R. P.
Carlos Miguel Buela, IVE
Ars participandi para Religiosos
R. P. Carlos Miguel Buela, IVE
Ars participandi para
Religiosos
IVE PRESS
2018
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5706 Sargent Road
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ISBN 978-1-939018-79-3
Primera edición: Roma (RM) mayo de 2018
Familia Religiosa del Verbo Encarnado: www.ive.org
SSVM – Casa Generalicia: www.servidoras.org
Índice General
Índice General............................................................................... 5
Algunas siglas y abreviaturas ...................................................... 7
Prólogo ........................................................................................... 9
Capítulo I
Motivación principal .................................................................. 11
Capítulo II
Fundamento ................................................................................ 15
Primera Parte
PREPARACIÓN REMOTA
Capítulo III
Preparación remota .................................................................... 33
Capítulo IV
Naturaleza de la vida consagrada ............................................. 65
Temas principales
Introducción .............................................................................. 107
Capítulo V
I Parte: Santísima Trinidad ..................................................... 111
Capítulo VI
II Parte: «Jesucristo, mejor que el cual nada existe» ............ 245
Capítulo VII
III Parte: La Iglesia .................................................................. 383
5
Capítulo VIII
IV Parte: María ........................................................................ 607
Segunda Parte
PREPARACIÓN PRÓXIMA
Capítulo IX
Preparación próxima................................................................ 685
Participación de los Religiosos y de las Religiosas
Capítulo X
I Parte: Santísima Trinidad ..................................................... 697
Capítulo XI
II Parte: «Jesucristo, mejor que el cual nada existe» ............ 735
Capítulo XII
III Parte: La Iglesia .................................................................. 769
Capítulo XIII
IV Parte: María Santísima ...................................................... 811
Capítulo XIV
La participación de la Misa de los Religiosos y Religiosas de la
Familia Religiosa del Verbo Encarnado ................................. 813
Epílogo ....................................................................................... 845
Índice de materias..................................................................... 849
Índice analítico .......................................................................... 869
6
Algunas siglas y abreviaturas
1. Magisterio de la Iglesia
Concilio Ecuménico Vaticano II
SC Constitución Dogmática sobre la Sagrada Liturgia Sa-
crosanctum Concilium, 1963.
LG Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gen-
tium, 1964.
DV Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación
Dei Verbum, 1965.
GS Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo
Gaudium et spes, 1965.
PC Decreto sobre la adecuada renovación de la vida reli-
giosa Perfectae Caritatis, 1965.
PO Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros
Presbyterorum Ordinis, 1965.
2. Sumo Pontífice
Juan Pablo II
VC Exhortación Apostólica Post-Sinodal sobre la vida
consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo Vita Consecra-
ta, 1996.
3. Santo Tomás de Aquino
CG Summa Contra Gentiles.
S. Th. Summa Theologiae.
7
4. Otras siglas
AAS Actae Apostolicae Sedis.
Aa.Vv. Autores varios.
IGMR Instrucción General del Misal Romano.
Dz Enrique Denzinger, El Magisterio de la Iglesia.
DS Denzinger-Schönmetzer, El Magisterio de la Iglesia.
DH Denzinger-Hünermann, El Magisterio de la Iglesia.
8
Prólogo
Complementa este trabajo ‘Ars participandi’ para Religiosos y
Religiosas, otro anterior sobre el ‘Ars celebrandi’.
Ciertamente es la teología la que rige en este tema de la partici-
pación en la Santa Misa. Y la teología nos enseña que hay tres
formas principales de participación.
En primer lugar, por el bautismo –y la confirmación-: «Los fie-
les, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan destinados
por el carácter al culto de la religión cristiana, y, regenerados co-
mo hijos de Dios, están obligados a confesar delante de los hom-
bres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia1»2; «La santa
madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a
la participación plena, consciente y activa en las celebraciones li-
túrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma y a la cual
tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo cris-
tiano, “linaje escogido sacerdocio real, nación santa, pueblo ad-
quirido” (1 Pe 2,9; cf. 2,4-5)»3.
En segundo lugar, por el sacramento del Orden Sagrado.
En tercer lugar, por la profesión religiosa.
Refiriéndonos aquí, específicamente, a ésta última forma de
participación, dividimos el tema en dos partes, tratando en la pri-
mera de la preparación remota, siendo que la columna vertebral de
estas páginas están en el capítulo 4: ‘Naturaleza de la vida consa-
grada de donde, principalmente, provienen los temas mayores (ca-
pítulos 5-8) para poder arribar a lo que queremos sea una buena
1
Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, III, q. 63, a. 2.
2
CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución Dogmática «Lumen gentium»
sobre la Iglesia, 11.
3 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución Dogmática «Sacrosanctum
Concilium» sobre la Sagrada Liturgia, 14.
9
base para la posible y más provechosa participación de los religio-
sos/as en la Santa Misa.
La participación en la Misa es el tema central de este libro
siendo esto lo que tratamos en la segunda parte acerca de la prepa-
ración próxima y se encuentra en los capítulos del 9 al 14, este
último se aplica, especialmente, a los miembros de la Familia Re-
ligiosa del Verbo Encarnado.
Por esta razón los temas se retoman, de alguna manera, en am-
bas partes. En la parte primera para recordar la naturaleza de la
vida consagrada, y la segunda parte para sugerir posibles aplica-
ciones a la Liturgia eucarística.
Además, hacemos una presentación de textos extensos de la
Exhortación Apostólica Postsinodal Vita Consecrata de San Juan
Pablo II, porque consideramos que es la verdadera ‘Charta Mag-
na’ de las vidas de especial consagración, para estos tiempos.
Asimismo, hay textos que se reiteran a propósito, porque apuntan a
otra idea, porque es una forma de resaltar ideas principales, porque
se puede brindar al lector el conocer mejor la Vita Consecrata.
Es un trabajo que ahora presentamos completo, ya que introdu-
cimos algunos capítulos que faltaban en una pre-edición ‘en borra-
dor’.
Pongo el fruto para los lectores de este libro, a quien le pedí
ayuda en todo su recorrido, San Juan Pablo Magno.
El autor.
10
Capítulo I
Motivación principal
En sus respectivos Capítulos Generales de los años 2007 y
2010 respectivamente los Padres capitulares del Instituto del Ver-
bo Encarnado y las Madres Capitulares de las Servidoras del Señor
y de la Virgen de Matará, cada uno en su lugar, deliberaron y de-
cidieron sobre los «Elementos no negociables adjuntos» de nuestra
Familia Religiosa. En relación a la vida litúrgica de nuestros
miembros, discernieron que uno de esos elementos es la digna ce-
lebración -y participación- en la Santa Misa. Después de recordar
el «elemento no negociable» esencial del carisma desarrollaremos
en este capítulo ese elemento no negociable adjunto, que entra de
lleno en el tema central de este libro, y más adelante, mencionare-
mos otros «elementos no negociables» adjuntos considerados en
su relación con la participación en la Misa, en el sentido de que
son temas que deben ser vividos y llevados a la Misa. Todos estos
elementos no negociables de nuestro carisma deben ser defendidos
siempre con la máxima firmeza y claridad1.
1. El elemento esencial del carisma
«Por el carisma propio del Instituto, todos sus miembros deben
trabajar, en suma, docilidad al Espíritu Santo y dentro de la im-
1 Por la expresión «elementos no negociables» se vea, por ejemplo: Benedicto
XVI, «Discurso a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad,
Sala Clementina», 21/12/2012: «Lo que ella [la Iglesia] ha reconocido como
valores fundamentales, constitutivos y no negociables de la existencia humana, lo
debe defender con la máxima claridad. Ha de hacer todo lo posible para crear una
convicción que se pueda concretar después en acción política». El mismo
concepto repitió el 16/09/2004, el 30/03/2006, el 15/05/2008, el 19/05/2008, el
04/05/2009, el 16/06/2010, el 27/05/2011, etc.
11
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
pronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo autén-
ticamente humano, aun en las situaciones más difíciles y en las
condiciones más adversas»2.
«Es decir, es la gracia de saber cómo obrar, en concreto, para
prolongar a Cristo en las familias, en la educación, en los medios
de comunicación, en los hombres de pensamiento y en toda otra
legítima manifestación de la vida del hombre. Es el don de hacer
que cada hombre sea “como una nueva Encarnación del Verbo”3,
siendo esencialmente misioneros y marianos»4.
Por ser lo central del carisma Jesucristo, Él nos lleva a la Santí-
sima Trinidad, a Él mismo, a su Iglesia y a su Madre.
2. Elemento no negociable adjunto
«La digna celebración de la Santa Misa»5. «Hemos de caracte-
rizarnos por la importancia que se le debe dar a la celebración de
la Santa Misa, así como por el modo reverente de celebrarla. Por
eso el énfasis que se le debe dar a la vida litúrgica en el Instituto»6.
«Es una característica nuestra la marcada devoción eucarística».
Nuestros sacerdotes tienen que ser maestros del ars celebrandi, y
nuestros seminaristas mayores, nuestros hermanos coadjutores,
nuestras religiosas y los miembros de la Tercera Orden Seglar de-
ben esforzarse por su parte, en vivir del modo más perfecto el ars
participandi.
Lo confirman las enseñanzas del Papa:
- «Nuestras liturgias deben ser vívidas y vividas. Vívidas, o sea,
vivaces, con fuerza, eficaces, brillantes. Vividas, es decir, que ten-
2 INSTITUTO DEL VERBO
ENCARNADO, Constituciones, n. 30.
3
SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD, Elevación a la Santísima Trinidad, Obras
Completas, Monte Carmelo, Burgos 19855, 758.
4 INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Constituciones, n. 31.
5 Notas del V Capítulo General del IVE, n. 5.
6 Ibidem, n. 13.
12
Motivación principal
gan vida, que sean una inmediata experiencia de Cristo sacramen-
tado. En efecto, “la liturgia debe fomentar el sentido de lo sagrado
y hacerlo resplandecer. Debe estar imbuida del espíritu de reveren-
cia y de glorificación de Dios”7»8.
- «Incluso “una correcta concepción de la liturgia tiene en
cuenta que debe manifestar claramente las notas fundamentales de
la Iglesia”9. “Celebrando el culto divino, la Iglesia expresa lo que
es: una, santa, católica y apostólica”10»11.
- «La liturgia es acción santa precisamente por ser acción de
Cristo, sacerdote principal. Es Él quien confirió el carácter de sa-
cralidad a la celebración eucarística. En la acción litúrgica somos
asociados a lo sagrado en sentido estricto. “Esto hay que recordar-
lo siempre, y quizá sobre todo en nuestro tiempo en el que obser-
vamos una tendencia a borrar la distinción entre ‘sacrum’ y ‘pro-
fanum’, dada la difundida tendencia general (al menos en algunos
lugares) a la desacralización de todo. En tal realidad la Iglesia tie-
ne el deber particular de asegurar y corroborar el ‘sacrum’ de la
Eucaristía. En nuestra sociedad pluralista, y a veces también deli-
beradamente secularizada, la fe viva de la comunidad cristiana (...)
garantiza a este ‘sacrum’ el derecho de ciudadanía”12»13.
- «La participación de todos los bautizados en el único sacerdo-
cio de Jesucristo es la clave para comprender la exhortación del
7
SAN JUAN PABLO II, Carta a los Sacerdotes con ocasión del Jueves Santo,
16/03/1986; Insegnamenti IX/1 (1986), n. 8, v.19, 750. Cf. Asamblea
extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985, Relación final, II, B, b/1 et c/1.
8
INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Directorio de Vida litúrgica, n. 4.
9 SAN JUAN PABLO II, «Discurso al quinto grupo de obispos de Francia en visita
“ad limina apostolorum”», 08/03/1997; Insegnamenti XX/1 (1997), n. 3, 402.
10 SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Vicesimus Quintus Annus (04/12/1988) n.
9.
11 INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Directorio de Vida litúrgica, n. 10.
12 SAN JUAN PABLO II, Carta Dominicae Cenae sobre el misterio y culto de la
Eucaristía, n. 8.
13 INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Directorio de Vida litúrgica, n. 13.
13
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Concilio a “la participación plena, consciente y activa en las cele-
braciones litúrgicas”14»15.
- «...En efecto, el “culto eucarístico madura y crece cuando las
palabras de la plegaria eucarística, y especialmente las de la con-
sagración, son pronunciadas con gran humildad y sencillez, de
manera comprensible, correcta y digna, como corresponde a su
santidad; cuando este acto esencial de la liturgia eucarística es rea-
lizado sin prisas; cuando nos compromete a un recogimiento tal y
a una devoción tal, que los participantes advierten la grandeza del
misterio que se realiza y lo manifiestan con su comportamien-
to”16»17 .
- «En realidad, “la participación activa no excluye la pasividad
activa del silencio, la quietud y la escucha: en realidad, la exige.
Los fieles no son pasivos, por ejemplo, cuando escuchan las lectu-
ras o la homilía, o cuando siguen las oraciones del celebrante y los
cantos y la música de la liturgia. Éstas son experiencias de silencio
y quietud, pero también, a su modo, son muy activas. En una cul-
tura que no favorece ni fomenta la quietud meditativa, el arte de la
escucha interior se aprende con mayor dificultad”18»19.
Estimamos que es muy claro lo que se nos pide.
14 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución Dogmática Sacrosanctum
Concilium sobre la Sagrada Liturgia (de aquí en adelante: SC) n. 14.
15
SAN JUAN PABLO II, «Discurso a los obispos de Estados Unidos en visita “ad
limina apostolorum”», 09/10/1998; Insegnamenti XXI/2 (1998), n. 3, 691. Citado
en INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Directorio de Vida litúrgica, n. 25.
16 SAN JUAN PABLO II, Carta Dominicae Cenae, n. 9.
17
INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Directorio de Vida litúrgica, n. 56; C.
BUELA, Juan Pablo Magno, IVE Press, New York 2011, p. 522.
18 SAN JUAN PABLO II, «Discurso a los obispos de Estados Unidos en visita “ad
limina apostolorum”», 09/10/1998; Insegnamenti XXI/2 (1998), n. 3, 692.
19 INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Directorio de Vida litúrgica, n. 63.
14
Capítulo II
Fundamento
1. La Misa es infinita como Jesús
«La Misa es infinita como Jesús (...) pregúntenle a un Ángel lo
que es la Misa, y él les contestará, en verdad yo entiendo lo que es
y por qué se ofrece, pero, sin embargo, no puedo entender cuánto
valor tiene. Un Ángel, mil Ángeles, todo el Cielo, saben esto y
piensan así», enseña San Pío de Pietrelcina.
Porque la Misa es de valor infinito es inabarcable, adecuada-
mente, por el entendimiento humano. Por eso, al mismo tiempo, el
menor conocimiento que tengamos de ella, por ser tan grande su
valor, confiere al alma una perfección máxima, como enseña Santo
Tomás sobre el conocimiento de Dios: «Habiendo persuadido Si-
mónides a cierto hombre de dejar el conocimiento divino y aplicar
el ingenio a las cosas humanas, diciendo que el hombre debe saber
lo humano y lo mortal el que es mortal, contra él dice el Filósofo
que el hombre debe lanzarse tanto cuanto puede a las cosas inmor-
tales y divinas.
Por eso dice en el XI De Animalibus que, aunque sea poco lo
que percibimos de las sustancias superiores, sin embargo, eso tan
pequeño es más amado y deseado que todo el conocimiento que
tenemos de las sustancias inferiores.
También dice en el II De Caelo et Mundo que, cuando las cues-
tiones sobre los cuerpos celestes se pueden resolver con una solu-
ción lógica y breve, quien lo escucha experimenta un gozo vehe-
mente.
15
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Por todo lo cual es manifiesto que cualquier conocimiento im-
perfecto de las cosas nobilísimas confiere al alma una perfección
máxima»1.
2. Participación
¡Participación! Se aprende la participación en la Santa Misa,
participando en la misma. Ésa es la mejor escuela. Por eso, «debe
fomentarse»2.
Cipriano Vagaggini, O.S.B., afirma que «Justamente la consti-
tución del Concilio Vaticano II [Sacrosanctum Concilium], insiste
repetidamente sobre este concepto de participación plena, como
meta, tanto de la pastoral litúrgica3 cuanto de la misma reforma
litúrgica4», siendo como una letanía de la participación.
En la Sacrosanctum Concilium aparece 38 veces ‘participar’;
23 veces ‘participación’; 3 veces ‘participen’; 1 vez ‘participando’,
‘participantes’, ‘participa’, ‘tomamos parte’, ‘tener parte’. En total,
incluyendo las derivadas, aparece unas 71 veces el término ‘parti-
cipación’ en sus diversas formas.
Allí se nos habla de: Liturgia, cumbre y fuente de la vida ecle-
sial.
«No obstante, la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la activi-
dad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda
su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez
hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para
alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y
coman la cena del Señor. Por su parte, la Liturgia misma impulsa a
1
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa Contra Gentiles, (de aquí en adelante: CG) l.
I, c. 5.
2 SC, n. 30.
3 Cf. SC, n. 14.
4 Ibidem, n. 21.
16
Fundamento
los fieles a que, saciados “con los sacramentos pascuales”, sean
“concordes en la piedad”; ruega a Dios que “conserven en su vida
lo que recibieron en la fe”, y la renovación de la Alianza del Señor
con los hombres en la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles a
la apremiante caridad de Cristo. Por tanto, de la Liturgia, sobre
todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su
fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de
los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las
demás obras de la Iglesia tienden como a su fin»5.
Liturgia y ejercicios piadosos
«Con todo, la participación en la sagrada Liturgia no abarca to-
da la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en co-
mún, debe, no obstante, entrar también en su cuarto para orar al
Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua, según enseña el
Apóstol. Y el mismo Apóstol nos exhorta a llevar siempre la mor-
tificación de Jesús en nuestro cuerpo, para que también su vida se
manifieste en nuestra carne mortal. Por esta causa pedimos al Se-
ñor en el sacrificio de la Misa que, “recibida la ofrenda de la víc-
tima espiritual”, haga de nosotros mismos una “ofrenda eterna”
para Sí»6.
3. Necesidad de las disposiciones personales en la parti-
cipación
a. Debe ser plena
Participación plena es cuando se da en grado eminente y total,
no parcial.
5 SC, n. 10.
6 Ibidem, n. 12.
17
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
«La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a to-
dos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en
las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia
misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautis-
mo, el pueblo cristiano, “linaje escogido, sacerdocio real, nación
santa, pueblo adquirido” (1Pe 2,9; cf. 1Pe 2,4-5). Al reformar y
fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta
plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuente
primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu
verdaderamente cristiano, y por lo mismo, los pastores de almas
deben aspirar a ella con diligencia en toda su actuación pastoral,
por medio de una educación adecuada. Y como no se puede espe-
rar que esto ocurra, si antes los mismos pastores de almas no se
impregnan totalmente del espíritu y de la fuerza de la Liturgia y
llegan a ser maestros de la misma, es indispensable que se provea
antes que nada a la educación litúrgica del clero»7. «La principal
manifestación de la Iglesia se realiza en la participación plena y
activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones
litúrgicas, particularmente en la misma Eucaristía, en una misma
oración, junto al único altar donde preside el Obispo, rodeado de
su presbiterio y ministros»8.
b. Debe ser consciente
Cuando hay comprensión de los ritos, de las oraciones y cantos,
cuando se comprenden los significados litúrgicos, cuando se presta
atención a lo que ocurre en el altar, en la sede, en el ambón y en la
asamblea. Se opone a un obrar inconsciente e irresponsable.
7 SC, n. 14.
8 Ibidem, n. 41.
18
Fundamento
«Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los
fieles se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición
de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colabo-
ren con la gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta
razón, los pastores de almas deben vigilar para que en la acción
litúrgica no sólo se observen las leyes relativas a la celebración
válida y lícita, sino también para que los fieles participen en ella
consciente, activa y fructuosamente»9. «Por tanto, la Iglesia, con
solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este miste-
rio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que, compren-
diéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen cons-
cientes, piadosa y activamente...»10.
c. Debe ser interna y externa
La participación externa es el uso de los gestos, palabras, si-
lencios, cantos, actitudes corporales, las procesiones, leer, el len-
guaje, la adaptación, el saludo de la paz, el comulgar la Víctima
del sacrificio... (no puede ser exclusivamente externa); la interna
son las disposiciones interiores del participante como el pensar, el
querer, el rezar, los actos de virtud, el ofrecimiento de la Víctima
divina y las víctimas espirituales propias y de los demás miembros
del Cuerpo Místico (no puede ser exclusivamente interna). Su di-
vorcio lo condena Dios por el profeta Isaías: Este pueblo me alaba
con sus labios, pero su corazón está lejos de mí (Is 29,13; Mt 15,8;
Mc 7,6).
«Los pastores de almas fomenten con diligencia y paciencia la
educación litúrgica y la participación activa de los fieles, interna
y externa, conforme a su edad, condición, género de vida y grado
9 SC, n. 11.
10 Ibidem, n. 48.
19
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
de cultura religiosa, cumpliendo así una de las funciones principa-
les del fiel dispensador de los misterios de Dios y, en este punto,
guíen a su rebaño no sólo de palabra, sino también con el ejem-
plo»11.
d. Debe ser activa (la expresión aparece unas catorce ve-
ces en la Sacrosanctum Concilium)
La participación es activa cuando se unen la participación in-
terna y externa, dejando de lado toda pasividad. Es la reina de las
participaciones.
«Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fie-
les se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de áni-
mo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la
gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta razón, los pasto-
res de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo
se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino
también para que los fieles participen en ella consciente, activa y
fructuosamente»12.
«La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a to-
dos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en
las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia
misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautis-
mo, el pueblo cristiano, “linaje escogido, sacerdocio real, nación
santa, pueblo adquirido” (1 Pe 2,9; cf. 1 Pe 2,4-5). Al reformar y
fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta ple-
na y activa participación de todo el pueblo...»13.
11 SC, n. 19.
12 Ibidem, n. 11.
13 Ibidem, n. 14.
20
Fundamento
«Los pastores de almas fomenten con diligencia y paciencia la
educación litúrgica y la participación activa de los fieles, interna y
externa...»14.
«Siempre que los ritos, cada cual, según su naturaleza propia,
admitan una celebración comunitaria, con asistencia y participa-
ción activa de los fieles, incúlquese que hay que preferirla, en
cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada.
Esto vale, sobre todo, para la celebración de la Misa, quedando
siempre a salvo la naturaleza pública y social de toda Misa, y para
la administración de los Sacramentos»15.
«Para promover la participación activa se fomentarán las
aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas,
los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales.
Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado»16.
«El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su
grey, de quien deriva y depende, en cierto modo, la vida en Cristo
de sus fieles.
Por eso, conviene que todos tengan en gran aprecio la vida li-
túrgica de la diócesis en torno al Obispo, sobre todo en la Iglesia
catedral; persuadidos de que la principal manifestación de la Igle-
sia se realiza en la participación plena y activa de todo el pueblo
santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particular-
mente en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto al úni-
co altar donde preside el Obispo, rodeado de su presbiterio y mi-
nistros»17.
«Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cris-
tianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos es-
pectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y
14
SC, n. 19.
15 Ibidem, n. 27.
16 Ibidem, n. 30.
17 Ibidem, n. 41.
21
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la
acción sagrada...»18.
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y su
mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa participa-
ción de los fieles»19.
«Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la mú-
sica sacra. Foméntense diligentemente las “Scholae cantorum”,
sobre todo en las iglesias catedrales. Los Obispos y demás pastores
de almas procuren cuidadosamente que en cualquier acción sagra-
da con canto, toda la comunidad de los fieles pueda aportar la par-
ticipación activa que le corresponde, a tenor de los artículos 28 y
30»20.
«Los compositores verdaderamente cristianos deben sentirse
llamados a cultivar la música sacra y a acrecentar su tesoro.
Compongan obras que presenten las características de verdade-
ra música sacra y que no sólo puedan ser cantadas por las mayores
“Scholae cantorum”, sino que también estén al alcance de los co-
ros más modestos y fomenten la participación activa de toda la
asamblea de los fieles»21.
«Los ordinarios, al promover y favorecer un arte auténticamen-
te sacro, busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad.
Esto se ha de aplicar también a las vestiduras y ornamentación sa-
grada.
Procuren cuidadosamente los Obispos que sean excluidas de
los templos y demás lugares sagrados aquellas obras artísticas que
repugnen a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y ofendan
el sentido auténticamente religioso, ya sea por la depravación de
18
SC, n. 48.
19 Ibidem, n. 50.
20 Ibidem, n. 114.
21 Ibidem, n. 121.
22
Fundamento
las formas, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad o la falsedad
del arte.
Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos
para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la
participación activa de los fieles»22.
e. Debe ser fructífera
La participación es fructífera cuando se alcanzan los fines de la
Redención y no se es estéril.
«Mas, para asegurar esta plena eficacia es necesario que los fie-
les se acerquen a la sagrada Liturgia con recta disposición de áni-
mo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la
gracia divina, para no recibirla en vano. Por esta razón, los pasto-
res de almas deben vigilar para que en la acción litúrgica no sólo
se observen las leyes relativas a la celebración válida y lícita, sino
también para que los fieles participen en ella consciente, activa y
fructuosamente»23.
f. Debe ser más perfecta
«Se recomienda especialmente la participación más perfec-
ta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la co-
munión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo
del Señor. Manteniendo firmes los principios dogmáticos declara-
dos por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies
puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine,
tanto a los clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los
Obispos, como, por ejemplo, a los ordenados, en la Misa de su
22 SC, n. 124.
23 Ibidem, n. 11.
23
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
sagrada ordenación; a los profesos, en la Misa de su profesión reli-
giosa; a los neófitos, en la Misa que sigue al bautismo»24.
g. Debe ser actual
Cuando se hace aquí y ahora lo que hay que hacer.
«Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebra-
ciones de la Iglesia, que es “sacramento de unidad”, es decir, pue-
blo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos.
Por eso pertenecen a todo el cuerpo de la Iglesia, influyen en él
y lo manifiestan; pero cada uno de los miembros de este cuerpo
recibe un influjo diverso, según la diversidad de órdenes, funcio-
nes y participación actual»25.
h. Debe ser fácil
Para fomentar la recta participación, la Liturgia no debe ser ni
complicada, ni confusa. El pueblo fiel debe poder comprenderla.
«Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga
con mayor seguridad gracias abundantes, la santa madre Iglesia
desea proveer con solicitud a una reforma general de la misma Li-
turgia (...). En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar
de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que
significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda compren-
derlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebra-
ción plena, activa y comunitaria»26.
24
CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constitución Dogmática Lumen Gentium
sobre la Iglesia (de aquí en adelante: LG) n. 11; SC, n. 55.
25 SC, n. 26.
26 Ibidem, n. 21.
24
Fundamento
«Revísense los sacramentales teniendo en cuenta la norma fun-
damental de la participación consciente, activa y fácil de los fieles,
y atendiendo a las necesidades de nuestros tiempos»27.
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y su
mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa participa-
ción de los fieles»28.
i. Debe ser piadosa
Tiene que elevar el alma hacia Dios.
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y su
mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa participa-
ción de los fieles»29.
«Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cris-
tianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos es-
pectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y
oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la ac-
ción sagrada...»30.
j. Debe ser con toda el alma
Si la Liturgia, por medio de los signos, nos introduce en el mis-
terio de Dios, y hace que este misterio nos envuelva, poniéndonos
en una especial relación vital con el Señor, al cual debemos “amar
con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y con
27
SC, n. 79.
28 Ibidem, n. 50.
29 Ibidem, n. 50.
30 Ibidem, n. 48.
25
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
toda la mente” (cf. Lc 10,27), entonces nuestra participación debe
ser una participación con todo nuestro ser.
«En los seminarios y casas religiosas, los clérigos deben adqui-
rir una formación litúrgica de la vida espiritual, por medio de una
adecuada iniciación que les permita comprender los sagrados ritos
y participar en ellos con toda el alma, sea celebrando los sagra-
dos misterios, sea con otros ejercicios de piedad penetrados del
espíritu de la sagrada Liturgia; aprendan al mismo tiempo a obser-
var las leyes litúrgicas, de modo que en los seminarios e institutos
religiosos la vida esté totalmente informada de espíritu litúrgico»31.
k. Debe ser adaptada
Tiene en cuenta los tres grados del Orden Sagrado, las funcio-
nes de cada ministro y el de cada miembro en el momento presente.
«Las acciones litúrgicas (...) pertenecen a todo el cuerpo de la
Iglesia, influyen en él y lo manifiestan; pero cada uno de los
miembros de este cuerpo recibe un influjo diverso, según la diver-
sidad de órdenes, funciones y participación actual»32.
Y, a su vez: «Los pastores de almas fomenten con diligencia y
paciencia la educación litúrgica y la participación activa de los
fieles, interna y externa, conforme a su edad, condición, género de
vida y grado de cultura religiosa...»33.
l. Debe ser clara
Debe ser fácil de comprender, no oscura o ininteligible.
«Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser
breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la
31 SC, n. 17.
32 Ibidem, n. 26.
33 Ibidem, n. 19.
26
Fundamento
capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de
muchas explicaciones»34.
«Para que en la sagrada Liturgia el pueblo cristiano obtenga
con mayor seguridad gracias abundantes, la santa madre Iglesia
desea proveer con solicitud a una reforma general de la misma Li-
turgia. Porque la Liturgia consta de una parte que es inmutable por
ser la institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en
el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas
se han introducido elementos que no responden bien a la naturale-
za íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropia-
dos.
En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de ma-
nera que expresen con mayor claridad las cosas santas que signi-
fican»35.
«Revísese el ordinario de la misa, de modo que se manifieste
con mayor claridad el sentido propio de cada una de las partes y su
mutua conexión y se haga más fácil la piadosa y activa participa-
ción de los fieles»36.
m. Debe ser en toda la Misa
No sólo en una parte de la Misa.
«Las dos partes de que costa la Misa, a saber: la Liturgia de la
palabra y la Eucaristía, están tan íntimamente unidas que constitu-
yen un solo acto de culto. Por esto el Sagrado Sínodo exhorta
vehemente a los pastores de almas para que en la catequesis ins-
34 SC, n. 34.
35 Ibidem, n. 21.
36 Ibidem, n. 50.
27
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
truyan cuidadosamente a los fieles acerca de la participación en
toda la misa, sobre todo los domingos y fiestas de precepto»37.
n. Debe ser comunitaria
Está muy lejos de todo narcisismo individualista.
«...los textos y los ritos se han de ordenar de manera que (...),
en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas [las cosas
santas que se significan] fácilmente y participar en ellas por me-
dio de una celebración plena, activa y comunitaria»38.
o. Debe ser de toda la comunidad
Debe tratar de involucrar, en lo posible, a todos los presentes.
«Consérvese y cultívese con sumo cuidado el tesoro de la mú-
sica sacra. Foméntense diligentemente las “Scholae cantorum”,
sobre todo en las iglesias catedrales. Los Obispos y demás pastores
de almas procuren cuidadosamente que en cualquier acción sagra-
da con canto, toda la comunidad de los fieles pueda aportar la
participación activa que le corresponde...»39.
p. Debe ser también en el Oficio divino o Liturgia de
las horas
La Liturgia de las Horas debe ser una expresión comunitaria.
«Procuren los pastores de almas que las Horas principales, es-
pecialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la
Iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asi-
37 SC, n. 56.
38 Ibidem, n. 21.
39 Ibidem, n. 114.
28
Fundamento
mismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o
reunidos entre sí e inclusive en particular»40.
q. Debe restablecerse la «Oración común»
«Restablézcase la “oración común” o de los fieles después del
Evangelio y la homilía, principalmente los domingos y fiestas de
precepto, para que con la participación del pueblo se hagan
súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que
sufren cualquier necesidad, por todos los hombres y por la sal-
vación del mundo entero»41.
Todo lo dicho es muy cierto, pero es muy descarnado. Para
comprenderlo más adecuadamente hay que tomar siempre renova-
da conciencia de que la Misa es el mismo Jesucristo que se hace
presente para ser adorado, para ser místicamente sacrificado, para
ser ofrecido al Padre, para ser comido por nosotros, para que nos
unamos a Él y a toda la Trinidad y entre nosotros. Por tanto, la
participación es Él y nosotros. Hay fuego en nuestros altares y hay
Sangre.
Es Él quien obra ex opere operato para producir para nosotros
la redención que ofreció en la cruz dándonos todo género de abun-
dantes gracias, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica:
«Tal es el sentido de la siguiente afirmación de la Iglesia (cf. Con-
cilio de Trento: Denzinger-Schönmetzer 1608): los sacramentos
obran ex opere operato (según las palabras mismas del Concilio:
“por el hecho mismo de que la acción es realizada”), es decir, en
virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas.
De ahí se sigue que “el sacramento no actúa en virtud de la justicia
del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios”
40 SC, n. 100.
41 Ibidem, n. 53.
29
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
(Santo Tomás de Aquino, S. Th., III, q. 68, a. 8). En consecuencia,
siempre que un sacramento es celebrado conforme a la intención
de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en él y por él,
independientemente de la santidad personal del ministro. Sin em-
bargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las dis-
posiciones del que los recibe»42. Es decir, de nosotros mismos, de
nuestras disposiciones y acciones, es decir, de nuestro modo de
participar en la celebración litúrgica de los misterios (ex opere
operantis) depende que alcancemos mayor o menor fruto. Por eso,
de modo bien entendido, la participación en la Misa es un tema
vital entre Él y nosotros.
De vez en cuando deberíamos hacer un examen de conciencia
sobre cómo actuamos las distintas formalidades de la participación,
qué debemos corregir, cómo debemos corregir, poniendo todos los
medios eficaces para adquirir una correcta participación en los ex-
celsos misterios de nuestra Salvación.
42 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1128.
30
Primera Parte
Preparación remota
Capítulo III
Preparación remota
Hoy día se acostumbra a prepararse para comer, para dormir,
para trabajar, para estudiar, para hacer deporte con el pre calenta-
miento... pues, también hay que prepararse para participar mejor
de la Santa Misa.
Siendo la Santa Misa el momento más importante de nuestro
día de consagrados debemos prepararnos muy bien para sacar de la
misma el mayor fruto. De hecho, hay dos preparaciones: una, re-
mota; y otra, próxima (sobre esta última trataremos más adelante,
en varios capítulos).
La preparación remota1, como se ve en el decreto Sacra Triden-
tina Synodus del 20 de diciembre de 1905 consiste en tener las
condiciones siguientes:
1. el estado de gracia;
2. la recta intención (comulgar para agradar a Dios);
3. es muy conveniente estar libres de pecado, pero no es abso-
lutamente necesario: la comunión ayudará a vencerlo (se
entiende del pecado venial, porque no se puede comulgar
en pecado mortal);
4. se recomienda la diligente preparación y la acción de gra-
cias.
De hecho, hubo santos que dividían el día en dos partes: antes
de la Misa, para la preparación; y después de la Misa para dar gra-
cias, por un tiempo específico. Y luego durante todo el día, de a
ratos, se puede considerar a quién hemos recibido. San Alberto
1 Cf. C. BUELA, Las Servidoras, III, EDIVI, Segni 2010, 167.
33
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Hurtado decía: Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolon-
gada»2.
Presentamos a continuación algunas sugerencias, no exhausti-
vas, para esta preparación remota.
1. Distintos planes
a. Lectura anticipada de la Palabra de Dios
I. Domingos
Hay tres ciclos: A, B y C
1ª lectura
Salmo
2ª lectura
Evangelio
II. En los días de semana
Hay dos ciclos: años pares y años impares; y una sola
1ª lectura.
b. Lectura espiritual de algún buen libro sobre la Eu-
caristía
A modo orientativo, nombramos algunas obras cuya lectura es
de gran provecho:
− Doctrina y clave de la Eucaristía, de Dom Anscario Vonier,
Emecé, 1946.
2
SAN ALBERTO HURTADO, Un fuego que enciende otros fuegos. Páginas escogi-
das de San Alberto Hurtado, Centro de Estudios San Alberto Hurtado, Pontificia
Universidad Católica de Chile, Santiago 201222, 69.
34
Preparación remota
− Teología y Espiritualidad del Sacrificio de la Misa, de Emilio
Saurás, O.P., Ed. Palabra, Madrid, 1981.
− Sacramento del altar, de Balduino de Ford, Ed. PP. Cister-
cienses.
− Obras Eucarísticas, de San Pedro Julián Eymard.
− El Tesoro escondido de la Santa Misa, de San Leonardo de
Porto Mauricio.
− Pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación, del P. Carlos
Buela, VE, Edivi, Roma 2006.
− Nuestra Misa, del P. Carlos Buela, VE, IVE Press, New York
2010.
c. Llevar algún tema general para meditar en la Santa
Misa
Por ejemplo:
I. Meditando en cada una de las partes de las fór-
mulas de la doble consagración
− «Tomad y comed... tomad y bebed... todos de él...»:
la Eucaristía es Banquete sacramental donde hay
comida sólida y bebida líquida.
− «...porque es mi Cuerpo... es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la Alianza, Nueva y Eterna...»: está la
Presencia verdadera, real y sustancial de Jesucris-
to entero, con su Cuerpo y Sangre, Alma y Divi-
nidad.
− Cuerpo «que será entregado por vosotros», San-
gre «que se derrama por vosotros y por muchos
para el perdón de los pecados»: porque la Misa es
35
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Sacrificio como lo expresa el hecho de ser un
Cuerpo «entregado» y una Sangre «derramada»,
por ser la perpetuación del sacrificio de la cruz ac-
tualizando su ofrecimiento.
− «Haced esto en conmemoración mía». Palabras
que hacen referencia al Sacerdocio:
1) De Jesucristo, Sacerdote principal, “fuente de
todo sacerdocio”, como enseña S. Tomás (S.
Th., III, q. 22, a 4).
2) Del sacerdote ministerial (la orden es dirigida
a los Apóstoles, y por estas palabras Jesús los
ordenó sacerdotes, como enseña el Concilio
de Trento: Denzinger-Schönmetzer 1740;
1743; 1767ss).
3) Al sacerdocio común de los fieles (esencial-
mente distinto del sacerdocio ministerial) pues
los fieles también ofrecen la Víctima y la re-
ciben.
Cada uno de ellos ejecuta, a su modo, el Único Sacerdocio de
Jesucristo al ofrecer la Víctima que se inmola.
II. Meditando sobre los fines de la Misa
− Latréutico o de Adoración3:
Contra toda idolatría y toda esclavitud (o adicción)
dando la libertad de los hijos de Dios.
vs. superstición
vs. adivinación y magia
vs. irreligión: tentar a Dios
3 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2083-2132.
36
Preparación remota
vs. sacrilegio
vs. simonía
vs. ateísmo
vs. agnosticismo
− Eucarístico4
− Propiciatorio5
− Impetratorio6
III. Siguiendo el plan de San Pío de Pietrelcina
LA MISA DE SAN PÍO DE PIETRELCINA
El sacerdote en el altar es Jesucristo.
Jesús en el sacerdote revive ininterrumpidamente su Pasión.
Siguiendo la enseñanza de San Pío de Pietrelcina, se puede rea-
lizar una comparación entre la Pasión de Jesús y la Santa Misa7
centrando nuestra mirada en el modo en que el Padre Pío celebraba,
o mejor dicho, «vivía» su Misa.
− El Señor, ¿ama el sacrificio?
− Sí, porque con él ha regenerado el mundo.
− ¿Cuánta gloria da a Dios la Santa Misa?
4 Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1359-1361.
5
Ibidem, n. 433
6
Ibidem, nn. 2629; 2588; 2614.
7
Seguimos libremente a G. CONVERSANO, Padre Pio e il mistero della
sua Messa, Edizioni Vivere In, Roma 2010, 22-50. En una nota a pie de
página, en página 22 escribe el Autor: «Los testimonios del Padre Pío
sobre su Misa han sido transcriptos por el Padre Tarcisio da Cervinara,
quien los dispuso según la secuencia de la Misa en La Messa di Padre
Pio, San Giovanni Rotondo 1987, 16-42. De modo más completo se en-
cuentran en el cuestionario de Cleonice Morcaldi, hija espiritual del Pa-
dre Pío, quien en el transcurso de los años interrogó en muchas ocasiones
al Padre Pío acerca del misterio de “su” Misa, La mia vita vicino a Padre
Pio. Diario intimo spirituale, San Giovanni Rotondo 1997»
37
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
−
Gloria infinita.
−
¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
−
Compadecer y amar.
−
¿Qué beneficios recibimos escuchándola?
−
No se pueden enumerar. Los verán en el Paraíso.
−
Padre, ¿qué cosa es su Misa?
−
Un «amasijo sagrado» 8 con la Pasión de Jesús. Mi
responsabilidad es única en el mundo.
− ¿Qué cosa debo «leer» en su Misa?
− Todo el Calvario.
− Padre, dígame todo aquello que sufre en la Santa Misa.
− Todo aquello que ha sufrido Jesús en su Pasión, de
modo inadecuado, lo sufro también yo, en la medida
que es posible a una creatura humana. Y esto a pesar
de mi falta de mérito; por su sola bondad.
− Padre, ¿cómo podemos conocer su pasión?
− Conociendo la Pasión de Jesús: en la de Jesús encon-
trarán también la mía.
A. Desde el signo inicial de la cruz hasta el ofertorio nos encon-
tramos en Getsemaní, donde Jesús está en agonía
− Lo he visto temblar mientras subía los escalones del al-
tar. ¿Por qué? ¿Por aquello que debía sufrir?
− No por aquello que debía sufrir, sino por aquello que
debía ofrecer.
− ¿Agoniza, Padre, como Jesús en el huerto?
− Ciertamente.
− ¿Viene también un ángel a confortarlo al igual que a
Jesús?
− Sí.
8 El original italiano dice «Pasticciotto sacro».
38
Preparación remota
− ¿Qué «fiat» pronuncia?
− De sufrir y siempre sufrir por los hermanos de exilio y
por su Divino Reino.
− En el Divino Sacrificio, ¿usted carga con nuestros pe-
cados?
− No se puede obrar de otro modo, ya que es parte del
Divino Sacrificio.
− ¿Por qué leyendo el Evangelio ha llorado al llegar a las
palabras: «Quien come mi carne y bebe mi sangre...»
(Jn 6,54)?
− Llora conmigo de ternura.
− ¿Por qué llora casi siempre, Padre, cuando lee el Evan-
gelio en la Santa Misa?
− ¿Y te parece poco que un Dios converse con sus crea-
turas? ¿Y que sea por ellas resistido? ¿Y que sea con-
tinuamente herido por su ingratitud e incredulidad?
B. El ofertorio corresponde al momento del arresto de Jesús
El ofertorio era el segundo momento que inmovilizaba por lar-
go tiempo al Padre Pío. Era un aspecto sobresaliente de su Misa.
Retenido por una fuerza misteriosa, con los ojos en lágrimas amo-
rosamente fijos en el Crucifijo del altar, el Padre Pío, permanecía
quieto, inmóvil, como petrificado por varios minutos, con el pan y
el vino entre las manos.
− ¿Por qué llora en el ofertorio?
− ¿Quieres arrancarme el secreto? Pues bien, aquí está.
Es ése el momento en el cual el alma es separada de lo
profano.
− Durante su Misa, Padre, la gente hace un poco de albo-
roto...
39
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− ¡¿Y si hubieras estado presente en el Calvario donde
se sentían gritos, blasfemias, ruidos, amenazas?! ¡Allí
era grande el estrépito!
− Los ruidos que la gente hace en la Iglesia ¿lo distraen?
− Para nada.
− Padre, ¿todas las almas que asisten a su Misa están pre-
sentes en su espíritu?
− Veo a todos mis hijitos en el altar, como en un espejo.
C. El prefacio es el canto de alabanza y de acción de gracias que
Jesús dirige al Padre porque ha llegado su «Hora»
D. Desde el inicio de la plegaria eucarística (= canon) hasta la
consagración recordamos a Jesús en prisión, flagelado, coro-
nado de espinas..., es decir, todo el Vía Crucis
El tremendo misterio de la consagración «contiene» las últimas horas
que Jesús pasó en la cruz: el crucificado del Gárgano revive, entonces, en
el altar, uno después de otro, los últimos instantes del Crucificado del
Gólgota.
− ¿Quién grita: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!?
− Los hijos de los hombres, y principalmente los más be-
neficiados.
− Durante la Misa ¿los pinchazos de la corona de espinas
y las heridas de la flagelación son reales?
− ¿Qué quieres decir con esto? Los efectos ciertamente
son los mismos.
− ¿Cómo quedó Jesús después de la flagelación?
− El profeta lo relata: «era una sola llaga; parecía un
leproso» (Cf. Is 53,3-5).
− Entonces, ¿también usted es una sola llaga desde la ca-
beza hasta los pies?
40
Preparación remota
− ¿Y no es ésta nuestra gloria? Y si no hubiera más es-
pacio para hacer otras llagas en mi cuerpo, haríamos
una llaga sobre la otra.
− ¡Dios mío, esto es demasiado! Es, Padre mío, ¡un ver-
dadero carnicero de usted mismo!
− No te espantes, más bien goza. No deseo el sufrimiento
en sí mismo, no; sino por los frutos que me da. Da glo-
ria a Dios y salva a los hermanos. ¿Qué otra cosa
puedo desear?
− Padre, cuando a la noche se flagela, ¿está solo o al-
guien lo asiste?
− Me asiste la Virgen santa; está presente todo el Paraí-
so.
Sabemos de la venda usada por el Padre Pío para secar la
sangre que salía de su cabeza. Se encuentra totalmente man-
chada de sangre: la corona de espinas, diadema sublime, re-
galo de Jesús al Padre Pío, es un segundo documento precio-
sísimo que debemos analizar detenidamente.
− Jesús me ha hecho sentir que usted sufre la corona de
espinas.
− De otro modo la inmolación no sería completa.
− ¿Durante toda la Misa?
− Y también antes y después. La diadema no se abando-
na jamás.
− Con la coronación de espinas, ¿qué pecados expió Je-
sús?
− Todos. En particular los de pensamiento, sin excluir
aquellos vanos e inútiles.
− Las espinas, Padre, ¿las tiene sobre la frente o alrede-
dor de toda la cabeza?
− Alrededor de toda la cabeza.
41
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− Padre, ¿de cuántas espinas está formada su corona... de
treinta?
− ¡Pues sí!
− Padre, yo pienso que su corona está formada no por
treinta sino por trecientas espinas.
− ¡Te impresionas por un cero! ¿Finalmente el treinta no
está contenido en el trecientos?
− Padre, ¿también usted sufre aquello que sufrió Jesús en
la Vía dolorosa?
− Lo sufro, sí, ¡pero es necesario mucho para llegar a
aquello que sufrió el Divino Maestro!
− ¿Quién le hace de Cireneo y de Verónica?
− Jesús mismo.
− ¿Sufre, Padre, la amargura de la hiel?
− Sí... y muy a menudo.
− Padre, ¿cómo se mantiene en pie en el altar?
− Como lo hizo Jesús sobre la cruz.
− ¿En el altar está suspendido sobre la cruz como Jesús
en el Calvario?
− ¿Y todavía lo preguntas?
− ¿Cómo hace para mantenerse allí?
− Como lo hizo Jesús en el Calvario.
− ¿Los verdugos dieron vuelta la cruz para remachar los
clavos?
− ¡Por supuesto!
− ¿También a usted le remachan los clavos?
− ¡Y de qué modo!
− ¿También a usted le dan vuelta la cruz?
− Sí, pero no tengas miedo.
42
Preparación remota
− ¿Padre, recita también usted durante la Santa Misa las
siete palabras que Jesús profirió en la cruz?
− Sí, indignamente, las recito también yo.
− ¿Y a quién dices: «Mujer, he aquí a tu hijo»?
− Le digo a Ella: He aquí los hijos de tu Hijo.
E. La consagración representa místicamente la crucifixión del
Señor. Es allí que nosotros ofrecemos el sacrificio redentor.
Durante la consagración, el Estigmatizado del Gárgano, representaba
tan vivamente, entre sollozos y lágrimas, en medio de un dolor in-
descriptible, la divina tragedia del Calvario, que dejaba transfigurar
en su carne traspasada, el gigantesco martirio de Jesús crucificado.
− ¿En qué momento de la Misa sufre la flagelación?
− Desde el principio al fin, pero más intensamente des-
pués de la consagración.
− ¿Sufre la sed y el abandono de Jesús?
− Sí.
− ¿En qué momento sufre la sed y el abandono?
− Después de la consagración.
− ¿Hasta qué momento sufre el abandono y la sed?
− Ordinariamente hasta la comunión.
− ¿Jesús crucificado tenía las entrañas consumidas?
− Di más bien: ¡abrasadas!
− ¿De qué cosa tenía sed Jesús crucificado?
− Del Reino de Dios.
La misma sed incendiaba el alma del Padre Pío. Eran horas,
éstas, extremadamente áridas. Ni siquiera una astillita de
consolación caía en el corazón abrasado del Padre Pío.
− Me ha dicho que se avergüenza de decir: «Busqué en
vano quién me consolase» (Cf. Sl 69,21). ¿Por qué?
43
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− Porque de frente a aquello que sufrió Jesús, nuestros
padecimientos, como verdaderos culpables que somos,
empalidecen.
− ¿De frente a quién se avergüenza?
− De frente a Dios y a mi conciencia.
− ¿Los ángeles del Señor no lo confortan sobre el altar en
el cual se inmola?
− ... yo no los siento.
− Si el consuelo no desciende en su espíritu durante el
Divino Sacrificio, y usted al igual que Jesús, sufre el
abandono total, nuestra presencia es inútil.
− La utilidad está de parte de ustedes. ¡Deberíamos en-
tonces decir inútil la presencia de la Dolorosa, de Juan
y de las piadosas mujeres a los pies de Jesús agonizan-
te!
− ¿Por qué, Padre, no nos cede un poco de su pasión?
− Las joyas del Esposo no se regalan a nadie.
− Dígame, ¿qué puedo hacer para aliviar un poco su cal-
vario?
− ¡¿Aliviarlo?!... Di más bien para hacerlo más pesado.
¡Es necesario sufrir!
− ¡Es doloroso asistir a su martirio sin poder ayudarlo!
− También la Dolorosa tuvo que estar presente. Para Je-
sús, en verdad, fue más confortante tener una Madre
doliente, que una indiferente.
− ¿Qué hacía la Virgen a los pies de Jesús crucificado?
− Sufría al ver sufrir a su Hijo. Ofrecía sus penas y los
dolores de Jesús al Padre celestial por nuestra salva-
ción.
− No se lo pregunto por curiosidad: ¿Cuál es la llaga que
más lo hace sufrir?
44
Preparación remota
− La cabeza y el corazón.
Aquello que el Padre Pío ofrece en la celebración de la Santa
Misa es proporcional a aquello que sufre.
− ¿Por qué sufre tanto en la consagración?
− Porque propiamente allí sucede una nueva y admirable
destrucción y creación.
− [En otra oportunidad] Dígamelo, ¿por qué sufre tanto
en la consagración?
− Los secretos del Sumo Rey no se revelan sin quedar
profanados. ¿Me preguntas por qué sufro? No lagrimi-
tas, sino más bien, ¡torrentes de lágrimas quisiera de-
rramar! ¿No reflexionas en el tremendo misterio? ¡Un
Dios víctima de nuestros pecados!... ¡Y nosotros somos
sus carniceros!
F. La doxología corresponde al grito de Jesús: «Padre, en tus
manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46). El sacrificio es en-
tonces consumado y aceptado por el Padre. Los hombres vol-
vemos a estar unidos y es por eso que rezamos: «Padre nues-
tro...»
G. La fracción del pan indica la muerte de Jesús y la inmixtión su
resurrección
− ¿También usted muere en la Santa Misa?
− Místicamente en la Santa Comunión.
− ¿Es por vehemencia de amor o de dolor que padece la
muerte?
− Por lo uno y por lo otro; pero más por amor.
− En la comunión padece la muerte: ¿Entonces deja de
estar al pie del altar?
− ¿Por qué? También Jesús estuvo muerto en el Calvario.
− Ha dicho, Padre, que en la comunión la víctima muere.
¿Lo colocan en los brazos de María?
45
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− De San Francisco.
No faltaba al Serafín del Gárgano la visión escatológica de la
Eucaristía. De hecho decía: «Si los Apóstoles con los ojos de
la carne han visto tanta gloria, ¿cuál será la gloria que vere-
mos en el Hijo de Dios, en Jesús, cuando se manifestará en
el Paraíso?».
− ¿Qué unión tendremos en el Cielo con Jesús?
− ¡Eh!... La Eucaristía nos da una idea.
H. La comunión es el momento supremo de la Pasión de Jesús
Encorvado sobre el altar y con las manos estrechadas al cáliz, te-
niendo al Señor en el corazón, el Serafín de Pietrelcina, sin hacer ca-
so del tiempo, permanecía largos momentos con Jesús.
− ¿Qué es la Santa Comunión?
− Es pura misericordia interna y externa. Toda ella es un
abrazo. Ruega a Jesús que se manifieste también sen-
siblemente.
− ¿Qué hace Jesús en la Comunión?
− Se deleita en su creatura.
− ¿La comunión es una incorporación?
− Es una fusión. Como dos cirios que se funden juntos y
ya no se distinguen.
− Cuando se une a Jesús en la Santa Comunión, ¿qué de-
bemos pedir al Señor?
− Que también yo sea otro Jesús, todo Jesús, siempre Je-
sús.
− ¿Por qué llora, Padre, cuando comulga?
− Si la Iglesia emite un grito: «Tú no despreciaste el úte-
ro de la Virgen», hablando de la Encarnación, ¡¿qué
decir de nosotros miserables?!...
− ¿Incluso en la Comunión sufre?
− Es el punto culminante.
46
Preparación remota
− Después de la Comunión, ¿continúan sus sufrimientos?
− Sí, pero son sufrimientos amorosos.
− En esta unión, ¿Jesús no lo consuela?
− Sí, ¡pero no deja de estar en la Cruz!
− ¿Cuánto ama a Jesús?
− El deseo es infinito, pero en la práctica ¡ay de mí!, di-
ría que cero, y me avergüenzo de ello.
I. La bendición final marca a los fieles con la cruz, la cual es un
signo distintivo y un escudo protector contra el Maligno
Terminaba la Misa, pero no se acababa en el corazón del Estigmati-
zado del Gárgano el deseo de permanecer crucificado en el altar.
− ¿Desea celebrar más de una Misa al día?
− Si estuviera en mi poder no bajaría jamás del altar.
No pudiendo permanecer siempre enclavado en el altar, el
Excepcional Liturgo transformaba su misma persona en altar
con la intención de hacer visible en todo momento la Pasión
de Jesús.
− Me ha dicho que al altar lo lleva con usted...
− Sí, se verifica entonces aquel dicho del Apóstol: «Lle-
vando en mí la mortificación de Jesús» (Cf. 2Co 4,10);
«estoy clavado a la cruz» (Ga 2,19); «castigo mi cuer-
po y lo esclavizo» (1Co 9,27).
− Entonces tengo razón al decir que en medio nuestro
camina Jesús crucificado. ¡Usted sufre entera la Pasión
de Jesús!
− Sí... por su bondad y condescendencia, en la medida en
que es posible a una humana creatura.
− ¿Y cómo puede trabajar con tantos dolores?
− Yo encuentro mi descanso en la cruz.
J. La Virgen asiste a cada Misa
− Padre, ¿cómo debemos escuchar la Santa Misa?
47
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− Del mismo modo que asistieron a ella la Santísima
Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan
al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la
Cruz.
− ¿Asiste la Santísima Virgen a su Misa?
− ¿Y piensas tú que la «Mamma» no se interesa del Hijo?
¡Grande, muy grande, infinitamente grande es el misterio
de la Santa Misa!
IV. Subsidio digital
Para una buena preparación remota para la Misa nos pa-
rece que puede ser de provecho recibir todos los días un
pensamiento sobre la Santa Misa subscribiéndose gratis
a «Apostolado de la Santa Misa Diaria»:
[email protected] V. Misal personal
También es de utilidad ayudarse de algún Misal para
participar mejor en el Sacrificio Eucarístico.
2. Un posible plan para 10 meses
Tomamos un libro de nuestra autoría para poner el ejemplo
porque, obviamente, lo conocemos muy bien, pero cada uno puede
tomar el libro sobre la Eucaristía que le parezca, con tal de que sea
de buena doctrina. Se trata de Nuestra Misa (New York 2010).
Divido el contenido (el índice del libro) en diez partes, pensando
que se puede tomar una parte por mes para leer, meditar y rezar, y
así prepararse mejor para la participación en la Santa Misa.
48
Preparación remota
1º Mes
Proemio 13
1. Dios 13
2. Santísima Trinidad 14
3. Por Cristo, con Él y en Él 15
4. El monumento vivo del amor de Dios 18
5. Sublimidad de la Santa Misa 26
6. El mundo sacramental 27
7. Liturgia vívida y vivida 32
Introducción 37
Rito de introducción 39
1. La entrada del celebrante 39
2. Veneración al altar 40
3. Saludo a la comunidad cristiana 40
4. Rito penitencial 41
5. Kyrie 41
6. Gloria 41
7. La oración colecta 42
2º Mes
Liturgia de la Palabra 43
Liturgia de la Palabra 45
3º Mes
Liturgia de la Eucaristía 51
Presentación y ofrenda de los dones 53
Capítulo 1º. Materia del sacrificio 53
1. Hubo quienes usaron otras materias 55
2. Conveniencias 57
3. ...y un poco de agua 58
Capítulo 2º. Nuestro ofrecimiento 61
1. Lo que somos 62
2. Lo que hay que sacrificar 62
49
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
3. Lo que debemos hacer para poner «el alma» 63
Capítulo 3º. Creación e Historia 65
4º Mes
Plegaria eucarística 69
Capítulo 1º. Prefacio 70
Capítulo 2º. Epíclesis 70
Capítulo 3º. La consagración 76
1. Es el corazón de la Misa 76
2. Anunciamos la muerte del Señor 77
a. ¿Por qué es esto así? 77
b. ¿Por qué es necesaria la doble consagración? 78
c. ¿Por qué primero se consagra el pan? 79
d. ¿Por qué en segundo lugar se consagra el
vino? 79
e. La Misa es un sacrificio sacramental 80
5º Mes
Artículo 1º. Presencia en el Sacramento 82
Párrafo 1º. Presencia verdadera 83
Párrafo 2º. Presencia real 83
Párrafo 3º. Presencia sustancial 84
Párrafo 4º. De la Transustanciación 85
Párrafo 5º. Omnipotencia de Dios 88
Párrafo 6º. Cuerpo y Sangre en el Ordinario 90
1. Encontramos en el Ordinario de la Misa del
rito latino 91
2. Vayamos al rito bizantino 93
3. En el rito copto encontramos el mismo fenó-
meno 93
Párrafo 7º. Razones del doble modo de presencia 96
1. ¿Por qué se pone este segundo modo de pre-
sencia del Señor en la Eucaristía? 97
50
Preparación remota
2. Los dos modos de presencia 98
3. La conversión no puede ser, de ningún modo,
ni del alma ni de la divinidad 99
4. Por fuerza del sacramento no se contiene la
Sangre bajo la especie de pan, ni el Cuerpo
bajo la de vino 100
5. Doble razón de la doble consagración 101
Artículo 2º. El sacrificio de Jesucristo 102
Párrafo 1º. Representación 104
1. ¿Qué es representar en sentido profano? 104
2. ¿Qué es representación en el Antiguo Testa-
mento? 105
3. ¿Qué es representación en el Nuevo Testa-
mento, en el sacrificio de la Nueva Alianza,
en la Misa? 105
Párrafo 2º. Santificación o consagración 110
1. Santificación o consagración de la víctima 110
2. Santificación y consagración de Cristo 113
3. Santificación y consagración de la víctima 114
Párrafo 3º. «Él toma de la muerte lo que puede» 115
1. ¿Qué cosas toma de la muerte? En su cuerpo
glorioso 115
2. ¿Qué cosas toma de la muerte? En su cuerpo
eucarístico 118
Párrafo 4º. Memorial 120
1. Distintos tipos de memorial 121
2. El memorial de la consagración 123
3. La inmolación 123
4. La oblación 129
5. Los bautizados ofrecen la Víctima 130
6. En todas las Misas 130
51
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Párrafo 5º. Aplicación 131
1. ¿Qué es la aplicación? 132
2. La cruz y la Misa 133
3. Un solo sacrificio 135
4. Un solo sacrificio, que se perpetúa 135
5. La causa universal de salvación y su aplica-
ción 137
6. Dos actos deben poner los hombres 140
7. Son dos los actos que deben unirse 143
Párrafo 6º. La esencia del sacrificio de la Misa 144
1. En la última Cena 145
2. En la muerte 147
3. Después de la Resurrección 149
4. El nuevo misterio del Nuevo Testamento 149
6º Mes
Artículo 3º. El Sacerdocio de Cristo 154
Párrafo 1º. Jesucristo, Sacerdote principal 154
1. Los Santos Padres nos enseñan que Cristo es
el Sacerdote principal de la Misa 155
2. La Iglesia en su Magisterio nos lo recuerda 156
3. La ciencia teológica lo fundamenta 157
Párrafo 2º. El oferente ministerial 159
1. Lo enseña la Sagrada Escritura 161
2. Lo enseñaron los Santos Padres 161
3. Lo enseña la Sagrada Liturgia 162
4. Lo enseña la razón teológica 162
5. Modernas opiniones erróneas 163
6. Esas opiniones se refutan así 165
52
Preparación remota
Párrafo 3º. El oferente bautismal 168
1. El oferente general 169
a. ¿Cómo es posible que todo bautizado
ofrezca todas y cada una de las Misas que
se celebran? 169
b. ¿Cuáles son las razones teológicas de esta
enseñanza? 171
2. El oferente especial 174
a. ¿Por qué pueden y deben los que asisten a
la Misa ofrecer la Víctima del altar? 175
b. ¿Cuándo debe comenzar la actitud oferto-
rial? 176
c. ¿Cuándo se ofrece, de hecho, la Víctima
inmolada? 176
d. ¿Cuándo se explicita la oblación con pala-
bras? 176
e. ¿Por qué dice el sacerdote: «Orad, herma-
nos, para que este sacrificio mío y vues-
tro»? 179
f. ¿Cuándo llega a su plenitud el ofrecimien-
to de la Víctima divina y de nosotros junto
con Ella? 179
g. ¿Cómo debe ser la actuación en el sacrifi-
cio incruento? 180
Párrafo 4º. Concorpóreos, consanguíneos, convicti-
mados, cooferentes y conaceptados con Cristo 181
Párrafo 5º. «Amor sacerdos immolat» 187
1. Immolat 188
2. Sacerdos 190
3. Amor 191
53
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Artículo 4º. Tres actos de un solo drama 193
Párrafo 1º. En la Misa 193
Párrafo 2º. En la Cruz 199
Párrafo 3º. En la Cena 201
Párrafo 4º. Tradición y Magisterio 202
7º Mes
Artículo 5º. Tres Protagonistas... (y María) 206
Párrafo 1º. El Hijo hecho carne: Jesucristo 207
Párrafo 2º. El Espíritu Santo 208
Párrafo 3º. El Padre: Aceptación del sacrificio 209
Párrafo 4º. La Misa y la Virgen 218
Artículo 6º. Tres niveles 220
Párrafo 1º. Realidad interactiva 222
1. Los actores o agentes 223
2. Las funciones 223
3. Las fuerzas 224
4. Los objetos 225
5. Tres mundos que interactúan 226
Párrafo 2º. Cosas inertes y cosas vivas en la Misa 227
Artículo 7º. Triple signo 231
Párrafo 1º. Rememorativo 232
Párrafo 2º. Demostrativo 233
Párrafo 3º. Profético 235
Artículo 8º. Tres instancias 237
Párrafo 1º. Los sacramentos y las tres instancias 237
Párrafo 2º. La Eucaristía y las tres instancias 239
Párrafo 3º. Más sobre las tres instancias 242
Párrafo 4º. Genialidad de este don de Dios 244
54
Preparación remota
Artículo 9º. Tres fines 246
Párrafo 1º. Latréutico 247
1. Sólo a Dios se debe sacrificar 247
2. Sólo a Dios se debe adorar 249
Párrafo 2º. Eucarístico 253
1. Introducción 253
2. Los hombres y mujeres necesitan dar gracias
a Dios 254
3. Jesús nos dio ejemplo 255
4. La acción de gracias por excelencia 256
5. Y así instituyó la Misa Jesucristo 257
Párrafo 3º. Propiciatorio e Impetratorio 259
1. Propiciatorio 259
a. Ideas sobre el tema en la Biblia 260
b. Lo quiso Cristo al instituir la Eucaristía 261
c. Lo recuerdan los Santos Padres 261
d. Lo enseña el Magisterio 262
e. Nos lo recuerda la liturgia 263
f. Lo demuestra la Teología 263
2. Impetratorio 267
a. La oración de petición es alabada por la
Iglesia 267
b. ¡Con mucha mayor razón es alabada la
oración de petición en la Misa! 269
Artículo 10º. Dos clases de hombres 272
Párrafo 1º. El sacrificio eucarístico se ofrece por to-
dos los vivientes 273
Párrafo 2º. El sacrificio de la Misa se ofrece, tam-
bién, por todos los fieles difuntos 279
La doxología final 281
55
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
8º Mes
Comunión 283
Capítulo 1º. El Padre nuestro 283
1. El Padre nuestro 283
2. El rito de la paz 284
Capítulo 2º. Fracción del pan 285
1. Otra fracción, pero pequeña 288
2. Inmixtión o mezcla (o conmixtión) 288
3. Unidad del sacramento bajo las dos especies 290
4. La grandeza de la Misa 291
9º Mes
Capítulo 3º. La comunión 292
Artículo 1º. Confiere el aumento de la gracia 292
Párrafo 1º. Por la presencia de Cristo 292
Párrafo 2º. Por ser representación de la Pasión 293
Párrafo 3º. Comunión, participación de la Víctima
del Sacrificio 294
1. La Comunión Eucarística 294
2. Víctima del Sacrificio de la Cruz 295
3. Nuestro precio 296
Párrafo 4º. La Eucaristía es alimento que sostiene,
aumenta y deleita 297
1. Sustenta 297
2. Aumenta 298
3. Deleita 299
Artículo 2º. Signo de unidad 301
Artículo 3°. Causa la unidad 303
10º Mes
Artículo 4º. ¿Cómo es que nos incorporamos a
Cristo? 304
56
Preparación remota
Artículo 5º. La Eucaristía, fin y principio de todos
los sacramentos 305
Artículo 6º. Consumación de los otros sacramentos 308
Artículo 7º. La Eucaristía, principio vivificante de
los otros sacramentos 309
Artículo 8º. Causa el que alcancemos la gloria 311
Artículo 9º. La resurrección, efecto de la Eucaris-
tía 313
Artículo 10º. La Eucaristía da la vida eterna 314
Artículo 11º. La Comunión frecuente 315
Rito de conclusión 317
Rito de despedida 319
3. Ministerios litúrgicos9
Los ministros litúrgicos deben prepararse muy bien para ejercer
correctamente su ministerio y ser modelos de participación litúrgi-
ca.
a. Ministros con el sacramento del Orden
Por el que participan del sacerdocio ministerial de Cristo10
− Obispo
− Presbítero
− Diácono
9
Seguimos libremente a J.A. ABAD IBÁÑEZ, La celebración del misterio cristiano,
EUNSA, Pamplona 1996, 117-122; Instrucción General del Misal Romano (de
aquí en adelante: IGMR), nn. 91-111.
10 IGMR, nn. 91-94.
57
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
b. Ministros instituidos
Los habilitados para determinadas acciones litúrgicas mediante
un rito no perteneciente al sacramento del Orden.
− Acólito instituido con rito específico
− Lector instituido con rito específico
− Ministro extraordinario de la comunión
c. Otros ayudantes (ministros de facto)
− Sacristán
− Organista
− Maestro de ceremonias (bajo la aprobación del sacer-
dote que preside: organiza las partes fijas y elegibles
del canto, es responsable del sonido, iluminación y or-
namentación, de las versiones por televisión y radio,
etc.).
Para las Misas en las que participa un número considerable de
fieles puede delegar parte de su trabajo:
− Encargado de los Lectores
− Encargado de los laicos que leen las Intenciones de los
fieles
− Encargado de la procesión del ofertorio y
− Encargado de los ministros de la Eucaristía
− Acólitos no instituidos o monaguillos
− Lectores no instituidos
− Ministros que llevan: Cruz, cirios, incienso, naveta y
las materias del sacrificio
− Director del coro
− Cantores o coro (schola)
− Salmista
58
Preparación remota
− Guionista o comentarista
− Ostiarios: los que reciben a los fieles y los acomodan
(pueden ordenar las procesiones)
− Encargados de las colectas
d. Los fieles cristianos laicos
El bautismo los hace aptos para ofrecerse a sí mismos junto con
la Víctima divina, por manos y junto con el sacerdote ministerial.
