0% encontró este documento útil (0 votos)
70 vistas18 páginas

Emily Martin Español

El documento describe las metáforas comunes utilizadas en la literatura popular y científica sobre la inmunología, que representan al cuerpo como una red de comunicaciones y como un estado policial o militar que defiende contra invasores. Se analizan imágenes de guerra, policía y extranjeros.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
70 vistas18 páginas

Emily Martin Español

El documento describe las metáforas comunes utilizadas en la literatura popular y científica sobre la inmunología, que representan al cuerpo como una red de comunicaciones y como un estado policial o militar que defiende contra invasores. Se analizan imágenes de guerra, policía y extranjeros.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

HACIA UNA ANTROPOLOGÍA DE LA INMUNOLOGÍA

El Cuerpo como Estado Nación1

Emily Martin2

En la nueva ciencia de la inmunología, las diferencias sociales --- entre hombres


y mujeres, gerentes y obreros, o ciudadanos y extranjeros --- se hallan escritas
metafóricamente en las características de distintos sistemas celulares
inmunológicos. Como dijo Haraway, “el sistema inmunológico es un ícono
detallado de los principales sistemas de diferencia simbólica y material del
capitalismo tardío” (1989:4). En este artículo, exploro algunas imágenes
centrales que dominan las discusiones recientes populares y científicas sobre el
sistema inmunológico, presentando explícitamente el tipo de “mundo social”
presente en el imaginario del sistema inmunológico. También sugeriré qué tipos
de función ideológica son implicados por esta forma de representarse el mundo e
indicaré en una forma preliminar qué tipos de uso le está dando la gente a este
imaginario. Finalmente, me referiré comparativamente a otras formas en las que
puede conceptualizarse el sistema inmunológico. Las comparaciones a través de
culturas y de la historia pueden ayudarnos a que nos percatemos de la
especificidad histórica de nuestras propias imágenes que tenemos sobre el
cuerpo y sugerir la posibilidad de otras imágenes.

Imágenes centrales en la literatura popular y científica sobre la


inmunología

Para el análisis de las imágenes populares me baso en mi examen de principales


artículos divulgativos sobre el sistema inmunológico publicados en los últimos
cinco años.[1] Entre estos, hay material de revistas divulgativas tales como Time
y Newsweek, así como publicaciones populares más especializadas como
National Geographic y Discover. También me baso en todas las publicaciones
sobre el tema en forma de libro que he podido localizar por medio de las técnicas
usuales de búsqueda bibliográfica; en total son cerca de diez obras. A pesar que
no hay citas de todas las fuentes, las imágenes que discuto son comunes a todas
ellas.

Las metáforas principales usadas en las explicaciones populares sobre


inmunología describen al cuerpo como una “red de comunicaciones reguladoras”
(Schindler 1988:1).[2] Como ha sido ya aclarado por el trabajo de Haraway, el
cuerpo se percibe como una “red de sistema de comunicaciones estructuradas,
1 Este artículo ha sido traducido del inglés al español por Manuel Ortega. La lista de referencias
bibliográficas del original no se ha incluido. Las notas al pie de página (indicadas con
superíndices en el texto principal) son del traductor, en tanto que las que aparecen al final
(indicadas con paréntesis cuadrados) son de la autora.
2 Antropóloga catedrática de la New York University. El presente artículo salió publicado en
Medical Anthropology Quarterly 4(4):410-426 en diciembre de 1990.
ordenada por un fluido y del tipo con inteligencia descentralizada de comando y
control” (1989:14). Mientras que los límites en el cuerpo humano son
indefinidos y el control se halla descentralizado, el límite entre el cuerpo (lo
propio) y el mundo externo (lo no-propio) es rígido y absoluto:

Medular para el sistema inmunológico es la capacidad de distinguir entre lo


propio y lo no-propio. Básicamente cada célula del cuerpo porta moléculas
particulares que lo identifican como parte de lo propio. [Schindler 1988:1]

Además de la concepción de un límite bien demarcado entre lo propio y lo no


propio, hay una concepción de todo aquello que consituye lo no-propio como algo
extraño3 y hostil.

El sistema inmunológico evolucionó porque vivimos en un mar de microbios.


Como un hombre, estos organismos se hallan programados para perpetuarse. El
cuerpo humano brinda un hábitat ideal para muchos de ellos y ellos tratan de
invadir el cuerpo; dado que la presencia de dichos organismos es a menudo
dañina, el sistema inmunológico del cuerpo intentará impedir su entrada o, si
falla en esto, buscarlos y destruirlos ... Cuando los defensores inmunológicos se
topan con células u organismos que portan moléculas que dicen “extraño”
(“extranjero”), las tropas inmunológicas se movilizan rápidamente para eliminar
a los intrusos. [Schindler 1988:1]

Como una medida de la extensión de esta amenaza, el cuerpo se representa en


las divulgaciones actuales como el escenario de una guerra total entre invasores
despiadados y defensores bien determinados.[3]

Si ... pudiésemos ser del tamaño de las células y las bacterias, y visitar las
localidades de estos eventos aparentemente no dramáticos, los
experimentaríamos como lo que realmente son --- luchas de vida o muerte entre
atacantes y defensores, peleadas con una crueldad hallada solamente en una
guerra total. [Nilsson 1987:20]

Dentro del cuerpo, un billón de células altamente especializadas, reguladas por


docenas de notables proteínas y pulidas por centenares de millones de años de
evolución, lanzan una batalla sin fin en contra de los organismos extraños. Es
una guerra biológica de punta, orquestada con tal habilidad y precisión que una
enfermedad en un ser humano promedio es un evento relativamente poco
común. [Jaroff 1988:56]

Asediado por un vasto conjunto de enemigos invisibles, el cuerpo humano


recluta un cuerpo notablemente complejo de guardaespaldas internos para
batallar en contra de los invasores. [Jaret 1986:702]

El lugar de una herida se “transforma en un campo de batalla en el cual las

3 “foreign” en el original en inglés; esta palabra significa “extraño,” en el sentido médico (“a
foreign body” = “un cuerpo extraño”), pero también significa “extranjero,” “exterior” y “ajeno”;
algo similar pasa con la palabra “alien.”
fuerzas armadas del cuerpo, lanzándose repetidamente contra los
microorganismos invasores, los aplastan y aniquilan” (Nilsson 1987:20). El
conjunto de fuerzas que el cuerpo controla es extenso.

