Trying - Heather MacKinnon
Trying - Heather MacKinnon
¡No subas la historia a Wattpad ni pantallazos del libro a las redes sociales!
Los autores y editoriales también están allí. No solo nos veremos afectados
nosotros, sino también tu usuario.
ÍNDICE
Sinopsis ........................................... 4 Capítulo 18 .................................. 165
Capítulo1 ........................................ 5 Capítulo 19 .................................. 174
Capítulo 2 ..................................... 13 Capítulo 20 .................................. 183
Capítulo 3 ..................................... 21 Capítulo 21 .................................. 192
Capítulo 4 ..................................... 31 Capítulo 22 .................................. 201
Capítulo 5 ..................................... 40 Capítulo 23 .................................. 210
Capítulo 6 ..................................... 49 Capítulo 24 .................................. 219
Capítulo 7 ..................................... 58 Capítulo 25 .................................. 228
Capítulo 8 ..................................... 70 Capítulo 26 .................................. 238
Capítulo 9 ..................................... 79 Capítulo 27 .................................. 247
Capítulo 10 ................................... 87 Capítulo 28 .................................. 257
Capítulo 11 ................................... 97 Capítulo 29 .................................. 265
Capítulo 12 ................................. 107 Capítulo 30 .................................. 274
Capítulo 13 ................................. 116 Capítulo 31 .................................. 283
Capítulo 14 ................................. 126 Capítulo 32 .................................. 293
Capítulo 15 ................................. 136 Capítulo 33 .................................. 301
Capítulo 16 ................................. 145 Capítulo 34 .................................. 310
Capítulo 17 ................................. 155 Epílogo ........................................ 319
El matrimonio de Mackenzie se está desmoronando.
Mason no está satisfecho con solo ser su amigo y quiere darle todo lo que su
esposo no le da. Ella se ha resistido a todos sus avances hasta ahora, pero cada día es
más difícil hacerlo mientras su esposo se aleja cada vez más.
Arrugar.
Sorbo.
Crujido.
Cada mañana.
El reloj en la pared cuenta los segundos hasta que ambos tenemos que irnos a
trabajar, y esta incómoda rutina termina.
Crujido.
Sorbo.
Arrugar.
O tal vez solo soy yo quien sintió la incomodidad. Bryson parecía perfectamente
contento de tomar su desayuno en silencio mientras yo miro cómo el segundero
marca el tiempo hasta que puedo escapar.
El cielo afuera es gris, la avena en mi tazón es gris, las paredes de esta cocina
están pintadas de gris. Miro mi falda lápiz gris y mi blusa blanca. ¿Cuándo todo en
mi vida se volvió tan monocromático? ¿Cuándo desapareció todo el color de nuestros
días?
No culpo a Bryson por su desliz de lengua. Incluso después de todo este tiempo,
todavía es difícil para él comprender cómo me afecta esa palabra. Cómo una simple
palabra de cuatro letras ha gobernado mi vida durante tanto tiempo. Cómo la odio
tanto como la anhelo.
Su boca está llena de tostada y sus ojos todavía vagaban por el periódico en su
mano cuando responde:
Porque mi respuesta siempre era “bien” aunque ambos sabíamos que estaba lejos
de eso. Entonces, si ambos sabemos cuál sería mi respuesta, y ambos sabemos que es
una mentira, por qué molestarse ¿verdad?
Al menos, esa es la mentalidad de Bryson. Yo, por otro lado, no puedo soportar
el silencio que se acumula entre nosotros, como enormes bloques de Lego que se
entrelazaron y crecieron hasta que eso es todo lo que podemos ver.
Zumbido.
Allí. Eso sonó suficientemente amigable. En absoluto como si hubiera algo entre
nosotros. No es que lo haya. Pero, aun así. Necesito mantener la línea entre la
amistad y algo más claro y asegurarme de estar de mi lado.
Miro por encima de la mesa a Bryson mientras pasa una página de su periódico
y tomaba el último bocado de su tostada. Nuevamente, me pregunto por qué me
molesto con el subterfugio cuando está claro que soy prácticamente invisible para mi
esposo.
Mason: Estaré mejor cuando termine la reunión trimestral. ¿Estás lista para ello?
Yo: Tan lista como uno puede estar para luchar contra el impulso de tomar una siesta
en la mesa de conferencias.
El fuerte crujido del periódico me hace levantar la cabeza para ver a Bryson frotar
su boca con una servilleta y levantarse para llevar sus platos al fregadero. En este
punto no debería haberlo hecho, pero aún me duele un poco que ya no me espera a
que termine mi comida.
Cuando él termina, finalmente me mira con una pequeña sonrisa que no alcanza
sus ojos color avellana. Siempre fue mi rasgo favorito de él, la forma en que sus
pestañas oscuras enmarcaban sus lindos iris solía robarme el aliento. Ahora, solo me
recuerdan al hombre que solía conocer y ya no está más.
A pesar de que tantas cosas han cambiado, físicamente sigue siendo el hombre
con el que me casé. Alto, con el cabello rubio oscuro ondulado que lleva más largo
en la parte superior y más corto en los lados. Su rostro todavía es indescriptiblemente
guapo, con una mandíbula bien definida que mantiene bien afeitada. Rectos, dientes
blancos escondidos detrás de labios de color rosa oscuro.
Me doy cuenta en ese instante que lo extraño. Cómo puedo extrañar a alguien
que veo todos los días, con quien duermo cada noche, es un misterio. Pero lo hago.
No sé cómo llegamos a este lugar. Extraños viviendo juntos dentro de una casa
que no es un hogar. Compañeros de cuarto que orbitan alrededor del otro, pero nunca
se tocan.
—Oye, mañana es sábado. ¿Estaba pensando que tal vez podríamos hacer algo?
—Si seguro. Tengo que trabajar por la mañana, pero podríamos hacer algo
después de eso.
Él asiente distraídamente.
—¿Qué tal una cena y una película? Llamaré y haré una reserva en Theresa’s hoy
más tarde.
—¿Theresa’s? Siempre vamos allí. ¿Pensé que tal vez podríamos probar algo
nuevo?
—Por supuesto que sí. Solo pensé que podríamos probar un lugar nuevo.
—¿Nuevo? —Se rasca la parte posterior de la cabeza—. ¿En qué lugar estás
pensando?
Parece avergonzado.
—Oye, si realmente no quieres ir, podemos encontrar otro lugar. Solo pensé que
era tu favorito.
Era mi favorito. Pero también he estado allí cientos de veces. Quiero algo nuevo.
Algo fresco. Emocionante. Y Theresa’s es seguro y aburrido. Pero, sin una mejor
opción, no tengo mucho de qué quejarme.
El asiente.
Parece que con el tiempo, de alguna manera se ha alejado más y más de mis
labios y aterrizo en algún lugar de mi cabello. Me pregunto cuánto tiempo pasará
antes de que deje de besarme por completo.
—Que tengas un buen día, Mackenzie. Te veré más tarde esta noche.
—Que tengas un buen día, Brys. —Trato de usar su apodo con la esperanza de
que pueda provocar algo en su interior. Un destello del hombre que solía conocer.
Pero, él ni siquiera reconoció mi obviedad mientras sale de la cocina y atraviesa la
puerta principal.
Yo: Sí, eso sería genial. Estaré lista cuando llegues aquí.
Su respuesta es inmediata.
Aunque sé que estoy fuera de peligro y que técnicamente no estoy haciendo nada
malo, la idea de viajar al trabajo sola con Mason tiene mi estómago hecho nudos.
¿Pero eso es correcto? Mi instinto y mi sentido común me dicen que no, pero mi
mundo gris tiene una pequeña chispa de color cuando Mason está cerca. Me hace
sonreír. Estoy desesperada por aferrarme a eso.
Tal vez si estuviese cerca de él el tiempo suficiente, podría sentir algo más,
además de este entumecimiento que se ha extendido a cada esquina de mi cuerpo.
Tal vez si dejo sus colores dentro de mi sombría vida, él podría pintar mis paredes
con un tono diferente. Algo tibio. Algo con la vida. Algo con lo que me gustaría
despertar por la mañana.
Además, no es como si estuviera haciendo algo mal. No hay nada físico entre
Mason y yo. Solo somos amigos que nos enviamos mensajes de texto con frecuencia.
Eso es todo. No hay razón para que me sienta culpable por hablar con otro hombre.
Hablo con hombres todo el día. Nada de eso puede considerarse inapropiado,
entonces, ¿por qué debería preocuparme por esto?
Tal vez el problema es que sé que Mason se siente atraído por mí. Quizás estoy
más preocupada por sus intenciones que por las mías.
Allí mismo me prometo que trabajaré para asegurarme de que Mason entienda
que nuestra relación es platónica y que va a seguir así. Eso no significa que tengo que
dejar de enviarle mensajes de texto o abandonar esta nueva amistad que ha surgido
entre nosotros. Simplemente significa que no puede ir más allá de esto. Sé eso, y
necesito asegurarme de que Mason también lo sabe.
Nos llevó todo un año de economizar antes de que Bryson pudiera pagar mi
anillo de compromiso. Recuerdo lo reservado que fue al hacer pagos y lo orgulloso
que estuvo cuando finalmente pudo hacer el último.
La historia del anillo de bodas fue más simple, pero significó lo mismo. Fue
puesto en mi mano el día que nos prometimos un para siempre. Mi mente vuelve a
ese día hace poco más de dos años, y me pierdo en los recuerdos.
Pasado
Bryson lleva un traje azul marino con una corbata rosa pálido. Se ha cortado
cabello y está afeitado como siempre, pero son sus ojos los que me capturan. Su color
avellana es más verde que marrón mientras me mira amorosamente.
El oficiante finalmente llega a nuestras partes, pero nuestros ojos no dejan los del
otro.
—Sí.
—Sí.
Más palabras vienen después de eso, pero lo único que escucho es:
—Ahora los declaro marido y mujer. Pueden sellar esta unión con un beso.
Caminamos juntos por el pasillo con la canción de “Happy Together” The Turtles,
y Bryson pasa la mayor parte del tiempo susurrando la letra en mi oído. No puedo
recordar haber estado tan feliz como lo estoy en este momento exacto.
Los minutos que siguen son un poco caóticos, pero poco después, estamos en los
brazos del otro, bailando lentamente en círculo con “I’ll Be” de Edwin McCain,
rodeados de nuestros amigos y familiares más cercanos.
No es hasta que nos estamos preparando para dirigirnos a nuestra suite de hotel
por la noche que nos hacen “la pregunta” por primera vez.
—Oh, Mary, deja a los chicos. Se acaban de casar por el amor de Dios. Dales
algo de tiempo.
El rosto de Mary se ilumina por completo antes de que nos abrace tanto a Bryson
como a mí.
—¡Oh, estoy tan feliz! ¡Ustedes dos serán tan buenos padres! ¡Y harán bebés tan
bonitos! ¡Puedo imaginarlo ahora!
—¿Necesitas ayuda?
Me rio de nuevo. Parece que me he reído más esta noche que en años.
Decido que el vestido debe irse primero, tiro de los cordones del corsé en la
espalda hasta que el ajustado vestido se suelta lo suficiente como para caer en un
charco a mis pies. Un charco muy grande y de encaje del que salgo inmediatamente.
Luego, me quito las pestañas postizas y me froto el maquillaje hasta que mis ojos
azul claro y mi rostro pálido vuelven a ser los míos. Después de eso, me suelto el
cabello. Cuarenta y dos horquillas más tarde, y mi cabello castaño rizado esta fuera
de su intrincado peinado y en un moño desordenado. Enciendo la ducha y salgo
rápidamente de mi ropa interior antes de deslizarme debajo de la humeante agua
caliente.
Nos quedamos allí en silencio, los dos buscando el rostro del otro. Este es el
primer momento realmente tranquilo que hemos tenido en todo el día, y lo
disfrutamos. Finalmente, extiende la mano para tomar mi mandíbula con la palma
de su mano.
—Te veías impresionante hoy, Mack. No podría haber pedido una novia más
perfecta. —Su mano se levanta para tomar el otro lado de mi rostro—. Pero verte
aquí, así, sin maquillaje, sin ropa, nada más que tú, nunca te he visto tan hermosa.
No tengo una respuesta para él. ¿Qué palabras podría ofrecer en respuesta a eso?
En lugar de intentar dar una respuesta elocuente, simplemente digo lo que hay en mi
corazón.
—Te amo.
Sus manos agarran mis hombros y lentamente bajan a mis manos, sus ojos nunca
dejan los míos. Desde allí, me enjabona la espalda, acercándome y arrastrándome
hacia la parte trasera, donde me acuna, usando sus grandes palmas para presionar
mi cuerpo contra su erección.
Sus manos dejan mi piel, y tengo que sostenerme mientras me balanceo hacia
adelante, perdiendo su toque. Intensos ojos color avellana me observan mientras una
vez más enjabona sus manos y las regresa a mis hombros. Desde allí, sigue en el
frente, abarcando y levantando mis senos en sus manos. Su pecho tartamudea con
una respiración irregular que coincide con la mía mientras rodea ambos pezones al
mismo tiempo, pellizcándolos y jalándolos suavemente entre sus grandes dedos.
Desde allí, se desliza por mis costados para agarrar mis caderas. Sus manos se
tensan allí como si necesitara estabilizarse. Cierra los ojos y respira hondo antes de
volver a moverse, deslizando sus palmas por la parte exterior de mis piernas hasta
llegar a mis tobillos.
Se arrodilla ante mí, ojos reverentes mientras retuerce sus manos hasta que esta
entre mis piernas. El agua corre en riachuelos por mi cuerpo, como venas que corren
de mí a él, conectándonos tangiblemente. Sus ojos, en su mayoría verdes con el más
ligero color marrón que resuena en sus iris, lentamente se deslizan por mis piernas
mojadas hasta que golpean mi ápice.
Presiona esa parte, y accedo separando mis piernas para él. Una de sus manos se
desliza para apretar mi trasero mientras que la otra me explora. Deslizándose a lo
largo de mi hendidura, tentativamente sumerge un dedo grueso entre mis labios,
antes de deslizarse de nuevo rodea mi clítoris.
Él gruñe e intercambia su dedo por dos que presiona dentro de mí. Mi cabeza
cae hacia atrás cuando un jadeo agudo escapa de mis labios abiertos. Sus dedos se
retiran de mi cuerpo lentamente antes de hundirlos nuevamente.
Continúa haciéndome el amor con sus manos mientras su boca encuentra mis
senos. Caricias con la lengua, mordidas, succiones, ataca primero uno, luego el otro
hasta que me tiemblan las piernas y mis manos pasan por su cabello rubio oscuro.
—No creo haber visto nunca una imagen más hermosa. —Se arrodilla en la
cama—. Mi esposa —Sus manos agarraron mis piernas—, tendida delante de mí. —
Me extiende hasta que estoy completamente abierta para él—. Solo esperando por
mi boca —Besa mi tobillo—, mis manos —Acaricia mis muslos—, y mi polla. —
Bombea sus caderas contra mí y arqueo la espalda.
Besa la longitud de mi cuerpo, lamiendo las gotas de agua antes de que tengan
la oportunidad de secarse en mi piel.
—Voy a hacerte sentir tan bien esta noche, Kenzi.
Trago saliva.
Niega con la cabeza, gotas pequeñas de agua gotean sobre mi piel que
rápidamente sorbe.
—No, bebé. Esta noche es diferente. Esta noche, eres realmente mía. Para
siempre —susurra la última palabra y no puedo evitar repetirlo.
—Para siempre.
Él asiente y presiona sus labios con fuerza contra los míos, su lengua baila contra
la mía durante mucho tiempo antes de separarse.
—He sido un hombre paciente esta noche, Kenzi. —Se incorpora y desliza sus
manos por mi cuerpo—. Esperé y te observé toda la noche mientras hablabas y reías
con nuestros invitados, dándoles esa hermosa sonrisa que amo tanto. —Mis labios
se estiran en la sonrisa de la que está hablando—. Ahí está —susurra—. Pero, como
dije, he sido paciente y siento que debería ser recompensado por eso.
—Esto.
Bryson lame mi raja varias veces más antes de incorporarse y me ofrece una
sonrisa petulante.
Mi única respuesta es una serie de pesados jadeos, pero es suficiente para Bryson,
quien se ríe entre dientes y se arrastra de regreso a mi cuerpo. Tirando de mí hacia el
centro de la cama, desliza sus labios a lo largo del valle entre mis pechos antes de
meter su rostro en la curva de mi cuello. Su boca chupa y muerde la piel sensible que
sabe me vuelve loca.
Mis uñas se clavan en la suave piel de su espalda mientras bombea dentro y fuera.
Ambos hacemos una pausa mientras mi cuerpo se acostumbra a su circunferencia.
Bryson se incorpora hasta que sus hermosos ojos se encuentran con los míos y se
arrugan en las esquinas con su suave sonrisa.
En respuesta, inclino las caderas para hacerle saber que estoy lista. Él responde
retirándose lentamente antes de avanzar nuevamente. Dentro y fuera, lentamente
acelera hasta que sus empujes son fuertes, y muy dentro de mí.
Sin previo aviso, Bryson agarra mis caderas y nos da la vuelta hasta que me siento
a horcajadas sobre él, la nueva posición lo conduce más profundo.
Sisea mientras balanceo mis caderas contra él, ayudando a que ese nudo en mi
vientre se tense y se presione contra sus confines. Bryson extiende la mano para
acariciar y pellizcar mis pezones y un fuerte gemido cae de mis labios.
—Estoy tan cerca —gimo, mis movimientos se vuelven más erráticos mientras
persigo mi orgasmo.
Una de sus manos deja mis pezones para presionar contra mi clítoris y jadeo.
Sus palabras sucias se deslizan por mis entrañas, apretándose hasta que el cordón
profundo en mi vientre se rompe. Mi cabeza cae hacia atrás bruscamente mientras
gimo mi liberación hacia el techo por encima de mí. Lejanamente escucho a Bryson
maldecir y sacudirse debajo de mí cuando también se corre.
Cuando la última réplica deja mis pesadas extremidades, abro los ojos y miro
hacia abajo para ver a Bryson sonriéndome. Sus ojos están tan llenos de amor que
los míos lloran en respuesta. Él mira la emoción en carne viva en mi rostro y me
empuja hacia abajo para acostarme junto a él en la cama.
Me aclaro la garganta.
—No estoy segura de este nombre cariñoso tuyo. Kenny es el nombre de un niño.
Su sonrisa se ensancha.
—Lo que vistes cambia el color de tus ojos. —Aprieta mi barbilla ligeramente—
. Hoy son grises. Y sorprendentes.
Él frunce el ceño.
Niego con la cabeza, apartando su mano de mi rostro. Que es mucho tocar para
el día y aún no son las nueve de la mañana.
—Claro, seguro.
—¿Algo mal?
Mi estómago se me hunde.
—Correcto.
—Correcto —repito.
¿De qué estamos hablando aquí? Siento que estamos teniendo dos
conversaciones diferentes.
Su sonrisa es breve.
—Por supuesto, me gusta. Cada vez que me escuches quejarme de tener una
mujer hermosa en mi auto, me abofeteas, ¿de acuerdo?
—Trato.
—Pero, en serio.
Mierda.
No va a dejar ir esto.
¿O miento? Le digo que Bryson tuvo una reunión temprana y que no tuvo tiempo
de llevarme. Que Bryson se ofreció a pedir un Uber, pero lo rechace. Le digo que le
preocupaba cómo llegaría a trabajar, pero le dije que se marchara y que yo lo
resolvería.
¿A sí?
Me giro para ver que tiene dos vasos de Starbucks en sus portavasos. Con manos
temblorosas, tomo el mío y tomo un tentativo sorbo. Tiene una carga doble y
caramelo extra. Justo como me gusta.
—¿Por qué me compraste latte? No podías saber que hoy necesitaría un aventón.
Se encoge de hombros.
—¿Acosándome, Kenny?
—No. —Estoy tratando de ser seria, pero su suave mirada me recuerda que soy
tan feroz como un conejito—. Solo recuerdo lo que las personas me dicen. Soy una
buena amiga simplemente.
Mi descarada sonrisa debe de dejar en claro que estoy bromeando con él, pero la
sonrisa cae de sus labios y pienso de nuevo en mi respuesta.
***
La encargada nos reconoce a Bryson y a mí, y nos saluda con una amplia sonrisa.
Callados.
Distanciados.
Miserables.
—Sí. Tengo una reservación para dos, a nombre Thompson aquí mismo.
¿Quieren su mesa habitual?
Nuestro restaurante habitual.
Esas palabras me cortan cuando pasan por mi mente por primera vez.
Está fracasando.
Nunca pensé que llegaríamos a este lugar. Si me hubieras preguntado hace tres
años si alguna vez estaríamos aquí, me habría reído en tu cara. Estuvimos juntos
durante seis años antes de casarnos y nunca llegamos a un punto bajo como este.
Bryson una vez me dijo que era su favorito. Ni siquiera puedo contar cuántas
veces nuestra noche terminó con él despegándolo lentamente de mi cuerpo antes de
hacerme el amor durante horas.
Observo su rostro para ver si se ha dado cuenta de que me he puesto ese vestido,
pero ya está examinando el menú. Por qué se molesta, no tengo idea. Sé que pediría
la lasaña como cada vez que hemos estado aquí.
—Bryson.
Su mirada se levanta lentamente para encontrarse con la mía.
—¿Hmm?
Ahora que tengo su atención, no sé qué decir. Solíamos poder hablar durante
horas, sin cansarnos nunca y sin quedarnos sin cosas para discutir. Ahora, todo lo
que tengo son los temas serviles que los extraños usan en las conversaciones sin
sentido. Sin embargo, es lo mejor que tengo, así que voy con ello.
Sus ojos vuelven al menú y lo veo leer lentamente sobre cada artículo. Como si
no lo hubiera memorizado años atrás.
—Estuvo bien.
Mi risa termina con una tos y asiento antes de tomar un pequeño sorbo de agua
que ya estaba sobre la mesa.
—Realmente no hay nada que informar. Fui a trabajar, me puse con algunos
números, y volví a casa.
Niego con la cabeza y me doy por vencida, recojo mi propio menú, así tengo
algo en que ocupar mis pensamientos hasta que llegue la camarera.
Unos minutos más tarde, hemos pedido nuestro habitual (como lo predije) junto
con una botella de vino tinto a petición mía. Él me miró con curiosidad pero no hizo
ningún comentario sobre mi elección de bebida.
Mi teléfono suena con un mensaje entrante que asumo es Mason, pero lo ignoro.
El hecho de que Bryson piense que es apropiado estar con el teléfono mientras
salimos a cenar no significa que tengo que seguir ese mal hábito.
—Oh, está bien. Ella quería saber cuáles son nuestros planes para el Día de
Acción de Gracias. Invita a cenar a la familia de mi hermano y quiere saber si
queremos unirnos a ellos o si vamos a la casa de tu familia.
Suspiro.
—¿Has hablado con tu mamá? ¿Celebrará Acción de Gracias en su casa este año?
Se encoge de hombros.
—Bueno, mi mamá necesita saber cuánta comida comprar, así que necesita
nuestra respuesta pronto. El Día de Acción de Gracias es en menos de una semana.
Sus ojos finalmente encuentran los míos.
—¿Lo es? —Se estira para rascarse la barba saliente—. El tiempo vuela, ¿eh?
No es que yo lo sepa.
—Bueno, como todavía no has tenido noticias de tu madre, ¿por qué no vamos
a cenar a la casa de mis padres y luego nos reunimos con tu familia para el postre?
En su lugar hay un hombre que parece y suena como mi esposo pero que es
prácticamente un extraño.
No, él no es un extraño. Es más como un zombi. Una imitación sin alma y sin
vida de quien solía ser mi esposo. En las películas, los zombis nunca vuelven de su
estado catatónico. Tengo que esperar que lo mismo no sea cierto para mi esposo.
Pasado
Asiento tímidamente.
—Un poco —admito por segunda vez en los últimos quince minutos.
—No hay razón para estar nerviosa, cariño. ¡Ni siquiera necesitas quitarte la ropa
para esta cita!
—Ella tiene razón, sabes. Creo que nunca he ido al ginecólogo sin tener al menos
que quitarme los pantalones y la ropa interior.
—No me opondría si quisieras desnudarte —interviene Bryson.
Pongo los ojos en blanco pero no puedo evitar la sonrisa que se extiende por mi
rostro.
Le doy un vistazo por el rabillo del ojo. Él tiene razón. Se fue el chico que conocí
hace seis años. Fue reemplazado por una versión más grande, más madura y más
sexy de veinte años de la que me enamoré. Abro la boca para responder cuando
llaman a la puerta.
Nos recibe una mujer pequeña, de mediana edad, con largo cabello castaño y
cálidos ojos color chocolate.
—Hola, soy Keri Watts, soy una enfermera practicante aquí. —Se detiene para
saludarnos con una firme sacudida de manos, pero mano fría. Se sienta en un
taburete frente a la computadora y se vuelve para mirarnos expectantes—. ¿De qué
están hablando aquí?
Keri sonríe y se gira para escribir algunas palabras en la pantalla frente a ella.
Me encojo de hombros.
—Realmente no.
Mis mejillas se calientan, e incluso Bryson luce un pequeño tinte rosado en sus
mejillas, pero intercambiamos una sonrisa.
—¿Qué es eso?
Prueba de embarazo.
Esas palabras envían partes iguales de emoción y miedo corriendo por mis venas.
Es extraño, como mujer, pasé tantos años de mi vida tratando desesperadamente
de no quedar embarazada, y de repente, es algo en lo que estoy trabajando
activamente.
—¿Todo esto tiene sentido? —pregunta Keri, sacándome de mis pensamientos.
Todos los pensamientos felices que han estado circulando por mi cerebro se
detienen en seco antes de marchitarse y caer al suelo. Mi corazón late con fuerza y
mis palmas comienzan a sudar mientras intento abrir la boca y responder la pregunta
de Keri.
No hay una respuesta fácil sobre lo que sucedió con mi primer embarazo, por lo
que utilizo la línea más segura. La más fácil de confesar.
Los cálidos ojos marrones de Keri se encuentran con los míos, la simpatía en
ellos es inconfundible.
Trago duro.
No merezco su pena. No tengo derecho a estar triste por eso. Porque no importa
lo que me digan, sé dónde está la responsabilidad. Ese bebé no pasaría de un par de
semanas tenía que ser de una manera u otra.
—No. Fue lo suficientemente temprano como para que pudieran tratarme con
metotrexato.
—Bueno, ahora que está fuera del camino, supongo que quieren saber qué
pueden hacer mientras tanto.
Asiento.
—Sí, tomo una vitamina diaria para mujeres todas las mañanas.
—No lo creo.
Keri se levanta y extiende la mano para que cada uno de nosotros le estrechemos
la mano.
Nos despedimos y luego nos conducen a través del laberinto de pasillos hasta la
recepción donde nos registramos. Abordo el ascensor sintiéndome optimista y
emocionada por el viaje que tenemos por delante.
Con los años, luché duro para olvidar lo que sucedió hace cinco años, la primera
vez que quedé embarazada. Pero ahora, con nuestra boda justo detrás de nosotros, y
sus padres ya pidiendo nietos, y nosotros tratando activamente de concebir, todos esos
viejos pensamientos y sentimientos están nadando en la superficie.
No necesito mirar para saber que él ha levantado una ceja con incredulidad.
—Te conozco lo suficientemente bien como para saber que eso no es cierto.
Háblame, Mack. Dime qué estás pensando.
—Sí quiero. Siempre quiero saber lo que estás pensando. Especialmente si son
mentiras autodestructivas que necesito desterrar de esa bonita cabeza tuya. —Pongo
los ojos en blanco pero no puedo evitar la contracción de mis labios. Él sonríe
ampliamente sabiendo que ha quitado un trozo de hielo de mi corazón—. Ahora,
dime qué estás pensando.
Suspiro con dureza y sin mi permiso, una oleada de ira nada al frente y la desato
en Bryson.
—¿Quieres saber lo que estoy pensando, Bryson? Te diré. Me siento como un ser
humano de mierda. Como si no tuviera el derecho de tratar de tener un bebé porque
renuncié al anterior que tenía como si no fuera nada.
Él frunce el ceño.
Él suspira.
—No, Mack. —Su voz es más dura ahora, como si también se estuviera
enojando—. No era un bebé, era un feto. Tenías solo unas pocas semanas de
embarazo. Y no tenías elección. Lo sabes. Fue ectópico. Si no hubieras abortado
médicamente, habrías tenido que someterse a una cirugía. Podrías haberte herido de
gravedad.
—No, no lo he olvidado.
—Entonces, ¿recuerdas por qué fui al doctor ese día? ¿Recuerdas la decisión que
tomé?
—¡Y estabas tomando la correcta! —Ahora respira con dificultad, y puedo verlo
tratando de controlar su temperamento—. Sabes que no podríamos haber tenido un
bebé en ese entonces. Ambos estábamos en la universidad, viviendo en el campus,
apenas manteniendo trabajos a tiempo parcial mientras abordamos todo el horario
de clases. ¿Qué, íbamos a criar un bebé en un dormitorio? Sé razonable, Mack.
Niego con la cabeza, perdida por mis propias palabras mientras Bryson nada por
mi cabeza.
Bryson niega con la cabeza mientras me pasa un brazo por la espalda y me atrae
hacia su pecho.
—Esa no fue nuestra única oportunidad, Mack. Estas destinada a ser madre. Y
lo serás. Fue fácil la última vez. —Se ríe sin humor y sacude la cabeza—. Demasiado
fácil, en realidad. Y esta vez también será fácil, ya lo verás.
—¿Y si no es así?
—Entonces nos ocuparemos de eso también. Juntos. Al igual que hacemos todo
lo demás.
—Pero necesitamos aclarar algo, Mack. —Me recuesto para poder encontrar su
mirada color avellana—. No tenías más remedio que interrumpir el último
embarazo. No fue posible conservarlo. E incluso si lo hubiera sido, y hubieras
abortado, todavía estaría bien. No te haría una mala persona. Simplemente significa
que ambos tomamos algunas malas decisiones en el camino. Nada más y nada
menos.
En ese momento decido que tengo que pasar una nueva página. Empezar de
nuevo. Si quiero quedar embarazada y formar una familia, tengo que hacerlo de la
manera correcta. Y eso significa que necesito dejar el equipaje en el pasado y
concentrarme en el futuro.
Y en ese momento, envuelta en los brazos de Bryson con sus dulces ojos llenos
de amor y preocupación por mí, sé que nuestro futuro es lo más brillante posible.
Todo lo que tengo que hacer es seguir las instrucciones de la enfermera y disfrutar de
mí y de mi nuevo esposo, y estoy decidida a hacer exactamente eso.
Presente
Suspiro.
—Ya son las dos y media y mamá dijo que comerían a las cuatro. Necesitamos
ponernos en marcha.
Mi mandíbula cae.
Él asiente distraídamente.
Ni siquiera sé por dónde empezar. No estoy segura si estoy más enojado, triste o
algo completamente diferente. Creo que estoy demasiado sorprendida como para
conformarme con una sola emoción.
¿Tal vez lo olvido? Quiero decir, sé que es jueves, pero su oficina está cerrada
como la mía. Seguramente, no esperaban que trabajara hoy.
Respiro hondo y cuento en retroceso desde diez antes de responder. Para ser
honesta, ni siquiera sé qué decir en este momento. ¿Dónde está el hombre que amaba
pasar tiempo con la familia? ¿Conmigo? ¿Qué estaba pasando?
Y lo más importante, ¿qué significa esto?
El camino por el que nos dirigíamos es sombrío en el mejor de los casos. ¿Qué
se necesita para descarrilarnos de este curso acelerado en el que estamos? ¿Y quién
será el que nos salve? Porque puedo admitir que pude ser parte del problema al
principio, pero estoy haciendo todo lo posible para arreglarnos ahora. Él, por otro
lado, parece estar completamente fuera en este punto.
Entonces me doy cuenta de que no puedo recordar la última vez que lo toque
así. Solíamos no ser capaces de mantener nuestras manos alejadas el uno del otro. Y
no necesariamente de manera sexual. Los toques no siempre condujeron a más, solo
eran pequeñas afirmaciones.
Estoy aquí.
Estoy contigo.
Te amo.
Ha pasado demasiado tiempo desde que alguno de nosotros le ha dicho algo así
al otro.
—Lo siento, Mackenzie. Sé que no es así como querías pasar el Día de Acción
de Gracias, pero esta es una reunión importante. Prometo, tan pronto como termine,
estaré en camino. Solo necesito un poco más de tiempo.
—No, no necesitas hacer eso. No es necesario que comas una cena fría de Acción
de Gracias solo porque tengo que trabajar. Ve a pasar tiempo con tu familia y te
alcanzaré en un momento.
Mis hombros caen cuando suelto un gran suspiro. Bryson no vuelve a mirarme
cuando salgo de la oficina y subo las escaleras para terminar de prepararme.
Lo último, lo último que quería hacer era aparecer sola en la cena de Acción de
Gracias. No quiero responder las preguntas, soportar las miradas o escuchar las
suposiciones tácitas que todos estarán haciendo.
Una pequeña voz oscura en la parte posterior de mi cabeza susurra alguien que
está perdiendo a su esposo.
Él solo tenía un asunto que no podía posponer hasta mañana y estaría aquí
pronto.
Repito esas frases una y otra vez hasta que llego a la abarrotada calzada de mis
padres. Mi hermano y mi cuñada ya han llegado, así que soy la última. Además de
Bryson, por supuesto.
La puerta principal está abierta, así que entro y me quito el abrigo antes de ir a
buscar al resto de la familia.
—¿Hola? ¿Mamá?
—¡Aquí, Mackenzie!
Parecía que su voz viene de la cocina, así que sigo los deliciosos aromas de
Acción de Gracias hasta que encuentro al resto de mi familia.
—Feliz Día de Acción de Gracias a todos —digo antes de extender las manos
hacia mi cuñada—. Y dame ese bebé.
