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Prédicas para Mujeres Cristianas

Este bosquejo de sermón ofrece consejos y enseñanzas bíblicas para mujeres cristianas. Cubre temas como permitir la transformación de Dios, usar la fuerza y dignidad que Dios provee, y enseñar a otros con amor y bondad. El objetivo es fortalecer la fe de las mujeres y ayudarlas a impactar positivamente a los demás.

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Prédicas para Mujeres Cristianas

Este bosquejo de sermón ofrece consejos y enseñanzas bíblicas para mujeres cristianas. Cubre temas como permitir la transformación de Dios, usar la fuerza y dignidad que Dios provee, y enseñar a otros con amor y bondad. El objetivo es fortalecer la fe de las mujeres y ayudarlas a impactar positivamente a los demás.

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Prédicas para mujeres cristianas

Lisania Meléndez

Misionera
Bosquejos de prédicas para mujeres cristianas diseñados para
fortalecer tu fe y afirmarte en tu andar con Dios.

Como mujeres cristianas, la Biblia debe ser nuestra guía en todo


momento. Estudiar la Palabra de Dios nos ayuda a entender mejor
el corazón del Padre y su amor para con cada una de nosotras.
Permitamos que la Biblia nos dirija siempre, aun en medio de todo
el trajín diario. Estudiemos la Palabra de Dios.

1. Vestida para triunfar


Tema: Permitir que Dios nos transforme y nos ayude a ser de
bendición.

Objetivo: Que la mujer cristiana fortalezca su espíritu y reciba la


transformación que viene de Dios. Que se proponga impactar su
entorno positivamente para la gloria de Dios.

Texto bíblico: Proverbios 31:25-26

Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando habla, lo hace


con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)

Otros versículos que pueden servir de apoyo: 1 Pedro 3:3-4;


Efesios 6:10-18

Introducción

La sociedad de hoy pone mucho énfasis en nuestro aspecto


exterior: la ropa, el cabello, el maquillaje... Se valora
excesivamente cómo nos vemos, lo que llevamos puesto, las
marcas que usamos. ¡Qué bueno saber que Dios no se fija en eso!
Sí, él desea que nos cuidemos, que nos alimentemos bien y
vigilemos nuestra salud. Pero a nuestro Padre celestial le interesa
aun más nuestro crecimiento espiritual.

Dios anhela que cada una de nosotras reciba su amor. Su amor nos
llena, nos transforma y nos capacita para bendecir a los demás en
su nombre. No hacemos esto por nuestras propias fuerzas.
Necesitamos cultivar una comunión diaria con Dios y permitir que
su Espíritu Santo nos llene. Cuando abrimos nuestro corazón a su
mover, él comienza a limar las asperezas de nuestra vida y a
capacitarnos para que seamos de bendición a otros. Puede que
sea un proceso largo y hasta doloroso, pero vale la pena.

Desarrollo del tema

En la Biblia hay unos versículos muy conocidos que nos hablan


sobre la mujer que teme al Señor. Se encuentran en Proverbios
31:10-31. A muchas mujeres nos intimida ese capítulo, porque lo
vemos como una lista inacabable de deberes por hacer... Sin
embargo, ese capítulo contiene en realidad las enseñanzas de una
madre para su hijo "el rey Lemuel". En los versículos 1-9 ella le
advierte sobre la inmoralidad sexual. El resto del capítulo habla
sobre la mujer virtuosa que teme al Señor, esa que sería buena
como esposa para el rey Lemuel.

Es en esa sección que encontramos los dos versículos base para


nuestro estudio de hoy, los versículos 25-26.

Se reviste de fuerza y dignidad, y


afronta segura el porvenir. Cuando
habla, lo hace con sabiduría; cuando
instruye, lo hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)

Prestemos atención porque


aquí encontramos una
vestimenta que nos hará brillar
y triunfar de verdad. Junto con
la armadura de Dios en Efesios 6:10-18, estos dos versículos de
Proverbios nos hablan de la mejor vestimenta que podemos llevar.
Aquí en Proverbios 31:25 se nos habla de fuerza, de dignidad y de
una gran seguridad. Luego, en el versículo 26, leemos sobre la
sabiduría y la instrucción amorosa. Veamos cada una de las frases
en detalle.