La organización del sistema inmunológico humano nos recuerda la defensa


militar, tanto con respecto a la tecnología como a la estrategia. Nuestro ejército
interno tiene a su disposición regimientos ágiles y altamente móviles, tropas de
choque, francotiradores y tanques. Tenemos células soldado que, en contacto
con el enemigo, comienzan a producir inmediatamente misiles buscadores cuya
precisión es impresionante. Nuestro sistema de defensa también hace gala de
municiones que perforan y hacen estallar a las bacterias, brigadas de
reconocimiento, un servicio de inteligencia y una unidad de personal de defensa
que determina la localización y la fuerza de las tropas que deben ser
movilizadas. [Nilsson 1987:24]

Pequeñas células blancas llamadas granulocitos se “mantienen


permanentemente listas para un blitzkrieg (o bombardeo) en contra de los
microorganismos” y consituyen la “infantería” del sistema inmunológico (Nilsson
1987:24). “Multitudes caen en la batalla, y junto con sus enemigos derrotados,
forman el pus que se acumula en las heridas” (Nilsson 1987:24). Otro tipo de
células blancas de mayor tamaño, los macrófagos, forman la “unidad armada”
del sistema de defensa. “Estos se abren paso entre los tejidos ... devorando todo
aquello que no esté desempeñando un papel útil” (Nilsson 1987:25).

Otra parte del sistema inmunológico, el sistema del complemento, puede


“perforar organismos hostiles para que sus vidas se esfumen” (Nilsson 1987:24).
Éste funciona en la forma de “minas magnéticas [las cuales] son succionadas
hacia la bacteria y la perforan, haciendo que explote” (Nilsson 1987:72). Cuando
el sistema del complemento “se arma en el orden correcto, detona como una
bomba, explotando a través de la membrana celular del invasor” (Jaret
1986:720).

Un tipo de célula blanca, el linfocito T cuyo nombre científico técnico es “killer


cell” en inglés (el término español es “linfocito agresor”), forma las “unidades
especiales de combate del sistema inmunológico en la guerra contra el cáncer”
(Nilsson 1987:96). Los linfocitos agresores “golpean,” “atacan” y “agreden”
(Nilsson 1987:100). “Los linfocitos agresores son implacables. Al acoplarse con
células infectadas, disparan proteínas letales en su membrana, formando huecos
en el lugar donde las moléculas de proteína han hecho impacto, y la célula
agoniza habiendo desparramado sus tripas” (Jaroff 1988:59). La gran variedad
de distintas “armas” es un producto de adaptación evolutiva a las cambiantes
necesidades de defensa: “Así como los arsenales modernos se hallan en un
constante cambio a medida que las armas de un potencial enemigo se hacen más
sofisticadas, nuestro sistema inmunológico se ha adpatado repetidas veces para
contrarrestar las tácticas de supervivencia inventadas por el mundo de los
microbios para protegerse” (Dwyer 1988:28).

A pesar que la metáfora de tácticas de guerra en contra de enemigos externos


domina estos relatos, existe otra metáfora que juega un papel casi tan
importante: el del cuerpo como un estado policía.[4] Cada célula en el cuerpo se
halla dotada con una

“prueba de identidad” --- un conjunto especial de moléculas de proteína en el


exterior ... éstas constituyen los documentos de identificación de la célula,
protegiéndola de la fuerza policial del propio cuerpo, el sistema inmunológico. ...
El cuerpo policial del cuerpo humano está programado para distinguir entre
residentes genuinos y extranjeros ilegales --- una capacidad que es fundamental
para el funcionamiento de defensa propia del cuerpo. [Nilsson 1987:21]

Aquello que identifica a un residente se compara con el hablar bien un idioma


nacional: “Una célula del sistema inmunológico se topa con una bacteria y dice,
“Ojo, este tipo no habla nuestro idioma, es un intruso.” Esa es la defensa” (Levy,
citado en Jaret 1986:733).

Los linfocitos T son capaces de “recordar por décadas” la identidad de los


antígenos extraños:

las descripciones de los intrusos se hallan guardadas en los vastos registros


criminales del sistema inmunológico. Cuando una sustancia registrada en la
lista aparece de nuevo, las células de memoria aseguran la rápida manufactura
de anticuerpos para combatirla. La invasión se derrota antes de que nos cause
enfermedad. Somos inmunes. [Nilsson 1987:28]

¿Qué le sucede a estos extranjeros ilegales cuando son detectados? Ellos son
“ejecutados” en una “célula4 de la muerte” (la cavidad digestiva dentro de una
célula que se está alimentando) (Nilsson 1987:25, 31, 76, 81). “Cuando las
paredes se han cerrado alrededor del enemigo, la ejecución --- fagocitosis ---
ocurre. El prisionero es rociado con peróxido de hidrógeno u otra toxina mortal.
Las enzimas digestivas son enviadas a la cámara de muerte para disolver la
bacteria” (Nilsson 1987:81).

Un estado policía por supuesto necesita un aparato administrativo entrenado y


personal de campo. El cuerpo brinda esto por medio de “institutos técnicos,”
“locales de entrenamiento” localizados en los ganglios infáticos, el timo y otras
partes (Jaret 1986:716; Nilsson 1987:26). “[Los linfocitos] son como páginas en
blanco: no saben nada, deben aprender desde cero” (Nilsson 1987:26).

Estas metáforas funcionan bien para aquellos casos en donde uno puede ver
“misiles,” “minas,” “guerra química” o “municiones de francotirador.” En
cambio, no funcionan muy bien cuando las fuerzas de defensa parecen
claramente operar consumiendo a sus víctimas. Estamos acostumbrados a hacer
estallar personas en los campos de batalla, o bien envenenarlas, pero no estamos
acostumbrados a comernoslas. Note como en estos ejemplos las metáforas
alternan entre guerra e ingestión. “Una vez que [la célula blanca] ha alcanzado
4 La palabra inglesa “cell” significa “célula” pero también significa “celda”; por lo tanto, “death
cell” significa “célula de la muerte” pero también “celda de la muerte.”
su objetivo (por ejemplo, una bacteria), ésta usa fagocitosis, un proceso que,
simple y llanamente, consiste en que el defensor se come al atacante” (Nilsson
1987:25). Los anticuerpos en las células enemigas no se consideran en este
contexto como documentos de identificación buscados por la policía secreta, sino
como “entradas” o “aperitivos” (Nilsson 1987:71, 78).

