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Heterotopías Psicoactivas en España

Este artículo traza un mapa del control social de las drogas a partir de las políticas del espacio, describiendo la evolución histórica del consumo de sustancias y cómo ha sido regulado, desde lo sagrado a lo profano. Analiza también las intersecciones entre los espacios de consumo y el paradigma de reducción de daños, así como estrategias terapéuticas como la metadona y programas de heroína.

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Heterotopías Psicoactivas en España

Este artículo traza un mapa del control social de las drogas a partir de las políticas del espacio, describiendo la evolución histórica del consumo de sustancias y cómo ha sido regulado, desde lo sagrado a lo profano. Analiza también las intersecciones entre los espacios de consumo y el paradigma de reducción de daños, así como estrategias terapéuticas como la metadona y programas de heroína.

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Artículo / Article 381

SALUD COLECTIVA. 2015;11(3):381-399. DOI: 10.18294/sc.2015.723


Cartografía de heterotopías psicoactivas: una mirada
a los discursos médicos, jurídicos y sociales sobre los
usos de drogas

Cartography of psychoactive heterotopias: a look at


the medical, legal and social discourses regarding
drug use

Massó, Paloma1

1
Médica Especialista en RESUMEN Este artículo traza un mapa del control social de las drogas a partir de las
Medicina Preventiva y Salud
Pública. Doctora en Medicina. políticas del espacio, de acuerdo al concepto foucaultiano de heterotopía. En primer
Investigadora, Universidad de lugar, se describe una breve genealogía de los usos de sustancias psicotrópicas en los
Granada, España.
diversos tiempos y culturas hasta la llegada del paradigma prohibicionista, atendiendo al
[email protected]
modo en que el poder ha señalado, separado y encerrado determinados rituales y usos
del placer en emplazamientos físicos y simbólicos. Este itinerario se centra en el contexto
español para establecer un diálogo entre las distintas políticas del espacio que se han
sucedido y superpuesto en la construcción y gestión de un problema que deviene objeto
de la mirada, la mecánica y los discursos médicos, jurídicos y sociales. Así, se analizan
las intersecciones de los emplazamientos liminares de consumo con el paradigma de la
reducción de daños, así como las estrategias terapéuticas con prescripción farmacoló-
gica, desde los programas de metadona hasta los más recientes de heroína.
PALABRAS CLAVES Antropología; Reducción del Daño; Políticas; Metadona; Heroína;
España.

ABSTRACT This article traces a map of the social control of drugs through the politics of
space, according to the Foucaultian concept of “heterotopia.” Firstly, a brief genealogy of
the use of psychotropic substances in different times and cultures is described, up to the
introduction of the prohibitionist paradigm. Attention is paid to the way in which power
has marked, separated and enclosed certain rituals and uses of pleasure in physical and
symbolic sites. The itinerary is focused on the Spanish context to establish a dialogue
between the various policies of space that have come into being and have overlapped in
the construction and management of a problem which has been rendered an object to the
gazes, mechanics and discourses of the medical, legal, and social fields. In this way, the
intersections between the liminal spaces of drug use and the harm reduction paradigm
are analyzed, including therapeutic strategies with prescribed drugs, from methadone
programs to the new heroin programs.
KEY WORDS Anthropology; Harm Reduction; Policy; Methadone; Heroin; Spain.

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EL CONSUMO RITUAL DE DROGAS: DE un ritual (por ejemplo, los misterios eleusinos),


LO SAGRADO A LO PROFANO o como una práctica mágica (4 p.130-131). Por
otro lado, gracias a las crónicas de los coloni-
zadores del Nuevo Mundo –como el misionero
“…l’espace sert et [...] l’hégémonie s’exerce par fray Bernardino de Sahagún (1547-1577)–, sabe-
le moyen de l’espace en constituant par une mos que en las sociedades precolombinas mu-
logique sous-jacente, par l’emploi du savoir et chas de las sustancias susceptibles de producir
des techniques, un «système».” (1) ebriedad son consideradas mágicas o sagradas.
Habrá que esperar a principios del siglo XIX para
Como la muerte, el uso de drogas ha acom- que aparezcan las primeras investigaciones etno-
pañado a la humanidad a lo largo de la historia botánicas “científicas” acerca de las sociedades
(a). A través de los trabajos históricos y antropo- tradicionales, principalmente americanas, para
lógicos, vemos cómo los diferentes lugares reser- describir los usos lúdicos, mágico-religiosos o te-
vados al consumo de sustancias psicoactivas han rapéuticos de ciertas sustancias (5). En suma, ve-
sido tributarios del pensamiento de cada época y mos cómo, por un lado, las drogas son valoradas
cultura. Los tipos de emplazamientos destinados positivamente, en tanto que sirven para conectar
a ello quedan, por tanto, definidos a partir de una con lo trascendente y pueden constituir un reme-
particular problematización y gestión del uso de dio eficaz frente a la enfermedad y otros males
los placeres y los peligros del exceso. A lo largo de y, por otro, estas sustancias suponen un peligro
la historia, la experiencia sensible (analgésica, se- efectivo y simbólico asociado a un uso excesivo,
dante, alucinógena, excitante) asociada al uso de por lo que su acceso y los modos de consumo
algunas plantas, hongos o brebajes, y su represen- deben regirse por un sistema de regulaciones
tación acorde al pensamiento de cada cultura, les acorde con la cosmovisión y economía política
ha conferido un estatus de poder que oscila entre lo de cada sociedad (6,7).
profano y lo sagrado, que ha servido para justificar En la modernidad, con los procesos colo-
distintos sistemas y grados de regulación. Incluso niales y la mercantilización de productos como el
algunos autores han observado una relación entre opio o el tabaco, se produce una transición de lo
estos y el tipo de estructura social (3). local a lo global, se introducen nuevas sustancias
Las investigaciones arqueológicas han apor- en otras culturas y cambian las formas de control
tado numerosas pruebas que apoyan la hipóte- de su uso. Así, la ruptura de las regulaciones tra-
sis del consumo de sustancias psicoactivas en la dicionales, la política comercial anglofrancesa
Prehistoria. En el continente europeo, diversos en la sociedad china del siglo XIX impuesta tras
análisis químicos de restos arqueobotánicos, así la Guerra del Opio, y la fiscalización instaurada
como “útiles relacionados con la preparación, por EE.UU. cuando Europa perdía sus últimas
consumo o transporte de drogas y manifesta- colonias –que luego cristalizará en un régimen
ciones artísticas inspiradas en estado de trance” fuertemente represivo–, precipitan una crisis uni-
testimonian el uso de drogas desde el Neolítico versal en el mundo contemporáneo, si bien esta
(4). Incluso se han encontrado evidencias indi- debutará de manera diferente y seguirá un curso
rectas del consumo de drogas durante el Paleolí- particular dentro de cada sociedad. Los cultos
tico superior (Magdaleniense, para ser exactos), positivos en los que se consumen sustancias psi-
como el yacimiento de la Península Ibérica de coactivas son desacralizados por medio de una
la Cueva del Juyo (Cantabria), datado en 11970 pérdida de sentido del ritual y de los valores que
a.C. Si avanzamos hasta la Antigüedad, en el Pen encierra. Paralelamente, con la violación del tabú
Tsao Ching (circa 2737 a.C.), la primera farma- y la profanación del uso sagrado de determinadas
copea china, atribuida al emperador Shen-Nung, sustancias, quedan también anulados los ritos de
se hace referencia a los peligros del abuso del evitación y ascesis (b). Con este proceso de se-
cannabis (5). Asimismo, en los poemas épicos cularización, los emplazamientos destinados al
de la Ilíada y la Odisea, Homero alude en nu- consumo ritual positivo se desplazan desde los
merosas ocasiones al consumo de sustancias lugares sagrados, es decir, las heterotopías de
psicoactivas, ya sea de forma lúdica, asociada a crisis donde se celebraban ritos de posesión y de

