Importancia de la ortografía en la escritura
Importancia de la ortografía en la escritura
LOTrO dÍA
Siempre que viene el tiempo fresco, o sea al medio del otonio, a mí me da la loca de pensar ideas
de tipo eséntrico y esótico, como ser por egenplo que me gustaría venirme golondrina para agarrar
y volar a los paíx adonde haiga calor, o ser hormiga para meterme bien adentro de una curva y
comer los productos guardados en el verano o de ser una víbora como las del solojicO, que las
tienen bien guardadas en una jaula de vidrio con calefación para que no se queden duras de frío,
que es lo que les pasa a los pobres seres humanos que no pueden comprarse ropa con lo cara
questá, ni pueden calentarse por la falta del querosén, la falta del carbón, la falta de plata, porque
cuando uno anda con biyuya ensima puede entrar a cualquier boliche y mandarse una buena
grapa que hay que ver lo que calienta, aunque no conbiene abusar, porque del abuso entra el visio
y del visio la dejeneradés tanto del cuerpo como de las taras moral de cada cual, y cuando se viene
abajo por la pendiente fatal de la falta de buena condupta en todo sentido, ya nadie ni nadies lo
salva de acabar en el más espantoso tacho de basura del desprestijio humano, y nunca le van a dar
una mano para sacarlo de adentro del fango enmundo entre el cual se rebuelca, ni mas ni meno
que si fuera un cóndor que cuando joven supo correr y volar por la punta de las altas montanias,
pero que al ser viejo cayó parabajo como bombardero en picada que le falia el motor moral. ¡Y
ojalá que lo que estoy escribiendo le sirbalguno para que mire bien su comportamiento y que no
searrepienta cuando es tarde y ya todo se haiga ido al corno por culpa suya!
César Bruto. Lo que me gustaría ser a mi si no fuera lo que soy (capítulo: Perro de San Bernardo)
1
Leer y escribir : Dos conceptos, muchas definiciones
2
Escribir
Del lat. scribĕre.
Part. irreg. escrito.
1. tr. Representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie. U
. t. c. intr.
2. tr. Componer libros, discursos, etc. U. t. c. intr.
3. tr. Comunicar a alguien por escrito algo. U. t. c. intr.
4. tr. Trazar las notas y demás signos de la música.
5. prnl. Inscribirse en una lista de nombres para un fin.
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Los textos como acciones de lenguaje
Adriana Falchini
I. El contexto socio-subjetivo
Construiremos una primera perspectiva de observación para considerar los textos propios y ajenos. Una
perspectiva que permita comprender que la actividad humana es una actividad de lenguaje, que se organiza
en discursos y produce textos que mediatizan las actividades sociales.
En primer lugar, atenderemos a que cada texto es una acción de lenguaje. Por lo tanto no hay texto sin
contexto de producción. Hay muchísimos factores que influyen en la organización y de un texto;
destacaremos aquellos que influyen en mayor medida en la toma de decisiones que un autor realiza al
planificar, escribir y revisar un texto. Se trata de factores simultáneos que son de carácter físico, social y
subjetivo.
El contexto físico o situacional refiere a la situación espacio- temporal: lugar de producción, de publicación,
de circulación del texto producido; la época y la fecha; el autor que produce el texto y el lector que lo
percibe concretamente.
El contexto socio- subjetivo implica atender a cuatro cuestiones principales:
‘Poner en palabras’ ideas y pensamientos, entonces, no resulta sólo un problema lingüístico sino que
involucra dimensiones psicológicas y socio- discursivas. No se trata sólo de pensar qué decir sino cómo
decirlo en función del destinatario y la situación de comunicación.
Las primeras decisiones de los autores se orientar a construir contexto en el propio texto: las operaciones de
contextualización. Por eso, resulta tan difícil el principio de cualquier texto. Iniciar el texto es iniciar la
conversación con el lector y empezar a construir ‘el espacio mental colectivo’ (tal como lo define
Bronckart).
Los textos tienen las marcas del contexto y cada autor producirá, a su vez, las operaciones de
contextualización necesarias para que el escrito se encuadre en la situación que él se ha representado. El
autor tiene en cuenta durante todo el proceso de escritura el contexto y, a su vez, lo construye en el propio
texto. Pero, no es tan sencillo reponer esas marcas de contextualización para los lectores. En muchas
oportunidades, esas marcas no son tan explícitas y en esos casos, los lectores deben realizar, a su vez, un
esfuerzo por reponer información supuesta o implícita. Y, además, en el estudio nos enfrentamos, muchas
veces, con textos que no fueron escritos para estudiantes sino para otros destinatarios. En esos casos, en la
tarea de la lectura se producen ‘vacíos’ o ‘lapsus’ que son necesarios de completar a través de preguntas a
los profesores, otras lecturas, indagaciones respecto del contexto histórico y cultural. En general, los mismos
textos nos dirigen hacia otros. Si no los hemos leído ni tenemos referencias, es necesario reponer ese
recorrido. (…)
Los autores y los lectores se construyen en el texto como sujetos discursivos que empiezan a dialogar en la
virtualidad del texto. El autor planifica una forma en el escrito que intenta ser una guía para la producción de
significado y que le debe permitir al lector ‘escribir’ su propio texto. El texto se actualiza en la operación de
la lectura y, también, se recontextualiza en una nueva situación comunicativa.
