100% encontró este documento útil (1 voto)
470 vistas172 páginas

Antología Infantil: Cuentos y Curiosidades

Este poema describe a varios animales comprando en un supermercado, incluyendo una jirafa con una garrafa y un elefante con una trompa.

Cargado por

tatiana6fari6a
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
470 vistas172 páginas

Antología Infantil: Cuentos y Curiosidades

Este poema describe a varios animales comprando en un supermercado, incluyendo una jirafa con una garrafa y un elefante con una trompa.

Cargado por

tatiana6fari6a
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Antología

Disfrutando
la lectura
Nombre:

Curso:

© FUNDACIÓN EDUCACIONAL CRECER CON TODOS. 2023. Todos los derechos reservados.

Edición año 2024.


Fundación Crecer con Todos
© Fundación Educacional Crecer con Todos 2015, 2024.
Impreso en Chile

Coordinación de proyecto y autoría de la antología:


Karla Cereceda
María Paz Díaz
Francisca Labayru
Patricio Roco

Revisión de estilo:
Sergio Andrade

Diagramación:
Paulina Bustamante
Patricio Roco
Índice

Pág.
Los tres cerditos................................................................................. 7

Los animales más.............................................................................. 14

Supermercado.................................................................................. 17

Los tres machos cabríos................................................................... 20

La gallinita roja.................................................................................. 27

Grandes construcciones del mundo.............................................. 34

La piedra y el zorro............................................................................ 41

A mi burro, a mi burro....................................................................... 46

El ñame hablador............................................................................. 48

Datos curiosos de la escuela........................................................... 55

En cama en verano.......................................................................... 57
Pág.
El canal de Simón.............................................................................. 60

Don Juanito el panadero................................................................. 66

Niñas y niños de Chile destacados en la ciencia......................... 68

Alí Baba y los 40 ladrones................................................................. 70

El hombre encorvado...................................................................... 78

Ratón de campo y ratón de ciudad............................................. 81

Wombats, héroes en incendios...................................................... 85

El gigante egoísta............................................................................ 87

Las manchas de los sapos.............................................................. 95

Perros con historia............................................................................ 98

Cuento tonto de un ciempiés....................................................... 101


Índice

Pág.
La abeja haragana.........................................................................103

Los murciélagos: animales importantes del bosque................... 107

Los músicos de Bremen...................................................................110

Del hielo a la arena......................................................................... 117

El traje nuevo del emperador........................................................ 129

La liebre y la tortuga....................................................................... 135

Instrucciones para hacer quitapesares........................................ 139

El señor don Gato............................................................................ 142

La jirafa y el rayavirus...................................................................... 145

La tortilla corredora......................................................................... 155

Barbanota, el pirata migrante....................................................... 159


6
Los tres cerditos
Cuento tradicional inglés
Ilustradora: Kintu

H abía una vez tres cerditos que


eran hermanos y vivían en el
bosque. Eran felices y lo pasaban
muy bien juntos, pero el lobo
siempre andaba persiguiéndolos
para comérselos y eso no los dejaba
vivir en paz.

7
Un día el hermano mayor tuvo una idea para protegerse del
lobo: hacer una casa donde podrían estar a salvo. Los otros
dos hermanos estuvieron de acuerdo con la idea. Sin embargo,
no lograron ponerse de acuerdo en qué material utilizar para
construirla. Así que decidieron que cada uno haría su propia casa.

Se pusieron manos a la obra, cada uno construyendo su casita


con el material que escogió.

8
El hermano menor hizo su casa de
paja, plif, plaf, plif, plaf. Terminó muy
rápido y se fue a jugar.

El hermano del medio hizo su casa


de madera, tic, tic, tac, tac. Al ver
a su hermano jugando, se apuró en
terminar para ir a jugar con él.

El hermano mayor hizo su casa de ladrillos,


tiqui, taqui, tiqui, taqui. Pensó que, aunque
se demorara más que sus hermanos, lo mejor
era hacer una casa resistente y fuerte. Tan
entusiasmado estaba que decidió agregarle
una chimenea para estar calientito en
invierno. Con mucho esfuerzo, poco a poco,
logró terminar su hogar.

9
Al día siguiente, mientras los tres hermanos jugaban, apareció el
lobo. Cada uno de los cerditos corrió rápidamente a esconderse
en su casa.

El lobo llegó hasta la casa de paja del cerdito pequeño y aulló:

—¡Soplaré, soplaré y esta casa derribaré!


Sopló y sopló con todas sus fuerzas y la casita de paja se
derrumbó. El cerdito menor corrió a refugiarse en la casa de su
hermano mediano.

10
El lobo, enfurecido, corrió tras de él hacia la casa de madera. Al
llegar frente a la puerta, aulló:

—¡Soplaré, soplaré y esta casa derribaré!


La madera comenzó a crujir, los clavos se soltaron y la casa se
derrumbó. Los dos cerditos salieron corriendo. Su hermano mayor
les abrió la puerta para que se refugiaran con él.

11
El lobo estaba realmente enfadado y hambriento. Quería comerse a
los tres cerditos más que nunca. Se puso frente a la puerta de la casa
de ladrillos y aulló:

—¡Soplaré, soplaré y esta casa derribaré!


Y se puso a soplar. Sopló y sopló, pero no pudo derribar la fuerte casa
de ladrillos. Entonces, se le ocurrió entrar a la casa por la chimenea.

Los tres chanchitos miraban preocupados por la ventana. Cuando


vieron desaparecer al lobo, el hermano mayor adivinó su plan. Así que
se apresuró a poner una olla con agua en la chimenea encendida.

12
El lobo hambriento se deslizó hacia
abajo por la chimenea y cayó en la olla
con agua hirviendo y se quemó la cola.

Escapó de la casa de los cerditos


dando chillidos por todo el bosque,
hasta que llegó al río donde pudo meter
su cola en el agua fría.

Se cuenta que el lobo nunca más quiso


comer cerditos y los tres hermanos
vivieron felices y en paz.

13
Los animales más…
Fundación Crecer con Todos

En el reino animal siempre hay sorpresas y curiosidades, algunas de ellas


muy chistosas y otras muy tenebrosas. Aquí te dejamos algunos “más” del
reino animal.

El más grande
La ballena azul de la Antártica es el animal
más grande del planeta. Alcanza a pesar
180 toneladas (¡cómo 33 elefantes!) y a
medir 29 metros.

Su corazón tiene el tamaño de


un automóvil y puede consumir
3.600 kilos de krill, su alimento
favorito.

El más venenoso
Existe una medusa llamada avispa de mar que
habita en Asia y Australia. Ella es el ser vivo
con el veneno más poderoso. Tocarla puede
causar la muerte en segundos. Muy pocos
animales logran sobrevivir a su veneno.

14
El más rápido
Mucha gente piensa que el animal más rápido
es la chita, pero no. El halcón peregrino puede
llegar a volar a 360 kilómetros por hora sin
ningún problema. ¡Mucho más rápido que un
auto de carrera!

A esa gran velocidad aún puede ver muy bien,


pues también tiene una excelente vista.

El más hediondo El más feliz


El zorrillo es el animal que El marsupial australiano quokka
expele el olor más apestoso. siempre anda con una sonrisa
Cuando se siente amenazado en su cara. Es amistoso y
por un depredador bota un sociable con las personas.
químico con un olor fétido.

15
16
Supermercado
Anónimo
Ilustradora: Pamela Vergara

Cargada va la Jirafa
con una buena garrafa.
Viuda triste se ha quedado
y va vender en el mercado.

El parroquiano Elefante
lleva una trompa constante.
Caracol —junto a la pila—
de su casa un piso alquila.

17
Doña Tortuga y don Oso
venden queso mantecoso
—quesitos requesones,
especial para ratones.

La simpática Lechuza
vende la fresca merluza.
La Vaca vende morcilla,
doña Cerda mantequilla.

18
Y está vendiendo don Gato
el rico paté de pato.
Doña Foca y doña Pingüino
venden el helado fino.

Dos búhos que son poetas


venden cuentos y cometas.
Y lo mejor del mercado
es que todo es regalado.

19
Los tres machos cabríos
Cuento noruego
Ilustrador: Daniel Cuitiño

H abía una vez tres machos cabríos


que eran hermanos y vivían en
un prado verde a la orilla de un río.

El macho cabrío menor tenía los


cuernos pequeños, el del medio
tenía los cuernos medianos y el
mayor tenía los cuernos grandes.

20
Una tarde, después de haberse comido casi toda la
hierba de su prado, los tres hermanos decidieron pasar a
la otra orilla, donde la hierba crecía más fresca y jugosa.
Pero había un gran problema: para llegar al otro lado del
río, debían cruzar un puente. Y debajo del puente vivía un
trol grande y feo, que lo cuidaba de día y de noche.

21
El primero en cruzar el puente fue el macho cabrío más
joven. Corrió trip-trap, trip-trap por el puente y de pronto
se oyó una voz muy ronca que rugía:

—¿Qué es ese ruido en mi puente?

—Solo soy yo, el macho cabrío más joven —dijo este con
una voz muy tímida—. Estoy cruzando el puente para
comer la hierba fresca del prado.

—¿Estás seguro? Si cruzas, te comeré —gruñó el trol.

—¡Por favor, no me comas! —dijo el macho cabrío más


joven—. Soy pequeño y delgado. En un rato vendrá mi
hermano y él es mucho más grande y gordo que yo.

—Está bien —dijo el trol, que era un glotón—. Parece una


buena idea.

Y el pequeño macho cabrío cruzó el puente.

22
Un poco más tarde, el macho cabrío mediano vio a su hermano
pequeño comer hierba al otro lado del puente. Él también quería
comer, así que empezó a cruzar el puente. Corrió trip-trap, trip-
trap, trip-trap por el puente. De pronto, el terrorífico trol salió de su
escondite y subió al puente:

—¿Qué es ese escándalo sobre mi puente? —rugió el trol.

—Soy el macho cabrío mediano. Atravieso el puente para comer la


hierba verde.

—Bien, pues voy a comerte si lo cruzas —dijo el trol.

—¡Por favor no me comas a mí! Espera a que pase el macho cabrío


mayor. Él es mucho más grande y gordo que yo —dijo el segundo
macho cabrío con voz fuerte.

