TEMA 7
¿QUÉ ESTÁ
HACIENDO JESÚS
AHORA?
Juan 14:3
INTRODUCCIÓN.
La serie cinematográfica titulada “The Chosen”, concebida por el director
Dallas Jenkins, ha capturado la atención de millones de espectadores
alrededor del mundo al presentar la vida y el ministerio de Jesús de Nazaret
en un formato de serie de varias temporadas.
Jenkins tenía el anhelo de crear una serie sobre Jesús que fuera cautivadora,
y distinta a otras representaciones previas, mostrando una imagen más
personal y cercana del Salvador a través de los ojos de quienes lo conocieron.
El financiamiento de “The Chosen” se ha llevado a cabo a través del sistema
“crowdfunding”, lo que permitió a los espectadores apoyar la producción, y
al mismo tiempo, disfrutar de la serie de forma gratuita. Esta estrategia de
financiamiento ha sido tan exitosa que los donantes han aportado más de
$40 millones de dólares para respaldar la realización de futuras temporadas.
Este fenómeno cinematográfico ha traído de vuelta el debate sobre Jesús:
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su vida, enseñanzas y el impacto de ellas en la humanidad. Sin embargo,
muchos se preguntan: ¿dónde está Jesús ahora?. Sí afirmó que era el Hijo de
Dios y según el relato de los evangelios resucitó, entonces, ¿dónde está y que
está haciendo ahora?
De eso hablaremos en nuestro fascinante tema de hoy:
1. Prometió que volvería.-
Jesús vino a este mundo hace más de dos mil años. Vivió treinta y tres años
entre los hombres, murió crucificado y resucitó al tercer día. Posterior a estos
hechos, dice el relato de los evangelios que ascendió a los cielos prometien-
do volver.
Durante su ministerio en la tierra Jesús declaró que regresaría a la tierra. En
la Biblia, la promesa de que Jesús volverá se menciona en muchas ocasiones
siendo un tema recurrente a lo largo de las Escrituras.
Mencionemos algunas de esas citas:
Juan [Link] “Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, volveré y os llevaré
conmigo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”
Mateo [Link] “Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y
entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre
viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.”
¿Qué está haciendo Jesús en este momento antes de que regrese a la tierra?
Para responder esta pregunta es necesario que vayamos a uno de los mapas
gráficos de Dios que nos ayudan a entender todo el plan de salvación
para la humanidad. Nos referimos al maravilloso tema del santuario. El
santuario terrenal, sus servicios y rituales nos conducen a una comprensión
más profunda del ministerio de nuestro Señor Jesucristo. Examinaremos
como cada detalle de este santuario apunta directamente al cumplimiento
perfecto y definitivo en la obra redentora de Jesús.
2. El Santuario Terrenal y sus Servicios y Rituales.
“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Éxodo 25:8)
El santuario terrenal, como se describe en el Antiguo Testamento, fue una
estructura física que Dios ordenó construir a su pueblo Israel. Era un lugar
sagrado, compuesto por dos secciones: el Lugar Santo y el Lugar Santísimo,
separadas por un velo.
En el Lugar Santo, se realizaban servicios como el encendido del candelabro,
la ofrenda de incienso y la colocación de los panes de la proposición. En el
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El último conflicto por la libertad
Lugar Santísimo, solo el Sumo Sacerdote podía ingresar una vez al año, en el
Día de la Expiación, para hacer expiación (intercesión) por los pecados del
pueblo.
Ahora bien, este lugar especial que Dios mandó a fabricar estaba inspirado
en un “modelo divino” que Dios le mostró a Moisés: “Mira y hazlo conforme
al modelo que te ha sido mostrado en el monte” (Éxodo 25:40). Y el apóstol
Pablo lo ratifica al mencionar que Jesús “no entró en el santuario hecho por
manos, figura del verdadero” (Hebreos 9:24).
Si Moisés junto a los israelitas construyeron un santuario “figura del
verdadero”, quiere decir que estamos frente a una realidad celestial desde
donde Dios quería enseñarle a la humanidad todo con respecto al plan de
salvar al hombre. Es por eso que tanto los muebles como las fiestas y días
solemnes, junto con los ritos del santuario, eran un símbolo o representación
de realidades espirituales y eternas.
Empezaremos diciendo que el Santuario es cristocéntrico, pues todo
representa a Jesús:
• “Entrada al santuario”: Frente al altar de los sacrificios se encontraba una
única entrada, simbolizando a Jesús como la puerta. En el libro de Juan
10:9, Jesús afirma: “Yo soy la puerta; el que entre por mí, será salvo. Se
moverá con libertad y encontrará pastos.”
