Elementos y Tipos de Obligaciones Jurídicas
Elementos y Tipos de Obligaciones Jurídicas
ARTICULO 724.- DEFINICIÓN. LA OBLIGACIÓN ES UNA RELACIÓN JURÍDICA EN VIRTUD DE LA CUAL EL ACREEDOR TIENE EL DERECHO A EXIGIR
DEL DEUDOR UNA PRESTACIÓN DESTINADA A SATISFACER UN INTERÉS LÍCITO Y, ANTE EL INCUMPLIMIENTO, A OBTENER FORZADAMENTE LA
SATISFACCIÓN DE DICHO INTERÉS.
Deuda y responsabilidad.
Hay un distingo entre deuda y responsabilidad, son dos momentos sucesivos en la situación del deudor.
1. La deuda, es el puro débito, el deber de cumplimiento, que nace junto con la obligación.
2. La responsabilidad, viene después del incumplimiento de la obligación. Cuando ha ocurrido el incumplimiento,
el acreedor puede ejecutar los bienes del deudor para hacer efectiva esa responsabilidad, ya que responde con
su patrimonio.
La responsabilidad sigue a la deuda (regla), pero existe una excepción de deuda sin responsabilidad, en las obligaciones
naturales o morales, la deuda existe, pero el acreedor no puede exigir su pago.
Deudas con responsabilidad limitada: el deudor no responde con todo su patrimonio, sino con una parte de él, por ej. la
situación del heredero que responde con los bienes hereditarios recibidos por las deudas contraídas por el causante (art.
2317).
Comparación de la obligación con el derecho real y con el derecho de familia; semejanzas y diferencias.
Las obligaciones son derechos personales de índole patrimonial. Es decir, se establecen de persona a persona y tienen
un contenido económico. En cambio, el derecho real, es un poder o facultad que se tiene sobre una cosa. El más típico
es el dominio, que importa un poder de señorío, de goce y disposición de la cosa.
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tantos como convenga a sus intereses, a través de los es limitado. Art. 1887.
contratos. Agregando los derechos reales del derecho mercantil (art
1884 in fine)
Nacen o se transmiten sin ningún requisito formal. La ley reglamenta las formalidades requeridas para su
transmisión, son más rigurosas para el caso de los bienes
inmuebles (escritura pública, inscripción en el registro,
tradición)
No se adquie ren por usucapión Son susceptibles de adquirirse por usucapión
En principio, una duración ilimitada, y no se extinguen
por el no uso. Regla no es absoluta; los derechos reales
de garantía se extinguen cuando prescribe la obligación
personal de que son accesorios. Por ej. la habitación se
extingue por el no uso.
Los derechos de familia no tienen carácter patrimonial. Algunas veces estos derechos tienen consecuencias económicas,
por ejemplo, el que se traduce en el pago de los alimentos. Pero, aun así, la esencia del deber de familia, es de
naturaleza no patrimonial, por ej. los deberes respecto al cónyuge, a los hijos. En otras palabras, como regla general, los
derechos familiares no presentan contenido patrimonial, salvo excepciones particulares, como las convenciones
matrimoniales.
Desde que el derecho comercial se desprendió del civil, ambas legislaciones mantuvieron su régimen autónomo en
materia de obligaciones y contratos. Una poderosa corriente doctrinaria sostuvo que no hay ninguna causa fundamental
para no establecer un régimen único, no existe diferencia sustancial, en esta materia, entre la legislación civil y
comercial.
A través de la sanción de la ley 26994 se aprobó el Codigo Civil y Comercial de la Nacion que ha concretado la unificación
en materia civil y comercial.
Elementos de la obligación (arts. 725, 726 y 727 C.C.C). Sujeto. Quienes pueden ser sujetos. Capacidad.
Determinación.
Estos deben de tener capacidad de ejercicio, es decir la posibilidad del sujeto de ejercer por si los derechos y cumplir con
las obligaciones o deberes jurídicos, o también a través de sus representantes y tampoco estar limitados de derecho
como prevé el código, por ejemplo, en los casos del art. 689 los padres no pueden contratar con los hijos bajo su
responsabilidad. (Art. 22-23)
Los sujetos pueden ser sujetos únicos o múltiples. Deben ser determinados al momento del nacimiento de la obligación
(debo saber quién es el deudor y acreedor). Una obligación en la cual no pudiera determinarse quién es acreedor y
quién debe, deja de ser obligación. Pero nada se opone a una indeterminación provisoria del sujeto, tal como ocurre en
las ofertas al público, las promesas de recompensas (se me perdió el perro y hay una recompensa). Otro ejemplo
interesante de indeterminación relativa de sujeto lo presentan las llamadas obligaciones ambulatorias o propter rem.
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Obligaciones ambulatorias o propter rem (arts. 1938, 1953, 1956, 1991, 2007, 2014, 2015, 2016, 2017,
2046, 2048, 2049, 2050, 2146, 2148, 2280 y 2217 C.C.C).
Las obligaciones propter rem o ambulatorias son un tipo de obligación de naturaleza especial. Son obligaciones que
siguen a la cosa, por ejemplo, las obligaciones de pagar expensas, la obligación es de la cosa. por ejemplo, dejo de pagar
expensas porque no puedo pagarlas y decido vender mi unidad funcional para comprar uno más chico, lo que me va
pedir el escribano es el certificado de deudas de esa unidad funcional al administrador de la propiedad horizontal, yo
vendo lo a 100.000$ el escribano retiene de lo que paga el comprador, que no es del vendedor sino de la deuda que
tiene la unidad funcional, en vez de darle 100.000$ le da 90.000$ por los 10.000 de expensas que debe. Porque el que
debe es la propiedad, son los gastos inherentes al mantenimiento y conservación de la cosa.
Las obligaciones propter rem son de carácter inherentes a la posesión de la cosa. Implica que, al adquirirse la posesión,
el sucesor se transforma
en acreedor o deudor de ella. Debe ser mirado tanto su aspecto activo (crédito) como pasivo (deuda).
Su origen está en la ley, pudiendo recaer tanto en las obligaciones de dar, de hacer, como de no hacer.
El transmitente queda liberado aun de las deudas emergentes que fueron motivadas al tiempo del ejercicio de
su posesión. El actual titular no goza de una acción recursiva para que el titular anterior le restituya suma alguna
por la erogación que realiza, salvo que alguna norma establezca lo contrario. También, a través de la autonomía
de la voluntad, podría modificarse la consecuencia apuntada, haciendo responsable del pago al antecesor.
La norma indica que el sucesor particular responde "con la cosa sobre la cual recae el derecho real". Significa
que las obligaciones que sean anteriores al ejercicio de su posesión solamente podrán afectar tal bien en
cuestión. Las que se originen durante la subsistencia de su relación real tienen como objeto de agresión la
totalidad de su patrimonio.
¿Qué sucede con el abandono? El Código Civil y Comercial ha guardado silencio al respecto. Como principio,
cabe sostener que deudor puede liberarse de su obligación haciendo abandono de la cosa. Como ejemplo de
esas obligaciones podemos citar el cerramiento forzoso urbano (art. 2008), la acción de cobro de medianería
(art. 2014), los gastos y contribuciones del sistema de propiedad horizontal (art. 2048), etcetera.
Objeto (por analogía art. 279 C.C.C.). Existencia del objeto. a) Determinación del objeto; b) Posibilidad
del objeto (art. 280 C.C.C convalidación-); c) Valor pecuniario de la prestación; interés extra
patrimonial. Distinción entre la prestación (siempre patrimonial) y el interés del acreedor (moral o
material) al cual la obligación sirve (art. 725 C.C.C.).
Es la prestación que representa el contenido de la prestación. Es decir, la conducta a través de la cual se cumple la
obligación contraída (de dar, de hacer o no hacer)
ARTICULO 279.- OBJETO. EL OBJETO DEL ACTO JURÍDICO NO DEBE SER UN HECHO IMPOSIBLE O PROHIBIDO POR LA LEY, CONTRARIO A LA
MORAL, A LAS BUENAS COSTUMBRES, AL ORDEN PÚBLICO O LESIVO DE LOS DERECHOS AJENOS O DE LA DIGNIDAD HUMANA. TAMPOCO PUEDE
SER UN BIEN QUE POR UN MOTIVO ESPECIAL SE HAYA PROHIBIDO QUE LO SEA.
ARTICULO 725.- REQUISITOS. LA PRESTACIÓN QUE CONSTITUYE EL OBJETO DE LA OBLIGACIÓN DEBE SER MATERIAL Y JURÍDICAMENTE
POSIBLE, LÍCITA, DETERMINADA O DETERMINABLE, SUSCEPTIBLE DE VALORACIÓN ECONÓMICA Y DEBE CORRESPONDER A UN INTERÉS
PATRIMONIAL O EXTRAPATRIMONIAL DEL ACREEDOR.
De estas disposiciones se deduce que el objeto debe llenar las siguientes condiciones:
a) Debe ser posible. Ej. la compraventa de una casa. Se anula si este es imposible. Ej. te pago si puedes tocar el
cielo con las manos.
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b) Debe ser lícito. Todo objeto contrario a la ley produce la nulidad de la obligación. Ej. no se puede contratar la
transmisión de cosas que estén fuera del comercio (arts. 234, 279 y 1004); no se puede hipotecar una cosa
mueble (art. 2205); ni prendar un inmueble (art. 2219), etcétera.
c) Debe ser legitimo: porque debe tener la identidad de los actos jurídicos.
ARTICULO 280.- CONVALIDACIÓN. EL ACTO JURÍDICO SUJETO A PLAZO O CONDICIÓN SUSPENSIVA ES VÁLIDO, AUNQUE EL OBJETO HAYA
SIDO INICIALMENTE IMPOSIBLE, SI DEVIENE POSIBLE ANTES DEL VENCIMIENTO DEL PLAZO O DEL CUMPLIMIENTO DE LA CONDICIÓN.
El artículo dispone que, tratándose de la condición suspensiva, producido el hecho condicional, queda salvada la validez
del acto si este inicialmente carecía de objeto o era imposible y devino posible después.
d) Debe ser determinado o determinable, no es posible obligar al deudor al pago de una cosa o un hecho si no se
puede precisar cuál es la cosa o hecho debido. Ej. un contrato de compraventa que versare sobre "un inmueble",
sin precisar de qué inmueble se trata.
Objeto determinable: verbigracia, cuando se le permite a un tercero determinar el contenido de la prestación
en el futuro.
e) Debe ser conforme a la moral y a las buenas costumbres.
f) Debe ser susceptible de valor económico y debe corresponder a un interés patrimonial o extrapatrimonial del
acreedor.
ARTICULO 726.- C AUSA . N O HAY OBLIGACIÓN SIN CAUSA , ES DECIR , SIN QUE DERIVE DE ALGÚN HECHO IDÓNEO PARA
PRODUCIRLA , DE CONFORMIDAD CON EL ORDENAMIENTO JURÍDICO . ( CAUSA FUENTE )
b) Causa final: finalidad perseguida al crearse la obligación (arts. 281, 282, 1012, 1013, etc.).
ARTICULO 727.- PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE LA OBLIGACIÓN. PRESUNCIÓN DE FUENTE LEGÍTIMA. LA EXISTENCIA DE LA OBLIGACIÓN NO
SE PRESUME. LA INTERPRETACIÓN RESPECTO DE LA EXISTENCIA Y EXTENSIÓN DE LA OBLIGACIÓN ES RESTRICTIVA. PROBADA LA OBLIGACIÓN,
SE PRESUME QUE NACE DE FUENTE LEGÍTIMA MIENTRAS NO SE ACREDITE LO CONTRARIO.
El acreedor debe probar que existe la obligación, porque esta no se presume. Probada la obligación, se presume que
esta tiene una causa, porque nadie se obliga sin tener una razón para hacerlo.
La interpretación de la existencia y la extensión de la obligación es restrictiva, es decir que si hay dudas de si existe o no,
se tendrá que no existe. Si hay dudas sobre su extensión se va tener a cuenta siempre lo que sea más favorable al
deudor.
Causa fin
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Es la finalidad que las partes han tenido en mira al celebrar el contrato. Tiene razón d ser cuando se trata de
obligaciones convencionales creadas voluntariamente a través de un acto jurídico, tal es el caso del contrato jurídico.
El nuevo código regula la causa fin en la parte que dedica a los actos jurídicos en el artículo 281 al 283 que dice que la
causa fin es materia del acto jurídico y aplicable a todo género. Puede ser:
Inmediata: es la finalidad abstracta que tuvieron las partes para contratar. P. ej. compraventa, el vendedor
quiere recibir el precio y el comprador recibir la cosa.
Mediata: es la que se denomina motivos, es decir cuáles fueron los móviles o las razones particulares que tuvo
cada parte para obligarse. P. ej. compraventa, el vendedor, el destino es para comprar un campo. Por qué quería
hacer ese contrato.
ARTICULO 281.- CAUSA. LA CAUSA ES EL FIN INMEDIATO AUTORIZADO POR EL ORDENAMIENTO JURÍDICO QUE HA SIDO DETERMINANTE DE
LA VOLUNTAD. TAMBIÉN INTEGRAN LA CAUSA LOS MOTIVOS EXTERIORIZADOS CUANDO SEAN LÍCITOS Y HAYAN SIDO INCORPORADOS AL ACTO
EN FORMA EXPRESA, O TÁCITAMENTE SI SON ESENCIALES PARA AMBAS PARTES.
a) Contrato: es el acuerdo de voluntades de dos o más personas, expresado en el acto jurídico, destinado a crear,
regular, modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales (art. 957); no es indispensable que el
contrato, se imponga obligaciones a ambas partes, aunque esto es lo que generalmente ocurre (compraventa,
locación, obra, etc.); puede imponerlas a una sola de ellas (donación).
b) Cuasicontrato: ciertos hechos voluntarios lícitos, que por efecto de la ley producen efectos análogos a los
contratos, aunque no hay acuerdo de voluntad. P. ej. la gestión de negocios. El cuasicontrato ha quedado hoy
absorbido por la voluntad unilateral. No obstante, el Código Civil y Comercial las distingue.
c) Hechos ilícitos: se clasificaban tradicionalmente en delitos y cuasidelitos. En los primeros media intención de
producir el daño; en los segundos no hay intención, sino solamente culpa. Tales ideas se remontan al derecho
romano. En la actualidad, el Código Civil y Comercial prescinde de esta categoría. En lugar de ello, se ha hecho
hincapié en las funciones de resarcimiento y prevención de la Responsabilidad Civil.
d) Enriquecimiento sin causa: cuando una persona experimenta un aumento patrimonial y otra sufre un
empobrecimiento correlativo, sin que medie una causa jurídica legítima y no exista ninguna otra opción al
respecto.
e) Declaración unilateral de voluntad: consiste en la manifestación emitida por una persona a fin de que produzca
efectos jurídicos, sin que sea necesario que ocurra su aceptación. Ej. la promesa de recompensa.
ARTICULO 282.- PRESUNCIÓN DE CAUSA. AUNQUE LA CAUSA NO ESTÉ EXPRESADA EN EL ACTO SE PRESUME QUE EXISTE MIENTRAS NO SE
PRUEBE LO CONTRARIO. EL ACTO ES VÁLIDO AUNQUE LA CAUSA EXPRESADA SEA FALSA SI SE FUNDA EN OTRA CAUSA VERDADERA.
Nadie se obliga ni actúa en el campo del Derecho sin un motivo o causa valedera, porque ello sería irrazonable. Además,
una razón de buena fe y de seguridad en los negocios obliga a reconocer efectos jurídicos a las declaraciones de
voluntad, mientras no se pruebe que adolecen de algún defecto legal que las invalide. Por ello se presume la existencia y
licitud de la causa. Pero queda a salvo el derecho del deudor de demostrar que no es así.
Si una persona contrae una obligación en virtud de una determinada causa y luego resulta que esta no existe, hay una
falta de causa.
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Sin embargo, puede pasar que en el título de la obligación se expresa una causa que no es verdadera y si esta existe, y es
lícita, la obligación va a ser válida, el artículo 282 prevé la simulación y así sería definida como una falsa causa. P. ej. yo
hago un acto y recibo una cantidad de dinero, yo digo que es una compraventa, pero en realidad es una donación.
Una persona que manifiesta contraer una obligación con una determinada causa y, luego, resulta que ésta no existe, hay
un caso de faltante de causa. No obstante, ese el caso típico de falsa causa, porque como dice Colmet de Santerre: “un
compromiso sin causa sería un acto de locura”.
ARTICULO 282.- PRESUNCIÓN DE CAUSA. AUNQUE LA CAUSA NO ESTÉ EXPRESADA EN EL ACTO SE PRESUME QUE EXISTE MIENTRAS NO SE
PRUEBE LO CONTRARIO. EL ACTO ES VÁLIDO, AUNQUE LA CAUSA EXPRESADA SEA FALSA SI SE FUNDA EN OTRA CAUSA VERDADERA.
Son los que menciona el artículo 283, que, por razones de seguridad jurídica, las partes tienen interés en que una
declaración de voluntad tenga validez por sí, con independencia de la existencia de la causa. Tal es el caso de los títulos
al portador, cheque o un pagaré, vale por si mismo por lo que dice. Son títulos ejecutivos, es decir que se ejecutan sin
analizar la causa, por qué van al ámbito de la competencia del fuero comercial. Si yo me obligo a pagar la deuda de un
pagare e incumplí, el acreedor va a ejecutar el pagaré. En el ámbito del fuero comercial, como el título tiene un valor por
sí mismo, ahí no se van a discutir la causa.
ARTICULO 283.- ACTO ABSTRACTO. LA INEXISTENCIA, FALSEDAD O ILICITUD DE LA CAUSA NO SON DISCUTIBLES EN EL ACTO ABSTRACTO
MIENTRAS NO SE HAYA CUMPLIDO, EXCEPTO QUE LA LEY LO AUTORICE.
La regla según la cual los efectos de los contratos no obligan sino a las partes y sus sucesores universales, está fundada
en una razón de estricta lógica, pues no es aceptable que la declaración de voluntad de una persona genere obligaciones
a cargo de terceros extraños al acto. Pero los efectos de los contratos pasan a los sucesores universales, puesto que ellos
asumen todos los derechos y obligaciones de sus causantes (art. 1024). Se exceptúan, claro está, los derechos u
obligaciones inherentes a la persona, que son intransmisibles, sea porque así lo impone su naturaleza (obligación
asumida por un pintor célebre de pintar un retrato, que no podría pasar a sus sucesores) o la ley (caso de los alimentos,
que se extinguen con el beneficiario), o el propio contrato (renta vitalicia).
La repercusión que los contratos pueden tener respecto de terceros son de muy variada naturaleza. Algunas hipótesis:
A veces, el objetivo principal del acto es precisamente producir efectos respecto de terceros: tal es el caso de la
estipulación a favor de tercero, a que alude el art. 1027. El ejemplo típico y más frecuente es el seguro de vida.
Otras veces, los efectos son indirectos. Así, por ejemplo, si se vende una propiedad alquilada, y no se ha pactado en el
contrato de locación su extinción por tal motivo —art. 1189—, el inquilino está obligado en adelante a pagar el importe
de la locación al nuevo propietario y no a aquél con el cual concluyó el contrato.
Finalmente, hay casos en que los contratos tienen respecto de terceros una repercusión primordialmente económica
(aunque también jurídica). Tal es la hipótesis de los acreedores quirografarios.
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Las obligaciones tienen como efecto principal o normal darle derecho al acreedor para emplear los medios legales a fin
de que el deudor le procure aquello a que está obligado (art. 730, inc. a]) o para hacérselo procurar por un tercero a
costa del deudor (art. 730, inc. b]). Caso de que ello no sea posible, el acreedor podrá exigir el pago de las
indemnizaciones correspondientes (art. 730, inc. c]); es lo que se llama efecto anormal o subsidiario, puesto que se trata
de un remedio sucedáneo, reconocido por la ley al acreedor en vista de que no le ha sido posible lograr el cumplimiento
de la prestación.
Los medios legales a que alude el art. 730 son la demanda judicial, y los consiguientes recursos destinados a presionar
sobre el deudor para que cumpla: embargos, inhibiciones, intervención judicial, astreintes o condenaciones
conminatorias, multas.
La ley pone en manos del acreedor diversas acciones tendientes a asegurar su crédito y a evitar las maniobras del
deudor destinadas a burlarlo; tales son las medidas precautorias (embargos, inhibiciones, etc.). También otorga otras
acciones que están destinadas a conservar incólume esa garantía común de los acreedores que es su patrimonio; ellas
son la directa, la subrogatoria, la revocatoria y la de simulación. Estos son los efectos llamados en doctrina indirectos o
auxiliares.
ARTICULO 731.- EFECTOS CON RELACIÓN AL DEUDOR. EL CUMPLIMIENTO EXACTO DE LA OBLIGACIÓN CONFIERE AL DEUDOR EL DERECHO A
OBTENER LA LIBERACIÓN Y EL DE RECHAZAR LAS ACCIONES DEL ACREEDOR.
Según lo dispone el art. 731, el deudor que ha dado cumplimiento exacto a su obligación tiene los siguientes derechos:
a) el de obtener la liberación correspondiente, y b) el de rechazar las acciones del acreedor, si la obligación se hallase
extinguida o modificada por una causa legal.
El efecto normal de la obligación es el cumplimiento específico o in natura de la prestación debida: se paga exactamente
lo que se debe y no otra cosa en su reemplazo (indemnización de daños). Este incumplimiento puede ser voluntario,
forzado o hecho por un tercero.
a) Cumplimiento voluntario: Es la forma normal de concluir con una obligación. Y apresurémonos a decirlo, es la manera
en que se cumplen la gran mayoría de las obligaciones. El común de los hombres, el que tiene responsabilidad moral y
buena fe, no necesita ser demandado para cumplir con ellas. Los casos que llegan a pleito son una ínfima minoría.
b) Cumplimiento forzado: Si el deudor no cumple voluntariamente, la ley pone a disposición del acreedor los medios
legales para obligarlo a cumplir.
Esa compulsión estará encaminada, en primer término, a lograr el cumplimiento específico o in natura de lo debido; sólo
cuando ello no fuera posible se encaminará a sustituir el pago por la indemnización de daños.
c) Ejecución por otro: Finalmente el acreedor tiene el derecho de hacerse procurar por otro la prestación que el deudor
se ha negado a pagar.
Cumplimiento voluntario:
El principio esencial en esta materia es que el deudor debe cumplir sus obligaciones de buena fe. Ahora, el Código Civil y
Comercial lo ha consagrado como principio en su art. 9º, que impregna a todo el ordenamiento jurídico. Como indica el
art. 729, este principio requiere que el deudor y acreedor actúen con cuidado y previsión, según las exigencias de la
buena fe, como lo harían unas personas honorables y correctas. Se trata de una pauta general, de la que los jueces
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harán aplicación según las circunstancias de cada caso. Hay en la vigencia del principio una cuestión de equidad y
justicia.
Consecuencias:
Los contratos deben interpretarse de acuerdo al principio de la buena fe (art. 1061), el art. 746 dispone que la obligación
de dar cosas ciertas comprende todos los accesorios de éstas, aunque hayan sido momentáneamente separados de
ellas. Es decir, la obligación debe cumplirse lealmente, de buena fe, sin defraudar la confianza de la otra parte.
Estos deberes de conducta recaen no sólo sobre el deudor, sino también sobre el acreedor, que está obligado a
abstenerse de exigencias contrarias a la equidad y debe guardar respecto del deudor una razonable consideración
humana.
Si bien el acreedor tiene derecho a exigir el cumplimiento estricto de las obligaciones (y, en verdad, ese cumplimiento
estricto forma parte del deber de cumplir con buena fe) no debe llevar sus exigencias a extremos contrarios a la equidad
o la buena fe. Un mínimo de tolerancia está implícito en toda relación humana.
Igual fundamento tiene la teoría de la imprevisión, en virtud de la cual el acreedor debe moderar sus exigencias cuando
la prestación ha devenido excesivamente onerosa en razón de una alteración imprevisible de las circunstancias.
Cumplimiento forzado:
Cuando el deudor o sus auxiliares no cumplen espontáneamente, la ley pone a disposición del acreedor los medios
legales para obligarlo a cumplir. Esta compulsión estará encaminada a lograr el pago específico o in natura de lo debido.
No será posible obtener el cumplimiento forzado in natura: a) cuando se ha hecho imposible la entrega de la cosa
debida (por ej., si se ha destruido, si ha salido del patrimonio del deudor); b) en las obligaciones de hacer cuando para
obtener la ejecución forzada sea necesario ejercitar violencia sobre la persona del deudor y no sea posible recurrir a un
tercero para que lleve a cabo la prestación pactada.
Una razón de respeto por la personalidad humana ha hecho triunfar en el derecho moderno el principio de que no es
posible ejercer violencia sobre la persona del deudor, para obligarlo a cumplir con una obligación de hacer o no hacer.
Pero este principio debe ser aclarado: a) ante todo, se refiere únicamente a las obligaciones de hacer y no a las de dar,
de tal modo que el acreedor tiene derecho a usar de la fuerza pública para obligar al deudor a entregarle una cosa que le
debe y que se resiste a entregar. b) en segundo lugar, la imposibilidad de ejercer violencia en las obligaciones de hacer
se refiere únicamente a aquellas obligaciones de esta índole para cuyo cumplimiento fuera necesario ejercer fuerza
sobre el obligado y no fuera posible recurrir a un tercero para que cumpla a costa del deudor (art. 777, inc. b]); pero
cuando ella no fuera indispensable, el deudor puede ser obligado a cumplir. De igual modo, puede forzarse el
cumplimiento de las obligaciones de no hacer, ya sea mandando destruir lo que se hubiere hecho (art. 778), ya sea
mediante embargos, inhibiciones, medidas de no innovar, etcétera, que impidan al deudor realizar un acto de
enajenación que prometió no hacer. El principio de que no puede hacerse fuerza sobre la persona del deudor no impide
la legitimidad de ciertos recursos encaminados a lograr el cumplimiento in natura
Las astreintes consisten en una condena pecuniaria fijada a razón de tanto por día (o por otro período de tiempo) de
retardo en el cumplimiento de la sentencia o de otra resolución judicial. Es un procedimiento eficacísimo para vencer la
resistencia del deudor contumaz; difícilmente el condenado soporta la presión de esta amenaza, incesantemente
creciente, que se cierne sobre su patrimonio. Son una creación pretoriana de la jurisprudencia francesa. Su práctica data
de antiguo, como medio de hacer respetar las decisiones de los jueces. Pero recién a principios del siglo pasado llamaron
la atención de los jurisconsultos, que pusieron en tela de juicio su legitimidad.
Derecho comparado:
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Las sanciones conminatorias se han revelado utilísimas en la práctica de los tribunales. Inspirados en ellas, el Código de
Procedimientos alemán introdujo una multa similar, cuyo beneficiario es el Estado. Esta fue la solución adoptada en
nuestro país por el decreto ley 4366/1955 (art. 7º) sobre ejecución de sentencias de desalojos de campos.
También guarda analogía con el common law (ley común- derecho consuetudinario), que es una multa impuesta en caso
de desobediencia a resoluciones o decretos judiciales.
Para establecer la naturaleza jurídica de las sanciones conminatorias interesa compararlas con la indemnización de
daños y la pena civil, con las cuales muchas veces han sido erróneamente identificadas. No son una indemnización de
daños porque: a) la indemnización sustituye la prestación incumplida, en tanto que las astreintes tienden a que dicha
prestación se cumpla; b) la indemnización fija definitivamente los daños sufridos; las astreintes son provisorias, pueden
ser alteradas por los jueces, aumentan a medida que transcurre el tiempo; c) la indemnización es resarcitoria y, por lo
tanto, su monto está dado por la medida del daño; las astreintes son conminatorias y por ello no se fijan en atención al
monto de los daños, sino a la fortuna del deudor. No son una pena civil, porque ellas constituyen esencialmente un
procedimiento de intimidación para obligar al deudor a cumplir; la pena es, en cambio, una sanción por el
incumplimiento. Las astreintes son simplemente, una medida de coerción patrimonial que persiguen un doble
propósito: (i) asegurar el pleno acatamiento de las decisiones judiciales, y (ii) lograr —a pesar de la voluntad renuente
del deudor— el cumplimiento específico de lo adeudado. Una de sus características esenciales es que se fijan siempre en
dinero (art. 804).
El art. 804
Sanciones conminatorias: Los jueces pueden imponer en beneficio del titular del derecho, condenaciones
conminatorias de carácter pecuniario a quienes no cumplen deberes jurídicos impuestos en una resolución judicial.
Las condenas se deben graduar en proporción al caudal económico de quien debe satisfacerlas y pueden ser dejadas
sin efecto o reajustadas si aquél desiste de su resistencia y justifica total o parcialmente su proceder.
La observancia de los mandatos judiciales impartidos a las autoridades públicas se rige por las normas propias del
derecho administrativo.
a) Modo de fijarlas: Se fijan en dinero, estableciéndose una suma por cada día (u otro período de tiempo) de retardo en
el cumplimiento. Para establecer su monto se atenderá al caudal económico del demandado, lo que es lógico porque de
lo que se trata es de fijar una suma tal que pueda servir de presión para obligarlo a cumplir
b) Beneficiario: El beneficiario es el titular del derecho que la otra parte se resiste a cumplir. Es la manera de asegurar su
efectividad, pues entonces será aquél quien promueva y se encargue de hacer cumplir la multa.
c) Carácter provisorio: Se ha dicho ya que las sanciones conminatorias tienen por objeto hacer cumplir las resoluciones
judiciales. Logrado su objeto, la medida pierde su razón de ser y por ello es por lo que la ley autoriza al juez a dejarlas sin
efecto total o parcialmente, a condición de que el condenado cese su resistencia y justifique total o parcialmente su
proceder.
El acreedor no puede ser obligado a devolver lo que ya hubiera percibido como consecuencia de la aplicación de la
multa, pues ese importe se encuentra definitivamente incorporado a su patrimonio.
d) Presupuesto: Las astreintes suponen una resolución incumplida. Por consiguiente, sólo pueden empezar a correr
después de que aquélla haya pasado en autoridad de cosa juzgada y se ha notificado al deudor o un tercero (por
ejemplo, pedido de informes) de que le serán aplicadas si persiste en su resistencia.
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e) Objeto: Las sanciones conminatorias son aplicables, en principio, a cualquier género de obligación, sea de dar, hacer o
no hacer. Pero no son aplicables cuando resulta repugnante al sentimiento jurídico la utilización de cualquier medio de
compulsión para obligarlo al deudor a cumplir. Esto es particularmente importante en los contratos en que una de las
partes promete su trabajo personal y tanto más si se trata de trabajos u obras cuyo cumplimiento no se concibe si no
son hechos de buena voluntad, tal como el trabajo encomendado a un artista, pintor, escultor, médico, etcétera. Pero
hay obligaciones de hacer que pueden ser objeto de compulsión por medio de las astreintes: por ejemplo, la de
escriturar o la de cumplir el régimen de visitas fijadas por la sentencia (caso este último en el que las astreintes son
particularmente indicadas). Si la obligación se ha hecho de cumplimiento imposible, no cabe aplicar astreintes, pues su
objeto, ya lo hemos dicho, es hacer cumplir la obligación.
Caracteres
Las astreintes son conminatorias, discrecionales, progresivas, no retroactivas, revisables, pecuniarias, ejecutables y no
subsidiarias.
En efecto, el carácter conminatorio está dado por el hecho de constituir una medida de coerción patrimonial que
procura asegurar el pleno acatamiento de las decisiones judiciales, y lograr —a pesar de la voluntad renuente del deudor
— el cumplimiento específico de lo adeudado.
Son discrecionales pues su procedencia y cuantía quedan sujetas a la prudente apreciación judicial. Pueden fijarse de
manera progresiva, aumentándose así la presión sobre el deudor incumplidor que verá incrementarse su deuda ante su
contumaz incumplimiento.
No tienen carácter retroactivo. Es que se trata de una advertencia para el caso de incumplimiento. Si no se cumple la
intimación judicial formulada, deberán pagarse las astreintes fijadas; pero si se cumple la intimación, el deudor nada
deberá por este concepto.
De acuerdo al art. 804, el beneficiario de la astreintes es el titular del derecho que la otra parte se resiste a cumplir. Esta
se aplica a cualquier resolución judicial que puede asegurar la ejecución de la astreintes
Las astreintes son pecuniarias, tal como lo dispone expresamente el art. 804
Las sanciones conminatorias son ejecutables, una vez que son impuestas.
La astreinte se utiliza en el ámbito de familia (cuota alimentaria) también hay obligaciones de hacer o ser objeto de
compulsión. Ej. obligación de escriturar.
El art. 804 establece que las sanciones conminatorias podrán aplicarse a quienes no cumplen deberes jurídicos
impuestos en una resolución judicial. La solución se encuentra en el mismo art. 804, que en ningún momento excluye la
posibilidad de aplicar una sanción conminatoria a un tercero ajeno al litigio, que deba cumplir una orden judicial. Y es
sabido que todo lo que no está prohibido, está permitido (art. 19, CN), por lo que el tribunal está habilitado para
imponer astreintes al tercero renuente.
Sin perjuicio de reconocer la competencia de las normas locales de derecho público, cuando esté involucrada la
Administración Pública, no se comprende por qué razón no es posible aplicar el art. 804 en estos supuestos. La índole de
persona pública no justifica que se aparte del principio de igualdad (art. 16, CN), sobre todo, si tiene en cuenta el
carácter provisorio que las astreintes ostentan y la posibilidad de su posterior levantamiento.
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La multa es un eficaz medio de compulsión que no ha podido ser desdeñado por la ley. Numerosas disposiciones
sancionan con multa a quienes no cumplen con lo dispuesto por ellas. A manera de ejemplo, puede citarse el Código
Procesal de la Nación, que impone multas a los litigantes que no devuelvan los expedientes llevados en préstamo (art.
128). También las partes suelen fijar multas convencionales para el caso de incumplimiento por el deudor en el caso
fijado. Es lo que se llama la cláusula penal.
Estas multas tienen carácter represivo y no condenatorio. Puede resultar de la convención de las partes o impuesta por
los jueces para asegurar el buen orden o tramite de los juicios
RESPONSABILIDAD CONTRACTUAL:
La responsabilidad en materia de obligaciones significa que la persona tiene que indemnizar todos los daños
ocasionados por el incumplimiento de la obligación. En general, el responsable del incumplimiento es el deudor. Pero
excepcionalmente, puede serlo un tercero.
Imputar un hecho a una persona, quiere decir que el hecho se le puede atribuir a su conducta cuando no pago. Pero la
imputación no significa que necesariamente sea responsable y que tenga que cargar con las consecuencias dañosas del
mismo. Ya que puede haber causas que lo eximan o justifiquen el obrar de su conducta denominado caso fortuito o
fuerza mayor. Esto te exime de responsabilidad.
Se es responsable cuando se ejecuta un hecho donde voluntariamente transgrede el orden jurídico, es ahí donde
corresponde la sanción. Ya sea penal o resarcitoria.
El régimen de la responsabilidad contractual está fuertemente inspirado en la idea de la culpa: se exime de la obligación
de cumplir a quien prueba que medió caso fortuito o fuerza mayor, es decir, a quien demuestra que no fue culpable, a
menos que aquel acontecimiento hubiera sido ocasionado por su culpa, hubiera ocurrido después de la mora, hubiera
asumido el cumplimiento de la prestación no obstante ocurrir el caso fortuito, la misma ley no lo libera de las
consecuencias de tal evento, o el caso fortuito constituya una contingencia propia del riesgo de la cosa o actividad (art.
1733).
La función que tiene la responsabilidad civil es preventiva (art. 1710) Y función resarcitoria. (art. 1716). Prevenir es evitar
o minimizar la producción de un daño. La ley de defensa del consumidor incluye el daño punitivo
b) adoptar, de buena fe y conforme a las circunstancias, las medidas razonables para evitar que se produzca un daño, o
disminuir su magnitud; si tales medidas evitan o disminuyen la magnitud de un daño del cual un tercero sería
responsable, tiene derecho a que éste le reembolse el valor de los gastos en que incurrió, conforme a las reglas del
enriquecimiento sin causa;
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ARTICULO 1716.- Deber de reparar.
La violación del deber de no dañar a otro, o el incumplimiento de una obligación, da lugar a la reparación del daño
causado, conforme con las disposiciones de este Código.
la indemnización tiene una función de equivalencia patrimonial. Le deja al acreedor la misma situación que habría tenido
si el deudor hubiera cumplido con su obligación. La indemnización esta compuesta por 3 elementos (art. 1738)
a) El daño emergente, es decir, el daño efectivamente sufrido por el acreedor con motivo del incumplimiento: por
ejemplo, un propietario contrata una reparación de urgencia que el constructor no cumple, ocasionando así la caída de
parte de una casa; esta caída es un daño emergente.
b) El lucro cesante, es decir, la utilidad o ganancia que ha dejado de percibir el acreedor con motivo del incumplimiento;
así, por ejemplo, un comerciante minorista adquiere de un mayorista una partida de telas, que éste no le entrega; deberá
repararle la utilidad o ganancia que el minorista hubiera podido obtener de su venta al público.
c) La pérdida de la chance, es decir, la privación de la ocasión de obtener una ventaja favorable que no se sabe a ciencia
cierta si se conseguirá a raíz de un evento dañoso. Se basa en un cálculo de probabilidades en donde lo que se indemniza
es la posibilidad de ocurrencia de un suceso contingente. Por ejemplo, el camión donde se transporta un caballo de
carrera resulta embestido por un coche.
Para que el deudor sea responsable se tienen que dar ciertos presupuestos: pueden ser objetivos y/o subjetivos:
la imputabilidad del incumplimiento al deudor en razón de su culpa, dolo o riesgo creado (factor subjetivo)
Principio. Mora automática. Mora del acreedor. La mora del deudor se produce por el solo transcurso del tiempo
fijado para el cumplimiento de la obligación.
El acreedor incurre en mora si el deudor le efectúa una oferta de pago de conformidad con el artículo 867 y se rehúsa
injustificadamente a recibirlo.
El primer presupuesto de la responsabilidad es la Mora. Esta puede ser del deudor o del acreedor. Estas tienen sistemas
de constitución en mora. Mora automática y por su interpelación.
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Es un supuesto de responsabilidad civil porque es fuente de la obligación de resarcir el daño que causa al acreedor. De
allí que una posición considera fallida la ubicación de su regulación en el CCyC, tras la regulación del cumplimiento
específico y espontáneo. En cambio, otra posición que sigue el CCyC pregona que la mora no constituye solo un
fenómeno que atañe a la responsabilidad civil, sino que resulta aplicable a un género de situaciones más amplio. En ese
sentido, también se critica su inclusión dentro del capítulo de pago, a continuación de las disposiciones generales de
este, cuando su ubicación hubiera debido ser, en todo caso, la relativa a los efectos obligacionales.
Daño moratorio
Ese daño se configura en el patrimonio en relación con el tiempo que dura el retardo (incumplimiento relativo); es decir,
el perjuicio se incrementa por el transcurso del tiempo y la pendencia de la obligación incumplida. Si el retardo es
imputable al deudor, pondrá a su cargo la reparación del daño moratorio y deberá asumir el riesgo del contrato cuyo
provecho para el acreedor se frustra por la pérdida de la cosa o la imposibilidad de la prestación, aunque ello ocurra por
un acontecimiento fortuito.
d) la imputabilidad del deudor sea culpa o dolo de este, o la imputación objetiva del deber de responder; y
e) Sin embargo, así reunidos estos elementos o presupuestos generales de la responsabilidad civil, el retardo no es aún
mora, el régimen jurídico requiere que el deudor se halle encuadrado dentro del “estado de mora”.
La interpelación puede ser judicial o extrajudicial. La judicial resulta de la notificación de la demanda o reconvención y
de la intimación de pago en el procedimiento ejecutivo; asimismo, puede resultar de un embargo preventivo o de otra
intimación de pago hecha en un proceso. La interpelación es eficaz, aunque la demanda haya sido interpuesta ante juez
incompetente o presente defectos formales; pues cualquiera sea la suerte de la demanda mal instaurada, es inequívoca
la voluntad del acreedor de reclamar el pago, lo que basta para la constitución en mora.
a) sujetas a plazo tácito; si el plazo no está expresamente determinado, pero resulta tácitamente de la naturaleza y
circunstancias de la obligación, en la fecha que, conforme a los usos y a la buena fe, debe cumplirse;
b) sujetas a plazo indeterminado propiamente dicho; si no hay plazo, el juez a pedido de parte, lo debe fijar mediante
el procedimiento más breve que prevea la ley local, a menos que el acreedor opte por acumular las acciones de
fijación de plazo y de cumplimiento, en cuyo caso el deudor queda constituido en mora en la fecha indicada por la
sentencia para el cumplimiento de la obligación.
En caso de duda respecto a si el plazo es tácito o indeterminado propiamente dicho, se considera que es tácito.
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Quid de la simple demora
La demora es el incumplimiento material. El mero incumplimiento tiene sus virtualidades: cuando entraña un
incumplimiento absoluto o definitivo (plazo esencial, obligaciones de no hacer) resulta suficiente para hacer nacer la
responsabilidad del deudor por el daño que la inejecución ha causado al acreedor. También se atribuyen a la demora el
derecho del acreedor a pagar por consignación, la aptitud para requerir la resolución del contrato, para que comience el
plazo de prescripción o de caducidad.
Aun en las obligaciones a plazo la interpelación puede ser útil para producir los siguientes efectos: a) Permite tener por
resueltos los contratos, conforme al procedimiento indicado en los arts. 1087 y 1088. b) Hecha en forma fehaciente,
provoca la suspensión de la prescripción por seis meses o el plazo menor de prescripción que pudiere corresponder a la
acción.
El art. 886, párrafo primero, consagra el principio de la mora automática, al disponer que la mora del deudor se produce
por el solo transcurso del tiempo fijado para el cumplimiento de la obligación. Sus excepciones se encuentran reguladas
en el art. 887, que textualmente establece: La regla de la mora automática no rige respecto de las obligaciones: a.
sujetas a plazo tácito; si el plazo no está expresamente determinado, pero resulta tácitamente de la naturaleza y
circunstancias de la obligación, en la fecha que conforme a los usos y a la buena fe, debe cumplirse; b. sujetas a plazo
indeterminado propiamente dicho; si no hay plazo, el juez a pedido de parte, lo debe fijar mediante el procedimiento
más breve que prevea la ley local, a menos que el acreedor opte por acumular las acciones de fijación de plazo y de
cumplimiento, en cuyo caso el deudor queda constituido en mora en la fecha indicada por la sentencia para el
cumplimiento de la obligación.
En caso de duda respecto a si el plazo es tácito o indeterminado propiamente dicho, se considera que es tácito.
a) Obligaciones a plazo: Si la obligación tiene plazo, la mora se produce por su solo vencimiento. Es la regla de la mora
automática. No importa que el plazo sea cierto (el 31 de diciembre de 2020) o incierto (la próxima lluvia, la muerte de
una persona); la ley no distingue. En ambos casos la mora se produce automáticamente el día del vencimiento del
término.
También, debe considerarse como hipótesis de mora automática: (i) Cuando la obligación es de tal naturaleza que sólo el
deudor y no el acreedor está en condiciones de saber cuándo debe hacerse efectivo el cumplimiento, como ocurre con
el administrador o mandatario, que serán responsables siempre que no hayan realizado oportunamente la gestión o los
actos que se obligaron a realizar, aunque no los intime el mandante. (ii) Cuando se trata de obligaciones emergentes de
hechos ilícitos. Prevalece la doctrina de que la mora es automática por cualquier acto ilícito; por consiguiente, los
intereses debidos sobre la indemnización se cuentan desde el momento mismo del daño (art. 1748). (iii) Cuando la
obligación se ha hecho de cumplimiento imposible, pues en tal caso la interpelación carecería de sentido. (iv) En las
obligaciones de no hacer, cuando el deudor ha hecho lo que no debía. v) Cuando el deudor ha manifestado que no
cumplirá, pues también aquí el requerimiento se convertiría en un formalismo estéril. (vi) Cuando el requerimiento se ha
hecho imposible por culpa del deudor, por ejemplo, si ha desaparecido de su domicilio. (vii) Cuando el deudor reconoce
que se encuentra en mora.
b) Obligaciones de plazo tácito: Las obligaciones de plazo tácito son aquellas cuyo plazo surge de la propia naturaleza y
de las circunstancias de la obligación (art. 887, inc. a]). El ejemplo característico de este tipo de obligación es el del
contrato de transporte cuando no se fijó un término para su realización; se entiende que deberá ser cumplido en el
plazo necesario para hacer el transporte. La mora se produce en la fecha, en que, de acuerdo a los usos y a la buena fe,
debe cumplirse la obligación (art. 887, inc. a). Sin embargo, teniendo en cuenta que es un supuesto de excepción de la
mora automática (art. 887), se deberá recurrir a la interpelación a fin de evitar equívocos, solución que indicaba el art.
509del Código Civil velezano, reformado por la ley 17.711. Es la buena solución, porque el plazo tácito suele ser
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indefinido y arrojar dudas sobre el momento en que debe considerárselo cumplido. Inclusive, el silencio del acreedor
puede inducir al deudor a creer que aquél piensa que el plazo todavía no está vencido.
c) Obligaciones con plazo indeterminado: En este caso no hay plazo expreso ni tácito. La obligación no es exigible de
inmediato, pero no hay forma de determinar el plazo en que debía cumplirse de acuerdo a los términos de la obligación.
2) apropiada: solo se puede intimar a cumplir lo adeudado, tiene que estar en relación con la obligación;
4) de cumplimiento factible: que permita al deudor realizar el cumplimiento. No deber ser intempestivo;
5) circunstanciado: debe indicar las circunstancias de lugar, tiempo, monto, forma, etc. de cumplimiento.
2) la ausencia de incumplimiento del acreedor: el acreedor no debe estar en mora con respecto a esa obligación.
Efectos de la mora
Desde el momento en que el deudor queda constituido en mora y siempre que ella le sea imputable, se producen las
siguientes consecuencias jurídicas:
a) El deudor está obligado a indemnizar al acreedor todos los daños que la mora le ocasione; desde ese momento
correrán los intereses por las sumas que le adeude (art. 1748).
b) El deudor es responsable por los daños que con posterioridad a ese momento sufra la cosa debida, aunque ellos se
hayan producido por caso fortuito; a menos que tal estado sea indiferente, es decir que la cosa se hubiera dañado o
hubiere perecido igualmente, aunque hubiese estado en poder del acreedor (art. 1733, inc. c]).
c) El acreedor puede reclamar la resolución del contrato, siguiendo el procedimiento fijado en los arts. 1087 y 1088.
Extinción de la mora
La mora del deudor cesa por cumplimiento de la obligación, por haberse hecho imposible el cumplimiento de la
obligación y por renuncia del acreedor a los beneficios y efectos de la mora. El principio general es que la cesación de la
mora no deja sin efecto las consecuencias que ella había ya producido y que sólo impide que éstas se sigan produciendo
en el futuro. Sin embargo, esto requiere algunas precisiones.
a) El cumplimiento tardío no exime al deudor de la obligación de pagar los daños consiguientes a la demora (art. 1747);
más aún, el acreedor puede negarse a recibir la prestación principal si no está acompañada del pago de los daños.
