Antología Infantil: Cuentos y Curiosidades
Antología Infantil: Cuentos y Curiosidades
Disfrutando
la lectura
Nombre:
Curso:
© FUNDACIÓN EDUCACIONAL CRECER CON TODOS. 2023. Todos los derechos reservados.
Revisión de estilo:
Sergio Andrade
Diagramación:
Paulina Bustamante
Patricio Roco
Índice
Pág.
Los tres cerditos................................................................................. 7
Supermercado.................................................................................. 17
La gallinita roja.................................................................................. 27
La piedra y el zorro............................................................................ 41
A mi burro, a mi burro....................................................................... 46
El ñame hablador............................................................................. 48
En cama en verano.......................................................................... 57
Pág.
El canal de Simón.............................................................................. 60
El hombre encorvado...................................................................... 78
El gigante egoísta............................................................................ 87
Pág.
La abeja haragana.........................................................................103
7
Un día el hermano mayor tuvo una idea para protegerse del
lobo: hacer una casa donde podrían estar a salvo. Los otros
dos hermanos estuvieron de acuerdo con la idea. Sin embargo,
no lograron ponerse de acuerdo en qué material utilizar para
construirla. Así que decidieron que cada uno haría su propia casa.
8
El hermano menor hizo su casa de
paja, plif, plaf, plif, plaf. Terminó muy
rápido y se fue a jugar.
9
Al día siguiente, mientras los tres hermanos jugaban, apareció el
lobo. Cada uno de los cerditos corrió rápidamente a esconderse
en su casa.
10
El lobo, enfurecido, corrió tras de él hacia la casa de madera. Al
llegar frente a la puerta, aulló:
11
El lobo estaba realmente enfadado y hambriento. Quería comerse a
los tres cerditos más que nunca. Se puso frente a la puerta de la casa
de ladrillos y aulló:
12
El lobo hambriento se deslizó hacia
abajo por la chimenea y cayó en la olla
con agua hirviendo y se quemó la cola.
13
Los animales más…
Fundación Crecer con Todos
El más grande
La ballena azul de la Antártica es el animal
más grande del planeta. Alcanza a pesar
180 toneladas (¡cómo 33 elefantes!) y a
medir 29 metros.
El más venenoso
Existe una medusa llamada avispa de mar que
habita en Asia y Australia. Ella es el ser vivo
con el veneno más poderoso. Tocarla puede
causar la muerte en segundos. Muy pocos
animales logran sobrevivir a su veneno.
14
El más rápido
Mucha gente piensa que el animal más rápido
es la chita, pero no. El halcón peregrino puede
llegar a volar a 360 kilómetros por hora sin
ningún problema. ¡Mucho más rápido que un
auto de carrera!
15
16
Supermercado
Anónimo
Ilustradora: Pamela Vergara
Cargada va la Jirafa
con una buena garrafa.
Viuda triste se ha quedado
y va vender en el mercado.
El parroquiano Elefante
lleva una trompa constante.
Caracol —junto a la pila—
de su casa un piso alquila.
17
Doña Tortuga y don Oso
venden queso mantecoso
—quesitos requesones,
especial para ratones.
La simpática Lechuza
vende la fresca merluza.
La Vaca vende morcilla,
doña Cerda mantequilla.
18
Y está vendiendo don Gato
el rico paté de pato.
Doña Foca y doña Pingüino
venden el helado fino.
19
Los tres machos cabríos
Cuento noruego
Ilustrador: Daniel Cuitiño
20
Una tarde, después de haberse comido casi toda la
hierba de su prado, los tres hermanos decidieron pasar a
la otra orilla, donde la hierba crecía más fresca y jugosa.
Pero había un gran problema: para llegar al otro lado del
río, debían cruzar un puente. Y debajo del puente vivía un
trol grande y feo, que lo cuidaba de día y de noche.
21
El primero en cruzar el puente fue el macho cabrío más
joven. Corrió trip-trap, trip-trap por el puente y de pronto
se oyó una voz muy ronca que rugía:
—Solo soy yo, el macho cabrío más joven —dijo este con
una voz muy tímida—. Estoy cruzando el puente para
comer la hierba fresca del prado.
22
Un poco más tarde, el macho cabrío mediano vio a su hermano
pequeño comer hierba al otro lado del puente. Él también quería
comer, así que empezó a cruzar el puente. Corrió trip-trap, trip-
trap, trip-trap por el puente. De pronto, el terrorífico trol salió de su
escondite y subió al puente:
23
Justo entonces el macho cabrío mayor decidió cruzar el puente para
reunirse con sus hermanos. Trip-trap, trip-trap, trip-trap, hacían sus
pezuñas mientras caminaba por el puente.
—Soy yo, el macho cabrío mayor —dijo este, con voz fuerte y segura.
Pero el macho cabrío mayor bajó la cabeza, agarró al trol con sus
cuernos y lo hizo caer al agua.
24
El trol se fue flotando por el río y nunca más volvió a molestar
a los hermanos.
25
26
La gallinita roja
Cuento tradicional inglés
Ilustradora: Pamela Vergara
É rase una vez una gallinita roja que vivía en una granja con sus
pollitos. También vivían ahí un gato, un cerdo y una pata. Estos tres
animales eran muy perezosos y la gallinita trabajaba por todos ellos.
Un día, la gallinita se encontró un grano de trigo y preguntó:
—¿Quién me ayuda a plantar este grano de trigo?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.
A la gallinita no le quedó otro remedio que plantar ella misma el
grano de trigo.
