escuché en este mismo Tabernáculo las siguientes
palabras: "Hace unos pocos años cuando comencé con la práctica de la abogacía, algunos de
los miembros de mi familia se encontraban algo preocupados. Temían que yo perdiera la fe.
Yo quería dedicarme a la práctica del derecho, pero tenía un deseo aún mayor de conservar mi
testimonio, por lo cual llevé a la práctica un pequeño procedimiento que ahora quisiera
recomendaros. Cada mañana, por treinta minutos antes de comenzar con mis labores diarias
leía el libro de Mormón ... y con esos pocos minutos diarios lo leí todo, cada año durante
nueve años consecutivos. Sé que este procedimiento me mantuvo en armonía siempre que yo
mantuviera la misma armonía con el Espíritu del Señor" (Conference Report, abril de 1949,
página 36). Ese será el mejor de los métodos para mantenernos cerca del Espíritu del Señor.
La persona que hablaba era el presidente Marion C. Romney. Hoy me hago eco de su consejo.
¿Qué habremos de decir entonces del Libro de Mormón? Yo os doy mi testimonio de
que es verdadero. Esto lo sé con la misma certeza con que sé, que vivo. Apoyamos la
declaración hecha por el profeta José Smith cuando dijo: "Les declaré a los hermanos que el
libro de Mormón era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la clave de nuestra
religión; y que un hombre se acercaría más a Dios por seguir sus preceptos que los de
cualquier otro libro" (Enseñanzas del Profeta José Smith, páginas 233-234).
Que podamos llegar a conocer y utilizar esta piedra angular y podamos así acercarnos
más a Dios, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.
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EL SÍMBOLO DE CRISTO
Por el élder Gordon B. Hinckley
Del Consejo de los Doce
Esta ha sido una gran reunión y oro humildemente porque el Espíritu del Señor me
inspire y que las cosas que os pueda decir complementen los mensajes maravillosos que
hemos escuchado.
Recientemente sostuvimos una casa abierta en el Templo de Arizona. Siguiendo a una
completa renovación de ese edificio, casi un cuarto de millón de personas vio sus bellos
interiores. El primer día de su apertura, clérigos de otras religiones fueron invitados especiales
y cientos de ellos respondieron. Tuve el privilegio de darles un discurso y contestar sus
preguntas a la conclusión de su visita. Yo les dije que tendríamos mucho gusto en contestar
cualquier pregunta que pudieran tener. Aunque fueron muchas las preguntas, entre ellas hubo
una de un ministro protestante.
El dijo: He estado por todo el edificio, este templo lleva al frente el nombre de
Jesucristo, pero en ninguna parte he visto ninguna representación de la cruz, el símbolo de la
cristiandad. He visto sus edificios por todas partes y siempre he notado la ausencia de la cruz.
¿Por qué no hay cruz si usted dice que creen en Jesucristo?
Yo respondí: "No deseo ofender a ninguno de mis hermanos cristianos que usan la cruz
en las torres de sus catedrales, en los altares de sus capillas, sobre sus vestimentas y la
imprimen en sus libros y en otra literatura, pero, para nosotros, la cruz es el símbolo de Cristo
agonizante, mientras que nuestro mensaje es una declaración del Cristo viviente."
El preguntó entonces: "Si ustedes no usan la cruz, ¿cuál es el símbolo de su religión?"
Yo le contesté que la vida de nuestro pueblo ha llegado a ser la única expresión
significativa de nuestra fe, y de hecho, el símbolo de nuestra adoración.
Espero que él no pensara que era yo un presumido o un santurrón al dar mi respuesta. Su
observación fue correcta ya que nosotros no usamos la cruz, excepto como la usan nuestros
capellanes militares en sus uniformes para identificación. Nuestra posición, a primera vista
puede parecer una contradicción de nuestra profesión de que Jesucristo es la figura clave de
nuestra fe. El nombre oficial de la Iglesia es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días. Nosotros lo adoramos como Señor y Salvador. La Biblia es nuestra Escritura.
Creemos que los profetas del Antiguo Testamento, los cuales predijeron la venida del Mesías,
hablaron bajo inspiración divina. Nos regocijamos en los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y
Juan, que sitúan los eventos del nacimiento, ministerio, muerte y resurrección del Hijo de
Dios, el Unigénito del Padre en la carne. Como Pablo en la antigüedad, "no me avergüenzo
del evangelio, porque es poder de Dios para salvación" (Romanos 1:16). Y como Pedro,
afirmamos que Jesucristo es el único nombre "dado a los hombres, en que podamos ser salvos"
(Véase Hechos 4:12).
El Libro de Mormón, el cual consideramos como el testamento del Nuevo Mundo,
situando las enseñanzas de los profetas que vivieron antiguamente en este Hemisferio
Occidental, testifica que El nació en Belén de Judea y que murió en el Monte del Calvario.
Para un mundo débil en su fe, éste es otro poderoso testigo de la divinidad del Señor. Su
propio prefacio, escrito por un profeta que caminó en las Américas hace mil quinientos años y
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categóricamente establece que fue escrito "para convencer al judío y al gentil de que JESÚS es
el CRISTO, el ETERNO DIOS, que se manifiesta a si mismo a todas las naciones.
Y en nuestro libro de revelación moderna, las Doctrinas y Convenios, El se declaró a sí
mismo con estas palabras:
"Soy Alta y Omega, Cristo el Señor; si, yo soy él, aun el principio y el fin, el Redentor
del mundo" (D. y C. 19:1).
A la luz de tales declaraciones, y en vista de tales testimonios, bien pueden muchos
preguntar como lo hizo el ministro de Arizona: ¿Si ustedes profesar creer en Jesucristo, por
qué no usan la cruz del Calvario, que es el símbolo de su muerte?
A lo que yo respondería primero, que ningún miembro de esta Iglesia debe olvidar nunca
el terrible precio pagado por nuestro Redentor, quien dio su vida para que todos los hombres
pudieran vivir; su agonía en el Getsemaní, la amarga burla de sus juicios, la irónica corona de
espinas rasgando su carne, el sangriento grito del populacho ante Pilato, la solitaria carga a
través de su pesado camino hacia el Calvario, el intenso dolor cuando grandes clavos
taladraron sus manos y sus pies, la febril tortura de su cuerpo crucificado ese trágico día, en
que el Hijo de Dios exclamó: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas
23:34).
Esta era la cruz, el instrumento de su tortura, el terrible invento diseñado para destruir al
Hombre de Paz, la ingrata recompensa por su milagrosa obra de sanar enfermos, restaurar la
vista a los ciegos, levantar a los muertos. ¡Esta fue la cruz en que él colgó y murió en la
solitaria cima del Gólgota!
¡Nosotros no podemos olvidarlo! No debemos olvidarlo nunca porque ahí nuestro
Salvador, nuestro Redentor, el Hijo de Dios, se dio a sí mismo en sacrificio vicario por cada
uno de nosotros.
Pero las tinieblas de esa obscura noche antes del sábado judío, cuando su cuerpo sin vida
fue bajado y apresuradamente tendido en un sepulcro prestado, se llevó las esperanzas hasta de
los más ardientes e instruidos discípulos. Ellos estaban tan confundidos, que no comprendían
lo que les había dicho antes. Muerto estaba el Mesías en quien ellos creían, ido era su
Maestro, en quien habían puesto todos sus anhelos, su fe, su esperanza; el que había hablado
de vida eterna, el que levantó a Lázaro del sepulcro, ahora había muerto. Ahora había llegado
el fin de su triste y breve vida. Esta vida había sido como Isaías hacía mucho tiempo
predijera: El fue "despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,
experimentado en quebranto. . ."
"... él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él" (Isaías 53:3, 5). Ahora se había ido.
Sólo podemos especular sobre los sentimientos de aquellos que lo amaban mientras
meditaban su trágica muerte durante las largas horas del sábado judío, el sábado de nuestro
calendario.
Llegó entonces la aurora del primer día de la semana, el día de reposo del Señor como
hemos llegado a conocerlo en esa ocasión el ángel que servía declaró a aquellos que fueron a
la tumba, cargados de tristeza: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
"No está aquí, pues ha resucitado, como dijo" (Lucas 24:5, Mateo 28:6).
Ahí estaba el milagro más grande de la historia de la humanidad. Antes él les había
dicho: "Yo soy la resurrección y la vida" (Juan 11:25). Pero ellos no habían comprendido,
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ahora lo sabían. Había muerto en miseria, dolor y soledad. Ahora siendo el tercer día, se
levantaba en poder, belleza y vida, primicias de los que durmieron, la seguridad para los
hombres de todas las edades de que "como en Adán todos mueren, también en Cristo todos
serán vivificados" (1 Corintios 15:22).
En el Calvario El era el Jesús agonizante, de la tumba emergió como el Cristo viviente.
La cruz había sido el fruto amargo de la traición de judas, el sumario de la negación de Pedro.
La tumba vacía vino a ser un testimonio de su divinidad, la seguridad de la vida eterna, la
respuesta a la pregunta no contestada de Job: "Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? (Job
14:14).
Una vez muerto, pudo haber sido olvidado o, recordado como uno de tantos grandes
maestros cuyas vidas eran resumidas en los libros de historia. Ahora, habiendo resucitado, El
vino a ser el Amo de la Vida, Ahora sus discípulos junto con Isaías podrían cantar con una fe
segura: "Se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de
Paz" (Isaías 9:6).
Fueron cumplidas las esperanzadas palabras de Job: "Yo sé que mi Redentor vive, y al
fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a
Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece
dentro de mí" (Job 19:25-27).
Bien exclamó María "¡Raboni!" (Juan 20:16) cuando vio por primera vez al Señor
resucitado, pues maestro era en toda verdad, no sólo de la vida, sino aun de la muerte. Ido era
el aguijón de la muerte, rota la victoria de la tumba.
El temeroso Pedro fue transformado. Aun el dudoso Tomás declaró en sobriedad,
reverencia y realismo: "¡Señor mío, y Dios mío!" (Juan 20:28).
"No seas incrédulo sino creyente" fueron las inolvidables palabras del Señor en aquella
maravillosa ocasión (Juan 20:28).
Siguieron las apariciones a muchos, incluyendo como nos dice Pablo que: "Después
apareció a más de quinientos hermanos a la vez" (1 Corintios 15:6).
Y en este Hemisferio Occidental, dónde había otras ovejas, de las que El habló al
principio el pueblo oyó "una voz como si viniera del cielo... y les dijo: He aquí a mi Hijo
Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre; a él oíd.
"... y he aquí, vinieron a un Hombre que descendía del cielo; y llevaba puesta una túnica
blanca; y descendió y se puso en medio de ellos...
"Y aconteció que extendió su mano, y dirigiéndose al pueblo, dijo:
"He aquí, soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo...
"Levantaos y venid a mí" (3 Nefi 11:3, 6-9, 14).
Luego siguen en este bello relato muchas palabras del ministerio del Señor resucitado,
entre el pueblo de la antigua América.
Y ahora, finalmente, hay testigos modernos, porque él vino otra vez a abrir esta
dispensación, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. (Véase D. y C. 112:30.) En
una gloriosa visión, él, el Señor viviente resucitado, y su Padre, el Dios del cielo, aparecieron
a un joven profeta para comenzar de nuevo la restauración de la antigua verdad. Después
sobrevino una verdadera "nube de testigos" (Hebreos 12:1) y aquel que fue el recipiente, el
moderno profeta José Smith, declaró con palabras de sobriedad:
14
"Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, este testimonio, el
último de todos, es el que nosotros damos de él: ¡Que vive!
"Porque lo vimos, aun a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el
Unigénito del Padre—
"Que por él, y mediante él, y de él los mundos son y fueron creados, y los habitantes de
ellos son engendrados hijos e hijas para Dios" (D. y C. 76:22-24).
A lo cual puede agregarse el testimonio de millones quienes, por el poder del Espíritu
Santo han tenido y hoy dan un solemne testimonio de esta realidad viviente.
Este testimonio ha sido su aliento y su fuerza.
Por ejemplo, he estado pensando mucho últimamente en un amigo que se encuentra en
Vietnam del Sur. No sé precisamente dónde está, ni cuál es su condición, de lo único que
estoy seguro es que es un hombre de una fe tranquila y trascendente en Dios, nuestro Eterno
Padre y en su Hijo el Cristo viviente. Mientras la luz de la libertad flamea y se apaga en esa
tierra de tristeza, creo oírlo cantar como le oí antes:
15
Y a mi alma alentar.
Que vive, paz a mi suplir,
Y con su ojo dirigir,
Que vive para consolar,
16
LA FE, EL PRIMER PASO
Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce
Los cristianos de todo el mundo acaban de celebrar lo que ellos consideran como el
suceso de mayor trascendencia en la historia, la ocasión en que el Señor y Maestro resucitó
después de haber sido muerto en la cruz. Este evento ha sido celebrado cada primavera por
más de 1 900 años. Viene a nuestra mente al llegar ese día, el frío y obscuro invierno que ha
llegado a su fin y toda la naturaleza que está lista para volver a la vida.
Cuando las nieves se han derretido, los árboles y arbustos tienen nuevos brotes, los
capullos florecen y toda la tierra se convierte en una sinfonía de color y calor, asegurándonos
una nueva vida; cuando se palpa el cambio del intenso frío del invierno a la belleza de la
primavera; cuando la naturaleza vuelve a la vida cada año, recordamos el cambio de tinieblas
y desesperación de Getsemaní a los más gloriosos eventos de la resurrección. La piedra fue
removida y se escuchó la proclamación: "No está aquí, sino que ha resucitado" (Lucas 24:6).
La realidad del suceso de la resurrección tiene un profundo significado para cada persona
que tiene el valor de creer. ¿Es verdadero? ¿Es Jesucristo una realidad? ¿Vino realmente a la
tierra, proclamó su evangelio y dio su vida por la humanidad? ¿Es verdad que él resucitó de la
tumba para hacer posible para vosotros y para mí vivir de nuevo después de la muerte y
obtener vida eterna? ¿Qué evidencia tenemos de estas cosas? ¿Cómo podemos adquirir
cocimiento de la verdad, de ellas si no lo sabemos?
Quiero deciros que yo creo estas cosas con todo mi corazón. Yo sé que son verdaderas.
Sé que Dios vive y es literalmente nuestro Padre Celestial; que Jesucristo es su Hijo, el
Redentor del mundo y que mediante su sacrificio expiatorio, cada hombre que vive, ha vivido,
o vivirá sobre la tierra, resucitará después de su muerte para vivir eternamente. Mi creencia a
este respecto ha venido de la misma manera que a otros creyentes; todas las personas pueden
tener este entendimiento con la simple admonición de:
"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
"Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla, y al que llama, se le abrirá"
(Mateo 7:7-8).
En su epístola a Israel, Santiago nos da su admonición con palabras de significado
similar:
"Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos
abundantemente y sin reproche, y le será dada.
"Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar,
que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra" (Santiago 1:5-6).
Hay algunos que creen y otros que dudan. Pero las preguntas pueden ser resueltas y el
conocimiento adquirido si seguimos estas simples instrucciones de las Escrituras. Por
supuesto, aquellos que no tienen el deseo de saber y son "arrastrados por el viento y echados
de una parte a otra", nunca entenderán las cosas pertenecientes a Dios y a su divino plan. Un
profeta ha hecho esta significativa declaración:
"Las cosas de Dios son de profunda importancia; y sólo con el tiempo, la experiencia y
los pensamientos cuidadosos, poderosos y solemnes, pueden encontrarlas. Tu mente, ¡oh
17
hombre! Si tú llevas un alma a la salvación, podrás llegar a los más altos cielos, y buscar en
ellos, y contemplar el obscuro abismo y la amplia expansión de la eternidad —Tú debes estar
en comunicación con Dios" (José Smith, History of the Church of Jesus Christ of Latter-Day
Saints, 3:295).
El evangelio, como fue traído a la tierra por el Salvador, contiene las buenas nuevas de
salvación; por tanto el plan de salvación es el evangelio de Jesucristo. El dijo:
" ... recordad, pues, las cosas que os he dicho.
"He aquí, os he dado mi evangelio, y éste es el evangelio que os he dado: que vine al
mundo a cumplir la voluntad de mi Padre, porque él me envió.
"Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser
levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como fui
levantado por los hombres, así también sean ellos levantados por el Padre, para comparecer
ante mí y ser juzgados según sus obras, ya fueren buenas o malas" (3 Nefi 27:12-14).
Al estudiar cuidadosamente las Escrituras, el conocimiento que obtengamos vendrá de
los elementos básicos o principios de¡ evangelio enseñados por el Maestro y consisten de los
siguientes pasos:
1. Tenemos que desarrollar dentro de nosotros mismos, la fe en Jesucristo, de que El es
el Hijo de Dios y Salvador del mundo.
2. Tenemos que arrepentirnos de todas nuestras malas acciones y estar dispuestos a
seguir sus enseñanzas.
3. Tenemos que ser bautizados de acuerdo a las instrucciones para la remisión de los
pecados pasados.
4. Tenemos que recibir el Espíritu Santo, por la imposición de manos.
5. Tenemos que continuar en nuestra vida recta hasta el fin de la vida mortal.
El primer paso es fe, no una fe general, sino una fe específica: fe en el Señor Jesucristo.
Para saber si Jesucristo es o no una realidad, o si es verdad que El es el Hijo de Dios, y vino a
la tierra a proclamar su evangelio, a dar su vida y completar su resurrección para que cada
hombre pueda vivir otra vez; debe concentrarse dentro de nuestra alma un genuino deseo de
adquirir un conocimiento de la verdad. Cuando ese deseo es ya bastante fuerte, estaremos
persuadidos a examinar las evidencias.
No hay una evidencia tangible y concreta de la existencia de Dios o de la divinidad del
Maestro en un sentido legal, pero no todas las investigaciones en busca de la verdad resultan
en pruebas de evidencia real y demostrativa. Es falaz argüir que por no haber una evidencia
demostrativa de la existencia de Dios, El no existe. En ausencia de tales evidencias muchas
veces necesarias para el mundo científico como prueba positiva, nuestra investigación puede
llevarnos a los dominios de la evidencia circunstancial. Podemos emplear horas en describir
las maravillas del universo, de la tierra, de la naturaleza, del cuerpo humano, de la exactitud de
las leyes físicas y mil cosas más, todas ellas dictando a la conciencia del buscador de la
verdad, que existe un Creador y uno que gobierna todo el universo.
¿Cuál sería la situación, si la existencia de Dios pudiera probarse por medio de
evidencias demostrativas? ¿Qué le sucedería al elemento de la fe como el primer paso o
principio del evangelio? Una de las cargas de la enseñanza del Maestro fue enfatizar la
importancia de la fe. La fe es el elemento que construye el puente en ausencia de evidencia
concreta. Esto es exactamente lo que el escritor de la epístola a los Hebreos les estaba
18
diciendo cuando se refirió a la fe como "La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que
no se ve" (Hebreos 11:l). En otras palabras, la fe es la seguridad de la existencia de una
verdad, aunque no sea evidente ni pueda ser probada por evidencia positiva.
Supongamos que todas las cosas pudieran ser probadas por evidencia demostrativa. ¿Qué
vendrá a ser del elemento de la fe? No habría necesidad de fe y ésta sería eliminada, dando
ocasión a esta investigación: Si la fe es el primer paso o principio del evangelio y es
eliminada, ¿qué sucede con el plan del evangelio? Los propios fundamentos se
desmoronarían. Como consecuencia yo opino que hay una divina razón por la que no todas
las cosas pueden ser probadas por evidencia concreta.
Aquellos que dudan, usualmente piden una prueba o una señal para poder creer. El
profeta Alma habló a su pueblo sobre este mismo asunto y les dijo: "Sí, hay muchos que
dicen: Si nos muestras una señal del cielo, de seguro sabremos; y entonces creeremos.
"Pero yo os pregunto: ¿Es fe esto? He aquí, os digo que no; porque si un hombre sabe
una cosa, no tiene necesidad de creer, porque sabe" (Alma 32:17-18).
Alma entonces habló a su pueblo acerca del principio de la fe y lo comparó a una semilla
de árbol, la cual, después de plantada, necesitaba cuidado y cultivo. El deseo por la fruta fue
el motivo de plantar la semilla, y el sembrador tuvo fe de que brotaría y crecería. Alma
continúa describiendo la semilla de la fe:
"Y he aquí, a medida que el árbol empieza a crecer, diréis: Nutrámoslo con gran cuidado
para que eche raíz, crezca y nos produzca fruto. Y he aquí, si lo cultiváis con mucho cuidado,
echará raíz, crecerá y dará fruto.
"Mas si desatendéis el árbol, y sois negligentes en nutrirlo, he aquí, no echará raíz; y
cuando el calor del sol llega y lo abrasa, se seca porque no tiene raíz, y lo arrancáis y echáis
fuera.
"Y esto no fue porque la semilla no era buena, ni tampoco porque su fruto no sería
deseable; sino porque vuestro terreno era estéril y no quisisteis nutrir el árbol; por lo tanto, no
podréis obtener su fruto.
"Asimismo, si no cultiváis la palabra, mirando adelante con el ojo de la fe, hacia su fruto,
nunca podréis recoger el fruto del árbol de la vida" (Alma 32:37-40).
De manera que la fe viene a ser el primer paso en cualquier acción y tiene que ser el
primer paso para' llegar a comprender el evangelio. La fe en el Señor Jesucristo nos lleva a un
conocimiento de la realidad de su sacrificio expiatorio. Tenemos necesidad de ser enseñados
y de entender este primer principio.
En los dos versículos que concluyen el evangelio según San Mateo, se relata la aparición
final del Maestro a los once discípulos sobre la montaña de Galilea. Sus palabras de
despedida dan énfasis a la importancia de sus enseñanzas y confiere la gran comisión a otros,
de enseñar a todas las personas, en estas simples y comprensibles palabras:
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con
vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:19-20).
El énfasis se da en las palabras enseñándoles y bautizándolos. Siguiendo esta
admonición, los misioneros de la Iglesia, tanto jóvenes como viejos, están en el mundo
enseñando el principio de la fe en el Señor Jesucristo y los otros principios del evangelio a
19
todo el que quiera oír. Esto de acuerdo al modelo establecido por el Maestro mismo como lo
requiere Marcos: "Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos" (Marcos
6:7). Ellos fueron y dieron testimonio de su divinidad en esos días, hace más de 1900 años y
actualmente devotos embajadores dan el mismo testimonio cuando van entre el mundo de "dos
en dos".
Las naciones del mundo serán bendecidas por el mensaje del evangelio que ellos llevan,
y cada persona que tiene un honesto deseo de saber la verdad, aprenderá a conocer al
verdadero Dios viviente y sabrá que Jesús es el Cristo, el Redentor de toda la humanidad por
su sacrificio expiatorio, si él da oído al mensaje. Que pueda la fe de cada uno de vosotros ser
fortalecida por medio de un esfuerzo consciente, lo ruego humildemente en el nombre de
Jesucristo. Amén.
[Link]
20
"¿POR QUÉ ME LLAMÁIS, SEÑOR,
SEÑOR, Y NO HACÉIS LO QUE YO DIGO?"
Por el Presidente Spencer W. Kimball
21
Todos los miembros de la Iglesia han sido bautizados por inmersión y recibieron el don
del Espíritu Santo por la imposición de manos, de hombres debidamente autorizados que
poseen el Santo Sacerdocio. Todos nosotros hemos sido recibidos en la iglesia de Jesucristo
mediante el bautismo, cuando nos humillamos ante Dios, sentimos el deseo de ser bautizados,
mostramos corazones quebrantados y espíritus contritos, y cuando dimos testimonio delante de
la Iglesia de que nos arrepentíamos sinceramente de nuestros pecados y que estábamos
dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo, teniendo la determinación de
servirle hasta el fin y manifestando por nuestras obras que recibimos el Espíritu de Cristo para
la remisión de nuestros pecados.
Junto con algunas de las Autoridades Generales, regresamos recientemente de las
conferencias de área en Sao Paulo y Buenos Aires. En esa septentrional parte de Sión, les
recordamos a los miembros que Sión está, en realidad, en todo el Continente Americano,
como si fuera las anchas y poderosas alas de un águila, siendo una de ellas la América del Sur
y la otra, la América del Norte.
La Iglesia está desarrollándose y progresando en esas latitudes. La gente es feliz e
inspirada; la juventud ríe y baila, mientras se dirige rumbo a sus futuras posiciones de
liderismo.
La "congregación de Israel" se lleva a cabo cuando la gente de otros países acepta el
evangelio y permanece en sus lugares nativos. La congregación de Israel para los mexicanos,
se encuentra en México; en Escandinavia, para los miembros de los países del norte; el lugar
de congregación para los alemanes es Alemania; para los polinesios, las Islas Polinesias; para
los brasileños, en Brasil; para los argentinos en Argentina. Expresamos nuestro aprecio por
las bondades del Señor, al ayudarnos e inspirarnos en la dirección de las actividades de tres
millones y medio de personas, que se encuentra en constante aumento, desarrollándose en
independencia y fidelidad.
Cerca de 19.000 misiones se encuentran predicando el evangelio en la actualidad; ". . el
campo está blanco, listo para la siega. . ." (D. y C. 4:4), y tanto los misioneros como los
miembros llevan a muchas personas el conocimiento del evangelio.
En la actualidad estamos enviando misioneros hacia los cuatro puntos cardinales del
planeta; llevamos el gran mensaje de la verdad a todos los lugares del Norte, Sur, Este y Oeste,
así como a las islas del mar. Podemos decir en verdad que ésta es ahora una Iglesia universal,
con 700 estacas, 7.500 barrios y ramas, y 1 50 misiones. Nos estamos aproximando a la meta
de cubrir la tierra con el evangelio, del mismo modo que las aguas cubren las profundidades
de los inmensos océanos.
La Iglesia se encuentra en muy buen estado; los miembros son en general fieles y se
sienten felices. Hace poco tiempo, un prominente visitante del este de los Estados Unidos me
hizo la siguiente pregunta: "¿Por qué ustedes los mormones son gente tan feliz?" Yo le
respondí: "Es porque lo tenemos todo; el evangelio de Jesucristo, la luz, el sacerdocio, el
poder, las promesas, los convenios, los templos, nuestra familia, la verdad".
Recientemente dedicamos un magnífico templo en la ciudad de Washington y
anunciamos la construcción de otro, que se erigirá en la ciudad de Sao Paulo, Brasil.
En una conferencia anterior os llamé la atención sobre el hecho de que el Señor ha
creado para nosotros este hermoso mundo, y le ordenó a nuestro padre Adán que cultivara la
tierra y la embelleciera para hacerla habitable; ese mismo mandamiento o recomendación
continúa siendo válido en nuestros días. Nosotros recomendamos a toda la gente que no se
22
contamine el ambiente innecesariamente, que se cuide la tierra y se mantenga limpia y
productiva, así como también hermosa. El Señor nos ha dado las hierbas y todas las cosas
buenas de la tierra, para que sean para nuestra alimentación; ropa y casas, graneros y huertos,
jardines y viñedos; cada uno en su propio tiempo y estación; y todo le es dado al hombre para
su propio uso y beneficio, tanto para el deleite de los ojos como también del corazón; para
alimento y vestidura, para gustar y para oler, para vigorizar el cuerpo y animar el espíritu.
Complace a Dios el haberle dado al hombre todas las cosas porque para este fin fueron
creadas, para usarse con juicio, mas no en exceso ni por extorsión. (Véase D. y C. 59:1 6-20.)
Mucho es lo que nos preocupamos cuando vemos los alrededores de algunas casas,
completa o parcialmente abandonados e invadidos por las hierbas, donde muchas veces se ven
desperdicios y cosas cuyo lugar debería ser el basurero. Nos duele ver cercos rotos, graneros
que se desmoronan, cobertizos deshechos o sin pintar, portones maltratados y casas con
siniestro aspecto por falta de pintura. Le pedimos nuevamente a nuestra gente, al pueblo de la
Iglesia, que desarrollen un genuino orgullo en sus viviendas y propiedades.
Se cuenta que el presidente Brigham Young, habiendo urgido a los habitantes de ciertas
comunidades a vestirse adecuadamente y a mantener limpios sus lugares de habitación, rehusó
volver a ellos para predicarles, diciendo algo así: "No me escuchasteis cuando os dije que
teníais que limpiar vuestras habitaciones. Las mismas puertas que antes tenían malas bisagras,
continúan en malas condiciones; los mismos graneros que estaban sin pintar, todavía están sin
pintar; los mismos cercos rotos, continuara cayéndose en pedazos".
El siguiente extracto lo tomé de una revista de gran circulación y popularidad:
"Casi todas las casas cuentan con una parte posterior, que tiene lo que las personas
necesitan para combatir inteligentemente la inflación y ayudar a paliar la crisis mundial de
alimentos. Se llama tierra, y no es necesario que haya abundancia de la misma para que la
ayuda económica que brinde sea suficiente.
"Puede ser el lugar de juegos o de recreo, que no se use más para tales propósitos; algún
lugar soleado detrás del garaje o de un cobertizo; algún trocito de tierra que pueda parecer
insignificante a primera vista o, incluso, la parte del terreno originalmente dedicada a tener
césped. Todo lo que se necesita para rebajar el costo de los alimentos, es cultivar los vegetales
que se consumen en el hogar, en esos pequeños espacios prácticamente perdidos hasta ahora.
"Se ha calculado que un huerto cuidadosamente cultivado de 5 m. por 7 m., puede
producir unos trescientos dólares en valor de alimentos frescos cada seis meses. Por lo tanto,
el ahorro en los gastos de alimentación puede llegar a ser sustancial."
Nos complace en gran manera ver que son muchas las personas que están plantando y
cultivando los huertos familiares, plantando árboles frutales y comprando los artículos
necesarios para el envasado de sus propios productos. Felicitamos a todas las familias que
prestan atención a los sabios consejos y hacen algo al respecto.
Estamos realizando un esfuerzo consciente por cuidar de nuestros miembros, y les
enseñamos a practicar la economía, a guardar víveres que sean suficientes para alimentar a la
familia por espacio de un año, así como otros artículos de primera necesidad. Le enseñamos al
pueblo de la Iglesia a vivir las leyes de salud, lo cual paga dividendos muy importantes, al
ofrecer una vida más prolongada y saludable.
Un estudio realizado en una universidad, revela el hecho de que ". . . existe un porcentaje
marcadamente inferior de cáncer al pulmón y el esófago entre los miembros de la Iglesia
mormona". Un médico famoso en los Estado Unidos dijo que los mormones son más
23
saludables y sabios por el sólo hecho de no fumar ni tomar, y agregó que el cáncer al esófago
tiene una íntima relación con el hábito de la bebida. Dijo también: "Los habitantes del estado
de Utah cuentan con un 25% menos de enfermedades y muertes por problemas cardíacos que
el resto de los habitantes de los Estados Unidos, lo cual puede estar relacionado con el menor
consumo de tabaco en ese estado".
Estamos aterrados ante la deshonestidad existente en muchas comunidades de los
Estados Unidos. Las pérdidas provocadas por los robos al menudeo en almacenes y mercados,
junto con los trucos deshonestos, se pueden computar en millones de dólares, eso en nuestro
país solamente.
El Señor grabó en las planchas de piedra lo que dijo a la posteridad de Adán: "No
robarás" (Éxodo 20:15). Todos los padres deben enseñarles a sus hijos que no deben robar;
que el robo puede sin lugar a dudas, destruir su carácter. La honestidad es buena y deseable,
tanto desde el punto de vista social como cultural. Los mentirosos y los embaucadores son
deshonestos y no deben ser aceptados en nuestra cultura. La deshonestidad, en cualquiera de
sus formas, es terminantemente condenable.
Exhortamos a los tres millones y medio de miembros de la Iglesia a ser honestos, llenos
de integridad, a pagar todo lo que adquieran y a adquirir sólo aquello por lo cual puedan pagar.
Debemos enseñar a nuestros hijos el concepto del honor y la integridad.
Desde el principio, se nos ha aconsejado en contra de cualquier tipo de juego de azar.
Ya sea que gane o pierda, la persona se deteriora y daña por el sólo hecho de querer tener algo
por nada, algo que no le cuesta ningún esfuerzo, algo que consigue o desea obtener sin pagar
por ello su precio completo.
Recientemente, una de las más prestigiosas revistas informativas de los Estados Unidos,
publicó una lista de las principales formas de crimen en este país, junto con el costo que cada
una implica para su economía.
Las pérdidas en los juegos de azar, se encontraban al frente de todas las demás: eran
cinco veces más de las que correspondían a los narcóticos; más de veinte veces superiores al
costo de los secuestros; cuatro veces más de 10 correspondientes a las estafas, los fraudes Y
las falsificaciones, todo esto combinado; diez veces mayores que los robos de todas clases;
veinticinco veces más grandes que el vandalismo y los incendios provocados o premeditados;
y más del doble superiores al costo de mantenimiento de las policías federales, estatales y
locales de los Estados Unidos, además del costo de operación de los sistemas penales del país
y de todas las cortes o tribunales legales que se encargan del procesamiento de criminales. Y,
¿cuál fue el costo de los juegos de azar? ¡Treinta billones de dólares por año!
Aun así, hay estados que están legalizando la lotería, como medio de aumentar sus
entradas fiscales. Muchos clubes (y hasta algunas instituciones o grupos religiosos),
patrocinan los juegos de azar.
¡Pensad en lo que podría hacerse con ese dinero, si fuera posible usarlo en programas o
causas justas! ¿No creéis que treinta billones de dólares podrían ayudar en algo a los
hambrientos del mundo, por ejemplo?
Terribles son las noticias de la prensa, donde se informa que las mujeres están fumando
cada vez más, así como también los adolescentes, y que el cáncer al pulmón ha aumentado en
un gran porcentaje entre las fumadoras. Cerca del 80% del cáncer se produce entre los
fumadores; pero eso no es más que el comienzo del problema. Los cigarrillos están
íntimamente relacionados con el enfisema, las enfermedades de los bronquios y del corazón.
24
Todas éstas son enfermedades sumamente costosas, que causan un sin número de sufrimientos
y se llevan a la gente en forma prematura de esta vida.
El Señor reveló en el año de 1833, lo que ahora están dando a conocer los científicos
mediante pruebas perfectamente documentadas: " ... las bebidas calientes no son para el
cuerpo ni el vientre" (éstas son el té y el café). ". . . el tabaco no es para el cuerpo, ni para el
vientre, y no es bueno para el hombre. . . vino y bebidas alcohólicas... no es bueno ni propio en
la vista de vuestro Padre. . ." (Véase D. y C. 89:5-9.)
El Señor sabía cuando se descubrieron estas cosas, que fumar puede producir cáncer y
que beber alcohol puede conducir a accidentes y enfermedades.
La Palabra de Sabiduría es ahora un mandamiento para todos los miembros de la Iglesia;
al ver que algunos de ellos usan estos productos prohibidos, no podemos menos que
preguntarnos cómo reconcilian éstos sus acciones con la declaración del Señor: "¿Por qué me
llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46), Sinceramente, esperamos
que los miembros presten más atención a sus palabras.
Dos investigadores científicos de la Universidad de Utah nos han dado pruebas por
medio de sus estudios de que la Iglesia tiene un índice de mortalidad muy bajo. En 1971,
habiendo aproximadamente un 72% de miembros de la Iglesia en el estado de Utah, éste
contaba con el índice de mortalidad más bajo de todos los Estados Unidos continentales. La
encuesta también mostró que las muertes producidas por enfermedades del corazón, cáncer o
problemas del hígado —tres de las principales causas de muerte en los Estados Unidos,
relacionadas con el tabaco y el alcohol— son menos comunes en Utah que en el resto del país.
Por lo tanto, el índice de mortalidad en la Iglesia está íntimamente relacionado con el
cumplimiento de la Palabra de Sabiduría.
Así que les preguntamos a los que ignoran esta ley, conociéndola: ¿Por qué lo hacéis? El
Señor dijo:
"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace
la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
"Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu
nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
"Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad"
(Mateo 7:21-23).
Vivir los mandamientos del Señor es un asunto muy serio, y peor aún si los tomamos
sobre nosotros para ignorarlos.
En los primeros días, después de la Creación, el Señor le dijo a Enoc: "He allí a tus
hermanos; son la obra de mis propias manos, y yo les di su conocimiento el día en que los
hice; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío" (Moisés 7:32). No intentamos
quitarles a las personas del mundo su albedrío en el uso de estos productos prohibidos. Pero
creemos que cuando el Señor dio la Palabra de Sabiduría, estaba dirigiéndose a toda la gente
del mundo.
Mucho nos tememos que nunca en la historia del mundo haya habido tanta gente
inclinándose ante los becerros de oro y las imágenes de madera, piedra o metal, como la que
en la actualidad se inclina ante el dios de la lujuria. Esta idolatría, tan íntimamente asociada
con la destrucción de mente y cuerpo, podría inundar el mundo. Hemos notado el gran
aumento en los divorcios y los desaprobamos profundamente; nos afligen sobremanera, al
25
mismo tiempo que reconocemos que si hay casos en que se puedan justificar, éstos son muy
pocos. Generalmente el divorcio indica EGOÍSMO de parte de uno de los cónyuges y,
muchas veces, de ambos. Es un procedimiento desagradable y en general destructivo, por la
pérdida, el pesar, la soledad y la frustración que acarrea y especialmente, por los muchos niños
que sufren sus consecuencias. Es muy fácil exponer razones para justificar el divorcio.
Nuestro estudio revela que demasiado a menudo éste es resultado de la inmoralidad y la
adoración idólatra a los dioses del placer. Ciertamente, es muy difícil justificar que en una
pequeña ciudad, no lejos de Salt Lake City, hubiera 272 divorcios al mismo tiempo que se
habían concedido 341 licencias para contraer matrimonio.
Cuando el hombre y la mujer son generosos y dedicados a sus compañeros, están
reflejando la imagen del matrimonio descrito por el Señor cuando dijo: "Por tanto, dejará el
hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer; y serán una carne" (Moisés 3:24).
Cuando los hombres cumplan con los convenios hechos con su esposa y sean fieles y
generosos, el número de divorcios disminuirá. Pablo citó los requisitos:
"Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí
mismo por ella...
"Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que
ama a su mujer, a sí mismo se ama.
"Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como
también Cristo a la Iglesia" (Efesios 5:25, 28-29).
Y cuando las mujeres olviden sus egoísmos y mezquindades y se sometan a sus maridos
justos así como al Señor, cuando estén sujetas a sus maridos como se espera que la Iglesia se
sujete a Cristo, entonces el índice de divorcios disminuirá. Las familias progresarán juntas y
los niños serán felices, dejando oír sus risas por doquier.
Dios creó al hombre y a la mujer con talentos, poderes y responsabilidades especiales, y
con la habilidad de llevar a cabo lo que se espera de ellos. Cuando los hombres dediquen el
tiempo a su hogar y a su familia y las mujeres se consagren a sus hijos, volverá el viejo
concepto de que la más grande profesión en la vida es la de ser madre. Esta es una asociación
con Dios y no hay en la vida otra posición que tenga tal poder ni tan grande influencia. La
madre guarda en sus manos el destino de las naciones porque ella es quien tiene la oportunidad
y la responsabilidad de moldear los caracteres de sus ciudadanos.
En una estaca en California, tuve el placer de oír a una madre pronunciar estas palabras,
"Estoy agradecida de ser mujer. Estoy agradecida de ser esposa y madre. Estoy agradecida de
ser Santos de los Últimos Días". Pienso que ésa es una poderosa declaración.
Verdaderamente, la maternidad es la profesión más grandiosa.
Se ha hablado mucho sobre el aborto, en la prensa y desde los púlpitos de diferentes
religiones. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se opone
terminantemente al aborto y aconseja a sus miembros a no someterse a él ni participar en esta
práctica de ninguna manera, ni por conveniencia, ni para ocultar el resultado de un pecado. El
aborto debe considerarse como uno de los hechos más repugnantes y pecaminosos de nuestra
época, en la que somos testigos de la aterradora evidencia de un libertinaje que conduce a la
inmoralidad sexual. Tenemos la firme convicción de que cualquier obstáculo que se oponga a
la creación de la vida es grave desde el punto de vista moral, mental, psicológico y físico; e
interferir con cualquiera de los procesos de la procreación es violar uno de los mandamientos
de Dios: el de "multiplicar y henchir la tierra" (Génesis 1:28).
26
Los miembros de la Iglesia que sean culpables del pecado del aborto, deben someterse a
la acción disciplinaria de los concilios de la Iglesia, según las circunstancias lo indiquen. Os
recordamos la ratificación de los Diez Mandamientos que el Señor hizo en nuestra época con
estas palabras: "No hurtarás, ni cometerás adulterio, ni matarás, ni harás ninguna cosa
semejante" (D. y C. 59:6).
También aborrecemos la pornografía que parece estar inundando la tierra. Los
gobernantes hacen un esfuerzo por contenerla, pero la mejor manera de destruirla es que las
personas y sus familias construyan barreras para defenderse de sus peligros. Os preguntamos
a todas las buenas personas, ¿deseáis que este vicio corrompa a vuestra familia y a vuestros
vecinos?
Cuando Moisés bajó del Monte Sinaí, llevaba para los errantes hijos de Israel los Diez
Mandamientos, reglas fundamentales para conducirse en la vida. Sin embargo, estos
mandamientos no eran nuevos, sino que Adán y su posteridad los habían conocido y se les
había mandado que los obedecieran desde el principio; el Señor se los volvió a dar a Moisés.
Incluso sabemos que eran todavía anteriores a la formación de la tierra, habiendo sido
establecidos en el concilio de los cielos como parte de la prueba que los mortales habrían de
pasar en la vida terrenal.
El primero de ellos indica que el hombre debe adorar sólo al Señor, y el cuarto designa
un día especial para esa adoración: "No tendrás dioses ajenos delante de mí. . . Acuérdate del
día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es
reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna . . ." Éxodo 20:3, 8-10). La dificultad
del hombre para guardar el día sabático es evidencia de su dificultad en pasar la prueba que se
estableció para cada uno de nosotros antes de la creación del mundo, "para ver si harán todas
las cosas que el Señor su Dios les mandare" (Abraham 3:25).
Exhortamos a nuestra gente a que hagan todas sus compras en los demás días de la
semana; y repetimos: "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas
5:46). Cuando el Señor dijo "Acuérdate del día de reposo para santificarlo", eso fue
exactamente lo que quiso decir; no hay lugar a otras interpretaciones.
Nos asombra observar cómo algunas personas de este mundo se esfuerzan
conscientemente por cambiar las normas de conducta social establecidas por el Señor,
especialmente en lo que respecta al matrimonio, las relaciones sexuales y la vida familiar. Y
repetimos con Isaías: " ... porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la
inteligencia de sus entendidos" (Véase Isaías 29:14).
Queridos hermanos, que Dios os bendiga a medida que tratáis de seguir adelante
cumpliendo con vuestros cometidos y viviendo los mandamientos. Os bendecimos en
vuestros esfuerzos de llegar a ser como el Señor, para que podáis pareceres a El. Que El os
bendiga en vuestros hogares, vuestras familias y vuestra vida personal, lo ruego en el nombre
de Jesucristo. Amén.
[Link]
27
SED DIGNOS POSEEDORES DEL SACERDOCIO
Por el Presidente Spencer W. Kimball
Mientras he estado aquí, escuchando los excelentes discursos de estos cuatro hermanos,
he deseado fervientemente que todo hombre y todo muchacho en el mundo pudieran oír
sermones como ésos que les dieran algunas ideas, algunas normas y algunos conceptos por los
cuales guiarse. Como hombres de la Iglesia, somos muy afortunados de recibir instrucción e
inspiración, tanto para nuestra vida diaria como para nuestro trabajo en la Iglesia.
Me gustaría dirigir unas palabras a nuestros oficiales ejecutivos, particularmente a los
obispos y los presidentes de estaca, quienes son "los jueces generales" en Israel. Quisiera
leeros algunas declaraciones hechas por profetas del siglo pasado. El presidente Taylor dijo:
"Aún más, he oído que hay obispos que han estado tratando de ocultar las iniquidades de
los hombres; a ellos les digo, en el nombre de Dios, que tendrán que llevar sobre sí la
responsabilidad de esas iniquidades; si algunos de vosotros deseáis participar de los pecados
de los hombres, o defenderlos, tendréis que ser responsables por los mismos. ¿Me escucháis,
obispos y presidentes? Dios os hará responsables. Vosotros no tenéis, derecho de falsificar ni
adulterar- los principios de justicia, ni de encubrir las 1 infancias y las corrupciones humanas"
(Conference Report, abril de 1880, 78).
Os citaré además, las palabras de George Q. Cannon, también miembro de la Primera
Presidencia:
"El Espíritu de Dios indudablemente se lastimaría de tal modo que abandonaría, no sólo
a quienes fueran culpables de esos actos, sino también a aquellos que permitiesen que fueran
cometidos entre vosotros, sin tratar de detenerlos ni amonestarles. Y desde el presidente de la
Iglesia, pasando por todos los rangos del sacerdocio, habría una pérdida del Espíritu de Dios y
de sus dones, sus bendiciones y su poder, por no haberse tomado ellos la molestia de
reconocer y exponer la iniquidad" (Journal of Discourses 26:139).
Podríamos citar declaraciones de otras Autoridades Generales, concernientes a este tema.
Nos preocupa el hecho de que muchas veces, por su simpatía personal hacia el
transgresor o quizás por amor hacia la familia de éste, la autoridad encargada de la entrevista
tiende a pasar por alto la disciplina que la transgresión merece. Demasiado a menudo se
perdona al transgresor y se pasa por alto el castigo, cuando esa persona debería haber sido
suspendida o excomulgada; y son demasiados los casos en que solamente se suspende a un
miembro transgresor, cuando se le debería haber excomulgado.
Recordad que el presidente Taylor dijo que vosotros llevaríais la carga del pecado que
dejaseis pasar por alto. ¿Estáis dispuestos a hacerlo, hermanos?
¿Recordáis las palabras del profeta Alma? "Mas el arrepentimiento no podía llegar a los
hombres sin que hubiese un castigo. . ." (Alma 42:16). Pensad un momento en esas palabras.
¿Os dais cuenta? No puede haber perdón sin un verdadero y total arrepentimiento, ni puede
haber arrepentimiento sin un castigo. Este principio es tan eterno como el alma misma.
Otra cosa: el presidente o el obispo toman la determinación y los consejeros o el sumo
consejo la rechazan; pero no la someten a voto, como lo harían con muchas otras decisiones.
Por favor, hermanos, recordad estos detalles cuando tengáis ante vosotros a alguien que haya
quebrantado las leyes de Dios.
28
Hace algunos días, me llamó la atención una cita que hizo el presidente Wilford
Woodruff acerca de José Smith. A veces nos encontramos con miembros que tienen un falso
sentido del orgullo y que quieren que las cosas se hagan a su manera, o se van. ¿Sabéis de
alguien que se haya alejado del barrio o no quiera volver a la capilla porque ha tenido un
desacuerdo, con el obispo o con alguna otra persona?
"No habrá posibilidades de que se nos eleve espiritualmente, si tenemos el corazón lleno
de orgullo con respecto al cargo que ocupamos. Si el Presidente de la Iglesia o cualquiera de
sus consejeros o de los apóstoles, u otra persona, piensa que Dios no puede arreglárselas sin él,
y que lo que hace es sumamente importante para llevar a cabo la obra de Dios, ese hombre se
halla en terreno falso. Le oí una vez a José Smith decir que Oliverio Cowdery, que fue el
segundo apóstol de esta Iglesia, le dijo en una oportunidad: 'Esta Iglesia caerá si yo me alejo
de ella.' Y José le respondió: 'Oliverio, inténtalo.' Oliverio lo intentó y él fue quien cayó. Pero
el reino de Dios se mantuvo firme. También he conocido a otros apóstoles que han tenido la
idea de que el Señor no podría pasar sin ellos; sin embargo, El ha continuado su obra sin ellos.
A todos los hombres, judíos y gentiles, grandes y pequeños, pobres y ricos, les digo que el
Señor Todopoderoso no depende de ningún hombre para llevara cabo su obra, sino que cuando
El llama a los hombres para hacerlo, éstos tienen que confiar completamente en El"
(Discourse, por Wilford Woodruff, Deseret Weekly, abril de 1890, 40:559-60).
Mis hermanos del sacerdocio, hay algo muy especial en esto de reunirnos los poseedores
del sacerdocio en cada conferencia, particularmente cuando padres e hijos vienen juntos a esta
reunión. Veo entre vosotros muchos jóvenes magníficos y me complace mucho observar a
esos muchachos que están convirtiéndose en hombres y que muy pronto serán los misioneros,
los padres y los dirigentes, los obispos y los presidentes de estaca del mañana.
Veo aquí cientos de jóvenes, muchos de los cuales son diáconos, y esto me trae a la
memoria la época en que yo era diácono (hace mucho tiempo, como podéis imaginar). Para
mí era un honor. Mi padre se mostró siempre muy considerado con respecto a mis
responsabilidades y hasta me permitía llevar el coche tirado por un caballo, para recoger las
ofrendas de ayuno; yo tenía que recorrer la misma zona donde vivíamos, que incluía una
distancia bastante grande; además, una bolsa de harina, una botella de vegetales o fruta o un
pan, cuando se acumulaban, se convertían en pesada carga. Así es que el carro me resultaba
sumamente útil. Actualmente, las ofrendas se pagan en efectivo; pero en un tiempo se
pagaban con artículos de primera necesidad, y para mí era un gran honor recogerlos. Aunque
ahora se pagan con dinero, todavía sigue siendo un gran honor llevar a cabo este servicio para
el Señor.
Todavía soy un diácono y me siento muy orgulloso de serio. Cuando veo a los apóstoles
prepararse para bendecir el sacramento en nuestras asambleas solemnes, así como a otros
hermanos de las Autoridades Generales repartir el pan y el agua a los presentes, me siento
orgulloso de ser diácono, maestro y presbítero. Y en nuestras reuniones especiales en el
Templo, cuando los hermanos bendicen y pasan la Santa Cena, también siento una profunda
emoción y agradecimiento por poseer el sagrado Sacerdocio Aarónico y tener el privilegio de
encargarme del sacramento.
Además, recuerdo que fue Cristo mismo quien por primera vez partió el pan, lo bendijo y
lo repartió a sus apóstoles, y siento que es un gran honor hacer lo que El hizo. Y deseo
ratificar lo que los otros hermanos han dicho sobre la necesidad de ser digno de repartir el
sacramento y hacerlo reverentemente.
29
A los padres que me escuchan quisiera citar parte de un artículo que me impresionó:
"Los jóvenes necesitan ejemplos como los de los héroes nacionales. Pero también necesitan
otros héroes más cercanos, hombres de fortaleza inalterable y básica integridad personal;
hombres con quienes puedan encontrarse día a día, caminar, divertirse; hombres que estén
cerca de su hogar, a quienes puedan observar en situaciones de la vida diaria y a quienes
puedan hacer preguntas y consultar problemas cara a cara."
Espero que todo padre pueda brindarle a su hijo esa clase de íntima relación. Espero que
todo padre tenga con su familia la noche de hogar, dando así una oportunidad a sus hijos de
expresar sus ideas, ayudar en los planes familiares y orar juntos.
Jóvenes, la vida tiene un propósito. Vuestro Padre Celestial os ha provisto de un mundo
en el cual vivir y os ha dado la vida. De vosotros depende que vuestra existencia sea común o
extraordinaria. Esta no es una vida de suerte, sino de trabajo, de esfuerzo, de preparación; y es
mucho lo que se espera de vosotros a partir del momento en que cumplís los doce años. Es
sabido el hecho de que en la ley judaica, un jovencito de doce años es considerado casi como
un adulto. Supongo que ésa sería la razón por la cual, cuando Jesucristo fue al templo con su
familia, se quedó allí hablando formalmente con los doctores de la ley y los principales de la
comunidad.
Cuando un padre se preocupa por su hijo, depende de éste hacer que su vida sea digna y
agradable ante la vista de nuestro Padre Celestial, sus padres terrenales y toda persona con
quien se relaciones. En el proceso de vuestro crecimiento, tendréis que enfrentaras a muchas
situaciones que exigen valor, como fue el caso en el episodio que deseo relataros:
"Eres joven y tienes toda tu vida por delante", le dijo a un joven marinero el capellán de
un barco que en ese momento naufragaba, al mismo tiempo que lo obligaba a aceptar su
salvavidas. Pocos momentos después, el barco se hundía. Era el 3 de febrero de 1 943, y la
tragedia ocurría a bordo de un barco estadounidense que había sido torpedeado por el
enemigo. Hubo otros tres capellanes que hicieron lo mismo; los cuatro sacrificaron su vida
por salvar la de algunos jóvenes. Uno era católico, dos eran protestantes y el otro era judío.
"Este acto de heroísmo fue un dramático ejemplo de la forma en que actuaba el capellán
en una emergencia y dicho acto fue conocido en todas partes. Pero el servicio del capellán en
las fuerzas armadas, día a día, es menos conocido, y esto también es muy importante para
todos nosotros.
Algunos de vosotros, jóvenes, debéis ingresar en el servicio militar, y deseo que sepáis
que tenemos capellanes SUD también en el servicio armado; y esperamos que os alleguéis a
ellos, generalmente son hombres de gran fortaleza y poder.
En realidad, no es necesario que el joven espere a ser mayor de edad para que comience
a encaminar su vida, sino que esto tiene que empezar en la infancia. Es interesante notar que
Jesús, el Señor, tenía sólo doce años cuando fue al templo, y solamente treinta y tres cuando lo
crucificaron. También es interesante recordar que los Smith recibió su primera revelación
cuando todavía no tenía quince años, y que a los dieciocho lo visitó Moroni para hablarle de
las planchas. Apenas tenía veintidós años cuando las recibió, y con ellas la gran
responsabilidad que implicaban; y solo tenía veinticuatro cuando publicó el Libro de Mormón
y un poco más tarde, organizó el reino de Dios sobre la tierra basado en la revelación.
Y no debemos olvidar que los primeros apóstoles de esta dispensación fueron hombres
relativamente jóvenes entre los 29 y 36 años. Parece increíble que siendo tan jóvenes,
pudieran ser tan maduros, fuertes y responsables.
30
Este es el proceso de maduración de un joven. Habéis visto misioneros ir y venir, miles,
decenas de miles de ellos. Esto es lo que la obra misional hace por ellos si perseveran. Con
cuánta frecuencia tienen que decir adiós a los diecinueve años para ingresar en el campo
misional y dos años después regresan convertidos en hombres. Cuán firmes, elevados y
perseverantes.
Todos habéis visto a los misioneros cuando se van y después, cuando vuelven,
muchachos convertidos en hombres. La obra misional trae ese resultado, si los jóvenes se
entregan a ella. Muy a menudo nos despedimos de un jovencito de diecinueve años que se va
a una misión, para ir a recibirlo cuando vuelve hecho un hombre fuerte y decidido.
A la pregunta "¿Qué cualidades hacen que un muchacho se convierta en un hombre?", un
conocido hombre de negocios respondió lo siguiente:
"Son muchas, pero quizás la más importante de todas sea esa vocecita interior a la que
llamamos conciencia y que dirige nuestros pensamientos. Lo que uno piensa, se expresa en
acciones. Siendo que las acciones repetidas forman los hábitos, los pensamientos que tenemos
revelan la clase de persona que somos.
"Si se me preguntara qué debe hacer un muchacho para convertirse en un hombre digno,
mi respuesta sería: 'Que no mienta ni engañe'. Un mentiroso es un ser débil; y un estafador es,
a la vez, débil y ladrón. Al encontrarse el valor para honrar la verdad en todas las cosas de la
vida, se está en camino hacia el total autodominio.
"Es necesario trabajar duramente. Nuestra mente es como un depósito y nosotros lo
llenamos; llenémoslo con provisiones de la mejor calidad. Los hábitos de trabajo y estudio
que se formen temprano en la vida, nos acompañarán constantemente en el futuro.
"También la diversión es necesaria. Practiquemos juegos activos, que requieran
dinamismo y corrección; atengámonos a las reglas v exijamos lo mismo de los demás.
"Honremos a nuestro Creador, porque El es el origen de todo lo bueno."
Los ideales en los cuales está fundada la nación, vienen de El, quien es el Libertador.
Podéis expresar aprecio por vuestra inapreciable herencia al vivir de acuerdo con el código de
"Servicio, Honor, Patria y Dios".
Si lo hacéis así, y en todas las cosas lo hacéis de la mejor manera posible, vuestra alma,
mente y corazón se desarrollarán, y un día llegaréis a ser verdaderos hombres" (J. Edgar
Hoover).
Lo que cuenta es la actitud. Cuando en la actitud de una persona se refleja el deseo de
elevarse, ésta comienzo a tratar de alcanzar el cielo; si su deseo es ser noble, se reviste de
nobleza; si quiere ser justo, es necesario que se cubra con el manto de justicia.
Se cuenta la leyenda de un tal Lord George, que vivió hace ya mucho tiempo. Ya sea
que creáis en ella o no, aprovechad igual la lección que nos brinda. "Se dice que Lord George
había llevado una vida muy disipada; había sido borracho, jugador y estafador, habiendo
hecho muchas trampas en sus negocios y perjudicado a mucha gente. La vida que llevaba se
había ido reflejando en su rostro abotagado y de expresión maligna.
"Un día se enamoró de una joven campesina llamada Jenny Mere, a quien le propuso
matrimonio. Ella le respondió que jamás se casaría con un hombre cuyo rostro fuera tan
repulsivo y malévolo y que cuando contrajera matrimonio, lo haría con un hombre que tuviera
en la cara una expresión bondadosa, capaz de reflejar el verdadero amor.
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"Siguiendo una costumbre de ese tiempo, lord George fue a la calle Bond Street, en el
centro de Londres, donde había en ese entonces un hombre llamado Eneas, que era famoso por
las máscaras de cera que fabricaba; tan grande era su habilidad, que la persona que deseara
ocultar su identidad sólo tenía que conseguir que Eneas le hiciera una máscara, y ya tenía
asegurado el éxito. Como prueba de su arte, se dice que había quienes se encontraban cara a
cara con sus acreedores sin ser reconocidos por éstos. Lord George fue un día a verlo y le
explicó lo que quería; Eneas seleccionó la máscara apropiada, la calentó y la fijó al rostro del
noble. Cuando éste se miró en el espejo, vio reflejada la imagen de un hombre bondadoso que
irradiaba amor. Su apariencia había sufrido tal cambio, que Jenny Mere no lo reconoció, se
dejó conquistar y pronto se casaron.