—Hola, bebé.
—Está en camino.
Sí, claro.
Ella era una mujer pequeña, de pie poco más metro y medio, con grandes ojos
azules como los míos y cabello rubio ceniza. Pero, lo que le falta en tamaño, lo
compensa con tenacidad.
—Él tenía algunos asuntos que terminar. Dijo que estaría justo detrás de mí.
Mi hermano resopla.
John O’Brian era un hombre formidable, de más de metro ochenta de altura, con
cabello entrecano y ojos marrones suaves, el hombre es como un leñador en el
exterior y un malvavisco en el interior.
—Dijo que trataría de hacerlo, pero que deberíamos comer sin él si no está aquí
a las cuatro. —De nuevo, estoy parafraseando. Pero, dado que las palabras de Bryson
no son muchas últimamente, me veo obligada a embellecerlas un poco.
No quiero que nadie sepa cuán difíciles se han puesto las cosas entre nosotros.
Ya es bastante malo tener que aparecer aquí sola. Mi familia no necesita más
combustible para este incendio en particular.
Antes de que puedan asarme un poco más, levanto a Maddy y huelo su trasero.
—Parece que Maddy necesita un cambio de pañal. —Dina se levanta, pero alcé
una mano para detenerla—. Ya estoy de pie, lo haré. ¿Está su bolso en la sala de
estar?
—Sí, justo al lado de las escaleras —dice Dina, sus sabios ojos me dicen que no
la estoy engañando.
Sonrío ampliamente.
Ahora que lo pienso, fue menos un microscopio y más como una lupa. Como
uno de esos grandes que los niños solían canalizar el calor del sol y quemar cosas
como palos y hojas en los aburridos días de verano. Sí, esa analogía funciona mejor
porque mi familia sostiene la lupa y yo soy como una hoja quebradiza, esperando a
incendiarse.
Unos minutos más tarde, Dina entra en la sala de estar con la bolsa de pañales
de Maddy en la mano. Levanta una ceja y yo suspiro derrotada.
—¿Hiciste eso? ¿Cagaste por todo el lugar e hiciste que mami lo limpiara? —
Maddy sonríe y empuja un pequeño puño en su boca gomosa—. Qué buena chica
sacando todo eso antes de que tu tía Mack llegue aquí. Pero, la próxima vez deberías
hacer que papi lo limpie.
—Sí claro. Connor habría vomitado si tuviera que limpiar el desastre que ella
hizo.
La bebé sonríe de nuevo y patea sus piernas contra mi regazo. Me río y beso sus
gordas mejillas de bebé, primero una y luego la otra una y otra vez hasta que ella ríe
y chilla en mis brazos. No puedo evitar reírme de los pequeños sonidos que salen de
su boca y preguntarme cómo los bebés logran sonar como gaviotas.
Me encojo de hombros.
Siempre creí que estaba destinado a ser madre. Cuando la mayoría de las chicas
soñaban con ser doctoras, abogadas y maestras, siempre soñé con ser madre.
Pero, estos últimos años han destrozado ese sueño mío en pedazos
irreconocibles. Después de tres años y numerosos tratamientos de fertilidad, me
resigné al hecho de que nunca cargaría con mi propio hijo.
Infertilidad inexplicada.
Fue lo mejor que lograron los médicos después de recetar medicamentos tras
medicamentos y realizar una prueba tras otra. Lo mejor que pudieron encontrar fue
“infertilidad inexplicada”. Lo que significaba “no tenemos idea de lo que está
pasando”.
Esa fue la píldora más difícil de tragar. Que ni siquiera sabían lo que estaba mal.
Si lo supieran, si hubiera un problema, podría solucionarse. Como si tuviera una
trompa bloqueada, podrían desbloquearla. Si tuviera una deficiencia hormonal,
podrían recetarme un medicamento para remediarlo.
Incluso si no era algo que pudiera arreglarse, sino algo que simplemente era.
Como si tuviera endometriosis o síndrome de ovario poliquístico, alguna afección
médica que hacía casi imposible concebir y tener un hijo. Al menos entonces sabría lo
que está mal. Incluso si no pudiera hacer nada al respecto, siento que al menos podría
haber algo de consuelo en saberlo.
—Si estuviera destinada a que sea madre, creo que ya lo habría sido —susurro,
incapaz de hablar más fuerte.
Dina me rodea los hombros con un brazo delgado y aprieta con fuerza.
—No puedo creer que alguien que es tan increíble con los niños como tú, nunca
sea madre. Simplemente no es posible.
Trata de no estresarse, sucederá cuando tenga que ser. ¿Cómo dejas de estresarte?
Sucederá tan pronto como dejes de intentarlo. Bueno, no lo hemos intentado durante
los últimos seis meses y no estoy más cerca de ser madre que hace tres años.
Hace mucho tiempo aprendí que las personas que no luchan contra la infertilidad
posiblemente no puedan entenderlo. ¿Cómo podrían entender que mi cuerpo, el
único que tengo, me está traicionando de la peor manera?
No pueden.
—Tal vez tengas razón, D. —Le doy mi sonrisa falsa y me levanto del sofá con
Maddy todavía en mis brazos—. ¿Crees que la cena está lista? —pregunto mientras
regreso a la cocina sin esperar una respuesta. En este punto, prefiero tener el
escrutinio de toda mi familia que la simpatía de una persona.
Cuando llegamos, somos recibidos por sus padres, abuelos y su hermana, todos
felices de vernos. Supongo que hemos sido un poco negligentes con nuestras familias
mientras nos desmoronamos lentamente, y prometo arreglarlo en el futuro.
Solo como unos cuantos bocados en mi pastel de manzana casero antes de que
surgiera la pregunta. Siempre lo hace, y me pregunto por qué todavía me sorprende
en este punto.
Tal vez es porque hago todo lo posible para reprimir estos pensamientos lo más
lejos posible.
Para mi sorpresa, Bryson extiende la mano y agarra la mano que tengo apretada
en mi regazo. Lentamente despliega mis dedos y los entrelaza con los suyos. Levanto
la vista para ver que su expresión facial no ha cambiado, a pesar de que me está
ofreciendo consuelo por primera vez en meses.
—Serás la primera en saberlo, mamá —ofrece Bryson. Su tono deja en claro que
no tiene nada más que decir sobre el tema y, afortunadamente, lo dejan.
Le doy otro vistazo a mi esposo, buscando si algo del antiguo Bryson esta allí. Si
tal vez lo enterraron bajo la fachada helada que usa a diario.
Tal vez hay esperanza para nosotros después de todo. Tal vez nuestro
matrimonio no es una causa perdida. Tal vez él ha regresado a mí.
Pasado
—¡Maldición, Bryson!
—No te desquites conmigo, Mack. Te dije que se suponía que vamos justo en el
último palazzo, pero no me escuchas.
—No te escuché porque estabas equivocado. ¿Le harías caso a alguien que tiene
la cabeza en su culo? Demasiado segura de que la respuesta sería negativa.
Veintiséis horas, cinco ciudades, cuatro vuelos, y un viaje por barco nos habían
finalmente llevado a nuestro destino de luna de miel, Venecia, Italia. El día entero
viajado había sido cansado y para el momento en que llegamos a nuestro hotel esta
mañana, todo lo que habíamos sido capaces de hacer fue darnos una ducha y
recostarnos en la cama. El hotel, habiendo escuchado que era nuestra luna de miel,
habían dejado fresas cubiertas de chocolate y una botella de champaña enfriándose
en una cubeta en nuestra habitación, los cuales habíamos ignorado.
Viendo como iba nuestra tarde, tal vez deberíamos habernos olvidado de este
paseo y quedado en cama. Solo doce horas en nuestra luna de miel, y ya estábamos
discutiendo. Argumentando, diciendo dimes y diretes, chasqueando, por todo y
nada.
Habíamos estado caminando en círculos por cerca de dos horas, intentando
encontrar la localización de nuestro paseo a pie, pero navegar por Venecia era casi
imposible. Observé que había locales pasándonos mientras bloqueábamos el tráfico
en el pequeño puente de mármol que daba a un pequeño canal y los envidié.
—Voy a mandar un correo electrónico a las personas del paseo para decirles que
necesitamos reagendar para mañana. —Abrí mi boca para protestar, pero él negó con
la cabeza—. Estamos cansados, gruñones, y podemos necesitar algo cálido para
beber.
Él se inclinó hacia atrás para verme a los ojos, quitando algunos mechones de
mi cara.
Sus hermosos ojos avellana eran más marrones hoy con solo un ligero destello
de verde oscuro muy en el centro. Ellos clamaron el tumulto girando fuera de control
dentro de mí y dejé salir una grande exhalación de resignación. Él sonrió
ampliamente y nos volteamos a observar nuestro alrededor.
—¿Podemos dar un paseo en góndola esta noche? Leí en algún lado que se
pueden separar paseos al atardecer.
La ropa salió de nuestro cuerpo, pero no había nada sexual en ello. Nos
desvestimos hasta quedar en ropa interior, ambos subimos a la cama doble. Nos
tomamos de la mano, apretando tres veces, y estábamos dormidos en pocos minutos.
Nos despertamos unas pocas horas después con actitudes mucho mejores y el
deseo de tratar de explorar de nuevo la ciudad. Encontramos un paseo en góndola al
atardecer y nos vestimos con ropa más cubridora de la que teníamos antes al salir y
descubrir que nuestro grupo de paseo nos habían dejado. A diferencia de la última
vez, pedimos indicaciones y localizamos el punto con mucho tiempo de anticipación.
Mientras esperamos, nos sentamos cerca en una banca y saqué mi teléfono para
ver algunas de las fotos que había tomado antes. Una notificación apareció que no
me pareció familiar, así que la abrí y era dirigido a una aplicación que acababa de
descargar un par de semanas antes.
—Oh Dios mío, Bryson. ¿Adivina qué semana es esta? —Él levantó la vista de
su propio teléfono con la pregunta en su rostro—. ¡Es mi semana fértil! —Levanté mi
teléfono, así él podía ver la serie de pequeños cuadros verdes en el calendario
indicando cuando sería más fértil.
Bryson escrudiñó la pantalla el celular antes de que sus ojos avellana
enloquecidos se encuentren con los míos.
—¡Bryson! —Él solo se ríe ante mi incomodidad—. Primero que nada —susurró
vigorosamente—, estamos intentando hacer un bebé, así que estamos haciendo el
amor, no follando.
Murmuro unas pocas palabras elegidas en voz baja, algunas de las podrían haber
sido algo como “maldición”, “imposible” y “chico de fraternidad”. ¿Quién sabría
con certeza, verdad?
—Ya sea follando o haciendo el amor, yo estoy dentro. —Puse mis ojos en
blanco y él solo se rió más fuerte—. ¿Cuándo comenzamos? Estoy listo cuando tú lo
estés.
—Oye, no lo deseches por que sea viejo. El edificio más nuevo en Venecia es
como de seiscientos años de antigüedad.
—Si vas a hacerme esperar, lo voy a hacer más difícil para ti.
Esa palabra “esposa” hizo más para mis adentros de lo que jamás pudo hacer su
lengua. A juzgar por la sonrisa en su rostro, él también lo sabía. Crucé mis brazos
sobre mi pecho en desafío y me preparé para una larga noche para mantenerlo lejos.
Estaba equivocada.
Deslizó la misma mano por mi costado donde la descansó sobre mi cadera y tiró
de mí más cerca hasta que no había ni un suspiro entre nosotros. Mis ojos se abrieron
más cuando sus dedos se deslizaron desde mi cadera al espacio entre mis piernas.
Seguramente, él no lo haría.
Bryson estuvo quieto por un largo momento antes de que uno de sus gruesos
dedos presionó contra mí. Encontrando un poco de resistencia a través de mis
delgados pantalones, la yema de su dedo encontró mi clítoris, y apenas contuve un
jadeo.
El espacio entre mis piernas se sentía húmedo mientras intenté enfocarme en los
paisajes alrededor de nosotros e ignoré lo que estaban haciendo los dedos de Bryson.
Yo estaba temblando bajo su toque sin mi permiso, mis caderas se deslizaron más
abajo en el asiento y abrí más las piernas.
Mis ojos se abrieron más con alarma cuando me encontré con su mirada
encapuchada. Negué con la cabeza preocupada, y Bryson respondió presionando sus
dedos más fuerte contra mí.
Dejé salir una respiración frustrada y me moví contra sus dedos. Podía decir por
el estremecimiento en mi vientre bajo que me estaba acercando peligrosamente a no
ser mi decisión.
—Me pone tan duro verte así, Kenzi —murmuró él contra mi cuello—. Te vez
tan sexy en este momento. No puedo esperar a tenerte de vuelta en nuestra
habitación.
—Quiero ver cuán húmeda de pones cuando te vienes contra mis dedos, Kenzi.
Quiero ver el sonrojo extendiéndose por tu cuello y saber que también está cubriendo
esas preciosas tetas tuyas.
Santa mierda.
—Déjame ver a mi esposa a mi esposa tener un orgasmo por mis dedos ahora,
así puedo provocarle otro orgasmo por mi boca más tarde. ¿Quieres eso, Kenzi?
¿Quieres venirte esta noche en mi boca?
—Ajá —dije mientras cerraba mis ojos ante los embates de las palabras de
Bryson.
Él rozó la piel sensible que conecta mi cuello con mi hombro y pellizcó mi clítoris
entre sus dos dedos.
Con un travieso destello en sus ojos, él acercó los dos dedos que solían estar en
mí a su nariz y gimió.
—Tan delicioso.
Mis ojos se cerraron mientras un escalofrío pasó por mi cuerpo. Tenía tanto
miedo de levantar la vista con el miedo de ver si alguien se había dado cuenta lo que
habíamos hecho, así que mantuve mi rostro en la seguridad del pecho de Bryson
hasta que sentí que la góndola disminuyó la velocidad.
Sin embargo, que creo que teníamos prisa por razones completamente diferentes.
Él gimió dentro de mi boca y maniobré hasta que la parte posterior de mis piernas
golpearon el borde de la cama y ambos caímos en un entretejido de brazos y piernas.
Una vez en la cama, ambos bajamos la velocidad.
La feroz pasión todavía ardía tan caliente como siempre, pero de repente no
sentimos la necesidad de apresurarnos. Parecía como si ambos estuviéramos
contentos con disfrutar del otro en lugar de consumirlos.
Bryson tiró de sus labios de los míos y se movió para besar mi pecho más allá de
mi estómago.
Mi vientre se apretó mientras una gran sonrisa se extendió por mi rostro. Asentí,
insegura de poder formar palabras en ese punto.
—Quiero darte un bebé —murmuró él mientras sus labios vagaron por la piel
entre mis caderas—. No puedo esperar para ser papá. Para hacerte mamá. —Sus ojos
encontraron a los míos en ese momento, la sinceridad en ellos quitándome el
aliento—. Vas a ser la mejor mamá.
Las lágrimas que había estado luchando para ganarles mientras una se deslizó
por mi mejilla. Mi sonrisa todavía tan grande como siempre mientras tiré de Bryson
encima de mí, así pude alcanzar sus labios.
—Estoy lista.
Bryson asintió contra mi boca y a pesar de que pasamos largos minutos en ese
beso, también se sintió como si nos hubiéramos encontrado el uno al otro en este.
Presente
Salté a mis pies y escaneé la oficina antes de darle una mirada mortal a mi
compañera de trabajo, Josie.
Josie ignoró mi pregunta y negó con su cabeza usando su mano con perfecta
manicura para abanicarse el rostro.
Pude escuchar el tono divertido en su voz sin tener que levantar la vista.
Fruncí el ceño.
—Sí, lo fue. No lo sé. Creo que las cosas han estado mal entre nosotros
últimamente y tal vez esta es la forma en que mi inconsciente me recuerda los buenos
momentos.
Mis labios se alzaron de nuevo y esta vez dejo que se expanda en una sonrisa.
Josie se rió.
—Dedos…
—¿Marionetas de dedos?
Asentí frenéticamente.
—Sobrina salvadora —murmura Josie muy bajito y tomo nota mental de matarla
más tarde.
La mirada perpleja de Mason se aclara.
—Maddy, ¿verdad?
No puedo recordar haber hablado con Mason sobre mi sobrina. Iba a indagar
más profundo pero él se mantiene hablando.
—¿Qué sucede?
Mason tosió incómodamente y agarró su nuca antes de encontrarse con mis ojos.
Frunzo el ceño.
Mis ojos se abrieron más con alarma y abrí mi boca para responder, pero él siguió
hablando.
—Taylor Swift.
—Lo sé.
—En la fiesta del año pasado, informaste a todos sobre tu preferencia. Creo que
tus palabras fueron ‘Jodidamente amo a Taylor Swift’.
—Por supuesto.
No tenía palabras.
Realmente quería ver a Taylor Swift en concierto. Había visto docenas de videos
y artículos sobre su gira y sabía que era un espectáculo impresionante. Había estado
buscando boletos, pero eran costosos a menos que quisieras sentarte en el área más
alejada.
Pero, ir a un concierto con Mason se sintió como cruzar una muy grande,
destellante línea roja.
Una cosa era que me mandara mensajes de texto con frecuencia. Esos podían ser
vistos como una amistad floreciente. Nada de lo que dijimos en esos mensajes podría
construir en nada más que amistosos. Salir con él se sentía como un gran paso en una
dirección en la que sabía no debía dirigirme.
Mason se iluminaba cada vez que me veía, sus ojos azules nunca dejaron los
míos cuando hablé con él, como si lo que dijera yo realmente importaba. Él se tomó
el tiempo para hablar conmigo inclusive si era algo tonto o sin importancia.
No podía recordar.
Podía ir al concierto y pasar más tiempo con Mason mientras también veía a una
de mis artistas favoritas en vivo, o podía rechazarlo y pasar otra noche solitaria en
casa con mi apenas esposo.
Decisiones, decisiones.
Estaba en la punta de mi lengua el estar de acuerdo con ir con él, pero algo me
detuvo. Había una sensación de incomodidad en el fondo de mi estómago y le di la
única respuesta que pude en ese momento.
—Lo escuchaste, él tiene un boleto extra de Taylor Swift para esta noche.
Josie elevó una de sus cejas perfectamente peinada e hizo una mueca.
—Ajá.
Suspiré.
—Oh, sí lo haces. Tiene algo que decir y no terminaremos nada del trabajo hasta
que lo hayas dicho, así que vamos.
—Solo me estaba preguntando por lo que Bryson tendría que decir sobre tú
yendo a un concierto con Mason.
—Podría ser cierto, pero ¿no crees que deberías al menos decirle primero a él?
Yo: Un compañero de trabajo me ofreció un boleto para ver esta noche a Taylor Swift.
Creo que voy a ir.
Satisfecha por el momento, Josie y yo regresamos al trabajo en nuestros
respectivos proyectos. Fue hasta más de una hora más tarde que recibí respuesta de
Bryson.
Sostuve triunfante mi teléfono para que Josie leyera la respuesta de Bryson. Ella
parecía más tranquila hasta que sus ojos escanearon el mensaje entrante. Ella frunció
sus labios y cruzó sus brazos a través de su pecho.
Atrapada.
—¿Qué importa?
Josie bufó.
—Creo que haría la diferencia si él supiera que era Mason el que te está
invitando.
—No te hagas la tonta conmigo, Mack. Sé que ves la forma en que él te mira y
tú y yo sabemos que eso no es solo una salida entre amigos.
No que algo inapropiado sucedería, por supuesto. Como le dije a Josie, Mason
sabe que estoy casada. Él no está intentando interponerse entre nosotros, él solo está
intentando ser mi amigo. Nada está sucediendo y no hay una razón para
preocuparse. ¿Verdad?
Verdad.
A la hora del almuerzo, recorrí la oficina hasta que encontré a Mason en la sala
de descanso. Él estaba hablando con uno de nuestros compañeros pero se alejó de la
conversación cuando entré en la habitación. No me pierdo que sus ojos brillan tan
pronto como me ve, pero hice mi mayor esfuerzo por ignorarlo.
—Kenny. ¿Estás aquí para rechazarme en persona? —Su tono es ligero, pero
puedo ver la preocupación en sus ojos.
—¿En serio?
—Suena genial. Y gracias por pensar en mí. Estoy tan emocionada por esta
noche.
—Yo también.
***
La arena PNC estaba a reventar con preadolescentes, así que no fue difícil
encontrar a Mason en la multitud. Él vestía unos jeans oscuros y una camiseta
Henley gris que acentuaban todas las crestas de sus brazos. Sacudí ese pensamiento
fuera de mi cabeza y puse una sonrisa en mi rostro.
Los ojos de Mason atraparon los míos mientras hacía mi camino a través de la
multitud. Sus ojos vagaron por mi cuerpo lentamente antes de centrarse en mi cara.
No me había vestido elegante esta noche, opté por mis jeans favoritos y ajustados,
altas botas de cuero, y un suéter azul rey, pero Mason me hizo sentir como si
estuviera en un vestido de noche en el Met.
Mason sonrió.
Como era de esperarse, Mason se quedó en su asiento, pero cada vez que lo veía,
él me estaba sonriendo, así que me imagino que también se estaba divirtiendo.
Él retrocedió para observar mi rostro antes de estirar su mano para tocar debajo
de mi barbilla.
Unos pocos minutos más tarde, Taylor Swift cantó su última canción y luego
reapareció para cantar nuevamente dos canciones más. Cuando era claro que ella
había terminado por la noche, Mason y yo hicimos nuestro camino fuera de la arena
y en la noche fresca.
Fruncí el ceño.
—¿Qué es?
—Yo… —comencé pero me detuve cuando me di cuenta que no tenía idea que
quería decir. Que podía decir a eso.
Si él no había comprado esos boletos para su sobrina, entonces ¿para quién los
compró?
En un nivel, sabía que iba a ser un poco denso, pero necesitaba aclarar esto.
Inmediatamente.
—Yo… —De nuevo, era todo lo que tenía. Una palabra, una sílaba, un par de
letras para contestar a su confesión.
Él dijo que logró pasar tiempo conmigo como si se hubiera ganado la lotería.
Como si fuera la meta de toda su vida la cual finalmente había alcanzado. No pude
evitar comparar su reacción con la de mi esposo, el hombre quien pasa cada noche
conmigo, y elige pasar tiempo trabajando o perdiéndose viendo ESPN en lugar de
conmigo.
Viendo que todavía no tenía una respuesta para él, Mason se inclinó y colocó un
corto y casto beso en mi frente. Mis ojos se cerraron ante mi deseo mientras saboreé
la sensación de sus labios en mi piel por esa fracción de segundo. Cuando los abrí,
Mason estaba de pie más cerca que nunca, sus ojos azules suaves.
—No, estoy en casa viendo televisión con Bryson. ¿Qué hay? —Vuelvo a
preguntar.
Connor toma una gran respiración y llega a través del auricular fuerte y claro e
instantáneamente estoy preocupada.
Pero no lo dejaré.
No seré esa mujer quien deja que la envidia rija sus emociones y coloree su
felicidad por otros.
—¿Hola?
—¡Lo siento! ¡O Dios mío, felicidades! ¡Tú y D deben estar tan felices!
Connor deja salir lo que suena como una respiración de alivio y se ríe
suavemente.
Me reí.
Asentí de nuevo.
—Es bastante común. No puedo creer que esté embarazada cuando los vi hace
un mes en la cena de Acción de Gracias. ¿Cómo mantuvieron el secreto? Debe
haberlos tenido a punto de explotar.
—La siguiente que esté embarazada. Hemos estado intentándolo desde la luna
de miel. Esperemos que esté embarazada demasiado pronto, y yo y D podemos estar
embarazadas al mismo tiempo.
—A ella le encantaría.
—Oye, escucha, tengo que irme, solo quería darte la buena noticia. ¿Le contarías
a Bryson por mí?
Sonreí.
—Tú sabes, Mack. Sé que estás feliz por ellos, pero estoy seguro de que también
estás un poco triste.
Tomo una respiración profunda y dejo salir el aliento lentamente antes de negar
con mi cabeza.
—No estoy triste. —Él levanta esa maldita ceja de nuevo—. No lo estoy —insistí.
—No estoy triste, pero estoy un poco... no sé. ¿Ansiosa? —Lo miré para
confirmarlo, pero su mirada era estable, esperando que continuara—. Creo que
siento que hay un temporizador ahora. Como si tuviera que apurarme y quedar
embarazada o me quedaré atrás.
Resoplé.
—Lo sé, Bryson. Solo te digo cómo me siento. Nunca dije que fuera racional.
—No lo estoy. Lo prometo. Estoy tan emocionada. Por cierto, mañana es diez
de DPO.
Puse los ojos en blanco pero no pude evitar reírme ante su expresión perpleja.
—DPO significa días pasados de la ovulación. Mañana es el día diez, así que voy
a tomar una prueba por la mañana con POM.
—Oh, cierto. Por supuesto ¿Quién soñaría con usar algo más que FOM?
Lo golpeé en el bíceps.
—Es POM.
—Bien, bien. POM. —Él asintió con la cabeza, su rostro era una imagen de
seriedad—. ¿Y por qué tienes que hacer una prueba mañana?
—Bueno, no tengo que hacerlo. Pero no puedo esperar. Dicen que debe esperar
para realizar la prueba hasta el primer día de su período perdido, que debería ser el
día catorce, pero la mayoría de las pruebas pueden recuperarse en un embarazo hasta
cinco días antes de eso.
Bryson parecía que su cabeza estaba girando, así que me apiadé de él y le di una
palmadita en la mejilla.
—No te preocupes por los detalles, cariño. Lo tengo todo bajo control.
***
Respiré hondo y, con manos temblorosas, volteé la prueba para encontrar solo
una línea rosa oscura. Todo mi cuerpo se desinfló al verlo, mis brazos cayeron a mis
costados con la prueba apretada en mi mano.
Tan tonto como era, realmente esperaba que tuviéramos éxito de inmediato.
Después de lo fácil que fue la última vez, esperaba lo mismo cuando realmente
estábamos intentando. Eso, sin embargo, claramente no era el caso.
—Es negativo.
—Sé que estás decepcionada, nena, pero aún es pronto, ¿verdad? Puedes volver
a hacer la prueba en un par de días.
Lo miré sonriendo.
***
Dos días después, me paré en el baño, a primera hora de la mañana, con una
prueba de embarazo idéntica en la mano.
***
Habían pasado dos semanas y no estaba más cerca de una prueba de embarazo
positiva o, al parecer, de un período.
—¿Pero sería débil en este punto? Quiero decir, tienes dos semanas de retraso.
¿No sería eso tener como unas cuatro semanas de embarazo?
Él tenía razón.
Maldita sea.
—¿No dijo el médico que tus ciclos podrían ser irregulares al principio?
Suspire nuevamente.
—Sí.
—Solo llevas un mes y medio sin control de la natalidad. Tal vez esto sea solo
un ciclo irregular y tu período esté en camino.
Suspiré.
—Obtener tu período es mejor que estar en este espacio gris intermedio que te
está volviendo loca. Nunca te había visto así antes, Mack. No me gusta.
—¿No te gusta? ¿Cómo crees que me siento? ¡No es tu cuerpo el que está jodido
aquí!
Todavía estaba resoplando cuando aparté las sábanas y me dejé caer sobre la
cama. Pero, mientras yacía allí, la ira desapareció, dejando atrás la culpa y la
vergüenza.
¿Qué me pasaba?
No quise hablarle así a Bryson y cuanto más tiempo tuve para calmarme y pensar
realmente, más me di cuenta de que le debía una disculpa. Nada de lo que había
dicho era equivocado o incorrecto, simplemente no era lo que yo quería escuchar.
Las tablas del piso crujieron, y levanté la vista para ver a Bryson parado en la
puerta, con los ojos cautelosos mientras me evaluaba.
—Es seguro entrar. No voy a morderte la cabeza otra vez —le digo.
Suspire.
—Ella regresó. Lo siento, Brys. Esto es mucho más difícil de lo que pensé que
sería.
Él estaba aquí. Y mientras lo tuviera, sabía que podía enfrentar lo que fuera que
venía.
***
Se acabó.
La mujer que vi en el espejo parecía derrotada. Tenía los hombros caídos, los
ojos hundidos y la piel pálida. Parecía que había perdido algo importante para ella y,
mientras la observaba, una lágrima cayó por el rabillo del ojo. En poco tiempo, otra
cayó, y pronto estaba llorando abiertamente, con los ojos muy abiertos frente al
espejo, su cara enrojecida mientras su blusa se humedecía por la tristeza.
Bryson me encontró así, solo mirándome al espejo mientras mis lágrimas caían
sin control. Sus manos instantáneamente encontraron mis hombros y me hicieron
girar para enfrentarlo. Pero no podía mirarlo a los ojos, demasiado avergonzada de
cómo mi cuerpo nos había traicionado.
Sacudí mi cabeza y caí en sus brazos mientras las lágrimas continuaban fluyendo
libremente por mi cara. Su mano grande corrió por la parte de atrás de mi cabeza
suavemente mientras esperaba que me explicara.
Él suspiró aliviado.
—¿Eso es todo?
Retrocedí.
—Nena, es solo el primer mes. Dale algo de tiempo. Estarás embarazada antes
de que te des cuenta.
No sé por qué, pero en ese preciso momento supe que sus palabras eran falsas.
Sentía en lo profundo de mí que no se trataba de una simple batalla que ganar, sino
de una guerra que se libraría. Supe instintivamente que nada sobre este proceso sería
fácil.
Esa fue la primera vez que me pregunté si me estaban castigando. Si esta era mi
penitencia por querer abortar el primer embarazo con el que había sido bendecida.
Tal vez tendría que sufrir antes de poder tener lo que quiero, o tal vez nunca lo
obtendría. Tal vez esa era nuestra única oportunidad, y nos la perdimos para siempre
ahora. Tal vez nunca sería madre.
Presente
Alcancé torpemente mi espalda para cerrar el vestido de encaje azul real que
acababa de ponerme. Era sin tirantes, con mangas largas y holgadas que caían hasta
la punta de mis dedos, y un corpiño ajustado y una falda que terminaban muy por
encima de mis rodillas. Una hendidura larga exponía una parte del muslo pero no
afectaba el atuendo. Era uno de los vestidos más hermosos que había usado.
Suspiré.
—Bryson.
—¿Eh?
—¿Vamos?
Mi cuerpo se infló de rabia y vi rojo cuando pisoteé hacia su escritorio con mis
zapatos negros.
—¿Disculpa?
Necesitaba un trago
Dos copas de vino después, Bryson entró en la cocina con un aspecto tan
hermoso que mi corazón se apretó al verlo.
Llevaba un traje gris oscuro, con una camisa blanca abotonada y una corbata
azul. Su cabello rubio oscuro estaba peinado hacia atrás y su hermoso rostro estaba
bien afeitado. Levantó la mano para ajustar el nudo en su cuello cuando terminé mi
copa de vino.
Me quedé allí un momento sin responderle, esperando que tuviera algo más que
decir. Que tal vez una parte de él reconocería que me había tomado un esfuerzo extra
para arreglarme. Que tal vez me diría que era hermosa por primera vez en meses.
Las cosas solían ser muy diferentes entre nosotros. En el pasado, habría acechado
dentro de la cocina y me había presionado contra el mostrador, manchándome el
lápiz labial mientras arruinaba mi boca. Habría deslizado sus grandes manos a lo
largo de mis hombros expuestos y presionó una rodilla entre mis piernas hasta que
hubiera tanto de él que no pudiera identificarme.
Pasé junto a él, lo suficientemente cerca como para sentir el calor de su cuerpo,
pero lo suficientemente lejos como para sentir la distancia entre nosotros. Fue como
nuestra relación. Pasamos todas las noches a solo centímetros de distancia, pero esa
división se sentía cada vez más grande e insuperable.
—No sabía que estabas molesta por ir a la cena de Acción de Gracias sin mí.
—¿Por qué querría aparecer en una fiesta familiar sin mi esposo, Bryson? Todos
tenían preguntas e hicieron suposiciones sobre porque no estabas allí, y fui yo quien
tuvo que explicar que mi esposo no podía retirarse del trabajo, ni siquiera
en festividades.
—Eso no tuvo nada que ver contigo o lo importante que eres para mí. Tuve que
reunirme con un cliente. No había otra opción.
Sería la excusa perfecta de porqué trabajaba hasta tan tarde y tenía poco o ningún
interés en mí. Explicaría su desapego y todas las reuniones adicionales a las que tenía
que asistir cuando se suponía que debía estar fuera de turno.
Cuanto más lo pensaba, más me ponía nerviosa y podía ver a Bryson poniéndose
igual de molesto.
—¿Crees que estoy teniendo una aventura? —Su voz fue baja y mortal, con la
mayor inflexión que había escuchado de él en meses. Un destello de algo cobró vida
detrás de sus ojos color avellana y casi me alegra haberlo hecho enojar. Al menos
está sintiendo algo.
Salí del auto con pies temblorosos y para encontrar a Bryson de pie a unos metros
de distancia, dándome la espalda. Parecía que estaba tratando de recomponerse, así
que me quedé callada mientras caminaba a su lado. Cuando me vio acercarme,
asintió con la cabeza hacia el edificio sin mirarme.
—¿De qué hay que hablar, Bryson? O me estás engañando o no lo estás haciendo.
Sacudió la cabeza.
Entré por la puerta principal hacia una pared de calor que hizo poco para
ahuyentar el frío que se había asentado en mi interior. Bryson no se veía por ninguna
parte, así que me tomé mi tiempo admirando el espacio que tenía delante.
Era una habitación grande que claramente había sido un almacén de algún tipo
en el pasado. Las paredes eran de ladrillo expuesto y las ventanas eran altas,
permitiendo que la luna llena se reflejara en los brillantes pisos de madera. Había
docenas de mesas dispuestas alrededor de la habitación, un bar a lo largo de una
pared y un DJ escondido en una esquina.