27
Día tras día, la gallinita regó el grano y el sol le dio sus rayos
de luz. El buen trabajo dio sus frutos y al granito de trigo le
crecieron unas largas espigas con grandes granos dorados.
“Ya está lista la cosecha”, pensó la gallinita roja y preguntó:
—¿Quién me ayuda a cosechar el trigo?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.
28
La gallinita roja se armó de paciencia y decidió ella misma
cortar las espigas. Con mucho esfuerzo logró recolectar
muchas de las espigas que habían crecido. Luego, se dio
cuenta de que había que separar los granos de la paja y
preguntó:
—¿Quién me ayuda a separar el grano de la paja antes de
llevarlo al molino?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.
29
La gallinita roja, entonces, con mucho esmero separó los
granos de la paja con su piquito y los colocó en un gran saco.
Como era tan pesado, fue donde sus amigos y les preguntó:
—¿Quién me ayuda a llevar el saco al molino?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.
30
Como nadie quiso ayudarla, la gallinita roja con toda su
fuerza llevó el saco al molino. Allí, el amable molinero convirtió
los granos de trigo en harina y la colocó en el saco.
Al día siguiente, a la gallinita roja se le ocurrió la gran idea de
preparar con la harina, más agua y sal, un rico pan para el
desayuno. Fue donde sus amigos y preguntó:
—¿Quién me ayuda a hacer pan para el desayuno?
—Yo no —respondió el gato.
—Yo tampoco —continuó el cerdo.
—Yo menos —dijo la pata.
31
La gallinita roja, muy dedicada, mezcló los ingredientes,
amasó la masa y luego la metió al horno. Al instante,
comenzó a salir un rico olor desde la cocina. ¡El pan ya
estaba listo!
—¿Quién quiere comer de este rico pan?
—¡Yo sí! —respondió el gato hambriento.
—¡Yo también! —continuó el cerdo saboreándose.
—¡Yo más! —dijo la pata aleteando.
32
La gallinita roja miró a sus amigos, pensó un momento y dijo:
—¡Pues no! Yo planté el grano de trigo, lo regué y coseché.
Y el gato no supo qué responder.
—Yo recolecté el trigo, separé el grano de la paja y lo llevé al
molino para hacer la harina.
Y el cerdo tampoco dijo nada.
—Yo mezclé los ingredientes para hacer el pan.
Y la pata se calló también.
—¡Así que yo lo comeré junto a mis pollitos!
Y así, la gallinita roja disfrutó junto a sus pollitos el rico pan recién
salido del horno.
33
Grandes construcciones
del mundo
Fundación Crecer con Todos
34
La torre de Pisa
Esta famosa torre ubicada en Italia
es conocida en todo el mundo
porque está inclinada y parece a
punto de caerse.
35
Las pirámides de
Egipto
Las pirámides son tumbas
gigantescas donde se
enterraba a los faraones
después de morir. Fueron
pensadas para que el
faraón descansara por
siempre a salvo de los
ladrones de tesoros.
36
Machu Picchu
Esta antigua ciudad inca
se ubica en Perú y nunca
fue descubierta por los
conquistadores españoles.
37
Taj Mahal
Fue construido por el emperador musulmán Shah Jahan hace más de 300
años. Lo hizo en honor a su esposa favorita, que murió dando a luz a su
hijo número catorce.
El 2007 fue nombrado como una de las siete maravillas del mundo
moderno.
38
Los Moai
Los Moai son gigantescas estatuas de piedra construidas por los habitantes
nativos de Rapa Nui.
En idioma rapanui se llaman Moai Aringa Ora, que significa “el rostro vivo
de nuestros ancestros”. Tenían este nombre porque se fabricaban para
conservar la energía de los antepasados.
39
40
La piedra y el zorro
Leyenda chilena
Ilustradora: Paulina Bustamante
41
Fue entonces cuando vio la enorme piedra que se encontraba a
sus pies y se le ocurrió una idea. Con ella podría detener parte del
caudal y hacer una poza de agua para beber y saciar su sed.
42
—¡Bien! —exclamó el zorro—. ¿Estás lista para empezar?
—¡Lo estoy!
—¡Preparados, listos, ya! —dijo el zorro dando la partida.
El zorro comenzó a
correr cerro abajo y la
piedra se echó a rodar.
Cuando el zorro ya iba
en la mitad de la carrera,
se detuvo para mirar
dónde venía la piedra. Le
había sacado distancia y
pensó que tenía tiempo
para descansar un rato y
recuperarse.
43
Mientras la gran piedra bajaba, se le iban
sumando otras piedras de distintos tamaños.
Cuando el zorro descubrió la gran cantidad
de piedras que rodaban cerro abajo quiso
apurarse, pero ya era demasiado tarde y tuvo
que apartarse para no ser aplastado.
44
Finalmente, el astuto zorro pudo saciar su sed, porque las piedras
que llegaron al río formaron una gran poza, pero tuvo que
soportar la vergüenza de la derrota.
Tuvo que darle su preciosa cola a la piedra, que se quedó para
siempre junto al río acompañada por aquel pelaje que todos
nombran “cola de zorro”.
45
A mi burro,
a mi burro
Canción popular
Ilustradora: Kintu
A mi burro, a mi burro
le duele la cabeza,
el médico le manda
una gorrita gruesa.
A mi burro, a mi burro
le duelen las orejas,
el médico le manda
que las ponga muy tiesas.
46
A mi burro, a mi burro
le duele la garganta,
el médico le manda
una bufanda blanca.
A mi burro, a mi burro
le duele el corazón,
el médico le manda
jarabe de limón.
