UBA
Facultad de Derecho
Intensivo de invierno 2023
Trabajo Final:
Responsabilidad por el hecho de otro
Alumna: Gisela Mariel Rojas
DNI: 39.268.420
Materia: Derecho de Daños
Comisión: 5534
Profesor: Alejandro Horacio Barletta
Índice:
Introducción histórica
Presupuestos de la responsabilidad civil
Fundamentos de la responsabilidad por el hecho de otro
Responsabilidad por el hecho de los padres por sus hijos
Conclusión
Introducción histórica:
Para comenzar este trabajo, debemos reconocer que existe una variada gama de
antecedentes que nos llevan a como es el derecho hoy en día. Ese derecho tuvo
su proceso de evolución de lo más primitivo, a lo más civilizado que conocemos
hoy. Como primer antecedente en nuestra materia, podemos mencionar al
Derecho Romano, el cual se regía por la famosa Ley de Talión (ojo por ojo, diente
por diente). Como parte de este proceso de evolución, quien era la víctima, de
común acuerdo con el ofensor, aceptaba recibir de este una suma de dinero a
cambio del perdón (primer antecedente de la indemnización, del resarcimiento).
Luego, quien determinaba el precio del perdón de cada delito era el Estado, para
más tarde ser éste quien se encargaba de castigar y ser el único que lo podrá
hacer.
Como segundo antecedente podemos señalar el año 1804, en la creación de
Código Civil Francés (Código de Napoleón), el cual tuvo como objetivo poner fin a
la dispersión de leyes y de fuentes que existía en el antiguo régimen, y centralizar
todo el sistema jurídico en un cuerpo único, claro y accesible. El Código Civil
Francés consagro un sistema de responsabilidad civil subjetiva, basado en la idea
exclusiva y excluyente de culpabilidad (probada o presumida). Conforme al mismo,
el individuo sólo debía responder por el daño causado a otro, cuando hubiera
obrado con dolo o culpabilidad. Al mismo tiempo los cambios económicos y
sociales fueron acompañados por una sensible mutación en lo político. Varió la
concepción dominante del Estado, que dejo de lado aquel rol meramente pasivo
que le había asignado la Revolución Francesa, y asumió otro, más intervencionista
y solidario, en procura de paliar las fuertes desigualdades existentes
Otro de los hitos que contribuyó a nuestra actual codificación fue la Revolución
Industrial que, junto a otras importantes transformaciones económicas y sociales
en Europa, comienza a vislumbrar nuevos “daños” en la sociedad, resultantes de
este nuevo contexto. Durante este periodo histórico, se desarrolló una rápida
industrialización y gran expansión de la producción y el comercio. Todo esto trajo
consigo una serie de desafíos legales relacionados con los daños y perjuicios
causados por las nuevas actividades industriales (por ejemplo, en las fábricas los
accidentes laborales y los daños a la propiedad se volvieron más frecuentes). Esto
condujo a la necesidad de establecer mecanismos legales para proteger los
derechos de las personas que sufrían daños y responsabilizar a las empresas por
negligencia o incumplimiento. A través de leyes y regulaciones, se establecieron
responsabilidades claras y procedimientos legales para abordar diversas
cuestiones relacionadas con los daños, como la responsabilidad del empleador
por accidentes laborales, la protección de los derechos de los trabajadores, la
responsabilidad por daños a terceros debido a actividades industriales y la
compensación por daños personales y materiales.
De aquí emergieron 2 conceptos jurídicos que son el Riesgo creado y Riesgo
Provecho, los cuales se refieren a la responsabilidad en casos de daños y
perjuicios. El Riesgo Creado es aquel en el que quien que crea un riesgo o peligro
para otros, tiene la responsabilidad de evitar que se materialicen los daños o
compensar a las personas afectadas si ocurren. Es aplicable en situaciones en las
que una persona o entidad ha creado una condición o actividad que
potencialmente puede causar daño a otros. Si este daño ocurre, el responsable
debe asumir la responsabilidad y reparar los daños causados. El Riesgo Provecho
es un principio se basa en que aquel que obtiene beneficios de una actividad
riesgosa debe ser responsable de los daños que esa actividad pueda causar a
terceros, incluso si no ha sido negligente o ha cometido un acto ilícito
directamente. En otras palabras, el beneficiario de una actividad arriesgada debe
asumir la responsabilidad de los daños, incluso si cumplió con todas las normas y
precauciones necesarias, debido a que está obteniendo provecho de dicha
actividad. Ambos conceptos son importantes en el derecho de daños y
responsabilidad civil, ya que buscan establecer una distribución equitativa de las
cargas y asegurar que aquellos que crean riesgos o se benefician de actividades
peligrosas asuman las consecuencias en caso de que ocurra algún daño a
terceros. Estos principios ayudan a garantizar la protección de los derechos de las
personas afectadas y promover una mayor cautela y responsabilidad en las
actividades con potencial riesgo para la sociedad.
En nuestro Derecho local, a mediados del siglo XIX, el Código Civil de Vélez
Sarsfield concebía a la responsabilidad civil con una orientación punitiva. Alterini
nos decía que, “en sentido estricto, se dice responsable a quien, por no haber
cumplido, se le reclama una indemnización. Esta acepción que comúnmente se le
da al concepto, en cuanto se asigna el deber de reparar el daño jurídicamente
atribuible causado ‘por’ el incumplimiento” para luego completar el concepto “la
responsabilidad tiene alcances de sanción, desde que se entiende por tal la
consecuencia de índole jurídica que corresponde a la infracción de un deber; tal
consecuencia significa un disvalor para quien es pasible de ella”, y así, “en tal
alcance la responsabilidad enlaza el deber de reparar frente a otro sujeto”1. Esto
quiere decir que, en ese sistema, la atribución jurídica (la responsabilidad) la
asumía quien generaba el daño, aceptando las consecuencias de sus actos como
un “acto estatal de reproche”2 y que solo sería justificado por ese sistema si habría
obrado con intención de dañar, había incurrido en un incumplimiento de contrato
en forma deliberada o cuando habría obrado negligentemente según conforme a
los estándares de conducta que le eran exigibles.
1
ALTERINI, A. A. - AMEAL, O. J. - LÓPEZ CABANA, R. M., Curso de obligaciones, Abeledo-Perrot, Buenos Aires,
1985.
2
IGNACIO ANZOÁTEGUI – Ensayo: Algunas consideraciones respectos de las funciones del Derecho de
Daños.
De esta manera, lo primordial en la responsabilidad era la asignación de la aptitud
de imputación del sujeto, para luego, secundariamente, verificar si el daño era
reparable, siempre que la conducta o el hecho fuera susceptible de sanción.
Con todo este breve análisis, El Código Civil de Vélez Sarsfield enfocaba la
responsabilidad en vistas a la sanción más que a la reparación, porque la
conducta de quien genero el daño determinaba el nacimiento de la indemnización:
sólo era responsable el autor cuando él era culpable”. De aquí podemos explicar el
antiguo principio según el cual “no hay responsabilidad sin culpa” ya que solo se
justificaba la sanción en disvalor de la acción y no en disvalor del resultado.