Encontré a Bryson apoyado contra la parte superior de la barra, con los ojos fijos
en el hombre que le preparaba una bebida. El cantinero debe haber dicho algo
gracioso porque la cabeza de Bryson se echó hacia atrás con una carcajada. Mi
estómago se apretó profundamente en la boca de mi vientre. Incluso con una risa que
reconocería en cualquier parte, el hombre que tenía delante era un extraño.
Un mechón de cabello rojo brillante llamó mi atención, e hice una línea recta
hacia Josie junto a las mesas del buffet. Se estaba riendo con algunos de nuestros
otros compañeros de trabajo, pero la sonrisa se deslizó de su rostro cuando me vio.
Pegué una sonrisa falsa y saludé a los hombres con los que Josie había estado
hablando, uniéndome sin problemas a su conversación.
Después de unos minutos, ambos fueron a buscar una mesa lo que finalmente
nos dejó a Josie y a mí solas.
—¿Acerca de?
—Se olvidó de la fiesta. Quería que viniera sola, y él se “reuniría” conmigo más
tarde —me burlé con enojo y miré con tristeza mi copa vacía.
Josie, al ver mi angustia, me llevó a una mesa semivacía y me sentó con el plato
de comida que había compilado.
—Muy bien, escúpelo. Porque esto no se trata solo de que Bryson se pierda en
su trabajo. Ha estado así por un tiempo.
—Solo es eso. Estoy harta de que el trabajo venga antes que todo lo demás. Hizo
lo mismo en Acción de Gracias. Dijo que tenía una reunión importante en video que
no podía perderse y me hizo aparecer sola en la casa de mis padres.
—Es vergonzoso, Jos. —Asintió, pero se quedó callada. Era algo que amaba de
ella. No llenaba los silencios con charlas sin sentido. Me dejó pensar y sentir, y sabía
que me podría expresarme cuando estuviera lista—. Lo acusé de hacer engañarme —
admití finalmente.
—¿De eso se tratan esas reuniones tardías? ¿Está teniendo una aventura?
Me encogí de hombros.
—No tengo idea. Solo sé que las cosas no pueden seguir como están. No puedo
seguir viviendo así.
—¡Ahí estás!
Miré hacia arriba para encontrar a un Mason muy guapo que parecía tan
emocionado de verme que me dolió el corazón. Estaba vestido con un traje negro y
una camisa azul celeste que hacía que el color de sus ojos resaltara y chisporroteara
como si estuvieran electrificados. Sin embargo, lo más hermoso en él era la sonrisa
que se extendía de oreja a oreja. Y sabía que era para mí.
Vi a Josie ponerse rígida por el rabillo del ojo, pero la ignoré por ahora.
Me enderecé y no pude evitar la sonrisa que se extendió por mi rostro. Esta era
la atención que buscaba tan desesperadamente. Así fue como mi marido debería
haberme estado mirando antes.
—¿Necesita otra?
Sonreí agradecida.
—Eso fue por ti siendo una tonta. Coquetear con Mason no va a solucionar los
problemas entre tú y Bryson.
—No estaba coqueteando con Mason, estaba hablando con Mason. Hay una
diferencia. ¿Y qué importa? —Sentí que la palabra vómito se elevaba en mi garganta
y no pude evitarlo. Esas copas de vino y los múltiples martinis finalmente se estaban
dando a conocer—. No es como si Bryson notara nada de lo que hago, de todos
modos. No es que le importe cómo me veo, o lo que estoy sintiendo, o con quién
estoy hablando. No le importa nada, y estoy empezando a ver el beneficio de ser
como él. —Me puse de pie, aunque un poco inestable sobre mis tacones—. Si a él no
le importa, ¿por qué debería importarme a mí?
Apreté los dientes para evitar que las palabras salieran de mis labios, pero el
alcohol las había soltado lo suficiente.
Esta fue la primera vez que admití en voz alta que estaba cerca de darme por
vencida con mi matrimonio, y no se sintió bien.
Los ojos hambrientos de Mason no dejaron los míos mientras sostenía un martini
nuevo. Lo acepté agradecida y tomé un sorbo fortificante.
Sonreí.
Pude sentir la sonrisa coqueta inclinar mis labios rojos, pero no pude evitar que
sucediera.
—Me alegro.
—¿Lo usaste para mí?
El DJ estaba tocando una canción que estaba en el lado más lento, y Mason
aprovechó al máximo. Me giró para enfrentarlo y colocó ambas manos en mis
caderas, acercándome hasta que estuvieron al ras contra las suyas. Una de sus rodillas
encontró su camino entre mis piernas mientras me envolvía con sus brazos.
La otra parte gritó que todo estaba mal. Estos no eran los brazos correctos a mi
alrededor. Los ojos azules deberían ser de color avellana, y no deberían sentirse mal.
Debería sentir como volver a casa.
Sus ojos se hundieron profundamente en los míos mientras sus labios carnosos
se inclinaban en una sonrisa. Se inclinó cerca hasta que pude sentir su aliento caliente
en mi cuello.
—Debí haberte besado. Justo aquí. —Una de sus manos dejó mis caderas para
rozar mis labios. Se separaron en un jadeo y él usó la yema de su pulgar para jalar
suavemente mi labio inferior. Luego tomó esa mano y la envolvió alrededor de mi
cuello.
—Exactamente. Él no está aquí. No estás en sus brazos, estás en los míos. El tipo
debe ser un maldito idiota, porque si fueras mi chica, no habría apartado mi vista
durante toda la noche.
Pero, Mason estaba aquí. Me había buscado y prácticamente rogó por un baile.
Estaba claro que Mason me deseaba, y no estaba segura de poder decir lo mismo de
mi esposo.
Justo en ese momento, una mano firme se envolvió alrededor de mi brazo y fui
abruptamente tirada hacia atrás. Apenas recuperé el equilibrio sobre mis precarios
tacones antes de girar para descubrir quién me estaba maltratando.
—No discutas conmigo. Solo toma tus cosas. El Uber está aquí.
Mason dio un paso adelante y agarró mi otro brazo, su agarre solo un poco más
flojo que el de Bryson.
—No tienes que irte si no estás lista, Kenny. Si necesitas irte, puedo llevarte a
casa más tarde.
Bryson dio un paso amenazador hacia adelante, agrupándome entre los dos
hombres.
—Mason, está bien —dije suavemente, desesperada por no dejar que esto se
convirtiera en una escena en medio de la pista de baile.
Los ojos de Mason se posaron en los míos antes de encontrarse con Bryson
nuevamente.
Puse los ojos en blanco y tiré del brazo de Bryson. Esta pelea claramente no iba
a terminar pronto si no intervenía y hacía algo al respecto.
Mason me miró de nuevo, sus ojos azules desafiantes y un poco heridos, pero
asintió una vez y se alejó. Solté un suspiro de alivio, pero duró poco.
Un Honda CRV azul oscuro nos estaba esperando en la calle y Bryson me hizo
pasar adentro antes de deslizarse en el asiento de cuero y confirmar nuestra dirección
con el conductor.
Nunca lo había visto actuar así antes. En los nueve años que hemos estado
juntos, él nunca ha actuado tan celoso, tan dominante. Y si soy honesta, me excitó
un poco.
—Lo que hiciste allá fue ridículo. Estoy humillada —grité en voz baja, con la
esperanza de mantener esta conversación lo más privada posible en los estrechos
confines del automóvil.
Bryson sacudió la cabeza lentamente, pero aún se negaba a mirarme a los ojos.
Nunca lo había visto actuar así, pero no sentía miedo. Sabía desde lo más
profundo de mi alma que Bryson nunca me dañaría físicamente. Pero aun así. No
tenía idea de a dónde iba esto. No había hoja de ruta para ver a dónde llevaría esta
noche. Todo esto era desconocido.
—¿Por qué debería disculparme, hmm? ¿Por tener que verlo follar con la
mirada a mi esposa toda la noche? ¿O por intervenir cuando te estaba poniendo las
manos encima?
—Por supuesto que lo estaba, esposa. —Su mano se deslizó unos centímetros por
mi muslo—. Lo vi buscándote en el lugar. Observé cuando te encontró al otro lado
de la habitación e hizo una línea recta hacia tu mesa. —Su pulgar estaba frotando
pequeños círculos en mi piel, haciéndome más difícil prestar atención—. Tu cara se
iluminó cuando lo viste. —Se inclinó más cerca hasta que sus labios rozaron mi
mejilla—. ¿Lo estabas esperando también?
—Hmm. Pero luego lo seguiste hasta el bar. —No sabía si estaba haciendo una
pregunta o afirmando un hecho, así que me quedé callada e intenté calmar mi
respiración errática. Bryson estaba derritiendo mis entrañas, y estaba dolorosamente
consciente de la compañía que aún teníamos y hacía todo lo posible para mantener
las cosas lo más apropiadas posible en el asiento trasero del automóvil de un extraño.
»Y luego bailaste con él. —La mano de Bryson se apretó en mi muslo y sus labios
viajaron de regreso a mi oído—. ¿Por qué estabas bailando con él, Kenzi? —Su
pregunta fue puntuada con un pellizco agudo en el lóbulo de mi oreja y apenas
contuve un jadeo.
—Eso no es cierto, Kenzi. Eso fue mucho más que un baile, eso fue juego previo.
¿Dónde estaba el distante Bryson que había llegado a conocer? ¿Dónde estaba el
hombre que apenas me miraba, y mucho menos me tocaba? ¿Dónde estaba el frente
frío que había barrido mi matrimonio? Y, lo más importante, ¿cuánto duraría esto?
El Uber se detuvo frente a nuestra casa y Bryson le dio las gracias cuando ambos
salimos rápidamente del auto. Bryson me pisó los talones cuando me dirigí a nuestra
puerta tan rápido como pude. Mis manos temblorosas me hicieron difícil poner la
llave correcta en la cerradura, pero finalmente la abrí.
Su gran cuerpo me enjauló contra la puerta, sus caderas presionando contra las
mías hasta que pude sentir su dura longitud a través de nuestra ropa. Se apartó el
tiempo suficiente para deshacerme de mi abrigo antes de que su pecho volviera a
estar contra el mío.
Nuestras fuertes respiraciones eran el único sonido en nuestra silenciosa casa
mientras esperaba ver qué haría. Sus ojos color avellana eran casi completamente
marrones en la tenue luz de nuestro vestíbulo mientras escaneaban mi rostro
inquisitivamente. Alcé la barbilla y me encontré con su mirada desafiante. No tenía
nada que ocultarle.
—Esto es mío, Kenzi. —Su mano se apretó y jadeé fuertemente, mis rodillas se
debilitaron—. Esto siempre será mío, ¿lo entiendes?
Asentí rápidamente.
Jadeé nuevamente cuando apartó mis bragas y enterró su lengua dentro de mí.
No dudé en cumplir.
Asentí.
Sus caderas se balanceaban hacia adelante y hacia atrás, cada vez más rápido a
medida que la espiral en mi vientre se apretaba casi dolorosamente.
—Así es, yo. No Mason ni ninguno de los otros imbéciles que no podían apartar
tus ojos de ti. Yo. Solo yo.
—Solo tú —repetí.
—Abre, Mack.
Bryson me limpió con ternura antes de tirar la toallita hacia el cesto y tirar de las
sábanas para los dos. Apenas arrastré mi lamentable cuerpo debajo de las mantas
antes de colapsar sobre mi almohada.
Por primera vez en meses, sentí los fuertes brazos de Bryson rodear mi cintura y
tirar de mí contra su pecho húmedo. Un beso ligero como una pluma apareció en la
piel de mi cuello y suspiré con satisfacción.
Había hecho mucho más que un poco de investigación. Había estado buscando
frenéticamente en Google, uniéndome furiosamente a grupos de Facebook y leyendo
febrilmente a través de los tablones de mensajes en línea, tratando de reunir tanta
información como pudiera.
Me reí.
—Cariño, el mundo de TDC está lleno de siglas. Esto ni siquiera es la punta del
iceberg. De hecho, tuve que buscar una hoja de apuntes, así sabía de qué estaban
hablando la mitad de los tablones de mensajes.
Asintió lentamente.
Sacudió la cabeza.
Gruñó.
—No tengo idea, cariño. Pero, si queremos tomarnos en serio este negocio de
hacer bebés, también tenemos que introducirnos en la jerga.
***
—No. ¿Son del mismo tono de rosa? ¿El de arriba es tan oscuro como el de abajo?
Bryson sostuvo la prueba cerca de su cara antes de retirarla y luego llevarla hacia
adelante nuevamente. Repitió esto un par de veces antes de que suspiré frustrada.
Se encogió de hombros.
—¡No! ¡No lo era! —grité—. He estado haciendo estas malditas pruebas durante
semanas y ninguna de ellas ha sido positiva aún. Debería haber ovulado hace mucho
tiempo y no sé qué demonios está pasando.
—¡Es fácil para ti decirlo! ¡No eres tú quien tiene que tomar estas pruebas todos
los malditos días y hacer que sigan dando negativo! ¡Soy yo! Entonces, no me digas
lo que debería y no debería sentir, porque no tienes idea.
Sabía que no era justo que me estuviera desquitando con él, pero no pude
evitarlo. Quedar embarazada me estaba consumiendo por completo. Era casi todo
en lo que pensaba en estos días. Pasé horas en todas las noches investigando y nada
de eso me estaba ayudando ahora. Nada de eso podría hacerme ovular.
Al día siguiente, salí y compré una costosa caja de KPO digitales. Costaban cinco
veces más que las pequeñas tiras reactivas, pero eran más sencillas. Aparentemente,
todo lo que necesitaba mirar era una carita sonriente. Cuando la viera, eso significaba
que estaba a punto de ovular y que podría comenzar bien la ventana fértil de este
mes.
Pasó otra semana antes de que apareciera una cara sonriente en la ventana de la
prueba.
—¡Bryson! —grité.
Corrí del baño a la sala de estar con la prueba en la mano. Levantó la vista
cuando entré y miró con cautela la prueba en mi mano.
Sonreí.
Suspiré dramáticamente.
Frunció el ceño.
—Sexo, Bryson. Es hora de tener sexo. —Se levantó del sofá con una sonrisa
lasciva en la cara—. Y mañana te imprimiré una hoja de todos los acrónimos. Creo
que tú también deberías conocerlos.
***
Me desperté temprano el décimo día después de haber ovulado con una gran
sonrisa en mi rostro y una vejiga llena. Al darme la vuelta, empujé a Bryson para que
despertara.
Puse los ojos en blanco y salí de la cama, prácticamente corriendo hacia el baño.
Una vez allí, tomé un vaso desechable y una prueba y los coloqué al lado del inodoro.
Me senté, coloqué el vaso e hice mi trabajo.
—No —susurré—. No, no, no, no, no —dije mientras arrancaba un trozo de
papel higiénico y me limpiaba frenéticamente.
Respiré hondo, cerré los ojos y levanté el papel higiénico, esperando que no
hubiera sangre en él. Con la esperanza de que fuera una casualidad y mi período ya
no estuviera aquí. ¡Solo habían pasado diez días desde que ovulé! ¡Mi período no
debería estar aquí hasta después del decimocuarto día! Y realmente había pensado
que este sería nuestro mes.
Pero, tal vez estaba equivocada. Tal vez no tenía mi período. Tal vez la sangre
en el vaso era solo un ligero manchado que indicaba un embarazo temprano.
Mientras no abriera los ojos, esa opción todavía estaba sobre la mesa.
Pero no podía simplemente sentarme en el baño con un fajo de papel higiénico
en las manos y los ojos cerrados.
Rojo.
No estaba embarazada.
Yo había fallado.
—Oye, oye, oye —susurró—. ¿Qué ocurre, nena? ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
Suspiró.
—Oh.
Por alguna razón, esa palabra, esa sílaba única, esas dos letras me enviaron al
límite.
—¿Oh? ¿Todo lo que tienes que decir es “oh”? ¿Qué significa eso “oh”, de todos
modos? “Oh, ¿fallaste de nuevo?” “Oh, ¿tu cuerpo nos jodió?” “Oh, ¿debes estar
rota?”
—¿Qué? ¡No! ¡No dije nada de eso! No pongas esas palabras en mi boca, porque
no son mías.
—¡Bien podrían serlo! Ambos sabemos que eso es lo que estás pensando. Que
hay algo mal conmigo. Que yo soy el problema aquí. Que estoy haciendo algo mal y
es por eso que seguimos teniendo negativo tras negativo. —Me reí sin humor—. Ni
siquiera pude hacer un test este mes. Ya estaba sangrando, así que no tenía sentido
hacer pruebas.
—Lo siento, Mack. Realmente lo siento, pero no puedes seguir haciendo esto.
No puedes poner estas palabras en mi boca y gritarme por ellas. No he pensado nada
de eso, y no he dicho nada de eso.
Una fuerte ráfaga de aire enojado salió de su boca cuando se dejó caer en la
cama.
—Eres imposible.
Mi ira duró todo el tiempo hasta que estuve bajo el agua caliente, donde se
derritió y dejando más lágrimas. Lloré mientras me lavaba el cabello, lloré mientras
me enjabonaba la piel, lloré mientras me afeitaba las axilas y las piernas, y lloré
mientras me lavaba la cara. Las lágrimas finalmente se secaron cuando apagué el
cabezal de la ducha y salí de la bañera.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le pregunté mientras sacaba una toalla del estante
y comenzaba a secarme.
Se encogió de hombros.
—Estaba pensando en lo que dijiste. —Me congelé ante sus palabras, pero
continuó como si no se hubiera dado cuenta—. Sigues diciendo que eres el problema,
pero no sabemos eso…
—Lo hacemos, Bryson. Yo soy la que tiene los ciclos jodidos, claramente es mi
culpa.
Levantó las manos y dio un paso más cerca, como si se estuviera acercando a un
animal salvaje.
—No digo que sus ciclos no sean un problema, pero no sabemos si hay algo malo
conmigo también. ¿Por qué no hago que me revisen para que podamos asegurarnos
de saber a qué nos enfrentamos?
Dio otros pasos hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para tirarme a
sus brazos.
Asentí cuando las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos otra vez.
—Realmente pensé que este era nuestro mes, Brys.
—¿Porqué lo sientes?
—Te fallé.
Solo habían pasado un par de meses y Bryson tenía razón, ahora que podíamos
predecir con precisión cuándo ovulaba, no debería ser mucho más tiempo. Solo
necesitaba ser paciente y seguir haciendo lo que estaba haciendo, y todas las piezas
encajarían de la manera en que debían hacerlo. Seríamos padres en poco tiempo.
Presente
Levanté mi teléfono para ver que todavía era temprano, y que no tenía ninguna
llamada perdida ni mensajes de Bryson.
Me deslicé fuera de la cama y guardé mi teléfono antes de bajar por las escaleras.
La casa estaba completamente en silencio, pero mantuve la esperanza de que
estuviera en silencio leyendo su periódico, hasta que entré a la cocina vacía.
—¿Bryson? —llamé para asegurarme, a pesar de que sabía que nadie estaba en
casa.
Mackenzie,
Tuve que ir a la oficina por unas horas. No sé a qué hora estaré en casa. Hablamos luego.
Giré la nota, pensando que debía haber más que eso. Él no podría posiblemente
haberme dejado dos oraciones y media y pensar que eran suficientes.
Arrugué el papel en mis manos y lo tiré al fregadero. Con manos temblorosas,
saqué una taza limpia para mí y levanté la jarra, solo para encontrar un poco de café
quemado al fondo. Lo empujé de nuevo sobre el plato caliente y agarré el mostrador
con ambas manos. Mi cabeza colgaba baja entre mis hombros mientras tomaba una
profunda respiración, inhalé y exhalé, tratando de recuperar mi compostura.
Él se había ido.
¿Y qué hay con esa pobre excusa de nota? ¿Hablamos luego? ¿De qué demonios
teníamos que hablar? Él me había abandonado. De nuevo. Por el trabajo. Y no es
como si él fuera un doctor que pudiera estar en turno o cualquier otra clase de
profesional que pudiera estar trabajando en horas extrañas. Él era un contador. Algo
que debería ser un trabajo regular de cinco días a la semana, de nueve a cinco, que
de alguna manera mi esposo hizo una profesión de tiempo completo.
Porque para mí, significaba que podríamos empezar a regresar a ser nosotros.
De regreso a ser una pareja que estaba locamente enamorada y apasionado el uno
por el otro. No los extraños apenas amistosos en los que nos hemos convertido.
Tal vez él estaba viendo a alguien más. Tal vez estaba con ella ahora. Dijo que
no me estaba engañando, pero entonces, ¿en dónde estaba él?
Y en lo más alto de todo, él se hizo café para él, y no dejó nada más que lodo
quemado para mí. Y una taza sucia.
Mason: ¡Hola chica bonita! Estoy en tu vecindario y quería ver si querías tener un
almorzar conmigo.
Mason.
No podía creer cuán protector él había sido la noche anterior. Cómo se había
enfrentado a Bryson y casi provocado una escena por mí. Era en partes iguales
vergonzoso y adulador.
Una gran parte de mí sabía que almorzar con Mason era una mala idea. Le daría
una impresión equivocada y complicaría más una situación ya de por sí difícil. Pero,
otra parte, una más insistente de mí necesitaba salir de esta casa.
No podía aguantar otro minuto del frío silencio. No podía sentarme a esperar a
que Bryson tuviera ganas de venir a casa. No podía soportar el pensamiento de estar
sola mientras todos estos pensamientos, miedos, acusaciones y teorías rebotaban
alrededor de mi cabeza.
***
Me había despertado sintiéndome bien, solo para tener esos sentimientos felices
estrellándose y quemándose en cuestión de minutos. Bryson me había dejado
sintiéndome fea y usada, y quería que mi apariencia fuera exactamente lo opuesto.
Era solo una coincidencia que Mason fuera el recipiente de mis esfuerzos para
hacerme sentir mejor. De eso es de lo que estaba tratando de convencerme, por lo
menos.
—Eh. Después de anoche, estoy sorprendido que te haya dejado salir de la casa.
Imaginé que te tendría encerrada en algún lugar. —Se rió a medias.
Mason estiró la mano y bajó mi menú, así que tuve que encontrarme con sus
ojos.
—¿Te lastimó?
Él suspiró.
Cerré de golpe la boca y aparté la mirada, cruzando los brazos sobre mi pecho.
Mason estiró la mano y agarró una de mis manos libres y la estiró sobre la mesa.
Cuando miró hacia abajo y vio mis anillos de boda en la mano que sostenía, trató de
suprimir una mueca, pero la vi. Cubrió mi mano con la suya, como si estuviera
tratando de esconder la vista.
Mason y yo éramos amigos, ¿verdad? Debería ser capaz de hablar con él de esto
y no sentirme tan incómoda. ¿Tal vez fue porque él era un hombre que esto era
extraño? ¿Tal vez estaba fuera de práctica hablando acerca de mi vida amorosa? Pero,
entonces ¿por qué era tan fácil de hablar de estas cosas con Josie?
—Eh, ¿sí?
Fruncí el ceño.
—Sé eso, Mackenzie. Yo solo no puedo creerlo después de la forma que él actuó,
y después de todo lo que hemos… —Él se cortó a sí mismo, dejando la oración morir
justo allí en la mesa entre nosotros.
¿Acaso Mason pensó que había más entre nosotros de lo que había? ¿Este
pequeño enamoramiento suyo había ido más profundo de lo que pensaba? ¿Le había
dado la impresión equivocada? ¿Qué estaba haciendo yo aquí con él, de todas
maneras?
—¡No! —Levanté una ceja hacia y él negó con la cabeza toscamente—. No. Por
favor. Quédate. Lo siento, solo me atrapaste fuera de guardia.
—Mason, yo…
—¡No tienes que decir nada ahora! —interrumpió—. Solo… piénsalo. Piensa
acerca de nosotros y como podrían ser las cosas.
—Sé que esto da miedo. Y sé que esto puede ser un poco sorpresivo.
¿Lo era?
—Pero, tengo sentimientos muy reales, fuertes y profundos por ti. Y puedo ver
lo bien que podríamos estar juntos. Lo sé. Si solo me dieras una oportunidad,
podríamos ser increíbles. Todo lo que quiero es que pienses en eso.
Alejé mi mano.
—Actúas como si eso fuera algo que no pueda cambiar. Muchas personas se
divorcian y encuentran el amor de nuevo. Tú también puedes hacerlo. Y yo estaré
justo allí en cada paso del camino.
Él frunció el ceño.
Mason se inclinó hacia adelante y me golpeó con esos increíbles ojos azules
suyos.
—Sé que me quieres, Kenny. Es obvio. Está en la forma en que me miras, cómo
hablamos, cómo nos conectamos. Sé que seríamos increíble juntos si solo nos dieras
una oportunidad.
Me deslicé fuera de la cabina tan rápido, que creo que quemé la parte posterior
de mis muslos.
Fue la única serie de palabras que podían pasar por mis labios congelados.
Necesitaba irme. Necesitaba alejarme de Mason, y de esta conversación, y de esta
confesión, y de este desorden que altera vidas que él acababa de tirar en mi regazo.
—Tengo que irme —dije una vez más mientras giraba en mis talones y
prácticamente corría fuera del restaurante.
Sentí que mi vida era un tren a todo vapor y yo era la idiota a caballo tratando
de alcanzarlo.
Nada era como debería ser. Bryson se estaba alejando de nuevo. Mason estaba
tratando de abrirse camino entre nosotros, y yo estaba en la mitad, sin saber a qué
lado girar.
Por un lado, estaba mi esposo y compañero por más de nueve años. Había
pasado a través de mucho con Bryson, no podía imaginar estar con otro hombre.
Habíamos hecho votos, y los había dicho en serio desde mi corazón.
En cierto punto, nos habíamos desviado fuera del camino. Habíamos perdido el
rumbo, y después de que me dejó tan descuidadamente esta mañana, temía que nos
hubiéramos desviado tanto del rumbo, que no pudiéramos encontrar nuestro de
camino de regreso.
Por otro lado, estaba Mason. Alguien que me estaba comprado entradas a
conciertos, buscándome en cada oportunidad, enviándome mensaje con la más
frecuencia posible, llevándome a almorzar. Alguien que quería mi tiempo. Alguien
que me quería.
¿Había una respuesta correcta? ¿O solo una que era menos mala que la otra? Con
un corazón pesado, y una mente más pesada, me alejé de un hombre que estaba
rogándome que lo quisiera, hacia una casa vacía y con esperanzas, hacia un hombre
que todavía me quiere.
Presente
Bryson no regresó a casa hasta bien pasada la hora de la cena. Pasé ese tiempo
ordenando los pendientes, viendo The Bachelor, y bebiendo una botella entera de vino.
Los pensamientos que me habían plagado desde mi almuerzo con Mason todavía se
retorcían viciosamente a través de mi mente, pero ahora, ahogados en vino, estaban
mucho más tranquilos.
Lo ignoré. Me había dado el tratamiento del silencio todo el día, y eso es lo que
él obtendría esta noche.
—¿Mackenzie?
Él sonaba confundido.
—Bryson.
—¿Qué sucede?
—Oh, tú sabes. Solo esperando a que mi esposo recuerde que tiene una esposa
en casa quien lo ha estado esperando todo el día. —Bryson abrió su boca para
responder, pero yo no había terminado todavía. Hice señas hacia la botella vacía de
merlot—. Me bebí el vino que estaba guardando, por cierto. Me imaginé ¿para que
demonios lo estoy guardando de todas formas? No es como si hubiera algo que
celebrar por aquí, ¿verdad?
—¿Esta mañana? —Él parecía confundido, casi sentí pena por él—. Te dejé antes
de que siquiera te despertaras. ¿Qué pude haber hecho esta mañana?
—¿En un domingo? ¿Tuviste que ir a la oficina hoy? ¿No podía esperar hasta
mañana?
Él suspiró.
Él suspiró.
—No debí haber actuado de esa forma. No debí haberte arrastrado fuera de la
fiesta de tu oficina, y —Pasó saliva—, atacado de la manera que lo hice cuando
llegamos a la casa.
—Bryson anoche fue la primera vez que he sentido cualquier tipo de conexión
contigo en meses. ¿Y me estás diciendo que te arrepientes?
—Me arrepiento de mis acciones, sí. Te mereces ser tratada con mayor respeto
que ese.
—Quiero que me trates con pasión, Bryson. Quiero ese fuego en tus ojos, tu lengua
afilada, tu boca sucia. Quiero eso Bryson. Quiero al hombre con el que me casé, no
una pálida imitación con el que he vivido los pasados pocos meses.
—No sé de que estás hablando, Mackenzie. No entiendo por qué quieres que te
trate mal. ¿Qué estás pensando?
—Tienes razón, Bryson, ¿qué estoy pensando? ¿Por qué querría algo de pasión en
mi vida?
Me giré sobre mis talones y planté mis manos sobre mis caderas.
—Bueno, ya que me desperté a una casa vacía, cuando recibí una invitación a
almorzar, la tomé.
Por un segundo pensé en mentir, pero luego recordé la reacción que Mason había
provocado en él anoche y pensé que podía volver a funcionar.
—Mason.
Uno de los lados de la mandíbula de Bryson se apretó un poco más, pero el resto
de él estaba todavía sin emoción.
—¿Oh, sí?
—Sip. —Me giré para irme pero tenía una última cosa que quería decirle—. Solo
para que lo sepas, Bryson, si no quieres estar conmigo, hay otros que sí.
—Es la verdad.
Dejé a Bryson ahí y subí para ir a la cama. Esperaba dormir temprano, pero me
eludió.
Con un corazón pesado, me di cuenta que era momento de admitir que nos
habíamos distanciado, posiblemente de manera irreparable. Necesitaba hacerme a la
idea del hecho que algunas divisiones eran insuperables. Que algunas relaciones se
rompían, y no había arreglo en ellas. Que en algún punto, habría aceptado la realidad
de nuestra situación y avanzado, cualquiera que fuera ese camino.
***
La mañana del lunes llegó, y con esta, el juego del gato y el ratón que tenía que
jugar con Mason. A propósito, aparecí en el trabajo con solo unos minutos de sobra,
sabiendo que él no tendría tiempo de buscarme afuera antes de que el día comenzara.
Le fruncí el ceño y eché otro vistazo rápido por la habitación para asegurarme
de que nadie me hubiera visto entrar.
No quería decir lo que Mason me había confesado, pero sabía que necesitaba
hablar con alguien. Mis emociones en guerra me estaban destrozando, y tenía pocas
personas en las que podía confiar.
—Lo sé —murmuré.
—¿Algo así? ¿No crees que tu esposo tiene derecho a saber que hay otro hombre
que está interesado en ti?
Dejé caer las manos sobre el escritorio lo suficientemente fuerte como para
sacudir los bolígrafos y los papeles esparcidos.
—Pensé después de la forma en que actuó el sábado por la noche cuando me vio
bailando con Mason que las cosas volverían a la normalidad entre nosotros. Pensé
que finalmente había llegado a él. Pero se despertó el domingo como si nada hubiera
pasado. Incluso le dije que había almorzado con Mason y todo lo que me preguntó
fue si me lo había pasado bien. ¿Suena como un hombre al que le importa una mierda
quien está detrás de su esposa? De hecho, tal vez prefiera que Mason me quite de sus
manos.
Las palabras me quemaron la garganta cuando las dije, pero no pude evitar
escuchar el pequeño sonido de la verdad. Quizás Bryson había abandonado este
matrimonio para siempre. Tal vez no le importaría si otro hombre estuviera
interesado en mí. Tal vez él quiere una salida.
Me burlé y rodé los ojos, con la esperanza de mantener a raya las estúpidas
lágrimas que sentía.
—Ya no sé qué es verdad, Josie. Realmente no. Por un lado, quiero que vuelva
Bryson. Quiero lo que teníamos. Pero Mason realmente quiere hablar conmigo, estar
conmigo. Siento que estoy atrapada entre un hombre que no me quiere, pero estoy
atada a él, y un hombre que sí me quiere, pero se supone que no debo estar con él.
¿A dónde voy desde allí?
Josie suspiró.
—No puedo decirte cómo sentirte o qué hacer. Eso es algo que tienes que
descubrir por ti misma. Lo que sí sé es que, a pesar de cómo Bryson está actuando,
hiciste un voto y te debes a ti misma y a él cortar los lazos por completo antes de
hacer algo con alguien más.
—No es así como parece desde donde estoy sentada, amiga. Parece que estás
coqueteando con esa línea, y no quiero que hagas algo de lo que te arrepientas que
no puedas borrar. O comprométete a hacer que funcione con Bryson o termínalo.
Terminar.
Una palabra. Solo ocho letras, pero dieron un puñetazo que no esperaba.
¿Podría terminarlo?
Pero, ¿qué opción tenía? Se había alejado de mí. Durante meses, había estado
tan distante y ausente, que ya ni siquiera parecía un matrimonio. Apenas hablamos,
y las pocas interacciones que tuvimos fueron difíciles e incómodas. Atrás quedaron
las dos personas que podían hablar durante horas sobre todo y nada a la vez. Los
amantes que eran los mejores amigos y los más grandes confidentes del otro. Todo
eso se fue.
Podría ser diferente si supiera que funcionaría. Si pudiera garantizar que mis
esfuerzos tendrían resultados al final, y podría conseguir a mi esposo de vuelta,
podría haber sido suficiente para impulsarme hacia adelante, pero no había tal cosa.
No tenía forma de saber cómo reaccionaría Bryson, o peor, si él reaccionara.
¿Valía la pena?
¿Valdría la pena todo el trabajo antes mencionado? Sin ninguna garantía, ¿quería
siquiera trabajar para reconstruir este matrimonio? Especialmente sabiendo que tenía
una salida fácil, sabiendo que tenía otro hombre, esperando, listo para recoger los
pedazos rotos de mi corazón y hacer todo lo posible para volver a armarlo.
¿Me expongo y trabajo en lo que tengo? ¿O reduzco mis pérdidas y paso a lo que
podría tener?