«En la celebración de la Misa, los fieles hacen presente la na-
ción santa, el pueblo adquirido y el sacerdocio real, para dar gra-
cias a Dios y para ofrecer la víctima inmaculada, no sólo por ma-
nos del sacerdote, sino juntamente con él, y para aprender a ofre-
cerse a sí mismos11. Procuren, pues, manifestar esto por medio de
un profundo sentido religioso y por la caridad hacia los hermanos
que participan en la misma celebración.
Por lo cual, eviten toda apariencia de singularidad o de división,
teniendo presente que tienen en el cielo un único Padre, y por esto,
todos son hermanos entre sí»12.
«Formen, pues, un solo cuerpo, al escuchar la Palabra de Dios,
al participar en las oraciones y en el canto, y principalmente en la
común oblación del sacrificio y en la común participación de la
mesa del Señor. Esta unidad se hace hermosamente visible cuando
los fieles observan comunitariamente los mismos gestos y posturas
corporales»13.
11
Cf. SC, n. 48; SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS, Instrucción Eucharisticum
mysterium, n. 12.
12 IGMR, n. 95.
13 Ibidem, n. 96.
59
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
4. A tener en cuenta
a. Sugerencias sobre la participación
Lo que señalamos sobre la participación en la Misa es a modo
de sugerencia y no de mandato. Y es más una lluvia de ideas que
un trabajo esquemático y exhaustivo. Es la parte más delicada –y
tal vez la más importante− de este intento de ayudar a perfeccionar
la participación en la Misa.
En rigor de verdad, pensamos que no se puede hacer algo muy
esquemático y exhaustivo, porque ninguna cosa es tan personal –
¡personalísima!– como la Santa Misa. Ella está toda enseñoreada
por el infinito Dios de Tres Personas distintas, únicas e irrepetibles,
a las que busca unirse la persona, única e irrepetible, de cada feli-
grés. De ahí que cada participante lo hace de manera única e irre-
petible.
Lo cual no obsta para que pueda lograrse algún tipo de genera-
lidad; por ejemplo: la Misa enseña, la Misa da fuerza, la Misa nos
juzga, la Misa nos dirige, la Misa nos educa, la Misa nos eleva,
dignifica, ennoblece y santifica, ya que la Misa es el Señor Jesu-
cristo. De alguna manera, la Misa...
− es casa familiar, que recibe, abraza y hospeda;
− es tribunal, por el que te sientes juzgado, como el hom-
bre pecador por el justo;
− es escuela, está abierta a todos;
− es madre: engendra, ama, alimenta, nos comprende,
nos ayuda a crecer, nos enseña las virtudes, nos es
agradable con su ternura, nos conoce mejor que nadie...
− es garita para centinelas, que deben vigilar y ver de le-
jos con ojo avizor;
− es brújula, que guía;
60
Preparación remota
− es hospital, que cura;
− es laboratorio, donde se experimenta y elabora;
− es estación, a donde se llega y desde donde se parte;
− es antídoto: nos libera de las culpas cotidianas y pre-
serva de los pecados mortales14;
− es palestra, que enseña a esgrimir la espada de la Pala-
bra de Dios;
− es remedio «de inmortalidad»15.
− es cumbre, a la que tiende la acción de la Iglesia16;
− es fuente, de donde mana toda la fuerza de la Iglesia17;
− es púlpito y ambón, que predica el Evangelio;
− es mesa, donde se come;
− es sede, presidida por Jesucristo;
− es, sobre todo, altar, desde donde se ofrece el sacrificio
sacramental de la cruz;
− en fin, es templo, relicario de la Eucaristía que acota el
espacio alrededor de Ella, donde se reúne la comunidad
del pueblo fiel, la Iglesia, y eleva sus preces.
Para participar bien de la Santa Misa nos ayuda tener ideas cla-
ras acerca de la Santísima Trinidad, de Jesucristo, de la Iglesia, de
María, de la Misa, de nuestro carácter de cristianos y del puesto
que ocupamos en la Iglesia, con todas sus circunstancias y conse-
cuencias.
14 CONCILIO DE TRENTO, n. 1638; DH, El Magisterio de la Iglesia, Herder,
Barcelona 20002, 510.
15 SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Ep. ad Ef. 20,2; Catecismo de la Iglesia Católica,
n. 2837.
16 SC, n. 10.
17 SC, n. 10; Catecismo Romano, BAC, Madrid 1956, 480.
61
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
b. Catequesis y liturgia
«“La liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia
y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” (SC
10). Por tanto, es el lugar privilegiado de la catequesis del Pueblo
de Dios. “La catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción
litúrgica y sacramental, porque es en los sacramentos, y sobre todo
en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud para la trans-
formación de los hombres” (CT 23)»18.
«La catequesis litúrgica pretende introducir en el Misterio de
Cristo (es “mistagogia”), procediendo de lo visible a lo invisible,
del signo a lo significado, de los “sacramentos” a los “misterios”.
Esta modalidad de catequesis corresponde hacerla a los catecismos
locales y regionales. El presente catecismo, que quiere ser un ser-
vicio para toda la Iglesia, en la diversidad de sus ritos y sus cultu-
ras (cf. SC 3-4), enseña lo que es fundamental y común a toda la
Iglesia en lo que se refiere a la liturgia en cuanto misterio y cele-
bración (Primera sección) y a los siete sacramentos y los sacra-
mentales (Segunda sección)»19.
c. La liturgia de la Iglesia
«La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la liturgia sa-
cramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el Misterio
de la salvación, se continúa en el corazón que ora. Los Padres espi-
rituales comparan a veces el corazón a un altar. La oración interio-
riza y asimila la liturgia durante y después de la misma. Incluso
18 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1074.
19 Ibidem, n. 1075.
62
Preparación remota
cuando la oración se vive “en lo secreto” (Mt 6,6), siempre es ora-
ción de la Iglesia, comunión con la Trinidad Santísima20»21.
Sobre todo nos ayuda con la gracia para que podamos vivir
según Dios todas las virtudes necesarias.
De manera especial la Misa nos mueve hacia el futuro dándo-
nos esperanza contra toda esperanza. Y enardeciéndonos a vivir las
virtudes en grado heroico.
Es la Misa la que nos lanza con entusiasmo a la «aventura mi-
sionera» sin fronteras.
20 Cf. Principios y Normas Generales de la Liturgia de las Horas, n. 9.
21 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2655.
63
Capítulo IV
Naturaleza de la vida consagrada
Profundizar en el misterio de la vida consagrada es, sin dudas,
una magnífica preparación remota -y también próxima- para la
participación fructuosa, activa y consciente en la Misa. El funda-
mento de esto, en definitiva, es la real identidad e identificación
total y totalizante, por su místico desposorio, del alma consagrada
con el Divino Esposo que se ofrece en el altar no sin nosotros, sus
miembros. La misma vida consagrada es holocausto de nosotros
mismos que toma todo su valor de la unión con la Víctima divina.
Seguimos y comentamos la profundísima Exhortación Apostólica
Vita Consecrata, de San Juan Pablo II. Mencionaremos en este
capítulo, en relación con la preparación remota para la Misa, cua-
tro temas principales (la Santísima Trinidad, Jesucristo, la Iglesia y
María) y los desarrollaremos más extensamente en los capítulos V-
VIII de este libro. Más adelante los retomaremos, de otro modo, en
relación a la preparación próxima para la Misa (capítulos X-XIII).
1. La Santísima Trinidad
a. La vida consagrada es manifestación de la Trinidad
El misterio mismo de la vida consagrada está anclado en el
misterio mismo de la Santísima Trinidad. Ciertamente, lo encon-
tramos en muchos textos de la Sagrada Escritura, pero desde la
misma eternidad está anclado a fuego en la Trinidad. Como lo ex-
presa claramente San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica
Vita Consecrata: La vida consagrada «realiza por un título espe-
cial aquella confessio Trinitatis que caracteriza toda la vida cris-
tiana, reconociendo con admiración la sublime belleza de Dios
65
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Padre, Hijo y Espíritu Santo y testimoniando con alegría su amo-
rosa condescendencia hacia cada ser humano»1.
En efecto, en la misma confesión de la Trinidad lo encontramos
presente: «El misterio de la forma de vida de Cristo, pobre, casto y
obediente, es revelador del misterio de su pertenencia al misterio
de la Santísima Trinidad»2. Es en la Trinidad donde nace la vida
consagrada.
Ésta es la afirmación central de la Exhortación Vita Consecrata,
que ve el corazón de la vida consagrada en el misterio del Único
Dios en tres Personas, ya que la naturaleza de la vida consagrada
es como confesión, manifestación y testimonio de la Trinidad.
Jesús pobre, obediente y casto se muestra clamorosamente en la
práctica de los consejos evangélicos como manifestación de la
Trinidad. Por eso la forma de vida de Jesús revela el misterio de
la segunda Persona de la Trinidad y el misterio de la existencia
cristiana. De aquí se derivan varios aspectos importantes.
− El Hijo de Dios ha asumido en su Persona la naturaleza
humana para revelarnos el misterio de Dios: «Su forma
de vida casta, pobre y obediente, aparece como el mo-
do más radical de vivir el Evangelio en esta tierra, un
modo –se puede decir– divino, porque es abrazado por
Él, Hombre-Dios, como expresión de su relación de
Hijo Unigénito con el Padre y el Espíritu Santo»3.
− Él, al venir en el tiempo al seno de la Santísima Virgen,
manifiesta su condición filial, su total pertenencia co-
mo Hijo con relación al Padre y su perfecta obediencia
1 SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Vita Consecrata sobre
la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo (de aquí en adelante:
VC) n. 16.
2 V. DE PAOLIS, La vida consagrada en la Iglesia, BAC, Madrid 2011, 17-33;
seguimos libremente este brillante trabajo.
3 VC, n. 18.
66
Naturaleza de la vida consagrada
al Espíritu del Padre: «La referencia de los consejos
evangélicos a la Trinidad santa y santificante revela su
sentido más profundo (...) son expresión del amor del
Hijo al Padre en la unidad del Espíritu Santo. Al practi-
carlos, la persona consagrada vive con particular inten-
sidad el carácter trinitario y cristológico que caracteriza
toda la vida cristiana»4.
− «A la luz de la consagración de Jesús, es posible des-
cubrir en la iniciativa del Padre, fuente de toda santidad,
el principio originario de la vida consagrada. En efecto,
Jesús mismo es aquel que Dios “ungió con el Espíritu
Santo y con poder” (Hch 10,38), “aquel a quien el Pa-
dre ha santificado y enviado al mundo” (Jn 10,36).
Acogiendo la consagración del Padre, el Hijo a su vez
se consagra a Él por la humanidad (cf. Jn 17,19): su vi-
da de virginidad, obediencia y pobreza manifiesta su fi-
lial y total adhesión al designio del Padre (cf. Jn 10,30;
14,11). Su perfecta oblación confiere un significado de
consagración a todos los acontecimientos de su exis-
tencia terrena.
− Él es el obediente por excelencia, bajado del cielo no
para hacer su voluntad, sino la de Aquel que lo ha en-
viado (cf. Jn 6,38; Hb 10,5.7). Él pone su ser y su ac-
tuar en las manos del Padre (cf. Lc 2,49). En obedien-
cia filial, adopta la forma del siervo: “Se despojó de sí
mismo tomando condición de siervo (...), obedeciendo
hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,7-8). En esta
actitud de docilidad al Padre, Cristo, aun aprobando y
defendiendo la dignidad y la santidad de la vida matri-
monial, asume la forma de vida virginal y revela así el
4 VC, n. 21.
67
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
valor sublime y la misteriosa fecundidad espiritual de
la virginidad. Su adhesión plena al designio del Padre
se manifiesta también en el desapego de los bienes te-
rrenos: “Siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin
de que os enriquecierais con su pobreza” (2 Co 8,9). La
profundidad de su pobreza se revela en la perfecta
oblación de todo lo suyo al Padre»5.
b. La vida consagrada en el misterio de la Trinidad y en
el misterio del Verbo Encarnado
I. Ícono de Cristo Transfigurado
«El fundamento evangélico de la vida consagrada se debe bus-
car en la especial relación que Jesús, en su vida terrena, estableció
con algunos de sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el
Reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existen-
cia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca
su forma de vida.
Tal existencia “cristiforme”, propuesta a tantos bautizados a lo
largo de la historia, es posible sólo desde una especial vocación y
gracias a un don peculiar del Espíritu. En efecto, en ella la con-
sagración bautismal los lleva a una respuesta radical en el se-
guimiento de Cristo mediante la adopción de los consejos
evangélicos, el primero y esencial entre ellos es el vínculo sa-
grado de la castidad por el Reino de los Cielos6.
Este especial “seguimiento de Cristo”, en cuyo origen está
siempre la iniciativa del Padre, tiene pues una connotación esen-
5VC, n. 22.
6Cf. VC, n. 14, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 3, A
y B].
68
Naturaleza de la vida consagrada
cialmente cristológica y pneumatológica, manifestando así de mo-
do particularmente vivo el carácter trinitario de la vida cristiana,
de la que anticipa de alguna manera la realización escatológica a
la que tiende toda la Iglesia7.
En el Evangelio son muchas las palabras y gestos de Cristo que
iluminan el sentido de esta especial vocación. Sin embargo, para
captar con una visión de conjunto sus rasgos esenciales, ayuda
singularmente contemplar el rostro radiante de Cristo en el miste-
rio de la Transfiguración. A este “ícono” se refiere toda una anti-
gua tradición espiritual, cuando relaciona la vida contemplativa
con la oración de Jesús “en el monte”8. Además, a ella pueden re-
ferirse, en cierto modo, las mismas dimensiones “activas” de la
vida consagrada, ya que la Transfiguración no es sólo revelación
de la gloria de Cristo, sino también preparación para afrontar la
cruz. Ella implica un “subir al monte” y un “bajar del monte”: los
discípulos que han gozado de la intimidad del Maestro, envueltos
momentáneamente por el esplendor de la vida trinitaria y de la
comunión de los santos, como arrebatados en el horizonte de la
eternidad, vuelven de repente a la realidad cotidiana, donde no ven
más que a “Jesús solo” en la humildad de la naturaleza humana, y
son invitados a descender para vivir con Él las exigencias del de-
signio de Dios y emprender con valor el camino de la cruz»9.
7 Cf. VC, n. 14, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 3,
C.].
8
Cf. CASIANO: «Secessit tamen solus in montem orare, per hoc scilicet nos
instruens suae secessionis exemplo... ut similiter scedamus» (Collat. 10, 6: PL 49,
827); S. JERÓNIMO: «Et Christum quaeras in solitudine et ores solus in monte cum
Iesu» (Ep. ad Paulinum, 58, 4, 2: PL 22, 582); GUILLERMO DE S. THERRY: «(Vita
solitaria) ab ipso Domino familiarissime celebrata, ab eius discipulis ipso
praesente concupita: cuius transfigurationis gloriam cum vidissent qui cum eo in
monte sancto erant, continuo Petrus... optimum sibi iudicavit in hoc semper esse»
(Ad fratres de Monte Dei, I, 1: PL 184, 310).
9 VC, n. 14.
69
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
De la vida de Jesús y del misterio de la Trinidad es de donde
cobra dignidad y profundidad el seguimiento de Cristo en pobreza,
castidad y obediencia.
II. A Patre ad Patrem
La vida consagrada es una iniciativa de Dios, que viene del
Padre y va al Padre. Es una vocación que nace del Padre: «Éste es
el sentido de la vocación a la vida consagrada: una iniciativa ente-
ramente del Padre (cf. Jn 15,16), que exige de aquellos que ha
elegido la respuesta de una entrega total y exclusiva10. La expe-
riencia de este amor gratuito de Dios es hasta tal punto íntima y
fuerte que la persona experimenta que debe responder con la en-
trega incondicional de su vida, consagrando todo, presente y futuro,
en sus manos. Precisamente por esto, siguiendo a santo Tomás, se
puede comprender la identidad de la persona consagrada a partir
de la totalidad de su entrega, equiparable a un auténtico holo-
causto11»12 (de «hólos» = entero, todo; y «kaio» = yo quemo. Nos
recuerda la poesía de Francis Thompson, El lebrel del cielo, cuan-
do el protagonista quejándose a Dios le dice: «Tú quemas el car-
bón con que dibujas», en la traducción del Dr. Carlos A. Sáenz13).
III. Per Filium: siguiendo a Cristo
El Padre llama por medio del Hijo: «En la mirada de Cristo (cf.
Mc 10,21), “imagen de Dios invisible” (Col 1,15), resplandor de la
10 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES,
Instrucción Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida
Religiosa..., n. 5.
11 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, II-II, q. 186, a. 1. (de aquí
en adelante: S. Th.)
12 VC, n. 17.
13 L. CASTELLANI, El Evangelio de Jesucristo, Cristiandad, Madrid 2011, 220.
70
Naturaleza de la vida consagrada
gloria del Padre (cf. Hb 1,3), se percibe la profundidad de un amor
eterno e infinito que toca las raíces del ser14. La persona, que se
deja seducir por él, tiene que abandonar todo y seguirlo (cf. Mc
1,16-20; 2,14; 10,21.28). Como Pablo, considera que todo lo de-
más es “pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo
Jesús”, ante el cual no duda en tener todas las cosas “por basura
para ganar a Cristo” (Flp 3,8). Su aspiración es identificarse con Él,
asumiendo sus sentimientos y su forma de vida. Este dejarlo todo y
seguir al Señor (cf. Lc 18,28) es un programa válido para todas las
personas llamadas y para todos los tiempos»15.
IV. In Spiritu: consagrados por el Espíritu Santo
«“Una nube luminosa los cubrió con su sombra” (Mt 17,5).
Una significativa interpretación espiritual de la Transfiguración ve
en esta nube la imagen del Espíritu Santo16.
Como toda la existencia cristiana, la llamada a la vida consa-
grada está también en íntima relación con la obra del Espíritu San-
to. Es Él quien, a lo largo de los milenios, acerca siempre nuevas
personas a percibir el atractivo de una opción tan comprometida.
Bajo su acción reviven, en cierto modo, la experiencia del profeta
Jeremías: “Me has seducido, Señor, y me dejé seducir” (20,7). Es
el Espíritu quien suscita el deseo de una respuesta plena; es Él
quien guía el crecimiento de tal deseo, llevando a su madurez la
respuesta positiva y sosteniendo después su fiel realización; es Él
quien forma y plasma el ánimo de los llamados, configurándolos a
14 Cf. SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Redemptionis Donum a los
religiosos y religiosas sobre su consagración a la luz del misterio de la redención,
n. 3.
15 VC, n. 18.
16 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, q. 45, a. 4 ad 2um: «Tota Trinitas apparuit:
Pater in voce; Filius in homine; Spiritus in nube clara».
71
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Cristo casto, pobre y obediente, y moviéndolos a acoger como
propia su misión. Dejándose guiar por el Espíritu en un incesante
camino de purificación, llegan a ser, día tras día, personas cristi-
formes, prolongación en la historia de una especial presencia del
Señor resucitado»17.
V. Los consejos evangélicos, don de la Trinidad
«Los consejos evangélicos son, pues, ante todo un don de la
Santísima Trinidad. La vida consagrada es anuncio de lo que el
Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu, realiza con su amor, su
bondad y su belleza. En efecto, “el estado religioso (...) revela de
manera especial la superioridad del Reino sobre todo lo creado y
sus exigencias radicales. Muestra también a todos los hombres la
grandeza extraordinaria del poder de Cristo Rey y la eficacia infi-
nita del Espíritu Santo, que realiza maravillas en su Iglesia”18»19.
VI. El reflejo de la vida trinitaria en los consejos
«...Por tanto, la vida consagrada está llamada a profundizar
continuamente el don de los consejos evangélicos con un amor
cada vez más sincero e intenso en dimensión trinitaria: amor a
Cristo, que llama a su intimidad; al Espíritu Santo, que dispone el
ánimo a acoger sus inspiraciones; al Padre, origen primero y fin
supremo de la vida consagrada20. De este modo se convierte en
manifestación y signo de la Trinidad, cuyo misterio viene presen-
17
VC, n. 19.
18
LG, n. 44.
19 VC, n. 20.
20 Cf. SAN JUAN PABLO II, Audiencia General, 09/11/1994; Insegnamenti XVII/2
(1994), n. 4, 654. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española
del 11/11/1994, 3.
72
Naturaleza de la vida consagrada
tado a la Iglesia como modelo y fuente de cada forma de vida cris-
tiana.
La misma vida fraterna, en virtud de la cual las personas con-
sagradas se esfuerzan por vivir en Cristo con “un solo corazón y
una sola alma” (Hch 4,32), se propone como elocuente manifesta-
ción trinitaria. La vida fraterna manifiesta al Padre, que quiere
hacer de todos los hombres una sola familia; manifiesta al Hijo
encarnado, que reúne a los redimidos en la unidad, mostrando el
camino con su ejemplo, su oración, sus palabras y, sobre todo, con
su muerte, fuente de reconciliación para los hombres divididos y
dispersos; manifiesta al Espíritu Santo como principio de unidad
en la Iglesia, donde no cesa de suscitar familias espirituales y co-
munidades fraternas»21.
VII. Fidelidad al carisma
«En el seguimiento de Cristo y en el amor hacia su persona hay
algunos puntos sobre el crecimiento de la santidad en la vida con-
sagrada que merecen ser hoy especialmente evidenciados.
Ante todo se pide la fidelidad al carisma fundacional y al con-
siguiente patrimonio espiritual de cada Instituto. Precisamente en
esta fidelidad a la inspiración de los fundadores y fundadoras, don
del Espíritu Santo, se descubren más fácilmente y se reviven con
más fervor los elementos esenciales de la vida consagrada.
En efecto, cada carisma tiene, en su origen, una triple orienta-
ción: hacia el Padre, sobre todo en el deseo de buscar filialmente
su voluntad mediante un proceso de conversión continua, en el que
la obediencia es fuente de verdadera libertad, la castidad manifies-
ta la tensión de un corazón insatisfecho de cualquier amor finito, la
pobreza alimenta el hambre y la sed de justicia que Dios prometió
21 VC, n. 21.
73
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
saciar (cf. Mt 5,6). En esta perspectiva el carisma de cada Instituto
animará a la persona consagrada a ser toda de Dios, a hablar con
Dios o de Dios, como se dice de santo Domingo22, para gustar qué
bueno es el Señor (cf. Sal 33[34],9) en todas las situaciones.
Los carismas de vida consagrada implican también una orienta-
ción hacia el Hijo, llevando a cultivar con Él una comunión de
vida íntima y gozosa, en la escuela de su servicio generoso de Dios
y de los hermanos. De este modo, “la mirada progresivamente cris-
tificada, aprende a alejarse de lo exterior, del torbellino de los sen-
tidos, es decir, de cuanto impide al hombre la levedad que le per-
mitiría dejarse conquistar por el Espíritu”23, y posibilita así ir a la
misión con Cristo, trabajando y sufriendo con Él en la difusión de
su Reino.
Por último, cada carisma comporta una orientación hacia el
Espíritu Santo, ya que dispone la persona a dejarse conducir y sos-
tener por Él, tanto en el propio camino espiritual como en la vida
de comunión y en la acción apostólica, para vivir en aquella acti-
tud de servicio que debe inspirar toda decisión del cristiano autén-
tico.
En efecto, esta triple relación emerge siempre, a pesar de las
características específicas de los diversos modelos de vida, en cada
carisma de fundación, por el hecho mismo de que en ellos domina
“una profunda preocupación por configurarse con Cristo testimo-
niando alguno de los aspectos de su misterio”24, aspecto específico
22
Cf. Libellus de principiis Ordinis Praedicatorum. Acta Canonizationis Sancti
Dominici: Monumenta Ordinis Praedicatorum historica 16 (1935) 30.
23
SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Orientale Lumen con ocasión del
centenario de la Orientalium Dignitas del Papa León XIII, n. 12.
24 CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES Y SAGRADA
CONGREGACIÓN PARA LOS OBISPOS, Criterios pastorales sobre relaciones entre
obispos y religiosos en la Iglesia Mutuae Relationes (14/05/1978) n. 51.
74
Naturaleza de la vida consagrada
llamado a encarnarse y desarrollarse en la tradición más genuina
de cada Instituto, según las Reglas, Constituciones o Estatutos25»26.
c. Sentido trinitario de la vida consagrada
«La referencia de los consejos evangélicos a la Trinidad santa y
santificante revela su sentido más profundo. En efecto, son expre-
sión del amor del Hijo al Padre en la unidad del Espíritu Santo. Al
practicarlos, la persona consagrada vive con particular intensidad
el carácter trinitario y cristológico que caracteriza toda la vida cris-
tiana.
La castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto manifes-
tación de la entrega a Dios con corazón indiviso (cf. 1Co 7,32-34),
es el reflejo del amor infinito que une a las tres Personas divinas
en la profundidad misteriosa de la vida trinitaria; amor testimonia-
do por el Verbo encarnado hasta la entrega de su vida; amor “de-
rramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Ro 5,5), que
anima a una respuesta de amor total hacia Dios y hacia los herma-
nos.
La pobreza manifiesta que Dios es la única riqueza verdadera
del hombre. Vivida según el ejemplo de Cristo que “siendo rico, se
hizo pobre” (2Co 8,9), es expresión de la entrega total de sí que
las tres Personas divinas se hacen recíprocamente. Es don que bro-
ta en la creación y se manifiesta plenamente en la Encarnación del
Verbo y en su muerte redentora.
La obediencia, practicada a imitación de Cristo, cuyo alimento
era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4,34), manifiesta la belleza
liberadora de una dependencia filial y no servil, rica de sentido de
responsabilidad y animada por la confianza recíproca, que es refle-
25 Cf. Propositio 26, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
26 VC, n. 36.
75
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
jo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las tres
Personas divinas»27.
2. La vida consagrada en el misterio de Cristo
La vida consagrada por los consejos evangélicos alcanza su
sentido en una especial relación de amistad con Jesús ya que re-
produce en el tiempo su forma de vida. Esto exige una especial
transformación interior, un compromiso de identificación interior
con Jesús, en un proceso totalizante que debe llevar a la plena ad-
hesión y conformación con Jesús.
Si toda la vida de Cristo, desde la encarnación, fue ya ofrecida
al Padre y fue en cierto modo preparación para el holocausto de sí
mismo consumado en el sacrificio de la cruz y para todo su miste-
rio pascual, entonces ese proceso de identificación interior con
Jesucristo que es la vida consagrada es también ofrecimiento per-
manente al Padre y holocausto de nosotros mismos en el Hijo. Esta
identificación y unión totalizante con Cristo encuentran su culmen
en la identificación total con la Víctima que se ofrece sobre el altar
en la Santa Misa.
a. La vida consagrada tiene su sentido en una particu-
lar relación con Jesús
Así se nos enseña: «Con la profesión de los consejos evangéli-
cos los rasgos característicos de Jesús –virgen, pobre y obediente–
tienen una típica y permanente “visibilidad” en medio del mundo,
y la mirada de los fieles es atraída hacia el misterio del Reino de
Dios que ya actúa en la historia, pero espera su plena realización
27 VC, n. 21.
76
Naturaleza de la vida consagrada
en el cielo»28. Es su fundamento: «El fundamento evangélico de la
vida consagrada se debe buscar en la especial relación que Jesús,
en su vida terrena, estableció con algunos de sus discípulos, invi-
tándoles no sólo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a
poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e
imitando de cerca su forma de vida»29.
b. La vida consagrada es la forma de vida de Jesús
El proyecto de vida de Jesús, de entrega total al Padre y a la
misión, se ha realizado en una forma particular de vida, que la
Iglesia califica como una forma de vida en la virginidad, la pobre-
za y la obediencia, como expresión de su total pertenencia al Padre.
Esa forma es principalmente interna, pero se manifiesta al exterior:
el estilo de vida determinado que revela el interior.
«...Mediante la profesión de los consejos evangélicos la perso-
na consagrada no sólo hace de Cristo el centro de la propia vida,
sino que se preocupa de reproducir en sí mismo, en cuanto es po-
sible, “aquella forma de vida que escogió el Hijo de Dios al venir
al mundo”30. Abrazando la virginidad, hace suyo el amor virginal
de Cristo y lo confiesa al mundo como Hijo unigénito, uno con el
Padre (cf. Jn 10,30; 14,11); imitando su pobreza, lo confiesa como
Hijo que todo lo recibe del Padre y todo lo devuelve en el amor (cf.
Jn 17,7.10); adhiriéndose, con el sacrificio de la propia libertad, al
misterio de la obediencia filial, lo confiesa infinitamente amado y
amante, como Aquel que se complace sólo en la voluntad del Pa-
28 VC, n. 1.
29 Ibidem, n. 14.
30 LG, n. 44.
77
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
dre (cf. Jn 4,34), al que está perfectamente unido y del que depen-
de en todo»31.
c. La vida consagrada es adhesión que configura con
Cristo
«A la vida consagrada se confía la misión de señalar al Hijo de
Dios hecho hombre como la meta escatológica a la que todo tien-
de, el resplandor ante el cual cualquier otra luz languidece, la infi-
nita belleza que, sola, puede satisfacer totalmente el corazón hu-
mano. Por tanto, en la vida consagrada no se trata sólo de seguir a
Cristo con todo el corazón, amándolo “más que al padre o a la ma-
dre, más que al hijo o a la hija” (cf. Mt 10,37), como se pide a todo
discípulo, sino de vivirlo y expresarlo con la adhesión “conforma-
dora” con Cristo de toda la existencia, en una tensión global que
anticipa, en la medida posible en el tiempo y según los diversos
carismas, la perfección escatológica»32.
«Su aspiración es identificarse con Él, asumiendo sus senti-
mientos y su forma de vida. Este dejarlo todo y seguir al Señor (cf.
Lc 18,28) es un programa válido para todas las personas llamadas
y para todos los tiempos.
Los consejos evangélicos, con los que Cristo invita a algunos a
compartir su experiencia de virgen, pobre y obediente, exigen y
manifiestan, en quien los acoge, el deseo explícito de una total
conformación con Él»33.
«...Su forma de vida casta, pobre y obediente, aparece como el
modo más radical de vivir el Evangelio en esta tierra, un modo –se
puede decir– divino, porque es abrazado por Él, Hombre-Dios,
como expresión de su relación de Hijo Unigénito con el Padre y
31 VC, n. 16.
32 Ibidem, n. 16.
33 Ibidem, n. 18.
78
Naturaleza de la vida consagrada
con el Espíritu Santo. Éste es el motivo por el que en la tradición
cristiana se ha hablado siempre de la excelencia objetiva de la vida
consagrada»34.
d. El seguimiento de Jesús en su forma de vida tiene un
carácter totalizante
Seguir a Jesús en su forma de vida supone la entrega de la pro-
pia vida al Señor, de modo que Él pueda continuar en el tiempo su
forma de vida pobre, casta y obediente.
«Una experiencia singular de la luz que emana del Verbo en-
carnado es ciertamente la que tienen los llamados a la vida consa-
grada. En efecto, la profesión de los consejos evangélicos los pre-
senta como signo y profecía para la comunidad de los hermanos y
para el mundo; encuentran pues en ellos particular resonancia las
palabras extasiadas de Pedro: “Bueno es estarnos aquí” (Mt 17,4).
Estas palabras muestran la orientación cristocéntrica de toda la
vida cristiana. Sin embargo, expresan con particular elocuencia el
carácter absoluto que constituye el dinamismo profundo de la vo-
cación a la vida consagrada: ¡qué hermoso es estar contigo, dedi-
carnos a ti, concentrar de modo exclusivo nuestra existencia en ti!
En efecto, quien ha recibido la gracia de esta especial comunión de
amor con Cristo, se siente como seducido por su fulgor: Él es “el
más hermoso de los hijos de Adán” (Sal 45[44],3), el Incompara-
ble»35.
«Precisamente de esta especial gracia de intimidad surge, en la
vida consagrada, la posibilidad y la exigencia de la entrega total de
sí mismo en la profesión de los consejos evangélicos. Éstos, antes
34 VC, n. 18.
35 Ibidem, n. 15.
79
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
que una renuncia, son una específica acogida del misterio de Cris-
to, vivida en la Iglesia»36.
«Éste es el sentido de la vocación a la vida consagrada: una ini-
ciativa enteramente del Padre (cf. Jn 15,16), que exige de aquellos
que ha elegido la respuesta de una entrega total y exclusiva37. La
experiencia de este amor gratuito de Dios es hasta tal punto íntima
y fuerte que la persona experimenta que debe responder con la en-
trega incondicional de su vida, consagrando todo, presente y futuro,
en sus manos. Precisamente por esto, siguiendo a santo Tomás, se
puede comprender la identidad de la persona consagrada a partir
de la totalidad de su entrega, equiparable a un auténtico holo-
causto38»39.
e. La vida consagrada comporta una existencia transfi-
gurada
Para poder vivir la vida consagrada es necesario una transfor-
mación interior. La misma lleva a un estilo de vida que brota de
los dinamismos interiores, lo que constituye el vivir según el Espí-
ritu Santo.
«Primer objetivo de la vida consagrada es el de hacer visibles
las maravillas que Dios realiza en la frágil humanidad de las per-
sonas llamadas.
Más que con palabras, testimonian estas maravillas con el len-
guaje elocuente de una existencia transfigurada, capaz de sorpren-
der al mundo. Al asombro de los hombres responden con el anun-
36
VC, n. 16.
37
Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES,
Instrucción Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida
Religiosa..., n. 5.
38 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, q. 186, a. 1.
39 VC, n. 17.
80
Naturaleza de la vida consagrada
cio de los prodigios de gracia que el Señor realiza en los que ama.
En la medida en que la persona consagrada se deja conducir por el
Espíritu hasta la cumbre de la perfección, puede exclamar: “Veo la
belleza de tu gracia, contemplo su fulgor y reflejo su luz; me arre-
bata su esplendor indescriptible; soy empujado fuera de mí mien-
tras pienso en mí mismo; veo cómo era y qué soy ahora. ¡Oh pro-
digio! Estoy atento, lleno de respeto hacia mí mismo, de reveren-
cia y de temor, como si fuera ante ti; no sé qué hacer porque la
timidez me domina; no sé dónde sentarme, a dónde acercarme,
dónde reclinar estos miembros que son tuyos; en qué obras ocupar
estas sorprendentes maravillas divinas”40. De este modo, la vida
consagrada se convierte en una de las huellas concretas que la Tri-
nidad deja en la historia, para que los hombres puedan descubrir el
atractivo y la nostalgia de la belleza divina»41 (muchas de las ex-
presiones de las fórmulas para la profesión temporal y perpetua en
la Familia Religiosa del Verbo Encarnado están tomadas de la Ex-
hortación Apostólica Vita Consecrata42).
f. Vida de oración y de intercesión
En el Padre nuestro se resume toda la mística. Decía Santa Te-
resa de Jesús de una religiosa que parecía que sólo rezaba vocal-
mente: «vi que, asida al Paternóster, tenía pura contemplación y
la levantaba el Señor a juntarla consigo en unión»43. Y en otro
lugar: «Espántame ver que en tan pocas palabras está toda la con-
templación y perfección encerrada, que parece no hemos menester
40
SIMEÓN EL NUEVO TEÓLOGO, Himnos, II, vv. 19-27: SCh 156, 178-179.
41
VC, n. 20.
42 Cf. INSTITUTO DEL VERBO ENCARNADO, Constituciones, [254] y [257].
43 SANTA TERESA DE JESÚS, Camino de perfección, en Obras Completas, Monte
Carmelo, Burgos 200915, c. 30, n. 7.
81
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
otro libro, sino estudiar en éste»44. Con mayor razón la oración
litúrgica de la Misa incluye toda la mística y puede llevar perfec-
tamente a la unión.
Las intercesiones son por los tres estados de la Iglesia: pedimos
ayuda a la Iglesia celestial, pedimos por la Iglesia paciente y por la
Iglesia peregrina. En este sentido, la Misa es un gran monumento a
la «Comunión de los Santos», ya que une en la oración al Cielo, al
Purgatorio y a quienes todavía peregrinamos sobre la tierra.
g. La vida consagrada, memoria viva del modo de exis-
tir y de actuar de Cristo
«La vida consagrada “imita más de cerca y hace presente con-
tinuamente en la Iglesia”45, por impulso del Espíritu Santo, la for-
ma de vida que Jesús, supremo consagrado y misionero del Padre
para su Reino, abrazó y propuso a los discípulos que lo seguían (cf.
Mt 4,18-22; Mc 1,16-20; Lc 5,10-11; Jn 15,16). A la luz de la con-
sagración de Jesús, es posible descubrir en la iniciativa del Padre,
fuente de toda santidad, el principio originario de la vida consa-
grada. En efecto, Jesús mismo es aquel que Dios “ungió con el
Espíritu Santo y con poder” (Hch 10,38), “aquel a quien el Padre
ha santificado y enviado al mundo” (Jn 10,36). Acogiendo la con-
sagración del Padre, el Hijo a su vez se consagra a Él por la huma-
nidad (cf. Jn 17,19): su vida de virginidad, obediencia y pobreza
manifiesta su filial y total adhesión al designio del Padre (cf. Jn
10,30; 14,11). Su perfecta oblación confiere un significado de con-
sagración a todos los acontecimientos de su existencia terrena.
44 SANTA TERESA DE JESÚS, Camino de perfección, c. 37, n. 1; cf. Camino de
perfección, c. 42, n. 5.
45 LG, n. 44.
82
Naturaleza de la vida consagrada
Él es el obediente por excelencia, bajado del cielo no para ha-
cer su voluntad, sino la de Aquel que lo ha enviado (cf. Jn 6,38;
Hb 10,5.7). Él pone su ser y su actuar en las manos del Padre (cf.
Lc 2,49). En obediencia filial, adopta la forma del siervo: “Se des-
pojó de sí mismo tomando condición de siervo (...), obedeciendo
hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,7-8). En esta actitud de
docilidad al Padre, Cristo, aun aprobando y defendiendo la digni-
dad y la santidad de la vida matrimonial, asume la forma de vida
virginal y revela así el valor sublime y la misteriosa fecundidad
espiritual de la virginidad. Su adhesión plena al designio del Padre
se manifiesta también en el desapego de los bienes terrenos:
“Siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enrique-
cierais con su pobreza” (2Co 8,9). La profundidad de su pobreza
se revela en la perfecta oblación de todo lo suyo al Padre.
Verdaderamente la vida consagrada es memoria viviente del
modo de existir y de actuar de Jesús como Verbo encarnado ante el
Padre y ante los hermanos. Es tradición viviente de la vida y del
mensaje del Salvador»46.
3. La vida consagrada en el misterio de la Iglesia
a. Siguiendo la Exhortación Apostólica «Vita Conse-
crata»
I. En relación con el Pueblo de Dios, la vida consa-
grada manifiesta la naturaleza íntima de la voca-
ción cristiana
«La presencia universal de la vida consagrada y el carácter
evangélico de su testimonio muestran con toda evidencia –si es
46 VC, n. 22.
83
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
que fuera necesario– que no es una realidad aislada y marginal,
sino que abarca a toda la Iglesia. Los Obispos en el Sínodo lo han
confirmado muchas veces: “de re nostra agitur”, “es algo que nos
afecta”47. En realidad, la vida consagrada está en el corazón mis-
mo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión, ya que
“indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana”48 y la aspira-
ción de toda la Iglesia Esposa hacia la unión con el único Espo-
so49»50.
II. La vida consagrada pertenece a la vida, a la san-
tidad y a la misión de la Iglesia
«La presencia universal de la vida consagrada y el carácter
evangélico de su testimonio muestran con toda evidencia –si es
que fuera necesario– que no es una realidad aislada y marginal,
sino que abarca a toda la Iglesia (...) porque pertenece íntima-
mente a su vida, a su santidad y a su misión51»52.
«Las dificultades actuales, que no pocos Institutos encuentran
en algunas regiones del mundo, no deben inducir a suscitar dudas
sobre el hecho de que la profesión de los consejos evangélicos sea
parte integrante de la vida de la Iglesia, a la que aporta un precio-
47
Cf. VC, n. 3, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 2].
48
CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Ad Gentes sobre la actividad
misionera de la Iglesia, n. 18.
49 Cf. LG, n. 44; BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelica testificatio,
sobre la renovación de la vida religiosa según las enseñanzas del concilio, n. 7;
Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, acerca de la evangelización en el
mundo moderno, n. 69.
50 VC, n. 3.
51 Cf. LG, n. 44.
52 VC, n. 3.
84
Naturaleza de la vida consagrada
so impulso hacia una mayor coherencia evangélica53. Podrá haber
históricamente una ulterior variedad de formas, pero no cambiará
la sustancia de una opción que se manifiesta en el radicalismo del
don de sí mismo por amor al Señor Jesús y, en Él, a cada miembro
de la familia humana. Con esta certeza, que ha animado a innume-
rables personas a lo largo de los siglos, el pueblo cristiano conti-
núa contando, consciente de que podrá obtener de la aportación de
estas almas generosas un apoyo valiosísimo en su camino hacia la
patria del cielo»54.
«Esta dimensión del “nosotros” nos lleva a considerar el lugar
que la vida consagrada ocupa en el misterio de la Iglesia. La refle-
xión teológica sobre la naturaleza de la vida consagrada ha pro-
fundizado en estos años en las nuevas perspectivas surgidas de la
doctrina del Concilio Vaticano II. A su luz se ha tomado concien-
cia de que la profesión de los consejos evangélicos pertenece in-
discutiblemente a la vida y a la santidad de la Iglesia55. Esto signi-
fica que la vida consagrada, presente desde el comienzo, no podrá
faltar nunca a la Iglesia como uno de sus elementos integrantes
irrenunciables y característicos, como expresión de su misma natu-
raleza. Esto resulta evidente ya que la profesión de los consejos
evangélicos está íntimamente relacionada con el misterio de Cristo,
teniendo el cometido de hacer de algún modo presente la forma de
vida que Él eligió, señalándola como valor absoluto y escatológi-
co»56. «El texto nos parece suficientemente expresivo para afirmar
que la vida consagrada pertenece a la misma constitución divi-
na de la Iglesia, no en la línea jerárquica, sino en la línea de su
53
Cf. SAN JUAN PABLO II, Audiencia General, 28/09/1994; Insegnamenti XVII/2
(1994), n. 5, 405. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española
del 30/09/1994, 3.
54 VC, n. 3.
55 Cf. LG, n. 44.
56 VC, n. 29.
85
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
vida y de su santidad y naturaleza, es decir, carismática (...). Se
trata más bien de una interpretación más precisa y concreta, en la
línea de una doctrina que estaba ya bastante difundida y fundada, y
que la exhortación propone de modo oficial y auténtico por parte
del Magisterio pontificio»57.
«Jesús mismo, llamando a algunas personas a dejarlo todo para
seguirlo, inauguró este género de vida que, bajo la acción del Espí-
ritu, se ha desarrollado progresivamente a lo largo de los siglos en
las diversas formas de la vida consagrada. El concepto de una Igle-
sia formada únicamente por ministros sagrados y laicos no corres-
ponde, por tanto, a las intenciones de su divino Fundador tal y co-
mo resulta de los Evangelios y de los demás escritos neotestamen-
tarios»58.
III. Dimensión escatológica de la vida consagrada
«La Iglesia está orientada hacia las realidades últimas porque
está convencida de que “la representación de este mundo se termi-
na” (1Co 7,31; Cf. 1Pe 1,3-6)»59.
«Debido a que hoy las preocupaciones apostólicas son cada vez
más urgentes y la dedicación a las cosas de este mundo corre el
riesgo de ser siempre más absorbente, es particularmente oportuno
llamar la atención sobre la naturaleza escatológica de la vida con-
sagrada»60. Anticipo de la vida del Cielo.
«“Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt
6,21): el tesoro único del Reino suscita el deseo, la espera, el com-
promiso y el testimonio. En la Iglesia primitiva la espera de la ve-
nida del Señor se vivía de un modo particularmente intenso. A pe-
57
V. de Paolis, La vida consagrada en la Iglesia, 3, nota A, 26.
58 VC, n. 29.
59 V. de Paolis, La vida consagrada en la Iglesia, 3 nota C, 27.
60 VC, n. 26.
86
Naturaleza de la vida consagrada
sar del paso de los siglos la Iglesia no ha dejado de cultivar esta
actitud de esperanza: ha seguido invitando a los fieles a dirigir la
mirada hacia la salvación que va a manifestarse, “porque la apa-
riencia de este mundo pasa” (1Co 7,31; cf. 1Pe 1,3-6)61.
En este horizonte es donde mejor se comprende el papel de
signo escatológico propio de la vida consagrada. En efecto, es
constante la doctrina que la presenta como anticipación del Reino
futuro. El Concilio Vaticano II vuelve a proponer esta enseñanza
cuando afirma que la consagración “anuncia ya la resurrección
futura y la gloria del reino de los cielos”62. Esto lo realiza sobre
todo la opción por la virginidad, entendida siempre por la tradi-
ción como una anticipación del mundo definitivo, que ya desde
ahora actúa y transforma al hombre en su totalidad.
Las personas que han dedicado su vida a Cristo viven necesa-
riamente con el deseo de encontrarlo para estar finalmente y para
siempre con Él. De aquí la ardiente espera, el deseo de “sumergir-
se en el Fuego de amor que arde en ellas y que no es otro que el
Espíritu Santo”63, espera y deseo sostenidos por los dones que el
Señor concede libremente a quienes aspiran a las cosas de arriba
(cf. Col 3,1).
Fijos los ojos en el Señor, la persona consagrada recuerda que
“no tenemos aquí ciudad permanente” (Hb 13,14), porque “somos
ciudadanos del cielo” (Flp 3,20). Lo único necesario es buscar el
Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33), invocando incesantemen-
te la venida del Señor»64.
61
Cf. LG, n. 42.
62
Ibidem, n. 44.
63 SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD, Le ciel dans la foi. Traté Spirituel, I, 14;
Oeuvre completes, Cerf, París 1991, 106.
64 VC, n. 26.
87
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
IV. El camino a recorrer: las Bienaventuranzas
«Misión peculiar de la vida consagrada es mantener viva en los
bautizados la conciencia de los valores fundamentales del Evange-
lio, dando “un testimonio magnífico y extraordinario de que sin el
espíritu de las Bienaventuranzas no se puede transformar este
mundo y ofrecerlo a Dios” 65 . De este modo la vida consagrada
aviva continuamente en la conciencia del Pueblo de Dios la exi-
gencia de responder con la santidad de la vida al amor de Dios de-
rramado en los corazones por el Espíritu Santo (cf. Ro 5,5), refle-
jando en la conducta la consagración sacramental obrada por Dios
en el Bautismo, la Confirmación o el Orden. En efecto, se debe
pasar de la santidad comunicada por los sacramentos a la santidad
de la vida cotidiana. La vida consagrada, con su misma presencia
en la Iglesia, se pone al servicio de la consagración de la vida de
cada fiel, laico o clérigo.
Por otra parte, no se debe olvidar que los consagrados reciben
también del testimonio propio de las demás vocaciones una ayuda
para vivir íntegramente la adhesión al misterio de Cristo y de la
Iglesia en sus múltiples dimensiones. En virtud de este enriqueci-
miento recíproco, se hace más elocuente y eficaz la misión de la
vida consagrada: señalar como meta a los demás hermanos y her-
manas, fijando la mirada en la paz futura, la felicidad definitiva
que está en Dios»66.
65 Cf. LG, n. 31.
66 VC, n. 33.
88
Naturaleza de la vida consagrada
V. Significado esponsal de la vida consagrada, ima-
gen viva de la Iglesia-Esposa
La vida consagrada «no se funda en un sacramento específico
(como el sacramento del Orden para los clérigos y el matrimonio
para las personas casadas). Pero se ha hecho observar que el sa-
cramento no es el amor de Cristo por la Iglesia, sino el de los es-
posos: éste [el amor de los esposos] es signo de un amor más
grande, no aquel [el de Cristo por la Iglesia]. ¡El amor de Dios es
más real que la realidad misma! El matrimonio es sacramento por-
que no es el amor último y definitivo y, por tanto, debe ser vivido
como signo de otro amor, el amor último y definitivo, en el cual
también el amor conyugal encuentra su sentido pleno. El matrimo-
nio pertenece a las realidades de este mundo que el sacramento
pretende santificar. En cambio, el amor de la persona consagrada
es el amor de la criatura hacia el Creador, de la esposa hacia el
esposo divino: es el amor último, eterno y definitivo hacia el cual
el alma tiende»67. En otras palabras: es imposible que el amor es-
ponsalicio entre alma consagrada y el Señor sea signo de un amor
más grande, porque no hay amor más grande que el amor infinito
de Dios ni entrega amorosa más total que la del alma consagrada a
su Divino Esposo.
Por eso la vida consagrada no puede ser un sacramento porque
el amor al que tiende es ya el amor último y definitivo, que
muestra a los casados a qué debe tender su amor y cuál es la fuente
en que deben alimentarlo.
Por eso cuando se ataca la virginidad se ataca el matrimonio al
tratar de dejarlo sin lo que es su plenitud; y cuando se ataca el ma-
trimonio se ataca la virginidad de la que el matrimonio es signo.
De ahí que el ataque actual a la virginidad consagrada es, también,
67 V. DE PAOLIS, La vida consagrada en la Iglesia, 3 nota E, 28.
89
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
un ataque al matrimonio, y el ataque al matrimonio, contra la uni-
dad del mismo, contra la fidelidad, contra la procreación y educa-
ción de los hijos, a favor de la contracepción, del aborto, del di-
vorcio, de las uniones del mismo sexo, de la muerte de los ancia-
nos, es un ataque a la virginidad consagrada –de la cual es signo el
matrimonio de los esposos– que contra viento y marea busca rom-
perse porque ésta testimonia el amor último y definitivo. Que es en
última instancia lo que rechazan quienes viven el sexo sin respon-
sabilidad. En el fondo de estas posturas, decía con su proverbial
sabiduría San Juan Pablo II, hay una lógica y una raíz: «La lógica
[de la] anti-vida... [y la raíz que] es la rebelión contra Dios (...)
es el no-reconocimiento de Dios como Dios...»68.
De allí también la dimensión escatológica de la vida consagra-
da. Ésta, está en el mundo, pero no es del mundo porque es un an-
ticipo del Cielo.
Cada religioso, cada religiosa, es místicamente eficaz como
apóstol de la virginidad, para los que viven la virginidad juvenil o
viudal, o para los que viven la castidad matrimonial; aun son mis-
68 SAN JUAN PABLO II:
«A vent’anni dalla pubblicazione dell’enciclica
[Humanae Vitae], si può vedere chiaramente che la norma morale in essa
insegnata non è solo a difesa della bontà e della dignità dell’amore coniugale e
dunque del bene della persona dei coniugi. Essa ha una portata etica anche più
vasta. Infatti, la logica profonda dell’atto contraccettivo, la sua radice ultima, che
profeticamente Paolo VI aveva già individuato, sono ora manifeste. Quale logica?
Quale radice?.
La logica anti-vita: in questi vent’anni numerosi Stati hanno rinunciato alla loro
dignità di essere i difensori della vita umana innocente, con le legislazioni
abortiste. Una vera strage di innocenti si va compiendo ogni giorno nel mondo.
Quale radice? È la ribellione contro Dio Creatore, unico Signore della vita e della
morte delle persone umane: è il non riconoscimento di Dio come Dio; è il
tentativo, intrinsecamente assurdo, di costruire un mondo da cui Dio sia del tutto
estraneo». («Discorso di Giovanni Paolo II ai partecipanti al IV Congresso
internazionale per la famiglia d’Africa e d’Europa nel XX della Humanae Vitae»,
14/03/1988; Insegnamenti XI/1 (1988), n. 4, 640. Cf. L’Osservatore Romano,
edición en lengua española del 17/04/1988, 11).
90
Naturaleza de la vida consagrada
teriosamente eficaces para los que llevan una vida de pecado y de
impureza.
Imagen viva de la Iglesia-Esposa
«Importancia particular tiene el significado esponsal de la vida
consagrada, que hace referencia a la exigencia de la Iglesia de vi-
vir en la entrega plena y exclusiva a su Esposo, del cual recibe to-
do bien. En esta dimensión esponsal, propia de toda la vida consa-
grada, es sobre todo la mujer la que se ve singularmente reflejada,
como descubriendo la índole especial de su relación con el Señor.
A este respecto, es sugestiva la página neotestamentaria que
presenta a María con los Apóstoles en el Cenáculo en espera oran-
te del Espíritu Santo (cf. Hch 1,13-14). Aquí se puede ver una
imagen viva de la Iglesia-Esposa, atenta a las señales del Esposo y
preparada para acoger su don. En Pedro y en los demás Apóstoles
emerge sobre todo la dimensión de la fecundidad, como se mani-
fiesta en el ministerio eclesial, que se hace instrumento del Espíri-
tu para la generación de nuevos hijos mediante el anuncio de la
Palabra, la celebración de los Sacramentos y la atención pastoral.
En María está particularmente viva la dimensión de la acogida es-
ponsal, con la que la Iglesia hace fructificar en sí misma la vida
divina a través de su amor total de virgen.
La vida consagrada ha sido siempre vista prevalentemente en
María, la Virgen esposa. De ese amor virginal procede una fecun-
didad particular, que contribuye al nacimiento y crecimiento de la
vida divina en los corazones69. La persona consagrada, siguiendo
las huellas de María, nueva Eva, manifiesta su fecundidad espiri-
tual acogiendo la Palabra, para colaborar en la formación de la
nueva humanidad con su dedicación incondicional y su testimonio.
Así la Iglesia manifiesta plenamente su maternidad tanto por la
69Cf. SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS, Manuscrito autobiografico, B, 2 v: «Ser tu
esposa, oh Jesús (...) ser en mi unión contigo, madre de las almas».
91
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
comunicación de la acción divina confiada a Pedro, como por la
acogida responsable del don divino, típica de María.
Por su parte, el pueblo cristiano encuentra en el ministerio or-
denado los medios de la salvación, y en la vida consagrada el im-
pulso para una respuesta de amor plena en todas las diversas for-
mas de diaconía70»71.
VI. La perfección de la caridad y el misterio de la
Pascua
«La persona consagrada, en las diversas formas de vida susci-
tadas por el Espíritu a lo largo de la historia, experimenta la verdad
de Dios-Amor de un modo tanto más inmediato y profundo cuanto
más se coloca bajo la Cruz de Cristo. Aquel que en su muerte apa-
rece ante los ojos humanos desfigurado y sin belleza hasta el punto
de mover a los presentes a cubrirse el rostro (cf. Is 53,2-3), preci-
samente en la Cruz manifiesta en plenitud la belleza y el poder del
amor de Dios. San Agustín lo canta así: “Hermoso siendo Dios,
Verbo en Dios (...). Es hermoso en el cielo y es hermoso en la tie-
rra; hermoso en el seno, hermoso en los brazos de sus padres, her-
moso en los milagros, hermoso en los azotes; hermoso invitado a
la vida, hermoso no preocupándose de la muerte, hermoso dando
la vida, hermoso tomándola; hermoso en la cruz, hermoso en el
sepulcro y hermoso en el cielo. Oíd entendiendo el cántico, y la
flaqueza de su carne no aparte de vuestros ojos el esplendor de su
hermosura”72.
La vida consagrada refleja este esplendor del amor, porque
confiesa, con su fidelidad al misterio de la Cruz, creer y vivir del
70
Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Perfectae Caritatis sobre la
adecuada renovación de la vida religiosa (de aquí en adelante: PC) nn. 8; 10; 12.
71 VC, n. 34.
72 SAN AGUSTÍN, Enarr. in Psal. 44, 3: PL 36, 495-496.
92
Naturaleza de la vida consagrada
amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. De este modo con-
tribuye a mantener viva en la Iglesia la conciencia de que la Cruz
es la sobreabundancia del amor de Dios que se derrama sobre
este mundo, el gran signo de la presencia salvífica de Cristo. Y
esto especialmente en las dificultades y pruebas. Es lo que testi-
monian continuamente y con un valor digno de profunda admira-
ción un gran número de personas consagradas, que con frecuencia
viven en situaciones difíciles, incluso de persecución y martirio.
Su fidelidad al único Amor se manifiesta y se fortalece en la hu-
mildad de una vida oculta, en la aceptación de los sufrimientos
para completar lo que en la propia carne “falta a las tribulaciones
de Cristo” (Col 1,24), en el sacrificio silencioso, en el abandono a
la santa voluntad de Dios, en la serena fidelidad incluso ante el
declive de las fuerzas y del propio ascendiente. De la fidelidad a
Dios nace también la entrega al prójimo, que las personas consa-
gradas viven no sin sacrificio en la constante intercesión por las
necesidades de los hermanos, en el servicio generoso a los pobres
y a los enfermos, en el compartir las dificultades de los demás y en
la participación solícita en las preocupaciones y pruebas de la Igle-
sia»73.
b. La peculiar consagración mediante la profesión de
los consejos evangélicos
I. La vida consagrada es una profundización en el
bautismo
La vida consagrada brota por la fuerza del bautismo, no porque
haga falta otro bautismo, tampoco porque sea una renovación del
mismo como se hace en las misiones populares o en la solemne
73 VC, n. 24.
93
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Vigilia Pascual, sino que el mismo y único bautismo que recibi-
mos cuando niños desarrolla, para algunos, todas sus virtualidades,
por poder de la Iglesia. De manera tal, que cuando visitemos la
pila bautismal en que hemos sido hechos hijos de Dios y herederos
del cielo, allí mismo reconozcamos que es el lugar donde hemos
nacido como hijos de Dios y herederos del cielo; y además, como
religiosos.
II. Unidad en el proyecto de amor evangélico
Todos los cristianos están llamados a vivir según el programa
de amor evangélico de Jesús, pero no todos están obligados a vivir
según el estilo de vida de Jesús en castidad, pobreza y obediencia
bajo voto.
III. Distintas vocaciones como rayos de una única luz
«Este Sínodo, que sigue a los dedicados a los laicos y a los
presbíteros, completa el análisis de las peculiaridades que caracte-
rizan los estados de vida queridos por el Señor Jesús para su Igle-
sia. En efecto, si en el Concilio Vaticano II se señaló la gran reali-
dad de la comunión eclesial, en la cual convergen todos los dones
para la edificación del Cuerpo de Cristo y para la misión de la
Iglesia en el mundo, en estos últimos años se ha advertido la nece-
sidad de explicitar mejor la identidad de los diversos estados de
vida, su vocación y su misión específica en la Iglesia.
La comunión en la Iglesia no es pues uniformidad, sino don del
Espíritu que pasa también a través de la variedad de los carismas y
de los estados de vida. Éstos serán tanto más útiles a la Iglesia y a
su misión, cuanto mayor sea el respeto de su identidad. En efecto,
94
Naturaleza de la vida consagrada
todo don del Espíritu es concedido con objeto de que fructifique
para el Señor74 en el crecimiento de la fraternidad y de la misión»75.
«Esta luz llega a todos sus hijos, todos igualmente llamados a
seguir a Cristo poniendo en Él el sentido último de la propia vida,
hasta poder decir con el Apóstol: “Para mí la vida es Cristo” (Flp
1,21). Una experiencia singular de la luz que emana del Verbo
encarnado es ciertamente la que tienen los llamados a la vida con-
sagrada. En efecto, la profesión de los consejos evangélicos los
presenta como signo y profecía para la comunidad de los hermanos
y para el mundo; encuentran pues en ellos particular resonancia las
palabras extasiadas de Pedro: “Bueno es estarnos aquí” (Mt
17,4)»76.
«...En la unidad de la vida cristiana las distintas vocaciones son
como rayos de la única luz de Cristo, “que resplandece sobre el
rostro de la Iglesia”77»78.
IV. Complementariedad de las vocaciones al servicio
de la única misión
Los fieles cristianos laicos: «Los laicos, en virtud del carácter
secular de su vocación, reflejan el misterio del Verbo Encarnado
en cuanto Alfa y Omega del mundo, fundamento y medida del va-
lor de todas las cosas creadas. Los ministros sagrados, por su parte,
son imágenes vivas de Cristo cabeza y pastor, que guía a su pueblo
en el tiempo del “ya pero todavía no”, a la espera de su venida en
la gloria. A la vida consagrada se confía la misión de señalar al
74 Cf. SAN FRANCISCO DE SALES, Introducción a la vida devota, p. 1, c. 3, Oeuvres,
t. III, Annecy 1893, 19-20.
75 VC, n. 4.
76 Ibidem, n. 15.
77 Cf. LG, n. 1.
78 VC, n. 16.
95
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Hijo de Dios hecho hombre como la meta escatológica a la que
todo tiende, el resplandor ante el cual cualquier otra luz languidece,
la infinita belleza que, sola, puede satisfacer totalmente el corazón
humano. Por tanto, en la vida consagrada no se trata sólo de seguir
a Cristo con todo el corazón, amándolo “más que al padre o a la
madre, más que al hijo o a la hija” (cf. Mt 10,37), como se pide a
todo discípulo, sino de vivirlo y expresarlo con la adhesión “con-
formadora” con Cristo de toda la existencia, en una tensión global
que anticipa, en la medida posible en el tiempo y según los diver-
sos carismas, la perfección escatológica»79.
c. La comparación entre consagración bautismal, la
sacerdotal y la de la vida consagrada
I. La nueva y especial consagración
«En la tradición de la Iglesia la profesión religiosa es conside-
rada como una singular y fecunda profundización de la consagra-
ción bautismal en cuanto que, por su medio, la íntima unión con
Cristo, ya inaugurada con el Bautismo, se desarrolla en el don de
una configuración más plenamente expresada y realizada, median-
te la profesión de los consejos evangélicos80.
Esta posterior consagración tiene, sin embargo, una peculiari-
dad propia respecto a la primera, de la que no es una consecuencia
necesaria81 . En realidad, todo renacido en Cristo está llamado a
vivir, con la fuerza proveniente del don del Espíritu, la castidad
79
VC, n. 16.
80
Cf. SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Redemptionis Donum, sobre la
consagración de los religiosos y religiosas a la luz del misterio de la redención, n.
7.
81 Cf. LG, n. 44; Audiencia General, 26/10/1994; Insegnamenti XVII/2 (1994), n.
5, 549. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española del
28/10/1994, 3.
96
Naturaleza de la vida consagrada
correspondiente a su propio estado de vida, la obediencia a Dios y
a la Iglesia, y un desapego razonable de los bienes materiales, por-
que todos son llamados a la santidad, que consiste en la perfección
de la caridad82. Pero el Bautismo no implica por sí mismo la lla-
mada al celibato o a la virginidad, la renuncia a la posesión de bie-
nes y la obediencia a un superior, en la forma propia de los conse-
jos evangélicos. Por tanto, su profesión supone un don particular
de Dios no concedido a todos, como Jesús mismo señala en el caso
del celibato voluntario (cf. Mt 19,10-12).
A esta llamada corresponde, por otra parte, un don específico
del Espíritu Santo, de modo que la persona consagrada pueda res-
ponder a su vocación y a su misión. Por eso, como se refleja en las
liturgias de Oriente y Occidente, en el rito de la profesión monásti-
ca o religiosa y en la consagración de las vírgenes, la Iglesia invo-
ca sobre las personas elegidas el don del Espíritu Santo y asocia su
oblación al sacrificio de Cristo83.
La profesión de los consejos evangélicos es también un desa-
rrollo de la gracia del sacramento de la Confirmación, pero va
más allá de las exigencias normales de la consagración crismal en
virtud de un don particular del Espíritu, que abre a nuevas posibi-
lidades y frutos de santidad y de apostolado, como demuestra la
historia de la vida consagrada.
En cuanto a los sacerdotes que profesan los consejos evangéli-
cos, la experiencia misma muestra que el sacramento del Orden
encuentra una fecundidad peculiar en esta consagración, puesto
que presenta y favorece la exigencia de una pertenencia más estre-
82
Cf. LG, n. 42.
83
Cf. Ritual Romano, Rito de la profesión religiosa: Solemne bendición o
consagración de los profesos, n. 67, y de las profesas, n. 72; Pontifical Romano,
Rito de la consagración de las Vírgenes, n. 38: Solemne oración de consagración;
Eucologion sive Rituale Graecorum, Officium parvi habitum id est Mandiae, 384-
385; Pontificale iuxta ritum Ecclesiae Syrorum Occidentalium id est antiochiae,
Ordo rituum monasticorum, Typis Polyglottis Vaticanis 1942, 307-309.
97
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
cha al Señor. El sacerdote que profesa los consejos evangélicos
encuentra una ayuda particular para vivir en sí mismo la plenitud
del misterio de Cristo, gracias también a la espiritualidad peculiar
de su Instituto y a la dimensión apostólica del correspondiente ca-
risma. En efecto, en el presbítero la vocación al sacerdocio y a la
vida consagrada convergen en profunda y dinámica unidad.
De valor inconmensurable es también la aportación dada a la
vida de la Iglesia por los religiosos sacerdotes dedicados íntegra-
mente a la contemplación. Especialmente en la celebración euca-
rística realizan una acción de la Iglesia y para la Iglesia, a la que
unen el ofrecimiento de sí mismos, en comunión con Cristo que se
ofrece al Padre para la salvación del mundo entero84»85.
II. Las relaciones entre los diversos estados de la vi-
da del cristiano
«Las diversas formas de vida en las que, según el designio del
Señor Jesús, se articula la vida eclesial presentan relaciones recí-
procas sobre las que interesa detenerse.
Todos los fieles, en virtud de su regeneración en Cristo, parti-
cipan de una dignidad común; todos son llamados a la santidad;
todos cooperan a la edificación del único Cuerpo de Cristo, cada
uno según su propia vocación y el don recibido del Espíritu (cf. Ro
12,38)86. La igual dignidad de todos los miembros de la Iglesia es
obra del Espíritu; está fundada en el Bautismo y la Confirmación y
corroborada por la Eucaristía. Sin embargo, también es obra del
Espíritu la variedad de formas. Él constituye la Iglesia como una
84
Cf. SAN PEDRO DAMIÁN, Liber qui appellatur «Dominus vobiscum» ad Leonem
eremitam: PL 145, 231-252.
85 VC, n. 30.
86 Cf. LG, n. 32; Código de Derecho Canónico, c. 208; Código de los cánones de
las Iglesias orientales, c. 11.
98
Naturaleza de la vida consagrada
comunión orgánica en la diversidad de vocaciones, carismas y mi-
nisterios87.
Las vocaciones a la vida laical, al ministerio ordenado y a la
vida consagrada se pueden considerar paradigmáticas, dado que
todas las vocaciones particulares, bajo uno u otro aspecto, se refie-
ren o se reconducen a ellas, consideradas separadamente o en con-
junto, según la riqueza del don de Dios. Además, están al servicio
unas de otras para el crecimiento del Cuerpo de Cristo en la histo-
ria y para su misión en el mundo. Todos en la Iglesia son consa-
grados en el Bautismo y en la Confirmación, pero el ministerio
ordenado y la vida consagrada suponen una vocación distinta y
una forma específica de consagración, en razón de una misión pe-
culiar.
La consagración bautismal y crismal, común a todos los miem-
bros del Pueblo de Dios, es fundamento adecuado de la misión de
los laicos, de los que es propio “el buscar el Reino de Dios ocu-
pándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios”88.
Los ministros ordenados, además de esta consagración fundamen-
tal, reciben la consagración en la Ordenación para continuar en el
tiempo el ministerio apostólico. Las personas consagradas, que
abrazan los consejos evangélicos, reciben una nueva y especial
consagración que, sin ser sacramental, las compromete a abrazar –
en el celibato, la pobreza y la obediencia– la forma de vida practi-
cada personalmente por Jesús y propuesta por Él a los discípulos.
87
Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Ad Gentes, n. 4; LG, nn. 4, 12,
13; Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo (de aquí
en adelante: GS) n. 32; Decreto Apostolicam Actuositatem sobre el apostolado de
los laicos, n. 3; SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal
Christifideles Laici sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el
mundo, nn. 20-21; CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Communionis
notio, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la
Iglesia considerada como comunión (28/05/1992) n. 15.
88 Cf. LG, n. 31.
99
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Aunque estas diversas categorías son manifestaciones del único
misterio de Cristo, los laicos tienen como aspecto peculiar, si bien
no exclusivo, el carácter secular, los pastores el carácter ministe-
rial y los consagrados la especial conformación con Cristo virgen,
pobre y obediente»89.