Se reviste de fuerza y dignidad

La mujer que teme al Señor está vestida de fuerza y de dignidad.


¡Qué vestidos más maravillosos! ¿Cuántas veces vamos por la vida
cargadas de problemas, pensando que no podremos salir
adelante? Los afanes del hogar y del trabajo, los problemas
sociales que nos rodean... Necesitamos detenernos a orar y pedir
al Señor que nos dé su fuerza, esa que nos ayuda a fijar nuestros
ojos en Dios y no en los problemas o dificultades de la vida.

Es al detenernos en su presencia que logramos sentir el abrazo del


Señor llenándonos de fuerza y de ánimo. Nuestra confianza en él
crece y vemos las cosas de otra manera. Sabemos que Dios puede
obrar y que lo hará a su debido momento. Mientras esperamos,
recibimos el ánimo y la fuerza necesarios para seguir adelante con
la frente alta, con dignidad, confiadas en nuestro Papá. Porque
sabemos que en él estamos completas (Colosenses 2:9-10).

No teme al futuro

Esta mujer no teme al futuro, más bien lo afronta con seguridad


porque sabe quién tiene el control: su Padre celestial. Como un
bebé que duerme en los brazos protectores de su papá, nosotras
podemos descansar confiadas sabiendo que Dios tiene nuestro
futuro en sus manos. Sabemos que él obrará en medio de cualquier
situación que tengamos que afrontar. Nuestro Padre nos ayudará
venga lo que venga. ¡Preciosa certeza!

En la sociedad de hoy nos enteramos de los problemas del otro


lado del mundo casi tan rápido como si ocurrieran en nuestro
propio barrio. Esto nos puede causar ansiedad: las enfermedades,
las guerras, los conflictos, el desempleo... Puede ser una carga
demasiado pesada para nosotras. Entreguemos todas nuestras
preocupaciones al Señor. El futuro está en sus manos. No nos
afanemos por lo que no podemos controlar o ni siquiera sabemos
si sucederá. Confiemos en nuestro Señor y descansemos en él.

Habla con sabiduría

¿Cómo son las palabras que salen de nuestra boca? ¿Son palabras
de ansiedad? ¿Son palabras hirientes? ¿Son chismes? ¡Evaluemos
nuestras palabras! Busquemos la sabiduría que viene de Dios y
hablemos cosas que reflejen su corazón (Santiago 3:17). Nuestras
palabras muestran nuestro nivel de madurez en el Señor. Según
crecemos en nuestro andar con Dios nuestras palabras tenderán
más a edificar y bendecir.

La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca


(Mateo 12:34-35). Por esta razón, si deseamos hablar con sabiduría
necesitamos llenar nuestra mente y nuestro corazón con la
sabiduría que se encuentra en la Palabra de Dios. ¿Cuánto tiempo
pasamos al día leyendo cosas que no edifican o viendo series que
no nos aportan gran cosa? Sí, está bien tener algo de tiempo de
ocio, pero no bajemos la guardia. Vigilemos lo que dejamos entrar
en nuestra mente y en nuestro corazón.

Busquemos cosas que nos edifican. Crezcamos en el Señor y en su


sabiduría. ¡Leamos su Palabra!

Qué es la sabiduría que viene de Dios según la Biblia

Enseña con amor y con bondad

Por último, la mujer que teme al Señor no solo crece en fuerza, en


dignidad, en seguridad y en sabiduría, sino que aporta a la vida de
otros enseñándoles con amor y con bondad. ¡Recibimos para dar!
Podemos enseñar con nuestras palabras y con nuestras acciones.
Podemos ser ejemplo de bondad y de amor a los que nos rodean.
¡Podemos marcar la diferencia en este mundo!

Comenzamos con los más cercanos: nuestra familia, nuestros


vecinos, los hermanos de la iglesia. De ahí, nuestra influencia se
extiende a la gente con la que trabajamos y al vecindario en
general.

¿Qué enseñamos a los demás? ¿Enseñamos a decir gracias y


buenas tardes? ¿Honramos a los demás en nuestro trato diario?
¿Hablamos bendición sobre los demás? Hay muchas maneras de
enseñar, probablemente la mejor es con nuestras acciones.
Seamos bondadosas y demos amor. Podemos impactar a los
demás con solo sonreír y tratarlos con dignidad. No seamos
perezosas en dar lo que nos gustaría recibir de parte de los demás.