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b) Si la obligación se ha hecho de cumplimiento imposible después de la mora, el deudor debe los daños consiguientes,
por más que la imposibilidad haya derivado de una fuerza mayor, salvo que demuestre que la cosa se hubiere perdido
igualmente en poder del acreedor (art. 1733, inc. c]). Pero ya no seguirán corriendo intereses moratorios.
c) La extensión de los efectos de la renuncia depende de los términos en que haya sido formulada. Naturalmente, no
habrá problemas si la misma renuncia establece su alcance; ellos se presentan generalmente acerca de ciertos actos que
importan o pueden importar una renuncia tácita. La recepción del pago sin protesta alguna hace presumir la renuncia
total a los restantes efectos de la mora, en particular a los intereses moratorios, salvo que de las circunstancias del caso
se desprenda una intención distinta. La recepción de intereses adelantados importa conceder un nuevo plazo por todo
el término cubierto por dichos intereses. La concesión de nuevo plazo importa renuncia temporaria a exigir el pago de la
prestación principal, pero no a reclamar los intereses moratorios.
d) Cabe resaltar que la mora no impide al deudor recurrir al procedimiento de consignación judicial de pago (art. 908),
claro está que deberá añadir los accesorios devengados hasta el día de la consignación.
Para eximirse de las consecuencias jurídicas derivadas de la mora, el deudor debe probar que no le es imputable,
cualquiera sea el lugar de pago de la obligación.
Requisitos
La mora del acreedor supone, de acuerdo con el art. 886, segundo párrafo: a) la existencia de una obligación vencida; b)
el ofrecimiento de pago hecho por el deudor que cumpla con los requisitos de identidad, integridad, puntualidad y
localización, pero el acreedor puede destruir los efectos de la mora demostrando que el deudor no estaba en
condiciones de cumplir; c) la injustificada negativa o demora en aceptarla por el acreedor.
Efectos
a) El acreedor debe pagar al deudor los mayores gastos que haya debido hacer éste con motivo de la mora; por ejemplo,
los gastos de conservación y cuidado de la cosa, los honorarios y gastos del juicio de consignación.
b) Todos los riesgos por pérdida de la cosa quedan por cuenta del acreedor, salvo, claro está, que ellos sean debidos a
culpa o dolo del deudor; pero esta culpabilidad no se presume, de modo que el acreedor que la invoque debe probarla.
Se produce la extinción de la mora del acreedor cuando el deudor recibe el cumplimiento de la prestación. Tal situación
no enerva la reparación de los daños y perjuicios que el retardo de aquel pueda haber causado al deudor. También se
produce la extinción de la mora por la renuncia expresa o tácita del deudor a los efectos de la mora del acreedor (si las
partes acuerdan un plazo para recibir una determinada prestación que fue antes rechazada por el acreedor, se presume
que media renuncia a los efectos de la mora, salvo reserva en contrario). Por último, finaliza la mora del acreedor por la
extinción de la obligación por cualquier causa, sin perjuicio de los efectos ya producidos por la mora hasta ese momento.
La mora genera diversos efectos jurídicos. El deudor, a fin de eximirse de tales consecuencias, deberá probar que la
mora no le es imputable, cualquiera sea el lugar de pago de la obligación.
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Efectos de la mora
1) Apertura de las acciones por responsabilidad. Ante la mora del deudor, el acreedor tiene derecho a: pretender su
ejecución forzada; obtener la ejecución por otro; reclamar la indemnización sustitutiva (art. 730 CCyC);
3) imputación del caso fortuito: el moroso soporta el caso fortuito, a menos que sea irrelevante (art. 1733, inc. c, CCyC);
4) inhabilidad para constituir en mora al acreedor: en las obligaciones correlativas, la parte morosa no tiene derecho a
constituir en mora a la otra (arts. 1031 y 1032 CCyC);
5) operatividad de la cláusula resolutoria: en los contratos con prestaciones recíprocas, el contratante inocente puede
pedir la disolución del vínculo con los daños a cargo del moroso (art. 1087 CCyC);
6) pérdida de la facultad de arrepentirse cuando se pacta la seña penitencial (art. 1059 CCyC): la mora propia es un
impedimento para arrepentirse del contrato. La seña debilita el vínculo contractual, pero cuando el deudor incurre en
mora, pierde la facultad de arrepentirse del mismo;
7) facultad de exigir la cláusula penal (art. 792 CCyC); 8) imposibilidad de invocar la teoría de la imprevisión (art. 1091
CCyC)
Eximición de la mora
El deudor se exime de la mora si acredita que ella no le es imputable. La mora exige la concurrencia de un factor de
atribución subjetivo u objetivo. En las obligaciones de medios, el deudor se liberará por la prueba de la no culpa
(diligencia debida), mientras que en las obligaciones de resultado, la eximente solo se alcanzará por la prueba del corte
de la cadena causal (art. 1726 CCyC), esto es, la culpa de la víctima (art. 1729 CCyC), el caso fortuito (art. 1730 CCyC), el
hecho de un tercero por el que no deba responder (art. 1731 CCyC) o la imposibilidad de cumplimiento (art. 1732 CCyC),
con fundamento en que el deudor ha prometido un resultado eficaz (art. 774, inc. c, CCyC).
Cesación de la mora
Se produce la cesación de la mora del deudor si el acreedor renuncia a la mora de aquel. Esa renuncia puede ser expresa
o tácita, total o parcial. También se da ese efecto cuando el deudor cumple su prestación con más los daños y perjuicios
moratorios, o consigna judicialmente lo debido. En cambio, la mora no cesa ante la existencia de una demanda judicial
del acreedor si la misma se declara caduca.
Imposibilidad de incumplimiento:
Puede ocurrir que la obligación contraída se vuelva de cumplimiento imposible. En tal caso hay que hacer la siguiente
distinción: a) si se ha hecho imposible por causa imputable al deudor o si éste hubiera tomado sobre sí el caso fortuito o
fuerza mayor, la obligación cambia su objeto y se convierte en otra de pagar una indemnización por los daños causados;
b) si se ha hecho imposible sin causa atribuible al deudor, la obligación se extingue y sin responsabilidad (art. 955). En
este último caso es, por tanto, un hecho extintivo de las obligaciones. La imposibilidad puede derivar de un
acontecimiento físico, que puede consistir en un caso fortuito o fuerza mayor (por ej., un rayo que destruye la cosa
prometida en venta, una enfermedad que priva de la vista al escultor que debía realizar un trabajo) o en un hecho del
propio acreedor o de un tercero (por ej., si alguien roba la cosa que debía ser entregada). O puede también derivar de
una razón legal; así, por ejemplo, si el Estado expropia la casa que había sido prometida en venta; o si se prohíbe la
exportación de la mercadería vendida al exterior.
1º) Que el cumplimiento de la prestación se haya hecho imposible. No basta una simple dificultad para cumplir, ni
importa tampoco que la obligación se haya hecho más grave para el obligado (supuesto que quedaría aprehendido en la
excesiva onerosidad sobreviniente, art. 1091). Es necesaria una verdadera imposibilidad, material o jurídica. 2º) Que la
imposibilidad se haya producido sin causa imputable al deudor, vale decir que derive de un caso fortuito o fuerza
mayor o del hecho del príncipe (es decir, de una disposición legal o administrativa) o del hecho de un tercero. Si, en
cambio, el caso fortuito o la imposibilidad de cumplimiento sobreviene por culpa del deudor, éste es responsable (art.
1733, inc. d]).
3º) Que el deudor no sea responsable del caso fortuito o de fuerza mayor. Pues, en efecto, el deudor puede haber
tomado a su cargo el caso fortuito, en cuya hipótesis no estará exento de responsabilidad (art. 1733, inc. a]). También
responde el deudor si:
de una disposición legal resulta que no se libera por caso fortuito o por imposibilidad de cumplimiento;
está en mora, a no ser que ésta sea indiferente para la producción del caso fortuito o de la imposibilidad de
cumplimiento;
el caso fortuito y, en su caso, la imposibilidad de cumplimiento que de él resulta, constituyen una contingencia propia
del riesgo de la cosa o la actividad (art. 1733, inc. b], c] y e]).
4º) Que la imposibilidad de cumplir la prestación sea sobrevenida a la obligación (art. 955). Si la imposibilidad fuese
anterior o contemporánea al nacimiento de la obligación, estaríamos ante un supuesto de ineficacia (nulidad).
5º) Que la imposibilidad de cumplir la prestación sea objetiva, absoluta y definitiva (art. 955). El carácter objetivo de la
imposibilidad apunta a que nadie —en condiciones y situación similares— puede cumplir, y no sólo el deudor. El
carácter absoluto tiene en mira que no existe posibilidad de cumplir, sin importar el mayor o menor costo que ello
puede traer aparejado. El carácter definitivo refiere a que nunca más podrá cumplirse.
El Código Civil y Comercial prevé también el supuesto de imposibilidad temporaria. En este caso, como regla, no existe
imposibilidad de cumplimiento que acarree la extinción de la obligación, pues en algún momento cesará el obstáculo y
cuando ello ocurra, la prestación será exigible por el acreedor. Mientras dura la imposibilidad, no se generan daños
moratorios. Sin embargo, hay casos en que la imposibilidad temporaria causa la extinción de la obligación, y ello ocurre
en los casos de plazo esencial (el vestido de la novia que debe estar listo el día del casamiento) y de frustración
irreversible del interés del acreedor (la frustración de la finalidad perseguida). Por ello, el art. 956 dispone que la
imposibilidad sobrevenida, objetiva, absoluta y temporaria de la prestación tiene efecto extintivo cuando el plazo es
esencial, o cuando su duración frustra el interés del acreedor de modo irreversible.
a) emplear los medios legales para que el deudor le procure aquello a que se ha obligado;
Si el incumplimiento de la obligación, cualquiera sea su fuente, deriva en litigio judicial o arbitral, la responsabilidad
por el pago de las costas, incluidos los honorarios profesionales, de todo tipo, allí devengados y correspondientes a la
primera o única instancia, no debe exceder del veinticinco por ciento del monto de la sentencia, laudo, transacción o
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instrumento que ponga fin al diferendo. Si las regulaciones de honorarios practicadas conforme a las leyes
arancelarias o usos locales, correspondientes a todas las profesiones y especialidades, superan dicho porcentaje, el
juez debe proceder a prorratear los montos entre los beneficiarios. Para el cómputo del porcentaje indicado, no se
debe tener en cuenta el monto de los honorarios de los profesionales que han representado, patrocinado o asistido a
la parte condenada en costas.
La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el beneficio
económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la pérdida de chances. Incluye
especialmente las consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal,
su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que resultan de la interferencia en su proyecto de vida.
La reparación del daño debe ser plena. Consiste en la restitución de la situación del damnificado al estado anterior al
hecho dañoso, sea por el pago en dinero o en especie. La víctima puede optar por el reintegro específico, excepto que sea
parcial o totalmente imposible, excesivamente oneroso o abusivo, en cuyo caso se debe fijar en dinero. En el caso de
daños derivados de la lesión del honor, la intimidad o la identidad personal, el juez puede, a pedido de parte, ordenar la
publicación de la sentencia, o de sus partes pertinentes, a costa del responsable.
Quien no cumple con su obligación, la cumple mal o a destiempo, debe indemnizar al acreedor todos los daños que le
haya ocasionado la inejecución.
El Código Civil y Comercial dispone que la indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la
víctima, el lucro cesante en el beneficio económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la
pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la
víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que resultan de la
interferencia en su proyecto de vida (art. 1738). A la pérdida o disminución del patrimonio (daño emergente), al lucro
cesante y a la pérdida de chances.
La norma dispone, en su parte final, que también deben indemnizarse las consecuencias patrimoniales de daños que son
extrapatrimoniales. La enumeración que se hace es meramente enunciativa.
La norma dispone, en su parte final, que también deben indemnizarse las consecuencias patrimoniales de daños que son
extrapatrimoniales.
Son derechos personalísimos, entre otros, el derecho a la vida, a la libertad, al honor, a la privacidad, a la no
discriminación, a la imagen. Estos derechos son inalienables, indisponibles e inenajenables. Pero si ellos son vulnerados,
la víctima está legitimada para reclamar su resarcimiento. Y ello se traduce en una compensación patrimonial.
La integridad personal es otro derecho personalísimo que se traduce en la indemnidad de todos los derechos que cuya
titularidad puede ostentar una persona. Esa integridad personal está compuesta por la salud física y psíquica, que el
propio Código también enuncia. La disminución de las aptitudes físicas o psíquicas de manera permanente causa por un
obrar dañoso, debe ser reparada, al margen de que la persona tenga o no una actividad productiva, pues de lo que se
trata es de reconocer que la integridad física tiene en sí mismo un valor indemnizable
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El daño a las afecciones espirituales legítimas es el daño moral. Pero que quede claro que el daño moral no es sólo el
sufrimiento o el dolor, es más que ello. Adviértase que existen otras conmociones espirituales, como la preocupación
intensa o la aguda irritación vivencial, que pueden herir razonablemente el equilibrio espiritual. Por tanto, el daño moral
es la afectación de los derechos personalísimos, propios de la dignidad humana. Es la persona misma, en su integridad,
la que está en juego. Es a ella a quien hay que proteger y, en la medida de lo posible, compensar y satisfacer ante la
agresión injustificada. Por último, el daño al proyecto de vida (cuya autoría intelectual pertenece al maestro peruano
Carlos FERNÁNDEZ SESSAREGO) se refiere a la afectación del ideal por alcanzar que tiene una persona, en la medida que
cuente con las capacidades y potencialidades que se lo permitan. Es el caso del promisorio jugador de fútbol, que se
destaca entre sus pares, y que sufre la pérdida de una pierna; es claro que esa situación es diferente de la que puede
vivir un abogado ante la misma mutilación.
Atenuación de la responsabilidad
El juez está facultado a fijar la indemnización. Incluso, puede atenuarla si es equitativo en función del patrimonio del
deudor, la situación personal de la víctima y las circunstancias del hecho (art. 1742, 1ª parte). Como se advierte, con un
carácter excepcional pues se está favoreciendo al causante del daño, se prevé la posibilidad de atenuar la indemnización
que correspondería fijar atendiendo a las situaciones personales de víctima y responsable, entre las que se destaca la
posición económica de ambos.
Valorar un daño significa medirlo, cuantificarlo. Se trata del valor de los perjuicios sufridos, para restituir a la víctima al
estado anterior al hecho dañoso (en la medida de las posibilidades). En términos llanos, consiste en ponerle precio al
perjuicio. La valuación de la indemnización de daños puede tener lugar por vía convencional, legal, judicial o arbitral:
En la valuación convencional, las mismas partes contratantes —teniendo en cuenta que se trata de un derecho
disponible, art. 962— acuerdan el quantum, con fundamento en el art. 958. El acuerdo puede realizarse antes de
acaecidos los perjuicios (por ej., la cláusula penal) o luego de acaecidos (v.gr., la transacción).
En la valuación legal, la propia ley establece el quantum o fija una suma máxima, como ocurre con el Código Aeronáutico
que prevé el pago de sumas indemnizatorias que reconocen un límite máximo (por ej., ante el extravío de mercancías o
equipaje, art. 145).
En la valuación judicial, el juez la realiza para el caso concreto sometido a su examen y decisión, y se basa en el resultado
de las pruebas producidas.
En la valuación arbitral, el árbitro la practica el árbitro conforme las pautas señaladas precedentemente. A los efectos de
realizar una correcta valuación del daño será necesario discriminar diferentes variables que impactan en la reparación
del daño, tales como el sexo, la edad, el estado civil, los estudios realizados, la profesión y/o empleo, la composición del
núcleo familiar, etcétera, a lo que debe sumarse el dato clave consistente en el porcentaje de incapacidad física y/o
psíquica sufrida por el sujeto.
Acción dolosa es toda aserción de lo falso o disimulación de lo verdadero, cualquier artificio, astucia o maquinación que
se emplee para la celebración del acto. La omisión dolosa causa los mismos efectos que la acción dolosa, cuando el acto
no se habría realizado sin la reticencia u ocultación.
20
Son factores subjetivos de atribución la culpa y el dolo. La culpa consiste en la omisión de la diligencia debida según la
naturaleza de la obligación y las circunstancias de las personas, el tiempo y el lugar. Comprende la imprudencia, la
negligencia y la impericia en el arte o profesión. El dolo se configura por la producción de un daño de manera intencional
o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos.
La palabra dolo tiene diversas acepciones en derecho: El dolo para el derecho penal es la voluntad deliberada de
cometer un delito a sabiendas de su ilicitud, o, con otras palabras, es la voluntad consciente que se tiene de perpetrar
un acto que la ley califica como delito. En el campo del derecho civil tiene diferentes significados: a) cuando constituye
un vicio de los actos jurídicos b) cuando constituye un factor subjetivo de la responsabilidad, el que se configura por la
producción de un daño de manera intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos (art. 1724), lo que
puede acaecer tanto en el campo contractual como aquiliano. Éste es el significado del que nos ocuparemos
seguidamente. Comencemos por la disposición legal: El dolo se configura por la producción de un daño de manera
intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos (art. 1724).
Especies de dolo
El dolo puede ser directo o indirecto. El dolo es directo cuando el agente produce o comete daños de manera
intencional. El fin que persigue puede ser
cierto, es decir que, con relación al daño concretamente querido, lleva a cabo su acción para lograrlo, como quien
golpea con un artero puñetazo en el rostro de una persona para lesionarlo, o quien no paga lo que adeuda para
perjudicar a su acreedor; o
incierto, el cual requiere la existencia del anterior, pues tiene lugar respecto de perjuicios no buscados pero necesarios
para alcanzar la meta perseguida, como ocurre con quien arroja una bomba para matar a una persona y sabe que puede
dañar a otras. El dolo indirecto es el eventual, el que se produce con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos. El
sujeto no tiene la voluntad concreta de dañar, pero se representa el resultado e igualmente continúa, como el caso ya
expuesto de quien al pasar un semáforo en rojo se representa que puede cruzar un peatón e igual continúa la marcha.
Tanto la culpa como el dolo requieren una aptitud o capacidad de entender o de querer, es decir, el sujeto actúa
voluntariamente; empero en el dolo el agente quiere tanto el acto como el daño resultante. El reproche que merece es,
por tanto, mayor.
Las diferencias más importantes entre el dolo y la culpa son las siguientes:
a) La extensión del resarcimiento: Cuando existe dolo del deudor, la responsabilidad se fija tomando en cuenta las
consecuencias que se prevean o puedan prevenirse también al momento del incumplimiento (art. 1728, in fine), rigor
b) La atenuación de la responsabilidad por razones de equidad: El juez no puede reducir la indemnización si los
c) La dispensa anticipada de la responsabilidad: Es inválida la cláusula contractual que libera al deudor de los
daños que causa dolosamente él o las personas por las cuales debe responder (art. 1743, in fine).
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CULPA:
ARTICULO 1716.- Deber de reparar. La violación del deber de no dañar a otro, o el incumplimiento de una obligación, da
lugar a la reparación del daño causado, conforme con las disposiciones de este Código.
ARTICULO 1726.- Relación causal. Son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo adecuado de causalidad
con el hecho productor del daño. Excepto disposición legal en contrario, se indemnizan las consecuencias inmediatas y
las mediatas previsibles.
ARTICULO 1737.- Concepto de daño. Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el
ordenamiento jurídico, que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva.
ARTICULO 1748.- Curso de los intereses. El curso de los intereses comienza desde que se produce cada perjuicio
ARTICULO 1751.- Pluralidad de responsables. Si varias personas participan en la producción del daño que tiene una causa
única, se aplican las reglas de las obligaciones solidarias. Si la pluralidad deriva de causas distintas, se aplican las reglas
de las obligaciones concurrentes.
ARTICULO 1757.- Hecho de las cosas y actividades riesgosas. Toda persona responde por el daño causado por el riesgo o
vicio de las cosas, o de las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios empleados o por
las circunstancias de su realización.
La responsabilidad es objetiva. No son eximentes la autorización administrativa para el uso de la cosa o la realización de
la actividad, ni el cumplimiento de las técnicas de prevención.
ARTICULO 1758.- Sujetos responsables. El dueño y el guardián son responsables concurrentes del daño causado por las
cosas. Se considera guardián a quien ejerce, por sí o por terceros, el uso, la dirección y el control de la cosa, o a quien
obtiene un provecho de ella. El dueño y el guardián no responden si prueban que la cosa fue usada en contra de su
voluntad expresa o presunta.
En caso de actividad riesgosa o peligrosa responde quien la realiza, se sirve u obtiene provecho de ella, por sí o por
terceros, excepto lo dispuesto por la legislación especial.
ARTICULO 2561.- Plazos especiales. El reclamo del resarcimiento de daños por agresiones sexuales infligidas a personas
incapaces prescribe a los diez años. El cómputo del plazo de prescripción comienza a partir del cese de la incapacidad.
El reclamo de la indemnización de daños derivados de la responsabilidad civil prescribe a los tres años.
(Último párrafo derogado por art. 3º de la Ley N.º 27.586 B.O. 16/12/2020)
La culpa consiste en la omisión de la diligencia debida según la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las
personas, el tiempo y el lugar (art. 1724, 1ª parte).
Por diligencia se entiende el cuidado y actividad en ejecutar algo, el poner todos los medios para conseguir un fin. La
persona diligente es la cuidadosa, exacta y activa. El que actúa con culpa omite la conducta debida —sea ésta positiva o
negativa— en materia de previsión de un daño. No actúa de manera tal que evite razonablemente la causación de
daños. Integran la culpa dos elementos negativos: (i) la ausencia de la diligencia debida; y (ii) la ausencia de malicia o
intensión dañosa (que es propia del dolo). Desde luego, la imputación con basamento en la culpa requiere una aptitud o
cualidad en el sujeto, cierta capacidad de entender o de querer. Es lo que se conoce como uso de la razón o
discernimiento. Es menester que el sujeto actúe "voluntariamente", y los hechos se juzgan voluntarios si son ejecutados
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con discernimiento, intención y libertad (art. 260). En cambio, se reputa involuntario el acto de quien al momento de
realizarlo está privado de la razón, o el acto ilícito de la persona menor de edad que no cumplió diez años, o el acto lícito
de quien no cumplió trece años (art. 261)
La culpa comprende la imprudencia, la negligencia y la impericia en el arte o profesión (art. 1724, 2ª parte). Ellas son,
por tanto, manifestaciones o expresiones de concreción de la culpa. Cuando el sujeto actúa de manera negligente, no
tiene el cuidado que habría evitado el resultado dañoso; por ejemplo, el profesional contratado para un casamiento, que
no puede registrar la ceremonia religiosa por no haber revisado previamente el adecuado funcionamiento de su equipo
de audio y video.
Cuando el sujeto actúa imprudentemente, obra de manera precipitada o apresurada, sin prever las consecuencias
posibles; por ejemplo, el futbolista que, al disputar un balón, levanta su pierna a la altura de la cabeza del contrario. Por
último, la impericia en el arte o profesión significa que el sujeto no sabe o no hace lo que debería saber o hacer en razón
de su oficio o profesión. Esta vertiente es muy importante para fundamentar la llamada "culpa profesional". Es el caso
del médico que, sin contar con el resultado de los estudios necesarios, diagnostica una dolencia ignorando los principios
científicos aplicables.
En el marco de la unificación de la responsabilidad civil contractual y extracontractual, es posible afirmar que la culpa
consiste en una idea unívoca que se aplica con el mismo sentido en ambos campos de la responsabilidad civil. Siempre
hay una obligación preexistente: sea por vía del incumplimiento prestacional acordado (pacta sunt servanda) o a través
de la comisión de un hecho ilícito que violenta directamente el principio cardinal de no dañar (alterum non laedere). Con
todo, puede puntualizarse que el deudor contractual debe adoptar las diligencias del caso para cumplir, su actuación
tiene siempre que encaminarse a la consecución de la finalidad acordada (no significa necesariamente que se
comprometa a alcanzarla), y en caso de que no practique dichos cuidados (hace de menos, de más o algo diferente de lo
convenido) y cause daños, su conducta merece reproche y debe resarcir.
Todas las culpas no son iguales: hay máximas desaprensiones, groseros incumplimientos que traducen una
desconsideración por el otro rayana con el dolo, y a la par, meras desatenciones, descuidos, también reveladoras de
omisión de la diligencia debida. El derecho romano distinguía entre culpa grave (lata), leve (levis) y levísima (levissima).
La culpa grave es la omisión de los cuidados más elementales, principales o básicos, que como son los mínimos no se
espera que nadie incumpla. Estamos ante un supuesto en el que no se advierte lo que cualquiera hubiera advertido.
La culpa leve es la ausencia de una diligencia calificable como normal, regular o mediana. Ella debía analizarse de dos
maneras muy diferentes: (i) en "abstracto", comparando la conducta del deudor con la de un buen padre de familia,
figura arquetípica tomada como patrón de referencia o ejemplo; y (ii) en "concreto", comparando el obrar del deudor
con su propia conducta anterior, siendo culpable sólo en caso de que no prestara en el cuidado de lo ajeno la misma
diligencia que con las propias. La comparación en abstracto constituye un sistema riguroso, mientras que la comparación
en concreto es benévola, porque precisamente persigue el propósito de beneficiar a ciertos deudores. La culpa levísima
consiste en la omisión de la diligencia que hubiera tenido el muy buen padre de familia. El Código Civil y Comercial no
erige a esta tradicional clasificación como herramienta central de ponderación y determinación de regímenes diferentes,
pero ocasionalmente acude a estos valiosos parámetros como, por ejemplo, o cuando dispone que en los daños
causados por una acusación calumniosa sólo se responde por dolo o culpa grave (art. 1771); o cuando en el contrato de
franquicia dispone que el franquiciante responde por los defectos de diseño del sistema, que causan daños probados al
franquiciado, no ocasionados por la negligencia grave o el dolo del franquiciado (art. 1521).
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Valoración de la conducta
Ninguna conducta es culposa en sí misma, es decir, sin que se la relacione con otra, con la que resultaba exigible en el
caso concreto, por lo que para su dilucidación es menester ingresar en el terreno de la causalidad. No puede decirse que
el médico sea culpable de la muerte de su paciente sin más, como tampoco el abogado lo es por el hecho que la
demanda que presentó sea rechazada.
El análisis de culpabilidad es subjetivo, se practica estrictamente en el plano concreto, lo que sucede en el caso
específico. Es que el citado art. 1724 establece que la omisión de la diligencia debida debe valorarse según las
circunstancias de las personas, el tiempo y el lugar.
Este discernimiento requiere de dos pasos: 1) una variable concreta, en la que se investiga la conducta del sujeto en el
caso específico, lo que hizo y cómo lo hizo, en captación desprovista de valoración; y 2) una variable abstracta, en la que
se identifica la naturaleza del deber violado ("no dañar a otro") o de la obligación incumplida (p. ej. el contrato y sus
particularidades objetivas), encarnados en todo caso con un modelo de conducta impuesto. Del confronte de ambas
variables se arribará a la conclusión de si el sujeto hizo o no lo que se esperaba y debía.
ARTICULO 1721.- Factores de atribución. La atribución de un daño al responsable puede basarse en factores objetivos o
subjetivos. En ausencia de normativa, el factor de atribución es la culpa.
ARTICULO 1722.- Factor objetivo. El factor de atribución es objetivo cuando la culpa del agente es irrelevante a los
efectos de atribuir responsabilidad. En tales casos, el responsable se libera demostrando la causa ajena, excepto
disposición legal en contrario.
ARTICULO 1723.- Responsabilidad objetiva. Cuando de las circunstancias de la obligación, o de lo convenido por las
partes, surge que el deudor debe obtener un resultado determinado, su responsabilidad es objetiva.
ARTICULO 1724.- Factores subjetivos. Son factores subjetivos de atribución la culpa y el dolo. La culpa consiste en la
omisión de la diligencia debida según la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las personas, el tiempo y el
lugar. Comprende la imprudencia, la negligencia y la impericia en el arte o profesión. El dolo se configura por la
producción de un daño de manera intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos.
Riesgo significa contingencia o proximidad de un daño. La vida en sociedad es aceptar que se comparten ciertos peligros.
Es una exposición permanente —a veces inconsciente— a numerosos riesgos; basta con salir a la calle para enfrentar
esa latente posibilidad. Frecuentemente resultan consecuencia inevitable del desarrollo de las grandes urbes. El peligro
que conllevan es asumido como "costo", potenciado por una sociedad que se caracteriza por un consumismo desmedido
El derecho pone el acento en el peligro o riesgo de ciertas cosas o actividades lícitas que escapan del completo control
del sujeto, pero que el legislador no prohíbe por razones de interés general.
Por ello, el fundamento del deber de responder se asienta sobre una apreciación o consideración estrictamente
objetiva, se ponderan parámetros materiales y prácticos. El eje del problema no reside en la culpabilidad del autor (se
prescinde de ello) sino en la causalidad, o sea, la determinación del hecho materialmente causante del daño.
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Aunque decir que "la mera causación del daño genera la obligación de indemnizarlo" es simplificar demasiado las cosas,
es cierto que, comparativamente con la culpa, el fundamento en el riesgo creado privilegia la situación de la víctima
pues no le impone buscar y probar culpa alguna para que nazca su crédito resarcitorio. Incluso, cabe señalar que una
observación desde la praxis —siempre tan importante— revela que frecuentemente la demostración de la culpa del
agente causante del daño es harto difícil y termina por frustrar la acción indemnizatoria, beneficiando al causante del
perjuicio.
La recepción legal
La denominada teoría del riesgo creado ingresa en nuestro sistema jurídico con la reforma de la ley 17.711 al Código
Civil de VÉLEZ, al establecerse que, si el daño se hubiese producido por el riesgo o vicio de la cosa, el dueño o guardián
sólo se eximirá total o parcialmente de la responsabilidad acreditando la culpa de la víctima o de un tercero por quien no
debe responder (art. 1113, párr. 2º, parte final). Como puede advertirse, la responsabilidad surgía de los daños causados
"por el riesgo o vicio de la cosa", por lo que la teoría fue incorporada al cuerpo normativo de una manera amplia, no
circunscripta a determinada área ni tampoco a casos específicos.
La misma línea sigue el Código Civil y Comercial, aunque le confiere al riesgo creado un marco fáctico aún más extenso
pues también comprende —ahora de manera expresa— a las actividades riesgosas o peligrosas. En efecto, el Código no
sólo dispone que toda persona responde por el daño causado por el riesgo o vicio de las cosas, sino que también
expresamente alcanza a las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios empleados o
por las circunstancias de su realización (art. 1757).
Por lo tanto, resulta suficiente con que se introduzca en el medio social un factor o elemento generador de riesgo para
terceros para que deba responderse objetivamente, se beneficie o no el sujeto. La responsabilidad se sostiene por la
misma generación del riesgo, no por el eventual beneficio que se derive de ella.
UNIDAD 3
Se considera caso fortuito o fuerza mayor al hecho que no ha podido ser previsto o que, habiendo sido previsto, no ha
podido ser evitado. El caso fortuito o fuerza mayor exime de responsabilidad, excepto disposición en contrario.
Este Código emplea los términos “caso fortuito” y “fuerza mayor” como sinónimos.
El caso fortuito y la fuerza mayor son hechos que no han podido ser previstos, o que previstos, no han podido ser
evitados (art. 1730, párr. 1º, 1ª parte). Cierto es que el caso fortuito ha sido tradicionalmente asociado con hechos de la
naturaleza que salen de lo común (terremotos, huracanes, erupción de volcanes, inundaciones, etc.), y que la fuerza
mayor se relaciona con hechos del hombre (guerra, huelga ilegal, acto de autoridad pública). Sin embargo, aunque sean
distinguibles en el plano conceptual teórico, ambas figuras producen similares efectos o consecuencias jurídicas. Por
ello, el Código Civil y Comercial las considera como sinónimos (art. 1730, párr. 2º).
La clave de la previsibilidad
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Desde el plano de lo justo, como criterio de solución se aplican las reglas de la causalidad adecuada: el sujeto sólo
responderá de las consecuencias de sus actos en tanto sean las que acostumbran a suceder según el curso natural y
ordinario de las cosas (art. 1727, 1ª parte). El análisis que se practica sobre la autoría del daño se apoya en parámetros
de "previsibilidad", se exige del sujeto una capacidad de anticipación propia de un hombre razonable, patrón objetivo en
el que se aplica el método comparativo. Por tal motivo, habrá que valorar la conducta del sujeto con la que es exigible
en un estudio abstracto de los hechos.
Los requisitos para que el hecho pueda ser considerado fortuito y eximir de responsabilidad no son establecidos por la
ley. De manera general es menester que el hecho reúna tres condiciones: que sea imprevisible, inevitable y ajeno;
empero, estrictamente en el terreno obligacional (p. ej. contractual) también debe resultar sobreviniente y tener
actualidad.
a) Imprevisibilidad. Un hecho es imprevisible cuando no puede ser anticipado, es decir, cuando acontece o tiene lugar
sin que promedien señales que autoricen a considerar su ocurrencia como factible o probable. Dado su carácter extraño,
raro, singular, atípico, resulta inesperado, sorpresivo en función del devenir de los acontecimientos; de lo contrario, es
posible tomar medidas preventivas para evitar el acaecimiento del perjuicio. b) Inevitabilidad. El hecho es inevitable
cuando no se lo puede superar, impedir o sortear. No se trata de una mera dificultad, sino que debe resultar un
obstáculo insalvable o invencible. En definitiva, el derecho sólo obliga al sujeto a realizar conductas posibles y
necesarias. La inevitabilidad es el requisito clave del caso fortuito. Lo que importa es que tal deudor, sin que le sea
imputable y enclavado en la circunstancia que le sea propia, haya sido impotente para evitar el hecho que obsta al
cumplimiento de la obligación. La inevitabilidad es juzgada a la luz de la naturaleza y alcance del objeto obligacional,
marco del interés del acreedor tutelado. La inevitabilidad del hecho dañoso debe ser: (i) total, porque si es parcial se
debe cumplir la parte que resulta posible; (ii) definitiva, porque si es temporaria se puede cumplir tardíamente, a menos
que se trate de una obligación de plazo esencial; (iii) absoluta o relativa, es decir que el obstáculo sea insalvable para
cualquier persona o sólo para el deudor de la obligación; y, (iv) física o moral, por caso, respectivamente, la enfermedad
que contrae el deudor de manera involuntaria y el cantante que no brinda el show porque ese mismo día su esposa fue
sorpresivamente internada en terapia intensiva. Por el contrario, si el hecho sólo provoca una "dificultad" de
cumplimiento, no resulta eximente. Así, por ejemplo, si acontecimientos inevitables encarecen la prestación convenida
por el deudor y se produce una distorsión del equilibrio negocial. No es un supuesto de caso fortuito sino de aplicación
de la teoría de la imprevisión (art. 1091).
c) Ajenidad. El agente presunto no debe haber colocado ningún antecedente idóneo para hacer posible el evento del
que surgen daños, pues de lo contrario participaría de su ocurrencia y por tanto le serían imputables. Con otras palabras,
el hecho debe resultar ajeno o extraño al sindicado responsable. En materia de responsabilidad objetiva, se considera
que el hecho debe ser extraño a la cosa o a la actividad, debe producirse en el exterior de la esfera de acción por la que
el deudor está obligado a responder (el acontecimiento debe irrumpir desde afuera y no del interior). En caso de
tratarse de una contingencia propia de la actividad que se desarrolla, la causalidad jurídica se dilata o expande para
alcanzar su responsabilidad. Así, la empresa ferroviaria responde por los daños sufridos por un pasajero a raíz del
incendio de un vagón del tren, producto del cortocircuito de un fusible, pero no responde si el incendio obedece a la
caída de un rayo. d) Sobreviniente. Si el hecho existía en la etapa conformación del acuerdo, los sujetos ya lo conocían o
bien, obrando con diligencia, estaba a su alcance conocerlo. Por tanto, no puede ser reputado fortuito o casual, no es
imprevisible. Cuando esto sucede, la contingencia debe ser considerada como un elemento más, una variable que las
partes han tenido en cuenta y ponderado para arribar a determinado acuerdo negocial, pues quien asume riesgos
cuenta con un elemento de negociación que puede incidir en la fijación del precio. Así, por ejemplo, si a pesar de la
inminencia de una guerra se decide igualmente celebrar un contrato cuya ejecución se posterga en el tiempo, la efectiva
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ocurrencia del enfrentamiento armado no puede considerarse distorsiva de la economía interna y justicia del acuerdo,
por lo que el alza en el precio de los insumos utilizados no sustenta una causal de resolución contractual, no exime al
deudor por fuerza mayor.
e) Actualidad. Los efectos del caso fortuito deben verificarse exactamente en el momento en que se torna exigible el
cumplimiento de la prestación, ni antes ni después, pues de lo contrario no tienen entidad para eximir de
responsabilidad al deudor al no verse afectada su posibilidad de ejecución (pago). En el ejemplo recién referido, si ya ha
cesado el enfrentamiento armado que frustraba la entrega de la mercadería vendida en el lugar pactado, no hay razón
para que el deudor no la efectúe.
FORTUITO únicamente cuando son extraordinarios y salen del orden común debido a su intensidad. Sin embargo, es
ordinario que algunos fenómenos naturales como lluvias, inundaciones o vientos aumenten su intensidad en forma
periódica, por lo que no pueden considerarse inevitables o imprevisibles. • Hecho del príncipe, acto de autoridad
pública. Es aquel acto emanado de cualquier autoridad publica que impide el cumplimiento de la OBLIGACIÓN. A pesar
de que el acto sea ilegitimo, si el deudor no cuenta con las posibilidades de resistirlo, queda liberado. Las resoluciones
judiciales no son extrañas al DEUDOR, ni tampoco podría considerarlas imprevisibles porque son consecuencia de actos
anteriores del obligado. Es por eso que no forman parte de esta categoría.
• Guerra. El DEUDOR no queda eximido de responsabilidad por la sola demostración de estado de guerra, pues debe
demostrar que concurrieron en el caso concreto todos los elementos de la FUERZA MAYOR. Es por eso que, si la guerra
fue contemporánea o durante la formación de la OBLIGACIÓN, no podrá alegar que las consecuencias eran
imprevisibles.
• Revoluciones. Lo expuesto sobre las guerras se aplica de igual manera para las revoluciones.
• Huelga. En principio la huelga no es considerada CASO FORTUITO, pero puede llegar a serlo cuando le dificulta e
impide al DEUDOR toda perspectiva de cumplimiento. Tal es el caso de la huelga ilegal.
• Hecho de tercero. Es el acto emanado de una persona extraña al DEUDOR. Si reúne los requisitos atinentes al CASO
FORTUITO, se constituirá como tal. Algunos ejemplos son, el robo, los atentados criminales, accidentes sufridos por el
DEUDOR cuando viaja en transporte público sin que medie culpa del deudor o del conductor, y accidentes donde el
deudor y el autor material son instrumentos pasivos de un hecho llevado a cabo por un tercero que es el verdadero
causante del daño. Si el hecho proviene de una persona por la que el deudor debe responder, no podrá considerarse
caso fortuito.
ARTICULO 1731: Hecho de un tercero. “Para eximir de responsabilidad, total o parcialmente, el hecho de un tercero
por quien no se debe responder debe reunir los caracteres del CASO FORTUITO”.
• Incendio. En general, el incendio no es considerado CASO FORTUITO si se demuestra en alguna medida que era
previsible. Es por eso que para considerarse CASO FORTUITO es indispensable que presente todos los elementos del
casus (CASO FORTUITO).
• Enfermedad. El único caso en el que la enfermedad se constituye como CASO FORTUITO es aquel en el que el DEUDOR
se enferma y la prestación solo puede ser satisfecha por él, a excepción de que pueda ser sustituida por otra persona. Si
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esto es posible, la enfermedad no entra dentro de la categoría de CASO FORTUITO. Sin embargo, si el DEUDOR estuviera
privado de discernimiento y debido a ello resultara imposibilitado de delegar en otro el cumplimiento de dicha
prestación, entonces sí se constituye como tal.
ARTICULO 1732.- Imposibilidad de cumplimiento. El deudor de una obligación queda eximido del cumplimiento, y no
es responsable, si la obligación se ha extinguido por imposibilidad de cumplimiento objetiva y absoluta no imputable
al obligado. La existencia de esa imposibilidad debe apreciarse teniendo en cuenta las exigencias de la buena fe y la
prohibición del ejercicio abusivo de los derechos.
ARTICULO 1733.- Responsabilidad por caso fortuito o por imposibilidad de cumplimiento. Aunque ocurra el caso
fortuito o la imposibilidad de cumplimiento, el deudor es responsable en los siguientes casos:
b) si de una disposición legal resulta que no se libera por caso fortuito o por imposibilidad de cumplimiento;
c) si está en mora, a no ser que ésta sea indiferente para la producción del caso fortuito o de la imposibilidad de
cumplimiento;
e) si el caso fortuito y, en su caso, la imposibilidad de cumplimiento que de él resulta, constituyen una contingencia
propia del riesgo de la cosa o la actividad;
Efectos
El caso fortuito o fuerza mayor exime de responsabilidad, excepto disposición en contrario (art. 1730, párr. 1º). La
solución legal obedece a que se destruye el nexo de causalidad. Como los daños no resultan imputables a ningún título
(subjetivo u objetivo), deben ser soportados por quien los sufre. El caso fortuito y la fuerza mayor inciden en la
determinación de la autoría jurídica de los daños, son factores relevantes que si intervienen en la producción de daños
conducen a la exoneración del sujeto, a quien no se le puede imputar perjuicios que no causó. Si estamos ante un
supuesto de responsabilidad extracontractual, el nexo causal se enlaza sin la afectación del sujeto que no es su autor,
por lo que no nace responsabilidad. En el campo de la responsabilidad contractual, el caso fortuito provoca la extinción
de la obligación por imposibilidad de pago del deudor. No está de más recordar que el deudor de una obligación queda
eximido del cumplimiento, y no es responsable, si la obligación se ha extinguido por imposibilidad de cumplimiento
objetiva y absoluta no imputable al obligado. La existencia de esa imposibilidad debe apreciarse teniendo en cuenta las
exigencias de la buena fe y la prohibición del ejercicio abusivo de los derechos (art. 1732). Ahora bien, y sin perjuicio de
lo dicho antes, en algunos casos, aunque opere el caso fortuito, por existir una disposición en contrario (art. 1730, párr.
1º, in fine), la responsabilidad igualmente nace, pues se les niega virtualidad eximitoria. Ello surge del párrafo citado del
art. 1730 que establece "excepto disposición en contrario"
ARTICULO 332.- Lesión. Puede demandarse la nulidad o la modificación de los actos jurídicos cuando una de las partes
explotando la necesidad, debilidad síquica o inexperiencia de la otra, obtuviera por medio de ellos una ventaja
patrimonial evidentemente desproporcionada y sin justificación.
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Se presume, excepto prueba en contrario, que existe tal explotación en caso de notable desproporción de las
prestaciones.
Los cálculos deben hacerse según valores al tiempo del acto y la desproporción debe subsistir en el momento de la
demanda.
El afectado tiene opción para demandar la nulidad o un reajuste equitativo del convenio, pero la primera de estas
acciones se debe transformar en acción de reajuste si éste es ofrecido por el demandado al contestar la demanda.
TEORÍA DE LA IMPREVISIÓN
ARTICULO 1090.- Frustración de la finalidad. La frustración definitiva de la finalidad del contrato autoriza a la parte
perjudicada a declarar su resolución, si tiene su causa en una alteración de carácter extraordinario de las
circunstancias existentes al tiempo de su celebración, ajena a las partes y que supera el riesgo asumido por la que es
afectada. La resolución es operativa cuando esta parte comunica su declaración extintiva a la otra. Si la frustración de
la finalidad es temporaria, hay derecho a resolución sólo si se impide el cumplimiento oportuno de una obligación
cuyo tiempo de ejecución es esencial.
ARTÍCULO 1091. Imprevisión-Si en un contrato conmutativo de ejecución diferida o permanente, la prestación a cargo
de una de las partes se torna excesivamente onerosa, por una alteración extraordinaria de las circunstancias
existentes al tiempo de su celebración, sobrevenida por causas ajenas a las partes y al riesgo asumido por la que es
afectada, ésta tiene derecho a plantear extrajudicialmente, o pedir ante un juez, por acción o como excepción, la
resolución total o parcial del contrato, o su adecuación. Igual regla se aplica al tercero a quien le han sido conferidos
derechos, o asignadas obligaciones, resultantes del contrato; y al contrato aleatorio si la prestación se torna
excesivamente onerosa por causas extrañas a su alea propia.
Esta teoría comprende casos en que la obligación se vuelve excesivamente onerosa para una de las partes. Se la
relaciona con el caso fortuito ya que enfrenta hechos que por su índole son parecidos o idénticos, pero en la aplicación
de la teoría de la imprevisión no impide el cumplimiento de la obligación, sino que la transforma en excesivamente
onerosa para el deudor. Si se concibe al derecho como un orden social y justo debe tanto el juez como el legislador
contemplar esta situación ejemplar para resolverla de manera justa para ambas partes. esta misma se aplica cuando se
genera un hecho sobreviniente en donde se halla un desequilibrio en el contrato obligacional. (El deudor no puede
cumplir a pesar de querer hacerlo, ya que la onerosidad es tan alta que se debería recurrir a esta teoría para cumplir con
la obligación, un gran ejemplo de esto es lo sucedido en los años 88 y 89 donde se aplicó la misma por la hiperinflación).
Para poder aplicarla es necesario pedirla y sucede netamente por cuestiones económicas.
En caso de no querer llegar a una instancia judicial se puede recurrir a la autonomía de la voluntad de las partes, en
donde se concilia con el otro ya que el deudor no se niega a pagar, sino que no puede. Se la puede relacionar con la
astreinte ya que estas dos se van a aplicar dependiendo de la posibilidad económica de la parte afectada, en este caso el
deudor va a poder decir de qué forma puede cumplir con la obligación y quedará a opinión del juez si se llega a un
acuerdo con lo que se plantea o no. El deudor utiliza esto para negar su imputabilidad, pidiéndolo como un remedio
legal
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• Hecho inevitable es = a riesgo creado
Tanto el caso fortuito como la teoría de la imprevisión parten de la actualización de hechos supervenientes a la
celebración de un contrato, imprevisibles y de carácter general, que alteran de manera sustancial las condiciones que
sirvieron como base para la celebración de este.
La imprevisión es otra de las figuras que atenúa el cumplimiento del contrato, y al igual que el caso fortuito, para que se
aplique se requieren dos requisitos:
• Que ese hecho altere de manera excesiva las circunstancias que se tuvieron en cuenta al momento del contrato.
Con respecto a sus efectos: si se aplica la imprevisión la ley autoriza a resolver el contrato (dejarlo sin efecto) o
readecuarlo. En esta última cuestión predomina en nuestro sistema un espíritu de adecuación, es decir la búsqueda de
los consensos para que no se destruya el negocio y se derive en una solución que atienda los intereses de las dos partes.
TEORÍA DE EXNER: Esta teoría establece que se necesitan tres circunstancias para que pueda calificarse a un hecho
como uno de fuerza mayor:
• Hecho exterior: Que sea extraño al deudor, que no resulte de la propia esfera de quien invoca al eximente.
• Hecho importante: Que se trate de una perturbación grave o extraordinaria que sobrepase a la normal previsión del
curso de los negocios.
ARTICULO 1737.- Concepto de daño. Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el
ordenamiento jurídico, que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva.