Con el correr de los años, se produce un cambio de paradigma con la sanción de
la Ley N° 17.711 (1968) donde incorpora la responsabilidad objetiva al código y el
derecho de daños se reinterpretó o reformuló para dar solución a la nueva realidad
posrevolución industrial que nos acompaña. Este cambio de paradigma se ve
reflejado a través de cierto cambio de concepción del sistema de reparación de
daños, lo cual se llevó a cabo considerando como elemento trascendental del
sistema no ya la culpabilidad, sino el acaecimiento de un daño injusto, y el deber
de repararlo. Lo trascendente del derecho de daños es su función reparadora de
los perjuicios sufridos, a través del mecanismo de la indemnización, que debería
ser en principio del mismo tipo o cuantía que el daño causado, el cual posibilita al
sujeto dañado quedar en la misma situación en la que se encontraba antes de
ocurrido el daño.
El nuevo Código Civil y Comercial, con sus 2671 artículos reunidos en seis libros,
reemplaza dos códigos de intensa aplicación en la Argentina, que contaban con un
total de aproximadamente 4500 artículos. Además de presentar una nueva
metodología más cercana a la que se ha utilizado en la enseñanza universitaria,
incorpora un título preliminar en el que están expresados los principios generales
que son de indudable utilidad para su aplicación en todas las materias que en él
se regulan. La jerarquía de las normas de la Constitución Nacional y el régimen
intertemporal de las disposiciones del nuevo Código son algunos de los aspectos
salientes
Presupuestos de la Responsabilidad Civil
Los presupuestos de la responsabilidad civil se refieren a los elementos
necesarios para que una persona o entidad sea considerada legalmente
responsable por los daños o perjuicios causados a otra parte. Estos presupuestos
generalmente incluyen los siguientes elementos:
1. Antijuridicad: es la característica de un acto que va en contra del
ordenamiento jurídico vigente. Es decir, es un comportamiento que viola
una norma legal o un precepto jurídico establecido. Para que un acto sea
considerado antijurídico, debe contravenir las leyes o reglas que rigen una
sociedad y, por lo tanto, no ser permitido o aceptado por el sistema legal.
La antijuricidad es uno de los elementos que se analizan para determinar la
responsabilidad legal de una persona en ciertos casos, como en el ámbito
del derecho penal, donde un acto puede ser considerado delito si se
comprueba que es antijurídico y también culpable si existe la culpabilidad
del autor. Para el Código de Vélez era una tipicidad cuasi penal, es decir,
en su art. 1666 la definía como: “Ningún acto voluntario tendrá el carácter
de ilícito, si no fuere expresamente prohibido por las leyes ordinarias,
municipales o reglamentos de policía; y a ningún acto ilícito se le podrá
aplicar pena o sanción de este Código, si no hubiere una disposición de la
ley que la hubiese impuesto”. En nuestro actual CCyC se ve reflejado en el
art. 1717 y la conceptúa de la siguiente manera: “Cualquier acción u
omisión que causa un daño a otro es antijurídica si no está justificada”. Lo
que debe quedar en claro es que, si el hecho va en contra de lo que dice
alguna norma, es antijurídico, lo mismo si va en contra de lo que establecen
las partes en un contrato. Si la víctima sufrió un daño no justificado, se
empieza a analizar si hay un juicio de responsabilidad y deber de
indemnizar.
2. El factor de atribución: es la atribución de responsabilidad y por qué se la
atribuimos. Se refiere a los elementos o criterios utilizados para determinar
la responsabilidad o culpa de una persona o entidad en un evento o
situación particular. Se utiliza el factor de atribución para analizar y
establecer si una persona debe ser considerada responsable por sus
acciones o inacciones. El código recepta 2 factores de atribución: objetivos
y subjetivos.
- El factor objetivo se refiere a la valoración o análisis de la conducta de una
persona en base a criterios externos y objetivos, independientes de su
intención o conocimiento. En este enfoque, se evalúa si la acción u omisión
de una persona se ajusta a los estándares razonables de cuidado,
prudencia o diligencia que se esperarían de cualquier individuo en
circunstancias similares. El foco está en determinar si la persona actuó de
manera objetivamente negligente o imprudente, sin considerar sus
intenciones o conocimientos personales. Aquí no importa la culpa, es decir,
no se analiza. El mismo es definido en el art. 1722 del CCyC: “El factor de
atribución es objetivo cuando la culpa del agente es irrelevante a los
efectos de atribuir responsabilidad. En tales casos, el responsable se libera
demostrando la causa ajena, excepto disposición legal en contrario.” Es una
presunción de autoría a nivel causal. Ejemplo: le presto mi auto a mi
hermana y choca, y la ley dice que el dueño o guardián del auto es el
responsable. Ya hay un autor y por lo tanto responsable, es decir, yo soy la
responsable, aunque no hice ninguna acción para causar ese daño. No hay
relación causal conmigo y el choque. Tiene que estar dispuesto por la ley el
factor objetivo. La ley ya presume quien es el responsable. ¿Cómo se
exime el dueño del auto que es responsable? Debe alegar a:
- Hecho de la víctima: está regulado en el art 1729 del CCyC (“La
responsabilidad puede ser excluida o limitada por la incidencia del hecho
del damnificado en la producción del daño, excepto que la ley o el contrato
dispongan que debe tratarse de su culpa, de su dolo, o de cualquier otra
circunstancia especial.”) y es cuando la persona que reclama la reparación
de un daño que sufrió, genero ese daño o colaboro con su producción. Hay
que diferenciarlo de la asunción de riesgo por parte de la víctima. La sola
asunción de riesgo no responsabiliza a la víctima y así lo establece el Art.
1729 en su 1er párrafo, pero al finalizar ese párrafo se establece una
excepción, por lo tanto la asunción de riesgo no libera de responsabilidad
salvo que coincida con un hecho de la víctima como por ejemplo los
deportes de alto riesgo, el deportista asume el riesgo propio del deporte
pero en la medida que se desarrolle con normalidad, cumpliendo el
reglamento de ese deporte, si se produce un daño en su persona tiene
derecho a reclamar salvo que no se haya comportado adecuadamente
según el reglamento y con su conducta haya generado o agravado el daño,
en cuyo caso no podrá reclamar todo o parte según corresponda.
- Hecho de un tercero del cual no debe responder: se encuentra en el Art.
1731 CCyC (“Para eximir de responsabilidad, total o parcialmente, el hecho
de un tercero por quien no se debe responder debe reunir los caracteres
del caso fortuito”) y refiere al comportamiento o conducta que realiza un
tercero extraño al vínculo obligacional o al hecho ilícito pero que genera el
daño total o parcialmente, inclusive puede agravar el existente. Para que
sea un hecho de un tercero, tiene que ser un hecho impredecible, inevitable
y ajeno a la conducta de quien pretendemos dañador.
- Caso fortuito/fuerza mayor: es sinónimo de fuerza mayor y es un hecho
sobreviniente, imprevisible e inevitable. Aunque éste exista según el Art.