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paso en las sociedades primitivas, a espacios lú- EL ESPACIO NEGATIVO: DE LA REBELDÍA
dicos y profanos cada vez más exiguos, como las A LA EXCLUSIÓN
salas de fumadores de opio en los países occiden-
tales, Filipinas y China, durante su legalización
a mediados del siglo XIX, o más tarde los coffee De la inadaptación de los sistemas de control
shops para la venta y el consumo de cannabis en tradicionales para gestionar el uso de sustancias
Holanda. psicoactivas en la sociedad occidental, el consumo
Como consecuencia del nuevo orden eco- de drogas surge como un problema social (17).
nómico poscolonial y la emergencia de EE.UU. Desobedeciendo el orden social cerrado y prohi-
como potencia hegemónica (13 p.537), especial- bicionista que se fraguará a lo largo del siglo XX,
mente tras la Segunda Guerra Mundial y a partir surgen movimientos sociales asociados a valores
de la creación de la Organización de las Naciones y formas de vida que unas veces miran con indo-
Unidas (ONU), el prohibicionismo de las drogas lencia la hipocresía de la sociedad burguesa, otras
atraviesa las fronteras y ordena a nivel interna- veces dirigen una enconada crítica a los abusos
cional la gestión política de estas sustancias, que de Occidente a los nuevos Estados independi-
cobran el doble estatuto jurídico y simbólico zados, y en ocasiones (solo) pretenden dar un
de tabú. A partir de la Convención Única de sentido más trascendente a la existencia humana.
1961 sobre Estupefacientes, de Nueva York, el A pesar de sus diferencias, desde los poetas ro-
poder jurídico clasifica aquellas sustancias que mánticos ingleses hasta la generación beatnik o
pueden amenazar “la salud física y moral de la las posteriores comunidades milenaristas, estos
humanidad” en cuatro “listas” de acuerdo a su fenómenos comparten una misma función en
peligrosidad. A excepción del uso experimental tanto ritos negativos de acuerdo al “principium
a cargo de las instituciones legítimas, todas las divisionis” (18 p.98-110), puesto que el acto de
conductas relacionadas con la droga, desde su consumir droga no dejará de ser una conducta
cultivo, preparación, oferta, distribución, im- desviada de la norma.
portación y, por supuesto, su consumo, quedan Los llamados movimientos contraculturales
relegados a emplazamientos clandestinos, segre- incorporan el uso ritual de drogas (especialmente
gados del espacio público dominante. En el caso LSD y Cannabis) como una práctica de identidad
de la legislación española, la Ley de Protección colectiva, hasta llegar a convertirse en uno de los
de la Seguridad Ciudadana incluye entre las símbolos del hippismo. Pero además, siguiendo
“infracciones graves” el “consumo en lugares, con el análisis topológico, el uso ritual de drogas
vías, establecimientos o transportes públicos”, en tanto fenómeno de masas se desplaza a vastos
así como “la tolerancia del consumo ilegal o emplazamientos carnavalescos al aire libre, como
el tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o el mítico festival de Woodstock celebrado en 1969,
sustancias psicotrópicas en locales o estable- donde se amplifica la visibilidad política del mo-
cimientos públicos o la falta de diligencia en vimiento. Por otra parte, como señala Escohotado,
orden a impedirlos por parte de los propietarios, si bien la primera mitad de los años sesenta se
administradores o encargados de los mismos” caracteriza por un “discurso crítico contra la pro-
(14 p.6212) (c). Por tanto, lejos de tratarse de hibición, tanto a nivel político y jurídico como
heterotopías, los lugares de consumo de drogas sociológico y psiquiátrico” (5 p.754), como se de-
se convierten necesariamente en contraempla- muestra en la Convención Única de 1961 sobre
zamientos. Pero, siguiendo el principio de re- Estupefacientes, de Nueva York, hay que tener
flexividad propuesto por Foucault, los distintos presente que “este instrumento es el modelo de la
modos e intensidades de ejercer el poder sobre orientación represivo-terapeutista que comienza a
las conductas y los cuerpos, de representar, ad- abrirse paso” (5 p.755). A pesar de tratarse de un
ministrar, prescribir o restringir cada sustancia, instrumento que pretendía conciliar los distintos
también se reflejará en la aparición de lugares poderes en juego, la Convención sienta las bases
de resistencia. que desestabilizarán la “paz farmacrática” que
se mantenía desde finales de la Primera Guerra
Mundial (5 p.791). Como reacción frente a la

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supuesta amenaza del orden social que supone el impasse de la pretendida revolución psiquedélica
uso autogestionado de sustancias psicoactivas, el veían en la heroína una especie de recurso a la
presidente Nixon recrudece la “guerra a la droga” imaginación y un vehículo para escapar a la in-
y se firma en Viena el Convenio sobre Sustancias suficiencia, la parca felicidad de la vida” (21
Psicotrópicas de 1971, que incluye las anfeta- p.307). Sin embargo, estos modelos contestatarios
minas, los barbitúricos y los alucinógenos en sus de consumo darán paso a otras formas que des-
famosas listas. Esta estrategia represora de asimilar cienden de estrato social. Según Romaní (22,23) y
la droga a la insurgencia política proveniente de Del Olmo (24), en los años setenta, el modelo re-
la izquierda, objetivados como elementos de pe- presivo estadounidense terminará importándose a
ligro, es secundada por algunos países europeos España y algunos países latinoamericanos, donde
para sofocar el movimiento juvenil revolucionario hasta entonces no se conocía el denominado “pro-
de Mayo del 68, endureciendo su legislación sobre blema de la droga”.
drogas (19 p.47). A partir de los años setenta, co- En la España de principios de los años
incidiendo con la crisis política y económica de ochenta, el uso endovenoso de heroína, como el
EE.UU. tras perder la Guerra de Vietnam, los de otras sustancias ilegales, deja atrás su valor con-
contextos del uso de drogas se desplazan pro- testatario y deviene un “hábito consumista” (21
gresivamente de los espacios del Flower Power a p.287-288). Este momento histórico coincide no
espacios privados. Las sustancias psiquedélicas se solo con la Transición democrática, sino también
sustituyen por narcóticos –más concretamente por con el rechazo y desgaste social que trae consigo
la heroína– y empieza a extenderse la figura del la aplicación en el año 1982 de las políticas de
yonqui en ese país. ajuste de la crisis económica de los años setenta
A nivel nacional, la Ley 17/1967, de 8 de abril, (25 p.2). En este contexto social y político, el ritual
tiene por finalidad específica la actuación de la legis- negativo del “pico” se desplaza de los escenarios
lación española sobre estupefacientes, adaptándola de rebeldía ilustrada a los espacios urbanos pe-
a lo establecido en la Convención de 1961. riféricos y pasa a inscribirse como una práctica
Centrándonos en el caso español, la obligada asocial. Si desde finales de los años setenta, el
vinculación de los distintos Estados al orden ju- uso de heroína se extiende a grupos de jóvenes
rídico establecido por los organismos suprana- de clases sociales medias y bajas (26,21), durante
cionales para la lucha contra el tráfico de drogas la primera mitad de la década siguiente pasan a
se traduce en la adhesión del Estado español a la incorporarse “individuos provenientes de sectores
Convención citada y los siguientes acuerdos, ar- marginales de la sociedad, entre otras cosas, por su
ticulándose en el año 1967 a nivel nacional una atracción como mercado fuera de la ley ya consti-
ley sobre estupefacciones que trae consigo un tuido –una de las escasas alternativas sociales de
refuerzo del aparato policial y administrativo. En las que disponen para situarse socialmente, y en
consecuencia, se produce una activación de di- el que ellos ni aunque sea como peones, pueden
versos mecanismos que, como recuerda Romaní, moverse con facilidad” (20).
pone en evidencia “las estrechas relaciones de Por tanto, la “expansión masiva de la toxico-
aprendizaje y colaboración que desde el primer manía callejera” es protagonizada por un nuevo
momento se establecieron con instituciones aná- perfil del “heroinómano”, o “politoxicómano”
logas de Estados Unidos” (20 p.92). Ese mismo (26 p.xxiii), al tiempo que el uso de heroína se
año, la heroína hace su entrada en la escena codifica como un rasgo de identidad subcultural
española. en estos grupos marginales (20). Los escenarios
de la droga quedan regulados exclusivamente por
las leyes del lumpen, que se fraguan al abrigo del
El surgimiento de la figura yonqui marco legal represivo. El aparato blindado que
monopoliza el acceso a la droga y la economía
En el contexto sociocultural del tardofran- depredadora del mercado negro marca el estilo
quismo, los primeros consumidores de heroína de vida de los usuarios. Los que persisten en el
“procedían de las filas contraculturales y perte- consumo de drogas se ven obligados a desarrollar
necían a capas altas de la sociedad […] Ante el estrategias de adaptación, con tal de poder costear