El derecho práctica, entonces, distintos recortes que enmarcan y restringen la juridicidad del fenómeno dañoso. Desde
esta óptica, hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que tenga
por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva (art. 1737). La norma pone en claro que el
daño no es sólo la lesión o menoscabo de un derecho subjetivo. Por el contrario, también son alcanzados intereses no
reprobados por el ordenamiento jurídico, es decir, ciertos intereses "simples" o "no ilegítimos" que resultan
merecedores de tutela: la carencia de una expresa o específica contemplación legal no puede dejar a la víctima sin
reparación.
Es posible afirmar que debe tutelarse el interés que resulta "lícito y serio", y que ello es suficiente para fundamentar el
resarcimiento que exigen la equidad y la solidaridad social. Así, por ejemplo, cabe reconocer derecho a reparación del
daño patrimonial que sufre el sujeto ante la muerte de quien le brindaba alimentos a pesar de no estar obligado
legalmente. Sin embargo, no toda afectación a un "interés simple no ilegítimo" alcanza entidad suficiente para ser
resarcido, así, por ejemplo, no pueden resarcirse los daños que experimenta el comerciante por el homicidio de un buen
cliente; o el que padece el contrabandista ante la negativa de su cómplice a reconocerle su participación en las
utilidades del negocio ilícito. Tampoco son resarcibles los daños que resultan de meras molestias de espíritu propias de
cualquier infracción contractual o extracontractual.
El Código Civil y Comercial, en cambio, modifica esa estructura ya que finca el objeto de la reparación en (i) la persona,
(ii) el patrimonio, y (iii) los derechos de incidencia colectiva. Además, el daño a la persona importa ampliar los confines
reparatorios del daño extrapatrimonial (que, dijimos, se agotaba en el daño moral). En efecto, el daño a la persona se
erige como un nuevo género continente de distintas "especies", tales como la afección a la integridad espiritual —moral
— y la frustración del proyecto de vida. Finalmente, el Código Civil y Comercial incorpora expresamente la protección de
los "derechos de incidencia colectiva" (derechos estos que están también reconocidos en el art. 14), como lo son la
protección del medio ambiente y la defensa de la competencia, lo que es demostrativo de una notable interrelación
entre el derecho público y privado.
Requisitos legales:
ARTICULO 1739.- Requisitos. Para la procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto,
actual o futuro, cierto y subsistente. La pérdida de chance es indemnizable en la medida en que su contingencia sea
razonable y guarde una adecuada relación de causalidad con el hecho generador.
Para la procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente
(art. 1739, 1ª parte). Como se advierte, la norma establece distintos requisitos que debe reunir el daño, a los que "ata"
la procedencia de la indemnización. Veamos: a) Certeza: Un daño es cierto cuando su existencia resulta comprobable. Se
le opone el daño "incierto" que es el meramente hipotético o conjetural, que puede producirse o no, por lo que no es
objeto de tutela.
31
El daño puede ser cierto, aunque aún no haya tenido lugar. En efecto, el daño es actual cuando ya se ha producido, pero
es posible hablar de un daño futuro, esto es, aquel daño que todavía no se ha producido al momento en el que se dicta
la sentencia o celebra el acuerdo transaccional, pero su acaecimiento es objetivamente probable. Es el caso del peatón
embestido por un vehículo, quien tiene derecho a ser resarcido —entre otros rubros— de los gastos de atención médica
que afrontó con su patrimonio (p. ej., compra de medicamentos) y de los que desembolsará en el trascurso del tiempo
(v.gr., honorarios por atención psicoterapéutica). b) Personalidad: El daño debe ser "personal" del reclamante y no
ajeno, pues desde luego no se concibe que se indemnice lo que corresponde a un tercero.
Pero que daño sea personal, no impide que él se pueda manifestar de manera directa o indirecta. En el primer caso, el
daño afecta derechamente, sin interferencias, a la propia persona del damnificado o a sus bienes (p. ej., el que sufre el
dueño de un rodado ante su destrucción); en el segundo caso, el sujeto sufre perjuicios "de rebote" por la lesión
padecida por un tercero, y reclama a título propio (es el caso del hijo menor que padece una gran discapacidad como
consecuencia de una lesión sufrida; los padres reclaman en nombre de éste —a quien representan— lo que le
corresponda en concepto de reparación por incapacidad psicofísica y daño espiritual —daño directo—, y a título propio
lo que les corresponde a ellos mismos por daño espiritual, por el sufrimiento de ver sufrir, y por gastos de atención
médica —daño indirecto—). Cuando estamos ante un daño a un derecho de incidencia colectiva, debe considerarse que
puede alcanzar a miles de personas, incluso a seres aún inexistentes (piénsese en los daños causados por productos
elaborados, el daño ecológico, o las micro lesiones propias del derecho del consumidor). Pero aún en estos casos, en el
ámbito resarcitorio, es menester que quien pretenda la reparación del daño sufrido colectivamente con otros, acredite
el carácter personal del perjuicio.
Subsistencia: El daño debe subsistir para conferir derecho a su resarcimiento. No se puede reclamar si ya ha sido
reparado por el propio responsable pues la obligación misma se extinguió. El daño ya no existe. Por el contrario, si el
perjuicio es reparado por quien lo sufre, puede reclamar lo que invirtió; y, si lo hace un tercero, cuenta con la acción
subrogatoria en los derechos del perjudicado para reclamar el valor de lo indemnizado.
Daño al patrimonio
El daño al patrimonio es el detrimento que se produce en los bienes y derechos que componen el patrimonio de la
persona (arts. 15 y 16). Lo integran, por ejemplo, la propiedad, el trabajo, la capacidad laboral, las objetivas
probabilidades de obtener un lucro, los derechos resultantes de los contratos, etcétera.
Puede manifestarse por distintas vías. El daño emergente es la pérdida o disminución de valores económicos ya
existentes, que produce el empobrecimiento del sujeto, como por ejemplo la destrucción de su rodado a raíz de un
siniestro de tránsito. El lucro cesante es la frustración de ventajas económicas altamente probables, que representan
una pérdida de enriquecimiento, como ocurre con el dinero que deja de ganar el taxímetro por no poder trabajar con el
rodado dañado. Mientras el daño emergente es susceptible de una cuantificación exacta o muy aproximada (p. ej., se
prueba a través de facturas), el lucro cesante no, pues se trata de ganancias razonablemente frustradas. El Código Civil y
Comercial también admite la indemnización de la llamada pérdida de chance, en la medida en que su contingencia sea
razonable y guarde una adecuada relación de causalidad con el hecho generador (art. 1739, 2ª parte). La chance es la
oportunidad o posibilidad de conseguir algo, cierta expectativa que se tiene en torno a determinado acontecimiento
futuro. Para su análisis se ingresa en la "dimensión de lo futuro", de lo que aún no ha acontecido, se transita desde lo
seguro a lo hipotético. Ejemplos de chances pérdidas son: (i) la de ayuda futura que se produce por la muerte de un hijo
menor de edad, que aún no está en condiciones de colaborar económicamente con sus padres (art. 1745, inc. c]); o (ii) la
de obtener un buen resultado en un pleito cuando el abogado no apela la sentencia adversa. A los fines resarcitorios, el
análisis que se practica es complejo, debiéndose ponderar las mayores o menores probabilidades o chances de éxito en
función de parámetros objetivos de persona, tiempo y lugar. Lo que se resarce es la chance misma, la "oportunidad" que
se frustra, no el beneficio en sí que se esperaba lograr (esto se enmarca en el lucro cesante).
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Daño a la persona
Hasta la sanción del Código Civil y Comercial, se había considerado que el significado del daño moral resulta
omnicomprensivo pues conforma per se un "género" abarcador de todas las posibilidades no patrimoniales del sujeto
para realizar en plenitud su vida, salvaguardándose eficazmente la intangibilidad de la persona. Ahora bien, más allá del
cambio terminológico que impone el referido Código, al referirse al "daño a la persona", entendemos que no se
abandona el binomio "daño patrimonial-daño extrapatrimonial", aunque sí se amplían los confines reparatorios de este
último que es redimensionado bajo tal rótulo. Las consecuencias de este cambio son importantes y más allá de la
opinión que nos merezca, no puede asimilarse "daño a la persona" con daño moral, este último representa sólo una
especie de aquél género. Una interpretación contraria resulta atentatoria de la previsión legal.
Más allá de algunas clases o especies de daños que ya hemos visto en los números anteriores (al patrimonio y a la
persona, emergente y lucro cesante, actual y futuro, directo e indirecto), pueden mencionarse estas otras:
a) Evitable, resarcible y punible: El daño es evitable cuando aún no ha sucedido, pero es de probable ocurrencia, por lo
que impone la adopción de medidas eficaces para impedir su acaecimiento. El daño es resarcible cuando es cierto y
debe ser indemnizado. Finalmente, el daño es punible cuando castiga —con una finalidad disuasoria— la conducta que
lo generó.
b) Común y propio: El daño es común si lo hubiera sufrido cualquier acreedor, mientras que es propio si únicamente lo
puede experimentar un acreedor determinado. Es el caso del préstamo de un libro que el deudor pierde; éste, como
regla, deberá su valor (lo que representa un daño común), pero si se hallaba autografiado y tenía un significado especial
para el acreedor, estamos ante un daño propio. En principio sólo se indemnizan los daños comunes, a menos que el
deudor conociera o debiera conocer el carácter propio del daño que experimenta su acreedor (arts. 1725, 1726 y 1728).
También responde como daño propio, el deudor que actúa con dolo, por la agravación de su responsabilidad establecida
en el art. 1728 in fine.
c) Moratorio y compensatorio: El daño moratorio es el que se deriva de la mora del deudor, por lo que supone la
posibilidad de cumplimiento tardío de la prestación que al acreedor aún le resulta útil, y se acumula a la prestación o a la
indemnización que la reemplaza. El daño compensatorio se configura ante un incumplimiento definitivo, por lo que el
pago de daños sufridos sustituye o reemplaza a la prestación, y así el interés del acreedor se satisface por equivalente.
d) Inmediato y mediato: El daño inmediato es el que registra la máxima proximidad causal lógica con el hecho
generador; el daño mediato es el que tiene lugar solamente de la conexión de tal daño con un acontecimiento distinto.
La distinción no se basa en un orden cronológico-temporal sino lógico (por ejemplo, la muerte derivada de un accidente
violento es una consecuencia inmediata, aunque transcurra un cierto tiempo entre el suceso y el resultado). Esta
clasificación se identifica con el concepto de consecuencias inmediatas y mediatas reparables (art. 1727), por lo que se
desarrolla en el marco de la "relación de causalidad".
e) Individual y colectivo: Ambos son daños personales. El primero es el que afecta el patrimonio o la persona misma y
puede ser reclamado a título individual, se haya manifestado de manera directa o indirecta. El daño colectivo, en
cambio, recae sobre un derecho de incidencia colectiva y en general afecta a la comunidad (art. 14), por ejemplo, al
medio ambiente sano o a la libre competencia en el mercado
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La norma en estudio se refiere a tres cuestiones que merecen un tratamiento independiente. En primer lugar, menciona
dos de los requisitos del daño resarcible (certeza y subsistencia), y sugiere un tercero (la personalidad del daño),
mientras que el restante (la afectación de intereses no prohibidos por el ordenamiento) se encuentra mencionado en el
art. 1737 CCyC. En segundo término, se refiere a algunas de las clasificaciones posibles del daño —que se conectan, de
todos modos, con los mencionados requisitos—. Finalmente, regula los caracteres que debe reunir el daño por pérdida
de chance para que proceda el resarcimiento.
El principal presupuesto para que el daño sea resarcible es que sea cierto, es decir, que exista realmente y no se trate de
un perjuicio meramente eventual o hipotético. Así, el simple peligro o la sola amenaza o perspectiva de daño —que
puede eventualmente dar lugar a la tutela preventiva— no es suficiente para tornarlo indemnizable. Tanto es así que, si
se indemnizara un perjuicio incierto y, finalmente, este no llegara a consumarse, existiría un enriquecimiento sin causa
por parte de la víctima. Si hay certeza, poco importa que el daño sea actual o futuro, pues en ambos casos procederá su
reparación. También en la pérdida de chance se exige certeza acerca de la existencia de un porcentaje de posibilidades
de obtener un beneficio o evitar un perjuicio, que se vio frustrado por la comisión del hecho ilícito.
Para que sea resarcible, el perjuicio debe subsistir al momento de dictarse la sentencia, pues nadie puede reclamar la
reparación de un daño que ya ha sido resarcido. Si el propio responsable es quien ha indemnizado el daño, su obligación
queda extinguida por pago, o por alguno de los otros modos de extinción previstos en el ordenamiento jurídico. Si lo
reparó un tercero (por ejemplo, compañía de seguros), la deuda de responsabilidad subsiste —en principio— respecto
de este. Si, finalmente, el bien menoscabado (daño fáctico, pero no jurídico) es reparado por la víctima, entonces el
perjuicio subsiste en su patrimonio, y debe ser resarcido.
El perjuicio, para ser resarcible, debe ser personal de quien reclama su indemnización. Esto implica que únicamente la
persona que sufrió el daño (aquella cuyos intereses fueron lesionados mediante el hecho lesivo) puede requerir su
reparación, y resulta inadmisible reclamar a nombre propio la reparación de daños ocasionados a terceros.
El daño debe ser acreditado por quien lo invoca, excepto que la ley lo impute o presuma, o que surja notorio de los
propios hechos.
Un daño fáctico o de hecho que no se demuestra, jurídicamente no existe. En el proceso se trata de "probar o
sucumbir". En principio, la carga de la prueba acerca de su existencia, naturaleza y alcance corresponde a quien lo alega,
es decir, el pretendido acreedor. Por ello, el art. 1744 establece que el daño debe ser acreditado por quien lo invoca,
excepto que la ley lo impute o presuma, o que surja notorio de los propios hechos, solución que encuentra sustento en
el principio normado por el art. 377del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Respecto a los medios probatorios
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admisibles, todos los contemplados por el Código Procesal (testimonial, pericial, documental, informativa) son válidos,
sin perjuicio del diferente criterio de apreciación judicial.
Está legitimado para reclamar la indemnización de las consecuencias no patrimoniales el damnificado directo. Si del
hecho resulta su muerte o sufre gran discapacidad también tienen legitimación a título personal, según las
circunstancias, los ascendientes, los descendientes, el cónyuge y quienes convivían con aquél recibiendo trato familiar
ostensible. La acción sólo se transmite a los sucesores universales del legitimado si es interpuesta por éste. El monto
de la indemnización debe fijarse ponderando las satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las
sumas reconocidas.
El artículo en comentario se refiere específicamente a la reparación del daño moral; se ocupa de delimitar la
legitimación activa, y de establecer el criterio para su valuación.
• Convencional: cuando entre el damnificado y el responsable se ponen de acuerdo. Por ej: a través de una mediación.
• Legal: cuando la ley establece la cuantía de la indemnización. Por ej: ley de trabajo donde me va a decir el monto que
se le va a entregar al damnificado por el accidente que tuvo.
• Judicial: es cuando no hay ni convencional ni legal; el juez fijará la indemnización conforme las pruebas que las partes
le aporten.
En el momento de la sentencia o en el momento más próximo a ella. Siempre un daño actual tiene que estar
indemnizado con un valor actual, pero hay algunos casos en los cuales no se evalúa a la fecha de la sentencia y es
cuando en la indemnización se contempla el valor de cosas fungibles que pudo el acreedor reponer al tiempo del
cumplimiento de la obligación. Por ejemplo: el dinero. Otra excepción es que no se computa el valor actual cuando no se
computa el valor actual sino por el valor mayor que tenía en ese momento. Por ejemplo: cuando una carga de trigo en
ese momento se cotizaba en una cifra más alta que al momento del reclamo. Y la tercera excepción es que no se
contempla el mayor valor actual del daño cuando es imputable al damnificado.
ATENUACIÓN DE LA RESPONSABILIDAD:
ARTICULO 1742.- Atenuación de la responsabilidad. El juez, al fijar la indemnización, puede atenuarla si es equitativo
en función del patrimonio del deudor, la situación personal de la víctima y las circunstancias del hecho. Esta facultad
no es aplicable en caso de dolo del responsable.
Esta norma es incorporada en el código actual: el juez puede atenuarla si es equitativo en función del patrimonio del
deudor, la situación personal de la víctima, pero el dolo no. Es un principio general de plenitud de la reparación.
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REPARACIÓN DEL AGRAVIO MORAL: Las lesiones al orden moral se tienen que contemplar para incrementar la
indemnización a favor del damnificado ya sea por el incumplimiento del deudor o la comisión de un hecho ilícito.
• Por su naturaleza: el daño patrimonial tiene un menoscabo por el patrimonio a diferencia del daño moral que es el
menoscabo en los sentimientos.
• Por su valuación en dinero: los bienes económicos tienen una valoración común que es el dinero presentando pruebas,
en el caso del daño moral no tiene un monto fijado.
• Por el criterio de reparación del daño: en el patrimonial por la suma de todos esos valores pecuniarios que equivaldrán
al menoscabo que sufrió el damnificado. En el daño moral no se aplica este mismo criterio donde se tendrá en cuenta la
gravedad de la falta que se cometió y las posibilidades que tiene el responsable para poder hacer frente a ese reclamo.
• Teoría resarcitoria: es cuando se inicia una instancia judicial mediante una demanda en la que se solicite el
resarcimiento moral, en donde el juzgador, con base en las constancias de autos, determinará si procede o no la
petición. En esta instancia no resulta esencial determinar la ilicitud o licitud del sujeto demandado o agresor, sino que
basta la lesión a los derechos de la personalidad y que la víctima se duela de ello, así como que no concurran causas
excluyentes de responsabilidad, para configurar el menoscabo extrapatrimonial.
• Teoría del daño ejemplar: Los criterios que califican a la reparación del daño moral como una "pena civil" o como una
"sanción ejemplar" se apartan del concepto de responsabilidad civil, en la óptica contemporánea, y de la sanción en que
se concreta: la reparación integral del daño causado.
SUPUESTO DE INIMPUTABILIDAD:
En cuanto a sus efectos, el código establece que salvo disposición legal en contrario, el caso fortuito exime de
responsabilidad, y siempre que existe un caso fortuito la exoneración es total. Si el hecho fue irresistible para el
demandado, entonces hay caso fortuito y no hay responsabilidad, y si no lo fue, o si fue originado por la culpa del
sindicado como responsable, este responde por el total del daño sufrido por la víctima.
El fundamento o razón de ser de la sanción que se impone al autor de un daño moral indica cuales son los hechos que
originan esta reparación:
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HECHOS QUE DAN LUGAR A LA REPARACION DEL DAÑO MORAL:
Para que cuadre imponer una sanción al causante del daño moral es menester que el haya obrado con la maligna
intención de producir ese daño. No se justifica la imposición de la sanción cuando falta la intención dolosa en el autor
del daño moral, y por tanto no promedia ofensa. El sufrimiento que en esa hipótesis se padece será sin duda una
desgracia, pero no provendrá de un agravia que exija un desagravio: falla entonces el presupuesto indispensable de la
reparación. Lo expuesto conduce a excluir del ámbito de la reparación del daño moral, a los hechos meramente
culposos, carentes de intención maliciosa: así, los cuasidelitos, y desde luego, el incumplimiento de la obligación en que
incurriere el deudor, que no fuere deliberado. Titular de la reparación: Está habilitado para recabar la reparación del
daño moral quien ha sufrido un agravio de esa índole, siempre que el ofensor no haya sido sancionado con anterioridad
por la comisión del hecho.
Si la reparación del daño moral es una sanción lega que mira al castigo del ofensor, para establecer el quantum de la
sanción habrá que atender, a la personalidad y circunstancias del sancionado y a la gravedad de la falta cometida, a fin
de graduar la importancia de la pena en función de esos factores. Entre las circunstancias personales computables,
cobra mayor significación la condición de fortuna del responsable. Cuanto mayor sea esta, más elevado tendrá que ser el
importe de la pena.
Aun cuando no hay texto legal al respecto, la doctrina uniforme de los autores considera que los acreedores del
lesionado moralmente no pueden demandar, por vía de la acción subrogatoria la reparación del agravio moral. Carácter
punitorio de la reparación: las consecuencias de esta concepción:
Tratándose de una pena privada se extingue el derecho a su imposición, con la muerte del autor del daño moral. La
acción no se da contra los sucesores del responsable, a diferencia de lo que ocurre en materia de daños patrimoniales.
Si el hecho perjudicial ha sido cometido por un dependiente, es posible hacer valer la reparación del daño moral contra
el principal.
ARTICULO 1736.- Prueba de la relación de causalidad. La carga de la prueba de la relación de causalidad corresponde a
quien la alega, excepto que la ley la impute o la presuma. La carga de la prueba de la causa ajena, o de la
imposibilidad de cumplimiento, recae sobre quien la invoca.
CAUSALIDAD MATERIAL:
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El hecho es causa de un efecto dañoso, pero para reparar ese daño el derecho tiene que ver si es justo que así sea y
según la índole del hecho que origino el daño y de acuerdo con el reproche o la censura que me deja esa conducta. De
esta manera se va a evaluar y para eso se necesita ver qué relación de causalidad hay entre ese incumplimiento y el
daño que produjo para ver si esos hechos son los que produjeron ese daño y no otros, esto es la llamada “causalidad
jurídica”, es decir, lo que en derecho me va a computar esos fines de responsabilidad y ese resarcimiento. Hay distintas
doctrinas o teorías de la relación de causalidad:
• Teoría de equivalencias de condiciones: es causa de un daño determinado cualquier condición sine quanom, es decir,
sin el cual el daño no se hubiera producido. Es una tesis impracticable actualmente.
• Teoría de la causa próxima: seria causa la condición más próxima o cercana temporalmente al resultado, es una teoría
simple y superficial.
• Teoría de la causa eficiente: sería causa la más eficaz o la más activa para lograr un resultado. Lo que se le critica a
esta teoría es que es muy difícil probar la mayor o la menor eficacia que tuvo esa causa en cuanto a la valoración.
• Teoría de la causa adecuada: para estos es la que existe que entre el daño ocasionado y el antecedente que lo
produce normalmente es por un orden que se da en el curso normal y ordinario de las cosas. Sería causa aquella que sea
la más adecuada para producir el resultado y va a ser la más adecuada cuando regularmente conduce a la producción de
ese resultado
ARTICULO 1726.- Relación causal. Son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo adecuado de causalidad
con el hecho productor del daño. Excepto disposición legal en contrario, se indemnizan las consecuencias inmediatas
y las mediatas previsibles.
ARTICULO 1727.- Tipos de consecuencias. Las consecuencias de un hecho que acostumbran a suceder según el curso
natural y ordinario de las cosas se llaman en este Código “consecuencias inmediatas”. Las consecuencias que resultan
solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto se llaman “consecuencias mediatas”. Las
consecuencias mediatas que no pueden preverse se llaman “consecuencias casuales”.
ARTICULO 1728.- Previsibilidad contractual. En los contratos se responde por las consecuencias que las partes
previeron o pudieron haber previsto al momento de su celebración. Cuando existe dolo del deudor, la responsabilidad
se fija tomando en cuenta estas consecuencias también al momento del incumplimiento.
Concepto
La relación causal consiste en el enlace material o físico que existe entre un hecho-antecedente (acción u omisión) y un
hecho-consecuente (el resultado dañoso). Por ello, estará obligado a reparar los perjuicios quien los causó con su hecho,
o mediante la intervención de personas situadas bajo su ámbito de autoridad o control, o por cosas de las que es dueño
o guardián. El Código Civil y Comercial no define a la relación causal, sino que establece pautas y límites para orientar su
análisis, las que surgen del núcleo de disposiciones contempladas en los arts. 1725 a 1736.
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Para establecer la relación de causalidad entre un hecho y su consecuencia, el Código distingue entre consecuencias
inmediatas, mediatas y casuales.
a) Consecuencias inmediatas de un hecho son aquellas que acostumbran a suceder según el curso natural y ordinario de
las cosas (art. 1727, 1ª parte); el autor del hecho es responsable de ellas. Este criterio de definición de las consecuencias
inmediatas se aviene sin dificultad con el concepto de la causación adecuada.
b) Consecuencias mediatas son las que resultan de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto (art. 1727,
2ª parte). Aquí la relación de causalidad es más remota; no se trata de una concatenación natural y ordinaria. De estas
consecuencias se responde solamente cuando el autor del hecho las hubiere previsto y cuando, empleando la debida
atención y conocimiento de la cosa, haya podido preverlas.
c) Consecuencias casuales son las consecuencias mediatas que no pueden preverse (art. 1727, 3ª parte). Es decir, se
trata de consecuencias tan remotas, que no podían preverse ni aun usando toda la diligencia que el caso requería.
Por condición se entiende la situación o circunstancia indispensable para la existencia de otra, por lo que toda condición
constituye un antecedente del daño, pero no significa que revista entidad suficiente para generarlo por sí misma.
Si un efecto es producto de múltiples condiciones que interactúan, entre ellas debe distinguirse a la "causa" del daño de
la que constituye mera condición u ocasión, para asignar a cada una el rol que cumple, su precisa relevancia jurídica. El
análisis de la causalidad jurídica es un "análisis jerarquizador".
Entre condición y causa existe una relación de género a especie: si bien la causa es siempre una condición (antecedente)
del daño, no toda condición alcanza jerarquía de causa.
La causa es una condición pero que asume especial entidad pues el derecho le confiere mayor relevancia, la reputa
"adecuada" para la producción de determinado resultado.
La ocasión es la oportunidad que se ofrece para ejecutar o conseguir algo, y si bien también es trascendente, tiene
menor entidad pues sólo favorece la actuación de la causa del daño, facilita o potencia la aptitud originadora de ésta. Es
el caso de quien —conduciendo un vehículo— pincha un neumático porque está en mal estado de conservación, se
detiene en la banquina de la autopista y resulta embestido por otro rodado. El vicio del neumático no es causa del
siniestro sino solamente una condición u ocasión si el vehículo se encuentra correctamente detenido y señalizado; la
causalidad la aporta únicamente el conductor del automotor embestidor. Como regla no se responde por el mero hecho
de haber facilitado la producción del daño.
La importancia de la relación de causalidad se evidencia a través de la utilidad que cumple, que se da en dos planos
diferentes: 1) en el de la autoría, que permite individualizar al responsable, a quién pagará (función inmediata); 2) en el
de la extensión del resarcimiento, que permite establecer qué consecuencias dañosas se deben reparar, cuánto se
pagará (función mediata).
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Deben indemnizarse las consecuencias inmediatas y las mediatas previsibles, a menos que exista una disposición legal
en contrario (art. 1726, 2ª parte). Ésta es en principio la medida de toda reparación. Sin embargo, corresponde distinguir
entre la responsabilidad por incumplimiento obligacional y la responsabilidad aquiliana. En la primera, se agrava la
situación del deudor que incumple con dolo (art. 1728); en la segunda, no se produce tal agravamiento. El mentado art.
1728 determina otros parámetros para determinar las consecuencias resarcibles: En los contratos se responde por las
consecuencias que las partes previeron o pudieron haber previsto al momento de su celebración. Cuando existe dolo del
deudor, la responsabilidad se fija tomando en cuenta estas consecuencias también al momento del incumplimiento.
Aquí de manera acertada se previó un tratamiento agravado para el incumplidor contractual doloso, pues debe
considerarse lo previsible tanto al tiempo de la celebración del contrato como al momento del incumplimiento. Es
pertinente recordar que el dolo no es el incumplimiento deliberado, sino que requiere producir un daño de manera
intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos (art. 1724, in fine).
ARTICULO 790.- Concepto. La cláusula penal es aquella por la cual una persona, para asegurar el cumplimiento de una
obligación, se sujeta a una pena o multa en caso de retardar o de no ejecutar la obligación.
Concepto, relación con los daños e intereses Según el art. 790, la cláusula penal es aquella por la cual una persona, para
asegurar el cumplimiento de una obligación, se sujeta a una pena o multa en caso de retardar o de no ejecutar la
obligación. En su esencia, la cláusula penal es un recurso compulsivo ideado para obligar al deudor a cumplir con lo
convenido, ante el peligro de tener que satisfacer esta pena, por lo común más gravosa que la obligación contraída
(función compulsiva). Es también un modo de fijar, por anticipado, los daños e intereses que deberán pagarse al
acreedor en caso de incumplimiento total o de retardo (función resarcitoria).
Caracteres
a) Es accesoria de una obligación principal, puesto que es acordada para asegurar su cumplimiento. De donde se
desprenden las siguientes consecuencias: 1º) La nulidad o extinción sin culpa de la obligación principal causa la nulidad o
extinción de la cláusula penal (art. 801). 2º) En cambio, la nulidad o extinción de la cláusula penal deja subsistente la
obligación principal (art. 801).
b) Es subsidiaria, pues el objeto principal del contrato sigue siendo siempre la obligación principal. De este carácter
surgen las siguientes consecuencias: 1º) El deudor no puede eximirse de cumplir la obligación pagando la pena, a menos
que se hubiera reservado expresamente ese derecho (art. 796). Por lo tanto, el acreedor tiene siempre el derecho a
pedir el cumplimiento en especie, a menos que el contrato reconociese expresamente al deudor la facultad mencionada
o que se tratare de una obligación de hacer en la cual no sea posible recurrir a la ejecución por otro a costa del deudor:
en estas dos hipótesis excepcionales el deudor puede liberarse pagando la pena. 2º) El acreedor no puede pedir el
cumplimiento de la obligación y al mismo tiempo la pena, sino una de las dos cosas a su arbitrio, a menos, claro está,
que la pena se hubiese impuesto por el simple retardo o que se haya estipulado expresamente que el pago de la pena
no extingue la obligación principal (art. 797).
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d) Es inmutable.
La cláusula penal no solo tiene una finalidad resarcitoria, sino también una función compulsiva como medio de
constreñir al exacto cumplimiento de las obligaciones. Como enseña el Profesor Ordoqui Castilla, dicha cláusula es
esencialmente conminatoria, y ataca a la fuente del daño, que es la inejecución ilícita. Siguiendo a los maestros
franceses Mazeaud, se debe agregar que ella no tiene en cuenta el daño ni su posible valor, sino que mediante su uso se
establece una suma de dinero que conmine y asegure en lo posible el cumplimiento de la acción principal.
DIFERENCIAS CON LAS OBLIGACIONES ALTERNATIVAS, FACULTATIVAS Y CONDICIONALES Y CON LAS ARRAS
Para precisar con mayor rigor técnico el concepto de cláusula penal, conviene trazar su paralelo y distinguirla de otras
figuras análogas:
a) Con las obligaciones alternativas.— En las obligaciones alternativas, el deudor puede optar por el cumplimiento de
una u otra (por ejemplo, me comprometo a entregar, por cierto precio, 100 novillos o 120 vaquillonas) y con cualquiera
queda liberado; en cambio, el deudor no queda desobligado pagando la cláusula penal, a menos que se hubiese
reservado en el contrato dicha opción (art. 796) o se tratara de una obligación de hacer en la cual no sea posible recurrir
a la ejecución por otro a costa del deudor. En las obligaciones alternativas, si una de las prestaciones resulta imposible
por causas ajenas a la responsabilidad de las partes, se debe la otra (arts. 781, inc. a], y 782, inc. a]); pero si se extingue
la obligación principal por pérdida de la cosa debida sin culpa del deudor, se extingue la cláusula penal (art. 802). Es que
en las obligaciones alternativas no hay una obligación principal y otra accesoria, sino dos prestaciones del mismo rango
(art. 779). b) Con las obligaciones facultativas. La diferencia es más sutil en este caso, porque también aquí hay una
obligación principal y otra accesoria, de tal modo que si se extingue la principal, sin culpa del deudor, se extingue
también la accesoria (art. 787), como ocurre con la cláusula penal. Pero en las obligaciones facultativas el deudor tiene
derecho a desobligarse cumpliendo con la prestación subsidiaria o accesoria (art. 786), lo que no ocurre —como regla—
con la cláusula penal.
c) Con la obligación condicional. El funcionamiento de la cláusula penal está sujeto a una condición: que el deudor no
cumpla o incurra en mora. No obstante ello, hay una diferencia esencial con las obligaciones condicionales: en éstas, los
derechos del acreedor son inciertos en cuanto a su eficacia o resolución; dependen de un acontecimiento que puede o
no ocurrir; en las obligaciones con cláusula penal, los derechos del acreedor son perfectamente ciertos desde el
comienzo; la obligación del deudor ha nacido pura y simple; la única incertidumbre consiste en la forma que será
cumplida (si pagando la prestación principal o la pena), pero no respecto del derecho mismo.
d) Con la señal o arras penitencial. Se llama seña, señal o arras penitencial a la cosa (generalmente una suma de dinero)
que se entrega a una de las partes en garantía del cumplimiento de la obligación y, subsidiariamente, como
indemnización para el caso de incumplimiento. Son frecuentísimas en los boletos de compraventa de inmuebles, en los
cuales el comprador entrega al vendedor una suma en concepto de seña. Si luego desiste la compra, pierde la seña; si es
el vendedor quien se arrepiente, debe devolver la seña doblada. No está de más decir que la señal penitencial es uno de
los dos tipos de señal que existen. La otra es la llamada señal confirmatoria, que también consiste en la entrega de una
cosa, pero, en este caso, como confirmatoria del acto.
ARTICULO 791.- Objeto. La cláusula penal puede tener por objeto el pago de una suma de dinero, o cualquiera otra
prestación que pueda ser objeto de las obligaciones, bien sea en beneficio del acreedor o de un tercero.
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Según el art. 791, la cláusula penal puede tener por objeto el pago de una suma de dinero, o cualquiera otra prestación
que pueda ser objeto de las obligaciones, bien sea en beneficio del acreedor o de un tercero. Comúnmente, la pena
consiste en una suma de dinero; pero nada se opone a que sea cualquier otro objeto lícito; así, por ejemplo, la pérdida o
caducidad de algún derecho que el contrato reconocía al deudor. En los préstamos hipotecarios es usual la cláusula
según la cual, si el deudor no paga puntualmente los intereses, caduca el plazo concedido para el pago del capital, que
se hace exigible inmediatamente. El objeto debe ser lícito; la más frecuente causa de ilicitud es la desproporción
intolerable entre el daño sufrido por el acreedor y la pena.
De corriente, el principal interesado en beneficiarse con la cláusula penal será el mismo acreedor de la relación jurídica
obligacional, pero nada obsta a que sea un tercero ajeno a ella, circunstancia esta que se encuentra contemplada en el
Código. (26) Cuando la cláusula penal es pactada a favor de un tercero, subsiste la función indemnizatoria pues, si el
acreedor desvía hacia ese tercero el pago de la indemnización tarifada al estipularse la pena, una vez satisfecha ya no
hay daño subsistente que sea pasible de reparación.
La cláusula penal puede pactarse simultáneamente con la obligación principal o posteriormente, por cláusula o convenio
separado. Lo usual es lo primero. Tampoco hay ninguna exigencia formal; puede pactarse por escrito o verbalmente; la
mayor parte de los autores admite la cláusula penal tácita. Por nuestra parte, pensamos que, como se trata de una
estipulación que agrava la situación del deudor, sólo podría admitirse la forma tácita cuando resulta de toda evidencia
del contexto del contrato. La cláusula penal admite estas dos modalidades: a) cláusula penal compensatoria: como
compensación de la obligación principal no cumplida, en cuyo caso tiene carácter sustitutivo de ésta; el pago de la pena
extingue la obligación principal. b) cláusula penal moratoria: como resarcimiento de la demora en cumplir las
obligaciones, en cuyo caso el acreedor puede exigir el pago de la pena y, además, el cumplimiento de la obligación.
El deudor que no cumple la obligación en el tiempo convenido debe la pena, si no prueba la causa extraña que
suprime la relación causal. La eximente del caso fortuito debe ser interpretada y aplicada restrictivamente.
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Sin imputación al responsable del hecho que genera su responsabilidad, no hay responsabilidad, esa imputación se hace
en razón del dolo o culpa con que ha obrado el deudor. En materia de clausula penal, no puede haber imputación del
incumplimiento al deudor, sin culpa o dolo, para requerirle el pago de la multa. No hay diferencia con los principios
generales.
En suma, en materia de imputabilidad del incumplimiento al deudor, la cláusula penal se rige por los principios
generales. En cuanto a la prueba de dicha imputabilidad, sigue funcionando los principios generales: la culpa se
presume, el acreedor solo debe probar el incumplimiento para pretender la pena. Si el acreedor alega el dolo del
deudor, para intensificar la responsabilidad de este, a él le incumbe la prueba de ese dolo. Si es el deudor el que alega
un caso fortuito, para eximirse de la pena, a él le toca la prueba del casus (se aplican los principios generales)
Es cuando se cumple con la pena o con la obligación. Es un medio coercitivo para que se cumpla con la obligación
porque el monto suele ser mayor que el del pago que debían realizar.
ARTICULO 794.- Ejecución. Para pedir la pena, el acreedor no está obligado a probar que ha sufrido perjuicios, ni el
deudor puede eximirse de satisfacerla, acreditando que el acreedor no sufrió perjuicio alguno.
Los jueces pueden reducir las penas cuando su monto desproporcionado con la gravedad de la falta que sancionan,
habida cuenta del valor de las prestaciones y demás circunstancias del caso, configuran un abusivo aprovechamiento
de la situación del deudor.
El Código Civil y Comercial dispone, por un lado, que el deudor no puede solicitar que se reduzca la pena, aunque
demuestre que el acreedor no ha sufrido daño alguno (art. 794); y, por el otro, que el acreedor no tiene derecho a otra
indemnización, aunque pruebe que la pena no es reparación suficiente (art. 793). Sin embargo, se torna competencia del
magistrado reducir la pena cuando su monto —desproporcionado con la gravedad de la falta que sanciona, habida
cuenta del valor de las prestaciones y demás circunstancias del caso— configure un abusivo aprovechamiento de la
situación del deudor (art. 794, párr. 2º). Los elementos a tener en cuenta son, entonces, los siguientes: (i) desproporción
entre la pena y la gravedad de la falta cometida, y (ii) la configuración de un abusivo aprovechamiento de la situación del
deudor por parte del acreedor. Con otras palabras, para determinar la desproporción entre pena y falta cometida, el
juez deberá ponderar integralmente todas las circunstancias del caso, sobresaliendo entre ellas la gravedad de la falta y
el valor de las prestaciones, evitando que se configure un aprovechamiento abusivo de la situación del deudor.
EFECTOS:
Distintos casos El problema de los efectos de la cláusula penal debe ser considerado con relación a dos hipótesis
posibles:
Cuando ha sido puesta como obligación subsidiaria. Es el caso normal: la pena sustituye a la indemnización de daños
resultante del incumplimiento. Los efectos son los siguientes: 1º) Respecto del deudor: a) Su obligación principal sigue
siendo la pactada, de tal modo que no puede eximirse de su cumplimiento ofreciendo pagar la pena, a menos que se
hubiera reservado expresamente ese derecho en el contrato (art. 796). b) Si el acreedor acepta el pago de la pena,
queda liberado del cumplimiento de la obligación principal. c) No puede pretender que se reduzca la pena so color de
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que ella excede el monto de los daños sufridos por el acreedor, a menos que haya desproporción abusiva e intolerable
(art. 794). 2º) Respecto del acreedor: a) Ocurrido el incumplimiento, el acreedor puede optar entre exigir el
cumplimiento de la obligación principal o el pago de la pena, pero no puede exigir ambas a la vez (art. 797). b) No puede
reclamar otra indemnización mayor, aunque pruebe que la pena es insuficiente para compensar los daños derivados del
incumplimiento (art. 793). b) Cuando ha sido puesta como obligación accesoria. En este caso la pena no sustituye a la
indemnización; es una pena accesoria que se acumula a ella. El acreedor puede exigir ambas a la vez y el deudor no se
libera de la obligación de cumplir la prestación principal pagando la pena, ni de pagar la pena cumpliendo
(extemporáneamente) la obligación. Para que tenga carácter accesorio y acumulable, es indispensable que así se
hubiera pactado expresamente por las partes o que el contrato estableciera que la pena se impone por el simple retardo
(art. 797).
El beneficiario de la pena y el obligado a ella son el acreedor y el deudor de la obligación, no hay impedimento para que
se disocien esas calidades y aparezcan terceras personas como beneficiarias o deudoras del importe de la pena. Cuando
el tercero asume la obligación accesoria de pagar la pena, se presenta ahí una especie de fianza que se rige por las reglas
de este contrato.
ARTICULO 795.- Obligaciones de no hacer. En las obligaciones de no hacer el deudor incurre en la pena desde el
momento que ejecuta el acto del cual se obligó a abstenerse.
ARTICULO 796.- Opciones del deudor. El deudor puede eximirse de cumplir la obligación con el pago de la pena
únicamente si se reservó expresamente este derecho.
ARTICULO 797.- Opciones del acreedor. El acreedor no puede pedir el cumplimiento de la obligación y la pena, sino
una de las dos cosas, a su arbitrio, a menos que se haya estipulado la pena por el simple retardo, o que se haya
estipulado que por el pago de la pena no se entienda extinguida la obligación principal.
ARTICULO 798.- Disminución proporcional. Si el deudor cumple sólo una parte de la obligación, o la cumple de un
modo irregular, o fuera del lugar o del tiempo a que se obligó, y el acreedor la acepta, la pena debe disminuirse
proporcionalmente.
ARTICULO 799.- Divisibilidad. Sea divisible o indivisible la obligación principal, cada uno de los codeudores o de los
herederos del deudor no incurre en la pena sino en proporción de su parte, siempre que sea divisible la obligación de
la cláusula penal.
ARTICULO 800.- Indivisibilidad. Si la obligación de la cláusula penal es indivisible, o si es solidaria, aunque divisible,
cada uno de los codeudores, o de los coherederos del deudor, queda obligado a satisfacer la pena entera.
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ARTICULO 801.- Nulidad. La nulidad de la obligación con cláusula penal no causa la de la principal. La nulidad de la
principal causa la de la cláusula penal, excepto si la obligación con cláusula penal fue contraída por otra persona, para
el caso que la principal fuese nula por falta de capacidad del deudor.
ARTICULO 802.- Extinción de la obligación principal. Si la obligación principal se extingue sin culpa del deudor queda
también extinguida la cláusula penal.
ARTICULO 803.- Obligación no exigible. La cláusula penal tiene efecto, aunque sea puesta para asegurar el
cumplimiento de una obligación que al tiempo de concertar la accesoria no podía exigirse judicialmente, siempre que
no sea reprobada por la ley.
UNIDAD 4
ARTICULO 743.- Bienes que constituyen la garantía. Los bienes presentes y futuros del deudor constituyen la garantía
común de sus acreedores. El acreedor puede exigir la venta judicial de los bienes del deudor, pero sólo en la medida
necesaria para satisfacer su crédito. Todos los acreedores pueden ejecutar estos bienes en posición igualitaria,
excepto que exista una causa legal de preferencia.
El patrimonio del deudor concebido como garantía común o colectiva. Fundamento legal
El patrimonio del deudor constituye la garantía común de los acreedores; es, en efecto, la masa de bienes que responde
por las deudas del titular. Los acreedores tienen el derecho a hacer ejecución de esos bienes y a cobrarse de ellos. Este
principio se funda en la circunstancia de que el acreedor ha tenido en cuenta al contratar la solvencia económica del
deudor, es decir, la cuantía y solidez de su patrimonio. Se dice comúnmente que es la prenda común de los acreedores.
La palabra prenda no está tomada aquí en el sentido de derecho real, que supone un cosa concreta sobre la cual recae
dicho derecho, mientras que el patrimonio es cambiante. Lo que ocurre es que los bienes del deudor, cualquiera sea la
fecha de su adquisición, responden por todas las deudas; pero el deudor mantiene la libertad para disponer de ellos en
tanto no se inicie el proceso de ejecución y no se trabe embargo o inhibición. En tal sentido el art. 743 indica Los bienes
presentes y futuros del deudor constituyen la garantía común de sus acreedores. El acreedor puede exigir la venta
judicial de los bienes del deudor, pero sólo en la medida necesaria para satisfacer su crédito. Similar orientación
presenta el art. 242. Es necesario, empero, hacer dos salvedades: en primer lugar, no todos los acreedores están en un
pie de igualdad para el cobro de sus créditos; en segundo término, no todos los bienes son ejecutables.
Puede ocurrir que los bienes del deudor no alcancen a cubrir sus obligaciones. En tal caso, no sería justo que todos los
acreedores, cualquiera sea el origen o naturaleza del crédito y las necesidades que está dispuesto a llenar, se satisfagan
en un pie de igualdad. Ha sido preciso establecer un orden de preferencias, que contemple aquel problema. De ahí que
existan distintas clases de acreedores: privilegiados, con derecho real de garantía, comunes o quirografarios, y
subordinados.
a) Llámense privilegiados los acreedores cuyo crédito goza de una calidad a ser pagado con preferencia a otros (art.
2573). El privilegio nace siempre de la ley; la voluntad de las partes es impotente para crearlo (art. 2574). Los privilegios
pueden ser generales y especiales. Los primeros recaen sobre la totalidad de un patrimonio y sólo pueden ser invocados
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en los procesos universales (art. 2580). Los privilegios especiales inciden sobre cosas determinadas, sean muebles o
inmuebles. Se encuentran enumerados en el art. 2582. Ejemplo, el crédito por las expensas comunes en la propiedad
horizontal sobre la unidad funcional por la cual se expiden. Volveremos más adelante con detenimiento sobre este
tema.
ARTICULO 2580.- Privilegios generales. Los privilegios generales sólo pueden ser invocados en los procesos
universales.
b) Los acreedores que tienen a su favor un derecho real de garantía gozan también de una preferencia en el pago de sus
créditos, nacida en este caso de la voluntad de las partes, no de la ley. Tal ocurre con los acreedores hipotecarios,
prendarios y anticresistas. En el derecho comercial, están la prenda con registro, el warrant, los debentures y las
obligaciones negociables. En estos casos, la preferencia se refiere solamente a la cosa dada en garantía; si ésta no
bastara para cubrir la deuda, el saldo tiene carácter de crédito común. Cabe exceptuar los debentures y obligaciones
negociables, que pueden afectar la generalidad de los bienes muebles e inmuebles en su modalidad flotante.
ARTICULO 2582.- Enumeración. Tienen privilegio especial sobre los bienes que en cada caso se indica:
a) los gastos hechos para la construcción, mejora o conservación de una cosa, sobre ésta. Se incluye el crédito por
expensas comunes en la propiedad horizontal;
b) los créditos por remuneraciones debidas al trabajador por seis meses y los provenientes de indemnizaciones por
accidentes de trabajo, antigüedad o despido, falta de preaviso y fondo de desempleo, sobre las mercaderías, materias
primas y maquinarias que, siendo de propiedad del deudor, se encuentren en el establecimiento donde presta sus
servicios o que sirven para su explotación.
c) los impuestos, tasas y contribuciones de mejoras que se aplican particularmente a determinados bienes, sobre éstos;
d) lo adeudado al retenedor por razón de la cosa retenida, sobre ésta o sobre las sumas depositadas o seguridades
constituidas para liberarla;
e) los créditos garantizados con hipoteca, anticresis, prenda con o sin desplazamiento, warrant y los correspondientes
a debentures y obligaciones negociables con garantía especial o flotante;
f) los privilegios establecidos en la Ley de Navegación, el Código Aeronáutico, la Ley de Entidades Financieras, la Ley de
Seguros y el Código de Minería.
c) Los acreedores comunes o quirografarios son los que carecen de toda preferencia; deben cobrar después de los
privilegiados y de los que tienen a su favor un derecho real de garantía y lo hacen a prorrata de sus respectivos créditos,
si los bienes del deudor no alcanzaran a satisfacerlos en su totalidad.
d) Finalmente, el acreedor subordinado que es postergado, incluso, por el acreedor común. Se trata de un sujeto que ha
convenido con su deudor la postergación de sus derechos respecto de otras deudas presentes o futuras que tenga este
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último. Por ello, ese crédito se rige por las cláusulas convenidas, siempre que no afecten derechos de terceros (art.