Jarabe de limón,
una bufanda blanca,
que las ponga muy tiesas,
una gorrita gruesa,
mi burro enfermo está.
47
El ñame hablador
Cuento tradicional africano
Ilustrador: Christian Aguilera
48
U n día un campesino fue a
su huerto para recoger unos
ñames. Mientras cavaba la
tierra, uno de los ñames le dijo:
—¿Por qué estás aquí? Nunca
me cuidaste y ahora me quieres
sacar y comer. ¡Vete y déjame
en paz!
Muy impresionado el
campesino miró a su vaca,
que tranquilamente rumiaba
pasto, y le preguntó:
—¿Has dicho algo?
Pero la vaca siguió rumiando
sin contestar.
49
El perro, que estaba muy cerca, le
dijo a su amo:
—¡No te habló la vaca! ¡Fue el
ñame! ¡Quiere que lo dejes en paz!
El hombre se molestó con el perro
porque no le gustó su tono. Cogió
el cuchillo y cortó una rama de
una palmera para pegarle. Para
su sorpresa, la palmera lo retó
diciéndole:
—¡No lo hagas! ¡No lo hagas!
¡Suelta esa rama!
50
En el camino, se encontró con un amigo que venía de pescar y
cargaba una red sobre su cabeza. El campesino, desesperado y
casi sin respiración, le contó todo lo que había pasado. Entonces
la red del pescador preguntó:
—¿Qué pasó con la rama? ¿La quitaste de la piedra?
—¡Aaaaay! —gritó el pescador sorprendido y dejó caer la red al
suelo.
Los dos hombres se fueron corriendo al pueblo para contarle todo
al rey.
51
Por el camino se encontraron con un tejedor que llevaba sobre la
cabeza una bolsa con ropa.
—¿Dónde van tan apurados? —preguntó el tejedor.
El campesino y el pescador le contaron todo lo que les había
sucedido.
—No veo motivo para asustarse tanto —dijo el tejedor.
—¡Pues sí que lo es! ¡Si te pasara a ti correrías también! —le dijo una
voz que salía de la bolsa de ropa.
—¡Aaaaay! —gritó el tejedor y dejó caer la bolsa de ropa.
Los tres se fueron corriendo al pueblo para contarle todo al rey.
52
Cuando llegaron al palacio, el rey los
recibió sentado en su trono. Los tres
hombres, muy nerviosos, le contaron
todo lo que había sucedido.
—Yo estaba en mi huerta cuando
todo comenzó a hablar: el ñame,
el perro, la rama y una piedra —le
contó el campesino al rey.
—¡Y mi red también habló! —dijo el
pescador.
—¡Y mi bolsa de ropa también! —
agregó el tejedor.
El rey escuchó tranquilamente.
Después de unos minutos señaló:
—Este cuento es bastante loco.
Vuelvan a sus trabajos o los castigaré
por interrumpir la paz de este lugar.
53
Los hombres se fueron y el rey meneó la cabeza
murmurando:
—¡Puras tonteras!
En eso escuchó una voz.
—¿Es maravilloso o no? —dijo el trono—. ¡Nunca se había
visto un ñame que hablara!
54
Datos curiosos
de la escuela
Fundación Crecer con Todos
Fotografía de [Link]
56
En cama en verano
Robert Louis Stevenson
Ilustradora: Kintu
57
Me voy a la cama obligada a ver
mil pájaros entre los árboles
y a oír los pasos de los adultos
que suenan allá abajo en la calle.
58
Y acaso no les parece cruel
tener que acostarse de día,
si quedan ganas de jugar
y el cielo sigue claro y azul.
59
El canal de Simón
Anónimo
Ilustrador: Patricio Roco
60
61
Una mañana, Julia y Paula llevaron a Simón a la biblioteca.
—Simón —le dijo Paula—, aunque no sepas leer todavía, puedes
sacar un libro y ver las imágenes, ¿cuál te gustaría pedir?
—Me gustaría un libro sobre un canal —respondió Simón.
—Mmm, me parece que los libros sobre canales son más para
grandes —dijo Julia.
Entonces su otra hermana le trajo un libro para él. En la portada
del libro se veía un gran dragón a la orilla de un río. Simón
preguntó:
—¿Esto es un canal?
—Más o menos —contestó Paula pensando que se trataba del río.
Simón quedó impresionado, pensando que el canal era el
dragón...
62
Al día siguiente, la abuela de los niños llegó de visita para
pasar con ellos unos días de vacaciones. Después de
almuerzo la abuela invitó a sus nietos a dar un paseo al canal.
Simón se puso muy pálido, sintió que le temblaban las piernas
y preguntó con voz tiritona:
—¿No te da miedo, abuelita?
—¿Miedo de un canal? ¡Claro que no! —respondió la abuela.
Simón pensó que a lo mejor el monstruo no era tan terrorífico y
que si su abuela no le tenía miedo, él tampoco le tendría.
63
Después de almorzar, la abuelita y sus nietos fueron a dar el
paseo por el campo. Recorrieron los alrededores del molino
que estaba justo a la orilla del canal y vieron cómo la fuerza
de la corriente del agua lo hacía funcionar. Simón no tenía
miedo, estaba al lado de su abuela y se sentía seguro.
—¿Dónde está el canal? —preguntó con mucha curiosidad.
—¡Pero si está justo al frente tuyo! —exclamó la abuela
apuntando al agua.
—¡Oh! —respondió sorprendido Simón.
¡Entonces comprendió! ¡El monstruo era invisible!
64
De vuelta en la casa, Simón preguntó:
—¿Nunca han logrado cazarlo?
—¿Cazar qué, cariño? —contestó la
abuela.