Este diálogo se organiza en una forma determinada, en el ejemplo citado se dice que un libro científico no
debe leerse como una novela. La actividad de pensar, investigar, estudiar genera un modo de escribir
particular: una escritura de ideas y conceptos que adopta distintos estilos según las disciplinas y según la
interacción comunicativa (congresos, clase, exposiciones orales, libros, revistas científicas, periódicos,
suplementos de divulgación científica, entre muchos otros casos)
II. Los textos como ejemplares de un género
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Una función determinada (científica, periodística, cotidiana, académica, religiosa, entre otras ) y unas
condiciones determinadas específicas para cada esfera de la comunicación discursiva, generan determinados
géneros de textos, es decir, unos tipos temáticos, composicionales y estilísticos de enunciados relativamente
estables. El conjunto de géneros elaborados por las generaciones precedentes y las formas que las
formaciones sociales contemporáneas utilizan, transforman o reelaboran forman un intertexto.
Los géneros son instrumentos construidos socio-históricamente en función de mediatizar y organizar las
distintas actividades humanas. Por eso, la apropiación de los géneros constituye un mecanismo fundamental
de socialización y de inserción práctica en esas actividades. El modo en que cada persona se representa la
situación de acción influye la elección de uno u otro. Pero, no elegimos sobre la base de la intertextualidad
propiamente dicha sino sobre la base del propio conocimiento efectivo de los géneros y de sus condiciones
de utilización.
En el caso que nos ocupa, la escritura vinculada a la actividad de estudio, resulta necesario revisar si cuando
leemos o escribimos prestamos atención al estilo genérico de las producciones escritas. Sucede muchas
veces que al decir ‘tengo que escribir o leer un texto’ se piensa en que todos los textos son iguales. Y se
atiende, así, sólo a las cuestiones lingüísticas o textuales.
Sucede lo mismo cuando decimos, por ejemplo ‘textos narrativos’ o ‘textos descriptivos’ sin atender a la
dimensión discursiva. La narración y la descripción no funcionan igual en un informe, en un cuento o en una
publicidad.
Reponer la dimensión discursiva en la observación de textos propios y ajenos implica considerar que un
texto es un ejemplar de un género. Pensar en el contexto de un texto es, sin duda, tener en cuenta las
formaciones socio discursivas ya construidas previamente por generaciones anteriores como producto de la
acción cultural de los grupos y comunidades. Cómo resuelve este problema cada escritor tendrá que ver con
su conocimiento y experiencia social; es decir ¿cuántos textos ha leído? ¿cómo los ha leído? ¿qué tipos de
textos ha frecuentado? y, también, cuántos ha escrito y cómo lo ha hecho. Y, como hemos referido en la
introducción, también dependerá de cuánto ha podido reflexionar y sistematizar acerca de lo que ha escrito y
leído.
En este proceso se adquieren conocimientos indispensables en la actividad de la lectura y la escritura. Estos
conocimientos se activan, justamente, para organizar la comunicación entre autores y lectores. Y, resultan
imprescindibles para poder empezar a escribir un texto ‘ en contexto’. El comienzo de un texto, dice Noé
Jitrik implica un deseo de organización de un conjunto de informaciones muy diversas y desordenadas. Ese
desorden empieza a tomar alguna forma en lo que podemos llamar un esfuerzo de contextualización. Este
autor explica el proceso de la siguiente manera:
César Vallejo es un poeta y recurre a las formas discursivas propias de su oficio. Noé Jitrik refiere al mismo
tema pero lo resuelve apelando a otro intertexto: las formas de la escritura teórica que ha aprendido –a lo
largo de muchos años- en su oficio de investigador. Jitrik escribe en el contexto de otra actividad: pensar y
conceptualizar acerca de la escritura.
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i
Cesar Vallejo es un poeta peruano (Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938) y el fragmento pertenece a “Intensidad y
altura”, en Poemas Humanos.
La autora del artículo que se está leyendo también intenta exponer un razonamiento sobre la
escritura pero se hace pensando en otros destinatarios: estudiantes ingresantes a la Universidad. Se
apela, en este caso, al estilo genérico de la divulgación científica. Otro contexto, otros destinatarios,
otro perfil de autor, otra intencionalidad: otro género de texto. Este artículo se encuadra –en líneas
generales– en el estilo propio de la divulgación científica. En un tipo de divulgación científica –hay
muchas- característico de los intercambios académicos más formalizados, en este caso: el aula
universitaria.