El compró una casita en el campo, en un lugar alejado, escondida entre rosales y rodeada
por un pequeño jardín. Desde aquel momento, su vida cambió; comenzó a interesarse en la
naturaleza y a apreciar lo bello y lo bueno en todas las cosas; la apatía y el desinterés por la
vida, que antes lo habían dominado, se convirtieron en bondad hacia todo lo que lo rodeaba.
Pero no se contentó con empezar una nueva vida sino que también trató de enmendar las
faltas del pasado y por medio de un amigo de confianza, restituyó sus mal habidos bienes a
todos aquellos a quienes había estafado. Cada día le agregaba rasgos de nobleza a su carácter
y más pureza a su alma.
Mas un día, accidentalmente, sus antiguos compañeros de andanzas descubrieron su
identidad y fueron a visitarlo, tratando de convencerlo de que volviera con ellos a la vida de
perversión que había llevado. Como él se negó, lo atacaron iracundos y en la lucha le hicieron
jirones la máscara.
Al ver que ésta caía a sus pies hecha pedazos y que su verdadero rostro quedaba al
descubierto, Lord George bajó la cabeza avergonzado y anonadado; ahí quedaban destruidos
su nueva vida y su sueño de amor. Al verlo allí, con la cabeza inclinada y la máscara en el
suelo, rota, su esposa corrió hacia él, se arrodilló a sus pies y levantó la mirada. ¿Qué creéis
que vio? Sí. Línea por línea, rasgo por rasgo, su rostro había adquirido las mismas facciones
regulares y hermosas, la misma expresión de bondad que tenía la máscara.
Sin duda alguna, la vida que el individuo lleva y los pensamientos que cruzan su mente
se reflejan en su cara.
Quisiera ahora leeros unas líneas que, según creo, serán de interés para vosotros.
Chismosillo
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El nunca te ha de decir que lo sabe
Sino sólo que así lo ha escuchado,
Y a ti te lo cuenta para que, a tu vez,
Muy pronto a otro lo hayas contado,
Entonces, aunque nada de ello sea verdad
La calumnia por todo se ha de extender;
Y si Antonio va y lo repite a José,
Y José a Enrique, y Enrique a Ester,
Y Ester a María y María a Rosa
Muy pronto por cierta pasará la cosa.
El vil duendecillo, en realidad,
Nunca afirma que él lo sabe,
No asegura que es la verdad,
Sólo lo cuenta el muy infame
Pues sabe que a repetirlo irás
Y que antes de que el sol se oculte,
La obra maligna se consumará
Y habrá un poco menos de amor y de paz
En los alrededores de tu vecindad.
¡Cuídate de "Chismosillo"!
El trata de meterse en tu casa y allí calumniar.
En todo los casos, la prueba reclama,
Exígele nombres y fecha y lugar.
Y si él te insiste en que sólo lo ha oído,
"No lo creo", con voz firme y segura declara,
"Los malevolentes chismes que me has dicho
Son falsos, y no he de repetir palabra."
Si a la obra del diablo te quiere incitar
En su plan maléfico no le has de ayudar.
—(Tomado de Shell Happytime. Traducción libre.)
Hermanos, ha sido maravilloso estar aquí reunidos con vosotros y siento que es glorioso
servir al Señor en este cargo. Somos infinitamente privilegiados al poseer este Sagrado
Sacerdocio, que es mucho más grandioso que cualquier poder que posean reyes o
emperadores. ¡Qué maravilloso es para todo muchacho gozar de este privilegio! Dios os
bendiga para que las cosas que se han dicho aquí esta noche se graben profundamente en
vuestro corazón y que todos podáis sacar provecho de ellas. Esta es la obra del Señor y deseo
que todos lo sepáis. Que juntos podamos marchar adelante, hacia nuestro glorioso destino y
que Dios os bendiga. , En el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
33
PROCLAMAD EL ARREPENTIMIENTO
Por el Presidente Spencer W. Kimball
Mis amados hermanos, nos estamos acercando al término de esta conferencia semianual
a la que hemos asistido y en la que espero hayamos gozado. Durante esta conferencia habéis
oído muchos hermosos testimonios y magníficos sermones. Esperamos que esta gran
audiencia, compuesta quizás por millones de personas, haya podido escuchar con corazón puro
y espíritu receptivo, y que sienta el deseo de unirse a la gran congregación de la Iglesia.
Sabemos que el evangelio es verdadero y así lo testificamos al mundo. Esperamos que
las personas dejen de lado cualesquier prejuicios o conceptos erróneos y se unan al rebaño de
Jesucristo, donde el evangelio se mantiene puro e inmaculado.
Durante esta conferencia, nuestros predicadores han tocado muchos temas; y en todos,
han expuesto bastante bien los fundamentos del evangelio de Jesucristo.
Mientras asistíamos a una conferencia de prensa hace unos días, los periodistas me
preguntaron: "de las condiciones existentes en nuestra sociedad actual ¿cuál es la que les
preocupa más?" Para ese entonces ya habíamos hablado de los problemas creados por el
rápido crecimiento de la Iglesia, que progresa tan vertiginosamente que a veces nos resulta
difícil mantenernos al ritmo de su desarrollo.
Al pensar, tratando de encontrar la respuesta, recordé la época en que el mundo estaba
dominado por Asiría y Babilonia; recordé la historia que se encuentra en el Antiguo
Testamento, sobre Belsasar, hijo de Nabucodonosor, expuesta por el presidente Romney en la
reunión de sacerdocio de anoche; famoso rey de Babilonia, y que fue el último monarca
anterior a la conquista de Ciro el Grande. El rey Nabucodonosor había llevado a cabo un
sacrílego saqueo del sagrado templo de Salomón en Jerusalén, del cual había robado varios de
los artículos que se usaban en los servicios religiosos. Su hijo Belsasar hizo un gran banquete
al cual invitó a mil de sus príncipes, y él tomó vino antes que ellos y con ellos. Dar de comer
a mil personas en un banquete es un esfuerzo hercúleo. No satisfecho con que su padre
hubiera robado del templo los sagrados artefactos que habían sido dedicados para los
propósitos del Señor, los llenó con licores y bebió de ellos- probablemente él y sus invitados
'hasta hayan hecho brindis en honor a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de
madera y de piedra. (Véase Dan. 5:1-4.)
Me pregunté si será que la historia se está repitiendo, al pensar y comparar esto con las
condiciones actuales de nuestro licencioso mundo. Al leer los periódicos, veo algunas
notables y alarmantes similitudes entre ambas épocas: los grandes festines en diferentes
lugares, donde se reúnen líderes de la comunidad y personas importantes; las reuniones
sociales a las que asisten los señores del lugar con sus esposas o sus amantes, reuniones éstas
donde beben y se embriagan, donde se ponen de manifiesto sus excentricidades e inmoralidad.
Entonces me dije: "Sí, la historia se repite."
A veces me siento cansado de hablar demasiado sobre el tema de la situación moral de
nuestro mundo; pero entonces leo en Doctrinas y Convenios las palabras del Señor: "No
prediquéis sino el arrepentimiento a esta generación; guardad mis mandamientos, y ayudad a
llevar a cabo mi obra, según mis mandamientos, y seréis bendecidos" (D. y C. 6:9). Y
también: "¡Y cuán grande es su gozo por el alma que se arrepiente! Así que, sois llamados a
proclamar el arrepentimiento a este pueblo" (D. y C. 18:13-14).
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Y cuando los primeros santos se dirigían a Missouri, el Señor habló a los líderes
diciéndoles: "Prediquen por el camino y den testimonio de la verdad en todo lugar, llamando
al rico, al soberbio, al abatido y al pobre al arrepentimiento. Organicen ramas de la Iglesia, si
se arrepienten los habitantes de la tierra" (D. y C. 58:47-48).
Así es que pienso, y me temo que hoy es el día del arrepentimiento, el día en que la gente
tendría que reexaminar las condiciones en que vive y cambiar todo lo que sea necesario a fin
de mejorar.
El mandamiento les fue dado a los líderes del presente en la misma forma directa en que
pasó del Señor a Simón Pedro en los días de antaño: "Por lo tanto, os doy el mandamiento de
ir entre esta gente y decirles, como mi apóstol de la antigüedad cuyo nombre era Pedro" (D. y
C. 49:11).
Pedro estaba constantemente instando a la gente a que se arrepintiera y purificara su
vida. "Amados", dijo en una de sus epístolas universales, "yo os ruego como a extranjeros y
peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo
buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros
como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras
buenas obras" (1 Pedro 2:11-12).
Leo sobre la práctica tan común de las relaciones íntimas entre hombres y mujeres que
no están casados y que proclaman a voz en cuello que el matrimonio ya no es necesario, y
viven una relación sexual desvergonzada sin haber pronunciado los votos matrimoniales.
¿Acaso Dios ha cambiado sus leyes? ¿O se ha atrevido el hombre, mezquina, irresponsable y
presuntuosamente a cambiar las leyes de Dios? ¿Es acaso el pecado algo que pertenece al
ayer? ¿Sólo en el pasado se atrevió el diablo a reinar en el corazón de los hombres?
Abraham sabía que las ciudades de la llanura —Sodoma y Gomorra entre otras— eran
sitios pervertidos en los cuales habitaba gente inicua e incrédula, que afirmaba como Caín:
"¿Quién es el Señor para que tenga que conocerlo?" (Moisés 5:16); también sabía que la
destrucción de esos lugares era inminente. Pero, sintiendo compasión hacia su prójimo, le
rogó y suplicó al Señor: "Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también
y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos. . .?" Habiéndosele concedido su
ruego, continuó Abraham arguyendo y suplicando que el Señor perdonara a las ciudades si se
encontraban en ellas cuarenta justos, o treinta, o veinte o aun diez. Pero evidentemente, ni
siquiera diez justos pudieron encontrarse en aquellos enviciados lugares. (Véase Gén. 18:24-
32.)
La perversión era terrible y el pecado habíase arraigado profundamente. El pueblo se
reía y hacía bromas con respecto a la predicha destrucción; las transgresiones por las cuales
Sodoma se había hecho famosa, continuaron; y, más aún, los viciosos quisieron aprovecharse
de los ángeles que habían ido a la ciudad, y empujaron las puertas, y las hubieran echado abajo
en su afán por acercarse a ellos. (Véase Gén. 19:4-11.)
Abraham hizo todo lo posible por salvar a la ciudad, pero sus habitantes habían llegado a
tal estado de depravación y libertinaje, que fue imposible evitar su destrucción.
"Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de
Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los
moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra" (Gén. 1 9:24-25).
Una vez más vemos que la historia se repite. Al observar la pornografía, las prácticas
adulteras, la homosexualidad desenfrenada, el libertinaje y la indecencia, que toman
35
incremento aparentemente entre una proporción cada vez mayor de personas, vemos que la
historia se repite, poniendo de manifiesto que el mundo ha vuelto a los días de Satanás.
Cuando vemos la depravación de mucha gente en nuestra sociedad, determinada a
establecer entre el pueblo presentaciones vulgares, comunicaciones inmundas y prácticas
anormales, nos preguntamos si es Satanás que está tratando de atraer a los moradores de la
tierra hacia sus filas, y si no contamos con suficiente gente buena para erradicar el mal que
amenaza a nuestro mundo. ¿Por qué continuamos dejando pasar la iniquidad y tolerando el
pecado?
Recientemente leí una declaración de una de las presidencias de la Iglesia que hubo en
tiempos pasados, y me hubiera gustado leeros algunas partes porque en ella se afirma que Dios
es el mismo, ayer, hoy y siempre, como lo confirman los mandamientos que El dio a los
profetas de hace miles de años, a los de la época de Cristo y a los de nuestros días.
No creemos en permitir que la situación del momento tenga control sobre nosotros; no
estamos de acuerdo con la gente que afirma que ésta es una época diferente y que actualmente
las personas son más inteligentes que en la antigüedad. El Señor se mantendrá siempre firme
a las declaraciones que ha hecho a través de las épocas y espera que los hombres sepan
respetarse a sí mismos, a sus cónyuges, a sus familias, y que vivan correctamente, como El lo
ha proclamado, a través de las edades.
¿Qué podemos hacer que hasta ahora no hayamos hecho? ¿Hasta dónde podemos llegar?
¿Qué cambios podemos imponer para asegurarnos que haya justicia en el mundo? Porque si
no hacemos algo, la destrucción será inminente, como sucedió con los babilonios y, aunque en
forma diferente, también con Sodoma y Gomorra así como con otras ciudades.
Tenemos una gran seguridad de que esto ha de suceder y por eso continuamos con
nuestra prédica; por eso amonestamos a nuestros hijos y les enseñamos; por eso advertimos a
nuestra juventud; por eso exhortamos a nuestros miembros casados a que hagan del
matrimonio una situación permanente, hermosa y santificada.
Mis queridos hermanos, esperamos que al volver a vuestros hogares lo hagáis con
renovada espiritualidad; que llevéis los testimonios que habéis oído a vuestra familia, vuestros
amigos, vuestros barrios, estacas y ramas; que les comuniquéis todos los buenos sentimientos
que os han inspirado las palabras de los hermanos.
Deseo concluir con mi testimonio. Yo sé que Dios vive. Sé que Jesucristo vive, que nos
ama, que nos inspira, que nos guía. Sé que El se siente profundamente apesadumbrado cuando
ve que nos alejamos del camino que tan clara y nítidamente nos ha marcado. Y este
testimonio os dejo en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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OBEDIENCIA, CONSAGRACIÓN Y SACRIFICIO
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce
He solicitado y ahora busco la guía del Espíritu Santo para poder hablar llana y
persuasivamente acerca de dos de las doctrinas que coronan el evangelio.
Nosotros somos el pueblo del Señor, sus santos, aquellos a quienes él ha dado mucho y
de quienes él espera también mucho. (Véase D. y C. 82:3.) Conocemos los términos y
condiciones del plan de salvación; cómo murió Cristo por nuestros pecados y qué debemos
hacer para obtener las bendiciones completas de su sacrifico expiatorio.
Hemos hecho convenio en las aguas del bautismo de amarle y servirle, de guardar sus
mandamientos y poner, en primer lugar en nuestras vidas, las cosas de su reino. A cambio, él
nos ha prometido vida eterna en el reino de su Padre; por ello nos encontramos en una
posición de recibir y obedecer algunas de las más altas leyes que nos preparan para obtener esa
vida eterna que tan vehemente buscamos.
De acuerdo con ello, os hablaré de algunos de los principios de sacrificio y consagración
a los cuales los verdaderos santos deben sujetarse si verdaderamente desean ir a donde Dios y
Cristo están, y obtener una herencia con los fieles santos de edades pasadas.
Está escrito: "Porque el que no puede sujetarse a la ley de un reino celestial, no puede
sufrir una gloria celestial" (D. y C. 88:22). La ley de sacrificio es una ley celestial y así
también es la ley de consagración. Por lo tanto, para obtener esa recompensa celestial que tan
devotamente deseamos, debemos ser capaces de vivir estas dos leyes.
El sacrificio y la consagración están inseparablemente entrelazados. La ley de
consagración nos guía para que consagremos nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestro dinero
y propiedades, a la causa de la Iglesia; todo ello debe estar disponible hasta donde sea
necesario para aumentar los intereses del Señor en la tierra.
La ley de sacrificio nos encauza hasta estar dispuestos a sacrificar todo lo que tenemos
en favor de la verdad; nuestro carácter y reputación, nuestro honor y nuestro aplauso, nuestro
buen nombre entre los hombres, nuestras casas, tierras y familias; todo; aun nuestra vida
misma si necesario fuere.
José Smith dijo: "Una religión que no requiere el sacrificio de todas las cosas, nunca
tiene el poder suficiente con el cual producir la fe necesaria para llevarnos a vida y salvación"
(Lectures on faith, pág. 58).
No siempre somos llamados para vivir por completo la ley de consagración y dar todo
nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros medios para la edificación del reino terrenal del
Señor. Pocos somos llamados para sacrificar gran parte de lo que poseemos y, por el
momento, hay solamente algún mártir ocasional en la causa de la religión revelada.
Pero lo que el relato nos enseña es que para ganar la salvación celestial debemos ser
capaces de vivir totalmente estas leyes, si somos llamados para hacerlo. Ligada a esto, está la
realidad de que debemos, de hecho, vivir esas leyes hasta el grado de que seamos llamados,
Por ejemplo, ¿cómo podemos establecer nuestra capacidad de vivir toda la ley de
consagración, si de hecho, no pagamos un diezmo justo? o ¿cómo podremos probar nuestra
buena voluntad de sacrificar todas las cosas, si fuera necesario, siendo que nunca tenemos ni la
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más pequeña privación de tiempo, labor, dinero u otros medios, que ahora nos llaman a
sacrificar?
Siendo joven y sirviendo en la dirección de mi obispado, llamé a un hombre rico y lo
invité a contribuir con mil dólares para el fondo de construcción. El rechazó la invitación,
pero dijo que deseaba ayudar y que si hiciéramos una comida en el barrio y el cubierto costara
cinco dólares, él tomaría dos boletos. Más o menos diez días después, este hombre murió
inesperadamente de un ataque al corazón y me pregunto desde entonces acerca del destino que
tendrá su alma.
No hubo alguien que dijo: "Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del
hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee." No dijo esa misma persona en
una parábola: "La heredad de un hombre rico había producido mucho.
"Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis
frutos?
"Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros y los edificaré mayores, y allí guardaré todos
mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos
años; repósate, come, bebe, regocijase.
"Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto ¿de
quién será?
Y entonces concluyó el asunto diciendo: "Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico
para con Dios" (Lucas 12:15-21).
Cuando el profeta Gad mandó a David construir un altar y ofrecer sacrificios en una
propiedad perteneciente a cierto individuo; ese hombre ofreció proveer la tierra, el buey y todo
lo necesario para el sacrificio sin costo alguno. Pero David dijo: "No, sino por precio te lo
compraré; porque no ofreceré a Jehová holocaustos que no me cuesten nada" (2 Samuel
24:24).
Cuando el sacrificio que debemos hacer es pequeño, el tesoro puesto en el cielo es
pequeño también. La pequeña moneda de la viuda, dada en sacrificio pesa mucho más en la
balanza eterna, que en abultados graneros del hombre rico. (Véase Marcos 12:41-44.)
Vino a Jesús en cierta ocasión, un joven rico que preguntó: "¿Qué bien haré para tener la
vida eterna?"
la respuesta de nuestro Señor fue aquella dada por todos los profetas de todas las edades:
". . si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos."
La siguiente pregunta fue: "¿Cuáles?" Y Jesús dijo: "No matarás. No adulterarás. No
hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, amarás a tu prójimo
como a ti mismo."
Entonces vino la respuesta con una pregunta; porque el joven era un buen hombre, un
hombre fiel, uno que buscaba la rectitud: "Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué
más me falta?"
Podríamos muy bien preguntar: "¿No es suficiente con guardar los mandamientos? ¿Qué
más se espera de nosotros que ser fieles y verdaderos en toda confianza? ¿Hay algo más que la
ley de la obediencia?"
En el caso de nuestro rico y joven amigo había algo más. De él se esperaba que viviera
la ley de consagración, que sacrificara sus posesiones terrenales, pues la respuesta de Jesús
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fue: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoros
en el cielo; y ven y sígueme."
Como se sabe, el joven se fije muy triste, "porque tenía muchas posesiones" (Mateo 1
9:1 6-22). Y a nosotros nos queda preguntar, ¿qué intimidades podría haber compartido con el
Hijo de Dios, qué compañerismo pudo haber gozado con los apóstoles, qué visiones y
revelaciones pudo haber recibido, si hubiera sido capaz de vivir la ley de un reino celestial?.
Pero así sucedió y él permanece sin nombre; ¡y pensar que pudo haberse tenido por siempre en
honorable remembranza entre los santos!
Ahora, yo pienso, está perfectamente claro que el Señor espera mucho más de nosotros
de lo que a veces rendimos. Pero nosotros no somos como otros hombres. ¡Somos los santos
de Dios y tenemos las revelaciones de¡ cielo! "A quién mucho se da, mucho se requiere."
(Véase D. y C. 82:3.) Nosotros debemos poner primeramente en nuestras vidas las cosas de su
reino.
Se nos ha mandado vivir en armonía con las leyes de Dios, guardar todos sus
mandamientos, sacrificar todas las cosas si fuere necesario en honor de su nombre,
conformarnos a los términos y condiciones de la ley de consagración.
Hemos hecho convenios de hacerlo así; solemnes, sagrados, santos convenios,
comprometiéndonos antes dioses y ángeles.
Estamos bajo convenio de vivir la ley de la obediencia.
Estamos bajo convenio de vivir la ley de sacrificio.
Estarnos bajo convenio de vivir la ley de consagración.
Con esto en mente, escuchad estas palabras de¡ Señor: "Porque si queréis que os dé un
lugar en el mundo celestial, tenéis que preparamos, haciendo las cosas que os he mandado y
requerido" (D. y C. 78:7).
Es nuestro privilegio consagrar nuestro tiempo, talentos y medios para edificar su reino.
Todos somos llamados al sacrificio de una u otra manera, para el avanzamiento de su obra. La
obediencia es esencial para la salvación; como también lo es el servicio, la consagración y el
sacrificio.
Es un privilegio levantar la voz de alerta a nuestros vecinos, ir a las misiones y ofrecer
las verdades de salvación a los demás hijos de nuestro Padre por todas partes. Podemos
responder al llamado para servir como obispos, como presidentas de la Sociedad de Socorro,
como maestros orientadores, y en cualquiera de los cientos de posiciones de responsabilidad
en las varias organizaciones de la Iglesia. Podemos trabajar en proyectos de bienestar,
comprometernos en investigaciones genealógicas, y efectuar la obra vicaria en el templo.
Podemos pagar un diezmo justo y contribuir con nuestras ofrendas de ayuno,
presupuesto de bienestar, fondo misional y de construcción. Podemos donar porciones dé
nuestras posesiones y legar nuestras propiedades a la Iglesia, preparando nuestro testamento
antes de morir.
Podemos consagrar una parte de nuestro tiempo al estudio sistemático, para llegar a ser
sabios en el evangelio, para atesorar las verdades reveladas, que nos guían en sendas de verdad
y de justicia.
Y el hecho de que los fieles miembros de la Iglesia hacen todas estas cosas, es una de las
grandes evidencias de la divinidad de la obra. ¿En qué otra parte la generalidad de los
miembros de cualquier iglesia pagan un diezmo completo? ¿Dónde hay un pueblo cuya
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congregación tiene uno, dos y hasta un tres por ciento de sus miembros fuera, en misión
voluntaria y pagada por ellos mismos todo el tiempo? ¿Dónde hay un pueblo que como
unidad, construya templos, u opere proyectos de bienestar como nosotros? ¿Y dónde hay tanta
administración y tanta enseñanza sin sueldos?
En la Iglesia verdadera, nosotros, ni predicamos por sueldo ni trabajamos por dinero.
Seguimos el modelo de Pablo y damos el evangelio de Cristo gratuitamente, de modo que no
abusamos ni hacemos mal uso del poder que el Señor nos ha dado. Libremente hemos
recibido y libremente damos, pues la salvación es gratuita. Todo el que tiene sed está invitado
a venir y beber de las aguas de la vida, a comprar maíz y el fruto de la vida sin dinero y sin
precio.
Todo nuestro servicio en el reino de Dios es predicado sobre su eterna ley que establece:
" ... el trabajador en Sión, trabajará para Sión; porque si trabajare por dinero, perecerá" (2 Nefi
26:31).
Sabemos perfectamente bien que "el obrero es digno de su salario" (véase Lucas 10:7) y
que aquellos que dedican todo su tiempo pira la edificación fiel reino, deben ser provistos con
alimentos, vestidos, alojamiento y lo necesario para la vida. Tenemos que emplear maestros
en nuestras escuelas, arquitectos para diseñar nuestros templos, contratistas para construir
nuestras sinagogas y directores para operar nuestros negocios. Pero estos así empleados, junto
con todos los miembros de la Iglesia, participan también en una base voluntaria para aumentar
de otra manera la obra del Señor. Los presidentes de banco trabajan en proyectos de bienestar,
los arquitectos dejan sus mesas de dibujo para salir a misiones, los contratistas dejan sus
herramientas para servir como obispos o maestros orientadores. Los abogados ponen a un lado
sus libros de leyes y el Código Civil para actuar como guías en la Manzana del Templo. Los
maestros dejan su salón de clases para visitar a los huérfanos y las viudas en sus aflicciones.
Los músicos que se gana la vida con su arte, voluntariamente dirigen los coros y tocan en las
reuniones de la Iglesia. Artistas que pintan profesionalmente, tienen gusto en proporcionar sus
servicios voluntaria y gratuitamente.
Pero la obra del reino tiene que seguir adelante y los miembros de la Iglesia son y deben
ser llamados para llevar estas cargas. Esta es la obra del Señor y no la de los hombres. El es
quien nos manda a predicar el evangelio en todo el mundo, no importa el costo; es su voz la
que decreta la construcción de templos, cualquiera que sea su costo. El es quien nos
recomienda el cuidado de los pobres entre nosotros, cualquiera que sea el costo para que sus
lamentos no lleguen hasta su trono como un testimonio en contra de aquellos que deberían
alimentar al hambriento y vestir al desnudo, y no lo hicieron.
Y podría decir también por vía de doctrina y de testimonio, que es su voz la que nos
invita a consagrar nuestro tiempo, nuestros talentos, y nuestros medios, para llevar a cabo su
obra. Es su voz la que llama para el servicio y el sacrificio. Esta es su obra. El está al timón,
para guiar el destino de su reino.
Y todo miembro de su Iglesia tiene esta promesa: que si permanece fiel y verídico,
obedeciendo, sirviendo, consagrando, sacrificando, como lo requiere el evangelio, será
recompensado en la eternidad mil veces más y tendrá vida eterna. ¿Qué más podríamos pedir?
En el nombre de Jesucristo. Amén.
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EL CAMINO A CASA
Por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce
Dominando las azules aguas del famoso Mar de Galilea se encuentra un histórico lugar:
el Monte de las Bienaventuranzas. Como un vivo centinela y testigo ocular, este silencioso
amigo parece anunciar: "Aquí fue que, la más grande persona que haya vivido, dio el más
grande sermón que jamás se haya dado, el Sermón del Monte."
Instintivamente, el visitante se dirige al Evangelio de Mateo y lee: "Viendo la multitud,
subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba"
(Mateo 5:1-2). Entre las verdades que enseñó estaba esta solemne declaración:
"Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que
lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;
"Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los
que la hallan" (Mateo 7:13-14).
Su aplicación se adapta a cualquier época, y hombres prudentes de todas las
generaciones han tratado de vivir guiándose por esta sencilla declaración.
Cuando Jesús de Nazaret personalmente recorrió las empedradas vías de la Tierra Santa.
El mismo, como el Buen Pastor, demostró a todos los que creyeran cómo podrían seguir ese
angosto camino y entrar por la estrecha puerta de la vida eterna. El invitó: "Venid, seguidme",
"Yo soy el camino".
Poco nos asombra que los hombres quedaran atónitos ante el derramamiento del Espíritu
Santo en el día de Pentecostés. Era el evangelio de Jesucristo que debía ser predicado, su obra
debía ser realizada, y sus apóstoles a la cabeza de su Iglesia estaban comisionados para esta
obra.
La historia registra que en verdad, la mayoría de los hombres no vinieron a El, ni
siguieron el camino que enseñó. El Señor fue crucificado, sus apóstoles asesinados, la verdad
rechazada. El brillante día de esclarecimiento poco a poco se oscureció y las sombras de la
noche fueron cubriendo la tierra.
Una palabra, una sola palabra, describe la lúgubre condición que imperaba: apostasía.
Generaciones atrás, Isaías había profetizado: "He aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y
oscuridad las naciones" (Isaías 60:2). Amós había predicho hambre en la tierra: "No hambre
de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová" (Amós 8:11). ¿No había advertido
Pedro de los falsos maestros que traerían infames herejías, y predicho Pablo que tiempos
vendrían cuando no se soportaría la buena doctrina?
Los oscuros años de la historia parecían no tener fin. ¿No habría término para esta
blasfema noche? ¿Habría olvidado el amoroso Padre a la humanidad? ¿No enviaría mensajeros
celestiales como en épocas pasadas?
Hombres honestos, con corazones anhelantes, poniendo en peligro sus propias vidas,
trataron de establecer puntos de referencia para poder encontrar el verdadero camino. El día
de la reforma estaba llegando, pero el camino futuro era difícil. Las persecuciones serían
severas, los sacrificios personales abrumadores, y su costo más allá de todo cálculo. Los
reformadores eran como pioneros marcando rutas en una búsqueda desesperada de aquellos
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perdidos puntos de referencia, que, una vez encontrados, conducirían nuevamente a la
humanidad a las verdades enseñadas por Jesús.
Cuando John Wycliffe y otros completaron la traducción al inglés de toda la Biblia de la
versión latina Vulgata, las autoridades eclesiásticas de esa época hicieron todo lo posible por
destruirla. Las copias debían ser escritas a mano y en secreto. La Biblia estaba vista como un
libro oculto y su lectura estaba prohibida a la gente común. Muchos de los seguidores de
Wycliffe fueron severamente castigados y algunos quemados en la hoguera.
Martín Lutero afirmó la supremacía de la Biblia. Su estudio sobre las Escrituras le llevó
a comparar las doctrinas y prácticas de la iglesia con las enseñanzas de las Escrituras. Lutero
defendió la responsabilidad del individuo y los derechos de la conciencia individual, y esto lo
hizo ante el inminente riesgo de su propia vida. Aunque amenazado y perseguido, igualmente
declaró con osadía: "Esta es mi posición, no puedo hacerlo de otra manera. Dios ayúdame."
Juan Huss, se encontraba hablando osadamente de la corrupción dentro de la iglesia,
cuando fue sacado de la ciudad para ser quemado. Le encadenaron por el cuello a la hoguera,
y apilaron paja y leña alrededor de su cuerpo hasta la barbilla, y luego rociaron todo con
resina; y finalmente le pidieron que se retractara. Mientras las llamas se elevaban, él cantaba,
pero el viento sopló el fuego sobre su rostro, y su voz se quebró.
Zwinglio de Suiza procuró por medio de sus escritos y enseñanzas, imponer nuevamente
toda la doctrina cristiana en términos compatibles con la Biblia. Su más famosa declaración
estremece el corazón: "¿Qué importa? Ellos pueden matar el cuerpo, pero no el alma."
¿Y quién no aprecia actualmente las palabras de Juan Knox? "Un hombre con Dios a su
lado está siempre en ventaja."
Juan Calvino, prematuramente envejecido por la enfermedad y la incesante labor que
había emprendido, resumió su filosofía personal con esta declaración: "Nuestra sabiduría. .
consta casi enteramente de dos partes: el conocimiento de Dios y el conocimiento de nosotros
mismos."
Indudablemente se podría mencionar a otros, pero quizás sería suficiente un comentario
relativo a William Tyndale. Tyndale sostenía que las personas tienen el derecho a saber lo que
se les ha prometido en las Escrituras. De aquellos que se oponían a su obra de traducción, él
declaró: "Si Dios preserva mi vida. . . haré que un joven que empuñe el arado sepa más de las
Escrituras que vosotros."
Tales fueron las enseñanzas y vidas de los grandes reformadores. Heroicos fueron sus
actos, sus contribuciones muchas, sus sacrificios grandes, pero ellos no restauraron el
Evangelio de Jesucristo.
De los reformadores uno podría preguntarse: "¿Fue su sacrificio en vano? ¿Fue inútil su
lucha?" Yo contesto con un resonante "¡No!" La Santa Biblia estaba ahora al alcance del
pueblo. Cada hombre podía buscar mejor su camino. ¡Oh! si solamente todos pudieran leer y
comprender. Pero algunos podían leer, y otros podían escuchar; y cada hombre tenía acceso a
Dios mediante la oración.
El largamente esperado día de la restauración en verdad había llegado. Pero repasemos
ese significativo acontecimiento en la historia del mundo rememorando el testimonio del joven
campesino que se convirtió en profeta, el testigo que estaba allí, aun José Smith.
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Describiendo su experiencia, José dijo: "Surgió en la región donde vivíamos una
agitación extraordinaria en cuanto a religión. . . pronto se generalizó. . . (ocasionando) división
entre la gente: pues unos gritaban: ¡He aquí!, y otros: ¡He allí!
"... Un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto versículo,
que dice: 'Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos
abundantemente, y no zahiere; y le será dada.'
"Nunca un pasaje de las Escrituras llegó al corazón de un hombre con más fuerza que
éste en esta ocasión al mío. Parecía introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi
corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguna persona necesitaba sabiduría de
Dios, esa persona era yo: porque no sabía qué hacer; y, a menos que pudiese lograr más
sabiduría de la que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; pues los maestros religiosos. .
interpretaban los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto que destruía toda
esperanza de resolver el problema con recurrir a la Biblia.
"Por último llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y
confusión, o, de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, es decir, pedir a Dios.
"Por consiguiente, de acuerdo con esta resolución mía de acudir a Dios me retiré al
bosque para hacer la prueba. Fue en la mañana de un día hermoso y despejado, en los
primeros días de la primavera de 1820.
" ... Me arrodillé y empecé a elevar a Dios los deseos de mi corazón...
" ... Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y
esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.
. . Al reposar la luz sobre mí, vi a dos Personajes, cuyo brillo y gloria no admiten
descripción, en el aire arriba de mí. Uno de ellos me habló, llamándome por nombre, y dijo,
señalando al otro; ¡Este es mi Hijo Amado: Escúchalo!" (José Smith 2:5-17).
El Padre y el Hijo, Jesucristo, se habían aparecido a José Smith. La mañana de la
dispensación, del cumplimiento de los tiempos había llegado, disipando la oscuridad de la
larga noche espiritual. Como en la creación, la luz había de reemplazar a la oscuridad: el día
seguía a la noche.
Desde entonces hasta ahora, la verdad ha estado a nuestro alcance. Como a los hijos de
Israel en tiempos pasados, los innumerables días de andar errantes podían terminar con nuestra
entrada a una tierra prometida personal.
La restauración del evangelio disipa las tinieblas descritas por el renombrado educador
Robert Gordon Sproul. Habiendo observado a las iglesias de Norteamérica, declaró:
"Presenciamos. . . el peculiar espectáculo de una nación que, aunque con algunas
imperfecciones, practica el cristianismo sin creer activamente en él. Se nos pide que nos
dirijamos a la iglesia para instruirnos, pero cuando así lo hacemos, encontramos que la voz de
la iglesia no es inspirada. Encontramos que, actualmente, la voz de la iglesia es el eco de
nuestras propias voces. Y el resultado de esta experiencia, ya puesto de manifiesto, es la
desilusión. Existe un solo camino para salir de la espiral. El camino es el sonido de una voz,
no de la nuestra, sino de una que provenga de alguien que no sea alguno de nosotros, alguien
en cuya existencia no podemos dejar de creer. Es la terrena tarea de los pastores escuchar esta
voz, hacer que nosotros la escuchemos, y expresarnos lo que ella dice. Si ellos no pueden
escucharla, o fracasan en transmitírnosla, nosotros, los laicos, estamos irremediablemente
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perdidos. Sin ella no tenemos más capacidad para salvar al mundo que la que tuvimos al
crearla en primer lugar. (Vital Speeches, 10 de septiembre de 1 940, pág. 701).
Quizás el famoso Winston Churchill expresó mejor la urgente necesidad de¡ mundo
cuando dijo: "Yo he vivido quizás más experiencias que la mayoría, y nunca he cavilado sobre
una situación que demandara más paciencia, compostura, coraje y perseverancia que la que
actualmente se presenta ante nosotros: La necesidad de un profeta."
Hoy nosotros hemos escuchado al profeta de Dios hablar, al mismo Presidente Spencer
W. Kimball. Actualmente desde este púlpito, se extiende una invitación a las personas de todo
el mundo. Venid los errantes, fatigados viajeros. Venid al evangelio de Jesucristo. Venid a ese
celestial lugar llamado hogar. Aquí descubriréis la verdad. Aquí aprenderéis la realidad de la
Trinidad, el consuelo del plan de salvación, la santidad del convenio matrimonial, el poder de
la oración personal. ¡Venid a casa!
Muchos de nosotros podemos recordar el relato que escuchamos en nuestra niñez acerca
de un niño que fue arrebatado a sus padres y llevado a un pueblo situado muy lejos. En estas
condiciones el niño creció sin conocer a sus verdaderos padres, ni su hogar. Dentro de su
corazón comenzó a surgir el anhelo de regresar a ese lugar llamado hogar.
¿Pero había algún hogar que encontrar? ¿Dónde habría de descubrir a su madre y a su
padre? Si al menos pudiera recordar sus nombres, su empeño sería más afortunado.
Desesperadamente buscó en su memoria aun cuando fuera un destello de su niñez.
Como un relámpago de inspiración, recordó el tañido de una campana, la cual desde lo
alto de la torre de la Iglesia pueblerino, tañía la bienvenida cada mañana de domingo. El
joven viajó de aldea en aldea, siempre buscando ese tañido familiar. Algunas campanas eran
semejantes, otras muy diferentes del sonido que él recordaba.
Finalmente fatigado, el joven se detuvo la mañana de un domingo ante la iglesia de un
típico pueblo. Escuchó muy atentamente cuando la campana comenzó a repicar. El sonido le
era familiar. No se asemejaba a ningún otro que hubiera escuchado, excepto a la campana que
repicaba en los recuerdos de su niñez. Si, era la misma campana. Su sonido era verdadero.
Sus ojos se inundaron de lágrimas. Su corazón rebosó de alegría. Su alma se desbordó de
gratitud.
El joven cayó de rodillas, miró hacia arriba, hacia la torre, también hacia el cielo, y en
una oración de gratitud susurró: "Gracias a Dios. Estoy en casa."
Del mismo modo que el tañido de una recordada campana, será la verdad del evangelio
de Jesucristo para el alma de aquel que sinceramente le busca. Muchos de vosotros habéis
viajado largamente en una búsqueda personal de aquello que suena verdadero. La Iglesia de
Jesucristo de los Santos de los Últimos Días os envía un sincero llamamiento. Abrid vuestras
puertas a los misioneros. Abrid vuestras mentes a la palabra de Dios. Abrid vuestros
corazones, vuestras propias almas, al sonido de esa apacible, pequeña voz, que testifica de la
verdad. Como el profeta Isaías prometió: "Tus oídos oirán. . . palabra que diga: Este es el
camino, andad por él" (Isaías 30:21). Entonces, al igual que el joven del que os he hablado,
también doblaréis las rodillas diciendo al Dios vuestro y mío: "¡Estoy en casa!"
Que estas sean las bendiciones de todos, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.
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UNA SÚPLICA A LOS FUTUROS ÉLDERES
Por el élder Boyd K. Packer
Del Consejo de los Doce
Estoy consciente, mis hermanos y hermanas, que quien concluirá esta reunión, será el
presidente Kimball. Antes de comenzar le dije que tenía tres discursos preparados de distinto
tiempo. Durante el himno, recibí una nota suya, pidiéndome usar la versión más larga.
Esto me recordó una experiencia que tuvimos en Colorado cuando estábamos reorganizando
una estaca. La reunión estaba por terminar, quedando más o menos diez minutos y ninguno de
nosotros había hablado. El presidente de estaca me anunció y el presidente Kimball se inclinó
hacia adelante y dijo en voz baja: "Por favor, toma todo el tiempo."
Yo di mi testimonio y regresé a mi asiento. Mientras el presidente de estaca estaba
anunciando al presidente Kimball, noté que estaba escribiendo una nota. Cuando se levantó, me la
entregó. En ella había sólo cinco palabras: "Obediencia es mejor que sacrificio" (Véase 1 Samuel
15:22). Y así, obedientemente, procedo con la versión más larga.
Al aproximarnos ahora al final de otra gran conferencia, nuestros corazones han sido tocados
por los sermones, la virtud dentro de nosotros ha sido removida y constantemente mis
pensamientos han ido hacia aquellos que no tienen en sus vidas la suficiente influencia espiritual.
Entre ellos está un grupo de grandes hombres pertenecientes a la iglesia, que han perdido
algunos de los avances espirituales más importantes de su vida, me refiero a los futuros élderes.
El llamamiento de élder es un oficio de dignidad y honor, autoridad espiritual y poder. La
designación "futuro" o prospectivo, implica esperanza, optimismo y posibilidades. Ahora hablo
para ellos en este día, sabiendo que hay, quizá muchos otros a quienes este mensaje puede
aplicarse.
¿Es correcto si digo que ocasionalmente, muy dentro, vosotros anheláis ser parte de la
Iglesia? No sabéis cómo comenzar y quizá en momentos de profundas reflexiones diréis: "si no
me hubiera apartado del camino."
"Si hubiera tenido una oportunidad cuando era joven."
"He perdido demasiado."
"Es demasiado tarde para mí."
"Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido."
Queréis acercamos, pero pasáis de largo con el sentimiento y la idea: "Bien, es demasiado
difícil y no tengo nada con qué empezar."
Yo tuve una experiencia de la cual aprendí una lección muy importante, y que se suponía
debía saber desde hace mucho. Reviví esta experiencia la semana pasada cuando estábamos en
Japón y decidí que debía hablar nuevamente de ella en esta conferencia.
Durante la Segunda Guerra Mundial, yo era piloto en la Fuerza Aérea. Después de servir en
las Islas del Pacífico, estuve un año en Japón con las fuerzas de ocupación. Era, por supuesto,
aconsejable aprender algunas palabras en japonés, cuando menos para preguntar por direcciones,
ordenar nuestra comida, etc.
Pronto aprendí los saludos comunes, algunos de los números y salutaciones y, como muchos
otros miembros de la Iglesia, empleé todo el tiempo que me dejaban mis deberes para la obra
misional entre el pueblo japonés; y aprendí de ellos esas pocas palabras de lo que yo creía un
idioma muy difícil.
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En julio de 1946, tuvo lugar el primer bautismo en Osaka. El hermano y la hermana Tatsui
Sato fueron bautizados, Y mientras que ellos habían sido enseñados en su mayor parte por otros,
yo tuve el privilegio de bautizar a la hermana Sato.
Aunque no estábamos a disgusto en Japón, había una sola cosa en nuestras mentes, y esa era
el hogar. Había estado fuera por casi cuatro años, la guerra había terminado y yo quería volver a
casa.
Cuando el día finalmente llegó, creí que nunca volvería a Japón y cerré ese capítulo en mi
vida.
Los siguientes años estuve muy ocupado logrando una educación y formando una familia.
No tenía japoneses a mi alrededor ni la oportunidad de usar aquellas pocas palabras que había
aprendido, así que quedaron en el borroso y distante pasado; olvidadas por veintiséis años, idas,
como yo pensaba, para siempre. Entonces vino una asignación para ir al Japón.
La primera mañana después de mi arribo a Tokio, iba yo saliendo de la casa de Misión con el
presidente Abo, cuando un élder japonés le habló. El presidente Abo dijo que el asunto era
urgente y pidió disculpas por la demora.
Se puso a revisar algunos papeles con el élder discutiéndolos en japonés. Entonces levantó
una de las cartas y señalando una frase, dijo: "Korewa. . ."
Y antes de que completara la frase yo la había completado en mi mente. Korewa nan
desuka. Supe lo que estaba diciendo y también supe lo qué estaba preguntando al élder. Korewa
nan desuka significa: "¿Qué es esto?" Después de 26 años, habiendo regresado al Japón apenas la
noche anterior, una frase había vuelto a mi mente ¡Korewa nan desuka! "¿Qué es esto?"
No había usado esas palabras durante 26 años pensé que no las usaría nunca más. Pero no se
habían perdido.
Estuve diez días en Japón y concluí mi gira en Fukuoka. la mañana de mi salida, fuimos en
auto al aeropuerto con el hermano y la hermana Watanabe. Yo estaba en el asiento trasero con sus
hijos, practicando mis casi prendidas palabras de japonés con ellos, quienes se deleitaban
enseñándome algunas nuevas.
Entonces recordé una cancioncita que aprendí hace 26 años y se la canté a esos niños:
Momotaro-san, Momotaro-san
Okoshi ni tsuketa kibi dango
Hitotsu watashi ni kidasai na
Pienso que esto puede inquietar al hermano Ottiey (Director del Coro del Tabernáculo)
pero...
La hermana Watanabe dijo: "yo conozco esa canción" y la cantamos juntos para los niños
pequeños. Luego me explicó el significado de la canción y como ella lo hizo, quiero relatárselos
ahora.
Es la historia de un matrimonio japonés quienes habían orado por un hijo. Un día
encontraron adentro del hueso de un durazno a un pequeño niño y lo llamaron Momotaro. La
canción relata su heroísmo al salvar a su pueblo de un terrible enemigo.
Yo conocía esa canción desde hacía veintiséis años, pero no sabía su contenido. Nunca
canté esta canción para mis propios hijos y jamás les conté la historia. Había estado encerrada
durante 26 años pues mi atención estaba en otras cosas.
He pensado que esto es una experiencia muy importante y llegué a la conclusión de que
ninguna cosa buena se pierde. Una vez que regresé entre el pueblo que hablaba ese idioma, todo
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lo que yo poseía regresó rápidamente, y encontré más fácil entonces el poder agregar unas cuantas
palabras más a mi vocabulario.
Por supuesto no digo que esta experiencia fuera el resultado de una mente alerta o de una
aguda memoria. Fue sólo la demostración de un principio de la vida que se aplica a todos
nosotros. Se aplica a vosotros futuros élderes, y a otros en igual situación.
Si regresáis al ambiente donde se habla de verdades espirituales, inundarán nuevamente
vuestras mentes las cosas que creíais perdidas. Los principios ahogados a causa de muchos años
del desuso y la inactividad aparecerán de nuevo. Vuestra habilidad para entender será vivificada.
La palabra vivificado se usa mucho en las Escrituras. Si hacéis un esfuerzo por regresar
entre los santos, pronto estaréis entendiendo una vez más el lenguaje de inspiración. Y antes de lo
que creéis, parecerá que nunca os habías alejado. Ved cuán importante es que os deis cuenta de
que si regresáis será como si nunca hubierais estado fuera.
Cuando yo estaba presidiendo la misión de Nueva Inglaterra, atendí una conferencia de zona
y cuando entramos al salón, donde los élderes estaban esperando, vi, en la fila de atrás un hombre
alto de edad madura.
"Fui bautizado hace pocos días" —me dijo— "tengo 74 años y hasta ahora encontré el
evangelio en mi vida."
En una voz suplicante preguntó si podría estar presente en la reunión. "Sólo quiero estar
aquí para aprender" —dijo— "me sentaré en la fila de atrás y no interrumpiré."
Entonces, casi con lágrimas, derramó su pena. "¿Por qué encontré esto hasta hoy? Mi vida
está terminada. Mis hijos todos crecieron y se fueron y es demasiado tarde para mí aprender el
evangelio."
Qué gozo sentí al explicarle uno de los más grandes milagros que ocurre repetidas veces, la
transformación de aquellos que se unen a la Iglesia. (O podría decir aquellos que se unen
nuevamente a la Iglesia.) Están en el mundo y son del mundo; entonces los misioneros los
encuentran. Aunque ellos están en el mundo a partir de entonces, ya no pertenecen al mundo.
Rápidamente cambia su manera de pensar, sus sentimientos y sus acciones, es como si hubieran
sido miembros de la Iglesia toda su vida.
Este es uno de los grandes milagros de esta obra. El Señor tiene una manera de compensar y
de bendecir. El no está limitado a los procesos tediosos de comunicación, ni al japonés o al inglés.
Hay un proceso sagrado por el cual la pura inteligencia puede ser conducida a nuestra mente
y nosotros podemos venir a conocer instantáneamente cosas que, de otra manera, tomarían un
largo período de tiempo para adquiriese. Este milagro comunica inspiración dentro de nuestras
mentes, especialmente cuando somos humildes y lo buscamos.
Cuando viajamos por toda la Iglesia y nos encontramos con presidentes de estada y otros
líderes de la Iglesia, los admiramos por su completo dominio del evangelio y su conocimiento de
los procedimientos y principios de la Iglesia. Muchas veces nos sorprende saber que ha habido
períodos de inactividad en sus vidas —a veces largos— o saber que recientemente se unieron a la
Iglesia.
Esos años del pasado, que a veces pensamos que desperdiciamos, son frecuentemente ricos
en lecciones —algunas de ellas duramente ganadas, las cuales adquieren significado cuando la luz
de la inspiración brilla sobre ellas.
Puede ser que nunca hayáis leído la parábola de los obreros de la viña y quiero citarla para
vos:
"Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la
mañana a contratar obreros para su viña.
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"Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
"Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados;
"y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.
"Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.
"Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo:
¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?
"Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado, y él les dijo: Id también vosotros a la viña y
recibiréis lo que sea justo.
"Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y
págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
"Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario"
(Mateo 20:1-9).
Este fue un pago justo; un denario para todos: los que empiezan temprano y, gracias al
Señor, aquellos que llegaron al último. No hay escasez de moradas en el cielo. Hay habitación
para todos.
En esta vida constantemente nos estamos enfrentando a un espíritu de competencia. Los
equipos compañera uno contra el otro en una relación de adversarios, a fin de que uno de ellos sea
elegido como triunfador; por lo tanto, llegamos a la conclusión de que dondequiera que hay un
ganador, necesariamente hay también un perdedor. Creer esto es engañarse.
A los ojos del Señor todos podemos ser triunfadores. Ahora, es verdad que tenemos que
luchar por obtenerlo, pero si hay una competencia en su obra, no es con otra alma, sino con la
propia.
No digo que sea fácil, ni estoy diciendo que debemos aparentar un cambio. ¡Estoy diciendo
que debemos cambiar! Lo repito: No es fácil, pero es posible y lo podemos hacer más pronto de lo
que imaginamos.
No terminé de leer esa parábola; todavía se nos dice más. La última parte está dirigida a los
miembros activos en la Iglesia. Permitidme repetir un versículo o dos y luego continuar.
"Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y
págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
"Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
"Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos
recibieron cada uno un denario.
"Y al recibirlo murmuraban contra el padre de familia, "diciendo: Estos postreros han
trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el
calor del día.
"El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo
en un denario?
"Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.
"¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy
bueno?
"Así los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados,
mas pocos escogidos" (Mateo 20:8-16).
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Quisiera que vosotros hermanos, futuros élderes, sepáis cuán duro estamos trabajando por
vuestra redención. Cuán ansiosamente oramos para que vosotros regreséis a la Iglesia y al reino
de Dios y habléis una vez más el lenguaje de inspiración; después de dos, 26 años, o de toda una
vida. Y repito, muy pronto será como si nunca os hubierais alejado.
Hay algo más en vuestro pasado que comenzaréis a recordar. Sabemos por las revelaciones
que tuvimos una existencia premortal en la cual adquirimos experiencia.
Somos los hijos de Dios. Vivimos con él antes de nacer.
Venimos de su presencia para recibir un cuerpo mortal y ser probados.
Sin embargo, algunos nos hemos extraviado alejándonos de su influencia y hasta pensamos
que ya lo hemos olvidado. Aunque a veces también creemos que él es quien se ha olvidado de
nosotros.
Pero así como esas palabras de japonés pueden ser recordadas después de veintiséis años,
también los principios de justicia que vosotros aprendisteis de niños, estarán con vosotros.
Y algo de lo que aprendisteis en su presencia acudirá a vosotros en momentos de inspiración;
y será entonces cuando os daréis cuenta que estáis aprendiendo cosas ya familiares.
Esta torpe novedad de hacer tal cambio en vuestras vidas, pronto desaparecerá y sentiréis
que estáis ajustados a su Iglesia y a su reino. Entonces sabréis cuán necesaria y poderosa es la voz
de vuestra experiencia para redimir a los demás.
Os doy testimonio, hermanos futuros élderes y a todos vosotros que estáis en situación
parecida, que el evangelio de Jesucristo es verdadero. Os amamos y las miles de voces —las
voces de los maestros orientadores del sacerdocio, las hermanas de la Sociedad de Socorro, los
obispos, los presidentes de estaca, los líderes de quórumes— todos hablando bajo la inspiración de
El, las voces de aquellos que son llamados líderes de la Iglesia, os están llamando como David
llamó a su hijo descarriado, Absalón: "Regresa hijo mío."
Dios conceda que vosotros que son padres, que están sin la inspiración en su hogar y en su
familia, puedan regresar y hablar otra vez con el lenguaje de inspiración después de su
permanencia en el desierto. Vosotros de la misma manera daréis testimonio de que sabéis así,
como yo lo sé, que El vive. En el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
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UN TRIBUTO
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce
Aunque sea difícil, quiero hoy pagar tributo a un alma muy noble, que encontró el gozo
de vivir una vida de servicio.
Nuestro primer encuentro tuvo lugar hace treinta años. Yo era un recién nombrado
secretario de la Mutual de la estaca y ella era miembro de la directiva de uno de los barrios.
Mi trabajo incluía tomar lista de asistencia en nuestra reunión de líderes de la estaca. En
aquellos días era la costumbre prepararnos para tomar esta lista y recuerdo una noche en
particular cuando empezaba a nombrar al personal de los distintos barrios. No tuve ninguna
dificultad en hacer una cuenta exacta de la asistencia de los jóvenes, pero cuando comencé con
la lista de las mujeres jóvenes; de repente mis ojos encontraron una encantadora y bella
jovencita. En ese momento perdí por completo mi habilidad para contar y confieso ahora al
Historiador de la Iglesia, que los registros que están en los archivos de la Iglesia, no son tan
exactos respecto a esa particular reunión.
Ocho meses después me encontraba arrodillado ante el altar de la Casa del Señor,
tomando su mano y escuchando las más gloriosas palabras que pueden ser pronunciadas sobre
la tierra: "Por el tiempo y por todas las eternidades". Me di cuenta de que estaba recibiendo el
más grande don de Dios. Estaba siendo sellado en matrimonio por uno que tenía la autoridad
para actuar por el Señor uniéndome a mi hermosa compañera por el tiempo y por todas las
eternidades, si yo vivía digno de ella. A los pocos días de casados encontré que había
escogido una mujer con un gran amor en su corazón, para compartirlo con todo el género
humano. No todos esos maravillosos aromas que flotaban en el aire alrededor de su cocina
estaban dedicados a mí, porque cuando ella encontraba a alguien necesitado, no se daba punto
de reposo hasta haber hecho el esfuerzo de proporcionar un socorro.
Frecuentemente me encontraba volviendo a casa después de un día de intenso trabajo,
todavía bajo grandes presiones para terminar una asignación antes de la mañana siguiente; ¡y
sólo para encontrar con que había sido comisionado a un acto de servicio compasivo esa
noche! Mientras guiaba el carro hacia el lugar de servicio, iba murmurando muy bajito: "¿Por
qué yo esta noche? ¿Cómo voy a poder terminar ese trabajo antes de que amanezca?"
Llegamos al lugar donde prestaríamos servicio y me daba cuenta de la luz que invadía sus ojos
mientras ejercía sus actos caritativos. Podía ver a los niños bailar de gozo y a los padres llorar
de gratitud por su preocupación por ellos. Camino a casa yo murmuraba en forma diferente
agradeciendo al Señor por el privilegio de haber estado ahí precisamente esa noche.
Ella comprendió su papel en la organización familiar. Siempre estaba ansiosa de
cumplir lo que Dios le había destinado y tenía absoluta confianza en que yo cumpliría mi
parte. Mi responsabilidad era ser el constructor, proveedor y protector del hogar. La suya era
poner belleza y amor dentro de sus muros. Cuando me casé con ella, era ya una experta en su
campo, en cambio yo todavía necesité entrenamiento en el mío. Durante aquellos primeros
años, estoy seguro, ella trajo a la familia mayores cantidades en su cheque de pago, que lo que
yo podía proveer. Por supuesto, cuando llegué una noche a casa y anuncié que había
calificado para graduarme de la universidad, ella sin hacer por eso motivo de discusión, fue
directamente a su jefe la mañana siguiente y renunció.
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Ser ama de casa, para ella, era la más grande de las preocupaciones. Ser madre fue el
más noble de todos los llamamientos. Su amor, atención y preocupaciones por sus hijos eran
evidentes en nuestro hogar.
Como familia, pronto aprendimos a vivir con lo inesperado cuando se trataba de un acto
de caridad. Hacía varios años que nos habíamos cambiado a California y mientras estábamos
preparando nuestras finanzas para comprar una casa, rentamos una que estaba equipada con
estufa, refrigerador, etc; así que tuvimos que guardar nuestros muebles en el garaje esperando
la compra de la casa. Una noche en el culto sacramental, ella oyó un fervoroso llamado del
obispo de nuestro barrio para ayudar a aquellos que habían perdido tanto, en una devastadora
inundación a pocas millas de donde vivíamos. Cuando volvía a casa del trabajo pocas noches
después, vi un camión de remolque (trailer) en mi cochera; y había un hombre atando dentro,
todo lo que teníamos guardado allí. Corrí a la casa para enterarme de qué estaba pasando, y
me saludó con estas palabras: "¡Oh querido!, ¿no te lo había dicho? Después del culto
sacramental la semana pasada, informé al obispo, que si alguno necesitaba nuestros muebles
para auxiliar a los de la inundación, podían tomarlos."
Yo siempre supe que si mi esposa encontraba algún extraño el domingo en la Iglesia,
no sería difícil encontrarlos en nuestra recámara extra al regresar de mis asignaciones. Un
estudiante buscando alojamiento, un padre que era transferido a otra ciudad buscando un lugar
para su familia, una familia que regresaba de una misión en ultramar, etc., todos fueron
siempre bienvenidos al quedarse con nosotros hasta que pudieran encontrar un lugar de
residencia permanente.
Aún a través de toda esta multitud de actos, sus horas más finas estaban aún por venir.
Hace cinco años nuestras vidas sufrieron un choque con el anuncio de que ella había contraído
una enfermedad mortal. Sus esperanzas de vida podrían ser sólo de seis meses o como
máximo un año. Ella aceptó esta situación con una fe y un valor que nunca espero ver
igualados. Cuando el doctor dio su diagnóstico, ella volteó a verme y dijo con toda la fe y la
paz que pudo reunir:
"No le digas a nadie acerca de esto, no quiero que esto cambie nuestra forma de vivir o
que por ello alguien nos trate de diferente manera." Ahora su vida estaba llena de penalidades
físicas. Esto parecía solamente hacerla más sensitiva a las necesidades físicas de los demás.