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su dosis diaria, que ponen en riesgo el vínculo Díez Ripollés “para cubrir ámbitos hasta ese mo-
social. Sin llegar a tener una conciencia plena, se mento presuntamente impunes” (35 p.194). En
desencadena un proceso en cascada que irá debi- este contexto jurídico, la macabra ecuación de
litando sus lazos sociales conforme avance la pre- criminalización-uso de drogas solo contribuye a
carización de sus vidas que, en la mayoría de los intensificar el grado de violencia material y sim-
casos, se ve precipitada cuando entran conflicto bólica que rodea este universo, perfilando un ho-
con el aparato policial y jurídico. rizonte cada vez más sórdido.
En consecuencia, la figura social de estos Aplicando el teorema de Thomas (“si los
nuevos “outsiders” queda reificada en negativo individuos definen una situación como real, esa
por la delincuencia, en un plano tanto simbólico situación es real en sus consecuencias”), la es-
como efectivo. Durante el primer lustro de los años trategia política con la que se pretende evitar el
ochenta, se despierta una fuerte alarma social en peligro y proteger la salud mundial no solo cons-
torno a la droga que trae aparejada una crisis de truye el “problema de la droga”, sino que este
“inseguridad ciudadana”, aparentemente motivada deviene un problema con eficacia real que, a su
por una frecuencia inusitada de atracos a bancos vez, genera una reacción contra el consumo aún
y asaltos a farmacias, la cual será potenciada mayor, dentro de un círculo vicioso. De forma pa-
por algunos sectores políticos adversos al recién radójica, se produce un ciclo perverso que, más
asumido gobierno del Partido Socialista Obrero allá de justificar la existencia de aquellos primeros
Español (PSOE) (8 p.105). A su vez, los medios movimientos contraculturales supuestamente des-
de comunicación de masas, con los que se intenta estabilizadores, con la intensificación de las me-
dirigir y modular la opinión pública al servicio de didas represivas en pro de la seguridad ciudadana,
un conjunto de intereses políticos y económicos, propicia la organización en paralelo de todo un
contribuyen a amplificar la alarma social. Como sistema jerarquizado que queda al margen de lo
consecuencia de este proceso de construcción normativo, pero se articula y entra en connivencia
simbólica y gestión política del problema de la con el poder hegemónico. Así pues, como ocurría
droga, tanto en su dimensión fáctica –con una en los cultos de las sociedades tradicionales,
creciente criminalización y aún tímida medica- también las complejas formaciones negativas de
lización– como también mediática (23 p.26), se la modernidad serán más que necesarias para el
forja la representación social del “yonqui” o “dro- mantenimiento de un statu quo.
gadicto” (14,20,21,27-32), una suerte de binomio
“usuario de heroína inyectada-delincuente” que
exhibe conductas antes inusitadas en la sociedad La biopolítica de la anormalidad yonqui
española, y que encarna una nueva peligrosidad.
Así pues, los usuarios que mantengan el consumo Del espacio penitenciario al espacio clínico: el
se verán condenados a seguir una “carrera toxi- mano a mano de la toga negra y la bata blanca
cómana” marcada por el estatus legal y simbólico
de las drogas y la exclusión social (26,33,34). Si bien la primera etapa farmacopolítica está
A su vez, la problematización jurídica en dominada por un proceso de judicialización del
torno al uso de drogas se sigue recrudeciendo problema, que subjetiva a los usuarios como de-
a principios de los años noventa, por ejemplo, lincuentes y los condena al espacio penitenciario,
con la promulgación de la Ley sobre Protección la iatrogenia que produce el prohibicionismo –con
de la Seguridad Ciudadana, más conocida como el desbordamiento de la delincuencia, la alarma
“Ley Corcuera”, y la reforma del Código Penal social, la morbilidad y la mortalidad asociadas
en 1996, que no implican un cambio hacia la al consumo clandestino que, como veremos
despenalización (20). A nivel internacional, las en breve, se disparan con la epidemia de sida–
medidas represoras, que se ven reforzadas du- conduce a una reconfiguración de los sistemas
rante la Guerra Fría, se institucionalizan con la de control del uso de drogas. Así, la “violencia
Convención de las Naciones Unidas contra el jurídica” (36) que se ejerce sobre los yonquis se
Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias atenúa en pro de una medicalización del “pro-
Sicotrópicas realizada en Viena, en 1988, según blema de la droga”, a través de un traspaso de

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competencias para gestionar con mayor eficacia del uso de drogas (por ejemplo, la conmutación
la dramática realidad social. A lo largo de este de penas por tratamientos de desintoxicación y
proceso, el poder disciplinario migrará del es- rehabilitación). Así, el poder jurídico y el poder
pacio penitenciario al espacio clínico, de manera psiquiátrico liberan al usuario de drogas de la
que surgirá una nueva cartografía anatomopolítica prisión, pero de forma conjunta lo “encierran” en
configurada por una constelación de dispositivos el espacio clínico.
asistenciales donde las conductas de los yonquis
quedarán bajo la mirada clínica. A partir de este La medicalización de lo social y la socialización
nuevo régimen disciplinario, cuyo precedente de lo médico
suele considerarse el modelo del British System
de los años veinte (37-41), el usuario cambia su es- Como en otros países, la gestión médico-
tatus social de “delincuente” por el de “enfermo” social de los problemas derivados del uso de
y “asistible”. drogas ilegales en España ha contado con el
El denominado “terapeutismo” (12), que en apoyo de movimientos asociativos y ONG (por
nuestro país se consolidará durante los años no- ejemplo, la Coordinadora de Barrios de Madrid,
venta, no deja de suponer un sistema de control la asociación de “Madres contra la droga”, o el
que, aunque tensiona los límites del paradigma Grup Igia en Barcelona) que han emprendido ac-
prohibicionista, no siempre se acompaña de la des- ciones e investigaciones reivindicativas. Más aún,
penalización del uso de drogas. Como señalan los la militancia de los grupos sociales directamente
juristas José Luis de la Cuesta e Isidoro Blanco, para afectados se anticipa a la puesta en marcha de
combatir las cada vez más potentes e influyentes medidas asistenciales por parte de las adminis-
organizaciones de narcotráfico, los gobiernos se traciones sanitarias, que llegan más tarde que las
ven obligados a reformar periódicamente su le- intervenciones institucionales dentro del ámbito
gislación. Así, los cambios en el derecho penal privado, si bien algunas de estas serán de dudosa
y procesal “combinan una agudización represiva eficacia y sentido ético (46). Ante la situación
con la ampliación de los sistemas de atención a los de desamparo institucional, se organizan aso-
drogodependientes delincuentes, y se promete una ciaciones vecinales y de familiares de usuarios
mayor incidencia en prisión de los programas de de drogas procedentes de capas sociales bajas y
deshabituación y tratamiento” (42 p.34). Por otro medias, a los que se suman más tarde actores so-
lado, en ocasiones el discurso jurídico será más ciales de la clase alta, cuyo férreo activismo goza
crítico que el discurso médico (24,43-45). de cierta visibilidad mediática (46 p.268). Pero el
Pero lo que me interesa destacar aquí no es ahínco con que luchan los padres y las madres de
tanto la lógica en cortocircuito que trata de con- los “toxicómanos”, y el posterior despliegue de
ciliar una “mayor eficacia” de la criminalización movimientos asociativos hasta su confederación
del usuario con ofrecer una asistencia paliativa al en 1985 a través de la Unión de Asociaciones
problema social que esta genera. Tampoco cómo y Entidades de Atención al Drogodependiente
los convenios internacionales, en pro de la guerra (UNAD), es una respuesta desesperada no sólo
contra el “gran tráfico”, obligan a endurecer las ante la ausencia de recursos asistenciales, sino a
regulaciones “del llamado ‘Derecho penal sim- la estigmatización social y la pasividad ciudadana
bólico’ que en el mejor de los casos caminan frente a una situación desbordante y sin prece-
sobre el filo de la navaja del Estado de Derecho, dentes (47 p.325, 46 p.219-220).
cuando no se presentan como una auténtica vio- Se activa, pues, un mecanismo recíproco
lación de principios básicos generalmente recono- entre lo social y lo sanitario dentro de la política
cidos como límite de la intervención penal” (42 de drogas. Por un lado, los diversos agentes so-
p.34). Sino que es en el engranaje biopolítico por ciales pasan a participar en las administraciones
el que se articula esta paradoja entre la creciente del aparato gubernamental, de manera que se
represión y la progresiva sanitarización –en el produce una socialización de lo que hasta en-
nivel prescriptivo y el nivel pragmático del castigo tonces pertenecía al poder médico y al poder
y la asistencia– por donde asoma indefectible- jurídico. Pero, a su vez, los mismos actores re-
mente la simbiosis jurídico-médica en la gestión claman una medicalización de lo social. Esta