—Al canal —dijo Simón.
Julia y Paula comenzaron a reír.
Simón pensó que si nadie caza al canal y
el canal tampoco los caza a ellos… ¡No
había de qué preocuparse y podían estar
tranquilos!
65
Don Juanito
el panadero
Karla Cereceda
Ilustradora: Kintu
66
Si una delicia quieres probar,
su panadería debes visitar.
¡No te vas a imaginar
lo que este maestro puede crear!
67
Niñas y niños de Chile
destacados en la ciencia
Fundación Crecer con Todos
Ángela y Bárbara:
jóvenes científicas
Las estudiantes Ángela Mardones
y Bárbara Guerrero, junto a su
profesor de Biología Marcos
Riquelme, del Colegio Santiago de
Pudahuel, descubrieron algo muy
importante para nuestro planeta.
fuente: reveduc
Lograron
comprobar que el
gusano de cera es
capaz de degradar
el plástico ¡en 20
minutos!
Este hallazgo es
importantísimo…
¿Se te ocurre por
qué? ¡Podría ser
la solución a la
gran cantidad de
desechos en el
mundo!
68
fuente: Reuters Staff
69
Alí Baba y los
40 ladrones
Cuento del libro Las mil y una noches
Ilustrador: Marco Valdés
H ace muchos años vivía un hombre sencillo llamado Alí Babá. Era un
leñador que cortaba leña en el bosque y la vendía en la ciudad.
70
Gracias a su esfuerzo, Alí Babá
consiguió ahorrar algo de dinero,
con el que compró un burro para
llevar la leña. Con su burro, Alí
Babá podía llevar más leña a la
ciudad y ganar más dinero. Fue así
como consiguió tres burros que le
ayudaban en su trabajo. Los otros
leñadores admiraban a Alí Babá por
su forma de ser.
71
Un día, mientras Alí Babá cortaba leña en el bosque con sus tres burros,
oyó un ruido muy fuerte. El ruido se hacía cada vez más y más intenso.
Alí Babá trepó hasta la copa de un árbol para intentar ver qué era ese
estruendo.
Los maleantes se detuvieron frente a una roca. El jefe del grupo dijo:
“¡Ábrete, sésamo!”, y la roca se abrió. Los ladrones entraron, vaciaron
sus sacos y salieron de allí. Luego, alguien dijo: “¡Ciérrate, sésamo!”, y la
roca se cerró nuevamente. Los 40 ladrones montaron sus caballos y se
fueron a toda velocidad.
72
Alí Babá pensó en entrar a la roca, pero le preocupaba que los
ladrones volvieran tras algo olvidado, así que decidió esperar. Después
de una larga espera, el leñador se acercó a la roca y dijo: “¡Ábrete,
sésamo!”, y la roca se abrió.
Alí Babá se encontró con una gran cueva llena de tesoros, monedas
de oro y plata, joyas, lingotes y telas de seda.
73
Al poco rato, los ladrones regresaron a la cueva, ya que habían
olvidado guardar un anillo. Al entrar, se dieron cuenta de que la cueva
estaba completamente vacía. Lo único que encontraron fue un hacha
que Alí Babá había dejado.
74
Alí Babá había llegado recién a su hogar cuando escuchó el mismo
ruido que había oído en el bosque esa mañana. Supo de inmediato
que se trataba de los 40 ladrones y que lo estaban buscando. Así que
ideó un plan. Se vistió con las ropas de su padre y se fabricó una barba
con el pelo blanco de uno de sus burros. Así disfrazado esperó a los
ladrones.
—¡Sí! Mi vecino Alí Babá. Hoy lo vi partir hacia el oriente, con sus
burros cargados de sacos de leña —respondió Alí Babá disfrazado.
75
Los ladrones galoparon inmediatamente al oriente, sin saber que se
estaban internando en el desierto. Después de mucho cabalgar en la
arena se dieron cuenta de que habían sido engañados. Ya era tarde y no
encontraron a nadie. Sus animales estaban agotados y no tenían agua ni
provisiones. Sus días de asaltos habían llegado a su fin.
76
Cuando Alí Babá vio irse a los ladrones le contó a su mujer lo que había
sucedido. Ambos acordaron repartir el tesoro de los ladrones con toda
la gente pobre y honrada del pueblo.
Así fue como Alí Babá pudo hacer el bien con el botín de los 40
ladrones y vivió tranquilo con su familia por el resto de sus días.
77
El hombre encorvado
Adaptación de canción folclórica inglesa
Ilustrador: Christian Aguilera
78
Se compró un gato ondulado,
que atrapó a un ratón doblado,
y todos juntos vivieron
en la torcida casita del prado.
79
80
Ratón de
campo
y ratón de
ciudad
Fábula de Esopo (Adaptación)
Ilustradora: Pamela Vergara
81
Un día su primo, un ratón que
vivía en la ciudad, fue a visitarlo.
El ratón de campo lo invitó a
comer una sopa de hierbas.
Pero al ratón de la ciudad,
acostumbrado a comer comidas
más refinadas, no le gustó.
Además, no se acostumbró
a la vida de campo. Decía
que era demasiado aburrida y
simple, por lo que decidió invitar
a su primo a viajar con él a
la ciudad. El ratón de campo
aceptó y partieron.
82
El ratón de ciudad vivía en el sótano de un hotel. Ahí todo era muy
fino, lleno de alfombras, lámparas y adornos. La despensa tenía
quesos, jamones y muchas cosas deliciosas. Todo era muy diferente a
su madriguera del campo.