Su amor por toda la humanidad había aumentado, pues ahora podía apreciar mejor las
necesidades de los demás.
Tres operaciones serias siguieron en muy corto tiempo. Muy pocas personas se
enteraron de ello y juraron mantener el secreto. Su patrón de vida en el hospital fue siempre el
mismo. Con un plan cuidadoso, ella asistía a la Iglesia el domingo. La operación se hacía el
lunes temprano; para el martes ya estaba tratando de salir de la cama. El miércoles estaba
levantada, moviéndose por aquí y por allá, tratando de reponer su fuerza física. El jueves la
encontraba ayudando a las enfermeras a atender a otros enfermos en el hospital y el viernes lo
empleaba tratando de convencer al doctor de que ya estaba lista para irse a casa. Para el
sábado, el doctor, desesperado, se rendía y la dejaba salir. El domingo estaba de nuevo en la
Iglesia y se veía radiante. Nadie pudo sospechar jamás que acababa de pasar por una
operación de cirugía mayor. Después de la reunión, quise llevarla rápidamente a casa para que
tuviera el descanso que tanto necesitaba. Y cuando me acerqué a ella, escuché que decía a
alguien necesitado: "Ahora no se preocupe por nada; tendré lista la comida y la llevaré a su
casa el jueves por la noche."
51
Ella puso su enfermedad completamente en manos del Señor, y El la bendijo con
suficiente fuerza para soportar y suficiente energía para vivir la clase de vida que ella quería
vivir. Después de una noche muy difícil, le pedía que permaneciera en la cama, su respuesta
fue siempre la misma: "¡No, yo no voy a empezar con eso!"
El Señor la bendijo con cuatro años adicionales, que la ciencia médica no pudo
prometerle. Qué agradecidos somos por aquellos años, porque fue durante este período que
ella pudo estar a mi lado, cuando fuimos honrados con estos nuevos cargos. Se le permitió ver,
cuando menos en cierto grado, lo que ella había tratado de hacer de mí.
El Señor escogió la hora más conveniente para nosotros para llamarla; pues El esperó
hasta que yo terminé mi itinerario de viajes de ese año y en el primer sábado que estaba en
casa después de muchos meses, fue cuando la llamó para dejar la mortalidad.
Sus últimos actos fueron tan típicos de ella. Estaba levantada preparando el desayuno
para la familia cuando oí caer un plato y un pequeño quejido. Cuando corrí de mi estudio,
pensando que se había lastimado, encontré que estaba sufriendo un ataque que le hizo perder
el uso de su brazo derecho. Rápidamente la levanté, llevándola a un pequeño sofá que
recientemente le había convencido de tener cerca de la cocina, para que pudiera descansar
durante el día.
Había terror en sus ojos mientras la parálisis comenzaba a extenderse por su costado. Le
dije que iba a llamar al médico. Ella me dijo: "Primero dame una bendición." Cuando puse
mis manos sobre su cabeza esa mañana, el Señor en su gran merced, me hizo saber que su
tiempo había llegado. Cuando salí para llamar al médico, después de la bendición, ella estaba
luchando por mover su brazo y su pierna derechos. Las últimas palabras que le oí pronunciar
fueron: "¡Yo no viviré como una media persona!"
Sus próximas dos horas, las últimas en la mortalidad, fueron las únicas dos horas de su
vida que yo conocí, en que no llevaba, aparte de su carga completa, alguna carga extra por otra
persona. El Señor en su merced le permitió pasar a través del velo y la libró de su ansiedad y
sus dolores. Ahora ella está sana otra vez y estoy seguro de que el paraíso es un lugar
placentero porque ella está ahí.
Por los cientos de mensajes de simpatía que hemos recibido, quiero expresar nuestro
aprecio. Si hubiéramos tomado el tiempo para clasificarlos pienso que hubiéramos podido
dividirlos en dos grupos que tipificaron y caracterizaron a ella y su vida aquí sobre la tierra.
El primer grupo que habríamos sorteado —de los conocidos de la parte oriental de los Estados
Unidos— dirían algo así: "Ella nos dio nuestro primer Libro de Mormón, y fue una inspiración
para nosotros. ¡Cuán agradecidos estamos por haberla conocido! Siempre recordaremos su
dulce hospitalidad para nuestra familia en el día de nuestro bautismo. Fue una ocasión muy
feliz haber “comido con ustedes en ese día especial."
Ella estaba profundamente agradecida por ser miembro de la Iglesia de Jesucristo. Esta
fue la base sobre la cual fue edificada su vida. Era su poder de sus-tentación, su esperanza
para las eternidades. Estaba ansiosa de compartir su testimonio de la misión de nuestro Señor
y Salvador, con otros. Una parte fundamental de nuestro programa de almacenamiento, el
cual incluía por supuesto lo básico de trigo, productos enlatados y otros inventarlas, fue una
provisión de una docena de Libros de Mormón. Ella los contaba tan religiosamente como sus
otras provisiones y los reponía de igual forma. Acostumbraba comentar acerca de sus
existencias: "Cuando usamos los alimentos, el inventario se acabó. Cuando regalamos un
Libro de Mormón, nunca dejamos de recibir el beneficio y el gozo de tal regalo.
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El segundo grupo de cartas podría leerse en parte de esta manera: "Su esposa fue mi líder
de estaca en la clase de Vida Espiritual. Por un año me encontré con ella por cuarenta y cinco
minutos cada mes y ella tuvo una profunda influencia en mi vida pues fue siempre una de las
personas verdaderamente inolvidables que he conocido. Para mí ella era un ejemplo de vida
espiritual; entendía las necesidades de los demás y procuraba diligentemente aliviar esas
necesidades."
El Señor nos ha dicho: "Viviréis juntos en amor, al grado de que lloraréis por los que
mueren, y más particularmente por aquellos que no tienen esperanza de una resurrección
gloriosa.
"Y acontecerá que los que mueren en mí, no gustarán de la muerte, porque les será
dulce" (D. y C. 42:45-46).
Yo entiendo esta escritura ahora, como nunca antes. Aún a pesar de que hay una gran
soledad sin ella, su paso a otra vida fue dulce por la manera en que ella vivió.
En tributo a ella, hoy, os recomiendo su manera de vivir. Yo observé que el servicio a
los demás, consume nuestro propio dolor. Testifico que la fe destruye el desánimo. He visto
que el valor la magnificaba más allá de sus habilidades naturales y me he dado cuenta de que
el amor cambia el curso de las vidas.
Que pueda Dios concedernos que su memoria traiga satisfacción y plenitud a vuestras
vidas, lo pido humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.
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EL DÍA DE REPOSO
Por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce
Uno de los primeros principios que el Señor enseñó al profeta José Smith al comienzo de
esta dispensación, fue que debía tomar muy en serio los mandamientos divinos.
A fin de grabar esto en la mente de José, el Padre le quitó el poder de traducir; lo regañó
por la pérdida de las 116 páginas del manuscrito del Libro de Mormón y lo reprendió cuando
su familia no vivía el evangelio como debía.
El Señor entonces firmemente mandó a su joven siervo: "No juegues con las cosas
sagradas" (D. y C. 6:12).
Hablando después acerca de la traducción de los registros antiguos, el Señor otra vez
mandó: "No juegues con estas cosas" (D. y C. 8:10).
Y cuando el Señor dio instrucciones respecto al trabajo misional, El nuevamente pidió
que los hermanos tomaran su palabra seriamente y declaró: "Y darán oído a estas palabras sin
frivolidad y los bendeciré" (D. y C. 32:5).
Tampoco nosotros debemos jugar con el Señor, ni con su palabra porque, como él
mismo dijo: "Yo, el Señor no he de ser burlado" (D. y C. 63:58).
Pero, a pesar de todo lo que el Señor h 1 a dicho, la humanidad todavía juega con su
palabra y ya sea por negligencia o franca desobediencia, dejan a un lado su palabra siguiendo
su alegre camino.
Una de nuestras inconsistencias más evidentes es nuestra actitud hacia el día de reposo.
Este es un día sagrado, y no debemos jugar con él.
Ninguna ley en las Escrituras ha sido más claramente definida que esta del día de reposo.
Desde el tiempo de Génesis hasta nuestros días actuales nunca ha habido un tema del que se
haya hablado más directa o repetidamente que el del día de reposo.
Esta es una de las leyes más apreciadas para el corazón de Dios. Y aún es más notada en
su profanación que en su aceptación y propia observancia.
Constantemente hablamos de la mundanidad de estos días y se habla del hecho de que
nuestra juventud se encara a tentaciones más serias que los jóvenes de generaciones pasadas y
probablemente esto es cierto. También, actualmente parece que muchos padres de familia han
sido atrapados en la vanidad mundana como sucedió con los padres de la generación anterior.
¿Qué podemos hacer para protegernos de estas peligrosas circunstancias? ¿Cómo
podremos ayudar mejor a nuestros jóvenes para que permanezcan limpios de las manchas del
mundo? (Véase D. y C. 59:9.)
El Señor nos da la respuesta, y dice que puede ser hecho por la sincera observancia del
día de reposo. La mayoría de las personas nunca han pensado de esta manera, pero notad las
palabras del Señor a este respecto:
"Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo" —notad estas
palabras— "Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de
oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo" (D. y C. 59:9).
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Meditad un poco en estas palabras. ¿Sincera y realmente creemos en Dios? ¿Estamos
convencidos de que El sabe de lo que está hablando? Si lo estamos, entonces ¿tomaremos a
Dios y a su palabra seriamente? ¿O seguiremos jugando con la revelación divina?
El Señor sabe de lo que está hablando. La observancia del día de reposo nos ayudará a
permanecer más completamente limpios del mundo.
Si evitamos seriamente la contaminación del mundo, ¿no debemos tomar su palabra
literalmente, creerla y practicarla?
Debemos estar dispuestos a admitir que estamos rodeados de cosas mundanas y
seductoras y nunca debemos cerrar los ojos ante este hecho.
Para tener una somera idea de la situación, preguntad a vosotros mismos cuánto licor
consumen vuestros vecinos, tanto los adultos como los jóvenes. ¿Cuánto tabaco se usa? ¿Qué
situación ocupan las drogas? ¿Cuán rápidamente está aumentando la criminalidad en la
comunidad donde vosotros vivís? ¿Y el vandalismo? ¿Y la inmoralidad? ¿Están llegando estas
cosas a vuestra familia? ¿Está involucrado en algo alguno de vuestros hijos? ¿Estáis
atemorizados y frustrados por ello?
¿Entonces por qué no aceptar un remedio divino para combatir esta situación? La
observancia del día de reposo y la asistencia a la Iglesia son un mandato de Dios.
¿Debemos tomar su palabra seriamente y cumplir con ella o debemos considerar el día
de reposo como un juego en nuestras vidas, ignorando y sufriendo las consecuencias del mal?
¿No encontramos un profundo significado en lo que el Señor ha dicho? Escuchad
nuevamente sus palabras: "Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás
a la casa de oración, y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo" (D. y C. 59:9).
He aquí la respuesta inspirada para nuestro mortificante problema. El Señor sigue
diciendo: "Porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de todas tus
obras y rendir tus devociones al Altísimo" (D. y C. 59:10).
Este pasaje requiere que no sólo desistamos de nuestras prácticas cotidianas en este día
santo, sino que lo hagamos' con un propósito particular en mente, el cual es pagar
apropiadamente nuestras devociones al Altísimo. En palabras llanas y francas, se nos manda
cambiar nuestra rutina e ir a la Iglesia y adorar a Dios en el día de reposo.
La revelación entonces continúa: "Sin embargo, tus votos se rendirán en justicia todos
los días y a todo tiempo" (D. y C. 59:11).
En otras palabras, el Señor no nos está enseñando una religión exclusiva del domingo,
debemos ser constantes, obedientes y adoradores todos los días. ¿Podría cualquiera
desarrollarse espiritualmente si adopta hacia la religión esa actitud de sólo los domingos?
Por supuesto, en este día santo tenemos que hacer algo más que ir a la iglesia. Debemos
adorarlo, por supuesto, pero debemos también limpiarnos en preparación de esa adoración,
confesando nuestros pecados y arrepintiéndonos sinceramente. Esto nos recuerda lo que dijo
el Señor en el Sermón del Monte: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de
que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate
primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (Mateo 5:23-24).
Así dice El en la revelación moderna:
"Pero recuerda que en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al
Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos y ante el Señor" (D. y C. 59:12). Los
obispos son los hermanos que deben ser consultados respecto a nuestros pecados.
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¿Podemos ver, cómo la debida observancia del día de reposo influirá en nuestra vida
diaria para bien?
Continuando la definición de lo que es aceptable para él en su día santo, el Señor dice:
"Y en este día no harás ninguna otra cosa, sino preparar tus alimentos con sencillez de
corazón" (D. y C. 59:13, cursiva agregada).
Si no vamos a hacer ninguna otra cosa en domingo mas que dedicar el día a propósitos
santos, ¿cuál es nuestra situación si voluntariamente elegimos operar nuestro negocio, si
patrocinamos tales negocios o si concurrimos a lugares de recreo en domingo?
Sabemos que hay empleados en ciertos servicios esenciales, tales como hospitales y otras
instituciones que trabajan las 24 horas del día, quienes no tienen ninguna opción sobre las
condiciones de su trabajo. Nosotros no hablamos de ellos; pero la mayoría de las personas no
tienen esa clase de empleo y pueden tener control sobre su propio tiempo.
¿Podrían mejor ir a esquiar, a nadar, ir al cine, o manejar su negocio en domingo que ir a
la Iglesia? Si la respuesta es sí, ellos han de preguntarse si no han perdido poco a poco la fe a
tal grado que estén adoptando otro evangelio —un evangelio de diversiones dominicales y de
hacer negocio.
¿Por qué no tomamos en serio al Señor en lo concerniente al día de reposo? Sabemos
que no debemos jugar con las cosas sagradas y que el día de reposo es su día sagrado.
En el tiempo de Moisés, el Señor declaró de una manera impresionante que la manera en
que nosotros ocupamos el día de reposo, es un signo de nuestra actitud interior hacia El. Es
una medida de la sinceridad de nuestra fe: "Señal es para siempre entre mí y los hijos de
Israel" declaró el Padre, (Éxodo 31:17) y agregó: "Así que guardaréis el día de reposo,
porque santo es a vosotros" (Éxodo 31:14).
En ese día El hizo de su violación, una ofensa capital y los violadores eran castigados
con la muerte. Entonces, ¿no era importante la observancia del día de reposo para el Señor?
¿Es menos importante ahora? ¿Habrá cambiado su manera de pensar?
El también le dio el día de reposo al antiguo Israel, como una señal de que El vive; un
signo, como El dijo: "Para que sepáis que yo soy Jehová" (Éxodo 31:13). Entonces el día de
reposo viene a ser un edificador del testimonio, porque si lo guardamos, nuestro conocimiento
y nuestra fe en el Señor aumentará y esto es beneficioso para nosotros.
Si violamos su día santo voluntaria y gustosamente ¿hasta ese momento comenzaremos a
ser enemigos de Dios? Ciertamente nosotros venimos a ser quebrantadores de convenios,
porque El nos dio el día de reposo por convenio un pacto perpetuo a través de todas las
generaciones. (Véase Éxodo 31:16.)
El presidente David 0. Mckay llamó la atención a otra fase de suma importancia en
cuanto a este asunto. El dijo que el día de reposo cristiano, por supuesto se celebra en
domingo, el primer día de la semana, en conmemoración del Salvador. El llama la
resurrección del Salvador al más grande evento de toda la historia y hace notar que por la
debida observancia del día de reposo, mostramos nuestro respeto por la pasión y resurrección
del Señor. (Véase Gospel Ideals, Deseret New Press, 1953, págs. 397-98.)
Con esto en mente, preguntémonos ¿cuán importante es para nosotros el sacrificio
expiatorio de Jesucristo? ¿Cuán apreciable es para nosotros? ¿Cuán profundamente nos
importa la inmortalidad? ¿Es la resurrección de interés vital para nosotros?
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Podemos ver fácilmente que la observancia del día de reposo es una indicación de la
profundidad de nuestra conversión.
El que observemos o no el día de reposo es una inequívoca medida de nuestra actitud
personal hacia el Señor y hacia sus sufrimientos en el Getsemaní, su muerte en la cruz, y su
resurrección de los muertos. Esta es una señal de si somos cristinos en verdad o si nuestra
conversión es tan superficial que la conmemoración de su sacrificio expiatorio significa poco
o nada para nosotros.
¿Nos damos cuenta de que muchos días de fiesta nacionales son observados más
ampliamente que el día de reposo, en cuanto se refiere a su divino propósito?
Entonces, ¿hemos puesto a Dios en segundo o tercer término? ¿Y es esto lo que
queremos hacer? ¿Es ahí donde él debe estar?
Os doy mi testimonio de que observar debidamente el día santo del Señor, es algo de lo
más importante que podemos hacer. Este es un paso esencial para nuestra salvación eterna.
No creo que podamos ser salvos si constantemente violamos el día de reposo y
arrojamos nuestra desobediencia a la cara del mismo Dios que esperamos que nos salve.
¿Cómo nos atrevemos a jugar con el día de reposo?
¿Cómo nos atrevemos a jugar con el Dios Altísimo?
El Señor declara que para calificar y poder entrar en su presencia debemos vivir con
"cada palabra que sale de la boca de Dios" (Véase D. y C. 84:44), y la ley del día de reposo es
una de las leyes más importantes en el plan del evangelio.
Que podamos tener el valor y el buen sentido de guardarlo, lo ruego humildemente en el
nombre sagrado de Jesucristo. Amén.
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UN SEÑOR, UNA FE, UN BAUTISMO
Por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce
Soy muy feliz, hermanos y hermanas de tener el honor y el privilegio de asistir a esta
conferencia y confío en que durante los pocos momentos que ocupe en este púlpito, pueda gozar
del Espíritu del Señor, para que lo que diga pueda ser una inspiración para vosotros que están
presentes en esta conferencia y para aquellos que nos están escuchando.
Estoy muy emocionado con la actitud que ha tomado nuestro nuevo presidente Kimball, con
respecto a la obra misional. El ha indicado que debemos aumentar nuestros esfuerzos y nos pide
duplicar el número de misioneros que actualmente tenemos. Pienso que he sido un misionero toda
mi vida; lo recuerdo desde que era jovencito. Recuerdo que uno de los primeros libros que leí y
que me impresionó más fue la Vida del profeta José Smith, por George Q. Cannon. Ese libro me
impresionó tanto que originó en mi corazón un amor especial por el profeta José, y adquirí tal
testimonio de la verdad de su historia, que desde entonces sentí la necesidad de decírselo a todo el
mundo.
Me emocionaron mucho las observaciones con que cerró su discurso el presidente Kimball el
jueves pasado con los Representantes Regionales de los Doce cuando dijo que espera el día en que
traigamos miles de conversos. Entonces me dije: ¿Por qué no? Nosotros tenemos el mensaje más
importante en todo el mundo. Este mensaje que tenemos para el mundo es tan importante a los
ojos del Señor y para todos sus hijos, como fue el mensaje que dio Pedro en el día de Pentecostés,
cuando las multitudes se compungieron de corazón y clamaban: "Varones hermanos, ¿qué
haremos?" (Hechos 2:37). Os acordáis de la contestación de Pedro:
"Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los
pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos;
para cuantos el Señor nuestro Dios llamare (Hechos 2:38-39).
¿Podría haber una oferta mayor para alguien que busca la verdad hoy, que responder al
mismo llamado que hizo Pedro a aquel pueblo en aquella ocasión cuando fueron bautizadas tres
mil personas?
La Iglesia fue establecida por el Salvador con el llamado de los Doce en sus días, pero los
santos profetas previeron que no permanecería sobre la tierra, pero que vendrían los últimos días,
cuando el Señor terminaría su obra.
El apóstol Pablo dijo que el Señor le había revelado el misterio de su voluntad "de reunir
todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, [en la cual vivimos],
así las que están en los cielos, como las que están en la tierra" (Efesios 1:9-10). Ahora, nosotros
tenemos ese mensaje y el pueblo del mundo no puede adecuada y justamente encontrar el camino
de regreso a la presencia del Señor a menos que estén dispuestos a escuchar el mensaje que
tenemos para ellos.
Terminé la lectura del Nuevo Testamento y quedé impresionado con las palabras del Señor y
del apóstol Pablo y otros de los hermanos, al leer las enseñanzas en sus días. El apóstol Pablo dijo
que había: "un Señor, una fe, un bautismo" (Efesios 4:5). Entonces pensé, ¿qué diría Pablo si él
estuviera aquí ahora y viera cuántas iglesias hay?
Mi secretaria buscó algo que yo necesitaba y encontró que en mayo del año anterior se llevó
a cabo un censo y se encontró que en los Estados unidos hay 697 iglesias diferentes. Si Pablo
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estuviera aquí, a cuál de todas las iglesias iría, porque el dijo que había "un Señor, una fe y un
bautismo". Así nosotros tenemos que buscar la guía divina para saber a dónde ir a fin de encontrar
esa iglesia verdadera, pues solamente puede haber una, y éste es nuestro testimonio.
Nuestro actual mensaje al mundo es la restauración del evangelio. Pablo dijo: "Más si aún
nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado,
sea anatema" (Gálatas 1:8). Están bastante claras sus palabras, pero Pablo de ninguna manera
estaba retrocediendo al indicar lo que él pensaba de aquellos que no enseñaban la verdad que había
obtenido por medio del Salvador y sus enseñanzas.
Ahora me doy cuenta al estar ante esta gran multitud y saber de todos aquellos que nos están
escuchando en televisión o en radio, que yo caería bajo la condenación de Pablo, si no estuviera
predicando el mismo evangelio que él predicó; pero yo os doy testimonio de que nosotros tenemos
la única Iglesia verdadera y viviente sobre la faz de la tierra la cual el Señor reconoce teniendo la
autoridad divina para administrar las ordenanzas salvadores del evangelio.
Grande fue el día cuando la Iglesia se organizó en los días del Salvador, pero es aún más
glorioso cuando se añaden los toques finales. Por supuesto, nosotros no podríamos haberla tenido
sin la gran obra redentora que El había obrado. Pero Pablo vio "reunir todas las cosas en Cristo, en
la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que
están en la tierra" (Efesios 1:9-10). Nosotros somos la única Iglesia que tiene esto; estamos en la
dispensación del cumplimiento de los tiempos.
Fue algo glorioso cuando el Salvador, siguiendo a su resurrección ascendió al cielo en
presencia de quinientos hermanos, cuando dos hombres en vestiduras blancas dijeron: "Varones
galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al
cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hechos 1:11). Si el mundo cree estas palabras,
entonces deberían estar esperando con los brazos abiertos al profeta de Dios para que venga y
declare que esto ya se ha cumplido.
Leemos las palabras de Amós: "Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su
secreto a sus siervos los profetas" (Amós 3:7). En otras palabras, si él fuera a establecer su obra en
la tierra, en los últimos días, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, a fin de traer
todas las cosas en Cristo, todas las que están en el cielo arriba y todas las que están abajo en la
tierra, requerirá de un profeta.
No ha llegado el día en que, Dios teniendo alguna obra en la tierra, la haya reconocido sin un
profeta a la cabeza de ella. Recordemos el himno: "Te damos, Señor, nuestras gracias, que
mandas de nuevo venir, Profetas con tu evangelio, guiándonos como vivir" (Himnos de Sión, núm.
178) y a causa de que tenemos profetas vivientes; no necesitamos depender solamente de los
profetas muertos; tenemos profetas vivientes para guiarnos y dirigirnos.
Jesús fue suficientemente claro cuando dijo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará
en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mateo
7:21). Entonces agrega:
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
"Y entonces les declararé-: Nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo
7:21-23).
Este es un anuncio formal de Jesús sobre las iglesias que El no ha autorizado, y que no
tienen, por tanto, la divina autoridad para obrar en su nombre.
Además Jesús hizo esta declaración: "Y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo"
(Mateo 15:14). El no dijo que con el simple hecho de que estuvieran ciegos llegarían a su destino.
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Así tenemos que estar seguros, prepararnos y saber que hemos encontrado la única y verdadera
Iglesia de que hablaba Pablo. Para hacerlo, tenemos que basarnos en las palabras de los santos
profetas.
Jesús dijo: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida
eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Juan 5:39). Entonces la seguridad se adquiere
por medio del estudio de las Escrituras. Jesús dijo a dos de sus apóstoles cuando iban en camino a
Emaús después de su resurrección: "¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los
profetas han dicho!" (Lucas 24:25). Y comenzando con Moisés y los profetas, les mostró cómo en
todas las cosas, los profetas habían testificado de El. Y luego Lucas nos dice, que abrió sus
entendimientos para que pudieran comprender las Escrituras.
Esto es lo que El ha hecho con el envío de profetas vivientes y por medio de una visita del
Padre y el Hijo al profeta José Smith. ¿Podría salir al mundo otro mensaje que pudiera compararse
con éste? ¿Cómo podría el pueblo del mundo, si ellos aman al Señor, escuchar tal mensaje y luego
no desear saber si es verdadero o no?
Tenemos gran número de personas que han servido en el ministerio [de otras regiones] y se
han unido a nuestra Iglesia. Recibí una llamada telefónica la semana pasada de un ministro que
vive en Los Ángeles, quien sirvió por veinte años como ministro bautista. Entonces encontró a los
misioneros mormones y ellos le enseñaron el evangelio tal como fue restaurado por medio del
profeta José Smith, y él dejó su ministerio y vino a ser miembro de la Iglesia. Actualmente está
trabajando en el templo, y llamó para agradecerme el haber escrito el libro de misionero que lo
ayudó a comprender lo que el Señor ha hecho al restaurar su verdad en esta dispensación.
Hace pocos años convertimos un ministro en el noroeste. Una ocasión fue a mi oficina y
dijo: "Hermano Richards, cuando pienso en lo poquito que tenía para ofrecerlo a mi pueblo como
ministro metodista, y lo comparo con lo que ahora tengo en la plenitud del evangelio tal como fue
restaurado, quisiera regresar y decir a todos mis amigos lo que he encontrado. Pero, —dijo él—
ellos no me escucharían; yo soy un apóstata de su iglesia."
Sin embargo, él renunció a su ministerio y opera el elevador aquí en nuestro capitolio para
ganarse la vida; así se unió a la Iglesia.
También me dijo: "No puedo esperar hasta poder entrar al templo con mi esposa"; desde
entonces lo encuentro en el templo.
"Cuando me uní a la iglesia, no sentía que pudiera decir que sabía que José Smith era un
profeta, pero yo creía que el era un profeta" —y agregó— "pero cuando el hermano Burrows puso
sus manos sobre mi cabeza y me ordenó en el sacerdocio, sentí a través de todo mi ser, algo que no
había sentido en toda mi vida, y entonces supe que ningún hombre podía hacer eso por mí. Ello
tenía que venir de Dios." Esto es lo que encontramos cuando las personas tienen una mente
suficientemente abierta para tener voluntad de escuchar y comprender lo que el Señor ha hecho
realmente al restaurar su verdad a la tierra.
Quisiera leeros una pequeña declaración que publiqué en el libro que escribí. Está tomado
de un folleto intitulado: "La fortaleza de la posición mormona (Orson F. Whitney, lndependence,
Mo., Zion's Printing and Publishing Co., 1 91 7). El finado élder Orson F. Whitney, del Consejo
de los Doce Apóstoles, relató el siguiente incidente bajo el encabezado: "Una declaración
católica":
Hace muchos años, un hombre muy instruido, miembro de la Iglesia católica Romana, vino a
Utah y habló en el tabernáculo de Salt Lake City. Llegué a conocerlo bien, al grado de poder
conversar libre y francamente con él. Era un hombre de mucha erudición, podía hablar por lo
menos doce idiomas y parecía saber todo lo concerniente a teología, leyes, literatura, ciencia y
filosofía. Un día me dijo: "Ustedes los mormones son unos ignorantes. Ni siquiera conocen la
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fuerza de su propia posición. Es tan fuerte, que en todo el mundo cristiano, únicamente hay otra
que pueda defenderse, y ésta es la posición de la Iglesia Católica. La lucha es entre el catolicismo
y el mormonismo. Si nosotros tenemos razón, ustedes están errados; y si ustedes tienen razón,
nosotros estamos errados; y no hay más. Los protestantes no tienen ningún fundamento. Pues si
nosotros estamos en error, ellos están en el mismo error que nosotros, ya que fueron parte de
nosotros y de nosotros se desprendieron; mientras que si nosotros tenemos razón, no son sino
apóstatas a quienes excomulgamos desde hace mucho. Si nosotros tenemos la sucesión apostólica
desde S. Pedro, como lo afirmamos, ninguna falta hacen José Smith y el mormonismo; más si no
tenemos esa sucesión, era necesario que viniese un hombre como José Smith, y la posición del
mormonismo es la única que es lógica. Una de dos, o es la perpetuación del evangelio desde los
días antiguos, o la restauración del evangelio en los últimos días" (Una Obra Maravillosa y un
Prodigio, Le Grand Richards, Deseret Book Company, 1958, cap. 1, págs. 3-4).
Si los miembros de esas 697 diferentes iglesias pudieran darse cuenta de la consistencia de
esta declaración, seguramente desearían saber bajo qué autoridad están efectuando sus ministerios
las ordenanzas en sus iglesias, porque si la declaración de este prelado es verdadera, ellos debían
ser o católicos o mormones. Yo siempre digo que los católicos y la Biblia, juntos no pueden tener
razón, porque la Biblia definidamente proclama una apostasía de la iglesia original y una
restauración en los últimos días.
Recordad cuando Juan fue desterrado a la Isla de Patmos; el ángel del Señor dijo: "Sube acá,
y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas" (Apocalipsis 4:1). Esto ocurrió treinta
años después de la muerte del Salvador. El ángel mostró a Juan el poder que sería dado a Satanás
para "hacer guerra contra los santos, [y lo santos fueron los seguidores de Jesús], y vencerlos.
También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación" (Apocalipsis 13:7). Esto no
excluye a nadie. Es una declaración definida de una completa apostasía de la iglesia original.
Pero el ángel no lo dejó así, sino que mostró a Juan otro ángel volando "por medio del
cielo... que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación,
tribu, lengua y pueblo" (Apocalipsis 14:6). Obviamente ningún ángel tendría que venir a la tierra
con el evangelio eterno, desde el cielo, si el evangelio eterno hubiera existido aquí en la tierra. El
evangelio eterno es el único que salva al hombre. Y así éste es nuestro mensaje para el mundo,
que nosotros tenemos ese evangelio eterno.
Pedro dijo que era necesario que el cielo recibiera a Cristo "hasta los tiempos de la
restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas, que han sido
desde tiempo antiguo" (Hechos 3:21). Nosotros tenemos esa restauración y cualquier amante de la
verdad puede saber tan bien como él que ellos mismos viven, si quieren investigarlo. Como Jesús
dijo: "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
"El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo
por mi propia cuenta" (Juan 7:16-17).
Tenemos esa restauración de todas las cosas y ninguno puede creer que Pedro fue un profeta
y esperar la venida del Salvador, hasta que llegue tal restauración. Es mi testimonio a vosotros y
oro a Dios que os bendiga, que esta obra se extienda por todos lados y llene la tierra, y lo hago en
el nombre del Señor Jesucristo. Amén.
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NECESITAMOS HOMBRES VALIENTES
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Hermanos del sacerdocio, en esta ocasión quisiera hablaros de la valentía. Se dice que
hay dos tipos de valentía: la física y la moral.
Como quiera que sea, fundándome en mi experiencia, opino que quien posee valentía
moral, quien es sincero consigo mismo, posee también valor físico. El admirable Shakespeare
en su drama Hamlet, hace que uno de sus personajes, Polonio, instruya a su hijo sobre diversos
aspectos de conducta, concluyendo los consejos de la siguiente manera:
Y, sobre todo, esto: sé sincero con mismo, y de ello se seguirá, como la noche al día que
no puedes ser falso con nadie.
—Hamlet, Acto 1, escena III, pág. 1341.
Todos tenemos una conciencia,, que constituye la médula del valor moral. El individuo
en verdad valiente obedecerá siempre a su conciencia. Saber qué es lo correcto y no hacerlo,
es cobardía.
En la literatura de nuestra Iglesia encontramos muchos ejemplos de supremo valor. Por
ejemplo, consideremos por un momento al profeta José Smith: cuando le habló de su Primera
Visión al ministro protestante de la región en que vivía, éste le respondió con desprecio.
Sobre esto, el profeta escribió:
"Como quiera que sea, era, no obstante, un hecho que yo había visto una visión...
"Efectivamente había visto una luz; en medio de la luz vi a dos Personajes, y ellos en
realidad me hablaron; y aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión;
no obstante, era cierto; y mientras me perseguían, me censuraban y decían toda clase de
falsedades en contra de mí por afirmarlo, yo pensaba en mi corazón: ¿Por qué me persiguen
por decir la verdad? En realidad he visto una visión, y ¿quién soy yo para oponerme a Dios?
¿o por qué cree el mundo que me hará negar lo que realmente he visto? Porque había visto
una visión; yo lo sabía y comprendía que Dios lo sabía; y no podía negarlo. . ." (José Smith
2:24-25).
El profeta fue sincero consigo mismo no sólo en su juventud, sino a través de toda su
vida. Dieciocho años después de la Primera Visión, él y algunos otros hermanos de la Iglesia
fueron "encerrados en un cuarto miserable y frío" durante varias semanas.
"En una de esas noches tediosas [escribe Parley P. Pratt] habíamos estado acostados.
permaneciendo como si estuviésemos dormidos hasta después de la medianoche, y nuestros
oídos y corazones se hallaban doloridos de estar escuchando, durante largas horas, los cuentos
obscenos, horribles imprecaciones, espantosas blasfemias e inmundas palabras de nuestros
guardias...
"Los había estado oyendo hasta sentirme tan disgustado, hastiado, horrorizado y tan
lleno del espíritu de la justicia ofendida, que difícilmente podía refrenarme de ponerme en pie
y reprender a los guardias; pero no le había dicho nada a José ni a ninguno de los otros,
aunque yo estaba acostado al lado de él y sabía que estaba despierto. Repentinamente se pudo
de pie y habló como con voz de trueno o el rugido del león, y pronunció, que yo me acuerde,
las siguientes palabras:
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¡SILENCIO; demonios del abismo infernal. En el nombre de Jesucristo os increpo y os
mando callar. No viviré ni un minuto más escuchando semejante lenguaje. Cesad de hablar
de esta manera, o vosotros o yo moriremos EN ESTE MISMO INSTANTE!'
"Cesó de hablar, Permaneció erguido en su terrible majestad. Encadenado y sin armas;
tranquilo, impávido y con la dignidad de un ángel se quedó mirando a los guardias
acobardados, que bajaron o dejaron caer sus armas al suelo, y golpeándoles las rodillas una
contra la otra, se retiraron a un rincón, o echándose a los pies de él, le pidieron que los
perdonase, y permanecieron callados hasta el cambio de guardia.
"He visto a los ministros de justicia envueltos en sus ropas magistrales, y a los criminales
ante ellos, mientras la vida dependía de un hilo, en los tribunales de Inglaterra; he presenciado
un Congreso en sesión solemne decretar leyes a las naciones; he tratado de imaginarme reyes,
cortes reales, tronos y coronas; y emperadores reunidos para decidir los destinos de reinos;
pero dignidad y majestad no he visto sino una sola vez, en cadenas, a medianoche, en el
calabozo de una aldea desconocida de Missouri" (Elementos de la Historia de la Iglesia, págs.
257-58. Cursiva agregada).
En aquella ocasión, el Profeta demostró ciertamente una valentía admirable, tanto moral
como física. El haber sido sincero y fiel consigo mismo así corno con su Hacedor, finalmente
le costó la vida, pero también le aseguró vida eterna y exaltación.
En el Libro de Mormón aprendemos del gran valor de Nefi. Recordaréis que cuando
Lehi y su familia se hallaban acampados en el valle de Lemuel, el Señor le dio instrucciones
de que mandara a sus hijos que volviesen a Jerusalén y procurasen conseguir los anales que
Labán tenía en su poder. Lamán y Lemuel murmuraron diciendo que era "cosa difícil" (1 Nefi
3:5), pero Nefi, el hermano menor de éstos, dijo: "Iré y haré lo que el Señor ha mandado,
porque sé que él nunca da ningún mandamiento a los hijos de los hombres, sin prepararles la
vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado" (1 Nefi 3:7).
Y bien, fueron a Jerusalén, y una vez allí echaron suertes para ver cuál iría a la casa de
Labán, cayendo el encargo sobre Lamán, quien fue hasta la casa de aquel hombre; una vez allí,
Labán lo acusó de ladrón y amenazó matarlo. Huyendo, regresó junto a sus hermanos sin los
anales; había asegurado que no podrían obtenerlos y lo probó. Los hermanos estaban a punto
de volver a su padre en el desierto, pero el joven Nefi les dijo: "Vive el Señor, que como
nosotros vivimos no volveremos a nuestro padre sin que cumplamos antes lo que el Señor nos
ha mandado" (1 Nefi 3:15).
Entonces, a instancias de Nefi, fueron a la tierra de su herencia y después de haber
recogido allí su oro, plata y todos sus objetos preciosos, fueron nuevamente a la casa de Labán
intentando comprarle los anales que se hallaban grabados sobre las planchas de bronce.
Labán, al ver aquellas riquezas, las codició y envió a sus siervos para que los mataran y se
apoderasen de ellas. Los hermanos, a fin de salvar la vida, huyeron al desierto donde se
escondieron en la hendidura de un peñasco. Una vez allí, Lamán y Lemuel, irritados con sus
hermanos, a fin de salvar la vida, huye una vara" (1 Nefi 3:28). Sucedió entonces que un
ángel del Señor apareció ante ellos y los reprendió. Cuando el ángel hubo desaparecido,
Lamán y Lemuel comenzaron a murmurar nuevamente, diciendo que era imposible que
llegasen a obtener los anales, afirmando a Nefi: "Labán... es un hombre poderoso, y puede
mandar a cincuenta. Sí, y aun puede matar a cincuenta, luego ¿por qué no a nosotros? (1 Nefi
3:31).
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Pero Nefi les dijo refiriéndose al Señor: "... El es más poderoso que todo el mundo. ¿Por
qué pues no ha de ser más poderoso que Labán con sus cincuenta, o con sus decenas de
millares? (1 Nefi 4:1).
Entonces ellos lo siguieron hasta los muros de Jerusalén. Nefi entró en la ciudad y salió
de ella con los anales. Su fe y su valor eran muy grandes.
En la época en que Lehi y su familia salieron de Jerusalén, vivía en aquella región otro
joven, llamado Daniel, que daría muestras de inmenso valor durante su vida. En el año 597 A.
C., sólo tres años después de la partida de Lehi, Daniel fue llevado cautivo a Babilonia por el
rey Nabucodonosor, comenzando a manifestar su gran valentía poco después de haber llegado
allí, cuando él, junto con Sadrac, Mesac y Abednego se propusieron "no contaminarse" con los
alimentos y el vino del rey (Daniel 1:8); expresado en otras palabras, Daniel se negó a
quebrantar la "Palabra de Sabiduría" como la observaba su pueblo en aquel entonces, aunque
al actuar de este modo contravenía las órdenes del rey.
Este joven puso de manifiesto su valor incomparable cuando al interpretar el sueño de
Nabucodonosor, le dijo abiertamente a éste que era "la sentencia del Altísimo" (Daniel 4:24),
que lo echarían de entre los hombres, que moraría con las bestias del campo, que lo
apacentarían con hierba "como a los bueyes" durante siete años, añadiendo: "hasta que
conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien El
quiere" (Daniel 4:25). En seguida, aconsejó al rey diciéndole: "tus pecados redime... y tus
iniquidades" (Daniel 4:27; véase además Daniel 4:20, 22, 24-25, 27).
Podéis imaginaros la valentía a que tendría que recurrir el joven esclavo, para hablarle de
esa manera a aquel rey, cuyo dominio, dice el registro, llegaba "hasta los confines de la tierra"
(Daniel 4:22). Y bien, demostró su valor, y por extraño que parezca, sobrevivió al rey.
Cuando este mismo Daniel fue convocado por Belsasar, quien sucedió en el trono a
Nabucodonosor, para interpretar el raro manuscrito que había visto en la pared, dio muestras
de una valentía semejante. Le dio a Belsasar la siguiente interpretación:
"Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin.
Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.
Tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas" (Daniel 5:26-28).
Daniel no sólo leyó el mensaje, sino que antes de hacerlo, tuvo el valor de decirle a
Belsasar que él mismo había acarreado sobre sí aquel juicio por sus transgresiones. Le dijo
además que uno de los pecados que había cometido era el profanar los vasos que su padre,
Nabucodonosor, había sacado del templo de Jerusalén; y que otro de esos pecados era el
haberse ensoberbecido "contra el Señor del cielo" (Daniel 5:23; véase Daniel 5).
El registro dice: "La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos" (Daniel 5:30).
Darío, el medo que tomó el reino, lo dividió en 120 provincias que gobernaban 1 20
sátrapas respectivamente, sobre los que había tres gobernadores "je los cuales Daniel era uno,
a quienes estos sátrapas diesen cuenta. . ." (Daniel 6:2).
En este cargo, Daniel tuvo ocasión de demostrar una vez más su valor al enfrentar
grandes peligros. Los otros "gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en
lo relacionado al reino", pues le tenía envidia, mas no pudieron hallar ninguna falta en él.
"Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna
para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley 'de su Dios.
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"Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey. . ." y lo
persuadieron a que firmara un edicto real que estipulaba lo siguiente: "cualquiera que en el
espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea
echado en el foso de los leones".
Ahora bien, cuando Daniel se enteró de esto, se fue inmediatamente a su casa, y con las
ventanas de su cuarto abiertas, a fin de que lo viesen, "se arrodillaba tres veces al día, y oraba
y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes" (véase Daniel 6:4-7, 10).
Me imagino que nadie pondría en tela de juicio el hecho de que al ser de este modo fiel y
sincero tanto consigo mismo como con su Dios, Daniel demostró una fe y una valentía
inmensa.
En cuanto a la continuación del relato, ya sabéis lo que sigue: que a Daniel lo echaron al
foso de los leones, pues el rey no pudo abrogar la ley de los medos y los persas, y que el Señor
"cerró la boca de los leones" y Daniel se salvó.
No todos los actos valerosos aportan tan espectaculares resultados; pero, en cambio,
todos ellos brindan paz y satisfacción, tal como la cobardía, a la larga, acarrea pesar y
remordimiento.
Lo que acabo de decir lo sé por experiencia propia. Recuerdo que cuando era yo un
muchacho de 15 años y fuimos expulsados de México por la revolución que allí surgió, mi
familia se dirigió desde la ciudad de El Paso, Texas, a la ciudad de Los Angeles, California.
Allí, obtuve un trabajo entre un grupo de individuos que detestaba a los mormones, por lo cual
yo no les dije que era mormón. Al cabo de un tiempo allí, el presidente Joseph F. Smith fue a
Los Angeles y pasó a cenar con mis padres. En esa ocasión, poniéndome una mano en la
cabeza, el presidente Smith me habló diciendo: "Hijo, jamás te avergüences de ser mormón".
Os diré que todos los días de mi vida me ha angustiado el no haber tenido el valor de
hacer frente resueltamente a aquellos hombres inmorales.
Recuerdo otra oportunidad en que encontrándome en Australia en una misión fui a
visitar las cavernas Jenolan, un sitio magnífico, espectacular. Cuando recorría el lugar junto
con otras personas, el guía dijo: "Si alguien quisiera subirse sobre aquel peñasco y cantar una
canción podríamos comprobar la calidad acústica de esta caverna".
"Yo sentí que el Espíritu Santo me instaba a ir hasta el lugar indicado y cantar "Oh, mi
Padre"; pero vacilé y seguí caminando con el resto del grupo, dejando escapar así la
oportunidad. Esto me dejó un sabor amargo; lo único que me hizo sentir que el Señor me
había perdonado, fue escuchar al presidente McKay cuando dijo: "en una ocasión, cuando me
encontraba en el campo misional, me sentí inspirado a realizar algo, pero no lo hice. Esto me
ha apesadumbrado siempre. Nunca dejéis de responder a la inspiración del Espíritu Santo.
Vivid de tal manera que podáis recibirlo, y entonces, tened el valor de seguir sus
instrucciones".
Hermanos, como poseedores del sacerdocio tenemos todos, los jóvenes y los mayores, la
firme resolución de desarrollar la valentía de ser sinceros tanto con nosotros mismos como con
nuestro Hacedor, en todos los aspectos de nuestra vida.
Que Dios nos bendiga en este propósito, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.
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PENSAMIENTOS PARA LA PASCUA
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Mis queridos hermanos, os pido que imploréis al Señor mientras os hablo en los
próximos minutos, porque lo que tengo que deciros es importante para toda alma viviente
sobre la faz de la tierra.
Se ha hablado mucho sobre la resurrección en estos días que preceden a la Pascua, y
aunque es imposible comprender plenamente su significado, la realidad de este hecho no debe
alejarse nunca de nuestros pensamientos.
Pablo lo tomó como tema central del evangelio de Jesucristo, cuando escribió a los
corintios:
"Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración
de todos los hombres.
Más ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la
resurrección de los muertos.
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (1
Cor. 15:19-22).
Comencemos el análisis de esta gran declaración, con la frase "por cuanto la muerte
entró por un hombre". "Por un hombre. . ." ¿Qué es el hombre? Esta pregunta se ha repetido
en todas las épocas. Job clamó en su tormento: "¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas,
y para que pongas sobre él Tu corazón, Y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos
lo pruebes?" (Job 7:17-18).
"¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y para que se justifique el nacido de
mujer?" (Job 15:14).
Y el salmista hace eco a estas preguntas:
"Digo, ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que
lo visites?
"Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y (le honra" (Sal.
8:4-5).
La respuesta que dan las Escrituras a esta pregunta es clara y firme: el hombre es hijo
espiritual de Dios, cubierto con un tabernáculo mortal de carne y huesos. Esto está escrito en
el registro de la Creación. El libro de Génesis enseña que hubo una creación espiritual de la
tierra y de todo lo que en ella hay, incluyendo al hombre, cuyo espíritu Dios creo "a su
imagen, a imagen de Dios lo creo; varón y hembra los creó" (Gén. 1:27).
". . . y [no solamente el hombre] toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y
toda hierba del campo antes que naciese, porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre
la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual
regaba toda la faz de la tierra.
Entonces Jehová Dios formó al hombre [o sea, su cuerpo físico] del polvo de la tierra, y
sopló en su nariz aliento de vida, [el espíritu] y fue el hombre un ser viviente" (Gén. 2:5-8).
66
Esto está de acuerdo con la revelación moderna que afirma que "el espíritu y el cuerpo
son el alma del hombre" (D. y C. 88:15).
¿Qué es la muerte? Es la separación del cuerpo y el espíritu.
Cuando Adán y Eva fueron creados como almas vivientes se les invistió con la facultad
de vivir para siempre. Ellos eran puros, santos, sin pecado y dignos de gozar de la presencia
del Padre. En realidad, El los visitaba en el jardín de Edén, donde conversó con ellos y les dio
instrucciones que necesitaban, pues en la transición que habían experimentado de espíritus a
almas, habían perdido el recuerdo de sus experiencias pasadas.
Entre esas instrucciones, el Señor le dijo a Adán:
"De todo árbol del huerto podrás comer;
"más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él
confieres, ciertamente morirás" (Gén. 2:16-17).
El tiempo no me permite extenderme en detalles, pero el hecho importante es que Adán
y Eva, contrariando las instrucciones del Padre, comieron del fruto prohibido; al hacerlo,
dieron a su cuerpo una substancia que les produjo un cambio tal que, a su debido tiempo, hizo
que el espíritu y el cuerpo se separaran; o, podemos decir, que su alma muriera.
Por herencia, la pena por el quebrantamiento de este mandamiento cayó sobre toda la
posteridad de Adán; de ahí que "la muerte entró por un hombre".
Cuando llega el momento de morir, que ha de llegar a todos los seres vivos, el cuerpo
retorna a la tierra y el espíritu al mundo espiritual. Separado de su cobertura mortal, el espíritu
queda en un estado precario que el profeta Jacob describe con las siguiente palabras:
"Porque he aquí, si la carne no se levantara más, nuestros espíritus quedarían sujetos a
aquel ángel que cayó de la presencia del Dios Eterno, y se convirtió en diablo, para no
levantarse más.
"Y nuestros espíritus habrían llegado a ser como él, y nosotros seríamos diablos, ángeles
de un diablo, separados de la presencia de nuestro Dios para quedar con el padre de las
mentiras, en miseria como él. . ." (2 Nefi 9:8-9).
Por lo tanto, para la futura felicidad @del hombre, es imperativo que haya una redención
de la muerte, o sea, una resurrección.
". . espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo;
"Y cuando están separados, el hombre no puede recibir la plenitud de gozo" (D. y C.
93:33-34).
Pero Dios que todo lo sabe, previó este estado; El sabía que la muerte abatiría a todo el
género humano porque Adán participó del fruto prohibido y también sabía que hubiera sido
injusto que el hombre sufriera para siempre por la muerte, de la cual no era responsable. Por
lo tanto proveyó una redención por medio de la muerte y la resurrección de Cristo. Respecto a
esto, declaró en una revelación moderna:
"Ahora, de cierto os digo, que mediante la redención que se ha hecho por vosotros, se
lleva a cabo la resurrección de los muertos.
"Y el espíritu y el cuerpo son el alma del hombre.
"Y la resurrección de los muertos es la redención del alma.
67
"Y la redención del alma viene por medio de aquel que vivifica todas las cosas. . ." (D. y
C. 88:14-17).
0 sea, por medio de Cristo.
Ahora bien, ¿quién es Jesucristo, y por qué pudo El introducir la resurrección, cuando
ningún otro hombre ni todo el género humano junto pudo hacerlo? Las Escrituras nos dan la
respuesta: la persona espiritual: de Jesucristo es linaje de Dios al igual que todas las personas,
y en este aspecto El no difiere de los demás hijos del Padre Eterno. Pero, en cambio, es
diferente en el hecho de que los cuerpos de todos los demás seres humanos son engendrados
por seres mortales y, por lo tanto, sujetos a la muerte siendo descendientes y herederos de
Adán, y el cuerpo de Cristo fue engendrado por Dios, nuestro Padre Celestial, un Ser inmortal.
Así es que Cristo heredó de su Padre la facultad de vivir por siempre, teniendo poder sobre la
vida y la muerte, como sus propias palabras lo declaran:
“ ... el buen pastor su vida da por las ovejas.
"Yo soy el buen pastor... y pongo mi vida por las ovejas.
"Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
"Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y
tengo poder para volverla a tomar" (Juan 10: 11, 14-15, 17-18).
Siendo que el hombre quedó sujeto a la muerte y no podía levantar su cuerpo de la
tumba, Jesús vino a la tierra y dio su vida voluntariamente para expiar por la caída de Adán,
estableciendo así el poder de la resurrección.
La primera evidencia de su victoria sobre el sepulcro fue, por supuesto, su propia
resurrección, de la cual hay abundantes testigos: María lo vio y habló con El (véase Juan
20:11-17).
También se encontró con las mujeres que iban a comunicar a los discípulos que la
tumba estaba vacía. "Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron" (véase Mat. 28:9-
10). Caminó y conversó con dos de sus discípulos que iban a Emaús (véase Luc. 24:13-16,
28-32). Además, apareció ante sus apóstoles por lo menos dos veces; una, cuando Tomás
estaba ausente y la otra, una semana más tarde, estando éste entre los demás; habló con ellos,
les mostró las manos y pies y, a su pedido, "le dieron parte de un pez asado, y un panal de
miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos". (Véase Lucas 24:36-43 y Juan 20:26-29.)
Acompañó a siete de ellos en la costa del mar de Tiberias (Juan 21:1-22). En una ocasión fue
visto por más de 500 personas a la vez (1 Cor. 15:6); " ... apareció a Cefas" (1 Corintios 15:5);
a Jacobo (1 Cor. 15:7) y a Pablo (1 Cor. 15:8). Y en el monte de Galilea mandó a los
apóstoles a enseñar "a todas las naciones" (Mat. 28:16-20). Finalmente, ". . . los sacó fuera
hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. . . bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue
llevado arriba al cielo" (Lucas 24:50-51).
Después de su corto ministerio como ser resucitado en la tierra de Jerusalén, visitó a los
nefitas en América.
Aunque el registro de la resurrección de Jesús es maravilloso e inspirador, la seguridad
de que el poder de resucitar que El trajo consigo es universal, resulta de igual significado.
Mateo informa que:
" ... se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se
levantaron;
68
"y saliendo de los sepulcros, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos" (Mat.
27:52-53).
Y Jesús mismo dijo durante su ministerio:
". . . porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
"y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo
malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28-29 versión inspirada). Durante su ministerio
en América, después de la resurrección, El dio énfasis a esta vital verdad de la resurrección
universal, indicando a sus discípulos nefitas que insertaran en sus registros —lo cual no habían
hecho— la profecía de Samuel sobre este tema y su cumplimiento. La declaración omitida a
la que El se refería, que era una de las señales de su crucifixión, era que "se abrirán muchos
sepulcros, y entregarán a gran número de sus muertos; y numerosos santos se aparecerán a
muchos" (Hel. 14:25). "Y sus discípulos le contestaron, y dijeron: "Sí, Señor, Samuel
profetizó según tus palabras, y todas se cumplieron" (3 Nefi 23:10).
Juan el Revelador concluye su relato de la visión de la resurrección que ocurrirá al
principio del Milenio (y que no está muy lejos de nosotros), diciendo:
"... y vivieron [aquellos que hayan resucitado antes del Milenio] y reinaron con Cristo
mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.
Esta es la primera resurrección" (Apo. 20:4-5).
A la vez añadió:
"Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios...
"Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los
muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras" (Apo. 20:12-13).
Y Amulek, hablando a Zeezroom, le dijo:
... la muerte de Cristo desatará las ligaduras de esta muerte temporal para que todos se
levanten de ella.
"El espíritu y el cuerpo serán reunidos otra vez en su perfecta forma; los miembros así
como las coyunturas se verán restablecidos a su propia forma...
"Esta restauración vendrá sobre todos, sean viejos o jóvenes, esclavos o libres, varones o
hembras, malvados o justos. . ." (Al. 11:42-44).
En esa forma se cumplirá la declaración de Pablo:
"Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la
resurrección de los muertos.
"Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
"Pero cada uno en su debido orden, Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en
su venida" (1 Cor. 15:2123).
En esta forma se asegura la inmortalidad al alma. Y así ha completado Cristo la primera
parte de lo que, según le dijo a Moisés es su obra y su gloria "Llevar a cabo la inmortalidad y
la vida eterna del hombre" (Moisés 1:39).
Es muy grande la deuda que tenemos hacia nuestro Redentor por la resurrección. Pero
esa no debe ser la meta final. Lograr la inmortalidad es uno de los requisitos para alcanzar la
vida eterna, pero no es lo mismo. El término inmortalidad indica la duración de la vida; Vida
eterna indica la calidad de ésta o sea, la misma clase de vida que Dios tiene.
69
En la vida venidera hay tres reinos con diferentes grados de gloria: el celestial, que es el
más bajo; el terrestre, que es el intermedio; y el celestial, que es el grado de gloria de que
disfrutan los dioses. Y cada uno de ellos es gobernado de acuerdo a las leyes.
Los hombres serán juzgados en el mundo espiritual y premiados según sus obras. En la
resurrección, sus cuerpos serán vivificados por la gloria del reino cuyas leyes hayan obedecido
durante su vida mortal (Véase D y C. 88:17-32).
El evangelio de Jesucristo, como fue revelado y enseñado por los profetas desde Adán
hasta el meridiano de los tiempos, y por Jesucristo, durante su ministerio mortal; y como fue
restaurado en esta dispensación del cumplimiento de los tiempos, evangelio que enseña y
administra con autoridad en todo el mundo La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Ultimos Días, es la ley celestial que se aplica al hombre en la mortalidad. La obediencia a esta
ley es un requisito para resucitar con un cuerpo celestial. Grande será la gloria de aquellos que
lo logren, y ciertamente afligidos estarán los que no puedan alcanzarla. El profeta José Smith
dijo durante un funeral, que "la desilusión de las esperanzas y expectativa en el momento de la
resurrección, será indescriptiblemente espantosa. (History of The Church of Jesus Christ of
Latter-day Saints, 6:51).
Muchas de esas leyes han sido presentadas y discutidas durante esta conferencia. Que
podamos ponerles atención, y obedecerlas.
Para concluir, deseo dejar mi testimonio personal de la verdad de estas cosas que os he
declarado. Por el poder del Espíritu Santo, sé que son verdaderas. Jesucristo vive y es el Hijo
de Dios. El vino a la tierra como el Unigénito del Padre, conquistó la muerte, levantó su
propio cuerpo de la tumba y estableció la resurrección para todos los seres humanos.
Yo sé que por medio de su terrible sufrimiento en el Jardín del Getsemaní y durante la
crucifixión, El hizo posible que, mediante el arrepentimiento y la obediencia a las leyes de su
evangelio podamos todos levantarnos no sólo a la inmortalidad sino también a la vida eterna,
que es el más grande de todos los dones de Dios. Y os dejo mi solemne testimonio en el
nombre de Jesucristo, Amén.
[Link]
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USEMOS NUESTRO LIBRE ALBEDRÍO
Por el élder Delbert L. Stapley
Del Consejo de los Doce
Mis hermanos y amigos: Uno de los dones más preciosos que concedió Dios al
hombre, es el principio del libre albedrío, el privilegio de escoger, el cual fue introducido por
Dios el Eterno Padre para todos sus hijos espirituales en el estado premortal. Esto ocurrió en
el gran concilio del cielo, antes de que fuera poblada la tierra. Los hijos de Dios fueron
dotados con la libertad de elegir, cuando aún eran seres espirituales. El plan divino incluía el
que ellos nacerían libres en la carne y serían herederos del inalienable derecho de la libertad
para elegir y actuar a fin de lograr su propia inmortalidad. Era esencial para su progreso
eterno que estuvieran sujetos a las influencias del bien y del mal.