• “El Altar para los Sacrificios”: El altar de bronce representa a Jesús, el
sacrificio perfecto e inmaculado, como se menciona en Hebreos 9:13-
14. Este pasaje explica cómo Jesús se ofrece a sí mismo para purificar a
la humanidad: “Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos,
y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la
purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante
el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará
vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”
• “La Fuente o Lavacro”: Los sacerdotes se purificaban lavándose las
manos y los pies en la fuente antes de entrar al lugar santo, simbolizando
la necesidad de limpieza. Este acto es un símbolo del bautismo, que
representa el nacimiento espiritual. En Juan 3:5, Jesús declaró: “Te
aseguro que quien no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el
reino de Dios.”
• “La Mesa de los Panes”: Esta mesa tenía el propósito de recordar la
continua provisión de Dios para el pueblo durante los cuarenta años en
el desierto, brindándoles alimento, su presencia y protección. Además, la
mesa también representa a Jesús como el “pan de vida”, como lo expresó
en Juan [Link] “Yo soy el pan de vida. El que venga a mí nunca pasará
hambre, y el que crea en mí nunca más tendrá sed.”
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• “El Candelabro”: es otro símbolo que representa a Jesús como la “luz del
mundo”, según lo afirmó en Juan [Link] “Una vez más Jesús se dirigió a
la gente, y les dijo: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará
en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Además, el candelabro
simboliza también la Palabra de Dios, que “ilumina nuestro camino”
(Salmo 119:105).
• “El Altar para el Incienso”: En este lugar, el sacerdote presentaba las
oraciones del pueblo ante Dios y actuaba como intercesor por ellos,
similar a cómo Jesús intercede por nosotros, como se menciona en Juan
17:9 y 14:16. Además, el altar representa las oraciones de los santos que
suben ante el trono de Dios, como se menciona en Apocalipsis 8:3-4.
• “El Velo”: separaba el lugar santo del lugar santísimo y era elaborado y
muy pesado. Esto simbolizaba la separación entre la santidad de Dios y
el pecado del hombre. Solo el sumo sacerdote podía pasar al otro lado
una vez al año. Sin embargo, cuando Jesús fue crucificado, el velo se
rasgó, representando que, gracias al sacrificio de Jesús, los hijos de Dios
podemos acceder a la presencia de Dios en cualquier momento a través
de la oración y en los méritos de nuestro único mediador entre Dios y los
hombres. Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).
• “El Arca del Testimonio”: era un símbolo de la presencia de Dios entre su
pueblo y del pacto que había establecido con ellos. El sumo sacerdote
ofrecía sacrificios para la expiación de los pecados suyos y del pueblo
frente a la misma presencia de Dios. Exactamente es lo mismo que está
haciendo Jesús en estos momentos como lo veremos a continuación.
3. Jesús en el lugar santísimo.-
En la Biblia, descubrimos la maravillosa obra de Jesús como nuestro Sumo
Sacerdote celestial. En Hebreos 9:24, se nos dice que “Cristo no entró en el
santuario hecho por manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo,
para presentarse ahora por nosotros ante Dios.” Recordemos, como dijimos
al principio, que Moisés confeccionó el santuario sobre la base a un modelo
original, por lo tanto, los servicios del santuario del desierto eran una
semblanza de lo que pasa en el cielo, en el santuario celestial.
En Hebreos 6:20 se menciona que Jesús ingresó al Santuario celestial como
“precursor y se convirtió en nuestro Sumo Sacerdote eterno”. El Nuevo
Testamento explica claramente que después de su sacrificio en la tierra
(Hebreos 10:12), Jesús asumió este papel como nuestro sumo sacerdote en
el santuario celestial.
Por lo tanto, lo que hacía el sacerdote en el santuario de la tierra intercediendo
por el pueblo ante Dios cada día en el sacrificio de la “mañana y la tarde”
(Éxodo 29:39) representaba la intercesión de Jesús por nosotros: “Pero
estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el
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más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de
esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su
propia sangre” (Hebreos 9:11-12).
Dentro de los rituales y días solemnes que tenía el santuario estaba el “día
de la expiación” (en hebreo “Yom Kippur”: “día de la expiación, purificación
o perdón”). Era una festividad importante que se llevaba a cabo una vez al
año, en el décimo día del séptimo mes (Levítico 23:27). Durante esta jornada,
el sumo sacerdote realizaba rituales específicos para la purificación del
santuario y el pueblo de Israel.
En el libro de Levítico, capítulo 16, se describen detalladamente los
procedimientos que el sumo sacerdote debía llevar a cabo en el Día de
la Expiación. Uno de los aspectos más significativos era el sacrificio de un
macho cabrío como ofrenda por el pecado del pueblo (Levítico 16:15-16).