No estaba lista para tomar esta decisión; no estaba lista para seguir adelante, y
no estaba lista para avanzar. Por ahora, lo único que podía imaginar hacer era
exactamente lo que había sido.
Ese pensamiento fue reconfortante y frustrante, pero era todo lo que podía
comprometerme por ahora.
Pensé que estaba haciendo un buen trabajo evitando a Mason, pero debería haber
sabido que era solo cuestión de tiempo antes de que me encontrara.
—Hola, Kenny.
Estuvimos en silencio por un momento, el único sonido fue el roce del agitador
de madera contra mi vaso de papel mientras mezclaba la crema con mi café.
Cerré los ojos brevemente, agradecida de que no pudiera verme la cara. Mason
fue directo como siempre, y sentí el latigazo mental ante su abrupta pregunta. Decidí
que sacaría una página de su libro.
—Sí lo estoy.
Su risa fue brusca y jadeante. No creo que esperara mi honestidad, pero ¿qué más
había en este momento?
—Kenny, mírame.
Suspiré y tiré el agitador a la basura antes de girar para encontrarme con sus
intensos ojos azules. Mi mano tembló levemente cuando llevé el café caliente a mis
labios y tomé un sorbo rápido.
Suspiré.
Cerró la distancia entre nosotros, colocando su duro pecho contra el mío. Traté
de ahogar mi jadeo mientras apretaba mi café tan fuerte que temía que la taza de
papel se doblara y derramara el líquido caliente sobre mi mano.
—Lo recuerdo, Kenny. ¿Cómo podría olvidar que cada noche te acuestas junto
a otro hombre? Que él pueda besarte y abrazarte cuando haría cualquier cosa para
tener eso, ¿verdad? ¿Cómo podría olvidar que tiene todo lo que quiero?
—Lo recuerdo, solo elijo ignorarlo. Porque si me salgo con la mía, no estarás
casado por mucho más tiempo.
No habíamos hablado mucho desde el domingo por la noche, no es que eso fuera
anormal para nosotros en estos días, pero esta distancia se sintió diferente. Más
cargada. En lugar de solo el vacío entre nosotros, había tensión, y era casi
insoportable en el viaje en automóvil de una hora hasta la casa de mis padres ese día.
La radio tocando alegres villancicos fue lo único que rompió el silencio entre
nosotros. En años pasados, jugábamos juegos tontos como encontrar tantas placas
fuera del estado como pudiéramos o cantar junto a la radio con voces operísticas
embellecidas, pero hoy no había nada de eso. Aunque el calor estalló a través de las
rejillas de ventilación, un escalofrío impregnó el aire y se deslizó debajo de mi piel.
—Escucha, Bryson, sé que las cosas no están bien entre nosotros, pero
¿podríamos al menos actuar como si todo estuviera bien hoy? Después del desastre
en Acción de Gracias, realmente no quiero tener que responder más preguntas de mi
familia.
—¿No sabías que había un problema entre nosotros? ¿En serio, Bryson?
Suspiró nuevamente.
—Tengo que trabajar, Mackenzie.
—¡Si! Todavía estamos hablando de esto porque, para empezar, nunca hablamos
de ello.
La cabeza de Bryson se giró para mirarme, sus ojos color avellana grandes e
incrédulos antes de volverlos a la carretera.
—Estás trabajando más tarde que nunca, entrando a la oficina en días inhábiles.
—Conté con los dedos—. Estás distante, nunca hablamos, nunca follamos…
—¿No acabamos de tener sexo el otro día? —interrumpió, su voz se elevó para
emparejarse con la mía.
Me burlé:
—Solíamos tener sexo todos los días, Bryson. Y el fin de semana pasado fue la
primera vez en mucho tiempo.
—¡Quizás dijiste todo lo que tenías que decir, pero yo no lo he hecho! Estoy harta
de cómo están las cosas entre nosotros. Estoy harta de que trabajes noches y fines de
semana y no tengas tiempo para mí. Estoy harta de la distancia. —Ya estaba
jadeando, pero tenía una cosa más que tenía que decir—. Y cada vez que te pregunto
sobre una aventura, cambias de tema. Solo responde la pregunta, Bryson.
Caí hacia atrás contra el asiento y dejé escapar un gran suspiro, sintiendo que
toda la lucha en mí escapaba con este.
—Ya no estoy segura de lo que sé —admití en voz baja—, pero las cosas no son
iguales entre nosotros y lo odio.
—Estamos bien, Mackenzie, estamos pasando por un mal momento. Esto les
pasa a todos.
—Todo está bien, Mackenzie —respondió antes de abrir la puerta y salir del auto.
—Si tú lo dices —murmuré, sabiendo que era una mentira, pero decidí dejarlo
pasar por ahora.
Entramos en la casa de mis padres y nos quitamos los abrigos antes de colocar
los regalos que trajimos en un montón cerca del árbol. Como era de esperar, las voces
fuertes provenían de la cocina y las seguimos hasta mi familia.
Unos minutos más tarde, mi madre nos ordenó que fuéramos a la mesa del
comedor, y todos entramos en la habitación, eligiendo sillas al azar. De mala gana le
devolví a la bebé a su madre y una vez más, me senté en el último asiento restante.
Estaba directamente enfrente de Bryson, la gran mesa entre nosotros era como una
representación visual de la distancia en nuestra relación.
Otro bebé. Como si uno no fuera suficiente para ellos. Como si ya no tuvieran
todo lo que quería en el mundo. Ahora estaban duplicando esa bendición.
Miré hacia arriba para encontrar a Bryson mirándome con ojos cautelosos.
Debajo de la preocupación, sin embargo, vi la devastación que estaba sintiendo
reflejada en su mirada. Esta noticia también lo estaba destrozando, y todo fue mi
culpa. Fui yo quien estaba rota. Fui yo quien no pudo darnos un bebé. Ni siquiera
podía tener uno y Dina estaba en su segundo.
Sin esperar una respuesta, giré sobre mis talones y caminé tan rápido como pude
sin correr. Pasé por alto el baño de la planta baja, necesitando poner más distancia
entre mí y el recordatorio de mis fracasos.
Sabía que debería estar feliz por mi hermano y mi cuñada. Quería ser feliz por
ellos. Y en el fondo, realmente lo estaba, pero estaba cubierto por capas de envidia
que se ahogaban en la pena que sentía por mí misma. Preguntas patéticas se
deslizaron por mis pensamientos mientras luchaba por controlarme.
Me quedé en el baño mucho más tiempo del aceptable, pero tenía que
asegurarme de tener el control antes de bajar las escaleras. Mientras luchaba por
controlar mis emociones, me preguntaba dónde estaba Bryson. Él debe haber sabido
lo que me envió corriendo al baño. ¿Por qué no me había buscado?
Me hubiera encantado echarme un poco de agua fría en mi cara, pero pensé que
el rímel corrido enviaría el mensaje equivocado. En cambio, me lavé las manos y me
di una pequeña charla de ánimo.
Cuando finalmente bajé las escaleras, me sentí aliviada al ver que todos se habían
dispersado para digerir la cena antes de tomar el postre. Me dirigí directamente hacia
Connor y Dina y los envolví en un gran abrazo.
Cuando nos separamos, Connor estaba sonriendo, pero los agudos ojos de Dina
me estaban evaluando.
Mason: Entonces, he querido hablar contigo. Siento que tenemos mala sangre.
Yo: Mason, ¿tenemos que hacer esto ahora? He tenido un mal día.
Eché un vistazo por debajo de mis pestañas a Bryson al otro lado de la habitación
absorto en su propio teléfono.
¿Lo que fuera que estuviera sucediendo entre Mason y yo era mi futuro?
Ahora no.
Aún no.
Yo: Me siento muy halagada, Mason, pero te dije que no puede pasar nada entre
nosotros.
Ladeé la cabeza hacia un lado. ¿Por qué sus palabras eran tan familiares?
Yo: Estoy en la casa de mis padres para la cena de Navidad. No puedo levantarme e
irme.
Parecía que Mason había atravesado algún tipo de barrera y ahora nada estaba
fuera de los límites. Como si hubiera terminado de bailar sobre el tema, y estaba
completamente preparado para perseguirme, a pesar de mis esfuerzos por recordarle
que no era perseguible.
Mason: Nadie tiene que saber lo que hacemos.
No.
Yo: Mason, por favor. Detente. Nada puede pasar entre nosotros. Te dije esto.
Mason: Di que me verás de nuevo, incluso si es solo en tus sueños más locos.
Mi sonrisa aún se extendía por mi rostro mientras mis ojos se deslizaban por la
habitación. Volví a ver a Bryson, pero ya no estaba envuelto en su teléfono. Me estaba
mirando fijamente. La sonrisa se deslizó lentamente de mi rostro cuando sus ojos
oscuros se movieron entre mi rostro y el teléfono aún se aferraba a mi mano.
Sabía que él sabía quién pondría la estúpida sonrisa en mi cara. Quién finalmente
me hizo reír después de un día lleno de estrés y desamor.
La mandíbula de Bryson se apretó, y sentí que casi podía escuchar sus dientes
rechinar desde donde estaba sentado al otro lado de la habitación.
No había nada que pudiera decir. Sin excusas que pueda dar, sin mentira que
pueda decir. Me habían pillado con las manos en la masa.
Sentí que algo acababa de romperse. Algo horrible. Algo irrevocable. Parecía que
el último clavo acababa de ser clavado en el ataúd de nuestro matrimonio.
El hielo que había estado en su mirada una vez cálida, pareció penetrarme y
luché contra un escalofrío. Tenía un mal presentimiento de que este era el principio
del fin.
Pasado
Ayudarnos.
Porque este constante fracaso, mes tras mes, me estaba destrozando y mis piezas
regadas estaban cortando a Bryson incluso si estaba tratando de mantenerme entera.
—¿Thompson?
La enfermera pasó por su rutina normal como tomar mi altura, peso y luego los
signos vitales una vez que me lleva al cuarto. Cuando terminó, ella me aseguró que
la enfermera llegaría pronto y dejó la habitación.
—¿Nerviosa?
—Por supuesto que estoy nerviosa, Bryson. Estamos hablando sobre mi futuro.
—El mío también —dijo en voz baja.
Él suspiró.
La sonrisa era clara en su voz y supe que estaba bromeando, pero me molestó.
—Y yo no. Lo entiendo.
Él suspiró de nuevo.
—Bueno, detente.
Sentí que sus ojos perforaban un agujero en el costado de mi cara mientras estaba
sentada rebotando en mi pierna, pero no me giré para mirarlo. Sabía que estaba
siendo una perra. Que estaba hablando por ira y amargura y sacando cosas sobre él
con las que no tenía nada que ver, pero no pude evitarlo.
El vitriolo se formó dentro de mí, como un volcán activo. Quemó en las paredes
de mis entrañas, carcomiéndome. La mayoría de las veces podría suprimirlo,
empujarlo hacia abajo hasta que mi cabeza pudiera mirar por encima de él y pudiera
actuar razonablemente normal.
Keri tocó algunas teclas antes de girarse hacia nosotros y colocar ambas manos
sobre sus rodillas.
—Parece que estás aquí por amenorrea. —Cuando la miré sin comprender, ella
sonrió y aclaró—. Períodos perdidos.
Me encogí de hombros.
—La mayoría de las veces, pero no siempre antes de que tenga un período.
Keri frunció el ceño y tocó su teclado un poco más. Finalmente, respiró hondo
y se volvió para mirarnos de nuevo.
—Haré que la recepción te haga una cita con el especialista en fertilidad con el
que trabajamos y avanzaremos desde allí, ¿de acuerdo? ¿Alguna pregunta?
—Bueno, hay cosas habituales como dolores de cabeza, náuseas y diarrea, pero
la mayoría de las mujeres se quejan de los sofocos mientras toman Flomid. También
hay bastantes mujeres que informan cambios de humor.
Hice una mueca al imaginar lo que estaba pensando. Con la forma en que había
estado comportándome los últimos meses, ¿cuánto podría empeorar? Un chorro de
vergüenza me recorrió las venas y sentí que me ardía la cara.
—Lamento que las cosas tarden un poco más para ustedes, amigos, pero estoy
segura de que llegarán allí con el especialista en fertilidad al que los estamos
enviando.
Sonreí débilmente.
—Gracias.
Ella salió de la habitación, y otra enfermera nos hizo pasar al frente de la oficina
donde nos sentamos con alguien que agendó la próxima cita para nosotros.
Afortunadamente, era para la siguiente semana, así que no tuve que esperar mucho.
Me había vuelto dolorosamente impaciente en los últimos meses.
Me burlé:
—Realmente no.
—¿Por qué?
—No quiero ver a un especialista. Solo quiero un poco de Flomid, y quiero seguir
con eso.
—Pero Keri dijo que podría estar pasando algo más. ¿No quieres saber antes de
intentar algo más? —Ignoré su pregunta, y él siguió presionando—. Y no estoy
seguro acerca de estas cosas de Flomid, de todos modos. No sé si es una buena idea
que tomes algo así.
Me di la vuelta en mi asiento.
—¿Por qué? ¿Porque ya soy una perra furiosa?
Bryson apretó los labios hasta que se pusieron blancos, pero no respondió.
—Pensado así.
Bryson suspiró y extendió la mano para colocar una mano grande en mi muslo.
Apenas reprimí el impulso de empujarlo.
¿Cómo podría saberlo? ¿Cómo podría comprender lo difícil que era para mí? Lo
difícil que fue ver crecer el vientre de mi cuñada, ver amigas de la preparatoria
después de los anuncios de embarazo, mientras intentaba todo para estar en su
posición.
No pudo saberlo. No hay nada malo con él. Era yo. Yo soy el problema. Incluso
ahora, yo soy el problema.
—Sé lo suficiente sobre ti como para saber que no estás actuando como tú. Sé lo
suficiente sobre la mujer con la que me casé para saber que no eres ella.
Sus palabras pasaron por mí, como si estuviera hecha de cera y él fuera lluvia de
primavera.
Suspiré.
—¿Podemos irnos?
Bryson dejó su mano sobre mi pierna por otro momento antes de retraerla
lentamente y poner en marcha el auto.
Quería que la rabia y la furia cubrieran mis entrañas como una capa de pintura.
Quería bañarme en mi indignación, dejar que me cubriera de adentro hacia afuera.
La ira era mucho más fácil de manejar que la devastación de la impotencia o el
peso aplastante de la infelicidad que invadía mis venas.
Ser infeliz era así, ¿no? No siempre te golpeó a la vez como un deslizamiento de
tierra, fue más como una niebla que se infiltró lentamente en ti. Se deslizó a través
de ti, se filtró debajo de tu piel antes de que supieras que estaba allí.
***
Otro consultorio médico, otra sala de espera, pero esta vez juré que obtendría
respuestas.
Bryson se sentó en silencio mientras veía pasar siete minutos en mi teléfono antes
de que el médico finalmente tocara y entrara a la habitación.
El Dr. Hart era un hombre mayor con mechones de pelo blanco y esponjoso en
la cabeza y gafas negras con montura de alambre que enmarcaban sus ojos azul
pálido. Exudaba alegría, y me preguntaba si era porque había podido ayudar a tantas
mujeres desesperadas como yo a quedar embarazadas. Esperaba poder absorber de
alguna manera su felicidad como una esponja seca en un fregadero lleno de agua
jabonosa.
Tragué saliva.
—Así es.
—Señor. Thompson, tengo tu análisis de semen aquí y todo se ve muy bien allí.
El Dr. Hart asintió varias veces mientras sus ojos recorrían la página antes de
levantar su rostro hacia mí. Sus delgados labios se abrieron en otra sonrisa.
—Muy bien, esto es lo que quiero hacer. Sra. Thompson, quiero hacer un par de
citas aquí para usted. Quiero que tenga un examen de HSG1 y un ultrasonido para
asegurarme de que todo en su interior esté en óptimas condiciones. Después de eso,
volverá a verme y podremos hablar sobre prescribirte algo como Flomid.
Mi corazón se apretó en mi pecho ante sus preguntas. Incluso con lo horrible que
lo había estado tratando, su primera preocupación seguía siendo mi bienestar. Mi
mente daba vueltas a todas las cosas terribles que había dicho recientemente, pesando
sobre mi pecho mientras el médico explicaba los riesgos menores relacionados con
1
HSG por sus siglas en inglés o histerosalpongogragfía es una prueba de radiografía para examinar el
interior del útero y las trompas de Falopio, para determinar si hay alguna obstrucción.
los procedimientos. No estaba prestando atención porque realmente no me
importaba. Haría lo que fuera necesario.
Presente
Antes de que lo supiera, seis semanas habían pasado alejándonos más y más a
Bryson y a mí. Nuestras interacciones fueron reducidas al mínimo. El básico “hola”
y “adiós” fue lo más que nos dijimos el uno al otro cada día.
Mientras mi relación con Bryson estaba apenas manteniéndose, las cosas con
Mason se estaban calentando, a pesar de mis intentos de mantenerlo a distancia. Él
me mandó mensajes de texto arriesgados, esperándome en el estacionamiento cada
mañana con un latte para mí así podía acompañarme dentro, y de alguna manera
siempre parecía terminar su trabajo cuando yo lo hice así él podía acompañarme a
mi coche en la noche.
No quería estar aquí hoy. Mi cama había estado tan cálida e invitadora, fue todo
lo que pude hacer para levantarme de sus suaves sábanas y arrastrar mi lamento hacia
la ducha. La había mirado ansiosamente mientras me secaba el cabello, marcando
los pros y los contras de llamar y decir que estaba enferma.
Asentí y recogí mis cosas antes de abrir la puerta y pararme para saludarlo.
—Buenos días.
Suspiré.
—Solo trato de darme una charla motivacional antes de otro día de trabajo.
Los brillantes ojos azules de Mason escanearon mi rostro, sus labios fruncidos y
girando hacia un lado.
—Todavía eres hermosa, por supuesto —agregó, y sentí mis mejillas arder—.
Siempre lo eres. Pero parece que no dormiste lo suficiente.
Suspiré.
—¿Estás trabajando demasiado duro aquí? Tal vez necesites unos días libres.
Di un paso hacia nuestro edificio de oficinas cuando Mason me agarró del brazo
y me acercó a él.
—Si necesitas tomarte un par de días libres, deberías hacerlo. Cubriré tus
proyectos por ti.
Tragué fuerte. Estaba tan cerca. Y olía tan bien, que era todo lo que podía hacer
para mantenerme quieta y no balancearme hacia él.
—Sé que estarás bien. Pero quiero asegurarme de que lo estas. Quiero cuidarte
si me dejas.
No sabía lo que estaba pidiendo. O tal vez lo hice, pero no quería admitirlo. No
quería enfrentarlo. Todavía no estaba lista.
Me burlé pero no pude comentar. Eso haría que Bryson fuera el Rey Arturo y sé
cómo terminó esa historia.
—¿Qué es qué?
Sacudí mi cabeza.
—Dios, no, esto huele a alguien recién bañado en un pez de un mes. Mierda.
Estaba tratando de respirar suavemente por la boca, pero el sabor se estaba
acumulando en mi lengua, haciendo que la saliva se acumulara y sabía que me iba a
enfermar.
Me levanté y fui al baño, bajando mis manos de mi cara para no hacer una
escena. Mientras más me acerqué, el olor fue más fuerte hasta tuve que tragar
repetidamente, solo para mantener mi desayuno de hacer una reaparición.
Estaba pasando justo por la sala de descanso cuando algo llamó mi atención y
me paré en seco. Girando lentamente y tomando la menor cantidad de oxígeno
necesario, miré alrededor de la habitación hasta que vi que podría ser el culpable.
—Hola Jack —llamé—. ¿Qué tienes ahí? —Actué indiferente, pero pude ver en
la mirada perpleja de mi colega que no lo estaba logrando.
Me encogí de hombros.
—¿Tú no?
Me reí.
Sus cejas se juntaron sobre sus nerviosos ojos azules. Abrió la boca un par de
veces para decir algo, pero permaneció callada.
Suspiré.
—Escúpelo, Jos.
Negación.
Temor.
Emoción.
Duda.
—Probé todo durante más de tres años y nada funcionó. No puedo quedar
embarazada.
¿Y si lo estoy?
Cerré los ojos y sacudí la cabeza. Lo intenté mucho. Durante años. Mes tras mes
de negativos y no tenía nada que mostrar, sino un matrimonio que estaba siendo
destrozado por las costuras.
—No, Josie. Es imposible. Tienes que tener relaciones sexuales para quedar
embarazada y nosotros no.
—Pero lo hiciste.
Me burlé.
Yo hice. A pesar de que hablaba como un demonio, nada salió de sus labios que
no quisiera decir.
Ella se echó hacia atrás y se agachó para poder mirarme a los ojos.
—Escucha, sé que da miedo, pero solo puede ser de dos maneras. O te quedas
como estás ahora, o descubres las mejores noticias de tu vida. Tómate un tiempo
para pensarlo y, si lo deseas, puedes llamarme y me quedaré contigo por teléfono
mientras lees los resultados. Incluso puedo ir si quieres.
Una pequeña risa cayó de mis labios y ya me sentía mejor. Más fuerte. Como si
pudiera enfrentar esto y salir del otro lado de una pieza. Como si tal vez otra negativa
no me destrozara como pensé que podría.
—Tienes razón, Jos. Voy a hacerlo. Tomaré una prueba cuando llegue a casa.
Un millón de palabras flotaron detrás de los ojos de Josie, pero mantuvo los
labios apretados y los dejó hervir a fuego lento en lugar de compartir.
El resto de la tarde se sintió como toda una semana de trabajo mientras esperaba
que pasaran las horas hasta que pudiera ir a casa y hacerme un examen. Estaba
temiendo y anticipándolo en partes iguales y eso hizo cosas divertidas al reloj en la
pared.
Una copa.
—¿Sí?
Sonaba muy esperanzado. Tan feliz. Y le hice eso a él. Simplemente accediendo
a tomar una mala bebida con él en algún momento, parecía que le había alegrado el
día.
¿Por qué no podrían las cosas seguir siendo así con Bryson? ¿Por qué mi
compañía no podría ser suficiente para mantenerlo feliz? ¿Por qué sus ojos no se
iluminaron así cuando me veía?
Y tuve síntomas. Razones reales por las que puede ser positivo por primera vez
desde que comenzamos este viaje.
Entonces esa perra, esperanza, habló de nuevo, ¿y si esto arregla las cosas con
Bryson?
Pero ella tenía razón. ¿Y si esto era lo que necesitábamos? ¿Qué pasaría si esto
fuera lo que nos podría volver a unir? ¿Qué pasaría si esta fuera la clave para resolver
todos nuestros problemas?
—Quiero darte una receta de seis meses y ver dónde estamos después de eso.
Según sus procedimientos y los resultados de las pruebas y el Sr. Thompson, no
anticipo que le tomará mucho tiempo quedar embarazada.
—Si no está embarazada después de seis meses, tendrá que tomar un descanso
de Flomid y hablaremos sobre otras opciones.
—¿Porqué?
—Si se toma durante largos períodos de tiempo, se han realizado estudios que
muestran que el Flomid aumentó la probabilidad de quistes ováricos que pueden
conducir al cáncer.
—Sí. Sin embargo, la buena noticia es que la mejor manera de combatir el cáncer
de ovario es un embarazo.
—Ahora espera un segundo, ¿me estás diciendo que el Flomid no solo tiene todo
tipo de efectos secundarios desagradables, sino que también causa cáncer? —Se giró
hacia mí—. ¿Es realmente una buena idea, Mack? No sé si me gusta cómo suena
esto.
—Entiendo eso, Mack, solo te estoy cuidando. ¿Estás segura de que esto es lo
que quieres hacer?
Mis ojos se abrieron en una mirada que pretendía intimidar a Bryson para que
se callara.
Una vez a solas, Bryson se sentó hacia adelante y puso una mano sobre mi brazo.
—Mack, piensa en esto. ¿Estás realmente segura de que esto es lo que quieres?
Me volví hacia él lentamente, sujetándolo con la mirada más severa que pude
formar.
—Estoy segura de que haré cualquier cosa para tener un bebé. Si eso significa
efectos secundarios de mierda, lo tomaré.
Bryson sacudió la cabeza pero mantuvo la boca cerrada. Sabía que no estaba
contento con la situación, pero ¿qué podía hacer? Quería tomar el Flomid y no había
nada que él pudiera decir para detenerme.
***
Mi vigésimo mes. El médico dijo que debía ovular entre los días diez y catorce,
y que era el día veinte sin resultados positivos.
Incluso había usado dos hoy, uno de los caros con caras sonrientes, y uno de los
más baratos con líneas rosas, y ninguno de ellos detectó una ovulación pendiente.
Cubrí mi rostro con mis manos y gruñí en mis palmas.
—Nada.
—¿Y te llamé?
Vi sus cejas hundirse en el ceño fruncido por el rabillo del ojo mientras me lavaba
las manos.
—No pero…
Bryson suspiró.
Lo escuché suspirar antes de que dos grandes manos cálidas me agarraran de los
hombros y me giraran.
—Mack no me ignores.
Me sacudí las manos y puse las mías en mis caderas. Si no hiciera algo con ellas,
podría usarlas para estrangularlo.
Dio un paso atrás, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
—No pasa nada. Ese es el problema. No hay nada. Se suponía que debía ovular
hace una semana y todavía recibo pruebas negativas. Estoy haciendo todo lo posible,
pero no hay nada que pueda hacer sobre el hecho de que mi cuerpo no quiere
funcionar correctamente. ¿Qué más quieres de mí?
Volvió a poner sus manos sobre mis hombros y apenas pude evitar encogerme
de hombros.
—Solo quiero saber qué está pasando contigo. Solo quiero estar ahí para ti.
—Solo te dije lo que está sucediendo. ¿Qué más quieres que diga?
Suspiró y deslizó sus manos fuera de mis hombros, dejándolas caer a sus
costados en derrota.
—Solo quiero estar ahí para ti, Mack, pero tienes que dejarme entrar. Estoy
tratando de comunicarme contigo, tratando de hacerte dar cuenta de que no estás
sola en esto, pero no puedo hacer eso desde este lado de la pared que has lanzado
entre nosotros.
Mis ojos se entrecerraron.
***
Me tomó nueve meses tomar las primeras seis rondas de Flomid. El médico
pensó que el medicamento regularía mis ciclos, pero continuaron fluctuando.
Algunos meses me tomó solo veinte días ovular, otros más de cuarenta.
Lo único que permaneció igual fue la única línea rosa que me saludó de cada
prueba de embarazo que tomé. Negativo después de la prueba negativa hasta que
dejé de intentarlo por completo y, en cambio, solo esperaba que comenzara mi
período.
Después de que las primeras seis rondas de Flomid no tuvieron éxito, me dieron
un descanso de tres meses de la medicación antes de que me recetara otras tres
rondas. Cuando eso todavía no tuvo éxito, intentamos monitorear mis ciclos con
ultrasonidos y usar inyecciones de hormonas. Después de que eso no funcionó,
probamos algunas rondas de otro medicamento para la fertilidad, pero obtuvimos
resultados similares.
—Desearía tener algunas respuestas para usted, Sra. Thompson, pero la verdad
es que a veces no hay ninguna. A veces, la infertilidad es inexplicable y lo mejor que
podemos hacer es solucionarla.
Una pequeña risa estrangulada escapó de mis labios y el Dr. Hart sonrió.
—En cierto modo, sí. Sin embargo, tenemos la ventaja de utilizar herramientas
y procedimientos que tienen una mayor tasa de éxito que hacerlo a la antigua usanza.
Respiré hondo y cerré los ojos. Detrás de mis párpados, ya no vi la ira roja que
me había quemado durante tanto tiempo. La ira ya no me prendió fuego ni saltó de
la punta de mi lengua.
Ni siquiera había el azul oscuro que había estado en el perímetro desde la primera
prueba de embarazo negativa. La tristeza se había adherido a mis extremidades como
largas hebras de algas marinas, se aferraban e implacables hasta que se asentaron a
mi alrededor como una segunda piel.
2
II - Inseminación Intrauterina.
3
FIV - Fertilización In Vitro.
Durante más de dos años y medio, esas dos emociones, ira y tristeza, se habían
turnado en todo mi cuerpo. Pasando el control de mis acciones entre ellos como una
pelota de baloncesto.
Como una aspiradora, un abismo enorme que todas mis esperanzas habían sido
absorbidas. La negrura borró todo lo que estaba sintiendo, dejándome entumecido y
frío, como si estuviera flotando en el espacio sin nada que me atara.
—No.
—¿Perdón?
—¿Señora Thompson?
Tan imposible como era, quería que Bryson tomara este peso y lo cargara por
mí. Quería que tuviera que lidiar con el estrés de las pruebas interminables, controlar
cada síntoma, dejar el alcohol y limitar su consumo de cafeína. Podría tomar los
efectos secundarios de las hormonas y la ansiedad de las pruebas.
¿No era justo que tuviera que mirar esas líneas rosadas cada mes más o menos y
encontrar mi mirada ansiosa, solo para decirme que había fallado nuevamente?
Sabía que no era realista, pero no pude evitar el sabor ácido de la amargura en
mi lengua mientras lo mordía.
Con una respiración profunda, miré hacia arriba y me encontré con los ojos
azules llorosos del doctor.
—Lo entiendo completamente. Sabes dónde encontrarme cuando estés lista para
volver a intentarlo.
Intentarlo.
Como si fuera algo que implicara esfuerzo. Como si lo hubieras dado todo,
tendrías éxito.
Bueno, lo había intentado todo el tiempo que pude soportar. Por el tiempo que
mi matrimonio podría tomar.
El Dr. Hart se levantó y nos estrechó la mano antes de que una enfermera viniera
a la puerta y nos sacara de la oficina. Nos dejó en la recepción con una sonrisa y nos
dirigimos a la recepcionista.
Tragué saliva y alcé mis labios a lo que esperaba que pareciera una sonrisa.
La recepcionista asintió y salimos del consultorio del médico por última vez,
juntos pero a kilómetros de distancia.
Nos subimos en el auto de Bryson y él esperó hasta que arrancó el auto antes de
volverse hacia mí.
—¿Estás segura de que esto es lo que quieres, Mack?
—Estoy segura.
—¿Por qué no le damos un par de meses y luego podemos hablar sobre una de
esas cosas IV de las que hablaba el médico?
Él se burló.
—No ha terminado, Mack, muchas parejas pasan por esto. El médico dijo que
había otras opciones.
Sacudí mi cabeza.
Sabía que no iba a rendirse. Cuando pensó que sabía lo que era mejor para mí,
era implacable.
—Pero, Mack…
Miré al espejo y le fruncí el ceño a la mujer en el reflejo. Sus ojos color gris claro
estaban abiertos de miedo, su cara pálida y tensa. Sacudió su cabeza junto conmigo
y tomó una respiración profunda que disminuyó el brillo aterrorizado de sus ojos.
Necesitaba reponerme.
Respiré hondo de nuevo, y luego otra vez más por si acaso. Podía hacer esto. Lo
había hecho un montón de veces antes y podía hacerlo de nuevo.
Incluso con esas palabras tranquilizadoras, sabía que esta vez era diferente.
Tenía verdaderas razones para sospechar que esta prueba sería la que saldría positiva,
y estaba aterrada. No del positivo, pero de la esperanza que sentí burbujeando desde
el interior que amenazaba con ahogarme.
Después de terminar con mis asuntos, dejé la prueba boca abajo en el mostrador
y di lo mejor de mí para no mirarla mientras me lavaba las manos. La mayoría de las
mujeres probablemente la dejaría boca arriba y verían aparecer las líneas, pero yo era
supersticiosa y prefería esperar los tres minutos obligatorios antes de ver la prueba.
Esos ciento ochenta segundos fueron los más largos de mi vida. Se sintió como
si imperios podían haber surgido y derrumbado en el tiempo que tomó la prueba para
revelarse. El sol se alzó y cayó un sin fin de veces y la luna giró alrededor de la tierra
sin cesar mientras esperaba que mi celular terminara de contar los minutos.
A pesar de que estaba viendo pasar los segundos, el estruendoso sonido del
temporizador al terminar sacudió mis alterados nervios y apenas me frené de saltar
en el lugar. Eché otro vistazo a la mujer en el espejo y vi que estaba tan asustada
como yo. Le temblaban los labios y tenía los ojos vidriosos por las lágrimas no
derramadas, pero tenía la mandíbula apretada y los hombros hacia atrás.
Lo superaríamos como lo hicimos con todo lo demás. Tal vez con algunas
lágrimas y un par de copas de vino, pero aún completa del otro lado a pesar de todo.
Con una última respiración profunda, tomé la prueba y la volteé, retrayendo mis
dedos tan pronto como pude, como si quemara.
Una serie de todos los improperios que he escuchado, y algunos que estoy segura
de que inventé, pasaron por mi cerebro mientras miraba la prueba frente a mí. Cerré
los ojos brevemente y volví a mirar, solo para asegurarme de que no estaba viendo
algo que no estaba allí.
Era positivo.
No podía respirar.
Una risa acuosa cayó de mis labios mientras unas pocas lágrimas perdidas se
escapaban por las comisuras de mis ojos.
Es positivo.
Estoy embarazada.
El teléfono sonó solo unas pocas veces antes de que la voz ronca de Bryson
respondiera.
La mujer en el espejo frunció el ceño a su brusco saludo, pero fue breve. Nada
podría opacar permanentemente el subidón en el que estaba en este momento. Eché
otro vistazo a la prueba y mi sonrisa se extendió por mi rostro, tirando de músculos
que no se habían usado en tanto tiempo que casi se habían atrofiado.
Abrí la boca para contarle a Bryson las buenas noticias, pero me detuve.
¿Realmente quería decirle esto por teléfono? ¿No sería cien veces mejor hacer esto
cara a cara? ¿No merecíamos ambos celebrar esta noticia juntos?
Respiré hondo y traté de pensar más allá de mi frustración. Las cosas no habían
estado bien entre los dos. Ninguno había tratado al otro con mucho amor o respeto
y no podía esperar de él que comenzara ahora. Después de semanas de ley del hielo,
debe estar confundido por mi repentina llamada.