Lehi, un antiguo profeta nefita, enseñó: "Porque es preciso que haya una oposición en
todas las cosas. Pues de otro modo . . . no habría justicia ni iniquidad, ni santidad ni miseria,
ni bien ni mal" (2 Nefi 2:11).
Como hijos e hijas de nuestro Padre Celestial, tenemos el don del libre albedrío para
usarlo en nuestras vidas. Debemos ser probados para ver si elegiríamos lo correcto y haríamos
todas las cosas, que el Señor nuestro Dios nos mandare. Como hijos espirituales de Dios
tenemos poderes inherentes de conciencia que son suficientes para desarrollar nuestro libre
albedrío en cuanto a decisiones correctas y a adquirir cualidades de bondad, humildad e
integridad de propósito.
El élder Bruce R. McConkie hizo esta declaración acerca del libre albedrío:
"Cuatro grandes principios deben estar en acción para que haya albedrío: 1. Debe haber
leyes. Leyes ordenadas por un poder omnipotente, leyes que puedan ser obedecidas o
desobedecidas. 2. Los opuestos deben existir: bien y mal, virtud y vicio, correcto y erróneo;
esto es, debe haber una oposición, una fuerza opuesta . . . a la otra. 3. Todos aquellos que
deseen gozar del libre albedrío deben tener un conocimiento del bien y del mal, o sea que
deben conocer la diferencia entre los opuestos. 4. Debe prevalecer un poder libre para elegir.
"El albedrío es dado al hombre como una parte esencial del gran plan de redención"
(Mormon Doctrine, Bookcraft Inc., 1966 ed. pág. 26).
Todo lo bueno viene de Dios, todo lo malo viene de Satanás. Brigham Young lo explicó
de esta manera:
"Hay sólo dos partidos en la tierra, uno por Dios y el otro por el mundo o el maligno. No
importa cuántos nombres tenga el mundo cristiano ni cuántos el pagano, tampoco importa
cuántas sectas y credos puedan existir, sólo hay dos partidos, uno con destino al cielo y a Dios
y el otro reino no precisamente celestial" (Discourses of Brigham Young, Comp. John A.
Widtsoe, 1966 ed., Deseret Book Co., Pág. 70).
El libre albedrío es un principio sempiterno que ha existido con Dios a través de toda la
eternidad. Es un regalo que El nos dio con la esperanza de que lo emplearíamos sabiamente al
conducir nuestras vidas personales. La libertad de elegir es albedrío moral, lo cual debemos
tener presente en nuestra mente, en todas nuestras actividades y decisiones. "Por virtud de
este albedrío nosotros y toda la humanidad somos hechos seres responsables, por el curso que
perseguimos, la vida que vivimos y los hechos que efectuamos en la vida" (Wilford Woodruff,
Discourses oí Wilford Woodruff, Bookcraft, Inc., 1969, págs. 8-9).
71
No podemos usar el libre albedrío como una justificación de nuestras malas acciones. El
hombre es libre de escoger el mal o el bien en la vida y obedecer o desobedecer los
mandamientos del Señor. Puede elegir para actuar sin compulsión o restricción.
El libre albedrío no da licencia para que hagamos mal o que coartemos los derechos o
privilegios de otros. Muchas veces oímos a una persona que transgrede, consolarse a sí mismo
diciendo: "Sólo estoy hiriéndome a mí mismo." Si un hombre elige cometer adulterio, debe
recibir un castigo por su pecado; pues a causa de sus transgresiones, está coartando los
derechos de su esposa y su familia, decepcionando a aquellos que lo quieren y que esperan de
él dirección, buen ejemplo y las bendiciones eternas de la unidad familiar. Debe entender que
hiere a los demás en el proceso de hacer lo que justifica como "ejercer mi libre albedrío".
Muchas personas tienen una actitud equivocada acerca del libre albedrío. Lo usan más
como una fuerza negativa en sus vidas que positivamente. Quizá hayáis escuchado esta
declaración: "Yo puedo fumar y beber si quiero. Tengo libre albedrío. Pero por qué no pensar
en términos de valores eternos y decir: "Yo puedo fumar y beber si quiero, pero elegí usar el
libre albedrío y quiero mejorar mi vida, por eso elegí el bien y no el mal." Esto puede aplicarse
a cada vicio que se presente en nuestra vida; tened la actitud correcta y el vicio se volverá
virtud, y la virtud tiene su premio. Al usar nuestro libre albedrío para el bien, debemos dejar a
un lado la actitud defensiva, arrogante y soberbia del transgresor.
Brigham Young enseñó: "A los hombres no debe permitírselas hacer lo que les da la
gana en todas las cosas; porque hay reglas que rigen todas las buenas sociedades. . . la
violación de las cuales no puede ser tolerada en términos civiles ni religiosos... Los hombres
no deben ser libres de pecar contra Dios o contra el hombre sin sufrir tales castigos cuyos
pecados merecen" (Discourses of Brigham Young, pág. 65).
¿Hasta qué punto llega nuestro albedrío? Brigham Young respondió a esta pregunta
diciendo: "Hay límites para el albedrío, como los hay para todas las cosas y para todos los
seres, y el nuestro no debe coartar esa ley. Un hombre tiene que escoger la vida o la muerte...
el albedrío que tiene es tan limitado que no puede ejercerlo en oposición a la ley sin ponerse
en situación de ser castigado y corregido por el Todopoderoso.
"Nos conviene ser cuidadosos y no enajenar ese albedrío que se nos ha dado. La
diferencia entre el justo y el, pecador, la vida eterna o la muerte, la felicidad o la miseria, es
esta: para aquellos que son exaltados, no hay límites para sus privilegios, sus bendiciones
tienen una continuación. . . se aumentan a través de las eternidades; mientras aquellos que
rechazan la oportunidad, que desprecian las mercedes prometidas por el Señor, y se preparan
para ser arrojados de su presencia, y para ser compañeros de los demonios, tienen su albedrío
inmediatamente cortado limitando y poniendo fronteras a todas sus intenciones" (Discourses
of Brigham Young, págs. 63-64).
Dios nos ha dado mandamientos con promesa de bendiciones al cumplir con sus leyes, y
castigos por la violación de ellas. El finado James E. Talmage dijo: "la obediencia a la ley es
un hábito de los hombres libres. El transgresor teme a la ley, porque trae sobre sí privaciones
y restricciones, no a causa de la ley que podría protegerlo en su libertad, sino por su
antagonismo a la ley. No corresponde al plan de Dios obligar al hombre a obrar rectamente,
tampoco es su propósito permitir que las fuerzas del mal obliguen a sus hijos al pecado (The
Great Apostasy, Deseret Book Co. 1958, págs. 34-35).
La libertad de una persona nunca debe ser suprimida por el hombre, ni por Satanás, ni
por nuestro Señor. Un hombre no debe tener a otro en esclavitud. Mientras que Satanás trata
de controlarnos, el Padre nos ha dado nuestro libre albedrío para combatir toda clase de
72
pruebas, tentaciones y males. Sin embargo nos da ciertos principios que, si los seguimos, nos
guiarán otra vez a su presencia. El reino de Dios está fundado sobre la libertad perfecta. Todo
hombre, mujer o niño tiene el derecho de adorar a Dios de acuerdo a los dictados de su propia
conciencia. Cada persona es responsable a su Creador por sus propios actos.
Dios nos dio el evangelio eterno, los principios de vida y salvación, y ha dejado que cada
uno de nosotros decidamos aceptarlos o rechazarlos, entendiendo que seremos responsables
ante El por las consecuencias de nuestros actos. El Señor no obliga a nadie a aceptar el
evangelio, y menos a vivirlo si es que lo han aceptado. "Cada cual actúa por sí mismo por
medio de su elección" (Discourses of Brigham Young, pág. 57).
Satanás ejerce mayor poder cuando Dios tiene una obra que hacer entre sus hijos en la
tierra. Cada dispensación del evangelio desde el principio del tiempo ha llegado a un fin, no
porque Dios haya fallado, sino porque el hombre le ha fallado a Dios, por el uso indebido de
su libre albedrío.
En el mundo actual es evidente que Satanás está enfureciendo los corazones de los
hombres. (Véase 2 Nefi 28:20.) Este es un día, de acuerdo con el Señor, en que Satanás puede
tener poder sobre su propio dominio. (Véase D. y C. 1:35.) El comenzó sus engañosas
seducciones sobre nuestros primeros padres, Adán y Eva, y constantemente desde entonces ha
continuado con sus seductoras prácticas. Esto se está sucediendo con frecuencia y de una
manera alarmante en nuestra propia generación.
Nadie está inmune al poder de Satanás. Aún el Salvador fue penosamente tentado por él
tres veces y cada vez se rehusó a someterse a sus engañosas tentaciones.
Como parte de nuestra prueba, debemos estar sujetos a tentaciones al igual que Cristo,
porque el Señor ha dicho:
"Y ha de ser necesario que el diablo tiente a los hijos de los hombres, o éstos no podrían
ser sus propios agentes;
porque si nunca tuviesen lo amargo, no podrían conocer lo dulce" (D. y C. 29:39).
Estén enterados y advertidos de las sutiles obras de Satanás, porque él nunca cesa
tratando de alejarnos, es un experto en hacer que las cosas parezcan llamativas y correctas,
cuando en realidad éstas son las que nos conducen a la destrucción moral. El no cree en el
libre albedrío y quisiera controlar nuestros actos y pensamientos. Podemos ver sus obras en el
cine, en los espectáculos de la televisión, en las revistas y la conducta de los hombres y del
mundo. Si nuestros pensamientos se dirigen hacia las cosas sensuales, estaremos fuertemente
tentados a usar nuestro libre albedrío erróneamente.
Desde la primera vez que una persona se somete al pecado, está bajo el control de
Satanás y no es fácil librarse.
Tened cuidado con todos aquellos que quieran ponernos en una situación
comprometedora. Nunca comprometan lo justo, pues tal compromiso puede resultar en
pecado, el pecado se convierte en pesar y el pesar puede herir gravemente.
Ningún hombre es libre si no es amo de sí mismo. El verdadero libre albedrío existe
cuando uno obedece las leyes de Dios. Tened en mente que el bien y el mal nunca podrán
estar ligados. Son extremos opuestos, no pueden permanecer en armonía dentro de una
persona. Uno de los dos prevalecerá sobre el otro, porque como Jesús enseñó: "Ninguno
puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y
menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mateo 6:24).
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No hay posición intermedia. Nuestra posición tiene que ser firme a fin de vencer el mal
que Satanás quisiera hacernos.
El hombre no recibe la exaltación que Dios ha provisto para él sin ejercer su libre
albedrío con justicia y obediencia a sus leyes y mandamientos.
El libre albedrío, si se emplea con sabiduría, puede proveer oportunidad de servir en el
reino de Dios. Puede
traernos muchas bendiciones celestiales y una vida celestial eterna, llena de gozo y
felicidad.
El presidente Wilford Woodruff estableció:
"Estamos en una gran escuela; y es de mucha ventaja porque estamos recibiendo
importantes lecciones día a día.
Nos enseñan a cultivar nuestras mentes, a controlar nuestros pensamientos y a
someternos completamente al espíritu y la ley de Dios, para que podamos aprender a ser uno y
actuar unidos, para que podamos llevar a cabo los propósitos de Dios sobre la tierra"
(Discourses of Wilford Woodruff, págs 10-11), Cristo es nuestro Maestro; El nos ha mostrado
con su ejemplo la manera de emplear nuestro libre albedrío para ganar la vida eterna.
¿Qué estamos haciendo con nuestro albedrío? ¿Estamos acercándonos a Dios o nos
alejamos de él? ¿Estamos satisfechos y felices en lo que estamos haciendo con esta herencia?
¿Podemos mejorar el uso de ella?
Pensad cuidadosamente en las promesas y beneficios que están a nuestro alcance, al usar
nuestro libre albedrío correctamente obedeciendo y guardando las leyes de Dios, en contraste
con el castigo que nos traerá el usarlo negligentemente.
Que Dios nos bendiga a todos, para que tengamos el deseo y el valor de ejercitar nuestro
libre albedrío debidamente, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
74
CRISTO EN AMÉRICA
Por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia
Habiendo regresado recientemente del viaje que nos llevara a los grandes y hermosos
países sudamericanos, habiendo participado del espíritu y la fe de los devotos y abnegados
santos sudamericanos y con el sentimiento de haber estado presente en las tierras del Libro de
Mormón, me siento compelido a hablar del Libro de Mormón, que contiene la historia de los
antiguos habitantes del Continente Americano.
Al participar en los inspiradores acontecimientos de las conferencias de área de Sao
Paulo y Buenos Aires, y al convivir por algunos días con aquella maravillosa gente, me sentí
conmovido por la fe simple y sin reservas de nuestros hermanos latinoamericanos, así como
por el deseo que sienten de servir al Señor y de edificar su reino aquí en la tierra.
Dulce fue la sensación que experimenté al ver el amor que sienten los miembros de la
Iglesia por nuestro Profeta, el presidente Kimball; al ver las lágrimas de gozo que derramaban
mientras él les saludaba y bendecía. Pude imaginarme entonces, la maravillosa emoción que
tienen que haber experimentado los nefitas, aquí en el hemisferio occidental, cuando tuvieron
el privilegio de recibir al Señor resucitado, quien vino a visitar a sus "otras ovejas" para que
ellas también pudieran integrar el redil y tuvieran una organización para enseñar y llevar a la
práctica su evangelio.
Es de esta sección del libro de Mormón, conocida como Tercer Nefi, que deseo hablaros
hoy. Pero antes de hacerlo, quisiera revisar algunas predicciones que se encuentran en la
Biblia, que dan testimonio de la autencidad y de la aparición del libro.
Leemos en Ezequiel, en el Antiguo Testamento:
"Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de
Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y
para toda la casa de Israel sus compañeros. Júntalos luego el uno con el otro, para que sean
uno solo, y serán uno solo en tu mano." (Ezequiel 37:16-17.)
Conociendo el contenido de esos libros, sabemos que la escritura se refiere a la Biblia y
al Libro de Mormón. Cuando sabemos la forma en que se dio a conocer al mundo el Libro de
Mormón en realidad fue un ángel el que le entregó a José Smith los registros cuya traducción
dio lugar al libro- se hace evidente el significado de las palabras expresadas por Juan el
Revelador, cuando dijo: "Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio
eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,
diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y
adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas" (Apocalipsis
14:6-7).
Muchas son las escrituras que nos aseguran que Dios está interesado en nosotros hoy,
como lo estuvo en sus hijos desde el comienzo, por lo cual creemos en la revelación continua
de Dios a través de sus profetas, para guiarnos en éstos, los últimos días. El profeta Amós
dijo: "Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los
profetas" (Amós 3:7).
El Salvador hizo la siguiente declaración, tal como está registrada en Juan:
75
"También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y
oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor" (Juan 10:16).
Por lo tanto se hace evidente el motivo por el cual el Salvador, después de su crucifixión
y resurrección, vino al hemisferio occidental rodeado de las señales y maravillas que habían
sido predichas, para que los pueblos de este continente pudieran contar con las mismas
oportunidades de aprender y vivir el evangelio que tuvieron los pueblos del antiguo
continente, aquellos entre quienes El vivió en su estado mortal.
No creo que exista otro pasaje de las Escrituras donde se encuentre más hermosamente
relatado el registro de la relación de Dios con el hombre, que lo que podemos leer en el libro
de Tercer Nefi. Recomiendo que todos lo leáis. Ciertamente que no encontraremos nada más
que algunas advertencias y hermosas enseñanzas que, si se aceptan y se viven, podrán lograr
más que cualquier otra cosa para proporcionar la paz y la felicidad al mundo y al individuo
que esté dispuesto a seguirlas. Aquí es donde podemos encontrar las explicaciones a muchas
preguntas que han quedado sin contestar en la Biblia.
En Tercer Nefi podemos encontrar más información adicional y en forma más detallada
de la que nos proporcionan los cuatro evangelios del Nuevo Testamento, preservando en
forma indeleble las doctrinas, enseñanzas y misericordia del Señor. Ese es el motivo por el
cual hay muchas personas que se refieren al libro de Tercer Nefi como el "quinto evangelio."
Nuestra historia comienza con un resumen de las profecías sobre el nacimiento de Cristo.
Pero, tal como ha sido verdadero desde el principio y sigue siéndolo hoy, muchos hubo que se
mofaron y dijeron que ya había pasado el tiempo del cumplimiento de las palabras de los
profetas; éstos llegaron al colmo de señalar un día en el cual se habría de ejecutar a los
creyentes a menos que se cumplieran las Escrituras.
Sabemos que Nefi "imploró al Señor fervientemente" (3 Nefi 1:12), por lo cual El le
contestó que había llegado el tiempo en que se cumpliría todo lo que había sido predicho por
los profetas. Se produjeron todas las señales; apareció la nueva estrella en el cielo, y los
incrédulos ". . . cayeron a tierra, y se quedaron como si estuviesen muertos, porque
entendieron que se había frustrado el gran plan de exterminio que tenían tramado contra
aquellos que creían en las palabras de los profetas. . ." (3 Nefi 1:16). Aquí tenemos entonces
una de las primeras lecciones que debemos aprender: las palabras de los profetas de Dios,
siempre se cumplen.
Pero, pronto olvidaron las señales y maravillas que habían presenciado en esa
oportunidad, y el pueblo se entregó a toda clase de iniquidades. Leemos acerca de guerras, los
ladrones de Gadiantón y la tierra de Desolación. Pero aquellos nefitas que no olvidaron
recurrir al Señor en justicia, pudieron vencer a sus enemigos y alabaron a Dios por su
salvación.
Ellos ". . abandonaron todos sus pecados, abominaciones y fornicaciones, y sirvieron a
Dios con toda diligencia de día y de noche" (3 Nefi 5:3). Fue en esas condiciones que
prosperaron.
"Y sucedió que se construyeron muchas ciudades nuevas, y se repararon muchas de las
antiguas.
Y se construyeron muchas calzadas, y se hicieron muchos caminos que comunicaban una
ciudad con otra, y un país con otro, y un sitio con otro" (3 Nefi 6:7-8).
Tenemos, entonces, evidencias de las antiguas civilizaciones americanas, tal como se
encuentra registrado en este libro, traducido mediante el don y el poder de Dios, por un joven
76
e inculto muchacho, y que da una descripción patente y detallada de cosas que ahora la ciencia
está descubriendo y comprobando como verdaderas. Sí, se trata en realidad de un registro
verídico, preservado por Dios para aparecer en éstos, los últimos días.
Regresando a nuestra historia, encontramos que sucedió con los pueblos del Libro de
Mormón, al igual que sucede en la actualidad, que al prosperar materialmente comenzaron a
tener disputas entre ellos como consecuencia del orgullo, y algunos se rebelaron
voluntariamente en contra de Dios. En el transcurso de seis años, la gran mayoría del pueblo
se volvió contra Dios, y Nefi comenzó a predicar valientemente el arrepentimiento.
Esta es la misión de los profetas de Dios: predicar el arrepentimiento. Aun cuando esta
obra no hace de los profetas individuos populares o agradables al público en general, la tarea
de la prédica debe ser llevada a cabo. El libro nos dice que el pueblo se enojó con Nefi, pero
que aun así, él llevó adelante su ministerio con gran poder y autoridad. Leemos que: ". .
porque tan grande era su fe en el Señor Jesucristo que los ángeles lo atendían diariamente. Y
en el nombre de Jesús echaba fuera demonios y espíritus inmundos; y aun levantó a un
hermano suyo de los muertos, después que el pueblo lo hubo apedreado y muerto" (3 Nefi
7:18-19.)
Nuevamente, tal como había sido predicho por los profetas, tuvieron lugar las señales de
la crucifixión de Cristo, atestiguadas por grandes tormentas y terremotos, por una profunda
oscuridad, truenos y relámpagos. Ciudades enteras se hundieron en las profundidades del
océano; se levantaron nuevas montañas y toda la faz de la tierra fue completamente cambiada.
Eso duró tres días, y se oían los lamentos de la gente que decía:
"¡Oh, si nos hubiésemos arrepentido antes de este grande y terrible día; entonces se
habrían salvado nuestros hermanos, y no hubieran sido quemados en aquella gran ciudad de
Zarahemla!
"Y en otro lugar se les oía quejar y lamentar diciendo: ¡Ojalá nos hubiésemos
arrepentido antes de este grande y terrible día! ¡Oh, si no hubiésemos apedreado, quitado la
vida y desechado a los profetas; entonces nuestras madres, nuestras bellas hijas y nuestros
niños habrían sido preservados, y no enterrados en aquella gran ciudad de Moroníah! Y así,
grandes y terribles eran los gemidos del pueblo" (3 Nefi 8:24-25).
Aquí se pone de manifiesto otra gran lección. A través de la historia eclesiástica
encontramos que aquellos que rechazaron a los profetas y no se arrepintieron de sus maldades,
fueron afligidos por calamidades que les hicieron llorar y sufrir, así como se apesadumbraron
por no haber obedecido las advertencias de los profetas. Sabemos que Cristo fue crucificado y
que algunos de sus apóstoles fueron perseguidos por tratar de establecer el reino de Dios e
impulsar a la gente al arrepentimiento y a un mejor y más feliz modo de vida.
En la actualidad se está repitiendo la historia; el mundo está rechazando los mensajes de
los profetas de Dios. ¿No es acaso cierto que existe el lloro y el lamento en todo el mundo,
porque los hombres están en guerra? ¿No existen acaso entre nosotros aquellos que se
lamentan por los errores de la juventud y por las tragedias que les sobrevinieron como
consecuencia de sus imprudencias con el alcohol, el tabaco, las drogas y otras cosas
prohibidas? ¿Cuántos hay entre nosotros que se lamentan como consecuencia de la
delincuencia existente en nuestras comunidades? Es necesario que aprendamos las lecciones
de la historia, si es que no queremos ser consumidos del mismo modo que lo fueron algunas de
las primitivas civilizaciones.
77
Este es el mensaje que trajo Jesucristo a los nefitas, cuya voz se oyó entre todos los
habitantes de la tierra. Les recordó sus iniquidades y abominaciones, así como las ciudades
que habían sido destruidas como consecuencia de las maldades de sus habitantes, después de
lo cual dijo:
"¡Oh vosotros, todos los que habéis sido conservados porque fuisteis más justos que
ellos! ¿No os volveréis a mía hora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis
para que yo os sane?
"Sí, en verdad os digo que si venís a mí, tendréis la vida eterna. He aquí, mi brazo de
misericordia se extiende hacia vosotros; y a quien viniere, recibiré, y benditos son los que
vienen a mí" (3 Nefi 9:13-14).
Esta misma invitación se le extiende al hombre actual mediante los profetas que hablan
en el nombre del Señor. Se trata del mismo evangelio que El enseñó en Jerusalén, y que
enseñó al organizar la Iglesia para beneficio y bendición de aquellos primeros habitantes de
América.
Después de oír la voz, una gran multitud se reunió en el templo, donde conversaban
acerca de Jesucristo y sobre las cosas que habían oído. Entonces oyeron nuevamente una voz
que dijo: "He aquí a mi hijo amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi
nombre: a él oíd" (3 Nefi 11:7).
Al elevar la vista hacia el cielo, vieron a un hombre que descendía vestido con un manto
blanco, y creyeron que se trataba de un ángel hasta que habló, diciendo: "He aquí, soy
Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo. Y he aquí, soy la luz y la
vida del mundo" (3 Nefi 11:10-11)
Llamó también a otros, a un total de doce, a quienes les dio su poder, dejando claramente
establecido que es necesario tener la autoridad correspondiente para actuar en el nombre del
Señor. Les hizo saber cuáles eran las palabras que debían de usar, y les instruyó para que
bautizaran por inmersión siempre que llevaran a cabo la ordenanza. Esta es la forma de
bautismo practicada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Dejó
aclarado que no debía haber disputas entre ellos con respecto a asuntos de la doctrina que El
había explicado, la cual dijo que era la doctrina que el Padre le dio. Les mandó a los Doce que
fueran y declararan sus palabras a los cuatro cabos de la tierra.
Les dejó el Sermón del Monte, en forma casi idéntica al que se encuentra registrado en
Mateo. Les dio la Regla de Oro y les enseñó con respecto al matrimonio, y les advirtió contra
la lujuria y la fornicación. Les enseñó todo lo concerniente al ayuno y la oración, y les dio el
gran ejemplo de aquello a lo que nos referimos como la Oración del Señor, Les dijo que no
podrían servir a Dios y a las riquezas, sino que debían buscar primero el reino de Dios y su
justicia.
Les habló en parábolas y les enseñó todas las cosas relacionadas a su salvación y
exaltación. Les dio instrucciones especiales a los doce que había elegido, diciendo:
"Vosotros sois mis discípulos; y sois una luz a este pueblo, que es un resto de la casa de
José.
Y he aquí, éste es el país de vuestra herencia; y el Padre os lo ha dado." (3 Nefi 15:12-
13.)
Les mandó a los nefitas que escribieran sus palabras, y si los de Jerusalén no aprendían
de los nefitas y de las otras tribus, por medio del espíritu Santo, aprenderían y se enterarían a
78
través de esos escritos, que llegarían a ser el medio de enseñanza del evangelio a los de la casa
de Israel.
Al comprender que ellos no entendían todas sus palabras, les dijo que regresaran a sus
hogares v meditaran sobre las palabras que habían escuchado; pero al ver sus lágrimas y sentir
el deseo que tenían de que prosiguiera hablándoles, sintió compasión por ellos y llamó a los
enfermos, los lisiados, ciegos y afligidos por toda clase de enfermedades, y los sanó. También
les pidió que le llevaran a sus pequeños, y mientras se encontraba en medio de ellos, mandó a
los de la multitud que se arrodillaran. Leemos entonces:
"Y cuando hubo pronunciado estas palabras, se arrodilló también en el suelo; y he aquí,
oró al Padre, y las cosas que dijo en su oración no se pueden escribir, y los de la multitud que
lo oyeron, dieron testimonio.
"Y de esta manera testifican: jamás el ojo ha visto o el oído escuchado hasta ahora, cosas
tan grandes y maravillosas como las que vimos y oímos que Jesús habló al Padre:
"Y no hay lengua que pueda hablar, ni hombre que pueda escribirlo, ni corazón de
hombre que pueda concebir tan grandes y maravillosas cosas como las que vimos y oímos que
habló Jesús; y nadie se puede imaginar el gozo que llenó nuestra alma cuando lo oímos rogar
por nosotros al Padre (3 Nefi 1 7:1 5-1 7.)
Entonces tomó uno a uno a los pequeños, les bendijo y orando por ellos dijo:
"Mirad a vuestros niños,
"He aquí, al levantar la vista, dirigieron la mirada al cielo, y vieron que se abrían los
cielos y que descendían ángeles, como si fuera en medio de fuego; y bajaron y cercaron a
aquellos niños, y quedaron rodeados de fuego; y los ángeles ejercieron su ministerio a favor de
ellos" (3 Nefi 1 7:23-24.)
Instituyó la Santa Cena entre los nefitas administrándola a sus discípulos, e hizo que
ellos a su vez se lo dieran a la multitud; reconoció su deseo de poseer el Espíritu Santo, el cual
les confirió. Llevó a cabo milagros y les hizo grandes promesas, recordándoles que
investigaran las escrituras de Isaías y los demás profetas, en procura de las señales que
determinarían la proximidad de su segunda venida. Les advirtió sobre los juicios que
sobrevendrían y les dejó las enseñanzas de los diezmos y la obra vicaria por los muertos. Les
dijo que su iglesia debe llevar su nombre, y nuevamente les advirtió que debían arrepentirse,
diciendo:
"Y éste es el mandamiento: Arrepentíos, todos vosotros, extremos de la tierra, y venid a
mí y bautizaos en mi nombre, para que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo, a
fin de que en el postrer día os halléis en mi presencia, limpios de toda mancha" (3 Nefi 27:20.)
Todas estas enseñanzas dio Cristo a aquel pueblo nefita al ir a ellos como ser resucitado.
Nosotros también tenemos en su Iglesia de la actualidad las mismas enseñanzas, y es mi ruego
que las aceptemos y vivamos de acuerdo con las mismas; que aceptemos a Dios como nuestro
Padre y a su hijo Jesucristo como al Salvador del mundo: que aceptemos y sigamos al
presidente Spencer W. Kimball como Profeta de Dios; y que por hacerlo podamos disfrutar de
las bendiciones prometidas. En el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
79
CÓMO ALCANZAR EL ÉXITO MEDIANTE EL AUTODOMINIO
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Mis amados hermanos, siempre es un gran privilegio, una bendición y una inspiración
para mí contemplar a los poseedores del sacerdocio reunidos en este Tabernáculo, así como
pensar en los cientos de miles que nos escuchan en diferentes partes del mundo. ¡Cuán
glorioso es pertenecer a la Iglesia de Jesucristo y poseer el Sacerdocio de Dios con la
autoridad para actuar en su nombre! Pensar en los miles de poseedores del sacerdocio de todo
el mundo nos infunde gran aliento, a la vez que nuestra alma rebosa de alabanzas al Señor.
Cuando asistimos a las conferencias de área en Sudamérica dimos gracias al Señor al ver
en Buenos Aires más de mil trescientos hermanos en la reunión de directores del Sacerdocio
de Melquisedec, representantes de Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. En las sesiones de
las conferencias generales hubo una asistencia de más de cinco mil quinientas personas en
Brasil y más de diez mil en Argentina.
Es evidente que la obra del Señor está avanzando y que su reino se está edificando en
todo el mundo. Los miembros de la Iglesia sudamericanos se mostraron vivamente
emocionados, a la vez que sumamente agradecidos y entusiastas, cuando el Presidente anunció
que se erigiría un templo en Sao Paulo, Brasil; tanto los hermanos de Brasil como de
Argentina empeñaron su palabra de que brindarán todo su apoyo para este fin.
También, ver el cambio que se verifica en la vida de las personas que aceptan el
evangelio y viven de acuerdo con sus enseñanzas, así como escuchar sus testimonios,
constituye un poderoso incentivo para nosotros a la par que un testimonio concreto de la
veracidad del evangelio. Quisiera relataros una pequeña experiencia que tuve en Caracas,
Venezuela. En este lugar asistimos una noche a una reunión en la que había miembros de la
iglesia e investigadores, con asistencia aproximada de quinientas personas. Cuando me
correspondió hablar, pedí que se pusieran de pie aquel los que se habían bautizado en 1974 y
1975, luego, solicité lo mismo a los que se habían bautizado en 1973 y 1972, y en seguida, a
los que lo habían hecho en 1971 y 1970.
Después de esto, pedí que se pusieran de pie a los que habían estado en la Iglesia durante
más de cinco años; sólo tres se pararon, y eran visitantes. Esto os dará una idea de cómo va
adelantando la obra del Señor en esa región.
En esta ocasión, hermanos, quisiera hacer hincapié en el gran privilegio que es poseer el
sacerdocio; quisiera poder lograr que todos os dieseis cuenta de esto y que este entendimiento
nos sirviera a todos para que tomáramos la determinación de honrar el sacerdocio y magnificar
nuestros llamamientos, a fin de ser una luz ante el mundo y ayudar a edificar el reino de Dios,
preparándonos al mismo tiempo para la inmortalidad y la vida eterna. Ninguna meta que nos
estableciéramos podría ser más elevada, como ningún progreso que lográramos podría ser más
grande; ni podríamos llegar a experimentar un gozo y una satisfacción más grande que los que
sentiríamos al tomar la firme resolución de aceptar a Jesucristo como el Salvador del mundo y
vivir sus enseñanzas.
No me cabe duda de que todos los que me escuchan desean más que nada prepararse
para la vida eterna y la exaltación, como asimismo llegar a experimentar la certeza de que el
Señor está complacido con sus acciones. No obstante, hay muchos que no siempre tienen esto
80
presente, y algunos que no están preparados para desarrollar los esfuerzos necesarios a fin de
ser dignos de estas bendiciones. Teniendo esto en cuenta, me gustaría deciros algo en cuanto
al autodominio, lo cual es sumamente importante que consideremos si hemos de alcanzar las
metas que nos establezcamos y disfrutar de las bendiciones que tanto deseamos.
A continuación, me gustaría citaros unas palabras de Platón y en seguida, otras de
Leonardo de Vinci.
Platón dijo: "La victoria más grande que puede conseguirse es la conquista del propio
yo; ser conquistado por el yo, es la más vergonzosa y vil de todas las cosas."
Leonardo de Vinci dijo: "Nunca podréis ejercer un mayor o un menor dominio que el
que ejerzáis sobre vosotros mismos. El grado del éxito de un hombre lo determina el dominio
que tenga sobre sí mismo mientras que la profundidad de su fracaso lo determinará la forma en
que se abandone. . . Esta ley es la expresión de la justicia eterna. Aquel que no pueda ejercer
dominio sobre sí mismo, nunca podrá ejercerlo sobre los demás." Apoyándonos en esto, y
dicho en otras palabras, el varón que no pueda ejercer el autodominio, no podrá ser un padre ni
un líder digno.
Salomón, en su gran sabiduría, dijo lo siguiente: "Mejor es el que tarda en airarse que el
fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad" (Proverbios 16:32).
En el autodominio cuentan dos puntos importantes: Primero, la firme determinación de
seguir el camino recto para alcanzar la meta, lo cual sería como izar el velamen de una
embarcación para hacerse a la mar; y segundo, la obtención de la fuerza de voluntad necesaria
para alcanzar tales metas, que vendría a ser como el viento que impulsa las velas hacia
adelante. Como dije anteriormente, la personalidad se determina según el grado hasta el cual
podemos dominarnos en nuestro camino hacia los buenos propósitos. Es difícil definir con
precisión qué cualidades forman una personalidad íntegra; sin embargo, cuando tenemos una
ante nosotros, la reconocemos y siempre causa nuestra admiración, mientras que su ausencia
nos produce lástima. El factor determinante en todo esto es la fuerza de voluntad.
William Lloyd Garrison, absolutista estadounidense, manifestó su firme decisión cuando
en una situación que tuvo que afrontar, dijo: "Estoy resuelto a perseverar; no utilizaré términos
ambiguos; no procuraré justificación; no retrocederé ni una pulgada; ¡y se oirá mi voz!"
(William Lloyd Garrison, discurso de bienvenida de the Liberator, lo. de enero de 183l).
Esto debe aplicarse a todos los que estamos entregados a la causa de la justicia y la
verdad.
Cristo nos dio una respuesta más exacta y clara en cuanto a la forma de alcanzar el éxito,
cuando dijo:
"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que
lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y
angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan." (Mateo 7:13-14.)
Cuando se considera esto, salta a la vista que aquellos que tienen éxito en la vida y
disfrutan el desarrollo de sus capacidades así como de la satisfacción de lo que han logrado,
son los que se mantienen en el camino recto y angosto que los lleva a la consecución de sus
metas, y se dan cuenta de que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos y que los
desvíos son muy peligroso. Esto requiere tanto autodominio como autodisciplina.
Por otra parte, aquellos que no tienen siempre presente sus metas y no se autodisciplinan,
se encontrarán por desviaciones y senderos que conducen al fracaso y a la destrucción.
81
Hay quienes se quejan de que seguir el camino recto y angosto exige limitaciones y
restricciones, a la vez que tienen que superar malos hábitos y prescindir de ciertas cosas que
para ellos son tentadoras. Sin embargo, debemos recordar que si establecemos nuestras metas
y somos capaces de concentrarnos en alcanzarlas siguiendo el camino recto, lograremos
conseguir la victoria.
Angosto es una significativa palabra. Muchas veces la gente nos acusa de estrechez de
criterio porque seguimos el camino recto y angosto, lo que ciertamente requiere autodominio y
la renunciación a muchas cosas. Debemos darnos cuenta de lo que esto significa y estar
preparados para aceptar el hecho de que en ciertos aspectos nos limita y nos restringe; pero
aclaremos que esto no pone trabas ni levanta barreras a la humanidad, pues por el contrario, es
el camino hacia la emancipación, la independencia y la libertad.
Recordad lo siguiente:
82
estén limpias y que vuestro corazón sea puro, que no hayáis hecho durante la semana nada que
os haga indignos.
Al asistir hace unos días a una reunión sacramental, me sentí muy complacido al notar
que los hermanos que bendijeron y repartieron la Santa Cena usaban camisa blanca y corbata y
se veían bien arreglados y limpios; además, fueron reverentes durante toda la reunión. Por mi
parte, felicité a los jóvenes y también a su obispo expresándoles mi certeza de que el Señor
estaba complacido con la manera en que se había administrado el sacramento.
Me pregunto cómo podría el Señor sentirse complacido cuando no mostramos respeto ni
reverencia; tampoco puede sentirse complacido cuando los jóvenes que poseen el sacerdocio
hacen y dicen cosas que saben no son correcta s.
Hace varios años, el mayor de mis nietos que había sido diácono durante un año, se
acercó a decirme que desde que lo habían ordenado diácono había asistido siempre a la
reunión sacramental, la Escuela Dominical y la reunión del sacerdocio obteniendo un cien por
ciento de asistencia. Felicitándolo por ello, le dije que si continuaba con ese porcentaje de
asistencia a la Iglesia, yo le pagaría su misión cuando cumpliera la edad suficiente. El,
sonriendo, me dijo que lo lograría.
Yo pensé que me hallaba totalmente a salvo del compromiso, pero él se dio a la tarea de
salir adelante con su cien por ciento de asistencia a la Iglesia. Recuerdo cómo en dos
ocasiones supo Poner en práctica la autodisciplina: en una oportunidad, su tío lo invitó a una
viaje que iban a hacer él y sus hijos que incluía el domingo lejos de la casa. Mi nieto les
preguntó si en el lugar adonde irían podría asistir a la Iglesia; como le dijeron que allí no sería
posible, él contestó que en tal caso no podría ir porque estaba empeñado en lograr su cien por
ciento de asistencia; y sacrificó así un lindo paseo al mar y a una isla. En la otra ocasión, se
fracturó una pierna cerca de un fin de semana y lo primero que le preguntó al médico que lo
atendió fue si iba a poder asistir a la Iglesia el domingo siguiente. Como podéis figuramos,
fue a las reuniones con muletas.
Cuando cumplió 19 años, me dijo: "Abuelo, mi asistencia a la Iglesia ha sido en un cien
por ciento desde que hicimos el trato." Naturalmente, le pagué la misión y con mucho gusto.
Aquel logro ha ejercido una gran influencia en su vida, pues ahora no es tan difícil para él
hacer aquellas cosas que debe hacer y que le acarrearán el éxito.
Cuán importante es que todo poseedor del sacerdocio observe estrictamente la Palabra de
Sabiduría, que jamás se contamine con tabaco, ni té, café, bebidas alcohólicas ni drogas; que
guarde el día de reposo; que sea decoroso, honorable y recto en sus tratos con los demás; que
se autodiscipline en todos los aspectos de su vida a fin de asegurarse de que es digno y
aceptable delante del Señor.
Satanás trabaja continuamente y en su modo astuto nos tienta a hacer cosas que no son
correctas ni debidas, valiéndose de los apetitos y las pasiones humanas así como de nuestros
amigos. Muchas veces, no sólo nuestros jóvenes, sino hermanos que ocupan elevados cargos
sucumben a la tentación. Siempre debemos estar en guardia en contra de la maldad, sin ceder
nunca en nada y sin olvidar quiénes somos y qué es lo que estamos tratando de alcanzar.
Hace poco, tuve una experiencia muy triste al hablar con un misionero que había sido
culpable de inmoralidad antes de ser llamado al campo misional. No le había dicho esto a su
obispo ni al presidente de su estaca; de hecho, había mentido sobre ello y había ido a la misión
culpable de transgresión y de mentira. No le fue posible obtener el Espíritu del Señor, y
83
finalmente confesó su falta a su presidente de misión. Estaba profundamente arrepentido y le
rogaba al Señor que lo perdonase.
Cuando hablé con él, me dijo: "Estoy preparado para que se me excomulgue de la Iglesia
o se me aplique cualquier otra sanción. Todo lo que deseo es volver a estar en armonía con el
Señor y que El me perdone."
No podemos permitirnos titubear en ninguna forma. Hemos de tener siempre presente
que intentamos prepararnos para cumplir misiones, llegar al matrimonio en el templo, ser
activos en la Iglesia y ejemplos de lo bueno a fin de que podamos influir en otras personas por
la forma en que vivimos.
Muchas personas dicen: "Un cigarrillo, una taza de café, o de té o una bocanada de
marihuana no le hace mal a nadie; tampoco una bebida alcohólica perjudicará el organismo
humano."
Quiero aseguramos que si nunca dais el primer paso en estas cosas que acabo de
mencionar, jamás daréis el segundo ni os convertiréis nunca en alcohólico ni drogadicto.
El Señor mantiene su interés constante en todos los muchachos, dondequiera que se
hallen y sea lo que fuera que estén haciendo. Todos hemos sido preordinados para algún
oficio, algún llamamiento, algún cargo, alguna responsabilidad.
Cuando el presidente Kimball era muchacho, no tenía idea de que alguna vez llegaría a
ser apóstol; ha dicho que cuando fue llamado como apóstol derramó lágrimas y oró
constantemente rogando que pudiese ser digno de tal llamamiento. Menciono esta experiencia
del Presidente simplemente porque no conozco otro ejemplo mejor de un joven que se haya
preparado tan eficazmente ejerciendo el autodominio, para la posición que el Señor tenía para
él. Ahora, él, como profeta de Dios, os ha pedido a todos vosotros, los varones jóvenes de la
Iglesia, que estudiéis y os preparéis para cumplir misiones, guardándoos limpios, puros y
dignos, y ahorrando dinero para vuestra misión.
Deseo deciros, jóvenes, que si hacéis lo que el Presidente de la Iglesia os pide, seréis
personas felices y tendréis más éxito en lo que emprendáis, al mismo tiempo que actuaréis con
mayor eficacia y estaréis listos para cualquier llamamiento que podáis recibir del Señor
mediante aquellos que tienen autoridad para actuar en su nombre.
Cuando estuve en la conferencia de área en Buenos Aires, conocí a un joven que es
director de la Compañía Gillette Razor en toda Sudamérica. Siendo niño, tomó la resolución
de vivir de la manera que el Señor quería que lo 'hiciera, de magnificar cualquier oficio que
tuviera en el sacerdocio. De Argentina fue a estudiar a la Universidad Brigham Young, en
Provo, Utah, donde llegó a ser presidente del estudiantado; después comenzó a trabajar para la
Compañía Gillette en los Estados Unidos, habiendo sido asignado recientemente como
director en toda Sudamérica. Este hermano sirvió de intérprete al presidente Kimball en todos
los discursos que pronunció en la conferencia de área.
Me dijo que había sido un gran honor para él haber podido traducir para un profeta; me
habló además de lo que el evangelio significaba en su vida y cómo esto lo había preparado
para el trabajo que ahora realizaba.
El Señor siempre anda en busca de hombres en los cuales pueda depositar toda su
confianza, que puedan representarlo en el campo misional, varones que puedan ser dignos de
confianza en todo aspecto y que estén preparados para ayudar a edificar su reino. El dijo: " ...
ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre" (Moisés
1:39). El Señor nos pregunta a nosotros, los poseedores del sacerdocio, si acudiremos a su
84
llamado y le ayudaremos a esparcir el evangelio, viviendo de tal manera que seamos dignos de
gozar de inmortalidad y vida eterna, y ayudando a otros a llegar a disfrutar de estas mismas
bendiciones.
Quiero expresar mi testimonio, tanto ante vosotros como ante el mundo, en esta
temporada de la Pascua de Resurrección, de que Jesús vive y que es en verdad el Hijo del Dios
viviente, que vino a esta tierra y dio su vida por todos nosotros; que nos otorgó el plan de vida
y salvación, el cual es el evangelio que enseñamos en su Iglesia restaurada; que somos guiados
por un profeta de Dios: Spencer W. Kimball.
Que podamos poner en práctica los principios del autodominio, a fin de que seamos
dignos de las muchas bendiciones que recibimos como poseedores del sacerdocio y
caminemos rectamente delante del Señor en todo momento. Lo ruego humildemente en el
nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
85
CONFERENCOIA GENERAL OCTUBRE DE 1975
INDICE
Pag.
87. Marvin J. Ashton. El amor requiere tiempo
91. Ezra Taft Benson. Nuestro mensaje
95. Gordon B. Hinckley. Resistamos al mal
99. Howard W. Hunter. El Tabernáculo
102. Howard W. Hunter. Preparación para un empleo honorable
105. Spencer W. Kimball. "Así alumbre vuestra luz. . ."
110. Spencer W. Kimball. El privilegio de poseer el sacerdocio
116. Bruce R. McConkie. Los grandes acontecimientos
121. Thomas S. Monson. La fe de un niño
125. L. Tom Perry. Defendamos lo que es justo
129. Mark E. Petersen. ¡A El oíd!
137. LeGrand Richards. Profetas y profecías
139. Marion G. Romney. El destino del Continente Americano
144. Marion G. Romney. De acuerdo con los mandamientos
148. Marion G. Romney. Servicios de bienestar
155. Eldred G. Smith. Nuestros antepasados esperan. . .
158. Delbert L. Stapley. Preparémonos para la segunda venida del Señor
162. N. Eldon Tanner. Amad la gloria de Dios
167. N. Eldon Tanner. La leyes de Dios
86
EL AMOR REQUIERE TIEMPO
Por el élder Marvin J. Ashton
Del Consejo de los Doce
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Desde el punto de vista del padre, ¿se le puede acaso acreditar por alimentar y guardar?
Es posible que haya mantenido a la familia suficientemente bien abastecida con comida.
Además ¿no ha tenido el hijo un techo bajo el cual vivir y protegerse contra los elementos del
día y la noche a través de los años? Como respuesta, deseo puntualizar ante estos padres y
otros, que el apacentar va más allá de las provisiones de comida; ningún hombre puede vivir
sólo de pan. Apacentar es la adecuada nutrición de amor física, mental, moral y
espiritualmente. Guardar es un proceso de interés, consideración y bondad mancomunado con
disciplina, ejemplo y sincero interés. Guardar es mucho más que proveer cuatro paredes y un
techo. Cada uno de nosotros necesita que se nos recuerde constantemente, que se requiere un
gran esfuerzo para convertir una casa en un hogar.
¿Cuál es la forma más eficaz de demostrar amor? ¿Cómo probamos nuestro amor? El
Maestro enseñó eficazmente a Pedro sobre la forma en que mejor podía probar su amor. "Esta
era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de
los muertos.
Cuando hubieron comido Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más
que éstos? le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí
Señor tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le
dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo.
Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas" (Juan 21:14-17).
¿Cuándo fue la última vez que alguno de vosotros fue alimentado por un miembro de su
familia o un amigo? ¿Cuándo recibió por última vez nutrición para progresar en ideales,
planes, momentos felices, pena, ansiedad, interés y meditación? Estos sentimientos pueden
sólo ser compartidos por alguien que ame y se interese. ¿Habéis ido alguna vez a dar
condolencias y consuelo en momentos de prueba, encontrando que sois fortalecidos con la fe y
la confianza del ser amado afligido? Por cierto que la mejor manera de demostrar nuestro
amor en cuanto a guardar y apacentar es tomarnos el tiempo para probarlo hora tras hora y día
tras día. Nuestras expresiones de amor y consuelo serán vacías si nuestras acciones no las
complementan. Nuestros vecinos y familiares nos aman; sólo tenemos que brindarles nuestro
apoyo y generosa compresión. El amor verdadero es eterno como la vida misma. ¿Quién se
atrevería a negar que la dicha eterna está relacionada con la clase de amor que Cristo predicó y
demostró? No nos cansaremos de hacer el bien si entendemos los propósitos de Dios y
comprendemos a sus hijos.
Indudablemente, nuestro Padre Celestial, no se complace con las expresiones de amor
traducidas sólo en palabras. Mediante sus profetas y su palabra El ha dejado bien establecido
que sus vías son de dedicación y no de conversación, que prefiere la acción dedicada en vez de
las promesas verbales. Según la forma en que guardemos su palabra y cumplamos con su
manera de apacentar a sus hijos, estaremos demostrándole nuestro sincero amor por El.
Permitidme compartir con vosotros dos ejemplos muy comunes de personas que hora
tras hora, día tras día y mes tras mes dedicaron tiempo a mostrar verdadero amor. Y digo que
estos ejemplos son comunes porque afortunadamente vemos día tras día a nuestro alrededor el
amor sincero en acción. Citaré primero el caso de una madre que de pronto se quedó viuda y
con tres hijos en edades que oscilaban entre los trece y los diecinueve años. A través de los
años por medio del ejemplo y el trabajo dedicado, ha podido proveer económicamente para sí
y su familia, manteniendo también un alto nivel de espiritualidad y unidad familiar. Su
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dedicación produjo como resultado tres grandes misioneros, estudiantes, esposos y padres.
Uno de ellos dijo recientemente: "Mamá siempre tiene tiempo para manifestar su amor." El
proceso del amor sincero iniciado por esta madre, continúa manifestándose actualmente en sus
hijos.
El otro ejemplo, es el del contratista local, cuya dedicación a la perfección y el orgullo
manifestado por su trabajo, nos llevaron a hacerle algunas preguntas para conocerlo mejor.
Siendo joven tuvo que mantener a varios hermanos menores, por lo 'que su educación se vio
abruptamente interrumpida cuando cursaba el segundo año de secundaria. Poco después que
sus hermanos estuvieron en condiciones de mantenerse, él se casó un año después, su esposa
fue atacada por una seria enfermedad progresiva. Durante veinticinco años, a medida que la
enfermedad empeoraba, este hombre cuidó de ella y de sus dos hijos. Ella tuvo que sufrir
varias operaciones, lo que aparejó enormes gastos; mas él trabajó, se preocupó y amó sin
reservas. Después de hablar con él por corto tiempo, comprendimos que estábamos en
presencia de un verdadero hombre. Sí, el amor requiere tiempo, el amor es perseverancia y
allí nos enfrentábamos a un hombre "no demasiado común", cuya conducta demuestra que
sabe que el amor sincero es un proceso de apacentar, guardar y compartir bajo cualquier
circunstancia.
Es sumamente alentador observar a las personas que no se dejan afectar por tragedias,
crisis o perdidas en su práctica de los principios básicos del verdadero amor. En la rutina de la
vida, a menudo la cortesía, la consideración y la bondad se exhiben en las pequeñas
expresiones diarias que dan muestras de un amor real. Me viene a la memoria la imagen de un
padre a quien conozco, que aprovecha toda ocasión para dedicar tiempo a su hijo,
descubriendo con él secretos de la naturaleza y dándole al muchacho la oportunidad de tener a
su padre solo para él. Hay muchas madres que enseñan a sus hijas a cocinar; otras enseñan a
sus pequeños a amar la lectura leyendo con ellos. Un joven que enseña a su hermano menor
cómo comenzar una colección de estampillas o cómo preparar un discurso, son evidencias
adicionales del amor en acción. Podemos pensar que son insignificantes y vulgares, pero éstos
y otros ejemplos representan los elementos básicos de la acción de apacentar; que da como
resultado, gozo y felicidad.
Desearía citar otros ejemplos: un entrenador que desea para sus jóvenes algo más que la
simple victoria; una madre o un padre dispuestos a permanecer despiertos hasta la llegada del
hijo para hablar e interesarse en sus experiencias; una joven que ayuda a su hermana menor en
sus estudios; los miembros de una familia que se ayudan mutuamente en distintas
circunstancias. Otra evidencia del amor de todos los días puede hallarse en la joven que
escribe regularmente cartas de estímulo a un misionero y se guarda pura para el matrimonio
con el joven indicado, en el momento indicado y en el lugar indicado. También reconocemos
el ejemplo del padre que enseña a diario a sus hijos la lección del amor sincero al
demostrárselo a su esposa. A menudo, una ayuda cariñosa en las tareas diarias, tal como lavar
los platos, ayudar a limpiar la casa o llevar a los niños a acostarse son mayores muestras de
amor verdadero que las expresiones de cariño que suenan huecas cuando no van acompañadas
por acciones. Aquellos que en verdad comprenden lo que es el amor, saben que debe ser
simple, constante y sincero.
Son interminables las oportunidades que tenemos de mostrar amor a Dios en el hogar,
con nuestros vecinos, en el servicio misional, en la comunidad y con la familia. Algunos nos
sentimos inclinados a interrumpir nuestras demostraciones de amor a la familia cuando uno de
sus miembros nos causa desilusión, se rebela o se pierde. Muchas veces, cuando alguien
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menos merece amor es precisamente cuando más lo necesita, no se puede expresar amor
mediante amenazas, acusaciones, muestras de desilusión o de venganza. El amor sincero,
requiere tiempo, paciencia, ayuda y acción continuas. Recuerdo a un hermano, posible futuro
élder, inactivo por más de 35 años, que me "apacienta" a mí ahora como maestro orientador.
"¿Qué fue lo que lo hizo volver hermano?", le pregunté.
"Mi esposa simplemente no se dio por vencida, y mi compañero, el mismo que está
sentado junto a mí esta noche, siguió insistiendo en la forma apropiada". Este hermano se
encuentra ahora feliz y ansioso de trabajar en la obra, a causa de dos personas que conocen en
particular el significado del amor.
El amor a Dios requiere tiempo; el amor a la familia requiere tiempo; el amor a la patria
requiere tiempo; el amor en el noviazgo requiere tiempo; el amor a sí mismo requiere tiempo.
Ya se trate de un jovencito que no desea oír hablar del amor sino que prefiere verlo en
acción, o de un recluso, un estudiante, una madre, un padre, una hija o un extraño, todos
necesitamos y merecemos más que una simple declaración de "te quiero". Resolvámonos a
encontrar el tiempo necesario para dar de nosotros mismos poniendo el amor en acción
mediante nuestra actuación. Dios necesita también algo más que palabras. El se siente feliz
cuando apacentamos, guardamos y amamos en forma constante.
Ruego que nuestro Padre Celestial nos ayude a aprender la verdad en cuanto a que el
amor sincero es un proceso continuo que nos traerá dicha y felicidad. Tenemos el tiempo para
demostrar a nuestra familia, nuestros amigos, a los extraños, a nuestro Profeta y a nuestro
Dios, que nuestra declaración de amor está respalda por una actuación continua, que sabemos
que para que el amor sea aceptado por Dios y el hombre, debe ser constante y sincero.
Ruego que nuestro Padre Celestial nos ayude a recordar que el amor sincero requiere
tiempo. Que Dios nos ayude a saber disponer del tiempo para disfrutar de las bendiciones de
apacentar, guardar e interesarnos por los demás. Os dejo mi testimonio de que esta iglesia de
la cual somos miembros, es verdadera Y que ha sido restaurada y preservada mediante el amor
eterno de un Padre Celestial que vive y de nuestro Salvador Jesucristo. Esto lo dejo en su
digno Nombre. Amén.
[Link]
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NUESTRO MENSAJE
Por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce
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"Habiendo sido establecido en estos últimos días para la restauración de todas las cosas
de que hablaron los profetas desde el comienzo del mundo; y a los efectos de preparar el
camino para la venida del Hijo del Hombre.
"Y nosotros ahora testificamos que su venida está próxima, que es inminente y dentro de
no muchos años las naciones y sus reyes le verán venir en las nubes de los cielos, con poder y
con gran gloria.
"A los efectos de esperar este gran evento, debe haber una preparación.
"Por lo tanto os amonestamos con la autoridad que hemos recibido de lo alto y os
mandamos a todos que os arrepintáis y humilléis como si fuerais niños pequeños, ante la
majestad del Divino; y que os alleguéis a Jesucristo con corazón y espíritu contritos, y seáis
bautizados en su nombre para la remisión de los pecados (o sea, que seáis sepultados en
alguna similitud de su sepultura y salgáis de ella a una nueva vida, a similitud de su
resurrección), y recibiréis el don del Espíritu Santo mediante la imposición de manos de los
apóstoles y élderes de esta gran y última dispensación de misericordia para con el hombre.
"Este espíritu os testificará acerca de la verdad de nuestro testimonio; y alumbrará
vuestra mente y permanecerá con vosotros como espíritu de profecía y revelación. Hará que
recordéis y comprendáis cosas pasadas y os mostrará lo por venir. . .
"Por medio de la luz de este Espíritu recibido mediante la ministración de las ordenanzas
por el poder y autoridad del Sagrado Apostolado y Sacerdocio, podréis comprender y ser los
hijos de la luz; y estar preparados para escapar de todas las cosas que sobrevendrán a la tierra
y permanecer ante el Hijo del Hombre.
"Testificamos que la doctrina precedente es la doctrina o el evangelio de Jesucristo en su
plenitud y que es el único evangelio verdadero, eterno e incambiable; y el único plan revelado
en la tierra por el que el hombre puede ser salvo" (Messages of the First Presidency, Vol. 1,
págs. 252-266).
Me parece apropiado decir que es nuestro deber reafirmar las grandes verdades
pronunciadas en esta declaración y que debemos proclamarlas de nuevo al mundo.
A los gobernantes y pueblos de todo el mundo declaramos otra vez solemnemente que el
Dios del cielo ha establecido su reino de los últimos días sobre la tierra en cumplimiento de las
profecías; santos ángeles se comunicaron nuevamente con los hombres en la tierra; Dios
volvió a revelarse desde los cielos y restauró su Santo Sacerdocio en la tierra, con poder para
administrar todas las sagradas ordenanzas necesarias para la exaltación de sus hijos. Su
Iglesia fue restablecida entre los hombres, con todos los dones espirituales de que disfrutaban
en la antigüedad, todo esto como preparación para la segunda venida de Cristo. El grande y
terrible día del Señor está cerca. En preparación para este gran acontecimiento y como medio
de escapar a los inminentes juicios, fueron enviados mensajeros inspirados que siguen siendo
enviados a las naciones de la tierra llevando este testimonio y advertencia.
Las naciones de la tierra continúan en sus pecaminosos e injustos caminos. La mayoría
del ilimitado conocimiento con que fue bendecido el hombre, ha sido usado para destruir a la
humanidad, en lugar de bendecir a los hijos de los hombres como fue la intención del Señor.