III. El valor especial de la vida consagrada
«En este armonioso conjunto de dones, se confía a cada uno de
los estados de vida fundamentales la misión de manifestar, en su
propia categoría, una u otra de las dimensiones del único misterio
de Cristo. Si la vida laical tiene la misión particular de anunciar el
Evangelio en medio de las realidades temporales, en el ámbito de
la comunión eclesial desarrollan un ministerio insustituible los
que han recibido el Orden sagrado, especialmente los Obispos.
Ellos tienen la tarea de apacentar el Pueblo de Dios con la ense-
ñanza de la Palabra, la administración de los Sacramentos y el
ejercicio de la potestad sagrada al servicio de la comunión eclesial,
que es comunión orgánica, ordenada jerárquicamente90.
Como expresión de la santidad de la Iglesia, se debe reconocer
una excelencia objetiva a la vida consagrada, que refleja el mismo
modo de vivir de Cristo. Precisamente por esto, ella es una mani-
festación particularmente rica de los bienes evangélicos y una rea-
lización más completa del fin de la Iglesia que es la santificación
de la humanidad. La vida consagrada anuncia y, en cierto sentido,
anticipa el tiempo futuro, cuando, alcanzada la plenitud del Reino
de los cielos presente ya en germen y en el misterio91, los hijos de
89
VC, n. 31.
90
Cf. SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Christifideles
Laici, sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo nn. 20-
21.
91 Cf. LG, n. 5.
100
Naturaleza de la vida consagrada
la resurrección no tomarán mujer o marido, sino que serán como
ángeles de Dios (cf. Mt 22,30).
En efecto, la excelencia de la castidad perfecta por el Reino92,
considerada con razón la “puerta” de toda la vida consagrada93, es
objeto de la constante enseñanza de la Iglesia. Ésta manifiesta, al
mismo tiempo, gran estima por la vocación al matrimonio, que
hace de los cónyuges “testigos y colaboradores de la fecundidad de
la Madre Iglesia como símbolo y participación de aquel amor con
el que Cristo amó a su esposa y se entregó por ella”94.
En este horizonte común a toda la vida consagrada, se articulan
vías distintas entre sí, pero complementarias. Los religiosos y las
religiosas dedicados íntegramente a la contemplación son en mo-
do especial imagen de Cristo en oración en el monte95. Las perso-
nas consagradas de vida activa lo manifiestan “anunciando a las
gentes el Reino de Dios, curando a los enfermos y lisiados, convir-
tiendo a los pecadores en fruto bueno, bendiciendo a los niños y
haciendo el bien a todos”96. Las personas consagradas en los Insti-
tutos seculares realizan un servicio particular para la venida del
Reino de Dios, uniendo en una síntesis específica el valor de la
consagración y el de la secularidad. Viviendo su consagración en
el mundo y a partir del mundo97, “se esfuerzan por impregnar todas
las cosas con el espíritu evangélico, para fortaleza y crecimiento
del Cuerpo de Cristo”98. Participan, para ello, en la obra evangeli-
zadora de la Iglesia mediante el testimonio personal de vida cris-
92
Cf. CONCILIO DE TRENTO, ses. XXXIV, c. 10: DS 1810; PÍO XII, Encíclica
Sacra Virginitas sobre la Virginidad consagrada (25/03/1954).
93 Cf. CV, n. 32, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 17].
94 LG, n. 41.
95
Cf. LG, n. 46.
96 LG, n. 46.
97 Cf. Pío XII, Motu proprio Primo feliciter (12/03/1948) n. 6.
98 Código de Derecho Canónico, c. 713, § 1; cf. Código de los cánones de las
Iglesias orientales, c. 563, § 2.
101
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
tiana, el empeño por ordenar según Dios las realidades temporales,
la colaboración en el servicio de la comunidad eclesial, de acuerdo
con el estilo de vida secular que les es propio99»100.
4. María
Nadie mejor que María Santísima puede enseñarnos la prepara-
ción y la participación en la Santa Misa. Ella fue asociada total-
mente a la obra redentora ya desde la encarnación, y su unión con
Cristo víctima llegó a su ápice cuando lo acompañó y lo ofreció,
ofreciéndose también a sí misma, en el Calvario. Ella así es figura
de la Iglesia toda. De modo que Ella, mujer eucarística, está pre-
sente de un modo singular en cada Misa. Además, por su total do-
cilidad a la voluntad de Dios y por su unión esponsal con el Espíri-
tu Santo, Ella es un modelo acabadísimo de consagración a Dios.
«No se puede negar, además, que la práctica de los consejos
evangélicos sea un modo particularmente íntimo y fecundo de par-
ticipar también en la misión de Cristo, siguiendo el ejemplo de
María de Nazaret, primera discípula, la cual aceptó ponerse al ser-
vicio del plan divino en la donación total de sí misma. Toda mi-
sión comienza con la misma actitud manifestada por María en la
anunciación: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra” (Lc 1,38)»101.
«Después de María, Madre de Jesús, Juan, el discípulo que Je-
sús amaba, el testigo que junto con María estuvo a los pies de la
cruz (cf. Jn 19,26-27), recibió este don. Su decisión de consagra-
ción total es fruto del amor divino que lo envuelve, lo sostiene y le
llena el corazón. Juan, al lado de María, está entre los primeros de
99
Código de Derecho Canónico, c. 713, § 2. En este mismo c. 713, § 3 se habla
específicamente de los «miembros clérigos».
100 VC, n. 32.
101 Ibidem, n. 18.
102
Naturaleza de la vida consagrada
la larga serie de hombres y mujeres que, desde los inicios de la
Iglesia hasta el final, tocados por el amor de Dios, se sienten lla-
mados a seguir al Cordero inmolado y viviente, dondequiera que
vaya (cf. Ap 14,1-5)102»103.
a. La Virgen María, modelo de consagración y segui-
miento
«María es aquella que, desde su concepción inmaculada, refleja
más perfectamente la belleza divina. “Toda hermosa” es el título
con el que la Iglesia la invoca. “La relación que todo fiel, como
consecuencia de su unión con Cristo, mantiene con María Santísi-
ma queda aún más acentuada en la vida de las personas consagra-
das (...). En todos (los Institutos de vida consagrada) existe la con-
vicción de que la presencia de María tiene una importancia funda-
mental tanto para la vida espiritual de cada alma consagrada, como
para la consistencia, la unidad y el progreso de toda la comuni-
dad”104.
En efecto, María es ejemplo sublime de perfecta consagración,
por su pertenencia plena y entrega total a Dios. Elegida por el Se-
ñor, que quiso realizar en ella el misterio de la Encarnación, re-
cuerda a los consagrados la primacía de la iniciativa de Dios. Al
mismo tiempo, habiendo dado su consentimiento a la Palabra divi-
na, que se hizo carne en ella, María aparece como modelo de aco-
gida de la gracia por parte de la criatura humana.
Cercana a Cristo, junto con José, en la vida oculta de Nazaret,
presente al lado del Hijo en los momentos cruciales de su vida pú-
102
Cf. VC, n. 23, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 3].
103
VC, n. 23.
104 SAN JUAN PABLO II, Audiencia General, 29/03/1995; Insegnamenti XVIII/1
(1995), n. 1, 883. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española
del 31/03/1995, 23.
103
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
blica, la Virgen es maestra de seguimiento incondicional y de ser-
vicio asiduo. En ella, “templo del Espíritu Santo”105, brilla de este
modo todo el esplendor de la nueva criatura. La vida consagrada la
contempla como modelo sublime de consagración al Padre, de
unión con el Hijo y de docilidad al Espíritu, sabiendo bien que
identificarse con “el tipo de vida en pobreza y virginidad”106 de
Cristo significa asumir también el tipo de vida de María.
La persona consagrada encuentra, además, en la Virgen una
Madre por título muy especial. En efecto, si la nueva maternidad
dada a María en el Calvario es un don a todos los cristianos, ad-
quiere un valor específico para quien ha consagrado plenamente la
propia vida a Cristo. “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27): las pala-
bras de Jesús al discípulo “a quien amaba” (Jn 19,26), asumen una
profundidad particular en la vida de la persona consagrada. En
efecto, está llamada con Juan a acoger consigo a María Santísima
(cf. Jn 19,27), amándola e imitándola con la radicalidad propia de
su vocación y experimentando, a su vez, una especial ternura ma-
terna. La Virgen le comunica aquel amor que permite ofrecer cada
día la vida por Cristo, cooperando con Él en la salvación del mun-
do. Por eso, la relación filial con María es el camino privilegiado
para la fidelidad a la vocación recibida y una ayuda eficacísima
para avanzar en ella y vivirla en plenitud107»108.
«Será, pues, de gran ayuda para las personas consagradas la
meditación asidua de los textos evangélicos y de los demás escri-
tos neotestamentarios, que ilustran las palabras y los ejemplos de
Cristo y de la Virgen María, y la apostolica vivendi forma. A ellos
se han referido constantemente fundadores y fundadoras a la hora
105
LG, n. 53.
106 Ibidem, n. 46.
107 Cf. VC, n. 28, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 55].
108 VC, n. 28.
104
Naturaleza de la vida consagrada
de acoger la vocación y de discernir el carisma y la misión del
propio Instituto»109.
«Exhorto, en fin, a todas las personas consagradas a que renue-
ven cotidianamente, según las propias tradiciones, su unión espiri-
tual con la Virgen María, recorriendo con ella los misterios del
Hijo, particularmente con el rezo del Santo Rosario»110.
«Con un delicado respeto, pero con arrojo misionero, los con-
sagrados y consagradas pongan de manifiesto que la fe en Jesucris-
to ilumina todo el campo de la educación sin prejuicios sobre los
valores humanos, sino más bien confirmándolos y elevándolos. De
este modo se convierten en testigos e instrumentos del poder de la
Encarnación y de la fuerza del Espíritu. Esta tarea es una de las
expresiones más significativas de la Iglesia que, a imagen de Ma-
ría, ejerce su maternidad para con todos sus hijos111»112.
b. Invocación a la Virgen María
San Juan Pablo II, en Vita Consecrata, hace una hermosísima
invocación a María en favor de las almas consagradas:
«María, figura de la Iglesia, Esposa sin arruga y sin mancha,
que imitándote “conserva virginalmente la fe íntegra, la esperanza
firme y el amor sincero”113, sostiene a las personas consagradas en
el deseo de llegar a la eterna y única Bienaventuranza.
Las encomendamos a ti, Virgen de la Visitación, para que se-
pan acudir a las necesidades humanas con el fin de socorrerlas,
pero sobre todo para que lleven a Jesús. Enséñales a proclamar las
109
VC, n. 94.
110
Ibidem, n. 95.
111 Cf. SAN JUAN PABLO II, Constitución Apostólica Sapientia Christiana sobre
las Universidades y Facultades eclesiásticas, II.
112 VC, n. 97.
113 LG, n. 64.
105
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
maravillas que el Señor hace en el mundo, para que todos los pue-
blos ensalcen su nombre. Sostenlas en sus obras en favor de los
pobres, de los hambrientos, de los que no tienen esperanza, de los
últimos y de todos aquellos que buscan a tu Hijo con sincero cora-
zón.
A ti, Madre, que deseas la renovación espiritual y apostólica de
tus hijos e hijas en la respuesta de amor y de entrega total a Cristo,
elevamos confiados nuestra súplica. Tú que has hecho la voluntad
del Padre, disponible en la obediencia, intrépida en la pobreza y
acogedora en la virginidad fecunda, alcanza de tu divino Hijo, que
cuantos han recibido el don de seguirlo en la vida consagrada, se-
pan testimoniarlo con una existencia transfigurada, caminando
gozosamente, junto con todos los otros hermanos y hermanas, ha-
cia la patria celestial y la luz que no tiene ocaso.
Te lo pedimos, para que en todos y en todo sea glorificado,
bendito y amado el Sumo Señor de todas las cosas, que es Padre,
Hijo y Espíritu Santo»114.
114 VC, n. 112.
106
TEMAS PRINCIPALES
INTRODUCCIÓN
Con el fin de alcanzar una participación más activa, consciente
y fructuosa en la Santa Misa, y para «internalizar» más en nuestros
corazones lo más importante de aquello que tiene que ser nuestra
participación en la Santa Misa como religiosos y religiosas, que-
remos señalar específicamente y de manera resumida algunos te-
mas entresacados de la Exhortación Vita Consecrata de San Juan
Pablo II que consideramos principales para la vida consagrada.
Como ya dijimos, y para que los distintos aspectos de la vida
religiosa enseñados en dicha Exhortación Apostólica –y que los
religiosos y religiosas deberíamos llevar a la Misa– resalten más,
los hemos dividido en las cuatro partes apenas mencionadas en el
capítulo precedente: 1. Santísima Trinidad; 2. Jesucristo; 3. La
Iglesia; y 4. La Virgen María. Debemos hacer notar que así nos
movemos en el orden hipostático, que es superior al orden de la
gracia y, aún, al orden de la gloria del cielo, porque se trata de la
unión con las personas divinas –o de la unión de alguna de ellas
con la naturaleza humana– que nos hablan y debemos saber escu-
charlas, y nos escuchan y debemos saber hablarles.
La Santísima Trinidad que es el Padre, y el Hijo, y el Espíritu
Santo. Jesucristo que es la segunda Persona hecha carne. La Iglesia
que es la persona mística formada por Cristo, Dios y hombre, co-
mo Cabeza, y nosotros, como Cuerpo. La Virgen que pertenece al
orden hipostático de manera relativa, no absoluta como el Hijo,
porque Ella y sólo Ella, dio carne de su carne y sangre de su san-
gre para que el Hijo Único de Dios pudiera hacerse hombre. Y ni
un ángel ni todos los ángeles juntos, ni un santo ni todos los santos
juntos pudieron hacer eso.
107
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
En la Encarnación, el Verbo unge con unción santísima todas
y cada una de las células, de las moléculas y los átomos del cuerpo
de Jesús y el alma entera en su esencia y en sus facultades, por ser
Hijo de Dios y Dios. No hay nada en Cristo que no sea tres veces
santo y, por tanto, verdadero e infinitamente adorable. Eso lo obra
la unión hipostática o personal con la persona del Verbo, segunda
de la Trinidad.
Todo en Él es transparencia, autenticidad, sinceridad, verdad,
perfección, no hay nada postizo en Él: Yo soy la Verdad (cf. Jn
14,6). Sus enseñanzas no son como las hojas caídas de un árbol,
que son juguete del viento: El cielo y la tierra pasarán, mis pala-
bras no pasarán (Mt 24,35; Mc 13,31; Lc 21,33). Es el «Amén»:
Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la crea-
ción de Dios (Ap 3,14). No es sí y no, no hay contradicción en Él:
Dios me es fiel testigo de que nuestra palabra con vosotros no es
sí y no. Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, que os hemos predi-
cado, yo, Silvano y Timoteo, no ha sido sí y no, antes ha sido sí.
Cuantas promesas hay de Dios, son en Él sí; y por Él decimos
amén para gloria de Dios en nosotros (2Co 1,18-20). En Él habita
toda la plenitud de la divinidad corporalmente, y estáis llenos en
Él, que es la cabeza de todo principado y potestad (Col 2,9-10).
En Él no hay nada vacío, hueco, disfrazado, maquillado, no asu-
mido. No hay nada de «barniz» o de «cáscara». No hay superficia-
lidad, ni es un juglar de las ideas. Es uno solo, el Verbo, Hijo de
Dios y Dios, en dos naturalezas distintas, divina y humana, ambas
perfectas e íntegras, y sustancialmente unidas.
La Iglesia. Sobre la persona mística del Cuerpo místico de
Cristo enseña Santo Tomás: «Como antes se ha expuesto (q. 7, aa.
1 y 9; q. 8 aa. 1 y 5), a Cristo le fue dada la gracia no sólo como a
persona singular, sino como cabeza de la Iglesia, es a saber, para
que desde él redundase en los miembros. Y por eso las obras de
108
Temas principales. Introducción
Cristo, en este aspecto, se comportan, tanto para él como para sus
miembros, lo mismo que se portan las obras de otro hombre cons-
tituido en gracia respecto de sí mismo. Y es evidente que quien-
quiera que, constituido en gracia, padece por la justicia, merece
por eso mismo la salvación, conforme al pasaje de Mt 5,10: Biena-
venturados los que padecen persecución por la justicia. Por consi-
guiente, Cristo, por su pasión, mereció la salvación no sólo para él,
sino también para todos sus miembros»1. «La cabeza y los miem-
bros son como una sola persona mística. Y, por tal motivo, la satis-
facción de Cristo pertenece a todos los fieles como miembros su-
yos. Incluso dos hombres, en cuanto forman una sola cosa por me-
dio de la caridad, son capaces de satisfacer el uno por el otro, co-
mo se declarará más adelante (véase Suppl., q. 13, a. 2)»2.
Todo lo que en el Antiguo Testamento aparece como familia,
inmediatez con Dios, relación con Dios, consagración, carisma,
profecía, radicalidad, holocausto, globalidad y totalidad, libertad
de espíritu, creatividad, audacia, existencias transfiguradas, incul-
turación, vida de oración y de intercesión, memoria, comunión,
misión, forma de vida apostólica, esponsalidad, paternidad y ma-
ternidad, bienaventuranzas, sacrificios y resurgimientos, actitud
ante los signos de los tiempos... todo eso, además de su consisten-
cia propia, es preanuncio, prefiguración, sombra de todas las reali-
dades futuras.
En el Nuevo Testamento: Padre, Hijo y Espíritu Santo –el
Amante, el Amado y el Amor–, inmediatez con Dios, relación con
Dios, nueva familia, consagración, carisma, profecía, radicalidad,
holocausto, globalidad y totalidad, libertad de espíritu, creatividad,
audacia, existencias transfiguradas, inculturación, vida de oración
y de intercesión, memoria, comunión, misión, forma de vida apos-
1 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, q. 48, a. 1.
2 S. Th. III, q. 48, a. 2 ad 1.
109
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
tólica, esponsalidad, paternidad y maternidad, bienaventuranzas,
sacrificios y resurgimientos, actitud ante los signos de los tiem-
pos... son llevados al anuncio pleno, a su realidad más profunda, a
la más real consistencia, en Jesucristo, nuestro Señor, conducién-
dolos a la supremacía, inimaginable y sin comparación alguna, de
la unión hipostática, como el analogado principal de todas ellas,
que participa a todos sus discípulos a través de los siglos y por to-
dos los lugares, en especial a los religiosos y religiosas, la mayor
de los cuales es la Santísima Virgen María, «llena de gracia».
110
Capítulo V
I Parte: Santísima Trinidad
1. La Santísima Trinidad
2. Una nueva familia
3. La consagración
4. El carisma
5. La libertad de espíritu: Ley Nueva y discernimiento
6. Creatividad y audacia
7. La belleza infinita: filocalía
8. Pericóresis trinitaria
1. La Santísima Trinidad
a) La vida consagrada por ser forma de vida de Jesucristo –
casto, pobre, obediente– es, como Él, manifestación de la
Trinidad y de lo que debe ser la existencia cristiana.
Es el modo más radical y divino de vivir el Evangelio.
Al ser totalmente del Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo,
somos expresión del amor del Hijo al Padre en el Espíritu Santo.
b) Jesús invitó a algunos discípulos a seguirlo más de cerca,
dejándolo todo e imitando su forma de vida. Eso es la vida
consagrada. Mostrando la iniciativa del Padre, por el Hijo,
en el Espíritu Santo, la vida consagrada manifiesta ser un
anticipo del cielo. Esta llamada exige la entrega total y es
una vocación especial y un don peculiar del Espíritu Santo.
c) Los consejos evangélicos son un don de la Santísima Tri-
nidad.
La castidad es reflejo del amor infinito que une a las tres Per-
sonas divinas.
111
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
La pobreza es expresión de la entrega total de sí que las tres
divinas Personas se hacen recíprocamente.
La obediencia manifiesta la belleza liberadora de una depen-
dencia filial que es reflejo de la amorosa correspondencia propia
de las tres Personas divinas.
Textos de la Exhortación Apostólica sobre la Santísima
Trinidad
que debemos y podemos releer y estudiar ya que son grandes
textos del Magisterio de la Iglesia
Padre, Hijo y Espíritu Santo
«Con tal identificación “conformadora” con el misterio de Cris-
to, la vida consagrada realiza por un título especial aquella confes-
sio Trinitatis que caracteriza toda la vida cristiana, reconociendo
con admiración la sublime belleza de Dios Padre, Hijo y Espíritu
Santo y testimoniando con alegría su amorosa condescendencia
hacia cada ser humano»1.
«En realidad, la Iglesia es esencialmente misterio de comunión,
“muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo”»2.
«Padre Santo, santifica a los hijos e hijas que se han consagra-
do a ti para la gloria de tu nombre...
Jesús Salvador, Verbo Encarnado, así como has dado tu forma
de vivir a quienes has llamado (...) ¡Ninguna tribulación los separe
de ti y de tu amor!
Espíritu Santo, Amor derramado en los corazones...»3.
1 VC, n. 16.
2 Ibidem, n. 41.
3 Ibidem, n. 111.
112
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
«Te lo pedimos, para que en todos y en todo sea glorificado,
bendito y amado el Sumo Señor de todas las cosas, que es Padre,
Hijo y Espíritu Santo»4.
Tres Personas divinas
«La castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto mani-
festación de la entrega a Dios con corazón indiviso (cf. 1Co 7,32-
34), es el reflejo del amor infinito que une a las tres Personas divi-
nas en la profundidad misteriosa de la vida trinitaria; amor testi-
moniado por el Verbo encarnado hasta la entrega de su vida; amor
“derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Ro 5,5),
que anima a una respuesta de amor total hacia Dios y hacia los
hermanos.
La pobreza manifiesta que Dios es la única riqueza verdadera
del hombre. Vivida según el ejemplo de Cristo que “siendo rico, se
hizo pobre” (2Co 8,9), es expresión de la entrega total de sí que
las tres Personas divinas se hacen recíprocamente. Es don que bro-
ta en la creación y se manifiesta plenamente en la Encarnación del
Verbo y en su muerte redentora.
La obediencia, practicada a imitación de Cristo, cuyo alimento
era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4,34), manifiesta la belleza
liberadora de una dependencia filial y no servil, rica de sentido de
responsabilidad y animada por la confianza recíproca, que es refle-
jo en la historia de la amorosa correspondencia propia de las tres
Personas divinas»5.
«En realidad, la Iglesia es esencialmente misterio de comunión,
“muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo”. La vida fraterna quiere reflejar la hondura y la
riqueza de este misterio, configurándose como espacio humano
4 VC, n. 112.
5 Ibidem, n. 21.
113
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
habitado por la Trinidad, la cual derrama así en la historia los do-
nes de la comunión que son propios de las tres Personas divinas»6.
Trinidad
«Para alabanza de la Trinidad»7.
«Los consejos evangélicos son, pues, ante todo un don de la
Santísima Trinidad. La vida consagrada es anuncio de lo que el
Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu, realiza con su amor, su
bondad y su belleza. En efecto, “el estado religioso (...) revela de
manera especial la superioridad del Reino sobre todo lo creado y
sus exigencias radicales. Muestra también a todos los hombres la
grandeza extraordinaria del poder de Cristo Rey y la eficacia infi-
nita del Espíritu Santo, que realiza maravillas en su Iglesia»8.
«La vida consagrada se convierte en una de las huellas concre-
tas que la Trinidad deja en la historia, para que los hombres pue-
dan descubrir el atractivo y la nostalgia de la belleza divina»9.
«A imagen de la Trinidad...
La vida fraterna quiere reflejar la hondura y la riqueza de este
misterio, configurándose como espacio humano habitado por la
Trinidad, la cual derrama así en la historia los dones de la comu-
nión que son propios de las tres Personas divinas (...). La vida con-
sagrada posee ciertamente el mérito de haber contribuido eficaz-
mente a mantener viva en la Iglesia la exigencia de la fraternidad
como confesión de la Trinidad. Con la constante promoción del
amor fraterno en la forma de vida común, la vida consagrada pone
de manifiesto que la participación en la comunión trinitaria puede
6
VC, n. 41.
7 Ibidem, n. 17.
8 Ibidem, n. 20.
9 Ibidem, n. 20.
114
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
transformar las relaciones humanas, creando un nuevo tipo de
solidaridad»10.
«Confío particularmente a los monasterios de vida contempla-
tiva el ecumenismo espiritual de la oración, de la conversión del
corazón y de la caridad. A este respecto les invito a que se hagan
presentes allí donde viven comunidades cristianas de diversas con-
fesiones, para que su total entrega a lo “único necesario” (cf. Lc
10,42), al culto de Dios y a la intercesión por la salvación del
mundo, junto con su testimonio de vida evangélica según el propio
carisma, sean para todos un estímulo a vivir, a imagen de la Trini-
dad, en la unidad que Jesús ha querido y ha suplicado al Padre para
todos sus discípulos»11.
«Trinidad Santísima, beata y beatificante, haz dichosos a tus hi-
jos e hijas que has llamado a confesar la grandeza de tu amor, de
tu bondad misericordiosa y de tu belleza»12.
«Confessio Trinitatis
En las fuentes cristológico-trinitarias de la vida consagrada
...Este especial “seguimiento de Cristo”, en cuyo origen está
siempre la iniciativa del Padre, tiene pues una connotación esen-
cialmente cristológica y pneumatológica, manifestando así de mo-
do particularmente vivo el carácter trinitario de la vida cristiana,
de la que anticipa de alguna manera la realización escatológica a
la que tiende toda la Iglesia. (...) Los discípulos que han gozado de
la intimidad del Maestro, envueltos momentáneamente por el es-
plendor de la vida trinitaria y de la comunión de los santos, como
10 VC, n. 41.
11 Ibidem, n. 101.
12 Ibidem, n. 111.
115
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
arrebatados en el horizonte de la eternidad, vuelven de repente a la
realidad cotidiana...»13.
«El reflejo de la vida trinitaria en los consejos
La referencia de los consejos evangélicos a la Trinidad santa y
santificante revela su sentido más profundo. En efecto, son expre-
sión del amor del Hijo al Padre en la unidad del Espíritu Santo. Al
practicarlos, la persona consagrada vive con particular intensidad
el carácter trinitario y cristológico que caracteriza toda la vida cris-
tiana»14.
«La vida consagrada está llamada a profundizar continuamente
el don de los consejos evangélicos con un amor cada vez más sin-
cero e intenso en dimensión trinitaria: amor a Cristo, que llama a
su intimidad; al Espíritu Santo, que dispone el ánimo a acoger sus
inspiraciones; al Padre, origen primero y fin supremo de la vida
consagrada. De este modo se convierte en manifestación y signo
de la Trinidad, cuyo misterio viene presentado a la Iglesia como
modelo y fuente de cada forma de vida cristiana»15.
«La misma vida fraterna, en virtud de la cual las personas con-
sagradas se esfuerzan por vivir en Cristo con “un solo corazón y
una sola alma” (Hch 4,32), se propone como elocuente manifesta-
ción trinitaria. La vida fraterna manifiesta al Padre, que quiere
hacer de todos los hombres una sola familia; manifiesta al Hijo
encarnado, que reúne a los redimidos en la unidad, mostrando el
camino con su ejemplo, su oración, sus palabras y, sobre todo, con
su muerte, fuente de reconciliación para los hombres divididos y
dispersos; manifiesta al Espíritu Santo como principio de unidad
13 VC, n. 14.
14 Ibidem, n. 21.
15 Ibidem, n. 21.
116
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
en la Iglesia, donde no cesa de suscitar familias espirituales y co-
munidades fraternas»16.
«Las personas consagradas, contra la tentación del egocentris-
mo y la sensualidad, dan testimonio de las características que re-
visten la auténtica búsqueda de Dios, advirtiendo del peligro de
confundirla con la búsqueda sutil de sí mismas o con la fuga en la
gnosis. Toda persona consagrada está comprometida a cultivar el
hombre interior, que no es ajeno a la historia ni se encierra en sí
mismo. Viviendo en la escucha obediente de la Palabra, de la cual
la Iglesia es depositaria e intérprete, encuentra en Cristo sumamen-
te amado y en el Misterio trinitario el objeto del anhelo profundo
del corazón humano y la meta de todo itinerario religioso sincera-
mente abierto a la trascendencia»17.
2. Una nueva familia
En la mente de la Trinidad, por tanto también en la de Jesucris-
to, desde que Dios es Dios, estaba el propósito de tener una nueva
familia. «Durante su vida terrena, Jesús llamó a quienes Él quiso,
para tenerlos junto a sí y para enseñarles a vivir según su ejemplo,
para el Padre y para la misión que el Padre le había encomendado
(cf. Mc 3,13-15). Inauguraba de este modo una nueva familia de
la cual habrían de formar parte a través de los siglos todos aquellos
que estuvieran dispuestos a “cumplir la voluntad de Dios” (cf. Mc
3,32-35). Después de la Ascensión, gracias al don del Espíritu, se
constituyó en torno a los Apóstoles una comunidad fraterna, unida
en la alabanza a Dios y en una concreta experiencia de comunión
(cf. Hch 2,42-47; 4,32-35). La vida de esta comunidad y, sobre
todo, la experiencia de la plena participación en el misterio de
16 VC, n. 21.
17 Ibidem, n. 103.
117
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Cristo vivida por los Doce, han sido el modelo en el que la Iglesia
se ha inspirado siempre que ha querido revivir el fervor de los orí-
genes y reanudar su camino en la historia con un renovado vigor
evangélico18»19.
El Papa nos habla de la vida religiosa como de una nueva fa-
milia20. No podemos dejar de recordar a Santo Tomás de Aquino,
quien, genialmente, definía la familia como «un útero espiritual».
En varios lugares el Aquinate se pregunta si los niños de los judíos
y de los otros infieles deben ser bautizados contra la voluntad de
los padres, a lo que responde negativamente por dos razones: por
el peligro de la fe, y porque se opone a la justicia natural: «pues
antes del uso de razón está bajo el cuidado de sus padres, como
contenido en un útero espiritual»21. Es decir que así como necesi-
18
Cf. PC, n. 15; SAN AGUSTÍN, Regula ad servos Dei, l. I, c. 1: PL 32, 1372.
19
VC, n. 41.
20 Cf. VC, n. 41.
21 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, q. 10, a. 12. Cf. también: Quodl., II, q.
4, a. 2 en Le questioni disputate, vol. 11, ESD, Bologna 2003, 150-151. El texto
de la Suma dice: «Y la razón es doble. Una, por el peligro de la fe. Si los niños
que aún no tienen uso de razón reciben el bautismo, al llegar a mayor edad
pueden fácilmente ser inducidos por sus padres a abandonar lo que sin conocer
recibieron. Y esto redundaría en detrimento de la fe.
La segunda razón es porque se opone a la justicia natural. El hijo es naturalmente
algo del padre. En un primer momento no se distingue corporalmente de sus
padres, cuando se halla en el vientre de su madre. Después, cuando ha salido del
útero materno, antes del uso de razón está bajo el cuidado de sus padres, como
contenido en un útero espiritual. Pues cuando el niño no ha llegado aún al uso de
razón, no difiere del animal irracional. Y así como el buey o el caballo es
propiedad de uno para usar de él a voluntad como de un instrumento propio,
según el derecho natural, así es también de derecho natural que el hijo, antes de
tener uso de razón, esté bajo la protección de sus padres. Por lo tanto, es contra la
justicia natural el substraer al niño, antes del uso de razón, del cuidado de los
padres o determinar algo sobre él contra la voluntad de los mismos. Una vez que
comienza a tener uso de su libre albedrío, empieza a depender de sí mismo, y
puede, respecto de lo concerniente al derecho divino o natural, ser su propio
provisor. Entonces es cuando debe ser inducido a la fe, no por coacción, sino por
persuasión, y puede, contra el querer de sus padres, consentir en la ley y
bautizarse, mas no antes del uso de razón».
118
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
tamos del primer útero físico para existir, crecer, alimentarnos,
prepararnos para la vida del mundo exterior, recibir amor, protec-
ción, cuidados, etc., así en el útero espiritual, la familia, recibimos
el cuidado de nuestros padres para existir, crecer, recibir amor y
darlo, estar protegidos, etc. Así también debe ocurrir con la familia
religiosa que nos debe llevar a la santidad, a la práctica de todas
las virtudes, a la misión, a la vida eterna.
«En realidad, la Iglesia es esencialmente misterio de comunión,
“muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo”22. La vida fraterna quiere reflejar la hondura y la
riqueza de este misterio, configurándose como espacio humano
habitado por la Trinidad, la cual derrama así en la historia los do-
nes de la comunión que son propios de las tres Personas divinas.
Los ámbitos y las modalidades en que se manifiesta la comunión
fraterna en la vida eclesial son muchos. La vida consagrada posee
ciertamente el mérito de haber contribuido eficazmente a mantener
viva en la Iglesia la exigencia de la fraternidad como confesión de
la Trinidad. Con la constante promoción del amor fraterno en la
forma de vida común, la vida consagrada pone de manifiesto que
la participación en la comunión trinitaria puede transformar las
relaciones humanas, creando un nuevo tipo de solidaridad. Ella
indica de este modo a los hombres tanto la belleza de la comunión
fraterna, como los caminos concretos que a ésta conducen. Las
personas consagradas, en efecto, viven “para” Dios y “de” Dios.
Por eso precisamente pueden proclamar el poder reconciliador de
la gracia, que destruye las fuerzas disgregadoras que se encuentran
en el corazón humano y en las relaciones sociales»23.
Asimismo, debemos tener en cuenta, al hablar de familia, los
conceptos de:
22 SAN CIPRIANO, De Oratione Dominica, 23: PL 4, 553; cf. LG, n. 4.
23 VC, n. 41.
119
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
1) íntimo/a
2) intimidad, y
3) íntimamente
Estos conceptos expresan un aspecto importante de la familia y
suelen referirse a la vida religiosa y la Trinidad, a Jesucristo y su
misión, a la Iglesia y a la Virgen María, a la vocación religiosa y al
ser más íntimo del consagrado/a.
a. Íntimo/a
«Los consejos evangélicos, con los que Cristo invita a algunos
a compartir su experiencia de virgen, pobre y obediente, exigen y
manifiestan, en quien los acoge, el deseo explícito de una total
conformación con Él. Viviendo “en obediencia, sin nada propio y
en castidad”24, los consagrados confiesan que Jesús es el Modelo
en el que cada virtud alcanza la perfección. En efecto, su forma de
vida casta, pobre y obediente, aparece como el modo más radical
de vivir el Evangelio en esta tierra, un modo –se puede decir– di-
vino, porque es abrazado por Él, Hombre-Dios, como expresión de
su relación de Hijo Unigénito con el Padre y con el Espíritu Santo.
Éste es el motivo por el que en la tradición cristiana se ha hablado
siempre de la excelencia objetiva de la vida consagrada.
No se puede negar, además, que la práctica de los consejos
evangélicos sea un modo particularmente íntimo y fecundo de par-
ticipar también en la misión de Cristo, siguiendo el ejemplo de
María de Nazaret, primera discípula, la cual aceptó ponerse al ser-
vicio del plan divino en la donación total de sí misma. Toda mi-
sión comienza con la misma actitud manifestada por María en la
24 SAN FRANCISCO DE ASÍS, Regula bullata, I, 1.
120
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
anunciación: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra” (Lc 1,38)»25.
«Hoy más que nunca es necesario un renovado compromiso de
santidad por parte de las personas consagradas para favorecer y
sostener el esfuerzo de todo cristiano por la perfección. “Es nece-
sario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un
fuerte deseo de conversión y de renovación personal en un clima
de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo,
especialmente del más necesitado”26.
Las personas consagradas, en la medida en que profundizan su
propia amistad con Dios, se hacen capaces de ayudar a los herma-
nos y hermanas mediante iniciativas espirituales válidas, como
escuelas de oración, ejercicios y retiros espirituales, jornadas de
soledad, escucha y dirección espiritual. De este modo se favorece
el progreso en la oración de personas que podrán después realizar
un mejor discernimiento de la voluntad de Dios sobre ellas y em-
prender opciones valientes, a veces heroicas, exigidas por la fe. En
efecto, las personas consagradas “a través de su ser más íntimo,
se sitúan dentro del dinamismo de la Iglesia, sedienta de lo Abso-
luto de Dios, llamada a la santidad. Es de esta santidad de la que
dan testimonio”27. El hecho de que todos sean llamados a la santi-
dad debe animar más aún a quienes, por su misma opción de vida,
tienen la misión de recordarlo a los demás»28.
«...la vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia
como elemento decisivo para su misión, ya que “indica la natura-
25
VC, n. 18.
26
SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente como
preparación del Jubileo del año 2000, n. 42.
27 BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 69.
28 VC, n. 39.
121
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
leza íntima de la vocación cristiana”29 y la aspiración de toda la
Iglesia Esposa hacia la unión con el único Esposo30»31.
«Éste es el sentido de la vocación a la vida consagrada: una ini-
ciativa enteramente del Padre (cf. Jn 15,16), que exige de aquellos
que ha elegido la respuesta de una entrega total y exclusiva32. La
experiencia de este amor gratuito de Dios es hasta tal punto íntima
y fuerte que la persona experimenta que debe responder con la en-
trega incondicional de su vida, consagrando todo, presente y futu-
ro, en sus manos»33.
«Como toda la existencia cristiana, la llamada a la vida consa-
grada está también en íntima relación con la obra del Espíritu San-
to. Es Él quien, a lo largo de los milenios, acerca siempre nuevas
personas a percibir el atractivo de una opción tan comprometida.
Bajo su acción reviven, en cierto modo, la experiencia del profeta
Jeremías: “Me has seducido, Señor, y me dejé seducir” (20,7)»34.
«En la tradición de la Iglesia la profesión religiosa es conside-
rada como una singular y fecunda profundización de la consagra-
ción bautismal en cuanto que, por su medio, la íntima unión con
Cristo, ya inaugurada con el Bautismo, se desarrolla en el don de
una configuración más plenamente expresada y realizada, median-
te la profesión de los consejos evangélicos35»36.
29
CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Ad Gentes, n. 18.
30
Cf. LG, n. 44; BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelica testificatio,
n. 7; Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 69.
31
VC, n. 3.
32 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Instrucción
Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida Religiosa...,
(31/5/1983) n. 5.
33
VC, n. 17.
34 Ibidem, n. 19.
35 Cf. SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Redemptionis Donum,
(25/03/1984) n. 7.
36 VC, n. 30.
122
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
«Los carismas de vida consagrada implican también una orien-
tación hacia el Hijo, llevando a cultivar con Él una comunión de
vida íntima y gozosa, en la escuela de su servicio generoso de
Dios y de los hermanos. De este modo, “la mirada progresivamen-
te cristificada, aprende a alejarse de lo exterior, del torbellino de
los sentidos, es decir, de cuanto impide al hombre la levedad que
le permitiría dejarse conquistar por el Espíritu”37, y posibilita así ir
a la misión con Cristo, trabajando y sufriendo con Él en la difusión
de su Reino»38.
«De este modo, con la riqueza de sus carismas, las personas
consagradas brindan una específica aportación a la Iglesia para que
ésta profundice cada vez más en su propio ser, como sacramento
“de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género hu-
mano”39»40.
«Estas nuevas asociaciones de vida evangélica no son alterna-
tivas 41 a las precedentes instituciones, las cuales continúan ocu-
pando el lugar insigne que la tradición les ha reservado. Las nue-
vas formas son también un don del Espíritu, para que la Iglesia
siga a su Señor en una perenne dinámica de generosidad, atenta a
las llamadas de Dios que se manifiestan a través de los signos de
los tiempos. De esta manera se presenta ante el mundo con varie-
dad de formas de santidad y de servicio, como “señal e instrumen-
to de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género
humano”42»43.
37
SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Orientale Lumen, (2/5/1995) n. 12.
38
VC, n. 36.
39
LG, n. 1.
40 VC, n. 46.
41 Alternativa: opción entre dos o más cosas [nota nuestra].
42 LG, n. 1.
43 VC, n. 62.
123
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
«La vida religiosa, además, participa en la misión de Cristo con
otro elemento particular y propio: la vida fraterna en comunidad
para la misión. La vida religiosa será, pues, tanto más apostólica,
cuanto más íntima sea la entrega al Señor Jesús, más fraterna la
vida comunitaria y más ardiente el compromiso en la misión espe-
cífica del Instituto»44.
«Jesús mismo nos ha dado perfecto ejemplo de cómo se pueden
unir la comunión con el Padre y una vida intensamente activa. Sin
la tensión continua hacia esta unidad, se corre el riesgo de un co-
lapso interior, de desorientación y de desánimo. La íntima unión
entre contemplación y acción permitirá, hoy como ayer, acometer
las misiones más difíciles»45.
«Las personas consagradas, en efecto, tienen la tarea de hacer
presente también entre los no cristianos 46 a Cristo casto, pobre,
obediente, orante y misionero47. En virtud de su más íntima con-
sagración a Dios 48 , y permaneciendo dinámicamente fieles a su
carisma, no pueden dejar de sentirse implicadas en una singular
colaboración con la actividad misionera de la Iglesia»49.
«El medio fundamental para alimentar eficazmente la comu-
nión con el Señor es sin duda la sagrada liturgia, especialmente la
Celebración Eucarística y la Liturgia de las Horas.
Ante todo, la Eucaristía, que “contiene todo el bien espiritual
de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida,
que da la vida a los hombres”50, corazón de la vida eclesial y tam-
bién de la vida consagrada. Quien ha sido llamado a elegir a Cristo
44
VC, n. 72.
45
Ibidem, n. 74.
46 LG, n. 46; BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 69.
47
Ibidem, n. 44.
48 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Ad Gentes, n. 18; 4.
49 VC, n. 77.
50 CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Presbyterorum Ordinis sobre el
ministerio y vida de los presbíteros (de aquí en adelante: PO) n. 5.
124
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
como único sentido de su vida en la profesión de los consejos
evangélicos, ¿cómo podría no desear instaurar con Él una comu-
nión cada vez más íntima mediante la participación diaria en el
Sacramento que lo hace presente, en el sacrificio que actualiza su
entrega de amor en el Gólgota, en el banquete que alimenta y sos-
tiene al Pueblo de Dios peregrino? Por su naturaleza la Eucaristía
ocupa el centro de la vida consagrada, personal y comunitaria. Ella
es viático cotidiano y fuente de la espiritualidad de cada Institu-
to»51.
«La Iglesia no puede renunciar absolutamente a la vida consa-
grada, porque expresa de manera elocuente su íntima esencia “es-
ponsal”. En ella encuentra nuevo impulso y fuerza el anuncio del
Evangelio a todo el mundo. En efecto, se necesitan personas que
presenten el rostro paterno de Dios y el rostro materno de la Igle-
sia, que se jueguen la vida para que los otros tengan vida y espe-
ranza. La Iglesia tiene necesidad de personas consagradas que, aún
antes de comprometerse en una u otra noble causa, se dejen trans-
formar por la gracia de Dios y se conformen plenamente al Evan-
gelio»52.
«Espíritu Santo, Amor derramado en los corazones, que conce-
des gracia e inspiración a las mentes, Fuente perenne de vida, que
llevas la misión de Cristo a su cumplimiento con numerosos ca-
rismas, te rogamos por todas las personas consagradas. Colma su
corazón con la íntima certeza de haber sido escogidas para amar,
alabar y servir»53.
51 VC, n. 95.
52 Ibidem, n. 105.
53 Ibidem, n. 111.
125
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
b. Intimidad
«...a ella pueden referirse, en cierto modo, las mismas dimen-
siones “activas” de la vida consagrada, ya que la Transfiguración
no es sólo revelación de la gloria de Cristo, sino también prepara-
ción para afrontar la cruz. Ella implica un “subir al monte” y un
“bajar del monte”: los discípulos que han gozado de la intimidad
del Maestro, envueltos momentáneamente por el esplendor de la
vida trinitaria y de la comunión de los santos, como arrebatados en
el horizonte de la eternidad, vuelven de repente a la realidad coti-
diana, donde no ven más que a “Jesús solo” en la humildad de la
naturaleza humana, y son invitados a descender para vivir con Él
las exigencias del designio de Dios y emprender con valor el ca-
mino de la cruz»54.
Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle
(Mt 17,5).
«A los tres discípulos extasiados se dirige la llamada del Padre
a ponerse a la escucha de Cristo, a depositar en Él toda confianza,
a hacer de Él el centro de la vida. En la palabra que viene de lo
alto adquiere nueva profundidad la invitación con la que Jesús
mismo, al inicio de la vida pública, les había llamado a su segui-
miento, sacándolos de su vida ordinaria y acogiéndolos en su in-
timidad. Precisamente de esta especial gracia de intimidad surge,
en la vida consagrada, la posibilidad y la exigencia de la entrega
total de sí mismo en la profesión de los consejos evangélicos. És-
tos, antes que una renuncia, son una específica acogida del miste-
rio de Cristo, vivida en la Iglesia»55.
«El Hijo, camino que conduce al Padre (cf. Jn 14,6), llama a
todos los que el Padre le ha dado (cf. Jn 17,9) a un seguimiento
54 VC, n. 14.
55 Ibidem, n. 16.
126
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
que orienta su existencia. Pero a algunos –precisamente las perso-
nas consagradas– pide un compromiso total, que comporta el
abandono de todas las cosas (cf. Mt 19,27) para vivir en intimidad
con Él56 y seguirlo adonde vaya (cf. Ap 14,4).
En la mirada de Cristo (cf. Mc 10,21), “imagen de Dios invisi-
ble” (Col 1,15), resplandor de la gloria del Padre (cf. Hb 1,3), se
percibe la profundidad de un amor eterno e infinito que toca las
raíces del ser57. La persona, que se deja seducir por él, tiene que
abandonar todo y seguirlo (cf. Mc 1,16-20; 2,14; 10,21.28). Como
Pablo, considera que todo lo demás es “pérdida ante la sublimidad
del conocimiento de Cristo Jesús”, ante el cual no duda en tener
todas las cosas “por basura para ganar a Cristo” (Flp 3,8). Su aspi-
ración es identificarse con Él, asumiendo sus sentimientos y su
forma de vida. Este dejarlo todo y seguir al Señor (cf. Lc 18,28) es
un programa válido para todas las personas llamadas y para todos
los tiempos»58.
«...la vida consagrada está llamada a profundizar continuamen-
te el don de los consejos evangélicos con un amor cada vez más
sincero e intenso en dimensión trinitaria: amor a Cristo, que llama
a su intimidad; al Espíritu Santo, que dispone el ánimo a acoger
sus inspiraciones; al Padre, origen primero y fin supremo de la
vida consagrada59. De este modo se convierte en manifestación y
signo de la Trinidad, cuyo misterio viene presentado a la Iglesia
como modelo y fuente de cada forma de vida cristiana»60.
«La nueva evangelización, como la de siempre, será eficaz si
sabe proclamar desde los tejados lo que ha vivido en la intimidad
56
Cf. VC, n. 18, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 16].
57
Cf. SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Redemptionis Donum, n. 3.
58
VC, n. 18.
59 Cf. SAN JUAN PABLO II, Audiencia General, 09/11/1994; Insegnamenti XVII/2
(1994), n. 4, 654. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española
del 11/11/1994, 3.
60 VC, n. 21.
127
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
con el Señor. Para ello se requieren personalidades sólidas, anima-
das por el fervor de los santos. La nueva evangelización exige de
los consagrados y consagradas una plena conciencia del sentido
teológico de los retos de nuestro tiempo»61.
c. Íntimamente
«En el Sínodo se ha afirmado en varias ocasiones que la vida
consagrada no sólo ha desempeñado en el pasado un papel de ayu-
da y apoyo a la Iglesia, sino que es un don precioso y necesario
también para el presente y el futuro del Pueblo de Dios, porque
pertenece íntimamente a su vida, a su santidad y a su misión62»63.
«Esto resulta evidente ya que la profesión de los consejos
evangélicos está íntimamente relacionada con el misterio de Cris-
to, teniendo el cometido de hacer de algún modo presente la forma
de vida que Él eligió, señalándola como valor absoluto y escatoló-
gico. Jesús mismo, llamando a algunas personas a dejarlo todo
para seguirlo, inauguró este género de vida que, bajo la acción del
Espíritu, se ha desarrollado progresivamente a lo largo de los si-
glos en las diversas formas de la vida consagrada. El concepto de
una Iglesia formada únicamente por ministros sagrados y laicos no
corresponde, por tanto, a las intenciones de su divino Fundador tal
y como resulta de los Evangelios y de los demás escritos neotes-
tamentarios»64.
«Es útil recordar que, a la hora de coordinar el servicio que se
presta a la Iglesia universal y a la Iglesia particular, los Institutos
no pueden invocar la justa autonomía o incluso la exención de que
61
VC, n. 81.
62 Cf. LG, n. 44.
63 VC, n. 3.
64 Ibidem, n. 29.
128
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
gozan muchos de ellos65, con el fin de justificar decisiones que, de
hecho, contrastan con las exigencias de una comunión orgánica,
requerida por una sana vida eclesial. Es preciso, por el contrario,
que las iniciativas pastorales de las personas consagradas sean de-
cididas y actuadas en el contexto de un diálogo abierto y cordial
entre Obispos y Superiores de los diversos Institutos. La especial
atención por parte de los Obispos a la vocación y misión de los
distintos Institutos, y el respeto por parte de éstos del ministerio de
los Obispos con una acogida solícita de sus concretas indicaciones
pastorales para la vida diocesana, representan dos formas, ínti-
mamente relacionadas entre sí, de una única caridad eclesial, que
compromete a todos en el servicio de la comunión orgánica –
carismática y al mismo tiempo jerárquicamente estructurada– de
todo el Pueblo de Dios»66.
«El reto de la libertad en la obediencia
La tercera provocación proviene de aquellas concepciones de
libertad que, en esta fundamental prerrogativa humana, prescinden
de su relación constitutiva con la verdad y con la norma moral67.
En realidad, la cultura de la libertad es un auténtico valor, ínti-
mamente unido con el respeto de la persona humana. Pero, ¿cómo
no ver las terribles consecuencias de injusticia e incluso de violen-
cia a las que conduce, en la vida de las personas y de los pueblos,
el uso deformado de la libertad?»68.
65
Cf. Código de Derecho Canónico, c. 586, § 2; Código de los cánones de las
Iglesias orientales, c. 412, § 2.
66 VC, n. 49.
67 Cf. SAN JUAN PABLO II, Encíclica Veritatis Splendor 6/8/93 sobre algunas
cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, nn. 31-35.
68 VC, n. 91.
129
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
3. La consagración
a. Introducción
Tal vez sea el tema principal de la Exhortación Apostólica Vita
Consecrata de San Juan Pablo II. «El sustantivo consagración
aparece, en el texto de la Exhortación, 46 veces. El adjetivo con-
sagrado/a, sin calificar al sustantivo vida, aparece 207 veces. La
expresión vida consagrada, que es la que da el título a la misma
Exhortación, aparece 234 veces. En total, 487 veces»69.
b. La consagración en el Antiguo Testamento70
«La consagración no exige por sí misma un rito especial: resul-
ta de toda acción que pone un objeto o una persona en relación
próxima con Dios y con su culto.
69
Á. Aparicio Rodríguez, Comentarios a la exhortación apostólica Vita
Consecrata, Publicaciones Claretianas, Madrid 1997, 162. En nuestra
computadora aparece 50 veces consagración; 214 consagrado/a; 246 vida
consagrada; total: 510. Tal vez la diferencia sea porque la nuestra también
considera las notas.
70 R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, Herder, Barcelona 19924,
586-587.
130
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
− Los participantes en la guerra santa son personas “san-
tificadas” y el botín queda consagrado a Dios71;
71 Cf. R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 347ss.: «El pueblo en
armas es llamado el pueblo de Yahveh o el pueblo de Dios, Jue 5,13; 20,2; las
tropas de Dios, 1Sam 17,26; los ejércitos de Yahveh, Ex 12,41; cf. 7,4. Los
combatientes deben hallarse en estado de pureza ritual, “santificados”, Jos 3,5; cf.
Jr 6,4; 22,7; Jl 4,9. Están obligados a la continencia, 1Sam 21,6; 2Sam 11,11.
Esta obligación de pureza se extiende al campamento, que debe permanecer
“santo” para que Yahveh pueda vivaquear con sus tropas, Dt 23,10-15.
Las guerras de Israel son, en efecto, las guerras de Yahveh, 1Sam 18,17; 25,28, y
el Libro de las guerras de Yahveh, Nm 21,14, que se ha perdido, cantaba la
epopeya nacional. Los enemigos son los enemigos de Yahveh, Jue 5,31; 1Sam
30,26; cf. Ex 17,16. Antes de partir se le ofrece un sacrificio, 1Sam 7,9; 13,9.12,
pero sobre todo se le consulta, Jue 20,23.28; 1Sam 14,37; 23,2.4, por medio del
efod y de las suertes sagradas, 1Sam 23,9s.; 30,7s., y Él es quien decide la guerra.
Él mismo marcha a la cabeza del ejército, Jue 4,14; 2Sam 5,24; cf. Dt 20,4.
El signo visible de esta presencia de Yahveh es el arca. En el desierto había
seguido, según se dice, los desplazamientos del pueblo, representado como un
ejército en marcha, y Nm 10,35-36 ha conservado viejos gritos de guerra: cuando
el arca se ponía en marcha se decía: “Levántate, Yahveh, y sean dispersados tus
enemigos...”, y cuando se detenía: “Retorna, Yahveh, a las multitudes de los
millares de Israel”. El arca había pasado el Jordán a la cabeza de los israelitas
“santificados” para la guerra de conquista, Jos 3,6, y había sido llevada en
procesión alrededor de las murallas de Jericó, Jos 6,6s. Todavía en tiempos de
David el arca acampa con todo Israel delante de Rabbat Ammón, 2Sam 11,11. La
historia de la batalla de Afeq es particularmente instructiva, 1Sam 4,11; el éxito
de los filisteos fue atribuido a la ausencia del arca. Entonces se la trajo de Siló y
los filisteos comprendieron que “Dios había vuelto al campo”. Sin embargo, esta
vez el arca no acarreó la victoria, sino que ella misma cayó en manos del enemigo,
sintiéndose tal captura como un desastre inexplicable, más doloroso que la
matanza del ejército.
A la llegada del arca a Afeq, los israelitas habían lanzado el grito de guerra, teruʻa,
1Sam 4,5s., que es la señal del combate, pero que forma también parte del ritual
del arca, 2Sam 6,15, y que es un grito religioso. Menos seguro es que se deba
poner, como se hace con frecuencia, el título de Yahveh Sabaot en relación con el
arca y su papel de palladium en las guerras de Israel. En efecto, este título parece
haber estado originariamente ligado al santuario de Siló, pero no precisamente al
arca que estaba depositada allí; por otra parte, no se puede afirmar con seguridad
que yhwh seba’ôt signifique “Yahveh de los ejércitos” (de Israel) ni que este
título tenga la menor relación con las instituciones militares y su aspecto religioso.
En la batalla, Yahveh combate en favor de Israel, Jos 10,14.42; Jue 20,35;
moviliza los elementos de la naturaleza, Jos 10,11; 24,7; Jue 5,20; 1Sam 7,10, y
siembra la confusión en medio de los enemigos, Jue 4,15; 7,22; 1Sam 7,10; 14,20,
infundiéndoles un “terror divino”, 1Sam 14,15.
131
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− los sacerdotes son santificados sencillamente por su en-
trada en funciones72;
Mas la victoria no es el último acto de la guerra santa, como tampoco su punto
culminante. Éste es el herem, el anatema ejecutado sobre el enemigo vencido y
sobre sus bienes. Según el sentido de la raíz y el empleo del verbo
correspondiente, la palabra herem significa el hecho de “separar”, de sustraer al
uso profano y de reservar para un uso sagrado, o bien designa lo que de esta
manera está “separado”, vedado al hombre y consagrado a Dios. El término ha
pasado al vocabulario general del culto, Nm 18,14; Lv 27,21; Ez 44,29, pero en
un principio pertenecía al ritual de la guerra santa: es el abandono, en manos de
Dios, de los emolumentos de la victoria. Las modalidades varían según los textos.
El herem resulta generalmente de una orden de Yahveh, Dt 7,2; 20,17; Jos 8,2;
1Sam 15,3; excepcionalmente, de un voto hecho por el pueblo, Nm 21,2.
Teóricamente es total: en Jericó, todos los seres vivos, hombres y bestias, debían
ser pasados a cuchillo, la ciudad y los bienes muebles fueron incendiados, los
objetos de metal fueron consagrados a Yahveh, Jos 6,18-24; Akán, que infringió
el herem, atrajo la maldición sobre el pueblo, fue castigado y lo que se había
apropiado fue destruido, Jos 7. En la guerra de Saúl contra los amalecitas, 1Sam
15, el anatema debía ser igualmente total, y Saúl fue condenado por no haberlo
ejecutado estrictamente. La destrucción de los objetos cultuales en las ciudades
cananeas está prescrito especialmente en Dt 7,5.25. El herem debía ser ejecutado
con el mayor rigor contra una ciudad israelita que hubiese renegado de Yahveh,
Dt 13,13-18. En otros casos la extensión del herem es más o menos restringida:
afecta a todos los seres humanos, pero el ganado y los bienes muebles son
guardados como botín, Dt 2,34-35; 3,6-7 y probablemente 20,16; Jos 8,2.27;
11,14, y probablemente 10,28s.; o bien se perdona a las mujeres vírgenes. Nm
31,14-18; Jue 21,11 (en los dos casos se da una razón especial). En la toma de
una ciudad extranjera, se da muerte únicamente a la población masculina, Dt
20,14, pero la palabra herem no aparece, no tratándose de una guerra santa, como
en el caso de una ciudad de la tierra santa, Dt 20,16-17».
72 Cf. Roland de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 451s.: «El
sacerdocio en Israel no es una vocación, es una función. Los textos no hablan
jamás de un llamamiento o de una elección divina a propósito del sacerdote,
como lo hacen a propósito del rey y del profeta. Si, en 2Cro 24,20, el Espíritu de
Dios reviste a Zacarías, hijo de un sacerdote, es para hacer de él un profeta, pero
no para elevarlo al sacerdocio.
“Instalar” a un sacerdote se dice “llenar su mano”, y esto ya desde el texto más
antiguo y también el más explícito sobre la entrada en funciones de los sacerdotes,
Jue 17,5-12. Es una expresión que se encuentra también en Ex 32,29; 1Re 13,33,
y luego en los textos de tradición sacerdotal, Ex 28,41; 29 passim; Lv 8,33; Nm
3,3; luego llega a perder todo su sentido concreto para significar, en Ez 43,26, la
inauguración de un altar. Consiguientemente, el sustantivo millu’îm, “relleno”
(de la mano), significa “investidura” de los sacerdotes en Ex 29,22-34; Lv 8,22-
33».
132
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
− la tienda del desierto y el templo son santos por el mero
hecho de que en ellos reside Dios73;
− su mobiliario es santo porque sirve para el culto;
− las víctimas y las ofrendas son santas porque son pre-
sentadas a Dios.
Por su parte, esta consagración lleva consigo entredichos; éstos
no efectúan la consagración, sino que son su consecuencia: cosas y
personas consagradas a Dios no pueden ser profanadas.
Los guerreros están obligados a la continencia, 1Sam 21,6;
2Sam 11,11; no se puede uno aprovechar del botín de la guerra
santa, Jos 6,18s.; 1Sam 15,18-19; los sacerdotes están sujetos a
reglas estrictas de pureza, Lv 21,1-8; las víctimas de los sacrifi-
cios, las ofrendas y los diezmos, son “cosas santas”, o “cosas muy
santas”, que deben consumirse en condiciones particulares y por
personas determinadas, Lv 2,3.10, etc.; Nm 18,8-9; Ez 42,13.
A esta consagración de hecho se añadieron, tardíamente y en
algunas circunstancias, ritos particulares. La consagración del su-
mo sacerdote después de la cautividad, comportaba una purifica-
ción, una investidura y una unción con un crisma especialmente
73
Cf. R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 586s.: «La investidura
del sumo sacerdote. Según los documentos sacerdotales del Pentateuco, Ex 29,4-7
y Lv 8,6-12, la consagración de Aarón se hace en tres actos: purificación,
vestición, unción. Primero se lava, luego es revestido con la túnica, el manto, el
efod y el pectoral, se ciñe con el turbante, misnepet, en cuya frente está fijado el
nezer santo. Para terminar se vierte sobre su cabeza el óleo de unción.
Ex 28 y 39 dan una descripción detallada de las vestiduras del sumo sacerdote.
Nos detendremos únicamente en los detalles sobre el tocado: en Ex 28,36 el
adorno del turbante se llama sîs, no nezer; en Ex 39,30 se emplean juntamente sîs
y nezer, lo mismo que en Lv 8,9. El sentido fundamental de nezer es
“consagración”, aquí “signo de consagración”. Generalmente se suele traducir por
“diadema”, pero esta traducción es inexacta; la forma de este “signo de
consagración” está indicada por el término concreto sîs, que debe guardar su
sentido ordinario de “flor”: el sumo sacerdote llevaba en la frente, sujeta al
turbante, una flor de oro, símbolo de vida y de salud. Sobre esta flor estaba
grabada, como en un sello, la inscripción “consagrado a Yahveh”, Ex 28,36;
39,30».
133
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
preparado. Los mismos textos recientes prescriben ungir con este
óleo santo el santuario, el altar y todo el ajuar sagrado, Ex 30,26-
29; 40,9-11; Lv 8,10.
Esta unción era bajo la monarquía el rito esencial de la corona-
ción, que convertía al rey en una persona sagrada74. La insignia de
esta consagración era el nezer que llevaba el rey, 2Sam 1,10; 2Re
11,12; Sal 89,40, que es también un ornamento del sumo sacerdo-
te, idéntico al sîs, la flor de oro que llevaba en la frente, Ex 39,30;
Lv 8,9 75 . Recordemos que la traducción exacta de nezer no es
“diadema”, sino “signo de consagración”.
74
Cf. R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 587.: «La unción es, en
efecto, un rito religioso. Va acompañada de una venida del Espíritu: nosotros
diríamos que confiere gracia. Así, el espíritu de Dios se posesionó de Saúl una
vez éste fue ungido, 1Sam 10,10, y en el caso de David aparece todavía más
inmediata la conexión según 1Sam 16,13. El rey es el ungido de Yahveh, 1Sam
24,7.11; 26,9.11.16.23; 2Sam 1,14.16 (Saúl); 2Sam 19,22 (David); Lm 4,20
(Sedecías); cf. 1Sam 2,10.3.5; 2Sam 22,51; Sal 18,51; 20,7; 84,10; 89,39.52;
132,10. El rey, persona consagrada, participa así de la santidad de Dios, es
inviolable. David se guarda de tocar a Saúl porque es el ungido de Yahveh, 1Sam
24,7.11; 26,9.11.23, y ejecuta al que tuvo la osadía de poner su mano en el rey,
2Sam 1,14.16».
75 Cf. R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 587.: «Estos ritos de
investidura relacionaron al sumo sacerdote después de la cautividad con el rey
anterior a la misma. La unción había sido la ceremonia esencial de la coronación,
que hacía del rey el ungido de Yahveh. Los ornamentos del sumo sacerdote no
son menos significativos: el turbante, sânîp, que recibe Josué es un tocado real en
Is 62,3; Sir hebreo 11,5; 40,4; 46,16, así como el misnepet de los textos son
sacerdotales es llevado por el príncipe de Ez 21,31. Además Sir 4,1.4 añade al
sânîp, del rey, el sîs, la flor que adorna la frente del sumo sacerdote; el
equivalente nezer es una insignia real en 2Sam 1,10; 2Re 11,12; Sal 89,40, y el
sentido concreto que hemos determinado para nezer está confirmado por un
salmo real, Sal 132,18; “su nezer florecerá”. Se puede comparar la piedra
preciosa de la corona de Milqom, que David pone sobre su frente, 2Sam 12,30 y
la piedra de Zac 3,9. Finalmente, el pectoral ornado de piedras preciosas descrito
en 28,15s., recuerda los ricos pectorales que llevaban los faraones y los reyes de
Siria siguiendo su ejemplo, como lo demuestran los hallazgos de Biblos; es
verosímil que fuese llevado también por los reyes de Israel. Cuando desapareció
la monarquía, este aparato real pasó al sumo sacerdote».
134
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
El sentido fundamental de la raíz nzr es el de separar o guardar
separado del uso profano, de aplicar un entredicho, por consi-
guiente de “consagrar”. De ahí viene el sustantivo nâzîr, que de-
signa una persona consagrada a Dios. Un duplicado de nzr es ndr,
de donde viene neder, el “voto”, que es también la consagración
de una cosa o de una persona a Dios».
c. La consagración en el Nuevo Testamento
I. Jesucristo
Él instaura la Ley nueva que abroga la antigua en cuanto a los
preceptos judiciales y ceremoniales, mientras eleva los preceptos
morales a cimas insospechadas por los antiguos. Con Él la figura
deja paso a la realidad, las sombras a la luz, lo imperfecto a lo per-
fecto, lo terreno a lo celestial, lo temporal a lo eterno. Y así la con-
sagración en el Antiguo Testamento a la consagración del Nuevo
Testamento.
Jesucristo es el modelo de toda consagración. «La vida consa-
grada “imita más de cerca y hace presente continuamente en la
Iglesia”76, por impulso del Espíritu Santo, la forma de vida que
Jesús, supremo consagrado y misionero del Padre para su Reino,
abrazó y propuso a los discípulos que lo seguían»77.
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Si-
món, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el
mar, pues eran pescadores. Les dijo: “Venid en pos de mí y os
haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y
lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a San-
tiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la
76 LG, n. 44.
77 VC, n. 22.
135
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron (cf.
Mt 4,18-22); Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a
Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues
eran pescadores. Jesús les dijo: “Venid en pos de mí y os haré
pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo
siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y
a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.
A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca
con los jornaleros y se marcharon en pos de él (Mc 1,16-20); Al
ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: “Se-
ñor, apártate de mí, que soy un hombre pecador”. Y es que el es-
tupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la
redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a
Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Si-
món. Y Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pesca-
dor de hombres”. Entonces sacaron las barcas a tierra y, deján-
dolo todo, lo siguieron (Lc 5,8-11); No sois vosotros los que me
habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para
que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que
lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé (Jn 15,16).
«A la luz de la consagración de Jesús, es posible descubrir en la
iniciativa del Padre, fuente de toda santidad, el principio originario
de la vida consagrada. En efecto, Jesús mismo es aquel que Dios
“ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Hch 10,38), “a quien el
Padre consagró y envió al mundo” (Jn 10,36). Acogiendo la con-
sagración del Padre, el Hijo a su vez se consagra a Él por la huma-
nidad (cf. Jn 17,19): su vida de virginidad, obediencia y pobreza
manifiesta su filial y total adhesión al designio del Padre (cf. Jn
10,30; 14,11). Su perfecta oblación confiere un significado de con-
sagración a todos los acontecimientos de su existencia terrena.
136
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Él es el obediente por excelencia, bajado del cielo no para ha-
cer su voluntad, sino la de Aquel que lo ha enviado (cf. Jn 6,38;
Hb 10,5.7). Él pone su ser y su actuar en las manos del Padre (cf.
Lc 2,49). En obediencia filial, adopta la forma del siervo: “Se des-
pojó de sí mismo tomando condición de siervo [...], obedeciendo
hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,7-8). En esta actitud de
docilidad al Padre, Cristo, aun aprobando y defendiendo la digni-
dad y la santidad de la vida matrimonial, asume la forma de vida
virginal y revela así el valor sublime y la misteriosa fecundidad
espiritual de la virginidad. Su adhesión plena al designio del Padre
se manifiesta también en el desapego de los bienes terrenos:
“Siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enrique-
cierais con su pobreza” (2Co 8,9). La profundidad de su pobreza
se revela en la perfecta oblación de todo lo suyo al Padre»78.
Jesucristo es «el Consagrado por excelencia»79 , «El supremo
Consagrado»80 de quien deriva toda consagración en la Iglesia.
II. La vida religiosa: una forma particular de consa-
gración a Dios
«La consagración es la base de la vida religiosa. Al afirmarlo,
la Iglesia quiere poner en primer lugar la iniciativa de Dios y la
relación transformante con Él que implica la vida religiosa. La
consagración es una acción divina. Dios llama a una persona y la
separa para dedicársele a Sí mismo de modo particular. Al mismo
tiempo, da la gracia de responder, de tal manera que la consagra-
ción se exprese, por parte del hombre, en una entrega de sí, pro-
funda y libre. La interrelación resultante es puro don: es una alian-
78 VC, n. 22.
79 Ibidem, n. 9.
80 Ibidem, n. 22.
137
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
za de mutuo amor y fidelidad, de comunión y misión para gloria
de Dios, gozo de la persona consagrada y salvación del mundo.