Vallejo, Jitrik, Falchini refieren al mismo tema pero lo contextualizan en forma diferente y esa
contextualización tiene consecuencias en el modo en el que se escribe, y por supuesto, en el modo
en que se lee. Como se puede observar, en este texto hay varias voces porque, justamente, la
actividad de teorizar, pensar, exponer, divulgar se hace en relación con lo que se ha dicho o pensado
antes. Siempre sucede así en los intercambios comunicativos pero en el caso de los contextos
académicos ese diálogo se hace visible para que el lector pueda observar cómo y con quienes se
construyó el razonamiento que se presenta. Y, además, pueda continuarlo. De eso se trata.
Por esa razón, se consignan datos completos de las fuentes utilizadas y se realizan observaciones al
lector. Esa polifonía e intertextualidad organizada por la autora en este artículo le permite reconocer
a los lectores directos (estudiantes) e indirectos (profesores e investigadores interesados por el
tema) la perspectiva desde la que se aborda el tema de la escritura. Hay muchos modos de entender
la escritura y de abordarla didácticamente; la perspectiva que aquí se elige es la propuesta por una
línea teórica: el interaccionismo socio-discursivo. Este marco resulta pertinente desde nuestra
perspectiva- para pensar la escritura no sólo como un trabajo lingüístico e integrar, así, dimensiones
psicológicas y sociológicas.
“Al leer, tres áreas de la corteza exterior del cerebro trabajan: el lóbulo frontal, encargado de procesar las
imágenes; el lóbulo occipital, que asocia los símbolos que percibimos, o sea, las letras con un significado, y
también el lóbulo temporal –cuenta el director científico del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje
(BCBL) en San Sebastián, sin quitar los ojos del libro El tiempo entre costuras de María Dueñas–. Se ven
claras diferencias morfológicas entre los cerebros de aquellos que leen y aquellos que no”.
A diferencia del carácter instintivo del lenguaje –solo basta con estar inmerso en una comunidad para
aprender un idioma–, la lectura y la escritura requieren una instrucción formal. Y, pese a que ahora
convivamos con estas capacidades tan naturalmente, no existen desde siempre: la lectura es una invención
relativamente reciente en la historia de la humanidad. Apareció en diversos sitios del planeta en distintas
épocas. En Mesopotamia en el 3000 a.C., en China en el 1200 a.C. y en Mesoamérica en el 500 a.C.
Fue, sin embargo, hace poco que psicólogos y neurocientíficos corrieron la cortina y descubrieron algo ya
sabido desde hace siglos por escritores, libreros, profesores de literatura, promotores de editoriales y
suplementos literarios: leer nos transforma por dentro. Y mucho.
Carreiras y su equipo de investigadores fueron más allá del sentido común y lo pusieron a prueba. Para ello,
compararon las imágenes de resonancia magnética de los cerebros de veinte ex guerrilleros colombianos
adultos que habían completado un programa de alfabetización con imágenes cerebrales de otros veintidós ex
guerrilleros adultos analfabetos. Y los resultados, publicados en la revista Nature, fueron sorprendentes: las
personas alfabetizadas mostraron un incremento importante en la materia gris, es decir la densidad neuronal,
y en la materia blanca, aquella encargada de conectar los dos hemisferios del cerebro.
“Cada vez que leemos, nuestro cerebro cambia. La lectura provoca alteraciones estructurales como todo
aprendizaje –dice Carreriras, fanático de John Le Carré y e invitado por la Asociación Argentina de Ciencias
del Comportamiento–. El cerebro es un órgano muy plástico. Y leer es para la mente como ir al gimnasio.
Desencadena procesos complejos y automatizados. Por eso nos parecen tan simples”.
La lectura está omnipresente en nuestra sociedad de la (hiper)información. Curiosamente, una vez que
aprendemos a leer no podemos hacer otra cosa que leer palabras. Y lo hacemos a una velocidad tremenda:
cuatro palabras por segundo. O sea, una palabra cada 250 milisegundos. Ninguna actividad humana moviliza
y ejercita tantas variedades de memoria como la lectura: al leer ponemos en acción la memoria verbal y
visual, realizamos varias operaciones complicadas de codificación ortográfica, semántica, fonológica.
Nuestro cerebro, por ejemplo, es sensible a la ortografía, a la posición de las letras en una palabra. No es lo
mismo “sol” que “los”.
Cuando leemos, cuenta Carreiras, no nos detenemos letra por letra. Escaneamos el texto. Si bien no dejamos
de reconocer letras, no somos conscientes de eso. Leemos a pantallazos. Extraemos información a través de
muchas fuentes de información. De ahí, la importancia de la tipografía, la relevancia del diseño gráfico, del
“traje” que viste a un texto. Lo cual explica también por qué no es exactamente lo mismo leer en un libro, en
Internet o en un Kindle, aunque se trate del mismo texto, de las mismas palabras escritas por el mismo autor.
