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San Agustín: Libre Albedrío y Conocimiento

San Agustín argumenta sobre la importancia del libre albedrío para la existencia de la moral y defiende que los seres humanos tenemos libre voluntad pero necesitamos la gracia divina para orientarnos hacia el bien.

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San Agustín: Libre Albedrío y Conocimiento

San Agustín argumenta sobre la importancia del libre albedrío para la existencia de la moral y defiende que los seres humanos tenemos libre voluntad pero necesitamos la gracia divina para orientarnos hacia el bien.

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EDAD MEDIA: SAN AGUSTÍN

También la voluntad es de Dios”, San Agustín de Hipona argumenta sobre la


importancia del libre albedrío para la existencia de la moral.
pueden encontrar varías ideas importantes. La primera dice que si el hombre no actúa
bien es porque no ha querido y eso significa que ha podido decidir qué hacer, es decir, tiene
libre voluntad. La segunda idea dice que, sin el libre albedrío no podríamos tomar
decisiones según la moral pues no habrían decisiones buenas ni malas solo una única
decisión otorgada por Dios. La tercera dice que, si la libre voluntad es poder elegir nosotros
mismos actuar bien o mal, sería injusto que Dios castigue a los que actúan mal, pues solo
hacen uso de lo que les ha concedido. La cuarta idea dice que sin la libre elección sería
injusto el castigo y la recompensa, pues no habrían pecados ni actos virtuosos. Por último,
el libre albedrío sirve para que en la pena o en el premio de nuestros actos haya justicia.
San Agustín de Hipona defiende que los seres humanos estamos compuestos por cuerpo
que es la materia y el espíritu que es el alma. También sostiene que el ser humano está
marcado por el pecado original y por ellos somos por naturaleza corruptibles. Dios nos
otorga el libre albedrío para orientarnos hacia el bien, pero no es suficiente. Es necesaria la
Gracia Divina, la intervención directa de Dios en nuestras vidas, para que podamos ser
realmente libres. Nuestra voluntad tiende a la felicidad que solo podemos obtener en la otra
vida con la contemplación y amor de Dios. Si amamos y creem

~EL CONOCIMIENTO/ REALIDAD~


Para San Agustín razón y fe colaboran en el esclarecimiento de la única verdad que existe, el cristianismo.
Una verdad a la que se puede acceder por dos caminos: la razón, que nos acerca a ella parcialmente, y la fe,
que nos la da a conocer en plenitud. Esta colaboración se realiza del modo siguiente: La fe ilumina a la
razón ya que es preciso creer para poder entender, puesto que la razón humana es limitada y sólo la fe
permite entender todas las preguntas relativas a Dios, al mundo y al hombre. Por otro lado, la fe se vale de la
razón ya que la comprensión racional de la doctrina cristiana es la forma más elevada y auténtica de la fe. La
teología dogmática y la filosofía no son dos caminos distintos, sino una y la misma vía para llegar a la
verdad, el conocimiento de Dios.

Al igual que en la época de Platón habían sostenido los ​sofistas​, San Agustín se enfrenta así a la tesis del
escepticismo antiguo que sostenía la imposibilidad de alcanzar la verdad. San Agustín pensaba que es
posible que nuestros pensamientos sean engañosos y falsos, pero incluso si el contenido de nuestros
pensamientos es falso, lo que no puede ser falso es ​la realidad de estos pensamientos,​ el que estos
pensamientos están existiendo en nuestra conciencia.

Este conocimiento que el alma tiene de sí misma es, para San Agustín, ​el punto de partida del conocimiento​.
La ​experiencia interna es la vía de la ​verdad,​afirmando que sólo en el interior de uno mismo se encuentra
una verdad ​universal​, ​necesaria e inmutable,​ cualidades que no pueden proceder del mundo sensible. A
diferencia de Platón, San Agustín niega que el acceso a la verdad se produzca a través del recuerdo o
reminiscencia del alma. El acceso a la verdad se produce por iluminación de la luz De Dios, sin la cual no
nos sería posible acceder al conocimiento más perfecto, inspirada en la Idea de Bien Platónica como el sol
que ilumina el mundo inteligible (símil del sol). Y cuando el alma se ocupe directamente de lo inteligible se
alcanza el conocimiento ​superior,​ llamado por San Agustín ​sapientia​. Sólo habrá conocimiento cuando el
alma encuentre cierta ​regularidad en lo sensible. Este conocimiento de las regularidades sensibles, ​inferior​
respecto de la ​sapientia,​lo denomina San Agustín ​scientia​.

El logro de un conocimiento pleno y absoluto consiste en una dialéctica ascendente que consta, como en
Platón, de las siguientes etapas:
1. Conocimiento sensible: único compartido por el hombre con los animales, es el grado más bajo del
saber, no puede considerarse un conocimiento fiable y válido debido a la inestabilidad de las cosas
sensibles.
2. Conocimiento racional inferior (Ciencia): El hombre, mediante la observación de cosas corpóreas,
es capaz de formar juicios racionales y relacionarlos con sus modelos eternos.
3. Conocimiento racional superior (Sabiduría): Es el conocimiento inteligible, puramente racional.