2575). El crédito subordinado es de empleo frecuente en el ámbito de los concursos preventivos.
ARTICULO 2581.- Créditos quirografarios. Los acreedores sin privilegio concurren a prorrata entre sí, excepto
disposición expresa en contrario de este Código.
ARTICULO 744.- Bienes excluidos de la garantía común. Quedan excluidos de la garantía prevista en el artículo 743:
a) las ropas y muebles de uso indispensable del deudor, de su cónyuge o conviviente, y de sus hijos;
b) los instrumentos necesarios para el ejercicio personal de la profesión, arte u oficio del deudor;
c) los sepulcros afectados a su destino, excepto que se reclame su precio de venta, construcción o reparación;
e) los derechos de usufructo, uso y habitación, así como las servidumbres prediales, que sólo pueden ejecutarse en los
términos de los artículos 2144, 2157 y 2178;
f) las indemnizaciones que corresponden al deudor por daño moral y por daño material derivado de lesiones a su
integridad psicofísica;
g) la indemnización por alimentos que corresponde al cónyuge, al conviviente y a los hijos con derecho alimentario,
en caso de homicidio;
ARTICULO 892.- Definición. El beneficio de competencia es un derecho que se otorga a ciertos deudores, para que
paguen lo que buenamente puedan, según las circunstancias, y hasta que mejoren de fortuna.
a) a sus ascendientes, descendientes y colaterales hasta el segundo grado, si no han incurrido en alguna causal de
indignidad para suceder;
b) a su cónyuge o conviviente;
ARTICULO 2580.- Privilegios generales. Los privilegios generales sólo pueden ser invocados en los procesos
universales.
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LEYES ESPECIALES:
Bien de familia:
ARTICULO 244.- Afectación. Puede afectarse al régimen previsto en este Capítulo, un inmueble destinado a vivienda,
por su totalidad o hasta una parte de su valor. Esta protección no excluye la concedida por otras disposiciones legales.
La afectación se inscribe en el registro de la propiedad inmueble según las formas previstas en las reglas locales, y la
prioridad temporal se rige por las normas contenidas en la ley nacional del registro inmobiliario.
No puede afectarse más de un inmueble. Si alguien resulta ser propietario único de dos o más inmuebles afectados,
debe optar por la subsistencia de uno solo en ese carácter dentro del plazo que fije la autoridad de aplicación, bajo
apercibimiento de considerarse afectado el constituido en primer término.
ARTICULO 245.- Legitimados. La afectación puede ser solicitada por el titular registral; si el inmueble está en
condominio, deben solicitarla todos los cotitulares conjuntamente.
La afectación puede disponerse por actos de última voluntad; en este caso, el juez debe ordenar la inscripción a
pedido de cualquiera de los beneficiarios, o del Ministerio Público, o de oficio si hay beneficiarios incapaces o con
capacidad restringida.
La afectación también puede ser decidida por el juez, a petición de parte, en la resolución que atribuye la vivienda en
el juicio de divorcio o en el que resuelve las cuestiones relativas a la conclusión de la convivencia, si hay beneficiarios
incapaces o con capacidad restringida.
b) en defecto de ellos, sus parientes colaterales dentro del tercer grado que convivan con el constituyente.
ARTICULO 247.- Habitación efectiva. Si la afectación es peticionada por el titular registral, se requiere que al menos
uno de los beneficiarios habite el inmueble.
En todos los casos, para que los efectos subsistan, basta que uno de ellos permanezca en el inmueble.
ARTICULO 248.- Subrogación real. La afectación se transmite a la vivienda adquirida en sustitución de la afectada y a
los importes que la sustituyen en concepto de indemnización o precio.
ARTICULO 249.- Efecto principal de la afectación. La afectación es inoponible a los acreedores de causa anterior a esa
afectación.
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a) obligaciones por expensas comunes y por impuestos, tasas o contribuciones que gravan directamente al inmueble;
b) obligaciones con garantía real sobre el inmueble, constituida de conformidad a lo previsto en el artículo 250;
d) obligaciones alimentarias a cargo del titular a favor de sus hijos menores de edad, incapaces, o con capacidad
restringida.
Los acreedores sin derecho a requerir la ejecución no pueden cobrar sus créditos sobre el inmueble afectado, ni sobre
los importes que la sustituyen en concepto de indemnización o precio, aunque sea obtenido en subasta judicial, sea
ésta ordenada en una ejecución individual o colectiva.
En el proceso concursal, la ejecución de la vivienda sólo puede ser solicitada por los acreedores enumerados en este
artículo.
ARTICULO 250.- Transmisión de la vivienda afectada. El inmueble afectado no puede ser objeto de legados o mejoras
testamentarias, excepto que favorezcan a los beneficiarios de la afectación prevista en este Capítulo. Si el
constituyente está casado o vive en unión convivencial inscripta, el inmueble no puede ser transmitido ni gravado sin
la conformidad del cónyuge o del conviviente; si éste se opone, falta, es incapaz o tiene capacidad restringida, la
transmisión o gravamen deben ser autorizados judicialmente.
ARTICULO 251.- Frutos. Son embargables y ejecutables los frutos que produce el inmueble si no son indispensables
para satisfacer las necesidades de los beneficiarios.
ARTICULO 252.- Créditos fiscales. La vivienda afectada está exenta del impuesto a la transmisión gratuita por causa de
muerte en todo el territorio de la República, si ella opera a favor de los beneficiarios mencionados en el artículo 246, y
no es desafectada en los cinco años posteriores a la transmisión.
Los trámites y actos vinculados a la constitución e inscripción de la afectación, están exentos de impuestos y tasas.
ARTICULO 253.- Deberes de la autoridad de aplicación. La autoridad administrativa debe prestar asesoramiento y
colaboración gratuitos a los interesados a fin de concretar los trámites relacionados con la constitución, inscripción y
cancelación de esta afectación.
ARTICULO 254.- Honorarios. Si a solicitud de los interesados, en los trámites de constitución intervienen
profesionales, sus honorarios no pueden exceder en conjunto el uno por ciento de la valuación fiscal.
En los juicios referentes a la transmisión hereditaria de la vivienda afectada y en los concursos preventivos y quiebras,
los honorarios no pueden exceder del tres por ciento de la valuación fiscal.
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ARTICULO 255.- Desafectación y cancelación de la inscripción. La desafectación y la cancelación de la inscripción
proceden:
a) a solicitud del constituyente; si está casado o vive en unión convivencial inscripta se requiere el asentimiento del
cónyuge o del conviviente; si éste se opone, falta, es incapaz o tiene capacidad restringida, la desafectación debe ser
autorizada judicialmente;
b) a solicitud de la mayoría de los herederos, si la constitución se dispuso por acto de última voluntad, excepto que
medie disconformidad del cónyuge supérstite, del conviviente inscripto, o existan beneficiarios incapaces o con
capacidad restringida, caso en el cual el juez debe resolver lo que sea más conveniente para el interés de éstos;
c) a requerimiento de la mayoría de los condóminos computada en proporción a sus respectivas partes indivisas, con
los mismos límites expresados en el inciso anterior;
d) a instancia de cualquier interesado o de oficio, si no subsisten los recaudos previstos en este Capítulo, o fallecen el
constituyente y todos los beneficiarios;
e) en caso de expropiación, reivindicación o ejecución autorizada por este Capítulo, con los límites indicados en el
artículo 249.
ARTICULO 256.- Inmueble rural. Las disposiciones de este Capítulo son aplicables al inmueble rural que no exceda de
la unidad económica, de acuerdo con lo que establezcan las reglamentaciones locales.
ARTICULO 539.- Prohibiciones. La obligación de prestar alimentos no puede ser compensada, ni el derecho a
reclamarlos o percibirlos, ser objeto de transacción, renuncia, cesión, gravamen o embargo alguno. No es repetible lo
pagado en concepto de alimentos.
ARTICULO 698.- Utilización de las rentas. Los progenitores pueden utilizar las rentas de los bienes del hijo sin
autorización judicial pero con la obligación de rendir cuentas, cuando se trata de solventar los siguientes gastos:
a) de subsistencia y educación del hijo cuando los progenitores no pueden asumir esta responsabilidad a su cargo por
incapacidad o dificultad económica;
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Bienes dejados al deudor como beneficio de competencia.
2) ley de contrato de trabajo, salario mínimo vital y móvil. No se embarga. Salvo deuda de alimentos
6) Inmuebles que sean vivienda única adquirida por crédito con el banco hipotecario nacional (ley 22232)
7) sepulcros
Los derechos del acreedor sobre el patrimonio del deudor son de dos órdenes: los destinados a la conservación de la
garantía colectiva y los dirigidos a su ejecución. Las medidas conservatorias están destinadas a mantener la integridad
del patrimonio del deudor; con ellas se procura impedir el egreso de bienes de su patrimonio (embargo, inhibición) o
hacer ingresar a él ciertos bienes que habían salido del patrimonio del deudor ilegalmente (acción revocatoria) o
aparentemente (acción de simulación). Las medidas de ejecución tienden a hacer efectivo el crédito.
ARTICULO 745.- Prioridad del primer embargante. El acreedor que obtuvo el embargo de bienes de su deudor tiene
derecho a cobrar su crédito, intereses y costas, con preferencia a otros acreedores.
Esta prioridad sólo es oponible a los acreedores quirografarios en los procesos individuales.
Si varios acreedores embargan el mismo bien del deudor, el rango entre ellos se determina por la fecha de la traba de
la medida.
Los embargos posteriores deben afectar únicamente el sobrante que quede después de pagados los créditos que
hayan obtenido embargos anteriores.
Medidas precautorias
Se llama medidas precautorias a ciertas disposiciones tomadas por los jueces a pedido del acreedor, cuyo objeto es
impedir que el deudor pueda disponer de sus bienes. Las más importantes son las siguientes:
El embargo que recae siempre sobre bienes determinados, sean muebles o inmuebles. Los muebles pueden quedar
depositados en poder del propio deudor o de un tercero; pero en cualquier caso aquél queda impedido de disponer de
ellos. El embargo sobre inmuebles se anota en el Registro de la Propiedad Inmueble y hace imposible toda operación
inmobiliaria respecto de ese bien, en tanto no se satisfaga al acreedor. Si se trabara embargo sobre una cosa mueble
registrable, la medida deberá anotarse en el registro de la propiedad correspondiente.
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Prioridad del primer embargante. El acreedor que obtuvo el embargo de bienes de su deudor tiene derecho a cobrar su
crédito, intereses y costas, con preferencia a otros acreedores. Esta prioridad sólo es oponible a los acreedores
quirografarios en los procesos individuales. Si varios acreedores embargan el mismo bien del deudor, el rango entre
ellos se determina por la fecha de la traba de la medida. Los embargos posteriores deben afectar únicamente el
sobrante que quede después de pagados los créditos que hayan obtenido embargos anteriores.
La traba del embargo implica que el primer embargante cobra antes que los posteriores y los demás acreedores
quirografarios. Como dice la norma, Los embargos posteriores deben afectar únicamente el sobrante que quede
después de pagados los créditos que hayan obtenido embargos anteriores.
el embargo puede ser ejecutivo o preventivo. El embargo preventivo inmoviliza un bien y el embargo ejecutivo es el que
inmoviliza un bien para su posterior venta judicial.
La inhibición es una medida de carácter general que afecta todos los bienes del deudor, impidiéndole enajenarlos o
gravarlos. Se anota también en los Registros de la Propiedad que corresponda.
La anotación de litis no significa un impedimento absoluto para enajenar, como en los casos anteriores; pero se anota
en el Registro de la Propiedad la existencia de un litigio sobre el bien, con lo cual el eventual comprador queda advertido
de que un tercero pretende tener derechos sobre ese bien. Difícilmente se lo adquiere en esas condiciones, pues nadie
tiene interés en comprar pleitos.
La prohibición de innovar. Es una medida que tiene bastante difusión en la práctica de los tribunales. Importa una orden
judicial haciendo saber al deudor que debe abstenerse de modificar el estado de cosas existentes en ese momento; en
particular, significa una prohibición de enajenar, gravar, introducir modificaciones o hacer construcciones en los
inmuebles, etcétera.
La designación de administrador o interventor judicial a fin de controlar los negocios del deudor, fiscalizar las entregas
y embargarlas.
El principio general establece que el acreedor no puede intervenir en el juicio del deudor. Sin embargo, existen casos
excepcionales en los cuales el acreedor sí interviene en ese juicio. Esta situación puede darse en aquellos casos en los
que el deudor tiene una deuda con el acreedor. Esto justifica al acreedor para inmiscuirse en la administración de su
patrimonio, pues hay un INTERES LEGÍTIMO de por medio.
ARTICULO 338.- Declaración de inoponibilidad. Todo acreedor puede solicitar la declaración de inoponibilidad de los
actos celebrados por su deudor en fraude de sus derechos, y de las renuncias al ejercicio de derechos o facultades con
los que hubiese podido mejorar o evitado empeorar su estado de fortuna.
Concepto y terminología
Los acreedores —y particularmente los comunes y quirografarios— tienen ligada la suerte de sus créditos al estado de
fortuna del deudor. Todo egreso de bienes supone una disminución de la garantía común; pero mientras se trate de
actos normales de administración o disposición, ellos deben soportar sus consecuencias y carecen de remedio legal para
impugnarlos. Sólo cuando el acto está encaminado a defraudarlos, la ley acude en su defensa. Ocurre a veces que un
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deudor, que está a punto de caer en insolvencia o que se encuentra ya en ese estado, enajena algunos de sus bienes
para sustraerlo a la acción de sus acreedores; el dinero o los valores mobiliarios que recibe a cambio, se sustraen
fácilmente al embargo. En tal caso, la ley reconoce a los acreedores la acción revocatoria, que permite a los acreedores
hacer ejecución del bien cuya propiedad se había transmitido a terceros. Aunque la hipótesis típica del fraude es la
venta, son muchos los actos que implican una lesión de los derechos de los acreedores y dan lugar a la acción.
VÍAS DE EJECUCIÓN
Concepto y enumeración
Las vías de ejecución tienden a hacer efectiva la responsabilidad del deudor, bien sea obligándolo a cumplir su obligación
en especie, bien sea compeliéndolo a pagar los daños causados. Ordinariamente la ejecución se propone aprehender los
bienes del deudor; si se trata de dinero, el acreedor se paga directamente de él; si se trata de otros bienes, se los vende
en pública subasta para convertirlos en dinero.
a) Individual: es la acción intentada por cada acreedor por separado en defensa de sus propios intereses.
b) Colectiva: antiguamente, nuestra legislación distinguía según el deudor fuera comerciante o no; en el primer caso, se
llamaba quiebra, en el segundo, concurso civil. Sin embargo, a partir de la reforma introducida por la ley 22.917 a la
derogada ley 19.551, pueden ser declaradas en concurso preventivo o quiebra todas las personas de existencia visible,
siendo indiferente la naturaleza civil o comercial de la actividad del deudor en orden al procedimiento a seguir.
Cada acreedor está habilitado para proceder por su cuenta y en su interés exclusivo a la ejecución de los bienes del
deudor cuyo producido se aplica a enjugar su crédito. Sólo examinaremos los rasgos esenciales de esta vía de ejecución
cuyo estudio detallado corresponde al derecho procesal.
• Embargo ejecutivo: Toda ejecución debe comenzar por el embargo de los bienes cuya enajenación forzada se
pretende: con esa medida el deudor resulta desapoderado del bien embargado, que queda a disposición del juez para
proceder luego a la subasta judicial.
• Subasta. El régimen de la subasta del bien que se ejecuta es diferente según se trate de cosas muebles o inmuebles.
Cuando se trata de estos últimos, la venta debe hacerse previa tasación y su régimen está orientado a asegurar la
correcta transmisión del dominio a favor del adquirente.
• Liquidación. Realizada la subasta de los bienes ejecutados, el acreedor cobrará su crédito del producto que se
obtenga. El remanente pertenece al ejecutado, quien puede disponer de él una vez cubiertos el crédito y sus accesorios
legales.
• Incidentes de la Ejecución: Durante el procedimiento de la ejecución puede ocurrir que un tercero quiera objetarla,
sosteniendo ser propietario de los bienes que se ejecutan, o alegando tener un privilegio con relación al ejecutante. En
el primer caso el impugnante puede entablar una tercería de do minio, que impide, mientras no sea rechazada, la
realización de la subasta; en el segundo caso la vía apropiada es la tercería de mejor derecho, que no impide la subasta,
pero sí el pago al ejecutante hasta que se resuelva quién tiene preferencia para el cobro, salvo que se otorgue fianza
para responder a las resultas de la tercería.
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SIMULACION:
También es frecuente en los negocios jurídicos. Se utiliza como procedimiento para ocultar ciertas actividades o bien
para evadir impuestos, o para escapar al cumplimiento de obligaciones legales.
Aunque la extraordinaria multiplicidad de formas que suele adoptar la simulación hace difícil encontrar caracteres
comunes a todas ellas, es sin embargo posible delinear los más generales:
a) Todo acto simulado supone una declaración de voluntad ostensible y otra oculta, destinada a mantenerse reservada
entre las partes; es esta última la que expresa la verdadera voluntad de ellas.
b) El acto simulado tiene por objeto provocar un engaño. Adviértase que engaño no supone siempre daño, puesto que
algunas simulaciones son perfectamente inocuas.
c) Por lo general, la simulación se concierta de común acuerdo entre las partes con el propósito de engañar a terceros.
La simulación puede ser absoluta o relativa; estudiaremos por separado ambas hipótesis. a) Es absoluta cuando se
celebra un acto que no tiene nada de real; se trata de una simple y completa ficción. Un deudor que desea sustraer sus
bienes a la ejecución de los acreedores los vende simuladamente a un tercero; en un contradocumento consta que la
operación no es real y que el vendedor aparente continúa siendo propietario.
b) La simulación es relativa cuando el acto aparente esconde otro real distinto a aquél; el acto aparente no es sino la
máscara que oculta la realidad. La simulación relativa puede recaer: 1º) Sobre la naturaleza del contrato; así, por
ejemplo, una persona que desea favorecer a uno de sus hijos más allá de lo que le permite la porción disponible, simula
venderle una propiedad que en realidad le dona, a fin de que no pueda ser obligado a colacionar; o bien, una persona
que desea hacer una donación a su amante, la oculta bajo la apariencia de una venta para no hacer ostensible el motivo
que lo ha determinado a transferirle la propiedad. 2º) Sobre el contenido del contrato; así, por ejemplo, se simula un
precio menor del que en realidad se ha pagado, para evitar o disminuir el impuesto a los sellos; o se simula la fecha,
antedatando o posdatando el documento. 3º) Sobre la persona de los contratantes; ésta es una de las hipótesis más
interesantes, y en la que la simulación adopta formas variadísimas.
ARTICULO 334.- Simulación lícita e ilícita. La simulación ilícita o que perjudica a un tercero provoca la nulidad del acto
ostensible. Si el acto simulado encubre otro real, éste es plenamente eficaz si concurren los requisitos propios de su
categoría y no es ilícito ni perjudica a un tercero. Las mismas disposiciones rigen en el caso de cláusulas simuladas.
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En sí misma, la simulación no es ni buena ni mala; es incolora, como se ha dicho con expresión gráfica. Como decía el
propio Código velezano en su art. 957 la simulación no es reprobada por la ley cuando a nadie perjudica ni tiene un fin
ilícito. Incluso, el Código Civil y Comercial admite implícitamente la simulación lícita desde que afirma que la simulación
ilícita o que perjudica a un tercero provoca la nulidad del acto ostensible (art. 334). Por lo tanto, la simulación que a
nadie perjudica ni tiene un fin ilícito no es reprobada por la ley. Tal es el caso de los negocios fiduciarios, o de muchos
actos en que el móvil de la ficción ha sido una razón de discreción, o inclusive de modestia.
El perjuicio a terceros supone siempre la ilicitud de la simulación. Pero, a veces, la ilicitud resulta de otras causas. Así,
por ejemplo, para escapar al riesgo de que se declare usurario el préstamo de dinero, se suscribe un documento en el
que figura como prestada una suma mayor que la que en realidad se prestó; así quedan incluidos los intereses usurarios
dentro del capital. Aquí la única perjudicada es una de las partes; no obstante, lo cual la simulación es ilícita.
a) que el crédito sea de causa anterior al acto impugnado, excepto que el deudor haya actuado con el propósito de
defraudar a futuros acreedores;
c) que quien contrató con el deudor a título oneroso haya conocido o debido conocer que el acto provocaba o
agravaba la insolvencia.
En el art. 339del Código Civil y Comercial se establecen las condiciones generales para la procedencia de la acción
pauliana: a.— En primer término, que el crédito sea de causa anterior al acto impugnado, excepto que el deudor haya
actuado con el propósito de defraudar a futuros acreedores (art. 339, inc. a]). La razón que inspira este requisito es que
los acreedores cuyo crédito tiene un origen posterior al acto del deudor, no podrían invocar fraude en su perjuicio;
cuando ellos llegaron a constituirse en acreedores, sea por contrato, sea por disposición de la ley, los bienes habían
salido ya del patrimonio del deudor y mal podrían sostener que el acto estaba encaminado a perjudicarlos.
b.— En segundo lugar, que el acto haya causado o agravado la insolvencia del deudor (art. 339, inc. b]). Si ocurriese lo
contrario, el actor no podría alegar perjuicio, pues los bienes de aquél alcanzarían para satisfacer el pago de sus
obligaciones. Se entiende por insolvencia que el activo no alcanza a cubrir el pasivo. Tal circunstancia debe existir en el
momento de la iniciación de la demanda. c.— Finalmente, que quien contrató con el deudor a título oneroso haya
conocido o debido conocer que el acto provocaba o agravaba la insolvencia (art. 339, inc. c]): dada su importancia se
verá en forma separada, en el número siguiente.
ACCIÓN SUBROGATORIA
ARTICULO 739.- Acción subrogatoria. El acreedor de un crédito cierto, exigible o no, puede ejercer judicialmente los
derechos patrimoniales de su deudor, si éste es remiso en hacerlo y esa omisión afecta el cobro de su acreencia.
El acreedor no goza de preferencia alguna sobre los bienes obtenidos por ese medio.
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Mientras el deudor es solvente, sus acreedores no tienen interés en que ejecute los derechos que tiene contra terceros;
pero cuando no lo es, su interés es evidente. La ley les reconoce el derecho de subrogarse en los derechos del deudor y
de intentar a nombre de éste las acciones que posee contra terceros. Ésta es la acción llamada subrogatoria, oblicua o
indirecta.
Naturaleza jurídica
Mucho se ha discutido acerca de la naturaleza jurídica de esta acción. Las principales teorías son las siguientes:
a) Es una cesión tácita de las acciones por el deudor al acreedor (DEMOGUE); teoría difícil de admitir porque la ley
reconoce esta acción aun en contra de la voluntad expresa del deudor.
c) Es una acción ejercida por el acreedor por derecho propio, que le ha sido otorgada por la ley en forma directa, como
que es parte de los remedios concedidos por la ley para obtener el cumplimiento de las obligaciones; todo ello sin
perjuicio de que, ante el tercero, el actor accione en nombre y lugar del deudor (SÁNCHEZ DE BUSTAMANTE). Esta teoría
parece describir con sentido más realista la naturaleza y modus operandi de esta acción, sin forzar una asimilación a
otras instituciones que carece de sentido porque, de todas maneras, no se aplica la regulación legal de aquéllas, sino que
está regida por una que le es propia.
ARTICULO 740.- Citación del deudor. El deudor debe ser citado para que tome intervención en el juicio respectivo.
a) los derechos y acciones que, por su naturaleza o por disposición de la ley, sólo pueden ser ejercidos por su titular;
c) las meras facultades, excepto que de su ejercicio pueda resultar una mejora en la situación patrimonial del deudor.
ARTICULO 742.- Defensas oponibles. Pueden oponerse al acreedor todas las excepciones y causas de extinción de su
crédito, aun cuando provengan de hechos del deudor posteriores a la demanda, siempre que éstos no sean en fraude
de los derechos del acreedor.
EFECTOS:
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Para poner en claro los efectos jurídicos de la acción subrogatoria, conviene partir de la idea central que la inspira: el
acreedor se propone ejercer por su deudor un derecho que éste había abandonado; si la acción prospera, el bien queda
incorporado al patrimonio del deudor, quedando expedita entonces la posibilidad del subrogante de ejecutarlo para
cobrarse su crédito
Si la acción prospera, el acreedor podrá embargar el bien, e inclusive ejecutarlo (siempre que su crédito fuere exigible y
no condicional o a plazo), pues al ingresar al patrimonio del deudor, nada impide que disponga de él, lo venda, o lo grave
(mientras no haya sido embargado). Si la enajenación fuese fraudulenta, entonces el acreedor podría impugnarla por vía
de acción pauliana.
Como el objeto de la acción subrogatoria es hacer ingresar un derecho al patrimonio del deudor, todos los acreedores se
benefician por igual, hayan o no intentado la acción.
El demandado se encuentra frente al actor en las mismas condiciones en las que se encontraría de estar frente al
subrogado (acreedor del demandado).
Puede oponerle las mismas defensas y excepciones, inclusive la compensación siempre que no sea en fraude de los
acreedores. Por el contrario, no puede invocar sus defensas personales contra el actor, puesto que no ejerce la acción
en beneficio propio, si no en beneficio del deudor, y de todos los acreedores de éste.
La acción seguida entre el subrogante y el demandado hace cosa juzgada respecto del subrogado, pues se requiere la
citación a juicio de éste último. El deudor subrogado no puede intentar nuevamente la acción si el subrogante hubiera
sido vencido en el pleito.
La sentencia hace cosa juzgada del deudor que fue citado a juicio. No solo hace cosa juzgada respecto de él, sino de
todos sus restantes acreedores, que no podrían volver a intentar la acción desde que su propio deudor fue vencido.
CARACTERISTICAS:
• Personal, pues no tiene un derecho real sobre los bienes de ese deudor
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• No es subsidiaria de otra acción
• No es de orden público
ACCION DIRECTA
ARTICULO 736: Acción directa. “ACCIÓN DIRECTA es la que compete al acreedor para percibir lo que un tercero debe a
su deudor, hasta el importe del propio crédito. El acreedor la ejerce por derecho propio y en su exclusivo beneficio.
Tiene carácter excepcional, es de interpretación restrictiva, y sólo procede en los casos expresamente previstos por la
ley”.
En simples palabras, la ACCION DIRECTA beneficia solo a quien la solicita, y procede únicamente en los casos en los que
la ley lo establece. En este sentido es de interpretación restrictiva y excepcional.
ARTICULO 737: Requisitos de ejercicio. “El ejercicio de la acción directa por el acreedor requiere el cumplimiento de
los siguientes requisitos:
B. Una deuda correlativa exigible del tercero demandado a favor del deudor
D. Ninguno de los dos créditos debe haber sido objeto de embargo anterior a la
PRIVILEGIOS:
Noción:
Privilegio es la calidad que corresponde a un crédito de ser pagado con preferencia a otro. Puede ejercitarse mientras
la cosa afectada al privilegio permanece en el patrimonio del deudor, excepto disposición legal en contrario y el
supuesto de subrogación real en los casos que la ley admite. El privilegio no puede ser ejercido sobre cosas
inembargables declaradas tales por la ley.
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Según el art. 2573 CCyC, los privilegios “pueden ejercitarse mientras la cosa afectada al privilegio permanece en el
patrimonio del deudor [lo que avalaría la postura de quienes entienden que el asiento del privilegio es la cosa], excepto
disposición legal en contrario y el supuesto de subrogación real en los casos que la ley...” lo prevea de tal forma. Queda
descartado entonces, como regla, el carácter reipersecutorio del privilegio, aunque se deja a salvo la posibilidad de que
exista una disposición legal en contrario.
De manera adecuada, se destaca que los privilegios no pueden ser ejercidos sobre cosas inembargables declaradas tales
por la ley. Ocurre que, si no se pueden embargar, no podrán ser ejecutadas por el acreedor para cobrarse, siendo el
embargo un trámite inexcusable de la ejecución forzada. Precisamente, sobre el precio obtenido en la ejecución forzada
los acreedores habrán de concurrir haciendo valer las preferencias que eventualmente les pudieran asistir.
ARTÍCULO 2576. Indivisibilidad. Transmisibilidad Los privilegios son indivisibles en cuanto al asiento y en cuanto al
crédito, independientemente de la divisibilidad del asiento o del crédito. La transmisión del crédito incluye la de su
privilegio.
El principio de indivisibilidad que consagra el artículo en comentario consiste en que toda la cosa que constituye el
asiento del privilegio y cada parte de ella quedan afectadas al pago de todo el crédito y de cada parte de él. La división
de las cosas o del crédito no afecta la integridad del privilegio y este subsiste hasta tanto haya sido totalmente satisfecho
el acreedor.
Como una consecuencia del principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal, el art. 2576 prevé que la
transmisión del crédito incluye la del privilegio. Ello es así, pues siendo los privilegios calidades de ciertos créditos,
resultan accesorios de ellos y quedan ligados a su suerte, siguiéndolos en todas sus vicisitudes.
ARTÍCULO 2577. Extensión El privilegio no se extiende a los intereses, ni a las costas, ni a otros accesorios del crédito,
excepto disposición legal expresa en contrario.
Según la interpretación que se deriva del art. 2577 CCyC, el privilegio solo afecta y puede ejercerse sobre el capital puro
del crédito, no pudiéndoselo extender a los intereses, las costas y otros accesorios, salvo que una norma legal prevea lo
contrario. Se trata de una excepción al principio de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal.
De origen legal.
Son indivisibles
No se transmiten a las cosas, ni a los intereses ni a otros accesorios del crédito, excepto disposición legal en contrario.
ARTÍCULO 2574. Origen legal. Los privilegios resultan exclusivamente de la ley. El deudor no puede crear a favor de un
acreedor un derecho para ser pagado con preferencia a otro, sino del modo como la ley lo establece.
Los privilegios solo pueden tener origen legal, y por ello no pueden ser creados por las partes; tampoco por los jueces,
pues ello importaría poner en sus manos un poder de apreciación incompatible con la naturaleza de sus funciones.
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ARTÍCULO 2584. Subrogación real El privilegio especial se traslada de pleno derecho sobre los importes que sustituyen
los bienes sobre los que recae, sea por indemnización, precio o cualquier otro concepto que permite la subrogación
real.
El art. 2584 determina expresamente la subrogación real del privilegio de la cosa al precio, indemnización o cualquier
otro concepto, de modo tal que no sigue a la cosa, que era su asiento anterior. Ello es así, pues la cosa ya no se
encuentra en poder del deudor, trasladándose entonces el privilegio al precio, sobre el cual se hace efectivo.
Asiento: bien o conjunto de bienes con cuyo producido se satisfará la prioridad de cobro pertenecientes al acreedor
privilegiado.
Clasificación:
Privilegios generales:
ARTÍCULO 2580. Privilegios generales Los privilegios generales sólo pueden ser invocados en los procesos universales.
Privilegios especiales:
Tienen privilegio especial sobre los bienes que en cada caso se indica:
cosa, sobre ésta. Se incluye el crédito por expensas comunes en la propiedad horizontal;
los provenientes de indemnizaciones por accidentes de trabajo, antigüedad o despido, falta de preaviso y fondo de
desempleo, sobre las mercaderías, materias primas y maquinarias que, siendo de propiedad del deudor, se
encuentren en el establecimiento donde presta sus servicios o que sirven para su explotación. Cuando se trata de
dependientes ocupados por el propietario en la edificación, reconstrucción o reparación de inmuebles, el privilegio
recae sobre éstos;
c) los impuestos, tasas y contribuciones de mejoras que se aplican particularmente a determinados bienes, sobre
éstos;
d) lo adeudado al retenedor por razón de la cosa retenida, sobre ésta o sobre las sumas depositadas o seguridades
constituidas para liberarla;
e) los créditos garantizados con hipoteca, anticresis, prenda con o sin desplazamiento, warrant y los correspondientes
a debentures y obligaciones negociables con garantía especial o flotante;
f) los privilegios establecidos en la Ley de Navegación, el Código Aeronáutico, la Ley de Entidades Financieras, la Ley
de Seguros y el Código de Minería.
Los privilegios especiales son aquellos que pueden hacerse efectivos sobre determinados bienes muebles o inmuebles
del deudor y se harán valer en las ejecuciones individuales. Todo lo que se refiera a privilegios generales se regirá por la
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Ley de Concursos y Quiebras, aunque debe advertirse que, en las ejecuciones colectivas, también se podrán hacer valer
privilegios especiales.
a) los intereses por dos años contados a partir de la mora, de los créditos
los que corran durante el juicio, correspondientes a los créditos mencionados en el inciso e) del artículo 2582;
c) las costas correspondientes a los créditos enumerados en los incisos b) y e) del artículo 2582;
d) los créditos mencionados en el inciso f) del artículo 2582, cuya extensión se rige por los respectivos ordenamientos
Los privilegios especiales tienen la prelación que resulta de los incisos del artículo 2582, excepto los siguientes
supuestos:
a) los créditos mencionados en el inciso f) del artículo 2582 tienen el orden previsto en sus respectivos
ordenamientos;
b) el crédito del retenedor prevalece sobre los créditos con privilegio especial si la retención comienza a ser ejercida
antes de nacer los créditos
privilegiados;
c) el privilegio de los créditos con garantía real prevalece sobre los créditos fiscales y el de los gastos de construcción,
mejora o conservación, incluidos los créditos por expensas comunes en la propiedad horizontal, si los créditos se
devengaron con posterioridad a la constitución de la garantía;
d) los créditos fiscales y los derivados de la construcción, mejora o conservación, incluidos los créditos por expensas
comunes en la propiedad horizontal, prevalecen sobre los créditos laborales posteriores a su nacimiento;
e) los créditos con garantía real prevalecen sobre los créditos laborales devengados con posterioridad a la
constitución de la garantía;
f) si concurren créditos comprendidos en un mismo inciso y sobre idénticos bienes, se liquidan a prorrata.
El privilegio de los créditos con garantía real (por ejemplo, hipoteca o anticresis), prevalecerá sobre los créditos del fisco,
y también sobre el de los gastos de construcción, mejora, conservación y expensas comunes en la propiedad horizontal,
si tales créditos se hubieran devengado con posterioridad a la constitución de la garantía (inc. c). Los créditos del fisco y
los derivados de la construcción, mejora o conservación y expensas comunes prevalecerán sobre los créditos laborales
posteriores a su nacimiento (inc. d). Una solución similar prevé el inc. e para el conflicto entre los créditos con garantía
real y los créditos laborales, siempre que estos últimos se hubieran devengado con posterioridad a la constitución de la
garantía.
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DERECHO DE RETENCIÓN
Todo acreedor de una obligación cierta y exigible puede conservar en su poder la cosa que debe restituir al deudor,
hasta el pago de lo que éste le adeude en razón de la cosa.
Tiene esa facultad sólo quien obtiene la detentación de la cosa por medios que no sean ilícitos. Carece de ella quien la
recibe en virtud de una relación contractual a título gratuito, excepto que sea en el interés del otro contratante.
El concepto actual es más amplio e integral al conceder la facultad, en tanto y en cuanto la detentación de la cosa no
haya emanado de un acto ilícito, y se amplía con una determinación negativa vedando el ejercicio de la facultad cuando
la relación contractual que la origina sea a título gratuito, salvo que sea en interés del otro contratante. Del texto de la
norma se infiere que el derecho de retención presenta en la actualidad los siguientes caracteres:
a) Detentación de una cosa ajena (el retentor habrá de ser calificado como tenedor o poseedor según los casos). La cosa
puede ser mueble o inmueble. Lo fundamental es que sea ajena o que el retentor sea al menos condómino de ella.
b) Existencia de un crédito líquido y exigible a favor del que retiene la cosa contra el propietario de ella.
c) Una relación entre el crédito y la cosa, o sea que el crédito tiene que haber nacido con motivo de la cosa. No es
suficiente tener un crédito contra el propietario de la cosa para gozar del derecho de retención; es preciso también que
ese crédito se refiera a la relación existente entre el que retiene la cosa y el propietario, que la obligación de este haya
nacido por ocasión de la cosa.
ARTÍCULO 2588. Cosa retenida. Toda cosa que esté en el comercio puede ser retenida, siempre que deba restituirse y
sea embargable según la legislación pertinente.
La norma en comentario ratifica un principio que de hecho regía y que consiste en que la cosa sobre la que se ejerce el
derecho de retención debe estar en el comercio (ver arg. art. 234 CCyC), pero además hace hincapié en que sea
embargable y ello se justifica pues, en última instancia, si esa cosa va a ser ejecutada debe necesariamente ser
embargada con anterioridad. Por último, el derecho de retención se descarta, en caso de que la cosa pueda no
restituirse.
ARTÍCULO 2589. Ejercicio El ejercicio de la retención no requiere autorización judicial ni manifestación previa del
retenedor. El juez puede autorizar que se sustituya el derecho de retención por una garantía suficiente.
Ya se ha dicho que el ejercicio del derecho de retención es una potestad del acreedor, y representa, por ello, uno de los
casos de justicia privada, como lo sería, por ejemplo, la exceptio non adimpleti contractus, en virtud de la cual se
procede directamente a ejercer la facultad por vías de hecho. Lo dispuesto en el segundo párrafo debe interpretarse en
el sentido de que, a pedido del deudor y según las circunstancias del caso, el juez puede sustituir el derecho de
retención por una garantía suficiente.
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El retenedor tiene derecho a:
a) ejercer todas las acciones de que dispone para la conservación y percepción de su crédito, y las que protegen su
posesión o tenencia con la cosa retenida;
c) percibir los frutos naturales de la cosa retenida, pero no está obligado a hacerlo.
Si opta por percibirlos, debe dar aviso al deudor. En este caso, puede disponer de ellos, debiendo imputar su
producido en primer término a los intereses del crédito y el excedente al capital
a) no usar la cosa retenida, excepto pacto en contrario, en el que se puede determinar los alcances de dicho uso,
inclusive en lo relativo a los frutos;
El retenedor debe conservar la cosa retenida y efectuar las mejoras necesarias a costa del deudor (se excluyen las útiles
y las voluntarias), pero no puede usarla, salvo pacto en contrario, y debe restituirla al concluir la retención, rindiendo
cuentas al deudor de cuanto hubiera percibido en concepto de frutos.
La facultad de retención:
a) se ejerce sobre toda la cosa cualquiera sea la proporción del crédito adeudada al retenedor;
c) no impide al deudor el ejercicio de las facultades de administración o disposición de la cosa que le corresponden,
pero el retenedor no está obligado a entregarla hasta ser satisfecho su crédito;
d) no impide el embargo y subasta judicial de la cosa retenida, por otros acreedores o por el propio retenedor. En
estos casos, el derecho del retenedor se traslada al precio obtenido en la subasta, con el privilegio correspondiente;
e) mientras subsiste, interrumpe el curso de la prescripción extintiva del crédito al que accede;
f) en caso de concurso o quiebra del acreedor de la restitución, la retención queda sujeta a la legislación pertinente.
Según lo dispuesto en la norma que se analiza, el derecho de retención se ejerce sobre toda la cosa, cualquiera sea la
proporción del crédito adeudada al retenedor, es transmisible con el crédito al que accede por aplicación del principio
de que lo accesorio sigue la suerte de lo principal, pero ello no impide al deudor el ejercicio de las facultades de
administración y disposición de la cosa por ser su titular, siempre, claro está, que ello no implique la entrega del bien
que solo procede cuando el retenedor ha sido desobligado.
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ARTÍCULO 2593. Extinción
c) renuncia;
e) confusión de las calidades de retenedor y propietario de la cosa, excepto disposición legal en contrario;
abuso de su derecho.
El derecho de retención concluye: por la extinción del crédito garantizado (en virtud del principio de que lo accesorio
sigue la suerte de lo principal); por pérdida total de la cosa retenida; por renuncia del acreedor; por entrega o abandono
voluntario de la cosa, sin que el derecho renazca aunque la cosa vuelva a poder del acreedor; por confusión de las
calidades de retenedor y propietario de la cosa, excepto disposición legal en contrario; por la falta de cumplimiento de
las obligaciones del retenedor o si incurre en abuso de su derecho.
En cuanto a la renuncia, siempre constituye un acto unilateral recepticio, de modo tal que, ni siquiera requiere
aceptación, basta que llegue a conocimiento del destinatario, pues no se afectan derechos de terceros.
UNIDAD 5
ARTICULO 728.- Deber moral. Lo entregado en cumplimiento de deberes morales o de conciencia es irrepetible.
b) Por la naturaleza del vínculo y su protección jurídica, se dividen en civiles (o perfectas) y naturales (o imperfectas).
c) En cuanto al objeto, se clasifican atendiendo: 1º) a su naturaleza, en obligaciones de dar, hacer o no hacer; 2º) a la
determinación o indeterminación de las obligaciones de dar, en obligaciones de dar cosas ciertas (o bienes), de género,
de sumas de dinero o de valor; 3º) a la complejidad del objeto debido, en obligaciones de objeto conjunto o disyunto,
alternativas y facultativas.
d) En cuanto al sujeto, las obligaciones pueden tener un sujeto único o simple o plural, lo que ocurre cuando son varios
los acreedores o los deudores. Estas hipótesis de sujeto múltiple o plural permiten clasificar las obligaciones de la
siguiente manera: obligaciones de pluralidad disyunta o conjunta; obligaciones simplemente mancomunadas, solidarias
o concurrentes; y de prestación divisible o indivisible.
e) En cuanto a las modalidades, las obligaciones se dividen en puras o modales, según que carezcan o tengan,
respectivamente, alguna de las modalidades de los actos jurídicos; las obligaciones modales se dividen a su vez en
obligaciones condicionales, a plazo o con cargo.
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Por su interdependencia: civiles y naturales:
El carácter principal o accesorio de una obligación se ha referido, tradicionalmente, a su objeto o a las personas
obligadas.
a) Son accesorias en cuanto a su objeto cuando son contraídas para asegurar el cumplimiento de una obligación
principal: tal como la cláusula penal, la obligación del vendedor de entregar al comprador el título de propiedad del
inmueble enajenado, la de reparar los daños por retardos en el cumplimiento de la obligación, etcétera.
b) Son accesorias con relación a las personas, cuando las personas contraen obligaciones como garantes o fiadores: en
estos casos la obligación accesoria no es contraída por una de las partes sino por un tercero; también en este supuesto
su fin es asegurar el cumplimiento de la obligación principal.
c) Otra modalidad especial radica en los derechos reales de garantía, llamados accesorios del derecho del acreedor: es
posible citar como ejemplos la hipoteca, prenda, anticresis, warrants, debentures y obligaciones negociables. Tales
especies deben reputarse también accesorias, pues siguen la suerte de la obligación principal.
Puesto que la obligación accesoria sólo tiene vida en razón de que existe la principal, es obvio que debe seguir su suerte.
Por tanto, extinguida o declarada nula o ineficaz la obligación principal, queda extinguida o declarada nula o ineficaz
también la accesoria (art. 857), excepto disposición legal en contrario. Verbigracia, pagada o declarada nula la deuda
principal, queda extinguida la fianza, la cláusula penal, o el derecho de hipoteca o prenda que la garantiza. Por su parte,
las señaladas vicisitudes de la obligación principal, de carácter parcial, en principio, provocan las mismas consecuencias
parciales en la obligación accesoria.
Otra consecuencia de esta dependencia es que la obligación principal determina la competencia de los jueces, y es ante
el magistrado que entiende en ella donde deben plantearse las cuestiones relativas a la ejecución de las fianzas,
cláusulas penales, hipotecas, prendas, etcétera.
En cambio, la extinción, nulidad o ineficacia de la obligación accesoria no influye en la principal, pues ésta tiene vida
propia. Así, la liberación de la obligación contraída por el fiador, la cancelación de la hipoteca, no impiden la subsistencia
de la obligación principal. Es digno de resaltar que la interdependencia no sólo involucra el aspecto sustantivo
("existencia"), sino que también incluye la fase operativa ("eficacia y desarrollo funcional").
OBLIGACIONES NATURALES:
Eran definidas en el art. 515 del Código Civil velezano como las que, fundadas sólo en el derecho natural y en la equidad,
no confieren acción para exigir su cumplimiento, pero que, cumplidas por el deudor, autorizan para retener lo que se ha
dado por razón de ellas. Se trata de obligaciones anormales, pues no parece jurídico hablar de obligación o de derecho
sin acción para obligar al deudor a cumplir. Precisamente lo que define la obligación desde el punto de vista jurídico es la
posibilidad del acreedor de compulsar al deudor a darle cumplimiento o, en su defecto, a pagar la indemnización
correspondiente. Pero no están desprovistas de toda protección jurídica, ya que si el deudor ha pagado voluntariamente
(única vía concebible, desde que el acreedor no puede compelerlo) el acreedor tiene derecho a retener lo pagado, de
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acuerdo a los parámetros de la equidad y del derecho natural. Su diferencia con las obligaciones civiles o perfectas
radica precisamente en que éstas confieren al acreedor una acción para obligar al deudor a cumplir.
Naturaleza jurídica:
No hay una diferencia radical, sustancial o de naturaleza entre estas obligaciones y las civiles. Cuando se trata de una
obligación natural, la ley no obliga a cumplirla; pero cumplida, protege al que recibió el pago porque la deuda existía,
aunque era inexigible. No se trata, por cierto, del pago de lo que no se debe, que autoriza la repetición.
en ambas hay un vínculo jurídico, solo que el que corresponde a las naturales es menos eficaz, puesto que no da acción
para hacerlas cumplir, pero si una excepción para retener el pago por el deudor.
Cuando se trata de una obligación natural, la ley no obliga a cumplirla, pero cumplida, protege al que recibió el pago,
porque la deuda existía, aunque era inexigible
Características:
• Tienen la estructura de toda obligación (sujeto, objeto, causa) • Están fundadas en el derecho natural y la equidad
• Inejecutables, no confieren acción para exigir su cumplimiento (principal diferencia con las obligaciones civiles)
EFECTOS:
• Pago voluntario: no puede reclamarse lo pagado, cuando el pago se ha hecho voluntariamente, por quien tenía
capacidad para disponer. Para que el pago sea irrevocable es preciso: a- que sea voluntario, seria nulo el hecho bajo
violencia o solo b- que sea hecho por quien tiene capacidad para disponer (art.875 ccyc)
• pago parcial: la ejecución de una obligación no le da carácter civil; tampoco el acreedor puede reclamar el pago de lo
restante de la obligación. El pago parcial de una obligación moral importa el reconocimiento de la misma, pero no
importa exigibilidad
• Conversión en obligación civil: novación: Ningún inconveniente hay en que el deudor convierta una obligación natural
en civil. Para que produzca esta transformación del carácter del vínculo, basta el reconocimiento de la obligatoriedad
civil de la obligación. Pero solo el reconocimiento de la obligación natural como tal, no la transforma en civil. La
intención de transformarla en civil debe ser clara, porque la renuncia al derecho de no pagar no se presume.