Jesús mismo es Aquel a quien el Padre consagró y envió en el
más alto de los modos (cf. Jn 10,36). En Él se resumen todas las
consagraciones de la antigua Ley, que simbolizaban la suya y en
Él está consagrado el nuevo Pueblo de Dios, de ahí en adelante
misteriosamente unido a Él. Por el bautismo Jesús comparte su
vida con cada cristiano; cada uno es santificado en el Hijo; cada
uno es llamado a la santidad; cada uno es enviado a compartir la
misión de Cristo, con capacidad de crecer en el amor y en el servi-
cio del Señor. Este don bautismal es la consagración fundamental
cristiana y viene a ser raíz de todas las demás.
Jesús vivió su consagración precisamente como Hijo de Dios:
dependiendo del Padre, amándole sobre todas las cosas y entrega-
do por entero a su voluntad. Estos aspectos de su vida como Hijo
son compartidos por todos los cristianos. A algunos, sin embargo,
para bien de todos, Dios da el don de seguir más de cerca a Cristo
en su pobreza, su castidad y su obediencia por medio de la profe-
sión pública de estos consejos con la mediación de la Iglesia. Esta
profesión, a imitación de Cristo, pone de manifiesto una consagra-
ción particular que está “enraizada en la consagración del bautis-
mo y la expresa con mayor plenitud” (Perfectae Caritatis, n. 5). La
expresión “con mayor plenitud” nos hace pensar en el dominio de
la Persona divina del Verbo sobre la naturaleza humana que asu-
mió y nos invita a una respuesta como la de Jesús: un don de sí
mismo a Dios de una manera que sólo Él puede hacer posible y
que es testimonio de su santidad y de su ser absoluto. Una tal con-
sagración es un don de Dios: una gracia gratuita dada.
Cuando la consagración por la profesión de los consejos es
confirmada, como respuesta definitiva a Dios, con un compromiso
público tomado ante la Iglesia, pertenece a la vida y santidad de la
138
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Iglesia (cf. Lumen Gentium, n. 44). Es la Iglesia quien autentica el
don y es mediadora de la consagración. Los cristianos así consa-
grados se esfuerzan por vivir desde ahora lo que será la vida futu-
ra. Una vida semejante “manifiesta más cumplidamente a todos los
creyentes la presencia de los bienes celestiales ya en posesión aquí
abajo” (cf. Lumen Gentium, n. 44). De esta manera, tales cristianos
“dan un testimonio contundente y excepcional de que el mundo no
puede ser transfigurado y ofrecido a Dios sin el espíritu de las bie-
naventuranzas” (cf. Lumen Gentium, n. 31)»81.
A partir de que Cristo es «a quien el Padre consagró y envió al
mundo» (Jn 10,36), se interpreta la consagración de Jesús en el
doble sentido pasivo y activo.
1º. En sentido pasivo: Cristo es consagrado por el Padre: «a
quien el Padre consagró y envió al mundo» (Jn 10,36). El sentido
de esta consagración se explica en la línea de la unción del Espíri-
tu: «Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza
del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los
oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10,38).
También se explica en la clave de la santificación: «aquel a quien
el Padre ha santificado y enviado al mundo» (Jn 10,38).
2º. En sentido activo: Jesús se consagra al Padre. Este sentido
activo se ilustra como disponibilidad y obediencia total: «Yo para
esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimo-
nio de la verdad» (Jn 18,38). Y en la oración sacerdotal dirá: «Yo
por ellos me santifico (me consagro), para que también ellos sean
consagrados en la verdad» (Jn 17,19).
Mons. Straubinger, cuando comenta el versículo: Jesús les di-
ce: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a
81
CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Instrucción
Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida Religiosa..., nn. 5-
8; citado en Á. APARICIO RODRÍGUEZ, La Vida Religiosa, Publicaciones
Claretianas, Madrid 20094, 272-273.
139
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
término su obra» (Jn 4,34), dice: «Esa obra, que consiste en dar-
nos a conocer al Padre (Jn 1,18: “A Dios nadie lo ha visto jamás:
Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a
conocer”), es la obra que Jesús declara cumplida en Jn 17,4-8:
“Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que
me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la
gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese. He ma-
nifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo.
Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque
yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han
recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han
creído que tú me has enviado”. San Hilario hace notar que ésta fue
la obra por excelencia de Cristo».
Jesús se dedica totalmente al Padre82. Los consejos evangélicos
vividos por Jesús son expresión de esta consagración filial y total.
«Su perfecta oblación confiere un significado de consagración a
todos los acontecimientos de su existencia terrena»83.
d. La consagración en la Iglesia
Tenemos que afirmar que hay varias consagraciones en la Igle-
sia, a imagen de la de Jesucristo: todos los bautizados son consa-
grados 84 ; todos los confirmados son consagrados 85 ; y todos los
que recibieron el Orden Sagrado son consagrados86. Pero es con-
sagración por antonomasia la vida religiosa. «Las personas con-
sagradas, que abrazan los consejos evangélicos, reciben una nueva
82
Cf. VC, nn. 22; 25.
83
VC, n. 22.
84 Cf. VC, n. 14.
85 Ibidem, n. 30.
86 Ibidem, n. 31.
140
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
y especial consagración que, sin ser sacramental, las compromete a
abrazar –en el celibato, la pobreza y la obediencia– la forma de
vida practicada personalmente por Jesús y propuesta por Él a los
discípulos. Aunque estas diversas categorías son manifestaciones
del único misterio de Cristo, los laicos tienen como aspecto pecu-
liar, si bien no exclusivo, el carácter secular, los pastores el carác-
ter ministerial y los consagrados la especial conformación con
Cristo virgen, pobre y obediente»87.
Queremos hacer ahora, por así decirlo, a golpes de pincel, una
suerte de rápido retrato de la vida religiosa en cuanto a la modali-
dad particular de la consagración. No pretendemos hacer un traba-
jo exhaustivo, sino sólo indicativo de cómo todos los grandes ele-
mentos se encuentran en la consagración, y, por tanto, en la mente
y el corazón de la Santísima Trinidad y de Jesucristo, el Hijo de
Dios y Dios, hecho hombre.
I. Un retrato de la consagración
La consagración religiosa...
− es para dar testimonio de la Trinidad Santísima (VC, pas-
sim).
− es una de las huellas concretas que la Trinidad deja en la
historia, para que los hombres puedan descubrir el atractivo
y la nostalgia de la belleza divina (VC, n. 20).
− enseña a vivir la pericóresis trinitaria (VC, n. 100).
− es para vivir la forma de vida de Jesús: casto, pobre y
obediente. Los votos religiosos «antes que una renuncia,
son una específica acogida del misterio de Cristo, vivida
en Iglesia» (VC, n. 16 y passim). Según el ejemplo del
mismo Jesús, de la Virgen y de los Apóstoles (VC, passim).
87 VC, n. 31.
141
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− en ella los tres consejos son un bloque unitario, porque es
como Cristo los introdujo en el mundo con su género de
vida, la cual es perfectamente unitaria ya que tiene una in-
tención única: reservarse para ocuparse de las cosas de su
Padre, lo cual implica el apartamiento del mundo renun-
ciando a la gestión de lo temporal y al espíritu del mundo,
para vivir la vida fraterna en común y para vivir anticipan-
do el cielo88, o sea, que el consagrado/a no tenga otro pro-
yecto que el del Padre (VC, passim). «Una cierta separa-
ción de la familia y de la vida profesional habla potente-
mente de lo absoluto de Dios (...). Este vínculo se refuerza
aún más cuando el desprendimiento de otras relaciones,
ocupaciones y formas de diversión en sí legítimas, siguen
reflejando públicamente en la vida lo absoluto de Dios.
Otro aspecto de la naturaleza de la consagración religiosa
está en el apostolado de los religiosos, que, en cierto senti-
do, es siempre comunitario. La presencia religiosa es visi-
ble, tanto en las formas de actuar como en las de vestir o en
el estilo de vida»89.
es radicalidad (VC, n. 3).
tiene carácter absoluto (VC, n. 15).
es identificación con Él (VC, n. 16).
es atracción interior (VC, n. 17).
es iniciativa del Padre «que atrae a sí (cf. Jn 6,44
[Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que
me ha enviado]) una criatura suya con un amor es-
pecial para una misión especial (...) la experiencia
88
Cf. VC, n. 26: «El Concilio Vaticano II vuelve a proponer esta enseñanza
cuando afirma que la consagración “anuncia ya la resurrección futura y la gloria
del reino de los cielos”».
89 CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Instrucción
Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida Religiosa..., n. 10.
142
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
de este amor (...) es hasta tal punto íntima y fuerte
que la persona experimenta que debe responder
con la entrega incondicional de su vida...» (VC, n.
17).
es como la mirada de Cristo en la que se percibe la
profundidad de un amor eterno e infinito que toca
las raíces del ser (VC, n. 18).
es desposar nuestras almas con Él y ser padres y
madres espirituales de los hijos de Él.
es nueva (VC, n. 30).
es especial (VC, nn. 2.30); «especial gracia» (VC,
n. 16).
es peculiar (VC, n. 14).
es alianza con Dios, alianza esponsal con Cristo
(VC, n. 93).
es exclusiva (VC, n. 17).
es total (VC, n. 17).
equivale al holocausto (VC, n. 17).
es abandonarlo todo y seguir al Señor (cf. Lc
18,28); es un programa válido para todas las perso-
nas llamadas y para todos los tiempos (VC, n. 18).
es filocalía: «amor por la belleza divina», irradia-
ción de la divina bondad (VC, n. 19).
es libertad de espíritu (VC, n. 102).
prolonga una especial presencia del Señor resucita-
do (VC, n. 19).
transfigura nuestra existencia y la hace fascinante
(VC, nn. 20.93).
es pertenencia a una determinada familia religiosa
para la intimidad con Jesús participando del caris-
ma fundacional (VC, n. 25).
143
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
es instaurar el espíritu de las bienaventuranzas (VC,
n. 27).
es don específico del Espíritu Santo (VC, n. 30).
es don particular del Espíritu Santo (VC, n. 30).
es singular profundización del bautismo (VC, n.
30).
es singular fecundidad del bautismo (VC, n. 30).
no es una consecuencia necesaria del bautismo
(VC, n. 30).
es posterior al bautismo (VC, n. 30).
es responder a los signos de los tiempos (VC, n.
37).
es más visible [que la del bautismo]... facilita el
ejercicio práctico de la misma... de manera más
completa y permanente90.
es vida de oración e intercesión (VC, nn. 38-40).
es pascual (VC, n. 24).
es memoria y tradición viva (VC, n. 22).
es profecía (VC, n. 15).
es fecunda (VC, n. 30).
es creatividad y audacia (VC, n. 37).
es vivir muy unidos a María Santísima (VC, pas-
sim).
crea un «espacio teologal» (VC, n. 42), para «expe-
rimentar la presencia mística del Señor resucitado»
(VC, n. 41).
es para asumir en primera persona el dinamismo de
la formación y el crecimiento de la vocación (VC,
n. 65).
90 F. SEBASTIÁN, citado en Á. APARICIO RODRÍGUEZ, La Vida Religiosa, 156-166.
144
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
exige intrínsecamente la formación permanente
(VC, n. 69).
es signo de comunión y comunidad en la Iglesia
(VC, n. 2 y passim).
es servicio de caridad en la misión de la Iglesia (PC,
n. 8).
es una dimensión intrínsecamente misionaria (VC,
n. 67).
por su poder pone «en misión» a los consagrados
(VC, n. 72).
genera una «espiritualidad de la acción» (VC, n.
74).
«Las personas consagradas hacen visible, en su
consagración y total entrega, la presencia amorosa
y salvadora de Cristo, el consagrado del Padre, en-
viado en misión91» (VC, n. 76).
nos mueve a trabajar por la inculturación (VC, nn.
79-80).
infunde su marca a la misión (VC, n. 93).
e. Distintas formas de vida consagrada
Hay distintas formas de vida especialmente consagrada:
− los monjes (de Oriente y Occidente) (VC, n. 6).
− las viudas, vírgenes y eremitas (VC, nn. 7.30.42).
− los contemplativos/as (VC, n. 8).
− la vida religiosa apostólica (VC, n. 9).
− los institutos seculares (VC, n. 10).
91 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Instrucción
Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida Religiosa..., n. 23-
24.
145
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− los institutos clericales (VC, n. 10).
− las sociedades de vida apostólica (VC, n. 11).
− nuevas formas de consagración (VC, n. 12).
4. El carisma
La vida religiosa es un carisma del Espíritu Santo que hace del
religioso/a un confesor de la Santísima Trinidad: «la vida consa-
grada se convierte en una de las huellas concretas que la Trinidad
deja en la historia, para que los hombres puedan descubrir el atrac-
tivo y la nostalgia de la belleza divina»92; alguien que revive el
mismo «género de vida» 93 que vivió Jesucristo en este mundo;
quien vive indisolublemente unido a la Iglesia fundada por Jesu-
cristo y tiene como esencial en su vida la relación filial con María
Santísima. De modo que la dimensión carismática fecunda la con-
sagración, la comunión y la misión con fuerza insospechada.
Daremos lo que podría considerarse una pequeña Catena Aurea
de textos del Magisterio sobre esta realidad trascendente, sobre
todo lo que en forma muy numerosa y variada la Exhortación Vita
Consecrata pone de relieve sobre esta realidad misteriosa.
1. «La vida consagrada “imita más de cerca y hace presente
continuamente en la Iglesia”94»95... «el género de vida que
el Hijo de Dios tomó cuando vino a este mundo para cum-
plir la voluntad del Padre, y que propuso a los discípulos
que le seguían. Finalmente, proclama de modo especial la
elevación del reino de Dios sobre todo lo terreno y sus exi-
gencias supremas; muestra también ante todos los hombres
la soberana grandeza del poder de Cristo glorioso y la po-
92
VC, n. 20.
93 Ibidem, n. 29.
94 LG, n. 44.
95 VC, n. 22.
146
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
tencia infinita del Espíritu Santo, que obra maravillas en la
Iglesia»96.
2. «Los religiosos cuiden con atenta solicitud de que, por su
medio, la Iglesia muestre de hecho mejor cada día ante fie-
les e infieles a Cristo, ya entregado a la contemplación en
el monte, ya anunciando el reino de Dios a las multitudes, o
curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a los pe-
cadores al buen camino, o bendiciendo a los niños y ha-
ciendo bien a todos, siempre, sin embargo, obediente a la
voluntad del Padre que lo envió97»98.
Configurar, conformar
3. «Los consejos evangélicos, con los que Cristo invita a al-
gunos a compartir su experiencia de virgen, pobre y obe-
diente, exigen y manifiestan, en quien los acoge, el deseo
explícito de una total conformación con Él. Viviendo “en
obediencia, sin nada propio y en castidad”99, los consagra-
dos confiesan que Jesús es el Modelo en el que cada virtud
alcanza la perfección. En efecto, su forma de vida casta,
pobre y obediente, aparece como el modo más radical de
vivir el Evangelio en esta tierra, un modo –se puede decir–
divino, porque es abrazado por Él, Hombre-Dios, como ex-
presión de su relación de Hijo Unigénito con el Padre y con
el Espíritu Santo. Éste es el motivo por el que en la tradi-
ción cristiana se ha hablado siempre de la excelencia obje-
tiva de la vida consagrada»100.
96
LG, n. 44.
97
Cf. PÍO XII, Encíclica Mystici Corporis Christi, (29/06/1943): Actae
Apostolicae Sedis (de aquí en adelante: AAS) 35 (1943), 214s.
98 LG, n. 46.
99 SAN FRANCISCO DE ASÍS, Regula bullata, I, 1.
100 VC, n. 18.
147
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
4. «Es el Espíritu quien suscita el deseo de una respuesta ple-
na; es Él quien guía el crecimiento de tal deseo, llevando a
su madurez la respuesta positiva y sosteniendo después su
fiel realización; es Él quien forma y plasma el ánimo de los
llamados, configurándolos a Cristo casto, pobre y obedien-
te, y moviéndolos a acoger como propia su misión. Deján-
dose guiar por el Espíritu en un incesante camino de purifi-
cación, llegan a ser, día tras día, personas cristiformes, pro-
longación en la historia de una especial presencia del Señor
resucitado»101.
5. «Aunque estas diversas categorías son manifestaciones del
único misterio de Cristo, los laicos tienen como aspecto pe-
culiar, si bien no exclusivo, el carácter secular, los pastores
el carácter ministerial y los consagrados la especial con-
formación con Cristo virgen, pobre y obediente»102.
6. «...cada carisma tiene, en su origen, una triple orientación:
hacia el Padre (...) hacia el Hijo (...) hacia el Espíritu San-
to (...) esta triple relación emerge siempre, a pesar de las
características específicas de los diversos modelos de vida,
en cada carisma de fundación, por el hecho mismo de que
en ellos domina “una profunda preocupación por configu-
rarse con Cristo testimoniando alguno de los aspectos de su
misterio” 103 , aspecto específico llamado a encarnarse y
desarrollarse en la tradición más genuina de cada Instituto,
según las Reglas, Constituciones o Estatutos104»105.
101
VC, n. 19.
102
Ibidem, n. 31.
103
Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares y Congregación para
los Obispos, Mutuae Relationes, n. 51 b
104 Cf. Propositio 26, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
105 VC, n. 36.
148
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
7. «Debe permanecer viva, pues, la convicción de que la ga-
rantía de toda renovación que pretenda ser fiel a la inspira-
ción originaria está en la búsqueda de la conformación cada
vez más plena con el Señor106»107.
8. «Desde el momento que el fin de la vida consagrada consis-
te en la conformación con el Señor Jesús y con su total
oblación108, a esto se debe orientar ante todo la formación.
Se trata de un itinerario de progresiva asimilación de los
sentimientos de Cristo hacia el Padre»109.
Género de vida
9. «Jesús mismo, llamando a algunas personas a dejarlo todo
para seguirlo, inauguró este género de vida que, bajo la ac-
ción del Espíritu, se ha desarrollado progresivamente a lo
largo de los siglos en las diversas formas de la vida consa-
grada»110.
10. «Una atención particular merecen la vida monástica feme-
nina y la clausura de las monjas, por la gran estima que la
comunidad cristiana siente hacia este género de vida, que
es signo de la unión exclusiva de la Iglesia-Esposa con su
Señor, profundamente amado»111.
11. «A estas queridísimas Hermanas, pues, expreso mi recono-
cimiento, a la vez que las aliento a mantenerse fieles a la
vida claustral según el propio carisma. Gracias a su ejem-
106
Cf. PC, n. 2.
107
VC, n. 37.
108 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES,
Instrucción Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida
Religiosa..., n. 45.
109 VC, n. 65.
110 Ibidem, n. 29.
111 Ibidem, n. 59.
149
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
plo, este género de vida continúa teniendo numerosas vo-
caciones, atraídas por la radicalidad de una existencia “es-
ponsal”, dedicada totalmente a Dios en la contemplación.
Como expresión del puro amor, que vale más que cualquier
obra, la vida contemplativa tiene también una extraordina-
ria eficacia apostólica y misionera112»113.
12. «Son miles los que obligados a vivir en clandestinidad por
regímenes totalitarios o grupos violentos, obstaculizados en
las actividades misioneras, en la ayuda a los pobres, en la
asistencia a los enfermos y marginados, han vivido y viven
su consagración con largos y heroicos padecimientos, lle-
gando frecuentemente a dar su sangre, en perfecta confor-
mación con Cristo crucificado. La Iglesia ha reconocido ya
oficialmente la santidad de algunos de ellos y los honra
como mártires de Cristo, que nos iluminan con su ejemplo,
interceden por nuestra fidelidad y nos esperan en la glo-
ria»114.
13. «No son pocos los que hoy se preguntan con perplejidad:
¿Para qué sirve la vida consagrada? ¿Por qué abrazar este
género de vida cuando hay tantas necesidades en el campo
de la caridad y de la misma evangelización a las que se
pueden responder también sin asumir los compromisos pe-
culiares de la vida consagrada? (...) A quien se le concede
el don inestimable de seguir más de cerca al Señor Jesús,
resulta obvio que Él puede y debe ser amado con corazón
indiviso, que se puede entregar a Él toda la vida, y no sólo
algunos gestos, momentos o ciertas actividades. El ungüen-
to precioso derramado como puro acto de amor, más allá de
cualquier consideración “utilitarista”, es signo de una so-
112 Cf. SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, estrofa 29, 1.
113 VC, n. 59.
114 Ibidem, n. 86.
150
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
breabundancia de gratuidad, tal como se manifiesta en una
vida gastada en amar y servir al Señor, para dedicarse a su
persona y a su Cuerpo místico. De esta vida “derramada”
sin escatimar nada se difunde el aroma que llena toda la ca-
sa. La casa de Dios, la Iglesia, hoy como ayer, está adorna-
da y embellecida por la presencia de la vida consagrada»115.
14. «Es importante que los Obispos, presbíteros y diáconos,
convencidos de la excelencia evangélica de este género de
vida, trabajen para descubrir y apoyar los gérmenes de vo-
cación con la predicación, el discernimiento y un compe-
tente acompañamiento espiritual»116.
15. «¡Considerad el gran número de santos que han crecido en
este género de vida, considerad el bien que han hecho al
mundo, hoy como ayer, quienes se han dedicado a Dios!
Este mundo nuestro, ¿no tiene acaso necesidad de alegres
testigos y profetas del poder benéfico del amor de Dios?
¿No necesita también hombres y mujeres que sepan, con su
vida y con su actuación, sembrar semillas de paz y de fra-
ternidad?117»118.
Imitar
16. «Desde los primeros siglos de la Iglesia ha habido hombres
y mujeres que se han sentido llamados a imitar la condición
de siervo del Verbo encarnado y han seguido sus huellas
viviendo de modo específico y radical»119.
115
VC, n. 104.
116
Ibidem, n. 105.
117 Cf. BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelica testificatio, n. 53;
Exhortación Apostólica Evangelium Nuntiandi, n. 69.
118 VC, n. 108.
119 Ibidem, n. 6.
151
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
17. «Los Institutos orientados completamente a la contempla-
ción, formados por mujeres o por hombres, son para la
Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestia-
les. Con su vida y su misión, sus miembros imitan a Cristo
orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la
historia y anticipan la gloria futura. (...) Ofrecen así a la
comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la
Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fe-
cundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de
Dios120»121.
18. «La obediencia, practicada a imitación de Cristo, cuyo ali-
mento era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4,34), mani-
fiesta la belleza liberadora de una dependencia filial y no
servil»122.
19. «...también aquellos a quienes Dios llama para que le sigan
son consagrados y enviados al mundo para imitar su ejem-
plo y continuar su misión. Esto vale fundamentalmente pa-
ra todo discípulo. Pero es válido en especial para cuantos
son llamados a seguir a Cristo “más de cerca” en la forma
característica de la vida consagrada, haciendo de Él el “to-
do” de su existencia. En su llamada está incluida por tanto
la tarea de dedicarse totalmente a la misión; más aún, la
misma vida consagrada, bajo la acción del Espíritu Santo,
que es la fuente de toda vocación y de todo carisma, se ha-
ce misión, como lo ha sido la vida entera de Jesús. La pro-
fesión de los consejos evangélicos, al hacer a la persona to-
talmente libre para la causa del Evangelio, muestra también
la trascendencia que tiene para la misión. Se debe pues
afirmar que la misión es esencial para cada Instituto, no
120 Cf. PC, n. 7; CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Ad Gentes, n. 40.
121 VC, n. 8.
122 Ibidem, n. 21.
152
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
solamente en los de vida apostólica activa, sino también en
los de vida contemplativa»123.
20. «La aportación específica que los consagrados y consagra-
das ofrecen a la evangelización está, ante todo, en el testi-
monio de una vida totalmente entregada a Dios y a los
hermanos, a imitación del Salvador que, por amor del
hombre, se hizo siervo»124.
21. «En nuestro mundo, en el que parece haberse perdido el
rastro de Dios, es urgente un audaz testimonio profético por
parte de las personas consagradas. Un testimonio ante todo
de la afirmación de la primacía de Dios y de los bienes fu-
turos, como se desprende del seguimiento y de la imitación
de Cristo casto, pobre y obediente, totalmente entregado a
la gloria del Padre y al amor de los hermanos y herma-
nas»125.
22. «En realidad, antes aún de ser un servicio a los pobres, la
pobreza evangélica es un valor en sí misma, en cuanto
evoca la primera de las Bienaventuranzas en la imitación
de Cristo pobre126»127.
Rasgos
23. «Con la profesión de los consejos evangélicos los rasgos
característicos de Jesús –virgen, pobre y obediente– tienen
una típica y permanente “visibilidad” en medio del mun-
do»128.
123
VC, n. 72.
124
Ibidem, n. 76.
125 Ibidem, n. 85.
126 Cf. Propositio 18, A, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
127 VC, n. 90.
128 Ibidem, n. 1.
153
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
24. «En el Evangelio son muchas las palabras y gestos de Cris-
to que iluminan el sentido de esta especial vocación. Sin
embargo, para captar con una visión de conjunto sus rasgos
esenciales, ayuda singularmente contemplar el rostro ra-
diante de Cristo en el misterio de la Transfiguración»129.
25. «La persona, que por el poder del Espíritu Santo es condu-
cida progresivamente a la plena configuración con Cristo,
refleja en sí misma un rayo de la luz inaccesible y en su pe-
regrinar terreno camina hacia la Fuente inagotable de la luz.
De este modo la vida consagrada es una expresión particu-
larmente profunda de la Iglesia Esposa, la cual, conducida
por el Espíritu a reproducir en sí los rasgos del Esposo, se
presenta ante Él resplandeciente, sin que tenga mancha ni
arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada (cf. Ef
5,27)»130.
Estilo de vida, modo
26. «Las personas consagradas serán misioneras ante todo pro-
fundizando continuamente en la conciencia de haber sido
llamadas y escogidas por Dios, al cual deben pues orientar
toda su vida y ofrecer todo lo que son y tienen, liberándose
de los impedimentos que pudieran frenar la total respuesta
de amor. De este modo podrán llegar a ser un signo verda-
dero de Cristo en el mundo. Su estilo de vida debe transpa-
rentar también el ideal que profesan, proponiéndose como
signo vivo de Dios y como elocuente, aunque con frecuen-
cia silenciosa, predicación del Evangelio»131.
129 VC, n. 14.
130 Ibidem, n. 19.
131 Ibidem, n. 25.
154
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
27. «Como expresión de la santidad de la Iglesia, se debe reco-
nocer una excelencia objetiva a la vida consagrada, que
refleja el mismo modo de vivir de Cristo. Precisamente por
esto, ella es una manifestación particularmente rica de los
bienes evangélicos y una realización más completa del fin
de la Iglesia que es la santificación de la humanidad. La vi-
da consagrada anuncia y, en cierto sentido, anticipa el
tiempo futuro, cuando, alcanzada la plenitud del Reino de
los cielos presente ya en germen y en el misterio132, los hi-
jos de la resurrección no tomarán mujer o marido, sino que
serán como ángeles de Dios (cf. Mt 22,30)»133.
Atraer, invitar, llamar, mostrar
28. «Siguiendo sus huellas muchas otras personas han tratado
de encarnar con la palabra y la acción el Evangelio en su
propia existencia, para mostrar en su tiempo la presencia
viva de Jesús, el Consagrado por excelencia y el Apóstol
del Padre. Los religiosos y religiosas deben continuar en
cada época tomando ejemplo de Cristo el Señor, alimen-
tando en la oración una profunda comunión de sentimientos
con Él (cf. Flp 2,5-11), de modo que toda su vida esté im-
pregnada de espíritu apostólico y toda su acción apostólica
esté sostenida por la contemplación134»135.
29. «La contemplación de la gloria del Señor Jesús en el ícono
de la Transfiguración revela a las personas consagradas an-
te todo al Padre, creador y dador de todo bien, que atrae a
sí (cf. Jn 6,44) una criatura suya con un amor especial para
132
Cf. LG, n. 5.
133 VC, n. 32.
134 Cf. Propositio 7, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
135 VC, n. 9.
155
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
una misión especial. “Éste es mi Hijo amado: escuchadle”
(Mt 17,5). (...) La experiencia de este amor gratuito de Dios
es hasta tal punto íntima y fuerte que la persona experimen-
ta que debe responder con la entrega incondicional de su
vida, consagrando todo, presente y futuro, en sus manos.
Precisamente por esto, siguiendo a Santo Tomás, se puede
comprender la identidad de la persona consagrada a partir
de la totalidad de su entrega, equiparable a un auténtico ho-
locausto136»137.
30. «Es Él [el Espíritu Santo] quien guía el crecimiento de tal
deseo, llevando a su madurez la respuesta positiva y soste-
niendo después su fiel realización; es Él quien forma y
plasma el ánimo de los llamados, configurándolos a Cristo
casto, pobre y obediente, y moviéndolos a acoger como
propia su misión»138.
31. «Los discípulos y las discípulas son invitados a contemplar
a Jesús exaltado en la Cruz, de la cual “el Verbo salido del
silencio”139, en su silencio y en su soledad, afirma proféti-
camente la absoluta trascendencia de Dios sobre todos los
bienes creados, vence en su carne nuestro pecado y atrae
hacia sí a cada hombre y mujer, dando a cada uno la vida
nueva de la resurrección (cf. Jn 12,32; 19,34.37). En la
contemplación de Cristo crucificado se inspiran todas las
vocaciones; en ella tienen su origen, con el don fundamen-
136
Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, q. 186, a. 1.
137
VC, n. 17.
138 Ibidem, n. 19.
139 SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Carta a los Magnesios 8, 2: Patres Apostolici,
edición F.X. Funk, II, 237.
156
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
tal del Espíritu, todos los dones y en particular el don de la
vida consagrada»140.
Seguir sus huellas
32. «Desde los primeros siglos de la Iglesia ha habido hombres
y mujeres que se han sentido llamados a imitar la condición
de siervo del Verbo encarnado y han seguido sus huellas
viviendo de modo específico y radical»141.
33. «Siguiendo sus huellas muchas otras personas han tratado
de encarnar con la palabra y la acción el Evangelio en su
propia existencia, para mostrar en su tiempo la presencia
viva de Jesús, el Consagrado por excelencia y el Apóstol
del Padre»142.
34. «La Iglesia admira y agradece a las personas consagradas
que, asistiendo a los enfermos y a los que sufren, contribu-
yen de manera significativa a su misión. Prolongan el mi-
nisterio de misericordia de Cristo, que pasó “haciendo el
bien y curando a todos” (Hch 10,38). Que, siguiendo las
huellas de Cristo, divino Samaritano, médico del cuerpo y
del alma143, y a ejemplo de los respectivos fundadores y
fundadoras, las personas consagradas que se dedican a es-
tos menesteres en virtud del carisma del propio Instituto,
perseveren en su testimonio de amor hacia los enfermos,
dedicándose a ellos con profunda comprensión y participa-
ción»144.
140
VC, n. 23.
141
Ibidem, n. 6.
142 VC, n. 9.
143 Cf. SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, nn. 28-30.
144 VC, n. 83.
157
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Más de cerca
35. «La vida consagrada “imita más de cerca y hace presente
continuamente en la Iglesia” (...) la forma de vida que Jesús,
supremo consagrado y misionero del Padre para su Reino,
abrazó y propuso a los discípulos que lo seguían (cf. Mt
4,18-22; Mc 1,16-20; Lc 5,10-11; Jn 15,16)»145.
36. «Es válido en especial para cuantos son llamados a seguir a
Cristo “más de cerca” en la forma característica de la vida
consagrada, haciendo de Él el “todo” de su existencia. En
su llamada está incluida por tanto la tarea de dedicarse to-
talmente a la misión; más aún, la misma vida consagrada,
bajo la acción del Espíritu Santo, que es la fuente de toda
vocación y de todo carisma, se hace misión, como lo ha si-
do la vida entera de Jesús»146.
37. «El modo de pensar y de actuar por parte de quien sigue a
Cristo más de cerca da origen, en efecto, a una auténtica
cultura de referencia, pone al descubierto lo que hay de in-
humano, y testimonia que sólo Dios da fuerza y plenitud a
los valores»147.
38. «La opción por los pobres es inherente a la dinámica misma
del amor vivido según Cristo. A ella están pues obligados
todos los discípulos de Cristo; no obstante, aquellos que
quieren seguir al Señor más de cerca, imitando sus actitu-
des, deben sentirse implicados en ella de una manera del
todo singular. La sinceridad de su respuesta al amor de
Cristo les conduce a vivir como pobres y abrazar la causa
de los pobres. Esto comporta para cada Instituto, según su
145 VC, n. 22.
146 Ibidem, n. 72.
147 Ibidem, n. 80.
158
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
carisma específico, la adopción de un estilo de vida humil-
de y austero, tanto personal como comunitariamente»148.
39. «A quien se le concede el don inestimable de seguir más de
cerca al Señor Jesús, resulta obvio que Él puede y debe ser
amado con corazón indiviso, que se puede entregar a Él to-
da la vida, y no sólo algunos gestos, momentos o ciertas ac-
tividades»149.
Forma de vida
40. «El fundamento evangélico de la vida consagrada se debe
buscar en la especial relación que Jesús, en su vida terrena,
estableció con algunos de sus discípulos, invitándoles no
sólo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a po-
ner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando
todo e imitando de cerca su forma de vida»150.
41. «Mediante la profesión de los consejos evangélicos la per-
sona consagrada no sólo hace de Cristo el centro de la pro-
pia vida, sino que se preocupa de reproducir en sí mismo,
en cuanto es posible, “aquella forma de vida que escogió el
Hijo de Dios al venir al mundo”151»152.
42. «La persona, que se deja seducir por él, tiene que abando-
nar todo y seguirlo (cf. Mc 1,16-20; 2,14; 10,21.28). Como
Pablo, considera que todo lo demás es “pérdida ante la su-
blimidad del conocimiento de Cristo Jesús”, ante el cual no
duda en tener todas las cosas “por basura para ganar a Cris-
to” (Flp 3,8). Su aspiración es identificarse con Él, asu-
148
VC, n. 82.
149
Ibidem, n. 104.
150 VC, n. 14.
151 LG, n. 44.
152 VC, n. 16.
159
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
miendo sus sentimientos y su forma de vida. Este dejarlo
todo y seguir al Señor (cf. Lc 18,28) es un programa válido
para todas las personas llamadas y para todos los tiempos.
(...) Su forma de vida casta, pobre y obediente, aparece
como el modo más radical de vivir el Evangelio en esta tie-
rra, un modo –se puede decir– divino»153.
43. «La vida consagrada “imita más de cerca y hace presente
continuamente en la Iglesia”, por impulso del Espíritu San-
to, la forma de vida que Jesús, supremo consagrado y mi-
sionero del Padre para su Reino, abrazó y propuso a los
discípulos que lo seguían. (...) En esta actitud de docilidad
al Padre, Cristo, aun aprobando y defendiendo la dignidad
y la santidad de la vida matrimonial, asume la forma de vi-
da virginal y revela así el valor sublime y la misteriosa fe-
cundidad espiritual de la virginidad»154.
44. «Del misterio pascual surge además la misión, dimensión
que determina toda la vida eclesial. Ella tiene una realiza-
ción específica propia en la vida consagrada. En efecto,
más allá incluso de los carismas propios de los Institutos
dedicados a la misión ad gentes o empeñados en una acti-
vidad de tipo propiamente apostólica, se puede decir que la
misión está inscrita en el corazón mismo de cada forma de
vida consagrada»155.
45. «Esto resulta evidente ya que la profesión de los consejos
evangélicos está íntimamente relacionada con el misterio
de Cristo, teniendo el cometido de hacer de algún modo
presente la forma de vida que Él eligió, señalándola como
valor absoluto y escatológico»156.
153
VC, n. 18.
154 Ibidem, n. 22.
155 Ibidem, n. 25.
156 Ibidem, n. 29.
160
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
46. «Las personas consagradas, que abrazan los consejos
evangélicos, reciben una nueva y especial consagración que,
sin ser sacramental, las compromete a abrazar –en el celi-
bato, la pobreza y la obediencia– la forma de vida practica-
da personalmente por Jesús y propuesta por Él a los discí-
pulos»157.
47. «La Iglesia ha visto siempre en la profesión de los consejos
evangélicos un camino privilegiado hacia la santidad. Las
mismas expresiones con las que la define –escuela del ser-
vicio del Señor, escuela de amor y santidad, camino o esta-
do de perfección– indican tanto la eficacia y riqueza de los
medios propios de esta forma de vida evangélica, como el
empeño particular de quienes la abrazan158. No es casual
que a lo largo de los siglos tantos consagrados hayan deja-
do testimonios elocuentes de santidad y hayan realizado
empresas de evangelización y de servicio particularmente
generosas y arduas»159.
48. «La vida consagrada posee ciertamente el mérito de haber
contribuido eficazmente a mantener viva en la Iglesia la
exigencia de la fraternidad como confesión de la Trinidad.
Con la constante promoción del amor fraterno en la forma
de vida común, la vida consagrada pone de manifiesto que
la participación en la comunión trinitaria puede transfor-
mar las relaciones humanas, creando un nuevo tipo de so-
lidaridad. Ella indica de este modo a los hombres tanto la
belleza de la comunión fraterna, como los caminos concre-
tos que a ésta conducen»160.
157
VC, n. 31.
158
Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, q. 184, a. 5 ad 2um; II-II, q. 186, a.
2 ad 1um.
159 VC, n. 35.
160 VC, n. 41.
161
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Unión
49. «La vida consagrada está en el corazón mismo de la Igle-
sia como elemento decisivo para su misión, ya que “indica
la naturaleza íntima de la vocación cristiana”161 y la aspira-
ción de toda la Iglesia Esposa hacia la unión con el único
Esposo”162»163.
50. «La persona consagrada, en las diversas formas de vida
suscitadas por el Espíritu a lo largo de la historia, experi-
menta la verdad de Dios-Amor de un modo tanto más in-
mediato y profundo cuanto más se coloca bajo la Cruz de
Cristo. (...) La vida consagrada refleja este esplendor del
amor, porque confiesa, con su fidelidad al misterio de la
Cruz, creer y vivir del amor del Padre, del Hijo y del Espí-
ritu Santo. De este modo contribuye a mantener viva en la
Iglesia la conciencia de que la Cruz es la sobreabundancia
del amor de Dios que se derrama sobre este mundo, el gran
signo de la presencia salvífica de Cristo. Y esto especial-
mente en las dificultades y pruebas. Es lo que testimonian
continuamente y con un valor digno de profunda admira-
ción un gran número de personas consagradas, que con fre-
cuencia viven en situaciones difíciles, incluso de persecu-
ción y martirio. Su fidelidad al único Amor se manifiesta y
se fortalece en la humildad de una vida oculta, en la acep-
tación de los sufrimientos para completar lo que en la pro-
pia carne “falta a las tribulaciones de Cristo” (Col 1,24), en
el sacrificio silencioso, en el abandono a la santa voluntad
de Dios, en la serena fidelidad incluso ante el declive de las
161
CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Ad Gentes, n. 18.
162 Cf. LG, n. 44; BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelica
testificatio, n. 7; Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 69.
163 VC, n. 3.
162
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
fuerzas y del propio ascendiente. De la fidelidad a Dios na-
ce también la entrega al prójimo, que las personas consa-
gradas viven no sin sacrificio en la constante intercesión
por las necesidades de los hermanos, en el servicio genero-
so a los pobres y a los enfermos, en el compartir las dificul-
tades de los demás y en la participación solícita en las
preocupaciones y pruebas de la Iglesia»164.
51. «“La relación que todo fiel, como consecuencia de su unión
con Cristo, mantiene con María Santísima queda aún más
acentuada en la vida de las personas consagradas”165. (...)
La vida consagrada la contempla como modelo sublime de
consagración al Padre, de unión con el Hijo y de docilidad
al Espíritu, sabiendo bien que identificarse con “el tipo de
vida en pobreza y virginidad”166 de Cristo significa asumir
también el tipo de vida de María»167.
52. «En la tradición de la Iglesia la profesión religiosa es con-
siderada como una singular y fecunda profundización de la
consagración bautismal en cuanto que, por su medio, la ín-
tima unión con Cristo, ya inaugurada con el Bautismo, se
desarrolla en el don de una configuración más plenamente
expresada y realizada, mediante la profesión de los conse-
jos evangélicos168»169.
53. «Con la riqueza de sus carismas, las personas consagradas
brindan una específica aportación a la Iglesia para que ésta
profundice cada vez más en su propio ser, como sacramen-
164
VC, n. 24.
165
SAN JUAN PABLO II, Audiencia General, 29/03/1995; Inegnamenti, XVIII/1
(1995), n. 1, 883. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española
del 31/03/1995, 23.
166 LG, n. 53.
167 VC, n. 28.
168 Cf. SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Redemptionis Donum, n. 7.
169 VC, n. 30.
163
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
to “de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el
género humano”170»171.
54. «Una atención particular merecen la vida monástica feme-
nina y la clausura de las monjas, por la gran estima que la
comunidad cristiana siente hacia este género de vida, que
es signo de la unión exclusiva de la Iglesia-Esposa con su
Señor, profundamente amado (...). La clausura evoca por
tanto aquella celda del corazón en la que cada uno está
llamado a vivir la unión con el Señor. Acogida como don y
elegida como libre respuesta de amor, la clausura es el lu-
gar de la comunión espiritual con Dios y con los hermanos
y hermanas, donde la limitación del espacio y de las rela-
ciones con el mundo exterior favorecen la interiorización
de los valores evangélicos (cf. Jn 13,34; Mt 5,3.8)»172.
55. «“Estos religiosos están llamados a ser hermanos de Cristo,
profundamente unidos a Él, primogénito entre muchos
hermanos (Ro 8,29); hermanos entre sí por el amor mutuo
y la cooperación al servicio del bien de la Iglesia; hermanos
de todo hombre por el testimonio de la caridad de Cristo
hacia todos, especialmente hacia los más pequeños, los más
necesitados; hermanos para hacer que reine mayor fraterni-
dad en la Iglesia”173»174.
56. «Jesús mismo nos ha dado perfecto ejemplo de cómo se
pueden unir la comunión con el Padre y una vida intensa-
mente activa. Sin la tensión continua hacia esta unidad, se
corre el riesgo de un colapso interior, de desorientación y
170
LG, n. 1.
171
VC, n. 46.
172
Ibidem, n. 59.
173 SAN JUAN PABLO II, Audiencia General, 22/02/1995; Insegnamenti XVIII/1
(1995), n. 6, 408. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española
del 24/02/1995, 3.
174 VC, n. 60.
164
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
de desánimo. La íntima unión entre contemplación y acción
permitirá, hoy como ayer, acometer las misiones más difí-
ciles»175.
57. «Este testimonio de las personas consagradas tiene un sig-
nificado particular en la vida religiosa por la dimensión
comunitaria que la caracteriza. La vida fraterna es el lugar
privilegiado para discernir y acoger la voluntad de Dios y
caminar juntos en unión de espíritu y de corazón»176.
Presencia
58. «Dejándose guiar por el Espíritu en un incesante camino de
purificación, llegan a ser, día tras día, personas cristiformes,
prolongación en la historia de una especial presencia del
Señor resucitado»177.
59. «Siempre, pero especialmente en la cultura contemporánea,
con frecuencia tan secularizada y sin embargo sensible al
lenguaje de los signos, la Iglesia debe preocuparse de hacer
visible su presencia en la vida cotidiana. Ella tiene derecho
a esperar una aportación significativa al respecto de las
personas consagradas, llamadas a dar en cada situación un
testimonio concreto de su pertenencia a Cristo»178.
60. «“La relación que todo fiel, como consecuencia de su unión
con Cristo, mantiene con María Santísima queda aún más
acentuada en la vida de las personas consagradas. (...) En
todos (los Institutos de vida consagrada) existe la convic-
ción de que la presencia de María tiene una importancia
fundamental tanto para la vida espiritual de cada alma con-
175
VC, n. 75.
176 Ibidem, n. 92.
177 Ibidem, n. 19.
178 Ibidem, n. 25.
165
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
sagrada, como para la consistencia, la unidad y el progreso
de toda la comunidad”179»180.
61. «En una época de creciente marginación de los valores reli-
giosos por parte de la cultura, este aspecto de la formación
resulta doblemente importante: gracias a él la persona con-
sagrada no sólo puede continuar a “ver” con los ojos de la
fe a Dios en un mundo que ignora su presencia, sino que
consigue incluso hacer “sensible” en cierto modo su pre-
sencia mediante el testimonio del propio carisma»181.
62. «Las personas consagradas hacen visible, en su consagra-
ción y total entrega, la presencia amorosa y salvadora de
Cristo, el consagrado del Padre, enviado en misión182»183.
Comunión de sentimientos
63. «Los religiosos y religiosas deben continuar en cada época
tomando ejemplo de Cristo el Señor, alimentando en la
oración una profunda comunión de sentimientos con Él (cf.
Flp 2,5-11), de modo que toda su vida esté impregnada de
espíritu apostólico y toda su acción apostólica esté sosteni-
da por la contemplación184»185.
64. «“Bueno es estarnos aquí” (Mt 17,4). Estas palabras mues-
tran la orientación cristocéntrica de toda la vida cristiana.
179
SAN JUAN PABLO II, Audiencia General, 29/03/1995; Insegnamenti, XVIII/1
(1995), n. 1, 883. Cf. L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española
del 31/03/1995, 23.
180 VC, n. 28.
181 Ibidem, n. 68.
182 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES,
Instrucción Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida
Religiosa..., nn. 23-24.
183 VC, n. 76.
184 Cf. Propositio 7, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
185 VC, n. 9.
166
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Sin embargo, expresan con particular elocuencia el carácter
absoluto que constituye el dinamismo profundo de la voca-
ción a la vida consagrada: ¡qué hermoso es estar contigo,
dedicarnos a ti, concentrar de modo exclusivo nuestra exis-
tencia en ti! En efecto, quien ha recibido la gracia de esta
especial comunión de amor con Cristo, se siente como se-
ducido por su fulgor: Él es “el más hermoso de los hijos de
Adán” (Sal 45[44],3), el Incomparable»186.
65. «De valor inconmensurable es también la aportación dada a
la vida de la Iglesia por los religiosos sacerdotes dedicados
íntegramente a la contemplación. Especialmente en la cele-
bración eucarística realizan una acción de la Iglesia y para
la Iglesia, a la que unen el ofrecimiento de sí mismos, en
comunión con Cristo que se ofrece al Padre para la salva-
ción del mundo entero187»188.
66. «Los carismas de vida consagrada implican también una
orientación hacia el Hijo, llevando a cultivar con Él una
comunión de vida íntima y gozosa, en la escuela de su ser-
vicio generoso de Dios y de los hermanos»189.
67. «En comunión con Cristo
El medio fundamental para alimentar eficazmente la co-
munión con el Señor es sin duda la sagrada liturgia, espe-
cialmente la Celebración eucarística y la Liturgia de las Ho-
ras.
Ante todo la Eucaristía, que “contiene todo el bien espiri-
tual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y
186
Ibidem, n. 15.
187
Cf. SAN PEDRO DAMIÁN, Liber qui appellatur «Dominus vobiscum» ad
Leonem eremitam: PL 145, 231-252.
188 VC, n. 30.
189 Ibidem, n. 36.
167
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Pan de Vida, que da la vida a los hombres”190, corazón de la
vida eclesial y también de la vida consagrada. Quien ha si-
do llamado a elegir a Cristo como único sentido de su vida
en la profesión de los consejos evangélicos, ¿cómo podría
no desear instaurar con Él una comunión cada vez más ín-
tima mediante la participación diaria en el Sacramento que
lo hace presente, en el sacrificio que actualiza su entrega de
amor en el Gólgota, en el banquete que alimenta y sostiene
al Pueblo de Dios peregrino? Por su naturaleza la Eucaristía
ocupa el centro de la vida consagrada, personal y comunita-
ria. Ella es viático cotidiano y fuente de la espiritualidad de
cada Instituto. En ella cada consagrado está llamado a vivir
el misterio pascual de Cristo, uniéndose a Él en el ofreci-
miento de la propia vida al Padre mediante el Espíritu. La
asidua y prolongada adoración de la Eucaristía permite re-
vivir la experiencia de Pedro en la Transfiguración: “Bueno
es estarnos aquí”. En la celebración del misterio del Cuerpo
y Sangre del Señor se afianza e incrementa la unidad y la
caridad de quienes han consagrado su existencia a Dios»191.
Prolongan la vida de Cristo
68. «Llegan a ser, día tras día, personas cristiformes, prolonga-
ción en la historia de una especial presencia del Señor resu-
citado»192.
69. «Las personas consagradas hacen visible, en su consagra-
ción y total entrega, la presencia amorosa y salvadora de
Cristo, el consagrado del Padre, enviado en misión193. Ellas,
190
PO, n. 5.
191 VC, n. 95.
192 VC, n. 19.
193 Cf. SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Orientale Lumen, n. 16.
168
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
dejándose conquistar por Él (cf. Flp 3,12), se disponen para
convertirse, en cierto modo, en una prolongación de su
humanidad194.La vida consagrada es una prueba elocuente
de que, cuanto más se vive de Cristo, tanto mejor se le pue-
de servir en los demás, llegando hasta las avanzadillas de la
misión y aceptando los mayores riesgos195»196.
70. «Prolongan el ministerio de misericordia de Cristo, que pa-
só “haciendo el bien y curando a todos” (Hch 10,38)»197.
71. En la unidad de los cristianos: «La oración de Cristo al Pa-
dre antes de la Pasión, para que sus discípulos permanezcan
en la unidad (cf. Jn 17,21-23), se prolonga en la oración y
en la acción de la Iglesia. ¿Cómo no han de sentirse impli-
cados los llamados a la vida consagrada?»198.
Hacen presente
72. «El Sínodo ha recordado esta obra incesante del Espíritu
Santo, que a lo largo de los siglos difunde las riquezas de la
práctica de los consejos evangélicos a través de múltiples
carismas, y que también por esta vía hace presente de modo
perenne en la Iglesia y en el mundo, en el tiempo y en el
espacio, el misterio de Cristo»199.
73. «Siguiendo sus huellas muchas otras personas han tratado
de encarnar con la palabra y la acción el Evangelio en su
propia existencia, para mostrar en su tiempo la presencia
194
Cf. SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, n. 42.
195
Cf. BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 69.
196 VC, n. 76.
197 Ibidem, n. 83.
198 Ibidem, n. 100.
199 VC, n. 5.
169
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
viva de Jesús, el Consagrado por excelencia y el Apóstol
del Padre»200.
74. «La vida consagrada “imita más de cerca y hace presente
continuamente en la Iglesia” 201 , por impulso del Espíritu
Santo, la forma de vida que Jesús, supremo consagrado y
misionero del Padre para su Reino, abrazó y propuso a los
discípulos que lo seguían (cf. Mt 4,18-22; Mc 1,16-20; Lc
5,10-11; Jn 15,16)»202.
75. «...la profesión de los consejos evangélicos está íntimamen-
te relacionada con el misterio de Cristo, teniendo el come-
tido de hacer de algún modo presente la forma de vida que
Él eligió, señalándola como valor absoluto y escatológi-
co»203.
76. «“La vida consagrada ha sido a través de la historia de la
Iglesia una presencia viva de esta acción del Espíritu, como
un espacio privilegiado de amor absoluto a Dios y al próji-
mo, testimonio del proyecto divino de hacer de toda la hu-
manidad, dentro de la civilización del amor, la gran familia
de los hijos de Dios”204»205.
77. «En efecto, antes que en las obras exteriores, la misión se
lleva a cabo en el hacer presente a Cristo en el mundo me-
diante el testimonio personal. ¡Éste es el reto, éste es el
quehacer principal de la vida consagrada! Cuanto más se
200
Ibidem, n. 9.
201
LG, n. 44.
202 VC, n. 22.
203
Ibidem, n. 29.
204 Sínodo de los Obispos, IX Asamblea ordinaria, Mensaje del Sínodo, IX
publicado en L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española del
04/11/1994, 6.
205 VC, n. 35.
170
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
deja conformar a Cristo, más lo hace presente y operante en
el mundo para la salvación de los hombres»206.
78. «Las personas consagradas, en efecto, tienen la tarea de ha-
cer presente también entre los no cristianos207 a Cristo casto,
pobre, obediente, orante y misionero208»209.
79. «Una respuesta eficaz a esta situación es la obediencia que
caracteriza la vida consagrada. Ésta hace presente de mo-
do particularmente vivo la obediencia de Cristo al Padre y,
precisamente basándose en este misterio, testimonia que no
hay contradicción entre obediencia y libertad»210.
Atractivo
80. «Estas nuevas formas de vida consagrada, que se añaden a
las antiguas, manifiestan el atractivo constante que la en-
trega total al Señor, el ideal de la comunidad apostólica y
los carismas de fundación continúan teniendo también so-
bre la generación actual y son además signo de la comple-
mentariedad de los dones del Espíritu Santo»211.
81. «Como toda la existencia cristiana, la llamada a la vida
consagrada está también en íntima relación con la obra del
Espíritu Santo. Es Él quien, a lo largo de los milenios,
acerca siempre nuevas personas a percibir el atractivo de
una opción tan comprometida»212.
206
Ibidem, n. 72.
207
LG, n. 46; BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n.
69.
208
LG, nn. 44; 46.
209 VC, n. 77.
210 Ibidem, n. 91.
211 VC, n. 12.
212 Ibidem, n. 19.
171
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
82. «Primer objetivo de la vida consagrada es el de hacer visi-
bles las maravillas que Dios realiza en la frágil humanidad
de las personas llamadas. (...) De este modo, la vida consa-
grada se convierte en una de las huellas concretas que la
Trinidad deja en la historia, para que los hombres puedan
descubrir el atractivo y la nostalgia de la belleza divina»213.
83. «El atractivo del rostro transfigurado de Cristo no impide
que se sientan atemorizados ante la Majestad divina que los
envuelve. Siempre que el hombre experimenta la gloria de
Dios se da cuenta también de su pequeñez y de aquí surge
una sensación de miedo. Este temor es saludable. Recuerda
al hombre la perfección divina, y al mismo tiempo lo em-
puja con una llamada urgente a la “santidad”»214.
84. «La invitación de Jesús: “Venid y veréis” (Jn 1,39) sigue
siendo aún hoy la regla de oro de la pastoral vocacional.
Con ella se pretende presentar, a ejemplo de los fundadores
y fundadoras, el atractivo de la persona del Señor Jesús y
la belleza de la entrega total de sí mismo a la causa del
Evangelio. Por tanto, la primera tarea de todos los consa-
grados y consagradas consiste en proponer valerosamente,
con la palabra y con el ejemplo, el ideal del seguimiento de
Cristo, alimentando y manteniendo posteriormente en los
llamados la respuesta a los impulsos que el Espíritu inspira
en su corazón»215.
85. «La vida espiritual, por tanto, debe ocupar el primer lugar
en el programa de las Familias de vida consagrada, de tal
modo que cada Instituto y cada comunidad aparezcan como
escuelas de auténtica espiritualidad evangélica. De esta op-
ción prioritaria, desarrollada en el compromiso personal y
213 Ibidem, n. 20.
214 Ibidem, n. 35.
215 VC, n. 64.
172
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
comunitario, depende la fecundidad apostólica, la genero-
sidad en el amor a los pobres y el mismo atractivo vocacio-
nal ante las nuevas generaciones. Lo que puede conmover a
las personas de nuestro tiempo, también sedientas de valo-
res absolutos, es precisamente la cualidad espiritual de la
vida consagrada, que se transforma así en un fascinante tes-
timonio»216.
Luz
86. «Esta luz [del Tabor] llega a todos sus hijos, todos igual-
mente llamados a seguir a Cristo poniendo en Él el sentido
último de la propia vida, hasta poder decir con el Apóstol:
“Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21). Una experiencia
singular de la luz que emana del Verbo encarnado es cier-
tamente la que tienen los llamados a la vida consagrada. En
efecto, la profesión de los consejos evangélicos los presen-
ta como signo y profecía para la comunidad de los herma-
nos y para el mundo»217.
87. «A la vida consagrada se confía la misión de señalar al Hi-
jo de Dios hecho hombre como la meta escatológica a la
que todo tiende, el resplandor ante el cual cualquier otra luz
languidece, la infinita belleza que, sola, puede satisfacer to-
talmente el corazón humano»218.
88. «Están llamados también a individuar, en el anuncio de la
Palabra de Dios, los métodos más apropiados a las exigen-
cias de los diversos grupos humanos y de los múltiples ám-
bitos profesionales, a fin de que la luz de Cristo alcance a
todos los sectores de la existencia humana, y el fermento de
216 Ibidem, n. 93.
217 Ibidem, n. 15.
218 VC, n. 16.
173
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
la salvación transforme desde dentro la vida social, favore-
ciendo una cultura impregnada de los valores evangéli-
cos219»220.
Jesucristo, centro de la vida
89. «A los tres discípulos extasiados se dirige la llamada del
Padre a ponerse a la escucha de Cristo, a depositar en Él
toda confianza, a hacer de Él el centro de la vida. (...) Pre-
cisamente de esta especial gracia de intimidad surge, en la
vida consagrada, la posibilidad y la exigencia de la entrega
total de sí mismo en la profesión de los consejos evangéli-
cos. Éstos, antes que una renuncia, son una específica aco-
gida del misterio de Cristo, vivida en la Iglesia»221.
Reproducir en sí
90. «Mediante la profesión de los consejos evangélicos la per-
sona consagrada no sólo hace de Cristo el centro de la pro-
pia vida, sino que se preocupa de reproducir en sí mismo,
en cuanto es posible, “aquella forma de vida que escogió el
Hijo de Dios al venir al mundo”222»223.
91. «De este modo la vida consagrada es una expresión particu-
larmente profunda de la Iglesia Esposa, la cual, conducida
por el Espíritu a reproducir en sí los rasgos del Esposo, se
presenta ante Él resplandeciente, sin que tenga mancha ni
219
Cf. Propositio 36, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
220
VC, n. 98.
221 Ibidem, n. 16.
222 LG, n. 44.
223 VC, n. 16.
174
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada (cf. Ef
5,27)»224.
Memoria y tradición viviente
92. «Verdaderamente la vida consagrada es memoria viviente
del modo de existir y de actuar de Jesús como Verbo en-
carnado ante el Padre y ante los hermanos. Es tradición vi-
viente de la vida y del mensaje del Salvador»225.
Iglesia-Comunión
93. «La Iglesia es esencialmente misterio de comunión, “mu-
chedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo”226. La vida fraterna quiere reflejar la hondu-
ra y la riqueza de este misterio, configurándose como espa-
cio humano habitado por la Trinidad, la cual derrama así en
la historia los dones de la comunión que son propios de las
tres Personas divinas»227.
94. «La vida fraterna, entendida como vida compartida en el
amor, es un signo elocuente de la comunión eclesial. Es
cultivada con especial esmero por los Institutos religiosos y
las Sociedades de vida apostólica, en los que la vida de
comunidad adquiere un peculiar significado228»229.
95. «Toda la Iglesia espera mucho del testimonio de comuni-
dades ricas “de gozo y del Espíritu Santo” (Hch 13,52).
Desea poner ante el mundo el ejemplo de comunidades en
224
Ibidem, n. 19.
225
Ibidem, n. 22.
226 SAN CIPRIANO, De Oratione Dominica, 23: PL 4, 553; cf. LG, n. 4.
227 VC, n. 41.
228 Cf. Propositio 20, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
229 VC, n. 42.
175
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
las que la atención recíproca ayuda a superar la soledad, y
la comunicación contribuye a que todos se sientan corres-
ponsables; en las que el perdón cicatriza las heridas, refor-
zando en cada uno el propósito de la comunión. En comu-
nidades de este tipo la naturaleza del carisma encauza las
energías, sostiene la fidelidad y orienta el trabajo apostóli-
co de todos hacia la única misión»230.
96. «A la vida consagrada se le asigna también un papel impor-
tante a la luz de la doctrina sobre la Iglesia-comunión, pro-
puesta con tanto énfasis por el Concilio Vaticano II. Se pi-
de a las personas consagradas que sean verdaderamente ex-
pertas en comunión, y que vivan la respectiva espirituali-
dad231 como “testigos y artífices de aquel ‘proyecto de co-
munión’ que constituye la cima de la historia del hombre
según Dios”232. El sentido de la comunión eclesial, al desa-
rrollarse como una espiritualidad de comunión, promueve
un modo de pensar, decir y obrar, que hace crecer la Iglesia
en hondura y en extensión. La vida de comunión “será así
un signo para el mundo y una fuerza atractiva que conduce
a creer en Cristo (...). De este modo la comunión se abre a
la misión, haciéndose ella misma misión”. Más aun, “la
comunión genera comunión y se configura esencialmente
como comunión misionera”233»234.
97. «Las personas consagradas están llamadas a ser fermento
de comunión misionera en la Iglesia universal por el hecho
230
Ibidem, n. 45.
231
Cf. VC, n. 46 [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 28].
232 CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS
SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Documento Vida y misión de los religiosos en
la Iglesia, I. Religiosos y promoción humana, II (12/08/1990) n. 24.
233 SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Christifideles Laici,
(30/12/1988) nn. 31-32.
234 VC, n. 46.
176
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
mismo de que los múltiples carismas de los respectivos Ins-
titutos son otorgados por el Espíritu para el bien de todo el
Cuerpo místico, a cuya edificación deben servir (cf. 1Co
12,4-11). Es significativo que, en palabras del Apóstol, el
“camino más excelente” (1Co 12,31), el más grande de to-
dos, es la caridad (cf. 1Co 13,13), la cual armoniza todas
las diversidades e infunde en todos la fuerza del apoyo mu-
tuo en la acción apostólica. A esto tiende precisamente el
peculiar vínculo de comunión, que las varias formas de vi-
da consagrada y las Sociedades de vida apostólica tienen
con el Sucesor de Pedro en su ministerio de unidad y de
universalidad misionera»235.
98. «Las personas consagradas tienen también un papel signifi-
cativo dentro de las Iglesias particulares. Éste es un aspec-
to que, a partir de la doctrina conciliar sobre la Iglesia co-
mo comunión y misterio, y sobre las Iglesias particulares
como porción del Pueblo de Dios, en las que “está verdade-
ramente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, ca-
tólica y apostólica” 236 (...) aparece con toda evidencia la
importancia que reviste la colaboración de las personas
consagradas con los Obispos para el desarrollo armonioso
de la pastoral diocesana. Los carismas de la vida consagra-
da pueden contribuir poderosamente a la edificación de la
caridad en la Iglesia particular.
Las diversas formas de vivir los consejos evangélicos
son, en efecto, expresión y fruto de los dones espirituales
recibidos por fundadores y fundadoras y, en cuanto tales,
constituyen una “experiencia del Espíritu, transmitida a los
propios discípulos para ser por ellos vivida, custodiada,
235VC, n. 47.
236CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Christus Dominus, sobre el oficio
pastoral de los obispos, n. 11.
177
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
profundizada y desarrollada constantemente en sintonía con
el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne”237. La índole
propia de cada Instituto comporta un estilo particular de
santificación y de apostolado, que tiende a consolidarse en
una determinada tradición caracterizada por elementos ob-
jetivos238. Por eso la Iglesia procura que los Institutos crez-
can y se desarrollen según el espíritu de los fundadores y
de las fundadoras, y de sus sanas tradiciones239»240.
99. «Las comunidades de vida consagrada son enviadas a
anunciar con el testimonio de la propia vida el valor de la
fraternidad cristiana y la fuerza transformadora de la Buena
Nueva241, que hace reconocer a todos como hijos de Dios e
incita al amor oblativo hacia todos, y especialmente hacia
los últimos. Estas comunidades son lugares de esperanza y
de descubrimiento de las Bienaventuranzas; lugares en los
que el amor, nutrido de la oración y principio de comunión,
está llamado a convertirse en lógica de vida y fuente de
alegría»242.
100. «El sentido eclesial de comunión alimenta y sustenta tam-
bién la fraterna relación espiritual y la mutua colaboración
entre los diversos Institutos de vida consagrada y Socieda-
des de vida apostólica. Personas que están unidas entre sí
por el compromiso común del seguimiento de Cristo y
animadas por el mismo Espíritu, no pueden dejar de hacer
237
CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES Y
CONGREGACIÓN PARA LOS OBISPOS, Mutuae Relationes, n. 11.
238 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES Y
CONGREGACIÓN PARA LOS OBISPOS, Mutuae Relationes, n. 11.
239 Cf. Código de Derecho Canónico, c. 576.
240
VC, n. 48.
241 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS
SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Instrucción La vida fraterna en comunidad
«Congregavit nos in unum Christi amor» (02/02/1994) n. 56.
242 VC, n. 51.
178
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
visible, como ramas de una única Vid, la plenitud del
Evangelio del amor»243.
101. «Comunión y colaboración con los laicos
Uno de los frutos de la doctrina de la Iglesia como co-
munión en estos últimos años ha sido la toma de conciencia
de que sus diversos miembros pueden y deben aunar es-
fuerzos, en actitud de colaboración e intercambio de dones,
con el fin de participar más eficazmente en la misión ecle-
sial. De este modo se contribuye a presentar una imagen
más articulada y completa de la Iglesia, a la vez que resulta
más fácil dar respuestas a los grandes retos de nuestro
tiempo con la aportación coral de los diferentes dones»244.
102. «Las mujeres consagradas están llamadas a ser de una ma-
nera muy especial, y a través de su dedicación vivida con
plenitud y con alegría, un signo de la ternura de Dios hacia
el género humano y un testimonio singular del misterio de
la Iglesia, la cual es virgen, esposa y madre245»246.
103. «Una atención particular merecen la vida monástica feme-
nina y la clausura de las monjas, por la gran estima que la
comunidad cristiana siente hacia este género de vida, que
es signo de la unión exclusiva de la Iglesia-Esposa con su
Señor, profundamente amado. En efecto, la vida de las
monjas de clausura, ocupadas principalmente en la oración,
en la ascesis y en el progreso ferviente de la vida espiritual,
“no es otra cosa que un viaje a la Jerusalén celestial y una
243
VC, n. 52.
244 Ibidem, n. 54.
245 Cf. Propositio 9, A, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
246 VC, n. 57.
179
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
anticipación de la Iglesia escatológica, abismada en la po-
sesión y contemplación de Dios”247»248.
104. «Mediante la fidelidad a la Regla y a las Constituciones,
conservan la plena comunión con la Iglesia249»250.
Amar con el corazón de Cristo
105. «En el gesto de lavar los pies a sus discípulos, Jesús revela
la profundidad del amor de Dios por el hombre: ¡en Él,
Dios mismo se pone al servicio de los hombres! Él revela
al mismo tiempo el sentido de la vida cristiana y, con ma-
yor motivo, de la vida consagrada, que es vida de amor
oblativo, de concreto y generoso servicio. Siguiendo los
pasos del Hijo del hombre, que “no ha venido a ser servido,
sino a servir” (Mt 20,28), la vida consagrada, al menos en
los mejores períodos de su larga historia, se ha caracteriza-
do por este “lavar los pies”, es decir, por el servicio, espe-
cialmente a los más pobres y necesitados. Ella, por una par-
te, contempla el misterio sublime del Verbo en el seno del
Padre (cf. Jn 1,1), mientras que, por otra, sigue al mismo
Verbo que se hace carne (cf. Jn 1,14), se abaja, se humilla
para servir a los hombres. Las personas que siguen a Cristo
en la vía de los consejos evangélicos desean, también hoy,
ir allá donde Cristo fue y hacer lo que Él hizo»251.
106. «Las personas consagradas hacen visible, en su consagra-
ción y total entrega, la presencia amorosa y salvadora de
247 CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS Y LOS INSTITUTOS SECULARES,
Instrucción Venite seorsum, acerca de la vida contemplativa y de la clausura de
las monjas (15/08/1969) V.
248 VC, n. 59.
249 Cf. LG, n. 12.
250 VC, n. 73.
251 VC, n. 75.
180
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Cristo, el consagrado del Padre, enviado en misión252. Ellas,
dejándose conquistar por Él (cf. Flp 3,12), se disponen para
convertirse, en cierto modo, en una prolongación de su
humanidad253»254.