Finalmente, San Agustin considera que toda cosa es buena por el hecho de ser: desde el punto de vista del
universo entero cada muerte de una cosa, contribuye a dar aparición a otra y al juzgar las cosas desde la
perspectiva del todo debemos hacer como con las sílabas de un poema: el que unas vayan desapareciendo
permite que otras vayan apareciendo y sólo de este modo podemos percibir la belleza entera del poema.
Cuando contemplamos el mundo desde la perspectiva de la totalidad, vemos que en el fondo todo lo creado
y conservado por Dios es bueno.

~DIOS~
El tema que más ocupa a San Agustín es el tema de Dios. Su filosofía es predominantemente una teología,
siendo Dios no sólo la verdad a la que aspira el conocimiento sino el fin al que tiende la vida del hombre,
que consiste en la visión beatífica de Dios que alcanzarán los bienaventurados en la otra vida. Para alcanzar
ese fin será necesaria la gracia divina.

San Agustín propone diversos argumentos que ponen de manifiesto su existencia. Entre ellos se
encuentran:
- Argumento cosmológico: del orden observable en el mundo se deduce la existencia de un Ser
Supremo Ordenador.
- Argumento basado en el consenso: se basa en que la mayoría de los pueblos conocidos manifiestan
algún tipo de creencia religiosa.
- Argumento epistemológico: el fundamento de las Ideas (verdades eternas e inmutables) no puede
estar en las cosas creadas, que son cambiantes, sino que ha de estar en un ser inmutable y eterno, a
su vez, es decir, en Dios.

San Agustín defiende el Creacionismo: el mundo y el tiempo han sido creados por Dios desde la nada (ex
nihilo). Esta creación se explica a partir de la Teoría del Ejemplarismo: Dios ha realizado en la materia los
seres concretos a partir de las ideas eternas, los arquetipos, que están en su mente divina. Además, Dios
depositó en la materia los gérmenes, las razones seminales, de todos los seres futuros para que fueran
apareciendo progresivamente en el tiempo. Todo ser creado se constituye pues de materia, que puede ser
corpórea o espiritual, y forma, la esencia que hace ser a un ser lo que es.
Esta doctrina sobre la Creación está inspirada en Platón. Pero mientras que el Demiurgo platónico tiene
dos condicionamientos, la materia eterna y las ideas, en el caso de San Agustín Dios no tiene ningún
condicionamiento pues las ideas se encuentran en Él y la materia es también creada por Él.

~SER HUMANO~
En la estructura jerárquica de la creación, las más nobles criaturas creadas por Dios son los ángeles y a
continuación está el ser humano. Mientras que el ángel es espíritu puro, el ser humano es un compuesto de
cuerpo (materia) y alma (forma). La realidad más importante es el alma, dentro de la más estricta tradición
platónica, concibiendo el cuerpo como un mero instrumento del alma.

San Agustín negó la teoría platónica de la preexistencia del alma y explica su origen mediante la teoría del
traducianismo, según la cual, el alma se transmite de padres a hijos al ser generada por los padres, igual que
éstos generan el cuerpo.

Aunque Agustín reconoce la división aristotélica del alma en vegetativa, sensitiva y racional, añade que el
alma, lleva a cabo sus funciones mediante tres facultades: memoria, que hace posible la reflexión;
entendimiento, que permite la comprensión (incluye la razón inferior y la razón superior) y voluntad, que
permite el amor.

Por otro lado, para San Agustín la vida humana está esencialmente atravesada por un componente
​emocional:​ el amor (​ ​caritas​) ordenado a buscar incansablemente la verdad divina. Este amor caridad se
opone al ​amor desordenado o simple deseo (​cupiditas)​ , el cual está vinculado al cuerpo y a las pasiones
mundanas. Así, establece Agustín la​teoría de los dos amores​que marcan la vida humana:
1) El ​Amor Dei (amor de Dios) como el impulso amoroso dirigido hacia la verdad o, lo que es lo
mismo, hacia Dios. Es el amor espiritual.
2) El ​Amor sui​(amor de sí mismo) como deseo egoísta y desordenado. Es el amor sensible.
Ahora bien, como estos impulsos amorosos dependen de la voluntad humana, y ésta es libre, el hombre
puede
inclinarse tanto hacia el bien como hacia el mal.

Para Agustín ​el tiempo en el que vivimos las criaturas y ​la eternidad de Dios son inconmensurables. Nos
damos cuenta de que hay tiempo porque nos damos cuenta de que hay ​cambio,​pero sólo podemos medir el
tiempo en relación a algo que no cambia: y lo único que no cambia en nosotros es la interioridad de nuestra
conciencia.​Sólo respecto a la interioridad de nuestra conciencia podemos medir y captar la duración de las
cosas, ya que en ella están presentes como recuerdo en el pasado de la ​memoria y como futuro en la
​expectación.​ El tiempo es entonces, para San Agustín, una ​distensión del alma,​un estiramiento del alma
para poder asimilar lo pasado y lo futuro, intentando asemejar la realidad a ese ser que es eternamente
presente, Dios.
~ÉTICA Y MORAL~
El hombre, según San Agustín, se caracteriza por una actitud de búsqueda constante que lo lleva a
autotrascenderse, a buscar más allá de sí mismo. El hombre busca la felicidad, pero solamente puede hacer
feliz al hombre algo que sea más que el hombre mismo, y esto no es otra cosa que Dios.