Las células que fagocitan penetran a través de las paredes de los vasos
sanguíneos y se mueven hacia el enemigo con movimientos similares al de una
ameba. Los anticuerpos estimulan sus apetitos y, en contacto con las bacterias,
inmediatamente comienzan a tragárselas. La batalla está en su esplendor.
[Nilsson 1987:29]

En otro ejemplo, “Sustancias químicas potentes dentro del macrófago


descompondrán y destruirán los componentes de las células invasoras. El
macrófago literalmente se come al enemigo, digiriendo y metabolizando sus
materiales” (Jaret 1986:718-719). Finalmente, al ser estimulados por linfocitos T
para atacar a los virus, los macrófagos son incitados a una “hartada feroz.” “No
necesariamente comen más rápido,” hace notar el Dr. Richard Johnston, Jr. de la
Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania, “pero son mejores
matando” (citado en Jaroff 1988:59).

En la metáfora de la guerra, los granulocitos son la infantería perdida en grandes


números; los macrófagos, los tanques armados. Cuando la ingestión entra en el
relato, terminamos con canibalismo: “Durante una infección, cuando millones y
millones de granulocitos caen en la lucha contra los invasores, parte de la tarea
de los macrófagos es ingerir a los micrófagos muertos --- un fenómeno que puede
ser descrito como un tipo de canibalismo a pequeña escala” (Nilsson 1987:25).

¿Cuál es la relación entre el tipo de explicaciones divulgativas que he citado


hasta ahora y el lenguaje de las publicaciones científicas técnicas? A pesar que
esta es una pregunta que será investigada más de lleno en una investigación que
se encuentra en progreso, en un nivel general está claro que las versiones
divulgativas a menudo simplemente toman las metáforas presentes en la
literatura científica y las extienden un poco más.[5] Para este análisis tomo
como referencia un año de trabajo de campo en un departamento universitario
de inmunología, en donde de manera regular asistí a lecciones, seminarios
departamentales y un journal club (una sesión en la cual se discuten artículos).
También asistí a todas las sesiones de planeamiento de un grupo de
investigación en el departamento. En conjunción con la investigación de este
grupo, aprendí un procedimiento experimental estándar (conocido como
Western blot) y ayudé en la ejecución de una serie de experimentos. He
consultado todos los textos presentemente requeridos o recomendados en las
clases del posgrado de inmunología en este departamento, así como en clases del
pre y posgrado de inmunología en otra división de la universidad (i.e., Hood et al.
1984; Kimball 1986; Paul 1989; Roitt, Brostoff y Male 1985; Sell 1987; y Stites,
Stobo y Wells 1987).

Una imagen principal presente prácticamente en toda la literatura científica


sobre el sistema inmunológico es la distinción entre lo propio y lo no-propio,
distinción que se mantiene por una defensa basada en matar a lo no-propio. El
comentario editorial de un número reciente de Science, “Recognizing Self from
Nonself” (es decir, “Diferenciando lo Propio de lo No-propio”), comienza así: “De
todos los misterios de la ciencia moderna, el mecanismo de reconocimiento de lo
propio versus lo no-propio en el sistema inmunológico se halla en los primeros
lugares sino es que en el primer lugar. El sistema inmunológico se halla
diseñado para reconocer invasores extraños” (Koshland 1990:1273). Un manual
clínico actual comienza así: “La función del sistema inmunológico es el de
distinguir lo propio de lo no-propio, y eliminar a éste” (Kesarwala y Fischer
1988:1). Y un libro de texto concluye su primer capítulo con una sección titulada
“Lo Propio versus lo No-propio”: “Cualquiera sea la escala de tiempo, el
desarrollo de inmunocompetencia representa un punto crucial en la vida del
animal. En este momento el organismo aprende a discriminar entre “lo propio” y
“lo no-propio”” (Kimball 1986:14).

También hay presentes imágenes de un estado policía con un entrenamiento de


personal para proteger sus fronteras: la defensa está a cargo de “fagocitos
profesionales” (Stites, Stobo y Wells 1987:170).

Las células y moléculas de esta red de defensa realizan una vigilancia constante
para detectar organismos infecciosos. Estas células reconocen una variedad casi
ilimitada de células y sustancias extrañas, distinguiéndolas de aquéllas que son
propias del cuerpo. Cuando un patógeno entra en el cuerpo, éstas células lo
detectan y se movilizan para eliminarlo. Ellas “recuerdan” cada infección, de tal
forma que una segunda exposición al mismo organismo se tratará con mayor
eficiencia. Además, estas células realizan todo esto con un presupuesto de
defensa bastante reducido, exigiendo solamente una porción moderada del
genoma y de los recursos del cuerpo. [Tonegawa 1985:72]

Tal lenguaje es común no solamente en libros de texto[6] sino también en


explicaciones en seminarios y clases. Una vez, en una discusión de journal club
sobre un artículo sobre las funciones de los linfocitos T, pude contar docenas de
usos de las palabras “matar” y sus variantes.

El cuerpo y la nación

Estas imágenes de entidades en nuestros cuerpos se relacionan de una manera


compleja con las formas sociales dominantes en nuestro tiempo. Considere, por
ejemplo, las descripciones de Benedict Anderson y Ernest Gellner del estado
nación moderno. Ambos escritores enfatizan el importante papel que juega la
comunicación en la identidad de un estado nación.

[El] mensaje central es que el lenguaje y el estilo de transmisión son


importantes, que solamente quien puede entenderlos, o quien es capaz adquirir
su comprensión, está incluido dentro de una comunidad moral y económica, y
que aquél que no puede, está excluido. [Gellner 1983:127]
Recuerde el énfasis puesto en el sistema inmunológico como una red de
comunicación mutua y la descripción de una célula extraña invasora como un
“individuo que no habla nuestro idioma.” Algunas veces, como en el siguiente
ejemplo, las células extrañas invasoras son comparadas explícitamente con
personas de distinto origen nacional:[7]

Cuando uno es el siempre vigilante protector del ambiente sacrosanto de un


cuerpo, cualquier cosa extraña que se atreva a invadir tal ambiente debe ser
rápidamente detectada y eliminada. Sin embargo, encontrar a ciertos invasores
y reconocerlos como extraños puede ser muy difícil... . Puede ser tan difícil para
nuestro sistema inmunológico detectar su extrañeza como lo sería para un
caucásico encontrar a un intruso chino particular en una multitudinaria
ceremonia en la plaza principal de Peking. [Dwyer 1988:29]

Considere otra vez la falta de estructuras mediadoras en el moderno estado


nación entre el individuo y el Estado.

[Los estados nación] se hallan pobremente dotados con subgrupos internos


rígidos; sus poblaciones son anónimas, fluidas y móviles, y no se encuentran
mediadas; el individuo pertenece a ellas directamente, en virtud de su estilo
cultural, y no dependiendo de la membresía a subgrupos internos.
Homogeneidad, alfabetismo y anonimidad son las características clave. [Gellner
1983:138]

En la imagen popular del sistema inmunológico, vemos a las células individuales


lanzadas en el cuerpo para proteger su interior homogéneo en contra de un
ataque. Estas células son individuos que deambulan de manera fluida en la
sangre y el sistema linfático dentro del cuerpo: “El sistema inmunológico
consiste en una red interconexa de órganos y tejidos entre los cuales se mueve
un tráfico pesado e incesante de células. Este tráfico celular es portado por el
flujo de sangre y el del sistema linfático” (Kimball 1986:131).