Conclusión

Son muchas las cosas buenas que podemos aportar a esta


sociedad. ¡Hagámoslas! Bendigamos a los que nos rodean,
movámonos en amor. Es verdad que no lo lograremos solas. Lo
haremos con las fuerzas que el Señor nos da. Que nuestro deseo
sea de vestirnos cada día más de él, que su corazón y sus
actitudes vengan a ser nuestra norma. Pidamos al Espíritu Santo
que nos llene y nos capacite para impactar a nuestras familias y a
la sociedad que nos rodea en el nombre de Jesús, con su amor y
su poder.

7 versículos bíblicos con consejos para el éxito

2. Mujer: ¡usa tus dones!


Tema: Todos tenemos por lo menos un don dado por Dios y él
desea que lo usemos para el bien de los demás.

Objetivo: Animar a las mujeres a descubrir y a usar sus dones para


la edificación de la iglesia.

Texto bíblico: 1 Corintios 12:4-11

Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas maneras de
servir, pero un mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que
hace todas las cosas en todos.
A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los
demás. A unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros, por el
mismo Espíritu, palabra de conocimiento; a otros, fe por medio del mismo
Espíritu; a otros, y por ese mismo Espíritu, dones para sanar enfermos; a otros,
poderes milagrosos; a otros, profecía; a otros, el discernir espíritus; a otros, el
hablar en diversas lenguas; y a otros, el interpretar lenguas. Todo esto lo hace un
mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina.
(1 Corintios 12:4-11)

Otros versículos que pueden servir de apoyo: Romanos 12:6-8;


Efesios 4:7-13; Proverbios 31:16, 19-20

Introducción

Dios nos ha dado a todos los seres humanos un potencial que


debemos usar para ayudar y edificar a los demás. Es muy triste ver
a una persona desperdiciar sus dones porque se deja vencer por
las dificultades de la vida o por adicciones. Cada una de nosotras,
cada hija de Dios, tiene algo precioso que contribuir a esta
sociedad en este momento. No estamos aquí por azar: Dios nos ha
puesto donde estamos con un propósito. ¿Permitiremos que este
se cumpla?

Desarrollo del tema

A menudo, cuando hablamos sobre los dones y talentos, pensamos


en gente muy exitosa: predicadores y evangelistas famosos o
cantantes que han grabado discos... Sin embargo, la palabra «don»
significa dádiva o regalo. Un don es una habilidad que Dios nos ha
dado y que podemos regalar a los demás espontáneamente.
Cuando usamos nuestros dones nos sentimos felices porque
contribuimos al bienestar de los demás y de la iglesia en general.

Piensa, por ejemplo, en una ocasión en la que estabas muy triste.


Estabas pasando por una temporada muy dura y ya casi ni te
quedaban fuerzas emocionales para continuar. Recibiste una
llamada de una amiga. Ella te escuchó, te consoló, oró contigo y
cuando terminaste de hablar con ella descubriste que te sentías
mucho más animada y tranquila. ¡Felicidades! Fuiste la receptora
del don de animar o exhortar (Romanos 12:8).

O quizás recuerdas una vez en la que estuviste enferma por varios


días y ya no te quedaba compra en la alacena. Una hermana de la
iglesia se enteró de que llevabas varios días sintiéndote mal y
llegó una tarde con una bolsa llena de comida y un envase con
sopa de pollo calentita, lista para comer. ¡El maravilloso don del
servicio puesto en acción!

¿Conoces tus dones? ¿Podrías enumerar las cosas que haces que
te hacen sentir feliz y realizada? Algo se renueva dentro de
nuestro ser cuando usamos los dones que Dios nos ha dado.
Hemos sido diseñadas para usarlos, para compartirlos. Para ser
más efectivas debemos conocer los dones que Dios nos dio.