1733, el deudor es responsable por incumplimiento de los casos allí
estipulados. Lo define el art. 1730 del CCyC (“Se considera caso fortuito o
fuerza mayor al hecho que no ha podido ser previsto o que, habiendo sido
previsto, no ha podido ser evitado. El caso fortuito o fuerza mayor exime de
responsabilidad, excepto disposición en contrario. Este Código emplea los
términos “caso fortuito” y “fuerza mayor” como sinónimos.”). Para que un
hecho constituya caso fortuito o fuerza mayor debe reunir ciertos requisitos:
ser imprevisible (el hecho debe ser objetivamente imprevisible para el
agente, según la experiencia de vida, conforme al curso normal y ordinario
de las cosas. Un movimiento sísmico de cierta intensidad, por ejemplo,
puede ser imprevisible en Capital Federal o en Rosario; no así en San
Juan.), inevitable (el hecho debe ser inevitable o irresistible, lo cual supone
que, conforme al curso normal y ordinario de las cosas, resulte susceptible
de ser contrarrestado por el sujeto, como por ejemplo, los terremotos o
temblores de tierra. En verdad, es la inevitabilidad el rasgo más relevante
del casus, a punto talque aun un hecho previsible que resulte inevitable
quedara encuadrado dentro de dicho ámbito.), actual (es preciso que el
hecho constitutivo del caso tenga incidencia actual y que no trasunte
meramente una amenaza o una imposibilidad eventual, como por ejemplo
la cosa cierta vendida que se pierde por un hecho fortuito antes de la fecha
prevista para la entrega, supuesto en el cual el vendedor queda liberado de
la obligación porque el hecho fortuito provoca el incumplimiento, aunque
éste, en verdad, se consume con posterioridad.), ajeno al presunto
responsable y, en su caso, extraño al riesgo o vicio de la cosa o de la
actividad desarrollada por el demandado (el hecho debe ser ajeno -en el
sentido de extraño- al sindicado como responsable o al deudor en el
incumplimiento obligacional, lo cual supone que se produzca fuera de su
esfera de actuación, por la cual él deberá responder, y que no le sea
imputable. Es requisito indispensable, para que la fuerza mayor libere al
deudor, el carácter exterior del hecho constitutivo de la misma. Dicha
exigencia imponía que el hecho dañoso debía generarse fuera del ámbito
de la empresa, negocio o delas actividades del deudor).
- El factor subjetivo es definido por el art. 1724 del CCyC (“Son factores
subjetivos de atribución la culpa y el dolo. La culpa consiste en la omisión
de la diligencia debida según la naturaleza de la obligación y las
circunstancias de las personas, el tiempo y el lugar. Comprende la
imprudencia, la negligencia y la impericia en el arte o profesión. El dolo se
configura por la producción de un daño de manera intencional o con
manifiesta indiferencia por los intereses ajenos”.). Define que la culpa es la
ausencia de diligencia de vida que exigiere la naturaleza de la obligación
y que se corresponde con las circunstancias de las personas del tiempo y
del lugar. La culpa se presenta de 3 maneras: por negligencia (hacer menos
de lo que se debe), por imprudencia (obrar precipitadamente) y por
impericia en el arte o la profesión (experto o perito). Pero, ¿cómo se si
alguien es culpable? Analizando que hubiese hecho una persona media, o
sea común y corriente conforme a las circunstancias del tiempo y del lugar.
Ej.: si voy manejando mientras llueve, una persona normal y corriente baja
la velocidad para prevenir un choque. En la culpa, el que demuestra es la
víctima, salvo que haya una norma que indique lo contrario. La culpa tiene 2
elementos negativos: ausencia de malicia (si hay malicia es dolo) y
ausencia de negligencia debida. En la culpa, hay una persona que no
quería cometer el daño, pero por su negligencia, imprudencia o impericia lo
comete. El dolo se configura cuando el daño es producido de manera
intencional y cuando se actúa con manifiesta indiferencia por los intereses
ajenos.
3. Daño: podemos decir que tiene una noción vulgar pensada como un “perjuicio”
y otra más amplia pensada como “lesión, menoscabo o detrimento a un derecho
subjetivo”. Estrictamente podemos decir que es consecuencia de la lesión. Ese es
el daño resarcible, siempre susceptible de apreciación pecuniaria. Surge del
Código Italiano (Art. 42 establece casos taxativos en que se debe indemnizar daño
moral). Fue tomado por el Código Peruano de 1984. El nuestro proyecto de
reforma del año 1998 en Argentina, toma como fuente el Código Peruano. Se
clasifica en:
1) Daño emergente: Gastos que llevó a cabo el damnificado. Pretende volver las
cosas al estado anterior. Daño lucro cesante: Ganancia que se dejó de percibir.
2) Daño actual: sucede hasta el momento de la sentencia. Daño futuro: Si bien la
causa es anterior, sucede después del dictado de la sentencia.
3) Daño patrimonial: Aquel daño que tiene proyección económica, es decir que
repercute en el patrimonio, ya sea directa o indirectamente. Daño extra
patrimonial: El daño se proyecta fuera del patrimonio, se caracteriza por su
proyección moral. Es resarcible y tan mensurable como cualquier daño. Cabe
aclarar que el tipo de daño (patrimonial o extrapatrimonial), no tiene nada que ver
con el tipo de resarcimiento que siempre es patrimonial. Daño Moral (no
patrimonial): daño insusceptible de apreciación pecuniaria, en tanto es la
lesión a los sentimientos de la persona. Doctrina mayoritaria: siempre debe ser
resarcido y ser valuado en dinero en tanto es consecuencia de la lesión. No es
ético ponerle precio al dolor. Hay resarcimiento cuando el daño y la reparación son
equivalentes. Es muy difícil equilibrar el dolor de la persona. Es difícil ponerle valor
al daño. Todo sufrimiento que vivamos en este mundo, en relación con el otro
mundo, implica que en el otro mundo vamos a estar en mejor posición. No pueden
confundirse argumentos religiosos con jurídicos. La indemnización no siempre es
resarcitoria. A veces cumple una función satisfactoria.
4) Daño común: El que cualquier acreedor de la misma obligación podría sufrir
frente al incumplimiento. Daño propio: parte de la subjetividad de cada persona, lo
sufre un acreedor determinado, el daño le es propio.
5) Previsible e imprevisible: previsible es aquel que ha tenido que tener en cuenta
el deudor de acuerdo al curso normal de las cosas (ej. Vendo ganado con
epidemia debo saber que es factible que contagie al ganado del acreedor); el
imprevisible es aquel que sucede sin que el deudor haya tenido ninguna razón
especial para suponer que sucedería, conforme al curso natural y ordinario de las
cosas (ej. Pierde el ganado y esto hacer que el acreedor vaya a la quiebra).
6) Daño punitivo: No es un daño, sino que es una multa que la ley autoriza a los
tribunales a imponer, de modo adicional a la indemnización. Se aplica cuando han
existido conductas graves y con indiferencia de los intereses ajenos.
4. Relación causal: La prueba de que el incumplimiento del deber fue la causa
directa del daño sufrido por la parte afectada. Cuando estos elementos se
establecen en un caso específico, puede surgir la responsabilidad civil y, como
resultado, la parte responsable puede ser requerida a compensar los daños
causados. La relación de causalidad es la conexión fáctica que debe existir entre
la acción humana y el resultado dañoso producido. La relación de causalidad
vincula materialmente, de manera directa, al incumplimiento obligacional o al acto
ilícito aquiliano con el daño y, en forma sucedánea e indirecta, a éste con el factor
de atribución. En el ámbito preventivo, también permite establecer un vínculo
razonable y necesario entre la amenaza de daño y el hecho que la genera. Se
trata de resolver si un resultado dañoso determinado puede ser materialmente
atribuido a una persona. Estamos frente a una cuestión fáctica y objetiva, que se
circunscribe al enlace entre un hecho antecedente (causa) y otro consecuente o
resultado (efecto). Puede, de tal modo, haber relación de causalidad sin que
medie culpabilidad (por ejemplo, daño causado por un menor de cinco años de
edad); o existir causalidad sin responsabilidad (por ejemplo, daños inferidos en
legítima defensa). Art. 1726 CCyC: “Son reparables las consecuencias dañosas
que tienen nexo adecuado de causalidad con el hecho productor del daño.