Existen estructuras que producen y “educan” a estas células, primariamente la


glándula del timo y la médula ósea. Como mencioné, estas “instituciones
educativas” son cruciales para mantener el lenguaje común que mantiene unida
a la población de células y le permite distinguir lo propio de lo no-propio.[8]
Pero estas estructuras no quedan con el control de la respuesta inmunológica
después de haber producido y educado a las células. Como Jaret lo describe, “el
sistema inmunológico humano no se halla controlado por ningún órgano central
como el cerebro. Más bien, se ha desarrollado para funcionar como un tipo de
democracia biológica, en la cual los miembros individuales logran sus objetivos a
través de una red de información de asombroso alcance” (1986:709).

Finalmente, parece ser una de las características definitorias del estado nación
el que su dominio sea limitado: “la nación se imagina como limitada porque
incluso la más grande de ellas, la cual posea talvez unos mil millones de seres
humanos vivientes, tiene límites finitos, incluso si son elásticos, más allá de los
cuales se encuentran otras naciones. Ninguna nación se considera a sí misma
como coincidente con la humanidad” (Anderson 1983:16). En el mantenimiento
de límites, por supuesto, yacen muchos de los conflictos entre estados nación; y
en la protección de sus fronteras contra la invasión de otros organismos
igualmente poderosos están las belicosas actividades del sistema inmunológico.

Aunque Anderson enfatiza el aspecto potencialmente igualitario de las naciones,


en las cuales las jerarquías internas desaparecen en deferencia por la definición
de fronteras nacionales, Dumont enfatiza la forma en que las ideologías
nacionalistas portan un tipo de jerarquía oculta (Dumont 1986). Para Dumont, el
nacionalismo involucra el surgimiento de un individualismo y un igualitarismo
que “son una transformación particular de la jerarquía ... en donde la jerarquía y
su valoración de diferencia se reprimen” (Kapferer 1989:164). Por tanto,
“Dumont ve al nacionalismo, al llevar arraigado una ideología individualista e
igualitaria, como algo que es potencialmente importante para la generación de
un totalitarismo occidental, de fascismo y de racismo” (Kapferer 1989:164). El
mundo del sistema inmunológico también contiene un tipo de jerarquía oculta en
su sistema de componentes orientados a las fronteras y que son mutuamente
interactivos en lo interno. Compare dos categorías de células del sistema
inmunológico: los fagocitos (de los cuales los macrófagos son un tipo), que
rodean y digieren a los organismos extraños; y los linfocitos T, los cuales
destruyen a los organimos extraños perforándolos o transferiéndoles toxinas.
Los fagocitos son una forma más elemental de célula, evolucionariamente
hablando, y se les encuentra en organismo tan primitivos como los gusanos
(Roitt, Brostoff y Male 1985:2.1); los linfocitos T son menos básicos,
evolucionariamente hablando, y poseen funciones más sofisticadas, tales como
memoria (Jaroff 1988:60; Roitt, Brostoff y Male 1985:2.5). Son solamente estas
células refinadas las que “asisten a las universidades técnicas del sistema
inmunológico” (Nilsson 1987:26).

Claramente hay aquí una división jerárquica de labor, división que tiene cierta
superposición con categorías de género. Superficialmente, existen asociaciones
femeninas obvias con el abrazo y los rodeos de los fagocitos y asociaciones
masculinas obvias con la penetración o la inyección de los linfocitos T.[9]
Además, muchos académicos han señalado la frecuente asociación simbólica de
lo femenino con funciones más elementales, y especialmente con una ausencia, o
menor grado, de funciones mentales.

Además, los fagocitos son las células que son las “amas de casa” (Jaret 1986) del
cuerpo, limpiando la mugre y los escombros, entre ellos los “cadáveres” tanto de
las células propias como las extrañas. (Un inmunólogo las llamó “las
esclavitas.”[10])

Los primeros defensores en llegar serían los fagocitos --- los carroñeros del
sistema. Los fagocitos recorren constantemente el territorio de nuestro cuerpo,
alertando de cualquier cosa rara. Lo que hallan, lo rodean y lo consumen. Los
fagocitos no son delicados a la hora de escoger su comida. Se comerán
cualquier cosa sospechosa que encuentren en el flujo sanguíneo, el tejido o el
sistema linfático. [Jaret 1986:715][11]

Más allá de esto, cuando un fagocito se mueve para rodear a un microorganismo,


sus extensiones se llaman “seudópodos” o falsos pies. Estos “pies” rodean a la
partícula y la alojan adentro (Jaret 1986:717; Jaroff 1988:57-58; Leijh, Furth y
Zwet 1986:46.2). Apenas para que no queden dudas sobre la imagen que puede
surgir al pensar en dos pies abriéndose ampliamente para rodear algo extraño,
este proceso de formar una bolsa es explícitamente llamado “invaginación”
(Vander, Sherman y Luciano 1980:527). Todavía más cargado con connotaciones
psicosexuales es el hecho que la bolsa “vaginal” entre los pies del fagocito
también es una “cámara de muerte,” la cual ejecutará a su presa y se la comerá.
[12]

Los primitivos y feminizados fagocitos matan abrazando al “enemigo” y


comiéndoselo. A menudo mueren en el proceso, pero sus muertes se ven como
rutinarias y poco significativas. Un tipo de fagocito, el macrófago, a menudo
muere porque abraza algo demasiado grande y puntiagudo, que lo perfora (más
material fértil para análisis psicosexual). Nilsson comenta una ilustración de una
fibra de asbesto perforando un macrófago: “No hay nada que hacer: el asbesto
no se rompe y el macrófago ha sido derrotado” (1987:129).

Los linfocitos T masculinizados, sin embargo, matan penetrando o inyectado.


Ellos también mueren a veces, pero sus muertes acontecen en un campo de
batalla en donde ellos disparan proyectiles y sustancias venenosas. Imágenes
heroicas se asocian de inmediato con ellos, como en una ilustración en la cual
David (el linfocito T) enfrenta a Goliat (la célula tumorosa). “Un linfocito agresor
--- aquí de manera extraordinaria --- agarra una hebra de protoplasma de la gran
célula tumorosa y comienza a penetrar al enemigo. Goliat entrenta a David: el
gigante rara vez sobrevive el encuentro con el pequeño agresor (Nilsson
1987:100).