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voluntad de giro discursivo tiene que ver no solo primera tecnología gubernamental en establecer
con el plano pragmático de las intervenciones, una estrategia de alianza y cooperación entre las
sino también con el modo en que el poder ju- administraciones públicas y la participación ciu-
rídico simboliza a los usuarios de drogas y sus dadana, especialmente con los diversos agentes
prácticas, amplificado por la reificación estigma- sociales movilizados, hasta configurar un modelo
tizadora de dicho colectivo desde los medios de híbrido entre la oferta de recursos por parte de las
comunicación. Es decir, lo que está en juego es administraciones públicas y el Tercer Sector, que
algo más que la salud y la vida de una generación ya prestaba servicios asistenciales. Un modelo que
en riesgo: se trata de los enunciados de la droga se ha mantenido hasta la actualidad y que sirve de
y los procesos de subjetivación que sambenitan a plataforma logística a la doble moral con que el
varias cohortes de jóvenes, de la construcción de Estado español (como la mayoría de los gobiernos
las identidades sociales marginales y la pérdida de de los países occidentales) ha gestionado la biopo-
la dignidad humana. Los grupos sociales afligidos, lítica de la droga.
especialmente las familias, reivindican la descri- Así, en esa década, la gestión biopolítica de la
minalización de los usuarios de drogas, en su ma- “adicción/drogodependencia” queda configurada
yoría jóvenes que empiezan a poblar las prisiones. por un nutrido repertorio terapéutico que oscila
En el discurso médico encuentran la garantía de entre lo sanitario y lo psicosocial, con una inci-
una doble eficacia moral y pragmática en tanto piente institucionalización y un enfoque epide-
que, por un lado, consigue desestigmatizar a los miológico de este fenómeno social. Se implantan
yonquis al categorizarlos como “toxicómanos” o los llamados programas libres de drogas y, pro-
“drogodependientes”, en lugar de delincuentes gresivamente, surgen dispositivos tales como las
–recordemos que, tres décadas antes, la psiquiatra unidades de desintoxicación hospitalarias, las co-
estadounidense Nyswander (48) ya defendía una munidades terapéuticas, las “granjas”, los centros
visión medicalizadora de este colectivo frente a su ambulatorios, los centros de día, etc. El modelo
criminalización– y, por otro lado, legitima la ur- terapéutico que deberá guiar estas intervenciones
gente puesta en marcha de medidas asistenciales está, por tanto, orientado a la prevención, la abs-
para atender las necesidades de los usuarios y su tinencia y la reinserción social, siendo aún la
entorno social. admisión a los tratamientos sustitutivos muy res-
En este cruce de miradas, despunta una aurora trictiva. Si bien las primeras intervenciones apa-
de contradicciones y desiderata. Progresivamente, recen en el sector privado, las administraciones
la constelación institucional que orbita en torno a públicas pasarán a gestionar y diversificar las al-
la asistencia de las drogodependencias, empieza a ternativas asistenciales para ofrecer servicios más
abrir un hiato entre los polos positivo y negativo inclusivos y de mayor calidad.
del espacio social hegemónico. En ese espacio in-
tersticial del poder, será la lógica abstencionista la
primera estrella polar que oriente a los diferentes Las estrategias de gubernamentalidad en la
agentes sociales en su tarea de controlar esta epi- escena de la droga: de la epidemia al sujeto
demia y arbitrar las estrategias asistenciales diri-
gidas a la población diana. A finales de los años ochenta, a la peste mo-
Ante la urgencia por catalizar el “problema de ral de la drogadicción, que amenazaba el orden
la droga”, a mediados de los ochenta el Gobierno social y producía “inseguridad ciudadana”, se
aprueba el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), añadirá un componente epidémico de tipo bioló-
que sienta las bases de la red asistencial. Aunque gico a través de la expansión del sida. La situación
ya había algunos antecedentes –como el “Grupo de marginalidad, así como el aumento del precio
de trabajo para el estudio de los problemas de- de la heroína y su adulteración, obliga a muchos
rivados del alcoholismo y del tráfico y consumo yonquis a escatimar en su “economía de lo endo-
de estupefacientes” en 1975, y la “Comisión inter- venoso” compartiendo y reutilizando jeringuillas
ministerial para el estudio de los problemas deri- (49-51), siendo esta otra de las nefastas paradojas
vados del consumo de drogas” a principios de los que ha traído consigo el sistema prohibicionista.
años ochenta (20 p.91)–, el PNSD se trata de la Al tiempo que la infección por VIH se ceba con