En la Biblia encontramos varias listas de dones. Las principales se


encuentran en los libros de Romanos, Efesios y 1 Corintios.
Algunos de los dones que menciona la Biblia son los siguientes:

 Sabiduría: ser capaz de decir y hacer lo correcto, lo que está de


acuerdo con la voluntad de Dios, en una situación específica. (1
Corintios 12:8; Santiago 3:13-18; Efesios 1:17; Salmo 111:10)
 Conocimiento: Recibir de forma sobrenatural revelación sobre una
situación o una persona. (1 Corintios 12:8; Proverbios 2:6; Salmo
119:66; Proverbios 15:14)
 Fe: Tener absoluta confianza de que Dios cumplirá lo que ha
prometido y actuar conforme a esa confianza. (1 Corintios 12:9; 1
Juan 5:4; Hebreos 11)
 Dones de sanidad: Orar por las personas enfermas física o
emocionalmente en el nombre de Jesús y ver cómo recuperan la
salud. (1 Corintios 12:9; 1 Corintios 12:28; Mateo 10:7-8; Marcos
16:17-18)
 Milagros: Traer la manifestación sobrenatural del poder y la
presencia del Señor a una situación específica. (1 Corintios 12:10;
1 Corintios 12:28; Mateo 17:20; Hebreos 11:29-30)
 Profecía: Dar una palabra de parte de Dios que aplica a una
situación específica, con el propósito de exhortar. (1 Corintios
12:10; 1 Corintios 12:28; Romanos 12:6; Hechos 19:5-6; 2 Pedro
1:21)
 Discernimiento de espíritus: Lograr percibir o distinguir el tipo de
espíritu que actúa en una persona o situación, si viene de Dios o
no. (1 Corintios 12:10; Hechos 5:3; Hechos 16:18; Mateo 16:17)
 Hablar en diversas lenguas: Comunicar el mensaje del evangelio
en un idioma sin haberlo estudiado. También hay lenguas
angélicas, que solo entiende Dios y que sirven como ofrenda de
adoración de la persona que las habla hacia Dios. (1 Corintios
12:10; 1 Corintios 12:28; Hechos 19:1-7; Hechos 2:4; 1 Corintios
14:27-28)
 Interpretar lenguas: Lograr decir en el idioma que entienden las
personas reunidas un mensaje que se ha dado en lenguas. (1
Corintios 12:10; 1 Corintios 14:13; 1 Corintios 14:27-28)
 Ayudar a otros, servir: Capacidad para percibir las necesidades
reales de una persona junto con el empuje para ponerse en acción
y aliviar esa necesidad. (Romanos 12:7; 1 Corintios 12:28; Marcos
9:35; Juan 13:14)
 Enseñanza: Habilidad para transmitir con claridad las verdades del
evangelio de salvación. (Romanos 12:7; 1 Corintios 12:28;
Deuteronomio 11:18-19; Tito 1:9; Mateo 28:19-20)
 Generosidad, socorrer a los necesitados: Un gran anhelo de
compartir lo que uno tiene con los más necesitados y con los que
llevan la Palabra de Dios a otras personas y naciones. (Romanos
12:8; Proverbios 11:25; 2 Corintios 9:7; 2 Corintios 9:11)
 Liderazgo y/o administración: Disposición para ayudar, cuidar y
guiar a otros en su andar con el Señor. También la capacidad de
organizar las tareas necesarias para el buen desarrollo de la
iglesia. (Romanos 12:8; 1 Corintios 12:28; Hebreos 13:7; Marcos
10:43; Hebreos 13:17; Tito 3:12-14)
 Mostrar compasión: Identificación y afecto especial hacia los
necesitados y las personas que sufren. No se queda en el
sentimiento sino que se pone en acción. (Romanos 12:8; Efesios
4:32; 1 Pedro 3:8; 2 Corintios 1:3-4)
 Dar palabras de ánimo: La facilidad de aliviar el dolor o la
preocupación de otra persona a través de palabras llenas de fe,
inspiradas por el Espíritu Santo. (Romanos 12:8; 1 Timoteo 6:12;
Deuteronomio 31:8; 1 Tesalonicenses 5:11-14)

Los dones del Espíritu Santo: cuáles son, significado y cómo


usarlos

Preguntas para reflexionar:


1. ¿Cuál de esos dones piensas que tienes? ¿Cómo lo usas o cómo
podrías usarlo?
2. ¿Cuál de esos dones te han dicho que tienes? ¿Has hablado sobre
tus dones con otras hermanas de la iglesia o con tu pastor?
3. ¿Le has preguntado a Dios cuál don o dones te ha concedido? Pide
al Espíritu Santo que te ayude a identificar tu don (o tus dones) y
que te llene de valor para comenzar a usarlos.