Y además, sabía que estaba en el trabajo, incluso podría estar con un cliente. No
había forma de saber qué había interrumpido mi llamada, y necesitaba recordar todo
eso.
—Mackenzie, en serio. Estoy ocupado ahora, ¿puede esperar hasta más tarde?
—Por supuesto. Por eso te estoy llamando. —Mordí mi labio y miré a la mujer
de cabello oscuro en el espejo—. Tengo noticias. —Que era el eufemismo de la
década—. Quería saber a qué hora estarás en casa.
No lo hace a propósito.
No te lo tomes personal.
Repetí estas frases una y otra vez hasta que casi las creí.
—Es importante, Brys. ¿Puedes venir a casa más temprano esta noche?
—Puedo intentarlo.
No lo hace a propósito.
No te lo tomes personal.
No le había pedido nada a Bryson en mucho tiempo, y la primera vez que hice
un esfuerzo para verlo, para coordinar algo entre nosotros, le resta importancia.
Claro, sabía que dijo que tenía una reunión importante, pero ¿no debería esta llamada
inesperada significar algo para él? ¿No debería estar aprovechando la oportunidad
para tratar de rectificar las cosas entre nosotros? ¿No le molesta el estado de nuestro
matrimonio como me molesta a mí?
Con todo ese peso en mi mente, me puse a preparar la cena favorita de Bryson,
pastel de carne de pavo y puré de papas. La comida tomó poca preparación y pronto
el pastel de carne se estaba horneando en el horno mientras las papas hervían en la
estufa.
Mis ojos se dirigieron al cajón donde había metido la prueba y no pude evitar ir
y echar un vistazo dentro. Aunque sabía lo que vería, esas dos líneas rosadas enviaron
adrenalina corriendo por mis venas, haciendo que mi estómago se revolviera y mi
corazón latiera con fuerza en mi pecho.
Todavía no podía creer que estaba embarazada. No podía creer que después de
todo este tiempo y todas las pruebas, procedimientos y esfuerzo que hicimos, esa
noche de borrachera después de una fiesta de fin de año fue todo lo que se necesitó
para finalmente hacer realidad mis sueños.
Mi mente vagó hacia Bryson. Me preguntaba cómo reaccionaría y qué diría. ¿Se
sorprendería al principio? ¿Demandaría ver la prueba misma antes de creerme?
¿Estaría feliz? ¿Esa sonrisa que tanto amaba y que no había visto lo suficiente
últimamente se extendería por su hermoso rostro antes de que me tomara en sus
brazos y me hiciera girar por la cocina?
Cubrí las papas para mantenerlas calientes y saqué el pastel de carne del horno.
Las judías verdes que había estado cocinando al vapor también estaban listas, y la
salsa no estaba muy lejos. Otra revisión rápida a la hora mostró que eran
aproximadamente las siete y diez.
Sentí el ceño fruncido en mis cejas mientras caminaba hacia la ventana delantera
y revisaba el camino de entrada. Estaba vacío.
Suspiré y volví a la cocina para cubrir el pastel de carne con papel de aluminio,
para que no se enfriara mientras esperaba a Bryson.
¿Dónde estaba? Dijo que llegaría a casa a las siete y ya habían pasado cuarenta
y cinco minutos. Ciertamente, no estaba con el mismo cliente que cuando lo llamé.
Era contador, ¿cuánto tiempo podrían durar esas reuniones?
Cuando terminé con eso, me volví hacia el fregadero lleno de platos y los abordé
con entusiasmo, raspando los sartenes con más fuerza de la necesaria. Después de
terminar los platos, eché otro vistazo a mi teléfono para ver que no solo no había
recibido un mensaje de texto o una llamada, sino que eran las ocho y media.
Estaba atrasado por una hora y media, y ni siquiera se había molestado en llamar
o enviar un mensaje de texto.
Enojada, pasé mi dedo por mi teléfono hasta que llegué a su número de celular.
Presioné llamar y esperé mientras el teléfono sonaba y sonaba. Cuando comenzó su
correo de voz, colgué y presioné la tecla nuevamente. Lo hice una y otra vez,
llamando y colgando sin dejar un mensaje.
Cuando estaba claro que no iba a contestar su celular, revisé mis contactos hasta
que encontré el número de su oficina. Nunca lo había llamado antes, nunca tuve que
ponerme en contacto con él tan mal y no haber podido contactarlo en su celular.
Sabía que estaba cruzando una línea al molestarlo en el trabajo de esta manera, pero
honestamente, faltaban quince para las nueve en este momento, ¿qué podría estar
haciendo allí?
El teléfono de su oficina sonó solo unas pocas veces antes de que contestara.
—Bryson Thompson.
—Estás atrasado.
—Dijiste que estarías en casa a las siete. Son casi las nueve.
Él suspiró de nuevo.
Suspiré de vuelta.
—Lo sé, ¿pero desde cuándo los contadores necesitan trabajar hasta las nueve de
la noche?
—He estado esperando, Bryson. Te hice la cena. Dijiste que estarías en casa a
las siete. —Le expuse todos estos hechos ante él, esperando que viera lo irracional
que estaba siendo y se disculpara.
Otra bofetada.
—Bryson, ¿estás casi listo? —dijo a lo lejos una voz claramente femenina.
Se me heló la sangre.
Él suspiró.
—Entonces es una cliente mujer la que te tiene hasta las nueve de la noche en lo
que estoy asumiendo es un edificio completamente vacío. ¿Correcto?
—No tienes tiempo para mí, pero ¿tienes tiempo para una mujer al azar a las
nueve de la noche? —grité por el teléfono. Ya ni siquiera lo tenía contra mi oreja, me
lo puse delante de la cara para poder gritarle más fácilmente.
Bryson se mofó.
Me colgó. Por segunda vez hoy. Y tan enojada como eso me ponía, el único
pensamiento que siguió girando alrededor de mi cabeza fue: no lo había negado.
Presente
Me quedé parada ahí mirando a mi teléfono por tanto tiempo que la pantalla se
fue a negro. Y aun así no podía procesar lo que estaba pasando.
¿Quién era la mujer en su oficina? ¿Por qué él estaba ahí tan tarde? ¿Por qué
siempre estaba ahí tan tarde?
Estas preguntas pasaron por mi cerebro como autos de la serie Indy alrededor de
una pista de carreras. Aunque esos y una docena más continuaron corriendo, uno se
sentó en el centro, más grande y más imponente que el resto. Imposible de ignorar e
iba aumentando de tamaño.
¿Cómo fue que las cosas se habían puesto así de mal? ¿Cómo habíamos dejado
que nuestro matrimonio llegara a este lugar?
Cerré mis ojos y sacudí mi cabeza. No había mucho que pudiera hacer sobre lo
que sucedía entre nosotros si solo yo estaba aquí para preocuparme. Bryson no había
hecho ningún esfuerzo hasta el momento, y no podía arreglarnos sin él.
Había empezado a trabajar hasta tarde y los fines de semanas cuando ese nunca
había sido el caso.
Mis dientes comenzaron a rechinarse mientras los hechos giraban por mi cerebro
como un tornado, golpeando contra el revestimiento de mi mente y exigiendo que
los viera por lo que son.
Algo estaba mal. Tenía que estarlo. Todo sumaba, y aquí estaba yo, la idiota
haciéndole su cena favorita y esperándolo.
¿Era así como iban a terminar las cosas entre los dos? Después de todo lo que
habíamos pasado, no puedo creer que él me hiciera esto. No puedo creer que
me engañaría.
Necesito irme.
Apagué la televisión y salté de mi asiento en el sofá. La ira corrió por mis venas
cuando subí las escaleras y entré en nuestra habitación para empacar una bolsa.
Mi mente repasó por las posibilidades de dónde podría ir, de quién me recibiría
a último momento así.
Primero, pensé en mi familia. Sabía sin lugar a dudas que me recibirían, pero
habría docenas de preguntas que no estaba de humor para responder esta noche.
Además, estábamos muy lejos de mi oficina y tenía que trabajar mañana.
Mi mente pasó a Mason después, sabiendo que era alguien con quien podía
contar sin importar nada. Si lo llamara ahora mismo, él me recibiría en su casa con
sus brazos abiertos.
Mi interior se retorció con esa idea y supe instintivamente que no era buena. Las
cosas estaban lo suficientemente arruinadas como estaban, no necesitaba arrastrar a
Mason a eso. No necesitaba darle la impresión equivocada al huir de Bryson e ir
directamente a sus brazos.
Me senté allí unos minutos antes de arrancar el auto con un asentimiento y crucé
la ciudad hacia la única persona que sabía que podía confiar en esta situación.
Unos minutos más tarde, estaba cargando mi maleta hasta el segundo piso de los
apartamentos y tocando a la primera puerta del pasillo. Presioné una mano contra
mi estómago, preguntándome qué demonios iba a hacer con el desastre en el que
estaba, cuando la puerta se abrió de golpe. Me encontré con una cara confundida y
una ceja levantada de color rubio fresa.
Se inclinó para ver mejor antes de que sus sorprendidos ojos azules se
encontraran con los míos.
—Santa mierda.
Asentí.
—Santa mierda.
Suspiré.
Ella asintió distraídamente y me preparó una bebida antes de servirse una copa
de vino. Cuando me vio mirándolo, lo sostuvo y lo protegió de mí a la defensiva.
Pasó junto a mí a su sala de estar y dejó mi vaso de agua sobre la mesa de café
antes de sentarse en su sofá mullido. Con una palmada en el cojín a su lado, metió
los pies debajo de ella y esperó a que yo obedeciera con las cejas arqueadas.
Con un gran suspiro, me dejé caer en el sofá junto a ella y tomé mi vaso de agua
con manos temblorosas. Sabiendo que nada escaparía a su atención, no me molesté
en tratar de esconderlas de ella.
Una vez que había vaciado la mitad del vaso, Josie habló.
—Ya, escupe. ¿Por qué estás aquí y no celebrando con ese sexy esposo tuyo?
Me mofé.
Asentí.
Josie sacudió la cabeza, la melena roja voló alrededor de su cara elfina y dejó su
copa de vino en la mesa de café al lado de mi agua. Se giró en su asiento hasta que
estuvo frente a mí, su rodilla chocando contra mi cadera.
Sus manos pequeñas y frías aterrizaron sobre las mías y apretaron con una fuerza
que la que no sabía que era capaz.
—Tampoco lo puedo creer. Después de todo este tiempo y todo lo que hice para
tratar de llegar a este punto, solo tomó una noche de borrachera.
La cabeza de Josie cayó hacia atrás con una carcajada y no pude evitar sonreírle.
Mi amiga era tan despreocupada. La envidiaba casi tanto como la amaba.
Sus ojos azul claro se encontraron con los míos y no podía ver nada más que
felicidad por mí en ellos.
No estaba segura de si eso era cierto debido a lo terrible que había tratado a
Bryson y a todos los que me rodeaban el año pasado, pero asentí de todos modos.
—Está bien, sigue. ¿Qué pasó después de que te enteraste que la prueba era
positiva?
—Llamé a Bryson.
Sacudí mi cabeza.
Suspiré.
Respiré profundamente otra vez y le conté la historia. Cuando terminé, tomé una
temblorosa respiración y añadí:
Me encogí de hombros.
—Eso dijo él, pero ¿cómo puedo creerle? Jos, todos los signos están ahí. Se
distanció de mí, siempre está trabajando hasta tarde, ¿y ahora está en el trabajo hasta
las nueve de la noche con una cliente femenina? ¿Quién siquiera quiere encontrarse
con su contador tan tarde en la noche? ¿No tiene mejores cosas que hacer que
mantener a mi esposo ahí hasta tan tarde?
Sacudí mi cabeza.
—No son solo las circunstancias, Jos, es él. Y cómo me habló. Fue tan
despectivo. Tan abrupto. Frío. Sin sentimientos. Era como que estaba hablando con
un extraño.
—Quiero decir, ninguno de nosotros ha sido cálido y cariñoso el uno con el otro
últimamente, pero nunca le habría hablado de la forma en que me habló a mí.
Josie tosió delicadamente, y la inmovilicé con una mirada por el rabillo del ojo.
—¿Qué?
—He escuchado algunas conversaciones que has tenido con Bryson en el trabajo.
Y tengo que decírtelo nena, fuiste un poco perra.
Mi boca se abrió por sus palabras y ella se inclinó para cerrarla con un golpecito
en mi barbilla.
—No me mires así. Sabes que fuiste una perra cuando estabas en esos
medicamentos de fertilidad. Solo empezaste a actuar como una persona cuerda de
nuevo estos pocos meses atrás. Antes de eso, incluso apenas yo podía aguantar estar
alrededor tuyo. No puedo imaginar como debió haber sido para Bryson.
—Siempre del tuyo, nena. Solo estoy tratando de ser honesta contigo.
—Está bien, está bien. Estoy de acuerdo, no tenía que ser un idiota por teléfono
y es un poco sospechoso que esté en la oficina tan tarde en la noche.
Empujó su mano libre contra mi frente hasta que estuve descansando contra el
respaldo del sofá nuevamente.
—Para un poco, Mack. No sé todo eso. Lo que sí sé es que necesitas hablar con
él.
—No quiero.
—Mackenzie.
—Josephine.
Suspiró dramáticamente.
Josie suspiró.
—Por supuesto que puedes. ¿Si pienso que deberías? No. Pero puedes quedarte
aquí todo el tiempo que quieras.
—Mackenzie.
—Josephine.
—Hola… no, soy yo, Josie… si, ella está aquí. —Moví las manos frenéticamente
y la miré con tanta fuerza, que estaba sorprendida que no le dejé una marca—. Ella
está uh, en el baño… ¿quieres que tome un mensaje? —Aceché hacia ella y bordeó
alrededor de la mesa del comedor—. Creo que se va a quedar aquí conmigo esta
noche… um, eso es algo de lo que probablemente deberías hablar con ella… uh
huh… está bien, le preguntaré… adiós, Bryson.
—De nada.
—¿Qué?
Di un paso adelante.
—Oh, él solo preguntó por qué estabas aquí y no en casa y yo le dije que él tenía
que hablar de eso contigo. No es gran cosa.
Caminó por la mesa del comedor e hizo una línea recta hacia una copa de vino.
La miré de cerca, sabiendo que Josephine Carter nunca era frívola a menos que
tuviera algo que esconder.
—Si, pero tu dijiste ‘está bien, le preguntaré’. ¿Qué era lo que quería que me
preguntaras?
—Josephine.
—Mackenzie.
—Solo dime.
—Él quería saber si le hiciste un plato antes de que guardaras las sobras.
—¿Eso es todo?
Mi cabeza cayó hacia atrás, y miré hacia el techo por un minuto, esperando que
pudiera ayudarme a encontrar las palabras que me eludían.
—Jodidamente-increíble. —Fue lo que finalmente se estableció. Ahora que la
presa se había roto, no había como detener las palabras mientras paseaba por el piso
frente a ella.
»¡Jodidamente-increíble! ¡¿Él regresa a casa a una casa vacía a las diez de la noche,
y su única preocupación es si le hice o no un puto plato?!
—Para ser justos, él primero preguntó dónde estabas —añadió Josie, pero la
ignoré.
—¿Quién demonios hace eso? —Me detuve para mirar a mi amiga—. ¿Qué clase
de esposo está más preocupado por su cena que por su esposa?
—No lo sé, Mack. Pero creo que necesitas hablar con él.
—A la mierda eso.
Gruñí y miré a mi amiga de nuevo. Sabía que ella no estaba provocando mi enojo
y yo no tenía derecho a tomarla con ella, pero era el objetivo más cerca, fácil y seguía
insistiendo en molestar al oso.
—Está bien, Mack. Haces lo que crees que es mejor. Pero si quieres mi consejo…
—No lo quiero.
—… creo que le debes a ambos tratar de solucionar lo que sea que esté roto. Estás
llevando a su hijo, Mack. Tienes que pensar en ese bebé y no solo en ti misma ahora.
¿Qué es mejor para él o ella?
En el despertar de todo lo que había sucedido anoche, casi había olvidado que
no solo estaba embarazada, sino que actualmente no estaba hablándole al padre.
Sabía que Josie tenía razón, pero no estaba de humor para dejarle saber eso o hacer
algo acerca de la división entre Bryson y yo esta noche.
De repente, el peso del día se sintió como un millón de kilos tirando hacia abajo
en mis hombros.
—Josie, ¿podemos hablar de esto mañana? Todo lo que quiero hacer ahora es
irme a dormir.
Vi sus pies con zapatillas acercarse a mí antes de sentir una de sus pequeñas
manos en mi hombro.
Estoy embarazada.
Las palabras todavía sonaban tan irreales en mi cabeza. Sabía que este no era mi
primer embarazo, pero este era el primero por el que pude sentirme feliz. El primero
que había anticipado y esperado. Y por tan feliz que estuviera, había un agujero del
tamaño de Bryson en mi felicidad.
Siendo realistas, sabía que ninguna de esas cosas sucedería, pero el temor era tan
fuerte, que sabía que necesitaba mantener este conocimiento cerca de mi pecho. No
podía compartirlo por temor de que pudiera contaminarlo de cualquier forma.
Bajé la mano, y acuné mi vientre bajo, sintiéndome más cerca de la pequeña vida
creciendo dentro de mí. Todavía no lo había conocido a él o ella, pero ya dispondría
mi vida y apartaría mi felicidad por la de ellos. Con todo dentro de mí, sabía que
necesitaba proteger a este pequeño de cualquier negatividad, incluso si eso significaba
esconder su existencia de su propio padre.
***
Mi estómago se revolvió con lo poco que había sido capaz de tragar hoy,
vaciando mi estómago. Habían pasado tres días desde que descubrí que estaba
embarazada, y casi fue como si mi cuerpo hubiera esperado hasta que supiera antes
de desatar el infierno que eran las náuseas matutinas del primer trimestre.
Josie había sido despiadada en su acoso. Ella insistía que tenía que ir a casa y
hablar con Bryson. Que dependía de mí solucionar las cosas entre nosotros. Que
ocultar las noticias de mi embarazo de él era cruel.
En lo que ella había fallado en entender, era que él me había estado tratando
peor durante meses. Me había sentado mientras él no hacía nada más que trabajar,
nunca dándome una mirada, difícilmente reconociendo mi presencia. Ahora que
estaba fuera de esa casa y lejos de la frialdad que impregnaba el aire cada vez que
estábamos juntos en la misma habitación, la última cosa que quería hacer era irme a
casa.
Si no iba a casa, no tenía que enfrentar lo que estaba sucediendo entre Bryson y
yo. Si no iba a casa, no tenía que admitir que no había mucho para mí para ir a casa.
El hecho de que había hecho un mínimo esfuerzo para llegar a mí en mi ausencia
decía mucho.
Con una rápida salpicada de agua fría en mi cara caliente, sequé mis manos y
dejé el baño. Apenas había dado unos pasos antes de casi toparme con el pecho duro
de alguien con una camisa de vestir blanca.
Alcé la mirada para ver que era Mason a quien casi había arrollado en mi prisa
por dejar el baño y mis fracasos detrás de mí.
—Salí y te traje esto en mi descanso de almuerzo. —Él sacó una lata de refresco
de jengibre por detrás de su espalda y mis ojos de inmediato se llenaron de lágrimas.
Ese era otro efecto secundario que había tenido que soportar los últimos días.
Mis emociones eran completamente impredecibles, y parecía como si las lágrimas
yacían en la superficie todo el tiempo, listas y esperando para caer en cualquier
momento.
—Sé que dijiste que tu estómago te había estado molestando y quería ayudar.
Como te rehúsas a quedarte en casa —Él me disparó una rápida mirada—, pensé que
lo menos que podía hacer era ayudarte a sentirte mejor mientras estés aquí.
Las lágrimas que se habían reunido en mis ojos habían finalmente alcanzado su
máxima capacidad y se desbordaron, ambos lados corriendo bajo mis mejillas.
Contuve un sollozo, cubriéndome la boca con la mano.
Salimos a la fría tarde y Mason nos llevó a una pequeña mesa de picnic a un lado
del edificio. Liberó mi hombro y tomó mis dos manos en las suyas mientras
tomábamos asiento frente al otro.
—Kenny, me estás matando aquí. Dime que está mal así puedo ayudarte a
mejorarlo.
—Es solo que todo es demasiado. No puedo… no lo sé… yo solo… —No pude
hacer ni una sola oración coherente. Mason debía pensar que era una lunática en este
punto.
Él se inclinó hacia adelante hasta que su frente estuvo presionada contra la mía.
Hice lo que sugirió, pero sabía que no servía. No había solución para lo que
estaba mal. No había forma de que él pudiera mejorar las cosas cuando de hecho, él
era parte del problema.
Dulce Mason, quien siempre estaba allí cuando lo necesitaba y algunas veces
incluso cuando no sabía que lo necesitaba. Siempre allí para ayudar o cuidar de mí,
incluso cuando había tratado de dejar claro por meses que nada podría suceder entre
nosotros dos. No lo había disuadido ni una sola vez. Tan egoísta como podría ser,
estaba agradecida por su amistad. Sabía que él quería ser algo más, pero estaba
agradecida por lo que era.
Suspiré.
—No realmente.
—No has estado actuando como tú misma últimamente y estoy preocupado por
ti —continuó—. Quiero estar allí para ti, pero no puedo hacerlo si no me dices qué
está mal.
—Has estado cansada por semanas, vomitando por los últimos días, y no creo
haberte visto llorar nunca, pero hoy rompiste en llanto porque te traje un refresco de
jengibre.
Mi interior se congeló con sus palabras y me mordí los labios para prevenir que
cualquier sonido escapara de ellos. ¿Qué podría decir? No había querido que nadie
más lo supiera antes de Bryson, pero cómo podría ser responsable de que alguien lo
descubriera simplemente porque prestaba atención. Si mi esposo me prestara la mitad
de la atención hacia mí, él también lo sabría ahora.
—Estás embarazada.
Esta vez no lo planteó como pregunta, así que decidí que no necesitaba una
respuesta. Las lágrimas continuaron corriendo sin control por mis mejillas mientras
me sentaba allí bajo el escrutinio de Mason.
—Esto es... —Se detuvo. Su mandíbula palpitaba con las palabras que me
ocultaba y permaneció callado durante mucho tiempo. Finalmente, volvió a hablar—
: ¿Qué dijo tu esposo sobre esto?
Miré hacia otro lado, las lágrimas corrían más rápido ahora. Mason extendió la
mano y agarró mi barbilla, volviendo mi rostro hacia él.
—Tienes que estar jodidamente bromeando, Kenny. Dime que este tipo no es el
más feliz del mundo sabiendo que tiene el privilegio de tener un hijo con una mujer
como tú.
Sus palabras perforaron mi pecho, revolviendo mis entrañas y haciendo que las
lágrimas cayeran más rápido. No merecía sus amables palabras o elogios.
—Kenny, por favor, dime qué está pasando. Quiero estar ahí para ti.
El repentino impulso de huir se deslizó por mis venas mientras me ponía de pie.
Necesitaba irme. Necesitaba salir de aquí. Necesitaba tiempo y espacio para estar
sola. Para tratar de desenredar el desorden de los sentimientos, desatar los nudos de
mentiras y engaños que se habían incrustado dentro de mí.
—Mason, ¿puedes decirle a Josie que no me sentía bien y decidí irme a casa?
—Por supuesto, pero…
—Kenny, qué…
—Hablo contigo más tarde. Gracias de nuevo —lo interrumpí una vez más antes
de darme la vuelta y prácticamente correr hacia mi auto.
Afortunadamente, había llevado mi bolso al baño, así que no tuve que volver a
la oficina a buscar mis llaves. Con manos temblorosas, abrí las puertas y me metí en
el auto. Con cuidado me retiré de mi espacio de estacionamiento y luego conduje
rápidamente a través del estacionamiento y salí a la calle.
Me froté bruscamente las mejillas, deseando que las lágrimas se detuvieran, pero
fluyeron sin descanso. No tenía un destino en mente, solo sabiendo que necesitaba
irme, pero ahora que estaba en mi auto, sabía exactamente dónde quería estar.
Unos minutos más tarde, llegué a mi casa, esperando que estuviera vacía a esta
hora del día. Para mi horror, encontré el auto de Bryson en el camino de entrada, y
el hombre mismo caminando por el camino hacia nuestra puerta. Cualquier
esperanza que tuve de conducir sin ser detectada se desvaneció cuando lanzó una
mirada por encima del hombro a mi auto, casi como si supiera que estaba allí.
Con un resoplido, saqué las llaves del encendido y me arrastré fuera del auto.
Mis pasos fueron lentos y vacilantes mientras me dirigía hacia un inmóvil y
observante Bryson.
No era una mentira. En mi apuro por empacar, solo me había tomado unos
cuantos pares de ropa interior. Afortunadamente, también había empacado
pantalones y no solo faldas, porque hoy había tenido que ir comando.
No se planteó como una pregunta, pero sabía que esperaba una respuesta.
—Ese es el plan.
Había hecho una pregunta y no tenía una buena respuesta para él, así que le di
la más simple.
Soltó un gran suspiro que juré que podía sentir desde donde estaba parada al otro
lado de la habitación.
—No hagamos esto, Bryson. No pretendas preocuparte ahora cuando has hecho
dolorosamente obvio durante meses que no te importa.
—¡Allí! ¡Ese es un ejemplo perfecto! Puedo contar con una mano la cantidad de
veces que me llamaste ‘Mackenzie’ en los primeros cinco años que estuvimos juntos.
Ahora solo así me llamas.
—Lo siento, Bryson, si hubiera sabido que ibas a estar en casa, no habría venido.
No quería tener este altercado contigo.
—¿Y qué? ¿Ibas a colarte como una ladrona, agarrar algo más de ropa y
desaparecer de nuevo?
—¡Ese no es el punto, Mackenzie! ¿Por qué te vas de nuevo? ¿Por qué te fuiste
en primer lugar? ¿Qué está pasando?
—¿Por qué te preocupas por mí de repente? ¿No tienes un cliente al que debes
atender? —respondí con mis propias preguntas.
Dejé caer la bolsa a mis pies y puse ambas manos en mis caderas.
—Oh, ¿ahora quieres hablar? Ahora que es conveniente para ti, ¿tengo que dejar
todo y acomodarte? ¿Por qué es eso, Bryson? ¿Por qué tengo que hablar cuando estás
listo, pero cuando te digo que tengo algo importante que necesito decirte, no puedes
molestarte en hacer lo mismo por mí? No te había pedido nada en meses y lo único
que te pedí, que vinieras a casa en un momento decente, ni siquiera pudiste hacerlo.
Entonces, no, Bryson, no hablaré contigo. Tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste.
Ahora discúlpame.
—¿Entonces ese es tu problema? ¿No vienes a casa por tres días porque tuve que
quedarme tarde con un cliente?
Su tono condescendiente hizo que mis pelos se elevaran de punta y mis garras
salieran en segundos. Me di la vuelta para mirarlo de nuevo cuando bajó las
escaleras.
—Por última vez, Mackenzie, no estoy teniendo una aventura. Por supuesto, era
un cliente. Deja de acusarme de esta mierda.
—Oh, no lo creo. Creo que es más que eso. ¿Y sabes lo que dicen? Una mente
culpable siempre sospecha.
Mis ojos se entrecerraron y si fuera posible, el vapor saldría de mis oídos en este
punto.
—Me pregunto si siempre me estás acusando de tener una aventura porque estás
teniendo una.
Mi mandíbula cayó al suelo cuando una imagen de Mason pasó por mi cabeza.
Sabía lo que estaba insinuando, pero también sabía que no había hecho nada malo.
Y no me acusarían de ello.
—Esto no tiene nada que ver conmigo, Bryson. Todo esto depende de ti. Tú eres
el que no puede molestarse en prestarme atención. Tú eres quien pone el trabajo
delante de mí. Cada. Día. Tú eres el que no podía volver a casa, incluso cuando te
dije que era importante. No, no intentes arrastrar mi nombre por el barro porque no
he hecho nada malo y no voy a quedarme parada viendo como implicas que lo hice.
Bryson abrió la boca para responder justo cuando sonó el timbre. Ambos nos
fulminamos con la mirada hasta que él se dio la vuelta y abrió la puerta.
Y en el primer plano, la última persona absoluta que quería ver en este momento,
era Mason.
Sus ojos azules evaluaron con calma la escena frente a él antes de hablar.
—Lo siento, está en el auto. Te llamo más tarde, ¿de acuerdo? —Comencé a
cerrarle la puerta en la cara cuando extendió una mano y la detuvo, sus ojos azules
helados miraron por encima de mi hombro hacia Bryson.
—¿De qué estás hablando de ‘su condición’? —preguntó Bryson, su voz tranquila
y mordaz detrás de mí.
Cerré los ojos con fuerza, apartándome de esta situación porque no podía pensar
en un solo lugar en el que no preferiría estar más que entre estos dos hombres en este
preciso momento. ¿El borde de un volcán activo? Sí, por favor. ¿La mitad de la
autopista durante el tráfico en hora punta? Suena genial. ¿Mirando los barriles de un
pelotón de fusilamiento totalmente armado? Cuenta conmigo.
—Mackenzie, te voy a preguntar una vez más: ¿De qué está hablando?
Esto era. Hacerlo o morir. No tuve más remedio que sincerarme, las
consecuencias que sean condenadas. Mis palmas sudaban mientras mi pulso latía en
mis oídos.
—Responde a mi pregunta…
—Por qué…
Suspiró largo y fuerte antes de inclinar la cabeza hacia atrás y responder al techo.
Yo fruncí el ceño.
—Lo hice.
Me burlé:
Los brillantes ojos color avellana de Bryson me atravesaron con una mirada que
no fue difícil de descifrar.
—Bien, entonces no podías llamarme, ¿qué ibas a hacer? ¿Solo esperar aquí hasta
que llegara a casa?
Los brillantes ojos de Bryson se quedaron pegados a los míos y asintió con la
cabeza solo una vez.
Y de repente, me quedé sin palabras. No sabía qué significaba esto o qué Bryson
estaba parado frente a mí, pero no parecía ser el que había llegado a conocer estos
últimos meses.
Respiré hondo y miré al suelo, esperando que la madera dura pudiera infundirme
una fuerza que no estaba sintiendo. No había una buena manera de hacer esto, y me
había quedado sin tácticas de distracción. No me quedaba nada más que la verdad.
Mis ojos seguían fijos en el suelo, pero necesitaba ver a Bryson. Necesitaba leer
su rostro y estudiar sus ojos en este momento. Necesitaba saber qué estaba sintiendo
sobre esta noticia antes de decir algo más.
Me asomé por las pestañas y vi a un hombre cuyo rostro estaba más pálido de lo
que nunca lo había visto, con los ojos muy vidriosos y una mandíbula que colgaba
de par en par. Su confusión me estimuló.
—No lo sé. Debe haber sido justo después de la fiesta de Navidad de la oficina.
Fruncí el ceño.
El ojo derecho de Bryson se crispó cuando extendió la mano para agarrar la parte
posterior de su cuello.
—No puedes culparme por preguntar eso, Mackenzie. ¡Se acaba de aparecer en
mi maldita casa a mitad del día! ¿Y si yo no hubiera estado aquí? ¿Qué hubiera
pasado entonces?
Mi mente daba vueltas con un millón de cosas que quería decir, pero ninguna de
ellas parecía suficiente. Nada de lo que podía decir en este momento podía transmitir
completamente cuán profundamente me había cortado su pregunta y, de repente, me
di cuenta de que tenía que irme. Las lágrimas que había evitado regresaban
rápidamente, y me negué a llorar frente a él.
—No —advertí.
—Mackenzie.
—¿Qué demonios se supone que debo pensar cuando él sabía que estabas
embarazada antes que tu propio esposo?
Me di la vuelta una vez más, mi mano agarrando la correa de mi bolso con tanta
fuerza que mis nudillos estaban completamente blancos.
—¿Puedes decir que has estado allí para mí como él ha estado estos últimos
meses?
¿Cómo habían ido las cosas tan mal entre nosotros? ¿Cómo habíamos llegado a
este lugar en nuestro matrimonio donde ambos estábamos arrojando acusaciones
como estas? Nos habíamos derrumbado oficialmente, y no estaba segura de que
hubiera una manera de volver a estar juntos esta vez. Se había hecho demasiado daño
en ambos lados. No sabía si alguien podría regresar de este tipo de devastación.
Esa pregunta aún daba vueltas en mi cerebro mientras luchaba por controlar mis
sollozos. Mi esposo pensó que lo había engañado. Mi esposo no estaba seguro de si
el niño que llevaba era realmente suyo. Me agaché para ahuecar mi vientre, haciendo
que las lágrimas fluyeran más furiosas que antes. Se sintió como un rechazo a mí y a
mi bebé. Como si estuviéramos solos ahora.
Me limpié la cara húmeda y recogí mis bolsas antes de salir del auto. Josie no
debe haber tenido una visión clara de mí antes, porque cuando me miró bien, jadeó.
—¿Podemos entrar?
Asentí.
Hubo un ligero golpe en mi frente que tuve la sensación de que hubiera sido
mucho más fuerte si me hubiera sentido mejor.
Suspiré.
—Fui a casa. Pensé que podría estar a solas durante un par de horas y recoger
algo más de ropa mientras estuve allí. —Bordeando cuidadosamente el vaso de vuelta
a mis labios, tomé otro trago del líquido refrescante—. Cuando llegué, Bryson estaba
afuera.
Josie jadeó.
Me encogí de hombros.
Suspiré nuevamente y le conté mi pelea con Bryson por ella. Estuvo callada todo
el tiempo y no pude ver su rostro, así que no sabía cómo estaba reaccionando a la
historia. Cuando me encontré con los puntos álgidos de nuestra discusión, Josie
intervino.
—¿Le dijiste?
Sacudí mi cabeza.
—Mason apareció.
Josie jadeó.