83
Mientras huían, oyeron los gritos de una mujer que intentaba pegarles
con una escoba.
De vuelta en su casa, el
ratón de campo pensó
que jamás cambiaría su
paz por cosas materiales.
84
Wombats,
héroes en
incendios
Fundación Crecer con Todos
85
Koala Wallabi Edquina
86
El gigante
egoísta
Oscar Wilde (Adaptación)
Ilustrador: Francisco Arias
87
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el
Ogro, y se había quedado con él durante casi siete años. Al llegar, lo
primero que vio fue a los niños jugando en su jardín.
—¿Qué hacen aquí? —gritó enfurecido—. Este jardín es mío, solo mío.
No dejaré que nadie entre aquí.
PROHIBIDO ENTRAR
Era un gigante muy egoísta… Los niños y las niñas se quedaron sin un
lugar donde jugar.
88
Pasó un año, la primavera volvió y todo el pueblo se llenó de
pájaros y flores. Todo, menos el jardín del Gigante Egoísta, pues allí
aún permanecía el invierno. Como no había niños, los pájaros no
cantaban y los árboles se olvidaron de florecer.
89
Una mañana, el Gigante estaba aún
recostado en su cama cuando oyó
un hermoso sonido. Al asomarse a
la ventana vio que era un pequeño
jilguero que cantaba. A través de un
agujero en el muro habían entrado
los niños y habían trepado los
árboles. En cada árbol había un niño
o una niña, y los árboles estaban
tan felices de tenerlos nuevamente
con ellos, que se habían cubierto de
flores y balanceaban suavemente
sus ramas. Las risas habían derretido
la nieve. El sol, al ver tanta alegría,
volvió a calentar el jardín con sus
rayos luminosos.
90
El Gigante corrió al jardín para ayudar al niño. Pero en cuanto lo
vieron, los otros niños arrancaron aterrorizados. El más pequeño fue el
único que permaneció en el jardín, pues sus lágrimas le impidieron ver
al Gigante acercarse.
91
Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban a jugar con el
Gigante. Pero al más chiquito, a ese que el Gigante más quería, no lo
volvieron a ver nunca más. El Gigante era muy bueno con todos los
niños, pero echaba de menos a su primer amiguito y muy a menudo
se acordaba de él. Nadie sabía quién era el niño pequeño, ni dónde
vivía.
—Tengo muchas flores hermosas —se decía—, pero los niños son las
flores más hermosas de todas.
92
Una mañana de invierno, miró por la ventana y vio, en el rincón más
lejano del jardín, un árbol cubierto por completo de flores blancas.
Todas sus ramas eran doradas, y de ellas colgaban frutos de plata.
Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había
echado de menos.
93
Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron al Gigante muerto
debajo del árbol. Parecía dormir y su cuerpo estaba cubierto de flores
blancas.
94
Las manchas de los sapos
Leyenda uruguaya
Ilustrador: Marco Valdés
95
El águila quedó pensativa: “¿Vuela
este sapo?”. Estaba tan distraída
que no se dio cuenta de que
el sapo saltó a su espalda y se
escondió entre las plumas. El águila
voló y así llegaron juntos a la fiesta.
Y el sapo contestó:
96
La fiesta se acabó y los animales se
preparaban para volver a sus casas.
Los pájaros volarían. Los monos y
las ardillas bajarían por los troncos.
Pero todos querían ver volar al sapo.
Y al mentiroso no le quedó otra
que seguir con su mentira: saltó y
¡obvio! no voló. Cayó y quedó todo
machucado.
97
Perros con historia
Fundación Crecer con Todos
LAIKA
Laika fue el primer ser vivo en ser
enviado al espacio. El viaje de Laika
ocurrió en el año 1957, a bordo de la
nave Sputnik 2.
98
FRIDA
Frida es una perrita labrador, color
miel, que trabajó como rescatista en
México. Recibió su nombre en honor a la
conocida artista mexicana, Frida Kahlo.
a sobrevivientes atrapados en
escombros tras terremotos, sismos u
otras catástrofes. Se hizo conocida por
su importante labor tras el terremoto del
2017 en México, donde salvó la vida de
más de 10 personas.
Para poder cumplir su trabajo, Frida
entrenaba, llevaba una dieta sana y usaba
una ropa especial. Tras trabajar por 10 años, se
retiró de la Armada Mexicana. ¡Un merecido
descanso por su enorme esfuerzo y ayuda!
99
BALTO
Balto fue un perro de trineo, de raza husky
siberiano. Se convirtió en héroe por salvar la
vida de muchos niños y niñas.
100
Cuento
tonto de un
ciempiés
Anónimo
Ilustrador: Daniel Cuitiño
Día a día se le ve
yendo de acá para allá,
con su gran cartera al hombro
repartiendo sin cesar
cartas, libros y paquetes,
cuentos, chismes y demás.
101
102
La abeja haragana
Horacio Quiroga (Adaptación)
Ilustradora: Kintu
103
En la noche, la abeja haragana quiso entrar al panal, pero las
abejas guardias le dijeron:
La abeja haragana les rogó que la dejaran entrar, pero las abejas
guardias no la dejaron. Entonces, la abejita les sacó la lengua y se
marchó.
104
Cuando llegó el invierno, la abeja haragana tenía mucha
hambre. ¡Ya no había flores ni mucho menos néctar para
alimentarse! Ella estaba muy triste, solo pensaba en qué comer.
El día más frío del invierno, las abejas sintieron pena por la abeja
haragana. Después de todo, era parte de la familia y la querían.
Decidieron darle otra oportunidad: pasaría el invierno en el panal
y podría comer miel. La abeja haragana se alegró mucho y volvió
a vivir con su familia.