Excepto disposición legal en contrario, se indemnizan las consecuencias
inmediatas ¿y las mediatas previsibles. Este artículo se refiere a que entre el
hecho antijurídico o ¿el incumplimiento contractual tiene que existir una relación
de causalidad con el daño que se produjo.” Distintas teorías sobre la relación de
causalidad, en procura de dilucidar cuál de los distintos antecedentes o
condiciones que materialmente provocan el resultado son aptas para ser
considerados jurídicamente como causa del mismo.
→ Teoría de la equivalencia de las condiciones: (John Stuart Mill) todas las
condiciones que contribuyen a producir un resultado dañoso tienen el mismo calor,
por lo que la falta de cualquiera de ellas determina la nocausación del daño.
→ Teoría de la causa próxima:(Francis Bacon) se procura buscar una entre todas
las posibles condiciones que han producido el resultado, a fin de elevarla a la
categoría de causa generadora del mismo. Si bien es cierto que en algunos casos
la condición previa en el tiempo a la producción del evento daño suele ser la causa
del efecto, ello no constituye una regla absoluta que permita erigir un criterio
categórico en tal sentido. Por eso se le ha objetado que no necesariamente la
última debe ser la causa del daño, sino que puede estar reconocida en
unacondición anterior. Por ejemplo, alguien, dolosa o culposamente, cambia un
remedio de un enfermo por una sustancia toxica, que es suministrada luego por
una enfermera, la cual ignoraba la sustitución, provocando la muerte del enfermo.
La enfermera no ha causado el homicidio sino quien realizo el cambio
anteriormente.
→ Teorías de la condición preponderante y de la condición eficiente: la primera
sostiene que la causa del daño es aquella condición que rompe el equilibrio entre
los factores considerados favorables y los adverso para su producción, influyendo
en el resultado. Y la segunda, no difiere mucho de la anterior, y sostiene que es
causal del daño aquella condición que tenga mayor poder intrínseco de causación
del fenómeno.
→ Teoría de la causa adecuada: es la de mayor predicamento en la hora actual.
Se realiza un juicio de probabilidad en abstracto, prescindiendo de lo que
efectivamente ha ocurrido en el caso concreto, y computando únicamente aquello
que sucede conforme al curso norma y ordinario de las cosas. Está orientado a
determinar si la acción u omisión que se juzga era apta o adecuada para provocar
esa consecuencia
Desarrollo del tema específico.
Al referirnos a este tema, tanto a la luz del Código Civil sustituido como a la del
Código Civil y Comercial unificado de reciente sanción, hablamos de menores que
ocasionan daños, cuestión delicada, sensible, que cala hondo en la sociedad.
Lamentablemente las noticias nos informan cada día de nuevos episodios donde
intervienen niños o adolescentes en la causación de perjuicios, ya sea por
violencia en las escuelas, peleas entre grupos de jóvenes, accidentes de tránsito,
muchas veces con influencia de alcohol, etc.; la cuestión presenta,
lamentablemente, gran vigencia y debiera ser asumido desde una perspectiva no
solo jurídica, sino sociológica, sicológica, educativa, médica, es decir tratamiento
interdisciplinario, que implique políticas de Estado.
Desde lo jurídico, este aspecto del derecho de daños encuentra estrecha
vinculación con el derecho de familia. No es tarea simple combinar estos ámbitos
que han recibido el impacto de cambios culturales que se reflejan por un lado, en
una disminución de la severa autoridad paterna, nuevas conformaciones
familiares, aceptación de relaciones diferentes a las tradicionales en el seno de las
mismas, lo cual ha traído como consecuencia menor posibilidad de compartir
aspectos de la vida cotidiana, y por ende disminución en la posibilidad de
vigilancia y mayor autonomía en el actuar de los hijos; y por otra parte, hay un
aumento de las acciones por daños y perjuicios, las que se resuelven con un
criterio interpretativo de tutela a las víctimas de daños injustos. En consecuencia,
cuando en la producción del daño interviene un menor resulta dificultoso para los
magistrados calificar sin más como negligentes las conductas de los padres, a la
vez que son conscientes de que alguien ha sufrido un daño que generalmente no
tiene por qué soportar.
En este marco, algo sí es seguro: las consecuencias que puede acarrear la
discrecionalidad en la actuación de la vida privada y la relajación de las
costumbres que inciden en la familia actual, no deben ser desplazadas a terceros
ajenos a ella.
Las razones expuestas probablemente incidieron para que la responsabilidad
paterna tal como estaba fijada en el Código Civil sustituido en los arts. 1114, 1115
y 1116, fuera revisada. Era necesario poner en claro si los cambios socio-
culturales y familiares producidos eran receptados por la normativa específica y si
las respuestas que se obtenían a partir de su aplicación resultaban valederas, y
por
tanto no era necesario introducir variaciones, o si, por el contrario, se producían
desajustes o desadaptaciones que los jueces superaban por vía interpretativa pero
que en realidad ameritaban una reforma legislativa. Era tarea oportuna determinar
si las normas jurídicas que han sido dictadas para contextos familiares y sociales
que se desenvolvían conforme los parámetros del siglo XIX y principios del XX,
resultaban adecuadas a la realidad de estos tiempos.
Este supuesto especial de responsabilidad, al igual que todo tema vinculado a
Daños, tiene como punto de encuentro un principio clásico del Derecho, al que hoy
se le reconoce jerarquía constitucional: no dañar a otro. Según el momento
histórico y el país que se considere hay variaciones en cuanto al factor de
atribución o fundamento legal que justifica la responsabilidad, pero la necesidad
de encontrar respuesta o satisfacción al interés afectado por el daño injustamente
sufrido estuvo siempre presente. Creo que con ese criterio trabajó la Comisión
redactora del Proyecto de Código 2012, y entendió que era conveniente modificar
las normas que rigen este supuesto especial; así lo reflejan los arts. 1754 y 1755
del Código Civil y Comercial argentino del año 2014.
Analizaré a continuación algunos de los aspectos centrales sobre los que se
introdujeron
modificaciones, primero se hará referencia al régimen aun vigente y luego al
nuevo:
- Factor de atribución que justifica la obligación de los padres.
- Eximentes previstos.
- Legitimados pasivos o personas responsables.
- Requisitos.
Factor de atribución
a) En el Código Civil argentino.