• Garantía de terceros: el art.518 del código de Vélez preveía que las hipotecas, rendas, y clausulas penales constituidas
por terceros para seguridad de las obligaciones naturales eran válidas, pudiendo pedirse el cumplimiento de estas
obligaciones accesorias.
OBLIGACIONES CIVILES: Son aquellas que confieren acción para el cumplimiento, son exigibles, ejecutables y repetibles.
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OBLIGACIONES MODALES Son aquellas que dependen de ciertos elementos accidentales que alteran los efectos del
acto. Dichos elementos son: la condición, el plazo o el cargo.
Se denominan modalidades de los actos jurídicos, a ciertos elementos accidentales que alteran los efectos normales de
dichos actos, ya tomando incierta la existencia de los derechos respectivo, ya postergando su ejercicio, agravando su
adquisición con obligaciones accesorias.
Obligaciones condicionales:
ARTICULO 343.- Alcance y especies. Se denomina condición a la cláusula de los actos jurídicos por la cual las partes
subordinan su plena eficacia o resolución a un hecho futuro e incierto.
Las disposiciones de este capítulo son aplicables, en cuanto fueran compatibles, a la cláusula por la cual las partes
sujetan la adquisición o extinción de un derecho a hechos presentes o pasados ignorados.
La condición es una modalidad de los actos jurídicos por la cual se supedita la adquisición o pérdida de un derecho a la
realización de un hecho futuro e incierto. Las mismas reglas se aplican a la estipulación de las partes en cuanto sujetan la
adquisición o extinción de un derecho a hechos pasados o presentes que ignoran. En ese caso, no se trata estrictamente
de una condición, sino que se la denomina condición impropia, porque el hecho condicional ya ha sucedido.
Debe ser incierto: significa que puede o no llegar. Esta es la característica esencial que distingue la condición del plazo.
El plazo, aunque incierto, es siempre fatal; en cambio el hecho condicional es siempre contingente. De modo que si la
condición impuesta por las partes del acto se refiere a un hecho que ocurrirá con certeza, será plazo y no condición.
Debe ser futuro: el hecho al que se sujeta la adquisición o extinción del derecho debe ser futuro. Esta exigencia
garantiza la incertidumbre objetiva de la condición. De ahí que un acontecimiento pasado o presente desconocido por
las partes no sería idóneo como hecho condicional porque carecería de la incertidumbre propia de la especie.
Debe ser coercible: el hecho condicional – a diferencia del cargo- debe ser incoercible, es decir, no susceptible de
compulsión por vía judicial.
Entre la llamada conditio juris (condiciones legales) y la condición (conditio factis) hay diferencias esenciales:
2- aquella es un requisito extrínseco del acto mientras que la condictio factis es un elemento intrínseco. El derecho
sometido a la conditio juris debe ser caracterizado como eventual
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DIFERENCIAS CON LA CONDITIO NECESSITATIS
La condición necesaria se diferencia de la condición propiamente dicha porque esta debe recaer sobre un hecho
condicionante futuro e incierto, lo que por cierto no ocurre en el caso de un presupuesto del acto jurídico tenido en
cuenta por las partes al contratar
La suposición carece de futuridad, es un motivo que impulso a las partes a contratar, no expresado en la obligación.
la condición puede ser establecida expresa o tácitamente, siéndole aplicables las reglas generales sobre formas de los
actos jurídicos.
• plazo: ambas modalidades están referidas al acaecimiento de un hecho futuro, pero mientras en la condición ese
hecho futuro es incierto, en el plazo es cierto o fatal. La condición afecta la existencia misma de la obligación, mientras
que el plazo atañe únicamente a su exigibilidad, pues la obligación ya existe. En otras palabras, el plazo siempre se
refiere a un hecho futuro y necesario y la condición a un hecho futuro pero contingente, que no se sabe si ocurrirá o no.
• Cargo: el cargo es coercible, por cuanto se trata de una obligación impuesta al adquirente de un derecho, en cambio la
condición no lo es porque su cumplimiento resulta ajeno a la voluntad de las partes. La condición suspende o resuelve la
adquisición de un derecho, en cambio el derecho con cargo es firme, ya se encuentra adquirido; en caso de que no se
cumpla, el acreedor puede ejecutar a su deudor.
• Acto jurídico incompleto: en la condición, el acto se encuentra integrado, solo ocurre que su existencia depende del
hecho condicionante, mientras que, en el acto jurídico incompleto, sus efectos dependen de que el acto sea
definitivamente integrado. • Obligación alternativa: en la obligación alternativa la incertidumbre radica en cuál de las
prestaciones, de entre las varias que integran su objeto, será en definitiva la elegida para ser cumplida, pero la
obligación existe indudablemente; en la obligación condicional la incertidumbre recae sobre su misma existencia.
• Obligación facultativa: en la obligación facultativa, esa incertidumbre acerca de si se pagara la prestación principal o la
accesoria depende exclusivamente de la voluntad del deudor, en tanto en la obligación condicional su hecho
condicionante no puede depender exclusivamente de ella.
CLASES
• Positivas y negativas: la condición positiva consiste en la realización de un hecho, por ejemplo, el pago de una suma
en caso de siniestro. La condición negativa consiste en la ausencia de realización de un hecho. Así, el pago de una renta
vitalicia, en cuyo caso la prestación está supeditada al hecho de que no muera la persona designada en el contrato. •
Condiciones posibles e imposibles: la imposibilidad del hecho previsto puede ser material o jurídica. A la primera
especie se refiere el ejemplo clásico de tocar el cielo con los dedos, es decir, el hecho condicionante debe ser imposible
de manera objetiva (para todos) y no subjetiva (para el deudor). La segunda, que no ha de confundirse con la ilicitud,
alude a los hechos no punibles a cuya realización se opone un obstáculo legal, verbigracia, la venta de una cosa fuera del
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comercio, o la hipoteca de una cosa mueble. La imposibilidad del hecho debe apreciarse en el momento de la
celebración del acto. Si sobreviene después no será un supuesto de condición imposible, sino de frustración de la
condición.
• Condiciones licitas e ilícitas o prohibidas: el art.530 del código civil determinaba la prohibición de que se tome como
condición los hechos contrarios a la moral y las buenas costumbres. con relación a las condiciones, no corresponde
distinguir si el hecho inmoral es positivo o negativo. Desde luego que no es admisible supeditar la adquisición de un
derecho a la realización de un hecho inmoral. Pero tampoco resulta aceptable que pueda considerarse la abstención de
un acto inmoral como el presupuesto de un derecho, lo que equivaldría a incurrir en la vileza de convenir un precio por
ser honesto.
• Ilegitimas: son las que el ordenamiento jurídico prohíbe por razones de índole social a pesar de que el hecho
condicionante a que se refiere es en sí mismo ilícito.
ARTICULO 344.- Condiciones prohibidas. Es nulo el acto sujeto a un hecho imposible, contrario a la moral y a las
buenas costumbres, prohibido por el ordenamiento jurídico o que depende exclusivamente de la voluntad del
obligado.
La condición de no hacer una cosa imposible no perjudica la validez de la obligación, si ella fuera pactada bajo
modalidad suspensiva.
Se tienen por no escritas las condiciones que afecten de modo grave las libertades de la persona, como la de elegir
domicilio o religión, o decidir sobre su estado civil.
Las condiciones prohibidas son aquellas que supeditan la existencia o extinción de un acto jurídico a: a) hechos
imposibles; b) hechos contrarios a la moral y a las buenas costumbres; c) hechos prohibidos por el ordenamiento
jurídico; d) hecho que dependa exclusivamente de la voluntad del obligado:
a) hechos imposibles. La imposibilidad a que se refiere es la material o natural. En este caso, es claro que el promitente
no ha tenido intención de obligarse. Así, por ejemplo, “te daré un premio si tocas el cielo con las manos”. La
imposibilidad debe apreciarse en el momento de la celebración del negocio. Si es sobreviniente, se trata de un supuesto
de frustración de la condición. Quedan al margen de la prohibición la condición de no hacer una cosa imposible, porque
una cláusula semejante carece de influencia en el acto. En este caso, el negocio jurídico es, desde el principio, puro y
simple y, por ende, exento de toda modalidad. En la condición resolutoria los efectos se producen en sentido inverso;
b) hechos contrarios a la moral, prohibidos por las leyes o contrarios al orden público. Es una aplicación concreta del
principio moral de la causa de los actos jurídicos. No es posible supeditar la adquisición de un derecho a la no realización
de un hecho inmoral o ilícito, por cuanto no resultaría admisible aceptar una suma de dinero por no delinquir o para no
cometer un acto repugnante a la moral o a las buenas costumbres. En este punto, algunos autores sostienen que esta
disposición no sería aplicable a los actos de última voluntad: si el beneficiario no ha intervenido en el acto y no ha
especulado sino que de lo que se trata es de obtener el cumplimiento de la libre y honesta voluntad del causante, no
hay motivos para anular la disposición testamentaria. Es, en cambio, admisible incluir como condición resolutoria un
hecho inmoral o ilícito. Es el caso de la revocación de una donación por ingratitud (art. 1569 CCyC), o la promesa de
pagar una suma de dinero a otro si vive correctamente y en tanto y en cuanto continúe viviendo de ese modo
c) condiciones puramente potestativas. Son nulas las cláusulas que hacen depender el hecho condicional de la exclusiva
voluntad de una de las partes. Es que una previsión de este calibre revela que las partes, en verdad, no han tenido
intención de obligarse.
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ARTÍCULO 348. Cumplimiento de la condición suspensiva y resolutoria El cumplimiento de la condición obliga a las
partes a entregarse o restituirse, recíprocamente, las prestaciones convenidas, aplicándose los efectos
correspondientes a la naturaleza del acto concertado, a sus fines y objeto. Si se hubiese determinado el efecto
retroactivo de la condición, el cumplimiento de ésta obliga a la entrega recíproca de lo que a las partes habría
correspondido al tiempo de la celebración del acto. No obstante, subsisten los actos de administración y los frutos
quedan a favor de la parte que los ha percibido.
Cumplida la condición suspensiva o resolutoria, el acto jurídico se convierte en puro y simple. Por tanto, si se trata de
una condición suspensiva, las partes deberán entregarse las prestaciones convenidas. Si, en cambio, se trata de una
condición resolutoria, el beneficiario deberá restituir aquello que tenía en su poder y restituírselo a quien se lo
transmitió, con más los aumentos que hubiere tenido y los frutos pendientes.
Tanto en el caso de la condición suspensiva como en la resolutoria, cumplido el hecho condicional, el acto se considera
concluido en forma pura y simple a partir del momento de su celebración. Si la condición era resolutoria, cuando ocurre
el hecho condicional, se considera que el acto nunca se ha realizado.
Si bien las partes pueden convenir que la condición suspensiva y la resolutoria cumplidas tendrán efectos retroactivos,
no podrán hacerlo si con ello se perjudican derechos adquiridos por terceros de buena fe sobre las cosas o bienes.
Concordantemente con este principio, los actos de administración realizados serán válidos como así también las partes
estarán autorizadas a retener los frutos percibidos.
ARTÍCULO 349. No cumplimiento de la condición suspensiva Si el acto celebrado bajo condición suspensiva se hubiese
ejecutado antes del cumplimiento de la condición, y ésta no se cumple, debe restituirse el objeto con sus accesorios,
pero no los frutos percibidos.
PLAZO
ARTÍCULO 350. Especies La exigibilidad o la extinción de un acto jurídico pueden quedar diferidas al vencimiento de
un plazo.
a) suspensivo o resolutorio;
b) determinado o indeterminado;
c) cierto o incierto;
d) esencial y no esencial;
e) expreso o tácito; y
a) según si persigue el diferimiento en el tiempo del ejercicio de las facultades que incumben al titular de un derecho, o
bien la caducidad o extinción de este, el plazo se clasifica en suspensivo o resolutorio;
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b) el plazo determinado es aquel que ha sido fijado por las partes, por la ley o por el juez; en cambio, es indeterminado
el que no fue establecido de manera precisa. Su determinación se logra por distintas vías. Una de ellas es ponderando la
naturaleza o circunstancias de la obligación. En otros supuestos, será necesario solicitar al juez que lo fije;
c) si se toma en consideración la precisión de la fecha en que debe vencer el plazo, se lo clasifica en cierto o incierto. El
primero es cuando se conoce de antemano y con precisión el momento en que se producirá el vencimiento. Así, un
cheque a 90 días o el plazo para pagar una deuda que vence el día 5 de cada mes. En cambio, el plazo es incierto cuando
el vencimiento se ha fijado en consideración a un hecho futuro y necesario que al momento de celebrarse el acto se
ignora en qué momento ocurrirá. Por ejemplo, la obligación de levantar un mausoleo el día en que muera determinada
persona;
d) el plazo es esencial cuando el cumplimiento de la prestación comprometida solo es útil en el tiempo designado. Si no
se cumple en término, acarreará el incumplimiento definitivo. Es no esencial, en cambio, cuando pese al vencimiento, el
cumplimiento continúa siendo de utilidad para el acreedor o para el sujeto interesado. En materia obligacional esta
clasificación es valiosa a la hora de analizar la diferencia entre mora e incumplimiento definitivo;
e) el plazo es expreso cuando su existencia surge de manera explícita e inequívoca del negocio jurídico. En cambio, es
tácito cuando surge implícitamente de la naturaleza y circunstancias del acto o de la obligación;
f) según su origen, el plazo es voluntario cuando lo han fijado las partes, por ejemplo, cuando han establecido que la
entrega debe realizarse tal o cual día. Es legal cuando es la propia ley la que lo establece. Por ejemplo, el plazo para
cumplir en caso de pacto comisorio implícito. Será, finalmente, judicial cuando lo concede el magistrado en los casos que
la ley le hubiere conferido esa potestad.
El plazo siempre se refiere a un hecho futuro y necesario. La condición se refiere también a un hecho futuro, pero
contingente, es decir, no se sabe si ocurrirá o no.
ARTÍCULO 351. Beneficiario del plazo El plazo se presume establecido en beneficio del obligado a cumplir o a restituir
a su vencimiento, a no ser que, por la naturaleza del acto, o por otras circunstancias, resulte que ha sido previsto a
favor del acreedor o de ambas partes.
El Código, recogiendo las críticas de la doctrina, establece como principio general que el plazo se presume establecido
en favor del deudor. Se trata de una presunción iuris tantum que puede ser desvirtuada por prueba en contrario que
justifique que fue establecido a favor del acreedor o de ambas partes.
Es un cambio trascendente porque, si el plazo está establecido a favor del deudor, este podrá imponer el cumplimiento
al acreedor antes de su vencimiento y si el acreedor rehúsa a aceptarlo, podrá acudir al pago por consignación. Esta
misma conclusión se deriva si en el acto jurídico se menciona que fue establecido a favor del acreedor, porque este
podrá exigir el pago en cualquier momento, es decir, con anticipación o bien con posterioridad. En este caso, el acreedor
no solo dispone de las medidas conservatorias, sino que tiene también a su disposición las tendientes a lograr la
ejecución de lo prometido. En cambio, cuando en el título del acto se convino que el plazo se establecía en beneficio de
ambas partes, el principio es que deberá cumplirse el día del vencimiento del plazo, ni antes ni después, como ocurría en
el régimen anterior
ARTÍCULO 352. Pago anticipado El obligado que cumple o restituye antes del plazo no puede repetir lo pagado
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Efectos del pago anticipado Si el deudor realiza un pago anticipado, no tiene derecho a repetir lo pagado aun cuando
alegue que pagó porque ignoraba el plazo o incurrió en error en este aspecto. El pago por error se presenta cuando se
tiene una falsa noción del acto jurídico o de la obligación y de sus efectos o, en otras palabras, cuando se paga lo que no
se debe. Pero si lo pagado es debido, aun cuando no hubiera vencido el plazo, el falso conocimiento recae sobre un
aspecto simplemente accesorio, como es el plazo. La diferente solución se justifica en razón de que el acreedor tiene
título para recibir la cosa o el bien y la cuestión del pago antes de tiempo es verdaderamente intrascendente.
Transmisión de derechos El plazo es transmisible a los sucesores universales junto con los derechos a los que accede. Si
se trata de un acto o de un crédito personal a plazo que se transmite a un tercero, sucesor singular o particular, el plazo
incorporado igualmente se transmite.
ARTÍCULO 353. Caducidad del plazo El obligado a cumplir no puede invocar la pendencia del plazo si se ha declarado
su quiebra, si disminuye por acto propio las seguridades otorgadas al acreedor para el cumplimiento de la obligación,
o si no ha constituido las garantías prometidas, entre otros supuestos relevantes. La apertura del concurso del
obligado al pago no hace caducar el plazo, sin perjuicio del derecho del acreedor a verificar su crédito, y a todas las
consecuencias previstas en la legislación concursal.
Existen distintos supuestos en que el beneficio del plazo caduca. El CCyC prevé que, en algunas circunstancias el deudor
pierda el beneficio del plazo. Entre otros, se encuentran sujetos a caducidad: a) la declaración de quiebra del deudor —
no basta con la apertura del concurso—; b) la disminución de las seguridades otorgadas al acreedor para el
cumplimiento de la obligación; c) no haber constituido las garantías prometida
Hipótesis de caducidad
Por distintos motivos debidamente justificados, la ley puede disponer la caducidad de los plazos establecidos en los
actos jurídicos solamente cuando estos beneficien al deudor, cercenando así la presunción legal en su favor. La referida
caducidad ocurre en distintas hipótesis:
a) cuando el deudor ha caído en quiebra. El acreedor puede exigir su crédito como si la obligación fuera a considerarse
pura y simple. No basta la apertura del concurso del obligado;
b) si el deudor disminuye las seguridades otorgadas al acreedor. Es el caso en que el deudor hipotecario deteriora el
inmueble o extrae cosas adheridas que incrementan su valor;
c) cuando los bienes dados en garantía —hipoteca o prenda— no fueren suficientes o cuando se subastan para satisfacer
otros créditos;
d) si el acreedor recibió una cosa en garantía que era ajena pero que creía del deudor, y el tercero exige su restitución,
aquel puede exigir se le entregue otra cosa en prenda de igual valor, y si no lo hiciere, puede pedir el cumplimiento de la
obligación principal, aunque el plazo se encuentre pendiente.
CARGO
ARTÍCULO 354. Cargo. Especies. Presunción El cargo es una obligación accesoria impuesta al adquirente de un
derecho. No impide los efectos del acto, excepto que su cumplimiento se haya previsto como condición suspensiva, ni
los resuelve, excepto que su cumplimiento se haya estipulado como condición resolutoria. En caso de duda, se
entiende que tal condición no existe.
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Definición El cargo —llamado también modo— es una modalidad accesoria y excepcional de los actos jurídicos que se
impone al adquirente de un derecho, en general, a quien recibe una liberalidad. El clásico ejemplo que proporciona la
doctrina es el legado de una cosa mueble o inmueble que deja el causante en su testamento con imposición de que se
hagan celebrar oficios religiosos por su alma luego de su muerte.
Caracteres
a) es una obligación. El cargo es una modalidad que grava a una de las partes. Por tanto, es susceptible de ser ejecutada
en caso de que el sujeto no cumpliera con la prestación;
b) es accesorio. El cargo es accesorio pero inescindible a la adquisición del derecho. No sería posible adquirir el derecho
si al propio tiempo no se asume la obligación que el cargo trae aparejada;
c) es excepcional. No deriva ordinariamente del acto jurídico ni es su complemento natural, sino que es independiente
del derecho.
El cargo es coercitivo, no es suspensivo como la condición. Mientras que la condición suspende la adquisición de
derecho al cual se refiere, el cargo no impide dicha adquisición, si bien grava al adquirente con la condición de que
importa y que podrá serle exigida por todos los medios de compulsión propios de las obligaciones. Por el
contrario, los hechos humanos configurativos de condición no son coercibles.
Con relación al plazo, la confusión no es posible. En tanto que el plazo suspende el ejercicio del derecho de que se trate,
el cargo no afecta al derecho principal cuyo adquirente goza de todas las atribuciones que competen al titular.
Con respecto a los consejos, su diferencia con el cargo es evidente. El consejo es solo una sugestión, reflexión o
indicación que no encierra obligación jurídica alguna. Por el contrario, el cargo es una imposición aceptada por el
adquirente del derecho, y por lo tanto produce importantes efectos jurídicos.
¿Quién? El que ha sido gravado con dicha obligación, o sea, el adquirente del derecho.
El derecho adquirido es transmisible por actos entre vivos o por causa de muerte y con él se traspasa la obligación de
cumplir el cargo, excepto que sólo pueda ser ejecutado por quien se obligó inicialmente a cumplirlo. Si el
cumplimiento del cargo es inherente a la persona y ésta muere sin cumplirlo, la adquisición del derecho principal
queda sin efecto, volviendo los bienes al titular originario o a sus herederos. La reversión no afecta a los terceros sino
en cuanto pudiese afectarlos la condición resolutoria.
El cargo es transmisible mortis causa, a menos que sea inherente al obligado. También es transmisible por actos entre
vivos, con la misma salvedad. Cuando la transmisión de los cargos se produce por muerte del obligado, sus herederos
deben cumplir con aquellos que no hubieren sido ejecutados.
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Cargos intransmisibles. Efectos
Cuando el cargo es inherente a la persona, si el obligado muere sin haberlo ejecutado, el derecho principal queda sin
efecto. En este caso, los bienes vuelven al patrimonio del titular originario o al de sus herederos. Esta solución se aplica a
los cargos resolutorios —que son siempre intransmisibles— y no a los impuestos como condición suspensiva, en cuyo
caso el derecho no se reputará como adquirido. La reversión no puede afectar los derechos de terceros.
La estipulación como cargo en los actos jurídicos de hechos que no pueden serlo como condición, se tiene por no
escrita, pero no provoca la nulidad del acto
El acto jurídico que contiene un cargo prohibido no es inválido. Simplemente se tiene por no escrita la cláusula y, en
consecuencia, la obligación se considera pura y simple. Por tanto, ha perdido interés establecer en qué momento debe
verificarse la ilicitud del cargo, en la medida que cualquiera sea el tiempo, la sanción será idéntica.
Los efectos del cargo surgen del doble carácter: constituye una obligación y es, al propio al propio tiempo de carácter
accesorio Por tratarse de una obligación, el incumplimiento del cargo faculta al acreedor a ejercer las medidas
compulsivas pertinentes. Sin embargo, como el cargo cuando es simple, es coercitivo, no afecta la adquisición del
derecho, sino que dará lugar a la acción para hacer efectivo el cumplimiento. solución no se aplica cuando ha sido
impuesto como condición suspensiva o resolutoria. En el primer caso-cargo impuesto como condición suspensiva- el
sujeto pasivo no podrá exigir el cumplimiento de la prestación principal mientras no cumpla con el cargo. En cambio, en
caso de inejecución de un cargo resolutorio, el beneficiario tiene dos acciones:
a) puede exigir el cumplimiento para obtener la ejecución específica de lo debido o bien la indemnización sustitutiva;
b) puede pedir la resolución del derecho principal. Es decir, puede entablar demanda para lograr que dicho
incumplimiento se constituya en la causa de la resolución de ese derecho. En tal caso -esto es, si en el acto se hubiere
establecido que la inejecución de los cargos afecta la adquisición del derecho-, se trataría estrictamente de una
condición.
Cargo condicional
Cuando el cumplimiento del cargo o modo ha sido instituido con el carácter de una condición suspensiva, el inicio de la
producción de los efectos propios o normales del acto se subordina a la ejecución del mismo.
Obligaciones de dar:
El deudor de una cosa cierta está obligado a conservarla en el mismo estado en que se encontraba cuando contrajo la
obligación, y entregarla con sus accesorios, aunque hayan sido momentáneamente separados de ella.
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El CCyC impone al deudor de una cosa cierta el deber de conservarla en el mismo estado en que se encontraba al
momento de contraer la obligación.
Este deber se extiende desde el nacimiento de la obligación hasta la oportunidad fijada para su cumplimiento e implica
la adopción de determinadas conductas tendientes a evitar el deterioro de la cosa y la abstención de introducirle
modificaciones que alteren definitivamente su estructura y valor, siempre y cuando no hayan sido motivadas por la
necesidad de conservarla.
Extensión Según el art. 746, la obligación de dar cosas ciertas comprende todos los accesorios, aunque hayan sido
momentáneamente separados de ellas. Así, por ejemplo, en la venta de una estancia quedan comprendidos la casa
habitación, los alambrados, aguadas, las cosechas en pie, etcétera; en la venta de una fábrica, las maquinarias
incorporadas al inmueble; en la venta de un cuadro famoso, el marco. De una manera general, se llaman accesorias las
que tienen su existencia y naturaleza determinada por otra de la cual dependen o a la cual están adheridas.
Diferencia con las de hacer, las de dar consiste en la entrega de una cosa, y Las de hacer tienen como objeto la
realización de una actividad del deudor en favor del acreedor.
Modo de cumplimiento: el deudor cumple haciendo entrega de la cosa(tradición) determinada en el lugar y tiempo
convenidos. Hasta que llega el momento de la tradición, los riesgos o mejoras corren por cuenta del deudor, quien es el
dueño hasta el momento de la tradición.
Régimen de los frutos: antes de la tradición de la cosa, todos los frutos percibidos (naturales o civiles) pertenecen al
deudor, pero los frutos pendientes al día de la tradición pertenecen al acreedor.
Aumentos y mejoras: aplicando el principio general si en la cosa se producen aumentos o mejoras, ellas corresponden al
dueño, es decir, al deudor que aún no ha entregado la cosa, el cual podrá pedir un mayor valor por la cosa al acreedor y
si este no acepta, la obligación quedara resuelta.
Expensas comunes: se llama así a los gastos indispensables que no aumentan el valor de la cosa (pago de expensas de
consorcio)
Riesgos: antes de la entrega de la cosa, puede suceder que ella se pierda o que se deteriore, dichos riesgos deben ser
soportados por el deudos:
Si la cosa se pierde: sin culpa del deudor, la obligación queda disuelta para ambas partes; por culpa del deudor, este
deberá al acreedor el valor de la cosa, más los daños y perjuicios por el incumplimiento. –
Si la cosa se deteriora: sin culpa del deudor, el acreedor podrá optar entre disolver el contrato o recibir la cosa con
disminución proporcional del precio; por culpa del deudor, el acreedor podrá reclamar una cosa equivalente más
indemnización por daños, recibir la cosa como este, más la indemnización por los daños o disolver el contrato.
restitución de la cosa al dueño: se aplica el principio de que las cosas perecen o acrecen para su dueño, pero el dueño
de la cosa ya no es el deudor, sino el acreedor: efectos entre las partes:
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Frutos: si el poseedor de la cosa de buena fe se puede quedar con los frutos percibidos hasta el momento de la entrega
de la cosa, después los frutos pendientes corresponden al dueño; si el poseedor es de mala fe debe restituir la cosa con
todos los frutos, percibidos o pendientes.
Aumentos, mejoras, expensas: si hubo aumentos corresponden al dueño o acreedor de la cosa y el deudor nada podrá
reclamarle; si el deudor hizo mejoras en la cosa podrá reclamar el valor de las necesarias y también de las útiles pero no
de las suntuarias; las expensas necesarias siempre deben abonarse al deudor(sea de buena fe o no) Riesgos(pérdida o
deterioro): si la cosa se pierde o deteriora sin culpa del deudor, el perjuicio será soportado por el dueño de la cosa, o sea
el acreedor; si se pierde por culpa del deudor, el dueño podrá reclamar el valor de la cosa más la indemnización por
daños; si se deteriora por culpa del deudor el dueño podrá recibir la cosa como este mas una indemnización o una cosa
equivalente más una indemnización.
Transferencia del uso: se refiere al cado de la locación de cosa, en la cual el locador se obliga a transferir el uso de la
misma por un precio en dinero. Su estudio corresponde por tanto a la parte de contratos. Cuando deudor esta e
obligado a transferir el uso, debe entregar la cosa en buen estado, si antes de entrar en vigencia el contrato la cosa se
destruye el contrato queda disuelto (si no hay culpa del locador), si hay culpa del locador este deberá pagar una
indemnización.
Transferir la tenencia: al igual que el anterior, su estudio corresponde a la parte de los contratos.
Entregar la cosa en el tiempo y lugar estipulados En cuanto a la conservación de la cosa, es obligación del deudor
mantenerla en el mismo estado en que se encontraba cuando contrajo la obligación(art.747), es decir, debe obrar con
un cuidado diligente de la cosa, para encontrarse luego en la posibilidad de cumplir con la entrega, tal como lo prometió.
La entrega o tradición de la cosa tiene en nuestro derecho positivo una importancia fundamental, porque sin ella no es
posible constituir sobre la cosa derechos reales (art.750 y 1892). Mientras la tradición no se ha hecho efectiva, el
comprador, acreedor, prendario, etc. solo tiene un derecho personal contra el deudor para obligarlo a cumplir con la
entrega, pero no tiene sobre la cosa ningún derecho real, en otras palabras, tiene un derecho a la cosa y no un derecho
sobre la cosa.
Esta exigencia de la tradición se aplica tanto a los bienes muebles como a los inmuebles, pero respecto de estos últimos,
y a los efectos de declarar oponible la adquisición o transmisión de derechos reales hacia terceros, es necesaria, además
la inscripción del título suficiente – otorgado por escritura pública- en el registro de la propiedad.
Es claro que la tradición no será necesaria si el adquiriente tiene ya su posesión por otro título; por ejemplo, si el
locatario compra la casa que alquila.
ARTÍCULO 750. Tradición El acreedor no adquiere ningún derecho real sobre la cosa antes de la tradición, excepto
disposición legal en contrario.
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Bienes inmuebles: bastara con el consentimiento y la tradición de la cosa para que el dominio quede transmitido entre
las partes. Sin embargo, esto es insuficiente respecto de terceros. Para que sea oponible a estos últimos, será necesario
inscribir el titulo suficiente en el registro inmobiliario de la jurisdicción que corresponda.
• Bienes muebles: basta el consentimiento y la tradición para que se considere operada la transmisión del dominio entre
las partes y respecto de terceros.
• Automotores y equinos de pura sangre de carrera: la transmisión del dominio solo se perfecciona entre las partes y
respecto de terceros si se formaliza por instrumento público o privado y se inscribe en el registro de la propiedad
automotor y en los registros genealógicos reconocidos por el ministerio de agricultura y ganadería. Tradición y entrega
son conceptos diferentes.
La entrega es el acto material por el cual un sujeto pone en manos o en poder de otro a alguien o algo. La tradición, si
bien comprende el acto material de la entrega, también requiere del acto material de recepción. Por ello, la simple
manifestación el deudor en virtud de la cual se considera desposeído de la cosa, o la declaración dirigida a dar al
adquiriente la posesión de esta, no alcanza para ser consideradas como tradición.
Así lo expresa el art.1924 al establecer que hay tradición cuando una parte entrega una cosa a otra que la recibe. Debe
consistir en la realización de actos materiales de, por lo menos, una de las partes, que otorguen un poder de hecho
sobre la cosa, los que no se suplen, con relación a terceros, por la mera declaración del que entrega de darla a quien la
recibe, o de este de recibirla. Nada obsta a que el acto de entrega y recepción puedan llevarse a cabo en momentos
distintos. ¿Cómo se transmite un derecho real? Están establecidos en el código hay un numerus clausus (no hay más que
los establecidos en el código.)
Sistema francés: avanzaron un poco más y crearon la primera ley hipotecaria en 1855 (registro hipotecario).
Posteriormente crearon un fichero inmobiliario cuando las cosas que se transmitían eran bienes inmuebles.
Sistema alemán: hicieron intervenir al estado en esa situación y en el siglo XII, se crearon los registros. Se presentaban
ambas partes y se manifestaba al escribiente cual era la propiedad que se inscribía. actualmente, es la base registral que
tenemos acá para los inmuebles.
Frutos:
ARTÍCULO 754. Frutos Hasta el día de la tradición los frutos percibidos le pertenecen al deudor; a partir de esa fecha,
los frutos devengados y los no percibidos le corresponden al acreedor.
Los frutos son, tal como los había definido Vélez Sarsfield en la nota al art. 2329 CC, “los que la cosa regular y
periódicamente produce sin alteración ni disminución de su sustancia”. Esta es la principal característica que distingue a
los frutos de los productos, pues estos últimos son los objetos que se separan o se sacan de la cosa y, una vez separados
de ella, no los produce, es decir, no se pueden separar de ella sin disminuir o alterar su sustancia.
Frutos percibidos: El Código Civil y Comercial define al fruto percibido como aquel “que separado de la cosa es objeto de
una nueva relación posesoria” (art. 1934, inc. a, CCyC) y establece en el artículo en estudio que los frutos percibidos al
momento de la tradición corresponden al deudor.
Frutos pendientes El fruto pendiente es el que todavía no se ha percibido (art. 1934, inc. b), es decir el que no ha sido
separado de la cosa fructífera. De allí que, al encontrarse adherido a la cosa, le pertenece al acreedor.
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Frutos devengados y no cobrados: los frutos devengados y no cobrados le corresponden al acreedor, y tal solución ha
sido criticada por considerarse que tal derecho reconocido al acreedor podría vulnerar la garantía de propiedad
protegida por la Constitución Nacional en la medida en que el deudor es el propietario de la cosa al momento del
devengamiento de los frutos y, por ende, quien tiene título suficiente para percibir ese crédito ya devengado, pero
todavía no cobrado.
ARTÍCULO 751. Mejoras. Concepto y clases Mejora es el aumento del valor intrínseco de la cosa. Las mejoras pueden
ser naturales o artificiales. Las artificiales, provenientes de hecho del hombre, se clasifican en necesarias, útiles y de
mero lujo, recreo o suntuarias.
ARTÍCULO 752. Mejora natural. Efectos La mejora natural autoriza al deudor a exigir un mayor valor. Si el acreedor no
lo acepta, la obligación queda extinguida, sin responsabilidad para ninguna de las partes.
ARTÍCULO 753. Mejoras artificiales El deudor está obligado a realizar las mejoras necesarias, sin derecho a percibir su
valor. No tiene derecho a reclamar indemnización por las mejoras útiles ni por las de mero lujo, recreo o suntuarias,
pero puede retirarlas en tanto no deterioren la cosa.
ARTÍCULO 755. Riesgos de la cosa El propietario soporta los riesgos de la cosa. Los casos de deterioro o pérdida, con o
sin culpa, se rigen por lo dispuesto sobre la imposibilidad de cumplimiento
El riesgo siempre implica un estado de incertidumbre o inseguridad, y cuando la obligación de dar está sujeta a una
diferencia temporal entre el momento de la celebración y la oportunidad acordada para efectuar la tradición, conlleva el
riesgo de que la cosa pueda sufrir deterioros o, incluso, perderse.
Deterioro y pérdida Se habla de pérdida de una cosa cuando se destruye física o materialmente en forma total, o resulta
extraviada sin que pueda saberse su paradero. También se admite como supuesto el de destrucción jurídica de la cosa, y
es el que se produce cuando la cosa es colocada fuera de comercio o considerada por el ordenamiento jurídico inapta
para ser objeto de una relación jurídica obligacional.
El deterioro, en cambio, es una situación menos grave que la pérdida o destrucción de la cosa, pues en este caso aquella
experimenta una alteración en su estructura que, aunque no altera su esencia, produce una disminución de su valor
económico.
ARTÍCULO 756. Concurrencia de varios acreedores. Bienes inmuebles Si varios acreedores reclaman la misma cosa
inmueble prometida por el deudor, son todos de buena fe y a título oneroso, tiene mejor derecho: a) el que tiene
emplazamiento registral y tradición; b) el que ha recibido la tradición; c) el que tiene emplazamiento registral
precedente; d) en los demás supuestos, el que tiene título de fecha cierta anterior.
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ARTÍCULO 757. Concurrencia de varios acreedores. Bienes muebles Si varios acreedores reclaman la misma cosa
mueble prometida por el deudor, son todos de buena fe y a título oneroso, tiene mejor derecho:
ARTÍCULO 758. Acreedor frustrado El acreedor de buena fe que resulta frustrado en su derecho, conserva su acción
contra el deudor para reclamar los daños y perjuicios sufridos
Concurrencia de varios acreedores sobre una misma cosa inmueble o mueble La norma solo plantea el conflicto entre
acreedores de buena fe y a título oneroso. Si el acreedor fuera de mala fe, independientemente de haber adquirido a
título oneroso o gratuito, no tendría derecho a reclamar el reconocimiento de su posición pues su interés es ilícito. Por
otro lado, el acreedor que viera frustrada la tradición de la cosa porque antes fue entregada a un acreedor de mala fe,
no tendría que acudir a las normas en análisis, sino atacar la validez del acto jurídico que ha tenido un objeto prohibido.
La buena fe requerida en la relación posesoria es aquella que consiste en no haber conocido ni podido conocer la falta
de derecho a ella. Cuando se trata de cosas registrables, la buena fe requiere el examen previo de la documentación y
constancias registrales, así como el cumplimiento de los actos de verificación pertinente establecidos en el respectivo
régimen especial (art. 1902 CCyC).
Los adquirentes a título gratuito, por otra parte, quedan al margen de los artículos en análisis, independientemente que
lo hayan sido de buena o mala fe. Esta solución tiene su razón de ser en que no existiría perjuicio para el tercero
adquirente a título gratuito, pues no ha tenido a su cargo contraprestación alguna, a diferencia del acreedor a título
oneroso cuyo derecho frustrado experimentaría un daño efectivo.
En caso de conflicto entre acreedores, la ley otorga mejor derecho al acreedor de cosa inmueble que tiene
emplazamiento registral y tradición, seguidamente el que ha recibido la tradición, luego el que tiene emplazamiento
registral precedente, y finalmente los acreedores que tengan título de fecha cierta anterior, siguiendo el principio
romano prior in tempore potior in iure.
ARTÍCULO 759. Regla general En la obligación de dar para restituir, el deudor debe entregar la cosa al acreedor, quien
por su parte puede exigirla. Si quien debe restituir se obligó a entregar la cosa a más de un acreedor, el deudor debe
entregarla al dueño, previa citación fehaciente a los otros que la hayan pretendido.
ARTÍCULO 760. Entrega de la cosa a quien no es propietario. Bienes no registrables Con relación a terceros, cuando la
obligación de dar cosas ciertas tiene por fin restituirlas a su dueño, si la cosa es mueble no registrable y el deudor
hace, a título oneroso, tradición de ella a otro por transferencia o constitución de prenda, el acreedor no tiene
derecho contra los poseedores de buena fe, sino solamente cuando la cosa le fue robada o se ha perdido. En todos los
casos lo tiene contra los poseedores de mala fe.
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ARTÍCULO 761. Entrega de la cosa a quien no es propietario. Bienes registrables Si la cosa es inmueble o mueble
registrable, el acreedor tiene acción real contra terceros que sobre ella aparentemente adquirieron derechos reales, o
que la tengan en su posesión por cualquier contrato hecho con el deudor
Esta clase de obligación tiene una finalidad muy diferente a las analizadas en párrafos anteriores, pues la entrega de la
cosa no tiene por efecto transmitir o constituir un derecho real, sino restituir la cosa a su dueño o poseedor, dado que el
deudor al asumir que debe restituirla está reconociendo que únicamente tenía sobre la cosa un derecho de uso o la
tenencia.
UNIDAD 6
ARTÍCULO 762. Individualización La obligación de dar es de género si recae sobre cosas determinadas sólo por su
especie y cantidad. Las cosas debidas en una obligación de género deben ser individualizadas. La elección corresponde
al deudor, excepto que lo contrario resulte de la convención de las partes. La elección debe recaer sobre cosa de
calidad media, y puede ser hecha mediante manifestación de voluntad expresa o tácita.
ARTÍCULO 780. Elección. Sujetos. Efectos Excepto estipulación en contrario, la facultad de elegir corresponde al
deudor. La opción que corresponde a varias personas requiere unanimidad. Si la parte a quien corresponde la elección
no se pronuncia oportunamente, la facultad de opción pasa a la otra. Si esa facultad se ha deferido a un tercero y éste
no opta en el plazo fijado, corresponde al deudor designar el objeto del pago. En las obligaciones periódicas, la
elección realizada una vez no implica renuncia a la facultad de optar en lo sucesivo. La elección es irrevocable desde
que se la comunica a la otra parte o desde que el deudor ejecuta alguna de las prestaciones, aunque sea
parcialmente. Una vez realizada, la prestación escogida se considera única desde su origen, y se aplican las reglas de
las obligaciones de dar, de hacer o de no hacer, según corresponda.
El Código comprende en una sola categoría —obligaciones de género— las dos clases de obligaciones de objeto
indeterminado que se encontraban reguladas en el Código Civil —obligaciones de dar cantidades de cosas y obligaciones
de dar cosas inciertas no fungibles—.
Este tipo de obligaciones se diferencian de las de dar cosa cierta en que el objeto no se encuentra determinado en su
individualidad al momento de celebrar la obligación. En las obligaciones de género, el objeto sobre el que recaen está
configurado de manera más amplia, por referencia a un género, un conjunto de cosas no consideradas individualmente
sino por su pertenencia como miembros de un grupo que cumple con determinados parámetros objetivos fijados por las
partes para precisar lo debido.
Son cosas fungibles aquellas en que todo individuo de la especie equivale a otro individuo de la misma especie, y pueden
sustituirse por otras de la misma calidad y en igual cantidad. La característica principal de la cosa fungible es su falta de
individualidad y en virtud de la falta de individualidad propia es que es consecuencia natural que puedan sustituirse por
otras cosas de la misma calidad y en igual cantidad.
Son no fungibles las cosas que no pueden sustituirse unas por otras debido a que están dotadas de características,
defectos o cualidades propios que impiden ser reemplazados por otros de la misma especie (un perro).
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La distinción de cosas fungibles y no fungibles se funda por lo común en la naturaleza misma de aquéllas; pero a veces
hay factores subjetivos, propios del dueño, que determinan el carácter de la cosa. por ejemplo, un libro nuevo es
fungible respecto de otro ejemplar de la misma edición; pero si ese volumen tiene para el propietario un valor subjetivo
especial, ya sea porque fue un regalo del autor, o porque se vincula con algún recuerdo personal, deja de ser substituible
El art. 762: La expresión “género” se utiliza para designar, con cierta precisión, cualquier categoría de cosas, integrada
por una pluralidad de objetos que reúnen determinadas características y condiciones; de manera tal que el interés del
acreedor quede satisfecho mediante la entrega de cualquiera de las cosas que pertenecen al género, sin necesidad de
que queden determinados inicialmente cuáles son esos objetos.
Como se procede:
La elección es el acto por medio del cual el sujeto facultado para realizarlo individualiza el o los ejemplares dentro del
género debido. De acuerdo a lo dispuesto por la norma, la elección corresponde, en principio, al deudor. Tal solución
deriva del principio favor debitoris, que actualmente está representado mejor por el principio favor debilis.
Nada impide que las partes acuerden expresamente quién debe realizar la elección, pudiendo recaer tal facultad en el
acreedor, en el deudor o, incluso, en un tercero. La libertad para elegir se encuentra limitada al principio de calidad
media, de modo que si la elección está a cargo del acreedor no podrá elegir los ejemplares de mejor calidad, y si la
elección recae sobre el deudor, no podrá elegir los de peor calidad. Tal solución resulta coherente con los principios de
buena fe. No obstante, ello, en caso de controversia, corresponderá que el juez dirima la cuestión. De todos modos,
debe tenerse presente que este principio de calidad media puede ser dejado de lado por convención entre las partes.
La elección se puede retractar hasta que la declaración haya sido recibida por la otra parte; conocida por ésta, adquiere
carácter definitivo e inmodificable por la sola voluntad de una de las partes. Tal es la solución común a toda declaración
recepticia, como se observa en el art. 975 referido a la retractación de la oferta, que cabe aplicar de manera analógica.
El efecto fundamental de las obligaciones de género es reconocer al acreedor el derecho a exigir la entrega de una de las
cosas pertenecientes a dicho género; el deudor que no pagare será pasible de los daños ocasionados; igualmente,
deberá responder por los daños que su mora ocasione al acreedor. Es una simple aplicación de los principios relativos a
los efectos de las obligaciones en general.
El problema que plantea la pérdida de la cosa, hay que distinguir si la pérdida es anterior o posterior a la elección. En el
primer caso, el deudor no puede alegar la pérdida (ni siquiera por caso fortuito) para eludir su responsabilidad (art. 763,
párr. 1º), porque el género nunca perece (genus nuncuam perit). Si yo prometo un caballo, pensando en pagar con
algunos de los que son de mi propiedad, no puedo luego alegar como excusa que todos los míos han perecido (por ej., a
causa de una peste), porque siempre quedan caballos que puedo procurarme y entregar al comprador.
RIESGOS Y RESPONSABILIDAD
En el transcurso de tiempo entre la celebración de la obligación hasta la oportunidad acordada para efectuar la elección,
rige el principio de que el género nunca perece. Por cuanto el género es inagotable, razón por la cual siempre existirá la
posibilidad de encontrar otros individuos que lo integren. Si no los hubiera, se estará frente a algo que no es género en
el sentido técnico del término. De allí que el caso fortuito no pueda ser invocado por el deudor para liberarse, a menos
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que acredite que por caso fortuito han perecido todos los ejemplares de la especie, en cuyo caso la obligación debe
resolverse según las normas relativas a la imposibilidad de cumplimiento.
Si la perdida es anterior a la elección el deudor no puede alegar la perdida (ni siquiera por caso fortuito) para eludir su
responsabilidad, ya que el género nunca perece. Salvo por el caso del art.785 el cual nos habla de las obligaciones de
genero limitado, es decir, cuando se pierde una cosa determinada o limitada entre un numero de cosas ciertas de la
misma especie
Si la elección ya se había producido, la obligación de género se transforma en obligación de dar cosas ciertas. Por
consiguiente, habrá que distinguir si la pérdida se ha producido por causa imputable o no al deudor y, según ello habrá o
no responsabilidad frente al acreedor.
Obligaciones de cantidad:
El código civil y comercial no contiene ningún artículo dedicado a las obligaciones de dar cantidad. En consecuencia, se
aplican las normas de las obligaciones de género, salvo por el art 765 “obligaciones de dar cantidades de dinero”. Si la
obligación consiste en dar cierta cantidad de cosas que se miden, se pesan o se cuentan (kg o mts) los elementos son
iguales y tienen el mismo valor económico. Al ser fungibles, cuando se los divide, no pierden el valor.
Cuando hablamos de cantidad de cosas la determinación/selección no va tener importancia porque tiene el mismo valor
tanto jurídico como económico, es decir que en la elección hay una equivalencia patrimonial. En el derecho moderno
desapareció esta clasificación, porque quedan subsumidas en las obligaciones de género. El código civil y comercial no
contiene ningún artículo dedicado a las obligaciones de dar cantidad. Se aplican las normas de las obligaciones de
género, salvo por el art 765 “obligaciones de dar cantidades de dinero”.