Luego, el sumo sacerdote ponía sus manos sobre otro macho cabrío, el chivo
expiatorio, y confesaba sobre él todos los pecados y transgresiones del
pueblo, transfiriendo simbólicamente la culpa de ellos al animal (Levítico
16:20-22).
¿Cuándo entró Jesús al Lugar Santísimo?
En Daniel 8:14 encontramos la profecía con el período más extenso de toda
la Biblia. Allí apunta a un período de 2,300 días-años (un día equivale a un
año en profecías: Ezequiel 4:6) para que el santuario fuera purificado. Solo
se purificaba el santuario una vez al año en el día de “Yom Kippur” que ya
explicamos anteriormente. Sin embargo, este período de 2300 años tiene un
inicio y final para identificar a cual santuario se refiere esta profecía: el del
cielo u otro en la tierra.
Ante la oración de Daniel por mayor explicación sobre este tema le fue
enviado un mensajero celestial quien le dio más detalles en lo concerniente
a este período profético:
“
Sabe, pues, y entiende, que, desde la salida de la orden para restaurar y
edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y
dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”
(Daniel 9:25).
La orden para reconstruir Jerusalén que había sido invadida por Babilonia
sería entonces la fecha de inicio que nos lleva al final de los 2300 años en
donde se “purificaría el santuario”. El decreto de Artajerjes I en el año 457 a.C.
es el punto de partida para la profecía de las setenta semanas, que son parte
de los 2300 años de la profecía de Daniel 9:25. Al hacer el cómputo esto nos
lleva al año 1844 fecha en que se llevaría a cabo lo señalado por la profecía
“se purificará el santuario” (Daniel 8:14).
4. El cumplimiento de la profecía.-
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En el siglo XIX en los Estados Unidos, Dios guio a un grupo de sinceros
buscadores de la verdad a través del estudio profundo de la Biblia y la
comprensión profética del santuario celestial. Guillermo Miller y otros
estudiosos proclamaron un mensaje de esperanza basado en el pronto
retorno de Cristo, a este grupo se le llamó el movimiento millerita.
Miller, comenzó sus estudios alrededor de 1816 y llegó a sus conclusiones
sobre el mensaje del segundo advenimiento de Jesús alrededor de la década
de 1830. Durante este período, dedicó una cantidad significativa de tiempo
y esfuerzo para investigar las Escrituras y discernir los plazos proféticos
basados en el libro de Daniel.
La interpretación generalizada en los días de Miller sobre la expresión
“santuario” que aparece en Daniel, estaba asociada al planeta tierra, por
lo que al leer que se “purificará el santuario” ellos lo interpretaron como
el regreso de Cristo, el juicio final, que traería consigo la purificación del
pecado en el mundo. Esto despertó un nivel de alerta tan grande en Miller
que, sumergido en su asombro, decidió no presentarlo a nadie por el temor
a ser incomprendido, mucho más cuando era un hombre que trabajaba como
agricultor sin estudios teológicos superiores. Sin embargo, con el tiempo, Dios
lo impulsó a proclamar este mensaje de advertencia.
A este gran despertar se unieron a Miller muchos líderes, ministros y gente de
muchas iglesias protestantes. Uno de ellos fue Samuel S. Snow que en 1844
propuso una fecha específica para la segunda venida de Jesús, estableciendo
el 22 de octubre de 1844 como la fecha esperada. Esta fecha se basaba en su
interpretación de las profecías de los 2300 días.
Histórica y cronológicamente la propuesta de Snow y que fue abrazada por
Miller y todo el movimiento, tenía coherencia y era exacta, sin embargo,
seguían manteniendo un error: creer que el santuario que sería purificado
era la tierra y no el santuario celestial.
LA GRAN DESILUSIÓN:
Un numeroso grupo de personas se prepararon para la segunda venida de
Cristo en la fecha establecida. Miles vendían sus propiedades para invertir
sus recursos en la predicación de este mensaje. Pero al llegar el martes del
22 de octubre de 1844 Jesús no vino, produciendo en los seguidores del
movimiento millerita una profunda desilusión, un “gran chasco”.
Tras el gran chasco de 1844, muchos creyentes se enfrentaron a la confusión.
Sin embargo, en medio de la incertidumbre, Dios levantó un grupo de fieles
creyentes que siguieron estudiando la palabra de Dios de manera infatigable
para encontrar en donde se había radicado el error, hasta que el Señor les
mostró, por su Palabra, que había un santuario celestial y que lo ocurrido al
terminar el período de los 2300 años era que Jesús había ingresado al lugar
santísimo del santuario celestial para interceder en el último tiempo de
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gracia concedido al mundo.