¿Qué hacen estas imágenes?

La inmunología es una ciencia recientemente institucionalizada. Aunque


entidades tales como macrófagos, linfocitos, anticuerpos y antígenos habían sido
identificados con anterioridad, no fue sino hasta mediados del decenio de los
años sesenta que el concepto de un sistema inmunológico como tal fue concebido
(Moulin 1989). Solamente entonces se comenzaron a considerar los macrófagos,
linfocitos y otras células como miembros de un sistema corporal mutuamente
interactivo y autorregulador. No fue por lo general hasta la década de los años
setenta que comenzaron a surgir departamentos de inmunología en las
universidades estadounidenses y de otros países. Las representaciones
divulgativas del sistema inmunológico aparecieron solamente después de esta
época y no aumentaron en cantidad por lo general hasta la década de los años
ochenta. Por lo tanto, dado que el moderno estado nación ha estado en
existencia durante más de un siglo, no es especialmente sorpresivo que tales
imágenes hayan sido incorporadas en una ciencia naciente. También parecería
que no hay ninguna función ideológica para tales imágenes, ya que la formas que
reflejan se encuentran ya tan afianzadas como para ser incuestionables.[13]

A modo de especulación, sugiero que un tipo de función ideológica de tales


imágenes podría ser el hacer parecer la destrucción violenta como algo ordinario
y parte de la necesidad de la vida diaria. Talvez cuando los textos alternan entre
guerra e ingestión, estén de hecho logrando una domesticación de la violencia.
En otro tipo de lenguaje científico, el usado por los intelectuales de defensa
nuclear, Carol Cohn (1987) sugiere que las palabras e imágenes tomadas de la
casa y la granja sirven para suavizar la relidad de las fuerzas masivamente
destructivas. Por ejemplo, ir a ver un misil nuclear se llama “darle palmaditas a
la bomba,” y los misiles en sí se guardan en “silos.” En inmunología, el cambio
de imágenes de la guerra a las de comer podría de forma análoga distraer
nuestra atención de ver que los eventos celulares se construyen como una guerra
total. La destrucción y la muerte podrían parecer producir una actividad
amigable y sociable de comer. Cualquier desviación alcanzada solo podría ser
temporal: el cuadro global expresado por estos textos es enfáticamente uno de
“guerra en el cuerpo.” Algunas explicaciones van tan lejos como para
advertirnos repetidamente de no pensar que los eventos que ocurren en el
cuerpo son inocentes: “eventos superficialmente no dramáticos” son en realidad
una guerra total (Nilsson 1987:20); “las células tumorosas en un portaobjetos”
no son “una escena de paz” (Nilsson 1987:102). Lo que podría parecer inocente
es en realidad mortal: los linfocitos agresores le dan a las células cancerígenas
un “beso venenoso,” un “beso de la muerte,” (Nilsson 1987:105) que las
despacha; la célula que fagocita rodea a la bacteria con un “abrazo de muerte”
(Jaret 1986:718; Nilsson 1987:25).

Otro tipo de función ideológica puede darse cuando se plantea en el cuerpo


humano una estructura que tiene relaciones jerárquicas entre sus partes,
estructura que se relaciona con jerarquías existentes en la sociedad. En el
diminuto mundo de estas células, vemos linfocitos agresores penetradores
estereotípicamente “masculinos” y células de limpieza devoradoras
estereotípicamente “femeninas,” héroes masculinos y hembras en “servicio
simbiótico,” para usar la frase de Jean Elshtain (1987:198). La actividad
“masculina” se valora por ser heroica y por dar la vida, en tanto que la actividad
“femenina” se devalúa como ordinaria y común.

Jean Elshtain (1987), Judith Stiehm (1982) y Virginia Woolf (1929) han
argumentado en formas distintas que en la cultura occidental la guerra depende
de las mujeres, en cuyo nombre los héroes varones pueden morir. El
mantenimiento del militarismo depende del género en el sentido que no puede
existir la muerte de un “héroe” sin las “pequeñas sirvientas” que se quedan
limpiando el hogar. No hay un paralelo completo en el mundo celular, ya que los
feminizados macrófagos están en el campo de batalla matando (comiéndose) a
los invasores conjuntamente con los masculinizados linfocitos T. Sin embargo,
existe un paralelo claro de diferenciación de estatus entre ellos en las muchas
formas que he discutido.
Pero no está claro si el género es el único barniz de esta división de labor. Los
fagocitos son en realidad las células que se comen a otras células que
pertenencen a la categoría de “lo propio,” y por lo tanto participan en una forma
de “canibalismo.” William Arens ha hecho un estudio del uso ideológico de la
característica de canibalismo y halla que a menudo, sino es que siempre, aparece
asociada con poseer una naturaleza animal más baja (1979). En inmunología, los
fagocitos son percibidos como feminizados en algunas formas, pero como
llanamente “incivilizados” en otras. Estas “caníbales” son entes que comen
indiscriminadamente, barbáricas y salvajes en su disposición de comer cualquier
cosa. Las implicaciones de esta representación, con sus inconfundibles
sobretonos de raza y clase, se explorarán más adelante.

¿Qué hace la gente con las imágenes?

En mi investigación, he empezado a prestarle atención a la forma en que los


científicos y otras personas reaccionan ante el conjunto de imágenes del sistema
inmunológico cuando se les indica explícitamente, como una forma de ver el
papel de estas construcciones en la definición de una identidad personal y la
creación de significado cultural. Los científicos con los que he trabajado han
mostrado una variedad de reacciones, pero ninguno ha sugerido que sería
posible (o incluso deseable) sustituir estas imágenes de guerra y pureza interna
por otras. El director del grupo de investigación sobre inmunología en el cual he
estado realizando observación participativa estuvo atento cuando le describí mi
impresión del grado con el cual las imágenes de la guerra dominan las
discusiones de departamento, la conversación del laboratorio y la literatura
técnica. Se mostró lo suficiente intrigado como para reportarme después, al
final de un curso semestral que él dio sobre el sistema inmunológico, que había
tratado de llevar un registro de su propio uso de tales imágenes. Dijo que en la
primera mitad del curso, que trata inmunoquímica y genética, no había usado
lenguaje de guerra o matanza. Pero sí usó este tipo de lenguaje en la segunda
mitad del curso, cuando lidió con las “aplicaciones.” Él consideró este lenguaje
simplemente como una forma conveniente de expresión, utilizada como una
ayuda para entender las complejidades que los estudiantes ya habían entendido.
“Es difícil no referirse al linfocito “agresor,” por ejemplo, o dejar de decir que el
linfocito T “mata” al germen, aunque la clase entiende que el linfocito T
solamente actúa cuando está presente una combinación compleja de otros
factores,” me dijo. Él se referió a la primera parte del curso como la parte
“conceptual,” y la segunda, como la parte “aplicada.”