Sin esperar las preguntas que sabía que vendrían, me lancé a contar cómo Mason
había aludido al hecho de que estaba ocultando algo de Bryson y el posterior
interrogatorio de mi esposo.
—¿Cómo lo tomó?
Esta era la pregunta que temía. La razón por la que me había tomado el tiempo
para explicarle la historia, sabiendo que esto era lo que había estado esperando. La
razón por la que me había quedado sentada en el estacionamiento frente a su casa y
lloraba sin control por quién sabe cuánto tiempo.
Eché la cabeza hacia atrás y respiré hondo antes de escupir las palabras lo más
rápido que pude.
—¡¿Qué?! —Su voz era atronadora, y por un momento me preocupé por los
vecinos.
Josie gruñó bajo en el fondo de su garganta, el sonido más amenazante que había
escuchado provenía de alguien tan pequeño. Ella irrumpió en el medio de su sala de
estar y comenzó a caminar como si quisiera encender un fuego por el simple roce de
sus pies sobre la alfombra.
—No, Mack. Esta vez ha ido demasiado lejos. Podría perdonarlo por trabajar
hasta tarde y ponerte en el último plano, podría mirar hacia otro lado cuando te folló
y te olvido después de la fiesta de Navidad de la oficina, pero esto está demasiado
lejos. Esto es demasiado.
En momentos como este me preguntaba qué había hecho para merecer una
amiga como ella.
—No estoy bromeando, Mack. —Ella pisoteó hacia su bolso y metió los pies en
un par de zapatos. Ni siquiera estoy segura de que coincidan—. Voy para allá.
—Solo tengo algunas cosas que me gustaría decirle. Prometo que lo dejaré ileso.
Principalmente. Probablemente. —Ella se encogió de hombros y agarró sus llaves del
gancho al lado de la puerta.
Salté del sofá y corrí hacia ella, agarrando sus delgados brazos contra los míos,
sabiendo que a pesar de ser más grande que ella, si quería, estaría fuera de esa puerta
sin importar lo que hiciera.
—Por favor. Quédate aquí conmigo. —Saqué la única carta que sabía que podía
jugar en este punto—. No quiero estar sola ahora.
Sus cejas rubias se fruncieron mientras pasaba sus ojos por mi cara, buscando la
verdad detrás de mis palabras. Finalmente, suspiró y sentí que la pelea abandonaba
su cuerpo.
—Bien.
—Gracias.
Me reí entre dientes suavemente pero no respondí. Sabía que ella no estaba
bromeando.
—¿Hola?
Yo fruncí el ceño.
—Está bien, ¿qué pasa?
Mi ceño se profundizó.
—¿Afuera de dónde?
Aparté el teléfono de mi oreja para fruncir el ceño un poco más. Josie me miró
desde el otro lado de la habitación y me encogí de hombros.
Asentí ausentemente.
Miré a Josie impotente, pero ella se encogió de hombros. La mujer que había
sido del Equipo Bryson todo el tiempo se desencantó de repente con mi esposo.
Suspiré profundamente y pasé una mano por mi desordenado cabello castaño.
Colgué y arrojé mi teléfono hacia mi bolso antes de poner mis manos en mis
caderas. ¿Qué quería Mason y cuánto más podría tomar hoy? Mis ojos se
encontraron con los de Josie y debí haber telegrafiado mis pensamientos porque ella
se acercó y envolvió sus delgados brazos alrededor de mi cintura.
—Estará bien, Mack. Ve a ver qué quiere, y te prepararé un poco de sopa para
cuando vuelvas.
—Sal y ve lo que ese chico quiere para que podamos deshacernos de él y tener
un maratón de películas odia-hombres.
—Kenny.
—Mason.
—¿Estás bien?
Me encogí de hombros y moví mis labios en lo que esperaba pareciera una clase
de sonrisa.
Suspiré.
—¿Honestamente? No realmente.
De repente, recordé que él fue la razón por la que tuve que decirle a Bryson
acerca del embarazo de esa forma. Antes de que estuviera lista. Antes de que pudiera
estar segura de su reacción. Y como resultó ser, él había reaccionado peor de lo que
podría haber imaginado.
—Fue un espectáculo de mierda, Mason. ¿Qué esperabas? ¿Por qué apareciste
allí? No era tu lugar para decir algo.
—¿Cómo se suponía que iba a saber que él no lo sabía? Había pensado que tu
esposo sería la primera persona a quien le dirías.
—Si, bueno, también yo, pero las cosas no funcionaron de esa forma.
Un pequeño pedazo del hielo alrededor de mi corazón se rompió con sus amables
palabras.
Abrió la boca y luego la cerró de golpe antes de dispararme una sonrisa torcida.
Sentí la distintiva impresión de que había más en sus palabras. De que había más
de lo que estaba diciendo, algo que me estaba ocultando. Al mismo momento, decidí
que no era algo que querría saber. Había tenido suficiente para lidiar por un día y
todo lo que quería era sopa de pollo con fideos, mi mejor amiga, y alguna película
odia-hombres.
Su toque fue tan dulce. No podía recordar la última vez que había sido tocada
tan tiernamente. Tan afectivamente. Que revolvió mis sentidos y retorció mi interior.
Podía sentir mis emociones burbujeando arriba y amenazando con complicar aún
más una ya horrenda situación.
Él abrió la boca para hablar, pero la cerró de nuevo, y tragó, como si pudiera
devorar las palabras que iba a decir. Sus ojos continuaron escaneando mi rostro, y
me sentí tan abierta, como si estuviera emocionalmente desnuda y expuesta ante él.
Finalmente, él habló.
—Siempre estoy aquí para ti. Siempre voy a estar aquí para ti. No importa lo que
sucedió en el pasado o lo que va a suceder en el futuro. Siempre me tendrás. Y
siempre te querré.
Retrocedí antes sus palabras. Sé que admitió antes que se preocupaba por mí
como algo más que amigos, pero pensé que eso había quedado en el pasado. Pensé
que él entendía que yo estaba casada, y nada podría suceder entre nosotros. ¿Había
sido yo demasiado ignorante para ver que nunca se había rendido?
—Mason… —Fue todo lo que se me ocurrió decir. Ni siquiera sabía que decir,
pero imaginé que algo saldría de mi boca después de todo lo que él acababa de decir.
Las esquinas de sus ojos se arrugaron con una sonrisa y dio un paso atrás.
Y mientras me quedé parada allí como idiota, Mason subió a su auto y condujo
fuera del estacionamiento, dejándome más confundida que nunca.
***
Pasé el resto del fin de semana en el apartamento de Josie, imponiéndome aún
más. Ella me aseguró que no era gran cosa, pero sabía que no podía quedarme allí
para siempre. E incluso si me dejara hacerlo, no había manera de que me dejara en
paz con Bryson.
—Lo haré.
—¿Cuándo?
—Pronto.
—Lo sé.
—Nop. Ni uno.
—Nada.
—Eh es correcto.
Me encogí de hombros.
—Realmente no lo sé. Es por eso que no estoy respondiendo. Si él está llamando
para acusarme o gritarme algo más, no quiero escucharlo.
—Sabes que amo que estés aquí, pero no puedes quedarte por siempre. Tiene
que enfrentarlo, eventualmente.
Suspiré.
—¿Sí?
—Sí. —Era claro por mi tono de voz que estaba menos que emocionada con la
idea. Pero Josie tenía razón. No podía evitarlo para siempre. Él todavía era mi esposo
y el padre de mi bebé. Tenía que hablar con él eventualmente incluso si él era un
super imbécil de nuevo.
***
El día de trabajo del lunes pasó demasiado rápido. Todavía estaba luchando con
las náuseas y el vómito frecuentemente a través del día, pero estaba casi
acostumbrándome. Me había hecho experta en superar las molestias y estar lo
suficientemente presentable para regresar al trabajo.
Era un hecho de la vida, que cuando estabas anticipando algo, los minutos
pasaban insoportablemente lento. Y a la inversa, cuando estabas temiendo algo, las
horas volaban como si estuvieran en una carrera de la que nadie te informó.
Me consolé con el pensamiento de que Bryson no estaría en casa por horas. Que
habría estado yendo a casa tarde por meses y que no tenía razón para esperar
cualquier diferencia de él esta noche.
Es por eso que cuando me detuve frente a la casa a las seis y media, y encontré
su auto en la entrada, mi estómago cayó, y mis palmas empezaron a sudar. Me llamé
a mi misma una cobarde de seis diferentes maneras mientras me estacionaba en la
entrada detrás de él.
Caminé hacia la casa y me paré frente a la puerta, sintiendo que ya no tenía más
el derecho de solamente abrirla, pero también sintiéndome demasiado tonta para
tocar. Finalmente, enderecé mi columna y me recordé a mí misma que esta también
era mi casa. Solo porque había pasado la mayor parte de la semana durmiendo en
otro lugar no la hacía menos mía.
Con esa firme resolución, usé mi llave para desbloquear la puerta e irrumpí como
si fuera una miembro del FBI conduciendo una redada. Casi esperaba que Bryson
estuviera de pie en el pasillo frontal esperándome, pero por supuesto él no tenía idea
que estaría aquí.
Cerré la puerta con un ruido sordo y puse mis cosas en la mesa al lado de la
puerta. Por lo general, me sacaba los zapatos y me ponía cómoda, pero sentía que
necesitaba añadir el beneficio del peso a mi lado. Había algo vulnerable acerca de
estar en pies descalzos y necesitaba sentirme empoderada, no débil.
—Estás en casa.
—Lo que tenemos que hablar no debería dejarse en buzón de voz, Mackenzie.
Sentí que mis ojos se abrieron en conmoción. Era de conocimiento común que
me gustaba disfrutar de una taza de té caliente después del trabajo, pero no solo él no
había estado en casa cuando yo tomaba mi taza en la tarde en mucho, mucho tiempo,
él no había ofrecido hacerme una en incluso mucho tiempo.
Bryson dejó salir un suspiro que pareció relajar sus hombros previamente tensos
y asintió su cabeza hacia la cocina.
Él incluso recordaba el tipo que me gustaba beber a esta hora del día.
Simplemente asentí, con miedo a lo que podría salir de mi boca si la abría.
Estuvimos en silencio por largo tiempo, ninguno de los dos dispuesto a romper
la tensa atmósfera. O tal vez él, como yo, no tenía idea de incluso por dónde empezar.
—Casi lo mismo.
Había una docena de palabras en la punta de mi lengua, y opté por las más
veraces. Supuse que este no era el momento para dejar las cosas sin decir.
—Eso me sorprende.
Traté de morder las palabras, pero cayeron de mis labios, de todas formas.
—Solo que no pensé que mi ausencia sería una gran cosa cuando has pasado tan
poco tiempo conmigo últimamente.
—No puedo contar el número de noches que fui a la cama sin ti.
—Porque estaba trabajando, Mackenzie.
—Solías ser capaz de hacer esas cosas y aun así hacer tiempo para mí. ¿Qué
cambió?
Sus ojos se sostuvieron de los míos por solo un momento antes de lanzarse al
piso. Podía decir que él no tenía la respuesta a eso, ningún comentario rápido o
respuesta sarcástica.
Soplé el vapor flotando de mi té y lo miré, notando por primera vez, las bolsas
moradas debajo de sus ojos marrones.
Tuve el presentimiento de que esto era todo. Esta era la conversación que
determinaría el destino de nuestra relación. Si podíamos llegar a algún tipo de
acuerdo o entendimiento, tal vez podríamos trabajar en lo que estaba roto y regresar
al lugar donde ambos estuviéramos felices. Si no podíamos, si empezábamos a lanzar
insultos y acusaciones adelante y atrás de nuevo, tenía la profunda sospecha de que
no podríamos salvarnos.
Presente
Me encogí de hombros.
—No es algo que tenga que ver con el bebé. Solo me he sentido mal.
—¿Mal? ¿Cómo?
—Me siento enferma en la mañana, malestares matutinos. —Me reí sin humor—
. Excepto que durante todo el día.
—¿Eso es normal?
Una breve imagen de Mason destelló en mi mente, pero sabía que no era
momento de traerlo a colación sobre cuanto me ha ayudado. Incluso ahora, pensar
en lo considerado que había sido por traerme un ginger ale todos los días durante el
almuerzo me apretó el pecho.
—¿Cuándo, Bryson? Tú nunca estás en casa y cuando estás nunca estás aquí. No
habría importado dónde estaba porque ya no me registro en tu radar.
—Eso no es cierto.
—¿No?
—No lo sé. Sabías que estaba trabajando. Te dije que estaba con un cliente. ¿Por
qué le diste tanta importancia?
—¿Por qué le di tanta importancia? —repetí su pregunta lentamente, esperando
no haberlo escuchado bien. Cuando él solo asintió con la cabeza, supe que lo había
hecho—. Bryson, estaba esperando en casa para decirte esa noche. Esperé por horas.
Te llamé y te pedí específicamente que volvieras a casa a una hora decente, para
poder sorprenderte con las noticias. Te hice tu cena favorita esa noche. —Estaba
jadeando en este punto, sin aliento como si acabara de correr alrededor de la
cuadra—. Tú ni siquiera podías molestarte en contestar mis llamadas telefónicas y
cuando lo hiciste, descubrí que no solo todavía estabas en tu oficina a las nueve de la
noche, sino que está con una clienta. —Me aseguré de burlarme de esa última palabra,
para que él supiera que todavía no estaba segura de estar creyendo eso—. ¿Quién se
reúne con su contador a las nueve de la noche, Bryson?
—Bueno, entonces dime esto: ¿había alguien más trabajando en ese momento?
¿O la oficina estaba vacía además de ti y esta clienta tuya?
—¿Por qué no me dices algo ahora? ¿Realmente has estado en casa de Josie todo
este tiempo?
—Pareces estar tan cerca de Mason en estos días, y él sabía que estabas en casa
e incluso yo no sabía que ibas a estar aquí. Me preguntaba si habías pasado la semana
pasada con él en lugar de con Josie.
—¿Me estás llamando mentirosa, Bryson? —Mi voz era baja y mortal,
desafiándolo a responder esa pregunta.
Él se encogió de hombros y colocó las palmas de ambas manos encima de la
mesa, sus hombros tan tensos que alcanzaban sus oídos.
Mi cita para almorzar con Mason, que había salido terriblemente mal, vino a mi
mente de inmediato y Bryson debió haberlo leído en mi cara.
Respiré profundamente por la boca y dejé salir lentamente por la nariz antes de
responder.
—Jodidamente lo sabía.
—Pero le dije que estaba casada. Que nada podría pasar entre nosotros.
Se acercó a mí, agolpándome con su gran cuerpo hasta que mi trasero estuvo
contra la mesa de la cocina.
Puse ambas manos sobre su pecho y empujé tan fuerte como pude hasta que tuve
espacio para respirar. Espacio para pensar sin su presencia confundiendo todos mis
sentidos. Porque por mucho que odiara admitirlo, a pesar de lo enojada que estaba
con él, lo disgustada que estaba por su línea de preguntas y cómo me había tratado
en los últimos meses, mi cuerpo traidor todavía reaccionó a él como si nada alguna
vez sucedió.
—Admito que no siempre fui fácil de amar. Sé que te hice pasar un mal rato
durante los tratamientos de fertilidad. Pero no te he engañado. No con Mason, ni
con nadie. Y no me quedaré aquí y dejaré que me sigas acusando de algo que no he
hecho.
Me mantuve de espaldas a él, sabiendo que no tenía control sobre las lágrimas
que fluían libremente de mis ojos ahora. Con un simple asentimiento, pasé por la
puerta y la cerré suavemente detrás de mí. No había necesidad de que la azotara. Sin
necesidad de la ira. Está hecho. Terminado.
Deseé que mis pies me llevaran de manera constante al auto donde me metí
dentro, ignorando las lágrimas que corrían por mi rostro. Salí de mi camino de
entrada por última vez y comencé el corto viaje al lugar que había sido mi refugio y
que ahora sería mi hogar hasta que descubriera algo más.
Cuando las lágrimas nublaron mi visión demasiado para ver, finalmente las
sequé enojada, sintiéndome traicionada por su presencia. No quería llorar. No quería
estar triste o herida. Quería canalizar esa vieja ira y fuego que me habían llevado a
través de años de infertilidad. Pero no se encontraba en ninguna parte.
En su lugar había un charco negro de tristeza en el que me estaba ahogando. No
había escaleras para subir ni paredes para escalar, solo la oscuridad siempre presente
para hacerme compañía.
Esto era. El fin de mi matrimonio. Sentí el fracaso como una bola de boliche en
la boca del estómago. No habíamos podido hacerlo funcionar. No habíamos podido
estar allí el uno para el otro en nuestros tiempos más difíciles. No habíamos cumplido
nuestros votos. Habíamos fallado. Miserablemente.
Las lágrimas llegaron más rápido cuando los sollozos intentaron ahogarme.
Luché por respirar correctamente mientras navegaba por los caminos oscuros a través
de ojos borrosos.
Una gran parte de mí estaba incrédula. Cuando prometí amar a Bryson para
siempre, lo dije de verdad. Y supongo que siempre lo haría. No importa cuán enojada
estaba, no importaba cuánto me doliera el corazón con las acusaciones que me había
arrojado, todavía lo amaba. Lo amaba tanto que sentí que había dejado parte de mi
alma allí en el piso de nuestra cocina gris.
Mi visión se nubló de nuevo y me limpié los ojos llorosos, pero ya era demasiado
tarde.
Una gran camioneta que no debería haberme podido perder, se puso delante de
mí y supe que nunca tendría suficiente tiempo para parar antes de golpearla. Mi
mente se congeló cuando mi cuerpo reaccionó instintivamente. Gire el volante hacia
la izquierda, con la esperanza de evitar chocar con la plataforma de la camioneta. En
cambio, hacia un sedán en el tráfico que se aproxima.
El golpe en mi cabeza me hizo sonar los oídos. Mi cuerpo fue sacudido una vez
más. El crujido del metal era ensordecedor cuando la ventana se rompió y me roció
con una nube de cristales rotos. El auto disminuyó a una sinfonía de crujidos y
gemidos. Y finalmente, todo dejó de moverse.
Por unos largos par de minutos, estaba inquietantemente silencioso excepto por
un suave zumbido en mis oídos. El sonido se hizo más fuerte hasta que zumbó en mi
cabeza tan fuerte que ahogó los susurros a mi alrededor. Sacudí la cabeza y me di
cuenta de que no eran susurros, sino los gritos de la gente en la calle.
No sabía cómo me había perdido tanto tiempo, pero lo siguiente que supe fue
que había un hombre de uniforme gritando fuera de la ventana de mi pasajero. Mi
cerebro lento no pudo procesar sus palabras y sacudí la cabeza de nuevo para tratar
de aclarar el último sonido retumbando.
—¿Puede abrir las puertas para que podamos sacarla de esta manera? Pasará un
tiempo antes de que saquemos esa camioneta de su lado del conductor.
—¿Estás lastimada?
Sacudí mi cabeza.
—Yo... no sé.
Traté de asentir, pero mi cuerpo temblaba tan violentamente que no estoy segura
de que lo notara. Salió del auto y comenzó a gritar instrucciones.
Me tomé el tiempo para evaluar mi cuerpo por cualquier daño. Mis manos aún
temblaban y estaban cubiertas de pequeños cortes. Ninguno de ellos parecía estar
sangrando demasiado, así que los descarté. Un dolor agudo atravesó mi cabeza y
llevé una mano a mi sien. Tenía el cabello mojado y cuando aparté los dedos, estaban
cubiertos de sangre. Solté un suspiro tembloroso y flexioné ambas piernas,
asegurándome de que todas funcionaban bien.
—¿Estás bien aquí? —El oficial había regresado, sus amables ojos marrones se
centraron en mí.
Alguien le gritó algo, pero no pude entender lo que decían. Entonces una voz se
escuchó fuerte y clara.
—Hay una fuga de gasolina. Necesitamos moverla ahora.
Él asintió con la cabeza hacia mi regazo y me moví para verlo mejor. Mi aliento
quedó atrapado en mi pecho cuando vi, en la punta de mis piernas, mis pantalones
de color caqui estaban manchados de rojo oscuro.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras mi estómago caía
dolorosamente.
—¿Señora?
Ni siquiera había pensado en mi bebé, en la pequeña vida que lucha por crecer
dentro de mí. En el caos del accidente, ni siquiera había considerado si mi bebé había
resultado herido. Ahora, me sentía como el peor tipo de madre, ya que todos los
resultados posibles pasaron por mi cabeza.
El hombre asintió con la cabeza una vez y golpeó la ventana que nos separaba
del conductor.
Fui sacada de golpe de mis pensamientos cuando las luces brillantes que habían
estado quemando a través de mis parpados de repente se oscurecieron. Medio abrí
un ojo para ver que estaba en una habitación oscurecida con algunas pocas máquinas
y un gran monitor.
—¿Señora Thompson?
—¿Sí?
—Señora Thompson, soy Rita, estaré cuidando de usted por un rato. ¿Cómo se
siente?
Mi estómago cayó ante la idea de ella llamándole a Bryson. Negué, sobre decirle
a ella que no, cuando me di cuenta que había una persona a la que quería ver. Le di
a la enfermera el número, y ella me prometí llamar en ese momento.
Él se detuvo junto a mi cama y extendió su mano que usó para estrechar la mía
firmemente.
Asintió.
—Sí, eso es esperado. Usted tiene una contusión moderada. ¿Cómo está su
visión?
—Por lo que podemos ver, el feto todavía es viable, pero todavía es demasiado
temprano en el embarazo para sentir un latido cardíaco, por lo que no estamos
seguros. Sufrió un hematoma subcoriónico que es más o menos un sangrado entre la
pared uterina y la membrana coriónica. Puede haber sido causado por el impacto del
accidente, pero no hay forma de que lo sepamos. El hematoma no parece ser muy
grande y creemos que el sangrado debería desaparecer por sí solo.
—Tengo una cita con mi médico esta semana. —Mi voz era pequeña y frágil,
como la vida dentro de mí.
El doctor asintió.
—Bueno. Pueden continuar con su atención y decirle más. Hasta ese momento,
le sugiero que permanezca en reposo en cama y limite sus actividades. También
evitaría las relaciones sexuales al menos hasta que el hematoma se haya resuelto.
Él sonrió cálidamente.
—¡Oh Dios mío! ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Qué está pasando? ¿Todo está bien?
¿Está bien el bebé?
—Estoy bien. —Supuse que esa era la más importante de sus preguntas.
—¿Y el bebé?
—Piensan que todo está bien, pero no sabemos mucho porque es muy temprano
en el embarazo.
—¿Qué pasó?
Me limpié una lágrima traicionera y dejé caer la cabeza contra las almohadas,
inmediatamente lamenté el movimiento.
Lentamente conté la pelea que habíamos seguido por lo que recordaba del
accidente, los labios rosados de Josie se adelgazaban cada minuto. Cuando
finalmente terminé, ella se levantó de su silla y se paseó frente a mi cama.
—¿Estás jodidamente bromeando?
Sonreí sombríamente.
Soltó una serie de improperios sucios, algunos que ni siquiera había escuchado
antes, y si mi cabeza no hubiera estado tronando entre mis oídos, podría haberme
reído.
La enfermera, Rita, entró entonces, atrapando a Josie en medio del discurso con
una ceja levantada.
No pude evitar la risa que cayó de mis labios esa vez, incluso si hacía que mi
cabeza se sintiera golpeada con un mazo.
—No te preocupes por mí cariño, eso fue impresionante. Solo estoy aquí para
darte algo por tu cabeza.
—¿Qué es?
Abrí la boca para discutir, pero fue silenciada por Josie aclarándose la garganta.
Para alguien tan pequeño, seguramente podría ser amenazante cuando quisiera.
Cerré la boca con un chasquido y silenciosamente tomé las pastillas con el agua que
me proporcionó la enfermera.
Después de eso, echó un vistazo a donde me golpeé la cabeza y asintió una vez.
—Puedes dormir un poco, pero volveré en un par de horas para despertarte, ¿de
acuerdo?
—Estaba muy preocupada cuando recibí esa llamada, Mack. Me alegra que estés
bien.
—No hay necesidad de preocuparse por mí, Josie —dije su nombre
confundida—. Estoy bien.
Suspiré profundamente, pero apreté la mano de mi amiga con tanta fuerza como
pude en este lugar intermedio en el que me encontré y luego todo se oscureció.
***
—¿Bryson? —gruñí.
Su cabeza se levantó rápidamente, sus ojos color avellana se encontraron con los
míos. Los suyos estaban bordeados de rojo y muy abiertos con lo que podría haber
sido arrepentimiento.
Ignoré su pregunta y parpadeé de nuevo, segura de que debía estar viendo cosas.
¿Las conmociones cerebrales vienen con alucinaciones auditivas y visuales en estos
días?
—Él me llamó.
—No.
Moví mi cabeza hacia atrás en su dirección y tuve que cerrar los ojos por un
momento mientras recuperaba el equilibrio.
—¿Perdón?
—Lo que sea que tengas que decirle, puedes decirlo frente a mí. No me estoy
yendo.
Volví la cabeza hacia Josie, esta vez lentamente, y le lancé una mirada
inquisitiva.
—Creo que ustedes dos tienen más de qué hablar que nosotros, Mack, así que
voy a salir. ¿Necesitas algo antes de que me vaya?
Ella asintió.
—Ya vuelvo.
—Él me llamo. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿No decirle que estás en el
hospital?
Los ojos de Josie dejaron los míos abruptamente para mirar por la ventana.
Como ya estaba completamente oscuro, sabía que no había nada que ver y ella solo
me estaba evitando.
—Josephine.
Ella suspiró.
—Mackenzie.
—Escúpelo.
—Ese hijo de p…
—¡Entonces! —gritó ella sobre mi colorido lenguaje—. Una vez que lo maldije
lo suficiente por las dos —Guiñó un ojo—, le dije que había estado en un accidente
automovilístico y dónde estabas. Estuvo aquí veinte minutos después. No se ha
movido de esa silla hasta ahora.
Sus palabras hicieron que algo dentro de mí se apretara con fuerza, pero lo
ignoré.
—No puedo creer que te haya llamado. No puedo creer que realmente no
confiara en mí.
—Quizás esto sea bueno, Mack. Claramente, estaba teniendo problemas para
creerte y ahora que ha corroborado tu historia, tal vez ustedes dos puedan comenzar
a trabajar realmente en las cosas.
Ella suspiró.
—A veces la gente dice cosas cuando están dolidos que no quieren decir.
Deberías saberlo mejor que la mayoría de la gente.
No pude evitar hacer una mueca ante sus palabras, pero tenía razón, maldita sea.
Sabía lo que era decir cosas que no quise decir solo porque me sentía lastimada. Lo
había hecho por años. Y Bryson se había quedado todo el tiempo. ¿Se merecía lo
mismo de mí?
—No creo que tu optimismo esté justificado aquí esta vez, Jos. Creo que nos
hemos hecho demasiado daño. Creo que las cosas han ido demasiado lejos. No
podemos encontrar un camino de regreso de esto.
Sus ojos estaban muy abiertos y tristes cuando se encontraron con los míos.
Tragué saliva con dificultad y miré hacia otro lado, sabiendo que había leído lo
que estaba pensando en mi cara y que necesitaba estar sola con mis pensamientos.
Necesitaba pensar, entender lo que significaba estar aquí. Lo que quería y necesitaba.
Lo que estaba dispuesta a soportar.
Nada tiene sentido. Todo estaba al revés y mal. ¿Cómo habíamos llegado a este
punto? Si tuviera que hacerlo, podría armar una línea de tiempo de cada error que
cada uno de nosotros había cometido, pero todavía no podía creer que todo se
sumara a esto.
Le había dicho a Josie que no podíamos regresar de esto, pero la verdad era que
no sabía cómo podríamos arreglar lo que habíamos roto. A veces el dolor corría
demasiado profundo. A veces, la desconfianza nublaba demasiado tu visión y no
podías ver lo que estaba frente a ti. A veces vas demasiado lejos y no puedes recuperar
lo que has hecho.
No sabía exactamente dónde estábamos, y tenía casi demasiado miedo de
averiguarlo.
Presente
—Me voy, me voy. —Se acercó a mi cama y se inclinó para apretarme los
hombros—. Volveré en la mañana.
—Eso no es necesario.
—Eso no es negociable.
Dije adiós con la mano mientras Rita hurgaba tomando mis signos vitales.
Ella asintió.
—Eso suena bien. No puedo darle otra dosis de acetaminofén durante otras dos
horas. ¿Vas a estar bien hasta entonces?
—¿Y quién eres tú? —preguntó Rita, con las manos colocadas sobre sus
generosas caderas.
—¿Marido?
Me encogí de hombros.
—Técnicamente.
Vi a Bryson lanzarme una mirada por el rabillo del ojo, pero lo ignoré. No estaba
mintiendo. Apenas estábamos casados. Parecía que lo único que nos mantenía
unidos era la licencia de matrimonio que firmamos hace casi cuatro años, y el
apellido que compartimos.
Me encogí de hombros.
—Está bien.
—¿Mackenzie?
Cuando las náuseas finalmente pasaron, me dejé caer sobre mi trasero y apoyé
mis hombros contra la pared. Bryson seguía arrodillado donde lo dejé, y me esforcé
para evitar su penetrante mirada.
Me encogí de hombros.
—Más que unas pocas veces al día, todos los días durante las últimas dos
semanas.
Lo despedí.
—No te molestes. Creo que solo voy a dormir un poco. Puedes irte a casa.
Él frunció el ceño.
—Solo estoy preocupado por ti y el bebé. Creo que deberías comer algo antes de
descansar un poco más.
—Bueno. Tomaré un poco de sopa de pollo con fideos —dije por encima del
hombro.
Me sentí justificada en mi ira. Tal vez había tenido tiempo de superar nuestra
pelea, pero todavía estaba fresca en mi mente como si acabara de suceder. Y de
manera realista, solo habían pasado unas pocas horas. ¿De dónde vino este giro? ¿Por
qué estaba de repente atento y cuidadoso cuando había estado distante e insensible
durante tanto tiempo?
No confiaba en estos cambios. La última vez que pensé que las cosas serían
diferentes, después de la noche de la fiesta de Navidad de la oficina, me rompió el
corazón cuando me desperté a la mañana siguiente y todo seguía exactamente igual.
No quería volver a prepararme para ese tipo de decepción. No quería poner mi
corazón en la línea donde podría ser aplastado y pisoteado. Estaba lo suficientemente
frágil como es. ¿Cuánto desamor podría soportar antes de que las piezas no se
pudieran volver a armar?
Bryson regresó unos minutos más tarde, y no estaba más cerca de una respuesta.
Lo mejor que se me ocurrió fue que sería cautelosa y le daría una oportunidad. No
era una gran oportunidad, solo una pequeña astilla, pero estaba allí, y no podía negar
que tenía algunas de mis esperanzas envueltas.
—La enfermera dijo que podías descansar, así que probablemente deberías.
Abrí un ojo.
***
Fiel a su palabra, Rita me despertó cada pocas horas durante toda la noche.
Cuando terminó su turno, su contraparte, Vicki, asumió las riendas por ella. Cada
vez que entraban para despertarme, también inadvertidamente despertaban a Bryson,
que parecía torpe e incómodo tumbado entre dos sillas a un lado de la cama. Seguí
esperando que se hartara de las constantes interrupciones de su sueño y se fuera a
casa, pero fiel a su palabra, se quedó a pasar la noche.
—¿Jos? —llamé.
—¡Oh, bien, estás despierta! —Le sonreí a medias cuando ella se acercó para
revisar mis signos vitales—. El doctor ordenó algunas pruebas adicionales. Si todo
resulta bien, podríamos sacarte de aquí en unas pocas horas.
—Suéltenlo.
Abrí la boca para discutir de nuevo cuando una empleada del hospital entró
danzando por la puerta con una bandeja de comida.
—¿Mackenzie Thompson?
Asentí.
Miré la bandeja antes de volver a mirar a Josie. Ella era el eslabón débil de esta
cadena, por lo que era la más fácil de romper.
—Come —ordenó.
Le hice una mueca, pero no podía ignorar el ruido de mi estómago. Con una
mirada feroz, cogí un tenedor y busqué en la comida. No me había dado cuenta de
lo hambrienta que estaba hasta que el primer bocado de huevo llegó a mi lengua.
Varios minutos después, todo lo que quedaba era el zumo de naranja amarga y
pulposa.
Ahora que había hecho lo que me pidió, los dos iban a responder algunas
preguntas.
Entró con un pequeño recipiente de plástico con unas píldoras y yo las tomé y
las tragué con un vaso de agua que me dio. Momentos después, otro miembro del
personal del hospital entró en la habitación y me informó que me estaría
transportando a mis exámenes. Sintiéndome ridícula por ser llevada rodando en una
cama cuando podía caminar bien, me crucé de brazos y miré a Josie y a Bryson
mientras salía de la habitación.
Presente
Solo estuve fuera de la habitación por casi media hora, pero cuando regresé, Josie
se había ido.
—¿Qué cosas?
—Los exámenes fueron bien, señora Thompson. El doctor debería estar aquí
pronto. Sin embargo, él quería que revisara su sangrado primero.
—¿Qué sangrado?
—Soy tu esposo.
—Si la paciente prefiere tener este examen en privado, tengo que pedirle que se
vaya, señor Thompson.
Los ojos de Bryson eran como mármol, a medida que caminaba tenso hacia la
puerta y la cerraba suavemente detrás de él. Suspiré de alivio, algo que la enfermera
no se perdió, mientras quitaba las mantas y daba un vistazo a la compresa que me
hicieron usar.
—Todo luce bien —me informa la enfermera—. Ha habido muy poco sangrado
desde anoche, cuando revisamos. Esas son noticias geniales.
Ahora que lo mencionó, apenas recordaba a una de las enfermeras revisando mis
compresas mientras yo luchaba con el agotamiento del sueño provocado por los
medicamentos.
—Gracias.