El Código Civil argentino en el art. 1114, determina que: "El padre y la madre son
solidariamente responsables de los daños causados por sus hijos menores que
habiten con ellos, sin perjuicio de la responsabilidad de los hijos si fueran mayores
de diez años. En caso de que los padres no convivan, será responsable el que
ejerza la tenencia del menor, salvo que al producirse el evento dañoso el hijo
estuviese al cuidado del otro progenitor". Establece una obligación solidaria a
cargo de ambos padres con posibilidad de eximirse si acreditan transferencia de la
guarda, art. 1115, o imposibilidad de evitar el hecho, art. 1116, lo que se entiende
como equivalente a probar la no culpa. Se trata de un supuesto de presunción de
culpa, que doctrina y jurisprudencia, en forma mayoritaria, sustentan en la culpa
en la vigilancia y educación, o en alguna de ellas. Conforme se modificara el
régimen de patria potestad, por ley 23.264 en el año 1985, se estableció la
responsabilidad solidaria de uno y otro progenitor, disponiéndose que en caso de
divorcio o separación personal resulte responsable el que ejerce la tenencia, salvo
que el hecho sucediere mientras el menor se encuentre bajo el cuidado del otro.
Estas normas se integran con lo establecido en relación a patria potestad, el art.
264 del Código Civil argentino en su primer párrafo dice: "La patria potestad es el
conjunto de deberes y derechos que corresponden a los padres sobre las
personas y bienes de los hijos, para su formación y protección integral, desde la
concepción de éstos y mientras sean menores de edad y no se hayan
emancipado". Del texto surge clara la finalidad de esos deberes-derechos. La
patria potestad cumple una doble función social, la primera y esencial protección y
formación integral de los hijos. Protección implica amparo, resguardo, cuidado, lo
necesario para que el hijo crezca sano física y moralmente, aquí el centro de
atención es el propio menor. Por su parte la expresión formación integral admite
un alcance más amplio; en este caso el destinatario no es sólo el hijo menor sino
también el prójimo ya que la preparación que aquél reciba se traducirá en el
comportamiento familiar y social que el menor asuma conforme el círculo de
relaciones se vaya ampliando cronológicamente, pues a mayor edad más extenso
es el número de vinculaciones interpersonales que se establecen. De allí la doble
función social que esta institución cumple, la primera y esencial en interés del
menor mismo, pero también, accesoriamente, en interés de terceros. Uno de los
principales propósitos de la formación debe ser educar en valores, respeto,
confianza, estima por los demás, lo que podría sintetizarse en los preceptos de
Ulpiano, máximas de convivencia: vivir honestamente, no causar daño a otro. Se
trata de una misión, una actividad, función dinámica, que debe cumplirse de
acuerdo a la edad y personalidad de cada hijo. Esta función impone deberes y
permite el ejercicio de facultades que en su contenido y modo de ejercicio se han
visto afectados por profundos cambios en lo social y cultural. La familia se amolda
a los intereses individuales de sus integrantes y simultáneamente se desacomoda
respecto de los parámetros que la sociedad ha establecido tradicionalmente como
típicos; las decisiones son muchas veces consensuadas y los vínculos flexibles.
Por supuesto esto se da siempre que el entorno socioeconómico lo permita, pues
hay muchas uniones que permanecen todavía en etapas distintas de la evolución.
Lo expuesto hace que resulte dificultoso fundamentar esta responsabilidad en un
factor subjetivo. Culpa en la vigilancia podría llegar a aceptarse sin dificultad para
el caso de un niño de corta edad, aunque la mayoría de los supuestos analizados
determinan que cuando la vigilancia falta por lo general la víctima es el propio hijo,
en cuyo caso no se configura la hipótesis a la que alude el art. 1114. Lo que
resulta difícil es determinar qué se entiende por vigilancia adecuada, y además
¿es posible ejercerla? ¿es conveniente para un hijo adolescente o joven? o, por el
contrario atenta contra la formación de una personalidad independiente tal como lo
requieren los tiempos actuales.
Sí cabe exigir a los padres que formen, eduquen a sus hijos, pero la dificultad está
también en definir cuál es la educación razonable y, sobre todo, cómo valorar si
cumplieron con la obligación legal de modo de poder liberarse de responsabilidad
dadas las características de la sociedad actual. Es una apreciación para la cual no
puede haber moldes o pautas rígidas, pues en cada caso particular de acuerdo a
las circunstancias es que debe hacerse la valoración; tal lo expresado por Vélez
Sarsfield en la nota al art. 512: "El artículo (512) se reduce a un consejo a los
jueces de no tener ni demasiado rigor ni demasiada indulgencia y de no exigir del
deudor de la obligación sino los cuidados razonables...". Lógicamente los cuidados
razonables varían de acuerdo al tiempo histórico que se transita, y hay que admitir
que la irrupción e invasión en el seno de familia de los medios de comunicación, la
tecnología y las redes sociales, tornan más complejo hoy el deber de educar a los
hijos.
Quizás por las características descriptas es que si nos detenemos a analizar las
resoluciones judiciales vemos que los jueces adoptaron como pauta de
razonamiento, tanto en el orden nacional como en numerosos países extranjeros 3,
que nunca los deberes de los padres han sido suficientemente cumplidos, la
vigilancia no fue suficiente o el acaecer del hecho mismo demuestra que el hijo no
estuvo debidamente educado, pues de lo contrario el daño no se hubiese
generado.
En nuestro país el estudio jurisprudencial sobre el tema indica que sólo se libera a
los responsables cuando no se traiciona la expectativa social de que los daños
injustos deben ser reparados. Esto queda evidenciado si se analizan las reglas
aplicadas por los jueces:
- los padres responden por culpa in vigilando y están obligados a vigilar al menor
de acuerdo a su edad,
3
PLOVANICH, María Cristina, La responsabilidad civil de los padres, Academia Nacional de Derecho y
Ciencias Sociales de Córdoba, Córdoba, 2010, p. 45 y sgtes.
- si los padres demuestran haber vigilado al menor, surge como hecho autónomo
de imputación de la responsabilidad, la culpa en la educación,
- la comisión del hecho ilícito por parte del menor, demuestra de por sí, insuficiente
la educación impartida.
Resulta entonces que, para los padres no es posible prácticamente, satisfacer los
requisitos impuestos por una prueba liberatoria de doble contenido positivo así de
riguroso. Esta realidad indica que, en los hechos, la responsabilidad de los padres
funciona como una responsabilidad objetiva, por tanto, se hacía necesario aceptar
una variación en el fundamento, tal como sostenían numerosas voces en doctrina
y antecedentes jurisprudenciales.
b) En el Código Civil unificado 2014.
El Código Civil y Comercial unificado 2014 se hace eco de estas propuestas y
varía el factor de atribución de los padres por los hechos dañosos de los hijos que
se encuentran bajo responsabilidad parental, denominación que reemplaza a la
anterior de patria potestad.
Se regula esta responsabilidad en el Título V, sección 6º del libro III, que se titula
"Responsabilidad por el hecho de terceros", dispone el Art. 1754. Hecho de los
hijos. Los padres son solidariamente responsables por los daños causados por los
hijos que se encuentran bajo su responsabilidad parental y que habitan con ellos,
sin perjuicio de la responsabilidad personal y concurrente que pueda caber a los
hijos.
En cuanto a la denominación del Título, Responsabilidad por el hecho de terceros,
comparto la objeción que realiza López Herrera 4, no luce como el más adecuado
para referirse a los hijos ya que éstos no son terceros, hubiese sido más adecuada
la expresión "responsabilidad por el hecho ajeno" o "responsabilidad por el hecho
de otro".