Cuando le pregunté si las dos partes eran independientes, respondió


enfáticamente que sí. También pensó que la primera mitad del curso no se vería
afectada en nada si hubiera otra serie de imágenes distintas para la segunda
mitad. Si dijéramos que las células “controlan,” digamos, en lugar de “matan,”
en nada se afectaría la química y la genética, alegó.

Otro científico, quien se halla comprometido a escribir libros de texto de biología


para que estos reflejen menos los prejuicios patriarcales y jerárquicos de nuestra
sociedad, no estaba contento con las imágenes de guerra. Sin embargo, me
comentó que no sabía de qué otra forma describir al sistema inmunológico. La
metáfora de la guerra le parecía en este caso la única apropiada.

Para la gente que está sufriendo de enfermedades del sistema inmunológico, el


lenguaje de guerra puede también parecerles inobjetable. Mi propio
“buddy,”[14] con quien he tenido innumerables conversaciones sobre los
aspectos físicos y emocionales del SIDA, nunca expresó reservas o crítica sobre
el uso de este lenguaje por parte del personal médico. Sin embargo, él mismo
nunca usaba ninguna imagen militar o de estado nación para describir lo que le
estaba pasando o lo que los tratamientos médicos le iban a hacer en principio.
En lugar de eso, él usó solamente imágenes de una casa limpia. El tratamiento
que consisitía en la ablación de su sistema inmunológico por medio de radiación,
el cual él tenía esperanzas de recibir, “lo limpiaría del viurs VIH”; las células del
sistema inmunológico de su hermano, inyectadas por un transplante de médula
ósea, “instalarían un sistema de amas de llaves” en su cuerpo.

Otros pacientes con VIH se aferran completamente a las imágenes de la guerra y


las usan creativamente para organizar su experiencia de amenaza mortal.

Hemos crecido en nuestros cuerpos, ellos son nuestras tierras nativas, y a pesar
que conocemos de memoria sus defectos, tenemos un afecto natural hacia ellos,
con pelos y todo. Mi país me ha decepcionado ocasionalmente, pero como un
luchador de la Resistencia, no me detendré hasta no haber arrojado el extraño
yugo viral. El punto más importante es adoptar una actitud de guerrilla e
invertir nuestros papeles. Declarar que los impostores han asumido el control
de mi cuerpo, que el virus ha usurpado la autoridad ilegalmente, y que yo debo
disponerme a recuperar mi moral y todo el terreno biológico perdido hasta
ahora. Estoy en mi casa, éste es mi cuerpo, y es al SIDA al que le toca irse.
[Dreuilhe 1988:8-9]

Los activistas del SIDA también han creado poderosas imágenes de colusión
entre el daño causado por el virus en cuerpos individuales y el daño que ellos
perciben como intencional por parte de las autoridades políticas. Por ejemplo,
en una audiencia pública organizada por la Comisión sobre SIDA del Gobernador
de Maryland el 10 de julio de 1990, un vocero de Act Up hizo la siguiente
declaración: “Schaefer [el Gobernador] es Hitler, el SIDA es el holocausto,
Maryland es Auschwitz. Esto es genocidio consciente, y solamente puede
interpretarse como la voluntad del Gobernador para eliminar esta población.”

Otras imágenes para el cuerpo

Sin importar qué tan creativos sean los intentos de la gente para forjar usos
significativos de estas imágenes belicosas de estado nación, están trabajando con
lo que me parece a mí que es un abanico muy reducido de opciones. Un papel
importante para la antropología es usar su técnica de investigación comparativa
para hacer clara la especificidad histórica de las opciones culturales que se le
ocurren a la gente, y por lo tanto su contingencia. Otras épocas y otros lugares
podrían ofrecernos otros recursos.

En algunas épocas y en otras culturas, la imagen de organismos biológicos


partícipes en una lucha a muerte no ha pegado. Daniel Todes mostró como a
fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX los biólogos rusos rechazaron la
metáfora principal de Darwin, la lucha por la existencia, especialmente porque
aparecía en conexión con ideas malthussianas de sobrepoblación. Al desarrollar
una teoría distinta de mutua ayuda, los naturalistas rusos argumentaron cuatro
principios:

el aspecto central de la lucha por la existencia es la lucha del organismo con


condiciones abióticas; los organismos combinan fuerzas para emprender esta
lucha de manera más eficiente, y tal ayuda mutua es favorecida por la selecición
natural; ya que la cooperación, no la competencia, domina las relaciones
intraespecíficas, la caracterización malthussiana que usa Darwin para describir
dichas relaciones es falsa; y la cooperación va tanto en detrimento de la
competencia intraespecífica que la última no puede ser la causa principal de la
divergencia de características y el origen de nuevas especies. [Todes 1987:545]

Al rechazar las suposiciones de Darwin, los rusos identificaron la idea de lucha


individualizada competitiva como un producto de la cultura y sociedad inglesas.
El uso de Darwin de esta suposición fue “lo mismo que si Adam Smith se hubiera
propuesto redactar un curso de zoología” (Chenyshevskii, citado en Todes
1987:541); un experto ruso en pesquería y dinámica de población escribió que
“el tipo nacional inglés acepta [la lucha] con todas sus consecuencias, la exige
como su derecho, y no tolera límites sobre ella” (citado en Todes 1989:41).

Esta respuesta a la teoría de Darwin, común a intelecutales rusos de variados


puntos de vista filosóficos y políticos, se derivó, como Todes argumenta
persuasivamente, de varios factores:

La economía política rusa carecía de una burguesía dinámica, pro-laissez faire y


estaba dominada por terratenientes y campesinos. Las tendencias políticas
principales, el monarquismo y el populismo con orientación socialista,
compartían un ethos cooperativo social y un rechazo al competitivo
individualismo normalmente asociado con Malthus y Gran Bretaña. Además,
Rusia era un país en expansión, poco poblado y con un clima rápidamente
cambiante y a menudo severo. Es difícil imaginar un ambiente más disonante
con la noción de Malthus que dice que los organismos están en una situación
constante de conflicto mutuo por presiones de población debidas a limitaciones
de espacio y recursos. [Todes 1989:168]