“Además, cuando leemos un texto predecimos, rellenamos. Hay procesos de reconocimiento de palabras. La
lectura es dinámica y se hace salteando letras y pedazos de palabras. Por eso, para ejercitar la memoria y
retrasar los síntomas del Alzheimer la mejor recomendación es leer habitualmente y hablar una segunda
lengua”, revela este especialista en psicolingüística y neurocognición conocido también por investigar por
qué ciertos chicos tienen problemas de lectura.
Leer, así, no es una actividad marcada por la pasividad. Es el combustible de las neuronas, una actividad que
nos enriquece cerebralmente. Y que mueve también nuestro cablerío interno. Según un estudio realizado en
la Universidad de Cambridge, Inglaterra, si una palabra viene acompañada por una serie de estímulos no
lingüísticos cuando la leemos –ya sea un sonido, un olor, una sensación–, cada vez que nuestro cerebro
vuelva a percibirla se estimularán también las áreas encargadas de procesar el estímulo no lingüístico
asociado. O sea: cuando leemos palabras como “chocolate”, “medialunas” o “huevo frito” en nuestro cerebro
se activan también aquellas zonas que utilizamos para captar olores y gustos.
Pero esta habilidad y costumbre, además de fortalecer la imaginación y la concentración, trasciende el mero
hecho de consumir símbolos. “La lectura nos permite hablar con los muertos”, decía Francisco de Quevedo
en el siglo XVI. Conecta personas a través de décadas y kilómetros, rompe las barreras del tiempo y el
espacio: la lectura (y su hermana siamesa la escritura) nos permite transmitir pensamientos de generación a
generación. Se puede legar toda una cultura porque ha quedado impresa mientras que los rasgos de la
oralidad se pierden en el aire (¿cómo hablaban los egipcios?).
Sin la lectura viviríamos en un mundo meramente inmediato, en un presente continuo como lo hace el resto
de los animales. O peor: no tendríamos la capacidad de abstracción e imaginación que la escritura y la lectura
incentivan.
Leer también nos vuelve más veloces mentalmente y permite que nuestra experiencia sensorial sea más rica.
En el caso de los libros gordos, aquellos que superan las 300 páginas, la lectura inmersiva y profunda es el
antídoto contra la tiranía de la superficialidad (y brevedad) de las redes sociales que nos bombardean de
estímulos dejándonos siempre como adictos o, peor, como los perros de Pavlov que salivaban ante un nuevo
sonido. En nuestro caso, la lucecita del celular.
Como explica Emanuele Castano, profesor de psicología en la New School for Social Research de Nueva
York, en un paper publicado en la revista Science, leer –y no solo leer cualquier cosa sino libros de ficción
de calidad, no obras light de Paulo Coelho u Osho– mejora un conjunto de habilidades que nos dan mayor
empatía con el prójimo. Aceita procesos de pensamiento fundamentales en las relaciones sociales complejas
como los que intervienen en el acto de entender el pensamiento y las emociones de otros.
Stéphane Mallarmé, el gran crítico y poeta francés del siglo XIX, decía que, al leer, un concierto solitario y
silencioso se produce en nuestra mente. Todas nuestras facultades mentales están presentes en esa exaltación
sinfónica. Neurocientíficos y psicólogos como Carreiras ahora amplían esta imagen: leer es una actividad tan
musical como eléctrica. Todo un festín para el cerebro.
Llamada también sumillado. Es una técnica muy utilizada para hacer anotaciones en los márgenes de
las hojas del libro. En ellas se expresa, con apenas un par de palabras, la idea fundamental
del párrafo leído. Se trata de una técnica de estudio muy utilizada, junto con el subrayado para la lectura
comprensiva y constituye el paso previo a la elaboración de esquemas.
La nota marginal o sumillado es realizada en el propio texto, lo que la hace accesible y práctica.
Luego se realiza una segunda lectura o lectura comprensiva, en el cual se va a requerir toda la atención
del lector y poder de concentración.
Y por último se analiza minuciosamente cada párrafo. En esta fase el lector se puede valer de las
siguientes palabras que le ayudarán a definir las notas marginales: características, protagonistas, situación,
orígenes, causas, efectos, lugares, clases de, importancia, entre otras
EL mapa conceptual
También llamado cuadro de llaves, es aquel que a primera vista presenta con claridad las ideas
principales del tema al que se refiere, ordenadas de mayor a menor generalidad.
1.- Como primer paso para hacer un cuadro sinóptico se debe leer y comprender el material objeto de
estudio, se debe familiarizar con el tema y conocerlo de manera general.
2.- Cuando este revisando o leyendo el material debe identificar las ideas principales o centrales por
ejemplo si usted está leyendo un libro completo las ideas principales podrían ser los capítulos (aunque
usted podría agrupar las ideas principales de acuerdo a secciones del libro que podrían ser un grupo de
capítulos). La elaboración de resúmenes puede ser útil en este paso. Se debe eliminar las partes del texto o
material que ofrezcan la misma información, es decir eliminar redundancias.