Dos grandes guerras mundiales con infructuosos esfuerzos por una paz perdurable, son
evidencia solemne de que la paz fue arrebatada de la tierra como consecuencia de la iniquidad
de la gente. Las naciones no pueden permanecer en el pecado; sucumbirán, pero el reino de
Dios perdurará para siempre.
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Por lo tanto, como humildes siervos del Señor, llamamos a los líderes de las naciones a
humillarse ante Dios, a buscar su inspiración y guía; llamamos a los gobernantes y pueblos a
arrepentirse de sus malvados caminos. Volveos al Señor, buscad su perdón y unios con
humildad a su reino. No hay otro modo. Si hacéis esto, vuestros pecados os serán
perdonados, gozaremos de una paz permanente y formaréis parte del reino de Dios como
preparación para la segunda venida de Cristo. Pero si rehusáis arrepentimos, aceptar el
testimonio de los mensajeros inspirados y uniros al reino de Dios; entonces recaerán sobre
vosotros los terribles juicios y calamidades prometidas para los inicuos.
En su misericordia, el Señor ha provisto una vía de escape. La voz de advertencia es
para todos los pueblos por boca de sus siervos. Si esta voz no es escuchada, los ángeles de la
destrucción avanzarán y la mano vengadora del Dios Todopoderoso se hará sentir sobre las
naciones, tal como fue decretado hasta que se consuman todas como resultado final. Tendréis
guerras, devastación e indescriptibles sufrimientos, a menos que os volváis al Señor en
humilde arrepentimiento. La consecuencia cierta será una destrucción aún más terrible que la
que tuvo lugar en la última gran guerra, a menos, que los gobernantes y pueblos por igual se
arrepientan y cesen en sus maldades y vías ateas. Dios no será burlado. El no permitirá los
pecados de inmoralidad sexual, criminales combinaciones secretas, asesinato de los que han
nacido y desacato de todos sus sagrados mandamientos ni que los mensajes de sus siervos
sigan siendo ignorados, sin castigar a los que cometan tales maldades. Las naciones del
mundo no pueden permanecer en el pecado; la vía de escape es clara. Las inmutables leyes de
Dios permanecen inconmovibles en los cielos; cuando los hombres y las naciones rehúsen
ajustarse a ellas, se les aplicará la pena y serán desechados. El pecado requiere un castigo.
Cuando la voz de la advertencia se hace sentir va acompañada siempre por el testimonio.
En la gran declaración emitida por los Apóstoles del Señor Jesucristo en 1845, se proclamó el
siguiente testimonio y nosotros, los apóstoles de la actualidad, lo renovamos como nuestro.
"Decimos entonces en vida o muerte, sometidos o libres, que el Dios Todopoderoso ha
hablado en este siglo. Y lo sabemos.
"El nos ha dado el Sagrado Sacerdocio y Apostolado, y las llaves del reino de Dios, para
llevar a cabo la restauración de todas las cosas tal como lo prometieron los profetas de antaño.
Y lo sabemos.
"El ha revelado el origen y los registros de quienes vivieron en el Continente Americano
en la antigüedad y el destino de su descendencia. Y lo sabemos.
"El ha revelado la plenitud del evangelio con sus dones, bendiciones y ordenanzas. Y lo
sabemos.
"El nos ha ordenado que demos testimonio de ello primero a los gentiles y después al
remanente de Israel y a los judíos. Y lo sabemos.
"El también ha dicho que si ellos no se arrepienten y aceptan el conocimiento de la
verdad, y si abundan los crímenes, las mentiras, el orgullo, la hechicería, la prostitución y las
abominaciones secretas, pronto perecerán de la faz de la tierra y serán echados al infierno. Y
lo sabemos.
El ha dicho que cuando el evangelio en su plenitud sea predicado a todas las naciones
como testimonio, El vendrá y con El todos los santos para reinar sobre la tierra por 1,000 años.
Y lo sabemos.
"El ha dicho que no vendrá en su gloria y destruirá a los malvados hasta que se hayan
hecho estas advertencias y los preparativos para recibirlo. Y lo sabemos.
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"Los cielos y la tierra pasarán, pero ni una jota ni una tilde de su palabra revelada dejarán
de cumplirse.
"Por lo tanto, nuevamente exhortamos a todo pueblo: arrepentíos y sed bautizados en el
nombre de Jesucristo para la remisión de los pecados, y recibiréis el Espíritu Santo y
conoceréis la verdad y seréis contados con la Casa de Israel" (Messages of the First
Presidency, Vol. 1, págs. 252-266).
Ahora sólo me queda una cosa por hacer y es dejaros mi testimonio personal.
Yo sé que Dios vive, que El es un ser personal, el Padre de nuestros espíritus, que ama a
sus hijos y oye y contesta sus oraciones. Sé que es su voluntad que sus hijos sean felices; su
deseo es bendecirnos a todos. Sé que Jesucristo es el Hijo de Dios, que es nuestro Hermano
Mayor, el Creador y Redentor del mundo. Sé que Dios estableció nuevamente su reino en la
tierra como cumplimiento de las profecías y que este reino jamás perecerá, sino que llegará el
tiempo en que tendrá dominio universal en la tierra y Jesucristo reinará para siempre como su
rey.
Sé que Dios en su bondad, volvió a revelarse desde los cielos y que José Smith fue
llamado por El para llevar a cabo el restablecimiento de su reino, La Iglesia de Jesucristo de
los Santos de los Últimos Días. Doy testimonio que él cumplió con su obra, que estableció los
fundamentos y entregó a la Iglesia las llaves y poderes para continuar la gran obra de los
últimos días que él mismo comenzó bajo la dirección del Dios Todopoderoso.
Sé que José Smith aun cuando fue martirizado por la verdad, continúa viviendo y como
cabeza de esta dispensación, la más grande de todas las dispensaciones, y así continuará por
toda la eternidad. El es un Profeta de Dios, un Vidente y un", Revelador, del mismo modo que
lo fueron y son sus sucesores. Sé que la inspiración del Señor dirige a la Iglesia en la
actualidad, porque yo he sentido su poder. Sé que la Primera Presidencia y otras Autoridades
Generales de la Iglesia tienen como objetivo y propósito la gloria de Dios y la exaltación de
sus hijos; y finalmente, sé que ninguna persona que reciba esta obra podrá salvarse en el Reino
Celestial ni escapar a la condenación del Juez de todos nosotros.
Con humildad y oración dejo este testimonio, sabiendo muy bien que llegará el momento
en que tenga que enfrentarme con mi Hacedor, junto con todos los hombres. Más que ninguna
otra cosa en el mundo, estoy agradecido por este testimonio de la divinidad de esta gran obra
de los últimos días, y exhorto a todas las personas, en cualquier lugar que se encuentren, a
guardar estas cosas. En el nombre del Señor Jesucristo. Amén.
[Link]
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RESISTAMOS AL MAL
Por el élder Gordon B. Hinckley
Del Consejo de los Doce
Agradecido por la inmensa responsabilidad de hablaros, busco hoy la guía del Espíritu
Santo.
Recientemente vino a verme un joven bien parecido, buen alumno, simpático pero
profundamente atribulado; me explicó que durante largo tiempo había llevado una conducta
inmoral, pero que habían empezado a atormentarlo serias dudas.
"¿Qué le provocó este cambio de actitud?", le pregunté.
Me mostró un pequeño anillo en su meñique; tenía un hermoso brillante incrustado en
oro y noté que me lo mostraba con orgullo. "Perteneció a mi abuelo", me dijo: "Antes de
morir se lo dio a mi padre, que era su hijo mayor y mi padre me lo dio a mí, su hijo mayor. La
otra noche me encontraba con un amigo, uno como yo, quien conociendo la historia de mi
anillo me preguntó: ¿Y a quién se lo vas a dar tú? Supongo que serás el último de la familia."
"Sus palabras me sacudieron", continuó. "Jamás había pensado en ello ¿A dónde voy?,
me pregunté. Voy cuesta abajo por un callejón sin salida, donde no hay luz, ni esperanza ni
futuro. Y de pronto comprendí que necesitaba ayuda."
Hablamos de las influencias que lo habían colocado donde se hallaba, del hogar del cual
provenía, de su relación con otros jóvenes, de los libros y revistas que había leído, de las
películas que había visto; me contó de muchos amigos en circunstancias similares o peores.
Esa noche al caminar de mi oficina a mi casa, no podía borrar de mi mente la figura
trágica de aquel joven que ahora se encontraba confrontando el hecho de que mientras
continuara la misma clase de vida, jamás podría tener un hijo propio a quien pudiera algún día,
legarle el anillo de su abuelo. El temor al futuro tenebroso lo había hecho pedir ayuda.
Después de la cena, tomé el periódico matutino que no había leído todavía y hojeando
sus páginas, mis ojos se detuvieron en la sección de los cines. Muchas de las películas eran
una franca invitación a presenciar aquello, que es corrupto y que conduce a la violencia y el
sexo.
Revisé la correspondencia y encontré una pequeña revista que enumera los programas de
televisión para la semana y vi que los títulos de algunos programas no eran mucho más
prometedores en cuanto a moral. Sobre mi escritorio había una revista noticiosa cuyo
contenido tiene por objeto señalar el paso acelerado del crimen mostrando en una de sus
gráficas que, mientras la población aumentó únicamente en un 11 % en 1963 y 1973, el
promedio del crimen ascendió a la impresionante cifra de 174%. Los artículos mencionan la
inversión adicional de billones de dólares en el departamento de policía y la construcción de
prisiones más grandes.
La corriente de suciedad pornográfica, la atención desmedida enfocada en el sexo y la
violencia no son cosas raras en este país; la misma situación prevalece en Europa y en muchos
otros lugares. Las noticias hablan de la producción de una película en Dinamarca, repugnante,
erótica y blasfema que se producirá sobre la vida del Hijo de Dios. Todo este panorama
sombrío muestra cómo se filtra la corrupción en las fibras mismas de la sociedad.
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Nuestros cuerpos legislativos y tribunales están siendo afectados por este cambio. Las
restricciones legales contra el comportamiento inmoral están desintegrándose bajo los decretos
legislativos y las opiniones de los tribunales. Y todo esto en nombre de la libertad de palabra,
libertad de prensa y libertad de elección en los llamados "asuntos personales". Mas el fruto
amargo de estas seudolibertades ha sido la esclavitud de hábitos y comportamientos corruptos
que conducen sólo a la destrucción. Un profeta hablando acertadamente hace ya mucho
tiempo, describió el proceso cuando dijo: "Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce
astutamente al infierno" (2 Nefi 28:21)
Por otro lado, me complace saber que hay millones y millones de personas buenas en
esta y otras tierras; en la mayoría de los casos los esposos son fieles a sus esposas y viceversa,
los hijos reciben una educación de sobriedad, industriosidad y fe en Dios; teniendo en cuenta
esto, soy de los que creen que la situación está muy lejos de ser desesperada. Me alegra saber
que no hay necesidad de quedarse parado y dejar que la suciedad y la violencia acaben con
nosotros como tampoco la hay de salir corriendo por la desesperación. La marea a pesar de lo
alta y amenazante que es, puede bajar si tenemos suficientes personas como las que he
mencionado, que unan sus fuerzas, a las de aquellos que ahora trabajan eficazmente. Creo que
el desafío de resistir el mal, es uno del cual los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días no pueden zafarse. Y si hemos de comenzar que sea ahora.
Con esa idea me gustaría sugerir cuatro puntos de partida:
Primero: Comencemos con nosotros mismos. La reforma del mundo comienza con
nuestra propia reforma. Uno de los artículos fundamentales de nuestra fe es: "Creemos en ser
honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos" (Artículo de Fe 13).
No podemos esperar influenciar a otros en dirección a la virtud a menos que vivamos en
una forma virtuosa; el ejemplo de nuestra propia vida transmitirá un mensaje más poderoso
que todas las predicaciones que hagamos. No podemos esperar elevar a otros a menos que
nosotros mismos nos encontremos en un terreno más elevado.
El autorrespeto es el principio de la virtud en el ser humano. Aquel que sabe que es un
hijo de Dios creado a la imagen de un Padre divino y dotado con un potencial para ejercer
virtudes grandes y sobrehumanas, se disciplinará en contra de los elementos sucios y lascivos
a los cuales todos estamos expuestos. Las palabras de Alma a su hijo Helamán fueron:
"procura confiar en Dios para que vivas" (Alma 37:47)
Fue por algo más que un interés pasajero que el Señor, al hablar ante la multitud, incluyó
esta maravillosa declaración: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a
Dios" (Mateo 5:8).
Y un sabio dijo en una ocasión: "Conviértete en un hombre honesto y habrá un pillo
menos en el mundo."
Shakespeare puso en boca de uno de sus personajes este mandato persuasivo: "Sé sincero
contigo mismo, y de ello, se seguirá, como la noche al día que no puedes ser falso con nadie"
(Hamlet, Escena III).
Quisiera dar a cada hombre que me escucha el desafío de elevar sus pensamientos de la
suciedad, de disciplinar sus actos y convertirlos en un ejemplo de virtud, controlar sus palabras
a fin de que hable únicamente aquello que eleve y conduzca al progreso espiritual.
Y ahora el segundo punto: Un mejor mañana comienza con la capacitación de una
generación mejor. Esto coloca sobre los padres la responsabilidad de llevar a cabo una obra
más eficaz en la crianza de sus hijos. El hogar es la cuna de la virtud, es donde se forma el
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carácter y se establecen los hábitos. La noche de hogar es la oportunidad de enseñar los
caminos del Señor.
Sabéis que vuestros niños leerán: leerán libros, revistas y periódicos. Cultivad en ellos el
gusto por las cosas buenas. Mientras sean muy pequeñitos, leedles las grandes historias que se
han convertido en inmortales por las virtudes que enseñan; exponedlos a los buenos libros.
Escoged un rincón en algún lugar de vuestra casa, por muy pequeño que sea en donde vean
por lo menos, unos cuantos libros de los que puedan alimentar y nutrir su mente.
Colocad revistas buenas al alcance de la mano, las que produce la Iglesia y otras que
estimulen sus pensamientos hacia nobles ideales. Dejad que lean un buen periódico a fin de
que se enteren de lo que está sucediendo en el mundo, sin tener que estar expuestos a la
propaganda y literatura degradante tan extensamente difundida. Cuando haya una buena
película en la localidad, id a verla con vuestra familia; vuestra asistencia estimulará a aquellos
que deseen producir esta clase de entendimiento. Y utilizad el más extraordinario de todos los
artefactos de la comunicación, la televisión en beneficio de su vida; hay muchos programas
buenos pero es necesario seleccionar. El presidente Kimball habló ayer de los esfuerzos de
algunas redes de televisión por presentar durante las horas más solicitadas de la noche,
programas adecuados para la familia. Haced llegar vuestro agradecimiento por los buenos
programas a aquellas personas que tienen este trabajo bajo su responsabilidad así como
vuestro desagrado por los que no están a la altura de nuestras normas; casi siempre obtenemos
lo que pedimos; el problema es que muchos de nosotros no pedimos y, lo que es más frecuente
aún, omitimos expresar nuestro agradecimiento por todo aquello que es bueno.
Haced que haya música en vuestro hogar. Si tenéis adolescentes que tengan sus propios
discos, os sentiréis inclinados a rechazar la idea de que se pueda llamar música a esos sonidos;
acostumbrados a escuchar música clásica; exponeos a la buena música desde niños y
comprobaréis los resultados. Su aprecio por lo bueno, aumentará más de lo que os imagináis,
tal vez no os lo digan pero lo notaréis y su influencia se manifestará gradualmente a medida
que pasen los años.
Vayamos al tercer punto: La formación de la conciencia pública comienza cuando se
hacen oír algunas voces interesadas. No soy partidario de los gritos desafiantes ni los puños
cerrados frente a los legisladores. Pero sí creo que debemos expresar nuestras convicciones
ferviente, sincera y positivamente a aquellos que cargan la pesada responsabilidad de elaborar
y hacer cumplir nuestras leyes. La triste realidad es la que minoría que exige liberalización,
que vende y devora pornografía, que estimula y se alimenta de exhibiciones licenciosas se
hace oír hasta que los miembros de nuestros cuerpos legislativos llegan a creer que la voz de
esos grupos representa la voluntad de la mayoría. Es imposible que obtengamos las cosas que
queremos si no luchamos por ellas.
Que nuestras voces se hagan oír. Espero que no sea en forma estridente, sino que tengan
tal convicción, que aquellos que nos escuchan conozcan la profundidad de nuestro sentimiento
y la sinceridad de nuestro esfuerzo. Una carta bien escrita, frecuentemente acarrea
consecuencias inesperadas. De una discreta conversación con las personas que tienen
influencia en estos asuntos, se pueden obtener increíbles resultados.
El Señor declaró a nuestro pueblo: Por tanto, no os canséis de hacer lo bueno, porque
estáis poniendo los cimientos de una obra grande. Y de las cosas pequeñas nacen las grandes.
"He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente obediente. . ." (D. y C. 64:33-34).
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Esta es la clave del asunto: "el corazón y una mente obedientes. Hablad con aquellos
que promulgan los reglamentos, los estatutos, y las leyes en el gobierno local y nacional y a
los que ocupan cargos de responsabilidad como administradores de nuestras escuelas. Claro
que habrá algunos que os cerrarán la puerta, otros que se mofarán y esto os provocará el
desaliento. Siempre ha sido así. Edmund Burke, hablando en la Cámara de los Comunes en
1783 declaró, refiriéndose al defensor de una causa impopular:
"Bien conoce las trampas esparcidas en su camino. . Lo difaman e insultan por motivos
supuestos. El recordará que es necesario sufrir la injusticia en el camino a la gloria, . . . que
soportar la calumnia y el abuso es una parte esencial del triunfo" (Cita en el prólogo de
Profiles in Courage por John F. Kennedy, Nueva York: Harper Row, 1964, pág. xviii).
En su defensa ante Agripa, el apóstol Pablo relató su conversión milagrosa mientras se
encontraba rumbo a Damasco, declarando que la voz del Señor le había mandado: "Levántate
y ponte sobre tus pies" (Hechos 26:16).
Yo creo que el Señor nos diría en la época actual: "Levantaos y poneos sobre vuestros
pies y defended la verdad, la bondad, la decencia y la virtud."
Y finalmente, mi cuarto punto: La fuerza para luchar se basa en la fortaleza que
obtenemos de Dios. El es la fuente de todo poder verdadero. Pablo hablando a los efesios,
dijo:
"Por lo demás hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza.
"Vestios de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las acechanzas
del diablo.
"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes.
"Por tanto, tomad armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo
acabado todo, estar firmes" (Efesios 6:10-13).
Hermanos, la marea del mal crece y se ha convertido en un verdadero torrente. La
mayoría de nosotros, que hasta cierto punto vivimos protegidos del mundo exterior, tenemos
poca idea de sus vastas dimensiones. Millones de dólares se invierten anualmente en
pornografía y en la venta de material lascivo así como en todo lo relacionado con la
bestialidad, la perversión, el sexo y la violencia. Dios nos da la fuerza, la sabiduría, la fe y el
valor como ciudadanos de levantarnos contra estas amenazas y hacer oír nuestras voces en
defensa de las virtudes que se practicaron en el pasado y fortalecieron a hombres y naciones;
las que, cuando se ignoraron, ocasionaron la decadencia de la civilización.
Dios vive. El es nuestra fortaleza y nuestra ayuda. A medida que luchemos,
descubriremos que se nos van uniendo legiones de buenos hombres y mujeres. Esta es mi
humilde oración en el nombre de aquel por quien; testifico, el Señor Jesucristo. Amén.
[Link]
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EL TABERNÁCULO
Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce
Este es un día histórico para este Tabernáculo de la Manzana del Templo, donde nos
encontramos reunidos. Hoy es el primer día del segundo siglo en la historia del Tabernáculo desde
que fue dedicado al servicio del Señor.
Este edificio es conocido en todo el mundo por su diseño arquitectónico tan fuera de lo
común y las personas de todas partes que nos escuchan por radio o nos ven por televisión, saben
que éste es el lugar de origen del coro y el órgano que se han hecho famosos por sus programas.
En esta conferencia general celebramos el centenario de la que se realizó en octubre de 1875, en la
que se dedicó el Tabernáculo. El trabajo constante y el sacrificio de bienes materiales por parte de
aquellos primeros pioneros que participaron en la construcción del mismo, han traído bendiciones
a muchos cientos de miles de personas que han venido aquí o que han escuchado la música y los
mensajes de inspiración.
La historia de los constructores es fascinante. Cuando abandonaron sus hogares en las costas
del Mississippí, se sabía muy poco acerca del inexplorado oeste. Tras un largo y penoso viaje,
enfrentándose a duras pruebas en las llanuras de los Estados Unidos, llegaron al Valle del Gran
Lago Salado el sábado 24 de julio de 1847. Al día siguiente, por ser domingo, estuvieron
dedicados a devotos servicios religiosos y el lunes y martes se dedicaron a explorar el valle y sus
alrededores. Al caer la tarde del día siguiente, determinaron la ubicación de la ciudad y Brigham
Young hizo una marca con su bastón en el lugar donde debían construir el Templo.
El jueves, llegó al valle un grupo de miembros del batallón mormón que habían sido
relevados del servicio en
Nuevo México, para unirse a los santos en este valle e incrementar así su número a casi
cuatrocientos. Estos hombres fueron a trabajar inmediatamente en la construcción de una
enramada o techo en la esquina sudeste de lo que sería la Manzana del Templo, para que sirviera
como lugar de asamblea hasta que estuviera listo el Tabernáculo; cortaron y trajeron de las
montañas troncos que clavaron en el suelo para sostener el techo de ramas. Esta, la primera
estructura que fue construida en el valle, quedó finalizada el sábado o sea una semana después de
la llegada; al día siguiente, domingo, pudieron celebrar los servicios religiosos bajo la sombra de
aquel local.
Por supuesto que el mismo era temporal, pero sirvió a los primeros pioneros por dos años,
antes de ser derrumbado para construir uno más amplio en el mismo lugar. El techo de la segunda
construcción fue hecho de ramas y barro, sostenido por cien postes y con los costados abiertos
como la primera construcción. Sólo podía usarse cuando el tiempo lo permitía. No obstante,
sirvió como lugar de reuniones durante los tres años siguientes.
A esa altura, los santos estaban estableciendo sus propios hogares; habían cultivado la
tierra, habían edificado casas, y se enfrentaban a la necesidad de un lugar más adecuado en el que
pudieran celebrar asambleas y servicios religiosos. Para poder tener un edificio de carácter más
permanente y de mayor utilidad en toda clase de tiempo, decidieron construir un tabernáculo. Los
costados de dicho edificio estaban hechos de ladrillos de adobe, que sostenían un techo de vigas.
Esto eliminó la necesidad de pilares o postes, que les habían resultado una inconveniencia en las
construcciones anteriores.
El tabernáculo de adobe que luego fue conocido como el "viejo tabernáculo", tomó un año
para su construcción, pero estuvo listo para ser utilizado en la Conferencia General de 1852.
99
Muchos santos llegaban al valle para las conferencias generales y el edificio no era lo
suficientemente amplio para acomodar a la multitud, por lo que muchos no podían entrar. En la
conferencia de abril, dos años después, Brigham Young invitó a los siete mil asistentes que
salieran afuera porque el edificio estaba repleto. Antes de la conferencia de octubre de ese año se
había construido un tercer recinto que pudiera dar cabida a todos los que asistieran.
Se hacía evidente la necesidad de un edificio adecuado y el presidente Brigham Young
decidió que se prepararan los planos para una nueva estructura que llegó a ser conocida como "el
gran Tabernáculo", en el cual nos encontramos reunidos hoy. Habían pasado tan sólo quince años
antes de la llegada de los primeros pioneros al valle desierto. En la conferencia de abril de 1863,
muchos de los oradores mencionaron la construcción propuesta y solicitaron que todos se unieran
en el sacrificio que suponían dicha construcción. Se trataba de un plan ambicioso para el pueblo,
ya que contaban con reducidos materiales de construcción y carecían de los beneficios del
ferrocarril y otros medios de transporte. Todo material importado tenía que ser traído desde el río
Missouri con yuntas de bueyes. El edificio sería levantado mediante donaciones pues los fondos
de diezmos se necesitaban para el templo que se encontraba bajo construcción desde hacía diez
años. Se invitó a los santos a donar libremente de sus pertenencias, joyas, materiales de
construcción, alimento y mano de obra, siendo que el dinero era escaso.
Se decidió que el edificio tuviera setenta y seis metros de largo por cuarenta y cinco de
ancho contando con cuarenta y seis columnas para sostener la estructura, cuyos extremos serían de
forma semicircular. Los planos provistos indicaban la construcción de un techo de arco elíptico,
que se elevaría trece metros desde sobre las columnas de seis metros de altura; haciendo que la
distancia entre el suelo y el techo mismo fuera de diecinueve metros.
Se determinó que del fondo al frente del recinto hubiera una inclinación de cinco metros,
para ofrecer una buena visión. En el momento de su planificación y construcción se dijo que de
los edificios sostenidos por pilares, era el más grande el mundo.
En la primavera de 1863, se comenzó con la edificación. Se obtuvieron las piedras de un
cañón y la madera, de los bosques de las montañas Wasatch. Primero se construyó la sección
central del tabernáculo y luego la del oeste que se agregó para poder comenzar la construcción del
órgano. No disponían de pernos ni de clavos, así es que en las encofraduras, se hacían agujeros y
se atravesaban tarugos que iban de lado a lado y cuyos extremos se aseguraban con cuñas. Cuando
las maderas se rajaban, las ataban con tiras de cuero crudo que, al secarse se contraía, uniéndolas
firmemente.
La historia de la construcción del gran órgano es fascinante. Cuando se tocó por primera
vez, cinco hombres bombeaban aire, y luego se instaló una rueda en el sótano para reemplazar su
labor; finalmente con la llegada de la electricidad, el sistema pudo mejorarse. Cuando el edificio
fue terminado se hizo evidente la necesidad de más asientos y así se construyeron las galerías de
los costados y la extensión en la parte de atrás para albergar a tres mil personas más.
Aun cuando en el edificio se habían celebrado reuniones y conferencias, éste no estuvo listo
para su dedicación hasta la Conferencia General de octubre de 1875. Para entonces ya se habían
tendido los rieles del ferrocarril y el domingo de esa semana llegó el presidente Ulysses S. Grant,
primer presidente de los Estados Unidos que visitó el territorio de Utah. Las calles estaban
bordeadas a ambos lados por niños de la Escuela Dominical y cientos de espectadores congregados
para ver al presidente y a la extensa fila de carruajes que le seguían. Los periódicos se refirieron a
Salt Lake City, como una ciudad de aproximadamente veinticinco mil habitantes, "con más locales
dedicados al uso religioso en proporción a su población que cualquier otra ciudad o pueblo de los
Estados Unidos; y cuenta con capillas y centros de reunión con capacidad suficiente como para
acomodar a todo hombre mujer y niño de la comunidad". A la mañana siguiente el presidente
100
Grant, acompañado por el gobernador del estado, fue hasta la manzana del templo y visitó el
nuevo Tabernáculo.
Al comenzar la sesión de la mañana de la Conferencia General el día sábado, el presidente
Brigham Young anunció que el élder John Taylor ofrecería la oración dedicatoria. Desearía que
pudiéramos leerla toda, pero el tiempo no permite más que unas cuantas palabras. El presidente
Taylor dijo: "Ten misericordia para con tu antiguo pueblo del convenio, Señor, para que en el
propio y debido tiempo el espíritu de gracia y súplica pueda descansar sobre ellos, para que
puedan congregarse de todas las naciones en las que los has esparcido, a fin de que puedan recibir
la herencia de sus padres, conocer a su Redentor Y saber que Jerusalén llegará a ser el trono del
Señor" Y luego hizo este interesante pedido: "Recuerda, Oh Señor, con misericordia a los
lamanitas que se han apartado de tus vías y a cuyos padres prometiste que renovarías tus convenios
con su simiente. Te agradecemos por haber comenzado a darles sueños y visiones, lo que ha
hecho que empezaran a buscarte."
En la sesión de la tarde, el élder George Q. Cannon leyó el nombre de las personas que
debían dejar sus hogares y familias para salir al mundo como misioneros. Había 105. En aquellos
días, se llamaba a los misioneros durante las Conferencias Generales, leyendo sus nombres desde
el púlpito de este Tabernáculo. Más tarde, al aumentar el número de misioneros se modificó el
sistema y los llamamientos comenzaron a hacerse por medio de un comunicado del Presidente de
la Iglesia. Si aún se utilizara el sistema de llamar a los misioneros leyendo sus nombres en la
Conferencia General, habría sido necesario leer los nombres de 7,923 personas, lo que llevaría la
mitad del tiempo total de la conferencia; ese número representa a los misioneros que fueron
llamados desde que nos reunimos la última vez en conferencia general hace seis meses.
Después que el edificio había sido terminado pero no dedicado, el élder George Q. Cannon
se paró detrás de este púlpito y habló sobre la obra misional. Sus palabras parecen retumbar desde
el pasado al escuchar lo que nuestro Presidente nos dice hoy: "Nuestros élderes han ido de a
cientos a los estados del este para llevar sus palabras de amonestación concerniente a las cosas que
Dios está haciendo y hará próximamente en medio de los habitantes de la tierra. Con este
propósito van a Europa, el Oeste, a las islas del Pacífico, a Asia y África, y viajarán por todo país
sobre la faz de la tierra. Los millares de personas en Asia escucharán las buenas nuevas de
salvación de los élderes de Israel... y el tiempo se acerca cuando el sonar del evangelio proclamado
por los élderes de Israel resonará de un extremo al otro de la tierra, pues será predicado como
testigo a todas las naciones" (Journal of Discourses; 1 3:53).
Es posible que los tiempos hayan cambiado y las condiciones bajo las que vivimos sean
diferentes, pero los propósitos y objetivos del evangelio restaurado no varían y la verdad
permanece constante. Los sacrificios y esfuerzos realizados por aquellos que ya se han ido, nos
han traído bendiciones hoy y nos recuerdan de nuestras obligaciones hacia aquellos que vendrán.
Este edificio es un monumento a ese recuerdo. Ha permanecido de pie como un gran misionero
presentando el evangelio de Jesucristo a las personas en todo el mundo, tanto aquellos que han
entrado en él, como a los que han escuchado el mensaje que ha salido de aquí en el programa
"Música y Palabras de inspiración". A lo largo de los años nuestros misioneros han sido
portadores de un mensaje que ha bendecido a cientos de miles de personas en la tierra, llevando
hoy ese mismo mensaje para bendecir por toda la eternidad, a aquellos que escuchen y crean. Este
mensaje es verdadero, y os dejo mi testimonio de él en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
101
PREPARACIÓN PARA UN EMPLEO HONORABLE
Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce
Esta mañana hemos escuchado cosas muy importantes acerca de prepararnos nosotros
mismos, nuestras familias, nuestros barrios, y claro está, la Iglesia, para enfrentarnos a los
desafíos de esta época. Uno de los aspectos de esta preparación, como explicaron el obispo
Brown y sus consejeros en su exposición de la preparación familiar, es el empleo o la carrera y
su desarrollo. Yo quisiera comentar esto con mayor detalle porque es muy importante para la
mayoría de nosotros, quienes como líderes, debemos ayudar a otros.
Es interesante que la primera instrucción dada a Adán después de su caída, trata del
principio eterno del trabajo. El Señor dijo: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan. . ."
(Génesis 3:19). Nuestro Padre Celestial nos ama tanto que nos ha dado el mandamiento de
trabajar. Esta es una de las llaves de la vida eterna. El sabe que aprenderemos, creceremos,
lograremos, serviremos y nos beneficiaremos más con una vida industriosa que con una de
comodidad.
Hay varios principios que sostienen el significado del trabajo en el plan del Señor.
Primero, como pueblo del convenio, debemos ser lo más autosuficientes posible. No debemos
depender de la caridad pública o de algún programa que ponga en peligro nuestro libre
albedrío. Segundo, debemos trabajar para sostener a la familia con la que el Señor nos ha
bendecido. Todo verdadero hijo de Dios desea cuidar de los suyos, y muchas nobles mujeres,
cuyo esposo ha muerto, luchan para sostener a sus hijos trabajando para obtener el sustento y
haciéndola de padre y madre a la vez. Finalmente, trabajemos de tal modo que podamos
satisfacer las necesidades de la vida, conservando el tiempo y la energía que sobra para servir
en la obra del Señor. Algunas
veces parece que el hombre que trabaja más duro en su profesión, es el hombre más
dispuesto a dedicar tiempo al servicio de la Iglesia.
Ahora, nos referiremos específicamente al trabajo profesional o empleo. El empleo que
elijamos debe ser honrado y desafiante. Lo ideal sería que busquemos aquella clase de trabajo
al que estamos más inclinados, por interés, aptitud y capacitación. El trabajo debe ser algo
más que un medio de proveernos un ingreso apropiado; debe proveer al hombre de un sentido
de autoestima y debe ser un placer, algo que él espere con gusto cada día.
Podría sugerir una definición de "empleo honorable". Empleo honorable es un empleo
honrado. Todo tiene su valor real y no hay fraude, timo ni engaño. Sus productos o sus
servicios son de alta calidad y tanto el patrón como el comprador, el cliente o el paciente,
reciben más de lo que esperan. El empleo honorable es moral. No contiene nada que pudiera
debilitar el bien público o la moral. Por ejemplo, no incluye el tráfico ilegal de licores, tráfico
de drogas ni juegos de azar. El empleo honrado es útil. Produce artículos o servicios que
hacen del mundo un lugar mejor para vivir. El empleo honrado es también remunerativo; nos
provee de suficiente ingreso para que podamos ser autosuficientes y capaces de sostener a
nuestra familia, dejándonos suficiente tiempo libre para ser buenos padres de familia y trabajar
en la Iglesia.
Es necesario decir algunas palabras acerca de lo que es "suficiente ingreso". Este es un
mundo materialista y los Santos de los Últimos Días deben cuidar de no confundir los lujos
102
con las necesidades. Un ingreso adecuado es el que nos permite satisfacer las necesidades
básicas de la vida. Hay algunos que tontamente aspiran a lujos desenfrenados que muchas
veces los llevan lejos de la total observancia del evangelio de nuestro Salvador.
Podría ofrecer a la juventud —estos jóvenes a quienes deseamos ayudar— para su
consideración, cuatro pasos que son importantes para obtener el empleo que nos conviene.
Ellos son: primero, invitar la ayuda del Señor en esta importante búsqueda; segundo, hacer
planes cuidadosos; tercero, reunir toda la información que sea posible; y cuarto, tener la
preparación académica o técnica apropiada.
El primer paso, la oración, debe prevalecer durante todo el proceso. Mientras reunimos
hechos y hacemos decisiones, adquirimos la capacitación y experiencia apropiadas y
buscamos el trabajo, es esencial que combinemos nuestros esfuerzos, nuestra autoconfianza,
con una humilde actitud de oración. Las decisiones que hagamos serán nuestras, pero el Señor
aumentará nuestra inteligencia si lo buscamos empeñosamente.
Hacer planes por anticipado para una profesión, es un segundo paso muy importante.
Mientras más pronto el joven comience a planear, más pronto comenzará a adquirir la destreza
necesaria para esa profesión. Los padres tienen la importante responsabilidad de enseñar y
guiar a sus hijos a pensar seriamente acerca de su futuro en el mundo del trabajo. Por
supuesto, los padres deben ejercitar toda su sabiduría, teniendo cuidado de aconsejar en vez de
presionara sus hijos cuando hacen sus propias decisiones acerca de su carrera o profesión,
El tercer paso, reunir información, involucra a muchas personas y recursos. Los jóvenes
y sus padres deben ser capaces de obtener ayuda de los servicios de bienestar del barrio, por
parte de una persona dedicada a esto; asimismo de los orientadores de la escuela y otras
personas. Entrevistas con posibles patrones, visitas a agencias de empleos, y aun trabajar en
varios lugares donde haya amplias perspectivas en cuanto a una carrera, les ayudará a tener
una idea de lo que les espera en las diversas profesiones.
Una recolección efectiva de datos, incluye una investigación acerca de qué profesiones
están ahora en demanda y cuáles estarán en lo futuro. Necesitamos personal capacitado en
colegios, pero muchos han ido a una universidad y han sido capacitados en trabajos que no
existen en el mercado. Además de aquellos capacitados en colegios, necesitamos jóvenes que
estén capacitados en otros campos, tales como: carpintería, mecánica automotriz, labores del
campo y otras.
Al llegar al paso final, cuando la decisión ha sido tomada y la persona joven se siente
bien acerca de esa decisión, el proceso de preparación debe comenzar con todo empeño. Ya
sea que la capacitación con que se cuente sea un aprendizaje, educación universitaria o de una
escuela de artes y oficios, muchas veces es de gran ventaja tener una capacitación formal y
reconocida para una profesión. Las mejores posiciones y los más elevados salarios son para
aquellos que se preparan adecuadamente.
Las realidades de la vida muchas veces hacen que la gente busque cualquier clase de
empleo para obtener un empleo y cumplir sus obligaciones. Esto ocurrió a muchos durante la
gran depresión económica que tuvo lugar a principios de la década de 1 930 en los Estados
Unidos. Esto está ocurriendo ahora aunque en menor proporción. Es importante que el
hombre elija sus empleos, donde sea feliz y donde sienta que está contribuyendo al trabajo. Si
él no está completamente satisfecho en lo que está haciendo actualmente, podría no ser muy
tarde para considerar con oración, hacer un cambio, planeando, recogiendo información y
haciendo los preparativos necesarios.
103
Podría decir aquí unas palabras acerca de la responsabilidad de los quórumes del
sacerdocio. La rapidez es crucial cuando se presenta una oportunidad de trabajo. Una persona
que necesita trabajo debe tener noticia de él tan pronto como sea posible y hacer su solicitud
inmediatamente. La clave del éxito está en el Comité de Servicios de Bienestar del barrio y
los quórumes del Sacerdocio Aarónico y de Melquisedec.
Es a través de las redes del sacerdocio que las oportunidades de trabajo y las
informaciones para su aplicación deben fluir. Nuestros quórumes deben identificar a aquellos
que necesitan trabajo o que necesitan cambiar de trabajo, y luego hacer todo lo que sea posible
para ayudar a sus miembros a encontrar oportunidades de empleo. Cada Comité de Servicios
de Bienestar de barrio debe tener una persona dedicada a informar sobre empleos; dicha
persona debe ser llamada y debe estar trabajando. También debe estar bien familiarizada con
todos los recursos de la Iglesia, así como de la comunidad en planeamiento de carreras, con el
fin de ayudar a jóvenes y adultos para que obtengan el mejor empleo.
De una manera personal, recuerdo las experiencias que mi querida esposa y yo tuvimos
que pasar después de decidir el curso que yo debería tomar para el trabajo de mi vida. Yo
había tomado algunos cursos de farmacia, con el plan de convertirlo en una carrera en
medicina. Pero, como muchos de nosotros hemos hecho, cambié de idea y me comprometí en
un negocio diferente, el bancario. Fuimos bendecidos con un empleo permanente, pero luego
me sentí atraído hacia la profesión de leyes. Esta fue una decisión muy seria, pues yo estaba
casado y tenía una familia que sostener, pero después de orar y ayunar y obtener toda la
información de cómo proceder de la mejor manera, completé mis estudios previos y entré a la
escuela de leyes. Tomé clases nocturnas, porque era necesario tener un empleo durante el día.
Esos no fueron años fáciles para nosotros, pero los deseos generalmente se cumplen
cuando uno está dispuesto a hacer determinado esfuerzo. No es necesario decir que siempre
conté con la ayuda y sostén de mi esposa. Ella permaneció como ama de casa y cuidaba de
nuestros hijos. Lo que ella dio en amor, ánimo, frugalidad y compañerismo, fue mucho mas
allá que cualquier contribución material que ella hubiera podido hacer si hubiera buscado un
empleo.
Nuestras esposas merecen gran crédito por la carga tan pesada de trabajo que ellas
desempeñan continuamente dentro de nuestros hogares. Nadie ejerce mayor energía que una
madre y esposa dedicada. En el arreglo usual de las cosas, sin embargo, es al hombre a quien
el Señor asignó el papel de ganar el pan.
Hay razones que impulsan a nuestras hermanas a planear un empleo, también. Queremos
que ellas obtengan toda la educación y capacitación profesional posible antes del matrimonio.
Si ellas llegaran a enviudar o a divorciarse y necesitaran trabajar, queremos que tengan
empleos dignos y bien remunerados. Si una hermana no se caso, tiene todo el derecho de
comprometerse en una profesión que le permita magnificar sus talentos y sus dones.
Hermanos y hermanas: Necesitamos hacer todo lo necesario para prepararnos
adecuadamente para una carrera o un empleo. Nos debemos a nosotros mismos el hacer lo
mejor, y debemos hacer lo mejor para proveer a nuestras familias. Además de prepararnos
para el éxito, necesitamos ayudar a otros. Este es el espíritu de nuestra responsabilidad en el
sacerdocio.
Estoy agradecido por ser miembro de una Iglesia que tiene esta preocupación por sus
miembros, y por mi asociación con hermanos que tienen cuidado por el bienestar de todos los
demás. Esta es la Iglesia del Señor. Esta es su obra guiada por sus profetas. Que podamos
seguir el consejo que se nos da de prepararnos, le ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.
104
"ASÍ ALUMBRE VUESTRA LUZ. . ."
Por el presidente Spencer W. Kimball
Os damos la bienvenida a esta conferencia general, tanto a los que estáis en el edificio como
a los que escucháis la transmisión y os ofrecemos nuestros mejores deseos y nuestro afecto.
En esta ocasión anunciamos el nombramiento de cuatro nuevas Autoridades Generales para
que ayuden en la obra del Señor, especialmente en la obra misional; el élder Gene R. Cook de
Bountiful, que ha estado trabajando como secretario ejecutivo del Primer Consejo de los Setenta,
ahora será miembro de dicho Consejo. El Primer Quórum de los Setenta se organizará
gradualmente hasta llegar a setenta miembros, cuya presidencia estará constituida por los siete
miembros del Consejo. Hoy se agregan tres hermanos al Primer Quórum de los Setenta: el élder
Charles A. Didier, oriundo de Bélgica que trabaja ahora en Frankfurt, Alemania; el élder William
Rawsel Bradford, de San Antonio, Texas, actualmente Presidente de la Misión de Chile -Santiago;
el élder del George Patrick Lee de Towaoc, Colorado, que sirve como Presidente de la Misión de
Arizona Hollbrook. Estos cuatro hermanos cumplirán con las responsabilidades de Autoridades
Generales.
En febrero y marzo de este año hemos llevado a cabo conferencias de área, en Sao Paulo,
Brasil, y BuenosAires, Argentina; en agosto, efectuamos otras en Taiwán, Hong Kong, las Islas
Filipinas, Corea y Japón. Habría sido imposible que los aproximadamente 114,000 miembros que
han participado durante los últimos cinco años en estas conferencias de área, hubieran venido a
Salt Lake para asistir a la Conferencia General; de manera que les llevamos las conferencias a sus
regiones.
Anunciamos a los hermanos de América del Sur que se edificaría un templo en Sao Paulo
para los miembros de esos países; y más tarde, cuando estuvimos en Asia, también anunciamos la
construcción de un templo en Japón para los miembros del Oriente. Nos parece que ésta es una
señal de progreso y que una vez que se hayan construido y dedicado esos dos templos, disminuirá
grandemente la distancia, el tiempo y el costo para los miembros de estas partes del mundo, a fin
de que puedan ir al templo para recibir sus sagradas ordenanzas.
En esas oportunidades asistieron hermanos de lugares muy distantes que viajaron en
automóvil, autobús, tren, aeroplano y barco, los cuales hicieron muchos sacrificios a fin de poder
disfrutar de la conferencia. Una hermana escribió:
"La sesión final fue muy especial. El presidente Kimball se despidió de los miembros
saludando con la mano mientras la congregación cantaba 'Para siempre Dios esté con vos'. Mi
amiga y yo nos abrazamos con los ojos llenos de lágrimas.
"¡Me siento tan bendecida por ser miembro de la Iglesia!"
Otra hermana dice en su carta:
"¡La Conferencia ha llegado a su fin!
Durante los días anteriores había estado lloviendo a cántaros, pero el sol salió en todo su
esplendor poco antes de que el avión donde venía el Profeta aterrizara en el aeropuerto. Se había
pronosticado que habría un huracán pero esto no ocurrió hasta después que los hermanos partieron
del país. Estuve con la hermana Kimball y le dije que me parecía imposible estar a su lado. Pero
ella me dijo que no hay diferencia alguna entre nosotras dos, que ella lava ropa, lava platos,
cocina, planta legumbres y hace las mismas cosas que hago yo."
"La Conferencia de Área fue verdaderamente admirable", dice una tercera carta, "una
experiencia muy notable para todos los mormones filipinos que asistimos. Lloré cuando el
105
Presidente entró al salón por primera vez y la congregación comenzó a cantar 'Te damos, Señor,
nuestras gracias'.
"Como no vivimos lejos de Manila, habíamos proyectado volver a casa cada noche después
de la conferencia; pero el lunes la sesión concluyó casi a las diez de la noche, así que tratamos de
apresurarnos para poder llegar a casa antes del toque de queda que es a medianoche. Íbamos
viajando cuando se pinchó uno de los neumáticos traseros del coche, así que tuvimos que parar.
Felizmente lo hicimos, porque en ese momento se acercó un agente de la policía filipina para
advertirnos que no debíamos viajar más esa noche; por lo tanto, pasamos en una estación de
servicio hasta las cuatro de la mañana, hora en que termina el toque de queda; luego volvimos a
Manila para escuchar el resto de la conferencia."
Al escuchar a los mil doscientos jóvenes que componían un coro, todos vestidos con trajes
típicos, cantar el himno: "Adelante la antorcha", parecía como si ellos mismos lo hubieran
compuesto por lo bien que lo hacían.
Se nos concedió el honor de visitar a los dirigentes políticos de esos países, y les explicamos
que nuestros misioneros se convierten en embajadores del país donde han prestado servicio porque
se desarrolla en ellos gran lealtad y amor por el país y enseñan a los nuevos miembros que sean
leales, fieles y llenos de integridad. Tenemos unos 62,000 miembros en el Oriente.
En esta y otras sesiones de la conferencia, las Autoridades Generales estarán tratando
muchos temas, de minera que limitaré mis palabras a tratar ciertos puntos sobre los cuales deseo
llamar vuestra atención.
En ocasiones anteriores os hemos instado a que plantéis huertos y árboles y os felicitamos
por el aumento de éstos que notamos este año; dondequiera que vamos, de una ciudad a otra,
vemos huertos donde antes no había nada; surcos de maíz; plantas de tomates, zanahorias,
cebollas, rábanos, repollos, y otras plantas. ¡Os felicitamos! Estamos seguros de que este trabajo
habrá reducido hasta cierto grado el alto precio de los víveres.
Recibimos un mensaje de un hermano japonés que decía: "He plantado un huerto aquí en mi
país, y mis papas están creciendo muy bien."
Al plantar un jardín en Edén el Señor dijo:
". . todas las cosas que preparé para el uso del hombre; y él vio que eran buenas para
sustentarse" (Moisés 3:9).
"Y yo, Dios el Señor, tomé al hombre y lo puse en el jardín de Edén para que lo labrase y
guardase" (Moisés 3:15).
En nuestra propia dispensación el Señor declaró:
"La abundancia de la tierra será vuestra, las bestias del campo y las aves del aire...
"Sí, y la hierba y las cosas buenas que produce la tierra, ya sea para alimento o vestidura, o
casas; o alfolíes, o huertos, o jardines, o viñas;
“Sí, y todas las cosas que de la tierra salen, en su sazón, para el beneficio y el uso del
hombre son hechas tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón;
“Sí, para ser alimento, y vestidura, para gustar y para oler. . ." (D. y C. 59:16-19).
Una carta que recibimos de una niñita dice así: "Estoy ayudando a papá a plantar un huerto y
mi hermano pequeño está limpiando el patio.
... Los árboles y las plantas pueden embellecer y bendecir y los árboles frutales pueden
ayudaros en vuestro sustento diario.
También nos llegó una carta de una zona rural que venía dirigida a mí, y en ella decía:
"Siguiendo su consejo hicimos un recorrido por nuestro solar y nos sentimos avergonzados. La
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vivienda es una casa rural del tiempo de los pioneros, con su acostumbrado granero, gallinero y
cobertizos, pero el cerco que la rodea estaba todo roto.
"Derrumbamos el viejo granero, arreglamos y pintamos el cerco; blanqueamos los otros
edificios, y donde había estado el granero plantamos un huerto, ¡y qué delicia! ¡Gracias por sus
consejos!"
Se cuenta que un administrador en África, salió a inspeccionar una región que había sido
devastada por una tormenta; en su recorrido, llegó a cierto lugar donde el viento había
desarraigado y destruido unos cedros gigantescos y le dijo al oficial que lo acompañaba: "Habrá
que plantar unos cedros aquí", a lo que él respondió: Para que un cedro llegue a ese tamaño se
requieren casi dos mil años. Ni siquiera dan fruta hasta después de los cincuenta años."
"Entonces", insistió el administrador "hay que empezar a plantarlos inmediatamente." Y esa
misma amonestación os hago a vosotros.
"Si cada uno barriera frente a su propia puerta", dijo Goethe, "todo el mundo estaría limpio."
Deseo mencionar otro asunto de importancia: hemos notado que en muchos lugares de
nuestro mundo cristiano, tenemos establecimientos comerciales que están abiertos los domingos y
estamos seguros de que el remedio para esta enfermedad se encuentra en nosotros mismos, los
compradores. Ciertamente, las tiendas y comercios no permanecerían abiertos ese día si nosotros,
el público, no les comprara nada. Os ruego a todos que volváis a considerar este asunto, tratadlo
en vuestras noches de hogar y discutidlo con vuestros hijos. Sería admirable si toda familia
resolviera que de aquí en adelante no hará compras el día de reposo.
El Señor Jesucristo dijo(y me parece que con un poco de tristeza): ¿Por qué me llamáis,
Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46).
También tenemos este pasaje de Ezequiel: " ... estarán delante de ti como pueblo mío, y
oirán tus palabras, y no las pondrán por obra. . ." (Ezequiel 33:31).
Si amamos al Señor, ¿por qué seguimos quebrantando sus leyes? Os rogamos, pues,
encarecidamente, que abandonéis la costumbre de comprar artículos en el día de reposo.
Estamos adelantando en la obra misional. Este año hemos logrado un aumento de miles de
misioneros; el número de los cuales llega casi a 21,000, que están predicando el evangelio; esta
cantidad es la mayor que jamás ha habido en el mundo.
Tal vez la nota más agradable sea el nuevo aspecto que ha tomado esta obra, con miles de
misioneros locales en América del Sur, Europa, Oriente, los mares del Sur y otras partes; estos
jóvenes nos complacen muchísimo con su devoción y eficacia. Los misioneros locales trabajan sin
tener que aprender otro idioma, desempeñan su labor generalmente sin necesidad de una visa y
conocen su propia cultura. También estamos llamando en todo el mundo dirigentes locales en las
comunidades y vemos que son leales, eficaces y devotos.
Sigue inquietándonos el número cada vez mayor de divorcios. Cada uno de éstos significa
personas afligidas, convenios quebrantados, niños abandonados y privados y hogares destrozados.
Deploramos los divorcios, y opinamos que son relativamente pocos los que pueden justificarse.
Se debe meditar muy bien antes de contraer matrimonio, tras lo cual ambas partes tienen que hacer
cuanto puedan para que esa unión continúe siendo feliz; esto es algo que se puede lograr.
El egoísmo y otros pecados son los responsables de la mayor parte de los divorcios. El
apóstol Pablo nos dio la solución cuando dijo que los hombres deben amar a sus mujeres y las
mujeres a sus maridos. A fin de que dos personas puedan obtener éxito en su matrimonio;
necesitan tener un presupuesto cuidadosamente preparado por ambos y ceñirse estrictamente a él;
muchos matrimonios se disuelven en el mercado, cuando se hacen compras que no se habían
proyectado. Recordad que el matrimonio es una sociedad y no es muy posible que se logre el
107
éxito si no funciona como tal. Se debe obrar conjuntamente en la formación de planes y en la
disciplina de la familia. Son demasiados los matrimonios civiles que se deshacen y nos sentimos
agradecidos porque los matrimonios efectuados en el templo se conservan mejor.
También tengo la impresión de que el Señor debe haber sentido tristeza cuando dijo: "No
todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de
mi Padre que está en los cielos.
"Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu
nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
"Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo
7:21-23).
La estabilidad familiar se mide muy bien por el número de divorcios de la comunidad.
Por muchas otras razones importantes, deseamos instar a nuestros jóvenes a que consideren
el matrimonio seriamente y que vayan al templo para efectuar esta sagrada ordenanza.
Deploramos los abortos y pedimos a nuestros miembros que se refrenen de esta grave
transgresión. Hemos declarado lo siguiente concerniente a este pecado:
"La Iglesia se opone enérgicamente al aborto y aconseja a sus miembros a que no se sometan
a un aborto ni lo efectúen. . .
"Esta debe considerarse como una de las prácticas más sucias y pecaminosas de una época
en que estamos presenciando la espantosa evidencia del libertinaje que conduce a la inmoralidad
sexual.
Los miembros de la Iglesia que sean culpables de participar en ese pecado del aborto se
verán sujetos a los procedimientos disciplinarios de los Consejos de la Iglesia según las
circunstancias lo requieran. El Señor lo declaró en la sección 59: "No hurtarás, ni cometerás
adulterio, ni matarás, ni harás ninguna cosa semejante" (Ensign marzo de 1 973, pág. 64).
Un escritor lo expresó recientemente de esta manera en una revista: "La moralidad de la vida
de la gente se ha hundido al nivel más bajo en toda la historia.”
Al presenciar la creciente ola de violencia e inmoralidad sexual, nos desesperan los
esfuerzos que están haciendo tantas personas por introducir en nuestros mismos hogares
representaciones tan detalladas de esta conducta. Al mismo tiempo, sin embargo, nos alienta el
deseo expresado por los administradores de las redes de emisoras de televisión de reservar por lo
menos parte de la s primeras horas de la noche para presentar entretenimientos que los padres
puedan ver con sus hijos sin sentir bochorno. Es un principio que sinceramente esperamos se
entienda más. Que Díos, bendiga sus justos esfuerzos a fin de que nuestras familias sean
protegidas de esa depravación.
Nos ha causado satisfacción poder ayudar un poco a los refugiados de Vietnam que vinieron
de su patria para establecerse aquí. Conocí personalmente a los primeros refugiados, y al verlos en
su nuevo ambiente en un mundo desconocido para ellos, recordamos a nuestros propios miembros
en la época de los carros tirados por bueyes y de los pequeños carros de mano, que llegaron a esta
nueva tierra, trayendo consigo poco o nada. Tenemos algunos centenares de hermanos de Vietnam
que están labrando una nueva vida entre nosotros; algunos son miembros de la Iglesia, otros no lo
son. Los hemos ayudado a establecerse sin el dinero que el gobierno ofreció, pero nuestra
recompensa ha sido lo que el Salvador expresó:
"En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mateo
25:40).
108
Expresamos nuestro agradecimiento al sacerdocio y a las hermanas de la Sociedad de
Socorro y otras obreras que han ayudado a encontrar alimentos, y ropa y abrigo para estas buenas
gentes.
Quisiera tratar un asunto básico de integridad que se manifiesta cuando se cruzan las
fronteras internacionales sin pagar las cuotas aduanales correspondientes. A veces las personas se
justifican en esto, hay algunas que se refrenarían de tomar lo que pertenece a un vecino o hurtar a
un comerciante, pero han desviado su manera de pensar en tal modo que no ven nada malo en
evitar la aduana y no hacer una declaración correcta de sus compras. Lamentamos que esto suceda,
e instamos a nuestros miembros a que sean honrados en todo lo que hagan. Cualquier excepción
que se quiera hacer a esta regla es deplorable, y esperamos que nuestros miembros sean
escrupulosamente honestos en sus obligaciones respecto a las aduanas, como también en sus
demás tratos.
No puedo concluir esta declaración general sin reiterar nuestra posición concerniente a la
moralidad. Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre. Nunca ha tenido por objeto que cambiemos
o analicemos con nuestra visión las pautas morales que El estableció hace mucho; el pecado
todavía es pecado y siempre lo será. Nosotros abogamos por una vida de pureza. Proclamamos que
es una iniquidad tener cualquier clase de relaciones sexuales fuera del matrimonio en toda época
de la vida, desde la niñez hasta el sepulcro, afirmamos que todos los que contraen matrimonio
deben regirse por los convenios que hicieron.
En otras palabras como tan frecuentemente hemos dicho, debe haber una castidad total por
parte de los hombres y las mujeres antes de casarse, y una fidelidad completa en el matrimonio.
Me repugna el hecho de que haya ciertos innovadores sexuales, que quieren cambiar el orden y
alterar el estado normal de las cosas. Aborrecemos con toda el alma la pornografía, el libertinaje y
la llamada libertad de los sexos, y tememos que los que han apoyado, enseñado y alentado el
libertinaje que provoca esta conducta inmoral, algún día se hallarán en una situación lamentable
ante Aquel que ha establecido las normas.
Nuevamente repetimos las palabras del Salvador: "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no
hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46).
El también dijo: "No prediquéis sino el arrepentimiento a esta generación" (D. y C. 6:9).
"Y atribularé a los hombres y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová; y la
sangre de ellos será derramada como polvo. . .
"Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Jehová, pues toda la tierra será
consumida por el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada habrá de todos los
habitantes de la tierra" (Sofonías 17-18).
Seguimos amonestando a los miembros y suplicándoles que cumplan con su deber porque
somos atalayas sobre la torre y en nuestras manos tenemos una trompeta que debemos tocar
fuertemente para dar la voz de alarma.
Isaías dijo: "Porque la nación o reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado"
(Isaías 60:12).
Al participar en las sesiones de esta conferencia, quisiéramos invocar las bendiciones del
Señor sobre todos los hermanos que nos hablarán y sobre todos vosotros que estaréis escuchando,
a fin de que el mensaje llegue a vuestro corazón y vuestro testimonio se fortalezca. Bienaventurada
la nación cuyo Dios es el Señor. Pido las bendiciones del cielo sobre vosotros en el nombre de
Jesucristo. Amén.