Un segundo ejemplo de una forma alternativa de imágenes viene del mundo de


Ludwik Fleck. Fleck fue un biólogo polaco quien durante las décadas de los años
30 y 40 desarrolló importantes mediciones de diagnóstico y profilácticas para la
fiebre del tifo. También publicó una monografía y muchos artículos sobre la
metodología de la observación científica y los principios del conocimiento
científico. Aunque su trabajo no fue ampliamente divulgado en el momento de su
publicación, anticipó muchos de los argumentos de Thomas Kuhn (1962) que
fueron publicados y aclamados en el decenio de los años 60.[15]

En la década de los años 30, Fleck ya había notado las limitaciones de la


metáfora de la guerra en la inmunología y había concebido otra posibilidad.
Describió la idea prevaleciente del

organismo como una unidad cerrada y de los hostiles agentes causativos


enfrentándolo. El agente causativo produce un efecto malo (el ataque). El
organismo responde con una reacción (la defensa). Esto resulta en un conflicto,
el cual se toma como la esencia de la enfermedad. Toda la inmunología se halla
empapada con tales imágenes primitivas de guerra. [1979(1935):59]

De su experiencia como biólogo practicante, él explotó, “no hay una sola prueba
experimental que pueda obligar a un observador imparcial a adoptar tal idea”
(Fleck 1979[1935]:60). En lugar del organismo como una unidad autocontenida
independiente con límites fijos, él propuso una “unidad armoniosa de vida,” la
cual podría ser una célula, una simbiosis entre el alga y el hongo en un liquen, o
una unidad ecológica como en el caso de un bosque.[16]

A la luz de este concepto, el hombre aparece como un complejo para cuyo


bienestar armonioso muchas bacterias, por ejemplo, son absolutamente
esenciales. La flora intestinal es necesaria para el metabolismo, y muchos tipos
de bacterias que viven en las membranas mucosas son requeridas para el
funcionamiento normal de estas membranas. [Fleck 1979(1935):61]

El cambio en tal forma armoniosa de vida podría ser espontáneo (mutación),


cíclico (envejecimiento) o simplemente un cambio de las partes recíprocamente
actuantes de la unidad. En la última categoría caen la mayoría de las
enfermedades contagiosas. Pero, y esto es crucial,

Es muy dudoso que una invasión en el sentido tradicional sea posible,


involucrando una interferencia por parte de organismos completamente extraños
en condiciones naturales. Un organismo totalmente extraño no podría hallar
receptores capaces de reacción y por tanto no podría generar procesos
biológicos. Por lo tanto, es mejor hablar de una complicada revolución en la
compleja unidad de vida que de una invasión. [Fleck 1979(1935):61]

Él quiso decir que cualquier organismo “invasor” habría tenido que haber vivido
en nuestra cercanía, simbióticamente, un tiempo lo suficientemente largo como
para ser capaz de pegarse a nuestras células. La capacidad de generar un
proceso biológico solamente podría originarse en encuentros previos. Así, un
organismo menor previo solamente podría llegar a ser prominente en la unidad
de vida del cuerpo, no invadirlo como un “otro” extraño. En el esquema general
de las cosas, este tipo de “revolución complicada” sería un evento más bien raro,
no uno que estaría continuamente a punto de ocurrir.
Es interesante especular si las objeciones vehementes de Fleck al modelo de la
guerra/pureza interna de la inmunología fue influenciado por su experiencia de
la aplicación contemporánea de prácticas totalitarias nazis para lograr la pureza
del cuerpo social. Para 1935, la eliminación, encarcelación y ejecución de judíos,
comunistas y médicos socialistas alemanes y austríacos estaba es su furor.[17]
Después que Polonia fue ocupada por los nazis, Fleck fue deportado a Auschwitz
y obligado a producir vacunas de tifoidea para las fuerzas armadas alemanas
(Trenn y Merton 1979:151). La especulación sobre la relación entre las ideas de
Fleck y su experiancia nazi se hace más convincente por las observaciones de
Claude Lefort de que los regímenes totalitarios producen a menudo imágenes de
ellos mismos como un cuerpo:

En los fundamentos del totalitarismo yace la representación del Pueblo Unido ...
la constitución del Pueblo Unido requiere de una incesante producción de
enemigos ... El enemigo del pueblo es considerado un parásito o una basura que
debe ser elimindada. ... Lo que está en juego siempre es la integridad del cuerpo.
Es como si el cuerpo tuviera que asegurar su propia identidad expulsando sus
excrementos, o como si tuviera que cerrarse replegándose desde el exterior,
evitando la amenaza de una invasión por parte de elementos foráneos... La
campaña en contra del enemigo es febril; la fiebre es buena, es una señal, en
una sociedad, que hay un mal que combatir. [Lefort 1986:297-298]

Tal como la inmunología los describe, los cuerpos son naciones en peligro
continuamente en guerra para aplastar a los invasores extranjeros. Estas
naciones poseen fronteras bien demarcadas en el espacio, las cuales se hallan
constantemente asediadas y amenazadas. En su interior, hay gran preocupación
sobre la pureza de la población --- sobre quién es un ciudadano genuino y quién
podría portar documetnos falsos. Los invasores falsos solo quieren la
destrucción, y debe imponérseles la pena de muerte de manera expedita. Todo
esto está escrito en la “naturaleza” en el nivel celular. Es posible que Fleck se
haya preguntado si estas imágenes podrían hacer ver las prácticas sociales
análogas cada vez más naturales, fundamentalmente fundadas en la realidad e
incambiables.

En nuestra propia ciencia contemporánea hay pistas de otros modelos que


podrían ser usados para describir la respuesta inmunológica. Por ejemplo,
Haraway sugiere que el trabajo de Terry Winograd y Fernando Flores sobre
cognición podría ser un medio para describir una patología sin las imágenes
militares. En su explicación, una “crisis” no sería “una situación negativa que
debe ser evitada, sino una situación de no obviedad, en la cual algún aspecto de
la red de herramientas que estamos usando deja de ser invisible” (citado en
Haraway 1989:18). En lugar del ser defendido que destruye al invasor para no
ser destruido, tendríamos ocasiones de visibilidad de la interacción, situaciones
potencialmente creativas que deben ser aclaradas en los términos de la
interacción.