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este colectivo, el acto de la inyección pasa a ser Así, a partir de los años noventa, las agencias
doblemente “subversivo”, ya que entraña un riesgo de salud pública de los países industrializados
de contaminación y contagio potencialmente le- aplican una estrategia sanitarista, concentrando
tal no solo para el usuario, sino para el resto de sus esfuerzos en lanzar campañas y programas
la población. La jeringuilla usada representa la de prevención de sida dirigidos a los “grupos de
guadaña de esta nueva peste en el imaginario co- riesgo” –prostitutas, homosexuales y “adictos a
lectivo, un peligro que acecha en la arena de la drogas por vía parenteral”– de acuerdo a una re-
playa, en las butacas de los cines, en los lavabos lación directa entre las conductas y prácticas que
públicos y en los asaltos callejeros, de tal manera los definen como tales y las principales vías de
que los yonquis pasan a ser representados como contagio: la transmisión sexual y la hemática. En
seres vampirescos. La nueva alarma social llevará consecuencia, las intervenciones se focalizarán en
a cuestionar la eficacia de las medidas basadas en fomentar el uso del preservativo, promover la sus-
la abstinencia y a revitalizar la moral utilitarista: ya titución de la vía intravenosa por la oral (con la ad-
no se trata tanto de curar a los “toxicómanos”, sino ministración supervisada de metadona en jarabe)
de eliminar el riesgo infeccioso para neutralizar la e higienizar las prácticas de inyección. El cambio
epidemia y, de paso, normalizar a este colectivo. de estrella polar, acogido e impulsado por los
La nueva biopolítica se dirigirá al componente movimientos asociativos, hace posible la puesta
biológico de la epidemia, tomándolo como su en marcha en numerosos países (por ejemplo,
epítome en consonancia con las representaciones Holanda, Suiza, Alemania, Canadá y Australia) de
sociales acerca del peligro de contaminación que nuevos planes y recursos asistenciales, si bien en
simboliza el uso endovenoso de heroína, en lugar el caso español esta transición no llega hasta el
de apuntar a las cuestiones sociales y políticas que PNSD de 2000-2008.
constituyen las causas últimas del fenómeno. Por otro lado, para que la nueva estrategia
Coincidiendo con la caída del Muro de biopolítica se ejerza con eficacia sobre las con-
Berlín, la mayoría de los Estados europeos –si ductas y los cuerpos lleguen a gobernarse a sí
bien algunos, como los Países Bajos, ya habían mismos, será necesario que se desplace al entorno
cambiado sus políticas represivas sobre drogas de marginalidad de los usuarios, para observar
con anterioridad a la epidemia de sida (52)– se re- cómo adquieren su sentido práctico y lidian con
plantean con urgencia su estrategia para proteger las condiciones de posibilidad en sus vidas coti-
la salud pública y el orden social, recuperando dianas. Se trata, pues, de una poliédrica estrategia
los principios higienistas. Entre las prioridades de tolerancia que instrumentaliza las “tecnologías
está frenar la epidemia para salvaguardar al resto del yo” (62 p.45-49) desde el nivel micropolítico
de la población, poniendo especial énfasis en del uso de drogas, es decir, a partir del sujeto si-
señalar las vías de contagio. Desde el discurso tuado en su contexto social. Esta nueva raciona-
científico surge una transición ideológica por la lidad en la farmacopolítica no deja de ser una
cual las políticas de abstención obligatoria son re- expresión más de la “gubernamentalidad” (63), de
emplazadas por la lógica utilitarista y neoliberal tal manera que el yonqui pasa a ser un agente,
de la nueva salud pública, que ya anunciaba la es decir, pasa a jugar un rol activo en el “go-
Organización Mundial de la Salud (OMS) en la bierno de sí mismo”, a la vez que se reconstruye
Carta de Ottawa de 1986. Esta nueva perspectiva su subjetividad. Se produce un cambio hacia la
“comprende no sólo la biología humana, sino que humanización de este colectivo que busca la re-
reconoce la importancia de los aspectos sociales ciprocidad en las acciones del campo de la salud
de los problemas de salud que están causados pública que le son dirigidas, y que vemos reflejada
por el estilo de vida” (53 p.22). Bajo esta óptica, en el discurso de la comunidad científica que co-
las llamadas “políticas de reducción de daños”, labora con las administraciones públicas (d). En
lejos de censurar una conducta desviada, buscan consecuencia, incorporando los saberes y la par-
minimizar los perjuicios asociados a ésta, desde ticipación del colectivo de usuarios, ya no solo se
una lógica pragmática y en correspondencia con atiende la dimensión sanitaria del problema, sino
el modelo del riesgo de la sociedad moderna que se busca la normalización e inserción social,
(54-60, 61 p.311). restaurando su estatus de ciudadanos.

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Cartografía de heterotopías psicoactivas: una mirada a los discursos médicos, jurídicos y sociales sobre los usos de drogas 389

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En este nuevo contexto de los usos y con- tipo de organizaciones criminales, especialmente
troles de las drogas, tiene lugar un juego de des- en los países productores (como Colombia, Brasil,
plazamientos a partir del cual tanto las prácticas Costa Rica, Guatemala, Nicaragua o México) ha
de consumo (cuya localización está sujeta a las llevado a sus respectivos gobiernos a presionar
dinámicas internas de las propias subculturas, a EE.UU. –el principal país consumidor a nivel
pero también a las estrategias biopolíticas) como mundial– para abrir un debate sobre un sistema
las tecnologías de poder pasan a ubicarse en em- de control que se ha demostrado ineficaz. Los
plazamientos periféricos. Así, en los distritos de la discursos actuales de las políticas de las drogas
droga de ciudades como Rotterdam (52), Madrid (por ejemplo, la reforma que plantea la adminis-
(Las Barranquillas), Barcelona o Bilbao, se ponen tración de Obama desde 2010), parecen apuntar
en marcha centros de encuentro y acogida diurna a un nuevo modelo de regulación internacional
y nocturna, puntos de intercambio de jeringas, más orientado a la prevención y el tratamiento
oficinas de farmacia y actividades de acercamien- de la drogodependencia que a la persecución del
to-trabajo de calle (outreach) o salas de veno- tráfico y el uso de sustancias (67,68).
punción higiénica, conocidas como “narcosalas”.
El conjunto de usuarios queda segregado en estos
“lugares de tolerancia”, como el burdel o el mani- Las farmacotopías
comio, donde se toman “precauciones para man-
tenerlo todo, sin temor de ‘desbordamiento’, en A mediados de los años sesenta se inaugura
el espacio más seguro y discreto” (65 p.5). Como precisamente en EE.UU., la cuna del prohibicio-
expresaba Eddy Engelsman, jefe del departamento nismo, un nuevo régimen farmacopolítico que
de prevención del consumo de alcohol, de drogas desafía el paradigma abstencionista: los progra-
y de tabaco de Holanda: mas de mantenimiento con sustitutivos opiáceos,
siendo la metadona la sustancia por antonomasia.
La normalisation ne signifie pas que la notion A partir de esta tecnología, se produce un desplie-
d’usage illicite de la drogue a disparu…, mais gue de una red de dispositivos a partir de la cual se
qu’elle a été replacée dans un autre contexte, redistribuyen los espacios de tolerancia del uso de
pour permettre à la société de faire face à ce sustancias ilegales, de manera que gran parte del
problème avex réalisme. (66 p.342) (e) consumo que albergan las distopías de la droga se
deriva al espacio clínico. De esta manera, la far-
Indudablemente, este juego de desplaza- macologización de la adicción queda imbricada
mientos que, como veremos en breve, trasciende en la mecánica de poder jurídica y sanitaria, por
al aparato institucional, se acompaña de una re- un lado, para desplazar el uso de heroína en la ca-
configuración de la mecánica médico-judicial. lle combatiendo así el mercado negro y, por otro,
Pero, a su vez, la progresiva racionalización y el como estrategia de medicalización, a la vez que
proceso de medicalización que plantea la guber- de normalización, del colectivo de usuarios, de
namentalidad de los usos de drogas, aunque con acuerdo a la lógica de la reducción de daños.
más retraso, acaba permeando el nivel macropo- Mientras que bajo el mandato de Ronald
lítico. Conforme se acumulan datos de vigilancia Reagan en los años ochenta se frena la expansión
sobre las tendencias de consumo de sustancias de los programas de metadona instaurados en
ilegales, los ingresos en prisión por delitos rela- EE.UU. desde los años sesenta (69 p.145), en
cionados con las drogas, sin olvidar la crisis social España y en otros países del entorno europeo
y política de la expansión de la epidemia de sida, esta nueva racionalidad terapéutica (en algunos
los Estados ya empiezan a racionalizar el pro- casos, como en Francia, la sustancia prescrita
blema aplicando medidas desde una perspectiva será la buprenorfina), se incorpora a la biopolítica
epidemiológica, produciéndose progresivamente de la epidemia de heroína y, más tarde, de sida,
un viraje discursivo cada vez más desideolo- aunque con un marcado desfase en su puesta en
gizado en los foros internacionales. La violencia marcha. Las primeras evaluaciones realizadas por
estructural que ha traído consigo el narcotráfico, las agencias de salud pública situarán este tipo de
así como la corrupción política asociada a este medida asistencial como la estrategia más eficaz