El trol empezó a saborearse


pensando en ese tercer macho
cabrío y dejó que el mediano
pasara a reunirse con su
hermano menor.

23
Justo entonces el macho cabrío mayor decidió cruzar el puente para
reunirse con sus hermanos. Trip-trap, trip-trap, trip-trap, hacían sus
pezuñas mientras caminaba por el puente.

—¿Qué es ese estruendo sobre mi puente? —rugió el trol.

—Soy yo, el macho cabrío mayor —dijo este, con voz fuerte y segura.

—¡Te comeré si lo cruzas! —dijo el trol. Y empezaron a sonar sus tripas


de forma espantosa.

Pero el macho cabrío mayor bajó la cabeza, agarró al trol con sus
cuernos y lo hizo caer al agua.

24
El trol se fue flotando por el río y nunca más volvió a molestar
a los hermanos.

—¡Bien hecho, hermano! —dijeron el macho cabrío


pequeño y el macho cabrío mediano.

Desde entonces, los tres machos cabríos cruzan todos


los días el puente para comer la hierba verde de la otra
orilla del río.

25
26
La gallinita roja
Cuento tradicional inglés
Ilustradora: Pamela Vergara

É rase una vez una gallinita roja que vivía en una granja con sus
pollitos. También vivían ahí un gato, un cerdo y una pata. Estos tres
animales eran muy perezosos y la gallinita trabajaba por todos ellos.
Un día, la gallinita se encontró un grano de trigo y preguntó:
—¿Quién me ayuda a plantar este grano de trigo?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.
A la gallinita no le quedó otro remedio que plantar ella misma el
grano de trigo.

27
Día tras día, la gallinita regó el grano y el sol le dio sus rayos
de luz. El buen trabajo dio sus frutos y al granito de trigo le
crecieron unas largas espigas con grandes granos dorados.
“Ya está lista la cosecha”, pensó la gallinita roja y preguntó:
—¿Quién me ayuda a cosechar el trigo?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.

28
La gallinita roja se armó de paciencia y decidió ella misma
cortar las espigas. Con mucho esfuerzo logró recolectar
muchas de las espigas que habían crecido. Luego, se dio
cuenta de que había que separar los granos de la paja y
preguntó:
—¿Quién me ayuda a separar el grano de la paja antes de
llevarlo al molino?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.

29
La gallinita roja, entonces, con mucho esmero separó los
granos de la paja con su piquito y los colocó en un gran saco.
Como era tan pesado, fue donde sus amigos y les preguntó:
—¿Quién me ayuda a llevar el saco al molino?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.

30
Como nadie quiso ayudarla, la gallinita roja con toda su
fuerza llevó el saco al molino. Allí, el amable molinero convirtió
los granos de trigo en harina y la colocó en el saco.
Al día siguiente, a la gallinita roja se le ocurrió la gran idea de
preparar con la harina, más agua y sal, un rico pan para el
desayuno. Fue donde sus amigos y preguntó:
—¿Quién me ayuda a hacer pan para el desayuno?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.

31
La gallinita roja, muy dedicada, mezcló los ingredientes,
amasó la masa y luego la metió al horno. Al instante,
comenzó a salir un rico olor desde la cocina. ¡El pan ya
estaba listo!
—¿Quién quiere comer de este rico pan?
—¡Yo sí! —respondió el gato hambriento.
—¡Yo también! —continuó el cerdo saboreándose.
—¡Yo más! —dijo la pata aleteando.

32
La gallinita roja miró a sus amigos, pensó un momento y dijo:
—¡Pues no! Yo planté el grano de trigo, lo regué y coseché.
Y el gato no supo qué responder.
—Yo recolecté el trigo, separé el grano de la paja y lo llevé al
molino para hacer la harina.
Y el cerdo tampoco dijo nada.
—Yo mezclé los ingredientes para hacer el pan.
Y la pata se calló también.
—¡Así que yo lo comeré junto a mis pollitos!
Y así, la gallinita roja disfrutó junto a sus pollitos el rico pan recién
salido del horno.

33
Grandes construcciones
del mundo
Fundación Crecer con Todos

La Gran Muralla China


Hace muchos años en China existió un emperador llamado Qin
que no quería que otras tribus entraran a su territorio sin su permiso.
Para evitar a los intrusos, mandó a construir una enorme muralla que
rodeaba todo su imperio.

La muralla fue construida por miles de hombres,


la mayoría esclavos o prisioneros. Para su
construcción se necesitaron ¡100 millones de
toneladas de ladrillos, piedras y tierra!

La Gran Muralla China es patrimonio de la


humanidad. El año 2007 fue nombrada una de
las siete maravillas del mundo.

34
La torre de Pisa
Esta famosa torre ubicada en Italia
es conocida en todo el mundo
porque está inclinada y parece a
punto de caerse.

La torre de Pisa tenía que ser


completamente vertical como
todas las torres, pero las cosas no
salieron como se esperaba.

Cuando estaban construyendo el


cuarto piso, se dieron cuenta de
que la torre se estaba inclinando.
Esto sucedió porque el lugar donde
se construyó es pantanoso y poco
firme.

Ante el riesgo de derrumbe, tuvieron


parar la construcción y dejarla a medias durante mucho tiempo.

Lograron terminarla doscientos años después, en


1350. Desde entonces se ha ido inclinando y ha
adquirido una forma curva parecida a un plátano.

Personas de todas partes del mundo visitan Pisa


para observar la particular forma de esta famosa
torre.

35
Las pirámides de
Egipto
Las pirámides son tumbas
gigantescas donde se
enterraba a los faraones
después de morir. Fueron
pensadas para que el
faraón descansara por
siempre a salvo de los
ladrones de tesoros.

La pirámide tiene su parte más importante oculta bajo


tierra: el sarcófago con la momia del faraón.

Junto a la momia, también se encuentran muchos


objetos. Estos eran puestos allí para que el faraón se los
llevara consigo a la otra vida, ya que los egipcios creían
en la vida después de la muerte.

Estas magníficas construcciones fueron levantadas


gracias al trabajo realizado por miles de obreros
llegados de todo Egipto.

36
Machu Picchu
Esta antigua ciudad inca
se ubica en Perú y nunca
fue descubierta por los
conquistadores españoles.

El nombre Machu Picchu


significa montaña vieja y se
refiere al lugar donde fue
construida: una montaña
de la Cordillera de los
Andes.

Machu Picchu fue una de las


residencias del Inca Pachacútec,
que era el jefe máximo de su
pueblo.

Esta ciudad tiene más de 150


edificios y está formada por
andenes y escaleras que conectan
las diferentes zonas.

Machu Picchu es una de las nuevas


siete maravillas del mundo.

37
Taj Mahal

El Taj Mahal es uno de los edificios más conocidos de India.

Fue construido por el emperador musulmán Shah Jahan hace más de 300
años. Lo hizo en honor a su esposa favorita, que murió dando a luz a su
hijo número catorce.

La parte más conocida del edificio es el mausoleo, que tiene una


cúpula de mármol blanco. Sin embargo, el Taj Mahal también tiene otros
edificios, rodeados por una muralla. Entre estos hay una mezquita, una
casa de invitados y muchos jardines.

Se calcula que en su construcción trabajaron unos veinte mil obreros


dirigidos por un grupo de arquitectos.

El 2007 fue nombrado como una de las siete maravillas del mundo
moderno.

38
Los Moai
Los Moai son gigantescas estatuas de piedra construidas por los habitantes
nativos de Rapa Nui.

En idioma rapanui se llaman Moai Aringa Ora, que significa “el rostro vivo
de nuestros ancestros”. Tenían este nombre porque se fabricaban para
conservar la energía de los antepasados.

Los Moai fueron construidos en roca


volcánica que era esculpida y tallada
por los habitantes de la isla en el lugar
donde la encontraban. Al terminar,
los trasladaban hasta el lugar donde
quedarían y ahí los enterraban en
grandes agujeros.

Según el tamaño de la piedra, un equipo


de escultores podía demorar hasta dos
años en terminar un Moai.

39
40
La piedra y el zorro
Leyenda chilena
Ilustradora: Paulina Bustamante

C uenta la leyenda que, en el desierto de Atacama, en el norte


de Chile, un zorro quería bajar al río a tomar agua. Aunque
tenía mucha sed, no se atrevía porque veía la fuerza del caudal
que arrastraba todo lo que hallaba a su paso.

41
Fue entonces cuando vio la enorme piedra que se encontraba a
sus pies y se le ocurrió una idea. Con ella podría detener parte del
caudal y hacer una poza de agua para beber y saciar su sed.

—Te reto a una competencia —le dijo el zorro a la piedra.


—¿Qué competencia sería? —quiso saber la piedra.
—Hagamos una carrera hasta el río —le propuso el zorro.
—¿Y qué ganará el que llegue primero? —preguntó la piedra.
—Yo sé que siempre te ha gustado mi cola… —le contestó el
zorro.
De inmediato la piedra se imaginó lo hermosa que se vería con la
cola dorada del zorro.
—Acepto —dijo la piedra, sin pensar cuáles serían las verdaderas
intenciones del zorro.

42
—¡Bien! —exclamó el zorro—. ¿Estás lista para empezar?
—¡Lo estoy!
—¡Preparados, listos, ya! —dijo el zorro dando la partida.

El zorro comenzó a
correr cerro abajo y la
piedra se echó a rodar.
Cuando el zorro ya iba
en la mitad de la carrera,
se detuvo para mirar
dónde venía la piedra. Le
había sacado distancia y
pensó que tenía tiempo
para descansar un rato y
recuperarse.

43
Mientras la gran piedra bajaba, se le iban
sumando otras piedras de distintos tamaños.
Cuando el zorro descubrió la gran cantidad
de piedras que rodaban cerro abajo quiso
apurarse, pero ya era demasiado tarde y tuvo
que apartarse para no ser aplastado.

De esta manera, las piedras llegaron primero a la orilla del río. La


piedra fue la ganadora y el zorro el vencido.