Anunciar a Cristo a las gentes
107. «De aquí nace principalmente, obedeciendo el mandato de
Cristo, el impulso misionero ad gentes, que todo cristiano
consciente comparte con la Iglesia, misionera por su misma
naturaleza. Es un impulso sentido sobre todo por los miem-
bros de los Institutos, sean de vida contemplativa o acti-
va255. Las personas consagradas, en efecto, tienen la tarea
de hacer presente también entre los no cristianos256 a Cristo
casto, pobre, obediente, orante y misionero257. En virtud de
su más íntima consagración a Dios258, y permaneciendo di-
námicamente fieles a su carisma, no pueden dejar de sentir-
se implicadas en una singular colaboración con la actividad
misionera de la Iglesia»259.
252 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES,
Instrucción Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la Vida
Religiosa..., nn. 23-24.
253
Cf. SANTA ISABEL DE LA TRINIDAD, O mon Dieu, Trinité que j’adore, Oeuvres
completes, 199-200.
254 VC, n. 76.
255 Cf. Propositio 37, A, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
256
Cf. LG, n. 46; BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi,
n. 69.
257 LG, nn. 44; 46.
258 Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Decreto Ad Gentes, n. 18; 4.
259 VC, n. 77.
181
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Inculturación
108. «Apoyados en el carisma de los fundadores y fundadoras,
muchas personas consagradas han sabido acercarse a las
diversas culturas con la actitud de Jesús que “se despojó de
sí mismo tomando condición de siervo” (Flp 2,7) y, con un
esfuerzo audaz y paciente de diálogo, han establecido pro-
vechosos contactos con las gentes más diversas, anuncian-
do a todos el camino de la salvación»260.
Nueva evangelización
109. «Para una provechosa inserción de los Institutos en el pro-
ceso de la nueva evangelización es importante la fidelidad
al carisma fundacional, la comunión con todos aquellos que
en la Iglesia están comprometidos en la misma empresa,
especialmente con los Pastores, y la cooperación con todos
los hombres de buena voluntad»261. «La opción por los po-
bres es inherente a la dinámica misma del amor vivido se-
gún Cristo. A ella están pues obligados todos los discípulos
de Cristo; no obstante, aquellos que quieren seguir al Señor
más de cerca, imitando sus actitudes, deben sentirse impli-
cados en ella de una manera del todo singular. La sinceri-
dad de su respuesta al amor de Cristo les conduce a vivir
como pobres y abrazar la causa de los pobres. Esto com-
porta para cada Instituto, según su carisma específico, la
adopción de un estilo de vida humilde y austero, tanto per-
sonal como comunitariamente»262.
260 VC, n. 79.
261 Ibidem, n. 81.
262 VC, n. 82.
182
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Profetismo
110. «Los Padres sinodales han destacado el carácter profético
de la vida consagrada, como una forma de especial partici-
pación en la función profética de Cristo, comunicada por el
Espíritu Santo a todo el Pueblo de Dios. Es un profetismo
inherente a la vida consagrada en cuanto tal, por el radical
seguimiento de Jesús y la consiguiente entrega a la misión
que la caracteriza. La función de signo, que el Concilio Va-
ticano II reconoce a la vida consagrada263, se manifiesta en
el testimonio profético de la primacía de Dios y de los va-
lores evangélicos en la vida cristiana. En virtud de esta
primacía no se puede anteponer nada al amor personal por
Cristo y por los pobres en los que Él vive264»265.
Espiritualidad
111. «Una de las preocupaciones manifestadas varias veces en
el Sínodo ha sido el que la vida consagrada se nutra en las
fuentes de una sólida y profunda espiritualidad. Se trata, en
efecto, de una exigencia prioritaria radicada en la esencia
misma de la vida consagrada, desde el momento que, como
cualquier bautizado pero por motivos aún más apremiantes,
quien profesa los consejos evangélicos está obligado a aspi-
rar con todas sus fuerzas a la perfección de la caridad266.
Éste es un compromiso subrayado vigorosamente por los
263
Cf. LG, n. 44.
264
Cf. SAN JUAN PABLO II, «Homilía durante la misa de clausura de la IX
Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos», 29/10/1994;
Insegnamenti XVII/2 (1994), n. 3, 572.
265 VC, n. 84.
266 Cf. VC, n. 93, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 15].
183
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
innumerables ejemplos de santos fundadores y fundadoras,
y de tantas personas consagradas que han testimoniado la
fidelidad a Cristo hasta llegar al martirio. Aspirar a la san-
tidad: éste es en síntesis el programa de toda vida consa-
grada, también en la perspectiva de su renovación en los
umbrales del tercer milenio. Un programa que debe empe-
zar dejando todo por Cristo (cf. Mt 4,18-22; 19, 21.27; Lc
5,11), anteponiéndolo a cualquier otra cosa para poder par-
ticipar plenamente en su misterio pascual»267.
112. «Los cristianos, inmersos en las ocupaciones y preocupa-
ciones de este mundo, pero llamados también a la santidad,
tienen necesidad de encontrar en vosotros corazones purifi-
cados que “ven” a Dios en la fe, personas dóciles a la ac-
ción del Espíritu Santo que caminan libremente en la fide-
lidad al carisma de la llamada y de la misión»268.
Después de este largo recorrido hemos podido compro-
bar cómo el carisma de la vida consagrada y, en especial,
de la vida religiosa, es un gran don del Espíritu Santo que
tiene virtualidades inagotables y riquezas insospechables.
También hemos podido observar que el carisma implica
todo lo que corresponde a la vida religiosa y consagrada en
general. No queda al margen del carisma ningún aspecto de
la vida consagrada, aunque algún elemento pudiera parecer-
le lejano. El carisma se involucra en todos los aspectos de
la vida consagrada, llevándola a ser algo fascinante en to-
das sus vertientes. En este sentido el carisma es el «Supe-
rior de los Superiores». Incluso un Capítulo General que
«ostenta la autoridad máxima, extraordinaria» de un Institu-
267 VC, n. 93.
268 Ibidem, n. 109.
184
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
to269, no está por encima del carisma, sino que está a su ser-
vicio (...) dejándose iluminar por su luz, y “llevar” por su
fuerza»270.
Pero hay más, como enseña Santo Tomás: «Es, pues,
claro que Cristo, como primero y principal maestro de la fe,
tuvo todos los carismas en grado eminentísimo»271. Tam-
bién los carismas de todas las congregaciones, pues de su
plenitud de gracia la Iglesia (y cada alma) recibe todo su ser
de gracia.
5. Libertad de espíritu: Ley Nueva272 y discernimiento
de espíritus
No se puede hablar correctamente de «la gloriosa libertad de
los hijos de Dios» (Ro 8,21):
− 1º: Si no se presupone su base que es la Ley Nueva, o
Nueva Alianza, o Nuevo Testamento, o Ley de libertad (St
2,12);
269 Código de Derecho Canónico, c. 631, § 1: «El capítulo general, que ostenta la
autoridad suprema en el instituto de acuerdo con las constituciones, debe
constituirse de manera que, representando a todo el instituto, sea un verdadero
signo de su unidad en la caridad. Le compete sobre todo defender el patrimonio
del instituto, del que trata el c. 578 [“Todos han de observar con fidelidad la
mente y propósitos de los fundadores, corroborados por la autoridad eclesiástica
competente, acerca de la naturaleza, fin, espíritu y carácter de cada instituto, así
como también sus sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio del
instituto”], y procurar la acomodación y renovación de acuerdo con el mismo,
elegir al Superior general, tratar los asuntos más importantes, así como dictar
normas que sean obligatorias para todos». También en: CONGREGACIÓN PARA LOS
RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Instrucción Elementos esenciales de la
doctrina de la Iglesia sobre la Vida Religiosa..., n. 51.
270
Cf. S.M. ALONSO, C.M.F., «Identidad teológica de la vida consagrada», en Á.
APARICIO RODRÍGUEZ, Comentarios a la exhortación apostólica Vita Consecrata,
156.
271 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, q. 7, a. 7: ¿Cristo tuvo carismas?
272 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I-II, qq. 106-108.
185
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− 2º: Si no se sabe hacer su coronamiento, o sea, el discer-
nimiento de espíritus: examinad si los espíritus vienen de
Dios (1Jn 4,1); examinad qué es lo que agrada al Señor (Ef
5,10). Si alguien es incapaz de discernir se olvida de la
conditio sine qua non, sin la cual es imposible entender la
libertad de espíritu.
a. La Ley Nueva
Lo único nuevo
Lo único auténticamente nuevo que ha habido, hay y habrá en
el mundo es Jesucristo, que «al darse a sí mismo ha dado novedad
a todas las cosas»273. Jesucristo al hacerse hombre cambia el sa-
cerdocio, cambia el sacrificio, cambia la víctima y cambia la ley.
Al darse a sí mismo, nos da la Ley Nueva o Nuevo Testamento o
Nuevo Pacto. Ya han pasado más de 2000 años de la Encarnación
del Verbo y, sin embargo, sólo Cristo es la novedad del mundo. Es
el Único que no envejece, es el Único que no pasa, es el Único que
conserva una eterna juventud. El Concilio Vaticano II lo llamó:
«El gran Viviente, Cristo, eternamente joven»274.
Distintos nombres de la Nueva Alianza
El domingo mismo de su resurrección, en forma privada, hizo
Jesucristo lo que luego hará, en forma pública, el día de Pentecos-
tés, enviando el Espíritu Santo: Sopló y les dijo: Recibid el Espíri-
273
SAN IRENEO, Adversus Haereses, IV, 34, 1.
274
BEATO PABLO VI, «Mensajes a los jóvenes en la Clausura del Concilio Ecumé-
nico Vaticano II», Concilio Ecuménico Vaticano II, Constituciones, Decretos y
Declaraciones, BAC, Madrid 2004, 1085.
186
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
tu Santo (Jn 20,22), que constituye lo principal de la Ley Nueva, o
Nueva Alianza, o Evangelio: es la vida, y vida en abundancia (Jn
10,10) que Cristo vino a traer a la tierra. Es la ley de Cristo (Ga
6,2), es la ley de la fe (Ro 3,27), ley espiritual, ley perfecta (St
1,25), ley de libertad (St 2,12), ley del Espíritu (Ro 8, 2), Evange-
lio de la gracia (Hb 20,24). De aquí que, profundamente, enseñe el
gran San Ireneo: «Y no hemos de pensar que haya sido abolida
toda clase de oblación, pues las oblaciones continúan en vigor
ahora como antes: el antiguo pueblo de Dios ofrecía sacrificios, y
la Iglesia los ofrece también. Lo que ha cambiado es la forma de
la oblación, puesto que los que ofrecen no son ya siervos, sino
hombres libres. El Señor es uno y el mismo, pero es distinto el ca-
rácter de la oblación, según sea ofrecida por siervos o por hom-
bres libres; así la oblación demuestra el grado de libertad. Por lo
que se refiere a Dios, nada hay sin sentido, nada que no tenga su
significado y su razón de ser. Y, por esto, los antiguos hombres
debían consagrarle los diezmos de sus bienes; pero nosotros, que
ya hemos alcanzado la libertad, ponemos al servicio del Señor la
totalidad de nuestros bienes, dándolos con libertad y alegría, aun
los de más valor, pues lo que esperamos vale más que todos ellos;
echamos en el cepillo275 de Dios todo nuestro sustento, imitando
así el desprendimiento de aquella viuda pobre del Evangelio»276.
Es la ley infusa –infundida en el corazón– profetizada por Je-
remías: ...pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón
(Jr 31,33). «Y en lo que está todo su poder es la gracia del Espíritu
275 Caja donde se introducen limosnas, también llamadas, limosneras [nota
nuestra].
276
SAN IRENEO, Del tratado contra las herejías, l. 4,18,1-2.4.5: SC 100, 596-
598.606.610-612 en Liturgia de las Horas, t. II, CEA 1989, 2º lectura del Oficio
de Lecturas, Domingo I de Cuaresma, 73. En la edición digitalizada de CASTANT
RIBELLES (año 2008) hay un error al citar en lugar de San Ireneo a un tal San
Arruine.
187
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Santo, que se da por la fe en Cristo»277. Sólo esta ley justifica y
salva al hombre: el Evangelio (...) es poder de Dios para la salva-
ción de todo el que cree (Ro 1,16).
Es principalmente interior
La Ley Nueva no es ley escrita, o sea, exterior, sino infusa –
infundida en el corazón–, tal como lo había profetizado Jeremías:
pondré mi ley en su interior (Jr 31,33). La Ley Nueva es el amor
de Dios (que) se ha derramado en nuestros corazones por el Espí-
ritu Santo, que nos ha sido dado (Ro 5,5), dicho con otras palabras:
es la fe que actúa por la caridad (Ga 5,6).
Cada cosa se denomina por lo que en ella es principal y lo prin-
cipal de la Ley Nueva es la gracia del Espíritu Santo, por eso la
Ley Nueva es principalmente infusa, sólo secundariamente es es-
crita. Santo Tomás enseña: «Lo principal en la ley del Nuevo Tes-
tamento y en lo que está todo su poder es la gracia del Espíritu
Santo que se da por la fe en Cristo. (...) La ley nueva principal-
mente es la misma gracia del Espíritu Santo, que se da a los fieles
de Cristo»278. Así «como la ley de las obras fue escrita en tablas de
piedra –dice San Agustín–, así la ley de la fe está escrita en los
corazones de los fieles», y añade: «¿Cuáles son las leyes de Dios
escritas por Él mismo en los corazones, sino la misma presencia
del Espíritu Santo?»279. Y «donde está el Espíritu del Señor, ahí
está la libertad» (2Co 3,17). Por eso San Agustín enseña: «Ama y
haz lo que quieras»280 y San Juan de la Cruz pone en la cumbre del
Monte de Perfección: «Ya por aquí no hay camino que para el jus-
277
SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I-II, q. 106, a. 1.
278 Idem.
279 SAN AGUSTIN, De spiritu et littera, 21: ML 44, 222.
280 SAN AGUSTÍN, In Ep. Ioannis ad Parthos, VII, 8.
188
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
to no hay ley» 281 (Cf. 1Tm 1,9ss.); «él para sí es ley» (Cf. Ro
2,14)282.
Secundariamente es externa
En lo que corresponde a la gracia del Espíritu Santo, la Ley
Nueva es, bajo dos aspectos, escrita (siendo así secundariamente
externa para el hombre): como disposición y como ordenación.
Como disposición
Se refiere a las disposiciones para recibir la gracia del Espíritu
Santo. Por ejemplo, en cuanto a la disposición del entendimiento
se nos manda todo lo que debemos creer por la fe –mediante la
cual se nos da la gracia del Espíritu Santo– y se contiene en el
Evangelio cuanto pertenece a la revelación de la divinidad y de la
humanidad de Cristo. En cuanto a la disposición del afecto de la
voluntad, se contiene en el Evangelio cuanto mira al desprecio del
mundo, por el cual se hace el hombre capaz de la gracia del Espíri-
tu Santo. Pues el mundo –es decir, los amadores del mundo–, co-
mo enseña Nuestro Señor: no puede recibir el Espíritu Santo (Jn
14,17).
Como ordenación
La Ley Nueva, secundariamente, tiene preceptos que están or-
denados al uso de la misma gracia del Espíritu Santo, cómo adqui-
rirla, desarrollarla, perseverar en ella, etc. El uso espiritual de la
281
SAN JUAN DE LA CRUZ, El Monte de perfección, en Obras Completas, BAC,
Madrid 2005, 190ss. En la Subida luego de las seis nadas y de «Y en el monte
nada», se lee esa frase.
282 SAN JUAN DE LA CRUZ, Escritos breves, EDE, Madrid 19966, 80-94.
189
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
gracia consiste en las obras de todas las virtudes, a las que de mu-
chas maneras la Escritura del Nuevo Testamento exhorta a los
hombres.
Sólo la Nueva Alianza en cuanto infusa, justifica, salva y nos
hace libres
Dice San Pablo: No me avergüenzo del Evangelio, que es poder
de Dios para salvación de todo el que cree... (Ro 1,16). La Ley
Nueva, en cuanto infusa, o sea, en cuanto es la gracia del Espíritu
Santo comunicada interiormente, justifica y salva. En cuanto a los
elementos secundarios –los documentos de la fe y los preceptos
escritos– la Nueva Alianza no justifica ni salva. Por eso enseña
San Pablo: La letra mata, el Espíritu es el que da la vida (2Co 3,6).
Comenta San Agustín que por «letra» se entiende cualquier escri-
tura que está fuera del hombre, aunque sea de preceptos morales,
cuales se contienen en el Evangelio, por donde también la letra del
Evangelio mataría si no tuviera la gracia interior de la fe, que sa-
na283.
I. Comparación entre la Antigua y la Nueva Alianza:
La Ley Nueva es distinta de la Antigua
Se nos enseña: Mudado el sacerdocio, de necesidad ha de mu-
darse también la Ley (Hb 7,12). Toda ley ordena la vida humana a
alcanzar un fin. Se pueden diferenciar en que una mira más de le-
jos el fin (es imperfecta) y otra mira el fin desde más cerca (es per-
fecta).
La Ley Nueva no se distingue de la Ley Antigua en cuanto que
las dos tienen el mismo fin –y éste es que los hombres se subordi-
nen a Dios–, sino que se distinguen en que una era imperfecta y la
283 Cf. SAN AGUSTÍN, De spiritu et littera, c. 14: ML 44, 215; c. 17: ML 44, 219
citado en SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I-II, q. 106, a. 2.
190
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
otra es perfecta. La Antigua era como un encargado del cuidado de
los niños: De manera que la ley ha sido nuestro pedagogo hasta
Cristo, para ser justificados por la fe. Mas, una vez llegada la fe,
ya no estamos bajo el pedagogo (Ga 3,24-25); en cambio, la Ley
Nueva es ley de perfección, porque es ley de caridad y de la cari-
dad dice San Pablo que es: vínculo de perfección (Col 3,14).
Todas las diferencias entre una y otra se toman de su imperfec-
ción o perfección. Se distinguen:
Ley Antigua Ley Nueva
1. Por el ministro Ángeles y profetas Jesucristo
2. Por la forma y Escrita en piedra Es infusa en el
materia en que corazón
se escribe
3. Por aquello a lo La letra El Espíritu
que se da más
importancia
4. Por la extensión Nacional Universal
5. Por la duración Temporal Eterna
6. Por su entidad Sombra (figura) Realidad
7. Por su eficacia No justifica Justifica
8. Por su utilidad No conduce al fin Conduce al fin
9. Por su dignidad Ley de siervos, de Ley de hijos, de
temor amor
10. Por su profundi- Más bien sólo cohíbe Cohíbe también
dad lo externo malo lo interno malo
Cuando viene Cristo, la Ley Antigua pierde su razón de ser.
II. La Ley Nueva da cumplimiento a la Antigua
Nos enseña Jesús: No penséis que he venido a abolir la Ley y
los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os
191
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una
tilde de la Ley sin que todo suceda (Mt 5,17-18). En cuanto a los
preceptos morales la Ley Nueva se compara con la Antigua como
lo perfecto a lo imperfecto.
Lo perfecto suple lo que falta a lo imperfecto.
Dos cosas podemos considerar en la Vieja Ley: el fin y los pre-
ceptos.
El consagrado/a no debe olvidarse jamás que no es deudor de
una alianza cualquiera, ni tampoco de la Antigua Alianza aunque
haya sido hecha por el mismo Dios, sino que es deudor de la
Alianza Nueva y Eterna284.
Esto lo debe recordar, día a día, al participar del sacrificio de la
«Alianza nueva y eterna»285. Allí es donde aprende a ser fiel de la
Nueva y Eterna Alianza y todo lo que esa maravilla significa.
De hecho, la grandeza más sublime del consagrado/a es ser mi-
nistro, en su orden, de la Nueva Alianza, que es la sublime Ley de
la libertad (St 2,12).
Veamos lo que al respecto enseña Santo Tomás cuando se pre-
gunta si ley nueva da cumplimiento a la antigua286 (se puede leer
también en: In IV Sent., d. 1, q. 2, a. 5; a. 2 ad 1um. 3um; In Eph., c.
2, lect. 5; In Rom., c. 3, lect. 4; 9, lect. 5). Citamos a continuación
el texto por entero reordenando sus partes.
El argumento de autoridad (Sed contra) lo toma el Aquinate de
la misma Sagrada Escritura: Por otro lado está lo que dice el Se-
ñor: No he venido a anular la ley, sino a cumplirla; y después aña-
de: Ni una i o ápice pasará de la ley hasta que todo se cumpla (Mt
5,17-18).
284
Cf. 2Co 3,6.
285 Misal Romano, todas las Plegarias eucarísticas, 533; 541; 549; 560; 610; 616;
622; 627; 632; 637; 1326; 1330 y 1337.
286 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I-II, q. 107, a. 2.
192
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Solución. Hay que decir: Según hemos explicado (a. 1), la ley
nueva se compara con la antigua como lo perfecto a lo imperfecto.
Pues bien, todo lo perfecto suple lo que a lo imperfecto falta; y,
según esto, la ley nueva perfecciona a la antigua en cuanto suple lo
que faltaba a la antigua.
En la antigua ley pueden considerarse dos cosas: el fin y los
preceptos contenidos en ella. Ahora bien, el fin de toda ley es ha-
cer a los hombres justos y virtuosos, como se ha dicho atrás (q. 92,
a. 1). Y por eso, el fin de la antigua ley era la justificación de los
hombres, lo cual la ley no podía llevar a cabo, y sólo la represen-
taba con ciertas ceremonias, y con palabras la prometía. En cuanto
a esto, la ley nueva perfecciona a la antigua justificando por la vir-
tud de la pasión de Cristo.
Esto es lo que da el Apóstol a entender cuando dice en Ro
3,3s.: Lo que era imposible a la ley, Dios, enviando a su Hijo en la
semejanza de la carne del pecado, condenó al pecado en la carne,
para que se cumpliese en nosotros la justificación de la ley. Y, en
cuanto a esto, la nueva ley realiza lo que la antigua prometía, se-
gún aquello de 2Co 1,20: Cuantas son las promesas de Dios, están
en él, esto es, en Cristo. Y, asimismo, en esto también realiza lo
que la antigua ley representaba. Por lo cual, en Col 2,17, se dice de
los preceptos ceremoniales que eran sombra de las cosas futuras,
pero la realidad es Cristo; esto es, la verdad pertenece a Cristo. Y
por eso la ley nueva se llama ley de verdad, mientras que la anti-
gua es ley de sombra o figura.
Ahora bien, Cristo perfeccionó los preceptos de la antigua ley
con la obra y con la doctrina; con la obra, porque quiso ser circun-
cidado y observar las otras cosas que debían observarse en aquel
tiempo, según aquello de Ga 4,4: Hecho bajo la ley. Con su doctri-
na perfeccionó los preceptos de la ley de tres maneras:
193
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
En primer lugar, declarando el verdadero sentido de la ley, co-
mo consta en el homicidio y adulterio, en cuya prohibición los es-
cribas y fariseos no entendían prohibido sino el acto exterior; por
lo cual el Señor perfeccionó la ley enseñando que también caían
bajo la prohibición los actos interiores de los pecados (Mt 5,20).
En segundo lugar, el Señor perfeccionó los preceptos de la ley
ordenando el modo de observar con mayor seguridad lo que había
mandado la antigua ley. Por ejemplo: estaba mandado que nadie
perjurase, lo cual se observará mejor si el hombre se abstiene to-
talmente del juramento, a no ser en caso de necesidad (Mt 5,33).
En tercer lugar, perfeccionó el Señor los preceptos de la ley
añadiendo ciertos consejos de perfección, como aparece por Mt
19,21 en la respuesta al que dijo que había cumplido los preceptos
de la ley antigua: Aún te falta una cosa; si quieres ser perfecto,
vende todo lo que tienes, etc. (cf. Mc 10,21; Lc 18,22).
Las objeciones (+) y sus respuestas
+1. La acción de cumplir se opone a la de anular. Pero la ley
nueva anula o excluye las observancias de la ley antigua, pues el
Apóstol dice en Ga 5,2: Si os circuncidáis, Cristo nada os aprove-
chará. Luego la ley nueva no da cumplimiento a la antigua.
1. A la primera objeción hay que decir: La nueva ley no im-
pide la observancia de la antigua sino en los preceptos ce-
remoniales, como se dijo arriba (q. 103, aa. 3.4) [y en los
preceptos judiciales, q. 104]. Ahora bien, estos preceptos
eran figura del futuro. Por lo cual, por el mero hecho de
haberse cumplido los preceptos ceremoniales, realizadas
las cosas por ellos representadas, no deben observarse más,
porque, si se observasen aún, se significaría alguna cosa
como futura y todavía no cumplida. De la misma manera,
la promesa de un obsequio no tiene razón de ser una vez
194
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
cumplida la promesa. Y de esta manera desaparecen las ce-
remonias de la ley al cumplirse [y los preceptos judiciales].
+2. Ninguna cosa perfecciona a su contraria. Ahora bien, el Se-
ñor, en la ley nueva, propuso ciertos preceptos contrarios a los
preceptos de la antigua ley; pues se dice en Mt 5,31-32: Habéis
oído que se dijo a los antiguos: Quienquiera que repudie a su es-
posa, que le dé el libelo de repudio. Pero yo os digo: Quien repu-
diare a su esposa... y se casa con otra, comete adulterio. Y lo
mismo aparece a continuación, al prohibir el juramento y también
al prohibir el talión y el odio de los enemigos.
Asimismo, parece que el Señor anuló los preceptos de la anti-
gua ley acerca de la distinción de los alimentos, diciendo en Mt
15,11: No mancha al hombre lo que entra en la boca. Luego la ley
nueva no da el cumplimiento a la antigua.
2. A la segunda hay que decir: Como dice San Agustín en
Contra Faustum 287 , aquellos preceptos del Señor no son
contrarios a los de la ley antigua. Lo que mandó el Señor,
prohibiendo repudiar a la esposa, no es contrario a lo que
manda la ley, pues la ley no dice: «El que quisiere, aban-
done a la esposa», a lo cual sería contrario no poder
abandonarla; pero no quería que la mujer fuese abando-
nada por el marido, toda vez que interpuso una tregua pa-
ra que el ánimo, inclinado a la discordia, con la redacción
del libelo desistiera de él. Y por eso288 el Señor, para ratifi-
car este precepto de no despedir a la esposa fácilmente, só-
lo exceptuó la causa de fornicación.
Y lo mismo hay que decir de la prohibición del juramen-
to, como se ha dicho (sol.).
287 Cf. SAN AGUSTÍN, Contra Faustum, l. 19, c. 26: ML 42, 364.
288 Cf. SAN AGUSTÍN, De serm. Dom., l. 1, c. 14: ML 34, 1248.
195
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Lo mismo consta cuando prohíbe la pena del talión, pues
la ley determinó la manera de la venganza, para que no se
llegase a la venganza inmoderada, de la cual el Señor aparta
más perfectamente a todo aquel a quien encarga abstenerse
totalmente de la venganza.
Respecto al odio de los enemigos, rectifica la falsa inter-
pretación de los fariseos, encargándonos que no aborrezca-
mos a las personas, sino al pecado.
Respecto a la distinción de los alimentos, que era cere-
monial, el Señor no mandó que no se observaran entonces;
lo que probó fue que ningún alimento era inmundo por natu-
raleza, sino sólo figuradamente, como ya se ha dicho (q.
102, a. 6 ad 1um).
+3. El que obra contra la ley, no cumple la ley. Pero Cristo
obró en algunas cosas contra la ley, pues tocó a un leproso, como
se dice en Mt 8,3, lo cual era contra la ley. Asimismo, parece que
violó muchas veces el sábado, por lo cual decían los judíos de Él,
según Jn 9,16: Este hombre no es de Dios, pues no guarda el sá-
bado. Luego Cristo no cumplió la ley; y, por consiguiente, la ley
nueva dada por Cristo no da cumplimiento a la antigua.
3. A la tercera hay que decir: El tocamiento de los leprosos
estaba prohibido en la antigua ley, porque con él incurría el
hombre en cierta impureza o irregularidad, como con el to-
camiento de un difunto, según hemos dicho (q.102, a. 6 ad
1um; a. 5 ad 4um). Pero el Señor, que era el purificador de
los leprosos, no podía incurrir en impureza alguna. Y con
lo que hizo en el sábado no quebrantó en realidad el sábado,
como Él mismo lo prueba en el Evangelio, ya porque obra-
ba los milagros por virtud divina, que siempre obra en las
cosas (Jn 5,17); ya porque hacía obras en favor de la salud
humana, cuando los fariseos las hacían por la salud de los
196
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
animales (Mt 12,11); ya, finalmente, porque la necesidad
excusaba a los discípulos, que arrancaban espigas en el sá-
bado (Mt 12,3). Sólo parecía infringir la ley según la su-
persticiosa interpretación de los fariseos, que creían que en
el sábado había que abstenerse aun de las obras saludables,
lo cual era contra la intención de la ley.
+4. En la antigua ley se contenían preceptos morales, ceremo-
niales y judiciales, como se ha dicho arriba (q. 99, a. 3). Pero el
Señor, que, según Mt 5, en algunas cosas cumplió la ley, parece no
hacer mención alguna de los preceptos judiciales y ceremoniales.
Luego parece que la ley nueva no es totalmente el cumplimiento
de la antigua.
4. A la cuarta hay que decir: Los preceptos ceremoniales de
la ley no se mencionan en el evangelio de San Mateo, por-
que su observancia quedaba totalmente suprimida con la
perfección de la ley nueva, según se dijo (ad 1um). De los
preceptos judiciales mencionó el del talión, para que se
aplicase a todos los demás lo que dijo de éste, en el cual
enseñó no ser la intención de la ley que se procurase la pe-
na del talión por deseo de venganza. Ésta la excluye Él al
encargar que debe estar preparado el hombre a sufrir aun
las mayores injurias, pero sólo por amor de la justicia. Y
esto queda vigente aún en la nueva ley.
III. ¿Qué dice la Exhortación Vita Consecrata sobre
la libertad?
Los textos son suficientemente claros y no necesitan comenta-
rios, a saber:
«...adhiriéndose, con el sacrificio de la propia libertad, al miste-
rio de la obediencia filial, lo confiesa infinitamente amado y
197
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
amante, como Aquel que se complace sólo en la voluntad del Pa-
dre (cf. Jn 4,34), al que está perfectamente unido y del que depen-
de en todo»289.
«...cada carisma tiene, en su origen, una triple orientación: ha-
cia el Padre, sobre todo en el deseo de buscar filialmente su vo-
luntad mediante un proceso de conversión continua, en el que la
obediencia es fuente de verdadera libertad»290.
«La dimensión humana y fraterna exige el conocimiento de sí
mismo y de los propios límites, para obtener el estímulo necesario
y el apoyo en el camino hacia la plena liberación. En el contexto
actual revisten una particular importancia la libertad interior de la
persona consagrada, su integración afectiva, la capacidad de co-
municarse con todos, especialmente en la propia comunidad, la
serenidad de espíritu y la sensibilidad hacia aquellos que sufren, el
amor por la verdad y la coherencia efectiva entre el decir y el ha-
cer»291.
«En los comienzos de su ministerio, Jesús proclama, en la sina-
goga de Nazaret, que el Espíritu lo ha consagrado para llevar a los
pobres la Buena Nueva, para anunciar la liberación a los cautivos,
restituir la vista a los ciegos, dar la libertad a los oprimidos, y pre-
dicar un año de gracia del Señor (cf. Lc 4,16-19»)292 (¡Y cuántos
hoy día viven oprimidos por las modernas esclavitudes de las adic-
ciones compulsivas! Los consagrados debemos ayudarles a recu-
perar su libertad).
«La respuesta de la vida consagrada consiste ante todo en la
práctica gozosa de la castidad perfecta, como testimonio de la
fuerza del amor de Dios en la fragilidad de la condición humana.
La persona consagrada manifiesta que lo que muchos creen impo-
289
VC, n. 16.
290 Ibidem, n. 36.
291 Ibidem, n. 71.
292 Ibidem, n. 82.
198
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
sible es posible y verdaderamente liberador con la gracia del Señor
Jesús. Sí, ¡en Cristo es posible amar a Dios con todo el corazón,
poniéndolo por encima de cualquier otro amor, y amar así con la
libertad de Dios a todas las criaturas! Este testimonio es necesario
hoy más que nunca, precisamente porque es algo casi incompren-
sible en nuestro mundo. Es un testimonio que se ofrece a cada per-
sona –a los jóvenes, a los novios, a los esposos y a las familias
cristianas– para manifestar que la fuerza del amor de Dios puede
obrar grandes cosas precisamente en las vicisitudes del amor hu-
mano, que trata de satisfacer una creciente necesidad de transpa-
rencia interior en las relaciones humanas»293.
«Es necesario que la vida consagrada presente al mundo de hoy
ejemplos de una castidad vivida por hombres y mujeres que de-
muestren equilibrio, dominio de sí mismos, iniciativa, madurez
psicológica y afectiva 294 . Gracias a este testimonio se ofrece al
amor humano un punto de referencia seguro, que la persona con-
sagrada encuentra en la contemplación del amor trinitario, que nos
ha sido revelado en Cristo. Precisamente porque está inmersa en
este misterio, la persona consagrada se siente capaz de un amor
radical y universal, que le da la fuerza del autodominio y de la dis-
ciplina necesaria para no caer en la esclavitud de los sentidos y de
los instintos. La castidad consagrada aparece de este modo como
una experiencia de alegría y de libertad. Iluminada por la fe en el
Señor resucitado y por la esperanza en los nuevos cielos y la nueva
tierra (cf. Ap 21,1), ofrece también estímulos valiosos para la edu-
cación en la castidad propia de otros estados de vida»295.
293 VC, n. 88.
294 Cf. PC, n. 12.
295 VC, n. 88.
199
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
El reto de la libertad en la obediencia
«La tercera provocación proviene de aquellas concepciones de
libertad que, en esta fundamental prerrogativa humana, prescinden
de su relación constitutiva con la verdad y con la norma moral296.
En realidad, la cultura de la libertad es un auténtico valor, íntima-
mente unido con el respeto de la persona humana. Pero, ¿cómo no
ver las terribles consecuencias de injusticia e incluso de violencia a
las que conduce, en la vida de las personas y de los pueblos, el uso
deformado de la libertad?
Una respuesta eficaz a esta situación es la obediencia que ca-
racteriza la vida consagrada. Ésta hace presente de modo particu-
larmente vivo la obediencia de Cristo al Padre y, precisamente ba-
sándose en este misterio, testimonia que no hay contradicción en-
tre obediencia y libertad. En efecto, la actitud del Hijo desvela el
misterio de la libertad humana como camino de obediencia a la
voluntad del Padre, y el misterio de la obediencia como camino
para lograr progresivamente la verdadera libertad. Esto es lo que
quiere expresar la persona consagrada de manera específica con
este voto, con el cual pretende atestiguar la conciencia de una rela-
ción de filiación, que desea asumir la voluntad paterna como ali-
mento cotidiano (cf. Jn 4,34), como su roca, su alegría, su escudo
y baluarte (cf. Sal 18[17],3). Demuestra así que crece en la plena
verdad de sí misma permaneciendo unida a la fuente de su existen-
cia y ofreciendo el mensaje consolador: “Mucha es la paz de los
que aman tu ley, no hay tropiezo para ellos” (Sal
119[118],165)»297.
«La vida de comunidad es además, de modo particular, signo,
ante la Iglesia y la sociedad, del vínculo que surge de la misma
llamada y de la voluntad común de obedecerla, por encima de
296 Cf. SAN JUAN PABLO II, Encíclica Veritatis Splendor, nn. 31-35.
297 VC, n. 91.
200
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
cualquier diversidad de raza y de origen, de lengua y cultura. Con-
tra el espíritu de discordia y división, la autoridad y la obediencia
brillan como un signo de la única paternidad que procede de Dios,
de la fraternidad nacida del Espíritu, de la libertad interior de quien
se fía de Dios a pesar de los límites humanos de los que lo repre-
sentan. Mediante esta obediencia, asumida por algunos como regla
de vida, se experimenta y anuncia en favor de todos, la bienaven-
turanza prometida por Jesús a “los que oyen la Palabra de Dios y
la guardan” (Lc 11,28). Además, quien obedece tiene la garantía
de estar en misión, siguiendo al Señor y no buscando los propios
deseos o expectativas. Así es posible sentirse guiados por el Espí-
ritu del Señor y sostenidos, incluso en medio de grandes dificulta-
des, por su mano segura (cf. Hch 20,22s.)»298.
«Las personas consagradas, con este carisma, pueden dar vida a
ambientes educativos impregnados del espíritu evangélico de li-
bertad y de caridad, en los que se ayude a los jóvenes a crecer en
humanidad bajo la guía del Espíritu299. De este modo la comunidad
educativa se convierte en experiencia de comunión y lugar de gra-
cia, en la que el proyecto pedagógico contribuye a unir en una sín-
tesis armónica lo divino y lo humano, Evangelio y cultura, fe y
vida»300.
«La primera forma de evangelizar a los hermanos y hermanas
de otra religión consistirá en el testimonio mismo de una vida po-
bre, humilde y casta, impregnada de amor fraterno hacia todos. Al
mismo tiempo, la libertad de espíritu propia de la vida consagrada
favorecerá el “diálogo de vida”301, con el que se lleva a cabo un
298
VC, n. 92.
299
Cf. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Declaración Gravissimum Educationis
sobre la educación cristiana, n. 8.
300 VC, n. 96.
301 PONTIFICIO CONSEJO PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO Y CONGREGACIÓN
PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Instrucción Diálogo y anuncio.
201
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
modelo fundamental de misión y de anuncio del Evangelio de
Cristo»302.
«...es en la familia donde los jóvenes tienen las primeras expe-
riencias de los valores evangélicos, del amor que se da a Dios y a
los demás. También es necesario que sean educados en el uso res-
ponsable de su libertad, para estar dispuestos a vivir de las más
altas realidades espirituales según su propia vocación. Ruego para
que vosotras, familias cristianas, unidas al Señor con la oración y
la vida sacramental, seáis hogares acogedores de vocaciones»303.
«Padre Santo, santifica a los hijos e hijas que se han consagra-
do a ti para la gloria de tu nombre. Acompáñales con tu poder, pa-
ra que puedan dar testimonio de que Tú eres el Origen de todo, la
única fuente del amor y la libertad. Te damos gracias por el don de
la vida consagrada, que te busca en la fe y, en su misión universal,
invita a todos a caminar hacia ti»304.
b. Necesidad imperiosa del discernimiento de espíritus
Es imposible hablar de libertad de espíritu sin tratar, específi-
camente, del discernimiento, o crítica, o examen, de los mismos y
sin dejarse iluminar por la Pasión del Señor: Por esto me ama el
Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie
me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para
entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he reci-
bido de mi Padre (Jn 10,17-18); le abofetearon (Mt 26,67), se pu-
sieron... a abofetearle (Mc 14,65), uno de los guardias... le dio
una bofetada... (Jn 18,22), y le daban bofetadas (Jn 19,3). Hermo-
Reflexiones y orientaciones sobre el anuncio del Evangelio y el diálogo
interreligioso (19/05/1991) n. 42, a.
302 VC, n. 102.
303 Ibidem, n. 107.
304 Ibidem, n. 111.
202
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
samente dice Teodoreto de Ciro: «las bofetadas que recibió publi-
caban nuestra libertad»305.
Por eso, el consagrado/a que renuncie anticipadamente a dis-
cernir, renuncia anticipadamente a vivir la libertad de los hijos de
Dios. ¡Por alguna sólida razón insiste tanto el Papa Santo en su
Exhortación Apostólica sobre el discernimiento de espíritus! En-
seña San Juan Pablo II:
«Se invita pues a los Institutos a reproducir con valor la auda-
cia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras
como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mun-
do de hoy306. Esta invitación es sobre todo una llamada a perseve-
rar en el camino de santidad a través de las dificultades materiales
y espirituales que marcan la vida cotidiana. Pero es también lla-
mada a buscar la competencia en el propio trabajo y a cultivar una
fidelidad dinámica a la propia misión, adaptando sus formas,
cuando es necesario, a las nuevas situaciones y a las diversas nece-
sidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discerni-
miento eclesial. Debe permanecer viva, pues, la convicción de que
la garantía de toda renovación que pretenda ser fiel a la inspiración
originaria está en la búsqueda de la conformación cada vez más
plena con el Señor307»308.
«Las personas consagradas, en la medida en que profundizan su
propia amistad con Dios, se hacen capaces de ayudar a los herma-
nos y hermanas mediante iniciativas espirituales válidas, como
escuelas de oración, ejercicios y retiros espirituales, jornadas de
soledad, escucha y dirección espiritual. De este modo se favorece
305 TEODORETO DE CIRO, Tratado sobre la Encarnación del Señor, 27: PG 75,
1467; cit. por A. CEDANO, Leccionario Bienal IV. Lecturas bíblicas y Patrísticas
del Oficio, Tiempo ordinario, Impar, Semana XXIV, viernes, 172.
306 Cf. VC, n. 37, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 27].
307 Cf. PC, n. 2.
308 VC, n. 37.
203
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
el progreso en la oración de personas que podrán después realizar
un mejor discernimiento de la voluntad de Dios sobre ellas y em-
prender opciones valientes, a veces heroicas, exigidas por la fe. En
efecto, las personas consagradas “a través de su ser más íntimo, se
sitúan dentro del dinamismo de la Iglesia, sedienta de lo Absoluto
de Dios, llamada a la santidad. Es de esta santidad de la que dan
testimonio”309. El hecho de que todos sean llamados a la santidad
debe animar más aún a quienes, por su misma opción de vida, tie-
nen la misión de recordarlo a los demás»310.
«Si de una parte hay que alegrarse por la acción del Espíritu,
por otra es necesario proceder con el debido discernimiento de los
carismas. El principio fundamental para que se pueda hablar de
vida consagrada es que los rasgos específicos de las nuevas comu-
nidades y formas de vida estén fundados en los elementos esencia-
les, teológicos y canónicos, que son característicos de la vida con-
sagrada311. Este discernimiento es necesario tanto a nivel local co-
mo universal, con el fin de prestar una común obediencia al único
Espíritu. (...) En virtud de este mismo principio de discernimiento,
no pueden ser comprendidas en la categoría específica de vida
consagrada aquellas formas de compromiso, por otro lado loables,
que algunos cónyuges cristianos asumen en asociaciones o movi-
mientos eclesiales cuando, deseando llevar a la perfección de la
caridad su amor “como consagrado” ya en el sacramento del ma-
trimonio312, confirman con un voto el deber de la castidad propia
de la vida conyugal y, sin descuidar sus deberes para con los hijos,
profesan la pobreza y la obediencia313. Esta obligada puntualiza-
309
BEATO PABLO VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, n. 69.
310
VC, n. 39.
311 Cf. Código de Derecho Canónico, c. 573; Código de los cánones de las
Iglesias orientales, c. 410.
312 Cf. GS, n. 48.
313 Cf. Propositio 13, A, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
204
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
ción acerca de la naturaleza de tales experiencias, no pretende in-
fravalorar dicho camino de santificación, al cual no es ajena cier-
tamente la acción del Espíritu Santo, infinitamente rico en sus do-
nes e inspiraciones»314.
«En otros Institutos se plantea más bien el problema de la reor-
ganización de sus obras. Esta tarea, nada fácil y no pocas veces
dolorosa, requiere estudio y discernimiento a la luz de algunos cri-
terios. Es preciso, por ejemplo, salvaguardar el sentido del propio
carisma, promover la vida fraterna, estar atentos a las necesidades
de la Iglesia tanto universal como particular, ocuparse de aquello
que el mundo descuida, responder generosamente y con audacia,
aunque sea con intervenciones obligadamente exiguas, a las nue-
vas pobrezas, sobre todo en los lugares más abandonados315»316.
«Atentos [los formadores y formadoras] a la acción de la gra-
cia, deben indicar aquellos obstáculos que a veces no resultan con
tanta evidencia, pero, sobre todo, mostrarán la belleza del segui-
miento del Señor y el valor del carisma en que éste se concretiza.
A las luces de la sabiduría espiritual añadirán también aquellas que
provienen de los instrumentos humanos que pueden servir de ayu-
da, tanto en el discernimiento vocacional, como en la formación
del hombre nuevo auténticamente libre. El principal instrumento
de formación es el coloquio personal, que ha de tenerse con regu-
laridad y cierta frecuencia, y que constituye una práctica de com-
probada e insustituible eficacia»317.
«La dimensión cultural y profesional, fundada en una sólida
formación teológica que capacite al discernimiento, implica una
314
VC, n. 62.
315
Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS
SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Instrucción La vida fraterna en comunidad
«Congregavit nos in unum Christi amor», n. 67.
316 VC, n. 63.
317 Ibidem, n. 66.
205
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
actualización continua y una particular atención a los diversos
campos a los que se orienta cada uno de los carismas. Es necesario
por tanto mantener una mentalidad lo más flexible y abierta posi-
ble, para que el servicio sea comprendido y desempeñado según
las exigencias del propio tiempo, sirviéndose de los instrumentos
ofrecidos por el progreso cultural»318.
«Al servicio de Dios y del hombre
La vida consagrada tiene la misión profética de recordar y ser-
vir el designio de Dios sobre los hombres, tal como ha sido anun-
ciado por las Escrituras, y como se desprende de una atenta lectura
de los signos de la acción providencial de Dios en la historia. Es el
proyecto de una humanidad salvada y reconciliada (cf. Col 2,20-
22). Para realizar adecuadamente este servicio, las personas consa-
gradas han de poseer una profunda experiencia de Dios y tomar
conciencia de los retos del propio tiempo, captando su sentido teo-
lógico profundo mediante el discernimiento efectuado con la ayu-
da del Espíritu Santo. En realidad, tras los acontecimientos de la
historia se esconde frecuentemente la llamada de Dios a trabajar
según sus planes, con una inserción activa y fecunda en los acon-
tecimientos de nuestro tiempo319.
El discernimiento de los signos de los tiempos, como dice el
Concilio, ha de hacerse a la luz del Evangelio, de tal modo que se
“pueda responder a los perennes interrogantes de los hombres so-
bre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relación mutua
entre ambas”320. Es necesario, pues, estar abiertos a la voz interior
del Espíritu que invita a acoger en lo más hondo los designios de
318
VC, n. 71.
319 Cf. VC, n. 73, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada,
Propositio 35, A].
320 GS, n. 4.
206
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
la Providencia. Él llama a la vida consagrada para que elabore
nuevas respuestas a los nuevos problemas del mundo de hoy. Son
un reclamo divino del que sólo las almas habituadas a buscar en
todo la voluntad de Dios saben percibir con nitidez y traducir des-
pués con valentía en opciones coherentes, tanto con el carisma ori-
ginal, como con las exigencias de la situación histórica concreta.
Ante los numerosos problemas y urgencias que en ocasiones
parecen comprometer y avasallar incluso la vida consagrada, los
llamados sienten la exigencia de llevar en el corazón y en la ora-
ción las muchas necesidades del mundo entero, actuando con au-
dacia en los campos respectivos del propio carisma fundacional.
Su entrega deberá ser, obviamente, guiada por el discernimiento
sobrenatural, que sabe distinguir entre lo que viene del Espíritu y
lo que le es contrario (cf. Ga 5,16-17.22; 1Jn 4,6). Mediante la fi-
delidad a la Regla y a las Constituciones, conservan la plena co-
munión con la Iglesia321»322.
«Se ha de hacer todo en comunión y en diálogo con las otras
instancias eclesiales. Los retos de la misión son de tal envergadura
que no pueden ser acometidos eficazmente sin la colaboración,
tanto en el discernimiento como en la acción, de todos los miem-
bros de la Iglesia. Difícilmente los individuos aislados tienen una
respuesta completa: ésta puede surgir normalmente de la confron-
tación y del diálogo. En particular, la comunión operativa entre los
diversos carismas asegurará, además de un enriquecimiento recí-
proco, una eficacia más incisiva en la misión. La experiencia de
estos años confirma sobradamente que “el diálogo es el nuevo
nombre de la caridad”323»324.
321
Cf. LG, n. 12.
322
VC, n. 73.
323 BEATO PABLO VI, Encíclica Ecclesiam Suam sobre el «mandato» de la Iglesia
en el mundo contemporáneo, n. 3.
324 VC, n. 74.
207
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
«El anuncio de Cristo tiene la prioridad permanente en la mi-
sión de la Iglesia325 y tiende a la conversión, esto es, a la adhesión
plena y sincera a Cristo y a su Evangelio326. Forman parte también
de la actividad misionera el proceso de inculturación y el diálogo
interreligioso. El reto de la inculturación ha de ser asumido por las
personas consagradas como una llamada a colaborar con la gracia
para lograr un acercamiento a las diversas culturas. Esto supone
una seria preparación personal, dotes de maduro discernimiento,
adhesión fiel a los indispensables criterios de ortodoxia doctrinal,
de autenticidad y de comunión eclesial327»328.
«En este proceso, hecho de discernimiento y de audacia, de diá-
logo y de provocación evangélica, la Santa Sede es una garantía
para seguir el recto camino, y a ella compete la función de animar
la evangelización de las culturas, de autentificar su desarrollo, y de
sancionar los logros en orden a la inculturación329, tarea ésta “difí-
cil y delicada, ya que pone a prueba la fidelidad de la Iglesia al
Evangelio y a la Tradición Apostólica en la evolución constante de
las culturas”330»331.
«La nueva evangelización exige de los consagrados y consa-
gradas una plena conciencia del sentido teológico de los retos de
nuestro tiempo. Estos retos han de ser examinados con cuidadoso
y común discernimiento, para lograr una renovación de la misión.
La audacia con que se anuncia al Señor Jesús debe estar acompa-
ñada de la confianza en la acción de la Providencia, que actúa en el
325
Cf. SAN JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris missio sobre la permanente
validez del mandato misionero, n. 44.
326 Cf. SAN JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris missio, n. 46.
327 Ibidem, nn. 52-54.
328 VC, n. 79.
329
Cf. VC, n. 80, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 40,
B].
330 SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Ecclesia in Africa, n.
62.
331 VC, n. 80.
208
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
mundo y que “hace que todas las cosas, incluso los fracasos del
hombre, contribuyan al bien de la Iglesia”332. (...) Esto exige un
serio discernimiento de las llamadas que el Espíritu dirige a cada
Instituto, tanto en aquellas regiones en las que no se vislumbran
grandes progresos inmediatos, como en otras zonas donde se per-
cibe un rebrote esperanzador. Las personas consagradas han de ser
pregoneras entusiastas del Señor Jesús en todo tiempo y lugar, y
estar dispuestas a responder con sabiduría evangélica a los interro-
gantes que hoy brotan de la inquietud del corazón humano y de sus
necesidades más urgentes»333.
«El testimonio profético exige la búsqueda apasionada y cons-
tante de la voluntad de Dios, la generosa e imprescindible comu-
nión eclesial, el ejercicio del discernimiento espiritual y el amor
por la verdad. También se manifiesta en la denuncia de todo aque-
llo que contradice la voluntad de Dios y en el escudriñar nuevos
caminos de actuación del Evangelio para la construcción del Reino
de Dios334»335.
«En la fraternidad animada por el Espíritu, cada uno entabla
con el otro un diálogo precioso para descubrir la voluntad del Pa-
dre, y todos reconocen en quien preside la expresión de la paterni-
dad de Dios y el ejercicio de la autoridad recibida de Él, al servicio
del discernimiento y de la comunión336»337.
«Como enseña la tradición espiritual, de la meditación de la Pa-
labra de Dios, y de los misterios de Cristo en particular, nace la
332
SAN JUAN XXIII, «Discurso de inauguración del Concilio Ecuménico Vaticano
II», 11/10/1962: AAS 54 (1962), 789.
333 VC, n. 81.
334 Cf. VC, n. 84, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 39,
A].
335 VC, n. 84.
336 Cf. VC, n. 92, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 19,
A]; PC, n. 14.
337 VC, n. 92.
209
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
intensidad de la contemplación y el ardor de la actividad apostóli-
ca. Tanto en la vida religiosa contemplativa como en la activa,
siempre han sido los hombres y mujeres de oración quienes, como
auténticos intérpretes y ejecutores de la voluntad de Dios, han rea-
lizado grandes obras. Del contacto asiduo con la Palabra de Dios
han obtenido la luz necesaria para el discernimiento personal y
comunitario que les ha servido para buscar los caminos del Señor
en los signos de los tiempos. Han adquirido así una especie de ins-
tinto sobrenatural que ha hecho posible el que, en vez de doble-
garse a la mentalidad del mundo, hayan renovado la propia mente,
para poder discernir la voluntad de Dios, aquello que es bueno, lo
que le agrada, lo perfecto (cf. Ro 12,2)»338.
«Por su especial consagración, por la peculiar experiencia de
los dones del Espíritu, por la escucha asidua de la Palabra y el
ejercicio del discernimiento, por el rico patrimonio de tradiciones
educativas acumuladas a través del tiempo por el propio Instituto,
por el profundo conocimiento de la verdad espiritual (cf. Ef 1,17),
las personas consagradas están en condiciones de llevar a cabo una
acción educativa particularmente eficaz, contribuyendo específi-
camente a las iniciativas de los demás educadores y educado-
ras»339.
«No obstante, dado su extraordinario poder de persuasión, es
preciso estar alerta ante el uso inadecuado de tales medios, sin ig-
norar los problemas que se pueden derivar para la vida consagrada
misma, que ha de afrontarlos con el debido discernimiento340. So-
bre este punto, la respuesta de la Iglesia es ante todo educativa:
tiende a promover una actitud de correcta comprensión de los me-
338
VC, n. 94.
339
Ibidem, n. 96.
340 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS
SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Instrucción La vida fraterna en comunidad
«Congregavit nos in unum Christi amor», n. 34.
210
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
canismos subyacentes y de atenta valoración ética de los progra-
mas, y la adopción de sanas costumbres en su uso341. En esta tarea
educativa, orientada a formar receptores entendidos y comunicado-
res expertos, las personas consagradas están llamadas a ofrecer su
particular testimonio sobre la relatividad de todas las realidades
visibles, ayudando a los hermanos a valorarlas según el designio
de Dios, pero también a liberarse de la influencia obsesiva de la
escena de este mundo que pasa (cf. 1Co 7,31)»342.
«La Iglesia no puede renunciar absolutamente a la vida consa-
grada, porque expresa de manera elocuente su íntima esencia “es-
ponsal”. (...) Toda la Iglesia tiene en sus manos este gran don y,
agradecida, se dedica a promoverlo con la estima, la oración y la
invitación explícita a acogerlo. Es importante que los Obispos,
presbíteros y diáconos, convencidos de la excelencia evangélica de
este género de vida, trabajen para descubrir y apoyar los gérmenes
de vocación con la predicación, el discernimiento y un competente
acompañamiento espiritual. Se pide a todos los fieles una oración
constante en favor de las personas consagradas, para que su fervor
y su capacidad de amar aumenten continuamente, contribuyendo a
difundir en la sociedad de hoy el buen perfume de Cristo (cf. 2Co
2,15). Toda la comunidad cristiana –pastores, laicos y personas
consagradas– es responsable de la vida consagrada, de la acogida y
del apoyo que se han de ofrecer a las nuevas vocaciones343»344.
En fin, lo mejor que conozco para saber las reglas para el dis-
cernimiento de espíritus de San Ignacio son los escritos del P. Ig-
nacio Casanovas, SJ., en su monumental obra Comentario y expla-
341 Cf. SAN JUAN PABLO II, «Mensaje para la XXVIII Jornada de las
comunicaciones sociales», 24/01/1994; Insegnamenti XVII/1 (1994), 183-188. Cf.
L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española del 28/01/1994, 12.
342 VC, n. 99.
343 Cf. VC, n. 105 [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio
48].
344 VC, n. 105.
211
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
nación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, t.
II, Balmes, Barcelona 1945, pp. 149-193, para llegar a tener «la
gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Ro 8,21).
6. Creatividad y audacia
La audacia es la actitud del alma que implica osadía, atrevi-
miento, intrepidez, valor, ánimo, incluso bravura –por oposición a
cobardía, temor, apocamiento, timidez, pusilanimidad– y que tiene
mucha importancia para una acción pastoral no de espera sino de
propuesta.
Fidelidad creativa
«Se invita pues a los Institutos a reproducir con valor la auda-
cia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras
como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mun-
do de hoy345. Esta invitación es sobre todo una llamada a perseve-
rar en el camino de santidad a través de las dificultades materiales
y espirituales que marcan la vida cotidiana. Pero es también lla-
mada a buscar la competencia en el propio trabajo y a cultivar una
fidelidad dinámica a la propia misión, adaptando sus formas,
cuando es necesario, a las nuevas situaciones y a las diversas nece-
sidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discerni-
miento eclesial. Debe permanecer viva, pues, la convicción de que
la garantía de toda renovación que pretenda ser fiel a la inspiración
originaria está en la búsqueda de la conformación cada vez más
plena con el Señor346»347.
345 Cf. VC, n. 37, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 27].
346 Cf. PC, n. 2.
347 VC, n. 37.
212
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Enfrentar creativamente los problemas
«Particularmente los Institutos internacionales, en esta época
caracterizada por la dimensión mundial de los problemas y, al
mismo tiempo, por el retorno de los ídolos del nacionalismo, tie-
nen el cometido de dar testimonio y de mantener siempre vivo el
sentido de la comunión entre los pueblos, las razas y las culturas.
En un clima de fraternidad, la apertura a la dimensión mundial de
los problemas no ahogará la riqueza de los dones particulares, y la
afirmación de una característica particular no creará contrastes con
las otras, ni atentará a la unidad. Los Institutos internacionales
pueden hacer esto con eficacia, al tener ellos mismos que enfren-
tarse creativamente al reto de la inculturación y conservar al mis-
mo tiempo su propia identidad»348.
Frente a las urgencias
«Ante los numerosos problemas y urgencias que en ocasiones
parecen comprometer y avasallar incluso la vida consagrada, los
llamados sienten la exigencia de llevar en el corazón y en la ora-
ción las muchas necesidades del mundo entero, actuando con au-
dacia en los campos respectivos del propio carisma fundacional.
Su entrega deberá ser, obviamente, guiada por el discernimiento
sobrenatural, que sabe distinguir entre lo que viene del Espíritu y
lo que le es contrario (cf. Ga 5,16-17.22; 1Jn 4,6). Mediante la fi-
delidad a la Regla y a las Constituciones, conservan la plena co-
munión con la Iglesia349»350.
348 VC, n. 51.
349 Cf. LG, n. 12.
350 VC, n. 73.
213
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
El contacto de carisma y pueblo
«A su vez, una auténtica inculturación ayudará a las personas
consagradas a vivir el radicalismo evangélico según el carisma del
propio Instituto y la idiosincrasia del pueblo con el cual entran en
contacto. De esta fecunda relación surgirán estilos de vida y méto-
dos pastorales que pueden ser una riqueza para todo el Instituto, si
se demuestran coherentes con el carisma fundacional y con la ac-
ción unificadora del Espíritu Santo. En este proceso, hecho de dis-
cernimiento y de audacia, de diálogo y de provocación evangélica,
la Santa Sede es una garantía para seguir el recto camino, y a ella
compete la función de animar la evangelización de las culturas, de
autentificar su desarrollo, y de sancionar los logros en orden a la
inculturación351, tarea ésta “difícil y delicada, ya que pone a prueba
la fidelidad de la Iglesia al Evangelio y a la tradición apostólica en
la evolución constante de las culturas”352»353.
Audacia y confianza en la Providencia
«La nueva evangelización, como la de siempre, será eficaz si
sabe proclamar desde los tejados lo que ha vivido en la intimidad
con el Señor. Para ello se requieren personalidades sólidas, anima-
das por el fervor de los santos. La nueva evangelización exige de
los consagrados y consagradas una plena conciencia del sentido
teológico de los retos de nuestro tiempo. Estos retos han de ser
examinados con cuidadoso y común discernimiento, para lograr
una renovación de la misión. La audacia con que se anuncia al Se-
ñor Jesús debe estar acompañada de la confianza en la acción de la
351
Cf. VC, n. 80, [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 40,
B].
352 SAN JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Ecclesia in Africa, n.
62.
353 VC, n. 80.
214
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Providencia, que actúa en el mundo y que “hace que todas las co-
sas, incluso los fracasos del hombre, contribuyan al bien de la
Iglesia”354»355.
Dificultades y perspectivas
«En algunas regiones del mundo, los cambios sociales y la
disminución del número de vocaciones está haciendo mella en la
vida consagrada. Las obras apostólicas de muchos Institutos y su
misma presencia en ciertas Iglesias locales están en peligro. Como
ya ha ocurrido otras veces en la historia, hay Institutos que corren
incluso el riesgo de desaparecer. La Iglesia universal les está su-
mamente agradecida por la gran contribución que han dado a su
edificación con el testimonio y el servicio356. La preocupación de
hoy no anula sus méritos ni los frutos que han madurado gracias a
sus esfuerzos.
En otros Institutos se plantea más bien el problema de la reor-
ganización de sus obras. Esta tarea, nada fácil y no pocas veces
dolorosa, requiere estudio y discernimiento a la luz de algunos cri-
terios. Es preciso, por ejemplo, salvaguardar el sentido del propio
carisma, promover la vida fraterna, estar atentos a las necesidades
de la Iglesia tanto universal como particular, ocuparse de aquello
que el mundo descuida, responder generosamente y con audacia,
aunque sea con intervenciones obligadamente exiguas, a las nue-
vas pobrezas, sobre todo en los lugares más abandonados357.
354 SAN JUAN XXIII, «Discurso de inauguración del Concilio Ecuménico Vaticano
II», 11/10/1962: AAS 54 (1962), 789.
355
VC, n. 81.
356 Cf. VC, n. 63 [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 24].
357 Cf. CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS
SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA, Instrucción La vida fraterna en comunidad
«Congregavit nos in unum Christi amor», n. 67.
215
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Las dificultades provenientes de la disminución de personal y
de iniciativas, no deben en modo alguno hacer perder la confianza
en la fuerza evangélica de la vida consagrada, la cual será siempre
actual y operante en la Iglesia. Aunque cada Instituto no posea la
prerrogativa de la perpetuidad, la vida consagrada, sin embargo,
continuará alimentando entre los fieles la respuesta de amor a Dios
y a los hermanos. Por eso es necesario distinguir entre las vicisitu-
des históricas de un determinado Instituto o de una forma de vida
consagrada, y la misión eclesial de la vida consagrada como tal.
Las primeras pueden cambiar con el mudar de las situaciones, la
segunda no puede faltar.
Esto es verdad tanto para la vida consagrada de tipo contempla-
tivo, como para la dedicada a las obras de apostolado. En su con-
junto, bajo la acción siempre nueva del Espíritu, está destinada a
continuar como testimonio luminoso de la unidad indisoluble del
amor a Dios y al prójimo, como memoria viviente de la fecundi-
dad, incluso humana y social, del amor de Dios. Las nuevas situa-
ciones de penuria han de ser afrontadas por tanto con la serenidad
de quien sabe que a cada uno se le pide no tanto el éxito, cuanto el
compromiso de la fidelidad. Lo que se debe evitar absolutamente
es la debilitación de la vida consagrada, que no consiste tanto en la
disminución numérica, sino en la pérdida de la adhesión espiritual
al Señor y a la propia vocación y misión. Por el contrario, perseve-
rando fielmente en ella, se confiesa, y con gran eficacia incluso
ante el mundo, la propia y firme confianza en el Señor de la histo-
ria, en cuyas manos están los tiempos y los destinos de las perso-
nas, de las instituciones, de los pueblos y, por tanto, también la
actuación histórica de sus dones. Los dolorosos momentos de cri-
sis representan un apremio a las personas consagradas para que
216
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
proclamen con fortaleza la fe en la muerte y resurrección de Cris-
to, haciéndose así signo visible del paso de la muerte a la vida»358.
Creatividad y audacia es una dupla que siempre tendría que te-
ner presente el auténtico pastor de almas y pescador de hombres,
para poder realizar una pastoral eficaz e incisiva.
7. La Belleza infinita: filocalía
Dios es el ser, así se llamó Él mismo en el hecho formidable de
la zarza ardiente: Moisés replicó a Dios: –«Mira, yo iré a los hijos
de Israel y les diré: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a
vosotros”. Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les
respondo?». –Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy; esto dirás a
los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a vosotros». Dios añadió:
«Esto dirás a los hijos de Israel: “El Señor, Dios de vuestros pa-
dres, el Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a
vosotros”. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de
generación en generación» (Ex 3,13-15).
Vemos cómo enigmáticamente responde Dios a la pregunta de
Moisés: «Tú ¿quién eres?»”, diciendo: «Yo soy el que soy»
(’ehyeh ’ašer ’ehyeh). Y más adelante (en primera persona): «Yo
soy» (’ehyeh), y poniendo la frase en labios de Moisés (en tercera
persona) El que es = Yahvé (Gn 2,4); Yo, Yahvé... Yo soy Yahvé,
tal es mi nombre; no doy mi gloria a ningún otro ni a los ídolos mi
alabanza (Is 42,6.8).
Esta respuesta misteriosa es la causa de la veneración extrema-
da de los judíos por el misterioso tetragrama (porque consta de
cuatro letras) «YHWH» (jod, he waw, he: )יהוהsímbolo del miste-
rio de la vida íntima de la divinidad. La versión griega precristiana
de los LXX, traducción al griego del texto hebreo del Antiguo Tes-
358 VC, n. 63.
217
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
tamento, traduce el tetragrama sagrado más de 6000 veces con la
palabra κυριος, Kyrios, Señor.
Se trata de una revelación singular de Dios, en la cual da su
nombre, como si dijéramos «su definición». Se trata de una solem-
ne declaración divina. Nombre verbal que le diferencia de todas
las concepciones abstractas de la divinidad de los pueblos vecinos
(nombres nominales), lo presenta como el único Dios personal que
se ha manifestado a lo largo de la historia359.
Así como Dios es el Sumo Ser, el Ser infinito, el Ser perfectí-
simo... es la Suma Verdad, el Sumo Bien, el Sumo Amor, la Suma
Belleza.
Pues a la vida consagrada se le confía la misión de testimoniar
la Suma Belleza de Dios: «A la vida consagrada se confía la mi-
sión de señalar al Hijo de Dios hecho hombre como la meta esca-
tológica a la que todo tiende, el resplandor ante el cual cualquier
otra luz languidece, la infinita belleza que, sola, puede satisfacer
totalmente el corazón humano. Por tanto, en la vida consagrada no
se trata sólo de seguir a Cristo con todo el corazón, amándolo
“más que al padre o a la madre, más que al hijo o a la hija” (cf. Mt
10,37), como se pide a todo discípulo, sino de vivirlo y expresarlo
con la adhesión “conformadora” con Cristo de toda la existencia,
en una tensión global que anticipa, en la medida posible en el
tiempo y según los diversos carismas, la perfección escatológi-
ca...»360.
Más aun, reconoce con admiración la sublime belleza de la Tri-
nidad: «Con tal identificación “conformadora” con el misterio de
Cristo, la vida consagrada realiza por un título especial aquella
confessio Trinitatis que caracteriza toda la vida cristiana, recono-
ciendo con admiración la sublime belleza de Dios Padre, Hijo y
359 Cf. A. LANG, Teología Fundamental, t. I, Rialp, Madrid 1975, 173.
360 VC, n. 16.
218
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
Espíritu Santo y testimoniando con alegría su amorosa condescen-
dencia hacia cada ser humano»361.
De modo tal que se ha calificado a la vida consagrada como
amor por la belleza divina: «Con intuición profunda, los Padres de
la Iglesia han calificado este camino espiritual como filocalía, es
decir, amor por la belleza divina, que es irradiación de la divina
bondad. La persona, que por el poder del Espíritu Santo es condu-
cida progresivamente a la plena configuración con Cristo, refleja
en sí misma un rayo de la luz inaccesible y en su peregrinar te-
rreno camina hacia la Fuente inagotable de la luz»362.
Anunciamos la belleza de Dios por la práctica de los consejos
evangélicos: «Los consejos evangélicos son, pues, ante todo un
don de la Santísima Trinidad. La vida consagrada es anuncio de lo
que el Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu, realiza con su
amor, su bondad y su belleza. (...) En la medida en que la persona
consagrada se deja conducir por el Espíritu hasta la cumbre de la
perfección, puede exclamar: “Veo la belleza de tu gracia, contem-
plo su fulgor y reflejo su luz; me arrebata su esplendor indescripti-
ble; soy empujado fuera de mí mientras pienso en mí mismo; veo
cómo era y qué soy ahora. ¡Oh prodigio!... no sé dónde sentarme, a
dónde acercarme, dónde reclinar estos miembros que son tuyos; en
qué obras ocupar estas sorprendentes maravillas divinas” 363 » 364 ,
como exclamaba Simeón, el Nuevo Teólogo, un Padre griego.