Mantiene la responsabilidad solidaria de ambos progenitores por los hechos de los
hijos que se encuentran bajo su responsabilidad parental. Este Código varía la
designación de patria potestad por responsabilidad parental, de ese modo
armoniza con la que emplean tratados y convenciones internacionales. Además,
no es un cambio ingenuo, la palabra potestad se conecta necesariamente, como
señala Mauricio Mizrahi5, con el poder que evoca a la potestad romana y pone el
acento en la dependencia absoluta del niño en una estructura familiar jerárquica.
Por el contrario, el concepto de "responsabilidad" es inherente al de deber, que
cumplido adecuadamente, subraya el compromiso paterno de orientar al hijo hacia
la autonomía. Tal la misión esencial que en la actualidad se entiende como la
primordial función de la institución.
4
LÓPEZ HERRERA, Edgardo, Responsabilidad civil de los padres, tutores y curadores en el Proyecto de
Código Civil y Comercial unificado RCyS 2012-IX , 5.
5
MIZRAHI, Mauricio L., Familia, matrimonio y divorcio, Buenos Aires, Astrea 2001, p. 138.
Si bien cambia la denominación, el concepto en esencia no varía: Art. 638.
Responsabilidad parental. Concepto. La responsabilidad parental es el conjunto de
deberes y derechos que corresponden a los progenitores sobre la persona y
bienes del hijo, para su protección, desarrollo y formación integral mientras sea
menor de edad y no se haya emancipado. La redacción refuerza la idea del
desempeño autónomo de los hijos, ya que entre las funciones incorpora
desarrollo. El art. 639 al fijar los principios generales que la rigen, hace referencia
a "la autonomía progresiva del hijo conforme a sus características psicofísicas,
aptitudes y desarrollo, el derecho del niño a ser oído y a que su opinión sea tenida
en cuenta según su edad y grado de madurez", consecuente con el principio de
capacidad progresiva. Esto se logra con una formación responsable en el ejercicio
de la libertad e independencia.
Establece un factor de atribución objetivo, y conforme el art. 1722: "El factor es
objetivo cuando la culpa del agente es irrelevante a efectos de atribuir
responsabilidad. En tales casos el responsable se libera demostrando la culpa
ajena, excepto disposición legal en contrario". En palabras López Herrera: "No
importa cuanta diligencia se ponga, lo mismo se responde"6.
Eximentes
Respecto a los eximentes dispone el Art. 1755. Cesación de la responsabilidad
paterna. La responsabilidad de los padres es objetiva, y cesa si el hijo menor de
edad es puesto bajo la vigilancia de otra persona, transitoria o permanentemente.
No cesa en el supuesto previsto en el artículo 643.
Los padres no se liberan, aunque el hijo menor de edad no conviva con ellos, si
esta circunstancia deriva de una causa que les es atribuible.
Los padres no responden por los daños causados por sus hijos en tareas
inherentes al ejercicio de su profesión o de funciones subordinadas
encomendadas por terceros. Tampoco responden por el incumplimiento de
obligaciones contractuales válidamente contraídas por sus hijos.
Genera dudas la expresión "cesa si es puesto bajo la vigilancia de otra persona,
transitoria o permanentemente"; por tanto, se necesitarán en este punto
consensos interpretativos. La referencia a la vigilancia puede dar lugar a pensar
que hay una vuelta a la mirada subjetiva, pareciera que el legislador no está
convencido de introducir el factor objetivo en este supuesto. Pero también cabe
interpretar que lo que se ha querido es aludir al menor escolarizado que causa
daño mientras se encuentra bajo la autoridad educativa, esto representa reafirmar
la tendencia doctrinaria y jurisprudencial que impera hasta el momento y adoptar
el criterio de que en esos supuestos la responsabilidad es solo del titular del
establecimiento. Trasuntaría una aproximación al anterior art. 1115: "La
6
LÓPEZ HERRERA, Edgardo, ob. cit. y en Código Civil y Comercial Comentado. Directores: Julio César Rivera-
Graciela Medina. Coordinador: Mariano Esper. T.IV. La Ley, Bs As, octubre de 2014, p. 113.
responsabilidad de los padres cesa cuando el hijo ha sido colocado en un
establecimiento de cualquier clase, y se encuentra de una manera permanente
bajo la vigilancia y autoridad de otra persona".
No se presentan mayores dificultades si se considera el régimen de internado a
los efectos educativos. Ahora si el hecho acaece en el régimen escolar común, el
que tiene lugar durante determinadas horas del día, no me parece aceptable
sentar una regla general que exima de responsabilidad a los progenitores sino que
creo necesario atender a las circunstancias del caso concreto, en particular al
origen del hecho dañoso. Conforme lo manifestara en trabajos anteriores no
comparto aquella tesitura, aun razonando sobre la base de un factor de atribución
subjetivo. Sería valedero eximirlos en caso que el daño provenga de un episodio
singular y aislado, pero no cuando la conducta del dañador es habitualmente
agresiva, rebelde, pues en estos supuestos habrá que analizar si en el origen
causal del acontecimiento dañoso no ha prevalecido el temperamento del autor
por sobre las reales posibilidades de vigilarlo. Si deriva de la simple falta de
custodia y control que requiere un niño de corta edad, estará justificada la
responsabilidad del establecimiento o del maestro. Lo mismo si el hecho deriva de
omisión de los deberes de organización. Pero tratándose de situaciones en las
que influye notoriamente la personalidad del niño o adolescente, entiendo que los
progenitores no pueden quedar exentos de responsabilidad; en especial cuando
se trata de menores cercanos a la mayoría de edad. Si el fundamento deriva de la
responsabilidad parental ésta es irrenunciable, el vínculo subsiste aun cuando se
transfiera la vigilancia de modo transitorio, por ello la responsabilidad debiera ser
al menos concurrente. Distinto sería si pese a conocer esas circunstancias y haber
sido hecho saber por los padres la necesidad de extremar recaudos, la escuela no
tomó los adecuados. Acepto que la obligatoriedad del establecimiento educativo
de contar con seguro obligatorio, hace que en la práctica resulte más simple para
la víctima exigir a la institución el pago de la indemnización.
En cuanto a otros supuestos de vigilancia transitoria, creo que tampoco resulta
oportuno sentar reglas generales. Pienso que, si al momento de cometer el daño
el menor se encontraba al cuidado o de visita en casa de parientes, amigos,
vecinos, etc., por períodos cortos que se cuentan en días o semanas, esas
personas desinteresada y generosamente colaboran con los progenitores, pero el
niño continúa bajo la autoridad parental. Los allegados han brindado una ayuda a
los progenitores, pero de ningún modo pueden ser considerados responsables ya
que han cooperado para desplegar una obligación que les corresponde a aquellos;
salvo que de las circunstancias del hecho se desprenda que fue la actuación
inapropiada del adulto que transitoriamente cuidaba al menor la que en definitiva
provocó el resultado. Estas eventualidades, a mi entender no eximen de
responsabilidad a los padres a menos que del hecho mismo, del análisis del nexo
causal, resulte la responsabilidad de quien ejercía el cuidado transitorio de modo
exclusivo, en cuyo caso, los damnificados estarían en condiciones de demandar a
los padres y al cuidador del menor, ejerciéndose con posterioridad entre éstos, si
es que caben, las pertinentes acciones de reintegro.