105
Cuando llegó nuevamente el verano, la abejita dejó de ser
haragana. Ahora se levantaba más temprano que todas para
trabajar en la recolección de néctar y la producción de miel.
Ahora era una abeja más de la familia.
106
Los murciélagos:
animales importantes
del bosque
Fundación Crecer con Todos
Ilustrador: Christian Aguilera
107
Hay muchas especies de murciélagos: algunos se alimentan de
frutas e insectos, otros de animales pequeños y muy pocos de
sangre de animales grandes como vacas y ovejas.
108
De los murciélagos que beben
sangre se originaron leyendas de
terror, como la del conde Drácula
o historias de vampiros. En realidad,
es muy extraño que un murciélago
muerda a una persona. Así que hay
que estar tranquilos.
En Chile
En Chile existen 13 especies de
murciélagos. ¡En el mundo hay más
de 1.300 especies distintas!
109
Los músicos de Bremen
Hermanos Grimm (Adaptación)
ilustradora: Paulina Bustamante
110
Al atardecer, los animales se
encontraron con un gallo al que sus
dueños tampoco querían, porque
apenas cantaba de madrugada
de lo viejo que estaba. Lo invitaron
a la banda y él aceptó con gusto:
tocaría el piano.
111
En la noche, los animales vieron
una cabaña con las luces
encendidas. Se acercaron y vieron
a unos ladrones cenando para
festejar su última fechoría.
112
Los animales celebraron
comiendo el festín que habían
dejado los ladrones y luego
se fueron a dormir. El asno se
acomodó afuera en un montón
de paja, el perro se acostó detrás
de la puerta, el gato se acurrucó
entre las cenizas de la chimenea
y el gallo se puso encima de una
viga del techo.
113
A medianoche, uno de los ladrones se armó de valor y decidió volver
a la cabaña. Al ver que todo estaba en calma, se atrevió a entrar…
Como el interior de la cabaña estaba oscuro, decidió encender
fuego para iluminar el lugar. Con la luz, el gato despertó asustado y le
arañó la cara. Entonces, el ladrón corrió a la puerta, donde el perro
le mordió la pierna. Después, salió arrancando hacia afuera y el asno
le dio una patada justo en el instante en que el gallo se puso a cantar
¡kikirikí!
114
El ladrón huyó lo más rápido que pudo y contó a sus
compañeros:
—¡En la casa hay una bruja que me ha arañado
la cara, detrás de la puerta un hombre me clavó
un cuchillo en la pierna, y afuera un monstruo me
golpeó con un inmenso mazo! Y encima del tejado
había un juez que gritaba: “¡Aquí ladrón aquí!”
115
Con el tiempo, se dijo que la cabaña estaba
embrujada. Nadie se enteró de que los viejitos animales
se quedaron a vivir ahí. Los músicos de Bremen fueron
los mejores amigos tocando sus canciones.
116
Del hielo a la arena
Michelle Koryzma
Ilustradora: Alejandra Oviedo
117
Se ponía contento cuando caían copos de nieve desde el
cielo, los atrapaba con su pico y los derretía dentro de su boca;
aunque una vez falló ¡y le cayó uno dentro del ojo! Le encantaba
tirarse piqueros en el mar y deslizarse de guata por los glaciares,
junto a sus amigos Flak y la pequeña Kip.
118
Pero lo que Pingo más amaba era nadar con su abuela. Ella era
campeona de buceo, aguantaba muchísimo tiempo sin respirar
bajo el agua.
119
Una mañana sin sol, sonó extremadamente fuerte la alarma. ¡Iuu!
¡Iuuuu! Los pingüinos, preocupados, se sentaron alrededor de Tuk,
el habitante más antiguo de la colonia.
120
Esa noche Pingo no podía dormir, se preguntaba cómo sería vivir
en un lugar diferente. Se metió dentro de la cama de su mamá,
necesitaba su abrazo.
121
Al día siguiente, los pingüinos se levantaron temprano con el
corazón triste. Dejaban un lugar especial para ellos y no sabían
nada de Playa Alegre. Uno a uno se pusieron en fila para saltar al
mar y comenzar el viaje. Llegó el anciano Tuk, la mamá de Pingo,
el amigo Flak, la pequeña Kip, y… ¡la abuela!
122
—¡Abueeela! ¡Abueeela! —gritó Pingo con todas sus fuerzas.
123
Los pingüinos nadaron días y semanas, estaban agotados.
124
Pingo despertó en un lugar desconocido. ¡Cof! ¡Cof!, tosía
agua en la orilla del mar.
125
—¡Cuidado! —advirtió Flak.
126
Ota, una gaviota de sonrisa muy linda, acarició suavemente a
Kip. Ambas sonrieron. Las gaviotas notaron que los pingüinos no
eran peligrosos y los ayudaron a limpiarse. El lugar era bellísimo,
estaba lleno de palmeras, frutas olorosas y flores de colores.
127
Pasaron días en Playa Alegre. Pingo extrañaba bucear con su
abuela y derretir copos de nieve en su boca, pero tenía nuevos
y buenos amigos. Aprendió de a poco su idioma y como aún
quería ser campeón de buceo, Ota lo ayudaba contando el
tiempo que Pingo aguantaba sin respirar dentro del océano. De
a poquito, su corazón se iba sintiendo otra vez como en casa,
feliz.
128
El traje
nuevo del
emperador
Hans Christian Andersen
(Adaptación)
Ilustrador: Francisco Arias
129
Después de unos días, el Emperador quiso saber cómo iba
su traje. Sin embargo, tenía temor de no verlo y que todos lo
consideraran tonto e inepto para reinar. Entonces, envío a un
ministro.