[Link]
109
EL PRIVILEGIO DE POSEER EL SACERDOCIO
Por el presidente Spencer W. Kimball
Hermanos, causa gran emoción pensar que somos parte de una congregación de 225,000
hombres y jóvenes, todos hermanos, deseamos que sepáis que os amamos y estamos
agradecidos que hayáis podido uniros a nosotros esta noche en esta importante reunión.
Habéis escuchado doctrina firme y muy seria esta noche. Quisiera dar un descanso a
vuestra mente relatándoos una anécdota. Supongo que todos vosotros jóvenes, antes de llegar
a poseer el sacerdocio aprendisteis de memoria los Artículos de Fe. Me pregunto si los habéis
retenido en vuestra memoria, si los sabréis a la perfección. Al volver a casa, decidle a vuestro
padre si sabéis los Artículos de Fe a la perfección.
Hace algunos años un jovencito de la primaria viajaba en un tren rumbo a California; iba
solo y se sentó junto a la ventanilla para mirar los postes de teléfono que pasaban; del otro
lado del pasillo estaba sentado un caballero que también viajaba a California. A este señor le
llamó la atención aquel jovencito que viajaba solo, sin amigos ni parientes, bien vestido y de
buenos modales.
Por fin, después de algún tiempo, el caballero cruzó el pasillo y sentándose al lado del
niño le dijo: "¿Qué tal jovencito, adónde vas?"
"Voy a los Angeles", le contestó él.
"¿Tienes parientes allí?"
A lo que el chico respondió:
"Sí, tengo parientes allí; viajo solo pero voy a visitar a mis abuelos. Estarán
esperándome en la estación y pasaré con ellos algunos días de vacaciones." Las preguntas
siguientes fueron: ¿De dónde eres? ¿Dónde vives?"
En Salt Lake City, Utah", replicó el niño.
"Entonces debes ser mormón."
"Sí, lo soy" contestó él con cierto orgullo.
"Pues qué interesante", dijo el hombre. "He pensado mucho acerca de los mormones y
me he preguntado qué creen. He estado en su bella ciudad; he observado los bonitos edificios,
las calles arboladas, las casas atractivas, los hermosos jardines. Pero nunca me he detenido a
averiguar por qué son así. Quisiera saber en qué creen."
"Si usted quiere", le dijo el jovencito, "yo puedo decirle lo que creemos. Nosotros
creemos en Dios el Eterno Padre, y en su hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo" (Primer
Artículo de Fe).
El caballero, quedó algo sorprendido, pero escuchó atentamente, y el jovencito continuó:
"Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados y no por la transgresión
de Adán" (Segundo Artículo de Fe).
Su compañero de viaje pensó: "Me parece algo extraño que no siendo más que un
jovencito, sepa estas cosas importantes."
El niño siguió hablando: "Creemos que por la expiación de Cristo todo el género humano
puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio" (Tercer
Artículo de Fe). El hombre estaba cada vez más sorprendido del conocimiento y comprensión
110
de aquel jovencito que aún no tenía la edad de ser un Boy Scout. Este entonces le repitió el
cuarto Artículo de Fe: "Creemos que los primeros principios y ordenanzas del evangelio son,
primero: Fe en el Señor Jesucristo; segundo: Arrepentimiento, tercero: Bautismo por
inmersión para la remisión de pecados, cuarto: Imposición de manos para comunicar el don
del Espíritu Santo"
"Pero qué notable", comentó el señor. "Me sorprende que sepas también la doctrina de
tu Iglesia; te felicito."
Habiendo empezado bien, y con esas palabras de aliento, el jovencito continuó:
"Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y por imposición de manos,
por aquellos que tienen autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas"
(Quinto Artículo de Fe).
"Esa doctrina es una doctrina muy substancial. Ahora quisiera saber cómo puede un
hombre ser llamado de Dios. Entiendo cómo podría recibir el llamamiento y queda autorizado
mediante la imposición de las manos; pero lo que me pregunto es quién tiene la autoridad para
predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas."
El niño le explicó cómo se llama a una persona y se la sostiene y aparta mediante la
imposición de las manos; después le pregunto: "¿Le gustaría saber algo más?"
El señor pensó que era muy raro que un jovencito de esa edad supiera a tal grado lo que
enseñaba su Iglesia, así que le dijo: "Sí, cómo no."
Entonces él citó el sexto Artículo de Fe. "Creemos en la misma organización que existió
en la Iglesia primitiva, esto es, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc. Esto
provocó otras preguntas. "¿Quieres decir que tu Iglesia tiene apóstoles, tales como Santiago,
Juan, Pedro y Pablo, y profetas como Moisés, Abraham, Isaac y Daniel: y hasta evangelistas?"
"Sí, hasta evangelistas", respondió el muchachito "Pero nosotros les llamamos patriarcas,
se les llama en todas las partes de la Iglesia donde hay estacas y por inspiración ellos les dan
lo que se llama una bendición patriarcal, a todos los miembros de la Iglesia que lo deseen.
Por ejemplo, yo ya he recibido mi bendición patriarcal y la leo frecuentemente.
Tenemos actualmente Doce Apóstoles que poseen el mismo llamamiento y la misma autoridad
que se dio a los apóstoles en los días antiguos.
El hombre entonces le hizo otras preguntas: "¿Creen ustedes en el don de lenguas y en
revelaciones y profecías?"
La cara del jovencito se iluminó al citarle lo siguiente: "Creemos en el don de lenguas,
profecía, revelación, visiones, sanidades, interpretación de lenguas, etc." (Séptimo Artículo de
Fe).
"Parece que ustedes creen en lo que dice la Biblia", dijo asombrado su compañero de
viaje.
Y el chico agregó: "Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté
traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la Palabra de Dios"
(Octavo Artículo de Fe).
Por sus palabras, el señor se dio cuenta de que creemos en las Escrituras, así como en la
revelación.
"Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela y creemos que
aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios" (Noveno
Artículo de Fe). Y siguió citando: "También creemos en la congregación literal del pueblo de
111
Israel y en la restauración de las diez tribus; que Sión será edificada sobre este continente (de
América); que Cristo reinará personalmente sobre la tierra y que la tierra será renovada y
recibirá su gloria paradisíaco" (Décimo Artículo de Fe).
El caballero escuchaba atentamente, no mostraba ningún interés en regresar a su propio
asiento. El jovencito prosiguió: "Nosotros reclamamos el derecho de adorar a Dios
todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los
hombres el mismo privilegio: Adoren cómo, donde o lo que deseen" (Undécimo Artículo de
Fe). "Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados, en
obedecer honrar y sostener la ley" (Décimo segundo Artículo de Fe).
Y como contribución final, repitió el Artículo de Fe Décimo tercero: "Creemos en ser
honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres, en
verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo
esperamos, hemos sufrido muchas cosas y esperamos poder sufrir todas las cosas.
“Si hay algo virtuoso, bello, de buena reputación, o digno de alabanza, a esto
aspiramos."
"El jovencito se sintió satisfecho después de haber terminado con los Artículos de Fe; su
compañero estaba visiblemente emocionado, no sólo por la habilidad manifestada por este
jovencito al bosquejar todo el programa de la Iglesia, sino por la perfección misma de su
doctrina.
"Mira, después de estar en los Ángeles unos dos días, tenía planes de volver a Nueva
York donde tengo mi oficina. Pero voy a enviar un telegrama a mi compañía avisando que me
dilataré unos días en llegar, al regresar me de tendré en Salt Lake City para ir al departamento
de información y oír, con más detalle, todas las cosas que me acabas de decir."
Vuelvo a preguntamos: ¿cuántos de vosotros, hombres y jóvenes, sabéis los Artículos de
Fe? ¿Los habéis repetido? Siempre estaréis preparados con un sermón si sabéis los Artículos
de Fe y además, son fundamentales, ¿no es verdad? Me parece que sería algo admirable que
todos los jóvenes pudieran aprenderlos de memoria, a la perfección; en esa forma no
cometerán errores ni los olvidarán.
¿Queréis saber cómo logré hacerlo yo? Me parece que ya he mencionado que en mi
juventud ordeñaba vacas. Podía escribir a máquina con dos dedos y copiaba los Artículos de
Fe en pequeños pedazos de papel, que colocaba frente a mí, al sentarme en el banquito para
ordeñar. Y los repetía y repetía, creo que hasta veinte millones de veces, no estoy seguro. Sea
como sea, lo cierto es que puedo repetir los Artículos de Fe ahora, después de todos estos años
pasados, sin cometer un error; Y creo que esto ha sido de muchísimo valor para mí. ¿Haríais
vosotros otro tanto, mis estimados jóvenes?
Y para los hermanos de mayor edad, voy a citar algunos pasajes de las Escrituras en el
libro de Hebreos, escrito según se cree, por Pablo, leemos:
"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres
por los profetas, en estos postreros días nos han hablado por el Hijo, a quien constituyó
heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo, el cual, siendo el resplandor de su
gloria y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su
poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó
a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho, tanto superior a los ángeles, cuan heredó más
excelente nombre que ellos" (Hebreos 1:1-4).
112
Y esto nos recuerda la sección 132, en la que el Señor promete que aquellos que han
recibido este nuevo y sempiterno convenio, y que viven de acuerdo con los otros, de los que
nos ha hablado el presidente Romney, superarán a los ángeles.
"Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy,
y otra vez: Yo seré a él padre, y él me será a mí hijo?" (Hebreos 1:5).
Los cielos podrán estar llenos de ángeles; pero éstos no son como el Hijo de Dios, y
podríamos añadir que no son como vosotros que os habéis hecho dignos de este alto
llamamiento de ser exaltados en el reino del Señor mediante las bendiciones que El ha
prometido.
"Y otra vez, cuando introduce al Primogénito del mundo, dice: Adórenle todos los
ángeles de Dios" (Hebreos 1:6).
Ese es el Hijo de Dios, Jesucristo, a quien adoramos con toda nuestra alma, con toda
nuestra mente y fuerza y poder. El es el hijo de Dios.
"Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído,
no sea que nos deslicemos" (Hebreos 2:1). No sea que se nos deslicen. ¡Oh, cómo espero que
al encontrar nuestro camino en este gran programa, nunca permitamos que estas cosas
gloriosas se deslicen de nuestras manos!
"¿ ... cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual,
habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron. .
." (Hebreos 2:3).
Hemos escuchado sobre este gran plan de salvación de boca de Pedro Santiago y Juan,
Pablo y otros predicadores, después que ellos lo oyeron del Señor quien lo estableció.
"Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas
subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionarse por aflicciones al
autor de la salvación de ellos" (Hebreos 2:10).
Hermanos supongo que muchos de nosotros podremos llegar a ser dioses, parece que hay
suficiente espacio allá en el universo. Creo que el Señor podría formar o probablemente
querría que nosotros le ayudáramos a formar mundos para todos nosotros, para cada uno de
sus hijos fieles.
Pensemos en las posibilidades. Todo niño varón que nace en esta tierra, llega a ser
heredero de este programa tan glorioso. Cuando crece conoce a una bella mujer y se casan en
el Santo Templo; obedecen todos los mandamientos del Señor y se conservan limpios; y luego
se convierten en herederos de Dios y siguen adelante con su gran programa. Avanzan más allá
de los ángeles y dioses que están esperando allí y siguen adelante hacia su exaltación.
Recordaréis que en la sección 132 dice todo lo que Abraham recibió de esta misma
manera, y que se encontraba ya sobre su trono y había recibido su exaltación.
Pablo sigue diciendo: "Así que por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él
también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de
la muerte, esto es, el diablo" (Hebreos 2:14). Esto lo hizo sujetándose a la muerte, pasando por
esa experiencia y después levantándose de los muertos como un resucitado.
"Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de
Abraham" (Hebreos 2:16).
Así que, el Señor, el Hijo de Dios, llegó a la tierra como descendiente de Abraham, Isaac
y Jacob, por medio de David.
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"Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al
apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; (Jesús Sumo Sacerdote, así como
muchos de vosotros sois sumos sacerdotes; fue apóstol, así como estos hermanos que están
aquí al frente, son apóstoles).
Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor
honra que la casa el que la hizo. . ."
A causa de lo cual me disgusté contra esa generación (dijo el Señor, refiriéndose al
pueblo que estuvo en Egipto y se vio sujeto a la esclavitud en ese país), y dije: Siempre andan
vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos.
Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo" (Hebreos 3:1, 3, 10, 11). A veces
pensamos en el reposo como un momento en que podemos recostarnos en el sofá o descansar
en nuestra casa, o en el césped o en algún lugar donde podamos descansar. Esta no es la clase
de reposo a que se refiere el Señor. El que es más activo, que trabaja con mayor empeño, que
se afana el mayor número de horas y vive más cerca de su Padre Celestial es quien reposa:
reposa de sus tareas pero no se le aparta de su obra.
Ahora quisiera citar algunas líneas de otros pasajes, éstos de la Perla de Gran Precio. Nos
hallamos desde luego en una reunión del Sacerdocio, todos poseemos el Sacerdocio, y es una
gran privilegio poseerlo; un gran privilegio. Permitidme citar unas palabras de nuestro Padre
Abraham que indican lo importante que este poder fue para él:
"Y hallando que había mayor felicidad, paz y reposo [esta otra clase de reposo, la clase
por la que uno se afana] para mí, busqué las bendiciones de los patriarcas, y la autoridad que
se me debería conferir para administrarlas; habiendo sido yo mismo partidario de la justicia,
buscando también gran conocimiento, y deseando ceñirme más a la justicia, gozar de mayor
conocimiento, y ser el padre de muchas naciones, un príncipe de paz, y anhelando recibir
instrucciones y guardar los mandamientos de Dios, llegue a ser heredero legítimo, un Sumo
Sacerdote, con el derecho que pertenecía a los patriarcas (Abraham 1:2).
Me parece que fueron diez generaciones desde Adán hasta Noé; y después de Noé a
Abraham, creo que fueron otras diez. Este heredó la bendición de los patriarcas, ¿Y quiénes
son éstos? Fueron los hombres rectos que llegaron a ser patriarcas de las naciones en aquellos
primeros años.
Sigue diciendo Abraham: "Me lo confirieron de los patriarcas; desde que comenzó el
tiempo, sí aun desde el principio, o antes de la fundación de la tierra hasta el tiempo presente,
descendió de los patriarcas aun el derecho del primogénito, sobre el primer hombre que es
Adán, nuestro primer padre; y por medio de los patriarcas hasta mí.
"Busqué mi nombramiento en el sacerdocio conforme a lo que Dios había señalado a los
patriarcas, relativo a la simiente" (Abraham 1:3-4).
Está hablando de algo de lo que somos herederos, nacimos como herederos de ello y
todo lo que necesitamos es hacernos dignos de obtener esta bendición, sin la cual jamás
podríamos ir al templo. Y si nunca fuéramos al templo no podríamos ser sellados y, por
consiguiente, no podríamos tener familia ni podríamos seguir adelante con nuestra obra.
"Habiéndose tornado mis padres de su justicia y de los santos mandamientos que el
Señor su Dios les había dado. . .se negaron por completo a escuchar mi voz" (Abraham 1:5).
114
Por consiguiente, Abraham tuvo que partir. Salió de Caldea y fue río arriba hasta que
llegó al lugar llamado Harán, que en la actualidad conocemos como Turquía, y de allí hasta
Palestina.
Ahora, si no os he aburrido con mi lectura, quisiera leer otros dos pasajes y luego
concluir.
"Y me habló su voz (después que el Señor hirió al hombre que intentó sacrificar a
Abraham sobre el altar)... me llamo Jehová, y te he oído, y he descendido para librarte y para
llevarte de la casa de tu padre y de toda tu parentela a una tierra extraña de la cual nada sabes.
"Cual fue con Noé, será contigo, pero mediante tu ministerio se conocerá mi nombre en
la tierra para siempre... (Abraham 1:16-19). Y dice en seguida: "Te llevaré para poner sobre ti
mi nombre" (Abraham 1:18). Mi nombre. El nombre de Jesucristo. El Sacerdocio se llama "el
Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo, de Dios" (D. y C. 107:3). Y más tarde se dio al
sacerdocio el nombre de Melquisedec para que no se hiciera necesario repetir con demasiada
frecuencia el nombre del Hijo de Dios. Con respecto a eso, frecuentemente pienso que usamos
los nombres divinos un poco más de lo necesario; probablemente con demasiada intimidad.
Aquí tenemos un buen ejemplo, en el hecho de que el Señor dio al sacerdocio el nombre de
Sacerdocio de Melquisedec para evitar la repetición.
Otro pensamiento antes de concluir, y es el siguiente: "Pero procuraré de aquí en
adelante delinear la cronología que data desde mí hasta el principio de la creación, porque han
llegado los anales a mis manos, anales que tengo hasta hoy. (Esto es de suma importancia en
lo que concierne a alguna de las otras obras que hemos considerado durante esta conferencia).
..
"Pero el Señor mi Dios preservó en mis propias manos los anales de los padres, aun los
patriarcas, concernientes al derecho del sacerdocio, por tanto, he guardado hasta el día de hoy
el conocimiento del principio de la creación, y también de los planetas y de las estrellas, cual
se dio a saber a los patriarcas; y trataré de incluir algunas de estas cosas en este relato para el
beneficio de mi posteridad que vendrá después de mí" (Abraham 1:28-31).
Hermanos, realmente es algo notable poseer el sacerdocio —este sacerdocio que
progresa de diácono a maestro, y de maestro a presbítero— y luego poseer el que es
permanente mientras seamos dignos de él, y que puede ser nuestro escudo y nuestro camino a
los mundos eternos. Ruego que el Señor nos bendiga, que jamás consideremos ser élder como
una cosa común y ordinaria. "No es más que un élder"; "no es más que un Setenta; "no es mas
que un sumo sacerdote." Ser sumo sacerdote, un sumo sacerdote, es verdaderamente algo en la
vida de cualquier hombre y considerarlo algo menos que extraordinario y maravilloso, sería no
comprender las bendiciones que hemos recibido.
Ahora bien, esto procede de la doctrina que poseemos. El Señor ha dicho: "Yo soy el
Omnipotente”, "Yo soy Jesucristo". "Yo soy Jehová." El es el Ser que adoramos. De El
cantamos en casi todo himno; oramos a El en todas nuestras oraciones; hablamos de El en
todas nuestras reuniones; lo amamos y lo adoramos. Prometemos y nuevamente nos
consagramos, una vez tras otra, que desde este momento en adelante, viviremos más cerca de
El, de sus promesas y de las bendiciones que El nos ha dado. Y os digo esto con todo nuestro
amor, en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
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LOS GRANDES ACONTECIMIENTOS
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce
Una o dos veces en un millar de años quizá una docena de veces desde que el hombre mortal
salió del polvo para ser alma viviente- ocurre un acontecimiento de tal trascendencia, que ni el
cielo ni la tierra siguen siendo los mismos después del hecho.
Una o dos veces en el transcurso de muchas generaciones, los cielos y la tierra se ciñen en
una asociación perfecta, se desarrolla el drama divino y el curso entero de los acontecimientos
mortales sufre un cambio.
De vez en cuando, en un silencioso jardín o en un sepulcro que no se puede sellar, o en un
aposento alto, casi siempre apartado de la mirada de los hombres y raramente percibido por un
puñado de personas, el Señor interviene en los asuntos de los hombres y manifiesta su voluntad
con respecto a la salvación de éstos.
Uno de estos acontecimientos tuvo lugar hace aproximadamente seis milenios, en un jardín
plantado al este de Edén, donde Adán y Eva cayeron "para que los hombres existiesen". Otro de
estos eventos que alteró el curso de la historia, ocurrió cuando un anciano profeta creyó en las
palabras de Dios y construyó un arca donde él, junto con otras siete personas, los únicos entre
todos los habitantes de la tierra, se salvaron de quedar sepultados en una tumba de agua.
Y el más trascendental de estos hechos se llevo a cabo en un jardín llamado Getsemaní; en
las afueras de Jerusalén, cuando el Gran Ciudadano de este planeta sudó gotas de sangre por cada
poro, al pasar por la agonía de tomar sobre sí todos los pecados de la humanidad, bajo la condición
del arrepentimiento. Pero otro de estos acontecimientos destinados a afectar la vida y el ser de
toda alma viviente sucedió en la tumba de Arimatea, cuando el espíritu sin pecado del único
hombre perfecto, volvió desde el paraíso para habitar nuevamente el cuerpo torturado y asesinado
del cual había salido, esta vez en gloriosa inmortalidad.
Pero el hecho al que desearía referirme en particular y que se equipara en importancia a las
más grandes verdades de la religión revelada, tuvo lugar en un bosque cercano a Palmyra, Estado
de Nueva York, en un hermoso y claro día a principios de la primavera de 1820. Según la
tradición, sucedió el seis de abril; pero, haya sido o no en esa fecha, lo que ocurrió entonces
afectaría la salvación de billones de hijos de nuestro Padre Celestial, los cuales habrían de vivir en
la tierra desde entonces hasta el día del gran final, cuando el Hijo entregue a su Padre el reino
inmaculado.
La montaña que se movió obedeciendo el mandato de un hombre (Moriáncumer); o el mar
que dividió sus aguas ante la voz de Moisés; o las órdenes de Josué al sol y a la luna para que se
detuvieran y éstos le obedecieron; todos esos grandes acontecimientos se vuelven casi
insignificantes si los comparamos con lo que ocurrió en el bosque en aquella mañana de
primavera.
Al contemplar con asombro y reverencia, con espíritu de devoción y gratitud aquel milagro
de los cielos, observemos primero las condiciones bajo las cuales éstos se abrieron y produjeron
ese milagro.
En aquel año de gracia de 1 820, igual que en los mil cuatrocientos años anteriores, las
tinieblas cubrían la tierra y la obscuridad la mente del pueblo; era una época de lobreguez
espiritual, de pesar, de negros nubarrones, los ángeles ya no ministraban a los hombres; la voz de
Dios estaba silenciosa y el ser humano ya no hablaba con El cara a cara; los dones, las señales, los
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milagros y todos los poderes especiales de que estaban investidos los santos de antaño, ya no eran
comunes para aquellos que sentían celo religioso. No había visiones ni revelaciones y los cielos
permanecían cerrados; el Señor ya no vería su justicia sobre su pueblo elegido, como lo hacía en
otros tiempos.
Ya no se levantaba a los muertos, ni se devolvía la vista a los ciegos o el oído a los sordos.
No existían administradores legalmente autorizados para sellar en la tierra y en los cielos. El
evangelio predicado por Pablo, por amor al cual Pablo había muerto, ya no se proclamaba desde
los púlpitos que se declaraban cristianos.
En resumen, la apostasía reinaba; era universal, absoluta, prevaleciente. La religión del
humilde Nazareno ya no se encontraba en ninguna parte; todas las sectas se habían alejado de ella.
Satán se regocijaba y sus ángeles reían. Tal era la situación social y religiosa de la época.
Pero en la sabiduría de Aquel que todo lo sabe, que reina supremo sobre cielo e infierno,
había llegado el momento de la prometida restauración. Mil ochocientos veinte era el año en el
cual el Gran Jehová había de comenzar "la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por
boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo". Los convenios hechos con
Abraham, Isaac y Jacob respecto a su simiente, habrían de cumplirse.
Cuando llega el tiempo de plantar y cosechar; el Señor de la viña envía a sus labradores. Los
hombres llevan a cabo la obra del Señor entre los hombres, con almas selectas que se convierten
en sus siervos. Así en el momento preciso, apareció José Smith, el hombre señalado. Este gigante
espiritual del cual se ha dicho, "José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la
salvación del hombre en este mundo, con la sola excepción de Jesús, que cualquier otro que ha
vivido en él" (D. y C. 1 35:3), este profeta preordinado vino a introducir la gran obra del Señor en
los últimos días.
Cuando el Señor necesitó un Enoc para edificar Sión, la Ciudad de Santidad, lo consiguió;
cuando necesitó un Moisés para ser el gran legislador de Israel, lo consiguió; cuando llegó el
momento de que el prometido Mesías diera su vida por la humanidad, el Gran Salvador estuvo
listo. Y gracias sean dadas a Dios, cuando llegó el momento de iniciarse la dispensación del
cumplimiento de los tiempos, listo estuvo José Smith, el poderoso Profeta de los últimos días. A
él el Señor le dijo:
'Desde los cabos de la tierra inquirirán tu nombre; los necios de ti se burlarán, y el infierno se
encolerizará en contra de ti;
En tanto que los puros de corazón, los sabios, los nobles, y los virtuosos constantemente
buscarán consejo, autoridad y bendiciones de tu mano" (D. y C. 1 22:1-2).
Era el año 1820; el hombre y la hora se juntaron. Pronto tendría lugar la Visión, y las llamas
consumidoras de la verdad del evangelio habrían de destruir las zarzas y las hierbas del sectarismo
que habían tomado posesión de la viña del Señor.
A fin de preparar el camino, un espíritu de preocupación e inquietud religiosa dominó la
región donde el futuro Profeta del Señor moraba en pacífica obscuridad. Los ministros de un
cristianismo decadente practicaban su profesión con fanático valor, proclamando que tenían la
verdad.
Todos los instructores y maestros de religión usaban sus poderes de convicción para ganarse
adictos a su sistema de salvación particular. Los sentimientos eran intensos y en el corazón de
muchas personas reinaba la amargura, esparciéndose el rencor y la desunión entre la gente, con
una "guerra de palabras y un tumulto de opiniones" (José Smith 2:10). En medio de tanta
contención, el futuro Profeta de Dios muchas veces se decía: "¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de
todos estos partidos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos está en lo justo, ¿cuál es, y
cómo podré saberlo?" (José Smith 2:10).
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En este punto crítico fue cuando la Divina Providencia hizo que brillara un rayo de luz
viviente de la sagrada palabra de Dios, e iluminara el corazón de un afligido buscador de la
verdad.
Escudriñad las Escrituras, atesorad verdades del evangelio, gozad de las palabras de vida
eterna en esta vida y regocijaos en la esperanza de una vida inmortal para la vida venidera. Leed,
meditad, orad sobre todo lo que los profetas han escrito. Este es el curso que el Señor invita a los
hombres a seguir con su Santa Palabra. Y a este camino de progreso y luz fue guiado José Smith
por la mano de Aquel que conoce el fin desde el principio y reina con amor y misericordia sobre
todos sus hijos.
El joven José —por entonces en su decimocuarto año de vida y a sólo veinticuatro años de
sufrir la muerte de un mártir, por lo que vería y por el testimonio que habría de dar al mundo—
leyó en la epístola de Santiago un versículo que estaba destinado a ser la porción de escritura de
mayor influencia que podría haber surgido de pluma de un profeta.
Moisés proclamó esta gran declaración, que para muchos eruditos es el sello de oro del
Nuevo Testamento: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.
"Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas"
(Deut. 6:4-5). Jesús, tomando de ella las palabras de amor y servicio, le llamó "el primero y gran
mandamiento".
Y las palabras que la mayoría de la gente considera como la más grandiosa declaración del
Nuevo Testamento, son: "Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo
Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:1 6).
Difícilmente se podría exagerar al mencionar la importancia y la influencia de escrituras
como estas en la vida de los seres humanos. Sin embargo, las palabras de Santiago que abrieron la
puerta hacia la Primera Visión y que indican la forma en que todos podemos saber lo que Dios nos
tiene reservado, esas pocas palabras contienen la expresión más influyente que pueden haber
pronunciado los labios de los profetas. Por medio de ellas se presentó al mundo la más grandiosa
de todas las obras de Dios: el evangelio de Jesucristo.
Esto es lo que dice la escritura:
"Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos
abundantemente y sin reproche, y le será dada" (San. 1:5).
Palabras sencillas, fáciles, puras; palabras que abrieron el camino a todos los hombres de
todas las épocas para que puedan saber la voluntad de Aquel que las inspiró; palabras que fueron
dictadas por el Espíritu Santo a uno de los últimos profetas del Nuevo Testamento y que habrían
de grabarse en el corazón del primer profeta de los últimos días y servir como introducción a la
más importante de todas las dispensaciones del evangelio.
¿Acaso tú, oh hermano, necesitas sabiduría? ¿Querrías saber cuál de todas las Iglesias es la
verdadera y a cuál deberías unirte? ¿Sientes acaso la necesidad de adquirir más conocimiento? ¿Te
gustaría romper las barreras del tiempo y el espacio y contemplar las visiones de la eternidad?
Si es así, pídele a Dios, busca su rostro, confíate al Hacedor, vuélvete a Aquel que es la
fuente de toda verdad y de toda justicia.
No obstante, ten en cuenta la condición que debe acompañar tus súplicas:
"Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda, es semejante a la onda del mar, que
es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
"No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor" (San. 1:6-7).
118
Así, en este momento crucial de la historia, mientras el Espíritu de Dios velaba sobre las
tinieblas que cubrían el mundo y los espíritus aún por nacer esperaban que se disipara la
obscuridad, el joven José fue guiado por Dios a meditar en aquellas palabras que abrirían una era
de verdad y luz desconocida hasta entonces para el mundo.
"Nunca un pasaje de las Escrituras llegó al corazón de un hombre con más fuerza que éste en
esta ocasión al mío", dijo más tarde el joven Profeta. "Parecía introducirse con inmenso poder en
cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces. . ." (José Smith 2:12).
Así es la obra de Dios y así son las obras de su Santo Espíritu. Las palabras de Santiago se
grabaron en el corazón de este gran Profeta, con un poder conocido sólo por las almas que están en
armonía con el infinito.
Sobre la controversia religiosa se esparcía confusión y discordia en toda la zona, José dijo: ".
. los maestros religiosos de las diferentes sectas interpretaban los mismos pasajes de las Escrituras
de un modo tan distinto que destruía toda esperanza de resolver el problema con recurrir a la
Biblia" (José Smith 2:12).
Era necesario que le preguntara a Dios mismo, como todos deberíamos hacerlo, y así lo hizo.
Para alejarse del mundo se fue a un bosque cercano a su casa; allí, en la soledad, se arrodilló y oró
volcando su alma al Creador.
Aquella fue la hora del destino y la esperanza porque, en medio de la lobreguez de las
tinieblas, estaba por aparecer una brillante luz. El decreto de la Creación, "Haya luz", estaba por
cumplirse nuevamente; la luz del evangelio, la luz de la verdad eterna, pronto derramaría sus rayos
sobre toda la tierra.
Pero los hechos extraordinarios no ocurren sin dificultades, los grandes acontecimientos que
sacuden al mundo, se encuentran con grandes montañas de obstáculos. En todas las cosas hay
oposición y cada persona que procure encontrar la verdad choca contra las costumbres del mundo.
José Smith no fue una excepción.
Cuando empezó a orar, los poderes maléficos se desataron contra él con satánico terror.
"Apenas lo hube hecho" relata, "cuando súbitamente se apoderó de mí una fuerza que
completamente me dominó, y fue tan asombrosa su influencia que se me trabó la lengua de modo
que no pude hablar. Una espesa niebla se formó alrededor de mí, y por un tiempo me pareció que
estaba destinado a una destrucción repentina" (José Smith 2:15).
Los métodos de Satanás son tales, que cuando el Dios de los cielos quiso enviar al mundo la
luz más brillante de todas las épocas, las fuerzas del mal se opusieron a ella con la más profunda
malevolencia de su tenebroso reino. Lucifer, nuestro enemigo común, luchó contra la prometida
restauración como ahora está luchando contra los resultados de la misma.
"Mas esforzándome con todo mi aliento para pedirle a Dios que me librara del poder de este
enemigo que me había prendido", continúa el Profeta, "y en el momento preciso en que estaba para
hundirme en la desesperación y entregarme a la destrucción -no a una ruina imaginaria, sino al
poder de un ser efectivo del mundo invisible que tenía tan asombrosa fuerza cual jamás había
sentido yo en ningún ser- precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de
luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió
hasta descansar sobre mí" (José Smith 2:16).
En esta forma los cielos se abrieron y el velo se rasgó. Los cielos que habían permanecido
herméticos, derramaron incontables bendiciones. Así nació la época de la luz, la verdad, la
revelación, los milagros y la salvación.
El lugar, la hora, la necesidad, el hombre y el designio divino, todo se unió para que se
manifestara la gran obra de Dios en los últimos días. A pesar de ello, los cielos no se sacudieron
119
ni tembló la tierra. Este no fue un acontecimiento anunciado por truenos y nubes como lo que
ocurrió en Sinaí, sino que lo caracterizaron la misma calma, serenidad y paz que cuando María
Magdalena exclamó: "¡Maestro!", al ver que el Señor se había levantado del sepulcro.
En esa ocasión, en la que se concedió al hombre la visión más maravillosa de que se tenga
registro, se rompieron las tinieblas tenebrosas y los dioses se revelaron a la tierra nuevamente.
"Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz
gradualmente descendió hasta descansar sobre mí", dice el Profeta. (José Smith 2:16.)
"No bien se hubo aparecido", sigue diciendo el Profeta, "cuando me sentí libre del enemigo
que me tenía sujeto. Al reposar la luz sobre mí, vi a dos Personajes, cuyo brillo y gloria no
admiten descripción, en el aire arriba de mí. Uno de ellos me habló, llamándome por nombre, y
dijo, señalando al otro: ¡Este es mi Hijo Amado: Escúchalo! (José Smith 2:17).
¡Oh, Dios de los cielos, cuántas maravillas contemplan nuestros ojos! Los cielos se abren, el
velo se parte, y el Creador del Universo viene a la tierra. El Padre y el Hijo hablan al hombre
mortal. La voz de Dios se hace oír nuevamente; El vive y habla y oímos sus palabras al igual que
en tiempos antiguos.
"Había sido mi objeto acudir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a
fin de saber a cuál unirme. Por tanto, apenas me hube recobrado lo suficiente para poder hablar,
cuando pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la
verdadera, y a cuál debería unirme. Se me contestó que no debería unirme a ninguna, porque todas
estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación en
su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que "con los labios me honran, mas su
corazón lejos está de mí; enseñan como doctrina mandamientos de hombres, teniendo apariencia
de piedad, mas negando la eficacia de ella" (José Smith 2:18-19).
Una o dos veces en un millar de años se abre una puerta por la cual todos deben entrar si
desean obtener la paz en esta vida y ser herederos de la vida eterna en los reinos venideros.
Una o dos veces en un sinfín de generaciones, amanece una nueva era y la luz naciente
comienza a eliminar las tinieblas que cubren el corazón de los hombres.
Una que otra vez, en un lugar lleno de paz y alejado de las miradas del mundo, el cielo y la
tierra comparten un momento de intimidad y ni el uno ni la otra vuelven a ser los mismos después
de eso. Un momento así tuvo lugar en una clara y hermosa mañana de la primavera de 1820, en un
bosque cercano a Palmyra, Estado de Nueva York.
El hombre preguntó y Dios respondió. José Smith vio al Padre y al Hijo.
Yo sé que estos hechos ocurrieron y os los testifico en el nombre del Señor Jesucristo, el
Hijo de Dios, de quien somos testigos. Amén.
[Link]
120
LA FE DE UN NIÑO
Por el élder Thomas S. Monson
Del Consejo de los Doce
¡Qué época maravillosa del año es la de la Conferencia! La Manzana del Templo en Salt
Lake City es lugar de reunión para millares de personas, algunos de las cuales viajan desde muy
lejos para escuchar la palabra del Señor. En este momento tenemos el Tabernáculo repleto, la
música ofrecida por el coro y las palabras de oración y consejo han reemplazado a la conversación
amistosa. La atmósfera está cargada de una dulce reverencia.
La experiencia de mirar fijamente vuestros rostros y apreciar vuestra fe y devoción a la
verdad, me hace sentir más humilde. Pacientemente os sentáis en esas históricas bancas, las cuales,
el paso del tiempo no las ha hecho más cómodas.
Me siento particularmente agradecido por los niños que se encuentran aquí. A mi izquierda
observo que hay una pequeña de unos diez años de edad. Dulce niñita, no sé de dónde has venido
ni cómo te llamas, pero la inocencia de tu sonrisa y la tierna expresión de tu mirada me ha
persuadido de que debo dejar para otra ocasión el mensaje que había preparado; hoy me siento
inspirado a hablarte a ti.
Cuando yo era un muchachito de tu edad, tenía una maestra en la Escuela Dominical que nos
leía en la Biblia relatos sobre Jesús, el Redentor y Salvador del mundo. Un día nos enseñó cómo le
habían llevado los niños pequeños para que los tocara y orara por ellos. Sus discípulos
reprendieron a los que acompañaban a los niños. "Viéndolos Jesús se indignó, y les dijo: Dejad a
los niños venid a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios" (Marcos 10:14).
Jamás he olvidado aquella lección.
Por el contrario, hace unos cuantos meses volví a aprender su significado y a sentir su poder;
en este caso, mi maestro fue el Señor. Quisiera compartir con vosotros esa experiencia.
Muy lejos de Salt Lake City, en el estado de Luisiana, vive la familia de Jack Methvin, todos
miembros de la Iglesia. Hasta hace poco tiempo también había en la familia una niña que bendecía
el hogar con su presencia. Su nombre era Cristal y sólo tenía diez años cuando la muerte puso fin a
su jornada terrenal.
A Cristal le gustaba correr y jugar en los abiertos espacios que rodean la casa de campo de
sus padres; montaba a caballo como una experta y sobresalía en todo tipo de habilidades manuales;
su futuro era brillante y la vida le parecía maravillosa. Entonces un día descubrieron que tenía un
extraño bulto en una pierna. Los especialistas completaron los análisis y dieron el diagnostico: era
cáncer y había que amputarle la pierna.
Después de la operación, la pequeña se recuperó rápidamente y retomó su vida con la alegría
de siempre, sin quejarse nunca. Pasado un tiempo, los médicos se encontraron con que la
enfermedad le había atacado los pulmones. La familia no se desesperó, sino que resolvieron hacer
un viaje a Salt Lake City para que la niña pudiera recibir una bendición de salud de alguna
Autoridad General; como no conocían a ninguna personalmente, le mostraron a Cristal un cuadro
con las fotografías de todas las autoridades para que ella eligiera uno. Por pura coincidencia, mi
nombre fue el seleccionado.
Pero Cristal no pudo hacer el viaje porque su salud se deterioró rápidamente. El fin se
acercaba, pero su fe no decaía. Un día les dijo a sus padres: "¿No se acerca la conferencia de
estaca? ¿No mandan siempre una autoridad General? Y, ¿por qué no ha de ser el hermano
Monson? Si yo no puedo ir a donde está él, el Señor puede mandarlo a él donde yo estoy."
121
Entretanto, en Salt Lake City se presentó una situación sumamente desusada, sin que nadie
hubiera oído nada sobre el caso de la niña. Para el fin de semana en que tendría lugar la
conferencia de la estaca a la cual pertenecía la familia, yo fui asignado a la conferencia de el Paso
Texas. El presidente Ezra Taft Benson me llamó a su oficina y me explicó que otra de las
Autoridades Generales había llevado a cabo algunos trabajos preliminares con respecto a la
división de la estaca de El Paso. Me preguntó entonces si me importaría que otro hermano fuera
asignado para la ' conferencia del El Paso y que a mí me enviaran a otro lugar. Claro que no habría
ningún problema, iría dondequiera que me enviaran. Entonces el presidente Benson dijo:
"Hermano Monson, siento la impresión de que usted debe asistir a la estaca Shreveport, Luisiana."
La asignación fue aceptada, llegó el día señalado y yo llegué a Shreveport.
La tarde de ese sábado estuve completamente ocupado con reuniones; una con la presidencia
de estaca, una con los líderes del sacerdocio, otra con el patriarca y la última con los directores de
las organizaciones de la estaca. Con cierto tono de disculpa en la voz, el presidente Charles F.
Cagle me preguntó si mi ocupado itinerario me permitiría el tiempo necesario para administrarle
una bendición a una niña de diez años que sufría de cáncer. Su nombre era Cristal Methvin.
Conteste que sí, que lo haría, y le pregunté al presidente de la estaca si ella estaría presente en la
conferencia o si se encontraba en el hospital. Conociendo perfectamente lo ajustado del itinerario
de la conferencia, el presidente Cagle apenas si se atrevió a susurrar que Cristal se encontraba
confinada en su hogar, el que estaba a ¡más de 129 kilómetros distante de Shreveport!
Examiné cuidadosamente los horarios de todas las reuniones a las que tendría que asistir esa
tarde, así como las de la mañana siguiente; revisé aun el horario de mi vuelo de regreso. De todo
eso saqué en conclusión que no tenía ningún tiempo extra para dedicarlo a visitar, a Cristal. Sin
embargo, se nos ocurrió una alternativa. ¿No podríamos acaso recordar a la pequeña Cristal en
nuestras oraciones públicas que tendrían lugar durante la conferencia? Con seguridad el Señor
comprendería la situación. En base a ese razonamiento entonces, seguimos adelante con el
itinerario programado para la conferencia.
Cuando se le comunicó la decisión tomada a la familia Methvin, hubo por parte de sus
miembros comprensión, pero al mismo tiempo un dejo de desilusión. ¿No había oído sus oraciones
el Señor? ¿No había hecho El que el hermano Monson fuera a Shreveport? Entonces, nuevamente
se reunió la familia y oró pidiéndole al Señor un último favor, para que su querida Cristal viera
realizado su deseo.
En el preciso momento en que la familia Methvin se arrodilló en ferviente oración, el reloj
del centro de estaca señalaba las 7:45. La reunión de liderismo había sido verdaderamente
inspirada. Yo me encontraba poniendo en orden mis notas, preparándome para pararme delante del
púlpito, cuando percibí una voz que le hablaba a mi espíritu. El mensaje fue breve, las palabras
bien conocidas: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino
de Dios" (Marcos 10:14). Mis notas se borronearon y mis pensamientos se dirigieron hacia una
pequeñita necesitada que esperaba una bendición. Entonces fue hecha la decisión y se alteró el
horario de la conferencia. Me dirigí al obispo James Serra y le pedí que saliera de la reunión e
hiciera saber mi decisión a la familia Methvin.
La familia Methvin a su vez acababa de levantarse de efectuar la oración, cuando sonó el
teléfono y recibieron el mensaje de que el domingo temprano por la mañana -en el día del Señor
viajaríamos en espíritu de ayuno y oración para ver a la pequeña Cristal.
Siempre recordaré y jamás olvidaré el viaje que de madrugada realizamos al cielo que los
Methvin llaman hogar. He estado en lugares santos, aun en casas sagrada, pero jamás sentí con
más fuerza la presencia del Señor que en la casa de los Methvin. Cristal se veía tan pequeñita
yaciendo pacíficamente en una cama que parecía tanto más grande. El cuarto irradiaba brillo y
122
alegría. La luz del sol que penetraba en el cuarto por la ventana del este, lo llenaba de calor
mientras el Señor llenaba nuestros corazones con su amor.
La familia rodeó la cama de Cristal. Me incliné para acercarme a una niña que se encontraba
muy débil para incorporarse y aun hasta para hablar. La enfermedad ya le había privado del don de
la vista. Tan fuerte era el espíritu que sentí; que caí de rodillas; tomé su suave y débil manecita
entre las mías y simplemente le dije: "Cristal, aquí estoy". Ella apartó lentamente los labios y
susurró: "Hermano Monson, yo sabía que usted vendría." Dirigí la vista alrededor del cuarto, nadie
se encontraba parado. Todos nos hallamos arrodillados. La bendición fue pronunciada, después de
la cual una suave sonrisa iluminó la carita de Cristal. Su susurro, en el que dijo "gracias", fue el
apropiado broche de oro de la ocasión. Después, lenta y silenciosamente, cada uno de los presentes
abandonó la habitación.
Cuatro días más tarde, el jueves, mientras los miembros de la Iglesia de Shreveport unían su
fe con la de la familia Methvin para recordar el nombre de Cristal durante una oración especial
dirigida a un bondadoso y amante Padre Celestial, el puro espíritu de Cristal Methvin abandonó el
atormentado cuerpecito para entrar en el paraíso de Dios.
Para todos nosotros que durante ese día del Señor nos arrodillamos en aquel cuarto bañado
por el sol, y especialmente para los padres de Cristal cuando diariamente entren en ese cuarto y
recuerden cómo lo dejó ella, las inmortales palabras del poeta Eugene Field les proporcionarán
preciosos recuerdos:
El perrito de juguete,
Cubierto de polvo
Pero resistente y firme
Allí se mantiene;
Y el soldadito de plomo,
Lleno de herrumbre
El arma cubierta de moho
Erguido sostiene.
Tiempo ha el perrito
De felpa era nuevo
Y el soldado tenía
El uniforme brillante;
Fue en ese entonces
Que nuestro niñito
Los besó tiernamente
1' los puso en su estante.
"No os vayáis hasta
Que yo vuelva", les dijo.
"Portaos bien
Estad en silencio,
Que ya volveré."
Después con su paso confiado
De niño, a su camita
A soñar con sus amados
Juguetes se fue,
Y mientras soñaba.
El canto de un ángel
123
Despertó a nuestro
Hermoso pequeñito.
¡Cuántos largos años
Han pasado ya!
Mas aún lo espera n
Sus fieles amiguitos
En el mismo lugar
En que él los dejó,
Leales a su tierno
Dueño se mantienen.
Esperando la caricia
De una manecita
Y la dulce sonrisa
De aquel que no vuelve.
Y a través de los largos
Años de la espera,
Aferrados a aquella promesa distante,
Se preguntan qué ha sido
Del dulce niñito
Que los besó tiernamente
Y los puso en su estante.
("LITTLE BOY BLUE", One Hundred and One Famous Poems, pág. 15. Chicago Reilly and
Lee, 1958. Traducción libre.)
Nosotros no tenemos necesidad de la incertidumbre o de la espera. Dijo el Maestro: "Yo soy
la resurrección y la vida; el que cree en mí aunque esté muerto vivirá" (Juan 11:25-26). A
vosotros, Juan y Nancy Methvin, El os dice: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como
el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14:27). Y de vuestra dulce
Cristal podría llegaros la expresión:". . . voy, pues, a preparar lugar para vosotros... para que donde
yo estoy, vosotros también estéis" (Juan 14:1-3).
A ti, mi querida amiguita que te encuentras en el balcón del Tabernáculo, así como a los
creyentes dondequiera que se encuentren, os doy mi testimonio de que Jesús de Nazaret ama a los
pequeñitos, que oye sus oraciones y que las contesta. En verdad, el Maestro pronunció las
siguientes palabras: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el
reino de Dios” (Marcos 10:14).
Yo sé que estas fueron las palabras que El habló a la multitud en las costas de Judea, cerca
de las aguas del río Jordán, porque la he leído.
Yo sé que estas son las palabras que El a un apóstol que se encontraba en una asignación
especial en Shreveport, Lousiana, porque las oí.
De estas verdades doy testimonio, en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
124
DEFENDAMOS LO QUE ES JUSTO
Por el élder L. Tom Perry
Del Consejo de los Doce
125
de acuerdo con que todos los seres humanos tienen el derecho del libre albedrío; pero argüí
con todas mis fuerzas contra la idea de acallar nuestras firmes convicciones sólo por que no
todas las personas podrían aceptarlas. Cuanto más debatíamos el tema, la oposición era más
cerrada y finalmente, nos fue imposible conseguir que el comité aceptara la publicación de ésa
o de alguna otra propuesta.
Me quedé tan anonadado ante la obvia inutilidad de nuestros esfuerzos que sentí la
necesidad de hablar con el ministro que más se había opuesto a nuestra declaración; pero
hacerlo me causó un efecto todavía peor, al ver a aquel hombre que proclamaba su
importancia como líder religioso con un pomposo título, el director de una congregación
cristiana, dando a mis preguntas las respuestas que quisiera leeros a continuación.
"¿Cree usted que Dios haya inspirado a los héroes de nuestra independencia en la
formación de esta nación?"
"En mis estudios no he encontrado evidencias de que la mano de Dios haya dirigido
nunca los asuntos de la humanidad."
"Con esa manera de pensar, ¿cómo puede pararse frente a su congregación todos los
domingos y enseñar doctrina cristiana?"
"No es difícil. Lo que hago es reunir un grupo que pueda representar a la congregación y
predico aquello que el grupo considere más conveniente por mutuo acuerdo."
Una vez más aclaro que durante estas reuniones a las que me he referido, conocí muchos
líderes religiosos excelentes y dedicados; pero al regresar de ese viaje lo hice con la grave
preocupación de ver que existe la tendencia en muchas de las iglesias cristianas, aquí y en
otras partes del mundo, a enseñar las doctrinas de los hombres en lugar de aquellas que Dios
nos ha dado.
También me sentía desilusionado de que aquellas importantes personas se hubieran
negado a proclamar una declaración de gratitud a nuestro Padre Eterno. Sin embargo yo tomé
la decisión de que haré oír mi opinión en dos asuntos importantes.
Primero, desarrollaré el valor necesario para defender firmemente lo que creo justo y
proclamaré mi testimonio personal de que los cielos no están cerrados. El Señor continúa
guiando y dirigiendo a sus hijos terrenales, basta que éstos obedezcan su voz. Proclamaré: mi
firme convicción de que la base de cualquier gobierno justo, es la ley que se ha recibido del
Señor para dirigir y guiar los asuntos de los hombres. La escritura que citó el presidente
Tanner indica que esto es así: "Y para este fin he establecido la constitución de este país a
manos de hombres sabios que yo he levantado para este propósito mismo, y he redimido la
tierra por el derrame de sangre" (D. y C. 101:80).
He decidido hacer todo lo que esté en mi poder por mantener viva la misma fe: que
existía en el corazón de los fundadores de nuestro país.
Deseo ratificar ante vosotros mi fe en que el Señor Dios continúa gobernando los asuntos
de sus hijos; su ley tiene que ser el cimiento en el cual se funden todas las demás leyes y
debemos estar listos para apoyar y defender la ley divina y vivir en armonía con ella.
En segundo término, deseo expresar públicamente mi oposición a todos aquellos que se
encuentran tan enceguecidos por su propia erudición que creen tener el poder para cambiar las
leyes de Dios. Un acuerdo entre los hombres no tiene ni nunca tendrá el poder de cambiar las
leyes divinas.
126
Quisiera citar un ejemplo de cómo estas mentes aparentemente ilustradas, están tratando
de destruir la sagrada institución del matrimonio con sus enseñanzas y su doctrina errónea. La
siguiente cita es de una publicación reciente, un caso de los muchos que he recibido de
ciudadanos preocupados por la situación actual:
"Basándose en ésta y otras evidencias similares, algunos observadores, sugieren que la
institución del matrimonio, que a través de los siglos ha sido altera da a fin de adaptarla a las
necesidades de una sociedad cambiante, se enfrenta ahora a la posibilidad de ir convirtiéndose
gradualmente en algo obsoleto. Según la opinión de estos observadores, el matrimonio
terminará por ser, no un voto religioso ni una certificación legal, sino simplemente un hecho
sociológico" (The Pleasure Bond, por William Masters y Virginia Johnson. Toronto and
Boston, Little, Brown and Co., pág. 179). Estas persona s desean un diferente enfoque
cristiano del matrimonio, afirmando que el dogma se ve obligado a cada paso al humanismo;
aunque sea en forma lenta y desga nada; también mencionan estudios que, según ellos están a
punto de revelar que las relaciones extramaritales pueden servir como un medio para lograr la
fidelidad a Dios.
Estas enseñanzas son completamente contrarias a las instrucciones que el Señor ha dado
a la humanidad; al examina r el orden físico en su plan divino, no encuentro evidencia alguna
de que El se haya enfrentado nunca a la necesidad de hacer correcciones. La tierra continua
rotando en la misma dirección, con su eje en el mismo ángulo; el ciclo de la humedad continúa
yendo del mar a la nube, de ésta a la tierra, a los ríos y el mar, con el mismo efecto beneficioso
con que comenzó y sin alteraciones.
Igual estabilidad existe en la ley divina que el Señor ha establecido para el ser humano.
En el principio, El declaró:
"Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
"Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía,
tomó una de sus costillas. . .
"Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
"Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será
llamada Varona, porque del varón fue tomada.
"Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una
sola carne" (Gén. 2:1 8,21 -24).
La unión entre marido y mujer es sagrada ante el Señor, es algo con lo cual no se puede
jugar. El convenio del matrimonio es esencial para que se cumplan los propósitos y la misión
del Señor Dios, por los cuales El creó los cielos y la tierra.
En todas las épocas El ha declarado que su ley divina está para salvaguardar y proteger
esta unión sacrosanta entre los esposos. Cuando Moisés tuvo la necesidad de leyes por las
cuales gobernar a los hijos de Israel, uno de los mandamientos del Señor fue: "No cometerás
adulterio" (Éxodo 20:14).
En otra época cuando el Hijo Unigénito estaba en la tierra, ratificó esta ley eterna con
renovado énfasis: Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.
"Pero yo os digo que cualquiera que mira una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella
en su corazón" (Mateo 5:27-28).
En su visita al Continente Americano el Señor volvió a declarar la misma enseñanza tal
como aparece en el Libro de Mormón: "No cometerás adulterio" (Mosíah 13:22).
127
Y no nos ha dejado sin esta instrucción en nuestras escrituras modernas, sino que en
nuestros días ha dicho nuevamente: "No cometerás adulterio; el que cometiere adulterio y no
se arrepintiere, será expulsado" (D. y C. 42:24).
Nunca ha habido ni jamás habrá contradicción en las leyes de Dios. En todas las épocas,
escritura tras escritura declaran su divino mensaje que permanece invariable y no puede sufrir
cambio alguno a manos del hombre.
Hoy deseo repetir las mismas palabras de advertencia pronunciadas por Pablo, el apóstol
del Señor: "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo
comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán
de la verdad el oído y se volverán a las fábulas (2 Timoteo 4:3-4).
Dejo con vosotros mi testimonio de que las leyes de Dios son constantes y no han de
cambiar. Si adaptamos nuestra vida a ellas, encontraremos un gozo recompensador, un
sentimiento de plenitud y de paz; si tratamos de cambiarlas o las desobedecemos, tendremos
que enfrentar el juicio de Dios y sin duda alguna, el resultado será aflicción, dolor y
remordimiento.
Tratemos de captar el espíritu del salmista que escribió: "De Jehová es la tierra y su
plenitud; el mundo, y los que en él habitan" (Sal. 24:1).
Que Dios nos conceda el valor de defender y apoyar todo aquello que sabemos es justo,
lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
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¡A EL OÍD!
Por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce
No puedo evitar mis hermanos, expresar mi profunda gratitud por los maravillosos
números musicales que hemos escuchado durante esta conferencia. Pocas veces me ha
emocionado tanto la música como en esta ocasión y quisiera expresar personalmente a los
cantantes y organistas lo agradecido que estoy con vosotros. Siento que habéis hecho un gran
aporte a esta excepcional conferencia.
Nosotros, los Santos de los Ultimos Días, tenemos un mensaje para el mundo. Es un
mensaje divino y declara a toda la humanidad que Dios ha hablado nuevamente desde los
cielos en estos tiempos modernos.
Al hablar el Todopoderoso dijo: "¡Escuchad, o cielos, prestad oídos, oh tierra, y
regocijaos, vosotros los habitantes de ellos, porque el Señor es Dios, y aparte de él no hay
Salvador!
"Grande es su juicio, maravillosas son sus vías, y el fin de sus obras nadie lo puede
saber" (D. y C. 76:1-2).
"La voz del Señor se dirige a todo hombre. . .Y la voz de amonestación irá a todo
pueblo" (D. y C. 1-2,4).
El punto esencial de nuestro mensaje es que Jesús de Nazaret es Cristo el Señor, el
Redentor de toda la humanidad, el Salvador de los cristianos y el Mesías de los judíos.
Afirmamos solemnemente que este mismo Jesús fue el Unigénito engendrado por Dios, nacido
de María, y que sin El no habría Salvador.
El Todopoderoso repetidamente afirmó que Jesús de Nazaret era su Hijo e
insistentemente mandó, "¡A El oíd!". En éstos últimos días, cuando el Todopoderoso dio su
grande y nueva revelación de Jesucristo, nuevamente dejó el mandamiento: "¡A El oíd!"
Por lo tanto, como Santos de los Ultimos Días os traemos una revelación nueva y
moderna de Jesucristo y al hacerlo transmitimos a todos aquellos que escuchen, el urgente
mandamiento de Dios el Padre: "¡A El oíd!"
Nuestro mensaje es verdadero. Es de interés vital para este atribulado mundo. El Señor
mismo dijo: "Escuchad vosotros, pueblos lejanos; y vosotros los que estáis sobre las islas del
mar, escuchad juntamente. Porque, de cierto, la voz del Señor se dirige a todo hombre" (D. y
C. 1:1-2).
Cuando así declaramos su palabra revelada, inmediatamente se suscita en muchas
mentes el problema de la credulidad. De esto estamos plenamente conscientes, sabiendo que el
crédito de nuestro mensaje estriba, en gran parte, en que nuestro pueblo sea digno de
confianza. Teniendo esto presente, permitidme hablaros por un momento de nosotros mismos.
Somos un pueblo dedicado a la moderación y el buen carácter, a la honradez y la vida
recta, enseñamos la virtud y la castidad como principios cardinales, básicos de nuestra fe;
abogamos por la estabilidad y la preservación del hogar.
Para nosotros la familia es la piedra angular de la civilización y así debe continuar por
siempre, es el fundamento de las debidas relaciones humanas.
129
Enseñamos a nuestros hombres y mujeres la fidelidad en su significado más elevado.
Creemos que cada uno de nosotros es un hijo espiritual de Dios y que el Señor tiene el
propósito de que vivamos de tal manera que finalmente podamos llegar a ser perfectos como
nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Véase Mateo 5:48.)
Creemos que la familia se estableció con el propósito de que fuese una unidad eterna que
se proyectaría más allá de la muerte y la resurrección, en una vida sempiterna e inmortal.
Es con el fin de prepararnos dignamente para tal destino que enseñamos que esta elevada
norma de fidelidad debe ser practicada por los cónyuges. Sólo "una" norma de moralidad
tenemos para ambos; nuestra constante amonestación es: "Sed limpios vosotros los que portáis
los vasos del Señor" (D. y C. 38:42).
Hombres y mujeres de corazón honesto responden a nuestro mensaje. En la actualidad
contamos en la Iglesia con tres millones y medio de miembros. Hace diez años éramos menos
de dos millones y medio.