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ensayada para frenar la epidemia de sida, así dentro del Estado español, de manera que en al-
como la hepatitis B y C (70-73). A su vez, habrá un gunas autonomías también intervienen ONG–,
amplio consenso acerca de sus beneficios sociales en los centros penitenciarios, así como unidades
(74), tales como la disminución de la delincuencia móviles que se desplazan hasta los emporios de la
y la normalización de los usuarios (75). droga en las grandes urbes. Incluso desde 1998 se
Hasta el año 1983, en el Estado Español no instaura un plan para la adhesión de las farmacias
hay una regulación estatal de la prescripción de a los programas de metadona que se aplica en
metadona (f). Será necesario un mayor esfuerzo de Andalucía, Canarias y Asturias, con la finalidad de
coordinación entre las administraciones públicas facilitar la accesibilidad a este tratamiento y la nor-
que regulan las competencias para la prescripción malización del colectivo de usuarios. No obstante,
y la dispensación, así como la instauración de una la falta de un seguimiento individualizado con la
mecánica institucional que gestione este recurso transferencia de la dispensación de metadona de
terapéutico en emplazamientos específicos, sean las ONG a las farmacias no ha dejado de suscitar
públicos o privados sin ánimo de lucro. Por tanto, críticas, especialmente con motivo de los ajustes
la progresiva transferencia de peso del poder ju- presupuestarios.
rídico al poder médico se traduce en una política
del espacio a partir de la cual se crea un tejido
asistencial donde el consumo de metadona queda El yonqui destronado y los programas de
legalmente restringido a la prescripción facul- heroína
tativa. Sin embargo, la lógica abstencionista que
se empieza aplicando a los programas de me- Desde mediados de los años noventa, el con-
tadona no solo resulta ineficaz para gran parte junto de tecnologías que dispone el aparato sa-
de los usuarios, sino que contribuye a recrudecer nitario, junto a la emergencia de nuevos modos
la epidemia de sida que se extendía entre la ju- de consumo de drogas, consigue desactivar la
ventud española (g). Así, habrá que esperar hasta dimensión de peligrosidad social del yonqui. Los
principios de los años noventa para que se sienten programas de metadona no solo resultan una es-
las bases de los programas de mantenimiento con trategia eficaz para frenar la expansión de la epi-
metadona actuales (con la aprobación del Real demia de sida, sino que suponen una alternativa
Decreto 75/1990), y a mediados de esta misma farmacológica que, como ya he señalado, compite
década para que se flexibilice el acceso a ese tra- con la oferta del mercado negro, contribuyendo
tamiento (con el Real Decreto 5/1996). En conse- a disminuir la criminalidad asociada al consumo
cuencia, su consolidación no se alcanzará hasta el de drogas ilegales (80,81). En consecuencia, tiene
año 1992 (77), “cuando lo peor ya había pasado, lugar un silencioso destronamiento del yonqui
y tras una intensa batalla frente a sus múltiples de- en la agenda biopolítica y, por supuesto, en los
tractores de la sociedad civil y de los servicios de medios de comunicación, a pesar de que ni el
prevención y atención a las drogodependencias conjunto de estrategias de reducción de daños ni
(algunos convertidos luego felizmente en gestores los programas de metadona logran absorber la to-
de los mismos)” (73 p.507). Cabe señalar que, talidad del colectivo problemático de usuarios (i).
en ese mismo año y en los sucesivos, España en- Pero del mismo modo que la cuestión del
cabeza la lista de países europeos respecto a la orden público jugaba un papel clave en el des-
tasa acumulada de casos de sida relacionados con plazamiento espacial de las prácticas de consumo
el consumo de drogas, por delante de Italia, Suiza a los “lugares de tolerancia”, el proceso de ins-
y Francia (78 p.20), con un recrudecimiento de la tauración de los dispositivos de prescripción de
mortalidad a mediados de esa década (h). heroína que seguirán a los de metadona tampoco
Finalmente, se distribuye en el espacio geo- escapa a tal lógica. De hecho, la persistencia de
gráfico una extensa red de dispositivos de dis- las distopías de la heroína y los problemas sociales
pensación de metadona en régimen ambulatorio, ligados a sus usos es lo que lleva a algunos go-
por lo general, dentro de los Centros de Salud biernos europeos a buscar estrategias alternativas
de Atención Primaria –aunque su organización de control social. En el origen de estos programas
está sujeta a una gran variabilidad interterritorial se desvela, de nuevo, un juego de reflexividad

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Cartografía de heterotopías psicoactivas: una mirada a los discursos médicos, jurídicos y sociales sobre los usos de drogas 391

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entre el espacio abierto y el espacio institucional. suizo desde principios del nuevo milenio (88).
A partir de este juego, se configura un sistema de Cabe decir que, en el caso español, en esa misma
relaciones de oposición cuya dimensión simbólica época se llevan a cabo un par de experimentos en
quedará representada a través de las disposiciones Andalucía y Cataluña, si bien este tipo de inter-
materiales del espacio. vención solo consigue implantarse en la ciudad
Situémonos en los escenarios de la droga en de Granada, a través del denominado Programa
Suiza a finales de los años ochenta, concretamente Experimental de Prescripción de Estupefacientes
en dos de sus parques más céntricos en las ciu- de Andalucía (PEPSA) (89,90).
dades de Berna y Zurich. Estos emplazamientos, Por tanto, sin ánimo de sentar un principio ge-
que por entonces se conocían como los “needle neral, se podría interpretar que los dispositivos de
parks”, se convierten en auténticos “lugares de heroína surgen a través del juego de visibilizar para
tolerancia” para el consumo de drogas ilegales. luego ocultar, encapsular y domesticar lo peligroso
En el Letten de Zurich, el más famoso, llega a re- y contaminante (k). Desde un punto de vista más
unirse hasta un millar de personas inyectándose a simbólico que material, estas nuevas heterotopías
plena luz del día, muchas de ellas atraídas desde de crisis/desviación plantean un sistema de rela-
otras regiones o incluso el extranjero. Pero estas ciones aún más paradójico que los programas con
“escenas abiertas”, como curiosamente se las suele sustitutivos convencionales, dando una vuelta de
denominar, no dejan de ser espacios subversivos tuerca más a las estrategias de gubernamentalidad.
enquistados, lugares acotados de contaminación En un sentido casi estricto, la utopía que pretende
en los que el poder hegemónico puede ejercer un hacerse efectiva en estos nuevos emplazamientos
control, tanto policial como sanitario, sobre el co- se presenta como un reflejo del afuera, en tanto
lectivo de usuarios de drogas. Como refieren Anne que lo que se dispensa es una de las sustancias de
François y Annie Mino, “la policía y los servicios elección del usuario y, además, por vía inyectada.
sanitarios, a pesar de sus divergencias, coinciden Es decir, ya no solo se busca reducir los riesgos y
en un punto: ‘Mientras estén aquí no están en otro daños asociados al modo de vida de un colectivo
sitio’” (83 p.53). Sin embargo, las precauciones marginal y socialmente estigmatizado, sin pre-
que se toman no son suficientes para evitar el tender romper con la “adicción”, o reconocer la
“desbordamiento”, literalmente, de estos empla- agencia y las necesidades del sujeto, sino que, de
zamientos. El hacinamiento, la frecuencia de so- acuerdo a la moralización de los usos del placer
bredosis y la rápida expansión del sida asociado al que surge en la sociedad poscapitalista, su propio
consumo intravenoso, además de las protestas del deseo se convierte en objeto de gobierno. Este es-
vecindario y el rechazo internacional suscitado por quema no deja de ser compatible con el modo en
las impactantes imágenes difundidas en los medios que se ha significado el uso moderno de drogas,
de comunicación, llevan a las autoridades suizas tal como lo planteaba anteriormente. Es decir, al
a clausurar estos “shootoirs” y a plantearse estra- principio, como una manifestación de protesta
tegias biopolíticas orientadas a la reducción de entre los grupos contraculturales frente a la deca-
daños, incluyendo los programas de heroína (j). dencia de los valores tradicionales, pero más tarde
No pasa desapercibido que el cierre del último como una macabra parodia del sistema capitalista,
“needle park”, precisamente el Letten de Zurich, que encuentra en el yonqui su modelo de consu-
coincida con la inauguración en 1994 del primer midor perfecto. Por otro lado, de acuerdo al con-
programa de prescripción de heroína en la misma cepto de gubernamentalidad, hay que decir que
ciudad. Para entonces, el campo estaba abonado la instauración de estos programas responde a la
para sembrar el nuevo modelo de reducción de demanda de un heterogéneo conjunto de agentes
daños. Los diversos estudios epidemiológicos lle- sociales, entre los que también se encuentran los
vados a cabo sobre el uso médico de la heroína propios usuarios de drogas. De hecho, en el caso
con usuarios refractarios a tratamientos con me- español, la Federación Andaluza ENLACE, una or-
tadona en este país (85-87) sirven para legitimar la ganización que reúne más de un centenar de aso-
puesta en marcha de una extensa red nacional de ciaciones y federaciones del campo de las drogas,
centros de prescripción de heroína –incluso en el se adelanta a la defensa de esta modalidad tera-
ámbito penitenciario– dentro del sistema sanitario péutica por parte de la comunidad de expertos.