Legitimados pasivos
El art. 1114 del Código sustituido dispone la responsabilidad solidaria de ambos
progenitores por los daños causados por los hijos menores que habiten con ellos,
y prescribe: "En caso de que los padres no convivan, será responsable el que
ejerza la tenencia del menor, salvo que al producirse el evento dañoso el hijo
estuviese a cargo del otro progenitor".
Por su parte, el art. 1754 del Código Civil y Comercial unificado establece,
también, que los padres son solidariamente responsables por los daños causados
por los hijos bajo su responsabilidad parental.
Pero introduce una variante importante al suprimir la frase que aludía a los padres
no convivientes. Al introducir un factor de atribución objetivo, la responsabilidad de
los padres continúa siendo solidaria cualesquiera sean las vicisitudes del vínculo
entre los progenitores, son responsables mientras conserven la responsabilidad
parental.
Si bien en caso de divorcio, separación personal o nulidad de matrimonio, la
relación entre padres e hijos se torna diferente ya que, tal vez, no se comparten
los actos simples de la vida cotidiana, sí continúa la posibilidad de participar e
intervenir, en los actos más trascendentes y cooperar en todo lo que tenga
repercusión en la formación del hijo. El deber de cuidado personal de los hijos
prosigue en cualquiera de las modalidades que se asuma, alternada o indistinta
(arts. 648 y 649). En caso de cuidado unipersonal es obligación del progenitor que
lo realiza informar al otro sobre cuestiones de educación, salud, etc., y los padres
pueden presentar un plan de parentalidad que contemple los aspectos vinculados
al cuidado del hijo (arts. 655 y 656).
Ni aún bajo un fundamento subjetivo, resultaba justificado eximir de
responsabilidad al padre no conviviente en caso de divorcio o de separación de
cuerpos, frente a la víctima debe mantenerse la responsabilidad solidaria de
ambos progenitores.
Aun cuando el art. 643 permite que "En el interés del hijo y por razones
suficientemente justificadas..." los progenitores puedan convenir que el ejercicio de
la responsabilidad parental sea realizado por un pariente u otra persona idónea, el
art. 1755 aclara que no cesa en ese supuesto la responsabilidad paterna, lógico
pues conservan la titularidad de la responsabilidad parental. En esta situación
podría ubicarse al progenitor afín, que según el art. 672 es "el cónyuge o
conviviente que vive con quien tiene a su cargo el cuidado personal del niño o
adolescente", que aun cuando debe cooperar con la crianza y educación de los
hijos del otro, según estimo no es responsable por los daños que aquellos
pudieran causar pues el progenitor biológico conserva la titularidad de la
responsabilidad parental.
Tampoco se liberan los padres cuando no conviven con el hijo por una causa
atribuible a ellos, según reza el art. 1755 en su 2do párrafo, por tanto, en caso de
pérdida o suspensión de la responsabilidad parental provocada por la inconducta
paterna (arts. 700, 702 inc. b.), se mantiene la responsabilidad parental. Estimo
acertada la resolución ya que no cabe eximir de obligaciones al progenitor que
precisamente no cumplió con ellas.
Por último, considero el supuesto de que los padres sean menores de edad. La
realidad indica un elevado número de embarazos adolescentes, de allí que me
refiera a la responsabilidad de los padres menores de edad. Dada la edad
biológica de los progenitores, el hijo por lo general no habrá alcanzado aptitud
para ser causante de daños, pero ante la eventualidad de que así acontezca lo
analizo.
Respecto a los padres menores de edad también se ha modificado la normativa.
En el Código de Vélez si no contrae matrimonio, continúa bajo patria potestad y el
hijo de ese menor de edad está bajo la patria potestad de los abuelos o,
eventualmente, de la tutela del tutor del progenitor que tenga al hijo bajo su
cuidado y amparo. En la hipótesis de que el hijo del padre menor causase daño,
respondería quien tenga la patria potestad o tutela de ese progenitor, pues éste no
tiene la patria potestad sobre su hijo.
En el Código Civil y Comercial unificado se es adolescente desde los 13 años (art.
25), pero a diferencia del régimen que se sustituye estos padres ejercen la
responsabilidad parental. Así lo dispone el art. 644 dispone que: "Los progenitores
adolescentes, estén o no casados, ejercen la responsabilidad parental de sus hijos
pudiendo decidir y realizar por sí mismos las tareas necesarias para su cuidado
educación y salud". Las personas que ejercen la responsabilidad parental de
progenitores adolescente pueden oponerse a los actos que resulten perjudiciales
para el niño o cuando el adolescente no tome las medidas necesarias para su
adecuado desarrollo.
A los efectos de la responsabilidad en análisis, responsable por los daños que el
adolescente causare lo serán sus padres. Pero por los que pudiere ocasionar el
hijo del adolescente lo serán los padres adolescentes, pues son ellos los que
tienen la responsabilidad parental.
Requisitos
a) Minoridad.
Los padres responden mientras los hijos son menores, por tanto, son
responsables hasta los 18 años edad en que se alcanza la mayoría.
El criterio adoptado por la jurisprudencia desde hace ya largo tiempo, es que la
edad se considera al momento del hecho y no en el de la sentencia.
El Código Civil establece que el hijo debe ser mayor de 10 años. Esta cuestión ha
disparado interpretaciones disímiles, al ser el autor inimputable según el art. 921,
se sostiene que responden los padres de modo exclusivo, encontrándose liberado
de responsabilidad el niño, y si ya ha alcanzado esa edad ambos responden de
modo concurrente, indirectos los padres y directo el menor 7. No comparto esa
postura pues según el art. 907, 2da párrafo el menor inimputable puede ser
responsable por razones de equidad. El art. 1754 del Código Civil y Comercial
unificado, deja a salvo la responsabilidad personal y concurrente que pueda caber
a los hijos, pero surge aquí una diferencia ya que no se hace referencia a la edad
del menor, con lo que se evitan disquisiciones interpretativas. La imputabilidad se
mantiene en 10 años, Art. 261. "Acto involuntario. Es involuntario por falta de
discernimiento: a) el acto de quien, al momento de realizarlo está privado de la
razón; b) el acto ilícito de la persona menor de edad que no ha cumplido diez
años...". El autor de un acto involuntario podrá responder por razones de equidad,
art. 1750.
También se resuelve la cuestión de la responsabilidad por los daños generados en
la actividad laboral que pudieran desempeñar los hijos menores, ya que el art.
1755 establece que: "Los padres no responden por los daños causados por sus
hijos en tareas inherentes al ejercicio de su profesión o de funciones subordinadas
encomendadas por terceros. Tampoco responden por el incumplimiento de
obligaciones contractuales válidamente contraídas por sus hijos" art. 30.
Ya me había manifestado a favor de esa determinación, pues si la causa idónea
del daño se encuentra relacionada con el trabajo no hay razón jurídica para
sindicar a los padres como responsables8.
b) Convivencia.
El art. 1754 impone que además de tratarse de un hijo menor, éste debe habitar
con los padres. No se entiende la razón de ser de esta exigencia dado que se
establece una responsabilidad objetiva9, que deja atrás la presunción de culpa en
la vigilancia o la educación, o en ambas a la vez.
En nuestra sociedad no es frecuente el alejamiento de los hijos menores del hogar
paterno, salvo por motivos de estudio o trabajo. El alcanzar la mayoría de edad a
los 18 años reduce las posibilidades de que el menor se traslade para continuar
7
BUSTAMANTE ALSINA, Jorge, Teoría General de la Responsabilidad Civil, Abeledo Perrot, Bs.As., 5° edición,
1987, ps. 310 y sgtes.