Suspiré.
Él asintió.
Tragó bruscamente.
—Dijeron que luce como si todo estuviera bien, pero no podían decirlo con
seguridad porque no hay latido.
Sacudí mi cabeza, aun observándolo. ¿Por qué estaba reaccionando así? ¿Estaba
preocupado? No pareció demasiado preocupado por el bebé la última vez que
hablamos al respecto. De hecho, ni siquiera estaba convencido de que fuera suyo.
Mis puños se aprietan con el recuerdo.
—¿Cuándo lo sabremos?
—Anoche, el doctor dijo que sería posible que buscaran uno en mi siguiente cita.
Fruncí el ceño.
—Este miércoles.
Bryson alejó la mirada, sus ojos en la pared sobre mi cabeza. Salieron disparados
lado a lado, como si estuviera completando alguna clase de problema matemático
complejo. Finalmente, asintió.
—¿Qué funciona?
Me encogí de hombros.
—Mi cabeza aún duele un poco, pero está mucho mejor que ayer.
Ni siquiera lo noté.
—Mucho —admití.
Él asintió de nuevo.
Mi respiración se atasca en mi garganta. Sé que el HCG tiene algo que ver con
el bebé, pero no sé exactamente a qué se refiere, y estaba demasiado asustada para
esperar que fueran buenas noticias.
—Por supuesto, aún debe seguir con su médico y ellos serán capaces de decirle
más.
—Tengo una cita esta semana —le digo suavemente, mi mente seguía
deleitándose.
Aún estaba embarazada.
—Sí, eso fue lo que vi. Su médico debería poder escuchar un latido para
entonces, o poco después.
Un latido.
—Voy a hacer que comiencen su papeleo para darle el alta. —Miró a Bryson por
primera vez, desde que entró a la habitación—. Ella aún no debería dormirse más de
un par de horas seguidas, hasta esta noche como más pronto. No anticipo ningún
problema, pero ¿estará en casa con ella el resto del día?
—En realidad —interrumpí—, me quedaré con una amiga. Pero puedo pasarle
toda esta información a ella.
La mirada del doctor se alternó entre ambos, antes de que Bryson diera un paso
hacia el doctor y le extendiera su mano.
Me encogí de hombros.
—No lo creo.
Fruncí el ceño. No quería estar en cama hasta mi cita. ¿Qué se suponía que
hiciera mientras Josie estuviera en el trabajo todo el día?
—Estará bien —me tranquilizó, antes de regalarme otra cálida sonrisa y dejar la
habitación.
—¿Para qué?
Encontré su número en sus contactos.
—Necesito avisarle que pronto me darán el alta, así regresará a tiempo para
recogerme.
—¿Qué sucede?
Sus ojos volaron por la habitación antes de que se fijaran en mí, con indecisión.
—Josie no te recogerá.
Fruncí el ceño.
Jadeé.
¿Qué iba a hacer? Suponía que podría llamar a mis padres y quedarme con ellos
algunos días. Eso si quería lidiar con sus interminables preguntas y su intromisión.
—¿Disculpa?
—Estoy seguro de que podríamos sentarnos aquí y enlistar todas las cosas
terribles que he sido, pero quiero mostrarte que puedo hacerlo mejor. Que lo haré
mejor. Solo dame una oportunidad.
Apretó mi rodilla, sus ojos color avellana tan verdes, con solo ligeras pizcas de
marrón a lo largo de los bordes.
Mi cuerpo comenzó a temblar mientras luchaba con lo que pensaba, lo que sabía
y lo que sentía. Lo peor de todo es que él lucía como mi Bryson. El hombre que me
hacía el amor en cada oportunidad que tenía, el hombre que salía del trabajo
aleatoriamente para llevarme a la playa, el hombre que prometí amar por siempre.
Cuando miraba profundo en los ojos de éste Bryson, no podía encontrar rastro
alguno del Bryson con el que viví los últimos seis meses. El que me ignoraba y ponía
el trabajo encima de todo lo demás. El que me dejaba ir sola a la cama, cenar por mi
cuenta y pasar cada fin de semana tratando de llenar el vacío que mi esposo dejó
atrás.
—Por favor —repitió él, y sentí mi decisión desmoronarse.
—¿Por qué? —Mi voz salió débil y frágil, exactamente como me sentía.
—Cuando recibí esa llamada de Josie ayer, noté que pude perderte. —Se detuvo
por un momento y bajó la mirada, antes de que sus cristalinos ojos hallaran los
míos—. Casi te perdí, Mack.
Su uso de mi apodo derrumbó otra pared dentro de mí. Había pasado un largo
tiempo desde que lo oí llamarme de otra forma, en lugar de Mackenzie.
—Todo debido a una estúpida pelea. Porque no te creí. Porque estaba demasiado
cegado por mi ira para confiar en mi esposa. Y casi te perdí —repitió él—. Casi perdí
a mi bebé —susurró él, y juro que oí romperse una pieza de mi corazón—. Nunca
voy a dejar que ocurra eso de nuevo. No voy a rendirme contigo y tampoco permitiré
que tú te rindas. Por favor, Mack, dame una última oportunidad. Solo necesito
tiempo para mostrarte que puedo ser el hombre con el que te casaste, de nuevo. Que
podemos regresar a ese sitio donde tú y yo nos entendíamos perfectamente.
Oh, cómo quería creerle. Quería caer en sus brazos y poner todas mis
inseguridades a sus pies. Pero estaba tan asustada. Tenía miedo de dejar mi corazón
al descubierto, de tener esperanzas, de intentar y fallar de nuevo en este matrimonio.
Estaba aterrada.
Abrí mi boca para decir algo, ni siquiera estaba segura de qué, cuando Josie
asomó su cabeza en la puerta, sus ojos examinando la escena frente a ella.
Ella no merecía mi ira. Realmente, ni siquiera sabía por qué estaba enojada.
Todo lo que sabía era que había una furiosa tormenta de emociones en mi interior y
necesitaba salir. Necesitaba limpiar todo ese ruido, así podía pensar.
Suspiró y se escabulló hacia la silla que Bryson dejó vacía.
—Les pasa eso a las personas a quienes les arrebatan las decisiones.
Suspiró de nuevo.
—Sí, sí quieres.
—No, no quiero.
—Mackenzie.
—Josephine.
Maldita sea.
Tenía razón. Era tan frustrante que ella pudiera hacer eso. Mirar dentro de mí y
sacar la verdad, a pesar de lo duro que intentaba enterrarla.
Se rió.
Se rió de nuevo, más fuerte esta vez. Cuando terminó, me disparó una mirada
seria.
—Esta es tu oportunidad, Mack. Sé lo felices que solían ser ustedes. Sé que aún
lo amas mucho. Dale esta última oportunidad y luego puedes decir que lo intentaste
todo. Entonces, puedes decir que diste todo de ti y que, simplemente, no estaba
destinado a ser. ¿No quieres ser capaz de ver a tu hijo al rostro un día, y decirle que
intentaste que todo funcionara con su padre?
Usando mi hijo contra mí y ni siquiera había nacido aún. Estaba jugando sucio,
pero tenía razón. Y estaba a punto de obtener lo que quería.
Él había estado revoloteando. No había sido capaz más que suspirar sin él
brincando para preguntarme si estaba todo bien. Sabía que tenía buenas intenciones,
pero estaba empezando a enloquecerme. No estaba acostumbrada a que tomara tanta
atención en mí y me estaba haciendo temblar los ojos.
—Eso suena bien —le dije a medias mientras caminaba hacia la sala de estar y
me hundía en la esquina del sobrecargado sofá.
Apenas había aguantado poner los ojos en blanco mientras agarraba el control
remoto y volteaba a la televisión.
—Sip.
—Nop.
—¿Tienes hambre?
—Quería ir a la tienda de comestibles por algo de comida para ti, pero no quiero
dejarte sola.
—Está bien.
—Está bien.
Me giré para mirarlo. ¿Quién era este hombre inseguro y extraño frente a mí?
Este no era el hombre con quien me casé o con el que había vivido por los últimos
meses. Este tipo estaba nervioso y parecía estar incómodo en su propia piel. No sabía
qué hacer con él.
No sabía cómo actuar, pero sabía que necesitaba frenar mi actitud. Era solo
demasiado difícil. Todavía estaba enojada. Tan enojada. Él había pasado meses
ignorándome y descuidándome, y ahora que ha pasado doce horas siendo atento, ¿se
suponía que tenía que perdonarlo?
¿Y qué hay de todas las acusaciones que me había lanzado? Se disculpó, pero
eso no borró esas palabras de mi cabeza. No negaba el hecho de que incluso después
de que le dije repetidas veces que no había tenido un amorío, todavía no me creía.
Pero, supongo que podría decir lo mismo de mí misma. Lo había acusado más
de una vez y fallado en creerle cuando me había dicho que no me estaba engañando.
¿Era yo algo mejor que él? En ese momento, supe que no lo era.
Era hora de que ambos nos sentáramos y habláramos. Sin peleas, sin levantar las
voces, sin subterfugios ni aversiones. Solo nosotros dos, exponiendo nuestras
verdades de una vez por todas.
Una oleada de náuseas me golpeó, y de repente recordé por qué estaba aquí, por
qué estaba dando una oportunidad más. Acuné mi estómago todavía plano con la
mano libre y cerré los ojos. Una sola lágrima hizo su camino entre mis pestañas y se
deslizó por mi rostro.
Este bebé era mi razón de todo ahora. Lo menos que podía hacer es tratar de
hacer funcionar las cosas con su padre. No hay nada que amara más que mi hijo
crezca en una familia feliz con ambos: mamá y papá, justo como yo lo hice.
Gemí alto en la porcelana. ¿De dónde venía esta necesidad por estar cerca de mí?
Desde cuando estaba él tan pegado a mi lado que ni siquiera podía vomitar en
soledad. Sabía que estaba siendo una perra de nuevo, así que mantuve mis
pensamientos para mí misma y luché por controlar las náuseas aun apretando en mi
estómago.
Unos minutos más tarde, parecía ser que las ganas de vomitar se habían
terminado para mí. Caí hacia atrás sobre mi trasero y me apoyé contra la pared,
tratando de recuperar el aliento.
Me encogí de hombros.
—Estaré bien.
Hice mi mejor esfuerzo para esconder mi desdén. No era que yo prefería la sopa
de pollo, sino que era todo lo que mi cuerpo me dejaba ingerir. Pero, tal vez él estaba
en algo. Tal vez podría salir con un minestrone o algo.
¿Hablaba en serio?
Y no tenía idea.
Me aclaré la garganta.
—Ni siquiera la has probado. Solo dale una probaba. Tienes que estar harta de
la sopa de pollo con fideos hasta ahora.
Negué con la cabeza y me puse de pie. Necesitaba irme. Tenía que salir de esta
habitación y de este hombre que solía se mi esposo pero que era básicamente un
extraño ahora.
—No, Bryson. No puedo tomar sopa de almejas porque soy alérgica a los
mariscos.
Su rostro cayó cuando mis palabras se hundieron. Puso la lata abajo y se pasó
una ruda mano por la cara.
—Está bien. —No está bien—. Lo olvidaste. No es gran cosa. —Es una jodida
gran cosa.
Mi propio esposo olvidó que tengo una alergia mortal. ¿Cómo podía olvidarse
algo así? Acaso los nueve años que pasamos juntos no significaron nada.
—No, no está bien, Mack. La jodí. —Se giró hacia mi cara—. Lo siento tanto.
No puedo creer que lo olvidé. —Suspiró profundamente, y sus ojos cayeron al piso—
. Solo te haré sopa de fideos con pollo, ¿está bien?
—Suena bien. —Nada sonaba bien. Y el pequeño poco de apetito que había
podido reunir, de repente se había desvanecido—. En realidad, creo que tomaré una
siesta. ¿Podrías solo venir a despertarme en un par de horas?
Sus ojos arrepentidos encontraron los míos, su mandíbula tensa debajo del
rastrojo de barba en su rostro.
Con suerte, mis sueños me permitirían olvidar, incluso solo por un rato, cuán
improbable era que pudiéramos solucionar todo lo que estaba roto entre nosotros.
***
Me desperté algo más tarde con un suave susurro en mi cabello. Se sentía bien,
y mis labios se levantaron en una media sonrisa mientras me estiraba y abría los ojos.
Bryson estaba parado sobre mí con una suave mirada en sus ojos y su mano a un
costado de mi cara. Mi reacción inmediata fue retroceder, pero lo reprimí al último
segundo. Ya no estaba acostumbrada a ser tocada por él. No estaba acostumbrada a
recibir afecto como este de mi esposo y ahora se sentía extraño para mí. Mientras la
realización se hundió, una tristeza pesada la siguió. ¿Cómo fue que el toque de mi
propio esposo era extraño para mí?
—Te hice un poco de sopa. —La voz de Bryson era suave, mientras su aliento
mentolado caía sobre mi rostro.
En la mesita de café a mi lado había una vieja bandeja de madera con un tazón
de sopa, un plato de galletas, y un vaso que parecía lucir como jugo.
—¿Puedes tomar jugo de manzana? Sé que es lo que siempre tomas cuando estás
enferma.
Él tenía razón. Solo tomaba jugo de manzana cuando estaba enferma. ¿Cómo es
que recordaba algo tan insignificante, pero se olvidó de algo tan grande? Debió haber
leído las preguntas en mi rostro porque tomó asiento al final del sofá y se giró para
encararme.
—Lo siento, Mack. Se que la jodí, pero lo estoy intentando. Te prometo que lo
hago.
Quería creerle. Quería abrir mis brazos y darle la bienvenida, pero no podía. Aún
no. No creía que hubiera cambiado de la noche a la mañana. No era posible para él
pasar de un esposo negligente a esposo cariñoso en el parpadeo de un ojo.
Simplemente no lo era. Y no iba a ser la tonta que cayera en eso y acabara tan herida
justo como había resultado la última vez.
Pero al mismo tiempo, parecía ser que lo estaba intentando. ¿Y no había hecho
yo cosas en mi pasado de las no estaba orgullosa? ¿No lo había tratado pobremente
y eventualmente viendo el error en mi comportamiento? No era una transformación
de la noche a la mañana, seguro, pero nada traumático le sucedió a Bryson para
impulsar tal cambio en mí.
Mis ojos aterrizaron en la bandeja de comida y una sonrisa tiró de mis labios a
pesar de mis esfuerzos por contenerla. Esa era la vieja bandeja que habíamos elegido
en la venta de garaje cuando recién nos mudamos juntos. No podía contar la cantidad
de veces que Bryson me había sorprendido con el desayuno en la cama en esa
bandeja. Trajo recuerdos de una época feliz, una a la que desearía poder regresar.
Balanceé mis piernas sobre el borde del sofá y me incliné hacia el tazón de sopa
para mi primer bocado. Los fideos salados golpearon mi lengua y al instante mi
apetito estuvo de regreso. Solo me tomó unos minutos terminar el tazón completo y
cada galleta que había traído para mí. Incluso pude beber el jugo de manzana sin
problemas.
¿Había estado él aquí todo el tiempo que había estado durmiendo? Me incliné
adelante y encontré el cable del cargador de su computadora enchufado en la pared.
No necesitaría cargarla si solo hubiera planeado estar aquí por unos minutos.
¿Era esto parte de los cambios que había prometido hacer? No sabía si cambiar
el lugar de donde trabajaba hacía mucho, pero supongo que era un comienzo. Y si
estaba siendo razonable, podía admitir que no sería como si Bryson pudiera ir de una
gran carga de trabajo a una pequeña de inmediato. Tomaría tiempo para terminar
con los clientes con los que estaba trabajando o transferirlos a alguien más.
Tal vez él realmente lo estaba intentando. Tal vez estaba dando el primer paso
para cambiar cómo había sido. Tal vez necesitaba darle más crédito por lo que estaba
haciendo ahora y tratar de dejar ir lo que ya había hecho. Tal vez las cosas entre
nosotros podían regresar a ser lo que eran antes. O, tal vez, podíamos construir un
nuevo normal entre nosotros.
Presente
Estaba flotando.
O tal vez meciéndome sería una mejor descripción. Como si estuviera recostada
en una hamaca, en una playa cálida. Solo que no olía a playa. No había sal u océano,
sino que el aroma era familiar. Llegaba profundo dentro de mí, y despertaba
recuerdos que casi olvidaba.
El balanceo continuaba, y noté que no estaba en una hamaca, sino en los brazos
de alguien.
Cama.
Nuestra cama.
Su cálido aliento chocaba en mi rostro y sabía, sin abrir los ojos, que él estaba
cerca mío. Más cerca de lo que necesitaba estar. Más cerca de lo que podía manejar
ahora.
Suspiró pesadamente antes de inclinar mi cuerpo, hasta que mis pies tocaron el
suelo y pude ponerme de pie. Sus ojos avellanos eran oscuros en el corredor poco
iluminado y noté que ya me había llevado hasta el segundo piso de la casa, y
estábamos justo afuera del dormitorio.
Podía ver nuestra cama a través de la puerta entreabierta. El edredón gris claro
aún estaba posicionado perfectamente mientras que había numerosos almohadones
pequeños que siempre apilaba encima. Solo mirar dentro de nuestra habitación hizo
que mi estómago cayera.
Era el sitio donde pasé incontables noches solitarias, viendo al techo, deseando
que mi esposo viniera a la cama. Donde yacía, sola e insatisfecha, mientras mi esposo
se arrastraba bajo las sábanas sin siquiera estirarse por mí. También era el sitio donde
concebimos a nuestro hijo. La primer noche de pasión que tuvimos en meses, y la
última desde entonces.
Lo peor de todo es que Bryson esperaría dormir conmigo. Por supuesto que lo
haría, yo aún era su esposa, y esta era nuestra cama. Pero todo eso se sentía erróneo.
Y no podía imaginar ninguna situación que mejorara.
¿Qué tal si entrábamos ahí y continuábamos actuando como los extraños en los
que nos convertimos? ¿Qué tal si él quería sostenerme, pero sus brazos se sintieran
erróneos envueltos alrededor de mi cuerpo? ¿Qué tal si él esperaba más de mí? ¿Qué
tal si quería intimar?
Lo miré con cautela, tratando de leer las intenciones en sus ojos avellanos.
No había una respuesta fácil a esa pregunta. No había nada que pudiera decir
que no lastimaría sus sentimientos.
Suspiró de nuevo, y pasó una brusca mano a través de su cabello rubio oscuro.
Fruncí el ceño. Sabía que él no había hecho nuestra cama así de perfecta. Pero...
—¿Por qué?
Sus hombros cayeron, sus ojos aún enfocados en el piso de madera bajo nuestros
pies.
—No se ha sentido igual desde que te fuiste. Solo entré ahí para buscar ropa.
Nada más.
Comenzó a hablar rápido, como si estas palabras nuevas pudieran borrar las que
dijo antes.
—De cualquier forma, deberías descansar un poco. El doctor dijo que ahora
podías dormir toda la noche.
Asentí distraídamente.
—De acuerdo.
Asintió una vez. Volteó para irse, pero luego regresó para mirarme. Su boca se
abrió, una, dos veces, pero ninguna palabra salió. Finalmente, sacudió la cabeza y
volteó, sus pasos pesados llevándolo hacia la habitación de invitados.
En lugar de eso, caminé hacia el armario del corredor y tomé una almohada
extra. Parecía que el sillón y yo íbamos a conocernos un poco mejor, a pesar de la
amenaza de un cuello tenso.
***
—No se sentía correcto. Pasé tantas noches sola en esa cama que no quería pasar
otra.
Me encogí de hombros.
Continué hablando.
Vi su garganta subir y bajar al tragar bruscamente, pero continué. Ahora que las
compuertas estaban abiertas, no había forma de cerrarlas hasta que el río se secara.
Sus ojos avellanos fueron duros mientras estudiaban mi rostro. No sabía qué
buscaba, qué veía, pero hizo que sus labios se volvieran delgados y su mentón se
tensara. Asintió una vez y volteó de nuevo hacia los huevos.
Estuvimos en silencio por un largo tiempo luego de eso, mis palabras aun
haciendo eco alrededor de la habitación gris. No sabía si dije algo malo, o si lo hice
enfadar de alguna forma, pero dije la verdad. Pasamos demasiado tiempo dándole
vuelta a los temas difíciles y posponiendo conversaciones para después, pero después
nunca llegó.
Si íbamos a reparar lo que estaba roto, necesitábamos ver realmente todas las
partes. Ignorar incluso una de ellas nos dejaría con un rompecabezas incompleto.
Uno con agujeros faltantes y la imagen distorsionada.
Aún estaba perdida en mis propios pensamientos cuando Bryson se acercó con
un plato lleno de huevos revueltos y fruta. Lo deslizó en frente de mí, con una
pequeña sonrisa.
—¿Por qué no vas a la sala de estar y te pones cómoda? Terminaré aquí e iré de
inmediato.
Sabía que Bryson me daría un sermón si intentaba limpiar, así que hice mi mejor
esfuerzo en ignorar el desastre y, en lugar de eso, me acurruqué en la esquina del
sillón y encendí la televisión. Varios minutos de programación sin sentido después,
Bryson entró a la habitación, llevando una taza de té. La puso en la mesa y se sentó
en cojín junto a mí.
¿O sí debía?
Él aún era mi esposo. Pero las cosas eran tan tensas entre nosotros que era difícil
recordar los roles que, se suponía, debíamos representar. ¿Tenía permitido desearlo?
¿Podía inclinarme hacia su cuerpo y dejar su brazo envolvieran mis hombros, como
lo había hecho miles de veces?
—¿Mack?
Nosotros.
Me deslicé por los menús hasta que llegué a nuestros programas grabados.
O quizás, no lo sabía.
Quizás los días habían sido borrones para él y realmente no notó lo mucho que
se perdió. Quizás, no notó lo lejos que fuimos llevados a la deriva con sus ojos
siempre fijos en una pantalla, en una oficina de algún sitio. Quizás, él estuvo tan
inconsciente como yo dolorosamente consciente. ¿Eso siquiera era posible?
Por el rabillo de mi ojo, lo vi voltear para verme, pero mantuve mi mirada fija
en la televisión. Nos quedamos allí, luchando una silenciosa batalla de voluntades
hasta que Bryson suspiró y hundió su cabeza.
Era un día tranquilo. Uno lleno con menos hostilidad e incomodidad que
cualquiera de los días recientes anteriores a este. Era un día calmado. Donde él solo
era Bryson y yo solo era Mackenzie, y ninguno estaba en una relación que apenas se
sostenía de un hilo. En lugar de eso, solo éramos dos personas, disfrutando una
maratón de uno de nuestros programas favoritos y comiendo pizza.
Debo haberme dormido en el sillón en algún punto, porque desperté cuando frías
sábanas golpearon mi piel y Bryson alejó sus brazos de mi alrededor. Sin pensarlo,
tomé su mano y la jalé.
—Quédate.
Mis ojos aún estaban cerrados, pero sentí la cama hundirse bajo su peso mientras
se arrastraba bajo las sábanas, a mi lado. Su mano halló la mía, y la apretó tres veces
antes de suspirar.
Y justo antes de perder todo sentido en la atractiva nada del sueño, lo oí susurrar:
—Siempre.
Presente
Era tarde en la mañana a juzgar por la luz que entraba por las persianas y noté
dos cosas de inmediato.
Uno era el ronquido suave del hombre que yacía a mi lado, y el otro era el calor
de su mano que todavía estaba envuelta alrededor de la mía.
Era tan guapo que me hizo apretar el estómago cuando escaneé su rostro. La
necesidad de inclinarme y besar sus suaves labios era casi insoportable. Recordé lo
sedoso que siempre se sentía su cabello y ansiaba pasar mis dedos por los mechones
desordenados que cubrían su frente.
Me alcanzó con la otra mano, pero se detuvo a solo unos centímetros de mi cara.
Sus ojos buscaron los míos como si estuviera pidiendo permiso para tocarme. Debe
haberlo encontrado porque sus dedos terminaron su viaje y apartaron algunos
mechones de mi frente.
Se sintió nuevo.
—Tendrías razón. —Sonrió—. Voy a limpiar lo que quieras limpiar. Solo dime.
—Bueno, la sala de estar se ha usado mucho recientemente. Podría irle bien una
rápida sacudida y una aspirada. —Había más que podía enumerar, pero eso estaba
en la parte superior y no quería forzar mi suerte.
—Considérelo hecho.
—Y ayer hablé con tus padres y les pregunté si les gustaría cenar. Entonces, si
estás preparada, podemos ir allí más tarde.
Él se encogió de hombros.
Sus ojos color avellana se encontraron con los míos, el centro de ellos era tan
verde con apenas un poco de marrón alrededor.
Mi corazón se apretó con su confesión. Una parte de mí sabía que había sido
duro con él y que no había tenido la intención de hacer muchos de los errores que
había percibido, pero mi dolor había sido demasiado fuerte. Esto me confirmó que
realmente lo entendió. Que se dio cuenta de que me había lastimado y que estaba
haciendo algo para intentar solucionarlo.
Esto significaba más para mí de lo que él podía saber. Una simple llamada y una
solicitud para una cena familiar fueron más profunda que cualquier disculpa que
haya pronunciado.
Sus ojos continuaron escaneando mi rostro, y supe que estaba buscando una
reacción. Apreté la mano que todavía sostenía-
—No tienes que hacerme el desayuno —le dije a medias. A pesar de los cambios
que me estaba mostrando, la necesidad de cuidarme a mí misma todavía estaba
profundamente arraigada.
Besó el dorso de mi mano una vez más antes de finalmente soltarla. Extrañé el
calor de inmediato.
Observé cómo se sentaba en la cama y estiraba los brazos sobre su cabeza, con
su camiseta blanca y lisa en la espalda y exponiendo su piel dorada. No hacía
ejercicio como solía hacerlo cuando éramos más jóvenes, no tenía tiempo, pero aún
era delgado y musculoso. Cuando se puso de pie, vi que solo llevaba bóxer y decidí
no mirar su trasero perfectamente redondeado, pero fallé miserablemente.
—¿Disfrutando de la vista?
—Yo… ¿qué?
Él se rió suavemente, pero sus ojos eran serios y oscuros mientras recorrían la
longitud de mi cuerpo. Vi su garganta sacudirse al tragar antes de que un lado de sus
labios se torciera en una sonrisa.
Cuando finalmente estuve sola, dejé escapar una gran ráfaga de aire y sentí que
mis músculos tensos se relajaban lentamente. Sacudí mi cabeza y salí de la cama.
Estaba actuando como una adolescente cachonda y necesitaba enfriarlo. El sexo con
Bryson complicaría una situación ya difícil. Necesitábamos pensar con nuestras
cabezas y nuestros corazones, no con nuestras libidos.
Sabiendo que íbamos a casa de mis padres más tarde, me vestí un poco, optando
por un vestido floral y sandalias de tiras. No pensé que fuera algo especial, pero la
mirada acalorada en los ojos de Bryson decía algo diferente.
Me aclaré la garganta torpemente desde la puerta y su mirada volvió a la mía.
Sus labios se estiraron en una media sonrisa forzada antes de mirar hacia otro lado.
—El desayuno está listo —dijo sobre su hombro mientras colocaba mis huevos—
. Voy a ducharme mientras comes.
Llevó el plato a donde estaba sentada en la mesa y miré con el ceño fruncido
cuando él permaneció flotando sobre mí. Su mandíbula estaba tensa y sus ojos
inseguros. Finalmente, suspiró y se inclinó para presionar sus labios contra mi sien.
¿Era normal encontrar a un hombre limpiando tan sexy? Observé de cerca cómo
los músculos de su espalda y hombros se extendían y contraían mientras pasaba la
aspiradora sobre la alfombra. Mi estómago se estremeció y apreté mis piernas juntas,
esperando crear suficiente fricción para aliviar el dolor, pero fue inútil.
—Me preguntaba si habías visto algo que te haya gustado desde que me has
estado mirando todo este tiempo.
—Oh, no.
¿Por qué estaba siendo tan incómodo con él? Este era Bryson. El mismo hombre
con el que había dormido casi una década. El que me había visto en posiciones más
comprometedoras de las que quería recordar. Necesitaba reponerme y dejar de actuar
tan extraña con él.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, sacándome de mis pensamientos.
Me encogí de hombros.
No sé cómo había perdido la noción de los días, pero parecía que lo hice.
—¿Sí?
Bryson no se había tomado un día libre en años. Desde que fue promovido y
comenzó a asumir más clientes y más responsabilidad.
—¿Qué?
Él me guiñó.
¡Guiñó!
Una semana.
Yo: Hubo algunas complicaciones con el bebé y los médicos me pusieron en reposo en
cama. Probablemente no vuelva hasta el jueves.
Sabía que esa explicación solo daría lugar a más preguntas, pero ¿qué podría
hacer? No quería mentirle a Mason, pero tampoco quería seguir enviándole mensajes
de texto con Bryson sentado a mi lado.
Mason: ¿Doctor? ¿Qué pasó? ¿Estás bien? Puedo pasar a la hora del almuerzo.
Yo: No.
Yo: No hay necesidad. Estoy bien.
—¿Te está enviando un mensaje de texto Josie? Me sorprende que haya durado
tanto tiempo.
—No. —Tragué saliva—. Es uno de mis colegas. Se preguntan por qué no estoy
en el trabajo.
Estábamos casi en casa de mis padres y mi teléfono había vibrado más que un
par de veces. Sabía que tenía que lidiar con Mason, pero simplemente no quería
hacerlo ahora.
Bryson se rió.
—Tres meses.
—¡Tres meses!
Sonreí.
—Gracias a la mierda.
Una risa disparó de mi boca. Amaba el crudo lenguaje de Bryson. Nunca fallaba
en darme humor o irritarme, dependiendo de la situación.
—Quería esperar hasta que hablemos con el doctor por lo menos. Deberíamos
realmente esperar al menos hasta que el doctor pueda encontrar un fuerte latido antes
de contarle a alguien más.
Desvanecimiento.
—¿Qué condición? —preguntó mi mamá, sus ojos tomando cada detalle de mí.
Reí incómodamente y abrí la boca para tartamudear una mentira cuando Bryson
habló de nuevo.
—Ella tuvo una contusión. El doctor le dijo que se lo tomara con calma por unos
días.
—Solo quería ayudar —le dije, dándole la mirada más patética que pude reunir.
Sonreí.
Las esquinas de los ojos de mi mamá se arrugaron con una sonrisa mientras
sumergía sus manos en el agua jabonosa y empezaba a lavar los platos de la cena.
Parloteó acerca de todo y nada mientras me regodeaba de la dicha familiar. Se sentía
bien estar en casa. Especialmente cuando las cosas estaban bien entre Bryson y yo.
Las últimas visitas no habían sido felices y estaba agradecida por este viaje.
Tragué saliva.
—¿Diferente?
Me encogí de hombros.
—Puedo decirlo.
Fruncí el ceño.
—¿Decir qué?
—Que las cosas están mejor de lo que habían estado. Las cosas parecían bastante
ásperas entre ustedes dos por un tiempo. Estaba preocupada.
Mi mente corrió ante sus palabras. ¿Ella había notado el problema entre Bryson
y yo? Pensé que habíamos escondido las cosas demasiado bien. Supongo que debería
haber sabido que no podría ocultarle algo así a mi mamá. La mujer lo veía todo.
—Me alegra ver la chispa de regreso en tus ojos. Ustedes dos se ven felices.
Sus palabras me golpearon de nuevo, como roca tras roca siendo lanzada a mi
corazón.
¿Éramos felices? Sabía que éramos más felices de lo que habíamos sido, y sabía
que las cosas estaban mejor ahora de lo que habían estado hace una semana, pero no
estaba segura de lo que eso significaba. Y peor, no sabía cuánto tiempo duraría.
La única cosa que sabía, era que se sentía correcto estar aquí con él. Ver
montones de programas de televisión y atragantarnos de pizza. De tener desayunos
íntimos con él y tener cenas con mi familia. Todo se sentía correcto, y estaba feliz en
donde estábamos física y metafóricamente. Más allá de eso, lo podría averiguar
después.
—Solo quiero que seas feliz, Mack. Sin importar cómo suceda ni con quién. Solo
sé feliz.
Culpé a las hormonas del embarazo de las lágrimas que vinieron a mis ojos.
Sonreí y asentí.
No pensé que él entendería que mis palabras eran por más de lo que estaba
sintiendo en ese segundo, pero la suave mirada en su rostro me dijo que tal vez si lo
entendió. Tal vez sabía que mis palabras sostenían un significado mucho más
profundo.
—Se está haciendo tarde. ¿Estás lista para ir a casa? —preguntó acercándose y
tendiendo una mano para mí.
***
La enfermera cerró la puerta detrás de ella y mis ojos se lanzaron hacia los de
Bryson. No quería desnudarme frente a él. No quería sentirme así de vulnerable
cuando las cosas todavía eran tan inciertas. Los últimos días habían sido geniales,
pero mi corazón todavía era precavido.
Mis ojos golpearon los suyos, y encontré nada más que entendimiento en su
mirada marrón. Pero, me sentí ridícula. Este era mi esposo. El hombre que me había
visto desnuda miles de veces. ¿Por qué estaba haciendo gran problema en esto?
Miré por encima de mi hombro para encontrarlo justo detrás de mí. El calor de
su mirada amenazó con quemar mi piel mientras le pasaba mis pantalones y me
giraba para sacarme la ropa interior.
—¿Señora Thompson? —Asentí, y ella me tendió una fría palma para saludar—
. Soy Nicole, le estaré administrando su ultrasonido hoy.
¿Había reamente olfateado mis bragas? ¿Realmente las había guardado? ¿Qué le
había pasado? Su mirada acalorada y sonrisa devastadora prometieron que tenía
planes. Simplemente no estaba segura si estaba lista para ellos.
Ella apagó la luz del techo y tomó asiento en un taburete al final de la mesa.
Me incliné y dejé que guiara mis piernas hacia los estribos pegados a la mesa. La
enfermera me explicó que el ultrasonido sería interno, y solo me encogí de hombros.