Mantenemos un programa misional constante. En la actualidad hay 133 misiones con
congregaciones en sesenta y dos naciones; hace diez años contábamos con setenta y cuatro
misiones, únicamente. Hoy en día tenemos 21,168 misioneros, en su mayoría jóvenes de
aproximadamente veinte años de edad; hace diez años, teníamos únicamente 1 2,585. Estos
misioneros dedican al proselitismo religioso todo su tiempo, por su propia voluntad y
gustosamente durante dos años, sufragando todos sus gastos. Por esto podréis juzgar la
sinceridad de nuestras convicciones.
Nuestras congregaciones generalmente están divididas en lo que llamamos ramas,
barrios y estacas, pudiéndose comparar hasta cierto punto las ramas y los barrios a las
parroquias y las estacas a las diócesis. Hace diez años teníamos 6,000 barrios y ramas y ahora
tenemos casi 8,000. Hace diez años teníamos 412 estacas y ahora contamos con más de 700
que se encuentran diseminadas en países desde Sudamérica hasta Escandinavia y desde Alaska
hasta Africa del Sur, Australia y las islas de los Mares del Sur.
Generalmente somos un pueblo saludable. El Dr. James E. Enstrom de la Facultad de
Salud Pública de la Universidad de Los Angeles informó en el periódico de Pasadena, Star
News el pasado 9 de abril, que el promedio de cáncer entre los mormones es de un 50%,
menor que el promedio nacional. En Utah, el porcentaje de muerte por cáncer es el más bajo
de todos los Estados Unidos.
Con respecto al cáncer del pulmón, las mujeres mormonas ocupan únicamente el 31%,
del promedio nacional y los hombres únicamente el 38% El cáncer del esófago ocasionado
por el uso del alcohol, ocupa únicamente el 11% del promedio nacional para mujeres y el 34%
para los hombres, entre los Santos de los Ultimos Días. Estas cifras las proporcionó el Dr.
Joseph F. Lyon, director del Archivo del Cáncer en el Estado de Utah.
El Registro de Estadísticas de los Estados Unidos en 1 971, presenta ciertas cifras
interesantes, donde se comparó al estado de Utah con el resto de la nación.
Todos los cincuenta estados de la Unión se encuentran enumerados por los casos de
enfermedades que mencionaré, siendo los estados que se encuentran al final de la lista, los que
tienen el más bajo porcentaje.
En enfermedades del corazón, Utah ocupa el 46° Lugar; en influenza (gripe) y pulmonia
el 49° lugar; en enfermedades cerebrovasculares el 46° lugar; en arterioescierosis el 49° lugar;
cirrosis del hígado, el 45° lugar; bronquitis, enfisema y asma el 30° lugar; tuberculosis, el 50°
lugar; enfermedades venéreas el 50° lugar; enfermedades cardiovasculares y renales
130
combinadas, el 50° lugar; enfermedades del sistema cardiovascular, el 50° lugar; lesiones
vasculares afectando el sistema nervioso el 50° lugar; enfermedades del corazón, el 43° lugar;
enfermedades infecciosas, el 50° lugar; complicaciones de embarazo, el 460 lugar; mortalidad
infantil el 50° lugar.
Cuando se habla de estas cifras para el Estado de Utah, deberá tenerse presente que
aproximadamente el 30% del total de la población no pertenece a nuestra Iglesia, pero está
incluida en las estadísticas del estado.
Nuestra Iglesia ha encabezado la promoción del desarrollo juvenil a través del programa
de escultismo, el cual consideramos de lo más eficaz para capacitar a los niños de todas las
naciones, credos y razas.
En los Estados Unidos únicamente, el 23% de los niños disponibles en edad de
escultismo, están inscritos como Boy Scouts. Pero entre los Santos de los Ultimos Días, el
porcentaje es de 85%.
En 1 974, nuestra Iglesia obtuvo el segundo lugar en número de unidades de Scouts que
auspicia, habiendo sido la Sociedad de Padres y Maestros la que obtuvo el primer lugar. Esta
sociedad auspició 20,800 unidades, nosotros 14.789. Nos sigue la Iglesia Metodista con
13,789 y la Iglesia Católica Romana con 11,734 unidades.
En esta época de delincuencia juvenil es muy reconfortante saber que de los 256,000
varones adolescentes de nuestra Iglesia el 70% participa activamente y de las 238,000
señoritas de la misma edad, el 73% son activas. ¿Creéis que alguna otra institución podría
igualar estas cifras? Pensadlo. Medio millón de adolescentes consagrados a una Iglesia que
prohibe el licor, el tabaco y las relaciones sexuales premaritales. Tratad, si podéis, de
encontrar algo similar en cualquier otro lado.
Os interesará conocer la asistencia que tenemos en la Escuela Dominical. Cincuenta y
nueve por ciento de todos nuestros pequeños se encuentran en nuestras Escuelas Dominicales
cada domingo, y el 60'/, de nuestros jóvenes se encuentran presentes en sus clases.
En nuestra Iglesia enseñamos que "la gloria de Dios es la inteligencia" (Véase D. y C.
93:36). Creemos que también la gloria del hombre es la inteligencia. Teniendo esto presente
estamos totalmente en favor de la educación.
Cuando el Dr. Clark Kerr, presidente del Consejo Carnegie de Sistemas de Estudio de la
Educación Superior de los Estados Unidos, pronunció su discurso en la velada de graduación
de la Universidad de Utah en el año 74, dijo algo muy interesante:
"Utah ocupa el primer lugar en la nación, del total de la población de 3a 34 años de edad
de inscritos en la escuela.
"Utah ocupa el primer lugar en el porcentaje del total de la población inscrita en cada
grupo por edades, excepto de 16 y 17 años grupo en el que Minnesota ocupa el primer lugar.
Utah ocupa el primer lugar en gastos destinados a los programas de la Facultad de
Medicina, por cada $100,000 dólares de ingreso personal en el estado."
A continuación agregó: "La comisión Carnegie de Educación Superior hizo un estudio
de desempeño en la educación superior en cada uno de los 50 estados, habiendo encontrado
que el Estado de Utah a diferencia de muchos otros, no cuenta con deficiencias de
importancia."
Admirable, ¿verdad?
131
En seguida preguntó: "¿Por qué ha sobresalido Utah? No es ni el más rico ni el más
antiguo, ni el mejor ubicado de los estados para el desarrollo educacional. Si alguien pudiera
descubrir su secreto, tal vez podríamos exportarlo. Mas esto no es fácil ya que su secreto, creo
yo, radica en su historia. Vuestros primeros líderes le dieron una gran importancia a la
educación. "Y acto seguido citó a Brigham Young y su defensa por la educación.
Estos antecedentes vocacionales se reflejan en el número de personas de nuestro estado
que han alcanzado lugares prominentes en los Estados Unidos, Canadá y el mundo entero.
Mark W. Cannon, en una discusión titulada "Los mormones en cargos ejecutivos", dijo
que un estudio reciente demuestra que entre las 471 principales instituciones de negocios de
los Estados Unidos, había un mayor número de presidentes nacidos en Utah, en proporción a
su población, que en cualquier otro estado de la Unión. Utah produjo uno de estos presidentes
por cada 62.000 personas de población, comparado con uno por cada 205.000 en la nación.
Actualmente cincuenta y cinco hombres Santos de los Últimos Días ocupan cargos, ya sea
como presidentes, administradores o vicepresidentes en compañías norteamericanas con un
capital mayor de $75 millones de dólares.
Los Santos de Los Ultimos Días han desempeñado cargos en las Secretarías de gobierno
de los Estados Unidos, así como en otros nombramientos prominentes en Canadá. Contamos
con generales y almirantes en las fuerzas militares. Nuestra gente ha servido generalmente en
el Senado, así como en cuerpos gubernamentales en Canadá. Por ejemplo en 1952, había
quince miembros de la iglesia en el senado de los Estados Unidos. Ahora hay veintiocho.
Los Santos de los Ultimos Días han servido igualmente en cargos importantes en la
Reserva Federal, el Tribunal de Derechos de Aduana, la Comisión de Impuestos y vivienda
Federal.
El Dr. Harvey Fletcher, un sumo sacerdote mormón fue quien desarrolló el sonido
estereofónico; otro mormón, Philo Farnsworth, desarrolló el principio de la televisión.
Los mormones han sido presidentes internacionales del Club de Rotarios y el Club de
Leones. Han encabezado la Asociación Médica Americana, la Asociación de Banqueros
Americanos y varias sociedades científicas. Han desempeñado también muchos otros cargos
de importancia en la investigación científica, el mundo de los negocios y las finanzas,
demasiados todos ellos para mencionarlos en esta ocasión.
Muchas personas en la actualidad están interesadas en el llamado movimiento de
liberación femenino.
Os complacerá saber que la mujer mormona fue la primera en recibir el derecho al voto.
Esta importante facultad fue concedida durante los días de Brigham Young, hace más de un
siglo.
Creemos que la mujer mormona se encuentra menos circunscrita y disfruta de mayor
libertad que cualquier otra mujer en el mundo. Comprende el verdadero significado de la
libertad y la justicia para todos, porque es parte de su religión; y es también fundamental en su
rutina diaria.
En nuestra Iglesia contamos con una organización especial para mujeres, operada y
dirigida por las mujeres mismas; es conocido con el nombre de la Sociedad de Socorro, y
cuenta con casi un millón de miembros. Las directoras de esta organización han desempeñado
cargos prominentes en el Consejo Mundial de Mujeres y tina de ellas, la hermana Belle S.
Spafford, recientemente ocupó el de Presidenta del Consejo Nacional de Mujeres de los
Estados Unidos.
132
El propósito de la organización de la Sociedad de Socorro es proporcionar servicio
caritativo para aquellos que lo necesitan, pero también promueve el desarrollo cultural de las
mujeres, ayudándoles a lograr sus más caras metas en la vida y a establecer ideales en el
círculo familiar.
Como parte de nuestro mensaje traemos al mundo un nuevo volumen de escritura
adicional conocido como el Libro de Mormón, del que publicamos más de un millón de copias
anualmente; es la historia sagrada de la antigua América. Al hablar del Libro de Mormón,
algunas veces se nos pregunta si utilizamos la Biblia. Por supuesto que sí. Usamos la Biblia
como la mayoría de los cristianos y la aceptamos como una de nuestras obras canónicas. Pero
también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios, proveyendo un segundo
testigo de Cristo y su obra en estos últimos días.
Creemos en la revelación moderna y anunciamos a toda la humanidad que Dios ha
levantado nuevos profetas que dan voz a las revelaciones modernas para la dirección de la
humanidad.
Nuestro mensaje es solemne y verdadero. Nuestro pueblo está integrado por ciudadanos
honorables, obedientes de la ley, inteligentes y progresistas, como lo podrán testificar aquellos
que nos conocen. Nuestro patrón de vida, como podréis ver, es evidencia adecuada y amplia
del crédito que merece la divinidad de nuestra misión y mensaje. Por medio de antecedentes
como los que he descrito, es que proclamamos nuestro gran mensaje religioso al mundo.
En estos días de tinieblas, pecado y confusión, ¿no os gustaría aceptar una nueva
revelación de Dios, reafirmando su existencia, mostrando nuevamente el camino a la salvación
y proporcionando un faro sobre la colina, como una luz sobre un monte?
Testificamos que Dios vive. El es el Creador del mundo. Testificamos que Jesucristo
vive y que es el Redentor de la humanidad. Y unidos damos voz al mandamiento de Dios con
respecto al Cristo: "¡A El oíd!" En El y únicamente por El hay salvación. Y de estas cosas
testificamos en su Santo nombre. Amén.
[Link]
133
PROFETAS Y PROFECÍAS
Por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce
134
mediante la que podamos conocer la disposición y la voluntad del Señor tan clara y
ciertamente como a través de sus santos profetas. . ." porque no hará nada Jehová el Señor sin
que revele su secreto a sus siervos los profetas" (Amós 3:7).
Cualquier persona que busque la verdad y que crea en estas palabras así como en la
importancia que Jesús otorgó a la profecía, entre las innumerables iglesias cristianas que
existen en la actualidad, tendrá que buscar una que tenga a la cabeza un profeta al cual Dios
pueda revelar su disposición y su voluntad.
Reparemos ahora en las palabras proféticas de Pedro, cuando el día siguiente de
Pentecostés dirigiéndose a aquellos que habían condenado a muerte al Cristo, dijo: "Así que
arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo que os fue antes anunciado; a
quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de toda s
las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo
antiguo" (Hechos 3:1 9-21).
Por esta razón, el que busque la verdad, debe buscar una restauración y no una reforma
ni una continuación, pues si Pedro fue un Profeta de Dios, hemos de tener una restauración de
todas las cosas de las cuales habló Dios por boca de todos los santos profetas antes de que el
Salvador viniera, puesto que dijo que era necesario que el cielo recibiera al Cristo "hasta los
tiempos de la restauración de todas las cosas". Y no podía haber una restauración de todas las
cosas a menos que hubiera un profeta viviente sobre la tierra al cual pudiesen venir aquellos
santos profetas a fin de restaurar las cosas que se habían perdido, razón esta última por la cual
las iglesias enseñaban mandamientos de hombres como lo predijo Isaías. Por lo tanto, tenemos
un profeta viviente.
El Señor eligió al profeta José Smith, como se ha testificado en esta conferencia, y por su
intermedio hemos recibido más verdades reveladas que por cualquier otro profeta que haya
vivido sobre la faz de la tierra, de acuerdo a lo que muestran los registros; hizo llegar hasta
nosotros mensajes de aquellos profetas ya muertos que habían de venir a restaurar todas las
cosas antes de que el Salvador viniese otra vez; y muchas son las cosas que él restauró.
Tomemos por ejemplo el sueño del rey Nabucodonosor y la interpretación que hizo
Daniel de aquel sueño. Recordaréis que el rey había olvidado lo que había soñado y que hizo
llamar a sabios y astrólogos para que se lo revelasen, pero que ninguno de ellos pudo hacerlo;
entonces se presentó ante él Daniel el israelita y le dijo: "Pero hay un Dios en los cielos, el
cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en
los postreros días. He aquí tu sueño y las visiones que has tenido en tu cama" (Daniel 2:28).
Entonces le habló de los reinos de este mundo que surgirían y caerían hasta los últimos
días (recordemos que ahora vivimos en los últimos días), en que el Dios del cielo levantaría
"un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo" (Daniel 2:44).
¿Cómo podría Dios levantar un reino que permaneciera para siempre sin un profeta mediante
el cual pudiera establecerlo?
Daniel continuó diciendo que aquel reino sería como una pequeña piedra cortada del
monte, no con mano, lo cual equivale a decir que el reino tendría un pequeño comienzo.
Pensad que este reino comenzó con seis hombres y que ha crecido, como lo dijo Daniel hasta
convertirse en un gran monte que llena toda la tierra. (Véase Daniel 2:35.) En la actualidad,
ningún grupo religioso está creciendo en proporciones tan gigantescas como esta Iglesia,
porque el Dios del cielo la ha establecido de acuerdo con su promesa.
135
Cuando fui presidente de la Misión de los Estados del Sur de los Estados Unidos, en una
reunión a la que asistieron algunos investigadores, uno de los misioneros habló del sueño de
Nabucodonosor.
Al término de la reunión me quedé en la puerta saludando a las personas que salían;
entre ellas un señor se me presento diciendo que era ministro religioso y agregó: "Me imagino
que no querréis decir que la Iglesia Mormona es ese reino, ¿no es así?"
Yo le respondí: "Sí señor, ¿por que no?", a lo que él replicó: "Porque no puede ser."
Le pregunté entonces por que no podía ser y me contestó: "Porque no puede haber reino
sin rey, y puesto que vosotros no tenéis rey, tampoco podéis tener reino."
Lo invité entonces a leer el séptimo capítulo del libro de Daniel, en el que este relata la
visión en la que vio que con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, al cual "le
fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lengua s le sirvieran"
(Daniel 7:14).
Después de esto le dije a aquel ministro: "Mi querido amigo, dígame, ¿cómo podría
dársele el reino cuando viniere con las nubes del cielo, si no hubiere un reino preparado para
El? Pues tal es lo que los Santos de los Ultimos Días están edificando."
Vosotros los santos de Dios que sacrificáis vuestro tiempo, vuestros talentos, vuestros
medios, vuestra juventud, con el fin de promover el gran programa misional de la Iglesia y que
pagáis diezmo y ofrendas, pensad en que lo que hacéis no tiene paralelo en este mundo de hoy,
porque Dios está llevando a cabo su obra a través de sus profetas, pues como dijo el apóstol
Pablo dirigiéndose a la Iglesia de hoy, estamos "edificados sobre el fundamento de los
apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Efesios 2:20).
Por lo tanto, quien busque la verdad, deberá buscar una Iglesia que esté edificada sobre
dicho fundamento, y yo os doy mi testimonio de que está es la Iglesia de Jesucristo, edificada
sobre el fundamento de apóstoles y profetas, y que Cristo el Señor; la dirige mediante sus
profetas vivientes.
El apóstol Pablo declaró que el Señor había dado a conocer "el misterio de su voluntad"
(Véase Efesios 1:9), el cual era "reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del
cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra"
(Efesios 1:10). En este mundo, esta es la única Iglesia que está llevando a cabo la obra de unir
las cosas que están en los cielos con las que están en la tierra. Veamos a continuación algunas
escrituras que aclaran este concepto:
Los profetas han declarado que los del pueblo del Señor subirán como salvadores al
monte de Sión. (Véase Abdías 21.) Leemos la palabra de Jesús cuando dijo: "Viene la hora, y
ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios" (Juan 5:25), pues todos los que
han muerto deberán oír el evangelio. Además, las Escrituras anuncian que toda rodilla se
doblará y que toda lengua confesará que Jesús es el Cristo. (Véase Romanos 14:11.) Tomando
todo esto en cuenta podremos comprender mejor el significado de las palabras del apóstol
Pablo cuando dijo: "De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en
ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?" (1
Corintios 15:29).
Otro gran acontecimiento que había de verificarse en esta dispensación, es lo que el
Señor dijo por medio de Malaquías, que enviaría a su mensajero a preparar el camino delante
de El y que vendría súbitamente a su templo. "¿Y quién podría soportar el tiempo de su
venida? . . .porque él es como fuego purificador y como jabón de lavadores" (Malaquías 3:1-
136
2). Evidentemente esto no se refería a su primera venida, puesto que no venía súbitamente a su
templo y todos los hombres soportaron el día de su venida, pero se nos dice que cuando venga
en los últimos días, los malvados clamarán a las peñas diciendo: "Caed sobre nosotros y
escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono" (Apocalipsis 6:16).
Volvamos a las profecías que se refieren a la obra de unir las cosas que están en los
cielos con las que están en la tierra. Malaquías dijo: "He aquí, yo os envío el profeta Elías,
antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres
hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra
con maldición" (Malaquías 4:5-6).
Por esta razón llevamos a cabo la obra por los muertos en nuestros templos. Pensad en lo
que esto significa. . . ¿En qué otro lugar del mundo podéis encontrar el mensaje del regreso de
Elías el profeta de acuerdo con esta promesa? El ha venido; apareció a José Smith y Oliverio
Cowdery el 3 de abril de 1 836 y les entregó las llaves de esta grandiosa obra de unir las cosas
de los cielos con las de la tierra, lo que hizo que se iniciara la edificación de nuestros templos.
Quisiera recordaros ahora las siguientes palabras de Isaías: "Acontecerá en lo postrero de
los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, . .
. y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid y subamos al
monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob, y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por
sus sendas" (Isaías 2:2-3).
Este templo que se levanta a pocos pasos de aquí es la Casa del Dios de Jacob, la que
nuestros pioneros comenzaron a edificar en una época en que los medios de transporte eran
sumamente rudimentarios, demorando cuarenta años en su edificación. ¿No os parece
glorioso, uno de los edificios más hermosos del mundo? Los que salimos a la misión en días
ya lejanos sabemos con cuánto ardor los que se convertían en aquel tiempo vendían todo lo
que poseían, ahorrando su dinero centavo a centavo, como lo vi hacer en Holanda, hasta poder
reunir lo suficiente para venir a esta tierra y a este templo que tanta atracción ejercía sobre
ellos, y poder aprender más de "los caminos del Señor y caminar por sus sendas".
Muchas son las profecías tocantes a la congregación de los del pueblo del Señor, pero
me gustaría referiros el hecho de que Isaías también vio y declaró "que Jehová alzará otra vez
su mano para recobrar el remanente de su pueblo. . .
Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los
esparcidos de Judá" (Isaías 11:11-12).
El ángel Moroni le citó este pasaje al profeta José cuando tenía sólo dieciocho años de
edad, después, se lo citó nuevamente cuando lo visitó tres veces en el curso de una noche y
otra vez a la mañana siguiente indicándole que aquella obra estaba a punto de comenzarse.
Consideremos por un momento la magnitud de la tarea que se ponía en esos momentos en
manos del profeta losé: tenía que levantar un pendón ante las naciones. Ninguna otra iglesia en
el mundo está realizando por sus miembros obra semejante a la de esta Iglesia, lo cual es en
verdad un pendón ante el mundo.
Isaías vio muchas cosas concernientes a esta congregación; vio que el Señor congregaría
a Israel rápida y velozmente, que no habría tiempo ni para atarse los zapatos ni para dormir.
(Véase Isaías 5:27.) Imaginad una declaración como ésta en los días de Isaías, hace miles de
años, considerando la lentitud con que se desarrollaba la vida en aquellos tiempos.
A fin de ilustraros el cumplimiento de esa profecía, quisiera contaros parte del
comentario que hizo el presidente McKay ante los miembros de los Doce que estábamos
137
reunidos en el Templo, al informarnos de su viaje a Escocia donde ayudó a organizar la
primera estaca. Nos dijo que después de salir de Londres a las dos de la tarde y de pasar un
rato con unos hermanos de la Iglesia en la ciudad de Chicago, llegó esa misma noche a dormir
en su casa. Comparó entonces la rapidez de su viaje con el viaje de sus antepasados cuando
vinieron a Sión en los primeros días de la Iglesia, cuando la travesía por mar hasta los Estados
Unidos demoraba cuarenta y tres días y eran necesarias largas semanas para cruzar las
llanuras.
Jeremías dijo: " ...he aquí vienen días... en que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo
subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto; sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de
Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde (os había arrojado" (Jeremías 16:14-
15).
Esto es exactamente lo que el Señor ha estado haciendo con su pueblo desde la
organización de esta Iglesia. Ahora que podemos organizar estacas y edificar templos para los
hijos de Israel, éstos se están congregando en las estacas de Sión.
A continuación Jeremías añade que el Señor enviaría muchos pescadores que los
pescarían, y muchos cazadores que los cazarían por todo monte y por todo collado y por las
cavernas de los peñascos. (Véase Jeremías 1 6:1 6.) Los que hayáis estado en el campo
misional en diversas regiones del mundo, sabréis bien cómo van nuestros misioneros, más de
veintiún mil de puerta en puerta y de pueblo en pueblo, congregando a los del pueblo del
Señor, como dijo el profeta, aun por las cavernas de los peñascos. Podréis daros cuenta de la
forma literal en que esta Iglesia está cumpliendo las palabras de los profetas.
Jeremías también dijo: "Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro
esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sión; y os
daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia" (Jeremías
3:14-15).
Hermanos, los que os encontráis aquí en esta ocasión habéis venido uno de cada ciudad y
dos de cada familiar a aprender de las vías del Señor; y nosotros, los que nos hallamos en este
estrado somos los pastores que os enseñamos de acuerdo con la voluntad de Dios.
Que Dios os bendiga a todos. Ruego que os deis cuenta de que el Señor habla a los
hombres a través de sus profetas vivientes, que esta Iglesia está edificada sobre el fundamento
de profetas vivientes, y que hablamos al mundo para dar testimonio de lo que El ha hecho,
pues sabemos con certeza que "esta es su obra". Este es mi testimonio que os dejo con
profunda humildad y en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.
[Link]
138
EL DESTINO DEL CONTINENTE AMERICANO
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Mis amados hermanos, os ruego que supliquéis junto conmigo al Señor que mientras os
dirija la palabra, tanto vosotros como yo podamos gozar de la influencia del Espíritu Santo.
En esta ocasión quisiera poner de relieve una lección que el Señor se ha esforzado en
enseñarnos.
Entre las preguntas que frecuentemente surgen entre los habitantes del Continente
Americano, se encuentra la siguiente: "¿Podremos mantener nuestras libertades básicas,
nuestra paz y prosperidad durante otros doscientos años?"
La respuesta a esta pregunta es sí, siempre que individualmente nos arrepintamos y
cumplamos con las leyes del Dios de esta tierra, que es Jesucristo.
El estableció el fundamento de sus leyes en los Diez Mandamientos, el Sermón del
Monte y los dos grandes mandamientos:
"Amarás al Señor tu Dios con todo, tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. .
y amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo 22:37-39).
Hace mil años el Señor declaró: "Nadie vendrá a esta tierra si no fuere traído por la mano
del Señor... esta tierra está consagrada a los que él conduzca aquí. Y si le sirvieron según los
mandamientos que ha dado, será para ellos una tierra de libertad" (2 Nefi 1:6-7).
Otro profeta antiguo dijo: "He aquí, ésta es una tierra escogida, y la nación que la posea
se verá libre de la esclavitud, del cautiverio y de todas las otras naciones debajo del cielo, si
tan sólo sirve al Dios de la tierra, que es Jesucristo" (Eter 2:12).
Al hacer estas observaciones tengo por objeto indicar que el registro de los antiguos
habitantes americanos da testimonio de que los decretos divinos que acabo de mencionar, se
han cumplido.
En la parte occidental del estado de Nueva York se destaca un cerro que se conoce como
"el cerro de Cumorah" (Mormón 6:6). El veinticinco de julio de este año, subí hasta la cima
de este cerro, y una vez allí al contemplar conmovido y admirado el hermoso paisaje que se
extendía ante mi vista en todas direcciones, mis pensamientos se remontaron a los sucesos que
acaecieron en esos lugares hace alrededor de veinticinco siglos, hechos que pusieron fin a la
gran nación jaredita.
Los que habéis leído el Libro de Mormón recordaréis que durante la última campaña de
la guerra fratricida entre los ejércitos de Shiz y de Coriántumr, perecieron "por la espada cerca
de dos millones" de los del pueblo de este último, "dos millones de hombres valientes, así
como sus mujeres y sus hijos" (Eter 15:2).
Al recrudecer el antagonismo entre ambos bandos, los hombres del pueblo de
Coriántumr que no habían muerto, "con sus mujeres e hijos" (Eter 15:15) acamparon junto al
cerro de Cumora (véase Eter 15:11).
"La gente que estaba con Coriantumr se juntaba al ejército de Coriantumr; y la gente que
estaba con Shiz, se unía al ejército de Shiz...
139
, ... habiendo armado a los hombres, así como a las mujeres y niños con armas de
guerra... marcharon el uno contra el otro para combatir; y lucharon todo ese día, y nadie
triunfó.
"Y aconteció que al llegar la noche se hallaban rendidos de cansancio y se retiraron a sus
campos; y... empezaron a aullar y lamentar por los que habían muerto entre su pueblo" (Eter
15:13, 15-16).
Esto se repitió día tras día hasta "que tocios hubieron caído por la espacia con excepción
de Coriántumr y Shiz; y he aquí, Shiz se había desmayado por la pérdida de sangre.
Y ocurrió que después de haberse apoyado Coriántumr sobre su espada, y recobrándose
un poco, le cortó la cabeza a Shiz.
Y sucedió que Shiz después de ser decapitado por Coriántumr, se alzó sobre las manos y
cayó. Y habiendo hecho el esfuerzo por alcanzar resuello, murió.
Y aconteció que Coriantumr cayó a tierra, y se quedó como si no tuviera vida" (Eter
15:29-32).
De este modo pereció a los pies del cerro de Cumora el remanente de la una vez
poderosa nación jaredita, de la cual el Señor ha dicho que: "no habrá sobre toda la superficie
de la tierra nación mayor" (Eter 1:43).
Al pensar en aquellas trágicas escenas desde el lugar en que me encontraba en la cima
del Cumora y contemplar la hermosa tierra de la Restauración que es hoy en día, desde el
fondo de alma mi surgió la pregunta: "¿Cómo pudo haber sucedido tal cosa?"
La respuesta no tardó en venirme a la mente, al recordar en seguida que unos quince o
veinte siglos antes de la destrucción de este pueblo, cuando el pequeño grupo de sus
antepasados fue divinamente guiado a este continente desde la torre de Babel, el Señor
"dispuso que viajaran hasta llegar al país de promisión (esta tierra), que era una tierra escogida
sobre todas las demás; reservada por el Señor Dios para sin pueblo justo.
"Y había jurado en su ira al hermano de Jared (su profeta y líder) que todos los que
poseyeran esta tierra... deberían servirlo a él, el verdadero y único Dios, desde entonces y para
siempre, o serían talados cuando cayera sobre ellos la plenitud de su cólera.
"Y así podemos ver los decretos de Dios respecto a este país; que es una tierra de
promisión; y las gentes que la poseyeren servirán a Dios, o serán talados cuando la plenitud de
su cólera caiga sobre ellas. Y la plenitud de su ira les sobrevendrá cuando hayan madurado en
la iniquidad.
"Porque he aquí, esta es una tierra escogida sobre todas las demás; por tanto, aquellos
que la posean servirán a Dios o serán talados, porque es el eterno decreto de Dios" (Eter 2:2-
10).
Conforme a este decreto de Dios respecto a la tierra de América, los jareditas fueron
talados, porque se rebelaron contra las leyes de Jesucristo -el Dios de la tierra- y "maduraron
en iniquidad".
Este pueblo no fue el único que en tiempos antiguos fue divinamente guiado hasta esta
tierra escogida para crecer en justicia hasta llegar a convertirse en una nación poderosa para
luego "madurar en la iniquidad" y derrumbarse, siendo, conforme al decreto de Dios, talados o
completamente destruidos.
140
Subrayo el hecho de que fueron "divinamente guiados" porque, como lo he indicado
anteriormente, el Señor les dijo que El los guiaba y "que nadie vendrá a esta tierra si no fuere
traído por la mano del Señor.
"Por lo tanto, esta tierra está consagrada a los que él conduzca aquí. Y si le sirvieren
según los mandamientos que ha dado, será para ellos una tierra de libertad; por lo que nunca
serán llevados cautivos, y si lo fueren, será por causa de la iniquidad; porque si abundare la
iniquidad, maldito será el país por causa de ellos; pero para los justos siempre será una tierra
bendita" (2 Nefi 1:6-7).
Esta segunda civilización a la cual me refiero, fue la de los nefitas, la cual floreció en el
Continente Americano entre el año 600 A. C. y 400 D. C. Dicha civilización se extinguió por
la misma razón, llegando a su fin en el mismo lugar y de la misma manera que los jareditas. Y
quisiera citar lo siguiente de la lucha a muerte que sostuvieron:
"Y ahora", dice Mormón, el historiador de este pueblo, "concluyo mi relato sobre la
destrucción de mi pueblo, los nefitas. Y sucedió que retrocedimos delante de los lamanitas. .
.al país de Cumora. . .Y cuando. . .habíamos recogido a todo el resto de nuestro pueblo en el
país de Cumora. . .mi pueblo, con sus mujeres e hijos. . .vieron a los ejércitos de los lamanitas
que marchaban hacia ellos; y con ese horrible temor de la muerte que llena el pecho de todos
los inicuos, esperaron que llegaran.
"Y sucedió que dieron sobre mi pueblo con la espada, el arco, la flecha, el hacha y toda
clase de armas de guerra.
"Y ocurrió que talaron a mis hombres, sí, a los diez mil que se hallaban conmigo, y yo
caí herido en medio de ellos, y los lamanitas pasaron de donde yo estaba, de modo que no me
quitaron la vida.
"Y cuando hubieron pasado por en medio de nosotros, y destruido a todos los de mi
pueblo, salvo a veinticuatro de nosotros (entre estos mi hijo Moroni), a la mañana siguiente...
nosotros, habiendo sobrevivido al resto de nuestro pueblo, vimos, desde la cima del cerro de
Cumora, que fueron destruidos (230.000) de mi pueblo. . .
“...sí, todo mi pueblo había caído —salvo aquellos veinticuatro que estaban conmigo, y
unos cuantos que se habían escapado a los países del sur, y unos pocos que se habían pasado a
los lamanitas. . .
"Y mi alma se partió de angustia. . . y exclamé:
"¡Oh bello pueblo, cómo pudisteis apartaros de las vías del Señor! ...¡Cómo pudisteis
rechazar a aquel Jesús que tenía los brazos abiertos para recibiros!
"He aquí, si no hubieseis hecho esto, no habríais caído. . .
"¡Oh bellos hijos e hijas, vosotros, padres y madres, vosotros maridos y esposas... cómo
es que pudisteis haber caído!. . .
"¡Oh, si os hubieseis arrepentido antes que cayera sobre vosotros esta gran destrucción!"
(Mormón 6:1, 4, 5, 7, 9-11, 15-19,22).
Poco después, Moroni escribió lo siguiente:
"He aquí que yo, Moroni, doy fin a la historia de mi padre Mormón. . .
“. . .tras la grande y tremenda batalla de Cumora. . .los lamanitas acosaron a los nefitas
que se habían escapado al país del Sur, hasta destruirlos a todos.
141
"Y mi padre también murió a manos de los lamanitas y yo quedo solo para rescribir el
triste relato de la destrucción de mi pueblo" (Mormón 8:1-3).
La trágica suerte que corrieron las civilizaciones jaredita y nefita nos rinde una prueba
concreta de los designios del Señor cuando dijo que ésta "es una tierra de promisión; y las
gentes que la poseyeren servirán a Dios, o serán taladas cuando la plenitud de su cólera caiga
sobre ellas. Y la plenitud de su ira les sobrevendrá cuando hayan madurado en la iniquidad"
(Eter 2:9).
Moroni dirigiéndose a nosotros, los que ocupamos estas tierras de América en la
actualidad, escribió: "Y esto se os comunica, oh gentiles" (los profetas del Libro de Mormón
utilizaron el término gentiles refiriéndose a los habitantes del Continente Americano de éstos,
nuestros días, así como a las gentes del viejo mundo del cual vendrían), para que conozcáis los
decretos de Dios, a fin de que os arrepintáis y no continuéis en vuestras iniquidades hasta
llegar al colmo para que no hagáis venir sobre vosotros la plenitud de la ira de Dios, como lo
han hecho hasta aquí los habitantes del país.
"He aquí, osta es una tierra escogida, y la nación que la posea se verá libre de la
esclavitud, del cautiverio y de todas las otras naciones debajo del cielo, si tan sólo sirve al
Dios de la tierra, que es Jesucristo" (Eter 2:11-12).
En 1492, en conformidad con las palabras del Señor de "que nadie vendrá a esta tierra si
no fuere traído por la mano del Señor" (2 Nefi 1: 6), Cristóbal Colón fue divinamente guiado a
América.
Siglos antes, entre los arios 590 A. C. y 600 A. C., Nefi, contemplando en una visión el
paso del tiempo, vio "entre los gentiles (es decir, entre las naciones europeas) a un hombre que
estaba separado de (esta tierra prometida) por las muchas aguas; y vi que descendió el Espíritu
de Dios y operó sobre él; y el hombre viajó sobre las muchas aguas, hasta la tierra de
promisión.
"Y aconteció que vi que el Espíritu de Dios obraba sobre otros gentiles, los que. .
.atravesaron las muchas aguas.
"Y sucedió que vi muchas multitudes de gentiles sobre la tierra de promisión" (1 Nefi
13-14).
El mismo Colón corroboró el hecho de que fue divinamente guiado a esta tierra. Un
historiador escribió de él lo siguiente:
"En presencia de la reina Isabel, expuso sus planes con elocuencia y ardor, pues, según
lo declaró él mismo posteriormente, sentía en su pecho un fuego divino y se consideraba el
agente escogido para cumplir con el grandioso designio. . .
"Su hijo Fernando, en la biografía de su padre, lo cita como diciendo en una ocasión:
'Dios me dio la fe y más tarde el valor para que yo estuviera deseoso de emprender la
jornada.”
"En el testamento de Colón dice lo siguiente: En el nombre de la Santísima Trinidad, que
me inspiró primero la idea de que podía yo llegar a las Indias zarpando de España y
atravesando el océano con proa al poniente, y me infundió después la más absoluta certeza de
que iba a lograrlo." (Prophecies of Joseph Smith and Their Fulfillment por Nephi Lowell,
Morris. Deseret Book, 1945, págs. 289, 294-95; cursiva agregada).
Y porque Colón fue guiado, nosotros estamos en esta tierra escogida. Nuestro Padre
Celestial y su Hijo amado aparecieron al profeta José Smith para dar comienzo aquí en esta
142
tierra a una dispensación del evangelio de Jesucristo. El ha establecido su Iglesia aquí y envía
a sus representantes a todos los rincones de la tierra donde es posible, a declarar y enseñar las
leyes de Jesucristo, el Dios de esta tierra.
El ha revelado nuevamente y repetido una y otra vez el antiguo decreto: “...esta es una
tierra escogida sobre todas las demás; por tanto, aquellos que la posean servirán a Dios o serán
talados, porque es el eterno decreto de Dios" respecto a esta tierra. (Eter 2:10.)
Se nos ha revelado este conocimiento "para que conozcáis, los decretos de Dios a fin de
que os arrepintáis y no continuéis en vuestras iniquidades hasta llegar al colmo, para que no
hagáis venir sobre vosotros la plenitud de la ira de Dios, como lo han hecho hasta aquí los
habitantes del país" (Eter 2:11).
Vivimos en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la que culminará con la
segunda venida del Señor Jesucristo. Con respecto a la proximidad de ese acontecimiento y a
lo que se ha preparado para los habitantes de la tierra entre ahora y ese entonces, el Señor dijo
hace ciento cuarenta y cuatro años;
“ . . .la ira de Dios ha de derramarse sin medida sobre los malvados. . . "Por tanto, la voz
del Señor llega hasta los extremos de la tierra, para que oigan todos lo que quieran oír."
He aquí el mensaje: "Preparaos, preparaos para lo que viene, porque el Señor está cerca;
"Y está encendida la ira del Señor, y su espada se embriaga en el cielo, y caerá sobre los
habitantes de la tierra. . .
'”. . .la hora no es aún, mas está a la mano, cuando se quitará la paz de la tierra, y el
diablo tendrá poder sobre su propio dominio.
"Y también el Señor tendrá poder sobre sus santos, y reinará entre ellos, y bajará en
juicio sobre. . .el mundo" (D. y C. 1:9,11-13,35-36).
Ahora, mis amados hermanos de todas partes, tanto los miembros de la Iglesia como los
que-no lo son, os doy mi testimonio personal de que yo sé que las cosas que os acabo de
presentar son verdaderas, tanto los sucesos del pasado como los que han de venir. Los hechos
que enfrentamos son claros y están bien definidos. La elección está en nuestras manos. La
pregunta que pende en el aire es: Nosotros, los de esta dispensación, ¿nos arrepentiremos y
obedeceremos las leyes del Dios de la tierra, que es Jesucristo, o continuaremos
contraviniéndolas hasta llegar a madurar en la iniquidad?
Ruego humildemente que nos arrepintamos y obedezcamos las leyes del Señor,
haciéndonos por lo tanto, merecedores de las bendiciones prometidas a los justos en estas
tierras, y lo hago humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
143
DE ACUERDO CON LOS MANDAMIENTOS
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Al pensar en los problemas que se crean como consecuencia del rápido crecimiento de la
Iglesia, supongo que una de nuestras responsabilidades más urgentes es la de convertir a los
élderes inactivos y a los miembros del Sacerdocio Aarónico que podrían ser élderes. Hay decenas
de miles de estos hermanos en la Iglesia. Lamentablemente, el número que se agrega cada año a
este grupo de inactivos, es mayor que el número de los que se convierten.
Un estudio de esa situación lleva inevitablemente a la conclusión de que debemos hacer
algo, además de lo que ya se ha estado haciendo, para estimular a estos hombres a cambiar su vida
y no simplemente invitarlos a participar en actividades recreativas ocasionales. Lo que ellos
necesitan es ser convertidos.
El diccionario dice que el verbo convertir significa: "Mudar o volver una cosa en otra.
Reducir a la verdadera religión al que va errado, o traerle a la práctica de las buenas costumbres",
y dice que conversión es la "mudanza de mala vida a buena". Según se usa en las Escrituras
convertir implica por lo general no sólo la aceptación mental de Jesús y sus enseñanzas, sino
también la fe motivadora en El y en su evangelio, fe que produce un cambio o transformación, un
cambio en la comprensión personal de la vida y en la relación del hombre con Dios; en los
intereses, en el pensamiento y en la Conducta. Mientras que la conversión puede lograrse en
etapas, una persona no está en realidad convertida completamente a menos que, íntimamente sea
una nueva persona. El término que menciona la escritura es nacer de nuevo.
En aquel que se ha convertido, han desaparecido los deseos por cometer cosas opuestas al
evangelio de Jesucristo, y a cambio le ha sobrevenido un amor por Dios capaz de darle la
determinación de cumplir con los mandamientos. Pablo dijo a los romanos que esa persona,
andará por una vida nueva:
"¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido
bautizados en su muerte?
"Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo: a fin de que como
Cristo resucitó de los muertos... así también nosotros andemos en vida nueva" (Romanos 6:3-4).
Pedro enseñó que andando en esta vida nueva uno escapa de "la corrupción que hay en el
mundo a causa de la concupiscencia" y desarrollando fe en nosotros mismos, virtud, conocimiento,
dominio, paciencia, piedad, amor fraternal y caridad, nos transformamos en "participantes de la
naturaleza divina. . ." (Véase 2 Pedro 1:4-7).
Aquel que camina en esta vida nueva, está convertido. Por otra parte Pedro dice que, "el que
no tiene estas cosas tiene la vista muy corta, es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus
antiguos pecados" (2 Pedro 1:9). Así es el que no se ha convertido, aun cuando haya sido
bautizado.
En el último discurso del rey Benjamín, según lo describe Mormón, existe un ejemplo claro
del cambio que se efectúa como producto de la conversión. Este sermón fue tan profundo que
mientras el rey hablaba la multitud cayó a tierra, pues "se consideraron en su estado carnal... y
todos a uno gritaron diciendo: ¡Oh ten misericordia, y aplica la sangre expiatorio de Cristo para
que recibamos el perdón de nuestros pecados y sean purificados nuestros corazones; porque
creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios!" (Mosíah 4:2).
Al observar su humildad, el rey Benjamín continuó diciendo:
144
"Creed en Dios, creed que existe, y que creó todas las cosas... creed que él tiene toda
sabiduría y todo poder, tanto en el cielo como en la tierra... Creed que debéis arrepentimos de
vuestros pecados y abandonarlos y humillaras ante Dios, pidiendo con sinceridad de corazón que
él os perdone; y si creéis todas estas cosas, procurad hacerlas" (Mosíah 4:9-10).
Al concluir, les preguntó si creían en sus palabras, y todos respondieron: "Sí, creemos todas
las palabras que nos has hablado; y además, sabemos que son ciertas y verdaderas. . ." (Mosíah
5:2). "Y ¿por qué tenían tanta seguridad? Porque, como ellos mismos lo dijeron: el Espíritu del
Señor Omnipotente ha efectuado tan grande cambio en nosotros o en nuestros corazones, que ya
no sentimos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente.
Y deseamos hacer convenio con nuestro Dios de cumplir su voluntad y ser obedientes en sus
mandamientos en todas las cosas. . todo el resto de nuestros días. . ." (Mosíah 5:2, 5).
¿No sería maravilloso que todos nuestros hermanos inactivos pudieran ser llevados a este
estado de conversión? ¿Qué estáis haciendo vosotros presidentes de los quórumes de élderes que
tenéis una enorme responsabilidad en esta fase de la obra del Señor por convertir a vuestros
hombres?
Os sugiero que meditéis y pongáis en práctica el sistema prescrito por el Señor cuando dijo:
" ... el deber del presidente de los élderes es presidir a noventa y seis élderes, y sentarse en
concilio con ellos e instruirlos de acuerdo con los convenios.
"Esta presidencia es distinta de la de los setenta, y es para los que no andan viajando en todo
el mundo" (D. y C. 107:89-90. Cursiva agregada).
Enseñadles el convenio, lo cual es un lazo solemne o un acuerdo entre dos o más partes.
Desde el comienzo, el pueblo de Dios ha sido el pueblo del convenio, o sea, un pueblo que ha
hecho convenios con El. Este mandamiento moderno a los presidentes de los élderes en cuanto a
sus quórumes de enseñar de acuerdo a los convenios" no ha sido aplicado en la debida forma.
Ningún hombre que comprenda, crea y viva conforme a los convenios del evangelio será
inactivo en la Iglesia. Al entender el evangelio de Jesucristo que es el nuevo y sempiterno
convenio del Señor, se comprende que uno mismo lo ha aceptado en el mundo de los espíritus, que
ha peleado la batalla en los cielos y ha entrado en la mortalidad de acuerdo con la promesa del
Señor de que si prueba ser fiel heredará la vida eterna, y cualquiera que entienda esto, cuenta con
la experiencia necesaria para entender los convenios que ha contraído al entrar en la mortalidad.
Considero que la causa primordial de que miles de miembros se inactivan en la Iglesia es
porque no llegan a darle valor al significado del "Nuevo y sempiterno convenio". Si vosotros, los
presidentes de los quórumes de élderes enseñáis a los miembros inactivos de acuerdo con este
convenio y los convertís, tendréis poca dificultad para enseñar los convenios de esta vida. Sin
dicho conocimiento, uno no tiene metas en la vida, ni tampoco objetivos; por lo tanto, los otros
convenios no significarían nada.
Recientemente tuve una experiencia en el avión, y ésta ilustra tal caso. Sentado al lado de un
extraño comenzó la conversación y le pregunté en dónde trabajaba; después de responderme, me
preguntó a su vez cuál era mi trabajo. Esto me llevó a preguntarle si creía en la vida antes de nacer
en este mundo y en que vivirá después de la muerte. No lo sabía. Se imaginaba que quizás hubiera
existido antes de nacer y que tal vez viva más allá de la tumba, pero desconocía en qué forma
podría suceder esto.
Le hice entonces una reseña del evangelio y su plan, lo más concisa posible, explicándole
quiénes somos, de dónde venimos y por qué estamos aquí.
"Maravilloso", fue su respuesta, "eso le daría a una persona un propósito para vivir y un
objetivo en la vida."
145
Y así es, exactamente. Eso es precisamente lo que se espera obtener. Los convenios que
hacemos en esta vida pueden ayudarnos a alcanzar el objetivo de la vida eterna, que el nuevo y
sempiterno convenio del evangelio explica y hace posible.
El primer convenio que hacemos aquí es el del bautismo. No conozco una explicación mejor
sobre éste que la que expresó Alma cuando dijo:
. . .He aquí las aguas de Mormón. . .y ya que deseáis entrar en el rebaño de Dios y ser
llamados a su pueblo, y sobrellevar mutuamente el peso de vuestras cargas para que sean ligeras;
Sí; y si estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y consolar a los que necesitan
consuelo, y ser testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas, y todo lugar que estuvieseis,
aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios y seáis contados con los de la primera
resurrección, para que tengáis vida eterna.
"Digoos ahora que si éste es el deseo de vuestros corazones, ¿qué os impide ser bautizados
en el nombre del Señor, como testimonio ante El de que habéis hecho convenio con él de servirle y
obedecer sus mandamientos, para que pueda derramar su Espíritu más abundantemente sobre
vosotros?
"Y cuando el pueblo hubo oído estas palabras, batieron las manos de gozo y exclamaron: Ese
es el deseo de nuestros corazones.
"Y entonces ocurrió que Alma tomó a Helam... y fue y entró en el agua, y exclamó: ¡Oh
Señor, derrama tu Espíritu sobre tu siervo para que haga esta obra con santidad de corazón!
"Y cuando hubo dicho estas palabras, el Espíritu del Señor cayó en él y dijo: Helam,
teniendo la autoridad del Dios Todopoderoso, te bautizo como testimonio de que has hecho
convenio de servirle hasta que hayas muerto, según el cuerpo mortal; y que el Espíritu del Señor
sea derramado sobre ti; y que te conceda vida eterna por la redención de Cristo, a quien él ha
preparado desde la fundación del mundo" (Mosíah 18:8
El Señor considera que el convenio del bautismo reviste tanta importancia, que nos ha
mandado que lo renovemos semanalmente.
"Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración y
ofrecerás tus sacramentos en mi día santo" (D. y C. 59:9).
Al participar de la Santa Cena, recordamos las palabras de la oración sacramental y
renovamos cada semana nuestro convenio bautismal.
Además de nuestro convenio bautismal, mancomunados con todos los poseedores del
sacerdocio hemos entrado en otro convenio especial, sagrado y más importante: "El convenio que
corresponde a este sacerdocio" (Véase D. y C. 84:39). Este convenio se encuentra en la sección 84
de Doctrinas y Convenios y dice:
"Porque los que son fieles hasta obtener estos dos sacerdocios de los que he hablado, y
magnifican sus llamamientos, son santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos.
"Llegan a ser los hijos de Moisés y Aarón y la simiente de Abraham, la Iglesia y el reino, y
los elegidos de Dios.
"Y también todos los que reciben este sacerdocio, a mí me reciben, dice el Señor.
"Porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí;
"Y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre;
"Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre
tiene le será dado.
"Y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio.
146
"Así que, todos aquellos que reciben el sacerdocio, reciben este juramento y, convenio de mi
Padre que no se puede quebrantar ni tampoco puede ser traspasado.
"Pero el que violare este convenio, después de haberlo recibido, y lo abandonare totalmente,
no logrará el perdón de sus pecados ni en este mundo ni en el venidero" (D. y C. 84:33-41).
Muchas veces pensé que si ése era el castigo si quebrantamos el convenio, sería mejor para
mí no haberlo hecho que quebrantarlo. Pero después leemos el versículo siguiente, que dice:
"¡Mas, ay de los que no aceptan este sacerdocio que habéis recibido!... (D. y C. 84:42).
Con este pasaje se comprende que sólo tenemos una elección: recibirlo y honrarlo. Esas
palabras también me aclaran que si lo recibimos y no lo magnificamos, no lograremos la vida
eterna; pero si no somos dignos de recibir el Santo Sacerdocio, tampoco lo lograremos. Existe un
solo camino seguro: recibirlo y magnificar mi llamamiento en él. Para mí, este es el significado de
la declaración final del Señor.
"Y ahora os doy el mandamiento de estar apercibidos en cuanto a vosotros mismos, y de
atender diligentemente las palabras de vida eterna.
"Porque viviréis con cada palabra que sale de la boca de Dios" (D. y C. 84:43-44). Se refiere
a nosotros, los poseedores de su Sacerdocio.
Y ahora, un cuarto convenio —hemos considerado tres: el "nuevo y sempiterno convenio del
evangelio, el del bautismo y el del sacerdocio—; el cuarto y quizás el más importante que
debemos enseñar a nuestros hermanos, es el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio
celestial.
El significado de estos santos convenios que he mencionado, es muy serio y solemne. Estas
son "las solemnidades" que el Señor nos mandó atesorar en nuestro corazón. (D. y C. 43:34.)
Las obligaciones que ellos nos imponen deben ser cumplidas por todos aquellos que esperen
recibir las recompensas prometidas. Somos responsables individualmente y tendremos que rendir
cuentas por la forma en que observemos los convenios que contraemos y también rendiremos
cuenta por los mandamientos que quebranten aquellos por los cuales seamos responsables, si su
conducta se debe a que hayamos sido negligentes en enseñarles.
El Señor ha dicho que "el deber del presidente de los élderes es presidir a noventa y seis
élderes, sentarse en concilio con ellos e instruirlos de acuerdo con los convenios.
"De modo que, con toda diligencia aprenda cada varón su deber, así como a obrar en el
oficio al cual fuere nombrado.
"El que fuere perezoso no será considera de digno de permanecer, y quien no aprendiere su
deber, y no se presentare aprobado, no será contado digno de permanecer..." (D. y C. 107:89, 99-
100).
Que Dios nos ayude a vivir "de acuerdo con los convenios" y o enseñar los a aquellos que el
Señor ha puesto bajo nuestra responsabilidad. Lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén
[Link]
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SERVICIOS DE BIENESTAR
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Hermanos y hermanas: Después de lo que hemos escuchado aquí hoy, por cierto
cubriendo totalmente el tema, recuerdo una experiencia que tuve hace algunos años. Creo que
esta sería una de las pocas veces, si no es que la única, que a nosotros, las Autoridades
Generales, nos pidieron hablar acerca de cierto tema en una conferencia de estaca. Esa semana
yo fui a Richfield, Utah, y el hermano Clifford Young a Monroe, Utah. Ellos tenían un coro de
jovencitos de la escuela que cantaron en Richfield cuando yo estuve ahí por la mañana y luego
fueron a Monroe por la tarde y cantaron donde estaba el hermano Young. Sucedió que yo
hablé en la mañana acerca del tema asignado y Clifford habló acerca de él en la tarde. Cuando
hicimos nuestro reporte al Consejo de los Doce, el hermano Young dijo que había sido una
bella ocasión y que lo único malo era que aquellos estudiantes habían tenido que escuchar dos
veces el mismo tema. El presidente George F. Richards, entonces Presidente de los Doce, dijo:
"Oh, a mí no me preocuparía eso. Me imagino que ellos no se dieron cuenta que hablaban del
mismo tema."
Yo creo que en las observaciones que voy a hacer, podréis comprender que les estoy
hablando acerca del mismo tema que los Hermanos han cubierto esta mañana con tan
maravillosa presentación.
Como dijo el obispo Brown, el Departamento de Servicios de Bienestar de la Iglesia,
comprende tres programas: el programa original de bienestar, el cual él caracterizó como
programa de producción; los servicios personales y los servicios de salud. De estos tres
programas, el primero en organizarse fue el antiguo programa de bienestar, ahora llamado
programa de Producción-Distribución.
Este programa concierne al cumplimiento de la declaración del Señor: "Con el sudor de
tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra" (Génesis 3:19) y también el segundo
gran mandamiento: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Marcos 1 2:31).
Sabéis, por supuesto, como fueron cumplimentados esos mandamientos antiguamente.
En los días de Enoc, como ya hemos escuchado, la historia dice:
“. . .el Señor vino y habitó con su pueblo, y moraron en justicia.
"El temor del Señor cayó sobre todas las naciones, tan grande así era la gloria del Señor
que cubría a su pueblo. . .
"Y el Señor llamó a su pueblo SION, porque eran uno de corazón y voluntad, y vivían en
justicia; y no había pobres entre ellos" (Moisés 7:16-18).
De los nefitas que sobrevivieron al cataclismo que ocurrió en América al tiempo de la
crucifixión de Cristo, se ha escrito que: “ . . .pasó el año treinta y cuatro, y también el treinta y
cinco; y he aquí, los discípulos de Jesús habían organizado la Iglesia de Cristo en todas las
tierras circunvecinas. . .
"Y tenían en común todas las cosas; por tanto, no había ricos ni pobres, esclavos ni
libres, sino que todos tenían su libertad y participaban del don celestial" (4 Nefi 1, 3).
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En esta última dispensación, antes de que la Iglesia tuviera nueve meses de organizada,
el Señor instruyó a los santos a cuidar de sus pobres. Al mismo tiempo les dijo que si no lo
hacían, no serían sus discípulos. (Véase D. y C. 38).
Cinco semanas después, el 9 de febrero de 1831, reveló la Orden Unida. (Véase D. y C.
42.)
Un mes más tarde habló otra vez sobre este tema, diciendo a los hermanos que en tanto
que se establecía la orden, ellos debían "visitar a los pobres y a los necesitados, y
suministrarles auxilio. . ." (D. y C. 44:6).
En los siguientes tres años y cuatro meses los santos pasaron por lo siguiente:
establecieron Independence, Missouri; intentaron vivir la orden unida en la cual fallaron;
fueron expulsados de sus terrenos en el condado de Jackson; y el Campo Sión salió de
Kirtland y fue a Misurí con la intención de restaurar sus casas a los santos. Ese intento falló, y
el 22 de junio de 1834 mientras se encontraban acampados en el río Fishing, Missouri, el
Señor les explicó la razón por la cual fallaron en su intento de poner los santos nuevamente en
sus hogares:
"De cierto os digo a vosotros que os habéis congregado para que podáis saber mi
voluntad en cuanto a la redención de mi pueblo afligido.
"He aquí, os digo que si no fuera por las transgresiones de mi pueblo, hablando de la
iglesia y no de individuos, bien podrían haber sido redimidos ya.
"Pero, he aquí, no han aprendido a obedecer las cosas que requerí de sus manos, sino que
están llenos de toda clase de iniquidad, y no imparten de su substancia a los pobres y a los
afligidos entre ellos como conviene a los santos;
"Ni están unidos conforme a la unión que requiere la ley del reino celestial; "Y no se
puede edificar a Sión sino de acuerdo con los principios de la ley del reino celestial; de otra
manera, no la puedo recibir.
"Si fuere necesario, mi pueblo ha de ser castigado hasta que aprenda la obediencia, por
las cosas que sufre" (D. y C. 105:1-6).
El mandato de vivir la orden unida fue retirado entonces. La ley menor de los diezmos
fue revelada, la cual con la ley del ayuno ha prevalecido y persiste en la Iglesia hasta hoy en
día.
La Sociedad de Socorro, después de ser organizada por el profeta José en Nauvoo, ha
efectuado un gran servicio ministrando a los pobres. Ha habido muchos proyectos de
cooperación voluntaria entre los santos desde entonces.
Pero el siguiente programa a nivel de Iglesia, orientado hacia los principios de la orden
unida, fue nuestro programa de bienestar. En la conferencia de octubre de 1936, el presidente
Heber J. Grant leyó: "El mensaje de la Primera Presidencia de la Iglesia", del cual quiero citar
esta mañana. Al hacerlo, debo substituir la palabra seguridad por la palabra bienestar. Este
cambio de palabras fue hecho por el presidente Grant poco después que el programa fue
anunciado.
"Como prometimos en la última conferencia de abril, inauguramos un Plan de
[Bienestar] de la Iglesia. . .