A quien corresponde:
Se trata de un acto conjunto o bilateral. No es posible prescindir del deudor porque es el dueño de las cosas a
individualizar, y sería inconcebible la intromisión en el manejo de ellas sin su anuencia. Pero como es un acto debido,
cualquiera de las partes interesadas puede compeler a la otra a fin de que coopere en la individualización, so pena de
quedar, quien rehúse a hacerlo, constituido en mora.
Efectos anteriores a la elección Se remite a las obligaciones de género, Antes de haber elegido la cosa, el deudor no
puede eximirse de cumplir la obligación "por pérdida o deterioro de la cosa, por fuerza mayor o caso fortuito". Ello es así
porque el género nunca se extingue -genus nuncquam perit- siendo, entonces, la noción de caso fortuito incompatible
con la obligación de género, que siempre resulta de cumplimiento factible. Producida la individualización de la cosa a
pagar, mediante el pertinente recuento, pesaje o medición, practicado legalmente, la obligación de cantidad se
convierte en obligación de cosa cierta.
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Obligaciones de dar dinero
La obligación es de dar dinero si el deudor debe cierta cantidad de moneda, determinada o determinable, al momento
de constitución de la obligación. Si por el acto por el que se ha constituido la obligación, se estipuló dar moneda que
no sea de curso legal en la República, la obligación debe considerarse como de dar cantidades de cosas y el deudor
puede liberarse dando el equivalente en moneda de curso legal.
Si la deuda consiste en cierto valor, el monto resultante debe referirse al valor real al momento que corresponda
tomar en cuenta para la evaluación de la deuda. Puede ser expresada en una moneda sin curso legal que sea usada
habitualmente en el tráfico. Una vez que el valor es cuantificado en dinero se aplican las disposiciones de esta
Sección.
Son aquellas que se dan cuando el deudor debe cierta cantidad de moneda que sea de curso legal, determinada o
determinable al momento de la constitución de la obligación. El Código las distingue de las obligaciones de valor, tal
como se explica en el comentario al art. 772 CCyC.
El dinero es el medio normal de que se sirve el hombre para procurarse otros bienes; a la inversa de lo que ocurre con
las demás cosas, no proporciona al hombre ningún placer por sí mismo, pero sirve de intermediario en el trueque de
otras cosas y bienes. Con ese objeto ha sido creado y garantizado por el Estado y está sujeto a su vigilancia.
Este dinero, así creado por el Estado, constituye el medio normal de pago. De ahí su singular importancia en el ámbito
de las obligaciones. Aun cuando la obligación consista en dar cosas que no son dinero, puede ocurrir que sea imposible
su cumplimiento en especie y entonces aquélla se resuelve en el pago de una suma de dinero. Lo mismo ocurre en el
caso del incumplimiento de obligaciones de hacer o no hacer o de los daños ocasionados por un hecho ilícito. Para
configurar jurídicamente el dinero es necesario decir que se trata de una cosa mueble, fungible, consumible y divisible; a
estas calidades, que son propias también de otros bienes, debemos agregar la denumeralidad, pues es representativo de
una unidad ideal, y la de legalidad, pues tiene curso legal obligatorio como medio de pago.
Se distinguen comúnmente tres tipos de moneda: la metálica, la moneda de papel y el papel moneda.
La moneda metálica es la confeccionada con metales (oro, plata, níquel) y cuyo valor intrínseco corresponde al valor
representativo.
La moneda de papel consiste en un papel emitido por el Estado con respaldo oro, de modo que el propio Estado se
obliga a canjear dicho papel por su equivalente en ese metal, a su presentación ante el Banco oficial, donde se
encuentre el encaje.
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El papel moneda es emitido sin respaldo oro. El tenedor carece de derecho a canjearlo; tiene curso forzoso. Es el sistema
que hoy rige universalmente.
Curso legal El carácter de curso legal de una moneda significa que el dinero goza de sanción y de proclamación estatal, y
como consecuencia de ello, es irrecusable como instrumento de pago cuando es ofrecido por el deudor en cumplimiento
de su obligación. En el ámbito nacional, solo el peso tiene curso legal de conformidad con lo establecido expresamente
en el art. 38 de la ley 12.155 de creación del BCRA, en las disposiciones de su Carta Orgánica-ley 20.539-, y en el art. 7°
de la ley 23.928.
Moneda extranjera
a) En cuanto al tiempo: si no hubiere día de pago señalado, lo fijará el juez (art. 871, inc. d]), pues se trata de un plazo
indeterminado, a no ser que se pueda establecer por la naturaleza y circunstancias de la obligación la fecha del
cumplimiento (art. 871, inc. c]), contingencia que indicaría la presencia de un plazo tácito. No hay que olvidar que la
fijación contractual del plazo puede ser expresa o tácita y que sólo en defecto de ella procede la determinación judicial.
b) En cuanto al lugar el pago debe hacerse en el lugar en que se hubiese pactado; en cualquier otro caso deberá hacerse
en el domicilio del deudor al tiempo del nacimiento de la obligación (art. 874). La norma añade que si el deudor se
muda, el acreedor tiene derecho a exigir el pago en el domicilio actual o en el anterior. Igual opción corresponde al
deudor, cuando el lugar de pago sea el domicilio del acreedor.
El nominalismo es una doctrina económica que postula que un peso vale siempre un peso; en otras palabras, que,
existiendo una deuda de dinero, se ha de pagar siempre la suma o cantidad que aparezca como debida, aunque la
moneda con que esa suma se expresa haya sufrido variaciones en su valor. Según esta doctrina, los jueces no pueden
corregir esas fluctuaciones, por más que esa corrección consulte exigencias de la justicia conmutativa. El valor del peso,
determinado por el legislador, es un valor legal, siempre constante, siempre igual a sí mismo. De los postulados en que
se polariza el Derecho —justicia y seguridad— el nominalismo responde predominantemente al postulado de la
seguridad.
Pero la inflación cada vez más aguda de la economía contemporánea, fue demostrando la imposibilidad de mantener el
principio nominalista sin grave mengua de la justicia. La jurisprudencia empezó por distinguir las deudas puras de dinero
(respecto de las cuales la aplicación del principio nominalista era rigurosa) y las deudas de valor, por ejemplo, lo que se
debe en concepto de reparación de daños con motivo de un accidente de tránsito; y se admitió que las deudas de valor
eran actualizables, es decir, debía medirse su verdadero significado económico en la fecha de la sentencia. La tesis
valorista comenzaba a ganar adeptos.
Clausulas estabilizadoras: se utilizan por convención de partes con el fin de mantener el poder adquisitivo de la
moneda, reajustando la deuda en función de distintos factores. Son legítimas Ejemplos:
● clausula oro
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● cláusula de valor de moneda extranjera
El objeto de la obligación es el dinero, aunque en ciertas obligaciones se contraen una determinada especie o calidad de
moneda, por lo tanto, se deben distinguir dos situaciones.
Si la calidad o especie de moneda ha sido esencial en el contrato, no se cumple sino entregado ese tipo de moneda
Se dice que el caso anterior es un supuesto excepcional; ya que ordinariamente solo interesa el valor que representa el
dinero a dar
Es lícito contraer obligaciones en moneda extranjera; en tal caso, la obligación debe considerarse como de dar
cantidades de cosa y el deudor puede liberarse dando el equivalente en moneda de curso legal (art. 765).
Los intereses pueden ser clasificados desde dos puntos de vista distintos:
a) Según el papel o función económica que desempeñan, pueden ser compensatorios (o retributivos), moratorios y
punitorios. Son compensatorios los que se pagan por el uso de un capital ajeno; son moratorios cuando se pagan en
concepto del perjuicio sufrido por el acreedor por el retardo en cumplir la obligación; son punitorios cuando se pactan
como pena por el incumplimiento (cláusula penal moratoria).
El interés punitorio importa una verdadera cláusula penal; por tanto, fija los perjuicios sufridos por el acreedor de modo
definitivo y ni el deudor podrá impugnarlo por excesivo, ni el acreedor por insuficiente.
b) Por su fuente, pueden ser convencionales o legales. En el primer caso, la tasa es fijada por el acuerdo de partes; en el
segundo, es la ley la que determina el curso de los intereses. Cuando hay obligación legal de pagar intereses, los jueces
han seguido criterios distintos, o bien fijan como tasa la que cobra el Banco de la Nación en sus operaciones de
descuento, o bien establecen la tasa pasiva que fija el nombrado banco, ante la inexistencia de una ley general sobre el
tema. En épocas de inflación se recurre a la tasa activa.
ARTÍCULO 767. Intereses compensatorios La obligación puede llevar intereses y son válidos los que se han convenido
entre el deudor y el acreedor, como también la tasa fijada para su liquidación. Si no fue acordada por las partes, ni
por las leyes, ni resulta de los usos, la tasa de interés compensatorio puede ser fijada por los jueces.
ARTÍCULO 768. Intereses moratorios A partir de su mora el deudor debe los intereses correspondientes. La tasa se
determina:
ARTÍCULO 769. Intereses punitorios Los intereses punitorios convencionales se rigen por las normas que regulan la
cláusula penal
ARTÍCULO 771. Facultades judiciales Los jueces pueden reducir los intereses cuando la tasa fijada o el resultado que
provoque la capitalización de intereses excede, sin justificación y desproporcionadamente, el costo medio del dinero
para deudores y operaciones similares en el lugar donde se contrajo la obligación. Los intereses pagados en exceso se
imputan al capital y, una vez extinguido éste, pueden ser repetidos.
La palabra usura es empleada como sinónimo de interés. El Código civil y comercial ha previsto una tasa de intereses
máxima. Sin embargo, ofrece como novedad, a nivel legislativo, la facultad de morigeración de los jueces, cuando la tasa
fijada o el resultado que provoque la capitalización de intereses exceda, sin justificación y desproporcionadamente, el
costo medio del dinero para deudores y operaciones similares en el lugar donde se contrajo la obligación. Esto se
encuentra manifestado en el art 771 del mismo código.
a) una cláusula expresa autorice la acumulación de los intereses al capital con una periodicidad no inferior a seis
meses;
b) la obligación se demande judicialmente; en este caso, la acumulación opera desde la fecha de la notificación de la
demanda;
c) la obligación se liquide judicialmente; en este caso, la capitalización se produce desde que el juez manda pagar la
suma resultante y el deudor es moroso en hacerlo;
Es anatocismo el interés del interés, es decir, la capitalización de los intereses. Los intereses ya vencidos se agregan al
capital y producen, a su vez, nuevos intereses.
El Código Civil y Comercial dejó subsistente la validez del anatocismo poniéndole límites. El art. 770 contempla los
siguientes casos:
a) Anatocismo convencional: Les resulta posible a las partes acordar la capitalización de los interese debidos. Pero se
exige una periodicidad no inferior a seis meses (inc. a]).
b) Demanda judicial de la obligación: en este caso, la acumulación produce efectos desde la fecha de la notificación de la
demanda (inc. b]).
c) Liquidación judicial de la obligación: en este caso, la capitalización se produce desde que el juez manda pagar la suma
resultante y el deudor es moroso en hacerlo (inc. c]). Los supuestos de anatocismo enunciados no son los únicos. En
efecto, el art. 770, inc.
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Extinción de los réditos
El recibo del capital por el acreedor, sin reserva alguna sobre los intereses, hace presumir la extinción de la obligación
del deudor respecto de ellos (art. 899, inc. c]). Se ha determinado tal presunción entendiendo que si se ha recibido el
capital sin hacer mención de los intereses es porque éstos se han recibido antes o porque se ha hecho condonación de
ellos. Es una presunción que admite prueba en contrario (iuris tantum).
Obligaciones de valor:
ARTÍCULO 772. Cuantificación de un valor Si la deuda consiste en cierto valor, el monto resultante debe referirse al
valor real al momento que corresponda tomar en cuenta para la evaluación de la deuda. Puede ser expresada en una
moneda sin curso legal que sea usada habitualmente en el tráfico. Una vez que el valor es cuantificado en dinero se
aplican las disposiciones de esta Sección.
Noción: Las obligaciones de valor son aquéllas que hacen referencia a un valor inicial y se satisfacen pagando una suma
de dinero equivalente a ese valor. Como la referida equivalencia constituye su nota más destacada, el art. 772 indica
que, si la deuda consiste en cierto valor, el monto resultante debe referirse al valor real al momento que corresponda
tomar en cuenta para la evaluación de la deuda.
Resultan ejemplos de obligaciones de valor: las indemnizaciones de daños, la obligación de alimentos, la deuda de
medianería y el valor colacionable
Comparación con las obligaciones de dar dinero: El elemento que permite llevar a cabo tal labor radica en el objeto. Se
debe en las obligaciones dinerarias una cantidad pecuniaria desde su constitución; en cambio, el dinero entra en escena
posteriormente en las obligaciones de valor, ingresa como un subrogado de ese valor en el momento del cumplimiento,
y tiende a satisfacer el equivalente a la ventaja patrimonial adquirida en el momento del pago.
Diferencias sumas de dinero y de valor: En un contexto nominalista, la distinción entre obligaciones de dar sumas de
dinero y de valor resulta relevante, pues en las primeras el deudor se libera dando la suma nominalmente consignada
con independencia de la pérdida del valor adquisitivo de la moneda; en cambio, las restantes permanecen al margen del
nominalismo pues lo que se adeuda es un valor y no una suma de dinero.
ARTÍCULO 773. Concepto: La obligación de hacer es aquella cuyo objeto consiste en la prestación de un servicio o en la
realización de un hecho, en el tiempo, lugar y modo acordados por las partes.
Noción: Las obligaciones de hacer son aquéllas cuyo objeto consiste en la prestación de un servicio o en la realización de
un hecho, en el tiempo, lugar y modo acordados por las partes (art. 773). Se torna importante la distinción entre
prestación de servicio y la realización de un hecho dado que ocasiona consecuencias jurídicas diversas.
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Diferencias con las obligaciones de dar: Mientras en las obligaciones de dar el objeto consiste en la entrega de una cosa,
en las de hacer radica en la realización de un hecho o en la prestación de un servicio; por ejemplo, el contrato de
trabajo, el compromiso adquirido por un médico de prestar su asistencia profesional, por un artista de realizar un
retrato. Entre unas y otras existe una diferencia capital, en lo que atañe a sus efectos: mientras el cumplimiento de las
obligaciones de dar puede exigirse por la fuerza pública, aun cuando para ello sea menester hacer violencia contra la
persona del deudor, el cumplimiento de las obligaciones de hacer no puede exigirse coactivamente en ese caso. Así, por
ejemplo, si una persona ha vendido una propiedad con el compromiso de entregarla libre de ocupantes, el comprador
puede desalojarla y obligar al vendedor a que se la entregue en las condiciones pactadas. En cambio, un obrero que no
desea cumplir con el trabajo que ha prometido, no puede ser obligado a hacerlo, resolviéndose su obligación en el pago
de los daños causados.
a) en realizar cierta actividad, con la diligencia apropiada, independientemente de su éxito. Las cláusulas que
comprometen a los buenos oficios, o a aplicar los mejores esfuerzos están comprendidas en este inciso;
c) en procurar al acreedor el resultado eficaz prometido. La cláusula llave en mano o producto en mano está
comprendida en este inciso. Si el resultado de la actividad del deudor consiste en una cosa, para su entrega se aplican
las reglas de las obligaciones de dar cosas ciertas para constituir derechos reales.
ARTÍCULO 775. Realización de un hecho: El obligado a realizar un hecho debe cumplirlo en tiempo y modo acordes
con la intención de las partes o con la índole de la obligación. Si lo hace de otra manera, la prestación se tiene por
incumplida, y el acreedor puede exigir la destrucción de lo mal hecho, siempre que tal exigencia no sea abusiva.
ESPECIES:
Fungibles: Una obligación de hacer es fungible cuando la prestación puede ser cumplida por una persona distinta al
deudor, es decir, por un tercero. El beneficio o provecho del acreedor queda igualmente satisfecho, si dicha prestación
la realiza el mismo deudor u otro, pues, al acreedor o sujeto activo simplemente le interesa la realización de la
prestación, independientemente de la persona del deudor o de quien cumpla con la prestación de hacer, es decir, en
esta clase de obligaciones el deudor originario puede ser sustituido poto otro que cumpla con la prestación establecida.
No fungibles: la obligación de hacer no fungible cuando la obligación debe ser cumplida por el mismo deudor en
persona, por el deudor originario, con el cual se constituyó original la obligación de hacer, es decir, que la prestación de
hacer sea realizada por el mismo deudor o sujeto pasivo. De la relación obligacional que el acreedor o sujeto activo eligió
debido o por sus cualidades y aptitudes profesionales.
Instantáneas: las instantáneas (de un solo acto) se distinguen con una actividad que significa el cumplimiento de la
obligación de hacer.
Permanentes: las permanentes (de actos sucesivos) tienen cierto grado de perdurabilidad, se desarrollan en diversas
unidades de tiempo.
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De Servicio: Recaen en sobre una prestación de actividad mensurable pero independiente del resultado y en ella se
toma en cuenta el trabajo en sí. Se distinguen tres niveles cuando el objeto de la obligación consiste en la prestación de
un servicio: 1) realizar cierta actividad con la diligencia debida, con independencia de su éxito; 2) procurar al acreedor
cierto resultado concreto, con independencia de su eficacia; y 3) procurar al acreedor el resultado eficaz prometido.
Cumplimiento específico: El acreedor puede reclamar “el cumplimiento específico” (art. 777 CCyC) de la obligación y
para ello estará legitimado para ejercer vías de compulsión. Cabe aquí también efectuar el distingo según el
cumplimiento del objeto sea o no escindible de la persona del deudor.
En el primer caso, si el deudor se muestra renuente a cumplir la obligación en forma voluntaria, el acreedor tiene el
derecho de exigir su ejecución, aunque se encuentra vedado el uso de la violencia. En el restante caso, procede la
ejecución forzada y el empleo de la fuerza pública para obligar al deudor al cumplimiento de la prestación.
De todos modos, siempre podrá apelar a otras vías de compulsión —astreintes, resolución contractual, excepción de
incumplimiento, cláusulas penales—, y recién cuando estas se agotan puede recurrir a la indemnización de daños y
perjuicios.
Prestación por otro: Ante el incumplimiento imputable de la prestación por parte del deudor, el acreedor se encuentra
legitimado para hacer cumplir la obligación por cuenta de este. El acreedor obtiene así un modo de contrarrestar los
efectos del incumplimiento, pues queda legitimado para ejecutar el hecho por otro a cuenta del deudor contra quien
incluso puede solicitar el reembolso de los gastos, con más daños moratorios. La posibilidad con la que cuenta el
acreedor se halla condicionada a ciertos recaudos. En primer lugar, es necesario que el deudor se encuentre en mora. En
segundo, que su interés tenga por objeto una prestación fungible, ya que requiere que se trate de un acto que pueda
ejecutar sin la participación del deudor. En tercer lugar, que cuente con autorización judicial, pues esta exigencia
encuentra su correlato en que nadie puede hacer justicia por mano propia, además de que es el juez quien puede
comprobar si hubo o no incumplimiento.
Daños y perjuicios: En caso de que la ejecución específica forzada no resulte viable, el acreedor puede reclamar el
resarcimiento de los daños y perjuicios sufridos. Para ejercer la pretensión resarcitoria, solo le basta al sujeto activo
constituir en mora al deudor sin necesidad de agotar la instancia de ejecutar la prestación por un tercero a costa del
obligado.
Obligación de escriturar: Una de las más importantes obligaciones de hacer es la que asumen los contratantes de una
compraventa de inmuebles, quienes al Contraerlo se obligan a instrumentar el acto en la pertinente escritura pública.
Caracteres:
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1. Es obligación accesoria de las obligaciones principales que el contrato de compraventa impone a las partes.
2. El tiempo de ejecución suele estar convenido (intención de las partes) en el contrato. Si así no fuera tendría que
designarlo el juez.
3. El modo de ejecución se refiere al lugar, o sea la oficina del escribano designado, y a las condiciones de realización del
hecho, con arreglo a los términos de la obligación.
5. La obligación de escriturar es susceptible de cumplimiento en especie, sin que para ello sea necesario emplear la
violencia personal: el juez puede suscribir la escritura sea de realización jurídicamente posible.
6. cuando la escrituración es material o jurídicamente imposible, por culpa de una de las partes, la otra tiene derecho al
resarcimiento de los daños y perjuicios que el fracaso de la operación le cause.
Obligación de exhibir: Estas obligaciones (ejemplo: exhibir un testamento a quien se crea heredero) son obligaciones de
hacer y quedan sometidas a su régimen. EL CPCC en el ART 325 dispone:” La exhibición o presentación de cosas o
instrumentos se hará en el tiempo, modo y lugar que determine el juez, atendiendo a las circunstancias. Cuando el
requerido no los tuviere en su poder deberá indicar, si lo conoce, el lugar en que se encuentre o quién los tiene.”
ARTÍCULO 776. Incorporación de terceros: La prestación puede ser ejecutada por persona distinta del deudor, a no ser
que, de la convención, de la naturaleza de la obligación o de las circunstancias resulte que éste fue elegido por sus
cualidades para realizarla personalmente. Esta elección se presume en los contratos que suponen una confianza
especial.
Responsabilidad por incumplimiento: Cuando fracasa el cumplimiento específico de la obligación previa a la Constitución
en Mora del deudor, con o sin interpelación del acreedor, se procede a la satisfacción de la reparación mediante daños y
perjuicios causados Por la inejecución.
ARTÍCULO 778. Obligación de no hacer: Es aquella que tiene por objeto una abstención del deudor o tolerar una
actividad ajena. Su incumplimiento imputable permite reclamar la destrucción física de lo hecho, y los daños y
perjuicios.
Concepto: Las obligaciones de no hacer son aquellas que tienen por objeto una abstención del deudor o tolerar una
actividad ajena.
Se caracterizan por su contenido negativo, pues su objeto consiste en la abstención de algo que, normalmente, el
deudor habría podido efectuar si no se impidiera la constitución de la obligación. Les resultan aplicables las disposiciones
generales relativas a las obligaciones de hacer.
El artículo faculta al acreedor a pedir la destrucción de lo que el deudor hubiera realizado contraviniendo la obligación.
La solución prevista legalmente procura extirpar los resultados de la infracción, removiendo el estado de cosas que
ilegítimamente ha creado la inconducta del deudor. El acreedor no se encuentra habilitado para hacer justicia por mano
propia. Debe solicitar autorización judicial para obtener la destrucción física de lo hecho por el deudor en contravención
a la obligación.
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Comparación con la servidumbre: La servidumbre es un derecho real de dominio que impide al propietario ejercer
algunos de los derechos atinentes a su dominio. Las obligaciones de no hacer al igual que la servidumbre implica una
abstención, pero esta es un derecho personal.
ESPECIES:
In non faciendo: Representa una absoluta abstención. Ej. No tocar algo histórico.
In patiendo: Consiste en tolerar que otros hagan algo. Ej. El tolerar del locador, que el locatario use la cosa.
EFECTOS:
1) Si se trata de una obligación de no hacer “instantánea” y el deudor hace lo que debía, promedia inejecución absoluta
y definitiva y queda en mora automáticamente;
2) Pero si la obligación de no hacer es “permanente”, la realización de uno de los actos que debió omitir puede no
comportar tal inejecución absoluta y definitiva
Tiempo y modo: la omisión del deudor debe mantenerse durante todo el tiempo que lo exija la obligación y el modo,
como si fuese la intención de las partes que se realizará.
Imposibilidad de la abstención prometida: Puede ocurrir que la abstención prometida resulte imposible sin causa
imputable al deudor; por ejemplo, un propietario se ha comprometido con su vecino a no levantar una pared; más
tarde, la municipalidad lo obliga a cercar. En tal hipótesis, la obligación se extingue sin que el deudor deba reparar daño
alguno (art. 955). Si, en cambio, la abstención se hubiera hecho imposible por causa atribuible al deudor, éste debe los
daños causados.
Responsabilidad por incumplimiento: ¿Le compensa el valor de la pérdida que ha sufrido a causa del hecho gravado por
el deudor, en contravención a lo debido? Se presenta en varios supuestos. a. Cuando no fuere posible destruir el hecho
obrado por el deudor. Y le es imputable, en razón de su culpa o dolo. b. Un segundo supuesto de daños y perjuicios se
presenta cuando, pudiendo destruir, se lo hecho por el deudor, el acreedor opta por dejar subsistente lo mal hecho y
reclamar la indemnización del daño que le ha causado la inflación del deudor. c. Un último supuesto de reparación de
perjuicios tiene lugar cuando la destrucción de lo mal hecho deja un saldo deficitario para el acreedor Que no habría
experimentado ese daño suplementario si el deudor en todo momento se hubiese atenido a la abstención.
Obligaciones alternativas:
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ARTÍCULO 779. Concepto La obligación alternativa tiene por objeto una prestación entre varias que son
independientes y distintas entre sí. El deudor está obligado a cumplir una sola de ellas.
Concepto: Se llama obligación alternativa aquella que queda cumplida con la ejecución de cualquiera de las prestaciones
que forman su objeto, sea que la elección esté a cargo del deudor, sea que esté a cargo del acreedor o de un tercero. El
art. 779 la define como aquélla que tiene por objeto una prestación entre varias que son independientes y distintas
entre sí.
El objeto puede ser homogéneo (vendo uno de dos automóviles) o no serlo (prometo realizar una obra o pagar una
suma de dinero); y la alternativa puede referirse al objeto mismo de la obligación (ejemplos anteriores) o bien a sus
modalidades y circunstancias (art. 784), como sería el lugar de pago.
Caracteres:
b) Las prestaciones son independientes y distintas entre sí (art. 779), de donde surgen estas consecuencias:
1) Si una de las cosas no podía ser objeto de la obligación o se ha hecho de cumplimiento imposible, se debe la otra (art.
781, inc. a], y art. 782, inc. a]).
2) Si la obligación comprende prestaciones de distinta naturaleza, se aplicarán las reglas de las obligaciones de dar, hacer
o no hacer, según corresponda, después de verificada la elección (art. 780, párr. final).
3) El obligado alternativamente sólo está obligado a cumplir una de las prestaciones, pero debe hacerlo íntegramente
(art. 779, in fine), de tal modo que no podría ofrecer el cumplimiento parcial de varias de ellas; y si la elección
corresponde al acreedor, éste no podrá pedir el pago parcial de varias de ellas.
c) Entrañan un derecho de opción que puede estar a cargo del deudor o del acreedor o de un tercero (art. 780);
mientras este derecho no haya sido ejercido, está pendiente una incertidumbre acerca del objeto de la obligación.
Muchos autores ven en ello un supuesto de condición, discrepándose la calidad suspensiva o resolutoria.
d) Hecha la elección, la obligación se concentra en la prestación elegida. Este principio de la concentración explica
muchos de los efectos de estas obligaciones.
Las diferencias con las obligaciones facultativas son: que estas comprenden una sola prestación; la prestación accesoria
no forma parte de la obligación, pudiendo el deudor sustituir una por otra al momento del pago. Mientras que en las
obligaciones alternativas las distintas prestaciones están en un pie de igualdad, en las facultativas hay disparidad entre
ellas, existe un interdependencia o subordinación entre las prestaciones, pues una sola constituye la deuda, mientras
que la otra queda fuera del objeto debido.
En cuanto a las divergencias con las obligaciones condicionales, debe decirse que, si bien la incertidumbre es una
característica distintiva de las obligaciones alternativas, estamos en presencia de obligaciones puras y simples; es decir,
su existencia no está ligada a la ocurrencia de ningún hecho futuro e incierto, o sea, la elección que debe hacerse sobre
el objeto de pago no afecta su existencia. Mientras que, en la obligación condicional, la incertidumbre recae sobre su
exigibilidad o resolución.
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Respecto a las diferencias con las obligaciones de género, en estas, el objeto debido solo está definido en su especie y
cantidad en su origen, es decir, lo determinado es el género, no su individualidad; mientras que, en las obligaciones
alternativas, las prestaciones que la integran están precisadas desde su origen, correspondiendo elegir por una de ellas.
Por otro lado, la elección en las obligaciones de género debe recaer sobre cosas de calidad media; en cambio, en las
obligaciones alternativas la elección no está sujeta a ningún criterio de calidad, sino que se efectúa con libertad entre las
prestaciones que la integran desde su origen.
CATEGORIAS: Se clasifican en obligaciones alternativas regulares, si la facultad de elección recae sobre el deudor. Y se
clasifican en obligaciones alternativas irregulares, si el acreedor goza de la posibilidad de elegir. A estas categorías debe
añadírsele una tercera: cuando la facultad de elección recae en un tercero.
ELECCION: FORMA Y EFECTOS Puesto que la obligación se cumple con la ejecución de cualquiera de las prestaciones,
llegado el momento de pagar, será necesario elegir cualquiera de ellas. El principio es que la elección corresponde al
deudor, pero las partes pueden convenir en el contrato dejarla librada al acreedor, e inclusive, que sea hecha por un
tercero. Si la parte a quien le corresponde la elección no se pronuncia oportunamente, la facultad de opción pasa a la
otra. ¿Qué ocurre si un tercero designado no cumple en tiempo y forma? La facultad de elección recae sobre el deudor.
Si las personas con derecho a elección (sean los deudores o los acreedores) fueran varias, la decisión debe ser unánime;
si no se pusieran de acuerdo, entendemos que la elección debe ser hecha por el juez, quien obrara discrecionalmente
sin estar obligado a seguir el criterio de la mayoría.
ARTÍCULO 780. Elección. Sujetos. Efectos Excepto estipulación en contrario, la facultad de elegir corresponde al
deudor. La opción que corresponde a varias personas requiere unanimidad. Si la parte a quien corresponde la elección
no se pronuncia oportunamente, la facultad de opción pasa a la otra. Si esa facultad se ha deferido a un tercero y éste
no opta en el plazo fijado, corresponde al deudor designar el objeto del pago. En las obligaciones periódicas, la
elección realizada una vez no implica renuncia a la facultad de optar en lo sucesivo. La elección es irrevocable desde
que se la comunica a la otra parte o desde que el deudor ejecuta alguna de las prestaciones, aunque sea
parcialmente. Una vez realizada, la prestación escogida se considera única desde su origen, y se aplican las reglas de
las obligaciones de dar, de hacer o de no hacer, según corresponda.
ARTÍCULO 783. Elección por un tercero Las opciones conferidas al deudor y al acreedor en los artículos 781 y 782
también pueden ser ejercidas, a favor de aquéllos, por un tercero a quien le haya sido encargada la elección.
ARTÍCULO 781. Obligación alternativa regular En los casos en que la elección corresponde al deudor y la alternativa se
da entre dos prestaciones, se aplican las siguientes reglas:
a) si una de las prestaciones resulta imposible por causas ajenas a la responsabilidad de las partes, o atribuibles a la
responsabilidad del deudor, la obligación se concentra en la restante; si la imposibilidad proviene de causas
atribuibles a la responsabilidad del acreedor, el deudor tiene derecho a optar entre dar por cumplida su obligación; o
cumplir la prestación que todavía es posible y reclamar los daños y perjuicios emergentes de la mayor onerosidad que
le cause el pago realizado, con relación al que resultó imposible; b) si todas las prestaciones resultan imposibles, y la
imposibilidad es sucesiva, la obligación se concentra en esta última, excepto si la imposibilidad de alguna de ellas
obedece a causas que comprometen la responsabilidad del acreedor; en este caso, el deudor tiene derecho a elegir
con cuál queda liberado;
c) si todas las prestaciones resultan imposibles por causas atribuibles a la responsabilidad del deudor, y la
imposibilidad es simultánea, se libera entregando el valor de cualquiera de ella; si lo son por causas atribuibles a la
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responsabilidad del acreedor, el deudor tiene derecho a dar por cumplida su obligación con una y reclamar los daños
y perjuicios emergentes de la mayor onerosidad que le ocasione el pago realizado, con relación al que resultó
imposible;
d) si todas las prestaciones resultan imposibles por causas ajenas a la responsabilidad de las partes, la obligación se
extingue.
ARTÍCULO 782. Obligación alternativa irregular En los casos en que la elección corresponde al acreedor y la alternativa
se da entre dos prestaciones, se aplican las siguientes reglas:
a) si una de las prestaciones resulta imposible por causas ajenas a la responsabilidad de las partes, o atribuibles a la
responsabilidad del acreedor, la obligación se concentra en la restante; si la imposibilidad proviene de causas
atribuibles a la responsabilidad del deudor, el acreedor tiene derecho a optar entre reclamar la prestación que es
posible, o el valor de la que resulta imposible;
b) si todas las prestaciones resultan imposibles y la imposibilidad es sucesiva, la obligación se concentra en la última,
excepto que la imposibilidad de la primera obedezca a causas que comprometan la responsabilidad del deudor; en
este caso el acreedor tiene derecho a reclamar el valor de cualquiera de las prestaciones; c) si todas las prestaciones
resultan imposibles por causas atribuibles a la responsabilidad del acreedor, y la imposibilidad es simultánea, el
acreedor tiene derecho a elegir con cuál de ellas queda satisfecho, y debe al deudor los daños y perjuicios emergentes
de la mayor onerosidad que le reporte el pago realizado; si lo son por causas atribuibles a la responsabilidad del
deudor, el acreedor tiene derecho a elegir con el valor de cuál de ellas queda satisfecho; d) si todas las prestaciones
resultan imposibles por causas ajenas a la responsabilidad de las partes, la obligación se extingue.
ARTÍCULO 784. Elección de modalidades o circunstancias Si en la obligación se autoriza la elección respecto de sus
modalidades o circunstancias, se aplican las reglas precedentes sobre el derecho de realizar la opción y sus efectos
legales.
ARTÍCULO 785. Obligaciones de género limitado Las disposiciones de esta Sección se aplican a las obligaciones en las
que el deudor debe entregar una cosa incierta pero comprendida dentro de un número de cosas ciertas de la misma
especie.
Concepto de género: La expresión genero se utiliza para designar, con cierta precisión, cualquier categoría de cosas,
integrada por una pluralidad de objeto que reúnen determinadas características y condiciones; de manera tal que el
interés del acreedor quede satisfecho mediante la entrega de cualquiera de las cosas que pertenecen al género, sin
necesidad de que queden determinados inicialmente cuales son esos objetos.
Elección: La elección es el acto por medio del cual el sujeto facultado para realizarlo individualiza el o los ejemplares
dentro del género debido. La elección corresponde en principio al deudor. Nada impide que las partes acuerden
expresamente quien debe realizar la elección, pudiendo recaer tal facultad en el acreedor, en el deudor, o incluso en un
tercero. La libertad para elegir se encuentra limitada al principio de calidad media, de modo que, si la elección está a
cargo del acreedor, no podrá elegir los ejemplares de mejor calidad, y si la elección recae sobre el deudor, no podrá
elegir los de peor calidad. No obstante, ello, en caso de controversia, corresponderá que el juez dirima la cuestión. De
todos modos, debe tenerse presente que este principio de calidad media puede ser dejado de lado por convención entre
las partes. En cuanto a la oportunidad en que debe considerarse realizada la elección; del art.983 se puede inferir que se
produce cuando la manifestación de voluntad de la parte a cuyo cargo se encuentra la elección ha sido o debió ser
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conocida por la contraria, trátese de comunicación verbal, de recepción en su domicilio de un instrumento pertinente, o
de otro modo útil.
El efecto fundamental de las obligaciones de género es reconocer al acreedor el derecho a exigir la entrega de una de las
cosas pertenecientes a dicho género; el deudor que no pagare será pasible de los daños ocasionados; igualmente,
deberá responder por los daños que su mora ocasione al acreedor. Es una simple aplicación de los principios relativos a
los efectos de las obligaciones en general.
Obligaciones facultativas:
ARTÍCULO 786. Concepto La obligación facultativa tiene una prestación principal y otra accesoria. El acreedor solo
puede exigir la principal, pero el deudor puede liberarse cumpliendo la accesoria. El deudor dispone hasta el
momento del pago para ejercitar la facultad de optar.
Objeto:
El objeto de las obligaciones facultativas es plural o compuesto, conformado por una prestación principal, verdadero
objeto de la deuda, y otra accesoria o subsidiaria, considerada como un medio de liberación reconocido al deudor en el
contrato.
La naturaleza de las obligaciones facultativas se determina únicamente por la prestación principal, verdadero objeto de
la deuda. En el caso de las obligaciones alternativas, su naturaleza depende de la ulterior elección que se realice del
objeto; en las facultativas, se define desde el momento inicial de su constitución.
Otra característica es que la opción funciona siempre a favor del deudor, a diferencia de lo que ocurre en las
obligaciones alternativas, donde puede autorizarse al acreedor o, eventualmente, a un tercero (“irregulares”)
La facultad de sustituir la prestación debida por otra puede emanar tanto de la voluntad de los particulares (contrato o
testamento), como también surgir de una disposición legal (por ejemplo, el art. 1559 CCyC autoriza al donatario a
liberarse de la obligación de alimentos a favor del donante, devolviendo los bienes donados, o su valor si los hubiese
enajenado).
b) Las prestaciones tienen una relación de dependencia correspondiente al concepto principal y accesorio.
c) Entrañan un derecho de opción en beneficio del obligado. d) El acreedor sólo puede exigir el cumplimiento de la
principal.
Fuentes: Las obligaciones facultativas pueden tener su origen en la voluntad de las partes, que así lo convienen en sus
contratos (ejemplo dado al comienzo del número anterior) o en la ley. Ejemplo de obligación facultativa legal es la
compraventa en la cual se ha dado una seña penitencial (art. 1059): la obligación principal para el vendedor es la entrega
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de la cosa y para el comprador el pago del precio. Empero, el primero puede liberarse devolviendo la seña doblada y el
segundo perdiéndola.
ARTÍCULO 788. Caso de duda En caso de duda respecto a si la obligación es alternativa o facultativa, se la tiene por
alternativa.
ARTÍCULO 789. Opción entre modalidades y circunstancias Si en la obligación se autoriza la opción respecto de sus
modalidades o circunstancias, se aplican las reglas precedentes.
ARTÍCULO 787. Extinción La obligación facultativa se extingue si la prestación principal resulta imposible, sin perjuicio
de la responsabilidad que pueda corresponder.
ARTÍCULO 782. Obligación alternativa irregular En los casos en que la elección corresponde al acreedor y la alternativa
se da entre dos prestaciones, se aplican las siguientes reglas: a) si una de las prestaciones resulta imposible por causas
ajenas a la responsabilidad de las partes, o atribuibles a la responsabilidad del acreedor, la obligación se concentra en
la restante; si la imposibilidad proviene de causas atribuibles a la responsabilidad del deudor, el acreedor tiene
derecho a optar entre reclamar la prestación que es posible, o el valor de la que resulta imposible;
b) si todas las prestaciones resultan imposibles y la imposibilidad es sucesiva, la obligación se concentra en la última,
excepto que la imposibilidad de la primera obedezca a causas que comprometan la responsabilidad del deudor; en
este caso el acreedor tiene derecho a reclamar el valor de cualquiera de las prestaciones;
c) si todas las prestaciones resultan imposibles por causas atribuibles a la responsabilidad del acreedor, y la
imposibilidad es simultánea, el acreedor tiene derecho a elegir con cuál de ellas queda satisfecho, y debe al deudor
los daños y perjuicios emergentes de la mayor onerosidad que le reporte el pago realizado; si lo son por causas
atribuibles a la responsabilidad del deudor, el acreedor tiene derecho a elegir con el valor de cuál de ellas queda
satisfecho;
d) si todas las prestaciones resultan imposibles por causas ajenas a la responsabilidad de las partes, la obligación se
extingue.
UNIDAD 7
ARTÍCULO 1721. Factores de atribución La atribución de un daño al responsable puede basarse en factores objetivos o
subjetivos. En ausencia de normativa, el factor de atribución es la culpa.
ARTÍCULO 1722. Factor objetivo El factor de atribución es objetivo cuando la culpa del agente es irrelevante a los
efectos de atribuir responsabilidad. En tales casos, el responsable se libera demostrando la causa ajena, excepto
disposición legal en contrario.
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ARTÍCULO 1723. Responsabilidad objetiva Cuando de las circunstancias de la obligación, o de lo convenido por las
partes, surge que el deudor debe obtener un resultado determinado, su responsabilidad es objetiva.
ARTÍCULO 1768. Profesionales liberales La actividad del profesional liberal está sujeta a las reglas de las obligaciones
de hacer. La responsabilidad es subjetiva, excepto que se haya comprometido un resultado concreto. Cuando la
obligación de hacer se preste con cosas, la responsabilidad no está comprendida en la Sección 7ª, de este Capítulo,
excepto que causen un daño derivado de su vicio. La actividad del profesional liberal no está comprendida en la
responsabilidad por actividades riesgosas previstas en el artículo 1757.
Concepto: En las obligaciones de medios se procura que el deudor se comprometa a llevar a cabo una conducta
diligente, dirigida a un resultado querido por el acreedor, pero que no es garantizado. La ocurrencia del resultado
depende en mayor o menor medida de hechos contingentes. Ejemplo típico es la curación de un enfermo, situación que
el médico que lo trata no puede prometer.
En las obligaciones de resultado se busca la satisfacción del acreedor a través de la consecución de un fin; hay
incumplimiento si no se obtiene cierto opus. Se configura la expectativa de un resultado exitoso. Encontramos un
ejemplo cabal en las obligaciones de dar donde el interés del acreedor se cumple a través de la entrega del objeto
prometido.
El factor de atribución, presupuesto esencial de la responsabilidad, es el fundamento que la ley toma en consideración
para atribuir jurídicamente la obligación de indemnizar un daño, haciendo recaer su peso sobre quien en justicia
corresponde. Es la razón jurídica por la cual se debe responder. Mientras que los factores de atribución subjetivos (culpa
y dolo) ponen el acento en el reproche de la conducta del responsable, los factores objetivos prescinden del análisis
valorativo de la conducta y se centran en elementos objetivos que varían en cada supuesto (la creación de un riesgo, el
análisis de las circunstancias del caso sobre la base de la equidad, el hecho de haber prometido un resultado, etc.).
La responsabilidad objetiva se define por contraposición a la subjetiva. Si esta última se sustenta en la culpabilidad (lato
sensu) del agente, la primera prescinde totalmente de ella y discierne el deber de responder sobre la base de criterios
que varían de un factor a otro (la creación de un riesgo, o la obtención de un provecho a partir de él, la equidad, etc.),
pero que en ningún caso imponen una indagación de la subjetividad del agente, o un juicio de reproche hacia su
conducta.
Para que nazca la responsabilidad por incumplimiento obligacional es un recaudo ineludible que exista un
incumplimiento de la obligación comprometida por el deudor (arts. 1716 y 1749 CCyC). Una vez acreditado el
incumplimiento, y los perjuicios que guardan relación de causalidad adecuada con aquel, el deudor deberá resarcir el
daño ocasionado, salvo que acredite que la obligación se ha extinguido por alguna razón, principalmente, por la
imposibilidad de cumplimiento objetiva y absoluta, de conformidad con lo dispuesto por los arts. 955 y 1732 CCyC
Obligaciones disyuntivas:
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ARTÍCULO 853. Alcances Si la obligación debe ser cumplida por uno de varios sujetos, excepto estipulación en
contrario, el acreedor elige cuál de ellos debe realizar el pago. Mientras el acreedor no demande a uno de los sujetos,
cualquiera de ellos tiene derecho de pagar. El que paga no tiene derecho de exigir contribución o reembolso de los
otros sujetos obligados.
ARTÍCULO 854. Disyunción activa Si la obligación debe ser cumplida a favor de uno de varios sujetos, excepto
estipulación en contrario, el deudor elige a cuál de éstos realiza el pago. La demanda de uno de los acreedores al
deudor no extingue el derecho de éste a pagar a cualquiera de ellos. El que recibe el pago no está obligado a
participarlo con los demás.
ARTÍCULO 855. Reglas aplicables Se aplican, subsidiariamente, las reglas de las obligaciones simplemente
mancomunadas.
Noción: Son aquéllas que pueden ser exigidas por uno de varios acreedores o cumplidas por uno de varios deudores.
pagaré a Pedro o Juan la suma de $ 10.000, o bien, Pedro y Juan me pagarán la suma de $ 10.000.
a) Indeterminación provisional de sujetos: inicialmente se presenta una pluralidad de personas en alguno de los polos de
la obligación. Se torna provisoria dado que, al llevarse a cabo la elección, quedan excluidos de la relación jurídica todos
aquellos sujetos que no fueron seleccionados.
b) Identidad en el objeto: la prestación debida resulta ser la misma, cualquiera sea el acreedor o deudor seleccionado
c) Identidad de causa.
d) Condicionalidad: opera una condición resolutoria respecto a la pluralidad inicial de sujetos. Consiste el hecho
condicionante en que un acreedor sea elegido o un deudor sea seleccionado, para que el resto quede marginado de la
relación jurídica.
Elección: Si se trata de una obligación disyuntiva pasiva, el acreedor indica cuál de los sujetos debe realizar el pago (art.
853, 1ª parte), salvo que mediante una estipulación expresa se haya decidido que la labor de selección será realizada por
un deudor, la pluralidad de deudores o un tercero. Si fuese una obligación disyuntiva activa, en principio, le compete al
deudor elegir a quien le realizará el pago (art. 854, 1ª parte). A través de una estipulación en contrario, la selección
puede recaer en un acreedor, pluralidad de acreedores o un tercero.
ARTÍCULO 825. Concepto La obligación simplemente mancomunada es aquella en la que el crédito o la deuda se
fracciona en tantas relaciones particulares independientes entre sí como acreedores o deudores haya. Las cuotas
respectivas se consideran deudas o créditos distintos los unos de los otros.
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ARTÍCULO 826. Efectos Los efectos de la obligación simplemente mancomunada se rigen, por lo dispuesto en la
Sección 6ª de este Capítulo, según que su objeto sea divisible o indivisible.
Características
a) pluralidad de sujetos: que se puede dar del lado activo (acreedor), en el pasivo (deudor) o en ambos. A su vez puede
ser originaria o sobrevenida, y esto ocurre si la obligación nació con un acreedor o deudor único y luego, en virtud del
fallecimiento, lo suceden los herederos;
b) unidad de objeto: ello en virtud de que la prestación es debida por todos los deudores a todos los acreedores;
c) causa fuente única: el origen de la obligación es el mismo para todos los acreedores y deudores;
Las simplemente mancomunadas se presentan cuando el acreedor puede reclamar solo su cuota parte del crédito y el
deudor debe pagar su cuota parte de la deuda. Las solidarias se dan cuando cualquiera de los deudores debe pagar
íntegramente la deuda y a la inversa cualquier acreedor puede recibir íntegramente el crédito. Este tipo de clases se
pueden superponer, de la siguiente manera:
Obligaciones simplemente mancomunadas divisibles: (Juan y Pedro deben a Pablo $100.000) indivisibles (Juan y Pedro
deben a Pablo una camioneta)
Obligaciones solidarias: divisible (Juan y Pedro deben a Pablo de manera solidaria $100.000) indivisibles (Juan y Pedro
deben a Pablo una camioneta de manera solidaria)
Para algunos autores la mancomunación solamente es posible cuando el objeto de la prestación es “divisible”. En ese
sentido se expresan De Gásperi, Morello, Borda; y en contra —y entendiendo que puede existir una obligación
mancomunada, aunque el objeto sea divisible o indivisible— Lafaille, Busso, Salvat-Galli, entre otros. La obligación
indivisible puede cambiar en una divisible, cuando —por ejemplo— el deber de dar una cosa cierta se transforma en
indemnizar el daño por el incumplimiento, mediante una suma de dinero. En este tipo de obligaciones, cada acreedor
solo tiene derecho de exigir el pago de su parte, y, por otro lado, cada deudor solamente se encuentra obligado a
cumplir la porción que le corresponde.