8
PLOVANICH, María Cristina, La responsabilidad civil de los padres, ob. cit., p. 198
9
TALE, Camilo, Responsabilidad civil de los padres por daños causados por sus hijos menores de edad y de
lso propietarios de establecimientos educativos por daños sufridos por sus alumnos y por daños causados
por éstos, en el Código Civil vigente y en el Proyecto de nuevo Código, Revista de Derecho de Daños.
Problemática actual de la responsabilidad civil-II, Rubinzal Culzoni, Bs. As., 2014,p. 117
estudios a una localidad diferente a la residencia paterna, aunque sí podría
hacerlo en determinadas situaciones cuando las circunstancias lo aconsejen como
necesario ya sea por carencia de establecimientos educativos adecuados, o
perfeccionamiento de alguna disciplina artística o deportiva, o por razones
laborales, etcétera.
Pormenorizo algunos de los problemas que plantea este requerimiento.
Determinar cuál debe ser la comprensión del término es una cuestión que ha
suscitado interpretaciones diversas, más o menos laxas, sin embargo ni las más
rigurosas han llegado a darle un entendimiento lineal o literal en el sentido de
exigir que en el momento de la comisión del daño padres e hijos deban compartir
físicamente el mismo techo. A efectos de que los progenitores respondan como
tales acordes al factor de atribución subjetivo, culpa en la vigilancia y educación,
es necesaria la proximidad física con los hijos menores que supone la habitación
en común; pero aun así, en general, la doctrina de nuestro país ha tenido una
concepción amplia del requisito, entendiéndose que no es exigible la cotidianeidad
en la cohabitación10. Quizás el hecho de que dentro de las obligaciones paternas
se le asigne valor preponderante a la educación y al aceptar que este deber se
cumple de modo continuo, permanente, aun sin el contacto material directo como
sí lo supone la vigilancia, es lo que permitió esa apertura en el modo de apreciar el
requisito. Se exige de modo decisivo con relación al niño de corta edad, pero en
los demás casos prevalece la educación como función primordial de la
responsabilidad parental.
Aunque padres e hijos no habiten en el mismo inmueble, no residan juntos, la
convivencia como comunión, vínculo, unión, lo que significa compartir el proyecto
de familia, no resulta quebrada si las circunstancias aconsejan que el hijo viva
fuera del domicilio familiar, de forma transitoria. Esta situación no significa
desentenderse, desvincularse, o desinteresarse, sino en numerosas
oportunidades aceptar una posibilidad de crecimiento o superación para el joven;
un elemento objetivo que acredita el cumplimiento del deber parental es que el
menor que se encuentra fuera del hogar por razones de estudio o capacitación,
generalmente solventado por sus progenitores. Es un modo de cumplir con la
finalidad de la responsabilidad parental, institución encaminada a proteger, educar
a los hijos, que no se limita a la alimentación, sino que también abarca el nutrirlos
en otros aspectos como es brindarle formación para el mejor desenvolvimiento en
la vida, alcanzar el desarrollo personal, arts. 638 y 639.
Considero que, en la actualidad, aun bajo la aplicación de un fundamento basado
en la culpa, el requisito de cohabitación debe ser interpretado según las
circunstancias que la vida contemporánea presenta manteniendo por tanto una
concepción extensa, llegando si fuera necesario a otorgarle una nueva
10
MACHADO, José O., Exposición y comentario del Código Civil argentino, p. 407; TRIGO REPRESAS, Félix A. y
LÓPEZ MESA, Marcelo, Tratado de la Responsabilidad Civil, T. III, Buenos Aires, La Ley, 2004, p. 173.
comprensión o a redefinir la noción11. En ese sentido, debe ser entendida en
sentido amplio como unión que va más allá de la cohabitación física y que en
determinadas situaciones puede no ser constante, ya que en estos tiempos es
frecuente que los padres (por razones laborales) como asimismo los hijos a
determinada edad (generalmente por razones de estudio) puedan ausentarse
justificadamente del hogar. Claro que, no es suficiente cualquier distanciamiento
para que los padres queden exonerados de responsabilidad, ya que si la ausencia
del menor del hogar familiar resulta atribuible a inconductas o irregularidades
paternas, no resultan los progenitores exentos de responsabilidad, art. 1755, 2do.
párrafo.
Conclusión.
La responsabilidad de los padres fue adecuada a las nuevas circunstancias que
caracterizan a los vínculos familiares en la sociedad moderna, que tienden a diluir
el control y la vigilancia que los padres ejercían, en otras épocas, sobre sus hijos.
La nueva regulación no está exenta de dificultades interpretativas en alguno de
sus aspectos. Podemos concluir en que el Cód. Civ. y Com. establece una
responsabilidad de los padres por los daños causados por los hijos menores,
reflejando el reclamo de la doctrina argentina respecto al carácter objetivo de la
misma, y así se consagra en forma expresa en el art. 1.755.
Se reafirma el postulado seguido por la doctrina y la jurisprudencia de que, en
materia de responsabilidad objetiva, las eximentes deben ser interpretadas en
forma restrictiva, directiva que debe ser tenida especialmente en cuenta a la hora
de analizar los supuestos de cese de la responsabilidad de los padres atento a los
textos normativos referenciados en el presente trabajo
Los padres no pueden liberarse con la prueba de la falta de culpa, sino con la
ruptura del nexo causal: la prueba del hecho del damnificado, del tercero por quien
no se debe responder o el caso fortuito.
En conclusión, la importancia de la decisión legislativa de modificar la nota
característica de la responsabilidad subjetiva de los padres a una de carácter
objetiva, debe marcar el norte de la interpretación para los casos dudosos, en
clara vinculación con las normas que rigen la responsabilidad parental que han
receptado, al mismo tiempo, cambios de relevancia en orden a la adecuación de
los vínculos familiares a la sociedad que nos toca vivir.
A pesar de que se mencionó en la respectiva introducción a éste trabajo que cada
vez son más los daños causados por menores de edad por los cuáles deben
responder sus progenitores, todavía no son muchos los casos en que ha hecho
11
Plovanich, M. Cristina, ob. cit.
efectivo uso de ésta figura, o por lo menos no se ha hecho público caso alguno en
la materia
A pesar que el nuevo Cód. Civil y Comercial ya cumplió tres años de su entrada en
vigencia, cuesta encontrar fallos que hayan condenado a progenitores por la
responsabilidad de sus hijos. Según LOPEZ MESA en entrevista brindada para la
página Comercio y Justicia: “El principal problema ha sido la falta de jurisprudencia
y de doctrina. Muchas veces lo que se hace es seguir pensando con el viejo
código y citando algún artículo del nuevo para llenar el espacio. Eso no es
jurisprudencia. Lo que se requiere es que los conceptos del nuevo código, la
filosofía del nuevo código, sea explicitada en los fallos y eso todavía no está.”[24]
Todavía quedará un largo camino por recorrer en ésta materia, donde la
capacitación resultará sumamente importante no tan sólo de los abogados
litigantes, sino de los jueces quienes en sus sentencias deben dejar entrever el
verdadero espíritu de éste nuevo Código.