44
Finalmente, el astuto zorro pudo saciar su sed, porque las piedras
que llegaron al río formaron una gran poza, pero tuvo que
soportar la vergüenza de la derrota.
Tuvo que darle su preciosa cola a la piedra, que se quedó para
siempre junto al río acompañada por aquel pelaje que todos
nombran “cola de zorro”.

45
A mi burro,
a mi burro
Canción popular
Ilustradora: Kintu

A mi burro, a mi burro
le duele la cabeza,
el médico le manda
una gorrita gruesa.

Una gorrita gruesa,


mi burro enfermo está.

A mi burro, a mi burro
le duelen las orejas,
el médico le manda
que las ponga muy tiesas.

Que las ponga muy tiesas,


una gorrita gruesa,
mi burro enfermo está.

46
A mi burro, a mi burro
le duele la garganta,
el médico le manda
una bufanda blanca.

Una bufanda blanca,


que las ponga muy tiesas,
una gorrita gruesa,
mi burro enfermo está.

A mi burro, a mi burro
le duele el corazón,
el médico le manda
jarabe de limón.

Jarabe de limón,
una bufanda blanca,
que las ponga muy tiesas,
una gorrita gruesa,
mi burro enfermo está.

47
El ñame hablador
Cuento tradicional africano
Ilustrador: Christian Aguilera

Este cuento proviene de Gana, en


África, donde habitan los ashanti.
Uno de los alimentos favoritos de
los ashanti es el ñame, un tubérculo
alargado parecido a la papa.

48
U n día un campesino fue a
su huerto para recoger unos
ñames. Mientras cavaba la
tierra, uno de los ñames le dijo:
—¿Por qué estás aquí? Nunca
me cuidaste y ahora me quieres
sacar y comer. ¡Vete y déjame
en paz!

Muy impresionado el
campesino miró a su vaca,
que tranquilamente rumiaba
pasto, y le preguntó:
—¿Has dicho algo?
Pero la vaca siguió rumiando
sin contestar.

49
El perro, que estaba muy cerca, le
dijo a su amo:
—¡No te habló la vaca! ¡Fue el
ñame! ¡Quiere que lo dejes en paz!
El hombre se molestó con el perro
porque no le gustó su tono. Cogió
el cuchillo y cortó una rama de
una palmera para pegarle. Para
su sorpresa, la palmera lo retó
diciéndole:
—¡No lo hagas! ¡No lo hagas!
¡Suelta esa rama!

El campesino no entendía lo que


estaba pasando y atemorizado
dejó caer la rama. Para su
asombro, la rama le gritó:
—¡Ten cuidado! ¡No me trates así!
Entonces, la puso suavemente
sobre una piedra. Pero la piedra
también protestó:
—¡Quítame esa rama de encima!
El campesino se asustó y se fue
corriendo al pueblo.

50
En el camino, se encontró con un amigo que venía de pescar y
cargaba una red sobre su cabeza. El campesino, desesperado y
casi sin respiración, le contó todo lo que había pasado. Entonces
la red del pescador preguntó:
—¿Qué pasó con la rama? ¿La quitaste de la piedra?
—¡Aaaaay! —gritó el pescador sorprendido y dejó caer la red al
suelo.
Los dos hombres se fueron corriendo al pueblo para contarle todo
al rey.

51
Por el camino se encontraron con un tejedor que llevaba sobre la
cabeza una bolsa con ropa.
—¿Dónde van tan apurados? —preguntó el tejedor.
El campesino y el pescador le contaron todo lo que les había
sucedido.
—No veo motivo para asustarse tanto —dijo el tejedor.
—¡Pues sí que lo es! ¡Si te pasara a ti correrías también! —le dijo una
voz que salía de la bolsa de ropa.
—¡Aaaaay! —gritó el tejedor y dejó caer la bolsa de ropa.
Los tres se fueron corriendo al pueblo para contarle todo al rey.

52
Cuando llegaron al palacio, el rey los
recibió sentado en su trono. Los tres
hombres, muy nerviosos, le contaron
todo lo que había sucedido.
—Yo estaba en mi huerta cuando
todo comenzó a hablar: el ñame,
el perro, la rama y una piedra —le
contó el campesino al rey.
—¡Y mi red también habló! —dijo el
pescador.
—¡Y mi bolsa de ropa también! —
agregó el tejedor.
El rey escuchó tranquilamente.
Después de unos minutos señaló:
—Este cuento es bastante loco.
Vuelvan a sus trabajos o los castigaré
por interrumpir la paz de este lugar.

53
Los hombres se fueron y el rey meneó la cabeza
murmurando:
—¡Puras tonteras!
En eso escuchó una voz.
—¿Es maravilloso o no? —dijo el trono—. ¡Nunca se había
visto un ñame que hablara!

54
Datos curiosos
de la escuela
Fundación Crecer con Todos

Educación de las niñas


Antes la educación era solo para
los hombres. Las mujeres no se les
permitía ir a la escuela, porque ellas
tenían que dedicarse solamente a
las tareas del hogar y a cuidar a sus
hijos.

En algunos países todavía las mujeres no


pueden asistir a escuelas ni universidades.

Malala Yousafzai es una joven pakistaní que


lucha para que las niñas puedan ir libremente
a la escuela. Fue premiada con el Nobel de la
Paz el año 2014.

Foto: Simon Davis / DFID

Escuelas muy lejanas


En el mundo hay muchos niños y niñas que se esfuerzan día a día por llegar a
sus escuelas.

En Chile hay niños y niñas que deben recorrer


grandes distancias para llegar a estudiar.
Algunos lo hacen a pie, con lluvia o mucho
calor.

Maximiliano García tiene 8 años y camina 4


kilómetros para llegar a su escuela en Lloicura,
en la Región del Bio-Bío.

Foto: Esteban Paredes


55
Fabricio vive en Brasil y tiene 6 años.
Él y sus primos recorren 7 kilómetros en
burro, durante una hora, para llegar a su
escuela.

Fotografía de Leonardo Wen

En Tailandia, los refugiados e inmigrantes


birmanos deben ir a una escuela muy lejos
de sus casas. El profesor lleva a los niños en un
pequeño carro a motor.

En otros lugares es el agua lo que separa a los


niños de sus escuelas. En la Guayana Francesa,
deben cruzar el río Maroni en canoas para
llegar a clases.

Fotografía de Nicholas Axelrod

Escuelas al aire libre


En el norte de Europa existen escuelas que desarrollan todas sus
actividades en medio de la naturaleza. Las clases se realizan en
bosques, campos o playas para que niños y niñas puedan explorar
e investigar.

Fotografía de [Link]

En algunos lugares de África, debido a la falta de recursos, los niños y niñas


tienen clases al aire libre. Las mesas están ubicadas como en una sala
tradicional, pero bajo los árboles y el piso es la tierra.

56
En cama en verano
Robert Louis Stevenson
Ilustradora: Kintu

En invierno me levanto de noche


y me visto a la luz de la vela.
En verano, muy por el contrario,
aún hay sol cuando me acuesto.

57
Me voy a la cama obligada a ver
mil pájaros entre los árboles
y a oír los pasos de los adultos
que suenan allá abajo en la calle.

58
Y acaso no les parece cruel
tener que acostarse de día,
si quedan ganas de jugar
y el cielo sigue claro y azul.

59
El canal de Simón
Anónimo
Ilustrador: Patricio Roco

H abía una vez una familia compuesta por una mamá, un


papá y sus tres hijos: Julia, Paula y Simón. Simón era el menor.
Vivían en una casa en el campo y podían salir a jugar afuera,
pero cada vez que salían la mamá les decía, muy preocupada:
—¡Cuidado con el canal! ¡No se acerquen a él!
Simón no sabía lo que era el canal. Es que nunca había visto uno.
Y como nunca había visto un canal, pensaba que el canal
era una especie de monstruo terrorífico al que nadie podía
acercarse.

60
61
Una mañana, Julia y Paula llevaron a Simón a la biblioteca.
—Simón —le dijo Paula—, aunque no sepas leer todavía, puedes
sacar un libro y ver las imágenes, ¿cuál te gustaría pedir?
—Me gustaría un libro sobre un canal —respondió Simón.
—Mmm, me parece que los libros sobre canales son más para
grandes —dijo Julia.
Entonces su otra hermana le trajo un libro para él. En la portada
del libro se veía un gran dragón a la orilla de un río. Simón
preguntó:
—¿Esto es un canal?
—Más o menos —contestó Paula pensando que se trataba del río.
Simón quedó impresionado, pensando que el canal era el
dragón...

62
Al día siguiente, la abuela de los niños llegó de visita para
pasar con ellos unos días de vacaciones. Después de
almuerzo la abuela invitó a sus nietos a dar un paseo al canal.
Simón se puso muy pálido, sintió que le temblaban las piernas
y preguntó con voz tiritona:
—¿No te da miedo, abuelita?
—¿Miedo de un canal? ¡Claro que no! —respondió la abuela.
Simón pensó que a lo mejor el monstruo no era tan terrorífico y
que si su abuela no le tenía miedo, él tampoco le tendría.

63
Después de almorzar, la abuelita y sus nietos fueron a dar el
paseo por el campo. Recorrieron los alrededores del molino
que estaba justo a la orilla del canal y vieron cómo la fuerza
de la corriente del agua lo hacía funcionar. Simón no tenía
miedo, estaba al lado de su abuela y se sentía seguro.
—¿Dónde está el canal? —preguntó con mucha curiosidad.
—¡Pero si está justo al frente tuyo! —exclamó la abuela
apuntando al agua.
—¡Oh! —respondió sorprendido Simón.
¡Entonces comprendió! ¡El monstruo era invisible!

64
De vuelta en la casa, Simón preguntó:
—¿Nunca han logrado cazarlo?
—¿Cazar qué, cariño? —contestó la
abuela.
—Al canal —dijo Simón.
Julia y Paula comenzaron a reír.
Simón pensó que si nadie caza al canal y
el canal tampoco los caza a ellos… ¡No
había de qué preocuparse y podían estar
tranquilos!

65
Don Juanito
el panadero
Karla Cereceda
Ilustradora: Kintu

Don Juanito el panadero


usa un lindo sombrero
y una camiseta blanca
cuyas mangas arremanga.

Él es muy creativo y sofisticado.