Existen dos tipos de males: el mal natural (los terremotos, las enfermedades, la muerte) y el ​mal moral (el
que proviene de las acciones de los humanos). Al estar estrechamente unida al cuerpo el alma del hombre se
halla en una condición oscilante y ambigua entre la luz (Dios, el bien) y la oscuridad (el mal, el pecado). Pero
Agustín no responsabiliza a Dios del mal que hay en el mundo. La solución agustiniana al problema del mal
se alejará del maniqueísmo, para quien el mal era una cierta forma de ser que se oponía al bien. San Agustín
adopta la tesis neoplatónica que sostiene que el mal no es ser sino defecto o ausencia de ser y de bien.

El libre albedrío es la posibilidad de elegir voluntariamente el bien o el mal, opción que tiende siempre
hacia el polo negativo. El humano, que no sólo tiene espíritu sino también cuerpo, puede usar este libre
albedrío para apartarse de Él y dedicarse a la concupiscencia y a la ignorancia, renunciando de este modo a
la verdadera libertad. Por eso dice San Agustín que los seres humanos se encuentran en ​estado de caída,​
pues en los seres humanos hay un conflicto constante entre el Amor de Dios (​caritas​) que nos lleva al bien, y
el amor de nosotros mismos (​cupiditas​) que nos aparta del buen camino. Como consecuencia del pecado
original y por estar el hombre sujeto al dominio del cuerpo, es difícil que elija dejar de pecar. Por ello, sólo
la libertad, entendida como una gracia divina que nos empuja a hacer exclusivamente el bien, puede redimir
de su condición y hacerlo merecedor y capaz de buenas obras.

Por todo ello, ​la verdadera libertad no es sino servir a Cristo​. Esta verdadera libertad no nos es
completamente asequible en esta vida, pero acercarse a ella es el mejor medio para obtener la libertad tras
la muerte. La experiencia cristiana de la libertad es, por ello, una experiencia ​dramática,​ya que la libertad
se halla afectada doblemente: por la corrupción de nuestra naturaleza, que inclina al ser humano hacia el
mal, y por la fuerza de la gracia, que lo empuja hacia el bien.

~POLÍTICA/SOCIEDAD~
En cuanto a la sociedad y la política, San Agustín expone sus reflexiones en La ciudad de Dios, obra escrita
para defender al cristianismo de la acusación formulada por los paganos de que la religión cristiana era la
principal responsable de la decadencia y desaparición del Imperio Romano.

La historia de la humanidad, sus sucesivas civilizaciones y Estados, siempre ha estado dominada por un
conflicto entre los intereses terrenales o propios del cuerpo y lo espirituales o propios del alma, que San
Agustín expresa con la metáfora de las dos ciudades:
● La Ciudad del hombre, basada en el predominio de los intereses mundanos, formada por aquellos
hombres que se aman exclusivamente a sí mismos y llegan hasta el desprecio de Dios.
● La Ciudad de Dios, basada en el predominio de los intereses espirituales, formada por aquellos
hombres que aman a Dios por encima de sí mismos. Está representada por el imperio cristiano.

Y aunque hoy en día ambas ciudades se encuentran entrelazadas, San Agustín piensa que en el Día del
Juicio serán separadas y la Ciudad de Dios triunfará sobre la terrenal.
La historia, en último término, está regida por el providencialismo. Es la tesis que entiende el desarrollo de
la historia como un proceso en el que el hombre es movido por Dios para la consecución del bien universal.
La providencia divina lo abarca todo, la existencia del bien que Dios quiere, y la presencia del mal que Dios
permite para que se obtenga de él beneficios mayores.

San Agustín no separa política y religión, ya que si un Estado aspira a la justicia social debe convertirse en
un Estado cristiano, pues sólo el cristianismo hace buenos a los hombres. Añade que la Iglesia es la única
comunidad perfecta y claramente superior al Estado que debe inspirarse en ella.

San Agustín admitió la legitimidad del Estado para exigir al cristiano obediencia a las leyes civiles. Acepta
que la sociedad es necesaria al individuo, aunque no sea un bien perfecto; sus instituciones se derivan de la
naturaleza humana, siguiendo la teoría de la sociabilidad natural de Aristóteles. Además, el poder de los
gobernantes procede directamente de Dios. Sin embargo, su obra es el punto de partida de una
reivindicación que será fuente de constantes conflictos históricos: la supremacía del poder espiritual sobre
el temporal, es decir, la superioridad del poder del Pontífice sobre el Emperador.

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