De esta manera el religioso, la religiosa, se convierte en sí
mismo en una huella concreta que la Trinidad deja en la historia
para que los hombres y mujeres descubran la belleza divina, o co-
mo lo expresa bellamente la Exhortación Vita Consecrata: «De
este modo, la vida consagrada se convierte en una de las huellas
361
VC, n. 16.
362 Ibidem, n. 19.
363 SIMEÓN, EL NUEVO TEÓLOGO, Himnos, II, vv. 19-27: SCh 156, 178-179.
364 VC, n. 20.
219
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
concretas que la Trinidad deja en la historia, para que los hombres
puedan descubrir el atractivo y la nostalgia de la belleza divina»365.
Por ejemplo, se ve en la obediencia: «La obediencia, practicada
a imitación de Cristo, cuyo alimento era hacer la voluntad del Pa-
dre (cf. Jn 4,34), manifiesta la belleza liberadora de una dependen-
cia filial y no servil, rica de sentido de responsabilidad y animada
por la confianza recíproca, que es reflejo en la historia de la amo-
rosa correspondencia propia de las tres Personas divinas»366.
Jesús muestra la plenitud de la belleza en la Cruz: «Aquel que
en su muerte aparece ante los ojos humanos desfigurado y sin be-
lleza hasta el punto de mover a los presentes a cubrirse el rostro
(cf. Is 53,2-3), precisamente en la Cruz manifiesta en plenitud la
belleza y el poder del amor de Dios. San Agustín lo canta así:
“Hermoso siendo Dios, Verbo en Dios. (...) Es hermoso en el cielo
y es hermoso en la tierra; hermoso en el seno, hermoso en los bra-
zos de sus padres, hermoso en los milagros, hermoso en los azotes;
hermoso invitado a la vida, hermoso no preocupándose de la muer-
te, hermoso dando la vida, hermoso tomándola; hermoso en la
cruz, hermoso en el sepulcro y hermoso en el cielo. Oíd enten-
diendo el cántico, y la flaqueza de su carne no aparte de vuestros
ojos el esplendor de su hermosura”367»368.
La vida fraterna en común muestra tanto la belleza de la vida
en común como los medios para alcanzarla: «Con la constante
promoción del amor fraterno en la forma de vida común, la vida
consagrada pone de manifiesto que la participación en la comu-
nión trinitaria puede transformar las relaciones humanas, creando
un nuevo tipo de solidaridad. Ella indica de este modo a los hom-
365
VC, n. 20.
366 Ibidem, n. 21.
367 SAN AGUSTÍN, Enarr. in Psal. 44, 3: PL 36, 495-496.
368 VC, n. 24.
220
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
bres tanto la belleza de la comunión fraterna, como los caminos
concretos que a ésta conducen»369.
La regla de oro de la pastoral vocacional: «La invitación de Je-
sús: “Venid y veréis” (Jn 1,39) sigue siendo aún hoy la regla de
oro de la pastoral vocacional. Con ella se pretende presentar, a
ejemplo de los fundadores y fundadoras, el atractivo de la persona
del Señor Jesús y la belleza de la entrega total de sí mismo a la
causa del Evangelio»370.
«Atentos a la acción de la gracia, deben indicar aquellos obs-
táculos que a veces no resultan con tanta evidencia, pero, sobre
todo, mostrarán la belleza del seguimiento del Señor y el valor del
carisma en que éste se concretiza»371.
¿Qué logra la búsqueda de los religiosos por la belleza divina?:
«La búsqueda de la belleza divina mueve a las personas consagra-
das a velar por la imagen divina deformada en los rostros de tantos
hermanos y hermanas, rostros desfigurados por el hambre, rostros
desilusionados por promesas políticas; rostros humillados de quien
ve despreciada su propia cultura; rostros aterrorizados por la vio-
lencia diaria e indiscriminada; rostros angustiados de menores;
rostros de mujeres ofendidas y humilladas; rostros cansados de
emigrantes que no encuentran digna acogida; rostros de ancianos
sin las mínimas condiciones para una vida digna372. La vida consa-
grada muestra de este modo, con la elocuencia de las obras, que la
caridad divina es fundamento y estímulo del amor gratuito y ope-
rante»373.
369
VC, n. 41.
370
Ibidem, n. 64.
371
Ibidem, n. 66.
372 Cf. IV CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO,
Documento Nueva evangelización, Promoción humana, Cultura cristiana,
CELAM 1992, Conclusión 178.
373 VC, n. 75.
221
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Hay hombres y mujeres que no entienden la vida consagrada:
«Lo que a los ojos de los hombres puede parecer un despilfarro,
para la persona seducida en el secreto de su corazón por la belleza
y la bondad del Señor es una respuesta obvia de amor, exultante de
gratitud por haber sido admitida de manera totalmente particular al
conocimiento del Hijo y a la participación en su misión divina en
el mundo.
“Si un hijo de Dios conociera y gustara el amor divino, Dios
increado, Dios encarnado, Dios que padece la pasión, que es el
sumo bien, le daría todo; no sólo dejaría las otras criaturas, sino a
sí mismo, y con todo su ser amaría este Dios de amor hasta trans-
formarse totalmente en el Dios-hombre, que es el sumamente
Amado”374»375.
Importancia de la familia para las vocaciones de especial con-
sagración: «Es preciso recordar que si los padres no viven los va-
lores evangélicos, será difícil que los jóvenes y las jóvenes puedan
percibir la llamada, comprender la necesidad de los sacrificios que
han de afrontar y apreciar la belleza de la meta a alcanzar. En efec-
to, es en la familia donde los jóvenes tienen las primeras experien-
cias de los valores evangélicos, del amor que se da a Dios y a los
demás. También es necesario que sean educados en el uso respon-
sable de su libertad, para estar dispuestos a vivir de las más altas
realidades espirituales según su propia vocación. Ruego para que
vosotras, familias cristianas, unidas al Señor con la oración y la
vida sacramental, seáis hogares acogedores de vocaciones»376.
Gran responsabilidad de todos los religiosos: «Pero es sobre
todos a vosotros, hombres y mujeres consagrados, a quienes al
final de esta Exhortación dirijo mi llamada confiada: vivid plena-
374
SANTA ÁNGELA DE FOLIGNO, Il libro della Beata Angela da Foligno, Colegii S.
Bonaventurae ad Claras Aquas, Grottaferrata 1985, 683.
375 VC, n. 104.
376 Ibidem, n. 107.
222
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
mente vuestra entrega a Dios, para que no falte a este mundo un
rayo de la divina belleza que ilumine el camino de la existencia
humana»377.
«La persona, que se deja seducir378 por él, tiene que abandonar
todo y seguirlo (cf. Mc 1,16-20; 2,14; 10,21.28)»379.
«Bajo su acción [del Espíritu Santo] reviven, en cierto modo, la
experiencia del profeta Jeremías: “Me has seducido, Señor, y me
dejé seducir” (20,7)»380.
«Lo que puede conmover a las personas de nuestro tiempo,
también sedientas de valores absolutos, es precisamente la cuali-
dad espiritual de la vida consagrada, que se transforma así en un
fascinante381 testimonio»382.
La Santa Madre Teresa de Calcuta le preguntó a Juan Pablo II
la razón por la que hay crisis de vocaciones siendo tan hermosas
las vocaciones de especial consagración: Y él le respondió: «Por-
que se ha dejado de presentarlas de manera fascinante».
8. Pericóresis trinitaria
Es una maravilla poder escribir algo sobre la Santísima Trini-
dad, aun teniendo de antemano «la conciencia de que el lenguaje
humano es inadecuado para expresar el misterio inefable de la
Santísima Trinidad, Dios único, que está más allá de nuestras pa-
labras y de nuestros pensamientos»383. Y nos referiremos al tema
377
VC, n. 109.
378
Seducir: cautivar el ánimo [nota nuestra].
379 VC, n. 18.
380 Ibidem, n. 19.
381
Fascinar: atraer irresistiblemente [nota nuestra].
382 VC, n. 93.
383 PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS,
Clarificación Dans son premier rapport. Les traditiones grecque et latine
concernant la processión du Saint Esprit (08/09/1995) publicado en
223
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
de la pericóresis (περιχώρησις) por la que cada una de las tres per-
sonas divinas está en las otras.
a. Enseñanza de la Sagrada Escritura
Unidad de ser
Yo y el Padre somos uno... el Padre está en mí, y yo en el Pa-
dre (Jn 10,30.38).
...para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
que ellos también sean uno en nosotros... (Jn 17,21).
Unidad de hacer, de decir, de designio
El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque
yo hago siempre lo que le agrada (Jn 8,29).
¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que
yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permane-
ce en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre
y el Padre en mí. Si no, creed a las obras... sabréis que yo estoy
en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros (Jn 14,10-11.20).
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíri-
tu, y que su intercesión por los santos es según Dios (Ro 8,27).
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo
sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Pues, ¿quién conoce lo
íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de
él? Del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu
de Dios (1Co 2,10-11).
L’Osservatore Romano, edición en lengua italiana del 13/09/1995, 1.4-5 y en
L’Osservatore Romano, edición en lengua española del 12/01/1996, 9-10;
Enchiridion Vaticanum, EDB, t. 14, Bologna 20002, 1733.
224
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
b. Enseñanza de la Iglesia
Del Concilio de Florencia: «Estas tres personas son un solo
Dios, y no tres dioses; porque las tres tienen una sola sustancia,
una sola esencia, una sola naturaleza, una sola divinidad, una sola
inmensidad, una eternidad, y todo es uno, donde no obsta la oposi-
ción de relación» (Dz 703). «Por razón de esta unidad, el Padre
está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en
el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el
Padre, todo en el Hijo» (Dz 704)384.
Del XI Concilio de Toledo: «...no confundimos aquellas tres
personas de una sola e inseparable naturaleza, así tampoco las pre-
dicamos en manera alguna separables (...) siendo estas tres cosas
una sola cosa, y una sola, tres; cada persona, sin embargo, posee su
propiedad permanente. Porque el Padre, posee la eternidad sin na-
cimiento, el Hijo la eternidad con nacimiento, y el Espíritu Santo
la procesión sin nacimiento con eternidad» (Dz 281)385.
I. Noción
La palabra περιχώρησις (= perijóresis), en griego, la usaba ya
San Gregorio Nacianceno aplicada a la relación entre las dos natu-
ralezas de Cristo (pericóresis cristológica). San Juan Damasceno la
usa para referirse a la compenetración de las tres Personas (pericó-
resis trinitaria) y a las dos naturalezas de Cristo. Burgundio de Pisa
(alrededor de 1150) al traducirla en latín antiguo se inclinó por
circumincessio, y más tarde se tradujo por circuminsessio.
384 De la Bula Cantate Domino del 04/02/1441 (fecha florentina) o 1442 (actual).
385 XI CONCILIO DE TOLEDO, año 675.
225
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
«El cuarto evangelio nos habla frecuentemente de la “in-
existencia” del Padre en el Hijo y del Hijo en el Padre386. Un valor
tan importante no podía pasar desapercibido a la conciencia cris-
tiana. La idea se encuentra en los Padres más antiguos bajo el tér-
mino de “perikhoresis, circuminsesión”387. Las primeras aplicacio-
nes, como ya dijimos, fueron cristológicas388. San Máximo el Con-
fesor empleó por primera vez el término perikhoresis para expre-
sar la unicidad de acción y de efecto resultantes de la unión de las
dos naturalezas en Cristo389; aplicación en el campo cristológico,
pues. En el campo trinitario, la iniciativa correspondió al Pseudo-
Cirilo. Y San Juan Damasceno siguió el camino abierto. Perikho-
resis significa la “in-existencia” de las personas divinas, una en la
otra, la presencia de las unas en las otras, conteniéndose, manifes-
tándose la una a la otra. Esta “in-existencia” se funda en la unidad
e identidad de sustancia. Ésta es la fundamentación incluso en los
padres griegos»390.
386 Cf. Jn 10,30.38; 14,11.20; 17,21. De forma igualmente clara, 8,29. Esta in-
existencia mutua fundamenta la unidad de designio entre el Padre y el Hijo, entre
el Padre y el Espíritu (cf. Ro 8,27; 1Co 2,10-11). Jesús enviará al Espíritu, pero
enviará al Prometido del Padre (Lc 24,49; Hch 2,33); el Padre enviará al Paráclito,
pero a petición y en nombre del Hijo (Jn 14,16.26).
387 Algunos testimonios solamente. ATENÁGORAS: «Padre e Hijo son uno, el Hijo
está en el Padre y el Padre está en el Hijo» (Súplica, 10, 5); SAN HILARIO, De
Trinitate, IX, 69; SAN GREGORIO DE NISA y SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA citados
por Prestige, 241-42; SAN AGUSTÍN: «Cada una (de las personas divinas) está en
cada una y todas están en cada una y cada una está en todas y todas están en todas
y todas son solamente uno» (De Trinitate, VI, 10, 12: PL 42, 932); SAN
FULGENCIO DE RUSPE, De fide ad Petrum, c. 1, n. 4 (PL 65, 674 AB; hacia el 508),
que cita el decreto pro Iacobitis, de 1442: DS 1331. Una mística como Santa
Gertrudis (†1302) expresa su experiencia de la siguiente manera: «Entonces, las
tres personas irradiaron conjuntamente una luz admirable, cada una parecía lanzar
su llama a través de la otra y ellas se encontraban, sin embargo, todas la una con
la otra»: W. OEHL, Deutsche Mystiker, II, 90.
388 Cf. SAN GREGORIO NAZIANCENO, Epist. 101 (PG 37, 141 C).
389 PG 91, 88 A y cf. 85 CD.
390 Y. M.-J. CONGAR, El Espíritu Santo, Herder, Barcelona 1983, 482-483.
226
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
II. Una en otras
Seguimos en este punto Yves M.-J. Congar, El Espíritu Santo,
Herder, Barcelona 1983, copiando incluso las notas que él trae a
pie de página.
Resumen de la posición de los griegos: «El “Dios” uno es
también el Padre, y san Juan Damasceno pasa pronto a la monar-
quía del Padre. Padre por naturaleza (no por decisión libre) de su
Hijo Unigénito; y productor (proboleus)391 del santísimo Espíritu
(I, 8: 809 B). El Espíritu no es otro Hijo; no procede por genera-
ción, sino por procesión ekporeutos (816 C). Es otro modo de ve-
nida al ser, o modo de subsistencia, de tropos tes hyparxeos392 .
Uno y otro nos resultan incomprensibles, inexplicables. El Damas-
ceno se arriesga a proponer la comparación bastante usual de Eva
saliendo del costado de Adán (el Espíritu) y de Set, nacido por ge-
neración. Todo es común a las tres hipóstasis, excepto sus “pro-
piedades hipostáticas” (824 B, 828 D) de ser agennetos, gennetos,
ekporeuomenon. Esta expresión se ha hecho clásica en triadología
oriental»393.
«J. Grégoire ha llevado a cabo un análisis riguroso de los tér-
minos y de las fórmulas [del Damasceno] situándolos en su con-
texto doctrinal, precisando lo que pretendían decir y contra quién.
Puede, de esta manera, aquilatar el sentido de la procesión del Es-
píritu del Padre “por el Hijo”. “Su propiedad hipostática, la proce-
sión, sólo es accesible, e inteligible –en la medida en que ello es
391 Término no bíblico, relativamente nuevo. Se encuentra en el PSEUDO-CIRILO
(c. 7: PG 77, 1132 C) que Juan Damasceno vuelve a copiar, y viene de SAN
GREGORIO NAZIANCENO (Oratio 23, 7; 29, 2: PG 35, 1169 A y 36, 76 B).
392
I, 8 (94, 811 3 y 828 D) 10 (837 C) donde, precisando lo que expresa no la
naturaleza común, sino lo que es distinto, Juan dice: el hecho de ser sin causa o
no engendrado, ser engendrado, proceder «lo que expresa las relaciones de las
personas entre ellas y su modo de subsistencia».
393 Y. M.-J. CONGAR, El Espíritu Santo, 483-484.
227
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
posible– en referencia al Hijo, como el soplo sólo es accesible en
referencia a la palabra. Por consiguiente, el Espíritu no podrá reve-
lar al Padre, su causa, por la procesión, sino a través del Hijo, y
nuestra inteligencia no puede pasar directamente del Espíritu al
Padre”394.
Y también: “Si el Espíritu sale del Padre por procesión y per-
manece en él –al contrario que nuestro soplo que se desvanece en
el aire– lo hará ‘penetrando’ en el Hijo hasta reposar y permanecer
en él al mismo tiempo que en el Padre. En una palabra, es necesa-
rio que la procesión sea dia Hyiou = por el Hijo (Juan Damasceno)
o que el Espíritu repose en el Hijo (textos del Pseudo-Cirilo). El
dia Hyiou es la expresión dinámica –estaríamos tentados de decir
‘genética’– de la perikhóresis, la compenetración y la permanencia
de las hipóstasis la una en la otra, siendo la expresión estática, el
‘resultado’ eterno de la procesión dia Hyiou”395.
Dada la importancia del tema y la calidad del trabajo de J.
Grégoire, vamos a citar el resumen que presenta el mismo autor en
su conclusión396:
1. El Padre es la causa única en la Trinidad. Esta causalidad no
puede sufrir particiones ni participación. En nuestro autor está
completamente ausente la categoría de “causa segunda”.
2. La teología trinitaria de Juan Damasceno está dominada por el
esquema nous-logos-pneuma. Expresa, en un mismo trazo, que
el Espíritu revela al Verbo y el Verbo al Padre.
3. La procesión no es la generación, y el Espíritu no es hijo del
Hijo.
394
J. GRÉGOIRE, «La relation éternelle de l’Esprit au Fils d’aprés les écrits du Jean
de Damas», Revue d’Histoire Ecclésiastique 64 (1969) 750-51; entre corchetes
nota nuestra.
395 J. GRÉGOIRE, «La relation éternelle de l’Esprit...», 753.
396 Ibidem, 754-755.
228
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
4. El Espíritu reposa en el Verbo y le acompaña; participa indiso-
lublemente de su actividad haciéndole manifiesto. Es la reve-
lación e imagen del Hijo.
5. La procesión del Espíritu remite, de suyo, a la generación del
Verbo; en el plano de la perikhoresis, el Espíritu sale del Padre
por el Hijo y se difunde en él.
6. En la actividad divina, el Hijo pone los fundamentos de la obra
querida por el Padre y el Espíritu la lleva a su perfección.
En el Damasceno no existe, pues, separación entre economía y
teología, pero una y otra están integradas en una visión única. No
habrá polémica trinitaria a no ser contra el arrianismo y el mani-
queísmo (y tal vez contra el islam). En cualquier caso, no contra el
Filioque, ni contra la teología de San Cirilo de Alejandría o contra
la de Teodoreto. Juan Damasceno no es filioquista ni monopatris-
ta. No es filioquista porque, en él, la categoría de causa no se apli-
ca, ni puede aplicarse, a la relación eterna del Espíritu con el Hijo.
No es monopatrista porque, en él, la procesión supone esencial-
mente la generación del Verbo y se refiere por completo a ella.
Con la exposición sintética de Juan Damasceno, en la que inte-
gra la aportación de Atanasio y de los capadocios, la teología grie-
ga disponía ya de sus conceptos fundamentales:
1. Distinción entre sustancia e hipóstasis;
2. Monarquía del Padre (sólo el Padre es causa en la Trinidad);
3. Distinción entre la generación del Hijo y la ekporeusis del
Espíritu, como por dos modos de venida al ser y de subsis-
tencia que se sitúan, como tales, en su diferencia;
4. Relación del Espíritu con el Verbo-Hijo (del que es Espíri-
tu),
− sea a título de salida del Padre por el Hijo,
− sea a título de un reposo del Espíritu en el Hijo,
229
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− sea por el hecho de que el Espíritu expresa al Hijo,
es su imagen,
− sea finalmente, en el plano de la “economía”, por
el hecho de que el Espíritu es comunicado por el
Hijo y lo hace conocer»397.
«Sería falso pensar que los padres griegos ignoran o, sencilla-
mente, menosprecian la consubstancialidad por la esencia. Los
Capadocios situaron la esencia común delante de lo propio de las
hipóstasis. Así Basilio (Epist. 38: PG 32, 325s.), Gregorio de Nisa,
Contra Eunomio, así Dionisio el pseudo-areopagita. Es cierto que
ellos insisten en la monarquía del Padre –sólo él es arkhe, princi-
pio original y originante–, pero los latinos hacen lo mismo. La sus-
tancia única de la divinidad se comunica del Padre, por generación
al Hijo, por procesión al Espíritu398. San Gregorio Nazianceno es-
cribe: “La naturaleza es una en los Tres, pero el Padre, del que de-
penden las otras personas, es quien hace su unidad”399. Aceptamos
la frase de Paul Evdokimov por lo que tiene de afirmación positi-
va, pero no por lo que parece excluir: “Para los griegos, el princi-
pio de unidad no es la naturaleza, sino el Padre que establece rela-
ciones de origen por relación a sí mismo como la única fuente de
toda relación”400.
La unidad de los Tres se realiza, también, por su ser el uno en
el otro, por su perikhóresis o circumincesión. Afirmando las per-
397
Y. M.-J. CONGAR, El Espíritu Santo, 485-486.
398
Cf. SAN ATANASIO, Contra Arian., I, 45; IV, 1 (PG 26, 105 B, 468 BC); SAN
BASILIO, De Spir. S., XVIII, 47 (32, 153 BC); SAN GREGORIO NAZIANCENO,
Oratio 2, 38, 40, 41 (35, 445 y 36, 417 B); SAN GREGORIO DE NISA, De Commun.
Notion. (45, 180 C); SAN JUAN DAMASCENO, De fide orth., I, 8 (94, 829 AC). A lo
que podría añadirse las imágenes que traducen el diagrama lineal dinámico: brazo,
mano, dedo (Dídimo), raíz, rama, fruto (Damasceno), fuente, río, mar o agua que
se bebe (Atanasio, Damasceno), etc.
399 SAN GREGORIO NAZIANCENO, Oratio 42, 15 (PG 36, 476 B).
400 P. EVDOKIMOV, L’Esprit Saint dans la Tradition orthodoxe, Cerf, París 1969,
46.
230
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
sonas o hipóstasis sin justificar su diferencia por las relaciones de
origen –sin embargo, lo dicho en el párrafo anterior demuestra que
no hay que ser tan absoluto–, los ortodoxos subrayan que, para los
padres orientales, “las relaciones sirven únicamente para expresar
la diversidad hipostática de los Tres y no para fundarla. La diver-
sidad absoluta de las tres hipóstasis determina las diferentes rela-
ciones y no al revés”401. Diferentes relaciones: no sólo existen las
de origen, sino también las de manifestación, de reciprocidad402.
Una de las riquezas de la visión ortodoxa de la tri-unidad consiste,
precisamente, en ver una interacción de las personas unas en otras,
porque se sitúan juntas, y la dependencia del Hijo y del Espíritu
respecto del Padre no significa que éste goce de anterioridad tem-
poral alguna. Todo es siempre trinitario. Por esta razón, escribe
401
V. LOSSKY, À l’image et à la ressemblance de Dieu, Aubier-Montaigne, París
1967, 75, que continúa: «La diversidad absoluta de las tres hipóstasis es la que
determina las diferentes relaciones, no al revés. El pensamiento se detiene aquí
ante la imposibilidad de definir una existencia personal en su diferencia absoluta
y debe adoptar una actitud negativa para declarar que el Padre sin comienzo
(anarkhos) no es el Hijo ni el Espíritu Santo; que el Hijo engendrado no es ni el
Espíritu Santo ni el Padre; que el Espíritu Santo, que procede del Padre no es ni el
Padre ni el Hijo. No puede hablarse aquí de relaciones de oposición, sino sólo de
relaciones de diversidad».
402 P. EVDOKIMOV, L’Esprit Saint dans la Tradition orthodoxe, 41: «Para el
Oriente, las relaciones entre las personas de la Trinidad no son de oposición ni de
separación, sino de diversidad, de reciprocidad, de revelación recíproca y de
comunión en el Padre». Aprovechamos la ocasión de este texto para denunciar un
quid pro quo grave. Frecuentemente, nuestros amigos ortodoxos hablan de
«relaciones de oposición» como principio de distinción de las hipóstasis según los
latinos. Así, además de P. EVDOKIMOV (L’Esprit Saint dans la Tradition
orthodoxe, 41.42.65 y L’Orthodoxie, Delachaux et Niestlé, Neuchâtel 1959, 137-
138; tr. cast.: Ortodoxia, Península, Barcelona 1968); el padre E. MELIA («Russie
et Chrétienté») 1950, 223; V. LOSSKY (nueve veces en el artículo citado arriba, n.
2). ¿Lapsus? ¿Acto fallido? Los actos fallidos son expresión de una tendencia
inconsciente del espíritu. Decir «relación de oposición» en lugar de «oposición de
relación», es decir, de referencia (como Padre-Hijo, Hijo-Padre) podría significar
que, para los latinos, las personas son puras relaciones en la esencia, lo que
pondría de manifiesto poca comprensión tanto de la noción de relaciones
subsistentes como de la manera que los latinos conciben la diversidad de las
personas en la unidad y simplicidad del Absoluto divino.
231
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
san Atanasio: “Habiendo el Padre dado todas las cosas al Hijo,
posee de nuevo todas las cosas en el Hijo, y poseyéndolas el Hijo,
el Padre las posee de nuevo”403. En la intención de que las relacio-
nes sean siempre trinitarias, Paul Evdokimov llega, incluso, a es-
cribir: “Así el Hijo en la generación recibe del Padre el Espíritu
Santo y, por consiguiente, en su ser es eternamente inseparable del
Espíritu Santo, ha nacido ex Patre Spirituque. Igualmente, el Espí-
ritu Santo procede del Padre y reposa en el Hijo, lo que correspon-
de a per Filium y a ex Patre Filioque”404. Si se tratara del naci-
miento temporal del Verbo hecho carne, no habría problema al-
guno, pero se nos habla del ser eterno. La fórmula es discutible,
porque no respeta el orden de las personas en su ser eterno ni el
hecho de que, como señala san Basilio, el Espíritu es enumerado
como tercero. Podríamos recordar también a san Atanasio405. Re-
cogemos, sin embargo, esta idea de una “in-existencia” de las hi-
póstasis la una en la otra, de intercambios y de reciprocidad. Existe
una vida trinitaria que no consiste únicamente en las procesiones o
relaciones de origen. Cuando los padres y los ortodoxos nos repi-
ten que el Espíritu es recibido en el Hijo o que aquél toma del Hi-
jo, fundamentan las relaciones de reciprocidad de la perikhoresis.
Leamos cómo se expresa Serge Verkhovsky sobre este tema:
“Estoy convencido de que la doctrina de la perikhoresis es el
mejor comentario del di’ Hyiou. El Espíritu Santo procede del Pa-
403 SAN ATANASIO, Contra arian. III, 36 (PG 26, 401 C). Sobre el carácter
siempre trinitario de las relaciones, S. BOULGAKOV, Le Paraclet, Aubier, París,
1946, 67; P. EVDOKIMOV, L’Esprit Saint dans la Tradition orthodoxe, 42 y 70; etc.
404 P. EVDOKIMOV, L’Esprit Saint dans la Tradition orthodoxe, 71-72. La fórmula
Spirituque vuelve a aparecer en 77, 78 y en el último escrito (inacabado) del
mismo: Panagion et Panagia, en Bull. de la Soc. fr. d’Études Mariales, año 27,
1970, 59-71 (62-63).
405 SAN ATANASIO, Oratio III contra arian., 24: «El Hijo no participa en el
Espíritu para acaecer en el Padre; no recibe el Espíritu, sino que, más bien, lo
distribuye a todos. El Espíritu no es quien une el Hijo al Padre, sino que el
Espíritu recibe, más bien, del Logos» (PG 26, 373).
232
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
dre con el Hijo (...). Así, puede decirse, aunque en un sentido hi-
postático, que el Espíritu Santo es para el Hijo porque es enviado
por el Padre en cuanto su Espíritu, su vida o su amor hipostático en
el Hijo; es la revelación viviente del Padre en el Hijo. Enviado por
el Padre, el Espíritu Santo reposa en el Hijo como una unción.
Puede decirse también que el Espíritu Santo, procediendo del Pa-
dre, se lanza hacia el Hijo para encontrar en él esta Verdad, esta
‘idea hipostática de Dios’ que es, para el Espíritu Santo quasi for-
ma de su existencia personal. Tomando en él la sabiduría hipostá-
tica, el Espíritu Santo se convierte en el Espíritu de la sabiduría, su
imagen activa. De esta manera, no queda en el Hijo, sino que, sale
de él al revelarlo y para revelarlo (...) este principio de la triadolo-
gía ortodoxa que afirma la trinidad de todas las relaciones en Dios.
Por consiguiente, si el Espíritu Santo es la revelación del Padre, lo
es tanto para el Padre como para sí mismo, y para el Hijo; si es una
manifestación del Hijo, lo es para el Hijo, para sí mismo y para el
Padre. Por consiguiente, cuando el Espíritu Santo revela al Hijo,
está revelando al Padre y esta revelación es también una manifes-
tación del amor infinito del Hijo hacia el Padre. De esta manera, el
Espíritu Santo retorna, si podemos hablar así, hacia su Espirador
Único y es no sólo la unión del Padre con el Hijo, sino también del
Hijo con el Padre. La verdadera significación de dia tou Hyiou es,
pues, no sólo ‘con’, sino también ‘para’ y ‘después de’ (en el sen-
tido del orden de las hipóstasis) o ‘del’ Hijo, sino, sobre todo, ‘a
través’ o ‘por’ el Hijo, porque el Espíritu Santo en su circumince-
sión inefable, procediendo del Padre, pasa en el Hijo y por el Hijo
reflejándose totalmente en él”406.
Este largo texto (...) sugiere los principales aspectos de la “in-
existencia”/reciprocidad del Espíritu en la tri-unidad divina. Da
también una interpretación del “por el Hijo, di’Hyiou” que el con-
406 S. VERKHOVSKY, Expuesto en Istina (1950) 206-207.
233
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
cilio de Florencia ha arrastrado al sentido del Filioque latino. La
mayoría de los ortodoxos contemporáneos lo entienden no en el
plano del origen de la tercera hipóstasis, sino en el de la manifes-
tación eterna e inmanente en primer lugar, económica y voluntaria
después. San Gregorio de Nisa habla de un resplandecimiento
eterno del Espíritu a través del Hijo407. Vl. Lossky y otros autores
citados por nosotros, interpretan esto en el marco de la distinción
palamita entre la esencia de las hipóstasis y las energías 408 . En
cuanto a la procesión hipostática, el Espíritu es del Padre solo. Pe-
ro existe en Dios, eternamente, una procesión manifestadora de la
divinidad común, que se realiza en el Espíritu Santo “por el Hijo”:
“En el orden de la manifestación natural [manifestación común
fuera de la esencia], el Espíritu Santo procede del Padre por el Hi-
jo, día Hyiou, después del Verbo; y esta procesión nos revela la
gloria común de los Tres, el esplendor eterno de la naturaleza divi-
na”. “Desde toda la eternidad, el Padre era ‘Padre de la gloria’ (Ef
1,17), el Verbo ‘Esplendor de su gloria’ (Hch 1,3) y el Espíritu
Santo ‘el Espíritu de gloria’ (1Pe 4,14)”.
Los textos que hemos citado de los padres, ¿no requieren, no
son una apertura, indeterminada aún, en el sentido de una función
del Hijo en la existencia hipostática del Espíritu? No somos los
únicos que pensamos de manera afirmativa. Pero resulta difícil
determinar en qué medida y en qué sentido. Probablemente no en
el de “a Patre Filioque tanquam ab uno principio, del Padre y del
Hijo como de un mismo y único principio”»409.
407
SAN GREGORIO DE NIZA, Contra Eunom., I (PG 45, 336 D, 416 C).
408
V. LOSSKY, A l’image et à la ressemblance de Dieu, 87-92; J. MEYENDORFF
(en «Russie et Chrétienté», 1950, 169s.) defiende el orden de la manifestación y
comunicación económicas, incluso en los textos de San Cirilo de Alejandría. Cf.
P. EVDOKIMOV, L’Esprit Saint et l’Église, 91.
409 Y. M.-J. CONGAR, El Espíritu Santo, 514-517.
234
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
III. Características respecto al ser
La sustancia o la única naturaleza divina es poseída por cada
una de las tres personas410, que son consustanciales, interiores,
definidas. El ser unas en otras identificándose con la sustancia o
única naturaleza divina, muestra a la vez la distinción de las per-
sonas divinas y su igual consustancialidad. Todo es común en
las tres divinas personas, salvo sus «propiedades hipostáticas» de
ser: el Padre, sin causa o no-engendrado; el Hijo, ser engendrado;
y el Espíritu Santo, proceder; lo cual expresa las relaciones de las
personas entre ellas y su modo de subsistencia.
«Esta venida de la divinidad al hombre hace posible el retorno
del hombre en el Espíritu, por el Hijo, al Padre411. En este retorno,
los Tres obran conjuntamente. Pero, tanto en el retorno como en la
venida, obran según el orden y el carácter de su ser hipostático.
Porque, si la naturaleza, la esencia o el ser son comunes a los Tres,
no lo son como una matriz previa, incluso lógicamente, a las per-
sonas. La esencia-existencia común sólo existe en la comunicación
de las procesiones y el ser el uno en el otro (la circumincesión) de
las personas. Así, los Tres vienen conjuntamente, sin que la opera-
ción sea triple, sino según el orden y con su marca hipostática. Y
su acción asimila el alma que ellos santifican a la divinidad, asimi-
lándola a lo propio de cada hipóstasis según una causalidad cuasi-
formal o ejemplar.
Este cuasiformal significa únicamente que la forma no consti-
tuye una unidad física con el beneficiario, sino que continúa sién-
dole trascendente. Confesamos al Espíritu Santo como Dominum
410
Cf. M.J. SHEEBEN, Los Misterios del cristianismo, Herder, Barcelona 1964,
179.
411 La venida corresponde al «soplo» (despedir aire por la boca); el retorno
corresponde a la «aspiración» (atraer el aire exterior a los pulmones) [nota
nuestra].
235
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
et vivificantem, es Señor en aquello en lo que es principio de vida.
Pero podríamos fundamentar esta idea de causalidad cuasiformal,
por consiguiente, de asimilación a la marca hipostática de cada
persona, sobre autoridades de peso412. Tratándose del Espíritu San-
to, eso es lo que entienden los Padres tomando el tema paulino del
“sello” que imprime una imagen (2Co 1,22; Ef 1,13-14; 4,30)413.
412 SAN
BASILIO, Sur le Saint-Esprit, c. XXVI, 61: «Para la reflexión, que esta
partícula en encierra gran variedad de sentidos. Y estos diversos sentidos de los
que ella es susceptible se hallan todos al servicio de ideas que nos hacemos del
Espíritu. Se dice que la forma está en la materia, que el poder está en el
receptáculo, la disposición permanente en el sujeto al que ella afecta; y así
muchas cosas más, por el estilo. En cuanto que el Espíritu Santo perfecciona los
seres racionales perfeccionando su excelencia, tiene razón de forma. De hecho, a
aquel que no vive según la carne sino bajo la guía del Espíritu de Dios, a aquel
que es llamado hijo de Dios y se hace conforme a la imagen del Hijo de Dios se
le da el nombre de espiritual» (SChr 17bis 1968, 467; trad. fr. de B. Pruche, quien
dice, en nota, que no «puede hacerse decir al texto que Basilio atribuya una
función propia de causalidad formal a la persona del Espíritu Santo en el proceso
de la divinización cristiana»).
Tal es, según PETAVIO (De Trinitate, l. VIII, c. 5, 12: Opera Omnia, t. III, Vivés,
474), que aprueba J. Mahé (est. cit. supra, n. 34, 21), la posición de San Cirilo de
Alejandría.
La Summa fratris Alexandri (Jean de la Rochelle, Alejandro de Hales), éd.
Quaracchi, t. IV, 609, dice: «Debemos comprender la gracia creada como una
semejanza y una disposición del alma creada que se hace agradable a Dios y
semejante a él, quia ibi est forma transformans, porque hay en ella una forma
transformante, a saber, la gracia increada». G. Philips cita esta sentencia como la
más atinada, la que mejor responde a su pensamiento propio: L’union personnelle
avec le Dieu vivant. Essai sur l’origine et le sens de la grâce crée («Bibl. Ephem.
Théol. Lov.» XXXVI), Gembloux 1974, 93.277.
Igualmente, Philips cita (p. 268) y alaba este texto de SAN BUENAVENTURA: «La
gracia es un influjo que emana de la luz suprema y mantiene constantemente el
contacto con su origen como la luz con el sol» (In II Sent., d. 26, a. un., q. 6
concl.).
SANTO TOMÁS DE AQUINO tiene la misma comparación (S. Th., III, q. 7, a. 13 c) y
llama, al menos una vez, al Espíritu Santo causa formalis inhaerens de nuestra
filiación divina (In III Sent., d. 10, q. 2, a. 1 sol. 3). Escribe, también, per dona
eius ipsi Spiritui Sancto coniungimur: In I Sent., d. 14, q. 2, a. 1 qc. 1.
413 Así SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA: «¿Cómo puede decirse hecho a aquel que
imprime en nosotros la imagen de la esencia divina y fija en nuestras almas el
distintivo de la naturaleza increada? El Espíritu Santo no diseña en nosotros la
esencia divina a la manera de un pintor –sería distinta de él–; no nos hace a
236
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
En una cuestión tan difícil, cada autor hace con sus recursos y
percepciones lo que puede: no queremos mezclarlo todo en una
comunidad indistinta. Sin embargo, tenemos verdadero placer en
señalar que actualmente se manifiesta un acuerdo sustancial en
este sentido. Si, en la línea descendente de causalidad eficiente, los
Tres obran conjuntamente, sin embargo,
1. actúan según el orden de procesión y lo propio o marca hi-
postática de cada persona414;
2. en el orden de retorno así fundamentado,
− la imagen de Dios, del Dios Trino, es realizada en
el alma de forma más conforme y más profunda415;
imagen de Dios de esta manera. Porque es Dios y procede de Dios, se imprime,
en los corazones de los que le reciben, a la manera de un sello, invisible; por esta
comunicación y asimilación con él, devuelve a la naturaleza humana su belleza
original y rehace el hombre a la imagen de Dios»: Thesaurus, assert. 34 (PG 75,
689 D), trad. de J. Mahé, 475. Cf. también De Trinitate Dial., VII: PG 75, 1088 B,
citado por J. Mahé, 483-84. Para SANTO TOMÁS DE AQUINO, véanse sus
comentarios de 2Cor, c. 1, lect. 5; Ephes., c. 1, lect. 5 y c. 4, lect. 10; In I Sent., d.
14, q. 2, a. 3 ad 2um. Sería interesante hacer una investigación sobre el tema de la
sigillatio en la perspectiva pneumatológica. Señalamos, por ejemplo, SAN
ATANASIO, Ad Serapionem I, 23 y III, 3 (PG 26, 584 C-585 A y 629 AB); SAN
BASILIO, Sur le Saint-Esprit, XXVI, 64 («S. Chr.» 17b1*, 476). Esta utilización
patrística y teológica de los textos paulinos sobrepasa, evidentemente, el sentido
exegético de estos textos: G. FILZER, ThWbNT., t. VII, 948s.
414
Para SANTO TOMÁS DE AQUINO, véase S. Th., I, q. 34, a. 3; q. 45, a. 6 c y ad
2um (creación); I Sent., d. 15, q. 4, a. 1 (retorno) a Dios. Y cf. E. BAILLEUX, «Le
personnalisme de Saint Thomas en théologie trinitaire», Revue Thomiste 61
(1961) 25-42 y «La création, oeuvre de la Trinité selon Saint Thomas», Revue
Thomiste 62 (1962) 27-60.
415 Hay ahí un tema sumamente importante, pero su exposición nos llevaría
demasiado lejos. Existen docenas de monografías. Nos contentaremos con señalar
el lugar que ocupa este tema en la síntesis de Santo Tomás y la coherencia de su
planteamiento. La antropología de la imagen (I, q. 93), tomada de nuevo al
comienzo de la I-II (prol.) encierra referencia trinitaria. La unión profunda entre
los dos tratados diseña una filosofía y teología del espíritu con las dos
operaciones que le caracterizan, el verbo y el amor. Al depender de las misiones
del Verbo y del Espíritu, y por la intensidad de los actos que les corresponden, se
restablece la imagen de Dios en el hombre. Véase S. DE LAUGIER DE
BEAURECUEIL, «L’homme image de Dieu selon S. Thomas d’Aquin», Études et
Recherches, VIII y IX, Ottawa 1952 y 1955. G. LAFONT, Structures et méthodes
237
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− el alma santificada es puesta en relación con las
tres personas como término de su conocimiento de
fe, de amor sobrenatural, a veces de experiencia,
como testifican los místicos, María de la Encarna-
ción, por ejemplo416. Así el alma, en su relación de
retorno a Dios, tiene una relación propia con cada
una de las personas, relación que alcanzará su ple-
nitud en la visión beatífica417»418.
dans la Somme théologique de S. Thomas d’Aquin, Desclée de Brouwer, Bruges-
París 1961, 265-298 (trad. cast. en Rialp, Madrid 1964). Véase también H. DE
LUBAC, Le mystére du surnaturel, Cerf, París 1965, 129s., 146 (trad. cast. El
misterio de lo sobrenatural, Estela, Barcelona 1970): somos hechos a la imagen
de Dios porque él nos destina a la semejanza (por el Espíritu Santo).
416 G.-M. OURY, Ce que croyait Marie de l’Incarnation, Mame, 1972, 149: «El
misterio de la vida divina tiene su reflejo en el alma santificada porque las
operaciones propias de la vida trinitaria determinan el modo de la relación que
mantiene el alma con el Padre, el Hijo y el Espíritu». SANTO TOMAS DE AQUINO
da cuenta de esta experiencia: cf., entre otros, In I Sent., d. 14, q. 2, a. 2 c. y ad
2um; In III Sent., d. 35, q. 2, a. 1 ad 1um y ad 3um (Philips, op. cit. en n. 41, p.
170s.); A. GARDEIL, «L’expérience mystique dans le cadre des «missions divines»,
La Vie spirituel, Suppl., 31 (1932) 129-146; 32 (1932) 1-21 y 65-76; 33 (1932) 1-
28.
417 Se expresan en este sentido: JUAN DE SANTO TOMÁS (Cursus theologicus, vol.
IV de la ed. Vivés, q. XLIII, dist. 17 ad 2um), seguido por A. GARDEIL, La
structure de l’áme et l’expérience mystique, t. II, 135-139 y por CH. JOURNET,
Église du Verbe incarné, t. II, 512, S. DOCKX, Fils de Dieu par gráce, Desclée de
Brouwer, 1948, A. BUNDERVOET, «Was gehoort tot her wezen van Gods
heiligende genade inwoning volgens St. Thomas In I Sent. d. XIV-XVII en
XXXVII?», Bijdragen (1948) 42-58; K. RAHNER (citado por Congar antes, n. 37),
G. PHILIPS, «Le Saint-Esprit en nous. A propos d’un livre récent» (el del padre
Galtier), Ephem. Theol. I ov. 24 (1948) 127-135; C. VAGAGGINI, Initiation
théologique á la liturgie, t. I. Adaptación de Ph. Rouillard, Brujas-París 1959,
141; S. TROMP, Corpus Christi quod est Ecclesia. III. De Spiritu Christi anima,
Roma 1960, 12s. Podríamos invocar también a SANTO TOMÁS DE AQUINO, In I
Sent., d. 30, q. 1, a. 2, que distingue la relación de la criatura a Dios, sea ut ad
principium, sea ut ad terminum y, en este caso, secundum exemplaritatem.
Entonces, «in infusione caritatis est terminatio in similitudinem processionis
personalis Spiritu Sancti».
418 Y. M.-J. CONGAR, El Espíritu Santo, 297-300.
238
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
In-existencia (in-esse) es el ser y estar de una en otras, conte-
niéndose, compenetrándose, presentes, volcadas –abiertas y
entregadas– (son inconcebibles, o sea, impensables, la una sin las
otras), no separadas, no confundidas, no mezcladas... de tal mo-
do las personas no rompen la unidad de sustancia, sino que, más
bien la refuerzan... Se funda en la unidad e identidad de sustancia
(aun entre los griegos, como se ve en San Cirilo de Alejandría, el
Pseudo-Cirilo y San Juan Damasceno).
De modo permanente y no transeúnte, para contenerse, repo-
sar o permanecer. Santo Tomás afirma: «Al decir que el Espíritu
Santo reposa o permanece en el Hijo, no se excluye que proceda
de Él, porque también se dice que el Hijo permanece en el Padre y,
esto no obstante, procede del Padre. Se dice también que el Espíri-
tu Santo reposa en el Hijo como el amor del amante descansa en el
amado, o también por razón de la naturaleza humana de Cristo,
según lo que se dice en el Evangelio: ‘Sobre quien vieras descen-
der el Espíritu y permanecer en Él, ése es el que bautiza con Espí-
ritu Santo’ (Jn 1,33)»419. Las hipóstasis son siempre trinitarias, o
sea, «hay que concebirlas no partiendo de ellas solas, sino de su
reunión trinitaria»420. Mientras que la naturaleza, sustancia o esen-
cia es siempre una sola.
Mutua o recíprocamente una en las otras y las otras en una,
con interioridad recíproca, íntima unión, inmanencia, perfecta
Inhabitación por «perikhoresis».
419
SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I, q. 36, a. 2 ad 4um.
420 S.
BOULGAKOV, Le Paraclet, 134.483. Sobre «perikhoresis», cf. T. DE RÉGNON,
Études sur la Sainte Trinité, t. I, París 1892, 409-427; CHOLLET, Dict. de Théol.
Cath., t. II, 1905, col. 2527- 2532; A. DENEFFE, «Perichoresis, cirmuminsessio,
circumincessio», Zeitschr. für kath. Theolgiae 47 (1923) 497-532; G.L. PRESTIGE,
«Perichóreó and perichórésis in the Fathers», Journal of Theol. St. 29 (1928) 242-
252 y vol. citado supra, 236-251; B. DE MARGERIE, La Trinité chrétienne dans
l’histoire, París 1975, 244s.
239
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
«Estas hipóstasis están la una en la otra, no para confundirse,
sino para contenerse mutuamente, siguiendo la palabra del Señor:
Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. (...) No decimos tres
dioses, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Al contrario, hablamos
de un solo Dios, la Santísima Trinidad, ya que el Hijo y el Espíritu
se refieren a un solo principio, sin composición ni confusión, con-
trariamente a la herejía de Sabelio. Porque estas personas están
unidas no para confundirse, sino para contenerse la una a la otra; y
existe entre ellas una circumincesión, sin mezcla ni confusión al-
guna, en virtud de la cual no están ni separadas ni divididas en sus-
tancia, contrariamente a la herejía de Arrio. Efectivamente, para
decirlo todo en una palabra, la divinidad está indivisa en los indi-
viduos, al igual que en tres soles contenidos el uno en el otro ha-
bría una sola luz por compenetración íntima»421.
En la Trinidad no hay solamente identidad de Dios consigo
mismo y nada más (ciertamente la hay, y eminentemente). Pues
hay tres personas distintas en el seno de Dios, pero tres personas
que hipostatizan la misma e idéntica sustancia: están la una en la
otra (griego: en; latín: circuminsessio: así es como habla san Juan
Damasceno), la una volcada a la otra, abierta y entregada a la otra
(eis: circuminsessio)422.
IV. Características respecto al obrar
La unidad en el ser lleva a la unidad en el hacer, en el designio
(= pensamiento, o propósito del entendimiento, aceptado por la
421
SAN JUAN DAMASCENO, De fide orth., I, 8: PG 94, 829; traducción de De
Régnon, 417. Véase también I, 14, col. 860. La comparación de los tres soles se
encuentra en Gregorio Nazianceno y en el Pseudo-Cirilo (Fraigneau-Julien, 200).
422 Cf. S. BOULGAKOV, Le Paraclet, 134: «Hay que concebirlas no partiendo de
ellas solas, sino de su unión trinitaria. Se definen e irradian no sólo debido a su
propia luz, sino también gracias a la que ellas reflejan y que viene de otras
hipóstasis».
240
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
voluntad), intención, propósito, ideal, proyecto, finalidad... no sólo
en el obrar ad extra, sino también y sobre todo, en el obrar ad intra
en el seno de la Trinidad.
Manifestándose... irradiando su propia luz y la que viene de
las otras hipóstasis.
Asimismo, unidad en los intercambios y en la reciprocidad.
No sólo no se sigue diversidad alguna de las personas en su ser:
divinidad, simplicidad, eternidad, infinidad, inmensidad, perfec-
ciones, bien, ciencia, amor...; tampoco se sigue diversidad en su
actuar: en su querer, en su poder, en su providencia, en su go-
bierno del mundo, en seguir dando el ser a todo lo que existe, en su
actividad... Son las «lámparas de fuego» de San Juan de la Cruz423,
que son los atributos de Dios:
− Existencia, Sumo Ser y Suma Belleza, simplicidad, per-
fección, bondad, infinitud, inmensidad, ubicación, inmuta-
bilidad, eternidad, unidad, cómo lo conocemos, cómo po-
demos hablar de Él, de sus nombres, ciencia, ideas, verdad,
vida, voluntad, amor, justicia y misericordia, providencia,
predestinación y reprobación, poder, felicidad (gozo eterno,
visión beatífica)424;
− Trinidad de personas425;
− Creador426 y Recreador (cielos nuevos y tierra nueva)427;
− gobierno del mundo, conservación, acción en el obrar de
las causas segundas428;
− Legislador429;
423 SAN JUAN DE LA CRUZ, Llama de amor viva, Estrofa III, C, Poesías entre 1580-
1587. En Andalucía, 109-111; y la Declaración de las canciones..., 911-1039.
424 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I, qq. 2-26.
425
Ibidem, qq. 27-43.
426 Ibidem, qq. 44-74, qq. 75-102.
427 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., Suppl., qq. 69-96.
428 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I, qq. 103-119.
429 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., I-II, qq. 106-108.
241
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− Salvador430;
− Juez431;
− «y otros infinitos atributos y virtudes que no conoce-
mos»432.
V. La pericóresis trinitaria y la vida consagrada
Jesús enseña que: ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Pa-
dre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El
Padre, que permanece en mí, Él mismo hace las obras. Creedme:
yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras (...)
sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en voso-
tros (Jn 14,10-11.20).
Este particular modelo de unidad trinitaria respeta al máximo
unidad y diversidad. Unidad que hace posible la diversidad y di-
versidad que da más brillo y profundidad a la unidad. De tal mane-
ra que si no hubiera diversidad no habría necesidad de unidad, y si
no hubiera unidad no existiría la diversidad.
Ponemos rápidamente tres ejemplos433.
1. No se puede reducir la comunión eclesial o la vida fraterna
en común a la pastoral de conjunto, o a la dimensión de la
democracia liberal, o a la ideología del pensamiento «úni-
co», o de lo políticamente «correcto», o a la ideología de
los dadores de sentido («medios»), o a la teoría del consen-
so de Romano Prodi... el modelo de unidad trinitaria es el
430
Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, qq. 26.46-53.
431
Ibidem, qq. 59.
432 SAN JUAN DE LA CRUZ, Llama de amor viva, 969-970.
433 Pueden verse mejor expuestos en C. GARCÍA ANDRADE, C.F.M., «A imagen de
Dios trino», colaboración en el libro de Á. APARICIO RODRÍGUEZ, Comentarios a
la exhortación apostólica Vita Consecrata, 98-99.
242
Temas principales. I Parte: Santísima Trinidad
único que puede dar vida a una auténtica interrelación entre
unidad y diversidad, y entre diversidad y unidad.
2. Frente al miedo de perder la propia identidad la pericóresis
trinitaria nos enseña «en lugar de identificar una forma de
vida por lo que diferencia [o diversifica] excluyendo, iden-
tificarla por lo que diferencia relacionando»434 . El amor
cristiano nos enseña a darnos, no a quedarnos encapsulados.
3. En la comunión trinitaria no se puede comunicar lo propio
de cada persona, por tanto, si esto fuese bien entendido, en
la Iglesia no habría riesgo de disolución o de confusión, ni
entre los distintos estados de vida: ministros, laicos, reli-
giosos; ni entre las congregaciones: antiguas, nuevas, con-
templativas, apostólicas, «activas»; ni entre las congrega-
ciones, singularmente consideradas, entre sí; ni entre los
mismos miembros de cada congregación.
Sin embargo, como hemos podido experimentar en todos estos
años de experiencia en los que hemos visto pasar estas beatíficas
teorías, pareciera que ocurre exactamente al revés. Pero siempre
debemos intentar experimentar la verdad, aunque algunas de esas
«experiencias» no hayan tenido éxito, tal vez porque no fueron
conocidas, o fueron mal aplicadas, o porque las cabezas a las que
estaban destinadas no las podían entender correctamente por care-
cer de una buena metafísica, o por otras razones.
434 B. FERNÁNDEZ, «Nueva articulación eclesial de las formas de vida», Vida
religiosa 64 (1988) 14.
243
Capítulo VI
II Parte: «Jesucristo, mejor que el cual
nada existe»1
1. Configuración con Jesucristo: castidad, pobreza, obediencia
2. Espacio teologal
3. Memoria y tradición vivas
4. Profecía
5. Radicalismo evangélico
6. Holocausto, globalidad y totalidad
7. Existencia transfigurada, seducción y fascinación
8. Inculturar el Evangelio
9. Vida de oración y de intercesión
1. Configuración con Jesucristo: castidad, pobreza y
obediencia
San Juan Pablo II pide a las religiosas que «no escondan ni dis-
fracen la originalidad específica de su vocación: seguir a Cristo
pobre, casto y obediente»2.
Dice el Concilio Vaticano II en la constitución Lumen Gentium,
42 c y d: «La santidad de la Iglesia también se fomenta de una ma-
nera especial con los múltiples consejos que el Señor propone en
1 SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Carta a los Magnesios, c. 8: Patres Apostolici,
edición F.X. Funk, I, 197 en A. CEDANO, Leccionario Bienal año par (digital)
Sábado de la semana X, 287.
2 SAN JUAN PABLO II, Alocución a las religiosas en San Pablo, 03/07/1980;
Insegnamenti III/2 (1980), n. 8, 76-77: «nem esconder ou disfarçar a
originalidade específica da sua vocação: seguir Cristo pobre, casto e obediente».
245
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
el Evangelio para que los observen sus discípulos3. Entre ellos des-
taca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el
Padre (cf. Mt 19,11; 1Co 7,7) para que se consagren a solo Dios
con un corazón que en la virginidad o en el celibato se mantiene
más fácilmente indiviso (cf. 1Co 7,32-34) 4 . Esta perfecta conti-
nencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la más
alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y
como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el
mundo.
La Iglesia medita la advertencia del Apóstol, quien, estimulan-
do a los fieles a la caridad, les exhorta a que tengan en sí los mis-
mos sentimientos que tuvo Cristo, el cual se anonadó a sí mismo
tomando la forma de esclavo..., hecho obediente hasta la muerte
(Flp 2,7-8), y por nosotros se hizo pobre, siendo rico (2Co 8,9). Y
como es necesario que los discípulos den siempre testimonio de
esta caridad y humildad de Cristo imitándola, la madre Iglesia go-
za de que en su seno se hallen muchos varones y mujeres que si-
guen más de cerca el anonadamiento del Salvador y dan un testi-
monio más evidente de Él al abrazar la pobreza en la libertad de
los hijos de Dios y al renunciar a su propia voluntad. A saber:
aquellos que, en materia de perfección, se someten a un hombre
por Dios más allá de lo mandado, a fin de hacerse más plenamente
conformes a Cristo obediente»5.
3 Sobre los consejos en general: cf. ORÍGENES, Comm. Rom., X 14: PG 14, 1275B.
SAN AGUSTÍN, De S. virginitate, 15, 15: PL 40, 403; SANTO TOMÁS DE AQUINO, S.
Th., I-II, q. 100, a. 2 c. (al final); II-II, q. 44, a. 4 ad 3um.
4 Sobre la excelencia de la sagrada virginidad: cf. TERTULIANO, Exhort. cast., 10:
PL 2, 925 C; SAN CIPRIANO, Hab. virg., 3 y 22: PL 4, 443 B y 461 As.; SAN
ATANASIO, De virg.: PG 28, 252ss.; SAN JUAN CRISÓSTOMO, De Virg.: PG 48,
353ss.
5 Sobre la pobreza espiritual: cf. Mt 5,3.19.21; Mc 10,21; Lc 18,22. Sobre la
obediencia se aduce el ejemplo de Cristo en Jn 4,4.6.38; Flp 2,8-10; Hb 10,5-7.
Los Santos Padres y los fundadores de las Órdenes ofrecen textos abundantes.
246
Temas principales. II Parte: Jesucristo
El Señor sabiendo que iba a pasar de este mundo al Padre, pre-
paró para sus discípulos de todos los siglos un sacrificio que per-
petuase su sacrificio de la Cruz y que al mismo tiempo lo contu-
viese a Él, de modo que fuese Él mismo, comida y bebida que ali-
mentase sus almas hasta su segunda Venida. Eligió a alguien que
fuese la Roca sobre la cual edificar su Iglesia, que enseñase con
seguridad su doctrina, sus sacramentos y su pastoreo, para no ser
comidos por los falsos profetas. Pero también quiso que hubiese
testigos visibles de su forma de vida, para evitar que alguno se
equivocase acerca de lo que Él vivió, pensó, mostró y quiso en su
mismo modo de existir: ser casto, pobre, obediente.
a. Seguimiento de Cristo como religiosos
Se pueden ver principalmente los artículos 3-7 de la cuestión
186 de la Suma Teológica de Santo Tomás, entre otros; porque el
tema del seguimiento, bien de manera genérica, bien referido a
cada uno de los tres consejos, aparece muy a menudo en estas
cuestiones de la Suma.
I. S. Th., II-II, q. 184, a. 3 ad 1um
«Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir:
En esas palabras del Señor hay algo que se pone como camino ha-
cia la perfección, como son las palabras: Ve, vende cuanto tienes y
dalo a los pobres, y algo en que consiste la perfección: Y sígueme.
Por ello dice San Jerónimo, en Super Mt. 12, que, dado que no
basta con abandonar, Pedro añade lo que es perfecto, es decir: Te
hemos seguido (Mt 19,27; Mc 10,28; Lc 18,28). Por su parte, San
Ambrosio, al comentar el pasaje de Lc 5,27, Sígueme, dice6: Le
6 SAN AMBROSIO, L. 5, super 19,27: ML 15, 1724.
247
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
manda seguirlo, no con pasos materiales, sino con el afecto de su
mente, lo cual se realiza mediante la caridad. Por eso, en el modo
de hablar, se ve que los consejos son instrumentos para llegar a la
perfección cuando dice: Si quieres ser perfecto, ve y vende..., co-
mo si dijera: Haciendo esto llegarás a este fin».
II. S. Th., II-II, q. 186, a. 2 ad 2um y ad 3um
«2. A la segunda hay que decir: Del mismo modo que todos es-
tán obligados a amar de todo corazón a Dios y hay una perfección
a la que tenemos que llegar, so pena de cometer pecado, y otra cu-
ya no consecución no supone pecado a no ser que medie desprecio,
tal como dijimos antes (ad 1um), del mismo modo todos, tanto reli-
giosos como seglares, están obligados en cierto modo a hacer todo
el bien que puedan, pues se manda a todos en Sir 9,10: Cuanto
está en tu mano, hazlo al instante; pero hay, no obstante, un modo
de observarlo evitando el pecado, a saber: si el hombre hace lo que
puede según lo que se refiere a su estado, con tal que no medie
desprecio, el cual dispondría al alma en contra del adelantamiento
espiritual.
3. A la tercera hay que decir: Algunos consejos son de tal natu-
raleza, que, de no observarlos, toda la vida humana se vería inmer-
sa en negocios seculares, como el tener bienes propios, hacer uso
del matrimonio y demás cosas contrarias a los votos esenciales a la
vida religiosa. Por consiguiente, los religiosos están obligados a
observar esos consejos. Pero hay otros consejos acerca de algunos
actos particulares mejores, que pueden pasarse por alto sin que la
vida humana se vea complicada en negocios seculares. Por eso no
es preciso que los religiosos observen todos los consejos».
248
Temas principales. II Parte: Jesucristo
III. S. Th., II-II, q. 186, a. 6 ad 1um
«1. A la primera hay que decir: El Señor dijo que era esencial a
la vida perfecta el seguirle no de cualquier modo, sino sin volverse
atrás. Por eso Él mismo dice en Lc 9,62: Nadie que pone la mano
en el arado y mira atrás es apto para el reino de los cielos. Y aun-
que algunos de sus discípulos se volvieron atrás al preguntar el
Señor (Jn 6,67): Y vosotros, ¿no queréis iros también?, respondió
Pedro en nombre de los demás: Señor, ¿a quién iremos? Por eso
dice San Agustín, en De Consensu Evangelist.7, que, según narran
San Mateo y San Marcos, Pedro y Andrés le siguieron sin poner
las naves en la orilla, para no dar impresión de querer volver,
sino como se sigue a quien lo manda. Pero este firme propósito de
seguir a Cristo se reafirma mediante el voto. Luego éste es necesa-
rio para la perfección del estado religioso».
IV. S. Th., II-II, q. 187, a. 4 ad 3um
«3. A la tercera hay que decir: En igualdad de condiciones, es
mejor dar que recibir. No obstante, dar o dejar todo por Cristo y
recibir una cantidad módica para atender al propio sustento es me-
jor que dar limosnas parciales a los pobres, como ya dijimos (q.
186 a. 3 ad 6um)».
7 SAN AGUSTÍN, De consensu Evangelist., L. II c. 17: ML 34, 1097.
249
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
V. S. Th., II-II, q. 188, a. 7: Si la posesión de bienes
en común es un inconveniente para la perfección
de la vida religiosa (cf. CG, III, c. 135; Opúsculo
XVII Contra Retrahentes ab Ingressu Relig., cc.
15-16).
«Objeciones por las que parece que poseer algo en común es
un inconveniente para la perfección de la vida religiosa.
1. Dice el Señor en Mt 19,21: Si quieres ser perfecto, ve, ven-
de cuanto tienes y dalo a los pobres. De donde se deduce
que el estar libre de riquezas mundanas es parte de la per-
fección de la vida cristiana. Ahora bien: quienes poseen al-
go en común no carecen de riquezas humanas. Luego pare-
ce que no alcanzan la perfección de la vida cristiana.
2. Aún más: la perfección de los consejos evangélicos exige
que el hombre esté libre de preocupaciones humanas. Por
eso el Apóstol, en 1Co 7,32, al dar un consejo sobre la vir-
ginidad, dice: Quiero que estéis libres de preocupaciones.
Pero es parte de las preocupaciones de esta vida el reser-
varse algo para el futuro, siendo así que el Señor prohíbe a
sus discípulos el tener dichas preocupaciones al decirles en
Mt 6,34: No os preocupéis por el mañana. Por consiguiente,
parece que el tener algo en común disminuye la perfección
de la vida cristiana.
3. Y también: las riquezas comunes pertenecen, a veces, de
alguna manera, a los miembros particulares de la comuni-
dad. Por eso San Jerónimo, en Ad Heliodorum Episcopum8,
dice de algunos: Son más ricos ahora que son monjes que
cuando vivían en el siglo; poseen, estando sometidos a
Cristo pobre, bienes que no tenían cuando servían al dia-
8 SAN JERÓNIMO, Epist. LX Ad Heliod. Episc.: ML 22, 596.
250
Temas principales. II Parte: Jesucristo
blo rico. Ahora bien: el tener riquezas particulares es con-
trario a la perfección religiosa. Luego también se opone a
dicha perfección el tener algo en común.
4. Todavía más: cuenta San Gregorio, en III Dialog.9, de un
santo varón llamado Isaac que, suplicándole humildemente
sus discípulos que aceptara, para uso del monasterio, po-
sesiones que se le ofrecían, él, celoso por guardar su po-
breza, les dijo: “El monje que busca posesiones en este
mundo no es verdadero monje”. Esto se refiere a las pose-
siones en común, que se le ofrecían para el uso común del
monasterio. Luego parece que tener algo en común va con-
tra la perfección del estado religioso.
5. Además: el Señor, al recomendar a los discípulos la perfec-
ción religiosa, en Mt 10,9-10 les dice: No llevéis oro ni pla-
ta ni dinero en vuestras alforjas, ni alforja para el camino.
Con estas palabras, como dice San Jerónimo10, condena a
los filósofos llamados vulgarmente bactroperitas porque,
teniéndose por despreciadores del mundo y considerando
todas las cosas como nada, llevaban consigo su bolsa. Por
consiguiente, parece que reservarse algo, sea en privado o
en común, disminuye la perfección de la vida religiosa.
En cambio está el hecho de que Próspero dice en De vita con-
templat.11, recogido en la Decretal 12, q. 112: Es evidente la nece-
sidad de abandonar los bienes personales en bien de la perfección;
pero ésta es compatible con la posesión de bienes de la Iglesia, que
son ciertamente bienes comunes.
Solución. Hay que decir. Como ya expusimos (q. 184, a. 3 ad
1 ; q. 185, a. 6 ad 1um), la perfección no consiste esencialmente
um
9
SAN GREGORIO, Dialog., III, c. 14: ML 77, 245.
10 SAN JERÓNIMO, In Mt., l. I, super 10,9: ML 26, 64.
11 JULIANO POMERIO, l. II, c. 9: ML 59, 453.
12 GRACIANO, Decreto, P. II, causa XII, q. 1, can. 13 Expedit: RF I, 681.
251
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
en la pobreza, sino en seguir a Cristo, según lo que dice San Jeró-
nimo en Super Mt.13: Dado que no es suficiente con dejar todo,
Pedro añadió lo que es perfecto, a saber: Te hemos seguido. Ahora
bien: la pobreza es una especie de instrumento o ejercicio para lle-
gar a la perfección. Por eso dice el abad Moisés, en las Colaciones
de los Padres14: Los ayunos, vigilias, meditación de las Escrituras,
desnudez, privación de todas las posesiones, no son la perfección,
sino instrumentos de la misma.
Ahora bien: la privación de toda posesión, o pobreza, es un ins-
trumento de la perfección en cuanto que el estar libre de riquezas
lleva consigo la supresión de algunos obstáculos para la caridad.
Estos son principalmente tres. El primero es la preocupación que
llevan consigo las riquezas. Por ello dice el Señor en Mt 13,22: El
grano que cayó entre espinas significa que ha oído la palabra, pero
la preocupación del siglo y la seducción de las riquezas la ahogan.
El segundo es el amor a las riquezas, el cual se incrementa con la
posesión de las mismas. A este propósito dice San Jerónimo en
Super Mt.15, que, puesto que es muy difícil despreciar las riquezas
ya poseídas, el Señor no dijo, en Mt 19,23, “es imposible”, sino
“difícil”, que un rico entre en el reino de los cielos. El tercero es la
vanagloria o el orgullo que las riquezas producen, conforme se
dice en el salmo 48,7: Los que confían en su poder y se glorían de
la multitud de sus riquezas.
De estos tres obstáculos, el primero no puede separarse total-
mente de las riquezas, sean éstas grandes o pequeñas, ya que el
hombre ha de estar necesariamente sometido a alguna preocupa-
ción por adquirir o por conservar las cosas externas. Pero si éstas
se buscan o se tienen sólo en una pequeña cantidad, la suficiente
para asegurar la subsistencia, tal preocupación no llega a ser un
13 SAN JERÓNIMO, Super Mt., L. III, super 19, 27: ML 26, 144.
14 CASIANO, Coll. I, c. 7: ML 49, 490.
15 SAN JERÓNIMO, Super Mt., L. III, 51, c. 26: ML 40, 573.
252
Temas principales. II Parte: Jesucristo
gran obstáculo para el hombre ni se opone a la perfección de la
vida cristiana, ya que el Señor no condena esta preocupación, sino
la superflua o nociva. Por eso, al comentar el pasaje de Mt 6,25:
No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis..., dice San Agus-
tín en De Serm. Dom. in Monte16: No prohíbe, al decir esto, procu-
rar lo necesario, sino el procurarlo como si no hubiera más cosas, y
manda hacer todo lo que la doctrina del evangelio ordena en torno
a ello. Pero la posesión de abundantes riquezas lleva consigo ma-
yor preocupación, que distrae en gran manera al espíritu humano y
le impide dedicarse enteramente al servicio de Dios. Los otros dos,
el amor a las riquezas y el orgullo o vanagloria por las riquezas,
sólo se producen cuando éstas son numerosas.