¡Más de cien panes ha inventado!
De muchas formas y olores,
con diversos sabores y colores.

66
Si una delicia quieres probar,
su panadería debes visitar.
¡No te vas a imaginar
lo que este maestro puede crear!

Te doy dos consejos de sabor:


el pan de chocolate es el mejor,
y el pan negro de aceituna
es una exquisitez como ninguna.

67
Niñas y niños de Chile
destacados en la ciencia
Fundación Crecer con Todos

Ángela y Bárbara:
jóvenes científicas
Las estudiantes Ángela Mardones
y Bárbara Guerrero, junto a su
profesor de Biología Marcos
Riquelme, del Colegio Santiago de
Pudahuel, descubrieron algo muy
importante para nuestro planeta.

fuente: reveduc

Lograron
comprobar que el
gusano de cera es
capaz de degradar
el plástico ¡en 20
minutos!

Este hallazgo es
importantísimo…
¿Se te ocurre por
qué? ¡Podría ser
la solución a la
gran cantidad de
desechos en el
mundo!

68
fuente: Reuters Staff

Ricky, el niño astrónomo de Pirque


Ricardo Barriga es un niño de 10 años que se apasiona por el universo.
Dice que sueña con descubrir algo importante como una nebulosa o un
planeta.

Desde los 4 años, gracias a una enciclopedia que le regalaron, descubrió


la astronomía1 y hoy tiene varios telescopios. Uno de ellos, robotizado.

Ha sido invitado a participar de charlas y talleres en diferentes colegios.


Además, realiza clases de astronomía con el fin de comprarse un traje
espacial.

Astronomía: ciencia que estudia los cuerpos celestes


1

del universo, por ejemplo los planetas, satélites,


cometas, asteroides, estrellas, etc.

69
Alí Baba y los
40 ladrones
Cuento del libro Las mil y una noches
Ilustrador: Marco Valdés

H ace muchos años vivía un hombre sencillo llamado Alí Babá. Era un
leñador que cortaba leña en el bosque y la vendía en la ciudad.

70
Gracias a su esfuerzo, Alí Babá
consiguió ahorrar algo de dinero,
con el que compró un burro para
llevar la leña. Con su burro, Alí
Babá podía llevar más leña a la
ciudad y ganar más dinero. Fue así
como consiguió tres burros que le
ayudaban en su trabajo. Los otros
leñadores admiraban a Alí Babá por
su forma de ser.

Luego de un tiempo, se casó con una


mujer tan buena y humilde como él y
tuvieron dos hermosos hijos.

71
Un día, mientras Alí Babá cortaba leña en el bosque con sus tres burros,
oyó un ruido muy fuerte. El ruido se hacía cada vez más y más intenso.
Alí Babá trepó hasta la copa de un árbol para intentar ver qué era ese
estruendo.

Desde arriba del árbol, pudo ver a un grupo de caballos galopando a


toda velocidad junto a sus jinetes. Alí Babá los contó, había en total 40
hombres.

Los maleantes se detuvieron frente a una roca. El jefe del grupo dijo:
“¡Ábrete, sésamo!”, y la roca se abrió. Los ladrones entraron, vaciaron
sus sacos y salieron de allí. Luego, alguien dijo: “¡Ciérrate, sésamo!”, y la
roca se cerró nuevamente. Los 40 ladrones montaron sus caballos y se
fueron a toda velocidad.

72
Alí Babá pensó en entrar a la roca, pero le preocupaba que los
ladrones volvieran tras algo olvidado, así que decidió esperar. Después
de una larga espera, el leñador se acercó a la roca y dijo: “¡Ábrete,
sésamo!”, y la roca se abrió.

Alí Babá se encontró con una gran cueva llena de tesoros, monedas
de oro y plata, joyas, lingotes y telas de seda.

Rápidamente fue a buscar los


sacos de la leña y los llenó con
los valiosos tesoros. Mientras
lo hacía, pensaba en cómo
ayudaría a la gente buena y
pobre de su pueblo. Cargó a los
burros con los sacos y se dirigió
de regreso al pueblo.

73
Al poco rato, los ladrones regresaron a la cueva, ya que habían
olvidado guardar un anillo. Al entrar, se dieron cuenta de que la cueva
estaba completamente vacía. Lo único que encontraron fue un hacha
que Alí Babá había dejado.

El jefe de los ladrones, enfurecido, ordenó a sus hombres que buscaran


a todos los leñadores del pueblo.

74
Alí Babá había llegado recién a su hogar cuando escuchó el mismo
ruido que había oído en el bosque esa mañana. Supo de inmediato
que se trataba de los 40 ladrones y que lo estaban buscando. Así que
ideó un plan. Se vistió con las ropas de su padre y se fabricó una barba
con el pelo blanco de uno de sus burros. Así disfrazado esperó a los
ladrones.

Cuando los maleantes pasaron por su casa, le preguntaron:

—Anciano, ¿conoces a algún leñador que viva en este pueblo?

Él les contestó cambiando la voz:

—¡Sí! Mi vecino Alí Babá. Hoy lo vi partir hacia el oriente, con sus
burros cargados de sacos de leña —respondió Alí Babá disfrazado.

75
Los ladrones galoparon inmediatamente al oriente, sin saber que se
estaban internando en el desierto. Después de mucho cabalgar en la
arena se dieron cuenta de que habían sido engañados. Ya era tarde y no
encontraron a nadie. Sus animales estaban agotados y no tenían agua ni
provisiones. Sus días de asaltos habían llegado a su fin.

76
Cuando Alí Babá vio irse a los ladrones le contó a su mujer lo que había
sucedido. Ambos acordaron repartir el tesoro de los ladrones con toda
la gente pobre y honrada del pueblo.

Así fue como Alí Babá pudo hacer el bien con el botín de los 40
ladrones y vivió tranquilo con su familia por el resto de sus días.

77
El hombre encorvado
Adaptación de canción folclórica inglesa
Ilustrador: Christian Aguilera

Había un hombre encorvado


que caminó por un camino torcido.
Encontró una moneda doblada
arriba de una chueca silla.

78
Se compró un gato ondulado,
que atrapó a un ratón doblado,
y todos juntos vivieron
en la torcida casita del prado.

79
80
Ratón de
campo
y ratón de
ciudad
Fábula de Esopo (Adaptación)
Ilustradora: Pamela Vergara

É rase una vez un ratón que vivía en


una humilde cueva en el campo.
Allí no le faltaba nada. Cuando
sentía hambre, el ratoncito buscaba
frutas silvestres, trigo o semillas para
comer. Paseaba entre los árboles y
llevaba una vida muy tranquila y feliz.

81
Un día su primo, un ratón que
vivía en la ciudad, fue a visitarlo.
El ratón de campo lo invitó a
comer una sopa de hierbas.
Pero al ratón de la ciudad,
acostumbrado a comer comidas
más refinadas, no le gustó.
Además, no se acostumbró
a la vida de campo. Decía
que era demasiado aburrida y
simple, por lo que decidió invitar
a su primo a viajar con él a
la ciudad. El ratón de campo
aceptó y partieron.

Cuando llegaron a la ciudad, el


ratón de campo se dio cuenta de
que todo era muy distinto, había
ruido de autos, humo y muchas
personas. Todo a su alrededor
le parecía enorme, los edificios,
tiendas, carteles y semáforos. Le
molestaba el ruido y la prisa con
que parecían caminar todos los
humanos y animales.

82
El ratón de ciudad vivía en el sótano de un hotel. Ahí todo era muy
fino, lleno de alfombras, lámparas y adornos. La despensa tenía
quesos, jamones y muchas cosas deliciosas. Todo era muy diferente a
su madriguera del campo.

Los dos primos se vistieron muy


elegantes y prepararon la cena,
pero justo cuando iban a comer,
vieron que un gato se asomaba
por la puerta del sótano. Los
ratones huyeron velozmente por un
agujerillo.

83
Mientras huían, oyeron los gritos de una mujer que intentaba pegarles
con una escoba.

El ratón de campo, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo a su


primo: “Veo que comes cosas deliciosas y estás muy contento,
pero con peligros y temores como precio. Yo soy pobre y vivo
mordisqueando semillas y trigo, pero vivo en paz y sin temor a nadie.
Hoy más que nunca, aprecio y extraño mi dulce y tranquilo hogar”.

De vuelta en su casa, el
ratón de campo pensó
que jamás cambiaría su
paz por cosas materiales.

84
Wombats,
héroes en
incendios
Fundación Crecer con Todos

A fines del año 2019 y comienzos


del 2020, grandes incendios
forestales destruyeron el hábitat de
muchos animales en Australia. El
fuego arrasó más de 10 millones de
hectáreas de terreno y más de mil
koalas murieron.

Dentro de todas las noticias trágicas,


destacó una que generó felicidad:
los wombats ayudaban a salvar la
vida de muchos otros animales.

Estos marsupiales viven en


madrigueras construidas bajo
la tierra. Gracias a que sus
madrigueras se encuentran a
varios metros bajo la superficie, los
wombats lograron refugiarse del
fuego.

85
Koala Wallabi Edquina

Por lo general, no dejan entrar a otras especies en sus madrigueras. Sin


embargo, en medio de los incendios, permitieron que koalas, wallabies
y equidnas alojaran con ellos. De esta manera, muchos animales que no
tenían dónde escapar y refugiarse encontraron un lugar seguro donde
sobrevivir.

Fotografía de Simon Peel de [Link]

¡Los wombats se destacaron por su bondad y generosidad! ¡Salvaron la


vida de muchos animales!

86
El gigante
egoísta
Oscar Wilde (Adaptación)
Ilustrador: Francisco Arias

T odas las tardes, al salir de la


escuela, los niños del pueblo se
iban a jugar al jardín del Gigante.
Era el jardín más bello que puedas
imaginar. Estaba repleto de flores de
los más variados colores y cubierto
de césped verde y suave. Tenía
árboles inmensos que durante la
primavera se llenaban de deliciosos
frutos. Los pájaros vivían entre las
ramas y llenaban el lugar con sus
dulces cantos.

—¡Qué felices somos aquí! —decían


los niños y niñas.

87
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el
Ogro, y se había quedado con él durante casi siete años. Al llegar, lo
primero que vio fue a los niños jugando en su jardín.