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Sin embargo, como ocurre en otros países, esto no heroína, quedando esta relegada a espacios mar-
significa que resulte sencillo encontrar candidatos ginales. Paralelamente, la mecánica que disponen
para el ensayo clínico precedente. los sistemas legal y moral hegemónicos en la
Dentro del recorrido topológico aquí pro- modernidad queda particularmente inscrita en el
puesto, la prescripción de heroína deviene un cuerpo de los usuarios de heroína inyectada, de
sofisticado mecanismo de biopoder, acaso el tal manera que los “yonquis” devienen la figura de
epítome de las políticas de reducción de daños: desviación de la Transición Democrática Española.
en un espacio segregado, se aplica una estrategia Para gestionar su estatus liminar se activa una
farmacopolítica que gestiona el placer opiáceo. biopolítica de la droga, en la que el colectivo de
Asimismo, las prácticas corporales que suponían usuarios deviene objeto de la mirada tanto jurídica
un riesgo individual y social son sanitarizadas. como médica, si bien ambos discursos de poder,
Una vez disuelta el “álgebra de la necesidad” me- entre la criminalización y el terapeutismo absten-
diante un consumo racionalizado y supervisado cionista, contribuyen paradójicamente a cristalizar
de la dosis justa de heroína en un entorno clínico, dicha figura de desviación. No es hasta la irrupción
resulta más factible llevar a cabo un programa de de la epidemia de sida cuando se produce un pro-
normalización de los modos de existencia de este gresivo cambio de racionalidad que incorpora el
colectivo. modelo de reducción de daños a las escenas de
Desde una perspectiva micropolítica, en los la droga y la farmacologización de la asistencia,
dispositivos de heroína se da una conjunción entre desde los más extendidos programas sustitutivos
el aparato médico y la lógica de la reducción de de metadona hasta los programas de prescripción
daños, de tal modo que el “modelo prescriptivo” de heroína instaurados en varios países europeos
queda hibridado con el “modelo participativo” de desde los años noventa.
la reducción de daños (8 p.179). Por un lado, a En suma, a lo largo de las últimas décadas
través de estos programas se promueve la medi- se ha creado en España una red heterotopológica
calización y asistencia de un colectivo que es cla- con un enfoque bio-psico-social cada vez más
sificado como anormal, quedando sujeto a unos patente, flexibilizando los criterios de inclusión
estrictos criterios de inclusión, a diferencia de las y diversificando los tratamientos para adaptarse
salas de venopunción higiénica. Por otro lado, el y desplazarse a los distintos contextos y tipos de
usuario no decide aquí el nivel de riesgo que está usuarios de drogas, con el objetivo de ofrecer un
dispuesto a asumir, sino que el umbral queda bajo tratamiento plural e individualizado. Sin embargo,
un control farmacéutico. Asimismo, en contrapo- los recortes presupuestarios que se han aplicado
sición a los espacios de tolerancia abiertos, estas de forma creciente a consecuencia de la crisis eco-
heterotopías se sitúan en un marco institucional nómica (l) han afectado gravemente al conjunto
disciplinario, articulando una relación intensa y de los servicios sanitarios y sociales (92). El sector
continuada entre “profesionales” y “pacientes” de las drogodependencias ha sido uno de los más
de la que surgirán juegos de poder y formas de afectados, y no precisamente por un marcado des-
resistencia. censo de la tasa de consumo de sustancias ilícitas
(m) o de la población en riesgo de exclusión social
(97) sino, en gran medida, por el “destronamiento”
CONCLUSIÓN Y REFLEXIONES FINALES del yonqui iniciado en los años noventa, que pasa
SOBRE EL CONTEXTO ACTUAL DE CRISIS a ser una mera figura residual y exenta de aquella
peligrosidad social en el imaginario colectivo y en
la agenda política. Las llamadas políticas de aus-
En correspondencia con los principios de las teridad en las que han convergido los gobiernos
heterotopías descritos por Foucault, hemos visto europeos de tendencia neoliberal, y que se han
cómo los cambios culturales, sociales y políticos aplicado con severidad en el contexto español
de los usos de drogas a partir de los distintos sis- desde el nivel autonómico hasta el nacional, han
temas de control se han acompañado de una pro- puesto en evidencia hasta qué punto en el sistema
gresiva migración de los lugares que han acogido moral subyacente prevalece la representación
estas prácticas, especialmente la inyección de social estigmatizadora del colectivo de usuarios

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Cartografía de heterotopías psicoactivas: una mirada a los discursos médicos, jurídicos y sociales sobre los usos de drogas 393

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de drogas, agravándose aún más la situación de otras ciudades de la geografía española en las que
desamparo político e institucional que sufre. En podrían beneficiarse más usuarios del uso com-
última instancia, los poderes públicos vuelven pasivo de heroína (o).
a culpabilizar a las víctimas y a relegarlas a un En conclusión, si de algo pueden servir los
estado de liminaridad, como veíamos en nuestro errores cometidos en la gestión biopolítica del
recorrido heterotopológico (n). “problema de la droga” que he tratado de re-
La disminución de la dotación económica, sumir en este itinerario heterotopológico es para
que en algunas comunidades autónomas como aprender de ellos y no volver a repetirlos. Resulta
Andalucía ha llegado casi a la mitad del gasto, se prioritario, pues, defender los logros de la guber-
ha traducido en un parcial desmantelamiento de la namentalidad de las drogas frente a las actuales
asistencia que se llevaba a cabo a través del Tercer políticas neoliberales que, bajo pretextos econo-
Sector (por ejemplo, Cruz Roja, Fundación Salud y micistas que desoyen las voces de los expertos en
Comunidad, Fundación Atenea, Proyecto Hombre, salud pública y de los distintos actores sociales que
la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, juegan un rol clave en el campo de las drogode-
entre otros), eliminándose servicios ya consoli- pendencias, condenan al colectivo de usuarios de
dados tales como las comunidades terapéuticas drogas a una situación de marginalidad. La acción
y los dispositivos de venopunción en Madrid, estratégica en el campo de las drogodependencias
Barcelona y otras ciudades donde existe mayor debe seguir orientándose a reforzar los pilares bá-
prevalencia del uso de drogas por vía intravenosa. sicos de promoción de la salud y prevención del
Por otra parte, la reducción de recursos humanos consumo de drogas, así como de minimización
en los equipos multiprofesionales de los centros de del riesgo y reducción de daños frente a la actual
atención a drogodependientes ha traído consigo crisis social, moral y política. Algunas medidas
una masificación y un retraso en la asistencia a concretas encaminadas a esta tarea podrían ser:
los usuarios. También se ha acompañado de un promover programas de educación para la salud
retorno al enfoque asistencial biologicista y farma- en las escuelas; desarrollar campañas de consumo
cocéntrico, a pesar de la evidencia científica de la responsable dirigidas a los jóvenes; mejorar el
eficacia del modelo bio-psico-social, de tal manera acceso a los tratamientos sustitutivos disponibles
que son los propios profesionales sanitarios los que para cada perfil de usuario de drogas, incluido el
tratan de suplir dichas deficiencias con su volunta- tratamiento con prescripción de heroína; incen-
rismo. Por su parte, el programa PEPSA no solo ha tivar la investigación que contribuya a diversificar
sufrido estas consecuencias, sino que, a pesar de las opciones terapéuticas existentes, como la he-
la evidencia científica acerca de los tratamientos roína oral o la cocaína bajo prescripción médica;
de heroína y la puesta en marcha del programa volver a dotar de equipos multidisciplinares los
en la ciudad de Granada hace más de diez años dispositivos asistenciales, mejorar la coordinación
con resultados alentadores, las administraciones entre estos; aumentar la dotación de unidades mó-
públicas han limitado el acceso a más pacientes, viles de venopunción en los escenarios urbanos
han paralizado la actividad investigadora acerca de de consumo; y, en última instancia, revocar las
nuevas vías de administración de la sustancia, y no leyes aprobadas en los últimos años que vulneran
se plantea la extensión de este tipo de programa a los derechos de los ciudadanos.