3.- Sustituir un conjunto de conceptos, objetos, eventos o situaciones por un término más global que los
incluya o describa de manera general. Se debe designar una o varias palabras para asignarlas a una idea
global en lugar de una, enumera los objetos o conceptos uno por uno, esto es solo agrupar conceptos,
objetos o situaciones que compartan características comunes.
4.- Identificar la oración tópico. La oración tópico es la que describe el tema central, la idea más importante
de la que trata un párrafo. Puede estar en la introducción, en el desarrollo de la idea dentro del párrafo o
en la parte de la conclusión de una serie de afirmaciones. En caso que no exista como tal, se debe elaborar
mediante inferencia. Esta oración tópico será el tema principal; el cual será el título del cuadro sinóptico.
5.- Relacionar los elementos principales del texto de manera que se puedan organizar. Se debe identificar
que tan generales son los elementos.
6.- En este paso se debe categorizar las ideas principales identificadas en el material objeto de estudio y
bosquejar el primer borrador del cuadro sinoptico aun con ideas muy generales.
8.- En este paso se debe agregar los detalles de las ideas complementarias.
La estructura básica del cuadro sinóptico es la siguiente:
Aunque esto no debe tomarse de manera definitiva pues cada cuadro sinóptico será diferente, y el
esquema puede ser muy diferente, incluso puede haber ideas complementarias para profundizar en otras
ideas complementarias y por último los detalles. Es posible que un cuadro sinóptico tenga muchos más
niveles que el mostrado en la imagen, dependiendo del tema principal, la complejidad del tema y el grado
profundidad o nivel de detalle que se quiera dar al análisis y diseño del cuadro sinóptico.
– los cuadros sinópticos pueden ser elaborados de manera horizontal de Izquierda a Derecha, o manera
vertical de Arriba a Abajo.
– Se pueden utilizar llaves pero esto no es indispensable, solo diferenciar cada nivel y cada elemento de
nuestro cuadro sinóptico y esto se podría hacer también con rectángulos a alguna otra figura que encierre y
distinga cada idea principal, idea complementaria y detalles.
Es aquel que consta de tantas columnas como elementos se quiere comparar. Cada columna se encabeza
con el nombre del elemento y debajo de él se colocan sus características.
Es importante recordar que siempre debe haber un criterio de comparación, aunque éste no esté
explicitado en el cuadro.
Es aquel cuadro comparativo que tiene la propiedad de poder leerse en columnas(forma vertical)y en
hileras o flias (forma horizontal), de modo tal que las columnas representan las entidades comparadas,
mientras que las filas representan los criterios de comparación:
Gracias a este sistema se puede organizar cierta información en columnas horizontales y verticales. Éstas
columnas sirven para describir y relacionar la información recopilada con la información que se quiere
ilustrar en la tabla.
Antes de realizar un cuadro, se debe tener muy clara la información que se colocará en el mismo.
Para elaborar una tabla de doble entrada, primero se debe seleccionar qué variable se colocará en la fila
superior horizontal. Por otro lado, en la columna del lado izquierdo y de forma vertical, se colocarán cada
una de las variables, describiendo los valores.
Un dato más;
las consignas
Importante para responderlas y también para armarlas para nuestros alumnos
Textualidad. Cohesión: referencia, elipsis,
sustitución, conectores. Cohesión léxica: antonimia,
series ordenadas, cadena cohesiva.
Siempre hablamos de texto, sin haber explicado muy bien de qué se trata. ¿Cuáles son
los elementos que hacen que un texto lo sea?
A contestar esta pregunta nos vamos a dedicar en este encuentro:
¿Cuál de los siguientes escritos, te parece que es un texto?
1.
Este mes se llevará a cabo un encuentro de científicos argentinos. Sin embargo, el
blanco y el negro se seguirán usando. Entonces el prisma es un cuerpo.
2.
Este mes se llevará a cabo un encuentro de científicos argentinos. Se reunirán en la
ciudad de Córdoba. Pero aún no conocemos la nómina de participantes.
La cohesión
La luna
La Luna es el satélite de la Tierra, es decir gira en torno a la misma.(?) Carece de luz
propia.
Su volumen es 50 veces menor que el de nuestro planeta. El radio tiene 1737 km. Es
el astro
más próximo a la Tierra, lo separa una distancia de 384.000km. Carece de atmósfera. Por
esta
causa, los rayos solares inciden directamente sobre la superficie lunar, registrándose
temperaturas superiores a 100 grados durante el día lunar y de 150 bajo cero durante las
noches.
No tiene agua.
Otra consecuencia de la ausencia de atmósfera es que no se produzcan vientos,
nubes,
Su superficie está formada por una base sólida grisácea y algo arenosa. Cubierta de
cráteres de
variado tamaño, desde muy pequeños hasta algunos que llegan a 200km.
Veamos ahora qué significan las diversas marcas que se han apoderado
del texto:
La referencia
Las palabras que quedaron encerradas en los rectángulos no tienen significado propio, se
refieren a otras palabras o frases que ya han aparecido en el texto.