Conclusión

Dios anhela que usemos nuestros dones no solo por nuestro


bienestar espiritual, sino por el bien de la Iglesia en general.
Descubramos y usemos nuestros dones para la gloria de Dios.
Seamos mujeres de acción, participemos activamente en la
edificación de la iglesia. Veremos a Dios obrar en nuestra vida y a
través de nosotras. No hay mayor satisfacción que la de saber que
estamos viviendo la vida como Dios desea, usando nuestros dones
y los recursos que él nos da para impactar a otros en su nombre.

3. Tu identidad en Cristo
Tema: Nuestra identidad no viene de nuestro aspecto físico o de
nuestro éxito financiero. Tampoco viene de nuestro pasado sin
Cristo o de lo que digan otras personas sobre nosotras. Nuestra
identidad viene de Dios, de quiénes somos en él y gracias a él.

Objetivo: Animar a cada mujer a fijar sus ojos en Dios. Así logrará
entender que su identidad y su valor vienen de Jesús, de la obra
redentora que él hizo en la cruz por ella.

Texto bíblico: Efesios 2:1-10

En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los


cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que
gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven
en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos,
impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y
nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de
Dios. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio
vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes
han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar
con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la
incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en
Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no
procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se
jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
(Efesios 2:1-10)

Otros versículos que pueden servir de apoyo: Efesios 4:22-24; 2


Corintios 5:17; Gálatas 3:28; Romanos 6:3-4; Romanos 8

Introducción

Nuestra identidad, quiénes somos, qué nos hace valiosas... ¿Te


has preguntado alguna vez qué es lo que te caracteriza frente a
los demás? ¿Tus posesiones o estatus social? ¿Tu éxito laboral?
Algunas personas se escudan tras esas cosas pensando que su
verdadero valor procede de ellas. Otras se sienten marcadas por
su pasado, por acciones cometidas por ellas o contra ellas. Esto
las lleva a esconderse o a andar siempre a la defensiva.

La realidad es que nuestra verdadera identidad está en Dios.


Cuando buscamos a Dios de todo corazón y le permitimos que
transforme nuestra vida, descubrimos quiénes somos en realidad.

¿Qué dice la Biblia sobre nuestra identidad? ¿Habla la Biblia sobre


esto? ¡Sí! Hay pasajes muy claros en los que podemos ver cómo
éramos sin Cristo y cómo somos ahora que le hemos permitido ser
el dueño y Rey de nuestra vida. Uno de esos pasajes es el que
usamos como base de este estudio: Efesios 2:1-10. Pero nuestra
identidad en Cristo abarca mucho más que las 4 cosas que
veremos hoy. Pídele a Dios que te ayude a entender la plenitud de
tu nueva identidad en él.

Desarrollo del tema

Vivas en Cristo

Nuestra vida antes de aceptar a Jesús como nuestro Salvador no


era una vida plena porque estábamos muertas espiritualmente
(Efesios 2:1-3). El pecado y sus consecuencias nos dominaban, nos
afligían. La culpabilidad por cosas que habíamos hecho, o cosas
malas que otros nos habían hecho, marcaba la forma en la que nos
veíamos. Pero, ¡qué dicha más grande! ¡Dios nos alcanzó con su
amor y ya no somos así! Su perdón nos limpió y nos dio vida.

¿Qué es el pecado y que dice la Biblia sobre él?

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida
con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han
sido salvados!
(Efesios 2:4-5)

«Pero Dios»... Esta es una de las frases más poderosas de la


Biblia. ¡Dios intervino! ¡Dios se acercó a nosotras cuando aun
estábamos muertas en pecados! Dios vio nuestra condición y no
nos dio la espalda sino que llegó, nos extendió su mano y nos
aceptó tal como éramos. ¡Maravillosa gracia del Señor!

Hijas amadas de Dios

La vida abundante y plena es nuestra porque somos hijas amadas


de Dios. Romanos 8:17 dice «Y, si somos hijos, somos herederos;
herederos de Dios y coherederos con Cristo...» Y esa es nuestra
nueva identidad. Somos herederas de Dios y coherederas con
Cristo. Qué honor más grande. Dios, el creador y dueño de todo, es
nuestro Papá y nos hace partícipes de su herencia eterna.