"El objetivo anunciado establecido por la Iglesia bajo este programa fue proveer, para el
1° de octubre de 1936, un sistema completamente voluntario de donativos en efectivo o en
especie; suficientes alimentos, combustible, ropa y camas para proveer durante el próximo
149
invierno a cada familia de la Iglesia necesitada y digna, que no pueda adquirir estas cosas por
sí misma; y esto se hace con el fin de que ningún miembro de la Iglesia sufra en esta época de
mal tiempo y emergencia".
Yo era en ese tiempo un obispo y asistí a esa conferencia hace treinta y nueve años,
cuando fue leído este mensaje. Recuerdo bien que a partir de entonces -siguiendo este consejo-
construimos, 2n los sótanos del centro de reuniones de nUestro barrio, algunos armarios para
almacenamiento, recolectamos ropa y los alimentos básicos más necesarios.
Pero prosigamos con el mensaje del presidente Grant, él continuó: "Nuestro principal
propósito fue establecer, hasta donde esto fuera posible, un sistema bajo el cual la maldición
de la ociosidad fuera eliminada; todos los males de un sistema caritativo que da gratuitamente
alimentos, ropa y alojamiento fueran abolidos y la independencia, industria, frugalidad y el
autorespeto fuera una vez más establecido entre nuestro pueblo. La meta de la Iglesia es
ayudar al pueblo a ayudarse a sí mismo. El trabajo debe ser reentronizado como el principio
regular de la vida de los miembros de la Iglesia.
"Nuestro gran líder Brigham Young, bajo condiciones similares, dijo: "Poned a los
pobres a trabajar arreglando huertos, reparando rejas, cavando canales para riego,
construyendo cercas o cualquier cosa útil, y así estarán capacitados para comprar alimentos,
harina y las necesidades de la vida."
"Esta admonición es tan oportuna hoy como lo fue cuando la hizo Brigham Young."
El presidente Grant entonces reportó lo que se había logrado hasta ese tiempo y
continuó:
"Se espera que cada barrio y estaca encare la necesidad, no sólo de proveer para sí
misma, sino de ayudar a otros barrios y estacas. De ninguna otra manera será posible hacer la
obra que la Iglesia trata de hacer. Pero pocas estacas y barrios están en una posición en la cual
puedan estar justamente satisfechos por tan sólo cuidar de los suyos.
"Esta gran obra debe continuar sin parar durante los meses de invierno, a lo largo de
todas sus líneas y actividades posibles, en esta inclemente temporada. Cuando la primavera
llega, las medidas tomadas para proveer alimentos deben redoblarse. Podremos entonces
hacerlo mejor que este año, ya que comenzaremos nuestro trabajo cuando comienza la
temporada de siembra. Nosotros no cesaremos en nuestros esfuerzos hasta que las carencias y
el sufrimiento desaparezcan de entre nosotros.
"La responsabilidad de ver que nadie, en el barrio, padezca hambre, frío o que no tenga
ropa suficiente, descansa sobre el obispo. Este puede usar a todas las organizaciones en su
barrio para que lo ayuden en la obra. Para ayuda fuera del barrio, él buscará la asistencia de
parte de la presidencia de estaca, ésta de las organizaciones regionales, y éstas del Obispado
Presidente de la Iglesia, cuya responsabilidad principal es cuidar de todos los pobres de la
Iglesia en conjunto.
"Por esta gran empresa, el Señor ha bendecido ya abundantemente a su pueblo y
continuará derramando sus bendiciones en tanto que el pueblo cumpla con su deber para con
los pobres.
"Hace muchas generaciones el Señor dijo al antiguo Israel, urgiéndolos a pagar sus
diezmos en su alfolí:
"' ...Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de
los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde' (Malaquías 3:10).
150
"A esta generación, el Señor ha dicho: ' . . .al dar de tus bienes a los pobres, lo harás para
mí. . .' (D. y C. 42:31).
"Y el Señor agregó esta admonición; "'De manera que, si alguno tomare de la abundancia
que he creado, y no les impartiere su porción a los pobres y menesterosos, conforme a la ley
del evangelio, desde el infierno alzará los ojos con los malvados, estando en tormento' (D. y C.
104:18).
"Jacob, hablando al pueblo de Nefi, dijo:
"'Pero antes de buscar las riquezas, buscad el reino de Dios. Y después de haber logrado
una esperanza en Cristo, obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer
bien; para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y administrar consuelo
al enfermo y afligido' (Jacob 2:1 8-19).
"Invocamos las bendiciones del Señor sobre todos y cada uno de vosotros. Oramos al
Señor continuamente para que inspire a su pueblo hasta el fin, para que seamos capaces una
vez más de cuidar de aquellas personas dignas a quienes han venido tiempos difíciles en estos
días de tensión."
Habiendo leído el mensaje de la Primera Presidencia, el presidente Grant continuó con
estas observaciones acerca de cómo los miembros de la Iglesia empleados en proyectos de
trabajo del gobierno deben conducirse, diciendo:
"Cuando sugerimos a la gente que continúe laborando para el gobierno, le pedimos que
trabaje con energía. Se me ha dicho que mi padre, que fue inspector de obras públicas hace
muchos años, decía: 'Yo puedo distinguir entre un hombre que trabaja por un tanto al día, de
otro que cobra por el trabajo realizado durante el día.'
"Ahora nosotros queremos que la gente que tenemos en el gobierno trabaje por el trabajo
realizado y no por el día transcurrido.
"Deseo llamar la atención a una declaración del presidente Brigham Young:
Mi experiencia me ha enseñado, y esto ha venido a ser un principio para mí, que no es
benéfico dar y dar a una persona, dinero, alimentos, ropa o cualquier otra cosa, si ellos están
capacitados físicamente y pueden trabajar y ganar lo que necesitan, mientras haya algo que
puedan hacer. Este es mi principio y trato de actuar de acuerdo con él. Proceder de otra
manera arruinaría cualquier comunidad y haría de ellos una gente ociosa.”
"Y lo que arruinaría una comunidad, arruinaría igualmente a un estado e
incidentalmente, diría yo, arruinaría también a una nación" (Conference Report, octubre de
1936, págs. 2-6).
La Presidencia en su mensaje hizo claro como el cristal, que su propósito al establecer el
programa de bienestar tiene dos aspectos: primero, ver que ningún miembro digno de la
Iglesia sufra por carencia de las necesidades de la vida; y segundo, que todo aquel que pueda
trabajar, se le proporcione trabajo. Durante la conferencia en la cual el Programa de bienestar
fue anunciado, y en el cual este mensaje fue leído, el presidente J. Reuben Clark dijo:
El trabajo es una gran cosa. Es la ley de esta tierra. Cuando Adán fue expulsado del
Edén, fue promulgada la gloriosa sentencia: 'con el sudor de tu rostro comerás el pan.' El
hombre tal como es, ni hubiera querido ni hubiera podido existir, excepto por la promulgación
de esta ley. El trabajo es una cosa maravillosa, no importa qué clase de trabajo sea.
151
"El gran John Milton, poeta inglés (1608-1674), en su maravilloso poema 'El Paraíso
Perdido', paga este tributo al trabajo, el cual expresa después de-abrir para nosotros la visión
de Adán y Eva en el Jardín de Edén:
"Dios dio al hombre sucesivamente como el día y la noche, el trabajo y el reposo; otras
criaturas vagan todo el día ociosas, inútiles, y no necesitan descanso...
El hombre tiene su tarea asignada en cuerpo y alma. Esto es su dignidad; recuerda al
cielo en todas sus maneras mientras los otros animales vagan y de sus hechos Dios no toma en
cuenta" (Traducción libre)
"Mis hermanos y hermanas: Si pudiéramos meter en nuestra mente la dignidad y el
honor del trabajo, no importa de qué trabajo se trate, muchos de los problemas que sufrimos se
resolverían. Durante toda la existencia del hombre, nunca ha habido un plan por el cual se
pueda vivir justamente en la ociosidad, y es mi creencia que tal plan jamás podrá ser
inventado" (Conference Report, octubre de 1936, pág. 112).
Ha sido nuestra experiencia desde el principio del Programa de Bienestar que es más
fácil producir las necesidades de la vida que encontrar empleo para, y poner a trabajar, a los
que no tienen trabajo. Nuestros registros de 1974 y 1975 indican que aproximadamente una
cuarta parte de aquellos que recibieron ayuda por parte del programa, trabajaron por lo que
recibieron. Esta es una reflexión poco halagüeña para nosotros, vuestros líderes del
sacerdocio. Ya era hora que alargáramos nuestros pasos e hiciéramos rápida nuestra manera de
andar en este aspecto.
Sobre una fase relacionada de nuestro programa, permítanme decir que más o menos 300
estacas están involucradas en el programa, de colocaciones de los Servicios de Bienestar. En
1974, 17,346 encontraron trabajo a través del esfuerzo de la Iglesia para colocarlos. Estamos
complacidos con la participación hasta ahora del sacerdocio, respecto a los empleos pero la
recesión presente está aumentando la necesidad de nuestra atención a este esfuerzo de
encontrar empleos. Una colaboración más activa en este programa será sumamente apreciada
y de gran valor.
No debemos olvidar que nuestro principal propósito en este programa de bienestar, es
echar fuera la maldición de la ociosidad", abolir "los males de la caridad organizada que lo
proporciona todo sin exigir nada a cambio" y establecer una vez más entre nuestro pueblo la
"industria, frugalidad y el autorrespeto", que el "trabajo debe ser reentronizado como el
principio regulador de la vida de los miembros de la Iglesia" (Véase Conference Report,
octubre de 1936, pág. 3).
En la fase de producción del programa de bienestar nuestro registro es un poquito mejor.
"Se espera que cada barrio y estaca —dice la Presidencia— "encare la necesidad, no sólo de
proveer para sí misma, sino de ayudar a otros barrios y estacas" (Conference Report Octubre
1936. pág. 4).
El cumplimiento de esto requiere que cada barrio, por sí mismo o en cooperación con
otros barrios, adquiera algún medio de producción. Durante los primeros cinco años, de 1936 a
1941, el élder Melvin J. Ballard y el presidente Lee (entonces presidente de estaca), fueron a
través de todas las estacas de la Iglesia, organizando regiones de bienestar y enseñando el
programa. Después cada año, por quince años, yo fui asignado por las Autoridades Generales
para reunirme con los líderes de estaca y barrio de todas las estacas de Estados Unidos y
Canadá. Esto, con mis compañeros de viaje, lo hice. Nuestra responsabilidad era enseñar el
152
programa, asignar un presupuesto de producción para el año siguiente y urgir a cada obispo,
individualmente o en cooperación con otros obispos, a adquirir un medio de producción.
Durante aquellos años, un representante del comité de bienestar fue asignado
regularmente para acompañar a las Autoridades Generales a las conferencias de estaca para
tener las reuniones de bienestar y enseñar el programa.
El procedimiento para enseñar el programa de bienestar de la Iglesia ahora ha cambiado,
pero los objetivos del programa permanecen igual. Sus principios son eternos. Este es el
evangelio en su perfección, la orden unida hacia la cual vamos.
La más reciente información disponible es que más o menos el 73 por ciento de los
barrios en Estados Unidos y Canadá están involucrados en proyectos de producción para el
bienestar. Esto deja más o menos un 27 por ciento más de mil barrios que no están
involucrados. Hermanos —presidentes de estaca y obispos— ¿me haríais el favor de dar los
pasos necesarios para ver que ese hueco se llene?
Veamos a nuestro alrededor y tratemos de entender las señales de los tiempos. Debemos
darnos cuenta de que el tiempo se aproxima, y es el mismo del cual el Señor hablaba cuando
dijo:
"He aquí, ésta es la preparación con la cual os preparo, y el fundamento y la norma que
os doy, mediante lo cual podréis cumplir los mandamientos que os son dados;
"A fin de que en mi providencia, no obstante las tribulaciones que os sobrevendrán, la
iglesia se sostenga independiente de todas las otras criaturas bajo el mundo celestial" (D. y C.
78:13-14).
Movámonos rápidamente a una posición que llene nuestras asignaciones del presupuesto
de bienestar, con comodidades producidas en nuestros proyectos, en vez de usar dinero en
efectivo.
Lo que se ha dicho en estas observaciones hasta ahora concierne sólo a un aspecto del
Departamento de Servicios de Bienestar. Los otros programas son de igual importancia.
El socorro, aliento, consuelo, rehabilitación, hogares abastecidos, compañerismo, paz y
esperanza inspirada y otros caritativos y benevolentes servicios rendidos por medio de
nuestros programas de servicio social, son incalculables. Ningún valor monetario se puede
establecer por tales servicios.
Nuestro programa más recientemente establecido —servicios de salud— está rindiendo
un servicio espectacular.
Nos han sido presentadas algunas de las actividades de este programa en esta mañana.
Uno de los resultados de estos programas es la ayuda financiera substancial a otras
fuentes sobre las cuales el costo de los servicios que prestamos caería si no lo hiciéramos
voluntariamente. Por ejemplo, durante el período del 1 ° de julio de 1974 al 30 de junio de
1975, rendimos por medio de nuestros Servicios de Bienestar —excluyendo la asistencia
indirecta tales como inversiones de capital y gastos generales— asistencia en valor monetario
superior a veinte millones de dólares.
La población de la Iglesia en los Estados Unidos es más o menos del uno por ciento de la
población total. Esto significa que si todos los demás rindieran asistencia en la manera que lo
hacemos, llegaría cuando menos a dos billones de dólares.
Al apresurar nuestros pasos para traer miembros al redil, en áreas donde lo fundamental
del Servicio de Bienestar no se entiende ni se practica, necesitamos ayuda experimentada.
153
Nosotros, por tanto, necesitamos su ayuda, presidentes de estaca y obispos, para
identificar a los líderes del sacerdocio maduros y experimentados y sus esposas que puedan ser
llamados para misiones de tiempo completo, como misioneros de Servicios de Bienestar. Estas
parejas ayudarán a los líderes del sacerdocio en el desarrollo de áreas de la Iglesia, enseñando
los principios básicos de los servicios de bienestar y supervisando a los misioneros de salud y
de agricultura.
Las parejas de misioneros de Servicios de Bienestar, deben llenar los siguientes
requisitos:
1. El hermano debe haber servido como obispo, presidente de estaca o en otra posición
similar en la Iglesia en la cual haya tenido experiencia de primera mano en administrar los
Servicios de Bienestar.
2. No deberán tener hijos dependientes.
3. Deben ser financiera, física y emocionalmente preparados para servir en una misión de
dieciocho a veinticuatro meses, en áreas tales como Latinoamérica, Asia y las Islas del
Pacífico.
4. Ellos deben llenar todas las normas de dignidad.
Se necesitan especialmente aquellos que conozcan otro idioma o con facilidades para
aprender rápidamente otro idioma. Ellos deben ser capaces de dar una efectiva "sombra" o
liderazgo que sostiene.
Estamos convencidos que una consideración, por medio de la oración, de los miembros
de cada estaca y barrio, resultará en la identificación de parejas que llenen estos requisitos.
Hermanos y hermanas, tengo un testimonio de esta gran obra. Nosotros los amamos y
apreciamos la gran labor que están desarrollando en ella y la más grande que aún vais a hacer.
Que el Señor nos bendiga. En el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
154
NUESTROS ANTEPASADOS ESPERAN. . .
Por el élder Eldred G. Smith
Patriarca de la Iglesia
Desde un principio, Dios colocó a Adán sobre la tierra y le dio dominio sobre los peces,
las aves, el ganado y sobre todo la tierra. Tal vez esto parezca una posición exaltada en la
actualidad, pero aun cuando Adán tenía dominio sobre todo la tierra, Dios dijo: "No es bueno
que el hombre esté solo." Y le dio una mujer, Eva, para que fuese su compañera y
colaboradora. Entonces Dios le dio el primero y grande mandamiento de multiplicar y henchir
la tierra.
No sabemos por cuánto tiempo vivieron en el Jardín de Edén, antes de que participaran
del fruto, del árbol del conocimiento del bien y del mal, y fueron arrojados del jardín para
iniciar su existencia mortal. El punto que quisiera aclarar es que Dios mismo estableció la
primera unidad familiar. El matrimonio no es una institución ideada por el hombre que pueda
pasar de moda o hacerse a un lado en la trayectoria del progreso humano. Todo lo que
consideramos más íntimo y querido en nuestra vida, está relacionado con nuestra familia. Allí
se centra el amor; v donde existe amor, existe también felicidad.
Ciertamente no es bueno que el hombre esté solo. El Señor en su sabiduría había previsto
la forma en que el hombre pudiera ser feliz sobre la tierra y que su gozo continuara por toda la
eternidad. El gozo y la felicidad más grande proviene de la unidad familiar; y así ha sido
durante toda la vida mortal. Entonces, ¿por qué no habría de ser igual en la vida venidera?
Esta unidad familiar es tan importante, que el Señor nos ha hecho saber que todas las familias
de la tierra deben ser selladas. Cuando llegue el final del milenio, toda la posteridad de Adán
que haya aceptado el evangelio, deberá estar sellada como una familia por el poder del
sacerdocio, el cual es el poder para sellar y atar en la tierra y en los cielos.
Cada persona que venga a la tierra y que acepte el evangelio, debe tener la oportunidad
de recibir todas las bendiciones de estos sellamientos, antes del fin del milenio. Dios no sería
justo si las cosas no fueran así. Estas bendiciones de sellamientos se obtienen primero, a través
de la ordenanza del bautismo en la Iglesia de Jesucristo; después la esposa debe sellarse a su
esposo por tiempo y eternidad, y aquellos niños que hayan nacido antes de este convenio,
deben ser sellados a sus padres a fin de que reciban las bendiciones como si hubiesen nacido
bajo el nuevo y sempiterno convenio.
Los que hayan muerto sin conocer esta ley, pueden tener el privilegio de recibir estas
bendiciones por medio de la obra vicaria. Y ahí es donde comienza nuestra responsabilidad.
Primeramente debemos enseñar el evangelio a los vivos; luego debemos reunir los registrados
de aquellos de nuestra familia que hayan fallecido sin conocer la ley del evangelio, a fin de
que se pueda hacer esta importante obra por ellos.
Veamos lo que dice el profeta José Smith, en la Sección 128 de Doctrinas y Convenios:
"Permítaseme aseguraros que éstos son principios relativos a los muertos y a los vivos
que no se pueden desatender, en lo que atañe a nuestra salvación. Porque su salvación es
necesaria y esencial para la nuestra, como dice Pablo tocante a los padres que ellos sin
nosotros no pueden ser perfeccionados— ni tampoco podemos nosotros sin nuestros muertos
perfeccionarnos" (D. y C. 128:15. Ver también Hebreos 11:40).
155
Cuando Pablo enseñaba los principios de la resurrección a los corintios, recalcó su
posición cuando dijo:
De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los
muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?" (1 Corintios 15:29).
Esto muestra que en los días de Pablo, se efectuaban bautismos vicarios por los muertos.
Una de las primeras instrucciones dadas por Moroni a José Smith, fue la cita que
encontramos en Malaquías 4:5-6. Moroni lo expresó de esta manera:
"He aquí, yo os revelaré el sacerdocio por la mano de Elías el profeta, antes de la venida
del grande y terrible día del Señor. Y él plantará en los corazones de los hijos las promesas
hechas a los padres, y los corazones de los hijos se volverán a sus padres. De no ser así, toda la
tierra sería destruida totalmente a su venida" (José Smith 2:38-39).
El profeta José Smith ha dicho:
"La responsabilidad mayor que Dios ha puesto sobre nosotros en este mundo es procurar
por nuestros muertos... (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 441).
Esto significa que este bautismo y sellamiento tiene que efectuarse para todos los hijos
de Dios que lo acepten; no sólo para aquellos que vivan actualmente en la tierra y que sean
miembros de la Iglesia, sino para todos nuestros antepasados y todos aquellos que han vivido
en la tierra y acepten el evangelio de Cristo.
El Señor comenzó esta gran labor, cuando primeramente restauró las llaves y la
autoridad del sacerdocio. Esto sucedió en el Templo de Kirtland en abril de 1836, cuando
Elías restauró a José Smith y Oliverio Cowdery las llaves para sellar. Entonces envió a la
tierra espíritus especiales, valerosos y entusiastas que aceptarían el evangelio y que habían
sido retenidos hasta esta importante dispensación. Estos espíritus están llegando en la
actualidad a todas partes de la tierra y aceptan el evangelio tan pronto lo escuchan. Y en
muchos casos, sus familiares y amigos también aceptan el evangelio. Después, van a los
templos del Señor y efectúan sus propios sellamientos y en forma vicaria, el sellamiento por
sus antepasados.
Pero el Señor hace aún más por esta obra, enviando al mundo otros espíritus selectores,
que han sido bendecidos con conocimientos y capacitación especiales a fin de desarrollar los
medios y el equipo científico necesarios para acelerar la obra y hacer que sea posible
coleccionar, separar, guardar y revisar nombres y organizar esta obra milagrosa. El Señor está
haciendo todo lo posible para facilitárnosla. ¿Estáis sacando provecho de esta ayuda?
¿Agradecemos estas bendiciones? Muchos conversos harían con gusto grandes esfuerzos
y aportarían grandes sumas de dinero para tener la oportunidad de ser sellados a sus padres.
Debemos reunir todos los registros posibles de nuestros antepasados; y no me refiero a
un intento a medias. Buscad diligente, constantemente y por medio de la oración. No esperéis
el momento conveniente porque tal vez éste nunca llegue. No esperéis a tener una edad
avanzada, pensando que es la época cuando tendréis más tiempo. Nunca sabemos lo que nos
depara el futuro y es preciso llevar a cabo la obra de terminar el sellamiento de cada grupo
familiar. No hay nadie que pueda evitar la responsabilidad de esta obra. No seremos
perdonados porque pensemos que una tía o algún otro miembro de la familia quizás se esté
ocupando de hacerlo.
A una joven genealogista se le preguntó: "¿Qué hace si en un árbol familiar encuentra un
personaje tal como un pirata, un convicto o algo parecido?" Y ella contestó: "Mi
156
responsabilidad no tiene nada que ver con la forma en que la persona haya vivido, sino
simplemente con el hecho de que vivió y murió. Después de todo, a él le debo mi existencia y
la única manera de pagar esa deuda es efectuar el bautismo y sellamiento por él. El decidirá si
lo acepta o no".
Esta es la responsabilidad de cada uno de nosotros ya que nadie puede perfeccionarse sin
esta obra. Dudo mucho que el Señor acepte la excusa de que estábamos tan ocupados
trabajando en otras actividades eclesiásticas que no pudimos dedicar parte de nuestro tiempo a
la genealogía. Lo que sea que nosotros no hagamos deberá hacerlo otra persona porque esta
obra debe llevarse a cabo. Si evitamos nuestras responsabilidades, ¿cómo podemos esperar
recibir bendiciones?
Para aquellos que se encuentran dispersos por el mundo, permitidme una palabra de
estímulo. Sed dispuestos, diligentes; confiad en el Señor y El os ayudará. Posiblemente fuisteis
puestos donde estáis para efectuar una obra especial reuniendo registros o desempeñando una
asignación misional especial. Si lo permitís, el Señor os dará el éxito en vuestro trabajo y gran
felicidad al hacerlo.
Muchos buenos miembros de la Iglesia tienen muchos registros guardados en un estante.
Los han reunido mas no los han enviado para efectuar la obra en el templo. Enviad vuestros
registros a los templos. Tal vez "al otro lado del velo" muchos esperen esa obra que no se ha
hecho.
Que las bendiciones del Señor recaigan sobre aquellos que trabajan diligentemente en
esta obra y que preparemos el camino para su venida, pues os testifico que ésta es su obra, en
el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
157
PREPARÉMONOS PARA LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR
Por el élder Delbert L. Stapley
Del Consejo de los Doce
Mis amados hermanos y amigos, escuchas radiales y televidentes: Antes del nacimiento
del Salvador hubo muchas profecías que anunciaron su llegada a la tierra. Los primeros
profetas revelaron los hechos que precederían a su nacimiento y describieron su misión
terrenal, permitiendo así que la gente del mundo lo reconociera como su Salvador, Señor y
Dios. A pesar de que la Casa de Israel poseía registros escritos de numerosas profecías
concernientes a su vida en este mundo, el Padre Eterno envió de todos modos un mensajero
especial, Juan el Bautista, "para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17).
Las predicciones de los primeros profetas concernientes al nacimiento, vida y ministerio
de Jesucristo se cumplieron, fueron preparados para aceptarlo y seguirlo; así como se cumplió
esto, del mismo modo podemos esperar que se lleven a cabo los procedimientos profetizados
concernientes a su segunda venida.
Casi al final del ministerio terrenal de Cristo, sus discípulos, interesados en sus
enseñanzas sobre el fin del mundo, hablaron con El y le dijeron: ". . .¿Cuándo serán estas
cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?" respondiendo Jesús, les dijo: "Mirad
que nadie os engañe. . ." (Mateo 24:3-4). El Señor entonces explicó a sus discípulos las
señales y acontecimientos que ocurrirían previos a su segunda venida. Esto aparece en el
capítulo 24 de Mateo, lo que merece un cuidadoso estudio.
Jesús les hizo saber a sus discípulos que abundaría la iniquidad; que habría falsos Cristos
que engañarían a muchos; que se levantarían falsos profetas indicando grandes señales y
maravillas para engañar a los selectos y que prevalecerían grandes tribulaciones. Habría
guerras y rumores de guerras, naciones contra naciones, hambres, pestilencias, terremotos y
las abominaciones de la desolación tal como fueron descritos por el profeta Daniel. (Véase
Maleo 24.)
Las profecías escritas de los eventos que habrán de preceder a la segunda venida de
Cristo, sirven como guía y llamado de atención a todos los habitantes de la tierra. ¿No
deberíamos oír esos llamados mientras somos testigos de las señales que están ocurriendo?
De la misma manera que Juan el Bautista fue enviado antes del nacimiento de Cristo
para preparar el camino para su ministerio, así también envió Dios a un profeta, para la
segunda venida del Salvador. El profeta José Smith testificó a un mundo en duda, que Jesús es
el Cristo, el verdadero hijo de Dios.
En revelaciones de los últimos días, el Señor reafirmó las tribulaciones, desolaciones,
calamidades y fuerzas destructivas que prevalecerían en esos tiempos:
"Y en ese día se oirá de guerras y rumores de guerras, y toda la tierra estará en
conmoción. .
"Y el amor de los hombres se resfriará y abundará la iniquidad.
"Y habrá hombres en esa generación que no pasarán hasta no ver una plaga arrolladora;
porque una enfermedad desoladora cubrirá la tierra.
158
Y también habrá terremotos en diversos lugares y muchas desolaciones; aun así, los
hombres endurecerán sus corazones contra mí y empuñarán la espada el uno contra el otro, y
se matarán el uno al otro" (D. y C. 45:26-27, 31, 33).
Por muchos años ha habido guerras en distintas partes del mundo así como constantes
rumores de guerras, que son motivo de gran preocupación en muchas naciones en la
actualidad. Las naciones se están levantando unas contra las otras.
Hay gobiernos inestables y algunos han caído. Hay una continua deterioración de la
integridad, honestidad, moralidad y justicia en los líderes políticos, gubernamentales y dc
negocios en general.
El mundo está madurando en la iniquidad y hay muchos que no se arrepienten de sus
engaños guiando a las personas por senderos de obscuridad y pecado.
Están aquellos que falsamente reclaman ser el Cristo o profetas y por sus hechos y
engaños tienen muchos seguidores.
Persisten la carestía y las pestilencias. Los terremotos están aumentando en número e
intensidad del mismo modo que otros fenómenos naturales.
Satanás tiene un gran poder sobre cl hombre, y de hecho, están aquellos que al parecer
reclaman ser sus discípulos y adoradores.
El mundo está hoy lleno de hombres que han olvidado a Dios y están buscando cambiar
sus leyes, practicando sus leyes, practicando sus propios criterios morales; para ellos, quizás
El no esté al día. Perú olvidan que los mandamientos de Dios son eternos e inquebrantables.
Yo hago entonces esta pregunta: ¿Es acaso posible que el que ha sido creado pueda ser más
sabio que el Creador?
Nuestras cortes de justicia están sustituyendo las leyes de Dios y sus mandamientos por
las leyes creadas por los hombres. Dios no está muerto. El es el mismo para siempre jamás;
resuelto, firme, incambiable, pero lleno de amor y compasión para con sus hijos.
El poder del diablo está en oposición al poder de Dios. Satanás actualmente esgrime gran
poder en los asuntos del hombre y las naciones. Si los líderes de las naciones siguen su propio
curso, aumentarán los malos entendimientos y los problemas, acarreando con ello mucha más
contención.
El Señor instruyó de esta manera al profeta José Smith: "Preparaos, preparaos para lo
que viene, porque el Señor está cerca" (D. y C. 1:12). Y en esta última dispensación de su obra
nos alerta; "Preparaos para el gran día del Señor' (D. y C. 133:10).
Asegurémonos de que entendemos completamente las cosas más importantes que
debemos hacer a fin de prepararnos para la segunda venida del Señor y para escapar de su
castigo por medio de la obediencia y de la fidelidad.
Detallaré a continuación ciertas consideraciones importantes. Debemos poner nuestra
vida y nuestro hogar en orden; esto significa una investigación sincera del alma y el
reconocimiento de las cosas que estamos haciendo mal, así como el arrepentimiento en lo que
sea necesario. Significa guardar todos los mandamientos de Dios; significa amar a nuestro
prójimo, llevar una vida ejemplar, ser buenos esposos; significa enseriar e instruir a nuestros
hijos en los caminos de justicia, ser honestos en todo lo que hagamos, ya sea en el hogar como
en el trabajo, significa esparcir e) evangelio de Jesucristo en todos los pueblos del mundo.
El Señor ha dicho: "Yo apresuraré mi obra en su tiempo" (D. y C. 88:73). Hay una gran
urgencia de llevar a cabo su obra. El tiempo se acorta. Esta urgencia de promover el reino de
159
Dios en estos últimos días no surge del pánico, sino del deseo de hacer algo en forma rápida y
segura para establecerlo y fortalecerlo entre todos aquellos que estén buscando la luz y la
verdad del evangelio, que es el plan de vida de Dios para todos sus hijos.
El Señor ha acelerado su trabajo al abrir los cielos y enviar mensajeros celestiales a sus
profetas a fin de que adviertan a sus hijos que se preparen para recibir a su Señor en su
segunda venida.
El Cristo ha establecido: ". . .y dan las once y es la última vez que llamaré a mis obreros
a mi viña" (D. y C. 33:3).
Al restablecer su Iglesia en los últimos días, el Salvador afirmó que sería la última vez
que su reino sería establecido sobre la tierra (D. y C. 27:13).
El profeta Daniel, hablando de las obras del Padre en los últimos días, reveló que El
levantaría un reino que no será jamás destruido ni dejado a otro pueblo, y que permanecería
para siempre (Daniel 2:44).
Esta es entonces la última dispensación del evangelio. El Señor jamás ha indicado que su
Iglesia fallará en los últimos días. Dios triunfará sobre todos sus enemigos, y de su astuto
enemigo Satanás. Estar del lado del Señor y guardar sus leyes y mandamientos redundará en
absoluto beneficio para nosotros. En estos peligrosos últimos días es vital nuestra
responsabilidad de advertir al mundo.
El Señor dijo: ". . .la mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por lo tanto
rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies" (Lucas 10:2).
A fin de encarar este problema de enviar más obreros entre su mies de almas, la Iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días está aumentando el número de misioneros
llamados a predicar el evangelio eterno de Jesucristo a toda nación, tribu, lengua y pueblo (D.
y C. 77:8).
El Señor alertó a su pueblo: "Además, de cierto os digo que la venida del Señor se
aproxima y sorprenderá al mundo como ladrón en la noche" (D. y C. 106:4).
También dijo: "Porque, he aquí, Dios el Señor ha enviado al ángel para que proclame
remedio del cielo: preparad la vía del Señor y enderezad su sendero, porque la hora de su
venida está cerca" (D. y C. 133:17).
¿Cómo vamos a cumplir con el desafío de preparar a los miembros de la Iglesia y a los
pueblos del mundo para la segunda venida de Jesucristo, y asegurarnos de que están
preparados para recibirlo? Oigamos estas advertencias y consejos:
"Y será revelado el brazo del Señor; y viene el día en que aquellos que no oyeren la voz
del Señor, ni la voz de sus siervos, ni hicieren caso de las palabras de los profetas y apóstoles,
serán desarraigados de entre el pueblo.
Porque se han desviado de mis ordenanzas, y han violado mi convenio sempiterno.
"No buscan al Señor para establecer su justicia sino que todo hombre anda por su propio
camino y conforme a la imagen de su propio Dios, cuya imagen es a semejanza del mundo, y
cuya sustancia es la de un ídolo. .." (D. y C. 1:14-16. Cursiva agregada).
"Lo que yo el Señor he hablado, he dicho y no me excuso; y aunque pasaren los cielos y
la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz, o por la
voz, de mis siervos" (D. y C. 1:38).
160
El Señor ha puesto en su Iglesia profetas, apóstoles y maestros, para que interpreten e
indiquen a su pueblo los asuntos espirituales y temporales. Los derechos, la autoridad y los
poderes del sacerdocio de estos líderes proviene del Salvador mismo. La seguridad consiste '
en seguir el consejo de los líderes que han sido divinamente llamados.
Nosotros, en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, tenemos la
bendición de tener un Profeta viviente entre nosotros, el presidente Spencer W. Kimball. Yo
testifico de la divinidad de su llamamiento; él es mi maestro, mi líder y mi ejemplo y lo apoyo
y sostengo por medio de mi fe y mis oraciones; tengo una inquebrantable confianza en su
profético llamamiento y su guía, divinamente inspirada. Su carácter es recto, su mente alerta,
su consejo sabio, su juicio profundo y su visión clara. El tiene un gran amor por todos los
pueblos, es el amigo de todos ellos y considera sus necesidades.
Nunca nos equivocaremos por el hecho de seguir al Profeta del Señor, que es también
nuestro Profeta, ni por hacer caso a sus enseñanzas, consejos y ejemplo personal.
Más adelante, el Señor da este conocimiento acerca de los últimos días:
"Entonces habrá señales en el sol, en la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las
gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;
"desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán
en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.
"Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.
"Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguios y levantad vuestra cabeza, porque
vuestra redención está cerca.
"Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de
glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel
día.
"Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas
estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre" (Lucas 21:25-28, 34,
36).
Discernamos el cumplimiento de la profecía, pongamos en orden nuestros Hogares y
estemos preparados para este día. Y finalmente, llevemos a cabo el cometido de preparar a la
gente para la segunda venida del Señor. Humildemente lo ruego en el nombre de Jesucristo.
Amén.
[Link]
161
AMAD LA GLORIA DE DIOS
Por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia
162
y su gloria, que es la de "llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. Ningún
otro pueblo tiene la misma autoridad o llamamiento especial.
Es difícil imaginar e imposible de calcular la tremenda fuerza que tendríamos si cada
uno de nosotros magnificara el sacerdocio y su llamamiento y tratara por todos los medios de
usar su influencia para enfrentar las maldades de Satanás. Muchos le restan importancia al
sacerdocio, dejan de comprender lo que el Señor espera de nosotros, o no tienen la convicción,
valentía y fortaleza para defender lo justo y de ser diferentes cuando eso se hace necesario.
Un jovencito puede llegar a ser una gran influencia en la escuela; en un equipo
deportivo, en la universidad o entre sus compañeros de trabajo puede, viviendo el evangelio,
honrando su sacerdocio y defendiendo lo justo, hacer incalculable bien. A menudo tendréis
que soportar críticas y ser el centro del ridículo, incluso aunque algunos de vuestros
compañeros crean igual que vosotros y aun cuando os respeten por hacer lo justo. Pero
recordad que el mismo Señor fue atormentado, ridiculizado, escupido y finalmente
crucificado, porque no cedió en sus convicciones. ¿Pensasteis alguna vez en lo que habría
sucedido si El hubiera cedido pensando que de nada valía su sacrificio y hubiera, abandonado
su misión? ¿Abandonaremos, o seremos valientes siervos a pesar de toda la oposición y
maldad del mundo? ¡Seamos valientes y dignos de ser contados entre los verdaderos y devotos
seguidores de Cristo!
Alguien me dijo hace poco: "¿Por qué a hay gente que aunque conozca lo que debe hacer
y parezca tener un testimonio del evangelio no está preparada o dispuesta a vivir de acuerdo a
él y ni es valiente como para detenerlo? Mi respuesta fue: "Me parece que hay muchas razones
para que la gente haga lo contrario a sus enseñanzas y sus creencias." Luego le indiqué dos o
tres escrituras: "He aquí, muchos son los llamados, ero pocos los escogidos. ¿Y por qué no m
escogidos?
"Porque tienen sus corazones de tal manera fijos en las cosas de este mundo aspiran
tanto a los honores de los hombres, que no aprenden esta lección única:
"Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo. .
." (D. y C. 121:34-36). "También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos
peligrosos,
"Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios,
blasfemos, desobedientes a los paires, ingratos, impíos.
"Sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores
de lo bueno,
"traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios.
"que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella. . ." (2 Tim. 3: 1-5).
"Con todo eso, además de los gobernantes, muchos creyeron en él, pero a causa de los
fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga;
"Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios" (Juan 1 2:42-43).
Es sobre este último pasaje que quisiera hablaros esta noche.
Me pregunto cuántos de nosotros seremos culpables de este o estos hechos, y si así fuera,
¿podríamos cambiar, arrepentirnos y tratar de ser dignos de las alabanzas de Dios y sus
bendiciones, en lugar de olvidar quiénes somos y tratar de agradar a la gente? ¡Cuán
importante es que recordemos que somos siervos del Señor y luego actuemos de acuerdo con
esa convicción!
163
Como lo dije antes, no podemos imaginar ni calcular de ningún modo, la buena
influencia que seríamos para el mundo si cada uno de los poseedores del sacerdocio
magnificara su llamamiento, y cuánto más felices seríamos si tan sólo hiciéramos siempre lo
bueno. ¡Qué triste es ver alguien que prefiere la popularidad en lugar de hacer lo que sabe que
es justo! Recuerdo perfectamente a un buen miembro de la Iglesia que fue elegido como
diputado pero que quería ser un buen hombre, amigo de todos. Al querer ser popular, hizo a un
lado sus principios y tomó una copa una vez y después en el almuerzo y en la cena, y
entonces, sin intención estoy seguro, se volvió un alcohólico y perdió el apoyo de su
electorado y el respeto de sus amigos y familia, que lo amaban y se apenaban por él; murió
prematuramente como alcohólico. ¡Qué situación triste!, todo porque buscó el elogio de los
hombres más que el de Dios.
Este caso no es único; hay varios de diputados y senadores que perdieron su cargo y
autorrespeto así como el respeto de los demás, porque querían ser populares y no tuvieron la
fortaleza de resistir las tentaciones. Tenemos la promesa del Señor de que si buscamos
primero el reino de Dios y su justicia, todas estas cosas nos serán añadidas significando claro
está, aquellas cosas que sean para nuestro bien.
Recordemos siempre que la gente espera que vivamos de acuerdo con nuestros
principios, y que nos respeta mucho más cuando lo hacemos, aun cuando ellos mismos traten
de incitarnos a que hagamos lo contrario.
Os testifico que jamás pasé vergüenza mientras estuve en cargos del gobierno, la
industria o en mi vida privada, al tratar de vivir de acuerdo con las enseñanzas del evangelio;
esto no ha impedido mi progreso, sino que, al contrario, siento que fui respetado y fui
bendecido por el Señor y siempre me sentí impulsado a orar por la fortaleza y guía que a
menudo recibí.
He observado que el Señor guarda su promesa a todos aquellos que buscan primero el
reino de Dios y su justicia.
Es sumamente importante que siempre estemos en guardia y nunca abandonemos
nuestros principios, para ser populares y disfrutar del elogio de los hombres. Un miembro de
las Autoridades Generales a quien llamaré Jorge, contó una experiencia que tuvo cuando era
presbítero. Un amigo llevaba a su novia y a la hermana de ésta de regreso a la casa después de
una fiesta y le pidió a Jorge que los acompañara; éste aceptó. Poco después de llegar a la casa,
y habiéndoseles invitado a entrar, se sentaron en la sala; de pronto, la hermana de la novia de
su amigo se levantó, apagó las luces, se sentó en sus rodillas y comenzó a hacerle evidentes
insinuaciones. Aun cuando el joven sabía que eso le restaría popularidad, se levantó se
disculpó y se fue. Al hacer el relato después, dijo que sabía que muchos jóvenes de la
actualidad pondrían en duda su virilidad, pero que recordó la historia de José, el que Fue
vendido en Egipto.
"Aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de la
casa allí.
"Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las
manos de ella, y huyó y salió" (Génesis 39:11-12).
Y aunque sufrió mucho como consecuencia, fue también muy bendecido por el Señor.
Entonces dijo Jorge: "Me estremezco al pensar lo que habría pasado si me hubiera
quedado con ella. Estoy seguro de que no podría estar ahora aquí, como siervo del Señor."
164
Una vez le conté esta anécdota a un joven, cuya respuesta fue: "Ese necesitó valentía,
¿verdad?" Desde entonces he pensado que para hacer lo justo bajo circunstancias similares se
necesita valentía, integridad, fuerza de voluntad, mientras que sucumbir denota debilidad. Aun
el más fuerte debe estar alerta.
Muchas veces nuestras decisiones y actos determinan el curso de nuestra vida. Muchos
jóvenes y algunos adultos también tienen pruebas de esa naturaleza, con diferentes tipos de
tentaciones donde se prueba su lealtad y fortaleza de carácter. Si siempre recordamos quiénes
somos y que Dios nos cuida, podremos evitar esas tentaciones. Recordad siempre que no
podemos jugar con fuego sin correr el riesgo de quemarnos.
Aun cuando es importante que mantengamos nuestra familia y que, como buenos
ciudadanos participemos en los asuntos de nuestra comunidad, no debemos involucrarnos de
tal manera en los asuntos del mundo que olvidemos o descuidemos nuestra responsabilidad
como selectos hijos de Dios y poseedores de su Sacerdocio. A menos que siempre estemos en
guardia, nos encontraremos fuera del recto y estrecho camino hasta que nos perdamos por
completo, llegando así a sentirnos desengañados de nosotros mismos; un fracaso para nuestra
familia y para el Señor, sin poder llegar a ser lo que habíamos pensado o deseado.
De esto encontramos numerosos ejemplos cuando una persona, olvidando quién es,
quiere ser popular cor; sus compañeros y desea recibir sus halagos. A menudo, los atletas se
dejan llevar de tal modo por el éxito y deseo de aplauso que olvidan sus responsabilidades
para con Dios y la importancia de su aprobación, y como consecuencia, pierden el camino.
Esto es aplicable a los políticos, miembros de clubes profesionales y gente de negocios. Ese
anhelo de fama y popularidad, a menudo controla las acciones y al sucumbir, la persona se
encuentra con que está totalmente retorcida, cuando había planeado sólo inclinarse un poco.
Alguien me dijo hace poco hablando sobre este tema, que aquellos que aman el halago
de los hombres más que el de Dios, son casi reflejo de otro -refiriéndose a Satanás- que en la
preexistencia quiso salvar a toda la humanidad, pero con la condición de que e) honor y la
gloria fueran para él y no para el Padre. Le preocupaba más el reconocimiento que los
resultados; su fin era lograr la gloria y el halago para sí. Esa persona siguió diciendo que si en
los asuntos importantes los individuos se preocupan más por agradar a los hombres que a
Dios, entonces sufrirán del mismo "virus" que Satanás, ya que hay muchas situaciones en las
que la búsqueda del halago resultará claramente en perjuicio y no en beneficio de la
humanidad, porque se preocuparán por las cosas materiales en lugar de aquellas que son
eternas y buenas.
Cuánto más satisfactorio es recibir el elogio de Dios, sabiendo que es plenamente
justificado y que su amor y respeto por nosotros persistirán, cuando generalmente el halago de
los hombres es pasajero y desilusionante.
Es realmente aterrador para aquellos que creen en las enseñanzas de Cristo, ver que la
gente importante, a fin de disfrutar del elogio de los que hacen mucho por alentar la
inmoralidad, no se oponen a la maldad ni promueven las enseñanzas de Cristo que tan
claramente están declaradas en estas palabras de los Diez Mandamientos: "No cometerás
adulterio" (Exodo 20:14).
Y en Primer Corintios leemos:
"¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios,
ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones" (1
Corintios 6:9).
165
Tenemos también leyes que legalizan estas cosas contrarias a la voluntad del Señor; pero
se trata de legislación de la peor clase. Hermanos, el Señor espera de nosotros los poseedores
de su Sacerdocio, que defendamos los derechos y hagamos lo posible para oponernos y
desalentar tales acciones, así como que alentemos a nuestra gente a vivir de acuerdo con las
enseñanzas del Señor Jesucristo.
Quisiera citar algo dicho por el élder Neal Maxwell:
"El líder que está dispuesto a decir cosas difíciles de soportar, pero verdaderas y que
deben ser dichas, es aquel que ama a su pueblo y es bondadoso con él. No hay nada más cruel
que el líder que para lograr el elogio y el aplauso de sus seguidores, lo conduce de la seguridad
al pantano, del cual algunos nunca salen. La senda recta y angosta solamente puede ser así:
recta y angosta. Es una jornada ardua y cuesta arriba. El camino hacia el infierno es ancho y
con suaves ondulaciones y quienes por él caminan, rara vez notan el descenso; algunas veces
no lo notan porque el elogio de los hombres los distrae y no pueden ver los signos de
advertencia. La elección reside todavía entre el becerro de oro y los Diez Mandamientos.
El encargo de Pablo a Timoteo es aplicable a nosotros en la actualidad:
"Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los
muertos en su manifestación y en su reino:
"Que prediques la palabra, que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende,
exhorta con toda paciencia y doctrina.
"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo p comezón
de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la
verdad el oído y se volverán a las fábulas" (2 Timoteo: 4:1-4).
Cuán afortunados somos de pertenecer a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días, cuando tenemos el evangelio en su plenitud, tal como está registrado en los
libros canónicos de la Iglesia, La Biblia, El Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y la
Perla de Gran Precio y de tener un Profeta de Dios mediante el cual habla el Señor para guiar
y dirigirnos en estos últimos días.
Como leemos en Hechos: "Y en ningún otro hay salvación porque no hay otro nombre
bajo el cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:13).
Que tengamos la valentía, fortaleza, comprensión, y deseo, así como la determinación de
hacer como dijo Josué: "Escogeos hoy a quién sirváis, pero yo y mi casa serviremos a Jehová"
(Josué 24:15).
Esta es mi humilde oración en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
166
LAS LEYES DE DIOS
Por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia
167
Sería interesante que pensemos en todas las cosas que hacemos cada día y
comprendamos cómo dependemos de las leyes de la naturaleza, y cómo éstas deben seguirse
al pie de la letra a fin de que se cumplan nuestros propósitos.
Hemos visto que los hombres han caminado por la superficie de la luna y nos hemos
maravillado de que las naves espaciales de diferentes países hayan podido acoplarse en el
espacio. Hemos visto partir al satélite "Viking" en una misión a Marte en busca de evidencias
de vida. Si se hubiese ignorado cualquiera de las leyes naturales o si éstas hubiesen dejado de
actuar, las misiones espaciales habrían sido un fracaso absoluto y se habría lamentado la
pérdida de vidas. También nos asombran las predicciones de los científicos cuando anuncian
con tanta exactitud la aparición de cometas y eclipses.
Todo ello es posible porque solamente a través de las leyes de la naturaleza, el Creador
controla todas las cosas creadas en el sistema del universo.
La ley es simplemente la aplicación de la verdad. Quisiera citar algunas declaraciones
tomadas de los escritos de grandes pensadores.
Frank Crane escribió: "La verdad es la lógica del universo. Es el raciocinio del destino;
es la inteligencia de Dios y nada que el hombre pueda inventar o descubrir, puede
reemplazarla."
W. Radcliffe dijo: "La verdad fundamental es inalterable. Podemos progresar en el
conocimiento de su significado y en las maneras de aplicarla, pero sus grandiosos principios
serán eternamente los mismos".
En una revelación dada a José Smith, el Señor declara:
"Y además, de cierto os digo, El ha dado una ley a todas las cosas, mediante la cual se
mueven en sus tiempos y estaciones.
"Y se dan luz los unos a los otros en sus tiempos y estaciones, en sus minutos, sus horas,
sus días, sus semanas, sus meses y sus años...
"La tierra rueda sobre sus alas, y el sol da su luz de día, y la luna de noche, y las estrellas
también dan su luz, conforme ruedan sus alas en su gloria, en medio del poder de Dios...
He aquí, todos éstos son reinos, y el hombre que ha visto a cualquiera, o el menor de
éstos, ha visto a Dios obrando en su majestad y poder." (D. y C. 88:42-45, 47).
Por lo tanto, conozcamos o no las leyes de la naturaleza, las entendamos o no, éstas
siempre actuarán igual. El niño pequeño, aunque ignore la ley, se quemará si toca una estufa
caliente; si no tomáramos en cuenta la ley de gravedad podríamos causarnos serios daños. Si
sabemos y entendemos las leyes de la naturaleza y vivimos conforme a ellas, nos
beneficiaremos y nos libraremos de los peligros que enfrentan aquellos que las ignoran o que
actúan en oposición a ellas.
Ahora bien, sucede lo mismo con respecto a las leyes del hombre. Es necesario que
seamos regidos por leyes y éstas existen no solamente para poner freno a los hacedores de
maldad, sino para proteger los derechos de todos. Permitidme citar lo siguiente de Doctrinas y
Convenios:
Creemos que Dios instituyó los gobiernos para beneficio del hombre, y que él tiene al
hombre por responsable de sus hechos con relación a dichos gobiernos, tanto en formular
leyes como en administrarlas para el bien y la protección de la sociedad.
168
"Creemos que ningún gobierno puede existir en paz si no se formulan, y se guardan
invioladas, leyes que garantizarán a cada individuo el libre ejercicio de la conciencia, el
derecho de tener y administrar propiedades y la protección de su vida.
"Creemos qué todo gobierno necesariamente requiere oficiales y magistrados civiles que
pongan en vigor las leyes del mismo; y que debe buscar y sostener, por la voz del pueblo si fue
república, o por la voluntad del soberano, a quienes administren la ley con equidad y justicia"
(D. y C. 134:1-3).
Y nuestro décimo segundo artículo de fe dice: "Creemos en estar sujetos a los reyes,
presidentes, gobernantes magistrados, en obedecer, honrar, y sostener la ley."
Es muy importante que todos los ciudadanos se informen sobre todos los asuntos del
gobierno; que sepan y entiendan las leyes del país; y que participen activamente en las
elecciones, escogiendo a hombres honrados y prudentes que administren los asuntos del
gobierno.
Muchos dudan que ciertas leyes promulgadas por sus respectivos gobernantes sean
constitucionales, aunque las hayan instituido autoridades del país, y consideran por ende, que
pueden desafiarlas y desobedecerlas.
Abraham Lincoln dijo: "Si existen leyes injustas, deben abrogarse a la brevedad posible;
no obstante, mientras continúen en vigencia deben observarse."
Y tal es la actitud de la Iglesia con respecto a la observancia de la ley. Estamos de
acuerdo con quien dijo lo siguiente:
"En realidad, el individuo que contraviene la ley, es como el insensato que corta con la
sierra al extremo del tablón donde él mismo está sentado. La falta de respeto por la ley es
siempre la primera señal de una sociedad que empieza a desintegrarse. Este respeto constituye
la más fundamental de todas las virtudes sociales, pues la oposición a lo que la ley establece
da como resultado violencia y anarquía" (Case and comment, marzo de 1965, pág. 20).
No hay justificación para los individuos que quebrantan las leyes o que intentan hacerlas
valer por su propia mano. Cristo nos dio un gran ejemplo como ciudadano respetuoso de la
ley cuando los fariseos, con la intención "de sorprenderle en alguna palabra" como dice la
escritura, le preguntaron si era lícito dar tributo al César. Entonces El preguntó a su vez de
quién era la imagen y la inscripción que había en la moneda del tributo; ellos le respondieron:
de César, y el les dijo: "Dad, pues, a César lo que es de César; y a Dios lo que es de Dios"
(Mateo 22:21).
El deber de los ciudadanos de cualquier país es recordar que tienen responsabilidades
individuales y que deben ajustarse a las leyes del país en que viven. Citaré algo más de
Doctrinas y Convenios.
"Creemos que todos los hombres están obligados a sostener y apoyar los gobiernos
respectivos de los países que residen, mientras las leyes de dichos gobiernos los protejan en
sus deberes inherentes e inalienables; que la sedición y la rebelión no convienen a los
ciudadanos así protegidos, y deben ser castigados como corresponde; y que todo gobierno
tiene el derecho de promulgar reyes que en su propio juicio estime ser las que mejor
garantizarán los intereses del público, conservando sagrada la libertad de la conciencia al
mismo tiempo" (D. y C. 134:5).
169
Y con respecto a las leyes de Dios, éstas son tan claras e irrevocables como las de la
naturaleza, y nuestro éxito o fracaso, nuestra felicidad o desdicha dependen de nuestro
conocimiento de la aplicación de esas leyes en nuestra vida. Se nos ha dicho:
"Hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo, antes de la fundación de este
mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan; y cuando recibimos una bendición de
Dios es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa" (D. y C. 130:20-21).
Creemos que el evangelio contiene las leyes de la vida que rigen nuestras relaciones
humanas, la vida moral y espiritual, leyes que son tan válidas en su campo de operación como
lo son las de la naturaleza en el mundo de los fenómenos naturales.
El profeta José Smith reconoció la importancia de obtener conocimiento y de ser
obediente a la ley e instruyó a los santos de esta manera:
"Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida, se levantará con nosotros
en la resurrección.
"Y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por
motivo de su diligencia, obediencia, hasta ese grado llevará la ventaja en el mundo venidero"
(D. y C. 18:19).
La palabra del Señor es tan clara para nosotros y estas leyes están tan claramente
dispuestas para nuestra felicidad, que es difícil entender porqué algunas personas consideran
que su propio juicio es superior y descuidan las leyes de Dios, acarreando sobre sí de ese
modo miseria e infelicidad. El profeta Jacob aconsejó:
"Por tanto, hermanos, no queráis aconsejar al Señor, antes aceptad el consejo que viene
de su mano. Porque he aquí, vosotros mismos sabéis que él amonesta con sabiduría, y justicia,
y gran clemencia en todas sus obras" (Jacob 4:10).
Y en su profunda sabiduría Salomón nos dice:
"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
"Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas" (Proverbios 3:5-6).
Las señales del camino son claras en el evangelio de Jesucristo: tenemos, por ejemplo,
los 10 mandamientos:
"No tendrás dioses ajenos delante de mí. No matarás. No hurtarás. No cometerás
adulterio. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
"Acuérdate del día de reposo para santificarlo", etc. (Exodo 20).
Tenemos el Sermón del Monte que todos conocemos tan bien. Y Jesús nos ha dicho cuál
es el gran mandamiento de la ley:
"Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
" Este es el primero y grande mandamiento.
"Y el segundo es semejante a éste. Amarás a tu prójimo copio a ti mismo" (Mateo
22:37-39).
Es prácticamente imposible calcular y dar suficiente énfasis al gran efecto que produciría
si el mundo entero guardara estos mandamientos; pero, por supuesto, la paz y la justicia
reinarían.
También tenemos una guía en otras escrituras que contienen la palabra de Dios y que se
han dado por revelación directa de El a sus profetas escogidos, incluyendo a nuestro
170
Presidente y Profeta Spencer W. Kimball, por medio de quien el Señor habla hoy y es el
aceptar y vivir estas enseñanzas en las que podemos obtener la vida eterna. Tengamos todos
el valor de sentir y decir como Pablo:
"Porque, no me avergüenzo del evangelio, por que es poder de Dios para la salvación de
todo aquel que cree. . ." (Romanos 1:16).
El Señor dijo: Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria. Llevar a cabo la inmortalidad
y la vida eterna del hombre" (Moisés 1:39). Esto fue de tanta importancia para El que dio su
vida y por medio de su expiación, nos brindó la posibilidad de resucitar y disfrutar de la
inmortalidad y la exaltación. Somos muy afortunados al tener el privilegio, la bendición y
oportunidad de actuar como misioneros para ayudarlo a lograr su gran propósito.
Además contamos con la siguiente promesa: "Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis
lo que os digo; más cuando no hacéis lo que yo os digo ninguna promesa tenéis" (D. y C.
82:10). Y tenemos también esta amonestación:
"El que recibe mi ley y la guarda, es mi discípulo, el que dice que recibe mi ley y no la
guarda no es mi discípulo y será expulsado de entre nosotros" (D. y C. 41:5).
Por lo tanto, todos deberíamos entender claramente que no hay conflicto tal como mi
joven amigo creía, entre las enseñanzas de la Iglesia de que "existe el hombre para que tenga
gozo y que el más grande don que Dios le dio es el del libre albedrío, con el hecho de que
debemos tener leyes que gobiernen. Tenemos la libertad de elegir la obediencia a las leyes
sobre las cuales las bendiciones se basan y disfrutar de dichas bendiciones; o desobedecer la
ley con el resultado de que nunca disfrutaremos de la dicha que se nos ha prometido.
Deseo concluir con esta gloriosa promesa del Señor:
"He aquí, dice el Señor, benditos son aquellos que han subido a esta tierra con un deseo
sincero de glorificarme de acuerdo con sus mandamientos.
"Porque los que vivan, heredarán la tierra, y los que mueran, descansarán de todos sus
trabajos, y sus obras los seguirán; y recibirán una corona en las mansiones de mi Padre que yo
he preparado para ellos.
“Sí, benditos son aquellos cuyos pies descansan sobre la tierra de Sión, que han
obedecido mi evangelio; porque recibirán como recompensa las cosas buenas de la tierra, la
cual producirá en su fuerza.
"Y también serán coronados con bendiciones de arriba, sí, y con mandamientos no pocos
y con revelaciones en su debido tiempo -aquellos que son fieles y diligentes delante de mí.
"Por lo tanto, les doy un mandamiento que dice así: Amarás al Señor tu Dios de todo tu
corazón, alma, mente y fuerza; y en el nombre de Jesucristo lo servirás" (D. y C. 59:1-5).
Y testifico que estas cosas son verdaderas en el nombre de Jesucristo. Amén.
[Link]
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