---------------- -------------
---------------- -------------
---------------- -------------
---------------- -------------
Vemos, en estos casos, que para interpretar una palabra o una construcción necesito la
referencia a otras palabras. Algo que ya ha sido nombrado entra nuevamente en el texto.
Gracias a este procedimiento de referencia evitamos las repeticiones que podrían
confundir al receptor de un texto.
Como verás, las palabras que funcionan como elemento de referencia son los
pronombres.
La elipsis
¿Quién se esconde detrás del signo de pregunta?
En el lugar del signo de pregunta se ha omitido una palabra o una construcción, ¿Te
animás a descubrir cuál es?
Por ejemplo, el signo de pregunta indica la elipsis de la frase nominal “la Luna”. Frase
que no hace falta repetir porque ya se había hablado de ella en la oración anterior.
La sustitución
¿Qué otras palabras se utilizaron para nombrar a la Tierra y a la Luna?
La Luna
La Tierra
Aquí se sustituyó una palabra por otra diferente (o por una construcción) pero que se
refiere al mismo objeto.
Los conectores
Los elementos destacados con elipse nos indican que el contenido de esa oración se
conecta con la anterior y reciben el nombre de conectores.
¿Qué relación establece cada uno con las partes que une?
Aquí te enviamos una ayuda:
Conectores Plantean una relación de -------------------
causales causa y efecto entre las oraciones -------------------
-------------------
La cohesión léxica
Veremos, ahora, algunas de las relaciones semánticas que pueden tener las palabras en
un texto.
1. Antonimia:
A veces las palabras se relacionan entre sí por nombrar objetos, acciones o estados
opuestos. ¿Qué ejemplo podrías señalar en el texto que trabajamos?
2. Series ordenadas:
Señalá la enumeración que aparece en el texto. ¿Con qué denominación podrías
englobar a cada uno de sus componentes?
Llamamos series ordenadas a la enumeración de elementos que se relacionan entre sí
por tener un referente común.
¿Cómo sería una serie ordenada a partir del referente mamíferos? ¿Podrías proponer
alguna otra?
3. Cadena cohesiva:
¿Cuál es el tema del texto? ¿A qué disciplina pertenece?¿Qué palabras aparecen en el
texto que son propias de esa disciplina?
Todos estos términos mantienen un vínculo semántico o de significado con respecto al
tema. Vemos cómo las palabras van construyendo cadenas de significación, cuya
interpretación depende de los conocimientos que tenga el receptor.
IMPORTANTE PARA APLICAR EN NUESTRAS PRODUCCIONES ESCRITAS
● REFORMULATIVOS: Indican que un enunciado posterior reproduce total o parcialmente, bajo otra forma,
lo expresado en uno o más enunciados anteriores.
EXPLICACIÓN: es decir, o sea, esto es, a saber, en otras palabras, de hecho.
RECAPITULACIÓN: en resumen, en resumidas cuentas, en definitiva, en suma, total, en una palabra, en
otras palabras, dicho de otro modo, en breve, en síntesis, recapitulando, brevemente, en pocas palabras,
globalmente, en conjunto, recogiendo lo más importante, así pues, como se ha dicho.
EJEMPLIFICACIÓN: por ejemplo, así, así como, verbigracia, por ejemplo, particularmente, en particular,
específicamente, incidentalmente, para ilustrar, en el caso de, vale la pena decir, hay que hacer notar,
conviene destacar, lo más importante, la idea central es, en efecto, efectivamente.
CORRECCIÓN: mejor dicho, o sea, bueno.
El texto argumentativo
Hacer memoria
La avanzada racista que está esparcida en el sentido común argentino generó nuevos mecanismos,
tanto de ataque como de defensa. Uno de estos últimos se implementó en algunas escuelas, a
instancia de docentes y de historiadores porteños que invitaron a los chicos a recordar sus orígenes.
En la década del 90 tuvimos una buena idea: asumir que los argentinos, como todo el resto de las tribus
del mundo, tenemos un problema de intolerancia. Por muchos años, este problema –como la homofobia, el
machismo, el abuso infantil– quedó tapado por las urgencias políticas de un país apretado por los
militares. Parecía frívolo hablar de racismo cuando no se podía ni votar al intendente, resultaba imposible
hacer algo al respecto cuando se torturaba y secuestraba.
Hablar de prejuicios es sano. Es comenzar a ver que somos capaces de ser victimarios y no sólo
víctimas, como nos acostumbramos a sentirnos y como muchos siguen sintiéndose. En este país que lucha
por salir del tercer mundo, en este país sin importancia que es llevado como el viento por los procesos que
protagonizan las potencias y donde tantos se sienten nada, es posible encontrar alguien más indefenso que
nosotros, y pisarlo.