—¿Qué hacen aquí? —gritó enfurecido—. Este jardín es mío, solo mío.
No dejaré que nadie entre aquí.

Los niños escaparon muy asustados. Esa misma tarde, el Gigante


construyó una pared muy alta alrededor de todo el jardín y en la
puerta colocó un enorme cartel que decía:

PROHIBIDO ENTRAR

Era un gigante muy egoísta… Los niños y las niñas se quedaron sin un
lugar donde jugar.

88
Pasó un año, la primavera volvió y todo el pueblo se llenó de
pájaros y flores. Todo, menos el jardín del Gigante Egoísta, pues allí
aún permanecía el invierno. Como no había niños, los pájaros no
cantaban y los árboles se olvidaron de florecer.

—No entiendo por qué la primavera


se demora tanto en llegar aquí.
Espero que pronto cambie el tiempo
—decía el Gigante Egoísta cuando
se asomaba a la ventana y veía su
jardín cubierto de gris y blanco.

Pero la primavera no llegó nunca, ni


tampoco el verano, ni el otoño.

—Es un gigante demasiado egoísta


—decían los árboles frutales.

Y así fue como el jardín del Gigante


quedó para siempre sumido en el
invierno y solo el viento jugaba entre
los árboles.

89
Una mañana, el Gigante estaba aún
recostado en su cama cuando oyó
un hermoso sonido. Al asomarse a
la ventana vio que era un pequeño
jilguero que cantaba. A través de un
agujero en el muro habían entrado
los niños y habían trepado los
árboles. En cada árbol había un niño
o una niña, y los árboles estaban
tan felices de tenerlos nuevamente
con ellos, que se habían cubierto de
flores y balanceaban suavemente
sus ramas. Las risas habían derretido
la nieve. El sol, al ver tanta alegría,
volvió a calentar el jardín con sus
rayos luminosos.

Solamente en un rincón el invierno


todavía reinaba. Era el rincón más
apartado del jardín. En él, un niño
muy pequeño no lograba subirse al
árbol y lloraba tristemente.

90
El Gigante corrió al jardín para ayudar al niño. Pero en cuanto lo
vieron, los otros niños arrancaron aterrorizados. El más pequeño fue el
único que permaneció en el jardín, pues sus lágrimas le impidieron ver
al Gigante acercarse.

El Gigante se detuvo detrás del niño, lo tomó gentilmente entre


sus manos y lo subió al árbol. Entonces, el árbol floreció, los pájaros
vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y
lo besó. Los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo,
volvieron corriendo alegremente. Con ellos la primavera regresó al
jardín.

—¡Cuán egoísta he sido! Desde ahora el jardín será para ustedes —


dijo el Gigante, y con un hacha enorme echó abajo el muro.

91
Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el
Gigante. Pero al más chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo
volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con todos los
niños, pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo
se acordaba de él. Nadie sabía quién era el niño pequeño, ni dónde
vivía.

—Tengo muchas flores hermosas —se decía—, pero los niños son las
flores más hermosas de todas.

Fueron pasando los años, el Gigante se puso viejo y sus fuerzas se


debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado en un enorme sillón,
miraba jugar a los niños y admiraba su jardín.

92
Una mañana de invierno, miró por la ventana y vio, en el rincón más
lejano del jardín, un árbol cubierto por completo de flores blancas.
Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata.
Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había
echado de menos.

Lleno de alegría, el Gigante corrió hacia él. Al acercarse, vio que el


pequeño tenía huellas de clavos en sus manos y pies.

—Pero ¿quién se atrevió a herirte? —gritó el Gigante—. Dímelo, para


tomar la espada y matarlo.

—¡No! —respondió el niño—. Estas son las heridas del Amor.

—¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? —preguntó el Gigante


extrañado y cayó de rodillas ante el pequeño.

Entonces el niño sonrió al


Gigante, y le dijo:

—Una vez tú me dejaste jugar en


tu jardín; hoy te irás conmigo a
mi jardín, que es el Paraíso.

93
Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto
debajo del árbol. Parecía dormir y su cuerpo estaba cubierto de flores
blancas.

94
Las manchas de los sapos
Leyenda uruguaya
Ilustrador: Marco Valdés

H ace muchos años, los sapos


eran de un solo color. Cuenta
la leyenda que eso cambió una
vez que se celebró una fiesta en el
bosque.

El águila estaba de cumpleaños


y quiso celebrarlo. Invitó a monos,
pájaros y ardillas. La fiesta sería en la
parte de arriba del árbol más alto, su
lugar favorito.

El águila no quería invitar al sapo,


porque era muy mentiroso. Como el
águila era buena, decidió invitarlo
igual. Así que fue a verlo y le dijo:

—Te invito a mi fiesta. Es ahora,


arriba del árbol más grande.

—Gracias, águila. Me iré volando —


dijo el sapo.

95
El águila quedó pensativa: “¿Vuela
este sapo?”. Estaba tan distraída
que no se dio cuenta de que
el sapo saltó a su espalda y se
escondió entre las plumas. El águila
voló y así llegaron juntos a la fiesta.

Cuando los animales vieron al sapo,


se sorprendieron y le preguntaron:

—¿Cómo llegaste aquí arriba?

Y el sapo contestó:

—Me vine volando. Yo aprendí a


volar desde chiquito…

Y empezó el sapo a contar mentiras


interminables. Los animales
escucharon admirados al sapo y
alabaron su capacidad de volar. El
sapo se transformó en el alma de la
fiesta.

96
La fiesta se acabó y los animales se
preparaban para volver a sus casas.
Los pájaros volarían. Los monos y
las ardillas bajarían por los troncos.
Pero todos querían ver volar al sapo.
Y al mentiroso no le quedó otra
que seguir con su mentira: saltó y
¡obvio! no voló. Cayó y quedó todo
machucado.

De esta forma la naturaleza castigó al sapo por mentiroso: todos sus


moretones se pusieron de colores y nunca se le salieron. Una mancha
por cada mentira.

97
Perros con historia
Fundación Crecer con Todos

LAIKA
Laika fue el primer ser vivo en ser
enviado al espacio. El viaje de Laika
ocurrió en el año 1957, a bordo de la
nave Sputnik 2.

Laika era una perra callejera que vivía en las calles de


Moscú, Rusia. Tras ser seleccionada, la entrenaron por
varios meses. Lamentablemente, ella no sobrevivió al viaje.
Sin embargo, su hazaña permitió comprobar que los seres
humanos podrían sobrevivir en viajes espaciales.

98
FRIDA
Frida es una perrita labrador, color
miel, que trabajó como rescatista en
México. Recibió su nombre en honor a la
conocida artista mexicana, Frida Kahlo.

Su misión era ayudar a buscar


Fotografía del Gobierno de la Ciudad de México - [Link]

a sobrevivientes atrapados en
escombros tras terremotos, sismos u
otras catástrofes. Se hizo conocida por
su importante labor tras el terremoto del
2017 en México, donde salvó la vida de
más de 10 personas.
Para poder cumplir su trabajo, Frida
entrenaba, llevaba una dieta sana y usaba
una ropa especial. Tras trabajar por 10 años, se
retiró de la Armada Mexicana. ¡Un merecido
descanso por su enorme esfuerzo y ayuda!

99
BALTO
Balto fue un perro de trineo, de raza husky
siberiano. Se convirtió en héroe por salvar la
vida de muchos niños y niñas.

En 1925 hubo una gran epidemia de una enfermedad mortal


llamada difteria. En una lejana aldea de Alaska, muchos niños
y niñas comenzaron a enfermar. El suero que necesitaban para
salvar sus vidas estaba a más de 1.600
kilómetros de distancia. La
única manera de trasladarlo,
dado que en toda la zona
había hielo, nieve, tormentas y
muy bajas temperaturas, era
a través de trineos arrastrados
por perros.
Fue así como 100 perros

tuvieron que turnarse para recorrer el largo camino con el


remedio. Gracias a su enorme esfuerzo, lograron llegar a tiempo
para salvar la vida de los pequeños y las pequeñas.
Balto fue el perro que más destacó, convirtiéndose en un héroe
de la nación. En Estados Unidos construyeron una estatua en su
honor y realizaron varias películas donde destacan su resistencia,
fidelidad e inteligencia.

100
Cuento
tonto de un
ciempiés
Anónimo
Ilustrador: Daniel Cuitiño

Por tener fama de listo


y por ser el que más corre,
a don Ciempiés lo nombraron
cartero oficial del bosque.

Día a día se le ve
yendo de acá para allá,
con su gran cartera al hombro
repartiendo sin cesar
cartas, libros y paquetes,
cuentos, chismes y demás.

Va descalzo y sin vestido


porque el sol suele brillar
que es un gusto y no hay peligro
de poderse resfriar.

101
102
La abeja haragana
Horacio Quiroga (Adaptación)
Ilustradora: Kintu

H abía una vez un hermoso bosque donde vivía una familia de


abejas en un panal colgado de un árbol. Todas las abejas de
la familia se levantaban temprano para recolectar el néctar de las
flores y llevarlo al panal. Por la tarde trabajaban duramente para
transformar el néctar en miel. Todas menos una: la abeja haragana.

La abeja haragana se levantaba tarde y, en vez de recolectar néctar,


jugaba con otros insectos y se comía el néctar. Un día, mientras
jugaba a la escondida, una abeja adulta le dijo:

—Todas las abejas de la familia trabajamos juntando néctar, así


tendremos miel para comer en invierno. ¡Ayúdanos!

La abejita haragana contestó:

—Trabajar es aburrido, yo prefiero comer néctar en verano y en


primavera.

103
En la noche, la abeja haragana quiso entrar al panal, pero las
abejas guardias le dijeron:

—No puedes entrar, aquí solamente entran las abejas que


trabajan.

La abeja haragana les rogó que la dejaran entrar, pero las abejas
guardias no la dejaron. Entonces, la abejita les sacó la lengua y se
marchó.

104
Cuando llegó el invierno, la abeja haragana tenía mucha
hambre. ¡Ya no había flores ni mucho menos néctar para
alimentarse! Ella estaba muy triste, solo pensaba en qué comer.