He estado allí, hecho eso.
—Parece ser que está cerca de siete semanas y cinco días. ¿Eso suena correcto?
Una lenta sonrisa se extendió por mi cara mientras la enfermera frunció el ceño.
—¿BB?
—Sexo. Está hablando de sexo —expliqué con una sonrisa. Mis ojos encontraron
los de Bryson y mi sonrisa se amplió más.
Lo había recordado.
Mis ojos picaron con las lágrimas que desesperadamente deseché. No quería que
nada obstruyera la vista de mi bebé y sus pequeños latidos de corazón. Una calidez
envolvió mi mano, y me giré para encontrar a Bryson a mi lado, sus ojos amplios
clavados en la pantalla.
Y mi corazón.
Estaba tan lleno con ese momento, que pensé que estallaría.
Nunca me había sentido tan envuelta con amor, esperanza y promesa como lo
estaba en estos momentos, un par de minutos con mi esposo y una extraña quien nos
presentó a nuestro bebé por primera vez.
—Les imprimiré a los dos algunas imágenes —habló la enfermera, pero mis ojos
estaban en la pantalla, mi mano apretando la de Bryson.
Su otra mano todavía sostenía la mía, y la apretó tres veces mientras me miraba
profundamente a los ojos.
—Puede vestirse y el doctor entrará pronto para hablar con usted —dijo Nicole,
la enfermera, interrumpiendo el hechizo entre nosotros.
—Me las estoy quedando —explicó, sentándose en la silla que había abandonado
y estirándose para llenar la silla completa.
—Bryson —gruñí entre dientes apretados—. Deja de joder. Necesito mis bragas
de vuelta.
—Nop.
Gruñí y empecé a pisar fuerte hacia él cuando hubo otro golpe en la puerta.
Chillé fuertemente y me revolví hacia mis pantalones.
—Adelante —llamé.
—Sra. Thompson, es tan bueno verla. Veo que trae buenas noticias.
Las lágrimas picaron detrás de mis ojos, pero las absorbí. Podía llorar más tarde.
En este momento, necesitaba obtener la mayor información que pudiera.
El doctor pasó los siguientes minutos yendo por lo básico de qué esperar, qué
podría y podría no hacer o comer, y las citas que tendría en los próximos meses. Me
sentí abrumada con información, pero todavía había algo preocupándome.
El doctor asintió.
Sonreí agradecidamente. Era un alivio saber que todo estaba bien. Mi bebé aún
estaba creciendo dentro de mí, mi esposo estaba presente y apoyando, y podía dejar
el reposo en cama. Esta podría ser una paz temporal, pero tomaría lo que pudiera y
sería feliz con eso.
Presente
—Aquí.
Sentí una suave presión sobre mi hombro y agarré a ciegas lo que Bryson me
estaba entregando. Era una pila de servilletas de restaurante que debió haber
encontrado en el auto.
Así que aquí estaba, al costado del camino, deseando que mi estómago
temperamental se comportara mientras mi esposo un tanto alejado me acariciaba la
espalda.
Había llegado a ver a mi bebé. Escuchar sus latidos. Y Bryson había estado allí
durante todo el proceso.
Hubo un momento en que pensé que iría sola a la cita con el médico. Había
trazado un camino de madre soltera y sentí que el cansancio pesaba sobre mis
hombros incluso antes de que comenzara. El hecho de que ese resultado fuera cada
vez menos probable, hizo que mi corazón sobrecargado latiera un poco más fuerte.
—Escucha, creo que deberías tomarte el resto de la semana libre —dijo Bryson
desde donde estaba arrodillado a mi lado.
Cuando sentí que las náuseas habían disminuido un poco, me limpié la boca con
las servilletas que me había pasado y miré por encima del hombro.
—¿Por qué? El doctor dijo que podía regresar —dije con voz áspera, con la
garganta en carne viva por vomitar.
—No estoy diciendo que necesites quedarte en la cama ni nada, solo creo
que unos días libres adicionales del trabajo no podrían doler.
Apreté los labios y lo miré. Volver al trabajo mientras seguía luchando con las
náuseas persistentes e impredecibles realmente no parecía divertido. Había estado
aguantando los últimos días que había estado en el trabajo.
¿Sería realmente tan malo tomarse unos días más de descanso? Sé que me habían
acumulado toneladas de vacaciones, ya que Bryson se negaba a tomarlas y no se me
ocurrió una razón suficiente para pasarlas sola.
Los días de tener a Bryson solo para mí habían llegado a su fin, tal como sabía
que lo harían. Una parte irracional de mí tenía miedo de perderlo al volver a trabajar.
Se sentía como que, si volviera a esa oficina, todo el progreso que habíamos logrado
se desharía. Pero eso era una tontería. Solía poder hacer malabarismos con el trabajo
y la vida en el hogar perfectamente. Solo que el año pasado las cosas se pusieron
difíciles.
—Voy a recortar la carga de trabajo. No voy a trabajar tanto como lo hago. Fui
estúpido por aceptar tantos clientes y tuviste que pagar el precio. Lo prometo, las
cosas ya no serán así.
***
—Sí —jadeé.
—¿Todo bien?
No.
—¿Mack?
—¿Sí? —jadeé.
Se sentó y me giró para mirarlo.
Dios, duele. Cada terminación nerviosa ardía, rogando que me tocaran como en
el sueño. Exigiendo el placer sin el que había vivido durante tanto tiempo. Miré a
Bryson impotente, queriendo que lo arreglara, pero sin saber cómo articular lo que
necesitaba.
No pude. Las palabras no saldrían. Todo lo que pude hacer fue mostrárselo.
Me incliné hacia adelante y presioné mis labios contra los suyos por primera vez
en meses. El calor corrió por mi cuerpo al sentir su boca contra la mía hasta que él
retrocedió con un jadeo.
Incliné mi boca contra la suya nuevamente, y esta vez no hubo dudas. La boca
de Bryson se movió con la mía, besando y saboreando mientras sus manos apretaban
más mi rostro. Se abrió paso dentro de mi boca y mi lengua se encontró con la suya
en una pelea que fue instintiva para nosotros.
Con un gruñido, Bryson tiró de mi camiseta por encima de la cabeza, sus labios
dejaron los míos por una fracción de segundo. Sus manos regresaron a mi piel,
ahuecando mis tiernos senos y tirando de los pezones. Me quedé sin aliento ante la
perfecta mezcla de placer y dolor que estaba provocando en mis senos.
Asentí salvajemente.
—Ajá.
Sentí sus labios sonreír contra mi piel antes de deslizarse por mi pecho y capturar
uno de mis pezones. Mi cabeza cayó hacia atrás mientras lamía y chupaba, tirando
y mordisqueando los brotes demasiado sensibles. La sensación fue tan intensa que
sentí que mi orgasmo ya estaba enrollándose en un espiral de deseo en lo profundo
de mi vientre.
Sus manos rozaron mis costados hasta que llegaron a la cintura de mis
pantalones. Enganchó sus dedos dentro y los deslizó lentamente por mis piernas.
Cuando fueron removidos, palmeó mis pantorrillas, deslizando sus grandes manos
por la longitud de mis muslos hasta que me abrí ante él.
Se apartó de mi pezón con un pop y se sentó sobre sus talones para mirarme.
—Eres tan malditamente hermosa. —Su voz era profunda y áspera, como si las
palabras le estuvieran rasgando la garganta con papel de lija.
Me estiré y él se recostó sobre mi cuerpo, capturando mis labios con los suyos y
pasando su mano libre por mi muslo.
No tenía una respuesta para él, así que solo sacudí la cabeza.
Bryson abrió más mis muslos y solo me miró, sus ojos tan oscuros y ardientes
que me sorprendió no derretirme debajo de ellos. Con una mano, se quitó su bóxer y
ahora estaba tan desnudo como yo.
Con una mano al lado de mi cabeza, usó la otra para colocarse en mi entrada. En
un movimiento rápido, se deslizó dentro de mí hasta que tocó fondo. Ambos
jadeamos ruidosamente cuando mis piernas se envolvieron alrededor de sus caderas.
Se sentía tan grande, duro y correcto dentro de mí. Como si fuéramos dos piezas
del mismo rompecabezas. Como si nos completáramos el uno al otro. Como si
estuviéramos justo donde debíamos estar.
Después de los primeros bombeos, Bryson comenzó a aumentar la velocidad,
penetrándome cada vez más fuerte y más rápido. Sus manos fueron a mi espalda baja
y me acercaron a él, por lo que estaba entrando en mí desde una posición ligeramente
diferente.
—No sé cómo se rompieron tanto las cosas entre nosotros, Kenzi, pero voy a
arreglarlo. —Empujó aún más fuerte que antes—. No te perderé.
Mi corazón se rompió y se unió una y otra vez mientras yacía debajo de él,
asimilando sus palabras y sus acciones simultáneamente. Fue demasiado. Eran
sensaciones y sobrecarga emocional y sabía que estaba a unos minutos de romperme
en dos.
—Te amo —susurró, y mis ojos se clavaron en los suyos. Eran tan profundos
que me perdí dentro de ellos—. Te amo jodidamente tanto.
—Sí, Kenzi, sí. Joder —gritó mientras embestía una vez más, presionando sus
caderas contra las mías y manteniéndolas allí, su cuerpo congelado cuando llegó al
clímax.
—¿Estuvo bien? ¿Te lastimé? —preguntó en voz baja, sus ojos escaneando mi
rostro en busca de la verdad.
Este fue un beso lleno de promesas. Uno que nunca olvidaría porque se sentía
como el comienzo de algo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no por sus labios, sino por mi piel expuesta,
todavía ligeramente húmeda. Bryson lo sintió y se apartó, con las cejas arqueadas de
preocupación. Sin palabras, volvió a poner mi ropa desechada en mi cuerpo y me
metió debajo de nuestras mantas antes de deslizarse entre las sábanas a mi lado.
Cuando estaba cayendo bajo el hechizo del sueño, la mano de Bryson se extendió
y encontró la mía, entrelazando nuestros dedos. Y, justo antes de quedarme dormida,
suspiré y apreté su mano tres veces. Sabiendo que era y siempre sería mi verdad más
profunda.
Presente
—Buenos días, Mack —me susurró Bryson al oído. Sus suaves labios dejaron un
rastro de calor por mi mandíbula y hasta mi boca. Me besó dulcemente y no pude
evitar sonreír.
Así eran las cosas antes de que todo saliera mal. Despertar con los labios de mi
esposo siempre era el comienzo de un día perfecto.
—Buenos días.
Estiré mis brazos por encima de mi cabeza, dándole a Bryson espacio para
envolver los suyos alrededor de mi cintura y acercarme a su pecho.
Sus palabras fueron el bálsamo que mi corazón necesitaba para sanar. Las sentí
remendar e hinchar mi pecho, reorganizando mis entrañas hasta estaba impregnada
indeleblemente con él.
Bryson.
Mi esposo.
Se inclinó y presionó otro beso en mis labios, robando las palabras que vendrían
después. Él no las necesitaba, y yo no necesitaba decirlas. Habíamos dicho todo lo
importante, y nuestros cuerpos podían decir cualquier otra cosa que fuera
importante.
Bryson pasó sus manos por mis costados hasta que me agarró la camiseta en un
puño. Me la quitó y la arrojó sobre su hombro.
—Te amo tanto, Mack —susurró, su boca caliente rozando sobre mis senos—.
Deja que te muestre.
Pequeños besos alimentaron la llama entre nosotros hasta que estalló fuera de
control. Cada toque se sentía reverencial, como si me estuviera adorando, no solo
amándome. Y cuando ambos estábamos saciados y respirando con dificultad, le di
las palabras que me había estado guardando por miedo.
***
—No es necesario. Tú mismo dijiste que sus jefes no estaban contentos con todo
el tiempo que te tomaste, no hay razón para empeorar las cosas. Estoy bien. Voy a
estar bien. Y estaré de una pieza cuando llegues a casa.
Se inclinó hacia delante y depositó un suave beso en mis labios que rápidamente
se volvió duro y necesitado. Unos largos minutos después, nos alejamos, ambos
jadeando, nuestras sonrisas se extendían en nuestros rostros.
Confiaba en él.
Pasé las siguientes horas poniéndome al día con las tareas domésticas que habían
sido ignoradas mientras me había quedado con Josie. El polvo había comenzado a
acumularse, y la ropa sucia había aumentado a proporciones monumentales. Pero se
sentía bien estar de regreso en mi propia casa sabiendo que un esposo amoroso estaría
cruzando la puerta a las cinco y media. Estaba muy lejos de la vida que había estado
llevando últimamente.
Alrededor de la hora del almuerzo, escuché un golpe en la puerta y fui a mirar.
Eché un vistazo a través de la mirilla y fruncí el ceño cuando abrí la cerradura y abrí
la puerta.
El hombre en cuestión estaba vestido impecablemente con una camisa azul claro
que realzaba el color de sus ojos y un par de pantalones oscuros. Se encogió de
hombros y levantó una bolsa de supermercado.
Su voz era brusca y muy diferente a él. Fruncí el ceño y sacudí mi cabeza.
—Oye. —Agarré el codo de Mason y tiré de él hasta que estuvo frente a mí—.
Bryson quería quedarse en casa conmigo, pero lo hice ir a trabajar.
Mason bufó.
—No te habría dejado escapar con eso. —Abrí la boca para discutir de nuevo,
pero él siguió hablando—. ¿Dónde está tu cocina?
Señalé sin palabras, y Mason se movió para dirigirse en esa dirección. Sacudí mi
cabeza y lo seguí. ¿Qué le había pasado? Sé que nunca ha sido fan de Bryson, pero
me sorprende que todavía tenga tanta animosidad después de explicarle por qué no
está aquí.
Entré en la cocina para encontrar a Mason descargando la comida que había
traído. Mi corazón latió con fuerza cuando vi que había traído mi sopa favorita, del
tipo de fideos en diferentes formas. Cogí el recipiente y me volví hacia él.
—¿Cómo lo supiste?
Las cosas habían estado tan bien con Bryson que no había querido ponerlo en
peligro hablando con alguien que sabía que no le agradaba. Pero eso no era justo.
Mason era mi amigo y lo había tratado horriblemente.
—Lo siento, Mason. Las cosas han estado tan agitadas que apenas he tenido
tiempo de mirar mi teléfono. —Lo cual no era una mentira. Hubo más de unos pocos
mensajes de texto de Josie que también habían quedado sin respuesta.
La mandíbula de Mason se tensó y apartó la vista antes de hablar con los dientes
apretados.
—Sé que lo hubieras hecho, Mason. Y eso es muy dulce de tu parte. Pero tenía
a Bryson. Todo salió bien.
—Pensé que tenía más tiempo —murmuró. No pensé que sus palabras fueran
para mí, pero las escuché de todos modos.
—Más tiempo para convencerte. Para conquistarte. —Sus ojos eran tan azules,
su rostro tan serio que me dolía el corazón.
Pero lo sabía.
Sabía exactamente de qué estaba hablando, pero esperaba desesperadamente que
no fuera allí. Que al pedirle que aclarara, se daría cuenta de que sus palabras no
tenían lugar en esta casa y se retractaría. Que se las trague y finja que nunca se las
dijo para empezar. Pero él no hizo eso.
—Que deberíamos estar juntos. —Abrí la boca para discutir de nuevo, pero él
habló sobre mí, sus palabras salieron como un rápido torrente—. Que yo sería mucho
mejor para ti que él. Que si me das una oportunidad, nos das una oportunidad,
podríamos ser geniales juntos.
Dejó de pasearse y se volvió para mirarme, sus ojos ardían. Levantó sus manos
para tomar mis codos y dio un paso más cerca.
—Solo dame una oportunidad. Por favor. Dime que no estoy demasiado tarde.
—Mason… —comencé, pero no sabía cómo terminar. ¿Qué le dices a algo como
esto? ¿Cómo se rompe un corazón?—. Estoy casada. Voy a trabajar en mi
matrimonio. Es lo que quiero.
—¡Sí lo sé! ¿Y quién eres tú para decirme que no? —grité de vuelta.
Se giró y caminó hacia mí hasta que apenas hubo un par de centímetros entre
nosotros.
—Lo sé, porque lo he visto. Lo he sentido. Cuando estabas en mis brazos la noche
de la fiesta de la oficina. Vi la pasión en tus ojos y sé que era por mí. Me quieres. Sé
que lo haces.
Bailé con él y sentí algo. Sé que lo sentí. Pero lo que no entendió era que eso
palidecía en comparación con lo que sentí unos momentos después de bailar con él
cuando Bryson me estaba sacando de la fiesta. Incluso enojado y apenas tocándome,
encendió un fuego en mis venas que ningún hombre ha podido igualar.
Dio un paso más cerca hasta que apenas quedó espacio para respirar.
Asentí lentamente.
—Sí, Mason. Fue un error. Estoy casada. Lo siento si sentiste que te di alas.
¿Qué más puedo decir? Había cometido un error, pero todo había terminado. Sin
embargo, el fuego que ardía en los ojos de Mason me hizo saber que esta
conversación ni siquiera estaba cerca de terminar.
—Mason, tienes que parar. —Mi voz era tan firme como podía, pero aun así se
quebró en la última palabra.
Y en otra vida, tal vez hubiera estado con un hombre como Mason. Él era
inteligente y divertido, atractivo y dulce. Eran todas las cosas que había buscado en
un hombre, pero no era Bryson.
Nunca había estado más segura de mi conexión con mi esposo que en esos pocos
segundos los labios de Mason estaban sobre los míos. No podía mentir, había sentido
algo. Pero era como la llama de un fósforo frente a un infierno furioso. Mason apenas
provocaba algo en mí mientras Bryson me prendía fuego.
Mi esposo había llegado a casa a la hora del almuerzo y me encontró con otro
hombre.
Presente
Había tantas emociones conflictivas allí que estaba teniendo problemas para
mantenerme al día. Ira, traición, posesividad, furia, dolor. Todas pasaron
rápidamente y desaparecieron en el siguiente instante.
No sabía exactamente qué me estaba pidiendo en ese segundo, pero sabía que no
podía dárselo. Cuando me enfrentaba con la opción de aplacar a mi esposo o mi
amigo, siempre elegía a Bryson.
Me aparté de las garras de Mason y me giré para mirar a Bryson muy enojado.
Parecía que se había decidido por una emoción y necesitaba intervenir antes de que
él actuara en consecuencia.
—Brys. No es lo que parece. —Hice una mueca ante las palabras cliché que
salían de mi boca, pero nunca las entendí mejor que en ese momento.
Di otro paso más hasta que pude estirarme y poner una mano sobre el pecho
tembloroso de Bryson.
—Lo siento. Por favor. Haré que se vaya si me das un minuto y luego te lo
explicaré todo.
Bryson me miró incrédulo.
Asentí lentamente.
Los ojos de Bryson se movieron de un lado a otro entre los míos, aparentemente
buscando algo. Finalmente, dejó escapar un suspiro tembloroso.
Abrí la boca para agradecerle, pero él me atrajo hacia su pecho y estrelló su boca
contra la mía en un beso apasionado. Le devolví el beso con la misma ferocidad,
asegurándome de que entendiera dónde estaban mis lealtades.
No capté la reacción de Mason, pero Bryson asintió una vez y giró sobre sus
talones. Él pisoteó por el pasillo, y salté un poco cuando el sonido del portazo en su
oficina resonó por la casa silenciosa.
—Lo hago. Sé lo que hago. Eres lo primero en lo que pienso cuando me levanto
por la mañana y lo último en lo que pienso cada noche antes de quedarme dormido.
Todo el día me pregunto cómo te va y qué podría hacer para hacerte sonreír la
próxima vez que te vea.
Pasó una mano frustrada por su cabello oscuro antes de volver a mirarme a los
ojos, su mirada azul era suplicante. Mi estómago se apretó incómodamente y me
sentí enferma. No quería hacer esto. No quería lastimarlo, y no quería desilusionarlo.
Pero esto no podía continuar. Eso significaba que los mensajes de texto debían
detenerse. Los cafés por la mañana tenían que parar. Acompañarme a mi auto por
las noches tenía que parar.
Me di cuenta en ese momento que, si iba a lograr que Mason me creyera, tendría
que sacarlo completamente de mi vida. No entendería nada menos.
—Kenny, por favor, dame una oportunidad. Te puedo hacer feliz. Sé que puedo.
Necesitaba ser clara. Esa es la única excusa que tenía para las siguientes palabras
que salieron de mi boca.
Sacudí mi cabeza.
—Estoy casada. Las cosas no siempre han sido perfectas, pero estamos
trabajando en ellas. Hice un voto de permanecer a su lado hasta el día de mi muerte,
y lo tomo muy en serio. No estoy dispuesta a renunciar a eso. Lo amo.
—¿Lo amas? —Asentí lentamente y vi como la pelea se iba de sus ojos y sus
hombros se desplomaban—. Entonces, ¿se acabó?
Suspiré.
—Nunca comenzó, Mason. —Y luego, como me sentía como una persona de
mierda, agregué—: Lo siento mucho. Nunca quise hacerte daño.
No sabía qué más hacer a continuación, pero sabía que necesitaba llegar a
Bryson. Necesitaba explicar lo que había sucedido y, con suerte, arreglar lo que
acababa de romperse. No puedo imaginar lo que debe estar sintiendo después de lo
que se acaba de encontrar.
—Está bien.
Los labios de Mason se inclinaron en una pequeña y triste sonrisa antes de darse
la vuelta y salir por la puerta principal.
Miré por el pasillo hacia la puerta de la oficina de Bryson y supe que lo peor aún
no había pasado. Todavía necesitaba hablar con mi esposo y no solo hacerle creer
que no lo había engañado, sino también que me perdonara por haberlo echado de su
propia cocina.
No había mejor momento que el presente y tuve la sensación de que cuanto más
lo dejara allí cocinándose lentamente, peor sería cuando finalmente habláramos.
Caminé por el pasillo y toqué silenciosamente a su puerta. Cuando no hubo
respuesta, abrí la puerta y entré.
Bryson caminaba por el suelo frente a su escritorio. Cuando me vio, hizo una
pausa y dejó escapar un profundo suspiro, su mirada recorría mi cuerpo como si
estuviera buscando algo malo en mí.
—Sí.
—Entonces ven aquí. —Me detuve por un segundo y él agregó—: Por favor.
Tragué de nuevo.
Asentí con la cabeza para hacerle saber que entendía, pero me quedé callada.
—¿No?
Sacudió la cabeza.
—Te prometí que nos arreglaría. Eso significa que necesito escucharte y confiar
en ti. Escuché un poco de lo que sucedió cuando entré por la puerta, pero quiero que
me digas y lo que digas, lo creeré.
—¿Lo harás?
—¿Planeas mentirme?
—Nunca.
Él asintió.
—No —susurré.
—Pero él te besó.
No era una pregunta, y con la mirada asesina en sus ojos, no quería responder,
pero asentí de todos modos.
—¿Qué hubiera pasado si no hubiera venido a casa? —preguntó, sobre todo para
sí mismo, creo, pero respondí de todos modos.
¿Verdad? No podía creer que hubiera ido más lejos de lo que lo había hecho. Por
otra parte, nunca pensé que me besaría así, o que confesaría amarme, o pedirme que
dejara a mi esposo por él. Todas esas cosas eran como pequeños cortes de una
cuchilla muy afilada para mi corazón. No sabía qué habría pasado sin la interferencia
de Bryson, y sinceramente no quería hacerlo.
Di los pocos pasos que nos separaban y cuando estaba lo suficientemente cerca,
me agarró por la cintura y me atrajo hacia su pecho. Él apartó un poco de cabello de
mi frente antes de colocar sus labios allí. Nos quedamos así por un largo momento
de silencio.
—¿Qué pasó después de que me enviaste lejos? —Había un filo en su voz, y sabía
que iba a tener que responder por eso, pero parecía que ahora no era el momento.
Le expliqué lo que sucedió y al final, su respiración no fue más dura, así que lo
tomé como una buena señal.
—¿Eso es todo?
—Lo sé.
—No puedo decirte que no hables con él, pero realmente no quiero que lo veas
fuera del trabajo.
—Lo entiendo. Creo que es mejor si corto todos los lazos con él. Sé que, desde
tu punto de vista, tu único objetivo es mantener a tu esposa lejos de lo que percibes
como una amenaza, pero él es mi amigo y está sufriendo. Él piensa que está
enamorado de mí y, aunque sé que no lo está, él no lo sabe. Creo que lo mejor para
él es que no hablemos ni nos veamos en absoluto.
Lo miré.
Nada de esto habría sucedido si hubiera mantenido clara la línea entre Mason y
yo. Si no lo hubiera dejado desdibujar el lugar entre la amistad y más, tal vez nunca
hubiera pensado que estaba enamorado de mí. Quizás nunca hubiera tenido que
romperle el corazón. Quizás nunca hubiera tenido que lastimar a Bryson como lo
hice.
—Lo siento mucho. Llevé a Mason a creer que podría haber más entre nosotros.
Estaba débil y lo lastimé, pero también te lastimé a ti. No puedo imaginar cómo fue
entrar y ver eso.
—¡Mierda, la sopa!
—¿Qué pasó?
Sonreí tímidamente.
Bryson volvió a apretar la mandíbula y asintió una vez antes de darse la vuelta y
alejarse. Un momento después, regresó a la cocina con una bolsa de plástico que
colocó en el mostrador de la cocina y comenzó a vaciarla. Mi sopa favorita estaba
allí y sonreí, sabiendo que él también había ido a Josie.
—Nunca pregunté, ¿qué haces en casa, de todos modos?
—Sabes que estoy fuera del reposo en cama. Puedo hacer mi propia comida. No
tenías que volver a casa por eso.
Él se encogió de hombros.
—Sí, pero tengo la costumbre de hacerte comida. No quería detener eso solo
porque tenía que volver al trabajo.
—Será mejor que tengas cuidado. —Sacudí la cabeza—. Una chica podría
acostumbrarse a eso.
—Bien —dijo—. Acostúmbrate a que te cuiden porque voy a hacerlo por el resto
de mi vida.
Él selló su promesa con un beso abrasador. Sus labios se fundieron con los míos
de una manera que demostró que le pertenecía a él y él a mí. Por un segundo, mi
mente pasó a Mason y la forma en que se había sentido tan mal estar en sus brazos.
Estaba jadeando, sudando, cansada, adolorida y tan lista para conocer nuestro
bebé.
Asentí, pero no creo que pueda hacerlo. Quince horas en labor de parto más
tarde yo estaba exhausta. Sabía que no podía rendirme, pero no sabía cómo seguir.
—Mack. —La voz de Bryson era severa ahora, y me volví para mirarlo de
nuevo—. Eso es todo. Esto es por lo que has trabajado tan duro. Las náuseas, los
tobillos hinchados, las noches inquietas, los dolores de espalda, esto es todo. En otro
minuto, estarás abrazando a nuestro hijo. Solo necesito que seas fuerte durante ese
minuto y luego puedes desmoronarte. Voy a tomar el relevo después de eso.
Con los últimos restos de fuerza que tenía en mí, pujé tan fuerte como pude y de
repente sentí un alivio de la presión implacable en mi mitad inferior. El llanto de un
bebé resonó por la habitación y supe que había terminado.
Me derrumbé sobre la cama del hospital y luché por recuperar el aliento mientras
las manadas de profesionales médicos zumbaban a mi alrededor. La mano de Bryson
todavía estaba en la mía y la apretó tres veces antes de soltarla para encontrarse con
nuestro bebé y cortar el cordón umbilical.
—Tiene diez dedos en las manos y diez dedos en los pies, Mackenzie. Y ella es
hermosa —gritó el médico.
Un suspiro de alivio salió de mí. Traté de mirar a mi bebé, pero había demasiadas
personas en el camino.
—¿Bryson?
—Estoy aquí, nena.
—Quiero verla.
—Lo hiciste —susurró Bryson, sus ojos vidriosos con lágrimas no derramadas.
Asentí débilmente.
—Lo hice.
Las siguientes dos horas fueron borrosas ya que los médicos se aseguraron de
que tanto yo como mi bebé estuviéramos saludables. Afortunadamente, todo estuvo
bien y, a pesar de los problemas que tuvimos al principio del embarazo, nuestra hija
estaba segura, saludable y amamantaba como una campeona.
Aunque nuestras dos familias ya habían pasado, fue la madre de Bryson, Mary,
quien se quedó por más tiempo.
—Sabía que tus bebés serían hermosos —susurró mientras acariciaba la suave
mejilla de nuestra hija—. Solo mírala.
Y lo hice.
Si no estaba mirando a mi hija, estaba mirando a mi esposo. Y casi cada vez que
lo miraba, lo atrapaba mirándome. Sus ojos brillarían cuando una sonrisa crecía en
su rostro. Sentía que mis propios labios se curvaban para coincidir con los suyos y
sabía que estábamos pensando lo mismo.
Sus ojos me dicen que me ama mientras su sonrisa dice lo feliz que está. Y, por
último, la forma en que le tiemblan las manos cada vez que mira a nuestra hija me
deja saber que está ansioso por tocarla y abrazarla y asegurarse de que ella realmente
esté tan aquí tanto como yo.
Nuestras familias se habían ido por alrededor de una hora cuando llamaron
suavemente a la puerta de la habitación de mi hospital y entró mi mejor amiga
pelirroja. Me había tomado el último mes libre del trabajo, así que no la había visto
tanto como estaba acostumbrada.
—Estoy genial.
Me reí.
—Él lo logró.
Ella sonrió y caminó de puntillas hacia la cuna del hospital que había sido
acercada a un lado de mi cama.
La sonrisa de Josie creció mientras estiró sus manos dentro de la cuna para cargar
a pequeña bebé envuelta en las mantas del hospital. Ella la colocó en sus brazos y
pasó su dedo por las mejillas regordetas de la bebé durmiendo.
Asentí y volví a sonreír. Parecía que era todo lo que podía hacer hoy, sonreír y
llorar.
—Riley Rose.
—Es perfecto.
Era perfecto. A Bryson y a mí nos había llevado casi nueve meses, tres libros de
nombres de bebés e innumerables búsquedas en Google antes de determinar su
nombre. Y ahora, mirándola, sabía que habíamos elegido bien. Riley le quedaba
perfectamente.
Ese había sido un punto de discusión en nuestra casa. Bryson quería que me
quedara en casa con nuestra hija y yo estaba cerca. Por un lado, me encantaría ver a
mi bebé crecer y estar con ella todos los días, pero también valoré mi carrera y no
podía imaginar dejarla.
O dejar a Josie.
Este mes había sido difícil sin ella. Entre su boca y sus palabras de sabiduría, ella
era una yuxtaposición sin la que no podría vivir.
Me encogí de hombros.
Las cosas habían estado tensas desde que regresé a trabajar después de mi
accidente. Mason mantuvo su distancia en su mayor parte, pero la tensión estaba allí,
y eso hizo que el ambiente de trabajo fuera difícil.
—Él renunció.
—Creo que puso su aviso poco después de que te fueras. Se fue hace unos días.
Escuché que recibió una oferta para asociarse en algún lugar de Charlotte.
Renunció y se mudó.
Sabía dónde se encontraba ella en todo el tema de Mason y nunca había vacilado.
Ella había visto a través de nuestra farsa lo que realmente era. Solo deseaba haberla
escuchado antes. Pero ella tenía razón, esto era lo mejor.
Riley se agitó en los brazos de Josie y luego dejó escapar un pequeño gemido.
Josie se congeló en su lugar antes de que sus grandes ojos se encontraran con los
míos.
—A juzgar por el olor, voy a suponer que es algo más que hambre.
—La tengo —gritó Bryson desde el otro lado de la habitación. Su voz estaba
cargada de sueño, pero en unos momentos estaba cruzando la habitación y
deslizando a Riley fuera de los brazos de Josie.
Quería discutir, pero había sido un día largo y estaba exhausta. Extendí mis
brazos, y ella pasó sus manos a través de los cables y cuerdas que colgaban de mí
para envolver sus brazos alrededor de mis hombros.
—Gracias, Jos.
—Te estás volviendo bastante bueno en estas cosas del pañal, ¿eh? —llame.
—Bueno, todavía no he tenido muchos para practicar, pero creo que me estoy
acostumbrando. Seré un experto en poco tiempo.
Bryson suspiró y volteó la palma de mi mano para poder trazar las líneas allí.
—Es real. Eres una mamá. Soy un papá. Riley es hermosa y saludable. Es todo
lo que siempre hemos querido.
Ahora no puedo parar las lágrimas cuando caen sobre mi bata de hospital
prestada.
—Quiero decir entre tú y yo. Ojalá hubiéramos tenido más tiempo para trabajar
con nosotros antes de que ella llegara.
Bryson extendió la mano para agarrar mi barbilla e inclinar mi rostro hacia él.
—Nena, estamos bien. Sólido. Creo que somos más fuertes que antes.
Esnifé.
—¿Eso crees?
Él asintió una vez, sus ojos color avellana tan serios que no pude evitar creerle.
—Somos estupendos. Y nunca voy a dejar que seamos nada menos otra vez. No
creo que nunca volvamos a tener problemas porque eso sería poco realista. Pero
puedo prometerte que nunca más dejaré volverse tan malo. Nunca voy dejar de estar
allí para ti cuando me necesites. Nunca volverás a acostarte sola. Estoy aquí. Cien
por ciento. Siempre. Lo prometo.
Él puntuó sus palabras con besos en la palma de mi mano. Cuando parecía que
había terminado de hablar, sus ojos marrón verdoso se encontraron con los míos, y
sonreí entre lágrimas.
Sabía que éramos más fuertes que nunca. Estos últimos meses habían
solidificado mi devoción a mi esposo y la suya a mí. Éramos más fuertes que nunca,
un equipo que no podía dividirse nuevamente, y ahora teníamos a nuestra preciosa
hija. No podría imaginar un mejor comienzo para la historia del resto de nuestras
vidas.
Fin.