Argentina tiene sus wetbacks, que no cruzaron el río Grande con sus hijos a cuestas pero llegaron a una
Buenos Aires que está tan lejos en el espacio y el tiempo de Bolivia o Perú como lo está Chihuahua de Los
Angeles. Hay un morboso sentido de la superioridad que se despierta en unos cuantos al encarar al
inmigrante pobretón y morocho: sentirse por un minuto dueño de algo deseable, dejar de ser el último
orejón del tarro, ser como un gringo, tener más que el otro. Si la pregunta que le quisiéramos hacer al
raro residente europeo o norteamericano es “¿por qué se te ocurrió quedarte acá?”, la pregunta que le
hacemos al inmigrante latinoamericano es “¿por qué voy a dejarte quedar acá?.”
Dividirse en colonias, como las amebas, es una pulsión humana. Recorrer los odios étnicos del mundo
es encontrarse con grupos que detestan violentamente a otros grupos que, de lejos, resultan
indistinguibles: baluchistanes que asesinan pashtunes, serbios que queman croatas, tutsis que masacran
hutus, etíopes que guerrean duramente contra somalíes. En fin: una Babel de idiomas incomprensibles, de
historias ignotas, de gente que se mata a machetazos por un pasado que es una nota al pie y a nadie le
importa.
Lo que demuestra que el racismo no es una realidad objetiva sino una construcción cultural. En el caso
argentino, la discriminación y el prejuicio reflejan fielmente la doble fuente de la población: el
antisemitismo importado de Europa, el desprecio al indígena heredado de la Conquista. Diecisiete años de
democracia no sólo crearon conciencia de esta mala leche argentina: también crearon mecanismos
nuevos, tanto de defensa como de ataque. La derecha autoritaria nunca se había molestado en convencer,
reclutar, juntar voluntades. Cuando quería el poder, lo tomaba por la fuerza. Cerrada esta opción, se
articula en movimientos de opinión. Esto puede cambiar la única nota fresca que existe en el panorama
del racismo argentino: su falta de peso político. Al contrario de Estados Unidos o Europa, donde el racismo
sirvió y sirve para juntar votos y crear partidos, Argentina nunca había salido del prejuicio difuso,
personal. Daniel Hadad, entre otros, parece haber descubierto este nicho vacante y estar dispuesto a
explotarlo. El inmigrante “ilegal”, invariablemente morocho y latinoamericano, asoma como argumento
de campaña de esta derecha interesada en los temas sociales, en travestis y manos duras, que “defiende”
desde el populismo el “trabajo argentino”.
La iniciativa derechista refleja en paralelo la aparición de un nuevo sentido común que acepta por fin
que hay racismo y lo ve como una amenaza a nuestra misma cohesión como sociedad. Que Argentina tenga
una ley antidiscriminatoria que se está mostrando apta y sensata, que el senador que la promovió sea
ahora el Presidente, que los jueces la acepten, que ONGs y ciudadanos particulares promuevan demandas
usándola, es una muestra de los anticuerpos sociales.
En este contexto, un grupo de historiadores de la Facultad de Filosofía y Letras y docentes de seis
escuelas primarias y dos secundarias de la Zona de Acción Prioritaria, el área porteña donde se concentran
las escuelas con más inmigrantes, realizaron un proyecto de historia oral entre los chicos. El proyecto fue
simple: los pibes entrevistaron a sus padres y sus abuelos, reconstruyeron la historia de su llegada al país,
sus desvelos, sus choques con la realidad, sus alegrías. Se encontraron, asombrados, con que eran algo
más que “negritos”, raros de nacimiento y distintos por portación de cara. Descubrieron que tenían un
pasado, una herencia. El proyecto les devolvió un poquito de su historia y de su dignidad como personas.
No es poco: bien por los docentes
En el texto “Hacer memoria” , el autor analiza una cuestión, expone sus puntos de vista, toma una
posición con respecto al tema planteado y desarrolla una argumentación. Segio Kiernan tiene como
objetivo comunicar su propio punto de vista acerca del racismo en Argentina y lo que ello significa. Se
opone a esta situación presentando distintos argumentos, opiniones y puntos de vista sobre el racismo en
nuestro país.
¿Cómo se escribe un texto argumentativo? Estructura del texto argumentativo:
Introducción: Se presenta el tema y su respectiva hipótesis.
Desarrollo: Utilización de argumentos y recursos argumentativos para sostener la hipótesis.
Conclusión: Reafirma la hipótesis planteada, cierre del texto.
Para tener en cuenta al realizar el texto argumentativo:
Si bien un texto argumentativo se puede escribir desde la primera persona del singular o plural, se
recomienda (para ámbitos académicos) realizarlo desde el impersonal.
La utilización de conectores que expresan contraste u oposición ayudan al propósito del texto.
El texto debe tener bien visibles los argumentos que sostienen la hipótesis, sino no calificará como
argumentativo.
Recursos argumentativos:
Cita de autoridad: Se expone una frase o idea de alguna persona reconocida en el tema.