Una posibilidad final desde una perspectiva distinta está ya presente en la forma
de un motivo menor en algunos de los textos biológicos que he discutido. Si al
aspecto de ingestión de la fagocitosis se le permitiera dominar en importancia
sobre el aspecto destructivo, podría decirse entonces que el macrófago
cataboliza y usa el “organismo extraño invasor” en sus propios procesos
metabólicos. En otras palabras, el microorganismo podría verse como comida
para el macrófago. Algunas fuentes estándar enuncian llanamente este aspecto
de lo que hace un macrófago, diciéndonos que cuando un macrófago ingiere un
microorganismo, éste “provoca una explosión metabólica” que causa un aumento
en el consumo de oxígeno y la producción de sustancias que ayudan a la
digestión (Leijh, Furth y Zwer 1986:46.2; Vander, Sherman y Luciano 1980:528).
Pero no todos los textos, y esto es decir poco, mencionan estos puntos; ni se les
presta mayor atención o desarrollo en la exposición general. Si al punto de vista
que los microorganismos cumplen la función de comida para los macrófagos se le
diera importancia, podríamos ver este proceso como una cadena alimentaria,
vinculada por dependencias mutuas. En lugar de una lucha de vida o muerte,
con terrorismo adentro y guerra en las fronteras, tendríamos una simbiosis en
una unidad de vida que incluye al cuerpo y su ambiente, en donde todos los
organismos dependen unos de otros para su nutrición.

Ninguna de estas metáforas alternativas sería suficiente por sí sola para motivar
que nos imaginemos --- no digamos ya, para que produzcamos --- distintas formas
de organización en nuestra sociedad que aquéllas que ahora existen. Pero al
menos podrían servir para añadir sustancia a la pregunta: ¿existen vínculos
fuertes entre las metáforas particulares escogidas para describir al cuerpo
científicamente y las características de nuestra sociedad contemporánea que
tienen que ver con género, clase y raza?

Una consideración completa de esta pregunta demandaría atención a temas que


han quedado aquí sin discutir: ¿qué relación histórica hay entre formaciones
sociales particulares e ideas particulares sobre el cuerpo? ¿Existe variación en
las imágenes científicas o populares sobre el cuerpo de un tipo de estado nación
a otro? ¿Desde una perspectiva a otra en un mismo estado nación? Aunque
espero poder enfrentarme con estas preguntas en algún trabajo futuro, en este
artículo mi meta ha sido más limitada: sugerir que en tanto haya posibilidad que
las descripciones científicas den un aura de lo “natural” a una visión social
particular, serán pertinentes las etnografías comparativas que coloquen a esta
visión en un contexto de otras formas en que los cuerpos pueden ser imaginados
y las sociedades, organizadas.

NOTAS

Este artículo se presentó en un simposio organizado por Margaret Lock y Rayna


Rapp en la reunión anual de 1989 de la American Anthropological Association.
Agradezco a Margaret Lock y a Rayna Rapp, así como a Alan Harwood y a los
revisores de la MAQ por sus útiles sugerencias.
1. Algunas partes de una versión anterior de esta sección apareció en Martin
(1989).
2. Esta fuente es un panfleto que es enviado si uno llama al número 1-800-
4CANCER y solicita información sobre el sistema inmunológico. Agradezco
a Martha Balshem por informarme sobre esto.
3. En Rather y Frerichs (1972) puede hallarse una discusión sobre los
primeros usos de metáforas militares en la medicina occidental.
4. A veces la “policía” se presenta más bien en la forma de escuadrones
antiterroristas, concepto acorde con la misión de hallar enemigos internos
con inclinaciones hacia la destrucción. Paula Treichler señala que el virus
del SIDA es un “espía de espías, capaz de todo engaño... un terrorista de
terroristas, un Abu Nidal de los virus” (1987:282).
5. El estudio en el cual me hallo presentemente involucrada, “Science and
Knowledge of the Body” (Ciencia y Conocimiento del Cuerpo), se concentra
en cómo las ideas y las prácticas relacionadas con la inmunología se
desarrollan temporalmente en los laboratorios de investiación, los barrios
urbanos y los ambientes clínicos. Esta investigación habrá de modificar,
sin duda, algunas de las ideas sugeridas en este artículo.
6. En Roitt, Brostoff y Male (1985:2.8) puede leerse también sobre el “beso
de la muerte” y sobre vigilancia del sistema inmunológico (1985:18.11).
7. Cabe recalcar el chauvinismo sin rodeos, e incluso el racismo, de esta
afirmación (un solo ejemplo de entre muchos similares en el libro de
Dwyer).
8. En Gellner (1983:138) puede leerse sobre la importancia que tienen las
instituciones educativas en el funcionamiento de los estados nación.
9. Lauren Berlant me sugiere que las imágenes femeninas en el Alto
Renacimiento están vinculadas con otras por medio de su cuerpo, mientras
que las de varones se hallan vinculadas por medio de algún instrumento,
tal como un arma. El que el macrófago rodee entes solamente con su
“cuerpo” puede ser parte de lo que lo hace parecer feminino en nuestra
tradición cultural.
10. Escuchado por Paula Treichler, conversación privada.
11. Trabajos recientes en antropología han confirmado la asociación
generalizada de las mujeres en rituales fúnebres con la limpieza de la
mugre y la contaminación causadas por la muerte (Bloch y Parry 1982).
Especialmente desde el punto de vista masculino, el cuerpo de la mujer es
el que produce la mayor parte de la materia sucia corrupta en el universo y
por tanto a ella le toca llevarse la suciedad del cadáver en los funerales.
12. Estas metáforas se han presentado de manera que su fuerza total no es
obvia. Por ejemplo, las imágenes aparecen en lugares distintos,
invaginación en una explicación, seudópodos en otra. Una discusión de las
raíces históricas o del origen psicoanalítico de la conexión entre lo
femenino y la muerte puede verse en Abraham y Torok (1986), Auerbach
(1982) y Theweleit (1987). Said (1978:57) discute otro contexto en el cual
el peligro abominable se asocia con las imágenes de la alteridad femenina.
13. La frase “trabajo ideológico” ha sido usada por Mary Poovey (1988)
para describir los procesos activos involucrados en el establecimiento y el
cuestionamiento de sistemas culturales de ideas y prácticas.
14. El término “buddy” se refiere a la relación entre un voluntario
entrenado y una persona con SIDA.
15. En el prólogo que hace Kuhn en la reciente reimpresión de la
monografía de Fleck, este autor afirma (1979:viii) estar “en una
incertidumbre casi total” con respecto a qué tomó de Fleck.
16. Lewis Thomas hace evocar imágenes poderosas de nuestras relaciones
simbióticas con las bacterias (1974:72-73), pero al describir las relaciones
inmunológicas, adopta imágenes fuertemente militares: “habremos de
bombardear, defoliar, bloquear, expulsar y destruir todos los tejidos en el
área” (1974:78).
17. “Entre 1933 y 1938, 10 000 físicos alemanes perdieron su trabajo;
muchos de estos se vieron forzados a abandonar el país, en tanto que otros
murieron en campos de concentración o de muerte” (Proctor 1988:282).

También podría gustarte