Cuando el ministro llegó a ver la tela se dio cuenta de que no
había nada y que los tejedores eran unos farsantes, pero le dio
tanto miedo que lo sacaran de su cargo que dijo:
—¡Qué tela más maravillosa! ¡Qué colores y bordados más
bonitos! Iré de inmediato donde el Emperador a contarle que su
traje va muy bien.
130
Los farsantes tejedores pidieron
más dinero para comprar más
hilo de oro. El Emperador pagó
para asegurar que el diseño fuese
lo más hermoso posible. A los
pocos días decidió enviar a un
embajador para supervisar cómo
iba el trabajo.
El hombre no logró ver nada y
estaba seguro de que se trataba
de una estafa, pero le dio tanto
miedo que lo sacaran de su cargo
que dijo:
—¡Qué tela más magnífica!
¡Nunca había visto algo así! Iré de
inmediato donde el Emperador a
contarle que su traje va muy bien.
131
Después de recibir tan buenas
noticias de sus enviados,
el Emperador decidió ir
personalmente a ver la tela. Al
llegar, no vio ningún traje. Sin
embargo, para no quedar como
un tonto, prefirió decir:
—¡Es magnífico! ¡Increíble! Digno
de un emperador como yo.
Todos aplaudieron y convencieron
al Emperador de hacer un gran
desfile para que luciera su traje
ante el pueblo.
132
Al llegar el día del desfile, todas las personas del reino esperaban
ansiosas la aparición del Emperador. Los impostores fingieron
colocarle las mejores ropas del mundo.
133
134
La liebre y la tortuga
Jean de La Fontaine (Adaptación)
Ilustrador: Patricio Roco
—Si crees que puedes ganarme, te reto a una carrera. ¡Veremos quién
llega primero desde el viejo roble hasta el río! —le propuso la tortuga.
135
Al día siguiente, la liebre y la
tortuga se juntaron bajo el roble.
Muy interesados por la carrera, los
otros animales del bosque estaban
también bajo el roble. El zorro se
ofreció a ser el juez para asegurar
que todo se hiciera bien y sin
trampas.
Mientras, la tortuga
seguía avanzando, un
pasito a la vez.
136
Al cabo de unas horas, la liebre despertó y corrió deprisa al río. Al
llegar, vio que la tortuga la esperaba junto a los otros animales.
La liebre alegó que no era justo, pues ella era más rápida.
137
Miguel
Laura Lila
138
Instrucciones para
hacer quitapesares
Fundación Crecer con Todos
Ilustrador: Daniel Cuitiño
139
Para crear tus muñequitos sigue las siguientes indicaciones:
Materiales:
• palitos de helado • tijeras
• perritos de ropa • pegamento
• retazos de género o papeles de • lápices
colores • lana
Pasos:
1 Con los palitos de helado y los perros de
ropa, forma figuras humanas pequeñitas.
Une los brazos y piernas de cada figura con
el pegamento.
140
5 Escoge un nombre para
cada uno de tus muñequitos
quitapesares, así podrás
distinguirlos cuando hables con
ellos durante la noche.
Miguel
Laura Lila
141
El señor don Gato
(Anónimo)
Ilustrador: Marco Valdés
142
Lo llevaron a enterrar
al pobrecito don Gato
y lo llevaron en hombros
cuatro gatos colorados.
143
22-07-20 19:22
144
La jirafa y el rayavirus
Michelle Koryzma
Ilustrador: Michelle Koryzma
145
Mamá entró corriendo a la pieza de Jirafa. Notó de inmediato que
presentaba un caso de Rayavirus ronchis colorinis fortísimo tipo 2, un
antiguo virus de la selva que provocaba ronchas alargadas.
—Hoy no podremos hacer tu fiesta, Jirafita, para evitar contagiar a tus
amigas y amigos —dijo Mamá, dándole un dulce beso en la frente.
Luego salió de la habitación para llamar a la doctora.
146
—¡Es el peor cumpleaños del mundo! Debo inventar
un plan para detener al invasor —dijo con rabia y
pena Jirafa.
Tomó su marcador negro y dibujó un monstruo
gigante con la cara más terrorífica que pudo en la
puerta de su pieza. Le añadió garras como cuchillas
y dientes afilados.
Luego escribió en un círculo rojo: “No se admiten
rayas... ¡Sobre todo en los cumpleaños!”.
147
Acto seguido frunció el ceño y asustó al rival con
un grito emulado del japonés: “¡WUA TAAA!”. Buscó
una goma de borrar y frotó con fuerza sobre cada
intrusa.
Pero nada cambió, el adversario parecía
inamovible, inmutable e imborrable y Jirafa solo
había conseguido sentirse más cansada.
148
Necesitaba otra estrategia. Confiaba en su ingenio y no se daría por
vencida.
Improvisó un hechizo y lo llamó Mortem a Rayavirus ronchis. Tomó un
cuesco de aceituna que sobró de la ensalada, cinco fideos, tres pelos
de la alfombra peluda, dos plumas y muchas, muchas témperas.
Revolvió la mezcla dentro del basurero y pronunció las palabras
mágicas: “¡Eliminarem rapidini truculá!”. El único resultado: el desastre
en la pieza.
149
Mientras tanto, comenzaron a correr rumores por el vecindario.
—Dicen que Jirafa amaneció llena de verrugas y si te acercas a ella
se te deforma el cuerpo como un tomate —murmuró la familia de
hipopótamos que cruzaban la esquina de la calle Santo Animal con
Rugido Norte.