El día más frío del invierno, las abejas sintieron pena por la abeja
haragana. Después de todo, era parte de la familia y la querían.
Decidieron darle otra oportunidad: pasaría el invierno en el panal
y podría comer miel. La abeja haragana se alegró mucho y volvió
a vivir con su familia.

105
Cuando llegó nuevamente el verano, la abejita dejó de ser
haragana. Ahora se levantaba más temprano que todas para
trabajar en la recolección de néctar y la producción de miel.
Ahora era una abeja más de la familia.

106
Los murciélagos:
animales importantes
del bosque
Fundación Crecer con Todos
Ilustrador: Christian Aguilera

Los murciélagos son mamíferos, como los perros, los gatos ¡y


nosotros!, es decir, animales que se reproducen por crías vivas. Los
murciélagos son muy especiales porque son los únicos mamíferos que
pueden volar.

Muchas personas encuentran a los murciélagos feos e incluso les


tienen miedo. Es cierto que no son tiernos como los osos de peluche,
pero no es culpa de ellos. Los murciélagos, a simple vista, pueden
parecer ratones o zorros con alas y quizás por eso algunas personas
les temen.

107
Hay muchas especies de murciélagos: algunos se alimentan de
frutas e insectos, otros de animales pequeños y muy pocos de
sangre de animales grandes como vacas y ovejas.

A pesar de la apariencia física de


los murciélagos, estos animales son
muy importantes para la naturaleza.
¿Sabes por qué?

Muchos murciélagos viven en


bosques donde crecen árboles
frutales. Cuando un murciélago
come una fruta, ayuda a que las
semillas de esta caigan en la tierra
de diferentes lugares.

Gracias a los murciélagos, entonces,


crecen nuevos árboles en los
bosques permitiendo su subsistencia
y la de muchas especies que
habitan ahí.

108
De los murciélagos que beben
sangre se originaron leyendas de
terror, como la del conde Drácula
o historias de vampiros. En realidad,
es muy extraño que un murciélago
muerda a una persona. Así que hay
que estar tranquilos.

En Chile
En Chile existen 13 especies de
murciélagos. ¡En el mundo hay más
de 1.300 especies distintas!

El más conocido es el piuchén, que


habita en casi todo Chile. Es famoso
porque es el único murciélago
vampiro de nuestro país, es decir, un
murciélago que se alimenta de sangre
de animales como lobos marinos y aves.

Fotografía de Acatenazzi de Wikipedia en inglés.

A pesar de su fama, estos murciélagos son muy sociables y viven en


colonias. Incluso, se ayudan entre ellos, por ejemplo, si un piuchén
está enfermo, sus vecinos murciélagos lo alimentarán y cuidarán.

En Chile, los murciélagos están protegidos por la ley para evitar su


caza. Ellos ayudan a combatir plagas de insectos y mantienen el
equilibrio de los ecosistemas al ser polinizadores y ayudar a esparcir
semillas.

109
Los músicos de Bremen
Hermanos Grimm (Adaptación)
ilustradora: Paulina Bustamante

H abía una vez un asno que


vivió toda su vida en una
granja cargando sacos. Como
estaba muy viejo, su dueño
quería regalarlo. El asno escapó
antes y decidió ir a Bremen para
vivir de la música tocando la
guitarra.

Mientras el asno caminaba se


cruzó con un perro muy flaco
y que apenas respiraba.
—¿Qué te pasa, perro? —le
preguntó el asno.
—Mi dueña me dejó de dar
comida, porque estoy viejo y no
cuido bien la casa.
El asno lo invitó a Bremen para
que juntos formaran una banda.
El perro, entusiasmado, le dijo
que tocaría la batería.

110
Al atardecer, los animales se
encontraron con un gallo al que sus
dueños tampoco querían, porque
apenas cantaba de madrugada
de lo viejo que estaba. Lo invitaron
a la banda y él aceptó con gusto:
tocaría el piano.

A mediodía, se encontraron con


una gata furiosa.
—¿Qué te pasa, gata? —le
preguntaron.
—¡Me echaron de casa, porque
estoy viejita y ya no cazo
ratones!
La gata sería una cantante
perfecta, así que la invitaron al
grupo. Ella aceptó feliz.

111
En la noche, los animales vieron
una cabaña con las luces
encendidas. Se acercaron y vieron
a unos ladrones cenando para
festejar su última fechoría.

Los animales quisieron darles


un buen susto. Sobre el asno se
subió el perro; sobre el perro, la
gata; y sobre la gata, el gallo. Se
asomaron a la ventana y metieron
bulla con todas sus fuerzas.
Empezaron a rebuznar, ladrar,
maullar y cantar con todas sus
fuerzas.

¡Los ladrones huyeron


atemorizados, creyendo que se
trataba de un fantasma!

112
Los animales celebraron
comiendo el festín que habían
dejado los ladrones y luego
se fueron a dormir. El asno se
acomodó afuera en un montón
de paja, el perro se acostó detrás
de la puerta, el gato se acurrucó
entre las cenizas de la chimenea
y el gallo se puso encima de una
viga del techo.

113
A medianoche, uno de los ladrones se armó de valor y decidió volver
a la cabaña. Al ver que todo estaba en calma, se atrevió a entrar…
Como el interior de la cabaña estaba oscuro, decidió encender
fuego para iluminar el lugar. Con la luz, el gato despertó asustado y le
arañó la cara. Entonces, el ladrón corrió a la puerta, donde el perro
le mordió la pierna. Después, salió arrancando hacia afuera y el asno
le dio una patada justo en el instante en que el gallo se puso a cantar
¡kikirikí!

114
El ladrón huyó lo más rápido que pudo y contó a sus
compañeros:
—¡En la casa hay una bruja que me ha arañado
la cara, detrás de la puerta un hombre me clavó
un cuchillo en la pierna, y afuera un monstruo me
golpeó con un inmenso mazo! Y encima del tejado
había un juez que gritaba: “¡Aquí ladrón aquí!”

115
Con el tiempo, se dijo que la cabaña estaba
embrujada. Nadie se enteró de que los viejitos animales
se quedaron a vivir ahí. Los músicos de Bremen fueron
los mejores amigos tocando sus canciones.

116
Del hielo a la arena
Michelle Koryzma
Ilustradora: Alejandra Oviedo

P ingo era un pingüino muy feliz. Vivía junto a su familia en el


lugar más frío de la Tierra, la Antártida, donde casi todo está
cubierto de nieve o se transforma en hielo.

117
Se ponía contento cuando caían copos de nieve desde el
cielo, los atrapaba con su pico y los derretía dentro de su boca;
aunque una vez falló ¡y le cayó uno dentro del ojo! Le encantaba
tirarse piqueros en el mar y deslizarse de guata por los glaciares,
junto a sus amigos Flak y la pequeña Kip.

118
Pero lo que Pingo más amaba era nadar con su abuela. Ella era
campeona de buceo, aguantaba muchísimo tiempo sin respirar
bajo el agua.

—¡Yo también seré un campeón! —decía Pingo, mientras


su abuela le tomaba el tiempo que aguantaba sin respirar
sumergido en el mar.

119
Una mañana sin sol, sonó extremadamente fuerte la alarma. ¡Iuu!
¡Iuuuu! Los pingüinos, preocupados, se sentaron alrededor de Tuk,
el habitante más antiguo de la colonia.

—El calor del sol ha aumentado, los glaciares se están derritiendo


y nuestro hogar se cubrirá de agua —explicó Tuk—. Preparen sus
cosas, saldremos al amanecer hacia Playa Alegre, nuestro nuevo
lugar para vivir.

120
Esa noche Pingo no podía dormir, se preguntaba cómo sería vivir
en un lugar diferente. Se metió dentro de la cama de su mamá,
necesitaba su abrazo.

—Tengo miedo —dijo Pingo.

—Todo estará bien —respondió mamá dulcemente y lo acurrucó


entre sus alitas, dándole calor hasta que se quedó dormido.

121
Al día siguiente, los pingüinos se levantaron temprano con el
corazón triste. Dejaban un lugar especial para ellos y no sabían
nada de Playa Alegre. Uno a uno se pusieron en fila para saltar al
mar y comenzar el viaje. Llegó el anciano Tuk, la mamá de Pingo,
el amigo Flak, la pequeña Kip, y… ¡la abuela!

—¿Dónde está la abuela? —preguntó Pingo.

122
—¡Abueeela! ¡Abueeela! —gritó Pingo con todas sus fuerzas.

—Abuela se quedará aquí, para avisar a otras aves lo que está


pasando —dijo su mamá y lo abrazó.

—¡Que se quede otro pingüino! —dijo Pingo enfadado.

El anciano Tuk le colgó un collar que tenía una bella estrella


hecha de conchita y le dijo:

—Para que te proteja, te lo hizo tu abuela.

123
Los pingüinos nadaron días y semanas, estaban agotados.

—¡Un tiburóóón! —gritó Flak al ver una tenebrosa mancha se


movía debajo de sus patas.

—Quietos… —susurró mamá—. ¡Floten de espalda y peguen sus


alitas al cuerpo!

El corazón de Pingo latía fuertísimo. Cerró sus ojos, recordó a su


abuela y aguantó su respiración tanto como pudo. Era la primera
vez que sentía miedo a la muerte.

124
Pingo despertó en un lugar desconocido. ¡Cof! ¡Cof!, tosía
agua en la orilla del mar.

—¡Llegamos a Playa Alegre! —dijo Pingo levantándose con


energía—. ¡Miren!, ¡cristales como hielo pero amarillos y
calientes! ¡Aaa, me quemo las patas!

Pingo corrió al agua a enfriar sus patas, mientras Flak y la


pequeña Kip reían a carcajadas. Al poco tiempo notaron
que el anciano Tuk no había llegado a la orilla.

125
—¡Cuidado! —advirtió Flak.

Volando pasó una bandada de gaviotas lanzando excremento a


los pingüinos desde el aire.

—¡Paren! —gritó mamá. Pero las gaviotas no entendían su


idioma.