No obstante, hay gran diferencia entre poseer riquezas abun-
dantes o moderadas, privadamente o en común. En efecto, la preo-
cupación por las propias riquezas nace del amor que cada uno se
tiene a sí mismo, mientras que la solicitud por las cosas comunes
es propia del amor de caridad, que no busca el interés particular,
sino que se preocupa del bien común. Y puesto que el estado reli-
gioso tiene como fin la perfección de la caridad, a la cual perfec-
ciona el amor de Dios hasta despreciarse a sí mismo, el tener algo
privadamente se opone a la perfección del estado religioso. Pero el
cuidado por los bienes comunes puede ser propio de la caridad,
aun cuando pueda ser un obstáculo para otro acto de caridad más
excelente, como pueden ser la contemplación divina o la instruc-
ción del prójimo.
De donde se sigue que el tener muchas riquezas en común, sean
bienes muebles o inmuebles, es un obstáculo para la perfección,
aunque no la impida totalmente. Pero el tener en común cosas ex-
ternas, sean estas muebles o inmuebles, en cantidad suficiente para
mantenerse, no impide la perfección del estado religioso, si se con-
16 SAN AGUSTÍN, De Serm. Dom. in Monte, c. 26: ML 40, 573.
253
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
sidera la pobreza en relación con el fin común de las órdenes reli-
giosas, que es el dedicarse al servicio divino.
Pero si se considera la pobreza en relación con los fines parti-
culares de las órdenes, ha de ser proporcionada a ellos, en cuyo
caso la pobreza puede ser más o menos adecuada al estado religio-
so, y cada Orden será más perfecta en relación con la pobreza
cuanto más proporción exista entre ésta y el fin que intenta conse-
guir, pues es evidente que, para las obras corporales de la vida ac-
tiva, el hombre necesita gran cantidad de cosas externas, mientras
que se precisan pocas para la vida contemplativa.
Por ello dice el Filósofo, en X Ethic.17: Para la acción se necesi-
tan muchas cosas, y tantas más cuanto más extensa y mejor es esa
acción, mientras que el que se dedica a la especulación no necesita
de todas las cosas precisas para la acción, sino únicamente de lo
estrictamente necesario, y todo lo demás es un estorbo para la es-
peculación. Queda claro, con esto, que las órdenes religiosas que
se ordenan a las acciones corporales de la vida activa, tales como
el ejercicio de las armas o la práctica de la hospitalidad, serían im-
perfectas si no tuvieran las riquezas corrientes. En cambio, las ór-
denes que se dedican a la vida contemplativa serán tanto más per-
fectas cuanto menor preocupación por las cosas temporales les
produce su pobreza. Y la solicitud por lo temporal es para la reli-
gión un obstáculo tanto mayor cuanto mayor es la preocupación
por las cosas espirituales requerida en ella. Ahora bien: es evidente
que precisa una mayor preocupación por las cosas espirituales una
Orden fundada para la contemplación y para transmitir a otros lo
contemplado mediante la enseñanza y la predicación que aquella
que fue fundada únicamente para la contemplación. Por tanto, di-
cha Orden debe observar una pobreza tal que exija una mínima
preocupación.
17 ARISTÓTELES, Ethic., l. X, lect. 8 n. 5 (BK 1178b1): S. TH., lect.
254
Temas principales. II Parte: Jesucristo
Pero es claro que la conservación de las cosas necesarias para
el uso, reunidas a su tiempo, exige unas preocupaciones mínimas.
Por tanto, a los tres grados de órdenes dados antes corresponde un
triple grado de pobreza. En efecto, a las órdenes que se dedican a
acciones corporales de vida activa les corresponde tener abundan-
tes riquezas en común. Por su parte, las órdenes que se dedican a
la contemplación conviene que tengan posesiones moderadas, a no
ser que sea preciso también que los religiosos pertenecientes a
ellas, bien sea por sí mismos o por medio de otros, tengan que de-
dicarse a la hospitalidad o a la ayuda a los pobres. Finalmente, las
órdenes que se dedican a transmitir a otros lo contemplado han de
llevar una vida sumamente libre de preocupaciones externas, lo
cual se hace posible reduciéndose a conservar las pocas cosas ne-
cesarias para la subsistencia y adquiridas a su tiempo.
Esto es lo que el Señor, iniciador de la pobreza, enseñó con el
ejemplo, pues tenía una bolsa encomendada a Judas, en la que
guardaba lo que le ofrecían, como consta en Jn 12,6. Y no es un
obstáculo para ello lo que dice San Jerónimo en Super Mt.18: Si
alguno se pregunta: ¿Por qué llevaba Judas dinero en su bolsa?,
responderemos: Porque Jesús no quiso emplear lo que pertenecía a
los pobres para su propio uso, es decir, para pagar el tributo: por-
que entre los pobres estaban en primer lugar sus discípulos, en cu-
yas necesidades se gastaba el dinero de la bolsa de Cristo, puesto
que en Jn 4,8 se dice que los discípulos habían ido a la aldea a
comprar comida, y en Jn 13,29 se dice que los discípulos creían
que, como Judas llevaba la bolsa, por eso le había dicho Jesús:
Compra lo que necesitamos para la fiesta, o para que diera algo a
los pobres.
Por todo ello es claro que conservar el dinero, al igual que to-
das las demás cosas comunes, para el mantenimiento de los reli-
18 SAN JERÓNIMO, Super Mt., L. III, super 17, 26: ML 26, 132.
255
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
giosos de la misma comunidad o de otros pobres cualesquiera, es
algo que está de acuerdo con la perfección que Cristo enseñó con
su ejemplo. Pero, incluso después de la Resurrección, los discípu-
los, de los cuales arranca la vida religiosa, conservaban el producto
de los bienes y los distribuían a cada uno conforme a sus necesida-
des.
[Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común;
vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la
necesidad de cada uno (Hch 2,44-45)19].
Respuesta a las objeciones:
1. A la primera hay que decir. Como ya expusimos antes (q.
184, a. 3 ad 1um), de las palabras del Señor no se deduce
que la pobreza sea ella misma la perfección, sino un ins-
trumento de la misma. Y, como también ya demostramos
(q. 186, a. 8), es el menos importante de los tres instrumen-
tos de la perfección, porque el voto de castidad es superior
al de pobreza, y el de obediencia es superior a los dos. Y
dado que no se busca el instrumento por sí mismo, sino en
orden al fin, de ahí que una cosa no sea mejor cuanto ma-
yor instrumento es, sino cuanto más adecuado al fin, del
mismo modo que el médico no cura tanto más cuanto más
medicina da, sino cuanto mejor proporción hay entre la
medicina y la enfermedad. Por consiguiente, no es necesa-
rio que una Orden religiosa sea tanto más perfecta cuanto
más estricta pobreza guarda, sino cuanto más proporciona-
da es la pobreza al fin común y especial.
Y aunque se diera el caso de que una Orden fuera más
perfecta cuanto más pobre, no se trataría de una perfección
absoluta, porque podría existir otra Orden que sobresaliera
en la castidad y en la obediencia, en cuyo caso sería más
19 El texto entre corchetes es nuestro.
256
Temas principales. II Parte: Jesucristo
perfecta absolutamente hablando, puesto que aquello que
sobresale en cosas mejores es absolutamente mejor.
2. A la segunda hay que decir. Las palabras del Señor, No os
preocupéis por el día de mañana, no quieren decir que no
se reserve nada para el futuro, ya que San Antonio, en las
Colaciones de los Padres20, sostiene que esto sería peligro-
so, diciendo que quienes quieren llevar la renuncia a las
riquezas hasta el extremo de no querer guardar el sustento
de un día o una moneda, pronto caerán vencidos y serán
incapaces de llevar a cabo su propósito. Y como dice San
Agustín en De Operibus Monach.21, si estas palabras del
Señor, No os preocupéis por el día de mañana, hubieran de
ser interpretadas en el sentido de una prohibición de guar-
dar algo para el mañana, no podrían cumplirlas los que vi-
ven durante largo tiempo alejados de los hombres, ocupa-
dos en una práctica intensa de la oración. Y continúa di-
ciendo22: ¿Acaso cuanto más santos son han de parecerse
menos a las aves? Y más adelante23: Porque si se les urge a
que no reserven nada para el mañana, responderán: ¿Por
qué, entonces, el Señor tuvo una bolsa en la que echaba el
dinero que recogía? ¿Por qué se envió trigo a los Santos
Padres (Cf. Hch 11,28-30) mucho antes de que apareciera
el hambre? ¿Por qué los apóstoles proveyeron a las nece-
sidades de los santos?
Por eso, las palabras No os preocupéis por el día de ma-
ñana han de interpretarse, según San Jerónimo, del modo
siguiente24: Nos basta con pensar en el presente, y dejemos
20
CASIANO, Coll. II, c. 2: ML 49, 526.
21
SAN AGUSTÍN, De Operibus Monach., c. 23: ML 40, 570.
22 Ibidem, c. 24: ML 40, 571.
23 Ibidem, c. 24: ML 40, 571.
24 SAN JERÓNIMO, In Mt., l. I, super 6, 34: ML 26, 47.
257
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
a Dios el futuro, que es incierto. Según San Juan Crisósto-
mo25, ha de entenderse así: Basta el trabajo que te impones
por lo necesario; no trabajes, además, por lo superfluo.
Por su parte, San Agustín cree que debe entenderse así26:
Cuando hagamos algún bien, no pensemos en el mañana,
es decir, en el interés temporal, sino en los bienes eternos.
3. A la tercera hay que decir. Las palabras de San Jerónimo
tienen validez allí donde hay riquezas abundantes que se
consideran como propias o cuando el abuso de ellas lleva a
los religiosos al orgullo o a faltas contra la templanza. Pero
no tienen aplicación en el caso de riquezas moderadas que
se conservan en común únicamente para el sustento necesa-
rio a todos, pues las mismas razones que justifican el uso
particular de las cosas necesarias para la vida justifican el
que éstas se conserven para el uso común.
4. A la cuarta hay que decir. Isaac se resistía a recibir pose-
siones por temor a que se llegara a riquezas superfluas, el
abuso de las cuales llevara consigo un obstáculo para la
perfección de la vida religiosa. De ahí que el mismo San
Gregorio añada en el mismo pasaje27: Tenía miedo a perder
la pobreza de su seguridad, del mismo modo que los ricos
avarientos suelen guardar las riquezas perecederas. Pero
no se dice que se resistiera a recibir algunos bienes necesa-
rios que hubieran de guardarse en común para el sustento
común.
5. A la quinta hay que decir. El Filósofo, en I Polit.28, dice
que algunas sustancias, como el pan y el vino, son riquezas
naturales, mientras que el dinero es una riqueza artificial.
25
Cf. PS. CRISÓSTOMO, Op. Imperf. in Mt., hom.16, super 6, 34: MG 40, 571.
26 SAN AGUSTÍN, De Serm. Dom., l. II., c. 17: ML 34, 1294.
27 SAN GREGORIO, Dial., l. III, c. 14: ML 72, 245.
28 ARISTÓTELES, c. 3, n. 13.16 (BK 1257a25; b10): S. TH., lect. 7.
258
Temas principales. II Parte: Jesucristo
De ahí que algunos filósofos rechazaran el uso del dinero y
usaran otras cosas para vivir en conformidad con la natura-
leza. Por eso San Jerónimo, en el mismo pasaje29, dice que
es lo mismo tener dinero que tener las demás cosas necesa-
rias, basándose en la frase del Señor, que condena tanto
uno como las otras. Y, sin embargo, aunque el Señor man-
dó que no los llevaran para el camino aquellos que eran en-
viados a predicar, no prohibió tenerlos en común.
En cuanto al modo de entender las palabras del Señor, ya ha-
blamos de ello antes (q. 185, a. 6 ad 2um; I-II, a. 108, a. 2 ad 3um)».
2. Espacio teologal
San Juan Pablo II usa la expresión “espacio teologal” para refe-
rirse a la vida consagrada, y más específicamente a la vida fraterna
(VC 42).
a. La vida fraternal
Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos (Mt 18,20). Esto se debe aplicar a los religiosos
reunidos en nombre de Jesucristo:
- quieren vivir el «mandamiento nuevo»: Os doy un manda-
miento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado,
amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois
discípulos míos: si os amáis unos a otros (Jn 13,34-35);
− es el amor que llevó a Cristo a la entrega de sí mismo en la
Cruz: ¡Entre sus discípulos no hay unidad verdadera sin
este amor recíproco incondicional!;
− exige disponibilidad para el servicio sin reservas;
29 SAN JERÓNIMO, In Mt., l. 1, super 10, 9; ML 26, 64.
259
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− prontitud para acoger al otro tal como es sin «juzgarlo»:
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis
juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la
usarán con vosotros (Mt 7,1-2);
− capacidad para perdonar hasta setenta veces siete (Mt
18,22);
− poner todo en común: bienes materiales y experiencias es-
pirituales, talentos e inspiraciones, ideales apostólicos y
servicios de caridad: «En la vida comunitaria, la energía del
Espíritu que hay en uno pasa contemporáneamente a todos.
Aquí no solamente se disfruta del propio don, sino que se
multiplica al hacer a los otros partícipes de él, y se goza del
fruto de los dones del otro como si fuera del propio30»31.
− «En la vida de comunidad, además, debe hacerse tangible
[o sea, palpable, que se puede percibir de manera precisa]32
de algún modo que la comunión fraterna, antes de ser ins-
trumento para una determinada misión, es espacio teologal
en el que se puede experimentar la presencia mística del
Señor resucitado 33 (Mt 18,20): donde dos o tres están
reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»34.
Podemos decir que las características que hacen tangible que tal
comunidad es espacio teologal y que son como los frutos de esa
comunión fraterna, las señala el Catecismo de la Iglesia Católica:
«Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el
Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de
la Iglesia enumera doce: “caridad, gozo, paz, paciencia, longani-
midad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia,
30
SAN BASILIO MAGNO, Las reglas más amplias, Interrog. 7: PG 31, 931.
31
VC, n. 42.
32 En corchetes nota nuestra.
33 SAN BASILIO MAGNO, Las reglas más breves, Interrog. 225: PG 31, 1231.
34 VC, n. 42.
260
Temas principales. II Parte: Jesucristo
continencia, castidad” (Ga 5,22-23, vulg.)»35, vividas al modo de
los religiosos.
«Esto sucede merced al amor recíproco de cuantos forman la
comunidad, un amor alimentado por la Palabra y la Eucaristía, pu-
rificado en el Sacramento de la Reconciliación, sostenido por la
súplica de la unidad, don especial del Espíritu para aquellos que se
ponen a la escucha obediente del Evangelio.
Es precisamente Él, el Espíritu, quien introduce el alma en la
comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1Jn 1,3: Eso que
hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión
con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo
Jesucristo), comunión en la que está la fuente de la vida fraterna.
El Espíritu es quien guía las comunidades de vida consagrada en el
cumplimiento de su misión de servicio a la Iglesia y a la humani-
dad entera, según la propia inspiración»36.
La vida religiosa es teológica porque implica una relación per-
sonal con Dios, que habla y escucha, con cada uno de nosotros que
escuchamos y hablamos con Él, es “un espacio humano habitado
por la Trinidad” (VC 41). Pero, además, toda la vida religiosa, en
especial la vida fraterna en común, es espacio teologal ya que nos
relacionamos con Dios en forma inmediata, es decir, sin media-
ciones y sin intermediarios. En ella, en la vida consagrada y en la
vida fraterna, deben actuar las virtudes teologales infusas –fe, es-
peranza, caridad– que en el orden operativo causan la unión per-
fectiva con Dios, pues nos dirigen a Dios como a nuestro fin so-
brenatural (ya que su objeto propio es Dios en cuanto Dios), pre-
dominando sobre ellas los dones del Espíritu Santo, todo lo cual se
conoce con el nombre de vida mística.
35 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1832.
36 VC, n. 42.
261
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Enseña el P. Severino-M. Alonso que esa relación es inmediata,
sin mediaciones ni intermediarios: «Aunque, a nivel psicológico,
no perciba [la persona consagrada] esta inmediatez en la relación.
Por eso la consagración religiosa tiene un valor y un sentido teolo-
gal, y no sólo teológico. Ya que dice una especial relación a la vir-
tud teologal de la caridad, como recordaba Santo Tomás: “Que a
la caridad pertenece inmediatamente el hacer que el hombre haga
entrega de sí mismo a Dios, adhiriéndose a Él por cierta clase de
unión espiritual”37 (lo teologal añade a lo teológico la inmediatez
de la referencia a Dios “y en la relación con Él”38)»39. Y esa inme-
diatez en la unión con Dios debe ser tangible en la vida fraterna
común, si de verdad existe.
b. No juzgar al prójimo
Nos enseña Jesús: No juzguéis, para que no seáis juzgados (Mt
7,1), de modo tal que se nos prohíbe juzgar temeraria, injusta y
presuntuosamente. ¿Cuándo se juzga de esa manera?
1. De modo temerario: cuando juzgamos la intención del pró-
jimo que nos es oculta o sobre otras cosas inciertas, como
el conocimiento de los futuros contingentes libres (que sólo
Dios conoce), como enseña San Agustín40;
2. De forma injusta: cuando no juzgamos benévolamente,
sino por rencor [celos, envidia, amor propio, soberbia, ira,
por ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio41,
37 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, q. 82, a. 2 ad 1um: «quod ad caritatem
pertinent inmediate quod homo tradat seipsum Deo adherendo ei per quandam
spiritus unionem».
38
Á. APARICIO RODRÍGUEZ – J.-M. CANALS CASAS, Diccionario teológico de la
Vida Consagrada, Publicaciones. Claretianas, Madrid 20093, 382.
39 Ibidem, 371.
40 Cf. SAN AGUSTÍN, De sermo Domini in monte, l. 2, c. 18: ML 34, 1297.
41 Cf. Mt 7,3.
262
Temas principales. II Parte: Jesucristo
por meter las narices donde nadie nos llama y para lo cual
no se tiene gracia de estado o porque se tienen otras pasio-
nes desordenadas], como señala San Juan Crisóstomo42;
3. De manera presuntuosa: cuando juzgamos sobre cosas di-
vinas que por ser superiores a nosotros no debemos juzgar,
sino creerlas sencillamente, escribía San Hilario43.
Todo esto puede verse en Santo Tomás44.
I. Murmuraciones45
Se manifiesta el juicio pecaminoso, muchas veces, en las
«murmuraciones»46. Estúdiense estas páginas admirables de San
Marcelino Champagnat: «“Os ruego, queridísimos Hermanos, con
todo el afecto de mi alma y por el que vosotros me profesáis, nos
dice nuestro Venerable Padre en el Testamento espiritual, que
practiquéis siempre entre vosotros la santa caridad. Amaos unos a
otros como Jesucristo os ha amado. No haya entre vosotros más
que un solo corazón y un mismo espíritu. Ojalá se pueda decir de
los Hermanos de María como de los primeros cristianos: ¡Mirad
cómo se aman! Éste es el deseo más ardiente de mi corazón”. El
amor que nos hemos de tener, según deseaba el V. M. Champagnat,
debe ser amor efectivo, y quería que se le hiciese consistir en estas
cuatro cosas:
1. En servirnos mutuamente en toda ocasión.
2. En advertirnos con caridad los defectos y las faltas contra
las Reglas.
42 Cf. SAN JUAN CRISÓSTOMO, Opus imperf. in Mt., hom. 17, super 7, 1: MG 56,
725.
43
Cf. SAN ILARIO, Super Mt., c. 5: ML 9, 950.
44 SANTO TOMÁS DE AQUINO S. Th., II-II, q. 60, a. 2 ad 1um.
45 Murmuración (Del lat. murmuratĭo,-ōnis). f. Conversación en perjuicio de un
ausente.
46 Cf. 2Co 12,20; Ro 1,29.30; 1Pe 2,1.
263
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
3. En soportarnos unos a otros con caridad.
4. En excusarnos y ocultar con gran cuidado los defectos.
Y quería que se ocultasen los defectos de los Hermanos no sólo
a los de fuera, sino también a los miembros de la Comunidad. Ésta
es la causa de las Reglas que prohíben a los Hermanos el contar las
cosas reprensibles que puedan ocurrir en las casas, el comunicarse
las pequeñas antipatías que hubiesen podido experimentar con al-
gún Hermano, y las dificultades que con otros hubiesen tenido.
“No es menos necesario, añadía, el conservar la reputación de los
Hermanos entre los miembros de la Comunidad que ante el públi-
co. Tiene cada Hermano mayor derecho al aprecio de los demás
Hermanos, que al de los extraños. El religioso, difamado ante los
del mundo, puede consolarse con la satisfacción que siente gozan-
do del aprecio y confianza de sus Hermanos; pero si se ve denigra-
do entre los suyos, entre aquellos con quienes está obligado a vivir,
la vida de comunidad se le vuelve insoportable, a no ser que esté
dotado de virtud extraordinaria”.
Para explanación de esta sentencia del Venerable Padre, expli-
caremos apoyándonos en la Sagrada Escritura y en los Padres de la
vida espiritual, las tres afirmaciones siguientes, cuya verdad y
trascendencia nos parecen dignas de las más serias consideraciones
de nuestros Hermanos:
1. La murmuración es uno de los escollos más graves de la vi-
da religiosa;
2. La murmuración es pecado gravísimo;
3. La murmuración es la causa de infinidad de males.
1. La murmuración es uno de los escollos más graves de la
vida religiosa
Uno de los mayores beneficios del estado religioso es que pone
a cubierto de casi todos los peligros exteriores de ofender a Dios.
264
Temas principales. II Parte: Jesucristo
Verdad es que el hombre es tan flaco que en ninguna parte halla
defensas infalibles y absolutas contra el pecado aun mortal. Así, el
ángel cayó en el cielo, el hombre en el paraíso terrenal, Judas en
compañía de Jesucristo y de los Apóstoles. “Digamos más, confe-
semos toda la verdad: hay también ciertos pecados mortales, a los
que tal vez se está más expuesto en la religión que en el mundo:
tales son, por ejemplo, el abuso de la gracia, el sacrilegio y los pe-
cados que hieren a la caridad. En la religión se está más a cubierto
de la avaricia, de la ambición; pero con más frecuencia se está su-
jeto a las quejas, a las contiendas, a la murmuración, etc. Pues po-
co importa condenarse por este o por aquel pecado, si es bastante
malo para condenarse, dice Bourdaloue”.
“Entre todos los pecados, añade San Juan Crisóstomo, el de la
murmuración es el más fácil de cometer, el que se comete con me-
nos remordimientos y el que será castigado con mayor severidad.
Para otros pecados se necesitan medios exteriores, extraños a la
persona, mientras que para la maledicencia basta la voluntad; sólo
se necesita la lengua: por esto se cae tan fácilmente en esta falta”.
“Hay muy pocas personas, afirma San Jerónimo, aun entre los re-
ligiosos, que no se dejen arrastrar de la murmuración. Tienen los
hombres tal comezón por hablar unos de otros y criticar todas las
acciones, que aun los mismos que están exentos de los otros vicios,
caen en éste como en el último y más peligroso de los lazos del
demonio. No crean los monjes, continúa el Santo Doctor, que es-
tán seguros, diciendo: en el monasterio no cometemos grandes
pecados, porque no somos adúlteros, ni homicidas. Yo os aseguro
que, cuando denigráis a vuestro Hermano, cometéis un grande
crimen; porque lo matáis por medio de la lengua; es un vicio grave
el no querer callar, el correr de celda en celda para difamar a los
demás”.
265
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
No te mezcles con los detractores 47 , dice el Espíritu Santo
(Prov 24,21). ¿Por qué? Porque este vicio, responde la Glosa, hace
naufragar a muchos hombres. “¡Ay! exclama San Juan Crisóstomo,
sin luz para ver los defectos propios, sólo hay ojos para ver las
faltas ajenas; se murmura por el solo gusto de murmurar: ¡triste
gusto! Se precipitan en el infierno, no por el camino ancho, sino
por senderos torcidos, por caminos que nada tienen de hermosos;
fieles en los mandamientos difíciles, se condenan por pecados que
pueden evitarse fácilmente.
“En las casas religiosas, dice Saint-Jure, ocurre una gran des-
gracia: cuando se ha hablado mal del prójimo, se han descubierto
sus defectos, publicado sus faltas, denigrado su conducta, se forma
una conciencia falsa, una conciencia errónea, es decir, que no se
hace caso de esta falta, de modo que, o no se confiesa, o se hace
ligeramente, sin escrúpulo, sin contrición, sin reparar el daño: esto
es engañarse groseramente, es alimentar pecados secretos, es poner
en grave peligro la salvación”.
Habiendo el Padre Acquaviva, quinto General de la Compañía
de Jesús, propuesto en votación secreta a todos los Padres de su
Instituto, esta pregunta: ¿De qué manera y por qué camino están
los miembros de la Compañía más expuestos a perder la caridad y
a contraer culpas mortales?, se le respondió por la gran mayoría
ser el pecado de murmuración. Éste era en particular el parecer del
Padre Acquaviva, y estaba tan penetrado del peligro que corre el
religioso en este punto que, en su Tratado sobre los medios para
curar las enfermedades del alma, recomienda que, si se llega a
47Detractor (Del lat. detractor,-ōris). adj. Adversario, que se opone a una opinión
descalificándola.|| 2. Maldiciente, que desacredita o difama.
266
Temas principales. II Parte: Jesucristo
experimentar algún descuido en esta materia, no se vaya jamás a
descansar sin haberse confesado antes48.
“Según el parecer de hombres doctos y prudentes, dice Corne-
lio Alápide, se condenan muchas personas por el pecado de mur-
muración y calumnia. La murmuración es tanto más peligrosa,
cuanto se comete con menos reflexión y se mira como una bagate-
la”.
2. La murmuración es pecado gravísimo
Según Santo Tomás, la murmuración es, por su naturaleza, pe-
cado mortal. Si la parvedad de la materia o la falta de consenti-
miento, impiden la gravedad del pecado, es a lo menos un pecado
venial de los más notables, porque ofende a la caridad y a la justi-
cia.
“A mi juicio, dice San Juan Crisóstomo, la malicia del murmu-
rador es mayor que la del ladrón, porque la ley cristiana, que tanto
ahínco pone en el amor del prójimo, tiene mucha más cuenta con
las almas que con la bolsa, y porque la murmuración roba al pró-
jimo el más precioso de todos los bienes, cual es la buena fama”.
Pero, dirá tal vez alguno: nada añado por malicia, todo lo que
digo del prójimo es verdad. “Creéis, dice el Crisóstomo, estar con-
vencido de la verdad de lo que decís y no poner nada por espíritu
de venganza: bien, pero ofendéis a la caridad, sois culpable. Serás
juzgado, no de lo que hayan hecho los demás, sino de lo que ha-
yáis dicho. Y agrava aún más la falta del murmurador, el que no
puede presentar ninguna excusa”.
Los demás desórdenes, aunque condenados por la razón, pue-
den ser atenuados o al menos explicados por algunas causas que
los han motivado: el corrompido alega la violencia de su tempera-
mento, el ladrón representa la necesidad y el homicida el arrebato
48 Hay una edición italiana reciente de la célebre obra del Padre Claudio
Acquaviva, Accorgimenti per curare le malattie dell’anima, preparada por el P.
Giuliano Raffo, Editrice San Paolo, Cinisello Balsamo 2016.
267
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
de la cólera. El murmurador ningún pretexto puede oponer; no le
encadena el interés del dinero, ni le arrastra la pasión: no tiene ex-
cusa alguna.
Y no obstante, con una sola palabra, produce el murmurador
una herida más profunda que si diese una dentellada: quitando la
fama al prójimo, causa un mal irreparable; y no dudo afirmar que
es más criminal que el mismo asesino, y que debe esperar más ri-
guroso castigo.
La lengua del murmurador, dice San Bernardo, es una espada
de tres filos; con un solo golpe atraviesa a tres personas; a la que
murmura, a la que oye la murmuración y a la que es murmurada:
es una víbora venenosa que a un tiempo emponzoña a tres almas.
“La obligación de no murmurar poco ni mucho es tanto mayor,
dice nuestro Venerable Padre, cuanto es más fácil cometer alguna
culpa al contar los defectos o faltas del prójimo:
a) Porque no pocas veces lo que es una falta pequeña se
presenta como falta grave, o a lo menos aumenta mu-
cho al pasar de boca en boca y difundirse.
b) Porque el defecto y aun la falta ligera, que se publica,
puede dar mala opinión de un Hermano, indisponerlo
con los que han de vivir con él, quitarle la estima en
que éstos le tendrían y llegar a ser causa de desavenen-
cias, de desunión, de perturbaciones y de desórdenes
por un año entero.
c) Porque semejante murmuración puede engendrar en el
corazón del que es objeto de ella tal odio, aversión o
resentimiento contra el murmurador, que no basten
muchos años para borrarlo.
d) Porque no se tiene escrúpulo de esta clase de faltas, se
las tiene por bagatelas, no pocas veces dejan de mani-
festarse en confesión, exponiéndose así a cometer sa-
268
Temas principales. II Parte: Jesucristo
crilegios; porque sucede frecuentemente que tal mur-
muración o tal palabra contra la caridad, que se juzgaba
falta ligera, es pecado mortal. Por cualquier lado que se
miren las faltas de caridad, son en gran manera peligro-
sas; por esto deben los Hermanos evitarlas con el ma-
yor empeño”.
Finalmente, la murmuración es un pecado que ofende muchí-
simo a Dios, según estas palabras de la Escritura: El que es mur-
murador es maldecido de Dios (Sir 28,15). Aborrece Dios al que
siembra discordias entre hermanos (Prov 6,19). ¿Quién es el que
siembra la discordia y la desunión, sino el murmurador? Jesucristo
rechaza de su altar al murmurador: Ve, le dice, a reconciliarte con
tu hermano, dale satisfacción antes de presentarme tu ofrenda (Mt
5,24).
La gravedad de la murmuración se mide:
a) Por la dignidad de la persona que murmura y la inten-
ción que tiene, o la pasión que a ello lo mueve;
b) Por el mal que se dice: claro está que es mayor pecado
el publicar una falta grave que si se tratase de una falta
ligera;
c) Por el número de los que vienen en conocimiento de la
falta. ¿Quién no comprende, en efecto, que el murmu-
rar delante de cuatro personas es pecado más grave que
el hacerlo ante una sola?;
d) Por los efectos y consecuencias de la murmuración;
e) Y finalmente, por la calidad de la persona de quien se
murmura. Rodríguez trae a este propósito una observa-
ción espantosa. “Enseñan los teólogos, dice, que la re-
velación de un pecado venial del prójimo no llega de
ordinario a pecado mortal si se habla de seglares, por-
que con este descubrimiento no pierden su buen nom-
269
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
bre; pero que puede llegar fácilmente a pecado mortal
la manifestación de un pecado venial, si se trata de re-
ligiosos o sacerdotes. La razón es porque deshonran
más al religioso o al eclesiástico ciertos pecados venia-
les, que varias faltas graves a los seglares”. Diciendo
del sacerdote, del párroco, del religioso, del Superior,
que es embustero, hombre sin juicio, sin piedad, que es
ligero, etc., se le hace mayor daño en el concepto de los
que oyen, del que resultaría para muchos seglares di-
ciendo de ellos que no ayunan, no oyen misa, etc. El
pecado de murmuración recibe, pues, gran parte de su
malicia, del carácter de la persona de quien se murmura.
Motivo poderoso para no hablar nunca mal de los Su-
periores y de los eclesiásticos.
3. La murmuración es la causa de infinidad de males
Sí, la murmuración es fuente de males. “Citadme uno solo que
de ella no provenga, exclama Crisóstomo: de la maledicencia na-
cen las contiendas, las desconfianzas, las divisiones, los odios, las
enemistades, la ruina de las familias y el trastorno de las ciudades.
Es lo mismo que dice el Espíritu Santo con estas palabras: El
murmurador y el hombre de dos caras es maldito, porque mete
confusión entre muchos que vivían en paz. La mala lengua ha al-
borotado a muchos y los ha dispersado; arruinó ciudades fuertes y
ricas, y destruyó los palacios de los magnates; aniquiló la gloria
de los pueblos y disipó las naciones poderosas (Sir 28,15-19)”.
El murmurador es muy temible en cualquier casa, perturba a
cuantos en ella viven; es chismoso, sembrador de cizañas, “es una
zorra, dice San Bernardo, que todo lo destruye y devasta”.
“¿Qué pensáis de la maledicencia?, preguntaba un religioso al
abad Agatón. Y el Santo respondió: es un viento fuerte y abrasador
270
Temas principales. II Parte: Jesucristo
que todo lo trastorna y consume, hace caer los frutos del árbol de
la caridad e introduce el desorden en todas partes”.
Si hemos de creer a San Bernardo, “el murmurador es un apes-
tado, un leproso que inficiona a los demás y pierde sus almas”. “Es
un azote público, añade San Ambrosio, que lleva la desolación a
todas partes, como el río, que salido de madre, deja asolado el
país”.
“Los religiosos murmuradores, según Saint-Jure, son como las
cloacas de las ciudades, donde se recogen todas las inmundicias,
todas las suciedades. Cuantas imperfecciones, cuantas faltas hay
en la comunidad se reúnen en el interior de los religiosos detracto-
res que a su vez despiden tales miasmas que inficionan toda la casa;
su boca es como un sepulcro abierto lleno de cadáveres, del cual
sale infección mortal”.
¿Sabéis de qué raza es el sujeto que habla mal de los Superiores
y de sus Hermanos? De la raza de Cam, hijo tercero de Noé, que,
en lugar de cubrir la desnudez de su padre, se burlaba de él. Reca-
yó sobre su familia la maldición del Patriarca; los murmuradores
son también maldecidos por Dios.
El religioso murmurador es el mayor enemigo de la unión y
concordia; nada hay tan perjudicial como él en una Comunidad; la
casa religiosa no puede sostenerse, si en ella se tolera esta licencia
desordenada de hablar unos de otros.
La convicción de esta verdad hacía a los santos fundadores
muy severos cuando se trataba de la maledicencia.
“Perecerán, dice San Francisco de Asís, las casas religiosas, si
se permite la entrada en ellas de este malvado vicio: quiero, pues,
prescribe a los Guardianes y Superiores, que pongáis el mayor
empeño en impedir que se difunda entre nosotros esta terrible pes-
te; y así, ordeno que castiguéis severamente al Hermano que haya
hablado mal del otro”. Y ¿qué penitencia se le habrá de imponer?
271
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
“El que haya despojado a su Hermano de la reputación, sea despo-
jado de su hábito religioso, y no se permita hacer oración con los
frailes hasta que haya reparado su falta”.
San Pacomio, cuando oía que alguno hablaba mal de otro, vol-
vía de repente las espaldas, y huía como huimos nosotros del ra-
bioso o del apestado.
San Bernardo no quería que continuase en casa el religioso
murmurador: “es necesario, dice, castigarlo severamente, y despe-
dirlo si no se corrige”.
San Basilio separa de la Comunidad a los detractores, como a
hombres acometidos por enfermedades contagiosas; también casti-
gaba severamente a los que los escuchaban.
San Jerónimo ordena que se huya del murmurador como de la
serpiente. “Si oís, dice en sus Reglas, a alguien murmurar de otro,
huid lejos de él y evitad su compañía como la proximidad de la
culebra”.
“Los religiosos de mala lengua, dice San Alfonso de Ligorio,
deberían ser echados del convento, o encerrados en un calabozo
toda la vida; porque impiden el silencio, la devoción, la concordia,
la unión y la quietud de los demás. Si se los deja libres serán la
ruina de la Comunidad”.
San Agustín había puesto en su comedor una sentencia para
advertir que no se hablase mal de otros. Habiendo caído en esta
falta algunos eclesiásticos que comían con él, procuró el Santo
torcer la conversación: no habiendo logrado con esta reprensión
indirecta el silencio de los culpables, se levantó y les dijo con san-
ta libertad que se iba a retirar si continuaban murmurando.
El detractor se prepara una vida desgraciada; se le teme, nadie
le quiere, está sobre la tierra sin amigos verdaderos, porque no tie-
ne caridad. Por esto San Pedro, que deseaba la dicha y tranquilidad
de todos los fieles, les escribía: El que de veras ama la vida, y
272
Temas principales. II Parte: Jesucristo
quiere vivir días dichosos, refrene su lengua, y sus labios no se
desplieguen a favor de la falsedad (1Pe 3,10), no profiera palabras
ofensivas al prójimo.
No es suficiente el no hablar mal; es también necesario no es-
cuchar la murmuración, porque “permitirse la maledicencia, o el
oírla, dice San Juan Crisóstomo, es lo mismo”. “El que murmura,
añade San Bernardo, tiene al demonio en la lengua, y el que le oye
en las orejas”.
¿Qué debe hacerse cuando se oye murmurar?
1º Separarnos del murmurador y escoger cualquier pretexto ho-
nesto para dejar su compañía;
2º También reprenderle, si se tiene autoridad sobre él; o darle a
entender que obra mal, si es un igual nuestro;
3º Cuando no es posible retirarse, aparentar que se duerme o no
atender a lo que se dice. Es también muy buen medio para hacer
callar al murmurador al recibir sus palabras con profunda tristeza,
“porque si manifestáis contento, dice el Venerable Beda, impulsáis
al detractor para que continúe, mientras que si ve retratada en vos
la tristeza, cesará de relatar con gusto lo que entiende oís con pe-
na”.
No hay por qué advertir aquí que el manifestar al Superior, se-
gún las Reglas, las faltas o defectos de nuestros Hermanos, para
que pueda poner remedio, no es murmuración, sino acto de caridad
que tiene por fin ya el bien particular de los Hermanos, ya el bien
general de la Comunidad, y, por consiguiente, la gloria de Dios»49.
49
M. CHAMPAGNAT, Sentencias, enseñanzas y avisos de San Marcelino
Champagnat (recopilados por un hermano marista), Ed. H.M.I., Buenos Aires
1946, 373-386; M. CHAMPAGNAT, Opinions, Conferences, Sayings and
Instructions, IVE Press, New York 2010, 283-292.
273
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
4. Sentencia de San Juan de la Cruz
En la tercera cautela contra el mundo enseña el místico Doctor
que, de hecho, no son religiosos quienes juzgan mal de sus próji-
mos y murmuran de ellos:
«La tercera cautela es muy necesaria para que te sepas guardar
en el convento de todo daño acerca de los religiosos; la cual, por
no la tener muchos, no solamente perdieron la paz y bien de su
alma, pero vinieron y vienen ordinariamente a dar en grandes ma-
les y pecados. Ésta es, que guardes con toda guarda de poner el
pensamiento, y menos la palabra, en lo que pasa en la comunidad:
qué sea o haya sido, ni de algún religioso en particular, no de su
condición, no de su trato, no de sus cosas, aunque más graves sean;
ni con color de celo ni de remedio, sino a quien de derecho con-
viene decirlo a su tiempo; ni jamás te escandalices ni maravilles de
cosas que veas ni entiendas, procurando tú guardar tu alma en el
olvido de todo aquello.
Porque si quieres mirar en algo, aunque vivas entre ángeles, te
parecerán muchas cosas no bien, por no entender tú la substancia
de ellas. Para lo cual toma ejemplo en la mujer de Lot (Gn 19,26),
que porque se alteró en la perdición de los sodomitas, volviendo la
cabeza a mirar atrás, la castigó el Señor volviéndola en estatua y
piedra de sal. Para que entiendas que, aunque vivas entre demonios,
quiere Dios que de tal manera vivas entre ellos, que ni vuelvas la
cabeza del pensamiento a sus cosas, sino que las dejes totalmente,
procurando tú traer tu alma pura y entera en Dios, sin que un pen-
samiento de eso ni de eso otro te lo estorbe. Y para esto, ten por
averiguado que en los conventos y comunidades nunca ha de faltar
algo en que tropezar, pues nunca faltan demonios que procuren
derribar los santos, y Dios lo permite para ejercitarlos y probarlos.
Y si tú no te guardas (como está dicho) como si no estuvieses en
casa, no sabrás ser religioso, aunque más hagas, ni llegar a la santa
274
Temas principales. II Parte: Jesucristo
desnudez y recogimiento, ni librarte de los daños que hay en esto;
porque no lo haciendo así, aunque más buen fin y celo lleves, en
uno o en otro te cogerá el demonio, y harto cogido estás cuando ya
das lugar a distraer el alma en algo de ello. Y acuérdate de lo que
dice el apóstol Santiago: Si alguno piensa que es religioso no re-
frenando su lengua, la religión de éste vana es (1,26). Lo cual se
entiende no menos de la lengua interior que de la exterior»50.
II. Juicio justo
Ahora bien, no se nos prohíbe todo juicio, en caso contrario
«Vendría un trastorno completo, lo mismo en las iglesias que en
las ciudades y familias» dice San Juan Crisóstomo51, no se podría
cumplir bien ni siquiera con los deberes de estado (sacerdotes, re-
ligiosos/as, laicos, maestros, estudiantes, cocineros, mecánicos,
deportistas, organistas, coros, dirigentes, aviadores, marinos...).
Enseña la Sagrada Escritura:
− ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?
(Lc 12,57).
− No juzguéis según apariencia, sino juzgad según un juicio
justo (Jn 7,24).
− El hombre espiritual lo juzga todo, mientras que él no está
sujeto al juicio de nadie (1Co 2,15).
Normalmente, luego de la aprensión de los conceptos, formu-
lamos un juicio, incluso sólo interior, sobre el que la voluntad de-
cide. Y esto de la mañana a la noche, todos los días de nuestra vida
y todos los años de nuestra vida.
50SAN JUAN DE LA CRUZ, Obras Completas, 182-183.
51Cf. SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre San Mateo, t. I, BAC, Madrid 2007,
468.
275
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Asimismo, es evidente que no tienen prohibido juzgar recta-
mente los que por razón de su oficio deben juzgar, como los jueces,
los sacerdotes en la confesión, el Superior a los súbditos, los pa-
dres a sus hijos...
En fin, no importa que en el pasado hayamos caído muchas ve-
ces en el pecado de «juzgar» indebidamente a los hermanos, contra
la clara enseñanza de Jesucristo. Arrepintámonos de nuestras faltas,
hagamos firme propósito de enmienda y sigamos el camino ha-
ciendo caso a los consejos de Nuestro Señor, haciendo de nuestra
vida un «espacio teologal» en el cual el primado lo tenga la cari-
dad, según la enseñanza unánime de los santos y del magisterio
eclesiástico, en particular de San Juan Pablo II.
3. Memoria y tradición vivas
a. Cuatro textos de la Exhortación Apostólica Vita
Consecrata
1. «Verdaderamente la vida consagrada es memoria viviente
del modo de existir y de actuar de Jesús como Verbo en-
carnado ante el Padre y ante los hermanos. Es tradición vi-
viente de la vida y del mensaje del Salvador»52.
2. «La vida consagrada está al servicio de esta definitiva irra-
diación de la gloria divina, cuando toda carne verá la salva-
ción de Dios (cf. Lc 3,6: Y toda carne verá la salvación de
Dios; Is 40,5: Se revelará la gloria del Señor, y la verán
todos juntos). El Oriente cristiano destaca esta dimensión
cuando considera a los monjes como ángeles de Dios sobre
la tierra, que anuncian la renovación del mundo en Cristo.
En Occidente el monacato es celebración de memoria y vi-
52 VC, n. 22.
276
Temas principales. II Parte: Jesucristo
gilia: memoria de las maravillas obradas por Dios, vigilia
del cumplimiento último de la esperanza. El mensaje del
monacato y de la vida contemplativa repite incesantemente
que la primacía de Dios es plenitud de sentido y de alegría
para la existencia humana, porque el hombre ha sido hecho
para Dios y su corazón estará inquieto hasta que descanse
en Él53»54.
3. «Esto es verdad tanto para la vida consagrada de tipo con-
templativo, como para la dedicada a las obras de apostola-
do. En su conjunto, bajo la acción siempre nueva del Espí-
ritu, está destinada a continuar como testimonio luminoso
de la unidad indisoluble del amor a Dios y al prójimo, co-
mo memoria viviente de la fecundidad, incluso humana y
social, del amor de Dios»55.
4. «En este siglo, como en otras épocas de la historia, hom-
bres y mujeres consagrados han dado testimonio de Cristo,
el Señor, con la entrega de la propia vida. Son miles los que
obligados a vivir en clandestinidad por regímenes totalita-
rios o grupos violentos, obstaculizados en las actividades
misioneras, en la ayuda a los pobres, en la asistencia a los
enfermos y marginados, han vivido y viven su consagra-
ción con largos y heroicos padecimientos, llegando fre-
cuentemente a dar su sangre, en perfecta conformación con
Cristo crucificado. La Iglesia ha reconocido ya oficialmen-
te la santidad de algunos de ellos y los honra como mártires
de Cristo, que nos iluminan con su ejemplo, interceden por
nuestra fidelidad y nos esperan en la gloria.
Es de desear vivamente que permanezca en la conciencia de la
Iglesia la memoria de tantos testigos de la fe, como incentivo para
53 Cf. S. AGUSTÍN, Confesiones, l. I, c. 1: PL 32, 661.
54 VC, n. 27.
55 Ibidem, n. 63.
277
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
su celebración y su imitación. Los Institutos de vida consagrada y
las Sociedades de vida apostólica han de contribuir a esta tarea
recogiendo los nombres y los testimonios de las personas consa-
gradas que puedan ser inscritas en el Martirologio del siglo
XX56»57.
b. Algunos breves comentarios a estos cuatro textos
Son muy interesantes estos cuatro textos que aparecen en la Vi-
ta Consecrata, que aparentemente no han sabido intuir profética-
mente «las cabezas mejor armadas en el ámbito de la teología de la
vida consagrada»58, pues no fueron capaces de llegar a ninguna
conclusión definitiva sobre la cuestión de si la primacía es de la
misión o de la consagración. No supieron adelantarse al Magisterio
y no se ocuparon de las importantes categorías de memoria, tradi-
ción, vigilia, religiosos mártires, etc. No llegaron a ninguna solu-
ción sobre qué es lo primero, si la consagración o la misión 59 ,
cuando la metafísica natural del entendimiento humano enseña, en
los rudimentos elementales, el axioma operari sequitur esse, según
el cual primero es la consagración. Y Juan Pablo II les dijo a ellos
en su Discurso del viernes 26 de noviembre de 1993: «La presen-
cia de Dios se hace transparente cuando el religioso se convierte
en signo y portador de su amor sobrenatural. El ser “ministro” de
la divina caridad constituye la fuente del servicio: la inseparabili-
dad entre misión y consagración no impide que la primacía corres-
ponda a la consagración, como providencial iniciativa de Dios que
56
Cf. Propositio, 53, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada]; SAN
JUAN PABLO II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, n. 37.
57
VC, n. 86.
58 Cf. J. ÁLVAREZ GÓMEZ, CMF, «Servitium Caritatis», colaboración en el libro
de Á. APARICIO RODRÍGUEZ, Comentarios a la exhortación apostólica Vita
Consecrata, 242.
59 A. BANDERA, Religiosos en la Iglesia, BAC, Madrid 1995, 276-278.
278
Temas principales. II Parte: Jesucristo
envía: Yo los elegí a vosotros y os destiné a que vayáis y deis fru-
to...» (Jn 15,16)60. Y en la Vita Consecrata: «En la vida de comu-
nidad, además, debe hacerse tangible de algún modo que la comu-
nión fraterna, antes de ser instrumento para una determinada mi-
sión, es espacio teologal en el que se puede experimentar la pre-
sencia mística del Señor resucitado (cf. Mt 18,20)»61.
El primero y el tercer texto citados hablan de memoria viviente,
lo que se opone a «memoria muerta» o, por lo menos, a «mera
memoria»62. Es, por tanto, una memoria viva y que produce vida.
¿De qué es memoria? «Del modo de existir y de actuar de Jesús»,
en especial, ante el Padre y ante los hermanos. Cada consagrado o
consagrada es esa memoria viviente. El pueblo cristiano percibe en
un religioso o una religiosa al portador de la memoria y tradición
viviente de la forma de vida de Jesús casto, pobre y obediente. Nos
recuerda al memorial eucarístico de la Santa Misa, pero este me-
morial viviente de la Misa es sacramental, porque produce lo que
significa, fin al que no llega la memoria viviente que no es sacra-
mental.
Además, en el primero de los textos, a renglón siguiente, se nos
dice que la vida consagrada: «Es tradición viviente»63, haciendo
mención a que esa memoria nos ha sido transmitida y nos fue dada.
¿De qué es tradición? «De la vida y del mensaje del Salvador», de
lo que «hizo y dijo» (Hch 1,1).
En el segundo texto64 los monjes son presentados como ángeles
de Dios sobre la tierra, que anuncian la renovación del mundo en
Cristo y son celebración de memoria y vigilia: memoria de las ma-
60
SAN JUAN PABLO II, Discurso a los participantes del Congreso Internacional de
la Unión de Superiores Generales, 23-30/11/1993; Insegnamenti XVI/2 (1993),
1361.
61 VC, n. 42.
62 Cf. VC, nn. 22; 63.
63 VC, n. 22.
64 Ibidem, n. 27.
279
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
ravillas obradas por Dios, vigilia del cumplimiento último de la
esperanza.
En el tercero se pone de manifiesto que la vida consagrada, tan-
to contemplativa como apostólica «está destinada a continuar co-
mo testimonio luminoso de la unidad indisoluble del amor a Dios
y al prójimo, como memoria viviente de la fecundidad, incluso
humana y social, del amor de Dios»65.
Por último, en el cuarto texto, la memoria es tarea de la vida
consagrada: «Es de desear vivamente que permanezca en la con-
ciencia de la Iglesia la memoria de tantos testigos de la fe [los
mártires], como incentivo para su celebración y su imitación»66.
Ellos son imitadores de la muerte y de las enseñanzas de Jesús, son
una de las maravillas obradas por Dios, son los renovadores del
mundo, centinelas del cumplimiento último de la esperanza, son de
una fecundidad ubérrima: ¡semilla de cristianos!, su sangre se une
a la de Cristo: «Los ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la
sangre de los mártires y riegan con ella las almas que se acercan
a Dios. La sangre de Cristo y la sangre de los mártires están aquí
consideradas juntas: la sangre de los mártires fluye de los brazos
de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de manera solidaria con la
pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella»67, como
dice la explicación de la visión profética de la tercera parte del
mensaje de Fátima hecha por el Cardenal Ratzinger.
65
VC, n. 63.
66
Ibidem, n. 86.
67 CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Comentario Teológico al
Mensaje de Fátima, del Card. J. Ratzinger hecho público por la Santa Sede el
26/06/2000; L. KONDOR, Memorias de la Hermana Lucía, Secretariado dos
Pastorinhos, Fátima 201011, 221-233.
280
Temas principales. II Parte: Jesucristo
4. Profecía
«La vida consagrada que mira y contempla la escena de la
transfiguración de Cristo viene a ser “signo y profecía para la co-
munidad de los hermanos y para el mundo; encuentran pues en
ellos [en los religiosos] particular resonancia las palabras extasia-
das de Pedro: ‘Bueno es estarnos aquí’ (Mt 17,4)”68. Esta termino-
logía, con toda una constelación de sinónimos procedentes del
campo semántico de la profecía, prevalece a lo largo de toda la
exhortación»69.
Un rasgo particular de Jesucristo fundamenta la vida consagra-
da. Parece indicarlo la terminología de la profecía usada profusa-
mente en el documento: profecía, signo, significar, testigo, testi-
moniar, testimonio, indicar, etc., como señalamos seguidamente.
No olvidemos que todo bautizado, a su manera, es profeta en la
Iglesia.
«La profesión de los consejos evangélicos los presenta [a los
consagrados] como signo y profecía para la comunidad de los
hermanos y para el mundo»70.
«Más que con palabras testimonian estas maravillas con el len-
guaje elocuente de una existencia transfigurada»71.
«La castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto mani-
festación de la entrega a Dios con corazón indiviso...»72.
«La pobreza manifiesta que Dios es la única riqueza»73.
68
VC, n. 15c.
69
Á. APARICIO RODRÍGUEZ, Comentarios a la exhortación apostólica Vita
Consecrata, 46ss. Seguiremos libremente al autor en los párrafos siguientes.
70 VC, n. 15c.
71 Ibidem, n. 20b.
72 Ibidem, n. 21b.
73 Ibidem, n. 21c.
281
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
«La obediencia (...) manifiesta la belleza liberadora de una de-
pendencia filial»74.
La vida consagrada «de este modo se convierte en manifesta-
ción y signo de la Trinidad»75.
«La vida fraterna manifiesta al Padre»76.
Jesús «precisamente en la cruz manifiesta en plenitud la belleza
y el poder del amor de Dios»77.
«Es lo que testimonian continuamente y con valor digno de
profunda admiración un gran número de personas consagradas»78.
«Su fidelidad al único Amor se manifiesta y se fortalece en la
humildad de una vida oculta»79.
Testigos de Cristo en el mundo: «Del misterio pascual surge
además la misión, dimensión que determina toda la vida eclesial.
Ella tiene una realización específica propia en la vida consagrada.
En efecto, más allá incluso de los carismas propios de los Institu-
tos dedicados a la misión ad gentes o empeñados en una actividad
de tipo propiamente apostólica, se puede decir que la misión está
inscrita en el corazón mismo de cada forma de vida consagrada.
En la medida en que el consagrado vive una vida únicamente en-
tregada al Padre (cf. Lc 2,49; Jn 4,34), sostenida por Cristo (cf. Jn
15,16; Ga 1,15-16), animada por el Espíritu (cf. Lc 24,49; Hch 1,8;
2,4), coopera eficazmente a la misión del Señor Jesús (cf. Jn
20,21), contribuyendo de forma particularmente profunda a la re-
novación del mundo.
El primer cometido misionero las personas consagradas lo tie-
nen hacia sí mismas, y lo llevan a cabo abriendo el propio corazón
a la acción del Espíritu de Cristo. Su testimonio ayuda a toda la
74
VC, n. 20d.
75
Ibidem, n. 21e.
76 Ibidem, n. 21f.
77 Ibidem, n. 24a.
78 Ibidem, n. 24b.
79 Ibidem, n. 24b.
282
Temas principales. II Parte: Jesucristo
Iglesia a recordar que en primer lugar está el servicio gratuito a
Dios, hecho posible por la gracia de Cristo, comunicada al creyen-
te mediante el don del Espíritu. De este modo se anuncia al mundo
la paz que desciende del Padre, la entrega que el Hijo testimonia y
la alegría que es fruto del Espíritu Santo.
Las personas consagradas serán misioneras ante todo profundi-
zando continuamente en la conciencia de haber sido llamadas y
escogidas por Dios, al cual deben pues orientar toda su vida y
ofrecer todo lo que son y tienen, liberándose de los impedimentos
que pudieran frenar la total respuesta de amor. De este modo po-
drán llegar a ser un signo verdadero de Cristo en el mundo. Su
estilo de vida debe transparentar también el ideal que profesan,
proponiéndose como signo vivo de Dios y como elocuente, aunque
con frecuencia silenciosa, predicación del Evangelio.
Siempre, pero especialmente en la cultura contemporánea, con
frecuencia tan secularizada y sin embargo sensible al lenguaje de
los signos, la Iglesia debe preocuparse de hacer visible su presen-
cia en la vida cotidiana. Ella tiene derecho a esperar una aporta-
ción significativa al respecto de las personas consagradas, llama-
das a dar en cada situación un testimonio concreto de su pertenen-
cia a Cristo.
Puesto que el hábito es signo de consagración, de pobreza y de
pertenencia a una determinada familia religiosa, junto con los Pa-
dres del Sínodo recomiendo vivamente a los religiosos y a las reli-
giosas que usen el propio hábito, adaptado oportunamente a las
circunstancias de los tiempos y de los lugares80. Allí donde válidas
exigencias apostólicas lo requieran, conforme a las normas del
propio Instituto, podrán emplear también un vestido sencillo y de-
80Cf. Propositio 25, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada]; PC, n.
17.
283
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
coroso, con un símbolo adecuado, de modo que sea reconocible su
consagración.
Los Institutos que desde su origen o por disposición de sus
constituciones no prevén un hábito propio, procuren que el vestido
de sus miembros responda, por dignidad y sencillez, a la naturale-
za de su vocación81»82.
«En este armonioso conjunto de dones, se confía a cada uno de
los estados de vida fundamentales la misión de manifestar (...) una
u otra de las dimensiones del único misterio de Cristo»83.
«La vida consagrada anuncia (...) el tiempo futuro»84 .
«Los consagrados, llamados a contemplar y testimoniar el ros-
tro transfigurado de Cristo...»85.
«Es de esta santidad de la que dan testimonio»86.
«La vida consagrada pone de manifiesto que la participación en
la comunión trinitaria puede transformar las relaciones humanas,
creando un nuevo tipo de solidaridad»87.
«Su testimonio [el de los religiosos ancianos] es de gran ayuda
a la Iglesia»88.
«La misión apostólica, antes que en la acción, consiste en el
testimonio de la propia entrega»89.
«Toda la Iglesia espera mucho del testimonio de comunidades
ricas de gozo»90.
81
Cf. Propositio 25, [VC, Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada].
82
VC, n. 25. Este número reúne la siguiente terminología: testimonio, anunciar,
signo.
83 VC, n. 32a.
84 Ibidem, n. 32b.
85 Ibidem, n. 35b.
86
Ibidem, n. 39b.
87 Ibidem, n. 41b.
88 Ibidem, n. 44a.
89 Ibidem, n. 44b.
90 Ibidem, n. 45b.
284
Temas principales. II Parte: Jesucristo
«Se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente
expertas en comunión, y que vivan la respectiva espiritualidad91
como “testigos y artífices de aquel ‘proyecto de comunión’ que
constituye la cima de la historia del hombre según Dios”92. (...) La
vida comunitaria será así un signo para el mundo»93.
«Las comunidades de vida consagrada son enviadas a anunciar
con el testimonio de la propia vida el valor de la fraternidad cris-
tiana»94.
Los institutos internacionales «tienen el cometido de dar testi-
monio y de mantener siempre vivo el sentido de la comunión entre
los pueblos»95.
«Las mujeres consagradas están llamadas a ser (...) un signo de
la ternura de Dios hacia el género humano»96.
La vida consagrada contemplativa «está destinada a continuar
como testimonio luminoso de la unidad indisoluble del amor a
Dios y al prójimo»97.
«Antes que en las obras exteriores, la misión se lleva a cabo en
el hacer presente a Cristo en el mundo mediante el testimonio per-
sonal»98.
«La vida consagrada tiene la misión profética de recordar y
servir el designio de Dios sobre los hombres (...). Para realizar
adecuadamente este servicio, las personas consagradas han de po-
91
VC, n. 46 [Sínodo de los Obispos sobre la vida consagrada, Propositio 28].
92
CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y LAS SOCIEDADES
DE VIDA APOSTÓLICA, Documento Vida y misión de los religiosos en la Iglesia, I.
Religiosos y promoción humana, II, n. 24.
93 VC, n. 46a.
94
Ibidem, n. 51b.
95 Ibidem, n. 51b.
96 Ibidem, n. 57a.
97 Ibidem, n. 63d.
98 Ibidem, n. 72b.
285
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
seer una profunda experiencia de Dios y tomar conciencia de los
retos del propio tiempo»99.
«La aportación específica que los consagrados ofrecen a la
evangelización está, ante todo, en el testimonio de una vida total-
mente entregada a Dios y a los hermanos»100.
«Ellos pueden también testimoniar los valores evangélicos es-
tando al lado de las personas que no conocen aún a Jesús»101.
«Si la vida religiosa mantiene aún su propia fuerza profética se
convierte en fermento evangélico»102.
«Las comunidades de los institutos religiosos (...) pueden plan-
tear perspectivas culturales concretas y significativas cuando viven
el modo evangélico de vivir la acogida recíproca en la diversi-
dad»103.
«Las personas consagradas (...) están llamadas a manifestar la
unidad entre autoevangelización y testimonio»104.
«Las personas consagradas, cimentadas en ese testimonio de
vida, estarán en condiciones de denunciar (...) las injusticias come-
tidas contra tantos hijos e hijas de Dios»105.
«La entrega hasta el heroísmo pertenece a la índole profética de
la vida consagrada»106.
Los doce números siguientes (VC, nn. 84-95) llevan por título:
Un testimonio profético ante los grandes retos.
99
VC, n. 73a.
100
Ibidem, n. 76a.
101 Ibidem, n. 78c.
102
Ibidem, n. 80a.
103 Ibidem, n. 80b.
104 Ibidem, n. 81.
105 Ibidem, n. 82.
106 Ibidem, n. 83a.
286
Temas principales. II Parte: Jesucristo
«Se necesitan personas que presenten el rostro paterno de Dios
y el rostro materno de la Iglesia, que se jueguen la vida para que
otros tengan vida y esperanza»107.
«Este mundo nuestro, ¿no tiene acaso necesidad de alegres tes-
tigos y profetas del poder benéfico del amor de Dios?»108.
Puede estudiarse, con mucho provecho, el Tratado de los Ca-
rismas de Santo Tomás (llamado comúnmente Tratado de profe-
cía109), asimismo su Comentario a la Iº Epístola a los Corintios, cc.
107
VC, n. 105b.
108
Ibidem, n. 108b.
109 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, qq. 171-178: Es provechosa la
introducción de las Cuestiones 171-178 que desarrolla José Luis Espinel Marcos,
O.P., en la Suma de Teología, vol. IV, BAC, Madrid 1994, 571-575: «Las últimas
cuestiones de la II-II de Suma de Teología están reservadas a aquellas cualidades
que sólo se dan en cierto tipo de personas, los carismas (qq. 171-178), y a
algunas formas de vida y funciones especiales (qq. 179-189). Santo Tomás
organiza así esta parte, completando el orden de la moral, en la que ha venido
tratando de virtudes y vicios comunes a todo tipo de personas y estados.
Las cuestiones 171-178 figuran como el tratado de la profecía por ser ésta su
parte principal y la que da unidad al conjunto [Tratado crucial para entender,
análogamente, el carisma de la inspiración bíblica y el carisma de la vida
consagrada]. En efecto, hablan de la profecía las cuestiones 171-174, siendo
complementarias las cuatro siguientes, como veremos. El esquema del tratado
está organizado así:
La profecía: Esencia de la profecía (q. 171)
Causa de la profecía (q. 172)
El conocer profético (q. 173)
División de la profecía (q. 174).
Otros carismas: El rapto (q. 175)
El don de lenguas (q. 176)
Dones del discurso (q. 177)
Carisma de milagros (q. 178).
La profecía no sólo tiene la mitad de las cuestiones del tratado, sino que excede
con mucho el número de artículos del mismo; en efecto, los artículos referentes a
la profecía son 22, mientras que las otras cuatro cuestiones suman sólo un total de
12 artículos.
La q. 175, sobre el rapto o elevación del espíritu hacia conocimientos
sobrenaturales, con abstracción de los sentidos, se vincula a la profecía porque es
uno de los modos posibles de iluminación profética: “Hemos de tratar
primeramente de la profecía y del rapto” (q. 175), que “es un grado de la misma”
(q. 171, pról.).
287
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
12-14110; en las Cuestiones Disputadas De Veritate le dedica la q.
12111; lo expuesto en la Suma contra Gentiles, III, c. 154112, y en
otras partes.
Pareciera que dos son las principales características del profeta:
1. La exquisita sensibilidad que muestra ante el mal... en to-
das sus formas, como se puede constatar en cada uno de los
profetas de Dios, a causa del olvido de Dios al transgredir
su Santa Ley, de la idolatría a quienes no son Dios, sin de-
jarse paralizar por el miedo ante nada y ante nadie.
Enseñaba el gran Cardenal Stefan Wyszynski: «La falta más
grande del apóstol es el miedo. La falta de fe en el poder del Maes-
tro despierta el miedo, y el miedo oprime el corazón y aprieta la
garganta. El apóstol deja entonces de profesar su fe. ¿Sigue siendo
apóstol? Los discípulos que abandonaron al Maestro aumentaron
el coraje de los verdugos. Quien calla ante los enemigos de una
El don de lenguas (q. 176) está vinculado a la profecía porque el Santo entiende
“hablar en lenguas” como hablar en diferentes idiomas. Así, el don de lenguas de
la Iglesia primitiva era como un vehículo de profecía. Los demás carismas
referentes a la locución consciente de la palabra se vinculan a la profecía, porque
“todo lo referente al conocimiento puede englobarse bajo el nombre de profecía”
(q.171, pról.).
Finalmente, los milagros son signos enérgicos que hacen creíble la elevada
revelación profética, que habla de cosas lejanas, ocultas, o que exceden al
entendimiento. Comprendido así, este carisma es un complemento profético. Las
lenguas, la elocuencia y los milagros contribuyen a transmitir la profecía. Y como
eso se consigue “por medio del don de lenguas y del de la elocuencia, así también
es necesario que la palabra transmitida sea confirmada para que se haga creíble”».
También es muy útil el «Tratado de los estados de vida cristiana» (II-II, qq. 179-
189) con introducción del P. Armando Bandera, O.P., en la Suma de Teología,
vol. IV, BAC, Madrid 1994, 625-639, y los Opúsculos De perfectione spiritualis
vitae (Opúsculos y Cuestiones Selectas, t. IV, BAC, Madrid 2007, 687-803) y
Contra doctrinam retrahentium a religionis ingressu (Opúsculos y Cuestiones
Selectas, t. IV, BAC, Madrid 2007, 857-945).
110
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Comentario a la Iº Carta a los Corintios, cc. 12-14,
Edizioni Studio Domenicano, Bologna 2005, t. II, 594-753.
111 SANTO TOMÁS DE AQUINO, De Veritate, Edizioni Studio Domenicano, Bologna
1992, t. II, 214-369.
112 SANTO TOMÁS DE AQUINO, CG, III, BAC, Madrid 2007, 534ss.
288
Temas principales. II Parte: Jesucristo
causa los envalentona. El miedo del apóstol es el primer aliado de
los enemigos de la causa. “Obligar a callar mediante el miedo”,
eso es lo primero en la estrategia de los impíos. El terror que se
utiliza en toda dictadura está calculado sobre el mismo miedo que
tuvieron los apóstoles. El silencio posee su propia elocuencia apos-
tólica solamente cuando no se retira el rostro ante quien le golpea.
Así calló Cristo. Y en esa actitud suya demostró su propia fortale-
za. Cristo no se dejó atemorizar por los hombres. Saliendo al en-
cuentro de la turba, dijo con valentía: “Soy yo”» (Jn 18,5.6.8)113.
Incluso hay que decir que hoy en día hay una virtud muy olvi-
dada como dice el P. Garrigou-Lagrange, OP., que es el «execrar
el mal». Execrar viene del latín «Exsecrāri» y significa condenar y
maldecir con autoridad sacerdotal o en nombre de cosas sagradas.
|| 2. Vituperar o reprobar severamente. || 3. Aborrecer (|| tener
aversión). En otro lugar el mismo P. Garrigou-Lagrange resalta
que es la virtud más ignorada de la Virgen María, la que aplastó la
cabeza de la serpiente: El Señor Dios dijo a la serpiente: “Por
haber hecho eso, maldita tú (...) pongo hostilidad entre ti y la mu-
jer, | entre tu descendencia y su descendencia; | ésta te aplastará
la cabeza | cuando tú la hieras en el talón” (Gn 3,13.15). Es una
enemistad perdurable creada por Dios.
León XIII con ocasión de ciertos sacrilegios enseñaba: «Nos,
ciertamente, aprobamos íntegramente el fervor de los buenos, glo-
riosamente manifestado de muchas maneras lo cual contribuyó a
suavizar el dolor que sentíamos por ello en lo más íntimo del cora-
zón. En esta oportunidad en que os dirigimos la palabra, ya no po-
demos sujetar la voz de Nuestro supremo cargo, y, con las protes-
tas de los Obispos y fieles, Nos unimos Nuestras más enérgicas
protestas.
113 S. WYSZYNSKI, Zpiski wiezienne, Editions du Dialogue, París 1982, 94 citado
en SAN JUAN PABLO II, ¡Levantaos! ¡Vamos!, Plaza & Janés Editores, Barcelona,
2004, 164: VI Parte: «El Señor es mi fuerza», apartado «Fuertes en la Fe».
289
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Por virtud de este mismo sentimiento que nos mueve a quejar-
nos del atentado sacrílego y de execrarlo, Nos exhortamos viva-
mente a las Naciones cristianas, y en particular a la italiana, a que
guarden incólume la Religión de sus padres que es su herencia más
preciosa, que la defiendan con decisión y no cesen de propagarla
con la honestidad de sus costumbres y su gran piedad»114.