—Cuentan que a Jirafa le crecieron dos cabezas y que babea un
líquido pegajoso verde —comentó la señora Cebra mientras sacaba
su clásica tarta de frutillas del horno.
—¡Las jirafas ya no son de fiar! —opinó un pequeño puercoespín que
asomaba su cabeza por un agujero del jardín de la familia Elefante.
150
Cocodrilo hizo algo distinto. Llamó a Jirafa para saber cómo estaba y
le contó las historias que algunos animales inventaron sobre ella.
Jirafa no aguantó más la pena que mantenía atrapada desde la
mañana en su larguísimo cuello ahora rayado.
Reventó en un llanto tipo estampida que hizo retumbar toda la casa.
—¡Buaaaa!
Todos se ríen de
mí —balbuceó
entre lágrimas.
151
Mamá escuchó llorar a Jirafa y entró a su pieza para abrazarla.
—Los animales inventan rumores crueles cuando están asustados y
no comprenden lo que sucede —le dijo con ternura—. La doctora
Serpiente me explicó muy bien cómo combatir y evitar el contagio
de este virus. Enviaremos a cada casa un avioncito-afiche hecho de
papel con sus recomendaciones. ¿Te parece, mi Jirafita?
152
153
Esa tarde los animales recibieron las recomendaciones y entendieron
que cuidarse entre todos era importante. Estaban tan agradecidos
que prepararon juntos una sorpresa.
Desde su ventana, Jirafa escuchó como le cantaban Cumpleaños feliz
entre rugidos, bramidos y relinchos. Usaban mascarillas y traían regalos
decorados especialmente con ¡muchas rayas!
—¡Este el cumpleaños rayado más feliz de mi vida! —dijo Jirafa con
alegría.
154
La tortilla corredora
Cuento popular chileno
Ilustrador: Christian Aguilera
Después de unos minutos, empezó a salir un rico olor y los niños pidieron
probar la tortilla. Cuando la tortilla escuchó a los niños, imaginó sus bocas
abiertas y supo lo que le pasaría… Se dijo a sí misma: “No quiero que me
coman”.
155
Al poco andar, la tortilla se
encontró con un anciano
con mucha hambre que casi
la atrapó para sacarle un
pedacito.
—Acabo de escaparme de
una mamá, un papá y sus
siete hijos. ¿Y quieres que me
deje comer por ti? ¡Olvídalo!
—le dijo la tortilla al anciano.
156
La tortilla volvió a escaparse, rodando más rápido que antes. Estaba
tan cansada que chocó con un cerdo.
—Buenos días, tortilla, ¿por qué tan apurada? —dijo el cerdo.
—Buenos días, cerdo. Corro muy rápido para que no me comas —
respondió la tortilla sin dejar de correr.
—Tranquila, no me gustan las tortillas. ¿Qué te parece si vamos a dar
una vuelta?
A la tortilla le pareció una buena idea, había corrido todo el día y
quería distraer su mente. Después de un rato, llegaron a un río.
—No puedo cruzar el río —dijo la tortilla—. Si me mojo, me iré al fondo
y me ahogaré.
—Tienes razón. Súbete a mi lomo y yo te ayudaré a cruzar el río —le
propuso el cerdo y la tortilla aceptó.
157
158
Barbanota,
el pirata
migrante
Michelle Koryzma
Ilustrador: Alfredo Cáceres
159
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es África y dijo:
Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar yembé,
pero listo estoy para aprender.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 90.
160
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té...
161
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es Oceanía y dijo:
Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar didyeridú,
pero listo estoy con actitud.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 80.
162
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu...
163
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es Asia y dijo:
Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar sitar,
pero listo estoy para empezar.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 70.
164
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar...
165
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es América y dijo:
Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar zampoña,
pero listo estoy para esta juguetona.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 60.
166
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña...
167
Pasaron varios días de esta travesía
y llegó a lo que ahora es Europa y dijo:
Soy Barbanota el pirata migrante,
necesito 60 tripulantes
que me ayuden a encontrar
la música del universo
para en una botella poderla guardar.
¡No sabemos dónde está!
Respondieron los 10 animales
que habitaban en el lugar.
Pero migraremos contigo
y te ayudaremos a buscar.
Traeremos nuestro instrumento:
un piano
y tocaremos contigo
haciéndolo sonar Cling Cliano.
Ngiii Ngiii,
Barbanota tocó su gaita:
¡Suban a bordo y en marcha!
Yo no sé tocar piano,
pero listo estoy, prepararé mis manos.
Recuerden llevar la nueva cuenta,
ahora tripulantes solo nos faltan: 50.
168
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano...
169
50 golondrinas estaban a bordo del barco:
Somos aves migrantes,
escuchamos que necesitas 50 tripulantes.
Ngii Ngii,
Barbanota tocó su gaita:
Hemos llegado a 100,
detengamos la marcha.
Fue en ese minuto cuando miró a todos y se dio cuenta:
¡La música del universo es esta gran orquesta!
Un pedacito de mundo tocado por cada uno,
¡qué gran respuesta!
Escribió la historia,
la puso dentro de una botella,
y pidió antes de encorcharla
que cada tripulante pusiera una nota en ella.
Si escuchas detenidamente el mar,
seguro esta melodía podrás escuchar:
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano,
Twiki ik, Twiki ik, Twiki
Ngii Ngii, Tem Té Tem Té, Pruuuu, Laaaar, Fa Fo ña, Cling Cliano,
Twiki ik, Twiki ik, Twiki...
170