La pequeña Kip, asustada, se puso a llorar. Las gaviotas


comprendieron que estaban haciendo daño, detuvieron su
ataque y aterrizaron en la playa

126
Ota, una gaviota de sonrisa muy linda, acarició suavemente a
Kip. Ambas sonrieron. Las gaviotas notaron que los pingüinos no
eran peligrosos y los ayudaron a limpiarse. El lugar era bellísimo,
estaba lleno de palmeras, frutas olorosas y flores de colores.

—¡Qué lindo hogar! —exclamó Pingo.

—Ahora también será de los pingüinos —respondió


cariñosamente Ota—. Bienvenidos.

127
Pasaron días en Playa Alegre. Pingo extrañaba bucear con su
abuela y derretir copos de nieve en su boca, pero tenía nuevos
y buenos amigos. Aprendió de a poco su idioma y como aún
quería ser campeón de buceo, Ota lo ayudaba contando el
tiempo que Pingo aguantaba sin respirar dentro del océano. De
a poquito, su corazón se iba sintiendo otra vez como en casa,
feliz.

128
El traje
nuevo del
emperador
Hans Christian Andersen
(Adaptación)
Ilustrador: Francisco Arias

H ace mucho tiempo existió un


emperador muy vanidoso.
Gastaba una fortuna en ropa y se
decía que tenía un traje distinto
para cada hora del día.
Un verano, llegaron al reino
dos impostores que se hacían
pasar por tejedores. Decían que
hilaban la tela más hermosa del mundo. Esta tela poseía una
característica única: las personas que no hacían bien su trabajo
o que eran tontas no podían verla, ya que se volvía invisible para
ellas.
—¡Necesito sin falta un traje con esa tela! ¡Así podré distinguir a
los inteligentes de mi reino y despedir a los que no hacen bien su
trabajo! —pensó el Emperador.
Entonces, el Emperador mandó a hacer un traje a los impostores,
pagándoles por adelantado una buena suma de dinero. Los
supuestos tejedores armaron un telar y simularon que trabajaban.

129
Después de unos días, el Emperador quiso saber cómo iba
su traje. Sin embargo, tenía temor de no verlo y que todos lo
consideraran tonto e inepto para reinar. Entonces, envío a un
ministro.
Cuando el ministro llegó a ver la tela se dio cuenta de que no
había nada y que los tejedores eran unos farsantes, pero le dio
tanto miedo que lo sacaran de su cargo que dijo:
—¡Qué tela más maravillosa! ¡Qué colores y bordados más
bonitos! Iré de inmediato donde el Emperador a contarle que su
traje va muy bien.

130
Los farsantes tejedores pidieron
más dinero para comprar más
hilo de oro. El Emperador pagó
para asegurar que el diseño fuese
lo más hermoso posible. A los
pocos días decidió enviar a un
embajador para supervisar cómo
iba el trabajo.
El hombre no logró ver nada y
estaba seguro de que se trataba
de una estafa, pero le dio tanto
miedo que lo sacaran de su cargo
que dijo:
—¡Qué tela más magnífica!
¡Nunca había visto algo así! Iré de
inmediato donde el Emperador a
contarle que su traje va muy bien.

131
Después de recibir tan buenas
noticias de sus enviados,
el Emperador decidió ir
personalmente a ver la tela. Al
llegar, no vio ningún traje. Sin
embargo, para no quedar como
un tonto, prefirió decir:
—¡Es magnífico! ¡Increíble! Digno
de un emperador como yo.
Todos aplaudieron y convencieron
al Emperador de hacer un gran
desfile para que luciera su traje
ante el pueblo.

132
Al llegar el día del desfile, todas las personas del reino esperaban
ansiosas la aparición del Emperador. Los impostores fingieron
colocarle las mejores ropas del mundo.

El monarca salió desnudo, frente a todos sus súbditos. Al verlo,


todos notaron que estaba sin ropa, pero no se atrevían a decir
nada. El único honesto fue un pequeño niño, que apenas lo vio
gritó:
—¡El Emperador está desnudo!
Fue así como todos se atrevieron a comentar la verdad:
—¡No lleva ropa! —gritaba el pueblo—. ¡Va desnudo!
El Emperador se sintió muy avergonzado, sabía que el pueblo
estaba en lo cierto. Sin embargo, prefirió seguir desfilando
orgulloso hasta el final.

133
134
La liebre y la tortuga
Jean de La Fontaine (Adaptación)
Ilustrador: Patricio Roco

L a tortuga y la liebre eran vecinas


del mismo bosque.

La liebre siempre estaba apurada


y corría de un lado para otro.
En cambio, la tortuga siempre
andaba con calma, un pasito a la
vez.

Un día, mientras la tortuga iba muy


despacito a visitar a su amigo el
búho, la liebre empezó a burlarse:

—¡Siempre tan lenta! ¡Así no


llegarás nunca!

—Claro que llegaré, voy lento,


pero seguro —le respondió
tranquila la tortuga.

La liebre siguió burlándose y riéndose, por lo que la tortuga decidió


darle una lección.

—Si crees que puedes ganarme, te reto a una carrera. ¡Veremos quién
llega primero desde el viejo roble hasta el río! —le propuso la tortuga.

La liebre aceptó enseguida, pues estaba segura de que sería muy


fácil ganar.

135
Al día siguiente, la liebre y la
tortuga se juntaron bajo el roble.
Muy interesados por la carrera, los
otros animales del bosque estaban
también bajo el roble. El zorro se
ofreció a ser el juez para asegurar
que todo se hiciera bien y sin
trampas.

¡Comenzó la carrera! La liebre corrió


a toda velocidad. Después de
unos minutos, se detuvo y miró a su
alrededor. Vio a la tortuga muy lejos
y calculó que le tomaría horas llegar
donde ella estaba. Así que decidió
descansar un poco. Se tendió bajo la
sombra de un árbol para dormir una
siesta.

Mientras, la tortuga
seguía avanzando, un
pasito a la vez.

136
Al cabo de unas horas, la liebre despertó y corrió deprisa al río. Al
llegar, vio que la tortuga la esperaba junto a los otros animales.

—¿Dónde estabas? —le preguntó la tortuga—, hace horas que te


esperamos. ¡Qué lenta eres!

La liebre alegó que no era justo, pues ella era más rápida.

El zorro, que era muy sabio le respondió:

—La carrera consistía en llegar primero, no en ser la más rápida.

A veces es mejor ir lento, pero sin detenerse,


hasta lograr lo que queremos.

137
Miguel

Laura Lila

138
Instrucciones para
hacer quitapesares
Fundación Crecer con Todos
Ilustrador: Daniel Cuitiño

Cuenta la historia que cuando los niños y las niñas de


Guatemala no pueden dormir debido a sus preocupaciones o
miedos, sacan sus muñequitos quitapesares y les cuentan sus
problemas. Luego, los dejan debajo de la almohada y duermen
tranquilamente.

139
Para crear tus muñequitos sigue las siguientes indicaciones:

Materiales:
• palitos de helado • tijeras
• perritos de ropa • pegamento
• retazos de género o papeles de • lápices
colores • lana

Pasos:
1 Con los palitos de helado y los perros de
ropa, forma figuras humanas pequeñitas.
Une los brazos y piernas de cada figura con
el pegamento.

2 Utiliza lana para crear el cabello de


los muñequitos.

3 Con los retazos de género o los papeles,


confecciona la ropa de cada uno de los
muñequitos. Puedes combinar los colores que
más te gusten.

4 Dibuja la cara de los muñequitos con


un lápiz de punta fina.

140
5 Escoge un nombre para
cada uno de tus muñequitos
quitapesares, así podrás
distinguirlos cuando hables con
ellos durante la noche.

Miguel

Laura Lila

Recuerda que puedes crear tus muñequitos quitapesares


como más te gusten. Ten cuidado al hacerlos y no dejes partes
de su cuerpo que te puedan molestar debajo de la almohada.

141
El señor don Gato
(Anónimo)
Ilustrador: Marco Valdés

Estaba el señor don Gato,


en silla de oro sentado,
calzando medias de seda
y zapatitos dorados,
cuando llegó la noticia
que debía ser casado,
con una gatita parda,
hija de un gato romano.

El gato, con la alegría,


subió a bailar al tejado;
mas con un palo le dieron,
y rodando vino abajo.
Se rompió siete costillas
y la puntita del rabo.

Llamaron a los médicos,


doctores y cirujanos;
mataron siete gallinas
y le dieron de un caldo.

142
Lo llevaron a enterrar
al pobrecito don Gato
y lo llevaron en hombros
cuatro gatos colorados.

Sobre la cajita iban


siete ratones bailando
al ver que se había muerto
su enemigo más malo.

143
22-07-20 19:22

144
La jirafa y el rayavirus
Michelle Koryzma
Ilustrador: Michelle Koryzma

D ebería haber sido una mañana perfecta, pero no lo fue.


Jirafa despertó el día de su cumpleaños sintiéndose muy, pero muy
mal.
Miró su cuerpo y descubrió horrorizada que en vez de manchas estaba
llena de rayas.
—¡Mamááááá! —gritó.

145
Mamá entró corriendo a la pieza de Jirafa. Notó de inmediato que
presentaba un caso de Rayavirus ronchis colorinis fortísimo tipo 2, un
antiguo virus de la selva que provocaba ronchas alargadas.
—Hoy no podremos hacer tu fiesta, Jirafita, para evitar contagiar a tus
amigas y amigos —dijo Mamá, dándole un dulce beso en la frente.
Luego salió de la habitación para llamar a la doctora.

146
—¡Es el peor cumpleaños del mundo! Debo inventar
un plan para detener al invasor —dijo con rabia y
pena Jirafa.
Tomó su marcador negro y dibujó un monstruo
gigante con la cara más terrorífica que pudo en la
puerta de su pieza. Le añadió garras como cuchillas
y dientes afilados.
Luego escribió en un círculo rojo: “No se admiten
rayas... ¡Sobre todo en los cumpleaños!”.

147
Acto seguido frunció el ceño y asustó al rival con
un grito emulado del japonés: “¡WUA TAAA!”. Buscó
una goma de borrar y frotó con fuerza sobre cada
intrusa.
Pero nada cambió, el adversario parecía
inamovible, inmutable e imborrable y Jirafa solo
había conseguido sentirse más cansada.