Comparación: Se relaciona el tema o nuestra hipótesis con alguna semejante para darle más
validez.
Pregunta retórica: Son preguntas que no necesitan una respuesta o que su respuesta está implícita.
Llama la atención del receptor en determinado punto.
Ejemplificación: Se explican casos puntuales que sostengan la hipótesis.
Refutación: Pueden darse dos casos, el primero que dentro del texto se proponga una idea, y luego
se descarte; o el segundo, que se cite o se llame la atención sobre la hipótesis de un tercero, para
descartarla y así reafirmar la nuestra.
Enumeración: Se enlistan acciones o argumentos que dan valor o fe de nuestra hipótesis.
Datos estadísticos: Proponen veracidad a la hipótesis.
Causas y Consecuencias: Sostiene la necesidad de nuestra hipótesis al marcar el origen o el final de
acontecimientos parecidos.
Generalización: Se lleva a cabo una relación entre otros casos y se presenta la idea de que todo
funciona de la misma manera.
Ironía: Contraste de ideas que seduce al receptor a rechazar o a evaluar de distinta manera.
Concesión: Uso de argumentos de terceros para aseverar nuestra hipótesis apoyando las bases en
hipótesis anteriores.
Eslogan: Frase que se reitera durante todo el texto para seducir al receptor.
Apelación a la fama: Se cita a un personaje destacado por la comunidad, aunque no sea un experto
en el tema, para apoyar nuestra hipótesis.
Reformulación: Se vuelve a plantear la hipótesis pero con otras palabras.
Conectores Argumentativos:
De estructura: Primer lugar, finalmente, a propósito.
Aditivos, consecutivos y contraargumentativos: además, incluso, por lo tanto, así pues, sin
embargo, no obstante, a pesar de, si bien, pero, ahora bien, con todo, aun así, de todas formas.
Reformuladores: es decir, de todas formas, a saber, o sea, mejor dicho, más bien, de cualquier
modo, en cualquier caso, en pocas palabras, en conclusión,
Refuerzos: en realidad, en el fondo, por ejemplo, de hecho, en particular.
Los textos académicos
El informe
¿Qué es?
Es un texto escrito en prosa con el objetivo de informar sobre hechos o actividades concretas a un
determinado lector o lectores. “Es una exposición de los datos obtenidos en una investigación de campo o
bibliográfica sobre un determinado tema; por eso, su propósito es principalmente informativo”
(Veronicazib, 2012).
¿Cuáles son sus características?
El propósito del informe, como su propio nombre indica, es informar. Sin embargo, los informes pueden
incluir elementos persuasivos, tales como recomendaciones, sugerencias u otras conclusiones
motivacionales que indican posibles acciones futuras que el lector del informe pudiera adoptar.
Es un texto expositivo
Es un texto explicativo
Tiene como propósito dar información sobre resultados de investigación.
Se centra en un tema determinado
Utiliza un lenguaje objetivo.
Se escribe en tercera persona
La estructura predominante es la enunciativa.
En este tipo de textos también está presente una estructura argumentativa.
En ellos también aparece la estructura descriptiva porque se describen hechos.
¿Cuál es su clasificación?
Informe escrito, informe científico, informe de recomendación, informe de calidad, informe anual, informe
de intervención, informe del centro de trabajo, informe del censo, informe de viaje, informe sobre la
marcha de los trabajos, informe de investigación, informe de presupuesto, informe político, informe
demográfico, informe de crédito, informe de valoración, informe de inspección, informe final, informe
ambiental, estudios de viabilidad, informes sobre inmigración, informe estadístico, informe de policía
informes de error, informes de sistemas de software, informe estudiantil, informe médico, entre otros.
¿Cuál es la superestructura?
Como todo texto, debe tener introducción, desarrollo, conclusión.
Los informes toman a menudo la estructura de una investigación científica.
Pueden también seguir una estructura de problema-solución basado en las preguntas o las inquietudes de
la audiencia.
¿Qué se debe tener en cuenta para realizarlos?
En cuanto a formato, los informes varían desde un formato más simple con meros títulos que indican los
asuntos tratados a formatos más complejos incluyendo diagramas, gráficos, imágenes, tablas de contenido,
extractos, resúmenes, apéndices, nota a pie de página, hipervínculo y referencias.
¿Cómo se presenta?
Portada (nombre del estudiante, de la universidad, semestre; año; título, fecha de entrega).
Índice
Cuerpo (introducción, desarrollo, conclusión).
Bibliografía
Anexo
¿Cómo se evalúa?
La evaluación debe ser un proceso.
Coherencia, cohesión.
¿Qué se debe tener en cuenta al momento de realizarlos?
Fijar el objetivo del informe.
Recolectar información.
Elegir la información.
Estructurar la información para la introducción, el cuerpo y la conclusión (mapas, gráficos).
Escoger el vocabulario pertinente.
Escribir borradores para que el profesor los corrija.
Escribir versión final de acuerdo con las anotaciones del profesor.