NOTAS FINALES suerte que las normas que en ellas dominan pa-
recen estar en contradicción con las del espacio
a. En su conferencia “Des espaces autres” (2), público hegemónico. Por un lado, el filósofo dis-
Foucault sitúa las heterotopías como lugares tingue las heterotopías de crisis dentro de las so-
que representan, contestan e invierten todos los ciedades primitivas como lugares “privilegiados”,
demás emplazamientos reales y efectivos que “sagrados” o “prohibidos” que quedan reservados
se encuentran en el interior de la cultura, de tal a los sujetos que viven en un estado de limina-

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ridad (2 p.756-757). Por otro lado, las heterotopías h. Según los datos del Área de vigilancia de VIH
de desviación que corresponderían a la sociedad y conductas de riesgo del Centro Nacional de
moderna, a las instituciones secularizadas desti- Epidemiología, entre 1981 y 2010, “el pico de
nadas a los individuos que presentan conductas mortalidad se alcanzó en 1995 cuando la tasa de
desviadas. Foucault se sirve del ejemplo de los mortalidad global fue de 14,9 por 100.000 habi-
cementerios para ilustrar cómo a lo largo de la tantes [...] A partir de este año, los fallecimientos
historia de la cultura occidental el cambio de re- disminuyeron de forma muy importante hasta
laciones espaciales entre estos emplazamientos y 1998 (descenso del 68%) y desde 1999 el des-
el resto de espacios culturales ha reflejado la tran- censo ha sido más lento” (79).
sición del pensamiento de la época, de lo religioso
a lo secular, así como los cambios de organización i. El psiquiatra José Cabrera, antiguo director de la
y jerarquización social. Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid e
impulsor de la narcosala de Las Barranquillas, en
b. Para una síntesis de los acontecimientos histó- una noticia de prensa lamentaba el cierre de esta
ricos que precipitan en el concepto moderno de en 2012: “Los drogadictos no interesan a nadie.
droga, distinguiendo entre narcóticos y medica- Hace 10 años eran peligrosos porque robaban
mentos, ver los trabajos de Romaní (8) y Berridge bolsos o atracaban farmacias, pero como ahora
(9). En cuanto al juego de intereses y las circuns- tienen metadona han desaparecido del mapa y
tancias históricas que rodean el proceso de ilegali- nadie se acuerda de ellos [...] Y a los que menos
zación farmacológica, recomiendo los trabajos de interesa es a los políticos, ni PP ni PSOE. Es la
Escohotado (5), Berridge (10), Courtwright (11) y triste realidad” (82).
Szasz (12), entre otros.
j. “Frustrated by prior efforts to curb use, the most
c. Para una crítica del tratamiento jurídico de “las visible failure being the squalid deterioration of
drogas” según el Derecho Penal español y una Zurich’s Platzspitz Park and subsequently the
propuesta hacia la normalización, ver el trabajo Letten railway station – areas designated by the
de Pantoja y Abeijón (15 p.19-42) y Arana (16). government for open air drug use – the Swiss Fe-
deral Office of Public Health instituted the Swiss
d. Castel et al. (64 p.9) hacen una llamada a la Scientific Studies of Medically Prescribed Nar-
ética para comprender al sujeto y afrontar su pro- cotics to Drug Addicts (hereafter the Swiss Heroin
blema, ahuyentando la imagen mefistofélica del Trials)” (84 p.331).
yonqui, que no repara en los medios con tal de
procurarse su dosis. k. En relación con la población diana del pro-
yecto suizo: “Politically, pressure came mainly
e. Así por ejemplo, “la scène de l’heroïne des from cities, and they were interested in gaining
années 1970 à Rotterdam, plutôt mouvante, relief from the problems associated with large
agressive et anonyme, a évolué pendant les années numbers [...] ‘hard-core’ chronic addicts known
1980 pour se transformer en un environnement to be associated with social nuisance and crime
assez stable, plutôt non violent et circonscrit à involvement into the [heroin assisted treatment]
quelques adresses bien repérées [...] La plupart project” (91 p.32).
des transactions au détail [entre consommateurs
et revendeurs] se font en lieu clos, à ces adresses.” l. El presupuesto del Plan Nacional sobre Drogas
(52 p.73). se ha reducido más de un 40%, desde 25 millones
de euros antes de 2012, el año en que sufrió el
f. El único modo de dispensación es a través del mayor recorte, a 14,6 millones de euros en 2015
“carnet extradosis”, un recurso gestionado por (93-95).
los Colegios de Médicos (21). La prescripción
de metadona se limita a la asistencia psiquiátrica m. Según los datos de la Encuesta Nacional de
privada y, a menudo, solo a la emisión de recetas. Salud (96), si bien se documenta un ligero des-
Su popularización entre los usuarios propicia el censo de forma global, muy cuestionado por los
surgimiento de un preocupante mercado ilegal de profesionales que prestan asistencia a los drogo-
metadona en algunas ciudades (76). dependientes, la tasa del consumo esporádico de
heroína ha aumentado desde 2011 hasta 2013.
g. Los criterios para la acogida en los programas
de metadona son aún muy selectivos y su finalidad n. Así, por ejemplo, Francisco Herrera, presidente
sigue siendo la deshabituación, aunque la nueva de Proyecto Hombre en Andalucía, denunciaba
normativa ya distingue entre tratamientos de corto que: “[las administraciones] ‘Han bajado la guardia’
plazo y largo plazo (cuando superan los veintiún [...] con ‘recortes brutales’, argumentado a veces con
días). Además, para asegurar la ingesta de la dosis un discurso de un ‘neoliberalismo salvaje’ del que
prescrita y evitar el desvío al mercado ilegal, el se extrae la idea de ‘ellos se lo han buscado’” (98).
usuario debe consumir la sustancia in situ.

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o. Véase algunas noticias de prensa publicadas situación de estancamiento del programa y de la
por el diario El País, en las que Joan Carles March, investigación de otras vías de administración de la
investigador principal del proyecto PEPSA, así sustancia (99,100).
como los profesionales del centro, denuncian la

AGRADECIMIENTOS

A Oriol Romaní y Joan Carles March, co-directores de mi tesis doctoral, por sus valiosos comentarios y
facilidades para llevar a cabo mi investigación.

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Recibido: 5 de octubre de 2014 | Versión final: 26 de marzo de 2015 | Aprobado: 16 de abril de 2015

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