La forma en que Dios muchas veces usa los chascos es para despertarnos a una
mayor necesidad de depender de Él y del estudio de su palabra, y corroborar
en la experiencia de los discípulos que caminaban al pueblo de Emaús. Iban
tristes pensando que con la muerte de Jesús desaparecían sus esperanzas de
un libertador que los liberaría de la opresión romana: “nosotros esperábamos
que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy
es ya el tercer día que esto ha acontecido” (Lucas 24:21).
Reiteradamente en la vida “esperamos” que las cosas ocurran como las
imaginamos, pero recordemos que Dios tiene siempre planes mejores:
“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” —declara el Señor—
«planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”
(Jeremías 29:11).
Mientras los discípulos caminaban a Emaús y seguían su plática triste, Jesús
se les acerca, ocultando su identidad al principcio, y los lleva a estudiar la
palabra de Dios nuevamente para que recuerden la razón por la el salvador
había venido a este mundo. Abriéndoles las escriuras les dio un estudio bíblico
revelador: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas,
les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Mateo 24:27).
Mi amigo, muchas veces necesitaremos volver a la Biblia para entender la
dirección de Dios en un asunto que no entendemos. Solo la Biblia tiene las
respuestas a los grandes interrogantes del hombre y eso fue lo que ocurrió con
aquel grupo de creyentes norteamericanos que sobrevivieron al gran chasco
de 1844. Lograron encontrar que el cómputo profético era correcto, pero el
acontecimiento no. Que lo ocurrido el 22 de octubre de 1844 anunciaba que
Jesús había pasado al lugar santísimo del santuario celestial para iniciar la
última obra de intercesión por la humanidad, y luego de eso volverá a “juzgar
a vivos y muertos” (2 Timoteo 4:1).
Con el tiempo aquel pequeño grupo de fieles estudiosos de la Biblia fueron
llamados Adventistas del Séptimo Día, pues junto con la maravillosa verdad
del santuario celestial también redescubrieron la verdad de la vigencia de
los mandamientos de Dios y la observancia del verdadero día de reposo, el
sábado, y no el domingo que la mayoría guarda equivocadamente hasta hoy.
LLAMADO.
Queridos amigos, en esta época crucial de la historia humana, somos llamados
a una misión final y trascendental: mirar con los ojos de la fe a la última labor
de Jesús realizándose a favor de nosotros en el santuario celestial: “Porque
Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del
verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de
Dios por nosotros” (Hebreos 9:24).
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El último conflicto por la libertad
Es en el santuario celestial, específicamente en el lugar santísimo, ante
la misma presencia del Padre, que Jesús está intercediendo por ti y por mí
ahora mismo. No existe otro mediador ante Dios que perdone los pecados
del hombre: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los
hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Ni el pastor, sacerdote o rabino
más justo en esta tierra puede garantizarnos la salvación o perdonar nuestros
pecados, pues solo Jesús es el único camino al Padre: “Jesús le dijo: Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
Las señales del fin son claras, Jesucristo está por volver a la tierra “para
recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12). Un día Jesús
saldrá del santuario celestial y dirá “hecho está” (Apocalipsis 21:6), cuando
eso ocurra Jesús dejará de interceder por nosotros. No habrá más espacio
para ser perdonados, el abogado celestial dejará su oficio de mediador y se
vestirá de Juez para venir a la tierra
En el lugar santísimo Jesús intercede por nosotros ahora mismo, llevando
nuestros nombres en su corazón y ofreciendo el perdón y la gracia que tanto
necesitamos. Su labor en el santuario celestial es un testimonio de su amor
inmenso por cada uno de nosotros, y su deseo de salvarnos completamente.
¿Qué estás esperando para ponerte en paz con Dios? Todavía hay tiempo, aún
hay un espacio en tu vida para que tomes la más importante decisión: aceptar
el maravilloso plan de Dios para salvarte y darte una nueva vida y recibas el
perdón de tus pecados. Aún hay alguien en este momento en el santuario
celestial que intercede por ti.
Escucha lo que te dice el Señor hoy: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para
que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el
Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).
No hay tiempo que perder, ven a Jesús hoy tal y como estás, y recibe su
gracia maravillosa disponible para ti desde el santuario celestial; bautízate
en el nombre que es sobre todo nombre y empieza una vida de la mano de
tu Salvador y Amigo eterno Cristo Jesús, pues Él dice: “En el tiempo propicio
te escuché, y en el día de salvación te socorrí. He aquí, ahora es el tiempo
propicio; he aquí, ahora es el día de salvación” (Hebreos 6:2).
¿Qué decides hoy?
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