ARTICULO 805.- Concepto. Obligación divisible es la que tiene por objeto prestaciones susceptibles de cumplimiento
parcial.
La obligación divisible es la que tiene por objeto prestaciones susceptibles de cumplimiento parcial. Se requiere que su
objeto, la prestación, sea materialmente fraccionable, de modo que cada una de sus partes tenga la misma calidad del
todo; y que no quede afectado significativamente el valor del objeto. Luego se regulan sus efectos, el principio de
división, el límite de la divisibilidad, el derecho al reintegro, la participación entre los acreedores.
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ARTÍCULO 806. Requisitos: La prestación jurídicamente divisible exige la concurrencia de los siguientes requisitos:
a) ser materialmente fraccionable, de modo que cada una de sus partes tenga la misma calidad del todo;
b) no quedar afectado significativamente el valor del objeto, ni ser antieconómico su uso y goce, por efecto de la
división.
ARTÍCULO 808. Principio de división: Si la obligación divisible tiene más de un acreedor o más de un deudor, se debe
fraccionar en tantos créditos o deudas iguales, como acreedores o deudores haya, siempre que el título constitutivo
no determine proporciones distintas. Cada una de las partes equivale a una prestación diversa e independiente. Los
acreedores tienen derecho a su cuota y los deudores no responden por la insolvencia de los demás.
Efectos de la divisibilidad
Las diversas consecuencias surgen a partir de la regla básica de que cada uno de los deudores tiene respecto de cada
uno de los acreedores una obligación separada e independiente (art. 808, párr. 2º).
a) Exigibilidad: Cada uno de los acreedores no podrá exigir de cada uno de los deudores sino la parte que le corresponde
en la obligación, pues solamente tienen derecho a su cuota. Si el acreedor es uno y los deudores dos, sólo podrá exigir a
cada uno la mitad de la deuda, si nada se hubiese pactado al respecto. Si los acreedores y los deudores son dos, cada
acreedor no podrá exigir de cada deudor sino la cuarta parte de ella.
b) Pago: Cada deudor sólo está obligado a pagar su parte en la deuda, su cuota (art. 808). Es una consecuencia necesaria
del principio de división sentado en el número anterior;
c) Insolvencia: Si alguno de los deudores fuera insolvente, resultará perjudicado el acreedor; los codeudores sólo están
obligados por la parte que a ellos les correspondía, no responden por la insolvencia de los demás (art. 808, in fine).
d) Prescripción: La prescripción corre separadamente para cada uno de los deudores; la suspensión o interrupción de
aquélla, que favorece a uno de los deudores, no tiene influencia respecto de los demás (arts. 2540y 2549).
e) Mora y factores de atribución: La mora o los factores de atribución imputable a alguno de los deudores no tiene
efecto respecto de los demás.
f) Cláusula penal: Si la obligación divisible contuviese cláusula penal, sólo incurrirá en la pena el deudor que ha
incumplido y solamente por la parte que le corresponda (art. 799).
Frente a los coacreedores, cada deudor debe el total; frente a los codeudores, cada acreedor puede exigir el total
(relaciones externas). Pero una vez hecho el pago, que el deudor lo ha realizado puede exigir de sus codeudores la
contribución que a ellos les corresponde en el pago de la deuda; y, por su parte, los coacreedores no pagados podrán
exigir del acreedor que recibió el pago la entrega de la parte, cuota de participación, que a ellos les corresponde
(relaciones internas).
Obligaciones indivisibles:
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ARTÍCULO 813. Concepto Son indivisibles las obligaciones no susceptibles de cumplimiento parcial.
b) si la indivisibilidad es convenida; en caso de duda sobre si se convino que la obligación sea indivisible o solidaria, se
considera solidaria;
c) si lo dispone la ley.
ARTÍCULO 815. Prestaciones indivisibles: Se consideran indivisibles las prestaciones correspondientes a las
obligaciones:
b) de hacer, excepto si han sido convenidas por unidad de medida y el deudor tiene derecho a la liberación parcial;
c) de no hacer;
Este cuerpo normativo establece que, para determinar la divisibilidad o indivisibilidad de la obligación, no se debe tener
en cuenta solamente el objeto (el bien debido), sino debe tenerse presente la posibilidad de cumplimiento parcial o no
de la prestación (contenido de la obligación).
En este tipo de obligaciones indivisibles, el cumplimiento parcial no existe como posibilidad, por ello es siempre
indivisible la obligación de entregar un cuerpo cierto, aunque fuese susceptible materialmente de división, ya sea por
poder fraccionarse en partes reales, cada una de ellas homogéneas y análogas a las otras partes y al todo. Y esto es así y
tiene su razón de ser, pues el objeto de la deuda de un cuerpo cierto no es la cosa a entregar, sino el hecho en sí de su
entrega.
El art. 815, inc. a, CCyC se refiere de dar cosas ciertas, y en este caso el Código es claro al sostener que este tipo de
obligaciones son indivisibles. Es que toda obligación de dar un cuerpo cierto es indivisible.
Efectos:
Exigibilidad: Cualquiera de los acreedores puede exigir a cualquiera de los deudores la totalidad del pago, o a todos
ellos, de manera simultánea o sucesiva. (Art 816) EJ: Dos anticuarios venden a un cliente un cuadro, éste puede exigir la
obra a cualquiera de ellos o a los dos de manera conjunta.
Excepción: Cuando se trata de obligaciones de no hacer, uno de los codeudores no cumple, solo él soporta los efectos
de los daños causados, por ser el autor del licito.
Pago: El pago hecho por cualquiera de los deudores a cualquiera de los acreedores libera a los demás. Cualquiera de los
codeudores goza del derecho de cumplir la prestación debida a cualquiera de los acreedores (art 817).
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ARTICULO 816.- Derecho de los acreedores al pago total. Cada uno de los acreedores tiene derecho de exigir la
totalidad del pago a cualquiera de los codeudores, o a todos ellos, simultánea o sucesivamente.
ARTICULO 817.- Derecho a pagar. Cualquiera de los codeudores tiene derecho a pagar la totalidad de la deuda a
cualquiera de los acreedores.
ARTICULO 818.- Modos extintivos. La unanimidad de los acreedores es requerida para extinguir el crédito por
transacción, novación, dación en pago y remisión. Igual recaudo exige la cesión del crédito, no así la compensación.
Caso de insolvencia: La insolvencia de uno de los codeudores no impide al acreedor exigir a los demás codeudores el
cumplimiento íntegro de la obligación dado que no admite fraccionamiento. Mientras en las obligaciones simplemente
mancomunadas de objeto divisible dicha insolvencia perjudica al acreedor, en este caso perjudica a los codeudores, que
luego de hacer el pago habrán perdido la posibilidad de obtener del insolvente el pago de su contribución en la deuda.
La novación otorgada por uno de los codeudores y por el único acreedor extingue la obligación de los otros, solución
lógica, pues en este caso la novación equivale al pago. Pero la novación otorgada por un acreedor no perjudica a los
restantes coacreedores que mantienen su derecho a exigir el pago de la obligación originaria. La remisión de deuda
hecha por uno de los coacreedores no perjudica a los restantes.
ARTÍCULO 822. Prescripción extintiva La prescripción extintiva cumplida es invocable por cualquiera de los deudores
contra cualquiera de los acreedores. La interrupción y la suspensión del curso de la prescripción extintiva se rigen por
lo dispuesto en el Libro Sexto.
Prescripción.: Los efectos de la prescripción alcanzan a todos los codeudores ya que cabe que sea invocada por
cualquiera de los deudores contra cualquiera de los acreedores (art. 822, párr. 1º).
ARTICULO 819.- Responsabilidad de cada codeudor. La mora de uno de los deudores o de uno de los acreedores, y los
factores de atribución de responsabilidad de uno u otro, no perjudican a los demás.
Mora: Los efectos de la mora son estrictamente personales (art. 819). Sin embargo, este principio tiene poco interés
práctico, desde que el Código Civil y Comercial ha adoptado el principio de la mora automática (art. 886).
Cosa juzgada: La cosa juzgada no puede ser aducida contra los acreedores o codeudores que no fueron parte en el juicio,
de lo contrario sería fácil simular un pleito para perjudicarlos, sin darle ocasión de defender sus intereses.
Relaciones internas: En las relaciones entre acreedores y deudores, cada uno de los acreedores puede exigir de cada
uno de los deudores la totalidad de la prestación debida (art. 816). Esto no significa, sin embargo, que el acreedor que
haya recibido la totalidad del pago sea el beneficiario exclusivo de la prestación, y que el deudor que lo haya hecho deba
soportar exclusivamente sus consecuencias. Frente a los coacreedores, cada deudor debe el total; frente a los
codeudores, cada acreedor puede exigir el total (relaciones externas). Pero una vez hecho el pago, el deudor que lo ha
realizado puede exigir de sus codeudores la contribución que a ellos les corresponde en el pago de la deuda; y, por su
parte, los coacreedores no pagados podrán exigir del acreedor que recibió el pago la entrega de la parte, cuota de
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participación, que a ellos les corresponde (relaciones internas). La única aclaración al respecto es: en las obligaciones
indivisibles el objeto pagado no es fraccionable, no es dable concretar una distribución o contribución en especie.
ARTÍCULO 824. Indivisibilidad impropia Las disposiciones de este parágrafo se aplican a las obligaciones cuyo
cumplimiento sólo puede ser exigido por todos los acreedores en conjunto, o realizado por todos los deudores en
conjunto, excepto las que otorgan a cada uno el derecho de cobrar o a pagar individualmente.
Las obligaciones indivisibles regulares o propiamente dichas tienen como características esenciales: 1) que no admiten
ser fraccionadas, y 2) que cualquiera de los deudores está obligado frente a cualquiera de los acreedores al
cumplimiento íntegro de la prestación debida. Pero también existen ciertas obligaciones que, siendo indivisibles, no
presentan la última de esas características, por lo cual se las denomina obligaciones indivisibles impropias o irregulares.
Los acreedores para exigir su cumplimiento o los deudores para cancelarlo deben actuar en conjunto.
En lo esencial, las obligaciones indivisibles y solidarias se comportan del mismo modo: cada uno de los coacreedores
puede exigir de cada uno de los codeudores el pago íntegro de la deuda (arts. 816 y 844); el pago hecho por uno de los
codeudores a uno de los coacreedores extingue la obligación (arts. 817 y 835, inc. a]); la insolvencia de uno de los
deudores perjudica a los codeudores y no al acreedor.
a) En lo que atañe al origen del pago íntegro: en las obligaciones indivisibles se funda en la naturaleza propiamente dicha
de la prestación, que no puede ser dividida y que hace imposible el pago parcial (art. 814, inc. a]); empero, tales
obligaciones comparten con la solidaria la fuente convencional o legal, ya que cabe que —en estos supuestos— la
prestación sea en sí misma divisible.
b) En caso de muerte de uno de los codeudores, la obligación de una cosa indivisible debe ser afrontada íntegramente
por cada uno de los herederos, puesto que no podrían pagarla parcialmente; en cambio, la obligación solidaria ingresa
en la masa indivisa; después de realizada la partición, cada coheredero debe cumplir la prestación de acuerdo a la cuota
que le corresponde en el haber hereditario (art. 843).
c) En las obligaciones indivisibles, los factores de atribución y la mora de uno de los codeudores son personalísimos y no
perjudican a los restantes obligados (art. 819); en cambio, en las obligaciones solidarias, los factores de atribución o la
mora de uno de ellos tiene efectos respecto de todos los demás (art. 838).
d) En las obligaciones solidarias puede haber remisión parcial de la deuda, remisión de la parte que corresponde a uno
de los codeudores e, incluso, remisión de la solidaridad (arts. 836 y 837), sin que ello implique remisión de la deuda. En
las obligaciones indivisibles no se concibe remisión parcial, ni remisión del deber de pagar el total (manteniendo la
obligación de pagar cada parte). Sólo es posible la remisión total, la cual, hecha en favor de uno de los codeudores,
beneficia a los demás. El art. 818 indica que requiere la unanimidad de los acreedores.
Obligaciones solidarias:
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ARTÍCULO 827. Concepto Hay solidaridad en las obligaciones con pluralidad de sujetos y originadas en una causa única
cuando, en razón del título constitutivo o de la ley, su cumplimiento total puede exigirse a cualquiera de los deudores,
por cualquiera de los acreedores.
ARTICULO 828.- Fuentes. La solidaridad no se presume y debe surgir inequívocamente de la ley o del título
constitutivo de la obligación.
Concepto:
La obligación es solidaria cuando el cumplimiento total de la prestación puede exigirse a cualquiera de los deudores por
cualquiera de los acreedores, en razón del título constitutivo o de la ley. El art. 827 indica que la noción brindada
presupone una pluralidad de sujetos y una causa única que las origina. El efecto fundamental es el mismo que en las
obligaciones indivisibles; pero en nuestro caso, la posibilidad de reclamar la totalidad no deriva de la naturaleza de la
prestación, sino de la voluntad de las partes o de la ley.
Caracteres:
a) Unidad de prestación. Cualquiera sea el número de acreedores o deudores, lo debido es una sola cosa.
b) Pluralidad e independencia de vínculos. La unidad de prestación no impide que los vínculos que unen a acreedores y
deudores sean distintos e independientes. Esta independencia de vínculos da lugar a las siguientes consecuencias:
1º) La obligación puede ser pura y simple para alguno de los deudores y sujeta a condición, plazo o cargo, para los otros
(art. 830).
2º) Si una obligación es nula respecto de uno de los acreedores (por ej., porque es incapaz o por su capacidad
restringida), conserva su validez respecto de los demás (art. 830).
3º) Uno de los deudores puede ser exonerado de su parte en la deuda, manteniéndose la obligación para los restantes
(art. 837).
c) Unidad de causa. Como indica el art. 827, también la unidad de causa constituye un carácter esencial de las
obligaciones solidarias, pues de lo contrario (y aun en la hipótesis de que los deudores estuvieren obligados por el todo)
nos encontraríamos en presencia de obligaciones concurrentes, que resultan otra categoría dentro de la clasificación de
las obligaciones, que veremos más adelante (nro. 313 y ss.).
d) Es de carácter excepcional. El régimen normal es la simple mancomunación; para que haya solidaridad ella debe estar
expresamente contenida en el título constitutivo de la obligación o surgir inequívocamente de la ley (art. 828).
ARTICULO 829.- Criterio de aplicación. Con sujeción a lo dispuesto en este Parágrafo y en los dos siguientes, se
considera que cada uno de los codeudores solidarios, en la solidaridad pasiva, y cada uno de los coacreedores, en la
solidaridad activa, representa a los demás en los actos que realiza como tal.
Fundamento y finalidad: La explicación clásica que se da en los efectos de la solidaridad es que los codeudores solidarios
actúan con una representación reciproca, en virtud de la cual los actos de cada uno de ellos se consideran hechos por los
demás. Otros autores repudian esta idea, sustituyéndola con la noción de la garantía recíproca o sosteniendo que no hay
pluralidad sino unidad de vínculos, lo que explicaría todos estos efectos sin necesidad de recurrir a la representación.
104
Prueba de la solidaridad: Puesto que la solidaridad no se presume (art. 828), quien alega la que tiene su origen en el
título constitutivo de la obligación, tal como el contrato o el testamento, debe probarla. La que surge de la ley no
requiere prueba, puesto que el derecho se invoca, no se prueba.
Ninguna duda existe de que la solidaridad puede probarse por testigos, a menos que una disposición legal establezca un
medio especial (art. 1019). Cabe acreditar la solidaridad en los contratos formales mediante testigos, si hay
imposibilidad de obtener la prueba de haber sido cumplida la formalidad o de existir principio de prueba instrumental o
comienzo de ejecución (art. 1020).
Extinción de la solidaridad:
La solidaridad se extingue por renuncia del acreedor. Bien entendido que nos referimos a la renuncia a la solidaridad en
sí misma, que no implica renunciar el crédito. El Código Civil y Comercial contempla la extinción absoluta (por la cual
todos los deudores quedan liberados de la solidaridad dado que el acreedor renuncia expresamente a ese carácter en
beneficio de todos ellos; el art. 836 indica que la deuda se transforma en simplemente mancomunada) y también la
relativa, que solamente libera al beneficiario. En este último caso, la deuda continuará siendo solidaria para todos los
restantes deudores, pero con deducción de la parte que correspondía al liberado (art. 837). Ejemplo: A, B y C deben $
300.000 a D, quien libera de la solidaridad a C; A y B permanecen como deudores solidarios, pero sólo por $ 200.000.
La renuncia puede ser expresa o tácita. La primera exige una declaración de voluntad de renunciar; la segunda resulta
de reclamar a uno de los deudores sólo su parte o de recibir de ellos el pago de esa parte. Desde ese momento no
podrán reclamar ya de los restantes deudores el pago total de la deuda, sino que habrá que deducir lo reclamado o
recibido en pago (art. 837).
Solidaridad pasiva:
ARTICULO 833.- Derecho a cobrar. El acreedor tiene derecho a requerir el pago a uno, a varios o a todos los
codeudores, simultánea o sucesivamente.
ARTICULO 834.- Derecho a pagar. Cualquiera de los deudores solidarios tiene derecho a pagar la totalidad de la
deuda, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 837.
ARTICULO 835.- Modos extintivos. Con sujeción a disposiciones especiales, los modos extintivos inciden, según el
caso, sobre la obligación, o sobre la cuota de algún deudor solidario, conforme a las siguientes reglas:
a) la obligación se extingue en el todo cuando uno de los deudores solidarios paga la deuda;
b) la obligación también se extingue en el todo si el acreedor renuncia a su crédito a favor de uno de los deudores
solidarios, o si se produce novación, dación en pago o compensación entre el acreedor y uno de los deudores
solidarios;
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c) la confusión entre el acreedor y uno de los deudores solidarios sólo extingue la cuota de la deuda que corresponde
a éste. La obligación subsistente conserva el carácter solidario;
d) la transacción hecha con uno de los codeudores solidarios aprovecha a los otros, pero no puede serles opuesta.
ARTICULO 836.- Extinción absoluta de la solidaridad. Si el acreedor, sin renunciar al crédito, renuncia expresamente a
la solidaridad en beneficio de todos los deudores solidarios, consintiendo la división de la deuda, ésta se transforma
en simplemente mancomunada.
ARTICULO 837.- Extinción relativa de la solidaridad. Si el acreedor, sin renunciar al crédito, renuncia expresa o
tácitamente a la solidaridad en beneficio de uno solo de los deudores solidarios, la deuda continúa siendo solidaria
respecto de los demás, con deducción de la cuota correspondiente al deudor beneficiario.
Noción e importancia: La solidaridad pasiva es la que obliga a todos los codeudores al pago total de la deuda. Su
importancia es enorme en la vida de los negocios porque importa un eficacísimo medio de garantía; para que el
acreedor quede impago es preciso que todos los codeudores caigan en insolvencia; como además permite reclamar toda
la deuda de una misma persona, sin necesidad de dividir la acción, facilita extraordinariamente la acción del acreedor,
que puede elegir el deudor que mejor le acomode.
Efectos principales y secundarios En doctrina suelen distinguirse los efectos principales o necesarios y los secundarios o
accidentales de la solidaridad. Los primeros son los que hacen a la esencia misma de la solidaridad, que quedaría
desvirtuada si no ocurrieran; los segundos hacen más perfecta o completa la solidaridad, pero podrían no ocurrir u
ocurrir de modo distinto al que la ley dispone, sin que por ello quedara aquélla desvirtuada.
a) Derecho a cobrar: El único acreedor tiene derecho a reclamar de cualquiera de los deudores la totalidad de la deuda;
más aún, goza de la facultad de requerir el pago a uno, a varios o, a todos los codeudores, de manera simultánea o
sucesiva (art. 833).
b) Extinción de la deuda: Cabe distinguir entre la extinción total y parcial de la obligación. Produce lo primero, el pago
hecho por uno de los deudores (art. 835, inc. a]), la novación, la compensación, la dación en pago y la renuncia o
remisión de deuda en favor de cualquiera de los deudores (art. 835, inc. b]). Aquí la extinción de la deuda operada en
favor de alguno de los deudores beneficia a los demás. Sucede lo segundo, es decir, la extinción solamente de la cuota
de alguno de los integrantes del polo pasivo, en los siguientes casos: 1º) La confusión entre el acreedor y uno de los
codeudores solidarios, que sólo extingue la obligación correspondiente a ese deudor, su cuota, y no las partes de las
deudas de los restantes deudores; incluso, la obligación subsistente conserva el carácter solidario (art. 835, inc. c]). 2º)
La transacción hecha con uno de los codeudores, que aprovecha a los restantes, pero no puede serles opuesta (art. 835,
inc. d]).
c) Insolvencia. La insolvencia de cualquiera de los codeudores perjudica a los restantes, pero no al acreedor, que
conserva su acción por el total contra los otros codeudores. Resulta categórico el art. 842 cuando dispone que la cuota
correspondiente a los codeudores insolventes es cubierta por todos los obligados.
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a) Factores de atribución: Si sucede la imposibilidad de cumplimiento sin causa imputable a alguno de los codeudores, la
deuda se extingue para todos ellos; si la prestación debida no puede ser cumplida por causas imputables a un codeudor,
o éste ya estaba en mora, todos los otros codeudores están obligados a pagar solidariamente el equivalente de la
prestación debida y la indemnización de los daños ocasionados.
b) Mora: La puesta en mora de uno de los deudores tiene efectos respecto de todos los demás, pues los perjudica (art.
838): a partir de ese momento queda a cargo de todos ellos el riesgo por caso fortuito, además de los intereses.
C) Prescripción. El art. 839 remite a los preceptos del Libro Sexto, Título I, los aspectos que atañen a la suspensión e
interrupción de la prescripción. Los arts. 2540 y 2549 determinan que tales contingencias propagan sus efectos a los
demás interesados (en el caso, los codeudores) en el ámbito de las obligaciones solidarias
ARTICULO 838.- Responsabilidad. La mora de uno de los deudores solidarios perjudica a los demás. Si el cumplimiento
se hace imposible por causas imputables a un codeudor, los demás responden por el equivalente de la prestación
debida y la indemnización de daños y perjuicios. Las consecuencias propias del incumplimiento doloso de uno de los
deudores no son soportadas por los otros.
Relación entre los codeudores entre sí: Frente a los acreedores, cada uno de los deudores solidarios está obligado a
cumplir la prestación debida en su totalidad. Todos los codeudores están obligados a contribuir al pago de esa deuda en
proporción a su parte en la obligación, de tal modo que, si cualquiera de ellos hubiera pagado el total o un monto de lo
que excede su parte en la deuda, el art 840 determina que tal obligado puede repetir de los demás codeudores de
acuerdo a la cuota de participación o de responsabilidad que cada uno tiene en la deuda. El que ha pagado solo puede
reclamar de sus codeudores la parte que a cada uno le correspondía. No procede la acción de repetición en el supuesto
de que se hubiese producido la remisión gratuita de la deuda.
Casos de insolvencia: Puede ocurrir que uno de los deudores sea insolvente. Serla injusto que el que ha pagado cargue
con esa insolvencia, el art 842 dispone que la cuota correspondiente a los codeudores insolventes es cubierta por todos
los obligados. La pérdida ocasionada por tal evento se repartirá a prorrata entre el que hubiera hecho el pago y los
restantes codeudores.
ARTICULO 840.- Contribución. El deudor que efectúa el pago puede repetirlo de los demás codeudores según la
participación que cada uno tiene en la deuda. La acción de regreso no procede en caso de haberse remitido
gratuitamente la deuda.
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ARTÍCULO 841. Determinación de la cuota de contribución Las cuotas de contribución se determinan sucesivamente
de acuerdo con:
a) lo pactado;
d) las demás circunstancias. Si por aplicación de estos criterios no es posible determinar las cuotas de contribución, se
entiende que participan en partes iguales.
Acción de contribución: En las obligaciones solidarias, y en las relaciones internas, la contribución de la deuda se analiza
en virtud de la acción recursoria que puede prosperar, incluso, por el total. La naturaleza jurídica y los presupuestos de
esta acción son, en cambio, motivo de grandes dificultades, tantas, que el jurista francés François Chabas ha dicho que
se trata de una de las cuestiones más complejas del derecho privado y el suizo Bugnon ha manifestado que nunca se ha
presentado un estudio sistemático en su conjunto. En la acción recursoria se señalan posturas diferentes:
c) la que abre a favor del solvens la posibilidad de una opción entre ambas vías
a) pago realizado por un sujeto sindicado como responsable. La acción nace con el pago que efectúa una persona a
quien la ley señala como responsable;
b) dentro de este tema, cabe preguntarse si es necesaria una sentencia contra el deudor.
El art. 841 CCyC establece pautadamente en sus incisos las cuotas que le corresponde contribuir a cada uno de los
deudores que no pagó.
a) art. 841, inc. a, CCyC: indica que lo que se pactó entre las partes se rige por el principio de autonomía de la voluntad;
b) art. 841, inc. b, CCyC: indica tres referentes para tener en cuenta: la fuente, la finalidad de la obligación, y la causa de
la responsabilidad. Esta explicación que brinda el CCyC son algunas pautas para tener en cuenta a los fines de poder
saber, determinar, lo que le corresponde como deber a cada uno;
c) art. 841, inc. c, CCyC: en este caso se deben tener en cuenta las relaciones de los interesados entre sí, debiendo
analizarse el vínculo que une a los codeudores;
d) art. 841, inc. d, CCyC: este inciso es reiterativo o sobreabundante de lo que se vino analizando, pero deja la posibilidad
que se evalúe alguna circunstancia no prevista por el legislador.
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ARTICULO 842.- Caso de insolvencia. La cuota correspondiente a los codeudores insolventes es cubierta por todos los
obligados.
ARTÍCULO 843. Muerte de un deudor Si muere uno de los deudores solidarios y deja varios herederos, la deuda
ingresa en la masa indivisa y cualquiera de los acreedores puede oponerse a que los bienes se entreguen a los
herederos o legatarios sin haber sido previamente pagado. Después de la partición, cada heredero está obligado a
pagar según la cuota que le corresponde en el haber hereditario.
Muerte de un deudor: Cuando muere uno de los codeudores solidarios y deja varios herederos, la deuda ingresa en la
masa indivisa sucesoria, los acreedores podrán oponerse a que los bienes pertenecientes al acervo hereditario le sean
entregados a los herederos y legatarios, si no le han sido cancelados de manera previa sus créditos.
Después de realizada la partición, acto que determina la distribución de bienes del causante en diversas hijuelas entre
herederos, cada uno de éstos estará obligado a pagar según la cuota que le corresponde en el haber hereditario (según
art 843) Los herederos quedan obligados solamente en proporción de la cuota adjudicada en la partición y no por el
total. La solidaridad no desaparece al fallecer el codeudor, la solidaridad subsiste, el acreedor podrá liquidar los bienes
del acervo hereditario hasta ver cubierta su deuda.
Solidaridad activa:
ARTÍCULO 844. Derecho al cobro: El acreedor, o cada acreedor, o todos ellos conjuntamente, pueden reclamar al
deudor la totalidad de la obligación.
Noción e importancia: Hay solidaridad activa cuando cada uno de los acreedores puede reclamar del deudor la totalidad
de la deuda, como señala el art. 844. Su importancia práctica es escasa, porque no tiene otra utilidad que servir como
mandato para percibir el pago de un crédito común, efecto jurídico que se puede lograr mediante el otorgamiento de un
poder. Nunca tiene su origen en la ley; su única fuente es la voluntad de las partes plasmada en el título constitutivo de
la obligación, ya sea un contrato, ya sea un testamento.
Efectos:
Los efectos de la solidaridad activa se vinculan directamente con los de la pasiva, como que no se trata sino del anverso
y reverso de la misma medalla. Los principales son los siguientes:
a) Cobro: Cada acreedor, o todos ellos conjuntamente, pueden reclamar de cualquiera de los deudores la totalidad del
crédito (art. 844).
b) Modos de extinción: Debemos distinguir entre la extinción absoluta y la parcial. En la extinción absoluta desaparece
la obligación. Ella puede ocurrir, naturalmente, por el pago hecho a uno de los coacreedores (art. 846, inc. a]); también,
la renuncia a obtener la prestación debida, o la novación, la dación en pago y la compensación que suceda entre uno de
los acreedores y respecto de cualquiera de los deudores, extingue la obligación mientras ninguno de aquéllos haya
interpuesto la acción de cobro (art. 846, inc. b]). Por el contrario, la extinción parcial incide sólo en la reducción de la
cuota de algún acreedor, y ello acaece: 1) Si se reúne en una misma persona y patrimonio la calidad de deudor y
acreedor (confusión), en cuyo caso se extingue la cuota de participación que le corresponde a éste en su calidad de
sujeto activo (art. 846, inc. c]). 2) en la transacción que celebrase un coacreedor con el deudor, transacción que no
resulta oponible a los demás, a no ser que ellos mismos quieran beneficiarse (art. 846, inc. d]). Pero el derecho del
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deudor de pagar a cualquiera de los acreedores tiene una limitación: si uno de ellos hubiere demandado, sólo se le
podrá pagar a él (art. 845). Es el llamado principio de la prevención.
c) Mora: La constitución en mora hecha por uno de los coacreedores favorece a todos los restantes (arg. art. 838).
d) Prescripción: Los arts. 2540 y 2549 establecen que la suspensión y la interrupción de la prescripción propagan sus
efectos en el ámbito de las obligaciones solidarias. Por lo tanto, la interrupción de la prescripción lograda por uno de los
acreedores beneficia a los restantes. Lo mismo sucede en los supuestos de suspensión de la prescripción que afecten a
uno de los acreedores solidarios o que haya sido impulsado por uno de éstos.
ARTICULO 845.- Prevención de un acreedor. Si uno de los acreedores solidarios ha demandado judicialmente el cobro
al deudor, el pago sólo puede ser hecho por éste al acreedor demandante.
ARTICULO 846.- Modos extintivos. Sujeto a disposiciones especiales, los modos extintivos inciden, según el caso,
sobre la obligación, o sobre la cuota de algún acreedor solidario, conforme a las siguientes reglas:
a) la obligación se extingue en el todo cuando uno de los acreedores solidarios recibe el pago del crédito;
b) en tanto alguno de los acreedores solidarios no haya demandado el pago al deudor, la obligación también se
extingue en el todo si uno de ellos renuncia a su crédito a favor del deudor, o si se produce novación, dación en pago
o compensación entre uno de ellos y el deudor;
c) la confusión entre el deudor y uno de los acreedores solidarios sólo extingue la cuota del crédito que corresponde a
éste;
d) la transacción hecha por uno de los coacreedores solidarios con el deudor no es oponible a los otros acreedores,
excepto que éstos quieran aprovecharse de ésta.
Medios de extinción:
Clases: El CCyC trata los medios de extinción, y los mismos son los hechos o actos jurídicos que tienen como efecto
concluir con la relación jurídica obligacional. Se podría mencionar Asimismo que pueden considerarse otras formas de
concluir con la obligación, sin que esta norma agote la enunciación. Esas formas pueden ser la condición resolutoria, el
plazo resolutorio, la anulación de los actos y la prescripción.
El pago que realiza el deudor a uno de los acreedores propaga sus efectos a la totalidad del grupo activo.
La novación es la transformación de una obligación en otra. Llambías, refiriéndose a la solidaridad activa, explica que, si
uno de los acreedores es satisfecho en su interés con relación a ese objeto mediante la estipulación de una nueva
obligación, la primitiva obligación desaparece para todos los deudores.
La remisión posee iguales consecuencias que los anteriores, teniendo efectos expansivos, ya sea que comprenda la
totalidad del crédito o solamente la parte correspondiente al deudor. En este caso, el acreedor responde frente a los
demás coacreedores, en la medida de las respectivas acciones de regreso.
Confusión y transacción:
La confusión quedó como una forma de extinción parcial, es decir con único efecto con relación al acreedor-deudor que
la produce. En lo demás es similar a lo afirmado en relación a tratar la solidaridad pasiva.
110
La transacción es la realizada entre el deudor y un acreedor, y no es posible que sea opuesta a los demás acreedores,
salvo que estos adhieran y puedan modificar su situación jurídica.
ARTICULO 847.- Participación. Los acreedores solidarios tienen derecho a la participación con los siguientes alcances:
a) si uno de los acreedores solidarios recibe la totalidad del crédito o de la reparación del daño, o más que su cuota,
los demás tienen derecho a que les pague el valor de lo que les corresponde conforme a la cuota de participación de
cada uno;
b) en los casos del inciso b) del artículo 846, los demás acreedores solidarios tienen derecho a la participación, si hubo
renuncia al crédito o compensación legal por la cuota de cada uno en el crédito original; y si hubo compensación
convencional o facultativa, novación, dación en pago o transacción, por la cuota de cada uno en el crédito original, o
por la que correspondería a cada uno conforme lo resultante de los actos extintivos, a su elección;
c) el acreedor solidario que realiza gastos razonables en interés común tiene derecho a reclamar a los demás la
participación en el reembolso de su valor.
ARTICULO 848.- Cuotas de participación. Las cuotas de participación de los acreedores solidarios se determinan
conforme lo dispuesto en el artículo 841.
ARTICULO 849.- Muerte de un acreedor. Si muere uno de los acreedores solidarios, el crédito se divide entre sus
herederos en proporción a su participación en la herencia. Después de la partición, cada heredero tiene derecho a
percibir según la cuota que le corresponde en el haber hereditario.
ARTICULO 831.- Defensas. Cada uno de los deudores puede oponer al acreedor las defensas comunes a todos ellos.
Las defensas personales pueden oponerse exclusivamente por el deudor o acreedor a quien correspondan, y sólo
tienen valor frente al coacreedor a quien se refieran. Sin embargo, pueden expandir limitadamente sus efectos hacia
los demás codeudores, y posibilitar una reducción del monto total de la deuda que se les reclama, hasta la
concurrencia de la parte perteneciente en la deuda al codeudor que las puede invocar.
ARTICULO 832.- Cosa juzgada. La sentencia dictada contra uno de los codeudores no es oponible a los demás, pero
éstos pueden invocarla cuando no se funda en circunstancias personales del codeudor demandado.
El deudor no puede oponer a los demás coacreedores la sentencia obtenida contra uno de ellos; pero los
coacreedores pueden oponerla al deudor, sin perjuicio de las excepciones personales que éste tenga frente a cada
uno de ellos.
Obligaciones concurrentes:
111
ARTICULO 850.- Concepto. Obligaciones concurrentes son aquellas en las que varios deudores deben el mismo objeto
en razón de causas diferentes.
ARTICULO 851.- Efectos. Excepto disposición especial en contrario, las obligaciones concurrentes se rigen por las
siguientes reglas:
a) el acreedor tiene derecho a requerir el pago a uno, a varios o a todos los codeudores, simultánea o sucesivamente;
b) el pago realizado por uno de los deudores extingue la obligación de los otros obligados concurrentes;
c) la dación en pago, la transacción, la novación y la compensación realizadas con uno de los deudores concurrentes,
en tanto satisfagan íntegramente el interés del acreedor, extinguen la obligación de los otros obligados concurrentes
o, en su caso, la extinguen parcialmente en la medida de lo satisfecho;
d) la confusión entre el acreedor y uno de los deudores concurrentes y la renuncia al crédito a favor de uno de los
deudores no extingue la deuda de los otros obligados concurrentes;
e) la prescripción cumplida y la interrupción y suspensión de su curso no producen efectos expansivos respecto de los
otros obligados concurrentes;
f) la mora de uno de los deudores no produce efectos expansivos con respecto a los otros codeudores;
g) la sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada dictada contra uno de los codeudores no es oponible a los demás,
pero éstos pueden invocarla cuando no se funda en circunstancias personales del codeudor demandado;
h) la acción de contribución del deudor que paga la deuda contra los otros obligados concurrentes se rige por las
relaciones causales que originan la concurrencia.
Las obligaciones concurrentes son definidas como aquellas que presentan unidad de objeto, unidad de acreedor,
aunque distintos deudores resultan obligados en base a distintas causas del deber.
Caracteres de las obligaciones concurrentes: Los caracteres de las obligaciones concurrentes son:
1) identidad de acreedor;
3) diversidad de deudores;
4) diversidad de causas del deber; que son distintas e independientes entre sí;
5) generación de deudas distintas, por lo que se diferencias de las obligaciones solidarias en las cuales la deuda es única.
Diferencias entre las obligaciones concurrentes y solidarias: La principal semejanza consiste en que ambas son
obligaciones que requieren pluralidad de sujetos. Sin embargo, en este punto, cabe señalar que tal fenómeno puede
presentarse en las obligaciones solidarias en cuanto a los acreedores (obligaciones solidarias activas), deudores
(obligaciones solidarias pasivas) o en ambos (obligaciones solidarias mixtas); pero solamente encontraremos en las
obligaciones concurrentes pluralidad de sujetos pasivos. La principal distinción radica en que en las obligaciones
concurrentes hay pluralidad de causas y en las solidarias existe una sola.
112
ARTICULO 852.- Normas subsidiarias. Las normas relativas a las obligaciones solidarias son subsidiariamente
aplicables a las obligaciones concurrentes.
ARTÍCULO 856. Definición Obligaciones principales son aquellas cuya existencia, régimen jurídico, eficacia y desarrollo
funcional son autónomos e independientes de cualquier otro vínculo obligacional. Los derechos y obligaciones son
accesorios a una obligación principal cuando dependen de ella en cualquiera de los aspectos precedentemente
indicados, o cuando resultan esenciales para satisfacer el interés del acreedor.
Concepto: Según el concepto del art. 856, las obligaciones principales son aquellas cuya existencia, régimen jurídico,
eficacia y desarrollo funcional son autónomos e independientes de cualquier otro vínculo obligacional. Las obligaciones
accesorias resultan dependientes de ellas en cualquiera de los aspectos precedentemente indicados, o cuando resultan
esenciales para satisfacer el interés del acreedor. No se concebiría la existencia de estas últimas sino porque existen las
primeras. Como consecuencia lógica, deben seguir la suerte de la principal.
Especies
El carácter principal o accesorio de una obligación se ha referido, tradicionalmente, a su objeto o a las personas
obligadas.
a) Son accesorias en cuanto a su objeto cuando son contraídas para asegurar el cumplimiento de una obligación
principal: tal como la cláusula penal, la obligación del vendedor de entregar al comprador el título de propiedad del
inmueble enajenado, la de reparar los daños por retardos en el cumplimiento de la obligación, etcétera.
b) Son accesorias con relación a las personas, cuando las personas contraen obligaciones como garantes o fiadores: en
estos casos la obligación accesoria no es contraída por una de las partes sino por un tercero; también en este supuesto
su fin es asegurar el cumplimiento de la obligación principal.
c) Otra modalidad especial radica en los derechos reales de garantía, llamados accesorios del derecho del acreedor: es
posible citar como ejemplos la hipoteca, prenda, anticresis, warrants, debentures y obligaciones negociables. Tales
especies deben reputarse también accesorias, pues siguen la suerte de la obligación principal.
Accesoriedad legal. Accesoriedad voluntaria: Tal como lo sostiene la doctrina mayoritaria la accesoriedad puede tener su
origen en la voluntad de las partes o en la ley. En efecto, la accesoriedad de la obligación puede ser legal o voluntaria. La
primera es una consecuencia legal de la obligación principal. En la accesoriedad voluntaria, la obligación es accesoria
porque ha sido estipulada teniendo en mira la obligación principal. Tales los casos de la obligación de pagar los daños y
perjuicios por la inejecución de la prestación y de la cláusula penal prevista para asegurar la ejecución de la obligación
principal.
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a- Son accesorias en cuanto a su objeto cuando son contraídas para asegurar el cumplimiento de una obligación
principal: tal como la cláusula penal, la obligación del vendedor de entregar al comprador el título de propiedad del
inmueble enajenado, la de reparar los daños por retardos en el cumplimiento de la obligación, etc.
b- Son accesorias con relación a las personas, cuando las personas contraen obligaciones como garantes o fiadores: en
estos casos la obligación accesoria no es contraída por una de las partes sino por un tercero; también en este supuesto
su fin es asegurar el cumplimiento de la obligación principal.
c- Otra modalidad especial radica en los derechos reales de garantía, llamados accesorios del derecho del acreedor: es
posible citar como ejemplos, la hipoteca, prenda, anticresis, debentures etc. Tales especies deben reputarse también
accesorias, pues siguen la suerte de la obligación principal.
ARTICULO 857.- Efectos. La extinción, nulidad o ineficacia del crédito principal, extinguen los derechos y obligaciones
accesorios, excepto disposición legal o convencional en contrario.
Efectos La vida de la obligación accesoria depende de la principal. De este modo, la extinción de la obligación principal
importa la extinción de la obligación accesoria. Tal el caso de la obligación de pagar intereses que se extingue cuando el
acreedor recibe el pago de capital sin efectuar la reserva expresa de aquellos; la novación de la obligación principal que
extingue las accesorias salvo reserva expresa, la compensación de la obligación principal también extingue la accesoria
como también sucede con la transacción, la confusión y la remisión de la obligación principal.
Excepciones:
Por su parte, respecto a las excepciones impuestas en la ley, cabe señalar que en algunos supuestos de acuerdo a la
normativa aplicable no se aplica este principio, a saber:
• Art. 801 CCyC: la nulidad de la obligación principal por falta de capacidad del deudor no importa la nulidad de la
cláusula penal si esta fue contraída por otra persona.
• Arts. 799 y 800 CCyC: cuando la naturaleza de la prestación principal difiere de la naturaleza de la cláusula penal, el
régimen aplicable de divisibilidad e indivisibilidad es el de la naturaleza de la prestación contenida en la cláusula penal.
Así, sea divisible o indivisible la obligación principal, cada uno de los codeudores o de los herederos del deudor no
incurre en pena sino en proporción de su parte, siempre que sea divisible la obligación impuesta en la cláusula penal. Si
la obligación impuesta en la cláusula penal es indivisible, o si es solidaria, aunque divisible, cada uno de los codeudores,
o de los coherederos del deudor, queda obligado a satisfacer la pena entera.
• Art. 803 CCyC: la cláusula penal tiene efecto, aunque su estipulación haya tenido en mira el cumplimiento de una
obligación que, al momento de concertar la accesoria, no podía exigirse judicialmente, siempre que no sea reprobada
por la ley.
• Art. 2194 CCyC: la extinción parcial de la obligación principal no extingue proporcionalmente los derechos accesorios
de prenda e hipoteca, que subsisten indivisibles en tanto no se ejecute íntegramente la prestación principal.
114
UNIDAD 8
Todos los derechos son transmisibles excepto estipulación válida de las partes o que ello resulte de una prohibición
legal o que importe trasgresión a la buena fe, a la moral o a las buenas costumbres.
Nadie puede transmitir a otro un derecho mejor o más extenso que el que tiene, sin perjuicio de las excepciones
legalmente dispuestas.
Hay transmisión de un derecho cuando una persona sucede a otra como titular de él. El acreedor o deudor ha cambiado,
pero el derecho en sí mismo permanece idéntico. Esa transmisión puede ocurrir por actos entre vivos o por muerte del
titular del derecho u obligación.
a) La transmisión por actos entre vivos puede originarse en un contrato (compraventa, donación, permuta, cesión
onerosa o gratuita) o en una disposición de la ley (quiebra). En nuestro derecho, la transmisión por contrato siempre
tiene carácter singular, y aun en el caso del desapoderamiento del deudor por quiebra, no pasan a los acreedores todos
sus bienes, ya que muchos de ellos tienen carácter de inembargables (el elenco de tales supuestos se encuentra
regulado en el art. 108de la ley 24.522).
b) En cambio, la transmisión mortis causa puede ser a título universal o singular. Será lo primero siempre que el sucesor
sea heredero del causante, pero el legatario o el beneficiario de un cargo son sucesores singulares, pues sólo suceden al
causante en determinados bienes o derechos. Basta invocar como ejemplo las definiciones de heredero y legatario que
brinda el art. 2278.
El principio general es que todos los derechos pueden ser cedidos o transferidos (art. 398). Esta regla, sin embargo, no
es absoluta y está sujeta a distintas limitaciones. La imposibilidad de transmitir un derecho puede derivar:
a) De la naturaleza misma del derecho, importaría —en términos del art. 398— una transgresión a la buena fe, a la
moral y a las buenas costumbres; así, por ejemplo, no se concibe la transmisión de derechos extrapatrimoniales. Por
ello, no pueden transmitirse los llamados derechos inherentes a la persona humana (art. 1617), como el derecho a la
vida, al honor, a la libertad, etcétera, o los derechos de familia (por ej., los derechos y obligaciones que surgen del
matrimonio, de la patria potestad, etc.), o la indemnización de las consecuencias no patrimoniales provocada por la
lesión a un derecho o interés —no reprobado por el ordenamiento jurídico— sufrido por una persona (art. 1741).
b) De una prohibición de la ley (arts. 398 y 1616); como ocurre con el derecho a alimentos futuros (art. 539), con la
mayor parte de los beneficios de carácter social (jubilaciones y pensiones, indemnización por accidentes del trabajo, por
maternidad, etc.), y con el derecho de habitación (art. 2160), entre otros.
115
c) De la voluntad de las partes expresada en el título de la obligación (art. 1616), o con palabras del Código Civil y
Comercial, por estipulación válida entre partes (art. 398); así, por ejemplo, el locatario no puede transferir la locación si
el contrato se lo prohíbe.
Cesión de derechos:
ARTÍCULO 1614. Definición Hay contrato de cesión cuando una de las partes transfiere a la otra un derecho. Se aplican
a la cesión de derechos las reglas de la compraventa, de la permuta o de la donación, según que se haya realizado con
la contraprestación de un precio en dinero, de la transmisión de la propiedad de un bien, o sin contraprestación,
respectivamente, en tanto no estén modificadas por las de este Capítulo.
Clases de transmisión
a- Según el origen la transmisión puede ser legal, puesto que existen supuestos en los que la ley determina la existencia
de la sucesión como por ejemplo la sucesión mortis causa, o voluntaria, como la que resulta de un contrato de cesión de
créditos, es decir que la sucesión también puede provenir de la voluntad del individuo en cuyos derechos se sucede.
b- Según la extensión del título, la transmisión es universal, cuando comprende todo o una parte alícuota del
patrimonio; o singular cuando se aplica a uno o más bienes particulares.
c- Según la causa que la opera la transmisión es mortis causa como el legado de crédito; o por acto entre vivos como la
que resulta de un contrato. La sucesión recibe el nombre de mortis causa cuando se subroga a quien ostentaba la
titularidad del derecho, como producto de su muerte. esta sucesión mortis causa también es susceptible de
subclasificación, por ende, puede ser, sucesión legitima o también sucesión testamentaria. La primera es aquella
deferida por la ley a los parientes más próximos de acuerdo al orden que ella determina. Mientras que la segunda se
produce por voluntad del causante, expresada en un testamento valido. Y la sucesión es entre vivos cuando reconoce su
fuente en los diversos negocios jurídicos que realizan los sujetos dentro del marco del tráfico jurídico (compraventa,
donación, permuta, cesión de derechos, etc.)