Dios nos amó y nos recibió como hijas porque quiso. Él nos dio
vida con Cristo porque así le plació. No es por nuestros méritos, no
es porque lo hemos ganado. ¡No! Fue por su amor. Él te amó a ti y
él me amó a mí. Vivimos rodeadas de su amor. Solo necesitamos
tener un corazón receptivo para sentirlo.

Una vez recibimos ese amor paternal de Dios, somos


transformadas. Saber que podemos acudir a nuestro Padre en
cualquier momento para recibir su abrazo trae paz y sosiego a
nuestro corazón. No importa la situación por la que estemos
pasando, Papá está a nuestro lado. Nos podemos apoyar en él para
recibir su amor, su consuelo, su aceptación. ¡Así de maravilloso es
nuestro Dios!
Tenemos valor

Pero no termina ahí: para Dios también somos valiosas. Dios hasta
sabe el número de cabellos que hay en nuestra cabeza (Lucas
12:6-7). Una vez más, no es por nuestros méritos sino porque él así
lo desea. Nuestro valor viene de él. Él nos creó, él nos salvó, en él
estamos completas (Colosenses 2:9-10).

Pero cuidado: es cierto que no valemos menos que los demás,


pero tampoco somos más importantes que ellos. Dios nos ama a
todos y desea transformarnos porque para él todos somos
valiosos. Por lo tanto, debemos agradecer la obra de Dios en
nosotras, el valor que tenemos en él y también necesitamos
apreciar su obra en los demás.

Lo que sí debemos hacer es dejar de compararnos con los demás.


Fijemos nuestra mirada en Jesús, recibamos la afirmación del
Padre y llenémonos del Espíritu Santo. Estemos atentas a las
oportunidades que se presentan para impactar a otros
compartiendo con ellos la sanidad del alma que nosotras hemos
disfrutado. Apreciemos a los demás y busquemos también su
bienestar espiritual.

Somos vencedoras

Sin embargo, ustedes no viven según la


naturaleza pecaminosa, sino según el
Espíritu...
(Romanos 8:9a)

En Cristo hemos vencido el poder


del pecado y el Espíritu Santo mora
ahora en nosotras. ¡Vivimos para
Cristo, con Cristo y en Cristo!
(Hechos 17:28) El Espíritu Santo
nos capacita para vencer ante las tentaciones y los problemas de
la vida. Es cierto que todavía enfrentamos problemas y
dificultades. Pero ahora los vemos desde la perspectiva divina.
En Cristo somos más que vencedoras (Romanos 8:37) porque
sabemos que Dios obrará conforme a su voluntad. Si
permanecemos aferradas a él, nuestra confianza crecerá y nos
fortaleceremos en su amor.

La vida está llena de contratiempos, pero no los enfrentamos


solas. ¡Dios está con nosotras! Ese debe ser nuestro pensamiento
y nuestra convicción ya que esa es nuestra realidad. El Rey de
Reyes, el Dios todopoderoso no nos abandona. Y es por esto que
tenemos la seguridad de que venceremos con la fuerza que él nos
da y para su gloria.

Una forma de vencer es enfocarse en hacer las buenas obras que


Dios dispuso de antemano para que las llevemos a cabo (Efesios
2:10). Nuestra vida debe marcar una diferencia y lo hará si
permitimos que se cumpla en nosotras el propósito para el cual
Dios nos creó (Salmo 138:8). Enfoquémonos en lo que Dios dice
sobre nosotras y permitamos que él obre a través de nosotras.

Conclusión

¿Tienes a Cristo en tu vida? Pídele que te muestre cómo él te ve y


quién eres en él. Fija tus ojos en Cristo y en lo que él dice de ti.
¡Esa es tu identidad! No permitas que las críticas de las personas
o el recuerdo de cosas del pasado te impidan andar en tu nueva
realidad.

Pídele al Espíritu Santo que te llene cada día y te permita entender


su perspectiva en medio de cualquier situación. Que puedas ver a
las personas y a las situaciones como él las ve. No te dejes
intimidar porque Dios está contigo siempre y él es más poderoso
que cualquier dificultad.

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