148
Necesitaba otra estrategia. Confiaba en su ingenio y no se daría por
vencida.
Improvisó un hechizo y lo llamó Mortem a Rayavirus ronchis. Tomó un
cuesco de aceituna que sobró de la ensalada, cinco fideos, tres pelos
de la alfombra peluda, dos plumas y muchas, muchas témperas.
Revolvió la mezcla dentro del basurero y pronunció las palabras
mágicas: “¡Eliminarem rapidini truculá!”. El único resultado: el desastre
en la pieza.

149
Mientras tanto, comenzaron a correr rumores por el vecindario.
—Dicen que Jirafa amaneció llena de verrugas y si te acercas a ella
se te deforma el cuerpo como un tomate —murmuró la familia de
hipopótamos que cruzaban la esquina de la calle Santo Animal con
Rugido Norte.
—Cuentan que a Jirafa le crecieron dos cabezas y que babea un
líquido pegajoso verde —comentó la señora Cebra mientras sacaba
su clásica tarta de frutillas del horno.
—¡Las jirafas ya no son de fiar! —opinó un pequeño puercoespín que
asomaba su cabeza por un agujero del jardín de la familia Elefante.

150
Cocodrilo hizo algo distinto. Llamó a Jirafa para saber cómo estaba y
le contó las historias que algunos animales inventaron sobre ella.
Jirafa no aguantó más la pena que mantenía atrapada desde la
mañana en su larguísimo cuello ahora rayado.
Reventó en un llanto tipo estampida que hizo retumbar toda la casa.
—¡Buaaaa!
Todos se ríen de
mí —balbuceó
entre lágrimas.

151
Mamá escuchó llorar a Jirafa y entró a su pieza para abrazarla.
—Los animales inventan rumores crueles cuando están asustados y
no comprenden lo que sucede —le dijo con ternura—. La doctora
Serpiente me explicó muy bien cómo combatir y evitar el contagio
de este virus. Enviaremos a cada casa un avioncito-afiche hecho de
papel con sus recomendaciones. ¿Te parece, mi Jirafita?

152
153
Esa tarde los animales recibieron las recomendaciones y entendieron
que cuidarse entre todos era importante. Estaban tan agradecidos
que prepararon juntos una sorpresa.
Desde su ventana, Jirafa escuchó como le cantaban Cumpleaños feliz
entre rugidos, bramidos y relinchos. Usaban mascarillas y traían regalos
decorados especialmente con ¡muchas rayas!
—¡Este el cumpleaños rayado más feliz de mi vida! —dijo Jirafa con
alegría.

154
La tortilla corredora
Cuento popular chileno
Ilustrador: Christian Aguilera

U na familia compuesta por la


mamá, el papá y sus sietes hijos,
se disponía a preparar el almuerzo.
La madre hizo una rica tortilla y dejó
la masa en el horno para que se
cocinara bien.

Después de unos minutos, empezó a salir un rico olor y los niños pidieron
probar la tortilla. Cuando la tortilla escuchó a los niños, imaginó sus bocas
abiertas y supo lo que le pasaría… Se dijo a sí misma: “No quiero que me
coman”.

La tortilla esperaba atenta. Apenas


la mamá abrió la puerta del horno,
la tortilla aprovechó de salir rodando
hacia la calle lo más rápido que
pudo y se escapó.
La mamá, el papá y los sietes hijos
salieron corriendo detrás de la
tortilla.
—¡Paren a esa tortilla, paren a esa
tortilla! —gritaba la familia.
Pero la tortilla corría tan rápido que
no la alcanzaron y volvieron a la
casa muy tristes.

155
Al poco andar, la tortilla se
encontró con un anciano
con mucha hambre que casi
la atrapó para sacarle un
pedacito.
—Acabo de escaparme de
una mamá, un papá y sus
siete hijos. ¿Y quieres que me
deje comer por ti? ¡Olvídalo!
—le dijo la tortilla al anciano.

Se echó a correr a toda velocidad


y se topó con una gallina muerta de
hambre.
—¡Para un poco que te quiero
sacar un pedacito! —dijo la gallina
saboreándose.
—Acabo de escaparme de una
mamá, un papá, sus siete hijos y un
anciano. ¿Y quieres que me deje
comer por ti? ¡Olvídalo!

La pobre tortilla siguió rodando lo más


veloz que pudo. Estaba muy enojada
porque todos querían comérsela.
Rodando y rodando llegó a las orillas de
un lago y se encontró con un pato con
mucho apetito.
—¡Para un poco que te quiero sacar un pedacito! —
dijo el pato.
—Acabo de escaparme de una mamá, un papá,
sus siete hijos, un anciano y una gallina. ¿Y quieres
que me deje comer por ti? ¡Olvídalo!

156
La tortilla volvió a escaparse, rodando más rápido que antes. Estaba
tan cansada que chocó con un cerdo.
—Buenos días, tortilla, ¿por qué tan apurada? —dijo el cerdo.
—Buenos días, cerdo. Corro muy rápido para que no me comas —
respondió la tortilla sin dejar de correr.
—Tranquila, no me gustan las tortillas. ¿Qué te parece si vamos a dar
una vuelta?
A la tortilla le pareció una buena idea, había corrido todo el día y
quería distraer su mente. Después de un rato, llegaron a un río.
—No puedo cruzar el río —dijo la tortilla—. Si me mojo, me iré al fondo
y me ahogaré.
—Tienes razón. Súbete a mi lomo y yo te ayudaré a cruzar el río —le
propuso el cerdo y la tortilla aceptó.

La tortilla subió al lomo del cerdo, justo detrás de la cabeza del


animal. Cuando estaban cruzando el río, el cerdo torció su cuello ¡y se
la comió de un solo bocado!
Como ya no hay tortilla, ya no hay más cuento.

157
158
Barbanota,
el pirata
migrante
Michelle Koryzma
Ilustrador: Alfredo Cáceres

C uenta la historia encontrada


dentro de una botella encorchada,
que en tiempos en que los países
aún no habían sido descubiertos,
un pirata migrante llamado Barbanota
construyó un barco y se hizo a la mar.

Iba en busca de 100 tripulantes


para una misión particular:
hallar la música del universo,
para en una botella poderla guardar.

De pelo colorín, pinchoso y duro como el de un puerco espín,


tenía un intenso olor a “pata”, pues mientras navegaba
no lavaba ningún calcetín.

Partió la misión tocando su gaita a todo pulmón,


su guía serían las estrellas, los planetas y el sol.

159
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es África y dijo:

Soy Barbanota el pirata migrante,


necesito 100 tripulantes
que me ayuden a encontrar
la música del universo
para en una botella poderla guardar.

¡No sabemos dónde está!


Respondieron los 10 animales
que habitaban en el lugar.
Pero migraremos contigo
y te ayudaremos a buscar.

Traeremos nuestro instrumento:


el yembé
y percutiremos todos juntos
haciéndolo sonar: Tem Té.

Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar yembé,
pero listo estoy para aprender.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 90.

160
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té...

Se escuchaba desde el barco.

161
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es Oceanía y dijo:

Soy Barbanota el pirata migrante,


necesito 90 tripulantes
que me ayuden a encontrar
la música del universo
para en una botella poderla guardar.

¡No sabemos dónde está!


Respondieron los 10 animales
que habitaban en el lugar.
Pero migraremos contigo
y te ayudaremos a buscar.

Traeremos nuestro instrumento:


el didyeridú
y soplaremos contigo
haciéndolo sonar Pruuuu.

Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar didyeridú,
pero listo estoy con actitud.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 80.

162
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu...

Se escuchaba desde el barco.

163
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es Asia y dijo:

Soy Barbanota el pirata migrante,


necesito 80 tripulantes
que me ayuden a encontrar
la música del universo
para en una botella poderla guardar.

¡No sabemos dónde está!


Respondieron los 10 animales
que habitaban en el lugar.
Pero migraremos contigo
y te ayudaremos a buscar.

Traeremos nuestro instrumento:


el sitar
e interpretaremos contigo
haciéndolo sonar Iaaaar.

Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar sitar,
pero listo estoy para empezar.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 70.

164
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar...

Se escuchaba desde el barco.

165
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es América y dijo:

Soy Barbanota el pirata migrante,


necesito 70 tripulantes
que me ayuden a encontrar
la música del universo
para en una botella poderla guardar.

¡No sabemos dónde está!


Respondieron los 10 animales
que habitaban en el lugar.
Pero migraremos contigo
y te ayudaremos a buscar.

Traeremos nuestro instrumento:


la zampoña
e interpretaremos contigo
haciéndola sonar Fa Fo ña.

Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar zampoña,
pero listo estoy para esta juguetona.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 60.

166
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña...

Se escuchaba desde el barco.

167
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es Europa y dijo:
Soy Barbanota el pirata migrante,
necesito 60 tripulantes
que me ayuden a encontrar
la música del universo
para en una botella poderla guardar.
¡No sabemos dónde está!
Respondieron los 10 animales
que habitaban en el lugar.
Pero migraremos contigo
y te ayudaremos a buscar.
Traeremos nuestro instrumento:
un piano
y tocaremos contigo
haciéndolo sonar Cling Cliano.
Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar piano,
pero listo estoy, prepararé mis manos.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 50.

168
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano...

Se escuchaba desde el barco.


Pero esperen, ¿qué es ese sonido?

Twiki ik, Twiki ik, Twiki…


Twiki ik, Twiki ik, Twiki…

169
50 golondrinas estaban a bordo del barco:
Somos aves migrantes,
escuchamos que necesitas 50 tripulantes.

Ngii Ngii,
Barbanota tocó su gaita:
Hemos llegado a 100,
detengamos la marcha.
Fue en ese minuto cuando miró a todos y se dio cuenta:
¡La música del universo es esta gran orquesta!
Un pedacito de mundo tocado por cada uno,
¡qué gran respuesta!

Escribió la historia,
la puso dentro de una botella,
y pidió antes de encorcharla
que cada tripulante pusiera una nota en ella.
Si escuchas detenidamente el mar,
seguro esta melodía podrás escuchar:
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano,
Twiki ik, Twiki ik, Twiki

Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano,
Twiki ik, Twiki ik, Twiki...

170

También podría gustarte