Modos de operarse la transmisión: la transmisión de derechos o deudas se efectúa mediante los siguientes
mecanismos:
Cesión de créditos: es el contrato en virtud del cual una de las partes – cedente- transfiere a la otra – cesionario- un
derecho (art.1614). La cesión debe hacerse por escrito, sin perjuicio de los casos en que se admite la transmisión del
título por endoso o por entrega manual (art.1618).
¿Quiénes son las partes? Las partes en el contrato son el cedente y el cesionario.
Caracteres:
a- es consensual: supone un contrato que se perfecciona con el acuerdo de voluntades de las partes (cedente y
cesionario). Resulta trascendente la notificación al deudor cedido, pero tal notificación es un requisito necesario para
que la cesión produzca efectos respecto a dicho deudor y a terceros, no así entre los contratantes.
116
b- Formal: la cesión debe hacerse por escrito como principio, aunque se admiten otras formas de instrumentación
tradicionales (por ej: endoso o entrega manual) y se exige escritura pública para la cesión de derechos hereditarios; para
la cesión de derechos derivados de un acto instrumentado en escritura pública; y para la cesión de derechos litigiosos.
c- Bilateral en los casos en que se pacte una contraprestación – cesión venta o cesión permuta- o unilateral en el caso de
cesión donación donde la obligación es solo para el cedente. Es un contrato a título oneroso en los casos de cesión
compraventa y cesión permuta, y a título gratuito en el caso de la cesión donación.
ARTÍCULO 1616. Derechos que pueden ser cedidos Todo derecho puede ser cedido, excepto que lo contrario resulte
de la ley, de la convención que lo origina, o de la naturaleza del derecho.
ARTÍCULO 1617. Prohibición No pueden cederse los derechos inherentes a la persona humana.
ELEMENTOS DE LA CESION
El articulo 1616 al decir que todo derecho puede ser cedido, se remite a las normas generales que regulan el objeto de
los contratos (arts. 1003 a 1010 ccyc), aclarando que las excepciones deben estar contenidas en la ley, en la misma
convención que origina la transferencia, o surgir de la misma naturaleza del derecho, como la prohibición emanada del
art.1617 u otras limitaciones específicas como por ejemplo la prohibición de ceder el derecho a percibir alimentos
(art.539) o la prohibición de ceder el pacto de preferencia (art.1165 ccyc).
La restricción se refiere a los derechos personalísimos, pero cabe considerar también contenidos en el concepto, los
derechos cuya acción surge de determinadas condiciones personales del titular, como los determinados por obligaciones
en los que la persona es esencial – intuitu personae- o dependen de la posición del sujeto en una relación de
parentesco.
Capacidad de ejercicio:
La capacidad depende de si se trata de una cesióncompraventa (el cedente debe disponer de sus bienes y el cesionario
poder obligarse) cesión – permuta (ambos contratantes deben poder obligarse y disponer de sus bienes) o cesión –
donación (el cedente y el cesionario deben poder contratar). Rigen las normas sobre capacidad privativas de cada
contrato. La capacidad de ejercicio o de goce se refiere a la aptitud para actuar por si los derechos reconocidos por el
ordenamiento jurídico. Las regulaciones jurídicas han diseñado como justificación o fundamento de estas incapacidades
la protección del sujeto; las restricciones admisibles a la capacidad de hecho se fundan en ciertas condiciones de la
117
persona – como la minoría de edad y la condición de salud mental- que la tornan vulnerable frente a terceros,
exponiéndola a riesgo de perjuicio o abuso en el libre tráfico jurídico.
ARTÍCULO 1618. Forma La cesión debe hacerse por escrito, sin perjuicio de los casos en que se admite la transmisión
del título por endoso o por entrega manual. Deben otorgarse por escritura pública:
b) la cesión de derechos litigiosos. Si no involucran derechos reales sobre inmuebles, también puede hacerse por acta
judicial, siempre que el sistema informático asegure la inalterabilidad del instrumento;
Se reconoce explícitamente la concepción moderna de documento, por lo que el contrato de cesión o transferencia de
derechos puede hacerse constar en cualquier soporte. Así también, en el caso de la cesión de derechos litigiosos que no
involucren derechos reales sobre inmuebles, se puede hacer constar en acta judicial siempre que el sistema informático
asegure la inalterabilidad del documento.
Dado el carácter consensual del contrato de cesión, sus efectos se producen desde la celebración del acuerdo, o bien
desde la oportunidad en que las partes pacten, en ejercicio del principio de autonomía de la voluntad. Tales efectos son:
a- Se transmite el crédito con sus accesorios. Como principio general (fianza, hipoteca) la cesión de un crédito
garantizado con una prenda no autoriza al cedente o a quien tenga la cosa prendada en su poder a entregarla al
cesionario (art.1625)
b- Pago. Se debe siempre que las cesión sea onerosa, caso en el cual el cesionario debe hacer efectiva la
contraprestación a su cargo. Nada se debe, en cambio, si el derecho transmitido tuvo lugar en virtud de la cesión
gratuita.
c- Garantía de evicción. Si al cesión es onerosa, el cedente garantiza la existencia y legitimidad del derecho al tiempo de
la cesión, excepto que se trate de un derecho litigioso o que se ceda como dudoso ya que significan una falta de certeza
sobre la futura cobrabilidad del crédito. Por ello, aun si la cesión es onerosa, suele hacerse por un monto menor al que
hubiere correspondido abonar si se tratara de un crédito seguro y exigible. El cedente no debe garantizar la solvencia del
deudor, ni de sus fiadores o garantes, excepto que haya mala fe.
d- Casos de derechos inexistentes al tiempo de la cesión. En estos supuestos, los efectos son diferentes según si el
cedente obro de buena o mala fe. En el primer caso, el cedente debe restituir al cesionario el precio recibido, con sus
intereses. Pero si aquel obro de mala fe, debe además la diferencia entre el valor real del derecho cedido y el precio de
la cesión, siendo esta una medida preventiva para desalentar estas conductas ilícitas.
e- Actos de conservación. Toda vez que entre el cedente y el cesionario se haya celebrado un acuerdo que importe la
transmisión de un derecho, pero este no se encuentre aun notificado al deudor cedido, existirá un interés común a los
contratantes de proteger el crédito en cuestión. En tal medida, durante ese periodo ambos interesados podrán realizar
actos conservatorios del derecho (art.1624 ccyc)
118
ARTÍCULO 1619. Obligaciones del cedente El cedente debe entregar al cesionario los documentos probatorios del
derecho cedido que se encuentren en su poder. Si la cesión es parcial, el cedente debe entregar al cesionario una
copia certificada de dichos documentos.
La aceptación o consentimiento previo del deudor cedido no es un requisito de validez para que la cesión tenga efectos.
Pero respecto de terceros y especialmente respecto del deudor cedido, la cesión tiene efectos desde su notificación al
cedido por instrumento público o privado de fecha cierta (art.1620). Cabe señalar que la aceptación del deudor es tan
solo la manifestación suya en el sentido de estar informado de la cesión; no implica conformidad ni mucho menos
autorización, porque la voluntad del deudor es aquí irrelevante: la cesión produce sus efectos, aunque el deudor no la
consienta. La notificación que menciona la norma es la comunicación dirigida al deudor haciéndole saber a este la
transmisión del crédito. De este modo, antes de la notificación o aceptación la cesión carece de efectos respecto del
deudor cedido y si este hubiera pagado antes de ello al cedente, el pago se considera correcto y el deudor quedara
liberado. Si el cedente garantiza la solvencia del deudor cedido, se aplican las reglas de la fianza, con sujeción a lo que las
partes hayan convenido. En caso de insolvencia del deudor, el cesionario solo puede recurrir contra el cedente después
de haber excluido los bienes del deudor, excepto que este se halle concursado o quebrado (art.1630). Su la cesión de
créditos es onerosa conlleva la garantía de evicción (art.1628)
A- Transmisión del crédito. El cedente debe transmitir el crédito al cesionario, incluyendo su fuerza ejecutiva y los
accesorios no comprendidos en las ventajas personal de cedente (art.1458 CC) la transmisión se opera por el solo
consentimiento.
B- Garantías. El cedente garantiza al cesionario por evicción solo en el caso en que la cesión es onerosa.
C- Existencia y legitimidad del crédito. ¨el cedente de buena fe responde de la existencia y legitimidad del crédito al
tiempo de la cesión, a no ser que lo haya cedido como dudoso. Si el crédito no existía al tiempo de la cesión, el
cesionario tendrá derecho a la restitución del precio pagado, con indemnización de perdidas e intereses, mas no tendrá
derecho para exigir la diferencia entre el valor nominal del crédito y el precio de la cesión
3- Y si el cedente fuese de mala fe, sabiendo que la deuda era incobrable. En este último supuesto la responsabilidad del
cedente es grave ¨podrá el cesionario exigir la diferencia del valor nominal del crédito cedido y el precio de la cesión y
todos los perjuicios que le hayan sido causados.
4- Deben ser ejecutados los bienes del deudor y las garantías del crédito; y la garantía por evicción se pierde cuando
promedia culpa del cesionario en el perecimiento del crédito, o las seguridades que lo garantizaban.
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2- Debe pagar los gastos de la cesión
ARTÍCULO 1620. Efectos respecto de terceros La cesión tiene efectos respecto de terceros desde su notificación al
cedido por instrumento público o privado de fecha cierta, sin perjuicio de las reglas especiales relativas a los bienes
registrables.
La notificación o la aceptación. Cuando el deudor es notificado de la cesión del crédito, o la acepta, se produce el
embargo del crédito a favor del cesionario. Por la notificación se le comunica al deudor la convención misma de la cesión
o la sustancia de ella, su aceptación produce igual efecto; debe aclararse que esta aceptación solo significa tomar
comunicación de la cesión del crédito, pero de ninguna manera implica que el cedido este de acuerdo con dicha cesión.
El conocimiento indirecto que adquiera el deudor de la existencia de la cesión no equivale a la notificación ni a la
aceptación. Respecto de los demás terceros, para que la transferencia del crédito sea oponible es menester que haya
habido notificación hecha por un acto público. Esta expresión alude al instrumento público. El requisito de la notificación
al deudor cedido no rige en ciertos casos de cesión de derecho que componen una cartera de créditos, ¨siempre que
exista previsión contractual en tal sentido¨. Tratándose del deudor cedido la notificación es eficaz, cualquiera sea la
forma que revista, mediante comunicación escrita o verbal, pues lo que importa es llevar a su conocimiento la
transmisión; el medio empleado debe dar al deudor un conocimiento seguro de la cesión. Cualquiera de las partes
puede practicar eficazmente la notificación de la cesión. Por lo general quien notifica es el cesionario, pues es quien
tiene interés en que se perfeccione el acto frente a terceros. La notificación puede hacerse también por un
representante de las partes. Desde luego la notificación de la cesión debe dirigirse al deudor o a su representante que
estuviera habilitado para pagar en su nombre. Si el deudor fuese incapaz o se tratase de una persona jurídica, la
notificación deberá hacerse a su representante legal. Si los deudores son varios y la obligación es divisible, es necesario
notificar a todos para que la cesión produzca efecto. Si la obligación es solidaria basta la notificación a uno de los
deudores para que la cesión se perfeccione con respecto a todos. Sin embargo, el deudor que pagase al acreedor
cedente, antes de recibir la notificación, haría un pago valido, pues sería hecho a quien está en posesión del crédito.
ARTÍCULO 1621. Actos anteriores a la notificación de la cesión Los pagos hechos por el cedido al cedente antes de
serle notificada la cesión, así como las demás causas de extinción de la obligación, tienen efecto liberatorio para él.
Comparación con la novación por cambio de acreedor y con el pago por subrogación:
La semejanza entre la cesión de derechos y la novación por cambio de acreedor es evidente, pues en ambos casos la
obligación permanece igual y sólo cambia el acreedor. Pero las diferencias son importantes:
1) En la cesión es el mismo derecho que pasa del cedente al cesionario; en la novación media la extinción de una
obligación y el nacimiento de otra Esto tiene la mayor importancia porque en el primer caso el crédito pasa al cesionario
con todos sus accesorios y garantías, en tanto que en la novación esos accesorios se extinguen, salvo reserva expresa y
siempre que quien constituyó la garantía participe en el acuerdo novatorio (art. 940).
2) La cesión se consuma sin intervención del deudor cedido, que sólo debe ser notificado de ella; su papel es meramente
pasivo. En la novación por cambio de acreedor es indispensable el consentimiento del deudor, sin el cual la nueva
obligación no puede nacer (art. 937).
120
3) En la cesión existe la garantía de evicción sobre la existencia y legitimidad del derecho (art. 1628), mientras que no la
hay en la novación, desde que no se trata de la transmisión de una obligación anterior sino de la creación de una
obligación nueva.
4) La novación tiene su campo de aplicación solamente en relación con los derechos crediticios, en tanto que la cesión
puede referirse también a otros derechos.
1) El pago por subrogación es un acto generalmente desinteresado, sin beneficio o utilidad para el que lo hace, puesto
que sólo puede pretender la restitución de lo que ha pagado y no más. En la cesión de derechos, en cambio, hay
usualmente una especulación; los derechos se ceden por un precio que muchas veces difiere sensiblemente del valor del
crédito cedido.
2) La cesión de derechos exige el consentimiento del acreedor cedente; la subrogación puede tener lugar sin
intervención del acreedor, si se tratare de una subrogación legal.
4) El cedente garantiza la existencia y legitimidad del crédito (art. 1628), lo que no ocurre en la subrogación.
5) La subrogación opera todos sus efectos por el solo hecho del pago; en cambio, la cesión no produce efectos respecto
de terceros sino desde el momento en que se ha notificado al deudor cedido.
6) El cesionario sólo puede demandar el pago del crédito cedido mediante la acción que competía a su cedente; el
subrogado tiene dos acciones: una derivada de la subrogación, que es la que correspondía al antiguo acreedor pagado
(arts. 914 y 918);
Con la reventa:
La figura de la reventa se da, en el contrato de compraventa, cuando el comprador revende la cosa cuya propiedad le
prometió transferir el vendedor. Si bien la reventa semeja ópticamente a la cesión de créditos, no hay en ella un vínculo
contractual distinto al básico, no limitándose a dar lugar a la mera sustitución del acreedor; mientras en la cesión de
créditos el cedente no responde en caso de incumplimiento por parte del cedido, el revendedor debe satisfacer al nuevo
comprador cuando el vendedor originario no cumple la entrega prometida.
ARTÍCULO 1625. Cesión de crédito prendario La cesión de un crédito garantizado con una prenda no autoriza al
cedente o a quien tenga la cosa prendada en su poder a entregarla al cesionario.
Según lo establecido en el artículo, en el caso de cesión de un crédito garantizado con una prenda, ni el cedente, ni el
depositario ni el propio deudor, quien quiera que tenga la cosa gravada en su poder, deberá entregarla al cesionario con
fundamento en la cesión realizada.
ARTÍCULO 1630. Garantía de la solvencia del deudor Si el cedente garantiza la solvencia del deudor cedido, se aplican
las reglas de la fianza, con sujeción a lo que las partes hayan convenido. El cesionario sólo puede recurrir contra el
cedente después de haber excutido los bienes del deudor, excepto que éste se halle concursado o quebrado.
El cesionario sólo puede recurrir contra el cedente después de haber excutido los bienes del deudor, excepto que éste se
halle concursado o quebrado. Beneficio de excusión: es el derecho que tiene el fiador de oponerse a hacer efectiva la
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fianza en tanto el acreedor no haya ejecutado todos los bienes del deudor. Mediante el uso de este derecho el fiador le
dice al acreedor que se dirija en primer término contra los bienes del deudor principal antes de dirigirse contra él. La
norma regula el supuesto de asunción del riesgo de incobrabilidad por el cedente, lo que se da cuando este garantiza al
cesionario la solvencia del deudor. Ello importa establecer que, en caso de no resultar solvente el cedido, el cedente
pagara al cesionario el monto del crédito que este debería haber percibido del deudor. Según lo establecido aquí, se
aplican a tal supuesto las reglas del contrato de fianza, regulado en los arts.1574 a 1598 ccyc, lo que impone que el
cesionario deba excutir los bienes del deudor cedido antes de dirigir su acción contra el cedente. Lo que no será
necesario en caso de encontrarse aquel concursado o quebrado (art.1584 inc. a) y entendemos que tampoco de darse
los restantes supuestos previstos en el art.1584 ccyc o de mediar constitución de fianza solidaria (art.1590ccyc)
Cesión impropia concepto: en tanto la cesión propia implica en si la mera transferencia del crédito, con la cual agota su
finalidad, la cesión impropia es un acto causal, toda vez que la transferencia del crédito es realizada para extinguir una
obligación anterior. Cesión pro-soluto. Cuando la cesión impropia es pro-soluto (como pago), el cedente solo responde
de la existencia y la legitimidad del crédito, pero no de la solvencia del cedido. Cesión pro solvendo. En la cesión
impropia pro solvendo (para pagar), el deudor cedente asume el álea de la insolvencia del cedido, con el efecto de que,
si aquel no paga, su deuda originaria renace.
Cesión de deudas
ARTÍCULO 1632. Cesión de deuda Hay cesión de deuda si el acreedor, el deudor y un tercero, acuerdan que éste debe
pagar la deuda, sin que haya novación. Si el acreedor no presta conformidad para la liberación del deudor, el tercero
queda como codeudor subsidiario.
Por tanto, en caso de que el deudor ceda su deuda a otra persona será necesario el consentimiento expreso y categórico
del acreedor, a fin de proteger a este del peligro de que el nuevo deudor sea insolvente. En la cesión de deuda se
transmite el carácter de deudor a un sujeto distinto de las partes, quien toma a su cargo el deber de realizar el pago de
la prestación de la que se trate, quedando intacta la estructura de la obligación. Aparece aquí, como elemento
necesario, la intervención del acreedor cedido. Dicha intervención debe ser requerida y de la actitud que asuma el
acreedor cedido se pueden derivar dos situaciones diversas: si presta su conformidad, se libera al deudor original,
quedan obligado solo el cesionario de deuda; si al rehúsa, el cesionario se convertirá en un codeudor solidario, quien
deberá responder junto con el obligado original.
Importancia: la cesión de deudas puede ser de gran utilidad como mecanismo de simplificación de las relaciones
jurídicas, ejemplo: si A es acreedor de B y a su vez deudor de C puede consultar la conveniencia de todos que, mediante
el traspaso de la deuda, B le pague directamente a C, con lo que cancelara la deuda de A, evitando un doble traspaso de
bienes que puede ser innecesario y oneroso.
La cesión de deudas en el derecho argentino El código civil argentino no la regula, pero la doctrina en general considera
viable y no ve impedimento legal para que se lleve a cabo si las partes están de acuerdo y más aún, hay casos en que el
código lo admite (ej: el contrato de locación con todas las obligaciones del inquilino se puede ceder, se refiere a la
transmisión de deudas hipotecarias) En cuanto a la forma debe hacerse por escrito y en cuanto a la capacidad se aplican
las reglas analógicas de la cesión de créditos.
Asunción privativa de deuda Es la traslación de deuda que resulta de un contrato celebrado entre el deudor y un
tercero, por el cual este se compromete a satisfacer la obligación en reemplazo del deudor primitivo. Tal convenio queda
subordinado en su plena eficacia a la aprobación del acreedor, pudiendo las partes mientras tanto revocar o alterar lo
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convenido. Si el acreedor rehúsa su aprobación, la cesión de deuda no funciona respecto de él, pero si entre las partes,
por lo cual el cesionario queda obligado a satisfacer la deuda, a menos que se hubiese convenido lo contrario.
Asunción acumulativa de deuda o accesión de deuda: es el convenio entre el deudor y el tercero, acerca del traslado de
la deuda, haciendo abstracción de lo que decida el acreedor. Hay aquí un desdoblamiento: para el acreedor nada ha
cambiado; entre las partes de la cesión esta produce todos sus efectos; el carácter de deudor pasa al cesionario, quien
debe pagar al acreedor, y ante la negativa de este debe consignar judicialmente el pago como tercero interesado. El
deudor retiene su calidad de tal frente al acreedor, pero si se viera forzado a pagarle, puede accionar contra el
cesionario para que este le indemnice el perjuicio que su incumplimiento le ha causado.
ARTÍCULO 1633. Asunción de deuda Hay asunción de deuda si un tercero acuerda con el acreedor pagar la deuda de
su deudor, sin que haya novación. Si el acreedor no presta conformidad para la liberación del deudor, la asunción se
tiene por rechazada.
ARTÍCULO 1634. Conformidad para la liberación del deudor En los casos de los dos artículos anteriores el deudor sólo
queda liberado si el acreedor lo admite expresamente. Esta conformidad puede ser anterior, simultánea, o posterior a
la cesión; pero es ineficaz si ha sido prestada en un contrato celebrado por adhesión.
ARTÍCULO 1635. Promesa de liberación Hay promesa de liberación si el tercero se obliga frente al deudor a cumplir la
deuda en su lugar. Esta promesa sólo vincula al tercero con el deudor, excepto que haya sido pactada como
estipulación a favor de tercero.
Es un convenio paralelo a una obligación existente por el cual un tercero se compromete a liberar al deudor
oportunamente, sin quedar obligado a hacerlo frente al acreedor. Esta figura también se denomina en doctrina asunción
de cumplimiento, alcanza resultado semejantes a la asunción acumulativa de deuda, con la que tiene las siguientes
diferencias: a- En la promesa de liberación no hay transmisión de deuda ni incorporación del tercero en la obligación; en
la asunción acumulativa hay transmisión de deuda
c- En la promesa de liberación el promitente queda ajeno a la obligación y el acreedor no podría exigirle el pago; en la
asunción acumulativa el acreedor puede exigir el pago al promitente.
Expromision: Es un convenio celebrado por el acreedor con un tercero, por el cual este se compromete a satisfacer la
obligación ajena a que dicho convenio se refiere. Puede ser simple o novatoria. Tiene este último carácter cuando el
acreedor libera al deudor primitivo y este acepta su liberación produciéndose una novación por cambio de deudor.
Diversamente la ex promisión simple no implica la eliminación del deudor originario y por ello, más que transmisión de
la deuda, es una extensión de ella a un nuevo deudor. Se origina así una nueva obligación paralela, con relación al
mismo objeto debido. El pago de cualquiera de los obligados extingue ambas obligaciones, pero si quien paga es el
promitente se subroga en los derechos del acreedor contra el deudor originario.
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Cesion de patrimonios especiales Un supuesto peculiar de traslación de deudas se presenta cuando se transmite un
patrimonio especial, que como el fondo de comercio engloba un activo y un pasivo. No es admisible que el dueño del
fondo de comercio pueda enajenar solo el activo, dejando sin respaldo a sus acreedores. Pero para evitar esa
contingencia no es justo llegar a la inhibición del comerciante, ni impedirle que pueda beneficiarse con la enajenación
del negocio. Por ello la mayoría de las legislación y entre ellas la nuestra, permiten la enajenación de fondos de
comercio, que, al comprender el activo y el pasivo, incluye una transmisión de deudas. El legislador ha moderado la
repercusión inherente al cambio de deudor mediante el procedimiento de la ley 11.867.
LA LEY 11.867 Según esta ley, solo es oponible a los terceros la transmisión de fondos de comercio con previa
publicación de edictos por 5 días en el boletín oficial – nacional o provincial, según corresponda- y en los periódicos del
lugar en que funcione el comercio. La publicidad debe contener los detalles del fondo de comercio y los nombres de las
partes, intermediarios, escribano, etc. el enajenante debe suministrar al adquirente una nómina firmada de los
acreedores, sus nombres, domicilios, importes de los créditos y fechas de vencimiento. Se prohíbe firmar el instrumento
de la venta hasta 10 días después de vencida la última publicación, en cuyo plazo los acreedores pueden notificar su
oposición al comprador, o al martillero o escribano intervinientes, para que retengan del precio el importe de sus
créditos y lo depositen en el banco que corresponda. La retención debe mantenerse 20 días para que los acreedores
puedan obtener el embargo judicial. La ley establece la responsabilidad solidaria de las partes, martillero y escribano si
no observaren el procedimiento legal. En suma, cuando se enajena un fondo de comercio se da oportunidad a los
acreedores del enajenante para optar por el cobro inmediato de su crédito o aceptar la cesión de la deuda, que pasa al
adquirente. El adquirente solo asume las deudas manifestadas por enajenante. El enajenante no queda liberado con
relación a los acreedores omitidos.
DIFERENCIA CON LA TRANSMISION DE DEUDAS La transmisión de fondos de comercio es una especie de traslación de
deuda muy peculiar, que no entra exactamente en ninguna de las categorías antes enunciadas, aunque se aproxima
bastante a una asunción privativa de deuda, en la que se sustituye el consentimiento del acreedor por una presunción
legal deducida de su ausencia de oposición a la transferencia durante el plazo legal.
ARTÍCULO 1636. Transmisión En los contratos con prestaciones pendientes cualquiera de las partes puede transmitir a
un tercero su posición contractual, si las demás partes lo consienten antes, simultáneamente o después de la cesión.
Si la conformidad es previa a la cesión, ésta sólo tiene efectos una vez notificada a las otras partes, en la forma
establecida para la notificación al deudor cedido.
Establece que, en los contratos con prestaciones pendientes, cualquiera de las partes puede transmitir a un tercero su
posición contractual si las demás partes lo consienten antes, simultáneamente o después de la cesión. Esto difiere de la
cesión de créditos o de deudas porque se caracteriza como un único negocio en el que se transfieren el complejo de
derechos y deberes que están adheridos a la calidad de parte, y que se encuentran unidos por la posición que se detenta
en el contrato. Se transfieren todos los derechos patrimoniales, implicando la sustitución del contratante por un tercero
que se coloca en la misma posición jurídica del transmitente. Lo que se transmite es la situación jurídica que ocupaba el
contratante cedente al tercero cesionario. En la sustitución de la posición contractual resulta necesario que existan
obligaciones reciprocas pendientes de ambas partes.
c- Y que las restantes partes consientan esa transmisión, antes, simultáneamente o después de celebrado el acto que da
cuenta de ella. La autorización previa a la cesión puede ser establecida en el contrato que vincula a las distintas partes,
enunciando allí el procedimiento a observar para el caso que alguna de ellas quiera ceder su posición contractual. En tal
caso, de acuerdo a lo previsto en la norma, la cesión solo tendrá efectos una vez notificada a las restantes partes en la
forma establecida para la notificación al deudor cedido por instrumento público o privado de fecha cierta (art.1620
ccyc). Pero aun cuando ello no haya sido así establecido, o la cesión se encuentre expresamente prohibida por el
contrato – el contrato puede limitarla por considerar esencial la persona de la parte, puede excluir de los posibles
cesionarios a determinados sujetos, como empresas de la competencia, o bien puede establecer un pacto de preferencia
a favor de las restantes partes, (art.997 ccyc), ella puede tener lugar si es consentida por las distintas partes del
contrato, en una suerte de modificación sobreviniente de las estipulaciones originales.
EL SUBCONTRATO:
ARTICULO 1062.- Interpretación restrictiva. Cuando por disposición legal o convencional se establece expresamente
una interpretación restrictiva, debe estarse a la literalidad de los términos utilizados al manifestar la voluntad. Este
artículo no es aplicable a las obligaciones del predisponente y del proveedor en los contratos por adhesión y en los de
consumo, respectivamente.
Según la norma el subcontrato es un nuevo contrato derivado de otro principal. Sus partes son el subcontratante y el
subcontratado y, a partir del consentimiento entre ellos alcanzado, aquel crea a favor de este una nueva posición
contractual. Surge con claridad del artículo que, aun cuando se hable de un nuevo contrato, este es derivación de otro
principal, del que resulta accesorio; por lo que el subcontrato subsiste y es eficaz en tanto lo sea el contrato base. Se
trata de una suerte de desprendimiento del contrato base que no debe confundirse con la cesión de posición
contractual regulada en los arts.1636 a 1640 ccyc.
a- La locación de cosas, contrato en el que la sublocación se encuentra regulada en los arts.1214 a 1216 ccyc.
b- El leasing, en el que el tomador del leasing puede arrendar el bien (art.1238 parr.2 ccyc)
c- El contrato de obra y servicios, en cuya regulación se prevé que el contratista o prestador de servicios pueda valerse
de terceros para ejecutar el servicio, salvo que hubiera sido elegido por su cualidades personales (art.1254 ccyc); en la
franquicia, en el que se prevé que el franquiciado con autorización del franquiciante y el franquiciado mayorista, puedan
otorgar subfranquisias (art.1518 inc. a ccyc); en el contrato de agencia, en el que se prevé la institución de subagentes
por el agente que cuenta con consentimiento del empresario (art.1500 ccyc) y en el de concesión, en el que se prevé
que el concesionario pueda, de contar con la autorización del concedente, designar subconcesionarios, agentes o
intermediarios de venta.
Por vía de este mecanismo contractual, un subcontratante puede desglosar sus derechos con relación a un determinado
bien, para hacer aprovechamiento de ellos en uno o varios subcontratos con personas que resultan terceros respecto de
un contrato original, del que el subcontratante obtuvo su legitimación para entablar nuevos vínculos contractuales
derivados.
Límites a la subcontratación: De acuerdo a lo establecido en el art. 1070 CCyC, la subcontratación puede darse siempre
que existan prestaciones pendientes de cumplimiento en el contrato principal o base, las que pueden ser objeto de un
contrato derivado que comprenda la totalidad o parte de ellas. Pero tal subcontratación no podrá tener lugar cuando las
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obligaciones a cargo de quien sería subcontratante en el contrato derivado requirieran de prestaciones personales.
Dicho carácter personal puede surgir de la naturaleza de la prestación debida, pero puede ser también estipulado por las
partes, aun cuando pudiera considerarse que se está ante una obligación en la que la persona del deudor no resulta
esencial. Así deben considerarse los casos en los que se prohíbe la subcontratación.
Pago con subrogación Uno de los efectos accidentales del pago es el subrogatorio, que implica la subrogación o
reemplazo del acreedor por un tercero que lo ha satisfecho. La subrogación es un fenómeno que aparece en materia
jurídica: en la acción subrogatoria, indirecta u oblicua, en la cual el acreedor reemplaza al deudor inactivo en los
reclamos contra los propios deudores de éste; en la subrogación real, que sucede cuando es sustituido el objeto de una
relación jurídica, reemplazando los bienes salidos de un patrimonio con aquéllos entrados en su lugar.
1- un tercero satisface al acreedor realizando la conducta que habría debido cumplir el deudor,
Efectos del pago con subrogación: Como consecuencia de ese funcionamiento del pago con subrogación se produce un
desdoblamiento de los efectos principales del pago, de la extinción del crédito y de la liberación del deudor:
El acreedor es satisfecho efectivamente, pues la prestación resulta realizada por un tercero por cuenta del deudor y hay
un pago propiamente dicho; u obtiene su finalidad y, su crédito queda extinguido; Pero el deudor no se libera, como el
tercero sustituye al acreedor en la relación obligacional, dicho deudor queda obligado hacia un tercero.
Diferencias con la cesión de créditos: En la cesión de créditos hay una especulación, desde que el cesionario percibe su
monto total, aunque haya pagado un monto menor para obtener la cesión, en tanto el tercero que subroga en los
derechos del acreedor sólo está facultado para recuperar lo que invirtió:
1- El cesionario es investido con las mismas acciones del cedente, el tercero que subroga en los derechos del acreedor
puede optar por elegir otras acciones a que lo autoriza la ley; 2- La garantía por evicción propia de la cesión de créditos
no rige en materia de pago con subrogación
3- En aquélla la voluntad del deudor (cedido) no integra el acto, en tanto en éste, es menester que el deudor no se haya
opuesto a la realización del pago;
4- El acreedor tiene que dar su consentimiento para que haya cesión de créditos, tal consentimiento no es
imprescindible para que se produzca el efecto subrogatorio del pago.
Especies
Legal, que “tiene lugar sin dependencia de la cesión expresa del acreedor”, a favor del tercero (art. 915, CCYC); y
A- de un acuerdo con el acreedor, que “recibe el pago de un tercero, y le transmite expresamente todos sus derechos
respecto de la deuda” (art. 916, CCYC.), y
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B- de un acuerdo con el deudor, cuando éste “paga la deuda de una suma de dinero, con otra cantidad que ha tomado
prestado, y subroga al prestamista en los derechos y acciones del acreedor primitivo” (art. 917, CCYC)
a) del que paga una deuda a la que estaba obligado con otros, o por otros;
b) del tercero, interesado o no, que paga con asentimiento del deudor o en su ignorancia;
c) del tercero interesado que paga aun con la oposición del deudor;
d) del heredero con responsabilidad limitada que paga con fondos propios una deuda del causante.
El artículo 915, inciso 2º del Código Civil confiere subrogación legal al “del tercero, interesado o no, que paga con
asentimiento del deudor o en su ignorancia”. Circunstancias: 1- Se trata de un pago hecho con el consentimiento del
deudor, o en su ignorancia, lo cual excluye de este precepto el caso de oposición de aquél. 2- El solvens dispone de las
acciones derivadas del mandato, o de la gestión de negocios, según sea el caso; y 3- Los terceros interesados se
encuentran a fortiori en igual situación. El tercero que paga con consentimiento del deudor, o en su ignorancia, se
subroga en los derechos del acreedor; si lo hace a pesar de la oposición del deudor, tiene derecho a subrogarse cuando
es tercero interesado.
Ciertos terceros interesados se subrogan legalmente en los derechos del acreedor, aunque paguen contra la oposición
del deudor. Los terceros interesados son:
A- El acreedor que “paga a otro acreedor que le es preferente” (art. 768, Ccyc.) Ese acreedor que paga a otro acreedor
con mejor derecho es interesado, porque evita que este último, a través de un reclamo intempestivo, perjudique la
garantía común que está constituida por el patrimonio del deudor.
B- El codeudor que “paga una deuda al (a la) que estaba obligado con otros” (art. 915, Ccyc) El precepto se refiere a los
codeudores de una obligación solidaria o indivisible, que pagan más que la proporción que les corresponde en la deuda.
No son obligados con otros los codeudores de una obligación simplemente mancomunada de objeto divisible, sólo
deben su cuota, el artículo 693 del Código Civil prevé que no adquieren subrogación legal. No se subrogan si promedia
oposición de los demás deudores, tienen subrogación cuando realizan el pago con su consentimiento o en su ignorancia.
C- El tercero que “adquirió un inmueble, y paga al acreedor que tuviese hipoteca sobre el mismo inmueble” (arts. 915 y
2202 inc. b Ccyc) D- El heredero que “admitió la herencia con beneficio de inventario, y paga con sus propios fondos la
deuda de la misma” (arts. 915 Ccyc.).
El artículo 915, inciso 1º del Código Civil también concede subrogación legal a quienes pagan una deuda a la que estaban
obligados “por otros”. Se trata: 1- de los fiadores simples (arts. 1583, 1587 y 1592, Ccyc) y 2- de los terceros deudores de
una cláusula penal. Tienen subrogación legal, aunque paguen contra la oposición del deudor (art. 1592, Ccyc.).
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Otros casos
La Ley de Seguros: La ley prevé que si la compañía aseguradora resarce a la víctima asegurada “el daño patrimonial
causado por el siniestro”, “los derechos que corresponden al asegurado contra un tercero, en razón del siniestro, se
transfieren al asegurador hasta el monto de la indemnización abonada”, salvo “en los seguros de personas”.
La intervención en los títulos de crédito: La intervención es un instituto por el cual un tercero se ofrece a pagar el
importe de la letra de cambio o del pagaré si no lo hiciera el girado.
CONTRATO DE CESION
Consiste en que el contratante transmita a un tercero íntegramente su situación jurídica en un contrato. Dicha
transmisión puede ser voluntaria o forzada, y en algunos casos, se requiere la conformidad (expresa o tácita) del
contratante en la relación básica. Por lo pronto, el principio de autonomía “de voluntad” y la existencia de contratos
innominados, hacen viable el fenómeno de la transmisión global del contrato, a pesar de que nuestro régimen carece de
una regulación específica.
Importancia.
Su importancia reside en que es de uso frecuente en la vida comercial actual. Es común que quien ha logrado un
contrato (Ej., colocar 5.000 carteles de publicidad de Coca Cola; proveer de combustible por dos años a una fábrica;
mantenimiento de una red de comunicación; etc.) luego no quiera o no pueda seguir con el mismo (Ej., porque se quiere
dedicar a otra cosa; porque le falta personal; etc.) y encuentra la solución transfiriéndole el contrato a otro que quiere y
puede seguir con la operación.
Naturaleza del contrato de cesión: es un contrato de cesión bajo condición suspensiva. Responde a la idea de contrato
en términos del art.1137, sin embargo, es necesaria la aceptación del cocontratante en la relación básica, esta
aceptación actúa, como hecho condicionante suspensivo.
2.-Consensual.
4.-Conmutativo.
5.-De ejecución instantánea, pues el papel de contratante en la relación básica se asume de una sola vez.
EFECTOS:
Entre las partes: el beneficiario de la transmisión ocupa el lugar jurídico del transmitente del contrato básico y si se ha
pactado alguna contraprestación a su cargo, debe pagarla. El transmitente sólo queda liberado de las obligaciones
pendientes en la relación contractual primigenia si el cocontratante accede a ello. Y responde por evicción conforme al
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sistema de la cesión de créditos, por aplicación analógica de sus reglas. Con relación a terceros: el primer tercero es el
cocontratante en la relación básica, luego lo son genéricamente todos quienes no son parte en el contrato de cesión:
a) Antes de producirse el hecho condicionante suspensivo de la aceptación por parte del cocontratante, los terceros
pueden actuar como ante cualquier condición suspensiva pendiente (art.546)
b) luego de ello, deben abstenerse a los términos de la transmisión, sin perjuicio de disponer de todos los medios legales
para atacarla si fuera simulada o fraudulenta, o para prevalecerse de la acción subrogatoria si –por ejemplo- el
transmitente no cobrara al beneficiario de la transmisión el precio pactado al efecto.
El contrato básico y el contrato de cesión. La transferencia del contrato básico es el fenómeno jurídico que hemos
descripto, que no debe ser confundido con su causa-fuente: el contrato de cesión.
El contrato de cesión es el contrato en el cual se conviene transmitir íntegramente el contrato básico. (Ej., Yo celebro un
contrato con “Pepe Publicidades” por el cual le cedo mi contrato con Coca Cola); este contrato tendrá plena eficacia
cuando sea aceptado por el cocontratante de la relación básica (Ej., Coca Cola), funcionando dicha aceptación como una
condición suspensiva.
Aceptación. Efectos:
El cocontratante en la relación básica, al proponérsele la transmisión de la situación jurídica del otro contratante puede:
1.- Aceptar la liberación del transmitente, es decir, consentir en entenderse en lo futuro solo y exclusivamente con el
beneficiario de la transmisión (doc. art.814); la aceptación de aquél debe ser expresa, lo cual no obsta a que, de
antemano, haya admitido tal transmisión.
2.- No desobligarlo, para lo cual le basta con no consentir expresamente en su liberación. En tal situación las relaciones
del transmitente con el beneficiario quedarán limitadas a la relación interna de ellos. No puede en cambio, introducir
modificaciones la papel de beneficiario de la transmisión en el contrato básico; en caso contrario no habría transmisión
del contrato, sino modificación de la relación básica, lo cual constituye un supuesto distinto.
TRANSMISIÓN MINISTERIO LEGIS. En este caso la transmisión integral del contrato se produce por imperio de la ley. Es
una transmisión forzosa; no requiere contrato de cesión ni tampoco conformidad del contratante. Supuestos. Los
supuestos son los siguientes:
1) Locación. Si el inmueble arrendado se enajena, la locación subsiste, o sea, que el inquilino pasa a serlo del adquiriente
(Conf. Art.1498).
2) Relaciones laborales. Si se transfiere un establecimiento, son a cargo del adquiriente las relaciones laborales
existentes al tiempo de la transferencia (Ley de Contrato de Trabajo, art.225).
3) Quiebra: el síndico puede, con autorización judicial, imponer al contratante fallido que el contrato pendiente “se
cumpla igualmente, tomando a cargo del concurso el pago de la prestación pendiente con el contratante no fallido
(art.148, Inc.2º Ley 19.550).
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Consiste en la transmisión integral de una empresa comercial o industrial con su fondo de comercio. Se denomina
“fondo de comercio” a todos los elementos constitutivos de una empresa, como ser: local, instalaciones, mercaderías,
nombre de la empresa, marcas de fábrica. Patentes de invención, clientela, valor llave, etc. (Conf. Art. 1 de la Ley
11.867).
Régimen legal (Ley 18.867 “fondos de comercio”) según esta ley, solo es oponible a los terceros la transmisión de
fondos de comercio con previa publicación de edictos por 5 días en el Boletín Oficial –nacional o provincial, según
corresponda- y en los periódicos del lugar en que funciones el comercio. La publicidad debe contener los detalles del
fondo de comercio y los nombres de las partes, intermediarios, escribano, etc. El enajenante debe suministrar al
adquiriente una nómina firmada de los acreedores, sus nombres, domicilios, importes de los créditos y fechas de
vencimiento. Se prohíbe firmar el instrumento de la venta hasta 10 días después de vencida la última publicación, en
cuyo plazo los acreedores pueden notificar su oposición al comprador, o al martillero o escribano intervinientes, para
que retengan del precio el importe de sus créditos y lo depositen en el banco que corresponda. La retención debe
mantenerse 20 días para que los acreedores puedan obtener el embargo judicial. La ley establece la responsabilidad
solidaria de las partes, martillero y escribano si no observaren el procedimiento legal. En suma, cuando se enajena un
fondo de comercio se da oportunidad a los acreedores del enajenante para optar por el cobro inmediato de su crédito o
aceptar la cesión de la deuda, que pasa al adquiriente. El adquiriente sólo asume las deudas manifestadas por el
enajenante y éste no queda liberado con relación a los acreedores omitidos.
En el art.82 de la ley 19.550 se dispone sobre la fusión de sociedades, que se produce ¨cuando dos o más sociedades se
disuelven sin liquidarse, para constituir una nueva, o cuando una ya existente incorpora a una u otras, que sin liquidarse
son disueltas¨. El efecto esencial es que ¨la nueva sociedad o la incorporante adquiere la titularidad de los derechos y
obligaciones de las sociedades disueltas, produciéndose la transferencia total de sus respectivos patrimonios al
inscribirse en el registro público de comercio el acuerdo definitivo de la fusión y el contrato o estatuto de la nueva
sociedad, o el aumento de capital que hubiere tenido que efectuar la incorporante¨. Se prevé un procedimiento especial
para tal acto (arts.83 a 87), y los acreedores pueden oponerse a la fusión, lo que no impide la operación ¨pero el acuerdo
definitivo no podrá otorgarse hasta veinte (20) días después del vencimiento del plazo, antes indicado, a fin de que los
oponentes que no fueren desinteresado o debidamente garantizados por las fusionantes puedan obtener embargo
judicial¨
En el caso de la escisión (art.88 ley 19.550) los acreedores tienen el derecho de oposición de la misma manera que en el
caso de fusión.
Se define el reconocimiento de la obligación, caracterizándolo como una manifestación de voluntad unilateral del
deudor. Es un acto jurídico (art. 259 CCyC), voluntario (art. 260 CCyC), por medio del cual admite estar obligado al
cumplimiento de una prestación de dar, hacer o no hacer. Se indica que esa manifestación de voluntad puede ser
expresa o tácita, en este último supuesto esa manifestación debe reunir los recaudos del art. 264 CCyC y debe resultar
de actos por los cuales se la puede conocer con certidumbre. El reconocimiento importa por el deudor la admisión de la
existencia de determinada obligación. En principio, ello exige establecer la causa de esa obligación, la prestación a la que
se encuentra obligado, los datos relativos al tiempo en el que ha nacido esa obligación. En lo vinculado a la causa resulta
aplicable en principio la directiva general prevista en el art. 726 CCyC. A la vez, se realiza una regulación expresa sobre la
licitud de la causa de deber en el art. 735 CCyC. Asimismo, al ser un acto jurídico, resultan aplicables los recaudos
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previstos en los arts. 281 y 282 CCyC en relación a la causa fin. De tratarse de un acto abstracto, regirán las directivas de
los arts. 282 y 283 CCyC. En cuanto a la prestación, su determinación hace a la clara especificación de aquello a lo que se
encuentra obligado el deudor, lo cual debe vincularse con la directiva del art. 727 CCyC en cuanto a la interpretación
restrictiva que se dispone respecto de la existencia y extensión de la obligación. Finalmente, la fecha, el tiempo en que
ha nacido esa obligación, es un dato que además de tener relevancia para el deudor en cuanto al tiempo en que esa
obligación es exigible, y con la posible mora, también es trascendente para eventuales derechos de terceros interesados
en la composición del patrimonio del deudor (ver art. 242 CCyC).
El reconocimiento consiste en una “manifestación de voluntad, expresa o tácita, por la que el deudor admite estar
obligado al cumplimiento de una prestación” respecto de otra persona (art. 733). Se considera al reconocimiento de una
obligación como un acto jurídico, al ser un acto voluntario, lícito, que se realiza con el fin de producir una adquisición,
modificación o extinción de relaciones o situaciones jurídicas. (Art. 259). Se trata de un acto unilateral pues para su
formación sólo se necesita la declaración de voluntad del deudor, que puede ser declarativo o constitutivo. Es
declarativo cuando admite la existencia de una obligación anterior; es constitutivo porque también tiene aptitud para
crear una nueva mediante la promesa autónoma de deuda (art. 734). No obstante, si el acto de reconocimiento agrava o
modifica la prestación original en perjuicio del deudor debe estarse al título originario si no hubiese una nueva y lícita
causa de deber (art. 735). En materia de reconocimiento de obligaciones rige la libertad de formas, y puede efectuarse
por actos entre vivos o de última voluntad, por instrumentos públicos o privados, o en forma expresa o tácita. En cuanto
a sus efectos, el reconocimiento de una obligación constituye un medio de prueba de la existencia de la obligación, e
interrumpe el curso de la prescripción liberatoria (art. 2545).
ARTICULO 735.- Reconocimiento causal. Si el acto del reconocimiento agrava la prestación original, o la modifica en
perjuicio del deudor, debe estarse al título originario, si no hay una nueva y lícita causa de deber.
Si el reconocimiento se realiza respecto de una obligación con título o causa anterior, un reconocimiento declarativo de
la existencia de una obligación cuya existencia lo precede en el tiempo. En ese supuesto, rige este artículo que distingue
el nacimiento de esa obligación y el acto del reconocimiento, y advierte que, si el acto del reconocimiento agrava la
prestación original o la modifica en perjuicio del deudor, debe estarse al título originario. Deja a salvo la norma la
posibilidad de que el acto del reconocimiento establezca una nueva y lícita causa del deber. De ese modo se regula la
posibilidad de que en el reconocimiento declarativo de una obligación anterior establezca, sobre esa obligación anterior
en el tiempo, un agravamiento o modificación que, para resultar válida y exigible, deberá verificar un reconocimiento
expreso o tácito de esa modificación o agravamiento. En este último supuesto se autoriza la posibilidad de que se
verifique en el mismo acto un reconocimiento declarativo de una obligación anterior que tendría a la vez modificaciones
o agravamientos que importarían un reconocimiento autónomo respecto de aquella obligación original.
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