La vida religiosa ha sabido vivir el profetismo: «Páginas im-
portantes de la historia de la solidaridad evangélica y de la entrega
heroica han sido escritas por personas consagradas en estos años
de cambios profundos y de grandes injusticias, de esperanzas y
desilusiones, de importantes conquistas y de amargas derrotas.
Otras páginas no menos significativas han sido y están siendo es-
critas aún hoy por innumerables personas consagradas que viven
plenamente su vida “oculta con Cristo en Dios” (Col 3,3) para la
salvación del mundo, bajo el signo de la gratuidad, de la entrega de
la propia vida a causas poco reconocidas y aún menos vitoreadas.
A través de estas formas, diversas y complementarias, la vida con-
sagrada participa de la extrema pobreza abrazada por el Señor, y
desempeña su papel específico en el misterio salvífico de su en-
carnación y de su muerte redentora»115.
2. La insobornable sinceridad del profeta verdadero que pre-
dica la verdad de Jesucristo contra viento y marea. Nunca
se comportan «como perros mudos» como los llamaba el
profeta Isaías: Los guardianes están ciegos, | no se dan
cuenta de nada: | perros mudos, incapaces de ladrar, | vi-
gías perezosos con ganas de dormir, perros voraces que no
se sacian. | ¡Y ellos son los pastores, | que no comprenden
nada! | Cada cual va por su camino, | cada uno a su ga-
nancia (Is 56,10-11).
114 LEÓN XIII, Encíclica Iucunda semper sobre la devoción al Santísimo Rosario,
n. 17.
115 PC, n. 13.
290
Temas principales. II Parte: Jesucristo
Los verdaderos profetas son sinceros aún a costa de su sangre:
«En la historia de la Iglesia, junto con otros cristianos, no han fal-
tado hombres y mujeres consagrados a Dios que, por un singular
don del Espíritu, han ejercido un auténtico ministerio profético,
hablando a todos en nombre de Dios, incluso a los Pastores de la
Iglesia. La verdadera profecía nace de Dios, de la amistad con Él,
de la escucha atenta de su Palabra en las diversas circunstancias de
la historia. El profeta siente arder en su corazón la pasión por la
santidad de Dios y, tras haber acogido la palabra en el diálogo de
la oración, la proclama con la vida, con los labios y con los hechos,
haciéndose portavoz de Dios contra el mal y contra el pecado. El
testimonio profético exige la búsqueda apasionada y constante de
la voluntad de Dios, la generosa e imprescindible comunión ecle-
sial, el ejercicio del discernimiento espiritual y el amor por la ver-
dad. También se manifiesta en la denuncia de todo aquello que
contradice la voluntad de Dios y en el escudriñar nuevos caminos
de actuación del Evangelio para la construcción del Reino de
Dios»116.
Siempre en la Iglesia habrá profetas de raza.
5. Radicalismo evangélico
Enseña un documento de la Congregación para los Institutos de
Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica: «...la vida
consagrada exige un renovado esfuerzo hacia la santidad que, en la
simplicidad de la vida de cada día, tenga como punto de mira el
radicalismo del sermón de la montaña117, del amor exigente, vivido
en la relación personal con el Señor, en la vida de comunión fra-
terna, en el servicio a cada hombre y a cada mujer. Tal novedad
116 VC, n. 84.
117 Cf. SAN JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo millennio ineunte, n. 31.
291
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
interior, enteramente animada por la fuerza del Espíritu y proyec-
tada hacia el Padre en la búsqueda de su Reino, consentirá a las
personas consagradas caminar desde Cristo y ser testigos de su
amor»118.
«Podrá haber históricamente una ulterior variedad de formas,
pero no cambiará la sustancia de una opción que se manifiesta en
el radicalismo del don de sí mismo por amor al Señor Jesús y, en
Él, a cada miembro de la familia humana. Con esta certeza, que ha
animado a innumerables personas a lo largo de los siglos, el pue-
blo cristiano continúa contando, consciente de que podrá obtener
de la aportación de estas almas generosas un apoyo valiosísimo en
su camino hacia la patria del cielo»119.
«En la medida en que las personas consagradas viven con radi-
calidad los compromisos de la consagración, comunican las rique-
zas de su vocación específica»120.
«En virtud de su identidad, las personas consagradas constitu-
yen la “memoria viviente del modo de existir y de actuar de Jesús
como Verbo encarnado ante el Padre y ante los hermanos”»121.
«La primera y fundamental aportación a la misión educativa en
la escuela por parte de las personas consagradas es la radicalidad
evangélica de su vida. Este modo de plantear la existencia, cimen-
tado en la generosa respuesta a la llamada de Dios, llega a ser invi-
tación a todos los miembros de la comunidad educativa para que
cada uno oriente su existencia como una respuesta a Dios, partien-
do de los diferentes estados de vida»122.
118 Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida
Apostólica, Instrucción Caminar desde Cristo (19/05/2002) n. 20.
119 VC, n. 3.
120
CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Las personas consagradas y
su misión en la escuela (28/10/220) n. 13.
121 VC, n. 22.
122 CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Las personas consagradas y
su misión en la escuela, n. 25.
292
Temas principales. II Parte: Jesucristo
«¿Cómo no recordar con gratitud al Espíritu la multitud de
formas históricas de vida consagrada, suscitadas por Él y todavía
presentes en el ámbito eclesial? Éstas aparecen como una planta
llena de ramas123 que hunde sus raíces en el Evangelio y da frutos
copiosos en cada época de la Iglesia. ¡Qué extraordinaria riqueza!
Yo mismo, al final del Sínodo, he sentido la necesidad de señalar
este elemento constante en la historia de la Iglesia: los numerosos
fundadores y fundadoras, santos y santas, que han optado por Cris-
to en la radicalidad evangélica y en el servicio fraterno, especial-
mente de los pobres y abandonados. Precisamente este servicio
evidencia con claridad cómo la Vida consagrada manifiesta el ca-
rácter unitario del mandamiento del amor, en el vínculo insepara-
ble entre amor a Dios y amor al prójimo»124.
«El estilo de vida evangélico es una fuente importante para
proponer un nuevo modelo cultural. Cuántos fundadores y funda-
doras, al percatarse de ciertas exigencias de su tiempo, han sabido
dar una respuesta que, aun con las limitaciones que ellos mismos
han reconocido, se ha convertido en una propuesta cultural inno-
vadora.
...A su vez, una auténtica inculturación ayudará a las personas
consagradas a vivir el radicalismo evangélico según el carisma del
propio Instituto y la idiosincrasia del pueblo con el cual entran en
contacto. De esta fecunda relación surgirán estilos de vida y méto-
dos pastorales que pueden ser una riqueza para todo el Instituto, si
se demuestran coherentes con el carisma fundacional y con la ac-
ción unificadora del Espíritu Santo»125.
La existencia cristiana conlleva exigencias inagotables que nin-
guna ley puede abarcar y a las que respondemos sólo parcialmente;
exigencias particularmente inhabituales, duras y absolutas.
123 Cf. LG, n. 43.
124 VC, n. 5.
125 Ibidem, n. 80.
293
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Radicalismo126 viene del latín radix– raíz; y radicalis (relativo
a la raíz) significa:
− lo que se diferencia de los comportamientos o costumbres
habituales,
− lo que es extremado,
− lo que es difícil,
− lo que es cortante,
− lo que es abrupto, y
− lo que es exigente.
Así se denominan las palabras de Jesús y de los Apóstoles que
tienen «una expresión tensa, unas formas duras que marcan con
gravedad y severidad, quizá trágicamente, la enseñanza y la llama-
da del Evangelio» (B. Rigaux).
El radicalismo evangélico ha sido siempre el motor principal de
los grandes movimientos fundacionales y renovadores de la vida
religiosa. Puede verse en 5 aspectos127:
1. El radicalismo del seguimiento de Jesús.
2. El radicalismo de la no-pretensión.
3. El radicalismo del amor.
4. El radicalismo en el uso de los bienes.
5. La dificultad de la empresa.
a. Radicalismo del seguimiento de Jesús
Para el que se compromete a seguirle, Jesús debe tener la prio-
ridad absoluta, según las enseñanzas del Evangelio. Él es más im-
portante que todo: familia, oficio, bienes. Se debe abandonar todo
y de modo inmediato.
126
Cf. Á. APARICIO RODRÍGUEZ – J.-M. CANALS CASAS, Diccionario Teológico de
la Vida Consagrada, 1501ss.
127 Seguimos libremente Á. APARICIO RODRÍGUEZ – J.-M. CANALS CASAS,
Diccionario Teológico de la vida consagrada, 1501-1508.
294
Temas principales. II Parte: Jesucristo
− Es más importante que enterrar al padre.
− Tomada la decisión, no hay que mirar atrás.
− Es comprometerse en un camino imprevisible (no tiene
donde reclinar la cabeza [Mt 8,20]).
− Es negarse a sí mismo; tomar su cruz, aceptar perder la vida
física, descentrarse de sí mismo.
− Se imponen rupturas: Jesús debe ser más amado que el pa-
dre, la madre, el hijo o la hija, más que la propia vida.
− Quien no renuncia a todo lo que posee no puede ser su dis-
cípulo.
− Algunos son llamados a renunciar al matrimonio.
− El que sigue a Jesús así es enviado a la misión.
− Misión que debe desarrollarse en el despojo material total,
en el abandono absoluto a Dios y en amor fraterno a los
hombres.
− En ello encontrará oposición violenta por parte de las auto-
ridades religiosas y civiles, aún su familia se volverá contra
él. Será odiado de todos.
− Todas estas exigencias son a causa de mí [Jesucristo] y del
Evangelio (Mc 8,35).
− Por su causa todo lo demás se relativiza, pierde importancia.
Esta entrega de sí a Jesús, la fe en Él, la adhesión a sus
ejemplos, no puede ser sino absoluta e incondicional.
El seguimiento de Cristo no conoce otra ley que el amor y el
amor es sin medida...
b. Radicalismo de la no-pretensión
− ...es el hecho de que cualesquiera que sean las obras
que hace el hombre no puede tener ningún derecho ni
pretensión sobre Dios o sobre una recompensa.
295
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− ...el Reino según las bienaventuranzas, es de los man-
sos, de los impotentes y desarmados como niños.
− ...después de haber hecho todo lo mandado ¡el servidor
no pedirá nada! Continuará trabajando, consumándose;
¡siervo inútil!, que por su trabajo no merece ninguna
recompensa especial.
− Como en la parábola de los obreros de la viña, serán
pagados no por su trabajo sino porque Dios es bueno.
− Se exige del discípulo un despojo absoluto, un descen-
tramiento total de sí mismo.
− Ante Dios y ante lo que Dios quiere darle, el hombre es
un pobre mendigo y sus méritos son irrisorios en rela-
ción a la sobreabundancia del don gratuito.
− La no pretensión es el reconocimiento de este hecho.
De modo que bien pensado nos encontramos con dos
cosas: por una parte, una pobreza radical que ninguna
obra o mérito puede jamás llenar; y por otra, la sobre-
abundancia de la gracia que viene a llenar el vacío.
− Nada puede atraer el favor de Dios, sino precisamente
nuestra pobreza y nuestro vacío, que Dios quiere llenar
por pura misericordia. Es el sentido profundo de las
bienaventuranzas. Los pobres, penitentes, mansos,
hambrientos y sedientos, los misericordiosos, los puros,
los pacíficos, los perseguidos, son llamados bienaven-
turados porque Dios viéndoles en esa situación se apre-
sura a intervenir en su favor para colmarlos de sus ben-
diciones.
Éste es el radicalismo más absoluto: sabe que la salvación vie-
ne sólo de Dios y no de él mismo; es la muerte a sí mismo y a toda
su pretensión.
296
Temas principales. II Parte: Jesucristo
c. El radicalismo del amor
Seguir a Jesús exige que se conceda a Jesús la primacía, la pre-
ferencia en todo. Otra serie de exigencias se refiere al amor del
prójimo.
El sermón de la montaña precisa las características de ese amor:
La «regla de oro»: Por eso, cuanto quisieres que os hagan a voso-
tros los hombres, hacédselo vosotros a ellos (Mt 7,12).
− Hay que amar al que nos irrita.
− Hay que amar al que suscita la cólera y la injuria.
− Hay que amar al que exige e insiste.
− Hay que amar al que pretende forzarme, imponerse y
violentarme, a él tengo que saludar incluso hacerle el
bien, bendecirle.
En este sentido van las recomendaciones de:
− no juzgar.
− no condenar.
− perdonar siempre más allá de toda medida.
El verdadero amor es el que acepta al otro en su alteridad, in-
cluso cuando ese otro es hostil y enemigo.
Como Jesús, su discípulo debe ser «manso y humilde de cora-
zón». El hombre manso es el que soporta la condición, el que está
desprovisto de agresividad, el que huye de las querellas inútiles.
Los que tienen en la comunidad responsabilidades, tienen que
huir de la tentación de considerarse «grandes» y de hacer sentir su
autoridad.
El primero debe hacerse último; el grande, pequeño; el jefe,
servidor.
En el radicalismo del amor se proponen unas exigencias des-
acostumbradas y desmesuradas. Van precisamente contra el
egoísmo espontáneo del hombre.
297
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
El amor del prójimo hace de cada uno de nosotros un deudor
insolvente: No estéis en deuda con nadie, si no es en la del amor
mutuo; porque quien ama al prójimo ha cumplido la Ley (Ro 13,8).
¡Nunca terminaremos de pagar nuestra deuda!
Al igual que los otros radicalismos la perfección del amor es
como un horizonte que se aleja a medida que se avanza. Allí está
el secreto de lo que se vive en los tiempos fundacionales.
d. Radicalismo en el uso de los bienes
Es en este punto donde abundan más los textos evangélicos. Su
diversidad se agrupa, entre tantos, en torno a dos aspectos princi-
pales: por una parte, proclaman que la riqueza es un obstáculo
irremontable para la salvación (se entiende el amor desordenado
por ella que contraría la pobreza de espíritu); por otra, que es pre-
ciso deshacerse de los bienes propios para compartirlos con los
pobres.
I. Si los bienes que se poseen no se califican nunca
como malos en sí mismos, su designación por Lu-
cas como «Mamón de iniquidad» (Lc 16,9.11),
provenientes de la injusticia y del robo (cf. Lc
11,39), muestran claramente la perspectiva nega-
tiva que les afecta. Son, en todo caso:
− una fuente de inquietudes y de preocupaciones: Por eso
os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando
qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con
qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el ali-
mento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros
del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin
298
Temas principales. II Parte: Jesucristo
embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No va-
léis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a
fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de
su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos
cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan.
Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba ves-
tido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy es-
tá en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la vis-
te así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca
fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o
qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paga-
nos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre ce-
lestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre
todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os da-
rá por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el ma-
ñana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada
día le basta su desgracia (Mt 6,25-34);
− un engaño y una seducción: los afanes de la vida, la se-
ducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los
invaden, ahogan la palabra (Mt 4,19);
− se pasa rápidamente a ser esclavo: Nadie puede servir a
dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro;
o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso
del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero (Mt
6,24).
Por eso:
− ahogan la Palabra (Mc 4,19);
− impiden buscar el Reino: Buscad sobre todo el reino de
Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura
(Mt 6,33);
299
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
− impiden responder a la invitación al banquete: Pero to-
dos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo:
«He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispén-
same, por favor». Otro dijo: «He comprado cinco yun-
tas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por fa-
vor». Otro dijo: «Me acabo de casar y, por ello, no
puedo ir» (Lc 14,18-20) y servir a Dios: No podéis ser-
vir a Dios y al dinero (Mt 6,24);
− se convierten en un falso tesoro: No atesoréis para vo-
sotros tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido
los roen y donde los ladrones abren boquetes y los ro-
ban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni
óxido que los roen, ni ladrones que abren boquetes y
roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu cora-
zón (Mt 6,19-21).
− no son una garantía contra la muerte: Y les propuso una
parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron
una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, dicién-
dose: “¿Qué haré? No tengo dónde almacenar la co-
secha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los
graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré
allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí
mismo: Alma mía, tienes bienes almacenados para mu-
chos años; descansa, come, bebe, banquetea alegre-
mente”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a
reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has prepara-
do?”. Así es el que atesora para sí y no es rico ante
Dios» (Lc 12,16-21): el apoyo que el rico piensa en-
contrar en ellos se revela frágil y engañoso.
− Para el plan de salvación, las riquezas constituyen un
obstáculo insalvable: Jesús, mirando alrededor, dijo a
300
Temas principales. II Parte: Jesucristo
sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino
de Dios a los que tienen riquezas!». Los discípulos
quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús
añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de
Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de
una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién
puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo
puede todo» (Mc 10,23-27); porque el rico inconscien-
te se ha servido de todo únicamente para él, por eso ha
sido arrojado al lugar de los tormentos y sus cinco
hermanos son amenazados con la misma desgracia (cf.
Lc 16,19-31).
− Las enseñanzas de Jesús invitan a no preocuparse an-
siosamente por los bienes, ni siquiera de los esenciales
para la vida (cf. Mt 6,25-34);
− es a Dios al único al que se debe servir con confianza
(cf. Mt 6,24-25);
− poniendo el corazón allá donde está el verdadero tesoro
(cf. Mt 6,21).
Frente a estos textos que describen los peligros que representan
los bienes materiales, Lucas es el único que trae ejemplos y pala-
bras que muestran que el buen uso de ellos es posible. Es el caso
de los fariseos «amigos del dinero» (Lc 16,14) que, dando limosna
(cf. Lc 11,41), pueden hacer puros incluso sus mismos bienes,
provenientes de rapiñas y maldades; también presenta el caso del
administrador astuto, captando los favores de sus acreedores (cf.
Lc 16,1-9); de Zaqueo que da la mitad de sus bienes a los pobres y
restituye el cuádruplo de las ganancias injustas (cf. Lc 19,1-10). Es
301
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
preciso solamente saber arreglárselas como lo hace el administra-
dor alabado por el Señor (cf. Lc 16,10-12).
II. El segundo tema: «vender los bienes».
Esta exigencia se afirma con fuerza en el relato ejemplar del
hombre rico (cf. Mc 10,17-22) y es retomada dos veces por Lucas
(cf. 12,33; 14,33).
Se insiste, además, en la generosidad que debe animar este ges-
to:
− hay que dar abundantemente (cf. Lc 6,30)
− sin esperar nada de vuelta (cf. Lc 6,34-35; 14,13), co-
mo lo hacen Zaqueo (cf. Lc 19,1-10) y la pobre viuda
(cf. Lc 21,1-4). Obsérvese que este despojamiento está
siempre en relación con el compartir en favor de los
pobres. Si uno se deshace de sus posesiones:
es para distribuir el precio a los pobres (cf. Mc
10,21)
para darlo en limosnas (cf. Lc 12,33).
El buen uso de las riquezas es la beneficencia, como lo muestra
el gesto de Zaqueo. La persona se despoja por amor a los otros y
para ayudarlos.
Hay que precisar quiénes son los destinatarios de estas instruc-
ciones. El relato del hombre rico describe, sin duda, un caso histó-
rico concreto, pero los evangelistas −incluso Mateo, a pesar del si
quieres ser perfecto− extienden la invitación a todos los lectores
del evangelio. Esto es evidente sobre todo en Lucas, que repite
esta orden dos veces en contextos diferentes, dirigiéndose a los
discípulos (cf. Lc 12,33) y a la multitud (cf. Lc 14,33). No hay
duda de que a los ojos de los evangelistas ésta es una exigencia
que concierne a todo el mundo. Nadie tiene derecho a acumular
302
Temas principales. II Parte: Jesucristo
bienes y guardarlos para sí, mientras que otros están en la indigen-
cia.
Así, el mismo tener, del que se conoce su importancia para la
vida del hombre y para su autoafirmación, está sometido a la ley
del radicalismo. Sin haber llegado a precisiones de tipo casuístico,
se da un grito de alarma: atención a los peligros de los bienes ma-
teriales; su único empleo razonable es el de compartirlos con los
que tienen menos. Desconfiar de las riquezas engañosas, tener el
corazón abierto a las necesidades de los más pobres, hacer todo lo
que se pueda para llegar a la igualdad: ése es el radicalismo del
compartir.
Ciertamente, no se ha dado ninguna consigna de tipo práctico;
cada época, cada situación histórica exige un discernimiento pecu-
liar.
e. Dificultad de la empresa
Cierto número de palabras de Jesús insisten de modo general
sobre la rudeza y el carácter abrupto de sus exigencias; invitan a
considerar lo que está en juego y muestran el riesgo y el coste de la
decisión de seguirle hasta el fin.
Así la declaración: El que no está conmigo está contra mí (Mt
12,30) indica que la neutralidad no es posible frente a Jesús. Es
preciso elegir. Mantenerse a distancia, suspender la toma de la de-
cisión no es neutralidad sino algo diverso. El que no se comprome-
te con Jesús está de hecho contra él. Aunque otro dicho: El que no
está contra nosotros, está con nosotros (Lc 9,50) invita a matizar
el carácter áspero del primero; permanece la llamada urgente a
optar, a comprometerse totalmente.
El resto de los dichos, entre los más estimulantes, pueden ser
agrupados en torno a la consideración de lo que está en juego y al
precio de la elección.
303
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Optar por Jesús es tomar un camino en el cual lo que nos espera
no es la paz, sino la espada (cf. Mt 10,34-36). El discípulo debe
saber que la palabra de Jesús no es un calmante, sino un fuego; que
el seguimiento del maestro provoca desgarramientos, conflictos,
divisiones. Es necesario coraje, es necesario incluso una fuerza
que roza casi la violencia, porque son los violentos quienes se
apoderan del Reino (Mt 11,12). Abrirse al Reino, acogerlo, exige
al hombre un esfuerzo inaudito; sólo los que están decididos a todo,
sin aflojar en la tensión del deseo, pueden arrebatarlo. El Reino
sólo se entrega a ese precio. En efecto, la apuesta es tan enorme –
está en juego la verdadera vida del hombre– que, si llega el caso,
hay que sacrificar los miembros más esenciales del cuerpo: cortar-
se la mano o el pie, sacarse el ojo, antes que ser arrojado a la
gehena (Mc 9,43-47).
Las imágenes de la puerta estrecha y del camino empinado (cf.
Lc 13,23-24) van en el mismo sentido: el acceso al Reino es difícil.
Para pasar a través de una puerta estrecha donde se amontona ya
una multitud, hay que luchar, esforzarse con los codos, con el fin
de poder deslizarse adentro. Sólo los más fuertes consiguen hacer-
lo. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos (Mt 22,14).
La llamada de Dios es generosa y universal, es verdad, pero el
hombre puede responder con la indiferencia o el rechazo. Esta pa-
labra nos llama, por tanto, a estar atentos y nos interpela: al que
quiere estar entre los elegidos se le pide un esfuerzo. La generosa
llamada no es más que un preámbulo. La respuesta debe ser total
pero no se hace por sí sola. Antes de comprometerse es preciso
conocer el precio que hay que pagar; según una pequeña parábola
de Lucas, hay que calcular las reservas y las fuerzas de que se dis-
pone (cf. Lc 14,28-32). Lo que se le pide al discípulo supera las
normales exigencias humanas. Hay que reflexionar, ver si se está
realmente dispuesto a todo, si se tienen los medios necesarios. Las
304
Temas principales. II Parte: Jesucristo
exigencias del seguimiento de Jesús no se pueden tomar a la ligera,
lo piden todo. Si se está preparado para darlo, entonces es posible
comprometerse. Pero hay que estar advertido del precio.
Los textos citados no dan ninguna consigna precisa o práctica
de acción, pero todos subrayan la gravedad de la opción cuando se
trata de seguir a Jesús. Pueden servir muy bien como conclusión a
la revisión de los dichos radicales de Jesús que acabamos de hacer.
La vida a la que Jesús llama no es un camino apacible y confor-
table. Hay en ella algo de tenso, de dramático; lo que se pide al
hombre parece que está más allá de sus fuerzas y efectivamente lo
está. Si no existieran más que estas desnudas exigencias, estaría-
mos condenados al fracaso o a la desesperación, porque superan la
medida humana. Pero esto no sucede porque la exigencia está pre-
cedida por el don y la gracia. Sin embargo, esto no quita nada a la
gravedad del radicalismo. Siendo la apuesta la vida del hombre, su
cumplimiento en plenitud, no tiene nada de sorprendente que nos
situemos en una dimensión en la que está en juego el destino del
hombre y su relación con Dios. Y cuando se trata de esto, la serie-
dad es extrema.
6. Holocausto, globalidad y totalidad
Para entender el significado profundo de lo que es el holocaus-
to debemos detenernos a considerarlo en el Antiguo Testamento,
en el sacrificio de Cristo en la Cruz, en su perpetuación en la Misa
y en su vivencia en la vida religiosa. Para ello veremos:
1. Los preceptos ceremoniales del Antiguo Testamento tienen
causa literal y figurativa.
2. Los preceptos ceremoniales tienen razones convenientes.
3. El sacrificio de Cristo en la cruz es sacrificio por los peca-
dos, hostia o víctima pacífica y holocausto.
305
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
4. Por ser la Misa perpetuación del sacrificio de la cruz, la
Misa es: sacrificio por los pecados, hostia o víctima pacífi-
ca y holocausto.
5. La Misa como sacrificio en el Magisterio de la Iglesia.
6. La vida consagrada es holocausto.
a. Los preceptos ceremoniales del Antiguo Testamento
tienen causa literal y figurativa
Santo Tomás128 inquiere si los preceptos ceremoniales no tie-
nen causa literal, sino sólo figurativa.
Responde diciendo en el Sed Contra que los preceptos ceremo-
niales figuraban a Cristo, como también la historia del Antiguo
Testamento, pues se dice en 1Co 10,11 que todas las cosas les pa-
saban en figura. Pero en la historia del Antiguo Testamento, fuera
de su sentido místico o figurativo, tenían un sentido literal; luego
también los preceptos ceremoniales, fuera de sus causas figurati-
vas, tenían causas literales.
La razón de las cosas que se ordenan a un fin es preciso tomar-
las del mismo fin. El de los preceptos ceremoniales es doble, por-
que primeramente se ordenaban al culto de Dios en aquel tiempo,
y luego, a figurar a Cristo. Igual las palabras de los profetas, que
de tal manera respondían a los tiempos presentes, que también fi-
guraban los futuros, como dice San Jerónimo en Super Osee 1,3129.
Así pues, las razones de los preceptos ceremoniales de la ley vieja
se pueden tomar de dos maneras: una, por la razón del culto divino
que debía observarse en aquel tiempo. Estas razones son literales,
que miran a evitar el culto de los ídolos, a recordar los beneficios
de Dios, a expresar la excelencia divina o a designar las disposi-
128 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S Th., I-II, q. 102, a. 2; Cf. In Rom., c. 4, l. 2.
129 SAN JERÓNIMO, Super Osee, l. 5, super 1, 3: ML 25, 364.
306
Temas principales. II Parte: Jesucristo
ciones de la mente que entonces se requerían en los adoradores de
Dios. De otro modo se pueden asignar las razones de estos precep-
tos como ordenados a figurar a Cristo, y así tienen razones figura-
tivas o místicas, sea que se tomen del mismo Cristo y de su Iglesia,
lo que pertenece al sentido alegórico, sea que digan relación a las
costumbres del pueblo cristiano, y es el sentido moral, sea que mi-
ren al estado de la gloria futura, en que nos introduce Cristo, y es
el sentido anagógico.
Santo Tomás se pone objeciones (las indicamos con el signo +),
y las responde:
+1. De los preceptos ceremoniales, los principales eran la cir-
cuncisión y la inmolación del cordero pascual; y ninguna de estos
dos tenían sino causa figurativa, pues uno y otro fueron dados co-
mo señal. En efecto, se dice en Gn 17,11: Circuncidaréis la carne
de vuestro prepucio, para que sea señal de alianza entre mí y vo-
sotros. Y de la celebración de la Pascua se dice en Ex 13,9: Será
como señal en tu mano y como recuerdo ante tus ojos. Luego mu-
cho menos los otros preceptos ceremoniales tendrán otra causa que
la figurativa.
1. El sentido de la locución metafórica en las Escrituras es li-
teral, porque las palabras se profieren para expresar ese
sentido, y, de la misma suerte, la significación de las cere-
monias de la ley son conmemorativas de los beneficios di-
vinos, por lo cual fueron instituidos, o de otros casos seme-
jantes pertenecientes al estado del pueblo antiguo, y todo
esto no trasciende el orden de las causas literales. Por con-
siguiente, el señalar como causa de la Pascua el ser señal de
la liberación de Egipto y de la circuncisión, pacto que Dios
hizo con Abrahán, todo esto pertenece a las causas literales.
307
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
+2. El efecto ha de ser proporcionado a su causa; pero todos los
preceptos ceremoniales son figurativos, según se dijo en la cues-
tión precedente; luego no tienen más que causa figurativa.
2. Esa razón valdría si los preceptos ceremoniales hubieran
sido dados sólo para figurar a Cristo y no para honrar a
Dios, según convenía en aquel tiempo.
+3. Lo que es indiferente para ser de uno u otro modo no pare-
ce que tiene causa literal; pero hay cosas en estos preceptos en que
no parece que haya motivo para que se hagan de esta o de la otra
manera; v.gr., el número de los animales que se han de ofrecer, y
otras circunstancias particulares como éstas: luego los preceptos de
la ley vieja no tienen razón literal.
3. Como de las leyes humanas se dijo atrás (q. 96, aa. 1.6) que
tienen una razón general, mas no particular, antes en esto
dependen de la voluntad de los legisladores; así muchas de-
terminaciones particulares de las ceremonias de la ley vieja
no tienen causa literal, sino sólo figurativa. Pero en general
tienen su causa literal.
b. Los preceptos ceremoniales tienen razones conve-
nientes
Se pregunta Santo Tomás si es posible asignar razón conve-
niente a las ceremonias relativas a los sacrificios del Antiguo Tes-
tamento130.
Responde que sí, por la enseñanza de Lv 1,13: Y todo lo ofreci-
do lo quemará el sacerdote sobre el altar. Es un holocausto y sua-
ve olor al Señor. Pero, según se dice en Sb 7,28: Dios no ama a
nadie sino al que mora con la sabiduría; de donde se sigue que
130Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S Th., I-II, q. 102, a. 3; Cf. In Is., 1; In Io., I, l.
14; In Psalm., Ps. 39.
308
Temas principales. II Parte: Jesucristo
cuanto es acepto a Dios, va informado por la sabiduría. Luego
aquellas ceremonias de los sacrificios estaban informadas por la
sabiduría y tenían causas razonables.
Según vimos en el artículo precedente, las ceremonias de la ley
antigua tienen dos causas: una literal, según la cual se ordenaban al
culto de Dios, y otra figurativa o mística, en orden a figurar a Cris-
to. Por una y otra parte se pueden asignar las causas convenientes
de las ceremonias que afectan a los sacrificios131. En cuanto orde-
nados al culto divino, la razón de los sacrificios era doble: la pri-
mera mira los sacrificios como expresión de la elevación de la
mente a Dios, elevación que el oferente avivaba132 con el mismo
sacrificio. A esta recta ordenación de la mente a Dios pertenece
que el hombre reconozca que cuanto tiene proviene de Dios como
de su primer principio y lo ordene a Él como a su último fin. Esto
se expresa por las oblaciones y sacrificios que el hombre ofrecía
en honor de Dios de las cosas que posee, en reconocimiento de que
las posee de Él. Esto concuerda con lo que dice David en 1Par
29,14: Tuyas son todas las cosas, y lo que de tu mano hemos reci-
bido te lo hemos dado. De manera que con las oblaciones y sacri-
ficios protestaba el hombre que Dios era el primer principio de la
creación de las cosas y el fin último a quien había de referirlas.
Y porque pertenece a la recta ordenación de la mente a Dios
que la mente humana no reconozca otro primer autor de las cosas
fuera de Dios ni ponga en otro alguno su fin, por eso se prohibía
131
Con la introducción del sentido literal el Aquinate sienta las bases del
realismo histórico del Antiguo Testamento. Con la introducción de los diversos
sentidos figurativos destaca la ordenación de la ley antigua a la ley nueva, cuya
plenitud es Cristo. En esta distinción de sentidos está la clave para entender
racionalmente todo el tratado de la ley antigua con relación a la ley nueva.
132 Avivar (De vivo). tr. Dar viveza, excitar, animar. || 2. Encender, acalorar. || 3.
Hacer que arda más el fuego. || 4. Hacer que dé más claridad la luz artificial. || 5.
Poner los colores más vivos, encendidos, brillantes o subidos. || 7. Cobrar vida,
vigor. U. t. c. prnl.
309
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
en la ley ofrecer sacrificios a otro que a Dios, según lo que se dice
en Ex 22,20: El que inmola a los dioses, fuera de Dios solo, será
castigado con la muerte. De aquí puede señalarse otra causa de los
sacrificios, a saber, que por ellos se retraían los hombres de sacri-
ficar a los ídolos.
Por esto, los preceptos sobre los sacrificios no fueron dados al
pueblo hebreo sino después que mostró su propensión a la idolatría
adorando al becerro fundido, como si estos sacrificios hubieran
sido instituidos para que el pueblo, inclinado a ellos, los ofreciera
a Dios y no a los ídolos. De aquí lo que dice Dios por Jr 7,22: No
hablé a vuestros padres y no les mandé nada tocante a los holo-
caustos y a las víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.
Entre todos los beneficios que hizo Dios al género humano
después de su caída en el pecado, descuella la donación de su pro-
pio Hijo, por lo que se dice en Jn 3,16: Así amó Dios al mundo,
que le dio a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él, no
perezca, sino alcance la vida eterna.
Y así, el principal sacrificio fue el del mismo Cristo, que se
ofreció a sí mismo a Dios en olor suave, como se dice en Ef 5,2.
Todos los sacrificios de la ley antigua se ofrecían para figurar este
singular y principal sacrificio, como lo perfecto por lo imperfecto.
Conforme a esto, dice el Apóstol en Hb 10,11s.: El sacerdote de la
antigua ley ofrecía muchas veces las mismas víctimas ineficaces
para quitar los pecados; Cristo, en cambio, se ofreció por los pe-
cados una vez para siempre. Y por cuanto de lo figurado se toma
la razón de la figura, por eso del verdadero sacrificio de Cristo se
toman las razones figurativas de los sacrificios de la antigua ley.
Santo Tomás se objeta a sí mismo (+) y da la respuesta a cada
objeción.
+1. Las cosas que se ofrecían en sacrificio eran las que el hom-
bre necesita para sustentar su vida, como ciertos animales y panes;
310
Temas principales. II Parte: Jesucristo
pero Dios no necesita de tal sustento, según se dice en Sal 49,13:
¿Acaso como yo la carne de los toros o bebo la sangre de los ma-
chos cabríos? Luego sin razón se ofrecían a Dios tales sacrificios.
1. No quería Dios que estos sacrificios se le ofrecieran por
amor de las cosas ofrecidas, como si de ellas necesitase;
por lo cual se dice en Is 1,11: Harto estoy de holocaustos
de carneros, del sebo de vuestros bueyes cebados; no quie-
ro sangre de toros, ni de ovejas, ni de machos cabríos. Lo
que Dios pretendía con estas ofrendas era, según se dijo an-
tes (sol.), excluir la idolatría, expresar la debida ordenación
de la mente humana a Dios y también figurar el misterio de
la redención humana por Cristo.
+2. En los sacrificios divinos sólo se ofrecían tres especies de
cuadrúpedos, a saber, el buey, la oveja y la cabra; de las aves, la
tórtola y la paloma, y en casos especiales, v.gr., en el sacrificio
para la purificación del leproso, los gorriones. Pero hay otros ani-
males más nobles que éstos. Y como a Dios se debe ofrendar lo
mejor de todo, parece que no sólo de estas cosas se habían de ofre-
cer sacrificios a Dios.
2. Había razones de conveniencia universal por las que se
ofrecían a Dios estos animales.
La primera era desterrar la idolatría, pues los gentiles
ofrecían a sus dioses todos los otros animales o de ellos se
servían para sus maleficios; en cambio, estos animales eran
abominables para los egipcios, con quienes habían tenido
largo trato los hebreos, y no los ofrecían a sus dioses, según
se dice en Ex 8,26: Las abominaciones de los egipcios es lo
que debemos inmolar al Señor, nuestro Dios. Los egipcios,
en cambio, rendían culto a las ovejas, veneraban a los ma-
chos cabríos, bajo cuya figura se les aparecían los demo-
311
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
nios; y los bueyes, aparte de emplearlos en la agricultura,
los contaban entre los seres sagrados.
Otra conveniencia era la ordenación de la mente a Dios
por una doble causa: primero, porque por estos animales
principalmente se sustenta la vida humana; son, además,
limpísimos y usan de alimento limpio, a diferencia de los
animales salvajes, que no pueden ser el alimento ordinario
del hombre, y los mismos domésticos, como el puerco y la
gallina, se alimentan de cosas inmundas, y no era razonable
ofrecer a Dios cosa que no fuese limpia. Las aves que se le
ofrecían abundaban en la tierra prometida.
Segundo, porque con la inmolación de estos animales se
significaba la pureza de la mente; pues, como dice la Glosa
sobre el Levítico133: Ofrecemos el becerro cuando vence-
mos la soberbia de la carne; el cordero, cuando corregi-
mos los movimientos contrarios a la razón; el cabrito,
cuando subyugamos la lascivia; la paloma, cuando nos
conducimos con sencillez; la tórtola, cuando guardamos la
castidad; los panes ácimos, cuando obramos con sinceri-
dad. Y es bien evidente que la paloma simboliza la castidad
y la sencillez.
Tercera razón de conveniencia era que estos animales
ofrecidos eran figura de Cristo, pues en la misma Glosa se
dice134: Cristo es ofrecido en el becerro por la virtud de la
cruz; en el cordero, por la inocencia; en el carnero, por el
principado; en el macho cabrío, por la semejanza de la
carne de pecado; en la tórtola y la paloma se significa la
unión de las dos naturalezas, o la castidad en la tórtola y en
133 Glossa ordin. super Lev. c. 1 prol. (I 214B); SAN ISIDORO, Quaest. in Vet.
Test., in Lev. c. 1: ML 83, 321.
134 Idem.
312
Temas principales. II Parte: Jesucristo
la paloma la caridad; y en la flor de harina, la aspersión de
los creyentes con el agua bautismal.
+3. El hombre recibió de Dios el dominio de los peces, lo mis-
mo que el de los volátiles y de las fieras; luego sin razón los peces
son excluidos de los sacrificios.
3. Los peces que viven en el agua están más alejados del
hombre que los otros animales, que, como el hombre, viven
en el aire. Además, que los peces mueren en cuanto se los
saca del agua, y así no podían ser ofrecidos en el templo
como los otros animales.
+4. Se prescribía ofrecer indiferentemente tórtolas o palomas;
pues, como prescribía ofrecer los pichones, también se debían sa-
crificar los tortolinos.
4. De las tórtolas son preferibles las mayores a las pequeñas;
al contrario que en las palomas; por eso dice rabí Moisés135
que se manda ofrecer las tórtolas y los pichones porque a
Dios se debe ofrecer lo mejor de todo.
+5. Dios es el autor de la vida de los hombres y de los animales,
como se ve por Gn 1,20: La muerte se opone a la vida; luego de-
bieran ofrecerse a Dios no animales muertos, sino vivos, y más
desde que el Apóstol exhorta en Ro 12,1 a ofrecer nuestros cuer-
pos como hostia viva, santa y grata a Dios.
5. Se mataban los animales ofrecidos en sacrificio porque así
es como los consume el hombre, y así fueron dados por
Dios al hombre para su alimento. Por esto también se que-
maban al fuego, porque así suele comerlos el hombre.
Asimismo, por la muerte de los animales se significaba
la destrucción de los pecados y que el hombre era digno de
muerte por sus pecados, como si los animales fueran
135 Doct. perplex. 3, c. 46 (FR 360).
313
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
muertos en lugar de los hombres, significando la expiación
de los pecados.
También se significaba en la muerte de los animales la
muerte de Cristo.
+6. Puesto que no se ofrecían en sacrificio a Dios sino los ani-
males muertos, no había por qué atender a la manera de su muerte;
sin razón, pues, se determina el modo de la inmolación, sobre todo
de las aves, como se ve en Lv 1,15ss.
6. El modo especial de matar los animales inmolados lo de-
termina la ley para excluir otros modos de inmolación usa-
dos por los idólatras. O también, según dice rabí Moisés136:
la ley eligió aquel modo de muerte que menos hace sufrir a
los animales, excluyendo con esto la dureza con los que
ofrecen y el deterioro de los animales muertos.
+7. Todo defecto de los animales es principio de corrupción y
de muerte; pues, si se ofrecían a Dios animales muertos, no había
por qué excluir de la oblación los imperfectos; v. gr., los cojos, o
los ciegos, o los defectuosos por otro capítulo.
7. Los animales defectuosos suelen ser tenidos en poco entre
los hombres, y por eso se prohibía ofrecerlos a Dios. Por
esta misma causa se prohibía (Dt 23,18) presentar como
ofrenda a Dios la merced de una meretriz y el precio de un
perro (de un prostituto). Por la misma causa no se ofrecían
animales antes del séptimo día, porque tales animales eran
mirados como abortivos a causa de su inconsistencia y ter-
nura.
+8. Los que ofrecían las víctimas debían participar de ellas, se-
gún la sentencia del Apóstol en 1Co 10,18: ¿No participan del
altar los que comen de las víctimas? Luego sin razón se sustraen a
136 Doct. perplex. 3, c. 28 (FR 371).
314
Temas principales. II Parte: Jesucristo
los oferentes algunas porciones de las víctimas, v.gr., la sangre, la
grasa, el pecho y la paletilla derecha.
8. Los sacrificios eran de tres géneros: el holocausto o to-
talmente quemado, porque toda la víctima era quemada en
honor de Dios. Tales sacrificios se ofrecían especialmente
en reverencia de la majestad divina y por amor de su bon-
dad. Correspondía al estado de perfección, que consiste en
el cumplimiento de los consejos [propios de la vida religio-
sa]. Se quemaba todo el animal, que, reducido a humo,
subía al cielo para significar que el hombre todo y todas sus
cosas están sujetos al dominio de Dios y todas deben serle
ofrecidas.
Otro es el sacrificio por el pecado, que se ofrecía para
obtener la remisión de los pecados y corresponde al estado
de los penitentes por la satisfacción de sus pecados. En es-
te sacrificio se dividía la víctima en dos partes, de las que
una era quemada, otra se reservaba para el sacerdote a fin
de significar que la expiación de los pecados la realiza
Dios por ministerio de los sacerdotes. Sólo cuando se
ofrecía el sacrificio por los pecados del pueblo todo o del
sacerdote, se quemaba la víctima entera, pues no debía
apropiarse el sacerdote lo que se ofrecía por sus propios
pecados, para que no quedase en él cosa de pecado y por-
que eso no sería satisfacción por el pecado. Si la víctima
se distribuyese a aquellos por cuyos pecados se ofrecía, se-
ría igual que si no se ofreciese.
El tercer género de sacrificio se llamaba hostia pacífica,
la cual se ofrecía a Dios, sea en acción de gracias, sea por
la salud o prosperidad de los oferentes, sea por razón de un
beneficio que se esperaba o que ya se había recibido, y
conviene al estado de los que van aprovechando en el
315
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
cumplimiento de los mandamientos de Dios. En estos sa-
crificios se dividía la víctima en tres partes; una se quema-
ba en honor de Dios; la segunda se atribuía a los sacerdo-
tes, y la tercera era de los oferentes, para significar que la
salud del hombre procede de Dios bajo la dirección de sus
ministros y con la cooperación de los mismos hombres
que obtienen la salud.
Y la regla general era que ni la sangre ni la grasa se
distribuían al sacerdote o a los oferentes, porque la sangre
era derramada al pie del altar, y la grasa era quemada al
fuego. La primera razón de esto era excluir la idolatría,
pues los gentiles bebían la sangre de las víctimas y comían
sus grasas, según lo que se dice en Dt 32,38: Los que co-
mían las grasas de sus víctimas y bebían el vino de sus li-
baciones. La segunda razón era servir de regla de la vida
humana, y así se prohibía comer la sangre para inspirar
horror al derramamiento de la sangre humana; por lo cual
se dice en Gn 9,4ss.: No comeréis carne con sangre, pues
yo demandaré vuestra sangre de mano de cualquier vi-
viente, como la demandaré de mano del hombre extraño o
deudo. La comida de las grasas se prohibía para evitar la
lascivia; por donde se dice en Ez 34,3: Matabais el gana-
do gordo. La tercera razón es la reverencia divina, pues
la sangre es sumamente necesaria para la vida; por lo cual
se dice que el alma está en la sangre (Lv 17,11-14). La
grasa indica la abundancia de aumento. De esta manera,
para mostrar que de Dios procede la vida y todos los bie-
nes, se derrama la sangre y se quema la grasa en honor de
Dios. Una cuarta razón es la de figurar la efusión de la
sangre de Cristo y la abundancia de su caridad, por la cual
se ofreció a Dios por nosotros.
316
Temas principales. II Parte: Jesucristo
De las hostias pacíficas se concedía al sacerdote el pe-
cho y la paletilla derecha, para excluir cierta especie de
adivinación llamada «espatulomancia», porque pretendían
adivinar por el omóplato de los animales y por los huesos
del pecho, todo lo cual se sustraía por eso a los oferentes.
Por aquí se significaba también cuán necesaria era al sa-
cerdote la sabiduría del corazón para instruir al pueblo,
significado en el pecho, que cubre el corazón, y asimismo
la fortaleza para soportar los defectos, significada por el
brazo derecho.
+9. Como se ofrecían a Dios holocaustos, también se ofrecían
víctimas pacíficas y víctimas por el pecado; pero no se ofrecían a
Dios holocaustos de animales hembras, siendo así que se ofrecían
tanto de los cuadrúpedos como de las aves; luego sin razón se
ofrecían hembras en los sacrificios pacíficos y por el pecado, y se
excluían las aves de los sacrificios pacíficos.
9. El holocausto era el más perfecto de los sacrificios, y por
eso no se ofrecía en él sino animal macho: la hembra es
animal imperfecto. La ofrenda de las tórtolas y palomas se
admitía en atención a la pobreza de los oferentes que no
podían ofrecer animales mayores. Y porque las hostias pa-
cíficas se ofrecían libremente, y nadie era obligado a ofre-
cerlas, por esto estas aves no se ofrecían entre las hostias
pacíficas, sino entre los holocaustos y hostias por el pecado,
que a veces era preciso ofrecer. Estas aves, a causa de la al-
tura de su vuelo, simbolizan la perfección de los holocaus-
tos, y también las hostias por el pecado, porque su canto es
un gemido.
+10. Todas las víctimas pacíficas parecen ser del mismo género;
luego no debió hacerse esta diferencia: que las carnes de unos sa-
317
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
crificios pudieran comerse al día siguiente y otras no, como se
manda en Lv 7,15ss.
10. Entre todos los sacrificios, el principal era el holocausto
en el que era consumido todo en honor de Dios y nada
de él se comía. El segundo lugar lo obtenía la hostia por el
pecado, que era comido por solos los sacerdotes en el atrio
y el mismo día del sacrificio. El tercer lugar, la hostia pací-
fica en acción de gracias, que se debía comer el mismo día,
pero en toda Jerusalén. El cuarto lugar lo tenía la hostia pa-
cífica por voto, cuyas carnes podían comerse aun al día si-
guiente. La razón de este orden es porque la máxima
obligación del hombre con Dios radica en la majestad
divina; la segunda dimana de la ofensa cometida; la tercera
se funda en los beneficios recibidos, y la cuarta, en los bie-
nes que se espera recibir.
+11. Todos los pecados convienen en apartar de Dios; luego
por todos los pecados debía ofrecerse el mismo género de sacrifi-
cios para alcanzar la reconciliación con Dios.
11. Se agravan los pecados por la condición del pecador, según
antes dijimos, y por esto una era la víctima preceptuada por
el pecado del sacerdote o de un príncipe; otra la que se
mandaba por una persona privada. Conviene advertir que,
según dice rabí Moisés137, cuanto más grave era el pecado,
tanto más vil era la víctima que por él se ofrecía. Y así se
ofrecía una cabra, que es el más vil de todos los animales,
por el pecado de idolatría, que es el más grave de los pe-
cados; por la ignorancia del sacerdote debía ofrecerse un
becerro, y un macho cabrío por la negligencia de un prín-
cipe.
137 Doct. perplex. 3, c. 46 (FR 363).
318
Temas principales. II Parte: Jesucristo
+12. Todos los animales que se ofrecían en sacrificio, se ofre-
cían de un mismo modo, es decir, muertos; no parece haber razón
para la diversidad de modos de oblación con que los productos de
la tierra se ofrecían. Ahora bien, se ofrecían ya las espigas, ya la
harina, ya el pan cocido en el horno, en la sartén o en la parrilla.
12. Mirando la ley a proveer a la pobreza de los oferentes, dis-
puso que quien no pudiera ofrecer un cuadrúpedo, a lo me-
nos ofreciera un ave; y el que ni esto podía, ofreciese un
pan; y si ni aun esto tenía, un poco de harina o unas espigas.
La causa figurativa era que el pan significaba a Cristo,
el pan vivo, según se lee en Jn 6,41.51, el cual estaba como
en la espiga, en la fe de los patriarcas durante la ley natural;
y era como la flor de harina conservada en la doctrina de la
Ley y de los Profetas; y era el pan amasado después de to-
mada carne humana, como pan cocido al fuego, esto es,
formado por el Espíritu Santo en el horno del seno virginal;
como pan cocido en la sartén por los trabajos que en este
mundo soportó, y por los de la cruz, como quemado en las
parrillas.
+13. Todo cuanto recibimos para satisfacción de nuestras nece-
sidades, hemos de reconocer que nos viene de Dios; luego sin mo-
tivo, fuera de los animales, se ofrecían sólo estos productos: pan,
vino, aceite, incienso y sal.
13. Los productos de la tierra usados por el hombre, o son para
su comida, y de éstos se ofrecía el pan; o para bebida, y de
éstos se ofrecía el vino; o son para condimento, y de ellos
se ofrecía el aceite y la sal; o son para medicina, y de éstos
se ofrecía el incienso, que es aromático y estimulante.
Por el pan era figurada la carne de Cristo; por el vino,
su sangre, por la que fuimos redimidos; el aceite figura la
gracia de Cristo; la sal, la ciencia, y el incienso, la oración.
319
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
+14. Los sacrificios corporales expresan el sacrificio interior
del corazón, por el que el hombre ofrece a Dios su propio espíritu;
pero en este sacrificio interior hay más de dulce, representado por
la miel, que de amargo, que representa la sal, según se dice en Sir
24,27: Mi espíritu es más suave que la miel. Luego sin motivo se
prohíbe en el Levítico añadir al sacrificio la miel y el fermento,
que hace el pan sabroso, y se manda poner sal, que es picante, e
incienso, que tiene sabor amargo. Por esto parece que cuanto se
prescribe sobre las ceremonias de los sacrificios no tiene causa
razonable.
14. No se ofrecía la miel en los sacrificios, porque acostumbra-
ban a ofrecerla en los sacrificios de los ídolos; y también
para excluir todo dulzor carnal y voluptuosidad en quienes
querían ofrecer sacrificios a Dios. El fermento no se ofrecía,
para excluir la corrupción y, tal vez, porque acostumbraban
a ofrecerlo en los sacrificios de los ídolos.
Pero se ofrecía la sal, que impide la corrupción y la po-
dredumbre, pues los sacrificios de Dios deben ser inco-
rruptos; y asimismo porque la sal significa la discreción de
la sabiduría o la mortificación de la carne.
El incienso se ofrecía a Dios para designar la devoción
de la mente, necesaria en los oferentes, y también el olor
de la buena fama, pues el incienso es graso y oloroso. Y
porque el sacrificio de los celos no procedía de devoción,
sino más bien de suspicacia; por esto en él no se ofrecía
incienso (Nm 5,15).
320
Temas principales. II Parte: Jesucristo
c. El sacrificio de Cristo en la cruz es sacrificio por los
pecados, hostia o víctima pacífica y holocausto138
Dice el Apóstol en Ef 5,2: Cristo nos amó y se entregó por no-
sotros como oblación y víctima a Dios en olor de suavidad.
Como escribe Agustín en el libro X De Civ. Dei139, todo sacri-
ficio visible es el sacramento, es decir, el signo del sacrificio invi-
sible. Y es sacrificio invisible aquel por el que el hombre ofrece a
Dios su propio espíritu, conforme a las palabras de Sal 50,19: Es
sacrificio para Dios el espíritu contrito. Por eso, todo lo que es
ofrecido a Dios para que el espíritu del hombre sea llevado hacia
Él, puede llamarse sacrificio.
Así pues, el hombre necesita del sacrificio por tres motivos:
Primero, para la remisión del pecado, que le aparta de Dios. Y
por eso dice el Apóstol en Hb 5,1 que concierne al sacerdote ofre-
cer dones y sacrificios por los pecados (en la ley antigua era el
sacrificio por el pecado).
Segundo, para que el hombre se conserve en estado de gracia,
unido siempre a Dios, en quien consiste su paz y su salvación. De
ahí que, en la ley antigua, se sacrificase una víctima pacífica por la
salvación de los oferentes, como se lee en Lv 3.
Tercero, para que el alma del hombre se una perfectamente a
Dios, lo que acontecerá sobre todo en la gloria. Por eso, en la ley
antigua, se ofrecía el holocausto, a modo de combustión total, co-
mo se dice en Lv 1.
Ahora bien, todos estos beneficios se han verificado en noso-
tros por medio de la humanidad de Cristo. Pues, efectivamente:
primero, fueron borrados nuestros pecados, según las palabras de
Ro 4,25: Fue entregado por nuestros pecados. Segundo, por él
138 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S.Th., III, q. 22, a. 2; Cf. In Hebr., 9, lect. 3 y 5.
139 SAN AGUSTÍN, De Civ. Dei, l. X, c. 5: ML 41, 282.
321
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
recibimos la gracia que nos salva, conforme a Hb 5,9: Fue hecho
causa de salud eterna para todos los que le obedecen. Tercero, por
él hemos logrado la perfección de la gloria, como se lee en Hb
10,19: Tenemos confianza, en virtud de su sangre, de entrar en el
lugar de los santos, es decir, en la gloria celestial. Y por eso el
propio Cristo, en cuanto hombre, no sólo fue sacerdote, sino tam-
bién víctima perfecta, siendo a la vez víctima por el pecado, hostia
pacífica y holocausto.
d. Por ser la Misa perpetuación del sacrificio de la cruz,
la Misa es: sacrificio por los pecados, hostia o vícti-
ma pacífica y holocausto
Dice Royo Marín: «El sacrificio del altar recoge, elevándolas al
infinito, las tres formas de sacrificio que se ofrecían a Dios en el
Antiguo Testamento:
a) el holocausto, porque la mística oblación de la Víctima
divina significa el reconocimiento de nuestra servi-
dumbre ante Dios mucho más perfectamente que la to-
tal combustión del animal que inmolaban los sacerdo-
tes de la Antigua Ley;
b) la hostia pacífica, porque el sacrificio eucarístico es
incruento y carece, por lo mismo, del horror de la san-
gre [en especie propia];
c) del sacrificio por los pecados, porque representa la
muerte expiatoria de Cristo y nos la aplica a nosotros.
Un tesoro, en fin, de valor rigurosamente infinito»140.
140 A. ROYO MARÍN, Teología Moral para seglares, t. II, BAC, Madrid 19945, 171.
322
Temas principales. II Parte: Jesucristo
e. La Misa como sacrificio en el Magisterio de la Igle-
sia
I. El sacrificio Eucarístico según el Concilio de
Trento (Denzinger-Hünermann 1738-1755)
1738: El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento
(...), a fin de que la antigua, absoluta y de todo punto perfecta fe y
doctrina acerca del gran misterio de la Eucaristía, se mantenga en
la santa Iglesia católica y, rechazados los errores y herejías, se
conserve en su pureza; enseñado por la ilustración del Espíritu
Santo, enseña, declara y manda que sea predicado a los pueblos
acerca de aquélla, en cuanto es verdadero y singular sacrificio, lo
que sigue:
La institución del sacrificio de la misa
1739: Como quiera que en el primer Testamento (según testi-
monio del apóstol Pablo), a causa de la impotencia del sacerdocio
levítico no se daba la consumación, fue necesario, por disponerlo
así Dios, Padre de las misericordias, que surgiera otro sacerdote
«según, el orden de Melquisedec» [Sal 110,4; Hb 5,6.10; 7,11.17;
cf. Gn 14,18], nuestro Señor Jesucristo, que pudiera consumar y
llevar a perfección a todos los que habían de ser santificados [Hb
10,14].
1740: Así, pues, el Dios y Señor nuestro, aunque había de ofre-
cerse una sola vez a sí mismo a Dios Padre en el altar de la cruz [cf.
Hb 7,27], con la interposición de la muerte, a fin de realizar para
ellos [allí] la eterna redención; como, sin embargo, no había de
extinguirse su sacerdocio por la muerte [cf. Hb 7,24], en la última
Cena, «la noche que era entregado» [1Co 11,23], para dejar a su
esposa amada, la Iglesia, un sacrificio visible (como exige la natu-
323
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
raleza de los hombres), por el que se representara aquel suyo san-
griento que había una sola vez de consumarse en la cruz, y su me-
moria permaneciera hasta el fin de los siglos, y su eficacia saluda-
ble se aplicara para la remisión de los pecados que diariamente
cometemos, declarándose a sí mismo constituido para siempre sa-
cerdote según el orden de Melquisedec [cf. Sal 110,4; Hb 5, 6;
7,17] ofreció a Dios Padre su cuerpo y su sangre bajo las especies
de pan y de vino y bajo los símbolos de esas mismas cosas, los
entregó, para que los tomaran, a sus apóstoles (a quienes constituía
sacerdotes del Nuevo testamento), y a ellos y a sus sucesores en el
sacerdocio, les mandó con estas palabras: «Haced esto en memoria
mía» [Lc 22,19; 1Co 11,24], etc., que los ofreciera. Así lo entendió
y enseñó siempre la Iglesia [can. 2.].
1741: Porque celebrada la antigua Pascua, que la muchedumbre
de los hijos de Israel inmolaba en memoria de la salida de Egipto
[cf. Ex 12], instituyó una Pascua nueva, que era Él mismo, que
había de ser inmolado por la Iglesia por ministerio de los sacerdo-
tes bajo signos visibles, en memoria de su tránsito de este mundo
al Padre, cuando nos redimió por el derramamiento de su sangre, y
«nos arrancó del poder de las tinieblas y nos trasladó a su reino»
[Col 1,13].
1742: Y ésta es ciertamente aquella oblación pura, que no pue-
de mancharse por indignidad o malicia alguna de los oferentes,
que el Señor predijo por Malaquías había de ofrecerse en todo lu-
gar, pura, a su nombre, que había de ser grande entre las naciones
[cf. Mal 1,11], y a la que no oscuramente alude el apóstol Pablo
escribiendo a los Corintios, cuando dice, que no es posible que
aquéllos que están manchados por la participación de la mesa de
los demonios, entren a la parte de la mesa del Señor [cf. 1Co
10,21], entendiendo en ambos pasos por mesa el altar. Ésta es, en
fin, aquélla la que estaba figurada por las varias semejanzas de los
324
Temas principales. II Parte: Jesucristo
sacrificios, en el tiempo de la naturaleza y de la ley [cf. Gn 4,4;
8,20; 12,8; 22,1-19; Ex passim], pues abraza todos los bienes por
aquellos significados, como la consumación y la perfección de
todos.
El Sacrificio visible como medio de expiación por los vivos y
por los difuntos
1743: Y porque en este divino sacrificio, que en la misa se rea-
liza, se contiene e incruentamente se inmola aquel mismo Cristo
que una sola vez se ofreció Él mismo cruentamente en el altar de
la cruz [cf. Hb 9,14-27]; enseña el santo Concilio que este sacrifi-
cio es verdaderamente propiciatorio [can. 3], y que por él se cum-
ple que, si con corazón verdadero y recta fe, con temor y reveren-
cia, contritos y penitentes nos acercamos a Dios, «conseguimos
misericordia y hallamos gracia en el auxilio oportuno» [Hb 4,16].
Pues aplacado el Señor por la oblación de este sacrificio, conce-
diendo la gracia y el don de la penitencia, perdona los crímenes y
pecados, por grandes que sean. Una sola y la misma es, en efecto,
la víctima, y el que ahora se ofrece por el ministerio de los sacer-
dotes es el mismo que entonces se ofreció a sí mismo en la cruz,
siendo sólo distinta la manera de ofrecerse.
Los frutos de esta oblación suya (de la cruenta, decimos), ubé-
rrimamente se perciben por medio de esta incruenta: tan lejos está
que a aquélla se menoscabe por ésta en manera alguna [can. 4].
Por eso, no sólo se ofrece legítimamente, conforme a la tradición
de los apóstoles, por los pecados, penas, satisfacciones y otras ne-
cesidades de los fieles vivos, sino también por los difuntos en Cris-
to, no purgados todavía plenamente [can. 3].
325
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
Misas en honor de los santos
1744: Y si bien es cierto que la Iglesia a veces acostumbra a ce-
lebrar algunas misas en honor y memoria de los santos; sin embar-
go, no enseña que a ellos se ofrezca el sacrificio, sino a Dios sólo
que los ha coronado [can. 5]. De ahí que «tampoco el sacerdote
suele decir: Te ofrezco a ti el sacrificio, Pedro y Pablo»141, sino
que, dando gracias a Dios por las victorias de ellos, implora su
patrocinio, «para que aquéllos se dignen interceder por nosotros en
el cielo, cuya memoria celebramos en la tierra»142.
Observación preliminar sobre los cánones siguientes
1750: Mas, porque contra esta antigua fe, fundada en el sacro-
santo Evangelio, en las tradiciones de los apóstoles y en la doctrina
de los santos padres, se han diseminado en este tiempo muchos
errores, y muchas cosas por muchos se enseñan y disputan, el sa-
crosanto Concilio, después de muchas y graves deliberaciones ha-
bidas maduramente sobre estas materias, por unánime consenti-
miento de todos los padres, determinó condenar y eliminar de la
santa Iglesia, por medio de los cánones que siguen, cuanto se opo-
ne a esta fe purísima y sagrada doctrina.
1751: Can. 1. Si alguno dijere que en el sacrificio de la misa no
se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, o que el ofrecer-
lo no es otra cosa que Cristo que nos es dado en alimento: sea ana-
tema.
1752: Can. 2. Si alguno dijere que con las palabras: «Haced es-
to en memoria mía» [Lc 22,19; 1Co 11,24], Cristo no instituyó
sacerdotes a sus apóstoles, o que no les ordenó que ellos y los
141
Cf. SAN AGUSTÍN, Contra Faustum Manichaeum, XX, 21 (CSEL 25, 562 / PL
42, 384).
142 Missale Romanum (1962), «Ordo Missae», después del lavatorio de las manos.
Cf. U. RIEGER, Responsio ad duos libros primun et tertium de Missa Iohannis
Eccii (Augsburgo 1529) fol. H. 8v.
326
Temas principales. II Parte: Jesucristo
otros sacerdotes ofrecieran su cuerpo y su sangre: sea anatema [cf.
1740].
1753: Can. 3. Si alguno dijere que el sacrifico de la misa sólo
es de alabanza y de acción de gracias, o mera conmemoración del
sacrificio cumplido en la cruz, pero no propiciatorio; o que sólo
aprovecha al que lo recibe; y que no debe ser ofrecido por los vi-
vos y los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y otras
necesidades: sea anatema [cf. 1743].
1754: Can. 4. Si alguno dijere que por el sacrificio de la misa se
infiere una blasfemia al santísimo sacrificio de Cristo cumplido en
la cruz, o que éste sufre menoscabo por aquél: sea anatema [cf.
1743].
1755: Can. 5. Si alguno dijere ser una impostura que las misas
se celebren en honor de los santos y para obtener su intervención
delante de Dios, como es intención de la Iglesia: sea anatema [cf.
1744].
II. El sacrificio eucarístico según el Papa Pío XII
El Magisterio y disposiciones de Su Santidad el papa Pío XII
valieron por todo un Concilio. Para comprender toda la Doctrina
del Vaticano II en materia litúrgica, y ulteriores pasos se precisa
un estudio atento de la Encíclica Mediator Dei del Venerable Pon-
tífice. Veamos algunas de sus enseñanzas.
«Así lo declararon ya amplísimamente algunos de nuestros an-
tecesores y de los Doctores de la Iglesia. “No sólo –así habla
Inocencio III, de inmortal memoria– ofrecen el sacrificio los sa-
cerdotes, sino también todos los fieles; pues lo que se realiza espe-
cialmente por el ministerio de los sacerdotes, se obra universal-
mente por el voto o deseo de los fieles”143. Y nos place aducir al
143 INOCENCIO III, De sacro altaris mysterio, III, 6.
327
Carlos Miguel Buela - Ars participandi para Religiosos
menos uno de los múltiples dichos de San Roberto Belarmino a
este propósito: “El sacrificio –dice–, se ofrece principalmente en la
persona de Cristo. Así pues, esa oblación que sigue inmediatamen-
te a la consagración es como una testificación de que toda la Igle-
sia concuerda con la oblación hecha por Cristo, y de que ofrece el
sacrificio juntamente con Él”144»145.
1) El sacrificio está significado por los mismos ritos
«Los ritos y las oraciones del sacrificio eucarístico no menos
claramente significan y muestran que la oblación de la víctima la
hace el sacerdote juntamente con el pueblo. Pues no solamente el
ministro sagrado, después de haber ofrecido el pan y el vino, dice
explícitamente, vuelto hacia el pueblo: “Orad, hermanos, para que
este sacrificio mío y vuestro sea aceptable ante Dios Padre todo-
poderoso”146; sino que, además, las súplicas con que se ofrece a
Dios la hostia divina las más de las veces se pronuncian en número
plural, y en ellas, más de una vez, se indica que el pueblo participa
también en este augusto sacrificio, en cuanto que él también lo
ofrece. Así, por ejemplo, se dice: “Por los cuales te ofrecemos o
ellos mismos te ofrecen (...). Te Rogamos, pues, Señor, recibas
propicio esta ofrenda de tus siervos y también de todo tu pueblo
(...). Nosotros, tus siervos, y tu pueblo santo, (...) ofrecemos a tu
excelsa Majestad, de tus propios dones y dádivas, la Hostia pura,
la Hostia santa, la Hostia inmaculada”147»148.
«Ni es de admirar que los fieles sean elevados a tal dignidad,
pues por el bautismo los cristianos, a título común, quedan hechos
miembros del Cuerpo místico de Cristo sacerdote, y por el “carác-
ter” que se imprime en sus almas son consagrados al culto divino,
144
SAN ROBERTO BELARMINO, De misa, I, c. 27.
145
PÍO XII, Encíclica Mediator Dei sobre la Sagrada Liturgia, n. 106.
146 Misal Romano, 448.
147 Ibidem, 527-536.
148 PÍO XII, Encíclica Mediator Dei, n. 107.
328
Temas principales. II Parte: Jesucristo
participando así, según su condición, del sacerdocio del mismo
Cristo»149.
2) Oblación del pan y del vino hecha por los fieles
«En la Iglesia católica, la razón humana, iluminada por la fe, se
ha afanado siempre por alcanzar el mayor conocimiento posible de
las cosas divinas. Es, pues, muy puesto en razón que el pueblo
cristiano pregunte piadosamente en qué sentido en el canon del
sacrificio eucarístico se dice que él mismo también lo ofrece. Para
satisfacer tal deseo expondremos este punto breve y compendio-
samente.
Hay, en primer lugar, razones más bien remotas: a saber, la de
que frecuentemente sucede que los fieles que asisten a los sagrados
ritos alternan sus preces con las del sacerdote; la de que algunas
veces también acaece –cosa que antiguamente se hacía con más
frecuencia– que ofrecen a los ministros del altar el pan y el vino,
que se han de convertir en el Cuerpo y la Sangre de Cristo; la de
que, en fin, con sus limosnas hacen que el sacerdote ofrezca por
ellos la divina víctima.
Empero hay también una razón más íntima para que se pueda
decir que todos los cristianos, y más principalmente los que están
presentes en el altar, ofrecen el sacrificio»150.
3) Sacrificio ofrecido por los fieles
«Para que en cuestión tan gra